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        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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E
I
R
S

E

138

financiamiento del desarrollo

A

cceso al crédito bancario de
las microempresas chilenas:
lecciones de la década de los
noventa
Enrique Román

Unidad de Estudios Especiales
Secretaría Ejecutiva
Santiago de Chile, octubre de 2003

Este documento fue preparado por Enrique Román, consultor del proyecto
“Políticas financieras para incrementar el ahorro y promover la equidad”. Este
es un proyecto que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL) lleva a cabo en la Unidad de Estudios Especiales de la Secretaría
Ejecutiva, con el apoyo financiero del Gobierno de Holanda. El autor agradece
los comentarios de la señora Raquel Szalachman, Oficial de Asuntos
Económicos de la Unidad mencionada, a una primera versión de este trabajo.
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a
revisión editorial, son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no
coincidir con las de la Organización.

Publicación de las Naciones Unidas
ISSN impreso 1564-4197
ISSN electrónico 1680-8819
ISBN: 92-1-322252-1
LC/L.1981-P
N° de venta: S.03.II.G.140
Copyright © Naciones Unidas, octubre de 2003. Todos los derechos reservados
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse al Secretario
de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York,
N. Y. 10017, Estados Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones gubernamentales
pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Sólo se les solicita que mencionen la
fuente e informen a las Naciones Unidas de tal reproducción.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

Índice

Resumen
........................................................................................................5
I. Caracterización de las microempresas chilenas ...........................7
1. ¿ Cuál es la definición chilena de microempresa? ...............................8
2. Evolución del número de microempresas durante
el período 1994-2000. ............................................................................9
3. Tasas de crecimiento y participación relativa de cada estrato de
tamaño en el número............................................................................11
4. Distribución sectorial de las microempresas: 1994-2000..................12
5. Las microempresas chilenas y su distribución regional.....................15
6. Participación de las microempresas en las ventas totales..................15
7. Ventas promedio según tamaño de empresa ......................................17
8. Tasas de crecimiento de las ventas totales de la microempresa........18
9. Ingresos de los ocupados en las microempresas y condiciones de
pobreza..................................................................................................19
10. El empleo generado en las micro y pequeñas empresas....................21
Conclusiones del capítulo I...........................................................................23
II. El financiamiento bancario hacia la microempresa:
problemas y soluciones en el caso chileno...................................25
1. Problemas que dificultan el acceso al crédito de las microempresas
chilenas..................................................................................................25
2. Acceso al crédito por estratos de empresas ........................................29
3. Las microempresas chilenas y su dinámica de acceso al mercado de
crédito durante la década de los noventa ............................................32
4. Evolución de la deuda vigente de las microempresas .......................36
5. Evolución de la deuda vencida de las microempresas.......................37
6. Tendencias globales del endeudamiento según tamaño
de empresas...........................................................................................38
7. La tasa máxima convencional .............................................................39

3

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

8.
9.

El impacto sobre el crédito de las normas de calificación de deudores por categorías de riesgo .........40
Racionamiento de crédito y subsidio a los costos de transacción:
modalidades operativas del programa IFIS...............................................................................................41
Conclusiones del capítulo II................................................................................................................................48
III. Política comercial de instituciones bancarias chilenas
hacia las microempresas.............................................................................................................................51
1. El programa de microempresas del Banco del Desarrollo.......................................................................52
2. El programa de microempresas del Banco del Estado .............................................................................55
3. El programa de microempresas de Banefe-Bansander.............................................................................59
Conclusiones del capítulo 3.................................................................................................................................61
IV. Conclusiones finales.....................................................................................................................................63
Bibliografía .............................................................................................................................................................65
Serie financiamiento del desarrollo: números publicados......................................................................67

Índice de cuadros
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro

1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17

Cuadro

18

Cuadro
Cuadro

19
20

Cuadro

21

Cuadro

22

Cuadro

23

Cuadro
Cuadro

24
25

Cuadro
Cuadro
Cuadro
Cuadro

26
27
28
29

4

Estratos de tamaño clasificados por nivel de ventas, clasificación oficial (1998-2000).................9
Número de empresas nacionales y su distribución según tamaño (1994-2000) .............................9
Tasa de crecimiento del número de empresas según tamaño (1994-2000)...................................11
Distribución de las empresas chilenas según tamaño y actividad económica (año 2002)............13
Distribución regional de las microempresas (año 2000).................................................................15
Ventas nacionales por tamaño de empresa ......................................................................................16
Ventas anuales promedio, según tamaño de empresa .....................................................................17
Tasa de crecimiento de las ventas totales, según tamaño de empresa............................................18
Indice de concentración de las ventas totales...................................................................................18
Situación de pobreza en la microempresa según categoría ocupacional .......................................19
Ingresos de los ocupados en la microempresa según categoría ocupacional ................................20
Años de antigüedad en la empresa de las personas ocupadas en la microempresa.......................21
Empleo por sectores. CASEN (1990 y 2000)..................................................................................22
Distribución de la cartera vencida por estratos ................................................................................26
Colocaciones y ventas por estratos de empresas .............................................................................29
Estimación nivel de cobertura endeudamiento de las microempresas...........................................30
Participación de las empresas con deuda en el sistema financiero en el total
de empresas de su mismo tamaño (1994-2000)...............................................................................33
Participación de las empresas con deuda en el sistema financiero en el total
de empresas del país (1994-2000) ....................................................................................................35
Número de deudores de la banca comercial por estrato..................................................................36
Participación de la deuda vigente de los distintos tamaños de empresa en la
deuda vigente total en el sistema financiero (1994-2000) ..............................................................36
Participación de la deuda vencida de los distintos tamaños de empresa
sobre la deuda total en el sistema financiero (1994-2000)..............................................................37
Porcentaje de deuda vencida en el sistema financiero
según tamaño de empresas (1994-2000)..........................................................................................38
Participación de la deuda vigente de cada tramo en la deuda vigente total y participación
de los deudores por tramo sobre el total de deudores del sistema financiero (1994-2000).........39
Actividades más representativas ejecutadas por los beneficiarios (total programa IFIS).............47
Número de créditos y porcentaje de participación en el programa IFIS en las
principales regiones de Chile ............................................................................................................47
Promedios programa IFIS .................................................................................................................48
Desempeño de bandes microempresas a marzo de 2003................................................................55
Cartera de créditos de ME vigentes por años, al cierre del año......................................................55
Operaciones cursadas por banestado microempresas 1997-2000 ..................................................56

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

Resumen

En este documento se reseñan las características centrales de la
experiencia chilena en materia de aplicación de instrumentos públicos
orientados al objetivo de lograr una masiva incorporación y
mantención de las microempresas en los circuitos de crédito bancario,
sin por eso alterar los mecanismos de mercado en materia de
asignación de recursos prevalecientes en la banca.
Del presente estudio resulta notorio el cómo, tras la aplicación
de estas políticas, en el curso de tan sólo una década (1992-2001), las
microempresas chilenas han avanzado aceleradamente hacia su
constitución en sujetos de crédito de alto interés para la banca
comercial.
Pese a que el escenario económico no les ha sido en absoluto
favorable y a que las políticas macroeconómicas han discriminado
abiertamente en su contra, las microempresas parecen haber mejorado
claramente su calidad de sujeto de crédito para la banca, aumentando
su participación absoluta y relativa en el crédito total concedido por
esta al conjunto de las empresas chilenas.
Las políticas públicas chilenas se han concentrado en el
otorgamiento de subsidios a los costos de transacción de las
instituciones bancarias oferentes de crédito a microempresas, a la vez
que han rechazado todas aquellas opciones que podrían haber
“discriminado positivamente” a estas empresas manipulando la tasa de
interés. Este enfoque de las autoridades económicas chilenas, parece
haber ejercido un positivo impacto en términos de posibilitar que sean
las propias fuerzas del mercado de capitales las que se hagan cargo de
cumplir la tarea de bancarizar a este sector empresarial.
5

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

Durante la década de los noventa el sistema bancario chileno llegó prácticamente a los limites
de lo posible en materia de bancarización de empresas, sin embargo esta situación sufre un fuerte
proceso de regresión a partir de la crisis recesiva inaugurada en 1998. Pese a esto las microempresas
chilenas, miradas a lo largo de una década han visto aumentar su bancarización, no obstante la
presencia de un cierto deterioro de su posición económica en los últimos cuatro años. Esta situación
augura el que el avance registrado, desde inicios de los años noventa a la fecha, se sostendrá a lo
largo del tiempo, lo cual parece mostrar de un modo claro la adecuación de la estrategia seguida en
Chile al efecto.
En este documento se analiza con cierto detalle tanto la operatoria de los programas chilenos
de subsidio a la instalación de plataformas bancarias de atención a las microempresas, así como las
estrategias comerciales seguidas por los tres principales bancos involucrados en dichos programas.
Se analiza de ese modo el cómo la banca comercial chilena se ha comprometido de un modo
relevante en la generación de crédito a este sector, desarrollando nuevas tecnologías, perfiles
profesionales y plataformas comerciales de nuevo tipo.
Aun cuando, los temas de las altas tasas a las cuales se logra el acceso permanecen como un
problema vigente, el hecho de que prácticamente un tercio de las microempresas chilenas hayan
logrado acceder al crédito bancario en el curso de una década, puede considerarse un enorme logro,
sin perjuicio del déficit de cobertura que aún persiste en los estratos más débiles de las
microempresas.

6

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

I.

N° 138

Caracterización de las
microempresas chilenas

Chile es uno de los países latinoamericanos en los cuales el
proceso de apertura al comercio exterior y de liberalización de los
mercados posee más larga data. Desde la primera y drástica rebaja de
aranceles acaecida en 1976, a la firma de Tratados de Libre Comercio
con la Unión Europea, Estados Unidos y Corea del Sur, mediante la
cual los aranceles promedio de la economía chilena han caído por bajo
el 3%, Chile ha acumulado un período de más de un cuarto de siglo de
implementación de estrategias de desarrollo basadas en las fuerzas del
mercado y la iniciativa mancomunada de la empresa privada y el
Estado.
Sin embargo, pese a lo anterior, la masa empresarial chilena
dista mucho de constituir un grupo homogéneo en términos de peso de
mercado, ni tampoco en términos de la consolidación de sus
operaciones en éste, coexistiendo en su interior una amplia gama de
pequeñas, medianas y grandes empresas, acompañadas por una aún
mayor masa de microempresas y trabajadores por cuenta propia, lo
cual, dadas las enormes diferencias de productividad existentes entre
los diversos estratos de empresas, parece ser una expresión de la
persistencia de desiguales niveles de acceso a las oportunidades de
negocios que ofrece la economía chilena.
Esta primera sección se centrará, entonces, en el análisis de la
situación del estrato mayoritario de las firmas chilenas, las
microempresas, focalizándonos particularmente en los temas
vinculados a su acceso al crédito, variable clave para el despliegue de
las iniciativas empresariales, cualquiera sea su tamaño.
7

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

1.

¿Cuál es la definición chilena de microempresa?

Aun cuando, existen diferentes metodologías o criterios para clasificar a las empresas según
su tamaño, en este estudio hemos decidido seguir la definición de tamaños utilizada por el
Ministerio de Economía y por la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), por lo tanto,
se ha priorizado la variable “ventas netas” como criterio de estratificación, ello considerando, entre
otros aspectos, la disponibilidad de estadísticas actualizadas, completas y verificables de la referida
variable, así como también basándonos en el hecho que este criterio entrega información bastante
aproximada respecto al nivel de actividad de las empresas y sobre la real opción de éstas de lograr
acceso a crédito, el cual se presenta generalmente asociado a dicha variable.1
Ahora bien, no obstante en diversos estudios focalizados en la microempresa se utilizan
metodologías de caracterización que, sin pretender representatividad en el ámbito nacional ni
basarse en estadísticas que den cuenta del universo del sector, tipifican a estas empresas basándose
en las características de sus propietarios,2 o bien por la formalidad o informalidad3 de sus
operaciones, en nuestra opinión, en Chile la opción de asociar ventas con tamaño constituye la
única opción que posibilita tanto una adecuada estratificación de las empresas, como el obtener
cifras referidas a dichos estratos que sean representativas del nivel nacional.
A partir de 1991, año en que un estudio del Ministerio de Economía identificó como la
opción más apropiada de estratificación la utilización de las ventas netas como “variable proxy” del
tamaño de las empresas,4 las “Micro-Empresas” fueron definidas como: “aquellas unidades
económicas formales con menos de 2.400 UF (Unidades de Fomento)5 de ventas netas anuales”. De
allí en adelante, no obstante las sucesivas redefiniciones de la frontera existente entre las medianas
y grandes empresas, la definición oficial de la microempresa y las tasas de corte en las ventas que
singularizan a este agregado estadístico, se ha mantenido inalterada a lo largo de los años.

1

2

3

4
5

8

Es probable que en países con una menor factura tecnológica, la variable empleo adquiera más relevancia a la hora de estratificar a las
empresas según su tamaño, pero ése no parece ser el caso de nuestro país. El que Chile haya sido el primero de los países latinoamericanos en
comenzar a usar el criterio utilizado en este estudio, vale decir asociar tamaño de las empresas y nivel de ventas de ellas, se explica no sólo
por la constatación empírica de su utilidad, sino que por otro hecho adicional: Chile es el único país latinoamericano que posee información
tributaria de un nivel de detalle y representatividad tal que resulta posible otorgar a los datos sobre ventas del universo de empresas un alto
nivel de confiabilidad y verosimilitud para amplios períodos de tiempo.
Existen otras alternativas de caracterización de los distintos tamaños de empresas, los cuales se concentran en el análisis de la capacidad
emprendedora, el uso de tecnología, o en el potencial innovador del empresario. Si bien los estudios que utilizan estos criterios pueden
exhibir cierta utilidad en el ámbito microeconómico, o bien para la operación práctica de acciones de fomento, ellos no serán utilizados en
este estudio en tanto carecen de representatividad y potencial de servir como insumo de una caracterización global de las empresas chilenas,
particularmente en este caso, en que nuestro foco de atención son las microempresas.
La dicotomía formalidad-informalidad ha venido perdiendo fuerza en la literatura hace ya más de una década. En efecto, desde comienzos de
los noventa y tras publicarse sucesivas investigaciones en América Latina, Asia y África que demostraban que al interior del llamado “sector
informal” coexistían sectores pro-cíclicos y anti-cíclicos con relación al crecimiento económico, la idea de un sector único, válido como
sujeto de políticas (o de análisis), comenzó a perder fuerza y prestigio.
Véase: E .Román: “Criterios para la estratificación de empresas”, MINECON 1991.
La Unidad de Fomento o UF, es una unidad monetaria de valor constante utilizada en Chile desde los años ochenta a fin de indexar valores
nominales. Su valor es estimado diariamente por la autoridad a partir de la variación del Índice de Precios al Consumidor, IPC, y a inicios de
2003 era cercano a los 25 dólares.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

Cuadro 1

ESTRATOS DE TAMAÑO CLASIFICADOS POR NIVEL DE VENTAS,
CLASIFICACIÓN OFICIAL (1998-2000)
(Unidad de Fomento)
Estrato
1. Microempresa
2. Pequeña empresa
3. Mediana empresa
4. Gran empresa

Desde UF

Hasta UF
2 400
25 000
100 000

0,1
+2 400
+25 000
+100 000

Fuente: CORFO 1994

Dado lo anterior, en el curso de este estudio los diversos estratos de tamaño fueron definidos,
de acuerdo a estos criterios, del modo descrito en el cuadro N°1. Por ende, a lo largo de esta sección
presentaremos, las series completas, 1994-2000, utilizando dichos criterios de corte, actualmente
vigentes, para los cuales, en definitiva, la microempresa se compone de todas aquellas empresas que
venden, IVA excluido, desde 0,1 UF anuales hasta 2.400 UF anuales.
En este estudio se ha recurrido a las fuentes de información más extensivas que el Servicio de
Impuestos Internos (SII) ha podido proporcionar, razón por la cual se ha ampliado las filas del
universo de las microempresas, incluyendo en él a aquellas firmas que tributan vía renta presunta,
como son, por ejemplo, los transportistas. Se ha incorporado también en este estudio a los talleres
artesanales y obreros, a los feriantes y otros comerciantes minoristas, a los pescadores artesanales y
a numerosos sectores de la microempresa que no habían sido incluidos en estudios anteriores, los
que sólo habían tenido acceso a la base de empresas que tributaban en primera categoría, bajo el
sistema de renta efectiva, según se desprendía del formulario N° 22, que constituye el pivote de la
operación renta de cada año.

2.

Evolución del número de microempresas durante el período
1994-2000

El período 1994-2000 marcó un hito en el desarrollo empresarial chileno: el número de
empresas por cada mil habitantes se elevó, en dicho período, desde 32,6 empresas en 1990, a 41,04
en el año 2000, aproximándose así Chile al estándar europeo de 45 empresas por cada mil
habitantes, posicionándose como el país latinoamericano con el mayor número de empresas
formales en operación, en relación con su población total.
Cuadro 2

NÚMERO DE EMPRESAS NACIONALES Y SU DISTRIBUCIÓN
SEGÚN TAMAÑO (1994-2000)
(En número y porcentajes)
Micro
Año
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000

Número

Pequeña
%

Número

Mediana
%

Número

Grande
%

Número

Total
%

Número

%

435 852

81,91

80 099

15,05

11 217

2,11

4 950

0,93

532 118

100

451 652

81,53

84 953

15,33

12 005

2,17

5 389

0,97

553 999

100

474 778

81,59

88 776

15,26

12 621

2,17

5 726

0,98

581 901

100

474 604

81,04

91 452

15,62

13 345

2,28

6 225

1,06

585 626

100

511 045

81,48

96 322

15,36

13 590

2,17

6 271

1,00

627 228

100

520 544

82,57

91 286

14,48

12 792

2,03

5 836

0,93

630 458

100

533 479

82,51

93 842

14,51

13 159

2,04

6 065

0,94

646 545

100

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información del SII

9

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

Hacia fines del año 2000, el Servicio de Impuestos Internos (SII de Chile) registró la
existencia de 646.545 unidades empresariales formales, con ventas mayores que cero y que
tributaron ya sea impuesto al valor agregado (IVA) o bien impuestos de primera categoría en alguna
de sus modalidades (según renta efectiva o renta presunta).
Este número de empresas formales en operación, de las cuales el 82,51% correspondían a
microempresas, nunca había sido alcanzado con anterioridad y marca el punto más alto en cuanto a
formalización de unidades económicas, puesto que, pese al importante número de empresas que aún
se mantienen informales, el número y proporción de las empresas formalizadas no tiene precedente
en la historia económica chilena.6
La participación de la microempresa en el número total de empresas aumentó a lo largo del
período 1994-2000 de tal modo que si la microempresa se observa en el ámbito agregado, es posible
constatar que, a lo largo del período bajo estudio, su participación numérica se eleva desde un
81,91% del total de empresas formales chilenas operando en 1994, a un 82,51% de dicho total, en
operaciones el año 2000.
De acuerdo a la tendencia reseñada, las microempresas formales parecen incrementar su
participación dentro del total de empresas chilenas como resultado de un proceso de serio deterioro
del nivel de ventas de las empresas de menor tamaño relativo dentro del número total de empresas.
Dada la definición de estratos utilizada, en la cual el tamaño de las empresas es función de sus
ventas netas, la mayor participación numérica de las microempresas parece producirse como
resultado de dos efectos simultáneos, vinculados ambos a la declinación de las empresas de tamaño
menor:
• Una caída en las ventas de las pequeñas empresas (como resultado de una reducción de la
participación de mercado de este estrato).
• Una desaparición de numerosas microempresas, lo que tiene como correlato no una
renovación de firmas de similar tamaño, sino que el surgimiento de un número significativo
de nuevas unidades, de tamaño aún más reducido que el de aquellas que desaparecen en el
período anterior.
Esta modalidad de crecimiento en el número de microempresas, se ha traducido en un
incremento de su participación relativa en el universo empresarial. La magnitud absoluta de dicho
incremento es significativa, emergiendo en términos netos (vale decir como diferencia entre las
empresas que se crean y aquellas que desaparecen), casi 100.000 microempresas formales
adicionales, entre 1994 y el año 2000.7 Estas empresas son, como promedio, de un tamaño menor
que las de períodos anteriores, pese a esto, el crecimiento de su participación relativa en el universo
empresarial chileno es de una menor cuantía porcentual, pasando desde un 81,91% del total de
empresas en 1994, a un 82,51% en el año 2000.

6

7

10

En esta cifra no se incluye a las microempresas informales, para las cuales no se posee información tributaria (sino tan sólo una estimación de
su peso en la economía) ni tampoco a las microempresas (semi-informales) que tributan en segunda categoría. Como es bien sabido, el
impuesto de primera categoría es aquel que grava los ingresos del capital, mientras que, en sus diversas modalidades, el impuesto de segunda
categoría es un tributo que grava las rentas de las personas naturales, ya sea que provengan de una actividad independiente (los que emiten
boletas de servicios) o provengan de un sueldo, remuneración o pensión. Por esta, razón se asumirá que la masa de contribuyentes de
segunda categoría, que tributan sobre ingresos del trabajo, se compone de empleados, trabajadores por cuenta propia o profesionales
independientes, a quienes no corresponde definir dentro del concepto “empresas”. En cambio aquellos trabajadores por cuenta propia, o
profesionales independientes que tributan en primera categoría sobre sus ingresos de capital, sí serán considerados en este estudio como
empresas.
La pequeña empresa por su parte, si bien aumenta su peso dentro del universo empresarial en poco menos de 14.000 unidades, no logra con
este crecimiento absoluto frenar la caída de su tasa de aporte de nuevas empresas al número total de éstas.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

3.

N° 138

Tasas de crecimiento y participación relativa de cada estrato
de tamaño en el número
Total de empresas

El cuadro Nº 3 nos muestra de un modo claro como, a medida que la década llega a su fin, de
un modo conjunto a las políticas de ajuste y al cuadro recesivo de la economía posterior a 1998, la
tasa de crecimiento numérico de la microempresa se ha ido erosionado significativamente a
consecuencia de las dificultades crecientes de realizar nuevos emprendimientos en este tamaño de
empresas y de las dificultades para defender cifras de negocios que les permitan a estos pequeños
emprendimientos mantenerse como empresas viables, dentro de su respectivo estrato de origen.
Cuadro 3

TASA DE CRECIMIENTO DEL NÚMERO DE EMPRESAS SEGÚN TAMAÑO (1994-2000)
(En porcentajes)
Años
1995-1994
1996-1995
1997-1996
1998-1997
1999-1998
2000-1999
2000-1994

Micro
3,63
5,12
-0,04
7,68
1,86
2,48
22,40

Pequeña
6,06
4,50
3,01
5,33
-5,23
2,80
17,16

Mediana
7,03
5,13
5,74
1,84
-5,87
2,87
17,31

Grande
8,87
6,25
8,71
0,74
-6,94
3,92
22,53

Total
4,11
5,04
0,64
7,10
0,51
2,55
21,50

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información del SII

La microempresa, cuyo incremento numérico acumulado a lo largo del período 1994-2000
asciende a un 22,40%, después del año 1996, exhibe porcentajes de crecimiento, en casi todos los
años, superiores al promedio, incrementando de ese modo su presencia en el universo total de
empresas.
Resulta interesante remarcar que, si bien la mayor tasa de crecimiento acumulada a lo largo
del período la presentó la gran empresa, con un 22,53% de crecimiento, el crecimiento de las
microempresas fue de un orden de magnitud similar. Esta similitud de tasas de crecimiento, de las
micro y grandes empresas, es un fenómeno que requiere una explicación cuidadosa, que haga
referencia simultánea a más de un fenómeno operando de un modo simultaneo.
De las cifras de este estudio parece desprenderse que, de no mediar la crisis recesiva que
acompañó el último trienio de la década,8 la tasa de crecimiento numérico de las empresas de mayor
tamaño relativo hubiese continuado su expansión numérica y de mercado a costa del resto de los
estratos de menor tamaño relativo.9 Hasta el año 1997 la tasa promedio de crecimiento numérico de
las grandes empresas se situaba por sobre el 7%, vale decir se sintonizaba estrechamente al
crecimiento del PIB y sobrepasaba en mucho al crecimiento de las empresas de otros estratos
particularmente el de las microempresas cuyo crecimiento numérico promedio era inferior al 3%.
Esta situación implicaba que hasta ese momento estaba creciendo el tamaño relativo de las
empresas de tamaño menor y un número importante de ellas (seguramente de tamaño mediano) se
convertían en grandes empresas, al aumentar sus ventas por sobre las 100.000 UF anuales. Sin
8

9

Este comportamiento de las empresas parece estar relacionado con las políticas de ajuste que a partir de 1997 y hasta 1999 aplicó la autoridad
económica. La menor liquidez del sistema, el alza de las tasas de interés, el incipiente aumento del desempleo y la caída en la demanda
agregada, sumado todo esto a una fuerte revaluación del tipo de cambio, mostraron su impacto en el conjunto de los estratos de empresas,
pero especialmente en la microempresa.
La base de información que complementa los datos sobre evolución numérica y que permite sostener esta primera afirmación puede ser
consultado en los cuadros N° 6, 7, 8 y 9, sobre el comportamiento de las ventas, los cuales serán presentados a continuación.

11

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

embargo, como producto de la crisis, cada estrato de empresas, incluyendo las más grandes, vieron
disminuidas sus ventas, expulsando en un efecto cascada a sus empresas en el borde inferior, hacia
el tamaño de operación inmediatamente menor. De esa manera, el número de empresas de cada
estrato se vio afectado fuertemente por dicho fenómeno, reduciendo sus tasas de crecimiento
numérico en función de su reducción de ventas.
Las microempresas, según se desprende de este análisis, aumentaron su participación en el
universo empresarial chileno en función de un crecimiento numérico que, en cerca del 60%,
proviene de este así denominado “efecto cascada”, a la vez que cerca de un 40% de su crecimiento,
hacia fines de la década, se explica por la creación de nuevas microempresas.10
De algún modo el resultado de la crisis fue una caída general de las ventas para todas las
empresas del país, lo cual dada la definición de tamaño utilizada terminó por redundar en un
incremento de la participación numérica, en el universo empresarial chileno, de los estratos de
menor nivel de ventas, especialmente el de las microempresas.
Dado lo anterior, el indicador: “Número de empresas”, parece mostrarnos, hacia fines del año
2000, una clara concentración de las posibilidades de emprender actividades empresariales viables,
en el lado de las grandes empresas.11 La explicación central de este fenómeno parece ser el que la
modalidad de ajuste seleccionada por la autoridad no afectó de igual manera a todos los estratos,
sino que descargó sus efectos negativos, de un modo mucho más intenso y permanente, sobre las
microempresas que sobre las grandes empresas, esto debido a que, aun cuando las políticas de ajuste
seleccionadas por la autoridad, pretendían reducir el exceso de gasto agregado de la economía
(objetivo que sin duda se cumplió), los instrumentos utilizados en pro de ese objetivo, básicamente
la defensa del tipo de cambio y el alza de las tasas de interés de corto plazo, terminaron dañando
fuertemente a las empresas más débiles (mayoritariamente microempresas), las cuales sin embargo
explicaban una fracción extremadamente menor del gasto agregado que se pretendía reducir.

4.

Distribución sectorial de las microempresas: 1994-2000

A fin de visualizar e interpretar correctamente las cifras anteriores, es necesario separar, o
identificar, los sectores económicos en los cuales están operando las empresas bajo análisis.
Las microempresas se encuentran presentes en todos los sectores económicos, no obstante lo
cual su participación se concentra, como veremos a continuación, mayoritariamente en cinco
sectores, la agricultura (sectores 1, 2, y 3), el comercio (sector 14), la industria (sectores 6, 7, 8, 9,
10 y 11), el transporte (sector 16) y la construcción (sector 13), los que agrupan al 73,6% de las
microempresas chilenas en operación en 2000.
Como se desprende de las cifras que se reproducen en el cuadro N° 4, en el año 2000 más del
73% de las microempresas se localizó en los cinco referidos sectores. La referida distribución no
parece descansar en ninguna suerte de ventaja estructural que alguna escala sectorial de tamaño
pudiese exhibir, más bien se observa que: es la distribución sectorial del conjunto de las
empresas la que condiciona el grueso de la distribución sectorial de las microempresas.
Las microempresas se concentran en estos sectores de un modo que sigue muy de cerca de la
distribución del número global de empresas Sin embargo resulta necesario analizar como dicha
10

11

12

La base de datos que permite realizar dicha información forma parte de un estudio a la fecha inédito realizado por el autor en el cual se
cruzaron los RUT de todas las empresas formales del país entre los años 1994-1999, de tal manera que año en año se compararon los
crecimientos en el número de empresas nuevas pertenecientes a cada estrato, con las empresas que se incorporan al mismo, ya sea por
disminución del nivel de ventas de empresas mayores, o por aumento del nivel de ventas de empresas menores.
En la medida que el aumento numérico, aunado al incremento de su participación en las ventas, se da sólo en el estrato de grandes empresas,
podemos afirmar que sólo para este grupo mejora su viabilidad empresarial. En las Microempresas, el incremento numérico aunado a una
caída en la participación en las ventas, sólo permite afirmar que en dicho estrato aumenta el número de unidades empresariales de escasa
viabilidad.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

distribución sectorial de las empresas ha ido evolucionando a lo largo del período, de modo de
poder establecer si la actual distribución sectorial, según se observa en las cifras del año 2000,
obedece a un fenómeno puntual, o si por el contrario obedece a determinantes más estructurales y
permanentes de la economía chilena.
Al analizar las cifras del cuadro N° 4 se observa que en nueve de los veintidós sectores
económicos que comprenden este estudio existió una tendencia a la baja en el número de empresas.
Los sectores más afectados a lo largo del período 1994-2000, son la Agricultura, sector en el
cual la participación numérica de las microempresas baja desde un 13,4% a un 11,1%; el subsector
Alimentos, en el cual las microempresas bajan desde un 1,2% a un 1,0%; el subsector Textil y
Cuero con una caída desde un 1,5% a un 1,2% de participación; el subsector Químico, Caucho y
Metales, en el cual las microempresas decrecen desde un 1,5% a un 1,4% de participación;
Servicios de diversión y esparcimiento que cae desde un 0,9% a un 0,8% y servicios personales cae
de un 7,0% a un 6,4%.
En otros cinco sectores (8, 10, 11, 12 y 22) la participación numérica de las microempresas se
mantiene constante, en tanto otros siete sectores (13, 14, 16, 17, 18 y 19) ellas presentan una tasa de
crecimiento de su participación numérica, dentro del total de empresas en operación, bastante
significativa.
Los sectores que más crecen en su participación son: construcción, comercio, transporte,
servicios financieros, servicios técnicos y profesionales, y servicios sociales y comunales, lo cual
muestra una cierta tendencia a la reestructuración sectorial de la presencia de las microempresas,
desplazándose un importante número de unidades empresariales desde el sector productivo al sector
servicios. En el sector comercio, las microempresas aumentan su participación en el número de
empresas desde un 38,6% a un 39,4% del total nacional.
Cuadro 4

DISTRIBUCIÓN DE LAS EMPRESAS CHILENAS
SEGÚN TAMAÑO Y ACTIVIDAD ECONÓMICA (AÑO 2002)
(En número y porcentaje)
o

N

Descripción
Desde

1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12

Producción agropecuaria
Servicios agrícolas y caza
Selvicultura
Pesca
Minas, petróleo y canteras
Productos alimenticios, bebidas y tabaco
Textil y cuero
Madera y papel
Químicos, petróleo, caucho y metales
Máquinas e instrumentos
Otras manufacturas
Electricidad, gas, agua

Código CIIU
Hasta

11111
11201
12102
13011
21001
31111
32111
33111
35111
38211
39011
41011

11192
11302
12201
13051
29090
31402
32402
34205
38197
38531
39099
42001

Número de
empresas

Participación
(%)

55 075
2 613
2 947
1 165
1 219
4 471
5 874
9 237
6 536
2 441
664
863

10,3
0,5
0,6
0,2
0,2
0,8
1,1
1,7
1,2
0,5
0,2
0,2

13

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

Cuadro 4 (continuación)
No

Descripción

Código CIIU
Desde

13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23

Construcción
Comercio
Restaurantes y similares
Transporte
Servicios financieros
Servicios técnicos y profesionales
Servicios estatales sociales e institucionales
Servicios de diversión y esparcimiento
Servicios personales y del hogar
Otras actividades
Sin información
TOTAL

50011
61111
63111
71111
81011
83211
91001
94111
95111

Hasta
50037
62570
63212
72001
83103
83301
93991
94908
95991

Número de
empresas

Participación
(%)

23 113
216 014
26 466
63 251
14 100
28 479
8 793
4 312
36 449
6
19 391
533 479

4,3
40,5
5,0
11,9
2,6
5,3
1,7
0,8
6,8
0
3,6
100

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información del SII
Nota: CIIU “Clasificación Industrial Uniforme (SIC)”

Llama la atención que las microempresas, de acuerdo a las cifras reseñadas con anterioridad
(véase cuadro N° 4), representan el 82,5% de las empresas existentes en 2000 y están
extremadamente concentradas sectorialmente. Sólo tres sectores económicos muestran una
participación superior al 10% del número de empresas, de ellos, la máxima concentración de firmas
la encontramos en el sector comercio, que agrupa al 40,5% del número total de las microempresas a
escala nacional, le siguen la producción agropecuaria, con un 11,4% del total de microempresas y el
sector transporte, que aglutina a un 11,9%, de tal modo que estos tres sectores concentran el 63,8%
del total de microempresas.
En el período de estudio 1994-2000, al interior de las microempresas de veintidós subsectores
en estudio, ocho sectores bajan su participación, siendo la más importante la baja de la participación
numérica de las microempresas agropecuarias, que caen desde el 12,5% a un 10,3%; la
participación de los servicios personales y del hogar, que cae desde un 7,6% a un 6,8% y por último
en la participación del sector manufacturero, que baja desde el 5,6% a un 5,4%. Se mantuvo
constante la participación numérica de las microempresas en seis sectores (3, 4, 8, 9, 11, 12), en
tanto, otros ocho sectores (2, 10, 13, 14, 16, 17, 18, 19), presentan un crecimiento de su
participación numérica, siendo nuevamente el comercio y los transportes los sectores al interior de
los cuales las microempresas presentan un mayor crecimiento en su participación sectorial.
De estas cifras puede concluirse que las microempresas han tendido a agruparse en los
sectores, agrícola y transporte, vale decir la dinámica económica tiende a agruparlas en sectores
intensivos en recursos humanos de bajo nivel de calificación.
A consecuencia de la crisis recesiva de 1998 y de las políticas de ajuste que la sucedieron a
partir de ese año, el segmento de la microempresa parece estar recibiendo en su interior ya sea a las
pymes en declinación, o bien a personal expulsado de éstas, creciendo fuertemente en este segmento
las pequeñísimas unidades agrícolas (probablemente trabajadores por cuenta propia y otros
minifundistas), el pequeño comercio y el transporte de pasajeros (taxis), de tal manera que la
microempresa parece agrupar crecientemente a los perdedores de la crisis.

14

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

5.

N° 138

Las microempresas chilenas y su distribución regional

La distribución regional de las microempresas se visualiza también como extremadamente
concentrada, resultando notorio el cómo dicha concentración sigue muy de cerca los patrones
nacionales de concentración territorial.
La región Metropolitana concentra el 36,56% de las microempresas nacionales, en tanto la V
Región concentra el 10,26% y la octava Región por su parte agrupa al 10,88% de las
microempresas. De este modo se observa que las tres principales regiones, que agrupan al grueso de
las empresas chilenas, son precisamente quienes agrupan mayoritariamente a las microempresas,
aun cuando la incidencia de éstas en el total de empresas es algo mas reducida que la participación
de las empresas regionales en el total de empresas en el nivel nacional.
De igual modo es posible visualizar que sólo en la séptima Región del Maule, donde la
microempresa tiene un carácter eminentemente rural, ésta logra superar a la barrera del 7% de
participación en el total nacional (7,50%), en tanto en el resto de las regiones, incluso en aquellas en
las cuales el peso del total de sus empresas supera dicha cota de participación, las microempresas no
llegan a agrupar cifras superiores al 7% del total nacional de microempresas.
Cuadro 5

DISTRIBUCIÓN REGIONAL DE LAS MICROEMPRESAS (AÑO 2000)
(Número de empresas y porcentaje por región)
Micro

Total

Número
SI
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
Total Nacional

%

Número

%

16 211
18 767
15 736
8 694
21 453
54 733
29 320
39 990
58 025
28 788
36 808
3 750
6 145
195 059
533 479

3,03
3,52
2,95
1,63
4,02
10,26
5,50
7,50
10,88
5,40
6,90
0,70
1,15
36,56
100

16 733
21 657
18 565
10 032
24 534
64 766
33 855
45 086
68 000
32 928
43 304
4 309
7 455
255 321
646 545

2,59
3,35
2,87
1,55
3,79
10,02
5,24
6,97
10,52
5,09
6,70
0,67
1,15
39,49
100

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información del SII

6.

Participación de las microempresas en las ventas totales

En América Latina, como promedio, la microempresa genera un 27,4% del empleo,
constituyendo el 77% del total de empresas,12 existiendo una participación de éstas en el producto
interno bruto (PIB) de cada país, que tiende a ser inversamente proporcional a su peso numérico.
De acuerdo a esta realidad, se constata que los países de menor nivel de desarrollo tienden a
poseer una microempresa muy numerosa y por eso mismo altamente generadora de empleo. Sin
embargo, ésta participa muy poco en las ventas totales13 y en la generación de producto, de tal
12

13

Alburquerque, F.: Desenvolvimento Economico Local: Caminhos e desafios para a construcao de uma nova agenda política. BNDES, Rio de
Janeiro, 2001.
La baja participación de las Microempresas en las ventas totales tanto en los países en los cuales las estadísticas clasifican a las empresas en
base a su nivel ventas como en los que lo hacen en base al número de trabajadores, es un fenómeno vinculado a la estructura económica de

15

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

manera que la precariedad de estas unidades resulta una consecuencia lógica de su escaso poder de
mercado y de su baja productividad, otorgando por esa vía un carácter estructuralmente inestable al
conjunto del tejido productivo.
Este parece ser el caso de la economía chilena, en la cual, si se observa la evolución de los
montos absolutos y relativos de las ventas de los distintos estratos de empresas, tal como muestra el
cuadro N°6, salta a la vista la extrema debilidad del tejido productivo chileno, así como el dualismo
de la estructura empresarial del país.
Cuadro 6

VENTAS NACIONALES POR TAMAÑO DE EMPRESA
(En millones de UF y porcentajes)
Estrato
Micro
UF
%
Pequeña UF
%
Mediana
UF
%
Grande
UF
%
Total
UF
%

1994
200
4,11
577
11,85
533
10,95
3.558
73,09
4 868
100

1995
210
3,74
613
10,93
571
10,18
4.216
75,15
5 610
100

1996
224
3,72
642
10,66
600
9,97
4.554
75,65
6 020
100

1997
220
3,5
664
10,56
639
10,17
4.763
75,77
6 286
100

1998
242
3,88
694
11,11
647
10,36
4.661
74,65
6 244
100

1999
237
3,96
654
10,93
610
10,19
4.483
74,92
5 984
100

2000
244
3,69
673
10,17
626
9,46
5.074
76,68
6 617
100

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información del SII

Un país como Chile, en el cual el 1% de las empresas, vale decir las de gran tamaño generan
el 77% de las ventas totales de la economía, en tanto el 83% de las empresas, vale decir las de
tamaño micro, sólo explican cerca del 4% de las ventas totales de la economía y en donde
adicionalmente estas últimas generan sobre el 50% del empleo, no puede sino ser catalogado como
una economía de estructura extremadamente dual.
Los aumentos coyunturales de la participación en el mercado (market share) de las
microempresas parecen encontrar explicación, como veremos más adelante al analizar el
comportamiento de las ventas medias por estrato, tan sólo en el aumento del número absoluto de
microempresas en operación, puesto que las ventas medias en el ámbito de cada unidad decaen a lo
largo del período, culminando hacia el año 2000 en ventas promedio, expresadas en UF, menores
que las que poseían las microempresas a comienzos de 1994.
De ese modo la pérdida de competitividad, expresada en la citada caída de las ventas de las
microempresas, parece haber redundado en el reforzamiento de un cuadro de limitaciones
estructurales al crecimiento de éstas.

dichos países y no a la definición del tamaño de empresa. En el caso del número de trabajadores el tema salta a la vista, pero cuando se
clasifica a las empresas según ventas no debe olvidarse que el crecimiento de las ventas dentro de un estrato y del número de empresas con
ventas crecientes dentro del mismo estrato, bien pudiese llevar a una importante mejoría en la participación de las ventas de empresas que se
definen como micro o pequeñas dado su bajo nivel de ventas, de tal modo que la presencia o no del fenómeno resulta independiente de la
definición utilizada, pero altamente dependiente de la estructura de los mercados, especialmente de la distribución de las firmas por tamaño al
interior de éstos.

16

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

7.

N° 138

Ventas promedio según tamaño de empresa

Como se observa en el cuadro N° 7, las microempresas se mueven desde ventas promedio de
458 UF anuales, en el año 1994, a ventas promedio de 456 UF el año 2000, montos extremadamente
pequeños y que arrojan dudas sobre la sostenibilidad en el tiempo del peso de mercado de este
estrato y sobre su capacidad para generar empleos estables a sus empleados y propietarios.
En efecto, es tan bajo el nivel de las ventas de las microempresas que si el total de dichos
ingresos por ventas se usasen para pagar salarios, equivaldrían sólo a una capacidad de pago de
cinco salarios mínimos mensuales. Como en estas pequeñas unidades el costo salarial generalmente
supera el 50% de los costos totales, sólo se puede concluir que: o las microempresas son de un
tamaño muy pequeño, o pagan salarios muy bajos, o bien exhiben una combinación de ambos
efectos.
Cuadro 7

VENTAS ANUALES PROMEDIO, SEGÚN TAMAÑO DE EMPRESA
(Valores en UF)
Estrato
Micro
Pequeña
Mediana
Grande

1994
458
7 208
47 538
718 859

1995
465
7 214
47 576
782 262

1996
459
7 214
47 555
794 889

1997
464
7 264
47 878
765 163

1998
473
7 210
47 611
743 217

1999
454
7 161
47 650
768 185

2000
456
7 161
47 548
836 395

Fuente: Elaboración el autor sobre la base de información del SII

Las cifras del cuadro N° 7 parecen reafirmar la caracterización de la microempresa entregada
por las cifras procedentes de las encuestas de Caracterización Socio Económica Nacional (CASEN),
las cuales muestran que el año 2000 el 50% de los trabajadores por cuenta propia percibieron
ingresos superiores al mínimo, en tanto el 82% de los microempresarios estuvieron por sobre ese
nivel. Ambas cifras parecen indicarnos que el grueso de la microempresa se compone en realidad de
empresas unipersonales, de otro modo resultaría difícil explicar (aun cuando estas unidades
maximizasen su evasión tributaria) el que sus ventas apenas permitan financiar en el promedio del
sector (después de cubrir sus costos no salariales), la contratación de tres trabajadores.
Sin duda parece razonable asumir que existe una dispersión normal de las ventas en torno a la
media, luego esto nos llevaría a conjeturar una situación en la cual, si bien un cierto número de
microempresas podría contratar hasta cinco trabajadores, en el centro del estadígrafo se agruparían
empresas de sólo dos o tres trabajadores y en el segmento inferior lo haría uno de tamaño similar al
primero, compuesto de microempresas unipersonales. Sin embargo claramente esa no parece ser la
distribución predominante, puesto que más del 75% de las microempresas facturan menos de 600
UF anuales y por lo tanto difícilmente pueden aspirar a contratar más de un trabajador. Eso
significa que cerca del 80% de las microempresas formales son en realidad microempresas
unipersonales, o trabajadores por cuenta propia, quienes no tributan en segunda categoría, sino en
primera, dada la naturaleza empresarial (y no profesional) de sus actividades.14

14

De las cifras disponibles salta a la vista la enorme brecha existente entre las micro y las pequeñas empresas y la semejanza de estas últimas
con las de tamaño mediano. En Chile el nivel de ventas promedio de una empresa mediana es 18 veces menor que el de una gran empresa
promedio, en tanto el nivel de ventas de una microempresa es 16 veces menor que el de una pequeña empresa promedio, por ende la
diferencia de tamaño (usando la variable ventas como proxy del tamaño), entre una gran empresa y una mediana empresa chilena, es muy
similar al existente entre una microempresa y una pequeña empresa.

17

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

8.

Tasas de crecimiento de las ventas totales de la microempresa

La participación en las ventas totales alcanzada por las microempresas, representaba en 1994
un 4,11% de las ventas totales, en tanto en el año 2000 esta participación había descendido hasta un
mero 3,69% del volumen total. Se puede observar que, a lo largo del período analizado, existe una
relación directa entre el tamaño de las empresas y el incremento de las ventas totales.
Esta conclusión, que se visualizaba ya en la información aportada anteriormente, se reafirma
a partir del cuadro N° 8, el que expresa de un modo aún más claro el cómo la estructura dualística
de la economía chilena ha tendido a reproducirse, e incluso a agravarse, con el correr de los años.
Aún cuando la tasa de crecimiento de las ventas totales de la microempresa, disminuye
sistemáticamente, se acumula un crecimiento de un 22,00% a lo largo del período, cifra bastante
mayor a las tasas promedio de la pequeña empresa (16,63%) y mayor, por ende, que la de las
medianas empresas (17,89%); mientras tanto, en igual período, las grandes empresas acumulan una
tasa de crecimiento anual de sus ventas totales y por ende de su participación de mercado, más que
el doble que las anteriores, vale decir, un 42,61%.
Cuadro 8

TASA DE CRECIMIENTO DE LAS VENTAS TOTALES, SEGÚN
TAMAÑO DE EMPRESA
(Porcentajes)
Estrato
Micro
Pequeña
Mediana
Grande
Total

1994-1995
5,00
6,24
7,13
18,49
15,20

1995-1996
6,67
4,73
5,08
8,02
7,30

1996-1997
-1,79
3,43
6,50
4,59
4,40

1997-1998
10,00
4,52
1,25
-2,14
-0,70

1998-1999
-2,07
-5,76
-5,72
-3,82
-4,20

1999-2000
2,95
2,91
2,62
13,18
10,60

1994-2000
22,00
16,63
17,45
42,61
35,90

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información del SII

Para observar con mayor detalle la evolución de la concentración de las ventas totales, por
bajo la forma de un índice la participación de las ventas netas de cada estrato de tamaño sobre las
ventas totales, en el año de inicio del estudio, 1994, que para estos efectos se considerará año base.
Al referido año se le asignará un valor cien y se registrará la evolución de las ventas totales en UF
del estrato, mostrando las referidas variaciones como oscilaciones en torno al valor cien original.
Cuadro 9

ÍNDICE DE CONCENTRACIÓN DE LAS VENTAS TOTALES
Estrato
Micro
Pequeña
Mediana
Grande

1994
100 000
100 000
100 000
100 000

1995
91 112
92 188
92 960
102 821

1996
90 567
89 973
91 029
103 500

1997
85 186
89 119
92 843
103 669

1998
94 335
93 772
94 638
102 132

1999
96 400
92 206
93 103
102 500

2000
89 753
85 808
86 405
104 914

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información del SII

Se nota en este indicador una fuerte tendencia a la pérdida de participación de las
microempresas en las ventas totales.
Los montos no son menores a decir verdad. La pérdida de facturación equivale a casi el 11%
de la facturación neta total del conjunto de la microempresa, vale decir, en el año 2000 el valor
anual de la facturación pérdida por la microempresa, a manos de las grandes empresas, que son el
único estrato cuya participación crece en el período, equivale a 44 millones de UF menos que en
1994 (1.039 millones de dólares. De ese modo, bien podríamos afirmar que la referida pérdida de
facturación equivale a que cada una de las microempresas de Chile hubiese perdido 83 UF anuales
de ventas, o dicho de otra manera, que para cada una de dichas microempresas, sus ventas se
hubiesen reducido en el equivalente a un salario mínimo mensual. Mirado el tema desde otro
18

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

ángulo, podemos enfatizar que, dado que la deuda bancaria total de las empresas chilenas, ascendía
en el año 2000 a 37.000 millones de dólares, la pérdida equivale de ventas equivale al 2,8% del
valor de la cartera total de créditos de la Banca y a un 1,4% del PIB chileno.15

9.

Ingresos de los ocupados en las microempresas y condiciones
de pobreza

Las cifras de la CASEN-2000, reseñadas en el cuadro N° 10, nos muestran la posición en que
se encuentran los ocupados en la microempresa, con relación a la línea de pobreza.
Contrariamente al sentido común de cierta literatura que visualiza a la pobreza y a
microempresas como un fenómeno único, la encuesta CASEN nos muestra que el 98,25% de
patrones o empleadores, el 88,37% de los trabajadores por cuenta propia, el 80,81% de
empleados y el 85,59% de los trabajadores familiares no remunerados, que laboran
microempresas, se encuentran posicionados por sobre la línea de pobreza, vale decir pueden
definidos como “no pobres”.16

las
los
los
en
ser

En general, la categoría “No pobres”, es decir, aquel grupo de personas que, conjuntamente a
su grupo familiar, se sitúa por sobre la “línea de pobreza”, concentra el mayor porcentaje de
personas ocupadas en microempresas. Esta información indica que si se intenta focalizar el gasto
social, o incluso las políticas de fomento, en los sectores más pobres, al aplicar dichos recursos en
las microempresas sus resultados en términos de focalización del gasto serán bastante reducidos.
Puede, entonces, afirmarse que: la vinculación existente entre la promoción de las
microempresas y las políticas de superación de la pobreza no es en absoluto directa ni lineal.
Cuadro 10

SITUACIÓN DE POBREZA EN LA MICROEMPRESA SEGÚN
CATEGORÍA OCUPACIONAL
(Miles y porcentajes)
Situación de
pobreza

Patrón o
empleador
(miles)
(%)

Trabajador
cuenta propia
(miles)
(%)

Empleado
sector privado
(miles)
(%)

Indigente
Pobre
No pobre
Total

0,80
2,00
157,06
159,9

27,60
98,20
956,01
1.081,8

29,90
124,70
651,06
805,70

0,50
1,25
98,25
100,0

2,55
9,08
88,37
100,0

3,71
15,48
80,81
100,0

Familiar no
remunerado
(miles)
(%)
2,40
8,60
65,34
76,30

3,14
11,27
85,59
100,0

Total
(miles)

(%)

60,70
233,50
1.829,47
2.123,7

2,86
11,00
86,15
100,00

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de CASEN-2000

La hipótesis que visualiza la focalización del gasto social en los microempresarios como una
acertada herramienta de combate a la pobreza, no encuentra en estas cifras evidencia que permita
respaldarla. Lo que sí parece tener mucho sentido es que, en aquellos casos en que el contexto
macroeconómico es favorable a la consolidación de las microempresas y en que éstas son dotadas
de herramientas de fortalecimiento de su potencial competitivo, la consolidación de estas unidades
económicas permite soportar en ellas niveles de ingresos, para la casi totalidad de sus empleadores y

15

16

Las ventas, una vez ajustadas las variaciones de stock, equivales al valor bruto de la producción de las empresas, en tanto el PIB es a fin de
cuentas la sumatoria del valor agregado generado por éstas, sin embargo, es razonable realizar esta comparación a fin de otorgar una cierta
referencia al orden de magnitud de estas cifras.
Resulta destacable en esta situación que en todos los casos y para cada una de estas categorías de personas empleadas en Microempresas,
entre las mujeres hay un número relativamente menor de pobres que entre los hombres. Patrones o empleadores no pobres, son el 98,9% de
las mujeres y el 98,0% de los hombres. Entre los trabajadores por cuenta propia son no pobres el 90,1% de las mujeres y el 87,6% de los
hombres. Entre los empleados de microempresas hay un 87,6% de mujeres no pobres y sólo un 77,7% de hombres, en tanto para los
trabajadores familiares no remunerados se registra un 88,4% de mujeres no pobres contra un 81,5% de hombres.

19

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

para la mayoría de sus trabajadores, que los propulsan por sobre la línea de pobreza y tienden a
mantenerlos sobre ella.
La consolidación de las actividades micro-empresariales parece haber sido un elemento clave,
en la experiencia chilena, para mantener a este grupo social por sobre la línea de pobreza. De hecho
la información recogida por las encuestas CASEN permite conjeturar que una parte importante de
los saltos en términos de superación de la pobreza, registrados en Chile a lo largo de los años
noventa, estuvieron estrechamente asociados a un mejoramiento de la posición de mercado de las
empresas de menor tamaño relativo, particularmente de las microempresas.17
Un análisis de mayor detalle (véase cuadro N° 11) nos muestra que los ingresos de los
ocupados pertenecientes al primer quintil, cuyo límite superior es muy cercano a la línea de
pobreza, agrupan a una fracción minúscula de los microempresarios (3,23%), al 23,39% de los
empresarios unipersonales y al 33,44% de los empleados en dichas unidades, vale decir casi no hay
microempresarios pobres y sólo una fracción menor de los trabajadores de esas empresas es pobre.
Cuadro 11

INGRESOS DE LOS OCUPADOS EN LA MICROEMPRESA SEGUN
CATEGORÍA OCUPACIONAL
(Miles y porcentajes)
Quintil de ingreso

Patrón o empleador

(en miles de pesos chilenos)
Primero
(0 a 100)
Segundo (100 a 200)
Tercero (200 a 500)
Cuarto (500 a 2000)
Quinto (Más de 2000)
Sin información
Total

(miles)
5,17
18,13
39,66
72,73
16,27
7,90
159,90

(%)
2,23
11,34
24,81
45,50
10,18
4,94
100,00

Trabajadores cuenta
propia
(miles)
253,04
328,52
292,66
112,42
6,10
89,07
1.081,80

(%)
23,39
30,37
27,05
10,39
0,56
8,24
100,00

Empleados y
obreros
(miles)
269,45
284,62
72,03
13,04
0,95
165,57
805,70

(%)
33,44
35,33
8,94
1,62
0,12
20,55
100,00

Total
(miles)
527,66
631,27
404,35
198,19
23,32
262,54
2.047,30

(%)
25,77
30,83
19,75
9,68
1,14
12,83
100,00

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de CASEN-2000

Sólo una fracción muy minoritaria de los ocupados en microempresas se encuentra por bajo
la línea de pobreza. El 45,5% de patrones o empleadores de las microempresas pertenece al cuarto
quintil de ingresos, muy por sobre la línea de pobreza, en tanto los trabajadores por cuenta propia
más numerosos, 30,37%, pertenecen al segundo quintil, vale decir perciben ingresos entre 100 mil
pesos a 200 mil pesos mensuales. En el mismo quintil se encuentra el 35,33% de los empleados u
obreros de microempresas, cuya situación se observa algo más desmejorada en relación con sus
patrones, pese a lo cual casi el 65% de estos empleados u obreros perciben ingresos que permiten
definirlos como no pobres.
Sólo el 3,23% de los empleadores de microempresas de más de un trabajador perciben
ingresos que debieran colocarlos por bajo la línea de pobreza, en tanto el 23,9% de los
microempresarios individuales (trabajadores por cuenta propia) están en igual situación.
Ahora, la antigüedad en el trabajo, otro dato de interés aportado por la CASEN y que puede
ser visualizado en el cuadro N° 12, nos muestra que, en términos de antigüedad, la situación de los

17

20

En una economía como la chilena, en la cual las grandes empresas del sector moderno exhiben una escasa capacidad de generación de
empleo, la transición desde el trabajo dependiente al independiente parece maximizar las opciones de superación de las personas. El
despliegue de instrumentos de fomento productivo y de facilitación del acceso al crédito orientados a este sector, pero sobre todo las altas
tasas de crecimiento que generan ambientes de negocios favorables a las microempresas, sin duda ha ejercido un significativo impacto en la
lucha contra la pobreza, al impedir que los sectores pobres que se desplazaron por sobre la línea de pobreza caigan nuevamente por bajo
dicha línea. Este tema que excede el marco de este trabajo ha sido desarrollado en el estudio de Jorge Leiva, Alejandro Gutiérrez y Enrique
Román: “Caracterización de las micro y pequeñas empresas chilenas 1994-2000”, encargado por el gobierno chileno y actualmente inédito,
en el cual se realiza un análisis de la evolución de la distribución del ingreso por quintiles asociados a estratos de tamaño de las empresas en
que se generan dichos ingresos y que justifica plenamente la afirmación anterior.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

patrones de microempresas de más de un trabajador es bastante diferente de la situación de los
trabajadores por cuenta propia o microempresarios individuales.
Mientras estos últimos, en más de un 70% registran más de seis años de antigüedad en el
trabajo, los trabajadores por cuenta propia se localizan mayoritariamente (42,36%) en el primer
grupo (1 a 5 años),18 lo cual nos da una idea de la menor duración del empleo y de la mayor
rotación en el empleo prevaleciente en el sector de microempresas unipersonales, información sobre
la cual volveremos al momento de analizar las opciones para facilitar el acceso al crédito de este
sector.
Cuadro 12

AÑOS DE ANTIGÜEDAD EN LA EMPRESA DE LAS PERSONAS OCUPADAS
EN LA MICROEMPRESA, SEGÚN CATEGORÍA OCUPACIONAL
(Miles y porcentajes)
Antigüedad
en el empleo
1-5 años
6-10 años
11-20 años
21 años
No sabe
Total

Patrón o
empleador
(miles)
45,58
28,65
38,21
45,31
2,11
159,90

(%)
28,51
17,92
23,90
28,34
1,33
100,00

Cuenta propia
(miles)
458,23
154,21
213,68
239,79
15,90
1.081,8

(%)
42,36
14,25
19,75
22,17
1,47
100,00

Empleado sector
privado
(miles)
534,80
118,66
98,92
50,57
2,71
805,70

(%)
66,38
14,73
12,28
6,28
0,33
100,00

Familiar no
remunerado
(miles)
34,99
13,04
15,66
11,09
1,56
76,30

(%)
45,83
17,08
20,51
14,53
2,05
100,00

Total
(miles)
1.073,6
314,56
366,47
346,76
22,28
2.123,7

(%)
50,55
14,81
17,26
16,33
1,05
100,00

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de CASEN-2000

10. El empleo generado en las micro y pequeñas empresas
Los datos recogidos por el SII no incluyen información sobre ocupación en el ámbito de
“empresa-contribuyente”, de manera que, para tener una aproximación al empleo generado por las
micro y pequeñas empresas, se han utilizado los datos recogidos por las encuestas CASEN.
Es preciso recordar las limitaciones que tiene recurrir a dicha fuente para este objeto. La CASEN
es una encuesta de hogares, cuyo objetivo no es conocer las características de las empresas, sino la
situación socioeconómica de la población, pese a lo cual hay en ella una pregunta al encuestado sobre el
número de trabajadores de la empresa donde trabajan las personas ocupadas que pertenecen a ese hogar.
La información aportada por dicha pregunta es la única fuente disponible en Chile que permite
clasificar el empleo de acuerdo al tamaño de las empresas que lo generan, estando definido dicho
tamaño, en este caso, por el número de trabajadores que laboran en cada empresa reportados por esta
encuesta a hogares.
El cuadro N° 13, a continuación, muestra las cifras obtenidas de esta encuesta en los años 1990 y
2000. Las cifras que se obtienen de esta forma, a partir de las encuestas CASEN, resultan de difícil
interpretación cuando se trata de usarlas para analizar las tendencias del empleo por tamaño de empresa.
Los conceptos utilizados para definir las distintas categorías de empleo no han sido homogéneos a
través del tiempo, resultando particularmente desorientador el hecho de que no siempre la CASEN ha
distinguido como categoría aparte el empleo en el sector público, salvo en los años 199619 y 2000.

18
19

Los empleados y obreros que poseen dicha antigüedad en el trabajo ascienden al 65,38% y los Familiares no Remunerados (FNR) al 45,83%.
La CASEN 1996 presenta no sólo ése sino que numerosos otros problemas metodológicos que dificultan su uso. A modo de ejemplo: en ese
año, a diferencia de los anteriores y posteriores, se preguntó por el tamaño del “establecimiento”, en lugar del tamaño de la “empresa”,
haciendo de ese modo imposible la comparación entre períodos. La CASEN-2000 por su parte es la de mejor calidad de toda la serie, en ella
se retoma la pregunta por la “empresa” y se distingue cuidadosamente el empleo generado en las empresas privadas, del generado por las
empresas públicas y los servicios públicos.

21

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa
Cuadro 13

EMPLEO POR SECTORES
(Miles de personas y porcentajes)
Categoría

1990
Número
empleados

%

Sólo empleo empresas
privadas (%)

22,24

1 081,81

19,86

25,63

992,12

SUB TOTAL MICROEMPRESAS (1+2)

2000
Número
empleados

980,31

1. Trabajadores por cuenta propia
(microempresas unipersonales)
2. Microempresas
(de 2 a 9 trabajadores)

%

2000

22,51

1 041,85

19,13

24,68

1 972,43

44,75

2 969,01

38,99

50,31

3. Empresas de 10 a 49 trabajadores

835,79

18,96

845,35

15,52

20,02

4. Empresas de 50 a 199 trabajadores

521,35

11,83

539,49

9,91

12,78

3 329,57

75,54

3 508,51

64,42

83,11

571,13

12,96

713,07

13,09

SUB TOTAL (1+2+3+4)
5

Empresas de más de 200 trabajadores

16,89
100,00

6. Sector Público
7. FF.AA
8. Servicio Doméstico
9. No sabe (d.i)
SUB TOTAL (5+6+7+8+9)
TOTAL

0

0,00

551,05

10,12

33,35

0,76

68,87

1,26

263,59

5,98

316,68

5,81

210,29

4,77

287,80

5,28

1 078,36

24,46

1 937,46

35,58

4 407,90

100,00

5 446,00

100,00

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de CASEN 1990 y 2000

La falta de criterios constantes de definición de las categorías ocupacionales en las sucesivas
encuestas CASEN torna difícil las comparaciones inter-temporales de las series de empleo por
tamaño de establecimiento, lo cual a su vez ha llevado a interpretaciones erradas sobre la evolución
de las capacidades de generación de empleo según el tamaño de empresas.
De ser cierta la hipótesis que afirma que en Chile, con posterioridad a 1996 las capacidades
generadoras de empleo se han desplazado desde las pequeñas y microempresas hacia las grandes
firmas, deteriorándose el rol de absorción de empleo históricamente jugado por las firmas de
pequeño tamaño, ello habría requerido que se hubiesen producido desplazamientos masivos de la
fuerza de trabajo ocupada desde las micro y pequeñas empresas hacia las grandes. Ello a su vez
habría implicado que las grandes empresas debiesen haber implementado drásticos cambios en sus
relaciones de uso de factores de producción, reemplazándolos por procesos más intensivos en
trabajo, lo cual contraría lo observado en la realidad económica chilena, en la cual, en la última
década, las grandes empresas han aumentado su dotación de capital por trabajador, elevando así la
productividad del trabajo.
Las cifras de la CASEN muestran por el contrario, de un modo bastante inequívoco, que en el
año 2000 fue la microempresa la que generó más del 50% del empleo del sector privado y el 39% del
empleo nacional20 y que la generación de empleo desde las microempresas no parece

20

22

Parece existir en algunos analistas la impresión que, el margen de error incorporado en la CASEN del año 1990, debido al no registro del
empleo público, no ha alterado en absoluto la medición del empleo de las microempresas. Nosotros por el contrario, estimamos que es en ese
estrato donde se deben haber registrado las mayores distorsiones de la encuesta, de tal modo que buena parte del empleo público no
registrado en 1990 fue imputado a empleo de micro y pequeñas empresas, de tal modo que las cifras de empleo de dichos estratos aparecen
sobredimensionadas ese año.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

haberse alterado de un modo significativo, en términos relativos ni absolutos, a lo largo de la
década, sin embargo éste no parece ser un punto de vista compartido por todos los analistas.

Conclusiones del capítulo I
De la información reportada en este capítulo puede desprenderse que las microempresas
chilenas constituyen el grueso del universo empresarial chileno, el cual se caracteriza por la
preeminencia de unidades pequeñas y unipersonales con escaso peso de mercado.
Las microempresas chilenas poseen un pequeño nivel de ventas medias, el cual se ha venido
deteriorando significativamente a lo largo de los años noventa, de ese modo la década pasada se ha
caracterizado en esta área por una extremada concentración del peso de mercado de las grandes
empresas, a la vez que tanto las empresas pequeñas, medianas como las microempresas, han
deteriorado su nivel de ventas. Esta situación ha generado una disminución del tamaño de las
empresas chilenas, de tal modo que, en un “efecto cascada”, cada segmento de tamaño ha visto
reducido su importancia numérica, a excepción de las microempresas y las grandes empresas, que
son los únicos segmentos que aumentan su participación numerica relativa.
Este aumento numérico de los dos estratos límite, el superior y el inferior, se ha caracterizado
por la emergencia de un mayor número de grandes empresas que facturan muchísimo más que en
cualquier otro período, a la vez que han aumentado también las microempresas, pero sobre la base
de un aumento de la presencia de unidades muy precarias, las que facturan una proporción cada vez
menor de las ventas totales.
En dicha dinámica las microempresas han visto deteriorada su posición de un modo
adicional, a partir del año 1998, en el cual de algún modo las políticas macroeconómicas
descargaron sobre sus espaldas los efectos más duros de las políticas de ajuste del gasto agregado.
De ese año en adelante, cada variable utilizada en el análisis muestra una precarización adicional de
las empresas de menor tamaño relativo.
Pese a lo anterior, a lo largo de la década, la profundización del dualismo de la economía
chilena ha llevado a que, de un modo paralelo a la pérdida de peso de las microempresas en las
ventas y el producto, se haya mantenido su peso en términos de generación de empleo.
Las microempresas parecen agrupar en su interior a los perdedores de la crisis de fines de los
años noventa, sin embargo como predominan en su interior los trabajadores por cuenta propia, los
cuales por definición se encuentran imposibilitados ante las crisis de generar desempleo, debiendo
sólo ajustar a la baja de sus niveles de ingreso, las microempresas han mantenido su participación
absoluta y relativa en términos de generación de empleo, sin embargo dichos empleos parecen ser
cada vez más precarios y de menor calidad.
A lo largo de los años noventa, el impresionante desempeño de la economía chilena en
términos de reducción de la pobreza, parece haberse apoyado, para una significativa proporción de
la fuerza de trabajo, en la estabilización de empleos microempresariales, o en las microempresas,
segmento que, capitalizando para sí los efectos de casi quince años de crecimiento del producto por
sobre el 7%, consolidó, durante buena parte de la década, unidades económicas capaces de
mantener a una gran parte de los ocupados en las microempresas con ingresos que los situaban por
sobre la línea de pobreza.
Cuando las políticas macroeconómicas deciden, en 1998, ajustar en contra de este sector, se
observa que la economía chilena aumenta sus niveles agregados de desempleo, sin que se altere
significativamente ni el empleo ni el desempleo del sector moderno de gran escala.
Es dable esperar, entonces, que en un futuro próximo, nuevas mediciones muestren que
importantes contingentes de la fuerza de trabajo expulsados de las microempresas de mayor tamaño
23

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

y de las pyme, vuelvan a caer por bajo la línea de pobreza, luego esta situación de contexto debe ser
tenida en cuenta de un modo destacado a la hora de analizar las perspectivas de este sector,
especialmente a la hora de analizar la evolución del acceso al crédito desde el sector financiero
formal y las políticas públicas orientadas a compensar dichos efectos.

24

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

II. El financiamiento bancario hacia
la microempresa: problemas y
soluciones en el caso chileno

1.

Problemas que dificultan el acceso al
crédito de las microempresas chilenas

En el capítulo I analizamos con detalle las características de las
microempresas chilenas, enfatizando tanto lo precario de su peso en el
mercado, como lo importante que es su incidencia en el empleo,
mencionándose las dificultades que ellas poseen en términos de su
acceso a los recursos necesarios para su desarrollo.
En el presente capítulo, en cambio, nos concentraremos en el
impacto de dichas dificultades sobre el acceso de las microempresas al
financiamiento y sobre las relaciones que, basándose en ellas,
establecen las microempresas con el sector financiero. De ese modo
intentaremos evaluar de qué manera dichas relaciones se constituyen o
no en una barrera insalvable al desarrollo de estas empresas. Sin
embargo, analizar el comportamiento de la banca comercial no sólo
requiere detenerse en el comportamiento real de sus carteras de crédito,
desagregadas por tamaño de empresas, sino que intentar descubrir
cuales son los condicionantes más profundos de su operación.

Por esta razón, tras analizar detalladamente la evolución de la posición de las microempresas
en el crédito bancario, nos detendremos un poco más en el análisis de los eventuales condicionantes
25

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

de su desempeño a lo largo de los noventa. Se analizarán también en este capítulo las modalidades
específicas de organización y operación del mercado de capitales con relación a la microempresa,
enfatizando las fallas y distorsiones presentes en los mecanismos de asignación de recursos,
centrándonos en los problemas del riesgo-crédito y los altos costos de transacción que rodean las
operaciones crediticias a microempresas.
Se analizará adicionalmente el rol que las políticas públicas han jugado en esta área,
enfatizándose los temas vinculados a la implementación, por parte del gobierno chileno de:
subsidios a los costos de transacción de las instituciones financieras, de una tasa máxima
convencional, fijada para operaciones de crédito y de normas dictadas por la Superintendencia de
Instituciones Financieras (SBIF) con relación a la clasificación de cartera de las instituciones
crediticias.

A)

El tema del riesgo-crédito de las microempresas

Uno de los aspectos importantes a considerar por las instituciones bancarias al trabajar con la
microempresa, es que el riesgo de cartera de este estrato parece ser efectivamente superior al de las
empresas de mayor tamaño.
Un primer indicador de ello está en la distribución de la cartera vencida según estratos, que se
señala en el cuadro N° 14. En él, para cada estrato de empresa se señala el porcentaje de cartera
vencida dentro del total de créditos otorgados a dicho estrato. De este modo, se observa a partir de
dicho cuadro que en el mercado chileno de crédito existe una relación directa entre el porcentaje de
cartera vencida del estrato y el tamaño de empresa.
Por un lado vemos a la gran empresa, con un indicador, en el año 2000, de 0,17%, la mitad
del promedio del mercado. En el otro extremo, vemos a la microempresa, cuyo indicador (5,61%)
que triplica con creces el promedio del mercado (1,72%) y que empeora en términos absolutos de
un modo muy significativo, con relación al año 1994 (3,10%).
Cuadro 14

DISTRIBUCIÓN DE LA CARTERA VENCIDA POR ESTRATOS
(Porcentajes)
Estrato
Microempresas
Pequeñas
Medianas
Grandes
Total

1994
3,10
2,77
0,78
0,36
1,01

2000
5,61
3,37
1,96
0,17
1,72

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

Si este indicador (cuadro N° 14), que nos muestra la proporción de cartera vencida propia de
cada estrato de tamaño, se complementa con un segundo indicador (cuadro N° 20), que nos muestre
el “riesgo de la cartera vencida total explicado por cada estrato de empresas”, podríamos ver que la
microempresa casi ha duplicado su participación en la cartera vencida global del sistema bancario a
lo largo del período 1994-2000, agrupando, a fines del año 2000, al 30,06%21 de la cartera vencida
del sistema financiero chileno, razones sobre la base de las cuales parecen justificarse ampliamente
las aprehensiones de la banca en torno a este segmento.

B)

21

26

Las asimetrías de información

Para un análisis más detallado véase cuadro N° 20 y análisis posterior.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

Un elemento que caracteriza la operación de los mercados financieros, es que ellos poseen
como función central la obtención y procesamiento de información. Como se sabe, la información
es un bien público. Dado que existen dificultades para apropiarse de los retornos de la información
(por la no-exclusión y no-rivalidad en el consumo), existe en ellos una tendencia natural a la subprovisión de información.
Dos de las funciones más importantes de las instituciones financieras son el seleccionar entre
proyectos alternativos y monitorear el uso de los fondos. La observación de que un prestamista está
prestando a una determinada empresa, reafirma la evaluación de otro prestamista. Esto genera una
externalidad, donde el beneficio de la misma no es tomado en cuenta cuando el primer prestamista
evalúa el otorgamiento de un préstamo.
Esta situación tiende a generar un sesgo en contra de los préstamos a empresas nuevas, o
empresas sin historia, tal como ocurre en el caso de las microempresas Chilenas, las que se
caracterizan por una alta rotación y un ciclo de vida que exhibe tasas de mortalidad anual que
oscilan en torno al 13% de las firmas (Román 2000, Crespi 2003).
Sin embargo, éste no es el único sesgo que presentan los mercados financieros y que operan
en contra de un acceso fluido de las microempresas al crédito. La presencia de deudores
deshonestos, junto con información imperfecta, provoca pérdidas para los deudores honestos y es
un factor de ineficiencia en el mercado de capitales. La respuesta de las instituciones bancarias a
este problema, es generalmente un sesgo en contra de créditos a largo plazo, lo que se traduce en
tasas más elevadas y niveles de colocaciones socialmente sub-óptimos. Una vez más, esto atenta
particularmente contra las microempresas, dado que la falta de información en deudores nuevos de
pequeño tamaño hace que la banca les asigne a éstos una mayor probabilidad de deshonestidad.
En presencia de información imperfecta, es probable que los mercados no se equilibren. En
los mercados de crédito quienes están dispuestos a pagar las tasas más elevadas, pueden no ser
aquellos que ofrezcan un retorno más elevado al prestamista; incluso el retorno esperado puede
disminuir en la medida que tasas muy elevadas aumentan la probabilidad de quiebra.
Como resultado, puede haber racionamiento; a pesar de que exista un exceso de demanda por
créditos los prestamistas no subirán la tasa de interés. Este es típicamente el caso que enfrentan las
microempresas: dadas las dificultades que representa para las instituciones bancarias evaluar sus
créditos, muchas veces ellas optan por no prestar (Larraín C. y Román E., 2001).

C)

El tema de los costos de transacción

La operación crediticia con microempresas implica, sin lugar a dudas, costos de transacción
más elevados que en el caso de las empresas de mayor tamaño.
Por un lado existen, en las propias instituciones bancarias, mayores costos en el estudio de
cada proyecto de crédito, lo cual obedecen a la carencia, por parte de los microempresarios, tanto de
información estandarizada y confiable, como de proyectos bien formulados y en condiciones de ser
evaluados. Esto genera, entonces, la existencia de altos costos derivados de la necesidad de
compensar de algún modo la ausencia de aquella información que debiera de haber servido de
parámetro de referencia para la evaluación de los créditos.
En segundo lugar, existen mayores costos de administración del proceso de crédito cuando se
está en presencia de una cartera compuesta por numerosos clientes, cuyos montos de crédito
concedido son, además, de un escaso monto. Adicionalmente, cuando se trata de proyectos de
inversión, la banca debe sumar a dichos costos de administración los costos de monitoreo en la

27

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

ejecución del proyecto,22 lo cual significa que la banca, para una misma cifra de negocios, debe
realizar un mayor número de operaciones a fin de obtener una rentabilidad positiva.
En consecuencia, tanto el mayor riesgo de la cartera como los elevados gastos de apoyo, hacen
que una respuesta racional del sistema financiero sea operar hacia las microempresas con mayores
márgenes (spreads) respecto de otros estratos de empresas. A consecuencia de esta situación las
políticas públicas chilenas se han concentrado en el subsidio a los costos de transacción de las
instituciones bancarias que atienden a las microempresas, de tal modo que por esta vía se generen
incentivos a la ampliación de la cobertura crediticia brindada por la banca comercial a las empresas de
muy pequeño tamaño.

D)

La respuesta de las políticas públicas chilenas ante las fallas
de mercado: el programa IFIS (instituciones financieras
internacionales)

Los problemas anteriormente referidos no han manifestado signos de solución sobre la base de la
fuerza espontánea y la evolución autónoma de los mercados de crédito, por ende la solución de estos
problemas ha sido abordada por las políticas públicas chilenas mediante la implementación de un
programa de subsidios a la oferta crediticia, denominado programa IFIS, cuyo objetivo es promover, en
el sistema financiero formal, el acceso al crédito de las microempresas.
El subsidio estatal es otorgado a cada institución financiera participante en función del número de
préstamos concedidos a las microempresas, entendiendo que, por esta vía, después de uno, dos, o tres
créditos otorgados, el empresario se transformará en cliente regular de las entidades bancarias. De ese
modo, la idea es que este subsidio al costo de transacción de los oferentes financieros se transforme en
un subsidio al proceso de bancarización de las microempresas
El Programa IFIS se inició en términos prácticos en 1992, haciéndose cargo de la escasa
relevancia otorgada en ese momento por la banca al área de crédito a las microempresas.
Este estrato era visualizado por la banca como un mercado desconocido, de alto riesgo y con
elevados costos relativos de evaluación de las operaciones de crédito. Dado el bajo monto unitario de
los créditos requeridos, la inexistencia o deficiencia de la información básica que las microempresas
poseían acerca de su propia operación (ventas, producción, calidad, mercados, registros contables, etc.),
así como debido a la carencia por parte de la banca chilena de metodologías de evaluación y análisis de
riesgo aplicables a las empresas de este sector, hacia comienzos de la década de los noventa, el
desinterés de la banca por el sector de microempresas era manifiesto.
A fin de remediar esta situación, el gobierno chileno decidió implementar el referido programa
IFIS, al cual se le otorgó cobertura nacional, orientándolo a aquellas empresas que no accedían a la
banca. A partir de ese momento el estado chileno comenzó a otorgar a la banca comercial un subsidio a
la oferta de créditos para microempresas, licitándose periódicamente recursos de subsidio entre las
instituciones bancarias interesadas.23

22

23

28

Un crédito promedio a una gran empresa es treinta veces mayor que uno otorgado a una pequeña, y 6,5 veces superior a uno otorgado a una
empresa mediana. En el caso de los gastos de apoyo o de administración, necesarios para solventar la operación del sistema, el promedio de
la banca es del orden del 3% de los activos. En el caso de las microempresas, aunque no se dispone de estadísticas precisas, nuestros sondeos,
realizados en el curso de este estudio, arrojaron una cifra del orden del 4,5% al 5%, vale decir fluctúan en torno al 50% de los costos de una
plataforma de créditos de consumo, los que se sitúan en el orden del 10%.
Los subsidios IFIS se sitúan en torno a los ochenta dólares americanos por operación de crédito y pueden ser ocupados para un máximo de
tres créditos procesados por la banca a cada microempresa. El plazo de los créditos a ser subsidiados en su costo de transacción, puede ser
desde 6 a 48 meses, no existiendo requisitos de antigüedad de las empresas beneficiarias. El destino de los créditos puede ser tanto para
capital de trabajo y/o adquisición de activos fijos y el monto de cada crédito alcanza desde el equivalente de 8 UF a 250 UF, vale decir entre
200 y 6.000 dólares aproximadamente. El Programa IFIS es de carácter multi-sectorial y sólo se exceptúan de él las empresas agrícolas, las
cuales no califican como receptoras de este subsidio. El programa se controla a través de una empresa supervisora externa y los créditos se
otorgan bajo el absoluto y total riesgo de las instituciones financieras que participan en el Programa.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

2.

N° 138

Acceso al crédito por estratos de empresas

En los párrafos precedentes explicamos con cierto detalle cuáles son los problemas que, de
uno u otro modo, limitan el acceso de las microempresas al crédito bancario, así como las políticas
públicas destinadas a enfrentarlos. Sin embargo, a fin de evaluar la pertinencia y eficiencia de
dichas políticas se hace preciso incorporar en este estudio tanto una visión global acerca de la
evolución del mercado de crédito a las microempresas, como los argumentos de las instituciones
bancarias en torno a dicha evolución, a fin de analizar con mayor detención si efectivamente las
medidas esgrimidas por la autoridad como remedio a las posibles imperfecciones de los mercados
crediticios chilenos son las más adecuadas.
Analizaremos entonces, con mayor detalle cuál es la real posición de las microempresas
chilenas, al cabo de una década de esfuerzos de política pública, con relación a su acceso al crédito,
para, en un segundo momento, volver en torno a los argumentos de orden conceptual que explican
ese desempeño, así como sobre las estrategias implementadas por las instituciones bancarias (o por
algunas de ellas), para enfrentar estos problemas.
Para analizar el acceso al crédito, diferenciando por distintos estratos a las empresas,
utilizaremos dos indicadores:
• Relación entre la participación de cada segmento en el crédito frente a su participación en las
ventas.
• Cobertura, es decir, la relación porcentual entre el número de empresas con deuda de un sector
y el total de empresas correspondientes a cada segmento. La utilidad de este indicador es
efectuar comparaciones entre la cobertura de diferentes estratos.
A fin de no inducir apreciaciones erróneas, ambos indicadores deben ser analizados de
manera conjunta. El hecho de que la participación de un segmento de empresas en las colocaciones
de la banca comercial sea superior a su participación en las ventas, no indica necesariamente que no
exista segmentación. Podría ocurrir que las colocaciones estén concentradas dentro de un
subsegmento de empresas dentro del estrato y que paralelamente exista un amplio universo de
empresas, dentro del mismo estrato, que no tiene acceso al crédito.
La información del cuadro N°15, nos muestra, paradojalmente, una relación inversa entre el
indicador de participación en colocaciones a participación en ventas, frente al estrato de empresas
de que se trata. En otras palabras, para 1997, el peso relativo de la microempresa en colocaciones
supera en más de dos veces (2,66%) su participación en las ventas.
En el caso de la gran empresa, sin embargo, su participación en las colocaciones es inferior a
su participación en las ventas (0,77%).
Cuadro 15

COLOCACIONES Y VENTAS POR ESTRATOS DE EMPRESAS
(Porcentajes)
1994

Estrato
Participación en
ventas
(1)

Microempresas
Pequeñas
Medianas
Grandes
Total

4,11
11,85
10,95
73,09
100,00

Participación en
colocaciones
(2)

7,83
13,38
11,75
53,01
100,00

2000
(2)/(1)

1,91
1,13
1,07
0,73
1,0

Participación en
ventas
(3)

3,69
10,17
9,46
76,68
100,00

Participación en
colocaciones
(4)

9,23
13,95
10,74
59,35
100,00

(4)/(3)

2,66
1,37
1,14
0,77
1,0

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF y el SII

29

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

Tal como se señaló antes, este indicador por separado es totalmente insuficiente para
determinar el acceso al crédito de cada estrato de empresas. A continuación, entonces, mostraremos
la participación de la deuda vigente de cada estrato en la deuda vigente total de todas las empresas
chilenas. Una vez estimado ese indicador, se procederá a cotejarlo con el indicador de participación
en las ventas, en el entendido que la banca debiera otorgar a las empresas una participación en el
crédito que siguiera muy de cerca de su participación en las ventas.
Como se pudo apreciar en el cuadro N°15, entre 1994 y 2000 las microempresas han
mejorado sustancialmente su participación en el crédito bancario. Mientras en 1994 ellas
concentraban el 7,83% de la deuda vigente de las empresas chilenas, en 2000 concentraban el
9,23%, vale decir ellas exhiben en tan sólo una década, una participación que crece un 18%. En
igual período, sin embargo, el peso de mercado de las microempresas se reduce sustantivamente,
cayendo desde una participación de 4,11% a una de 3,69%, pese a lo cual su participación en el
crédito bancario total se eleva desde 1,91 veces su participación en las ventas de 1994, hasta 2,66
veces las ventas del año 2000.
A lo largo del período bajo estudio, la cobertura crediticia, en valores absolutos y relativos,
mejora sustancialmente para las microempresas, de ese modo, mientras en 1994 el 32,03% de las
microempresas accedía a crédito, en el año 2000 es el 39,43% de éstas las que acceden a crédito en
el sistema bancario.
Las cifras del cuadro N° 16 nos muestran que en Chile, en el año 2000, aún existía una
cobertura de crédito muy desigual entre distintos estratos. La cobertura de la microempresa pese a
su fuerte crecimiento, apenas llega a un 39,43%.
La pequeña empresa en cambio alcanzó hacia fines de 2000 una cobertura del 61,85%, lo
cual ilustra de un modo palpable el déficit de acceso al crédito aún presente en las microempresas.
Cuadro 16

ESTIMACIÓN NIVEL DE COBERTURA ENDEUDAMIENTO DE LAS
MICROEMPRESAS
(Números y porcentajes
Estrato Empresas

1994
Nº de empresas

Micro
Pequeña
Mediana
Grande

435 852
80 099
11 217
4 950

2000

Deudoras

139 621
50 815
8 422
4 165

% Cobertura

32,03
63,44
75,08
84,14

Nº de empresas

533 479
93 842
13 159
6 065

Deudoras

210 354
58 041
9 492
4 750

% Cobertura

39,43
61,85
64,56
78,31

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

En ninguno de los otros segmentos, aún en aquellos en los que se observan carencias en la
cobertura crediticia otorgada por la banca, ella es tan pronunciada como el déficit que exhiben las
microempresas. Las débiles cifras de cobertura de las microempresas avalan la tesis de que en el
año 2000 existían en Chile serias restricciones en el acceso al crédito por parte de estas empresas y
subsistían problemas de racionamiento en el acceso al crédito de este estrato.
La evolución del mercado de capitales chileno debiera de haber llevado a una situación tal
que, a medida que crecía la economía y se profundizaban los mercados, cada estrato o segmento de
empresas, cuya viabilidad se vincula a su persistencia en el tiempo en tanto unidad económica,
debería haber podido acceder a crédito desde el sector financiero de un modo estrechamente
correlacionado a la bondad de los proyectos que dichas empresas deseaban implementar.
Sin embargo, dada la naturaleza de las microempresas chilenas, la mejora del acceso de éstas
al crédito no se ha planteado desde la banca sobre la base de metodologías de análisis de proyectos
empresariales, sino que más bien usando metodologías cercanas a las usadas en la banca de
30

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

personas, no obstante lo cual ha sido frecuente observar que el análisis del clientemicroempresario,
por parte de la banca, se combina con una evaluación del nivel de ventas de su unidad económica.
Ahora, si en la realidad chilena se hubiese observado que, a lo largo de los años noventa el
acceso se ha dado sólo en función del nivel de ventas exhibido por los eventuales clientes, se estaría
en presencia de una evaluación “ex ante” por parte de la banca, en la cual se premiaría a las
microempresas de mayor éxito y trayectoria y se castigaría a los emprendedores emergentes, en
cuanto, independientemente de las potencialidades de sus proyectos, se clasificaría “per-se” a
dichas empresas en niveles de mayor riesgo, excluyéndolos por ende de los circuitos formales de
crédito precisamente por su carácter emergente.
Sin embargo, cuando los mercados financieros apuestan por el desarrollo de un segmento de
clientes, lo hacen no en función de su consolidación en un momento dado, sino que en función de
su potencial de consolidación a futuro, por ende cuando el volumen de crédito orientado a un
segmento de clientes–empresa, supera la participación de dicho segmento en términos de ventas,
ello implica la existencia de una apuesta a futuro realizada por la banca en relación con dicho
segmento, situación que parece ser la prevaleciente en el caso chileno, en la cual, no obstante la baja
cobertura de las microempresas, es patente el cómo el sector bancario ha expandido para ellas el
acceso al crédito, mucho más allá de lo que el mero análisis de las cifras de ventas pudiese inducir.24
En relación con dicha mejoría de acceso al crédito observada en el caso chileno, parece
suceder que la existencia simultanea de un gran número de empresas aún no incorporadas al
sistema, se vincula a la presencia de una apuesta de la banca sólo hacia el segmento más dinámico
de la microempresa.
Más que quedar fuera de los circuitos de crédito, la microempresa parece en realidad estar
incorporándose a dichos circuitos de un modo progresivo, vía prestamos de montos menores
concentrados en las unidades más solventes, manteniéndose fuera de las cifras de cobertura sólo las
unidades económicas más precarias, quienes conforman un estrato muy numeroso (especialmente
los trabajadores por cuenta propia) y que no acceden ni siquiera a los créditos de la banca de montos
más ínfimos.
En las cifras que muestran el acceso al crédito, en el Chile de los años noventa, podemos
observar de un modo muy claro que, paralelamente a una participación en las colocaciones (7,83%
en 1994 y 9,23% en 2000) muy superior a su participación en las ventas (4,11% en 1994 y 3,69%
en 2000), la participación numérica de las microempresas en el mercado de crédito no ha logrado
superar el 40%.
Las cifras del cuadro N°15, que correlacionan la participación de cada estrato en las
colocaciones del sistema financiero con relación a los niveles de venta de cada estrato, muestran que
las microempresas poseen 2,66 veces acceso al crédito con relación a su participación en las ventas,
sin embargo, como sólo cerca del 40% de las microempresas acceden a crédito formal en tanto
empresas, podríamos concluir que las cifras respaldan nuestra visión anterior y que ha sucedido que
el mercado se ha estado orientando fuertemente al estrato de microempresas de mayor tamaño
relativo y mayor potencial de mercado, y por ende, dado que son aquellas que inciden más
significativamente en el cálculo de los volúmenes de crédito destinados al estrato, las cifras
muestran simultáneamente una mayor cobertura y la persistencia de importantes niveles de
racionamiento de crédito a las microempresas.
De este modo, es posible conjeturar que, a lo largo de los años noventa, el sistema financiero
chileno se ha especializado en la atención del estrato más solvente y de mayores niveles de ventas,
24

Sin embargo, ese indicador, antes de permitirnos establecer conclusiones definitivas, requiere ser complementado por otro indicador de
cobertura numérica y, además, recopilar información adicional que nos muestre si fueron las fuerzas espontáneas del mercado las que han
inducido este aumento del acceso al crédito por parte de las microempresas, o si al contrario, han sido las políticas públicas las que han
desempeñado un rol determinante en la generación y consolidación de dicha tendencia.

31

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

de las microempresas, de tal modo que la participación de este grupo en las colocaciones, dado su
mayor “leverage”, ha permitido que el crédito global otorgado al estrato supere con mucho la
participación en las ventas exhibida por el conjunto de las microempresas.
Sin embargo, cabe recordar que las cifras de este estudio se refieren exclusivamente a los
créditos a empresas, por ende, dado que el estrato más débil de las microempresas son los
trabajadores por cuenta propia (o microempresas individuales) es altamente posible que sean
precisamente ellos quienes aparecen excluidos del crédito a empresas, explicando así la
permanencia del déficit de cobertura de este estrato, pese a lo cual es altamente posible que ellos
estén siendo atendidos por la banca bajo la modalidad de crédito a personas (imposible de
estratificar como hemos hecho con las empresas), de tal modo que la cobertura real de crédito a las
microempresas sea mucho mayor que lo que nuestras cifras muestran.25
En el caso de la pequeña empresa, pese a que también es frecuente el hecho de que parte del
crédito otorgado por el sector bancario se dirija al empresario en tanto persona, las cifras de este
estudio muestran que el problema de acceso es de menor envergadura, ya que aparentemente, la
tendencia del sistema bancario chileno apuntó durante la mayor parte de los años noventa, a dar
mayor cobertura, dentro del crédito a empresas, a este segmento.

3.

Las microempresas chilenas y su dinámica de acceso al
mercado de crédito durante la década de los noventa

Como decíamos anteriormente, el acceso de las microempresas al financiamiento es una de
las variables clave de su desarrollo.
Si éstas logran acceso al financiamiento de sus proyectos esa situación puede ser el inicio de
un círculo virtuoso en su desarrollo. Por el contrario, la imposibilidad de obtener financiamiento
para sus proyectos puede ser también el inicio de un círculo vicioso que termine por excluirlas del
mercado.
Las cifras reseñadas anteriormente muestran que las microempresas presentan tanto un mayor
riesgo crediticio, como un mayor costo del análisis de crédito por parte de las instituciones
bancarias. Sin embargo, el acceso fluido al financiamiento puede mejorar la situación de riesgo de
las empresas, a la vez que abarata el costo de análisis de dichas operaciones. Por el contrario, una
situación de exclusión puede llevar a empeorar ambas variables, tornando crecientemente inviables
a estas unidades económicas.
En torno a esta temática se centrará ahora nuestro análisis, intentando mejorar la
caracterización del comportamiento del sector microempresarial y sus estratos, con relación a los
mercados formales de crédito, basándonos en el comportamiento de estas empresas en relación con
el mercado de capitales chileno y viceversa, a lo largo de la última década.
Las cifras reseñadas26 en el cuadro N° 17, reflejan el porcentaje de empresas formales de cada
estrato que registran deudas vigentes con el sistema financiero, con relación al número total de
empresas formales operando en el país. Vale decir, dichas cifras nos muestran la evolución de la
cobertura que otorga el sistema financiero a las demandas por crédito provenientes de los distintos
tamaños de empresa.
25

26

32

En el capítulo siguiente mostraremos cómo al menos una de las tres principales instituciones bancarias orientadas a la microempresa, se ha
especializado en segmentos de borde entre el crédito a empresas y el crédito a personas, generando una mayor cobertura en el segmento de
trabajadores por cuenta propia que por su naturaleza no alcanzan a ser captados por nuestros indicadores basados en información tributaria.
Esta estrategia comercial basada en grandes volúmenes de colocación que permiten absorber un riesgo crédito que sería inmanejable a
pequeña escala, también será analizado con mayor detención en el capítulo III siguiente.
Las cifras utilizadas para este análisis fueron producidas por la Superintendencia de Instituciones Financieras (SBIF), basándose en
información sobre el tamaño de las empresas que les fue proporcionada por el autor en el curso de este estudio.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

Las microempresas que acceden a crédito en el sistema financiero en 1994, ascendían a un
32,03% del total de las microempresas del país y hacia fines del año 2000 ellas habían subido su
participación hasta alcanzar un 39,43% de las microempresas del país.27
De estas cifras puede concluirse que hacia fines de los años noventa Chile registró una
significativa disminución de la participación en el sistema financiero de los deudores de cada uno de
los estratos de tamaño (vale decir la gran empresa, la mediana y la pequeña empresa) a excepción de
las microempresas, las cuales mejoran su participación a lo largo del período. Si se asume que
adicionalmente a estas cifras hay una participación en el crédito de las empresas informales que
acceden a éste como si se tratase de personas, es altamente posible que la participación de las
microempresas en el crédito sea aún mayor que la mostrada por las cifras de la Superintendencia de
servicios Financieros (SBIF).
Cuadro 17
28

PARTICIPACIÓN DE LAS EMPRESAS CON DEUDA EN EL SISTEMA FINANCIERO
EN EL TOTAL DE EMPRESAS DE SU MISMO TAMAÑO (1994-2000)
(Porcentajes)
Estrato
29

Tramo 0
Microempresa
Pequeñas
Medianas
Grandes
Total

1994
32,66

1995
35,10

1996
38,32

1997
38,61

1998
34,84

1999
32,51

2000
29,75

32,03
63,44
75,08
84,14
36,86

36,18
65,40
77,26
83,91
52,74

41,70
66,53
77,55
84,26
56,75

43,79
65,53
74,87
81,22
60,93

42,10
63,60
73,83
79,64
55,45

40,49
62,31
72,47
78,75
54,09

39,43
61,85
72,13
78,32
51,57

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

La tendencia predominante a lo largo del período, para el conjunto de empresas existentes en
el país, fue a la bancarización de una proporción creciente de ellas, lo cual llevó a que, mientras en
1994 el sistema otorgaba crédito sólo al 36,86% de las empresas existentes, el año 2000 la cobertura
ascendió al 51,57% del total de dichas empresas. Sin embargo, la creciente bancarización de las
microempresas genera un promedio de bancarización del sistema que esconde la combinación de
efectos producida por dos fenómenos simultáneos: la des-intermediación voluntaria de las grandes
empresas30 y la marginación del sistema de una proporción creciente de pequeñas y medianas
empresas.
Se desprende del cuadro N° 17 que el porcentaje total de empresas de todos los tamaños, que
accedieron a crédito, fue en 1994 de 36,86%, en tanto para el año 1997 la proporción de la masa
total de empresas que reciben créditos del sistema financiero, alcanzó a un 60,93% de las empresas,
la más alta participación registrada en el período bajo estudio.
Dentro de esa tendencia, la incorporación de microempresas al sistema de crédito fue
extremadamente vigorosa hasta 1997, año en el cual el 43,79% de las microempresas chilenas

27

28

29

30

Por otro lado, las pequeñas empresas con crédito en el sistema que, en 1994, constituían un 63,44% del total de pequeñas empresas del país,
habían reducido su participación a un 61,85% en el año 2000. Las medianas empresas reducen su participación desde un 75,08% a un
72,13% y las grandes empresas desde un 84,14% de cobertura a un 78,32% del total nacional de empresas de su estrato.
Se considera empresa participante en el sistema a toda aquella que registre deudas vigentes o vencidas con la banca o instituciones bancarias
reguladas por la SBIF. De igual modo las referencias a endeudamiento total se refieren a la suma de deudas vigentes y vencidas, de no
mediar una separación explícita de ambos conceptos.
De acuerdo a la información del cuadro N° 17 es posible distinguir, además de los cuatro estratos de tamaño un quinto estrato, o tramo 0,
que agrupa a todas aquellas empresas que, no presentando actividad económica (ventas) el año de referencia, sí presentan deuda vigente al
interior del sistema financiero, por ende esta información se reportará con fines estadísticos, aún cuando no tengamos mayores
antecedentes para proceder a un análisis del significado del comportamiento de dicho estrato.
A lo largo de la década de los noventa las grandes empresas chilenas accedieron fluidamente a créditos de la banca internacional, de tal
manera que, aprovechando los favorables diferenciales de tasas de interés externas, dólares en relación a las internas, comenzaron a
endeudarse en el extranjero y a disminuir su participación en las operaciones de crédito de la banca nacional.

33

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

accede a crédito en el sistema financiero, solicitando dicho crédito en tanto empresas y no a titulo
personal.
A partir de ese momento, se registra una sostenida tendencia a la baja en el acceso de las
empresas al mercado de crédito, llegando en el año 2000 a registrarse tan sólo un 51,57% del
número total de empresas chilenas que presentan deuda vigente o vencida en el sistema financiero.
De este porcentaje un 39,43% de las microempresas presentan deuda vigente o vencida en el
sistema financiero, número claramente inferior al promedio nacional y por supuesto a la
participación del 43,79% que éstas alcanzaron en 1997.
Sin lugar a dudas, fue el ajuste recesivo vinculado a la crisis asiática y la política para
enfrentarla definida por el Banco Central y el Ministerio de Hacienda chileno, la que determina el
cambio de tendencia en el fuerte incremento en la bancarización de microempresas que se había
registrado entre 1990 y 1997.
Hasta ese momento podía afirmarse que los temas de acceso al crédito de corto plazo, por
parte de las microempresas, se encontraban solucionados en una importante proporción. Las cifras
internacionales muestran que una economía en las que el 75% de las empresas realizan operaciones
de crédito con el sistema financiero regulado, y en el que casi el 40% de las microempresas acceden
a crédito bancario para empresas, es una que va camino de acercarse a los limites de lo posible en
cuanto incorporación de las empresas de tamaño menor al sistema.
Las microempresas, al bordear en 1997 un 44% de bancarización, pese a poseer la frágil
posición económica descrita en los capítulos precedentes, alcanzan sin duda una participación muy
superior a lo que sería esperable en función de su mero peso económico, pudiendo concluirse por
ende que, al menos hasta ese año, el intento de masificar el acceso de las microempresas al crédito
en el sistema financiero chileno fue muy exitoso y llegó a compararse muy favorablemente en
términos internacionales.
El cuadro N°18 nos muestra como, tanto dentro del escenario de expansión económica,
predominante antes de 1997, como en el escenario de contracción y desaceleración posterior a ese
año, fueron las microempresas las que lograron mayor acceso al crédito en el sistema financiero
regulado.

34

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138
Cuadro 18

PARTICIPACIÓN DE LAS EMPRESAS CON DEUDA EN EL SISTEMA FINANCIERO
EN EL TOTAL DE EMPRESAS DEL PAÍS (1994-2000)
(Porcentajes)
Estrato
Tramo 0
Microempresa
Pequeñas
Medianas
Grandes
Total

1994
7,66
20,08
7,31
1,21
0,60
36,86

1995
10,72
29,50
10,03
1,67
0,82
52,74

1996
10,06
34,02
10,15
1,68
0,83
56,75

1997
12,63
35,49
10,23
1,71
0,86
60,93

1998
8,99
34,30
9,77
1,60
0,80
55,45

1999
9,45
33,43
9,02
1,47
0,73
54,09

2000
7,86
32,54
8,98
1,47
0,73
51,57

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

Ellas pasaron de tener un 20,08% del total de deudores empresas en el ámbito nacional, en
1994, a tener en sus filas, en calidad de deudores del sistema, al 32,54% de los clientes bancarios
empresas en el año 2000. Esto quiere decir que para la microempresa creció su participación
porcentual en el número de deudores en el sistema financiero en un 56,4% en seis años, logrando su
mayor participación en el año 1997, en que la microempresa llegó a agrupar un 35,49% del total de
empresas deudoras del sistema financiero del país.
Si bien es cierto que todo el resto de los estratos han seguido hasta 1997 la misma tendencia,
es decir, el número de empresas deudoras del sistema financiero aumentó su proporción dentro del
total de empresas existentes en el país, para luego, disminuir sistemáticamente su participación, la
magnitud de los aumentos de dicha proporción en el resto de los estratos resulta mínima al ser
comparada con los de la microempresa. Al pasar éstas de una participación porcentual, en el número
de deudores, de un 20,08% en 1994, a un 32,51% en el año 2000, mejoran su participación en
ambos sentidos, vale decir aquellas que acceden a crédito son cada vez una mayor proporción del
total nacional de empresas y a la vez que constituyen una mayor proporción del total de empresas
con acceso a crédito.31
El que las microempresas no sólo aumenten su participación absoluta en el monto total de
crédito otorgado por la banca a empresas, sino que también su posición relativa, con relación a otros
estratos, sobre el total nacional de empresas que acceden a crédito, parece ser un hecho establecido.
Esta situación, que ni siquiera la crisis parece alterar, da la impresión de generarse bajo el amparo
de los programas de acceso al crédito impulsados por la autoridad, a la vez que en función del
desarrollo de plataformas de atención específica para el sector, propulsadas por la banca al amparo
de dichos programas.
Los programas de subsidio al costo de transacción del proceso de crédito a las microempresas
(IFIS), parecen haber generado un acceso horizontal y no discriminatorio al crédito para numerosas
microempresas, las cuales reciben pequeños créditos, generalmente a plazos que oscilan entre los 10
y 13 meses, a tasas fijas y en contextos de alta certidumbre.32
A lo largo de diez años de operación del programa IFIS se han cursado 178.189 operaciones
de crédito al amparo de este subsidio, de tal modo que los montos de colocaciones posibilitados por
él han ascendido a 97.738,2 millones de pesos.33 Los microempresarios que han obtenido créditos
31

32

33

Las pequeñas y medianas empresas por el contrario, a partir del inicio de la crisis, pierden presencia numérica con relación a las fuentes
bancarias de financiamiento, aún cuando dicha pérdida no logra impedir la mejora de su participación, de tal modo que aún cuando, existe
una mayor proporción de empresas con crédito en el sistema que son pequeñas empresas, la proporción de pequeñas empresas que acceden a
crédito, con relación al número total de empresas con acceso a éste, empeora sustancialmente a lo largo del período 1997 2000. Vale decir,
las pequeñas empresas que acceden a crédito son una fracción cada vez menor del total de empresas de dicho estrato.
En las pequeñas empresas por el contrario, las tasas son fluctuantes, las líneas de crédito son renovables cada 30, 60 o 90 días, por lo cual,
ante la percepción de mayor riesgo generado por la crisis, la banca ajustó rápidamente en contra de estos sectores. Las cifras anteriores
muestran que estas empresas, de indudable menor riesgo relativo que las microempresas, fueron quienes más disminuyeron su participación
en el sistema financiero, en tanto las microempresas no parecieron verse tocadas de un modo sustantivo.
Para más detalles acerca de las cifras del programa IFIS véase: Casanova 2002.

35

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

subsidiados por dicho programa ascienden a 123.481. Vale decir un 23% del total de las
microempresas formales del país y un 59% de los clientes microempresas de la banca, lo cual es una
cifra de cobertura impresionante para cualquier programa de subsidio a los costos de transacción y
que explica sobradamente el por qué, aún en los momentos más fuertes de la crisis recesiva que
enfrentó Chile, la banca continuara ampliando su cobertura de crédito en el segmento de
microempresas.
Cuadro 19

NÚMERO DE DEUDORES DE LA BANCA COMERCIAL POR ESTRATO
(Números)
Tamaño
Estrato 0
Microempresa
Pequeñas
Medianas
Grandes
Total

1994
53 272
139 621
50 815
8 422
4 165
256 295

1995
59 399
163 408
55 557
9 275
4 522
381 398

1996
63 640
197 980
59 064
9 788
4 825
424 474

1997
73 990
207 845
59 930
9 992
5 056
473 566

1998
56 372
215 131
61 257
10 034
4 994
437 504

1999
59 548
210 748
56 880
9 270
4 596
440 139

2000
50 808
210 354
58 041
9 492
4 750
421 522

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

4.

Evolución de la deuda vigente de las microempresas

Si se analiza no sólo él número de firmas que acceden al crédito, sino que los montos de
recursos que el sistema financiero prestó a los distintos estratos de tamaño, la situación es algo
diferente a la anteriormente descrita, más aún si se separa la deuda total en sus dos componentes,
vale decir deuda vigente y deuda vencida.
Las cifras del cuadro N° 20, nos muestran que, en el período 1994- 2000, la participación
porcentual de la deuda vigente de las microempresas, sobre el total de deuda vigente de las
empresas de todos los tamaños, pasó de un 7,83% en 1994, a un 9,23% en el año 2000.
Cuadro 20

PARTICIPACIÓN DE LA DEUDA VIGENTE DE LOS DISTINTOS TAMAÑOS DE EMPRESA
EN LA DEUDA VIGENTE TOTAL EN EL SISTEMA FINANCIERO (1994-2000)
(Porcentajes)
Estrato
Tramo 0
Microempresa
Pequeñas
Medianas
Grandes
Total

1994
14,03
7,83
13,38
11,75
53,01
100,00

1995
14,19
7,75
12,90
10,87
54,29
100,00

1996
15,41
8,50
14,06
11,56
50,47
100,00

1997
8,78
9,04
14,20
11,64
56,34
100,00

1998
7,12
8,92
14,13
12,03
57,80
100,00

1999
7,69
9,34
13,90
11,44
57,63
100,00

2000
6,73
9,23
13,95
10,74
59,35
100,00

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

Este aumento en la participación relativa de las microempresas con deuda vigente dentro del
total de la deuda vigente no ha sido del todo lineal. Dichas variaciones en la participación se han
visto afectadas por retrocesos de su participación, en relación con el año precedente, en los años:
1995 (7,75%), 1998 (8,92%) y 2000 (9,23%). La participación más alta de la microempresa en el
total de deuda vigente nacional fue en 1999 con un 9,34% del monto total de deudas vigentes
registradas por el sistema financiero.
La tendencia que sigue este segmento de empresas es a la baja en 1995, luego aumenta la
participación de este segmento en la deuda vigente nacional, durante dos años, hasta 1997, donde
llega a su máxima participación en la deuda vigente en el sistema financiero. Luego cae levemente

36

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

en 1998 y aumenta su participación en 1999 y 2000, llegando a un 9,23% de las empresas con
deudas vigentes ese último año.34

5.

Evolución de la deuda vencida de las microempresas

En el cuadro N° 20, podemos ver la variación de la participación porcentual de las empresas
con deuda vencida de cada estrato de empresas, sobre el total de empresas con deuda vencida en el
sistema, a lo largo del período 1994-2000.
Las deudas vencidas de las microempresas en el sistema financiero representaron un 24,10%
del monto total de la deuda vencida en el sistema en 1994 y pasaron a representar 30,06% en el año
2000. La tendencia al aumento de la siniestralidad en este segmento sólo se ve interrumpida el año
1996 y 1998, cuando la participación de este segmento disminuye 27,48% y 27,73%
respectivamente.35
El aumento de mayor significación en el riesgo crédito se genera en las empresas del tramo
cero, sin embargo el hecho que el incremento más fuerte de éste se observe en los años 1999 y
2000, en los cuales disminuye la cartera vencida de las grandes empresas en casi igual proporción,
parece señalarnos que: más que aumentar el riesgo de las microempresas, a partir de 1998, se ha
producido una depuración del crédito en la gran empresa, estrato del cual parecen provenir
mayoritariamente las empresas del “tramo 0”, induciéndose una separación en función de la
naturaleza de los deudores, proceso que ha terminado coincidiendo con una separación por tamaños,
en la medida que la banca ha depurado de las filas de sus clientes a las grandes empresas de mayor
riesgo, concentrándolas en el tramo cero de la deuda vencida.
Cuadro 21

PARTICIPACIÓN DE LA DEUDA VENCIDA DE LOS DISTINTOS TAMAÑOS DE EMPRESA
SOBRE LA DEUDA TOTAL EN EL SISTEMA FINANCIERO (1994-2000)
(Porcentaje)
Estrato
Tramo 0
Microempresa
Pequeñas
Medianas
Grandes
Total deuda

1994
11,02
24,10
36,72
9,08
19,08
100,00

1995
18,81
29,84
25,59
8,31
17,45
100,00

1996
15,14
27,48
33,16
11,76
12,46
100,00

1997
13,92
30,50
25,50
8,95
21,13
100,00

1998
12,27
22,73
26,90
14,72
23,38
100,00

1999
23,31
27,28
28,73
13,46
7,22
100,00

2000
24,68
30,06
27,32
12,20
5,74
100,00

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

Detrás de estas cifras agregadas parecen estar las razones por las cuales la banca ha
empeorado su percepción de riesgo agregado del sector empresarial, sin embargo resulta difícil a
primera vista entender por qué razón la banca ha reaccionado tan fuertemente en contra de las
medianas y pequeñas empresas y tan escasamente en contra de las microempresas, siendo que el
real aumento del riesgo crédito parece concentrarse en estas últimas.
De las cifras del cuadro N° 22, puede observarse que, a escala agregada, la cartera vencida
promedio del sistema (1,72%), está lejos de ser alta o de poner en riesgo la estabilidad o
rentabilidad del sistema financiero nacional. Sin embargo, cuando las cifras se desagregan por

34

35

Hay que tomar en cuenta que el llamado tramo 0 de la deuda vigente, pasa de un 14,03% en 1994 a un 6,7% en el año 2000, lo cual muestra
que de algún modo la crisis de fines de la década contribuyó a limpiar el sistema de estas operaciones residuales.
Las medianas empresas también aumentan su participación en la deuda vencida, desde un 9,08% en 1994 a un 12,20% en el año 2000. Por el
contrario, las pequeñas empresas que en 1994 presentaban el 36,72% de la deuda vencida del sistema financiero, hacia el año 2000 habían
reducido su participación en la deuda vencida del sistema a un 27,32%.

37

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

estrato, vemos que la deuda vencida de la microempresa (5,61) triplica con creces el nivel de cartera
vencida del sistema.
Cuadro 22

PORCENTAJE DE DEUDA VENCIDA EN EL SISTEMA FINANCIERO
SEGÚN TAMAÑO DE EMPRESAS (1994-2000)
(Porcentaje)
Estrato
Tramo 0
Microempresa
Pequeñas
Medianas
Grandes
Total

1994
0,79
3,10
2,77
0,78
0,36
1,01

1995
1,17
3,40
1,75
0,67
0,28
0,88

1996
0,88
2,88
2,10
0,91
0,22
0,89

1997
1,46
3,11
1,66
0,71
0,35
0,92

1998
2,56
3,77
2,82
1,81
0,60
1,48

1999
5,23
5,03
3,56
2,03
0,22
1,72

2000
6,30
5,61
3,37
1,96
0,17
1,72

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

Dado que el criterio que la banca utiliza para evaluar a sus clientes no es ex-post, sino ex–
ante, si un cliente pertenece a un estrato con mayores posibilidades de caer en cartera vencida, la
banca procede a racionar el crédito a dicho cliente, independientemente de si su estrato de tamaño
pesa más o menos dentro de la cartera vencida total del sistema.
Sin embargo, pese a lo anterior, la evolución del acceso al crédito de ciertos estratos de
empresas parece ser altamente independiente de la evaluación realizada por la banca del riesgo
crédito asociado a ellos, puesto que de no ser así, no se explica el que el acceso de la microempresa
al crédito haya aumentado a la par del aumento de su cartera vencida, en tanto estrato, de un modo
que contradice la lógica anteriormente expuesta.

6.

Tendencias globales del endeudamiento según tamaño de
empresas

Si intentamos dar una mirada más global de las tendencias reseñadas, el cuadro N°23 puede
resultarnos de gran utilidad.
Este cuadro nos muestra que en 1994 las microempresas agrupaban al 54,48% de los
deudores del sistema financiero chileno, pero sólo mantenían el 7,83% de la deuda vigente en el
sistema financiero. El año 2000, este mismo sector llegó a representar el 63,09% de los deudores,
aumentando también la deuda vigente nacional a un 9,23%.
Estas cifras reflejan un aumento porcentual del número de microempresas con acceso al
crédito; sin embargo, es claro que dichos créditos son de bajo monto. El crecimiento de la deuda
vigente en el período fue de sólo un 1,4%, mientras el aumento en el número de deudores llegó a un
8,61%.36
Del cuadro N°23 también se desprende que, mientras las microempresas ven aumentar su
participación tanto en el número de deudores como en el monto de lo adeudado, las pequeñas y
medianas empresas registran una tendencia al decrecimiento de su participación, llama, sin
embargo, la atención el que esta evaluación de la banca no se haya hecho extensiva al estrato de
microempresas, cabiendo entonces insistir en la hipótesis que son los programas públicos de soporte
a la expansión del crédito a estas empresas los que han producido precisamente dicho efecto y que,
de haber existido modalidades de acceso al crédito de largo plazo para las pequeñas y medianas
36

38

Si se asume que adicionalmente a estas cifras hay una participación en el crédito de las microempresas informales que acceden cual se tratase
de personas y de los propietarios de microempresas formales, que también acceden como personas, es altamente posible que la participación
fuese aún mayor que la mostrada por las cifras de la SBIF.

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N° 138

empresas, las políticas de ajuste del gasto no hubiesen tenido efectos tan significativos en el
desempeño de estas últimas y sobre la dinámica del conjunto de la economía.
Cuadro 23

PARTICIPACIÓN DE LA DEUDA VIGENTE DE CADA TRAMO EN LA DEUDA VIGENTE TOTAL Y
PARTICIPACIÓN DE LOS DEUDORES POR TRAMO SOBRE EL TOTAL DE DEUDORES DEL SISTEMA
FINANCIERO (1994-2000)
(Porcentajes)
Estrato
Tramo 0
Deuda vigente sobre
total deuda vigente
Deudores sobre
total deudores
Microempresa
Deuda vigente sobre
Total deuda vigente
Deudores sobre
total deudores
Pequeñas
Deuda vigente sobre
total deuda vigente
Deudores sobre
total deudores
Medianas
Deuda vigente sobre
total deuda vigente
Deudores sobre
total deudores
Grandes
Deuda vigente sobre
total deuda vigente
Deudores sobre
total deudores

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000

14,03

14,19

15,41

8,78

7,12

7,69

6,73

20,77

20,33

17,74

20,73

16,20

17,45

15,23

7,83

7,75

8,50

9,04

8,92

9,34

9,23

54,48

55,93

59,95

58,25

61,86

61,80

63,09

13,38

12,90

14,06

14,20

14,13

13,90

13,95

19,83

19,02

17,89

16,80

17,61

16,68

17,41

11,75

10,87

11,56

11,64

12,03

11,44

10,74

3,29

3,17

2,96

2,80

2,89

2,72

2,85

53,01

54,29

50,47

56,34

57,80

57,63

59,35

1,63

1,55

1,46

1,42

1,44

1,35

1,42

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de información de la SBIF

7.

La tasa máxima convencional

En general, la microempresa se financia con créditos en cuotas fijas (en pesos) a más de 90
días. No ocurre lo mismo con la pequeña empresa, que suele financiarse con créditos reajustables en
UF, normalmente con líneas de crédito renovables a menos de 90 días. Esto hace una diferencia
importante, desde el punto de vista de las potenciales restricciones que puede imponer la tasa
máxima convencional.
En efecto, hasta ahora existían tres tasa máxima convencional diferentes: no reajustables a
menos de 90 días; no reajustables a más de 90 días; y reajustables. El hecho de que la autoridad no
discrimine, para efectos de cálculo, entre operaciones de crédito de distinto monto, impone un
castigo al financiamiento de todas aquellas operaciones que debido a su mayor costo de transacción
involucrado y el mayor riesgo, requieren de una tasa de interés mayor para que sea rentable para la
banca su bancarización.
Los préstamos de consumo y a microempresas requieren un servicio personalizado,
cualquiera sea su magnitud. Es un hecho que para obtener un mismo monto de colocaciones se
necesitan muchos más créditos de consumo y a microempresas que a grandes empresas o

39

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

hipotecarios. Esto explica que los gastos de personal, administración y ventas asociados a estos
créditos, sean más elevados que en el caso de los créditos comerciales típicos.
De este modo, aunque originalmente la tasa máxima convencional fue diseñada para limitar
la usura, en la práctica se ha ido convirtiendo en un factor crecientemente restrictivo para la
operatoria del sistema financiero.
Muy especialmente, se ha convertido en un serio obstáculo para el acceso al crédito de las
empresas de tamaño menor, constituyéndose en una tasa de interés que fija un valor por debajo del
equilibrio del mercado.
En virtud de la última modificación de la ley de bancos, se facultó a la SBIF para discriminar
entre operaciones de distinto tamaño para efectos del cálculo de la tasa máxima convencional. Para
ello, se otorgó facultades a la SBIF para que definiera hasta tres tramos de tasa máxima
convencional, basándose en dos puntos de corte.
Aplicando esta facultad, dicha norma apunta a resolver el problema para todas aquellas
operaciones en pesos a más de 90 días. Esto debiera ayudar significativamente a resolverá las
dificultades de acceso al crédito para los créditos de consumo y los créditos comerciales a
microempresarios, que como se señaló, operan principalmente bajo esta modalidad de
financiamiento.
De acuerdo con la información recopilada en entrevistas con ejecutivos del sistema bancario,
la tasa máxima convencional para operaciones reajustables impone un sesgo negativo cuando se
trata de prestar a microempresas a más de 90 días, donde naturalmente la tasa de interés involucrada
debería ser mayor, mientras menor sea el tamaño de la empresa.37
Cabe señalar sin embargo, que los niveles de tasas cobrados a las microempresas por la banca
comercial a lo largo de los años noventa y particularmente después de la crisis recesiva iniciada en
1998, han subido de un modo tan contundente que la obtención de parte de estas firmas de
rentabilidades que superen el 30% real anual se torna en una tarea casi imposible. Por ende, aun
cuando la relajación de las normas vigentes acerca de la tasa máxima convencional ejerciera efectos
positivos sobre el acceso al crédito de parte de ellas, no se ve en absoluto claro el cómo esta
situación podrá saldar positivamente en la consolidación de unidades economías cuya débil posición
difícilmente les permitirá hacer frente a dichas obligaciones en un mediano y largo plazo.

8.

El impacto sobre el crédito de las normas de calificación de
deudores por categorías de riesgo

Parece estar a estas alturas del estudio, solidamente establecido el comportamiento progresivo
que la banca chilena, al alero del programa IFIS, ha desarrollado con relación a las microempresas.
Sin embargo no sería razonable pensar que dicho programa ha operado en medio de una actitud
recelosa o poco sensible de la banca, los resultados obtenidos por el sistema crediticio a lo largo de
los noventa difícilmente se explicarían en un escenario de dicha naturaleza. La explicación del
impacto y a la vez de la necesidad de la existencia de dichos programas parece ensamblarse con
dificultades estructurales de la banca chilena que van más allá de las asimetrías de información y de
la alta siniestralidad del sector microempresarial.
Con posterioridad a la normalización de la situación de la banca chilena, severamente
afectada por una crisis de solvencia en la primera mitad de los años ochenta la Superintendencia de
Bancos dispuso criterios específicos para la constitución de resguardos por los créditos que
37

40

Debido a que aún no disponemos de evidencia empírica que pueda sustentar esta hipótesis, es necesario efectuar un estudio destinado a
evaluar qué montos de crédito se verían afectados por la modalidad de cálculo actual y cuáles podrían ser los tramos óptimos de cálculo.

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N° 138

conceden las entidades bancarias, las cuales a fin de evitar la colusión de intereses entre la banca y
las grandes empresas relacionadas, terminó por afectar seriamente el acceso al crédito de las
empresas de tamaño menor.
La revisión actualizada de normas definida por la SBIF y actualmente vigente, obliga a la
banca a clasificar a los deudores por categoría de riesgo en función de determinadas características
de los mismos, las que han sido definidas a partir de las lecciones aprendidas por la SBIF a lo largo
de la crisis de los ochenta.
De dichas normas, que apuntan a súper vigilar estrechamente la posición de endeudamiento y
el riesgo asociado a las sociedades de capital con pluralidad de socios, se desprende la apreciación
de la SBIF con relación a que el principal riesgo de la banca recae en este tipo de empresas, las
cuales son, sin embargo, en su inmensa mayoría las de menor tamaño.
En forma previa a la crisis del sistema financiero chileno de los años ochenta, se generó, en
empresas de tamaño mayor, una compleja estructura societaria de las mismas, la cual facilitó la
dilución de las capacidades reguladoras de la autoridad, de tal modo que, aun cuando no son las
micro o pequeñas empresas el objeto de sus aprehensiones, la SBIF se ha preocupado de calificar
como de mayor riesgo a este tipo de empresas, a fin de prevenir la utilización de estructuras legales
de difícil supervisión por empresas de mayor tamaño relativo que pudieran amenazar la solidez del
sistema financiero con operaciones crediticias relacionadas y de alto riesgo.
Por ello, el costo del crédito para las sociedades anónimas cerradas y las sociedades de
responsabilidad limitada, formas predominantes de constitución jurídica de las micro y pequeñas
empresas, resulta más elevado, en tanto la SBIF exige a la banca la constitución de provisiones para
cautelar el mayor riesgo implícito en las operaciones de crédito a estas empresas, convirtiéndose
estas medidas en uno de los principales escollos que enfrentan las empresas de menor tamaño
relativo a fin de acceder a crédito bancario. Luego un contexto de requerimientos de fuerte
regulación de los grandes conglomerados ha generado barreras estructurales al acceso de las
empresas menores al crédito bancario, de tal modo que la presencia de los programas públicos
chilenos de subsidio a los costos de transacción parece ser una cuidadosa medida que facilite sortear
dichas dificultades estructurales sin erosionar la buena marcha del conjunto del sistema, fundado en
la defensa de sólidas capacidades regulatorias de parte de la SBIF.

9.

Racionamiento de crédito y subsidio a los costos de
transacción: modalidades operativas del programa IFIS

Una empresa con capacidad de pago (proyectos rentables) e intenciones de pago (ausencia de
“riesgo moral”) está sujeta a racionamiento crediticio cuando no logra realizar sus proyectos por
falta de acceso al crédito. Como se verá a continuación, ese concepto tiene considerables matices
cuando se desea aplicarlo a situaciones prácticas.
El racionamiento crediticio de las empresas de menor tamaño se origina principalmente en la
falta de información sobre sus riesgos de crédito y en el elevado costo por establecerlos, en relación
con los reducidos montos de crédito que demandan. Un determinado banco o institución financiera
tiene pocos incentivos para evaluar la capacidad e intención de pago de las microempresas.
La información sobre “calidad crediticia” tiene un importante contenido de “bien público”, ya
que otros bancos e instituciones pueden obtenerla sin incurrir en gastos similares. En consecuencia,
los subsidios deberían dirigirse al establecimiento y a la limitación de los riesgos de crédito, esto a
los costos de transacción de las operaciones de crédito de bajo monto, y no a las tasas de interés de
esos créditos. La concesión de créditos a tasas subsidiadas o preferenciales de interés fue
característica de políticas de fomento calificadas ahora como “tradicionales”.
41

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

El suministro de fondos a tasas de interés subsidiadas no tiene mayor justificación si es que se
desea implementar políticas que potencien la asignación de recursos vía mercado. Las tasas
subsidiadas generan una señal de mercado que incentiva a invertir en sectores de menor rentabilidad
relativa, desplazando dichos recursos de áreas de mayor potencial. De ese modo la orientación de
las inversiones no depende ya de las condiciones de mercado, sino que de la decisión de la
autoridad de sostener ciertas actividades y de financiar vía recursos públicos la menor rentabilidad
relativa de éstas.
Esas tasas de interés subsidiadas obstaculizan el desarrollo (“endógeno”) de los mercados de
crédito y capital hacia el segmento de microempresas, ya que ese desarrollo no puede tener lugar
con tasas de interés inferiores a las del mercado y que posibilitan el financiamiento de proyectos
insuficientemente rentables como para generar clientes sustentables en el largo plazo. Por ello el
acceso de las microempresas al crédito a esas tasas puede limitar su competitividad y su potencial
de crecimiento en vez de apoyarlas.
Es por esta razón que las políticas públicas chilenas hacia la microempresa han sido enfáticas
en rechazar la presencia de créditos con tasas subsidiadas, concentrando su esfuerzo en la cobertura
de parte de los costos de transacción de las plataformas bancarias focalizadas en el sector de
microempresas.
En esa línea el estado chileno ha centrado sus esfuerzos en la implementación del ya descrito
programa IFIS, el cual ha otorgado subsidios de monto fijo a las instituciones bancarias por cada
operación de crédito a las microempresas, incentivando de esa manera a la Banca para operar en
mercados con costos diferenciales.
Este programa opera mediante subsidios transitorios a la banca para un máximo de tres
créditos por empresa nueva incorporada al sistema, intentando evitar de ese modo que se
distorsionen los mecanismos de asignación de recursos mediante manipulaciones de las tasas de
interés. IFIS se inició durante el mes de febrero de 1992, asumiéndose que la banca no conocía
adecuadamente el segmento, no poseía tecnología adecuada para la evaluación de riesgo del sector y
se enfrentaba a costos de administración y riesgo de crédito desconocidos. En función de esta
realidad y quizás debido a razones de inercia conceptual, el tema del crédito a microempresas se
definió como uno vinculado al área de las políticas sociales y el combate a la pobreza, delegándose
originalmente en el FOSIS38 la conducción de este programa.
El FOSIS al momento de diseñar el programa IFIS definió para acceder a estos instrumentos
las instituciones bancarias lo harían postulando mediante licitaciones públicas, compitiendo así por
los recursos disponibles, indicando el número de subsidios y el monto de dinero a adjudicar, ya sea
en parte o en el total de las regiones del país.
Han podido optar a créditos bajo este programa, aquellas personas naturales o jurídicas que
reúnen las siguientes características:
• Participan activamente en la producción, comercialización o gestión general del negocio.
• Han sido responsables de una microempresa por lo menos desde doce meses antes de la
solicitud crediticia, o han desarrollado su actividad por cuenta propia en forma independiente
durante igual lapso.
• Desarrollan una actividad que, a juicio de la institución financiera, les permite reembolsar el
crédito junto con generar ingresos adicionales para su continuidad y desarrollo.
38

42

El Fondo de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS) es un servicio público funcionalmente descentralizado, con personalidad jurídica y
patrimonio propio, cuya finalidad es financiar, en todo o parte, planes, programas, proyectos y actividades especiales de desarrollo social. El
FOSIS está sometido a la supervigilancia del Presidente de la República de Chile, con quien se relaciona por intermedio del Ministerio de
Planificación y Cooperación. El FOSIS se orienta centralmente a financiar planes, programas, proyectos y actividades especiales de
desarrollo que contribuyen a la superación de la pobreza en el país en territorios focalizados por su alto grado de concentración de pobreza
y/u otros índices de exclusión social.

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

• Tienen su domicilio, talleres o lugar de trabajo de la microempresa dentro de las áreas
geográficas para las cuales se hayan adjudicado subsidios a alguna institución financiera.
• Poseen un volumen promedio mensual de ventas no superior a 200 Unidades de Fomento en
los tres meses anteriores a la solicitud.
• Poseen activos fijos de producción que no exceden de 500 Unidades de Fomento para la
unidad económica, excluyendo en el cómputo de tales activos fijos aquellos bienes raíces
utilizados preferentemente como vivienda.
• Tienen una presencia previa de a lo menos doce meses en el domicilio o ubicación de talleres
o lugar de trabajo.
• Poseen una dotación de personal inferior a diez personas, incluido el microempresario y sus
parientes que participen directamente en la actividad.
• Ninguno de los solicitantes puede tener deudas, directas o indirectas, vigentes o vencidas, con
el sistema financiero al momento de la solicitud de crédito, excepto deudas hipotecarias de
vivienda.
• Ninguno de los solicitantes puede ser beneficiario IFIS si mantiene vigente asistencia
financiera o crediticia en cualquiera de los otros programas de apoyo a microempresarios en
que participe el FOSIS.
Los potenciales ejecutores del programa IFIS deben ser instituciones bancarias, fiscalizadas
por la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras, las que al momento del llamado a
licitación deben poseer vigente, con el Fondo de Solidaridad e Inversión Social, un “convenio de
participación”. Las instituciones que califican para firmar los referidos convenios deben cumplir
con los siguientes requisitos:
• Poseer los recursos de capital necesarios para el otorgamiento de los créditos.
• Poseer la capacidad para realizar, con personal propio o a través de contratación de servicio de
terceros, la recopilación de antecedentes, el análisis y la evaluación de riesgo de los créditos.
• Poseer la capacidad para, en un plazo de ciento cincuenta días, efectuar la colocación de los
créditos y hacer efectivo el cobro de los subsidios vinculados a la tramitación de éstos.
• Sujetarse a la periodicidad de las licitaciones convocadas por el FOSIS, las que se efectúan
cada ciento cincuenta días, o en un plazo menor, según esta institución así lo disponga en su
calidad de convocante.
• Aceptar las reglas establecidas en orden a que la adjudicación de los recursos de subsidio se
realizará sobre la base del menor costo ofertado por unidad de subsidio a ser aplicado en el
nivel regional al cual se postula.
El programa opera mediante la implementación de un mecanismo de licitación de recursos
aportados por el Estado (subsidios IFIS) para cubrir parte de los costos de transacción vinculados a
la incorporación de microempresarios a los circuitos bancarios de crédito. Pueden postular a dichos
subsidios las instituciones financieras que hayan suscrito el referido convenio con el FOSIS,
debiendo declarar adicionalmente su conformidad de los siguientes requisitos de las operaciones de
crédito, para las cuales se asignaran recursos de subsidio mediante el referido proceso de licitación:
• El monto de cada crédito no podrá ser inferior a 10 UF ni superior a 200 UF.
• El plazo de devolución de los créditos no podrá ser menor de seis meses.
• Los subsidios adjudicados de las licitaciones poseen un plazo de vigencia de ciento cincuenta
días a contar de la fecha de la licitación. De ese modo, vencido el plazo de vigencia, se declara
no procedente la presentación a cobro de subsidios por parte de las instituciones financieras
adjudicatarias por créditos desembolsados con posterioridad a dicho plazo.
• Una vez vencido el plazo de vigencia de los subsidios adjudicados, la institución financiera
adjudicataria deberá pagar al Fondo de Solidaridad e Inversión Social, a título de
43

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

compensación por perjuicios, una cantidad equivalente al 2% del monto de los subsidios no
utilizados.
• Se les solicita también a las instituciones financieras el que ellas deben exigir, al evaluar los
créditos, un análisis del impacto ambiental de los mismos, por tanto, deben financiar
proyectos que no tengan un impacto ambiental negativo. La clasificación la debe hacer la
institución financiera utilizando como guía el listado de materiales contaminantes o peligrosos
de las actividades de los microempresarios.
• Por cada microempresario participante de este programa, las Instituciones Financieras tendrán
derecho a percibir tres subsidios, como máximo, por, en el entendido que una vez estos
microempresarios han demostrado capacidad y disciplina de pago para enfrentar los tres
eventos crediticios, ellos pueden ser evaluados como clientes confiables por la banca (se han
bancarizado), pasando a convertirse en clientes del sistema bancario que no requieren de
subsidios para volver a ser atendidos.39
El programa IFIS comenzó sus operaciones con seis instituciones financieras, aun cuando se
firmaron contratos con nueve, sin embargo desde sus inicios el grueso de la operación se ha
concentrado en tan sólo tres instituciones bancarias privadas. De éstas, el Banco del Desarrollo y
Banefe-Bansander son quienes han jugado un rol más relevante en el desarrollo del programa
IFIS.40
Si bien otras instituciones bancarias mostraron interés en el programa, ellas en general
exhibieron bajas capacidades para adaptar parte de sus operaciones al segmento de microempresas,
este evento resultó determinante en la decisión de dichas instituciones de no continuar participando
en el programa IFIS, en tanto los subsidios a la conformación de plataformas de crédito no
resultaban adecuados en un contexto en el cual la propia operatoria de dichos bancos era quien
generaba las dificultades para la consolidación de dichas plataformas.
Las instituciones bancarias, actualmente participantes en IFIS, han realizado ingentes
esfuerzos por dotarse de plataformas de crédito hacia la microempresa, entregando a esta labor un
significativo peso dentro del esfuerzo y de la identidad corporativa de dichas instituciones, pero han
generado tecnología ad-hoc al negocio que pretenden consolidar. Se observa en dichas instituciones
la presencia de nuevos sistemas de evaluación de riesgo y la instalación de procedimientos
operativos innovadores, aplicados por las nuevas plataformas comerciales especializadas, todo lo
cual ha sido una base en torno a la que se han desplegado los resultados obtenidos en términos de
expansión de la base de clientes y de la bancarización definitiva de los mismos, lo que como hemos
dicho anteriormente, era uno de los objetivos declarados del programa.
Los microempresarios beneficiarios a los cuales alcanzó el programa, de acuerdo a un estudio
realizado el año 2002 (Román E., J. Leiva y A. Gutiérrez), poseen un bajo nivel de escolaridad y de
acuerdo a las propias cifras reportadas por FOSIS, el 65,5% no ha cursado la enseñanza media
completa, más aún el 23,5% presenta enseñanza básica incompleta, sin embargo la tendencia
predominante es que, en el ámbito de la microempresa, se está produciendo un importante cambio
generacional aumentando la participación de personas jóvenes y con estudios técnicos.41
39

40

41

44

El programa IFIS incorpora también modalidades de supervisión y seguimiento de la operatoria de éste, a fin de comprobar que los objetivos
del mismo se estén cumpliendo, vale decir que el segmento de la microempresa tenga acceso en el corto plazo al mercado de crédito a través
del programa, y que dicho acceso sea de carácter permanente, proyectándose al mediano y largo plazo. Esta supervisión externa fue realizada
básicamente por dos empresas, durante la ejecución del Programa, en los primeros años por la consultora Price Waterhouse y en los años
siguientes por C.G.P. Consultores S.A.
Durante cuatro años (1997-2001) la financiera CORFINSA participó en el programa, discontinuando luego su participación. El Banco del
Estado, ha compensado con creces el retiro de ésta, habiendo permanecido en el programa los últimos cinco años (1997-2002). A partir del
año 2001 se incorpora además la Cooperativa de Ahorro y Crédito CREDICOOP.
Los información aportada por Fosis en relación a este programa, muestra que el 84% de los microempresarios consideran que el crédito
influyó positivamente en su bienestar y en el de su familia. Asimismo, un 69% considera que el préstamo permitió un crecimiento en las
ventas y utilidades. En relación a los niveles de formalización, según las cifras reportadas por Fosis, se observa que el 66,9% de los
beneficiarios del programa han realizado iniciación de actividades y el 65,4% posee patente municipal. También de esa información se

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

Durante los años 1992 y 2001 en que se ha ejecutado el programa IFIS, el número de
préstamos colocados por esta vía en microempresas asciende a 178.189 operaciones. Estos créditos
tienen asociados un nivel de colocaciones del orden de los 97.738,2 millones de pesos
(aproximadamente 140 millones de dólares. Los microempresarios beneficiarios del programa IFIS
y que, por ende, han accedido a crédito asociado a la utilización de subsidios a los costos de
transacción, ascienden a 123.481, de éstos 83.720 han recibido sólo un crédito desde la banca,
mientras que 26.800 han obtenido dos préstamos y otros 12.961 han accedido a tres o más
(Casanova 2002).
IFIS mostró entre 1992 y 1996 un crecimiento sostenido, el cuál se sustentaba en las
colocaciones de tres instituciones: Banco del Desarrollo, Banefe y Corfinsa y luego de la salida de
esta última el sistema se consolida con el ingreso del Banco del Estado y Credicoop. Sin embargo
hacia fines de la década se observa un brusco freno en la utilización de los subsidios IFIS por parte
de la banca. Dos de los más grandes bancos participantes en el programa (Banefe y Bandesarrollo)
exhiben severas caídas tanto en su demanda de subsidios IFIS como en sus colocaciones de crédito
en microempresas. De hecho, en los años 1998 y 1999, el monto de recursos vinculado a créditos
subsidiados por el programa IFIS cae hasta niveles que levemente superan la mitad del volumen de
recursos registrados en 1997.
Pese a lo anterior, el nivel de colocaciones logradas a amparo del programa IFIS no registra
una caída tan dramática puesto que junto al retiro de una institución y la desaceleración de las
colocaciones por parte de Bandes y Banefe, se produce el ingreso al programa del Banco del
Estado, el cual rápidamente se posiciona como la institución más importante en operación dentro
del mismo, alcanzando en 1999 un nivel de colocaciones que supera el 50% del total de préstamos a
microempresas otorgados ese año en el marco del programa IFIS.
De las entrevistas realizadas en el curso de este estudio resulta claro que estos resultados no
obedecieron en absoluto a alguna política deliberada desde el Estado orientada a sustituir iniciativa
privada o a rescatar un programa en declive, todo apunta a reforzar la idea que la filial
BancoEstado, moviéndose con altos niveles de autonomía dentro de cotas amplias de acción
definidas por sus autoridades, logró agrupar un grupo dinámico de profesionales de alta motivación
y solvencia técnica, de tal modo que, aún en medio de una situación compleja, éstos lograron
convertir una crisis en oportunidad y otorgarle potencia a un programa que no se visualizaba dentro
de las prioridades que en ese momento tenían las políticas públicas.42
Este fortalecimiento del programa, logrado por la incorporación de Banestado, desempeñó un
rol muy positivo en un momento complejo de su desarrollo, sin embargo, también generó un nivel
de dependencia del programa, con relación a la participación del Estado, que la que era observable
al inicio de las operaciones del programa IFIS.
Este problema se planteó sólo de un modo coyuntural, rápidamente las instituciones
financieras privadas realizaron los cambios operativos y conceptuales requeridos para el
relanzamiento de su esfuerzo en pro de estabilizar una plataforma comercial para microempresas y
fundándose en el mayor conocimiento y experiencia adquirida por ellas con relación al
comportamiento de pago de los microempresarios, ampliaron nuevamente sus operaciones,
mejorando sus escalas de operación y eficiencia operativa, al punto que el monto del subsidio IFIS
fue disminuyendo paulatinamente, en términos relativos.43

42

43

desprende que un 62% de los Microempresarios que han obtenido tres o más créditos y que en consecuencia se consideran egresados del
programa, continúan siendo clientes de las instituciones financieras a través de préstamos y otros productos.
Quizás una de las características más complejas de asimilar en el terreno de las políticas públicas en América Latina, es que la diferencia
entre el éxito y el fracaso de los programas depende mucho más de la calidad y motivación de los equipos que las implementan y de las
personas que las lideran, que de la eficiencia organizacional, o la acuciosidad de los diseños de dichos programas.
Mientras a comienzos del programa en 1992, el monto de los subsidios IFIS equivalían al 13,5 % del monto promedio del crédito, en la
última licitación del año 2002 dicho porcentaje se redujo hasta un 7,6% de dicho monto promedio.

45

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

El programa IFIS, de acuerdo a la información disponible desde sus inicios se ha convertido
en un factor de incentivo a la consolidación de plataformas especializadas en la microempresa, en la
banca comercial. El subsidio a los costos de transacción ha operado como un mecanismo que
propende a la madurez del esfuerzo comercial de las instituciones financieras participantes,
ayudándolas a acumular significativos niveles de conocimiento del sector, incentivándolas a
desarrollar nuevas estrategias de captación de clientes, dotarse de ejecutivos especializados en el
segmento, diseñar sistemas de evaluación de riesgo y operativos ad-hoc a la realidad del sector
microempresarial.
De otro lado, los microempresarios beneficiarios finales del programa, han exhibido a lo
largo del desarrollo de éste, una importante cultura de pago, una alta racionalidad en el uso de los
créditos, asociando ellos mejoras sustanciales en su eficiencia operativa. En resumen, la
implantación del programa IFIS, tal como lo demuestran las cifras y las apreciaciones de los
principales actores, ha coadyuvado al desarrollo de un mercado de crédito para el estrato
microempresarial.
La capacidad de colocación de los recursos demandados exhibida por las instituciones
financieras participantes ha mostrado un nivel de eficiencia prácticamente inalterado, a excepción
de la primera licitación, donde las instituciones que se adjudicaron los subsidios sólo lograron
colocar el 24% de lo licitado. A partir de allí, en las siguientes licitaciones se observaron altos
niveles de colocación de estos recursos.
Las instituciones financieras participantes mostraron un alto nivel de seriedad y focalización
en su objetivo de estabilizar una plataforma comercial para el segmento de microempresas, esto no
sólo se ha reflejado en la consistencia y calidad de sus estrategias, sino que también en el alto nivel
de cumplimiento de los compromisos de colocación asumidos al momento de la licitación.
De ese modo el porcentaje de colocaciones respecto de lo licitado siempre ha tendido a
mantenerse en niveles de alto cumplimiento no obstante los diagnósticos iniciales prevenían en
contra de la posibilidad de avances espectaculares en la estabilización de carteras de clientes en un
sector carente de historia crediticia y poseedor, por ende, de niveles de riesgo y rentabilidad con
altos niveles de incertidumbre. En consecuencia, incentivados fuertemente por el programa IFIS,
pero soportado por un esfuerzo empresarial de muy buen nivel, la banca comercial chilena logró en
menos de una década uno de sus objetivos prioritarios definidos por las políticas públicas al
momento de diseñar el programa IFIS, vale decir la de bancarizar más de 123.000
microempresarios, creando de ese modo una oferta crediticia de carácter permanente para el sector.

46

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138
Cuadro 24

ACTIVIDADES MÁS REPRESENTATIVAS EJECUTADAS POR LOS BENEFICIARIOS
(TOTAL PROGRAMA IFIS)
(Porcentajes)
Sector
Actividad

Productores

%

Confección de ropa
Fábricas de
muebles
Manufacturas varias

31,1

Servicios

%

Servicios personales

25,7

8,5

Transporte pasajeros

16,9

7,6

Peluquerías

8,9

Comercio

%

Otros

%

Almacenes

30,1

Pesca

36,0

Otro comercio minorista

20,5

Agricultura

14,6

9,4

Acuicultura

9,9

Bazares

Fuente: Casanova 2002

Como es sabido en Chile el 43,9% de las empresas formales en actividad se localizan en el
sector comercial. En la microempresa por su parte el 45,5% de las empresas pertenecen al sector
comercio y restaurantes, luego no debiera llamar mucho la atención que al interior del programa
IFIS el sector comercio resultó ser el que concentró la mayor cantidad de créditos. Si bien el
programa tomó medidas para revertir este proceso de concentración, que era esperable dada la
extremada concentración sectorial de las microempresas, sólo hacia fines de la década de los
noventa se lograron algunos resultados. Mientras en los primeros años el sector comercio agrupaba
al 65% de las colocaciones efectuadas por los bancos participantes en el programa, hacia fines del
año 2001 ese porcentaje se había reducido a un 54%, nivel que continuaba sobrepasando
significativamente la concentración sectorial del conjunto de las microempresas chilenas.44
Cuadro 25

NÚMERO DE CRÉDITOS Y PORCENTAJE DE PARTICIPACIÓN EN EL PROGRAMA IFIS EN LAS
PRINCIPALES REGIONES DE CHILE
(Número y porcentaje)
Regiones
Número
Porcentaje

Metropolitana
71 671
40,2

Quinta
17 093
9,6

Octava
22 318
12,5

Undécima
514
0,3

Duodécima
690
0,4

Fuente: Casanova 2002

Con relación a la distribución regional de los créditos las estadísticas del programa IFIS
muestran que los créditos a microempresas de regiones, al igual que en la región metropolitana se
concentran en el sector comercio, aun cuando cabe desatar que mientras en la Región Metropolitana
estos créditos agrupan al 63,4% del monto total de crédito concedido por la banca participante del
programa, en el resto de las regiones dicho monto asciende sólo a un 53,4% de dicho crédito.
Si nos concentramos en la variable: “número de trabajadores por empresa beneficiaria”, la
Región Metropolitana es la que exhibe mayores niveles de contratación promedio por empresa
beneficiaria (1,78 personas por empresa), situación que parece obedecer principalmente a que en
regiones el programa se ha concentrado en el segmento de microempresas unipersonales,
alcanzando éstas al 61% de prestamos otorgados, mientras que dicho porcentaje en la metropolitana
es de un 48%. Considerando que las variables activo fijo y número de trabajadores, son indicativas
de microempresas más grandes y/o con más recursos, en consecuencia con una mayor capacidad de
venta, son también ellas quienes obtienen un mayor nivel de créditos.
En consecuencia, si se asume que a menor número de trabajadores es más inestable y precaria
la situación de estas unidades económicas y se constata adicionalmente que el 56% de los créditos
fueron otorgados a microempresas con un sólo trabajador, con activos fijos del orden de los
800.000 pesos (1.100 dólares) y con ventas mensuales promedio que oscilan en torno de los
44

En un análisis comparativo entre las microempresas beneficiarias de la región metropolitana y el resto de las regiones, se puede observar que
aún cuando los activos de estas últimas son levemente inferiores, las ventas a nivel global son un 32% más bajas. Esta situación se explica en
gran medida por la diferencia de diez puntos porcentuales que existen en el sector comercio, el cual requiere menos activos fijos y genera un
mayor nivel de venta.

47

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

650.000 pesos (900 dólares) y por otro lado, se observa que sólo el 5% de los préstamos
corresponden a microempresas que tienen más de tres trabajadores y con activos fijos que alcanzan
o superan el 1.800.000 pesos (2.500 dólares) puede concluirse que el programa IFIS se ha
focalizado mayoritariamente en los microempresarios con menores recursos.
Cuadro 26

PROMEDIOS PROGRAMA IFIS
(Miles de pesos, año 2002)
Ventas
964,1

Activo Fijo
1 231,4

Nº trabajadores
1,65

Crédito
614,2

Fuente: Casanova 2002

Las tasas de interés que en los comienzos del programa se situaron entre un 3,6% y 3,8%
nominal mensual, exhibieron una baja sostenida a medida que el programa avanzaba en niveles de
maduración. Dichas tasas alcanzaron, en el año 1998, un nivel del 2,48% nominal mensual, si bien
esta tasa era aún bastante alta, no lo era tanto con relación a los niveles promedio cobrados por la
banca a pequeñas empresas, siendo una de las más bajas observada para el programa en toda la
década y de un nivel envidiable con relación a lo que podía acceder una microempresa en la banca
al margen del programa IFIS.
En general las instituciones bancarias que se incorporaron al programa IFIS ofertaron y
colocaron sus créditos a niveles de tasas muy cercanas a la máxima convencional, esta situación se
ve atenuada de algún modo en los últimos años con el ingreso del Banco del Estado, el que se
incorporó al sistema cobrando tasas por bajo el promedio vigente en ese momento, sin embargo una
variable adicional que influyó en la baja de tasas fue la mayor competitividad sistémica inducida a
este segmento de negocios de la banca, de un modo independiente a la acción de Banestado. En esa
línea las restantes instituciones parecen haber comenzado a visualizar que la tasa de interés, una vez
logrado niveles de acceso bastante masivos, comienza a convertirse en un factor que los
microempresarios comienzan a distinguir como muy importante en su decisión de crédito.
Mientras el acceso se mantenía restringido lo central para ellos parecía ser el logro de acceso
en forma independiente de las tasas a las cuales dicho acceso se lograba, sin embargo una vez las
microempresas irrumpen como clientes permanentes del sistema de un modo masivo, al momento
de determinar con qué institución operan, la tasa aparece como un elemento central, paralelamente a
la evolución de un mercado que se vuelve crecientemente competitivo.

Conclusiones del capítulo II
No obstante la debilidad de las microempresas chilenas, a lo largo de la década de los
noventa la banca comercial chilena desarrolló un enorme esfuerzo en pro de la incorporación de
estas unidades económicas al crédito. El referido esfuerzo se enmarcó dentro de un proceso de
bancarización del conjunto de las empresas nacionales, sin embargo la incorporación de una
significativa proporción de microempresas merece ser destacada, en tanto el esfuerzo de la banca se
dió a contrapelo de la evolución del peso comercial de estas firmas.
Durante los primeros dos tercios de la década, la bancarización de las empresas chilenas se
asemejó estrechamente a los estándares propios de un país desarrollado, sin embargo, a partir de
1998, dicho esfuerzo se discontinúa en medio de un proceso de ajuste macroeconómico cuyo
impacto más relevante recayó en las empresas de menor tamaño relativo. Estas empresas, las cuales
habían alcanzado acceso fluido al crédito de corto plazo, fueron las que más duramente se vieron
afectadas por la decisión de la autoridad de subir la tasa de interes de instancia a niveles inéditos
para Chile.

48

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

Hacia fines de la década cae abruptamente la bancarización de empresas de todos los
tamaños, aumentando la cartera vencida de las empresas de tamaño menor, particularmente la
microempresa, sin embargo el impacto mayor de la restricción del crédito y la expulsión de
empresas desde la banca, no recae en la microempresa, sino que se concentró en las pequeñas y
medianas.
A partir de esa fecha, las grandes empresas chilenas parecen enfrentar un proceso de
normalización de su cartera vencida, vale decir se separa definitivamente la cartera mala de la buena
en este estrato y se tiende a consolidar la cartera buena con el regreso a la banca de muchas grandes
empresas solventes que habían migrado al crédito externo en medio de un proceso sostenido de desintermediación presente desde inicios de los noventa. Paralelo a este proceso, la evaluación
realizada por la banca comercial en relación con el mayor riesgo relativo del crédito a empresas,
parece haberse concentrado en sólo algunos estratos, la pequeña y mediana empresa, o mejor dicho,
aun cuando, se visualiza a la microempresa como un sector de mayor riesgo, a diferencia de los dos
estratos anteriores, no observan mayores restricciones del flujo de créditos a la microempresa, a
contrapelo de su evaluación de riesgo.
De este modo, aun cuando, la crisis recesiva empeora significativamente la calidad de la
cartera de microempresas atendida por la banca comercial, esto no se traduce en una caída de
participación de las microempresas en el crédito total, en la deuda vigente, ni en la disposición
creciente, que muestra el mercado, como es el de incorporar este segmento de empresas en los
negocios de la banca comercial. Son las pyme, que concentraban el crédito de corto plazo a tasas
renovables a 30-60 y 90 días, las que afrontan el grueso del impacto del ajuste y el subsiguiente
aumento del riesgo crédito.
Aun cuando, de las entrevistas a directivos de la banca comercial pareciera desprenderse que
en ausencia de subsidios públicos al costo de transacción (programa IFIS) la banca continuaría
operando hacia este segmento de clientes, cargando sí los costos diferenciales de atención a este
segmento en las tasas de interés, la sola presencia de una considerable masa de deudores ingresados
al sistema por esta vía y que, con anterioridad a la crisis de fines de los noventa accedieron a
créditos pequeños, pero de tasa fija, logró consolidar e incluso expandir el crédito a microempresas
en períodos en los cuales otros segmentos de empresas pequeñas, más fuertes pero a la vez más
sujetos a las fluctuaciones del crédito revolvente, fueron masivamente marginados de aquellas
operaciones de crédito que previamente a la crisis permanecían abiertas para ellos.
De acá entonces, parece desprenderse la existencia de una relación positiva entre
instrumentos de fomento al crédito, operando desde el lado de la oferta y los positivos indicadores
de incorporación de las microempresas en el sistema financiero. Resta entonces, sólo analizar con
mayor nivel de detención las formas y modalidades específicas mediante las cuales la banca, al
utilizar las facilidades del programa IFIS, ha intentado estabilizar plataformas de atención a las
microempresas.

49

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

III. Política comercial de
instituciones bancarias chilenas
hacia las microempresas

Facilitar el acceso al crédito a las microempresas es una tarea
que las distintas políticas públicas abordan mediante el uso de
diferentes tipos de institucionalidad. En algunos países, quizás la
mayoría de los países de la región, la institucionalidad que aplica
dichas políticas se compone principalmente de organizaciones no
gubernamentales (ONG) y otras instituciones sin fines de lucro. En
otros países el acceso al crédito se aborda desde la institucionalidad del
sistema cooperativo, en países de mayor desarrollo, como Estados
Unidos, la acción principal proviene de bancos de pequeña escala e
inserción local, en tanto en un buen número de países europeos existen
otros modelos institucionales que operan a través de grandes bancos
comerciales.
Chile, a diferencia de otros países de la región, ha concentrado
su esfuerzo institucional en pro de un mayor acceso al crédito de sus
microempresas, en la intervención de la gran banca comercial en dicha
tarea. Sin embargo, esa intervención ha sido realizada por la banca a
través de empresas filiales, o plataformas especializadas, que poseen
bastante independencia de sus casas matrices.
Un mercado que a comienzos de los años noventa estaba
compuesto por cinco financieras y dos divisiones de crédito de
consumo de bancos, llega en el año 1999 a un escenario en que las
adquisiciones vía bancos se constituye en la manera habitual de
operar, observándose la permanencia de sólo una financiera (Conosur)

51

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

y la participación activa de los bancos que han incorporado divisiones de consumo especializadas
(Citibank, Corpbanca, Santiago, Chile, BHIF, Edwards y Santander).
Si bien el conjunto de la banca comercial chilena ha participado de algún modo en el esfuerzo
de estabilizar plataformas de crédito hacia la microempresa, se observan tres grandes bancos
comerciales que concentran el grueso del esfuerzo comercial hacia este segmento a través de sus
filiales especializadas, a la par de ellas se observa la acción de un puñado de organizaciones no
gubernamentales y cooperativas de ahorro y crédito las cuales, sin embargo, sólo explican una
fracción muy pequeña del crédito total a las microempresas.
El grueso del esfuerzo en pro de la ampliación del acceso al crédito no ha correspondido en
realidad a toda la banca, sino que se observa una clara diferenciación en el accionar de tres
instituciones bancarias: el Banco del Desarrollo, el Banco del Estado de Chile y Banefe- Bansander,
y el resto del sector Bancario él cual si bien participa del esfuerzo lo hace de un modo más bien
tentativo y marginal con relación a sus grandes prioridades. De este modo son estos tres grandes
bancos los que explican la mayor parte del esfuerzo institucional de la Banca hacia el segmento
microempresarial chileno con desempeños bastante destacables, sin embargo se observan también
ciertas diferencias que hacen necesario un análisis por separado de cada una de estas tres
experiencias.

1.

El programa de microempresas del Banco del Desarrollo

La experiencia del Banco del Desarrollo en el campo de la microempresa se inicia en el año
1986 con una serie de acciones esporádicas en Santiago y en provincias que se transforman luego en
una realidad formal y estable a través del así denominado: “Programa de microempresas”.
A partir de ese momento las principales etapas del desarrollo comercial del Bandes hacia este
sector han sido las siguientes:
1989

Estudios y Diseño del Programa

1990

Proyecto Piloto

1991

Comienzo de etapa Comercial

1992

Inauguración del Primer Centro de la microempresa

1993

Consolidación del Programa

1994

Creación de la Filial Bandesarrollo microempresas

1994-97 Etapa de Expansión a todo Chile.
1998

Creación de la Banca de microempresarios

Desde el año 1994 la gestión del área de microempresas del Banco del Desarrollo está
radicada en una Filial llamada Bandesarrollo microempresas: Asesoría Financiera de Interés Social
S.A. La decisión de conformar en 1994 Bandesarrollo microempresas estuvo determinada por la
necesidad de poseer una plataforma especializada, con tecnología de procesos y personal entrenado
en operaciones de factura muy distinta a las realizadas con la clientela tradicional del Banco. Lo
anterior determinó necesidades de contratación de un tipo de personal ad-hoc, con altas
capacidades, de comunicación con los clientes y compromiso con la actividad del banco en este
segmento.
El Banco del Desarrollo ha optado por la contratación de profesionales con preparación
técnica superior (carreras no universitarias de cuatro años máximo), para atender a los
microempresarios.
52

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

Su apuesta ha sido por la contratación de personal distinto al tradicional de la banca, con una
opción personal hacia el trabajo en este segmento de clientes, así como con conocimiento del
ambiente de dichos clientes, de la marcha de sus negocios y con capacidades de tener una buena
empatía con el cliente, sin embargo, el perfil del personal requerido es muy diferente al de los
facilitadores utilizados en la experiencia crediticia de las ONG de la región, exigiéndosele al
personal una formación de nivel superior y conocimientos importantes acerca del funcionamiento
de la institucionalidad bancaria.
En cuanto a los créditos para microempresas que el BANDES otorga en alianza con diversas
instituciones especializadas, se pueden distinguir diversos productos especializados según diversas
líneas de requerimientos propios de las microempresas chilenas:
• Crédito de capacitación, en alianza con los Organismos Técnicos Intermedios de
Capacitación, OTIC, que a su vez operan con los Organismos Técnicos Ejecutores de
Capacitación, OTEC; y con algunas de las Universidades que operan con OTEC;45
• Crédito aire limpio para financiar la conversión de vehículos de bencina a gas natural
comprimido o gas licuado de petróleo, en alianza con la empresa METROGAS y las empresas
de conversión autorizadas por el Ministerio del Transporte;
• Crédito “pescador empeñoso”, para la adquisición de motores o lanchas pesqueras, en
alianza con las empresas distribuidoras de estos productos;
• Crédito para microempresarios indígenas, en alianza con la Corporación de
microempresarios Indígenas de la Región Metropolitana, CORMI;
• Crédito para microempresarios discapacitados, en alianza con el Fondo Nacional de la
Discapacidad, FONADIS;
• Crédito de fomento para microempresas, en alianza con el Servicio de Cooperación
Técnica, SERCOTEC;
• Crédito de fomento para pequeños productores agrícolas, en alianza con el Instituto
Nacional de Desarrollo Agropecuario, INDAP;
• Crédito para microempresarios emprendedores, en alianza con Fondo Nacional de
Solidaridad e Inversión Social, FOSIS.
• Programa de microcrédito para mujeres jefas del hogar, el cual se otorga en alianza con
las municipalidades, obispados y las juntas de vecinos.
Además, para apoyar a los microempresarios en su gestión comercial, el Banco del Desarrollo
está participando en la generación de los Infocentros,46 en alianza con las municipalidades, Fosis
y/o Sercotec. A la fecha el banco apoya el funcionamiento de 11 infocentros.
Para dar un servicio de la mejor calidad posible, a las mujeres jefas de hogar y a los
microempresarios, a costos operacionales y riesgo razonable, el Banco del Desarrollo ha diseñado
tecnología bancaria ad hoc en las áreas de: procesos de evaluación y políticas de otorgamiento de
créditos y en desarrollo de productos.

Dicha tecnología se orienta centralmente a:
45

46

El sistema chileno de capacitación opera como un sistema de tres pisos, donde el piso tres, a cargo de la regulación y superintendencia del
sistema lo ocupa el SENCE (Servicio Nacional de Capacitación y Empleo) dependiente del Ministerio del trabajo, el segundo piso, privado,
lo ocupan diversas entidades gremiales empresariales denominadas OTIC (Organismos Técnicos Intermediarios de Capacitación) los que
operan como Brokers y ventanillas del sistema, en tanto el primer piso, a cargo de entregar los servicios, lo ocupan múltiples entidades
privadas, acreditadas ante el Estado, denominadas OTEC (Organismo Técnico Ejecutor de Capacitación).
Los INFOCENTROS son centros comunitarios instalados en distintos puntos del país, con la finalidad de dar acceso a Internet a los
empresarios y empresarias que no cuentan con esta conexión.

53

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

a) Permitir acceso a la banca a los que no tienen acceso
b) Atención masiva de clientes
c) Ofrecer productos de fácil acceso y manejo
d) Lograr cruce de información acerca de activos y pasivos de las empresas a objeto de
mejorar el análisis de riesgo
e) Calidad y flexibilidad en la evaluación del nivel de actividad de la microempresa y de la
situación patrimonial del cliente (evaluación de riesgo)
f) Rapidez de atención y de otorgamiento de créditos y productos
g) Asesoría financiera a microempresarios por parte del personal
h) Fidelización y bancarización de los clientes (generación de clientes de largo plazo)
En el área comercial la política de garantías aplicada por el Bandes a sus clientes diferencia
varios tipos de garantías solicitadas en función de las características de sus clientes, a saber éstas
son:
• En créditos grupales:
Avales solidarios
• En créditos individuales:
Avales calificados, aval del cónyuge o sin avales
• Créditos montos “mayores”: Garantías reales, prendas o hipotecas.
La política de monto de créditos aplicada por Bandesarrollo microempresas, define que los
montos a prestar variarán de acuerdo a la evaluación del microempresario y su empresa, pero que, a
todo evento, estos serán al principio pequeño y luego escalonados, tomando en cuenta el destino y
el comportamiento de pago.
En relación con el acceso a crédito la política del Bandes hacia las microempresas define que:
a) Se atienden a microempresas urbanas, tanto formales como informales
b) Se exige que se trate de microempresas en funcionamiento desde al menos doce meses
c) Se atiende sólo clientes con edad entre dieciocho y setenta años (tope máximo establecido
por el seguro de desgravamen
d) Se atiende sólo clientes con domicilio particular estable y conocido, con teléfono
particular o de recado
e) Se atiende a clientes de todos los rubros: productivos, comercio y servicios
f) Se atiende sólo a microempresarios con buen comportamiento en el sistema financiero y
comercial
g) Se prioriza a los clientes con capacidad emprendedora
La distribución de la cartera de Bandes microempresas se conforma por un 28,5% de clientes
del sector manufacturero, un 18,0% de clientes del sector servicios y un 53,5% provenientes del
sector comercio.
Según se desprende del cuadro N°27 a la fecha Bandesarrollo microempresas ha atendido a
más de 84.000 clientes, con colocaciones promedio levemente superiores a 1.000 dólares cada una,
acumulando a la fecha colocaciones por cerca de 157 millones de dólares.

54

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138
Cuadro 27

DESEMPEÑO DE BANDES MICROEMPRESAS A MARZO DE 2003
(Dólares y pesos)
Total de créditos microempresas otorgados,
incluyendo PDS
Monto total colocado
Monto promedio crédito
Total clientes atendidos-crédito

148 635
US$
US$

156.500 000
1 052
84 073

Créditos
CH$
111 898 000
CH$
752 000
Microempresas

Fuente: Bandesarrollo Microempresas

Según se muestra en el cuadro N° 28, las referidas colocaciones se distribuyen cada año del
siguiente modo:
Cuadro 28

CARTERA DE CRÉDITOS DE MICROMEPRESAS VIGENTES POR AÑOS, AL CIERRE DEL AÑO
(Se indica la unidad de medida en cada columna)
Año

1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003

Centros

04
24
34
40
37
37
40
42
44
44

Nº clientes

Capital
(Millones de
dólares)

5 240
10 785
16 869
19 861
15 013
12 347
15 068
20 461
33 704
36 049

5,12
10,57
19,09
21,98
14,18
11,81
11,71
12,88
17,98
19,12

Capital
(Millones de
pesos
chilenos)
2 026
4 306
7 635
8 908
7 687
5 873
6 696
8 450
12 806
13 700

Fuente: Bandesarrollo Microempresas

De tal modo que la cartera de clientes del BANDES con créditos y/o productos de ME, al
cierre del año 2003, fue de 36.049, cifra que triplica con creces los 10.785 clientes con los cuales
finalizó el año 1995.

2.

El programa de microempresas del Banco del Estado

El Banco del Estado de Chile es una institución creada en 1953 a partir de la fusión del
conjunto de las instituciones bancarias del Estado chileno creadas entre 1884 y ese año.
En el año 1995 el BancoEstado inicia el estudio para determinar la factibilidad de atender al
sector microempresarial, para lo cual en 1997 se creó una empresa filial denominada Banestado
microempresas. Dentro de los objetivos de dicha filial destacaban como principales:
• Aportar al efectivo desarrollo productivo del país.
• Bancarizar a los sectores populares, particularmente los sectores económicos medio y bajo.
• Mejorar la cobertura del banco, respecto a clientes vigentes, en esos segmentos mejorando la
calidad de atención a clientes.
La misión planteada para dicha filial fue centrarse en la “atención a trabajadores
independientes normalmente no atendidos por el sistema financiero privado, promoviendo la
equidad y la igualdad de oportunidades en el acceso al financiamiento”, al efecto Banestado se dotó
de sistemas y tecnología especializada, la cual fue resumida tras el siguiente concepto: “El Banco en
terreno”.
55

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

A partir de dichos recursos Banestado comenzó a introducir severos cambios en la modalidad
de atención a clientes tradicionalmente usada por el Banco del Estado, de tal modo que en esta filial,
desde sus orígenes todos los clientes comenzaron a ser evaluados en su lugar de trabajo.
A la fecha, la cartera vigente de Banestado es de poco más de 56.000 clientes, poseyendo un
volúmen de deuda de cerca de 50 millones de dólares, más de 124.000 créditos cursados, un riesgo
promedio de 0,85%, 68 sucursales especializadas del BanEstado a escala nacional atendidas por 285
funcionarios en el ámbito nacional.
Banestado posee 68 sedes en regiones y otras tantas plataformas de atención especializada en
la microempresa, sus principales productos para el sector son:
• Crédito a microempresas
• Créditos del Fondo de Garantías a la las Pequeñas Empresas (FOGAPE)
• Seguro de salud
• Chequera electrónica
• Crédito PC Internet
• Crédito capacitación
• Crédito vehículo de trabajo
• Crédito agrícola
• Seguro empresa protegida
Sus clientes son exclusivamente microempresas con ventas anuales inferiores a 2.400
Unidades de Fomento y a fines del año 2000 había cursado poco más de 69.000 operaciones de
crédito.
Cuadro 29

OPERACIONES CURSADAS POR BANESTADO MICROEMPRESA (1997-2000)
(Varias unidades de medida)
Región
Región Metropolitana
I
II
III
IV
V
VI
VII
VIII
IX
X
XI
XII
Total

Operaciones
35 919
2 629
767
400
3 213
8 277
2 023
3 538
6 538
2 891
1 972
509
555
69 231

Colocaciones
(miles de pesos)
25 635 952
2 204 109
517 141
266 608
2 562 530
5 180 278
1 708 359
2 731 650
3 922 844
1 850 253
1 186 096
419 099
419 116
48 604 035

Porcentajes
52,7
4,5
1,1
0,5
5,3
10,7
3,5
5,6
8,1
3,8
2,4
0,9
0,9
100,0

Fuente: BancoEstado, corresponde a las operaciones desde marzo de 1996 a 31 de diciembre de 2000.

El cliente microempresario es considerado por la gerencia mype del Banco del Estado,47
como el centro de la gestión comercial que desarrolla, definiendo a partir de su opinión y
necesidades los lineamientos comerciales hacia el conjunto del segmento de la microempresa. Este
segmento de clientes del banco comprende a toda persona jurídica y natural con actividad comercial
47

56

A partir del año 2000, el Banco del Estado procedió a concentrar a su filiar Banestado y a la gerencia Pyme del Banco, bajo un mando único
denominado Gerencia Mype, sin perjuicio de lo cual Banestado no ha perdido su carácter de filial, más aún, su ex gerente general se
desempeña actualmente como gerente mype, teniendo bajo su dependencia tanto a la filial microempresas como a la antigua subgerencia de
pequeñas empresas.

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N° 138

independiente de los sectores productivo, comercio y servicios, así como a los profesionales,
técnicos y oficios independientes (con ingresos variables). Dada esta definición el banco debe estar
permanentemente monitoreando y evaluando directamente con el cliente la calidad de la atención
que se le entrega, así como sus nuevas necesidades financieras y la evolución de sus características
que, eventualmente, ameriten una segmentación especial y la definición de productos y servicios
apropiados.
La principal subsegmentación para el diseño de políticas específicas se define en función del
volumen de ventas o ingresos de tal modo que se define como microempresas a todas las unidades
de economías con ventas netas de IVA anuales o ingresos anuales netos hasta 2.400 unidades de
fomento, sin perjuicio de la aplicación de otros criterios de subsegmentación.
Los sectores preponderantes de los clientes de Banestado microempresas en este segmento
son los siguientes: comercio, transporte, agropecuario, servicios personales, técnicos y
profesionales.
Las sucursales de la filial del banco son seleccionadas en función de la situación del mercado
(ubicación geográfica respecto de la competencia, concentración de la demanda, niveles de
rentabilidad esperados). A objeto de asegurar un trabajo coordinado en la atención de ambos
subsegmentos, estas plataformas deben estar emplazadas en un mismo espacio físico y en términos
comerciales, deben diseñar y aplicar en conjunto los planes comerciales orientados al segmento.
Éstas operan con dedicación exclusiva y personal permanente y especializado en el desarrollo
de sus funciones, con todo el universo de productos y servicios diseñados para el subsegmento y
procurando desarrollar una relación comercial permanente con el cliente, con importante trabajo en
terreno, particularmente en la atención a clientes microempresarios. Para la atención a este
segmento, se define un sólo ejecutivo de relación.
Este modelo contempla también que, en las sucursales en las cuales no existen plataformas
especializadas y por tanto operan con ejecutivos multisegmento, la atención a clientes del
subsegmento se efectúa con sujeción a pautas estándares, en cuanto a la evaluación de los créditos,
los montos a prestar, los plazos de los créditos y demás que aseguren niveles de riesgo acotados. El
énfasis comercial de estas plataformas está en la derivación de clientes a las plataformas
especializadas. Para la atención a través de estas plataformas se define un solo ejecutivo de relación.
Los objetivos que se privilegian son:
a) Satisfacer integralmente las necesidades del cliente.
b) Fidelizar a buenos clientes en una relación de largo plazo.
c) Desarrollar productos masivos/especializados para grandes mercados.
d) Complementar oferta de servicios no financieros, tales como asistencia técnica,
capacitación, educación, salud, vivienda y otros.
e) Desarrollar un adecuado balance de productos con y sin riesgo de crédito.
La filial Banestado microempresas ha definido su accionar hacia este segmento como uno
concentrado en productos y servicios estandarizados y masivos, con bajo costo de transacción y alto
volumen de venta. En particular ella ha tendido a desarrollar convenios como herramientas para la
oferta masiva de servicios y productos con alternativas adecuadas a las particularidades de cada
subsegmento.
Banestado se ha concentrado en el desarrollo de productos “Eje/Ancla”, en torno a los cuales
se potencie y desarrolle la relación comercial de largo plazo. En el segmento de microempresas este
producto ha sido la chequera electrónica, aún cuando, para cada segmento existen “familias de
productos” de acuerdo a características particulares.
57

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

Al banco le interesa articular y complementar financieramente la oferta de servicios no
financieros disponibles (red de fomento, por ejemplo), tales como asistencia técnica, capacitación,
programas de fomento y demás, de manera de satisfacer integralmente las necesidades financieras y
no financieras de sus clientes, de tal manera que ha comenzado lentamente a articularse con los
referidos programas de demanda.
Los criterios definidos para la fijación de precios aplicables a los productos y servicios
ofrecidos a los clientes que conforman este subsegmento, plantean que los precios (tasas) que se
fijen deben ser competitivos y fijados considerando los precios de mercado, además de ser
económicamente convenientes desde la perspectiva del cliente, especialmente en su relación
“precio/calidad”, comparados con la competencia relevante y en la perspectiva de largo plazo.
Dichas características son definidas por Banestado en función de las siguientes variables:
• Plazo y volumen del financiamiento.
• Venta integrada de productos.
• Antigüedad, trayectoria y lealtad del cliente.
• Canales de venta.
La estructura de precios es definida de acuerdo a rentabilidades exigidas a cada subsegmento,
asimismo se incentivan prácticas específicas de uso de productos y servicios.
Las principales preocupaciones estratégicas identificadas hoy por hoy por Banestado para el
segmento de microempresa son:
• Mantener el nivel de crecimiento con el objeto de conservar el liderazgo en el sector.
• Mantener calidad de atención a clientes.
• Mantener los niveles de excelencia en la atención de los clientes, conservando los estándares
de tiempo de respuesta promedio de 48 horas para cada solicitud de crédito y un nivel de
satisfacción de un 80%
Banestado microempresas espera también defender el nivel de riesgo de la cartera que hoy
exhibe esta filial, esperándose no sobrepasar el 1,3% de cartera riesgosa. Dentro de las acciones
priorizadas por esta filial se incluyen:
• Aumentar el cruce de productos a clientes vigentes e intensificar el cruce de productos
especializados para los clientes, a objeto de aumentar la rentabilidad.
• Disminuir la tasa de egreso de clientes.
• Enfatizar el trabajo de fidelización de clientes en el largo plazo para disminuir la tasa de
clientes que terminando su crédito pierden relación con el banco.
• Continuar con el desarrollo y masificación de nuevos productos y servicios, que permitan
consolidar una atención integral al sector. En lo que respecta a nuevos mercados, se dará
atención a clientes de los sectores agrícolas y rurales más alejados de la ciudad, especializando
22 sucursales a lo largo de todo el país; y se reforzará el programa especializado en atención a
la pesca artesanal, en cuatro regiones del país.
Finalmente, se contempla el desarrollo de un programa de financiamiento para nuevos
emprendimientos.
Banestado microempresas ha tendido a tarificar todo servicio separadamente, sin perjuicio
que se definan precios distintos de acuerdo a condiciones de cruce o agrupaciones de productos
(relación de precios global). En este segmento de microempresas la relación comercial de los
clientes con el banco ha sido desarrollada principalmente a través de la banca telefónica, mientras
que para pequeñas empresas ésta se efectúa privilegiando Internet.

58

CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

N° 138

En particular para el segmento de microempresas, se han estado desarrollando acciones
formativas y estrategias de inducción de nuevas prácticas que en el mediano plazo hagan posible
que un porcentaje significativo de los clientes del segmento se relacione con el banco a través de
canales no presenciales. El uso de estos nuevos canales estará orientado a aumentar la presencia y
cercanía del banco con sus clientes, aumentando su uso con un énfasis transaccional y exigentes
estándares en tiempos de respuesta, orientándose también a la atención de preventa, venta y
posventa, seguimiento y mantención de la relación comercial con los clientes.
Estos canales no presenciales apuntan a constituirse en un espacio de interacción entre
clientes del Banco del Estado, de tal modo que su creciente uso por parte de los clientes debiera
tender a aliviar a las plataformas comerciales de tareas rutinarias y automatizables que permitan
destinar mayor tiempo a funciones netamente comerciales.
En este segmento de clientes este banco busca obtener una rentabilidad equivalente a la
media ponderada de la rentabilidad de la competencia relevante. Se definen rentabilidades para cada
unidad de negocio (ejecutivo, plataforma, región, zona, etc.) de tal modo que el nivel de
rentabilidad de la cartera de clientes se constituye en uno de los principales indicadores por los
cuales es medida la gestión de las distintas unidades de negocio, complementariamente a los
indicadores de riesgo, de cartera vencida, tiempos de respuesta y tales. La política es optimizar
también la relación “rentabilidad–costo” para productos de bajo riesgo de crédito
(productos/servicios/operaciones), de acuerdo a los énfasis que la estrategia comercial define para
clientes del segmento.
Es política del Banco del Estado, en el segmento de microempresas en particular, mantener
riesgos de crédito similares a los de la competencia relevante, se busca mantener indicadores de
riesgo a niveles mínimos que permitan sustentar la atención crediticia en el largo plazo.

3.

El programa de microempresas de Banefe-Bansander

Banefe es una empresa división del Banco Santander Chile. Su administración y su gestión
son independientes, aunque utiliza soportes de la estructura del banco para ciertas áreas específicas,
tales como: recursos humanos, selección, capacitación, contabilidad, remuneraciones, operaciones y
sistemas.
De cara al público aparece como una empresa autónoma. Su gestión comercial está orientada
a satisfacer las necesidades financieras de los segmentos de ingresos medios y medios bajos de la
población, centrando su acción en las personas y los microempresarios.
La empresa tiene sus orígenes en 1993, año en que el Banco Santander decidió adquirir
Fincard, empresa emisora de tarjetas de crédito perteneciente, entonces, al Holding Bancard. Dos
años más tarde, en marzo de 1995, compra la Financiera Fusa, institución con 20 años en el negocio
de los créditos de consumo. Se genera entonces, la posibilidad de crear una nueva oferta asociada a
una marca distinta, que permitiera apostar a un posicionamiento diferente. Una nueva categoría que
diera mayor confianza al cliente y que basara la relación en las personas más que en los productos,
con marcado énfasis en el servicio.
La proyección de estos postulados hizo posible que en el mes de noviembre de 1995 naciera
Banefe: planteándose consolidar un nuevo estilo de banco donde la consigna central de su
publicidad fue: “Nadie es más importante que usted.
Los dos primeros años (período 1995-1997), la estrategia de Banefe fue ser un banco líder de
personas, orientado a los segmentos de ingresos medios en Chile, con filiales en América Latina. El
éxito de esta primera etapa fue indiscutible, por lo que antes de cumplir seis meses la marca Banefe
era ampliamente conocida.
59

Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

Para el segundo período (1998-2000), el enfoque estratégico central siguió siendo el mismo,
comprometido básicamente con una nueva forma de hacer banca. Todas las estrategias apuntaron al
establecimiento de relaciones integrales y permanentes con los clientes.
Al empezar esta etapa, las dificultades económicas por las que comenzó a atravesar el país,
sumadas a los importantes cambios que sufre la industria de crédito de consumo –tanto en sus
actores como en el marco normativo– determinó que muchas empresas vieran afectados sus
resultados y optaran por transferir sus propiedades a Bancos.
Durante este difícil período los resultados de Banefe siguieron siendo buenos, cumpliendo
siempre sus presupuestos y manteniendo la mejor posición en imagen y satisfacción de clientes. Al
cierre del año 2000, las cifras de la empresa y sus resultados indicaron que el enfoque estratégico
fue el acertado.
Sin perjuicio de lo anterior y siendo catalogados por el mercado como uno de los primeros en
servicio y satisfacción de clientes, la crisis de confianza que sufre la industria en general, hace que
Banefe afine su enfoque estratégico llegando al que actualmente rige a la empresa.
El objetivo central de esta institución se plantea entonces, liderar la banca en los segmentos
de personas de ingresos medios y microempresarios consolidando relaciones integrales y
permanentes con los clientes, basados en la confianza y el beneficio mutuo.
Banefe es una empresa de tamaño grande. Su casa matriz está buscando eficiencia en los
procesos. Su principal área de operaciones está ubicada en Santiago, pero cuenta con una red de 74
puntos de contacto entre sucursales, cajas auxiliares y puntos de venta distribuidos para mostrar
todos los productos asociados al cliente a lo largo de Chile.
Su mercado objetivo lo constituyen las personas de ingresos medios, pertenecientes a los
segmentos C2, C3, y D, en su mayoría empleados y microempresarios, contando con una cartera
que asciende a 650.000 clientes
El negocio de Banefe está constituido por 2.717 empleados, los cuales el 45% corresponde a
personal renta fija y el 55% renta variable. En relación con la plataforma tecnológica, Banefe se ha
caracterizado por el desarrollo de productos estándares de bajo costo operativo, buscando eficacia
en los procesos. Cada cliente es individualizado en función a su RUT,48 el que al ser ingresado al
sistema permite mostrar todos los productos asociados al cliente. Los equipos se renuevan
permanentemente y todas las sucursales cuentan con redes y enlaces con conexión a los sistemas
centrales.
En al año 2000 Banefe comenzó a operar con un nuevo modelo de atención en sucursales
utilizando máquinas que permiten recibir pagos y otorgar giros de crédito en el mismo puesto de
trabajo, operaciones para las que también se incorporaron plataformas de autoservicio.
Banefe está interesado en entregar una asesoría integral de negocios a sus clientes, con
capacitación y acceso a la tecnología, como una manera de impulsar su desarrollo.
Como decíamos anteriormente la historia de la empresa con los microempresarios, comienza
en 1992 cuando Financiera Fusa ingresó al programa IFIS. Al nacer Banefe, se formaliza el proceso
de orientación a la microempresa bancarizando a la fecha cerca de 38 mil microempresarios
mediante los subsidios que entrega el Fondo de Solidaridad e Inversión Social, FOSIS.49
En conjunto con el FOSIS y las municipalidades, Banefe ha participado en la creación de
centros productivos comunales, los que tienen por misión apoyar el desarrollo de los
microempresarios en temas como capacitación, asesoría y financiamiento. El proyecto contempló
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El RUT, o Rol Único Tributario es un número fiscal único que se utiliza en toda la documentación que permite identificar a cada ciudadano
chileno entre la emisión de su certificado de nacimiento y el de defunción.
A partir de 2002 la administración de los subsidios IFIS fue transferida desde Fosis a Sercotec.

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instalar 100 centros productivos en todo Chile durante el período 2001- 2002. Para cada uno de
estos centros, Banefe donó los computadores necesarios para que los microempresarios puedan
acceder a la red y a un número indeterminado de potenciales clientes, con la consecuente mejora de
sus ventas.
El 2001 se dio un significativo impulso al uso de Internet, potenciando el sitio Web de
Banefe con información de productos y servicios financieros.
Los productos y servicios ofertados por Banefe pueden dividirse en tres grupos: productos
transaccionales, productos activos y productos pasivos:
Dentro del primer grupo se comprenden:
• Abono de remuneraciones (chequera electrónica)
• Tarjetas de crédito
Dentro de los productos activos se comprenden:
• Crédito de consumo en cuotas
• Línea de crédito
• Crédito automotor
• Línea de crédito en cuotas
• Crédito hipotecario (letras y mutuos)
• Fincrédito
• Microempresarios
Dentro de los productos pasivos se comprenden:
• Depósitos a plazo
• Cuentas de Ahorro
• Seguros
Como puede verse de lo anterior, no obstante el peso efectivo de la cartera de
microempresarios atendidos por Banefe, su perfil está mucho más orientado al crédito de consumo y
a las personas que los otros dos bancos. Su orientación apunta a generar una masa de clientes
mucho mayor de la administrada por los dos bancos anteriormente analizados, de tal modo que
mediante dicho volumen se pueda compensar la caída de rentabilidad implícita en la expansión de
su cartera comercial hacia segmentos de mayor riesgo relativo.
En la medida que Banefe se ha orientado hacia la frontera de las personas y las
microempresas, su perfil de clientes se ha desplazado hacia los cuenta-propistas, segmento que
puede ser atendido bajo modalidades de servicio muy parecidas a la de los créditos de consumo, en
esa medida Banefe ha podido expandir su cartera hacia segmentos no atendidos por la competencia
y para los cuales los subsidios IFIS aparecen como una alternativa bastante interesante.
En nuestra opinión esta estrategia de Banefe ha permitido no sólo mejorar la cobertura de
crédito hacia diversos segmentos de la microempresa, sino que también otorgar cobertura crediticia
a empresas cuyo riesgo implícito haría imposible su cobertura de no existir un actor bancario que
apueste a la expansión distribuyendo riesgo en altos volúmenes de clientes.

Conclusiones del capítulo III
De la información reportada en este capítulo se desprende que la gran banca comercial ha
visualizado al sector de las microempresas como uno con grandes potencialidades comerciales
desarrollando acciones de cierta envergadura a fin de incorporarlo al financiamiento.
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Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

Se observa a tres Bancos comerciales desarrollando plataformas especificas de atención a este
tipo de clientes en una dinámica que difiere de la utilizada por las plataformas orientadas a los
segmentos de mayor tamaño relativo, tanto en sus costos de operación como en sus procedimientos
operativos.
Cada uno de estos bancos parece haber adaptado modalidades particulares de operación del
área de crédito a personas a fin de dotarlas de potencialidad en cuanto herramienta de atención de
microempresas.
Esto es particularmente claro en el caso de Banefe, cuya cartera se compone
mayoritariamente de personas y no establece demasiados distingos entre personas y empresas
dentro de su operación. Para Banefe de algún modo el segmento de microempresas parece ser
abordado en la medida que el segmento personas de bajos ingresos va arrojando las rentabilidades
requeridas y la cartera se va ampliando, tanto en términos cuantitativos como cualitativos.
Para Bandes y Banestado, por el contrario, el foco parece está claramente colocado en la
microempresa, particularmente los segmentos más consolidados de este estrato de clientes. Sus
plataformas poseen ese claro sesgo y mucha de la tecnología para atender al sector, si bien ha sido
adaptada desde el área de créditos de consumo y a personas, posee innegables visos de originalidad
y han desempeñado un rol destacado como herramientas de bancarización de microempresas.
Las carteras de las tres instituciones, en términos de microempresas, no difieren
sustancialmente en cuanto a sus tamaños de clientes empresas, aun cuando, el número de clientes
personas de Banefe lo torna líder en este segmento, a la vez que Banestado exhibe una cartera de un
mayor tamaño relativo en empresas, seguido muy de cerca por Bandes. Luego, en términos
absolutos las diferencias de tamaño a nivel de empresas parecen ser bastante menores y podemos
hablar sin restricciones de un mercado que en lo general es atendido a partir de tres grandes
competidores.
Cada uno de estos tres bancos afirma que los subsidios a los costos de transacción (programa
IFIS) recibidos desde el Estado no se constituyen en un criterio de definición de su participación en
el mercado, aun cuando sea una ayuda significativa, sin embargo, resulta razonable dudar de dicha
declaración, en tanto, no se observa la emergencia de plataformas bancarias hacia el segmento de
microempresas en otros bancos que no utilicen estas herramientas.
En segundo lugar, si la disminución de los costos de transacción fuese irrelevante y existiese
la posibilidad de traspasar a tasas dichos costos, es probable que la afirmación de los tres bancos
fuese verdadera, sin embargo nos parece que ni los costos de transacción son marginales, ni las
tasas son lo suficientemente bajas como para resistir inelasticamente alzas en las mismas, más aún,
cuando el Banco del Estado posee un peso de mercado suficientemente importante como para
eventualmente regular dicha tendencia al alza.
En nuestra opinión lo que ocurre es que la escala de operaciones de estos bancos, en tanto se
aproximan crecientemente a los 100.000 clientes empresas cada uno (sobre un total nacional de
535.000 microempresas formales) muestran un mercado que está tornándose maduro y
aproximándose a niveles en los cuales el subsidio IFIS se torna redundante, conjuntamente al logro
de economías de escala y tecnologías lo suficientemente maduras como para lograr economías de
escala que compensa los elevados costos de transacción existentes a inicios de este programa.

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IV. Conclusiones finales

La experiencia chilena parece ser bastante exitosa en términos de
lograr la masiva incorporación de microempresas al crédito bancario.
En el curso de tan sólo una década las microempresas se movieron
aceleradamente hacia su constitución en sujetos de crédito por parte de la
banca comercial. Pese a que el escenario económico no les era en
absoluto favorable y a que las políticas macroeconómicas han
discriminado abiertamente en su contra, las microempresas parecen
haber mantenido su calidad de sujeto de crédito por parte de la banca,
aumentando su participación absoluta y relativa en el crédito total.
Las políticas de subsidio a los costos de transacción y de rechazo,
de parte de la autoridad, a políticas que discriminaran positivamente
hacia estas empresas manipulando la tasa de interés, parecen haber
ejercido un positivo impacto en términos de posibilitar que las propias
fuerzas del mercado sean las que se hagan cargo de cumplir la tarea de
bancarizar a este sector empresarial.
Durante la década de los noventa se procedió a llegar
prácticamente a los límites de la bancarización de empresas por parte del
sistema bancario chileno, no obstante lo cual las microempresas
permanecen como el único estrato en el cual subsiste una importante
masa de empresas marginadas del crédito. Pese a esto la tendencia del
sistema financiero a aumentar la bancarización de la microempresa pese
al deterioro de su posición económica augura el que el avance registrado
a la fecha se sostendrá a lo largo del tiempo, lo cual muestra de un modo
claro la adecuación de la estrategia seguida en Chile al efecto.

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Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa

Las estrategias comerciales de los tres bancos reseñados en este estudio muestran cómo la
banca comercial chilena se ha comprometido de un modo relevante en la generación de crédito a
este sector. Nuevas tecnologías, perfiles profesionales y plataformas comerciales de nuevo tipo han
sido desarrollados por la banca a un nivel extraordinariamente alto. Más aún, la competencia
existente entre estos tres bancos, sumados a los actores menores del sistema ha saldado en mejor
atención, más velocidad de las operaciones y una creciente cobertura del sistema de crédito.

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CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

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CEPAL - SERIE Financiamiento del desarrollo

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N° 138

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Alternativas de políticas para fortalecer el ahorro de los hogares de menores ingresos: el caso de Costa Rica, Saúl
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From hard-peg to hard landing? Recent experiences of Argentina and Ecuador, Alfredo Calcagno, Sandra
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Un análisis de la regulación prudencial en el caso colombiano y propuestas para reducir sus efectos procíclicos,
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Hacia una visión integrada para enfrentar la inestabilidad y el riesgo, Víctor E. Tokman, (LC/L.1877-P), N° de
venta S.03.II.G.44 (US$10.00), 2003. www
Promoviendo el ahorro de los grupos de menores ingresos: experiencias latinoamericanas, Raquel Szalachman,
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Macroeconomic success and social vulnerability: lessons for Latin America from the celtic tiger, Peadar Kirby,
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Vulnerabilidad del empleo en Lima. Un enfoque a partir de encuestas a hogares, Javier Herrera y Nancy Hidalgo,
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Felipe Jiménez y Jessica Cuadros (LC/L.1913-P), N° de venta S.03.II.G.71 (US$10.00), 2003. www
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Seguros de desempleo, objetivos, características y situación en América Latina, Mario D. Velásquez Pinto,
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Incertidumbre económica, seguros sociales, solidaridad y responsabilidad fiscal, Daniel Titelman y Andras Uthoff
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Políticas macroeconómicas y vulnerabilidad social. La Argentina en los años noventa, Mario Damill, Roberto
Frenkel y Roxana Maurizio, (LC/L.1929-P), N° de venta S.03.II.G.84 (US$10.00), 2003. www
Política fiscal y protección social: sus vínculos en la experiencia chilena, Alberto Arenas de Mesa y Julio Guzmán
Cox, (LC/L.1930-P), N° de venta S.03.II.G.86 (US$10.00), 2003. www
La banca de desarrollo y el financiamiento productivo, Daniel Titelman, (LC/L.1980-P), N° de venta
S.03.II.G.139 (US$10.00), 2003. www
Acceso al crédito bancario de las microempresas chilenas: lecciones de la década de los noventa, Enrique Román,
(LC/L.1981-P), N° de venta S.03.II.G.140 (US$10.00), 2003. www

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El lector interesado en adquirir números anteriores de esta serie puede solicitarlos dirigiendo su correspondencia a la Unidad de
Distribución, CEPAL, Casilla 179-D, Santiago, Chile, Fax (562) 210 2069, correo electrónico: publications@eclac.cl.
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