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        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
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        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/46101</bibo:handle>
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Nicolo Gligo, Gisela Alonso, David Barkin, 
Antonio Brailovsky, Francisco Brzovic, Julio Carrizosa, 
Hernán Durán, Patricio Fernández, Gilberto Gallopín, 
José Leal, Margarita Marino de Botero, César Morales, 
Fernando Ortiz Monasterio, Daniel Panario, 
Walter Pengue, Manuel Rodríguez Becerra, 
Alejandro Rofman, René Saa, Héctor Sejenovich, 
Osvaldo Sunkel y José Villamil
La tragedia 
ambiental  
de América Latina  
y el Caribe
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La tragedia ambiental  
de América Latina  
y el Caribe
Nicolo Gligo Gisela Alonso
David Barkin Antonio Brailovsky
Francisco Brzovic Julio Carrizosa
Hernán Durán Patricio Fernández
Gilberto Gallopín José Leal
Margarita Marino de Botero César Morales 
Fernando Ortiz Monasterio Daniel Panario  
Walter Pengue Manuel Rodríguez Becerra
Alejandro Rofman René Saa 
Héctor Sejenovich Osvaldo Sunkel
José Villamil
Libros de la CEPAL
Alicia Bárcena
Secretaria Ejecutiva
Mario Cimoli 
Secretario Ejecutivo Adjunto 
Raúl García-Buchaca 
Secretario Ejecutivo Adjunto 
para Administración y Análisis de Programas
Joseluis Samaniego 
Director de la División de Desarrollo Sostenible  
y Asentamientos Humanos
Ricardo Pérez 
Director de la División de Publicaciones  
y Servicios Web
161
Este documento es resultado de la labor de un grupo de autores latinoamericanos que han 
teorizado y profundizado desde hace varias décadas sobre la relación entre desarrollo y medio 
ambiente. Este grupo, denominado “pensadores fundacionales del desarrollo sostenible”, 
está integrado por Nicolo Gligo, Gisela Alonso, David Barkin, Antonio Brailovsky, Francisco 
Brzovic, Julio Carrizosa, Hernán Durán, Patricio Fernández, Gilberto Gallopín, José Leal, 
Margarita Marino de Botero, César Morales, Fernando Ortiz Monasterio, Daniel Panario, 
Walter Pengue, Manuel Rodríguez Becerra, Alejandro Rofman, René Saa, Héctor Sejenovich, 
Osvaldo Sunkel y José Villamil. Estas personalidades fueron invitadas por la División de 
Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de la Comisión Económica para América 
Latina y el Caribe (CEPAL) a reflexionar en un seminario sobre el tema de desarrollo y medio 
ambiente, que contó con la participación de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, 
en el marco de las actividades de preparación del documento de posición del trigésimo 
octavo período de sesiones de la CEPAL, y con el apoyo del programa EUROCLIMA+.
Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores 
y pueden no coincidir con las de la Organización.
Los límites y los nombres que figuran en los mapas incluidos en este documento no implican 
su apoyo o aceptación oficial por las Naciones Unidas.
Publicación de las Naciones Unidas 
ISBN: 978-92-1-122043-8 (versión impresa) 
ISBN: 978-92-1-004742-5 (versión pdf) 
ISBN: 978-92-1-358275-6 (versión ePub)  
Número de venta: S.20.II.G.13 
LC/PUB.2020/11-P  
Distribución: G 
Copyright © Naciones Unidas, 2020 
Todos los derechos reservados 
Impreso en Naciones Unidas, Santiago 
S.20-00555
Esta publicación debe citarse como: N. Gligo y otros, La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe, 
Libros de la CEPAL, N° 161 (LC/PUB.2020/11-P), Santiago, Comisión Económica para América Latina 
y el Caribe (CEPAL), 2020.
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse a la Comisión Económica 
para América Latina y el Caribe (CEPAL), División de Publicaciones y Servicios Web, publicaciones.
cepal@un.org. Los Estados Miembros de las Naciones Unidas y sus instituciones gubernamentales 
pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Solo se les solicita que mencionen la fuente e 
informen a la CEPAL de tal reproducción.
Índice
Prólogo ................................................................................................................... 7
Prefacio .................................................................................................................. 9
Introducción  ....................................................................................................... 11
Capítulo I 
La encrucijada actual ......................................................................................... 15
Capítulo II 
El desarrollo en riesgo ....................................................................................... 27
Capítulo III 
La única salida posible: el fin de este modelo de desarrollo ........................ 29
Capítulo IV 
Exploración de otro modelo de desarrollo: hacia un cambio estructural  
con sostenibilidad ambiental ............................................................................. 37
Capítulo V 
La dimensión ambiental como freno al desenfreno capitalista:  
en la búsqueda del bienestar ............................................................................ 47
A.  Primera condición básica para la transformación: la dimensión 
ambiental como sujeto político de excelencia ................................. 47
B.  Segunda condición básica para la transformación: la creación 
de estructuras y de canales explícitos para una participación 
ciudadana vinculante .......................................................................... 50
4 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Capítulo VI 
Necesidad de mayor conocimiento sobre las heterogéneas características  
de los distintos territorios y sus comportamientos ............................................... 57
A. Investigación sobre el acervo natural de la región  
y su comportamiento .......................................................................... 57
B. Jerarquización del ordenamiento territorial: la obligación  
de hacerlo vinculante  ......................................................................... 58
C. Huellas y balances de materiales ...................................................... 59
Capítulo VII 
Hacia la modificación del modelo de crecimiento económico: conflictos 
entre el crecimiento económico y el medio ambiente ................................... 61
A. Apropiación de la dimensión ambiental por parte  
de la economía ..................................................................................... 61
B. Insuficiencias del PIB y las cuentas nacionales  
para el análisis ambiental  .................................................................. 63
C. Propuestas para subsanar los déficits de la teoría económica  
en relación con el medio ambiente.................................................... 64
Capítulo VIII 
Transformación productiva a través de nuevas tecnologías:  
posibilidades y limitaciones ............................................................................. 69
A. Interrogantes y limitantes científicas y tecnológicas ...................... 71
B. Medio ambiente e interciencia ........................................................... 75
C.  Modelos científicos, modelos tecnológicos y dependencia ........... 76
Capítulo IX 
Propuestas, políticas y medidas para una gestión ambiental relevante .... 79
A. Avances y limitaciones ....................................................................... 79
B. Políticas ambientales explícitas e implícitas .................................... 81
C. Políticas específicas ............................................................................. 83
D. Armonización de políticas públicas ................................................. 89
Capitulo X 
Las comunidades indígenas y campesinas y el desarrollo sostenible ........ 91
Capítulo XI 
Enfrentar el cambio climático considerando la incidencia  
de la gestión de los recursos naturales ............................................................ 97
Capítulo XII 
Acuerdos multinacionales para el manejo de ecosistemas compartidos .......101
Bibliografía ........................................................................................................ 103
Reseña biográfica de los autores .................................................................... 107
Publicaciones recientes de la CEPAL ............................................................. 121
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 5
Cuadros
I.1 América Latina (8 países): degradación de las tierras y factores 
relevantes, población y pobreza ........................................................... 21
X.1 América Latina (17 países): población total e indígena,  
según censos y estimaciones, alrededor de 2010 ................................ 92
XI.1 América Latina y el Caribe: proporción de unidades agrícolas 
familiares en el universo de explotaciones,  
según subregiones, 2007-2012 ............................................................. 100
Gráficos
I.1 Riesgos globales de extinción, extinciones desde 1500  
y tendencia de supervivencia de las especies ..................................... 18
I.2 América Latina y el Caribe: evolución de la superficie  
forestal, 1990-2017 ................................................................................... 23
I.3 América del Sur (7 países): deforestación atribuida a diversos 
factores, 1990-2005 .................................................................................. 23
I.4 La desigualdad en el mundo, 2010-2015 ............................................. 24
I.5 América Latina (18 países): evolución de la desigualdad a nivel 
nacional, 2000-2018 ..................................................................................... 24
III.1  Indicadores clave de crecimiento y medio ambiente a nivel mundial  
y según grado de desarrollo de los países, 1970-2020 .............................. 31
IV.1 Consumo de energías renovables a nivel mundial, 1965-2017 ......... 42
IV.2 Generación mundial de energía, 1990-2018 ........................................ 42
IV.3 Número de automóviles eléctricos en circulación en países 
seleccionados, 2013-2017 ........................................................................ 43
VIII.1 América Latina y el Caribe: personas que viven en países  
con diferentes grados de estrés hídrico ............................................... 71
VIII.2 América Latina y el Caribe: evolución de la pobreza y la extrema 
pobreza total, urbana y rural, 2005-2018 ............................................. 72
X.1 América Latina (17 países): población indígena, 2010-2012 ............. 93
X.2 América: población indígena estimada, 1492 ..................................... 94
Recuadros
IV.1 Droga y sostenibilidad ........................................................................... 45
Diagramas
I.1 Tendencias mundiales de la capacidad de la naturaleza para 
mantener las contribuciones a una buena calidad de vida,  
1970 hasta el presente ............................................................................. 17
I.2 Procesos vigentes de deterioro de la naturaleza en el mundo,  
con énfasis en pérdidas de biodiversidad ........................................... 19
IV.1 Límites del espacio de seguridad para el desarrollo humano  
y procesos ambientales relevantes ....................................................... 40
IV.2 Capacidad alimentaria para la población del planeta en el marco  
de cuatro límites planetarios ................................................................. 41

Prólogo
La situación ambiental de América Latina y el Caribe es cada día 
más inquietante. Esta es una región rica en recursos naturales y en 
biodiversidad pero que, pese a los esfuerzos de los Gobiernos nacionales, 
es testigo de cómo su deterioro avanza inexorablemente. Las políticas 
ambientales pueden ser políticas explícitas o implícitas; las primeras son 
aquellas que tienen objetivos ambientales declarados, en tanto que las 
segundas son las que tienen consecuencias ambientales no declaradas, 
generalmente negativas. Es evidente la ventaja con que operan las políticas 
implícitas, y contemplamos como las autoridades ambientales no siempre 
cuentan con las atribuciones necesarias para influir en los grandes 
proyectos de infraestructura, en las formas que adopta la modernización 
de la agricultura o en la orientación de las inversiones nacionales y 
extranjeras. Todo esfuerzo en favor de la sostenibilidad ambiental entra en 
conflicto con un estilo de desarrollo en que sigue primando la explotación 
de los recursos naturales con escasa agregación de valor.
Los empeños de la Comisión Económica para América Latina y el 
Caribe (CEPAL) para entender en profundidad la relación entre desarrollo 
y medio ambiente se remontan a la década de 1970 y se nutrieron en sus 
inicios del trabajo realizado en el marco del proyecto de la CEPAL y el 
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) 
“Estilos de desarrollo y medio ambiente en la América Latina”, que 
le permitió por primera vez a la Comisión incorporar la dimensión 
ambiental en su pensamiento económico. Desde esa época, la CEPAL ha 
brindado apoyo a los países de la región en sus esfuerzos por dar mayor 
8 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
sostenibilidad ambiental a sus estrategias y políticas de desarrollo, objetivo 
que ha tenido un alcance limitado. 
La tarea de lograr una mayor sostenibilidad ambiental se torna cada 
día más compleja, pues a las particulares características y procesos de 
deterioro ambiental que enfrenta cada país se suman crecientemente los 
efectos negativos del cambio climático.
Consciente de estas complejidades, la CEPAL recurrió a la visión 
de un grupo de personalidades con una destacada trayectoria académica, 
pública e internacional para que, sobre la base de sus conocimientos y 
experiencias, contribuyeran a ofrecer una comprensión en profundidad 
de la dinámica del desarrollo actual y su relación con el medio ambiente. 
A este grupo, por la relevancia de su quehacer desde los orígenes de la 
reflexión sobre la sostenibilidad en nuestra región, lo hemos denominado 
“pensadores fundacionales del desarrollo sostenible”. 
La profundidad e importancia de sus planteamientos se expone en 
las siguientes páginas. Su contribución servirá de insumo para el trigésimo 
octavo período de sesiones de la Comisión y estamos convencidos de su 
utilidad y oportunidad para los países de la región. No obstante, hemos 
de señalar que estos análisis constituyen puntos de vista personales de los 
miembros de este grupo y que, pese a obvias convergencias y encuentros, 
son por cierto independientes y autónomos del pensamiento de la CEPAL.
Quisiera destacar y agradecer en particular a Nicolo Gligo, quien ha 
encabezado el esfuerzo de recopilar el material y coordinar la preparación 
del libro que presentamos. Junto con Osvaldo Sunkel, son sembradores de la 
semilla de la sostenibilidad en las inquietudes de la CEPAL y maestros que 
inauguraron caminos fecundos que he tenido la oportunidad de recorrer.
Reconozco también el apoyo de Joseluis Samaniego, Director de 
la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de la 
CEPAL, y del Proyecto EUROCLIMA de la Comisión Europea, puntales 
indispensables para la materialización de la iniciativa que toma forma en 
estas páginas.
Alicia Bárcena 
Secretaria Ejecutiva 
Comisión Económica para 
América Latina y el Caribe (CEPAL)
Prefacio
El presente documento recoge los planteamientos de los autores sobre el 
medio ambiente y el desarrollo sostenible. Dados sus temprana reflexión y 
aportes en esta materia, fueron invitados por la Comisión Económica para 
América Latina y el Caribe (CEPAL) a compartir sus ideas y experiencias, 
fruto de una labor de muchos años en favor de una mayor incorporación 
de la dimensión ambiental al desarrollo en los ámbitos local, nacional y 
regional. Sus reflexiones también recogen sinsabores y frustraciones, 
producto de la inacción y, muchas veces, la indiferencia de líderes y 
gobernantes ante la trágica evolución de la situación del medio ambiente 
en los países de la región. 
No se encontrará aquí una perspectiva única sobre la situación de la 
región en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible; las opiniones 
que se recogen son, incluso, marcadamente diferentes unas de otras. Sin 
embargo, los aportes de los autores se ordenan, sin citarlos, en una estructura 
coherente, con el fin de que el documento se constituya en un punto de 
partida para consolidar, en un futuro cercano, planteos más acabados, 
vigorosos y realistas ante el drama ambiental y el futuro de la región. 
Los autores agradecen la colaboración y el apoyo de Joseluis Samaniego, 
Director de la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos 
de la CEPAL, y del Programa EUROCLIMA+ de la Unión Europea. 

Introducción 
Los 12 capítulos que componen este documento se integran diversas 
contribuciones sobre los grandes temas del medio ambiente y el desarrollo 
que se debaten en la región y el mundo. 
Los primeros cinco capítulos abordan los temas del desarrollo y el 
medio ambiente, y se inician con la afirmación de que la humanidad está 
frente a una encrucijada. Se sostiene que el planeta ha sido conducido hacia 
un deterioro creciente de la biósfera, agravado por el fenómeno del cambio 
climático, en el marco de un orden económico internacional desequilibrado, 
injusto y excluyente. Se cuestiona el estilo de desarrollo vigente, que se ha 
presentado como el único camino posible para la humanidad, sustentado 
en la hipótesis improbable de un crecimiento económico que se proyecta 
sin límites en el tiempo. El documento plantea que el modelo de desarrollo 
no es sostenible, que está llevando a un colapso ambiental y a una crisis 
generalizada, mientras se ignoran las voces de alerta y los llamados a la 
cordura desde variadas instancias nacionales e internacionales. 
Se considera la necesidad de un cambio estructural que conduzca 
a un verdadero desarrollo, aún en proceso de construcción, un cambio 
paradigmático y cultural, que permita una mejor calidad de vida, con una 
preocupación relevante por la sostenibilidad ambiental, lo que constituye 
una aproximación a la noción del “buen vivir” de los pueblos andinos. 
Además, el documento reivindica la necesidad de una perspectiva 
ambiental del desarrollo que ponga freno al desenfreno capitalista. 
A partir de las dificultades que supone avanzar hacia un cambio 
estructural radical para lograr una nueva modalidad de desarrollo, el 
12 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
capítulo sexto se orienta a una visión estratégica que enfatiza la necesidad 
de un mayor conocimiento del territorio y sus ecosistemas, reconociendo 
la heterogeneidad del continente, de cada país y de sus diversos territorios. 
El documento asigna una alta prioridad estratégica a las políticas e 
instrumentos de ordenamiento territorial que determinen idoneidades y 
vulnerabilidades. Asimismo, se abordan los conceptos de huella ecológica, 
hídrica y de carbono, y se rescata la perspectiva del balance de materiales.
En el capítulo séptimo, se retoma con más profundidad el tema 
de los conflictos entre crecimiento económico y medio ambiente, y se 
aborda, en sucesivos apartados, la apropiación de la dimensión ambiental 
por la economía y como superarla, las insuficiencias del PIB y las cuentas 
nacionales para el análisis ambiental, y los déficits de la teoría económica 
con relación al medio ambiente. A continuación, el capítulo octavo se 
extiende en torno a la necesaria transformación productiva a través de 
nuevas tecnologías y de la ciencia, y enfatiza que la “interciencia” es la 
herramienta necesaria para la investigación. Se destaca, además, la 
pasividad y la dependencia científica de la región.
El capítulo noveno, que trata sobre propuestas, políticas y medidas 
para una gestión ambiental relevante, examina, en particular, el concepto 
de políticas ambientales explícitas, aquellas cuyos objetivos declarados 
son ambientales, y de políticas ambientales implícitas, aquellas que tienen 
consecuencias ambientales no declaradas, generalmente negativas, y 
la necesidad de armonizar los instrumentos de las políticas públicas. El 
documento reconoce que en la región ha habido avances en la legislación 
y la institucionalidad ambiental, pero su eficacia y eficiencia han sido 
limitadas. Señala la necesidad de contar con estrategias nacionales 
que incorporen en forma decidida la dimensión ambiental, de modo de 
contribuir a revertir la insostenibilidad del modelo vigente y a viabilizar 
cambios estructurales.
El capítulo décimo se centra en las comunidades indígenas y 
campesinas y su contribución actual y potencial para el desarrollo 
sostenible, que debe partir, necesariamente, por el reconocimiento de los 
derechos de los pueblos indígenas y la reivindicación del campesinado 
regional. En el capítulo se destaca la existencia en la región de un gran 
número de culturas, sociedades y comunidades, muchas de las cuales 
se organizan al margen de la sociedad nacional y que han sufrido siglos 
de discriminación, exclusión o inclusión lesiva que las ha marginado de 
una participación efectiva en la formación de las naciones. La región debe 
explorar caminos alternativos y relevar otros conocimientos y capacidades 
que pueden contribuir a forjar modelos diferentes, capaces de enfrentar 
crisis venideras, y a construir sociedades en equilibrio con sus entornos 
naturales. Se trata, por ejemplo, del “buen vivir”.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 13
En el capítulo undécimo, al abordar la mitigación de las emisiones 
de gases de efecto invernadero, se llama a considerar la incidencia de la 
gestión de tierras y ecosistemas en las emisiones y el secuestro de carbono. 
El documento plantea que, sin perjuicio de la importancia del cambio 
climático, el énfasis que se ha dado al fenómeno y a sus efectos en escenarios 
de mediano y largo plazo podría estar dejando en la sombra algunos de 
los principales problemas relacionados con la conservación de los bienes 
y servicios de la naturaleza. Se plantea que deben realizarse esfuerzos 
para la conservación y restauración de ecosistemas cuyo deterioro está en 
el origen de las emisiones que dan lugar al cambio climático. Visto así, el 
cambio climático no es más que la consecuencia, a escala mundial, de una 
modalidad de desarrollo depredadora de la naturaleza.
Finalmente, en el capítulo duodécimo se destaca la necesidad 
de avanzar hacia la implementación de acuerdos multinacionales en el 
ámbito de la investigación y la gestión sostenible de tierras y ecosistemas o 
espacios geográficos compartidos entre dos o más países, en particular allí 
donde estén ocurriendo procesos de transformación significativos.

Capítulo I
La encrucijada actual
Por primera vez en la historia de la civilización, en el sistema de la Tierra se 
está dando, a escala mundial, la confluencia y el acoplamiento del proceso 
de globalización (económica, cultural y en otros aspectos), cuya racionalidad 
aparente es la maximización económica, con el cambio ambiental global, 
cuya “lógica” es la ecológica, de resiliencia y redundancia. Se trata de dos 
gigaprocesos complejos que interactúan con lógicas y dinámicas diferentes. 
Esto ha llevado a la conexión inédita de los fenómenos antrópicos con los 
fenómenos ecológicos a escala planetaria, hasta el punto de que se ha acuñado 
un nuevo término —Antropoceno— para denotar esta era geológica posterior 
al Holoceno, debido al significativo impacto que las actividades humanas 
tienen sobre los ecosistemas en todo el mundo. 
En la actualidad se viven situaciones muy complejas a nivel 
mundial, nacional y local, con enormes impactos ambientales, sociales 
y económicos, y las grandes crisis amenazan hasta la propia vida 
en el planeta. El orden económico internacional se presenta como 
desequilibrado, injusto y excluyente, con países desarrollados y otros en 
desarrollo; esto es, países ricos y pobres, con crisis financieras, económicas, 
comerciales, alimentarias, energéticas, sanitarias, educacionales, 
demográficas, migratorias y ambientales, donde prevalecen la inequidad y 
las grandes brechas de desigualdad social, étnica y de género, así como la 
desconsideración por los derechos humanos y de la infancia. 
De esta situación planetaria inédita de alta y creciente complejidad, 
interdependencia, aceleración y magnificación de cambios, emerge una 
gran incertidumbre que resulta chocante para las mentes educadas en 
la ilusión de la certeza —y para las instituciones forjadas en la misma 
16 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
ilusión— acerca de que es posible planificar con un alto grado de confianza 
y que lo que no se sabe se podrá conocer con más estudios (al menos en 
términos de probabilidades). Esa tradición de pensamiento y de definición 
de políticas viene del siglo XIX —y aun de más atrás—, pero se mantiene 
vigente en la mayoría de los ámbitos educativos e institucionales.
Múltiples son las evidencias históricas, en el proceso de evolución 
del ser humano, de su interacción con la naturaleza, así como los impactos 
negativos atribuibles a esta interacción. Con la implementación de 
nuevas formas de propiedad y los cambios sociales asociados, ocurridos 
en el transcurso de siglos, los conocimientos humanos desarrollados en 
esa interacción permanente con los recursos y procesos naturales se 
tradujeron, en su uso y aplicación, en cambios en las relaciones sociales 
y económicas entre los países, que se caracterizaron por la búsqueda de 
nuevas fuentes de riquezas que dieron lugar a procesos de intervención y 
colonización de unos pueblos por otros.
El deterioro ambiental a nivel planetario es dramático. Es sabido 
que, al menos en lo que respecta al cambio climático, el planeta ha sido 
empujado a un nuevo estado (“estado no análogo”) en el que las condiciones 
climáticas y otras variables ambientales se han salido del rango de, al 
menos, el último medio millón de años (IGBP, s/f). En el informe elaborado 
en 2019, la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre 
Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) advierte que se 
detecta una declinación sin precedentes de la naturaleza y de los servicios 
ecosistémicos, y una aceleración de las tasas de extinción de las especies, 
algo que solo puede resolverse mediante “cambios transformativos”, al 
mismo tiempo que reconoce que es de esperar la oposición de los intereses 
creados (IPBES, 2019a).
La advertencia de la IPBES se ilustra muy bien en el diagrama I.1 
y el gráfico I.1. En el diagrama I.1 se muestran las tendencias globales en 
cuanto a los servicios de la naturaleza a la humanidad desde 1970 hasta 
2019. Se observa una disminución en 14 de las 18 categorías de servicios 
analizadas (los datos que respaldan las tendencias provienen de la 
revisión de más de 2.000 artículos científicos). En el gráfico I.1 se presenta 
un panorama sobre el riesgo actual de extinción de diferentes grupos de 
especies, las extinciones ocurridas desde 1500 y la declinación histórica 
de la supervivencia de las especies desde 1980 a partir de la Lista Roja de 
Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación 
de la Naturaleza y de los Recursos Naturales (UICN). Una considerable 
proporción de las especies estudiadas estaría en peligro de extinción 
y las tendencias generales indican un deterioro, ya que las tasas de 
extinción aumentaron drásticamente en el siglo pasado. En el diagrama I.2 
se muestran los impulsores del deterioro en curso y algunos impactos 
negativos a nivel global.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 17
Diagrama I.1 
Tendencias mundiales de la capacidad de la naturaleza para mantener  
las contribuciones a una buena calidad de vida, 1970 hasta el presente
! ?
Contribución de la naturaleza 
para las personas
Tendencia mundial 
en los últimos 
50 años 
Tendencia 
direccional 
entre regiones
1 Creación y mantenimiento 
de hábitats
• Extensión del hábitat adecuado
• Integridad de la diversidad biológica
• Diversidad de polinizadores
• Extensión del hábitat natural en 
 zonas agrícolas  
3 Regulación de la calidad 
del aire
• Retención y prevención de emisiones 
de contaminantes atmosféricos por 
los ecosistemas
4 Regulación del clima
• Prevención de emisiones y absorción 
de gases de efecto invernadero por 
los ecosistemas
• Carbono orgánico del suelo
9 Regulación de riesgos 
y fenómenos extremos
11 Energía 
12 Alimentos y piensos
13 Materiales y asistencia 
10 Regulación de organismos 
y procesos biológicos 
perjudiciales
14 Recursos medicinales, 
     bioquímicos y genéticos
Bien establecido
Establecido pero inconcluso
No resuelto
Niveles de
certeza
Tendencia
direccional
Variable
15 Aprendizaje e inspiración
16 Experiencias físicas 
y psicológicas
17 Apoyo a identidades
18 Mantenimiento de opciones
• Área de paisajes terrestres y marinos 
naturales y tradicionales
• Estabilidad del uso y ocupación del suelo
• Probabilidad de supervivencia 
de las especies
• Diversidad filogenética
2 Polinización y dispersión 
de semillas y otros 
propágulos
5 Regulación de la acidificación 
de los océanos
6 Regulación de la cantidad, 
 la ubicación y la distribución 
 temporal del agua dulce
7 Regulación de la calidad 
del agua dulce y costera
8 Formación, protección y 
 descontaminación de suelos 
 y sedimentos  
• Efectos de los ecosistemas sobre la 
repartición del agua entre la atmósfera, 
la superficie y el suelo 
• Extensión de los ecosistemas que filtran o 
agregan elementos constitutivos al agua
• Capacidad de los ecosistemas de 
absorber y amortiguar peligros
• Extensión de tierras agrícolas y de tierras 
para la posible producción de bioenergía
• Extensión de tierras forestales 
• Extensión de tierras agrícolas y tierras para 
la posible producción de alimentos y piensos
• Abundancia de poblaciones de peces 
marinos
• Extensión de tierras agrícolas y tierras para 
la posible producción de materiales
• Extensión de tierras forestales 
• Extensión del hábitat natural en zonas 
agrícolas
• Diversidad de huéspedes competentes
de enfermedades transmitidas 
por vectores
• Fracción de especies locales con 
propiedades medicinales conocidas
• Diversidad filogenética
• Número de personas que tienen 
proximidad con la naturaleza
• Diversidad de la vida de la que aprender
M
A
TE
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C
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O
S
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B
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N
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A
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S
 
Indicador seleccionado
• Capacidad de los medios marinos y 
terrestres para secuestrar el carbono
ConsistenteEntre regiones:
Tendencias mundiales:
Aumento Disminución
Fuente: Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los 
Ecosistemas (IPBES), Resumen para los encargados de la formulación de políticas del informe de 
la evaluación mundial de la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas de la Plataforma 
Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, 
S. Díaz y otros (eds.), Bonn, 2019.
Nota: Los indicadores se seleccionaron en función de la disponibilidad de datos a nivel mundial, su uso 
previo en evaluaciones y su alineación con 18 categorías. En muchas categorías de contribuciones 
de la naturaleza se incluyen dos indicadores que muestran diferentes aspectos de la capacidad 
de la naturaleza para contribuir al bienestar humano dentro de esa misma categoría. Los 
indicadores están definidos de forma que un aumento en el indicador se vincula a una mejora en 
las contribuciones de la naturaleza.
18 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Gráfico I.1 
Riesgos globales de extinción, extinciones desde 1500  
y tendencia de supervivencia de las especies
Mamíferos
Aves
Peces
Reptiles
2,5
2,0
1,5
1,0
0,5
0
Corales
Mamíferos
Aves
C. Disminuciones de la supervivencia 
de las especies desde 1800
(Índice de la Lista Roja de supervivencia 
de las especies)
B. Extinciones desde 1500
(en porcentajes acumulados 
de especies extinguidas)
Año Año
1,0
Porcentaje acumulado 
de especies basado en 
la tasa histórica de 0,1 a 
2 extinciones por millón 
de especies por año  
Mejor
Mejor
Peor
Peor
0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100
Cicadáceas *
*
Dicotiledóneas
Anfíbios
***
Reptiles **
Coníferas *
Corales (arrecifes) *
Tiburones y rayas *
Crustáceos ***
Mamíferos *
Aves *
Gasterópodos ***
Peces óseos ***
Número total de especies 
existentes evaluadas
Estimación del porcentaje amenazado
***  Selección **
 
Muestreo*
 
Completo
Extintas en estado silvestre
En grave peligro de extinción
En peligro de extinción
Vulnerables
Casi amenazadas
Preocupación menor
Amenazadas
No amenazadas
Monocotiledóneas **
Helechos y parientes **
Libélulas **
Categorías de la Lista Roja 
de la UICN
M
ay
or
 ri
es
go
 d
e 
ex
tin
ci
ón
Datos insuficientes
A. Riesgo de extinción actual de diferentes grupos de especies
(en porcentajes de especies en cada categoría)
0,8
0,9
0,7
0,6
0,5
Anfíobios
Cicadáceas
1500 1600 1700 1800 1900 2018 1980 1985 1990 1995 2000 2005 2010 2015
2 390
10 966
1 520
972
1 026
1 500
5 593
2 872
1 091
845
607
1 781
6 576
307
633
Anfibios
Fuente: Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios 
de los Ecosistemas (IPBES), Resumen para los encargados de la formulación de políticas del 
informe de la evaluación mundial de la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas 
de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios 
de los Ecosistemas, S. Díaz y otros (eds.) 2019, sobre la base de Unión Internacional para la 
Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales (UICN), Lista Roja de Especies 
Amenazadas [en línea] https://www.iucnredlist.org/es/.
Nota: Gráfico A: Porcentaje de especies en peligro de extinción en grupos taxonómicos que la Lista 
Roja de Especies Amenazadas de la UICN ha evaluado completamente o mediante un enfoque de 
“muestreo”, o de las que se han evaluado subgrupos seleccionados. Los grupos se han ordenado 
en función de la mejor estimación de la proporción de especies existentes que se consideran 
amenazadas (indicada mediante las líneas azules verticales), suponiendo que las especies para 
las que hay un déficit de datos están tan amenazadas como las especies para las que ese déficit 
no existe. Gráfico B: Extinciones desde 1500 para grupos de vertebrados. Las tasas de los reptiles 
y peces no se han evaluado para todas las especies. Gráfico C: Índice de la Lista Roja (ILR) de 
supervivencia de las especies de los grupos taxonómicos que han sido evaluados para la Lista 
Roja de la UICN al menos dos veces. Un valor de 1 equivale a que todas las especies están 
catalogadas como de preocupación menor; un valor igual a 0 equivale a que todas las especies 
están clasificadas como extinguidas. 
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19
Diagrama I.2 
Procesos vigentes de deterioro de la naturaleza en el mundo, con énfasis en pérdidas de biodiversidad
Impulsores
Impulsores directos
Impulsores indirectos
Terrestre
Agua dulce
Marino
Cambio en el uso de la tierra/el mar
Explotación directa
Cambio climático
Contaminación
Especies exóticas invasoras
Otros
0 20 40 60 80 100%
V
a
l
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s
 
y
 
c
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p
o
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a
m
i
e
n
t
o
s
 
Demográficos
y 
socioculturales
Tecnológicos
y 
económicos
Instituciones
y 
gobernanza
Conflictos
y 
epidemias
Ejemplos de deterioro de la naturaleza
Riesgo de extinción de la especies
Abundancia de especies y biomasa
Comunidades ecológicas
Aproximadamente el 25% de las especies en la mayoría de los grupos 
de animales y plantas estudiados ya están en riesgo de extinción.     
La integridad biótica –la abundancia de especies presentes de forma natural– 
ha disminuido en un 23% como media en las comunidades terrestresa.     
Los ecosistemas naturales se han deteriorado en un 47% 
como media, en relación con sus estados iniciales estimados.  
Extensión y condición de los ecosistemas
Naturaleza para los pueblos indígenas y las comunidades locales 
La biomasa de mamíferos silvestres a nivel mundial se ha reducido en un 82%a.  
Los indicadores de abundancia de vertebrados han disminuido 
rápidamente desde 1970.   
Un 72% de los indicadores elaborados por pueblos indígenas 
y comunidades locales muestran deterioro de elementos de la 
naturaleza que son importantes para ellos.    
82%
47%
23%
25%
72%
Fuente: Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), Resumen para los encargados de la 
formulación de políticas del informe de la evaluación mundial de la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas de la Plataforma Intergubernamental 
Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, S. Díaz y otros (eds.), Bonn, 2019.
Nota: Las franjas de colores representan las repercusiones relativas a escala mundial de los impulsores directos (de arriba a abajo) sobre la naturaleza en ecosistemas 
terrestres, de agua dulce y marinos, según las estimaciones de una revisión sistemática de los estudios publicados en todo el mundo desde 2005. Los círculos 
muestran la magnitud de los impactos humanos negativos en una variada selección de aspectos de la naturaleza a lo largo de diferentes escalas temporales 
basándose en una síntesis global de indicadores.
a Desde la prehistoria.
20 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
El Atlas Mundial de la Desertificación revela una presión sin 
precedentes sobre los recursos naturales del planeta (CCI, 2018). Más 
del 75% de la superficie terrestre ya se encontraría degradada y la cifra 
podría elevarse por encima del 90% hacia 2050. Cada año se degrada una 
superficie total equivalente a la mitad del tamaño de la Unión Europea 
(4,18 millones de km²). No obstante, la mayor parte de la degradación 
se producirá en la India, China y África Subsahariana, donde el 
deterioro de los suelos podría reducir a la mitad la producción de los 
cultivos. Este fenómeno también se está registrando en América Latina 
y el Caribe. Por otra parte, se estima que la degradación de los suelos y el 
cambio climático podrían provocar una reducción del rendimiento mundial 
de los cultivos de aproximadamente un 10% de aquí a 2050. También 
se prevé que, como consecuencia de la acelerada deforestación, cada vez 
resulte más difícil mitigar los efectos del cambio climático (CCI, 2018).
En el cuadro I.1 se resumen, para ocho países de América Latina, 
algunas estimaciones de degradación de las tierras y se identifican los 
principales factores de degradación (UNCCD, 2019).
Hacia 2010, más del 40% de los bosques de América Latina y el Caribe 
(650 millones de hectáreas) ya habían sido completamente deforestados 
(350 millones) o se encontraban muy degradados (300 millones) (Vergara 
y otros, 2016). Los motores de este cambio incluyen la agricultura a gran 
y pequeña escala, la infraestructura y la minería. Como consecuencia, la 
mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero en la región 
no se generan a partir de energía, sino por el uso de la tierra, el cambio de 
uso de la tierra y la silvicultura.
De las 4,6 gigatoneladas estimadas de CO2 equivalente emitidas en 
América Latina y el Caribe en 2012, más de la mitad se asociaron con 
la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra. De acuerdo con 
los escenarios de cambio climático, incluso considerando un marcado 
descenso de las tasas de deforestación, se prevé que en 2050 las emisiones 
regionales alcanzarán casi 5,3 gigatoneladas de CO2 equivalente al año 
(6,7 toneladas per cápita). La agricultura, la silvicultura y otros usos de 
la tierra contribuirán con más del 30% del total (Vergara y otros, 2016). 
En el gráfico I.2 se muestra la evolución de la superficie forestal de 
América Latina y el Caribe en el período 1990-2016.
L
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21
Cuadro I.1 
América Latina (8 países): degradación de las tierras y factores relevantes, población y pobreza 
País Área total (km2)
Población 
(millones de 
personas)
Pobreza
(porcentajes)
Estimación de la degradación  
(porcentajes de tierras)
Principales factores 
de degradación
Territorios 
más afectados 
recientemente
Total Extrema
Sistema de 
examen del 
desempeño y 
evaluación de 
la aplicación 
(PRAIS)a
Sobre la base 
de datos 
del Atlas 
Mundial de la 
Desertificaciónb
Otras 
fuentes
Mesoamérica y el Caribe
México 1 964 380 123,6 44,0 9,4 47,09 32,9 47,8c Estrés hídrico, aridez, 
deforestación, bajo 
carbono orgánico en 
el suelo
Baja California Sur, 
Chihuahua, Sonora, 
Guanajuato y Zacatecas
Guatemala 108 890 16,9 43,1 11,8 24,1 55,6 Deforestación, 
declinación de la 
productividad
Petén, Alta Verapaz, 
Chiquimula
República 
Dominicana
48 670 10,7 30,5 6,3 48,53 59,9 Deforestación, 
estrés hídrico, bajo 
contenido de carbono 
en el suelo
Provincias de Monseñor 
Nouel, Santiago, La Vega 
y Samaná
América del Sur
Brasil 8 515 770 206,1 19,9 5,5 26,4 36,0 61,4d Deforestación, 
declinación de la 
productividad, bajo 
contenido de carbono 
en el suelo
Estados de la región 
norte vinculados a la 
Amazonia y al Cerrado
Argentina 2 780 400 43,4 32,0 6,7 38,5 40,0 8,7e
30f
Declinación de la 
productividad, aridez, 
bajo contenido de 
carbono en el suelo y 
cambio de cobertura
Provincias de Santa Cruz, 
San Luis y Santa Fe
22 
C
om
isión E
conóm
ica para A
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aribe (C
E
PA
L
)
País Área total (km2)
Población 
(millones de 
personas)
Pobreza
(porcentajes)
Estimación de la degradación  
(porcentajes de tierras)
Principales factores 
de degradación
Territorios 
más afectados 
recientemente
Total Extrema
Sistema de 
examen del 
desempeño y 
evaluación de 
la aplicación 
(PRAIS)a
Sobre la base 
de datos 
del Atlas 
Mundial de la 
Desertificaciónb
Otras 
fuentes
América del Sur
Paraguay 406 752 6,6 26,6 6,0 51,6 62,3 Deforestación, menor 
productividad, cambio 
de cobertura vegetal, 
aridez y pérdida de 
productividad
Departamentos de  
San Pedro, Ñeembucú, 
Guairá, Caaguazú y  
Alto Paraná
Perú 1 285 220 31,4 21,8 5,0 58,1 54g Deforestación, 
aridez, estrés hídrico 
y bajo contenido de 
carbono en el suelo
Departamentos de 
Ucayali, Pasco, Callao, 
Madre de Dios, Apurimac 
y Moquegua
Ecuador 256 370 16,1 18,2 4,7 28,6 49,9 Deforestación, bajo 
contenido de carbono 
en el suelo y cambio 
de la cubierta vegetal 
Provincias de la región 
oriente (Morona 
Santiago, Sucumbios, 
Orellana, Zamora 
Chinchipe y Napo)
Fuente: Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en los Países Afectados por Sequía Grave o Desertificación, en Particular en África (CLD), 
Global Land Outlook. Informe temático sobre América Latina y el Caribe: manejo sostenible de las tierras y cambio climático, Bonn, 2019.
a Período 2017-2018.
b Centro Común de Investigación (CCI), World Atlas of Desertification, Comisión Europea, 2018 [en línea] https://wad.jrc.ec.europa.eu/atlas.
c Comisión Nacional Forestal (CONAFOR)/Universidad Autónoma Chapingo (UACH), Línea base nacional de degradación de tierras y desertificación. Informe final, 
Zapopán, 2013.
d Centro de Gestión y Estudios Estratégicos (CGEE), Desertificação, degradação da terra e secas no Brasil, Brasilia, 2016. 
e G. Zuleta y otros, “Áreas prioritarias para restauración ecológica (APREs) en Argentina”, SIACRE-2015: aportes y conclusiones. Tomando decisiones para revertir la 
degradación ambiental, G. Zuleta, A. Rovere y F. Mollard (eds.), Buenos Aires, Vázquez Mazzini Editores.
f Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Informe del estado del ambiente 2016, Buenos Aires, 2017 [en línea] www.argentina.gob.ar/sites/default/files/mayds_
informe_estado_ambiente_2016_baja_1_0.pdf.
g Ministerio de Agricultura, “Programa Presupuestal Multisectorial 2013: Reducción de la degradación de los suelos agrarios” [en línea] https://www.mef.gob.pe/
contenidos/presu_publ/ppr/talleres/ppat2013/04julio2012/5AGRICULTURA/degradacion_suelos_agrarios.pdf.
Cuadro I.1 (conclusión)
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 23
Gráfico I.2 
América Latina y el Caribe: evolución de la superficie forestal, 1990-2017
(En millones de hectáreas)
0 
200
400
600
800
1 000
19
90
 
19
92
 
19
94
 
19
96
 
19
98
 
20
00
 
20
02
 
20
04
 
20
06
 
20
08
 
20
10
 
20
12
 
20
14
 
20
16
 
MéxicoCentroamérica El Caribe América del Sur
Fuente: Elaboración propia, sobre la base de Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación 
y la Agricultura (FAO), Base de Datos Estadísticos Sustantivos de la Organización (FAOSTAT) 
[en línea] http://www.fao.org/faostat/es/.
A partir de un análisis de la relación entre la deforestación y la 
expansión de pastizales y cultivos en siete países de América del Sur en el 
período 1990-2005, se concluyó que el 71% de la deforestación se debió a un 
aumento de los pastizales, el 14% se originó en el incremento de los cultivos 
comerciales y menos del 2% fue consecuencia de la infraestructura y el 
desarrollo urbano (véase el gráfico I.3). La expansión de los pastos causó la 
pérdida de al menos un tercio de los bosques en todos los países, excepto en 
el Perú, donde la extensión de las tierras de cultivo en pequeña escala (41%) 
constituyó el factor dominante (Hosonuma y otros, 2012).
Gráfico I.3 
América del Sur (7 países): deforestación atribuida a diversos factores, 1990-2005
(En porcentajes)
0
10
20
30
40
50
60
70
80
90
100
Argentina Bolivia
(Est. Plur. de)
Brasil Colombia Paraguay Perú Venezuela
(Rep. Bol. de) 
Agricultura Mixta 
Otros usos Infrastructura 
Pastos Cultivo arbóreo
Cuerpos de agua 
Usos desconocidos 
Agricultura comercial 
Agricultura de pequeña escala 
Fuente: N. Hosonuma y otros, “An assessment of deforestation and forest degradation drivers in 
developing countries”, Environmental Research Letters, vol. 7, N° 4, octubre de 2012.
24 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
La relevancia de los cambios puede ejemplificarse mediante 
las tendencias en dos áreas: social y ambiental. Si bien la pobreza se ha 
reducido a nivel mundial, la desigualdad tiende a mantenerse en niveles 
significativos (véase el gráfico I.4). En tanto, se observa un creciente 
sentimiento de descontento entre la población de algunos países de la 
región, cuyas proyecciones son difíciles de prever (véase el gráfico I.5)1. 
Gráfico I.4 
La desigualdad en el mundo, 2010-2015
(Número de personas que en conjunto poseen la misma riqueza  
que la mitad más pobre de la población mundial) 
388 
177 
159 
92 80 
62 
0 
50 
100 
150 
200 
250 
300 
350 
400 
450 
2010 2011 2012 2013 2014 2015 
Fuente: Oxfam, “Una economía al servicio del 1%: acabar con los privilegios y la concentración de poder 
para frenar la desigualdad extrema”, 18 de enero de 2016. Véase [en línea] https://www.oxfam.
org/es/informes/una-economia-al-servicio-del-1. 
Gráfico I.5 
América Latina (18 países): evolución de la desigualdad a nivel nacional, 2000-2018 
(Coeficiente de Gini)
0 
0,1 
0,2 
0,3 
0,4 
0,5 
0,6 
0,7 
2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 
Argentina Bolivia (Est. Plur. de) Brasil Chile Colombia 
Costa Rica Ecuador El Salvador Guatemala Honduras 
México Nicaragua Panamá Paraguay Perú 
Rep. 
Dominicana 
Uruguay Venezuela 
(Rep. Bol. de) 
América Latina
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “Anexo estadístico”, Panorama 
Social de América Latina, 2018 (LC/PUB.2019/3-P, Santiago, 2019.
1 El caso de la crisis social que se inició en octubre de 2019 en Chile, un país que hasta ese momento se 
consideraba un ejemplo de estabilidad en la región, llama a la reflexión. Véase Waissbluth (2020).
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 25
En materia climática, los cambios están ocurriendo más rápido de 
lo previsto. Los recientes hallazgos de una comparación cruzada de las 
predicciones de los principales modelos climáticos muestran que todos los 
modelos exhiben cambios abruptos en el sistema climático global y que 
18 de un total de 37 registran cambios bruscos cuando el incremento de 
la temperatura global respecto de la época preindustrial se aproxima a los 
2  °C (Drijfhout y otros, 2015). Esto es muy alarmante, ya que el objetivo 
de 2  °C de incremento —o menos— representa el consenso político 
internacional actual. Esos cambios abruptos pueden significar que se 
sobrepasen algunos de los llamados “puntos de inflexión climáticos”, lo 
que podría tener graves consecuencias2.
Estos cambios incrementan el riesgo y la vulnerabilidad ante 
desastres naturales y tecnológicos en un contexto en que la pobreza, si bien 
presenta niveles inferiores a los del siglo XX, todavía es significativa y gran 
parte de las personas no disponen de los recursos mínimos requeridos 
para una existencia digna.
Ante las realidades que hoy se viven y los procesos conducentes 
al deterioro de los recursos y las funciones ambientales, incluso hasta 
llegar a la devastación, nacen y se fortalecen las preocupaciones en torno 
a los temas ambientales, así como a los de índole social y económica. Se 
multiplican los análisis y las evaluaciones, se organizan encuentros de 
intelectuales, tanto científicos como humanistas, y también intervienen 
organizaciones sociales y políticas. Se plantean preguntas del estilo de las 
siguientes: ¿Cómo enfrentar los grandes desafíos de los países en desarrollo 
y menos desarrollados, así como de los Estados insulares con grandes 
vulnerabilidades, si no se dispone de recursos económicos y financieros, 
si los niveles de salud, alimentación y educación no son adecuados, y si 
no se cuenta con los conocimientos ni la instrucción necesaria para lograr 
independencia, soberanía y desarrollo? ¿Cómo disminuir las grandes 
brechas que separan al norte del sur y las que se observan en los distintos 
países? ¿Cómo establecer estrategias para lograr un nuevo paradigma de 
desarrollo internacional más justo, equitativo, inclusivo y solidario, con la 
humanidad en el centro de atención? 
Con relación a la inequidad y la distribución de la riqueza a nivel 
mundial, en 2018, según Oxfam, la riqueza de las 26 personas más ricas del 
mundo equivalía a la de los 3.800 millones de personas más pobres (la mitad 
más pobre de la humanidad); en 2017 la cifra era de 43 personas (Oxfam, 
2019). Para 2018, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe 
(CEPAL) proyectaba que en 18 países de América Latina habría 182 millones 
de pobres, incluidas 63 millones de personas que se encontrarían en situación 
de extrema pobreza (1 millón más que en 2017) (un 30% y un 10% de la 
2 Véase información sobre los puntos de inflexión climáticos en Lenton y otros (2020). 
26 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
población, respectivamente). El coeficiente de Gini, por otra parte, pese a 
haber bajado de 0,543 en 2002 a 0,466 en 2017 como promedio simple de 
los 18 países considerados (a un ritmo más lento en los últimos años de la 
serie), todavía muestra los desequilibrios de ingreso que prevalecen en la 
región (CEPAL, 2019b).
Las estadísticas por sí solas no son capaces de captar toda la magnitud 
del sufrimiento histórico de buena parte de las personas, y en particular de 
las que habitan en América Latina y el Caribe, que además se enfrentan a 
un medio ambiente cada vez más degradado y a la sobreexplotación de los 
recursos naturales no renovables. Sin embargo, resulta muy significativo 
que en los países de la región se localice una proporción considerable de los 
recursos naturales estratégicos del planeta, incluidas reservas de petróleo, 
gas natural y carbón mineral, así como importantes reservas de minerales, 
agua dulce y biodiversidad. Estos recursos representan el patrimonio 
natural de cada nación, y son elementos sustantivos de su soberanía y una 
base fundamental para su desarrollo. 
El uso irracional de los recursos naturales y sus efectos negativos 
sobre el medio ambiente y los servicios que este presta desencadenan 
procesos como la contaminación del aire, el agua y el suelo; el deterioro de 
cauces y cuencas hidrográficas, así como la reducción de cuerpos de agua 
superficiales y acuíferos, y de la biodiversidad asociada; la contaminación 
y acidificación de los océanos y la pérdida de biodiversidad marina; la 
deforestación y la pérdida de biodiversidad terrestre; la degradación de las 
tierras que, con la exacerbación de las sequías, da lugar a la desertificación; 
el calentamiento global y el cambio climático asociado, y, por último, el 
incremento de la vulnerabilidad de los asentamientos humanos y el riesgo 
de que ocurran desastres naturales y tecnológicos. Todas estas realidades, 
que tienen serios impactos productivos, económicos y sociales, están 
asociadas a las diferentes políticas que cada país adopta para su desarrollo.
Capítulo II
El desarrollo en riesgo
Hay que asumir que la región, con un estilo de desarrollo de capitalismo 
globalizado, está inmersa en un proceso de modernidad desatada, que se ha 
impuesto desde los países del centro y se muestra como la única salida posible 
para el mundo. Ello lleva a reconocer la complejidad que enfrenta el desafío 
ambiental. En el caso de América Latina y el Caribe también es necesario 
asumir que, debido al estilo de desarrollo predominante en la región, con 
una marcada orientación hacia el consumo de bienes de la naturaleza, la 
conservación de su gran acervo natural se ve cada vez más en peligro por las 
características depredadoras que impone el crecimiento económico.
En la década de 1970 se presagiaba el traslado de las industrias 
contaminantes hacia los países en desarrollo y se denunciaba la reprimarización 
de las economías de América Latina y el Caribe. Sin embargo, este traslado 
no fue tan notorio hasta que se produjo el impulso globalizador, que permitió 
la deslocalización masiva de industrias y la construcción de cadenas de 
valor con procesos en los que el producto final se termina ensamblando con 
componentes generados en diversos países, incluso continentes. 
Fue a partir de la década de 1980 cuando, con la adopción del modelo 
neoliberal, el libre comercio y la apertura de las economías regionales, se 
terminó prácticamente con la industrialización incipiente de la mayoría 
de las economías de América Latina y el Caribe. En mayor o menor 
grado, el modelo neoliberal fue adoptado en casi toda la región, pero con 
particular énfasis en los países con gobiernos dictatoriales del Cono Sur, 
que pudieron imponer el modelo sin mayor oposición.
La realidad esbozada en los párrafos anteriores lleva a concluir que el 
actual modelo de desarrollo de América Latina y el Caribe es insostenible. En 
28 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
rigor, es el mismo modelo dominante a escala mundial, pero en los distintos 
países hay diversos grados en lo referente a su sostenibilidad, en especial a 
largo plazo. Al modelo en cuestión y al deterioro del medio ambiente se ha 
agregado el fenómeno del cambio climático, a la vez causa y consecuencia del 
deterioro, en una peligrosa espiral. Mantener el actual estilo de desarrollo, 
al menos como se proyecta en América Latina y el Caribe, supone agudizar 
los problemas ambientales, acercándonos al colapso. No sería la primera vez 
que una sociedad se aproxima a una crisis final con temeridad y sin analizar 
sus verdaderas consecuencias. Si bien no son frecuentes, en la historia del 
mundo han existido acontecimientos de esta naturaleza. De todas formas, 
esta sería la primera vez que, a partir de una relativa certidumbre producto de 
los estudios realizados, la humanidad avanza hacia una crisis generalizada1. 
Las respuestas a las voces de alerta y a los llamados a una mayor cordura 
son postergadas por la aparente urgencia de otros temas supuestamente más 
perentorios. Ya se han expresado las principales voces económicas, como el 
G-202, las voces que podrían llamarse espirituales, por ejemplo en la Carta 
Encíclica Laudato si’ del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común 
(Vaticano, 2015), y se han producido varios acuerdos interreligiosos3, además 
de las grandes movilizaciones de los grupos ambientalistas del mundo, pero 
casi no han tenido eco. En realidad, debe enfatizarse la poca importancia que 
le ha dado al tema el G-20, que tiene un poder diferencialmente mayor para 
promover los cambios necesarios. 
El predominio del sector primario de la economía en América 
Latina y el Caribe y las dificultades que enfrenta la industrialización 
son consecuencia del papel que le ha correspondido a la región en la 
división internacional del trabajo. La liberalización de los mercados y 
la economía de escala a nivel mundial rigen en todo el orbe. Si bien la 
creación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y 
otras agrupaciones significó cierta mejora, no se avanzó en los productos 
comercializados fundamentales, y el propio destino de la ALALC palideció 
con la llegada al poder de los gobiernos neoliberales. Parecería que la 
actual división internacional del trabajo va a persistir a mediano plazo. 
Sin embargo, no se debe perder de vista que la industrialización no es un 
objetivo per se; el objetivo es el desarrollo ambientalmente sostenible.
1 Véanse los informes producidos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio 
Climático (IPCC) (2019a, 2019b y 2019c).
2 El Grupo de los 20 (G-20) es un foro cuyos miembros permanentes son 19 países de todos los 
continentes (Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Estados 
Unidos, Federación de Rusia, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, 
República de Corea, Sudáfrica y Turquía), a los que se suma una representación adicional por 
la Unión Europea. Es el principal espacio de deliberación política y económica del mundo. Su 
presidencia, que es rotativa y tiene una duración de un año, le correspondió en el período 2019-
2020 a Arabia Saudita (véase [en línea] https://g20.org/en/about/Pages/default.aspx). 
3 Véanse, por ejemplo, Coalición Ecuménica por el Cuidado de la Creación (2016), OEA (s/f), 
Vatican News (2019) y KAICIID (2018).
Capítulo III
La única salida posible: el fin de este modelo 
de desarrollo
Pareciera que ya es tiempo de dejar atrás el concepto de desarrollo entendido 
como crecimiento del producto interno bruto (PIB), reducido en la actualidad 
a la expresión “crecimiento económico”. Lo que ha sucedido en los últimos 
70 años en los países que se han debido desarrollar en América Latina y el 
Caribe, Asia y África es prueba suficiente de que el desarrollo, en cuanto 
crecimiento económico, promovido por el modelo económico-social vigente, 
desde una perspectiva de desarrollo sostenible, ha conducido a numerosos 
y graves fracasos y a una gran frustración en los estratos de bajos ingresos, 
particularmente en las clases medias emergentes.
Es común escuchar que los países de la región deben encaminarse 
en una trayectoria de crecimiento con una distribución del ingreso que sea 
compatible con la protección ambiental. Aunque con otras palabras, esta es 
la utopía del desarrollo sostenible propuesta en el Informe de la Comisión 
Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo: Nuestro Futuro Común 
(Informe Brundtland)1. Se pueden dar las respuestas típicas, idealistas 
(crecimiento cero, crecimiento negativo o decrecimiento, desarrollo versus 
crecimiento), cuya concreción no parece viable a corto o mediano plazo. La 
experiencia de la región parece indicar que son caminos paralelos que nunca 
se juntarán, salvo en ciertas coyunturas (como desastres naturales, guerras 
o invasiones). Los países de América Latina y el Caribe, y en esto comparten 
un rasgo común, serán víctimas de las tensiones comerciales entre las grandes 
potencias. El comportamiento de cada país en materia de crecimiento, 
distribución y protección ambiental dependerá de esa dinámica. 
1 En el Informe Brundtland se afirma que “está en manos de la humanidad hacer que el desarrollo sea 
sostenible, duradero, o sea, asegurar que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer 
la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias” (Naciones Unidas, 1987).
30 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Hace ya tiempo se viene transmitiendo la hipótesis de que es posible 
el desarrollo sin crecimiento y se ha propugnado el crecimiento cero. Bajo la 
dinámica del desarrollo actual, no obstante, no parece factible adoptar una 
estrategia de crecimiento cero. ¿A qué tipo de crecimiento se debe apuntar 
entonces? Se podrá reiterar el lugar común de que se necesita un crecimiento 
equilibrado y sostenible, se podrán modelar opciones y realizar proyecciones, 
y se podrán formalizar recomendaciones de política pública, pero las 
probabilidades de implementación no parecen muy viables en el contexto 
actual. Ningún país va a renunciar al crecimiento. Estudios y estadísticas 
de varios organismos contribuyen a esa suerte de obsesión política con la 
publicación de informes comparativos de crecimiento de los países, sin 
matizar, tal vez, el escaso significado que ese número tiene si no se desagrega 
y se somete al escrutinio de otros indicadores, como los de crecimiento de la 
educación, la salud pública, la calidad de vida o la igualdad de género.
Cuando la temática ambiental comenzó a formar parte del debate, 
el concepto de “estilo” se ajustaba bastante bien al señalar ciertas 
coincidencias, que antes no se habían visualizado, en el escenario previo 
a la caída de la Unión Soviética: la dependencia del petróleo como fuente 
de energía, el hecho de apostar al crecimiento económico como forma de 
progreso, la explotación irrestricta de los recursos naturales (renovables 
y no renovables), la indiferencia frente a los temas de contaminación del 
aire y el agua, la preocupación, a veces menor, frente a la degradación del 
territorio, y muchos otros temas que, nuevamente con matices, afectaban 
tanto a los países de economía centralizada como a los que confiaban en las 
leyes del mercado como mecanismo de asignación y ajuste.
Es interesante la síntesis que se presenta en el informe de la 
Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad 
Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, 2019) sobre las interacciones 
entre crecimiento y medio ambiente, que ilustra sobre el crecimiento de la 
economía mundial y sus efectos en la naturaleza, con fuertes contrastes entre 
las economías desarrolladas, las economías en transición y las economías 
en desarrollo2. En el gráfico III.1 se muestra cómo han evolucionado el PIB 
mundial, el consumo de materiales, la extracción de biomasa viva, las áreas 
protegidas, la contaminación del aire y el uso de fertilizantes a nivel mundial 
y en los tres tipos de países mencionados. El PIB se habría cuadruplicado en 
términos reales y mientras que la mayor parte del crecimiento se constata en 
los países desarrollados y los países en desarrollo, en los menos desarrollados 
se registra la mayor extracción de biomasa viva (por ejemplo, cultivos y 
peces) para satisfacer la demanda de consumo interno y de exportación, que 
aumenta con rapidez. Sin embargo, el consumo material per cápita en cada 
país (procedente de las importaciones y la producción nacional) es mayor 
en los países desarrollados. En general, la protección de zonas clave para la 
diversidad biológica va en aumento y la máxima protección se verifica en 
los países desarrollados. La contaminación del aire es más alta en los países 
2 La clasificación proviene de Naciones Unidas (2019).
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 31
menos adelantados, mientras que los países en desarrollo enfrentan un 
mayor número de problemas de contaminación de fuentes no localizadas 
debido al uso de fertilizantes. 
Gráfico III.1  
Indicadores clave de crecimiento y medio ambiente a nivel mundial  
y según grado de desarrollo de los países, 1970-2020
A. Producto interno bruto (PIB)
(en billones de dólares constantes de 2010)
19801970 1990 2000 2010
0
2020
80
20
40
60
4
8
16
12
0
1970 1980 1990 2000 2010 2020
B. Consumo nacional de materiales 
(en promedio de toneladas per cápita)
C. Extracción de biomasa viva para consumo interno y exportaciones
(en millones de toneladas al año)
20
15
10
5
0
1970 1980 1990 2000 2010 2020
Países 
en desarrollo
Países menos 
desarrollados
Países 
desarrollados
Mundial
32 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
D. Protección de zonas clave para la diversidad biológica
(en porcentajes medios de zonas cubiertas por áreas protegidas) 
19801970 1990 2000 2010
80
20
60
40
0
2020
E. Contaminación del aire: exposición media anual a partículas finasa 
(en µg/m3)
40
30
20
1970 1980 1990 2000 2010 2020
0
F. Uso de fertilizantes
(en promedio de kg/ha de tierra cultivable)
1970 1980 1990 2000 2010 2020
400
600
800
200
0
Países 
en desarrollo
Países menos 
desarrollados
Países 
desarrollados
Mundial
Fuente: Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los 
Ecosistemas (IPBES), Resumen para los encargados de la formulación de políticas del informe 
de la evaluación mundial de la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas de la 
Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los 
Ecosistemas , S. Díaz y otros (eds.), Bonn, 2019, sobre la base de Banco Mundial, “Datos de libre 
acceso del Banco Mundial” [en línea] https://datos.bancomundial.org/ (para subgráficos A, E y F); 
Materialflows.net [en línea] www.materialflows.net (para subgráficos B y C); BirdLife International, 
“World Database of Key Biodiversity Areas” [en línea] www.keybiodiversityareas.org y Protected 
Planet [en línea] www.protectedplanet.net (para subgráfico D).
a Partículas finas:  2,5 microgramos. 
Gráfico III.1 (conclusión)
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 33
La caída masiva de los países de economía centralizada y su 
transformación en lo que se llamó “nuevas economías de mercado” dejó 
en evidencia que la crítica del estilo era correcta. Más aún, era coincidente 
en mostrar cómo se utilizaba la retórica de la defensa del medio ambiente 
(incluida la creación de instituciones y la promulgación de leyes que 
terminaban siendo letra muerta), sin que por eso se lograran mejoras 
sustantivas en la resolución de los grandes problemas ambientales: 
contaminación del aire y el agua, agotamiento de los recursos, pérdida de 
la diversidad biológica, degradación territorial y otros.
En momentos como el presente, en que el estilo es único y el 
sistema de mercado es compartido por casi todos los países del mundo 
(salvo excepciones que, en general, se consideran anacronismos), no se 
puede sino concluir que la crítica sigue siendo válida, aun cuando hay 
al menos tres elementos fundamentales que han transformado el estilo 
y plantean desafíos inéditos: el avance de un nuevo modelo energético, 
el calentamiento global (con el consiguiente cambio climático) y el 
agravamiento de la crisis demográfica.
En realidad, no se trata de lograr nuevos estilos, sino de abandonar 
la idea de que los países pueden comportarse como el cuerpo de un 
adolescente o como un avión despegando, como recomendaba Rostow 
(1960). Mientras que a fines de la década de 1940 Colombia fue el primer 
país que contó con asesores financiados por el Banco Mundial para la 
elaboración de un plan nacional de desarrollo, este también ha sido 
el país que más ha sufrido a causa de las simplificaciones implícitas en 
ese concepto y en sus versiones marxistas en la oposición. Hay entonces 
razones para dudar de ambas soluciones teóricas.
Como ya se expresó, mantener el estilo actual sería suicida. El 
primero en darse cuenta de las confusiones a las que conduce el concepto 
fue un latinoamericano, el brasileño Celso Furtado, quien escribió: “Ahora 
sabemos de manera irrefutable que las economías de la periferia nunca 
serán desarrolladas, en el sentido de semejantes a las economías que forman 
el actual centro del sistema capitalista. Pero ¿cómo negar que esa idea ha 
sido de gran utilidad para movilizar a los pueblos de la periferia y llevarlos 
a aceptar enormes sacrificios, para legitimar la destrucción de formas de 
cultura arcaicas, para explicar y hacer comprender la necesidad de destruir 
el medio físico, para justificar formas de dependencia que refuerzan el 
carácter predatorio del sistema productivo?” (Furtado, 1976, pág. 90). 
Es cierto que, a partir del Informe Brundtland, los organismos de 
las Naciones Unidas, la Unión Internacional para la Conservación de la 
Naturaleza (UICN) y diversas organizaciones internacionales adoptaron 
el concepto de desarrollo sostenible, cuya meta de asegurar el bienestar 
presente sin comprometer el de las generaciones futuras sería posible si 
se avanzara de manera simultánea en objetivos económicos, sociales y 
34 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
ambientales. De este modo, quedan incorporadas a la noción de desarrollo, 
la conservación y la restauración ambiental, lo que incluye objetivos 
como la disminución de la pérdida de los suelos, los bosques, los peces 
y otros recursos naturales. En todo caso, si bien el concepto de desarrollo 
sostenible es correcto, desde una perspectiva más actualizada se le critica 
que es antropocéntrico (solo considera al ser humano) y no dice nada sobre 
la comunidad de vida (otros seres vivos que también necesitan biosfera y 
sostenibilidad). Además, en su pilar económico, el crecimiento surge como 
factor importante de sostenibilidad.
Por otra parte, también es verdad que el concepto de sostenibilidad 
—e incluso el de desarrollo sostenible— ha sido manipulado para asegurar 
la permanencia en el tiempo de cualquier negocio o empresa y para que 
los Gobiernos acepten el concepto de desarrollo sostenible como una 
modificación adjetiva del neoliberalismo o del izquierdismo. Es tiempo de 
que se busquen en las ciencias sociales ideas que puedan llevar a América 
Latina y el Caribe a lograr mejores condiciones de vida, en las que la 
dimensión ambiental desempeñe un papel preponderante. 
Los países de América Latina y el Caribe han tratado durante 200 años 
de integrarse o, por lo menos, de mantener posiciones colectivas alrededor 
de conceptos centrales que, como el de desarrollo, fueron propuestos por 
las principales corrientes del pensamiento europeo y estadounidense. No 
hay propuesta ideológica de las ciencias políticas, sociales y económicas 
dominantes en los países ricos que no haya sido ensayada en algunos 
países de la región, la gran mayoría con malos resultados. En la actualidad, 
los pocos y muy relativos éxitos, cuya proyección no está clara en absoluto, 
se concentran en tres casos: i) países muy pequeños, como Costa Rica y 
el Uruguay, donde se han alcanzado años de estabilidad; ii) países con 
buenos ingresos mineros, como Chile y el Perú, donde la democracia y el 
neoliberalismo parecían haber prosperado3, y iii) el Estado Plurinacional 
de Bolivia y el Ecuador, donde, en un período reciente, la mayoritaria 
población indígena había logrado imponer orientaciones más pragmáticas 
que ideológicas en torno al concepto de “buen vivir”4.
El fracaso de este modelo de desarrollo tiene que ver con situaciones 
graves, como la persistencia de la pobreza extrema; el deterioro acelerado 
del ambiente físico y biológico en el medio marino y el borde costero, en los 
3 Cabe destacar que parte de este documento, que en enero de 2020 todavía se encontraba en 
proceso de elaboración, fue preparada con anterioridad a la crisis social inédita que se produjo en 
Chile a partir de octubre de 2019. No obstante, el hecho en cuestión y las demás movilizaciones 
sociales ocurridas en la región y en el mundo no alteran significativamente los alcances del 
documento, sino que más bien refuerzan sus planteamientos, en particular los llamados a 
buscar “otro desarrollo”.
4 Las nociones de “vivir bien” y “buen vivir” están presentes, con sus propias denominaciones, en 
la tradición de varios pueblos originarios de la región, y han sido incorporadas, con variantes, a 
las Constituciones del Estado Plurinacional de Bolivia y el Ecuador, respectivamente. 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 35
ecosistemas terrestres, en las montañas y las cuencas hidrográficas, lacustres y 
subterráneas, en las ciudades y en los suelos agropecuarios; la vulnerabilidad, 
el debilitamiento reciente y el aumento de la inestabilidad de la situación de 
las clases medias emergentes; la exigencia financiera para contar con un buen 
sistema de salud; la demanda de divisas para asegurar los insumos extranjeros 
necesarios para algunas industrias, y la enorme magnitud del deterioro social 
y del dinero ilegal generado por el narcotráfico. 
Estas situaciones son aún más graves porque también afectan la 
estabilidad política, generando nuevas ilusiones a la extrema izquierda, 
fortaleciendo a los grupos de extrema derecha y estimulando procesos 
populistas en ambos lados. Todo esto lleva a pensar que tienen razón 
los políticos y los economistas importantes que, como Joseph Stiglitz, 
sostienen que el modelo neoliberal ha fracasado5. Pero probablemente 
también tengan razón aquellos que insisten en que tampoco los proyectos 
de la izquierda han tenido éxito.
Estamos ante una crisis integral que manifiesta en forma más 
abierta las contradicciones entre sociedad y naturaleza, y por ello se hace 
más evidente. Pero, como en la actualidad los disturbios políticos, sociales, 
económicos y ambientales coinciden, las interacciones se van volviendo 
explosivas. Si a ello se suma la crisis de ideas, se conforma un panorama 
caótico, para nada digno de quienes con su esfuerzo luchan todos los días 
por sobrevivir. 
El evidente aumento de la riqueza en algunas ciudades y la 
disminución de la miseria en ciertas zonas rurales pueden llevar a 
pensar que algo bueno hay en las políticas que han prevalecido y que no 
es necesario cambiarlas por completo. Sin embargo, el desconcierto y la 
desilusión de la mayoría de la población es tan grande que podría inducir 
a volver a explorar fórmulas que conduzcan por caminos diferentes a la 
democracia. Los desafíos son cada vez más complejos. La urgencia de un 
cambio profundo está cada vez más presente.
El rechazo a la vía continuista de este modelo de desarrollo para 
abordar las crisis globales de los países de la región pone en una seria 
encrucijada a las fuerzas que buscan una salida al impasse actual. Esto, a su 
vez, transforma la dimensión ambiental en un actor decisivo: o se impulsa 
un cambio paradigmático total de sistema (que no se tiene claro cuál 
podría ser), en el que el medio ambiente deje de ser un factor marginal y se 
vuelva un factor decisivo en el nuevo sistema, o, sobre la base de la escasa 
viabilidad política de la alternativa anterior, se presiona para poner en 
marcha una estrategia que se traduzca en la reducción de las pérdidas de 
los bienes de la naturaleza y el manejo de las artificializaciones, evitando 
llegar a los límites de los cambios estructurales ecosistémicos.
5 Véanse, por ejemplo, Stiglitz (2008) y Sachs (2019).

Capítulo IV
Exploración de otro modelo de desarrollo: 
hacia un cambio estructural con  
sostenibilidad ambiental
Es necesario preguntarse sobre la naturaleza de la estructura productiva 
y social que se debe fomentar, así como sobre las instituciones apropiadas 
para esta gobernanza. Se parte de un supuesto fundamental: la necesidad 
de limitarse a cambios marginales en los procesos políticos y productivos, 
tomando en cuenta la poca capacidad de maniobra que tienen los sistemas 
nacionales que operan en el ámbito del mercado capitalista mundial. Su 
modelo de país es el Estado-nación y los mecanismos de transformación 
están arraigados en las instituciones nacionales creadas durante largas 
trayectorias de concertación sociopolítica e inserción en mecanismos 
de consolidación de sistemas productivos dominados por estructuras 
monopólicas, guiadas por la acumulación de capital controlada por una 
reducida élite económica y política. Estos sistemas han generado una 
organización social a escala mundial guiada por un patrón de producción 
y consumo basado en relaciones laborales de explotación y con un acceso 
casi irrestricto al patrimonio natural planetario. Con pocas y notables 
excepciones, la consolidación de este modelo global de organización se 
ha traducido en un deterioro de las condiciones sociales de reproducción 
de las poblaciones y en una creciente amenaza al equilibrio ecológico 
necesario para sostener la vida humana en el planeta tal como viene 
evolucionando desde hace algunos milenios. 
Como solución permanente, la región debería enfocarse en un 
cambio paradigmático orientado a una nueva civilización, con mejor 
calidad de vida y con una preocupación relevante por la sostenibilidad 
ambiental, un estilo que permita proyectarse positivamente hacia las 
generaciones venideras. No obstante, esto no va a ocurrir sin un cambio 
38 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
profundo y estructural, y —si somos realistas— tampoco será posible 
sin un cambio cultural igualmente profundo, que anule las tendencias 
actuales al individualismo y que permita la recuperación del valor de la 
solidaridad, no solo con los seres humanos, sino con todas las formas de 
vida que pueblan la Tierra.
Las posibilidades de un desarrollo sostenible están definidas por las 
posibilidades de cambios tecnológicos en el uso de las fuentes de energía y 
una gradual desmaterialización de los patrones de producción y consumo. 
Para alcanzar los cambios estratégicos necesarios para transformar las 
estructuras productivas habría que reconsiderar la inserción de cada país 
en la división internacional del trabajo. En este sentido, sería importante 
reconsiderar la forma de impulsar el bienestar a partir de la idea de 
promover inversiones (sobre todo extranjeras), ya que esto implicaría, 
inevitablemente, renunciar al control sobre los impactos de los procesos 
económicos en el ambiente. Esta visión del desarrollo “sostenible” es un 
mal augurio para las poblaciones de la región y para todo el planeta. Los 
candados impuestos a los cambios en los patrones de consumo, de uso 
de insumos del patrimonio natural y de la consecuente “excreción” han 
llevado a exceder con creces varios de los límites ecológicos planetarios. 
Todas las previsiones de la comunidad científica apuntan a una gran 
extinción biológica, importantes desastres naturales y una acumulación de 
gases de efecto invernadero que tornará el mundo inhabitable.
En la búsqueda de un cambio, hay que asumir que la situación es 
compleja y diferente para cada país. Es necesario analizar el acoplamiento 
Norte-Sur, que, en la actualidad, presenta un salto cualitativo en cuanto 
a interdependencia. Los países del Norte (industriales o del llamado 
“primer mundo”) históricamente ejercieron —y aún ejercen— una 
influencia dominante sobre los del Sur, pero ahora, por primera vez, 
se observan consecuencias negativas evidentes en el bienestar de los 
habitantes del Norte, atribuibles a procesos que tienen lugar en el Sur. Por 
ejemplo, la deforestación y otros procesos de degradación de las tierras 
que contribuyen al calentamiento global, las crecientes migraciones de 
población del Sur al Norte incentivadas por la pobreza y la desigualdad, 
la guerra, la represión y el deterioro ambiental, sin olvidar el terrorismo 
y el narcotráfico, dos fenómenos mundiales de génesis compleja, pero 
claramente no desvinculados de la desigualdad entre países y de la 
pérdida de esperanza. 
Cada vez más, la interdependencia es la relación en ascenso, 
determinada por los fenómenos mencionados, pero ello no implica 
simetría; en múltiples aspectos, la influencia del Norte sobre el Sur sigue 
siendo preponderante. Se estima que de aquí a 2050 hasta 700 millones de 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 39
personas se verán desplazadas debido a problemas vinculados a la escasez 
de recursos de los suelos. Antes de que finalice el siglo, las involucradas 
en este proceso podrían llegar a ser 1.000 millones de personas (CCI, 2018).
La estructura global de poder también está cambiando rápidamente: 
en solo tres décadas se pasó de un mundo bipolar a uno unipolar que ya 
se está insinuando multipolar. Con el ascenso de China y, más aún, con la 
emergencia, con altibajos, del grupo BRICS (Brasil, Federación de Rusia, 
India, China y Sudáfrica), el poder mundial vuelve a diversificarse. No 
obstante, esta diversificación, que es un cambio interesante con respecto a 
la situación anterior, no garantiza un mundo más equitativo. Ese grupo no 
define una alternativa de desarrollo diferente.
La actual inserción de China en América Latina refleja una nueva 
tendencia histórica que afecta las estructuras productivas de la región, 
fortaleciendo el modelo exportador basado en bienes primarios y, en 
particular, por la percepción de que dicha inserción se relaciona con un 
nuevo tipo de relaciones entre el centro y la periferia, al que la región 
parece estar cada vez más subordinada. Más del 70% de las importaciones 
de China procedentes de América Latina corresponden a recursos 
naturales (fundamentalmente petróleo, hierro, cobre y soja), que se han ido 
expandiendo por el crecimiento y la escasez relativa de estos recursos en 
China, así como por su visión de largo plazo, que atribuye a la región el 
papel de importante proveedora (Freitas da Rocha y Bielschowsky, 2018).
En materia de medio ambiente se constata un aumento del estrés 
ambiental, generalizadas alteraciones ecosistémicas y un incremento de 
la interdependencia ecológica global. Además, el cambio climático se está 
manifestando antes de lo previsto; la ventana de oportunidad para evitar 
sus peores efectos se está cerrando muy rápidamente, si es que no se ha 
cerrado ya. Por otra parte, ya se han superado varios límites planetarios 
ambientales (véase el diagrama IV.1).
Con relación a los límites planetarios mencionados y la seguridad 
alimentaria a nivel mundial, la agricultura ejerce una fuerte presión sobre 
dichos límites, lo que plantea el desafío de lograr la seguridad alimentaria 
futura sin comprometer la resistencia del sistema terrestre. Se ha 
estimado que, considerando cuatro límites planetarios interrelacionados 
(integridad de la biosfera, cambios de uso de suelo, uso de agua dulce y 
flujos de nitrógeno) y los sistemas agrícolas en un modelo con coherencia 
interna, casi la mitad de la alimentación del mundo depende de que se 
trasgredan los límites planetarios. Si se respetaran estrictamente estos 
límites, el sistema alimentario actual solo podría proporcionar una dieta 
equilibrada (2.355 kcal per cápita por día) a 3.400 millones de personas 
40 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
(véase el diagrama IV.2). Sin embargo, mediante la transformación para 
adoptar patrones de producción y consumo más sostenibles se podría 
alimentar a 10.200 millones de personas dentro de los límites planetarios 
analizados. Los requisitos clave para lograrlo son: una redistribución 
espacial de las tierras de cultivo, una gestión mejorada del agua y los 
nutrientes, la reducción del desperdicio de alimentos y la introducción 
de cambios en la dieta (Gerten y otros, 2020).
Diagrama IV.1 
Límites del espacio de seguridad para el desarrollo humano  
y procesos ambientales relevantes
Zona de riesgo
Cambio 
climático
?
?
?
Contaminación 
química
Integridad de 
la biósfera
Reducción del 
ozono estratosférico
Cambios de uso
de suelo
Agua dulce
Diversidad
funcional
Acidificación
del océano
Aerosoles
atmosféricos
R
ie
sg
o 
cr
ec
ie
nt
e
Zona segura
Flujos bioquímicos
Fósforo
Diversidad
genética
Nitrógeno
Fuente: J. Lokrantz/Azote, sobre la base de W. Steffen y otros, “Planetary boundaries: guiding human 
development on a changing planet”, Science, vol. 347, N° 6223, 2015 [en línea] https://www.
stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html.
Nota: Estimación de cómo diferentes variables de control para nueve límites planetarios han cambiado 
de 1950 al presente. El área sombreada es un indicador de riesgo, y a medida que aumenta, el 
riesgo es mayor. El hecho de que el sombreado sobrepase el contorno del mundo indica que el 
límite planetario ha sido superado. 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 41
Diagrama IV.2 
Capacidad alimentaria para la población del planeta en el marco  
de cuatro límites planetarios
(En millones de habitantes)
Escenario actual 
sin cambios
Escenario en que se adoptan acciones 
para el desarrollo sostenible
Cambios en 
la biósfera 
Cambios en los 
flujos de nitrógeno
6 700
Cambios en los 
sistemas de manejo 
de tierra y el agua
5 900
8 900
Reducción de la
pérdida de alimentos
7 800
Manejo de tierras, 
aguas y nutrientes
5 400
Expansión de 
cultivos y riego
3 400
5 400
5 100
3 400
10 200 
Fuente: Elaboración propia, sobre la base de D. Gerten y otros, “Feeding ten billion people is possible 
within four terrestrial planetary boundaries”, Nature Sustainability, vol. 3, marzo de 2020.
Nota: Población humana que podría recibir una alimentación adecuada con una dieta promedio de 2.355 kcal 
per cápita por día (lo que incluye el contenido necesario de proteínas), respetando cuatro límites 
planetarios (integridad de la biosfera, cambios de uso de suelo, uso de agua dulce y flujos de 
nitrógeno), tanto en escenarios sin cambios en la situación actual (lado izquierdo) como en 
escenarios en que se adoptan acciones en pro del desarrollo sostenible (lado derecho).
Con relación a los cambios tecnológicos, predomina la aceleración 
de la revolución tecnológica, la expansión de la información y las 
comunicaciones globales, y el control privado de la innovación y la difusión 
tecnológica, así como de sus beneficios. Hay un rápido crecimiento de 
la producción y el consumo de energía a partir de fuentes alternativas 
renovables (véase el gráfico IV.1), un aumento del número de automóviles 
eléctricos (véase el gráfico IV.3) y un rápido incremento de la eficiencia 
energética (electrodomésticos, iluminación, edificios, vehículos). Respecto 
de las energías renovables, en el gráfico IV.1 se observa un crecimiento 
global significativo del consumo hasta el año 2000, fundamentalmente 
determinado por los biocombustibles y la hidroelectricidad (las fuentes 
más importantes), con un aporte nulo o mínimo de energías renovables no 
tradicionales (eólica, solar y otras). A partir de ese momento, el aporte de 
los biocombustibles decrece de manera notoria, mientras las demás fuentes 
siguen en alza, con lo que la pérdida se compensa con una participación 
cada vez mayor de las energías renovables no tradicionales. La producción 
y el consumo mundial de energía por todas las fuentes en el período 1990-
2018 continúa incrementándose, con un aporte notoriamente mayoritario 
de los hidrocarburos (carbón, gas natural y biomasa) (véase el gráfico IV.2).
42 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Gráfico IV.1 
Consumo de energías renovables a nivel mundial, 1965-2017
(En teravatios hora)
Hidroeléctricas Biocombustibles Solar Otras Eólica
0 
2 000 
4 000 
6 000 
8 000 
10 000 
12 000 
14 000 
16 000 
18 000 
19
65
 
19
67
 
19
69
 
19
71
 
19
73
 
19
75
 
19
77
 
19
79
 
19
81
 
19
83
 
19
85
 
19
87
 
19
89
 
19
91
 
19
93
 
19
95
 
19
97
 
19
99
 
20
01
 
20
03
 
20
05
 
20
07
 
20
09
 
20
11
 
20
13
 
20
15
 
20
17
 
Fuente: H. Ritchie y M. Roser, “Renewable energy”, Our World in Data, 2017 [en línea] https://ourworldindata.
org/renewable-energy.
Nota: La categoría “otras” incluye geotermia, biomasa, residuos y energía mareomotriz (la biomasa 
tradicional no está incluida).
Gráfico IV.2 
Generación mundial de energía, 1990-2018
(En kilotoneladas equivalentes de petróleo)
0
2 000 000
4 000 000
6 000 000
8 000 000
10 000 000
12 000 000
14 000 000
16 000 000
19
90
 
19
91
 
19
92
 
19
93
 
19
94
 
19
95
 
19
96
 
19
97
 
19
98
 
19
99
 
20
00
 
20
01
 
20
02
 
20
03
 
20
04
 
20
05
 
20
06
 
20
07
 
20
08
 
20
09
 
20
10
 
20
11
 
20
12
 
20
13
 
20
14
 
20
15
 
20
16
 
20
17
 
20
18
 
Carbón, turbera 
y esquisto bituminoso
Gas naturalEnergía nuclearEnergías renovables 
y desechos
Productos derivados 
del petróleo
Petróleo crudo, gas natural 
licuado y sustancias intermedias
Fuente: Agencia Internacional de Energía (AIE), World Energy Balances 2020, París, 2020.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 43
Gráfico IV.3 
Número de automóviles eléctricos en circulación en países seleccionados, 2013-2017
(En millones de unidades)
Otros China Unión Europea Estados Unidos
0 
0,5 
1,0 
1,5 
2,0 
2,5 
3,0 
3,5 
2013 2014 2015 2016 2017 
Fuente: Agencia Internacional de Energía (AIE), “Number of electric cars in circulation in selected countries, 
2013-2017”, 16 de noviembre de 2019 [en línea] https://www.iea.org/data-and-statistics/charts/
number-of-electric-cars-in-circulation-in-selected-countries-2013-2017.
En cualquier sistema complejo (aun en algunos de tipo físico-
químico) suele existir una incertidumbre inherente, no erradicable con más 
observaciones; una verdadera indeterminación. Eso, obviamente, ocurre 
en una medida mucho mayor en los sistemas socioecológicos, en que las 
incertidumbres inherentes se combinan con las que se deben a la ignorancia 
y las que surgen de la capacidad humana para hacer cambios deliberados 
y ejercer la posibilidad de elegir. Entonces es necesario buscar una salida 
diferente; se debe asumir que el mundo y la región están sumidos en 
profundos cambios que ocurren a una velocidad inédita. A los cambios 
geopolíticos, sociales y demográficos es preciso sumar las transformaciones 
ambientales y los cambios científico-tecnológicos.
¿De qué manera hay que pensar cuando se está ante situaciones 
como las indicadas? ¿Qué decisiones hay que tomar? Este es un gran 
tema de reflexión, análisis e investigación. Pensar y actuar de una manera 
nueva. América Latina tiene algunas ventajas comparativas. En la práctica, 
la región ha tenido más ejercicios de interdisciplina (y de convivir con la 
incertidumbre) que, por ejemplo, Europa y los Estados Unidos. También en 
otros aspectos ha tenido un pensamiento original, no solo en lo ambiental, 
sino también en lo económico, social, cultural y tecnológico. Existe en 
la región una masa crítica que, si se moviliza de manera articulada o en 
conjunto, puede tener gran incidencia, algo que no pasa en otras regiones 
más fragmentadas culturalmente.
El diagnóstico de que no hay solución definitiva sin un cambio 
estructural podría hacer caer en el inmovilismo, en espera de que la crisis 
sea de tal magnitud que del caos surja una oportunidad de construir otra 
44 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
forma de vida. Esa posición tiene el grave peligro de acelerar la pérdida 
por entropía que desgastaría el patrimonio natural y que, al superarse los 
umbrales, sería irreversible.
El tema es complejo, pero la dimensión integral de la crisis 
latinoamericana exige un esfuerzo para, al menos, abrir ciertos caminos 
hacia “otro desarrollo” que lleven a un estadio diferente, a una aproximación 
al “buen vivir”, en cuyo marco deberían converger estrategias tanto macro 
como micro. Se trata entonces de actuar tanto desde lo macro, mediante la 
modificación de las prioridades en políticas culturales, sociales y económicas, 
como desde el desarrollo armónico de unidades territoriales básicas que 
se vayan integrando a través de distintos niveles, de conformidad con la 
estrategia macro1.
El establecimiento de las contribuciones determinadas a nivel 
nacional (CDN) a la reducción de gases de efecto invernadero en el marco 
del Acuerdo de París sobre cambio climático abre amplios horizontes 
para modificar los marcos teóricos que las principales corrientes de la 
economía han fijado mediante acuerdos internacionales como el Consenso 
de Washington2. Es evidente que la situación actual del planeta solo puede 
comprenderse reconociendo la complejidad de la realidad y apartándose 
de las visiones dogmáticas de cualquier signo. La región, después de 
haber comprobado los fracasos de las recomendaciones teóricas de las 
corrientes de pensamiento dominantes, podría estar en una situación 
paradójicamente privilegiada para concebir nuevas posibilidades de 
enfrentar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. 
En ese contexto, el bienestar o el buen vivir de la humanidad debe 
ser el fin último de las estrategias y los planes nacionales de desarrollo, 
o de las orientaciones de mercado, del estilo de desarrollo. Al reconocer 
la complejidad de la realidad, los enfoques se orientan a robustecer las 
capacidades de hombres y mujeres para enfrentar la incertidumbre. 
1 Gudynas (2016) intenta sistematizar los usos de la expresión “buen vivir”. Identifica un “uso 
original o sustantivo” que representa el “conjunto de ideas que comparten una crítica al 
desarrollo convencional como una propuesta de superación a éste, y que se conjuga desde 
varias corrientes, unas que pueden ser calificadas como ’occidentales’ y otras que responden 
a elementos provenientes de los saberes de los pueblos indígenas. Bajo esta postura, el Buen 
Vivir es tanto postsocialista como postcapitalista”. También identifica como un uso restringido 
el empleado en críticas a ciertos tipos de desarrollo para defender otras variedades de desarrollo 
que se consideran mejores. Este uso correspondería al que se le habría dado en los Gobiernos 
de los Presidentes Correa en el Ecuador y Morales en el Estado Plurinacional de Bolivia. Por 
último, identifica un uso genérico de la expresión, como una etiqueta con fines esencialmente 
publicitarios, cuestionando, por ejemplo, algunos aspectos del desarrollo, como el consumismo, 
mientras se defienden ciertos planes y programas (Gudynas, 2016).
2 Las CDN son el compromiso de los países ante la comunidad internacional de reducción de 
sus emisiones de gases de efecto invernadero para contribuir a los esfuerzos internacionales 
orientados a mantener el aumento de la temperatura global bastante por debajo de los 2 °C, 
con respecto a los niveles preindustriales, con una preferencia por que ese límite no supere los 
1,5 °C. Las CDN surgen en el marco del Acuerdo de París relativo a la Convención Marco de las 
Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (2015).
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 45
Lo económico es apenas una de las aproximaciones al buen vivir (como 
ejemplo de la complejidad y multidimensionalidad del problema, véase 
el recuadro IV.1, sobre la relación entre la droga y la sostenibilidad). 
Los economistas deben unirse a otras disciplinas, como la filosofía, la 
psicología, la ecología, las ciencias políticas y las otras ciencias sociales, 
que han tratado de descifrar el comportamiento humano.
Recuadro IV.1 
Droga y sostenibilidad
El grave problema de la droga y su influencia en las economías, en el uso 
del suelo y en la calidad de vida de la gente, exige una política de Estado que 
vaya mucho más allá de la simple represión. La droga corrompe, en mayor o 
menor medida, a los Gobiernos o, al menos, a los sistemas políticos, incluso 
a los de los países consumidores y los que intermedian en el tránsito hacia 
los grandes mercados consumidores. Hay posiciones que plantean una clara 
ruptura con las formas actuales de enfrentar este grave problema y proponen 
la legalización del consumo de algunas drogas. Un ejemplo es lo que sucede 
en el Uruguay con la legalización del cannabis, iniciativa que no incrementó el 
consumo, pero sí le quitó mercado a la mafia. La legalización de la cocaína, al 
menos en América, haría que el narcotráfico perdiera buena parte de su poder.
Ciertas posiciones plantean que la legalización de la coca también tendría 
ventajas  para los productores campesinos, que recibirían un precio justo 
por un producto que, además, forma parte de su cultura, con prácticas que 
se remontan a tiempos inmemoriales. El procesamiento de este producto, 
garantizado por un marco legal claro, podría ser totalmente fiscalizado con 
menor riesgo para la salud, lo que daría un golpe mortal al narcotráfico. Cabe 
destacar que durante su presidencia (2006-2019), Evo Morales no consiguió 
que se aceptase la legalización de un producto calificado como tan inofensivo, 
culturalmente arraigado y saludable como la hoja de coca. Morales no pudo 
frente a los poderes que necesitaban mantener la paranoia y la prohibición 
para continuar el lucrativo negocio con tan pingües ganancias.
Fuente: Elaboración propia. 
Como ya se mencionó, en el Estado Plurinacional de Bolivia y 
el Ecuador se ha incluido en la Constitución y en algunos textos legales 
la noción de “buen vivir”, que podría reemplazar la idea del desarrollo 
como objetivo de una reforma como la que se sugiere en el presente 
documento. En toda América Latina, el “buen vivir” se considera algo 
más real y posible que el desarrollo. Boff y Gudynas, dos de los principales 
pensadores latinoamericanos sobre el medio ambiente, la han considerado 
como una “visión holística e integradora del ser humano” (Boff, 2012) y 
como “alternativa al desarrollo” (Gudynas, 2016). El mismo Papa Francisco, 
también latinoamericano, ha indicado en la Carta Encíclica Laudato si´ 
(Vaticano, 2015) la necesidad de redefinir el progreso3.
3 Según Dávalos (2008), el buen vivir es uno de los conceptos alternativos a las nociones de 
desarrollo y crecimiento económico, probablemente el más importante y novedoso.
46 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Todos los fracasos de los dogmas llevan a pensar en la necesidad de 
ir más allá de las soluciones tradicionales, como las basadas en el manejo 
desde la economía y en el impulso a la adopción de nuevas tecnologías, 
y buscar fórmulas más complejas como las que proponen ciertos políticos y 
científicos, que apuntarían a un cambio estructural del sistema.
Algunas fórmulas tradicionales (unas solo enunciadas y otras 
aplicadas tiempo atrás) podrían ir inclinando la balanza hacia un camino 
que muestre vías alternativas. Por ejemplo, la implementación de la renta 
básica universal sería ir apenas un paso más allá de ciertas normas que 
ya se intentó aplicar en muchos países, incluso en los Estados Unidos. 
Bregman (2017) explica cómo bajo la presidencia de Nixon se procuró 
establecer la renta básica universal como parte de la lucha contra la 
pobreza, pero fue otra idea filosófica poderosa —la del rechazo total al 
ocio y a la pereza— la que impidió con mentiras históricas su imposición 
legal. Hoy se están llevando a cabo varios experimentos para comprobar 
si proporcionar un ingreso mínimo a todos los ciudadanos puede llevar 
al desorden social. En este sentido cabe también preguntarse si podría 
establecerse una renta básica solo en un conjunto de países.
La idea de una renta universal deriva de los fracasos de otras 
fórmulas alternativas. No obstante, las iniciativas que se han puesto en 
marcha de manera experimental con el propósito de complementar la 
renta básica universal con prestaciones que hagan que las personas se 
sientan útiles y reconocidas, y desarrollen un sentido de pertenencia, 
no han tenido éxito.
Capítulo V
La dimensión ambiental como freno al 
desenfreno capitalista: en la búsqueda  
del bienestar
A.  Primera condición básica para la transformación: 
la dimensión ambiental como sujeto político  
de excelencia
La adecuación de la estrategia deberá basarse, en primer lugar, en los 
esfuerzos para incorporar la dimensión ambiental como sujeto político 
relevante, intrínseco a los planteamientos sobre el necesario nuevo modelo 
de evolución de las sociedades latinoamericanas, sin utilizar los términos 
“desarrollo” o “desarrollo sostenible”, asociados a propuestas neoliberales. 
En la medida en que la aceleración del consumo de materiales siga 
llevando a la humanidad de catástrofe en catástrofe y el capital pueda 
reproducirse con independencia de los ecosistemas que destruya (y, 
después de destruirlos, pueda seguir reproduciéndose en otro lado), no 
será posible lograr la supervivencia de las futuras generaciones; ni siquiera 
de la presente.
La evolución del pensamiento ambiental ha permitido conocer 
cómo la dimensión ambiental ha transitado desde estadios de 
marginalidad política hasta constituirse como un sujeto político en 
algunos países desarrollados. No cabe duda de que la apropiación de 
la naturaleza es un tema político por excelencia, ligado al poder que 
recupera y politiza prácticas culturales que escapan, inicialmente, a su 
48 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
esfera directa de influencia. La apropiación del entorno natural de la 
sociedad implica un hecho político que lleva impresas las características 
del poder y de quienes lo ejercen. En muchas ocasiones, la relación 
entre el hombre y su entorno —definida como relación ambiental— 
no se analiza como relación directa, sino con la mediación de alguna 
construcción ideológica que ayuda a representar las contradicciones que 
existen entre lo económico, lo social, lo cultural y el entorno natural. En 
un sistema social, no obstante, lo político hace referencia a la unidad 
de dicho sistema, a la síntesis social, a la reproducción de las relaciones 
sociales fundamentales. Lo político es lo que conserva o destruye la 
unidad. Además, es lo que produce el cambio necesario para que lo 
fundamental se reproduzca. Esto es lo que se constituye como la tarea 
del poder político establecido. Lo político debe, entonces, ser entendido 
dialécticamente como la perpetuación del cambio. 
Esto, dicho así, da por sentada la existencia de unanimidades culturales 
en los países, pero ello no es lo que ocurre en los países desarrollados, y menos 
en los latinoamericanos. Además, los actuales procesos de globalización 
tienden a que el poder de decisión radique cada vez menos en los gobiernos y 
más en las empresas trasnacionales y en la banca internacional, denominadas 
de manera eufemística como “los mercados”.
El discurso ambiental es político porque generalmente margina 
el tema del sistema social total. El discurso del medio ambiente afirma 
la recomposición de este como tarea política y, como la tarea por lo 
general se define en términos técnicos, lo que hace el discurso es definir 
lo político como técnico. En tanto lo político se disuelve en lo técnico, se 
puede afirmar que el medio ambiente es una meta política. Por ello, desde 
una perspectiva crítica, al negar el propio discurso ambiental su carácter 
político, se convierte en político, pues afecta la unidad, la síntesis y la 
reproducción del sistema.
El miedo a la politización (que no debe confundirse con la 
partidización, dos conceptos que los movimientos sociales tratan de 
diferenciar) se oculta tras el planteamiento de la solidaridad mundial, y se 
habla en nombre de la humanidad y de la vida en el planeta. De esta forma, 
se generaliza el discurso en algo tan abstracto y amplio que abarca a todos los 
seres vivos del mundo, pero que significa muy poco o nada. La solidaridad 
con la vida toda es, evidentemente, una trampa que sirve para reducir el 
debate a una mera discusión técnica, ya que las soluciones para toda la 
humanidad y la vida no diferencian entre los distintos conflictos internos. 
Así es como los grupos dominantes manipulan la temática ambiental. 
Los debates y las presiones para la toma de conciencia sobre el 
cambio climático, sin hacer mención explícita a la conservación del acervo 
natural de la región (suelos, agua, vegetación y biodiversidad), dejan en la 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 49
sombra las aguas continentales y oceánicas, los suelos y los ecosistemas en 
general, omitiendo su enorme peso en las emisiones y el secuestro de gases 
de efecto invernadero. Estos recursos continuarán siendo degradados 
por la feroz presión de un extractivismo salvaje que procura satisfacer 
demandas de materias primas necesarias para cubrir el consumo de los 
países centrales y no las necesidades reales de los países periféricos, que 
tampoco se encuentran bien reflejadas en el debate.
El hecho de que el discurso ambiental se interprete como un 
discurso no político no quiere decir que la dimensión ambiental no lo 
sea. Ya se ha afirmado que esta dimensión representa una perspectiva 
intrínsecamente política y como tal hay que entenderla. El no politicismo 
es una evidente forma política de manejo del tema. Que la dimensión sea 
intrínsecamente política no la convierte de forma automática en sujeto 
político. Al contrario, una de las posiciones más adoptadas para manipular 
la dimensión ambiental es sencillamente marginar el tema o incorporarlo 
solo de manera muy parcial como una variable de poca incidencia. 
En lo que respecta a considerar la dimensión ambiental como sujeto 
político, la marcada diferencia entre varios países del primer mundo y el 
resto se produce por las distintas percepciones de lo que ello significa. Para 
los primeros, la dimensión ambiental está íntimamente ligada a la mejora 
de la calidad de vida de las poblaciones que, en su mayoría, no tienen 
problemas de supervivencia. Y esto es parte del debate político. 
En América Latina y el Caribe, las preocupaciones fundamentales 
de la política son la supervivencia, la lucha contra la pobreza, el empleo, 
el ingreso mínimo y la salud básica, entre otras. Estas variables aparecen 
como preocupación de la política y de los partidos políticos tradicionales. 
El medio ambiente, en la medida en que no se lo relaciona con ellas, no 
se considera como prioridad y, por ende, no es sujeto político. Esto se 
debe, entre otras cosas, a que tiene una importancia marginal para un 
electorado al que le preocupan otras urgencias, como conseguir trabajo, 
vivienda, seguridad e, incluso, la comida diaria. Para muchos, se trata 
de un lujo del que hay que empezar a preocuparse solo una vez que se 
hayan resuelto estas cuestiones básicas, incluso deteriorando y agotando el 
medio ambiente físico. Resulta obvio que uno de los retos de cara al futuro 
es identificar la temática ambiental con una modalidad de desarrollo que 
incluya las variables citadas para convertir a esta dimensión en el sujeto 
político necesario. Este esfuerzo deberá transitar por el conocimiento de lo 
que para la supervivencia significa la pérdida del suelo, el desecamiento 
de las fuentes de agua, la disminución de los recursos del mar, la pérdida 
de la biodiversidad, la desforestación y otros problemas ambientales. Es 
necesario saber cómo se pierden los bienes de la naturaleza y cómo esta 
pérdida amenaza el desarrollo futuro.
50 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
B.  Segunda condición básica para la transformación: 
la creación de estructuras y de canales explícitos 
para una participación ciudadana vinculante
Para que la dimensión ambiental sea considerada como sujeto político, 
los gobiernos y la propia sociedad de los países de América Latina y el 
Caribe deben dar mucha más importancia a la participación ciudadana 
en los procesos de gestión ambiental. Cabe recordar que la participación 
ciudadana no ha sido —ni es— producto espontáneo de los distintos 
gobiernos que se han sucedido; los pueblos y movimientos sociales la han 
conseguido mediante la lucha contra intereses políticos y corporativos 
muy influyentes, muchas veces apoyados por los gobiernos.
El medio ambiente es una dimensión ética y también política 
del desarrollo que necesariamente requiere de la activa participación 
ciudadana. Si bien esto siempre se ha planteado así, la participación 
ciudadana en los países de la región está lejos de alcanzar niveles de 
influencia significativa, salvo en el marco de algunos procesos especiales. 
Por otra parte, los procesos participativos en democracias endebles siempre 
constituyen un factor de perturbación para determinados sectores, que 
altera el cauce normal del manejo político, molesta y, por ello, se intenta 
evitar que tome fuerza.
La participación ciudadana corresponde a la aparición del ser 
humano en el medio, lo que resultaría contradictorio con la extensión 
del campo de control racional-técnico. La humanización hace germinar 
las contradicciones propias de un proceso indeseable por sus efectos. 
Paradójicamente, es el propio ser humano quien realiza esta extensión del 
control racional-técnico. Por este motivo, el segmento de la sociedad al que 
no le interesa asumir costos ambientales en sus actividades es el que por 
lo general trata de manipular la incorporación de la ciudadanía para evitar 
su influencia.
El avance ético y político en torno a la dimensión ambiental ha 
contribuido a que la influencia del tema de la participación ciudadana haya ido 
en aumento. Ello ha sido fundamental para los progresos que se evidencian 
en la región. Sin embargo, aunque en las legislaciones y reglamentos aparece 
la exigencia —con más o menos peso— de la participación ciudadana, en 
la práctica se incrementan las dificultades para concretarla. Se constata una 
participación que, si bien suele apegarse a la legislación vigente en el país, en 
la práctica no pasa de ser una cuestión formal. 
Una de las fórmulas a las que más se recurre para manipular la 
participación es utilizar la representatividad de la sociedad civil. Es 
habitual que en los países de la región no exista una estructura institucional 
claramente representativa de la sociedad civil. La pregunta que siempre 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 51
queda sin respuesta se refiere a quién asume realmente la representación: 
¿las instituciones tradicionales de organización social (sindicatos, juntas 
de vecinos, comités campesinos o centros de madres, entre otras) o las 
organizaciones no gubernamentales (ONG) ambientalistas? Y si se elige 
esta última vía, ¿cómo se elige a las representantes? Cabe aclarar que 
las organizaciones sociales definidas como no ambientalistas tienden a 
delegar la representación en las organizaciones ambientalistas que, a su 
entender, son las que saben del tema. 
Como consecuencia, el común de la ciudadanía no conoce la temática 
y solo se sensibiliza cuando un problema ambiental la toca directamente 
o genera una gran preocupación en el ámbito local. Esta forma, bastante 
usual, de dividir las organizaciones sociales en ambientalistas y no 
ambientalistas se presta para que el tema siga sin llegar con la fuerza 
requerida a los ciudadanos de a pie y, en consecuencia, para poner en 
duda la representatividad. El hecho de que no existan federaciones ni 
confederaciones reconocidas y legitimadas de las ONG ambientalistas 
se traduce en las lagunas que se presentan cuando hay que elegir a los 
representantes de la sociedad. 
La tecnocratización es otra forma de excluir a las comunidades 
de las decisiones que las afectan. Se da mediante el debate, sobre todo 
en el marco de los estudios de impacto ambiental y localización, en 
los que, en la medida en que se incorporan tecnologías complejas que 
afectan recursos y funciones ambientales, a los órganos del Estado y los 
diversos grupos de interés que participan en ellos les resulta más difícil 
entender los aspectos científico-tecnológicos asociados. En el debate 
en torno a iniciativas concretas, se produce una gran asimetría entre 
los tres actores que intervienen: i) los promotores, que han dedicado 
meses a realizar estudios de línea de base y de impacto con el apoyo de 
profesionales expertos en los distintos temas que cubre cada estudio; 
ii) las entidades gubernamentales, que no siempre están calificadas, y 
iii) las comunidades afectadas y otros actores interesados, que cuentan 
con poco apoyo técnico y disponen de tiempos muy limitados para 
revisar los proyectos y emitir sus observaciones. En vez de capacitar a 
la población y proporcionarle apoyo técnico, el debate se ha circunscrito 
cada vez más a estamentos profesionales calificados, ya sean del 
gobierno, de ONG, de empresas consultoras especializadas, del medio 
académico o de las propias empresas promotoras, marginando así a las 
comunidades de base. 
La tecnocratización ha sido determinante en los importantes 
cambios que han experimentado las ONG ambientalistas. Hace dos o 
tres décadas, las ONG actuaban básicamente en la denuncia, tratando de 
que la población se concienciara de un determinado problema ambiental. 
Para entender y participar con propiedad en el debate actual, esas mismas 
52 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
ONG necesitan contar con profesionales especializados que al menos 
utilicen un adecuado lenguaje científico y técnico. Esto, paradójicamente, 
las convierte en organizaciones más sofisticadas, lo que a veces las lleva 
a alejarse de la ciudadanía. Por ello, pese al incremento de la conciencia 
crítica sobre el medio ambiente, en las sociedades latinoamericanas, el 
proceso de tecnocratización ha aislado en cierta medida a muchas de 
las ONG ambientalistas; en ocasiones, las ha anulado y, algunas veces, 
incluso las ha convertido en centros de estudios técnicos y consultoras 
para aportar sus puntos de vista en alguna evaluación o discusión. A 
diferencia de lo que ha ocurrido con las iniciativas internacionales 
orientadas a potenciar el tema de la participación ciudadana, en el caso 
de los países de la región, no se han logrado los progresos necesarios 
para enfrentar los desafíos que vienen. 
La interrogante está planteada: ¿cómo lograr no caer en la 
tecnocratización de las ONG, que, indudablemente, tienen legitimidad 
técnica en los temas ambientales ante la opinión pública, y cómo lograr 
que las organizaciones de base y comunidades consideren que el tema 
ambiental es importante para ellas y no se traduce en un sacrificio para 
sus niveles de consumo? Es obvio que, frente a un proyecto que atenta 
contra su medio ambiente, una comunidad reaccionará haciendo suyos los 
planteamientos ambientales de quienes la defienden. En América Latina 
y el Caribe, en las últimas décadas han proliferado ejemplos de luchas 
ambientales con activa participación de la comunidad. Allí se producen los 
lógicos avances, al aprovecharse los nuevos canales jurídicos presentes en 
las numerosas instancias legales que se han ido creando en la región. En 
mayor o menor medida, los éxitos o fracasos, así como las negociaciones, 
siempre han existido y seguirán existiendo. No obstante, estos no son los 
desafíos de la actualidad, cuando el principal reto es hacer participar a la 
sociedad en temas ambientales transcendentes que tienen relación con la 
modalidad de desarrollo adoptada. 
Se supone que la posibilidad de elegir un determinado partido o 
posición política debería ser una forma de participación ciudadana, pero 
lo cierto es que se está muy lejos de entrever las repercusiones ambientales 
que podría tener la elección de una determinada plataforma política. 
Un desafío básico, entonces, radica en descubrir, analizar y discutir 
cuál es la posición ambiental de una plataforma política, más allá de las 
consabidas declaraciones elementales respecto del necesario cuidado 
de la naturaleza. De esta forma, la ciudadanía tendrá la oportunidad de 
contrastar su posición ética y política con las que le están exponiendo 
y podrá dirimir su voto con conocimiento de causa. No obstante, 
asumiendo que se está muy lejos de llegar a tener claridad en visiones 
globales de desarrollo y que las decisiones a este nivel la ciudadanía las 
toma con una perspectiva de corto plazo, habría que abordar el segundo 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 53
desafío que enfrentan los países: la participación de los ciudadanos por 
medio de sus representantes legisladores. Las leyes, los reglamentos y 
las investigaciones parlamentarias deberían tener instituidos los canales 
para lograr la activa participación de la ciudadanía. En ese sentido sí se 
han registrado avances en la región.
Tampoco parece probable poder enfrentar adecuadamente este 
desafío, pero se trata de un esfuerzo que debería realizarse a mediano o 
largo plazo. Queda entonces la utilización de lo cotidiano, de las medidas 
locales, las políticas urbanas, el manejo del agua o la localización de 
industrias, entre otras. Aquí es donde surgen con fuerza las contradicciones 
entre una participación ambiental activa, de organizaciones típicamente 
ambientales, y la participación de las comunidades de base que pugnan 
por un mejor nivel de vida, objetivo que muchas veces se logra mediante 
la creación de empleos sobre la base de emprendimientos que no 
necesariamente llevan a cabo una gestión ambiental adecuada. Para 
subsanar estas contradicciones, es fundamental asociar las inversiones, 
actividades y emprendimientos con un manejo adecuado del medio 
ambiente que los potencie, pero, sobre todo, que esté ligado a sus 
necesidades básicas, a la salud de la población, a su calidad de vida y a su 
recreación. Sin duda, este desafío deberá basarse cada vez más en la fuerza 
de las comunidades y, sobre todo, de los consumidores. Sus organizaciones 
deberían convertirse en la principal fuerza ciudadana que luche por el 
medio ambiente. Para que estos desafíos tengan éxito, necesariamente 
deberán ir acompañados de instrumentos legales, jurídicos, comerciales, 
financieros, sociales y de participación ciudadana.
La participación ciudadana tiende a mejorar notablemente 
cuando se da en conflictos que tienen repercusión política. Muchas 
comunidades han sido sometidas a sistemas de expoliación que no les han 
traído progreso y que, en no pocas ocasiones, han dado lugar a pasivos 
ambientales que han afectado su calidad de vida. La participación ha ido 
aumentando de manera paulatina en la región. La conciencia ambiental ha 
pasado de una etapa claramente difusa a una etapa crítica, caracterizada 
por el empoderamiento de las poblaciones. Sin embargo, se hace necesario 
mejorar tanto la representatividad real como los sistemas de participación 
para evitar que dicha participación se convierta en un mero trámite 
sin fuerza. No cabe duda de que este aspecto es crucial para mejorar 
significativamente la gestión ambiental.
Es pertinente recordar aquí el Principio 10 de la Declaración de Río 
sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992, que establece que “el 
mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de 
todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda”. En línea con 
este principio, en 2018 se aprobó el Acuerdo Regional sobre el Acceso a la 
Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos 
54 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Ambientales en América Latina y el Caribe (Acuerdo de Escazú), considerado 
un hito histórico para la región y el mundo, y negociado por los Estados 
con una participación significativa de la sociedad civil organizada y del 
público en general. El Acuerdo de Escazú aborda aspectos fundamentales 
de la gestión y la protección ambientales desde una perspectiva regional, 
y busca regular los derechos de acceso a la información, la participación 
pública y la justicia en ámbitos tan importantes como el uso sostenible de 
los recursos naturales, la conservación de la diversidad biológica, la lucha 
contra la degradación de las tierras y el cambio climático, y el aumento de la 
resiliencia ante los desastres.
En palabras del Secretario General de las Naciones Unidas, 
António Guterres, el Acuerdo de Escazú, una vez ratificado, sería el 
único acuerdo jurídicamente vinculante derivado de la Conferencia 
de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), el 
primer tratado sobre asuntos ambientales de la región y el primero 
en el mundo que incluye disposiciones sobre los defensores de los 
derechos humanos en asuntos ambientales1. Por otra parte, al vincular 
los marcos mundiales y nacionales, el Acuerdo establece estándares 
regionales, promueve la creación de capacidades, sienta las bases de una 
estructura institucional de apoyo y ofrece herramientas para mejorar la 
formulación de políticas y la toma de decisiones. Ante todo, este tratado 
tiene por objeto luchar contra la desigualdad y la discriminación, y 
garantizar los derechos de todas las personas a un medio ambiente sano 
y al desarrollo sostenible, dedicando especial atención a las personas y 
los grupos en situación de vulnerabilidad y poniendo la igualdad en el 
centro del desarrollo sostenible.
El Acuerdo de Escazú reconoce principios democráticos 
fundamentales y tiene presente uno de los desafíos más importantes de 
la región: la desigualdad y una cultura del privilegio profundamente 
arraigada. Se espera que, a través de la transparencia, la apertura y la 
participación, el Acuerdo contribuya a la transición hacia un nuevo 
modelo de desarrollo que haga frente a la ineficiente e insostenible cultura 
de intereses limitados y fragmentados que impera en la región. En ese 
sentido, en el Acuerdo se plasma el compromiso de incluir a aquellos 
que tradicionalmente han sido excluidos o marginados o han estado 
insuficientemente representados y de dar voz a quienes no la tienen, sin 
dejar a nadie atrás (CEPAL, 2018). El objetivo del Acuerdo es garantizar 
la implementación plena y efectiva en América Latina y el Caribe de los 
derechos de acceso a la información ambiental, participación pública 
en los procesos de toma de decisiones ambientales y acceso a la justicia 
en asuntos ambientales, así como la creación y el fortalecimiento de las 
1 Véase el prólogo del Acuerdo de Escazú en CEPAL (2018).
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 55
capacidades y la cooperación, contribuyendo a la protección del derecho 
de cada persona, de las generaciones presentes y futuras, a vivir en un 
medio ambiente sano y al desarrollo sostenible (CEPAL, 2018).
La crisis en que está inmersa la región ha influido en el hecho de 
que cada día se presione más para lograr transformaciones relevantes 
en las que la dimensión ambiental desempeña un papel decisivo. A ello 
se suma la mayor conciencia que se está teniendo sobre los efectos del 
cambio climático. Las fuerzas dominantes y los poderes fácticos, ante la 
posibilidad de debilitarse, reaccionan tratando de seguir manipulando 
la situación. Se echa mano de distintas tácticas y trampas. Entre estas 
últimas, es preciso mencionar las trampas semánticas y las tradicionales 
trampas economicistas instrumentales en las que suelen caer los sectores 
progresistas que impulsan los cambios. A fin de evitar caer en dichas 
trampas, a continuación, se resumen las más habituales.
Lo primero que hay que destacar es la proliferación de términos 
que son creados o han sido secuestrados por el sistema, y el abuso 
que se hace de dichos términos. En la actualidad todo es sostenible o 
sustentable. A cualquier emprendimiento, política o actividad —aunque 
no necesariamente suponga conservación o restauración del medio 
ambiente— se le agrega el adjetivo sostenible. Así se ha ido expandiendo 
la noción de sostenibilidad que, originalmente, como se indicó en el 
capítulo III, se asociaba a una propuesta de desarrollo que, con la misma 
ponderación, incorporaba objetivos económicos, sociales y ambientales. 
Se trata de una redefinición de la noción tradicional de desarrollo a la 
que se ha incorporado el adjetivo sostenible. Hoy es común agregar 
las expresiones “sostenible” o “sostenibilidad” a cualquier propuesta o 
discurso para insinuar que existe en ellos un interés por lo ambiental. Así 
se vulgariza la expresión, que termina perdiendo valor y sentido porque 
ya no representa una contribución al desarrollo sostenible en sentido 
estricto. Se teme que con la expresión “desarrollo sostenible” ocurra lo que 
ha ocurrido con otras expresiones, como “desarrollo justo” o “desarrollo 
equitativo”, que no llegaron a ninguna parte. En más de un discurso o 
texto, la expresión “sostenibilidad” puede referirse a procesos que nada 
tienen que ver con la dimensión ambiental y, muchas veces, tampoco con 
la dimensión social del desarrollo.
Se han creado, además, otros términos para meter todo en el saco de 
la economía. De este modo, aparecen la bioeconomía y la economía verde, 
donde lo biológico, que debería primar, se inserta en distintas categorías 
económicas. También ha ido ganando mucha fuerza la noción de economía 
circular como opuesta o alternativa a la economía lineal. Si bien el 
concepto ha logrado expandirse notablemente en algunos países, incluso a 
nivel institucional, en ciertos ámbitos es una trampa más, en el sentido de 
que ciertas iniciativas se atribuyen dudosas proyecciones ambientales en el 
marco de una abundante publicidad.
56 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Pero las trampas semánticas no se han quedado allí. El sistema ha 
ido adoptando gradualmente términos que hasta hace poco tiempo eran 
utilizados exclusivamente en las ciencias naturales, lo que puede inducir a 
confusiones. Eso es lo que ocurre con el concepto de “ecosistema”, cuyo uso 
se ha ido expandiendo fuera de las ciencias naturales y aplicando a otros 
sistemas que nada tienen que ver con la ecología, quizás por ser ilustrativo 
de la diversidad de componentes de un determinado sistema (por ejemplo, 
es habitual escuchar o leer sobre ecosistemas de inversión o ecosistemas 
de emprendimiento, entre otros). 
A fin de poder delinear las bases necesarias para impulsar un 
cambio desde “este desarrollo” hacia una nueva realidad que se aproxime 
al buen vivir, resulta indispensable revisar en profundidad las categorías 
de análisis y los instrumentos de medición tanto del crecimiento 
económico como de las transformaciones ambientales, pues el uso de 
las mediciones tradicionales puede inducir a serios errores y, en algunos 
casos, puede convertirse en una trampa que termine dejando la temática 
ambiental en un segundo o tercer plano (véase el gráfico III.5).
Capítulo VI
Necesidad de mayor conocimiento sobre las 
heterogéneas características de los distintos 
territorios y sus comportamientos
A. Investigación sobre el acervo natural de la región  
y su comportamiento
Uno de los grandes errores que se comete al incorporar la dimensión 
ambiental en las estrategias y políticas de desarrollo es el de hacer 
generalizaciones sobre el territorio. Cada país tiene zonas de vida y 
ecosistemas muy diferentes. Presentar estadísticas agregadas y, en 
particular, generalizar comportamientos puede llevar a cometer grandes 
errores en las políticas, tanto ambientales como de ámbito general.
Los países de América Latina y el Caribe, casi sin excepciones, 
poseen políticas de evaluación y prospección de sus bienes de la 
naturaleza, cuyo fin es convertir dichos bienes en recursos. En general, 
las metodologías que más se utilizan son específicas para cada recurso. 
Existe un grave déficit de metodologías y sistemas para investigar el 
comportamiento, la vulnerabilidad, la resiliencia, la amplitud y otras 
características de los ecosistemas. Además, priman los estudios estáticos 
y no dinámicos. 
Los enfoques deben ser claramente ambientales, lo que significa que 
deben centrarse en el uso y la transformación que la sociedad hace de los 
bienes de la naturaleza. Por ello son tan importantes los enfoques integrales 
e intercientíficos (entre las ciencias sociales y naturales). En consecuencia, 
58 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
amén de los estudios de los territorios prístinos, las tareas deben 
encaminarse a la realización de estudios de ecosistemas transformados, 
urbosistemas, agrosistemas y sistemas acuáticos, donde deberán primar 
las formas aceptables y los niveles tolerables de artificialización.
Todos estos estudios deberían orientarse, por una parte, a perfeccionar 
la gestión ambiental y, por la otra, a aportar conocimientos sobre los bienes 
y recursos naturales. Ello debería contribuir a trazar una posible ruta para 
superar la disociación entre la lógica económica actual y la lógica social. 
En otras palabras, se deben sentar las bases del cambio estructural sobre 
la riqueza que tiene la región: el acervo de los múltiples ecosistemas y la 
dotación físico-biológica, que incluye recursos tales como los minerales, la 
biodiversidad, los ventisqueros, los mares, las montañas y las selvas. Basarse 
en la identidad de los múltiples territorios y proyectarse con una utilización 
ambientalmente sostenible debería ser un factor básico para construir un 
proceso de desarrollo intrínseco desde el punto de vista ambiental. Esto 
exige hacer mucho hincapié en el conocimiento integral del estado del medio 
ambiente de la región en el contexto del uso que la sociedad hace de él. Es 
necesario profundizar en ello y, en particular, en las tendencias. 
B. Jerarquización del ordenamiento territorial:  
la obligación de hacerlo vinculante 
Las políticas e instrumentos de ordenamiento territorial revisten una gran 
importancia estratégica para mejorar la gestión ambiental. Los territorios 
de los países de la región se han ocupado siguiendo los designios del 
mercado, preferentemente sobre la base de la especulación del suelo, y 
también en función de la búsqueda, por parte de las poblaciones pobres, 
de tierra para producir y habitar. De esta manera, se ocuparon laderas de 
cerros, zonas inundables, bordes costeros peligrosos y otras zonas donde 
el valor del suelo, por carecer de condiciones mínimas de habitabilidad, era 
sencillamente cero. Año a año, esa forma de ocupación ha ido cobrando un 
precio en vidas humanas, en deterioro de la calidad de vida y en pérdida 
de recursos naturales. 
Por este motivo, se hace necesario establecer políticas de ordenamiento 
territorial con base ecológica, económica y social, con leyes que las respalden 
y con un enfoque supraministerial. Se necesita integrar al más alto nivel 
un ordenamiento territorial real y dinámico, que determine aptitudes y 
vulnerabilidades, que analice cómo actúa la población con su entorno, cuál es 
la dinámica de actividades y sus proyecciones, y de qué manera se insertan 
las comunidades y sus actividades en territorios con riesgos geoclimáticos 
y de otro tipo. Además, este ordenamiento territorial debe ser claramente 
vinculante y definir, por países, las distintas categorías de uso o de protección, 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 59
en cada una de las cuales habrá vocaciones definidas, limitaciones al uso, y 
derechos y obligaciones de los propietarios y ocupantes. De esta forma, se 
dará un salto de magnitud en el manejo de los territorios nacionales y se 
reducirán drásticamente los posibles conflictos ambientales derivados de 
futuros programas y proyectos de desarrollo.
C. Huellas y balances de materiales
La huella ecológica —como la huella material, la huella hídrica y la huella 
de carbono— tiene el beneficio de hacer más evidente o claro el impacto 
físico y bioquímico de una acción o proceso puntual, así como de la 
evolución de una economía en un año y su comparación con los valores 
históricos y con otros países. Desde esta última perspectiva, la idea es 
análoga a la de las cuentas satélite asociadas a las cuentas nacionales.
En el análisis de la huella, no obstante, no deberían ignorarse 
los costos financieros y económicos. La estimación de los “costos de la 
inacción” —otra manera de abordar los costos de oportunidad— puede 
relacionarse con la noción de huellas e imprimir un carácter más dramático 
a una problemática de deterioro y pérdida; ilustra la inercia y el dejar hacer, 
y se asocia con responsabilidades políticas. Sin embargo, hay que tener 
cautela en la utilización de la huella ecológica y de las huellas específicas 
(como las de carbono o agua, entre otras), ya que pueden esconder el factor 
social y no ayudar a diseñar mecanismos para beneficiar a grupos sociales 
que podrían movilizarse para lograr metas más allá de lo determinado por 
el análisis de la huella. 
La construcción de estos parámetros está influenciada por las 
actividades que llevan a cabo otras disciplinas y ciencias, pero el mayor 
inconveniente de su utilización es que pueden llevar a generalizaciones 
muy peligrosas, dada la marcada heterogeneidad ecosistémica de los 
territorios de la región, en los que existen diferencias extremadamente 
grandes de tipos, tamaños, comportamientos y atributos. En consecuencia, 
estos indicadores son discutibles y pueden crear espejismos. Dada la 
importancia del patrimonio natural en los países, para la región es mucho 
más útil usar los balances tradicionales y las evaluaciones del estado y 
la evolución de bienes específicos de la naturaleza (como suelos, agua y 
biodiversidad, entre otros), agregando a ellos estudios del comportamiento 
de los ecosistemas y sus atributos. 
Ante las demandas de mitigación provenientes de organismos 
internacionales y, en particular, de países desarrollados, en los últimos 
años han surgido en distintos países de la región distintas estrategias 
para lograr metas de carbono en un determinado lapso (por ejemplo, 
hasta 2040, 2050 o 2100). En América Latina y el Caribe, estas estrategias 
60 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
pueden encubrir la necesidad de remediar falencias muy graves respecto 
de la situación ambiental de cada país. La reducción de emisiones de 
gases de efecto invernadero y el secuestro de emisiones de carbono 
también es una consecuencia o un subproducto de la conservación y el 
manejo sostenible de los recursos naturales. Por más inversión que haga 
en los procesos industriales, en la electromovilidad, en la generación 
energética y en los procesos productivos, ningún país de la región podrá 
lograr metas adecuadas si continúan disminuyendo y deteriorándose sus 
recursos naturales. En consecuencia, la prioridad fundamental debe ser la 
conservación basada en sistemas de uso de los recursos que minimicen la 
insostenibilidad ambiental.
El balance de materia y energía (establecido en las leyes de la 
termodinámica), trabajado sobre todo por economistas ingleses en las 
décadas de 1980 y 1990, puede ser un instrumento útil, ya que muestra sin 
equívocos las interacciones y los conflictos entre el mundo físico y material 
(medio ambiente) y el entorno inmaterial de la economía y las finanzas 
(Pearce, 2002). Además de visualizar las fallas de mercado (precios), 
las fallas de política (subsidios e impuestos) y las fallas institucionales 
(propiedad y acceso), el balance permite identificar los insumos o materias 
primas que ingresan al proceso de producción, así como los productos 
y subproductos que resultan de dicho proceso, poniendo en evidencia 
salidas del proceso sin valor económico (como la contaminación del aire, 
los residuos sólidos, los efluentes líquidos y las emanaciones energéticas, 
solo por dar algunos ejemplos del proceso físico que está ocurriendo). Aun 
cuando dichas salidas del proceso puedan no tener un precio, dan lugar a 
costos valorables para quienes las sufren. Algo parecido se puede deducir 
del balance de materiales en lo que respecta a los recursos naturales, a 
menudo subvaluados, con la correspondiente merma de su acervo, sobre 
todo cuando son difíciles de valorizar, como ocurre con la biodiversidad, 
el paisaje y otros servicios ambientales. 
En lo que se refiere al paradigma de la economía ambiental, el balance 
de materiales es más útil que el marco analítico de la economía del bienestar 
(Pareto, 1971; Pigou, 1920), que se presta más a la reflexión teórica que a la 
implementación de instrumentos de gestión, con la excepción de algunas 
soluciones técnicas puntuales. El balance también le da más sentido a la 
iniciativa de las tres erres (reducir, reutilizar y reciclar), que es una manera 
de incorporar subproductos indeseables al sistema económico a través de la 
valorización. En este marco se dispone de diversas técnicas, muchas de las 
cuales han sido aplicadas con éxito. Esto es bastante más factible para definir 
un impuesto pigouviano que discutir el nivel del impuesto al tanteo (Pearce, 
2002). Resulta pertinente recordar aquí un antecedente de los años setenta: el 
de los balances de materia y energía y el modelo de economía sin desechos 
desarrollado por el científico ruso Ananichev (1976).
Capítulo VII
Hacia la modificación del modelo de 
crecimiento económico: conflictos entre el 
crecimiento económico y el medio ambiente
A. Apropiación de la dimensión ambiental por parte 
de la economía
Una de las preocupaciones relacionadas con la incorporación de la 
dimensión ambiental en la política económica es que en América Latina 
y el Caribe ha perseverado un planteamiento que, claramente, descansa 
sobre esquemas estructurados únicamente sobre la base del crecimiento 
económico. Modificar esta perspectiva es una tarea compleja, ya que 
la modalidad de desarrollo predominante en los países de la región 
tiene marcados déficits de igualdad y de sostenibilidad ambiental. Las 
dificultades epistemológicas que conllevan los esfuerzos de integración 
interdisciplinaria se ven agudizadas por los embates de las modas y 
corrientes por las que navegan los países de la región. La visión pionera de 
largo plazo —o incluso de mediano plazo— es ahogada por la necesidad 
de respuestas inmediatas frente a problemas que muchas veces no admiten 
dilación. En la mayoría de los casos, las corrientes unidisciplinarias, con 
evidentes sesgos reduccionistas, impiden avanzar en función del debate de 
temas emergentes pero de difícil inserción.
A pesar del esfuerzo histórico por tratar de enriquecer los debates 
regionales —reconociendo los avances de los últimos años—, persisten 
las dificultades nacidas de la utilización de categorías de análisis 
62 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
tradicionales, la mayoría provenientes de la economía, que impiden la 
integración eficiente de otras disciplinas. El uso de categorías de desarrollo 
integral, en vez de las simples categorías económicas, está en la esencia de 
un planteamiento no reduccionista. La definición de las categorías que se 
necesitan para configurar y desagregar este planteamiento incorporando 
plenamente la dimensión ambiental pasa, en consecuencia, por la 
determinación de las especificidades económico-sociales y su relación con 
la naturaleza. La búsqueda de procesos y espacios relevantes en relación 
con estas interacciones debería contribuir a esta definición. No cabe 
duda de que la ampliación del plano de la transformación productiva, 
que dinamiza el proceso de producción, incorporando su articulación a 
la dinámica social y natural, permite construir las categorías buscadas de 
análisis de desarrollo integral.
También es necesario considerar nuevos planteamientos con un 
enfoque de sistemas para poder manejar, de forma articulada, los diferentes 
grados de complejidad. Se trata de complejizar los análisis del proceso de 
transformación productiva teniendo en cuenta las articulaciones que nacen 
de la dinámica social y la dinámica natural. Además, es indispensable 
entender la jerarquía de causalidades, lo que presupone conocer bien el 
comportamiento de las leyes naturales para poder establecer los márgenes 
de modificación ambiental permisibles en el marco de estrategias de 
sostenibilidad a largo plazo.
El modo más rudimentario de incorporar la dimensión ambiental, 
que se convierte en una trampa antiambiental, se basa en la incorporación 
de análisis económicos a procesos ambientales y al uso de los recursos 
naturales. Esta posición conlleva un marcado reduccionismo y está signada 
por la contradicción casi ontológica que plantea el crecimiento económico 
y el incremento de la sostenibilidad ambiental de las transformaciones.
Con el propósito de superar estas trampas, se han llevado a cabo 
diversos esfuerzos conceptuales e instrumentales. Uno de los más 
relevantes ha sido la internalización del conocimiento de la primera y 
la segunda ley de la termodinámica, cuestión básica para entender los 
procesos de transformación que conlleva el desarrollo. Se aprendió que 
cualquier proceso de transformación implica un costo ecológico y que este 
costo ecológico depende de la alteración del comportamiento ecosistémico, 
en el que los grados de artificialización son muy importantes. Se entendió, 
en definitiva, que no se podía innovar ni adentrarse en la temática de la 
sostenibilidad ambiental del desarrollo sin una base de ciencias naturales 
que permitiera contar con una perspectiva interdisciplinaria de la 
problemática ambiental, diferente de la interpretación brindada por la 
economía, dados los diferentes campos, enfoques y niveles de abstracción 
de las distintas ciencias.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 63
Si bien se han emprendido acciones para entender el problema, 
han surgido muchas dificultades a la hora de reconocer e internalizar 
el planteamiento sobre los costos ecológicos que conlleva el crecimiento 
económico. Las carencias de información ambiental redundan en una 
minimización de la importancia de los problemas ambientales y la 
significación de los costos ecológicos a que dan lugar los grandes proyectos; 
costos que son externos a los emprendedores y que, sin embargo, afectan 
a terceros y a la sociedad toda. La internalización de los costos ecológicos 
mediante instrumentos de política afecta intereses económicos que se 
benefician de la sobreexplotación de los recursos naturales. La defensa de 
estos intereses es un hecho político y da lugar a conflictos políticos. 
El desafío de incorporar la dimensión ambiental al desarrollo 
sigue siendo complejo y no habría que esperar la elaboración exhaustiva 
de una nueva categorización, sino que sería conveniente insistir en 
los enfoques interdisciplinarios, tratando de integrar las principales 
disciplinas que contribuyen a la configuración de la dimensión ambiental. 
Las disciplinas que parecen más importantes en este contexto son la 
sociología, la antropología, la psicología social, la economía, la ingeniería 
sanitaria, civil, industrial y de sistemas, la medicina pública, las ciencias 
jurídicas, la geografía y las provenientes de las ciencias naturales; en 
especial, la ecología, la agronomía, la silvicultura, la oceanografía, la 
biología y la meteorología.
B. Insuficiencias del PIB y las cuentas nacionales 
para el análisis ambiental 
En primer lugar, ha de hacerse referencia a las mediciones del PIB como 
la medida del todo y de las cosas, y a la necesidad de volver a intentar 
—porque ya se ha intentado en el pasado— trabajar con indicadores de 
desarrollo alternativos, que corrijan las falencias del PIB e incorporen 
el aspecto ambiental. Crecimiento sostenible no es lo mismo que 
desarrollo sostenible. Los pioneros de la discutida economía ecológica 
le dieron muchas vueltas a este asunto. En la década de 1990, Herman 
Daly planteaba el tema del crecimiento cero en el entendido de que el 
crecimiento es incremento cuantitativo de la escala física, mientras que 
el desarrollo es la mejora cualitativa o el despliegue de potencialidades. 
Puesto que la economía humana es un subsistema de un ecosistema global 
finito que no crece —aunque se desarrolle—, está claro que el crecimiento 
de la economía no puede ser sostenible en un horizonte de largo plazo. El 
término “crecimiento sostenible” debe rechazarse como un mal acomodo, 
un oxímoron; la expresión “desarrollo ambientalmente sostenible” resulta 
64 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
mucho más adecuada (Daly, 1991). En una aproximación al problema —por 
cierto, bastante simplificada—, Daly (1991) señala lo siguiente:
El desarrollo —que no crecimiento— sostenible supone una gestión 
de recursos renovables sometida a dos principios: las tasas de 
recolección deben ser iguales a las tasas de regeneración (producción 
sostenible) y las tasas de emisión de residuos deben ser iguales a las 
capacidades naturales de asimilación de los ecosistemas donde se 
emiten los residuos. Los recursos no renovables se deben gestionar 
de manera que su tasa de vaciado se limite a la tasa de creación 
de sustitutos renovables. Otros factores, como la tecnología o la 
escala de la economía, también tienen que armonizarse con el 
desarrollo sostenible.
Como se subrayó antes, esto exige dar mucha importancia al 
conocimiento integral del estado del medio ambiente en la región, las 
presiones a las que este se ve sometido y sus tendencias. En consecuencia, 
hay que insistir en la necesidad de profundizar el conocimiento del estado 
del medio ambiente en América Latina y el Caribe y, en particular, de sus 
tendencias. Es necesario confrontar las cuentas nacionales de los países de 
la región, que muestran cómo los países “crecen”, con las cuentas físicas, 
ecológicas y ambientales, que muestran cómo se “decrece”. Las diversas 
iniciativas dirigidas a llevar una contabilidad ambiental económica 
valorando los cambios físicos solo podrían aplicarse de manera muy 
restringida en el caso de recursos muy definidos. No sería adecuado 
utilizar valores monetarios como unidades de homogenización, debido 
a que muchos bienes de la naturaleza no están en el mercado. Es más 
apropiado analizar las cuentas nacionales frente a las cuentas físicas del 
patrimonio natural.
C. Propuestas para subsanar los déficits de la teoría 
económica en relación con el medio ambiente
La falta de respuesta y el tratamiento restrictivo que se da al tema 
ambiental en la teoría económica clásica y neoclásica llevaron, sobre 
todo en la década de 1970, a que algunos autores cuestionaran estas 
teorías y otros plantearan complementos o modificaciones. Los estudios 
se centraron en tratar de objetar, desde el punto de vista ambiental, 
los postulados sobre las bondades del mercado como organizador de 
una economía eficiente y como una herramienta de percepción de los 
problemas ambientales. Estas críticas derivaron en ciertas conclusiones 
básicas para las iniciativas de incorporación de la dimensión ambiental 
en la planificación y gestión del desarrollo.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 65
Se concluyó que el óptimo paretiano que plantean los neoclásicos 
no necesariamente se iguala con el óptimo ambiental, cuestión básica 
para entender la lógica que aplican los decisores sobre el uso de los 
recursos. Por otra parte, muchos de los cambios del entorno físico que 
sobrepasan el límite de la reversibilidad no necesariamente tienen su 
correspondiente manifestación económica, lo que complica cualquier 
análisis económico-ambiental.
Estos problemas de las teorías clásicas y neoclásicas permitieron 
que de ellas surgieran innovadoras corrientes de pensamiento para tratar 
de subsanar las deficiencias señaladas. De esta manera, aparecen autores 
que plantean que la falta de derechos o las deficiencias en los sistemas 
de propiedad y propiedad comunitaria son determinantes en el uso y la 
conservación de los recursos, y, por ende, pueden constituir la causa básica 
de los problemas ambientales.
Junto con las críticas a las teorías económicas y a la toma de 
posiciones de los economistas frente a los desafíos planteados, surgen 
los enfoques integradores u holísticos que privilegian el tratamiento de 
la biósfera como ecosistema, señalando las limitaciones físicas que puede 
tener el proceso actual de desarrollo. Los enfoques globales y centrados 
en los polémicos límites del crecimiento se acotaron y abordaron desde 
el punto de vista energético, definiendo los flujos y las transformaciones 
en términos de energía, y planteando análisis unidimensionales en 
torno a los balances de este recurso. Otros análisis exploran las causas 
de los problemas ambientales asociándolos con la tecnología y con la 
organización social y las estructuras económicas. 
En América Latina y el Caribe, el esfuerzo por incorporar la dimensión 
ambiental en el desarrollo se complementa con la introducción del concepto 
de “estilos de desarrollo”, de cuyos comportamientos se derivan diferentes 
estados del medio ambiente. De todos estos planteamientos, posiciones, 
interpretaciones y estudios, se deducen algunas conclusiones que deben 
tenerse en cuenta y que permiten contribuir a incorporar en mayor 
medida los conceptos ambientales en la teoría y la práctica del desarrollo. 
Partiendo de ese marco, los diversos agentes pueden evitar el largo camino 
de aprendizaje que habría que recorrer si no se contara con el acervo de 
estudios aludidos. Las principales conclusiones son las siguientes:
• El mercado, en muchas ocasiones, no es un mecanismo 
adecuado para percibir los aspectos ambientales del desarrollo, 
lo que se manifiesta con un claro desfase temporal. En el modelo 
neoclásico original, el impacto ambiental, por lo general, es 
un típico ejemplo de externalidad y, en consecuencia, quien 
genera el impacto ignora los costos que sus actividades causan a 
terceros, a la sociedad toda y al medio ambiente.
66 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
• No es posible poner en un mismo plano jerárquico las leyes 
físicas, ecológicas, políticas, sociales y económicas. Es fácil 
comprender que las ciencias sociopolíticas no pueden alterar 
las leyes físicas fundamentales, pero la situación no es tan clara 
cuando se trata de las complejas leyes ecológicas. Es importante 
que se entienda cuáles son y cómo se comportan los sistemas 
ecológicos, así como cuál es su jerarquía respecto de los sistemas 
socioeconómicos.
• Los nuevos requisitos de recursos y espacios no tienen por 
qué tener una respuesta tecnológica automática. La sociedad 
a veces es incapaz de dar soluciones tecnológicas a muchos de 
los problemas que se le presentan. Por ello, no deben hacerse 
predicciones “optimistas” basadas en el mito de la capacidad de 
reacción del hombre, pues se corre el riesgo de que se produzcan 
catástrofes irreversibles.
• Los ecosistemas tienen una limitada capacidad de sustentación 
que, si se supera, causa su deterioro. El desarrollo económico 
tiende hacia los límites de la capacidad de sustentación. 
Este concepto interesa como variable en la interpretación 
del desarrollo económico y social, sobre todo con relación al 
tiempo que se demora en llegar al límite o superarlo. Este hecho 
introduce la importancia, desde el punto de vista ambiental, de 
la planificación a largo plazo.
• La capacidad de sustentación de un ecosistema o de la biósfera 
no es un concepto rígido ligado exclusivamente a los límites 
de oferta de recursos o, en otras palabras, del ambiente físico. 
La sociedad puede influir en esta capacidad de sustentación 
y modificarla. La gestión ambiental, concebida como la 
movilización inteligente de la sociedad para transformar su 
entorno físico, permitiría lograr una transformación positiva 
de la naturaleza, pero sin atentar contra ella y, en consecuencia, 
modificar la capacidad de sustentación.
• Existe un desfase entre los horizontes económicos de los 
productores y los horizontes ecológicos, que adquieren especial 
relevancia cuando se analizan las distintas lógicas que aplican 
los diversos tipos de productores.
El último punto, acerca de los horizontes, es muy importante. La 
sobrevaloración del corto plazo, y su consecuente subvaloración de los 
costos y beneficios de mediano y largo plazo, está en la base del conflicto 
entre conservación y desarrollo económico y da lugar a problemas 
intergeneracionales. Mientras la tasa de preferencia temporal (la tasa 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 67
de descuento) sea positiva, siempre ocurrirá esta sobrevaloración del 
presente. Como resulta evidente, la sobrevaloración de los beneficios a 
corto plazo atenta contra la conservación y los procesos ecológicos que 
tienen lugar a largo plazo. 
Cuando se trata de recursos agotables, las demandas del 
presente determinan decisiones de los agentes económicos que afectan 
la disponibilidad de recursos a largo plazo —aun cuando las tasas de 
descuento sean mínimas—, y, por lo tanto, al bienestar de las futuras 
generaciones, dando lugar a una dificultad ontológica. Los consumidores 
del futuro no han nacido y no tienen peso alguno en las decisiones del 
presente. Ahora bien, si la tendencia de los últimos decenios se pudiera 
proyectar a 20, 30 o 50 años, el futuro en América Latina y el Caribe 
podría ser complicado desde el punto de vista de la supervivencia. Por 
lo tanto, es necesario incidir en las decisiones de los agentes económicos 
de modo de asegurar una asignación intergeneracional de recursos 
que rescate los derechos de las futuras generaciones. Esto choca con la 
realidad actual de la región, y plantearlo puede ser poco realista desde el 
punto de vista tanto político como económico. Sin embargo, la situación 
debe abordarse, ya que la falta de ponderación adecuada del futuro 
bordea el terreno de lo poco ético.
Las elucubraciones de tipo económico revisten mayor complejidad si 
se ubican en el contexto de los recursos latinoamericanos y caribeños, y de 
la estructuración de la economía de la región sobre la base de la explotación 
de sus recursos agotables. El valor actual de la demanda futura de la 
región será posiblemente más bajo que el valor de lo que se tiene hoy en 
día. En este contexto, se deberá sobrevalorar —más que desvalorizar— la 
demanda futura. No cabe duda de que los agentes económicos no pueden 
sustraerse a este dilema moral. Los instrumentos tradicionales del análisis 
económico realmente presentan serias limitaciones cuando se trata de dar 
cuenta de problemas morales y éticos.
En virtud de la consideración de estas limitaciones como marco, 
uno de los cambios más importantes deberá darse en la planificación y 
gestión económicas, dada la forma en que se asignan los recursos de cada 
nación y se definen estrategias, priorizan inversiones y dirimen conflictos 
en el contexto del estilo de desarrollo predominante en la región. Si en este 
contexto de imperfecciones de las democracias, con el medio ambiente ya 
como sujeto político, no se pueden romper las posiciones tradicionales de 
los centros de poder económico —en especial, los públicos—, no es posible 
pensar en avanzar en la estrategia de incorporación ambiental. 
Como punto de partida, se debe asumir que la lógica económica 
actual, basada en la medición del progreso solo por el incremento 
del PIB o de la productividad y algunos otros parámetros macro- y 
68 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
microeconómicos, no permite percibir la fagocitosis del acervo natural ni 
los disturbios asociados a los que está sometida la región. Las distintas 
formas de globalización y de integración comercial repercuten en la 
exacerbación de los sistemas de gestión de las economías. Los países 
se deben someter a continuos exámenes a través de los indicadores 
macroeconómicos. Por ello, las principales preocupaciones se orientan a 
la evolución del PIB y se deja bastante de lado el impacto que las distintas 
estrategias y políticas aplicadas tienen en la sostenibilidad ambiental. En 
la mayoría de los países existen desacoples —a veces marcados— entre 
el crecimiento del producto y los factores que preocupan a la población, 
como mayor seguridad, ingreso menos injusto, empleo de una mínima 
calidad y educación adecuada para toda la sociedad.
La perversidad del sistema se manifiesta cuando estas demandas 
de la sociedad se asocian a la necesidad de crecer a toda costa. Es posible 
escuchar explicaciones sobre la expoliación de los territorios basadas en la 
necesidad de crear empleo e ingreso. En algunos países de la región incluso 
se aplica la norma de que es preferible tener contaminación y menos árboles 
o suelo a que una persona muera de hambre. Es importante, entonces, 
comprender que esta lógica económica presenta una contradicción básica: 
se fundamenta en la expoliación física y, a la vez, tiene dicha expoliación 
como consecuencia. 
Con frecuencia, se argumenta que el crecimiento económico de los 
países de la región responde a la demanda social. Esto es parcialmente 
cierto y hay que reconocer que el sistema actual solo podría modificarse 
a través de un cambio cultural y poniéndose al servicio de ese cambio. 
En la actualidad, se maneja a la opinión pública en función de los 
intereses de las empresas que dominan las economías. Entre otras 
cosas, se modifican patrones de consumo, se crea una demanda de 
bienes irrelevantes que se convierten en objetos de primera necesidad 
y se reorienta el consumo alimentario hacia alimentos perjudiciales 
para la salud. Avanzar en la estrategia de incorporación de la dimensión 
ambiental es escapar definitivamente de la trampa cultural, de la 
dependencia de los hábitos de consumo.
Capítulo VIII
Transformación productiva a través de nuevas 
tecnologías: posibilidades y limitaciones
La impresionante expansión de la ciencia, la tecnociencia y las tecnologías 
ha generado una suerte de optimismo desmesurado respecto del logro 
de un crecimiento ambientalmente sostenible. En relación con esto, hay 
que considerar, como ya se mencionó, que en la expresión “crecimiento 
sostenible” existe una contradicción implícita (al menos en la medida 
en que el crecimiento se mida solo como crecimiento del producto). 
En América Latina y el Caribe es necesario analizar los impedimentos 
estructurales que limitan el mejoramiento tecnológico. Por lo general, las 
tecnologías más analizadas, que tienen una influencia muy fuerte tanto en 
las universidades como en las empresas de la región, son las que combaten 
la contaminación y se originan en los centros de investigación científicos y 
tecnológicos de los llamados “países desarrollados”.
Es en la conservación de los recursos naturales donde la aplicación 
de nuevas tecnologías choca con problemas estructurales serios. El 
diagnóstico es claro: en la región se sabe de sobra cómo no cortar los 
árboles, cómo no erosionar los suelos, cómo conservar los recursos marinos 
y cómo manejar bien los recursos hídricos, pero los bosques siguen 
desapareciendo, los suelos siguen erosionándose, las especies marinas se 
siguen sobreexplotando y el agua se sigue dilapidando. En consecuencia, 
el problema no es el conocimiento tecnológico, ni la ciencia que está detrás 
de dicho conocimiento, sino las relaciones sociales, las leyes y normas 
vinculadas al manejo de los recursos, los sistemas de fiscalización, los 
mercados y la forma en que se mueven la oferta y la demanda. 
70 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Con relación al agua, en la región 150,6 millones de personas viven 
en países con un alto estrés hídrico, 94,8 millones de personas habitan en 
países con un estrés hídrico de medio a alto, 102,2 millones de personas 
residen en países con un estrés hídrico de bajo a medio y 301,8 millones de 
personas viven en países con un estrés hídrico bajo (véase el cuadro VIII.1). 
Para el resto de los países de América Latina y el Caribe, donde habitan 
2,7 millones de personas, no se cuenta con información (véase el gráfico VIII.1).
Cuadro VIII.1 
América Latina y el Caribe: estrés hídrico
País
Posición 
(clasificación 
mundial)
Categoría
Nivel de estrés 
hídricoa
(porcentajes)
Población
(millones de 
habitantes)
Chile 18 3 Alto (40-80) 18,3
México 24 3 Alto (40-80) 132,3
Guatemala 57 2 Medio-alto (20-40) 17,6
Perú 66 2 Medio-alto (20-40) 32,9
Venezuela (República Bolivariana de) 67 2 Medio-alto (20-40) 32,8
Cuba 68 2 Medio-alto (20-40) 11,5
República Dominicana 73 1 Bajo-medio (10-20) 11,0
Haití 74 1 Bajo-medio (10-20) 11,2
El Salvador 78 1 Bajo-medio (10-20) 6,4
Ecuador 81 1 Bajo-medio (10-20) 17,1
Argentina 92 1 Bajo-medio (10-20) 45,1
Bolivia (Estado Plurinacional de) 95 1 Bajo-medio (10-20) 11,4
Costa Rica 107 0 Bajo (10) 5,0
Brasil 112 0 Bajo (10) 212,4
Colombia 118 0 Bajo (10) 49,8
Belice 120 0 Bajo (10) 0,4
Honduras 133 0 Bajo (10) 9,6
Panamá 136 0 Bajo (10) 4,2
Nicaragua 137 0 Bajo (10) 6,4
Paraguay 150 0 Bajo (10) 7,0
Uruguay 151 0 Bajo (10) 3,5
Jamaica 157 0 Bajo (10) 2,9
Suriname 157 0 Bajo (10) 0,6
Fuente: Instituto de Recursos Mundiales (WRI), “Aqueduct Projected Water Stress Country Rankings”, 
enero, 2020 [en línea] https://www.wri.org/resources/data-sets/aqueduct-projected-water-
stress-country-rankings. 
Nota:  El estrés hídrico es la razón entre el total de extracciones de agua dulce renovable en un área 
determinada y el agua disponible.
a Extremadamente alto:  80%; alto: 40%-80%; medio-alto: 20%-40%; bajo-medio: 10%-20%; bajo:  10%.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 71
Gráfico VIII.1 
América Latina y el Caribe: personas que viven en países con diferentes grados  
de estrés hídrico
(En porcentajes)
Alto
(23,10)
Bajo-medio
(15,65)
Bajo
(46,30)
Sin información
(0,41)
Medio-alto
(14,54)
Fuente: Instituto de Recursos Mundiales (WRI), “Aqueduct Projected Water Stress Country Rankings”, 
enero, 2020 [en línea] https://www.wri.org/resources/data-sets/aqueduct-projected-water-stress-
country-rankings. 
Pese a los notables adelantos tecnológicos, que deberían servir de 
solución para la gestión ambiental —vinculados, por ejemplo, a la generación 
eléctrica a partir de fuentes no convencionales, la electromovilidad, la 
nanotecnología y la ciencia agronómica—, de persistir la estructura actual, 
en la región podrían crearse enclaves aislados con procesos que utilizan 
tecnologías de punta, frente a otras actividades que seguirán recurriendo a 
sistemas predatorios y de sobreexplotación. De esta forma, solo aumentarán 
las asimetrías y las desigualdades. En consecuencia, el problema se centra 
en determinar cómo se puede modificar la situación actual para impedir la 
sobreexplotación y a partir de allí pensar en el mejoramiento tecnológico y 
el acceso a las nuevas tecnologías. 
A. Interrogantes y limitantes científicas  
y tecnológicas
En América Latina y el Caribe siguen predominando las mismas 
interrogantes científicas y tecnológicas que se han planteado en los últimos 
40 años: la interacción dinámica entre naturaleza y sociedad; las tendencias 
a largo plazo en la interacción entre medio ambiente y desarrollo, y cómo 
estas modifican la relación entre sociedad y naturaleza; la determinación 
de la vulnerabilidad y de la resiliencia en ecosistemas específicos; la 
definición de límites y fronteras con sustento científico que puedan servir 
de alerta a riegos graves de degradación; la estructura de incentivos para 
72 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
lograr más sostenibilidad; la ampliación de los sistemas de monitoreo e 
información para avanzar en una trayectoria hacia la sostenibilidad, y 
el logro de un mayor apoyo a las decisiones en sistemas para el manejo 
adaptativo y el aprendizaje social. 
Al sistematizar y ordenar estas características de la región para 
estudiar la problemática de la ciencia y la tecnología con relación a la 
sostenibilidad, aparece como marco la consabida realidad regional: 
niveles de pobreza que en los últimos años subieron y se mantuvieron 
en torno al 30%, pese a haber disminuido del 44,5% en 2002 al 27,6% en 
2014, y una pobreza extrema que en el mismo período casi no cede y, si 
bien cae del 11,2% al 8,1%, vuelve a aumentar hasta llegar al 10,2% en 2017, 
en un contexto de contrastes y desigualdad extremo. Históricamente se 
mantiene una proporción más alta de pobreza en la población rural que 
en la población urbana. En el gráfico VIII.2 se muestra la evolución de la 
pobreza total, urbana y rural en el período 2005-2018.
Gráfico VIII.2 
América Latina y el Caribe: evolución de la pobreza y la extrema pobreza total,  
urbana y rural, 2005-2018
(En porcentajes)
40,0 
31,6 30,0 
35,3 
26,8 26,3 
56,8 
50,3 
45,2 
 0
 10
 20
 30
 40
 50
 60
20
05
20
06
20
07
20
08
20
09
20
10
20
11
20
12
20
13
20
14
20
15
20
16
20
17
20
18
Total Zonas urbanasZonas rurales
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “Anexo estadístico”, Panorama 
Social de América Latina, 2018 (LC/PUB.2019/3-P), Santiago, 2019.
La inserción en el proceso de globalización tiene características 
que exponen a los países de América Latina y el Caribe a serias 
vulnerabilidades en relación con su capacidad competitiva. La región 
presenta la mayor biodiversidad del planeta, que está sujeta a una de 
las tasas más altas de pérdida por la conversión de los ecosistemas 
naturales; problemas seculares de tenencia de la tierra y acreditación de 
las propiedades rurales, que limitan las posibilidades de conservación 
y manejo sostenible de ecosistemas naturales; la frontera agrícola con el 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 73
mayor proceso de expansión del mundo; la mayor concentración de agua 
dulce del planeta; bajos índices de participación social en decisiones que 
afectan el capital natural social y económico de las naciones, y una gran 
escasez de personas con educación terciaria, lo que limita la capacidad de 
encarar la solución a problemas del desarrollo social y económico.
Con relación a la necesidad de respuesta y de investigación para 
afrontar los desafíos del desarrollo de la ciencia y la tecnología para 
la sostenibilidad, se mantiene el listado que se ha presentado durante 
tantos años en la región: ¿Cómo erradicar la pobreza? ¿Cuáles son los 
obstáculos políticos para el desarrollo del conocimiento científico y 
las tecnologías? ¿Cuál es el valor real de los servicios ecosistémicos? En 
cuanto a la determinación de los factores que representan una amenaza a 
la biodiversidad y sus valores ecosistémicos y éticos: ¿Cómo se garantiza 
la viabilidad de los sistemas campesinos para la conservación de la 
biodiversidad? ¿Cómo se recuperan las tecnologías tradicionales? ¿Cómo 
se cambian los hábitos de consumo que tienen alto costo ecológico? 
¿Cuáles son los vacíos de la legislación sobre estas temáticas? ¿Cuáles son 
los modelos y escenarios predictivos regionales?
Aparecen también temas muy poco tratados en la región, que 
abren nuevos campos de investigación, como los determinantes de la 
vulnerabilidad (y robustez) ecológica, económica y social de los sistemas 
socioecológicos. Esta es un área de trabajo interdisciplinaria crítica 
para América Latina y el Caribe: ¿Cómo transformar la heterogeneidad 
ecológica característica de muchos ecosistemas de la región, que supone un 
obstáculo a la producción, en una oportunidad, diseñando nuevos sistemas 
de comercialización y acopio que garanticen una adecuada regularidad 
en la disponibilidad de los productos para el consumidor final? ¿Cómo 
manejar en forma sostenible y coordinada los grandes ciclos regionales, 
como el ciclo hidrológico en la Amazonía, los sistemas transfronterizos, 
como cuencas y grandes ecosistemas compartidos, y variados procesos de 
transformación relevantes?
Entre las innovaciones conceptuales, ausentes todavía a fines de los 
años setenta, aparecen temas que vienen a llenar vacíos muy importantes, 
como: i) los desafíos epistemológicos, profundizando los métodos y 
criterios de la ciencia y de la tecnología misma y la necesidad de ahondar 
en la unidad o las unidades de análisis a utilizar; ii) la integración de las 
distintas disciplinas; iii) los criterios de verdad, y iv) la necesidad de adoptar 
un enfoque integrado en la investigación y gestión de estos sistemas para 
un desarrollo menos insostenible. Además, surge con fuerza la necesidad 
de interacción con otros saberes, buscando zonas de intercambio o trueque 
conceptual y empírico entre la investigación científica y los saberes no 
científicos referentes a temas específicos. 
74 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
La tendencia del desarrollo de las ciencias está signada por las 
demandas de conocimiento científico que nacen del desarrollo tecnológico. 
De allí se deriva también la asignación de recursos para el desarrollo 
científico. En la mayoría de los países de la región se hace ciencia siempre 
y cuando sea necesaria para la adopción o adaptación de una determinada 
tecnología. Es decir que, por lo general, el modelo de desarrollo científico 
se construye a partir de la demanda del desarrollo tecnológico. Las 
estrategias de desarrollo científico de los países de la región se someten 
cada vez más a estos criterios.
Esta falta de autonomía de las estrategias nacionales de desarrollo 
científico lleva, indudablemente, a someterse a la adopción y adaptación, o 
incluso a la creación tecnológica sin la base científica necesaria para tomar 
decisiones adecuadas. Lo más importante en la política de desarrollo 
tecnológico es contar con el conocimiento científico necesario para la 
toma de decisiones que define los rumbos y los tipos tecnológicos. La 
tecnología es neutra, no hay tecnología buena o mala, solo hay decisiones 
tecnológicas adecuadas o inadecuadas, y para tomar las decisiones 
adecuadas se necesita mucha ciencia. En los países de la región, la pérdida 
de la importancia relativa de la ciencia y los recursos asignados a ella 
frente al auge de la tecnología y sus recursos lleva irremediablemente a 
cometer errores, tanto en el uso de los recursos financieros como en la 
gestión ambiental.
La estrategia científica de abordaje de la problemática ambiental 
debe necesariamente partir del conocimiento científico del territorio, 
del comportamiento de los ecosistemas, con especial inclusión de la 
biodiversidad y el funcionamiento de las artificializaciones. Nada se puede 
hacer con tecnologías si no se conoce lo que se interviene y cuáles son los 
efectos de las intervenciones.
Cuando se hacen análisis de las innovaciones tecnológicas, estos con 
frecuencia tienen los sesgos del exponencial e impactante desarrollo de 
las tecnologías de comunicación y control. Las innovaciones tecnológicas 
relacionadas con la dimensión ambiental que interesa analizar en 
profundidad son las que generan conocimiento del medio ambiente, 
las que están en la transformación de la naturaleza y las que están en el 
manejo de los residuos y en el reciclaje. 
Con respecto a las tecnologías del conocimiento del territorio y sus 
comportamientos, los satélites ofrecen una amplia gama de conocimiento 
en forma estática y dinámica. Las tecnologías de transformación tienen 
una doble lectura: por una parte, permiten transformaciones positivas 
que minimizan el costo ecológico y, por la otra, pueden convertirse 
en cosechadoras de ecosistemas, transformadoras contaminantes y 
artificializadoras que desaprovechan la oferta ambiental. 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 75
B. Medio ambiente e interciencia
Pero las limitaciones del desarrollo de las ciencias para el medio ambiente 
tienen un desafío mayor: la interciencia. Lo ambiental es una dimensión 
que debe analizarse y entenderse a través del esfuerzo intercientífico. En 
la actualidad, el desarrollo de las ciencias en el mundo y en particular 
en América Latina y el Caribe se enfrenta a la necesidad de adoptar 
enfoques epistemológicos realmente eficaces para poder generar 
soluciones científicas que exigen múltiples aportes de diversas ciencias 
y sus correspondientes ramas. Si bien es posible constatar que se hacen 
grandes esfuerzos para abordar problemas de creciente complejidad a 
través de la conjunción de varias ciencias, por lo general estos esfuerzos no 
pasan de ser enfoques y su carácter es meramente aditivo. Para pasar de la 
multiciencia a la interciencia es necesario realizar un gran trabajo.
Cada ciencia o cada rama de una ciencia que incide en el medio 
ambiente solo podrá entenderse desde la comprensión del todo al cual está 
subordinada. Entender el todo a través de la interciencia no es lo que se ha 
denominado una “superación dialéctica de disciplinas particulares”. Cada 
ciencia, en los esfuerzos intercientíficos, necesita seguir viva. Cada ciencia 
es lo que ella es en sí, pues la única forma de hacer interciencia es basarse 
en la solidez y el conocimiento científico de las ciencias involucradas. 
Para abordar un objeto de estudio en forma integral, en consecuencia, es 
necesario que se establezcan enfoques complejos, que se integren teorías y 
métodos, y que se construyan normas y lenguajes.
La puesta en práctica de este planteamiento, no obstante, enfrenta 
muchas dificultades. La gran mayoría de los equipos constituidos en 
forma explícita para trabajar intercientíficamente viven, de hecho, una 
competencia continua entre los imperialismos ideológicos de las diferentes 
ciencias de sus miembros. Por eso, el planteamiento de la necesidad 
de hacer interciencia para muchos no pasa de ser una utopía. Se podría 
avanzar en el tema si se pudiera fijar cuáles son las teorías, normas y 
métodos comunes a las ciencias involucradas. Lograrlo no es tarea fácil, 
máxime cuando existen niveles de abstracción y categorías de análisis 
totalmente diferenciados, dificultad que se hace más evidente cuando se 
abordan desde una óptica intercientífica problemas en los que convergen 
ciencias naturales, sociales y humanas.
Aunque la gran mayoría de los científicos entienden los esfuerzos 
para progresar en el tema de la interciencia y simpatizan con ellos, 
no distraen tiempo de sus quehaceres de investigación pues esta 
temática no constituye una cuestión prioritaria. El deseo de progresar 
intercientíficamente ha creado posiciones diferenciadas y tensas entre 
los que definen la interciencia desde la filosofía y aquellos que creen 
que no es un concepto teórico sino solo una herramienta. Además, los 
76 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
problemas epistemológicos derivados de las particulares complejidades 
de cada esfuerzo intercientífico han llevado a algunos a plantear que la 
interciencia no se enseña ni se aprende, sino que se vive. Ya sea que se 
aprenda en las aulas, en los textos, en la reflexión o en el debate, que se 
considere una herramienta o que solo surja de la praxis cotidiana, hacer 
interciencia indiscutiblemente es uno de los desafíos más importantes 
para las complejas demandas del desarrollo futuro. 
El desarrollo de la agricultura impone múltiples desafíos en la 
formación científica, no solo para tener una pléyade de investigadores de 
muy alto nivel, sino —y como una cuestión fundamental— para formar 
profesionales cuya solidez esté dada por su formación científica. En no pocas 
ocasiones, las formaciones impartidas en las aulas universitarias entregan 
periscopios científicos que solo enfocan hacia determinadas tecnologías. 
Los enfoques científicos reduccionistas, instrumentalizados, niegan los 
principios básicos de las ciencias, su universalidad y su sistematicidad.
C.  Modelos científicos, modelos tecnológicos  
y dependencia
El modelo de adaptación, adopción, generación y difusión tecnológica 
que prevalece en América Latina y el Caribe ha estado signado por 
los paradigmas tecnológicos dominantes. La innovación basada en los 
paradigmas que se desarrollaron con base en la química, la metalmecánica y 
la biología hace décadas dejó paso a la irrupción de la informática, las nuevas 
biotecnologías, los nuevos materiales y la nanotecnología. Estos cambios 
también han influido para que se modifiquen las estructuras mundiales 
de empresas productoras de innovaciones tecnológicas, de insumos y de 
sistemas de difusión y penetración de sus productos. Las integraciones 
verticales de avance científico, creación tecnológica y dependencia en la 
cadena de insumos han creado estructuras de dominio a nivel mundial que 
hacen cada día más difícil el desarrollo de soluciones propias.
La complejidad de los avances científicos y tecnológicos mundiales, 
y los crecientes costos de hacer ciencia y tecnología, han convertido a los 
países de América Latina y el Caribe en sujetos pasivos y dependientes. 
Basta con enviar anualmente a un contingente de profesionales e 
investigadores a cursar posgrados a países más desarrollados para 
contentarse y creer que ya se forma parte del circuito internacional y de 
todos sus beneficios. 
La marcada dependencia tecnológica se acrecienta cada día. No se 
escudriña cuáles son sus efectos ni se piensa en cuál es la apropiación 
de excedentes por medio de la generación y adopción de tecnología. 
Tampoco se investiga cuáles son los efectos de determinadas tecnologías 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 77
en las irreversibles transformaciones ecosistémicas ni cómo las nuevas 
estructuras ecosistémicas y productivas condicionan más demanda de 
tecnologías foráneas. No se debate cómo los cambios científicos de terceros 
y el impulso de determinadas tecnologías pueden inducir al uso de los 
recursos renovables por sobre sus tasas de regeneración. No se profundiza 
respecto de cómo los modelos foráneos están influyendo en el uso del 
espacio nacional, en la conservación y apropiación de la biodiversidad. 
En distintos tipos de eventos se discute sobre la necesidad de 
establecer políticas de desarrollo de tecnología endógenas y en alguno de 
estos encuentros se opina sobre los aspectos negativos de las tecnologías 
foráneas, aunque estas sean las que en forma inmensamente mayoritaria 
usa el país. El problema no es ese. La dicotomía entre endógeno y exógeno, 
entre generación interna o generación externa, es falsa y engañosa. No 
importa de dónde venga la tecnología o quién la genere, lo que debe 
preocupar es que el uso de esa tecnología sea el que corresponde.
Para poder tomar decisiones tecnológicas realmente endógenas, 
propias, al margen de intereses de terceros países, es necesaria, por sobre 
todo, mucha ciencia. La adopción y la adaptación tecnológica deben 
hacerse sobre la base de un acervo científico importante. Esta es la única 
forma de evitar la creciente dependencia y quizás también sea la única 
forma de acortar la brecha con los países llamados “desarrollados”.
El conocimiento de lo que se posee como patrimonio natural ha 
llegado de la mano de la explotación de los bienes naturales. Se investigan 
los bienes y servicios de la naturaleza con perspectivas comerciales a 
corto plazo y se genera un conocimiento que por lo general es parcial y se 
encuentra circunscrito a lo que ya se visualiza como un recurso económico. 
La homogenización cultural, intensificada por la globalización, ha 
incidido en las presiones por investigar lo que rinde rápidos frutos en 
los mercados internacionales, pero, al mismo tiempo, tiende a dejar en la 
oscuridad el saber sobre bienes que no forman parte del circuito económico 
y a eliminar el conocimiento empírico. Sin tener una adecuada evaluación 
del potencial perdido se afecta la biodiversidad, pero también se restringe 
la sociodiversidad, una cuestión aún más ignorada.
Se tiende a establecer criterios economicistas que impiden la 
incorporación de investigaciones que no son económicamente evaluables o 
que maduran a muy largo plazo, dejando fuera una visión que permita un 
desarrollo armónico y equilibrado de los territorios. Una visión más propia 
y moderna debería ir contra la corriente de fragmentación investigativa 
y de los criterios economicistas, y debería reexaminar desde el punto de 
vista epistemológico las unidades de análisis a utilizar. La sociedad y 
los ecosistemas representan sistemas mutuamente determinados, con 
relaciones complejas, no lineales. Los enfoques sistémicos con escalas 
78 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
espaciotemporales definidas deben privilegiar el desarrollo integral a 
largo plazo desde diversos puntos de vista, pero teniendo como objetivo 
fundamental el mejoramiento de la calidad de vida y la defensa de la vida 
misma de los ciudadanos, en forma ambientalmente sostenible.
Utilizando sus propias herramientas, la fuerte impronta y la 
evolución de la ciencia moderna deben incorporar otras fuentes del 
saber basado en el conocimiento vernáculo, en las tradiciones, en las 
particularidades de muchas minorías. Gran parte de este conocimiento 
ha quedado postergado o es desconocido como factor de innovación y 
desarrollo. Y no cabe duda de que existe una complementariedad clara 
entre estos saberes y el conocimiento científico. Tener un conocimiento 
integral de los pueblos originarios, saber qué ofrece la naturaleza en 
América Latina y el Caribe, cuáles son las culturas y tradiciones de 
la región, y cuál es la racionalidad de los distintos actores sociales y 
productivos que intervienen en el desarrollo debería ser el punto de 
partida para delinear una política científica real y eficiente.
Capítulo IX
Propuestas, políticas y medidas para  
una gestión ambiental relevante
A. Avances y limitaciones
En virtud del “decrecimiento” físico de la región, es necesario analizar 
cuáles han sido las principales propuestas, políticas y medidas 
implementadas, y cómo se ha reaccionado frente a ellas. Dado el 
diagnóstico, se puede afirmar de forma categórica que lo que se ha hecho 
—aunque importante— no ha sido suficiente. Las propuestas generales 
de reorientación económica, creación de capacidades endógenas y 
modificación de la producción y el consumo hacia formas sostenibles, 
dirigidas a permitir el desacople entre el crecimiento de la economía y el 
uso de bienes de la naturaleza, no han caído en tierra fértil y, en general, 
no han sido más que una expresión de buenos deseos. 
En varias áreas y sectores económicos de los países de la región, 
no obstante, es posible constatar avances significativos que es importante 
mantener. Si bien, en los últimos decenios, los países han avanzado 
en materia de legislación e institucionalidad ambiental, las nuevas 
instituciones, leyes y reglamentos en general han tenido una eficacia y 
una eficiencia limitadas. Por otra parte, muchas leyes y reglamentos se 
han aprobado para “legalizar” decisiones que atentaban contra el medio 
ambiente, pero ya habían sido tomadas por ministerios más poderosos 
que el de ambiente, especialmente en lo que se refiere a las consecuencias 
de políticas ambientales implícitas, como se verá más adelante. 
80 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Los avances en materia de gestión ambiental tienden a exacerbar la 
contradicción manifiesta de la modalidad de desarrollo actual: un sistema 
fagocitario e insostenible al que se trata de volver menos insostenible para 
poder continuar fagocitando territorios y mares. Las medidas paliativas 
influyen de manera marginal para que la gestión sea menos insostenible, 
pero no abordan el problema de fondo; no se llega a un cambio estructural 
que desemboque en un modelo intrínsecamente ambiental.
Varios países han avanzado en sus sistemas de evaluación de 
impacto ambiental, lo que ha tenido efectos positivos en los nuevos 
proyectos de desarrollo. No obstante, aún persiste un gran rezago 
ambiental derivado de proyectos antiguos que no entraron en los nuevos 
sistemas. La mayoría de los países solo aplican el sistema de evaluación 
de impacto ambiental a los proyectos y no dan la debida importancia a 
la planificación estratégica ni a los planes de ordenamiento territorial. Es 
frecuente constatar en la región la falta de capacidad científica y técnica 
para evaluar planes y proyectos.
Si bien algunas son significativas, las medidas de mando y control 
se han visto limitadas por la falta de recursos para ponerlas en práctica y 
por la carencia de legislaciones apropiadas. En algunos países de la región, 
se han suscitado serios conflictos y no son pocos los casos en los que estas 
medidas no han surtido efecto.
Ciertas medidas económicas tomadas como parte de políticas 
ambientales sí han resultado eficaces, como los sistemas de transacciones 
de carbono, los impuestos verdes que han modificado formas de uso, los 
gravámenes para crear fondos para la conservación y otras medidas que 
han reorientado el uso de la tierra o el destino de las aguas. Es necesario 
advertir, no obstante, que varios instrumentos económicos generados 
en ministerios no ambientales han tenido efectos perversos en lo que 
respecta al medio ambiente. El ejemplo más notable es el de los subsidios 
a la “limpieza” de las áreas boscosas para fomentar la agricultura. Las 
políticas ambientales implícitas en las políticas de desarrollo sectorial con 
frecuencia han tenido un signo ambiental negativo.
El avance de la ciencia y la tecnología ha sido muy relevante a la 
hora de disminuir los efectos ambientales de determinados procesos 
productivos y lograr una mayor eficiencia en el uso de los recursos. 
Por ejemplo, se han constatado mejoras en la lucha contra procesos de 
contaminación atmosférica, se han incorporado riegos tecnificados en 
la agricultura para hacer más eficiente el uso del agua, hay una mejor 
gestión manifiesta de recursos y residuos en los procesos productivos de 
la minería, y las nanotecnologías han contribuido mucho a los procesos 
de descontaminación.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 81
B. Políticas ambientales explícitas e implícitas1
Una estrategia nacional que incorpore de forma decidida la dimensión 
ambiental y que posibilite que esta tenga un mayor peso relativo, que 
realmente incida en la insostenibilidad del modelo de desarrollo actual y 
viabilice cambios estructurales, debería apoyarse en el reforzamiento de 
la gestión ambiental y, por ende, de las políticas ambientales explícitas e 
implícitas en los diversos sectores del aparato público. 
Si bien en la región se han desplegado varias iniciativas para revertir 
las tendencias negativas, estas solo han servido para que las tendencias de 
determinados procesos que conducen al deterioro atenúen sus pendientes 
negativas, sin modificar su signo. La mayoría de las explicaciones de 
esta situación se orientan hacia tres temas: i) la ineficiencia del aparato 
burocrático público, ii) la falta de compromiso de los sectores empresariales 
y iii) la insuficiente conciencia ambiental de la población.
Sin embargo, es necesario advertir que las explicaciones son mucho 
más complejas: la interacción de diversos factores, como las contradicciones 
ambientales del modelo económico —en particular, de los horizontes 
de planificación—, y los conflictos entre los bienes sociales y privados; 
las distintas lógicas de los actores sociales (en especial, los actores 
productivos); la coexistencia de distintos grados y tipos de conciencia de la 
población (desde la difusa hasta la crítica), y la maduración política tardía 
de los estamentos tradicionales del Poder Legislativo.
La forma en que se generan las políticas ambientales públicas 
derivadas de la aplicación de la legislación vigente y de los programas 
de gobierno constituye un tema clave que debería, de alguna manera, 
integrar y jerarquizar factores que redunden en una gestión diferente a la 
actual, en el sentido de provocar un real cambio de signo en los procesos 
ambientales negativos. Se estima que, hasta la fecha, no se ha dado a este 
tema la debida importancia como factor de impulso a la incorporación de 
la dimensión ambiental.
En general, cuando se hace referencia a la política ambiental, en los 
países de la región se asume que se habla de la política ambiental explícita, 
la declarada como tal y que se origina en los organismos centrales 
ambientales de la administración pública. Son los ministerios de medio 
ambiente o las comisiones o consejos ambientales los que generan las 
políticas explícitas. Sin embargo, es en los ministerios sectoriales, en los 
1 La noción de políticas ambientales explícitas e implícitas fue planteada por Nícolo Gligo V. (1997) 
en el marco de su ensayo “Institucionalidad pública y políticas ambientales explícitas e 
implícitas”, publicado en el número 63 de la Revista de la CEPAL (Santiago de Chile, diciembre 
de 1997). El concepto fue acogido en varios países de la región y ha resurgido recientemente, al 
igual que sus implicancias.
82 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
de economía y hacienda, y en el poder central donde se originan políticas 
ambientales implícitas, en el sentido de que, sin que lo ambiental sea su 
objetivo, tienen efectos en ese campo. Casi todas estas políticas están 
relacionadas con el crecimiento económico y algunas se vinculan con la 
temática social. En la mayoría de los casos, tienen una trascendencia que, 
hasta el momento, no ha sido lo suficientemente sopesada. Las políticas de 
crecimiento económico y las políticas sociales por lo general privilegian 
el corto plazo sobre el largo plazo, lo que hace que determinen políticas 
ambientales implícitas con efectos ambientales negativos.
Las políticas ambientales explícitas suelen ser políticas reactivas, 
ya que tratan de disminuir los efectos negativos que se generan en los 
procesos de producción y en el consumo, los efectos de la modalidad de 
desarrollo prevaleciente. Casi todos los organismos públicos ambientales de 
los países de la región son reactivos en sus políticas ambientales. Se trata 
de políticas que responden a las urgencias que surgen, principalmente, 
de la contaminación producida por la expansión urbana e industrial, la 
deforestación, la erosión de los suelos, el deterioro de los recursos del mar 
y la contaminación derivada de la actividad minera.
Existen fuerzas subyacentes que, indiscutiblemente, van mucho más 
allá de la voluntad política de los gobernantes, su ideología o la conciencia 
ambiental de la población, pues sus causas tienen raíces históricas que se 
remontan a siglos pasados. Uno de los factores subyacentes de más peso es 
el incremento de la población. Aunque la región está en una etapa definida 
como de “transición demográfica”, persiste cierto aumento poblacional que 
determina, independientemente de las tasas de crecimiento del ingreso 
y de las eventuales mejoras en su distribución —en algunos países más 
que en otros—, el aumento de las demandas económicas y sociales, y su 
consiguiente impacto ambiental2. Otro factor subyacente es la persistencia 
histórica de la desigualdad y la pobreza. La persistencia de la pobreza 
incide en una mentalidad de supervivencia, que, a su vez, condiciona una 
lógica de muy corto plazo, en la que no cabe pensar en invertir para las 
futuras generaciones. 
Casi todos los países han puesto en funcionamiento políticas 
ambientales explícitas que tienen que ver con los sistemas de evaluación 
del impacto ambiental, las normas de emisión y de calidad ambiental, y 
los planes de descontaminación, entre otras cosas. Aunque la evaluación 
del impacto ambiental podría parecer no reactiva, ya que se trata de un 
instrumento de gestión ambiental preventivo, su aplicación es de carácter 
reactivo cuando, como ocurre con mucha frecuencia, todas las decisiones 
de inversión ya han sido tomadas y, no pocas veces, las autoridades 
sectoriales o subnacionales manifiestan su apoyo a algunas iniciativas 
antes de que haya concluido el proceso de evaluación. Las evaluaciones 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 83
tratan de disminuir el impacto; en contadas ocasiones logran modificar 
sustancialmente un proyecto y, en menos oportunidades aún, los 
proyectos son rechazados. Si bien por lo general no se realizan 
evaluaciones de impacto ambiental de políticas y programas, ya se han 
ideado algunos instrumentos con este fin (por ejemplo, la evaluación 
ambiental estratégica). 
C. Políticas específicas
Otras políticas ambientales explícitas se relacionan con la conservación 
de los recursos naturales renovables, incluidos los planes de manejo. 
En general, estas son claramente reactivas. Un ejemplo clásico son las 
políticas de disminución de la deforestación de bosque nativo, que no 
han tenido éxito en los países de la región. Casi todos los países poseen 
legislaciones e instituciones para la protección forestal que definen las 
políticas ambientales explícitas. No obstante, los factores que inciden en la 
deforestación escapan al control de estas políticas explícitas. También han 
fracasado las políticas de conservación del suelo, ya que los flagelos de la 
erosión, el agotamiento de nutrientes y la salinización están presentes en 
todos los países de la región.
Las políticas de conservación de los recursos del mar están 
influidas por las amenazas de crisis sociales debidas a la disminución 
de la actividad pesquera y también por las advertencias de los científicos 
que estudian los recursos marinos. Las dificultades para que la opinión 
pública tome conciencia de los problemas relacionados con la disminución 
de estos recursos inciden para que la reactividad sea menor que en los 
casos anteriores.
Las políticas ambientales explícitas referidas a la calidad de vida 
de la población, especialmente las relacionadas con la salud (por ejemplo, 
respecto de la contaminación), surgen de los problemas cotidianos que 
enfrentan las personas con relación al consumo y en el trabajo. Estas 
quizás sean las políticas más reactivas, a causa de la presión que ejerce la 
población. Desafortunadamente, aún queda mucho para que se presione 
por la adopción de políticas más preventivas y estructuradas.
En términos generales, las políticas ambientales explícitas han tenido 
poco éxito. Pese a su reforzamiento institucional, los organismos ambientales 
del sector público, concebidos como organismos ambientales reactivos, casi 
sin excepción han navegado en aguas muy difíciles, y la mayoría se han visto 
envueltos en graves conflictos tanto con otras instancias de la burocracia 
estatal como con la sociedad civil, sobre todo con los grupos empresariales 
y con las organizaciones no gubernamentales ambientalistas. Las funciones 
asignadas a estas estructuras gubernamentales han sido claramente 
84 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
limitadas y no han podido permear en los sectores de la economía ligados a 
la actividad productiva.
Las causas del poco éxito de las políticas ambientales generadas 
por los organismos centrales referidos al medio ambiente están entonces 
relacionadas con su condición de políticas reactivas frente a modalidades 
de desarrollo que evidencian altos costos ambientales. La preocupación 
no solo se genera por el incremento del consumo, sino también por las 
modalidades de producción. Así, una tasa de inversión alta se puede 
convertir en una amenaza para los recursos del mar, para los bosques 
nativos o para los recursos hídricos.
Es obvio que las decisiones que se toman en otros ámbitos de la 
política pública, como en los sectores productivos, conllevan medidas 
que influyen en la transformación del medio ambiente y se constituyen 
en políticas ambientales implícitas. Desafortunadamente, hasta la fecha, 
existen muy pocas consideraciones sobre este tipo de políticas. 
Las políticas macroeconómicas repercuten en la situación ambiental 
en función de la persistencia o expansión de una modalidad de desarrollo 
de consecuencias abiertamente perjudiciales para el medio ambiente. No 
existen análisis profundos acerca de las políticas ambientales inducidas por 
estas políticas. En relación con esto, es posible ver los efectos ambientales 
de las políticas de promoción de las exportaciones, captación de capitales 
extranjeros y fomento de la ocupación del espacio.
Las políticas económicas sectoriales generan políticas ambientales 
implícitas de la mayor relevancia. Son los sectores productivos de la 
economía los que condicionan la inversión, el crecimiento económico y 
la transformación del medio ambiente. Son estos sectores los que tienen 
responsabilidad sobre los residuos que se generan en las actividades 
productivas que fomentan o el consumo de los productos.
Las políticas de desarrollo industrial generan un conjunto de 
políticas ambientales implícitas derivadas de varios factores, como 
insumos utilizados, procesos de transformación, generación de residuos 
y destino de los productos. Es necesario destacar que, en América Latina 
y el Caribe, existen distintos grados de efectividad de las políticas de 
desarrollo industrial. En numerosos casos, estas políticas son poco 
efectivas, pero cuando lo son, muchas contienen implícitas políticas 
ambientales de signo negativo.
Las políticas de desarrollo energético han incorporado el tema 
ambiental en alguna medida. La temprana maduración de la problemática 
ambiental derivada de las fuentes energéticas (como los efectos globales 
del consumo energético en la atmósfera) ha incidido en el grado de 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 85
incorporación de la dimensión ambiental en la planificación y gestión de la 
producción energética. 
Por otra parte, además de las preocupaciones tradicionales, como 
el impacto de las fuentes energéticas provenientes de la biomasa, de 
las represas hídricas y de la energía nuclear, hay una serie de políticas 
ambientales implícitas relacionadas con la eficiencia energética y los 
patrones de consumo que deberían rescatarse. 
Las políticas agrícolas tienen gran importancia ambiental porque 
la agricultura transforma ecosistemas vivos. Muy relevantes son los 
efectos de la expansión de la frontera agropecuaria, proceso apoyado por 
varios países mediante una serie de políticas de fomento para ocupar 
nuevos espacios, entre las que destacan los desgravámenes, la apertura 
de carreteras y los créditos agrícolas. Es evidente que las políticas de 
modernización agrícola, entendidas como la impronta de las tecnologías de 
artificialización del ecosistema, contienen políticas ambientales implícitas 
inherentes al grado de artificialización, que generalmente es alto. Las 
políticas de modernización tienden a ser de corto plazo, en función de 
la creación de agrosistemas de baja estabilidad natural. El objetivo de 
lograr una elevada productividad a corto plazo conlleva contradicciones 
ambientales de muy difícil solución. En un alto porcentaje de planes y 
programas de desarrollo agrícola, las políticas ambientales implícitas 
son de signo negativo, ya que, en estos marcos, se externalizan los costos 
ecológicos asociados a los principales procesos degradantes que afectan al 
agro, como la erosión, el agotamiento y la salinización de los suelos.
No obstante la exigencia de que sean sostenibles mediante 
políticas ambientales explícitas de regulación y control, las políticas de 
reforestación y explotación forestal, implementadas a través de créditos, 
subsidios y otros medios, generan políticas ambientales implícitas 
negativas. El caso más ilustrativo son las políticas de reforestación que 
provocan la sustitución del bosque nativo por plantaciones. Las políticas 
de reforestación que fomentan dicha sustitución conllevan de manera 
implícita una política ambiental negativa. El bosque nativo tiene múltiples 
funciones (regulador hídrico, hábitat de biodiversidad, freno a la erosión 
del suelo o aporte al paisaje, entre otras) que irremediablemente se pierden, 
ya que las plantaciones solo aportan una mínima parte de estas funciones. 
Las políticas de obras públicas conllevan políticas ambientales 
implícitas de gran relevancia. Los caminos, puentes, embalses, canales 
de riego, muelles, puertos y demás infraestructuras se traducen en 
transformaciones significativas del medio ambiente, y, aunque muchas 
de ellas se realizan con estudios de impacto ambiental, estos son solo 
correctivos. Cuando se hace ingeniería transformando el medio ambiente, 
lo que se persigue es que las modificaciones sean beneficiosas y sostenibles 
86 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
en el tiempo. En muchas ocasiones, esto se consigue, pero, en otras, la 
artificialización es negativa.
Especial mención se debe hacer de las políticas de desarrollo 
científico y tecnológico. Por una parte, la investigación científica en 
América Latina y el Caribe tiene serios rezagos, sobre todo en relación con 
el componente de biodiversidad; por la otra, la investigación tecnológica 
relacionada con el medio ambiente tiende a hacerse solo en función de 
la investigación de las tecnologías limpias, sin explorar en profundidad 
los efectos ambientales de las tecnologías de uso corriente. Otro tema 
muy descuidado es el análisis de los nuevos tipos de tecnología, con una 
capacidad cada vez mayor, por ejemplo, de cosecha de recursos naturales.
Las políticas de desarrollo urbano muestran la complejidad de un 
tema con serios rezagos en la región, donde se entremezclan políticas de 
ordenamiento urbanístico, de vivienda, de transporte, de industria, de 
centros de recreación, servicios y consumo, y de parques y jardines. Cada 
una de ellas conlleva planteamientos ambientales y, cuando se aplica, tiene 
notables repercusiones en el medio ambiente. En los últimos tiempos, sobre 
la base de la comunicación, la robótica y la automatización, ha surgido 
la idea de las “ciudades inteligentes”, que, si bien supone innovación, en 
realidad solo sirve para crear un espejismo hacia el que, teóricamente, se 
debe avanzar. Las ciudades de América Latina y el Caribe, segregadas, 
con extensas áreas de viviendas precarias (favelas o villas miserias), 
espacios de muy baja habitabilidad ocupados por poblaciones que están 
en permanente riesgo de sufrir derrumbes, inundaciones o incendios, con 
niveles de segregación social muchas veces vejatorios, están demasiado 
lejos de modelos como las ciudades inteligentes o los ecopueblos.
No cabe duda de que las políticas regulatorias de las ciudades 
generan, a su vez, políticas ambientales implícitas, que tienen distintos 
grados de articulación con las políticas ambientales urbanas explícitas. 
Algunas de ellas logran una adecuada articulación, pero otras son 
francamente contradictorias. Un ejemplo de esta contradicción es lo que 
ocurre con ciertas políticas de enajenación de parques para la ampliación 
vial o la construcción de viviendas frente a las políticas de creación y 
mejora de parques y jardines. 
El desarrollo de las grandes ciudades de la región está 
estrechamente ligado a los procesos de desarrollo industrial. Por ello, 
es necesario jerarquizar la política ambiental implícita derivada de 
la localización industrial en función del ordenamiento ambiental del 
territorio. Desafortunadamente, las políticas de localización ambiental 
en la región suelen ser un subproducto de los planes reguladores de las 
ciudades y responden muy poco a consideraciones ambientales. En los 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 87
planes de localización ambiental, se privilegian los costos de transporte, 
la disponibilidad de servicios y el acceso a mano de obra calificada, entre 
otras cosas. La dimensión ambiental está muy poco incorporada y, si se 
considera, está ligada a la disponibilidad de ciertos recursos naturales, 
como el agua.
El urbosistema que constituye la ciudad articula bienes antrópicos 
en un medio natural dado. El alto grado de complejidad de las 
estructuras y los flujos de materiales, energía e información hace que, 
en muchas ocasiones, se minimice la importancia del medio natural y se 
generen políticas urbanas implícitas de alto costo ambiental. Esto es lo 
que sucede con muchas de las políticas de expansión urbana de América 
Latina y el Caribe, donde la expansión no se realiza con criterios 
ambientales, sino que se lleva a cabo presionada por la disponibilidad 
de terrenos baratos y por la especulación del suelo urbano. Otra política 
urbana que genera una política ambiental implícita negativa es la 
referida a la construcción vial para automóviles en desmedro de las vías 
preferenciales para la locomoción colectiva. Es evidente que esta política 
genera congestión y contaminación.
El hecho de que se rescate con fuerza la importancia de las políticas 
ambientales implícitas en las políticas económicas, así como en las 
políticas de desarrollo en general, no quiere decir que estas constituyan 
una alternativa a las políticas ambientales explícitas generadas por los 
organismos ambientales. Al contrario, para avanzar por la senda de la 
efectividad, es necesario partir de la base de que ambos tipos de políticas 
se complementan.
Hay que comenzar por asumir que las políticas generadas en los 
organismos ambientales son reactivas debido al alto costo ambiental que 
tiene la aplicación de las modalidades de desarrollo predominantes en la 
región. Por ello, la solución ideal estaría basada en una transformación 
profunda de las modalidades de desarrollo, para lograr que sean 
sostenibles. No obstante, la realidad demuestra que esta utopía está 
bastante lejos de alcanzarse y que, desde un punto de vista pragmático, 
hay que tratar de avanzar lo más que se pueda con soluciones intermedias 
para modificar la tendencia actual.
El planteamiento ideal sería lograr que las políticas ambientales 
implícitas en las políticas públicas sean de signo positivo y que, de esta 
forma, contribuyan a una gestión del desarrollo sostenible desde el 
punto de vista ambiental. Este logro, que evidentemente resulta utópico, 
debería condicionar la estructuración del sistema ambiental de un país, 
sobre la base de comisiones o consejos que solo cumplan una función 
de coordinación. Allí hay que buscar la explicación de los fracasos y 
88 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
tropiezos de varias comisiones nacionales. Por esta razón, se recomienda 
buscar soluciones realistas, que crucen ambos tipos de políticas.
La casilla que aparece casi vacía en la mayoría de los países 
de la región es la que cruza el ordenamiento ambiental territorial 
(política explícita) con el desarrollo regional (política implícita). La 
expresión espacial de la imagen-objetivo del territorio de cada país, y su 
consecuente cuantificación, permite proyectar de manera desagregada 
las transformaciones sociales y ambientales, y facilita el tratamiento de 
conflictos sociales y ambientales. Además, para configurar esta imagen-
objetivo, el ordenamiento ambiental territorial no solo se cruza con el 
desarrollo regional, sino que, si lo que se busca es su efectividad, debe 
cruzarse con todos los sectores productivos.
Otro cruce que es urgente efectuar es el de la política de fomento 
a las exportaciones (política ambiental implícita) con la evaluación de 
impacto ambiental (política explícita). La presión sobre ciertos recursos 
—en especial, los renovables—, en una economía que privilegia las 
exportaciones, exige marcar esta casilla.
Los procesos que se dan en el espacio rural son básicos para la 
conservación de los recursos naturales renovables. Por esta razón, las 
políticas ambientales implícitas en las políticas de desarrollo rural deberían 
tener mayor jerarquía. La expansión de la frontera agropecuaria es una 
de estas políticas que tiene especial relevancia y debe cruzarse con varias 
políticas explícitas, como las políticas de lucha contra la desforestación, 
contra la erosión y contra la desertificación, y las políticas de conservación 
de la biodiversidad.
Con relación a los sectores de la economía, se reitera la importancia 
de sus políticas implícitas y la necesidad de intensificar la incorporación 
de la dimensión ambiental. Además, se hace necesario que los distintos 
sectores de la economía se incorporen a los intentos de ordenamiento 
ambiental territorial y que, al margen de intensificar las evaluaciones de 
impacto ambiental de los proyectos (en la mayoría de los casos se analizan 
solo los grandes proyectos), se evalúe el impacto de los distintos programas 
y líneas de acción.
Cuando se trata de hacer modificaciones a las estructuras 
referidas a las políticas ambientales del sector público, surgen tres 
aspectos básicos. El primero tiene relación con un quehacer más 
complejo, derivado de la necesidad de hacerse cargo de alguna de las 
políticas ambientales implícitas; en especial, las referidas al crecimiento 
económico. Este es el desafío fundamental para los próximos años. La 
creciente complejidad del tema ambiental y la amenaza de que este se 
convierta en el talón de Aquiles de las economías exige superar la etapa 
de estructuras institucionales públicas que responden a los problemas 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 89
de un determinado momento y que, en consecuencia, son meramente 
reactivas. Es necesario enriquecer el debate sostenido hasta la fecha, 
referido a las funciones de las instituciones ambientales de coordinación 
frente a las de ejecución, tratando de abordar con seriedad el cruce 
de las políticas ambientales implícitas en las políticas de desarrollo, 
especialmente económico, con las políticas ambientales explícitas.
El segundo aspecto básico se refiere a los procesos que tienen 
factores exógenos que podrían “obligar” a tomar medidas, aunque no 
hubiese voluntad política para hacerlo. Estos factores exógenos son los 
relacionados con el comercio internacional y con algunos compromisos 
internacionales asumidos por cada país. La gran minería de la región, por 
ejemplo, cada vez está más regulada desde el punto de vista ambiental por 
las demandas del comercio internacional. Algo similar sucede en algunas 
exportaciones industriales y con mucha fuerza en las exportaciones de los 
sectores forestal, agroindustrial y acuícola.
El tercer aspecto que hay que considerar se refiere a la conciencia 
de la ciudadanía y a la presión de la población. Los sucesos cada vez más 
frecuentes de contaminación hídrica, atmosférica y de los suelos han 
despertado conciencia en cuanto a sus efectos nocivos sobre el bienestar, lo 
que se traduce en una creciente presión de la población para solucionarlos. 
Por esta razón, los procesos de desarrollo urbano y de desarrollo industrial 
se ven sometidos a cada vez más exigencias ambientales. No sucede lo 
mismo con el espacio rural y el espacio marítimo, donde se dan procesos 
de difusa extensión y, en algunos casos, de difícil percepción debido a los 
amplios lapsos. No cabe la menor duda de que a estos procesos debería 
brindárseles una atención preferencial, tanto en las políticas como en una 
institucionalidad ambiental ad hoc.
La generación de instancias que crucen las políticas implícitas con 
las políticas explícitas se vería favorecida por una institucionalidad que 
contara con: i) una instancia del más alto nivel para abordar las políticas 
de desarrollo integral y las políticas ambientales; ii) instancias técnicas de 
la más alta independencia de los poderes políticos y de grupos de intereses 
privados, y iii) una instancia ambiental que incluya a una parte de los 
sectores productivos ligados a los recursos naturales renovables.
D. Armonización de políticas públicas
En línea con lo expuesto, donde se destaca el peso de las políticas ambientales 
implícitas, que tienden a prevalecer sobre las políticas ambientales 
explícitas, y la necesidad de un cruce entre unas y otras, cabe reiterar que 
la dinámica de degradación de los recursos naturales —particularmente, 
las tierras, el agua y la biodiversidad— es el resultado de factores complejos 
90 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
desencadenados y sostenidos por procesos naturales y, cada vez más, por 
la acción antrópica, incluido el propio cambio climático. En el origen y 
la evolución de dicha dinámica incide una amplia gama de estrategias 
sectoriales y territoriales. Las políticas públicas derivadas de esas estrategias 
no siempre son armónicas y, a veces, sus fines y efectos son divergentes; en 
pocas ocasiones, son convergentes o sinérgicos, y sus efectos pueden ser 
positivos o negativos.
En este marco, se plantea la necesidad de emprender acciones 
dirigidas a la armonización de políticas públicas que, tras la 
identificación de eventuales conflictos entre los objetivos de dichas 
políticas, así como las redundancias y los posibles vacíos para la 
consecución del desarrollo sostenible, concluyan en propuestas de 
reformas legales. Una cartera de propuestas de reformas fundamentales, 
formuladas de manera participativa, debe contribuir al desarrollo 
ambientalmente sostenible con descentralización, fortalecimiento 
institucional y movilización de recursos.
Capitulo X
Las comunidades indígenas y campesinas  
y el desarrollo sostenible
Sin duda, los avances en el reconocimiento de los derechos de los pueblos 
indígenas, tanto en el plano nacional como internacional, han sido fruto de 
un largo camino, de un proceso que no ha sido fácil y que continúa hasta 
hoy. Esto ha dado lugar a formas novedosas de organización y participación. 
En especial, es incuestionable el protagonismo de las mujeres indígenas y de 
sus organizaciones en los procesos de cambio que se han dado en la relación 
entre los pueblos indígenas y los Estados, y, en la actualidad, las demandas se 
centran en las profundas desigualdades étnicas, de género y generacionales 
que las afectan. El eje central en torno al cual ha girado esta lucha en las últimas 
décadas es el reconocimiento de sus identidades distintivas como sujetos de 
derechos colectivos y, entre estos, principalmente el derecho a ejercer la libre 
determinación, la propiedad colectiva del territorio y la participación política. 
Fueron esas luchas, precisamente, las que permitieron articular procesos 
de reconstitución colectiva como pueblos y reivindicar sus conocimientos 
tradicionales, su espiritualidad y sus instituciones (CEPAL, 2014).
Sobre la base de censos y estimaciones, se ha determinado que, 
alrededor de 2010, América Latina y el Caribe contaba con una población 
indígena cercana a los 45 millones de personas y que esta población se 
caracterizaba por su gran heterogeneidad (véase el cuadro X.1). En un 
extremo se ubican México y el Perú, donde la población indígena es de casi 
17 millones y 7 millones, respectivamente, y en el otro se encuentran Costa 
Rica y el Paraguay, con poco más de 100.000 personas indígenas cada uno, y 
el Uruguay, donde viven casi 80.000 indígenas. En el gráfico X.1 se muestra la 
proporción de población indígena existente, entre 2010 y 2012, en cada uno de 
los 17 países de América Latina analizados (CEPAL, 2014)1.
1 Cabe destacar que la condición de indígena y la pertenencia a una determinada etnia declarada en los censos es, en 
general, producto de la propia percepción del encuestado, quien declara su autoadscripción a una cultura o pueblo. 
En el citado estudio (CEPAL, 2014), se indica que, en los censos de prácticamente todos los países, formulando las 
preguntas de distinta manera, se hace referencia a la dimensión “de reconocimiento de la identidad” y al “sentido 
de pertenencia” a un pueblo o “categoría” étnico-racial. Si bien las expresiones que se utilizan no son equivalentes 
desde el punto de vista de su significado literal, constituyen la forma más directa e imparcial de formular la 
pregunta sobre el origen étnico de las personas. La excepción es el Uruguay, el único país que hace referencia 
exclusivamente a la dimensión de los ancestros comunes, al indagar si la persona “cree tener ascendencia”.
92 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Cuadro X.1 
América Latina (17 países): población total e indígena, según censos y estimaciones, 
alrededor de 2010a
(En número de personas y porcentajes)
País y año censal Población total
Población 
indígena total 
Población indígena
(en porcentajes)
Resultados
Argentina, 2010 40 117 096 955 032 2,4
Brasil, 2010 190 755 799 896 917 0,5
Chile, 2012b 16 341 929 1 805 243 11,0
Costa Rica, 2011 4 301 712 104 143 2,4
Ecuador, 2010 14 483 499 1 018 176 7,0
México, 2010c 112 336 538 16 933 283 15,1
Panamá, 2010 3 405 813 417 559 12,3
Paraguay, 2012d 6 232 511 112 848 1,8
Uruguay, 2011e 3 251 654 76 452 2,4
Venezuela (República Bolivariana de), 2011 27 227 930 724 592 2,7
Estimaciones a 2010f
Bolivia (Estado Plurinacional de) 9 995 000 6 216 026 62,2
Colombia 46 448 000 1 559 852 3,4
El Salvador 6 218 000 14 408 0,2
Guatemala 14 334 000 5 881 009 41,0
Honduras 7 619 000 536 541 7,0
Nicaragua 5 813 000 518 104 8,9
Perúg 29 272 000 7 021 271 24,0
Total 538 153 481 44 791 456 8,3
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Los pueblos indígenas en 
América Latina: avances en el último decenio y retos pendientes para la garantía de sus derechos 
(LC/L.3902), Santiago, 2014.
a Hay censos y estimaciones posteriores al estudio en el que se basa este cuadro (CEPAL, 2014) que 
arrojan cifras diferentes respecto de la población indígena para algunos de estos 17 países (en algunos 
casos, las diferencias son significativas). Se debe destacar el caso de México, donde la población 
indígena, según la Encuesta Intercensal 2015 del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI), 
ascendería a 25 millones de personas, cifra casi un 50% superior a la del Centro Latinoamericano 
y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la Comisión Económica para América 
Latina y el Caribe (CEPAL) (INALI, 2019).
b  Si bien estos son los resultados del censo de 2012, debido a problemas de calidad, el Gobierno actual 
no lo considera oficial. Cabe señalar que la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional 
(CASEN) arrojó un 8,1% de población indígena para 2011. 
c  Debido a que la pregunta sobre pertenencia étnica se aplicó a la población de 3 años y más, se asignó la 
condición indígena a los menores de 3 años cuando el jefe del hogar o su cónyuge se declararon indígenas. 
d  Corresponde a los resultados preliminares del censo indígena. Falta sumar la cifra de población indígena 
captada en el censo general, que aún no se encuentra disponible. 
e  La pregunta sobre reconocimiento de ascendencia con categorías de respuesta múltiples arroja un total 
indígena de 159.319 personas. 
f  En el caso de estos países, aún no se dispone de resultados censales de la década de 2010. Por lo 
tanto, se tomaron los porcentajes de población indígena derivados del último censo disponible y se 
aplicaron a la población total estimada a 2010, sobre la base de las estimaciones de población que 
elabora el CELADE-División de Población de la CEPAL (véase CELADE, 2013). 
g  El censo de 2007 incluyó solo el idioma materno, por lo que se estimó la población indígena con el 
siguiente criterio: cuando el jefe del hogar o su cónyuge declararon hablar un idioma indígena, a todos 
los miembros del hogar se les asignó la condición indígena.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 93
Gráfico X.1 
América Latina (17 países): población indígena, 2010-2012a
(En millones de personas)
0
2
4
6
8
10
12
14
16
18
A
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Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de CEPAL, “cuadro J.1”, 
Los pueblos indígenas en América Latina: avances en el último decenio y retos pendientes para la 
garantía de sus derechos (LC/L.3902), Santiago, 2014.
a  Hay censos y estimaciones posteriores al estudio en el que se basa este gráfico (CEPAL, 2014) que 
arrojan cifras diferentes respecto de la población indígena para algunos de estos 17 países (en algunos 
casos, las diferencias son significativas). Se debe destacar el caso de México, donde la población 
indígena, según la Encuesta Intercensal 2015 del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI), 
ascendería a 25 millones de personas, cifra casi un 50% superior a la del Centro Latinoamericano 
y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la Comisión Económica para América 
Latina y el Caribe (CEPAL) (INALI, 2019).
b  Si bien estos son los resultados del censo de 2012, debido a problemas de calidad, el Gobierno actual 
no lo considera oficial. Cabe señalar que la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional 
(CASEN) arrojó un 8,1% de población indígena para 2011. 
c  Debido a que la pregunta sobre pertenencia étnica se aplicó a la población de 3 años y más, se asignó la 
condición indígena a los menores de 3 años cuando el jefe del hogar o su cónyuge se declararon indígenas. 
d  Corresponde a los resultados preliminares del censo indígena. Falta sumar la cifra de población indígena 
captada en el censo general, que aún no se encuentra disponible. 
e  La pregunta sobre reconocimiento de ascendencia con categorías de respuesta múltiples arroja un total 
indígena de 159.319 personas. 
En la región se han podido contabilizar 826 pueblos indígenas y aquí 
también el panorama es muy diverso: en un extremo se ubica el Brasil (con 
305 pueblos indígenas), seguido de Colombia (102), el Perú (85) y México (78), 
y en el otro están Costa Rica y Panamá (con 9 pueblos indígenas cada uno), 
El Salvador (3) y el Uruguay (2). Muchos pueblos indígenas se encuentran 
en peligro de desaparición física o cultural, como se ha podido observar 
en Bolivia (Estado Plurinacional de), el Brasil, Colombia y el Perú. Para 
completar el panorama, se estima que existen alrededor de 200 pueblos 
indígenas en aislamiento voluntario en Bolivia (Estado Plurinacional de), el 
Brasil, Colombia, el Ecuador, el Paraguay, el Perú y Venezuela (República 
Bolivariana de), que, debido a la presión ejercida sobre los recursos naturales 
94 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
de sus territorios o zonas cercanas, se encuentran en una situación de 
extrema vulnerabilidad. De acuerdo con las estimaciones de Denevan 
(1976), han tenido que pasar más de 500 años para que la población indígena 
vuelva a aproximarse a las cifras estimadas en el momento de la llegada de 
los conquistadores europeos (véase el gráfico X.2).
Gráfico X.2 
América: población indígena estimada, 1492
(En porcentajes de la población total)
7,7
37,3
9,9 10,2
20,1
14,6
0
5
10
15
20
25
30
35
40
Canadá y
Estados Unidos
México Centroamérica El Caribe Países
andinos
Tierras bajas de
América del Sur
M
ill
on
es
 d
e 
pe
rs
on
as
Fuente: W. Denevan (ed.), The Native Population of the Americas in 1492, Madison, University of Wisconsin 
Press, 1976. 
En los últimos años, las comunidades indígenas han encontrado 
distintas maneras de expresarse, e incluso se ha visto el surgimiento de un 
eco de esta dinámica en los foros internacionales. En 1991, la Organización 
Internacional del Trabajo (OIT) codificó el Convenio sobre Pueblos 
Indígenas y Tribales, 1989 (núm. 169)2. El Convenio fue reforzado por la 
Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos 
Indígenas de 2007, en cuyo artículo 32 se establece lo siguiente: 
1) Los pueblos indígenas tienen derecho a determinar y elaborar 
las prioridades y estrategias para el desarrollo o la utilización de 
sus tierras o territorios y otros recursos. 
2) Los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con 
los pueblos indígenas interesados por conducto de sus propias 
instituciones representativas a fin de obtener su consentimiento 
libre e informado antes de aprobar cualquier proyecto que 
afecte a sus tierras o territorios y otros recursos, particularmente 
en relación con el desarrollo, la utilización o la explotación de 
recursos minerales, hídricos o de otro tipo. 
2 Adoptado en 1989 y en vigor desde el 5 de septiembre de 1991. Es vinculante para los Estados 
que lo ratificaron.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 95
En la mencionada Declaración, también se afirma que “los pueblos 
indígenas, en ejercicio de su derecho a la libre determinación, tienen 
derecho a la autonomía o al autogobierno en las cuestiones relacionadas 
con sus asuntos internos y locales, así como a disponer de los medios para 
financiar sus funciones autónomas” (Naciones Unidas, 2007). Asimismo, 
en 2018, las Naciones Unidas adoptaron la Declaración de las Naciones 
Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que 
Trabajan en las Zonas Rurales (Naciones Unidas, 2018). 
Es urgente plantearse si hay caminos alternativos para 
emprender la discusión sobre las distintas comunidades. ¿Habrá otros 
conocimientos y capacidades que puedan basarse en modelos diferentes 
para formular políticas idóneas a la hora de avanzar en una dirección 
capaz de enfrentar las crisis venideras? Esta discusión requiere un 
punto de partida muy diferente: aunque el mundo latinoamericano y 
caribeño está compuesto por los Estados nación miembros del sistema 
de las Naciones Unidas y de la Comisión Económica para América 
Latina y el Caribe (CEPAL), en casi todos existe una gran variedad de 
culturas, sociedades y comunidades, muchas de las cuales se organizan 
al margen de la sociedad nacional. Estas comunidades se denominan 
de distinta manera en cada país, pero muchas se caracterizan por 
haber sufrido decenios —si no siglos— de discriminación, exclusión 
o inclusión lesiva que las han dejado al margen de una participación 
efectiva en la formación de las naciones en las que habitan.
La gran diversidad de culturas que han sobrevivido desde la conquista, 
o que se han forjado y fortalecido desde entonces, ha generado una amplia 
gama de visiones de cómo organizarse y cómo relacionarse con el entorno 
natural. De igual manera, gran parte de la población campesina en la región 
tiene sus propias respuestas para el avance hacia una sociedad sostenible. 
Aunque muchas de estas comunidades no tuvieron la oportunidad de 
expresarse en épocas pasadas, ahora hay nuevos movimientos sociales 
que reflejan un anhelo de superar su aislamiento y su sometimiento con 
proyectos propios para la construcción de sociedades diferentes, capaces de 
proteger sus valores culturales, de construir instituciones que respondan a 
sus necesidades, de organizar formas de garantizar su bienestar material y 
social, y de asegurar el equilibrio de su entorno natural. Se trata del “buen 
vivir”, que ya fue abordado en este documento3.
3 Respecto del “buen vivir”, cabe destacar que, según Gudynas (2011, citado en Gudynas (2016)), 
en América del Sur existen lo que podría llamarse distintas “versiones”, como la del suma qamaña 
(aymaras, Estado Plurinacional de Bolivia), el sumak kawsay (quechuas, Ecuador), el shiir waras 
(achuar, Amazonia ecuatoriana) y el ñande reko (guaraníes, Estado Plurinacional de Bolivia y 
Paraguay). Por otra parte, entre las manifestaciones de la gran diversidad de culturas en la 
región, también se han hecho presentes las cosmovisiones Abya Yala (Panamá) y Comunalidad 
(México), que persisten en América Latina y el Caribe y ofrecen propuestas holísticas para 
organizar la vida social y productiva.
96 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Quizás la implicación más importante de esta visión alternativa de 
las sociedades de la región es la urgencia de abandonar la idea de políticas 
nacionales o regionales para el desarrollo económico o el medio ambiente. 
Habrá una gran necesidad de impulsar estrategias más acordes con la 
composición social y cultural de las regiones, y con miras al abastecimiento 
interno y a la conservación y rehabilitación de los ecosistemas.
Las alternativas a los sistemas globalizados que alimentan 
cadenas complejas de abasto para mercados internacionales serían el 
fortalecimiento y la promoción de diversos sistemas locales de gestión 
de las tierras para la producción de alimentos y otros insumos. Estas 
alternativas tienen la ventaja de promover estructuras sociales que 
refuerzan las iniciativas de las comunidades de fortalecerse y generar 
mecanismos que promueven sus capacidades de gobernanza y autonomía. 
Asimismo, serían congruentes con las políticas de reducir los daños 
ecológicos de los procesos de especialización geográfica que requieren de 
mayores desplazamientos. En este sentido, dos sectores importantes —la 
agroecología y la agricultura campesina—están avanzando en el plano 
internacional para promover la autosuficiencia alimentaria a nivel tanto 
local como regional. Otra área relacionada con la producción primaria 
es el manejo forestal. Algunos campesinos latinoamericanos han sido 
señalados como líderes mundiales en los programas de explotación y 
conservación de áreas boscosas, mientras que la tendencia regional es a 
la deforestación de estas áreas, para convertirlas en plantaciones y hatos 
ganaderos. Esta práctica tendría que revertirse como parte de cualquier 
programa ambientalmente coherente.
En el ámbito urbano industrial, el reto empieza con los patrones 
de consumo y la responsabilidad de la sociedad de emprender acciones 
más contundentes para reorganizar el uso del espacio. Cualquier modelo 
coherente de desarrollo sostenible tendría que empezar por revertir la aguda 
concentración de la riqueza y el ingreso en la sociedad; pretender avanzar 
en un camino hacia un modelo más “suave” sin enfrentar este problema 
es absurdo. Las libertades de las que actualmente gozan quienes disfrutan 
de recursos ilimitados imponen una carga en términos de mala calidad 
del ambiente y los servicios sociales que no es abordable sin una profunda 
reforma fiscal. Sin embargo, discutir este tema como si fuera solamente 
un problema de justicia social es desentenderse de sus implicaciones en 
lo referente a la calidad de vida y la problemática ambiental. La actual 
polarización de la sociedad en la región refuerza los patrones de actividad 
económica y social de todas las dimensiones de la vida.
Capítulo XI
Enfrentar el cambio climático considerando  
la incidencia de la gestión de  
los recursos naturales
El cambio climático es uno de los principales problemas a los que se 
enfrenta el mundo. Los estudios científicos han avalado los dramáticos 
cambios, relacionados especialmente con los fenómenos meteorológicos 
extremos, que ha tenido que soportar el planeta. En la actualidad, muy 
pocos ponen en duda estos procesos. La toma de conciencia mundial ha 
sido liderada por los países desarrollados, sobre todo los europeos.
Existe una estrecha relación entre pobreza, migraciones y cambio 
climático. En un discurso que ya tiene décadas, se afirma que los pobres 
son los que sufren de peor manera las consecuencias de la degradación 
ecológica, y ahora son víctimas de los efectos del cambio climático. Las 
personas más pobres suelen ocupar espacios de baja calidad ambiental y 
mucho riesgo, así como tierras agrícolas pobres y degradadas, son muy 
susceptibles a la variabilidad climática y se ven impulsadas a emigrar 
para encontrar empleo y otras formas de sustento cuando la situación 
se vuelve difícil. El cambio climático exacerba el deterioro ambiental 
y la precariedad, por lo que se podría esperar un incremento de las 
migraciones a mediano plazo.
En lo que respecta a las diferencias de género, las mujeres pobres 
de América Latina y el Caribe, que ya de por sí se encuentran en una 
situación más desfavorable, se ven aún más afectadas. La Comisión 
98 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) saluda en sus 
estudios las iniciativas que se llevan a cabo en la región para eliminar la 
brecha de género, aunque reconoce que los efectos son heterogéneos y que 
se trata de un área de trabajo donde hay bastantes lagunas de información 
y espacios amplios de acción pública.
La región no se ha quedado al margen de esta toma de conciencia 
respecto del cambio climático. Sin perjuicio de lo importante que 
es esta concientización, parecería que el énfasis que se le ha dado 
al fenómeno y a sus efectos en escenarios de mediano y largo plazo 
podría estar dejando en la sombra algunos de los principales problemas 
relacionados con la conservación de los bienes y servicios de la 
naturaleza. Las numerosas campañas sobre la lucha contra los gases 
de efecto invernadero no se condicen, en general, con la importancia 
que debería darse a la erosión del suelo, a la desforestación o a otros 
procesos de degradación que están en el origen de las causas del 
calentamiento global. La degradación de las tierras y de los ecosistemas 
está contribuyendo a las emisiones de gases de efecto invernadero. 
Sin embargo, en el manejo sostenible de dichos recursos hay un gran 
potencial de mitigación y secuestro de gases de efecto invernadero, 
cosa que ha venido reconociéndose cada vez más.
Este impulso mundial y esta toma de conciencia deberían 
aprovecharse para que, amén de las soluciones de mitigación de los gases 
de efecto invernadero y de adaptación al cambio climático, se viertan 
los esfuerzos hacia la conservación de los bienes de la naturaleza de 
América Latina y el Caribe. Hay que tener presente que, en realidad, el 
cambio climático no es más que la expresión mundial de una modalidad 
de desarrollo depredadora y agotadora en donde convergen las formas 
de insostenibilidad determinadas por ella.
La principal causa de las migraciones es la pobreza, en la que 
inciden, de manera significativa, la sequía y la degradación de las 
tierras. Es posible que las variaciones en el clima —como las causadas 
por los fenómenos El Niño-Oscilación del Sur y La Niña, que podrían 
estar intensificándose por el cambio climático—estén entre las causas de 
los movimientos poblacionales debidos a sequías o inundaciones, pero 
ello tiene una importancia mucho menor que la expulsión poblacional 
derivada de la pobreza y de la búsqueda de nuevos horizontes (sin dejar 
de reconocer que el cambio climático puede exacerbar la pobreza). 
Los estudios sobre el cambio climático se centran básicamente en 
comparaciones sobre un año base y proyecciones acordes a los escenarios 
definidos por el incremento de temperaturas respecto de la época 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 99
preindustrial, y, según el modelo que se utilice, proyecciones a 2030, 2050 
y 2100. No está claro en qué medida estas proyecciones se apartan de la 
realidad, pues omiten el hecho de que la mayoría de los territorios de la 
región están sometidos a procesos significativos de alteración y deterioro. 
Por ello, es prioritario que se estudien las tendencias de esos procesos en 
los países de la región y se realicen las estimaciones acordes a ellas. Eso se 
traducirá en la formulación de políticas destinadas a revertir los procesos 
de degradación. Los estudios sobre el cambio climático señalarán como 
este influye, según los escenarios climáticos definidos, en la modificación 
para bien o para mal de esos procesos.
Ello lleva a analizar las políticas de mitigación y adaptación al 
cambio climático. Varios países de la región han implementado medidas 
para mitigar sus emisiones de gases de efecto invernadero. Hay que 
tener presente que las modificaciones de las matrices energéticas se han 
producido, fundamentalmente, por la evolución de las tecnologías y los 
cambios a los que ello ha dado lugar en el mercado de las tecnologías 
energéticas no convencionales, más que por las políticas públicas 
implementadas en los países de América Latina y el Caribe. Las 
modificaciones de la matriz energética deberán cambiar las proyecciones 
de costo para combatir el cambio climático.
La adaptación al cambio climático debería convertirse en un 
tema prioritario en la región. Las actuales contribuciones nacionales 
de América Latina y el Caribe a la mitigación no son relevantes, salvo 
en el caso del Brasil y los demás países que comparten la cuenca del 
río Amazonas. El problema fundamental es la adaptación al cambio 
climático, un tema cuyas implicaciones para la región prácticamente no 
se han abordado en su totalidad. No obstante, muchas de las acciones 
de adaptación también contribuirán a la mitigación y al secuestro de 
gases de efecto invernadero. El predominio de una lógica productiva 
muy cortoplacista, derivada de las estructuras económicas y sociales 
existentes, influye para que no se tenga en cuenta el mediano y largo 
plazo. Las empresas deben competir hoy y los campesinos deben 
sobrevivir salvando el año. Muy pocos pueden mirar al futuro. Por 
otra parte, los gobiernos solo han realizado llamados de atención sobre 
el tema; las asignaciones presupuestarias para la adaptación han sido 
claramente marginales o no han existido.
Cabe destacar la importancia que en América Latina y el Caribe 
tiene la agricultura familiar, sector clave para lograr la seguridad y la 
soberanía alimentarias, y emprender el camino hacia sistemas agrícolas 
sostenibles en la región y el mundo. Según un análisis de la Organización 
de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) 
100 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
publicado en 2014, en torno a 2010, había 16,6 millones de unidades 
agrícolas familiares en la región: 1,5 millones en el Caribe, 5,9 millones en 
México y Centroamérica, 4,1 millones en los países andinos y 5,2 millones 
en los países del Cono Sur (véase el cuadro XI.1). Las proporciones van 
del 79% al 88% del número de explotaciones agrícolas totales (FAO, 2014).
Cuadro XI.1 
América Latina y el Caribe: proporción de unidades agrícolas familiares  
en el universo de explotaciones, según subregiones, 2007-2012a
Subregión/país Explotaciones agrícolas(en número)
Unidades agrícolas familiares
(en número) (en porcentajes)
Total 20 414 539 16 596 837 81,3
El Caribe 1 704 651 1 507 757 88,4
Centroamérica y México 7 486 831 5 883 205 78,6
Países andinos 5 078 283 4 051 342 79,8
Cono Sur 6 144 774 5 154 533 83,9
Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Agricultura 
familiar en América Latina y el Caribe: recomendaciones de política, Santiago, 2014.
a Las cifras corresponden a diversos años, dependiendo del país.
Capítulo XII
Acuerdos multinacionales para el manejo  
de ecosistemas compartidos
Es posible potenciar muchas de las medidas expuestas en esta publicación 
impulsando y concretando acuerdos sobre los diversos e importantes 
ecosistemas compartidos que existen en la región. La colaboración puede 
proyectarse, en primer lugar, a través de una investigación científica 
que muestre el acervo que poseen estos ecosistemas y, en particular, 
los comportamientos de sus atributos, así como los efectos que tienen 
las poblaciones que los utilizan y ocupan. Por otra parte, se debería dar 
importancia a los instrumentos jurídicos con los que cuenta cada país a la 
hora de elaborar convenios vinculantes para el buen uso de estos ecosistemas.
Se trata de establecer acuerdos de planificación y gestión ambiental 
conjunta de ecosistemas y espacios compartidos por distintos países: 
cuencas, ecosistemas de altura, golfos, bahías y cualquier lugar donde 
ocurran procesos de transformación significativos. Entre los espacios 
más relevantes, se pueden mencionar las selvas tropicales de México 
y Centroamérica, los ecosistemas marinos compartidos del Caribe, el 
golfo de Fonseca, el Tapón del Darién, la Orinoquia, la cuenca del río 
Amazonas, la cuenca del Río de la Plata, el Gran Chaco argentino-
boliviano-paraguayo, la Puna peruana-boliviana-chilena-argentina, el 
desierto peruano-chileno, y la Patagonia chilena-argentina y los campos 
de hielo australes.
Las acciones multilaterales de las Naciones Unidas han tenido gran 
importancia desde el fin de la segunda guerra mundial. En la mayoría de 
sus éxitos, podría decirse que las que han triunfado han sido las ideas, 
102 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
más que las acciones. La promoción del concepto de “desarrollo” y, ahora, 
de “desarrollo sostenible” podría catalogarse como dos de estos éxitos, aun 
cuando algunos duden de la magnitud de los beneficios reales alcanzados. 
El caso de Raúl Prebisch y la Comisión Económica para América Latina 
y el Caribe (CEPAL) en la década de 1950 también podría verse como 
un éxito, ya que muchas industrias locales fueron favorecidas en todo el 
mundo. Sin duda, el papel del multilateralismo como inductor de ideas es 
posible y es efectivo.
En esa línea, se podría alegar que actualmente las Naciones Unidas 
están en deuda en lo que respecta a la generación de ideas que afronten 
la realidad de la biósfera. En el caso de América Latina y el Caribe, es 
evidente que esta realidad no está conduciendo al bienestar de la región. 
Los problemas políticos y sociales de los países más ricos y las migraciones 
masivas desde África y Asia hacia Europa también ponen de manifiesto que 
los conceptos de desarrollo y neoliberalismo han fracasado. En los estudios 
más recientes acerca del cambio climático y el estado de la biodiversidad, 
se establece que las actuales circunstancias de vida están a punto de 
modificarse radicalmente. En relación con ello, el caso de la Amazonia, tal 
vez el más grave del planeta, concierne directamente a la CEPAL.
En el caso específico de América Latina y el Caribe, todavía hay una 
alternativa idealista al multilateralismo que radica en el concepto, siempre 
atractivo desde el punto de vista emocional, de la “Patria Grande”, al que 
no se le pueden negar sus posibilidades a largo plazo. Cualquier esfuerzo 
que la CEPAL haga para mejorar la situación actual podría considerarse 
en el futuro como precursor de esta solución —una Patria Grande 
latinoamericana y caribeña—, que para algunos es definitiva.
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La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 107
Reseña biográfica de los autores
Nicolo Gligo Viel
Nacido en Punta Arenas (Chile), es ingeniero agrónomo egresado de la 
Universidad de Chile y tiene dos posgrados cursados en Italia en 1963 y 
1964. Posee también nacionalidad croata.
Ha obtenido diversos galardones: Premio Academia, de la Academia 
Chilena de Ciencias Agronómicas, 2017; premio Espiga de Oro, 2008, y 
premio Francisco Rojas, Actividad Pública, 2007, ambos del Colegio de 
Ingenieros Agrónomos de Chile; Premio Nacional de Medio Ambiente 
2001 de Chile; premio Conservar el Futuro, 1984, de la Argentina, y premio 
del Centro de Acción Latina, 1964, de Roma.
Ejerció distintos cargos directivos de relevancia en el Ministerio 
de Agricultura de Chile, en particular en el Instituto de Desarrollo 
Agropecuario (INDAP). Fue director ejecutivo del Instituto de Investigación 
de Recursos Naturales (IREN) de Chile. Durante 20 años fue funcionario 
de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 
y por 9 años se desempeñó como coordinador de la Unidad de Desarrollo 
y Medio Ambiente de la Comisión.
Ha sido profesor invitado de numerosas universidades 
latinoamericanas y de España, profesor de la Universidad de Chile y 
profesor titular del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad 
de Buenos Aires. Durante 20 años ha sido director del Informe País: 
Estado del Medio Ambiente en Chile. Es director del Centro de Análisis de 
Políticas Públicas (CAPP), del Instituto de Asuntos Públicos (INAP) de la 
Universidad de Chile.
Es Académico de Número de la Academia Chilena de Ciencias 
Agronómicas, de la que fue presidente durante cinco años, y académico 
correspondiente de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente y de 
la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria de la Argentina.
Es autor de 135 publicaciones, incluidos libros y artículos de libros, 
de revistas y otros artículos.
Gisela Alonso Domínguez
Nacida en Cuba, es licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad 
de La Habana. Realizó estudios de posgrado en el Centro Nacional 
de Investigaciones Científicas de Cuba y en el Centro Nacional de 
Investigación Científica de Francia, y es doctora en Ciencias Biológicas. 
Además, es profesora titular adjunta de la Universidad de La Habana.
108 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Ha recibido los siguientes galardones: Orden Carlos J. Finlay, 
otorgado por el Consejo de Estado de la República de Cuba; Premio 
Nacional de Medio Ambiente de Cuba, 2014. Es Miembro de Honor de la 
actual Academia de Ciencias de Cuba.
Fue directora de Ciencia y Técnica y de Recursos Naturales y 
Turismo de la Academia de Ciencias de Cuba, y directora de Política 
Ambiental y presidenta de la Agencia de Medio Ambiente del Ministerio 
de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.
Presidió e integró delegaciones oficiales de Cuba en múltiples 
conferencias y convenciones ambientales sobre temas como desertificación 
y sequía, cambio climático y diversidad biológica, seguridad alimentaria 
y el Protocolo de Montreal relativo a las Sustancias que Agotan la Capa 
de Ozono. Acudió como invitada especial a las reuniones de la Red de 
Mujeres Ministras para el Medio Ambiente, en Helsinki y Nairobi, y a 
la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe. 
Se desempeñó como asesora en la elaboración del Informe Regional sobre 
Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe. Progreso multidimensional: 
bienestar más allá del ingreso.
David Barkin
Nacido en Nueva York, tiene un doctorado en Economía por la 
Universidad de Yale y es profesor distinguido en la Universidad Autónoma 
Metropolitana (UAM) de México. Recibió el Premio Nacional de Economía 
Política de México.
Es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias e investigador 
emérito del Sistema Nacional de Investigadores. La Fundación Alexander 
von Humboldt de Alemania le otorgó la Cátedra Georg Forster por tres 
años para realizar investigaciones sobre el impacto del cambio climático. 
Sus análisis de la dinámica social y productiva en el campo mexicano 
contribuyeron a orientar los trabajos del Centro de Ecodesarrollo y hasta 
el presente siguen guiando la labor de los investigadores en temas rurales. 
Colabora con comunidades indígenas y campesinas para forjar sociedades 
poscapitalistas mediante la creación de nuevas formas de convivencia 
y la transformación de patrones de consumo para avanzar hacia un 
mundo del “buen vivir”. Promueve capacidades de autogestión y manejo 
de ecosistemas, así como la autosuficiencia de necesidades básicas y la 
diversificación productiva para mejorar la calidad de vida.
Entre sus libros se destacan: Los beneficiarios del desarrollo regional (1972); 
Riqueza, pobreza y desarrollo sustentable (1998); Innovaciones mexicanas en el 
manejo del agua (2001), y La gestión del agua urbana en México (2006), del que 
fue coordinador. Su libro más reciente es De la protesta a la propuesta: 50 años 
imaginando y construyendo el futuro (2018).
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 109
Antonio Elio Brailovsky
Nacido en la Argentina, es escritor y licenciado en Economía Política. Ha 
sido Convencional Constituyente de la Ciudad de Buenos Aires y es autor 
del capítulo cuarto —“Ambiente”— de dicha Constitución.
Defensor del Pueblo Adjunto de la Ciudad de Buenos Aires 
con orientación a cuestiones urbanas y ambientales, fue declarado 
Personalidad Destacada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires “por 
sus logros en el campo de la investigación, la docencia y la gestión de la 
temática ambiental”, en virtud de la Ley núm. 5531 del 12 de mayo de 2016. 
Ha sido profesor titular de la Universidad de Buenos Aires (en las 
asignaturas Recursos Naturales, y Sociedad y Estado) y profesor invitado 
en numerosas universidades de América Latina. 
Es autor de unos 50 libros sobre diversos temas científicos y 
literarios, entre ellos: Historia ecológica de Iberoamérica: de la independencia 
a la globalización; Historia ecológica de la ciudad de Buenos Aires; Economía y 
medio ambiente: una relación difícil; Proyectos de educación ambiental: la utopía 
en la escuela, y El ambiente en la civilización grecorromana: una herramienta 
de educación ambiental. Es conocido como activista ecologista y por sus 
investigaciones en historia ambiental. 
Francisco Brzovic Parilo
Nacido en Punta Arenas (Chile), es ingeniero agrónomo egresado de 
la Universidad de Chile y tiene un posgrado en Economía Agraria y 
Administración por la Pontificia Universidad Católica de Chile (1974-1975). 
Es Académico de Número de la Academia Chilena de Ciencias 
Agronómicas, donde ocupó el cargo de Secretario (2017-2018). Además, 
se desempeña como profesor del Instituto de Asuntos Públicos de la 
Universidad de Chile.
Ha tenido diversas experiencias profesionales en América Latina 
y el Caribe, en varios organismos de las Naciones Unidas, en particular 
en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y 
el sistema interamericano. Entre sus proyectos destacados se incluyen: 
manejo de recursos naturales en la Amazonía (Brasil); ecoturismo y 
generación de ingresos en áreas protegidas (Gran Caribe); propuesta sobre 
áreas protegidas privadas (Chile); lucha contra la desertificación y manejo 
sostenible de las tierras en América Latina y el Caribe, y planificación para 
la gestión de invasiones biológicas (Chile). En Chile, ha participado en la 
elaboración de políticas ambientales regionales, de política ambiental para 
la defensa y de política nacional de infraestructura geoespacial.
110 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Ha integrado varios comités científicos y grupos internacionales 
relacionados con la desertificación y otros temas ambientales en 
el marco de iniciativas del Programa de las Naciones Unidas para el 
Medio Ambiente (PNUMA). En su labor se destacan temas como la 
contaminación de mares y océanos, la planificación y el manejo de lagos 
y reservorios, y el estado del medio ambiente a nivel mundial, regional y 
nacional (Chile). Fue director del Programa de Capacitación del 
gobierno central y asesor sobre proyectos de inversión en la República 
Dominicana. Además, ha impartido docencia en programas regulares y 
especiales de posgrado y seminarios en Chile, México, la República 
Dominicana y otros países de la región.
Julio Carrizosa Umaña
Nacido en Bogotá, es ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional 
de Colombia y tiene una maestría en Administración Pública por la 
Universidad de Harvard y una maestría en Economía por la Universidad 
de los Andes. 
Ha recibido los siguientes galardones: Investigador Emérito Colciencias; 
Premio Nacional al Mérito Científico, 2010; Colombiano Ejemplar, 2005 y 2015; 
Orden Civil al Mérito “José Acevedo y Gómez” en el grado Gran Cruz del 
Concejo de Bogotá; Distinción Nacional del Medio Ambiente, 1999; Doctor 
Honoris Causa de la Universidad Nacional de Colombia.
Entre otros cargos, ocupó los de director general del Instituto 
Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) y gerente general del Instituto 
Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Medio Ambiente 
(INDERENA) de Colombia.
Es autor, entre otros, de los siguientes libros: Planificación del medio 
ambiente (1982); ¿Qué es ambientalismo?: la visión ambiental compleja (2000); 
Colombia de lo imaginario a lo complejo: reflexiones y notas acerca de ambiente, 
desarrollo y paz (2003), y Colombia compleja (2014). 
Es profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia, donde 
fue director del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA). Además es 
Miembro Honorario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, 
Físicas y Naturales, y miembro de la organización La Paz Querida. 
Hernán Durán de la Fuente
Nacido en Santiago, es ingeniero civil egresado de la Universidad de 
Chile y tiene una maestría y un doctorado en Economía y Gestión por la 
Université Grenoble Alpes (Francia).
Fue consultor para América Latina en materia de desarrollo 
industrial del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) 
y la American University. También se desempeñó como consultor del 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 111
Banco Mundial para el estudio sobre la contaminación y los impactos 
ambientales de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), en el Estado 
Plurinacional de Bolivia. En la Comisión Económica para América Latina 
y el Caribe (CEPAL), elaboró varios documentos sobre contaminación 
hídrica en el río Esmeraldas del Ecuador y sobre la tipología del desarrollo 
industrial latinoamericano. Fue autor del informe Estilos de desarrollo de la 
industria manufacturera y medio ambiente en América Latina (1982), en el marco 
del proyecto “Estilos de desarrollo y medio ambiente en América Latina”. 
Durante siete años fue coordinador en la CEPAL del proyecto “Políticas 
para la gestión ambientalmente adecuada de los residuos”, que generó 
estudios y conferencias en la Argentina, el Brasil, Chile, Colombia y 
Costa Rica. En este marco, fue uno de los autores de la publicación Gestión 
ambientalmente adecuada de residuos sólidos: un enfoque de política integral 
(1997), de la que fue también compilador.
Como socio principal, en GESCAM S.A. ha llevado adelante más de 
250 proyectos ambientales, asesorando a varias empresas mineras. Entre 
sus proyectos se destacan el estudio de ingeniería básica para la gestión 
de los residuos sólidos en la Araucanía, Arica, Alto Hospicio y Atacama, 
diversos estudios sobre cuencas hidrográficas, economía ambiental y otros 
temas, además de la propuesta para el plan de gestión de residuos sólidos 
tras el terremoto del 27 de febrero de 2010.
Fue presidente de la Asociación de Empresas y Profesionales para el 
Medio Ambiente (AEPA) y de la Comisión de Medio Ambiente del Colegio 
de Ingenieros de Chile.
Patricio Fernández Seyler
Nacido en Santiago, es ingeniero civil egresado de la Universidad de Chile 
y tiene una maestría en Economía Agraria por la Pontificia Universidad 
Católica de Chile.
Fue responsable de la coordinación del área socioeconómica de 
seis proyectos de desarrollo regional de la Organización de los Estados 
Americanos (OEA) en la Argentina, Bolivia (Estado Plurinacional de) 
el Brasil, y el Paraguay, y jefe del proyecto “Cuenca del Río de la Plata: 
estudios para su planificación y desarrollo” (Secretaría General de la 
OEA); responsable de la preparación de alrededor de 20 publicaciones en 
el marco de los proyectos de desarrollo regional de la OEA; coordinador 
del grupo técnico y  responsable de la edición de la Política Regional de 
Recursos Hídricos de La Araucanía (2017); coautor principal de la Agenda 
Gubernamental para la Micro y Pequeña Empresa (Programa de las 
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Servicio de Cooperación 
Técnica (SERCOTEC)) de Chile (2006), y coautor del diseño institucional 
y operativo del Programa de Desarrollo Económico Territorial Emprende 
Chile (2001). Participó en el proyecto de la Comisión Económica para 
112 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Programa de las Naciones 
Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) “Estilos de desarrollo y medio 
ambiente en la América Latina” (1979).
En Chile, a partir de 1990, ejerció la Dirección  Nacional de Fondo 
de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS), del SERCOTEC y del programa 
Emprende Chile, así como la Dirección Regional de la Corporación de 
Fomento de la Producción (CORFO) en La  Araucanía. Además, colaboró 
con el Presidente de la República Patricio Aylwin en la iniciativa Diálogo de 
Política Social, patrocinada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Ha sido expositor en seminarios y talleres internacionales, en 
materias de su especialidad, en la Argentina, Bolivia (Estado Plurinacional 
de), Chile, Costa Rica, Guatemala, Italia, México, el Paraguay, el Perú y 
la República Dominicana. Además, ha presentado casi un centenar de 
ponencias en diversos foros y debates en Chile.
Gilberto Carlos Gallopín
Nacido en la Argentina, se desempeña como investigador autónomo e 
investigador asociado del Tellus Institute (Estados Unidos). Es licenciado 
en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires y doctorado en 
Ecología de la Universidad de Cornell (Estados Unidos).
Ha sido asesor regional en Política Ambiental de la Comisión Económica 
para América Latina y el Caribe (CEPAL); director del Programa Sistemas 
para el Desarrollo Sostenible del Instituto de Estocolmo para el Medio 
Ambiente (Suecia); líder del Programa de Uso de la Tierra del Centro Internacional 
de Agricultura Tropical (CIAT), con sede en Cali (Colombia); investigador 
principal del International Institute for Sustainable Development (IISD), 
Winnipeg (Canadá), y experto principal en Ambiente y Desarrollo en el 
International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA) (Austria). 
Es profesor titular de la Universidad de Buenos Aires y de la 
Fundación Bariloche (Argentina), además fue presidente ejecutivo y 
director del Grupo de Análisis de Sistemas Ecológicos (GASE) de la 
Fundación Bariloche. 
Ha realizado investigación, asistencia técnica y entrenamiento de 
posgrado en las siguientes áreas, en las que ha publicado más de 170 trabajos: 
análisis de sistemas ecológicos, tramas alimentarias y nicho ecológico, 
evaluación del impacto ambiental, prospectiva ambiental y de uso de 
tierras, análisis de escenarios, modelos matemáticos, ciencia y tecnología 
para el desarrollo sostenible, complejidad y desarrollo sostenible, nexo entre 
sociedad y naturaleza, ambiente y calidad de vida, indicadores de desarrollo 
sostenible, relaciones entre empobrecimiento y medio ambiente, teoría de la 
vulnerabilidad y desafíos epistemológicos de la ciencia.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 113
José Leal Rodríguez
De nacionalidad chilena, es ingeniero civil industrial egresado de la 
Universidad de Chile (1970) y posee un Diploma de Estudios Superiores 
Especializados (maestría) en Economía de Proyectos por la Universidad de 
París I Panthéon-Sorbonne (1977-1978).
Realizó diversos cursos de especialización sobre temas ambientales 
en Gran Bretaña (Universidad de Aberdeen en Escocia), Francia (Instituto 
Internacional de Administración Pública), Alemania (Sociedad Alemana 
Carl Duisberg y Fundación Friedrich Ebert) y México (Banco Mundial/El 
Colegio de México).
También se desempeña como investigador a tiempo parcial del 
Centro de Análisis de Políticas Públicas (CAPP) de la Universidad de Chile. 
Desde 2016 dicta el curso El Medio Ambiente en las Políticas 
Públicas en la Escuela de Gobierno y Gestión Pública de la Universidad de 
Chile, a nivel de pregrado y posgrado.
Entre 1978 y 1981 trabajó en el Programa de las Naciones Unidas 
para el Medio Ambiente (PNUMA), en la sede central de Nairobi, en temas 
de tecnología limpia y economía ambiental. Entre 1981 y 2010 fue experto 
de proyectos y coordinador de cursos sobre desarrollo y medio ambiente 
en el Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica 
y Social (ILPES) y la Comisión Económica para América Latina y el 
Caribe (CEPAL). Además, fue jefe de la Unidad de Economía Ambiental 
de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (1996-2000) y 
subjefe del Departamento Administrativo de Protección Ambiental en la 
Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo 
(2000-2001). También se desempeñó como asesor del Ministerio de Medio 
Ambiente de Haití (2008-2010).
Fue director del Magíster en Medio Ambiente y Desarrollo 
Sustentable de la Universidad Mayor (2006-2015) y director del Diplomado 
en Eficiencia Energética de la misma universidad. Es autor de diversos 
libros, manuales sobre evaluación del impacto ambiental, artículos, 
columnas periodísticas y documentos sobre temas de su especialidad.
Margarita Marino de Botero
Nacida en Barranquilla (Colombia), realizó estudios de Antropología y 
Filosofía y Letras, y tiene una especialización en Ciencias de la Comunicación. 
Fue directora general del Instituto Nacional de los Recursos 
Renovables y del Medio Ambiente (INDERENA) (1983-1986); miembro de 
la Comisión Mundial de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente 
y el Desarrollo, Comisión Brundtland (1983-1987); consejera especial 
114 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI de la 
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la 
Cultura (UNESCO) (1993); miembro de la Comisión Latinoamericana 
y del Caribe sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo PNUD, PNUMA, 
BID (1991); miembro de la Junta de Gobernadores de la Fundación 
Internacional para el Desarrollo de Recursos Humanos en los Países del 
Tercer Mundo (FIT) del Canadá; coordinadora nacional de los Diálogos 
Globales del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e 
Innovación (Colciencias) (1998-2000); vicepresidenta de la Junta Consultiva 
Internacional de la exposición Expo 2000 (Hannover (Alemania)) 
(2000) y del programa internacional Diálogos Globales 2000 (Hannover 
(Alemania)) (1997-2000); vicepresidenta de la Junta Internacional del 
Centro de Investigaciones sobre el Desarrollo (ZEF) de la Universidad 
de Bonn (Alemania) (1999-2004), y directora ejecutiva del Congreso de 
Ciencias y Tecnologías Ambientales, que preside la Academia Colombiana 
de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (2009-2014). 
En Colombia, fundó y dirigió el Centro de Estudios y Documentación 
“El Colegio Verde” desde 1987. También integra el Grupo de Pensamiento 
y Acción Ambiental Latinoamericano (GRUPALA).
César Morales Estupiñán
Nacido en Esmeraldas (Ecuador), es ingeniero agrónomo egresado de la 
Universidad de Chile, con mención en Economía Agraria. Realizó estudios 
en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Guayaquil 
(Ecuador) y tiene un diploma en Planificación del Desarrollo, con mención 
en Políticas Públicas, por el Instituto Latinoamericano y del Caribe de 
Planificación Económica y Social (ILPES) de la Comisión Económica para 
América Latina y el Caribe (CEPAL), y un doctorado en Estudio de las 
Sociedades Latinoamericanas, con mención en Economía Ambiental, por 
la Universidad de Arte y Ciencias Sociales (ARCIS) (Chile) en conjunto con 
la Universidad de la Sorbona (Francia).
Ha sido profesor en programas de maestría y doctorado en la 
Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad Academia de 
Humanismo Cristiano de Chile, la Universidad Nacional de Costa Rica, 
la Universidad de Costa Rica y la Universidad Internacional de Andalucía 
(España), sede Santa María de La Rábida. Fue profesor visitante en 
el programa de doctorado en Economía y Recursos Naturales de la 
Universidad de California, campus Davis.
Es funcionario retirado de la CEPAL y actualmente se desempeña 
como consultor de varios organismos de las Naciones Unidas y la 
Unión Europea.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 115
Ha coordinado diversos trabajos sobre los costos de la desertificación 
y la degradación de las tierras ante escenarios alternativos de cambio 
climático en América Latina y el Caribe, y fue asesor del Delegado 
Presidencial para los Recursos Hídricos durante el Gobierno de la 
Presidenta de la República de Chile Michelle Bachelet.
Fernando Ortiz Monasterio
Nacido en la Ciudad de México, su centro de operación político y 
profesional, es ingeniero electromecánico egresado de la Universidad 
Iberoamericana y realizó estudios de posgrado en la Unidad de 
Planificación del Desarrollo del University College de Londres.
En 1977 fue responsable de la campaña para la abolición de la 
tortura en América Latina, lo que contribuyó a que Amnistía Internacional 
recibiera el Premio Nobel de la Paz.
Entre 1970 y 2020 ha realizado más de 1.000 proyectos de ingeniería 
ambiental, con énfasis en el manejo de los residuos industriales peligrosos 
y en la planificación y gestión de áreas naturales protegidas.
Fue Secretario Ejecutivo de la Comisión Intersecretarial de 
Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM) 
(2000-2003) y de la Red Universitaria para la Prevención y Atención de 
Desastres (UNIRED) (2014-2017).
Además, fue fundador de la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES) 
y de la Federación Conservacionista Mexicana (FECOMEX), y como 
miembro de Monarca A.C. operó desde la sociedad civil la Reserva de la 
Mariposa Monarca.
Fue docente en la Escuela de Diseño Industrial de la Universidad 
Autónoma Metropolitana (UAM) y posteriormente trabajó como investigador 
en el Programa de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de El Colegio 
de México. 
Daniel Panario
Nacido en Montevideo, es ingeniero agrónomo egresado de la Universidad 
de la República (UDELAR), del Uruguay, y tiene un diploma de Estudios 
Avanzados en Conservación y Gestión del Medio Natural y un doctorado 
en Tecnología Ambiental y Gestión del Agua, ambos por la Universidad 
Internacional de Andalucía (España).
El Centro Latinoamericano de Desarrollo (CELADE) le otorgó el 
Premio Nacional a la Excelencia Ciudadana y Ciudadano de Oro (2012), 
por su labor docente y de conocimiento del ambiente.
116 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Es profesor titular de dedicación total de la Facultad de Ciencias 
de la UDELAR. En dicha institución es director del Instituto de Ecología 
y Ciencias Ambientales (IECA) y coordinador del programa de Maestría 
en Ciencias Ambientales. Tiene el Nivel II del Sistema Nacional de 
Investigadores (SNI) del Uruguay y ha sido profesor invitado de grado y 
posgrado, y conferencista en numerosas universidades. Es autor o coautor 
de numerosos artículos, libros, capítulos de libros e informes científicos. 
Ha sido investigador visitante del proyecto “Gobernanza ambiental 
en América Latina y el Caribe: desarrollando marcos para el uso sostenible 
y equitativo de los recursos naturales (ENGOV)” en el Instituto de 
Investigaciones Gino Germani (IIGG) de la Argentina. Integró el Grupo 
de Trabajo “Justicia climática y gobernanza ambiental” del Consejo 
Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) (2016-2019) y actualmente 
forma parte del Grupo de Trabajo “Cambio ambiental global/metabolismo 
social local”. También integra el Grupo de Pensamiento y Acción Ambiental 
Latinoamericano (GRUPALA).
Walter Pengue
Nacido en San Martín, provincia de Buenos Aires (Argentina), es ingeniero 
agrónomo, con especialización en Mejoramiento Genético y una maestría 
en Políticas Ambientales y Territoriales, egresado de la Universidad de 
Buenos Aires. Tiene un doctorado en Agroecología por la Universidad de 
Córdoba (España) y realizó una estancia posdoctoral sobre Bioseguridad 
en el Centro para la Investigación Integrada en Bioseguridad (INBI) en 
Nueva Zelandia.
Fue fundador de la Asociación Argentino Uruguaya de Economía 
Ecológica (ASAUEE) y presidente y miembro del Consejo Mundial de la 
Sociedad Internacional de Economía Ecológica (ISEE), además de miembro 
fundador de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA). 
Es miembro del Panel Internacional de Recursos y de la Plataforma 
Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y 
Servicios de los Ecosistemas (IPBES). Desde 2016 integra el Comité Ejecutivo 
de la iniciativa La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad (TEEB) 
para la Agricultura y la Alimentación. También es miembro de la 
Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.
Entre sus obras más importantes se destacan: Cultivos transgénicos: 
¿hacia dónde vamos? (2000); Agricultura industrial y transnacionalización en 
América Latina: ¿la transgénesis de un continente? (2005); El pensamiento ambiental 
del Sur: complejidad, recursos y ecología política latinoamericana (compilador y 
autor, 2017), y Agroecología, ambiente y salud: escudos verdes productivos y pueblos 
sustentables (coeditor y autor, 2018). A estas se suman numerosos artículos 
y libros sobre economía ecológica, agroecología, agricultura y sistemas 
agroalimentarios. Es director del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio 
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 117
Ambiente (GEPAMA) de la Universidad de Buenos Aires y profesor titular 
de Economía Ecológica, Instituto del Conurbano (ICO) de la Universidad 
Nacional de General Sarmiento (Argentina). Profesor invitado en distintas 
universidades de América, Europa, Asia y Oceanía.
Manuel Rodríguez Becerra
Nacido en Bogotá, es ingeniero industrial por la Universidad de los 
Andes y licenciado en Letras, en Administración, por la Universidad de 
Oxford. Ha recibido las siguientes distinciones: Mejor Líder de Colombia, 
otorgada por la Fundación Liderazgo y Democracia, 2013; Gran Medalla 
“Agustín Nieto Caballero”; Gran Cruz de la Orden al Mérito Julio Garavito; 
Distinción Nacional del Medio Ambiente, y Profesor Emérito de la 
Universidad de los Andes. 
Fue el primer Ministro del Medio Ambiente de Colombia y gerente 
general del Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del 
Medio Ambiente (INDERENA), desde donde coordinó la elaboración de 
la ley con la que se creó el Ministerio del Medio Ambiente y el Sistema 
Nacional Ambiental (1990-1994). Fue miembro de la Comisión Mundial 
de Bosques y Desarrollo Sostenible y presidió el Foro de las Naciones 
Unidas sobre los Bosques en dos ocasiones (1996-1999 y 2003-2005). 
Desde 1971 está vinculado a la Universidad de los Andes, donde enseña 
e investiga en los campos de política ambiental, desarrollo sostenible y 
relaciones internacionales ambientales. Es cofundador del Foro Nacional 
Ambiental (1998) y de la iniciativa Parques Nacionales Cómo Vamos (2017), 
cuyos consejos directivos preside. Es miembro fundador del Centro de 
los Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe 
(CODS), que comenzó a funcionar en 2018. Es autor y editor de más de 
una veintena de libros y columnista del diario El Tiempo. Sus libros más 
recientes son: Gobernanza y gerencia del desarrollo sostenible (coeditor con 
M. A Vélez, 2018) y Nuestro planeta, nuestro futuro (2019).
Alejandro Rofman
Nacido en Rosario (Argentina), es doctor en Ciencias Económicas por 
la Universidad Nacional de Córdoba y licenciado en Economía por la 
Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos) (1965). Realizó estudios de 
posgrado en Planificación Urbana y Regional en la Universidad Nacional del 
Litoral (Argentina) (1962-1963). Es Doctor Honoris Causa, máxima distinción 
en las Universidades Nacionales de Entre Ríos, Salta y Rosario (Argentina). 
Ha publicado numerosos artículos y libros sobre desarrollo regional, 
medio ambiente urbano y regional, economías regionales y economías 
urbanas. Su libro más significativo es Las economías regionales: luces y 
sombras de un ciclo de grandes transformaciones, 1995-2007 (2012).
118 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Desde 1965 se desempeña como investigador titular del Centro 
de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR) de la Argentina. Hasta 
la actualidad es investigador principal del Consejo Nacional de 
Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en dicho centro de 
estudios. Fue director de estudios de la Secretaría de Desarrollo Regional 
(1984-1985), en la Argentina, y Subsecretario de Desarrollo Regional de la 
Ciudad de Buenos Aires.
Ha ocupado cargos como docente de grado y posgrado en 
universidades de la Argentina, la Pontificia Universidad Católica de Chile, 
la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (Brasil), la Universidad 
Hebrea de Jerusalén (Israel) y la Universidad de la República (Uruguay). 
Es profesor de Economía en la Licenciatura de Economía de la Facultad 
de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y director de 
la carrera de Economía en el Doctorado en Economía de la Universidad 
Nacional de Rosario. 
René Saa Vidal
Nacido en Chuquicamata (Chile), desde su graduación en la Universidad 
de Chile ha residido, por motivos de trabajo, además de en Santiago, 
en Colombia, el Ecuador, los Estados Unidos, Guatemala, México y la 
República Dominicana.
Tras graduarse como geógrafo de la Universidad de Chile, realizó 
estudios de posgrado en la Universidad de Colorado (Estados Unidos), 
con una maestría en Geografía, y es candidato al doctorado de la misma 
universidad. Además, realizó estudios sobre sensores remotos en la 
Universidad de Michigan (Estados Unidos).
Entre 1960 y 1973, participó en Chile en la creación del Instituto de 
Investigación de Recursos Naturales (IREN), donde llegó a ocupar el cargo 
de subdirector ejecutivo. Tras la vuelta de la democracia, fue consejero del 
Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN), director ejecutivo 
del Instituto Forestal (INFOR) y funcionario del Instituto Nacional de 
Estadísticas (INE). 
Por 22 años se desempeñó como experto internacional en diversos 
proyectos de planificación regional y agropecuaria, tanto en América Latina 
como en África, en organismos de las Naciones Unidas y organismos 
financieros como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de 
Desarrollo (BID).
Profesor Adjunto del Instituto de Asuntos Públicos (INAP) de la 
Universidad de Chile, docente (TA) de la Universidad de Colorado en 
Boulder y del Metropolitan State College of Denver (Estados Unidos), y de 
la Universidad de Chile, en Santiago.
La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe 119
Héctor Sejenovich
Nacido en Concordia, provincia de Entre Ríos (Argentina), se graduó como 
perito mercantil en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de 
Buenos Aires (UBA). En 1967 se recibió de licenciado en Economía Política 
de la Universidad de Buenos Aires. Además, realizó estudios de doctorado 
de Economía Política en el área de Teoría y Práctica de la Planificación en 
la Universidad de Buenos Aires. Realizó estudios sociales en el Centro de 
Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO) y cuenta con una maestría en 
Planificación y Economía y estudios de doctorado en Economía y Ambiente 
de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 
Como uno de los autores del Cuarto informe de evaluación del Grupo 
Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, establecido 
conjuntamente en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) 
y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), 
compartió el Premio Nobel de la Paz en 2007. 
Coordinó el equipo de trabajo de la Universidad Nacional de Luján, a 
fin de evaluar el impacto ambiental de las fábricas de celulosa en Fray Bentos 
(Uruguay) (2005). Entre los numerosos proyectos en los que participó se 
destaca el de cuentas patrimoniales para todas las provincias de la Argentina. 
Creó la Red de Formación Ambiental para América Latina y el Caribe del 
PNUMA y durante varios años realizó disertaciones sobre el tema economía, 
sociedad y ambiente en los países de la región. Desde 1990 es profesor titular 
de la cátedra Ciencias Sociales y Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias 
Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Además, se desempeña como 
investigador del Instituto de Investigaciones Gino Germani. 
Ha publicado los libros Economía y ambiente: crítica a la economía 
política no sustentable y Hacia otro desarrollo: una perspectiva ambiental (junto 
con Daniel Panario).
Osvaldo Sunkel Weil
Nacido en Puerto Montt (Chile), estudió Economía y Administración en la 
Universidad de Chile, y realizó cursos de posgrado en la Comisión Económica 
para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Escuela de Economía y Ciencias 
Políticas de Londres. En 1994 recibió el premio Kalman Silvert, la máxima 
distinción de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA).
Durante su carrera ha estado vinculado a distintas instituciones: a la 
CEPAL y la Universidad de Chile desde 1952; al Institute of Development 
Studies (IDS) (Reino Unido), entre 1975 y 1986, y a la Corporación de 
Investigaciones para el Desarrollo (CINDE) desde 1987. Para la CEPAL 
trabajó en numerosos países de América Latina, especialmente en el 
Brasil, Chile, México, Panamá y países de Centroamérica. Desde su 
120 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
creación en 1962, se incorporó al Instituto Latinoamericano y del Caribe de 
Planificación Económica y Social (ILPES), de la CEPAL. Dirigió la Unidad 
Conjunta CEPAL/PNUMA de Desarrollo y Medio Ambiente, de la CEPAL, 
y fue director de la publicación Pensamiento Iberoamericano.
Es profesor titular de la Universidad de Chile; fue cofundador 
y profesor-investigador del Instituto de Estudios Internacionales (IEI), 
coordinador del Programa de Desarrollo Sustentable, director del 
Centro de Análisis de Políticas Públicas (CAPP) y director del Instituto 
de Asuntos Públicos (INAP), todos de la Universidad de Chile. También 
fue Professorial Fellow del Institute of Development Studies, profesor 
visitante de  la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) 
y la Pontificia Universidad Católica de Chile, El Colegio de México, la 
Universidad de París, la Sociedad Max Planck y la Universidad de Texas en 
Austin, la Universidad Duke, la Universidad de California (Los Ángeles) y 
la Universidad de Florida (Cátedra Bacardí para Académicos Eminentes). 
Es autor de numerosas publicaciones. 
José Joaquín Villamil
Nacido en San Juan (Puerto Rico), donde actualmente reside, cursó estudios 
en Economía y Ciencia Regional en la Universidad de Pennsylvania 
(Estados Unidos). 
Ha recibido varias distinciones, entre ellas la Beca de la John Simon 
Guggenheim Memorial Foundation por sus trabajos sobre economías 
pequeñas. Recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad 
Metropolitana en San Juan (Puerto Rico). Fondos Unidos de Puerto 
Rico le otorgó en dos ocasiones el Premio Antonio R. Barceló por sus 
contribuciones al sector de las organizaciones con base comunitaria. 
La Cámara de Comercio de Puerto Rico lo distinguió por sus aportes al 
desarrollo económico.
Fue autor de la Política de Ciencia y Tecnología de Puerto Rico en 
1996 y de varias iniciativas de desarrollo tecnológico regional y desarrollo 
económico en la isla, incluido el plan estratégico de comercio exterior. 
Fue director fundador de la Fundación Comunitaria de Puerto Rico y el 
Fondo de apoyo a la investigación sobre el sector sin fines de lucro del 
Aspen Institute en los Estados Unidos. Ha publicado extensamente sobre 
desarrollo, globalización y economías pequeñas.
Es catedrático en la Escuela Graduada de Planificación de la 
Universidad de Puerto Rico, profesor invitado en la Universidad de 
Harvard, profesor visitante del Institute of Development Studies (IDS) 
(Reino Unido) y conferenciante invitado de distintas universidades de 
Europa, los Estados Unidos y América Latina.
Publicaciones recientes de la CEPAL 
ECLAC recent publications
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Informes Anuales/Annual Reports
También disponibles para años anteriores/Issues for previous years also available
Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2019
Economic Survey of Latin America  
and the Caribbean 2019
Balance Preliminar de las Economías de América Latina  
y el Caribe 2019
Preliminary Overview of the Economies of Latin America 
and the Caribbean 2019
Panorama Social de América Latina 2019
Social Panorama of Latin America 2019
La Inversión Extranjera Directa en América Latina  
y el Caribe 2019
Foreign Direct Investment in Latin America  
and the Caribbean 2019
Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe 2018
Statistical Yearbook for Latin America  
and the Caribbean 2018
Perspectivas del Comercio Internacional  
de América Latina y el Caribe 2019
International Trade Outlook for Latin America  
and the Caribbean 2019
POR UN DESARROLLO
SOSTENIBLE CON IGUALDAD
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Desarrollo e igualdad:
el pensamiento de la CEPAL
en su séptimo decenio
Textos seleccionados del período 2008-2018
Ricardo Bielschowsky - Miguel Torres      compiladores
COLECCIÓN 70 AÑOS
El Pensamiento de la CEPAL/ECLAC Thinking
Libros y Documentos Institucionales/Institutional Books and Documents
Desarrollo e igualdad: el pensamiento de la CEPAL en su séptimo decenio.  
Textos seleccionados del período 2008-2018
La ineficiencia de la desigualdad
The Inefficiency of Inequality
Horizontes 2030: la igualdad en el centro del desarrollo sostenible
Horizons 2030: Equality at the centre of sustainable development
Horizontes 2030: a igualdade no centro do desenvolvimento sustentável
Informe sobre el impacto económico en América Latina y el Caribe  
de la enfermedad por coronavirus (COVID-19)
Report on the economic impact of coronavirus disease (COVID-19)  
on Latin America and the Caribbean
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en el nuevo contexto mundial  
y regional: escenarios y proyecciones en la presente crisis
The 2030 Agenda for Sustainable Development in the new global  
and regional context: Scenarios and projections in the current crisis
Libros de la CEPAL/ECLAC Books
La emergencia del cambio climático en América Latina y el Caribe:  
¿seguimos esperando la catástrofe o pasamos a la acción?  
The climate emergency in Latin America and the Caribbean: The path ahead – 
resignation or action?
Los sistemas de pensiones en la encrucijada: desafíos para la sostenibilidad  
en América Latina 
Recursos naturales, medio ambiente y sostenibilidad. 70 años de pensamiento 
de la CEPAL
Páginas Selectas de la CEPAL/ECLAC Select Pages
Protección social universal en América Latina y el Caribe.  
Textos seleccionados 2006-2019 
Universal Social Protection in Latin America and the Caribbean:  
Selected texts 2006-2019
Migración y desarrollo sostenible: la centralidad de los derechos humanos. 
Textos seleccionados 2008-2019 
Empleo en América Latina y el Caribe. Textos seleccionados 2006-2017  
POR UN DESARROLLO
SOSTENIBLE CON IGUALDAD
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Desarrollo e igualdad:
el pensamiento de la CEPAL
en su séptimo decenio
Textos seleccionados del período 2008-2018
Ricardo Bielschowsky - Miguel Torres      compiladores
COLECCIÓN 70 AÑOS
El Pensamiento de la CEPAL/ECLAC Thinking
Libros y Documentos Institucionales/Institutional Books and Documents
Desarrollo e igualdad: el pensamiento de la CEPAL en su séptimo decenio.  
Textos seleccionados del período 2008-2018
La ineficiencia de la desigualdad
The Inefficiency of Inequality
Horizontes 2030: la igualdad en el centro del desarrollo sostenible
Horizons 2030: Equality at the centre of sustainable development
Horizontes 2030: a igualdade no centro do desenvolvimento sustentável
Informe sobre el impacto económico en América Latina y el Caribe  
de la enfermedad por coronavirus (COVID-19)
Report on the economic impact of coronavirus disease (COVID-19)  
on Latin America and the Caribbean
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en el nuevo contexto mundial  
y regional: escenarios y proyecciones en la presente crisis
The 2030 Agenda for Sustainable Development in the new global  
and regional context: Scenarios and projections in the current crisis
Libros de la CEPAL/ECLAC Books
La emergencia del cambio climático en América Latina y el Caribe:  
¿seguimos esperando la catástrofe o pasamos a la acción?  
The climate emergency in Latin America and the Caribbean: The path ahead – 
resignation or action?
Los sistemas de pensiones en la encrucijada: desafíos para la sostenibilidad  
en América Latina 
Recursos naturales, medio ambiente y sostenibilidad. 70 años de pensamiento 
de la CEPAL
Páginas Selectas de la CEPAL/ECLAC Select Pages
Protección social universal en América Latina y el Caribe.  
Textos seleccionados 2006-2019 
Universal Social Protection in Latin America and the Caribbean:  
Selected texts 2006-2019
Migración y desarrollo sostenible: la centralidad de los derechos humanos. 
Textos seleccionados 2008-2019 
Empleo en América Latina y el Caribe. Textos seleccionados 2006-2017  
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LIBROS
COMISIÓN ECONÓMICA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (CEPAL)
ECONOMIC COMMISSION FOR LATIN AMERICA AND THE CARIBBEAN (ECLAC)
www.cepal.org
Este libro es el resultado de una 
reflexión colectiva a la que invitó 
la División de Desarrollo Sostenible 
y Asentamientos Humanos de la 
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en el marco 
de las discusiones que apoyaron la preparación del trigésimo octavo período 
de sesiones de la Comisión. Con la colaboración de Nicolo Gligo, fue posible 
reunir un grupo de pioneros en la reflexión sobre el desarrollo sostenible 
en América Latina y el Caribe, que desde los años setenta nutren con su 
pensamiento este campo de las disciplinas social y científica. 
Sus diversas contribuciones se integran en los 12 capítulos de este 
documento, que abordan los grandes temas que se debaten en la región 
y el mundo con relación al desarrollo y el medio ambiente. En opinión 
de los autores, la humanidad está frente a una encrucijada.
Se sostiene que el planeta ha sido conducido a un deterioro creciente 
de la biósfera, agravado por el fenómeno del cambio climático, en el 
marco de un orden económico internacional desequilibrado, injusto y 
excluyente. Se plantea que es preciso un cambio estructural que lleve a 
un desarrollo de mayor calidad, un cambio paradigmático y cultural, que 
permita una mejor calidad de vida, con una preocupación relevante por 
la sostenibilidad ambiental. En sus reflexiones se señala la imperiosa 
necesidad de mejorar las métricas del desarrollo, dominadas hoy por 
el distorsionador PIB, y se aborda el problema del peso de las políticas 
ambientales implícitas por sobre las explícitas.
Se asigna una alta prioridad estratégica a las políticas e instrumentos de 
ordenamiento territorial que determinen idoneidades y vulnerabilidades. 
Se destaca la necesidad de avanzar hacia la implementación de acuerdos 
multinacionales en el ámbito de la investigación y la gestión sostenible 
de tierras y ecosistemas o espacios geográficos compartidos entre dos 
o más países, en particular allí donde estén ocurriendo procesos de 
transformación significativos.

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