<rdf:RDF
    xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#"
    xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:bibo="http://purl.org/ontology/bibo/"
    xmlns:dspace="http://digital-repositories.org/ontologies/dspace/0.1.0#"
    xmlns:foaf="http://xmlns.com/foaf/0.1/"
    xmlns:void="http://rdfs.org/ns/void#"
    xmlns:xsd="http://www.w3.org/2001/XMLSchema#" > 
  <rdf:Description>
        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
        <dc:language>es</dc:language>
        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
        <dcterms:available rdf:datatype="http://www.w3.org/2001/XMLSchema#dateTime">2014-01-02T14:51:16Z</dcterms:available>
        <bibo:handle>hdl:11362/6078</bibo:handle>
        <foaf:homepage rdf:resource="http://repositorio.cepal.org"/>
<dcvalue rdf:element="bodyfulltext">
6(5,(

89

políticas sociales

C

ambios sociales y
estratificación en el Brasil
contemporáneo (1945-1999)
Nelson do Valle Silva

División de Desarrollo Social

Santiago de Chile, julio de 2004

Este documento fue preparado por Nelson do Valle Silva, Consultor de la
División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y
el Caribe (CEPAL). El estudio forma parte de un trabajo sobre estratificación y
movilidad social en la región, que la CEPAL lleva a cabo en el marco del
proyecto GER/01/031, “Desarrollo y equidad social en América Latina y el
Caribe” con el apoyo de la Sociedad Alemana de Cooperación Técnica (GTZ).
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a revisión
editorial, son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con
las de la Organización.

Publicación de las Naciones Unidas
ISSN impreso 1564-4162
ISSN electrónico 1680-8983
ISBN: 92-1-322554-7
LC/L.2163-P
N° de venta: S.04.II.G.91
Copyright © Naciones Unidas, julio de 2004. Todos los derechos reservados
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse al
Secretario de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York,
N. Y. 10017, Estados Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones
gubernamentales pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Sólo se les
solicita que mencionen la fuente e informen a las Naciones Unidas de tal reproducción.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Índice

Resumen ........................................................................................ 5
I. Introducción: la sociedad tradicional ................................. 7
II. La transición incompleta: 1945-1980................................. 11
III. La sociedad en crisis: 1980-1999 ....................................... 27
IV. Una propuesta de clasificación ocupacional .................. 33
V. Desigualdades ocupacionales en cuanto a los
ingresos..................................................................................... 39
VI. Cambios en la estructura ocupacional (1981-1999)
y movilidad ocupacional ....................................................... 45
Composición de las categorías ocupacionales ..................... 61
Bibliografía ...................................................................................... 71
Serie Políticas Sociales: números publicados....................... 73

3

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Índice de cuadros
Cuadro 1
Cuadro 2
Cuadro 3
Cuadro 4
Cuadro 5
Cuadro 6
Cuadro 7
Cuadro 8
Cuadro 9
Cuadro 10
Cuadro 11
Cuadro 12
Cuadro 13
Cuadro 14
Cuadro 15
Cuadro 16
Cuadro 17
Cuadro 18
Cuadro 19
Cuadro 20
Cuadro 21
Cuadro 22
Cuadro 23
Cuadro 24

Población de Brasil por profesiones según el sexo de los habitantes, Censo
de 1920........................................................................................................................10
Distribución porcentual por sector de actividad de las personas económicamente
activas de 10 años y más: 1960/1970/1980 ................................................................12
Cambios en el empleo en el sector primario, 1970 y 1980 ........................................13
Grado de concentración en la industria y el comercio por sectores ...........................16
Cambios en la estructura ocupacional brasileña- 1970/1980 .....................................19
Participación en la fuerza de trabajo por sexo, población de 10 años o más
–1950 a 1991...............................................................................................................19
Cambios en la población femenina económicamente activa 1970-1980 ....................20
Distribución del ingreso de la población económicamente activa 1960/1970/1980 ..23
Pobreza familiar en Brasil: 1970-1980 .......................................................................25
Evolución del nivel de ingresos (1979-1990) .............................................................30
Estratos ocupacionales por género – Brasil (1995 a 1999) ........................................36
Promedio de años de escolaridad e ingresos por estrato ocupacional Brasil
(1995 a 1999) ..............................................................................................................37
Ingresos del trabajo principal en reales de 1999 por estrato ocupacional- Brasil ......40
Ingresos del trabajo principal en reales de 1999 por estrato ocupacional- Brasil
1995 a 1999.................................................................................................................42
Evolución de la población ocupada total (1981-1999) ...............................................46
Evolución de la población ocupada masculina (1981-1999) ......................................47
Evolución de la población ocupada femenina (1981-1999) .......................................47
Movilidad intergeneracional – población ocupada total Brasil (1996) – porcentajes
del total de observaciones...........................................................................................52
Movilidad intergeneracional – población ocupada masculina Brasil (1996) –
porcentajes del total de observaciones .......................................................................52
Movilidad intergeneracional – población ocupada feminina Brasil (1996) –
porcentajes del total de observaciones .......................................................................52
Movilidad intergeneracional – población ocupada total Brasil (1996) – flujos de
salida de los grupos ocupacionales .............................................................................54
Movilidad intergeneracional – población ocupada total Brasil (1996) – flujos de
ingreso en los grupos ocupacionales...........................................................................55
Parámetros de los efectos de cruzamientos en la movilidad ocupacional ..................56
Ajuste de los modelos de movilidad intergeneracional – Brasil 1996 .......................58

Índice de gráficos
Gráfico 1
Gráfico 2
Gráfico 3

4

Índices de desigualdad de ingresos-Brasil: 1981 a 1999 ............................................43
Cocientes de fracciones del ingreso de grupos extremos – Brasil: 1981 a 1999........44
Cocientes del promedio de ingresos por estratos ocupacionales. Base: servicio
doméstico ....................................................................................................................44

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Resumen

Este artículo se divide en cuatro partes distintas pero
interrelacionadas. En primer lugar, se procura identificar los
principales ejes de las modificaciones sociales desde fines de la
segunda guerra mundial, sobre todo el estilo de desarrollo adoptado, y
analizar los efectos de esos cambios en el perfil de la estratificación
social en el Brasil contemporáneo. En una segunda etapa de este
análisis se elabora un sistema de clasificación, basado en los títulos
ocupacionales detallados de las encuestas domiciliarias y los censos de
población. El propósito de esa clasificación es no sólo permitir el
análisis de la estructuración y del rango de desigualdad social, sino
también describir el proceso de transmisión de esas desigualdades de
una generación a otra. Se aplica entonces a dos dimensiones
importantes para caracterizar a la sociedad brasileña: las
desigualdades con respecto a los ingresos individuales y la
desigualdad de oportunidades de movilidad ocupacional.
En relación con la distribución del ingreso se observa que en la
década de 1980 hubo un marcado aumento de los indicadores de
desigualdad, sobre todo después de 1986. El máximo histórico de la
desigualdad en Brasil se registró en 1989, año en que los ingresos del
10% más “rico” de la población llegaron a ser 30 veces mayores que
los del 40% más “pobre”. Esa marca supera el valor de 25 alcanzado
en 1979, pero que en 1981 había disminuido ligeramente a 22. A partir
de 1989 la desigualdad comienza a menguar y diez años después llegó
a los niveles observados a inicios del período (alrededor de 23). Por
otra parte, al examinar las disparidades entre los grupos
tradicionalmente relevantes desde el punto de vista sociológico (los
estratos ocupacionales definidos en la sección anterior), expresadas
5

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

por el promedio de ingresos de cada uno, verificamos que éstas tendieron a disminuir en el período
considerado, en especial durante los años noventa.
En la última parte del trabajo, el análisis de la movilidad ocupacional en Brasil por medio de
un modelo simple de “barreras” o “cruzamientos”, indica que la barrera más fuerte es la que existe
entre las ocupaciones rurales y la base de la jerarquía urbana, o “subproletariado” urbano, y
muestra que son estratos bien diferenciados, socialmente distantes, separados por la barrera que
impone la migración espacial. A ésta le sigue en intensidad la barrera que separa a las industrias
tradicionales de las modernas. Esto demuestra no sólo la diferenciación entre los sectores
industriales sino también la dificultad para ingresar a este último subsector. Estos datos parecen
validar y justificar la distinción realizada entre los dos estratos de trabajadores industriales en la
clasificación ocupacional propuesta. En forma análoga, la barrera que separa a los estratos
manuales de los no manuales es también elevada y significativa. Aunque su intensidad es mucho
menor que la anterior, indica que ésta es una división que todavía no puede ignorarse. Las dos
últimas barreras son también rígidas e importantes, sugiriendo dificultades cada vez mayores para
penetrar en los estratos más elevados de la jerarquía. Los recursos educativos (acceso a títulos
académicos) y económicos (acceso a la propiedad productiva urbana) son fundamentales en la
definición de dichas barreras.

6

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

I.

Introducción: la sociedad
tradicional

El objetivo de este informe es trazar un cuadro de los cambios
sociales que sufrió la sociedad brasileña en la segunda mitad del siglo XX,
haciendo hincapié en sus efectos en la estratificación y la movilidad social.
Sobre la base del análisis realizado, se espera poder definir las principales
divisiones que marcaron a esta sociedad en el período señalado y que, por
ende, constituyen un conjunto de categorías fundamentales para comprender
su dinámica actual. En este contexto, las alteraciones en la estratificación
social deben entenderse como factores que determinan un proceso
discontinuo a largo plazo, caracterizado tanto por el cambio como por la
permanencia de grupos sociales que surgen en circunstancias históricas
bastante distintas. La metáfora geológica implícita en el uso del término
“estratificación” parece ser especialmente adecuada para describir el
problema analítico que se plantea a quienes intentan estudiar el perfil social
de una población dinámica como la brasileña. El análisis de cualquier
período determinado necesariamente revelará la presencia, en diversos
grados de importancia, de estratos sociales creados por procesos históricos
con frecuencia bastante distanciados en el tiempo. En este trabajo se intenta
verificar la indiscutible importancia sociológica de la “contemporaneidad de
lo no contemporáneo”.
El problema de definir “categorías” o estratos sociales significativos y
útiles para el análisis surge con especial claridad cuando se trata de la
movilidad social, o de manera más restringida, de la movilidad ocupacional.
En su formulación clásica, ésta se define como un proceso de cambio entre
generaciones. De ese modo, al comparar la situación actual del empadronado

7

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

con la de sus padres en cierto momento anterior –que en general corresponde al momento en que el
empadronado obtuvo su primer trabajo significativo desde el punto de vista económico o a un
período en que aún no gozaba de autonomía en su posición social (adolescencia)- se contraponen
estructuras ocupacionales separadas en el tiempo por varias décadas. Este problema es más
evidente cuando se estudia la movilidad de las franjas más ancianas de la población, cuyo proceso
de movilidad individual ya está terminando. Si examináramos los datos acerca del perfil de
movilidad de los empadronados de entre 50 y 64 años relativos al año 1996 y los comparáramos
con los de sus padres en el momento en que ingresaron al mercado laboral (que en el caso brasileño
sucede históricamente a edades muy bajas, en promedio alrededor de los 13 años), la fecha de
referencia para la información de los padres de esos empadronados corresponderá a la década de
1940. Por ese motivo, las clasificaciones de estratos y categorías ocupacionales adecuadas al
análisis de las modificaciones en la estratificación y la movilidad social deben ser suficientemente
completas y flexibles para captar las diferencias en el perfil de los grupos sociales durante un
período de varias décadas. En los párrafos siguientes se intenta sentar las bases para una
clasificación con dichas características.
Como sabemos, el fin de la segunda guerra mundial marcó el comienzo de un período en el
que se intensificaron los cambios que la sociedad brasileña sufría, a un ritmo más lento, desde las
primeras décadas del siglo XX. Este período, que duró hasta el umbral de los años ochenta, se
caracterizó por la acelerada transición estructural de una sociedad agraria tradicional a una
sociedad de clases moderna. El motor de esta transición, definida por algunos observadores como
“modernización conservadora” o “excluyente”, fue el rápido crecimiento económico debido a la
difusión de formas de producción capitalistas en todos los sectores de la economía.
La sociedad, que a raíz de ese proceso sufriría una metamorfosis, se asentaba
fundamentalmente en la producción agrícola a gran escala, basada en el latifundio y orientada al
mercado externo. En términos de estratificación social, esta dependencia del sector primario
exportador conllevaba no solo una elevada concentración de la propiedad de la tierra sino también
la existencia de una sociedad rural casi bipolar. Por una parte había un reducido grupo de grandes
propietarios agrícolas, el estrato que constituía el núcleo de poder de la elite nacional, y por otra
una extensa masa de trabajadores rurales, conformada por las personas dedicadas a la pequeña
producción familiar por cuenta propia, los trabajadores asalariados y los aparceros y medieros,
entre otras formas tradicionales de relaciones productivas. Los datos del censo de 1920 (cuadro 1)
indican que cerca del 72% de la población masculina económicamente activa correspondía al sector
primario y que solo las actividades agrícolas ocupaban a más del 94% de los hombres en este
sector.
En las áreas urbanas, el estamento burocrático que se encargaba del funcionamiento de la
maquinaria estatal era ya entonces relativamente considerable y constituía una vía importante para
la movilidad social ascendente de individuos que procedían de capas menos favorecidas (no solo en
la esfera civil sino también en la militar, sobre todo en el caso del Ejército). A éste se sumaba un
estrato compuesto por quienes ejercían las profesiones liberales clásicas, consolidado por el
funcionamiento regular de sus correspondientes cursos de formación superior y el establecimiento
de sus instituciones de representación y defensa colectiva y relacionado –por vínculo familiar o
alianza matrimonial- con la elite de los grandes propietarios rurales. Con frecuencia, el diploma de
una de estas profesiones funcionaba más como un ornamento cultural legitimador de la
superioridad social y pasaporte a la vida política de los hijos de esa elite rural que como un
certificado de calificación para el ejercicio real de una actividad remunerada.
También en la cúspide de la jerarquía social urbana figuraba un pequeño grupo de grandes
empleadores, tanto en el comercio como en la incipiente industria, que combinaban la propiedad
del medio de producción con su efectiva administración. Muchos de estos empresarios eran
8

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

inmigrantes exitosos, que llegaron a dominar algunos sectores económicos importantes, entre ellos
el comercio (fuertemente controlado por empresarios portugueses, sobre todo en Rio de Janeiro) y
la industria paulista (con marcada presencia del inmigrante italiano).
La base de la pirámide social urbana estaba formada por una gran masa de trabajadores
manuales, desprovistos de toda protección social y con vínculos laborales de naturaleza informal y
gran precariedad. Este grupo incluía a los empleados domésticos –sector que entonces no constituía
el mercado de trabajo casi exclusivamente femenino en que se transformaría más adelante- y los
trabajadores en el área de servicios personales, que con frecuencia suponían atención domiciliaria.
También en este estrato estaban quienes desempeñaban las más diversas ocupaciones manuales por
cuenta propia, relacionadas con servicios (los llamados “biscateiros”), el comercio ambulante y el
artesanado. Este amplio sector informal tradicional, cuyo origen se remontaba a la cultura del
pasado esclavista del país, estaba integrado en gran medida por ex esclavos y sus descendientes,
limitados a ese nicho durante el proceso de constitución del mercado de trabajo de mano de obra
libre en el período que siguió a la abolición formal de la esclavitud.
Por encima de ese estrato informal urbano aumentaba el conjunto de trabajadores empleados
en una variedad de industrias “tradicionales” o “primeras industrias”, que son las que se establecen
en las fases iniciales de desarrollo de las sociedades y se orientan a cubrir las necesidades básicas
del mercado consumidor interno. La construcción civil y la manufactura de alimentos, vestimenta y
muebles son algunos ejemplos de este tipo de industrias. El grupo de trabajadores del subsector de
servicios, especialmente del comercio establecido y los servicios colectivos, era más numeroso que
el de los trabajadores industriales y se situaba más o menos en este mismo nivel.
Por último, apretada entre la masa de trabajadores y la elite urbana, se hallaba una pequeña
burguesía formada por pequeños empleadores y empresarios por cuenta propia, que se concentraba
sobre todo en el sector comercial. En este estrato, como en el de los trabajadores en condiciones
reglamentarias, se observaba la marcada presencia de mano de obra inmigrante. De hecho, la
preferencia por el trabajador extranjero en detrimento del nacional constituyó un eje importante del
conflicto en el mercado de trabajo, que adquirió un tinte racial y nacionalista y dio origen a
numerosas leyes para restringir la inmigración durante el período de la dictadura de Vargas.

9

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Cuadro 1

POBLACIÓN DE BRASIL POR PROFESIONES SEGÚN EL SEXO DE LOS HABITANTES, CENSO DE 1920
(Números relativos por mil)
Profesiones
1. Producción de materia prima
1.1. Explotación del suelo
1.1.1. Agricultura
1.1.2. Cría
1.1.3. Caza y pesca
1.2. Extracción de materias primas
1 .2.1. Canteras
1 2 2. Minas, salinas, etc.
2. Transformación y empleo de la materia prima: Industrias
2.1. Textiles
2.2. Cueros, pieles, etc.
2.3. Maderas
2.4. Metalurgia
2.5. Cerámica
2.6. Productos químicos y análogos
2.7. Alimentación
2.8. Vestuario y artículos para el aseo
2.9. Mobiliario
2.10. Edificación
2.11. Aparatos de transporte
2.12. Producción y transmisión de fuerzas físicas
2.13. Industrias de lujo
2.14. Otras
3. Administración y profesiones liberales
3.1. Transportes
3.1.1. Marítimos y fluviales
3.1.2. Terrestres y aéreos
3.1.3. Correos, telégrafos y teléfonos
3.2. Comercio
3.2.1. Bancos, cambio, seguros, comisiones
3.2.2. Comercio propiamente dicho
3.2.3. Otros tipos de comercio
3.3. Fuerza pública
3.3.1. Ejército
3.3.1.1 Oficiales
3.3.1.2 Suboficiales
3.3.2 Armada
3.3.2.1 Oficiales
3.3.2.2 Suboficiales
3.3.3 Policía
3.3.3.1 Oficiales
3.3.3.2 Suboficiales
3.3.4 Bomberos
3.3.4.1 Oficiales
3.3.4.2 Suboficiales
3.4
Administración
3.4.1 Pública
3.4.1.1 Federal
3.4.1.2 Estadual
3.4.1.3 Municipal
3.4. 2 Particular
3.5
Profesiones liberales
3.5.1 Religiosas
3.5.2 Judiciales
3.5.3 Médicas
3.5.4 Magisterio
3.5.5 Ciencias, letras y artes
4. Diversas
4.1
Personas que viven de rentas
4.2
Servicio doméstico
4.3
Mal definidas
4.4
Profesión no declarada y sin profesión
4.4.1
De 0 a 14 años
4.4.2
De 15 a 20 años
4.4.3
21 años y más
Total
Total Absoluto

Hombres

Mujeres

Total

358,75
10,68
4,12

39,32
0,63
0,06

200,35
5,70
2,11

3,64
1,19

0,01

1,84
0,60

2,00
0,44
2,38
6,22
1,30
0,39
2,66
9,34
2,11
17,10
0,70
1,36
1,89
1,32

3,79
0,10
0,20
0,07
0,20
21,80
0,08
1,63
0,41

2,89
0,27
1,20
3,14
0,75
0,23
1,44
15,22
1,10
8,62
0,35
0,69
1,76
0,87

5,36
10,00
0,82

0,24

2,70
5,04
0,53

1,16
27,88
1,70

0,04
1,39
0,08

0,60
14,74
0,89

0,28
2,50

-

0,14
1,26

0,15
0,70

-

0,08
0,36

0,09
1,89

-

0,04
0,95

0,01
0,10

-

0,01
0,05

2,95
1,83
1,34
2,42

0,09
0,08
0,04
0,19

1,53
0,96
0,70
1,31

0,39
1,20
1,94
1,06
2,77

0,19
0,47
2,51
0,40

0,29
0,61
1,21
1,78
1,59

1,77
4,55
23,95

0,88
19,88
3,07

1,33
11,88
13,60

407,49
53,77
12,54
1 000,00
15 443 818

417,42
126,66
358,62
1 000,00
15 191 787

412,32
89,91
189,16
1.000,00
30 635 605

Fuente: Elaboración propia

10

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

II. La transición incompleta: 19451980

El panorama social descrito cambiaría profundamente a partir
de la segunda guerra mundial, con la adopción del llamado “modelo de
sustitución de importaciones”, una fórmula de desarrollo muy exitosa
que se traduciría en elevadas tasas de crecimiento económico. Basta
observar el incremento de la producción agregada para concluir que el
desempeño de la economía brasileña en el período 1945-1980 se
caracterizó por un gran dinamismo. El crecimiento del producto
interno bruto (PIB), que ya aumentaba alrededor del 6% o 7% al año,
se aceleró hasta alcanzar valores de dos dígitos inmediatamente
después de la pequeña recesión de 1962-1966. Llegó a alcanzar un
promedio de 11,2% al año durante el período de 1967 a 1973, hecho
conocido y celebrado oficialmente como “el milagro brasileño”. A
partir de esta última fecha, el ritmo de crecimiento del PIB comenzó a
debilitarse. El máximo histórico de 14% alcanzado en 1973,
disminuyó a 9,8% en 1974 y a 5,6% en 1975. No obstante, el
desarrollo correspondiente al período de retracción mundial que siguió
al primer conflicto petrolero de 1973 fue considerable y compatible
con las llamadas “tasas históricas” de crecimiento (promedio del 7,1%
al año de 1973 a 1980). El desempeño económico en el período
estudiado fue aún más notable con respecto al producto per cápita, que
en 1980 alcanzó un nivel 3,5 veces superior al de 30 años antes. A raíz
de la crisis de comienzos de los años ochenta, el PIB per cápita se
contrajo sistemáticamente y en 1983 llegó al mismo nivel observado
en 1978. Comenzaba la que para muchos puede definirse como “la
década perdida”.

11

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Las variaciones en el cuadro social inducidas por el rápido crecimiento económico se
manifestaron en la reducción de varios estratos tradicionales (sin llegar a eliminarlos
completamente) y en la inserción de nuevos actores y grupos sociales que le conferirían rasgos
“modernos” a la sociedad brasileña. El “modelo de sustitución de importaciones”, motor de este
crecimiento acelerado, tenía algunas características pertinentes a la descripción de la morfología
social que intentamos realizar aquí.
A nuestro juicio, las tres características más relevantes para comprender el caso brasileño
son de naturaleza diversa pero están interrelacionadas. En primer lugar, este tipo de desarrollo se
basó en la exportación de recursos naturales, que condujo a la creación de un sistema agropecuario
exportador que hoy se encuentra entre los más eficientes del mundo. La naturaleza capitalista y de
gran eficiencia técnica de estas empresas, que economizaban mano de obra y recurrían a la
mecanización y al uso intensivo de fertilizantes y plaguicidas químicos, tuvo importantes
repercusiones. Por una parte, aumentó la concentración territorial y se intensificó el éxodo de mano
de obra rural hacia las áreas urbanas -con su consiguiente inserción en la base de la pirámide
ocupacional e incidencia directa en la distribución de la renta del trabajo- y por otra, se observó un
proceso de proletarización de los trabajadores que permanecieron en las áreas rurales y pasaron a
ser asalariados. Debido a esto, la pequeña producción familiar (que también comenzó a incorporar
tecnología productiva moderna en muchas áreas) y la agricultura de subsistencia se redujeron
notablemente y las modalidades tradicionales, entre ellas aparceros y medieros, tendieron a
desaparecer.
El crecimiento acelerado del período 1950-1980 tuvo como contrapartida una profunda
reforma de la distribución sectorial de la población económicamente activa (PEA), al acentuarse la
propensión histórica a la decadencia del sector primario, que perdió 9,7 puntos porcentuales de
1960 a 1970 y 14,4 puntos en la década siguiente. Mientras que en 1970 todavía absorbía el mayor
contingente de la PEA, su proporción relativa cayó a cerca de 30% en 1980, por lo que perdió el
primer lugar frente al sector terciario.
Cuadro 2

DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL POR SECTOR DE ACTIVIDAD DE LAS PERSONAS ECONÓMICAMENTE
ACTIVAS DE 10 AÑOS Y MÁS: 1960/1970/1980
SECTOR DE ACTIVIDAD
Primario
Agropecuario, extracción,
vegetal, pesca
Secundario
Industria de transformación
Industria de la construcción
Otras actividades industriales
Terciario
Comercio de mercaderías
Transporte y comunicaciones
Prestación de servicios
Actividades sociales
Administración pública
PEA TOTAL (en miles)

1960

1970

1980

54,0

44,3

29,9

8,6
3,4
0,9

11,0
5,8
1,1

15,7
7,2
1,5

6,5
4,3
13,3
3,3
3,1
22 750 028

7,6
3,9
13,3
5,2
3,9
29 557 224

9,4
4,1
16,2
7,0
4,1
43 796 763

Fuente: Censos demográficos de población

Desde el punto de vista de la estratificación social, el estancamiento numérico y la menor
participación relativa del sector primario durante el período reflejan de forma directa el desarrollo
de la agricultura capitalista, que se basaba en los latifundios dedicados a la producción a gran
escala de caña de azúcar para fabricar alcohol combustible, granos (sobre todo para el mercado
externo, como en el caso de la soja) o carne bovina, y ocasionó modificaciones importantes en las
formas de empleo en el sector. De 1970 a 1980, al paso que decaían notablemente las formas
12

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

tradicionales de inserción en la estructura productiva, como aparceros y medieros, crecía el número
de empleados y trabajadores estacionales. En forma análoga, el contingente de propietarios y
empleadores casi se duplicó durante esa década. La modernización de las grandes propiedades,
ahora dedicadas a la agricultura de exportación con uso intensivo de insumos industriales
(fertilizantes y otros productos químicos), incidió directamente sobre el perfil de la mano de obra
en el sector primario. La acción de los plaguicidas agrícolas disminuyó la necesidad de fuerza de
trabajo en las tierras de cultivo y derivó en una prescindencia gradual de la mano de obra
permanente. Por otra parte, el incremento de la productividad por área plantada exigía un
contingente mayor de trabajadores en el momento de la cosecha, aumentando así la demanda de
trabajo zafral (los llamados “volantes” o “bóias-frias”). Como ya indicamos, la pequeña
producción familiar también comenzó a tecnificarse, siguiendo el ejemplo de las grandes
propiedades, tanto con respecto al monocultivo de exportación como parcialmente en la
mecanización del proceso productivo. Esa evolución de los pequeños productores puede observarse
en la mengua del número de trabajadores por cuenta propia y de trabajadores -generalmente
familiares- sin remuneración.

Cuadro 3

CAMBIOS EN EL EMPLEO EN EL SECTOR PRIMARIO, 1970 Y 1980
(en mil trabajadores)

Posición en el Sector

1970

1980

Número
Propietario/empleador
Independiente
Aparcero/mediero
Empleado/trabajador zafral
Sin remuneración
Total

Porcentaje

Número

Porcentaje

201
5 343
1 679
3 335
2 582
13 140

1,53
40,67
12,77
25,38
19,65
100,00

370
5 092
890
4 536
2 035
12 923

2,86
39,40
6,89
35,11
15,74
100,00

Fuente: IBGE, Muestras de los censos de 1970 y 1980, tabulaciones especiales.
Nota: Excluye a quienes no declararon posición en la ocupación.

Además de la producción sistémica de un excedente que proporcionaría mano de obra para
cubrir tanto las áreas urbanas como las necesidades de trabajo zafral, la modernización
“conservadora” de la agricultura brasileña consolidó la dualidad entre el sector de exportación y el
sector orientado al consumo interno. Las condiciones externas sumamente favorables con respecto
a los precios de las materias primas y las políticas de incentivo a los productos de exportación (con
el consiguiente debilitamiento de la producción de alimentos básicos) hicieron que las
características de la modernización señaladas anteriormente –avances tecnológicos, aumento de la
productividad y otras- se limitaran en gran medida al sector exportador. La producción de
alimentos fue sistemáticamente desplazada hacia la “periferia” geográfica y económica de la
producción rural, cada vez más distante de los grandes centros consumidores, mientras que las
exportaciones, que en un principio sirvieron como fuente de ahorro para la propia acumulación del
capital urbano y luego como productoras de divisas para mitigar la crisis de la deuda externa,
fueron objeto de mayor protección e incentivos.
La contradicción inherente a este proceso parece ser que debido a la mayor rentabilidad de la
agricultura de exportación se redujo relativamente la producción de alimentos básicos, una
tendencia evidente desde comienzos de la década de 1970. Algunas estimaciones indican que a
partir de 1971 y hasta los primeros años de la década siguiente el abastecimiento interno de

13

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)
1

alimentos per cápita disminuyó cerca del 20% y el costo real por caloría casi se duplicó. Esto
ocasionó una fuerte presión inflacionaria, con repercusiones directas sobre la tasa del salario real
urbano. En este contexto, la respuesta política fue casi siempre el control de precios, que limitó el
traslado de los aumentos a los productos. No solo no se atacó la raíz del problema inflacionario
sino que se tendió a reforzar la dualidad sectorial al desincentivar aún más la producción de
alimentos para el consumo interno.
Una consecuencia lógica del estilo conservador de la modernización agrícola, que giraba en
torno al problema de transformar el latifundio de características “feudales” en una empresa grande
y moderna, fue que la estructura de la propiedad legal de la tierra se modificó muy poco,
manteniéndose el elevado nivel de concentración. En 1950, las pequeñas propiedades -definidas
como aquellas con menos de 10 hectáreas- correspondían al 34,4% de los establecimientos
agrícolas y representaban apenas el 1,3% de la superficie total explotada. Tres décadas más tarde,
constituían el 50,4% de los establecimientos y ocupaban solo el 2,5% del área total. En el otro
extremo del espectro, las grandes propiedades con más de 10.000 hectáreas, que en ambas fechas
constituían aproximadamente el 0,1% del total de establecimientos, ocupaban el 19,4% del área
global en 1950 y el 16,4% en 1980. La desigualdad con respecto al acceso y la posesión de la tierra
continuó siendo una de las características fundamentales de la sociedad brasileña y su atenuación
uno de los reclamos más importantes que los movimientos sociales organizados hicieron al Estado
en las décadas siguientes.
Como contrapartida de la agricultura de exportación se impulsó un proceso de
industrialización protegida de la competencia externa por subsidios, barreras arancelarias y
diversos mecanismos de “reserva de mercado” y, una vez más, orientada al mercado interno. Como
consecuencia, se pudo establecer un complejo industrial moderno, de características autárquicas,
que cubría prácticamente toda la gama de posibilidades productivas y cuya pauta de importaciones
llegó a limitarse a algunos pocos ítems, como petróleo y “chips” para computadoras. Este proceso,
que llegó a su punto culminante durante el régimen militar (1964-1985), favoreció el surgimiento y
la consolidación de estructuras oligopólicas y centralizadas regionalmente. Aunque la
concentración industrial se haya convertido en una característica más o menos general de todo el
sistema productivo brasileño, se volvió más evidente (por razones estratégicas relacionadas con la
propia lógica del modelo de desarrollo) en las nuevas y modernas industrias establecidas en este
período, como las industrias metalúrgicas, mecánicas y electroelectrónicas, entre otras. Obsérvese
que gran parte de este parque industrial moderno fue resultado de la captación de capitales
externos, de empresas multinacionales incentivadas a instalarse por la concesión de facilidades
legales y la garantía de condiciones productivas protegidas, como en el caso de las industrias
automovilística y química.
Aunque algunas teorías de esa época en el campo de las Ciencias Sociales, sobre todo la
llamada “teoría de la dependencia”, postulaban una supuesta baja capacidad del sector industrial
para absorber de forma significativa nuevos contingentes de mano de obra en los países de
capitalismo periférico, el sector secundario fue precisamente el que mostró mayor dinamismo en la
2
generación de nuevos empleos durante todo el período 1960-1980. Durante los primeros diez años,
la proporción correspondiente a la industria de transformación en el empleo aumentó del 8,6% al
11%. En la década siguiente, el ritmo de expansión se aceleró y el número de personas ocupadas se
duplicó con creces, aumentando su proporción relativa al 15,7%. Cabe señalar que el incremento
del empleo en la industria de transformación en los años sesenta se debió principalmente al

1
2

14

Véase Homem de Melo, F. B. O Problema Alimentar no Brasil, Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1983, donde se trata este problema.
Véase un tratamiento más detallado del tema en Faria, V. “Mudanças na Composição da Emprego e na Estrutura das Ocupações”, in
Bacha, E. y H. S. Klein (eds.) A Transição Incompleta, Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1986, Vol. 1, pp.75-109.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

dinamismo de las industrias “modernas”.3 Por el contrario, en el caso de las industrias
“tradicionales” (textil, cuero, vestuario, madera y muebles, alimentos y bebidas, cerámica y vidrio)
el empleo aumentó apenas de 1,6 millones a 1,65 millones trabajadores durante esa década. En los
años setenta, se observó una reactivación del subsector “tradicional” y el número de trabajadores
aumentó a 2,8 millones, probablemente como resultado de la expansión de la demanda en los
mercados urbanos. Se destaca el notable crecimiento de la industria de la construcción, sector que
cuadriplicó el número de personas ocupadas durante las dos décadas: del 3,4% en 1960 pasó a
absorber el 7,2% de la PEA en 1980. En esta rama, cuyo rápido desarrollo está ligado al aumento
de la población urbana, a la implantación del sistema financiero de vivienda y a la expansión de las
obras públicas, se pagaba en el período un salario medio próximo al salario mínimo, por lo que se
puede conjeturar que desempeñó un papel importante en la incorporación al mercado de trabajo de
la masa migrante de origen rural de sexo masculino.
A diferencia de la forma clásica de Europa y Estados Unidos en el siglo XIX, el crecimiento
industrial moderno se caracteriza por una demanda relativamente mayor de trabajadores calificados
-sobre todo para desempeñar actividades de control (“trabajadores de corbata”)- que de mano de
obra directamente involucrada en la producción. En forma análoga, se desarrollan también un
sector de servicios modernos que complementa la producción, tanto a nivel de consumo (que
incluiría las actividades comerciales) como posibilitando lo que algunos llaman “reproducción de la
fuerza de trabajo”, y un Estado que supuestamente organiza, regula e incentiva todo el proceso y
que, en general, se expande mucho. Para examinar el sector terciario es muy útil adoptar la
distinción introducida por Singer entre: i) servicios de producción (comercio de mercaderías,
comercio de inmuebles y valores inmobiliarios, crédito, seguro y capitalización, transportes y
comunicaciones); ii) servicios de consumo individual (prestación de servicios); y iii) servicios de
consumo colectivo (administración pública y actividades sociales).4 De modo general, el concepto
de servicios de consumo individual se vincula con la idea de “servicios tradicionales”, por
oposición a los servicios de producción y consumo colectivo, ligados a la idea de “servicios
modernos”. Para resumir las principales líneas de evolución del sector terciario, podemos afirmar
que no solo aumentó constantemente su proporción en el empleo a lo largo del período considerado
sino que también modificó su estructura interna. Aumentó la proporción de los servicios
“modernos” -tanto de los servicios de producción como los de consumo colectivo- en detrimento de
los servicios típicamente “tradicionales”, los servicios de consumo individual. En pocas palabras,
también el sector de servicios se “modernizó” claramente durante las décadas de 1960 y 1970.
Una vez más, el crecimiento de los sectores industrial y comercial en Brasil siguió la lógica
general de la “modernización conservadora” o “excluyente”, propiciando la formación de grandes
empresas y conglomerados. El grado de concentración de estas actividades económicas es bastante
elevado. Los datos relativos a 1988 indican que solo la facturación de los cuatro mayores grupos
económicos de cada subsector alcanza un nivel promedio del 63%; mientras que el grado promedio
de concentración en el comercio es de 71% (véase la cuadro 4). Aunque esta situación se repite en
todos los subsectores, la concentración tiende a ser mayor en las ramas “modernas” que en las
“tradicionales”. Por ejemplo, el promedio de concentración es 54% en el sector alimentario, 47%
en la construcción civil y 29% en la industria textil, mientras que esta proporción sube a 73% en el
3

4

En este trabajo, la dicotomía “moderno vs. tradicional” sigue una distinción paralela a la presentada por Syrquin y Chenery (op. cit,
p.156). Las industrias “tradicionales” son las que estos autores denominan “early industries”. Se establecen con bajos niveles de
rentabilidad para satisfacer las necesidades básicas de la población (alimentos, vestuario) y se caracterizan por el uso de tecnología
simple y baja elasticidad-rentabilidad de demanda. Las industrias “modernas” abarcan las que estos autores llaman “middle” y “late
industries”. Gran parte de la producción de las “middle industries” es utilizada como insumo intermediario por otros sectores
(productos químicos y minerales no metálicos, entre otros), desarrollándose a níveles todavía relativamente bajos de rentabilidad,
cuando las relaciones interindustriales se vuelven más densas. Las “late industries” surgen más tarde en el proceso de desarrollo e
incluyen bienes de inversión (maquinarias) y bienes de consumo duradero con alta elasticidad-rentabilidad de demanda (por
ejemplo, productos metálicos).
Paul I. Singer, “Força de Trabalho e Emprego no Brasil: 1920-1969”, Cadernos CEBRAP, No 3,1971.

15

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

caso de las industrias de minerales no metálicos,79% en la de distribución de derivados de petróleo
y 94% en material de transporte.5
Cuadro 4

GRADO DE CONCENTRACIÓN EN LA INDUSTRIA Y EL COMERCIO POR SECTORES
Sector
Industria
1
Alimentos
Azúcar y alcohol
Molinos
Frigoríficos
Conservas
2
Bebidas y tabaco
Jugos concentrados
Cerveza
Cigarrillos y tabaco
3
Electroelectrónica
Electrodomésticos
Equipo para comunicación
Conductores eléctricos
Computadoras
4
Caucho (neumáticos y artefactos)
5
Material de transporte
6
Mecánica
Motores e implementos agrícolas
Máquinas procesadoras
Equipos pesados
7
Metalurgia
Aceros planos
Aceros no planos y especiales
Metalurgia de no ferrosos
8
Química
Petroquímica
Fertilizantes
Productos higiene y limpieza
9
Papel y celulosa
10
Textil
Hilado y tejido
Confecciones
11
Minerales no metálicos
Cemento y cal
Vidrio y cristal
Amianto y yeso
12
Minería
13
Construcción civil
Construcción pesada
Comercio
1
Al por menor
2
Distribución de gas
3
Distribución derivados de petróleo
GENERAL

o

N de
grupos

4
4
4
4
4
2*
3*
4
4
4
2*
4
4
4
4
4
1**
4
4
4
4
4
5***
2*
2*
4
4
4
4
4
4
4
4

(1988 – según los cuatro mayores grupos económicos)
Grado (%) de
Grado (%) de concentración
concentración
promedio
64
54
51
55
53
74
85
78
86
91
66
60
72
81
64
75
75
94
94
67
65
68
69
72
100
55
58
49
43
48
71
56
56
29
20
46
73
68
76
88
76
76
47
47
71
55
66
66
79
79
64

Fuente: Pih, L. “O Desafio Brasileiro”, Folha de São Paulo, 2 de febrero de 1990.
Notas: # Concentración = Facturación de los grupos considerados/ Facturación total del sector x 100;
o
o
* El grupo que sigue no es significativo; ** Monopolio absoluto; *** El 4 y el 5 están muy próximos

Un grado de concentración como el que caracteriza a la industria y al comercio en Brasil
representó históricamente un serio obstáculo estructural para el control de la inflación, debido a
que un número muy restringido de grupos económicos puede controlar el proceso de formación de
5

16

En este contexto, se observa una gran anomalía en el subsector “tradicional” de bebidas y tabaco, en el que dos empresas
productoras de cerveza captaban el 86% de la facturación del subsector específico y tres empresas captaban el 91% de la facturación
en la producción de cigarrillos y tabaco. Aunque no dispongamos de datos probatorios, todo parece indicar que la concentración en
el sector de servicios bancarios era también bastante elevada en aquel período.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

precios, casi independientemente de las condiciones de la demanda. La reducción estratégica de la
oferta siempre posibilitó el mantenimiento o inclusive la ampliación del -ya elevado- margen de
lucro, y las tentativas de control gubernamental condujeron a la medición de fuerzas o incluso al
conflicto abierto, con el riesgo de desabastecimiento como telón de fondo. La falta de una política
orientada a desmonopolizar la economía, o como mínimo, una legislación rigurosa que permitiera
el control de las acciones y del proceso de consolidación de los oligopolios, se tradujo en una serie
de medidas antiinflacionarias de gran impacto en los años ochenta, cuyo alcance y credibilidad
fueron cada vez menores.
Durante el período de rápido crecimiento económico se observó también un gran impulso del
asociacionismo en general y la sindicalización en particular. Los datos referentes a 1989 indican la
existencia de 9.118 sindicatos reconocidos legalmente, de los cuales 4.635 eran urbanos (50,8%).
Existían además 13 confederaciones, que agrupaban a las federaciones de sindicatos organizados
en uno o más estados. Cuatro de ellas estaban integradas por empleadores y las nueve restantes por
empleados. El 82% de los sindicatos, sin incluir aquellos de los que ignoramos la fecha de
fundación, se crearon después de 1951 (67,6% de 1951 a 1980 y 14,4% de 1981 a 1988).6 Esos
mismos datos también denotan un considerable aumento del sindicalismo rural, sobre todo de 1960
a 1980. El número de trabajadores rurales sindicalizados a fines de los años ochenta, 5,5 millones,
era similar a la cifra correspondiente a las zonas urbanas.
También hubo otras formas de asociacionismo que se expandieron rápidamente en el período
estudiado. En un estudio sobre asociaciones de profesionales y técnicos se indica que el 71% se
creó entre 1971 y 1983, en comparación con un 28% entre 1965 y 1970.7 Además de los aspectos
cuantitativos del auge asociacionista, cabe destacar dos dimensiones más de este proceso: en primer
lugar surgió el sindicalismo de empleados públicos, tanto de la administración directa como de la
indirecta, y por otra parte se constituyeron las tres grandes centrales sindicales. El corporativismo
se convirtió en el eje de la organización de intereses, como se advirtió claramente durante el debate
acerca de la nueva Constitución brasileña en 1988, que fortaleció a la representación sindical
empresarial en diversos aspectos.
La combinación del sindicalismo empresarial –organizado por sector económico, según la
herencia de Vargas de los años treinta y cuarenta- con un contexto productivo marcadamente
oligopólico tuvo importantes repercusiones. Como ya se indicó, había entonces una correlación
entre la naturaleza oligopólica y el grado de “modernidad” de los sectores, pero por otra parte
también existía una correspondencia entre la “modernidad” sectorial y el grado de sindicalización y
poder reivindicativo de los trabajadores de esas industrias. Eso explica la tendencia de que los
sectores más oligopólicos –los más “modernos”- fueran aquellos con mayor poder de
reivindicación sindical. Este grupo incluía a las industrias metalúrgica, mecánica, de material
eléctrico y comunicaciones, de material de transporte (que, como ya vimos, presentaba uno de los
mayores niveles de concentración industrial) y editorial y gráfica. La asociación del sindicalismo
fuerte con la monopolización sectorial generó un contexto en que las reivindicaciones laborales
tendían a negociarse con facilidad, debido a que los patrones tenían la posibilidad de trasladar los
costos a los precios de los productos. Naturalmente, esto tuvo serias repercusiones, no solo en la
coyuntura inflacionaria sino también en el cuadro de las desigualdades con respecto a los ingresos.
Se debe tener en cuenta otro aspecto relacionado con los efectos de estos factores en la
estructura ocupacional. Además de la distinción entre “manual” y “no manual” que continuó
caracterizando a todas las economías de mercado modernas, el hecho de que en Brasil las empresas
6
7

Cf. Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Sindicatos: indicadores sociales, 0,1(1989).
Cf. Boschi, Renato A Arte da Associação – Política de Base e Democracia no Brasil, São Paulo: Vértice 1987. Este estudio denota
el marcado crecimiento de otras formas de asociación para formar grupos de interés, como las asociaciones de moradores, fenómeno
que tendió a concentrarse en el período de la apertura política de 1974 a 1981.

17

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

“modernas” tuvieran en general más empleados, mayor productividad, mayor grado de
concentración industrial y espacial y una masa trabajadora con mayor poder sindical que los
sectores “tradicionales” se tradujo en mejores condiciones de vida para los operarios de las
industrias “modernas”, en comparación con las de sus pares de los sectores tradicionales.8 Esta
nueva división es de suma importancia, no sólo por su significado desde el punto de vista de la
estratificación social, sino también por su incidencia en la representación de intereses y en la
configuración político-partidaria.
Por último, la tercera característica del estilo de desarrollo adoptado es que se sustenta en el
gasto público, mediante el financiamiento interno y externo, con la consiguiente formación de
deuda pública -que sería trágicamente fundamental en la crisis que sufrió el modelo durante los
años ochenta y se convertiría en una de las principales causas de su abandono. Esto trajo aparejado
el fortalecimiento del Estado, al que se atribuyó el papel de protector de los estratos y sectores en
gestación, financiador de inversiones públicas consideradas “estratégicas” para el desarrollo y la
soberanía nacional y proveedor de subsidios para las inversiones privadas.
Como ya se mencionó, el crecimiento económico de Brasil en el período de posguerra,
basado en la gran empresa capitalista, las grandes corporaciones internacionales y la presencia cada
vez mayor del Estado -caracterizados por extenso un aparato burocrático-, resultó en la aparición de
nuevos grupos sociales de creciente importancia en la estructura ocupacional brasileña. Se destacan
entre estos los operarios modernos, más calificados desde el punto de vista formal y más
organizados políticamente (con fuerte concentración regional), y una “clase media” de trabajadores
no manuales, precisamente el estrato que más rápidamente creció en las últimas décadas. Algunos
de los cambios en la estructura ocupacional durante los años setenta estaban implícitos en las
variaciones de la distribución sectorial de la PEA descritas anteriormente. Además del
estancamiento absoluto y la merma relativa de las ocupaciones en el sector agropecuario, la década
de 1970 se caracterizó por la activación de todo el sector industrial, tanto los subsectores modernos
como los tradicionales, que crece cerca del 79,6% en términos de población ocupada. La
proporción crece aún más con respecto a las ocupaciones manuales en los sectores modernos, que
aumentan su contingente ocupado un 88%. No obstante, es digna de notarse la expansión de las
ocupaciones no manuales, que duplicaron con creces el número de personas ocupadas y
representaban casi la cuarta parte de la población económicamente activa. Al analizar la dirección
de las transformaciones que sufrió la estructura ocupacional brasileña, es muy significativo que el
grupo que más se expandió a lo largo de la década estudiada haya sido precisamente el que estaba
en la cima de la jerarquía ocupacional –las ocupaciones no manuales calificadas-, que incrementó
más de un 120% el número de personas ocupadas y representaba casi el 10% de la población
ocupada en 1980.

8

18

Algunos estudios sobre la determinación de salarios muestran claramente la importancia de los factores mencionados, inclusive en lo
que respecta al poder sindical. Véase, por ejemplo, Ferreira da Silva, J. C. Diferenciação Salarial na Indústria Brasileira, Rio de
Janeiro: Ed. FGV, 1987.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Cuadro 5

CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA OCUPACIONAL BRASILEÑA – 1970/1980
(en miles)

1970

Grupo ocupacional
1

1980

Número

Ocupaciones rurales
1.1 Trabajadores rurales
1.2 Propietarios-empleadores
2 Ocupaciones manuales
2.1 Tradicionales
2.2 Modernas
3 Ocupaciones no manuales
3.1 Rutina
3.2 Calificados
Totales

Porcentaje

Número

Porcentaje

13 139
12 938
201
10 686
6 797
4 070
5 044
3 271
1 773
29 051

45,2
44,5
0,7
37,4
23,4
14,0
17,4
11,3
6,1
100,0

12 923
12 553
370
19 521
11 871
7 650
10 170
6 250
3 919
42 614

30,4
29,5
0,9
45,9
27,9
18,0
23,9
14,7
9,2
100,0

Fuente: Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Muestra de los censos de 1970 y 1980, Tabulaciones
especiales.
Nota: Excluye los casos en que no se declaró ocupación.

Debido al ritmo del crecimiento económico en el período de posguerra, la mano de obra
masculina fue insuficiente para atender la demanda. Esto posibilitó una mayor participación de la
mujer en áreas del mercado de trabajo donde su presencia era antes escasa. El estímulo obedeció en
forma directa a la creación de nuevos empleos y en forma indirecta al aumento de los salarios, que
incrementó el costo de oportunidad del trabajo exclusivamente doméstico. También debe
recordarse que la expansión más rápida de los estratos no manuales que caracterizó al desarrollo
brasileño ejerció una atracción muy fuerte sobre la mano de obra femenina, en virtud de que la
mayor demanda provenía de algunos de los sectores ocupacionales en que la feminización ya era
entonces más o menos extensa. Cabe recalcar, sin embargo, que el ingreso masivo de la mujer al
mercado laboral -el volumen absoluto de mujeres ocupadas casi se duplicó solo en la década de
1970- ocurrió en todos los sectores de la economía, en todos los estratos ocupacionales y en todas
las regiones, constituyendo un fenómeno prácticamente universal en la sociedad brasileña.
Cuadro 6

PARTICIPACIÓN EN LA FUERZA DE TRABAJO POR SEXO
POBLACIÓN DE 10 AÑOS O MÁS, 1950 A 1991
(en miles)
Año
Población activa
1950
1960
1970
1980
1991

14 610
18 673
23 392
31 393
39 489

Hombres
Población inactiva
3 478
5 520
9 165
11 961
15. 58

Tasa
(%)
81
77
72
72
71

Población activa

Mujeres
Población inactiva

2 508
4 076
6 165
11 843
18 967

15 962
20 559
27 140
32 614
38 646

Tasa
(%)
14
17
19
27
33

Fuente: Censos demográficos.

Los factores de demanda de mano de obra no explican por sí solos la proporción de mujeres
cada vez mayor en el mercado de trabajo, tendencia que perdura hasta la actualidad. Tampoco
obedece a una supuesta pauperización de las familias, por la imposibilidad de maridos y padres de
proveer el sustento absoluto de mujer e hijos. No sólo la magnitud de este fenómeno no amerita que
se lo tenga en cuenta sino que los ingresos individuales aumentaron en términos reales de manera
considerable en el período 1950-1980. De hecho, el nivel de ingresos familiares también aumentó,
en virtud de la propia incorporación de la mujer al mercado laboral.9 Todo parece indicar que la
9

Por más detalles sobre el aumento de los ingresos reales individuales y familiares y sobre la reducción de la pobreza en Brasil, véase,
por ejemplo, Denslow, D. y W. Tyler, “Perspectivas sobre Pobreza e Desigualdade de Renda no Brasil”, Pesquisa e Planejamento
Econômico, v/13 n.3, Dez, 1983; y Hoffman, H. “Pobreza e Propriedade no Brasil: o que está mudando”, in Bacha, E. y H. S. Klein,
A Transição Incompleta: Brasil desde !945, Rio: Paz e Terra, 1987.

19

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

pauperización o creciente privación absoluta no puede servir de base explicativa para los hechos
que estamos discutiendo. En realidad, se observaban ya entonces cambios mucho más importantes
con respecto a los papeles accesibles a las mujeres brasileñas, que continúan hasta el día de hoy.
Por ejemplo, considérese que la cantidad de mujeres que comenzaron a involucrarse en actividades
fuera del ámbito doméstico continuó aumentando, independientemente de las condiciones del
mercado laboral -ya fuera durante el auge de los años setenta o la depresión económica de los años
ochenta- e independientemente de las condiciones de empleo de la mano de obra masculina. Esto
sugiere que algunos de los principales factores determinantes de la participación femenina
corresponden a la oferta de mano de obra.
Uno de los elementos ligados a la evolución del papel de la mujer es su comportamiento
reproductivo. Trabajar es desempeñar un papel generalmente alternativo y, en cierto grado,
conflictivo con el de ser madre. La universalidad de la participación de la mujer en el mercado de
trabajo –inclusive de mujeres mayores, casadas y con hijos- tiene como contrapartida la rápida
reducción de la fecundidad. En el caso brasileño, la tasa de fecundidad media disminuyó de 6 hijos
por mujer en el período anterior a 1960 a cerca de 3,5 hijos por mujer a comienzos de los años
ochenta. Esta drástica reducción también se observó en todas las áreas y en todos los estratos. De
cualquier modo, el aumento del trabajo femenino y la reducción del número de hijos parecen ser,
en muchos casos, las formas que las familias brasileñas encontraron para escapar de la pobreza o
para realizar aspiraciones crecientes de consumo. Estas son respuestas “modernas”, cuya ubicuidad
indica que los cambios en el comportamiento sobrepasan los límites de los sectores
estructuralmente “modernos” de la sociedad brasileña.
Cuadro 7

CAMBIOS EN LA POBLACIÓN FEMENINA ECONÓMICAMENTE ACTIVA 1970-1980
(en miles)
Grupos ocupacionales
1

Ocupaciones rurales
1.1 Trabajadores rurales
1.2 Propietarios -empleadores
2
Ocupaciones manuales
2.1 Tradicionales
2.2 Modernas
3
Ocupaciones no manuales
3.1 Rutina
3.2 Calificados
Totales

1970
Número
1 257
1 252
5
3 693
2 833
860
1 123
874
249
6 073

1980
Porcentaje
20,7
20,6
0,1
60,8
46,6
14,2
18,5
14,4
4,1
100,0

Número
1 679
1 659
20
6 452
4 953
1 499
3 547
2 964
853
11678

Porcentaje
14,4
14,2
0,2
55,2
42,4
12,8
30,4
23,1
7,3
100,0

Fuente: IBGE, Muestra de los censos de 1970 y 1980, Tabulaciones especiales.
Nota: Excluye los casos sin declaración de ocupación.

Las modificaciones sociales que intentamos describir se tradujeron en una movilidad sin
precedentes en la historia moderna de la sociedad brasileña. Los datos presentados en los cuadros 5
y 7 corresponden a tan solo 10 años de cambios. Al considerar un plazo más acorde con los
patrones de socialización de los individuos, como la experiencia de dos generaciones consecutivas,
vemos que la experiencia de movilidad fue aún más radical. Los datos de los cuadros de movilidad
ocupacional entre generaciones proporcionan una medición más próxima de la experiencia real de
los individuos a lo largo de sus vidas. Los datos recogidos en 1973 indican que mientras que el
61% de los hombres adultos de Brasil procedía del estrato de trabajadores rurales (esa era la
posición ocupacional de sus padres), apenas el 31% de ellos pertenecían a ese mismo estrato. Por
otra parte, mientras que el 20% de los hombres adultos procedía de los estratos manuales urbanos,
el 43% de ellos permanecía en esos estratos en 1973. Los valores de origen y destino no manual
eran del 20% y el 27% respectivamente. En total, cerca del 47% de los individuos había mejorado
su posición ocupacional, mientras que la movilidad descendiente afectó apenas al 11% de los
20

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

hombres adultos en aquella fecha. Este patrón de movilidad social refleja esencial y
mayoritariamente los efectos del cambio del perfil urbano-rural de la sociedad brasileña en la
estructura ocupacional y constituye una experiencia bastante radical por su rapidez y profundidad.10
Sin embargo, más importante que la experiencia de la movilidad en sí es que los brasileños parecen
haber comenzado a aspirar a la movilidad ascendente, difundiéndose la expectativa de mejora de la
condición social de los individuos y sus familias. Movilidad social significa, entre otras cosas,
mejora, bienestar, acceso a bienes y orientación al consumo.
Como se mencionó anteriormente, el éxito de este modelo de desarrollo introdujo
importantes cambios en la estratificación social brasileña. En primer lugar, los nuevos papeles
asumidos por el Estado significaron la expansión y consolidación de una gran burocracia en los
diversos niveles de su organización político-administrativa. Además, la protección que el Estado
ofrecía a los nuevos estratos aumentó también la importancia numérica de las ocupaciones ligadas a
los servicios estatales, sobre todo el sector de los llamados “servicios sociales”, por ejemplo en las
áreas de educación y salud.
En segundo lugar, el desarrollo de las estructuras oligopólicas privadas y las grandes
empresas estatales fue acompañado por una rápida expansión de los estratos de “trabajadores de
corbata”, tanto en el sector administrativo de alta dirección (configurando relaciones de “servicio,
en el sentido que le da Goldthorpe) como en otro sector burocrático más orientado a tareas
rutinarias de ejecución y sin autoridad administrativa. Este estrato se convertiría cada vez más en
un nicho de trabajo femenino. En este mismo contexto, aumentaron también de manera acentuada
las funciones de supervisión y control del trabajo manual, que -aunque suponen un nivel menor de
calificación formal- serán generalmente desempeñadas por mano de obra masculina, como en el
caso de las demás funciones que comportan cierta autoridad.
El modelo de desarrollo adoptado también ocasionó importantes modificaciones en el sector
de los trabajadores manuales. La expansión del sector industrial moderno, protegido de la
competencia externa y de naturaleza oligopólica internamente, permitió la creación de un estrato
claramente diferenciado del conjunto de empleados de las industrias más tradicionales y
competitivas. Esta diferenciación se debió no solo al aumento de la productividad, derivado del
mayor nivel tecnológico de los sectores modernos, sino también a que su concentración espacial
favoreció el establecimiento de un movimiento sindical dinámico y organizado políticamente. De
ese modo, la combinación de las cuasi rentas de las estructuras oligopólicas o corporativas con una
organización sindical fuerte engendró un estrato dentro del sector industrial moderno que pasó a
disfrutar de condiciones de vida muy superiores a las de los restantes estratos de trabajadores
manuales, sobre todo de los excluidos de la “protección social” del Estado. El acceso a esa
protección dependía del vínculo laboral establecido mediante contratos formales. Huelga decir que
la mayor parte de la población trabajadora se encontraba en esta última situación.
En resumen, la otra cara de la “modernización conservadora” impulsada por el modelo de
sustitución de importaciones fue –en el largo plazo- el agravamiento de las desigualdades sociales,
que ya eran muy elevadas a comienzos de la transición estructural. Como surge del análisis
precedente, hay tres aspectos de este modelo de crecimiento que a nuestro juicio explican la
profundización de las desigualdades. El primero son las desigualdades causadas por el proceso de
concentración del acceso y la propiedad de tierras, que a su vez llevó a la proletarización de los
10

Las elevadas tasas de movilidad absolutas que se observaron entonces en la sociedad brasileña, que reflejan los cambios en la
estructura ocupacional y sobre todo los efectos de la industrialización y la urbanización, no conllevaron el debilitamiento de las
barreras de clase en la distribución de posibilidades relativas. De hecho, un análisis más profundo de los patrones de movilidad
social muestra claramente que “el caso brasileño es un ejemplo de movilidad estructural masiva que movió hombres a través de una
estructura de clases muy rígida” (Sobel, M., M. Hout y O.D. Duncan (1985). Análisis realizados con datos muy posteriores, de fecha
1996 (Pastore, J.H., y otros (1983) y Silva, Nelson do Valle, (1998), indicaron que esa generalización todavía continuaba siendo
válida.

21

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

estratos trabajadores rurales y a la inserción de la mano de obra migrante –en muchos casos
trabajadores familiares no remunerados- en la base de la pirámide urbana. Este proceso fue el telón
de fondo de todo el período estudiado. En segundo lugar figura la poca importancia otorgada a la
calificación formal o nivel educativo de la fuerza de trabajo, que era sumamente bajo al comenzar
la transición y que solo aumentó de manera muy lenta a lo largo de estas décadas. Es plausible
suponer que este factor adquiera prioridad durante los períodos de rápido crecimiento económico,
en que la demanda de mano de obra calificada se acentúa, como ocurrió en la sociedad brasileña en
los años setenta. Por último, las cuasi rentas de las estructuras oligopólicas o corporativas que
atraviesan toda la organización de la sociedad brasileña, pero que constituyeron un aspecto
favorecido sobre todo por la propia lógica del modelo de desarrollo adoptado. De hecho, tal vez sea
una de las características más importantes y en apariencia más influyentes en momentos de
estancamiento o de bajo crecimiento, como en el caso de Brasil en la década de 1980. El conflicto
distributivo agudizado por el bajo crecimiento parece no solo agravar el proceso inflacionario sino
también afectar directamente el nivel de las desigualdades, condiciones en que los grupos
protegidos a nivel estructural pueden hacer prevalecer sus intereses en detrimento de los demás
sectores sociales menos organizados.
Sin embargo, con tasas de crecimiento como las observadas de 1960 a 1980 se necesitarían
procesos redistributivos de extrema perversidad para que la situación de las clases menos
favorecidas no mejorara. De hecho, al hacer un balance de las dos décadas verificamos que, a pesar
de los elevados costos sociales (como la concentrada distribución de los ingresos individuales),
hubo una reducción considerable de los niveles de pobreza del país.
Los datos relativos a la distribución de los ingresos de la PEA sugieren que el ingreso medio
global se incrementó un 155% en términos reales (precios de 1986) durante los dos decenios, lo
que supone un ritmo del 4,7% al año.11 Los ingresos promedio aumentaron de hecho en todos los
deciles, tanto de 1960 a 1970 como en la década siguiente. Al estudiar el ingreso medio en cada
decil, se observa que el patrón de crecimiento en los dos períodos tendió a seguir una línea general
en U. El valor mínimo se registró precisamente en la mitad de la distribución, en el quinto y sexto
deciles. No obstante, inclusive en estas franjas de crecimiento mínimo se registró un promedio de
alrededor del 3,1% al año. Las dos discrepancias con respecto a este patrón general se registraron
en el período de 1960 a 1970 en los dos deciles extremos: mientras que los ingresos reales se
duplicaron con creces en el decil superior -con un ritmo de crecimiento cercano al 7% anual-, el
incremento correspondiente al decil inferior fue de apenas 9% en total. Aunque las medias de
crecimiento fueron inferiores en la década siguiente, no se observaron discrepancias significativas
con el patrón general descrito anteriormente.

11

22

Bonelli, R. y G. I. Sedlacek, “Distribuição de Renda: Evolução no Último Quarto de Século”, in G. I Sedlacek y R. Paes de Barros
(eds.). Mercado de Trabalho e Distribuição de Renda, IPEA, Série Monográfica, Rio de Janeiro: IPEA/INPES, 1989.

1,9

24,9

39,6

10+

20+

0,497

2.435,6

367,6

3.517,7

1.353,6

1.002,7

798,0

672,6

543,1

388,5

267,4

179,6

162,9

% del

61,7

21,2

46,5

15,2

10,0

7,2

6,2

5,0

3,8

3,0

2,1

1,2

0,565

ingreso

Ingreso

940,3

765,5

581,0

457,9

312,9

176,9

promedio

4.697,4

539,1

7.085,5

2.309,2

1.517,5

1.099,4

1970

63,3

19,7

47,8

15,4

9,9

7,2

5,6

4,4

3,6

3,0

2,0

1,2

0,590

9

998,2

807,8

666,7

459,3

1.622,2

7.160,2

743,5

10.843,2

3.477,1

2.236,4

83

47

14

101

71

51

38

40

41

50

71

74

1960

266,2

1970/

Ingreso

52

37

4

53

51

47

48

34

30

39

46

47

50

1970

1980/

Cambio % en la renta media

promedio

1.262,5

1980
% del ingreso

Fuente: Bonelli y Sedlacek, “Distribuição de Renda: Evolução no Último Quarto de Século” (1989)

Nota: Valores convertidos a precios en cruzeiros de septiembre de 1986

54,8

60-

Gini

15,2

10

10

7,5

10

9,0

6,1

10

11,3

4,4

10

10

3,0

10

10

2,0

10-

Percentil

Ingreso
promedio

% del

ingreso

1960

Cuadro 8

DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO DE LA POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE ACTIVA
1960/1970/1980

CEPAL - SERIE Políticas sociales
N° 89

23

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

El mejor indicador para analizar el bienestar no es la distribución de los ingresos personales,
sino la distribución del ingreso familiar, dado el papel que desempeña la familia en la asignación de
recursos y el consumo. El presupuesto familiar nos da la medida más adecuada de la calidad de
vida de que gozan los miembros de las familias, aunque la distribución de recursos y consumo
dentro de ellas casi nunca sea totalmente uniforme. Por ese motivo, además de los cambios en los
ingresos reales de los miembros de la familia económicamente activos, hay otros dos factores que
adquieren importancia en el análisis: el número de miembros activos y el tamaño total de la familia
o número total de miembros. En virtud del aumento de la proporción de mujeres en la fuerza de
trabajo y la consiguiente reducción del número de hijos que las familias brasileñas tienen en la
actualidad, es evidente que también hubo cambios profundos en la esfera del ingreso familiar per
cápita.
De hecho, el análisis de los ingresos familiares también muestra una reducción significativa
de la pobreza en el período estudiado. Por ejemplo, R. Hoffman aplicó el esquema propuesto por A.
Sen para examinar la evolución de la pobreza en Brasil, a la luz de los resultados de los censos de
1970 y 1980.12 Estos indican que, con excepción del intervalo de Renta I y el coeficiente de
desigualdad entre los pobres G de la región Norte –área esencialmente de frontera, en rápida
expansión durante el período-, todos los indicadores de pobreza se redujeron entre un censo y otro.
En particular, la proporción de pobres según la definición de Hoffman disminuyó casi a la mitad en
todo el país. Esta merma podría haber sido más espectacular, de no ser por el pobre desempeño de
la región Nordeste, donde, no obstante, el nivel de pobreza se contrajo casi un 36%. Las cifras
correspondientes a las demás regiones fueron casi uniformes, con reducciones entre un 52% en la
región Norte y casi un 58% en la región Sudeste. En vista de que los demás indicadores de pobreza
también descendieron durante el decenio de referencia, no debe espantarnos que una medida
agregada de pobreza (la medida de pobreza K, propuesta por Kakwani), que tiene en cuenta estos
indicadores, también presente señales inequívocas de mejora.13 De acuerdo con esa medida, las
reducciones más trascendentes de la pobreza –dado el carácter multiplicativo de los componentes
H, I y G del índice- se registraron en las regiones Sudeste y Sur, donde sabemos que se concentró el
núcleo de desarrollo brasileño en el período de posguerra.

12

13

24

Hoffman, R. A Pobreza no Brasil: Análise dos Dados dos Censos Demográficos de 1970 e 1980, trabajo presentado en el VI
Encuentro Brasileño de Econometría, San Pablo, 1984; Sen, A. Poverty and Famines, Oxford: Clarendon Press, 1981. Después de la
determinación de una “línea de pobreza”- el nivel de ingresos por debajo del cual la familia debe ser clasificada como “pobre”–
definida por Hoffman como el ingreso familiar que en las dos fechas equivalía a un salario mínimo en agosto de 1980, la primera
relación propuesta por Sen para medir la pobreza agregada es la proporción de pobres en la población total, denotada por el símbolo
H. Empiricamente, H es la proporción de familias definidas como pobres sobre el total de familias. Constituye, por lo tanto, una
medida intuitiva de pobreza, que nos indica la incidencia general en una población dada. Un segundo indicador propuesto por Sen
mide, de manera agregada, cuánto distan estas familias de la línea de pobreza. Cada familia pobre es representada por la diferencia
de sus ingresos en relación con la línea de pobreza, o sea, por su “intervalo de ingresos”. Agregándose todos los intervalos de
ingresos de esas familias y expresándolos como una proporción de la línea de pobreza, se obtiene la medida I, el “intervalo de
pobreza”, que mide la intensidad de la misma. I varía de cero, que significa que ninguna familia pobre tiene ingresos por debajo de
la línea de pobreza (siendo, por lo tanto, idénticas a la propia línea de pobreza), a un máximo de 1, que indica el caso en que todos
los pobres tienen ingresos nulos. Por último, Sen propone una última medida caracterizadora de pobreza, la desigualdad de ingresos
entre los pobres, que se mide con el conocido coeficiente de Gini, apenas ahora restringido a las familias pobres. Hoffman calculó
las tres medidas H, I y G para los años 1970 y 1980, con respecto a Brasil y a las cinco regiones principales.
En su propuesta para medir la pobreza Sen hizo uso de los tres índices H, I y G indicados, proponiendo una medida general con la
forma
P=[I+(1-G)]H.
Esta medida satisface una serie de axiomas básicos, también propuestos por Sen. Sin embargo, Kakwani muestra que la derivación
de P en relación con I y G es tal que, por implicación, cuanto mayor sea la desigualdad de ingresos entre los pobres, menor será el
aumento de la pobreza P cuando el intervalo de pobreza i aumenta, al contrario de lo que debería ocurri. A raíz de eso, Kakwani
propone una medida alternativa, en que la derivada es estrictamente positiva y que también satisface los axiomas de Sen:
K=HI(1+G)
cf. Kakwani, N. “Decomposition of Normalization Axiom in the Measurement of Poverty: A Comment”, Wide Working Paper No 2,
marzo,1986.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Cuadro 9

POBREZA FAMILIAR EN BRASIL: 1970-1980
Región

Índice de Sen
H

Medida de pobreza

I

G

de Kakwani

1970

1980

1970

1980

1970

1980

1970

1980

Norte

0,453

0,218

0,373

0,422

0,239

0,302

0,209

0,120

Nordeste

0,682

0,439

0,510

0,431

0,311

0,284

0,420

0,243

Sur

0,359

0,161

0,403

0,403

0,266

0,266

0,883

0,082

Sudeste

0,271

0,115

0,451

0,408

0,315

0,279

0,161

0,060

Centro-

0,462

0,202

0,404

0,406

0,254

0,275

0,234

0,105

0,422

0,219

0,466

0,420

0,302

0,283

0,256

0,118

Oeste
Brasil

Fuente: Hoffman, 1984.
Nota: Para definir la línea de pobreza se utilizó la cifra que en 1970 y 1980 equivalía a un salario mínimo de
agosto de 1980. Las familias fueron clasificadas de acuerdo con sus ingresos familiares mensuales.

J. Pastore y colaboradores también llegaron a conclusiones semejantes acerca de la reducción
de la pobreza entre 1970 y 1980. Estos autores se refieren especialmente a las situaciones de
“extrema pobreza”, definidas como aquellas familias que sobreviven con un nivel de ingresos
familiares per cápita de un cuarto de salario mínimo como máximo -que, grosso modo, también
corresponde con la definición utilizada por Hoffman, dado que el tamaño promedio de las familias
brasileñas varió entre 4,8 y 4,4 durante aquel período-, y concluyen que “las tabulaciones de los
datos del censo de 1980 muestran una marcada disminución del porcentaje de familias en situación
de extrema pobreza... tal porcentaje cayó del 44% en 1970 al 18% en 1980”.14
De ese modo, parece evidente que los factores señalados –la dinámica económica y el
comportamiento demográfico- desempeñaron un papel importante en el aumento de los ingresos
familiares per cápita. En un estudio referido al Estado de Rio de Janeiro en el período 1970-1985,
se sugiere que los principales factores de esta mejora fueron la reducción del tamaño de la familia –
como consecuencia del descenso de la tasa de fecundidad- y el aumento del nivel de remuneración
promedio de la población ocupada, resultado del rápido crecimiento económico de los años setenta.
En el caso de ese Estado, ambos factores parecen tener una magnitud similar, sumando cerca del
80% del cambio total verificado en los ingresos.15

14

15

Pastore, J., H. Zylberstajn y C. S. Pagotto, Mudança Social e Pobreza no Brasil: 1970-1980. O Que Ocorreu com a Família
Brasileira?, São Paulo: FIPE/Pioneira Editora, 1983, pg.94.
Figueiredo, J. B. y Silva, N. V. “Popuação, Família e Renda no Rio de Janeiro (1970-1985)”, Revista Brasileira de Economia, No 1,
v. 44, (ene/mar,1990).

25

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

III. La sociedad en crisis: 1980 1999

La crisis social y económica que sobrevino a comienzos de los
años ochenta, cuando la deuda pública alcanzó niveles explosivos,
hizo inviable la acción del Estado brasileño -motor del modelo de
desarrollo- y provocó su quiebra. El proceso descrito anteriormente se
paralizó e inclusive llegaron a revertirse algunas de las tendencias
hasta entonces predominantes. Después de una década de crisis
cíclicas, se cambió radicalmente el estilo de desarrollo, rompiendo con
el modelo anterior. El nuevo modelo se basaba en la apertura
comercial y financiera, la disminución sustancial de las actividades del
Estado (sobre todo de su participación directa en las actividades
productivas, mediante la privatización de empresas estatales y
servicios públicos), la prioridad otorgada a la estabilidad
macroeconómica (baja inflación, equilibrio presupuestario y en las
cuentas externas) y la elaboración de políticas económicas para atraer
inversiones extranjeras privadas.
La sociedad brasileña, que tenía en las altas tasas de movilidad
el elemento mediador de su doble transición económica y demográfica
y la garantía de su estabilidad social, comenzó a enfrentar turbulencias
cada vez mayores a partir del final de los años setenta. A raíz de la
recesión mundial posterior al segundo conflicto petrolero y la llamada
crisis de la deuda de 1982, Brasil pasó por su peor recesión de
posguerra (1980-1983), seguida por un período de recuperación (19841985) y de auge económico en virtud del plan de estabilización de
1986 y por un nuevo período de declive de ahí en adelante. En materia
de política interna, la estrategia brasileña para enfrentar la reducida
27

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

disponibilidad de fondos externos a partir de 1982 parece haber sido evitar el ajuste de la demanda
interna, recuperándose los niveles de gastos gubernamentales en bienes, servicios, salarios e
inversiones observados en la década anterior. A falta de fondos externos, esto supuso la aceleración
del déficit público, para cuyo financiamiento se tuvo que recurrir cada vez más a la venta de títulos
de deuda pública (elevándose las tasas de interés) y a la impresión de papel moneda. Al final de la
década, hubo una explosión del déficit público y las tasas de interés y de inflación superaron la
marca de 1.000% al año. El país se hundió en la que sería la peor crisis de su historia.16
Este período turbulento tuvo efectos significativos en la estructura del mercado laboral. En
virtud de los avances observados en el empleo urbano-industrial durante las tres décadas anteriores,
era de esperar que las oscilaciones del ritmo de crecimiento de la década de 1980 provocaran un
aumento considerable del desempleo abierto en el período recesivo de inicios de la década y en la
contracción hacia fines de la misma, sobre todo en las áreas metropolitanas del Sudeste y del Sur.
Sin embargo, no parece haber sido este el caso, ya que la tasa de desempleo abierto disminuyó en
1982 con respecto a los años anteriores y en 1987 llegó casi a la mitad de la cifra correspondiente a
1980.17 Cabe entonces preguntarse qué ocurrió en el mercado de trabajo durante los años ochenta.
Como ya señalamos, la experiencia de crecimiento acelerado de las tres décadas anteriores
puso en tela de juicio algunas concepciones muy corrientes que sostenían que, en condiciones de
desarrollo dependiente, la sustitución de importaciones en el sector industrial no podría crear
suficientes puestos de trabajo para evitar la expansión del excedente estructural de mano de obra,
sobre todo en las áreas urbanas. Esto se traduciría en el progresivo aumento de un sector residual
llamado “marginal” o “informal”, de productividad mínima y cuya función principal sería la de
brindar medios de supervivencia al margen de la economía modernizada. La informalidad estaría
ligada a la condición de pobreza y, según la interpretación marxista corriente en la época, los
individuos en esta situación constituirían una combinación de “ejército de reserva” y
“lumpenproletariat”.
La experiencia de la década de 1980 modificó considerablemente el concepto que se tenía de
la naturaleza de este sector informal.18 En primer lugar, fue cada vez más evidente que informalidad
no es sinónimo de pobreza y subempleo. De hecho, los datos disponibles indican que el nivel de
remuneración en este sector con frecuencia es superior al de los sectores de empleo formal, en
virtud de que un gran número de trabajadores informales gana más del salario mínimo. Además, y
probablemente por ese motivo, también se advierte una considerable movilidad voluntaria hacia
este sector, ya sea en busca de mejores condiciones económicas o de una opción de trabajo sin
patrón, idea que atrae a muchos trabajadores.
Un segundo elemento a tener en cuenta es que la existencia de un sector informal
considerable, que siempre fue una característica de la sociedad brasileña tradicional, no es solo
propia del tercer mundo, sino que reapareció con gran vigor en países de capitalismo avanzado
16

17

18

28

Una de las consecuencias de la estrategia adoptada es que, comparado con los demás países del continente, Brasil mostró un
desempeño muy superior con respecto al crecimiento económico: la tasa media de crecimiento anual del PIB per cápita fue de
alrededor de 0,9% en el período 1982-88, mientras que el resto de América Latina sufrió una reducción del producto per cápita de
–1,4% al año. Por otra parte, mientras que la tasa media de inflación anual en los otros países de la región fue de alrededor de
149,8% durante ese período, la inflación brasileña llegó a la marca de 301,9% al año, omitiendo la explosión inflacionaria de fines
de 1989/comienzos de 1990. Véase Fox, L. y S. Morley, “Who Paid the Bill? Adjustment and Poverty in Brazil, 1980-1995”, World
Bank, mimeo, febrero de 1990.
Los datos de la Encuesta Mensual de Empleo del IBGE indican que en 1980 la tasa del desempleo abierto en San Pablo era del
7,2%. Este valor se repitió al año siguiente y disminuyó al 5,5% en 1982. Volvió a incrementarse al 6,8% y se redujo bastante
después de 1985, para llegar al 3,8% en 1987. Los valores promedio correspondientes a otras áreas urbanas mostraron un
comportamiento similar.
Subsiste, sin embargo, una gran controversia con respecto a la concepción y conceptualización del trabajo “informal”. Portes y
Sassen-Koob proponen que este concepto se refiera a situaciones de trabajo caracterizadas por la ausencia de (1) una clara
separación entre capital y trabajo; (2) una relación contractual entre ambos; y (3) una fuerza de trabajo que recibe salario y cuya
condición de trabajo y pago está regulada legalmente. Portes, A. y S. Sassen-Koob, “Making It Underground: Comparative Material
on The Informal Sector in Western Market Economics”, American Journal of Sociology, v.93, No 1 (julio,1987), pp.30-61.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

como España, Gran Bretaña, Italia e incluso Estados Unidos. Esta experiencia común resaltó la
gran heterogeneidad de este sector, que incluye al trabajador asalariado sin vínculo legal, a los
trabajadores autónomos y pequeños empresarios y propietarios, y supone importantes diferencias
en las formas de su inserción en el proceso productivo. En el caso de las economías periféricas,
como la brasileña, la causa básica del mantenimiento e incluso de la ampliación del sector informal
es la coexistencia de una oferta abundante de mano de obra con una detallada reglamentación y
protección del trabajo asalariado, que lleva a las empresas –sobre todo en el contexto de la
incertidumbre económica o el aumento de la competencia- a recurrir a mecanismos para esquivar
las restricciones a la flexibilidad y abaratar la mano de obra. A la legislación laboral -bastante
onerosa en el caso brasileño- se suman las crecientes restricciones que el poder sindical plantea a
las empresas (que deben ser particularmente problemáticas en sectores más competitivos, donde la
posibilidad de transferencia a los precios es menor) y las frecuentemente kafkianas exigencias
legales para la creación y funcionamiento de las pequeñas y medianas empresas, cuya importancia
no es menor. En estos casos, el principal mecanismo de articulación entre los sectores formal e
informal es la subcontratación de servicios, que indica que la informalidad tiene un espacio propio
en los intersticios de la producción capitalista, incluso la más avanzada, y que su importancia
aumenta cuando la flexibilidad productiva y la reducción de costos de mano de obra se tornan más
apremiantes. Ese fue el caso de las sucesivas crisis que marcaron la experiencia brasileña en los
años ochenta.
El análisis de las tendencias de empleo por sector durante esa década presentó algunos
aspectos peculiares.19 Durante el período recesivo de 1980-1983 se observó una oscilación en el
empleo agrícola, con tendencia a situarse por debajo del nivel inicial. El empleo en el sector formal
urbano se mantuvo estable y superó levemente el nivel de 1980. El sector informal urbano se
expandió en forma considerable, al aumentar un 27% de 1980 a 1983. Esto probablemente explica
el inesperado descenso del desempleo abierto durante ese período.
Los tres sectores crecieron durante el período de recuperación de 1984-1985, en especial el
sector informal, que se incrementó un 49% con respecto al nivel inicial de 1980. A partir de 1985,
mientras el empleo agrícola retrocedió casi al nivel inicial, los sectores formal e informal
continuaron acrecentándose significativamente: el primero aumentó un 25% y el segundo un 69%
en comparación con los respectivos niveles de empleo observados en 1980.
Debemos resaltar otro aspecto: al descomponer el empleo del sector formal en dos
subsectores, público y privado, verificamos que este último presentó una tendencia descendente
durante todo el período considerado. Al finalizar la recesión en 1983 se había reducido al 89% del
nivel inicial, para luego recuperarse lentamente y alcanzar apenas el 2% del valor de 1980 en 1986.
Como contrapartida, el empleo en el sector público se incrementó de manera constante. El ritmo de
crecimiento se aceleró a partir de 1984, año de instalación de la llamada Nueva República. Se
calcula que en 1986 había un 43% más de empleos públicos que en 1980, tendencia que
probablemente continuó durante el resto de la década y se acentuó siguiendo el ciclo políticoelectoral. Es evidente entonces que la disminución del desempleo abierto durante la década se
explica por el crecimiento tanto del sector informal como del empleo público.
También con respecto al sector público debe observarse que la expansión del empleo fue
acompañada en los comienzos por un rígido control salarial y que el salario real en este sector cayó
hasta alcanzar en 1984 un valor correspondiente al 78% del de 1980. No ocurrió lo mismo en el
sector privado, donde según datos referentes a la industria paulista los salarios promedio fueron
superiores a los de 1980. Sin embargo, a partir de 1984 los niveles salariales del sector público se
recuperaron bruscamente, igualándose a los pagos en el sector privado, lo que supone un aumento
del 17% con respecto a comienzos de la década. La equivalencia salarial entre los dos sectores
19

Los datos y estimaciones utilizados a continuación fueron tomados del trabajo de Fox y Morley, (1990), op.cit.

29

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

tendió a mantenerse, grosso modo, durante el resto del decenio. Es así que a partir de 1984 el sector
público combina dos factores crecientes: el número de empleados y el nivel salarial promedio. Al
finalizar la década estos dos ingredientes se habían convertido en importantes componentes del
déficit público, agravado por la recuperación -concedida al final del gobierno de Sarney- de las
pérdidas salariales ocasionadas por los sucesivos planes de estabilización, que determinaba que la
nómina salarial consumiera una parte considerable del presupuesto público.
De ese modo, Brasil ingresó en la última década del siglo XX marcado por una grave crisis,
desenlace de una historia en que el desarrollo social siempre estuvo en desacuerdo con el desarrollo
económico. En lo que respecta al gran objetivo de las políticas públicas, la lucha contra la pobreza
y la eliminación de la miseria, los años ochenta entrañaron un importante retroceso. Con la
excepción de 1986, un año particular debido a los efectos del plan Cruzado (cuyas repercusiones
sobre los niveles reales de bienestar son difíciles de evaluar debido al concomitante fenómeno de
desabastecimiento de algunos ítem de consumo), se verificó un aumento de la incidencia de la
pobreza, hecho que acompañó el ciclo económico y llegó a su punto máximo en 1983. Ese año,
según los criterios señalados anteriormente, la proporción de familias pobres en la población
brasileña, que en 1980 había sido del 18%, llegó casi al 31%. Las cifras correspondientes a 1987
(23%) indican que la situación seguía agravándose y por primera vez en la historia del país el
número de pobres en las áreas urbanas era casi idéntico al de las áreas rurales.
A lo largo de los años ochenta, el nivel de ingresos personales tendió a seguir el movimiento
cíclico de la economía. Si tomamos 1980 como el año de base con valor igual a 100, se observa que
las remuneraciones y salarios de la PEA disminuyeron en forma constante hasta 1984, alcanzaron
un máximo de 121 durante el año del Plan Cruzado (1986) y descendieron nuevamente en los dos
años siguientes, para volver a recuperarse y llegar a un modesto nivel de 109 en 1989. No obstante,
este patrón para la PEA en general no fue el mismo en todos los sectores. Algunos de los más
protegidos pudieron inclusive aumentar sus niveles de ingreso en el período estudiado. Por
ejemplo, en 1989 los salarios pagados por la industria paulista habían aumentado un 66% con
respecto a 1980. La divergencia entre las dos series se tornó más pronunciada en el período
posterior a 1984.
Cuadro 10

EVOLUCIÓN DEL NIVEL DE INGRESOS (1979-1990)
(1980=100)
PIB per cápita
Año
1979
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990

94
100
93
92
87
89
94
100
101
99
100
94

Ingreso familiar
per cápita
100
88
101
70
76
91
134
100
93
106
97

Ingreso familiar
total
97
100
87
97
67
71
85
125
91
84
94
81

Salarios industriales en
San Pablo
93
100
105
107
94
97
120
151
144
153
166
143

Salarios
promedio de la PEA
92
100
89
76
75
87
121
93
92
109
89

Fuente: Barros, Mendonça y Rocha (1993), pág 5 – cuadro 1.

Como resultado de esas tendencias divergentes, la distribución del ingreso se deterioró
durante los años ochenta. La proporción del ingreso correspondiente al 50% de los individuos con
ingresos más bajos, que era del 14,5% en 1981, disminuyó a 11,2% en 1989. Por otra parte, la del
10% de los individuos con ingresos más altos aumentó del 44,9% al 51,5% en ese mismo período.
Por esta razón el coeficiente de Gini se incrementó de 0,55 en 1981 a 0,62 en 1989.
30

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

En otras palabras, el nivel de ingresos personales de todos los grupos, con excepción de 10%
más “rico”, disminuyó durante la década de 1980. Por añadidura, esta reducción fue más
pronunciada cuanto más bajo era el nivel de ingresos del grupo. El salario medio del 10% más
“pobre” se contrajo a un ritmo del 6% por año, una tasa que duplica con creces la de los demás
grupos.
En cuanto a los efectos en la estratificación social, si los años ochenta se caracterizaron por
la estabilización de la estructura productiva y ocupacional, el nuevo modelo inaugurado al final de
esa década parece haber causado importantes modificaciones en el perfil productivo y el mercado
de trabajo. La rápida apertura comercial y el uso del “ancla cambiaria” para el control inflacionario
(que supuso una valorización cambiaria favorable a las importaciones) entrañaron una mayor
exposición de la economía a la competencia internacional. Para enfrentar las nuevas condiciones en
el ambiente económico, las empresas de los más diversos sectores se reestructuraron y
racionalizaron sus procesos productivos, por medio de la desconcentración y horizontalidad de la
producción, la introducción de nuevas tecnologías y métodos organizacionales más eficientes y la
subcontratación de actividades secundarias. Esto tuvo importantes consecuencias en el
funcionamiento del mercado laboral.
Los cambios más destacados de esa reestructuración productiva son: i) la
desindustrialización de la fuerza de trabajo, ii) el considerable aumento de la productividad, iii) la
reducción del empleo formal en todos los sectores -que contaba con los beneficios y la protección
de la legislación laboral (cuyo valor específico de todos modos había sido desvirtuado en gran
medida por la casi universalización de estos derechos en la Constitución de 1988), iv) la
tercerización de la actividad económica, con el consiguiente aumento del empleo en los sectores de
comercio y servicios -que, al caracterizarse por la baja formalización de las relaciones laborales,
contribuyen aún más con la tendencia general a la informalidad, y v) el aumento del desempleo
abierto, que alcanzó niveles sin precedentes históricos.
De esta forma, de 1990 a 1997 la proporción de personas ocupadas en la industria de la
transformación disminuyó del 14,9% al 12,9% en todo el país. Esta merma relativamente modesta
esconde sin embargo un cambio muy importante. La reestructuración productiva trajo aparejada
una clara desconcentración espacial y la inversión de capital se trasladó a áreas con oferta de mano
de obra más barata. La contracción del empleo industrial (y el aumento del desempleo abierto) fue
en general mucho más acentuada en las principales regiones metropolitanas, pero sobre todo en el
Estado de San Pablo, donde hasta entonces se concentraba notablemente el parque industrial
brasileño.
Por otra parte, entre 1992 y 1997 la población ocupada aumentó casi cuatro millones en todo
el país. El 63% de estos nuevos empleos correspondió a los ramos de prestación de servicios,
comercio de mercaderías y la industria de la construcción, sectores que tradicionalmente hacen uso
intensivo de mano de obra pero donde las relaciones de trabajo son con frecuencia informales.
Aumentaron también los puestos relacionados con los servicios sociales (14,6%), los servicios
auxiliares de la actividad económica y el transporte y las comunicaciones (7,9%). Se observó una
clara tendencia a la tercerización de la actividad económica y a una regresión de las trayectorias de
desarrollo de las décadas anteriores.
Como sabemos, Brasil es el país que presenta el mayor nivel de desigualdad de ingresos
entre los países de América Latina, región que a su vez también tiene los índices de desigualdad
más elevados del mundo.
Una de las características que ha llamado la atención de los especialistas es la notable
estabilidad temporal que el índice de Gini presentó en los últimas décadas del siglo XX. Este
índice, que en 1981 tenía un valor de 0,59, osciló entre esa cifra y 0,60 hasta 1987, aumentó
31

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

ligeramente a 0,62 al año siguiente y alcanzó un valor máximo de 0,64 en 1989. Desde ese
momento comenzó a descender a los niveles anteriores, y permaneció casi estático en 0,60 durante
todo el período entre 1993 y 1999 (véase la figura 1).
No obstante, existen razones para creer que aunque sigue un patrón correcto, esta cuasiestabilidad del índice de Gini representa una subestimación de la intensidad de los cambios que
realmente ocurrieron con respecto a la desigualdad de ingresos durante este período, conforme lo
sugieren otros indicadores equivalentes. Por ejemplo, al comparar la fracción de los ingresos totales
del 20% de los individuos con mayores ingresos con la del 20% de los individuos con menores
ingresos, verificamos que esta razón tenía un valor de 24,0 en 1981. Es decir que quienes tenían
más ingresos se apropiaban de una “porción de la torta” 24 veces mayor que la del 20% menos
privilegiado. En 1989 esa razón había aumentado un 43%, llegando a un valor de 34,4. Obsérvese
que en ese mismo período el índice de Gini tiene un comportamiento similar, pero aumentó apenas
un 8,5%. Después de esa fecha, los dos indicadores siguieron la misma tendencia, pero mientras la
razón 20+/20- disminuyó casi un 21% para alcanzar un valor de 27,2 en 1999, el índice de Gini se
contrajo solo un 6%.
Al examinar la razón entre las fracciones del ingreso total apropiadas por el 10% de los
individuos con mayores ingresos y el 40% más “pobre” se obtienen resultados similares. Durante
los mismos períodos señalados, el valor de esta razón sufrió un incremento de 39%, pasando de 22
en 1981 a un máximo de 30 en 1989, para luego descender a 23 en 1999 (véase el gráfico 2).
Estos valores sugieren que la relativa insensibilidad del índice de Gini a los movimientos en
los extremos de la distribución del ingreso conduce a una impresión errónea de estabilidad
temporal, que subestima la verdadera magnitud del movimiento ascendente en los años ochenta
(sobre todo entre 1986 y 1989) y el retroceso de la década siguiente. En este sentido, el índice de
Theil (figura 1) parece reflejar de manera mucho más adecuada la dinámica de los cambios en la
desigualdad de ingresos que el índice de Gini. El índice de Theil, cuyo valor en 1981 era 0,69,
alcanzó un nivel máximo de 0,89 en 1989 (incremento del 29%), y luego disminuyó un 19%, al
llegar a 0,72 en 1999. La dinámica implícita en esta trayectoria concuerda más con la evolución de
las diferencias entre “ricos” y “pobres” señaladas anteriormente que el cuadro de cuasi-estabilidad
sugerido por la secuencia temporal del índice de Gini.

32

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

IV. Una propuesta de clasificación
ocupacional

La discusión precedente sobre las principales tendencias en la
estratificación de la sociedad brasileña en las últimas décadas nos
brinda la base conceptual para elaborar una propuesta de clasificación
ocupacional, que pueda servirnos como instrumento analítico en el
estudio de los cambios en la estratificación y la movilidad social en
Brasil. Las bases de datos utilizadas aquí proceden de la Encuesta
Nacional por Muestra de Hogares (PNAD), realizada anualmente por
la Fundación IBGE. En este caso recurrimos a un archivo único que
reúne información de las PNAD de 1995 a 1999. Los datos relativos a
los ingresos individuales se deflactaron utilizando los valores del
Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), tomando como
período de referencia el mes de septiembre de 1996.
Como las demás clasificaciones que tienen como propósito el
establecimiento de estratos o clases ocupacionales, los procedimientos
aquí adoptados responden por una parte a la necesidad de discriminar
situaciones socialmente distintas y significativas –siguiendo la línea
conceptual de la discusión precedente- y por otra al objetivo de que
cada estrato identificado se caracterizara por una relativa
homogeneidad en cuanto a las situaciones de trabajo y de mercado
(posición socioeconómica similar). También se procuró conciliar estos
principios con cierta economía clasificatoria, para que el número de
estratos distinguidos no fuera muy reducido –de modo de no violar el
principio de homogeneidad interna- ni muy elevado, factor que lo
volvería oneroso desde el punto de vista operacional y analítico.

33

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Los datos recogidos por las PNAD sobre la situación de trabajo actual de los individuos
cubren una amplia gama de características: ocupación, posición laboral (empleado, empleador, por
cuenta propia, entre otras), ramo de actividad, posesión de contrato de trabajo en el caso de los
empleados. Lamentablemente, no se posee información acerca del número de empleados que tienen
los empleadores ni del número de supervisados en el caso de quienes ocupan posiciones de
supervisión, como sería deseable para construir una categorización de clases o estratos. Además,
los datos sobre la situación laboral disminuyen cuando el punto de referencia está en el pasado: los
datos relativos a la primera ocupación del individuo se limitan a la ocupación principal y a la
posición en ese empleo. La información es aún más restringida con respecto al origen familiar,
limitándose simplemente a la ocupación paterna.
Por este motivo, una clasificación ocupacional con el doble propósito de caracterizar no solo
la situación de trabajo actual de los individuos sino también su trayectoria de movilidad social
(comparar su situación actual con la paterna o con su ingreso en el mercado laboral) debe basarse
en datos comunes a los puntos temporales de referencia. En nuestro caso, sólo la ocupación
principal es el factor común, tanto en lo que respecta al origen familiar (ocupación paterna) como a
la primera ocupación del individuo y a su ocupación actual. En virtud de esto, el eje de la
clasificación aquí propuesta es puramente ocupacional, de modo que pueda servir al análisis de la
movilidad, pero también para elaborar un mapa más detallado y significativo de la situación de
trabajo actual cuando sea necesario. Esto último se logra por desagregación, recurriendo al
cruzamiento con otras características, como la posición en la ocupación o el ramo de actividad.
La clasificación ocupacional adoptada por el IBGE consiste en un conjunto extenso de títulos
laborales detallados. Este es nuestro punto de partida. Las categorías del IBGE se agruparon
inicialmente siguiendo un criterio sectorial, que distingue a los trabajadores del sector primario
(rural) de los empleados en los sectores urbanos, secundario y terciario. Dentro de cada categoría
establecida de esa forma se aplicó la distinción entre trabajo manual y trabajo no manual/mental,
generándose por lo tanto cuatro estratos básicos.
La clasificación del IBGE también incorpora, en cierta medida, criterios que no son
estrictamente ocupacionales, por lo que es posible en algunos casos realizar distinciones por ramo
de actividad o posición en el empleo. Con respecto a las posiciones no manuales urbanas es posible
establecer el ramo de actividad al que corresponde típicamente la ocupación. De esta forma, se
puede separar a los trabajadores que desempeñan ocupaciones relacionadas con los servicios de los
trabajadores industriales. Debido a las peculiares características del proceso de industrialización
brasileño ya señaladas, en que las industrias más tardías y modernas tienden a ser de naturaleza
oligopólica, mientras que las industrias pioneras y tradicionales tienen un perfil más competitivo, y
están ligadas a situaciones de mercado y de protección social bastante diferenciadas, se consideró
pertinente adoptar la distinción entre ocupaciones de las industrias modernas (electrónica,
metalúrgica, mecánica, y otras) por una parte y ocupaciones relativas a las industrias tradicionales
(alimentación, vestimenta, construcción civil, y otras) y el artesanado, por la otra.
Dentro de las ocupaciones manuales del sector de servicios, se juzgó relevante destacar en
grupos ocupacionales propios a los trabajadores en el servicio doméstico, los trabajadores en los
servicios personales y los vendedores ambulantes, teniendo en cuenta su probable relevancia en el
análisis de la inserción diferencial de los grupos de género y color. En forma conjunta, estas
distinciones nos permiten especificar seis situaciones de trabajo significativas dentro del grupo
manual urbano.
No cabe duda de que los problemas clasificatorios más complejos y delicados se plantean
cuando se trata de las ocupaciones no manuales urbanas, sobre todo porque muchas de ellas están
en realidad en el límite entre el trabajo manual y no manual. Esto ocurre debido a que los criterios
en que se basan las decisiones clasificatorias se refieren más al situs que a la naturaleza técnica del
34

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

desempeño ocupacional en sí. Tampoco disponemos de datos que permitan distinciones más finas
en cuanto a la posición de los trabajadores en la estructura de autoridad.
La primera distinción de interés que permite la clasificación ocupacional del IBGE es la
relativa a las funciones técnicas y administrativas. Entre las funciones técnicas se optó por destacar
aquellas cuyo desempeño exige por lo general un nivel de educación superior al de las otras.
Asimismo, debido a la relevancia de las distinciones de status en la cima de la estructura
ocupacional y a la importancia económica de la actuación de las instituciones de defensa de
intereses corporativos, se distinguió también dentro del primer grupo a las profesiones liberales
“clásicas” (ingeniería y arquitectura, medicina, odontología, derecho y economía) de las otras
ocupaciones de nivel superior.
En cuanto a las funciones administrativas, se separaron las ocupaciones relativas a las
funciones de propiedad (propietarios y trabajadores independientes) de las funciones asalariadas.
En este último caso se introdujeron distinciones con respecto al nivel de supervisión, que intentan
aproximarse a lo que sería la posición en la estructura de autoridad organizacional. De este modo se
diferenciaron tres posiciones: dirigentes y administradores de alto nivel, funciones administrativas
de supervisión del trabajo manual y funciones de rutina y de escritorio. Estas dos últimas, de
carácter puramente subordinado y que no involucran autonomía de decisión, caracterizarían
probablemente lo que imaginamos como un nicho ocupacional femenino o no blanco.
Por último, entre las ocupaciones de los propietarios, compuestas por una abrumadora
mayoría de pequeños propietarios, se distinguió a los empleadores de los empresarios
independientes. Estos son, sin duda, los estratos más problemáticos, no solo porque no es posible
distinguir a los pequeños de los grandes empleadores (esto permitiría una división más clara entre
la pequeña y la alta burguesía) sino también porque el grupo de empresarios independientes se
limita a los propietarios en el sector de servicios y el comercio. Todo indica que en la clasificación
ocupacional del IBGE el empresario industrial independiente está identificado como trabajador
manual.
En resumen, la clasificación aquí propuesta se compone de 16 grupos/estratos/clases
ocupacionales, cuya composición detallada se especifica en un apéndice. En la cuadro 11 que
figura a continuación presentamos la distribución de estos estratos con respecto a la fuerza de
trabajo ocupada (ocupación actual), en los cinco años agregados que estamos utilizando como base
del análisis y en relación con cada género.
Como puede observarse, los estratos no manuales representan poco más de un tercio de las
personas ocupadas, mientras que los trabajadores urbanos representan cerca del 44% de la fuerza
de trabajo. Obviamente el 21% restante corresponde a los trabajadores rurales. Cabe destacar la
segregación ocupacional por género, en virtud de que la fuerza de trabajo femenina aparece
concentrada principalmente en dos nichos ocupacionales, uno referido al trabajo manual y otro al
trabajo no manual. Se trata de los estratos de trabajadores en el servicio doméstico y de las
ocupaciones no manuales de rutina. Como cada uno de estos estratos absorbe el 16,5% de la PO
femenina, se puede decir que entre los dos cubren un tercio de las posiciones de las mujeres en la
estructura ocupacional. En contraste, la PO masculina está mucho menos concentrada, aunque es
evidente su ausencia en los estratos relativos al servicio doméstico y los servicios personales, que
como señalamos constituyen dos nichos femeninos.

35

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Cuadro 11

ESTRATOS OCUPACIONALES POR GÉNERO – BRASIL (1995 A 1999)
GENERO
ESTADO OCUPACIONAL

TOTAL
(%)

MASCULINO
(%)

FEMENINO
(%)

1. Profesionales liberales

1,6

1,3

1,5

2. Dirigentes

2,6

2,1

2,4

3. Propietarios empleadores

3,9

2,0

3,1

4. Otros profesionales

1,7

4,2

2,7

5. Supervisores del trabajo manual

0,8

0,1

0,5

6. Ocupaciones técnicas y artísticas

5,0

9,8

7,0

7. Empresarios independientes

4,5

3,8

4,2

10,7

16,5

13,1

8,8

0,7

5,5

15,6

5,5

11,5

2,2

3,3

2,7

12. Trabajadores industria tradicional

16,5

8,9

13,4

13. Trabajadores servicios personales

1,5

7,0

3,8

14. Trabajadores servicio doméstico

0,8

16,5

7,2

8. Ocupaciones no manuales de rutina
9. Trabajadores industria moderna
10. Trabajadores servicios generales
11. Trabajadores servicios ambulantes

15. Propietarios empleadores rurales

1,1

0,1

0,7

16. Trabajadores rurales

22,6

18,3

20,9

TOTAL

100

100

100

Fuente: PNAD 1995 a 1999, tabulación del autor.

Para verificar la eficacia de la clasificación propuesta para captar adecuadamente
distinciones con respecto a la situación de mercado de los individuos, se procedió a un análisis de
varianza simple (ANOVA), en que la clasificación ocupacional se utiliza para predecir ciertas
características individuales. Se seleccionaron dos de dichas características: el nivel educativo
individual, medido en términos de años de escolaridad completados con éxito, y los ingresos
individuales, en logaritmos naturales. Los resultados obtenidos sobre la base de las muestras
agrupadas por las PNAD referentes a los años de 1995 a 1999, relativas a individuos con edades
entre 20 y 65 años, se detallan en la cuadro 12 que figura a continuación.

36

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Cuadro 12

PROMEDIO DE AÑOS DE ESCOLARIDAD E INGRESOS
POR ESTRATO OCUPACIONAL BRASIL (1995 A 1999)
ESTRATO OCUPACIONAL

AÑOS DE ESCOLARIDAD

LOG INGRESOS

1. Profesionales liberales

14,76

7,4411

2. Dirigentes

11,48

6,8375

9,68

7,0016

4. Otros profesionales universitarios

13,71

6,5956

5. Supervisores del trabajo manual

8,07

6,3807

6. Ocupaciones técnicas y artísticas

10,76

6,0685

7. Empresarios independientes

6,52

5,8616

8. Ocupaciones no manuales de rutina

9,54

5,9412

9. Trabajadores industria moderna

6,65

5,9892

10. Trabajadores servicios generales

5,15

5,5930

11. Vendedores ambulantes

5,42

5,2833

12. Trabajadores industria tradicional

4,77

5,4750

13. Trabajadores servicios personales

5,53

5,2450

14. Trabajadores servicio doméstico

4,14

4,8896

15. Propietarios empleadores rurales

5,99

6,3994

16. Trabajadores rurales

2,56

4,8762

0,494

0,347

3. Propietarios empleadores

ETA2

Fuente: PNAD 1995 a 1999, tabulación de los autores.

Algunos puntos merecen un comentario particular. La relación entre la posición ocupacional
y el nivel educativo es bastante marcada: la varianza explicada alcanza casi el 50%. Como la
causalidad está aquí invertida, puede considerarse que esta medida indica la fuerza de los títulos
académicos en la sociedad brasileña. Es decir, indica el nivel de homogeneidad interna y de
diferenciación externa de los estratos ocupacionales en lo que respecta a la escolaridad individual.
En forma análoga, es también notoria la relación entre la posición ocupacional y los ingresos
individuales. En este caso la clasificación ocupacional puede dar cuenta por sí sola del 35% de las
diferencias en los (log)ingresos individuales. De esa forma, la clasificación propuesta parece
discriminar con bastante eficacia las diferencias en la situación laboral y de mercado de los
individuos.

37

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

V. Desigualdades ocupacionales en
cuanto a los ingresos

Una posible aplicación del esquema clasificatorio propuesto es su
uso en el análisis de las desigualdades de ingresos. Obviamente la
evolución de las desigualdades de ingresos en Brasil en los últimos 20
años que ya analizamos se refiere a la desigualdad de ingresos entre
individuos. Sin embargo, puede argumentarse que desde el punto de
vista sociológico es más importante el análisis de las desigualdades entre
grupos sociales definidos a partir de categorías nominales, como las de
género o raza. Esa mayor importancia radica en la posibilidad de que
existan instituciones -como relaciones asimétricas de poder en el
mercado laboral, protecciones excluyentes, mecanismos discriminatorios
o de segmentación del mercado, entre otras- que las mantengan,
convirtiéndolas en “desigualdades duraderas” reproducidas socialmente.
Las desigualdades entre individuos pueden originarse en una cantidad
muy grande de factores, muchos de ellos irrelevantes desde el punto de
vista analítico, e inclusive en un componente aleatorio. Por ese motivo,
desde una perspectiva de justicia social, es más acertado abordar las
desigualdades entre grupos relevantes que entre las personas. A
continuación examinamos las diferencias en la evolución temporal del
promedio (aritmético) de ingresos personales de los grupos sociales que
tradicionalmente han constituido el centro de los análisis sociológicos, a
saber, los grupos definidos por las categorías de género, raza/color y
clases/estratos ocupacionales. Comenzamos por estos últimos.

39

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

En la cuadro 13 se presenta el promedio de ingresos del trabajo principal, expresado en
reales de 1999 (corregidos según el INPC), con respecto a los estratos ocupacionales definidos y
correspondiente a los años de 1981, 1990 y 1999. La razón para concentrarnos en los ingresos del
trabajo principal es que podemos atribuirlos sin ambigüedad a la actividad descrita por la categoría
ocupacional. Esto no sería posible si adoptáramos, por ejemplo, los ingresos totales, dado que un
mismo individuo puede percibir beneficios por el desempeño de otra ocupación (secundaria)
diferente. Recuérdese, sin embargo, que a pesar de que los ingresos del trabajo principal
constituyen cerca del 90% de los ingresos de todos los individuos, ese porcentaje es menor en
ciertos casos. En particular, en algunos de los estratos superiores de la jerarquía, como los
profesionales liberales y otros profesionales universitarios, se observa una proporción considerable
de ingresos de otros trabajos. Así, el análisis de los ingresos del trabajo principal podría en cierta
medida subestimar las diferencias reales entre los grupos. Ese efecto, de existir, es a nuestro juicio
insignificante al examinar las tendencias temporales en esas diferencias. Sería necesario que la
parte de los ingresos totales que no corresponda al trabajo principal evolucionara de forma muy
diferente para llegar a cancelar o invertir la tendencia de los ingresos del trabajo principal, algo que
parece poco probable. De todos modos, una vez más, conviene examinar los datos que siguen con
cierta dosis de cautela y escepticismo.
Cuadro 13

INGRESOS DEL TRABAJO PRINCIPAL EN REALES DE 1999 POR ESTRATO OCUPACIONAL - BRASIL
Estrato ocupacional
Profesiones liberales
Dirigentes
Empleadores
Otros profesionales universitarios
Supervisión trabajo manual
Ocupaciones técnicas/artísticas
Empresarios independientes
No manual rutina
Trabajadores industrias modernas
Trabajadores servicios generales
Trabajadores comercio ambulante
Trabajadores industrias tradicionales
Trabajadores servicios personales
Servicio doméstico
Propietarios rurales
Trabajadores rurales
TOTAL

1981
2 266,27
1 690,64
1 525,74
1 246,20
946,79
644,44
539,93
519,16
517,99
326,30
317,18
279,82
189,31
104,29
1 137,36
208,73
441,23

Ingresos del trabajo principal
1990
1999
2 097,11
2 436,72
1 448,16
1 548,41
1 550,16
1 817,89
1 097,16
1 166,43
804,99
765,12
581,52
721,83
547,04
577,11
453,19
505,59
434,20
513,49
302,88
376,05
300,05
282,64
247,58
315,62
182,72
273,57
103,45
168,12
1 097,91
1 144,67
167,38
200,97
435,75
510,34

Fuente: PNAD 1981,1990 y 1999 – Tabulaciones del autor – Corrección según el INPC

El primer punto que ha de destacarse es que, a pesar de que hubo un aumento del promedio
de ingresos reales de alrededor del 16% a lo largo del período, ese crecimiento correspondo solo a
la década de 1990. De hecho, entre 1981 y 1990 se observa una disminución de poco más del 1%,
que fue compensada por un incremento del 17% de 1990 a 1999. Sin embargo, cuando examinamos
las tendencias por estrato ocupacional, el resultado es bastante más complejo y está matizado de
pérdidas y ganancias a lo largo de las dos décadas.
En los años ochenta, se redujeron los ingresos reales de casi todos los estratos. Las dos
excepciones fueron los (propietarios) empleadores y los empresarios independientes, pero de todos
modos sus ganancias fueron muy modestas (1,6% y 1,3% respectivamente). Es evidente que, de
hecho, esta fue una “década perdida” en lo que respecta a los ingresos reales de la población. No
obstante, la distribución de esas pérdidas casi generalizadas fue muy desigual. Las más graves
fueron las que sufrieron los trabajadores rurales (-19,8%), los trabajadores de las industrias
modernas (-16,2%), los supervisores del trabajo manual (-15,0%), los dirigentes (-14,3%), los
40

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

empleados en ocupaciones no manuales de rutina (-12,7%), los otros profesionales universitarios
(-12,0%) y los trabajadores de las industrias tradicionales (-11,5%). En este contexto, las pérdidas
registradas en los dos estratos de menores ingresos de la jerarquía ocupacional, los trabajadores del
servicio doméstico (-0,8%) y los trabajadores de servicios personales (-3,5%) –en los que
tradicionalmente predomina la mano de obra femenina-, fueron relativamente modestas.
Como ya se indicó, este panorama especialmente sombrío de los años ochenta se altera en
forma considerable en la década siguiente. En este nuevo contexto de aumento generalizado de los
ingresos reales, solo dos estratos continuaron presentando pérdidas: el de los trabajadores en el
comercio ambulante (-5,8%) y el de los supervisores del trabajo manual (-5,0%). En todos los
demás se registraron ganancias, en algunos casos bastante apreciables. Las más notables
correspondieron justamente a los estratos que anteriormente se situaban en la base de la jerarquía:
los trabajadores del servicio doméstico (62,5%) y los trabajadores de servicios personales (49,7%).
Además de esos estratos que sufrieron un incremento extraordinario, hubo otros que también
presentaron aumentos reales que merecen destacarse: los trabajadores de las industrias
tradicionales (27,5%), los trabajadores de servicios generales (24,2%), las ocupaciones técnicas y
artísticas (24,1%) y los trabajadores rurales (20,1%). Por otra parte las ganancias más bajas se
observaron entre los propietarios rurales (4,3%) y los empresarios independientes (5,5%).
El resultado de ese juego diferenciado de pérdidas y ganancias al final de las dos décadas
fueron algunos cambios importantes en la estructura de las desigualdades entre los estratos
ocupacionales. En primer lugar, algunos estratos sufrieron pérdidas muy graves. Las más notables
corresponden a los supervisores del trabajo manual, cuya pérdida media acumulada fue del 19%, y
los trabajadores del comercio ambulante, cuyos ingresos se redujeron alrededor del 11%. La
situación de los dirigentes, que a pesar de registrar ganancias durante los años noventa terminaron
la década con una pérdida acumulada del 8,4%, fue similar a la de los otros profesionales
universitarios, cuyos ingresos reales se redujeron un 6,4% en estos últimos 20 años. Por otra parte,
los (propietarios) empleadores, una de las pocas categorías que registraron modestas ganancias en
la década de 1980, continuaron mejorando sus condiciones en la siguiente: sus ingresos reales
aumentaron casi un 19% de 1981 a 1999.
Tal vez el hecho más destacado sea, sin embargo, que las mayores ganancias obtenidas en
este período correspondieran a los estratos ligados a los servicios, es decir a los trabajadores que
desempeñaban ocupaciones técnicas y artísticas (12,9%), servicios generales (15,2%) y, sobre todo,
aquellos en la base de la pirámide ocupacional. Los ingresos de los trabajadores que brindaban
servicios personales aumentaron un 44,5%, mientras que los de los empleados domésticos se
incrementaron nada menos que un 61,2%.
Por último, mientras que los trabajadores de las industrias modernas apenas consiguieron
recuperar en los años noventa las pérdidas sufridas en la década precedente –terminaron el período
con un aumento prácticamente nulo-, los trabajadores de las industrias tradicionales, que también
incluyen una proporción considerable de mano de obra femenina, registraron ganancias reales
acumuladas de casi un 13% a lo largo del período analizado. De ese modo, las diferencias salariales
entre estos dos segmentos se redujeron bastante.
La comparación de la escala de ingresos reales de 1981 con la de 1999 muestra algunas
modificaciones relevantes en su estructura, con cambios en la posición relativa de algunos estratos.
En la cima de la jerarquía, los (propietarios) empleadores sobrepasan a los dirigentes, que pasan a
ocupar entonces la segunda posición entre los estratos de mayores ingresos. Se trata de una
alteración muy significativa. En la base de la clasificación deben destacarse dos variaciones: el
ingreso real de los trabajadores de las industrias tradicionales supera al de los trabajadores del
comercio ambulante, y el de los trabajadores que brindan servicios personales sobrepasa el ingreso

41

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

de los trabajadores rurales, que pasan a ocupar la penúltima posición entre los estratos de menores
ingresos.
La modificación más relevante fue la considerable reducción de las desigualdades de
ingresos entre los estratos ocupacionales. Ésta se debió a que los trabajadores situados en la base de
la jerarquía en 1981 fueron precisamente los que obtuvieron ganancias extraordinarias, muy por
encima de las registradas en los estratos más altos, con la excepción del grupo de los empleadores.
Según los datos del Cuadro 14, la reducción de las desigualdades parece haber ocurrido sobre todo
en la primera parte de la década de 1990, observándose pocas alteraciones de 1995 en adelante. A
pesar del aumento significativo de los ingresos promedio entre 1995 y 1998 (32,2% en términos
reales) y de la disminución de alrededor del 2,7% al año siguiente, la estructura y las tendencias
son básicamente constantes durante el quinquenio. De hecho, parecen continuar patrones
establecidos en los períodos anteriores y corresponder a líneas de cambios estructurales de más
largo plazo.
Cuadro 14

INGRESOS DEL TRABAJO PRINCIPAL EN REALES DE 1999
POR ESTRATO OCUPACIONAL – BRASIL – 1995 A 1999
Estrato ocupacional
Profesionales liberales
Dirigentes
Empleadores
Otros profesionales universitarios
Supervisión trabajo manual
Ocupaciones técnicas/artísticas
Empresarios independientes
No manual rutina
Trabajadores industrias modernas
Trabajadores servicios generales
Trabajadores comercio ambulante
Trabajadores industrias tradicionales
Trabajadores servicios personales
Servicio doméstico
Propietarios rurales
Trabajadores rurales
TOTAL

1995
2 020,28
1 279,55
1 486,66
884,88
652,52
539,11
475,88
403,83
415,56
287,69
263,89
248,79
212,27
118,41
922,18
155,42
396,69

Ingresos del trabajo principal
1996
1997
1998
2 178,48
1 345,93
1 685,96
979,22
709,35
583,87
597,68
442,75
469,19
343,97
291,64
286,13
249,24
139,70
1 181,66
183,24
454,37

2 359,83
1 453,13
1 816,30
1 070,54
769,99
667,04
611,97
481,40
492,29
364,99
282,51
303,88
267,97
150,86
1 288,99
184,82
487,50

2 559,07
1 628,49
1 871,35
1 221,55
818,65
718,50
609,43
509,26
504,23
383,64
299,50
324,40
280,85
163,84
1 282,90
193,33
524,51

1999
2 436,72
1 548,41
1 817,89
1 166,43
765,12
721,83
577,11
505,59
513,49
376,05
282,64
315,62
273,57
168,12
1 144,67
200,97
510,34

Fuente: PNAD 1995 a 1999 – Tabulaciones del autor

Una manera interesante de visualizar los efectos de esas tendencias en la reducción de las
desigualdades entre los estratos ocupacionales es tomar el valor promedio de cada estrato como una
razón con respecto al estrato de menores ingresos, es decir el de los empleados domésticos. El
gráfico 3 presenta la evolución temporal de esos cocientes. Como los estratos situados en la base de
la jerarquía en general y el estrato que sirve de base de comparación en particular fueron los que
mostraron las mayores ganancias relativas, el resultado fue una acentuada reducción del rango total
de las diferencias. De ese modo, en el caso del estrato con el promedio de ingresos más elevado
(profesionales liberales), cuya remuneración en 1981 era casi 22 veces mayor que la del estrato de
base, la razón se reduce a casi 20 en 1990 y a menos de 15 en 1999. En otras palabras, esto
representa una disminución de casi un tercio de la amplitud máxima de las desigualdades entre los
estratos entre 1981 y 1999. Es evidente también que el mayor impulso descendiente tuvo lugar en
la última década. En los estratos más privilegiados, solo los (propietarios) empleadores obtuvieron
alguna ganancia importante a lo largo de todo el período analizado. El cuadro trazado solo sufriría
alguna alteración mayor si tomáramos este estrato como referencia, pero incluso así mostraría un
acercamiento con respecto a la categoría situada en la cima y una mayor distancia de las demás
categorías ubicadas en el centro de la jerarquía, cuyo crecimiento fue menor o incluso negativo. De
42

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

cualquier forma, inclusive en el caso del estrato superior con un marcado aumento de sus ingresos,
la razón con respecto a las dos categorías situadas en la base de la pirámide ocupacional en 1981
disminuyó considerablemente. Solo en la década de 1990 el cociente de los ingresos de los
empleadores se redujo un 28% en relación con los empleados domésticos (de 15 en 1990 a menos
de 11 en 1999).
En resumen, al decir que la evolución temporal de las desigualdades entre individuos en los
dos últimos decenios del siglo XX fue “estable” no se refleja adecuadamente la dinámica brasileña.
De hecho, los indicadores de desigualdad mostraron un marcado aumento en la década de 1980,
sobre todo después de 1986. El máximo histórico de nuestra desigualdad se registró en 1989, año
en que los ingresos del 10% más “rico” de la población llegaron a ser 30 veces mayores que los del
40% más “pobre”. Esa marca supera el valor de 25 alcanzado en 1979, pero que en 1981 había
disminuido ligeramente a 22. A partir de 1989 la desigualdad comienza a menguar y diez años
después llegó a los niveles observados a inicios del período (alrededor de 23). A pesar de haber
mejorado en la última década, estos valores son todavía inaceptablemente elevados, hecho que
expresa con claridad la extensión de las desigualdades entre los brasileños y justifica que nuestro
país se encuentre entre las sociedades más desiguales (si no simplemente la más desigual) del
mundo. (Veánse los gráficos 1, 2 y 3).
Al examinar las disparidades entre los grupos tradicionalmente relevantes desde el punto de
vista sociológico, expresadas por el promedio de ingresos de cada uno, verificamos que éstas
tendieron a disminuir en el período considerado. Esto no significa que las diferencias dentro de los
grupos también se hayan reducido. Por el contrario, es probable que de hecho hayan aumentado
considerablemente, dado que las diferencias entre los individuos se incrementaron durante la
segunda mitad de los años ochenta y todavía se mantienen en un nivel elevado, inclusive en un
contexto de reducción de las desigualdades entre los grupos.
Gráfico 1

ÍNDICES DE DESIGUALDAD DE INGRESOS – BRASIL: 1981 A 1999
Indices de Desigualdade de Rendimentos - Brasil : 1981 a 1999
1
0.9
0.8
0.7

Indice

0.6
0.5
0.4
0.3
0.2
0.1
0
81

82

83

84

85

86

87

88

89

90

92

93

95

96

97

98

99

Ano
Año
Gini

Theil

Fuente: Elaboración del autor, 1999.

43

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Gráfico 2

COCIENTES DE FRACCIONES DEL INGRESO DE GRUPOS EXTREMOS - BRASIL: 1981 A 1999
RELACIONES Razões entre Parcelas de Grupos Decilicos Extremos -EXTREMOS:1999
DE INGRESO ENTRE GRUPOS DECILICOS Brasil: 1981 a BRASIL: 1981 A 1999
40

35

30

Razones
RAZONES
Razões

25

20

15

10

5

0
81

82

83

84

85

86

87

88

89

90

92

93

95

96

97

98

99

Ano

Año
20+/20-

10+/40-

Fuente: Elaboración del autor, 1999.

Gráfico 3

COCIENTES DEL PROMEDIO DE INGRESOS POR ESTRATOS OCUPACIONALES
BASE: SERVICIO DOMÉSTICO
RELACIONES DE INGRESO PROMEDIO ENTRE ESTRATOS OCUPACIONALES. BASE: SERVICIO DOMESTICO

25
Prof.Liberales
Dirigentes
Empleadores

20

Otros Prof. Universales
Supervisores
Técnicos/Artistas

15
Razão

RAZONES

Empr.Cuenta Propria
No Manuales de Rutina
Trab.Indus.Moderna

10

TrabServicios Generales
Trab.Comer.Ambulante
Trab.Indus.Tradicional

5

Trab.Servicios Personales
Propietarios Rurales
Trab.Rurales

0
1981

1990
Ano

AÑO

1999

Fuente: Elaboración del autor, 1999.

44

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

VI. Cambios en la estructura
ocupacional (1981-1999) y
movilidad ocupacional

Como ya señalamos, se pretende que la clasificación
ocupacional propuesta sea aplicable al análisis de la movilidad
ocupacional intergeneracional. Esta aplicación se limita al uso de los
datos sobre la ocupación de los individuos empadronados, debido a
restricciones impuestas por la no disponibilidad de toda la información
que sería deseable. Esto ocurre tanto con respecto al individuo como
con los datos relativos al padre (solo en algunos casos se incluye
información sobre la madre), cuando por ejemplo no se especifica la
“Posición en la ocupación” o el “Ramo de actividad”. Una manera de
evaluar la utilidad de la clasificación propuesta es, por lo tanto,
validarla y proceder a ese tipo de aplicación.
El análisis de la movilidad intergeneracional comporta la
observación de las modificaciones en la estructura ocupacional
durante un período que abarca varias décadas. Se trata, en esencia, de
un análisis que implica el largo plazo. Por ejemplo, los datos
referentes a los padres de los encuestados más ancianos pero todavía
activos desde el punto de vista económico nos llevan a la década de
1940, que en el caso de Brasil corresponde a un período básicamente
preindustrial y con una estructura ocupacional sobre todo agrícola, en
marcado contraste con la situación actual. Por ese motivo, es
importante examinar los cambios en la estructura ocupacional en un
período más reciente, en especial en las dos últimas décadas, que
constituyen un período de crisis sistémica.

45

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

La población ocupada (PO) brasileña aumentó de casi 45 millones de trabajadores en 1981 a
casi 66 millones en 1999, un incremento de alrededor del 47%, a una tasa de 2,2% al año. No
obstante, esa expansión fue bastante diferenciada en el tiempo: de 1981 a 1990 la tasa de
crecimiento anual de la PO llegó casi al 3%, mientras que en la década siguiente cayó a menos del
1,4%.20
Otro elemento destacado del crecimiento de la PO en las dos últimas décadas del siglo XX
fue el notable ingreso de las mujeres al mercado laboral, continuación de una tendencia que ya se
observaba por lo menos desde la década de 1960. De hecho, la mayor parte de los trabajadores
incorporados a la fuerza de trabajo durante esas dos décadas era de sexo femenino. En términos
globales, mientras que la tasa de crecimiento de la PO masculina fue de cerca del 1,5% al año en el
período, la tasa femenina llegó al 3,4%, es decir, más del doble. Esas diferencias también
presentaron variaciones según la década: mientras que las tasa de incorporación de los hombres al
mercado de trabajo fue del 2,3% anual en la década de 1980 y de apenas un 0,8% anual en los años
noventa, los valores relativos a las mujeres fueron de casi un 4,5% y un 2,3% al año
respectivamente.
Gracias a eso puede estimarse que el ingreso de la mujer al mercado laboral representó el
54,4% del aumento de la PO en los dos últimos decenios, un 49,7% en los años ochenta y nada
menos que un 63,0% en los años noventa. La proporción de mujeres en la PO, que en 1981 era del
31%, aumentó al 39% en 1999. Por ese motivo, pensamos que cualquier análisis de los cambios
recientes en la estructura ocupacional (y de fenómenos correlativos como el desempleo, las
desigualdades de ingresos o la informalidad) debe necesaria y explícitamente tener en cuenta los
efectos cada vez mayores de la incorporación acelerada de las mujeres al mercado laboral.
Los cuadros 15, 16 y 17 que figuran a continuación presentan el perfil de la PO en los años
1981, 1990 y 1999, expresado en porcentajes y con respecto a las categorías ocupacionales de la
clasificación propuesta. Las fuentes de los datos para estos cuadros son las PNAD de los
respectivos años.
Cuadro 15

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN OCUPADA
TOTAL (1981-1999)
Estrato Ocupacional

1981
(%)

1990
(%)

1999
(%)

Profesionales liberales
Dirigentes
Propietarios empleadores
Profesionales de nivel superior
Supervisores trabajo manual
Técnicos y artistas
Empresarios independientes
Funciones no manuales de rutina
Trabajadores industrias modernas
Trabajadores servicios generales
Trabajadores comercio ambulante
Trabajadores industrias tradicionales
Trabajadores servicios personales
Trabajadores servicio doméstico
Propietarios rurales
Trabajadores rurales
TOTAL

1,0
1,7
2,1
1,6
0,7
5,4
2,3
12,9
5,6
11,3
1,8
14,2
3,3
6,0
1,0
28,9
100

1,1
2,2
3,8
2,0
0,7
6,0
3,1
13,9
5,7
11,8
2,3
13,5
4,2
5,9
1,1
22,7
100

1,4
2,3
2,9
2,6
0,5
6,8
3,9
13,6
5,4
11,4
2,8
13,6
3,8
8,1
0,7
20,2
100

Fuente: Elaboración propia.

20

46

Obsérvese que en este período las tasas de crecimiento de la población brasileña fueron del 1,9% al año en la década de 1980 y del
1,6% anual en la década siguiente. Es decir que el crecimiento de la PO estuvo por encima del crecimiento de la población en la
primera década y por debajo del mismo en la década siguiente, hecho que refleja la notoria pérdida de dinamismo en esta última.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Cuadro 16

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN OCUPADA
MASCULINA (1981-1999)
Estrato Ocupacional
Profesionales liberales
Dirigentes
Propietarios empleadores
Profesionales de nivel superior
Supervisores trabajo manual
Técnicos y artistas
Empresarios independientes
Funciones no manuales de rutina
Trabajadores industrias modernas
Trabajadores servicios generales
Trabajadores comercio ambulante
Trabajadores industrias tradicionales
Trabajadores servicios personales
Trabajadores servicio doméstico
Propietarios rurales
Trabajadores rurales

1981
(%)
1,2
2,0
2,8
1,1
0,9
3,6
2,5
10,9
7,8
14,4
1,8
14,9
1,4
0,4
1,5
32,9

1990
(%)
1,2
2,3
4,7
1,3
1,0
4,0
3,1
11,4
8,3
14,8
2,1
14,3
1,7
0,5
1,7
27,7

1999
(%)
1,5
2,3
3,5
1,5
0,7
4,8
3,9
10,7
8,5
15,2
2,4
16,4
1,7
0,9
1,1
24,9

TOTAL

100

100

100
Fuente: Elaboración propia.

Cuadro 17

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN OCUPADA
FEMENINA (1981-1999)
Estrato Ocupacional
Profesionales liberales
Dirigentes
Propietarios empleadores
Profesionales de nivel superior
Supervisores trabajo manual
Técnicos y artistas
Empresarios independientes
Funciones no manuales de rutina
Trabajadores industrias modernas
Trabajadores servicios generales
Trabajadores comercio ambulante
Trabajadores industrias tradicionales
Trabajadores servicios personales
Trabajadores servicio doméstico
Propietarios rurales
Trabajadores rurales
TOTAL

1970
(%)
0,7
1,1
0,8
2,8
0,1
9,2
1,8
17,5
0,9
4,4
1,9
12,6
7,6
18,5
0,1
20,0
100

1990
(%)
0,9
2,1
2,0
3,5
0,2
9,8
3,0
18,3
0,8
6,3
2,8
12,0
8,7
15,7
0,2
13,7
100

1999
(%)
1,3
2,1
2,0
4,2
0,1
9,9
3,9
18,3
0,6
5,7
3,5
9,1
7,2
19,5
0,1
12,6
100

Fuente: Elaboración propia.

Como puede observarse, el gran motor histórico de las transformaciones en la estructura
ocupacional brasileña -la urbanización de la fuerza de trabajo- continuaba vigente a fines del siglo
XX. La proporción de trabajadores rurales con respecto a la PEO total se redujo de casi un 29% en
1981 a poco más del 20% en 1999. Esa reducción relativa se observa tanto en el caso de los
hombres como de las mujeres. No obstante, el ingreso masivo de la mujer al mercado laboral
también surtió un efecto importante en este sector: mientras que en términos absolutos la cantidad
de hombres en la categoría de trabajadores rurales disminuyó ligeramente de 10,1 millones en 1981
a 10,06 millones en 1999, el número de mujeres aumentó de 2,7 millones a 3,1 millones en esas
mismas fechas, un incremento de casi un 15%. Como consecuencia, aunque se observe un descenso
47

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

relativo de esa categoría dentro de la PEO, los trabajadores rurales aumentaron en términos
absolutos, de 12,8 millones a 13,2 millones entre 1981 y 1999.
La contrapartida del descenso relativo de las categorías rurales fue el aumento proporcional
de las categorías urbanas. Los grupos ocupacionales correspondientes a los trabajadores manuales
urbanos se expandieron 3 puntos porcentuales en forma agregada (del 42% en 1981 al 45% en
1999), mientras que la proporción relativa de las categorías no manuales llegó a incrementarse 6
puntos porcentuales (del 28% al 34% en esas mismas fechas). Esto significa que, grosso modo, las
tendencias generales observadas en los períodos anteriores continuaron a lo largo de las últimas
décadas del siglo pasado. Aunque de forma diferenciada, esas tendencias se verificaron con
respecto a los trabajadores de ambos sexos: el porcentaje de hombres que desempeñaban
ocupaciones manuales urbanas aumentó del 41% al 45%, mientras que permaneció estable en
relación con las mujeres (46%). Por otra parte, las cifras correspondientes al trabajo no manual
aumentaron relativamente en ambos casos entre 1981 y 1999: del 25% al 29% con respecto a los
hombres y, en forma destacada, del 34% al 42% a las mujeres.
Sin embargo, al contrario de lo que ocurrió en el auge de los años sesenta y setenta, los
sectores industriales dejaron de ser el motor de esos cambios. De hecho, al examinar a los dos
estratos de trabajadores en la industria de manera agregada comprobamos que su proporción
relativa disminuye ligeramente del 19,8% al 19,0% en las fechas consideradas, reducción que se
observa tanto en las industrias “modernas” como en las “tradicionales”. Una vez más, verificamos
una indudable diferenciación por sexo: mientras que la mano de obra masculina en este sector
aumentó del 22,7% en 1981 al 24,9% en 1999, en el caso de las mujeres se redujo del 13,5% al
9,7% en el mismo período. El patrón de expansión relativa, en el caso de los hombres, y de
disminución en el caso de las mujeres se aplica a los dos tipos de industrias, “modernas” y
“tradicionales”. No obstante, cabe señalar que en virtud del ingreso masivo de las mujeres al
mercado laboral, la “desindustrialización” de la fuerza de trabajo femenina no implica su reducción
en términos absolutos. De hecho, incluso con el descenso relativo, el número de mujeres empleadas
en las industrias aumenta de 1,9 millones a casi 2,5 millones en las fechas consideradas. En el caso
de los hombres el incremento es de 7,0 millones en 1981 a 10,0 millones en 1999, casi un 44%. Por
ese motivo, la idea de “desindustrialización” de la fuerza de trabajo se aplica solo en su sentido
relativo y aún así únicamente en el caso de los trabajadores de sexo femenino.
El complemento de las categorías industriales en el nivel de los estratos manuales urbanos
está compuesto por los cuatro grupos ocupacionales referentes a los trabajadores en los diversos
tipos de servicios y por el comercio ambulante. Estos estratos forman un gran conjunto que
podríamos llamar “subproletariado urbano”, caracterizado por la amplia incidencia del trabajo
informal y precario. El porcentaje de personas ocupadas en estos estratos con respecto a la PO total
aumentó del 22,4% al 26,1% en el período estudiado. Esto se aplica tanto a los hombres (del 18,0%
al 20,2%) como a las mujeres (del 32,4% al 35,9%). Esos cambios relativamente modestos ocultan,
sin embargo, valores absolutos bastante elevados: el “subproletariado urbano”, en forma agregada,
se incrementó de 10,0 millones a 17,3 millones de personas en las décadas de 1980 y 1990.
Asimismo se verifica una marcada diferenciación por sexo. El número de hombres empleados en
este conjunto de estratos creció un 48% (de 5,5 millones a 8,2 millones), mientras que en el caso de
las mujeres este porcentaje llegó al 102% (de 4,5 millones a 9,1 millones). De esas cifras se deduce
que casi 2/3 del crecimiento total del “subproletariado urbano” entre 1981 y 1999 corresponden a la
incorporación de mano de obra femenina. Si nos concentráramos solo en la fuerza de trabajo
masculina, la magnitud de ese fenómeno sería mucho menor.
Como se señaló anteriormente, la tendencia histórica al crecimiento relativo y absoluto de los
estratos no manuales persistió de forma significativa durante las dos últimas décadas del siglo XX.
En la base de la jerarquía no manual, la proporción de trabajadores en el estrato relativo a las
48

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

funciones no manuales de rutina aumentó del 12,9% a comienzos del período al 13,6% al final del
mismo. En términos absolutos esto representa un aumento del 55,3% en el total de trabajadores
ocupados en este estrato. Una vez más podemos observar acentuadas diferencias por sexo en lo que
respecta a la absorción de trabajadores: mientras que el contingente de hombres ocupados en este
estrato aumentó un 29,5% (de 3,3 millones a 4,3 millones), la mano de obra femenina empleada en
el sector se expandió casi un 91%, al pasar de 2,4 millones en 1981 a 4,6 millones en 1999. Así, al
finalizar el período las mujeres constituían la mayoría (51,8%) de los trabajadores en este sector.
Un fenómeno semejante, e inclusive más intenso, ocurrió con el grupo de estratos
intermediarios, que comprende a los profesionales universitarios (no profesionales liberales), los
supervisores del trabajo manual y los técnicos y artistas. La proporción relativa de este grupo de
estratos con respecto a la PO se amplió del 7,7% al 9,9% en el período estudiado. Este aumento fue
del 5,6% al 7,0% en el caso de los hombres y del 12,1% al 14,2% en el caso de las mujeres. En
términos absolutos, el número de personas empleadas en este grupo se incrementó un 87,3%. Sin
embargo, mientras que el aumento correspondiente a los hombres fue de 61,4% (de 1,7 millones a
2,8 millones), el porcentaje relativo a las mujeres alcanzó un 114% (de 1,7 millones a 3,6
millones). En virtud de este acelerado proceso de feminización, la mayoría de los integrantes de
este grupo en 1999 también eran mujeres (56,1% en contraste con 43,9% en 1981).
En términos relativos, esa feminización fue aún más marcada en el vértice de la pirámide
ocupacional, el grupo de estratos que algunos analistas llaman “clase de servicios” y que reúne a
los profesionales liberales, los dirigentes y los propietarios empleadores. La proporción relativa de
este grupo se incrementó del 4,8% de la PO en 1981 al 6,6% en 1999. Las cifras correspondientes a
los hombres son 6,0% y 7,3%, respectivamente, mientras que en el caso de las mujeres el aumento
fue del 2,6% al 5,4% en las mismas fechas. En términos absolutos, estos datos expresan un
crecimiento del 98,3% (de 2,2 millones a 4,3 millones) con respecto a la PO. Pero, mientras que el
número de hombres en este grupo aumentó un 62,0% (de 1,8 millones a 3,0 millones), el número de
mujeres se incrementó un impresionante 284,2%, al pasar de 359.000 a 1,4 millones a lo largo del
período. De esa forma, la proporción relativa de las mujeres en ese grupo de la cima de la jerarquía
aumentó del 6,5% a comienzos del período al 31,7% al final. En otras palabras, casi una de cada
tres personas actualmente ocupadas en los estratos más elevados es de sexo femenino.
De acuerdo con lo observado sobre el creciente grado de informalidad e independencia
laboral que caracterizaron al final del siglo XX, el estrato que presentó la mayor tasa de
crecimiento fue el de los empresarios independientes, núcleo al que se acostumbraba llamar
“pequeña burguesía”. En términos relativos, el porcentaje de personas ocupadas en ese estrato
creció del 2,3% al 3,9% en total, del 2,5% al 3,9% en el caso de los hombres y del 1,8% también al
3,9% en el caso de las mujeres. En términos absolutos, se trata de crecimientos muy sustanciales.
Esos números denotan que el estrato aumentó de 1,0 millón en 1981 a 2,6 millones de personas en
1999, lo que supone una tasa de crecimiento del 146,7%. La expansión es aún más acentuada al
hacer la distinción por géneros: la cantidad de hombres aumentó un 102,1% (de 784.000 a 1,6
millones), mientras que la inserción femenina se amplió un 285,4% (de 251.000 a 969.000). Nótese
que también en este estrato se registró una importante proporción de mujeres al final del período
(40% de las personas ocupadas, en contraste con el 24,3% en 1981).
El propósito de este análisis es demostrar que no se puede ignorar la incorporación masiva de
las mujeres al mercado laboral, y su consecuente feminización, al examinar las modificaciones en
la estructura ocupacional brasileña en las últimas décadas del siglo XX. Teniendo esto en cuenta,
podemos ahora proceder al examen de los patrones de movilidad ocupacional, proceso que, como
se argumentó antes, abarca un período de tiempo mucho mayor.
Dos análisis recientes sobre la movilidad ocupacional masculina, que comparan los datos de
1973 y 1996 y emplean clasificaciones ocupacionales bastante diferenciadas, llegan a resultados y
49

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

conclusiones semejantes. Silva, que utiliza una clasificación ocupacional primaria basada en la
diferenciación socioeconómica, concluye que la comparación de los datos de 1973 y 1996 indica
una acentuada estabilidad en los patrones de movilidad social en Brasil. Las conclusiones obtenidas
en el trabajo anterior, relativas a 1973, todavía servían para la generalización del patrón observado
en 1996:
1. Se verifica que la movilidad ocupacional en Brasil es comparativamente extensa y que
predomina la tendencia ascendente;
2. En términos relativos, la movilidad ascendente es considerable en todos los estratos. En
virtud del predominio de la movilidad ascendente, la base de reclutamiento de los estratos se va
ampliando conforme se sube en la jerarquía ocupacional;
3. Por otra parte, se observa que cuanto más elevada sea la posición del padre, mayores serán
las posibilidades relativas de que el hijo herede una posición igual o mejor que la de su padre. La
coexistencia de esta observación con la anterior se explica por las marcadas diferencias entre las
distribuciones ocupacionales de origen y destino, que reflejan cambios significativos en la
estructura productiva brasileña e importantes diferenciales demográficos;
4. La descomposición de la movilidad ocupacional en la sociedad brasileña, en términos de
movilidad inducida por cambios estructurales y movilidad por circulación, reveló que ésta se
origina principalmente en cambios estructurales, aunque el papel de la movilidad por circulación
tenga cierta importancia relativa;
5. El análisis de la movilidad de circulación, la expresión más íntima de la estructura
ocupacional (dado que revela los patrones endógenos de la asociación entre origen y destino
ocupacional subyacente a la movilidad total observada) indicó que la estructura ocupacional
brasileña tiende a estructurarse en clases bastante cerradas. Dos barreras estructurales a la
movilidad, a saber, las dimensiones rural/urbano y manual/no manual, generan una nítida distinción
de tales clases. Las posibilidades de movilidad dentro de estas clases son muchas veces mayores
que las de cambiar de clases.
Silva indica que, aunque esa descripción se ajuste grosso modo a las observaciones
correspondientes a 1996, algunas pequeñas diferencias denotan aspectos nuevos y relevantes.
Contrariamente a lo esperado, a pesar de que la movilidad inducida por cambios estructurales se
redujo, la movilidad total aumentó y se intensificaron tanto los flujos ascendentes como los
descendentes. De esto se deduce que la sociedad brasileña se volvió un poco más dinámica. Ese
dinamismo obedeció a un aumento de la movilidad circular, que sugiere que el mercado de trabajo
se tornó más competitivo.
El examen del patrón de los flujos de movilidad circular de 1996 mostró un aumento
significativo del número de personas que cruzaron -hacia arriba y hacia abajo- la barrera manual/no
manual, hecho que refleja una pequeña pero significativa dilución de la estructura de clases
observada en 1973. En otras palabras, los resultados obtenidos indicaban que, pese al aumento de
las desigualdades de ingresos, la sociedad brasileña se volvió un poco más abierta y socialmente
democrática en el último cuarto del siglo XX.21
El estudio de Costa Ribeiro, basado en la clasificación de Goldthorpe (EGP), aborda la
relación entre la estructura de clases, las condiciones de vida y las oportunidades de movilidad
social de la población masculina en Brasil. En dicho estudio el autor muestra de qué forma la
estructura de clases y las oportunidades de movilidad social están (todavía) marcadas por la
transición de la sociedad agraria a la sociedad industrial. Señala, por ejemplo, que aún hoy por lo
menos la mitad de los hombres de 20 a 64 años proviene de familias de la clase de los trabajadores
21

50

Silva, Nelson do Valle, “Vinte e Três Anos de Mobilidade Social no Brasil”, Teoria  Sociedade no 4 Outubro, 1999, pp. 181-211.

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

rurales. Por otra parte, indica la medida en que las diferencias en las condiciones de vida están
ligadas a diferentes posiciones de clase. El autor afirma que aunque se registró una mejora en el
agregado de las condiciones básicas de vida -y en consecuencia una disminución de la desigualdad
con respecto a éstas-, se observa también cierta continuidad, tanto en la proporción de personas con
ingresos elevados y educación superior, como en la desigualdad de clases relativa a la educación
terciaria y a los ingresos familiares.
En su análisis sobre las oportunidades de movilidad social, el autor concluye que el agregado
de esa movilidad revela una sociedad extremadamente dinámica, con gran movilidad social -en
particular la inducida por cambios estructurales como la industrialización y la urbanización-, pero
que al mismo tiempo posee una estructura de clases subyacente de extrema rigidez y resistente a los
cambios. Señala además una pequeña disminución de las desigualdades relativas a las
oportunidades de movilidad social entre 1973 y 1996, que estaría ligada a la contracción del trabajo
rural y al aumento del trabajo informal urbano.
De ese modo, el estudio de los patrones de movilidad en Brasil realizado por Costa Ribeiro
revela claramente que la estructura de clases contemporánea continúa estando marcada por la
herencia rural y que, no obstante los datos indiquen un gran movimiento de personas, también
muestran los enormes contrastes entre clases más o menos privilegiadas y los elevados niveles de
desigualdad con respecto a las condiciones de vida y las oportunidades de movilidad social que aún
hoy persisten.22
A continuación examinaremos nuevamente los datos de 1996 sobre la movilidad
intergeneracional, utilizando la clasificación de estratos ocupacionales propuesta. Para simplificar
esta tarea y que el análisis sea más viable, reduciremos las 16 categorías establecidas a ocho, de
acuerdo con el siguiente esquema de agregación, en el que se procuró mantener las divisiones que
se consideran más importantes para validar la clasificación propuesta.
16 Categorías

8 Categorías

16. Trabajadores rurales
15. Propietarios rurales
14. Trabajadores en el servicio doméstico
13. Trabajadores en servicios personales
11. Trabajadores en el comercio ambulante
10. Trabajadores en los servicios generales
12. Trabajadores en industrias tradicionales
9. Trabajadores en industrias modernas
8. Funciones no manuales de rutina
7. Empresarios independientes
6. Técnicos y artistas
5. Supervisores de trabajo manual
4. Profesionales de nivel universitario
3. Propietarios empleadores
2. Dirigentes
1. Profesionales liberales

1. Ocupaciones rurales
2. Trabajadores en servicios y en el comercio
ambulante

3. Trabajadores en industrias tradicionales
4. Trabajadores en industrias modernas
5. Ocupaciones no manuales de rutina
6. Empresarios independientes
7. Ocupaciones universitarias, Supervisores de
trabajo manual, Técnicos y artistas
8. Profesionales liberales, Dirigentes y
Empleadores
Fuente: Elaboración propia.

En los cuadros 17, 18 y 19 se presentan las matrices de movilidad intergeneracional con
respecto a la PO total, a los hombres y a las mujeres. Obsérvese que las líneas de esas matrices
están compuestas por las categorías ocupacionales referentes al padre del encuestado, agregadas en
la forma descrita. De este modo, inclusive en el caso de las mujeres, tomaremos como estrato de
origen el grupo ocupacional paterno, decisión que consideramos razonable, sobre todo con respecto
a los grupos de personas mayores.
22

Costa Ribeiro, Carlos Antonio, “Em movimento Inercial: Imobilidade das Fraturas de Classe no Brasil”, Insight Inteligência No 21
Abril-Junho 2003, pp 142-159.

51

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Cuadro 18

MOVILIDAD INTERGENERACIONAL – POBLACIÓN OCUPADA TOTAL
BRASIL (1996) – PORCENTAJES DEL TOTAL DE OBSERVACIONES
Actual
CATEGORÍAS OCUPACIONALES
Padre
1
1.Trabajadores rurales
20,7
2.Trabajadores servicios y comercio ambulante
0,6
3. Trabajadores industrias tradicionales
0,3
4. Trabajadores industrias modernas
0,1
5. Ocupaciones no manuales de rutina
0,1
6. Empresarios independientes
0,2
7. Ocupaciones universitarias, técnicos, artistas,
0,1
supervisores
8. Profesionales liberales, dirigentes, administrativos y 0,1
empleadores
Total
22,2

2
14,8
3,5
2,8
0,7
0,8
0,8
0,6

3
8,2
2,9
1,1
0,4
0,3
0,4
0,3

4
2,1
1,0
0,7
0,6
0,2
0,2
0,2

5
3,4
1,7
1,5
0,7
0,9
0,8
0,7

6
2,9
0,6
0,4
0,2
0,3
0,6
0,2

7
3,2
1,3
1,0
0,6
0,8
0,9
1,0

8
2,3
0,8
0,7
0,4
0,6
0,9
0,8

Total
57,8
12,4
8,4
3.7
4,0
4,7
4,0

0,5

0,3

0,2

0,7

0,3

1,1

1,7

4,8

24,5

14,0

5,3

10,4

5,5

9,9

8,1

100,0

Fuente: Elaboración propia.
Nota: N = 71090.
Cuadro 19

MOVILIDAD INTERGENERACIONAL – POBLACIÓN OCUPADA MASCULINA
BRASIL (1996) - PORCENTAJES DEL TOTAL DE OBSERVACIONES
Actual
CATEGORÍAS OCUPACIONALES
Padre
2
1
1. Trabajadores rurales
24,7 11,1
2. Trabajadores servicios y comercio ambulante
0,7
2,7
3. Trabajadores industrias tradicionales
0,4
2,5
4. Trabajadores industrias modernas
0,1
0,6
5. Ocupaciones no manuales de rutina
0,1
0,7
6. Empresarios independientes
0,3
0,6
7. Ocupaciones universitarias, técnicos, artistas,
0,1
0,5
supervisores
8. Profesionales liberales, dirigentes, administrativos y 0,2
0,4
empleadores
Total
26,6 19,1

3
9,2
3,6
1,2
0,4
0,3
0,3
0,3

4
3,2
1,6
1,0
1,0
0,4
0,3
0,3

5
2,9
1,5
1,3
0,5
0,8
0,6
0,6

6
3,2
0,6
0,4
0,2
0,3
0,6
0,2

7
2,1
0,9
0,8
0,5
0,6
0,5
0,8

8
2,7
0,9
0,8
0,5
0,6
1,0
0,9

Total
59,1
12,4
8,3
3.7
3,8
4,3
3,8

0,3

0,2

0,5

0,3

0,8

1,8

4,5

15,6

8,1

8,8

5,7

7,0

9,2

100,0

Fuente: Elaboración propia.
Nota: N = 44749.
Cuadro 20

MOVILIDAD INTERGENERACIONAL – POBLACIÓN OCUPADA FEMENINA
BRASIL (1996) - PORCENTAJES DEL TOTAL DE OBSERVACIONES
Actual
CATEGORÍAS OCUPACIONALES
Padre
1
1. Trabajadores rurales
14,0
2. Trabajadores servicios y comercio ambulante
0,4
3. Trabajadores industrias tradicionales
0,2
4. Trabajadores industrias modernas
0,0
5. Ocupaciones no manuales de rutina
0,0
6. Empresarios independientes
0,1
7. Ocupaciones universitarias, técnicos, artistas,
0,0
supervisores
8. Profesionales liberales, dirigentes, administrativos y 0,1
empleadores
Total
14,9
Fuente: Elaboración propia.
Nota: N = 26336.

52

2
21,1
5,0
3,3
1,0
1,0
1,0
0,6

3
6,6
1,7
1,0
0,4
0,4
0,5
0,3

4
0.3
0,1
0,1
0,0
0,0
0,0
0,0

5
4,4
2,1
1,8
1,0
1,1
1,2
0,9

6
2,5
0,8
0,4
0,2
0,3
0,5
0,2

7
5,2
1,8
1,4
0,8
1,2
1,5
1,5

8
1,6
0,6
0,6
0,2
0,5
0,7
0,7

Total
55,7
12,5
8,6
3,8
4,4
5,5
4,3

0,6

0,4

0,0

0,9

0,3

1,6

1,4

5,3

33,7

11,2

0,6

13,3

5,1

14,9

6,3

100,0

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Al comparar las distribuciones de origen y destino en los cuadros de movilidad resultan
evidentes algunas características. En primer lugar, de acuerdo con las conclusiones de los trabajos
citados, la mayoría de las personas económicamente ocupadas, de ambos sexos, proceden todavía
del estrato de las ocupaciones rurales. Sin embargo, la situación cambia drásticamente cuando
observamos la ocupación actual de los trabajadores y esto indica que aún hoy el motor del cambio
ocupacional sigue siendo, inclusive por inercia, la transformación de la sociedad rural en sociedad
urbana. A raíz de este pasaje estructural, los demás estratos tienden a expandirse relativamente en
dicha comparación de origen y destino.
Por otra parte, también se aprecia claramente el considerable predomino de la movilidad
sobre la inmovilidad, y dentro de ésta, de la movilidad ascendente sobre la descendente. Al
computar los índices agregados de los cuadros precedentes obtenemos el siguiente cuadro general
(en porcentajes):

Tipo de movimiento
Inmovilidad
Movilidad:

Total
Ascendente
Descendente
Estructural
Circular

Total
30,1
69,9
57,7
14,2
35,6
34,3

Hombres

Mujeres

33,6
66,4
53,4
13,0
32,5
33,9

24,5
75,5
60,2
15,3
44,4
31,1
Fuente: Elaboración propia.

Aunque el resultado correspondiente a las mujeres pueda estar sobreestimado porque las
estamos comparando con sus padres -esto hace que la llamada segregación ocupacional por género
fuerce las diferencias entre las distribuciones ocupacionales de padres e hijas-, es evidente que casi
el 70% de las personas ocupadas en Brasil están en un estrato diferente al de sus padres. Inclusive
con respecto a los hombres, la tasa de movilidad total abarca a más de 2/3 de los trabajadores. En
las condiciones actuales, se podría argumentar que no existe gran diferencia entre la situación
socioeconómica del estrato de ocupaciones rurales y la base de la jerarquía urbana o
“subproletariado urbano”, argumento que de hecho convertiría la transferencia entre estratos en
“inmovilidad”.23 No obstante, la movilidad prevalecería inclusive en ese caso: al rehacer los
cálculos concluiríamos que las tasas de movilidad serían del 54,5% con respecto a la PO total, del
54,6% en relación con la PO masculina y del 54,0% con relación a la PO femenina. Se podría
realizar una operación similar para volver a calcular la movilidad ascendente, que en ese caso
disminuiría al 42,9%, el 42,0% y el 39,1%, respectivamente, pero aún así continuaría
predominando por un amplio margen sobre la movilidad descendente.
Un hecho interesante acerca de los datos de los cuadros de movilidad precedentes es que la
descomposición de la movilidad total por origen indica que en el caso de los hombres la movilidad
circular es ligeramente superior a la estructural. Por otra parte, aunque la movilidad estructural de
las mujeres sea mucho más elevada que la de los hombres –eventualmente por la razón ya señalada,
relativa a que las estamos comparando con sus padres- la estimación de su movilidad circular
también es bastante alta y similar a la de los hombres. En ambos casos, el resultado es que casi 1 de
cada 3 personas ocupadas llegaron a su posición actual (diferente de la de sus padres) al cambiar la
anterior por otra de ese estrato de destino. Este puede ser un indicio de que, pasado el período de

23

Este argumento parece ser claramente engañoso. En primer lugar, porque aún hoy existen marcadas diferencias entre las condiciones
de vida de estos estratos; y en segundo lugar, aunque eso fuera verdad en la actualidad, sin duda no lo era hace algún tiempo,
cuando ocurrió la gran mayoría de las transferencias entre estratos. En otras palabras, considerar esos estratos como equivalentes
porque hoy lo serían constituye un anacronismo. Las mismas razones son válidas con respecto a la frontera manual/no manual, dado
que el error en que se incurrió es de la misma naturaleza.

53

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

los grandes y rápidos cambios estructurales, la sociedad brasileña se está volviendo un poco más
abierta y competitiva.
Para analizar los flujos de salida de los estratos de origen, examinaremos los datos
presentados en el cuadro 21 que figura a continuación. Nos limitaremos al caso de la PO total, dado
que los comentarios que podrían hacerse para hombres y mujeres por separado comportarían una
gran redundancia. Incluso así, comentaremos solamente las que parecen ser las principales
características del referido cuadro.
Cuadro 21

MOVILIDAD INTERGENERACIONAL – POBLACIÓN OCUPADA TOTAL
BRASIL (1996) – FLUJOS DE SALIDA DE LOS GRUPOS OCUPACIONALES
Actual
Categorías ocupacionales
Padre

1

1. Trabajadores rurales
35,9
2. Trabajadores servicios y comercio ambulante
4,5
3. Trabajadores industrias tradicionales
3,8
4. Trabajadores industrias modernas
2,0
5. Ocupaciones no manuales de rutina
1,9
6. Empresarios independientes
4,8
7. Ocupaciones universitarias, técnicos, artistas,
2,3
supervisores
8. Profesionales liberales, dirigentes, administrativos y 2,9
empleadores
Total
22,2

2

3

4

5

6

7

8

Total

25,6
28,4
32,7
19,9
19,7
16,5
14,2

14,3
23,4
13,3
11,5
8,5
7,5
6,9

3,7
8,1
8,2
17,4
6,1
4,1
5,4

6,0
13,7
17,3
18,8
22,6
17,4
18,4

5,0
5,1
4,5
4,6
6,7
12,3
5,5

5,6
10,1
11,9
15,7
20,5
18,7
26,1

3,9
6,7
8,3
10,2
14,0
18,7
21,1

100,0
100,0
100,0
100.0
100,0
100,0
100,0

10,2

6,1

3,2

13,9

6,9

22,6

34,2

100,0

24,5

14,0

5,3

10,4

5,5

9,9

8,1

100,0

Fuente: Elaboración propia.

Se puede decir que el patrón clásico de los regímenes de movilidad, en que el alejamiento de
la diagonal principal se refleja en una reducción sistemática del flujo, describe grosso modo el
cuadro de movilidad. Los mayores valores tienden a concentrarse en esa diagonal, que indica los
casos de inmovilidad. En general la diagonal tiene forma de U, los valores extremos se observan en
las puntas y los valores menores entre los estratos centrales. De hecho, la mayor inmovilidad
absoluta se registra en el primer estrato, el de las ocupaciones rurales (35,9%), seguido por el
estrato en la cima de la jerarquía, la “clase de servicios” (34,2%), mientras que los menores valores
de inmovilidad se observan con respecto a los empresarios independientes (12,3%) y los
trabajadores de las industrias tradicionales (13,3%).
No obstante, el patrón general resulta afectado porque algunas categorías atraen fuertemente
mano de obra de los demás estratos, constituyéndose en destinos preferenciales para trabajadores
procedentes de grupos situados tanto por encima como por debajo de ellos. Esto ocurre con el
“subproletariado urbano”, las funciones no manuales de rutina y el estrato de las ocupaciones
universitarias, técnicas y artísticas. Que todos ellos constituyan nichos tradicionales de inserción de
mano de obra femenina parece indicar, una vez más, la importancia del ingreso masivo de las
mujeres al mercado laboral. Cabe señalar que ese es un patrón recurrente, incluso entre la
población masculina. Por ejemplo, la proporción de hombres procedentes de la cima de la jerarquía
que pasan al llamado “subproletariado” es de alrededor del 9,6%; porcentaje que aumenta al 11,2%
en el caso de las funciones no manuales de rutina y al 16,9% con respecto a los que tienen por
destino las ocupaciones universitarias, técnicas y artísticas. Aunque se trate de valores inferiores a
los de las mujeres, aún así son relativamente elevados y siguen el mismo patrón.
Para el examen de los flujos de entrada, podemos estudiar los datos presentados en el cuadro
21. Aquí también adoptaremos el mismo espíritu y las mismas estrategias utilizadas en el análisis
de los flujos de salida, para evitar la abundancia y la repetición de comentarios.
54

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Cuadro 22

MOVILIDAD INTERGENERACIONAL – POBLACIÓN OCUPADA TOTAL
BRASIL (1996) – FLUJOS DE INGRESO EN LOS GRUPOS OCUPACIONALES
Actual
CATEGORÍAS OCUPACIONALES
Padre
1
1. Trabajadores rurales
93,3
2. Trabajadores servicios y comercio ambulante
2,5
3. Trabajadores industrias tradicionales
1,4
4. Trabajadores industrias modernas
0,3
5. Ocupaciones no manuales de rutina
0,3
6. Empresarios independientes
1,0
7. Ocupaciones universitarias, técnicos, artistas, 0,4
superisores.
8. Profesionales liberales, dirigentes,
0,6
administrativos y empleadores
Total
100,0

2
60,5
14,4
11,3
3,0
3,2
3,2
2,3

3
59,0
20,9
8,0
3,1
2,4
2,5
2,0

4
40,4
19,1
13,1
12,2
4,6
3,6
4,1

5
32,9
16,3
14,0
6,7
8,7
7,9
7,1

6
52,9
11,5
7,0
3,1
4,9
10,5
4,0

7
32,6
12,7
10,1
5,9
8,3
8,9
10,6

8
28,0
10,2
8,6
4,7
6,9
10,9
10,4

Total
57,8
12,4
8,4
3.7
4,0
4,7
4,0

2,0

2,1

2,9

6,4

4,1

11,0

20,3

4,8

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

Fuente: Elaboración propia.

A pesar de que resultan obvios, se deben señalar algunos puntos. En primer lugar, el sector
rural todavía predomina como origen de los trabajadores, en todos los estratos sin excepción.
Inclusive en la cima de la jerarquía, nada menos que el 28% de las personas son hijas de padres que
desempeñaban ocupaciones rurales. Constituye además el origen de la mayoría de las personas en
algunos estratos urbanos, como el “subproletariado urbano” (60,5%), los trabajadores de las
industrias tradicionales (50,0%) y los empresarios independientes (52,9%).
Otro aspecto importante se refiere a que prácticamente ninguno de los trabajadores del sector
rural proviene de otro estrato que no sea el propio. De hecho, nada menos que el 93,3% de las
personas en ese estrato son oriundas del mismo. La transferencia entre el mundo rural y el urbano
es una vía de un solo sentido.
Por último, cabe destacar que el estrato en la cima de la pirámide ocupacional se caracteriza
por la gran incorporación de mano de obra de otros estratos inferiores en la jerarquía. Solo una de
cada cinco personas en el estrato superior es hija de un padre también procedente de ese estrato.
Casi el 28,2% de los integrantes de ese grupo de “elite” proviene de los otros estratos no manuales,
y nada menos que el 51,5% de los estratos manuales. Se trata en gran medida de una “elite” de
primera generación.
Para estudiar las desigualdades con respecto a las oportunidades de movilidad (el patrón de
movilidad y de circulación) debemos aplicar un modelo especial que permita descomponer la
asociación entre origen y destino ocupacionales y controlar debidamente los efectos de las
distribuciones univariadas marginales (la movilidad estructural). Esta tarea puede ser bastante
compleja y con frecuencia supone rutinas computacionales muy especializadas. Aquí proponemos
utilizar un modelo bastante conocido y de aplicación relativamente simple, el llamado modelo de
“cruzamientos” o “barreras”. Con este tipo de modelos se procura cuantificar la intensidad de las
barreras a la movilidad entre los estratos, que permite establecer cuáles de los límites entre las
categorías ocupacionales son más o menos rígidos y cuáles más o menos permeables. No obstante,
para que la aplicación de ese modelo sea viable, se debe suponer que los estratos especificados
forman de hecho una jerarquía. Por ese motivo, haremos aquí esa suposición –que de hecho ya
estaba implícita en la discusión precedente, por ejemplo cuando se contabilizaron las movilidades
de tipo “ascendente” y “descendente”.
En nuestro modelo, M(ij) denota el número esperado de personas provenientes de la
categoría ocupacional i con destino en la categoría j; H(i) y W(j) son variables dicotómicas que
indican que la persona pertenece a la categoría de origen i y a la categoría de destino j (1=sí; 0=no),
respectivamente; D(i) es una variable dicotómica que indica que las categorías de origen y destino
55

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

son la misma (mide la propensión a la inmovilidad o “herencia ocupacional” en la categoría i); y
C(k), en donde k=1,2,3,4,5...7, refleja los movimientos que cruzan barreras ocupacionales. Con H y
W como el estrato ocupacional de origen y de destino, respectivamente, los C(k) se codifican (con
los estratos identificados por su número de orden) de la siguiente manera:

C(1)=1

si (H”2” y W “1”)
o (W”1” y H “2”)
en caso contrario C(1)=0;

C(2)=1

si (H“3” y W”2”)
o (W”3” y H “2”)
en caso contrario C(2)=0;

y así sucesivamente hasta

C(7)=1

si (H “8” y W “7”)
o (W “8” y H “7”)
en caso contrario C(7)=0;

El modelo log-linear adecuado para el análisis de interrelación sería entonces:

(1)

log M(ij) = β + Σ βh(i) H(i) +Σ βw(j)W(j)+Σ βd(i)D(i) +Σ βc(k)C(k)

Así, controlando las distribuciones marginales de origen y destino de las personas, las
posibilidades de que se cruce la barrera k están dadas por Vk=exp[β c(k)]. La contribución de cada
una de esas posibilidades sobre el número esperado de individuos en la célula (i.j) se ilustra en la
cuadro 22, que -para mayor simplicidad- se reduce a solo cinco estratos. Cada parámetro de
cruzamiento corresponde a un movimiento entre niveles de ocupación adyacentes. Cuanto mayor
sea la diferencia en la posición ocupacional de los estratos de origen y destino, se deberán cruzar
más barreras. Por ejemplo, el movimiento desde el estrato de las ocupaciones rurales (estrato 1) a
un destino en el sector de las ocupaciones no manuales de rutina (estrato 5) supone el cruce de las
barreras V1, V2, V3 y V4, de modo que la frecuencia esperada de ese tipo de movilidad resulta
afectada por el producto (V1*V2*V3*V4). En otras palabras, dicha frecuencia esperada refleja no
solo el número de barreras cruzadas sino también la intensidad de cada una de ellas. Este producto
es un indicador de la distancia social entre categorías ocupacionales implícita en el régimen de
movilidad.
Cuadro 23

PARÁMETROS DE LOS EFECTOS DE CRUZAMIENTOS EN LA MOVILIDAD OCUPACIONAL
ESTRATO DE ORIGEN
1
2
3
4
5

1
1
V1
V1V2
V1V2V3
V1V2V3V4

ESTRATO DE DESTINO
2
3
4
V1
V1V2
V1V2V3
1
V2
V2V3
V2
1
V3
V2V3
V3
1
V2V3V4
V3V4
V4

5
V1V2V3V4
V2V3V4
V3V4
V4
1

Fuente: Elaboración propia.

56

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Para evaluar la aplicación del modelo de cruzamientos a los datos de movilidad
intergeneracional brasileños se procedió en primer lugar al ajuste del modelo de independencia
entre origen y destino (también llamado de “movilidad perfecta”), que sirve de base para la
evaluación de los demás. Luego se ajustó el modelo de cuasi-independencia, al que solo se
agregaron los parámetros de inmovilidad o herencia. Por último se ajustó el modelo de
cruzamientos, según se describió en la ecuación 1. Para cada modelo, además de las estimaciones
de parámetros de interés, se presenta la estadística de ajuste Qui-cuadrado de máxima verosimilitud
(G), los respectivos grados de libertad (g. 1.), y el coeficiente de disimilitud entre las frecuencias
esperada y observada (indicando el porcentaje de casos que el modelo no logra distribuir
correctamente) y la estimación de “R2”= 1-[G(i)/G(0)], donde G(i) es la estadística de ajuste del
modelo en estudio y G(0) es la misma estadística referente al modelo de base de independencia.
Los resultados del ajuste de estos modelos en relación con los datos de movilidad de la PO total, la
PO masculina y la PO femenina se presentan en la cuadro 22 que figura a continuación.
En general, el modelo de cruzamientos se mostró más adecuado para expresar el patrón de
movilidad femenino que el masculino, obteniéndose un ajuste un poco más satisfactorio. De
cualquier modo los valores de los parámetros estimados nos sugieren algunos puntos importantes.
En primer lugar, todos los estratos ocupacionales presentaron parámetros de herencia negativos en
el caso de las mujeres, excepto el estrato de posición más elevada. En el caso de los hombres (y de
la PO total), los valores de las categorías ocupacionales de los extremos tienden a ser más elevados
que los demás: en el estrato superior el grado de herencia es más alto que en la base de la jerarquía.
Sin embargo, es importante señalar que hay una discrepancia significativa con ese patrón general:
la inmovilidad o herencia ocupacional tiende a ser más elevada (de hecho es la más elevada entre
todos los estratos ocupacionales) en el sector de los trabajadores de las industrias modernas. Esto
probablemente refleja no solo los requisitos de calificación necesarios para esa inserción laboral,
sino también el aislamiento geográfico de este estrato debido su alto grado de concentración
espacial en la economía brasileña. En este sentido se trata de un estrato nítidamente diferenciado de
los demás, sobre todo de los demás sectores manuales urbanos, que constituyen también casos de
herencia negativa, incluso entre los hombres.

57

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Cuadro 24

AJUSTE DE LOS MODELOS DE MOVILIDAD INTERGENERACIONAL – BRASIL 1996
Modelo: Estimaciones
Independencia: G
(g.1.= 49) Disimilitud
Cuasi-independencia: G
(g.1.=41) Disimilitud
“R2”
Modelo de cruzamiento: G
(g.1.=41) Disimilitud
“R2”
Parámetros de “Herencia”:
D(1)
D(2)
D(3)
D(4)
D(5)
D(6)
D(7)
D(8)
Parámetros de Cruzamiento:
C(1)
C(2)
C(3)
C(4)
C(5)
C(6)
C(7)

Hombres
14 910,14
21,44%
4 731,13
10,01%
68,3 %

Mujeres
6 677,68
18,69%
2 682,11
11,05%
59,8 %

Total
21 328,26
20,30%
7 469,25
10,57%
65,0 %

998,33
4,20%
93,3 %

318,01
3,10%
95,2 %

1 156,10
3,58%
94,6 %

0,489
-0,458
-0,681
0,780
0,171
0,109
0,013
0,703

-0,183
-0,360
-0,481
-0,151
-0,046
- 0,049
-0,134
0,762

0,427
-0,423
-0,614
0,712
0,072
0,047
-0,074
0,710

-0,985
-0,004
-0,428
-0,261
-0,077
-0,293
-0,351

-1,300
-0,266
-0,313
-0,242
-0,055
-0,302
-0,381

-0,987
-0,110
-0,381
-0,268
-0,066
-0,298
-0,355
Fuente: Elaboración propia.

Los parámetros de cruzamiento también ofrecen información relevante para interpretar los
patrones de movilidad intergeneracional en Brasil y para validar la clasificación ocupacional
propuesta. Siguiendo el procedimiento indicado anteriormente, esos parámetros nos permiten
estimar las posibilidades de que se cruce una cierta barrera entre estratos adyacentes. Por ejemplo,
el movimiento entre los estratos 1 y 5 significa que se cruzaron las barreras 1 a 4. Las posibilidades
de que ocurra resultan del producto de V1*V2*V3*V4. En el caso de los hombres, esas
posibilidades pueden estimarse en (0,373*0,996*0,652*0,770) = 0,187, mientras que en el caso de
las mujeres corresponden a (0,273*0,766*0,731*0,785) = 0,120. En un caso límite, con respecto a
la PO total, las posibilidades de que una persona pase del estrato más bajo (1) al más alto (8), o
viceversa, resultan del producto de (V1*V2*V3*V4*V5*V6*V7), que corresponde a
(0,373*0,896*0,683*0,765*0,936*0,742*0,701) = 0,085.
El patrón general de intensidad de las barreras a la movilidad indica que la más fuerte es la
que existe entre las ocupaciones rurales y la base de la jerarquía urbana, el subproletariado urbano,
mostrando que son estratos bien diferenciados, socialmente distantes, separados por la barrera que
impone la migración espacial.
A ésta le sigue en intensidad la barrera que separa a las industrias tradicionales de las
modernas. Esto demuestra no solo la diferenciación entre los sectores industriales sino también la
dificultad para ingresar a este último subsector. Estos datos parecen validar y justificar una vez más
la distinción realizada entre los dos estratos de trabajadores industriales en la clasificación
ocupacional propuesta.
En forma análoga, la barrera que separa a los estratos manuales de los no manuales (V4) es
también elevada y significativa. Aunque su intensidad es mucho menor que la anterior, indica que
ésta es una división que todavía no puede ignorarse.

58

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Las dos últimas barreras son también rígidas y significativas, sugiriendo dificultades cada
vez mayores para penetrar en los estratos más elevados de la jerarquía. Los recursos educativos
(acceso a títulos académicos) y económicos (acceso a la propiedad productiva urbana) son
fundamentales en la definición de estas barreras.
A nuestro juicio, los resultados del ajuste de este modelo de cruzamientos validan las
distinciones realizadas en la elaboración de la clasificación ocupacional propuesta y el análisis del
patrón de origen y destino ocupacional en la movilidad intergeneracional en Brasil muestra que
estos estratos se diferencian claramente, tanto en cuanto a su tendencia a la inmovilidad como en
relación con las barreras impuestas a la movilidad.

59

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Composición de las categorías
ocupacionales

61

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Categoría Ocupacional

Ocupación en la semana de referencia

Profesionales liberales

Ingeniero
Arquitecto
Médico
Dentista
Residente hospital
Analista económico
Juez
Promotor curador
Abogado
Ingeniero

Dirigentes

Diplomático político
Dirigente administración pública
Dirigente extracción mineral
Dirigente industria transformación
Dirigente construcción civil
Dirigente comercio
Dirigente servicios de transporte
Dirigente instituciones financieras
Dirigente instituciones enseñanza
Agentes fiscales
Escribano
Director espectáculos

Empleadores

Propietarios industria extractiva
Empleador - industria
Empleador - constructor
Empleador - comercio
Empleador - hotelería
Empleador - transporte
Proveedor servicios

Otros profesionales universitarios

Agrimensor ingeniero
Cartógrafo
Químico
Farmacéutico
Físico
Geólogo
Meteorólogo oceanógrafo
Agrónomo
Biólogo
Bacteriólogo
Veterinario
Enfermero diplomado
Foniatra, etc.
Estadístico
Analista informático

63

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Categoría Ocupacional
Otros profesionales universitarios

Ocupación en la semana de referencia
Analista contable
Sociólogo antropólogo
Psicólogo
Demógrafo
Agente social
Profesional. Investigador enseñanza superior
Docente enseñanza superior
Profesional. Educación secundaria
Profesional. Educación primaria
Orientador educacional
Bibliotecario
Archivólogo
Piloto navegador
Oficial militar superior
Representante etc

Supervisores de trabajo manual

Técnico extracción mineral
Técnico industria
Ayudante industria textil
Maestro de obras
Técnico de servicios públicos
Técnico no especificado
Controlador de tráfico
Supervisor capataz
Agentes y fiscales división

Ocupaciones técnicas y artísticas

Dibujante
Agrimensor
Topógrafo
Laboratorista
Farmacéutico práctico
Técnico meteorólogo
Auxiliar servicio médico
Auxiliar fisioterapia
Óptico
Auxiliar radiología
Mecánico dental
Técnico laboratorio clínico
Actuario de seguros
Analista organizacional
Técnico contabilidad
Auxiliar estadística
Agente censatario
Programador informático
Politólogo historiador
Profesor educación primaria inicial

64

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Categoría Ocupacional

Ocupación en la semana de referencia

Ocupaciones técnicas y artísticas

Profesor educación primaria general
Profesor preescolar
Instructor
Otros profesores
Bedel
Actuario
Oficial de justicia
Auxiliar de oficina notarial
Religiosos
Religiosos - independientes
Periodista, etc.
Artista plástico
Decorador
Fotógrafo
Músico
Artista teatro, radio, TV
Artista de circo
Comunicador
Cineasta
Escenógrafo
Operador de estudio
Operador de imagen
Analista de cargos, etc.
Analista de calidad
Joyero
Tallador
Técnico seguro trabajo
Repartidor
Representante comercial
Publicitario
Corredor de seguros
Corredor de inmuebles
Operador mercado financiero
Rematador, tasador
Agente de viajes, etc.
Comprador
Comisario de vuelo
Oficial técnico de marina
Atleta fútbol
Atleta otros
Árbitro deportivo
Técnico deportivo
Detective agente policial
Dactiloscopista

65

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Categoría Ocupacional
Empresarios independientes

Ocupación en la semana de referencia
Feriantes
Servicios - independiente
Hotelería - independiente
Proveedor servicios tiempo libre

Ocupaciones no manuales de rutina

Dirigente servicios hotelería
Jefes y asistentes
Inspectores
Asistentes administrativos
Ayudantes auxiliares
Tesorero
Auxiliar revisor despachante
Dactilógrafo ayudante
Operador telecomunicación
Operador procesamiento datos
Secretario taquígrafo
Ayudante contabilidad
Operador de copiadora
Archivista
Enfermeros de servicios
Ayudante administrativo
Enfermero recepción
Cajero cobrador
Acomodador de estanterías
Demostrador modelo
Diariero
Agente de correo
Operador (correo)
Telegrafista
Telefonista
Cartero
Suboficial militar
Miembro cuerpo bomberos

Trabajadores de la industria moderna

Operador petróleo
Técnico industria siderúrgica
Operador industria siderúrgica
Operario industria cables
Ayudante – industria siderúrgica
Galvanizador
Afilador
Pulidor de metal
Fabricante herramientas
Acuñador de monedas
Fresador
Prensador de metal

66

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Categoría ocupacional

Ocupación en la semana de referencia

Trabajadores de la industria moderna

Tornero mecánico
Ajustador mecánico
Ayudante mecánico vehículos
Ayudante mecánico de máquinas
Soldador
Montador estructuras metálicas
Calderero
Herrero
Hojalatero
Fabricante lámparas
Operador bobina electricista
Montador electricista
Electricista
Electrotécnico montador
Electrotécnico reparador
Electricista de instalaciones
Instalador de equipos comunicación
Electricista mantenimiento
Operador central eléctrica
Linotipista
Gráfico
Fabricante clichés
Impresor
Revisor gráfico
Encuadernador
Acabador industria gráfica
Encargado recauchutar
Pintor industrial
Apilador
Ayudante industria papel
Encuadernador
Acabador industria gráfica
Encargado recauchutar
Pintor industrial
Apilador
Ayudante industria papel
ayudante industria caucho plástico
operador instituto cemento

Trabajadores en servicios generales

Reparador neumáticos
Timonel
Maquinista de embarcación
Calderero en navío
Marinero (civil)
Camarero

67

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Categoría ocupacional

Ocupación en la semana de referencia

Trabajadores en servicios generales

Balsero, etc.
Conductor
Estibador
Agente estación tren
Agente o jefe de tren
Maquinista de tren metro
Guardafrenos
Vigilante vías férreas
Conductor
Vendedor boletos ómnibus
Cochero
Mantenedor vías férreas
Portero etc
Ascensorista
Guardia - vigilante
Sirviente limpiador
Cadete
Guardia civil
Agente penitenciario
Vigilancia privada
Vendedor boletos
Bombero (no cuerpo de)
Inmunizador fumigador
Cuidador de autos
Cuidador baños
Jardinero
Basurero
Lubricador
Operador de abastecimiento de agua
Operador actividades diversas
Ayudante diversos
Trabajadores conservación carreteras
Atención Infantil (no domiciliaria)

Trabajadores en el comercio ambulante

Vendedor ambulante
Feriante (no empleador)
Aguatero
Ambulante – caramelos, etc.
Ambulante – frutas, legumbres
Ambulante – carnes, etc.
Vendedor boletos revendedor
Ambulante – otros

Trabajadores de la industria tradicional

Artesano
Cardador
Operador bobina (textil)

68

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Categoría ocupacional

Ocupación en la semana de referencia

Trabajadores de la industria tradicional

Hilador (textil)
Fabricante encaje
Auxiliar tejedor
Cordelero
Operador telares
Fabricante alfombras
Fabricante redes
Tintorero (industria textil)
Estampador
Acabador de telas
Tropero vendedor cueros
Curtidor
Costurero sastre
Auxiliar costurero
Pantalonero camisero
Figurinista cortador
Bordadora
Sombrerero (paja)
Sombrerero
Zapatero
Ayudante industria calzado
Fabricante bolsos/carteras
Ebanista
Carpintero
Tonelero
Limador tornero
Serrador de madera
Prensista de madera
Fabricante venta chasis automóviles
Colchonero
Barnizador
Fabricante cestos
Armador piezas hierro
Albañil
Ayudante albañil
Ayudante pintor
Estucador
Ladrillero
Plomero
Colocador vidrios
Empedrador
Calafate
Preparador concreto operación Draga
Fabricante fiambres, etc.

69

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Bibliografía

Bonelli, R. y G. I. Sedlacek, “Distribuição de Renda: Evolução no Último
Quarto de Século”, in G. I Sedlacek y R. Paes de Barros (eds) Mercado de
Trabalho e Distribuição de Renda, IPEA, Série Monográfica, Rio de
Janeiro: IPEA/INPES, 1989.
Boschi, Renato A Arte da Associação – Política de Base e Democracia no
Brasil, São Paulo: Vértice 1987.
Costa Ribeiro, Carlos Antonio, “Em movimento Inercial: Imobilidade das
Fraturas de Classe no Brasil”, Insight Inteligência no 21 Abril-Junho 2003.
Denslow, D. y W. Tyler, “Perspectivas sobre Pobreza e Desigualdade de
Renda no Brasil”, Pesquisa e Planejamento Econômico, v/13 n.3, Dez,
1983; y Hoffman, H. “Pobreza e Propriedade no Brasil: o que está
mudando”, in Bacha, E. y H. S. Klein, A Transição Incompleta: Brasil
desde !945, Rio: Paz e Terra, 1987.
Faria, V. “Mudanças na Composição da Emprego e na Estrutura das
Ocupações”, in Bacha, E. y H. S. Klein (eds.) A Transição Incompleta,
Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1986, Vol. 1.
Ferreira da Silva, J. C. Diferenciação Salarial na Indústria Brasileira, Rio de
Janeiro: Ed. FGV, 1987.
Figueiredo, J. B. y Silva, N. V. “Popuação, Família e Renda no Rio de Janeiro
(1970-1985)”, Revista Brasileira de Economia, No 1, V. 44,
(ene/mar,1990).
Fox, L. y S. Morley, “Who Paid the Bill? Adjustment and Poverty in Brazil,
1980-1995”, World Bank, mimeo, febrero 1990.
Hoffman, R. A Pobreza no Brasil: Análise dos Dados dos Censos
Demográficos de 1970 e 1980, trabajo presentado en el VI Encuentro
Brasileño de Econometría, San Pablo, 1984.
Homem de Melo, F. B. O Problema Alimentar no Brasil, Rio de Janeiro: Paz
e Terra, 1983.
Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Sindicatos: indicadores
sociales, 0.1 (1989).

71

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

Pastore, J., H. Zylberstajn y C. S. Pagotto, (2000), Mudança Social e Pobreza no Brasil: 1970-1980. O Que
Ocorreu com a Família Brasileira?, São Paulo: FIPE/Pioneira Editora, 1983.
Paul I. Singer, “Força de Trabalho e Emprego no Brasil: 1920-1969”, Cadernos CEBRAP, No 3,1971.
Portes, A. y S. Sassen-Koob, “Making It Underground: Comparative Material on The Informal Sector in
Western Market Economics”, American Journal of Sociology, V. 93, No 1 (julio,1987).
Sen, A. Poverty and Famines, Oxford: Clarendon Press, 1981.
Silva, Nelson do Valle, “Vinte e Três Anos de Mobilidade Social no Brasil”, Teoria  Sociedade No 4
octubre, 1999.
Sobel, M., M. Hout y O.D. Duncan “Exchange, Structure and Simmetry in Occupational Mobility”, American
Journal of Sociology Vol 91 No 2 ,1985.

72

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

Serie

políticas sociales
Números publicados
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.

15.
16.
17.
18.
19.
20.
21.
22.
23.
24.
25.

26.
27.
28.

Andrés Necochea, La postcrisis: ¿una coyuntura favorable para la vivienda de los pobres? (LC/L.777), septiembre de
1993.
Ignacio Irarrázaval, El impacto redistributivo del gasto social: una revisión metodológica de estudios
latinoamericanos (LC/L.812), enero de 1994.
Cristián Cox, Las políticas de los noventa para el sistema escolar (LC/L.815), febrero de 1994.
Aldo Solari, La desigualdad educativa: problemas y políticas (LC/L.851), agosto de 1994.
Ernesto Miranda, Cobertura, eficiencia y equidad en el área de salud en América Latina (LC/L.864), octubre de
1994.
Gastón Labadie y otros, Instituciones de asistencia médica colectiva en el Uruguay: regulación y desempeño
(LC/L.867), diciembre de 1994.
María Herminia Tavares, Federalismo y políticas sociales (LC/L.898), mayo de 1995.
Ernesto Schiefelbein y otros, Calidad y equidad de la educación media en Chile: rezagos estructurales y criterios
emergentes (LC/L.923), noviembre de 1995.
Pascual Gerstenfeld y otros, Variables extrapedagógicas y equidad en la educación media: hogar, subjetividad y
cultura escolar (LC/L.924), diciembre de 1995.
John Durston y otros, Educación secundaria y oportunidades de empleo e ingreso en Chile (LC/L.925), diciembre de
1995.
Rolando Franco y otros, Viabilidad económica e institucional de la reforma educativa en Chile (LC/L.926),
diciembre de 1995.
Jorge Katz y Ernesto Miranda, Reforma del sector salud, satisfacción del consumidor y contención de costos
(LC/L.927), diciembre de 1995.
Ana Sojo, Reformas en la gestión de la salud pública en Chile (LC/L.933), marzo de 1996.
Gert Rosenthal y otros, Aspectos sociales de la integración, Volumen I, (LC/L.996), noviembre de 1996.
Eduardo Bascuñán y otros, Aspectos sociales de la integración, Volumen II, (LC/L.996/Add.1), diciembre de 1996.
Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) y Santiago González Cravino, Aspectos
sociales de la integración, Volumen III, (LC/L.996/Add.2), diciembre de 1997.
Armando Di Filippo y otros, Aspectos sociales de la integración, Volumen IV, (LC/L.996/Add.3), diciembre de
1997.
Iván Jaramillo y otros, Las reformas sociales en acción: salud (LC/L.997), noviembre de 1996.
Amalia Anaya y otros, Las reformas sociales en acción: educación (LC/L.1000), diciembre de 1996.
Luis Maira y Sergio Molina, Las reformas sociales en acción: Experiencias ministeriales (LC/L.1025), mayo de
1997.
Gustavo Demarco y otros, Las reformas sociales en acción: Seguridad social (LC/L.1054), agosto de 1997.
Francisco León y otros, Las reformas sociales en acción: Empleo (LC/L.1056), agosto de 1997.
Alberto Etchegaray y otros, Las reformas sociales en acción: Vivienda (LC/L.1057), septiembre de 1997.
Irma Arriagada, Políticas sociales, familia y trabajo en la América Latina de fin de siglo (LC/L.1058), septiembre de
1997.
Arturo León, Las encuestas de hogares como fuentes de información para el análisis de la educación y sus vínculos
con el bienestar y la equidad (LC/L.1111), mayo de 1998.
Rolando Franco y otros, Social Policies and Socioeconomic Indicators for Transitional Economies (LC/L.1112),
mayo de 1998.
Roberto Martínez Nogueira, Los proyectos sociales: de la certeza omnipotente al comportamiento estratégico
(LC/L.1113), mayo de 1998.
Gestión de Programas Sociales en América Latina, Volumen I (LC/L.1114), mayo de 1998.
Metodología para el análisis de la gestión de Programas Sociales, Volumen II (LC/L.1114/Add.1),
mayo de 1998.
Rolando Franco y otros, Las reformas sociales en acción: La perspectiva macro (LC/L.1118), junio de 1998.
Ana Sojo, Hacia unas nuevas reglas del juego: Los compromisos de gestión en salud de Costa Rica desde una
perspectiva comparativa (LC/L.1135), julio de 1998.
John Durston, Juventud y desarrollo rural: Marco conceptual y contextual (LC/L.1146), octubre de 1998.

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

73

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

ZZZ

29. Carlos Reyna y Eduardo Toche, La inseguridad en el Perú (LC/L.1176), marzo de 1999.
30. John Durston, Construyendo capital social comunitario. Una experiencia de empoderamiento rural en Guatemala
(LC/L.1177), marzo de 1999.
31. Marcela Weintraub y otras, Reforma sectorial y mercado de trabajo. El caso de las enfermeras en Santiago de Chile
(LC/L.1190), abril de 1999.
32. Irma Arriagada y Lorena Godoy, Seguridad ciudadana y violencia en América Latina: Diagnóstico y políticas en los
años noventa (LC/L.1179–P), Número de venta: S.99.II.G.24 (US$ 10.00), agosto de 1999.
33. CEPAL PNUD BID FLACSO, América Latina y las crisis (LC/L.1239–P), Número de venta: S.00.II.G.03
(US$10.00), diciembre de 1999.
34. Martín Hopenhayn y otros, Criterios básicos para una política de prevención y control de drogas en Chile
(LC/L.1247–P), Número de venta: S.99.II.G.49 (US$ 10.00), noviembre de 1999.
35. Arturo León, Desempeño macroeconómico y su impacto en la pobreza: análisis de algunos escenarios en el caso de
Honduras (LC/L.1248–P), Número de venta S.00.II.G.27 (US$10.00), enero de 2000.
36. Carmelo Mesa–Lago, Desarrollo social, reforma del Estado y de la seguridad social, al umbral del siglo XXI
(LC/L.1249–P), Número de venta: S.00.II.G.5 (US$ 10.00), enero de 2000.
37. Francisco León y otros, Modernización y comercio exterior de los servicios de salud/Modernization and Foreign
Trade in the Health Services (LC/L.1250-P) Número de venta S.00.II.G.40/E.00.II.G.40 (US$ 10.00), marzo de
2000.
38. John Durston, ¿Qué es el capital social comunitario? (LC/L.1400-P), Número de venta S.00.II.G.38 (US$ 10.00),
julio de 2000.
39. Ana Sojo, Reformas de gestión en salud en América Latina: los cuasimercados de Colombia, Argentina, Chile y
Costa Rica (LC/L.1403-P), Número de venta S.00.II.G.69 (US$10.00), julio de 2000.
40. Domingo M. Rivarola, La reforma educativa en el Paraguay (LC/L.1423-P), Número de venta S.00.II.G.96 (US$
10.00), septiembre de 2000.
41. Irma Arriagada y Martín Hopenhayn, Producción, tráfico y consumo de drogas en América Latina (LC/L.1431-P),
Número de venta S.00.II.G.105 (US$10.00), octubre de 2000.
42. ¿Hacia dónde va el gasto público en educación? Logros y desafíos, 4 volúmenes:Volumen I: Ernesto Cohen y otros,
La búsqueda de la eficiencia (LC/L.1432-P), Número de venta S.00.II.106 (US$10.00), octubre de 2000.
Volumen II: Sergio Martinic y otros, Reformas sectoriales y grupos de interés (LC/L.1432/Add.1-P), Número de
venta S.00.II.G.110 (US$10.00), noviembre de 2000.
Volumen III: Antonio Sancho y otros, Una mirada comparativa (LC/L.1432/Add.2-P), Número de venta S.01.II.G.4
(US$10.00), febrero de 2001.
Volumen IV: Silvia Montoya y otros, Una mirada comparativa: Argentina y Brasil (LC/L.1432/Add.3-P), Número de
venta S.01.II.G.25 (US$10.00), marzo de 2001.
43. Lucía Dammert, Violencia criminal y seguridad pública en América Latina: la situación en Argentina (LC/L.1439-P),
Número de venta S.00.II.G-125 (US$10.00), noviembre de 2000.
44. Eduardo López Regonesi, Reflexiones acerca de la seguridad ciudadana en Chile: visiones y propuestas para el
diseño de una política (LC/L.1451-P), Número de venta S.00.II.G.126 (US$10.00), noviembre 2000.
45. Ernesto Cohen y otros, Los desafíos de la reforma del Estado en los programas sociales: tres estudios de caso
(LC/L.1469-P), Número de venta S.01.II.G.26 (US$10.00), enero de 2001.
46. Ernesto Cohen y otros, Gestión de programas sociales en América Latina: análisis de casos, 5 volúmenes:
Volumen I: Proyecto Joven de Argentina (LC/L.1470-P), Número de venta S.01.II.G.5 (US$10.00), enero de 2001.

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ
ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

Volumen II: El Programa Nacional de Enfermedades Sexualmente Transmisibles (DST) y Síndrome de
Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) de Brasil (LC/L.1470/Add.1-P), Número de venta S.01.II.G.5 (US$10.00),
enero de 2001.
Volumen III: El Programa de Restaurantes Escolares Comunitarios de Medellín, Colombia (LC/L.1470/Add.2-P),
Número de venta S.01.II.G.5 (US$10.00), enero de 2001.
Volumen IV: El Programa Nacional de Apoyo a la Microempresa de Chile (LC/L.1470/Add.3-P), Número de venta
S.01.II.G.5 (US$10.00), enero de 2001.
Volumen V: El Programa de Inversión Social en Paraguay (LC/L.1470/Add.3-P), Número de venta S.01.II.G.5
(US$10.00), enero de 2001.
47. Martín Hopenhayn y Alvaro Bello, Discriminación étnico-racial y xenofobia en América Latina y el Caribe.(LC/L.1546),
Número de venta S.01.II.G.87 (US$10.00), mayo de 2001.
48. Francisco Pilotti, Globalización y Convención sobre los Derechos del Niño: el contexto del texto (LC/L.1522-P), Número de
venta S.01.II.G.65 (US$ 10.00), marzo de 2001.
49. John Durston, Capacitación microempresarial de jóvenes rurales indígenas en Chile (LC/L. 1566-P), Número de venta
S.01.II.G.112 (US$ 10.00), julio de 2001.

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ
ZZZ

74

CEPAL - SERIE Políticas sociales

N° 89

50. Agustín Escobar Latapí, Nuevos modelos económicos: ¿nuevos sistemas de movilidad social? (LC/L.1574-P), Número de
venta S.01.II.G.117 (US$ 10.00), julio de 2001.
51. Carlos Filgueira, La actualidad de viejas temáticas: sobre los estudios de clase, estratificación y movilidad social en América
Latina (LC/L 1582-P), Número de venta S.01.II.G.125 (US$ 10.00), julio de 2001.
52. Arturo León, Javier Martínez B., La estratificiación social chilena hacia fines del siglo XX (LC/L.1584-P), Número de venta
S.01.II.G.127 (US$ 10.00), agosto de 2001.
53. Ibán de Rementería, Prevenir en drogas: paradigmas, conceptos y criterios de intervención (LC/L. 1596-P), Número de venta
S.01.II.G.137 (US$ 10.00), septiembre de 2001.
54. Carmen Artigas, El aporte de las Naciones Unidas a la globalización de la ética. Revisión de algunas oportunidades. (LC/L.
1597-P), Número de venta: S.01.II.G.138 (US$ 10.00), septiembre de 2001.
55. John Durston, Capital social y políticas públicas en Chile. Investigaciones recientes. Volumen I, (LC/L. 1606-P), Número de
venta: S.01.II.G.147 (US$ 10.00), octubre de 2001 y Volumen II, (LC/L.1606/Add.1-P), Número de venta: S.01.II.G.148
(US$ 10.00), octubre de 2001.
56. Manuel Antonio Garretón, Cambios sociales, actores y acción colectiva en América Latina. (LC/L. 1608-P), Número de
venta: S.01.II.G.150 (US$ 10.00), octubre de 2001.
57. Irma Arriagada, Familias latinoamericanas. Diagnóstico y políticas públicas en los inicios del nuevo siglo.
(LC/L. 1652-P), Número de venta: S.01.II.G.189 (US$ 10.00), diciembre de 2001
58. John Durston y Francisca Miranda, Experiencias y metodología de la investigación participativa. (LC/L.1715-P), Número de
venta: S.02.IIG.26 (US$ 10.00), marzo de 2002.
59. Manuel Mora y Araujo, La estructura social argentina. Evidencias y conjeturas acerca de la estratificación social, (LC/L
1772-P), Número de venta: S.02.IIG.85 (US$ 10.00), septiembre de 2002.
60. Lena Lavinas y Francisco León, Emprego feminino no Brasil: mudanças institucionais e novas inserções no mercado
de trabalho, Volumen I (LC/L.1776-P), Número de venta S.02.IIG.90 (US$ 10.00), agosto de 2002 y Volumen II,
(LC/L.1776/Add.1-P) Número de venta S.02.IIG.91 (US$ 10.00), septiembre de 2002.
61. Martín Hopenhayn, Prevenir en drogas: enfoques integrales y contextos culturales para alimentar buenas prácticas,
(LC/L.1789-P), Número de venta: S.02.II.G.103 (US$ 10.00), octubre de 2002.
62. Fabián Repetto, Autoridad Social en Argentina. Aspectos político-institucionales que dificultan su construcción.
(LC/L.1853-P), Número de venta: S.03.II.G.21, (US$ 10.00), febrero de 2003.
63. Daniel Duhart y John Durston, Formación y pérdida de capital social comunitario mapuche. Cultura, clientelismo y
empoderamiento en dos comunidades, 1999–2002. (LC/1858-P), Número de venta: S.03.II.G.30, (US$ 10.00),febrero
de 2003.
64. Vilmar E. Farias, Reformas institucionales y coordinación gubernamental en la política de protección social de
Brasil, (LC/L.1869-P), Número de venta: S.03.II.G.38, (US$ 10.00),marzo de 2003.
65. Ernesto Araníbar Quiroga, Creación, desempeño y eliminación del Ministerio de Desarrollo Humano en Bolivia,
(LC/L.1894-P), Número de venta: S.03.II.G.54, (US$ 10.00),mayo de 2003.
66. Gabriel Kessler y Vicente Espinoza, Movilidad social y trayectorias ocupacionales en Argentina: rupturas y algunas
paradojas del caso de Buenos Aires, LC/L. 1895-P), Número de venta: S.03.II.G.55, (US$ 10.00), mayo de 2003. .

ZZZ

ZZZ

ZZZ
ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ
ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

67. Francisca Miranda y Evelyn Mozó, Capital social, estrategias individuales y colectivas: el impacto de programas
públicos en tres comunidades campesinas de Chile, (LC/L.1896-P), Número de venta: S.03.II.G.53, (US$
10.00),mayo de 2003 .
68. Alejandro Portes y Kelly Hoffman, Las estructuras de clase en América Latina: composición y cambios durante la
época neoliberal, (LC/L.1902-P), Número de venta: S.03.II.G.61, (US$ 10.00), mayo de 2003.
69. José Bengoa, Relaciones y arreglos políticos y jurídicos entre los estados y los pueblos indígenas en América Latina
en la última década, (LC/L.1925-P), Número de venta: S.03.II.G.82, (US$ 10.00), agosto de 2003.
70. Sara Gordon R., Ciudadanía y derechos sociales. ¿Criterios distributivos?, (LC/L.1932-P), Número de venta:
S.03.II.G.91, (US$ 10.00),julio de 2003.
71. Sergio Molina, Autoridad social en Chile: un aporte al debate (LC/L.1970-P), Número de venta: S.03.II.G.126, (US$
10.00), septiembre de 2003.
72. Carmen Artigas, “La incorporación del concepto de derechos económicos sociales y culturales al trabajo de la
CEPAL”, (LC/L.1964-P), Número de venta S.03.II.G.123, (US$ 10.00), septiembre de 2003.
73. José Luis Sáez, “Economía y democracia. Los casos de Chile y México”, (LC/L-1978-P), Número de venta:
S.03.II.G.137, (US$ 10.00), septiembre de 2003.
74. Irma Arriagada y Francisca Miranda (compiladoras), “Capital social de los y las jóvenes. Propuestas para programas
y proyectos”, Volúmen I. LC/L.1988-P), Número de venta: S.03.II.G.149, (US$ 10.00), septiembre de 2003.
Volúmen II. LC/L.1988/Add.1-P), Número de venta: S.03.II.G.150, (US$ 10.00), septiembre de 2003.
75 Luz Marina Quiroga, Pablo Villatoro, “Tecnologías de información y comunicaciones: su impacto en la política de
drogas en Chile”. Extracto del informe final CEPAL, CONACE”, (LC/L.1989-P), Número de venta: S.03.II.G.151,
(US$ 10.00), noviembre de 2003.

ZZZ

ZZZ
ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

75

Cambios sociales y estratificación en el Brasil contemporáneo (1945-1999)

76 Rodrigo Valenzuela Fernández, Inequidad, ciudadanía y pueblos indígenas en Chile, (LC/L.2006-P), Número de
venta: S.03.II.G.167, (US$ 10.00), noviembre de 2003.
77 Sary Montero y Manuel Barahona, “La estrategia de lucha contra la pobreza en Costa Rica. Institucionalidad –
Financiamiento – Políticas – Programas, (LC/L.2009-P), Número de venta: S.03.II.G.170, (US$ 10.00), noviembre de
2003. .
78 Sandra Piszk y Manuel Barahona, Aproximaciones y desencuentros enla configuración de una autoridad social en
Costa Rica: relato e interpretación de una reforma inconclusa, (LC/L.2027-P), Número de venta: S.03.II.G.191, (US$
10.00), diciembre de 2003.
79 Ernesto Cohen, Rodrigo Martínez, Pedro Donoso y Freddy Aguirre, “Localización de infraestructura educativa para
localidades urbanas de la Provincia de Buenos Aires”, (LC/L.2032-P), Número de venta: S.03.II.G.194, (US$ 10.00),
diciembre de 2003.
80 Juan Pablo Pérez Saínz, Katherine Andrade-Eekhoff, Santiago Bustos y Michael Herradora, “El orden social ante la
globalización: Procesos estratificadores en Centroamérica durante la década de los noventa”, (LC/L.2037-P), Número
de venta: S.03.II.G.203, (US$ 10.00), diciembre de 2003.
81 Carmen Artigas, “La reducción de la oferta de drogas. Introducción a algunos intrumentos internacionales”,
LC/L.2044-P), Número de venta: S.03.II.G.207, (US$ 10.00), diciembre de 2003
82 Roberto Borges Martins, “Desigualdades raciais et políticas de inclusão racial: um sumário da experiência brasileira
recente”, (LC/L.2082-P), Número de venta: S.04.II.G.22, (US$ 10.00), abril de 2004
Roberto Borges Martins, “Desigualdades raciales y políticas de inclusión racial; resumen de la experiencia brasileña
reciente”, (LC/L.2082-P), Número de venta: S.04.II.G.22, (US$ 10.00), marzo de 2004..
83 Rodrigo Valenzuela Fernández, “Inequidad y pueblos indígenas en Bolivia. (LC/L. 2089-P), Número de venta:
S.04.II.G.27, (US$ 10.00), marzo de 2004.
84 Laura Golbert, “¿Derecho a la inclusión o paz social ? El Programa para Jefes/as de Hogares Desocupados”. (LC/L.
2092-P), Número de venta: S.04.II.G.30, (US$ 10.00), abril de 2004.
85 Pablo Vinocur y Leopoldo Halperini, “Pobreza y políticas sociales enArgentina de los años noventa” (LC/L.2107-P),
Número de venta: S.04.II.G.59, (US$ 10.00), abril de 2004.
86 Alfredo Sarmiento Gómez, “La institucionalidad social en Colombia: la búsqueda de una descentralización con
centro”, (LC/L. 2122-P), Número de venta: S.04.II.G.51, (US$ 10.00), mayo de 2004.
87 Pablo Villatoro, “Los programas de reducción de la pobreza en América Latina. Un análisis de cinco experiencias.”
(LC/L.2133-P), Número de venta: S.04.II.G.62, (US$ 10.00), mayo de 2004.
88 Arturo Léon, Rodrigo Martínez, Ernesto Espíndola y Alejandro Schejtman, “Pobreza, hambre y seguridad alimentaria
en Centroamérica y Panamá”, (LC/L.2134-P), Número de venta: S.04.II.G.63, (US$ 10.00), mayo de 2004.
89 Nelson do Valle Silva, “Cambios sociales y estratificación enel Brasil contemporáneo (1945-1999)” (LC/L.2163-P),
Número de venta: S.04.II.G.91, (US$ 10.00), julio de 2004.

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

O

ZZZ

ZZZ

ZZZ

ZZZ

•

El lector interesado en adquirir números anteriores de esta serie puede solicitarlos dirigiendo su correspondencia a la Unidad de
Distribución, CEPAL, Casilla 179-D, Santiago, Chile, Fax (562) 210 2069, correo electrónico: publications@eclac.cl.

ZZZ

Disponible también en Internet: http://www.cepal.org/ o http://www.eclac.org

Nombre:...................................................................................................................................
Actividad: ................................................................................................................................
Dirección: ................................................................................................................................
Código postal, ciudad, país:.....................................................................................................
Tel.:.............................Fax: ..................................... E.mail:....................................................

76


</dcvalue>
  </rdf:Description>
</rdf:RDF>
