REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 149 REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 Movilidad social intergeneracional en el México urbano Fernando Cortés y Agustín Escobar Latapí E n este artículo los autores estiman los cambios en las oportunida- des absolutas y relativas de acceso a los estratos altos de la estructura social y ocupacional urbana en México, basándose en datos de la mayor encuesta retrospectiva de movilidad social que se aplica en el país y que comprende las ciudades mayores y algunas medianas. Analizan la movilidad intergeneracional en tres períodos: antes de 1982, de 1982 a 1988 y de 1988 a 1994. Los resultados muestran una caída notable de las oportunidades de acceso al estrato de profesionales, funcionarios y grandes patronos. Esta caída no es lineal, sino que afecta en primer lugar a quienes provienen de los estratos más bajos, en segundo lugar Fernando Cortés Profesor Investigador, Centro de Estudios Sociológicos a los de estratos privilegiados, y casi no afecta a los estratos medios de la estructura socioocupacional. El trabajo analiza también la evolución El Colegio de México ✒ fcortes@colmex.mx por género de las oportunidades absolutas y relativas. Agustín Escobar Latapí Profesor Investigador, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social (CIESAS) Guadalajara, México ✒ ageslat@fast-mail.fm MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 150 REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 I Introducción Desde sus orígenes a principios del siglo XX, el estudio de la movilidad social1 ha debatido la articulación entre sistemas de movilidad social y sistemas económicos. La naturaleza de esta relación se examina en los estudios pioneros sobre movilidad social en Estados Unidos (Sorokin, 1927) y se amplía posteriormente al resto del mundo industrial de occidente (Lipset y Zetterberg, 1959). A partir del decenio de 1970, la mayor parte de los trabajos sobre el tema gira en torno a la llamada “hipótesis FJH” (Featherman, Jones y Hauser),2 que afirma que los sistemas de movilidad social de las sociedades industriales occidentales son sustancialmente fluidos y homogéneos. Dicha discusión da lugar a un enfrentamiento crucial entre los sociólogos liberales y los materialistas. Para los primeros, la estructura económica industrial y posindustrial basada en el mercado, por sí misma y con mayor razón gracias a las reformas de los mercados, acarrea una ampliación relativamente constante de las oportunidades de movilidad social, es decir, una igualación de las oportunidades (Featherman, Jones y Hauser, 1975). Los segundos, que sostienen una diversidad de posiciones, coinciden en afirmar que dicha tendencia no existe (Goldthorpe, 1987; Erikson y Goldthorpe, 1992; Haller, 1990). Así, pues, en estos análisis es crucial la noción de una relación estrecha entre el sistema económico y el sistema de movilidad social. Estas ideas pueden explorarse en América Latina que ha transitado de un modelo de acumulación (orientado hacia el mercado interno) que produjo la urbanización, el crecimiento y el desarrollo de la región, a El material aquí analizado proviene del proyecto “Género, edad, familia y trabajo: la reestructuración de la sociedad urbana en México”, dirigido por Agustín Escobar y que contó con financiamiento de la Fundación Ford, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social (CIESAS). Varias versiones preliminares fueron generosa y acertadamente comentadas por M. González de la Rocha, R.M. Rubalcava y B. García. 1 En éste, como en la mayoría de los estudios sobre el tema, se considera que la movilidad ocupacional es movilidad social, dada la estrecha relación entre ambas. México no es la excepción. Véase más adelante la correspondencia entre escolaridad, ingreso y estrato ocupacional. 2 Véanse Featherman, Jones y Hauser (1975); Erikson y Goldthorpe (1992). otro que en términos generales se ha traducido en un deterioro del crecimiento económico y de la capacidad del Estado para manejar las nuevas circunstancias internacionales, y en la acentuación de la desigualdad económica y social. En México se han estudiado ampliamente los efectos de ese tránsito en los niveles de pobreza y de desigualdad en la distribución del ingreso (Boltvinik y Hernández Laos, 1999; Cortés, 2000; Rubalcava, 1999). Se conoce, asimismo, la evolución de la población y de la creación de empleo (CONAPO, 1999 y 2000; Tuirán, R. 2000; Escobar, A. 2000a). Lo que prácticamente no se ha estudiado hasta hoy es la relación entre la reforma económica y el grado de equidad del sistema de movilidad social. Dado el deterioro del crecimiento y las notables oscilaciones económicas registradas es imprescindible realizar este análisis con una metodología que permita medir la movilidad estructural, que resulta precisamente de los cambios en la población, el crecimiento económico y la creación de fuentes de empleo en cada estrato ocupacional. El presente análisis se desarrolla en dos etapas. En primer lugar, se establece el nivel general de incorporación de los individuos a cada estrato o clase social, es decir, las oportunidades absolutas de movilidad, que están fuertemente influidas por el nivel de crecimiento económico y demográfico. En segundo lugar, a través del estudio de las oportunidades relativas, se establece el nivel de desigualdad en las condiciones de competencia, independientemente del desempeño económico y demográfico. Este es, propiamente, el análisis “endógeno” del sistema de movilidad social. Muchas veces el debate confunde los cambios en los niveles de participación o en la distribución ocupacional con los cambios en las condiciones de desigualdad en la competencia por alcanzar las máximas posiciones socioocupacionales. Por ejemplo, hoy hay más mujeres que antes en el mercado de trabajo en general y en puestos altos, pero esto en sí no significa que haya una “apertura” del sistema de movilidad social; en otras palabras, el hecho de que más mujeres lleguen a posiciones altas no permite afirmar cosa alguna sobre las condiciones y barreras que enfrentan para alcanzarlas, puesto que hoy compiten muchas más mujeres que antes. Hace falta entonces un análisis específico que muestre la evolución de la desigualdad en la competencia MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ REVISTA DE LA CEPAL con mujeres de otras clases y con los hombres, es decir, un análisis de oportunidades relativas por clase y género. Este es el objetivo del presente trabajo que explora el cambio en la apertura de los sistemas de movilidad, cuando las ciudades mexicanas transitaron de la “industrialización por sustitución de importaciones” (ISI) a un período de crisis, ajuste e incertidumbre (fase de transición) y finalmente (hasta hoy) a un tercer período que llamamos de “reestructuración”. Para nosotros, y en este texto, el análisis a nivel del “genotipo” del sistema de movilidad social se define como el análisis de las oportunidades relativas de movilidad social según clase y género y, más concretamente, como el análisis de momios y de razones de momios, respectivamente, de todos los grupos sociales con respecto a la clase más alta de la estructura ocupacional. El análisis se basa en una muestra aleatoria de hogares e individuos en seis ciudades mexicanas (Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Mérida, Veracruz y Córdoba-Orizaba), levantada entre julio y septiembre de 1994, que fue parte medular del estudio “Género, edad, familia y trabajo”. Aunque con limitaciones, se trata de la encuesta más amplia sobre movilidad social realizada en México y, dada su cobertura, pensamos que refleja las condiciones generales de la estructura social urbana. Los sistemas de movilidad social fueron estudiados en México durante el decenio de 1960 y comienzos del de 1970. En esos estudios el análisis de la movilidad social se relacionaba con la rápida urbanización mexicana y con la inserción desigual de la población en el proceso de modernización del trabajo y del empleo que se observaba entonces: el de expansión del aparato del Estado y de los servicios sociales, así como de las funciones de servicios en las empresas (Balán, Browning y Jelin, 1973; Muñoz, de Oliveira y Stern, 1977; Contreras, 1978). Los principales aportes de esos trabajos a nuestro tema son los siguientes: i) establecen la desigualdad en los logros de los individuos según clase de origen; ii) destacan la influencia del origen migratorio y de la “exposición” al medio urbano en los logros, y iii) permiten distinguir entre la movilidad social estructural y la movilidad circular. Sin embargo, tienen cuatro limitaciones: i) se refieren a una sola ciudad, la Ciudad de México o Monterrey, y no son comparables entre sí; ii) consideran sólo hombres; iii) no ofrecen un análisis de los cambios en el sistema de movilidad social propiamente dicho, es decir, en las características “endógenas” o 85 • ABRIL 2005 151 de desigualdad de la movilidad social, y iv) no tienen en cuenta sistemáticamente la heterogeneidad de las ocupaciones, los estratos y las clases sociales. Estas limitaciones definen los principales desafíos que deberán enfrentar las investigaciones contemporáneas sobre movilidad social. El más importante entre ellos, sin embargo, será el de conocer cómo y cuánto han variado los componentes básicos de la movilidad social, para contar con un diagnóstico histórico de mediano plazo sobre la apertura o cerrazón de los sistemas de estratificación y movilidad en nuestros países. Esto es primordial, dada la profundidad de los cambios económicos e institucionales en las sociedades de América Latina. El peso de la Ciudad de México y de otras ciudades grandes en el país ha disminuido, y las ciudades más dinámicas son ahora las medianas. Por esta razón el análisis, si bien debe tomar en cuenta las ciudades principales, debe también incluir ciudades medianas; esto permitiría, en principio, considerar que los hallazgos se pueden extender al sistema urbano en su conjunto. Es necesario que las mujeres sean incluidas. Dadas la duplicación de las tasas de participación femenina, la reestructuración económica —que puede afectar más a los hombres que a las mujeres— y el crecimiento de la proporción de hogares encabezados por mujeres (Payne y Abbott, 1990), resulta inaceptable que la clase o el estrato social se determine de manera predominante por el empleo del jefe de hogar varón. El análisis que se presenta enseguida busca superar las limitaciones señaladas. Su principal contribución es la de establecer los niveles de cambio en las oportunidades absolutas y relativas de movilidad social al ritmo de las fases de la economía, y la interacción de la creciente participación de las mujeres en el empleo, por un lado, y de las condiciones generales del sistema de movilidad, por otro.3 3 Sin embargo, quedan muchos otros problemas que abordar en futuros trabajos. Cabe mencionar dos: las reformas económicas no redujeron, sino que reafirmaron, la heterogeneidad estructural del empleo en América Latina, donde coexisten un sector con empleos privados o públicos modernos, regido por normas burocráticas, y contingentes cada vez mayores de personas ocupadas en circuitos informales (o economías “negras”) o que trabajan por cuenta propia. ¿Deben los análisis de movilidad social crear por lo menos dos sistemas de movilidad, cada uno identificado con un sector de empleo? ¿Cómo se debe reconocer esta diversidad? ¿Hay suficiente tránsito entre estos sectores como para hablar de un solo sistema? ¿Es uno de los dos una “trampa” para los que ingresan, o en ambos casos son sectores “abiertos”, lo cual indicaría que en conjunto constituyen un solo sistema? Otro reto analítico está en la importancia creciente de la exclusión ocupacional y social en América Latina, cuyo análisis rebasa aquel centrado en las ocupaciones. MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 152 REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 II Objetivos e hipótesis del análisis El presente análisis se propone medir el cambio en las oportunidades de acceso a ocupaciones superiores en las ciudades mexicanas. El primer eje de esta medición es la clase social,4 por lo cual se diseña una estratificación específica. El segundo eje es el tiempo. Se examinan las carreras ocupacionales de individuos que se insertaron en el empleo antes de 1982, entre 1982 y 1988, y entre 1988 y 1994, y se contrastan las oportunidades relativas de los individuos de distintas clases sociales en el período de industrialización sustitutiva de las importaciones, en los años de transición comprendidos entre 1982 y 1988, y en la reestructuración económica posterior. Se incorpora una variable más: el género, con el fin de establecer si las mujeres compiten hoy en las mismas condiciones de desigualdad (de género y de clase) que antes de 1982. La importancia de un análisis empírico de tales fenómenos es vital, porque durante esos períodos operan fuerzas opuestas sobre los sistemas de movilidad. De estancarse el crecimiento de los puestos modernos y no manuales en su conjunto, algunos grupos privilegiados pueden poner en práctica mecanismos de restricción a la entrada, lo que produce cerrazón del sistema y acentúa la desigualdad de acceso. Por otra parte, el sector privado y el Estado buscan emplear en esos puestos a personas con menores demandas salariales y de seguridad, lo cual puede llevar a más apertura (y a una disminución correlativa del privilegio). Las instituciones sociales que producen cierta equidad (subsidios a los alimentos básicos, servicios educativos gratuitos, servicios de salud universales) están también en proceso de reestructuración, aunque no se puede decir que en México se observe una clara disminución de su influencia. Los subsidios a través de los precios de los alimentos y servicios básicos se han desmantelado. Los servicios educativos públicos han ampliado su cobertura. Los servicios “abiertos” de salud también lo han hecho, pero el sistema más desarrollado, el de salud ligado al em4 Estamos conscientes de la ambigüedad del término “clase social” cuando se refiere a conglomerados sociales que comparten niveles educativos, de ingresos y de posición en la escala social, más que relaciones de producción. En algunos casos se usará, por esta razón, el término “estrato social”. Sin embargo, cabe hacer notar que en este texto ambos términos se usan como sinónimos. pleo provisto por el Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) cubre hoy a una proporción menor de la fuerza de trabajo, por el aumento de la ocupación informal. En otras palabras, mientras estos sistemas funcionen, se dispone de mecanismos que ayudan a acrecentar la equidad y la apertura del sistema de movilidad social; pero si entran en crisis, se puede producir una mayor cerrazón. Por último, la rápida expansión de programas sociales “focalizados” que promueven la salud y la educación también deberá evaluarse en términos de equidad de la movilidad social, aunque sus efectos todavía no son observables.5 Los hogares compensaron parcialmente el descenso salarial real con el aumento de la participación laboral de las mujeres y de los jóvenes (González de la Rocha y Escobar, 1986; González de la Rocha, 1988; de Oliveira, 1988; Selby, Murphy y Lorenzen, 1990; De Barbieri, 1989; Cortés y Rubalcava, 1991; Tuirán, 1993; González de la Rocha, 1994, pp. 136 a 139; Escobar y González de la Rocha, 1995; Hernández-Licona, 1997, pp. 547-560). Hoy, la participación de las mujeres en el empleo (39%) dobla aproximadamente lo que fue en 1979 (García y de Oliveira, 1994; INEGI, 2002). Si esta intensificación del empleo va acompañada por la disminución de los años de estudio de los jóvenes y las mujeres pobres, entonces se podría observar una mayor desigualdad. Pero si el incremento se distribuye de manera igual entre todas las clases sociales, talvez no se observe variación. Además de la acción de fuerzas opuestas, es probable que en los períodos examinados se observen cambios en la naturaleza del mercado del trabajo. Nos referiremos sólo a dos. En primer lugar, es posible que el significado de llegar a la “cima” de la jerarquía 5 En México, el programa Progresa (hoy Programa Oportunidades) comenzó a operar en 1997 en comunidades rurales marginadas y sólo incluyó zonas urbanas pobres en 2001 y 2002. Este programa hace transferencias monetarias a familias pobres (4.240.000 familias beneficiarias en el 2002), con la condición de que envíen a sus hijos a la escuela y que cumplan con programas de salud (Escobar, 2000b y 2000c). Dado que el apoyo se concentra en los hogares pobres, el impacto de este programa debería consistir en: i) un aumento rápido de la escolaridad de los más pobres, y ii) una disminución de la desigualdad de logros escolares entre los pobres y los no pobres. MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ REVISTA DE LA CEPAL ocupacional cambie. En otras palabras, puede suceder que el poder cada vez mayor de los empleadores lleve a una “degradación” de esas posiciones superiores respecto de las inferiores y que, por lo tanto, el acceso a ellas retribuya menos que antes, por lo menos en un sector del empleo (el sector público, por ejemplo). Reyes Heroles (1983) ya había notado los inicios de un proceso de este tipo en la segunda mitad del decenio de 1970, cuando la diferencia de ingresos entre el empleo manual y el no manual se redujo perceptiblemente. Lo mismo observó Solís (2002) en un análisis reciente de movilidad ocupacional y de ingresos en Monterrey. En segundo lugar, puede suceder que el estancamiento de los niveles no manuales y superiores lleve a una estructuración más larga de la carrera, es 85 • ABRIL 2005 153 decir, a la multiplicación de los pasos intermedios entre su inicio y su culminación. Esto puede querer decir que las carreras laborales se iniciarán más abajo, aunque algunos de los que parten en posiciones inferiores a las de cohortes anteriores puedan llegar también a las posiciones más altas, sólo que más tarde en su carrera. En suma, en épocas de cambio de modelo económico hay un conjunto importante de fuerzas que operan en diversos sentidos sobre la estructura social y de empleo, y algunas de esas fuerzas modifican la naturaleza de esa estratificación. Pero esto no obsta para que, con las fuentes y métodos adecuados, se pueda establecer el rumbo y el significado del cambio económico en la apertura o cerrazón de la estructura social del empleo. III Metodología y modelo de análisis Como ya se ha dicho, este trabajo se limita a indagar hasta qué punto y de qué manera se han producido cambios en los patrones de movilidad laboral, tanto de hombres como de mujeres, en las fases por las que ha atravesado la economía mexicana durante las últimas cinco décadas. Se propone buscar respuestas a la pregunta ¿ha habido cambios en los patrones de movilidad de clase y de género?, y si la respuesta es positiva, identificar el sentido de los cambios. Con este propósito en mente se analiza una de las principales bases de datos del proyecto “Género, edad, familia y trabajo”. Se trata de los resultados de un cuestionario amplio, aplicado a una muestra aleatoria de 11.800 hogares en seis ciudades mexicanas (Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Mérida, Veracruz y Córdoba-Orizaba) y que fue respondido por 25.000 personas mayores de 18 años. En él se inquiría sobre la historia de migraciones, educativa, laboral y familiar tanto del informante (llamado también ego) como del responsable económico6 cuando el informante tenía 14 años. El cuestionario se anexó entre julio y 6 Por “responsable económico” se entiende la persona que hacía el aporte principal a la subsistencia del informante cuando este tenía 14 años. En más del 80% de los casos se trata de su padre; en menos del 10%, de su madre; el resto comprende a otros adultos y al propio informante. El responsable económico, hombre o mujer, se considera el antecesor del informante para el estudio de la movilidad social de este último. septiembre de 1994 a la Encuesta Nacional de Empleo Urbano (ENEU) que efectúa trimestralmente el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) en 44 ciudades mexicanas. Dada la naturaleza de la investigación se tuvo especial cuidado en evitar los sesgos pro varones característicos de las encuestas clásicas de movilidad social. Los detalles del diseño y los resultados se encuentran en Escobar (1996). Para el análisis de la movilidad social se consideraron seis estratos ocupacionales que, jerarquizados desde la cúspide a la base, fueron los siguientes: (I) Profesionales, funcionarios y empleadores de más de cinco trabajadores. (II) Técnicos y empleados. (III) Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales. (IV) Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios. (V) Trabajadores no calificados de la industria y trabajadores informales en los servicios. (VI) Ejidatarios y pequeños propietarios rurales y jornaleros.7 7 En esta muestra urbana el estrato agrícola está poco representado en la ocupación del informante; sin embargo, los cálculos incluyen dicho estrato, porque es muy significativo como ocupación del responsable económico (N = 2.255), y la desigualdad encontrada es significativa y consistente con otros estudios. MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 154 REVISTA DE LA CEPAL El cuadro 1 muestra que el ingreso medio del informante según estratos de ocupación disminuye sistemáticamente desde la cima a la base de la jerarquía.8 Nótese que el ingreso mensual de los profesionales, funcionarios y empleadores de más de cinco trabajadores (estrato I) es 3,25 veces el ingreso que alcanzan los técnicos y empleados (estrato II) y 3,3 veces el promedio; desde el segundo estrato en adelante el descenso es monótono y suave. La polarización que muestra el cuadro es un reflejo de la desigual distribución del ingreso en México. Por otra parte, los niveles de instrucción disminuyen sistemáticamente a medida que descienden los estratos ocupacionales. Nótese que no estamos incluyendo en este análisis a los desocupados. Ellos carecen de los atributos que los podrían ubicar en la estratificación. Además, sería incorrecto ubicar igualmente a un profesional desocupado y a un agricultor desocupado. Sus estratos sociales siguen siendo distintos a pesar de compartir el estado de desocupación, por su pertenencia a grupos sociales definidos normalmente por sus ocupaciones previas. Sin embargo, el análisis de los tránsitos hacia y desde la desocupación y su impacto en los logros ocupacionales ulteriores, tanto entre hombres como entre mujeres, es de importancia creciente en América Latina (Cerrutti, 2000a y 2000b). De este cuadro vale la pena destacar que: i) los niveles de instrucción de las personas que están en el estrato superior I se diferencian claramente de los resCUADRO 1 México (6 ciudades): Estratos ocupacionales e ingreso medio del informante en la encuesta Estratos I II III IV V VI Total Ingreso por mes en el trabajo principal (en dólares de 1994) 1 403,1 430,6 404,3 274,8 245,0 201,8 427,6 Fuente: Módulos anexos a la Encuesta Nacional de Empleo Urbano (ENEU), julio-septiembre de 1994. 8 Todos los cuadros de este artículo se basan en material obtenido de la encuesta del proyecto “Género, edad, familia y trabajo: reestructuración de la sociedad urbana en México”. 85 • ABRIL 2005 tantes, y la distribución en este grupo está concentrada en la educación superior completa y el posgrado; ii) los técnicos y empleados se caracterizan por el predominio de los niveles de instrucción secundaria y superiores, y iii) a partir del tercer estrato predominan los niveles más bajos de instrucción. En este trabajo se estudia la movilidad entre el estrato ocupacional del primer empleo (del informante) y el del responsable económico del hogar cuando el informante tenía 14 años. Se trata, entonces, de la movilidad a los primeros empleos de hombres y mujeres pertenecientes a todas las clases sociales urbanas. La medición de la movilidad social debe tomar en cuenta que en una muestra de personas, cuyas edades fluctúan entre 18 y más de 97 años, hay que diferenciar entre los cambios en la estratificación ocupacional originados por el espectro de oportunidades que ofrece la estructura económica, es decir, la comúnmente denominada movilidad estructural, y los cambios que están condicionados por la clase de origen del sujeto. Por ejemplo, está ampliamente documentado que la expansión de los servicios que registró la economía mexicana en el decenio de 1970 acrecentó las oportunidades laborales de las mujeres; por lo tanto, parte de la movilidad social de ellas respondió al ensanchamiento de las oportunidades que les brindó la evolución de la estructura económica. Se necesita entonces un método que mida la desigualdad de los logros de distintas personas y no sólo su movilidad ascendente o descendente absoluta. Suelen distinguirse tres períodos por los que habría pasado la economía mexicana en las cinco últimas décadas, a saber: la época del desarrollo estabilizador, que fenece con la crisis de 1982, aunque sus padecimientos empiezan a comienzos de la década de 1970 y se manifiestan dramáticamente en la crisis de 1976; el período de transición, en que coexisten las orientaciones de política de la época del desarrollo basado en la sustitución de las importaciones con las que serían propias del tercer período, y la que sería la última fase, la del cambio estructural, cuyo inicio se data en 1988 y se podría caracterizar por la fórmula “más mercado y menos estado” (Cortés, 2000). Si a cada uno de estos tres períodos corresponden estructuras económicas cualitativamente distintas, los patrones de movilidad ocupacional urbana deberían registrar alteraciones significativas. Por ejemplo, es sabido que uno de los rasgos destacables del modelo de sustitución de importaciones (fase I) fue, entre otros, el acentuado crecimiento de los empleos típicos de la MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 155 CUADRO 2 México (seis ciudades): Estratos ocupacionales y niveles de instruccióna (Porcentajes y casos) Estratos Sin Primaria estudios incompleta Primaria Secund. Secund. Med.-sup. Med.-sup. Superior Superior completa incompleta completa incom. completa incom. completa Posgrado Sin datos Total I II III IV V VI 0,0 0,9 9,3 3,7 6,3 4,0 0,6 3,9 18,9 14,6 18,3 22,0 2,0 10,3 26,4 30,0 29,8 26,0 0,6 5,3 6,5 9,6 8,2 10,0 4,8 37,6 19,7 28,4 26,2 24,0 1,2 6,7 3,4 6,2 4,3 0,0 3,0 11,6 4,6 4,9 4,3 0,0 5,2 8,1 3,5 1,5 1,8 10,0 71,7 15,1 7,0 1,1 0,8 4,0 10,9 0,7 0,9 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 Total 3,9 11,2 20,1 6,5 27,6 5,1 6,9 4,6 12,7 1,3 0,0 100,0 Total de casos 1 5 3 3 2 280 657 251 567 367 50 16 172 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). a En México el nivel primario incluye seis años de escolaridad básica; el secundario tres años más, y el medio superior otros tres. El nivel “superior” equivale al universitario. clase media; a su vez, las notas predominantes del cambio estructural (fase III) han sido, por lo menos hasta los albores del siglo XXI, el aumento de la pobreza y una mayor polarización social a nivel mundial (Banco Mundial, 2000; UNRISD, 2000, pp. 11-13). México no ha sido la excepción (Hernández Laos, 2001, pp. 56-67 y 98-119). Habida cuenta de las tres fases por las que habría pasado la economía mexicana a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se procedió a dividir la muestra en tres, según la edad del entrevistado: hasta 26 años, de 27 a 35 años, y de 36 años o más. Estas tres categorías sitúan al responsable económico ya sea en el mismo período del informante, o bien, en el inmediatamente anterior, como se observa en el cuadro 3 (recuérdese que la información del responsable económico está referida al año en que el informante tenía 14 años, y permiten realizar el análisis entre períodos y dentro de cada uno de ellos). En sentido estricto, el estudio dentro de cada fase informa acerca de la movilidad social, manteniendo constante la movilidad estructural; sin embargo, este control sólo será parcial, pues los intervalos contiguos se solapan.9 Esta imprecisión en los cortes empíricos debe superarse para poder depurar los resultados. Para los efectos del presente trabajo, todos los miembros del primer grupo de edad se clasifican como 9 La clasificación no se basa en la fecha del primer empleo, sino en la edad en cada uno de los períodos. Así, por ejemplo, la cohorte joven tenía entre 12 y 20 años de edad al iniciar el período de reestructuración en 1988, por lo que la gran mayoría inició su carrera ocupacional con posterioridad a este momento. CUADRO 3 México (seis ciudades): Períodos de la economíaa en que se produjo la primera ocupación del informante y de su responsable económico cuando el informante tenía 14 años, por grupos de edad Grupos de edad De 18 a 26 años De 27 a 35 años De 36 y más años Informante Antecesor (padre del informante o responsable económico de él)b III, II II, I I III, II I I Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). a Período I, de desarrollo estabilizador, en 1982 y antes; período II, de transición, entre 1983 y 1987, y período III, de cambio estructural, entre 1988 y 1994. b La categoría “padre o responsable económico” se refiere al padre (cuando vivía con el informante) o, en su defecto, a quien hacía el principal aporte económico a la unidad doméstica en que vivía el informante a los 14 años. Entre quienes ingresaron al mercado de trabajo en el período I, en el 80% de los casos se trata del padre. Entre quienes lo hicieron después, es el padre en el 91% de los casos. pertenecientes al período económico III (de cambio estructural); los del segundo grupo de edad se adscriben al período II y los miembros del tercer grupo, al período I. Con esta clasificación de los grupos etarios en los períodos históricos se elaboraron las matrices de transición que pueden consultarse en el apéndice. Los cálculos informan acerca de la proporción de “sucesores” que llegaron a cada uno de los seis estratos, dados los estratos de los “antecesores”. Estos datos son bastante informativos cuando no ha habido cambios en MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 156 REVISTA DE LA CEPAL la estructura de oportunidades, o cuando los cambios han sido paulatinos y el tiempo de observación breve, o cuando la estructura económica no ha experimentado alteraciones significativas durante el período analizado. Ninguna de estas situaciones caracteriza al México de la segunda mitad del siglo XX, por lo que las probabilidades de movilidad en el país no sólo dependen del estrato del responsable, sino también de cambios estructurales. Ya se había señalado que la división de las observaciones en tres subconjuntos definidos por la edad del informante mide sólo parcialmente el efecto de la movilidad estructural, pues, como se vio en el cuadro III, las casillas combinan algunos de los períodos por los que ha atravesado la economía mexicana. En los estudios de movilidad suele controlarse la movilidad estructural a través del cálculo de la razón de momios (R),10 siendo 85 • ABRIL 2005 los momios el cociente entre la probabilidad de moverse y de no moverse entre los estratos i y j. Ahora bien, dada la clase social de origen, medida por la ocupación del responsable del hogar cuando el informante tenía 14 años, se puede saber cuál es la clase modal de destino, es decir, la más probable. En el lenguaje de la estadística descriptiva esta categoría sería un indicador de la tendencia central y habría una para cada renglón de la matriz de transición. Si se sabe que el antecesor estaba situado en el estrato i la moda señala el destino más probable para el informante en la jerarquía ocupacional. Siguiendo los cánones de la estadística elemental, se complementaron las probabilidades de transición, los momios y sus razones, que se pueden considerar medidas de tendencia central, con la entropía, que es una medida de dispersión para variables no métricas (Theil, 1972). IV Los resultados 1. Cambios en la movilidad intergeneracional general al primer empleo En este artículo se analiza únicamente la movilidad social intergeneracional entre el primer empleo del informante y la ocupación de su padre o responsable económico cuando él tenía 14 años. Naturalmente, a la fecha de la entrevista la mayor parte de los encuestados se encontraba ya en otros empleos u ocupaciones. Sin embargo, la decisión de considerar únicamente la movilidad al primer empleo hace posible estimar parcialmente el efecto de la diferente extensión de las carreras ocupacionales de los jóvenes y los viejos. De esta manera, contrastamos puntos relativamente compara- 10 La idea es que la movilidad estructural ofrecería, en principio, mayores opciones a todas las edades, por lo que cabría esperar un incremento proporcional de los momios; es decir, los momios de todas ellas deberían crecer. Supongamos, por ejemplo, que durante una época por cada hijo de profesionales que descienden, cuatro se mantienen en la clase I, mientras que por cada hijo de oficinista sólo uno llega a ella y que, producto de un cambio en la estructura productiva, los momios se duplican en ambos casos, es decir, aumentan a ocho y dos, respectivamente. En este ejemplo ambos momios suben, pero la razón entre ellos se mantiene constante. Este artificio estadístico anula el efecto del factor estructural, ya que la incidencia que tiene sobre la probabilidad del numerador se cancela con la que opera sobre el denominador. bles de la carrera de todos los individuos analizados, sin importar su edad. El cuadro 4 muestra las oportunidades de movilidad asociadas a los seis estratos sociales durante el período de industrialización sustitutiva de las importaciones (ISI), el período de transición (mixto) y el período de reestructuración económica (reestructuración). Los momios que se despliegan en el cuerpo del cuadro indican las oportunidades que tienen los individuos de la muestra de llegar al estrato I, según sus estratos de origen y su cohorte.11 Las tres series de momios muestran, como era de esperar, que la oportunidad de acceso al estrato I decrece a medida que descendemos de la cúspide a la base de la estratificación. Las posibilidades de movilidad social no sufren modificaciones significativas en los dos primeros períodos, pero en el tercero experimentan una caída marcada en todos los niveles sociales. Estos resultados muestran que la reestructuración económica en México, por lo menos en sus primeras 11 La definición de momio es Mij = Pij 1 − Pij i,j = 1, 2, 3, 4, 5, 6, donde Pij simboliza la probabilidad de que una persona tenga un empleo del estrato j, dado que el responsable económico estuvo en el estrato i cuando el informante tenía 14 años. MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 157 CUADRO 4 México (seis ciudades): Oportunidades absolutas de movilidad hacia el estrato I ISIa Estrato social del antecesor I II III IV V VI Profesionales, funcionarios, empleadores de más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros Transición Reestructuración 0,218 0,051 0,021 0,014 0,013 0,011 0,230 0,051 0,020 0,011 0,015 0,010 0,084 0,026 0,016 0,006 0,004 0,002 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). a Industrialización sustitutiva de las importaciones. CUADRO 5 México (seis ciudades): Oportunidades absolutas de movilidad hacia el estrato I teniendo como base el período de reestructuración ISI Estrato social del antecesor I II III IV V VI Profesionales, funcionarios, empleadores de más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros Transición Reestructuración 2,591 1,985 1,324 2,349 3,021 4,936 2,744 2,000 1,262 1,932 3,626 4,502 1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). etapas, estrechó las oportunidades de movilidad ocupacional en relación con las opciones que abrió el modelo económico anterior. Con el propósito de formarnos una idea de la intensidad del estrechamiento de las oportunidades absolutas de movilidad laboral, establecimos para cada estrato la relación entre los momios de los períodos de sustitución de importaciones y de transición con respecto a los del período de reestructuración; de esta manera se dispone de un único y simple número que da una idea del efecto que ha tenido el cambio de modelo sobre la movilidad, según las distintas clases sociales. Como muestra el cuadro 5, el empeoramiento de las oportunidades es mayor entre los originarios de las dos clases más bajas, aunque también es notable entre las clases más altas. La reestructuración económica estrechó las posibilidades de movilidad social para todos los estratos, pero este efecto fue mucho más marcado en las clases más bajas. Hay que destacar que la disminución de oportunidades casi no afectó a los patrones de hasta 5 trabajadores y no profesionales. Este es un dato interesante que podría orientar futuras investigaciones sobre el sector informal, y cabe preguntarse si tendrá alguna relación con el marcado crecimiento de este sector en las últimas dos décadas. Los rasgos centrales que señala el cuadro muestran que la tendencia no es lineal según estrato social de origen (más bien es una “U”). Además, el hecho de que la caída mayor se concentre entre los más desprotegidos indica un aumento de la desigualdad de oportunidades. Hemos incluido en este análisis, como se explicó en la sección anterior, una medida de dispersión de las salidas de cada estrato social de origen, llamada entropía.12 Esta medición es la única en nuestro análisis que no se refiere al logro del estrato social más alto, sino a la dispersión de los originarios de una categoría en todas las posiciones de destino. En el 12 Para el caso particular bajo análisis la entropía H se define como: Hi = j =6 ∑ Pij Ln j =1 1 i = 1, 2, 3, 4, 5, 6. Pij Se normaliza la entropía limitando su recorrido al intervalo 0 a 1 (HN); para ello se divide Hi por el valor teórico máximo (HM), que en este caso es igual a Ln6. En consecuencia HN responde a la H siguiente expresión, HiN = i i = 1, 2, 3, 4, 5, 6. HM MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 158 REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 CUADRO 6 México (seis ciudades): Índice entrópico estandarizado de las oportunidades absolutas de movilidad Estrato social del antecesor I II III IV V VI ISI Profesionales, funcionarios, empleadores de más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios ambulantes Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros Transición Reestructuración 0,770 0,733 0,914 0,833 0,686 0,666 0,848 0,774 0,692 0,685 0,810 0,762 0,749 0,837 0,761 0,849 0,733 0,795 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). cuadro 6 presentamos los resultados del cálculo de la entropía estandarizada. Los valores de esta medida fluctúan entre 0 y 1; el índice entrópico de un estrato tiende a cero cuando todos los sucesores tuvieron como destino un único y mismo estrato (aunque no necesariamente el del antecesor); cuando esto ocurre, debe examinarse la matriz de transiciones para identificar cuál fue ese destino. Si el origen no influye en absoluto sobre el destino, entonces el índice asume el valor 1; en este caso es igualmente probable alcanzar cualquier destino a partir de un estrato dado. La información contenida en el cuadro 6 complementa la de cuadros anteriores; aquellos se limitan a presentar lo acontecido con la movilidad social hacia la cima de la estratificación, en tanto que este sintetiza las oportunidades de movilidad desde cualquier origen a cualquier destino. Los datos de dicho cuadro permiten concluir que durante los años de la transición, en comparación con la etapa de industrialización sustitutiva de las importaciones, disminuyeron las opciones de movilidad social de los primeros cuatro estratos (I a IV) y aumentaron las de los trabajadores manuales no calificados, los ambulantes y los agrupados en la categoría “otros”. Por el contrario, cuando comparamos el período de reestructuración con el de ISI se observa que la movilidad social baja para todas las clases sociales sin excepción. Dentro del panorama delineado hasta este momento (movilidad social en la época de ISI, variaciones irregulares de ella por estratos durante el período de transición y una clara reducción de las oportunidades de movilidad durante la reestructuración, en lo general, acompañada en lo particular por una disminución de las posibilidades de alcanzar la cúspide), cabe preguntarse en este punto cuál fue la clase cuyos miembros sufrieron los cambios con mayor rigor. Hacerse esta pregunta equivale a focalizar la indagación en las oportunidades de movilidad social, teniendo en cuenta los cambios de épocas; de este análisis emergerá lo que suele denominarse el “genotipo” del sistema de movilidad social. La razón de momios13 permite estudiar la movilidad considerando los efectos que tiene sobre ella la movilidad estructural, es decir, aquella parte de los cambios de estrato que surge de las alteraciones de la estructura económica. Esto es lo que llamamos el análisis de las oportunidades relativas, es decir, de las condiciones de competencia en el sistema de movilidad social, con independencia de oscilaciones económicas y demográficas. El cuadro 7 muestra la evolución de las oportunidades relativas para los originarios de distintos estratos, independientemente del nivel absoluto de movilidad hacia I, y permite analizarlas entre cualquier par de clases sociales, aunque la referencia sea siempre la razón de las oportunidades de los originarios del estrato I. Centrando nuestra atención en la fase de reestructuración económica, comparada con la de sustitución de las importaciones, se observa que crece la desproporción entre las oportunidades de las clases más bajas y las de los originarios de la clase más alta; este resultado era de esperar, ya que, como se vio antes, el mayor empeoramiento se concentró en las clases más bajas. Las razones de momios del segundo y tercer estratos aumentaron significativamente en la fase de reestructuración con respecto a la fase de ISI. Así, los técnicos y empleados, y los empleadores de hasta cinco trabajadores y no profesionales que no escaparon a la baja generalizada de las oportunidades de movilidad, Pi1 Mi1 1 − Pi1 13 La razón de momios se define como R = = i1 P M11 11 i = 1, 2, 3, 4, 5, 6 1− P 11 MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 159 CUADRO 7 México (seis ciudades): Oportunidades relativas de alcanzar el estrato I Estrato social del antecesor I II III IV V VI ISI Profesionales, funcionarios, empleadores de más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros Transición Reestructuración 1,000 0,233 0,096 0,063 0,058 0,050 1,000 0,222 0,086 0,049 0,066 0,043 1,000 0,305 0,187 0,069 0,050 0,026 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). sí mejoraron en términos relativos sus posibilidades de acceder al pináculo de la estructura ocupacional. Como se puede observar, la razón del estrato III casi se duplicó, porque sus oportunidades no cayeron tanto respecto a las del estrato I, y la razón del estrato II aumentó significativamente. De esta manera, los cambios en las oportunidades relativas de alcanzar el estrato I entre las fases de ISI y de reestructuración pueden dividirse en tres: la desigualdad relativa de oportunidades disminuye entre los originarios de las tres primeras clases sociales, se mantiene relativamente igual para la clase IV y aumenta en las clases V y VI, aunque con mayor fuerza en la última. De esta manera, llegar desde la agricultura hasta el estrato I se vuelve prácticamente imposible: durante el período de ISI, la desigualdad era de 1 sobre 0,05, o 20 veces; durante el período de reestructuración, la razón es de 1 sobre 0,026, lo que equivale aproximadamente a 40 veces; esto indica que los originarios del estrato I tienen 40 veces más oportunidades de llegar a ese estrato que los originarios de la agricultura o, en otras palabras, que las oportunidades relativas de estos últimos han caído a la mitad. 2. La movilidad intergeneracional según el género Las investigaciones realizadas en México muestran un significativo y sostenido aumento de la participación laboral femenina. Cabe entonces preguntarse por el destino laboral de las mujeres en un contexto de mayor rigidez en la movilidad social. El aumento del empleo femenino podría responder tanto a una estrategia de los hogares para enfrentar las sucesivas crisis por las que ha pasado el país desde la década de 1980 (González de la Rocha y Escobar Latapí, 1986) como a una estrategia de las empresas para reducir costos, si consideramos que a igual calificación y ocupación las remuneraciones de las mujeres tienden a ser menores que las de los hom- bres (Pacheco y Parker, 1996). Si este fuera el caso, deberíamos observar barreras al ascenso social de las mujeres. Por otra parte, la investigación ha registrado que el aumento de los niveles educativos de las mujeres (García y De Oliveira, 1994) ha sido una de las fuerzas que sostienen dicho crecimiento. Estos procesos deberían traducirse bajo el supuesto de una relación entre años de instrucción y estrato social, en ascenso social. ¿Qué efectos han tenido estos cambios en la participación laboral sobre la movilidad social según el género? El cuadro 8 muestra los momios de alcanzar el estrato I para los originarios de todos los estratos, según cohorte y sexo. Los momios del panel donde se despliega la información relativa a las mujeres indican que las provenientes de hogares, cuyo responsable económico se ubicaba en cualquiera de los tres estratos superiores (I a III) tuvieron un aumento significativo en sus oportunidades de movilidad social en el período de transición, comparado con el de ISI. Sin embargo, este aumento no fue parejo: el momio se multiplicó por 8,4 para las mujeres del estrato I, por 3,1 para las del estrato II y sólo por 1,6 para las del estrato III. En las capas sociales de la base de la pirámide no hubo cambios significativos durante dicho período. Las mujeres de unidades domésticas encabezadas por trabajadores manuales calificados y no calificados, así como las de hogares rurales, no experimentaron cambios significativos en sus casi nulas opciones de llegar a la cúspide de la sociedad. Los años de reestructuración económica fueron acompañados por una reducción significativa en las opciones de movilidad social de las mujeres en los estratos I, III y IV, mientras que los dos inferiores volvieron a no tener alteraciones significativas. Sólo las hijas de los técnicos y empleados (IV) mantuvieron los momios de los años de transición. Será necesario realizar estudios en mayor profundidad para entender este comportamiento. MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 160 REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 CUADRO 8 México (seis ciudades): Oportunidades absolutas de movilidad hacia el estrato I, según género Estrato social del antecesor Hombres I II III IV V VI Mujeres I II III IV V VI ISI Transición Reestructuración Profesionales, funcionarios, empleadores con más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros 0,332 0,071 0,020 0,231 0,071 0,008 0,071 0,023 0,016 0,014 0,015 0,007 0,021 0,013 0,021 0,011 0,007 0,000 Profesionales, funcionarias, empleadoras de más de 5 trabajadores Técnicas y empleadas Pequeñas empleadoras y trabajadoras por cuenta propia no profesionales Trabajadoras calificadas de la industria y trabajadoras formales de los servicios Trab no calificadas de la industria y trabajadoras informales de los servicios Ejidatarias, pequeñas propietarias rurales y jornaleras 0,026 0,009 0,023 0,218 0,028 0,038 0,102 0,029 0,015 0,010 0,008 0,002 0,000 0,006 0,005 0,007 0,000 0,006 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). El paso del modelo de ISI al de transición estuvo en sincronía con un aumento en las oportunidades que tuvieron las mujeres de las clases de la cúspide de alcanzar el estrato I (o de mantenerse en él), y el paso de la transición a la reestructuración se caracterizó por un descenso significativo de los momios, con la excepción ya señalada de las hijas de técnicos y empleados. Como el crecimiento fue mayor que la reducción, las mujeres de los estratos I y II mejoraron sus opciones de movilidad a lo largo de los tres períodos. Las descendientes de los pequeños empleadores y técnicos, cuyas opciones se acrecentaron significativamente en la época de transición, las vieron contraerse severamente cuando tuvo lugar la reestructuración económica, de modo que finalizaron el período con una reducción importante en sus momios de ascenso a la clase más alta. Las del estrato V prácticamente no experimentaron cambios mientras que las del IV vieron aún más disminuidas sus magras opciones. La transición no modificó las oportunidades de movilidad social de los hombres, excepto para los que tienen antecesores en los estratos I y III, cuyos momios exhibieron una reducción del 30% y del 60%, respectivamente. Una vez que se consolidó el nuevo modelo económico, las opciones de movilidad descendieron marcadamente en todos los estratos, excepto el de pequeños empleadores y trabajadores no profesionales por cuenta propia, para los cuales la caída fue leve. ¿Tendrá este hecho algún vínculo con la expansión del sector informal? Como resultado de los movimientos descritos de los hombres y de las mujeres se aprecia que las oportunidades de llegar al estrato I evolucionan de manera muy distinta según el género. En efecto, mientras que los cuadros 4 a 7, que aparecen en el apartado anterior, sólo mostraron cambios insignificantes entre la primera y segunda fases, el cuadro 8 hace ver que para los hombres hay un empeoramiento casi lineal, y para las mujeres de las clases altas una mejoría muy significativa, del primer al segundo período, y un empeoramiento marcado del segundo al tercero. La “estabilidad” en las oportunidades de movilidad social entre la época de ISI y la de transición que se observa en los cuadros 4 a 7 se compone de un empeoramiento de las oportunidades para los hombres y una mejoría para las mujeres. Del segundo al tercer período, el empeoramiento es para ambos sexos. El cuadro 9 compara las oportunidades de movilidad de las dos primeras fases con las de la reestructuración. Para los hombres originarios del estrato I, la caída es casi lineal, para los del estrato II primero hay una caída y luego una leve recuperación, mientras que para los demás hay más estabilidad de la primera a la segunda fase y una reducción marcada en la tercera. En todo caso, el saldo general masculino es una pérdida, mientras en el caso de las mujeres lo sucedido es mucho más variado. Las originarias de los dos primeros estratos tienen a final de cuentas una mejoría muy significativa de sus oportunidades. Las originarias MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 161 CUADRO 9 México (seis ciudades): Oportunidades absolutas de movilidad hacia el estrato I según género, teniendo como base el período de reestructuración Estrato social del antecesor ISI Transición Reestructuración Hombres I II III IV V VI Profesionales, funcionarios, empleadores de más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores no profesionales por cuenta propia Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios Otros (agricultura) 4,642 3,033 1,203 2,015 3,092 Indeterminado 3,231 3,052 0,518 2,110 3,071 Indeterminado 1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 Mujeres I II III IV V VI Profesionales, funcionarias, empleadoras de más de 5 trabajadores Técnicas y empleadas Pequeñas empleadoras y trabajadoras por cuenta propia no profesionales Trabajadoras calificadas de la industria y trabajadoras formales de los servicios Trab. no calificadas de la industria y trab. informales de los servicios Ejidatarias, pequeñas propietarias rurales y jornaleras 0,254 0,303 1,559 5,287 Indeterminado 0,978 2,148 0,979 2,533 4,216 Indeterminado 1,181 1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). CUADRO 10 México (seis ciudades): Índice entrópico normalizado de las oportunidades absolutas de movilidad social según género Estrato social del antecesor ISI Transición Reestructuración Hombres I II III IV V VI Profesionales, funcionarios, empleadores de más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros 0,753 0,765 0,916 0,723 0,760 0,741 0,749 0,799 0,858 0,818 0,734 0,829 0,784 0,791 0,848 0,793 0,753 0,792 Mujeres I II III IV V VI Profesionales, funcionarias, empleadoras de más de 5 trabajadores Técnicas y empleadas Pequeñas empleadoras y trabajadoras no profesionales por cuenta propia Trabajadoras calificadas de la industria y trabajadoras formales de los servicios Trab. no calificadas de la industria y trabajadoras informales de los servicios Ejidatarias, pequeñas propietarias rurales y jornaleras 0,414 0,603 0,849 0,753 0,606 0,859 0,396 0,431 0,764 0,622 0,690 0,782 0,491 0,382 0,698 0,607 0,641 0,678 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). de los estratos III y IV sufren una pérdida en sus oportunidades, y aquellas con antecesores en la agricultura prácticamente no acusan cambios. El índice entrópico por género enriquece el análisis del apartado anterior, que no distinguía esta variable. La dispersión de los hombres en los estratos de llegada es bastante alta, lo que indica que los varones de cualquier condición social tienen probabilidades “similares” de llegar a cualquier estrato. Además, se observan modificaciones menores en las entropías, de manera que las opciones de tránsito entre los diferentes estratos parecen ser independientes del período por el que atravesaba la sociedad mexicana. Durante los años de la transición las oportunidades de movilidad social de las mujeres se redujeron respecto a la fase anterior en todos los estratos, excepto entre las que provenían de hogares encabezados por trabajadores manuales no calificados y ambulantes. Al pasar al período de reestructuración se vuelve a estrechar el horizonte de la movilidad para las mujeres de todas las clases excepto la alta. Escapan a esta tendencia las de los estratos I y V, que terminan con una entropía superior en la fase de reestructuración que en la etapa de ISI. Una mirada global al cuadro 10 indica que es probable una menor desigualdad según origen entre los hombres jóvenes y una mayor entre las mujeres jóvenes. El cuadro 11 muestra las razones de momios de la movilidad social hacia el estrato I según condición de origen y género, es decir, la desigualdad de las MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 162 REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 CUADRO 11 México: Oportunidades relativas de alcanzar el estrato I, según género Estrato social del antecesor ISI Transición Reestructuración Hombres I II III IV V VI Profesionales, funcionarios, empleadores de más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros 1,000 0,213 0,059 0,043 0,064 0,039 1,000 0,308 0,037 0,065 0,091 0,049 1,000 0,326 0,228 0,100 0,096 0,000 Mujeres I II III IV V VI Profesionales, funcionarias, empleadoras de más de 5 trabajadores Técnicas y empleadas Pequeñas empleadoras y trabajadoras por cuenta propia no profesionales Trabajadoras calificadas de la industria y trabajadoras formales de los servicios Trab. no calificadas de la industria y trabajadoras informales de los servicios Ejidatarias, pequeñas propietarias rurales y jornaleras 1,000 0,341 0,895 0,383 0,000 0,215 1,000 0,130 0,172 0,036 0,023 0,031 1,000 0,286 0,146 0,018 0,000 0,056 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). CUADRO 12 México (seis ciudades): Razones de oportunidades hombres/mujeres Estrato social del antecesor I II III IV V VI ISI Profesionales, funcionarios, empleadores de más de 5 trabajadores Técnicos y empleados Pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios Trab. no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros Transición Reestructuración 12,822 8,006 0,848 1,452 Indeterminada 2,345 1,057 2,493 0,225 1,906 4,111 1,688 0,702 0,800 1,099 3,810 Indeterminada 0,000 Fuente: Elaboración propia con datos de CIESAS/INEGI (1996). oportunidades de acceder al estrato I dentro de cada categoría de género. El aumento de las razones de momios de los hombres en la época de reestructuración, con respecto a la etapa de ISI, muestra que, pese a la disminución de las oportunidades de ascenso social al estrato I, ha tenido lugar una reducción de la desigualdad relativa según estrato de origen dentro de la distribución masculina, salvo para los originarios de la agricultura. Lo contrario sucede con las mujeres: las originarias de los estratos I y II se alejan marcadamente de las demás. Por último, el cuadro 12 analiza la evolución de la desigualdad de género, es decir, las razones de los momios masculinos respecto a alcanzar el estrato I, comparados con los momios femeninos.14 14 Ri1h Pi1h 1 − Pi1h Mi1h donde h = hombre y m = mujer. = = Pi1m Mi1m 1 − Pi1m Un valor superior a 1 indica que los hombres tienen ventaja respecto de las mujeres. El cuadro muestra que a lo largo del período analizado hay una tendencia clara a que la ventaja masculina tienda a desaparecer en los dos estratos superiores. En los años de ISI el momio de los hombres del estrato superior con relación a las mujeres de la misma clase es casi 13 veces mayor, tiende a igualarse durante la transición y se vuelca modesta, pero perceptiblemente, a favor de las mujeres durante la vigencia del nuevo modelo económico. Un movimiento similar, aunque no tan drástico, se observa en el estrato de los técnicos y empleados, pues durante la transición los hombres aun tenían ventaja sobre las mujeres. Los hombres cuyos antecesores fueron pequeños empleadores o trabajadores no profesionales por cuenta propia (estrato III), o trabajadores calificados de la industria y formales de los servicios (estrato IV), tienen mayor posibilidad de alcanzar el estrato superior que las mujeres en esas mismas categorías ocupacionales. Sin embargo, entre esos dos estratos hay una diferencia, ya MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ REVISTA DE LA CEPAL que los hombres provenientes del estrato IV mejoraron sistemáticamente su ventaja a lo largo de los tres períodos, empezando con una ventaja relativa durante los años de ISI, mientras que los provenientes del III tenían una desventaja respecto a las mujeres durante los años del modelo sustitutivo, la que se acrecentó 85 • ABRIL 2005 163 durante la transición y se equiparó a la de las mujeres en la época del nuevo modelo. De este modo desaparece la ventaja masculina y se crea una femenina en los estratos I y II y el privilegio masculino se refuerza en el estrato IV, mientras que el III equipara las opciones de movilidad social. V Conclusiones Este trabajo se centra en el estudio de los cambios que han ocurrido: i) en las oportunidades de logro ocupacional; ii) en la desigualdad de estos logros, y iii) en la interacción de la creciente participación de las mujeres en el empleo con los cambios en las oportunidades ocupacionales entre los géneros y dentro de ellos. Esperamos que contribuya al debate en torno al cambio estructural de la sociedad mexicana y latinoamericana, tomando como punto de partida el desarrollo estabilizador, su crisis y la implantación del modelo basado en la apertura comercial y la liberalización económica interna. La estrategia que se siguió toma como referencia el logro de la clase o estrato I (profesionales, funcionarios y grandes empleadores). Esta decisión evita caer en apreciaciones erróneas sobre los logros ocupacionales según género (Portocarero, 1989), y la necesidad de incluir como antecedentes análisis que den cuenta del proceso de reestratificación de la sociedad mexicana (Rubalcava, 1999). Las ocupaciones que componen la clase I han sido desde el decenio de 1960, y siguen siéndolo, muy superiores en todo sentido a las demás, tanto para los hombres como para las mujeres. Entre los hallazgos destacamos, en primer lugar, desde 1988 en adelante, un descenso considerable de las oportunidades de todos los estratos ocupacionales de ascender a la clase I o de permanecer en ella. Ese año señala, a nuestro juicio, la frontera entre el viejo modelo sustitutivo de importaciones y el modelo nuevo. La única excepción a esta regularidad se observa en los originarios de la clase III (pequeños empleadores y trabajadores por cuenta propia no profesionales), en donde el descenso es mucho menos marcado. Cabe hacer notar que la condición de mercado de los integrantes de esta clase les permitió eludir, por lo menos en parte, las consecuencias de las políticas que a prin- cipios del decenio de 1980 redujeron los salarios y los ingresos en México. El descenso de las oportunidades o probabilidades de logro no se relaciona de manera directa con el crecimiento económico. Mientras que el crecimiento económico y el de los empleos formales se estanca desde 1982, las probabilidades de logro caen a partir de 1988. Esto, en nuestra opinión, indica que el cambio en el sistema de movilidad guarda una relación estrecha con el modelo de acumulación y no con el simple crecimiento económico. En segundo lugar, dicho descenso es mayor entre los originarios de las clases trabajadoras urbanas y agrícolas que en el resto de los estratos. Ahora bien, el estrechamiento relativo de las oportunidades de logro muestra tres tendencias: disminuye en los tres primeros estratos, se mantiene en el cuarto, y es mayor entre los originarios de los estratos quinto y sexto. Este hallazgo constituye un primer indicador de creciente desigualdad y, en especial, de un aumento de la barrera que separa los logros de las clases superiores e intermedias respecto de los obreros, empleados de bajo nivel de los servicios, y de los agricultores en general. En tercer lugar, el análisis que se realizó de los índices entrópicos mostró que la dispersión de los originarios de cada clase por la estructura ocupacional es cada vez menor: esto quiere decir que en los años en que imperaba el viejo modelo de desarrollo estabilizador era mayor la fluidez ocupacional en la sociedad que en los años en que ha regido el nuevo modelo. Este hallazgo, aunado al anterior, nos permite afirmar que, junto con intensificar la desigualdad, el sistema de movilidad ocupacional mexicano se vuelve más rígido. En otras palabras, la ocupación del padre o responsable económico del informante se vuelve un predictor más robusto del destino ocupacional de éste. Lo dicho indica que el papel de las instituciones sociales MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 164 REVISTA DE LA CEPAL que contribuyen a una mayor equidad en la competencia por posiciones ocupacionales (los subsidios al consumo de las clases bajas, los servicios sociales de educación, salud y urbanos) es cada vez más débil dentro del sistema de movilidad social en México. Lo anterior se aplica al conjunto de los ocupados urbanos mexicanos en las ciudades cubiertas por los datos y, creemos, en el conjunto del México urbano. Pero la inclusión de la variable género en el análisis permite mostrar que los resultados están compuestos de tendencias diferentes para hombres y mujeres. Mientras que las oportunidades de logro masculinas descienden continuamente del primer período al segundo y de éste al tercero, para las mujeres se observa: i) una sustancial mejoría en las oportunidades del primer período al segundo y ii) una caída importante, pero menor, que la masculina del segundo al tercero. Así, la aparente estabilidad en las oportunidades entre los dos primeros períodos está en realidad compuesta de un empeoramiento para los hombres y una mejoría para las mujeres, mientras que del segundo al tercero la tendencia para ambos es similar, aunque difiriendo en intensidad. Seguramente dicho comportamiento está relacionado con la continua expansión de las oportunidades educativas y ocupacionales para las mujeres desde el decenio de 1970. Sin embargo, la fuerza de este fenómeno durante el período de la transición (1982-1988), cuando los servicios modernos ya no estaban creciendo, sugiere también que es posible que en esos años se haya impuesto una estrategia patronal de reclutamiento femenino a posiciones altas, posiblemente porque las mujeres obtienen remuneraciones menores y tienen menos capacidad de negociación ante los empleadores que los hombres. Pero esta es una hipótesis que convendrá explorar en otro estudio. El resultado final, en todo caso, indica una menor desigualdad en las oportunidades de logro según género. Esta disminución, sin embargo, no es lineal de la cúspide al pie de la estructura ocupacional. El análisis detallado de la evolución de las oportunidades de movilidad social dentro de los grupos de género, sin embargo, muestra que, a fin de cuentas, mientras las oportunidades de alcanzar la cima de la estratificación han descendido para los hombres de todas las clases sociales, entre las mujeres la situación es más compleja. Las oportunidades de logro de las descendientes de antecesores ubicados en el pináculo de la estratificación ocupacional aumentaron en los años de reestructuración económica con respecto a las que tuvieron en la época de vigencia del viejo modelo económico; pero entre las mujeres de clases bajas 85 • ABRIL 2005 se observa el movimiento opuesto, es decir, se registra una disminución marcada de sus oportunidades en el mismo lapso. La composición de ambos movimientos condujo a que la desigualdad por clase de origen de unas mujeres respecto de otras se haya acrecentado. Esto marca una diferencia notable por género, pues los hombres originarios de las clases altas han reducido su ventaja respecto de los hombres de los estratos bajos, disminuyendo la desigualdad por clase de origen. Estas tendencias se manifiestan en índices entrópicos mayores para los hombres que para las mujeres, a la vez que a lo largo del tiempo tienden a ser crecientes (menos determinados por la clase de origen) para ellos y decrecientes (más determinados por la clase de origen) para ellas. Estas regularidades llevan a concluir que la estructura ocupacional de los hombres tiende a ser más fluida que la de las mujeres y que esta fluidez aumenta en el caso de los primeros y tiende a disminuir para las segundas. La mezcla de estos movimientos ha repercutido en que la desigualdad en las oportunidades de logro sea hoy mayor entre las mujeres que entre los hombres. Cabe sugerir que este hallazgo se relaciona con cambios más rápidos en la fecundidad y el tamaño de la familia en las clases altas, así como una mayor percepción de que las mujeres han de desempeñarse como trabajadoras durante la mayor parte de su vida adulta, es decir, de la necesidad de que ellas “hagan carrera”, por lo que los padres tiendan a invertir más en su educación. Pero esta es, una vez más, una hipótesis que convendrá explorar posteriormente. El análisis precedente apoya la idea de que, en los años en que otros analistas han mostrado cambios bruscos importantes, México ha atravesado una transformación profunda que no sólo afecta los ingresos (Rubalcava, 1999), la pobreza y la desigualdad (Cortés, 2000), sino las formas profundas en que la sociedad distribuye las oportunidades entre la población. Convendrá actualizar este análisis en fechas posteriores, para lo cual se puede disponer de bases de datos como la Encuesta Demográfica Retrospectiva aplicada en 2000 y 2001 en el país. No obstante los anteriores resultados, cabe recordar que nuestro análisis tiene algunas limitaciones. Una importante, y con varias consecuencias, es que, conforme evoluciona el mercado de trabajo, también se podría modificar la relación observada entre los inicios y los logros máximos en las carreras de las personas. El mercado se ha hecho más rígido, y las diferencias de escolaridad podrían, por una parte, ayudar a muchos MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ REVISTA DE LA CEPAL varones originarios de la clase I a regresar a esa clase, a pesar de que su primer empleo haya sido en otra. Por la misma razón, podría volverse menos probable que un originario de clases bajas logre acceder al estrato I con el tiempo. En otras palabras, el análisis podría enmascarar una creciente desigualdad entre los hombres. De manera similar, nuestro análisis encuentra mayor igualdad en las oportunidades ocupacionales por género. Pero hasta ahora las carreras de los hombres son más ascendentes que las de las mujeres. No sabremos por algún tiempo si los hombres mantendrán esta ventaja sobre las mujeres, o si por el contrario las carreras de ambos se volverán más parecidas, lo que reforzaría la igualación encontrada en este estudio. En tercer lugar, queda claro que, hasta el momento de este análisis, las ocupaciones representadas en la clase I eran ocupaciones “ganadoras”, es decir, las que casi garantizaban encontrarse en la cima de la estructura de 85 • ABRIL 2005 165 ingresos (el decil I) y ocupacional. Pero la creciente escolaridad de la población en general, y la degradación de muchas profesiones, podrían hacer necesario cortar más fino al interior de la clase I con el fin de distinguir a los que realmente obtienen éxito al ingresar a este estrato, de otros (funcionarios públicos medios, por ejemplo) que pierden una parte considerable de sus ingresos y de su prestigio. Por último, la clase o estrato I de nuestra distribución no se refiere a los grandes capitalistas, y la clase o estrato VI tampoco representa correctamente a los jornaleros rurales, debido a las limitaciones de las encuestas ocupacionales y de hogares realizadas en ciudades (Cortés, 2002). Esto impide estimar la evolución de la desigualdad de oportunidades respecto de este estrato. Pero esperamos que, en todo caso, los resultados precedentes motiven nuevos trabajos de investigación para responder a estas nuevas preguntas. APÉNDICE México (seis ciudades): matriz de resultados Movilidad intergeneracional: Primera ocupación, según ocupación del antecedente, período histórico y géneroa,b,c Época de las ocupaciones Género Reestructuración (después de 1987) Hombre I Ocupación antecedente (del responsable económico) I II III IV V VI Total Mujer Ocupación antecedente (del responsable económico) 45 Hombre Ocupación antecedente (del responsable económico) Ocupación antecedente (del responsable económico) Total 83 210 198 196 110 68 865 9 30 67 63 27 3 199 32 142 178 275 95 72 794 24 116 289 275 192 52 948 6 18 65 32 13 81 215 165 528 810 847 440 276 3 066 6 6 17 12 7 2 50 10 26 89 107 54 10 296 4 16 149 83 72 65 389 2 12 10 3 24 51 130 354 547 535 281 177 2 024 12 10 8 1 1 32 98 294 272 322 145 75 1 206 I II III IV V VI 24 23 7 9 7 4 74 61 166 218 155 86 98 784 15 23 67 48 12 19 184 15 61 186 206 75 50 593 8 64 263 163 142 85 725 5 10 95 26 17 101 254 128 347 836 607 339 357 2 614 I II III IV V VI 19 8 20 3 1 1 52 80 232 281 213 79 62 947 1 6 46 12 8 9 82 3 23 83 65 31 14 219 1 17 108 90 73 40 329 2 3 14 106 289 552 383 196 150 1 676 Total Mujer Total VI I II III IV V VI Total Mixta (1982-1987) 11 12 13 6 3 Primer empleo: sólo ocupados II III IV V 4 24 47 (continúa en página siguiente) MOVILIDAD SOCIAL INTERGENERACIONAL EN EL MÉXICO URBANO • FERNANDO CORTÉS Y AGUSTÍN ESCOBAR LATAPÍ 166 REVISTA DE LA CEPAL 85 • ABRIL 2005 (continuación) Época de las ocupaciones Género I.S.I. (Hasta 1982) Hombre I Ocupación antecedente (del responsable económico) Ocupación antecedente (del responsable económico) Total VI I II III IV V VI 64 34 31 11 9 12 161 101 273 361 157 66 129 1 087 9 17 202 53 35 42 358 39 82 238 254 80 119 812 26 82 382 241 207 164 1 102 18 28 397 60 36 467 1 006 257 516 1 611 776 433 933 4 526 I II III IV V VI 3 2 19 4 96 150 310 150 69 100 875 4 23 104 45 19 39 234 9 31 148 96 27 67 378 7 21 215 109 172 104 628 2 44 4 2 50 102 119 229 840 408 289 362 2 247 Total Mujer Primer empleo: sólo ocupados II III IV V 2 30 Total a Estratos ocupacionales: I: Profesionales, funcionarios, empleadores de más de cinco trabajadores. II: Técnicos y empleados de oficina. III: Pequeños empleadores y no profesionales por cuenta propia. IV: Trabajadores calificados de la industria y trabajadores formales de los servicios. V: Trabajadores no calificados de la industria y trabajadores informales de los servicios. VI: Ejidatarios, pequeños propietarios rurales y jornaleros. b Las cifras de este cuadro no están ponderadas. Los factores de expansión están disponibles. c La muestra total corresponde a 9/13 de la muestra de la Encuesta Nacional de Empleo Urbano para estas ciudades. Bibliografía Balán, J., H. Browning y E. Jelin (1973): Men in a Developing Society: Geographic and Social Mobility in Monterrey, Mexico, Austin, University of Texas Press. Banco Mundial (2000): Attacking Poverty, Washington, D.C. Boltvinik, J. y E. Hernández Laos (1999): Pobreza y distribución del ingreso en México, México, D.F., Siglo Veintiuno Editores. Breiger, R.L. (comp.) (1990): Social Mobility and Social Structure, Cambridge, Cambridge University Press. Cerrutti, M. 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