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        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/6079</bibo:handle>
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6 ( 5 , (

82

políticas sociales

D

esigualdades raciales y
políticas de inclusión racial:
resumen de la experiencia
brasileña reciente

Roberto Borges Martins

División de Desarrollo Social

Santiago de Chile, marzo de 2004

Este documento fue preparado por Rodrigo Borges Martins, consultor de la
División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPAL). El estudio forma parte de una investigación
sobre etnicidad y ciudadanía en América Latina y el Caribe que se desarrolla
en el marco del proyecto “Desarrollo social y equidad en América Latina y el
Caribe” (Proyecto GER-99114) que la CEPAL lleva a cabo con el apoyo de la
Sociedad Alemana de Cooperación Técnica (GTZ).
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a
revisión editorial, son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no
coincidir con las de la Organización.

Publicación de las Naciones Unidas
ISSN impreso 1564-4162
ISSN electrónico 1680-8983
ISBN: 92-1-322355-2
LC/L.2082-P
N° de venta: S.04.II.G.22
Original: PORTUGUÉS
Copyright © Naciones Unidas, marzo de 2004. Todos los derechos reservados
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse al Secretario
de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York,
N. Y. 10017, Estados Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones gubernamentales

CEPAL- SERIE Políticas sociales

pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Sólo se les solicita que mencionen la
fuente e informen a las Naciones Unidas de tal reproducción.

No 82

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Índice

Resumen .................................................................................... 7
Introducción ................................................................................... 9
I. Un poco de historia ............................................................. 13
A. La esclavitud en Brasil....................................................... 14
B. El legado de la esclavitud ................................................... 16
C. Resumen de las desigualdades raciales en Brasil ................. 17
II. Educación.............................................................................. 19
A. Exclusión digital ................................................................ 27
III. Mercado de trabajo.............................................................. 29
A. Desempleo ......................................................................... 29
B. Remuneración laboral ........................................................ 32
C. Informalidad y privatización del empleo ............................. 41
IV. Ingreso familiar,distribución del ingreso y pobreza...... 45
A. Distribución del ingreso ..................................................... 45
B. Pobreza y pobreza extrema ................................................ 48
C. Indicadores de desarrollo humano....................................... 51
V Las políticas raciales y las lecciones de la historia
reciente ................................................................................. 55
A. El Estado brasileño y la cuestión social .............................. 57
B. Políticas raciales en la transición a la democracia ............... 58
C. Políticas raciales en el gobierno de Fernando Henrique
Cardoso............................................................................. 59
D. El impacto de la Conferencia de Durban............................. 60
E. El nuevo gobierno y la cuestión racial................................. 62
F. Acontecimientos recientes y perspectivas............................ 62

4

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

Anexo: Resumen de los principales indicadores por raza ............................................. 65
Bibliografía ............................................................................................................................... 69
Serie Políticas Sociales: números publicados .................................................................. 71

Índice de cuadros
Cuadro 1
Cuadro 2
Cuadro 3
Cuadro 4
Cuadro 5
Cuadro 6
Cuadro 7
Cuadro 8
Cuadro 9
Cuadro 10
Cuadro 11
Cuadro 12
Cuadro 13
Cuadro 14
Cuadro 15
Cuadro 16
Cuadro 17
Cuadro 18
Cuadro 19
Cuadro 20
Cuadro 21
Cuadro 22
Cuadro 23
Cuadro 24
Cuadro 25

Tráfico atlántico de esclavos, por períodos y regiones de destino, en miles
1451-1870 .............................................................................................................. 14
Población de color o raza y por grandes regiones (en miles), 2000............................ 17
Porcentaje de la población de 25 años de edad o más, por franjas de escolaridad
1992-2001 .............................................................................................................. 23
Índice de desempleo, por género y raza, PEA de 25 años o más, 1992-2001 ............. 30
Índice de desempleo, por género y raza, PEA de 16 a 24 años, 1992-2001 ............... 31
Ingreso promedio mensual de los ocupados de 16 años y más................................... 32
Ingreso de todos los trabajos: negros como porcentaje de los blancos de la
misma franja etaria, 1992-2001............................................................................... 33
Ingreso laboral, trabajadores de 16 años o más, por género, raza y tipo de
ocupación, 1992 y 2001 .......................................................................................... 35
Ingreso laboral: negros como porcentaje de los blancos, ocupaciones
seleccionadas, 1992-2001........................................................................................ 36
Ingreso laboral, empleados de 16 años o más, por género, raza y escolaridad
1992-2001 .............................................................................................................. 37
Ingreso laboral: negros como porcentaje de los blancos del mismo sexo, por
escolaridad, 1992 y 2001 ........................................................................................ 37
Ingreso laboral, por género y raza, con escolaridad desfasada, 1992-2001................ 38
Porcentajes de las brechas de ingreso laboral no causadas por las diferencias
educativas............................................................................................................... 39
Ingreso laboral: negros como porcentaje de los blancos, por regiones, 1992-2001..... 40
Tasa de informalidad de los asalariados, por raza y franja etaria, 1992-2001 ........... 41
Tasa de precarización del empleo (concepto OIT), por raza y franja etaria
1992-2001 .............................................................................................................. 43
Ingreso domiciliario real per cápita, por raza, 1992-2201......................................... 46
Proporción y número de pobres, por raza, 1992-2001 .............................................. 48
Proporción y número de indigentes, por raza, 1992-2001 ......................................... 48
Índice de desarrollo humano (IDH) y sus componentes, por raza, 1991 y 2000......... 51
Algunos indicadores demográficos, por raza, 1991 y 2000....................................... 52
Población en aglomerados subnormales (AS), por raza, 1991 y 2000 ....................... 53
Porcentaje de la población en condiciones inadecuadas de vivienda, por raza,
1992 y 2001 ........................................................................................................... 53
Bienes duraderos: porcentaje de la población en domicilios que no los poseen,
por raza, 1992-2001 ............................................................................................... 54
Brasil: indicadores socioeconómicos, por raza, 1992 y 2001 .................................... 66

Índice de gráficos
Gráfico 1
Gráfico 2
Gráfico 3

Coeficiente de GINI, 2001....................................................................................... 10
Porcentaje del ingreso correspondiente al 10% más rico y al 50% más pobre
1977-2001 .............................................................................................................. 10
Índice de analfabetismo, por raza y franja etaria,1992 ............................................. 20
5

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 4
Gráfico 5
Gráfico 6
Gráfico 7
Gráfico 8
Gráfico 9
Gráfico 10
Gráfico 11
Gráfico 12
Gráfico 13
Gráfico 14
Gráfico 15
Gráfico 16
Gráfico 17
Gráfico 18
Gráfico 19
Gráfico 20
Gráfico 21
Gráfico 22
Gráfico 23
Gráfico 24
Gráfico 25
Gráfico 26
Gráfico 27
Gráfico 28

6

Perfil educativo de la población de 25 años o más, por raza, 1992 ........................... 20
Índice de analfabetismo, por raza y franja etaria, 2001 ............................................ 21
Perfil educativo de la población de 25 años o más, por raza, 2001 ........................... 22
Índice de analfabetismo (personas de 15 a 24 años), 1992-2001............................... 22
Porcentaje de la población de 7 a 13 años que no asiste a la escuela, 1992-2001 ...... 23
Evolución de la brecha educativa entre blancos y negros, 1992-2001 ....................... 24
Población universitaria en miles, 1991 y 2000 ......................................................... 25
Porcentaje de la población de 18 a 24 años matriculada en la universidad,
1991 y 2000 ........................................................................................................... 26
Porcentaje de la población de 18 a 24 años matriculada en la universidad,
1991 y 2000 ........................................................................................................... 26
Porcentaje de la población con acceso a algunas tecnologías digitales, por
raza, 2001 .............................................................................................................. 28
Índice de desempleo, por género y por raza, 1992-2001 ........................................... 30
Índice de desempleo, por raza y escolaridad, 1992 y 2001........................................ 31
Ingreso laboral de los negros como porcentaje de los blancos, 1992-2001,
trabajadores de los dos sexos de 16 años o más........................................................ 32
Ingreso laboral de los negros como porcentaje de los blancos del mismo sexo,
1992-2001, trabajadores de los dos sexos de 16 años o más ..................................... 33
Ingreso laboral promedio, por raza, ocupaciones seleccionadas, 2001,
trabajadores de los dos sexos de 16 años o más........................................................ 36
Caso hipotético: todos negros x todos blancos.......................................................... 38
Ingreso laboral de los negros como porcentaje de los blancos, por regiones, 2001..... 40
Tasa de informalidad del empleo, por género y raza, 1992-2001 .............................. 42
Tasa de precarización del empleo (concepto de la OIT), por género y raza,
1992-2001 .............................................................................................................. 43
Perfil racial de la distribución del ingreso, 1992....................................................... 46
Perfil racial de la distribución del ingreso, 2001....................................................... 47
Participación de la población negra en la distribución del ingreso, 1992-2001 .......... 47
Negros como porcentaje de poblaciones seleccionadas, 1992-2001........................... 49
Número de negros cada 100 blancos en las mismas condiciones, 1992-2001 ............ 50
Número absoluto de pobres y de indigentes, en millones, por raza, 1992-2001 ......... 50

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Resumen

Las desigualdades entre las razas constituyen un fenómeno de
larga data en Brasil. Su estudio y cuantificación, sin embargo, han sido
escasos debido a que es muy reciente la desagregación de los
indicadores por raza. A partir de una mirada a la historia y al legado de
la esclavitud, el estudio proporciona un examen detenido de dichas
desigualdades en la evolución de los principales indicadores relativos a
las áreas de educación, mercado de trabajo, ingreso y pobreza,
desarrollo humano, supervivencia y mortalidad, condiciones de vivienda
y acceso a algunos bienes y servicios. El período de estudio comprende
la década de 1990 y finaliza con los datos estadísticos más recientes
(2001).
En el plano de las políticas de inclusión racial, el análisis releva
los beneficios derivados de las políticas sociales para el conjunto de la
población, pero su ineficacia en la reducción de las desigualdades entre
blancos y negros. Examina el papel del Estado y la cuestión racial
desde fines del Imperio hasta una fecha reciente, incluyendo los
esfuerzos anti-discriminación de la década de los años ochenta y
comienzos de los años noventa, las políticas raciales del gobierno de
Cardoso, el impacto de la Conferencia de Durban en la divulgación
activa de las desigualdades raciales, y el nuevo gobierno y la cuestión
racial.

7

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Introducción

Brasil adquirió en décadas recientes la triste reputación de ser
uno de los países más desiguales del planeta. Los estudios realizados en
los últimos veinte años por investigadores brasileños y extranjeros,
vinculados a organismos internacionales y a institutos nacionales de
investigación (en especial al Instituto de Investigación Económica
Aplicada – IPEA), han revelado constantemente una extrema
concentración del ingreso, la riqueza, la educación y el capital humano,
entre otros factores, que se traduce en profundas desigualdades
socioeconómicas. 1
Esas desigualdades han persistido, sin alteración perceptible, a
través de períodos de crecimiento acelerado y de estancamiento, de
inflación galopante y de completa estabilidad de precios, de rápidos y
profundos cambios demográficos y tecnológicos.
En el plano político-institucional, los altos niveles de desigualdad
se mantuvieron sin grandes modificaciones durante períodos de
dictadura militar y de total redemocratización, de cierre y de apertura al
comercio internacional y a la circulación de capitales, de intensa
estatización y de sucesivas olas de privatización de la economía.

1

Puede encontrarse un buen panorama de esos trabajos en Henriques (2000) y Rocha (2003).

9

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 1

COEFICIENTE DE GINI, 2001

Fuente:

Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por
Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Gráfico 2

PORCENTAJE DEL INGRESO CORRESPONDIENTE AL 10% MÁS RICO
Y AL 50% MÁS POBRE, 1977-2001

10% más rico

50% más pobre

Fuente:

10

Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta
Nacional por Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y
Estadística (IBGE).

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

En el rico y variado universo de las desigualdades brasileñas, se conocen y estudian
ampliamente las que pueden observarse entre las regiones, entre las áreas urbanas y las rurales, entre
los distintos municipios, y las grandes inequidades presentes en la distribución interpersonal del
ingreso.
Es sabido, dentro y fuera de Brasil, que el nordeste y el norte son mucho más pobres que el sur
y el sudeste, que las áreas rurales alojan innumerables bolsones de extrema pobreza y que las
metrópolis encierran enormes desigualdades. Al recorrer cualquier gran ciudad brasileña, pueden
observarse condiciones socioeconómicas europeas a muy poca distancia de realidades comparables a
las de África, en términos de ingresos, pobreza, vivienda, saneamiento y otros.
Mucho menos estudiadas y divulgadas, pero de extrema importancia como una de las
dimensiones fundadoras de la desigualdad brasileña, son las disparidades que se observan entre las
razas. El intenso mestizaje de la población, la ausencia de odio racial, de manifestaciones abiertas de
racismo y de segregación legal o explícita (es decir, la apariencia de “democracia racial” de la
sociedad) ocultan a los ojos del observador externo, e inclusive de muchos brasileños, el gran abismo
que existe entre las condiciones económicas y sociales de sus dos mayores grupos étnicos: los
blancos, de origen europeo, y los negros, o descendientes de africanos.
Las marcas de esas disparidades están en todas partes y se manifiestan con gran claridad, tanto
en la presencia mayoritaria de los negros en las situaciones indeseables (por ejemplo en las favelas,
los bolsones de miseria y las peores ocupaciones) como en su ausencia casi absoluta de los lugares y
situaciones sociales más deseables (los barrios ricos o de clase media-alta, las universidades, los
puestos de mando y decisión, las ocupaciones de prestigio y bien remuneradas, entre otras).
Sin embargo, no fue hasta hace poco que las desigualdades raciales comenzaron a adquirir
expresión estadística clara, por medio de caracterizaciones y mediciones sistemáticas, y a divulgarse
regularmente con el sello oficial de los órganos gubernamentales. Hasta ese momento, el tratamiento
que el estado brasileño daba a este tema oscilaba entre la indiferencia y la negación activa de su
alcance o relevancia, como quedó de manifiesto, por ejemplo, al eliminarse la pregunta sobre color /
raza del Censo Demográfico de 1970.
La desagregación de los indicadores socioeconómicos por raza fue iniciada por el IPEA (que
depende del Ministerio de Planeamiento) en el año 2000 y desde entonces se ha vuelto más frecuente.
En 2002, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) introdujo la pregunta en su
Encuesta Mensual de Empleo (PME) y en 2003 divulgó por primera vez estadísticas desagregadas
por raza en su síntesis anual de indicadores sociales.
No obstante, esa práctica continúa siendo incipiente y no constituye una norma, por lo que
todavía hay grandes lagunas en diversas áreas, especialmente en las estadísticas educativas. Un gran
número de registros públicos y privados y de encuestas socioeconómicas no incluyen todavía la
identificación racial de los individuos. El censo demográfico decenal contempla la pregunta solamente
en el cuestionario muestral y ello impone severas limitaciones a la desagregación de los resultados.

11

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

I.

Un poco de historia

Todas las desigualdades socioeconómicas sistemáticas y
persistentes observadas entre los diferentes grupos de una sociedad
tienen componentes históricos fundadores, mecanismos de propagación
y transmisión y procesos de sustentación a través del tiempo. En el caso
de Brasil, el origen evidente de las desigualdades raciales está en el
régimen de trabajo esclavo que el país adoptó durante casi 80% de su
historia “posdescubrimiento”. La llamada “esclavitud moderna”, la
versión de la esclavitud recreada por los europeos para la colonización
de América, fue una de las formas más radicales de exclusión jamás
inventadas por el hombre. No solo se le negaban al esclavo la
remuneración del trabajo y la libertad de elección propias del hombre
libre, sino también toda posibilidad de adquirir y acumular riqueza,
propiedades, tierras, educación y otros activos. El esclavo carecía de
derechos civiles, políticos, económicos y sociales. No tenía siquiera el
status jurídico de persona, sino el de bien semoviente, como los bueyes
y los caballos.
Los esclavos podían ser comprados, vendidos, alquilados,
gravados, prendados, legados como herencia o retenidos como pago de
deudas. La condición servil se transmitía a la descendencia por línea
materna. Las variaciones regionales, las excepciones puntuales o las
pequeñas rupturas ocasionales de ese modelo señaladas por algunos
historiadores no hicieron mella en la configuración básica del sistema.
Los esclavos opusieron resistencia, individual o colectivamente,
buscando preservar su herencia cultural, adquirir capital humano y
material y ampliar su abanico de libertades y opciones. Esa resistencia

13

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

se manifestó a través de diversas formas creativas de negociación,
mediante la construcción de mundos paralelos invisibles a los sentidos
del opresor y por la vía de los miles de episodios de enfrentamiento abierto y resistencia armada que
salpican la historia de Brasil y de toda la América esclavista. Aunque algunos individuos y grupos
lograron escapar parcial o temporalmente de las limitaciones impuestas por la condición servil, esos
episodios, considerados en retrospectiva, son sólo un testimonio de la dignidad de los oprimidos y no
constituyeron vías reales de liberación o de efectivo progreso socioeconómico.
El desequilibro de fuerzas era insuperable y las posibilidades de éxito en el enfrentamiento
prácticamente nulas (la revuelta de Haití a fines del siglo XVIII fue el único caso de victoria total, en
que los esclavos se liberaron por la fuerza de las armas). Las posibilidades reales de desarrollo
económico, social o intelectual del conjunto de la población esclava eran inexistentes. Fue dentro de
ese régimen que los africanos y sus descendientes se incorporaron a la población y al proceso de
construcción de aquello que más adelante sería Brasil.

A.

La esclavitud en Brasil

Brasil fue la mayor nación esclavista del “Nuevo Mundo”, desde sus orígenes en el siglo XVI
hasta el final del siglo XVIII. Su población esclava sólo fue superada por la de Estados Unidos, pero
únicamente durante las pocas décadas entre el comienzo del siglo XIX y la guerra civil americana.
Fue también el participante más activo del tráfico trasatlántico de esclavos, el mayor importador de
africanos en todos los períodos desde el comienzo del siglo XVII, y el penúltimo país (o colonia) del
hemisferio en abolir el comercio internacional de seres humanos. Esto último ocurrió recién en el año
1850, bajo intensa presión diplomática y militar inglesa.
Cuadro 1

TRÁFICO ATLÁNTICO DE ESCLAVOS, POR PERÍODOS
Y REGIONES DE DESTINO, EN MILES, 1451- 1870
Destino

1451-1600

1601-1700

1701-1810

1811-1870

Total

Total (%)

Estados Unidos (1)
América española (2)
Caribe británico
Caribe francés
Brasil
Otros destinos (3)

0
75
0
0
50
150

0
293
264
156
560
69

376
579
1,401
1,320
1,891
484

51
606
0
96
1,145
0

427
1,552
1,665
1,572
3,647
703

4
16
17
16
38
7

Total

275

1,341

6,052

1,898

9,566

100

18

42

31

60

38

38

Brasil (%)

Notas: (1) Incluye Luisiana
(2) Incluye áreas continentales e islas del Caribe
(3) Caribe holandés, Caribe danés y Europa
Fuente : Curtin, Philip D., (1969), The Atlantic Slave Trade. A Census, Madison, Wisconsi, University of
Wisconsin Press.

Según la estimación clásica de Philip Curtin, Brasil recibió alrededor de 3.600.000 africanos
esclavizados en total, superando ampliamente a todas las otras regiones importadoras. Casi 4 de cada
10 africanos que llegaron con vida a América durante los cuatro siglos de tráfico de esclavos (c.

14

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

1450 – c. 1870) desembarcaron en puertos brasileños.2 El régimen servil se extendía por todo el
territorio nacional: no había, como en otras partes de América, regiones o “santuarios” de trabajo
exclusivamente libres. El censo del Imperio de 1872, el único censo completo realizado en el período
esclavista, registró esclavos en los 643 municipios del país.
La propiedad de esclavos estaba ampliamente difundida en la sociedad brasileña, mucho más
que en Estados Unidos o el Caribe. A pesar de algunas variaciones en tiempo y espacio, se puede
afirmar con seguridad que ésta no se limitaba a una pequeña elite de grandes terratenientes,
propietarios de ingenios o de minas de oro. Había personas que poseían cientos y hasta miles de
cautivos, pero eran apenas la punta de una pirámide en cuya base se encontraban los propietarios de
planteles pequeños, integrados por menos de cinco individuos.
Poseían esclavos tanto el terrateniente, el minero, el gran comerciante, el general, el obispo y la
alta burocracia, como el pequeño agricultor, el buscador de oro, el funcionario, el artesano, el
comerciante más modesto, el cura de la aldea y la viuda pobre. El gobierno tenía cautivos (llamados
“esclavos de la nación”) y también las órdenes religiosas, los conventos, la familia imperial, las
compañías mineras inglesas y las empresas industriales.
Persiste todavía hoy el mito de que el esclavo sólo realizaba trabajo manual, repetitivo, bajo
estricta supervisión y coerción física permanente. Esta creencia tiene como corolario la idea de que la
esclavitud sólo se establecía como régimen general y económicamente viable en las regiones donde
predominaba la plantación exportadora (de azúcar, café o algodón) o la explotación minera a gran
escala. Las dos nociones son totalmente falsas. El esclavo fue, sin duda, el trabajador manual de la
mina, del ingenio y de la plantación, el cargador y el estibador, pero fue también músico, pintor,
escultor, artesano, albañil, carpintero, herrero, sastre, orfebre, arriero, mecánico, gerente,
administrador, marinero, soldado, vaquero y mucho más. Ejerció todos los tipos de ocupación urbana
y rural y fue empleado, sistemáticamente y con éxito, en la industria – en la manufactura textil, la
construcción naval, la siderurgia y otras actividades industriales.
El mayor sistema esclavista regional de Brasil no fue el de la plantación exportadora de
productos tropicales sino el de Minas Gerais, donde desde mediados del siglo XVIII se desarrolló una
economía diversificada, que incluía un sector minero de oro y diamantes y más tarde un sector
cafetalero, pero que se basaba sobre todo en la producción de alimentos, hierro, tejidos artesanales y
productos pecuarios para el mercado interno. Fue para esa economía, y no para las áreas
exportadoras de azúcar y café, que se importaron más esclavos en los siglos XVIII y XIX,
conformándose así la mayor población cautiva de todas las provincias brasileñas desde el “ciclo del
oro” (siglo XVIII) hasta la abolición definitiva.
En 1819, 15,2% de la población esclava del país estaba en la provincia de Minas Gerais
(seguida por 13,3% en Bahía, 12% en Maranhão y 8,8% en Pernambuco). Esa cifra aumentó a
24,7% en el Censo del Imperio realizado en 1872 (en comparación con 19,8% en Río de Janeiro,
10,9% en Bahía y 10,1% en San Pablo) y a 26,5% del total de esclavos brasileños en el último
registro de la población servil efectuado en 1887 (por encima de Río de Janeiro, 22,5%, y San Pablo,
14,8%).
En 1831, 34% de los hogares de Minas Gerais poseían esclavos y las dos terceras partes de
esa cifra correspondían a planteles de 1 a 5 individuos. En 1862, más de una década después de la
extinción del tráfico internacional y poco antes de la abolición de la esclavitud, 25% de los hogares
de la provincia todavía poseían cautivos.3 Dadas la amplitud y la extensión del régimen, no nos

2

Las referencias clásicas sobre las estimaciones del tráfico atlántico son Curtin (1969) y Eltis (1987).

3

Véanse Martins (1980) y Martins y Martins Filho (1983).

15

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

sorprende el grado de sustentación social, política, ideológica y religiosa que alcanzó durante casi
cuatro siglos.
Contrariamente a la visión legada por la literatura abolicionista, la sociedad brasileña no
rechazaba la esclavitud desde un punto de vista ético. Poseer o traficar esclavos no era vergonzoso
ni estigmatizante, sino un símbolo de status, riqueza y prestigio. Muchos de los mayores traficantes y
propietarios de esclavos recibieron títulos de nobleza durante el Imperio. Hasta el final de la Guerra
de Paraguay (o Guerra de la Triple Alianza) en 1870, no se encuentra ningún cuestionamiento serio
al régimen servil en la literatura, la prensa, la jurisprudencia o el parlamento. La Iglesia Católica
nunca combatió la esclavitud negra, el tráfico de esclavos, ni participó en el movimiento
abolicionista.

B.

El legado de la esclavitud

Brasil fue el último país del mundo occidental en abolir la esclavitud, en el umbral del siglo
XX. Después de la emancipación, el 13 de mayo de 1888, los libertos fueron abandonados a su
propia suerte, sin compensación de ningún tipo ni proyectos de integración a la sociedad o al mercado
de trabajo. Durante algún tiempo se discutió la tesis de la indemnización a los ex propietarios, pero
nunca se pensó en resarcir o apoyar de alguna forma a los ex esclavos, como sucedió, por ejemplo, en
el período de la Reconstrucción en el Sur de Estados Unidos.
En el nordeste, la mayor parte de las tierras cultivables del litoral húmedo ya estaban ocupadas
y desde mediados de siglo los esclavos fueron progresivamente sustituidos por trabajadores
asalariados y vendidos a las provincias de Río de Janeiro, San Pablo y Minas Gerais. Cuando
sobrevino la abolición, la región tenía apenas 28% de la población esclava de Brasil. Sin alternativas
económicas, los libertos debieron incorporarse a la masa proletaria miserablemente remunerada de
los ingenios y plantaciones de caña, o convertirse en aparceros o medieros, trabajando en tierras
ajenas, en una agricultura de bajísima productividad.
En el momento de la emancipación, la región sudeste concentraba casi 70% del contingente
servil del país. Allí todavía quedaban grandes extensiones de tierras libres y el sector exportador de
café, que vivía un período de auge, dependía totalmente del trabajo forzado. Ante la perspectiva real
de una presión de la demanda sobre el mercado de trabajo y el consecuente incremento de los niveles
de remuneración, el gobierno comenzó a subsidiar la inmigración. Los esclavos fueron desplazados
de las plantaciones de café por grupos de colonos italianos y no tuvieron otra alternativa que
adaptarse a la agricultura de subsistencia en tierras desocupadas o migrar a la economía informal y el
subempleo de la periferia de los mayores centros urbanos. El surgimiento de las primeras grandes
favelas de Río de Janeiro data de ese período .
Más de un siglo después de la abolición, las consecuencias de la esclavitud continúan presentes
en la sociedad brasileña. El más evidente de esos legados es su numerosa población de origen
africano, que llegó a 76 millones de individuos en el Censo de 2000 y que representa 45% de la
población total. En algunas regiones esa proporción llega casi a 70%. Brasil tiene hoy la segunda
mayor población negra del mundo, siendo superado solo por Nigeria.

16

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Cuadro 2

POBLACIÓN POR COLOR O RAZA Y POR GRANDES REGIONES (EN MILES), 2000
Blancos
número

Negros (1)
%

número

%

Otros (2)
número

%

Total (3)
número

%

Norte
Nordeste
Sudeste
Sur
Centro Oeste

3,781
15,209
44,916
21,062
5,680

29.7
32.1
62.4
84.2
49.1

8,740
31,918
26,289
3,763
5,710

68.5
67.4
36.5
15.0
49.3

229
242
730
187
181

1.8
0.5
1.0
0.7
1.6

12,750
47,369
71,935
25,011
11,570

100
100
100
100
100

Brasil

90,647

53.8

76,419

45.3

1,568

0.9

168,635

100

Notas: (1) Incluye a todas las personas que se declararon negros o mulatos
(2) Incluye a todas las personas que se declararon amarillos o indígenas
(3) No incluye a 1.164.000 individuos sin declaración de color o raza
Fuente : Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Censo Demográfico de 2000

La segunda herencia de la esclavitud son las inmensas desigualdades raciales observadas en el
Brasil actual, que no son otra cosa que el resultado de las brutales desventajas y exclusiones
originales generadas por el régimen esclavista, transmitidas de generación en generación y
realimentadas cotidianamente por prejuicios y discriminaciones racistas, también originados en el
pasado pero que continúan vigentes. Esas desigualdades se manifiestan sistemáticamente en todos los
aspectos de la vida económica y social del país, y en todas las regiones y unidades de la federación
brasileña. 4
Es extremadamente preocupante que, además de ser muy grandes, las desigualdades raciales
no disminuyen con el paso del tiempo. Las series estadísticas disponibles en la actualidad muestran
que incluso en períodos de mejora generalizada de las condiciones sociales de toda la población,
como por ejemplo en los años noventa (en especial en la primera fase del Plan Real, de 1994 a 1998),
las distancias entre las razas no se redujeron e inclusive aumentaron en algunos casos.

C.

Resumen de las desigualdades raciales en Brasil

Presentaremos seguidamente la evolución de los principales indicadores relativos a las áreas de
educación, mercado de trabajo, ingreso y pobreza, desarrollo humano, supervivencia y mortalidad,
condiciones de vivienda y acceso a algunos bienes y servicios. Por falta de datos estadísticos
confiables, se excluyeron otras áreas importantes, como acceso a la justicia, exposición a la violencia
estatal y privada, representación política y participación en las decisiones.
El período de estudio comprende la década de 1990 y finaliza con los datos estadísticos
disponibles más recientes, que se refieren al año 2001. La principal fuente de datos primarios
utilizados es la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares (PNAD) realizada anualmente por el
IBGE. La información (microdatos) de la PNAD está disponible para todos los años del período,
excepto para 1991 y 2000, por ser años censales en los cuales no se realizó la encuesta, y para 1994,

4

En este trabajo presentamos solamente indicadores y estadísticas agregados para Brasil. En de Barros Jaccoud y Beghin (2002) y en
IPEA, Fundação João Pinheiro y PNUD (s/f) se encuentra amplia información estadística sobre desigualdades raciales desagregadas por
estados.

17

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

por otras razones. Además de la PNAD, se utilizaron indicadores construidos a partir de los
microdatos de los Censos Demográficos de 1991 y de 2000.
La muestra de la PNAD cubre todo el territorio nacional, con excepción de las áreas rurales de
los estados de Rondônia, Acre, Amazonas, Roraima, Pará y Amapá. Esto no representa un problema
grave para el objetivo de este trabajo, ya que basados en los datos del Censo de 2000 podemos
estimar que la población excluida del plan muestral de la PNAD representa menos de 2% de la
población de Brasil. De cualquier modo es una laguna con la cual debemos convivir.
Las categorías de raza o color adoptadas se basan en la clasificación del IBGE, que en sus
cuestionarios censales y muestrales divide a la población en “blancos”, “negros”, “mulatos”,
“amarillos” e “indígenas”, mediante la declaración del propio entrevistado. Partiendo de la
clasificación del IBGE, los indicadores presentados fueron agrupados en dos grandes categorías de
raza o color: blancos y negros. “Blancos” es la misma categoría primaria del IBGE, y está
constituida por los individuos que así se declararon. La categoría “negros” está compuesta por la
suma de los individuos que se declararon “negros” y “mulatos”, y se utiliza para designar a todos los
descendientes de africanos.
Esta categoría incluye a personas con diferentes grados de mestizaje, pero su utilización está
consagrada por estudiosos y especialistas en relaciones raciales y los movimientos sociales
representativos de los afro-brasileños también la han aceptado y adoptado plenamente. No es, por lo
tanto, una clasificación ofensiva ni políticamente incorrecta. Además, la homogeneidad observada en
los indicadores de los dos grupos en diversos campos temáticos refuerza la presunción de lo adecuado
de este criterio. Los dos grandes agrupamientos señalados comprenden, según el Censo de 2000, a
99,1% de la población residente total de Brasil (blancos: 53,8%; negros: 45,3%).
Las categorías “amarillos” e “indígenas” no se incluyeron en el análisis. Desde el punto de
vista estadístico, esos grupos representan sectores muy pequeños de la población, ya sea que se los
considere juntos o separados. En el Censo de 1991 constituían 0,6% de la población total, proporción
que aumentó a 0,9% en el Censo de 2000. En las poblaciones estudiadas por las PNAD nunca
superaron 0,8%. Al tratarse de datos muestrales (y vale recordar que inclusive en el Censo la
pregunta sobre raza / color sólo figura en el cuestionario de la muestra y no en el del universo) sería
metodológicamente temerario analizar esos grupos en forma separada (o inclusive agruparlos en una
categoría residual, como “otros”), pues la muestra se tornaría muy poco representativa y se
distorsionarían los valores promedio y la interpretación de los resultados.

18

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

II. Educación

La educación es uno de los componentes básicos que determinan
diversas características socioeconómicas de la población. Los atributos
educativos de los individuos definen en gran medida sus oportunidades
de empleo y de ingresos y afectan decisivamente sus condiciones de
bienestar y su inserción económica, social y política.
No existe ninguna sociedad igualitaria con grandes desigualdades
educativas, ni ninguna sociedad desigual en que éstas no estén muy
marcadas. Por su papel estratégico como determinante de la
distribución de otras variables, el sistema educativo puede ser, en
cualquier sociedad, un poderoso agente de inclusión y de promoción de
la igualdad o, por el contrario, puede generar, mantener o ampliar las
desigualdades socioeconómicas.
Todo indica que el caso brasileño se aproxima más a la segunda
hipótesis que a la primera, por lo menos en lo que respecta a las
desigualdades entre las razas. La comparación de los perfiles de
escolaridad de negros y blancos demuestra, más allá de cualquier duda,
que el sistema educativo no ha sido capaz de superar o por lo menos
mitigar significativamente las inmensas inequidades generadas por los
siglos de régimen esclavista, seguidos por más de un siglo de
negligencia y discriminación.

19

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 3

ÍNDICE DE ANALFABETISMO, POR RAZA Y FRANJA ETARIA, 1992

En porcentaje de la población total de la franja
Blancos
Negros

60 o más

15 o más

Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por
Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Gráfico 4

PERFIL EDUCATIVO DE LA POBLACIÓN DE 25 AÑOS O MÁS, POR RAZA, 1992

Porcentaje de la población en cada nivel de escolaridad

Blancos
Negros

15 o más

20

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta
Nacional por Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y
Estadística (IBGE).

Al comenzar los años noventa las tasas de analfabetismo de la población negra eran dos o tres
veces más altas que las de la población blanca, llegando a triplicar la tasa de analfabetismo de los
blancos en la franja más joven (15 a 24 años). Más de 25% de los jóvenes negros de15 años o
mayores eran analfabetos, en comparación con 10% de los blancos. Del total de la población negra
adulta (25 años o mayores), más de la mitad había cursado menos de 4 años de estudio, situándose en
la categoría de analfabetos funcionales; 82% no había completado los 8 años de educación primaria
(en comparación con menos de 2/3 de los blancos) y 90% no había finalizado los 11 años de
enseñanza media o secundaria (comparados con 3/4 de los blancos). Menos de 2 de cada 100 adultos
negros habían cursado 4 años de enseñanza superior, mientras que la proporción de adultos blancos
que sí lo habían hecho llegaba a 8%.
El importante y exitoso esfuerzo educativo brasileño de la segunda mitad de la década de 1990
redujo en gran medida las tasas de analfabetismo, sobre todo entre la población joven, y amplió
sobremanera el acceso de la población a todos los niveles de enseñanza, mejorando
considerablemente el perfil de escolaridad del país. Esa mejora alcanzó tanto a la población blanca
como a la negra, pero no se distribuyó igualmente entre las dos, beneficiando mucho más a la primera
que a la segunda y ampliando, en algunos casos, la distancia educativa entre ellas.
Gráfico 5

ÍNDICE DE ANALFABETISMO, POR RAZA Y FRANJA ETARIA, 2001

En porcentaje de la población total de la franja
Blancos
Negros

60 o más

15 o más

Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por
Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística IBGE

21

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 6

PERFIL EDUCATIVO DE LA POBLACIÓN DE 25 AÑOS O MÁS, POR RAZA, 2001

Porcentaje de la población en cada nivel de
escolaridad

Blancos
Negros

15 o más

Fuente Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por Muestra de
Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

A pesar del avance generalizado, los indicadores educativos de los dos grupos sólo mostraron
cierta convergencia en lo referente al analfabetismo joven (que tiende a una rápida erradicación) y al
acceso al primer nivel de enseñanza (que llegó a ser casi universal al final del período). En los niveles
medio y superior, aunque los dos grupos mejoraron sus posiciones, las diferencias no sólo
permanecieron muy elevadas sino que se ampliaron a lo largo de la década.
Gráfico 7

ÍNDICE DE ANALFABETISMO (PERSONAS DE 15 A 24 AÑOS)1992-2001

Blancos

22

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta
Nacional por Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística
(IBGE).
Gráfico 8

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN DE 7 A 13 AÑOS QUE NO ASISTE A LA ESCUELA, 1992-2001

Negros

Blancos

Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta
Nacional por Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística
(IBGE).
Cuadro 3

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN DE 25 AÑOS DE EDAD O MÁS
POR FRANJAS DE ESCOLARIDAD, 1992-2001
Menos de 4 años

8 años o más
Blancos

Negros

11 años o más
Blancos

Negros

15 años o más

Blancos

Negros

Blancos

Negros

1992

32.5

55.5

35.7

18.4

24.2

10.2

8.0

1.8

1993

31.4

53.9

36.0

19.5

24.4

10.8

8.1

1.9

1995

29.9

52.2

37.7

20.6

25.6

11.7

8.7

2.0

1996

29.1

49.8

39.2

22.8

26.2

12.4

8.8

2.1

1997

28.0

49.7

40.5

22.6

27.6

12.8

9.4

2.2

1998

27.0

48.2

41.9

23.9

28.6

13.3

9.7

2.2

1999

26.4

46.9

42.6

24.7

29.4

14.0

9.8

2.3

2001

24.8

43.5

45.6

27.9

32.0

16.1

10.2

2.5

Nota: (1) En el sistema educativo brasileño 8 años corresponden a la enseñanza primaria completa, 11 años a la enseñanza
secundaria completa y 15 años al nivel terciario (universidad, a nivel de grado)
Fuente : Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares
(PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)

23

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 9

EVOLUCIÓN DE LA BRECHA EDUCATIVA* ENTRE BLANCOS Y NEGROS, 1992-2001

Menos de 4 años de estudio (1)

8 años de estudio o más (2)

11 años de estudio o más (2)

15 años de estudio o más (2)

Nota: (*) diferencia, en puntos porcentuales, entre los porcentajes de la población blanca y de la población negra en
cada franja de escolaridad. (1) Negros menos blancos. (2) Blancos menos negros
Fuente:
Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por
Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

La magnitud y la persistencia de la exclusión de las personas de origen africano del nivel de
educación superior son extremadamente preocupantes, pues implican su virtual imposibilidad de acceder a
las ocupaciones de mayor prestigio y remuneración, las posiciones de mando, las capas dirigentes de los
sectores público y privado y las actividades culturales y científicas que requieren educación formal. Esto
tiene graves consecuencias, no sólo en sus condiciones materiales de vida, sino también en su autoestima y
bienestar psicológico.
Como ya vimos, al comenzar la década sólo 1,8% de la población negra adulta había completado el
mínimo de15 años de escolaridad que en el sistema brasileño corresponden al diploma de grado
universitario, en comparación con 8,2% de los blancos. A pesar de los avances registrados, al final del
período ese porcentaje se incrementó apenas a 2,5%, en comparación con 10,2% en el caso de los blancos.
Es interesante señalar que el porcentaje de adultos negros con nivel universitario o superior
registrado en Brasil en 2001 (2,5%) fue alcanzado en Estados Unidos en 1947, en plena era de
segregación, intolerancia y violencia racial abierta, antes de que el movimiento por los derechos civiles
cobrara fuerza, de las principales decisiones integracionistas de la Suprema Corte y mucho antes del
surgimiento de las políticas de acción afirmativa en la educación. El porcentaje de adultos blancos
brasileños con educación superior en 2001 (10,2%) fue alcanzado por sus pares estadounidenses a
mediados de la década de los años sesenta. 5

5

24

Véase Oficina del Censo (2003).

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Es aún más sorprendente constatar que en el año 1995 en Sudáfrica, 2,2% de la población negra de
30 a 49 años de edad había alcanzado el nivel universitario, mientras que en Brasil, en el mismo año y el
mismo tramo de edad, ese índice era solamente de 2,9%. Si tenemos en cuenta que el régimen del Apartheid
fue derrocado en 1994, podemos concluir que su sistema universitario fue capaz de producir para la
población negra resultados muy semejantes a los del sistema educativo supuestamente integrado, abierto,
universalista y racialmente democrático de Brasil. 6
La historia reciente de la universidad brasileña constituye un buen ejemplo del fracaso de las
políticas universalistas (“color blind”) en la promoción de la inclusión racial o en la superación de las
desigualdades generadas por exclusiones del pasado.
Gráfico 10

POBLACIÓN UNIVERSITARIA * EN MILES, 1991 Y 2000

Total

Blancos
Negros

Nota: (*) Estudiantes de grado con 18 años o más.
Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada/Fundação João Pinheiro/ Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (IPEA/FJP/PNUD), Atlas do desenvolvimento humano no
Brasil 2000, versión en CD-Rom, s/f.

Aunque el sistema universitario duplicó con creces su tamaño absoluto entre 1991 y 2000 (medido
por el número de estudiantes de 18 años o mayores en los cursos de graduación), pasando de 1,4 millones a
casi 3 millones de matriculados, la participación de los negros, que constituyen cerca de 43% de la
población total de esa franja etaria, disminuyó de 19,7% a 19,3%. Entre los jóvenes de 18 a 24 años de
edad, la participación de los negros, que representan 48% de la población total de ese tramo de edad, se
redujo de 16,7% a 15,9%. Esa reducción se observó en todas las unidades de la federación (estados y
Distrito Federal) excepto en San Pablo, donde el porcentaje permaneció inalterado, y en Mato Grosso do
Sul, donde creció menos de un punto. En el período entre los dos censos, la proporción de jóvenes blancos
(de 18 a 24 años) matriculada en la universidad se incrementó de 7% a 11,7%, mientras que la de los
jóvenes negros aumentó apenas 1 punto porcentual, de 1,5% a 2,5%.

6

Véase Lam (1999).

25

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 11

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN DE 18 A 24 AÑOS MATRICULADA EN LA UNIVERSIDAD*, 1991 Y 2000

Blancos

Nota: (*) Estudiante de grado
Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada/Fundação João Pinheiro/ Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (IPEA/FJP/PNUD), Atlas do desenvolvimento humano no Brasil
2000, versión en CD-Rom, s/f.
Gráfico 12

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN DE 18 A 24 AÑOS MATRICULADA EN LA UNIVERSIDAD *, 1991 Y 2000

Blancos
Negros

Nota: (*) Estudiante de grado
Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada/Fundação João Pinheiro/ Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (IPEA/FJP/PNUD), Atlas do desenvolvimento humano no
Brasil 2000, versión en CD-Rom, s/f.

La comparación con Estados Unidos revela, además de la evidente e inmensa distancia
educativa entre los dos países, la enorme diferencia en el grado de igualdad racial de los dos sistemas
universitarios.
Es importante resaltar dos aspectos de la exclusión racial en la universidad brasileña. El
primero es que la pequeña proporción de estudiantes negros se concentra fundamentalmente en los
26

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

cursos de menor prestigio. El nivel de agrupación de los datos disponibles no nos permite percibir el
hecho, evidente en cualquier universidad del país, de que la presencia negra en las facultades y cursos
más disputados y prestigiosos, entre ellos medicina, derecho e ingeniería, es aún menos frecuente que
la revelada por las estadísticas agregadas.
En segundo lugar, se puede especular con bastante seguridad que el porcentaje de alumnos
negros no se redujo aún más a lo largo de la década porque la expansión del sistema universitario fue
mayor en el sector privado (88%) que en el público (53%). En las universidades públicas, que en
Brasil son gratuitas y de calidad muy superior a las del sector privado, la disputa por los lugares es
mucho más intensa y la exclusión racial es notoriamente mayor que en la universidad privada.
Cabe señalar también que la situación se repite entre los profesores de dichas universidades.
De los 1.400 profesores que conforman el cuerpo docente de la Universidad de Brasilia (UnB) sólo
14 son de ascendencia africana. La Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la
Universidad de San Pablo (USP), que con 540 profesores es probablemente el mayor y más
importante centro de enseñanza e investigación en humanidades del país, tiene apenas dos docentes
negros en su plantel: uno de ellos es brasileño y el otro nació en Zaire. 7

A.

Exclusión digital

La familiaridad con las nuevas tecnologías digitales (en particular el acceso a los
microcomputadores y a Internet) es considerada una habilidad decisiva para el éxito educativo, las
oportunidades en el mercado de trabajo y las posibilidades de progreso económico, social y cultural,
en general. La PNAD realizada en 2001 incluyó por primera vez una pregunta sobre ese tema. Los
resultados se presentan en el gráfico que figura a continuación.
Gráfico 13

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN CON ACCESO A ALGUNAS
TECNOLOGÍAS DIGITALES, POR RAZA, 2001

Porcentaje de personas que cuentan con:

Blancos

Negros

Microcomputadora
Microcomputadora

7

Acceso a Internet

Teléfono celular

Véase de Carvalho y Segato (2002).

27

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta
Nacional por Muestra de Hogares (PNAD), Brasilia, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística
(IBGE).

Los diferenciales observados son preocupantes, pues si no se revierten en el corto plazo, sin
duda se convertirán en otro poderoso mecanismo generador de desigualdades y de ampliación de las
exclusiones ya existentes.

28

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

III. Mercado de trabajo

El mercado de trabajo se examina a través de los enfoques
tradicionales de acceso (empleo y desempleo), remuneración, y calidad
del trabajo (informalidad y otras formas de privatización).8

A.

Desempleo

El índice promedio de desempleo en Brasil, medido por la PNAD,
osciló entre 6% y cerca de 9% de la población económicamente activa
(PEA) entre 1992 y 2001. Como era de esperarse, el índice promedio
muestra amplias variaciones entre los diferentes grupos y su
desagregación revela grandes disparidades, tanto entre los géneros como
entre las razas. Los índices de desempleo de las mujeres y de los negros
son siempre mucho más altos que los de los hombres y los de los
blancos, respectivamente.
La desigualdad entre las razas se repite, también sin excepción,
dentro de cada género y la brecha entre los géneros se observa a su vez
dentro de cada grupo racial. Es decir que los índices de desempleo de
los hombres negros son siempre superiores a los de los hombres
blancos, y lo mismo ocurre al comparar a las mujeres negras con las
mujeres blancas; a las mujeres negras con los hombres negros y a las
mujeres blancas con los hombres blancos.

8

La principal fuente de los datos utilizados en esta sección es Martins (2003a). En segundo lugar, también se utilizaron datos de de Barros
Jaccoud y Beghin (2002).

29

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 14

ÍNDICE DE DESEMPLEO, POR GÉNERO Y POR RAZA, 1992-2001

PEA de 16 años o más

Mujeres negras

Mujeres blancas

Hombres negros

Hombres blancos

Fuente: Roberto B. Martins, “Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de
trabalho no final do século XX”, informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril, 2003a).

Las tablas que figuran a continuación, referidas a los tramos de edad de 16 a 24 años y de 25
años o más, demuestran que a pesar del cambio de escala (la franja más joven presenta, como era de
esperarse, índices de desempleo mucho más altos que la franja de los adultos) la jerarquía de los
índices entre hombres y mujeres, blancos y negros, y en todas las combinaciones de raza y género, se
mantiene absolutamente intacta en todos los años de la serie.
Cuadro 4

ÍNDICE DE DESEMPLEO, POR GÉNERO Y RAZA, PEA DE 25 AÑOS O MÁS, 1992-2001

30

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Todos
blancos

Todos
negros

Hombres
blancos

Mujeres
blancas

Hombres
negros

Mujeres
negras

1992

3.9

4.8

3.3

4.8

4.1

5.8

1993
1995

3.5
3.7

4.5
4.4

2.9
3.1

4.3
4.5

4.0
3.8

5.4
5.1

1996

4.3

5.1

3.4

5.6

4.2

6.5

1997

4.9

5.9

3.8

6.3

4.7

7.6

1998

5.6

6.4

4.3

7.4

5.1

8.3

1999

6.0

7.3

4.7

7.7

6.0

9.3

2001

5.6

7.5

4.4

7.2

5.8

10.0

Fuente : Roberto B. Martins, “Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no
final do século XX”, informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril, 2003a).

31

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Cuadro 5

ÍNDICE DE DESEMPLEO, POR GÉNERO Y RAZA, PEA DE 16 A 24 AÑOS, 1992-2001
Menos de 4 años
Blancos
Negros

8 años o más
Blancos
Negros

11 años o más
Blancos
Negros

15 años o más
Blancos
Negros

1992
1993
1995

32.5
31.4
29.9

55.5
53.9
52.2

35.7
36.0
37.7

18.4
19.5
20.6

24.2
24.4
25.6

10.2
10.8
11.7

8.0
8.1
8.7

1.8
1.9
2.0

1996
1997

29.1
28.0

49.8
49.7

39.2
40.5

22.8
22.6

26.2
27.6

12.4
12.8

8.8
9.4

2.1
2.2

1998
1999
2001

27.0
26.4
24.8

48.2
46.9
43.5

41.9
42.6
45.6

23.9
24.7
27.9

28.6
29.4
32.0

13.3
14.0
16.1

9.7
9.8
10.2

2.2
2.3
2.5

Fuente : Roberto B. Martins, “Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final do
século XX”, informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril, 2003a).

La interacción entre escolaridad y empleo en el Brasil de los años noventa es bastante compleja
y no se observa empíricamente ninguna relación simple, directa o inversa, entre las dos variables. El
patrón que surge de los datos de la PNAD sugiere que, en todos los grupos de género y raza y en
todas las franjas etarias, el índice de desempleo aumenta con la escolaridad hasta alcanzar un
máximo en la franja de 8 a 10 años de estudio y disminuye, sucesivamente, en las franjas de 11 a 14
y de 15 o más años de estudio, alcanzando en esta última su punto mínimo.
No obstante, la existencia de brechas sistemáticas entre los índices de desempleo de los grupos
situados en las mismas franjas de escolaridad es significativa y sugiere la existencia de
discriminación racial. El modelo de comparación de los índices referidos (HB  MB, HN  MN, B 
N, HB  HN, MB  MN) se repite con una regularidad asombrosa en todos los años de la serie. En
la tabla y el gráfico que figuran a continuación presentamos sólo los números referentes a los dos
años extremos, pero esa jerarquía se mantiene invariablemente a lo largo de todo el período
analizado.
Gráfico 15

ÍNDICE DE DESEMPLEO, POR RAZA Y ESCOLARIDAD, 1992 Y 2001

PEA de 16 años de edad, por niveles de escolaridad
Blancos
Negros

32

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Fuente: Roberto B. Martins, “Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado
brasileiro de trabalho no final do século XX”, informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril, 2003a).

B.

Remuneración laboral

Las desigualdades raciales se revelan con mayor claridad aún al estudiar la remuneración
laboral. La magnitud y la regularidad de las brechas observadas es verdaderamente impresionante.
En ningún año de la serie el salario de los negros supera el 51% del de los blancos. Al desagregar los
datos por sexo se verifica que la retribución de los hombres negros nunca llega a la mitad de la de los
hombres blancos, y aunque entre las mujeres la brecha es ligeramente menor, la remuneración
promedio de las negras no llega en ningún momento a más de 53% de la de las blancas.
Cuadro 6

INGRESO PROMEDIO MENSUAL(*), DE LOS OCUPADOS DE 16 AÑOS Y MÁS
Todos
Blancos

Todos
Negros

Hombres
blancos

Hombres
negros

Mujeres
blancas

Mujeres
negras

1992

605

307

691

342

475

250

1993

636

316

733

354

491

255

1995
1996
1997
1998

789
825
816
808

391
404
392
392

909
915
922
902

431
440
427
423

618
691
663
670

328
347
336
344

1999

748

371

827

402

637

323

2001

757

376

847

402

634

336

Nota: * Ingreso promedio mensual, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas semanales
Fuente : Roberto B. Martins. Desigualdades e Discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no
final do século XX. Informe presentado a la OIT Brasil (abril de 2003)
Gráfico 16

INGRESO LABORAL * DE LOS NEGROS COMO PORCENTAJE DE LOS BLANCOS, 1992-2001
TRABAJADORES DE LOS DOS SEXOS DE 16 AÑOS O MÁS

Nota: (*) Ingreso promedio mensual de todos los trabajos, en reales de enero de 2002, estándar de 40
horas.

33

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Fuente: Roberto B. Martins, “Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado
brasileiro de trabalho no final do século XX”, informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia,
(abril, 2003a).

34

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Gráfico 17

INGRESO LABORAL * DE LOS NEGROS COMO PORCENTAJE DE LOS BLANCOS DEL MISMO SEXO,
1992-2001 TRABAJADORES DE LOS DOS SEXOS DE 16 AÑOS O MÁS

Mujeres

Hombres

Nota :

(*) Ingreso promedio mensual de todos los trabajos, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas

Fuente: Roberto B. Martins, “Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final
do século XX”, informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril, 2003a).

La desagregación por franjas etarias no altera ese patrón. El diferencial es menor en la franja
más joven (16 a 24 años), pero incluso en este grupo los negros nunca llegan a recibir 2/3 de la
remuneración de los blancos, ni entre los hombres ni entre las mujeres.
Cuadro 7

INGRESO* DE TODOS LOS TRABAJOS: NEGROS COMO PORCENTAJE
DE LOS BLANCOS DE LA MISMA FRANJA ETARIA, 1992-2001
16 años o más
Todos
1992
1993
1995
1996
1997
1998
1999
2001

51
50
49
49
48
49
50
50

25 años o más

Hombres Mujeres
49
48
47
48
46
47
49
47

53
52
53
50
51
51
51
53

Todos
50
49
49
48
47
48
49
49

16 a 24 años

Hombres Mujeres
49
48
47
48
46
46
48
47

52
51
52
49
50
50
49
52

Todos
63
61
61
62
62
62
62
63

Hombres Mujeres
64
62
61
62
61
63
62
63

60
58
60
60
62
59
61
63

Nota: * Ingreso promedio mensual, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas semanales
Fuente: Roberto B. Martins, “Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no
final do século XX”, informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, abril, 2003a.

35

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Las tablas y gráficos siguientes muestran los datos correspondientes a blancos y negros
desagregados por grandes grupos ocupacionales. Se puede observar que en absolutamente todas las
categorías laborales (por lo menos en este nivel de desagregación), en todas las franjas de edad y
en todos los años de la serie, la remuneración del trabajo de los negros es nítidamente inferior a
la de los blancos.
Las mayores brechas raciales se observan en la categoría de los trabajadores independientes,
debido a que el porcentaje de profesionales y técnicos negros autoempleados es muy pequeño. En el
caso de los hombres no alcanza a 3% en ninguno de los años estudiados y en el de las mujeres llega a
un máximo de 5%. Entre los trabajadores independientes blancos esta proporción es de dos a tres
veces más alta, generando la gran desigualdad observada en el promedio de ocupación.
La magnitud de las diferencias observadas en el servicio público es sorprendente. Entre todos
los empleados en este sector, la remuneración promedio de los negros no llega a 2/3 de la
remuneración de los blancos, e incluso entre los funcionarios civiles y militares ese porcentaje no
llega a 70%.
A pesar del grado de codificación de las normas salariales y de carrera vigentes en la
administración pública, que impedirían una situación de discriminación salarial abierta, los datos
indican que ésta existe, probablemente disimulada bajo formas más sutiles de segmentación
ocupacional o discriminación funcional. La ausencia casi total de personas negras en los escalones
medios y altos, en las carreras de mayor prestigio y mejor remuneradas, en los cargos de confianza,
en las jefaturas y en los niveles más elevados de las carreras públicas, en todos los poderes y en todos
los niveles de gobierno, es notoria a simple vista.
No obstante, a pesar de todas las pruebas de su existencia, los caminos y los mecanismos de la
exclusión racial en el servicio público brasileño son todavía poco conocidos y deben estudiarse mejor.
El Censo Racial del Ejecutivo Federal, realizado por el gobierno anterior y cuyos resultados todavía
no han sido divulgados por el nuevo gobierno, es un paso importante en esa dirección.
En las franjas de 16 y de 25 años o más, la única categoría en la que encontramos una brecha
inferior a los 25 puntos porcentuales es la del servicio doméstico. En la categoría siguiente, la de los
empleados agrícolas, las diferencias se mantienen entre 1/4 y 1/3 y en todos los demás tipos de
trabajo la remuneración de los blancos supera a la de los negros por un amplio margen, que va de
50% a 100%. En la franja de 16 a 24 años las desigualdades son menores, pero debemos recordar
que en este tramo de edad y en este nivel de desagregación la reducción puede ser fruto de problemas
de muestreo.

36

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Cuadro 8

INGRESO LABORAL*, TRABAJADORES DE 16 AÑOS O MÁS,
POR GÉNERO, RAZA Y TIPO DE OCUPACIÓN, 1992 Y 2001
Tipo de ocupación

Todos
blancos

Todos
negros

Hombres Hombres
blancos negros

Mujeres
blancas

Mujeres
negras

1992

Funcionarios públicos civiles y militares
Otros empleados en el sector público
Empleados en empresas no agrícolas
Empleados en empresas agrícolas
Todos empleadores en el sector privado
Todos empleados en servicio doméstico
Todos trabajadores independientes

937
934
601
203
1,513
178
528

594
485
350
138
876
140
284

1,047
1,162
653
208
1,555
232
553

652
591
365
142
871
163
300

850
709
493
168
1,311
175
466

537
370
304
111
909
139
245

2001

Funcionarios públicos civiles y militares
Otros empleados en el sector público
Empleados en empresas no agrícolas
Empleados en empresas agrícolas
Todos empleadores en el sector privado
Todos empleados en servicio doméstico
Todos trabajadores independientes

1,266
906
685
235
2,027
266
695

862
546
377
170
1,163
219
334

1,471
1,115
730
238
2,130
306
699

979
654
389
173
1,135
215
338

1,111
757
606
213
1,711
263
686

750
457
346
145
1,286
220
323

Nota: * Ingreso promedio mensual de la ocupación principal, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas
semanales.
Fuente : Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no
final do século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).

Dadas las grandes desigualdades educativas entre blancos y negros, y dado que la
remuneración laboral es una función creciente de la escolaridad, está claro que el factor educativo
cumple un papel importante en la generación de las desigualdades de ingresos. Sin embargo, no se
puede atribuir exclusivamente a esta causa la amplitud de las diferencias encontradas. Es difícil
creer, por ejemplo, que la educación sea la causa de las desigualdades de ingreso entre los blancos y
los negros empleados en el servicio doméstico o en la agricultura, los trabajadores independientes no
profesionales o técnicos, o incluso en el conjunto de los asalariados informales. Esas categorías son
notoriamente poco exigentes en sus requisitos educativos y es poco probable que los blancos
incluidos en ellas tengan niveles de escolaridad muy diferentes a los de los negros que desempeñan las
mismas ocupaciones.

37

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Cuadro 9

INGRESO* LABORAL: NEGROS COMO PORCENTAJE DE LOS BLANCOS,
OCUPACIONES SELECCIONADAS, 1992-2001
Demás trab. indep. (1)

Servicio doméstico

Asalariados informales (2)

16 +

25 +

16-24

16 +

25 +

16-24

16 +

25 +

16-24

1992

59

59

64

79

82

75

60

57

69

1993

57

58

56

81

83

81

56

53

68

1995

58

58

60

80

82

80

55

53

64

1996

58

59

62

80

85

75

56

55

63

1997

53

53

55

81

84

81

57

54

68

1998

56

56

58

82

86

75

55

52

67

1999

55

55

58

80

82

79

57

54

68

2001

54

55

58

82

85

82

55

52

66

Notas: * Ingreso promedio mensual de la ocupación principal, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas semanales
(1) Todos los trabajadores independientes excepto los profesionales y técnicos
(2) Todos los asalariados sin contrato de trabajo, inclusive los del sector público
Fuente : Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final do
século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).
Gráfico 18

INGRESO LABORAL PROMEDIO *, POR RAZA, OCUPACIONES SELECCIONADAS, 2001
TRABAJADORES DE LOS DOS SEXOS, DE 16 AÑOS O MÁS

Blancos
Negros

Servicio doméstico

Empleados agrícolas

Trabajadores independientes
no profesionales

Todos los trabajadores
informales

Nota: (*) Ingreso del trabajo principal, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas.
Fuente: Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de
trabalho no final do século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).

38

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Las tablas y el gráfico siguientes aportan datos que respaldan la conclusión de que las
desigualdades educativas no explican por sí solas las diferencias de rendimiento observadas en el
mercado de trabajo. Las cifras demuestran que en todos los niveles de escolaridad, en los dos sexos y
en todos los años de la serie, la remuneración de la población negra oscila entre 60% y 80% del
ingreso de los blancos con el mismo nivel educativo. Esos datos sugieren la existencia de
discriminación salarial. El estudio de algunas situaciones en que la remuneración de los blancos es
mayor, inclusive en comparación con personas negras con niveles de escolaridad más altos, refuerza
aún más esa hipótesis. Es importante señalar también que las series temporales no indican que los
niveles de remuneración tiendan a converger.
Cuadro 10

INGRESO* LABORAL, EMPLEADOS DE 16 AÑOS O MÁS,
POR GÉNERO, RAZA Y ESCOLARIDAD, 1992-2001
Escolaridad
(en años)

Todos
blancos

Todos
negros

Hombres
blancos

Hombres
negros

Mujeres
blancas

Mujeres
negras

1992

0a3
4a7
8 a 10
11 a 14
15 o más
Todas

281
400
556
878
1,911
605

199
291
391
624
1,408
307

318
470
638
1,051
2,397
691

221
336
452
758
1,744
342

218
283
423
675
1,362
475

159
213
290
490
1,097
250

2001

0a3
4a7
8 a 10
11 a 14
15 o más
Todas

316
424
533
866
2,343
757

223
313
390
589
1,714
376

341
481
608
1,047
2,937
847

232
341
446
704
2,138
402

274
332
420
673
1,769
634

206
264
307
474
1,348
336

Nota: * Ingreso promedio mensual de todos los trabajos, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas semanales
Fuente

Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final do
século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).
Cuadro 11

INGRESO* LABORAL: NEGROS COMO PORCENTAJE DE LOS
BLANCOS DEL MISMO SEXO, POR ESCOLARIDAD, 1992-2001

Todos Negros
0 a 3 años
4 a 7 años
8 a 10 años
11 a 14 años
15 años o más
Hombres Negros
0 a 3 años
4 a 7 años
8 a 10 años
11 a 14 años
15 años o más
Mujeres Negras
0 a 3 años
4 a 7 años
8 a 10 años
11 a 14 años
15 años o más

71
73
70
71
74

71
70
72
70
77

66
74
78
69
72

69
70
72
68
72

68
71
69
66
74

70
72
74
68
74

69
72
74
69
77

71
74
73
68
73

70
71
71
72
73

69
70
71
71
76

62
73
78
70
71

66
69
74
70
74

67
71
67
67
73

68
72
72
69
76

68
71
73
72
84

68
71
73
67
73

73
75
69
73
81

72
73
76
70
84

72
74
79
70
78

74
72
71
69
70

72
73
76
68
79

72
75
80
69
74

70
74
76
68
73

75
79
73
70
76

Notas: (*) Ingreso promedio mensual de todos los trabajos, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas semanales.

39

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Incluye a todos los trabajadores con remuneración, de 16 años o más
Fuente : Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final do
século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).

40

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Cuadro 12

INGRESO* LABORAL, POR GÉNERO Y RAZA, CON ESCOLARIDAD DESFASADA, 1992-2001
Hombres Hombres
Blancos Negros
0a3

4a7

1992

318

336

1993

318

334

1995

404

1996

%

Hombres Hombres
Blancos Negros

Mujeres
Blancas

Mujeres
Negras

0a3

%

4a7

Mujeres
Blancas

Mujeres
Negras

4a7

%

8 a 10

%

4a7

8 a 10

106

470

452

96

218

213

98

283

290

102

105

478

456

96

214

205

96

283

294

104

411

102

561

588

105

279

273

98

370

360

97

398

405

102

584

568

97

300

280

93

391

352

90

1997

389

394

558

513

263

352

382

531

507

300

267

89
89

359

370

92
95

295

1998

101
103

357

358

98
100

1999

341

354

104

500

466

93

289

255

88

343

313

91

2001

341

341

100

481

446

93

274

264

96

332

307

92

Notas: (*) Ingreso promedio mensual de todos los trabajos, en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas semanales.
Incluye a todos los trabajadores con remuneración, de 16 años o más
Fuente : Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final do
século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, (abril de 2003a).

El análisis de un caso hipotético puede sernos de utilidad para avanzar en este tema. El
ejercicio consiste en atribuir a los negros el mismo perfil educativo de los blancos, manteniendo los
diferenciales observados de remuneración en cada franja de escolaridad. De ese modo se puede
descomponer la diferencia total de los promedios en dos partes, una imputable a las diferencias
educativas y otra que deberá atribuirse a “otras causas”. Los resultados se presentan en la tabla y el
gráfico que figuran a continuación.
Gráfico 19

CASO HIPOTÉTICO: TODOS NEGROS X TODOS BLANCOS

Todos blancos (observado)

No imputable a la educación
Todos negros (hipótesis, con la educación de los blancos)

Imputable a la educación
Todos negros (observado)

Nota: Ingreso en reales de enero de 2002, estándar de 40 horas semanales, trabajadores de 16 años o más
Fuente:
Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro
de trabalho no final do século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).

41

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Cuadro 13

PORCENTAJES DE LAS BRECHAS DE INGRESO LABORAL
NO CAUSADAS POR LAS DIFERENCIAS EDUCATIVAS*

Todos negros
x
Todos blancos

Hombres negros
x
Hombres blancos

Mujeres negras
x
Mujeres blancas

1992

57

56

53

1993
1995
1996
1997
1998

55
56
58
57
55

54
55
55
57
52

51
54
59
54
55

1999
2001

54
57

48
56

58
55

Nota: * Hipótesis: Ingreso promedio de los negros con el perfil educativo de los blancos del mismo sexo y su propia
remuneración en cada franja de escolaridad
Fuente: : Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final
do século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).

La hipótesis demuestra que las desigualdades educativas (que se generan fuera del mercado de
trabajo), aunque grandes y persistentes, son responsables por menos de la mitad de las diferencias
observadas en la remuneración promedio. La mayoría de esas diferencias se generan en el mercado de
trabajo y obedecen a otros factores, entre los cuales se incluyen ciertamente la segmentación
ocupacional y un fuerte componente de discriminación salarial basada en la raza. 9
Sin embargo, desde una perspectiva más amplia, se puede afirmar sin ninguna duda que las
diferencias de ingreso se deben totalmente a la discriminación y la exclusión racial. Al intentar su
descomposición analítica en partes imputables a la educación y partes imputables a otros factores, lo
que estamos haciendo en realidad es, pura y simplemente, tratar de separar los efectos de la
discriminación o exclusión presente de los efectos de la discriminación o exclusión pasada.
La desigualdad observada hoy en la educación no es otra cosa que la manifestación de
exclusiones ancestrales, discriminaciones transmitidas de generación en generación, en cadenas de
causalidad que se remontan a la época del tráfico y la esclavitud, y que incluyen no sólo la negación
del acceso a la educación, sino también al ingreso, la propiedad, la acumulación de riqueza, el poder
político y a la propia ciudadanía. Sin embargo, es necesario hacer algunas distinciones. No se trata
de jerarquizar en una escala ética las heridas del presente y las heridas del pasado, sino de identificar
dimensiones distintas de un mismo problema, que se interrelacionan y combinan para generar las
inequidades de hoy, pero que ciertamente exigen abordajes y políticas distintas para su
enfrentamiento.
El mercado nacional de trabajo no es homogéneo. Las conocidas desigualdades regionales de
desarrollo económico y social se manifiestan también en los mercados regionales de trabajo, mediante
niveles diferenciados de productividad y de remuneración de los trabajadores. Tampoco es
homogénea la distribución regional por raza de la PEA y de la población ocupada. La población
negra está relativamente más concentrada en el nordeste y en el norte, que son las regiones con
9

42

Véase Martins (2003a). Sergei Soares, utilizando técnicas econométricas mucho más sofisticadas, llega a conclusiones muy semejantes a
las aquí presentadas, véase Suarez Dillon Soares (2000).

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

menores niveles de ingreso y de remuneración laboral. Es necesario, entonces, verificar si las
desigualdades encontradas en los promedios nacionales de remuneración se deben a la heterogeneidad
de la distribución espacial de las razas o si permanecen cuando se considera ese factor.
Cuadro 14

INGRESO* LABORAL: NEGROS COMO PORCENTAJE DE LOS BLANCOS, POR REGIONES, 1992-2001

Norte

Nordeste

Sudeste

Sur

C. Oeste

1992

59

53

52

58

54

1993

58

49

52

55

57

1995

64

53

52

60

56

1996

57

52

51

55

56

1997

57

50

49

57

54

1998

60

48

50

61

53

1999

60

51

51

54

53

2001

58

52

50

61

52

Nota: * Ingreso promedio de la ocupación principal, de todos los trabajadores, en reales de enero de 2002
Fuente: Luciana de Barros Jaccoud y Nathalie Beghin, “Desigualdades raciais no Brasil. Um balanço da intervenção
governamenta”, anexo estadístico, versión en CD Rom, Brasilia, Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA),
2002.
Gráfico 20

INGRESO LABORAL DE LOS NEGROS COMO PORCENTAJE DE LOS BLANCOS,
POR REGIONES, 2001

Blancos
Negros

Sur

Nota: Ingreso promedio del trabajo principal, estándar de 40 horas semanales, de todas las personas ocupadas, en todos los
niveles de scolaridad

43

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Fuente: Luciana de Barros Jaccoud y Nathalie Beghin, “Desigualdades raciais no Brasil. Um balanço da intervenção
governamenta”, anexo estadístico, versión en CD Rom, Brasilia, Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA),
2002.

Las cifras precedentes son bastante claras. La brecha entre negros y blancos no sólo está
presente en todas las regiones, independientemente de su nivel de desarrollo o de las condiciones
específicas de su mercado de trabajo, sino que también presenta variaciones regionales relativamente
pequeñas con respecto al promedio nacional. Eso nos permite concluir que la heterogeneidad de la
distribución racial de la población en el territorio brasileño no es responsable de las desigualdades de
ingreso observadas entre las razas.

C.

Informalidad y privatización del empleo

La informalidad es una de las formas de inserción precaria en el mercado de trabajo. La
definición de informalidad aquí adoptada se refiere sólo a los empleados asalariados, y la tasa de
informalidad se define como el porcentaje de empleados sin contrato de trabajo (inclusive los del
sector público) en el total de los empleados públicos o privados, que comprende a los funcionarios
públicos civiles y militares. Desde el punto de vista jurídico es una situación ilegal y desde el punto
de vista social constituye una modalidad de inserción precaria, porque niega al trabajador la
protección de la legislación laboral y previsional y por someterlo a niveles de inseguridad y de
inestabilidad mucho mayores que los que enfrentan los empleados formales o con contrato de trabajo.
Cuadro 15

TASA DE INFORMALIDAD DE LOS ASALARIADOS*, POR RAZA Y FRANJA ETARIA, 1992-2001
16 años o más

25 años o más

16 a 24 años

Blancos

Negros

Blancos

Negros

Blancos

Negros

1992
1993
1995

28
29
29

44
46
45

24
25
25

38
39
39

39
41
39

59
60
59

1996

30

45

26

39

42

58

1997
1998
1999
2001

30
31
31
31

45
45
46
46

27
27
28
28

40
40
41
41

40
41
41
41

58
60
59
59

Nota: * Incluye a todos los asalariados o empleados sin contrato de trabajo, inclusive los del sector público
Fuente : Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final do
século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia abril de 2003a.

44

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Gráfico 21

TASA DE INFORMALIDAD DEL EMPLEO, POR GÉNERO Y RAZA, 1992-2001
(Todos los asalariados de 16 años o más)

Mujeres negras

Hombres negros
Mujeres blancas

Hombres blancos

Fuente: Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final do
século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).

Como se puede observar en la tabla, la tasa de informalidad en el mercado de trabajo brasileño
registró niveles elevados en el período en estudio, sobre todo en la franja etaria más joven (16 a 24
años), pero permaneció relativamente estable, con una tendencia ascendente muy moderada. La tasa
de informalidad de las mujeres es siempre más alta que la de los hombres, pero las diferencias no
llegan a superar el nivel de un dígito (en puntos porcentuales), inclusive en el tramo de edad más
joven, donde los niveles absolutos son mucho más elevados.
Las desigualdades entre las razas son mucho más pronunciadas. El grado de informalidad de
los trabajadores negros es significativamente más alto que el de los trabajadores blancos, tanto para
el conjunto de cada raza como para cada sexo considerado separadamente. En ningún año de la serie
la brecha de informalidad entre las razas tiene menos de dos dígitos, incluso entre los adultos de 25
años o más. En el caso de los jóvenes de 16 a 24 años esas desigualdades se mantienen siempre
alrededor de 20 puntos porcentuales.
El gráfico muestra un rígido patrón en la jerarquía de las tasas de informalidad, invariable a lo
largo de toda la serie, en el que predomina el criterio de raza seguido por el de género. Es decir que
en todos los años estudiados, el grado de informalidad es mayor entre la población negra que en la
blanca, independientemente del sexo, y dentro de cada raza las cifras referidas a las mujeres superan
a las de los hombres.
El concepto de privatización del empleo adoptado por la Organización Internacional del
Trabajo es mucho más amplio que el concepto de informalidad mencionado anteriormente y tiene
45

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

como referencia a toda la población ocupada y no sólo a los empleados asalariados. Traducido en
términos de las categorías ocupacionales de la PNAD, este concepto incluye como ocupaciones
precarias el empleo asalariado sin contrato de trabajo (los trabajadores informales), el trabajo por
cuenta propia no profesional o técnico, todas las ocupaciones no remuneradas (que en la clasificación
utilizada en este estudio son representadas por la suma de las ocupaciones para uso o consumo
propio, con las “demás ocupaciones sin remuneración”) y además los empleados en empresas con
cinco empleados o menos, incluso aunque tengan contrato de trabajo.
La tabla y el gráfico siguientes presentan un resumen de la precariedad del trabajo en Brasil en
la década de los años noventa y muestran que la proporción de trabajadores con inserción precaria
fue extremadamente elevada. En ningún año de la serie, en ninguna franja etaria, ni en ninguna
combinación de género y raza, la tasa de privatización presenta un valor inferior a 50% de la
población ocupada.
Cuadro 16

TASA DE PRECARIEDAD DEL EMPLEO* (CONCEPTO OIT), POR RAZA Y FRANJA ETARIA, 1992-2001
Blancos
1992
1993
1995
1996
1997
1998
1999
2001

Negros

Blancos

Negros

Blancos

Negros

52
53
53
54
53
53
54
52

66
66
66
66
66
67
67
65

50
51
51
49
52
51
52
51

63
63
64
61
64
64
65
63

58
59
58
60
58
59
59
57

73
74
73
73
73
74
75
72

Nota * Porcentaje de trabajadores en ocupaciones precarias sobre el total de ocupados. Véase en el texto el concepto de
ocupaciones precarias adoptado por la OIT.
Fuente: Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de trabalho no final do
século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).
Gráfico 22

TASA DE PRECARIEDAD DEL EMPLEO (CONCEPTO DE LA OIT), POR GÉNERO Y RAZA, 1992-2001
Todos los trabajadores de 16 años o más

Mujeres negras

Hombres negros

Mujeres blancas

Hombres blancos

46

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

Fuente: Roberto B. Martins. Desigualdades e discriminação de gênero e de raça no mercado brasileiro de
trabalho no final do século XX. Informe presentado a la OIT Brasil, Brasilia, (abril de 2003a).

Al examinar el problema desde las perspectivas de género y de raza, se repite íntegramente el
rígido patrón observado en las tasas de informalidad (con predominancia del factor raza seguido por
el factor género): las tasas de privatización del empleo correspondientes a la población negra son más
altas que las de los blancos, independientemente del género, y dentro de cada grupo racial, las
mujeres suplantan a los hombres en términos de ese indicador. La ligera tendencia a la baja en las
tasas femeninas para ambas razas se debe a una notable reducción en el componente “ocupados sin
remuneración”. La proporción de trabajadores negros en situación de empleo precaria es mucho
mayor que la de los trabajadores blancos en todos los años estudiados, en los dos sexos y en todas las
franjas etarias, situándose siempre en torno a 2/3 o más de la población ocupada. Entre los jóvenes
negros de 16 a 24 años el índice siempre supera los 70 puntos porcentuales y llega a alcanzar 76% en
el caso de las mujeres negras.

47

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

IV. Ingreso familiar, distribución del
ingreso y pobreza

A.

Distribución del ingreso

El ingreso domiciliario per capita (RDPC) de las familias
brasileñas aumentó de manera significativa en la década estudiada,
especialmente en la primera fase del Plan Real (1994-1998): al finalizar
ese período su valor real se había incrementado 35% en comparación
con 1992. En el segundo mandato de Fernando Henrique Cardoso su
trayectoria presentó variaciones, pero en 2001 (último dato disponible)
todavía era 30% más alto que en el inicio de la década.
Como en el caso de la educación, ese crecimiento benefició tanto
a blancos como a negros, pero de forma desigual: al final del período el
RDPC de los blancos alcanzó el índice de 133%, mientras que el de las
familias negras llegó apenas a 127% del valor real de 1992. Así, la
diferencia entre el ingreso per capita de los dos grupos, que ya era muy
grande, se amplió ligeramente pasando de 56 puntos porcentuales en
1992 a 57 puntos en 2001.

48

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Cuadro 17

INGRESO DOMICILIARIO REAL PER CAPITA*, POR RAZA, 1992-2001
Reales de enero de 2002

Índice (1992 = 100)

Porcentaje

Blancos

Negros

Total**

Blancos

Negros

Total**

Negros / Blancos

1992

363

161

273

100

100

100

44

1993
1995

384
481

165
201

288
357

106
132

102
125

105
130

43
42

1996
1997
1998
1999
2001

488
494
500
472
482

203
205
209
200
205

364
365
370
350
356

134
136
138
130
133

126
127
129
124
127

133
134
135
128
130

42
42
42
42
43

Notas: * Ingreso domiciliario per capita mensual, en reales de enero de 2002
** El total incluye todas las categorías de color/raza
Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares
(PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)

Al desagregar por raza los datos sobre la distribución del ingreso, se puede verificar que el
porcentaje de personas de raza negra es extremadamente alto en los deciles inferiores y, por el
contrario, muy bajo en los deciles superiores. Aunque representan cerca de 46% de la población total,
su participación llega a 70% en el primer decil (el 10% más pobre) y a medida que avanzamos hacia
los estratos más altos disminuye progresivamente hasta llegar a apenas 16% en el último decil (el
10% más rico). Esa configuración permanece casi inalterada a lo largo de todo el período analizado.
Gráfico 23

PERFIL RACIAL DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, 1992

Blancos
Negros
Negros como porcentaje de la población total

Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional
por Muestra de Hogares (PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)

49

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 24

PERFIL RACIAL DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, 2001

Blancos
Negros
Negros como porcentaje de la población total

Fuente:

Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por
Muestra de Hogares (PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)
Gráfico 25

PARTICIPACIÓN DE LA POBLACIÓN NEGRA* EN LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, 1992-2001

10% más pobre

Población total

10% más rico

Nota: (*) Porcentaje de negros en el total de la franja de ingreso

50

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por
Muestra de Hogares (PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

B.

Pobreza y pobreza extrema

En vista de las enormes desigualdades de ingreso, no nos sorprende que la incidencia de la
pobreza y la pobreza extrema (o indigencia) sea mucho más alta entre los negros que entre los
blancos. A comienzos de la década, más de la mitad de la población negra se situaba por debajo de la
línea de la pobreza (en comparación con cerca de 30% de los blancos) y casi 30% se situaba por
debajo de la línea de indigencia (en comparación con 12% de los blancos).
Los descendientes de africanos representaban, como ya vimos, cerca de 47% de la población
brasileña, pero constituían también 56% de la población pobre y 60% de la población
extremadamente pobre. En el conjunto de la población, había 91 negros cada 100 blancos, pero cada
100 brasileños blancos pobres había 159 brasileños negros pobres, y cada 100 brasileños blancos
indigentes había 202 brasileños negros en la misma situación.
Cuadro 18

PROPORCIÓN Y NÚMERO DE POBRES, POR RAZA, 1992-2001
Proporción de pobres*

Número de pobres (millones)

% de

Negros por

Blancos

Negros

Total**

Blancos

Negros

Total**

Negros

100 Blancos

1992

29

55

41

22.0

35.1

63.0

56

159

1993
1995

29
22

57
48

42
34

22.8
18.0

36.3
32.0

65.2
53.6

56
60

160
178

1996
1997

22
22

48
48

34
34

18.5
18.2

31.4
33.1

54.1
55.5

58
60

169
182

1998
1999

21
23

46
48

33
34

17.7
19.0

32.1
33.6

54.4
57.5

59
59

181
177

2001

22

47

34

19.7

35.5

58.3

61

181

Notas: * Porcentaje de personas con ingreso domiciliario per capita por debajo líneas de pobreza del IPEA
** El total incluye todas las categorías de color/raza
Fuente: Instituto de Investigación Económica Apicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares
(PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)
Cuadro 19

PROPORCIÓN Y NÚMERO DE INDIGENTES, POR RAZA, 1992-2001
Blancos

Negros

Total**

Blancos

Negros

Total**

Negros

100 Blancos

1992

12

28

19

8.9

18.0

30.0

60

202

1993
1995

11
8

30
22

20
15

8.6
6.5

19.0
15.0

30.6
22.9

62
65

220
229

1996
1997

9
8

23
23

15
15

7.2
6.7

15.1
15.7

24.0
24.3

63
65

210
234

1998
1999

8
8

21
22

14
14

6.5
6.9

14.8
15.4

23.2
24.3

64
63

229
224

2001

8

22

15

7.4

16.6

25.3

66

224

Notas: * Porcentaje de personas con ingreso domiciliario per capita por debajo de las líneas de indigencia del IPEA

51

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

** El total incluye a todas las categorías de color/raza.
Fuente : Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares
(PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)

A lo largo de los años noventa, Brasil logró significativas reducciones, tanto de la pobreza
como de la pobreza extrema. El exitoso programa de estabilización de la economía (Plan Real) y un
notable incremento en el volumen y la efectividad de las políticas sociales (especialmente en los
programas de transferencia del ingreso, como el Sistema de Previsión Rural, el Programa Bolsa
Escola, el Programa de Erradicación del Trabajo Infantil y otros similares) lograron reducir la
proporción de pobres de 42% (1993) a 33% (1998) y la de indigentes de 20% (1993) a 14% (1998).
Las turbulencias económicas y las bajas tasas de crecimiento que marcaron el segundo
mandato del Presidente Fernando Henrique Cardoso interrumpieron esos avances, pero aún así las
ganancias del período inicial se mantuvieron y en 2001 los indicadores de pobreza e indigencia se
mantenían en el mismo nivel de 1995. Según el Panorama Social de América Latina, de la CEPAL,
Brasil consiguió en esa década reducir la pobreza a un ritmo tres veces más rápido que el de
cualquiera de sus vecinos de la región.
Sin embargo, una vez más se puede constatar que la mejora benefició en mayor medida a los
blancos que a los negros. En 2001, la proporción de negros por debajo de la línea de pobreza había
disminuido pero todavía afectaba a 47% de la población negra (en comparación con 22% de la
población blanca). La proporción de indigentes negros se redujo a 22%, en comparación con 8% de
los blancos.
A pesar de que la población negra creció a una tasa menor que la población blanca, pasando
de 47% a 45% de la población total, los negros pasaron a representar una porción aún mayor de las
poblaciones pobres e indigentes (61% y 66%, respectivamente). Al final del período había solo 83
negros cada 100 blancos en la población total, pero ahora había 181 negros pobres cada 100 blancos
pobres y 224 negros indigentes cada 100 blancos en condiciones de pobreza extrema.
Entre 1992 y 2001, el número absoluto de brasileños pobres se redujo en casi 5 millones de
personas, pero esa reducción ocurrió exclusivamente entre los blancos y las otras categorías raciales.
El número absoluto de negros en situación de pobreza, por el contrario, creció en casi 500.000
individuos.
Gráfico 26

NEGROS COMO PORCENTAJE DE POBLACIONES SELECCIONADAS, 1992-2001

Población indigente

Población pobre

Población total

52

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

Fuente: Sobre la base de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares (PNAD) y Censos demográficos.

53

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Gráfico 27

NÚMERO DE NEGROS CADA 100 BLANCOS EN LAS MISMAS CONDICIONES, 1992-2001

Indigente

Pobres

Brasileños

Fuente Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional
por Muestra de Hogares (PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
Gráfico 28

NÚMERO ABSOLUTO DE POBRES Y DE INDIGENTES, EN MILLONES, POR RAZA, 1992-2001

Pobres negros

Pobres blancos

Indigentes negros

Indigentes blancos

54

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Fuente Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional
por Muestra de Hogares (PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)

C.

Indicadores de desarrollo humano

El cálculo de los índices de desarrollo humano (IDH) por raza fue realizado por primera vez en
Brasil por el economista Marcelo Paixão, de la Universidad Federal de Rio de Janeiro. En el Atlas do
Desenvolvimento Humano no Brasil 2000 (producido por el IPEA, la Fundación João Pinheiro, de
Minas Gerais y el PNUD), divulgado recientemente, con datos referentes a los años censales de 1991
y 2000, el IDH y sus componentes fueron desagregados por raza y por unidades de la federación. Los
resultados agregados para Brasil se presentan en la siguiente tabla.
Cuadro 20

ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO (IDH) Y SUS COMPONENTES, POR RAZA, 1991 Y 2000
1991
Blancos

Negros

2000
N / B (%)

Blancos

Negros

N / B (%)

Ingreso familiar per capita*
Tasa bruta de asistencia a la escuela
Tasa de alfabetización (15 años o más)

317
69.6
88.1

129
58.3
71.7

41
84
81

407
84.9
91.2

163
79.0
80.3

40
93
88

Esperanza de vida al nacer (años)

68.1

61.4

90

71.0

65.7

92

Índice de Desarrollo Humano

0.757

0.621

82

0.818

0.701

86

Nota: * En reales de agosto de 2000.
Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada/Fundação João Pinheiro/ Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (IPEA/FJP/PNUD), Atlas do desenvolvimento humano no Brasil 2000, versión en CD-Rom, s/f.

La tabla muestra que, en el período entre los dos censos, las distancias entre el ingreso familiar
per capita y la longevidad de los blancos y de los negros se mantuvieron inalteradas, observándose
una pequeña aproximación apenas en los dos indicadores que componen la dimensión educativa del
índice. La ligera convergencia observada entre el IDH de los dos grupos raciales se debe
exclusivamente a ese factor. Más precisamente, se puede afirmar que el pequeño acortamiento de la
distancia es fruto de una característica muy particular del índice, que incluye en su componente
educativo exactamente aquellos indicadores para los cuales hubo, como señalamos anteriormente,
una aproximación efectiva entre blancos y negros.
La desigualdad, sin embargo, continúa siendo muy grande. El IDH de los negros en 2000 los
coloca en la franja de desarrollo humano medio, y es comparable al de El Salvador. El índice de los
blancos se acerca al de Costa Rica y los coloca en la clase de desarrollo humano alto. En una escala
formada por los estados brasileños, el desarrollo humano de la población blanca se sitúa entre Río de
Janeiro y San Pablo, mientras que el de la población negra se sitúa entre Ceará y Rio Grande do
Norte. Nótese además que el índice que corresponde a la población negra en 2000 es
significativamente inferior al nivel alcanzado por los blancos en el censo de la década precedente.

1)

Mortalidad y supervivencia

Las mejoras generalizadas en las condiciones de mortalidad y de supervivencia de la población
brasileña en la década de los años noventa redujeron ligeramente las desigualdades entre los
55

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

indicadores demográficos de blancos y negros, pero las diferencias se mantienen en niveles todavía
muy elevados.

56

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Cuadro 21

ALGUNOS INDICADORES DEMOGRÁFICOS, POR RAZA, 1991 Y 2000
Blancos Negros

Total*

Blancos Negros

Total*

Tasa de mortalidad antes de 1 año (por mil)
Tasa de mortalidad antes de 5 años (por mil)

35.1
42.1

56.0
75.0

38.8
48.0

26.1
28.0

38.8
47.9

32.5
38.1

Esperanza de vida al nacer (en años)
Probabilidad de sobrevivir hasta 40 años

68.1
90.6

61.4
83.9

66.8
89.3

71.0
93.2

65.7
88.8

68.1
90.9

Probabilidad de sobrevivir hasta 60 años

77.4

65.0

74.9

82.4

72.7

77.2

Nota: * El total incluye todas las categorias de color/raza.
Instituto de Investigación Económica Aplicada/Fundação João Pinheiro/ Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (IPEA/FJP/PNUD), Atlas do desenvolvimento humano no Brasil 2000, versión en CD-Rom, s/f.

Fuente:

La esperanza de vida al nacer de los blancos en 2000 era equivalente a la de México o la de
Hungría, mientras que la de los negros era comparable a la de Guatemala o a la de India. A pesar de
haber tenido un incremento de cinco años en el período entre los censos, la expectativa de vida de los
negros todavía permanecía inferior a la de los blancos en la década anterior.
La tasa de mortalidad de los niños negros en el primer año de vida cayó de 56 cada 1.000 a 39
cada 1.000 entre 1991 y 2000, pero en ese último año era todavía más alta que la de los niños
blancos en la década anterior e igual a la tasa promedio del estado de Piauí, uno de los más pobres de
Brasil. La tasa de mortalidad antes de cumplir 1 año de los niños blancos era apenas ligeramente
superior al promedio del estado de Río de Janeiro.

2)

Condiciones de vivienda y posesión de bienes duraderos

Las grandes desigualdades en el ingreso y en la incidencia de la pobreza observadas entre los
blancos y los negros se reflejan, como no podía ser de otra manera, en sus condiciones de vivienda,
de acceso a servicios básicos y de acceso a la propiedad de bienes de consumo duraderos. En 1991, el
porcentaje de negros que vivían en unidades habitacionales precarias (o aglomerados subnormais,
expresión utilizada por el IBGE para designar las favelas, palafitos y otras viviendas similares
localizadas sobre todo en las áreas urbanas y metropolitanas) duplicaba con creces el porcentaje de
blancos en las mismas condiciones. Aunque representaban menos de la mitad de la población total,
los negros constituían 2/3 de la población “favelada” de Brasil. Las condiciones de los dos grupos
mejoraron a lo largo de la década y la desigualdad disminuyó ligeramente (debido en parte a la baja
del porcentaje de personas negras en la población urbana), pero en el año 2000, el número de
habitantes negros de las viviendas precarias seguía siendo casi el doble de la cantidad de blancos.

57

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Cuadro 22

POBLACIÓN EN AGLOMERADOS SUBNORMALES (AS)*, POR RAZA, 1991 Y 2000

Porcentaje de la población blanca que vive en AS

3.1

2.8

Porcentaje de la población negra que vive en AS
Porcentaje de la población total que vive en AS

6.6
4.8

5.1
3.9

65.6
43.7
47.4

59.7
42.4
45.3

Negros como porcentaje de la población de los AS
Negros como porcentaje de la población urbana
Negros como porcentaje de la población total

Nota: * Los aglomerados subnormais son las favelas, viviendas precarias, palafitos y similares.
Fuente: IPEA, sobre la base de los Censos Demográficos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

La misma trayectoria puede observarse cuando consideramos las condiciones físicas y de
ocupación de la vivienda y el acceso de los habitantes a servicios básicos como el saneamiento y la
electricidad. En conjunto, la cobertura de los servicios de agua, saneamiento y energía eléctrica
mejoró sensiblemente y la proporción de habitantes en viviendas precarias o con tasas de ocupación
superiores a dos personas por dormitorio disminuyó.
Las distancias entre blancos y negros se redujeron en todos los aspectos analizados, pero, con
excepción del acceso a la energía eléctrica, se mantuvieron en niveles todavía muy elevados.
Cuadro 23

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN EN CONDICIONES
INADECUADAS DE VIVIENDA, POR RAZA, 1992 Y 2001

1992

2001

Blancos
Abastecimiento inadecuado de agua
Saneamiento inadecuado
Construcción con materiales no duraderos
Densidad excesiva de ocupación
Domicilio sin energía eléctrica

Negros

Blancos

Negros

13.3
35.3
2.7
18.3
6.4

39.0
62.5
11.4
37.3
19.3

6.9
26.3
1.9
13.2
2.2

23.4
48.4
6.4
27.3
7.1

Fuente : Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares
(PNAD), Insituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Tampoco sorprende, dadas las diferencias de ingresos entre los dos grupos, que su acceso a la
propiedad de bienes duraderos sea bastante diferenciado, con gran desventaja para los negros. Ya
mencionamos la enorme y grave desigualdad en la propiedad de microcomputadores. La tabla y los
gráficos siguientes muestran cómo evolucionó la situación con respecto a algunos otros bienes
duraderos.

58

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

Cuadro 24

BIENES DURADEROS: PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN EN DOMICILIOS
QUE NO LOS POSEEN, POR RAZA, 1992-2001
Blancos

Negros

Blancos

Negros

Blancos

Negros

Blancos

Negros

Blancos

Negros

1992

18

44

10

22

42

71

75

92

67

90

1993
1995
1996
1997
1998
1999
2001

18
15
13
11
10
10
8

44
40
35
32
30
28
24

9
7
6
6
6
7
8

21
16
13
13
13
14
16

39
28
22
17
14
13
11

68
56
45
38
33
30
25

74
71
68
64
60
54
39

91
90
87
85
82
77
62

56

82

Nota: *Los datos sobre la propiedad de automóviles son los de los censos demográficos y se refieren a 1991 y 2000.
Fuente: Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), sobre la base de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares
(PNAD), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

59

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

V. Las políticas raciales y las
lecciones de la historia reciente

La permanencia de semejantes desigualdades raciales, especialmente
a lo largo de períodos de efectivo progreso social para el conjunto del país,
encierra lecciones importantes y desmiente algunas creencias engañosas. La
esperanza generalizada de que el crecimiento económico, el desarrollo
social, y sobre todo, el retorno a la democracia después de dos décadas de
dictadura militar reducirían naturalmente las desigualdades raciales (y las
disparidades sociales en general) resultó tristemente infundada.
Como vimos anteriormente, durante la primera fase del Plan Real
(1994-1998) el ingreso domiciliario per capita creció casi 30% y el ingreso
laboral real promedio aumentó 26% (con relación al nivel de 1993). La
proporción de pobres, por otro lado, cayó más de 9 puntos porcentuales en
el mismo período, haciendo que por lo menos 11 millones de personas
cruzaran el umbral de la línea de la pobreza. Vimos también que, a pesar de
las oscilaciones económicas de los años siguientes, esas conquistas se
mantuvieron hasta el final de la década.
En otras importantes áreas el progreso fue todavía mayor y más
sustentado. El gasto social del Gobierno Federal aumentó 40% en términos
reales entre 1993 y 1998, alcanzando la marca de 14% del PIB brasileño, y
permaneció en ese nivel hasta el final del mandato de Fernando Henrique
Cardoso. Los avances en la educación y la salud fueron notables, cualquiera
fuera el patrón de medida. La tasa de mortalidad infantil cayó de 39 cada
1.000 en 1991 a 32 cada 1.000 en el año 2000. El porcentaje de niños de 7
a 13 años que no asisten a la escuela disminuyó de 12%, en 1992, a 2,9%
en 2001, por mencionar sólo algunos ejemplos.
60

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

El retorno a la democracia fue completo, con elecciones absolutamente libres, amplia libertad
de expresión y organización política y social, e incrementó de manera significativa la participación de
la sociedad civil en el proceso político.
Como vimos, esos cambios beneficiaron a toda la población, pero las grandes desigualdades
entre blancos y negros permanecieron prácticamente intocadas, e inclusive aumentaron en algunos
casos.
La historia brasileña reciente nos revela la extrema limitación de las políticas sociales llamadas
“universalistas” en lo que se refiere a su capacidad para reducir desigualdades o revertir las
consecuencias de exclusiones pasadas y nos sugiere que la igualdad no se produce de forma natural.
Las desigualdades que fueron construidas históricamente, y consolidadas a lo largo de siglos, deben
eliminarse de manera activa, mediante el esfuerzo deliberado de la sociedad y de instrumentos
políticos adecuados y eficaces. En particular, la experiencia de los años noventa demuestra la
necesidad de adoptar políticas específicas de promoción de la igualdad, que ofrezcan, por la vía de la
discriminación positiva, compensaciones a los grupos excluidos y discriminados de manera negativa
en el pasado, con miras a restablecer (o establecer) condiciones de competencia verdaderamente
igualitarias.
Las reglas de competencia social y las nociones de justicia competitiva (especialmente el
principio de estricta “igualdad de todos ante la ley”) que predominan en nuestra cultura son las
heredadas del liberalismo clásico (tanto político como económico). Reflejan esencialmente los
códigos del mercado liberal, que preconizan la completa “neutralidad” o “imparcialidad” del Estado
ante los competidores. Esas reglas no son, obviamente, capaces de producir la igualdad como
resultado. Muy por el contrario, tienen la igualdad como un presupuesto: expresan el ideal de
justicia de una república abstracta, de ciudadanos abstractos, teóricamente iguales. Son
fundamentalmente ahistóricas y serían justas, tal vez, en una sociedad hipotética donde las personas
fueran rigurosamente iguales, es decir, en una sociedad que nunca existió. En sociedades como la
brasileña, donde las personas son brutalmente desiguales, esas reglas son simplemente hipócritas y
tienen como resultado la perpetuación y la ampliación de las diferencias.
La esencia de la llamada “acción afirmativa” es la decisión consciente de la sociedad de poner
límites a la “ley del más fuerte” y tratar a los desiguales de manera desigual, con el objetivo de
promover la igualdad. 10El principal obstáculo para la adopción de tales políticas en Brasil ha sido,
hasta ahora (junto con una tolerancia casi increíble de la sociedad a la desigualdad en general), una
persistente negación de la misma cuestión racial. La sociedad brasileña se niega a admitir la
existencia de cualquier forma de prejuicio o discriminación racial, a reconocer que el país pueda tener
cualquier tipo de “problema racial” y, claro está, a que la nación deba cualquier reparación a su
población negra. La mera discusión del tema enfrenta resistencias generalizadas.
Como señalamos anteriormente, el mestizaje, el relacionamiento “cordial” entre las razas, los
niveles relativamente bajos de violencia interracial y de manifestaciones abiertas de racismo y la
ausencia de segregación legal o explícita (que son características verdaderas y positivas de la
sociedad brasileña) hacen que la mayoría de los brasileños blancos tienda a subestimar, e inclusive a
descartar por completo, el papel del componente racial en la generación y el mantenimiento de los
altísimos niveles de desigualdad que se observan en el país. A pesar de convivir con desigualdades
flagrantes y reiteradas continuamente, gran parte de los brasileños todavía se apega con tenacidad al
mito, profundamente arraigado, de que su país es una “democracia racial” con oportunidades iguales
para todos, independientemente de su raza o color de piel.
10

Se encuentran excelentes presentaciones del concepto, así como de los resultados de la adopción de políticas afirmativas en la educación
superior en los Estados Unidos, en Johnson (1965), Bowen y Bok (1998) y David Skrentny (1996).

61

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Lo mismo ocurre, en gran medida, en muchas organizaciones e instituciones clave de la
sociedad civil, como los partidos políticos (entre ellos la izquierda), los sindicatos, las iglesias y los
movimientos populares, incluso aquellos genuinamente comprometidos con la lucha por la
democracia y por la justicia social. Las raras voces disidentes, por ejemplo algunos pocos
intelectuales y organizaciones negras, permanecen circunscritas a esferas bastante limitadas. Con
frecuencia se los acusa de expresar visiones exóticas, “importadas” y ciertamente “no brasileñas”.

A.

El Estado brasileño y la cuestión racial

Desde el final del Imperio hasta hace muy poco, el Estado brasileño tuvo un papel de liderazgo
en ese pacto de silencio y negación. La joven república, proclamada y controlada por ex señores
desconformes con la abolición de la esclavitud, inauguró un modelo de exaltación oficial de la
herencia indígena, súbitamente elevada a símbolo de la condición brasileña, y de desprecio por los
negros y por los mestizos responsabilizados por la “indolencia” y el “atraso” del país.
Las teorías racistas pseudocientíficas del siglo XIX preconizaban una rígida jerarquía de las
razas (los blancos en la cima, con la responsabilidad de dominar y de “civilizar” a las razas
“inferiores”) y condenaban vehementemente el mestizaje como un factor de degeneración, fatal para
el proceso “civilizador” y el “avance” de los pueblos. Durante la Primera República (1889-1930), la
elite brasileña, asombrada por estas teorías y profundamente avergonzada de su herencia africana e
ibérica y del mestizaje de la población, desarrolló y financió con recursos públicos varios proyectos
para atraer a inmigrantes europeos, no sólo en busca de mano de obra que consideraba más deseable,
sino también en busca de un fantástico ideal de “emblanquecimiento nacional”. 11
La llamada Revolución del 30, supuestamente modernizadora y destinada a sustituir en el
poder a las oligarquías de la “vieja república”, no trajo ningún cambio en la visión de las elites o en
la posición del Estado sobre la cuestión racial. El régimen que impuso cultivaba, especialmente en su
fase dictatorial más dura (el “Estado Nuevo”, 1937-1945), abiertas simpatías por los regímenes nazifascistas que florecían en Europa y por su ideario racista de supremacía aria. Imitando ideas y
prácticas del III Reich, desarrollaba proyectos de educación física, gimnasia y deportes orientados a
la “eugenesia” y el “mejoramiento de la raza”. Su nacionalismo, su estética oficial y su búsqueda de
raíces “auténticas” incluía, una vez más, a los indígenas y el folclore popular, pero no tenía lugar
para los negros ni para el rico componente africano de la cultura brasileña. Fue una época marcada
por avances importantes en el área de los derechos laborales, por la supresión de libertades políticas
y graves violaciones de los derechos humanos, y por un total desprecio con respecto a las
desigualdades raciales.
En el plano de las ideas, ese período asistió al nacimiento de una reacción intelectual contra el
racismo “científico” y la tesis de la “condena nacional” por causa del mestizaje. El gran protagonista
de ese movimiento, el sociólogo de Pernambuco Gilberto Freyre, generó una fuerte conmoción en el
pensamiento social brasileño al hacer un elogio abierto del mestizaje, de la herencia cultural africana
y de lo que llamó “genio colonial portugués”. Su obra, sin embargo, está impregnada por una visión
idílica de una supuesta sociedad esclavista patriarcal y por la mentira de la esclavitud benevolente o
cordial, y constituye, hasta hoy, el gran pilar intelectual del mito de la democracia racial en Brasil. 12
Los gobiernos populistas-desarrollistas del interregno democrático 1945-1964 se preocuparon
obsesivamente por la industrialización y el crecimiento económico. Excepto por las desigualdades
regionales, que merecieron cierta atención, poco se preocuparon de las inequidades sociales, y mucho
11
12

62

Véase, por ejemplo, Skidmore (1974).
Véase Freyre (1933). El libro ha tenido 40 ediciones en Brasil y fue traducido a diversos idiomas. Una versión más antigua y aún más
radical de esa visión puede encontrarse en Freyre (1922).

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

menos de su componente racial. La gran efervescencia reformista-revolucionaria del final de ese
período (gobierno de João Goulart) reflejaba una visión marxista de la sociedad, basada
exclusivamente en el modelo ortodoxo de la lucha de clases, sin espacio para consideraciones sobre
género, raza o cualquier otra dimensión de la desigualdad o de la justicia social.
La dictadura militar (1964 hasta fines de los años ochenta) rechazaba el tema de la
desigualdad y promovía activamente el mito de la democracia racial. Los líderes y las organizaciones
negras eran vistos con suspicacia y fueron muchas veces perseguidos como izquierdistas o
“subversivos”. La negación oficial del problema racial en Brasil llegó a su punto culminante, como
señalamos antes, con la supresión de la pregunta sobre raza en el Censo Demográfico de 1970.
Aparentemente, el régimen de los generales estaba tan convencido de la “inocencia” de Brasil en esta
cuestión, que no tuvo ninguna dificultad en ratificar la Convención 111 de la OIT, la Convención de
1960 de UNESCO contra la discriminación en la educación, y la convención General de las Naciones
Unidas para la Eliminación de Todas las Formas de Racismo (1966), o incluso en participar
activamente en la condena del Apartheid sudafricano en los foros internacionales y en las dos
primeras conferencias mundiales contra el racismo.

B.

Políticas raciales en la transición a la democracia

Recién a mediados de los años ochenta, con el retorno de la democracia, y un poco más tarde,
con la nueva Constitución Federal de 1988, comenzaron a surgir algunas señales de cambio.
Empezando por San Pablo, en 1984, los nuevos gobiernos estaduales elegidos democráticamente
iniciaron la creación de agencias o consejos “de la comunidad negra”, con la misión de monitorear y
combatir la discriminación racial, divulgar la cultura afro-brasileña y, de manera un poco vaga,
promover la inclusión y el progreso de la población negra.
Esas iniciativas fueron importantes, en la medida en que significaron un cambio de actitud,
pero generaron pocos resultados concretos. Las agencias tenían mandatos mal definidos,
financiamiento inadecuado y ningún acceso a los centros reales de decisión. Permanecieron, casi sin
excepción, como “guetos negros” enclavados en la estructura de los respectivos gobiernos. Como
resultado de las movilizaciones por los temas afro-brasileños al conmemorarse el centenario de la
abolición de la esclavitud en 1988, el gobierno de José Sarney creó la Fundación Cultural Palmares,
así denominada en homenaje al Quilombo dos Palmares (el mayor episodio de resistencia esclava de
la historia de Brasil), y proclamó a su líder, Zumbí dos Palmares, como héroe nacional. La
Constitución de 1988, que sustituyó las cartas otorgadas por los militares, expresó en su preámbulo
el “reconocimiento de la nación a la contribución cultural” de los afro-brasileños y redefinió los actos
de racismo y de discriminación racial como crímenes, en lugar de contravenciones, como se los
tipificaba en la legislación anterior.
En retrospectiva, puede decirse que la acción del Estado en ese período (mediados de los años
ochenta a inicios de los noventa) giraba en torno a dos líneas principales:
a) Una vertiente “cultural”, que consistió en una creciente promoción y valorización de la
historia, la cultura y las artes afro-brasileñas y destacó el contenido simbólico de la resistencia y la
dignidad de los esclavos (incluso mediante el reconocimiento de los derechos de las comunidades de
los quilombos a sus tierras ancestrales).
b) Una vertiente de lucha contra la discriminación, que incluyó un discreto incremento en el
aparato y en la disposición del Estado a registrar y reprimir actos de discriminación racial flagrante,
mediante algunas medidas legislativas y el establecimiento de las agencias, consejos e instancias
mencionadas anteriormente.
63

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

No hubo, sin embargo, admisión o divulgación oficial de las brutales desigualdades raciales (y
evidentemente tampoco de la necesidad de enfrentarlas), ni acciones concretas en la enseñanza, el
mercado de trabajo o cualquier otra área, para reducir la brecha en términos de ingresos, educación y
modos de vida entre blancos y negros.
Sin restarle importancia a los avances conquistados en esta fase de transición a la democracia,
es preciso observar que el período contiene algunas enseñanzas importantes. Nos muestra, por
ejemplo, que es mucho más fácil construir consensos en torno a la celebración de la diversidad étnica,
o de orgullo por la herencia cultural africana, que aventurarse en el controvertido terreno de la acción
afirmativa o de la discriminación positiva. Por más importante que sea, el abordaje cultural no
representa una amenaza, por lo menos inmediata, al orden establecido, y puede por lo tanto ser
absorbido con facilidad o simplemente ignorado.
Del mismo modo, la condena moral y el eventual castigo de los actos explícitos de
discriminación nunca enfrentó ninguna oposición seria en Brasil. Muy al contrario, los brasileños
tienen un enorme aprecio por la fantasía de la democracia racial. Las manifestaciones abiertas de
racismo y de intolerancia racial, sobre todo en sus formas violentas, siempre fueron claramente
rechazadas por la cultura brasileña contemporánea, y su represión siempre fue ampliamente apoyada
y aplaudida.
Muy distinto, y mucho más difícil, es presionar por oportunidades realmente iguales en la
educación y en el mercado de trabajo, y por que haya más médicos, abogados, jueces, empresarios,
científicos, diplomáticos y generales negros. Eso implica presionar por la redistribución del ingreso,
la riqueza y el poder, y amenaza las mismas bases de una jerarquía económica, social (y racial)
establecida hace siglos, algo que los brasileños están mucho menos dispuestos a hacer o aceptar.

C.

Políticas raciales en el gobierno de Fernando Henrique
Cardoso

La transición democrática se completó y consolidó con la elección de Fernando Henrique
Cardoso a fines de 1994. El presidente electo tenía más formación y motivación que cualquiera de
sus antecesores para incluir la cuestión racial en la agenda de su gobierno. Contaba con sólidos
antecedentes como sociólogo, historiador de la esclavitud y estudioso de las relaciones raciales y se
destacó en la lucha por la democratización. Siendo un joven investigador desempeñó un papel
prominente en la demolición (académica) del mito de la democracia racial. 13
Cardoso abordó el tema ya en su discurso de toma de posesión del cargo, en el que señaló que
la desigualdad racial era uno de los pilares fundadores de la desigualdad en Brasil y un problema que
debía enfrentarse con urgencia y energía. Esa fue la primera vez que un presidente brasileño habló
con franqueza sobre ese tabú nacional. Algunos meses más tarde, Brasilia fue testigo de la mayor
manifestación por la igualdad racial jamás vista en el país. La Explanada de los Ministerios fue
tomada por decenas de miles de manifestantes que exigían posicionamiento y acción del gobierno, en
la “Marcha Zumbí dos Palmares contra el Racismo, por la Ciudadanía y por la Vida”, el 20 de
noviembre de 1995. El resultado fue la creación, ese mismo día, de un ambicioso grupo de trabajo
que reunía a varios ministerios y al que se encomendó la misión de realizar estudios y proponer
medidas para la promoción de la igualdad racial. A pesar de las expectativas que rodearon su
nacimiento, el Grupo de Trabajo Interministerial para la Valorización de la Población Negra (GTI)
13

64

El trabajo de Fernando Henrique Cardoso en esa área formó parte de un importante proyecto sobre las relaciones raciales en Brasil,
encargado por la UNESCO, en los años cincuenta, que contó con la participación de notables expertos en las ciencias sociales, como
Roger Bastide, Octávio Ianni, Ruth Leite Cardoso y otros, con la coordinación de Florestan Fernandes. De dicho proyecto emanaron
varias publicaciones, entre las que figura la de Cardoso (1977).

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

tuvo un destino muy semejante al de sus predecesores a nivel estadual y local, básicamente por el
mismo conjunto de razones: definiciones genéricas y vagas, falta de especificidad, problemas de
financiamiento, y, sobre todo, ninguna autoridad o peso político real. El grupo realizó varias
reuniones y obtuvo algunas victorias, particularmente en la eliminación de estereotipos y abordajes
racistas de los programas y libros escolares, pero no logró avanzar mucho más.
El desdén brasileño por la desigualdad racial prevaleció una vez más, y luego fue evidente que
para la mayor parte de los ministerios y de las agencias gubernamentales involucradas el GTI era
más un fastidio que una prioridad. El Primer Plan Nacional de Derechos Humanos (PNDH I),
lanzado en 1996, incluyó un capítulo sobre la cuestión racial, pero el enfoque principal estaba
orientado a la promoción de otros aspectos de los derechos humanos. El Ministerio de Trabajo
implementó en la misma época un conjunto de programas destinados a combatir la discriminación en
el mercado laboral, que también incluía la discriminación entre sus objetivos pero que, igual que en el
caso anterior, terminó por priorizar otros enfoques, destacando las cuestiones de género y los
problemas de los discapacitados.
Un balance retrospectivo de los modestos resultados, tanto del GTI como de las demás
iniciativas ensayadas, deja claro que el desempeño del primer mandato de Fernando Henrique
Cardoso en el campo de los problemas raciales fue, de hecho, muy pobre, e inevitablemente
frustrante en comparación con las altas expectativas que se habían generado. No obstante, el
presidente inauguró una era de apertura y transparencia en la actitud del Estado brasileño con
respecto a las desigualdades raciales y al racismo, que produciría frutos importantes más adelante,
con ayuda de la convocatoria, por las Naciones Unidas, de la III Conferencia Mundial contra el
Racismo. La Conferencia de Durban coincidió con el segundo mandato de Cardoso y contribuyó
decisivamente a promover el tema en la agenda nacional. 14

D.

El impacto de la Conferencia de Durban

La preparación para Durban, la propia conferencia y sus repercusiones generaron una
auténtica escalada en la movilización y la toma de conciencia dentro del gobierno, en los medios de
comunicación y, en menor escala, en la propia sociedad, desencadenando una sucesión de
acontecimientos que llevaron la cuestión de la raza y la igualdad racial a un nivel inédito en la
historia del Brasil moderno. Se estableció un nuevo modelo de diálogo entre el gobierno y la sociedad
civil, con la creación de comisiones paritarias y la realización de varias rondas de reuniones,
consultas y eventos en todas las regiones del país. La intensidad de la participación de la sociedad en
el proceso preparatorio puede inferirse por el tamaño de la delegación brasileña presente en Durban,
que reunió a más de 500 personas, entre delegados oficiales y miembros de organizaciones no
gubernamentales. 15
El gobierno brasileño adoptó, por primera vez en la historia, una postura de absoluta
transparencia y de divulgación activa y realista de las desigualdades raciales. Con el apoyo y el
estímulo personal del Presidente de la República, el IPEA inició la producción regular de indicadores
y análisis desagregados por raza, dando precisión estadística y sello oficial al dramático cuadro
tantas veces denunciado sin éxito por la militancia negra. Una política deliberada de amplia
divulgación de esos datos logró captar la atención de la gran prensa y de la opinión pública y condujo
a un mayor reconocimiento y participación de las organizaciones del movimiento negro, que
comenzaron a utilizar esa información como referencia en sus denuncias y reivindicaciones. En la
conferencia regional preparatoria celebrada en Santiago, y nuevamente en Durban, Brasil desempeñó
14
15

Véanse de Barros y Beghin (2002) y Martins (2003b).
Véase Vergne Saboia (2001).

65

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

un papel protagónico, con posiciones avanzadas en varios temas. Admitió, por primera vez ante foros
internacionales, la existencia de formas estructurales de racismo en el país y apoyó la resolución que
reconocía la esclavitud y el tráfico de esclavos como crímenes contra la humanidad, así como la tesis
de la reparación a los descendientes de las víctimas de la esclavitud a través de políticas
compensatorias. Entre esas políticas, el documento oficial brasileño proponía explícitamente, con la
aprobación personal del presidente Cardoso, la política de cuotas para descendientes de africanos en
las universidades.
Después de Durban, el debate sobre la cuestión racial entró en la agenda nacional con una
fuerza sin precedentes, atrayendo más atención de los gobiernos (federal, estaduales y municipales, a
nivel ejecutivo, legislativo y judicial), más cobertura de los medios de comunicación y más
participación del público en general, que en cualquier época anterior. El período asistió a la creación
del Consejo Nacional de Lucha Contra la Discriminación (CNCD), con representantes del gobierno y
de la sociedad civil, y a la entrada en escena de nuevos e importantes actores. El Ministerio Público
Federal, el Ministerio Público de Trabajo y el Tribunal Superior del Trabajo intensificaron sus
acciones en esa área, adoptando posturas cada vez más activas contra la discriminación y por la
promoción de la igualdad social. Se registró también un marcado aumento del interés por el tema en
el ámbito legislativo, mediante la presentación y discusión de varios proyectos de ley, tanto en el
Congreso Nacional como en las asambleas estaduales y las cámaras municipales.
En el año 2001 se realizaron los primeros experimentos brasileños con programas de acción
afirmativa que implicaban la discriminación positiva de las personas con ascendencia africana. Los
ministerios de Desarrollo Agrario, de Justicia y de Cultura, y el Tribunal Superior del Trabajo
lanzaron proyectos piloto que apuntaban a ampliar la participación de los negros en las funciones
comisionadas de dirección y asesoramiento (DAS) y comenzaron a exigir políticas de diversidad
racial de sus proveedores de bienes y servicios.
El 20 de noviembre de 2001, el entonces presidente del Supremo Tribunal Federal, Ministro
Marco Aurélio Mello, sorprendió a la nación con una calurosa defensa pública de la acción
afirmativa, al sustentar, en un pronunciamiento memorable, la tesis de que la Constitución Federal no
solo garantiza una base legal sino que también induce positivamente esa línea de políticas públicas,
en la medida en que asigna al Estado la promoción activa de la igualdad socioeconómica de todos los
brasileños. 16El Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty) inició un programa de becas
destinado a reforzar la preparación de los candidatos negros para el disputado examen de admisión al
Instituto Rio Branco, la academia brasileña del servicio diplomático. Esa iniciativa, además de su
importancia intrínseca obvia, tiene un significado simbólico de gran envergadura.
A pesar de haber algunos descendientes de africanos en la carrera diplomática, Brasil nunca
tuvo en toda su historia un embajador de carrera negro. Itamaraty siempre fue visto como un reducto
conservador exclusivo de la elite blanca y fue muchas veces acusado de intentar proyectar al mundo
una imagen “blanca” del país. Aunque hace bastante tiempo que esas acusaciones ya no tienen un
fundamento real, la reducida presencia de negros y negras en el cuerpo diplomático brasileño,
principalmente en sus escalones superiores, sigue siendo un hecho absolutamente cierto. La decisión
del Ministerio de reconocer el problema y enfrentarlo abiertamente denota una nueva postura y una
transparencia muy poco frecuentes en el servicio público y en la sociedad brasileña.
El 13 de mayo de 2002 se creó, mediante un decreto presidencial, el Programa Nacional de
Acciones Afirmativas. Su objetivo era extender al conjunto del gobierno federal los proyectos piloto
iniciados por los ministerios mencionados, estableciendo cuotas cuantitativas para descendientes de
africanos y para mujeres en los cargos superiores de dirección y asesoramiento de toda la
16

66

Véase Mendes de Farias Mello (2002).

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

administración del poder ejecutivo federal. El programa comenzó a implementarse a fines de 2002,
con la realización del Censo Racial del Servicio Público Federal, cuyos resultados todavía no fueron
divulgados.
Aunque esas iniciativas fueron importantes, su carácter localizado e incipiente hizo que
pasaran casi desapercibidas para el gran público y no generaron grandes controversias ni oposición.
En Brasil, como en otros lugares, el privilegio de sacudir a la opinión pública y desatar acalorados
debates estaba reservado al tema de las cuotas raciales en las universidades, como se verá más
adelante.

E.

El nuevo gobierno y la cuestión racial

El presidente Luíz Inácio Lula da Silva tomó posesión del cargo en enero de 2003, en medio de
grandes expectativas y esperanzas. Llegó al poder con un discurso muy crítico del gobierno anterior,
la promesa de transformaciones profundas en la vida nacional y una historia personal que lo
acreditaban para encarnar la imagen de grandes cambios. Nordestino, de origen humilde y líder
sindical metalúrgico, Lula es el primer presidente brasileño nacido y formado lejos de las elites
tradicionales.
Aunque adoptó políticas económicas (de ortodoxia monetaria y fiscal) idénticas a las del
gobierno que tanto criticaba y que tuvieron consecuencias negativas sobre la actividad económica y el
empleo, los proyectos que declaró prioritarios – la completa erradicación del hambre, las reformas
previsional y tributaria y la reanudación del “espectáculo” del crecimiento económico- continúan
sustentando, e inclusive reforzaron, la expectativa de cambios.
Las primeras actitudes del nuevo gobierno con respecto a la cuestión racial fueron claramente
positivas. En su equipo hay tres ministros negros (de Cultura, de Asistencia Social y de Medio
Ambiente) y en marzo de 2003 se creó una secretaría especial, con status ministerial, para la
elaboración y coordinación de políticas de promoción de igualdad racial. La titular de esa secretaría
(SEPPIR) es una mujer negra con impecables antecedentes de militancia en la lucha de la comunidad
afro-brasileña. Dos meses después, el presidente hizo historia al designar al jurista Joaquim Barbosa
como integrante del Supremo Tribunal Federal, convirtiéndolo en el primer ministro negro en la más
alta corte de justicia del país.
Sin duda un buen comienzo. No obstante, es preciso observar que esos actos no aseguran la
adopción ni mucho menos el éxito de políticas eficaces para la reducción de las desigualdades
raciales. La experiencia demuestra, en todas partes del mundo, que la creación de órganos, agencias o
comisiones, inclusive en altos niveles jerárquicos, nada garantiza por sí sola. En el caso específico de
la lucha contra la discriminación y por la igualdad racial en Brasil, la historia reciente que acabamos
de esbozar es rica en frustraciones y lecciones que no deben ignorarse. Más allá de la mera creación
de órganos, es necesario garantizar su inserción real en los centros de decisión, su influencia política
y los recursos humanos y materiales necesarios para sus actividades. Ninguno de esos requisitos está
claro en este caso.
La opción por acciones afirmativas (políticas que incluyan la discriminación positiva a favor
de la población negra) está lejos de ser consensual dentro del gobierno o dentro del partido
gobernante. Es obvia y muy preocupante, por ejemplo, la vacilación del Ministerio de Educación con
respecto a las cuotas raciales en las universidades públicas. Lo mismo sucede con los fuertes ataques
lanzados hace poco tiempo contra el propio concepto de políticas sociales orientadas (del cual las
acciones afirmativas son un caso particular) por intelectuales orgánicos que gozan de gran influencia
dentro del partido de gobierno.
67

Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

F.

Acontecimientos recientes y perspectivas

El hecho más importante registrado en 2003 se refiere al debate sobre las acciones afirmativas
en el ámbito de las universidades. El impulso que ha tomado se debe, junto a la acción del gobierno
federal (iniciada en el mandato anterior y continuada en el actual), a la intensificación de las
actividades del movimiento negro y a movilizaciones específicas de grupos y gobiernos locales. A su
vez, tiene como telón de fondo el nuevo nivel de conciencia y visibilidad de las desigualdades raciales
al que se llegó en los últimos años, sobre todo a partir de la Conferencia de Durban y sus
repercusiones. En los dos últimos años, varias universidades públicas brasileñas comenzaron
finalmente a discutir la posibilidad de incluir criterios de acción afirmativa en favor de la población
negra u otros mecanismos de inclusión étnica y social en general, en sus sistemas de admisión a los
cursos. Algunas ya reservan, desde hace algún tiempo, vacantes para candidatos indígenas o
discapacitados.
Ese proceso se aceleró a comienzos de 2003, cuando las universidades estaduales de Río de
Janeiro (Universidade do Estado do Río de Janeiro – UERJ y Universidade Estadual Norte
Fluminense – UENF) y la Universidade do Estado da Bahía (UNEB) introdujeron cuotas para
descendientes de africanos en sus exámenes preuniversitarios. En los dos casos, el criterio racial se
combinó con un criterio socioeconómico, al agregarse el requisito de que el candidato proviniera de
un instituto de educación secundaria público, en un intento de concentrar la iniciativa en los estratos
de ingresos más bajos.
La experiencia produjo instantáneamente un encendido debate, con amplia cobertura de la gran
prensa y las redes nacionales de televisión. La “cuota” pasó a ser el principal tema de conversación
en todas partes: por primera vez las personas discutieron acaloradamente los “pro” y los “contra” de
la acción afirmativa en las calles, los bares, los aeropuertos y las filas de los bancos. También se
desencadenaron varias disputas judiciales, algunas de las cuales ya llegaron al Supremo Tribunal
Federal, que dentro de poco tiempo tendrá la oportunidad de confirmar o rechazar la posición
ampliamente divulgada de su ex presidente.
El 6 de junio de 2003, la Universidade de Brasília (UnB) se convirtió en la primera universidad
federal brasileña en aprobar un proyecto de acción afirmativa, al reservar una cuota de 20% de las
vacantes a candidatos negros, medida que comenzará a aplicarse en el examen preuniversitario de
2004. El proyecto tendrá una duración inicial de 10 años, y prevé además una cuota, a ser definida,
para candidatos indígenas. La decisión de la UnB fue tomada de manera totalmente autónoma por su
Coordinación de Enseñanza, Investigación y Extensión (por 24 votos a favor, uno en contra y una
abstención), sin ninguna participación del Ministerio de Educación ni del Consejo Federal de
Educación.17 La Universidade Federal de Alagoas (UFAL) también decidió adoptar un programa de
cuotas para descendientes de africanos y hay movilizaciones y propuestas de acciones afirmativas en
curso, en diferentes etapas de desarrollo, en las universidades federales de Bahía (UFBA), Minas
Gerais (UFMG), Fluminense (UFF), São Paulo (UNIFESP), Paraná (UFPR), Goiás (UFG),
Amazonas (UFAM), Amapá (UNIFAP), Roraima (UFRR) y probablemente en otras.
Entre las universidades públicas estaduales, además de las pioneras UERJ, UENF y UNEB, el
movimiento se extiende a varias otras, como la Universidade do Estado do Mato Grosso
(UNEMAT), que ya mantiene una política de cuotas para indígenas, la Universidade do Estado de
Minas Gerais (UEMG), y la Universidade do Estado de Santa Catarina (UDESC). El gobierno del
estado de San Pablo, cuyo sistema universitario estadual (constituido por la Universidade de São
Paulo - USP, Universidade Estadual de Campinas - UNICAMP y la Universidade do Estado de São
Paulo – UNESP) es el mayor y más prestigioso del país, está estudiando la adopción de políticas
17

68

Véase de Carvalho y Segato (2003).

CEPAL- SERIE Políticas sociales

No 82

afirmativas en el conjunto de las tres universidades. Su Secretaría de Justicia y Defensa de la
Ciudadanía creó una Comisión de Promoción de las Acciones Afirmativas, realizará un censo racial
de los funcionarios públicos del estado y ya inició una amplia programación de talleres y congresos
específicos sobre la inclusión racial.
Esas movilizaciones, especialmente el modelo de decisión independiente inaugurado por la
UnB, indican que el proceso adquirió una dinámica y autonomía propias y que ya comienza a
producir resultados, poniendo fin a la inactividad del Ministerio de Educación. Fue en respuesta a
esas presiones que el Ministro de Educación y la Secretaría Especial de Políticas de Promoción de la
Igualdad Racial publicaron la Resolución Conjunta no. 2.430, el 9 de septiembre de 2003, que creaba
un Grupo de Trabajo “con el objetivo de elaborar una propuesta para el establecimiento de políticas
públicas de acción afirmativa que permitan el acceso y la permanencia de personas de raza negra en
las instituciones federales de enseñanza superior”. 18
También es notoria la mayor atención que las oficinas brasileñas de las agencias del sistema de
las Naciones Unidas han dedicado a las desigualdades raciales y las políticas de inclusión racial en
los últimos años. El PNUD estableció desde 2001 un programa de cooperación con el IPEA para la
producción de estudios y estadísticas sobre el tema, la OIT produjo un extenso informe sobre
discriminación de género y de raza en el mercado de trabajo brasileño (en 2003) y la UNESCO
designó a un funcionario como referente sobre los problemas raciales en su oficina brasileña.
El año 2003 asistió también a los primeros movimientos del sector empresarial privado en esa
área. En agosto, la ONG empresarial Integrare, la American Chamber of Commerce de San Pablo y
la Congressional Black Caucus Foundation (de Estados Unidos) realizaron un interesante seminario
sobre inclusión racial a través de los negocios, con la participación de empresarios negros
estadounidenses y brasileños y la presentación de casos de programas de acción afirmativa en el
ambiente empresarial.
Todo indica, por lo tanto, que el resto de 2003 y los próximos años traerán importantes
novedades en estas áreas.

18

Véase Diário Oficial da União (2003).

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Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

Anexo: Resumen de los principales
indicadores por raza

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CEPAL- SERIE Políticas sociales

Cuadro 25

BRASIL: INDICADORES SOCIOECONÓMICOS SELECCIONADOS, POR RAZA, 1992 Y 2001
1992
2001
Negros
Blancos Negros
Blancos
Indicadores del mercado de trabajo
Índice de desempleo (PEA de 16 años o más) (%)
5,7
6,9
8,1
10,6
Ingreso laboral real* promedio (16 años o más) (Reales)
605
307
757
376
Tasa de informalidad (16 años o más) (%)
28
44
31
46
Tasa de privatización del empleo (16 años o más) (%)
52
66
52
65
Indicadores de ingresos, pobreza y pobreza extrema
Ingreso domiciliario real* per capita (Reales)
Población por debajo de la línea de la pobreza (%)
Población por debajo de la línea de indigencia (%)
Indicadores de educación y alfabetización
Población** con menos de 4 años de estudio (%)
Población** con menos de 8 años de estudio (%)
Población** con 11 años de estudio o más (%)
Población** con 15 años de estudio o más (%)
Población de 7 a 13 años que no asiste a la escuela (%)
Población de 18 a 24 años cursando la universidad ***
(%)
Índice de analfabetismo (15 a 24 años) (%)
Índice de analfabetismo (15 años o más) (%)

363
29
12

161
55
28

482
22
8

205
47
22

32
64
24
8
8
7

56
82
10
2
16
1

25
54
32
10
2
12

43
72
16
3
4
3

4
11

13
26

2
8

6
18

18,6
12,8

5,0
2,8

Indicadores de inclusión digital
Población en viviendas que tienen computadora (%)
Población en viviendas con acceso a Internet (%)
Indicador de desarrollo humano
Índice de Desarrollo Humano – IDH ***
Indicadores de vivienda y acceso a servicios básicos
Población en aglomerados subnormais (%)
Población con abastecimiento inadecuado de agua (%)
Población con saneamiento inadecuado (%)
Población en viviendas sin energía eléctrica (%)
Indicadores de supervivencia y mortalidad
Esperanza de vida al nacer*** (años)
Probabilidad de sobrevivir hasta los 40 años de edad***
(%)
Probabilidad de sobrevivir hasta los 60 años de edad***
(%)
Tasa de mortalidad antes de 1 año de edad*** (cada
1000)
Tasa de mortalidad antes de 5 años de edad*** (cada
1000)

0,757

0,621

0,818

0,701

3,1
13,3
35,3
6,4

6,6
39,0
62,5
19,3

2,8
6,9
26,3
2,2

5,1
23,4
48,4
7,1

68,1
90,6

61,4
83,9

71,0
93,2

65,7
88,8

77,4

65,0

82,4

72,7

35,1

56,0

26,1

38,8

42,1

75,0

28,0

47,9

Notas: * Valores mensuales, en reales de enero de 2002
** Población de 25 años de edad o más
(***) Datos referentes a 1991 y 2000
Fuentes y definiciones: Vea las secciones correspondientes del texto.

71

No 82

CEPAL- SERIE Políticas sociales

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CEPAL- SERIE Políticas sociales

Serie

políticas sociales
Números publicados
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18
19
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21
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23
24
25
25
26

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ZZZ

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ZZZ

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Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial: resumen de la experiencia brasileña reciente

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28 John Durston, Juventud y desarrollo rural: Marco conceptual y contextual (LC/L.1146), octubre de 1998.
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38 John Durston, ¿Qué es el capital social comunitario? (LC/L.1400-P), Número de venta S.00.II.G.38 (US$ 10.00),
julio de 2000.
39 Ana Sojo, Reformas de gestión en salud en América Latina: los cuasimercados de Colombia, Argentina, Chile y
Costa Rica (LC/L.1403-P), Número de venta S.00.II.G.69 (US$10.00), julio de 2000.
40 Domingo M. Rivarola, La reforma educativa en el Paraguay (LC/L.1423-P), Número de venta S.00.II.G.96 (US$
10.00), septiembre de 2000.
41 Irma Arriagada y Martín Hopenhayn, Producción, tráfico y consumo de drogas en América Latina (LC/L.1431-P),
Número de venta S.00.II.G.105 (US$10.00), octubre de 2000.
42 ¿Hacia dónde va el gasto público en educación? Logros y desafíos, 4 volúmenes:
Volumen I: Ernesto Cohen y otros, La búsqueda de la eficiencia (LC/L.1432-P), Número de venta S.00.II.106
(US$10.00), octubre de 2000.
Volumen II: Sergio Martinic y otros, Reformas sectoriales y grupos de interés (LC/L.1432/Add.1-P), Número de
venta S.00.II.G.110 (US$10.00), noviembre de 2000.

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Volumen III: Antonio Sancho y otros, Una mirada comparativa (LC/L.1432/Add.2-P), Número de venta
S.01.II.G.4 (US$10.00), febrero de 2001. ZZZ
Volumen IV: Silvia Montoya y otros, Una mirada comparativa: Argentina y Brasil (LC/L.1432/Add.3P), Número de venta S.01.II.G.25 (US$10.00), marzo de 2001. ZZZ

43 Lucía Dammert, Violencia criminal y seguridad pública en América Latina: la situación en Argentina (LC/L.1439P), Número de venta S.00.II.G-125 (US$10.00), noviembre de 2000.
44 Eduardo López Regonesi, Reflexiones acerca de la seguridad ciudadana en Chile: visiones y propuestas para el
diseño de una política (LC/L.1451-P), Número de venta S.00.II.G.126 (US$10.00), noviembre 2000.
45
Ernesto Cohen y otros, Los desafíos de la reforma del Estado en los programas sociales: tres estudios de caso
(LC/L.1469-P), Número de venta S.01.II.G.26 (US$10.00), enero de 2001.
46
Ernesto Cohen y otros, Gestión de programas sociales en América Latina: análisis de casos, 5 volúmenes:
Volumen I: Proyecto Joven de Argentina (LC/L.1470-P), Número de venta S.01.II.G.5 (US$10.00), enero de 2001.

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Volumen II: El Programa Nacional de Enfermedades Sexualmente Transmisibles (DST) y Síndrome de
Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) de Brasil (LC/L.1470/Add.1-P), Número de venta S.01.II.G.5 (US$10.00),
enero de 2001.
Volumen III: El Programa de Restaurantes Escolares Comunitarios de Medellín, Colombia (LC/L.1470/Add.2-P),
Número de venta S.01.II.G.5 (US$10.00), enero de 2001.
Volumen IV: El Programa Nacional de Apoyo a la Microempresa de Chile (LC/L.1470/Add.3-P), Número de venta
S.01.II.G.5 (US$10.00), enero de 2001.
Volumen V: El Programa de Inversión Social en Paraguay (LC/L.1470/Add.3-P), Número de venta S.01.II.G.5
(US$10.00), enero de 2001.
47 Martín Hopenhayn y Alvaro Bello, Discriminación étnico-racial y xenofobia en América Latina y el Caribe.(LC/L.1546),
Número de venta S.01.II.G.87 (US$10.00), mayo de 2001.

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CEPAL- SERIE Políticas sociales

48 Francisco Pilotti, Globalización y Convención sobre los Derechos del Niño: el contexto del texto (LC/L.1522-P), Número de
venta S.01.II.G.65 (US$ 10.00), marzo de 2001.
49 John Durston, Capacitación microempresarial de jóvenes rurales indígenas en Chile (LC/L. 1566-P), Número de venta
S.01.II.G.112 (US$ 10.00), julio de 2001.
50 Agustín Escobar Latapí, Nuevos modelos económicos: ¿nuevos sistemas de movilidad social? (LC/L.1574-P), Número de
venta S.01.II.G.117 (US$ 10.00), julio de 2001.
51 Carlos Filgueira, La actualidad de viejas temáticas: sobre los estudios de clase, estratificación y movilidad social en
América Latina (LC/L 1582-P), Número de venta S.01.II.G.125 (US$ 10.00), julio de 2001.
52 Arturo León, Javier Martínez B., La estratificiación social chilena hacia fines del siglo XX (LC/L.1584-P), Número de
venta S.01.II.G.127 (US$ 10.00), agosto de 2001.
53 Ibán de Rementería, Prevenir en drogas: paradigmas, conceptos y criterios de intervención (LC/L. 1596-P), Número de
venta S.01.II.G.137 (US$ 10.00), septiembre de 2001.
54 Carmen Artigas, El aporte de las Naciones Unidas a la globalización de la ética. Revisión de algunas oportunidades. (LC/L.
1597-P), Número de venta: S.01.II.G.138 (US$ 10.00), septiembre de 2001.
55 John Durston, Capital social y políticas públicas en Chile. Investigaciones recientes. Volumen I, (LC/L. 1606-P), Número
de venta: S.01.II.G.147 (US$ 10.00), octubre de 2001 y Volumen II, (LC/L.1606/Add.1-P), Número de venta: S.01.II.G.148
(US$ 10.00), octubre de 2001.
56 Manuel Antonio Garretón, Cambios sociales, actores y acción colectiva en América Latina. (LC/L. 1608-P), Número de
venta: S.01.II.G.150 (US$ 10.00), octubre de 2001.
57 Irma Arriagada, Familias latinoamericanas. Diagnóstico y políticas públicas en los inicios del nuevo siglo.
(LC/L. 1652-P), Número de venta: S.01.II.G.189 (US$ 10.00), diciembre de 2001
58 John Durston y Francisca Miranda, Experiencias y metodología de la investigación participativa. (LC/L.1715-P), Número
de venta: S.02.IIG.26 (US$ 10.00), marzo de 2002.
59 Manuel Mora y Araujo, La estructura argentina. Evidencias y conjeturas acerca de la estratificación social, (LC/L 1772-P),
Número de venta: S.02.IIG.85 (US$ 10.00), junio de 2002.
60 Lena Lavinas y Francisco León, Emprego feminino no Brasil: mudanças institucionais e novas inserções no
mercado de trabalho, Volumen I (LC/L.1776-P), Número de venta S.02.IIG.90 (US$ 10.00), agosto de 2002 y
Volumen II, (LC/L.1776/Add.1-P) Número de venta S.02.IIG.91 (US$ 10.00), septiembre de 2002.
61 Martín Hopenhayn, Prevenir en drogas: enfoques integrales y contextos culturales para alimentar buenas prácticas,
(LC/L.1789-P), Número de venta: S.02.II.G.103 (US$ 10.00), octubre de 2002.
62 Fabián Repetto, Autoridad Social en Argentina. Aspectos político-institucionales que dificultan su construcción.
(LC/L.1853-P), Número de venta: S.03.II.G.21, (US$ 10.00), febrero de 2003.
63 Daniel Duhart y John Durston, Formación y pérdida de capital social comunitario mapuche. Cultura, clientelismo y
empoderamiento en dos comunidades, 1999–2002. (LC/1858-P), Número de venta: S.03.II.G.30, (US$
10.00),febrero de 2003.
64 Vilmar E. Farias, Reformas institucionales y coordinación gubernamental en la política de protección social de
Brasil, (LC/L.1869-P), Número de venta: S.03.II.G.38, (US$ 10.00),marzo de 2003.
65 Ernesto Araníbar Quiroga, Creación, desempeño y eliminación del Ministerio de Desarrollo Humano en Bolivia,
(LC/L.1894-P), Número de venta: S.03.II.G.54, (US$ 10.00),mayo de 2003.
66 Gabriel Kessler y Vicente Espinoza, Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas
paradojas del caso de Buenos Aires, LC/L. 1895-P), Número de venta: S.03.II.G.55, (US$ 10.00), mayo de 2003. .

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67 Francisca Miranda y Evelyn Mozó, Capital social, estrategias individuales y colectivas: el impacto de programas
públicos en tres comunidades campesinas de Chile, (LC/L.1896-P), Número de venta: S.03.II.G.53, (US$
10.00),mayo de 2003 .
68 Alejandro Portes y Kelly Hoffman, Las estructuras de clase en América Latina: composición y cambios durante la
época neoliberal, (LC/L.1902-P), Número de venta: S.03.II.G.61, (US$ 10.00), mayo de 2003.
69 José Bengoa, Relaciones y arreglos políticos y jurídicos entre los estados y los pueblos indígenas en América Latina
en la última década, (LC/L.1925-P), Número de venta: S.03.II.G.82, (US$ 10.00), junio de 2003.
70 Sara Gordon R., Ciudadanía y derechos sociales. ¿Criterios distributivos?, (LC/L.1932-P), Número de venta:
S.03.II.G.91, (US$ 10.00),julio de 2003.
71 Sergio Molina, Autoridad social en Chile: un aporte al debate (LC/L.1970-P), Número de venta: S.03.II.G.126, (US$
10.00), septiembre de 2003.
72 Carmen Artigas, “La incorporación del concepto de derechos económicos sociales y culturales al trabajo de la
CEPAL”, (LC/L.1964-P), Número de venta S.03.II.G.123, (US$ 10.00), septiembre de 2003.

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CEPAL- SERIE Políticas sociales

73 José Luis Sáez, “Economía y democracia. Los casos de Chile y México”, (LC/L-1978-P), Número de venta:
S.03.II.G.137, (US$ 10.00), septiembre de 2003.
74 Irma Arriagada y Francisca Miranda (compiladoras), “Capital social de los y las jóvenes. Propuestas para
programas y proyectos”, Volúmen I. LC/L.1988-P), Número de venta: S.03.II.G.149, (US$ 10.00), septiembre de
2003.
Volúmen II. LC/L.1988/Add.1-P), Número de venta: S.03.II.G.150, (US$ 10.00), septiembre de 2003.
75 Luz Marina Quiroga, Pablo Villatoro, “Tecnologías de información y comunicaciones: su impacto en la política de
drogas en Chile”. Extracto del informe final CEPAL, CONACE”, (LC/L.1989-P), Número de venta: S.03.II.G.151,
(US$ 10.00), noviembre de 2003.
76 Rodrigo Valenzuela Fernández, Inequidad, ciudadanía y pueblos indígenas en Chile, (LC/L.2006-P), Número de
venta: S.03.II.G.167, (US$ 10.00), noviembre de 2003.
Sary Montero y Manuel Barahona, “La estrategia de lucha contra la pobreza en Costa Rica. Institucionalidad –
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Financiamiento – Políticas – Programas, (LC/L.2009-P), Número de venta: S.03.II.G.170, (US$ 10.00), noviembre de
2003.
Sandra Piszk y Manuel Barahona, Aproximaciones y desencuentros enla configuración de una autoridad
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social en Costa Rica: relato e interpretación de una reforma inconclusa, (LC/L.2027 Número de venta: S.03.II.G.191,
(US$ 10.00), diciembre de 2003.
Ernesto Cohen, Rodrigo Martínez, Pedro Donoso y Freddy Aguirre, “Localización de infraestructura educativa
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para localidades urbanas de la Provincia de Buenos Aires”, (LC/L.2032-P), Número de venta: S.03.II.G.194, (US$
10.00), diciembre de 2003.
Juan Pablo Pérez Saínz, Katherine Andrade-Eekhoff, Santiago Bustos y Michael Herradora, “El orden social
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ante la globalización: Procesos estratificadores en Centroamérica durante la década de los noventa”, (LC/L.2037-P),
Número de venta: S.03.II.G.203, (US$ 10.00), diciembre de 2003.
Carmen Artigas, “La reducción de la oferta de drogas. Introducción a algunos intrumentos internacionales”,
81
LC/L.2044-P), Número de venta: S.03.II.G.207, (US$ 10.00), diciembre de 2003.
Roberto Borges Martins, “Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial; resumen de la experiencia
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brasileña reciente”, (LC/L.2082-P), Número de venta: S.04.II.G.22, (US$ 10.00), marzo de 2004.

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Los títulos a la venta deben ser solicitados a Unidad de Distribución, CEPAL, Casilla 179–D, Santiago, Chile, Fax (562) 210 2069,
publications@eclac.cl.

ZZZ: Disponible también en Internet: http://www.eclac.cl
Nombre:.............................................................................................................................
Actividad: ..........................................................................................................................
Dirección: ..........................................................................................................................
Código postal, ciudad, país:................................................................................................
Tel.: ...........................Fax:....................................E.mail:..................................................

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