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        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
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        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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m/m
socioeconomtcas

República de Panamá
Ministerio de Planificación y Política Económica
Proyectos.Población y Desarrollo
PAN/78/P01 y PAN/79/P03

Centro Latinoamericano de Demografía ( C E L A D E )
San José — Costa R ica.

Serie A. No. 1043..

Noviembre de 1 9 8 3 .

Proyecto Investigaciones de mortalidad en América Latina (IMIAL). Investigador principal:
Hugo Behm Rosas (CELADE)5 contraparte nacional: Luis Alberto Modes, becario investigador y
funcionario de Departamento de Población, Ministerio de Planificación y Política Económica,
Panamá.

¡PANAMA:

la mortalidad infantil
según variables
socioeconómicas
y geográficas 1966~1976

República de Panamá
Ministerio de Planificación y Política Económica
Proyectos Población y Desarrollo
PAN/78/P01 y PAN/79/P03

Centro Latinoamericano de Demografía ( C E L A D E )
San José — Costa Rica.

Serie A. No. 1043

Noviembre de 1983.

CELADE - SISTEMA

DOCPAL

D O C U M E N T A C I O N
S O B R E POBLACION EN
AMERICA LATINA

CENTRO LATINOAMERICANO DE DEMOGRAFIA
CELADE
Edificio Naciones Unidas
Avenida Dag Hammarskjóld
Casilla 91, Santiago, CHILE
Apartado Postal 5249
San José, Costa Rica

Esta investigación ha sido realizada con la ayuda financiera de Canadian
International Development Agency ( C l D A / C A N A D A ) , en convenio con
CELADE, y del Fondo de las Naciones Unidas para Actividades de Población
(UNFPA, proyectos PAN/78/P01 y PAN/79/P03).

V»

J B
E

D

I

C

E

Página
PRESENTACION
1.
2.

.....

INTRODUCCION

ix
1

MATERIAL Y METODOS

3

El censo de población
El método de estimación de la mortalidad

3
3

Evaluación de las estimaciones de la mortalidad

5

3.

EVOLUCION DE LA MORTALIDAD INFANTIL ENTRE 1950-1980

11

4.

LAS DIFERENCIAS GEOGRAFICAS DE LA MORTALIDAD INFANTIL......

15

Mortalidad infantil
Mortalidad infantil
Mortalidad infantil
Mortalidad infantil
textos espaciales

15
18
19

5.

por regiones de planificación
por provincias.....
según el grado de urbanización
en regiones de planificación por

con-

LAS DIFERENCIAS DE LA MORTALIDAD INFANTIL ASOCIADAS A
VARIABLES SOCIOECONOMICAS ....
Mortalidad infantil por nivel de instrucción de la madre...
Mortalidad infantil por estratos socioeconómicos
Mortalidad infantil por estrato socio-ocupacionales y edu cación..

6.

LAS DIFERENCIAS DE LA MORTALIDAD INFANTIL POR VARIABLES
GEOGRAFICAS Y SOCIOECONOMICAS
Mortalidad infantil de los contextos espaciales, según edu cación de la mujer.
Mortalidad infantil en los contextos espaciales, según el
estrato socio-ocupacional.
Mortalidad infantil por regiones de planificación, según
variables sociales y geográficas

23

25
25
28
30

37
37
39
41

vio

Página
7.

43

Mortalidad infantil en Panamá metropolitano
.
Mortalidad infantil en la población urbana no metropolitana
Mortalidad infantil en los sectores rurales
..
8.

SINTESIS Y COMENTARIOS

44
46
47

NOTAS

51

ANEXO.
Cuadros
.
Formación de estratos socio-ocupacionales
BIBLIOGRAFIA

......

57
64
67

viio

I N D I C E DE CÜFFIDROS Y GFFIFIÜSS

Cuadro
1.
2.
3.
4.
5.

Pagina
Estimación de la probabilidad de morir en el primer año
de vida según diversas fuentes,- Panamá 1968-1976
.

6

Estimaciones de mortalidad infantil por provincias, 19751976.
..........
........
.

7

Tasas de mortalidad infantil por grupos de causas de muerte , Panamá y Japón, 1979

13

Indicadores demográficos y socio-económicos de las regiones de planificación

17

Mortalidad infantil por regiones de planificaicón,
1975 .

18

1968-

6.

Mortalidad infantil por provincias, 1966-1976

19

7.

Estimaciones de la mortalidad infantil en población urbana y rural, 1968-1976

20

8.

Mortalidad infantil por contextos espaciales, 1967-1976..

22

9.

Mortalidad infantil de regiones de planificación por contexto espacial.

23

Mortalidad infantil según nivel de instrucción de la mu jer, 1966-1976

26

Mortalidad infantil por estratos socio-ocupaeionales ,19681976 .

29

10.
11.

Gráfico
1.

Tasas de mortalidad infantil, Panamá y regiones seleccionadas, 1950-1985....

12

Mortalidad infantil según nivel de instrucción de la mu jer, 1965-1976.

27

3.

Mortalidad infantil según estratos
1968-1976

27

4.

Mortalidad infantil por estratos socio-ocupacionales
nivel de instrucción de la mujer, 1966-1976...

5.

Mortalidad infantil por contextos espaciales y por nivel
de instrucción de la mujer, 1966-1976...............

38

6.

Mortalidad infantil en contextos espaciales según estrato
socio-ocupacional, 1966-1976..

40

2.

socio-ocupacionales ,
y

31

PEESEMTACIOM

El presente estudio forma parte del conjunto de actividades del
Departamento de Población, del Ministerio de Planificación y Política Economica, de la República de Panama, en el marco del
Proyecto sobre Población y Desarrollo, PAN/78/P01, financiado
por el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades de Población
y con el apoyo técnico del Centro Latinoamericano de Demografía
(CELADE), San José, Costa Rica v aportes financieros del CIDA/
CANADA, para el programa de Investigaciones de Mortalidad Infantil
en América Latina (IMIAL).
El documento ha sido elaborado mediante la asesoría técnica del
Centro Latinoamericano de Demografía, en San José, Costa Rica,
bajo la dirección de Hugo Behm Rosas y con la participación de
Luis Alberto Modes, becario investigador y funcionario del Departamento de Población, Ministerio de Planificación y Política
Económica.
Los criterios utilizados para la elaboración de estratcs socioocupacionales y los contextos espaciales fueron elaborados por
el Departamento de Población con la asesoría de Valeria Ramírez,
asesora principal de los proyectos sobre Población y Desarrollo»
La edición de la publicación estuvo a cargo del Centro Latinoamericano de Demografía.

1.

I®l!M8D®OOIfiM

Los primeros años de vida son especialmente sensibles a los factores
adversos que existen en el ambiente que rodean al niño y que pueden perturbar su crecimiento y desarrollo, originar enfermedades y, eventualmente,
ocasionar la muerte. En Panamá, a pesar de evidentes progresos en décadas
recientes, aún en 1980 una de cada siete muertes ocurría antes de cumplir
un año de edad. Analizar las características y condiciones determinantes
de esta mortalidad es importante para contribuir a su reducción.
Las fuentes para tales estudios son las estadísticas de registro de
defunciones y de nacimientos, cuyo uso se encuentra limitado por la omisión
de estos registros, en especial de el primero de ellos.
Otra fuente de
información son las encuestas de fecundidad realizadas en el país que, aunque trabajan con muestras de tamaño limitado, proporcionan una rica infoi:
mación para el análisis de la mortalidad temprana.
El presente estudio aporta las estimaciones obtenidas con métodos indirectos a partir de los datos del censo de población de 1980. Aunque estos métodos adolecen de limitaciones propias a su naturaleza,
tienen el
interés de permitir vincular las probabilidades de morir con variables
sociales y económicas del grupo familiar, aportadas por el propio censo.
De este modo es posible detectar diferenciales de la mortalidad que tienen i
especial significación para la interpretación del curso y los determinantes ,
de la mortalidad infantil. Después de describir los datos y métodos uti- ¡
lizados se evalúan los resultados obtenidos. Enseguida se describen los
contrastes de mortalidad infantil, que se ubican retrospectivamente en los
años 1975-1976 y están relacionados con un conjunto de variables geográficas y socioeconómicas. En la medida de lo posible, se ha ensayado también estimar la tendencia de las tasas en el período 1968-1976, utilizando

2

siempre métodos indirectos.
sido posLíe obtener? tan

Finalmente, se sintetizan los resultados obla

adici^naTte t a

3

2 „

MMEMIMo

Y KDB3POEOS

El censo de población de 1980

El estudio se realizó con una muestra aleatoria autoponderada del cen
so de población realizado el 11 de mayo de 1980, la cual fue preparada por
la Dirección de Estadística y Censo. Comprende sólo la población que re side en viviendas particulares y se obtuvo por muestreo sistemático del 20
por ciento de las viviendas (De León, 1981). Las estimaciones se refieren
a la población no indígena, porque en la población indígena no se hizo la
pregunta sobre hijos sobrevivientes.
La integridad del censo ha sido evaluada por García (1982), quienestima en 4.5 por ciento la omisión en la población mayor de 10 años. De la
Cruz (1983) e s t i m a la
omisión total en 6.6 por ciento. La declaración
de la edad aparece satisfactoria (índice de Myers de 5). La revisión de
los datos básicos que se utilizan en las estimaciones de mortalidad
(población femenina por edades, hijos nacidos vivos e hijos sobrevivientes)
no reveló en general serias deficiencias. No obstante, como se explicará
más adelante, hay factores que han determinado, en general, una subesti mación del nivel de la mortalidad.

El método de estimación de la mortalidad

Brass (1974) elaboró un método para obtener las probabilidades de morir (%(Íq) entre el nacimiento y determinadas edades exactas X , a partir
de la proporción de hijos fallecidos sobre el total de hijos nacidos vivos

4

declarados por mujeres clasificadas por grupos quinquenales de edad. Designando por V¿ la proporción de hijos fallecidos, donde -L es el número
de orden del grupo de edad de la mujer  ¿ = 1 para 15-19 años; -¿ = 2 para
20-24, etc.), Brass mostró que existe la siguiente relación aproximada:

D

1

 1*0

°2  2«0

D

3 * 3V

°4  5«0

°5 

10 V

6 t C



Esta relación depende de la estructura de la fecundidad por edad de la mujer, que Brass expresó en una serie de coeficientes K¿ que son función de
las parideces medias de las edades 15-19, 20-24 y 25-29 años (P-j, P2yP3.
Las estimaciones de la mortalidad se obtienen mediante la siguiente relación:
x«o

K, D
-t

El procedimiento original ha tenido varios refinamientos. En el presente estudio se utilizará la variante de Coale y Trussell (1975), en la
cual los coeficientes K¿ se obtienen mediante regresiones basadas en las
tablas modelos de mortalidad de Coale-Demeny y los modelos de fecundidad
desarrollados por Coale y Trussell. La forma general de estas ecuaciones
es:

K•

«

+

t ^ P / V

+ c.¿(P2/P3)

El valor de los coeficientes de esta regresión dependen del modelo
de
Coale-Demeny que se utilice y de la ^Qo 2ue s e desee estimar.
El método
se explica con ejemplos en el Manual de Técnicas Indirectas para Estima ciones Demográficas de Hill, Zlotnik y Trussell (1983)
En todos estos métodos, la estimación del riesgo de morir en el primer año de vida, que es el que más interesa, se deriva de la proporción
de hijos fallecidos declarados por mujeres de 15-19 años.
Por diversos
motivos esta estimación no es muy confiable (1). Por ello, en el presente
estudio, se obtuvo la estimación del modo siguiente: calculadas q(2) , q(3)
y q{5)según el método de Trussell se calcularon los niveles equivalentes
en las tablas de Coale-Demeny, modelo Oeste, y con el promedio de estos niveles, se obtuvo el valor -JQQ correspondiente (2). Esto permite,en cierto
grado, disminuir el efecto en la irregularidad de las declaraciones
de
hijos tenidos y sobrevivientes, puesto que se utilizan tres grupos de edades.

5

Si la mortalidad ha estado descendiendo, las estimaciones de mortalidad en la niñez obtenidas por los métodos indirectos tipo Brass, se refieren a un tiempo anterior a la fecha del censo o encuesta que se ha utilizado. Originalmente Feeney (1980) y también Coale y Trussell (1977) mostraron que en tal caso las estimaciones corresponden a tablas de mortalidad
referidas a un momento ubicado
años antes del censo o encuesta.
Este
lapso es independiente de la intensidad del descenso de la
mortalidad
siempre que éste haya sido constante en el tiempo. Puesto que la mortal^
dad está descendiendo en Panamá, las estimaciones del riesgo de morir que
se han obtenido se refieren a 1975-1976.
Coale y Trussell elaboraron también un conjunto de regresiones
que
permiten ubicar en el pasado la tabla de mortalidad a que se refiere cada x.?0 calculada en la forma que se ha mencionado. La estructura de estas
ecuaciones de regresión es la siguiente:

=

+

b

X(P1/P2}

+

V

W

El juego de coeficientes para cada familia de tablas modelos de
Coale-,
Demeny y para cada grupo de edad de la mujer, junto con un ejemplo de aplji
cación, están en el Manual ya mencionado (Hill, ZlotnikyTrussell, 1982).
Esta extensión del método es de mucho interés práctico porque permite
una aproximación a la tendencia pasada de la mortalidad infantil. Como la
información está disponible según diversas variables independientes , esto
permite estudiar las tendencias diferenciales y proporciona elementos para
describir la dinámica de la transición de la mortalidad que está ocurrien
do en el país en distintas subpoblaciones, comprender mejor sus determi nantes e hipotetizar sobre su curso futuro. Este tipo de análisis que se
ha ensayado hasta ahora en América Latina a nivel nacional ( Chackiel
y
Taucher, 1979), se ha aplicado en el presente estudio en aquellas categorías de análisis que parecieron más significativas y confiables.

Evaluación de las estimaciones de la mortalidad

La comparación con las tasas basadas en las estadísticas vitales es
de valor relativo, porque hay evidencia que ellas subestiman la mortalidad,
aunque las cifras dadas por diversos autores son variables en cuanto a la
magnitud de esta omisión. Otros elementos independientes son las estimaciones derivadas de la Encuesta Demográfica Nacional (EDEP)(Medica, 1978)
y de la Encuesta Nacional de Fecundidad (Chackiel, 1981) basadas en la i i
r
formación sobre nacimientos y defunciones. En el cuadro 1 se compara con

\

6

estas diversas fuentes las estimaciones obtenidas en el presente estudio,
en el período 1966-1976, para el total nacional. En la fecha más reciente, la única estimación independiente es la de EDEP; la tabla de Medica y
Guerra (1978) se basa en esta misma información y en la tabla
1979-1980
se utilizaron estimaciones indirectas tipo Brass (3). Como se ha mencionado, las estimaciones del presente estudio se refieren solo a la pobla ción no indígena, en tanto que las referencias citadas incluyen también la
población indígena. Para los fines de comparación, las probabilidades del
estudio fueron corregidas para incluir la población indígena (4).
Las cifras del cuadro 1 muestran que, a nivel nacional, hay una correspondencia bastante buena de las estimaciones indirectas con las otras estimaciones. Para la ultima fecha (1975-1976), sin embargo, hay una subestimación cercana a 14 por ciento.

Cuadro 1
ESTIMACIONES DE LA PROBABILIDAD DE MORIR EN EL PRIMER AÑO DE
VIDA SEGUN DIVERSAS FUENTES, PANAMA 1968-1976

Año 2/

Trussell
censo 80
W

Estadi st.
Vital.

1968,5

52

41

1971,2

46

1973,6
1975,9

Tablas de mortalidad

Encuesta
Nacional
FecunMédica
Médica
DES y
ChackielP Guerra— CELADEe/ didad
52

50

51

38

48

45

44

38

33

41

40

31

31

36

35

Encuesta
DemográE.
Panamá
(EDEP)

50

37

a/ Año de referencia de estimación Trussell. En restantes fuentes, cifras interpoladas linealmente
para iguales fechas.
b/ Cifras estimadas para la población total. La mortalidad en la población indígena se obtiene con
las probabilidades de la población no-indígena por nivel de educación,
c/ Tablas de 1960 y 1970.
d/ Tablas de 1960, 1970 y 1975.
7/ Tablas de 1970 y 1979-1980.
Fuentes: Estadísticas Vitales (1967 a 1976). Médica y Chackiel (1981). Médica y Guerra (1978).
DEG/PAN Y CELADE (1983). Chackiel (1981), Médica (1978).

7

Las comparaciones por provincias solo pueden hacerse con datos de registro, que adolecen de una variable omisión (cuadro 2). Las estimaciones
indirectas expresan mejor, aparentemente,el contraste urbano/rural de la
mortalidad infantil, corrigiendo la subestimación en las provincias de mayor ruralidad. En cambio en la provincia de Panamá, formada principal mente por la ciudad capital de Panamá, la estimación es inferior a la tasa
basada en datos de registro, que se supone más confiable en esta población.

Cuadro 2
ESTIMACIONES DE LA MORTALIDAD INFANTIL POR PROVINCIAS
1975-1976
Provincias

Estimación
indirecta 5/
co)

Tasa mortalidad
infantil, Estadísticas vitales^./

Tasas por 1000 nacidos vivos
Bocas del Toro....

49.0

36.3

Colón....

40.5

39.6

Chiriquí

38.0

32.3

Darién

57.6

32.4

Herrera

35.6

30.2

Los Santos.......

23.4

22.5

Veraguas

49.0

31.6

Cocle

33.3

37.6

Panamá......

18.4

25.6

a/ Incluye estimación de la mortalidad de la población indígena»
b/ Las tasas de 1976 son anormalmente altas en todo el país; fueron
reemplazadas por el promedio de 1975 y 1977»
Fuentes

Dirección Estadística»

Estadísticas Vitales 1975 a 197? „

8

Como se mostrará más adelante, las estimaciones del riesgo de morir
en el primef año de edad que se han obtenido, tienen una notable coherencia general. Salvo excepciones contadas, se observan contrastes sistemáticos y marcados que muestran, por ejemplo, que la mortalidad es mayor en
las comunidades más rurales, en los grupos de menor educación m a t e r n a y
los estratos socio-ocupacionales de menor nivel. Esta consistencia general se ha puesto a prueba en las numerosas subpoblaciones identificadas par
el conjunto de variables independientes disponibles dentro de los límites
impuestos por el tamaño de la muestra.
Los métodos indirectos para estimar la mortalidad en los primeros años
de vida basados en la proporción de hijos fallecidos, intentan completar
la información en los países donde el registro de hechos vitales es deficiente, aprovechando el extenso material que brindan los censos de población y otras fuentes similares. Tienen la ventaja adicional de permitir
el análisis de la mortalidad por variables socioeconómicas generadas en el
propio censo, objetivo que es más complejo de lograr utilizando las estadísticas de registro y que además exige una buena calidad de este regis tro.
Tienen las limitaciones propias de su naturaleza y su extensa apli cación ha sido objeto de variados estudios (Hill, 1981).
En general la
experiencia muestra que son relativamente poco sensibles a las desviaciones, que no sean muy acentuadas, de los supuestos en que se basan. Algunas de las rigideces iniciales en estos supuestos han sido superadas por
progresos metodológicos ulteriores. Ya se ha mencionado que,
en vez de
suponer una mortalidad estable, es posible considerar el descenso de la
mortalidad y ubicar retrospectivamente las estimaciones respecto a ]a fecha
del censo. También es factible determinar el efecto del descenso de la
fecundidad, el cual afecta la distribución por edad de los hijos tenidos
por las mujeres de una edad determinada, y por tanto al riesgo de morir de
estos hijos. En Panamá hay una baja de la fecundidad en el período de estudio, pero no es este un factor que explique la subestimación de las estimaciones de la mortalidad que se ha comprobado (5). Otro factor que pu£
de afectar a las estimaciones es el uso de tablas modelo de mortalidad,que
no replican necesariamente la estructura de la mortalidad en el país, distorsión que tiene un alcance limitado (6). Finalmente, hagamos notar que
las estimaciones demográficas pueden sufrir alguna alteración relacionada
con migraciones internas porque toda la mortalidad estimada con información retrospectiva se refiere a la residencia en el momento del censo.
Pero el principal problema con las estimaciones indirectas de la mortalidad que se han utilizado en este estudio, radica en el grado de exactitud de la declaración de los hijos tenidos y los sobrevivientes, el cual
está expuesto a errores que sólo una enumeración censal cuidadosa y bien
supervisada puede reducir. Las proporciones de hijos fallecidos encontra dos en la muestra censal de que se ha dispuesto son relativamente bajas y

9

llevan necesariamente a subestimaciones de la mortalidad. No ha sido posible determinar claramente el origen de esta situación, la cual podría
relacionarse también con el proceso de codificación y de corrección de
datoso
En todo caso, como ya se ha dicho, el estudio proporciona un conjurfco
de estimaciones sobre la mortalidad en el primer año de vida en Panamá que
son un aporte significativo al conocimiento de diferenciales en los niveles y 1 ® tendencias de esta mortalidad en relación con variables socioeconómicas y sociodemográficas. En su interpretación debiera siempre recordarse que algunas probabilidades están subestimadas.
Las probabilidades se han redondeado a la unidad y se han referido al
año calendario, despreciando las fracciones de años con que se
expresan
en la estimación original. Se trata de probabilidades de morir antes de
la edad exacta un año, a partir del nacimiento (1Q0)° Sin embargo, se referirán como tasas en el texto por similitud con la tasa de mortalidad
infantil.
El estudio se refiere sólo a la población no indígena, porque
indígena no se hicieron las preguntas pertinentes.

en la

3.

EWJMJJCIOM D E L A E2QRTALIHMJD

IHFJffiTIL

E M T K E 1 9 5 0 Y 12)S(D

Las tasas de mortalidad infantil basadas en las estadísticas de registro de nacimientos y defunciones distorsionan el nivel de estas tasas
y la magnitud de su descenso en los últimos 30 años „ debido a la marcada
y decreciente omisión de este registro, en especial de las muertes (7).
Esto es evidente en el gráfico 1, donde ellas se pueden comparar con un
indicador más confiable como son las tasas de mortalidad infantil implícitas en las tablas de mortalidad disponibles, que fueron construidas
con
diferentes supuestos sobre la omisión del registro de nacimientos
y de
defunciones.
De acuerdo con estos datos, el descenso de la mortalidad infantil ha
sido considerable en Panamá, desde una tasa de 100 por mil en 19501955 a 32 en 1975-1980. La intensidad de la baja fue mayor inicialmente,
pero se mantiene constante en el último decenio con un promedio de
2.2
puntos por mil anuales. Esta evolución se compara favorablemente con el
progreso que, según las estimaciones hechas por Naciones Unidas (1982) ha
hecho el total de América Latina y también respecto a la región de MesoAmérica (América Central, México y Panamá). Panamá alcanzó aproximada mente en 1965 una tasa de 60 por mil, que es el nivel que se supone
que
tiene Meso-América hacia 1980 (8) y que el total de América Latina alcanzaría en el curso de la presente década (cuadro 3, gráfico 1).

12

Gráfico 1
TASAS DE MORTALIDAD INFANTIL, PANAMA Y REGIONES SELECCIONADAS
1950 - 1985

fuerte: Cütáro 1A.

13
Cuadro
TASAS

6

DE MORTALIDAD INFANTIL POR GRUPOS DE CAUSAS DE MUERTE,
PANAMA Y JAPON, 1979

Grupos de causas
/
de muerte

^
Japón

^
Panama

Tasas
,, Pan./Japón

Tasas por 100 000 nacidos vivos
Todas las causas......

787

2 471

3.2

Enfermedades infecciosas y
parasitarias (01-07)..........

18

389

21.6

Malnutrición (191-193)........

1

44

44.0

Neumonía, bronquitis (320-321)

41

151

3.7

Causas perinatales (45)

389

951

2.4

Congénitas (44)

202

318

1.6

Accidentes (47-56)

43

55

1.3

Otras causas

86

300

3.5

7

263

37.6

Mal definidas (46)

.........

a/ 9a0 Revisión de CIE9 lista básica»
Fuentess 0Í5S (1981)0 Estadísticas Vitales, 1979, Panamá

Los datos también muestran que Panamá ha reducido la diferencia que
lo separa de la mortalidad infantil existente en los países más avanzados.
La diferencia de 42 por mil existente a comienzos de la década de 1950 ha
disminuido a 13 en 1975-1980.
A ello ha contribuido la moderación en la
reducción de la mortalidad infantil en los países con mayor desarrollo, a
medida que alcanzaron niveles de mortalidad más bajos.

14

Guerra (1981) ha mostrado con datos de estadísticas vitales que entre
1966 y 1975, el descenso ha sido mayor en el componente post-neonatal (39
por ciento) que en la mortalidad neonatal (24 por ciento). De este modo,
estas últimas constituyen una proporción mayor (54 por ciento) del total
de muertes en el primer año de vida.
La evolución favorable de la mortalidad infantil en el país no debe
hacer perder de vista el hecho que, aún hoy día, la muerte del niño en el
primer año de su vida ocurre con una frecuencia excesiva en Panamá. En el
cuadro 3 se hace una comparación con el Japón, para el año 1979, país que
ha logrado considerables progresos en la reducción de este riesgo.
La comparación está afectada en Panamá por la omisión en el registro
de muertes (que tiende a disminuir los excesos de mortalidad) y las diferencias en la certificación de las causas de muerte. Aun así, si la referencia de Japón se toma como un nivel de mortalidad alcanzable en éLmundo
de hoy, se concluye que casi un 70 por ciento de las muertes i n f a n t i l e s
registradas en Panamá en 1979 pudieron ser teóricamente evitadas.
Este
exceso se debe a una sobremortalidad en todos los grupos de causas que se
han analizado, pero que está especialmente ligado a la mayor
frecuencia
de la infección (probablemente asociada en parte a la desnutrición) y de
las afecciones que producen la muerte en la primera semana de vida.

15

leas DIFERENCIAS GEOGRAFICAS DE IA
MORTALIDAD IMFANTIL

Las diferencias en los riesgos de morir del niño en las distintas
unidades geográficas político-administrativas de un país interesan porque
la planificación e implementación de políticas económicas y sociales utilizan estas unidades, o agrupaciones de ellas. Se dispone para el análisis
de 4 regiones de planificación, 9 provincias y 5 contextos en una escala
de urbanización/ruralidad. Por cierto, las diferencias de mortalidad
no
dependen de la geografía sino que expresan las diferencias en los contextos socioeconómicos que cada una de estas divisiones representan.

Mortalidad infantil por regiones de planificación
Las regiones agrupan provincias en la siguiente forma:
Región Metropolitana:

Provincias de Panamá y Colón (con exclusión de la
Comarca de San Blas, que está en la región Oriental) .

Región Occidental

:

Provincias de Chiriquí y Bocas del Toro.

Región

Central

:

Provincias de Coclé, Herrera, Los Santos y Veraguas.

Región

Oriental

:

Provincia de Darién y la Comarca de San Blas.

16

El cuadro 4 muestra algunas características de cada región, con datos
en su mayoría referentes a 1980 (MIPPE, 1981).
La región Metropolitana comprende la mitad de la población y las dos
mayores ciudades del país: Panamá, la capital, y Colón. Es el polo principal de atracción de la migración interna, y la región de más intenso crecimiento. Todos los indicadores socioeconómicos, que son más favorables,
la distinguen del conjunto restante del país, donde ellos son marcadamente
más deficientes. Hace excepción la calidad de la vivienda: casi un tercio
de su población habita en casas claramente deficientes.
El sector rural
de esta región tiene un nivel de vida inferior al sector urbano, pero mejor que los sectores rurales de las otras regiones. En este sector la intensidad del uso del suelo, la tecnología y la capitalización son relativamente elevadas (MIPE, 1981).
Las regiones Occidental y Central están dedicadas principalmente a la
producción agropecuaria.
Son bastante similares en sus indicadores, que
señalan su carácter fundamentalmente rural, bajos niveles educacionales y
económicos y el predominio de las actividades primarias.
Los índices
tienden a ser discretamente menos adversos en la región Occidental. La
región Oriental incluye una parte muy pequeña de la población, es de baja
densidad y en general sus indicadores son aun menos favorables.
Las estimaciones de la probabilidad de morir en el primer año de vida
(por mil nacidos vivos) se presentan en el cuadro 5.
En correspondencia con las características socioeconómicas ya descritas, la región Metropolitana muestra ya en 1968 una cifra inferior a 40
mil, un nivel que otras regiones van a alcanzar solo hacia 1975. El descenso es mantenido con un nivel de 22 por mil en 1976, lo que seguramente
es una discreta subestimación, porque la tasa de mortalidad infantil con
datos de estadísticas vitales es 25 por mil en 1975.
Las regiones Occidental y Central tenían en 1968 considerable retardo
en el descenso de la mortalidad, que alcanzaba entonces valores de 50-60
por mil. A pesar de la similitud de los indicadores disponibles, la mortalidad era claramente superior en la región Central. Sin embargo, un descenso más acelerado hace que ambas converjana una mortalidad de alrededor
de 35 por mil.
En cuanto a la región Oriental, las estimaciones para al comienzo del
período en estudio parecen cuestionables, sea que deriven de mala declaración de los hijos fallecidos por las mujeres de mayor edad, o de la migración
interna. Es más probable que sea real una mortalidad cercana a 60 por mil
hacia 1975, loque indicaría un riesgo netamente superior al resto del país.

Cuadro 4
INDICADORES DEMOGRAFICOS Y SOCIO-ECONOMICOS DE LAS REGIONES DE PLANIFICACION a/
D e m 0 g r á f i eos
Región

E c0n ó m ic0 s
Jefes hog» Porcentaje
PEA en
-4 años
actividad
educación
primaria

Salud

Vivienda

Médicos
x 10 000
habit.

Porcentaje
población
en viviend.
deficientes

/O

Crecimiento
anual

Densidad
(Hab,/km)

1778.0

100o0

2.5

23.5

50.2

41.9

28.7

47.8

21,0

10.2

19„4

Metropolitana

928.3

52.3

3.5

59 »7

73=5

26.9

9.5

53.3

20.6

14.2

31.6

Occidental...

332.9

18.7

2.0

18.8

30o3

54.3

48.1

34.8

20,6

6,8

10.3

463.1

26.0

1.2

20.7

23o6

65.8

56.0

34.8

22.1

5.6

8.8

53.7

3.0

2.0

2.7

2.8

..o

39.9

3.9

5.5

PAIS

a/

Población
en miles

Porcentaje
Población
urbana

Mediana
salario
semanal

Cónyuges
de jefe
en PEA

000

Se refieren a 1980, salvo vivienda (1970). Ver especificaciones de cada indicador en publicación original,

o.o Información no disponible
Fuentes MIPPE (1981).

H»

18
Cuadro

6

MORTALIDAD INFANTIL POR REGIONES DE PLANIFICACION
1968 - 1975
Regiones

1968

1971

1973

1975

Probabilidades de morir por
mil nacidos vivos
Metropolitana

38

32

27

22

Occidental

50

46

40

33

Central

64

56

48

38

Oriental

59^

60

62

56

49

43

36

29

País
a/ 1969.

Las regiones son agrupamientos bastante heterogéneos de poblaciones
cuyo riesgo diferencial ponen de manifiesto las otras variables disponibles para el análisis.

Mortalidad infantil por provincias
A pesar de una general tendencia al descenso, la mortalidad infantil
tiene aún importantes contrastes por provincias en 1975-1976 (cuadro 6 ) .
Panamá y Los Santos se encuentran en condiciones más favorables, con tasas cercanas a 20 por mil. También las tasas derivadas de estadísticas
vitales identifican a estas provincias como de baja mortalidad relativa
(22 y 26 por mil , respectivamente). En el otro extremo, la población de
las provincias de Veragua, Bocas del Toro y Darién tienen una mortalidad
2-3 veces mayor, que se ubica en tasas de 50 a 60 por mil. Las provincias
restantes aparecen con una mortalidad bastante homogénea, con tasas variables entre 30 y 40 por mil. Como en el caso de la región Oriental, a la
cual es casi equivalente, las estimaciones de la provincia de Darién deben ser descartadas, aunque las de los últimos años probablemente sean rea
les.

19

Cuadro 6
MORTALIDAD INFANTIL POR PROVINCIAS, 1966-1976
Provincias

1966-1969

1970-1972

1973-1974

1975-1976

Probabilidades de morir por mil nacidos vivos
Bocas del Toro.

59

58

54

48

Coclé

53

46

39

33

Colón.

52

46

43

38

Chiriquí

49

45

37

30

Darién

58

• 58

61

58

Herrera

57

53

45

36

Los Santos

51

39

33

23

Panamá

35

30

24

18

Veraguas.......

80

71

61

49

Las estimaciones de las tendencias de la mortalidad infantil en
el
período 1966-1969 a 1975-1976 muestran que la reducción ha sido general en
todas ellas. Al comienzo del período, sólo la provincia que comprende la
capital ha llegado a una mortalidad de 35 por mil, que el resto del país
va a alcanzar parcialmente un decenio después. Predominan en las restantes
provincias tasas superiores a 50 por mil, que en Veraguas se supone
que
alcanzan a 80 por mil. La intensidad del descenso es similar en términos
absolutos, pero con excepciones. Los Santos tiene una baja acentuada, que
la acerca a la mortalidad de la provincia capital, y también ella es marcada en Veraguas, lo que hace que su diferencia con Bocas del Toro desaparezca aunque Veraguas permanece en un grupo de alta mortalidad relativa.

La mortalidad infantil según el grado de urbanización
En América Latina la poblacion urbana, en especial en la capital nacional, constituye un contexto socioeconómico muy diferente al sector rural,
con niveles de vida más favorables en el primero de ellos. Se ha descrito que
en general hay una sobremortalidad infantil rural, aunque su magnitud es
bastante variable (Behm, 1980).

20

Guerra (1981) ha encontrado en Panamá una sobremortalidad infantil
rural en 1966-1975, que tiende a reducirse por una mayor baja de la mortalidad rural (34 por ciento) que la urbana (22 por ciento).
En el sector
rural la reducción ha sido similar en el componente neonatal y en el postneonatal, en tanto que en la población urbana ha sido mayor en la mortalidad post-neonatal (40 por ciento) que en la neonatal (10 por ciento), por
lo cual esta última forma la parte mayor de la mortalidad infantil.
Las estimaciones de la tasa de mortalidad infantil para el período en
estudio, en ambas poblaciones, junto con las correspondientes tasas basadas
en estadísticas vitales, se presentan en el cuadro 7 (9) .

Cuadro 7
ESTIMACIONES DE LA MORTALIDAD INFANTIL EN POBLACION URBANA Y RURAL
1968-1976
Población urbana
Ano

Estadist.
vitales

Estimación
indirecta

Población rural
Ano

Estadist.
vitales

Estimación
indirecta

Por mil nacidos vivos
1968,3

31

34

1968,1

48

60

1971,4

33

29

1970,9

46

54

1973,8

27

23

1973,4

39

46

1976,0

28

18

1975,7

34 —^

38

a/ Promedio 1975 y 1977.

La comparación de las tasas estimadas indirectamente y las de registro muestra que probablemente las primeras representan mejor el contraste
urbano/rural en 1968, corrigiendo ala omisión que era mayor en el sector
rural. La aseveración es probablemente cierta para 1975 en el sector rural, pero las estimaciones para las zonas urbanas son demasiado bajas. De
este modo (y esta observación vale para todo el análisis que sigue), las
estimaciones obtenidas con el método de Trussell probablemente representan aceptablemente el curso de la mortalidad infantil en la p o b l a c i ó n

21

rural, pero subestiman las tasas en años recientes en la población urbana,
aumentan el diferencial urbano/rural y acentúan artificialmente el descenso
de la mortalidad en la zona urbana»
El conjunto de datos disponibles muestra que en 1968 la población
rural estaba expuesta a una mortalidad infantil (60 por mil) que casi du-.
plica la del sector urbano (cerca de 35 por mil).
Hacia 1975-1976 el
descenso ha sido mayor en la primera, aun nivel aproximado de 35 por mil,
en tanto que en el área urbana el progreso ha sido menor y la tasa probablemente este próxima a 30 por mil.
Es decir, la brecha urbano/rural
tiende a reducirse. Si se descarta el año anómalo de 1976, los datos basados en estadísticas de registro indican que la tendencia al estacionamiento es creciente.
La clasificación dicotómica urbano/rural mezcla en cada una de estas
categorías a poblaciones que son bastante heterogéneas. Para un mejor análisis se han definido cinCo contextos espaciales en la misma dimensión urbana/rural, con los-siguientes criterioss

OQ8WüES2£CS TOBOSOS;
1.

CIUDAD PRINCIPAL: comprende la capital del país y las localidades
urbanas de los distritos aledaños de Alcalde Díaz, San í4iguelito y
Las Cumbres.

2.

CIUDADES SECUNDARIAS! Incluye la población de ciudades 5000 a
500 000 habitantes, cuyos recursos prestan servicios a una zona
geográfica mayor (10).

3.

RESTO URBANO: Localidades urbanasde 1500 a 5000 habitantes.

CONTEXTOS RURALES:
4.

RURALIDAD MEDIA. Localidades rurales de los distritos que tiene, menos de 70 por ciento depoblación rural o, si este porcentaje es mayo^ cuya distancia a una ciudad secundaria es menor que 40 km por carretera transitable todo el año (hormigón, asfalto o revestida).

5.

RURALIDAD ALTA: Localidades rurales de los distritos con 70 por cien
to o más de población rural y cuya distancia a una ciudad secundaria
es mayor que 40 km por carretera t r a n s i t a b l e , . t o d o el año.

22

La mortalidad infantil se encuentra asociada al grado de ruralidad
(cuadro 8). En 1968 el proceso de baja se encontraba más avanzado en el
contexto que incluye la metrópoli de Panamá» con tasas cercanas a 30 por
mil.. El resto del sector urbano tiene tasas situadas entre 40 y 50 por
mil, que es mayor en los sectores menos urbanizados. La población rural
muestra dos niveles de mortalidad bien diferentes: la menos rural, cercana a 50 por mil y la más rural,cercana a 80 por mil.

Cuadro 8
MORTALIDAD INFANTIL POR CONTEXTOS ESPACIALES
1967 - 1976
Contextos

1967-1969

1970-1971

1973-1974

1975-1976

Por mil nacidos vivos
URBANOS
Ciudad principal.

29

23

17

13

Ciudad secundaria

39

37

31

48

41

37

30

Ruralidad media..

54 .

48

41

34

Ruralidad alta...

78

71

62

48

U

28

Resto urbano

\

RURALES

El descenso hasta 1975-1976 muestra una característica favorable: es
más intenso en los contextos de mayor mortalidad.
El curso en la ciudad
capital, según los datos de estadísticas vitales, es hacia un lento descenso que acerca las tasas a 20 por mil.
Con excepción del contexto de
más alta ruralidad, el resto del país converge hacia una mortalidad de 30
por mil, con muy pequeñas diferencias entre los contextos (11).
En la
parte más rural la baja ha sido pronunciada de acuerdo con las estimaciones obtenidas: de 78 a 48 por mil, pero esta población es aun de una mortalidad claramente mayor en el país.

A

^

23

Mortalidad infantil de regiones de planificación por
contextos espádales

Los datos de esta doble clasificación se presentan en el cuadro 9. La
pequeña región Oriental ha sido excluida. El contexto ciudad principal solo
existe en la región Metropolitana.

Cuadro 9
MORTALIDAD INFANTIL DE REGIONES DE PLANIFICACION POR
CONTEXTO ESPACIAL
Regiones y contextos

1967-1969

1970-1971

1973-1974

1975-1976

REGION METROPOLITANA
Ciudad principal...
Ciudad secundaria..
Resto urbano
Ruralidad media....
Ruralidad alta.....

28
34
45
47
74

23
35
34
41
67

17
33
36
36
58

13
33
33
29
45

41
42
50
67

39
37
47
60

32
39
40
50

29
33
34
36

4 9 a/

37
—

61
81

54
74

28
32
46
66

21
23
38
51

REGION OCCIDENTAL
Ciudad secundaria..
Resto urbano.
Ruralidad media....
Ruralidad alta
REGION CENTRAL
Ciudad secundaria..
Resto urbano.......
Ruralidad media....
Ruralidad alta

a/ Promedio de q(1) 54 y 44, para los años 1966,5 y 1969,7.

En cada una de las regiones, la tasa de mortalidad infantil es creciente con el grado de ruralidad. Hay, sin embargo, peculiaridades en cada región. En 1975-1976 en la región Occidental la intensidad de la baja
es más acentuada en la extrema ruralidad y produce una notable homogeneidad

24

relativa en el riesgo de morir del niño. En la región Metropolitana
es
notoria la incorporación de la población rural más cercana a las ciudades
a la más baja mortalidad del sector urbano. Por fin , en la región Central, esta última convergencia no se produce y son distinguibles tres niveles: ruralidad alta, ruralidad media y sector urbano.
Desde otro punto de vista, si se comparan las regiones dentro de cada
contexto espacial, se observa que la mortalidad infantil tiende en general
a homogeneizarse en los sectores urbanos, sin grandes diferencias entre
regiones. En cambio, en los sectores rurales, en especial el de mayor ruralidad, la diferencias entre regiones es más marcada y las poblaciones
rurales de la región Central son las que tienen mayor mortalidad.
Las diferencias descritas requieren mayor estudio con datos locales;
pueden estar influidas por el carácter de las estimaciones y las varia ciones del grado de urbanización/ruralidad en el período de estudio.

25

5 „ LAS DIFEHEMCIAS DE LA MORTALIDAD IHFMHIL ASOCIAHMS A
VARIABLES

SOSIOECQUQSÜCAS

Mortalidad infantil por nivel de instrucciSn de la madre
Numerosos estudios han mostrado que la mortalidad infantil está asociada negativamente al nivel de instrucción formal de la madre.
En América Latina ha sido descrita en el estudio de 15 países realizado en CELADE
con métodos indirectos aplicados a los censos de población de la década
del 70, (Behm, 1980). También fue encontrada en el análisis de encuestas
de fecundidad (Arriaga, 1980; Chackiel, 1982) de países en desarrollo.
En Panamá, Guerra (1981), utilizando los datos de la Encuesta Nacional de Fecundidad, encontró para el período 1940-1974 que en los hijos de
madres con menos de 6 años de escolaridad, la probabilidad de morir antes
del año de edad es 65.8 por mil, la cual desciende a 36.7 por mil en las
mujeres con mayor escolaridad. La diferencia persiste, aunque es variable,
en todas las edades de la mujer y se observa tanto en medio rural como
urbano.
Chackiel (1982), utilizando la misma fuente, ha estimado estas
probabilidades en forma de una gradiente que disminuye de 107.1 por mil en
los hijos de mujeres analfabetas a 28.3 por mil cuando la instrucción
alcanza a 10 o más años.
Los mecanismos mediante los cuales la educación materna (y también
paterna) afectan a la sobrevida del niño han sido objeto de mucha discusión
(World Bank, 1981). Es innegable la acción directa que tiene el mayor conocimiento impartido por la instrucción para el mejor cuidado del niño,
sano y enfermo. Caldwell (19 80) ha insistido, sin embargo, fundado inicialmente en la experiencia obtenida en Africa, que la superación del analfabetismo significa que la mujer adquiere una nueva y más moderna visión

26

del mundo en que vive, un rol familiar más efectivo en superar tradiciones
que afectan negativamente la sobrevida del niño y una capacidad de aprovechar mejor las oportunidades que el sistema de salud le puede brindar.
Todo ello, según Caldwell, indicaría que la educación tiene una acción pro
pia sobre la mortalidad infantil, más allá de ser un indicador del nivel
de vida. En todo caso, no debe olvidarse que la educación formal es parte
del consumo ampliado (que se agrega al consumo básico necesario para asegurar la sobrevida) y que como tal el acceso a la educación está socialmente determinado y de hecho severamente discriminado por clases sociales.
Aun en un país como Panamá, que ha alcanzado notables progresos en la educación, la asociación de esta variable con el contexto socio-ocupacional
y el grado de ruralidad es bien evidente. En tal sentido, los contrastes
de la mortalidad infantil por educación de la madre indican uno de los eslabones mediante el cual la clase social actúa sobre el proceso saludenfermedad.
Las estimaciones de la mortalidad infantil que se han obtenido (cuadro 10, gráfico 2) muestran la estrecha asociación con el conjunto de determinantes sociales que expresa el nivel educacional de la mujer.
En
1966-1969 la tasa de mortalidad asciende de 21 a 80 por mil a medida que
la educación materna desciende. Es una característica favorable que en
todos los grupos la mortalidad baje en el decenio 1966-1976, descenso que
es mayor (en forma absoluta) en los grupos de mayor mortalidad.
Sin embargo, al termino del lapso en estudio, los hijos de mujeres analfabetas
tienen siempre un riesgo de morir 4 veces mayor que los de mujeres favo-,
recidas con una mayor educación. Es interesante anotar que en los grupos
con educación primaria aún incompleta (4-6 años), la mortalidad tiende a
acercarse a la de mujeres de mayor nivel de instrucción.
Cuadro 10
MORTALIDAD INFANTIL SEGUN NIVEL DE INSTRUCCION DE LA MUJER,
1966-1976
M
?S
„
eg col a n d a d

1966-1969

1970-1971

1972-1974

1975-1976

Por mil nacidos vivos
Ninguno

80

74

68

60

1-3

58

55

48

43

4-6

40

36

32

26

7-9

23

-

21

22

10 y más

21

-

18

15

27

Gráfico 2
MORTALIDAD INFANTIL SEGUN NIVEL DE INSTRUCCION DE LA MUJER
1965-1976
qO
(por mil)

0 aos

60

70 •
60



1-3 anos

50 .

«10
o

^

• ^



^

70  yt

72

 73  74  75  76 ¿os

Gráfico 3
MORTALIDAD INFANTIL SEGUN ESTRATOS SOCIO-OCUPACIONALES

Fuentes; Cuadres 10 y 11.

28

Como ya se ha advertido, las cifras anteriores se refieren solo a la
población no indígena. En cuanto a la indígena, que en su gran mayoría es
analfabeta, hay razones para pensar que la mortalidad infantil sea en ella
aún mayor.

Mortalidad infantil por estratos socioeconómicos

Los datos censales referentes a la ocupación no permiten reconocer
clases sociales y sus fracciones, pero han hecho posible construir estratos socio-ocupacionales que reflejan en parte las condiciones ligadas a la
inserción del jefe del hogar en el proceso productivo y que afectan a la mortalidad infantil. Se han utilizado los datos referentes a rama de actividad económica/ ocupación y categoría ocupacional.
Con los criterios que
se indican en el anexo 2 se han formado un estrato medio-alto y un estrato bajo? este último se subdivide según que la actividad se desarrolle en
el sector agrario o no, y de acuerdo a la condición de asalariado
o no
asalariado. La clasificación se refiere al jefe del hogar; cuando este no
pertenecía a la población económicamente activa, se eligió al miembro del
hogar que es pariente del jefe y económicamente activo. Los grupos que no
pudieron ser clasificados comprenden el 16 por ciento de las mujeres
en
edad fértil. La mortalidad infantil en este grupo es intermediaria, más
parecida a la de los grupos bajos no-agrícolas, por lo que se piensa que no
debe introducir sesgos en la mortalidad de los grupos cuyo estrato ha sido
identificado.
Las características principales de los
son las siguientes:

estratos

socio-ocupacionales

1.

ESTRATO MEDIO-ALTO (25 por ciento de las mujeres en edad fértil) (12).
Es más bien un grupo de nivel medio, formado principalmente por empleados en funciones no-manuales (oficinistas, dependientes de tienda,
etc.) y profesionales y técnicos (sobre todo profesores y maestros).
Comprende un grupo de patronos (contratan fuerza de trabajo), incluyendo propietarios agrícolas, así como directivos superiores. En base
a la mediana de ingreso y educación, y otros elementos de status, se
incluye también una parte menor de trabajadores por cuenta propia, que
son comerciantes y vendedores, y trabajadores en servicios persona les.

2.

ESTRATO BAJO, NO AGRICOLA. Los ASALARIADOS (28 por ciento) incluyen
a todas las ocupaciones rotuladas como artesanos, operarios y obreros,
en actividades manuales no agrícolas, que trabajen por un salario,
tanto en la producción de bienes como de servicios. Los NO ASALARIADOS (8 por ciento), son trabajadores por cuenta propia y comprenden la

29
mayoría de comerciantes, vendedores, conductores de medios de transporte y trabajadores en servicios personales que no fueron incluidos
en el estrato medio-alto„ Es un grupo heterogéneo, que incluye verdaderos artesanos pero también un subproletariado en actividades
a
menudo denominadas marginales.
3.

ESTRATO BAJO, AGRICOLA. Los ASALARIADOS (6 por ciento), grupo formado por los trabajadores que viven de un salario en la agricultura,
ganadería, pesca, etc. Es una categoría heterogénea, que seguramente
incluye asalariados en empresas capitalistas típicas, campesinos seiráproletarizados y grupos marginales agrícolas (González y Ramírez, 1980).
Los NO ASALARIADOS (18 por ciento), aparentemente corresponden al campesinado, que se supone predominantemente minifundista y dedicado al
autoconsumo (Errázuriz, 1982).
Se desconoce la extensión de tierra
que poseen y otros datos que habrían sido importantes para su clasificación. Tampoco se sabe si los campesinos que trabajan parcialmente,
se autodeclaran asalariados o no asalariados.

Las estimaciones de la tasa de mortalidad infantil se presentan en el
cuadro 11 y gráfico 3.
Cuadro 11
MORTALIDAD INFANTIL POR ESTRATOS SOCIO-OCUPACIONALES, 1968-1976
Estrato
socio-ocupacionales

1968

1970-1971

1973-1973

1975-1976

(por mil nacidos vivos)
27

25

20

17

Asalariados....

41

36

29

21

No asalariados.

42

37

32

27

Asalariados...

61

59

51

42

No asalariados.

71

65

58

49

47

36

31

25

MEDIO ALTO.
BAJO NO AGRICOLA

BAJO AGRICOLA

NO CLASIFICADO.

30

Las estimaciones muestran que hacia 1968 la inserción del jefe del
hogar en el proceso de producción definía tres distintos niveles de mortalidad del niño.
El estrato medio-alto había llegado ya entonces a una
mortalidad infantil cercana a 30 por mil (habida consideración de la subestimación de las cifras, principalmente urbana).
Los trabajadores ma nuales no-agrícolas se sitúan en un nivel mayor, de 40 por mil, sin neta
distinción,entre el sector asalariado y no-asalariado. Los grupos insertos en la producción agrícola tienen un claro exceso de mortalidad (tasas
de 61-71 por mil) y los grupos campesinos muestran siempre mayores tasas
que los asalariados.
El fenómeno de mayor reducción absoluta de la mortalidad en los grupos
de mayor mortalidad inicial también es observable aquí, aunque el sector
agrícola mantiene su atraso en la reducción de las tasas.
En los grupos
de trabajadores manuales asalariados que no están en actividades agrícolas,
la mortalidad habría tenido un mayor descenso y está muy cercana a los niveles relativamente bajos del estrato medio-alto.
La mortalidad infantil por estratos socio-ocupacionales y
educación

Estas dos variables sociales están obviamente correlacionadas .
El
promedio de años de estudios de las mujeres en edad fértil, que es 9.7 años
en el estrato medio-alto, baja a 7.0 en el bajo no-agrícola (sin diferencias entre asalariados y no asalariados), a 4.6 años en los asáLariadcsdel
sector agrícola y alcanza sólo a 3.0 en los no asalariados. Las características ocupacionales del jefe del hogar son una aproximación a
su inserción en el proceso de producción social, a la cual están asociadas diferentes condiciones materiales de vida, incluyendo modalidades del consumo;
la educación forma parte del consumo ampliado (para distinguirlo del consumo básico) a que el grupo familiar ha tenido acceso efectivo. Todo este
conjunto de condiciones, a su vez, influye en la sobrevida del niño.
Las dos variables sociales mencionadas identifican en Panamá poblaciones con muy distinta mortalidad infantil (gráfico 4, cuadro 2-A ) . En
los estratos medio-alto y bajo en actividades no agrícolas (que son principalmente urbanos) , los hijos de mujeres con 4 o más años de e d u c a c i ó n
tienen tasas bastante homogéneas y bajas, cercanas a 20 por mil, sin diferencias entre grupos asalariados y no asalariados.
Es posible que la
educación, aunque referida a la mujer, identifique en el estrato bajo a
hogares en mejores condiciones de vida. El riesgo de morir del niño sube
a 40-50 por mil s: la madre es analfabeta o semi-analfabeta, coníanotoria
excepción del estrato asalariado no agrícola.

Gráfico k
MORTALIDAD INFANTIL POR ESTRATOS SOCIO-OCUPACtONALES Y NIVEL DE INSTRUCCION DE LA MUJER
1966-1976

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32

En los grupos insertos en la producción agraria, las tasas son mayores,
aun controlando por el nivel de educación materna. Solo los hijos de mujeres con 7 y más años de educación y que pertenecen al estrato asalariado tienen un riesgo bajo y similar a los grupos anteriores. En todos los
restantes los excesos son marcados y las tasas se encuentran, aun al final
del período en estudio, entre 50 y casi 70 por mil cuando la madre tiene
menos de 4 años de educación, sin distinción entre campesinos y asalariados. En cambio, cuando la madre ha alcanzado un mayor nivel de educación/
la mortalidad del niño tiende a ser menor en los asalariados que en los no
asalariados del sector agrícola.
La comparación con las estimaciones para 1966-1968 m u e s t r a que la
baja de la mortalidad infantil ha afectado a todas las súbpoblaciones que
se han descrito, aún aquellas que se encuentran en las condiciones más
desfavorables. En los trabajadores no agrícolas, de predominio urbano, la
reducción ha sido mayor en los grupos de más alta educación, en especial
en el grupo de asalariados.

Wota: La página* 33 a 36 no zxiAtm,

poique. poA wton. de. enumeAaíón

¿e. pa¿6 de. la. página 32 a la 37.

Continúa, capitulo 6.

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FMCOffiLES GEOGRMpXeS ¥ SOCIOECOMÍMIOS

Mortalidad infantil de los contextos espaciales según educación de
la mujer
El grado de ruralidad y el nivel de escolaridad, como ya se ha mostrado,
están asociados a la mortalidad infantil; ambas variables, a su vez, están
correlacionadas. La proporción de mujeres de 15-49 años que tienen menos
de 4 años de educación en el sector urbano, según el censo de 1980, crece
de 6 por ciento en la ciudad de Panamá, a 8 por ciento en las ciudades secundarias y a 14 por ciento en el resto urbano. En los contextos rurales
alcanza a 26 por ciento en ruralidad media y a 59 por ciento en ruralidad
alta. El gráfico 5 (cuadro 3A) presenta las estimaciones por esta combinación de variables, y se puede apreciar que el efecto de la educación en
la mortalidad infantil depende del contexto espacial.
La mortalidad infantil en los hijos de mujeres que han tenido la opor
tunidad de alcanzar la educación secundaria tiene tasas que no sobrepasan
25 por mil, las cuales tienden a ser aún menores en la capital del país.
Es también importante hacer notar que este último contexto, la baja mor talidad se observa incluso en los hijos de mujeres con apenas 1-3 años de
educación. Por el contrario, los niños que nacen de mujeres analfabetas
constituyen un grupo de alto riesgo (tasas de 20-60 por mil) que, fuera de
la capital nacional, son tan altas como las de la población rural. Estos
grupos, no obstante, son muy minoritarios en la población residente en ciudades „

Gráfico 5

00

MORTALIDAD INFANTIL POR CONTEXTOS ESPACIALES Y POR NIVEL DE INSTRUCCION DE LA MUJER

1966-1976
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q(1) (por mil)

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1966-1969

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Fuente: Cuadro 3A„

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39

Controlado el efecto de la educación, la residencia rural está asociada a substanciales,aumentos de la mortalidad del niño.
En los niños
que nacen de madres con 1-3 años de educación, las tasas suben de 16 por
mil en la capital nacional a 45 en el contexto ruralidad media y a 56 por
mil en las poblaciones más rurales. Los mayores riesgos (68 por mil) se
observa en los hijos de mujeres analfabetas que pueblan las áreas más rurales.
La comparación con las estimaciones para 1966-1969 muestra que
el
proceso de baja de la mortalidad infantil en Panamá en el decenio
19661976 ha permeado todos los contextos espaciales y los niveles de educación,
incluyendo los grupos de más alto riesgo. Hay también una tendencia adis^
minuir las marcadas diferencias que, en cada contexto, se asocian con la
educación. No obstante, al final del período en estudio,persisten considerables diferencias, que pueden ir de 15 por mil en los grupos de mayor
educación que residen en la capital del país a 68 por mil en los hijos de
analfabetas en regiones más rurales. Sin embargo, las poblaciones
que
muestran mayor rezago en el tránsito a niveles de baja mortalidad, parecen constituir grupos cada vez menores.

Mortalidad infantil en los contextos espaciales según el
estrato socio-ocupacional
El g r á f i c o 6 (cuadro 4A) muestra que la mortalidad infantil está
asociada fundamentalmente al hecho que el jefe del hogar se inserte o no
en la producción agrícola, a lo cual se agrega un efecto negativo de la
mayor ruralidad.
En los estratos medio-alto y bajo no agrícola, las tasas se sitúan en
20-25 por mil en todos los contextos, excepto ciudad principal y alta ruralidad, sin diferencias sistemáticas entre estos grupos socio-ocupacionales. En el sector más rural, las tasas son algo mayores (30 por mil), en
tanto que el beneficio de residir en la capital nacional se expresa én tasas menores a 20 por mil. Sin embargo, el estrato bajo no asalariado (en
parte formado por los grupos sociales que a menudo se designan como marginales) muestra claro atraso respecto a la baja mortalidad infantil que
prevalece en la capital.
A pesar de significativas reducciones en las tasas de los hijos de
obreros agrícolas y de campesinos, la mortalidad se sitúa, al fin del decenio,aún en un nivel de 44-59 por mil. También es de interés anotar que
en aquellos asalariados agrícolas que residen en ciudades secundarias, la

9

Gráfico
MORTALíDAO

INFANTIL

6

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SEGUN ESTRATO SOCIO-OCUPAC iONAL

1966-1976
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1966-1969

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41

mortalidad infantil es la propia a su grupo socio-ocupacional, que aparentemente no se ha modificado con la ventaja de una residencia urbana» Considerando la alta mortalidad infantil que prevalece en el sector agrario,
las diferencias observadas entre asalariados y no asalariados no parecen
significativas ni sistemáticas.
La comparación con la mortalidad infantil existente en 1966-1969 muestra siempre el hecho favorable que la reducción ha alcanzado a todos los
grupos que se ha sido posible identificar.

Mortalidad infantil de regiones de planificación según
variables sociales y geográficas
Las estimaciones por regiones se presentan en los cuadro 5A y 6A, por
su Ínteres para la planificación regional. Las cifras deben ser interpretadas concautela, en razón del menor tamaño de la muestra en las clasificaciones múltiples y de las limitaciones de los métodos indirectos de la
mortalidad en las estimaciones geográficas. Salvo algunas excepciones, las
características de la mortalidad infantil en las regiones pueden vincular
se con diferencias en la educación materna, la estructura socio-ocupacional y el grado de ruralidad. Hay algunas peculiaridades que requieren mayor estudio con información adicional.

43

lo

SIMTESIS

Y

COM5B3TMIOS

La muerte del niño se produce por un curso desfavorable del proceso
salud-enfermedad, que se origina mediante múltiples y complejos mecanismos
biológicos, los cuales recientemente han sido sistematizados en diversos
marcos de referencia destinados a explicar la muerte (Mosley, 1983; Beghin,
1981). Estos mecanismos, a su vez, son eslabones intermedios de un conjunto de situaciones determinantes que operan en el seno de la sociedad y
dependen históricamente de los modos de producción que predominen en una
sociedad concreta. La inserción del grupo familiar en el sistema de relaciones sociales será fundamental en determinar las condiciones de trabajo y el acceso a los beneficios de la producción social expresado en
formas de consumo y condiciones concretas de vida (Laurell, 1978; Breihl,
1980). Por ello, la variable clase social será significativa en los estudios de mortalidad. Pero los diferenciales que así se detectan, requieren
ser interpretados en el marco de las características históricas
de cada
formación social, considerando, entre otros, factores como los modos de producción existentes, el desarrollo de las fuerzas productivas, la inserción
en el sistema económico mundial, el carácter de las políticas sociales imperantes (como salud, educación, por ejemplo), el nivel alcanzado por las
luchas sociales, etc. Un análisis de tal naturaleza rebasa las posibilidades del presente estudio.
A pesar de las limitaciones de los datos y métodos utilizados,
la
investigación ha permitido ohtener un valioso conjunto de información sobre la forma en que está ocurriendo el descenso de la mortalidad infantil
en Panamá en diversos grupos sociales significativos, e identificar algunas de las condiciones a que están asociados los constrastes en el nivel
y las tendencias de esta mortalidad.

44

En los capítulos precedentes se ha descrito con cierto detalle estas
características, haciendo uso de diversas variables.
Se trata ahora de
sintetizar los resultados en forma de un panorama conexo de la epidemiología de la mortalidad infantil en el país en el decenio 1966-1976.
Para
ello se han seleccionado tres de las variables que se consideran más significativas s el grado de ruralidad, el estrato socio-ocupacional definido
por el jefe del hogar y el nivel de escolaridad de la madre.
Los contextos espaciales han sido reducidos a tres:
- el Panamá metropolitano, formado por la capital nacional y algunas
comunidades urbanas vecinas (contexto ciudad principal);
- el resto de la población urbana, y
- la población rural.
En cada una de ellas se destacan los contrastes más relevantes de la
mortalidad infantil, detectados en relación con las varábles estrato socio
-ocupacional y educación materna (13). Con fines prácticos, se designó a
la mortalidad infantil que está por debajo de los 20 por mil nacidos vivos como tasas bajas, y a aquellas que exceden de 40 por mil como mortalidad alta, todo ello relativo al nivel nacional de esta mortalidad en el
país.

Mortalidad infantil en Panamá metropolitano
Este contexto espacial comprende la ciudad de Panamá y las localidades urbanas aledañas, de las cuales la más poblada es San Miguelito, Con£
tituye el conglomerado humano de mayor desarrollo en el país , concentra
sus principales actividades industriales y comerciales, es sede del poder
político y posee los mayores recursos en la producción de servicios. Según las estimaciones hechas con los datos muéstrales del censo de 1980, el
45 por ciento de su población femenina en edad fértil pertenece al estrato
ocupacional medio-alto y el 75 por ciento ha alcanzado la educación media
o superior. De hecho, en tanto que la metrópoli panameña tiene el 35 por
ciento de la población nacional de mujeres de 15-49 años, concentra el 48
por ciento de aquéllas con 7 y más años de escolaridad y el 55 por ciento
de la población femenina que pertenece al estrato medio-alto.
Favorecido en el país por las mejores condiciones de desarrollo económico y social, el Panamá metropolitano ostenta también una situación más

45

favorable de la mortalidad infantil, caracterizada por a) tasas relativamente bajas, b) una cierta homogeneidad de los riesgos de muerte en los
grupos sociales que se han identificado y c) tendencias a que se modere el
descenso de la mortalidad.
La tasa de mortalidad infantil obtenida con métodos indirectos para
1976 es 13 por mil, lo que, obviamente es una subestimación; es más probable el nivel de 20 por mil que dan las estadísticas vitales para la ciudad de Panamá en 1980. En todo caso, está definidamente por debajo de la
media nacional (estimada en 30 por mil en 1980) y es muy inferior a las
tasas de mortalidad que existían en el país en otras poblaciones, como se
comenta más adelante.
Las estimaciones disponibles (gráfico 5, cuadro 3A) señalan también
que en 1975-1976, con las excepciones que se indican, las diferencias de
mortalidad en los hijos de mujeres de distintos niveles
de
escolaridad
eran bastante limitadas y también los contrastes entre el estrato medioalto y los asalariados no agrícolas (tasas entre 12 y 17 por mil).
Esta
situación no existía diez años antes, cuando la mortalidad en los hijos de
asalariados urbanos alcanzaba 34 por mil y en los de madres semianalfabetas llegaba a 43 por mil. Tal cambio resulta de una disminución más marcada de la mortalidad infantil en aquellos grupos sociales de la ciudad de
Panamá que están en condición socio-económica más adversa.
Este proceso
favorable habría alcanzado, de acuerdo a los datos disponibles, aun a las
mujeres con sólo 1-3 años de educación.
Las excepciones a estas tendencias corresponden a dos grupos minoritarios : el estrato bajo no-asalariado en actividades no agrícolas (cuyas
mujeres constituyen el 9 por ciento del total) y las mujeres analfabetas ,
que sólo son el 2 por ciento. La mortalidad infantil es cercana a 30 por
mil en el primer grupo y a 40 por mil en el segundo, duplicando las tasas
del resto de la población de la metrópoli.
Es un grupo que corresponde
probablemente al sector menos calificado de la fuerza de trabajo (aun considerando que el dato de educación se refiere a las mujeres del hogar y no
al jefe de la familia). En cuanto a su inserción productiva, se trata de
trabajadores que no están en el seno de relaciones de producción
apitalista.
Estos grupos, erróneamente llamados marginales, corresponden más
bien a un subproletariado cuyas características han sido descritas repetidamente en América Latina (Margulis, 1980).
Sus deficientes condiciones
de vida, en relación con la naturaleza de su ubicación en el proceso de
producción, se corresponden bien con la mayor mortalidad infantil observada
en esta población. Probablemente el grupo recibe el aporte de inmigrantes
a la ciudad. Es interesante anotar que la mortalidad infantil
de mujeres
analfabetas y residentes en Panamá metropolitano es, en todo caso, inferior
a la de grupos similares que viven en el resto del país, en los cuales las
tasas se aproximan a 60 por mil.

46

Los logros en la reducción de la mortalidad infantil en la capital
del país merecen ser destacados. Como en otras ciudades principales de América Latina se observa que, a pesar de las condiciones contradictorias
que ellas muestran en su desarrollo, las condiciones de vida y trabajo y
la accesibilidad a los mayores servicios (incluyendo salud) que estas capitales concentran, pueden determinar substanciales reducciones de esta
mortalidad. En el ámbito nacional, este progreso tiene alcance más limitado. Aunque se estima que en Panamá metropolitano reside el 31 por ciento
del total de mujeres en edad fértil, a causa de su menor fecundidad, ellas
procrean el 28 por ciento de los nacimientos del país, que serían los beneficiarios de este progreso.
La tercera característica de la población que residen en este conglomerado urbano se refiere al menor descenso de la mortalidad infantil en ios
años más recientes. Los promedios trienales de las tasas basadas en es tadísticas vitales, para la ciudad de Panamá, son los siguientes:

1968-1970

29.5 por mil

1973-1975

23.0

1978-1980

20.9

22.0
9.1

Esta es una tendencia que requiere mayor estudio porque, como se ha
dicho anteriormente, aunque la tasa es relativamente baja, excede a la de
los países latinoamericanos que han hecho mayores progresos (Cuba y Costa
Rica) y casi triplica las tasas observadas en los países más avanzados del
mundo.

La mortalidad infantil en la población urbana no metropolitana
Este segmento de la población comprende el 19 por ciento del total de
mujeres en edad fértil del país; la gran mayoría reside en las llamadas
ciudades secundarias (10). Sus niveles educacionales son intermedios
entre Panamá metropolitano y la población rural, aunque más cercanos a los
primeros. Se estima que esta población genera el 16 por ciento de los nacimientos nacionales.
Los gráficos 5 y 6 muestran que en la población urbana no metropolitana los grupos sociales más favorecidos (mujeres con 7 o más años de educación o pertenecientes al estrato medio-alto) a l c a n z a n una mortalidad

47

infantil que en general no excede 20 por mil. Aunque esta población
no
tiene el beneficio de residir en la capital nacional sino en ciudades menores, la inserción social del grupo familiar parece asegurar un cuidado
aceptable de la salud del niño.
Cuando la educación materna no ha superado la instrucción primaria o
bien cuando el jefe del hogar no es un trabajador agrícola, la mortalidad
del niño tiende a 30 por mil y se acerca a la de los grupos similares de
residencia rural. Hay dos grupos minoritarios, en cada uno de los cuales
se estima que está el 4 por ciento de las mujeres de este sector urbano no
metropolitano, en los cuales la mortalidad infantil es alta y no parece
beneficiarse de las ventajas de una residencia urbana.
Son los hijos de
mujeres analfabetas (tasa 60 por mil) y de jefes de hogar que son asala riados agrícolas (42 por mil).
Estos contrastes, significativos aun después de haber controlado las
variables educación y estrato socio-ocupacional, sugieren que las marcadas
disparidades en el desarrollo socio-económico que se han descrito en Panamá, se presentan aun en el seno de la población de las ciudades. No obstante, la comparación con las tasas al comienzo de la década en estudio,
señala notable progreso en el descenso de la mortalidad en todos los grupos considerados.

La mortalidad infantil en los sectores rurales
La característica general de las poblaciones rurales de Panamá es una
alta mortalidad infantil, sobre todo en comparación con el Panamá metro politaño. Sin embargo, esta situación no es homogénea y se encuentra as£
ciada con el grado de ruralidad, los niveles de escolaridad y la inserción
del jefe del hogar en el proceso productivo. Estos factores,
a su vez,
explican en parte la mayor mortalidad de la población rural.
Desde luego es evidente que la familia inserta en la producción agraria está expuesta a una mayor mortalidad infantil (gráfico 6)„ Controlado
el efecto del contexto espacial, este grupo tiene un un exceso de 60-100 por
ciento respecto a grupos que laboran en actividades no agrícolas; este diferencial está probablemente asociado a los diferentes niveles educacionales de estos grupos. En el contexto de mediana ruralidad, la condición de
asalariado o no del trabajador agrícola no parece impactar la mortalidad
del niño. En cambio, en las regiones más rurales las tasas
son mayores
en familias campesinas y son cercanas a 60 por mil al final del lapso en
estudio.

48

Esto señala el efecto de un segundo factor: el grado
de ruralidad.
Como ya se ha dicho, él expresa la mayor o menor accesibilidad física a
centros urbanos, con todo lo que eso significa en las formas de vida económica, social y cultural de la población residente en el campo.
Pues
bien, si se controla el efecto del estrato socio-ocupacional, la tasa de
mortalidad infantil es mayor, en 10-60 por ciento para cada uno de ellos,
si se trata de residentes en comunidades de alta ruralidad.
Similares
excesos se observan si se comparan ambos contextos controlando el efecto
de la educación materna (gráfico 5).
Nótese que en cada contexto de ruralidad, no se observan grandes ni
sistemáticas diferencias entre los grupos sociales definidos por la ocupación (medio alto y asalariado) en el caso de actividades no agrícolas.
Las tasas, sin embargo, llegan a duplicar los valores observados en los
respectivos estratos de la población que reside en comunidades urbanas, en
especial en el Panamá metropolitano.
Estos contrastes están asociados,
seguramente, a l a distinta composición de cada uno de estos estratos socioocupacionales.
En la capital nacional se supone que el grupo medio alto
englobe una mayor proporción de altos directivos, dueños de medios de producción, profesionales y técnicos de mayor nivel, en tanto que en las poblaciones rurales predominan empleados en el sector estatal de servicios y
del comercio. En cuanto a los obreros, también es dable suponer que en la
metropoli haya una mayor calificación de la fuerza de trabajo asalariada.
Ya se ha hecho notar el rol de la baja o nula educación materna en
los mayores riesgos de muerte del niño en el sector rural (gráfico 5) .
Pone de manifiesto la accesibilidad menor de las clases sociales predominantes en el campo y de los sectores más rurales. De este modo, la asociación de alta ruralidad con analfabetismo materno, por ejemplo, identifica un grupo con una mortalidad infantil de 70 por mil.
Las tasas de mortalidad que se han estimado se refieren a la población
no indígena. Algunas estimaciones para la población indígena hacen pensar
que en ellas la mortalidad es mayor. Esta población reside en su mayoría
en el contexto de alta ruralidad y es de muy baja o nula escolaridad. Su
necesaria inclusión debe aumentar los contrastes de mortalidad infantil que
se han mencionado.
La comparación con las estimaciones hechas sobre la mortalidad infantil para 1966-1969 señala un hecho positivo: el proceso de descenso se
observa en todos los grupos de población que se han identificado, aun en
aquellos en situación más adversa, aunque en éstos el descenso ha sido
proporcionalmente menor. La situación era entonces mucho más crrítica. La
mortalidad infantil alcanzaba tasas de 60-80 por mil en las poblaciones
rurales que tenían menos de 4 años de educación o bien que se ocupaban en
la producción agrícola.

49

Las variables que el censo de población proporciona permiten sólo una
aproximación muy gruesa al cúmulo de condicionantes de la mortalidad del
niño y a los diferenciales que ellos ocasionan en los diversos grupos sociales en la población. La categoría de asalariados agrícolas» por ejemplo, agrupa a personas que venden su fuerza de trabajo en condiciones muy
variables, loque significa que la naturaleza de la labor, su participación
en el valor producido y las condiciones objetivas de vida así determinadas son también variables. De igual modo, el trabajador agrícola por cuenta
propia puede explotar su tierra desde la condición de economía precaria
de autoconsumo y subsistencia hasta situaciones mas favorables dentro de
su categoría de pequeño propietario. Se han descrito además muchas modalidades de trabajo en la transición de formas pre-capitalistas a capitalistas de producción (Margulis,1980). Todas estas situaciones condicionan
formas de reproducción social distintas y niveles de mortalidad infantil
variables.
Lo fundamental que emerge del análisis es que los trabajadores agrícolas y los campesinos son uno de los grupos remanentes más importantes de
mortalidad infantil elevada en Panamá al fin de la década del 70. Se estima que en 1980 los contextos rurales comprenden el 45 por ciento de la
población femenina en edad fértil. Sus bajos niveles de escolaridad, que
expresan su acceso restricto a los beneficios al desarrollo social y económico, hacen que el 81 por ciento de las mujeres de 15-49 años que tienen menos de 4 años de educación, del país, residan en las regiones rurales.
Las condiciones de alta mortalidad infantil determinan simultáneamente que
su fecundidad sea también elevada,, lo cual a su vez es un factor de mayor
mortalidad infantil. Hacia 1980 se estima que esta población femenina en
edad fértil, analfabeta o semianalfabeta, residente en regiones rurales
formaba el 16 por ciento del total nacional y procreaba aproximadamente
el 20 por ciento de los nacimientos. En este grupo expuesto a una mortalidad infantil cercana a 60 por mil, probablemente ocurren cerca de 40 por
ciento de las muertes nacionales de esta edad.
Desde otro punto de vista, a pesar de los progresos para ampliar la
cobertura del sistema de salud (Ministerio de Salud, 1982) persiste , de
acuerdo a un informe reciente (Caja de Seguro Social, 1982) una distribución de recursos que favorece al sector urbano: la densidad de médicos y
enfermeras es 15 y 11 veces mayor (respectivamente) en este sector en relación con la población rural (14).
Estas disparidades en salud y educación no son sino facetas de un problema más general, recientemente discutido por Miró (1983). Ella puso en
evidencia la necesidad de superar un modelo de desarrollo que ha llevado
a una concentración indebida de los recursos y beneficios en la capital ,
generando a su vez una concentración demográfica por migración interna. El

50

presente estudio contribuye a identificar las desigualdades ante la muerte
en el primer año de vida aún existentes en Panamá entre diversos grupos
sociales, información que debiera orientar las medidas destinadas a superarlas .

51

n O T
a

M. s

(1)

La mortalidad infantil es mayor en las madres muy jóvenes y en los
primeros nacimientos, lo que puede conducir a sobreestimaciones si se
utiliza este grupo de edad. Además es el grupo en el cual el tamaño
de la muestra es menor (por la baja fecundidad) y es más frecuente la
falta de declaración de hijos tenidos y sobrevivientes.

(2)

Un ejemplo detallado de esta etapa se encuentra en Behm (1980).

(3)

Por otra parte, utilizando la encuesta demográfica retrospectiva de
Panamá (RETROEDEP), realizada de agosto a octubre de 1976» Trussell
y Hill (1980) estimaron q[x) por la variante Trussell, modelo Oeste.
Las estimaciones para 4(1), equivalentes a las del presente trabajo,
son 51.4 por mil con el modelo de edad para el año 1972.3 y 41.2 para
1973.0, utilizando el modelo duración de la unión. Esta última cifra
es más coincidente con las otras estimaciones disponibles.

(4)

La población indígena tiene niveles de vida mucho más bajos que la
población no indígena. Su mortalidad fue estimada aplicando las probabilidades de muerte de ésta última, por grupos de años de estudio,
a la estructura por nivel de instrucción de la población indígena. Se
trata sin duda de una subestimación. Las estimaciones derivadas de
una pregunta independiente sobre muertes tempranas, hecha en la población indígena, llevan a niveles mucho mayores de mortalidad.

(5)

En un estudio similar hecho en Cuba (Behm y Ramos, 1981), país en el
cual la baja de la fecundidad ha sido mucho más intensa que en Panamá,
se dispuso de datos de dos encuestas con cinco años de espaciamiento,

52

lo que permitió estudiar el efecto de este factor utilizando cohortes
sintéticas. Este efecto fue de subestimación de la mortalidad, pero
de alcance muy limitado. La q[2) vario de 33.7 a 35.1 por mil conla
corrección.
(6)

La comparación del modelo Oeste de Coale-Demeny, utilizado en el estudio, con la mortalidad en los primeros años de vida en la tabla de
vida de 1975 mostro que en esta ultima las ?(x] , hasta la edad X = 5,
tienen tendencia a crecer con más intensidad que en la tabla modelo.
Todos los valores resultan subestimados, en base a los datos censales,
pero la subestimación es menor para X =1, por lo cual se decidió seleccionar el valor
en la descripción de la mortalidad en los primeros años de vida, pero estimada en base a los valores q(2), ?(3) y
q(5) que fueron observados.
Trussell y Hill (1980), en el análisis
de la e n c u e s t a demográfica de Panamá de 1976, encontraron que los
cuatro modelos de Coale-Demeny llevaban a resultados similares.

(7)

Las estimaciones del grado de amisión del registro de defunciones de
menores de un año, que es el problema fundamental, son variables según
los métodos empleados por diversos autores (Médica y Guerra, 1978;
Médica y Chackiel, 1981; García, 1982). Las tasas del cuadro 3, comparadas con las de estadísticas vitales, señalan que la omisión ha
descendido de casi 50 por ciento en 1950-1955 amenos de 20 por ciento
hacia 1980.

(8)

Las tasas de Mesoamérica están incluidas especialmente por México, que
tiene la mayor población del grupo. En Centroamérica y el Istmo, Panamá y Costa Rica forman una subregión de mortalidad menor que los
países restantes (Behm, 1981).

(9)

En el censo, la población urbana es definida como la de localidades de
1 500 habitantes o más, que disponen de servicio de luz eléctrica,
acueducto público, sistema de alcantarillado, calles pavimentádas y
aceras; facilidades de asistencia a colegios secundarios, establecimientos comerciales, centros sociales y recreativos. Estas características pueden ser de toda la localidad o de parte de ella.

(10)

El contexto ciudad secundaria comprende dos ciudades mayores: Colón
(67 mil habitantes en 1970) y David (35 mil) y once ciudades
más
pequeñas con poblaciones de 5-15 mil habitantes (Changuinola, Penonomé,
Aguadulce, La Concepción, Puerto Armuelles, Chitré, Las Tablas, Los
Santos, Arraijan, La Chorrera y Santiago).

3

(11)

Se dispone de datos de estadísticas vitales en la ciudad de Colon, la
segunda del país. De acuerdo a ellos, la tasa de mortalidad infantil
al comienzo de la decada del 70 era casi de 60 por mil, reducida a
21 por mil en 1980.
Si esta serie no está afectada por el error de
incluir nacimientos y defunciones ocurridas en la ciudad pero en residentes fuera de ella y el registro es razonablemente completo, los
datos señalarían una notable reducción en una de las ciudades que
caen en la categoría de secundarias en la definición de contextos.

(12)

La población femenina y los nacimientos han sido estimados mediante
el método de hijos propios, a partir de la misma muestra del censo de
población que se ha utilizado en el estudio de mortalidad (MIPPE y
CELADE, 1983). Se utiliza solamente la distribución porcentual derivada de estas estimaciones, porque las cifras absolutas están afectadas por la omisión censal. El grupo residual en la clasificación
del estrato socio-ocupacional fue distribuido proporcionalmente.

(13)

No se dispone del cruce contexto espacial, estrato socio-ocupacional
y educación materna, por lo cual la discusión identifica separadamen
te en los contextos espaciales, los grupos sociales según n i v e l de
escolaridad o por estrato socio-ocupacional.

(14)

La atención médica, aunque importante, es sólo uno de los factores
que determinan la mortalidad. Su alcance ha sido recientemente examinado en diversos contextos históricos (UIESP, 1983). Resulta ilustrativo citar el caso de Costa Rica, analizado por Rosero (1983). En
la década del 70, en un período de auge económico y en el seno de políticas de extensión de beneficios sociales, una intensa baja de la
mortalidad infantil aparece asociada a la extensión de la a t e n c i ó n
primaria de salud en las poblaciones rurales. La tasa en 1981 es de
18 por mil.

A N E 2£ 0
[

IJ A 1 I

1
0

S

57

Cuadro 1-A
ESTIMACIONES DE LA TASA DE MORTALIDAD INFANTIL, 1950-1980,
PANAMA Y REGIONES SELECCIONADAS
Ano

„
Panama

América
Latina

Meso- •
America
América

Países den j
sarrollado
sarrollados

Tasas por mil nacidos vivos

1950-1955

100

128

118

58

1955-1960

79

114

105

41

1960-1965

66

102

94

32

1965-1970

54

92

85

26

1970-1975

43

82

75

22

1975-1980

32

71

65

19

1980-1985

-

63

56

17

Fuentes Dirección de Estadística (Panamá) y MIPP-CELADE (1985)
, Uaited Nations Population División (1982)
,

58

Cuadro 1-A
MORTALIDAD INFANTIL POR ESTRATOS SOCIO-OCUPACIONALES Y NIVEL DE
INSTRUCCION DE LA MUJER, 1966-1976
Estratos socioocupacionales y años
de instrucción

1966-1968

1969-1971

1973-1974

1975-1976

MEDIO ALTO
0-3
4-6
7 +

57
30
17

51
29
17

50
23
14

39
19
13

Asalariado
0
1-3
4-6
7 +

43
38
31

66
46
33
26

55
32
29
23

41*
21
21
19

No asalariado
0-3
4-6
7 +

64
34
23

57
31
23

60
26
23

51
24
20

90
58
44

89
60
43
31

79
53
38
30

67
50
31
19

85
70
52
-

79
65
49
41**

76
60
45
40

NO AGRICOLA

AGRICOLA
Asalariado
0
1-3
4-6
7 +
No asalariado
0
1-3
4-6
7 +

^

68
54
38
40

59

Cuadro 1-A
MORTALIDAD INFANTIL EN CONTEXTOS ESPACIALES POR EDUCACION DE LA
MUJER, 1966-1976
Contextos espaciales y
anos de escolaridad

1966.1969

1 9 7 0 -1971

1972-1974

1975-1976

.b

29

23

17

13

0 años
1-3
4-6
7-9
10 y más

\

52
43
31
20
19

43
38
24

42
25

16

19

15

,2 U *

CIUDAD SECUNDARIA

39

37

31.

28

80
45
38
29
24

84
51

60
30
27

27
22

74
36
31
26
23

48

41

37

54
44
25
29

47
39

36
37
22
28

54

48

41

34

77
57
43
22

69

27

65
47
34
23
27

58
45
27
23
27

78

71

62

48

89
69
51

83
66
47

75
66
46

68
56
35

CIUDAD PRINCIPAL

0 años
1-3
4-6
7-9
10 y más
RESTO URBANO
0 años
1-3
4-6
7-9
10 y más
A

RURALIDAD

MEDIA

0 años
1-3
4-6
7-9
10 y más
RURALIDAD ALTA
0 años
1-3
4-6

21

18

39

17
16

-

w

15
30

31

21

23

V

60

Cuadro 1-A
MORTALIDAD INFANTIL EN LOS CONTEXTOS ESPACIALES SEGUN
ESTRATO SOCJO-OCUPACIONAL, 1966-1976
Contextos espaciales
y estrato
socio-ocupacional

CIUDAD

1966-1969

1970-1971

1972-1974

1975-1976

PRINCIPAL

Medio-alto
No agrícola asalariado...
No asalariado...

20
34
32

16

12

30
25

22
26

16
28

29
41
44
50

24
40
46
51

19
37
37
44

18
31
23
42

30
55
35
51

30
39
35
59

23
31
26
53

19
26
22

35
43
44
59
69

36
37
37
58
61

34
30
30
52
54

28
22
27
45
44

59
60
62
83
81

49
63
54
66
76

42
51
53
50
69

31
36
32

CIUDAD SECUNDARIA
Medio-alto
No agrícola asalariado...
No asalariado...
Agrícola asalariado
RESTO

URBANO

Medio-alto
No agrícola asalariado...
No asalariado...
Agrícola asalariado
RURALIDAD MEDIA
Medio-alto
No agrícola asalariado...
No asalariado...
Agrícola asalariado
No asalariado...
RURALIDAD

ALTA

Medio-alto
No agrícola asalariado...
No asalariado...
Agrícola asalariado
No asalariado...

59

61

Cuadro 5A
a/

MORTALIDAD INFANTIL POR REGIONES-DE PLANIFICACION S E G U N
ESTRATO SOCIO-OCUPACIONAL, 1966-1976
Regiones planificación
y estratos
socio - ocupacional

1966-1969

1970-1971

1972-1974

1975-1976

REGION METROPOLITANA
Medio-alto......

23

20

16

13

No agrícola asalariado..

37

33

27

20

No asalariado..

32

30

30

27

58

56

52

45

73

65

57

49

Medio-alto..

32

28

23

19

No agrícola asalariado..

38

36

32

26

No asalariado..

47

42

31

23

Agrícola asalariado.....

59

58

52

46

No asalariado..

60

55

47

39

Medio-alto.

40

40

34

29

No agrícola asalariado..

54

46

33

22

No asalariado..

51

42

34

29

Agrícola asalariado.....

67

61

44

25

No asalariado..

74

67

61

51

Agrícola asalariado
No asalariado..
REGION

OCCIDENTAL

REGION

CENTRAL

a/ Se excluye Región Oriental por insuficiencia de datos.

62

Cuadro 1-A
MORTALIDAD INFANTIL POR REGIONES, SEGUN GRADO DE RURALIDAD
NIVEL DE INSTRUCCION
1966-1969

Región. Contexto.
Educación

1970-1971

1972-1974

Y

1975-1976

REGION METROPOLITANA

o- j ^ „ • •
Ciudad Principal

0-3
4-6
7—9

10 +

46
30
¿O

20

40
24
19
17

21
18
14

17
16
11

40
30

35
31

27

21

22

18

38
20

34
-

33
19
45
24
26
20

0-3
Ciudad secundaria

4

6
7-9

40

30

10 +

Ruralidad media

0-3
4-6
7-9

47
29

0-3

Resto urbano

22

54

48

¿J

17

31
26
18

56
40

_
/—9

10 +
Raralidad

REGION

alta

21

0-3
4-6
7 +

80
57

55

64
54

7-9
10 +

29
37

76(1972)
33
23
24

64
31
18
16

56
31
19
13

0-3
4-6
7-9

40

34

31

30

OCCIDENTAL
0-3

Ciudad secundaria

Resto urbano

(Continúa)

63

Cuadro 1-A
MORTALIDAD INFANTIL POR REGIONES, SEGUN GRADO DE RURALIDAD Y
NIVEL DE INSTRUCCION
(ConclusiSn)
Región. Contexto.
Educación

19 66-1969

1970-1971

1972-1974

1975-1976

REGION OCCIDENTAL(Cont.)

Ruralidad media

0-3
4-6
7-9

60
40

60

56
31
22
22

52
25
25
19
49
20

10 +

20

20
23

0-3
4-6
7-9

72
49

67
41

61

0-3
4-6
Ciudad secundaria
7-9
10 +

54
38
28
15

53
35

36
26
17
13

26
23

0-3
4-6
7-9

78
40
20

62
28

58
16

50
25
23

0-3
4-6
7-9

75
43

66

10 +

20

23

57
37
17
22

51
33
14
17

0-3
4-6
7-9

85
50

81
44

76
41

69
34

Ruralidad alta

34

REGION CENTRAL

Resto urbano

Ruralidad media

Ruralidad

alta

21

14

10

16

15

64

FORMACION DE ESTRATOS SOCTO-OCUHCICNñLES

Los criterios para la clasificación se fundan en:
-el status de la ocupación, clasificado en medio-alto y bajo, según se indica más adelante.
-la condición de trabajo asalariado (persona que vende su trabajo por
un salario, aunque no sea permanente) o no asalariado. Los primeros
comprenden todas las categorías ocupacionales declaradas como empleados. Los no asalariados incluyen trabajadores por cuenta propia, socios de cooperativas o asociaciones comunales y trabajadores
familiares no remunerados.
-la rama de actividad, distinguiendo agrícola y no agrícola
Los estratos socio-ocupacionales son cinco:
1.
2.
3.
4.
5.

Medio-alto
Bajo no agrícola asalariado
Bajo no agrícola no asalariado
Bajo agrícola asalariado
Bajo agrícola no asalariado

En la población indígena todos fueron clasificados, por definición,
en el estrato bajo.
La unidad de clasificación es el jefe del hogar que sea económicamente
activo y el estrato se asigna a todos sus miembros (excepto empleados domésticos que se clasifican en el grupo bajo).
Si el jefe del hogar es
inactivo, se reemplaza por el miembro de mayor edad del hogar que sea económicamente activo y pariente del jefe. Los hogares que no pudieron clasificarse (falta de datos, no pertenece a PEA, busca trabajo por primera
vez), fueron agrupados en una categoría residual.
La clasificación de las ocupaciones, a veces hecha considerando el
nivel de instrucción y la mediana de ingreso mensual, es la siguiente:

65

MEDIO ALTO
Se clasifican aquí todas las personas que tienen la categoría de patrón (empleador), cualquiera sea la ocupación. En todas las otras categorías ocupacionales, comprende las ocupaciones siguientes, referidas a los
grandes grupos de COTA:
0) Profesionales, técnicos y afines: todas
1) Gerentes, administradores y funcionarios de categoría directiva:
todas.
2) Empleados de oficina y ocupaciones afines (0A): Los códigos 2000,
2001, 2003, 2010 a 2110, 200 a 2302, 2600 a 2612, 2620 a 2623 ,
2631, 2640 y 2642.
3) Vendedores y 0A: Los códigos 3001, 3002, 3101 a 3103, 3105, 3107,
3200 al 3326. En el código 3001, se excluye la categoría  cuenta
propia.
4) Agricultores, ganaderos, pescadores, cazadores, madereros y 0A :
sólo las ocupaciones 4020, 4021 y 4410.
5) Conductores de medios de transporte y afines: sólo las ocupacio nes 5300 a 53004.
9) Trabajadores en servicios personales y ocupaciones afines:
sólo
las ocupaciones con códigos 9010, 9011, 9100, 9101, 9329, 9812,
9920 y 9826
BAJO
»Todas las ocupaciones no incluidas en el estrato medio-alto y que
pertenecen a los siguientes grandes grupos:
2)
3)
4)
5)
9)

Empleados de oficina y OA
Vendedores y OA
Agricultores, ganaderos, etc.
Conductores de medios de transporte y OA
Trabajadores en servicios personales y OA

-Todas las ocupaciones de los siguientes grupos:
6) Artesanos y operarios relacionados con hilanderías, confección de
vestuario, calzado, carpintería, industria de contruccióny mecánica.
7) Otros artesanos y operarios
8) Obreros y jornaleros
FUENTES:

Clasificación nacional de ocupaciones (COTA), 1980
Clasificación industrial nacional uniforme de las actividades
económicas.

67

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Develop-

Form. 621-350/Noviembre 1983
M. Chaverri M.-


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