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<dcvalue element="contributor" qualifier="author" language="es_ES">Corden, W. Max</dcvalue>
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<dcvalue element="relation" qualifier="ispartof" language="es_ES">En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcvalue>
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COMISIÓN ECONÓMICA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
SERIE FINANCIAMIENTO DEL DESARROLLO

79
UN PERFIL DEL DÉFICIT DE VIVIENDA EN BOLIVIA, 1992
Raquel Szalachman R.

NACIONES UNIDAS
PROYECTO CEPAL/GOBIERNO DE HOLANDA
“POLÍTICAS FINANCIERAS PARA INCREMENTAR EL AHORRO
Y PROMOVER LA EQUIDAD”
UNIDAD DE FINANCIAMIENTO, D.C.I.T.F.
Santiago de Chile, mayo de 1999

LC/L.1200
Mayo 1999

Este documento fue elaborado por Raquel Szalachman, oficial de asuntos
económicos, con la colaboración de Nora Ruedi, consultora, ambas de la Unidad
de Financiamiento de la División de Comercio Internacional, Transporte y
Financiamiento de la CEPAL. El trabajo estadístico estuvo enteramente a cargo de
la Srta. Ruedi.
Este trabajo forma parte de las actividades del Proyecto Conjunto
CEPAL/Gobierno de Holanda “Políticas financieras para incrementar el ahorro y
promover la equidad”.
La autora agradece los valiosos comentarios de Luis Felipe Jiménez y
Günther Held. Sin embargo, las opiniones expresadas en este documento, que no
ha sido sometido a revisión editorial, son de exclusiva responsabilidad de la autora
y pueden no coincidir con las de la Organización.

2

INDICE

Página

RESUMEN ............................................................................................................................5
INTRODUCCIÓN ..................................................................................................................7
I.

INFORMACIÓN UTILIZADA Y CARACTERÍSTICAS DE LAS VIVIENDAS ...........11

II.

ESTIMACIONES DE DÉFICIT DE VIVIENDA.........................................................17
1. Déficit cuantitativo ..............................................................................................17
2. Déficit cualitativo.................................................................................................17

III.

IV.

CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DE LOS HOGARES Y
DÉFICIT DE VIVIENDA...........................................................................................25
1. Pobreza y déficit .................................................................................................25
2. Características del jefe del hogar y déficit..........................................................31
CONSIDERACIONES FINALES .............................................................................41

BIBLIOGRAFÍA ...................................................................................................................47
ANEXO ESTADÍSTICO.......................................................................................................49

3

RESUMEN

El diseño de una política de vivienda depende, entre otros factores, de estimaciones
confiables de la magnitud de la discrepancia entre la cantidad de viviendas existentes y la
totalidad de la población de una país (déficit cuantitativo) y de la medida en que las viviendas
existentes cumplen con ciertos estándares mínimos que permitan ofrecer una calidad de
vida adecuada a sus habitantes (déficit cualitativo).
Este documento utiliza información de las encuestas de hogares y es el segundo de
una serie de estudios relacionados con el tema en cinco países de la región: Bolivia, Brasil,
Colombia, Chile y Uruguay. Estos trabajos forman parte del Proyecto Conjunto
CEPAL/Gobierno de Holanda “Políticas financieras para incrementar el ahorro y promover la
equidad”, en torno al ahorro y el acceso a la vivienda de los estratos de menores ingresos en
la región.
El objetivo de este estudio es realizar estimaciones de los déficit de vivienda tanto
cuantitativos como cualitativos en Bolivia. Para ello se construyen indicadores en base a
conceptos nuevos y utilizando información que no se había ocupado para este propósito con
anterioridad.
Posteriormente, con el objeto de poder identificar el grupo de hogares en que se
concentran estos déficit, los indicadores se asocian con los niveles de pobreza de los
hogares, y otras características socioeconómicas del jefe de hogar, tales como género,
estructura de edad, educación, condición de actividad y categoría ocupacional.
Los resultados de estas asociaciones permiten arribar a conclusiones relacionadas
con los distintos tipos de déficit de vivienda y por ende a sugerencias en torno a la política
habitacional en Bolivia.

5

INTRODUCCIÓN

La vivienda juega un decisivo papel en la calidad de vida de las personas y conlleva, en la
mayoría de los casos, al acceso a servicios hoy considerados esenciales para alcanzar
niveles mínimos de bienestar. En adición a lo anterior, representa la principal inversión y el
patrimonio más importante de las familias de ingresos medio y bajo; en algunos casos
constituye incluso una fuente importante de ingresos. No obstante, gran parte de la región
muestra fuertes déficit habitacionales entre las familias de menores ingresos, lo que se
expresa tanto en la carencia absoluta de vivienda (déficit cuantitativo) como en la habitación
de viviendas de calidad muy deteriorada o que no ofrecen los servicios básicos (déficit
cualitativo).
Este documento forma parte de una serie de trabajos que utilizan un enfoque
distinto a los estudios tradicionales relativos a la carencia de vivienda y realizan un aporte al
tema al menos en dos direcciones. En primer lugar se basan en la información obtenida de
Encuestas de Hogares que se realiza desde hace algunos años en diversos países de
América Latina. Esta información no ha sido utilizada con anterioridad en ninguno de los
estudios relativos al tema, por lo que se entregan aquí antecedentes inéditos y, a pesar de
algunas limitaciones, son útiles en el análisis de la situación en materia de vivienda en los
países de la región. En segundo lugar, se utilizan indicadores construidos en base a
conceptos diferentes, que muestran facetas del problema habitacional que generalmente
han quedado encubiertas en el análisis tradicional.
Una de las limitaciones que presenta este estudio así como los otros de la serie, se
relaciona con la comparación de resultados entre países. Como se señaló, la información
utilizada para el análisis se basa en encuestas de hogares centradas principalmente en
ingresos y empleo, lo que implica que las preguntas no han sido elaboradas específicamente
para un estudio relativo a la problemática de vivienda. Por esta razón no existe uniformidad
en cuanto a la información referida a este tema. Tampoco existe uniformidad en la
cobertura; en algunos países la información es únicamente urbana, en tanto que en otros
cubre los sectores urbano y rural. Finalmente, dado que las preguntas referidas a vivienda
no se realizan todos los años, hay diferencias en cuanto a los períodos que se consideran en
cada país, si bien en todos los casos la información corresponde a la presente década.
En adición a lo anterior, existen diferencias relacionadas con características
nacionales que dificultan definir conceptos uniformes, válidos para todos los países. Así por
ejemplo, el tipo de materiales utilizado en la construcción de viviendas varía, dependiendo
de condiciones climáticas y de la abundancia o escasez de materiales en cada caso. A
modo de ilustración, los muros de ladrillo se utilizan en Colombia en la mayoría de las
viviendas, sean estas precarias o no, en tanto que en otros países sólo se ocupan en
construcciones de calidad superior. En consecuencia no es posible, por ejemplo, definir la
calidad de las viviendas utilizando los muros de ladrillo como criterio uniforme para todos los
países.
A pesar de estas dificultades, se construyen aquí indicadores que sin ser idénticos,
son al menos comparables, contribuyendo así a una mejor visión de la situación de vivienda
y permitiendo realizar comparaciones entre países en algunas áreas.

7

Algunos conceptos previos
Para determinar hasta qué punto las necesidades de vivienda de la población están
satisfechas, se requiere tomar en cuenta dos factores. En primer lugar se debe estimar en
qué medida la cantidad de viviendas existentes es suficiente para albergar a la totalidad de
la población de un país. En segundo lugar se requiere que las viviendas cumplan con ciertos
estándares mínimos con el objeto de ofrecer una calidad de vida adecuada a sus habitantes.
A continuación se discute el modo en que se ha recogido la incidencia de estos dos
aspectos sobre la situación de déficit de vivienda.
a) Déficit cuantitativo
La definición tradicional de “déficit cuantitativo” de vivienda se basa en la
comparación entre el número de hogares y el de viviendas permanentes. El monto en el cual
la primera de estas cifras supera la segunda es lo que en la mayoría de los textos se
designa como déficit cuantitativo. Sin dejar de reconocer la importancia de la anterior
definición, este trabajo sostiene que ésta es tan sólo una primera buena aproximación a esta
medida.
Al tomar en cuenta únicamente el número de viviendas, se deja de lado
consideraciones tales como los materiales utilizados en su construcción o su estado de
conservación. Si bien a simple vista pareciera ser que estas variables son de carácter más
bien cualitativo, tienen un trasfondo que trasciende este aspecto. Una vivienda cuyo techo es
de material tan precario que no impide la entrada de lluvias y temporales, no cumple con el
objetivo de proteger a sus moradores contra las inclemencias del tiempo, por lo que esta
situación debiera considerarse como parte del déficit cuantitativo.
Este trabajo utiliza un enfoque un tanto más amplio para la definición del déficit
cuantitativo. Para ello se parte tomando en consideración el tipo de materiales utilizado en la
construcción del techo, muros y suelo de las viviendas. Luego, realizando combinaciones
entre materiales sólidos y precarios se clasifican las viviendas, desde aquellas que utilizan
los materiales más sólidos hasta las que utilizan materiales totalmente precarios. En países
en que no existe información disponible respecto de estos tres elementos, se utiliza una
aproximación basada en los datos existentes. Por ello en algunos casos se toma en
consideración únicamente el techo y los muros, en tanto que en otras tan sólo los muros.
En base a estas combinaciones, se establecieron tres categorías de vivienda
recurriendo exclusivamente a materiales de construcción. La Categoría I es la más sólida y
de mejor calidad, por estar compuesta de los materiales más resistentes1. Esta Categoría no
presenta ningún tipo de déficit. En el otro extremo está la Categoría III, que comprende las
viviendas construidas con los materiales más precarios2. En este trabajo se considera
suficiente, para que la vivienda forme parte de la Categoría III, que alguno de los
componentes de la vivienda (techo, muro o piso) sea de material precario. Además, dado su
carácter perecedero, en la mayoría de los casos, las viviendas que pertenecen a esta
categoría forman parte del déficit cuantitativo, siguiendo la definición más amplia descrita
anteriormente. Entre ambas categorías se encuentra la II que agrupa a aquellas viviendas
compuestas por materiales de construcción sólidos pero de calidad inferior a los de la
Categoría I3 y claramente superiores a los de la Categoría III, o bien una combinación entre
materiales de excelente calidad (como los de la Categoría I) y otros no tan buenos. En esta
1

En general, esto corresponde a techos de teja o loza; paredes de ladrillo, adobe revocado, cemento y hormigón;
y con piso de madera pulida, mosaico o radier revestido.
2
En general, estas son viviendas con techo de paja, caña, palma, fonolita y materiales de desecho; los muros son
de caña, palma, barro, madera, troncos u otro material sin revestir; y los pisos son de tierra o algún material sin
revestir. En otras palabras hay una combinación de materiales muy precarios o de desecho.
3
Los techos aquí son de calamina o plancha; las paredes incluyen adobe sin revocar y madera y los pisos son de
cemento recubierto con materiales de baja calidad.

8

categoría existe en general una alta concentración de viviendas que presentan déficit
cualitativos, es decir, de calidad insuficiente.
En síntesis, se considera que el déficit cuantitativo incluye tanto los hogares que
comparten una vivienda, como aquellos que ocupan viviendas de un carácter muy precario.
Para el caso específico de Bolivia, como se explica más adelante, no se cuenta con
información respecto del número de hogares por vivienda permanente, por lo que la
definición amplia de déficit cuantitativo se basa en aquellas viviendas con piso de tierra y
otro material sin revestir.
b) Déficit cualitativo
Este concepto es en sí mismo de carácter cualitativo y está también muy ligado a
características propias de cada país. Al igual que en gran parte de estudios relativos al tema,
en este trabajo se ha asociado el déficit cualitativo a tres tipos de variables: la disponibilidad
de servicios, la calidad y el estado de la construcción de la vivienda, y el hacinamiento.
En cuanto a la disponibilidad de servicios, se considera en primer lugar el acceso a
servicios públicos tales como agua, luz y alcantarillado. Si bien hay algunas diferencias entre
los países en la definición de disponibilidad de cada uno de estos servicios, se ha
denominado “ALEX”4 al conjunto de estos y se considera que parte del déficit cualitativo en
cualquier país está formado por aquellas viviendas que no disponen de ALEX (de acuerdo
con la definición específica de cada país) en áreas urbanas5.
En segundo lugar, en aquellos casos en que existe información, se ha agregado la
disponibilidad de servicios, como baño y cocina dentro de la vivienda, como un indicador de
calidad de la vivienda, distinguiendo en lo posible entre servicios de “uso exclusivo” o
“compartido”. Por lo tanto, en la medida que la información lo permite, también en este caso
se emplea una definición de disponibilidad de servicios más amplia que la tradicional.
La calidad de la construcción, es la variable que resulta más difícil de definir en
forma uniforme para todos los países. En primer lugar, la información es muy asimétrica y
está sujeta a diferencias relacionadas con la disponibilidad de materiales o el estilo de
construcción de cada país. En segundo lugar, para determinar la calidad de una vivienda,
además de establecer el tipo de materiales utilizados en su construcción, también es
necesario poseer información respecto de su estado de conservación. Lamentablemente
esta información no siempre está disponible. En casi todos los países las deficiencias en
cuanto a calidad se encuentran en las viviendas de Categoría II. Sin embargo, dada la
enorme variedad de viviendas que agrupa esta categoría, no todas presentan problemas de
calidad.
El concepto de hacinamiento se refiere a una comparación entre el número de
cuartos y el de personas que habita una vivienda. Puede ser estimado considerando tanto el
“número de personas por dormitorio” como el “número de personas por habitación”. En
aquellos casos en que existe información al respecto, se ha utilizado este último concepto,
por ser relativamente menos ambiguo. Así, se consideran hogares hacinados aquellos en
que hay dos o más personas por habitación, excluyendo la cocina y el baño.
En la siguiente sección se realiza una descripción de la información utilizada y de las
características de la vivienda; en la segunda parte se describe la construcción de los
indicadores de calidad, se definen los déficit y se estiman en base a la información
relevante. Las definiciones de déficit cuantitativo y cualitativo, así como su caracterización,
4

La disponibilidad de ALEX que se refiere a Agua, Luz y Descarga de Excretas no es totalmente comparable entre
países. En algunos países “disponer de servicio de excretas” significa tener descarga instantánea, en otros en
tanto, significa disponer únicamente de una caseta sanitaria. Esta es una variable que está muy relacionada con el
nivel de desarrollo general del país.
5
En aquellos casos en que existe información disponible, este concepto se ha ampliado agregando el origen de la
distribución de agua (si proviene de dentro o fuera del hogar) y aclarando si los servicios higiénicos son o no
compartidos.

9

llevan a interrogantes respecto del tipo de familias y jefes de hogar que habitan estas
viviendas. Esta es la razón por la que en la tercera sección se identifican variables tales
como pobreza y tamaño del grupo familiar. Otras variables consideradas están relacionadas
con el jefe del hogar, tales como: género, condición de actividad, edad, educación, categoría
de ocupación, etc. Finalmente, la última parte se establecen algunas conclusiones.

10

I. INFORMACIÓN UTILIZADA Y CARACTERÍSTICAS DE LAS VIVIENDAS

La información utilizada en este estudio está basada en la Encuesta de Hogares del año
1992 disponible en el Banco de Datos de la División de Estadística y Proyecciones
Económicas de la CEPAL. Los datos son del sector urbano únicamente, más de un 40%
corresponde a La Paz (incluyendo El Alto), cerca de un 40% a Santa Cruz y Cochabamba, y
el resto a otras ciudades. El tamaño de la muestra es de 5.895 y representa a 627,133
hogares urbanos6.
Alrededor de un 46% de los hogares habita en casas, y otro tanto en cuartos, un 7%
habita en apartamentos y un 1% en chozas o viviendas improvisadas. En cuanto a la
tenencia, un poco más de la mitad de los hogares son propietarios de las viviendas,
alrededor de un 20% ocupan viviendas alquiladas o con contratos mixtos; un 21% viviendas
cedidas ya sea por servicios o por parentesco y el resto tiene contratos en anticrético7.
(cuadro 1).
Cerca de un 60% de los hogares habita en viviendas que tienen uno (35,7%) o dos
(23,5%) cuartos, un 17% en viviendas que tienen tres cuartos, y el resto en viviendas que
tienen tres o cuatro cuartos. Además, más de un 65% de las viviendas no cuentan con
dormitorios (37%), o tienen un sólo dormitorio (28,5%), cerca de un 20% tienen dos
dormitorios y el resto tienen entre 3 y 4 dormitorios (cuadro 2).
Para la calidad de las viviendas, la encuesta de hogares considera el material
predominante en los pisos, techo y paredes y define seis calidades para los primeros dos
elementos y siete para el material de las paredes. En este estudio, estas calidades han sido
agrupadas en tres tipos para cada uno de los componentes, con el objeto de facilitar el
análisis.
De esta forma, se considera de calidad superior los pisos de madera, mosaico,
baldosas o ladrillo; los de cemento como de calidad intermedia; y los de tierra y otros
materiales como de calidad más baja. En cuanto a los techos, en este estudio los de calidad
superior son los de tejas (cemento, arcilla, fibrocemento, etc.) o loza de hormigón armado;
los de calidad intermedia son de calamina o plancha; y los de calidad más baja son de paja,
caña, palma, madera, etc. Por último las paredes de mejor calidad son de adobe revocado,
ladrillo, cemento, hormigón o piedra; las de calidad intermedia de adobe sin revocar o
madera y las de baja calidad de caña, palma, troncos u otros materiales livianos.

6

La población total de Bolivia en 1992 era de cerca de 7 millones de habitantes.
Modalidad de arriendo que consiste en la entrega de cierto capital por parte del arrendatario a cambio de ocupar
la vivienda, sin un costo adicional, durante un período de tiempo establecido de común acuerdo con el propietario.
Una vez vencido el plazo, el arrendatario recibe de vuelta el capital entregado inicialmente. Los contratos de este
tipo generalmente se efectúan en dólares o en su equivalente en moneda nacional y en su mayoría son por un
año, con posibilidad de renovación.
7

11

CUADRO 1
BOLIVIA 1992 : TIPO, TENENCIA Y CATEGORIZACIÓN DE LAS VIVIENDAS URBANAS
(porcentajes del total de hogares)

Total

Categoría I

Categoría II

Categoría III

100
46.3
7.0
45.8
1.0

100
51.4
14.3
34.1
0.1

100
43.5
6.4
49.9
0.1

100
51.7
0.1
42.7
5.5

100
51.5
20.3
7.3
20.9

100
56.0
17.9
9.1
17.0

100
51.0
21.1
7.9
20.0

100
48.1
20.0
2.6
29.3

Total

Categoría I

Categoría II

Categoría III

100
100
100
100
100

19.4
21.5
39.7
14.4
2.8

65.1
61.2
60.0
71.1
10.0

15.5
17.3
0.3
14.5
87.2

100
100
100
100
100

19.4
21.1
17.0
24.1
15.8

65.1
64.5
67.7
70.4
62.5

15.5
14.5
15.3
5.4
21.7

I Tipo de vivienda
Todas las viviendas
Casa Independiente
Apartamento
Cuarto
Choza

II Tenencia de la vivienda
Todas las viviendas
Vivienda propia
Alquilada o mixta
En anticrético
Cedidas

I Tipo de vivienda
Todas las viviendas
Casa Independiente
Apartamento
Cuarto
Choza

II Tenencia de la vivienda
Todas las viviendas
Vivienda propia
Alquilada o mixta
En anticrético
Cedidas

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

12

CUADRO 2
BOLIVIA 1992: DISTRIBUCIÓN DE HOGARES URBANOS SEGÚN CATEGORIZACIÓN,
NÚMERO DE CUARTOS Y NÚMERO DE DORMITORIOS DE LA VIVIENDA a/
Total

Categoría I

Categoría II

Categoría III

Cuartos/Dormitorios

100

100

100

100

1 cuarto
2 cuartos/0dormitorios
2 cuartos/1dormitorio
3 cuartos/0dormitorios
3 cuartos/1dormitorio
3 cuartos/2dormitorios
4 cuartos/0dormitorios
4 ó +cuartos/1dormitorio
4 ó +cuartos/2dormitorios
4 ó +cuartos/3dormitorios
4 ó +cuartos/4dormitorios

35.7
0.9
22.6
0.2
4.2
12.7
0.0
1.7
7.1
10.5
4.5

24.1
0.3
18.4
0.1
4.0
13.5
0.0
1.7
10.0
17.3
10.5

32.8
1.0
24.3
0.2
4.4
13.6
0.0
2.0
7.5
10.4
3.7

62.0
1.4
21.0
0.0
3.1
8.0
0.2
0.4
1.6
2.1
0.1

Total

Categoría I

Categoría II

Categoría III

Cuartos/Dormitorios

100

19.4

65.1

15.5

1 cuarto
2 cuartos/0dormitorios
2 cuartos/1dormitorio
3 cuartos/0dormitorios
3 cuartos/1dormitorio
3 cuartos/2dormitorios
4 cuartos/0dormitorios
4 ó +cuartos/1dormitorio
4 ó +cuartos/2dormitorios
4 ó +cuartos/3dormitorios
4 ó +cuartos/4dormitorios

100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100

13.1
6.0
15.8
13.6
18.9
20.6
0.0
19.7
27.2
32.1
45.7

60.0
71.3
69.8
83.2
69.4
69.7
0.0
76.2
69.4
64.8
54.0

26.9
22.6
14.4
3.2
11.7
9.7
100.0
4.1
3.4
3.1
0.3

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.
a/ Se excluyen baño y cocina

Un poco más de 45% de los hogares ocupan viviendas que tienen piso de madera,
mosaico, baldosas o ladrillo; cerca de un 40% viviendas con piso de cemento y más de un
15% en viviendas cuyo piso es de tierra. En un 92% de las viviendas las paredes son de
adobe revocado, ladrillo, hormigón o cemento, en poco más de un 7% de adobe sin revocar
o madera y un 0,7% de caña, palma y otros. En tanto que un 62% de los hogares declaran
vivir en viviendas cuyo techo es de calamina, más de un 37% de plancha o tejas, y sólo un
0,4% de paja, caña, palma o madera.(cuadro 3).
13

En base a estas calidades, se han definido tres categorías, partiendo desde aquellas
viviendas que cuentan con los mejores materiales hasta las viviendas construidas con
materiales que son casi de desecho. Dada la dificultad para trabajar con los tres
componentes de la vivienda en forma simultánea, y considerando la importancia del piso
para analizar la calidad de una vivienda, se tomó como elemento determinante el material
predominante del piso. La Categoría I que representa el 19,4% del total, agrupa a los
hogares que habitan viviendas que en su totalidad tienen piso de madera, mosaico, baldosas
o ladrillo; techos de tejas o loza de hormigón armado y paredes de adobe revocado, ladrillo,
cemento, hormigón o piedra. La Categoría II (65,1%) agrupa a hogares que habitan
viviendas que en su mayoría tienen piso de cemento, paredes de adobe sin revocar o
madera, y techos de calamina, plancha o madera8. Por último la Categoría III (15,5%)
agrupa a todas las viviendas en que el piso es de tierra, independientemente de los
materiales utilizados en las paredes y/o el techo (cuadro 3).
Obsérvese que cerca de 2/3 de los hogares habitan en viviendas de Categoría II,
muchas de las cuáles, como veremos más adelante, presentan problemas en cuanto a la
calidad de su construcción. Además, en comparación con otros países, es menor la
proporción de hogares que habitan viviendas de Categoría I9. Potencialmente estas
características serían más pronunciadas si se incluyera el sector rural en el análisis. Todo lo
anterior guarda estrecha relación con un país de menor ingreso per capita en comparación
con el resto de la región10.

8

Como la Categoría II es un híbrido, un pequeño porcentaje de las viviendas aquí agrupadas pueden tener piso
de madera, mosaico, baldosas o ladrillo; o paredes de adobe revocado, ladrillo, cemento, hormigón o piedra, o
techos de tejas o loza y hormigón armado.
9
En Uruguay por ejemplo, esta proporción es de cerca de un 30%. CEPAL, 1999., Serie Financiamiento del
Desarrollo No 76.
10
Véase el Capítulo III.

14

CUADRO 3
BOLIVIA 1992: CATEGORIZACIÓN DE VIVIENDAS URBANAS SEGÚN MATERIALES UTILIZADOS EN TECHOS, PAREDES Y PISOS
(distribución de hogares como proporción del total)

Total
100

S-1
45.4

Pisos a/
S-2
39.3

S-3
15.3

P-1
92.0

Paredes b/
P-2
7.4

P-3
0.7

T-1
37.5

Techos c/
T-2
62.1

T-3
0.4

Categoría I
Categoría II
Categoría III

100
100
100

100
39.7
0.8

0
60.3
0.2

0
0
99.0

100
94.4
71.7

0
5.6
24.0

0
0
4.3

100
23.5
18.4

0
76.5
78.8

0
0
2.8

Total

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

Categoría I
Categoría II
Categoría III

19.4
65.1
15.5

42.7
57.1
0.3

0
99.9
0.1

0
0
100

21.1
66.9
12.1

0
49.6
50.4

0
0
100

51.7
40.8
7.6

0
80.3
19.7

0
0
100

Total

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.
a/ S-1: pisos de madera, mosaico, baldosas o ladrillos; S-2: pisos de cemento; y S-3: piso de tierra o material de desecho.
b/ P-1: paredes de adobe revocado, ladrillo, cemento, hormigón o piedra; P-2: paredes de adobe sin revocar o madera;
P-3 paredes de caña, palma, troncos.
c/ T-1: techos de tejas de cualquier tipo o de loza de hormigón armado; T-2: techos de calamina o plancha;
T-3 techos de paja, caña, palma o madera.

II.

ESTIMACIONES DE DÉFICIT DE VIVIENDA

A continuación se presentan estimaciones del déficit habitacional en Bolivia, tomando en
cuenta tanto sus aspectos cuantitativos como aquellos de carácter cualitativo. Una vez
realizadas estas estimaciones independientes, se ha procedido a calcular el aporte de cada
componente (cualitativo y cuantitativo) al déficit total, evitando las duplicaciones que se
presentan en aquellos casos en que una determinada vivienda exhibe carencias en ambos
sentidos.
1. Déficit cuantitativo
No es posible, en este caso, calcular el déficit cuantitativo siguiendo la definición
tradicional de comparación entre el número de hogares y el número de viviendas
establecidas, debido a que no existe información respecto del número de hogares que ocupa
cada vivienda11.
Para tener una idea aproximada de la magnitud de este déficit, se recurrió a datos
censales. Según el censo de 1992, Bolivia contaba con 1,736 miles de hogares y con 1,468
miles de viviendas permanentes; es decir, el déficit cuantitativo de viviendas era de un
15,4%. De acuerdo con proyecciones efectuadas a partir de esa misma información, el
déficit cuantitativo para 1995 habría llegado a más de 26%12.
Sin desmerecer la estimación tradicional del déficit, el presente estudio incorpora
una definición adicional. Independientemente del material preponderante del techo o de las
paredes, se considera que cualquier vivienda cuyo piso es de tierra (o algún otro material de
desecho), no ofrece las condiciones mínimas de habitabilidad para las personas que lo
ocupan. Las viviendas que pertenecen a la Categoría III en su mayoría (99%) tienen piso de
tierra. Por esta razón, este estudio considerará como déficit cuantitativo a todos aquellos
hogares que habitan viviendas de categoría III (15,5%)(cuadro 3). En consecuencia,
únicamente por este concepto, en Bolivia habría existido un déficit cuantitativo de viviendas
de al menos 97.000 unidades en 199213.
2. Déficit cualitativo
La definición clásica de déficit cualitativo engloba a aquellas viviendas que son de
calidad insatisfactoria en relación con ciertos criterios básicos. Tres variables se toman
habitualmente en cuenta para caracterizar este déficit: la disponibilidad de servicios públicos,
el estado material de la construcción y el hacinamiento. Las tres variables por sí solas o en
conjunto son determinantes claves de la calidad de vida de las personas y cuando presentan
insuficiencias convierten a quienes habitan este tipo de viviendas en demandantes
potenciales de vivienda.
11

Se intentó llegar a una definición alternativa basada en el número de yernos (o nueras) o de padres (o suegros),
sin embargo, considerando que en Bolivia es sumamente frecuente la existencia de familias extendidas en las que
además de la familia nuclear habitan la misma vivienda otros parientes como padres, suegros, cuñados, etc., se
ha descartado esta aproximación. De hecho, un promedio cercano al 9% de las personas encuestadas se
encuentran dentro de las categorías: yerno (o nuera), nieto (a), hermano (o cuñado), padres (o suegros) y “otros”
parientes del jefe de hogar.
12
CEPAL, 1996 “Situación de la vivienda en América Latina y el Caribe”.
13
Nótese que si a este cálculo adicionamos la información censal, el déficit cuantitativo para 1992 sería cercano al
30%. Sin embargo, lo más probable es que la cifra estaría comprendida entre 15,4% y 29,9% puesto que cierto
porcentaje de los hogares estarían incluidos en ambas definiciones.

17

Lamentablemente no es posible, en este estudio, realizar una estimación de las
viviendas cuyo estado de construcción no es el óptimo. En cambio, sí se dispone
información respecto de la disponibilidad de baño y cocina. Por lo tanto, se considera que es
condición suficiente para la existencia de un déficit cualitativo la deficiencia en alguna de las
variables señaladas. A modo de ejemplo, se supondrá que presenta déficit cualitativo toda
vivienda que no dispone de baño y cocina, aún cuando disponga de los otros servicios y no
existan problemas de hacinamiento.
a) Estimación de insuficiencia de servicios
Tal como se explicó en la introducción, se denominará ALEX a un indicador de la
disponibilidad conjunta de servicios públicos (agua, luz y alcantarillado). En este caso se
considera que la vivienda dispone de agua siempre que esta provenga de una red pública o
privada que puede estar dentro de la vivienda, o fuera de la misma, pero dentro del edificio,
o de una pileta que se encuentre fuera del edificio. La disponibilidad de luz está asociada a
la conexión eléctrica pública. La disponibilidad de alcantarillado se define como la
disponibilidad de servicio higiénico que, para Bolivia, se define como: inodoro, WC, letrina o
excusado.
Siguiendo estas definiciones, un 63.8% del total de hogares cuenta con ALEX, en el
entendido que cuentan con los tres servicios básicos (de acuerdo con la definición anterior)
en forma simultánea. Del total de hogares, un 89% dispone de agua (si bien sólo para un
35,6% la cañería se encuentra dentro de la vivienda), un 93,6% cuenta con electricidad y un
70,6% cuenta con servicios higiénicos (aunque sólo para un 40,3% este es de uso exclusivo)
(cuadro 4).
Lo anterior implica que un 36,2% del total de hogares no cuentan con ALEX, en el
entendido que no tienen simultáneamente acceso a los tres servicios básicos. De estos
cerca de un 93% habita en viviendas de categoría II y III, y sólo 7% ocupa viviendas de
categoría I (cuadro 4).
Del total de hogares, 11% no dispone de agua. Es decir, el agua que utilizan
proviene de fuentes distintas a una red pública o privada, tales como: carro repartidor, pozo
o noria o alguna fuente natural tal como río, lago, vertiente o acequia. Un 6,4% del total de
hogares carece de luz eléctrica y un 29,4% no cuenta con servicio higiénico. Es decir, de
todos los servicios públicos la conexión a la energía eléctrica es la menos deficitaria y la
instalación de alcantarillado es la que presenta un déficit mayor, además, un 30,2%14 del
total de hogares comparten este servicio (cuadro 4).
Tomando las categorías individualmente, más de un 76% de los hogares que habita
viviendas de categoría III, 33% de los que ocupan viviendas de categoría II y un poco más
de 14% de los que ocupan viviendas de categoría I, no cuentan con ALEX15.

14

Y cerca de la mitad de los hogares que habitan viviendas de categoría III y que disponen de servicios higiénicos.
En relación con el resto de los países de la región Bolivia figuraba, junto con Honduras, Paraguay y Perú, entre
los países más deficitarios en términos de disponibilidad de servicios. CEPAL, 1998, Anuario Estadístico.

15

18

CUADRO 4
BOLIVIA 1992: HOGARES URBANOS CON Y SIN SERVICIOS PÚBLICOS Y CATEGORIZACIÓN DE VIVIENDAS
(porcentajes respecto del total en cada categoría)

Total

SI ALEX

NO ALEX

SI AGUA
total

TOTAL
Categoría I
Categoría II
Categoría III

dentro a/

SI EXC c/
fuera b/

total

privado

SI LUZ

NO AGUA

NO EXC

d/

compartid

e/

NO LUZ

100

63.8

36.2

89.0

35.6

53.4

70.6

40.3

30.2

93.6

11.0

29.4

6.4

100

85.7

14.3

94.0

52.9

41.1

91.5

64.3

27.2

97.3

6.0

8.5

2.7

100

66.9

33.1

89.8

35.6

54.2

72.7

38.5

34.3

96.3

10.2

27.3

3.7

100

23.8

76.2

79.7

14.3

65.4

35.3

18.3

17.0

77.6

20.3

64.7

22.4

(porcentajes según disponibilidad de servicios)
Total

SI ALEX

NO ALEX

SI AGUA
total

TOTAL
Categoría I
Categoría II
Categoría III

dentro a/

SI EXC c/
fuera b/

total

privado

SI LUZ

NO AGUA

NO EXC

d/

compartid

e/

NO LUZ

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

19.4

26.0

7.7

20.5

28.8

14.9

25.1

30.9

17.4

20.1

10.5

5.6

100
8.1

65.1

68.2

59.7

65.7

65.0

66.1

67.1

62.1

73.8

67.0

60.7

60.4

37.5

15.5

5.8

32.7

13.9

6.2

19.0

7.8

7.0

8.7

12.8

28.8

34.0

54.5

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.
a/ Agua de red pública o privada dentro de la vivienda
b/ Agua de red, fuera de la vivienda pero dentro del edificio, o agua proveniente de una pileta fuera del edificio
c/ Disponibilidad de servicio higiénico
d/ Agua proveniente de otras fuentes como carro repartidor, pozo, noria o fuentes naturales (río, lago, vertiente o acequia)
e/ No cuenta con inodoro, WC, letrina o excusado

19

Excluyendo los hogares que presentan algún déficit cuantitativo16, para evitar
duplicaciones, un 24,4% de los hogares en Bolivia habita viviendas que son de calidad
insatisfactoria en el sentido que no cuentan con servicios básicos como agua, luz y
alcantarillado en forma simultánea17. Esta es entonces una estimación del primer
componente del déficit cualitativo.
Además de la disponibilidad de servicios públicos básicos, la encuesta de hogares
de Bolivia contiene información respecto de la disponibilidad de baño y cocina18 dentro de la
vivienda. Un 51,7% del total de hogares ocupan viviendas que disponen de ambos servicios
en forma simultánea; 18,9% disponen únicamente de servicio higiénico y 16% únicamente
de cocina. La categoría III es la más deficitaria (sólo 15,7% de las viviendas de esta
categoría disponen simultáneamente de baño y cocina) y la I es la menos deficitaria (un
71,4% de las viviendas de esa categoría disponen de baño y cocina (cuadro 5).
Excluyendo a las viviendas de categoría III 19, una estimación del segundo
componente del déficit cualitativo arroja un 35,3% 20 (Anexo Estadístico, cuadro 1).
CUADRO 5
BOLIVIA 1992: DISPONIBILIDAD DE BAÑO Y COCINA EN VIVIENDAS URBANAS
Total

Tiene baño
y cocina

Sólo
baño

Sólo
cocina

No tiene baño
ni cocina

Total hogares

100

51.7

18.9

16.0

13.4

Categoría I
Categoría II
Categoría III

100
100
100

71.4
54.4
15.7

20.1
18.4
19.6

4.0
16.9
27.3

4.5
10.4
37.4

Total

Tiene baño
y cocina

Sólo
baño

Sólo
cocina

No tiene baño
ni cocina

Total hogares

100

100

100

100

100

Categoría I
Categoría II
Categoría III

19.4
65.1
15.5

26.8
68.5
4.7

20.6
63.3
16.1

4.9
68.7
26.4

6.5
50.5
43.1

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

16

Es decir los que ocupan viviendas de categoría III (Anexo Estadístico, cuadro I).
Esto corresponde a un 2,8% de viviendas de categoría I; y 21,6% de viviendas de categoría II (Anexo
estadístico, Cuadro 1).
18
En el entendido que existe un cuarto especial para cocina.
19
Por ser las que tienen déficit cuantitativo.
20
Esto corresponde a: 5,5% de categoría I y 29,7% de categoría II (Anexo Estadístico, cuadro 1).
17

20

b) Estimación del grado de hacinamiento
El hacinamiento se define relacionando dos variables: el número de habitaciones
(cuartos o dormitorios) y el número de personas que las ocupan. En este estudio se
considera que viven en condiciones de hacinamiento los hogares donde hay más de dos
personas por cuarto. Un 41,2% del total de hogares vive en estas condiciones. Tomando las
categorías individualmente, cerca de un 70% de los hogares que habitan viviendas de
categoría III, un 38,3% de los que habitan viviendas de categoría II y 28,3% de los que
habitan viviendas de categoría I, viven en condiciones de hacinamiento)(cuadro 6).
La tercera medición cualitativa señala que, excluidos los hogares que presentan
algún déficit cuantitativo, en un 30,5%21 de los hogares sus ocupantes vivían en condiciones
de hacinamiento en 1992 (nótese que más de un 80% corresponde a hogares que ocupan
viviendas de categoría II).
c) Estimación de insuficiencia de calidad
Lamentablemente la encuesta de hogares para el caso de Bolivia no cuenta con
información relativa al estado de conservación de la construcción, en el sentido de señalar si
la vivienda es o no precaria y si requiere de algún tipo de reparación. Por esta razón, no es
posible efectuar estimaciones precisas en cuanto a la insuficiencia de calidad de las
viviendas. Sin embargo, la información relativa al material predominante de los pisos, techo
o muros permite arribar a algunas conclusiones.
CUADRO 6
BOLIVIA 1992: DÉFICIT POR HACINAMIENTO EN VIVIENDAS URBANAS
Número de personas por cuarto
Total

Menos de 1

de 1 a 2

Más de 2

Total hogares

100

27.7

31.0

41.2

Categoría I

100

42.7

29.0

28.3

Categoría II

100

27.3

34.4

38.3

Categoría III

100

10.7

19.6

69.7

Número de personas por cuarto
Menos de 1
de 1 a 2
100
100

Más de 2
100

Total hogares
Categoría I
Categoría II
Categoría III

Total
100
19.4
65.1
15.5

29.9
64.2
6.0

18.1
72.1
9.8

13.3
60.5
26.2

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

21

Esto es: 5,5% de categoría I y 25% de categoría II (Anexo Estadístico, cuadro 1).

21

Para las viviendas de categoría I, el material preponderante ocupado en la
construcción de techos, muros y pisos es el más sólido, por lo tanto no pueden ser
calificadas como deficitarias en cuanto a la calidad de su construcción22. Las viviendas de la
categoría III, tienen piso de tierra 23 y por definición forman parte del déficit cuantitativo, que
como se señaló anteriormente, se excluye de la definición de déficit cualitativo con el objeto
de evitar duplicaciones.
La categoría II en tanto, agrupa viviendas que no se encuentran en ninguno de los
dos extremos. Ninguna de las viviendas ocupa materiales de la calidad más baja, y hay
combinaciones de materiales buenos e intermedios entre pisos, techos y muros. Así por
ejemplo, del total de viviendas de esta categoría, un 60,3% y un 76,5% tienen materiales de
calidad intermedia en pisos y techos respectivamente, sin embargo, cerca de un 95% tiene
materiales de calidad superior en los muros (cuadro 3).
Como existen diversas combinaciones de calidad para los elementos que componen
la vivienda, no es posible referirse a una calidad intermedia global. Así por ejemplo, de la
totalidad de las viviendas de la categoría II que tienen techos de calidad intermedia
(calamina o plancha), cerca de la mitad también tienen pisos de calidad intermedia
(cemento), pero sólo un 5% tiene muros de calidad intermedia (adobe sin revocar o
madera)24. Por otro lado, de la totalidad de las viviendas de esta categoría con techos de
calidad superior, un 95% tienen pisos de calidad intermedia y 7,6% muros de calidad
intermedia.
Lo anterior señala la dificultad de estimar en términos numéricos el déficit cualitativo
basado en el material predominante de los pisos, techos, y muros. Sólo es posible concluir
que cierta proporción de las viviendas de categoría II adolecen de problemas de calidad, en
el sentido que los materiales preponderantes ocupados en la construcción de suelos, techo
o muros no son los óptimos.
d) Estimación de déficit cualitativo total
Excluyendo los hogares que entran en la definición de déficit cuantitativo, las
anteriores estimaciones del déficit cualitativo señalan que de los hogares en Bolivia que
habitan viviendas que exhiben serios problemas de calidad, un 24,4% lo hacen en viviendas
que no cuentan con ALEX, en el entendido que no cuenta simultáneamente con los tres
servicios básicos, un 35,3% en viviendas que no disponen de servicios tales como baño y/o
cocina dentro de la vivienda, y un 30,5% viven en condiciones de hacinamiento. Esto sin
considerar que existe otro porcentaje de hogares que habitan viviendas cuyos elementos no
cumplen con los requisitos mínimos de calidad ya sea porque los materiales de construcción
utilizados no son los indicados para una buena aislación, o porque ya se encuentran muy
deteriorados25.
La acumulación de déficit cualitativos permite calificarlos en términos de “grados”.
En el supuesto que los hogares que habitan viviendas que adolecen de dos o tres déficit
cualitativos enfrentan un problema más serio que las que ocupan viviendas que presentan
sólo uno de estos.

22

En estricto rigor, aún disponiendo de los mejores materiales de construcción, es posible que el piso, muros o
suelo de estas viviendas se encuentren en un estado tal de deterioro que se traduzca en una muy mala calidad de
las viviendas. Como lamentablemente no se dispone de información al respecto, no es posible una definición más
exacta en cuanto a calidad.
23
Aunque en su mayoría tienen techos y muros de calidad intermedia o superior.
24
Es decir, un 95% tienen muros de calidad superior, de acuerdo con la definición dada en este estudio.
25
Excluyendo el tema de los materiales de construcción, el déficit cualitativo total no sería de 82,3% que
correspondería a la suma de los tres déficit. Esto supondría la ausencia total de sobreposición o solapamiento
entre los tres indicadores de déficit. A modo de ejemplo, esto implicaría que ninguna de las viviendas que carecen
de ALEX presenta además problemas de hacinamiento o de falta de baño y cocina.

22

Así, excluyendo el déficit cuantitativo, del total de hogares que habita viviendas que
carecen de ALEX (24,4%) un 1,9%26 presentan déficit cualitativo únicamente por esta razón,
ya que disponen de baño y cocina y no tienen problemas de hacinamiento. De igual forma,
del total de hogares que habitan viviendas que no disponen de baño y/o cocina (35,3%), un
6,9%27 sólo presenta éste déficit cualitativo ya que cuentan con ALEX y no presentan
problemas de hacinamiento. Finalmente del total de hogares que viven en condiciones de
hacinamiento (30,5%), un 10,4%28 presenta únicamente este problema puesto que cuentan
con ALEX y con baño y cocina. En consecuencia, un 19,2% del total de hogares presenta
alguno (y sólo uno) de los déficit cualitativos de vivienda que se han considerado en este
estudio (cuadro 7).
En contraposición a lo anterior, un 11,9% del total de hogares habitan viviendas que
presentan los tres déficit cualitativos en forma simultánea (no cuentan con ALEX, no
disponen de baño y/o cocina, y sus moradores viven en condiciones de hacinamiento)
(cuadro 7).

CUADRO 7
BOLIVIA 1992: DISTRIBUCIÓN DE HOGARES URBANOS SEGÚN
DIFERENTES TIPOS DE DÉFICIT
Déficit de Vivienda
Total hogares urbanos
Sin déficit
Déficit cualitativos
sólo 1 déficit
1. sólo no alex
2. sólo no baño y cocina
3. sólo hacinamiento
dos déficit
4. no alex y no baño y cocina
5. no alex y hacinamiento
6. no baño y cocina y hacinamiento
tres déficit
7. no alex, no baño y cocina y hacinamiento
Déficit cuantitativo total

Número de hogares

627133
224665
305344
120481
11620
43381
65480
110197
59387
7061
43749
74666
74666
97124

Porcentaje
100
35.8
48.7
19.2
1.9
6.9
10.4
17.6
9.5
1.1
7.0
11.9
11.9
15.5

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares

Entre estos extremos están los hogares que habitan viviendas que presentan dos
déficit cualitativos en forma simultánea (que en total son 17,6%). Aquí se incluyen las
viviendas que no disponen de ALEX y además no disponen de baño y cocina (9,5%); los que
26

Este porcentaje corresponde a hogares que habitan viviendas que están en las categorías I (0,41%) y II (1,45%);
que disponen de baño y cocina; que no presentan problemas de hacinamiento; y que no cuentan con ALEX (Anexo
Estadístico, cuadro 1).
27
Esto es viviendas de categoría I (1,62%) y de categoría II (5,3%) que disponen de ALEX, no presentan
problemas de hacinamiento, pero no disponen de baño y/o cocina (Anexo Estadístico, cuadro 1).
28
Esto es: viviendas de categoría I (2,08) y de categoría II (8,36) que disponen de ALEX y de baño y cocina, pero
presentan problemas de hacinamiento (Anexo Estadístico, cuadro 1).

23

no disponen de ALEX y además viven en condiciones de hacinamiento (1,1%); y finalmente
los que no disponen de baño y cocina y además viven en condiciones de hacinamiento (7%)
(cuadro 7).
Por lo tanto, como se observa en el gráfico a continuación, sólo un 15,5% del total
de hogares no tienen problemas deficitarios en cuanto a viviendas se refiere, en tanto que
un 35,8% presenta déficit cuantitativo y un 48,7% ocupa viviendas que presentan uno o más
déficit cualitativos.
GRÁFICO 1
DISTRIBUCIÓN DEL TOTAL DE HOGARES URBANOS SEGÚN
SITUACIÓN DEFICITARIA
15.5%

48.7%
35.8%
Sin Déficit

Déficit cuantitativo

Déficit cualitativo

FUENTE: Cuadro 7

De acuerdo con la información utilizada en este estudio, y sin considerar el déficit en
cuanto a calidad de la construcción, de éste 48,7%, un 19,2% habitaría viviendas con un
sólo déficit; 17,6% viviendas con dos déficit simultáneos; y 11,9% viviendas con tres déficit
cualitativos. Nótese que la falta de servicios públicos (ALEX) generalmente va asociada a
otros déficit cualitativos. Así del total de viviendas que no cuentan con ALEX, más un 92%
presenta además otras carencias (cuadro 7). Llama la atención que del total de hogares que
habitan viviendas de categoría I, y que se suponen de buena calidad en cuanto a los
materiales ocupados en su construcción, un 7% presenten simultáneamente los tres déficit
cualitativos, y cerca de un 3,8% simultáneamente no disponen de ALEX y de baño y/o
cocina. Para las viviendas de categoría II, estas proporciones son de 16,2% y 13,4%
respectivamente (Anexo Estadístico, cuadro 1).
GRÁFICO 2
DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES URBANOS DEFICITARIOS SEGÚN
DÉFICIT CUALITATIVO
36.1%

39.4%
24.4%
1 Déficit

2 Déficits

FUENTE: Cuadro 7

24

3 Déficits

III. CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DE LOS HOGARES Y
DÉFICIT DE VIVIENDA
Una vez cuantificados los déficit habitacionales, es importante identificar en que grupo de
hogares se concentran mayormente, con el objeto de poder focalizar hacia estos sectores
las políticas de vivienda. En lo que sigue en primer lugar se indaga en relación a la
asociación existente entre déficit de vivienda y pobreza y, dado que la encuesta de hogares
también contiene información relativa principalmente a los jefes de hogar, se intenta
determinar la posible relación entre esas características socioeconómicas y los déficit
habitacionales.
1.

Pobreza y déficit

Los hogares de la muestra se han dividido en tres categorías: no pobres, pobres no
indigentes e indigentes, de acuerdo con la clasificación utilizada por CEPAL29 30.
De acuerdo con las definiciones anteriores, en 1992 un 54,7% de los hogares
urbanos calificaba como “No Pobre”, un 27,8% como “Pobres no indigentes” y un 17,5%
como “Indigentes”. El gráfico a continuación muestra la distribución de la totalidad de los
hogares urbanos en Bolivia en relación a la línea de pobreza.
GRÁFICO 3

Bolivia: Distribución de los hogares urbanos en relación
a la línea de pobreza, 1992

54,7%

27,8%

17,5%
Indigentes

Pobres no indigentes

No pobres

Fuente: Cuadro 8
29

La línea de indigencia se ha definido en base al costo de una canasta de alimentos cuya composición cubre las
necesidades nutricionales mínimas por persona, y considera los hábitos de consumo predominantes, la
disponibilidad efectiva de alimentos y los precios de los mismos para cada país. Para estimar la línea de pobreza,
al valor de esa canasta se adiciona una estimación de los recursos requeridos por los hogares para satisfacer el
conjunto de otras necesidades básicas no alimentarias. Para el caso de Bolivia se consideró únicamente la zona
urbana.
30
“Magnitud de la pobreza en América Latina en los años ochenta”, en Estudios e Informes de la CEPAL 81,
Santiago de Chile 1991.

25

Para 1994, según estimaciones de CEPAL (1998), un 34% de los hogares de las
regiones urbanas de América Latina se hallaba en situación de pobreza. La correspondiente
cifra para los hogares en situación de indigencia es de 12%31. En comparación con el resto
de la región, entonces, en Bolivia tenía casi un 20% más de hogares indigentes y un 20%
menos de hogares pobres 32.
Los no pobres perciben un 51% por encima del ingreso total promedio del hogar, en
tanto que los “pobres no indigentes” y los “indigentes” perciben un 56% y un 77%,
respectivamente, menos que el ingreso total promedio (cuadro 8). Estas relaciones quedan
más claras en el gráfico a continuación.

GRÁFICO 4
POBREZA E ÍNDICE RELATIVO DEL INGRESO DISPONIBLE
PROMEDIO DEL HOGAR
(promedio total = 100)

151

160
140
120
100
80

44

60
40

23

20
0
Indigentes

Pobres no
indigentes

No pobres

FUENTE: Cuadro 8

Considerando el régimen de ocupación (tenencia) de la vivienda, se aprecian
importantes contrastes entre aquellos hogares en situación de pobreza vis a vis el resto. En
efecto, como se desprende del cuadro 9, un 59% de las viviendas propias y un 68% de las
viviendas en anticrético, son ocupadas por hogares no pobres, en tanto que los hogares
“indigentes” y “pobres no indigentes” ocupan más de la mitad de las viviendas cedidas, ya
sea por servicios o por parentesco. Estas relaciones se observan en el gráfico 5 33.
En consecuencia, entre los grupos de menores ingresos es mayor la proporción de
aquellos que arriendan u ocupan la vivienda por servicios o parentesco, lo que es un indicio
de la magnitud del déficit cuantitativo en estos grupos poblacionales. Ambas situaciones
hacen más vulnerable el bienestar de estos grupos ante variaciones en el valor real de los
arriendos y de los ingresos, los que en etapas de ajuste macroeconómico, por lo general,
exhiben cambios en detrimento de la capacidad de pago de estos grupos.
31

Para 1990 las cifras son de 36% para la línea de pobreza y de 13% para la línea de indigencia.
CEPAL, 1998, Panorama Social de América Latina, Edición 1997.
El índice fue calculado ponderando las proporciones de cada tipo de tenencia para cada estrato, por la
importancia del respectivo estrato dentro del total de la población.

32
33

26

CUADRO 8
BOLIVIA 1992: DIS T RIBUCIÓN DE HOGARES URBANOS E INGRES O T OT AL DIS PONIBLE PROMEDIO DEL HOGAR
(según categorización de la vivienda, pobreza y género del jef e del hogar)

Distribución de hogares
Total
Total

Hombres

100
100
100
100

18
9
17
29

Pobres no

No

indigentes

Total
Categoría I
Categoría II
Categoría III

Indigentes

pobres

28
17
29
35

55
73
54
36

Total

Indigentes

Mujeres

23
13
24
32

46
61
45
31

18
19
18
13

4
2
4
5

Pobres no

No

Total

Indigentes

indigentes

Indigentes

pobres

pobres

46
49
46
47

159
231
136
123

14
7
13
24

Total

No

indigentes

82
81
82
87

Pobres no

Total

Indigentes

Pobres no

No

indigentes

pobres

5
5
6
4

9
13
9
4

Indice relativo del ingreso disponible promedio del hogar
(promedio total = 100)
Total
Total

Hombres

100.0
171.0
87.0
66.0

23.0
26.0
22.0
23.0

Pobres no

No

indigentes

Total
Categoría I
Categoría II
Categoría III

Indigentes

pobres

44.0
43.0
44.0
46.0

151
216
129
117

107
186
93
69

25
27
25
25

Mujeres

68
107
61
43

15
19
14
17

Pobres no

No

indigentes

pobres

34
29
34
35

108
145
96
76

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

27

GRÁFICO 5
TENENCIA DE LA VIVIENDA Y ESTRATOS SOCIOECONÓMICOS
(índice basado en la ponderación de cada grupo)
1.4
1.2
1
0.8
0.6
0.4
0.2
0
Propia

Alquilada

Indigentes

Anticrético

Cedida por
servicios

Pobres no indigentes

Cedida por
parentesco

No pobres

FUENTE: Elaborado sobre la base de información contenida en el cuadro 9

Ahora bien, dentro de estos grupos es particularmente preocupante el
aproximadamente 6% de hogares que ocupa viviendas cedidas por servicios, ya que la
posibilidad de ocupar estas viviendas esta estrechamente vinculada a la ocupación laboral
de las personas. Una vez que el jefe de hogar deja de trabajar en el respectivo empleo, la
familia debe además abandonar la vivienda en circunstancias en que probablemente no
cuenta con ingresos suficientes para alquilar otra vivienda (cuadro 9).
Respecto del tipo de vivienda, los hogares “no pobres” habitan en su mayoría en
casas o apartamentos (57,2%), en tanto que más de la mitad de los hogares “indigentes”
(50,7%) y “pobres no indigentes” (52%) ocupan cuartos o chozas34.
La proporción de hogares “indigentes” y “pobres no indigentes” que ocupan
viviendas de categoría III, es muy superior que la de los hogares “no pobres”. Así un 25,7%
de los hogares “indigentes” y un 19,7% de los hogares “pobres no indigentes” ocupan
viviendas de categoría III, en comparación con un 10% de los hogares “no pobres” (cuadro
9). Por lo tanto, además del régimen de tenencia de las viviendas, el indicador de déficit
cuantitativo basado en viviendas cuyo piso es de tierra, apunta a un déficit
proporcionalmente mucho mayor para los hogares “indigentes” y “pobres no indigentes”35.

34

Llama la atención el que un 62,4% de las chozas (o viviendas improvisadas) sean ocupadas por hogares “no
pobres”, sin embargo este tipo de viviendas representa sólo el 1% del total.
35
De hecho, un 64,5% de las viviendas de categoría III son habitadas por familias “indigentes” o “pobres no
indigentes”, en tanto que la proporción de hogares “no pobres” es muy superior dentro de las categorías de
vivienda I y II.

28

CUADRO 9
BOLIVIA 1992: CARACTERÍSTICAS DE LOS HOGARES URBANOS SEGÚN ESTRATO SOCIOECONÓMICO
Total Indigentes Pobres No pobres
no indigentes
Total hogares
I.Tenencia
Propia
Alquilada o contrato mixto
En anticrético
Cedida por servicios
Cedida por parentesco
II. Tipo de vivienda
Casa o departamento
Cuarto
Choza y otros
III. Categorización
Categoría I
Categoría II
Categoría III
IV. Servicios públicos
Disponen de ALEX
No disponen de ALEX
V. Servicio sanitario
Privado
Compartido
No tiene
VI. Conexión agua de red
Agua de red dentro a/
Agua de red fuera b/
Otras fuentes c/
VII. Baño y cocina
Disponen de ambos
Sin baño y/o cocina
VIII. Hacinamiento
Hasta 1 persona p/cuarto
De 1 a 2 personas p/cuarto
2 o más personas p/cuarto

Total Indigentes Pobres No pobres
no indigentes

100

17.5

27.8

54.7

100

100

100

100

100
100
100
100
100

16.5
18.2
13.5
20.0
21.2

24.7
32.1
18.5
33.1
34.8

58.8
49.7
68.0
46.9
44.0

51.5
20.3
7.3
5.1
15.8

48.4
21.1
5.6
5.8
19.1

45.9
23.4
4.9
6.1
19.8

55.4
18.4
9.1
4.4
12.7

100
100
100

16.2
19.1
14.6

25.0
31.1
23.0

58.8
49.8
62.4

53.3
45.8
1.0

49.3
49.9
0.8

48.0
51.2
0.8

57.2
41.6
1.1

100
100
100

9.5
17.2
29.1

17.1
29.1
35.4

73.4
53.7
35.5

19.4
65.1
15.5

10.5
63.8
25.7

11.9
68.4
19.7

26.0
63.9
10.1

100
100

11.9
27.5

23.4
35.5

64.7
37.0

63.8
36.2

43.4
56.6

53.8
46.2

75.5
24.5

100
100
100

9.4
16.1
30.1

20.5
28.1
37.5

70.1
55.8
32.4

40.3
30.2
29.4

21.7
27.8
50.5

29.8
30.6
39.7

51.7
30.9
17.5

100
100
100

11.5
20.2
24.0

21.5
31.4
30.5

66.9
48.4
45.6

35.6
53.4
11.0

23.4
61.6
15.0

27.6
60.4
12.0

43.6
47.2
9.1

100
100

11.2
24.3

22.5
33.5

66.4
42.2

51.7
48.3

32.9
67.1

41.8
58.2

62.7
37.3

100
100
100

9.1
14.3
25.7

16.0
25.0
37.8

74.9
60.7
36.5

27.7
31.0
41.2

14.4
25.2
60.4

16.0
28.0
56.1

38.0
34.5
27.6

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.
a/ Agua de red pública o privada dentro de la vivienda
b/ Agua de red pública o privada fuera de la vivienda pero dentro del edificio o de pileta fuera del edificio
c/ Agua de otra fuente como carro repartidor, pozo o noria, o fuentes naturales como río, lago, vertiente o acequia

29

GRÁFICO 6
DISTRIBUCIÓN DE HOGARES URBANOS SEGÚN ESTRATO
SOCIOECONÓMICO
(Por categoría de vivienda)
80
70
60
50
40
30
20
10
0

Categoría I
Indigentes

Categoría II
Pobres no indigentes

Categoría III
No pobres

FUENTE: Cuadro 9

Algo similar ocurre en relación a los déficit cualitativos. Así, un 57% de los hogares
“indigentes” y un 46% de los hogares “pobres no indigentes” ocupan viviendas que no
cuentan con ALEX, en comparación con un 24,5% de los hogares “no pobres”. Nótese que
esto se traduce en que la mitad de los hogares “indigentes” y un 40% de los hogares “pobres
no indigentes” habitan en viviendas que no cuentan con servicio sanitario, en comparación
con un 17,5% de los hogares “no pobres”. Además sólo un cuarto de los hogares
“indigentes” y “pobres no indigentes” disponen de agua dentro de la vivienda, en
comparación con un 44% de los hogares no pobres (cuadro 9).
También es notoriamente mayor la falta de baño y cocina para los hogares
“indigentes” (67%) y “pobres no indigentes” (58%), en comparación con los hogares “no
pobres” (37%). Además, un 60,4% de los hogares “indigentes” y un 56% de los hogares
“pobres no indigentes” vive en condiciones de hacinamiento, en comparación con un 28% de
los hogares “no pobres”. Finalmente, cerca de un 64% de los hogares “indigentes” y más de
un 68% de los hogares “pobres no indigentes” ocupan viviendas de categoría II, gran parte
de las cuáles adolecen de deficiencias de calidad por los materiales ocupados en el piso,
techo o muros.
Podemos concluir entonces que, en promedio, alrededor de un 60% de los hogares
“indigentes” y un poco más de la mitad de los hogares “pobres no indigentes” presentan
algún déficit de calidad, proporción que duplica a la de los hogares “no pobres”.
Proporcionalmente entonces, tanto el déficit cuantitativo como el cualitativo son
mucho mayores para los hogares “indigentes” y “pobres no indigentes” 36. Tomando como
base el total de hogares que exhibe déficit cuantitativo, un 64,5% corresponde a hogares
“indigentes” o “pobres no indigentes”. Del total de hogares que ocupan viviendas con algún
tipo de déficit cualitativo, más de la mitad son “indigentes” y “pobres no indigentes”, en
contraste, sólo un 25% del total de hogares sin déficit, son “indigentes” o “pobres no
indigentes” (cuadro 10).

36

También en términos absolutos el número de hogares “indigentes” o “pobres no indigentes” que presenta algún
déficit de vivienda es muy superior en relación con los hogares “no pobres”. Así por ejemplo, de los 97.143
hogares que habitan viviendas con pisos de tierra, 62,609 son “indigentes” o “pobres no indigentes”. Algo parecido
sucede con los déficit cualitativos, 143,000 hogares “indigentes” o “pobres no indigentes” (de un total de 227,000)
no cuentan con ALEX; 175,079 (de un total de 302,905) no tienen baño y cocina; y 164,000 viven en condiciones
de hacinamiento (de un total de 258,000) (cuadro 9).

30

GRÁFICO 7
DISTRIBUCIÓN DE HOGARES POR ESTRATO SOCIOECONÓMICO
(según tipo de déficit)

80

70

60

50

40

30

20

10

0

Sin déficit
Indigentes

Déficit Cualitativo Déficit Cuantitativo
Pobres

No pobres

FUENTE: Cuadro 10

Lo anterior señala la importancia de una política de vivienda que otorgue especial
apoyo a los grupos de menores ingresos. En especial si se considera que el ingreso per
capita que perciben los hogares que tienen déficit cuantitativos es un 35% inferior al
promedio, y el de los que habitan viviendas que muestran algún déficit cualitativo un 30%
inferior al promedio (cuadro 10). En consecuencia, será más difícil para estos hogares
superar esta situación de carencia sobre la base de sus propios medios. Las políticas de
apoyo pueden jugar un papel clave en lograrlo.

2. Características del jefe del hogar y déficit
La encuesta de hogares contienen cierta información relativa al género, estructura
de edad, educación, condición de actividad y categoría ocupacional de los jefes de hogar.
Algunas de estas variables muestran escasa asociación con el déficit habitacional, en tanto
que otras muestran algunas relaciones que permiten establecer una mejor visión del
problema.
31

CUADRO 10
BOLIVIA 1992: DÉFICIT DE VIVIENDA Y POBREZA
(Sector urbano)

Total hogares

indigentes

Pobreza
pobres
no indigentes

no pobres

Ingreso Tamaño del
relativo a/
hogar

Total hogares

100

17.5

27.8

54.7

100

4.5

Sin déficit
Déficit cualitativo
Déficit cuantitativo

100
100
100

7.5
21.2
29.1

17.6
32.9
35.4

74.9
45.9
35.5

154.4
70.3
65.9

4.1
4.6
4.9

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.
a/ Es el ingreso total disponible per capita del hogar

a) Género
En un 82% de los hogares el jefe de hogar es hombre, y los jefes de hogar de sexo
femenino son mayores en promedio que los de sexo masculino. Así un 36% de los jefes
mujeres tienen 55 o más años, en comparación a un 16,5% de los jefes hombres. Respecto
de la instrucción formal, las diferencias en cuanto a género son bastante relevantes. Más de
la mitad de los jefes de hogar de sexo masculino tienen diez o más años de instrucción
formal, en comparación con un 35% de los jefes mujeres. Además, más de un tercio de los
jefes de sexo femenino tienen menos de tres años de instrucción formal, en comparación
con un 11% de los jefes hombres (Anexo estadístico, cuadro 2 A).
Los ingresos totales del jefe del hogar están un 7% por encima de la media cuando
el jefe es de sexo masculino, y un 32% por debajo de la media cuando el jefe del hogar es
mujer (cuadro 8). Esto guarda estrecha relación con la condición de actividad por género.
Por un lado, es mayor la proporción de jefes de hogar de sexo masculino que están
ocupados, y por otro la proporción de inactivos entre los hogares con jefes mujeres es tres
veces superior a la de los con jefes hombre (Anexo estadístico, cuadro 2).
Los hogares con jefes mujer comparados con aquellos en que el jefe es hombre,
muestran una mayor proporción sin problemas deficitarios (43,7% vs. 34,1%) y por ende una
menor proporción con déficit tanto cuantitativos como cualitativos (cuadro 11). Lo anterior se
refuerza observando las categorías de vivienda, así, es notoriamente inferior la proporción
de hogares con jefes mujer que ocupan viviendas de categoría III37 (11% vs. 16%) y por
ende mayor la proporción de estos hogares que ocupan viviendas de categorías I y II (Anexo
estadístico, cuadro 3).

37

Que adolecen de déficit cuantitativo.

32

CUADRO 11
BOLIVIA 1992: DÉFICIT DE VIVIENDA Y CARACT ERÍS T ICAS S OCIOECONÓMICAS DEL JEFE DE HOGAR
(sector urbano)

Género

Edad

Educación

Condición de actividad

Total

Hombres

Mujeres

 24

25-44

45-54

55

3

4-9

10-12

al hogares

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

1

déficit
ficit cualitativos
ficit cuantitativos

35.8
48.7
15.5

34.1
49.5
16.4

43.7
45.0
11.4

14.4
68.2
17.4

29.5
53.5
17.0

46.3
40.5
13.1

53.7
33.9
12.4

21.9
51.0
27.1

23.3
55.2
21.5

37.3
52.2
10.5

66.6
30.3
3.0

33.5
50.5
15.9

28.1
43.6
28.2

4
4
1

Total

Hombres

Mujeres

 24

25-44

45-54

55

3

4-9

10-12

al hogares

100

82.2

17.8

9.0

54.0

17.1

19.9

15.5

35.2

28.5

20.2

81.3

3.1

1

déficit
ficit cualitativos
ficit cuantitativos

100
100
100

78.3
83.6
86.9

21.7
16.4
13.1

3.6
12.6
10.1

44.4
59.3
59.4

22.1
14.3
14.5

29.9
13.9
16.0

9.4
16.2
27.1

22.9
39.9
48.9

29.7
30.6
19.3

37.6
12.6
4.0

76.0
84.3
83.6

2.5
2.8
5.7

2
1
1

Género

Edad

13+ ocupados desocupados

Educación

inact

Condición de actividad
13+ ocupados desocupados

ENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

33

inact

En consecuencia, un 66% de los hogares con jefes de sexo masculino viven en
condiciones deficitarias, en comparación con un 56,4% de hogares con jefes de sexo
femenino. Además, entre estos últimos el problema deficitario es principalmente de tipo
cualitativo38 (cuadro 11).
b) Estructura de edad
Bolivia muestra una población relativamente joven. Un 63% de los jefes de hogar
tiene 44 años o menos, un 17% tiene entre 45 y 54 años y sólo un 20% tiene 55 o más años
de edad. No es de extrañar entonces que sólo un 15,6% de los jefes de hogar sean inactivos
(cuadro 11).
La estructura de edades de los jefes de hogar, asociada a la distribución del ingreso
total disponible del jefe de acuerdo con su edad, reproduce la teoría del ciclo de vida. Los
jefes de hogar con edades de entre 35 y 54 años, que es la edad más productiva, tienen el
ingreso total del trabajo más alto: entre un 23% y 27% por encima de la media. Los jefes
con edades entre 25 y 34 años o entre 55 y 64 años, tienen un ingreso total del trabajo que
es entre un 11,3% y un 12% inferior a la media. En tanto que los jefes de hasta 24 años, y
mayores de 65 años, etapas de la vida en que más se desahorra, tienen un ingreso total
entre un 34% y 40% inferior a la media. Este comportamiento del ingreso en relación con la
edad del jefe se mantiene independientemente del género o de la situación de pobreza del
jefe del hogar (Anexo Estadístico, cuadro 4).

Ingreso

GRÁFICO 8
EDAD E ÍNDICE RELAT IVO DEL INGRES O DEL T RABAJO DEL
JEFE DE HOGAR
140
120
100
80
60
40
20
0
24

25-34

35-44

45-54

55-64

65-99

Edad

Fuente: Anexo Estadístico, cuadro 4
Acompaña al descrito perfil de ingresos un comportamiento concomitante de la
propiedad de la vivienda. En efecto, a partir de las edades más productivas se aprecia un
paulatino incremento en la propiedad de la vivienda. Así, sólo un 17% de los hogares con
jefes de hasta 24 años son propietarios de las viviendas que ocupan, y esta proporción va
aumentando conjuntamente con la edad del jefe del hogar hasta llegar a un 74% para los
hogares con jefes de 55 o más años. Consecuentemente, un 72% de los hogares con jefes
de hasta 24 años y un 55% de los con jefes entre 25 y 34 años, habitan en viviendas cedidas
(principalmente por parentesco) o alquiladas. De otro lado, del total de viviendas en

38

Obsérvese que la proporción del déficit cualitativo en hogares con jefes mujer es cuatro veces superior a la del
déficit cuantitativo. Además 67,6% estos hogares habitan en viviendas de categoría II, un alto porcentaje de las
cuáles presentan problemas de calidad en cuanto a los materiales de construcción.

34

anticrético, un 78% está concentrado en hogares con jefes cuyas edades fluctúan entre los
25 y 54 años39 (Anexo Estadístico, cuadro 5).

GRÁFICO 9
RÉGIMEN DE TENENCIA DE LA VIVIENDA

Porcentaje

(según edad del jefe del hogar)
80
70
60
50
40
30
20
10
0
14-24

25-34

35-44

45-54

55-64

65-98

Edad del jefe del hogar

Propia

Cedida

Fuente: Anexo Estadístico, cuadro 5.
Lo anterior también señala una mayor concentración del déficit cuantitativo entre
aquellos hogares en que el jefe tiene menos de 45 años. En efecto, las cifras indican que del
total de hogares que tienen un déficit cuantitativo de vivienda, cerca de un 70% tienen jefes
de hogar de hasta 44 años, situación que se presenta más acentuada entre los hogares que
exhiben déficit cualitativo40 (cuadro 11). En otras palabras, más de un 70% de los hogares
que tienen algún problema de déficit tienen jefes que se encuentran en la etapa más
productiva de su vida41.
c) Educación del jefe de hogar
Un 15,5% del total de hogares tienen jefes de hogar que han recibido tres o menos
años de instrucción formal, un 35% han recibido entre 4 y 9 años, un 28,5% entre 10 y 12
años, y un 20% más de 13 años (Anexo Estadístico, cuadro 2).
Los jefes de hogares que presentan, ya sea un déficit cualitativo o cuantitativo,
exhiben en promedio un menor nivel educacional en comparación a los de hogares sin
déficit. Así, como se aprecia en el cuadro 11, un 76% de los hogares con déficit cuantitativo
y un 56% de los con déficit cualitativo está encabezado por un jefe con menos de 9 años de
educación, en contraste con un 32% de hogares no deficitarios. A su vez, sólo un 3% de los
hogares encabezados por jefes con más de 13 años de educación presentan un déficit
cuantitativo, en comparación con un 67% de hogares no deficitarios. En suma, los hogares

39

Las etapas de vida más productivas y con mayores ingresos, y por ende con mayores posibilidades de disponer
del capital necesario para el anticrético.
40
Además, entre los hogares con jefes de hasta 44 años alrededor de un 16% y de un 30% son “indigentes” y
“pobres no indigentes”, respectivamente. Estas proporciones disminuyen a poco más de un 14% y 25%
respectivamente, entre los hogares con jefes entre 45 y 64 años.
41
En términos absolutos, aproximadamente 280.000 hogares (que representan un 45% del total de la población)
de los 395.000 que tienen jefes de hasta 44 años, presentan déficit cuantitativos o cualitativos, en contraposición a
58.000 hogares (que representan el 9% del total de la población) de los 125.000 con jefes de 55 años o más
años (cuadro 11 y Anexo Estadístico, cuadro 4)

35

en situación de déficit no sólo presentan un menor stock de capital físico, sino que también
una menor acumulación de capital humano.
d) Condición de actividad y categoría ocupacional
Un 81,3% de los jefes de hogar están ocupados y el resto son inactivos o
desocupados. La proporción más alta de déficit cuantitativo (28,2%) corresponde a hogares
cuyo jefe esta desocupado y la más baja a aquellos en que el jefe es inactivo (10,6%)
(cuadro 11).
En el caso de los jefes inactivos, la menor incidencia del déficit total (50,7%) se
asociaría, de acuerdo a su estructura de edades, al hecho de ser jubilados o pensionados, o
jubilados que atravesaron previamente la fase de acumulación de activos, la vivienda entre
ellos42. La interpretación acerca de la influencia de la variable relativa a la condición de
actividad requiere cierta cautela, en particular porque en sólo el 3,1% de los casos, el jefe de
hogar aparece como desocupado 43. Dentro de dicha limitación, la mayor incidencia del déficit
cuantitativo entre estos hogares en comparación con aquellos en que el jefe está ocupado
se relacionaría con el hecho de no estar percibiendo un ingreso que permita hacer frente a
gastos habitacionales.
Del total de hogares con jefes ocupados, un 55,3% son empleados u obreros, 33,4%
trabajadores por cuenta propia, 8,3% patrones, y 2,9 son trabajadores familiares no
remunerados, profesionales independientes o empleados de hogar. De las tres categorías
ocupacionales más representativas, más de la mitad de los hogares con jefes de hogar que
son patrones no presentan problemas deficitarios, en tanto que alrededor de un 70% de los
hogares con jefes que son obreros, empleados o trabajadores por cuenta propia tienen
algún déficit, siendo proporcionalmente mayor (52%) el cualitativo. La mayor incidencia de
déficit (81% o más) se presenta en aquellos hogares con jefes que son trabajadores
familiares no remunerados o empleados de hogar44. En el otro extremo, un 88,3% de los
hogares con jefes que son profesionales independientes no presenta problemas deficitarios
y el resto sólo tiene déficit cualitativo45. Es decir, los déficit habitacionales están fuertemente
concentrados (92%) en hogares con jefes empleados, obreros o trabajadores por cuenta
propia (cuadro 12).
e) Resumen
De acuerdo con la información disponible, los hogares con jefes mujer exhiben
menores déficit (en especial cuantitativo) en comparación con los hogares con jefes hombre.
Sin embargo, esto no guarda ninguna correlación con el ingreso relativo, puesto que con
respecto a la media el ingreso disponible promedio del hogar es un 7% superior cuando el
jefe del hogar es hombre y un 32% inferior cuando el jefe es mujer.
Otras variables presentan una asociación más sistemática con la situación de
vivienda. Así, es interesante observar que la incidencia del déficit habitacional, tanto
cuantitativo como cualitativo, es mayor en tanto más jóvenes son los jefes de hogar y en
tanto menor el nivel educacional logrado por estos.
Las dos variables mencionadas, edad y educación, exhiben por lo general una alta
correlación con las medidas de ingreso. En otras palabras, tras la mayor incidencia de déficit
de vivienda entre los hogares encabezados por jefes de menor edad y calificación, se
42

Un 73% de los hogares en que el jefe es mayor de 65 años ocupan viviendas que son propias (Anexo
Estadístico, cuadro 5).
Según CEPAL 1998, la tasa de desempleo abierta urbana en Bolivia alcanzaba a un 5,4% en 1992 y, en línea
con la experiencia regional, con una incidencia mayor entre mujeres y entre los más jóvenes. CEPAL, 1998,
Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe. Edición 1997.
44
Pero que en total representan sólo un 1,7% de la población.
45
Los hogares con jefes profesionales independientes representan únicamente el 1,3% de la población.
43

36

encuentra el ingreso, factor decisivo en la capacidad de ahorro y, frecuentemente, como
determinante del acceso al crédito.
La condición de actividad del jefe de hogar también exhibe una influencia relevante.
Así, los hogares cuyo jefe esta inactivo, son los menos deficitarios en tanto que aquellos
encabezados por un jefe desocupado exhiben mayor incidencia de déficit cuantitativo. Esta
asociación es importante por cuanto las variables empleadas para determinar las
situaciones de déficit, no son afectadas grandemente por fluctuaciones de corto plazo del
nivel de actividad. En contraste, la ocupación efectivamente suele responder a dichas
fluctuaciones, así como también a tendencias de largo plazo. En consecuencia, esta
asociación entre desocupación y mayor incidencia de los déficit de vivienda sugiere que
estos hogares deficitarios estarían encabezados por jefes crónicamente desempleados. La
situación de desempleo no sería un fenómeno transitorio46, si no que más bien uno de
carácter prolongado, que limita su capacidad de largo plazo para ahorrar (y acceder al
crédito) con el fin de superar sus carencias habitacionales entre otros.
Además, de acuerdo al tipo de ocupación, se advierte una mayor incidencia de los
déficit entre hogares cuyos jefes son obreros, empleados y trabajadores por cuenta propia.
En relación con este punto, es interesante observar el comportamiento de los ingresos en
relación al promedio para las distintas categorías ocupacionales. Así, entre los hogares que
presentan déficit cuantitativo, los jefes que son empleados u obreros perciben un ingreso por
su trabajo equivalente al 70% del promedio de ingresos de los jefes de hogar que están
ocupados y los trabajadores por cuenta propia sólo un 60% de este promedio. En los
hogares que ocupan viviendas con algún déficit cualitativo, estas proporciones son de 76% y
87% respectivamente. En contraste, los jefes de hogar que son patrones, perciben ingresos
por su trabajo que exceden el promedio en más 100%, y en más de 200% en aquellos que
pertenecen a hogares que no tienen problemas deficitarios (cuadro 13).

46

La tasa de desempleo abierto urbano en Bolivia cayó sólo en un punto, desde un 5,4% en 1992 a un 4,6% entre
1992 y 1996, por lo que este no sería un fenómeno transitorio. CEPAL, 1998, Anuario Estadístico 1997.

37

CU AD R O 1 2
B OL IVIA 1 9 9 2 : DÉ F ICIT D E VIVIE NDA, P OB R E Z A, GÉ NE R O Y CAT E GOR ÍA OCU P ACIONAL D E L OS J E F E S D E H OGAR OCU PADOS
(S ect or U rbano)

Pobreza
Total

Indigentes

Pobres

Genero
No pobres

Hombres

Categoria ocupacional

Mujeres Obr/emp a/

TCP b/

Patrones

TFNR c/

PI d/

EH e/

no indigentes

Total
Jefes ocupados

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

33.5
50.5
15.9

10.7
62.6
26.7

17.6
60.9
21.5

46.3
42.8
10.8

32.8
50.7
16.5

38.3
49.5
12.1

32.3
52.1
15.7

29.6
52.2
18.2

52.7
36.4
10.9

18.9
54.3
26.7

88.3
11.7
0

13.4
72.5
14.1

Total

Sin déficit
Déficit cualitativos
Déficit cuantitativos

100

Indigentes

No pobres

Hombres

Mujeres Obr/emp a/

TCP b/

Patrones

TFNR c/

PI d/

EH e/

Pobreza
Pobres

Genero

Categoria ocupacional

no indigentes

Total
Jefes ocupados

100

13.4

27.9

58.7

86.1

13.9

55.3

33.4

8.3

0.4

1.3

1.2

Sin déficit
Déficit cualitativos
Déficit cuantitativos

100
100
100

4.3
16.6
22.4

14.6
33.6
37.7

81.1
49.8
39.9

84.1
86.4
89.4

15.9
13.6
10.6

53.3
57.0
54.4

29.6
34.5
38.1

13.1
6.0
5.7

0.2
0.4
0.7

3.3
0.3
0.0

0.5
1.7
1.1

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.
a/ Obreros y empleados

b/ Trabajadores por cuenta propia

c/ Trabajadores no remunerados

d/ Profesionales independientes

38

e/ Empleados hogar

CUADRO 13
BOLIVIA 1992: DÉFICIT DE VIVIENDA Y DISTRIBUCIÓN DE INGRESO
(según pobreza y categoría ocupacional)

Pobreza e indice relativo del ingreso disponible de los jefes de hogar ocupados
Pobreza
Jefes
Jefes
Total
Indigentes
Pobres

Jefes
No pobres

Total Jefes ocupados

100

30

48

140

Sin déficit
Déficit cualitativos
Déficit cuantitativos

157
72
69

27
31
31

46
48
48

184
101
111

Categoría ocupacional del jefe del hogar e indice relativo del ingreso disponible
de los jefes de hogar ocupados
Categoría Ocupacional
Obreros y
TCP a/ Patrones TFNR b/
PI c/
Total empleados

EH d/

Total Jefes ocupados

100

88

87

222

28

244

30

Sin déficit
Déficit cualitativos
Déficit cuantitativos

157
72
69

145
76
70

117
87
60

333
174
135

28
0
0

252
235
0

36
30
23

FUENTE: CEPAL,

sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

a/ Trabajadores por cuenta propia

c/ Profesionales independientes

b/ Trabajadores familiares no remunerados

d/ Empleados hogar

Lo anterior indica una fuerte concentración de los déficit en aquellas categorías
ocupacionales que perciben ingresos inferiores al promedio. Esto sugiere la importancia de
evaluar la política habitacional, en particular en lo concerniente a subsidios estatales para las
familias de ingresos más bajos.

39

IV. CONSIDERACIONES FINALES
Bolivia muestra uno los mayores déficit de vivienda tanto cuantitativos como cualitativos, en
47
relación al resto de los países de la región . Así, de acuerdo con cifras de CEPAL, en 1995
el déficit cuantitativo total (urbano y rural) equivalía a 72,3 viviendas por cada 1.000
habitantes, en comparación con 48,7 para el promedio de la región. El déficit cualitativo total
en tanto, alcanzaba a un 33,3% del stock de viviendas permanentes, en comparación con un
48
28,6% para el promedio de la región . En el sector urbano, estos elevados déficit se
explican en parte porque la tasa de crecimiento urbano, 4,6%, es la más rápida entre los
49
países de la región .
Según la información utilizada en este estudio, y por lo tanto, sin considerar los
hogares que no cuentan con una vivienda permanente, un 15,5% del total de hogares
urbanos tiene un déficit cuantitativo de vivienda, en el sentido que no cuenta con una
vivienda de una calidad aceptable. Empleando este criterio, en 1992 se habría necesitado
construir 97,000 viviendas, únicamente para superar el déficit habitacional urbano así
50
definido . Proporcionalmente este déficit afecta en mayor medida a hogares “indigentes” y
“pobres no indigentes”. Cerca de la mitad de estos hogares arrienda u ocupa viviendas
cedidas ya sea por servicios o por parentesco. Además, más de 25% de los hogares
“indigentes” (28.264 casos) y cerca de un 20% de los “pobres no indigentes” (34.334 casos)
habita viviendas cuyo piso es de tierra (comparado con un 10% de los hogares “no pobres”).
De hecho, cerca de dos tercios del déficit cuantitativo total estimado aquí, esta concentrado
en hogares “indigentes” y “pobres no indigentes”.
En cuanto a los déficit cualitativos, de acuerdo con la información disponible y las
definiciones utilizadas en este estudio, un total de 48,7% de los hogares urbanos ocupa
51
viviendas que presentan uno o más déficit cualitativos . De éstos un 19,2% presenta sólo
uno de los déficit aquí definidos, 17,6% presenta dos déficit cualitativos en forma simultánea,
y 11,9% presenta al mismo tiempo tres déficit. De acuerdo con las estimaciones de este
estudio, más de 120.000 hogares habitaban viviendas que requerían al menos de algún
mejoramiento, un poco más de 110.000 en viviendas que necesitaban de dos arreglos
simultáneos y 75.000 en viviendas que precisaban en forma simultánea de instalación de
alguno o todos los servicios básicos, de baño y/o cocina, y de ampliaciones.
52
Sintetizando estas cifras mediante un índice de incidencia , un 17,5% del total de
hogares (población indigente) concentra un 29,1% del déficit cuantitativo, lo que arroja un
índice de 166%. Además, un 27,8% (población pobre) concentra un 35,4% de este déficit, lo
47

Bolivia muestra los mayores déficit de América del Sur, pero inferiores a las de muchos países de América
Central y el Caribe.
48
CEPAL, 1996 “Situación de la vivienda en América Latina y el Caribe”.
49
CEPAL, 1996 “Producción de vivienda en América Latina y el Caribe: áreas de interés para una política
habitacional innovativa”
50
Según la experiencia histórica, esta cifra equivale a la construcción de 10 años. El Fondo Nacional de Vivienda
Social construyó 50.000 viviendas en los últimos 40 años y el sistema mutual de ahorro y préstamo para la
vivienda 250.000 en los últimos 30 años. Es decir, en los últimos 30 años se han construido alrededor de 10.000
viviendas sociales anuales.
51
Esta cifra subestima el déficit por calidad puesto que no considera aquellas viviendas cuyos materiales de
construcción o cuyo estado de conservación no son óptimos.
52
El índice de incidencia corresponde a la razón entre el porcentaje del déficit que recae sobre cierto grupo y la
participación de ese grupo en la población total. Si este excede el 100% señala que, una parte del déficit mayor a
su participación en la población, recae sobre determinado grupo, y viceversa.

41

que arroja un índice de incidencia de 127%. A su vez, los hogares no pobres, 54,7% del
total, tienen un 35,5% del déficit, con lo cual la incidencia es de 64,9%. Es decir, la
incidencia de este tipo de déficit es entre dos y dos y media veces superior entre los hogares
“indigentes” y “pobres no indigentes” (cuadro 10).
Como se observa en la tabla a continuación, la incidencia del déficit cuantitativo es
dos y media veces superior para los hogares con jefes desocupados (183%), en
comparación con los hogares con jefes de hogar inactivos (68,6%) y un 80% superior al de
los hogares con jefes de hogar que están ocupados (103%). A su vez, la incidencia de los
déficit cualitativos es algo superior para los hogares con jefes ocupados. Del mismo modo,
el mayor índice de incidencia para el déficit cualitativo y cuantitativo por categoría
ocupacional, corresponde a los empleados de hogar (141 y 92 respectivamente) y a los
trabajadores familiares no remunerados (100 y 175 respectivamente) y el más bajo a
los profesionales independientes (23 y 0 respectivamente).
CUADRO 14
BOLIVIA 1992: INDICES DE INCIDENCIA PARA LOS DÉFICIT
SEGÚN ESTRATO SOCIOECONÓMICO, CONDICIÓN DE ACTIVIDAD
Y CATEGORÍA OCUPACIONAL DEL JEFE DEL HOGAR

Déficit
cuantitativo

Déficit
cualitativo

Indigentes
Pobres no indigentes
No pobres

166,3
127,3
64,9

82,5
84,5
119,0

Ocupados
Desocupados
Inactivos

102,8
183,9
68,6

103,7
90,3
82,1

Obreros/empleados
Trabajadores por cuenta propia
Patrones
Trabajadores no remunerados
Profesionales independientes
Empleados de hogar

98,4
114,1
68,7
175,0
0
91,7

103,1
103,3
72,3
100,0
23,1
141,7

FUENTE: Cuadros 10, 11 y 12

Ahora bien, debe tenerse presente que, de acuerdo a las cifras del cuadro 10, en los
hogares “indigentes” o “pobres no indigentes” el jefe percibe en promedio un ingreso total
que es entre un 73% y un 54% inferior al del promedio poblacional. Igualmente, la incidencia
del desempleo es mayor entre éstos. Ambas condiciones pueden dificultar la acumulación
del ahorro previo, reduciendo la efectividad potencial de programas basados en la
acumulación previa de recursos. En razón de ello, se requiere una política de vivienda con
un alto contenido redistributivo. Establecer un esquema de subsidio directo a la demanda
que sea altamente progresivo y permita transformar la demanda potencial en efectiva
pareciera ser una de las alternativas más recomendables en el caso de hogares pobres e
indigentes.
De otro lado, el ingreso relativo de los hogares que ocupan viviendas “en anticrético”
es un 113% superior al promedio de la población. En otras palabras al menos un 7,6% del
42

total de hogares dispondría de recursos suficientes para un ahorro previo que permita
acceder a una vivienda propia. Lo anterior podría estar indicando la falta de suficiente oferta
de viviendas o bien problemas de accesibilidad a créditos hipotecarios. Requisito
imprescindible para cualquier esquema de financiamiento basado en este tipo de
instrumentos, es que los títulos hipotecarios ofrezcan suficiente seguridad, rentabilidad y
liquidez, y que estén respaldados por adecuadas medidas de regulación, a fin de que los
inversionistas institucionales estén dispuestos a adquirirlos.
Los déficit cualitativos señalan que, para los aproximadamente 227.000 hogares,
que ocupan viviendas que no cuentan con la totalidad de servicios públicos, surge la
necesidad de que el Estado se encargue de la ampliación de redes de agua potable,
alcantarillado y tendido eléctrico, ya sea directamente o a través de licitaciones públicas. Es
importante tomar en consideración que 153.000 de estas viviendas están construidas con
materiales de buena calidad (categoría I) o de calidad intermedia (categoría II), es decir, son
viviendas sólidas cuyo déficit esta centrado únicamente en la falta de servicios públicos.
El déficit por hacinamiento sugiere además otro tipo de consideraciones para las
viviendas urbanas. Una alta proporción (60%) de los hogares que sufre problemas de
hacinamiento, habita en viviendas de categoría II, es decir, construidas con materiales de
calidad intermedia. En la medida que los hogares hacinados habitan en casas, se pueden
utilizar esquemas similares a los que intentan solucionar el déficit cuantitativo, es decir
ahorro previo, subsidios y crédito hipotecario para ampliación. Estos subsidios pueden ser
tanto en dinero como en especie. Sin embargo, la solución del problema es bastante más
compleja cuando las viviendas se encuentran ubicadas en departamentos, por cuanto las
posibilidades de ampliación son escasas. Esto lleva implícita la necesidad de preocuparse
por una adecuada movilidad habitacional.
Dada la magnitud de los déficit cualitativos debidos al estado de la construcción y al
hacinamiento, el diseño de una política que intente solucionar el problema habitacional,
tendría que considerar la necesidad de apoyar no sólo a aquellos hogares que no cuentan
con una vivienda establecida, si no también a aquellas familias que, habitando una vivienda
propia, esta no reúne condiciones mínimas para alcanzar una calidad de vida adecuada. Los
hogares “indigentes” y “pobres no indigentes” concentran un 21,2% y 32.9%
respectivamente del déficit cualitativo. Esto arroja un índice de incidencia de 82,5% y 84,5%
respectivamente. En tanto que para los hogares “no pobres” el déficit cualitativo es de 45,9%
y su índice de incidencia de 119%, es decir, al menos un 40% superior al de los hogares
pobres.
Tomando en consideración que son 140.000 los hogares “no pobres” que se
encuentran en esta situación, la política de subsidios tendría que contemplar la posibilidad
de ampliar hacia ellos las soluciones habitacionales adaptándolas con el objeto de no excluir
a este sector de la población. Considerando la capacidad de pago de éste grupo poblacional,
una contribución positiva para la solución del problema sería el establecimiento de
esquemas en que los subsidios se ligaran, además, a mayores requisitos de ahorro previo y
a sistemas de acceso a algún tipo de financiamiento destinado al mejoramiento de las
viviendas.
Uno de los problemas particulares que presenta Bolivia, y que ha tenido una fuerte
53
incidencia en el déficit cualitativo, se refiere a la construcción informal . Se estima que entre
45% y 55% de las viviendas urbanas producidas anualmente y más de un 80% de las
viviendas construidas en la ciudad de El Alto, han sido construidas informalmente. Un
elevado porcentaje de estas viviendas exhibe severos déficit cualitativos, principalmente de
servicios públicos. La viabilidad de mejoras a las viviendas mismas, pasa por legalizar las
construcciones existentes. Sólo acreditando la propiedad es posible garantizar que los
recursos provenientes de fondos institucionales fluyan formalmente hacia aquellas viviendas
53

La única ventaja que presenta este tipo de construcción es que utiliza procedimientos y materiales de
construcción que son propios de cada región.

43

que, justamente por constituir asentamientos precarios, son las que requieren de
mejoramientos mayores. En la actualidad se han emprendido diversas acciones para
54
legalizar estas situaciones .
En cuanto al financiamiento de vivienda, en Bolivia existen dos sistemas, el privado
y el público. En el sector privado formal, existen tres subsistemas: el mutual de ahorro y
préstamo, el cooperativo y el bancario. Las asociaciones mutuales de ahorro y préstamo
para vivienda han sido el instrumento más eficaz para la captación de ahorro. Sin embargo,
la colocación de créditos hipotecarios ha enfrentado problemas con la constitución y
55
ejecución de garantías hipotecarias .
El sistema público de financiamiento de la vivienda de interés social esta compuesto
por el Fondo Social de Emergencia (FSE), el Instituto de Vivienda Social (IVS) y el Fondo
Nacional para la Vivienda Social (FONVIS). Este último que fue creado en la década de los
50 con otro nombre, se reestructuró en 1987, y llegó a contar con 400.000 trabajadores
afiliados. Los fondos provenían del 3% del salario del trabajador, un tercio de los cuales era
aportado por el trabajador y el resto por el empleador; en tanto que las inversiones se
intermediaban básicamente a través del sistema de ahorro y préstamo para la vivienda. A
56
comienzos de 1998 el Gobierno de Bolivia decidió proceder a la liquidación del FONVIS .
La reestructuración de la política nacional de vivienda iniciada a mediados de 1987,
consistente en reducir la participación del Estado y aumentar la del sector privado, perseguía
introducir un nuevo dinamismo al sistema de financiamiento habitacional. Sin embargo,
considerando la magnitud de las necesidades habitacionales, el sistema no ha logrado un
nivel de actividad suficiente. En la actualidad Bolivia está tratando de implementar la
titularización en el mercado habitacional, con el objeto de utilizar estos fondos en la
financiación de créditos hipotecarios. Para ello cuenta, desde marzo de 1998 con un marco
legal y con cerca de 300 millones de dólares provenientes de la cartera hipotecaria de las
57
asociaciones mutuales, además de la cartera hipotecaria del sistema bancario .
Aumentar los recursos públicos y privados que históricamente han sido captados por
el sistema de financiamiento destinados a resolver el problema habitacional en Bolivia,
parece ser una tarea prioritaria. De hecho, la inversión en vivienda alcanzó un 2,2% del PIB
en 1992, cifra inferior al 2,9% correspondiente al promedio para la región para el mismo año.
Sin embargo, eliminar los déficit de vivienda no es una tarea fácil, las cifras indican que la
solución del problema tomará un tiempo bastante considerable. Así, de acuerdo con
estimaciones realizadas, en 1995 se habría requerido de una inversión equivalente al 42%
del PIB de 1992 únicamente para absorber el déficit cuantitativo total, y un 21,6% de ese PIB
58
para solucionar el déficit cualitativo .
Todo lo anterior señala la importancia de poner en marcha un sistema de acceso al
financiamiento de la vivienda de interés social, que considere la entrega de subsidios
habitacionales y la exigencia de requisitos de ahorro previo para viviendas de tipo social.
Mención aparte merecen las viviendas que están demasiado deterioradas, ya sea porque
han sido construidas de manera informal y por lo tanto carecen de requisitos mínimos de
habitabilidad o porque han sido construidas de manera muy precaria. En general, dada la
cantidad de mejoras, reparaciones o ampliaciones que requieren estas viviendas, existe la
tentación de destruirlas son el objeto de levantar otras nuevas. Sin embargo, considerando
la cantidad de familias que aún no cuentan con una morada propia, puede ser preferible la
entrega de un subsidio destinado a superar estas deficiencias. Una forma de economizar
54

CEPAL, 1996 “Producción de vivienda en América Latina y el Caribe: áreas de interés para una Política
Habitacional innovativa”
55
Por esta razón, la tasa de interés sobre créditos hipotecarios alcanzó niveles sumamente elevados En 1996 el
rendimiento de las hipotecas de vivienda ajustadas al tipo de cambio era de aproximadamente 15%. UNIAPRAVI,
1998, “XXI Convención Instituto Jurídico UNIAPRAVI”.
56
UNIAPRAVI, 1998, “XXI Convención Instituto Jurídico UNIAPRAVI”.
57
UNIAPRAVI, 1998, “XXI Convención Instituto Jurídico UNIAPRAVI”.
58
CEPAL, 1996 “Situación de vivienda en América Latina y el Caribe”

44

recursos e incentivar la participación de los interesados, es ligar la entrega de estos
subsidios a la exigencia de algún aporte previo. Este aporte puede consistir en dinero, en la
provisión de materiales de construcción e incluso en mano de obra mediante algún esquema
basado en la autoconstrucción. De cualquier forma esta alternativa permitiría incrementar la
cantidad de soluciones habitacionales ofrecidas con los recursos limitados del subsidio.

45

BIBLIOGRAFÍA

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Informes de la CEPAL 81. Santiago de Chile.
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Chile.
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UNIAPRAVI, 1995. “Reformas financieras y financiamiento habitacional en América Latina”.
Lima, Perú.
UNIAPRAVI, 1994. “Recuperación de créditos hipotecarios y fondos financieros de vivienda,
Experiencias Latinoamericanas”. Lima, Perú.
UNIAPRAVI, 1994. “América Latina: organización institucional y reformas en el sector
vivienda”. Lima, Perú.
UNIAPRAVI, 1993. “Nuevos modelos de financiamiento de vivienda en América Latina”.
Montevideo, Uruguay.

47

ANEXO
ESTADÍSTICO

49

CUADRO 1
BOLIVIA 1992: CATEGORIZACIÓN DE VIVIENDAS, NÚMERO DE HOGARES POR VIVIENDA, DISPONIBILIDAD DE SERVICIOS
Y NÚMERO DE PERSONAS POR CUARTO
(distribución respecto al total de hogares urbanos)

Total

Alex
Disponibilidad de baño y cocina
Total
si ambos
no baño y/o cocina

No Alex
Disponibilidad de baño y cocina
Total
si ambos
no baño y/o cocina

Total Hogares
Hasta 1 persona por cuarto
1 a 2 personas por cuarto
2 ó más personas por cuarto

100.00
27.72
31.03
41.24

63.84
22.21
21.83
19.80

47.98
18.60
17.96
11.42

15.85
3.60
3.87
8.38

36.16
5.51
9.20
21.45

3.69
0.92
1.04
1.72

32.47
4.59
8.16
19.72

Categoría I
Hasta 1 persona por cuarto
1 a 2 personas por cuarto
2 ó más personas por cuarto

19.37
8.28
5.61
5.48

16.60
7.63
5.10
3.88

13.18
6.73
4.38
2.08

3.42
0.90
0.72
1.80

2.77
0.65
0.51
1.60

0.66
0.30
0.11
0.25

2.11
0.35
0.40
1.35

Categoría II
Hasta 1 persona por cuarto
1 a 2 personas por cuarto
2 ó más personas por cuarto

65.14
17.79
22.38
24.97

43.56
14.14
15.88
13.54

33.09
11.64
13.09
8.36

10.47
2.51
2.79
5.17

21.59
3.65
6.50
11.43

2.32
0.60
0.85
0.88

19.26
3.06
5.66
10.55

Categoría III
Hasta 1 persona por cuarto
1 a 2 personas por cuarto
2 ó más personas por cuarto

15.49
1.65
3.04
10.80

3.68
0.44
0.86
2.38

1.72
0.24
0.50
0.98

1.96
0.20
0.36
1.40

11.81
1.21
2.18
8.41

0.71
0.03
0.08
0.60

11.10
1.18
2.10
7.81

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

51

CUADRO 2-A
BOL IVIA 1992: DÉFICIT S DE VIVIENDA Y CARACT ERÍS T ICAS S OCIOECONÓMICAS DE L OS JEFES DE HOGAR
Jefes de hogar en viviendas
Total de hogares
Sin Deficit
Con déficits cualitativos
Con deficit cuantitativo
Jefes
Jefes
Jefes
Jefes
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres
Total jefes
Indigentes
Pobres
No pobres
Edad del jefe
Menos de 25 años
25 a 54
55 años y más
Estudios
Menos de 3 años
4 a 9 años
De 10 a 12 años
13 años ó más
Ignorado
Condición de actividad
Ocupados
Desocupados
Inactivos
Categoría ocupacional
Obreros/empleados
Patrones
PI a/
EH b/
TPC c/
TFNR d/

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

17.5

16.8

21.1

7.5

6.6

10.6

21.2

20.1

27.1

29.1

27.8

37.5

27.8

27.7

28.4

17.6

15.3

25.8

32.9

33.3

30.8

35.4

36.4

28.7

54.7

55.6

50.6

74.9

78.0

63.6

45.9

46.7

42.2

35.5

35.8

33.8

9.0

9.3

7.6

3.6

3.3

4.6

12.6

13.0

10.6

10.1

10.5

7.4

71.1

74.3

56.4

66.5

70.8

51.1

73.5

76.1

60.4

73.9

75.9

60.7

19.9

16.5

36.0

29.9

25.9

44.3

13.9

10.9

29.0

16.0

13.6

31.9

15.5

11.4

34.2

9.4

5.8

22.7

16.2

11.7

39.0

27.1

22.2

59.2

35.2

36.3

30.2

22.9

21.6

27.3

39.9

41.6

31.5

48.9

50.9

35.6

28.5

29.7

22.9

29.7

29.3

31.0

30.6

32.7

19.8

19.3

21.6

4.2

20.2

21.9

12.3

37.6

43.0

18.3

12.6

13.2

9.3

4.0

4.4

1.0

0.6

0.6

0.4

0.4

0.3

0.6

0.7

0.8

0.3

0.8

0.9

0.0

81.3

85.1

63.4

76.0

81.7

55.6

84.3

87.2

69.9

83.6

86.0

67.5

3.1

3.5

1.7

2.5

2.6

2.0

2.8

3.0

1.7

5.7

6.6

0.3

15.6

11.4

34.9

21.5

15.7

42.3

12.8

9.8

28.4

10.7

7.4

32.2

45.0

50.2

20.7

40.5

45.3

23.3

48.1

53.5

20.6

45.5

50.8

10.6

6.8

7.9

1.6

10.0

12.0

2.5

5.1

5.9

0.9

4.8

5.4

0.6

1.0

1.2

0.2

2.5

3.1

0.4

0.2

0.3

0.0

0.0

0.0

0.0

27.2

25.1

36.7

22.5

20.9

28.1

29.1

26.7

41.5

31.9

29.0

50.7

1.0

0.3

4.1

0.4

0.1

1.3

1.4

0.4

6.6

0.9

0.3

5.0

0.3

0.4

0.2

0.2

0.2

0.0

0.4

0.4

0.3

0.6

0.6

0.6

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.
a/ Profesionales independientes

52

b/ Empleados de hogar

c/Trabajadores por cuenta propia

d/ Trabajadores familiares no remunerados

CUADRO 2-B
BOL IVIA 1992: DÉFICIT S DE VIVIENDA Y CARACT ERÍS T ICAS S OCIOECONÓMICAS DE L OS JEFES DE HOGAR
Jefes de hogar en viviendas
Total de hogares
Sin Deficit
Con déficits cualitativos
Con deficit cuantitativo
Jefes
Jefes
Jefes
Jefes
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres
Total jefes
Indigentes
Pobres
No pobres
Edad del jefe
Menos de 25 años
25 a 54
55 años y más
Estudios
Menos de 3 años
4 a 9 años
De 10 a 12 años
13 años ó más
Ignorado
Condición de actividad
Ocupados
Desocupados
Inactivos
Categoría ocupacional
Obreros/empleados
Patrones
PI a/
EH b/
TPC c/
TFNR d/

100

82.2

17.8

35.8

28.0

7.8

48.7

40.7

8.0

15.5

13.5

2.0

100

78.6

21.4

15.3

10.6

4.7

58.9

46.6

12.4

25.7

21.4

4.3

100

81.8

18.2

22.7

15.5

7.2

57.6

48.7

8.9

19.7

17.6

2.1

100

83.5

16.5

49.1

40.0

9.0

40.9

34.7

6.2

10.1

8.8

1.3

100

84.9

15.1

14.4

10.4

4.0

68.2

58.8

9.4

17.4

15.7

1.7

100

85.9

14.1

33.5

27.9

5.6

50.4

43.6

6.8

16.1

14.4

1.7

100

67.8

32.2

53.7

36.4

17.3

33.9

22.2

11.7

12.4

9.2

3.2

100

60.6

39.4

21.9

10.5

11.4

51.0

30.8

20.2

27.1

19.3

7.8

100

84.7

15.3

23.3

17.2

6.0

55.2

48.0

7.2

21.5

19.5

2.1

100

85.7

14.3

37.3

28.8

8.5

52.2

46.7

5.6

10.5

10.2

0.3

100

89.2

10.8

66.6

59.6

7.0

30.3

26.6

3.7

3.0

2.9

0.1

100

87.0

13.0

22.9

14.5

8.5

57.3

52.7

4.6

19.8

19.8

0.0

100

86.1

13.9

33.5

28.2

5.3

50.5

43.7

6.9

15.9

14.2

1.7

100

90.4

9.6

28.1

23.1

5.1

43.6

39.2

4.4

28.2

28.0

0.2

100

60.1

39.9

49.3

28.3

21.1

40.1

25.5

14.6

10.6

6.4

4.2

100

91.8

8.2

32.3

28.2

4.0

52.1

48.4

3.7

15.7

15.2

0.5

100

95.9

4.1

52.7

49.8

2.9

36.4

35.4

1.0

10.9

10.7

0.2

100

97.3

2.7

88.3

85.6

2.7

11.7

11.7

0.0

0.0

0.0

0.0

100

76.0

24.0

29.6

21.6

8.0

52.2

40.0

12.2

18.2

14.4

3.8

100

24.1

75.9

13.4

2.6

10.8

72.5

18.0

54.5

14.1

3.5

10.6

100

90.0

10.0

18.9

18.9

0.0

54.3

47.7

6.6

26.7

23.4

3.3

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.
a/ Profesionales independientes

b/ Empleados de hogar

c/Trabajadores por cuenta propia

d/ Trabajadores familiares no remunerados

53

CUADRO 3
BOL IVIA 1992: CONDICIÓN DE ACT IVIDAD DE L OS JEFES
Y CAT EGORIZ ACIÓN DE VIVIENDAS
(Sector urbano)

Total
Total
Ocupados
Desocupados
Inactivos
Hombres
Ocupados
Desocupados
Inactivos
Mujeres
Ocupados
Desocupados
Inactivos

Categoría I
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100

Total
Total
Ocupados
Desocupados
Inactivos
Hombres
Ocupados
Desocupados
Inactivos
Mujeres
Ocupados
Desocupados
Inactivos

19.4
18.9
16.1
22.3
19.0
18.7
17.0
21.8
21.0
20.2
7.8
23.1

Categoría I
100
81.3
3.1
15.6
82.2
70.0
2.8
9.4
17.8
11.3
0.3
6.2

Categoría II
65.1
65.1
55.7
67.1
64.6
64.7
52.0
67.5
67.6
67.6
90.5
66.4

Categoría II

100
79.4
2.6
18.0
80.7
67.6
2.5
10.6
19.3
11.8
0.1
7.4

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

54

100
81.3
2.7
16.1
81.5
69.5
2.3
9.7
18.5
11.7
0.4
6.3

Categoría III
15.5
15.9
28.2
10.6
16.4
16.5
31.0
10.6
11.4
12.1
1.7
10.5

Categoría III
100
83.6
5.7
10.7
86.9
74.8
5.7
6.4
13.1
8.8
0.0
4.2

CUADRO 4
BOL IVIA 1992: GÉNERO, CONDICIÓN DE POBREZ A, ES T RUCT URA DE EDAD E INGRES O T OT AL DEL JEFE DE HOGAR
(S ector urbano)

Pobreza, estructura de edad y género de los jefes de hogar
Total Jefes
Indigentes
Total
Hombres Mujeres
Total
Hombres Mujeres
Total
14-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-99

Total

No pobres
Hombres Mujeres

Total

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

9.1

9.3

7.9

6.8

6.4

8.3

10.1

10.0

10.3

9.2

9.7

6.4

28.1

30.8

15.0

31.4

35.4

16.6

33.7

35.9

23.5

24.5

27.2

9.8

26.9

27.6

23.0

28.8

28.5

29.8

27.0

28.2

20.9

26.3

27.1

21.7

17.3

16.7

20.2

15.0

14.8

16.0

13.8

14.0

12.9

19.5

18.4

25.7

10.3

8.8

17.6

7.1

6.4

9.4

9.3

6.9

20.3

11.7

10.4

19.2

8.4

6.8

16.2

11.0

8.5

19.9

6.1

4.9

11.8

8.8

7.2

17.3

Ingreso disponible del jefe del hogar, índice relativo
Total Jefes
Indigentes
Total
Hombres Mujeres
Total
Hombres Mujeres
Total
14-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-99

Pobres no indigentes
Hombres Mujeres

Total

Pobres no indigentes
Hombres Mujeres

100

No pobres
Hombres Mujeres

Total

100

109

56

27

30

17

46

49

33

146

157

60

66

26

17

19

12

37

40

20

82

87

84
38

88

91

60

30

31

21

50

51

43

134

136

108

127

138

64

32

36

20

54

56

43

191

205

98

123

130

94

28

31

20

50

53

33

168

178

128

89

110

37

26

30

16

31

36

24

121

146

49

64

80

30

15

18

11

26

29

20

92

115

41

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

55

CUADRO 5
BOL IVIA 1992: T ENENCIA DE L A VIVIENDA Y ES T RUCT URA DE EDAD DEL JEFE DEL HOGAR
(S ector urbano)

Edad del
jefe del hogar

Total

Propia

Alquilada

Total
10-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-98

100
9.1
28.1
26.9
17.3
10.3
8.4

100.0
3.1
19.5
27.8
22.7
15.0
11.9

100.0
18.1
34.9
24.9
12.9
5.2
3.9

Edad del
jefe del hogar

Total

Propia

Alquilada

Total
10-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-98

100
100
100
100
100
100
100

51.4
17.3
35.6
53.3
67.5
74.8
73.0

20.0
39.9
24.8
18.6
14.9
10.2
9.3

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

56

Tenencia de la vivienda
Contrato
Mixto
Anticrético
100.0
0.0
30.3
41.2
14.6
13.9
0.0

100.0
11.8
32.5
30.9
14.6
6.2
4.0

Tenencia de la vivienda
Contrato
Mixto
Anticrético
0.2
0.0
0.3
0.4
0.2
0.3
0.0

7.6
9.8
8.8
8.7
6.4
4.5
3.7

Cedida por
Servicios
Parentesco
100.0
14.8
36.9
22.7
12.7
7.7
5.2

100.0
14.1
42.9
25.2
8.0
3.9
5.9

Cedida por
Servicios
Parentesco
5.0
8.2
6.6
4.3
3.7
3.8
3.1

15.5
24.0
23.6
14.5
7.2
5.9
10.9

CUADRO 6
BOL IVIA 1992: T ENENCIA DE L A VIVIENDA, EDAD E ÍNDICE REL AT IVO DEL INGRES O DIS PONIBL E DEL JEFE DEL HOGAR
(S ector urbano)

Edad del
jefe del hogar
Total
10-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-98

Edad del
jefe del hogar
Total
10-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-98

Ingreso

Propia

Alquilada

100
60
88
127
123
89
64

100
51
97
117
121
77
67

100
63
82
148
92
172
54

Ingreso

Propia

Alquilada

100
100
100
100
100
100
100

109
93
120
100
107
95
116

62
132
164
71
136
60
26

Tenencia de la vivienda
Contrato
Mixto
Anticrético
100
0
77
106
187
42
0

100
46
91
143
112
57
27

Tenencia de la vivienda
Contrato
Mixto
Anticrético
78
0
68
65
118
37
0

113
87
116
127
103
73
48

Cedida por
Servicios
Parentesco
100
99
91
96
164
96
27

100
81
93
131
139
63
39

Cedida por
Servicios
Parentesco
68
112
71
52
91
74
29

78
105
82
80
88
56
47

FUENTE: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

57

Serie Financiamiento del Desarrollo *
No.

Título

1

Regulación y Supervisión de la Banca en la Experiencia de Liberalización Financiera
en Chile (1974-1988) (LC/L.522), noviembre de 1989.

2

Ahorro e Inversión bajo Restricción Externa y Focal. El caso de Chile 1982-1987
(LC/L.526), diciembre de 1989.

3

Los Determinantes del Ahorro en México (LC/L.549), febrero de 1990.

4

Ahorro y Sistemas Financieros: Experiencia de América Latina. Resumen y
conclusiones (LC/L.553), abril de 1990.

5

La Cooperación Regional en los campos Financiero y Monetario (LC/L.603),
noviembre de 1990.

6

Regulación del Sistema Financiero y Reforma del Sistema de Pasivos: Experiencias
de América Latina (LC/L.609), enero de 1991.

7

El Leasing como Instrumento para facilitar el Financiamiento de la Inversión en la
Pequeña y Mediana Empresa de América Latina (LC/L.652), noviembre de 1991.

8

Regulación y Supervisión de la Banca e Instituciones Financieras (LC/L.655),
noviembre de 1991.

9

Sistemas de Pensiones de América Latina. Diagnóstico y Alternativas de Reforma
(LC/L.656), noviembre de 1991.

10

¿Existe aún una Crisis de Deuda Latinoamericana? (LC/L.664), diciembre de 1991.

11

La Influencia de las Variables Financieras sobre las Exportaciones bajo un Régimen
de Racionamiento de Crédito: Una aproximación teórica y su aplicación al caso
chileno (LC/L.721), noviembre de 1992.

12

Las Monedas comunes y la creación de liquidez regional (LC/L.724), diciembre de
1992.

13

Análisis Estadístico de los Determinantes del Ahorro en Países de América Latina.
Recomendaciones de política (LC/L.755), junio de 1993.

14

Regulación, Supervisión y Desarrollo del Mercado de Valores (LC/L.768), julio de
1993.

15

Empresas de Menor Tamaño Relativo: Algunas Características del Caso Brasileño
(LC/L.833), mayo de 1994.

*

El lector interesado en números anteriores de esta serie puede solicitarlos dirigiendo su
correspondencia a la Unidad de Financiamiento de la División de Comercio
Internacional, Transporte y Financiamiento, CEPAL, Casilla 179-D, Santiago de Chile.
59

16

El Acceso de las Pequeñas y Medianas Empresas al Financiamiento y el programa
nacional de apoyo a la PYME del Gobierno chileno: Balance preliminar de una
experiencia (LC/L.834), mayo de 1994.

17

La Experiencia en el Financiamiento de la Pequeña y Mediana Empresa en Costa
Rica (LC/L.835), mayo de 1994.

18

Acceso a los Mercados Internacionales de Capital y desarrollo de instrumentos
financieros: el caso de México (LC/L.843), junio de 1994.

19

Fondos de Pensiones y Desarrollo del Mercado de Capitales en Chile: 1980-1993
(LC/L.839), mayo de 1994.

20

Situación y Perspectivas de Desarrollo del Mercado de Valores del Ecuador
(LC/L.830), junio de 1994.

21

Integración de las Bolsas de Valores en Centroamérica (LC/L.856), agosto de 1994.

22

La Reanudación de las Corrientes Privadas de Capital hacia América Latina: El papel
de los inversionistas norteamericanos (LC/L.853), agosto de 1994.

23

Movimientos de Capitales, Estrategia Exportadora y Estabilidad macroeconómica en
Chile (LC/L.854), agosto de 1994.

24

Corrientes de Fondos Privados Europeos hacia América Latina: Hechos y
planteamientos (LC/L.855), agosto de 1994.

25

El movimiento de Capitales en la Argentina (LC/L.857), agosto de 1994.

26

Repunte de los Flujos de Capital y el Desarrollo: Implicaciones para las políticas
económicas (LC/L.859), agosto de 1994.

27

Flujos de Capital: El Caso de México (LC/L.861), agosto de 1994.

28

El Financiamiento Latinoamericano en los mercados de capital de Japón (LC/L.862),
agosto de 1994.

29

Reforma a los Sistemas de Pensiones en América Latina y el Caribe (LC/L.879),
febrero de 1995.

30

Acumulación de Reservas Internacionales: Sus causas efectos en el caso de
Colombia (LC/L.901), julio de 1995.

31

Financiamiento de las Unidades Económicas de Pequeña escala en Ecuador
(LC/L.903), septiembre de 1995.

32

Acceso de la Pequeña y Microempresa al Sistema Financiero en Bolivia: situación
actual y perspectivas (LC/L.907), septiembre de 1995.

33

Private International Capital flows to Brazil (LC/L.909), octubre de 1995.

34

Políticas de Financiamiento de las Empresas de Menor Tamaño: Experiencias
recientes en América Latina (LC/L.911), octubre de 1995.

60

35

Flujos Financieros Internacionales Privados de Capital a Costa Rica (LC/L.914),
octubre de 1995.

36

Distribución del Ingreso, Asignación de Recursos y Shocks Macroeconómicos. Un
Modelo de Equilibrio general computado para la Argentina en 1993 (LC/L.940), mayo
de 1996.

37

Operación de Conglomerados Financieros en Chile: Una propuesta (LC/L.949), julio
de 1996.

38

Efectos de los Shocks Macroeconómicos y de las Políticas de Ajuste sobre la
distribución del ingreso en Colombia (LC/L.965), agosto de 1996.

39

Nota sobre el Aumento del Ahorro Nacional en Chile, 1980-1994 (LC/L.984), octubre
de 1996.

40

Flujos de Capital externo en América Latina y el Caribe: Experiencias y Políticas en
los noventa (LC/L.1002), abril de 1997.

41

Surgimiento y Desarrollo de los Grupos Financieros en México (LC/L.1003), abril de
1997.

42

Costa Rica: Una revisión de las Políticas de Vivienda aplicadas a partir de 1986
(LC/L.1004), junio de 1997.

43

Choques, Respostas de Politica Economica e distribucao de renda no Brasil
(LC/L.1005), junio de 1997.

44

Distribución del Ingreso, shocks y políticas macroeconómicas (LC/L.1006), mayo de
1997.

45

Pension Reforms in Central and Eastern Europe: necessity, approaches and open
questions (LC/L.1007), abril de 1997.

46

Financiamiento de la Vivienda de Estratos de Ingresos Medios y Bajos: La experiencia
chilena (LC/L.1008), mayo de 1997.

47

La Reforma a la Seguridad Social en Salud de Colombia y la teoría de la competencia
regulada (LC/L.1009), mayo de 1997.

48

On Economic Benefits and Fiscal Requirements of moving from unfunded to funded
pensions (LC/L.1012), junio de 1997.

49

Eficiencia y Equidad en el Sistema de Salud chileno (LC/L.1030), julio de 1997.

50

La Competencia Manejada y Reformas para el sector Salud de Chile (LC/L.1031),
julio de 1997.

51

Mecanismos de pago/contratación del Régimen Contributivo dentro del marco de
seguridad social en Colombia (LC/L.1032), julio de 1997.

61

52

A Comparative study of health care policy in United States and Canada: what
policymakers in Latin America might and might not learn from their neighbors to the
North (LC/L.1033), julio de 1997.

53

Reforma al Sector Salud en Argentina (LC/L.1035), julio de 1997.

54

Hacia una Mayor Equidad en la Salud: El caso de Chile (LC/L.1036), julio de 1997.

55

El Financiamiento del Sistema de Seguridad Social en Salud en Colombia
(LC/L.1037), julio de 1997.

56

Las Instituciones de Salud Previsional (ISAPRES) en Chile (LC/L.1038), julio de
1997.

57

Gasto y Financiamiento en Salud en Argentina (LC/L.1040), julio de 1997.

58

Mujer y Salud (LC/L.1041), julio de 1997.

59

Tendencias, escenarios y fenómenos emergentes en la configuración del sector salud
en la Argentina (LC/L.1042), julio de 1997.

60

Reformas al Financiamiento del Sistema de Salud en Argentina (LC/L.1043), julio de
1997.

61

Logros y Desafíos de la Financiación a la Vivienda para los grupos de ingresos
medios y bajos en Colombia (LC/L.1039), julio de 1997.

62

Acesso ao Financiamento para moradia pelos extratos de média e baixa renda. A
experiência brasileira recente (LC/L.1044), julio de 1997.

63

Acceso a la Vivienda y Subsidios directos a la demanda: Análisis y lecciones de las
experiencias latinoamericanas (LC/L.1045), julio de 1997.

64

Crisis Financiera y Regulación de Multibancos en Venezuela (LC/L.1046), julio de
1997.

65

Reforma al Sistema Financiero y Regulación de Conglomerados Financieros en
Argentina (LC/L.1047), julio de 1997.

66

Regulación y Supervisión de Conglomerados Financieros en Colombia (LC/L.1049),
agosto de 1997.

67

Algunos Factores que inciden en la Distribución del Ingreso en Argentina, 1980-1992.
Un análisis descriptivo (LC/L.1055), agosto de 1997.

68

Algunos factores que inciden en la Distribución del Ingreso en Colombia, 1980-1992.
Un análisis descriptivo (LC/L.1060), agosto de 1997.

69

Algunos factores que inciden en la Distribución del Ingreso en Chile, 1987-1992. Un
análisis descriptivo (LC/L.1067), septiembre de 1997.

70

Un análisis descriptivo de la Distribución del Ingreso en México, 1984-1992
(LC/L.1068), septiembre de 1997.

62

71

Un análisis descriptivo de factores que inciden en la Distribución del Ingreso en Brasil,
1979-1990 (LC/L.1077 y Corr.1), septiembre de 1997.

72

Rasgos estilizados de la Distribución del Ingreso en cinco países de América Latina y
lineamientos generales para una política redistributiva (LC/L.1084), diciembre de
1997.

73

Perspectiva de Género en la Reforma de la Seguridad Social en Salud en Colombia
(LC/L.1108), mayo de 1998.

74

Reformas a la Institucionalidad del Crédito y el Financiamiento a Empresas de Menor
Tamaño: La experiencia chilena con sistemas de segundo piso 1990-1998.
(LC/L.1156), noviembre de 1998.

75

“El Factor Institucional en Reformas a las Políticas de Crédito y Financiamiento de
Empresas de Menor Tamaño: La experiencia colombiana reciente” (LC/L.1163),
enero de 1999.

76

“Un Perfil del Déficit de Vivienda en Uruguay, 1994”. (LC/L.1165), enero de 1999.

77

“El Financiamiento de la Pequeña y Mediana Empresa en Costa Rica: Análisis del
Comportamiento Reciente y Propuestas de Reforma” (LC/L.1178), marzo de 1999.

78

“El Factor Institucional en los Resultados y Desafíos de la Política de Vivienda de
Interés Social en Chile” (LC/L.1194), abril de 1999.

79

“Un Perfil del Déficit de Vivienda en Bolivia, 1992” (LC/L.1200), mayo de 1999.

63


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