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<dcvalue element="type" qualifier="null" language="es_ES">Texto</dcvalue>
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I E
R
S

E

66

políticas sociales

M

ovilidad social y trayectorias
ocupacionales en Argentina:
rupturas y algunas paradojas del
caso de Buenos Aires

Gabriel Kessler
Vicente Espinoza

División de Desarrollo Social
Santiago de Chile, mayo de 2003

Este documento fue preparado por Gabriel Kessler y Vicente Espinoza,
consultores de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL). El estudio forma parte de un trabajo
sobre estratificación y movilidad social en la región, que se desarrolla en el
marco del proyecto “Desarrollo social y equidad en América Latina y el Caribe”
(Proyecto GER-99114) y que la CEPAL lleva a cabo con el apoyo de la
Sociedad Alemana de Cooperación Técnica (GTZ).
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a
revisión editorial, son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no
coincidir con las de la Organización.

Publicación de las Naciones Unidas
LC/L.1895-P
ISBN: 92-1-322166-5
ISSN impreso: 1564-4162
ISSN electrónico: 1680-8983
Copyright © Naciones Unidas, mayo de 2003. Todos los derechos reservados
N° de venta: S.03.II.G.55
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse al
Secretario de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York,
N. Y. 10017, Estados Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones
gubernamentales pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Sólo se les
solicita que mencionen la fuente e informen a las Naciones Unidas de tal reproducción.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

Índice

Resumen ........................................................................................5
Introducción .......................................................................................7
I. Contexto latinoamericano de la discusión.......................11
II. Los estudios de movilidad social en Argentina..............15
III. La movilidad ocupacional en los años noventa .............17
IV. Algunas precisiones sobre la movilidad
ocupacional ..............................................................................21
V. La movilidad intergeneracional ...........................................23
VI. La movilidad entre ocupaciones .........................................27
VII. Las trayectorias ocupacionales y la hipótesis de la
movilidad espuria....................................................................31
VIII. Síntesis y conclusiones ........................................................37
Anexos
......................................................................................41
Anexo I. Fuentes de datos ...........................................................43
Anexo II. Modelización de los datos............................................47
Bibliografía ......................................................................................51
Serie Políticas sociales: números publicados ........................53

3

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

Índice de cuadros
Cuadro 1
Cuadro 2
Cuadro 3
Cuadro 4
Cuadro 5
Cuadro 6
Cuadro 7
Cuadro 8
Cuadro 9

Conurbano Buenos Aires 2000: evolución de la estratificación ocupacional ............ 18
Indicadores de movilidad intergeneracional y carrera ocupacional ........................... 24
Contrato laboral en actual puesto de trabajo, según contrato laboral del padre ......... 25
Herencia ocupacional: actual ocupación del respondente, según ocupación del
padre........................................................................................................................... 28
Composición de la ocupación actual del respondente, según ocupación del padre ... 29
Movilidad desde primera ocupación hacia actual ocupación ..................................... 31
Estructura ocupacional Gran Buenos Aires, 1980-1991-2001 ................................... 33
Ingreso medio de las ocupaciones, a precios de octubre de 2001 .............................. 33
Percepción de movilidad, según categoría de ocupación actual................................. 34

Índice de recuadros
Recuadro 1
Recuadro 2
Recuadro 3
Recuadro 4
Recuadro 5
Recuadro 6

4

Estatus del hogar ........................................................................................................ 44
Clasificación equivalente de grupos ocupacionales ................................................... 46
Comparación de datos estratificación ocupacional: CEPAL y Buenos Aires ............ 46
Modelo de “esquina acotada no manual” ................................................................... 48
Ajuste del modelo de “esquina acotada no manual”: Buenos Aires, 1960-2000.
Efecto de clausura en ocupaciones calificadas en la movilidad intergeneracional .... 48
Modelo de polarización ocupacional.......................................................................... 48

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

Resumen

El estudio de la movilidad social permite establecer la medida
más exigente acerca de las oportunidades de progreso abiertas en una
sociedad. Sobre la base de datos de una encuesta aplicada en Buenos
Aires el año 2000, en este trabajo se abordan las particularidades de la
movilidad social en la década de los años noventa.
Los resultados del análisis reafirman la tendencia detectada en
estudios anteriores respecto a la transición desde una estructura
ocupacional más propicia de una sociedad industrial a otra que se
fundamenta en los servicios. También se señalan dos procesos
antagónicos que caracterizan dicha transición: por una parte, una
movilidad estructural ascendente vinculada al aumento del peso de
puestos técnicos y profesionales y, en el polo opuesto, una descendente
originada por la desaparición de puestos obreros asalariados, así como
por la reducción del empleo público y su recambio por servicios
informales o inestables. La concomitancia de estas dos fuerzas
divergentes mantendría, en términos generales, las tendencias
tradicionales hacia el ascenso y hacia la marginalidad, considerados
rasgos propios de la movilidad social en América Latina. A diferencia
de los procesos de movilidad estudiados anteriormente los cambios
ocupacionales actuales no se encasillan fácilmente en movimientos
ascendentes o descendentes, sino que originan trayectorias inestables o
cambios que reflejen una movilidad espuria o bien inconsistente,
situaciones que testimonian las profundas mutaciones que está
sufriendo la estructura social argentina.

5

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

Introducción

1

El proceso de cambio que Argentina enfrenta desde hace ya
algunas décadas ha alterado la vieja fisonomía de su estructura social. Las
altas tasas de desempleo, la precarización creciente del trabajo, el
empobrecimiento de las capas medias que se suma a los bolsones de
pobreza de larga data son los datos salientes de este proceso. Resulta
inevitable la comparación de ésta con aquella sociedad que hace no más
de treinta años exhibía niveles de desempleo más bajos que la media
europea, altos salarios, significativas tasas de movilidad ascendente inter e
intrageneracional, una equitativa distribución de los ingresos y una de las
redes de protección social más avanzadas de América Latina.
No se trata, claro está, de un fenómeno reciente. Desde mediados
de los años setenta, la clase media argentina inicia un proceso de
empobrecimiento. Basta decir que, entre 1980 y 1990, el conjunto de las
categorías socio-ocupacionales perdieron 40% del valor de sus ingresos
(Kessler y Minujin, 1995). Al mismo tiempo, aumentó la disparidad
salarial al interior de cada una de estas categorías, por lo que se fue
conformando una nueva pobreza compuesta por los “perdedores” de cada
categoría ocupacional. El empobrecimiento de los años ochenta ocurre por
la depreciación del salario y la pérdida de los beneficios directos e
indirectos ligados a los puestos de trabajo; aunque la inflación y la baja
productividad de los distintos sectores posibilitaba que la tasa de
desempleo se mantuviera relativamente baja (Monza, 1993).

1

Agradecemos los valiosos comentarios que Arturo León y Carlos Filguera realizaron a versiones de este trabajo y a Nicolás Arceo
por el procesamiento de datos de la Encuesta Permamente de Hogares de Argentina (EPH).

7

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

La década de 1990 comienza con episodios hiperinflacionarios, que hacen descender los
salarios hasta niveles desconocidos en la historia argentina. El Plan de Convertibilidad adoptado en
1991 favoreció la estabilidad macroeconómica y el crecimiento. A la vez, revirtió la tendencia al
deterioro salarial, pero sin recuperar los mejores niveles de los años ochenta ni tampoco resolver los
problemas del mercado de trabajo. En efecto, durante los años noventa aumenta el desempleo
abierto y el subempleo horario, al mismo tiempo que la precariedad laboral. El desempleo comienza
a crecer desde 1993, hasta alcanzar 18.6% en 1995, para oscilar posteriormente entre el 14% y 16%.
La reducción del desempleo tiene que ver con el incremento del trabajo asalariado desprotegido e
inestable (Novick, 2000). Una parte de la precarización puede explicarse por la pérdida de garantías
asociadas con la ocupación obrera estable, mientras que otra tiene que ver con la reducción del
empleo en el sector público.
Al interior de la tendencia general al mejoramiento salarial, a partir de 1994 se registra un
aumento de la desigualdad al disminuir los ingresos de los menos calificados. La demanda de
trabajo privilegia a los más calificados y así, aún en los momentos de recuperación (1996-1998),
dicha pauta de desigualdad se mantiene. Este rasgo muestra que la desigualdad en desmedro de los
menos calificados no es resultado de las crisis cíclicas (rasgo recurrente del modelo actual), sino
que constituye un elemento estructural del modelo económico (Beccaria, 2001).
Otra de las características novedosas del mercado de trabajo argentino en la década de 1990
es el aumento de la inestabilidad laboral. En efecto, O. Altimir y L. Beccaria (1999) detectan que la
mayor parte de los nuevos puestos de trabajo creados en los años noventa corresponde a posiciones
precarias, con bajas remuneraciones, sin cobertura social y con nula protección frente al despido.
Paralelamente, se precarizan muchos puestos estables existentes y, en consecuencia, hay una
elevada tasa de rotación en los puestos de trabajo, lo que genera una elevada volatilidad de los
ingresos. A estos empleos acceden, por lo general, aquellos con menor nivel educativo y
calificación y, más aún, si se trata de los que ingresan por primera vez al mercado de trabajo.
Cuando se observa la relación entre movilidad social y procesos estructurales, se plantea un
panorama de complejidad inédita. En el pasado, éstos estuvieron asociados a la migración,
internacional e interna, la transición demográfica y al paso desde empleos en la producción a
empleos en servicios (Beccaria, 1978; Filgueira y Geneletti, 1981; Germani, 1963 y Jorrat 1987,
1997). En la actualidad, las transformaciones estructurales de mayor impacto en el empleo son
aquellas vinculadas al crecimiento del desempleo, la desigualdad y el empobrecimiento. Sin
embargo, en medio de este panorama desfavorable, se mantiene el incremento de las ocupaciones
no manuales.
En el escenario descrito, la imagen tradicional de movilidad social ascendnte fue
desdibujándose y perdiendo vigencia. La raíz del desconcierto de los trabajadores argentinos tiene
que ver, entonces, con un progreso en términos de la calificación asociada con la ocupación,
acompañado de un deterioro en las recompensas asociadas con su posición. Simultáneamente, las
probabilidades de ascender y descender se reparten casi aleatoriamente en la población, mientras
hay quienes han conocido alternativamente momentos de mejora y de empeoramiento de la
situación.
Como veremos a lo largo del trabajo, la estructura ocupacional muestra el aumento relativo
de la disponibilidad de puestos de trabajo que por su calificación corresponde a sectores medios,
mientras que se aprecia una paulatina disminución de los puestos correspondientes a sectores
populares. Junto con lo anterior, se consigna un deterioro en las condiciones laborales de la mayor
parte de las ocupaciones. En estas condiciones, sin duda el significado de la movilidad social
necesita ser redefinido. Podemos adelantar la hipótesis de que la actual generación de trabajadores
ha experimentado una movilidad social ascendente espuria, pues al remontar en la escala de
prestigio ocupacional han decrecido las recompensas sociales asociadas anteriormente a esas
posiciones.
8

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

La situación se relaciona con procesos estructurales que afectan la movilidad social. El
cambio se produce, posiblemente, en la relación funcional entre factores contingentes (educación,
ocupación e ingresos) que dejan de comportarse en la forma tradicional. En otras palabras, es menos
clara la influencia de un factor sobre otros, por cuanto la educación no contribuye necesariamente a
la obtención de mejores empleos y, a su vez, éstos no implican necesariamente la obtención de
mayores ingresos.
Tampoco los “caminos” de la movilidad social parecen ser idénticos al pasado. Más
específicamente, ha cambiado el peso relativo de cada uno de ellos. Tradicionalmente, se puso
acento en las posibilidades brindadas por el capital humano, así como en las variables de tipo
cultural-funcional ligadas a la internalización de pautas integradoras. Estos factores sólo pueden
explicar parte de las trayectorias de movilidad; mucho menos hoy que en el pasado. Entre las
nuevas búsquedas de clave sobre movilidad ocupacional, una creciente literatura internacional se
centra en el valor del capital social, aunque todavía no sabemos muy bien lo que sucede al respecto
en Argentina.2
Siguiendo a C. Filgueira (2000), las mutaciones en la movilidad social se deben a que la
estructura de oportunidades ha cambiado, fundamentalmente porque la estructura productiva y del
empleo no se expanden hacia arriba y los diferenciales de fecundidad tienden a cancelarse de forma
que no hay una bomba de succión que genere grandes oportunidades de movilidad social
ascendente. Por ende, en condiciones estructurales favorables, los otros mecanismos que también
actuaban antes (capital social, redes, influencia, entre otros,) tenían un peso menor o no eran tan
visibles. Así las cosas, individuos con, por ejemplo, escasa dotación de capital social podían
igualmente ascender porque la expansión de oportunidades era de tal magnitud que se generaban
vacíos en las ocupaciones medias y altas que facilitaban el ascenso.
El cambio en las formas de movilidad plantea también un problema teórico, pues en los
estudios de estratificación de los períodos de movilidad social fácil se ignoraban otros recursos o
activos diferentes al capital humano. En rigor, más que haber cambiado los caminos (o las
trayectorias de movilidad), variaron los pesos relativos de los factores. Si se representa el estatus
total de un individuo como una suma ponderada de variables (educación, ingresos, ocupación,
capital familiar, capital social y pertenencia a redes) lo que habría cambiado es el peso de cada
factor y la combinación necesaria entre ellos para asegurar la movilidad.
En el presente trabajo se intenta comenzar a caracterizar estas particularidades de la
movilidad social en Argentina actual, mediante interrogantes sobre las continuidades y rupturas
respecto del pasado. A partir de una encuesta realizada en Buenos Aires en el año 2000, en las
páginas siguientes se realiza un análisis de la movilidad inter e intra generacional.3 Previamente, se
plantea el contexto del debate, tomando como referencia el citado trabajo de Carlos Filgueira para el
proyecto de estratificación social de la División de Desarrollo Social de la CEPAL. El autor
recupera la tradición de los estudios de movilidad y estratificación social en América Latina y
propone los nuevos desafíos y potencialidades para el futuro. Este trabajo se enmarca en los
planteamientos que dicho autor realiza y, particularmente, compartiendo el objetivo de recuperar la
potencialidad de los estudios de movilidad y estratificación.

2
3

Vease al respecto el lugar del capital social en la inserción de los trabajadores informales en el trabajo de Murmis y Feldman 2002.
La encuesta formó parte del Proyecto Fondecyt Nº 1990818. Sus características y procedimientos se explican en el Anexo
Metodológico.

9

CEPAL - SERIE Políticas sociales

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I.

Contexto latinoamericano de la
discusión

Durante la década de 1980 las situaciones de desempleo
creciente y pobreza masiva en América Latina opacaron los intentos
por establecer distinciones en términos de movilidad ocupacional.
Parecía más acuciante saber si las personas lograban insertarse en el
mercado de trabajo y si sus ingresos les aseguraban la satisfacción de
sus necesidades básicas. Más aún, las situaciones económicas y
políticas resultaban de tal modo fluidas que también perdía sentido
intentar establecer pautas en medio de situaciones cambiantes. En los
años noventa, junto con la búsqueda de análisis dinámicos de la
situación de pobreza se han abierto paso otros conceptos para analizar
la situación de privación, tales como vulnerabilidad, capital social,
desigualdad, equidad y exclusión. Nociones que permiten captar la
dinámica que produce la pobreza y a través de ésta resaltar la presencia
de barreras a la movilidad social puesto que los canales de movilidad
social se encuentran asociados con posiciones en la estructura social
que actúan como barreras o como puentes. En efecto, la condición de
movilidad o inmovilidad establece principios de diferenciación social
estables, sea en sentido vertical u horizontal; y el análisis de este
problema nos lleva de la mano a los análisis de estratificación social.
Es en este contexto que Carlos Filgueira reabre la discusión
acerca de estratificación y movilidad social en América Latina,
después de casi dos décadas de eclipsamiento, estableciendo vínculos
de continuidad respecto de trabajos previos realizados a propósito del
desempleo y la pobreza. Los estudiosos de la pobreza han utilizado el
término heterogeneidad para referirse a los problemas que plantea su
caracterización (Raczynski, 1992; Kaztman, 1989).
11

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

Sin desmerecer el mérito operativo de la medición de la pobreza por carencias, su tajante
dicotomización de la población no permite un acercamiento cabal a los procesos que la generan o
permiten superarla, así como a la existencia de zonas grises, oscilantes, entre la pobreza y la no
pobreza. Las definiciones basadas en la satisfacción de las necesidades básicas o la línea de
pobreza, identifican una categoría de personas unidas por el atributo común de carecer de ciertos
recursos o bienes. Este corte no permite decir nada respecto del tipo de comportamiento o las
formas de organización social de dicho grupo. Los intentos por asociar esta definición con rasgos
estructurales o culturales ha mostrado sus limitaciones porque los pobres no corresponden ni a un
grupo ocupacional específico, ni a una minoría étnica, ni a una fase del ciclo de vida, por mencionar
algunas. Los intentos de caracterización a partir de la cultura tampoco han podido mostrar que los
rasgos detectados pertenezcan solamente a los grupos pobres. A esto se suma, en el caso argentino
particularmente, que la inestabilización creciente del mercado de trabajo aumenta las dinámicas de
entrada y salida de la pobreza, volviendo anacrónica una caracterización de dos grupos –pobres y no
pobres- completamente diferentes en su identidad, formas de vida y posiciones ocupacionales. El
desdibujamiento de los límites entre los grupos es un problema mayor a la hora de proponer
políticas de focalización, puesto que se trata de grupos móviles, con límites dinámicos.
El problema que los pobres constituyan una categoría nominal pero no un grupo especial
motivó la búsqueda de un diagnóstico más dinámico de la condición de pobreza. Esta demanda
provino principalmente del campo de las políticas sociales, interesadas ahora en reducir o contribuir
a superar las situaciones de pobreza (Raczynski,1994). Tales diagnósticos hicieron una relectura del
concepto de heterogeneidad señalando que, si no todo es carencia, entonces los pobres poseerían
recursos susceptibles de movilizar. Conceptos como inversión social, activos y capital social, de
frecuente uso en los años noventa, propenden a la movilización de los recursos de los grupos pobres
a fin de potenciar su movilidad. Por su lado, la CEPAL (1993) enfatizó la importancia de los
recursos educacionales y demostró la relevancia de los aspectos familiares. No obstante, cada uno
de estos principios deja sin explicar gran parte de la variación que se observa dentro de los grupos
pobres y no pobres. Si bien la escolaridad de las personas, el lugar ocupado en la familia (padre,
madre, hijo), las características del vínculo conyugal son factores explicativos, de todos modos no
permiten entender por qué personas con similares características individuales pueden ocupar
posiciones socio-económicas tan diversas.
Otro grupo de estudios ha intentado complejizar el diagnóstico de las situaciones de pobreza
por medio de un acercamiento antropológico al análisis del comportamiento de sus protagonistas.
Larissa Adler-Lomnitz (Lomnitz, 1975) estableció una tradición continuada hasta los años noventa
(Raczynski y Serrano, 1985; Espinoza, 1992; Moser, 1996). Los estudios sobre la pobreza a partir
de los pobres presentan un sesgo adaptativo, al retratar un grupo pujando por sobrevivir en
condiciones desfavorables. Aun cuando los últimos estudios de tipo comunitario enfatizan en los
recursos que los pobres ponen en juego en este proceso, no logran caracterizarlos en un contexto
que ciertamente es más amplio que su comunidad. El concepto de capital social que se ha
introducido desde este contexto de estudios corre el riesgo de transformarse en otra noción que
describa procesos adaptativos antes que generalizar su aplicación a los procesos de movilidad
social, de los cuales la superación de la pobreza es un caso particular.
La propuesta de Filgueira (2000) evalúa críticamente la primera generación de estudios
latinoamericanos de estratificación social y movilidad. Desde el punto de vista conceptual, ellos
habrían estado limitados por el paradigma del mercado, lo cual lleva a concebir los individuos como
entes racionales que actúan para maximizar su beneficio. Desde el punto de vista de los resultados,
las evidencias de esos estudios mostraban que la movilidad pura, vale decir la que se caracteriza
por la competencia individual, poseía mucha menor relevancia que la estructural, es decir, aquella
que se crea por el incremento en la oferta de puestos de trabajo y por la movilidad debida a razones
demográficas (diferenciales de fecundidad). En virtud de lo anterior, este autor propone incorporar
al estudio de la movilidad el análisis de los canales que vinculan a los individuos con las
12

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

oportunidades; en otras palabras, con el acceso a las vacantes creadas estructuralmente por la
organización económica, la dinámica demográfica o los procesos migratorios.
La perspectiva adoptada por C. Filgueira es particularmente útil cuando se la refiere al campo
de las políticas públicas, ya que pone su centro en el acceso a las oportunidades. El análisis de la
estructura de oportunidades, que desde el punto de vista de Filgueira no es otra cosa que la
evolución en el tiempo de la estructura de la estratificación social, deberá abordarse con datos
representativos. De aquí que sea necesario detenerse en la descripción de las grandes tendencias de
la movilidad social antes de analizar el acceso a las oportunidades.

13

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

II. Los estudios de movilidad social
en Argentina

Existen cuatro mediciones de estratificación y movilidad ocupacional
en Buenos Aires previas a la nuestra. La primera encuesta sistemática de
movilidad ocupacional, de la cual se conocen sólo resultados parciales, fue
realizada por Germani (1963). En 1978 Beccaria publicó el análisis de una
encuesta realizada en 1969. Posteriormente, Jorrat (1987, 1997) publicó
resultados de encuestas realizadas en 1984 y 1982, respectivamente. Cada
encuesta no posee exactamente la misma cobertura geográfica: la encuesta
de 1960 y 1969 fueron realizadas en el Área Metropolitana de Buenos Aires
(Ciudad de Buenos Aires y conurbano), la de 1982 en la Ciudad de Buenos
Aires (CBA) y la de 2000 (que dio lugar al presente estudio) en una zona
delimitada del Noreste del conurbano bonaerense. Asimismo, con
excepción de la encuesta del año 2000, las restantes fueron aplicadas
principalmente a jefes de hogar varones. Mientras que los datos de Jorrat
(1997) corresponden exclusivamente a este grupo, en la encuesta de
Germani (1963), las mujeres representan 8.5% del total y, de acuerdo con su
estimación, “no alteran el resultado de los cómputos”.
Los datos disponibles plantean algunos problemas para su
comparación porque no sólo reflejan los cambios en la estructura
ocupacional, sino también los efectos del área en que fueron aplicadas. Con
relación a los datos de 2000, debe agregarse que esta encuesta excluye a los
menores de 35 años y se realizó una estratificación por sexo. Los problemas
de comparación desaconsejan utilizarlos en una comparación de la
evolución de la estratificación ocupacional pero sí resulta interesante revisar
las formas de movilidad ocupacional entre padres e hijos en cada período.
Esta revisión tiene sólo una carácter indicativo ya que las distribuciones de
los padres de los respondentes no son estadísticamente representativas.
15

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

Los datos que presenta G. Germani (1963) fueron recolectados en 1960, por lo que las
ocupaciones de los padres corresponden aproximadamente a los años 1930-40. Con respecto a este
período, afirma que la inmigración externa reduce su peso, mientras que adquiere importancia la
migración desde el interior, con lo cual se mantiene la tendencia a la urbanización del país. Los
migrantes del interior, al llegar a las ciudades, ocuparían los puestos más bajos de la escala
ocupacional, “empujando” a los trabajadores criados en la ciudad hacia puestos de capas medias. En
esto se diferencian de los migrantes llegados anteriormente del extranjero, que ocuparon posiciones
más elevadas como comerciantes o empresarios.
El análisis de Germani sobre tendencias estructurales se basa en un cuidadoso estudio de
datos censales; sus cifras también aportan algunas precisiones, aunque la evidencia presentada es
algo fragmentaria y declaradamente provisional. En ella puede apreciarse que, para padres e hijos,
la fuerza de trabajo se divide por partes aproximadamente iguales entre ocupaciones manuales y no
manuales. La diferencia entre las distribuciones marginales de ambas generaciones es mínima, y su
rasgo principal es el incremento en las ocupaciones manuales altas, con la consiguiente reducción
de ocupaciones manuales bajas. A pesar de la baja movilidad estructural, la movilidad total alcanza
a 70%, lo cual debe atribuirse principalmente a la circulación, pues la diferencia entre marginales
alcanza 14%. La movilidad ascendente (38%) es sólo algo mayor que la descendente (32%), con lo
cual se configura el cuadro característico de una sociedad abierta, donde hay movimientos de
ascenso tanto como de descenso.
El análisis de L. Beccaria (1978) con datos de 1969 mostró un cuadro que guarda alguna
similaridad con el observado anteriormente por Germani. Nuevamente se encuentra una división
casi por mitades entre ocupaciones manuales y no manuales, tanto para padres como para hijos Las
principales tendencias corresponden al incremento de las posiciones calificadas, especialmente las
manuales, mientras que se aprecia una disminución de las ocupaciones de baja calificación, tanto
manuales como no manuales. Este proceso parece reflejar la complejización del proceso de
industrialización que requiere de mano de obra de mayor calificación, así como los resultados de la
inversión pública en educación. Si bien el proceso sigue dominado por la industria, se advierten
algunas tendencias a la ruptura de la barrera entre ocupaciones manuales y no manuales.
Los datos de 1982 (Jorrat, 1997) reflejan la expansión de las ocupaciones no manuales,
especialmente las de mayor calificación, junto con la disminución de las ocupaciones manuales de
menor calificación. La semejanza en el peso de las posiciones intermedias permite hipotetizar que
en esta fecha ya se ha quebrado la barrera entre ocupaciones manuales y no manuales, por lo se
aprecia una circulación de unas a otras. De hecho, el principal cambio en las distribuciones
corresponde al paso de 48% a 61% en ocupaciones no manuales entre padres e hijos, indicando que
la movilidad mínima en este período es bastante alta.

16

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

III. La movilidad ocupacional en los
años noventa

Nuestra investigación permite establecer las continuidades y
rupturas respecto de los trabajos previamente citados. Para comenzar,
el cuadro 1 brinda un panorama de la movilidad de padres a hijos en
Buenos Aires a partir de los cambios en el peso relativo de las distintas
ocupaciones.4 En la primera columna de datos puede apreciarse la
ocupación más típica de los padres de los respondentes (hacia 1965);
en la segunda columna de datos, la que encontraron los respondentes al
momento de ingresar a la fuerza de trabajo (hacia 1975) y en la última,
su ocupación actual. El cambio en la distribución de ocupaciones es un
indicador del cambio en la estructura de oportunidades para esta
muestra de respondentes.

4

Las categorías Gerente y Empleador que aprecen separadas en la clasificación de Cepal (2000), se tratan juntas por su menor peso en
esta muestra. Su tratamiento conjunto también es recomendable porque los empleadores se declaran indistintamente como tales o
como gerentes.

17

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires
Cuadro 1

CONURBANO BUENOS AIRES 2000: EVOLUCIÓN DE LA ESTRATIFICACIÓN OCUPACIONAL
Ocupación padre Primera ocupación Ocupación actual
hijo
hijo
Circa 1965

Circa 1975

Circa 1995

Empleador / Gerente

1,8%

0,2%

4,5%

Profesional nivel superior

2,1%

4,1%

11,3%

Técnicos

4,0%

2,0%

5,2%

Empleados administrativos

14,7%

12,1%

11,1%

Trabajadores comercio

12,3%

26,5%

21,0%

Obrero, artesano, conductor

47,5%

33,7%

31,3%

6,6%

16,7%

15,7%

11,2%

4,7%

0,0%

Servicio personal y comercio marginal
Trabajador agrícola

Fuente: Encuesta FONDECYT Nº 1990818 (véase Anexo Metodológico)

Las principales categorías ocupacionales de los padres de los respondentes corresponden a
aquellas de una sociedad que se modernizaba basada en la industria: los puestos manuales,
especialmente los calificados –blue collar – son la categoría más importante, alcanzando cerca de
la mitad de los padres. Se aprecia también el peso del trabajo agrícola, ligada a los efectos de los
procesos de migración rural-urbana. El cuadro 1 refleja la disminución de puestos obreros
asalariados (48% en los padres a 31% en sus hijos) y su recambio por puestos de servicios,
especialmente en el comercio (12% a 21%) así como en puestos profesionales (2% a 11%).
Las ocupaciones actuales de los hijos muestran en gran medida la acentuada transición desde
una estructura ocupacional basada en la industria a otra asentada en los servicios: entre los
respondentes prácticamente no hay trabajadores agrícolas y disminuyen fuertemente las
ocupaciones obreras, incluidas posiciones técnicas. Por el contrario, se aprecia el crecimiento de las
ocupaciones de servicio; desde empleadores y profesionales hasta los servicios personales, pero
especialmente en el comercio. Los servicios son la puerta de entrada al mercado de trabajo y
mantienen su peso en la estratificación ocupacional actual.
Cuatro categorías de ocupación comprenden al 89% de los respondentes al momento de
ingreso al mercado de trabajo: ocupaciones manuales calificadas (obrero, artesano, conductor)
(34%), comercio (27%), ocupaciones no calificadas (17%) y empleados administrativos (12%).
Estas mismas categorías comprenden 79% de la ocupación actual, disminución que tiene que ver
principalmente con el decrecimiento del empleo en comercio.5
En las posiciones altas se nota un aumento de empleadores y profesionales, que aparecen
como las mejores oportunidades de llegada para las trayectorias laborales. El incremento más
notorio de vacantes en posiciones altas ocurre entre profesionales. El aumento en la demanda de
trabajadores calificados, junto con el aumento de los años de escolaridad promedio de las cohortes
más jóvenes (SIEMPRO, 2001), ha generado un marcado aumento intergeneracional de dicho
sector.
El incremento de los puestos profesionales y técnicos ha sido una vía de ascenso social
abierta en Argentina para las nuevas generaciones de trabajadores. La movilidad estructural que está
en la base del incremento de estos puestos favorece el pasaje de hijos desde categorías
ocupacionales inferiores hacia estos puestos. Los datos iniciales señalan que están abiertas
oportunidades de ascenso en la estructura ocupacional, pero muy probablemente existen barreras al
desplazamiento para quienes entran en puestos de menor calificación.
5

18

Las categorías utilizadas no permiten apreciar adecuadamente la dinámica de los trabajadores de comercio, muchos de los cuales se
convierten en pequeños empleadores. Este punto se retoma posteriormente.

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N° 66

El cuadro 1 refleja parcialmente los complejos cambios de la estructura social argentina: un
movimiento de movilidad estructural ascendente para algunos, principalmente a través del aumento
de puestos calificados. Para otros, la movilidad intergeneracional estuvo signada por un origen rural
modesto, con respecto al cual, casi cualquier ocupación urbana representa un ascenso.
De acuerdo con los datos se abrieron muchas más oportunidades que las disponibles en
décadas anteriores para ocupaciones calificadas, las cuales fueron necesariamente ocupadas por
hijos de trabajadores de menor calificación. Si la movilidad estructural es ascendente desde el punto
de vista de las posiciones ocupacionales, no es claro que ello pueda interpretarse así con relación a
las recompensas del trabajo, esto es, la remuneración y calidad de los puestos a los que se accede.
Cabe preguntarse, por ejemplo, si el paso desde ocupaciones obreras hacia el comercio
representa algún ascenso desde el punto de vista de las recompensas asociadas con una posición
ocupacional. En efecto, los puestos en comercio o servicio son en gran medida informales e
inestables (Palomino, 1999). La pregunta puede extenderse a las ocupaciones asalariadas de mayor
calificación, cuyo desempeño fuera del sector público ha estado acompañado por una reducción de
garantías y beneficios asociados.

19

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N° 66

IV. Algunas precisiones sobre la
movilidad ocupacional

El panorama anterior puede complementarse con el análisis de la
movilidad individual entre ocupaciones. En este contexto, habitualmente se
distingue la movilidad estructural de la individual.6 La primera (llamada
también efecto de prevalencia) es aquella que debe producirse
inevitablemente por los cambios en la demanda, por lo que no refleja el
grado de apertura de una sociedad sino las oportunidades disponibles.7 La
movilidad estructural es un concepto formal, no exento de complicaciones
en su aplicación sustantiva, de modo que su operacionalización plantea
serios problemas de validación (Goldthorpe, 1980). Algunos autores han
propuesto directamente descartar el concepto de movilidad estructural por la
ambigüedad que contiene su definición (Sobel, 1983).
Si bien el concepto de movilidad estructural remite a procesos
históricos, su operacionalización corresponde a un índice de disimilaridad
entre los marginales de una tabla de movilidad. La diferencia entre los
marginales de una tabla de movilidad ocupacional no representa
estadísticamente los cambios en la estructura de ocupaciones porque la
distribución de la ocupación de origen no es una muestra estadísticamente
representativa. La información sobre los padres de los respondentes sólo
contextualiza las historias individuales pero de ninguna manera es
representativa de los cambios en la oferta global de trabajo.
6

7

En este trabajo, las menciones a la movilidad estructural hacen referencia a la movilidad mínima u obligatoria que se debe a la distribución de los
marginales de una tabla y se conserva sólo para mantener consistencia con la terminología de otros estudios. La movilidad “pura” o de reemplazo
es la diferencia entre la movilidad total observada en la tabla y la “estructural”.
En el mercado de trabajo la probabilidad de acceso a las oportunidades disponibles se puede definir ceteris paribus como la cantidad de vacantes
disponibles respecto de los postulantes. No obstante, la presencia de distorsiones como las que introducen la discriminación de segmentos de la
fuerza de trabajo o la disponibilidad diferenciada de “capital humano o social”, hacen que la movilidad individual no corresponda con la
estructural.

21

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

Adicionalmente, desde un punto de vista lógico, postular la distinción entre movilidad pura
(de circulación) y movilidad estructural (de demanda) como un aspecto sustantivo de los datos de
movilidad puede llevar a la falacia de razonamiento de nivel equivocado, porque opera sobre un
desplazamiento de la unidad de análisis (Goldthorpe, op.cit.). Desde el punto de vista individual,
que es la unidad de análisis en los estudios de movilidad, procesos de cambio en la demanda, la
estructura económica o los cambios demográficos, se pueden identificar sólo de modo distorsionado
porque pertenecen a un nivel supra-individual.
En una tabla de movilidad se mide la movilidad total como la diferencia entre el total de
casos y los casos en la diagonal principal, que representan los respondentes que han conservado la
ocupación de sus padres. Los casos en la diagonal, denominados generalmente “inmovilidad
ocupacional”, recogen el efecto de reproducción de la estructura ocupacional. La movilidad total u
observada mezcla efectos de prevalencia (esto es la diferencia entre marginales) con efectos de
interacción entre posiciones. La así llamada movilidad pura o de circulación, que aquí
denominaremos movilidad residual, puede definirse simplemente como la diferencia entre la
movilidad observada y la movilidad estructural. Ahora bien, cuando la movilidad estructural se
calcula como la diferencia entre el total de casos y la suma de los valores mínimos de los
marginales de origen y destino para cada ocupación, ello establece la movilidad mínima necesaria
en esa tabla.8

8

22

Estas medidas plantean problemas en el caso de las comparaciones, porque sus valores mínimos y máximos son funciones de la
distribución marginal. De todas formas, pueden utilizarse como una indicación de tendencias, que deberán confirmarse con
procedimientos más rigurosos.

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V.

La movilidad intergeneracional

La medida más cruda de movilidad la constituye el porcentaje de
aquellos que cambian o mantienen su posición con respecto a un punto
de referencia anterior.9 A su vez, puede avanzarse en el análisis,
diferenciando los movimientos de ascenso y descenso entre quienes
cambiaron de posición. La medida es limitada tanto porque no informa
sobre la distancia recorrida como porque no diferencia la movilidad
estructural de la individual. En el cuadro 2 se denomina movilidad
intergeneracional a la comparación entre el trabajo actual del
respondente con la ocupación más típica de sus padres.10

9

10

Debe recalcarse que para la movilidad intergeneracional el punto de referencia es la ocupación del padre, según la respuesta de su
hijo, lo que en ningún caso corresponde a un dato muestral probabilístico.
Los cálculos de este cuadro clasifican las ocupaciones en las cuatro categorías propuestas por Jorrat (1997). Los datos de Beccaria
(1978) y los del 2000 fueron clasificados acordemente. Los datos de 1960 están clasificados de acuerdo con la información publicada
(Germani, 1963). Dado que la dimensión subyacente a la escala es la calificación ocupacional, se han usado etiquetas que
corresponden a este último criterio.

23

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires
Cuadro 2

INDICADORES DE MOVILIDAD INTERGENERACIONAL Y CARRERA OCUPACIONAL
Indicador movilidad

AMBA 1960 AMBA 1969 GBA 1982

1. Observada

GBA 2000

62,4%

62,5%

51,2%

9,2%

12,1%

12,9%

18,9%

3. Residual/Observada (*)

86,0%

80,0%

75,0%

68,7%

Ascendente

34,2%

33,5%

37,4%

42,9%

Descendente

28,2%

29,0%

13,8%

17,6%

2. Mínima

60,5%

Fuentes: FONDECYT 1990818; Germani, 1963; Jorrat, 1987; Beccaria, 1978.
(*) 3 = (1 - 2) / 1 en porcentaje

La movilidad total registrada el año 2000 en Buenos Aires, alrededor de 60% de la fuerza de
trabajo, presenta un nivel similar a las mediciones de los años sesenta. Se diferencia del punto de
inflexión que marca la medición de 1982, y que Jorrat (1997) describiera como “rigideces en las
pautas de movilidad intergeneracional”. El menor nivel de movilidad registrado en 1982 indicaría
una mayor tendencia a la reproducción intergeneracional de las ocupaciones, la cual se habría
modificado en los años noventa.
El nivel de movilidad total no permite apreciar los cambios que tienen lugar entre las
ocupaciones de padres e hijos, que queda registrada por la diferencia entre marginales. Como puede
apreciarse en la segunda fila de datos del cuadro, el peso del cambio en la distribución marginal de
las ocupaciones se duplica entre 1960 y 2000, distinguiéndose marcadamente de mediciones
anteriores. Pese a las diferencias de cifras entre las mediciones, la proporción de movilidad
“residual” sobre la movilidad total reduce consistentemente su peso desde los años sesenta. Ello
indicaría que nos encontramos frente a una sociedad en la cual, si bien existe un margen de
maniobra individual, los procesos estructurales adquieren mayor peso en la movilidad. Se trata,
durante los años noventa, a la reducción de la clase obrera y el crecimiento de los puestos no
manuales de alta calificación.
El peso de la movilidad residual, 69% para el año 2000, es indudablemente más bajo que lo
registrado en las mediciones anteriores, especialmente en comparación con los años sesenta. De
acuerdo con los datos, estaríamos en presencia de una estructura social aún permeable, como lo
reflejan las cifras de movilidad total, pero en progresiva rigidización. La situación se asemeja a la
descrita por C. Filgueira (2000) para los años setenta en el conjunto de América Latina, donde la
mayor parte de la movilidad ascendente se explicaba por cambios en la estructura de
oportunidades.11 Aunque estos hallazgos requieren de análisis más refinados, nos motivan a esbozar
hipótesis respecto de las modalidades que asume la movilidad ocupacional.
La comparación de los últimos treinta años plantea algunas preguntas a la interpretación de
las tendencias que caracterizan la estructura social de Argentina. Las posibilidades de ascenso con
relación a los padres son más altas en la actualidad que en años anteriores (cuarta fila de datos del
cuadro 2). Por contraste, las posibilidades de descenso son ahora menores que en los años sesenta,
pero algo mayores que en los años ochennta. Los datos no parecen contradecir la difundida imagen
de tránsito de una sociedad abierta a otra más cerrada (tercera fila de datos), pero sí son más
difíciles de conciliar con la generalizada percepción de disminución de oportunidades de movilidad
en los años noventa. En realidad, lo que aparece es un desenganche entre movilidad ocupacional –
tal como se la mide tradicionalmente- y movilidad social, si se le incorpora el punto de vista de sus
protagonistas.
Los años sesenta en Argentina aparecen caracterizados por un menor peso de la movilidad
estructural, con respecto a la movilidad individual. En estas condiciones, las oportunidades abiertas
11

24

Lamentablemente no hay cifras que respalden esta afirmación.

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aparecían más sensibles a la dotación de capitales en forma individual. Complementariamente, la
movilidad descendente, que correspondía al paso desde ocupaciones no manuales a manuales, podía
verse morigerada por la calidad y beneficios asociados con los empleos manuales calificados. El
comienzo de la década de 1980 marca una menor movilidad general, lo que corresponde a una
preservación de las posiciones existentes, junto con menores oportunidades para la movilidad
individual. En los años noventa, el cambio estructural adquiere mayor peso en los procesos de
movilidad, de forma que el componente individual queda más restringido a los carriles que define el
impacto del cambio económico sobre el mercado de trabajo. En la medida que estos procesos
estructurales conllevan un deterioro de la calidad de las ocupaciones –menores ingresos, desempleo,
inestabilidad, desregulación laboral, informalidad, precariedad– el proceso de movilidad no sólo se
ve más restringido, sino que, pese a la menor movilidad descendente, son las condiciones generales
de la fuerza de trabajo las que sufren el deterioro.
Una parte del proceso tiene que ver con el elevado desempleo y la polarización de los
ingresos que caracteriza al mercado de trabajo argentino desde la década de 1980. El desempleo
sostenido puede explicarse, especialmente en la década de 1990, por incrementos en la
productividad, ello involucra que el proceso productivo continuó exigiendo la participación de
trabajadores calificados, lo cual se asocia con una tendencia estructural al ascenso. De otra parte, la
caída en los salarios explica la percepción de un esfuerzo infructuoso que caracteriza la subjetividad
de los bonaerenses.
Futuros estudios de movilidad debieran incorporar explícitamente indicadores sobre la
calidad de las ocupaciones, ya que si bien éstas constituyen un criterio básico de clasificación, son
aún gruesas para alumbrar los cambios que se están asentando. El deterioro que involucra ocupar
posiciones nominalmente más altas en la estructura ocupacional, pero que corresponden a puestos
de peor calidad, puede apreciarse en el cuadro 3. Una indicación de la formalidad del empleo se
refiere a la firma de un contrato laboral que puede tomarse como una ilustración suficientemente
clara de los cambios en la calidad de la ocupación.
Cuadro 3

CONTRATO LABORAL EN ACTUAL PUESTO DE TRABAJO
(según contrato laboral del padre)
Contrato en actual puesto
de trabajo
Contrato laboral padre
Respondente hombre

Sí

No

Total

54,9%

45,1%

100,0%

39,5%

60,5%

100,0%

SÍ

43,9%

56,1%

100,0%

NO

Respondente mujer

SÍ
NO

24,1%

75,9%

100,0%
o

Fuente: Encuesta FONDECYT N 1990818

Poco más de la mitad de los trabajadores hombres y más de la mitad de las mujeres, hijos e
hijas de trabajadores con contrato de trabajo, se desempeñan actualmente en ocupaciones
desreguladas. En el caso de los hombres la entrada de nuevos trabajadores al régimen de contrato
tiende a compensar la informalidad del empleo. Pero son pocas las hijas de trabajadores sin contrato
que logran su ingreso al mundo del trabajo formal. Este proceso ilustra que la incorporación de la
mujer a la fuerza de trabajo se ha hecho bajo condiciones de desregulación acentuada. Resulta claro
que la carencia de contrato se asocia a la pérdida de garantías laborales y mayoritariamente al
deterioro de los ingresos.

25

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VI.

La movilidad entre ocupaciones

La situación descrita muestra continuidad y al mismo tiempo
diferencias respecto a las pautas de movilidad social de Argentina.
Como señala C. Filgueira, en los estudios latinoamericanos clásicos de
movilidad social, aparecen dos fuerzas que tensionan la estructura
social en direcciones contrarias: una, es la movilidad estructural
ascendente y otra, es la tendencia hacia la marginalidad. Hasta
comienzos de los años ochenta Buenos Aires parecía escapar de tal
movimiento. Hoy es posible pensar que hay una actualización de este
movimiento “hacia arriba” y “hacia abajo”. En efecto, la conjunción de
la desindustrialización y el crecimiento del sector terciario hace que se
generen pocas posiciones de empleo dinámico altamente calificado en
el sector servicios y muchas posiciones bajas en el mismo sector.
Durante la década de 1990 la desindustrialización no parece contribuir
al aumento de empleo marginal, pero sí al incremento del desempleo
(CEPAL, 2001).
Detrás de esta tendencia general de la movilidad, simétrica a la
registrada en el pasado, hay particularidades del momento actual. Una
primera se refiere al alto porcentaje de movilidad pura detectado en la
muestra. Ciertamente ello está influenciado por el alto peso de la clase
obrera en la distribución de los marginales de origen, pero aun así el
peso de esa movilidad es significativo. Aparentemente, la alta
movilidad de circulación se debe al reacomodo de los hijos de la clase
obrera en la estructura social Argentina.

27

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

Una segunda diferencia es la disminución de beneficios ligados a ciertos puestos (tanto del
salario, como de la estabilidad en el empleo y los beneficios sociales) que hace que la calidad de los
mismos puestos haya caído. Así, un puesto que antes otorgaba cierto estatus y bienestar, hoy ha
disminuido de categoría, por lo que se produce una falta de correspondencia entre movilidad social
y acceso a bienestar, lo cual tendrá un fuerte impacto sobre todo en relación a la percepción
subjetiva, como veremos en el punto correspondiente. Se podría hablar de una movilidad espuria
o asimétrica para dar cuenta de ese fenómeno, al que trataremos en forma separada. Digamos tan
sólo que esto reactualiza teorías sobre asimetría entre estatus y rol (p.ej. Lenski, 1954) y obliga a
repensarlas de formas novedosas. Al mismo tiempo, a nivel de conflicto político, reestablece los
problemas de desigualdad y de exclusión. Desigualdad en relación a sectores medios (por las
diferencias con sus pares) y exclusión de los sectores marginados.
Una mirada más detallada de las matrices de movilidad intergeneracional permite apreciar las
categorías en las cuales se encuentra concentrada la dinámica de la movilidad. En primer lugar
puede revisarse la matriz de destino de los hijos, la cual permite apreciar cómo se distribuyen a
través de las categorías ocupacionales hijos cuyos padres pertenecen a la misma categoría
ocupacional.
Cuadro 4

HERENCIA OCUPACIONAL : ACTUAL OCUPACIÓN DEL RESPONDENTE
(según ocupación del padre)
Actual ocupación del hijo
Ocupación padre

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

Total

I

Empleador /Gerente

28,6

28,6

0,0

0,0

28,6

14,3

0,0

0,0

100%

II

Profesional nivel superior

14,3

42,9

0,0

42,9

0,0

0,0

0,0

0,0

100%

III

Técnico

6,7

13,3

6,7

20,0

33,3

6,7

13,3

0,0

100%

IV

Empleado administrativo

8,6

22,4

12,1

17,2

12,1

20,7

6,9

0,0

100%

V

Trabajador de comercio

11,1

17,8

2,2

13,3

17,8

24,4

13,3

0,0

100%

VI

Obrero, artesano, conductor

0,6

7,2

4,4

8,3

25,6

40,0

13,9

0,0

100%

VII

Servicio personal, Comercio marginal

0,0

3,8

0,0

11,5

26,9

26,9

30,8

0,0

100%

VIII

Trabajador agrícola

4,8

4,8

4,8

7,1

11,9

33,3

33,3

0,0

100%

Total

4,5

11,6

5,0

11,3

21,1

31,1

15,5

0,0

100%

Fuente: Encuesta FONDECYT 1990818

El cuadro 4 presenta la movilidad desde los padres hacia los hijos, vale decir, la distancia que
salvaron los trabajadores con respecto a su familia de origen. Una línea sólida separa ocupaciones
más calificadas (I a V) de las especializadas (VI) o no calificadas (VII y VIII). Los casilleros
marcados con negrita señalan los porcentajes mayores a la distribución marginal, lo cual indica que
quienes tienen ese origen alcanzan hasta allí con mayor probabilidad que desde otras posiciones.
Por contraste con otros datos de movilidad, éstos reflejan una baja herencia de la posición
ocupacional del padre. En efecto, sólo entre los obreros el porcentaje en la diagonal es mayor al
resto de la fila. Más aún, tampoco se observa una pauta clara en la diagonal y se advierten
frecuencias relativas altas en casilleros algo alejados de ésta. Vale decir, que la herencia de la
posición ocupacional no es una característica saliente de la movilidad en los años noventa; más aún,
algunos trabajadores tienden, consistentemente, a salvar largas distancias con relación a sus padres.
La distribución de los casilleros hacia donde la movilidad es más probable establece una clara
segmentación de la tabla. Esta separación corresponde a una barrera de calificación de las ocupaciones, que
determina áreas donde la movilidad es más probable. En efecto, entre las ocupaciones no manuales 17 de
los 25 casilleros de destino (aprox. 3 a 5) exhiben movilidad mayor al promedio. En el caso de las
ocupaciones manuales la distribución está en razón 4 a 9 (aprox. 2 a 5). La densidad es más baja en los
cuadrantes que corresponden a la movilidad que se aparta del nivel de calificación de los padres,
especialmente el descenso desde las más calificadas. Puede observarse que 9 de los 13 casilleros de destino
28

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

donde la movilidad ascendente es mayor que el promedio, se ubican en el rango de las ocupaciones más
calificadas. De todas formas, también hay mayor incidencia de la movilidad descendente entre estas
ocupaciones.
Los dos destinos más comunes de la movilidad de los trabajadores no manuales son el de empleador
o ejecutivo y el de profesional, donde llegan trabajadores cuyos padres pertenecieron a ocupaciones desde
el comercio hasta las más calificadas. El destino profesional, a la vez que más frecuentado, es el que posee
la más alta tasa de reproducción entre las ocupaciones no manuales. Aunque no es adecuado hablar de
ascensos o descensos entre las dos categorías superiores de las ocupaciones más calificadas, cabe hacer
notar que los desplazamientos no son simétricos: es más probable que el hijo de un empleador sea
profesional que al revés. Convertirse en empleadores o profesionales es una vía de ascenso abierta para
empleados y trabajadores en comercio, no obstante la tendencia a reproducirse en esas posiciones. Por
contraste, los hijos de trabajadores manuales sólo excepcionalmente alcanzan los rangos más altos de la
estratificación ocupacional.
Las ocupaciones administrativas tienen una baja, pero probable, tasa de reproducción (sólo es menor
la de técnico) y son una base segura para la movilidad ascendente. No obstante, la calidad de empleador
puede reflejar el paso desde el sector público hacia el autoempleo, lo que no siempre podría considerarse
como movilidad ascendente. Las ocupaciones administrativas son también punto de llegada para hijos de
profesionales, técnicos y comerciantes. En el caso de los hijos de trabajadores del comercio, y en alguna
medida de los técnicos, alcanzar una ocupación administrativa puede interpretarse como una búsqueda de
formalidad en la ocupación. En el caso de los profesionales parece representar una tendencia a la
asalarización, especialmente de las mujeres profesionales. Cabe destacar que algunos hijos de los
trabajadores menos calificados llegan a desempeñar oficios administrativos.
El comercio aparece como la bisagra más clara entre las ocupaciones más y menos calificadas. Por
una parte, hay más de una chance que, de una generación a otra, los empleadores o los técnicos puedan
convertirse en comerciantes de menor escala. Por otra, de padres a hijos, los obreros y aun los trabajadores
marginales pueden pasar a la actividad comercial. Los hijos obreros como de los trabajadores de
ocupaciones elementales se convirtieron en trabajadores del comercio con mayor probabilidad que los de
otras categorías. En la siguiente generación podremos ver a los hijos de estos trabajadores del comercio con
sus propias empresas o convertidos en profesionales.
En el caso de las ocupaciones manuales resulta marcada la tasa de herencia de la ocupación,
especialmente en las posiciones obreras y marginales. El otro movimiento de importancia en esta categoría
es la alta probabilidad de paso de los trabajadores agrícolas hacia las ocupaciones manuales urbanas. Esto
expresa que en los años noventa aún mantenían su vigencia los procesos de migración rural-urbana, o bien
se trataría de trabajadores en antiguos villorios rurales incorporados al conurbano de Buenos Aires por el
avance de la capital.
Cuadro 5

COMPOSICIÓN DE LA OCUPACIÓN ACTUAL DEL RESPONDENTE
(según ocupación del padre)

I
II
III
IV
V
VI
VII
VIII

Ocupación padre
Empleador /Gerente
Profesional nivel superior
Técnico
Empleado administrativo
Trabajador de comercio
Obrero, artesano, conductor
Servicio personal, Comercio marginal
Trabajador agrícola
Total

Actual ocupación del hijo
I
II
III
IV
V
VI
VII
11,8% 4,5%
2,5% ,8%
5,9% 6,8%
7,0%
3,4%
5,9% 4,5% 5,3% 7,0% 6,3% ,8%
29,4% 29,5% 36,8% 23,3% 8,8% 10,2% 6,8%
29,4% 18,2% 5,3% 14,0% 10,0% 9,3% 10,2%
5,9% 29,5% 42,1% 34,9% 57,5% 61,0% 42,4%
2,3%
7,0% 8,8% 5,9% 13,6%
11,8% 4,5% 10,5% 7,0% 6,3% 11,9% 23,7%
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0

VIII

Total
1,8%
1,8%
3,9%
15,3%
11,8%
47,4%
6,8%
11,1%
1 00,0%

Fuente: Encuesta FONDECYT 1990818

29

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

La composición actual de los grupos ocupacionales sigue una pauta relativamente similar a la
que se aprecia en el análisis de la herencia ocupacional. El escaso peso de la diagonal representa, en
este caso, una baja tendencia al autorreclutamiento, la que se rompe sólo en el caso de los obreros
(61.0%), que constituye el grupo más homogéneo en términos de su origen. Además, los hijos de
obreros son el grupo mayoritario en todas las categorías ocupacionales, excepto de los empresarios,
aunque su probabilidad de encontrarse en esa posición sea menor que el promedio. Todos los
grupos ocupacionales tienen un componente significativo de origen obrero, aunque en términos
relativos éstos poseen menores oportunidades que el resto para ascender en la escala de
ocupaciones. Es su alto volumen lo que hace que la movilidad de este grupo sugiera una mayor
apertura de la que realmente tiene.
Aun sin considerar los hijos de obreros, las ocupaciones más calificadas tienden a ser más
heterogéneas que el resto en su composición. Ello es particularmente relevante en el caso de los
empresarios y profesionales universitarios; en ambos casos, los trabajadores que las componen
alcanzan esta posición luego de una trayectoria de signo ascendente desde diversos orígenes en
ocupaciones de calificación media y alta.
Pudiera esperarse que la cultura obrera permeara los grupos de clase media que desempeñan
ocupaciones más calificadas, pero no estamos en el punto que pudiera hablarse de una “nueva clase
media”, más cercana a la tradición cultural obrera. Ello es poco probable porque en dos grupos de
peso dentro de la clase media –profesionales y empleadores– predomina el origen en ocupaciones
calificadas no obreras. Se puede hipotetizar que tanto los anteriores como los obreros actúan más en
base a sus orientaciones culturales de movilidad individual que por referencia a sus raíces de clase.
Por último, en el caso de los trabajadores del comercio, donde se observa un significativo
componente obrero, parece predominar la lógica de la rama por sobre la composición del grupo. La
actividad comercial tiene sus propias regulaciones y quien entra en este sector se ve
permanentemente tensionado entre la presión por establecer su propio negocio y el riesgo de ser
expulsado hacia el comercio marginal. Se trata, en todo caso de obreros que no han podido
reproducir la ocupación de sus padres debido a la reducción estructural de las posiciones obreras.
La composición de las ocupaciones deja claro que dentro de las posiciones calificadas puede
observarse una alta circulación, mientras que escasamente se comunican con las ocupaciones no
calificadas. Esta pauta de movilidad ha sido característica de Argentina desde los años ochenta, que
alteró las pautas de movilidad ocupacional vigentes (Jorrat, 1997). De acuerdo con este análisis, en
algún momento de los años setenta el crecimiento de las ocupaciones más calificadas redujo el peso
de la movilidad dentro del estrato obrero y marginal. Los datos de la encuesta del año 2000 indican
que esta tendencia ha continuado su profundización, estableciéndose como una barrera a la
movilidad desde las ocupaciones menos calificadas hacia las más calificadas.

30

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

VII. Las trayectorias ocupacionales
y la hipótesis de la movilidad
espuria

El siguiente cuadro permite aproximarnos a las trayectorias
ocupacionales de los respondentes.
Cuadro 6

MOVILIDAD DESDE PRIMERA OCUPACIÓN HACIA ACTUAL OCUPACIÓN
Actual ocupación del respondente
Ocupación inicial respondente
I

Empleador /Gerente

II

Profesional nivel superior

III

Técnico

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

Total
100%

100,0%
6,3% 75,0%
14,3% 42,9%

6,3%

6,3%

6,3%

14,3% 28,6%

100%
100%

IV

Empleado administrativo

4,3% 12,8% 17,0% 25,5% 21,3% 12,8%

6,4%

100%

V

Trabajador de comercio

6,0% 18,0%

6,0% 12,0% 30,0% 18,0% 10,0%

100%

VI

Obrero, artesano, conductor

3,9%

4,7% 11,0% 18,9% 49,6%

VII

Servicio personal, Comercio marginal

VIII

Trabajador agrícola
Total

2,4%

9,4%

100%

6,3% 18,8% 31,3% 43,8%

100%

11,1% 50,0% 33,3%

100%

4,2% 11,3% 5,3% 11,3% 21,1% 31,1% 15,8%

100%

5,6%

Fuente: FONDECYT 1990818

31

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

La diagonal de la “carrera ocupacional” indica la permanencia en la ocupación de entrada al
mercado de trabajo; en Buenos Aires ésta es bastante más marcada que la de movilidad
intergeneracional. Con la sola excepción de los trabajadores agrícolas, la tendencia predominante es
a mantenerse en la ocupación de origen. La mayor estabilidad se encuentra entre los empleadores
(100%), a los que le siguen los profesionales (75%), los obreros (50%) y los trabajadores
marginales (44%).
Las ocupaciones de mayor y menor rango en la escala tienen una alta tendencia a la
reproducción, lo cual indica las mínimas oportunidades abiertas para los trabajadores de
ocupaciones poco calificadas. De hecho, quienes ingresan en ocupaciones de baja calificación sólo
excepcionalmente lograrán moverse desde el circuito de ocupaciones de bajo estatus. Por otra parte,
quien hace ingreso al mercado de trabajo por la puerta de las ocupaciones más calificadas tendrá
prácticamente asegurada su circulación en estas posiciones. Sólo en el caso de los trabajadores
administrativos se advierte el paso hacia ocupaciones en el comercio, probablemente como
resultado de políticas de reducción del sector público. Los movimientos que llevan a los
trabajadores fuera de su posición de origen son ascendentes, con la sola excepción de los
trabajadores administrativos. Esto da la impresión de decisiones calculadas: pocos se arriesgan a
dejar su posición de origen sin tener la seguridad de mejorar sus condiciones de trabajo. Los
trabajadores calificados se dirigen por lo general hacia posiciones cercanas, pero algunos
trabajadores que ingresaron en ocupaciones administrativas o comerciales logran cubrir distancias
que alcanzan hasta los grados más altos de la escala de estratificación.12
La posición ocupacional al inicio de la carrera tiene una alta relación con la ocupación actual,
pero también hay que anotar ciertas indicaciones de movilidad calculada. La movilidad ascendente
predomina sobre la descendente, lo cual parece indicar que pocos se alejan de su empleo sin tener
seguridad de mejorar de posición. Posiciones como empleado administrativo o trabajador del
comercio, que tienen una baja tasa de retención de quienes ingresan a esas ocupaciones, parecen
actuar como una puerta de ingreso a la fuerza de trabajo, desde la cual se emprende una trayectoria
ascendente. Debe recordarse que los entrevistados se encontraban por más de diez años en la fuerza
de trabajo, por lo que podían tener acceso a mejores oportunidades abiertas por vacantes o como
resultado de su propia carrera. Cabe destacar el destino de muchos de ellos en posiciones ejecutivas
o como empleadores.
A continuación intentamos demostrar la hipótesis de la movilidad espuria. Para ello, en
primer lugar, comparamos lo sucedido con la movilidad estructural y los ingresos de distintas
ocupaciones entre 1980 y 2001. El cuadro 7 muestra que entre los extremos (1980-2001) la
distribución relativa de puestos ha cambiado, produciéndose una movilidad estructural. En efecto,
mientras en 1980 la fuerza de trabajo se dividía, de acuerdo a sus calificaciones en un 6% de
profesionales, 40% de trabajadores calificados y 54% de no calificados, la distribución en el 2001
era de un 10%, 60% y 30% respectivamente. Ahora bien, cuando se observa el cuadro 8 y se
compara los ingresos de cada tipo de puestos a lo largo del tiempo, se observa la movilidad
descendente en cuanto a los ingresos que todas han sufrido, al punto que, por ejemplo, un trabajador
técnico y calificado del sector servicios del 2001 gana casi un 30% menos que un trabajador no
calificado de la industria; comparaciones de este tipo podrían hacerse entre distintas o las mismas
categorías a lo largo del tiempo.

12

32

La clasificación utilizada no permite apreciar el paso de algunos obreros desde la producción a la administración, como resultado de
sistemas de promoción interna, como tampoco el establecimiento de nuevas empresas por obreros, como resultado de políticas de
modernización productiva.

Gran Buenos Aires
Octubre 1980
Categoría

Octubre 1991

Octubre 2001

Asalariado

No asalariado

Total

Asalariado

No asalariado

Total

Asalariado

No asalariado

Total

Profesionales

124 265

93 957

218 222

269 817

126 702

396 519

280 155

180 226

460 381

Técnico calificado - Administrativo
Técnico calificado - Comercio
Técnico calificado - Industria, Reparaciones y
Transporte
Técnico calificado - Servicios

173 333
74 475

31 293
53 312

204 626
127 787

322 075
92 514

39 741
78 670

361 816
171 184

552 727
149 885

21 585
67 242

574 312
217 127

590 232
222 734

257 383
71 609

847 615
294 343

901 581
307 939

469 328
92 985

1 370 909
400 924

734 163
556 646

403 665
166 699

1 137 828
723 345

299 267
143 561

21 434
214 408

320 701
357 969

302 654
215 220

18 671
304 373

321 325
519 593

60 525
191 808

3 153
227 342

63 678
419 150

238 582
299 895

25 190
85 089

263 772
384 984

195 039
437 202

10 439
143 243

205 478
580 445

67 288
492 321

9 768
82 936

CEPAL - SERIE Políticas sociales

Cuadro 7

ESTRUCTURA OCUPACIONAL GRAN BUENOS AIRES 1980-1991-2001

77 056
575.257

No calificado - Administrativo
No calificado - Comercio
No calificado - Industria, Reparaciones y
Transporte
No calificado - Servicios
No sabe/No responde

101 621

581 222

682 843

2 267 965

Total

1 434 897

3 702 862

27 743
3 071 784

17 261

45 004

151 647

91 006

242 653

1 301 413

4 373 197

3 237 165

1 253 622

4 490 787

Fuente: Elaboración propia en base a EPH, octubre
Cuadro 8

INGRESO MEDIO DE LAS OCUPACIONES
(a precios de octubre de 2001)
Categoría

Octubre 1980
Asalariado No asalariado

Octubre 1991

Octubre 2001

Total

Asalariado

No asalariado

Total

Asalariado

No asalariado

Total

Profesionales

1 886.9

2 166.1

2 005.7

1 108.4

1 051.8

1 090.7

1 541.4

1 616.3

1 570.4

Técnico y calificado (administrativo)
Técnico y calificado (comercio)

1 290.4
1 101.0

1 491.2
1 304.9

1 321.1
1 184.3

679.1
648.1

1 207.2
559.3

737.1
607.0

759.0
626.2

564.8
624.0

752.7
625,5

Técnico y calificado (Ind., Rep. e Transp.)
Técnico y calificado (Servicios)

769.9
831.4

885.3
980.4

804.5
866.0

444.0
425.9

429.9
706.9

439.2
490.5

509.3
529.2

403.6
429.3

472.6
507.3

No calificado (administrativo)
No calificado (comercio)

677.1
615.5

975.0
778.8

695.2
710.2

386.7
337.6

932.7
323.4

409.3
329.5

385.5
303.6

81.5
275.1

370.3
288.4

No calificado (Ind., Rep. e Transp.)
No calificado (Servicios)

506.6
480.9

517.9
410.9

507.7
465.6

291.5
322.4

283.0
305.3

291.1
318.2

278.3
273.4

126.7
321.9

261.0
280.3

No sabe/No responde

783.5

989.5

875.1

183.3

3.3

114.3

476.3

649.9

540.0

Total

800.9

1 001.6

858.1

489.0

502.8

493.0

593.5

585.5

591.3

No 66

33

Fuente: Elaboración propia en base a EPH, octubre

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

Una vez constatada la concomitancia entre movilidad estructural y depreciación de los
beneficios ligados a los siguientes puesto se intentará reflexionar sobre sus implicancias para el
estudio de la movilidad social en Argentina. En el siguiente cuadro se realiza un primer intento para
ilustrar la plausibilidad de hipótesis acerca de inconsistencia de estatus y rol o movilidad espuria.
Ante todo, es necesario definir qué entendemos por estatus y rol. Ateniéndonos a una definición
clásica de Linton (1936), estatus serían las respuestas y, en términos más cercanos a nuestro trabajo,
beneficios normativamente esperados según determinadas posiciones sociales; el rol por su parte, es
lo que efectivamente sucede en la experiencia real. Movilidad espuria, entonces, llamamos a
aquellas situaciones donde hay una diferencia entre movilidad según criterios objetivos y la
percepción subjetiva, por lo que en la base explicativa se ubicaría una inconsistencia entre estatus y
rol.
Empíricamente, la variable se construye a partir de la identificación que el respondente hizo
respecto de su mejor y peor ocupación. La clasificación de mejor o peor ocupación corresponde a la
percepción del entrevistado, la cual se cotejó con una medida de distancia subjetiva.
El cuadro 9 presenta una comparación entre mejor y peor ocupación para verificar si la
percepción del cambio de estatus es consistente con el cambio de categorías. Se han definido así
tres situaciones distintas: estatus inestable, cuando la mejor y la peor ocupación ocurren en la
misma categoría ocupacional, movilidad consistente, cuando la mejor ocupación ocupa una
categoría más alta que la peor en la escala de estratificación y movilidad inconsistente, en el caso
contrario del anterior.
Cuadro 9

PERCEPCIÓN DE MOVILIDAD
(según categoría de ocupación actual)

Movilidad
consistente

Estatus
inestable

Movilidad
inconsistente

Total

Gerente/Empleador

50,0%

25,0%

25,0%

100,0%

Profesional nivel superior

61,8%

29,4%

8,8%

100,0%

Técnicos

61,5%

30,8%

7,7%

100,0%

Empleados administrativos

61,1%

19,4%

19,4%

100,0%
100,0%

Ocupación actual

Trabajadores comercio

50,0%

25,7%

24,3%

Obrero, artesano, conductor

33,3%

52,8%

13,9%

100,0%

Servicio personal y Comercio marginal

44,2%

38,5%

17,3%

100,0%

TOTAL

46,5%

36,6%

16,9%

100,0%

Fuente: FONDECYT 1990818

Las categorías se definieron del siguiente modo:
Movilidad consistente: se trata de cambios de categoría consistentes con la definición de
mejor y peor ocupación. Esto es, si sube de categoría y considera que esta ocupación es mejor y si
desciende define esta ocupación como peor. Alcanza casi la mitad de la población y comprende
principalmente las ocupaciones de mayor estatus, vale decir, aquellas donde su acceso indica
inconfundiblemente un cambio de estatus, especialmente ascendente. Cabe hacer notar, sin
embargo, que en el caso de algunos empresarios, empleados administrativos y trabajadores del
comercio se aprecia alguna ambigüedad probablemente debida al peso de los procesos de
diferenciación interna.
Estatus inestable: la mejor y la peor ocupación ocurren en la misma categoría ocupacional,
lo cual marca la existencia de procesos de diferenciación interna o movilidad horizontal. Esta
situación alcanza a un poco más de un tercio de los respondentes, quienes perciben un cambio de
estatus sin haber cambiado de grupo ocupacional. Los obreros concentran la mayor parte de esta

34

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

situación, pues prácticamente la mitad tuvo mejores o peores trabajos que el actual en esta misma
categoría.
Movilidad inconsistente: se trata de cambios de categoría percibidos en un sentido distinto
al que indica la escala de ocupaciones. Esto es, donde según las jerarquizaciones de categoría de
ocupación ha habido ascenso pero se percibe como descenso y la situación inversa. Esta situación
afecta a un 17% de la muestra, destacándose levemente el peso entre empresarios. La inconsistencia
de estatus remite principalmente a la nostalgia por la ocupación obrera: empleadores, empleados y
comerciantes, nominalmente en categorías ocupacionales de mayor estatus consideran que el
empleo obrero era mejor que el actual. En el caso de los trabajadores marginales, se trata de
comerciantes que añoran sus años en el campo.
¿Qué nos dice el cuadro anterior sobre las categorías que utilizamos para pensar la movilidad
social? ¿son acordes al significado que los individuos dan a sus trayectorias o, por el contrario, el
desfase con sus percepciones subjetivas cuestionaría las clasificaciones existentes? Pareciera
delinearse una situación de transición, donde los profundos cambios estructurales no pueden ser
aprehendidos exclusivamente con las categorías tradicionales de estratificación, que pueden seguir
siendo fecundas a condición de que le agreguemos otros niveles de complejidad. En efecto,
sustentando la clasificación tradicional, hay una mitad de la muestra con consistencia entre
movilidad objetiva y percepción subjetiva. En dirección opuesta, en la otra mitad hay discordancias
entre una y otra dimensión. En relación con el estatus inestable, se debería a la degradación de los
puestos asalariados a lo largo del tiempo como también el aumento de las diferencias
intracategoriales, es decir, del incremento de la dispersión de ingresos y de otros beneficios al
interior de la misma rama y aún la misma ocupación, dependiendo de variables tales como los
derroteros personales y el desempeño de la unidad productiva (ver Murmis y Feldman, 1993).
Las diferencias intracategoriales, como afirman J.P. Fitoussi y P. Rosanvallon (1998) tienen
consecuencias significativas a nivel del orden social, dado que están menos interiorizadas
históricamente por los individuos que aquellas inter-categoriales, basadas en posesiones
diferenciales de capital humano. De un modo u otro, a pesar de que pueda denunciarse su injusticia,
han gozado de mayor naturalización y legitimidad social que las de origen intracategorial. Estas
últimas, parecieran tener un poder disruptivo mayor por un lado, por su ilegitimidad social y por
otro, porque afectan de modo inédito las identidades sociales de grupos que dejan de ser
homogéneos, produciéndose acercamientos entre categorías distintas pero cuyos niveles de vida
actuales tienden a acercarlos.
Un indicador más llamativo aún de la degradación sufrida por las ocupaciones es la
movilidad inconsistente. ¿Por qué añorar una ocupación de menor jerarquía? a modo de hipótesis,
sin duda la creciente inestabilidad del mundo del trabajo sea un factor de peso. En efecto, un
individuo puede haber ganado en jerarquía ocupacional, social –y aun en ingresos corrientes- pero
la pérdida de estabilidad sin duda afecta su percepción de bienestar, que excede a la dimensión
económica e incluye, por ejemplo, la existencia de certidumbres sobre su futuro.13 Éste es el
ejemplo más acabado de movilidad espuria y, a su vez, aquello que más obliga a complejizar las
maneras de analizar la estructura social. Por ello, para finalizar y retomando la dirección planteada
en el trabajo de C. Filgueira, los nuevos estudios de movilidad deben incluir este tipo de variables
propias a una estructura social en constante transformación.

13

Como ejemplo de las consecuencias específicas de la inestabilidad en una investigación en la que se comparaban datos sobre
adolescentes en edad escolar pertenecientes a hogares de ingresos medios cuyo padres tenían una ocupación inestable, la tasa de
deserción del secundario era mayor a la de los jóvenes pertenecientes a hogares de ingresos bajos pero estables (Beccaria y Kessler
1999).

35

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

VIII. Síntesis y conclusiones

El análisis de la movilidad estructural en Buenos Aires muestra
claramente la transición de una estructura ocupacional basada en la
industria a otra basada en los servicios. Dicho proceso estuvo
caracterizado por dos tendencias antagónicas. En una dirección, una
movilidad estructural ascendente vinculada al aumento del peso de
puestos técnicos y profesionales y, en el polo opuesto, una movilidad
estructural descendente signada por la desaparición de puestos obreros
asalariados, así como por la reducción del empleo público y su
recambio, fundamentalmente, por servicios informales y/o inestables.
Se observa entonces que el sector servicios absorbe empleo en
posiciones bajas que antes correspondía a obreros no especializados en
la industria.
La concomitancia de estas dos fuerzas divergentes mantendría
las tradicionales tendencias hacia el ascenso y hacia la marginalidad
que Filguiera señala para los estudios clásicos sobre la movilidad
social en América Latina. No obstante, una mirada más en detalle
muestra que la significación y características de estos movimientos no
son idénticos al pasado. El ascenso ocupacional intergeneracional es,
en muchos casos, una movilidad espuria, dado que las recompensas
asociadas a los puestos alcanzados son menores que antaño. Se abre
entonces el interrogante sobre el impacto en las condiciones de vida en
una parte significativa de los que han ascendido ocupacionalmente en
forma intergeneracional. Asimismo reactualiza ciertas preguntas
clásicas de la sociología sobre las inconsistencias entre estatus y rol,
que tanto preocupó a la sociología norteamericana de décadas pasadas.

37

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

En el polo opuesto, la tendencia a la marginalidad subsiste para una franja de la población
pero cambian las características de los grupos afectados. Si en los trabajos clásicos sobre la masa
marginal se trataba de poblaciones que no habían sido –ni supuestamente lo serían- incluidas en el
desarrollo capitalista, en el presente más bien se trata de la marginalización de una población
anteriormente incluida. Grosso modo, antes era una población de origen rural migrante que se
establecía en los márgenes –espaciales y económicos– de las grandes urbes; en el presente se trata
en gran medida de poblaciones con orígenes obreros cuya inclusión en el sistema económico formal
es puesta en cuestión. Se trata de un fenómeno más cercano a la “desestabilización de poblaciones
estables” que ha caracterizado Robert Castel (1995) para Europa Occidental.
La presencia de estos movimientos mostraría, en principio, la posibilidad de ascender y
descender desde casi cualquier posición de origen, aunque las chances no son iguales y se
mantienen las barreras al ascenso. El análisis en detalle de la encuesta permite delinear tres circuitos
de movilidad: uno, de puestos profesionales y técnicos cuyo reclutamiento proviene principalmente
de posiciones adyacentes. Aparece una movilidad de tramos cortos que, hipotéticamente, señalaría
una mayor tendencia a la reproducción intergeneracional de estatus de aquellos poseedores de
capital cultural. En segundo lugar, el circuito de los comerciantes que aparece como la vía de
ascenso más importante para los provenientes de estatus más bajos. El comercio –en sus variantes–
pareciera ser un canal abierto para aquellos con menor capital educativo de origen. En tercer lugar,
hay un circuito de trabajadores manuales que recluta entre los hijos de los menos calificados, lo cual
muestra un freno al ascenso para los de origen más popular.
El análisis de los movimientos de ascenso y descenso de cada grupo testimonia las distintas
suertes que ha corrido cada categoría ocupacional en el marco de las transformaciones estructurales
sufridas por Argentina. Así, los obreros son la categoría que ha conocido mayor dispersión, pues se
conocen movimientos ascendentes y descendentes. Esto da cuenta de la desintegración de tal
categoría producto de la desindustrialización. Otra categoría que sufre las consecuencias de tal
proceso son los hijos de los pequeños empresarios, cuya tasa de movilidad descendente es muy alta.
Por otro lado, es llamativo el caso de los empleados administrativos, cuyo hijos conocieron la
mayor tasa de ascenso y una menor tasa de caída. Ésta parece haber sido en el pasado una categoría
“bisagra”con estrategias de ascenso intergeneracional que debe indagarse con mayor detención.
En cuanto a esto último, el análisis de la movilidad intergeneracional muestra una tasa de
reproducción de estatus a nivel intergeneracional más bajo que lo que C. Filgueira señala en los
trabajos latinoamericanos clásicos. Las mayores tasas se encuentran entre los hijos de empleados
administrativos, obreros y trabajadores marginales. La reproducción no es tan alta en los sectores
más calificados. Pareciera que los sectores más privilegiados no pudieron mantener para sus hijos
los mejores puestos de la movilidad estructural ascendente. Dicho de otro modo, que no se produjo
una reproducción social en forma contundente. Difícil es dar una respuesta todavía. En términos de
hipótesis, las transformaciones económicas llevaron a un cambio en la estructura de oportunidades,
por lo que muchas “apuestas” aparentemente seguras años anteriores, revelarán más tarde haber
sido erróneas, tanto en relación a las empresas, comercios como a calificaciones que sufren
desvalorización: ciertos activos se deprecian, otros aumentan su valor. Si se piensa en capital
humano, no es sólo que aumenta la demanda por trabajadores calificados, sino que también algunas
calificaciones van dejando de ser demandadas. Pero al mismo tiempo, los estudios muestran (p.ej.
Murmis y Feldman, 1992, Minujin, 1992) que hay fuertes diferencias intracategoriales por la suerte
corrida por las unidades productivas en las que se está inserto.
Los datos que ya hemos obtenido permiten aseverar la existencia de trayectorias inestables, es
decir de movimientos de mejora y empeoramiento. En efecto, al permitir analizar trayectorias
ocupacionales de las últimas décadas esta investigación capta los vaivenes sufridos por los
individuos en la sucesión de momentos de crisis y de recuperación y recaída que la economía
conoció en las últimas décadas. De este modo, dentro de la tasa importante de trayectorias
38

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

inestables posiblemente se incluyan lo que visto en un lapso más corto, aparezca como movilidad
exclusivamente descendente (Kessler, 1998). Para cerrar este trabajo, dos señalamientos finales. Por
un lado, adeudamos un análisis detallado de las diferencias por sexo, ya que las trayectorias de
hombres y mujeres presentan diferencias. Por último, es imposible soslayar que cuando escribimos
las conclusiones de este trabajo, octubre de 2002, el panorama es muy distinto al del momento en
que se realizó la encuesta. La inusitada crisis que está viviendo el país sin duda está produciendo
violentos movimientos de caída que profundizarán muchas de las tendencias señaladas así como
generarán otras novedosas que deberán ser captadas en trabajos posteriores.

39

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

Anexos

41

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

Anexo I. Fuentes de datos

Los datos no publicados que se utilizan en este documento fueron
obtenidos por medio de una encuesta realizada en el marco del proyecto
“El peso del capital social en los procesos de movilidad social en la
década de los noventa, análisis comparativo de los casos de Chile,
Argentina y Uruguay” (Proyecto Fondecyt 1990818), dirigido por Vicente
Espinoza de la USACh, con la participación de F. Márquez y en el caso
argentino Gabriel Kessler de la Universidad Nacional del General
Sarmiento (UNGS) y de Uruguay Ana Laura Rivoir de la Universidad
Católica del Uruguay “Dámaso Antonio Larañaga” (UCUDAL).
El objetivo de la encuesta fue poner a prueba estadística hipótesis
sobre los determinantes de la movilidad ocupacional, con especial énfasis
en las explicaciones basadas en el capital social. Los datos que genera la
encuesta permiten examinar las trayectorias laborales de los entrevistados
entre distintas ocupaciones, en particular la de entrada al mercado de
trabajo y la actual, así como la mejor y la peor. La encuesta también
permite comparar la movilidad intergeneracional. De esta forma se pueden
caracterizar las trayectorias ascendentes, descendentes e inestables (donde
no ha habido una dirección única). A la vez, la encuesta recoge
información sobre dimensiones ligadas al capital social y el capital
humano, tanto en la movilidad intra como intergeneracional.
El diseño muestral busca explícitamente que la muestra presente
alta dispersión respecto de las variables que diversas teorías o enfoques
postulan como determinantes de la movilidad ocupacional. Es decir se
busca intencionadamente que la muestra a encuestar tenga alta dispersión
en las variables que se hipotetizan como explicativas de la movilidad
ocupacional. Dentro de este criterio general de variabilidad y dispersión

43

Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

de la muestra según variables explicativas, se busca evitar sesgos que afecten los resultados de las
preguntas que se pretende responder.
En consecuencia, los datos permiten poner a prueba hipótesis respecto de un subgrupo de la
población económicamente activa, conformado por la fuerza de trabajo de los grupos medios y
bajos de la población y que está en una etapa intermedia de la vida laboral. El diseño propuesto no
es probabilístico, por lo cual no permite hacer inferencias estadísticas sobre las características de los
universos poblacionales de los cuales forma parte cada submuestra de ciudad. El uso de datos
representativos nacionales permite contextualizar los resultados obtenidos.

Diseño muestral
La encuesta fue aplicada entre el 25 de agosto y el 20 de septiembre de 2000 en la zona oeste
del conurbano de Buenos Aires. La aplicación de la encuesta estuvo a cargo del sociólogo Gustavo
Kohan, Jefe de la Unidad de Encuestas del Programa Conurbano de la Universidad Nacional de
General Sarmiento. Los datos, por tanto, deben considerarse representativos de esta zona de Buenos
Aires.
La encuesta considera cuatro submuestras al interior de la población, definidas según el
estatus socioeconómico del trabajador y las características del contexto socioeconómico de su
residencia. Cada submuestra contiene alrededor de 100 encuestados, que se distribuyen de acuerdo
con las siguientes especificaciones.
Recuadro 1

ESTATUS DEL HOGAR
Tipos de división administrativa
Vive en partido predominantemente pobre
Vive en partido de estratos medios

Pobre
100
100

Medio
100
86

El estatus socioeconómico del hogar del trabajador permite comparar las diferencias entre
personas con trayectorias laborales que se encuentran en puntos diferentes. El contexto
socioceconómico permite fijar en el diseño la hipótesis de que dicho contexto aporta (o no) recursos
a la movilidad o inserción laboral. (Los criterios que definen estatus socioeconómico de barrios y
hogares no se entregan por restricción de espacio).
Dentro de los partidos (división administrativa) que cumplían las características indicadas
para cada submuestra, se seleccionaron cuatro manzanas en cada uno de los cuatro casilleros de
clasificación. La selección se hizo en forma sistemática, por visita en terreno, archivos de
empadronamiento de hogares y sistemas de información geográfica. A partir de la manzana
seleccionada, se definió sistemáticamente una zona de trabajo en terreno de características
socioeconómicas similares a la manzana seleccionada, denominada “racimo”, formada por cuatro
cuadras que comprenden unas 15 a 20 viviendas contiguas que están sobre la misma calle o pasaje,
a ambos lados de la calzada. Dentro de cada cuadra de cada zona de trabajo de terreno, se
seleccionaron cuatro viviendas contiguas por cada lado de la cuadra, ocho en total, ambos grupos
enfrentándose. Así, en cada zona se seleccionarán 4 x 8 = 32 viviendas.
Las viviendas seleccionadas fueron filtradas y encuestadas, hasta tener 25 casos válidos en
cada zona. Las condiciones de filtro personal utilizadas fueron:

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CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 66

- que el encuestado esté en la fuerza de trabajo (ya sea como ocupado o buscando trabajo en
la semana anterior a la encuesta, pero también si su salida de la fuerza de trabajo había ocurrido
dentro del año).
- que tenga entre 35 y 50 años de edad. También se impuso la condición de que en el racimo
al menos se entrevisten al menos 9 mujeres y 12 hombres que cumplan con esas condiciones.

Clasificación de ocupaciones
Las ocupaciones fueron codificadas a partir del registro textual de la descripción que entregó
el respondente a la pregunta ¿Cuál fue el (primer /actual /mejor /peor) puesto de trabajo que
desempeñó? (señale su oficio y cargo). Durante la codificación, para resolver los casos que
planteaban ambigüedades se recurrió a información complementaria relativa a rama de actividad
(¿A qué se dedicaba la empresa o negocio para el cual trabajaba?) y categoría ocupacional
(empleador, empleado, cuenta propia, familiar no remunerado, servicio doméstico).
Adicionalmente, las respuestas sobre ocupación fueron verificadas por consistencia en descripción
de puestos de trabajo en distintas etapas de la carrera ocupacional.
La pauta para la codificación se obtuvo de la resolución ISCO - 88 (6-nov-87, actualización
del 23 de febrero de 2000) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la cual establece una
Clasificación Internacional Estándar de Ocupaciones. Esta clasificación posee cuatro dígitos de
profundidad que corresponden a Grupo Mayor, Sub-Grupo Mayor, Grupo Menor y Ocupación
Unitaria, respectivamente. La clasificación ISCO-88 establece 10 grupos mayores, que han sido
divididos de acuerdo con el nivel de destreza o especialización que requiere el desempeño de la
tarea. La utilidad de este esquema proviene de su generalidad, dado que la mayor parte de los países
basan sus estadísticas laborales en esta clasificación.
Para los propósitos de esta encuesta se elaboró una primera clasificación basada en las
categorías ISCO-88, que comprende 19 ocupaciones. Esta clasificación se estableció tomando en
cuenta tanto el interés en algunos grupos ocupacionales (como profesores o comerciantes), como su
peso dentro de la muestra, con el fin de subdividir o agrupar según fuera el caso. La clasificación
utilizada alcanza hasta tres dígitos de especificación, vale decir hasta grupo menor en el caso de
mayor desagregación.
A partir de la clasificación detallada utilizada en la investigación, se puede hacer operativa la
clasificación propuesta por CEPAL en el Panorama Social de América Latina 2000. (Las
equivalencias pueden consultarse en el Anexo). La clasificación de CEPAL muestra que el orden de
las ocupaciones se encuentra asociada con el ingreso promedio de los grupos ocupacionales
(CEPAL, 2000). Lo anterior permite establecer si los desplazamientos considerados son
ascendentes, descendentes, o cambios dentro de ocupaciones equivalentes. La muestra utilizada en
Buenos Aires se desvía razonablemente de los datos de CEPAL para América Latina, ya sea por las
características de la muestra o por la fuerza de trabajo en Buenos Aires.

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Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires
Recuadro 2
CLASIFICACIÓN EQUIVALENTE DE GRUPOS OCUPACIONALES

ISCO-88 CEPAL 2000
120
Director/Gerente
200
Profesional nivel superior
230
Profesional nivel superior
523
Empleador microempresa
300
Técnicos
110
Técnicos
400
Empleado administrativo
410
Empleado administrativo
516
Empleado administrativo
500
Trabajador en comercio
700
Obrero, artesano, conductor
710
Obrero, artesano, conductor
800
Obrero, artesano, conductor
830
Obrero, artesano, conductor
900
Servicio personal y Comercio marginal
910
Servicio personal y Comercio marginal
920
Servicio personal y Comercio marginal
600
Trabajador agrícola
999
No clasificados

FONDECYT 1990818
Gerentes
Profesionales y Técnicos
Docentes
Comerciantes
Técnicos
Fuerzas armadas
Empleados administrativos
Empleados de oficina
Servicios públicos y vigilancia
Trabajadores comercio y servicios
Obreros especializados y artesanos
Obreros Construcción
Operarios en planta
Choferes, maquinistas y afines
Ocupaciones elementales
Comerciante ambulante
Servicio doméstico
Trabajadores agrícolas
NE

Fuentes: CEPAL, 2000; Encuesta FONDECYT 1990818

De acuerdo con el objetivo básico del estudio, el diseño muestral no pretende describir las
características de la población de las ciudades en estudio, sino estudiar los vínculos entre la
movilidad ocupacional y otras variables que la afectarían. Aunque los marcos muestrales
disponibles no permiten hacer un diseño probabilístico dentro de las restricciones planteadas, los
resultados obtenidos con el diseño muestral utilizado están dentro del margen de variación que
establecen los datos provenientes de encuestas de hogares, como puede apreciarse en el siguiente
recuadro.
Recuadro 3

COMPARACIÓN DE DATOS ESTRATIFICACIÓN OCUPACIONAL. CEPAL Y BUENOS AIRES

Grupo Ocupacional
I. Director/Gerente
II. Empleador microempresa
III. Profesional nivel superior
IV. Técnico
V. Empleado administrativo
VI. Trabajador comercio
VII. Obrero, artesano, conductor
VIII.Servicio personal y Comercio marginal
IX. Trabajador agrícola
No clasificado
Total

CEPAL
2%
4%
3%
6%
8%
14%
25%
29%
20%
0.0%
100%

Muestra
1.6%
9.3%
11.7%
4.9%
12.4%
12.2%
28.5%
17.6%
0.3%
1.6%
100.0%

Fuentes: CEPAL, 2000; Encuesta FONDECYT 1990818

Alta coincidencia en las principales categorías. Las diferencias que se advierten resultan
razonables al carácter moderno de Buenos Aires y dado que se trata de una muestra urbana. En
efecto, hay un mayor peso de los pequeños empleadores, profesionales de nivel superior y
empleados administrativos, mientras que se advierte menor peso de las ocupaciones marginales y el
trabajo agrícola. La distribución de la muestra es en efecto cercana a los rangos ocupacionales para
países con ingreso alto (CEPAL, 2000: gráfico II.2).
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N° 66

Anexo II. Modelización de los datos

En este anexo se pretende explicitar las operaciones de
modelización realizadas en particular para aquella/os investigadora/es
interesados en el trabajo con encuestas de movilidad social. Con todas
las reservas que merece la comparación entre encuestas que
corresponden parcialmente a la misma área geográfica, puede
realizarse una modelización de los datos disponibles en las cuatro
encuestas trabajadas en esta investigación: Germani (1963), Beccaria
(1978), Jorrat (1997) y la realizada por nosotros en el Conurbano
bonaerense (Fondecyt 1990818). Los procedimientos se explican a
continuación.
Desde que Hauser (1984) publicara su clásico trabajo sobre el
análisis de tablas de movilidad la modelización log-lineal se convirtió
en la técnica canónica para el análisis de tablas de movilidad,
desplazando a un lugar secundario la descripción basada en los
porcentajes de la tabla. Desde el momento que la independencia
estadística en la cual se basó el análisis inicial de las tablas de
movilidad es altamente improbable de encontrar empíricamente, se
propuso un análisis orientado más bien a identificar la estructura de la
tabla. El análisis log-lineal permite identificar zonas de densidad
homogénea en las cuales el origen ocupacional no influye sobre el
destino. La independencia estadística que se verifica al interior de la
zona refleja iguales oportunidades de movilidad para esas ocupaciones.
Las zonas bloqueadas deben considerarse representativas de barreras a
la movilidad. Este tipo de técnicas de análisis se ha incorporado sólo
recientemente en la literatura latinoamericana (Jorrat, 1997).

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Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas paradojas del caso de Buenos Aires

En este anexo se presenta el test del modelo propuesto que Jorrat (1997) denomina “modelo
de esquina acotada no-manual” y que corresponde a la especificación de tres zonas dentro de la
tabla, que se modelan por separado: la diagonal, las ocupaciones más calificadas y el resto de las
ocupaciones.
Recuadro 4

MODELO DE “ESQUINA ACOTADA NO MANUAL”

Ocupación padre
I. Profesional gerencial
II. Técnica administrativa
III. Especializada
IV. No calificada

Ocupación del hijo
I
II
III
1
2
3
2
1
3
3
3
1
3
3
3

IV
3
3
3
1

La zona 1 corresponde tanto a la diagonal como al ajuste del efecto de reproducción en la
posición de origen. La zona 2 refleja la movilidad entre las posiciones más calificadas, que operan
independiente del resto. La zona 3 corresponde a las oportunidades de movilidad abiertas en el resto
de las ocupaciones. La interpretación sustantiva del modelo es que las oportunidades de movilidad
operan sólo al interior de las ocupaciones más calificadas como circuitos independientes. En la
medida que son poco probables los descensos desde las ocupaciones más calificadas hacia las
menos calificadas, se puede afirmar que estas ocupaciones cuentan con una “barrera de protección
al descenso”. Este modelo puede interpretarse como la clausura de las posiciones más privilegiadas
en desmedro de la movilidad de los trabajadores menos calificados. No obstante, estos últimos
poseen aún algunas oportunidades de movilidad ascendente.
Recuadro 5

AJUSTE DEL MODELO DE “ESQUINA ACOTADA NO-MANUAL”: BUENOS AIRES 1960 - 2000
EFECTO DE CLAUSURA EN OCUPACIONES CALIFICADAS EN LA MOVILIDAD INTERGENERACIONAL
2

Gran Buenos Aires 1960
Area Metropolitana 1969
Capital Federal 1982
Conurbano 2000

L
23.05
33.85
0,6672
1,277

G.L.
3
3
3
3

P
0,000
0,000
0,881
0,735

Los datos anteriores a 1982 no se ajustan al modelo de “esquina no manual”, mientras que sí
lo hacen los posteriores a esos años (Germani, 1963; Beccaria, 1978; Jorrat, 1997). La hipótesis de
Jorrat (1997) respecto de la progresiva limitación de la movilidad de los trabajadores menos
calificados encuentra así sustento en los datos del Conurbano del año 2000. De acuerdo con Jorrat
(1997), esta situación comenzó a operar “en algún momento” de la década del setenta”, debido al
incremento de las oportunidades de trabajos calificados en servicios. Podemos señalar entonces que
el elevado desempleo de las últimas décadas, opera junto con una tendencia estructural de la
movilidad ocupacional que genera oportunidades dentro de las ocupaciones más calificadas.
Recuadro 6

MODELO DE POLARIZACIÓN OCUPACIONAL

Ocupación padre
I. Profesional gerencial
II. Técnica administrativa
III. Especializada
IV. No calificada

48

Ocupación del hijo
I
II
III
1
1
3
1
3
3
3
3
3
3
3
2

IV
3
3
2
2

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El modelo examinado cuenta una parte de la historia, porque los datos del Conurbano 2000,
pueden ajustarse también con un modelo que refleja la polarización de la estructura ocupacional
(L2 = 6.866, 3 g.l. P= 0,076). En este modelo se permite la movilidad en los extremos, pero se deja
libre la circulación en las categorías intermedias. La principal diferencia con el modelo anterior es
la presencia de la zona 2 que refleja el aislamiento de las posiciones menos calificadas, que circulan
entre la marginalidad y la ocupación obrera. Una segunda diferencia es la eliminación del efecto de
retención en las ocupaciones intermedias, las cuales se incorporan en la zona 3 donde están abiertas
las posibilidades de ascenso y descenso. La buena noticia es que los trabajadores especializados
pueden aspirar a que sus hijos asciendan en la escala ocupacional, aunque sin alcanzar las
posiciones más altas. La mala noticia es que los trabajadores de nivel técnico o administrativo
pueden ver a sus hijos descender en la escala ocupacional.

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CEPAL - SERIE Políticas sociales

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Serie

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Números publicados
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24
25
25
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¿Hacia dónde va el gasto público en educación? Logros y desafíos, 4 volúmenes:
Volumen I: Ernesto Cohen y otros, La búsqueda de la eficiencia (LC/L.1432-P), Número de venta S.00.II.106
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Volumen II: Sergio Martinic y otros, Reformas sectoriales y grupos de interés (LC/L.1432/Add.1-P), Número de
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Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) de Brasil (LC/L.1470/Add.1-P), Número de venta S.01.II.G.5 (US$10.00),
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Volumen III: El Programa de Restaurantes Escolares Comunitarios de Medellín, Colombia (LC/L.1470/Add.2-P),
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Agustín Escobar Latapí, Nuevos modelos económicos: ¿nuevos sistemas de movilidad social? (LC/L.1574-P), Número de
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Ibán de Rementería, Prevenir en drogas: paradigmas, conceptos y criterios de intervención (LC/L. 1596-P), Número de venta
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Carmen Artigas, El aporte de las Naciones Unidas a la globalización de la ética. Revisión de algunas oportunidades. (LC/L.
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John Durston, Capital social y políticas públicas en Chile. Investigaciones recientes. Volumen I, (LC/L. 1606-P), Número de
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Manuel Antonio Garretón, Cambios sociales, actores y acción colectiva en América Latina. (LC/L. 1608-P), Número de
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Irma Arriagada, Familias latinoamericanas. Diagnóstico y políticas públicas en los inicios del nuevo siglo.
(LC/L. 1652-P), Número de venta: S.01.II.G.189 (US$ 10.00), diciembre de 2001 www
John Durston y Francisca Miranda, Experiencias y metodología de la investigación participativa. (LC/L.1715-P), Número de
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Lena Lavinas y Francisco León, Emprego feminino no Brasil: mudanças institucionais e novas inserções no mercado
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Martín Hopenhayn, Prevenir en drogas: enfoques integrales y contextos culturales para alimentar buenas prácticas,
(LC/L.1789-P), Número de venta: S.02.II.G.103 (US$ 10.00), octubre de 2002. www
Fabián Repetto, Autoridad Social en Argentina. Aspectos político-institucionales que dificultan su construcción.
(LC/L.1853-P), Número de venta: S.03.II.G.21), febrero de 2003. www
Daniel Duhart y John Durston, Formación y pérdida de capital social comunitario mapuche. Cultura, clientelismo y
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64 Vilmar E. Farias, Reformas institucionales y coordinación gubernamental en la política de protección social de Brasil,
(LC/L.1869-P), Número de venta: S.03.II.G.38 marzo de 2003. www
65 Ernesto Araníbar Quiroga, Creación, desempeño y eliminación del Ministerio de Desarrollo Humano en Bolivia,
(LC/L.1894-P), Número de venta: S.03.II.G. 54, mayo de 2003. www
66 Gabriel Kessler y Vicente Espinoza, Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas
paradojas, (LC/L.1895-P), Número de venta: S.03.II.G.55, mayo de 2003. www

El lector interesado en números anteriores de esta serie puede solicitarlos dirigiendo su correspondencia a la División de Desarrollo
Social, CEPAL, Casilla 179–D, Santiago de Chile. No todos los títulos están disponibles.
Los títulos a la venta deben ser solicitados a Unidad de Distribución, CEPAL, Casilla 179–D, Santiago, Chile, Fax (562) 210 2069,
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