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<dcvalue element="relation" qualifier="ispartof" language="es_ES">En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcvalue>
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E
I
E R
S

136

financiamiento del desarrollo

P

olítica fiscal y protección
social: sus vínculos en la
experiencia chilena
Alberto Arenas de Mesa
Julio Guzmán Cox

Unidad de Estudios Especiales
Secretaría Ejecutiva
Santiago de Chile, Julio de 2003

Este documento fue preparado por Alberto Arenas de Mesa, PhD en Economía,
Universidad de Pittsburgh (USA). Subdirector de Racionalización y Función
Pública, Dirección de Presupuestos, Ministerio de Hacienda, Chile, y
Julio Guzmán Cox, Máster en Economía Aplicada, Pontificia Universidad
Católica de Chile. Economista Departamento de Estudios, Dirección de
Presupuestos, Ministerio de Hacienda, Chile. Este trabajo se presenta en el
marco del Proyecto Cuenta Especial de Naciones Unidas para el Desarrollo
(UNDA) para “Aumentar la capacidad de las políticas de desarrollo económico
y social de los gobiernos de América Latina y El Caribe”. Los autores agradecen
los valiosos comentarios de Paula Benavides, Jaime Crispi, Bernardita
Piedrabuena, Jaime Ruiz Tagle, Marcelo Tokman, Andras Uthoff y Rodrigo
Valdés.
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a revisión
editorial, son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir
con las de la Organización.

Publicación de las Naciones Unidas
ISSN impreso 1564-4197
ISSN electrónico 1680-8819
ISBN: 92-1-322197-5
LC/L.1930-P
N° de venta: S.03.II.G.86
Copyright © Naciones Unidas, julio de 2003. Todos los derechos reservados
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse al
Secretario de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York,
N. Y. 10017, Estados Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones
gubernamentales pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Sólo se les
solicita que mencionen la fuente e informen a las Naciones Unidas de tal reproducción.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

Índice

Resumen ........................................................................................ 5
I. Introducción............................................................................... 7
II. Política fiscal macroeconómica en Chile........................... 9
2.1 Responsabilidad fiscal y protección social............................ 9
2.2 Balance estructural y regla de política fiscal: ¿rigidez o
flexibilidad?......................................................................... 10
2.3 El rol de la política fiscal contracíclica en la protección
social.................................................................................... 15
2.4 Manejo de la deuda pública................................................. 17
III. El sistema de protección social y la política fiscal ....... 19
3.1 Evolución del gasto público y la pobreza............................ 20
3.2 Cobertura del sistema de protección social
según función....................................................................... 23
3.3 El sistema de protección social y su efecto distributivo...... 26
IV. Política fiscal, pasivos contingentes
e institucionalidad de la política social............................ 29
4.1 Rol de la política fiscal en el desarrollo de la
institucionalidad de la política social .................................. 29
4.2 Pasivos contingentes y aspectos de mediano plazo de las
políticas de protección social .............................................. 32
V. Comentarios finales............................................................... 37
5.1 Modernización de la política fiscal ..................................... 37
5.2 Desafíos del sistema de protección social ........................... 38
Bibliografía ...................................................................................... 41
Serie financiamiento del desarrollo:
números publicados...................................................................... 43

3

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

Índice de cuadros
Cuadro 1
Cuadro 2
Cuadro 3

Gastos del gobierno central ........................................................................................ 15
Sistema de protección social en Chile según funciones............................................. 24
Cobertura de la protección social según grupos selectos de la población.................. 25

Índice de gráficos
Gráfico 1
Gráfico
Gráfico
Gráfico
Gráfico
Gráfico
Gráfico

4

2
3
4
5
6
7

Metodología de preparación del presupuesto
bajo la regla de superávit estructural de 1% del PIB.................................................. 12
Riesgo país: spread de la deuda soberana.................................................................. 13
Gasto social y gasto público total como porcentaje del PIB (1990–2001) ................ 21
Gasto social como porcentaje del gasto público total (1990–2001) .......................... 22
Estructura sectorial del gasto social (1990, 1995 y 2001) ......................................... 22
Evolución de la incidencia de la pobreza e indigencia............................................... 23
Composición de los ingresos de los hogares por quintil de ingreso
autónomo per cápita del hogar según tipo de ingreso (2000)..................................... 27

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

Resumen

En Chile, la política fiscal ha cumplido distintos roles en estos
últimos años, entre los más destacados pueden mencionarse los
siguientes: (i) ha ayudado a la estabilidad macroeconómica y con ello ha
potenciado el crecimiento económico; (ii) ha generado un
financiamiento estable y equilibrado para el sistema de protección
social, y (iii) ha influido en la institucionalidad de las políticas sociales y
del sistema básico de protección social. Este trabajo explora y
profundiza en estos roles, investigando en sus relaciones y analizando
cuán vinculados están unos con otros en la experiencia fiscal–social
chilena de estos últimos años.
El desarrollo y financiamiento estable del sistema de protección
social ha sido una de las prioridades de la política fiscal en Chile durante
los últimos doce años. La reducción de la pobreza e indigencia, la
política de igualdad de oportunidades y la lucha contra las inequidades
han sido los principales ejes de la política social, registrándose
progresos en esta materia, en especial, a partir de la década de los años
noventa.
El caso chileno asoma como un ejemplo en cuanto a un manejo
prudente y ordenado de las cuentas fiscales y una conducción que ha
privilegiado la mantención de los equilibrios y la eficiencia de la gestión
por sobre visiones de corto plazo. En efecto, durante los años noventa
Chile ha logrado compatibilizar un apoyo fiscal sostenido para el
desarrollo social –inclusive durante el período de desaceleración
económica (1998-2002)– junto con la disminución de la deuda bruta
del Gobierno Central desde 43,8% a 15,9% del PIB entre 1989 y 2002.

5

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

La implementación de la regla fiscal basada en la mantención de un superávit estructural de
1% del PIB ha permitido que el gasto fiscal social cumpla un papel anticíclico durante los últimos
años. Su aplicación le ha dado estabilidad al desarrollo de políticas públicas que, junto con la
mantención de los equilibrios fiscales necesarios, ha permitido orientar las expectativas de los
agentes económicos respecto a la dirección de la política fiscal.
Desde el punto de vista de las políticas sociales, la estabilidad que la aplicación de esta regla le
ha dado al desarrollo de políticas públicas es tanto o más importante que la capacidad contracíclica de
las finanzas públicas y la credibilidad de la señal de mediano plazo que la misma genera. Al darle
estabilidad a los niveles de gasto público, la aplicación de la regla de superávit estructural ha
permitido continuar incrementando el gasto público social y de inversión, y enfrentar con nuevos
programas las consecuencias de la desaceleración económica, lo que se ha combinado con un fuerte
esfuerzo de reasignación de recursos. Ello se refleja claramente en la evolución reciente del gasto
social y la inversión pública, cuyo crecimiento promedio estimado entre 2001 y 2003 es de 5,8% y
7,9% real anual, respectivamente, cifras que son superiores al crecimiento promedio del gasto público
total durante dicho período (4,6%).
A pesar de estos avances, la pobreza aún es una realidad y los pobres continúan siendo
vulnerables a riesgos de reducciones drásticas en sus ingresos. Como consecuencia, surge un conjunto
de desafíos en cuanto a la modernización de la política fiscal y al desarrollo de un nuevo orden
institucional del sistema de protección social.
En relación a la modernización de la política fiscal, ha sido propuesto, entre otras medidas,
profundizar el manejo de las finanzas públicas bajo un enfoque intertemporal y contracíclico. Ello
conlleva, por ejemplo, una mejor medición, monitoreo y manejo de los pasivos contingentes y sus
efectos de mediano plazo.
Respecto del nuevo orden institucional del sistema de protección social y sus desafíos, se
requiere que este sistema evolucione, para que los instrumentos y políticas diseñados para la
población en extrema pobreza puedan consolidar el objetivo de entregar una red básica de protección
social a la población más vulnerable.
El sistema de protección social en Chile debería enfrentar un proceso de modernización donde
los esfuerzos de las redes de protección sean coordinados y administrados de forma más eficiente y en
una institucionalidad flexible y más descentralizada que permita este objetivo. Ello, junto con la
creación de un sistema de información de protección social que permita optimizar el funcionamiento
de la red básica.
Esta modernización debería contemplar una revisión exhaustiva del conjunto de subsidios,
transferencias, fondos y programas de apoyo actualmente existentes, con el objeto de construir a partir
de ellos un sistema de protección social bajo la responsabilidad de una única institución. Este debería
ser uno de los principios ordenadores del nuevo sistema de protección social, el concepto de
“ventanilla única”.
Un segundo principio en el diseño de un nuevo orden institucional es el cambio de unidad o
núcleo de focalización. La familia, y no el individuo, puede convertirse en la unidad de referencia para
la focalización de la acción pública.
El tercer principio clave para el nuevo orden institucional del sistema básico de protección
social consiste en focalizar el esfuerzo prioritario en la población indigente y la pobreza,
especialmente rural, siendo ambas realidades de extrema dureza.
Con este tipo de diseño se favorecerá una mayor integración de las políticas públicas y mejor
coordinación de los programas sectoriales, evitando de esta manera la duplicación de esfuerzos y
recursos públicos. El gran desafío hacia el futuro puede sintetizarse en que –a través de un proceso
de desarrollo económico sostenido– puedan consolidarse las soluciones al problema de la pobreza y
se alcance un sistema estable e integrado de protección social que facilite la igualdad de
oportunidades, en especial, para las familias más vulnerables. El desamparo social obstaculiza
cualquier idea de alcanzar una sociedad democrática.
6

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

I.

N° 136

Introducción

En Chile, la política fiscal ha cumplido distintos roles en estos
últimos años, entre los más destacados puede mencionarse los
siguientes: (i) ha ayudado a la estabilidad macroeconómica y con ello
ha potenciado el crecimiento económico; (ii) ha generado un
financiamiento estable y equilibrado para el sistema de protección
social, desarrollándose este último, entre otros factores, gracias a estas
favorables condiciones; y (iii) ha influido en la institucionalidad de las
políticas sociales y del sistema básico de protección social. Este
trabajo pretende explorar y profundizar en estos roles, indagar en sus
relaciones y analizar cuán vinculados están unos con otros en la
experiencia fiscal–social chilena de estos últimos años.
La importancia creciente de la estabilidad fiscal es
particularmente relevante, dado que la globalización de los mercados
financieros es una realidad. La creciente globalización de la economía
y la integración de los mercados ha generado grandes oportunidades
de crecimiento y desarrollo para las economías de América Latina.
Junto a estas mayores oportunidades de crecimiento, sin embargo, la
población de las economías emergentes que ha visto incrementado su
ingreso nacional, sus posibilidades de consumo y su bienestar, ha
experimentado una mayor vulnerabilidad frente a las fluctuaciones de
la economía mundial. Como un proceso simultáneo al incremento de
riesgos asociado a la mayor exposición de los países a factores
externos, se ha experimentado un desarrollo de los mercados de
seguros y mecanismos formales e informales de protección.
En este contexto económico en permanente evolución, las
políticas sociales de protección social se tornan cada vez más
relevantes, no sólo por un concepto de equidad sino como parte de una
7

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

estrategia de desarrollo económico que permita que los pobres, una vez cubiertos sus riesgos básicos, adopten
decisiones más proactivas de superación de la pobreza. El sistema de protección social, en este sentido,
pretende colaborar en la reducción de la vulnerabilidad o riesgos de la población más vulnerable ante shocks
adversos, tanto internos como externos.
El desarrollo y financiamiento estable del sistema de protección social ha sido una de las prioridades de
la política fiscal en Chile durante los últimos años. La reducción de la pobreza e indigencia, la política de
igualdad de oportunidades y la lucha contra las inequidades han sido los principales ejes de la política social,
registrándose progresos en esta materia, sin embargo, la pobreza aún es una realidad y los pobres continúan
siendo vulnerables a riesgos de reducciones drásticas en sus ingresos.
La política fiscal y la situación financiera han sido factores sustanciales en la clasificación de riesgo
internacional de Chile, por lo que, entre otros factores, un correcto y equilibrado financiamiento del gasto
social es determinante en el acceso al crédito externo a bajo costo y es, por lo tanto, una de las principales
fortalezas o debilidades de una economía frente a la volatilidad de los mercados internacionales. Los recientes
episodios de crisis económicas internacionales, que han impactado fuertemente a las economías de América
Latina muestran como muchas de ellas que se encontraban en situaciones fiscales en desequilibrio han debido
realizar dolorosos procesos de ajuste económico, que en lugar de permitir paliar los efectos adversos de la
crisis profundizan su impacto. En el caso de la economía chilena, la compatibilización de un fuerte crecimiento
del gasto social con una política fiscal sana y equilibrada han permitido hacer frente a los períodos de crisis con
un importante contingente de medidas transitorias que han permitido suavizar los patrones de consumo básicos
de la población de menores ingresos.
En este contexto, el caso chileno asoma como un ejemplo en cuanto a un manejo prudente y ordenado
de las cuentas fiscales y una conducción que ha privilegiado la mantención de los equilibrios y la eficiencia de
la gestión por sobre visiones de corto plazo. En efecto, en Chile se ha logrado compatibilizar un apoyo fiscal
sostenido para el desarrollo social junto con una importante disminución de la deuda pública.
En este marco de referencia, cada vez es más importante asegurar la existencia de responsabilidad
fiscal, que permita administrar las finanzas públicas en una trayectoria sostenible. Sin embargo, para reducir la
volatilidad agregada también es necesario permitir que la política fiscal juegue un papel anticíclico. En Chile,
la implementación de la regla fiscal basada en la mantención de un Superávit Estructural de 1% del PIB
precisamente va en esta dirección.
Se ha mencionado que a través de la aplicación de la regla de 1% del PIB se busca que las decisiones
concernientes al gasto público se tomen considerando las disponibilidades más permanentes de financiamiento,
evitando comprometer gastos con cargo a holguras pasajeras de ingresos propias del ciclo económico, como
asimismo reducir innecesariamente el nivel de actividad fiscal ante pérdidas de ingreso que se saben de
naturaleza transitoria. De este modo, se busca obtener como beneficios el asegurar los equilibrios
macroeconómicos de mediano plazo y minimizar los costos asociados al ciclo (Ministerio de Hacienda,
2002b). Se pretende que el Balance Estructural eleve tanto la transparencia como la flexibilidad en el manejo
coyuntural de las finanzas públicas, contribuyendo a transformar a la política fiscal en un instrumento central
para la promoción de la estabilidad macroeconómica y el crecimiento en el mediano y largo plazo.
Desde la perspectiva de la protección social, este tema tiene singular relevancia, ya que si no se realiza
una correcta previsión de los compromisos fiscales futuros, se corre el riesgo de tener que sacrificar en un
momento dado recursos destinados a fines sociales para cubrir pasivos que van haciéndose efectivos en el
tiempo. De ahí la importancia de considerar el manejo de los pasivos contingentes como parte de los aspectos
de mediano plazo de las políticas de protección social.
Este documento contiene cuatro secciones además de esta introducción. La sección 2 presenta un
resumen de la política fiscal macroeconómica y la política de balance estructural. La sección 3 muestra el
sistema de protección social y sus efectos en la reducción de la pobreza y distribución del ingreso. La sección 4
entrega las relaciones entre la política fiscal y la institucionalidad de los programas sociales, además de detallar
los más importantes pasivos contingentes. Por último, la sección 5 presenta los comentarios finales y las
conclusiones.

8

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

II. Política fiscal macroeconómica
en Chile

2.1 Responsabilidad fiscal y protección social
A lo largo de los ciclos económicos de las últimas dos décadas,
la responsabilidad fiscal ha adquirido una importancia creciente en el
manejo económico y, en especial, en la gestión de las políticas sociales
en América Latina. Los grandes ajustes de la década de los 80 y la
realidad actual de algunos países, han demostrado con particular
crudeza que una conducción poco responsable de las finanzas públicas
puede tener consecuencias muy negativas desde el punto de vista
económico y social.
La importancia creciente de la estabilidad fiscal como
instrumento clave para el desarrollo sostenido de la institucionalidad
de las políticas sociales es particularmente relevante en la actualidad,
en donde la globalización de los mercados financieros es una realidad.
El carácter procíclico de los capitales internacionales de corto plazo y
la relevancia de la evolución de los términos de intercambio lleva a
que los países desarrollen mecanismos de autoseguro –tales como
fondos de estabilización– y de diversificación del riesgo –como la
inversión en el exterior– que permiten atenuar los efectos de las crisis
económicas sobre las finanzas públicas (De Ferranti y otros,2000).
Esto permite disminuir la probabilidad de ajuste en los presupuestos
de los distintos programas sociales.

9

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

A lo anterior, se suman los cambios de tendencia de los últimos años en la visión económica
respecto de las finanzas públicas y su vínculo con la protección social. El movimiento progresivo
ha ido desde un análisis de corto plazo, centrado en la demanda agregada y la liquidez disponible
para financiamiento, hacia una mirada de mediano plazo centrada en la capacidad de dar respuesta
a las necesidades de la población en momentos de crisis, la sostenibilidad financiera, los riesgos
fiscales, las restricciones presupuestarias intertemporales y la eficiencia en la gestión pública.
En este contexto, el caso chileno asoma como un ejemplo por la adecuada mezcla de un
manejo prudente y ordenado de las cuentas fiscales y de un desarrollo sostenido de las políticas
sociales.1 Se ha privilegiado la mantención de los equilibrios y la eficiencia de la gestión por sobre
visiones de corto plazo, lo que se ha traducido en una mejor capacidad de respuesta frente a las
demandas sociales que se generan en momentos de crisis. En efecto, durante los 90’s, se ha logrado
compatibilizar un apoyo fiscal sostenido para el desarrollo social, inclusive durante el período de
desaceleración económica (1998–2002), junto con la disminución de la deuda bruta del Gobierno
Central desde 43,8% a 15,9% del PIB entre 1989 y 2002.
La discusión de la política fiscal latinoamericana ha estado centrada en la sostenibilidad
financiera de largo plazo, ignorando muchas veces los efectos del sesgo procíclico de política fiscal
y del ciclo económico. Perry (2002) argumenta que esto es un error grave por cuanto los costos de
las políticas procíclicas en Latinoamérica son enormes en términos de crecimiento y bienestar,
especialmente para el caso de los más pobres. Las políticas y reglas fiscales procíclicas –agrega–
tienen un sesgo hacia la generación de déficit y, por lo tanto, terminan siendo no sostenibles ni
creíbles.
Es probable que las políticas fiscales inestables sean una de las causas básicas de la
volatilidad agregada de Latinoamérica (De Ferranti y otros, 2000). Por lo tanto, es de suma
importancia asegurar la existencia de responsabilidad fiscal, con el propósito de que las finanzas
públicas transiten en una trayectoria sostenible. Sin embargo, para reducir la volatilidad agregada
también es necesario permitir que la política fiscal juegue un papel anticíclico, de modo que las
políticas sociales no sean sacrificadas en momentos de crisis. Este es precisamente uno de los
objetivos de la regla de política fiscal aplicada en Chile, cuyo análisis se presenta a continuación.

2.2 Balance estructural y regla de política fiscal: ¿rigidez o
flexibilidad?
La política fiscal macroeconómica tiene dos grandes objetivos: un rol estabilizador de corto
plazo y un compromiso de sostenibilidad en el largo plazo. En algunas economías, las presiones
sociales o de grupos de interés hacen que muchas veces se subordine el segundo objetivo en favor
del cumplimiento del primero, pudiéndose desencadenar déficit fiscales no sostenibles. Las reglas
de política fiscal bien diseñadas pueden reconciliar estos dos grandes objetivos.
En este contexto, desde el año 2000 se ha introducido una regla explícita para la
formulación, conducción y evaluación de la política fiscal en Chile, cual es la mantención de un
Superávit Estructural del Gobierno Central de 1% del PIB. Sus objetivos, la construcción del
indicador de política fiscal y el análisis de sus ventajas y limitaciones se detallan a continuación.

1

10

Para un análisis de las principales reformas fiscales implementadas en Chile durante los últimos años, ver Marcel y Tokman (2002).

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

2.2.1

N° 136

Objetivos del indicador de balance estructural y de la regla
de política fiscal

Entre los objetivos específicos buscados por las reglas de política fiscal que han sido
aplicadas en diversos países de la OECD están: (1) la intención de asegurar la estabilidad
macroeconómica; (2) aumentar la credibilidad de la política fiscal y ayudar a la estabilización de la
deuda pública; (3) asegurar la sostenibilidad de largo plazo de la política fiscal; (4) minimizar las
externalidades negativas de los tratados internacionales (como el caso del Tratado de Maastricht); y
(5) reducir el sesgo procíclico de la política fiscal.
En el caso chileno, se ha mencionado que a través de la aplicación de la regla de política
fiscal se busca que las decisiones concernientes al gasto público se tomen considerando las
disponibilidades más permanentes de financiamiento, evitando comprometer gastos con cargo a
holguras pasajeras de ingresos propias del ciclo económico, como asimismo reducir
innecesariamente el nivel de actividad fiscal ante pérdidas de ingreso que se saben de naturaleza
transitoria. De este modo, se busca obtener como beneficios el asegurar los equilibrios
macroeconómicos de mediano plazo y minimizar los costos asociados al ciclo.2 Se pretende que el
Balance Estructural eleve tanto la transparencia como la flexibilidad en el manejo coyuntural de las
finanzas públicas, contribuyendo a transformar la política fiscal en un instrumento central para la
promoción de la estabilidad macroeconómica y el crecimiento en el mediano y largo plazo (Marcel
y otros, 2001).

2.2.2

Aspectos metodológicos

En el caso chileno, de los diversos indicadores de política fiscal existentes se ha optado por
el de balance estructural, ya que, entre otros factores, su metodología es conocida, legitimada y
aplicada por el FMI y la OECD. Si bien este indicador no involucra por sí solo una regla de política
fiscal, provee la base para el establecimiento de la regla de generación de un superávit estructural
de 1% del PIB.
Para el cálculo del Balance Estructural del Sector Público de Chile (BESP) se han seguido
los criterios utilizados por el FMI para la estimación de balances estructurales en los países
desarrollados. A la metodología estándar seguida por este organismo se le han realizado dos ajustes
para dar cuenta de las características propias del sector público chileno: (i) no se han efectuado
ajustes por el ciclo económico en los gastos, dada la ausencia de programas de gasto que respondan
automáticamente a dicho ciclo, y (ii) se ha agregado un ajuste específico para los ingresos
provenientes del cobre, por tratarse de una fuente importante de ingresos fiscales originada en la
explotación de un producto primario cuyo precio exhibe reversión a la media.
De este modo, el BESP refleja el monto que los ingresos y gastos fiscales alcanzarían si el
producto estuviera en su nivel potencial y el precio del cobre fuera el de mediano plazo; por lo
tanto, excluye los efectos cíclicos y aleatorios de dos factores de principal importancia para el caso
chileno: la actividad económica y el precio del cobre.
La estimación del Balance Estructural se desarrolla en tres etapas. La primera consiste en la
estimación del balance ajustado. Por medio de ajustes contables al balance efectivo se determinan
las partidas de ingresos y gastos que deben ser incluidas en el balance ajustado para que éste refleje
la variación patrimonial neta del sector público. La segunda abarca la estimación de los
componentes cíclicos del presupuesto, esto es, la estimación del impacto de la evolución cíclica de
la actividad económica y del precio del cobre sobre los agregados fiscales. Para la estimación del
precio del cobre y del nivel de actividad de largo plazo se crearon respectivamente dos instancias
2

Estado de la Hacienda Pública 2002, Presentación del Ministro de Hacienda, octubre 2002.

11

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

compuestas por expertos independientes, cuales son el Comité Consultivo del Precio de Referencia
del Cobre y el Comité Consultivo del PIB Potencial. La tercera etapa consiste en que, a partir del
balance ajustado y del cálculo de los componentes cíclicos, se estima el Balance Estructural.3
En el gráfico 1 se presenta la metodología básica de la preparación del presupuesto sobre la
base del objetivo de generar un balance estructural de 1% del PIB, indicándose los componentes
que influyen en la proyección de los ingresos estructurales, en el límite al crecimiento del gasto
estructural y en el límite al crecimiento en el gasto contable.
Gráfico 1

METODOLOGÍA DE PREPARACIÓN DEL PRESUPUESTO
BAJO LA REGLA DE SUPERÁVIT ESTRUCTURAL DE 1% DEL PIB
P R O Y E C C IÓ N
IN G R E S O S
CO NTABLES
LEY DE PPTO S

+

D E P Ó S IT O S D E V E N G A D O S A L F C C

-

R E C U P E R A C IÓ N D E P R É S T A M O S
IN G R E S O S D E P R IV A T IZ A C IO N E S
V E N T A D E A C T IV O S F IN A N C IE R O S

+

A J U S T E P O R C IC L O D E A C T IV ID A D (P IB )
A J U S T E P O R C IC L O P R E C IO D E L C O B R E

=

P R O Y E C C IÓ N D E IN G R E S O S
ESTRUC TU RALES

P R O Y E C C IÓ N IN G R E S O S E S T R U C T U R A L E S
+ M E T A S U P E R Á V IT E S T R U C T U R A L 1 % D E L P IB
L ÍM IT E C R E C IM IE N T O D E L G A S T O E S T R U C T U R A L

G ASTO
ESTRUCTURAL

+

-

C O M P R A D E T ÍT U L O S Y V A L O R E S
C O N C E S IÓ N D E P R É S T A M O S
G A S TO C O N T AB LE EN B O N O S D E
R E C O N O C IM IE N T O

FLUJO DE BONO S DE RECONO CI I
M ENTO
USO FEPP

=
G A ST O C O N T AB LE

L ÍM IT E C R E C IM IE N T O D E L G A S T O C O N T A B L E

Fuente: Marcel et al., 2001, pag 88.
Nota: FCC = Fondo Compensación del Cobre. / FEPP = Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo.

3

12

Para una explicación en detalle de los aspectos metodológicos y del procedimiento de estimación del Balance Estructural ver Marcel
y otros. (2001).

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

2.2.3

N° 136

Ventajas y limitaciones de la regla de política fiscal:
¿rigidez o flexibilidad?

Desde el año 2001, se han conducido las finanzas públicas del gobierno central bajo la regla
del superávit estructural de 1% del PIB. A pesar que dicha regla está en sus primeros años de vida,
es posible identificar un conjunto de beneficios que ha traído su aplicación durante los últimos tres
ejercicios presupuestarios.
En primer lugar, la regla de política ha ayudado a orientar las expectativas de los agentes
económicos respecto de la dirección de la política fiscal, adelantando los beneficios de la prudencia
futura. Su aplicación ha permitido dar una señal de austeridad y responsabilidad fiscal, en un
momento especialmente difícil del entorno económico internacional. Es así como una de las
consecuencias visibles de esta señal es que el riesgo país, medido por medio del spread de la deuda
soberana, se ha mantenido en niveles extraordinariamente bajos en la actual coyuntura. Esto ha
permitido proteger a la economía chilena, diferenciándola del resto de los países latinoamericanos
(ver gráfico 2).
Gráfico 2

RIESGO PAÍS: SPREAD DE LA DEUDA SOBERANA
(Puntos base)

2.000

1.500

1.000

500

0
m ar

jun

s ep

dic

mar

2 00 0

B rasil

jun

sep

2 0 01

M exic o

dic

m ar

jun

s ep

2 0 02

Chile

A rgentina
Fuente: JP Morgan Chase.

El bajo riesgo país ha favorecido de manera directa tanto al Estado como a las empresas
nacionales vía un menor costo del endeudamiento con el exterior. Así también, ha permitido darle
un mayor espacio a la política monetaria por medio de la reducción de la tasa de interés a su nivel
más bajo de los últimos años. Todo aquello ha permitido que los efectos de los shocks externos
sobre la actividad económica y la inversión no sean tan severos como en ocasiones anteriores. El
aporte de la combinación de una política monetaria expansiva, una política cambiaria de flotación y
una política fiscal preanunciada ha permitido que incluso el producto esté creciendo en esta
coyuntura (2,1% real durante 2002), a diferencia de América Latina y el Caribe, cuyo producto se
estima que disminuyó un 0,5% durante 2002 (CEPAL, 2002).
13

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

Asimismo en 2000, el rápido saneamiento estructural experimentado por las finanzas
públicas permitió generar la confianza y el espacio necesario para que el sector público pudiera
jugar un papel contracíclico en 2001 y 2002. Precisamente el carácter contracíclico que han logrado
tener las finanzas públicas es uno de los elementos de las políticas macroeconómicas que más se ha
destacado al nivel internacional.
De este modo, la regla de política ha permitido compatibilizar el cumplimiento de dos
objetivos complementarios que son altamente deseados en una economía con alta dependencia de
las condiciones externas como la chilena: el fortalecimiento de la disciplina fiscal y el
cumplimiento de un papel contracíclico. El fortalecimiento de la disciplina fiscal desde una
perspectiva de mediano plazo, centrada en la sostenibilidad financiera intertemporal y no en la
liquidez de corto plazo disponible para financiamiento. Ello se expresa en que se ha asegurado a los
agentes económicos y a los inversionistas que los déficits contables son esencialmente transitorios
y que los requerimientos de financiamiento se mantienen dentro de los límites compatibles con la
capacidad de generación de ingresos fiscales en el mediano plazo. El rol contracíclico desde una
perspectiva moderna, en donde se ha tomado en cuenta los costos en términos de crecimiento y
bienestar que tiene el hacer política fiscal procíclica, especialmente para los más pobres, lo que
precisamente es una de las debilidades de las economías en desarrollo. De hecho, la suavización del
crecimiento del gasto fiscal en el tiempo disminuye la probabilidad de tener que realizar ajustes
fiscales, permitiendo un desarrollo más sostenido de la institucionalidad de las políticas sociales.
En consecuencia, la regla del superávit estructural no le ha impuesto una rigidez adicional a
la política fiscal, sino que puede afirmarse que, por el contrario, le ha impuesto límites conocidos y
preanunciados a los déficits contables que han permitido contar con la flexibilidad necesaria para
apoyar el crecimiento económico, la inversión, y el desarrollo de las políticas sociales en momentos
particularmente difíciles.
En otras palabras, es muy probable que en un contexto sin regla fiscal y con déficits
contables similares o mayores a los que se han sucedido, las turbulencias latinoamericanas podrían
haber provocado un potencial expansivo efecto contagio en nuestra economía. Los inversionistas
probablemente habrían interpretado dichos déficits como signo de poco compromiso del gobierno
con la sostenibilidad de las finanzas públicas. Por otra parte, si se hubiese optado por equilibrar las
cuentas fiscales a lo largo del ciclo, los efectos en términos de sobreajuste habrían sido evidentes,
agravando las consecuencias de las malas condiciones externas sobre la economía. Ambos
escenarios hubiesen disminuido la capacidad de la política fiscal para proteger de los riesgos a los
más pobres a lo largo del ciclo.
Desde el punto de vista de las políticas sociales, el apego irrestricto al cumplimiento del
superávit estructural de 1% del PIB ha facilitado conciliar la austeridad fiscal con el desarrollo
continuo de la institucionalidad de las políticas de protección social. La estabilidad que la
aplicación de esta regla le ha dado al desarrollo de políticas públicas es tanto o más importante que
la capacidad contracíclica de las finanzas públicas y la credibilidad de la señal de mediano plazo
que la misma genera. La aplicación de la regla de superávit estructural, combinada con un fuerte
esfuerzo de reasignación de recursos, ha permitido continuar incrementando el gasto público social
y de inversión y enfrentar con nuevos programas las consecuencias de la desaceleración económica.
Ello se refleja, entre otros factores, en la evolución reciente del gasto social y de la inversión
pública, cuyo crecimiento promedio estimado entre 2001 y 2003 es de 5,8% y 7,9% real anual,
respectivamente. Como muestra el Cuadro 1, los incrementos por encima del promedio de estos
gastos prioritarios se han logrado, en estos dos últimos años, sobre la base del esfuerzo por
contener el crecimiento inercial de otros gastos. Así también, el mismo cuadro muestra que el alza
del gasto social y del gasto en inversión en los años 2001–2003 ha sido acompañada por gastos de

14

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

operación –personal y compra de bienes y servicios– y de defensa inferiores a los registrados como
promedio durante la década de los noventa.
Cuadro 1

GASTOS DEL GOBIERNO CENTRAL
(Variación porcentaje real anual)
Título de columna

Gasto total
Clasificación Económica
Gastos de Operación
Inversión real y transferencias de capital
Clasificación Funcional
Defensa
Gasto Social

Cifras ejecución
1990-2000
r/1990
6.6

Cifras presupuesto
2001-2003
r/2000
4.6

6.7
9.6

4.1
7.9

3.6
7.9

1.9
5.8

Fuente: Dirección de Presupuestos

Dentro de estos esfuerzos, por otra parte, resaltan fuertemente los logros en términos de
reasignar recursos para enfrentar las consecuencias sociales de la desaceleración de la economía.
Destaca fuertemente a este respecto, por ejemplo, lo que se ha hecho para enfrentar, en base a
programas especiales de empleo, la situación de las personas temporalmente desocupadas. Así, a
pesar de las restricciones enfrentadas, durante los últimos años se ha financiado programas de
empleo con apoyo fiscal posibilitando que las empresas recuperen su capacidad de generar empleo,
desarrollando programas especiales de empleo transitorio y apoyando a las personas para
desarrollar iniciativas por cuenta propia de autoempleo. Durante el 2002, la cobertura de estos
programas alcanzó un promedio mensual de 107 mil empleos, llegando a su máximo nivel durante
el mes de agosto, con la generación de más de 163 mil cupos para personas desocupadas, lo que
representa alrededor de un 3% de la fuerza de trabajo.
Con respecto a las limitaciones de la regla de política, es posible mencionar la falta de un
marco legal que respalde su aplicación y le dé continuidad más allá de la voluntad política del
actual gobierno. Si bien ello no ha implicado una menor credibilidad en su aplicación, sería
conveniente estudiar cómo crear mecanismos para institucionalizarla. Sin embargo, se debe
destacar que la evidencia internacional en términos del marco legal es muy variada y que más allá
del instrumento legal que disponga la regla fiscal, una característica fundamental en la operatividad
de la misma es que sea creíble y para ello, debe estar establecida para una aplicación permanente
por sucesivos gobiernos. Esto último dependerá a la larga del cumplimiento pasado y de los costos
futuros de quebrar la regla, los que serán mayores mientras más institucionalizada ella esté, y no
necesariamente mientras más peso tenga el instrumento legal que la disponga.

2.3 El rol de la política fiscal contracíclica en la protección social
La regla de política ha permitido que el gasto fiscal social cumpla un papel contracíclico en
un contexto de alta volatilidad externa. Sin embargo, ¿qué consecuencias tiene la
ausencia/presencia de políticas fiscales contracíclicas en lo que a la protección social se refiere?
Esta pregunta es relevante sobretodo para el caso de los países latinoamericanos, ya que la
evidencia indica que en la región predomina una fuerte percepción de inseguridad económica,
incluso en países con mejores oportunidades de desarrollo (De Ferranti y otros, 2000). Junto con
esta mayor inquietud en torno a la inseguridad económica, también existen señales de una demanda
insatisfecha de protección social. Se ha argumentado que, entre otros factores, lo anterior se debe a
15

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

que el desarrollo del mercado y las reformas estructurales no han ido acompañadas de un desarrollo
paralelo de un sistema adecuado de protección social.
Esto es particularmente preocupante si se toma en consideración que los pobres son los que
se ven más afectados en los momentos de crisis –por la falta de medios para protegerse, tales como
activos financieros, y por el impacto directo de la disminución en sus ingresos del trabajo. A ello se
suma que la expansión del empleo en las familias pobres en momentos de auge es a través del
empleo informal (Tokman, 2001).
En este contexto, la política fiscal tiene un papel importante que jugar por medio de una
mayor focalización en los más vulnerables y afectados, y por medio de la búsqueda de un mayor rol
contracíclico en momentos de crisis.
No obstante, la realidad en Latinoamérica dista bastante de lo anterior. En efecto, en la
mayoría de las economías de la región la política fiscal no ha logrado desempeñar su función de
estabilización. En general los gobiernos han adoptado una posición expansionista en los auges y
una posición contraccionista en las recesiones. Esto se traduce en que el gasto social focalizado por
persona pobre se reduce durante las recesiones. Este carácter procíclico de dicho gasto termina por
producir falta de protección social durante los tiempos difíciles, justamente cuando más se
necesita.4
Hasta cierto punto esto refleja las restricciones de los mercados financieros mundiales e
internos, pero también es consecuencia de la imposibilidad de los gobiernos de prepararse para las
épocas malas ahorrando en las buenas. Es así como la moderación del gasto en tiempos buenos
disminuye el riesgo de que haya grandes reducciones durante las crisis, en especial si va
acompañada de la transferencia de recursos de los tiempos favorables a desfavorables.
Chile no ha sido la excepción a lo anterior en crisis pasadas. En 1975 y 1982 la actividad
económica llegó a caer en más de un 13% real en un año y el desempleo subió hasta 30%. En 1999,
pese a la mayor fortaleza lograda por la economía chilena, la crisis asiática hizo caer la actividad en
1,1% y el desempleo anual llegó a casi 10%. En el intertanto, el gasto público total en dichos
períodos tuvo un comportamiento procíclico (con la excepción de 1999), llegando incluso a
disminuir en un 23% en 1975 y la inversión pública en un 13% promedio anual en 1982-83.
Precisamente una de las virtudes ya comentadas de la actual conducción de la política fiscal
mediante la regla de balance estructural es la capacidad para hacer frente a un momento difícil
compatibilizando un aumento del gasto con el equilibrio macroeconómico. En efecto, la
combinación de políticas adoptadas ha permitido que incluso el producto esté creciendo en esta
coyuntura (2,1% real anual en 2002).
El primer paso para asegurar la estabilidad fiscal es poner a las finanzas públicas en una
trayectoria sostenible. En esto Chile ha sido un ejemplo, ya que durante las últimas décadas se ha
ahorrado y acumulado reservas para tiempos difíciles.
El segundo paso es lograr que la política fiscal juegue un rol contracíclico que permite
disminuir la volatilidad agregada. Es en esta línea donde la regla del superávit estructural del 1%
del PIB juega un rol importante en términos de protección social. Al cumplir un papel
contracíclico, la regla cae dentro de la categoría de las herramientas de “autoseguro” (self–
insurance) (Fiess 2002). La acumulación de recursos en tiempos de auge permite actuar de mejor
manera en los tiempos difíciles. Al mismo tiempo, la regla presenta características de
“autoprotección” (self–protection), ya que su cumplimiento ciertamente ha disminuido la

4

16

Para una discusión respecto de la evidencia sobre este punto, ver De Ferranti y otros, 2000 cap. 7; Wodon y otros, 1999; y Snyder y
Yackovlev, 2000.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

probabilidad de contagio de las crisis de los países vecinos, permitiendo que Chile se diferencie del
resto de Latinoamérica.
Una manera de explicar el efecto contracíclico de la regla fiscal es a través de un ejemplo
sobre la dinámica macroeconómica de reglas alternativas de política fiscal.5 Si la política fiscal se
orientara hacia mantener un balance fiscal fijo a lo largo del ciclo económico, en la práctica la
política fiscal se transformaría en un elemento que profundiza la amplitud del ciclo. Por ejemplo,
en momentos de sobrecalentamiento de la economía, cuando los ingresos fiscales son más
abundantes, la regla recomendaría incrementar el gasto (de hecho, en el equivalente de 100% de
los ingresos adicionales), dinamizando aún más la demanda agregada. Otra alternativa es una regla
de balance fiscal constante a lo largo del ciclo económico, que dejase fija la tasa de expansión del
gasto fiscal y devolviera a través de transferencias o rebajas de impuestos los excesos de
recaudación a las personas. En este caso, si la economía estuviera en una fase recesiva sería
necesario aumentar la tasa de impuestos. Esta política es obviamente procíclica y profundiza el
ciclo económico. Otra alternativa sería orientar el crecimiento del gasto de manera que sea similar
al crecimiento del PIB. En la práctica, con esto se tendrá el mismo problema desestabilizador que
tiene la regla de mantener un balance constante a lo largo del ciclo económico. Esto sucede porque
los ingresos fiscales, en especial los tributarios, están directamente relacionados al ciclo
económico.
La política actual, basada en mantener un crecimiento del gasto igual al crecimiento de los
ingresos estructurales, reduce la amplitud del ciclo, obviando los efectos del mismo. En tiempos de
bonanza los ingresos fiscales aumentan y son ahorrados, disminuyendo de esa manera la presión
sobre la demanda agregada. Esto se contrapone con los casos en que el fisco gasta estos recursos o
en que simplemente son devueltos a las personas. En tiempos recesivos el gasto aumenta, en forma
transitoria, más que el producto y que los ingresos fiscales, cuestión que se suple con
financiamiento alternativo.
Sin perjuicio de lo anterior, entre los aspectos teóricos que se han mencionado para mejorar
el carácter contracíclico de la política fiscal, está la posibilidad de mejorar el diseño de los
programas focalizados con respecto al ciclo económico. Desde una perspectiva de protección social
podría ser adecuado aumentar el carácter contracíclico de ciertas partidas de gastos focalizados o
transferencias que tienen más incidencia en la población más pobre. Cabe notar que para que no se
altere la dinámica del gasto total a lo largo del ciclo, una alternativa podría ser aumentar el carácter
procíclico (o la flexibilidad) del resto de los gastos fiscales. Ello requeriría disminuir la inercia que
tiene un gran porcentaje del gasto total, lo que no es del todo factible en muchos casos (por
ejemplo, en el caso de los gastos de personal o previsionales), lo que hace aún más difícil una meta
como ésta.6 Sin embargo, si ello se lograra podría compatibilizarse un crecimiento del gasto total
acorde con los ingresos estructurales, junto con un aumento del carácter contracíclico del gasto
social focalizado. Aunque esta situación corresponde más bien a una falta de flexibilidad del gasto
fiscal (y no de la regla fiscal), es importante tenerla en consideración, por cuanto podría limitar la
efectividad de la política fiscal como mecanismo de protección social a los más pobres.

2.4 Manejo de la deuda pública
Como resultado de un manejo equilibrado de las finanzas públicas en los últimos años, Chile
ha logrado una importante reducción en el nivel y peso relativo de la deuda pública. Es así como la
deuda bruta del Gobierno Central ha disminuido desde un 43,8% del PIB en 1989 a un 15,9% del
5

6

El ejemplo puede analizarse en detalle en el documento “Exposición sobre el Estado de la Hacienda Pública 2001”, Ministerio de
Hacienda, octubre 2001.
El gasto previsional y el gasto en personal representaron cerca de un 48% del gasto total del Gobierno Central de Chile de 2001.

17

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

PIB estimado para el año 2002 (Ministerio de Hacienda, 2003). El nivel relativo de deuda actual se
compara favorablemente con las cifras disponibles para otros países. Así por ejemplo, en el caso de
los países más avanzados integrantes de la OECD, la deuda bruta del Gobierno General alcanzaba
en promedio un 73% del PIB en 2001, con un valor mínimo de 18% del PIB para Corea y un valor
máximo de 132% del PIB para Japón. En cuanto a la comparación con otros países, las cifras de
deuda bruta del Gobierno General varían entre 24% del PIB para la República Checa y 70% del
PIB para Brasil (Ministerio de Hacienda, 2002a).7
Esta reducción en el peso de la deuda pública tiene importantes implicancias para la
mantención de un crecimiento sostenido y estable del gasto fiscal social, inclusive en momentos de
crisis. Por una parte, la reducción de la deuda ha permitido una importante disminución en los
recursos requeridos para el pago de la misma. Esto tiene un efecto directo en términos de dar más
espacio a la política fiscal para redestinar recursos hacia las áreas sociales que, en caso contrario,
hubiesen tenido que ser gastados en el pago de intereses.
Por otra parte, la mantención de un bajo nivel de endeudamiento público externo es una
medida que corresponde a una estrategia de autoprotección nacional. Bajos niveles de
endeudamiento permiten disminuir la probabilidad de tener que realizar ajustes fiscales frente a
aumentos bruscos en las tasas de interés, los cuales van de la mano con la volatilidad de los
capitales internacionales en momentos de crisis.
Adicionalmente, la reducción en los niveles de endeudamiento público permite al sector
público ser más selectivo en el uso del crédito externo. En este contexto, la experiencia de las
operaciones de los bonos soberanos en el período 2000-2002 constituye un avance para consolidar
la posición financiera del país, así como también para generar potenciales efectos positivos en las
operaciones del sector privado en los mercados internacionales. Al mismo tiempo, permite
transparentar la evolución de la percepción externa sobre la economía chilena.

7

18

La comparación anterior también se podría realizar utilizando otros indicadores de deuda, tales como la razón entre deuda pública y
carga tributaria o la razón entre deuda pública y exportaciones. Ver, por ejemplo, Global Development Finance 2002, World Bank,
en www.worldbank.org.

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N° 136

III. El sistema de protección social y
la política fiscal

Las primeras formas de protección social en Chile quedaron
establecidas en el concepto de Cuestión Social de finales del siglo
XIX. Entre dicho período y las primeras décadas del siglo XX se
fueron formando las primeras redes de atención y protección social.
Algunas de estas iniciativas fueron los proyectos de ley para la
construcción de viviendas obreras y la aprobación de incentivos
tributarios para la construcción, la educación básica obligatoria, el
código sanitario en salud (Arellano, 1985). Estos fueron algunos de los
primeros pilares de una red social que a principios del siglo XXI
representa más de un 16% del producto nacional.
En el área de la protección social, en especial de los sistemas
tradicionales y contributivos, la aprobación de las llamadas leyes
sociales, en el primer gobierno de Arturo Alessandri (1924)
constituyen las primeras acciones en previsión social en Chile, las que
se enmarcan en la experiencia o modelo alemán diseñado por
Bismarck a fines del siglo pasado. Se trata de la construcción de
seguros sociales segmentados profesionalmente. Una segunda etapa,
que se desarrolla fundamentalmente desde la década de los sesenta
hasta 1980, responde a las orientaciones de universalización de la
seguridad social formuladas en el Plan Beveridge. Una tercera etapa,
actualmente en curso, se inicia en 1980, la que privilegia una
concepción privatizadora de la gestión de los instrumentos de
protección (Arenas de Mesa, 2000).

19

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

Ninguna de estas corrientes ha destruido totalmente la construcción anterior, sino que, más
bien, ha operado una política de readecuación de las instituciones preexistentes, o bien de
agregación de nuevas estructuras. Así, por ejemplo, la acción reformista emprendida a partir de
mediados de siglo mantuvo en buena parte los esquemas de seguros sociales bismarkianos.
Igualmente, ahora coexisten en una curiosa mixtura: (a) una estructura de seguros sociales
según el modelo primitivo germano, en extinción respecto de la generalidad (regímenes de
pensiones diferenciados por rama profesional que opera el sistema público de pensiones, INP) y en
pleno vigor en lo que atañe al sector castrense; (b) un conjunto de seguros sociales universales, con
elementos de asistencia social en muchos de ellos, que responden a la concepción de seguridad
social de Beveridge; y (c) seguros administrados por privados, sean únicos –caso de las
Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) en pensiones– sean alternativos u opcionales –caso
de las instituciones de salud previsional (ISAPRES) en salud–.
La existencia de más de 3 millones de personas en situación de pobreza en Chile (según la
encuesta CASEN 2000), junto con el nuevo panorama económico global, plantean significativos
desafíos a futuro para el fortalecimiento del sistema de protección social y al crecimiento
económico sustentado en una economía con fundamentos sanos.8 Los menores resultados en
materia de reducción de la pobreza entre 1998 y 2000, afectados por un panorama económico
internacional adverso, muestran la relevancia de esta tarea. Entre 1990 y 1998, las personas en
situación de pobreza disminuyeron desde 38,6% a 21,7% de la población total; posteriormente, la
incidencia de la pobreza sólo se redujo a 20,6% en 2000; mientras que la tasa de indigencia
disminuyó desde 12,9% a 5,6% entre 1990 y 1998, pero se incrementó levemente a 5,7% en 2000.
Para hacer frente a los nuevos desafíos, el sistema de protección social en Chile deberá
enfrentar un proceso de modernización e implementación de un nuevo orden institucional. Los
esfuerzos de las redes de protección deberán ser coordinados y administrados de forma más
eficiente y en una institucionalidad flexible y más descentralizada que permita este objetivo. El
levantamiento de la información y la posterior creación de un sistema de información de protección
social deberán ser pilares fundamentales que junto con una nueva institucionalidad pública para las
políticas de protección social permitirán construir y consolidar un nuevo orden social en Chile
(Arenas de Mesa y Benavides, 2003).
En una economía sana la política fiscal financia en forma equilibrada y sostenida el
desarrollo de los sistemas de protección social. Estos son fuertemente más demandados, al menos
el sistema básico de protección social, cuando existen contracciones de la actividad económica. De
aquí la necesidad de tener una política fiscal contracíclica para potenciar, entre otras medidas de
política económica, los sistemas de protección social en tiempos de crisis.

3.1 Evolución del gasto público y la pobreza
El desarrollo y financiamiento estable de las políticas sociales y del sistema de protección
social ha sido uno de los objetivos principales de la política fiscal durante los últimos años. La
reducción de la pobreza e indigencia, la política de igualdad de oportunidades y la lucha contra las
inequidades han sido los principales ejes de la política social, registrándose significativos progresos
en esta materia. Sin embargo, la pobreza aún es una realidad y los pobres continúan con
necesidades básicas insatisfechas y siendo vulnerables a riesgos de reducciones drásticas en sus
ingresos.

8

20

Para un análisis sobre la importancia de la protección social para la equidad y el crecimiento, ver BID, 2000.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

3.1.1

N° 136

Gasto Público y Social

El tamaño del Estado, medido como la participación del gasto público en el PIB, se
incrementó en los noventa desde 20,2% del PIB en 1990 a 23,5% del PIB en 2001 (Gráfico 3). En
Chile, durante los noventa, se implementaron significativas reformas sociales y un importante
número de nuevos programas. En este contexto, la política social alcanzó un rol prioritario. Esto se
tradujo en una creciente asignación de recursos hacia el gasto social y en un importante esfuerzo
por mejorar la eficiencia con que estos recursos son transferidos a los sectores poblacionales más
necesitados y marginales. El gasto social creció en promedio anualmente un 7,9% entre 1990 y
2000, mientras que el gasto total del Gobierno Central presentó un crecimiento promedio anual de
6,6% en el mismo período. Al analizar la composición sectorial del gasto social destaca el
crecimiento del gasto en educación, que registró un crecimiento promedio anual de 10,6%. Lo
sigue el gasto en salud que creció en promedio 9,4% anual en el mismo período.
Gráfico 3

GASTO SOCIAL Y GASTO PÚBLICO TOTAL COMO PORCENTAJE DEL PIB (1990-2001)
(Porcentaje)
GA S T O S O C IA L Y GA S T O P Ú B L IC O T OT A L C OM O % D E L P IB
1 99 0 -2 0 01
30
25
20,6

Porcentaje (% )

20,2

20,3

20,5

19,9

18,6

20

19,6

21,3

19,9

22,6

15
10

12,4

12,5

12,5

13,0

12,8

12,9

12,1

13,1

14, 0

22,4

15,4

23,5

15,6

16,4

5
0
1990

1991

1992

1993

1994

1995

G as to Total

1996

1997

1998

1999

2000

2001

Gas to Soc ial

Fuente: Estadísticas de las Finanzas Públicas, Dirección de Presupuestos.

Con este ritmo de crecimiento, el gasto social ha aumentado significativamente su
participación en el gasto total, pasando desde 61,4% en 1990 a 69,9% en 2001 (Gráfico 4). La
composición sectorial del gasto social, consistente con lo anterior, muestra un incremento en la
participación del gasto en educación desde 20% a 26% del gasto social y un incremento de la
participación del gasto en salud desde 15% a 18% en el período. A su vez, diminuyen su
participación en el gasto social el gasto en previsión desde 49% a 40% y el gasto en vivienda desde
7% a 6% (Gráfico 6). El crecimiento del gasto social significó que éste pasara desde 12,4% del PIB
en 1990 a 16,4% del PIB en 2001.

21

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

Gráfico 4
a

GASTO SOCIAL COMO PORCENTAJE DEL GASTO PÚBLICO TOTAL (1990–2001)
(Porcentaje)

72
69,5

70

Porcentaje

2000

2001

67,9

68
65,3

66

66,0

65,7

65,9

1996

1997

1998

64,2
63,3

64
62

69,9

61,4

61,7
60,6

60
58
56
54
1990

1991

1992

1993

1994

1995

1999

Fuente: Estadísticas de las Finanzas Públicas, Dirección de Presupuestos.
a

Se considera el gasto del Gobierno Central.

Gráfico 5

ESTRUCTURA SECTORIAL DEL GASTO SOCIAL (1990, 1995 Y 2001)
(Porcentaje del gasto social total)

Subsidios
5%
Educación
20%

Otros Social
4%

Salud
15%

Previsión
49%

Vivienda
7%

Subsidios
4%
Educación
22%

Otros Social
6%

1990

Subsidios
4%

Otros Social
6%

Salud
18%
Vivienda
8%

Previsión
42%

1995

Salud
18%
Vivienda
6%

Educación
26%

Previsión
40%

2001

Fuente: Estadísticas de las Finanzas Públicas, Dirección de Presupuestos.

22

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

3.1.2

N° 136

Pobreza

Desde el punto de vista social, se alcanzaron significativos resultados como reducir la
pobreza desde 38,6% de la población en 1990 a 20,6% en 2000, y la indigencia de 12,9% de la
población en 1990 a 5,7% en 2000 (Gráfico 6). En relación al total de los hogares la pobreza
disminuyó de 33,3% a 16,6% entre 1990 y 2000, y la indigencia de 10,6% a 4,6% de los hogares en
similar período. La evolución de la brecha promedio de ingresos entre el total de la población y los
pobres e indigentes disminuyó significativamente de 14,8 a 7,1 veces en el caso de la pobreza y de
4,3 a 2,1 veces para la indigencia entre 1990 y 2000.
Gráfico 6

EVOLUCIÓN DE LA INCIDENCIA DE LA POBREZA E INDIGENCIA
(Porcentaje de la población total)

45
38,6

40

32,6

Porcentaje (%)

35
30

27,5
23,2

25

21,7

20,6

20
15

12,9
8,8

10

7,6

5,8

5,6

5,7

5
0
1990

1992

1994

1996

1998

2000

Indigentes Pobres
Fuente: IDEPLAN, 2001.

3.2 Cobertura del sistema de protección social según función
El sistema de protección social puede ser dividido en funciones tales como: vejez,
sobrevivencia, discapacidad, accidentes y enfermedades del trabajo, familia – niños, enfermedades
–salud, salud pública, empleo–desempleo y pobreza y exclusión social. El cuadro 2 presenta esta
clasificación por funciones con el detalle de los principales programas o beneficios por función. En
el cuadro 3 se analiza la cobertura de estas funciones según grupos seleccionados de la población.
Los trabajadores dependientes están cubiertos por todos los programas de la red de protección
social, no así los trabajadores independientes, que dependerán entre otros factores de la afiliación y
contribución que efectivamente realicen en el sistema. En este sentido, tanto los sistemas
contributivos como los no contributivos presentan distintos requisitos, en especial de evaluaciones
socioeconómicas para los sistemas no contributivos. Los sectores informales, trabajadores
familiares, temporales e independientes tienen un sistema de protección social inferior que los
trabajadores dependientes, lo que se explica, entre otros factores, por las características de la
población y del mercado del trabajo en el momento de origen de estos programas. Un desafío que
se plantea hacia futuro en este contexto, es la evaluación de modificaciones o rediseños para
enfrentar la situación de estos grupos poblacionales.
23

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

Cuadro 2

SISTEMA DE PROTECCIÓN SOCIAL EN CHILE SEGÚN FUNCIONES
Función
Vejez

Sobrevivencia

Discapacidad

Accidentes y Enfermedades
del Trabajo

Familia – Niños

Enfermedades

Salud Pública

Desempleo

Pobreza y Exclusión Social

Principales Programas o Beneficios
Pensión de Vejez
Pensión Asistencial de Vejez
Programas de Salud Pública
Programa de Salud Adulto Mayor
Programa de Alimentación Complementaria para el Adulto Mayor
Programa de Atención Especial al Adulto Mayor en Vivienda
Pensión de Sobrevivencia
Pensión de Viudez
Pensión de Orfandad
Asignación por Muerte
Programas de Salud Pública
Pensión de Invalidez
Programa de Capacitación para Discapacitados
Fondo Nacional de la Discapacidad
Programas de Salud Pública
Pensiones por Accidentes del Trabajo y Enfermedades
Profesionales de Invalidez
Pensiones por Accidentes del Trabajo y Enfermedades
Profesionales de Viudez
Pensiones por Accidentes del Trabajo y Enfermedades
Profesionales de Orfandad
Subsidios por Accidentes del Trabajo y Enfermedades
Profesionales
Indemnizaciones por Accidentes del Trabajo y Enfermedades
Profesionales
Subsidio Familiar (Recién Nacido y Madre Embarazada)
Asignación Familiar
Subsidio de Reposo Maternal y Cuidado del Niño
Programas de Salud Pública
Asignación por Muerte
Programa de Alimentación Escolar
Programas de Salud Pública
Atención de Urgencia
Atención Primaria
Atención Secundaria
Subsidio por Incapacidad Laboral
Beneficios de Salud Preventiva y Obstetricia
Instituciones de Salud Previsional
Fondo Nacional de Salud
Programas de Inmunización
Programa de prevención de Enfermedades
Programa de Alimentación Complementaria
Programa de Prestaciones Complejas
Subsidio de Cesantía
Seguro de Cesantía (Desde 2002)
Programas de Empleo con Apoyo Fiscal
Programas de Generación de Empleo
Programas de Reinserción Laboral
Programa de Nivelación de Competencias Laborales
Programas de Reconversión Laboral
Beneficios Permanentes (Salud, Educación , Vivienda, Subsidios)
Beneficios Temporales (Programa de Apoyo Integral a Familias
Indigentes (Puente), Programa Chile Barrio, Programas Sociales de
Capacitación, Programas de Becas etc.)
Subsidios de Vivienda
Programas dirigidos a Grupos Vulnerables (Indígenas, Jóvenes,
Niños, Mujeres)
Fuente: Arenas de Mesa y Benavides 2003.

24

Grupos poblacionales
Vejez

Personas con contrato laboral
Independientes

x
1
x

Independientes fuera de agricultura y
1
miembros de la familia ayudantes

x

Independientes en agricultura y
1
miembros de la familia ayudantes

x

Desempleados que perciben algún
2
beneficio para desempleados

x

Desempleados que no perciben
2
beneficios para desempleados

x

Adultos dependientes de personas
empleadas (esposas económicamente
inactivas, parientes)
Hijos de personas empleadas
Otros económicamente inactivos

Sobrevivencia Discapacidad

x
1
x

1

x

1

x

2

x

2

x

1

x
x

x

x
1
x

Enfermedades
y accidentes Familia niños Enfermedades Salud pública
del trabajo

Desempleo

Pobreza y
exclusión social

x
3
x

x
x

x
x

x
x

x
x

x
x

3

x

x

x

x

x

3

x

x

x

x

x

2

x

x

x

x

x

2

x

x

x

x

x

1

x
x
x

x
x
x

x
x
x

x

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

Cuadro 3

COBERTURA DE LA PROTECCIÓN SOCIAL SEGÚN GRUPOS SELECTOS DE LA POBLACIÓN
Función

x
x
x

1

x

1

x

1

x

1

x

2

x

2

x

1

x

Fuente: Arenas de Mesa y Benavides 2003.
1
Tiene derecho a beneficios contributivos como pensión de vejez, sobrevivencia o invalidez contributiva sólo si voluntariamente ha realizado las cotizaciones requeridas en caso
contrario sólo tiene acceso a postular a pensiones asistenciales.
2
Tiene derecho a los beneficios contributivos como pensión de vejez contributiva sólo si previamente en los períodos ocupados ha realizado las cotizaciones requeridas.
3
Pueden tener derecho a los beneficios de la ley de accidentes laborales y enfermedades profesionales los trabajadores independientes y los trabajadores familiares que acogidos
voluntariamente realizan cotizaciones.

N° 136

25

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

3.3 El sistema de protección social y su efecto distributivo
El gasto social del gobierno central aumentó en promedio anualmente 7,9% real entre 1990 y
2000. El gasto en educación (10,6%) y en salud (9,4%) fueron los sectores más privilegiados y
como veremos a continuación tuvieron un alto impacto distributivo.
La pobreza disminuyó considerablemente entre 1990 y 2000. De esta manera, existían en
2000 alrededor de 1.884.500 personas menos en situación de pobreza que en 1990. Sin embargo, la
desigualdad de ingresos se ha mantenido prácticamente sin variación. La distribución del ingreso
autónomo es reflejo de lo que ocurre en el mercado del trabajo, tomando sólo una escasa parte de
las políticas de protección social. Esta distribución no ha mejorado en la década y los indicadores
seleccionados muestran estabilidad entre 1990 y 2000.
La distribución del ingreso autónomo, medida en deciles de ingreso (10% más pobre),
muestra que el primer decil (menor ingreso) pasó de 1,4% del total de los ingresos a 1,1% entre
1990 y 2000, mientras que en similar período el décimo decil (mayor ingreso) alcanzó el 42,2% y
42,3% en 1990 y 2000 respectivamente. La distribución de ingresos monetarios, que incluye los
ingresos autónomos y los subsidios monetarios, continua siendo bastante regresiva. El primer decil
pasó de 1,6% a 1,5% del total de ingresos entre 1990 y 2000, mientras que el décimo decil de
41,8% a 41% en similar período.
Esta magra distribución presentó un Coeficiente de Gini de 0,58 y 0,57 para ingresos
autónomos y monetarios, respectivamente en 1990, manteniéndose estas mismas cifras para estos
indicadores en 2000. Al utilizar el índice 20/20 (quintiles), que muestra la relación entre los
ingresos autónomos promedio del quinto y primer quintil aumenta de 14,0 veces en 1990 a 15,3
veces en el ingreso autónomo en 2000, y de 12,9 veces en 1990 a 13,2 veces en el ingreso
monetario en 2000.9
El estancamiento en la distribución del ingreso ha provocado una importante discusión
respecto de las distintas herramientas con que cuenta la sociedad para hacer frente a un problema
de esta magnitud y que cuestiona en forma permanente el funcionamiento del modelo económico y
social. En este contexto, proporcionar igualdad de oportunidades a la población de modo que no
existan limitaciones a priori para que cualquier individuo en base a su esfuerzo logre insertarse y
desarrollarse socialmente, acceder al mercado laboral y al consumo de bienes y servicios, es la
principal tarea de justicia social que enfrenta un sistema de protección social.
En este contexto, la política social ha contribuido a mejorar la distribución del ingreso entre
1990 y 2000. Los subsidios monetarios del Estado se encuentran altamente focalizados en los
quintiles de bajos ingresos. Es por esta razón que al incluir las transferencias monetarias que realiza
el sector público se observa una mejoría en la distribución del ingreso. Al considerar los ingresos
monetarios, es decir, el ingreso autónomo más las transferencias monetarias del Estado como
pensiones asistenciales, subsidios de cesantía, subsidios únicos familiares, asignaciones familiares,
subsidios de agua potable y otros, la distribución del ingreso mejora en cada año entre 1990 y
2000.10 En particular en 2000, se produce la mayor contribución del gasto social a la distribución
del ingreso. El ingreso promedio del 20% más rico de la población en relación al del 20% más
pobre pasa de 15,3 veces a 13,2 veces, el coeficiente de Gini por su parte se reduce de 0,58 a 0,57.
El mayor impacto de la política social sobre la equidad se produce a través de la provisión de
bienes como la educación y la salud. En 2000, los subsidios monetarios representan sólo 14% de
los ingresos monetarios del primer quintil de ingreso autónomo, 4,3% del ingreso monetario del
9
10

26

MIDEPLAN, Encuestas CASEN 1990 y 2000.
MIDEPLAN, Encuestas CASEN 1990 a 2000.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

segundo quintil y 1,7% del ingreso monetario del tercer quintil. Los programas sociales como
educación y salud, que se encuentran focalizados, representan un porcentaje sustancialmente mayor
de los ingresos totales de los quintiles de menores ingresos. Según la encuesta CASEN 2000, al
valorizar el aporte monetario de los principales programas de salud y educación, la distribución del
ingreso mejora significativamente debido a la focalización de estos programas. Por ejemplo, en
2000, los subsidios en bienes y servicios representan casi un 59% del ingreso monetario del primer
quintil; en el segundo quintil de ingreso autónomo estos representan un 23% del ingreso monetario
y en el tercer quintil un 11%.
Al corregir la distribución del ingreso incorporando los subsidios monetarios y la
valorización de los subsidios en bienes y servicios, en 2000 la relación entre los ingresos promedio
del quinto y primer quintil de ingreso autónomo cae de 15,3 veces a 8,3 veces. Estas cifras
muestran el importante efecto progresivo de las políticas sociales, el que si bien no se refleja
significativamente en términos de los ingresos monetarios, sí se traduce en una mejor distribución
en términos de los ingresos totales que incluyen la valoración de los subsidios en bienes y servicios
(Gráfico 7).
Gráfico 7

COMPOSICIÓN DE LOS INGRESOS DE LOS HOGARES POR QUINTIL DE INGRESO
AUTÓNOMO PER CÁPITA DEL HOGAR SEGÚN TIPO DE INGRESO (2000)
(Porcentaje)

Subsidios en Bienes y Servicios
37,2%

Subsidios
Monetarios
0,1%

Subsidios en
Bienes y
Servicios
0,2%
Ingreso Autónomo
54,2%

Subsidios Monetarios
8,6%

I Quintil

Ingreso
Autónomo
99,8%

VQuintil
Fuente: MIDEPLAN, 2001.

Numerosos estudios han destacado la incidencia positiva del gasto social, en especial
educación y salud, en la distribución del ingreso, ya que además de contribuir en la reducción de la
pobreza, contribuye a mejorar en el mediano plazo la distribución del ingreso al elevar el capital
humano de las personas pobres. No ocurriría así con otro tipo de medidas redistributivas que si bien
tienen impacto en el corto plazo no conducen a una mejora permanente en la distribución de
ingresos pues no generan una mayor igualdad de oportunidades en el mercado laboral ni
socialmente.
En síntesis, en la década de los noventa si bien la distribución de los ingresos autónomos se
mantiene prácticamente sin variación, se encuentra un efecto progresivo de las políticas sociales.
En este período, las políticas sociales además de disminuir la pobreza han tenido un impacto
progresivo en la distribución del ingreso, lo que se produce esencialmente por la focalización de los
subsidios de salud, educación y los subsidios monetarios. Por último, las políticas emprendidas en
los últimos años en materia de educación son un aporte social y una apuesta a que en el largo plazo
se produzcan mejoras en la distribución de los ingresos autónomos, a través de la reducción en las
desigualdades generadas por los ingresos provenientes del mercado del trabajo.

27

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

IV. Política fiscal, pasivos contingentes
e institucionalidad de la política social

4.1 Rol de la política fiscal en el desarrollo de
la institucionalidad de la política social
4.1.1

Dimensiones de la política fiscal

La política fiscal, en conjunto con la política monetaria y
cambiaria, desempeña un papel crucial en la generación de las
condiciones para el crecimiento económico del país, siendo el
crecimiento un pilar fundamental para alcanzar un nuevo nivel de
desarrollo. En particular, la política fiscal favorece el crecimiento
económico por medio de su rol estabilizador de corto plazo y por
medio del compromiso de sostenibilidad en el largo plazo. Esto se
potencia, entre otros factores, mediante la generación de espacios para
la iniciativa productiva de los privados y la creación de bases
estructurales y regulatorias adecuadas. En este marco, caben las
políticas de fomento de la competitividad de la economía en general,
la generación de mayor competencia en los mercados, la
profundización del mercado de capitales, el desarrollo exportador, la
masificación de nuevas tecnologías, entre otras.
Paralelamente, la política fiscal cumple un rol preponderante en
lo que se refiere al financiamiento del gasto social, representando este
último más del 70% del gasto público total en 2002. En forma
complementaria al desarrollo económico, el Estado, junto con los
privados, tiene una responsabilidad en el desarrollo social y cultural
29

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

del país a través del apoyo a la generación de mayores oportunidades para las personas y la
construcción de una red de protección social, especialmente para los que no tienen acceso adecuado
a los bienes y servicios básicos y se encuentran más marginados. En esta línea están incluidas,
entre otras, las políticas sociales sectoriales de educación, salud, vivienda y previsión, las políticas
sociales transversales, tales como el desarrollo pleno de la mujer, de los niños en riesgo social y la
erradicación de la pobreza. Es clave que la política fiscal otorgue un financiamiento estable para el
desarrollo de estas políticas de una manera permanente y eficaz, velando por el aumento de la
eficiencia del gasto público y del impacto de los distintos programas en la población beneficiaria.
Sin embargo, la responsabilidad de la política fiscal no se agota en los roles de estabilidad
macroeconómica y financiamiento estable del sistema de protección social. Por el contrario, ella
participa activamente en el desarrollo e implementación de la institucionalidad pública y
semipública en la que operan las políticas y programas sociales. En otras palabras, la política fiscal
no es neutra respecto de la institucionalidad de la protección social que se genera como
consecuencia de su accionar. Ejemplos recientes de aquello son los proyectos de ley en discusión
parlamentaria relacionados con la Reforma de la Salud y la creación del Sistema Básico de
Protección Social Chile Solidario. En el primer caso, la política fiscal no sólo se ha preocupado de
establecer los marcos presupuestarios en los cuales desarrollar un Régimen de Garantías en Salud,
sino que, con igual importancia, está participando en la definición de los lineamientos básicos
respecto del modelo de atención de salud deseado. Esto se traduce en un sinnúmero de decisiones
respecto del fortalecimiento de la institucionalidad de la atención primaria, el mejoramiento de la
gestión hospitalaria, la implementación de un sistema de remuneraciones ligado al desempeño de
los funcionarios y el desarrollo de metas sanitarias, entre otros aspectos.
En el caso del Sistema Chile Solidario, se ha apostado por la creación de un nuevo sistema
de protección social para enfrentar la pobreza extrema, desde una perspectiva integral que va más
allá de la simple entrega de recursos para su operación. En efecto, a través de su red nacional, el
Sistema Chile Solidario supone un rol activo del Estado en la identificación de las familias más
necesitadas con el objeto que los beneficios, subsidios y prestaciones públicas lleguen
efectivamente a los que más lo requieren. Ello implica, además, la búsqueda de una articulación de
las redes y servicios sociales del gobierno y de la oferta pública para los más pobres, de modo que
sea posible atender las necesidades específicas de cada familia, mediante un trabajo directo y
personalizado con cada una de ellas.
Estos son sólo dos ejemplos recientes sobre la participación de la política fiscal en la
creación y evolución de la institucionalidad social. Sin embargo, si se considera que más del 70%
del gasto público corresponde a gasto social, puede concluirse que día a día se toman diversas
decisiones estratégicas sobre la orientación de las políticas adoptadas por el gobierno que van más
allá de la simple asignación de los recursos. Implican también decisiones respecto de la manera
como se organiza y estructura el sector público en sus diversas funciones.
En efecto, la optimización del uso de los recursos fiscales no es independiente de la
institucionalidad que exista, ya que esta última, la mayoría de las veces, condiciona la eficiencia
del gasto público de los programas sociales.

4.1.2

Avances y desafíos

La institucionalidad social existente en la actualidad es la consecuencia de un conjunto de
factores, entre los que se cuentan los principios fundacionales del Estado moderno, las reformas
estructurales de las décadas pasadas y las políticas fiscales implementadas en los últimos años.
Las bases institucionales del Estado chileno han permitido constituir un aparato público
amplio, estable y funcional a las prioridades sociales. A través de la actividad estatal se han
30

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

abordado tareas básicas en áreas como educación, salud, vivienda, previsión y protección social.
Junto con ello, el Estado intervino y reguló en forma activa y creciente la vida económica y
financiera del país.
La evolución del desarrollo estatal ha significado un giro en el tipo de desarrollo de la
actividad pública. Ello se ha traducido principalmente en una reducción significativa de las
funciones productivas del Estado y una redefinición de roles con el sector privado, especialmente
drástico en el ámbito de la prestación de servicios sociales. Junto con ello, el proceso de ajuste
fiscal de los años 80’s implicó un duro aprendizaje de la importancia del control de gasto público y
de la disciplina fiscal.
Bajo las tres últimas administraciones (1990–2002) se ha logrado profundizar dicha
disciplina fiscal en conjunto con un fortalecimiento de las funciones de regulación y fiscalización,
la subcontratación de servicios, la recuperación de las condiciones de trabajo en el sector público,
y la creación y fortalecimiento de diversos programas sociales.
Los desafíos actualmente planteados van en la línea de la asignación eficiente de los recursos
fiscales en los programas públicos y sociales desde el punto de vista microeconómico. En este
contexto, existe consenso en que la responsabilidad de la autoridad financiera del sector público no
es sólo gastar bajo una restricción presupuestaria, sino que gastar en forma eficiente. Para ello es
importante reconocer que las propias normas sobre administración financiera ejercen una influencia
determinante sobre la gestión de las instituciones públicas. La forma en que se entregan los
recursos, y las responsabilidades y compromisos que ligan a la autoridad financiera con los órganos
gestores, determinan en gran medida la eficiencia global en la asignación y uso de los fondos
públicos.
A diferencia de otros países, los cambios que se requieren respecto de la institucionalidad
pública no se refieren a esfuerzos por disminuir la dotación de personal o reducir déficits fiscales
crónicos, sino más bien, incorporar sistemas y procedimientos de gestión que garanticen el uso más
eficiente posible de los recursos públicos y que potencien el impacto agregado de las políticas
sociales en la población beneficiaria.
Por otra parte, en Chile la suma de prestaciones y programas individuales no necesariamente
constituye un sistema de protección social. Este es un problema que también presenta la mayoría de
los países latinoamericanos, lo que se debe, entre otros factores, a la falta de una institucionalidad
compartida, de una red de información que vincule ventanillas de acceso, de una coordinación
organizacional más profunda, y de criterios compartidos de elegibilidad.
Estas carencias redundan en la duplicación de funciones y de costos administrativos que se
traducen en ineficiencias del sistema. Las prestaciones muchas veces se concentran y permanecen
en los beneficiarios más conectados a la red social, con los consiguientes problemas de falta de
cobertura en la población potencialmente beneficiaria que se encuentra más marginada. Incluso
más relevantes aún son las pérdidas de sinergia entre los distintos organismos por falta de
coordinación en su accionar.
Para mejorar lo anterior se requiere generar claras directrices, donde la política fiscal tiene
un rol preponderante. La alta dispersión institucional y programática en la acción pública
constituye un desafío a abordar, donde la autoridad financiera del Estado puede y debe contribuir
desde una óptica integral y transversal respecto de las funciones que desempeñan en la actualidad
los distintos ministerios, servicios y programas sociales.
Esto es particularmente relevante si se considera que en la actualidad existen cerca de 400
programas sociales, en los cuales participan casi 80 instituciones diferentes. De dichos programas,
al menos 40 pueden ser calificados como de protección social, desarrollados por servicios e
31

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

instituciones tales como SERNAM, FONASA, INP, JUNAEB, Subsecretaría de Previsión Social,
SERCOTEC, INTEGRA, Municipalidades, Intendencias y Gobernaciones, entre otros.
La acción desarrollada por éstos y otros organismos del aparato público han permitido
aumentar el acceso de los ciudadanos de todo el territorio nacional a los servicios sociales básicos.
Sin embargo, requiere profundizarse los avances no sólo desde la óptica de cobertura, sino que
también desde una visión estratégica donde predomine elevar la calidad con que se desarrollan
estas distintas dimensiones de la acción pública. Para ello durante los últimos años se ha
desarrollado y perfeccionado en Chile un Sistema de Control de Gestión que comprende, entre
otras cosas, instrumentos tales como indicadores de desempeño, evaluaciones de programas e
institucional, fondo concursable para el financiamiento de inversiones y programas públicos,
programas de mejoramiento de la gestión (PMG) y balances de gestión integral (BGI).11
Sin perjuicio de dichos avances, los estándares de calidad con que hoy funciona el sector
público deben ser incrementados, y para mejorarlos el sector público debe, entre otras acciones,
centrar su atención en sus productos y servicios y reordenar su funcionamiento interno.
En este contexto, está la necesidad de fortalecer los pilares en los cuales se sustenta un
sistema básico de protección social: que sea coherente y de acceso informado para los
beneficiarios; que el foco de intervención esté en la familia; que exista focalización efectiva en los
grupos más necesitados; que se desarrollen mecanismos de selección y condiciones de elegibilidad
coherentes entre los diversos programas; y que exista una institucionalidad del Estado adecuada y
consistente para todo aquello (Arenas de Mesa y Benavides, 2003).
En estas materias la política fiscal tiene la responsabilidad de armonizar la mantención de los
equilibrios fiscales junto con la generación de mayor protagonismo y responsabilidad por parte de
los servicios públicos (y no de la autoridad central). Se requiere también de mayor apoyo técnico y
coordinación de las iniciativas de cada ministerio o servicio. Asimismo, deben profundizarse las
medidas modernizadoras del proceso presupuestario y la creación y mejoramiento de los
mecanismos que estimulan los avances en la gestión pública.

4.2 Pasivos contingentes y aspectos de mediano plazo de las
políticas de protección social
La importancia creciente de la dimensión intertemporal de las finanzas públicas ha implicado
un aumento de la atención hacia la evaluación y administración de los riesgos fiscales asociados a
los efectos de los activos y pasivos del sector público sobre los flujos futuros de ingresos y gastos.
Dada la escasa atención que este tema tenía en el pasado, todavía persisten problemas en la
valoración, cuantificación y administración fiscal de estos efectos o compromisos de mediano
plazo. Es posible encontrar países en donde, habiéndose ejercido una rígida disciplina en el control
del gasto, no ha ocurrido lo mismo respecto de compromisos financieros explícitos o implícitos que
tarde o temprano se manifiestan.
Un tema de particular relevancia a este respecto lo constituye el de los pasivos contingentes
del sector público, que pueden pasar desapercibidos hasta que éstos se materializan, con escasas (o
nulas) posibilidades de ser neutralizados con acciones de corto plazo.
Desde la perspectiva de la protección social, este tema tiene singular relevancia, ya que si no
se realiza una correcta previsión de los compromisos fiscales futuros, se corre el riesgo de tener que
sacrificar en un momento dado recursos destinados a fines sociales para cubrir pasivos que van
11

32

Para más detalles ver “Informe de Finanzas Públicas, Proyecto de Ley de Presupuestos del Sector Público del año 2003”, Dirección
de Presupuestos, octubre 2002.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 136

haciéndose efectivos y crecientes en el tiempo. De ahí la importancia de considerar el manejo de
los pasivos contingentes como parte de los aspectos de mediano plazo de las políticas de protección
social.

4.2.1

Riesgos fiscales de mediano plazo y pasivos contingentes

Los distintos tipos de pasivos del sector público pueden ser clasificados según el riesgo fiscal
asociado en cada caso, de acuerdo a dos dimensiones complementarias. La primera de ellas
corresponde al carácter explícito o implícito de los mismos y la segunda, a su condición de pasivos
directos o contingentes (Polackova, 1998).
Se entiende por carácter explícito de un pasivo el que éste se encuentre reconocido
contractual o legalmente. Por el contrario, hablamos de pasivos implícitos cuando lo que impera es
más bien una obligación moral o una declaración de objetivos, como por ejemplo el compromiso de
atender a los indigentes o carentes de previsión. La clasificación según el carácter directo o
contingente de los pasivos obedece a la dependencia de un evento gatillador. Los pasivos directos
se deben enfrentar siempre, es decir, independientemente de la ocurrencia o no ocurrencia de un
evento gatillador. Los pasivos contingentes, por su parte, dependen de la ocurrencia de un
determinado evento, como por ejemplo la quiebra o insolvencia de una institución financiera.
En la mayoría de los países, los pasivos directos explícitos son comúnmente reconocidos,
cuantificados y catalogados como pasivos. Ejemplos de ellos son la deuda pública externa y los
gastos establecidos en la Ley de Presupuestos. Por su parte, los pasivos directos implícitos surgen,
en la mayoría de los casos, como obligaciones del Estado derivadas principalmente de políticas
públicas de mediano plazo. En Chile se encuentran dentro de esta categoría las pensiones
asistenciales (PASIS), en cuyo caso, existiendo una obligación legal autodeterminada, el
compromiso implícito del Estado es de carácter moral y social para con los indigentes carentes de
previsión.
Los pasivos contingentes implícitos no están oficialmente reconocidos y pueden ser el
producto de objetivos políticos declarados o de presiones políticas de grupos de interés existentes
en un determinado momento. Ejemplos de este tipo de pasivos son el rescate por parte del Estado
de la banca privada ante una crisis financiera severa, el caso de pasivos generados por
incumplimiento de gobiernos locales en el pago de deudas no garantizadas, o la ayuda a víctimas de
desastres naturales.
Los pasivos contingentes explícitos, en tanto, corresponden a los que más comúnmente se
han denominado como pasivos contingentes propiamente tales. Ellos están explicitados de
antemano por ley o contrato, pero la generación del gasto asociado y su magnitud dependen de que
efectivamente suceda un evento determinado. Ejemplos de dichos pasivos son el caso de la garantía
estatal a los depósitos, garantía de ingresos mínimos en concesiones y la garantía estatal de
pensiones mínimas del sistema de pensiones administrado por el sector privado.
El aumento experimentado por este tipo de pasivos durante el último tiempo se debe en gran
parte a la tendencia al cambio en el rol del Estado, que pasa de financiar y proveer servicios
directamente, a garantizar que el sector privado logre determinados resultados. Por ello crece la
importancia de incrementar los esfuerzos tendientes a su identificación y cuantificación de una
manera continua y permanente.

33

Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

4.2.2

Pasivos contingentes relevantes en el caso chileno

En el caso chileno se han identificado en un primer análisis cuatro pasivos contingentes
relevantes.12
Garantía de Ingreso Mínimo en Concesiones: los contratos establecen ingresos mínimos por
peaje garantizados por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) para cada año de operación de la
concesión. Si el ingreso efectivo es inferior al mínimo, el MOP debe pagar la diferencia hasta
completar el mínimo.
Garantía Estatal de los Depósitos: las obligaciones bancarias provenientes de depósitos y
captaciones a plazo, mediante cuentas de ahorro o documentos nominativos o a la orden que son
realizados por personas naturales, contienen explícitamente una garantía estatal del 90% en caso
que el banco sufra una quiebra, con un tope de 108 UF por persona. También existe una garantía
estatal del 100% para depósitos en cuentas corrientes, depósitos a la vista, u otros instrumentos
financieros líquidos. La quiebra de las instituciones financieras constituye el evento incierto que le
da el carácter de contingente a este pasivo.
Demandas contra el Fisco: anualmente, el Estado y las instituciones dependientes reciben
demandas de distinta índole por parte de particulares u organizaciones que se sienten afectadas y
dañadas por su proceder. El hecho que el Estado deba compensar a los privados sólo si estas
demandas son presentadas y las sentencias son desfavorables para el Fisco es lo que las transforma
en un pasivo contingente.
Garantía estatal de pensiones mínimas en el sistema de AFP: el Sistema de AFP establece
que si un trabajador que ha cotizado al menos 240 meses recibe una jubilación que al retirarse es
inferior a una pensión mínima, el Estado aportará la diferencia para garantizar dicha pensión al
momento que la cuenta individual se agote. Esta obligación asumida por el Fisco es de carácter
subsidiario, ya que está destinada a enfrentar la contingencia de que los recursos acumulados por el
trabajador en su cuenta de capitalización individual (más su bono de reconocimiento, si es el caso)
no alcancen para financiar una pensión básica cuyo valor es fijado por el propio Estado. Cabe
señalar que este pasivo contingente no es la única obligación que surge para el Estado relacionada
con el sistema de pensiones. En particular, debe considerarse además el déficit operacional del
antiguo sistema público de pensiones, el pago de Bonos de Reconocimiento, las Pensiones
Asistenciales (PASIS), y el déficit previsional militar (déficit de pensiones de las Cajas de
Previsión de las FF.AA. y Carabineros).
La cuantificación de dichos pasivos es una tarea que requiere en la mayoría de los casos de
un análisis y distinción entre el valor máximo que cada uno de ellos puede alcanzar y su valor
esperado. En un primer análisis efectuado por el Ministerio de Hacienda13 se muestran los valores
totales correspondientes a los proyectos concesionados que implican garantías de ingresos
mínimos, así como también el gasto máximo que podría incurrir el Estado por garantía estatal de
los depósitos, ante la eventual quiebra de todas las instituciones bancarias (estimado en un monto
equivalente al 28% del PIB). También se presentan cifras de lo cancelado a consecuencia de
demandas contra el fisco y proyecciones del gasto en garantía estatal de pensiones mínimas.
En el caso de la garantía estatal de pensiones mínimas cabe notar que ha implicado, hasta
ahora, un uso de recursos que podría calificarse como escaso. Ello se debe a la poca madurez que
tiene el sistema de AFP y a la consecuente baja cantidad de trabajadores pensionados bajo este
esquema con respecto al total de pensionados. Sin embargo, en la medida que el sistema siga
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“Identificación y Cuantificación Estimativa del Conjunto de Pasivos Contingentes y Otras Obligaciones Futuras del Sector Público”,
2001. Estudio realizado por la Dirección de Presupuestos en el marco de la discusión legislativa del proyecto de Ley de Presupuestos
2002.
Ibíd.

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madurando, el Fisco deberá destinar recursos cada vez más importantes para solventar el pago de
las pensiones mínimas acogidas a esta garantía, ya que junto con el crecimiento natural del número
de trabajadores pensionados bajo el sistema de AFP, se espera que el valor de la pensión mínima
siga teniendo crecimientos reales en el mediano plazo. De este modo se ha estimado que el gasto en
garantía estatal de pensión mínima pasaría de constituir menos del 0,1% del PIB en la actualidad a
1,3% del PIB en 2037 (Hernández y Arenas de Mesa 2002).
Cabe hacer notar que existe el compromiso de que a partir de la presentación del Proyecto de
Presupuestos 2004 se entregará al Congreso Nacional un Informe Financiero Complementario, que
incluirá, entre otros aspectos, información referida a los Pasivos Contingentes. El Informe
Financiero resultante se estructurará en un formato estándar, reportando anualmente sobre variables
no recogidas directamente en el Proyecto de Ley de Presupuestos, pero que pueden constituir
elementos de riesgo para el desempeño de las finanzas públicas en el futuro. Constituye también un
avance en esta dirección, la creación de la División de Finanzas Públicas en la Dirección de
Presupuestos, la cual tiene a su cargo la supervisión y gestión de los activos financieros de las
empresas públicas y la relación con organismos bancarios multilaterales, entre otras labores.

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V. Comentarios finales

5.1 Modernización de la política fiscal
Los desafíos respecto de la implementación, medición y
evaluación de la política fiscal tienen especial relevancia para los
países en desarrollo, como el caso de Chile. El manejo de las finanzas
públicas con un enfoque intertemporal y contracíclico, como elemento
central de una estrategia de protección social, exigen que se avance
hacia una mejor medición, monitoreo y manejo de los pasivos
contingentes y sus efectos de mediano plazo.
Esto es particularmente relevante si se considera que en la
mayoría de los países las obligaciones contingentes corresponden a
programas fuera del presupuesto. Esta condición ha permitido que en
ocasiones se utilice este tipo de pasivos como una forma de impulsar
programas sin afectar el balance fiscal de corto plazo. Sin embargo,
debe considerarse que estas obligaciones contingentes incrementan de
manera significativa el riesgo fiscal en el mediano y largo plazo,
exponiendo al Fisco a eventos futuros que pueden llegar a
desestabilizar las finanzas públicas y, en consecuencia, disminuir la
capacidad de la política fiscal de jugar un rol preponderante en la
protección social de los más vulnerables.
Por tal motivo, se requiere profundizar las metodologías y
prácticas de administración fiscal que se refieren al manejo de los
pasivos contingentes. Ello requiere, por ejemplo, avanzar en la línea
de hacer más visible la información asociada a las obligaciones extra
presupuestarias, pasando de presupuestos de caja a presupuestos de
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Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

base devengada que incluyan las obligaciones contingentes. En esta línea, se debería estudiar la
creación de fondos de contingencia para determinadas partidas y la utilización de seguros y
derivados financieros. Complementariamente es importante avanzar en la determinación de un
nivel óptimo de riesgo público y en el análisis de consistencia con la cartera de riesgos fiscales
efectivos.
En este contexto, el rol de la política fiscal en el diseño institucional de los sistemas de
protección social es clave, no sólo para el financiamiento estable y sostenido de estos programas en
el tiempo, sino que implementando diseños institucionales que sean consistentes con las
capacidades financieras y fiscales y que con eficiencia cubran las necesidades de los más
desprotegidos.

5.2 Desafíos del sistema de protección social
En la década de los noventa en Chile se iniciaron procesos de reformas sociales estructurales
de gran magnitud como la reforma educacional y la reforma al sistema de justicia. En dicho período
la evolución de los indicadores sociales en los distintos sectores muestra progresos significativos en
la calidad y equidad del gasto social y mejoras en su focalización. Adicionalmente, las políticas
que velan por la estabilidad macroeconómica y social se implementaron coordinadamente, por lo
que la política fiscal de los noventa ha sido mencionada como un factor relevante en la
construcción de la estabilidad económica y política. En este sentido, el financiamiento de una
política social expansiva se realizó junto con una responsable y equilibrada política fiscal
macroeconómica.
En un panorama socio–económico en permanente evolución, el sistema de protección social
deberá evolucionar conjuntamente para permitir una eficiente cobertura de las necesidades básicas
de la población en situación de pobreza, así como una disminución de su vulnerabilidad frente a los
riesgos individuales que repercuten en sus ingresos y frente a las fluctuaciones en la economía
originadas tanto en factores internos como externos. El sistema de protección social se enfrenta
asimismo a nuevos desafíos como son, por ejemplo, la transición demográfica y la incorporación
creciente de las mujeres al mercado laboral. Este contexto, sumado a una tasa de indigencia
estancada entre 1996 y 2000, sugieren la necesidad de estudiar e implementar una nueva estrategia
para que los instrumentos y políticas diseñados para beneficio de la población en extrema pobreza
puedan alcanzar el objetivo de entregar una red básica de protección social.
En este marco de referencia, el sistema de protección social en Chile debería enfrentar un
proceso de modernización e implementación de un nuevo orden institucional. Los esfuerzos de las
redes de protección deberán ser coordinados y administrados de forma más eficiente y en una
institucionalidad flexible y más descentralizada que permita este objetivo. El levantamiento de la
información y la posterior creación de un sistema de información de protección social serán pilares
fundamentales que junto con una nueva institucionalidad del Estado para las políticas de protección
social son las claves que permitirán construir y consolidar un nuevo orden social para Chile.
Los progresos en materia social en la década de los noventa fueron significativos, sin
embargo, aún existen importantes tareas pendientes en relación a la superación de la pobreza e
indigencia. Esta realidad plantea hacia el futuro enormes desafíos que implicarán una nueva etapa
en el desarrollo de las políticas sociales, complementaria pero distinta a la realizada en los noventa,
que en gran medida pasará por un rediseño institucional del sistema de protección social chileno.
La reducción de la pobreza y la igualdad de oportunidades es el principal desafío, para lo que será
fundamental avanzar en la consolidación y profundización de las reformas implementadas en este
período. La modernización de la institucionalidad pública y su gestión será esencial para conseguir
mejorar el proceso de asignación de recursos, de modo de garantizar el mejor uso de los recursos
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CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

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disponibles y llevar a cabo políticas de protección social eficientes y responsables en su
focalización, implementación y financiamiento.
Uno de los principales desafíos en materia de protección social consiste en un rediseño
institucional que fortalezca y ordene la institucionalidad estatal encargada del sistema básico de
protección social. Este rediseño deberá contemplar una revisión exhaustiva del conjunto de
subsidios, transferencias, fondos y programas de apoyo actualmente existentes, diferentes tanto de
las líneas centrales de los Ministerios sectoriales (Educación, Salud y Vivienda), como de los
programas contributivos de la seguridad social, con el objeto de desarrollar a partir de ellos un
sistema de protección social bajo la responsabilidad de una única institución. Este debería ser uno
de los principios ordenadores del nuevo sistema de protección social, el concepto de “ventanilla
única”. La ventanilla única es un concepto a aplicar tanto a nivel macro institucional como a nivel
micro en la atención de los beneficiarios. A nivel macro institucional implica concentrar en una
institución la administración, recursos y diseño de políticas de la red de protección social. A nivel
micro, la atención de beneficiarios mediante este mecanismo permitirá lograr una mayor
integración de distintos ámbitos de la acción pública, una simplificación en el acceso a los
beneficios al eliminar ventanillas innecesarias y una acción integrada que en una perspectiva global
mejore la focalización y eficiencia de la protección social.
El cumplimiento de los desafíos futuros de reducción de la indigencia dependerá en gran
medida del ordenamiento institucional que determina cómo y dónde se entregan los beneficios,
sumado a una especial preocupación sobre cómo estos instrumentos llegan efectivamente a los
beneficiarios. Un enfoque puro de oferta de instrumentos y beneficios puede no ser suficiente para
hacer frente al desafío de reducir la indigencia. Un enfoque proactivo, en cambio, en busca de la
demanda y los beneficiarios, puede aumentar los grados de eficiencia de los instrumentos
diseñados. Esta dimensión de búsqueda de la demanda, necesariamente diseñada con un fuerte
componente local, deberá además estar altamente coordinada con la “ventanilla única”
anteriormente descrita.
Un segundo principio que debería estudiarse en el diseño de un nuevo orden institucional es
el cambio de unidad o núcleo de focalización. La familia, y no el individuo, puede convertirse en la
unidad de referencia para la focalización de la acción pública. Este principio podría mejorar la
focalización de la protección social al referirse a un concepto de ingreso familiar que de cuenta de
una realidad familiar determinada, percibida como un conjunto global por el hecho de existir
vínculos estrechos, y no como la suma de realidades individuales independientes. Adicionalmente,
la perspectiva familiar como ámbito de referencia para la protección social podría generar una
mejor articulación de las distintas líneas de acción social y, por lo tanto, resultados más eficientes.
En este mismo sentido, se enmarca el criterio de focalización, tercer principio clave para el
nuevo orden institucional del sistema básico de protección social. Si bien actualmente la gran
mayoría de los programas de protección social alcanza un elevado nivel de focalización, aún
existen importantes desafíos por atender en esta materia. Precisamente, los resultados alcanzados
en los noventa en materia de protección social muestran la importancia de una adecuada
focalización y el impacto redistributivo que los programas de protección social pueden alcanzar.
Este es un aspecto central para la superación de la pobreza. La evidencia internacional muestra que
economías con iguales tasas de crecimiento pueden tener distintas velocidades en su proceso de
superación de la pobreza. Una de las variables que explica esta diferencia es la desigualdad en la
distribución del ingreso y la rapidez con que éstas mejoran su distribución de recursos (CEPAL
2000). En el futuro, la mantención de una adecuada focalización de los beneficios del sistema de
protección social será uno de los elementos clave para alcanzar resultados exitosos en la reducción
de la pobreza. Mientras más focalizada esté la acción pública, mayores y más prontos resultados se
alcanzarán en materia social. En este sentido, la población indigente y la población pobre,
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Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena

especialmente rural, deberían posicionarse como grupos prioritarios en la focalización del sistema
de protección social.
Junto al rediseño institucional del sistema de protección social se hará imperativo un
reforzamiento, profundización y, en algunos casos, implementación de sistemas de información de
las políticas de protección social. El mecanismo de selección actualmente utilizado, la ficha CAS
II, deberá ser parte de este proceso de adecuación para satisfacer correctamente las nuevas
demandas de información y la eficiente focalización de los programas sociales. Con un nuevo
sistema de información y selección podrá perfeccionarse la evaluación y seguimiento de las
políticas sociales, así como hacer frente a los procesos de transición económicos, demográficos y
sociales que requerirán de sistemas de protección social en permanente revisión y evolución.
Con este tipo de diseño se favorecerá una mayor integración de las políticas públicas, así
como la coordinación de los esfuerzos sectoriales, y se evitará la duplicación de esfuerzos y
recursos públicos. El sistema de protección social debería integrar la oferta de subsidios y
programas actualmente existentes, especialmente los no contributivos, introduciendo los rediseños
que correspondan y simplificando su acceso. Una medida de esta índole permitiría actuar en forma
complementaria a las acciones centrales de los ministerios sectoriales, con un mayor grado de
coordinación y desconcentración, con el objeto de responder a la heterogeneidad de situaciones que
caracterizan a los sistemas de protección social.
La red básica de protección social estará sólo potencialmente limitada por las restricciones
presupuestarias, ya que son éstas las que limitan el valor y número de nuevos beneficiarios, por
ejemplo, en el sistema de pensiones asistenciales y en el subsidio familiar. Una estrategia
modernizadora de la red de protección social sería entregar a la demanda más calificada de extrema
pobreza, derechos ante estos beneficios, lo que potenciaría aún más la necesidad de un rediseño
institucional para asegurar estos derechos a dichas familias. Un enfoque de este tipo, en conjunto
con los demás desafíos mencionados para la red de protección social, constituyen las bases de una
nueva estrategia en políticas sociales para enfrentar la indigencia y extrema pobreza.
Otro importante desafío que enfrenta el sistema de pensiones está relacionado con las fuentes
de financiamiento que usará el Estado para financiar la transición previsional y el déficit previsional
futuro. El déficit causado por la transición previsional va a durar otros 40 años más. No está claro en
qué forma el Estado va a financiar el déficit de pensiones: con impuestos, deuda pública, o una
combinación de las dos cosas. Financiar el déficit con deuda pública constituirá una carga para las
generaciones futuras y los jóvenes, mientras que beneficiará a la actual generación y a los ancianos;
financiar la deuda con impuestos colocará la carga en los hombros de la generación actual.
Hay un vacío de estudios actuariales e incluso carencia de datos financieros respecto de todo el
sistema de pensiones, público y privado. Lo dicho vale en el caso de ejercicios de simulación globales
basados en el total de contribuciones, rendimientos de la inversión, subsidios estatales y gastos.
Hacen falta estos datos y estudios para determinar el equilibrio futuro del sistema y valorar la
capacidad económica del Estado para subsidiarlo. En este contexto, es importante recobrar la antigua
disciplina de los cálculos actuariales y financieros de los sistemas de reparto, que obliguen a que
cuando se otorguen beneficios, estos deberán ir acompañados de financiamientos consistentes en el
tiempo con los costos fiscales generados (Arenas de Mesa y Marcel 1999).
El gran desafío hacia el futuro puede sintetizarse en que a través de un proceso de desarrollo
económico sostenido, puedan concretarse las soluciones al problema de la pobreza y se alcance un
sistema estable e integrado de protección social que facilite la igualdad de oportunidades para las
personas. El desamparo social obstaculiza cualquier idea de alcanzar una sociedad democrática.

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Los costos de la transición en un régimen de beneficio definido, Adolfo Rodríguez y Fabio Durán (LC/L.1405-P),
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Perfil de déficit y políticas de vivienda de interés social: situación de algunos países de la región en los noventa,
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N° 136

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Alternativas de políticas para fortalecer el ahorro de los hogares de menores ingresos: el caso de Costa Rica, Saúl
Weisleder, (LC/L.1825-P), N° de venta S.02.II.G.132 (US$10.00), 2002. www
From hard-peg to hard landing? Recent experiences of Argentina and Ecuador, Alfredo Calcagno, Sandra
Manuelito, Daniel Titelman, (LC/L.1849-P), Sales Number: E.03.II.G.17 (US$10.00), 2003. www
Un análisis de la regulación prudencial en el caso colombiano y propuestas para reducir sus efectos procíclicos,
Néstor Humberto Martínez Neira y José Miguel Calderón López, (LC/L.1852-P), N° de venta S.03.II.G.20
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Hacia una visión integrada para enfrentar la inestabilidad y el riesgo, Víctor E. Tokman, (LC/L.1877-P), N° de
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Promoviendo el ahorro de los grupos de menores ingresos: experiencias latinoamericanas., Raquel Szalachman,
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Macroeconomic success and social vulnerability: lessons for Latin America from the celtic tiger, Peadar Kirby,
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Vulnerabilidad del empleo en Lima. Un enfoque a partir de encuestas a hogares, Javier Herrera y Nancy Hidalgo,
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Evaluación de las reformas a los sistemas de pensiones: cuatro aspectos críticos y sugerencias de políticas, Luis
Felipe Jiménez y Jessica Cuadros (LC/L.1913-P), N° de venta S.03.II.G.71 (US$10.00), 2003. www
Macroeconomic volatility and social vulnerability in Brazil: The Cardoso government (1995-2002) and
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Seguros de desempleo, objetivos, características y situación en América Latina, Mario D. Velásquez Pinto,
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Incertidumbre económica, seguros sociales, solidaridad y responsabilidad fiscal, Daniel Titelman y Andras Uthoff
(LC/L.1919-P), N° de venta S.03.II.G.74 (US$10.00), 2003. www
Políticas macroeconómicas y vulnerabilidad social. La Argentina en los años noventa, Mario Damill, Roberto
Frenkel y Roxana Maurizio, (LC/L.1929-P), N° de venta S.03.II.G.84 (US$10.00), 2003. www
Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena, Alberto Arenas de Mesa y Julio Guzmán
Cox, (LC/L.1930-P), N° de venta S.03.II.G.86 (US$10.00), 2003. www

El lector interesado en números anteriores de esta serie puede solicitarlos dirigiendo su correspondencia a la Unidad de Estudios
Especiales de la Secretaría Ejecutiva, CEPAL, Casilla 179-D, Santiago, Chile. No todos los títulos están disponibles.
Los títulos a la venta deben ser solicitados a la Unidad de Distribución, CEPAL, Casilla 179-D, Santiago de Chile,
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