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        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
        <dc:language>es</dc:language>
        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/9062</bibo:handle>
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Serie Política Fiscal

AMERICA LATINA:
LA POLITICA FISCAL
EN LOS AÑOS OCHENTA
P R O Y E C T O R E G I O N A L D E P O L I T I C A FISCAL
CEPAL — PNUD

NACIONES UNIDAS
COMISION E C O N O M I C A PARA AMERICA LATINA Y E L CARIBE
Sttrtitgo da Chût, 1989

2

LC/L.490
Mayo de 1989

Este trabajo fue preparado por los señores Jorge Marshall R. y Klaus Schmidt-Hebbel D. del Instituto
Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales (ILADES). Las opiniones expresadas en este estudio, que no ha
sido sometido a revisión editorial, son de la exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las
de la Organización.

INDICE

Eágjjiâ
PREFACIO
I. INTRODUCCION
II. LOS ANTECEDENTES DEL PROBLEMA FISCAL

3
5
9

1. La política fiscal en la pre-crisis
2. La caída de los términos de intercambio y
la restricción al financiamiento externo . . . .
3. El ajuste interno y el déficit público . . . . .

12
13

III. LAS POLITICAS DE REDUCCION DEL DEFICIT PUBLICO . . .

17

1. El aumento en los ingresos
2. La reducción de los gastos
3. El financiamiento del déficit
IV. LA EXPERIENCIA DE PAISES
V. CONCLUSIONES

9

19
21
21
23
47

Notas

48

BIBLIOGRAFIA

51

PREFACIO
El presente documento forma parte de los estudios preparatorios del
Proyecto de Política Fiscal que constituye el Módulo I (Evaluación
Prospectiva de los Procesos de Ajuste, Estabilización y Desarrollo)
del Proyecto Regional conjunto CEPAL-PNUD, RLA/87/0Û3, denominado
Identificación de Opciones de Políticas para la Recuperación
Económica y el Desarrollo de América Latina.
En el documento se analizan los antecedentes del problema fiscal
que afecta buena parte de las economías de la región, dando énfasis
a tres conjuntos de variables que explican la intensidad de las
dificultades observadas hasta 1985: i) la propia política fiscal en
los años de precrisis, ii) el efecto de los shocks externos de
términos de intercambio (tanto real como financiero) y de las
restricciones al financiamiento externo, iii) la interacción entre
las políticas de ajuste interno y el déficit del sector público.
También se analizan diversas políticas orientadas a ecuacionar las
finanzas públicas, mediante aumento de los ingresos, reducción de
los gastos y/o identificación de nuevas formas de financiamiento,
seguida por una revisión de la experiencia de la política fiscal en
siete países de la región. Por último, de este balance preliminar
son extraídas algunas importantes lecciones para el diseño de una
política fiscal más eficiente desde el punto de vista de los programas
de ajuste con crecimiento en la región.
Esta reseña de los aspectos que condicionan la política fiscal
en la actual fase de crisis por la que atraviesan los países de
América Latina, ha sido preparada a fin de servir de referencia
inicial para el análisis de la política fiscal basado en los estudios
de casos nacionales contemplados en el proyecto (Argentina, Bolivia,
Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, México, Uruguay y Venezuela).

3

I. INTRODUCCION
La evolución de la economía latinoamericana en los años 80 ha estado
marcada por la crisis de finaneiamiento externo y los esfuerzos de
ajuste que han debido realizar los países de la región. Este proceso,
que se extiende ya por más de cinco años, se ha caracterizado por
una prolongada situación recesiva, que ha recaído con mayor fuerza
sobre los sectores de menores ingresos, una elevación del ritmo
inflacionario y una gran incertidumbre sobre la capacidad de crecimiento de mediano plazo de las economías de América Latina.
El efecto directo de la restricción de financiamiento externo,
a partir de fines de 1982, fue una reducción del ahorro externo
desde un promedio de 5,0% del PIB entre 1980 y 1982 a una cifra
inferior a 1,0% del PIB entre 1983 y 1986. Adicionalmente, la
tendencia ascendente de la deuda externa durante la década de 1970
y el alza en las tasas de interés internacionales elevaron la participación del servicio neto de factores externos en el PIB desde
niveles en torno al 2,0% hacia fines de los años 70 a un promedio
de 5,0% entre 1982 y 1986. Por último, el deterioro de los términos
de intercambio de la región ha significado una pérdida adicional de
alrededor de 3,0% del PIB anual entre 1982 y 1986 (cuadro 1).
Este conjunto de factores originaron una enorme transferencia
de recursos al exterior, causando graves efectos internos. En primer
lugar, el ajuste de la región condujo a una caída de casi 10 puntos
en el PIB por habitante entre 1980 y 1983, con una lenta recuperación
posterior. Aún en 1987 el producto por habitante era un 5.5% inferior
al de 1980.
En segundo lugar, la inflación promedio se eleva
sustancialmente hasta 1985, llevando a la aplicación de diversos
planes de estabilización, cuyos resultados están estrechamente ligados
a los del déficit del sector público. Luego de una reducción en
1986, el ritmo inflacionario vuelve a aumentar en 1987. Por último,
como resultado del ajuste interno, la inversión bruta cayó desde un
23,4% del PIB a comienzos de los 80 a un promedio de 15,7% entre
1983 y 1986 (cuadro 1).
Una parte significativa de la transferencia de recursos al
exterior ha recaído, directa o indirectamente, sobre el sector
público. A ello se le agrega la reducción en la recaudación tributaria como resultado de la recesión interna. De allí que una de
las manifestaciones de la crisis de financiamiento externo son los
aumentos en el déficit del sector público que se observan en la
mayoría de los países durante los años 80, aunque con mayor intensidad
5

Cuadro 1
INDICADORES MACROECONOMICOS DE AMERICA LATINA
198Õ

1981

1982

Ï983

1984

1985

1986

1987

100

98.4

95.0

90.4

91.7

92.7

94.0

94.5

56,0

57.5

84.6

130.8

184.8

274.7

64.5

198.3

-2,7

-3,8

-5,4

-5,2

-5,3

-5,0

-4,4

-3,9

4,0

5,4

5,5

1,0

0,0

0,5

2,1

1,3

0,0

-0,7

-2,7

-3,0

-2,6

-3,3

-4,3

-4,3

23,7

23,3

20,0

15,3

15,9

16,0

15,7

16,5

PIB per cápita
(1980-100)
Inflación
(Tasa %)
Servicio
factores
(% del PIB)
Ahorro externo
(% del PIB)
Efecto términos
de intercambio
(% del PIB)
Inversión
(% del PIB)

Déficit público
(% del PIB)
4,2
7,2
8,3
6,5
5,3
5,0
6,8
7,6
Fuentes: PIB per cápita e inflación: CEPAL (1987); servicio de
factores, ahorro externo, efecto de términos de intercambio
e inversión: cifras de CEPAL; déficit público: promedio
ponderado de Argentina (Banco Mundial), Bolivia (Morales,
1987), Brasil (Banco Mundial, definición del déficit operacional),
Chile
(Ministerio
de Hacienda), Colombia
(Fedesarrollo), México (Hacienda), Perú (Banco Mundial) y
Venezuela (Banco Central).

6

en los años 1982 y 1983. Diversos documentos oficiales y de organismos internacionales han señalado que el déficit público ha superado
los límites razonables, enfatizando la necesidad de aumentar los
ingresos y reducir los gastos del sector público; en los años siguientes ha puesto a la politice fiscal en el centro de los esfuerzos
de ajuste en la mayoria de los países de la región.
Resulta algo paradójico observar que el déficit más elevado
se alcanzó justamente cuando el esfuerzo de la política fiscal ha
estado encaminado hacia la austeridad. Aún más, si bien el déficit
del sector público se redujo entre 1983 y 1985 como resultado del
ajuste interno, a partir de ese año se observa una nueva tendencia
ascendente.
Ello evidencia la importancia del problema fiscal en
las políticas de ajuste y crecimiento de la región.
Dos hipótesis se han planteado para explicar la persistencia
del problema fiscal: la primera enfatiza la propia permanencia de
las restricciones de financiamiento externo y sus efectos internos
como causas de los elevados niveles del déficit público. En esta
visión la superación de la crisis fiscal requiere reducir las transferencias netas que el sector público realiza al exterior y reactivar
la actividad económica interna. La segunda hipótesis postula que
la persistencia del déficit público se debe a las políticas de
ingresos y gastos que se han mantenido por más de una década y a la
debilidad e ineficacia de las medidas de reducción del déficit en
los años recientes. El debate sobre el papel de cada uno de estos
factores en la evolución del déficit público resulta central para
el diseño de una política compatible con los desafíos de ajuste y
crecimiento.
En este trabajo se analizan los antecedentes del problema fiscal
y las políticas orientadas a reducir el déficit público. En la
sección que sigue se abordan tres conjuntos de variables que explican
la intensidad del problema fiscal hasta 1985. Estas variables son:
la propia política fiscal en los años de pre-crisis, el efecto de
los shocks externos de términos de intercambio (real y financiero)
y de restricción de finaneiamiento, y la interacción entre ajuste
interno y el déficit. En esta interacción se consideran los cambios
en las variables macroeconômicas internas como IIB, tipo de cambio
real y tasa de inflación.
En la tercera sección del trabajo se analizan las políticas
orientadas a reducir el déficit público. Se trata de una serie de
medidas encaminadas a aumentar los ingresos, reducir los gastos o
buscar nuevas fuentes de financiamiento del déficit público. Este
análisis es complementado con una revisión de las experiencias de
política fiscal en siete países de la región. Ella se presenta en
la sección cuarta de este trabajo.
En la sección final se hace un balance de la política fiscal
en la presente década, señalando las principales lecciones para el
diseño de una política más eficiente en la reducción del déficit y
que contribuya a los esfuerzos de ajuste y crecimiento de la región.

7

II. I O ANTECEDENTES DEL PROBLEMA FISCAL
JS
El problema fiscal de los 80 se manifiesta no sólo en el nivel que
ha alcanzado el déficit del sector público, sino también en su
persistencia a través del tiempo. Como se muestra en el gráfico 1,
luego de un aumento de este déficit en los años 1982 y 1983, se
produce una reducción importante entre 1984 y 1985. Si bien varios
paises mantuvieron la tendencia a reducir el déficit público hasta
alcanzar niveles razonables después de 1985, en otros casos se produjo
un nuevo aumento del déficit entre 1986 y 1987. Este último es el
caso de Argentina, Brasil, México, Perú y Venezuela.
En esta sección se analizan los antecedentes del problema fiscal.
Para este efecto la trayectoria de la política fiscal se divide en
tres fases, dependiendo de las variables que resultan determinantes
en los cambios del déficit. Estas fases son: la política fiscal de
pre-crisis, que contribuyó a intensificar los efectos de los shocks
externos ; los cambios en el escenario externo que enfrentó América
Latina entre 1982 y 1983; y el ajuste recesivo, que tiene diversos
efectos en el déficit. Las políticas activas de reducción del déficit
público en los años recientes se analizan en la siguiente sección
del trabajo.
1. La política fiscal en la pre-crisis
Durante la década de 1970 la política fiscal enfrentó condiciones
de relativa holgura. El déficit público fue moderado y su financiamiento estuvo concentrado en fuentes externas. La deuda pública
externa pasó de US$ 20 800 millones en 1970 a US$160 000 millones
en 1980.
A comienzos de 1980 esta situación se modifica drásticamente.
La política fiscal entra en una fase caracterizada por la caída en
los ingresos, el aumento de los gastos y las fuertes restricciones
en las fuentes de financiamiento. Si bien son los cambios en las
condiciones externas los que marcan el inicio de esta fase, hay
algunos elementos en el comportamiento del sector público hacia
fines de los años 70 que contribuyeron a aumentar la intensidad del
problema fiscal. Este es el caso del aumento del gasto público en
aquellos países que enfrentaron holguras en su presupuesto o tuvieron
9

fácil acceso al crédito externo y el aumento en el ritmo de endeudamiento del sector público cuando el sector privado redujo sus
pasivos netos en dólares.

Gráfico 1
EVOLUCION DEL DEFICIT PUBLICO EN AMERICA LATINA
(Porcentaje del PIB)

Fuente : cuadro 1

Respecto al primero de estos elementos, el aumento del gasto
público alcanzó mayor intensidad en las economias exportadoras de
petróleo. En estos paises el aumento en las exportaciones de petróleo
permitió elevar significativamente los ingresos del sector público.
Al mismo tiempo que el comportamiento de las exportaciones permitía
un acercamiento de estas economías al sistema financiero internacional. Las instituciones financieras se mostraron crecientemente
interesadas en canalizar recursos adicionales a estos países.^
En este contexto de abundancia de recursos externos y de elevados
ingresos públicos, se siguieron estrategias de aceleración del
crecimiento en base al estimulo de la demanda agregada a través de
la política fiscal. Los principales instrumentos utilizados fueron
el aumento del gasto público, tanto en bienes y servicios corrientes

como en formación de capital.
10

Estas políticas permitieron alcanzar altas tasas de crecimiento
en la mayoría de los paises de la región. Debido a rigideces en la
oferta de algunos sectores, a la revaluación de la moneda local o
al fuerte aumento del gasto, el volumen de importaciones se expandió
más rápidamente que las exportaciones. El déficit comercial que se
generó durante este período fue financiado con créditos externos.
En muchos casos dichos créditos fueron contratados directamente por
el sector público y en otros éste sirvió de aval a empresas privadas.
Esta fase de endeudamiento tiene importantes consecuencias cuando
se elevan las tasas de interés internacionales a fines de los 70 y,
principalmente, cuando se cierran los mercados financieros extemos.
Otro factor central en la trayectoria de la política fiscal
en América Latina a comienzos de los 80 es el cambio en el comportamiento financiero del sector privado. En algunos países ello se
expresa en una recomposición de sus pasivos desde moneda extranjera
a moneda doméstica. La razón de este cambio son el aumento en la
tasa de interés en dólares y el creciente riesgo de devaluación. En
otros casos, la nueva estrategia se manifiesta en una salida de
capitales privados al exterior. Ello tiene efectos sobre las variables macroeconômicas internas, especialmente el nivel de las reservas
internacionales.
Tales efectos y la reacción del sector público
ante este comportamiento del sector privado generaron un aumento
del déficit público.2
Uno de los resultados de la recomposición privada de cartera
fue la prematura transferencia de la deuda externa privada hacia
el sector público, como ocurrió en Brasil antes de 1982.
Este
fenómeno ocurre por la percepción por parte del sector privado del
creciente peligro de una crisis cambiaría en los principales países
a partir de 1981.
El alza en el precio del petróleo, el menor
crecimiento de las economías desarrolladas y el aumento de las tasas
de interés en los mercados externos hicieron al sector privado
anticipar un alto riesgo cambiario.
Ante este escenario, el sector privado inició un proceso de
reducción de sus pasivos netos en moneda extranjera, de modo de
convertirlos en deuda interna. Para asegurar un flujo de recursos
externos que permitiera este traspaso, el gobierno de Brasil decidió
utilizar al sector de empresas públicas para incrementar su deuda
externa y de ese modo mantener la liquidez en dólares y evitar una
crisis en balanza de pagos.
Por su parte, el aumento de la demanda por crédito interno
eleva la tasa de interés que se aplica a la deuda pública doméstica,
causando un mayor gasto en el servicio de esta deuda.
En el caso de países que enfrentaron una masiva fuga de capitales
antes de 1982 se produce un fenómeno similar. Para evitar una crisis
de balanza de pagos el sector público aumenta su deuda externa.
Paralelamente, las medidas orientadas a reducir la fuga de capitales,
como son el aumento en la tasa de interés interno o la reducción en
los impuestos domésticos, también afectan negativamente el déficit
público.
11

El problema que ocasiona el cambio en la política financiera
del sector privado se hace más grave cuando la motivación para
persistir en la recomposición de cartera pasa a ser el propio déficit
del sector público.
Este último es percibido como una señal de
inestabilidad futura, lo que alimenta nuevas fugas de capitales.
En síntesis, las políticas de expansión de la demanda interna
a través del gasto público hacia fines de la década de 1970 y el
manejo de los primeros síntomas de la crisis externa debilitaron la
capacidad del sector público para hacer frente a los cambios en la
situación internacional a comienzos de los 80.
2. La caída de los términos de intercambio y la restricción
al financiamiento externo
Los dos elementos anteriores agravaron el efecto de los shocks
externos. El aumento de las obligaciones financieras externas y el
deterioro de los términos de intercambio tuvieron un impacto que,
sólo en 1982, equivale a un 3,6% del PIB, A ello se agrega una
reducción igual a 4,5% del PIB en el ahorro externo durante 1983.
Estos factores abren una nueva etapa en el problema fiscal.
Las consecuencias inmediatas de la caída en los términos de
intercambio y del alza en la tasa de interés internacional para el
presupuesto público son, en primer lugar, una reducción en la recaudación tributaria y una reducción del excedente generado por las
empresas públicas (en la medida que las empresas públicas productoras
de bienes exportables tienen mayores volúmenes de ventas que las
productoras de importables); y en segando lugar, se produce un aumento
en el valor del servicio de la deuda externa.
Al menos al inicio de la crisis externa parecía válido considerar
como transitorio el deterioro en los precios de comercio exterior y
en las tasas de interés internacionales. En dichas circunstancias
era razonable y eficiente intentar el financiamiento del mayor déficit
en cuenta corriente con endeudamiento externo. En parte ello ocurrió
entre 1980 y 1981. No obstante, al poco tiempo de presentarse esta
mayor necesidad de financiamiento extemo, se produce la drástica
reducción de los créditos privados a la región luego de la moratoria
en los pagos de la deuda mexicana. Ello motivó la revaluación de la
exposición financiera en la región por parte de la banca privada
internacional. Como resultado de esto se produce una violenta caída
en los flujos de endeudamiento de la región, que se expresan en la
reducción del ahorro externo y el aumento en el servicio de factores
(véase el cuadro 1).
En ausencia de fuentes externas de financiamiento, las pérdidas
por el deterioro en los términos de intercambio y aumentos en las
tasas de interés debieron financiarse con recursos domésticos transferidos al exterior. Para el sector público se tornó inviable el
financiamiento del servicio de la deuda pública externa. Ello planteó
la necesidad de generar transferencias internas para enfrentar los
12

compromisos con el exterior. Dichas trasferencias se expresan en
los mayores déficit de este sector.
La restricción en el acceso al crédito externo para el financiamiento del servicio de la deuda plantea el imperativo de generar
un saldo positivo en las transacciones de bienes y servicios. Vale
decir, destinar una parte del ingreso interno al pago de intereses
al exterior.
Desde el punto de vista interno, el esfuerzo de tal transferencia
recae en el sector privado y en el sector público en proporción a
su participación en la deuda externa. De allí que el proceso de
estatización de la deuda tiene gran relevancia para el ajuste relativo
que deben realizar ambos sectores.
3. El ajuste interno y el déficit público
Pero el deterioro de los términos de intercambio y el aumento de la
tasa de interés también provocan una revaluación de la riqueza del
sector privado, implicando una caída en el consumo privado. Si,
además, el aumento de las tasas de interés internacionales se refleja
en un incremento en las tasas domésticas, se afecta negativamente
la inversión.
La correspondiente disminución en la demanda agregada privada
tiene efectos contractivos sobre el producto. Ello ocurre por las
numerosas fuentes de fricciones e inflexibilidades de precios en
las economías de la región. Estos efectos pueden ser menores si
los shocks externos son considerados transitorios por el sector
privado. Pero en la mayoría de los casos, el ajuste de la cartera
del sector privado (a través de la salida de capitales como en
Argentina, México y Venezuela, o de reducción de pasivos en dólares
como en las empresas privadas de Brasil) , así como la reducción de
la inversión privada desde fines de los años 70, indican que las
expectativas de este sector apuntaban a un período más prolongado
de dificultades económicas y financieras.
Por el lado de la oferta agregada, el aumento de la tasa de
interés también genera efectos contractivos. En suma, la caída en
la actividad económica interna tiende a aumentar la relación déficit
público-producto.
En una primera fase el sector público puede financiar el aumento
en su déficit con créditos externos, tanto directos como por medio
de las empresas públicas.
Sin embargo, en estas condiciones se
presenta el segundo shock externo: la reducción de los préstamos
por parte de la banca privada internacional.
En aquellos países en que el sector privado aún mantenía una
fracción significativa de la deuda externa, como es el caso de Chile,
la reducción o término en el acceso continuo al crédito externo

O

provoca una crisis en el sistema financiero doméstico. El sector
público, a través del banco central u otra entidad financiera,
interviene en su rol de prestamista de última instancia, abriendo
lineas especiales de crédito, tomando la cartera vencida de la banca
13

privada y/o sirviendo directamente la deuda externa de empresas e
instituciones financieras privadas. Estas operaciones, que alcanzan
montos significativos en varios casos, elevan consiguientemente el
déficit consolidado del sector público, a pesar que en la mayoría
de los indicadores utilizados por los organismos financieros internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, se excluyen de la
contabilidad del déficit.
La falta de recursos externos y la crisis del sistema financiero
doméstico reducen el volumen de crédito para las empresas y aumentan
las tasas domésticas de interés cuando ella es flexible.
Esta
situación agrava la caída del producto y del empleo interno.
Los ingresos tributarios del sector público se ven afectados
por la reducción en los volúmenes de importaciones y por la caída
en el gasto privado. Además, la caída en el empleo reduce el número
de cotizantes activos a la seguridad social, y en aquellos casos en
que existe seguro de desempleo, aumenta las obligaciones del sistema.
En la mayoría de los países la recaudación real se redujo en relación
al producto interno,
En el sector externo, durante la etapa inicial de la crisis,
el mayor déficit en cuenta corriente es financiado con una desacumulación de reservas internacionales.
Sin embargo, a medida que
transcurre el tiempo y permanecen los menores términos de intercambio,
mayores tasas de interés y las dificultades para obtener créditos
externos la autoridad cambiaria se enfrenta a la necesidad de devaluar
la moneda doméstica.
El impacto neto de la devaluación sobre los flujos de gasto e
ingreso del sector público depende de una serie de factores, incluyendo la importancia de los impuestos al comercio exterior en la
recaudación tributaria, la proporción del gasto público en bienes
transables y el monto del servicio de la deuda externa. Estos efectos
no consideran los impactos indirectos de una devaluación, especialmente por la aceleración inflacionaria que genera la devaluación.
Por su parte, la combinación de devaluación con crisis financiera
y recesión doméstica llevan al banco central a establecer un sistema
de tipo de cambio múltiple, con los correspondientes subsidios a
los beneficiarios con las paridades más bajas (en la mayoría de los
casos, deudores en moneda extranjera), que se refleja en un mayor
déficit consolidado del sector público.
La devaluación nominal es más efectiva en la medida de que
induce una reasignación del gasto y de la producción. Pero en el
corto plazo, la devaluación real tiende a ser contractiva al afectar
negativamente tanto el gasto privado por efectos de sustitución y
riqueza adversos, como la oferta por los efectos de sustitución en
la producción. Estos efectos son más fuertes mientras mayor es la
permanencia asignada a la devaluación por parte de los agentes
económicos.
Al afectar negativamente al producto, la devaluación reduce
los ingresos tributarios y también reduce, nuevamente, el denominador
de la relación déficit público-PIB.
14

En esta etapa, que comprende los años 1982 y 1983, la relación
déficit público --PIB alcanza su nivel máximo en prácticamente la
totalidad de los países de la región. Si una vez que la crisis del
déficit público ha alcanzado su nivel máximo el gobierno decide no
sustituir el financiamiento externo del elevado déficit por transferencias internas del sector privado (a través de bonos públicos o
impuesto inflación), la estrategia ortodoxa comienza a operar con
reducciones en las variables de gasto y aumentos en las de ingreso
del sector público.
Con ello se inicia una fase de reducción del déficit público
que puede ser gradualista o de shock. Las consecuencias contractivas
de la disminución del déficit público naturalmente implican que una
parte de la disminución planeada es compensada por una menor recaudación tributaria.^
Una estrategia alternativa a la anterior se produce en un
contexto institucional y político en que los cambios en precios
relativos (los aumentos del tipo de cambio real y las disminuciones
de los salarios reales) y la reducción en el ingreso disponible del
sector privado, cuyos efectos de corto plazo son contractivos, son
resistidos por los grupos sociales, Ello sucede cuando las devaluaciones nominales son sucedidas por aumentos en el crédito interno,
impidiendo los cambios en los precios relativos, y el aumento de la
recaudación tributaria es obstaculizado.
En este esquema, la reducción en el crédito externo se financia
con transferencias del sector privado, a través de la emisión de
bonos públicos y aumentos de la base monetaria. Así se evitan en
el corto plazo los efectos contractivos del ajuste de precios relativos y de la disminución del déficit público.
Esta estrategia puede derivar en un proceso de inflación creciente, que es impulsado inicialmente por la devaluación y luego
tiende a autosostenerse con una política monetaria pasiva que financia
en forma creciente el déficit público, en un contexto de indización
y rigidización de los precios relativos de la economía.
Una inflación creciente provoca, a su vez, un incremento en
el déficit público por los rezagos que existen, aún en economías
con sistemas tributarios indizados, en la recaudación tributaria.^
Por los altos niveles de inflación, este efecto puede alcanzar una
proporción significativa de la recaudación tributaria.^
La explosividad de los procesos inflacionarios, con sus repercusiones sobre la actividad económica, llevan a la adopción de planes
de estabilización, ortodoxos o heterodoxos, que reducen, al menos
temporalmente, la inflación. El éxito de estos planes está directamente vinculado a la evolución del déficit público, tanto por el
efecto del déficit sobre la demanda agregada como por la necesidad
de estos planes de lograr un quiebre de las expectativas de inflación.
Sin duda, el problema central de las economías con alta inflación
es la implementación de un programa capaz de reducir el déficit
público, minimizando los efectos contractivos de la restricción
fiscal. Sin embargo, la experiencia en varios países indica que
las medidas adoptadas no están enfocadas a las causas fundamentales
15

del déficit, sino tienden a posponer gastos en el tiempo. Con ello
existe una aparente ganancia en el objetivo de reducir el déficit,
pero este resultado tiende a revertirse en el tiempo. Este fenómeno
se observa en el gráfico 1 sobre la evolución promedio del déficit
público entre 1980 y 1987. En la sección que sigue se analizan las
medidas de política fiscal que diversos países implementan con el
objeto de reducir el déficit público y se hace un balance de tales
políticas.

16

III. IAS POLITICAS DE REDUCCION DEL DEFICIT PUBLICO
El problema fiscal se expresa en el nivel y la persistencia del
déficit público en América Latina. Como se señaló en la sección
anterior, el resultado de los shocks externos, la crisis de financiamiento externo y del ajuste interno de los paises de la región
fue el aumento del déficit público entre 1981 y 1983. Luego, entre
1984 y 1985 diversas medidas de austeridad permitieron reducir el
nivel de dicho défict. Pero entre 1986 y 1987 diversos países han
experimentado un nuevo aumento en el déficit. De allí la importancia
de analizar las políticas de reducción del déficit y su eficacia de
corto y mediano plazo.
En general, el sector público enfrenta una serie de opciones
de política para cerrar la brecha fiscal.
Entre ellas está la
reducción del gasto público (corriente y de capital), el aumento
de la recaudación tributaria (incluyendo el aumento de las tarifas
de las empresas públicas), el financiamiento del déficit a través
de la emisión, el aumento de la deuda pública interna y el aumento
de la deuda pública externa.
El momento, la intensidad y los
instrumentos específicos en la adopción de estas políticas varía considerablemente en los diferentes países de la región. Ello explica
la diferencia en la eficacia de las diversas experiencias de austeridad fiscal y el nuevo aumento en el déficit público en varios
países de la región entre 1986 y 1987. Este último fenómeno sucede
aún en condiciones de un leve alivio en las variables externas
(cuadro 1).
En esta sección se analizan las principales políticas de reducción del déficit, enfatizando las lecciones que se pueden extraer
de las experiencias de paises. Uno de los problemas que enfrenta
el análisis que se desarrolla en esta sección y en la siguiente es
la ausencia de estadísticas adecuadas para el estudio de la política
fiscal. Ello debido a la inexistencia de estadísticas para el sector
público consolidado en la mayoría de los paises, y además, a la
falta de una definición homogénea adecuada del déficit del sector
público. Es frecuente encontrar fuertes discrepancias en las estadísticas de cada país, que se explican, principalmente, por la
diferente cobertura del sector público y el distinto tratamiento
del ajuste de la deuda pública en presencia de inflación.
En la mayoría de los países de la región se observa que la
crisis fiscal afecta de manera diferenciada a los distintos sub17

sectores públicos: gobierno central, instituciones descentralizadas,
gobiernos locales, empresas públicas, instituciones financieras
públicas y banco central. En parte, este hecho se explica por las
distintas fuentes de financiamiento de las instituciones públicas.
Aquellas con mayor autonomía en sus ingresos tienen mejores posibilidades de mantener su nivel de gasto. Por otro lado, el gobierno
central tiene menos control sobre los gobiernos provinciales y
locales.
Además, las políticas de austeridad fiscal se aplican en forma
diferenciada en cada subsector, la mayor de las ocasiones dependiendo
del control que tiene el gobierno central sobre sus ingresos y gastos.
Por estas razones, la evolución del déficit público varía según la
cobertura que se considere en su medición.
Obviamente es importante desarrollar un esfuerzo por ampliar
la cobertura del sector público para lograr una medición adecuada
del déficit.
En segundo lugar, la mayor parte del análisis sobre política
fiscal se apoya en la definición de déficit nominal. En ella se
incluye dentro de los gastos (o usos de fondos) la corrección por
la reducción en el valor de la deuda pública cuando existe inflación.
La inflación (interna y externa) tiene dos efectos importantes
en la medición del déficit público: reducen el valor real de la deuda
pública y, por consiguiente, aumenta el valor de la corrección
monetaria o eleva la tasa de interés nominal, dependiendo si la
deuda es indizada o no. ^ En general, el primero es el caso de la
deuda interna y el segundo el de la deuda externa.
Para una mejor evaluación de la política fiscal es fundamental
realizar un tratamiento adecuado de los efectos de la inflación en
la deuda pública. Ello ha sido planteado, al menos respecto de la
corrección por la inflación interna, por varios países de la región
en sus negociaciones con el FMI. Se ha aceptado así el concepto de
déficit operacional del sector público, como una medición adecuada
de los recursos reales que el sector público debe captar desde el
sector privado o el resto del mundo para realizar sus gastos con
los ingresos que dispone.
Aparte de contar con las estadísticas y mediciones adecuadas,
un segundo requisito para evaluar la política fiscal es la distinción
entre los determinantes exógenos y endógenos del déficit público.
Como se señaló en la sección II, el aumento del déficit público
hacia fines de los años 70 y comienzos de los 80 se explica sólo en
parte por los programas de expansión del gasto. También contribuyó
la intención de evitar una crisis cambiaria cuando el sector privado
inicia la recomposición de deuda en algunos países, o la salida de
capitales en otros. Tampoco se puede restar importancia al efecto
de la caída en los términos de intercambio, incluyendo el alza en
la tasa de interés.
Así, no queda duda de la importancia de los factores exógenos
en la generación del déficit. Su efecto se agravará luego, como
resultado de la interacción entre el ajuste interno y el déficit
público. La recaudación tributaria como proporción del PIB se redujo
18

en la mayoría de los países. Uno de los factores que explican este
hecho es la falta de amplitud de la base imponible, lo que la hace
fluctuante con los cambios en precios relativos y en el volumen de
comercio.
En este último sentido es necesario destacar .que la magnitud
y la persistencia del efecto de los factores exógenos sobre el déficit
se explica por la debilidad de los propios sistemas institucionales
en el diseño y la administración de la política fiscal. El dilema
de reducir el déficit manteniendo el crecimiento económico se resuelve, en muchos casos, a través de medidas y políticas de corto
plazo, que no siempre resultan las más adecuadas en una perspectiva
de crecimiento y desarrollo sostenido.
Por esta razón no basta con reconocer los factores exógenos
en el origen de la crisis fiscal, así como el obstáculo que representan las transferencias al exterior para el ajuste del sector público.
Resulta central analizar las políticas específicas de aumento de
los ingresos y reducción del gasto.
1. El aumento en los ingresos
Durante los últimos años ha existido en la mayoría de los países
analizados un esfuerzo significativo por aumentar los ingresos del
sector público. Las medidas utilizadas para este propósito son: el
aumento en la carga tributaria, el alza en el precio de venta de
las empresas públicas y el aumento en el margen de utilidades en
las operaciones del banco central.
Una primera dificultad de la política fiscal para obtener un
incremento de los ingresos públicos es el efecto de los shocks
externos y del ajuste interno sobre el presupuesto. En la mayoría
de los países los shocks externos tuvieron un efecto directo sobre
los ingresos públicos, a través de la caída de los precios de exportación, y luego un efecto indirecto, por la reducción en la
recaudación tributaria sobre el comercio exterior.
Los sistemas tributarios en la mayoría de los países de la
región se caracterizan por su alta complejidad, que normalmente
reduce la base imponible a nivel agregado. Con ello la recaudación
se hace muy vulnerable a las fluctuaciones internas, a los cambios
en precios relativos y al volumen de comercio exterior de ciertos
productos específicos.
Luego, el proceso de ajuste interno introdujo nuevas dificultades
al esfuerzo de aumentar los ingresos del sector público. La caída
en el ingreso y la aceleración inflacionaria redujeron la recaudación
tributaria, y la devaluación cambiaria tuvo efectos mixtos, dependiendo de las operaciones del sector público en moneda extranjera y
de los subsidios que recibieron, en varios casos, los deudores
privados a través de tasas de cambio menores.
Así, el análisis de la política fiscal debe tomar debida cuenta
de estos factores que afectan los ingresos del sector público.
Incluso, es fundamental cuantificar su importancia para lograr evaluar
19

la eficacia de las políticas activas orientadas al aumento de los
ingresos. Pero tan importante como ello es la evaluación de las
políticas activas.
Al respecto, la experiencia de los países de la región indica
que el aumento de la recaudación tributaria por medio de una reforma
al sistema impositivo implica un esfuerzo que sólo entrega resultados
efectivos al cabo de uno o más años.
Por otro lado, existe un
importante conflicto entre mejorar la estructura del sistema tributario y elevar su recaudación en el corto plazo.
El aumento de la recaudación tributaria en el corto plazo se
obtiene a través del aumento en las tasas de impuestos directos
específicos, los que requieren poco tiempo para su implementación.
Especialmente aquellos que gravan el consumo de algún producto de
uso generalizado como son los combustibles.
Ello ocurre por la
mayor facilidad para recolectar este tipo de impuestos, sobre todo
en países con sistemas de administración tributaria poco
desarrollados.®
Este tipo de medidas implica posponer las reformas orientadas
a aumentar la eficiencia y equidad del sistema tributario. Ellas
suponen, en muchos casos, modificaciones a los impuestos directos,
especialmente en la ampliación de la base imponible. Estos impuestos
son más progresivos, por lo que encuentran fuerte resistencia por
parte de los grupos potencialmente afectados. Además, requieren de
un sistema administrativo desarrollado para su implementación.
La experiencia de los países también indica una falla en los
sistemas de planificación y estimación de los efectos de cada reforma
tributaria. Normalmente los resultados de tales reformas, en términos
de recaudación, fueron menores a los esperados por la autoridad,
obligando a una nueva reforma.
Ello significa una ausencia de
coordinación entre los objetivos de largo y corto plazo en la política
fiscal.
Otro de los mecanismos para aumentar la recaudación del sector
público en el corto plazo es el incremento en las tarifas de las
empresas públicas. Sin embargo, en la determinación de las tarifas
públicas participan criterios de diversa naturaleza. En todos los
países analizados las tarifas fueron utilizadas, en ciertos períodos,
como instrumentos de la política antinflacionaria. ® Ello sin considerar a las empresas públicas en el sector manufacturero.
La experiencia de América Latina muestra que el camino de la
reforma impositiva ha sido intentado en la mayoría de los países
que enfrentan una brecha fiscal, pero con muy variadas consecuencias.
Por su parte, en la mayoría de los países las tarifas públicas no
se determinan por el comportamiento de los costos, sino que varían
en función de otros objetivos de política económica. De hecho, en
varias ocasiones las tarifas públicas aparecen vinculadas a la
política antinflacionaria, asi como en otras oportunidades se
utilizan para aumentar los ingresos del sector público.

20

2. La reducción de los gastos
El control de los gastos del sector público es otro de los objetivos
de la política fiscal. La principal dificultad en este control han
sido los efectos de los shocks externos, especialmente el alza en
la tasa de interés internacional y el aumento en la deuda pública
externa. Para evaluar la eficacia de la política fiscal en materia
de reducción del gasto es necesario considerar adecuadamente el
impacto de estos shocks.
Como resultado de los shocks exógenos, la política fiscal activa
se ha planteado la tarea de reducir los gastos corrientes y de
capital. El problema con esta estrategia se presenta cuando las
partidas de gasto no están dentro del control inmediato de las
autoridades o cuando las reducciones de gasto no logran ser acompañadas , en el corto plazo, de aumentos conpensadores en la eficiencia
del sector público. De allí que la implementación de la reducción
de gastos termina generando costos económicos y sociales de
importancia. La urgencia de actuar ante las dificultades de financiamiento del déficit impide utilizar los mecanismos más adecuados.
Las medidas para reducir el gasto no financiero más utilizadas
en América Latina son la reajustabilidad de las remuneraciones de
los trabajadores del sector público por debajo de la inflación, la
suspención o postergación de proyectos de inversión pública y el
atraso en la cancelación de compromisos con el sector privado o con
el exterior.
Si bien estas medidas contribuyen al objetivo de reducir el
déficit, ellas generan otros problemas para el funcionamiento del
sector público, como son la pérdida de funcionarios de alta calificación y la desviación de los recursos en contra de los sectores
sociales, que tienen mayor impacto redistributivo.
Otra de las características de las medidas de reducción del
gasto es el menor control que tiene la autoridad económica de los
egresos de los gobiernos estatales y provinciales. Al extremo que
la información del déficit de este sector no es siempre completa y
actualizada.
En general, mientras más alejados se encuentran los
centros de gasto de la administración central, menor el es control
que ejerce la autoridad. Este fenómeno tiene gran importancia en
los casos de Argentina y Brasil.
Por último, es importante observar que cuando se producen ciertas
holguras en el presupuesto público, las medidas de contención de
gastos se relajan. Ello es un indicador del caracter transitorio
de las medidas de reducción de gasto. Como se ha señalado, ello
ocurrió entre 1986 y 1987 en varios países de la región.
3. El financiamiento del déficit
En la mayoría de los casos analizados el financiamiento se ha modificado significativamente en los últimos años. Hasta la crisis de
la deuda, en 1982, el financiamiento externo cubría la mayor parte
21

del déficit.
Desde 1983 esta situación se modifica, adquiriendo
mayor importancia las fuentes internas de financiamiento.
En una primera fase el sector público logró recurrir al mercado
financiero interno para cubrir sus necesidades de financiamiento.
Sin embargo, la disposición del sector privado a prestar al sector
público se reduce en la medida que el déficit y la deuda pública
aumentan. Una posibilidad adicional es recurrir al ahorro forzado
del sector privado y del resto del mundo. En la mayoría de los
países se intentó recurrir a alguna forma de ahorro forzado
(Argentina, Brasil, Perú), pero en escasas ocasiones esta fuente tuvo
importancia en el financiamiento del déficit. Guando ello ocurrió,
como en el caso de Perú, se trataba de retrasos en el servicio de
la deuda externa.
De allí que cuando se hace persistente,
el financiamiento
del déficit recae crecientemente sobre los créditos del Banco Central,
con serias consecuencias sobre las tasas de inflación. A su vez,
cuando se llega a esta situación, el problema ya no se resuelve
modificando las fuentes de financiamiento, porque ellas se han tomado
rígidas por la propia persistencia del déficit. De esta manera, el
problema del déficit se debe resolver en sus determinantes estructurales: aumentando los ingresos o reduciendo los gastos públicos.
Otro de los problemas que es importante evaluar con más detalle
es la interacción entre déficit público e inflación. Aparte de los
problemas contables del déficit, mencionados anteriormente, la
experiencia de los países analizados muestra que un aumento en la
tasa de inflación reduce el valor real de la recaudación tributaria.
Ello como resultado de los rezagos que existen en el proceso de
recolección de impuestos. De allí que un programa de estabilización
deba considerar este efecto, que reduce la presión sobre la reducción
de otros gastos.
En síntesis, una característica común a la mayoría de las
experiencias analizadas en la sección anterior es la falta de programación y consistencia de la política fiscal con la evolución
macroeconômica deseada. La urgencia de actuar ante las dificultades
de financiamiento del déficit impide utilizar los mecanismos más
adecuados.

22

IV. IA EXPERIENCIA DE PAISES
El problema de la política fiscal consiste en el diseño de un programa
que permita reducir el déficit minimizando los efectos negativos
que ello pueda traer en la actividad económica y en la atención del
gasto social.
Para este efecto, el sector público enfrenta una
serie de opciones de política entre las cuales está la reducción
del gasto público (corriente y de capital), el aumento de la recaudación tributaria (incluyendo el aumento de las tarifas de las
empresas públicas), el financiamiento del déficit a través de la
emisión, el alimento de la deuda pública interna y el aumento de la
deuda pública externa. El momento y la intensidad en la adopción
de estas políticas varia considerablemente en los diferentes países
de la región.
En esta sección se analiza la trayectoria de la política fiscal
a partir de 1982 en siete países de la región, enfatizando las
diferentes medidas orientadas a reducir los elevados déficit. La
principal fuente de información utilizada en este análisis son los
Estudios Económicos de América Latina y el Caribe de CEPAL, los que
son complementados con otras fuentes que se indican en el texto. Un
problema común en los siete estudios de casos son la debilidad de
las estadísticas del déficit.
Ello ocurre por dos razones: la
diversidad de definiciones utilizadas y las diferentes coberturas

I)
f

del sector público.iU Por esta razón se ha restado importancia a
las cifras del déficit, enfatizando preferentemente su tendencia o
trayectoria a través del período. Luego, en la sección siguiente
se hace un balance de estas experiencias y se extraen conclusiones
para una evaluación más detallada de la política fiscal en la región.
a)

El caso de Argentina

En Argentina el déficit público se mantuvo en niveles elevados
entre 1981 y 1984. En 1985 y 1986 se logró una reducción del déficit.
Pero en 1987 el déficit público volvió a mostrar una tendencia

11

ascendente. •Li
Luego del elevado déficit de 1981, la reducción de los gastos
permitió que éste se redujera en 1982, a pesar de la menor recaudación
tributaria, efecto de una disminución superior a la caída de la
actividad económica. Además, en los primeros meses de 1982 no se
23

ajustaron las tarifas de las empresas públicas, situación que se
trató de remediar en la segunda parte del año.
El financiamiento del déficit varió durante 1982. En un comienzo
se restringieron los créditos del banco central al sector público
pero, a partir de julio, se produjo un progresivo rescate de títulos
públicos. Ello se reflejó en una reducción en la colocación neta
de bonos públicos y en el crecimiento del financiamiento a través
del banco central.
Durante 1983, se produjo un incremento del gasto público real
de 80% en términos reales.
En cambio, la presión tributaria se
mantuvo a un nivel similar al mostrado en 1982, la cual estaba muy
por debajo de los niveles históricos. Ambos hechos incidieron en
el fuerte aumento del déficit público.
El incremento del gasto en 1983 respondió a tres factores
principales: primero, las grandes transferencias que el Tesoro hubo
de efectuar a algunas empresas públicas e instituciones descentralizadas, debido a la prohibición a este sector de acceder al crédito
del sistema financiero interno; segundo, el Tesoro concurrió en
auxilio de las provincias cuyas finanzas se habían deteriorado
gravemente y, tercero, se registró un fuerte incremento en las
erogaciones debido al incumplimiento del sector privado en sus deudas
con garantía del Tesoro Nacional.
Por su parte, la baja recaudación pareció deberse a un relajamiento de la disciplina fiscal y a las elevadas tasas de inflación,
que reducen el valor real de los ingresos por el rezago en la recolección de los impuestos.
Los principales problemas del sector público se concentraron
en los gobiernos locales, cuyas recaudaciones cayeron al tiempo
que aumentaban sus gastos. En este período se sigue la política
de equiparar los salarios de los gobiernos locales con los del
gobierno central.
A ello se agrega el aumento de obligaciones
orginadas en garantías otorgadas por los gobiernos locales a operaciones de deuda privada, y los gastos ocasionados por las inundaciones
del nordeste.
Al hacerse cargo las nuevas autoridades en diciembre de 1983
el gobierno se propuso reorientar el gasto público y disminuir el
déficit público a través de un aumento de los ingresos tributarios
y una moderada reducción del gasto, con recortes en las áreas de
defensa y seguridad y aumentos en programas de interés social. La
política impositiva propuesta estaba basada en un ataque a la evasión
fiscal y en el refuerzo de los gravámenes sobre los grupos de mayores
ingresos.
Durante 1984 se logró una reducción del déficit debido a una
significativa contracción del gasto. Los ingresos se mantuvieron
al mismo nivel que en el año anterior.
Igualmente, declinó el
financiamiento del déficit a través del Banco Central.
La recaudación de los principales impuestos se redujo notablemente. La excepción al respecto fue el impuesto a los combustibles,
cuya recaudación aumentó un 30%, convirtiéndose en la principal
fuente de ingresos del Tesoro. En cambio, la recaudación por el
24

IVA se redujo en 15%, mientras los impuestos sobre el ingreso y el
patrimonio disminuyeron un 30% y los que gravan el comercio exterior
un 13%.
Por consiguiente, la reducción del déficit se logró mediante
un fuerte ajuste de los gastos públicos.
Sólo las partidas de
intereses de la deuda pública y los gastos en personal aumentaron
en 8% y 4% respectivamente. El resto de las partidas experimentaron
disminuciones, en particular hubo una fuerte contracción de la
inversión pública.
También en 1984 el principal problema del sector público se
centró en los gobiernos provinciales y locales, cuyo desequilibrio
se acentuó. En cambio, el resto de las instituciones del sector
público exhibieron mejores resultados. Las empresas públicas aumentaron sus ingresos operacionales debido al ajuste de tarifas, lo
que aún les permitió mejoras salariales.
Es importante señalar que el esfuerzo de restricción del gasto
y reducción del déficit fue especialmente marcado en el gobierno
central. Además destaca la dificultad de la politica fiscal para
aumentar la recaudación tributaria. En parte ello se revierte en
1985, cuando la caida en la tasa de inflación permite aumentar los
ingresos corrientes, tanto de los provenientes de la tributación
directa como de los originados en las ventas de bienes y servicios.
También se llevó a cabo una disminución en los gastos de personal
(en especial en el gobierno central), mientras las inversiones se
mantuvieron en los reducidos niveles del año precedente.
Durante la primera parte de 1985 los precios y tarifas públicas
aumentaron sustancialmente, mientras que las remuneraciones de los
empleados estatales quedaban rezagadas respecto de la inflación.
Además, en junio se efectuó una devaluación acompañada de un incremento en los gravámenes al comercio exterior. El efecto inmediato
de esta medida fue aumentar la recaudación tributaria.
En junio de 1985 se implementa el Plan Austral, el que consiguió
reducir la inflación y también el déficit público. Ambos hechos
están vinculados en la medida que el mayor valor real de los ingresos
se debió en gran parte al efecto de la caída de la tasa de inflación
sobre la recaudación real. Las principales dificultades se localizaron en las empresas públicas y, en menor medida, en las finanzas
provinciales.
En 1986 nuevamente se redujo la necesidad de financiamiento
del sector público. Esta reducción fue marcada en el presupuesto
del gobierno general y en las empresas públicas. En las administraciones provinciales, en cambio, no se registraron variaciones,
mientras que en el sistema de seguridad social el desequilibrio se
incrementó moderadamente.
El mayor valor real de la recaudación tributaria se debió a
la menor incidencia del rezago fiscal, a la ampliación de la base
tributaria de los impuestos directos y a la menor evasión (Frenkel
y Fanelli, 1987). Sin embargo, la reducción del déficit no careció
de dificultades, que básicamente son resultado de algunos ítemes de
gasto y de los desequilibrios del resto del sector público. Los
25

gobiernos provinciales aumentaron sus gastos durante los años 80
sin un aumento paralelo en la captación de recursos locales. Esto
ha significado que la Tesorería aporte los fondos destinados a los
gobiernos locales y que antes éstos recaudaban directamente.
Por otra parte ha crecido la gravitación del sistema de seguridad
social en las dificultades de la Tesorería, debido al agravamiento
progresivo de la situación de dicho sistema.
En las empresas públicas, el gobierno ha planteado diversos
programas de racionalización, incluyendo un severo control sobre
la evolución de los salarios y el gasto de las empresas. Simultáneamente, el Tesoro se hizo cargo de parte de la deuda externa de
las empresas.
Respecto a las empresas públicas, a fines de 1986 el gobierno
anunció una serie de medidas tendientes a reestructurar el sector.
Entre ellas está la creación de un directorio de empresas públicas,
encargado del control y coordinación de su gestión operativa y con
facultades para proponer reformas específicas para cada una de ellas.
Asimismo se proclamó la intención de privatizar algunas empresas
consideradas no estratégicas, con el fin de obtener recursos para
desarrollar actividades de fomento industrial. Parte de este programa
ha sido implementado entre 1987 y 1988.
b)

El caso de Bolivia

Bolivia presentó elevados déficit públicos entre 1982 y 1985.
Esta tendencia se quiebra a partir de 1986.
Durante 1982 los ingresos y los gastos presentaron disminuciones
en términos reales. Por el lado de los ingresos se obtuvo t n caída
ia
en la recaudación tributaria, especialmente los impuestos vinculados
al comercio exterior. Además, las regalías mineras permanecieron
inalteradas debido a los disminuidos precios internacionales. La
reducción de los gastos, en términos reales, se debió a una política
fiscal restrictiva iniciada en 1981.
En este contexto la autoridad buscó aumentar la recaudación
fiscal y disminuir los gastos.
Entre las medidas adoptadas se
encuentra un aumento en los impuestos y en las cotizaciones previsionales.
La crítica situación del presupuesto público se mantuvo en
1983, con caídas tanto en los ingresos como en los gastos. Los
mayores descensos en los ingresos públicos correspondieron a las
regalías minera y petrolera y a tributación aduanera. Entre los
gastos sólo aumentaron los desembolsos vinculados a emergencias
por desastres y los pagos de la deuda pública.
Una característica de la crisis fiscal en Bolivia es la caída
en los ingresos corrientes del gobierno central, que llegó a un 4%
en 1983. Dichos ingresos cubrieron sólo un 15% de los gastos del
gobierno central, lo que da una idea de la magnitud de la crisis
fiscal de Bolivia.
26

En este contexto la autoridad buscó aumentar la recaudación
fiscal y disminuir los gastos. Sin embargo, las medidas de política
resultaron de escasa significación.
Entre ellas se encuentran
varias reformas tributarias, un aumento en las cotizaciones previsionales y algunas limitaciones a los gastos de las empresas públicas.
Es importante señalar las dificultades que encuentra el gobierno
para conseguir la aprobación parlamentaria de una reforma tributaria
integral.
En 1984 se acentuó el desequilibrio del sector público. Los
ingresos del sector público volvieron a disminuir en 1984, mientras
los gastos reales se incrementaron. El financiamiento del déficit
recayó primordialmente en el crédito concedido por el banco central.
Ello generó fuertes presiones inflacionarias.
Durante este período, gran parte del desequilibrio macroeconômico
tuvo su origen en el sector público. La crisis fiscal se acentúa
en los primeros meses de 1985.
Ese año el déficit se financió
nuevamente vía emisión del banco central, lo cual implicó reforzar
las presiones inflacionarias ya existentes. A su vez, la aceleración
inflacionaria introdujo un nuevo factor de alimento del déficit por
el rezago en la recaudación tributaria.
El comportamiento del déficit público en 1985 mostró dos fases
claramente diferenciadas a través del programa de estabilización de
septiembre.
El cambio más notable en este año se produce en el
aumento de los ingresos corrientes del gobierno general desde un 4%
a un 8% del PIB.
El principal determinante de este aumento se
encuentra en las mayores transferencias de las empresas petroleras,
cuya participación en los ingresos corrientes del gobierno general
llegó a un 65%. La causa fundamental de este hecho fue el aumento
del precio interno de la gasolina a un nivel equivalente a US$ 0,30
por litro.
Otras medidas para reducir el déficit público fueron la indización del pago de los tributos en mora al IPC, agregando un recargo
de 45% para el pago de los impuestos atrasados; la fijación de una
utilidad presunta de 30% sobre el precio de venta de bienes y servicios, en el caso del gravamen sobre las utilidades; y la creación
de unidades tributarias como instrumentos de ajuste automático
para los contribuyentes asalariados.
En materia de reducción del gasto público el esfuerzo más
importante consistió en reducir el pago de intereses de la deuda
externa y también en los salarios reales de los funcionarios públicos.
A partir de septiembre de 1985 se congelaron las remuneraciones de
todo el sector público y se emprendió una política de racionalización
al interior de las empresas públicas. Estas medidas permitieron
sanear la situación financiera del sector público.
Ello le otorgó
mayor credibilidad al plan de estabilización de fines de agosto. La
política de estabilización llevada a cabo a partir de esa fecha, y
que fue continuada en 1986, estuvo asociada al estricto control
sobre el comportamiento del déficit público,
A lo largo de 1986 se registraron cambios sustanciales en el
presupuesto público.
Los ingresos aumentaron alrededor de 17% en
27

términos reales. Los ingresos petroleros se mantuvieron estables,
a pesar de lo cual siguieron constituyendo la principal fuente de
recursos (55% de los ingresos corrientes) y los ingresos tributarios
aumentaron significativamente.
En 1986 el presupuesto del Tesoro generó superávit por primera
vez en los últimos veinte años. Ello permitió un descenso en el
coeficiente déficit público/PIB.
La reforma tributaria de 1986 introdujo importantes cambios
en la legislación existente.
Entre ellos se encuentran nuevos
gravámenes sobre las ventas, importaciones y prestación de servicios
(a través del IVA) ; también sobre los ingresos personales de cualquier
origen (exceptuándose los dividendos pagados en acciones), sobre el
valor del patrimonio neto de las empresas públicas y privadas, la
propiedad rural, los inmuebles urbanos, las transacciones mercantiles
y ciertos tipos de consumo (alcoholes, tabaco, etc.).
Sintetizando, el objetivo fundamental de las autoridades fue
incrementar los ingresos del sector público, aún a costa de elevar
la significación de los tributos indirectos, que en general tienen
un carácter menos progresivo.
c)

El caso de Brasil

La evolución de déficit público en Brasil se caracteriza por
un elevado nivel en 1982, seguido por dos años de fuerte reducción
en el déficit y luego, desde 1984, el déficit vuelve a elevarse.
Por los niveles de inflación y deuda pública, en Brasil es importante
la diferencia entre déficit nominal y operacional del sector público.
La diferencia entre ambos conceptos alcanza a un 20% del PIB.
En 1982, el sector público brasileño presentaba dificultades
para controlar sus gastos, a pesar de las medidas de austeridad
adoptadas. La agudización del déficit en 1982 se debió, principalmente, a los gastos vinculados al servicio de la deuda pública y al
déficit de las empresas estatales. Los primeros tienen un importante
componente de corrección del valor de los títulos federales por
motivo de la inflación. Por su parte, las empresas estatales se
vieron afectadas por los aumentos de los costos financieros internos
y externos, y también por la disminución real de sus ingresos.
(Werneck, 1986)
La recaudación del gobierno federal presentó en 1982 un crecimiento real de 3% respecto de 1981.
Este resultado se debió,
principalmente, a la evolución de los ingresos no tributarios ya
que la recaudación tributaria presentó una disminución real de 1%.
Algunas modificaciones en el sistema tributario fueron implementadas con el objetivo de lograr una mayor recaudación y mejor
distribución de la carga tributaria.
En el caso de los impuestos
indirectos, las modificaciones se concretaron en mayores gravámenes
a los productos suntuarios, como cigarrillos y bebidas. Además,
las devoluciones de impuestos a las exportaciones de bienes manufacturados, que serían eliminadas en 1983, fueron extendidas hasta
28

abril de 1985. En el caso del impuesto sobre operaciones financieras,
se alteró la base de cálculo en las operaciones de crédito al consumidor y se eliminó en las importaciones de algunos productos básicos
y en las operaciones de crédito agrícola.^
Durante 1983 se introduce un programa de ajuste económico,
acordado con el FMI, con el propósito de reducir el déficit público.
Se fijó una meta de 7,9% para el déficit nominal, previéndose un
crecimiento real de 16% en la recaudación del gobierno federal.
Tras este objetivo, se adoptaron varias medidas tributarias, en
especial con respecto al impuesto a la renta. Asimismo, se trató
de implementar una política más adecuada de precios y tarifas de
las empresas públicas.
Sin embargo, la aplicación del programa de ajuste se llevó a
cabo con menos rigor que el establecido inicialmente, especialmente
en lo que respecta a los ingresos tributarios y a las tarifas de
las empresas públicas. La recaudación del gobierno registró una
caída real de 3,5%.
Este resultado se debió al comportamiento
desfavorable en varios tributos importantes, tales como los impuestos
a los productos industrializados, a los combustibles y lubricantes,
a la importación y operaciones financieras, y la tasa única de
circulación de vehículos.
La explicación de este comportamiento
se encuentra, en gran parte, en la contracción económica que afectó
especialmente al sector industrial.
Por el lado de los gastos, en cambio, con la sola excepción del
pago de intereses, la aplicación del programa de ajuste fue más
severa. Asi, se logró una reducción sustancial de los gastos en
términos reales.
Los gastos financieros considerados en la
contabilidad del sector público incluyen los reajustes de la deuda,
especialmente los de origen externo cuya causa se encuentra en la
elevación del tipo de cambio muy por encima del aumento de los precios
internos.
Como consecuencia del sensible incremento de los gastos financieros, las necesidades nominales de financiamiento del sector
público, llegaron a equivaler casi al 18% del PIB. La meta convenida
con el FMI (también en términos nominales) fue incrementada en tres
ocasiones en la medida que la tasa de inflación era mayor que la
anticipada por el propio programa. El déficit operacional, en cambio,
se redujo sustancialmente en 1983.
En el año siguiente la austeridad fiscal se mantiene como uno
de los elementos centrales de la política económica. Ello se expresa
en la importancia que tenía la reducción del déficit público en el
plan de ajuste firmado con el FMI a fines de 1982. Al igual que en
el año anterior, los resultados obtenidos mostraron que las metas
programadas se cumplieron sólo en el concepto de déficit operacional.
En el déficit nominal se produce un aumento debido al alza en
la tasa de inflación, que hizo que se incrementaran los gastos por
corrección monetaria y cambiaria.
En el déficit operacional se
logra una reducción, a pesar de lo cual la situación financiera del
sector público continuó siendo difícil, fundamentalmente por
gravitación del fuerte endeudamiento interno y externo.
29

Otro factor que incidió desfavorablemente en la situación del
sector público fue la caída de 7% de los ingresos del gobierno
federal. La expansión del nivel de actividad no tuvo repercusión
sobre los ingresos fiscales, ya que ella se basó principalmente en
las exportaciones de bienes, las cuales estaban exentas de impuestos.
Respecto a otros ingresos, en 1983 se produce un aumento de
8% real en la recaudación del impuesto a la renta y una expansión
sustancial en el rendimiento del tributo sobre las operaciones
financieras al incluir, desde enero de 1984, los contratos de cambio
correspondientes a las importaciones de petróleo. Sin embargo, en
octubre del mismo año, a fin de morigerar los reajustes de los precios
internos de los combustibles, las operaciones asociadas al petróleo
volvieron a quedar exentas del gravamen.
La política de contención de los gastos públicos no logró los
resultados esperados.
Sólo en los casos de las remuneraciones a
los funcionarios públicos y los subsidios al crédito se logró una
reducción del gasto. Por esta razón, los préstamos a actividades
prioritarias, como la agricultura y la exportación, que antes recibían
fuertes subsidios, quedaron sujetas a reajustes de acuerdo al índice
de corrección de las obligaciones reajustables de la Tesorería
Nacional. Por la misma razón, los créditos-premio a la exportación
comenzaron a ser gradualmente rebajados a partir de noviembre,
teniéndose prevista su extinción total para marzo de 1985.
Los gastos por concepto de servicio de la deuda pública interna
y externa mostraron, en cambio, considerables incrementos reales.
Ello afectó seriamente el control de los egresos del sector público.
Tampoco se lograron reducir los gastos públicos que son pagados
por las autoridades monetarias por encargo del gobierno federal.
Estos gastos corresponden a subsidios al sector privado, entre los
cuales tuvo gran importancia el entregado a los productores de caña
debido a los deprimidos precios internacionales.
La situación financiera de las empresas públicas enfrenta
diversas dificultades en los años posteriores a 1982, llegando incluso
a dejar de cumplir sus compromisos con el exterior en 1984, los que
fueron cubiertos por el Banco do Brasil debido al aval otorgado por
el Tesoro Nacional a estas deudas.
Por su parte, los gobiernos estatales encararon dificultades
financieras similares al resto del sector público, pese que el
impuesto de circulación de mercaderías, principal fuente de recursos
tributarios a este nivel administrativo, mantuvo su rendimiento en
términos reales.
En consecuencia, los problemas derivaron básicamente de las dificultades para aplicar medidas de contención de
gastos.
Durante 1985, el crecimiento económico y la adopción de nuevas
medidas de política fiscal posibilitaron aumentos reales de los
ingresos públicos. Entre tales medidas está el anticipo de la fecha
de recaudación de impuestos, el incremento de los tributos sobre
las ganancias financieras y la eliminación de los subsidios fiscales
a la exportación. Con ello, los ingresos del gobierno federal se
elevaron 17% en términos reales.
30

A su vez, los gastos de la Tesorería Nacional aumentaron 6%
en términos reales, a causa, principalmente, de los mayores gastos
en personal y de las transferencias en favor de los gobiernos
estatales y de los municipios.
Las empresas estatales mantuvieron su presión sobre la política
fiscal, debido a la congelación de sus precios y tarifas durante el
período abril-julio y de la no introducción de mayores cortes en
sus gastos.
En este contexto, las empresas estatales utilizaron
ampliamente el mecanismo de traspasar al Banco do Brasil el pago de
sus deudas externas.
En noviembre de 1985 el gobierno decidió implementar un nuevo
plan de reducción del déficit público. Las medidas de este plan
formaron parte de una reestructuración fiscal que fue aplicada en
1986. Entre ellas se encuentra el incremento de la progresividad
de los impuestos sobre los ingresos, modificando además la periodicidad de la recaudación proveniente de las empresas, y en la
aplicación de nuevos gravámenes sobre las ganancias de capital en
las operaciones financieras. Además se puso en marcha una reforma
tributaria de emergencia con el objeto de distribuir mejor los
recursos, en favor de los gobiernos estatales y municipios.
Esta reforma fiscal, junto con la creación de la Secretaría
de la Tesorería Nacional, con el objeto de ampliar el control sobre
los gastos del sector público, pretendió crear las bases para la
implementación de un programa de estabilización. Este último fue
anunciado en febrero de 1986.
Contrariamente a lo esperado, el balance de 1986 muestra que
los gastos del sector público crecieron más que los ingresos.
La expansión de la actividad económica proporcionó una mayor
recaudación, sobre todo por concepto de tributos indirectos, como
son los que gravan los bienes manufacturados y las importaciones.
También se elevó la recaudación del impuesto sobre las operaciones
financieras.
Los ingresos de los gobiernos estatales aumentaron
debido al aumento de la recaudación del tributo sobre circulación
de mercaderías.
Además, la reforma tributaria de fines de 1985
posibilitó un incremento real de 39% en las transferencias del
gobierno federal a los estados.
Sin embargo, el incremento de los ingresos tributarios no fue
suficiente para cubrir los mayores gastos del sector público. El
gobierno federal no materializó las anunciadas reformas administrativas en el sector público, manteniendo el nivel de sus gastos
corrientes.
También las empresas estatales tropezaron con dificultades
para financiar sus operaciones. Como las autoridades económicas no
reajustaron las tarifas de estas empresas antes del anuncio del
congelamiento de febrero, debieron operar con tarifas reales inferiores a las de 1985. 13 Ello les impidió cubrir sus costos, que
aumentaron sustancialmente debido al incremento de los salarios
reales y al peso de la deuda externa que ellas arrastraban. La
brecha fue financiada con créditos del Banco Central y con una
31

sustancial ampliación del endeudamiento de dichas empresas con el
sistema financiero local.
Para obtener nuevas fuentes de recursos el gobierno creó en
julio el Fondo Nacional de Desarrollo, conformado por los ingresos
recogidos a través de préstamos forzosos sobre las ventas de gasolina,
alcohol combustible y también automóviles (nuevos o usados), de la
aplicación de un gravamen de 25% sobre la venta de pasajes internacionales y la compra de dólares para turismo, y de la transferencia
del 66% de las reservas obligatorias de entidades privadas de
seguridad social.
La mantención del congelamiento de precios y tarifas en el
aarco de un elevado déficit público hizo perder la confianza en el
plan de estabilización y acentuó las presiones inflacionarias
derivadas del acelerado crecimiento económico.
d)

El caso de Colombia

El déficit público de Colombia muestra una tendencia ascendente
entre 1982 y 1984, la cual se revierte en los dos años siguientes.
En 1982, el déficit público aumenta significativamente con
respecto al año anterior. Ello se debe a que los ingresos públicos
se mantuvieron constantes mientras los gastos totales, y particularmente los gastos corrientes, aumentaron en términos reales. Los
gastos de inversión se mantienen estables luego de fuertes aumentos
en 1980 y 1981. Entre las inversiones públicas durante este período
es interesante destacar la exploración y cubicación de yacimientos
minerales, a cargo del Ministerio de Minas y Energía, que tuvo
importantes efectos en la expansión de las exportaciones de Colombia
a partir de 1985.
En el financiamiento del déficit hubo una importante modificación
en las fuentes de los recursos. En 1981, la contratación neta de
créditos externos fue mayor que el déficit del gobierno general, en
cambio en 1982 las fuentes externas financiaron un 44% del déficit,
correspondiendo el 56% restante a fuentes internas, hecho que no
ocurría desde 1974.
El aumento del déficit público motivó una reforma fiscal que
fue aprobada a fines de 1982 y entró en vigencia en 1983. Dicha
reforma se presentaba como un medio para ampliar la base tributaria.
Los ajustes se orientaron a facilitar la incorporación al sistema
tributario a las personas que actuaban al margen de él, a crear y
fortalecer los sistemas de presunción de renta para prevenir la
evasión, y a reducir las tasas impositivas, como un medio de alentar
el cumplimiento de las obligaciones tributarias. Entre las medidas
adoptadas se incluyó una amnistía patrimonial.
Los resultados alcanzados en 1983 mostraron que la recaudación
proveniente del impuesto a la renta aumentó alrededor de 35% en
términos reales. A pesar de ello, la contribución permanente de la
reforma a la reducción del déficit público fue modesta porque el
resto de los impuestos experimentaron reducciones reales. Este fue
32

especialmente el caso de los impuestos al comercio exterior. De
este modo, los ingresos tributarios totales cayeron 7% en términos
reales. Es decir, los ajustes fiscales no lograron contrarrestar
la tendencia cíclica del sector externo.
Los gastos totales volvieron a aumentar en 1983 en un 5% real.
Ello se debió al incremento en los gastos corrientes y a que la
inversión pública se redujo en 10%.
El déficit del gobierno general fue financiado por tres conductos: crédito del banco central, con un 35% del déficit; colocación
de títulos públicos en mercado abierto, con un 15%; e ingresos
generados por operaciones de compra y venta de divisas, con un 50%
del déficit.
Durante 1984 se hace un nuevo esfuerzo por aumentar la recaudación tributaria. Para ello se hace efectiva la sustitución del
impuesto a las ventas por el IVA, reforma aprobada a fines de 1983.
Las cifras de 1984 muestran que los ingresos generados por este
impuesto aumentaron 15% en términos reales. La recaudación total
en dicho año aumentó en alrededor de 8% real.
Al igual que en los años anteriores, en 1984 se produce un
aumento en los gastos del gobierno general. Los gastos corrientes
aumentaron en 8% real, lo que, a pesar de la leve caída en la inversión, significó un aumento del gasto total de 6%.
A pesar que la recaudación tributaria aumentó más que los gastos
totales, el déficit del gobierno general fue casi 6% mayor que el
año anterior, con el agravante que el nivel de reservas internacionales disponible ya no permitía compensar el efecto monetario
del desequilibrio fiscal con un déficit externo. Esta situación,
que encerraba serios riesgos inflacionarios, llevó al gobierno a
diseñar una nueva reforma fiscal a fines de 1984. En ella se estableció un impuesto a las importaciones, se extendió el IVA a algunos
bienes de consumo popular que se encontraban exentos, y se obligó a
los agentes económicos de altas rentas a invertir en títulos de
deuda pública que redituaban una baja tasa de interés.
Las dificultades de la política fiscal fueron el resultado,
al menos en parte, de fallas en la coordinación entre los propósitos
de largo y corto plazo. Los ajustes tributarios adoptados desde
1983 se ubican dentro de una concepción de largo plazo, encaminada
a equilibrar los ingresos y los gastos. En cambio, los incrementos
de los egresos se orientan al manejo de la demanda agregada.
Por otro lado, la experiencia de Colombia ilustra el hecho
que en la práctica los mayores gastos generan una dinámica que es
muy difícil de detener. Así, en sucesivas ocasiones el gobierno
se vio envuelto en un proceso en el cual tenía que aumentar los
impuestos para compensar los gastos autorizados previamente con
propósitos coyuntura les. En estas circunstancias, el objetivo inicial
de mejorar la estructura tributaría fue reemplazado por el de elevar
la recaudación. Inicialmente, se acudió a los impuestos directos,
luego al IVA, escalonado de acuerdo con las características de los
bienes y, finalmente, a una serie de gravámenes indirectos que recaen
principalmente en los bienes de consumo popular. Por otra parte, a
33

lo largo del proceso se afectó la progresividad del sistema fiscal.
El peso de la reforma terminó cayendo principalmente en los grupos
medios y no dejó de afectar a los grupos más pobres.
En 1985 se lleva a cabo una política más decidida para reducir
el déficit público.
Entre las medidas más importantes está la
implementación de la reforma tributaria aprobada a fines de 1984 y
una política de reducción del gasto. Para este efecto se limitó el
aumento de las remuneraciones nominales a 10%, en circunstancias
que la tasa de inflación era levemente superior a 20%. Además, se
aplicaron las prácticas tradicionales para postergar los gastos y
los pagos. Los resultados de esa política fueron incluso superiores
a los previstos: los ingresos del gobierno general aumentaron 22%
real, los gastos corrientes cayeron en 6% real.
La debilidad de la política fiscal aplicada en Colombia después
de 1982 reside en la falta de programación. La urgencia para corregir
rápidamente el déficit público impide utilizar los mecanismos más
adecuados desde el punto de vista económico.
Por ejemplo, los
instrumentos empleados para elevar los ingresos significaron un
aumento de la recaudación a cambio de una menor progresividad del
sistema tributario.
La política de gasto público no fue muy diferente. Su reducción
principal se debió al deterioro del salario real de los funcionarios
públicos y a una acción generalizada para posponer los gastos y los
pagos más que a un proceso destinado a contraer las actividades
menos prioritarias. Esto lleva a pensar que la reducción del gasto
sólo tiene carácter transitorio y que surgirán presiones para recuperar, en períodos siguientes, las pérdidas sufridas.
En 1986 se mantuvo una política restrictiva en materias de
ingreso y gasto público. Debido al término de varios proyectos de
inversión, sobre todo del sector energético, los gastos de inversión
cayeron levemente.
En cambio, los gastos corrientes aumentaron
como resultado del efecto de la devaluación sobre el pago de intereses
de la deuda externa.
Los ingresos corrientes, por su parte, crecieron en forma más
marcada que los gastos. La recaudación tributaria se incrementó en
cerca de 15% real, lo que implica un importante aumento por segundo
año consecutivo. Esta vez la recaudación se benefició de la reactivación interna, del mayor volumen de importaciones de bienes de
consumo y del aumento de la recaudación cafetera. También aumentaron
los ingresos no tributarios (utilidades cambiarías e ingresos
derivados de la venta de oro).
Como resultado de estos cambios, el déficit del gobierno general
se redujo por segundo año consecutivo, llegando a representar sólo
el 1,4% del PIB, la cifra más baja de los últimos cinco años.
e)

El caso de México

Durante 1982 el sector público de México experimenta un aumento
considerable de los gastos corrientes reales y una reducción en los
34

gastos de capital. La elevada tasa de crecimiento de los gastos
corrientes respondió a la presión de los intereses de la deuda pública
en un contexto inflacionario, y también al alza en las remuneraciones
reales y en el empleo público. El déficit nominal del sector público
alcanzó un nivel record de 17% del PIB, mientras el déficit
operacional se situaba entre 7% y 8% del PIB.
A fines de 1982 se pone en marcha el Programa Inmediato de
Reordenación Económica (PIRE), uno de cuyos objetivos prioritarios
era reducir el déficit público nominal a 8,5% del PIB en 1983, meta
que casi se logró pues el déficit nominal fue 8,9% en ese año.
Pese a la enorme carga del servicio de la deuda interna y
externa, la meta de 1983 se alcanzó debido a la reducción de los
gastos, sobre todo el de inversión, y al alimento de los ingresos.
Esto último se logró no tanto por los mayores impuestos, sino por
una revisión activa de los precios y tarifas de los bienes y servicios
de las empresas públicas. A ello se sumó el alivio financiero debido
a la renegociación del servicio de la deuda externa y a la reducción
en los subsidios cambiarios, que habían incidido fuertemente en el
gasto público en 1982.
La inversión pública se redujo de 9,3% del PIB en 1982 a 6,6%
en 1983. En los años siguientes se mantiene esta tendencia decreciente, hasta alcanzar un 5,1% del PIB en 1986. Respecto a otros
gastos se congeló la planta del sector público y se siguió una
política de reducción en las remuneraciones reales, las que cayeron
alrededor de 25% en 1983.
En el lado de los ingresos, el sector público consolidado logró
un pequeño incremento. La explicación de este hecho se encuentra,
principalmente, en el aumento de las ventas de PEMEX (20% real),
debido al alza de precios mayor que la disminución de la cantidad
demandada.
Como parte del programa de saneamiento fiscal el gobierno
introduce una serie de reformas al sistema tributario. Dentro de
estas modificaciones destaca la elevación de la tasa del IVA de
10% a 15%, y la reducción a 6% de la tasa de 10% con que antes se
gravaban los alimentos industrializados y los medicamentos. Además
se estableció una tasa de 20% a los artículos de lujo.
Sin embargo, por la caída en la actividad económica los ingresos
tributarios no respondieron a lo previsto. La recaudación de los
impuestos directos experimentó una contracción real de 24% y la de
los impuestos indirectos se expandió en 16% en términos reales.
Estos cambios incorporaron nuevos elementos de regresividad en el
sistema tributario.
Después de esta fase de ajuste el sector público logró mayor
margen de holgura en su presupuesto. Sobre esta base, en 1984, se
procedió a atender algunas de las demandas económicas más inmediatas
que el programa de austeridad había obligado a sacrificar. El nuevo
programa económico incorporó los objetivos de un crecimiento de 1%
en el producto y la mantención del nivel de empleo. Para ello se
aumentó el gasto público, dentro de un esquema que consideraba una
35

expansión equivalente sólo las holguras del presupuesto. Además,
en esta fase se insistió en la racionalización del gasto público.
Respecto a los ingresos, no se introdujeron modificaciones
tributarias de importancia y la política estuvo dirigida a combatir
la evasión. Se perseveró, por otra parte, con la política de revisión
de precios y tarifas de los servicios públicos.
Dos factores afectaron el programa fiscal de 1984. En primer
lugar, se produjo un descenso de 12% real de los impuestos pagados
por PEMEX. Ello se debió al estancamiento de las exportaciones de
la empresa y a la revaluación real del tipo de cambio. En segundo
lugar, la elevación de la tasa de interés en los mercados internacionales, durante los primeros meses del año, también alteró
previsiones de gasto y déficit.
El déficit del sector público, que alcanzó un nivel equivalente
a 7,4% del PIB, fue cubierto a través de créditos externos, de un
aporte del Banco Central y de la colocación de bonos públicos.
En el balance de este año se destaca la reactivación económica,
que supera la meta del 1%, y el incumplimiento de las metas sobre
déficit público. En este contexto, el programa económico para 1985
consideró nuevamente que la política fiscal debía asumir un papel
central en el proceso de ajuste y, por ende, se programó disminuir
a 5,1% del PIB el déficit financiero del sector público.
Las medidas para reducir el déficit fueron una activa revisión
de los precios y tarifas de los bienes y servicios públicos; y una
racionalización de los gastos, tanto corrientes como de inversión.
Sin embargo, durante el año se realizaron una serie de recortes al
presupuesto original debido a una caída en las exportaciones de
petróleo. Además, la inflación fue mayor que la anticipada por la
autoridad,
originando distorsiones en el volumen de ingresos y
gastos y en las tasas internas de interés, aparte de rezagos en la
actualización de los precios y tarifas de bienes y servicios públicos.
Por otro lado, los efectos de los terremotos de 1985 demandaron gastos
extraordinarios que también incidieron sobre el déficit fiscal. En
suma, los ingresos totales del sector público se contrajeron más de
5% en términos reales, mientras que los gastos sólo se pudieron
bajar algo menos de 2% lo que hizo que el déficit público subiera a
un nivel equivalente a 10% del PIB.
Entre las razones para la caída de los ingresos se encuentra
la reducción en los ingresos reales de las empresas públicas debido
al rezago en el ajuste de precios y tarifas y al menor volumen de
ventas. Por su parte, los ingresos reales de PEMEX se redujeron
más de 8% debido al descenso de sus exportaciones.
La caída real en el gasto del sector público contrastó con el
aumento del pago de intereses de la deuda pública. Ello significó
que los demás gastos corrientes y de capital sufrieran contracciones
mayores, estimadas en 3 y 7% respectivamente. Dentro de los gastos
corrientes, destacó el descenso de 5% en el pago de remuneraciones
(política salarial restrictiva, congelación de plazas, y despido de
20 000 funcionarios públicos). En cambio, los pagos de intereses
aumentaron 4% y las transferencias corrientes se elevaron 2%.
36

Con el propósito de lograr una mayor eficiencia y reducir el
tamaño del aparato estatal, cerca de 170 empresas fueron ofrecidas
en venta. No obstante, sólo se lograron vender algunas empresas
turísticas. Unas 55 se liquidaron y otras fueron transferidas a
los gobiernos de las entidades federativas. En total, los gastos
corrientes del sector paraestatal se redujeron 6%, acusando el pago
de intereses un pronunciado descenso; en parte, por haber asumido
ciertos pasivos el gobierno federal.
El financiamiento del déficit en 1985 recayó casi exclusivamente
en fuentes internas. El Banco Central aportó alrededor de la mitad
de las necesidades de financiamiento del sector público, y
la
colocación de valores gubernamentales contribuyó con el resto. El
creciente uso del financiamiento interno, otorgado a tasas de interés
muy altas, elevó la deuda pública interna a un nivel equivalente al
23% del PIB.
El alimento de la deuda pública interna introdujo nuevas rigideces de las finanzas públicas. Por esta razón, a fines de 1985
fue preciso solicitar un crédito al Fondo Monetario Internacional,
mientras se concretaba un nuevo convenio en virtud del servicio
ampliado.
En el programa económico de 1986 se postulaba que el déficit
financiero del sector público debería reducirse a menos de 5% del
PIB. Para el logro de esta meta se consideraba, por el lado de
los ingresos, una mayor recaudación tributaria y una revisión activa
de los precios y tarifas públicos.
Respecto de los gastos, se
pretendía una contención más severa de los gastos corrientes.
Sin embargo, la calda de los precios del petróleo alteró profundamente las finanzas públicas en 1986. Además, el acelerado
ritmo de devaluación, las tasas de interés más altas y el alza de
los precios, provocaron serias distorsiones en el presupuesto. El
déficit nominal del sector público representó algo más de 16% del
PIB, siendo su mayor parte causada por el gobierno central. PEMEX
dejó de obtener superávit, mientras que el resto de las entidades y
empresas estatales, sujetas a control presupuestario, disminuyeron
su déficit real.
El aumento del déficit del gobierno central se debió tanto a
la contracción de los ingresos como a las alzas de los intereses
de la deuda, cuyo pago representó el 38% del total de gastos. El
resto de las erogaciones registró una disminución real de 6%.
En cuanto a las recaudaciones fiscales, las provenientes de
PEMEX sufrieron una caída real de 42%, mientras que los ingresos
tributarios procedentes del resto de la economía declinaron casi 2%.
En lo que respecta al sector paraestatal, continuó la política
de venta, liquidación, transformación o fusión de empresas no rent
ables, con el fin de lograr mejores resultados financieros.
El
déficit de este sector disminuyó como efecto del aumento más que
proporcional de sus precios y tarifas pese a las menores transferencias recibidas del gobierno. No obstante, los ingresos del sector
paraestatal crecieron en grado insuficiente al contraerse sus ventas
a causa de la debilidad de la demanda interna. Los gastos de las
37

entidades públicas, tanto de operación como de capital, se mantuvieron
en niveles bajos. Sólo los intereses siguieron creciendo, en particular los pagados por PEMEX.
En sintesis, en 1986 se mantuvo la estrechez presupuestaria,
causada en buena medida por la carga de los intereses de la deuda
y agravada sustancialmente por los menores ingresos petroleros. Si
bien ello obligó a buscar una mayor racionalidad en las operaciones
del sector público, supuso también reducir, una vez más, el programa
de inversiones, con efectos adversos en la coyuntura y también en
el ritmo de crecimiento económico alcanzable en el mediano plazo.
f)

El caso de Perú

El déficit público en Perú se mantiene elevado en todo el período
que comienza en 1982. Una característica del déficit en Perú es la
alta incidencia que tiene el sector de empresas públicas.
El déficit previsto para 1982 era de 4,2% del PIB. Para lograr
esa meta se consideraba necesario introducir ajustes periódicos de
los precios de los combustibles, el pan, el trigo y el arroz, además
de lograr una mayor recaudación tributaria como resultado de cambios
en el impuesto a las ventas. El presupuesto se diseñó basado en un
financiamiento eminentemente externo del déficit, suprimiéndose el
crédito neto adicional otorgado por el Banco Central al sector
público. Esto último con el fin de combatir la inflación.
En el resultado del año, el déficit sobrepasó el 8% del PIB. A
pesar de este aumento se cumplió con la reducción de la importancia
del financiamiento interno del déficit del sector público (representó
solamente un 1% del PIB), consonante con una política monetaria
interna de restringir la liquidez real y canalizar el crédito interno
hacia el sector privado. En cambio, el financiamiento externo aumentó
a 7,8% del PIB.
A lo largo del año, especialmente a partir del tercer trimestre,
se sucedieron algunos intentos de reducir el déficit del gobierno
central, tanto restringiendo los gastos como procurando obtener
mayores ingresos vía una mejora de la recaudación de impuestos. Se
llegó
incluso, a fines de año, a la postergación de los pagos a
los contratistas de las obras públicas, pagándose a partir de
noviembre con pagarés a 90 días.
Los ingresos totales del gobierno central permanecieron estancados, equivaliendo al 18% del PIB. El único rubro que creció en
términos reales fue el de los impuestos a la producción y al consumo,
que se expandió 13%, favorecido por la entrada en vigor de la nueva
legislación tributaria, que instituyó el impuesto general a las
ventas, que grava también a las ventas al por menor, así como un
nuevo impuesto selectivo al consumo. Por su parte, la recaudación
del impuesto a la renta tuvo una leve reducción real mientras que
el impuesto a la exportación sufrió una fuerte reducción, tanto por
las bajas cotizaciones de las materias primas como por la reducción
de las tasas que afectan a las exportaciones mineras. También los
38

derechos de importación se redujeron en términos reales, debido a la
capitalización de estos tributos por parte de las empresas públicas,
y a un cambio imprevisto en la estructura de las importaciones en
favor de las sujetas a menores tasas. En todo caso, la recaudación
de 1982 incluyó una sobretasa, aplicada todo el año, equivalente a
15% del arancel vigente.
Respecto de los gastos del gobierno central, equivalentes al
22% del PIB, se produjo una caida de 5% en términos reales. Esta
reducción se explica por una menor inversión pública (de 22%) ya
que los gastos corrientes mantuvieron su valor real.
Finalmente, las empresas públicas presentaron un elevado déficit.
Este resultado se debe a diversos factores: primero, el alto endeudamiento de muchas empresas públicas comprometió gran parte de
sus ingresos para pagos financieros; segundo, continuó durante el
año la caída de los precios internacionales de las materias primas,
que afectó seriamente a las empresas exportadoras de minerales;
tercero, 1982 fue un año en que los ajustes de los precios subsidiados
experimentaron importantes atrasos; cuarto, existió un plan de
inversiones desmesurado en varias empresas. A todo lo anterior se
agrega el hecho de que no existía un marco institucional apropiado
para el sector de empresas públicas, aunque estaba en estudio una
ley que regularía la actuación de las empresas del Estado.
En 1983 la reducción del déficit público volvió a ser uno de
los principales componentes del programa económico, pero el resultado
esperado estuvo muy lejos de lograrse. La meta era un déficit de
3,8% del PIB, que contrastaba con el resultado de 12%, cifra que
constituye un record en la historia reciente de Perú.
En el caso de las empresas públicas, el financiamiento del
déficit recayó, principalmente, en los recursos externos, aumentando
la importancia de los créditos externos a largo plazo. En las fuentes
de financiamiento del déficit del gobierno central se produce un
aumento en la importancia del sistema bancario y la colocación de
bonos públicos. Estos bonos (Bonos de Reconstrucción Civil) eran
de adquisición obligatoria para todas las personas naturales cuyo
ingreso superase cierto monto mínimo y por 10% de dicho ingreso.
Entre las razones del aumento en el déficit público se encuentran, en primer lugar, los desastres naturales, que generaron una
aguda disminución de los ingresos, tanto por las exoneraciones y
las facilidades tributarias otorgadas a las zonas afectadas, como
por la baja recaudación derivada de los problemas que enfrentaron
en ellas las diversas actividades económicas. Asimismo, los desastres
dieron lugar a un gran aumento de gastos (de emergencia y reconstrucción), y produjeron pérdidas en diversas empresas públicas,
especialmente Petroperú y Electroperú.
Una estimación de estos
factores alcanza a casi 4% del PIB. En segundo lugar, las diversas
hipótesis económicas sobre las cuales se elaboró el presupuesto
nacional, estuvieron muy lejos de los resultados efectivos. Por
ejemplo, se supuso un crecimiento económico de 3% y hubo una caída
de 12%; la inflación programada era de 45% y la efectiva fue 125%;
el tipo de cambio promedio estimado era de 965 soles por dólar y el
39

efectivo fue de 1629 soles. Así, los ingresos del gobierno central
fueron 12% menores que lo presupuestado y los gastos 30% mayores.
Por último, a partir de septiembre de 1983, el ritmo de aumento de
los precios de los bienes y servicios comercializados por las empresas
públicas disminuyó sensiblemente, a la par que los gastos del gobierno
central se expandieron con mayor rapidez.
En cuanto a los ingresos fiscales, la presión tributaria se
redujo de 18% a 14,3% del PIB, debido a la menor actividad económica
y a los problemas de liquidez enfrentados por las empresas a lo
largo del año, elevando los niveles de evasión.
El único impuesto que no descendió su recaudación en términos
reales fue el tributo sobre los combustibles.
Por su parte, las
mayores reducciones se concentraron en el campo del comercio exterior,
donde los impuestos a las importaciones se redujeron un 29% real y
los impuestos sobre las exportaciones se contrajeron en 61% real.
El programa de austeridad fiscal produjo una contracción real
en los gastos del gobierno por tercer año consecutivo. Sin embargo,
fueron los gastos de capital los que sufrieron las reducciones más
agudas, contrayéndose 20%, frente a una reducción de 2% en los gastos
corrientes. Esto aconteció porque los gastos de capital ofrecían
una oportunidad mucho más rápida y expedita para adecuar el nivel
de gasto fiscal al monto de recursos disponibles. Además, hubo un
retraso en el desembolso de compromisos financieros con el exterior,
resultado del retraso en el pago de las contrapartidas nacionales
requeridas.
Por último, los desastres naturales dieron lugar a
notorios atrasos en el cumplimiento de los cronogramas de los
proyectos de inversión en las zonas afectadas.
El déficit de las empresas públicas cayó de 4,5% a 3% del PIB
debido a la fuerte devaluación real, que mejora los ingresos de
exportación y a los precios internos más elevados.
Durante 1984 hubo una reducción en el déficit público, que se
originó, fundamentalmente, en una marcada reducción del déficit del
gobierno central. No obstante, el déficit público siguió siendo de
enorme magnitud (alrededor de 8% del PIB), lo que mantuvo su reducción
dentro de las prioridades de la política económica.
Debido a los esfuerzos de las autoridades monetarias, sólo
una cuarta parte del déficit fue financiada con crédito interno.
Los recursos externos contratados para este propósito fueron en su
totalidad de mediano y largo plazo, ya que el sector público efectuó
una amortización neta de sus líneas de crédito de corto plazo. Por
otra parte, alrededor del 55% del crédito externo neto se originó
en la acumulación informal de créditos, en la forma de atrasos con
los acreedores extranjeros.
El fortalecimiento de la situación financiera del gobierno
central obedeció a un alza de 18% de los ingresos y a un leve descenso
(-2%) de los gastos, ambas partidas en términos reales. Prácticamente
todos los tributos aumentaron su recaudación: el impuesto a la renta
mostró una mejora de 4%, atribuible a la introducción de una escala
más progresiva; el rendimiento del gravamen a la producción y el
consumo se vió estimulado por alzas del impuesto selectivo al consumo
40

que se aplicaron a diversos productos. Además, la aplicación de
una amnistía tributaria se reveló exitosa al traducirse en un
incremento de los ingresos gubernamentales.
La recaudación derivada del comercio exterior, tanto de las
importaciones como las exportaciones, tuvo una fuerte caída en
términos reales. El rendimiento del gravamen sobre las exportaciones
disminuyó debido a las menores tasas aplicadas a la venta de productos
tradicionales. Por su parte, el rendimiento del impuesto sobre las
importaciones perdió dinamismo a causa de las fuertes restricciones
internas para efectuar compras en el exterior. Ello, a pesar del
incremento de los aranceles y de las sobretasas para determinados
bienes importados.
Contrariamente a lo sucedido en los años anteriores, la contracción de los gastos reales del gobierno central recayó sobre
egresos corrientes, ya que los gastos de capital subieron 10%. El
determinante de la caída de los gastos corrientes fue la disminución
en el gasto de defensa, merced a las menores compras de equipo en
el exterior. Hubo también una leve merma de los pagos por intereses, ya que la erosión del valor del servicio de los bonos públicos
colocados en el mercado interno más que compensó la considerable
expansión de remesas por este concepto relacionadas con la deuda
externa. Los factores de expansión fueron las remuneraciones, que
crecieron 4% real, y las transferencias, que subieron fuertemente
con motivo de pagos adicionales de seguridad social.
Por último, el déficit de las empresas públicas cayó a un 2,2%
del PIB. La mejoría estuvo asociada a una reducción de los déficits
de ELECTROPERU, por una rebaja en los gastos de capital, y de las
entidades públicas que importan alimentos, las cuales pusieron en
vigencia políticas de precios más acorde a sus costos.
En 1985, el déficit del sector público como proporción del
PIB se redujo a 3%, su menor valor desde 1979. La reducción fue
significativa tanto a nivel de gobierno central como de las empresas
públicas.
El déficit público total fue financiado con recursos
externos, correspondiendo una parte importante a intereses no pagados
de la deuda extema pública.
La reducción del déficit se debió tanto a un mayor nivel real
de ingresos como a una reducción de los gastos. En el caso del
gobierno central, la recaudación tributaria se elevó de 13,5% a
15,6% del PIB. En este resultado influyó el aumento del impuesto a
los combustibles, que llegó a representar un tercio de los ingresos
tributarios totales. En las empresas estatales, también se verificó
un mayor nivel de ingresos debido a las alzas de las tarifas de los
servicios públicos.
La reducción de los gastos públicos en 1985 se debió, básicamente, a un repliegue de la inversión. Los gastos de capital del
gobierno central se redujeron en 18% real. Esto se complementó con
medidas de austeridad decretadas por el nuevo gobierno, entre las
cuales se destaca el congelamiento de las contrataciones en el sector
público y una disminución de los gastos de las representaciones
41

peruanas en el exterior. No obstante, los gastos corrientes crecieron
levemente.
En 1986 la política fiscal fue utilizada decididamente para
reactivar la economía. Más que un aumento en el gasto, las medidas
adoptadas generaron una reducción en los ingresos públicos. Con
ello, el déficit del sector público alcanzó al 6% del PIB.
El rendimiento de los tributos que afectan a la producción y
al consumo se contrajo debido a la reducción de la tasa que grava
a los combustibles y, en especial, la del impuesto general a las
ventas (reducida a mediados de febrero).
También disminuyó la
recaudación de los impuestos sobre el comercio exterior, debido a
la puesta en vigencia de rebajas arancelarias y al impacto de la
fijación del tipo de cambio, lo cual erosionó la base gravable.
Esto fue compensado sólo parcialmente por el aumento del ingreso
del impuesto sobre la renta. Todos estos efectos significaron que
la recaudación tributaria cayera de 17% a 15% del PIB.
Los gastos corrientes disminuyeron levemente en términos reales,
aunque la evolución de sus componentes fue muy disímil. Los gastos
por concepto de remuneraciones y de transferencias aumentaron
notablemente debido a las políticas expansivas de salarios, empleo
y subsidios a la producción. Una evolución similar experimentaron
los gastos reales en bienes y servicios. En cambio los egresos reales
por pago de intereses disminuyeron drásticamente, a causa de la
declinación de las tasas de interés nacionales e internacionales.
Por otra parte, en 1986 se produce un considerable aumento de
los gastos de capital del gobierno central (24%). Ello obedeció
básicamente al fuerte aumento de las transferencias a las entidades
públicas descentralizadas. La formación bruta de capital del gobierno
central se mantuvo deprimida. Contrariamente a esta tendencia, el
gasto social en educación, vivienda y salud aumentó su participación
en forma sensible.
El mayor déficit del gobierno central fue financiado, en
alrededor de un tercio, mediante atrasos en el pago de intereses
sobre la deuda externa. El resto del financiamiento provino
de operaciones crediticias con el Banco Central y el Banco de la
Nación.
Las operaciones de las empresas públicas también fueron ampliamente deficitarias.
La baja cotización internacional de los
minerales y del petróleo, más la fijación del tipo de cambio y los
controles sobre las tarifas públicas, provocaron una merma
considerable del ingreso real de dicho sector. Esto fue compensado
sólo en parte por un programa de limitación del gasto, que afectó
más fuertemente al presupuesto de capital, con una caída de la
inversión del sector.
Los atrasos en el pago de la deuda externa constituyeron la
principal fuente de financiamiento del déficit de las empresas
públicas.

42

g)

El caso de Venezuela

A partir de 1982 Venezuela presentó un superávit en el presupuesto del gobierno general en 1984 y 1985, y un déficit en los
años restantes. En 1982 el déficit alcanzó a 3,5% del PIB. La
principal causa de este déficit fue la baja del precio del petróleo
y las crecientes dificultades en su comercialización. Ellas ejercieron una marcada influencia en la gestión fiscal, ya que en los
últimos afios los ingresos corrientes han dependido en alrededor de
70% de los impuestos y contribuciones petroleros.
Ante la reducción de los ingresos, en abril de 1982 se tomaron
medidas para reajustar el presupuesto fiscal. Los intentos de reducir
gastos redundaron, por un lado, en una disminución de 7% de los
egresos corrientes, que se descompone en una contracción de sólo 2%
en las remuneraciones y de 17% en el monto de los subsidios otorgados
por el gobierno. A su vez, los gastos de capital se contrajeron
más de 40%, cifra que se descompone en una caida de la inversión
financiera de 72% y de la inversión real de 7%.
En cambio, el
servicio de la deuda pública se incrementó en 67%. Por consiguiente,
los gastos totales bajaron sólo 9%.
Por su parte, los ingresos decrecieron más de 15%, sobre todo
a causa de la contracción de 31% de los ingresos petroleros, que
redujo su participación en los ingresos fiscales de 77% a sólo 63%.
Dentro de las medidas implementadas en abril de 1982 está el
aumento de los impuestos al consumo.
Con ello se elevaron los
ingresos tributarios indirectos, atenuando la caída de los ingresos
totales.
En 1983 la gestión fiscal siguió enfrentando un marco restrictivo, al proseguir la merma experimentada en las principales
categorías de ingresos. Los ingresos petroleros siguieron constreñidos por el deprimido panorama energético mundial, al que se sumaron
las decisiones tomadas por la OPEP en marzo de 1983. Los descensos
en los volúmenes de producción y exportación y en los precios medios
de venta provocaron una baja de 17% en la recaudación petrolera.
Esta caida fue compensada en parte por un aumento en la recaudación proveniente del impuesto sobre el consumo interno de productos
petroleros. Por lo tanto, los ingresos petroleros totales se redujeron 14%, bajando su participación en el PIB a 14%.
Además, y como consecuencia del estancamiento de la actividad
económica y de la devaluación de febrero de 1983, se redujo la
recaudación aduanera y la de tributos directos. Sin embargo, el
efecto fiscal de las medidas cambiarías tuvo un resultado positivo
por las sustanciales utilidades que pudo acumular el Banco Central
en sus operaciones de compraventa de divisas.
En virtud de un
convenio bancario celebrado en junio de 1983, el instituto emisor
entregó al fisco estas utilidades, lo que permitió contrarrestar
buena parte del descenso mostrado por los ingresos tributarios.
El total de los ingresos corrientes del gobierno central sólo

disminuyó 8%.

43

Frente a esta circustancia se intentó restringir los gastos
fiscales.
Este esfuerzo afectó en mayor medida a los gastos de
capital, que cayeron alrededor de 25%.
La mayor parte de esta
reducción operó en las transferencias del gobierno central a otras
instituciones del sector público. Los gastos corrientes se mantuvieron estables, aunque en su estructura se redujeron los subsidios
económicos y aumentaron los pagos por concepto de intereses. Estos
últimos llegaron a representar una cuarta parte de los gastos corrientes del gobierno. El aumento de los gastos financieros del
gobierno central se explica en parte porque éste asume el servicio
de la deuda de organismos públicos descentralizados en mora.
En 1983 el gobierno central terminó con un déficit equivalente
a 2,2% del PIB. A pesar que ésta es una reducción de las necesidades
de financiamiento el mercado financiero presenta en este año condiciones más desfavorables. Los préstamos externos caen respecto a
1982, y sólo representaron un 16% del déficit fiscal. Asimismo, y
a pesar de la moratoria declarada en febrero de 1983, que permitió
reducir en 25% los pagos de amortización sobre la deuda externa, se
produjo una corriente negativa neta, al ser dichos egresos casi
diez veces superiores a los desembolsos recibidos del exterior.
Por su parte, los pagos de amortización de la deuda interna
casi se duplicaron, en buena medida debido a la inclusión en el
presupuesto del gobierno central de algunos pagos correspondientes
a organismos descentralizados. Para cubrir dichos egresos se recurrió
a la emisión de bonos del Tesoro. Por las dificultades de captación
en el mercado financiero interno subsistió un amplio déficit en el
presupuesto del gobierno central, que tuvo que ser cubierto por el
Banco Central a través de la monetización de la revalorización de
sus reservas de oro.
En 1984 la gestión fiscal arrojó un superávit equivalente a
2,8% del PIB.
Este vuelco se debió básicamente al incremento
sustancial en los ingresos fiscales atribuible al nuevo régimen c r aa
biario. El aumento en la paridad del dólar petrolero permitió que
los ingresos por este concepto casi se duplicaran en moneda doméstica,
volviendo así a constituir más del 60% del total de los ingresos
fiscales corrientes. También se expandieron los ingresos por utilidad
cambiaria.
Los gastos totales, en cambio, se redujeron en términos reales.
Sólo el pago de intereses de la deuda pública muestra un incremento,
debido tanto a la devaluación como al hecho que el gobierno tuvo
que
asumir
nuevamente
la deuda externa de
instituciones
descentralizadas.
El superávit fiscal permitió aumentar las reservas del Tesoro
y la regularización de los pagos a los proveedores internos, cuyo
monto había sobrepasado el 1% del PIB.
Durante los años de relativa holgura fiscal se insiste en medidas
de racionalización y reorganización de algunas empresas públicas no
financieras, que venían por años mostrando cuantiosas pérdidas. Es
importante notar que las empresas estatales no petroleras presentan
44

un déficit de 6% del PIB. En buena parte ello se debe a los elevados
pagos por concepto de intereses.
Así, después de varios años de austeridad en los gastos del
sector públ ico, en 1985 la política fiscal se tornó levemente
expansiva. Se incorporó un programa de inversiones para incentivar
los niveles de demanda interna y empleo. Con ello, los gastos de
capital del gobierno central aumentaron en forma sostenida.
No
obstante ese incremento, la gestión fiscal volvió a arrojar, por
segundo año consecutivo, un sustancial superávit (2,3% del PIB).
Ello se debió a la introducción de reformas tributarias, las cuales
permitieron aumentar casi 9% los ingresos corrientes, a pesar del
estancamiento mostrado por los ingresos petroleros. Los ingresos
tributarios directos no petroleros se expandieron casi 25%, a pesar
del relativo estancamiento de la actividad interna. Por su parte,
los aumentos de la recaudación arancelaria y de la proveniente de
otros impuestos indirectos compensaron la merma sufrida por las
utilidades cambiarías como consecuencia del proceso de unificación
de los tipos de cambio.
Dado que los gastos corrientes se ampliaron sólo en forma
moderada, el ahorro corriente del gobierno cubrió con creces el
aumento antes mencionado de los gastos de capital. A este resultado
contribuyó en buena medida la baja de las tasas de interés internacionales y la mantención de una política social más restrictiva.
Esta última se manifestó en una disminución de los pagos por concepto
de remuneraciones y subsidios.
El superávit de 1985 se dedicó esencialmente a la amortización
de la deuda pública, tanto interna como externa. Por otra parte,
durante 1985 se perseveró en los esfuerzos destinados a lograr una
gestión más eficiente y racional de las empresas públicas, disminuyendo en más de 20% los gastos de consumo del sector público no
financiero, al tiempo que la inversión real caía 16%. En cambio,
aumentaron las transferencias al sector privado, tanto corrientes
como de capital.
La política fiscal se tornó más expansiva en 1986. Ello con
el propósito de sostener el proceso de reactivación interna que
había empezado a observarse desde fines de 1985. Así, la inversión
del gobierno central más que se duplicó, concentrándose en programas
especiales diseñados para vigorizar la demanda interna y el empleo,
principalmente en el sector de la construcción.
Los egresos
corrientes, en cambio, se redujeron levemente. A raíz de estos
cambios, los gastos totales del gobierno se incrementaron 4%.
Por su parte, los ingresos fiscales disminuyeron en 6%. Es
necesario señalar que la ágil política de recaudación logró
contrarrestar buena parte del efecto contractivo que tuvo la caída
del precio internacional del petróleo sobre los ingresos del gobierno.
Los ingresos petroleros se contrajeron 30%.
Esta reducción fue
parcialmente compensada por la devaluación del tipo de cambio petrolero y el aumento del precio interno de la gasolina. Además se
logró ampliar la recaudación proveniente de fuentes distintas al
petróleo, mediante el aumento de varios impuestos indirectos y la
45

continuación del programa de fiscalización iniciado en 1985. Gracias
a este último se logró racionalizar el sistema de recaudación fiscal,
y disminuir significativamente tanto la evasión tributaria como los
atrasos en los pagos. A causa de estos cambios, los ingresos petroleros representaron menos de la mitad de los ingresos totales del
fisco, la proporción más baja registrada en medio siglo.
La gestión del gobierno central cerró con un déficit moderado,
equivalente a 0,5% del PIB. Dicho déficit se financió casi enteramente con el uso de reservas acumuladas por el Tesoro durante el
bienio 1984-85.
Al igual que el gobierno central, también las
empresas públicas elevaron sus gastos de inversión en 1986. Con
ello, las operaciones del sector público, que en los dos años anteriores habían generado superávit, cerraron en 1986 con un déficit
equivalente a 3% del producto.

46

V. CONCLUSIONES
El comportamiento del déficit del sector público en la presente
década en América Latina muestra una tendencia ascendente entre
los años 1981 y 1983, seguida por una reducción en 1984 y 1985 y
luego un nuevo aumento entre 1986 y 1987.
Esta evolución está
determinada por el efecto de variables externas, macroeconômicas
internas y por la propia política fiscal en este período.
Entre los cambios en el escenario externo destaca la reducción
del ahorro externo desde un promedio de 5,0% del PIB entre 1980 y
1982 a una cifra inferior a 1,0% del PIB entre 1983 y 1986; la
tendencia ascendente de la deuda externa durante la década de 1970
y el alza en las tasas de interés internacionales elevaron la participación del servicio neto de factores externos en el PIB desde
niveles en torno al 2,0% hacia fines de los años 70 a un promedio
de 5,0% entre 1982 y 1986, y el deterioro de los términos de intercambio de la región ha significado una pérdida adicional de alrededor
de 3,0% del PIB anual entre 1982 y 1986.
La evolución de las variables macroeconômicas internas se
caracterizaron por las políticas de ajuste, que condujeron a una
caída de casi 10 puntos en el PIB por habitante entre 1980 y 1983,
con una lenta recuperación posterior --aún en 1987 el producto por
habitante era un 5.5% inferior al de 1980--, a una aceleración en
el ritmo inflacionario, y a una reducción del volumen de comercio
internacional.
Estas nuevas condiciones elevaron el déficit público en los
primeros años de la crisis de financiamiento externo hasta niveles
que los propios gobiernos y los organismos internacionales han
considerado superior a los límites razonables. En este cuadro se
han implementado diversos programas orientados a aumentar los ingresos
y reducir los gastos del sector público. Es así como el déficit
del sector público se redujo entre 1983 y 1985.
Sin embargo, a partir de 1986 se observa una nueva tendencia
ascendente en el nivel del déficit promedio de América Latina. En
parte ello ha sido resultado de la permanencia de las restricciones
de financiamiento externo, pero también se debe a la debilidad e
ineficacia de las medidas de reducción del déficit en los años
recientes.
Entre las dificultades para una política fiscal activa se
encuentran los problemas institucionales, tanto entre las institu47

ciones públicas orientadas a distintos sectores económicos como
entre el gobierno central y las regiones. En general, las políticas
de reducción del déficit han sido más estrictas a nivel del gobierno
central y en el área de gasto social, por el mayor control de los
gastos y la menor autonomía en sus fuentes de financiamiento.
En segundo lugar, la mayoría de los países de América Latina
tienen sistemas tributarios altamente complejos, tanto por la estructura de impuestos como por los subsidios. Este hecho se refleja en
la falta de amplitud de la base imponible, lo que la hace fluctuante
con los cambios en precios relativos y en el volumen de comercio.
En tercer lugar, una reforma adecuada del sistema impositivo
sólo entrega resultados al cabo de uno o más a i s. Esto plantea
fo
conflicto entre mejorar la estructura del sistema tributario y elevar
su recaudación en el corto plazo. En general, los gobiernos han
recurrido al aumento en las tasas de impuestos directos específicos,
los que requieren poco tiempo para su implementación. Estas medidas
tienden a posponer, en varios casos, las reformas orientadas a
aumentar la eficiencia y equidad del sistema tributario.
En cuarto lugar, la experiencia en materia de recaudación
tributaria evidencia una falla en los sistemas de planificación y
estimación de los efectos de cada reforma tributaria. Normalmente
los resultados de tales reformas, en términos de recaudación, fueron
menores a los esperados por la autoridad, obligando a una nueva
reforma.
En quinto término, por el lado de los gastos la urgencia de
actuar ante las dificultades de financiamiento del déficit impide
utilizar los mecanismos más adecuados. Las medidas más utilizadas
son aquellas que significan posponer los gastos. Este es el caso
de la suspensión o postergación de proyectos de inversión pública y
el atraso en la cancelación de compromisos con el sector privado o
con el exterior.
Por último, es importante observar que cuando se producen ciertas
holguras en el presupuesto público, las medidas de contención de
gastos se relajan. Ello es un indicador del caracter transitorio
de las medidas de reducción de gasto. Como se ha señalado, ello
ocurrió entre 1986 y 1987 en varios países de la región.
Notas
1

Véase CEPAL (1986) y Bianchi, Devlin y Ramos (1987).
Para un análisis del caso de Brasil, véase Werneck (1986).
3 El Banco Mundial (1988) ha estimado estas tranferencias en
un monto equivalente a 6% del PIB en el caso de Chile.
^ Cabe esperar que la determinación recíproca entre déficit
público y producto en América Latina sea relativamente fuerte a lo
largo del ciclo. Esto no contradice en hecho que en el largo plazo,
más allá de un ciclo, la relación entre ambas variables sea débil o
espúrea, como es destacado por Diamond y Tait (1988) en su revisión
de la literatura empírica para distintos países del mundo.
2

48

Otro efecto de la inflación es el aumento en el servicio
nominal de la deuda pública, pero ello es sólo la compensación por
la erosión en el valor del principal de la deuda pública. Para una
discusión de la definición del déficit público en un contexto inflacionario ver Marshall y Schmidt-Hebbel (1988).
® Frenkel y Fanelli (1987) reportan una estimación superior al
2% del PIB para este efecto en Argentiva en los meses previos al
Plan Austral en 1985.
7 Para un análisis comparativo de los efectos de la inflación
sobre las diferentes definiciones de déficit público véase Marshall
y Schmidt-Hebbel (1988a).
® Es así como en tres de los países analizados (Argentina,
Bolivia y Perú) el aumento de la recaudación tributaria estuvo ligada
al aumento en el precio o en el impuesto a los combustibles.
 Un aumento de 10% real en las tarifas de los ervicios de
utilidad pública puede significar un aumento en la recaudación del
sector público en un monto superior a 1% del PIB.
1 0
Véase Marshall y Schmidt-Hebbel (1988a).
ü Para una evaluación de este periodo véase World Bank (1987)
y Frenkel y Fanelli (1987).
L ¿
Para un balance de la carga tributaria en Brasil en los 80,
véase Alfonso (1987).
^ La evalución de las tarifas públicas en Brasil se analiza
en Portugal (1987).

49

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51


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