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        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/5282</bibo:handle>
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COMISIÓN ECONÓMICA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

SERIE FINANCIAMIENTO DEL DESARROLLO

76
UN PERFIL DEL DÉFICIT DE VIVIENDA EN URUGUAY,
1994

Raquel Szalachman R.

PROYECTO CEPAL / GOBIERNO DE HOLANDA
“POLÍTICAS FINANCIERAS PARA INCREMENTAR EL AHORRO
Y PROMOVER LA EQUIDAD”

LC/L.1165
Enero de 1999

Este documento fue elaborado por Raquel Szalachman, oficial de asuntos económicos,
con la colaboración de Nora Ruedi, consultora, ambas de la Unidad de Financiamiento
de la División de Comercio Internacional, Transporte y Financiamiento de la CEPAL. El
trabajo estadístico estuvo enteramente a cargo de la Srta. Ruedi.
Este trabajo forma parte de las actividades del Proyecto Conjunto CEPAL/Gobierno de
Holanda “Políticas financieras para incrementar el ahorro y promover la equidad”.
La autora agradece los valiosos comentarios de Luis Felipe Jiménez y Günther Held.
Sin embargo, las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a
revisión editorial, son de la exclusiva responsabilidad de las autoras y pueden no
coincidir con las de la Organización.

ÍNDICE

Página

RESUMEN ..........................................................................................................................5
INTRODUCCIÓN.................................................................................................................7
I. INFORMACIÓN UTILIZADA Y CARACTERÍSTICAS DE LAS VIVIENDAS.................... 11
II. ESTIMACIONES DE DÉFICIT DE VIVIENDA............................................................... 15
1. ESTIMACIONES DE DÉFICIT CUANTITATIVO ....................................................................... 15
2. ESTIMACIONES DEL DÉFICIT CUALITATIVO........................................................................ 17
III. CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DE LOS HOGARES
Y DEFICIT DE VIVIENDA .......................................................................................... 25
1. POBREZA Y DÉFICITS .................................................................................................... 25
2. CARACTERÍSTICAS DEL JEFE DEL HOGAR Y DÉFICITS......................................................... 29
IV. CONSIDERACIONES FINALES.................................................................................. 39
BIBLIOGRAFÍA ................................................................................................................. 43
ANEXO ESTADÍSTICO ..................................................................................................... 45

3

RESUMEN
El diseño de una política de vivienda depende, entre otros factores, de estimaciones
confiables de la magnitud de la discrepancia entre la cantidad de viviendas existentes y la
totalidad de la población de una país (déficit cuantitativo) y de la medida en que las
viviendas existentes cumplen con ciertos estándares mínimos que permitan ofrecer una
calidad de vida adecuada a sus habitantes (déficit cualitativo).
Este documento utiliza información de las encuestas de hogares y es el primero de
una serie de estudios relacionados con el tema en cinco países de la región: Bolivia, Brasil,
Colombia, Chile y Uruguay. Estos trabajos forman parte del Proyecto
Conjunto
CEPAL/Gobierno de Holanda “Políticas financieras para incrementar el ahorro y promover
la equidad”, en torno al ahorro y el acceso a la vivienda de los estratos de menores
ingresos en la región.
El objetivo de este estudio es realizar estimaciones de los déficits de vivienda tanto
cuantitativos como cualitativos en Uruguay. Para ello se construyen indicadores en base a
conceptos nuevos y utilizando información que no se había ocupado para este propósito
con anterioridad.
Posteriormente, con el objeto de poder identificar el grupo de hogares en que se
concentran éstos déficits, los indicadores se asocian con los niveles de pobreza de los
hogares, y otras características socioeconómicas del jefe del hogar, tales como género,
estructura de edad, educación, condición de actividad y categoría ocupacional.
Los resultados de éstas asociaciones permiten arribar a conclusiones relacionadas
con los distintos tipos de déficits de vivienda y por ende a sugerencias en torno a la política
habitacional en el Uruguay.

5

INTRODUCCIÓN
La vivienda juega un decisivo papel en la calidad de vida de las personas y conlleva, en la
mayoría de los casos, al acceso a servicios hoy considerados esenciales para alcanzar
niveles mínimos de bienestar En adición a lo anterior, representa la principal inversión y el
patrimonio más importante de las familias de ingresos medio y bajo; en algunos casos
constituye incluso una fuente importante de ingresos. No obstante, gran parte de la región
muestra fuertes déficits habitacionales entre las familias de menores ingresos, lo que se
expresa tanto en la carencia absoluta de vivienda (déficit cuantitativo) como en la
habitación de viviendas de calidad muy deteriorada o que no ofrece los servicios básicos
(déficit cualitativo).
Este documento forma parte de una serie de trabajos que utilizan un enfoque
distinto a los estudios tradicionales relativos al problema de vivienda y realizan un aporte al
tema al menos en dos direcciones. En primer lugar se basan en la información obtenida de
Encuestas de Presupuestos Familiares que se realiza desde hace algunos años en diversos
países de América Latina. Esta información no ha sido utilizada con anterioridad en ninguno
de los estudios relativos al tema, por lo que entrega antecedentes inéditos y, a pesar de
algunas limitaciones, son útiles en el análisis de la situación en materia de vivienda en los
países de la región. En segundo lugar, utilizan indicadores construidos en base a conceptos
nuevos que muestran facetas del problema habitacional que generalmente han quedado
encubiertas en el análisis tradicional.
Una de las limitaciones que presenta este estudio así como los otros de la serie,
está relacionada con las posibilidades de comparación entre países. Como se señaló, la
información utilizada para el análisis se basa en encuestas de ingresos, lo que implica que
las preguntas no han sido elaboradas específicamente para un estudio relativo a la
problemática de vivienda. Por esta razón no existe uniformidad en cuanto a las información
referida a este tema. Tampoco existe uniformidad en la cobertura; en algunos países la
información es únicamente urbana, en tanto que en otros cubre los sectores urbano y rural.
Finalmente, dado que esta encuesta no se realiza todos los años, hay diferencias en cuanto
a los períodos que se consideran en cada país, si bien en todos los casos la información
corresponde a la presente década.
En adición a lo anterior, existen diferencias relacionadas con las características
propias de cada país que dificultan definir conceptos uniformes que sean válidos para todos
los países. Así por ejemplo, el tipo de materiales utilizados en la construcción de viviendas
varía, dependiendo de las condiciones climáticas y de la abundancia o escasez de
materiales en cada caso. A modo de ilustración, los muros de ladrillo se utilizan en
Colombia en la mayoría de las viviendas, sean estas precarias o no, en tanto que en otros
países sólo se ocupan en construcciones más lujosas. En consecuencia no es posible, por
ejemplo, definir la calidad de las viviendas utilizando los muros de ladrillo como criterio
uniforme para todos los países.

A pesar de estas dificultades, se construyen aquí indicadores que sin ser idénticos,
son al menos comparables, contribuyendo así a una mejor visión de la situación de
vivienda y permitiendo realizar comparaciones entre países en algunas áreas.
7

Algunos conceptos previos
Para determinar hasta qué punto las necesidades de vivienda de la población están
satisfechas, se requiere tomar en cuenta dos factores. En primer lugar se debe estimar en
qué medida la cantidad de viviendas existentes es suficiente como para albergar a la
totalidad de la población de un país. En segundo lugar se requiere que las viviendas
cumplan con ciertos estándares mínimos con el objeto de ofrecer una calidad de vida
adecuada a sus habitantes. A continuación se discute el modo en que se ha recogido la
incidencia de estos dos aspectos sobre la situación de déficit de vivienda.
a) Déficit cuantitativo
La definición tradicional de “déficit cuantitativo” de vivienda se basa en la
comparación entre el número de hogares y el de viviendas permanentes. El monto en el
cual la primera de estas cifras supera la segunda es lo que en la mayoría de los textos se
designa como déficit cuantitativo. Sin dejar de reconocer la importancia de la anterior
definición, este trabajo sostiene que ésta es tan sólo una primera buena aproximación de
esta medida.
Al tomar en cuenta únicamente el número de viviendas se deja de lado
consideraciones tales como los materiales utilizados en la construcción de las viviendas o
el estado de conservación de las mismas. Si bien a simple vista pareciera ser que estas
variables son de carácter más bien cualitativo, tienen un trasfondo que trasciende este
aspecto. Una vivienda cuyo techo es de un material tan precario que no impide la entrada
de lluvias y temporales, no cumple con el objetivo de proteger a sus moradores contra las
inclemencias del tiempo, por lo que esta situación debiera considerarse como parte del
déficit cuantitativo.
Este trabajo utiliza un enfoque un tanto más amplio para la definición del déficit
cuantitativo. Para ello se parte tomando en consideración el tipo de materiales utilizados en
la construcción del techo, los muros y el suelo de las viviendas. Luego, realizando
combinaciones entre materiales sólidos y precarios se clasifican las viviendas, desde las
que utilizan los materiales más sólidos hasta las que utilizan materiales totalmente
precarios. En aquellos países en que no existe información disponible respecto de estos
tres elementos, se utiliza una aproximación basada en los datos existentes. Por ello en
algunos casos se toma en consideración únicamente el techo y los muros, en tanto que en
otras tan sólo los muros.
En base a estas combinaciones, se establecieron tres categorías de vivienda
recurriendo exclusivamente a materiales de construcción. La Categoría I es la más sólida y
de mejor calidad, por estar compuesta de los materiales más resistentes1. Esta Categoría
no presenta ningún tipo de déficit. En el otro extremo está la Categoría III, que incluye las
2
viviendas construidas con los materiales más precarios . En este trabajo se considera
suficiente que alguno de los componentes de la vivienda (techo, muro o piso) sea de
material precario para que la vivienda forme parte de la Categoría III. Además, dado su
carácter perecedero, en la mayoría de los casos, las viviendas que pertenecen a esta
categoría forman parte del déficit cuantitativo, siguiendo la definición más amplia descrita
anteriormente. Entre ambas categorías se encuentra la II que agrupa a aquellas viviendas
compuestas por materiales de construcción sólidos pero de calidad inferior a los de la
1

En general esto corresponde a techos de teja o loza; paredes de ladrillo, adobe revocado, cemento y hormigón; y
con piso de madera pulida, mosaico o radier revestido.
2
En general estas son viviendas con techo de paja, caña, palma, fonolita y materiales de desecho; los muros son de
caña, palma, barro, madera, troncos u otro material sin revestir; y los pisos son de tierra o algún material sin revestir.
En otras palabras hay una combinación de materiales muy precarios o de desecho.

8

Categoría I3 y claramente superiores a los de la Categoría III, o bien una combinación entre
materiales de excelente calidad (como los de la Categoría I) y otros no tan buenos. En esta
categoría existe en general una alta concentración de viviendas que presentan déficits
cualitativos, es decir, de calidad insuficiente.
Para el caso específico del Uruguay, como se explica más adelante, las
definiciones relacionadas con el estado de construcción de las viviendas son únicamente de
carácter cualitativo y de apreciación subjetiva, por lo que la definición amplia de déficit
cuantitativo se basa en estos conceptos.
En síntesis, este estudio considera que el déficit cuantitativo incluye tanto los
hogares que comparten una vivienda, como aquellos que ocupan viviendas de un carácter
muy precario.
b) Déficit cualitativo
Este concepto es en sí mismo de carácter cualitativo y está también muy ligado a
características propias de cada país. Al igual que en gran parte de estudios relativos al
tema, en este trabajo se ha asociado el déficit cualitativo a tres tipos de variables: la
disponibilidad de servicios, la calidad y el estado de la construcción de la vivienda, y el
hacinamiento.
En cuanto a la disponibilidad de servicios, se considera en primer lugar el acceso a
servicios públicos tales como agua, luz y alcantarillado. Si bien hay algunas diferencias
entre los países en la definición de disponibilidad de cada uno de estos servicios, se ha
denominado “ALEX”4 al conjunto de estos servicios y se considera que parte del déficit
cualitativo en cualquier país está formado por aquellas viviendas que no disponen de ALEX
(de acuerdo con la definición específica de cada país) en áreas urbanas5.
En segundo lugar, en los casos en que existe información, se ha agregado la
disponibilidad de servicios, como baño y cocina dentro de la vivienda, como un indicador
de calidad de la vivienda, distinguiendo en lo posible servicios de “uso exclusivo” o
“compartido”. Por lo tanto, en la medida que la información lo permite, también en este
caso se emplea una definición de disponibilidad de servicios más amplia que la tradicional.
La calidad de la construcción, es la variable que resulta más difícil de definir en
forma uniforme para todos los países. En primer lugar, la información es muy asimétrica y
está sujeta a diferencias relacionadas con la disponibilidad de materiales o el estilo de
construcción de cada país. En segundo lugar, para determinar la calidad de una vivienda,
además de establecer el tipo de materiales utilizados en su construcción, también es
necesario poseer información respecto del estado de conservación de los mismos.
Lamentablemente esta información no siempre está disponible. En casi todos los países las
deficiencias en cuanto a calidad se encuentran en las viviendas de Categoría II. Sin
embargo, dada la enorme variedad de viviendas que agrupa esta categoría, no todas
presentan problemas de calidad.
El hacinamiento se refiere a una comparación entre el número de cuartos y el
número de personas que habitan una vivienda. Puede ser estimado considerando tanto el
“número de personas por dormitorio” como el “número de personas por habitación”. En
aquellos casos en que existe información al respecto, se ha utilizado este último concepto,
3

Los techos aquí son de calamina o plancha; las paredes incluyen adobe sin revocar y madera y los pisos son de
cemento recubierto con materiales de baja calidad.
4
La disponibilidad de ALEX que se refiere a Agua, Luz y Descarga de Excretas no es totalmente comparable entre
países. En algunos países “disponer de servicio de excretas” significa tener descarga instantánea, en otros en tanto,
significa disponer únicamente de una caseta sanitaria. Esta es una variable que está muy relacionada con el nivel de
desarrollo general del país.
5
En aquellos casos en que existe información disponible, este concepto se ha ampliado agregando el origen de la
distribución de agua (si proviene de dentro o fuera del hogar) y aclarando si los servicios higiénicos son o no
compartidos.

9

por ser relativamente menos ambiguo. En suma, se consideran hogares hacinados aquellos
en que hay dos o más personas por habitación, excluyendo la cocina y el baño.
En la siguiente sección se realiza una descripción de la información utilizada y de
las características de la vivienda; en la segunda parte se describe la construcción de los
indicadores de calidad, se definen los déficits y se estiman en base a la información
relevante. Las definiciones de déficit cuantitativo y cualitativo, así como su
caracterización, llevan a interrogantes respecto del tipo de familias y jefes de hogar que
habitan estas viviendas. Esta es la razón por la que en la tercera sección se identifican
variables tales como pobreza y tamaño del grupo familiar. Otras variables consideradas
están relacionadas con el jefe del hogar, tales como: género, condición de actividad,
edad, educación, categoría de ocupación, etc. Finalmente, la última parte se establecen
algunas conclusiones y se sugieren recomendaciones de política.

10

I. INFORMACIÓN UTILIZADA Y CARACTERÍSTICAS DE LAS VIVIENDAS
La información utilizada en este estudio está basada en la Encuesta de Hogares del año
1994 disponible en el Banco de Datos de la División de Estadística y Proyecciones
Económicas de la CEPAL. Los datos son del sector urbano únicamente, la mitad
corresponde a Montevideo y el resto a un conjunto de ciudades del interior. El tamaño de la
muestra es de 9.757 y representa algo más de 880,000 hogares correspondientes al total de
hogares urbanos para el año 1994. En dicho año, Uruguay contaba con una población
urbana total de 3.168 miles de habitantes.
La encuesta de hogares recurre a dos variables para caracterizar las viviendas: su
calidad y el estado de conservación. La primera de estas variables clasifica las viviendas
en cuatro tipos: confortable, mediana, modesta y precaria. En tanto que para la segunda las
definiciones son: necesita reparaciones importantes, necesita reparaciones pequeñas y no
necesita reparaciones.
A partir de esas variables este estudio define tres categorías de vivienda. La
primera de ellas representa un 29,8% del total y agrupa a los hogares que habitan viviendas
definidas como confortables, que no necesitan reparación o que necesitan reparaciones
pequeñas, y a viviendas definidas como medianas pero que no necesitan reparación. La
categoría II (49,9%) agrupa a los hogares que habitan viviendas medianas que necesitan
reparaciones pequeñas, o viviendas modestas que no necesitan reparación o necesitan
reparaciones pequeñas. Por último, la categoría III (20,3%) corresponde a hogares que
habitan todas aquellas viviendas definidas como precarias, de las cuales un 99% necesitan
reparaciones importantes, y a las viviendas medianas y modestas que necesitan
reparaciones importantes (cuadro 1).
Claramente las viviendas de Categoría I son las de mejor calidad y mejor estado de
conservación; las viviendas de Categoría II muestran una calidad y/o un estado de
conservación intermedios; en tanto que las viviendas de Categoría III se encuentran en mal
estado de conservación y son las de peor calidad. Sólo 3,5% de los hogares en Uruguay
declaran vivir en viviendas precarias y poco más de un 5% en viviendas confortables, en
tanto que la mayoría (91%) declaran vivir en viviendas calificadas como “medianas” o
“modestas”. De éstas últimas más de la mitad pertenecen a la Categoría II, de acuerdo con
la definición que aquí se utiliza. En otras palabras un 50% de los hogares ocupan viviendas
que pueden considerarse de calidad y estado de conservación intermedio.
Con respecto al tipo de vivienda, el grueso de los hogares (96,5%) habita en casas
o apartamentos, el resto en piezas. Sólo un 10% de los hogares que habitan en piezas
corresponde a viviendas de Categoría I. Llama la atención la alta proporción de hogares
que habitan en piezas y son de Categoría II (cuadro 2).
En cuanto a la tenencia, más de un 60% de los hogares ocupan viviendas que son
propias y están totalmente pagadas, cerca de un 9% viviendas propias que aún se están
pagando; un 20% viviendas arrendadas; y un poco más de 11% son ocupantes, con o sin
permiso del propietario de las viviendas que habitan. Del total de viviendas de Categoría I,
cerca de un 79% son propias o están en proceso de serlo, en tanto que poco más de un
21% son arrendadas u ocupadas. Para las viviendas de Categoría III en cambio, cerca de
un 47% son ocupadas o arrendadas. Esto podría estar indicando un mayor acceso al crédito
para los hogares que habitan viviendas de Categoría I; o bien que no ha existido crédito
para viviendas usadas, o que estas últimas son de una calidad tal que no la califica para ser
garantía de crédito (cuadro 2).

11

Con respecto al tamaño de las viviendas, un 17% de los hogares habitan viviendas que
tienen dos cuartos, y uno o dos dormitorios, en tanto que más de un 56% ocupan viviendas
que cuentan con tres o cuatro cuartos, y uno o dos dormitorios. Pareciera entonces que el
tamaño de las viviendas no es un problema para los sectores urbanos de Uruguay, aunque
una conclusión definitiva en este aspecto debe tomar en consideración el tamaño del grupo
familiar. Dicho aspecto será considerado más adelante, en el contexto del análisis del grado
de hacinamiento. En todo caso, cerca de la mitad de las viviendas que tienen un sólo cuarto
(un 3,4% del total), y un 28% de las que tienen sólo dos cuartos y un dormitorio, pertenecen
a la Categoría III. En contraste, mas de un 49% de las viviendas con cuatro cuartos o más,
y más de un 40% de las viviendas con cuatro cuartos y tres dormitorios, son de Categoría I
(cuadro 3).

CUADRO 1
URUGUAY 1994: CATEGORIZACIÓN DE VIVIENDAS SEGÚN SU
ESTADO DE CONSERVACIÓN
(distribución de hogares como proporción del total)
Necesitan reparación

No Ignorados
necesita
Importante pequeña reparación

Total

Total

Total

100

100

20.3

42.8

36.9

0

Categoría I
Confortable
Mediana

29.8
5.3
24.5

100
100
100

0
0
0

1.2
6.7
0

98.8
93.1
100

0
0.2
0

Categoría II
Mediana
Modesta

49.9
21.3
28.7

100
100
100

0
0
0

85.0
100
73.9

15.0
0
26.1

0
0
0

Categoría III
Mediana
Modesta
Precaria

20.3
3.3
13.5
3.5

100
100
100
100

99.8
100
100
99.1

0.2
0
0
0.9

0
0
0
0

0
0
0
0

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

12

CUADRO 2
URUGUAY 1994 : TIPO, TENENCIA Y CATEGORIZACIÓN DE LAS VIVIENDAS
(porcentajes del total de hogares)
Total

Categoría I

Categoría II

Categoría III

I Tipo de vivienda
Todas las viviendas
Casa o departamento
Pieza
Otro local

100.0
100.0
100.0
100.0

29.8
30.5
9.7
0.0

49.9
50.1
45.2
43.3

20.3
19.4
45.1
56.7

II Tenencia de la vivienda
Todas las viviendas
Vivienda propia
Vivienda propia/ pagando
Arrendada
Ocupada sin pago

100.0
100.0
100.0
100.0
100.0

29.8
33.0
39.5
20.9
19.2

49.9
49.4
49.5
51.1
46.9

20.3
17.6
11.0
28.1
33.9

Total

Categoría I

Categoría II

Categoría III

I Tipo de vivienda
Todas las viviendas
Casa o departamento
Pieza
Otro local

100.0
96.5
3.4
0.2

100.0
98.9
1.1
0.0

100.0
96.8
3.0
0.1

100.0
92.1
7.5
0.4

II Tenencia de la vivienda
Todas las viviendas
Vivienda propia
Vivienda propia/ pagando
Arrendada
Ocupada sin pago

100.0
60.3
8.8
19.9
11.5

100.0
66.9
11.7
14.0
7.4

100.0
59.7
8.7
20.4
10.8

100.0
52.2
4.8
27.6
19.2

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares

13

CUADRO 3
URUGUAY 1994: DISTRIBUCIÓN DE HOGARES SEGÚN CATEGORIZACIÓN
DE VIVIENDAS, NÚMERO DE CUARTOS Y NÚMERO DE DORMITORIOS
EN LA VIVIENDA a/

Total

Categoría I

Categoría II

Categoría III

Cuartos/Dormitorios

100

100

100

100

1cuarto/1dormitorio
2cuartos/1dormitorio
2cuartos/2 dormitorios
3cuartos/1dormitorio
3cuartos/2dormitorios
4cuartos/1 y 2 dormitorios
4cuartos/3dormitorios
4 ó +cuartos/4 ó
+dormitorios
Resto

3.4
13.2
3.8
7.2
32.8
16.2
18.7
3.3

1.2
7.5
1.6
7.6
28.9
21.1
25.3
5.4

2.8
14.6
3.2
7.3
36.2
14.9
17.4
2.4

8.0
18.3
8.3
6.1
30.4
12.2
12.3
2.2

1.5

1.4

1.2

2.1

Total

Categoría I

Categoría II

Categoría III

Cuartos/Dormitorios

100

29.8

49.9

20.3

1cuarto/1dormitorio
2cuartos/1dormitorio
2cuartos/2 dormitorios
3cuartos/1dormitorio
3cuartos/2dormitorios
4cuartos/1 y 2 dormitorios
4cuartos/3dormitorios
4 ó +cuartos/4 ó
+dormitorios
Resto

100
100
100
100
100
100
100
100

10.5
16.9
12.8
31.5
26.2
38.8
40.2
49.4

41.4
55.0
42.8
51.0
55.0
45.9
46.4
36.9

48.1
28.1
44.4
17.4
18.8
15.3
13.3
13.7

100

28.8

41.4

29.8

a/ Se excluyen baño y cocina.
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

14

II. ESTIMACIONES DE DÉFICIT DE VIVIENDA
A continuación se presentan estimaciones del déficit habitacional en Uruguay, tomando en
cuenta tanto sus aspectos cuantitativos como aquellos de carácter cualitativo. Una vez
realizadas estas estimaciones independientes, se ha procedido a calcular el aporte de
cada componente (cualitativo y cuantitativo) al déficit total, evitando las duplicaciones que
se presentan en aquellos casos en que una determinada vivienda exhibe carencias en
ambos sentidos.
1. Estimaciones de déficit cuantitativo
De acuerdo con la definición tradicional de déficit cuantitativo (comparación entre
el número de hogares y el número de viviendas establecidas) éste sería de un 3,6% y
correspondería a aquellos hogares que habitan viviendas que cobijan a dos o más
hogares. Más de un 90% de éste déficit estaría concentrado en hogares que habitan en
viviendas de categorías II y III (cuadro 4).
Sin desmerecer la estimación anterior, este estudio incorpora una definición
adicional. Por la inseguridad que representan en términos de habitabilidad y la poca
posibilidad de restauración, se considerará dentro del déficit cuantitativo a todos aquellos
hogares que habitan viviendas de categoría III y que son al mismo tiempo de carácter
precario. Esto estimación adiciona un 3,5% a la estimación anterior (cuadro 1). De este
modo, tomando ambos indicadores, en Uruguay existiría un déficit cuantitativo de
viviendas de 6,8%6. En suma, empleando el criterio más tradicional, en 1994 existía un
déficit habitacional equivalente a 29,000 viviendas. En cambio, en una noción más amplia
este déficit alcanzaba a 60,000 viviendas en dicho año.

6

Nótese que un 0,3% del total de hogares comparten con dos o mas familias viviendas que requieren reparaciones
importantes. Es decir, hay un 0,3% de hogares que están incluidos en ambas definiciones (Anexo Estadístico, cuadro
1).

15

CUADRO 4
URUGUAY 1994: CATEGORIZACIÓN Y NÚMERO DE HOGARES POR VIVIENDA
(porcentaje del total de hogares)

Total

Viviendas con
1 Hogar 2 ó más hogares

no informa

Total hogares

100

100

100

100

Categoría I
Categoría II
Categoría III
Medianas y Modestas
Precarias

29.8
49.9
20.3
16.8
3.5

30.5
50.1
19.4
16.1
3.3

9.7
44.6
45.7
37.4
8.1

20
60
20
20
0

Viviendas con
1 Hogar 2 ó más hogares

no informa

Total
Total hogares

100

95.9

3.6

0.5

Categoría I
Categoría II
Categoría III
Medianas y Modestas
Precarias

100
100
100
100
100

98.4
96.2
91.7
91.6
91.7

1.2
3.2
8.1
8.0
8.3

0.4
0.6
0.3
0.3
0

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

16

2. Estimaciones del déficit cualitativo
La definición clásica de déficit cualitativo engloba a aquellas viviendas que son de
calidad insatisfactoria en relación a ciertos criterios básicos. Tres variables se toman
habitualmente en cuenta para caracterizar éste déficit: disponibilidad de servicios públicos,
estado material de la construcción y hacinamiento. Las tres variables por sí solas o en
conjunto son determinantes claves de la calidad de vida de las personas y cuando
presentan insuficiencias convierten a las personas que habitan este tipo de viviendas en
demandantes potenciales de viviendas. En este estudio se considera que es condición
suficiente para la existencia de un déficit cualitativo la deficiencia en alguna de éstas
variables. A modo de ejemplo, se supondrá que presenta déficit cualitativo toda vivienda
que no dispone de servicios públicos, aún cuando la construcción esté en óptimas
condiciones y no existan problemas de hacinamiento.
a) Estimación de insuficiencia de servicios
Tal como se explicó en la introducción, se denominará ALEX a un indicador de la
disponibilidad conjunta de servicios públicos (agua, luz y alcantarillado). En este caso se
considera que la vivienda dispone de agua siempre que esta provenga de una red general;
la disponibilidad de luz esta asociada a la conexión eléctrica pública y la de alcantarillado
se define como servicio sanitario con descarga instantánea de agua.
Siguiendo estas definiciones, un 90,2% del total de hogares cuenta con ALEX, en
el entendido que cuentan con los tres servicios básicos (de acuerdo con la definición
anterior) en forma simultánea. Del total de hogares, un 98,6% dispone de agua (si bien
sólo un 93,3% de estos hogares tiene cañería dentro de la vivienda), un 99% cuenta con
luz y un 90,9% cuenta con servicio sanitario con descarga instantánea (aunque sólo para
un 88,5% de éstos, este es de uso exclusivo) (cuadro 5).
Lo anterior implica que del total de hogares un 9,8% no cuentan con ALEX, es
decir, no cuentan simultáneamente con los tres servicios básicos. De éstos un 62%
habitan en viviendas de categoría III, 34% en viviendas de categoría II y 4% en viviendas
de categoría I. Del total de hogares, 1,4% no dispone de agua, 1,0% carece de luz
eléctrica y 9,1% no cuenta con servicio sanitario, o tienen únicamente letrina, sin descarga
instantánea de agua. De todos los servicios públicos la conexión de energía eléctrica es la
menos deficitaria y la instalación de alcantarillado es la que presenta un déficit mayor,
además, un 2,4%7 del total de hogares comparten este servicio (cuadro 5).

7

Y un 4,1% del total de los hogares que habitan viviendas de categoría III.

17

CUADRO 5
URUGUAY 1994: HOGARES CON Y SIN SERVICIOS PÚBLICOS Y CATEGORIZACIÓN DE VIVIENDAS
(porcentajes respecto del total
en cada categoría)
Total SI ALEX NO ALEX

SI AGUA 1/
total

TOTAL
Categoría I
Categoría II
Categoría III
Mediana
Modesta
Precaria

100
100
100
100
100
100
100

90.2
98.7
93.4
70.1
92.5
68.9
53.5

9.8
1.3
6.6
29.9
7.5
31.1
46.5

dentro

98.6
99.6
98.6
97.1
97.8
0.0
94.3

(porcentajes según
disponibilidad de servicios)
Total SI ALEX NO ALEX
100
29.8
49.9
20.3
3.3
13.5
3.5

100.0
32.5
51.7
15.8
3.4
10.3
2.1

100.0
4.0
33.9
62.1
2.6
42.9
16.6

fuera

93.3
98.9
95.3
80.2
82.6

5.3
0.7
3.3
16.9
15.2

68.8

25.5

total

100.0
30.0
49.9
20.0
3.3
13.4
3.3

1/ Agua de red.
2/ Disponibilidad de servicio sanitario en el hogar.
3/ Agua de otro orígen.

dentro
100.0
31.5
51.0
17.5
3.4
11.5
2.6

SI LUZ

privado compartid

90.9
99.0
94.2
70.8
74.2
0.0
54.1

SI AGUA 1/
total

TOTAL
Categoría I
Categoría II
Categoría III
Mediana
Modesta
Precaria

SI EXC /2
88.5
98.0
91.6
66.7
70.1

2.4
1.0
2.6
4.1
4.1

50.1

4.0

SI EXC /2
fuera
100.0
3.7
31.4
64.8
1.6
46.6
16.7

total

3/
99.0
100.0
99.6
96.0
100.0
97.7
86.0

SI LUZ

privado compartid

100.0
32.4
51.8
15.8
3.4
10.3
2.1

100.0
33.0
51.7
15.3
3.4
9.9
2.0

100.0
12.2
53.2
34.5
4.1
24.5
6.0

NO AGUA NO EXC NO LUZ
4/
1.4
0.5
1.4
2.8
2.2
2.2
5.7

1.0
0.0
0.4
4.0
0.0
2.4
14.1

NO AGUA NO EXC NO LUZ
3/

100.0
30.0
50.3
19.7
3.4
13.3
3.0

9.1
1.0
5.8
29.2
6.3
30.6
45.9

100.0
9.6
49.6
40.8
5.2
21.3
14.3

4/
100.0
3.2
31.6
65.2
2.3
45.3
17.6

100
0.9
18.4
80.7
0
31.6
49

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas
de hogares.

Ahora bien, excluyendo los hogares que presentan algún déficit cuantitativo8, para
evitar duplicaciones, un 7,2% de los hogares en Uruguay habitan viviendas que son de
calidad insatisfactoria en el sentido que no cuentan con servicios básicos como agua, luz y
alcantarillado en forma simultánea9. Esta es entonces una estimación del primer
componente del déficit cualitativo10.
b) Estimación de insuficiencia de calidad
Dado que en el presente caso no se cuenta con información relativa a los
materiales utilizados en los techos, pisos o muros, la insuficiencia de calidad se define en
base a las apreciaciones contenidas en la encuesta, posiblemente un tanto subjetivas,
respecto del estado de conservación de la construcción. Se considera aquí como de calidad
insatisfactoria a las viviendas cuyo estado de conservación es tal que requieren
reparaciones importantes (20,3%) y que por definición pertenecen en su totalidad a la
categoría III.
Excluyendo los hogares que presentan algún déficit cuantitativo11, una estimación
del segundo componente del déficit cualitativo arroja un 15,5% (Anexo Estadístico, cuadro
1).
c) Estimación del grado de hacinamiento
El hacinamiento se define en relación a dos variables: el número de habitaciones
(cuartos o dormitorios) y el número de personas que las ocupan. En este estudio se
considera que viven en condiciones de hacinamiento los hogares donde hay más de dos
personas por cuarto o en que más de tres personas comparten un dormitorio. Un 4,6% del
total de hogares viven en estas condiciones. Tomando las categorías individualmente, algo
más que un 13% de los hogares que habitan viviendas de categoría III, poco más de un 3%
de los que habitan viviendas de categoría II y un cerca de un 1% de los que habitan
viviendas de categoría I, viven en condiciones de hacinamiento (cuadro 6).
La tercera medición cualitativa señala que, excluidos los hogares que presentan
algún déficit cuantitativo12, en un 3,3% de los hogares sus ocupantes viven en condiciones
de hacinamiento (nótese que más de la mitad corresponde a hogares que ocupan viviendas
de categoría III)(cuadro 6).

8

Ya sea porque ocupan viviendas precarias que necesitan reparaciones importantes o porque comparten la vivienda
con otros hogares .
9
Esto corresponde a un 0,38% de viviendas de categoría I; un 3,04% de viviendas de categoría II; y a un 3,76% de
viviendas de categoría III. Nótese que se consideran únicamente los hogares que no comparten una vivienda y que
ocupan viviendas de categoría I, II y viviendas medianas y modestas de categoría III (Anexo Estadístico, cuadro I).
10
Lamentablemente para el caso de Uruguay no se cuenta con información respecto de la “disponibilidad de baño y
cocina” dentro de la vivienda, lo que daría una estimación más completa de la disponibilidad de servicios básicos y
por ende de éste déficit cualitativo.
11
Es decir, habitan viviendas precarias (3,5%), o comparten una vivienda (1,35%) (Anexo Estadístico, cuadro 1).
12
Es decir, ocupan viviendas precarias y que necesitan reparaciones importantes (0,86), o que comparten una
vivienda (0,52) (Anexo Estadístico, cuadro 1).

19

CUADRO 6
URUGUAY 1994: DÉFICIT POR HACINAMIENTO
Número de personas por cuarto
Total

menos de 1

de 1 a 2

más de 2

Total hogares

100

100

100.0

100

Categoría I
Categoría II
Categoría III
Medianas y Modestas
Precarias

29.8
49.9
20.3
16.8
3.5

34.7
49.9
15.3
13.0
2.2

21.6
52.0
26.4
22.3
4.1

4.9
37.0
58.9
40.1
18.8

Número de personas por cuarto
Total

menos de 1

de 1 a 2

más de 2

Total hogares

100

68.5

26.9

4.6

Categoría I
Categoría II
Categoría III
Medianas y Modestas
Precarias

100
100
100
100
100

79.9
68.6
51.5
53.1
43.8

19.3
28.0
35.2
35.9
31.5

0.8
3.4
13.3
11.0
24.7

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

20

d) Estimación del déficit cualitativo total
Una proporción muy pequeña de los hogares que habitan viviendas de categoría I
presentan problemas de hacinamiento o no disponen de ALEX. Sin embargo, llama la
atención que más de un 30%, tanto de los hogares que no cuentan con ALEX como de los
que presentan problemas de hacinamiento, habitan en viviendas de categoría II13 (Anexo
Estadístico, cuadro 1).
Excluyendo los hogares que entran en cualquiera de las dos definiciones de déficit
cuantitativo, las anteriores estimaciones del déficit cualitativo señalan que de los hogares
que habitan viviendas que exhiben serios problemas de calidad, un 15,4% lo hacen en
viviendas medianas o modestas que necesitan reparaciones importantes, un 7,2% en
viviendas que no disponen de servicios básicos, y un 3,3% viven en condiciones de
hacinamiento 14.
La acumulación de déficits cualitativos permite calificarlos en términos de “grados”.
En el supuesto que los hogares que habitan viviendas que adolecen de dos o tres déficit
cualitativos enfrentan un problema más serio que las que ocupan viviendas que presentan
sólo uno de estos.
Así, excluyendo los déficits cuantitativos, del total de hogares que habitan
viviendas que carecen de ALEX (7,2%) un 3,1%15 presentan déficit cualitativo únicamente
por esta razón, ya que no tienen problemas en cuanto a la calidad de la construcción ni
presentan hacinamiento. De igual forma, del total de hogares que habitan viviendas que
requieren reparaciones importantes (15,4%), un 10,9%16 sólo presenta éste déficit
cualitativo ya que cuentan con ALEX y no presentan problemas de hacinamiento.
Finalmente del total de hogares que viven en condiciones de hacinamiento (3,3%), un
1,4%17 presenta únicamente este problema puesto que cuentan con ALEX y no requieren
de reparaciones importantes. En consecuencia, un 15,32% del total de hogares presenta
alguno (y sólo uno) de los déficits cualitativos de vivienda que se han considerado en este
estudio (cuadro 7).
En contraposición a lo anterior, un 0,8% de los hogares habitan viviendas que
presentan los tres déficit cualitativos en forma simultánea (no cuentan con ALEX, son
viviendas medianas o modestas que requieren reparaciones importantes, y sus moradores
viven en condiciones de hacinamiento) (cuadro 7).
Entre estos extremos están los hogares que habitan viviendas que presentan dos
déficit cualitativos en forma simultánea (que en total son un 4,1%). Es decir, los que no
disponen de ALEX y además ocupan viviendas medianas y modestas que requieren
reparaciones importantes (3,0%); los que no disponen de ALEX y además viven en
condiciones de hacinamiento (0,4%); y finalmente los que viven en condiciones de
hacinamiento en viviendas medianas y modestas que requieren reparaciones importantes
(0,8%) (cuadro 7).

13

Recuérdese que esta categoría agrupa a los hogares que habitan viviendas medianas que necesitan reparaciones
pequeñas o viviendas modestas que no necesitan reparación o necesitan reparaciones pequeñas.
14
El déficit cualitativo total no sería de 25,9% que correspondería a la suma de los tres déficit. Esto supondría la
ausencia total de sobreposición o solapamiento entre los tres indicadores de déficit. A modo de ejemplo, esto
implicaría que ninguna de las viviendas que carecen de ALEX presenta además problemas de hacinamiento o en la
calidad de su construcción.
15
Esto corresponde a viviendas de categorías I y II (es decir, no necesitan reparaciones importantes); que no
presentan problemas de hacinamiento; y que no cuentan con ALEX (Anexo Estadístico, cuadro 1).
16
Esto es: 11,65 - 0,79 (Anexo Estadístico, cuadro 1).
17
Esto es: 0,16 + 1,23 (Anexo Estadístico, cuadro 1).

21

CUADRO 7
URUGUAY 1994: DISTRIBUCIÓN DE HOGARES SEGÚN DIFERENTES
TIPOS DE DÉFICIT

Déficit de Vivienda

Número de hogares

Porcentaje

Total hogares

882224

100

Sin déficit

639610

72.5

Déficit cualitativos

178468

20.2

solo 1 déficit
1. solo hacinamiento
2. solo no alex
3. solo reparaciones importantes
dos déficit
4. no alex y hacinamiento
5. reparaciones importantes y hacinamiento
6. reparaciones importantes y no alex
tres déficit
7. reparaciones importantes, no alex y
hacinamiento

135198
12333
27096
95769
36224
3128
7009
26087
7046
7046

15.3
1.4
3.1
10.9
4.1
0.4
0.8
3.0
0.8
0.8

59918

6.8

4228

0.5

Déficit cuantitativo total
Ignorado

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

22

Por lo tanto, de acuerdo con la información utilizada en este estudio, un total de
20,2% de los hogares ocupan viviendas que presentan uno o más déficits cualitativos. Un
15,3% habitarían viviendas con un sólo déficit; 4,1% viviendas con dos déficits simultáneos;
y 0,8% viviendas con tres déficit cualitativos (cuadro 7).
También hay cierta proporción de hogares que habitan viviendas que pueden ser
consideradas deficitarias tanto desde el punto de vista cuantitativo (más de un hogar
compartiendo la misma vivienda) como desde el cualitativo A modo de ejemplo, en poco
más de un 1% de los hogares dos o más familias comparten viviendas que no cuentan con
ALEX y otro 1% de los hogares viven en condiciones de hacinamiento en viviendas
precarias que necesitan reparaciones importantes. Como estos hogares ya han sido
considerados al analizar el déficit cuantitativo, se excluyen de esta parte del análisis (Anexo
Estadístico, cuadro 1).

Distribución del total de hogares según situación
deficitaria
20%
7%

73%
Deficit cualitativo

Déficit cuantitativo

Sin déficit

Fuente: Cuadro 7

Distribución de los hogares deficitarios según
déficit cualitativo
4%
20%

54%

7%
15%
Sólo insuficiencia de calidad

Sólo insuficiencia de servicios

Sólo hacinamiento

Dos déficits

Tres déficits

Fuente: Cuadro 7

23

III. CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DE LOS HOGARES
Y DEFICIT DE VIVIENDA
Una vez cuantificados los déficit habitacionales, es importante identificar en qué grupo de
hogares se concentran mayormente, con el objeto de poder focalizar hacia estos sectores
las políticas de vivienda. En lo que sigue, en primer lugar se tratará de encontrar la
asociación existente entre déficit de vivienda y pobreza y, dado que la encuesta de hogares
también contiene cierta información relativa principalmente a los jefes de hogar, se intenta
determinar la posible relación entre esas características socioeconómicas y los déficit
habitacionales.
1. Pobreza y déficits
Los hogares de la muestra se han dividido en tres categorías: no pobres, pobres no
indigentes e indigentes, de acuerdo con la clasificación utilizada por CEPAL18 19.
De acuerdo con las definiciones anteriores un 94,2% de los hogares calificaría de
“No Pobre”, un 4,7% como “Pobres no indigentes” y un 1,1% como “Indigentes” en 1994.
Para el mismo año, según estimaciones de CEPAL (1998), un 34% de los hogares de las
regiones urbanas de América Latina se hallaba en situación de pobreza. La correspondiente
cifra para los hogares en situación de indigencia es de 12%. Comparativamente, entonces,
la incidencia de la pobreza es considerablemente menor en Uruguay que en la región20. En
comparación con el ingreso total promedio del hogar, los “no pobres” perciben un 4% por
encima de la media21, en tanto que los “pobres no indigentes” y los “indigentes” perciben un
64% y un 72%, respectivamente, menos que el ingreso total promedio 22 (cuadro 8).

18

La línea de indigencia se ha definido en base al costo de una canasta de alimentos cuya composición cubre las
necesidades nutricionales mínimas por persona, y considera los hábitos de consumo predominantes, la
disponibilidad efectiva de alimentos y los precios de los mismos para cada país. Para estimar la línea de pobreza, al
valor de esa canasta se adiciona una estimación de los recursos requeridos por los hogares para satisfacer el
conjunto de otras necesidades básicas no alimentarias. Para el caso del Uruguay se consideró únicamente la zona
urbana.
19
“Magnitud de la pobreza en América Latina en los años ochenta”, en Estudios e Informes de la CEPAL 81,
Santiago de Chile 1991.
20
CEPAL, 1998, Panorama Social de América Latina, Edición 1997.
21
Considerando que el grueso de los hogares (94,2%) cae dentro de la categoría de “no pobres” , éstos perciben un
ingreso que es prácticamente equivalente al promedio.
22
Como en total los “indigentes” y “pobres no indigentes” representan el 5,8% de la población, en lo que sigue se
trabajará con ambas categorías en conjunto.

25

CUADRO 8
URUGUAY 1994: DISTRIBUCIÓN DE HOGARES E INGRESO TOTAL DISPONIBLE PROMEDIO DEL HOGAR SEGÚN
CATEGORIZACIÓN DE LA VIVIENDA, POBREZA Y GÉNERO DEL JEFE DEL HOGAR.
Distribución de
hogares
Total
Total

Total
Categoría I
Categoría II
Categoría III

100
100
100
100

Hombres

Indigentes Pobres no
indigentes
1.10
0.20
0.60
3.60

4.7
0.7
3.5
13.4

No
pobres
94.2
99.0
95.8
83.0

Total

Indigentes Pobres no
indigentes

72.9
73.1
72.9
72.8

0.9
0.2
0.5
2.8

Indice relativo del ingreso disponible
promedio del hogar
Total
Total

Categoría I
Categoría II
Categoría III

100,0
147,5
85.6
65.9

3.6
0.5
2.9
10.1

No
pobres
68.5
72.4
69.6
59.9

Total

27.1
26.9
27.1
27.2

Hombres

Indigentes Pobres no
indigentes
18.2
14.1
20.6
17.5

Mujeres

36.3
28.5
34.9
37.8

No
pobres
104.0
148.5
87.8
72.4

Total

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

18.4
14.1
20.6
17.9

Pobres no
indigentes

0.2
0.0
0.1
0.8

1.1
0.3
0.7
3.3

No
pobres
25.7
26.6
26.3
23.1

Mujeres

Indigentes Pobres no
No
indigentes pobres

110,9
165.8
94.0
71.7

Indigentes

37.0
28.3
35.4
38.7

115.8
166.9
96.8
79.6

Total

70.7
97.7
63.0
50.2

Indigentes

17.6
0.0
20.6
16.2

Pobres no
indigentes
34.1
28.9
33.0
35.3

No
pobres
72.7
98.4
64.0
53.5

Uruguay: Distribución de los hogares en relación a
la línea de pobreza, 1994
1% 5%

94%
Indigentes

Pobres no indigentes

No pobres

Fuente: Cuadro 8

Considerando el régimen de ocupación (tenencia) de la vivienda, se aprecian
importantes contrastes entre aquellos hogares en situación de pobreza vis a vis el resto. En
efecto, como se desprende del cuadro 9, una mayor proporción (70,6%) de los hogares no
pobres es propietario de la vivienda, en tanto que la correspondiente cifra entre hogares
pobres es de 43,7%. Consecuentemente, una mayor proporción de hogares pobres arrienda
la vivienda que habita o bien lo hace en situación de usufructuo (cuadro 9).
La proporción de hogares “indigentes y pobres no indigentes” que comparten la
vivienda con otras familias, así como de aquellos que ocupan viviendas precarias que
necesitan reparaciones importantes, es muy superior que la de los hogares “no pobres”23
(cuadro 9). Por lo tanto, además del régimen de tenencia, los dos indicadores de déficit
cuantitativo: hogares que comparten una vivienda y hogares que habitan viviendas
precarias que requieren reparaciones importantes, apuntan a un déficit proporcionalmente
mucho mayor para los hogares “indigentes y pobres no indigentes”.
Algo similar ocurre en relación a los déficit cualitativos. Así, más de un 40% de los
hogares pobres ocupan viviendas medianas y modestas que requieren reparaciones
importantes, un 43% ocupan viviendas que no cuentan con ALEX (siendo la carencia
principal el sistema de eliminación de excretas), y un 36% vive en condiciones de
hacinamiento. Podemos concluir entonces que, en promedio, alrededor de un 40% de los
hogares “indigentes y pobres no indigentes” presentan algún déficit de calidad, proporción
24
que es muy superior a la de los hogares “no pobres” (cuadro 9).

23

No obstante, dada la elevada proporción de hogares “no pobres”, en términos absolutos esta situación se revierte.
Así, 21.500 hogares “no pobres”(y que representan el 2,6% de los hogares “no pobres”) y sólo 9,200 hogares
“indigentes y pobres no indigentes” (y que representan el 18% de los hogares “indigentes y pobres no indigentes”)
ocupan viviendas precarias que necesitan reparaciones importantes.
24

De los hogares no pobres, un 15,3% ocupan viviendas que necesitan reparaciones importantes, un 7,7% no
cuentan con ALEX y un 2,7% viven en condiciones de hacinamiento.

27

CUADRO 9
URUGUAY 1994:CARACTERÍSTICAS DE LOS HOGARES SEGÚN
NIVEL DE POBREZA
Total

Pobres

No pobres

Total

Pobres

No pobres

100

5.8

94.2

100

100

100

Propia

100

3.7

96.3

60.3

38.7

61.6

Propia pagando

100

3.3

96.7

8.8

5.0

9.0

Arrendada

100

9.0

91.0

19.2

29.8

18.5

Usufructuo

100

12.5

87.5

11.3

24.4

10.5

Categoría I

100

1.0

99.0

29.8

4.9

31.3

Categoría II

100

4.1

95.9

49.9

35.6

50.8

Categoría III

100

17.0

83.0

20.3

59.5

17.9

100

14.3

85.7

16.8

41.4

15.3

100

30.1

69.9

3.5

18.1

2.6

1 hogar

100

5.5

94.5

95.9

91.2

96.2

2 ó más hogares

100

14.0

86.0

3.6

8.6

3.3

1 persona por cuarto

100

1.3

98.7

68.5

15.4

71.7

2 o más personas por
cuarto
V. Servicios públicos

100

45.2

54.8

4.6

36.1

2.7

Total hogares
I.Tenencia

II. Categorización

Mediana+Modesta
Precaria
III. Viviendas compartidas

IV. Hacinamiento

Disponen de ALEX

100

3.7

96.3

90.2

57.0

92.3

No disponen de ALEX

100

25.6

74.4

9.8

43.0

7.7

VI. Conexión agua de red
Agua de red dentro

100

4.4

95.6

93.3

70.6

94.7

Agua de red fuera

100

26.9

73.1

5.3

24.6

4.1

Privado

100

3.6

96.4

88.5

55.2

90.5

Compartido

100

6.6

93.4

2.4

2.7

2.4

Letrina compartida

100

25.6

74.4

7.8

34.4

6.2

Letrina compartida

100

30.8

69.2

1.0

5.5

0.8

No dispone de letrina

100

45.8

54.2

0.3

2.1

0.2

Evacuación en red

100

3.0

97.0

60.7

31.2

62.5

Evacuación en fosa o pozo

100

9.9

90.1

39.0

66.7

37.3

100

5.5

94.5

99.0

93.6

99.3

VII. Servicio sanitario

VIII. Sin servicio sanitario

IX. Sistema de evacuación

X. Energía eléctrica
Conexión con red

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

28

Distribución de hogares según tipo de déficit e
incidencia de pobreza
75
80
70
60
50
40
30

53,3

21,6

19

20
10
0

24,9
5,5

Sin déficit

Déficit cualitativo

Pobres

Déficit cuantitativo

No pobres

Fuente: Cuadro 10

Proporcionalmente entonces, tanto el déficit cuantitativo como el cualitativo son
mucho mayores para los hogares “indigentes y pobres no indigentes” 25. Tomando como
base el total de hogares que exhibe déficit cuantitativo, un 21% corresponde a hogares
pobres. Del total de hogares que ocupan viviendas con algún tipo de déficit cualitativo,
un 14,5% son pobres, en contraste, del total de hogares sin déficit, sólo un 2% son
pobres (cuadro 10).
Lo anterior señala la importancia de una política de vivienda que otorgue
especial apoyo a los grupos de menores ingresos. Sobre todo si tomamos en
consideración que el ingreso per cápita que perciben los hogares que tienen déficits
cuantitativos es un 45% inferior al promedio, y el de los que habitan viviendas que
muestran algún déficit cualitativo más de un 30% inferior al promedio (cuadro 10). En
consecuencia, será más difícil para estos hogares superar esta situación de carencia
sobre la base de sus propios medios. Las políticas de apoyo serán claves en lograrlo.
2. Características del jefe del hogar y déficits
La encuesta de hogares contienen cierta información relativa al género,
estructura de edad, educación, condición de actividad y categoría ocupacional de los
jefes de hogar. Algunas de éstas variables no muestran ninguna asociación con el déficit
habitacional, en tanto que otras muestran algunas relaciones que permiten establecer
una mejor visión del problema.

25

En términos absolutos sin embargo, la situación se revierte y el número de hogares “no pobres” que presenta
algún déficit de vivienda es muy superior. Así por ejemplo, 27.000 hogares “no pobres” comparten su vivienda con
otros y 21.550 ocupan viviendas precarias que requieren reparaciones importantes. Estas cifras caen a 4,400 y
9,200 respectivamente para los hogares “indigentes y pobres no indigentes”. Algo parecido sucede con los déficit
cualitativos. Al considerar el total de hogares que habitan viviendas medianas y modestas de la categoría III, llama la
atención que más de un 85% sean “no pobres”. Estadísticamente esto se explica por la elevada proporción de
hogares “no pobres” en el total de la población, lo que se traducen en que de las cerca de 148.300 viviendas
medianas y modestas que requieren reparaciones importantes, 127.000 están siendo ocupadas por hogares
calificados como “no pobres”. Por otro lado, de los 86,240 hogares que no cuentan con ALEX, 64.500 son “no
pobres” y de los 40.700 hogares que viven en condiciones de hacinamiento, más de 22.000 son “no pobres”.

29

CUADRO 10
Uruguay 1994 : Déficits de Vivienda y pobreza

Pobreza
Total hogares

Ingreso Tamaño del

pobres no pobres relativo 1/

hogar

Total hogares

100

5.8

94.2

100

3.22

Sin déficit
Déficit cualitativos
Déficit cuantitativos
Ignorado

100
100
100
100

2.0
14.5
21.0
2.2

98.0
85.5
79.0
97.8

113
69
55
95

3.05
3.81
3.31
3.11

Total hogares

Pobreza
Ingreso Tamaño del
pobres no pobres relativo 1/
hogar

Total hogares

100

100

100

100

100

Sin déficit
Déficit cualitativos
Déficit cuantitativos

72.5
20.2
6.8

21.6
53.3
24.9

75.0
19.0
5.5

113
69
55

3.05
3.81
3.31

1/ Es el ingreso total disponible per capita del hogar.
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

30

a) Género
En un 73% de los hogares el jefe de hogar es hombre, y los jefes de hogar de sexo
femenino son mayores en promedio que los de sexo masculino. Así un 70% de los jefes
mujeres tienen más de 55 años, en comparación a un 42% de los jefes hombres. Respecto
de la instrucción formal, las diferencias en cuanto a género no son demasiado relevantes.
En comparación con los hombres, es algo mayor la proporción de jefes mujeres que han
seguido estudios superiores, pero mucho menor la proporción de las que han concluido la
enseñanza media (Anexo estadístico, cuadro 2).
Con respecto a los ingresos, los ingresos totales del jefe del hogar están un 11%
por encima de la media cuando el jefe es de sexo masculino, y un 30% por debajo de la
media cuando el jefe del hogar es mujer (cuadro 8). Esto guarda estrecha relación con la
categoría ocupacional por género. Por un lado, es mayor la proporción de jefes de hogar de
sexo masculino que están ocupados, y por otro es más elevada la proporción de inactivos
entre los hogares con jefes mujeres (Anexo estadístico, cuadro 3).
No se observan asociaciones significativas entre el género del jefe del hogar y la
presencia o no de déficits de vivienda (cuadro 11). Tampoco se observan diferencias
importantes en relación con la categoría de la vivienda entre hogares con jefes de uno u
otro sexo (cuadro 8).
b) Estructura de edad
Uruguay exhibe una población relativamente envejecida. Cerca de un 50% de los
jefes de hogar tiene 55 o más años de edad, por lo que no es de extrañar que cerca de un
tercio de los hogares tengan jefes pensionados o jubilados (Anexo Estadístico, cuadro 3).
Del restante 51%, un 18,5% tiene entre 45 y 54 años y un 32% hasta 44 años (cuadro 11).
La estructura de edades de los jefes de hogar, asociada a la distribución del ingreso
total del trabajo del jefe de acuerdo con su edad, reproduce la teoría del ciclo de vida. Los
jefes de hogar con edades entre 35 y 54 años, que es la edad más productiva, tienen el
ingreso total del trabajo más alto: entre un 20% y 27% por encima de la media. Los jefes
con edades entre 25 y 34 años o entre 55 y 64 años, tienen un ingreso total del trabajo que
es entre un 1% y un 4% superior a la media. En tanto que los jefes de hasta 24 años y
mayores de 65 años, etapas de la vida en que se desahorra, tienen un ingreso total entre un
27% y 29% por debajo de la media (Anexo Estadístico, cuadro 4).

31

CUADRO 11
URUGUAY 1994 : DÉFICITS DE VIVIENDA Y CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DEL JEFE DEL HOGAR
Género

Edad

Total Hombres Mujeres

Educación

 24

25-54

55

3

4-9

10-12

Condición de actividad
13 ó + ocupados Desocupados

inactivos

Total hogares

100

72.9

27.1

1.9

48.7

49.5

18.3

53.3

18.3

10.1

62.6

2.2

35.2

Sin déficit
Déficit
cualitativos
Déficit
cuantitativos
ignorado

100
100

72.8
74.5

27.2
25.5

1.5
2.1

47.0
54.5

51.5
43.4

15.7
25.3

50.2
59.4

21.4
11.4

12.7
3.9

61.8
65.7

1.8
2.7

36.5
31.6

100

70.9

29.1

4.8

48.8

46.4

24.9

67.5

6.2

1.4

62.6

5.0

32.4

100

66.1

33.9

0.0

52.6

47.4

25.1

53.9

14.9

6.1

61.2

0.0

38.8

Género

Edad

Total Hombres Mujeres

Educación

 24

25-54

55

3

4-9

10-12

Condición de actividad
13 ó + ocupados Desocupados
100
100
100

inactivos

Total hogares

100

100

100

100

100

100

100

100

100

Sin déficit
Déficit
cualitativos
Déficit
cuantitativos
ignorado

72.5
20.2

72.3
20.7

73.0
19.1

59.9
22.7

70.0
22.7

75.4
17.7

62.1
28.0

68.3
22.6

84.7
12.6

91.1
7.7

71.5
21.2

59.2
25.2

75.1
18.1

6.8

6.6

7.3

17.4

6.8

6.4

9.3

8.6

2.3

0.9

6.8

15.6

6.3

0.5

0.4

0.6

0.0

0.5

0.5

0.7

0.5

0.4

0.3

0.5

0.0

0.5

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

100

Edad e índice relativo del ingreso del trabajo
del jefe de hogar

Ingreso

130
110
90
70
50
14-24

25-34

35-44

45-54

55-64

65-99

Edad
Fuente: Anexo Estadístico, cuadro 4.
Acompaña al descrito perfil de ingresos un comportamiento concomitante de la
propiedad de la vivienda. En efecto, a partir de las edades más productivas se aprecia un
paulatino incremento en la propiedad de la vivienda. Así más de un 70% de los hogares
cuyo jefe tiene 55 o más años (y más de un 80% de los hogares cuyo jefe es pensionado o
jubilado) viven en viviendas propias ya pagadas, en tanto que un 74% de los hogares con
jefes de hasta 24 años, y un 58,7% de aquellos que tienen entre 25 y 34 años habitan en
viviendas arrendadas u ocupadas con permiso de sus propietarios, probablemente como
allegados. De otro lado, del total de viviendas que son propias pero aún se están pagando,
más de un 50% está concentrado en hogares con jefes cuyas edades fluctúan entre los 35 y
54 años26 (Anexo Estadístico, cuadro 5).
Lo anterior también señala una mayor concentración del déficit cuantitativo entre
aquellos hogares en que el jefe tiene menos de 45 años. En efecto, las cifras indican que
del total de hogares que tienen un déficit cuantitativo de vivienda, cerca de la mitad tienen
jefes de hogar cuyas edades fluctúan entre los 25 y 54 años, situación que se presenta más
acentuada entre los hogares que exhiben déficit cualitativo27 (cuadro 11). En otras palabras,
aproximadamente la mitad de los hogares que tienen algún problema de déficit tienen jefes
que se encuentran en la etapa más productiva de su vida.
c) Educación del jefe de hogar
Un 18% del total de hogares tienen jefes de hogar que han recibido tres o menos
años de instrucción formal, mas de un 50% han recibido entre 4 y 9 años, un 18% entre 10
y 12 años, y un 10% más de 13 años.
Los jefes de hogares que presentan ya sea un déficit cualitativo o cuantitativo
exhiben en promedio un menor nivel educacional en comparación a los hogares sin déficit.
Así, como se aprecia en el cuadro 11, alrededor de un 25% de los hogares deficitarios está
encabezado por un jefe con menos de 3 años de educación, en contraste con un 15,7% de
26

Las etapas de vida más productivas y con mayores ingresos, y por ende con mayores posibilidades de acceder a
algún tipo de crédito hipotecario.
27
Además, alrededor de un 10% de los hogares con jefes de hasta 44 años, son indigentes o pobres no indigentes.
Esta proporción disminuye a poco más de un 4% para los hogares con jefes entre 45 y 64 años y a un 2% para los
hogares con jefes mayores de 65 años.

33

los hogares no deficitarios. A su vez, entre un 1.4% y 3.9% de los hogares encabezados por
jefes con más de 13 años de educación son deficitarios, en comparación con un 12,7% no
deficitarios. En suma, los hogares en situación de déficit no sólo presentan un menor stock
de capital físico, sino que también una menor acumulación de capital humano.
d) Condición de actividad y categoría ocupacional
Un 37,4% de los jefes de hogar son inactivos o desocupados y el resto son
ocupados. Las proporciones más altas de déficit cualitativo (25,2%) y cuantitativo (15,6%)
corresponden a hogares cuyo jefe esta desocupado (cuadro 11).
Sin embargo, la interpretación acerca de la influencia de la variable relativa a la
condición de actividad requiere cierta cautela, en particular porque en sólo el 2,2% de los
casos, el jefe de hogar aparece como desocupado28. Dentro de dicha limitación, es posible
apreciar una mayor incidencia del déficit habitacional entre estos hogares (encabezados por
un jefe desocupado) en comparación con aquellos en que el jefe está ocupado o es
inactivo. En el caso de los jefes ocupados, la menor incidencia del déficit se relacionaría
con el hecho de estar efectivamente percibiendo un ingreso que le permite hacer frente a
gastos habitacionales, lo que no ocurre con aquellos desocupados. A su vez, en el caso de
los jefes inactivos, la menor incidencia del déficit se asociaría, de acuerdo a su estructura
de edades29, al hecho de ser jubilados o pensionados o jubilados que atravesaron
previamente la fase de acumulación de activos, la vivienda entre ellos. El que cerca de la
mitad de los jefes de hogar inactivos y que no tienen déficit habitacional son mujeres se
explicaría por la elevada proporción de mujeres inactivas dentro de los hogares con jefes
mujeres (63,5%), muy superior a la de los hombres (Anexo estadístico, cuadro 2).
Del total de hogares con jefes ocupados, un 67,7% son empleados u obreros,
24,4% trabajadores por cuenta propia y 7,9% patrones. Solo un 8,7% de los hogares con
jefes que son patrones tienen problemas de déficit ya sea cuantitativo o cualitativo. En
cambio entre los hogares con jefes que son empleados u obreros, o trabajadores por cuenta
propia, un 21% o más ocupan viviendas que presentan algún déficit cualitativo y un 7,1% o
más, tienen algún déficit cuantitativo. Es decir, los déficits habitacionales están fuertemente
concentrados en hogares con jefes empleados, obreros o trabajadores por cuenta propia
(cuadro 12).

28

Según CEPAL 1998, la tasa de desempleo abierta urbana en Uruguay alcanzaba a un 9,2%, siendo mayor la
incidencia entre mujeres y entre los más jóvenes. CEPAL, 1998, Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe.
Edición 1997.
29
Un 80% de los hogares en que el jefe es mayor de 65 años ocupan viviendas que son propias (Anexo Estadístico,
cuadro 5).

34

CUADRO 12
URUGUAY 1994: DÉFICIT DE VIVIENDA, GÉNERO Y
CATEGORÍA OCUPACIONAL DE LOS JEFES DE HOGAR OCUPADOS
Género
Total Hombres
Total
Jefes
ocupados
Sin déficit
Déficit
cualitativos
Déficit
cuantitativos
ignorado

Categoría ocupacional

Mujeres Obr/emp 1/ Patrones

100

84.4

15.6

67.7

7.9

23.8

0.6

100
100

84.5
85.4

15.5
14.6

65.8
72.9

10.0
2.9

23.5
23.8

0.7
0.3

100

80.5

19.5

71.3

1.0

27.7

0.0

100

80.5

19.5

77.9

3.5

18.6

0.0

Género
Total Hombres
Total
Jefes
ocupados
Sin déficit
Déficit
cualitativos
Déficit
cuantitativos
ignorado

TCP 2/ TFNR 3/

Categoría ocupacional

Mujeres Obr/emp 1/ Patrones

TCP 2/ TFNR 3/

100

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

71.5
21.2

71.6
21.5

71.0
19.9

69.5
22.9

91.0
7.9

70.5
21.2

88.6
11.4

6.8

6.5

8.5

7.1

0.8

7.9

0.0

0.5

0.4

0.6

0.5

0.2

0.4

0.0

1/ Obreros y empleados
2/ Trabajadores por cuenta propia
3/ Trabajo familiar no remunerado
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

35

e) Resumen
De acuerdo con la información disponible, el género del jefe del hogar no exhibiría
una relación significativa con los déficit habitacionales. En contraste, otras variables
presentan una asociación mas sistemática con la situación de vivienda. Así, es interesante
observar que la incidencia del déficit habitacional, tanto cuantitativo como cualitativo, es
mayor en tanto más jóvenes son los jefes de hogar y en tanto menor el nivel educacional
logrado por éste.
Las dos variables mencionadas, edad y educación, exhiben por lo general una alta
correlación con las medidas de ingreso. En otras palabras, tras la mayor incidencia de
déficits de vivienda entre los hogares encabezados por jefes de menor edad y calificación,
se encuentra el ingreso, factor decisivo en la capacidad de ahorro y, frecuentemente, como
determinante del acceso al crédito.
La condición de actividad del jefe de hogar también exhibe una influencia
relevante. Así, en comparación con aquellos hogares cuyo jefe esta ocupado, aquellos
encabezados por un jefe desocupado exhiben mayor incidencia de los mencionados déficit.
Esta asociación resulta interesante por cuanto las variables empleadas para determinar las
situaciones de déficit, tanto cualitativo como cuantitativo, no son afectadas grandemente
por fluctuaciones de corto plazo del nivel de actividad. En contraste, la ocupación
efectivamente suele responder a dichas fluctuaciones, así como también a tendencias de
largo plazo. En consecuencia, esta asociación entre desocupación y mayor incidencia de
los déficit de vivienda sugiere que estos hogares deficitarios estarían encabezados por jefes
crónicamente desempleados. La situación de desempleo no sería un fenómeno transitorio30,
si no que sería más bien uno de carácter prolongado, que limita su capacidad de largo
plazo para ahorrar (y acceder al crédito) con el fin de superar sus carencias habitacionales
entre otros.
Además, de acuerdo al tipo de ocupación, se advierte una mayor incidencia de los
déficits entre hogares cuyos jefes son obreros y trabajadores por cuenta propia. En relación
con este punto, es interesante observar el comportamiento de los ingresos en relación al
promedio para las distintas categorías ocupacionales. Así, entre los hogares que presentan
déficit cuantitativo, los jefes que son empleados u obreros perciben un ingreso por su
trabajo equivalente al 56% del promedio de ingresos de los jefes de hogar que están
ocupados y los trabajadores por cuenta propia sólo un 42% de este promedio. En los
hogares que ocupan viviendas con algún déficit cualitativo, estas proporciones son de 65%
y 46% respectivamente. En contraste, los jefes de hogar que son patrones, perciben
ingresos por su trabajo considerablemente superiores al promedio, y aquellos que
pertenecen a hogares que no tienen problemas deficitarios, tienen ingresos que exceden el
promedio en más de 100% (cuadro 13).
Lo anterior estaría indicando una fuerte concentración de los déficit en aquellas
categorías ocupacionales que perciben ingresos inferiores al promedio. Esto estaría
sugiriendo la necesidad de evaluar la política habitacional, en particular en lo concerniente
a subsidios estatales para las familias de ingresos más bajos.

30

La tasa de desempleo abierto urbano se mantuvo alrededor del 9% entre 1990 y 1994 en Uruguay, por lo que este
no sería un fenómeno transitorio. Posteriormente, en 1995 y 1996, el desempleo se expandió al 10%. CEPAL, 1998,
Anuario Estadístico.

36

CUADRO 13
URUGUAY 1994: DÉFICIT DE VIVIENDA, POBREZA, Y DISTRIBUCIÓN DE
INGRESO PARA JEFES DE HOGAR OCUPADOS

Pobreza entre jefes de
hogar ocupados
Pobreza
Total

Jefes
Pobres

Pobreza

Jefes
No
pobres

Total

Jefes
Pobres

Jefes
No
pobres

Total Jefes
ocupados

100

6.6

93.4

100

100.0

100.0

Sin déficit
Déficit cualitativos
Déficit cuantitativos
ignorado

100
100
100
100

2.0
16.5
24.2
3.5

98.0
83.5
75.8
96.5

71.5
21.2
6.8
0.5

21.6
53.3
24.9
0.3

75.0
19.0
5.5
0.5

Indice relativo del ingreso del trabajo de los
jefes de hogar ocupados y pobreza
Pobreza
Total

Jefes
Pobres

Jefes
No
pobres

Pobreza
Total

Jefes
Pobres

Jefes
No
pobres

Total Jefes
ocupados

100

32

105

95

202

81

Sin déficit
Déficit cualitativos
Déficit cuantitativos
ignorado

116
62
53
96

36
32
30
39

117
68
60
98

109
65
56
91

209
136
117
141

96
46
42
109

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

37

IV. CONSIDERACIONES FINALES
Según lo examinado en la sección precedente, un 6,8% del total de hogares tiene un déficit
cuantitativo de vivienda, en el sentido que o bien no cuentan con una vivienda propia o esta
es de una calidad tan precaria y requiere de reparaciones tan importantes que la hacen
inhabitable. Empleando este criterio, se habrían necesitado construir 60,000 viviendas para
superar el déficit habitacional existente en 1994. Proporcionalmente este déficit afecta en
mayor medida a hogares “indigentes” y “pobres no indigentes”. Más de la mitad de estos
hogares arriendan u ocupan viviendas; un 11,7% habitan en viviendas precarias que
requieren reparaciones importantes (comparado con un 6,8% de los hogares “no pobres”) y
un 8,6% comparten su vivienda con otros hogares (comparado con un 3,3% de los hogares
“no pobres”).
Sin embargo, como los hogares “indigentes” y “pobres no indigentes” representan
únicamente el 1,1% y 4,7% respectivamente del total, en términos absolutos su
importancia numérica es menor. En efecto en 1994, 4.400 de estos hogares compartían su
vivienda con otros, al tiempo que 9.200 de ellos habitaban viviendas precarias que
requerían reparaciones importante, lo que arroja un total de 13.600 viviendas. En el caso de
los hogares no pobres, 27.000 de ellos compartían su vivienda y 21.500 habitaban
viviendas que requerían reparaciones importantes, lo que arroja un total de 48.550.31
En Uruguay se ha venido implementando una política habitacional basada en la
entrega de subsidios y requisitos de ahorro previo32. De acuerdo con este esquema, entre
1993 y 1994 se han emitido 7.000 certificados para la solución habitacional denominada
“Núcleo Básico Evolutivo” orientados a aquellos grupos familiares de bajo ingreso. De
continuar esta tendencia, y suponiendo un déficit cuantitativo (promedio) de 5%, y una tasa
de crecimiento de la población algo superior al 0,7%33, el déficit cuantitativo de 1994
tendería a desaparecer en un lapso de siete a diez años, aproximadamente. Por lo tanto, la
magnitud del déficit cuantitativo pareciera no constituir un problema serio si estuviera
concentrado únicamente en hogares que se encuentran bajo la línea de pobreza. Sin
embargo, es importante tomar en cuenta que un 15,6% de los hogares cuyo jefe esta
desocupado sufre de déficit cuantitativo, lo que implica un subsidio cercano al 100% para
este grupo poblacional34. Además, tomando en consideración la gran cantidad de hogares
“no pobres” que se encuentran en situación deficitaria, la política de subsidios tendría que
contemplar la posibilidad de ampliar hacia ellos las soluciones habitacionales adaptándolas
con el objeto de no excluir a este sector de la población.
31

Algo similar ocurre con el déficit cualitativo. Así por ejemplo, del total de hogares que habitan viviendas medianas
y modestas de la categoría III, más de un 85% son “no pobres”, lo que representa 127.000 hogares. Además,
64,500 hogares “no pobres” no cuentan con ALEX, y 22,000 viven en condiciones de hacinamiento.
32
En Uruguay se empezó a aplicar una política de subsidios focalizada en las familias más pobres a partir del
segundo semestre de 1993. Para acceder al subsidio las familias deben cumplir con dos condiciones: estar
inscritas en el Registro Nacional de Postulantes y contar con un mínimo de ahorro previo establecido de acuerdo al
nivel de subsidio que aspira y antes de cierta fecha previamente fijada. El Registro contiene información sobre: la
composición del grupo familiar, el ingreso mensual del hogar y el perfil socioeconómico de las familias. La selección
de las familias beneficiarias se efectúa en función de un puntaje, cuya determinación toma en cuenta, por una
parte, el esfuerzo y la antigüedad del ahorro y, por otra, el tamaño del grupo familiar.
El nivel de ingresos mensuales determina el tipo de solución habitacional al cual el núcleo familiar puede acceder
así como el monto del subsidio, basándose en un esquema altamente progresivo. Los grupos con baja o escasa
capacidad de pago (ingresos inferiores a US$ 480) son subsidiados casi en un 100%, el resto es cubierto por un
ahorro previo. En la medida que se asciende en la escala de ingresos aumentan los requisitos de ahorro previo a la
vez que va decreciendo el monto del subsidio, llegando a un 21% para el último tramo de ingreso sujeto a subsidio
(entre US$ 865 y US$ 960). Por encima de este nivel de ingresos se identifica a las familias como sujetos de crédito
por su capacidad de ahorro y de pago y que por lo tanto deben concurrir a los esquemas inmobiliarios y financieros
de mercado.
33
CEPAL, 1998, Anuario Estadístico.
34
Suponiendo, como se dijo anteriormente, que se encuentran “crónicamente” desocupados.

39

Ahora bien, debe tenerse presente que, de acuerdo a las cifras del cuadro 10, un
21% de aquellos hogares que enfrentan un déficit cuantitativo es pobre y su jefe percibe en
promedio un 45% menos que el promedio total. Igualmente, la incidencia del desempleo es
mayor entre éstos. Ambas condiciones pueden dificultar la acumulación del ahorro previo,
especialmente entre los pobres, reduciendo la efectividad potencial de programas basados
en la acumulación previa de recursos. En razón de ello, debieran ajustarse las tasas de
subsidio así como los requisitos de elegibilidad menos estrictos, en el caso de hogares
pobres e indigentes.
En cuanto a los déficit cualitativos, de acuerdo con la información disponible y las
definiciones utilizadas en este estudio, un total de 20,2% de los hogares ocupan viviendas
que presentan uno o más déficits cualitativos. De éstos un 15,3% presentan sólo uno de los
déficit aquí definidos, 4,1% presentan dos déficits cualitativos en forma simultánea, y 0,8%
presentan al mismo tiempo tres déficits. En principio las viviendas que presentan un sólo
problema relacionado con su calidad no requerirían de tantos recursos como aquellas que
presentan en forma simultánea dos o mas problemas. De acuerdo con las estimaciones de
este estudio, cerca de 135.000 hogares habitaban viviendas que requerían al menos de
algún mejoramiento, un poco más de 36.000 en viviendas que necesitaban de dos arreglos
simultáneos y 7.000 en viviendas que precisaban en forma simultánea reparaciones
importantes, instalación de alguno o todos los servicios básicos y ampliaciones.
Sintetizando estas cifras mediante un índice de incidencia35, un 5,8% del total de
hogares (población pobre) concentra un 21% del déficit cualitativo, lo que arroja un índice
de 362%. A su vez, los hogares no pobres, 94,2% del total, tienen un 79% del déficit , con
lo cual la incidencia es de 83,8%. Es decir, la incidencia de este tipo de déficit es más de
cuatro veces mayor entre los hogares pobres. Además, los hogares pobres concentran un
14,5% del déficit cuantitativo, con un índice de incidencia de 250%, que es casi tres veces
superior al de los hogares no pobres, que tienen un 85,5% del déficit cuantitativo y un
índice de incidencia de 90,8%.
De otro lado, la incidencia del déficit cuantitativo es mucho mayor para los hogares
con jefes desocupados o inactivos. Así, un 2,2% del total de hogares tiene un jefe de hogar
que esta desocupado y concentra un 5% del déficit cuantitativo, mostrando un índice de
incidencia de 250%, más de dos veces superior al respectivo índice para los hogares con
jefes de hogar inactivos (92%) y para los hogares con jefes de hogar que están ocupados
(100%). En tanto que la incidencia de los déficit cualitativos es algo superior para los
hogares con jefes desocupados. Así, para los déficit cualitativos los respectivos índices de
incidencia son de 122% para los hogares con jefes de hogar desocupados, 89,8% para los
jefes de hogar inactivos y 104% para los jefes de hogar ocupados.
Para los aproximadamente 80.000 hogares que ocupan viviendas que no cuentan
con la totalidad de servicios públicos surge la necesidad de que el Estado se encargue de la
ampliación de redes de agua potable, alcantarillado y tendido eléctrico, ya sea directamente
o a través de licitaciones públicas. En este sentido es importante tomar en consideración
que muchas viviendas que se encuentra en buen estado de conservación, tampoco cuentan
con servicios básicos. Así una alta proporción de los hogares que no cuentan con ALEX
habitan en viviendas definidas como medianas que necesitan reparaciones pequeñas o
viviendas modestas que no necesitan reparación o necesitan reparaciones pequeñas.
Dada la magnitud de los déficit cualitativos debidos al estado de la construcción y
al hacinamiento, el diseño de una política que intente solucionar el problema habitacional,
tendría que considerar la necesidad de apoyar no sólo a aquellos hogares que no cuentan
con una vivienda establecida, si no también a aquellas familias que, teniendo una vivienda
propia, esta no reúne condiciones mínimas para alcanzar una calidad de vida adecuada.
Para los hogares que se encuentran debajo la línea de pobreza, una de las alternativas
35

El índice de incidencia corresponde a la razón entre el porcentaje del déficit que recae sobre cierto grupo y la
participación de ese grupo en la población total.

40

sería la revisión del actual esquema de subsidios ajustando los criterios en función de la
ayuda para el mejoramiento de viviendas deterioradas. A su vez, dado que al menos
127,000 hogares que presentan un déficit cualitativo son “no pobres”, los requisitos de
ahorro previo deberían además revisar el vínculo con sistemas de acceso a algún tipo de
financiamiento.
El déficit por hacinamiento sugiere además otro tipo de consideraciones. Una alta
proporción (30%) de los hogares que sufre problemas de hacinamiento, habitan en
viviendas definidas como medianas que necesitan reparaciones pequeñas o viviendas
modestas que no necesitan reparación o necesitan reparaciones pequeñas. En la medida
que los hogares hacinados habitan en casas, los esquemas basados en ahorro previo,
subsidios y crédito hipotecario para ampliación, no revestirían mayores complicaciones.
Estos subsidios pueden ser tanto en dinero como en especie. Sin embargo, la solución del
problema es bastante más compleja cuando las viviendas se encuentran ubicadas en
departamentos, por cuanto las posibilidades de ampliación son escasas. En la medida que
exista adecuada movilidad habitacional, el problema tendería a desaparecer puesto que las
viviendas más pequeñas serían ocupadas por familias recién formadas o de menor tamaño,
de forma tal que las familias más numerosas puedan trasladarse a viviendas más amplias.
Por tanto resulta importante analizar factores que afectan la movilidad del mercado
inmobiliario, con el fin de reforzarla en aquellos casos en que exista rigidez.

41

BIBLIOGRAFÍA

CEPAL, 1991. “Magnitud de la pobreza en América Latina en los años ochenta”. Estudios e
Informes de la CEPAL 81. Santiago de Chile.
CEPAL, 1997. Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe. Edición 1997. Santiago
de Chile.
CEPAL, 1998. Panorama Social de América Latina. Edición 1997. Santiago de Chile.
CEPAL, 1996. La producción de la vivienda en América Latina y el Caribe. Santiago de
Chile.
Gonzáles Gerardo, 1997. “Acceso a la vivienda y subsidios directos a la demanda:
experiencias latinoamericanas”. Serie Financiamiento del Desarrollo No. 63, CEPAL,
Santiago de Chile.

43

ANEXO
ESTADÍSTICO

45

CUADRO 1
URUGUAY 1994: CATEGORIZACIÓN DE VIVIENDAS, NÚMERO DE HOGARES POR VIVIENDA,
DISPONIBILIDAD DE SERVICIOS Y NÚMERO DE PERSONAS POR CUARTO
(DISTRIBUCIÓN RESPECTO AL TOTAL DE HOGARES)

Total Hogares
1 hogar
2 ó más hogares
no informa
Categoría I
1 hogar
2 ó más hogares
no informa
Categoría II
1 hogar
2 ó más hogares
no informa
Categoría III
1 hogar
2 ó más hogares
no informa
- Medianas y modestas
1 hogar
2 ó más hogares
no informa
- Precarias
1 hogar
2 ó más hogares
no informa

Total
100
95.93
3.54
0.53
29.75
29.27
0.35
0.13
49.94
48.05
1.60
0.29
20.30
18.61
1.58
0.11
16.81
15.41
1.35
0.06
3.49
3.20
0.24
0.05

Alex
número de personas por cuarto
de 1 a 2
más de 2
Total menos de 1
90.24
63.95
23.64
2.65
87.27
61.98
22.90
2.40
2.50
1.68
0.59
0.22
0.47
0.29
0.15
0.02
29.36
23.62
5.58
0.16
28.89
23.22
5.50
0.16
0.34
0.29
0.05
0.00
0.13
0.11
0.03
0.00
46.63
32.32
12.97
1.34
45.01
31.26
12.52
1.23
1.36
0.90
0.35
0.11
0.27
0.17
0.10
0.00
14.24
8.01
5.09
1.14
13.37
7.50
4.87
1.00
0.80
0.50
0.19
0.11
0.07
0.01
0.03
0.02
12.37
7.04
4.44
0.90
6.61
4.25
11.65
0.79
0.71
0.43
0.17
0.10
0.02
0.00
0.02
0.00
1.87
0.97
0.65
0.24
1.72
0.89
0.63
0.21
0.09
0.07
0.01
0.01
0.05
0.01
0.01
0.02

No Alex
número de personas por cuarto
Total menos de 1 de 1 a 2 más de 2
9.76
4.53
3.25
1.99
8.66
4.04
2.94
1.68
1.04
0.44
0.30
0.30
0.06
0.04
0.02
0.00
0.39
0.16
0.17
0.06
0.38
0.15
0.17
0.06
0.01
0.01
0.00
0.00
0.00
0.00
0.00
0.00
3.31
1.92
1.03
0.36
3.04
1.79
0.96
0.29
0.25
0.12
0.06
0.06
0.02
0.01
0.01
0.00
6.06
2.44
2.05
1.57
5.24
2.10
1.81
1.33
0.78
0.31
0.23
0.24
0.04
0.03
0.01
0.00
4.44
1.88
1.60
0.95
3.76
1.58
1.38
0.80
0.64
0.28
0.21
0.15
0.04
0.03
0.01
0.00
1.62
0.56
0.45
0.62
1.48
0.52
0.43
0.53
0.14
0.03
0.02
0.09
0.00
0.00
0.00
0.00

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

47

CUADRO 2-A
URUGUAY 1994: DÉFICITS DE VIVIENDA Y CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DE LOS JEFES DE HOGAR

Total de hogares
Jefes
Total hombres mujeres
Total jefes
Pobres
No pobres
Edad del jefe
Menos de 25 años
de 25 a 54 años
55 años ó más
Estudios
Menos de 3 años
4 a 9 años
de 10 a 12 años
13 años ó más
Ocupación
Ocupados
Desocupados
Inactivos
Categoría
Obreros/Empleados
Patrones
TPC 1/

Jefes de hogar en viviendas
Sin Déficit
Con déficits cualitativos
Con déficit cuantitativo
Jefes
Jefes
Jefes
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres

100
5.8
94.2

100
6.1
93.9

100
4.9
95.1

100
2.0
98.0

100
2.2
97.8

100
1.5
98.5

100
14.5
85.5

100
15.3
84.7

100
12.4
87.6

100
21.0
79.0

100
21.5
78.5

100
19.8
80.2

1.9
48.7
49.5

2.2
55.8
42.0

0.8
29.5
69.7

1.5
47.0
51.5

1.8
54.3
43.9

0.9
27.5
71.6

2.1
54.5
43.4

2.6
61.8
35.6

0.6
33.2
66.1

4.8
48.8
46.4

6.3
53.0
40.7

1.0
38.5
60.5

18.3
53.3
18.3
10.1

15.7
54.5
20.2
9.6

25.4
50.0
13.1
11.4

15.7
50.2
21.4
12.7

13.6
50.5
23.6
12.3

21.1
49.4
15.5
13.9

25.3
59.4
11.4
3.9

20.8
63.2
12.7
3.3

38.4
48.4
7.7
5.5

24.9
67.5
6.2
1.4

21.5
70.4
7.0
1.0

33.2
60.3
4.1
2.4

62.6
2.2
35.2

72.5
2.2
25.4

36.1
2.2
61.8

61.8
1.8
36.5

71.8
1.9
26.3

35.1
1.5
63.5

65.7
2.7
31.6

75.4
2.4
22.2

37.6
3.5
58.9

62.6
5.0
32.4

71.1
4.5
24.4

41.9
6.1
52.0

42.4
4.9
15.3

48.7
6.1
17.6

25.4
1.6
9.0

40.6
6.2
15.0

46.9
7.7
17.2

24.1
2.0
9.0

47.9
1.9
15.9

54.9
2.3
18.2

27.6
0.9
9.2

44.6
0.6
17.4

49.3
0.9
20.9

33.2
0.0
8.8

1/ Trabajadores por cuenta propia
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

48

CUADRO 2-B
URUGUAY 1994: DÉFICITS DE VIVIENDA Y CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DE LOS JEFES DE HOGAR

Total de hogares
Jefes
Total hombres mujeres
Total jefes
Pobres
No pobres
Edad del jefe
Menos de 25 años
de 25 a 54 años
55 años ó más
Estudios
Menos de 3 años
4 a 9 años
de 10 a 12 años
13 años ó más
Ocupación
Ocupados
Desocupados
Inactivos
Categoría
Obreros/Empleados
Patrones
TPC 1/

Jefes de hogar en viviendas
Sin Déficit
Con déficits cualitativos
Con déficit cuantitativo
Jefes
Jefes
Jefes
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres
Total hombres mujeres

100
100
100

72.9
77.3
72.7

27.1
22.7
27.3

72.5
24.6
75.5

52.7
19.6
54.8

19.8
5.0
20.7

20.2
50.7
18.4

15.1
39.6
13.5

5.2
11.0
4.8

6.8
24.6
5.7

4.8
17.8
4.0

2.0
6.8
1.7

100
100
100

87.8
83.6
61.9

12.2
16.4
38.1

59.9
70.0
75.4

50.5
58.8
46.8

9.3
11.2
28.6

22.7
22.7
17.7

20.9
19.1
10.8

1.8
3.5
6.9

17.4
6.8
6.4

16.3
5.2
4.0

1.1
1.6
2.4

100
100
100
100

62.4
74.6
80.6
69.4

37.6
25.4
19.4
30.6

62.1
68.3
84.7
91.1

39.3
50.0
68.0
63.8

22.8
18.3
16.7
27.2

28.0
22.6
12.6
7.7

17.1
17.9
10.4
4.9

10.9
4.7
2.2
2.8

9.3
8.6
2.3
0.9

5.7
6.4
1.8
0.5

3.6
2.2
0.4
0.5

100
100
100

84.4
72.7
52.5

15.6
27.3
47.5

71.5
59.2
75.1

60.5
45.8
39.5

11.1
13.3
35.6

21.2
25.2
18.1

18.1
16.9
9.5

3.1
8.4
8.6

6.8
15.6
6.3

5.5
10.0
3.3

1.3
5.6
2.9

100
100
100

83.8
90.9
84.1

16.2
9.1
15.9

69.5
91.0
70.9

58.3
82.9
59.3

11.2
8.1
11.6

22.9
7.9
21.0

19.5
7.0
17.9

3.4
0.9
3.1

7.1
0.8
7.7

5.6
0.8
6.6

1.5
0.0
1.1

1/ Trabajadores por cuenta propia.
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares

49

CUADRO 3
URUGUAY 1994 : CONDICIÓN DE ACTIVIDAD DE LOS JEFES Y
CATEGORIZACIÓN DE VIVIENDAS
Total
Total
Ocupados
Desocupados
Pensionados-jubilados
Resto Inactivos
Hombres
Ocupados
Desocupados
Pensionados-jubilados
Resto Inactivos
Mujeres
Ocupados
Desocupados
Pensionados-jubilados
Resto Inactivos

Categoría I
100
62.6
2.2
32.6
2.6
72.9
52.9
1.6
17.4
1.1
27.1
9.8
0.6
15.2
1.5

100
63.7
1.6
32.5
2.2
73.1
53.8
1.3
17.2
0.9
26.9
9.9
0.4
15.3
1.3

Categoría II

Categoría III

100
61.1
1.9
34.5
2.5
72.9
51.7
1.4
18.9
0.9
27.1
9.4
0.5
15.7
1.5

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

50

100
64.9
3.6
28.3
3.2
72.8
54.4
2.4
14.4
1.6
27.2
10.4
1.2
13.9
1.6

CUADRO 4
URUGUAY 1994:GÉNERO, CONDICIÓN DE POBREZA, ESTRUCTURA DE EDAD E
INGRESO TOTAL DEL JEFE DE HOGAR

Pobreza, estructura de edad y
género de los jefes de hogar
Total Jefes

Pobres

Total Hombres Mujeres
Total
14-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-99

100
1.8
11.4
18.6
18.5
19.0
30.7

100
2.1
14.1
21.4
20.3
18.4
23.7

100
0.9
4.3
10.9
13.8
20.7
49.4

No pobres

Total

Hombres

Mujeres

100
3.3
23.4
30.7
17.8
14.5
10.2

100
4.1
26.3
30.0
17.8
13.6
8.2

100
0.8
13.8
33.0
17.9
17.6
16.9

Total Hombres
100
1.7
10.8
17.9
18.6
19.3
31.8

100
2.0
13.3
20.9
20.4
18.7
24.6

Mujeres
100
0.9
3.9
9.9
13.6
20.8
51.0

Ingreso del trabajo del jefe del
hogar, índice relativo
Total Jefes

Pobres

Total Hombres Mujeres
Total
14-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-99

100
73
104
127
120
101
71

100
66
97
119
117
104
71

100
100
112
143
118
94
87

No pobres

Total

Hombres

Mujeres

100
109
105
117
98
75
73

100
105
101
118
98
73
77

100
51
107
118
98
90
76

Total Hombres
100
74
108
130
120
100
69

100
67
100
121
116
103
69

Mujeres
100
101
120
154
120
94
85

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

51

CUADRO 5
URUGUAY 1994: TENENCIA DE LA VIVIENDA Y ESTRUCTURA DE EDAD
DEL JEFE DEL HOGAR

Tenencia de la vivienda
Edad del
jefe del hogar

Total

Propia
pagada

Propia
pagando

Arrendada

Ocupada

Total
14-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-99

100
1.8
11.4
18.6
18.5
19.0
30.7

100
0.7
6.1
14.1
18.6
22.3
38.2

100
0.8
11.4
27.9
24.4
19.3
16.1

100
4.3
21.1
25.0
17.2
13.4
19.1

100
4.2
22.9
24.2
15.8
11.2
21.5

Tenencia de la vivienda
Edad del
jefe del hogar
Total
14-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65-99

Total

Propia
pagada

Propia
pagando

Arrendada

Ocupada

100
100
100
100
100
100
100

60.3
21.9
32.4
45.7
60.6
70.6
75.2

8.9
4.1
8.9
13.3
11.7
9.0
4.7

19.2
46.4
35.4
25.8
17.8
13.6
12.0

11.6
27.6
23.3
15.2
9.9
6.9
8.2

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulados especiales de encuestas de hogares.

52

Serie Financiamiento del Desarrollo *
No.

Título

1

Regulación y Supervisión de la Banca en la Experiencia de Liberalización Financiera
en Chile (1974-1988) (LC/L.522), noviembre de 1989.

2

Ahorro e Inversión bajo Restricción Externa y Focal. El caso de Chile 1982-1987
(LC/L.526), diciembre de 1989.

3

Los Determinantes del Ahorro en México (LC/L.549), febrero de 1990.

4

Ahorro y Sistemas Financieros: Experiencia de América Latina. Resumen y
conclusiones (LC/L.553), abril de 1990.

5

La Cooperación Regional en los campos Financiero y Monetario (LC/L.603),
noviembre de 1990.

6

Regulación del Sistema Financiero y Reforma del Sistema de Pasivos: Experiencias de
América Latina (LC/L.609), enero de 1991.

7

El Leasing como Instrumento para facilitar el Financiamiento de la Inversión en la
Pequeña y Mediana Empresa de América Latina (LC/L.652), noviembre de 1991.

8

Regulación y Supervisión de la Banca e Instituciones Financieras (LC/L.655),
noviembre de 1991.

9

Sistemas de Pensiones de América Latina. Diagnóstico y Alternativas de Reforma
(LC/L.656), noviembre de 1991.

10

¿Existe aún una Crisis de Deuda Latinoamericana? (LC/L.664), diciembre de 1991.

11

La Influencia de las Variables Financieras sobre las Exportaciones bajo un Régimen de
Racionamiento de Crédito: Una aproximación teórica y su aplicación al caso chileno
(LC/L.721), noviembre de 1992.

12

Las Monedas comunes y la creación de liquidez regional (LC/L.724), diciembre de
1992.

13

Análisis Estadístico de los Determinantes del Ahorro en Países de América Latina.
Recomendaciones de política (LC/L.755), junio de 1993.

14

Regulación, Supervisión y Desarrollo del Mercado de Valores (LC/L.768), julio de
1993.

15

Empresas de Menor Tamaño Relativo: Algunas Características del Caso Brasileño
(LC/L.833), mayo de 1994.

*

El lector interesado en números anteriores de esta serie puede solicitarlos dirigiendo su correspondencia a la Unidad
de Financiamiento de la División de Comercio Internacional, Transporte y Financiamiento, CEPAL, Casilla 179-D,
Santiago de Chile.

53

16

El Acceso de las Pequeñas y Medianas Empresas al Financiamiento y el programa
nacional de apoyo a la PYME del Gobierno chileno: Balance preliminar de una
experiencia (LC/L.834), mayo de 1994.

17

La Experiencia en el Financiamiento de la Pequeña y Mediana Empresa en Costa
Rica (LC/L.835), mayo de 1994.

18

Acceso a los Mercados Internacionales de Capital y desarrollo de instrumentos
financieros: el caso de México (LC/L.843), junio de 1994.

19

Fondos de Pensiones y Desarrollo del Mercado de Capitales en Chile: 1980-1993
(LC/L.839), mayo de 1994.

20

Situación y Perspectivas de Desarrollo del Mercado de Valores del Ecuador
(LC/L.830), junio de 1994.

21

Integración de las Bolsas de Valores en Centroamérica (LC/L.856), agosto de 1994.

22

La Reanudación de las Corrientes Privadas de Capital hacia América Latina: El papel
de los inversionistas norteamericanos (LC/L.853), agosto de 1994.

23

Movimientos de Capitales, Estrategia Exportadora y Estabilidad macroeconómica en
Chile (LC/L.854), agosto de 1994.

24

Corrientes de Fondos Privados Europeos hacia América Latina: Hechos y
planteamientos (LC/L.855), agosto de 1994.

25

El movimiento de Capitales en la Argentina (LC/L.857), agosto de 1994.

26

Repunte de los Flujos de Capital y el Desarrollo: Implicaciones para las políticas
económicas (LC/L.859), agosto de 1994.

27

Flujos de Capital: El Caso de México (LC/L.861), agosto de 1994.

28

El Financiamiento Latinoamericano en los mercados de capital de Japón (LC/L.862),
agosto de 1994.

29

Reforma a los Sistemas de Pensiones en América Latina y el Caribe (LC/L.879),
febrero de 1995.

30

Acumulación de Reservas Internacionales: Sus causas efectos en el caso de Colombia
(LC/L.901), julio de 1995.

31

Financiamiento de las Unidades Económicas de Pequeña escala en Ecuador
(LC/L.903), septiembre de 1995.

32

Acceso de la Pequeña y Microempresa al Sistema Financiero en Bolivia: situación
actual y perspectivas (LC/L.907), septiembre de 1995.

33

Private International Capital flows to Brazil (LC/L.909), octubre de 1995.

34

Políticas de Financiamiento de las Empresas de Menor Tamaño: Experiencias

54

recientes en América Latina (LC/L.911), octubre de 1995.
35

Flujos Financieros Internacionales Privados de Capital a Costa Rica (LC/L.914),
octubre de 1995.

36

Distribución del Ingreso, Asignación de Recursos y Shocks Macroeconómicos. Un
Modelo de Equilibrio general computado para la Argentina en 1993 (LC/L.940), mayo
de 1996.

37

Operación de Conglomerados Financieros en Chile: Una propuesta (LC/L.949), julio de
1996.

38

Efectos de los Shocks Macroeconómicos y de las Políticas de Ajuste sobre la
distribución del ingreso en Colombia (LC/L.965), agosto de 1996.

39

Nota sobre el Aumento del Ahorro Nacional en Chile, 1980-1994 (LC/L.984), octubre
de 1996.

40

Flujos de Capital externo en América Latina y el Caribe: Experiencias y Políticas en los
noventa (LC/L.1002), abril de 1997.

41

Surgimiento y Desarrollo de los Grupos Financieros en México (LC/L.1003), abril de
1997.

42

Costa Rica: Una revisión de las Políticas de Vivienda aplicadas a partir de 1986
(LC/L.1004), junio de 1997.

43

Choques, Respostas de Politica Economica e distribucao de renda no Brasil
(LC/L.1005), junio de 1997.

44

Distribución del Ingreso, shocks y políticas macroeconómicas (LC/L.1006), mayo de
1997.

45

Pension Reforms in Central and Eastern Europe: necessity, approaches and open
questions (LC/L.1007), abril de 1997.

46

Financiamiento de la Vivienda de Estratos de Ingresos Medios y Bajos: La experiencia
chilena (LC/L.1008), mayo de 1997.

47

La Reforma a la Seguridad Social en Salud de Colombia y la teoría de la competencia
regulada (LC/L.1009), mayo de 1997.

48

On Economic Benefits and Fiscal Requirements of moving from unfunded to funded
pensions (LC/L.1012), junio de 1997.

49

Eficiencia y Equidad en el Sistema de Salud chileno (LC/L.1030), julio de 1997.

50

La Competencia Manejada y Reformas para el sector Salud de Chile (LC/L.1031), julio
de 1997.

51

Mecanismos de pago/contratación del Regimen Contributivo dentro del marco de
seguridad social en Colombia (LC/L.1032), julio de 1997.
55

52

A Comparative study of health care policy in United States and Canada: what
policymakers in Latin America might and might not learn from their neighbors to the
North (LC/L.1033), julio de 1997.

53

Reforma al Sector Salud en Argentina (LC/L.1035), julio de 1997.

54

Hacia una Mayor Equidad en la Salud: El caso de Chile (LC/L.1036), julio de 1997.

55

El Financiamiento del Sistema de Seguridad Social en Salud en Colombia
(LC/L.1037), julio de 1997.

56

Las Instituciones de Salud Previsional (ISAPRES) en Chile (LC/L.1038), julio de 1997.

57

Gasto y Financiamiento en Salud en Argentina (LC/L.1040), julio de 1997.

58

Mujer y Salud (LC/L.1041), julio de 1997.

59

Tendencias, escenarios y fenómenos emergentes en la configuración del sector salud
en la Argentina (LC/L.1042), julio de 1997.

60

Reformas al Financiamiento del Sistema de Salud en Argentina (LC/L.1043), julio de
1997.

61

Logros y Desafíos de la Financiación a la Vivienda para los grupos de ingresos medios
y bajos en Colombia (LC/L.1039), julio de 1997.

62

Acesso ao Financiamento para moradia pelos extratos de média e baixa renda. A
experiência brasileira recente (LC/L.1044), julio de 1997.

63

Acceso a la Vivienda y Subsidios directos a la demanda: Análisis y lecciones de las
experiencias latinoamericanas (LC/L.1045), julio de 1997.

64

Crisis Financiera y Regulación de Multibancos en Venezuela (LC/L.1046), julio de
1997.

65

Reforma al Sistema Financiero y Regulación de Conglomerados Financieros en
Argentina (LC/L.1047), julio de 1997.

66

Regulación y Supervisión de Conglomerados Financieros en Colombia (LC/L.1049),
agosto de 1997.

67

Algunos Factores que inciden en la Distribución del Ingreso en Argentina, 1980-1992.
Un análisis descriptivo (LC/L.1055), agosto de 1997.

68

Algunos factores que inciden en la Distribución del Ingreso en Colombia, 1980-1992.
Un análisis descriptivo (LC/L.1060), agosto de 1997.

69

Algunos factores que inciden en la Distribución del Ingreso en Chile, 1987-1992. Un
análisis descriptivo (LC/L.1067), septiembre de 1997.

56

70

Un análisis descriptivo de la Distribución del Ingreso en México, 1984-1992
(LC/L.1068), septiembre de 1997.

71

Un análisis descriptivo de factores que inciden en la Distribución del Ingreso en Brasil,
1979-1990 (LC/L.1077 y Corr.1), septiembre de 1997.

72

Rasgos estilizados de la Distribución del Ingreso en cinco países de América Latina y
lineamientos generales para una política redistributiva (LC/L.1084), diciembre de 1997.

73

Perspectiva de Género en la Reforma de la Seguridad Social en Salud en Colombia
(LC/L.1108), mayo de 1998.

74

Reformas a la Institucionalidad del Crédito y el Financiamiento a Empresas de Menor
Tamaño: La experiencia chilena con sistemas de segundo piso 1990-1998.
(LC/L.1156), noviembre de 1998.

75

“El Factor Institucional en Reformas a las Políticas de Crédito y Financiamiento de
Empresas de Menor Tamaño: La experiencia colombiana reciente” (LC/L.1163),
enero de 1999.

76

“Un Perfil del Déficit de Vivienda en Uruguay, 1994”. (LC/L.1165), enero de 1999.

57


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