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<dcvalue element="contributor" qualifier="author" language="es_ES">Corden, W. Max</dcvalue>
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<dcvalue element="description" qualifier="null" language="es_ES">Incluye Bibliografía</dcvalue>
<dcvalue element="relation" qualifier="ispartof" language="es_ES">En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcvalue>
<dcvalue element="project" qualifier="null" language="es_ES">Proyecto Apoyo al Proceso de Liberalización Comercial en el Hemisferio Occidental</dcvalue>
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<dcvalue element="date" qualifier="accessioned" language="">2014-01-02T14:51:16Z</dcvalue>
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w w w . c e p a l . o r g / t r a n s p o r t e
B O L E T Í N
F A C I L I T A C I Ó N  D E L  T R A N S P O R T E  Y  E L  C O M E R C I O  E N  A M É R I C A  L A T I N A  Y  E L  C A R I B E
U N I D A D  D E  S E R V I C I O S  D E  I N F R A E S T R U C T U R A
División de Recursos Naturales e Infraestructura, CEPAL
ISSN 1564-4227
Desarrollo y conflictos 
asociados a la construcción 
de infraestructura
Antecedentes
El presente Boletín FAL analiza las causas que pueden 
gatillar conflictos sociales y ambientales vinculados a 
la construcción de infraestructura. 
El documento fue realizado por Eduardo Ramos 
Suárez, Consultor, y Gabriel Pérez, Oficial de Asuntos 
Económicos de CEPAL, en el marco de las actividades 
del proyecto CEPAL/UNDA: “Integración logística 
para una explotación más sostenible de los recursos 
naturales de América Latina y el Caribe”.
Para mayores antecedentes sobre esta temática 
contactar a gabriel.perez@cepal.org 
Las opiniones expresadas en este documento 
son de exclusiva responsabilidad de los autores y 
pueden no coincidir con las de la Organización.
La infraestructura es un elemento fundamental para el desarrollo debido a 
que mejoras en la provisión, disponibilidad y calidad de las infraestructuras y 
servicios que se prestan sobre ella, pueden favorecen cambios trascendentales 
en los estándares de vida de la población al facilitar su acceso a la asistencia 
sanitaria, la educación, otros servicios sociales y a los mercados de trabajo 
(Alonso y Sánchez, 2012). La infraestructura tiene también un rol de 
importancia en la inserción regional e internacional de los territorios rurales 
y los vínculos urbano-rurales, así como para lograr una transformación 
productiva, institucional y social que sea incluyente y sostenible (PNUD, 
2014). Consciente de este vínculo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 
la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, han incorporado a la infraestructura 
como una herramienta fundamental para mejorar las condiciones de vida 
de la población, fomentar una mayor estabilidad social y conseguir ciudades 
y territorios más resistentes y resilientes al cambio climático (Organización 
de la Naciones Unidas, 2017). En particular, en el Objetivo de Desarrollo 
Sostenible (ODS) 9 referente al desarrollo de una infraestructura de calidad, 
fiable, sostenible y resiliente; en los ODS 6, 7 y 11 se tienen referencias directas 
a la necesidad de “garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del 
agua y el saneamiento para todos”, de “garantizar el acceso a una energía 
asequible, fiable, sostenible y moderna para todos” y de “lograr que las 
ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes 
y sostenibles” respectivamente (Jaimurzina y Sánchez, 2017). Por tal 
motivo, la transformación de los servicios de infraestructura representa una 
condición sine qua non del cambio estructural progresivo necesario para 
la región, pues la provisión insuficiente, ineficiente e insostenible de estos 
servicios es uno de los factores que explican la estructura productiva poco 
diversificada, el rezago en innovación, la alta concentración del ingreso y la 
vulnerabilidad ante el cambio climático (CEPAL, 2016).
Esta redefinición del rol de la infraestructura supone un punto de inflexión 
trascendental para el sector, que lo llevará a revisar la forma en cómo se 
diseña y construye la infraestructura para incorporar en las etapas tempranas 
de los nuevos proyectos, criterios sociales, territoriales y de sostenibilidad, 
Ed ic ión  Nº  361 , número  1 , 2018
Or ig ina l : Españo l
Antecedentes
I. El contexto de la infraestructura  
en América Latina
II. Conflicto social y violencia estructural dentro 
del contexto del desarrollo de infraestructuras
III. Tipos de conflictos asociados al desarrollo  
de infraestructuras
IV. Herramientas de prevención y transformación 
de conflictos
V. Conclusiones y recomendaciones
VI. Bibliografía
para asegurar que esta nueva infraestructura sea inclusiva, 
resiliente y adaptada al cambio climático, al mismo tiempo 
que se promueve una transformación del stock existente a 
las nuevas necesidades del desarrollo sostenible. Junto con 
ampliar el tipo de análisis de los proyectos incorporando 
temáticas que tradicionalmente han estado ajenas a las 
preocupaciones centrales de los ministerios sectoriales, 
el Estado deberá fortalecer la institucionalidad para 
gestionar el diálogo con las comunidades, como una 
forma de gestionar la eventual tensión social y ambiental 
que el desarrollo de nuevas infraestructuras puede 
producir sobre el territorio donde se emplazan, además 
de mantener y adecuar la infraestructura existente a las 
nuevas necesidades de modo de asegurar un desarrollo 
inclusivo para toda la población. 
El presente trabajo presenta una primera aproximación 
a un conjunto de aspectos sociales y ambientales 
que requieren ser considerados para evitar y 
gestionar adecuadamente los conflictos asociados a 
la infraestructura, destacando que los conflictos son 
inherentes al desarrollo y pueden ser una oportunidad 
de cambio cuando son bien gestionados. Para ello el 
documento expone en primer lugar el contexto regional 
de América y el Caribe respecto al desarrollo de las 
infraestructuras y una primera aproximación al número de 
conflictos asociados a la construcción de infraestructuras 
de transporte y gestión del agua. En la sección siguiente, 
se analiza la relación entre conflicto social y violencia 
estructural dentro del ámbito del desarrollo de 
infraestructuras. Posteriormente, en la sección tres, se 
presenta una tipología de conflictos que se dan de forma 
recurrente en el ámbito de las infraestructuras, para en 
la sección cuarta, destacar algunas herramientas que 
pueden ser útiles para las empresas, los gobiernos y la 
sociedad en general para la prevención y transformación 
de conflictos dentro del ámbito del desarrollo de las 
infraestructuras. El documento finaliza con un conjunto 
de recomendaciones para mejorar la gobernanza de la 
infraestructura en América Latina y el Caribe.
 I.  El contexto de la infraestructura 
en América Latina 
Las últimas estimaciones de CEPAL sobre la brecha de 
infraestructura muestran que pese a los avances realizados 
en los últimos años, aún queda un largo trecho para 
alcanzar el ritmo de crecimiento de la demanda, mucho más 
si se desea cerrar la brecha con una cobertura del 100% y 
de forma sostenible como promueve la Agenda 2030. Las 
necesidades de inversión para alcanzar el acceso universal 
a los servicios básicos y para generar los servicios de 
infraestructura que requieren las economía (consumidores 
y productores) sobre la base del crecimiento previsto del 
PIB, de las proyecciones de población, del parámetro que 
representa el peso las distintas formas del capital sobre el 
crecimiento de la economía y del stock de infraestructura 
(sensible a los respectivos precios de los activos), se 
prevé que las necesidades de gasto en cuatro sectores 
infraestructura analizados (transporte por carretera y vías 
férreas, electricidad, telecomunicaciones) ascenderán entre 
un 2,0% y 6,0% dependiendo del escenario de crecimiento 
económico utilizado. En cada uno de estos escenarios, la 
inversión se desglosa en nuevas infraestructuras como en 
un porcentaje para el mantenimiento y reparaciones de las 
existentes (Sánchez y otros, 2017). 
Este déficit de infraestructura, sin embargo, es mucho más 
patente en el ámbito rural y localidades alejadas, donde la 
falta de infraestructura adecuada, hace muchas veces que las 
poblaciones de esas zonas vean afectado su desarrollo al no 
tener el acceso a servicios en la misma disponibilidad, calidad 
y costo que lo registrado en las zonas urbanas del mismo país. 
Una muestra de ello, son los bajos niveles de pavimentación 
de la red vial, particularmente en los tramos de la red 
secundaria y terciaria que se localizan en al ámbito rural y 
zonas alejadas los que representan hasta el 85% de la red 
total de la región, y donde en promedio, menos del 25 % de 
la red total está pavimentada (Jaimurzina y Sánchez, 2017).
La falta de conectividad o la mala mantención de la red 
de caminos secundarios o terciarios provocan pérdidas 
temporales de conectividad o incrementos sustanciales de 
los tiempos de viaje, que terminan dificultando el acceso 
a los servicios básicos de educación, salud o el mercado 
del trabajo. Así por ejemplo, las malas condiciones de 
las vías terciarias que utilizan las medianas y pequeñas 
empresas mineras de carbón en Colombia para trasladar 
sus productos, no solo producen sobrecostos importantes 
que pueden terminar dejando fuera del mercado a muchos 
productores, sino también altas externalidades negativas 
sobre la población y el medio ambiente (Duque, 2018), 
afectando con ello a la vida de incluso aquellas personas no 
ligadas a la actividad minera.
El tema de la prestación de los servicios básicos de 
infraestructura ha sido reconocido como una prioridad 
dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En 
esta línea, la cobertura del 100% de los servicios representa 
un enorme desafío para los países de la región, porque 
esto implica llegar hasta las comunidades más dispersas y 
aisladas. En la región, hay algunas iniciativas de los gobiernos 
nacionales que intentan cubrir estas deficiencias con 
carácter universal, así como numerosos planes, programas 
y proyectos de gobiernos nacionales y subnacionales o el 
sector privado que cubren parcialmente áreas pobladas 
marginales o no asistidas (Sánchez y otros, 2017).
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Junto con ello, las poblaciones rurales, zonas remotas o 
poblaciones indígenas, son a menudo las que sufren las 
mayores externalidades negativas de los grandes proyectos 
de infraestructura necesarios para el desarrollo nacional, 
viendo alterados sus medios y condiciones de vida, sin que 
por ello vean satisfechas sus expectativas de mejora de vida. 
Esto ha contribuido a que algunos sectores de la población 
no tengan una visión positiva sobre el desarrollo de 
infraestructuras y se haya arraigado en vastas comunidades 
locales una percepción de que el Estado se alinea con las 
grandes empresas o con un modelo de desarrollo imperante 
en la capital en detrimento de las comunidades locales, 
generando una creciente conflictividad social en torno al 
desarrollo de infraestructuras en América Latina. 
Según la iniciativa Environmental Justice1, América Latina y 
el Caribe es la región donde se presenta el mayor número de 
conflictos relacionados con el desarrollo de infraestructura 
y construcción tal como lo muestra el gráfico 1.
Gráfico 1 
Conflictos relacionados con el desarrollo de infraestructuras 
de transporte y gestión de agua según regiones del mundo
(En número de conflictos por región, marzo 2018)
15 15
41
48
66
0
10
20
30
40
50
60
70
América del Norte Africa Asia Europa América Latina
y el Caribe
Fuente: Environmental Justice Atlas, consultado el 05 de marzo de 2018.
Si bien la metodología no distingue un único tipo de 
conflicto y los mismos difieren entre regiones en cuanto 
a su magnitud y tipo de afectación, inversión involucrada 
y grado alcanzado por el conflicto (quejas, protestas, 
litigios, etc.), da al menos una idea de la importancia 
que el tema reviste para la población de esas regiones, 
fundamentalmente por la afectación medioambiental y a 
los medios y formas de vida que la construcción de nueva 
infraestructura o la ausencia de la misma provoca.
Dentro de América Latina y el Caribe, es Colombia, Brasil 
y México los países que presentan un mayor número 
1 El Environmental Justice Atlas (Atlas de Justicia Ambiental) forma parte del proyecto 
europeo EJOLT: Environmental Justice Organizations, Liabilities and Trade que 
cuenta con la participación de un equipo internacional de expertos procedentes de 
23 universidades y organizaciones de justicia ambiental de 18 países. Disponible en: 
https://ejatlas.org.
de casos registrados, aunque proporcionalmente los 
conflictos asociados al manejo del agua (principalmente) 
e infraestructuras de transporte son más importantes en 
América Central, como muestra el cuadro 1. 
Cuadro 1 
Conflictos relacionados con el desarrollo de infraestructuras 
de transporte y gestión de agua, y conflictos totales en 
países seleccionados de América Latina y el Caribe, 2018
País
Conflictos relacionados 
con el desarrollo de 
infraestructuras de 
transporte y gestión  
de agua
(inc. hidroeléctricas)
Conflictos 
totales 
[1]
Participación 
del total de 
conflictos
Guatemala 10 27 37%
Jamaica 1 3 33%
Panamá 5 15 33%
El Salvador 2 6 33%
Belice 1 3 33%
Nicaragua 3 10 30%
Costa Rica 4 15 27%
Bolivia (Estado 
Plurinacional de)
10 40 25%
Honduras 5 20 25%
México 14 71 20%
Colombia 24 127 19%
Ecuador 10 63 16%
Brasil 15 98 15%
Venezuela (Rep. 
Bolivariana de)
5 33 15%
Perú 11 79 14%
Chile 5 49 10%
Argentina 5 50 10%
Paraguay 0 6 0%
Uruguay 0 4 0%
Fuente: Environmental Justice Atlas, consultado el 05 de marzo del 2018.
Nota: El Atlas hace una distinción de conflictos entre nucleares, extracción minera, 
gestión de residuos, biomasa y conflictos por la tierra, combustibles fósiles, 
justicia climática/energía, gestión del agua, infraestructuras y construcción, 
turismo recreacional, biodiversidad y conservación, industriales y de utilidades 
(Environmental Justice Atlas, 2017).
Nuevamente es importante destacar que los conflictos 
registrados van desde pequeñas ampliaciones de 
capacidad de una vía local hasta la construcción de grandes 
corredores de transporte por la vía Amazónica, por lo que 
la mera comparación del número de conflictos no debe ser 
vista como un indicador de la conflictividad nacional o del 
funcionamiento de la gobernanza de la infraestructura 
imperante en esos países. 
No obstante lo anterior, cuando hablamos de conflictos 
sociales no conviene simplificar este tipo de procesos 
ni quedarse únicamente con la información contenida 
3
en fuentes internacionales especializadas. Es necesario 
observar más allá de las causas o de los motivos visibles y 
analizar las causas estructurales subyacentes. Muchas veces 
los proyectos de infraestructura se dan en tejidos sociales 
y territoriales periféricos que pueden estar asociados 
con una “violencia estructural” (véase definición más 
adelante), relacionada con la pobreza, la desigualdad, la 
ausencia de oportunidades y de espacios efectivos de voz 
y participación. Dentro de este ambiente, los proyectos 
de infraestructura pueden actuar como un detonante de 
conflictos sociales ya instalados, porque han tensionado 
dinámicas conflictivas preexistentes al haber, por ejemplo, 
una falta de ordenación y planificación adecuada del 
territorio donde se desarrollan. En este sentido, es 
importante que las autoridades competentes movilicen 
adecuadamente a la comunidad para que se involucre y sea 
participe de los proyectos, aportando su experiencia sobre 
las características culturales, del territorio, biodiversidad 
animal, vegetal que deban protegerse.
 II.  Conflicto social y violencia 
estructural dentro del contexto 
del desarrollo de infraestructuras
Para entender la relación entre conflicto social y violencia 
estructural dentro del ámbito del desarrollo, necesitamos 
previamente profundizar en estos conceptos. Johan 
Galtung planteó en 1974 el concepto de “violencia 
estructural” para referirse a aquel proceso social que 
aparece cuando las personas están por debajo de su 
desarrollo potencial como seres humanos, al no poder 
acceder a servicios básicos como la sanidad o la educación 
y carecen de espacios de voz y representación donde 
expresarlas, en circunstancias en donde otra parte de la 
población goza plenamente de sus derechos, con lo cual 
el autor distingue la violencia estructural de la violencia 
física o manifiesta, que es cuando aparecen las medidas 
violentas (Galtung, 1974). En este sentido, ante la ausencia 
de servicios de infraestructura adecuados para una vida 
digna y para la satisfacción de una serie de necesidades 
básicas de toda la población, existe una situación de 
violencia estructural que actúa como catalizador de la 
conflictividad social. 
 III.  Tipos de conflictos asociados  
al desarrollo de infraestructuras
Los conflictos sociales asociados al desarrollo de 
infraestructura pueden estar relacionados con múltiples 
causas pudiendo ser algunas de gran complejidad. A 
menudo, suelen simplificarse estas causas y vincularlas 
únicamente a aspectos como el impacto socioambiental 
y a la expropiación de tierras, sin embargo si se mira en 
más profundidad hay una serie de factores asociados a la 
violencia estructural que pueden actuar como poderosos 
conductores de conflicto, y donde el desarrollo de 
una nueva infraestructura actúa como detonante más 
que como causante de conflictos ya instalados en los 
territorios donde operan. Por esta razón, es importante 
realizar un análisis detallado para entender las causas 
reales de los conflictos. Aún a riesgo de ser demasiado 
reduccionista con la complejidad imperante, la siguiente 
tipología de causas permite reflejar al menos el tipo de 
problemáticas subyacentes que los perfiles de proyectos 
de grandes obras o aquellas que se realicen en territorios 
sensibles deberían considerar.
Tipología de posibles causas de conflictos sociales asociados 
al desarrollo de proyectos de grandes infraestructuras: 
i) Afectación en el desarrollo humano. La negación 
de necesidades básicas asociadas a la falta de 
infraestructura, tanto en la cantidad como calidad 
requerida, es un factor de conflictividad social.
ii) Impacto en el medioambiente. El desarrollo de 
nuevas infraestructuras, especialmente las mega 
obras, puede impactar negativamente en el 
medioambiente, alterando los ecosistemas o el 
medio de subsistencia de comunidades locales, tales 
como población indígenas o afrodescendientes que 
tienen una relación profunda con la naturaleza, 
afectando con ello su propia reproducción social y 
continuidad como grupo social. En este caso, puede 
producirse un conflicto por la contraposición de 
visiones distintas sobre el tipo de desarrollo deseado, 
donde la motivación principal no sería la afectación 
de la naturaleza per sé, sino la competencia por 
recursos o la afectación potencial de las obras sobre 
las actividades económicas de la población local.
iii) Problemas en el empleo y contratación de bienes y 
servicios. Las comunidades demandan a las empresas 
de infraestructuras la contratación de mano de obra 
y servicios de las comunidades locales, como una 
forma de acceder a mejoras en su calidad de vida.
iv) Reasentamiento de las comunidades. Los proyectos 
de infraestructura de interés estatal pueden suponer 
la expropiación forzada de tierras y el reasentamiento 
de las comunidades en otros lugares distantes o de 
diferentes características culturales.
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v) Procesos de industrialización acelerados en sociedades 
rurales. Las grandes infraestructuras suponen un 
proceso de cambio social acelerado en las comunidades, 
lo que impacta en las condiciones socioeconómicas de 
las comunidades que ven aumentado el costo de vida, 
alteradas las vocaciones productivas y sufren cambios 
profundos en sus sistemas sociales basados en las 
relaciones eminentemente rurales.
vi) Deficiente planificación de las infraestructuras 
y ordenación del territorio. La nueva realidad 
económica es foco de atracción de flujos migratorios, 
lo que puede ser un elemento de tensión social 
cuando los sistemas públicos como la sanidad y 
la educación o la disponibilidad de viviendas no 
están debidamente preparados para un incremento 
sustancial en la demanda de estos servicios.
Aunque no se ha incorporado dentro de esta clasificación, 
conviene indicar que también existen una serie de grupos 
o iniciativas contra-culturales y contra-sistema, que 
cuestionan los modelos y visiones de desarrollo actuales. 
Estos grupos, a veces, se conectan con procesos identitarios 
que buscan romper con dinámicas uniformadoras 
asociadas a la globalización. Dentro de este contexto, las 
infraestructuras, al ser elementos claves de los modelos de 
desarrollo vigentes, pueden ser cuestionadas.
 IV.  Herramientas de prevención  
y trasformación de conflictos
Como se desprende de las secciones anteriores, la pobreza, 
la falta de oportunidades económicas, la marginación social 
y el desempleo entre otras múltiples variables son fuentes 
fundamentales de fragilidad. El desarrollo del sector privado 
se considera cada vez más como un medio fundamental y 
adaptable para la reconstrucción y la regeneración de la 
economía, especialmente en situaciones posteriores a 
conflictos (Van Dorp, 2014). En este aspecto, la inversión en 
infraestructura sostenible ya sea pública o privada, puede 
ser un importante generador y catalizador de desarrollo. 
Para ello se debe desarrollar una serie de herramientas 
e iniciativas que permitan prevenir o transformar los 
conflictos sociales en oportunidades de desarrollo. En este 
aspecto el análisis sensible al conflicto, así como el diálogo 
como un mecanismo de gobernanza participativa se revelan 
como poderosas herramientas en esta dirección.
A. Análisis sensible al conflicto
Todo proyecto debería incorporar, o al menos contemplar, 
un análisis sensible al conflicto en su evaluación ex ante, 
bajo la premisa de que todo desarrollo de infraestructuras 
supone un cambio en las dinámicas de los territorios donde 
se desarrolla y por tanto, es importante fortalecer estos 
procesos incorporando mayores dimensiones al análisis 
previo para tener antecedentes sobre los eventuales efectos 
del proyecto sobre el territorio donde se implementa. 
Cuadro 2 
Desarrollo de un análisis sensible del conflicto  
en el ámbito de infraestructura
¿Se ha hecho una cartografía social del territorio, con el fin de definir 
los grupos de interés y sus motivaciones?
¿A quién beneficia el proyecto y cómo? ¿Son inclusivas  
estas infraestructuras? 
¿A quién perjudica y cómo?
¿Es asumible el impacto socio-ambiental para las poblaciones? ¿Cuál es 
la relación costo-beneficio?
¿Cuáles son los medios tradicionales de vida y cómo son afectados por 
el proyecto de infraestructura?
¿Está alineado el proyecto con las necesidades del territorio? ¿Existe 
una adecuada ordenación del territorio?
¿Cómo se puede compensar a las comunidades? ¿Existe, en su caso, un 
plan de reasentamiento para las comunidades? ¿Se les ha compensado 
adecuadamente? ¿Tienen planes alternativos de desarrollo?
¿Hay un plan de información para la población acerca del proyecto?
Fuente: Elaboración propia.
En este punto, puede ser también útil recabar información 
sobre los principales grupos de interés, sus motivaciones, 
la situación política y socio-económica de los territorios y 
de las dinámicas previas de conflictividad social (mapeo 
participativo o cartografía social). Esto puede permitir 
tener una visión que ayude a no provocar o ahondar en 
dinámicas conflictivas ya existentes. Esta herramienta 
de análisis permite establecer una serie de indicadores 
que pueden ser útiles, aunque sea a un nivel elemental, 
para medir el impacto del proyecto. Estos indicadores, 
basados en escalas de medición, podrían ser, entre otros, 
el grado de impacto en los medios de vida (agua y tierra), 
el grado de inclusividad (a qué porcentaje de población 
beneficia el proyecto), el grado de transparencia (cómo 
se ha comunicado el proyecto a los grupos interés), etc. 
Asimismo, esta información puede constituirse como una 
importante herramienta para la gestión del riesgo político 
y social para las empresas que construirán u operarán la 
nueva infraestructura.
B. El diálogo como mecanismo para la prevención  
y transformación de conflictos en el sector  
de las infraestructuras
Existen ocasiones en las que los marcos legales son 
insuficientes para resolver situaciones problemáticas 
de gran complejidad social que escapan al ámbito 
tradicional de los ministerios sectoriales de obras 
públicas o transporte. Por ello, se requieren espacios 
alternativos que trabajen desde una perspectiva del 
5
cambio para transformar aquellos factores de conflicto 
en oportunidades de desarrollo con una mirada 
mucho más integral y de largo plazo. Estos espacios se 
podrían concebir como un esfuerzo multidisciplinario 
para el fortalecimiento de una gobernanza de las 
infraestructuras más participativa que trate de redefinir 
la relación entre la ciudadanía, el Estado y el sector de 
las empresas, mediante la instauración del diálogo como 
base para transformar el conflicto en una oportunidad 
de desarrollo sostenible.
Por gobernanza de infraestructura entendemos el 
conjunto de procesos tanto de toma de decisiones en el 
ámbito de la infraestructura como de implementación de 
dichas decisiones, en los cuales actúan los mecanismos, 
procedimientos y reglas establecidas formal e informalmente 
por las instituciones, que se refiere tanto a las conductas de 
los prestadores en sus respectivos mercados de servicios de 
infraestructura, como a la estructura vertical y horizontal 
de tales mercados. Para ello, se requiere de mecanismos 
de diálogo participativos y representativos que permitan 
abordar de manera integrada y sostenible los desafíos 
en áreas de la planificación, coordinación, evaluación y 
gestión del diseño y operación de la nueva infraestructura 
(Jaimurzina y Sánchez, 2017).
Una forma de gestionar este diálogo es a través de la teoría 
del cambio2 que puede trabajar en cuatro dimensiones, 
la personal, la relacional, la estructural y la cultural, 
para abordar desde una perspectiva transformadora los 
factores de conflicto dentro del ámbito del desarrollo de 
infraestructuras promoviendo la participación del Estado, 
las comunidades y las empresas de infraestructuras como 
elemento preventivo y transformador de la conflictividad 
social y promotor del desarrollo y sostenible.
Para el desarrollo de estos espacios de diálogo, es 
necesario trabajar la perspectiva personal con el fin 
de sentar las bases dentro de la dimensión relacional, 
transformando percepciones y prejuicios negativos que 
actúan como obstáculos para una comunicación efectiva 
dentro del marco de las relaciones entre los actores 
involucrados en el desarrollo de infraestructuras. A 
su vez, la dimensión relacional a través de la creación 
de visiones conjuntas de desarrollo, permite llevar el 
cambio a la dimensión estructural (política), que es 
donde se sitúan las problemáticas relacionadas con la 
violencia estructural. El hecho de trabajar en estas tres 
dimensiones permite introducir cambios en la dimensión 
cultural, que permite darle sostenibilidad al proceso al 
legitimar nuevas formas de relacionamiento basadas en 
el diálogo en vez de la confrontación y el conflicto. En el 
cuadro 3 se describe el proceso.
2 Basado en Culberston, H., Lederach, J. y Neufldt (2007). Reflective peace building: a 
planing, monotoring and lerning toolkit. The Joan B. Kroc Institute for the International 
Peace Studies, University of Notre Dame and Catholic Relief Services South East. 
Recuperado de: http://kroc.nd.edu/research/books/strategic-peacebuilding/275.
Cuadro 3 
Visión del proceso
Objetivo General: Desarrollar una gobernanza de la infraestructura inclusiva y generadora de desarrollo sostenible
Cómo: Construcción de plataformas de diálogo para la generación de desarrollo sostenible y para la superación de la conflictividad social en torno al 
desarrollo de infraestructuras
Teoría del cambio: El tratamiento de las causas de conflicto social y la generación de desarrollo sostenible a través del diálogo en torno a las 
infraestructuras, es fundamental para la superación de la conflictividad social
Personal Relacional Estructural Cultural
Foco Formar, capacitar y sensibilizar 
a los actores para el diálogo 
y para una cultura de paz 
enfocada en el respeto por  
los DDHH
Diseño y creación de espacios 
de diálogo multi-actor 
entre gobierno-empresas de 
infraestructuras-sociedad civil/
comunidades locales
Diseño e implantación  
de infraestructuras inclusivas 
orientadas al desarrollo 
sostenible desde un  
enfoque participativo  
y de derechos humanos
Se trabaja en las iniciativas 
anteriormente planteadas  
de la dimensión relacional, 
personal y estructural
Teoría Procesos de diálogo simétricos 
y sostenibles requieren actores 
informados y capacitados
La creación de espacios de 
diálogo ayuda a establecer un 
nuevo paradigma de relaciones 
entre el gobierno,  
las comunidades y las empresas 
de infraestructuras, lo que 
permite crear visiones de 
desarrollo sostenible
La creación de infraestructuras 
sostenibles e inclusivas 
orientadas al desarrollo 
sostenible desde un enfoque 
participativo y de derechos 
humanos ayuda a superar 
la violencia estructural y la 
conflictividad social
El cambio cultural requiere 
trabajar simultáneamente la 
dimensión personal, relacional 
y estructural. El hecho en sí de 
trabajar estas tres dimensiones 
supone un cambio cultural 
entre las partes, garantiza la 
sostenibilidad del proceso y 
contribuye a la superación de  
la conflictividad social
Fuente: Elaboración propia sobre la base de Culberston, H., Lederach, J. y Neufldt (2007)
U N I D A D  D E  S E R V I C I O S  D E  I N F R A E S T R U C T U R A
División de Recursos Naturales e Infraestructura, CEPAL
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 V.  Conclusiones y recomendaciones
1. El desarrollo de infraestructuras es un elemento 
fundamental para el desarrollo, ya que su existencia 
brinda condiciones básicas para una vida digna (salud, 
educación, agua y saneamiento, transporte, etc.). 
No obstante, si las infraestructuras no están bien 
contextualizadas con las necesidades de la población, su 
desarrollo puede ser un elemento de tensión social y de 
conflicto al producir o ahondar dinámicas de violencia 
estructural en los territorios donde se desarrollan.
2. Para la superación de los conflictos sociales en torno a 
los proyectos de infraestructura es necesaria, además 
del respeto por los derechos humanos, la promoción de 
esquemas de gobernanza más participativa a través del 
diálogo entre empresas de infraestructuras, el Estado y 
las comunidades locales. Un cambio de paradigma en 
los esquemas bajo los cuales se toman las decisiones 
puede permitir la generación de infraestructuras 
muchas más sostenibles e inclusivas mejorando con 
ello la rentabilidad social de las mismas.
3. Es fundamental una planeación y una ordenación 
del territorio adecuado para el desarrollo de las 
infraestructuras, con el fin de superar visiones 
cortoplacistas que no contemplan las necesidades de 
las comunidades donde se desarrollan los proyectos 
de infraestructura y que en ocasiones han terminado 
yendo en detrimento del bienestar de las comunidades. 
En este sentido, el desarrollo de las infraestructuras 
debe poner a la gente en el centro del desarrollo para 
asegurar que se produzcan los efectos esperados en 
mejora de las condiciones de vida de la población. 
4. Una mejor gobernanza de la infraestructura, junto 
con promover cambios en las políticas y regulaciones 
para una mejor integración entre dichas políticas, 
puede ser una herramienta efectiva para gestionar 
los conflictos asociados a la construcción de nueva 
infraestructura. Para ello, se debe fomentar una 
mayor coordinación entre el Estado, el sector 
privado y la sociedad civil, con el fin de generar 
efectos positivos sobre el desarrollo social y el medio 
ambiente. Para ello el modelo propuesto por CEPAL 
de políticas integradas y sostenibles de logística y 
movilidad entrega herramientas para integrar estas 
preocupaciones y lograr una mirada de largo plazo. 
5. Las empresas de infraestructuras que operan en 
entornos socialmente inestables, principalmente 
aquellas asociadas a las grandes obras de 
infraestructura deben realizar esfuerzos y acciones 
concretas con sus grupos de interés, de manera de 
generar tempranamente diagnósticos compartidos 
sobre las necesidades de los territorios e incluir 
criterios de transversalidad en el desarrollo de sus 
infraestructuras.
6. Por último, el sector transporte necesita incrementar 
su conocimiento de los vínculos entre transporte 
y pobreza. En este sentido, podría aprovecharse 
la experiencia existente en otros ámbitos de la 
infraestructura, donde históricamente sido posible 
generar mecanismos de participación, colaboración y 
asociación entre sectores para establecer un equilibrio 
entre las necesarias inversiones con rentabilidad 
social y procesos basados en la capacidad local, el 
conocimiento y el monitoreo del impacto.
 VI.  BIBLIOGRAFÍA
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División de Recursos Naturales e Infraestructura, CEPAL
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