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        <dc:language>es</dc:language>
        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/35897</bibo:handle>
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Documento de proyecto

Participación laboral femenina y bono
de género en América Latina

Ciro Martínez Gómez
Tim Miller
Paulo Saad

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

Este documento fue preparado por Ciro Martínez Gómez, consultor experto del Centro Latinoamericano y Caribeño de
Demografía (CELADE) – División de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
Tim Miller, Oficial de asuntos de población, y Paulo Saad, Jefe del Área de Población y Desarrollo del CELADE, bajo la
supervisión de Dirk Jaspers_Faijer, Director de la División. El trabajo se realizó en el marco de las actividades del
proyecto CEPAL/IDRC “Ageing and Development: National Transfers Accounts in Latin America and the Caribbean”,
IDR/10/001.

Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a revisión editorial, son de exclusiva
responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la organización.

LC/W.570
Copyright © Naciones Unidas, diciembre de 2013. Todos los derechos reservados
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
Fotografías de portada: Catalina Ahumada, Alejandro Vicuña y Orly Winer

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

Índice

Resumen ......................................................................................................................................... 5
I.

Introducción ............................................................................................................................ 7

II.

Tendencias de la participación laboral femenina en América Latina ...................................... 9
A. Algunos antecedentes ...................................................................................................... 9
B. Evolución de la participación laboral femenina en el contexto de la transición
demográfica en la América Latina.................................................................................. 10

III.

Medición de la equidad de género en la participación económica ........................................ 17
A. El indicador de equidad de género basado en las tasas de participación ..................... 17
B. Un refinamiento necesario: los índices sintéticos de equidad de género ...................... 20

IV. Bono demográfico, participación laboral femenina y bono de género .................................. 23
A. La relación de dependencia ........................................................................................... 23
B. El indicador de dependencia económica ....................................................................... 24
C. Una aproximación a la magnitud del bono de género vis a vis el bono demográfico.... 27
V.

Reflexiones finales ................................................................................................................. 31

Bibliografía ..................................................................................................................................... 35

Índice de cuadros
Cuadro II.1
Cuadro III.1

Cuadro III.2

América Latina: tendencias de las tasas de participación económica
por sexo, 1990-2010............................................................................................... 12
América Latina y el mundo: Países con alto índice de desarrollo humano (IDH),
tasas de participación económica por sexo e índices de equidad de género,
alrededor de 2010 .................................................................................................. 19
Europa y América Latina: comparación del índice sintético de equidad
de género (ISEG), 2000-2010 ................................................................................ 21

3

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

Índice de gráficos

Grafico II.1
Gráfico IV.1
Gráfico IV.2
Gráfico IV.3
Gráfico IV.4
Gráfico IV.5

América Latina (países seleccionados): Evolución de las tasas de participación
económica por sexo, 1980-2015 ............................................................................ 14
América Latina: período restante del bono demográfico a partir de 2010,
según países .......................................................................................................... 24
América Latina (países seleccionados): Relación de dependencia
(RD) e Índice de dependencia económica (IDE), 1990-2050 ................................ 25
América Latina (países seleccionados): Indicador de dependencia económica
(IDE) según la contribución de la inactividad femenina y masculina, 1990-2050 .. 26
América Latina: contribución anual del bono de género y del bono
demográfico al crecimiento del PIB per cápita, 1980-2010.................................... 29
América Latina: contribución anual del bono de género y del bono
demográfico al crecimiento del PIB per cápita, 2010-2040.................................... 29

4

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

Resumen

Este estudio presenta un panorama general de las tendencias de la participación laboral femenina en
América Latina y, sobre esta base, aporta elementos conceptuales y metodológicos para el análisis del
bono de género —entendido como el beneficio económico potencial que se obtiene por el incremento
de la participación de la mujer en la actividad productiva— y para la cuantificación de su impacto
económico en la región.
Tras una introducción general, en el segundo capítulo se revisan algunos antecedentes
conceptuales y se examinan las tendencias de la participación laboral de las mujeres en América
Latina en el contexto de la transición demográfica. En el tercer capítulo se proponen y aplican algunos
indicadores de equidad de género en la participación económica y, sobre su base, se compara la
situación de América Latina con la de las economías más desarrolladas. En el cuarto capítulo, en
tanto, se ilustra la relevancia económica que puede tener la creciente incorporación femenina al
mercado laboral mediante el indicador de dependencia económica. Seguidamente se presenta una
medición aproximada de la magnitud del bono de género sobre la base del impacto del aumento de la
participación laboral de las mujeres en el crecimiento económico, y se compara con la magnitud del
bono demográfico, estimado a través del impacto de los cambios de la estructura etaria de la población
también sobre el crecimiento económico. Finalmente, en el quinto capítulo, se subrayan los
principales hallazgos del estudio y se adelantan los pasos que se seguirán para un análisis más
refinado del bono de género, que deberá hacer uso de las estimaciones producidas en el contexto de
las cuentas nacionales de transferencias. En el capítulo final también se ofrecen algunas reflexiones
respecto del rol de las políticas de equidad de género frente a los desafíos económicos de un escenario
futuro de intenso envejecimiento poblacional en la región.

5

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

I. Introducción

Por lo general, la participación de la mujer en la actividad económica ha sido tradicionalmente baja en
América Latina. Sin embargo, en las últimas décadas se ha observado un incremento significativo de
este indicador, favorecido por el proceso de transición demográfica, especialmente la reducción de la
fecundidad y los cambios en el tamaño y la composición de las familias asociados a ella. El incremento
de la participación de las mujeres en la actividad económica, en la medida que esté vinculado a empleos
de calidad, puede traducirse en un aumento sustancial del aporte que ellas realizan a los ingresos de sus
hogares y, por lo tanto, al crecimiento económico y a la reducción de la pobreza.
De ahí surge el concepto de bono de género, que de manera general se refiere al beneficio
económico potencial que se obtiene por el incremento de la participación de la mujer en la actividad
laboral. La magnitud económica del bono de género se define como el incremento del producto per
cápita que se logra en la medida en que se avanza hacia la equidad de género en la participación
económica. Este bono puede ser altamente significativo en América Latina, pero hasta ahora no se lo
ha evaluado adecuadamente. Esto obedece, por una parte, al hecho de que se trata de un concepto que
se ha desarrollado muy recientemente1, y por la otra, a la falta de disponibilidad de algunos de los
datos básicos necesarios para su medición.
Las ventajas derivadas del análisis y la evaluación del bono de género son múltiples: explicita
una fuente de recursos económicos que los países pueden potenciar mediante políticas adecuadas;
apoya la argumentación sobre la importancia de la equidad de género como un elemento central en el
logro del desarrollo sostenible; brinda soporte a la necesidad de la inclusión de un enfoque de género
en la formulación y aplicación de las políticas públicas; sustenta la necesidad de establecer políticas
específicas dirigidas a igualar las oportunidades, la permanencia, las remuneraciones y las condiciones
de contratación para las mujeres en el mercado de trabajo; agrega elementos muy importantes en el
análisis de las relaciones entre la dinámica poblacional y el desarrollo.
El presente estudio tiene por objeto presentar un panorama general de las tendencias de la
participación laboral femenina en América Latina y, sobre esta base, aportar elementos
conceptuales y metodológicos para el análisis del bono de género y la cuantificación de su impacto
económico en la región. En el documento se desarrollan gradualmente los elementos necesarios para
el logro de tales objetivos. En el segundo capítulo se revisan algunos antecedentes conceptuales y se
examinan las tendencias de la participación laboral de las mujeres en América Latina en el contexto

1

Pueden encontrarse desarrollos del tema en Pagés y Piras (2010) y ONU Mujeres (2011).

7

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

de la transición demográfica. En el tercer capítulo se proponen y aplican algunos indicadores de
equidad de género en la participación económica y, sobre su base, se compara la situación de
América Latina con la de las economías más desarrolladas. En el cuarto capítulo, en tanto, se ilustra
la relevancia económica que puede tener la creciente incorporación femenina al mercado laboral
mediante el indicador de dependencia económica. Seguidamente, se presenta una medición
aproximada de la magnitud del bono de género sobre la base del impacto del aumento de la
participación laboral de las mujeres en el crecimiento económico, y se compara con la magnitud del
bono demográfico, estimado a través del impacto de los cambios de la estructura etaria de la
población también sobre el crecimiento económico. Finalmente, en el quinto capítulo, se subrayan
los principales hallazgos del estudio y se adelantan los pasos siguientes hacia un análisis más
refinado del bono de género, que deberá hacer uso de las estimaciones producidas en el contexto de
las cuentas nacionales de transferencias2. Asimismo, se ofrecen en el capítulo final algunas
reflexiones respecto al rol de las políticas de equidad de género frente a los desafíos económicos de
un escenario futuro de intenso envejecimiento poblacional en la región.

2

El proyecto de Cuentas Nacionales de Transferencias (CNT, o NTA según su sigla en inglés) es un esfuerzo
internacional cuyo objetivo es reunir datos sobre la actividad económica de los grupos de población que se
encuentran dentro de una economía nacional. La CEPAL actúa como coordinador regional del proyecto para los
países latinoamericanos y caribeños. Actualmente hay 40 países de todo el mundo participando en él. Ellos reflejan
toda la diversidad económica, social y demográfica del mundo. Durante el siglo anterior, las cuentas nacionales
desempeñaron un papel vital en los esfuerzos de desarrollo económico, pues satisficieron las necesidades de tener
medidas de la actividad económica que fueran pertinentes para las políticas públicas, permitieron la normalización
internacional de la metodología para la comparación entre los países, y proporcionaron estadísticas económicas
rigurosamente definidas que sirvieron de base científica en los debates de política pública y en la evaluación de
teorías y políticas económicas alternativas. En este siglo, se espera que las cuentas nacionales de transferencias
(CNT) jueguen un papel igualmente importante en los esfuerzos de desarrollo económico. Las CNT proporcionan
una medición completa y coherente de las relaciones económicas entre los grupos de población (por edad, sexo,
nivel socioeconómico) dentro de una economía nacional, de la misma manera que las cuentas nacionales miden las
relaciones económicas entre los sectores (hogares, empresas, gobierno). Debido a que permiten medir las relaciones
económicas entre los grupos en una economía (entre hombres y mujeres, ricos y pobres, jóvenes y viejos), las CNT
proporciona un modo de transformar las cuentas nacionales en un instrumento de política que aborde la
desigualdad, el envejecimiento de la población y otros desafíos de este siglo, lo que es de vital importancia no solo
en la región, sino también en todo el mundo.

8

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

II. Tendencias de la participación laboral
femenina en América Latina

A. Algunos antecedentes
En América Latina, como en gran parte del mundo en desarrollo, se está experimentando un
incremento sustancial y sostenido de las tasas de participación económica de las mujeres, lo que ha
promovido el interés por examinar los factores determinantes de esa tendencia, los impactos positivos
que pueda generar sobre el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, y las políticas que
puedan implementarse para su estímulo y aprovechamiento.
El factor determinante principal de este impulso a la participación femenina ha sido el
descenso de la fecundidad asociado al proceso de transición demográfica, así como una serie de
transformaciones interrelacionadas con esta disminución, como la reducción del tamaño y el cambio
de la estructura de los hogares, el aumento del nivel educativo de las mujeres y sus indudables avances
en el logro de una mayor autonomía.
Es de suponer que entre las consecuencias del incremento de la participación laboral de las
mujeres se encuentra el aporte que ellas realizan gracias a la obtención de ingresos adicionales en el
mercado laboral, que se convierte en mejoras sustantivas en la calidad de vida de sus hogares y, por lo
tanto, en crecimiento económico y desarrollo, situación que se ha demostrado empíricamente. Como
ejemplo de la importancia de los aportes de la participación laboral femenina a la economía de los
hogares, en una simulación realizada por la CEPAL (2010) se encontró que la incorporación de las
mujeres al mercado de trabajo implicaba un aumento significativo del volumen total de ingresos de
sus hogares: se calculó que su aporte constituye entre el 60% y el 90% de los ingresos medios de los
hombres, y que la supresión de tales ingresos en los hogares biparentales haría aumentar la pobreza
entre un 6% y un 22% en 14 países examinados.
El impacto del incremento de la participación femenina sobre el crecimiento económico y la
mejora de las condiciones de vida de sus hogares depende de la medida en que tal participación se
traduzca efectivamente en la vinculación de las mujeres a empleos de calidad y en la obtención de
ingresos que respondan a su calificación. Esto último teniendo en cuenta que la baja fecundidad que
predomina actualmente en gran parte de los países de América Latina, al mismo tiempo que ha
incentivado la participación laboral de las mujeres, les ha permitido tener un mayor acceso al sistema
educativo, permanecer en él y lograr una formación de mayor calidad, inversión en capital humano
que es necesario reconocer de manera igualitaria para hombres y mujeres.
9

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

Sin embargo, persisten condiciones culturales y factores estructurales de los mercados de
trabajo que constituyen barreras para la vinculación laboral de calidad de las mujeres. Todavía es
común que su participación en dichos mercados constituya un mecanismo de supervivencia de los
hogares, para complementar los ingresos de los hombres frente a ciclos recesivos de la economía
—la tesis del trabajador añadido—3, mientras que en los ciclos de auge su participación se sacrifica
frente al mayor salario de mercado esperado por los varones. Este y otros factores determinan una
mayor precariedad del empleo al que accede la mujer, tanto en relación al tipo de actividades como a
su discontinuidad, sus menores posibilidades de acceder a él, incrementar su salario y realizar aportes
a los sistemas de seguridad social.
De allí la necesidad de diseñar políticas que estimulen la participación laboral efectiva de las
mujeres y el mejoramiento de la calidad de su empleo. Tales políticas deberían estar orientadas, entre
otros objetivos, a superar las condiciones de discriminación en el mercado laboral, realizar fuertes
inversiones en el mejoramiento de la calidad de la educación para lograr una mejora sustancial del
capital humano femenino, asegurar el retorno a la educación para las mujeres, equiparar los ingresos
de hombres y mujeres en iguales condiciones de calificación y responsabilidad y lograr un mejor
balance entre los roles productivos y reproductivos en los hogares (CEPAL, 2012).
El resultado esperado de tales políticas tendría que ser el avance hacia la equidad de género en
la participación laboral femenina. En este sentido, diversos estudios como los Informes de Desarrollo
Humano y las estadísticas de Eurostat han estado utilizando indicadores que relacionan la
participación laboral de hombres y mujeres y siguiendo el avance de los países en esta materia.
En tales estudios, los países nórdicos como Noruega y Finlandia se destacan por haber alcanzado los
mayores índices de equidad de género en la participación laboral, niveles que los países de América
Latina están lejos de conseguir, aun los que registran los mayores niveles de desarrollo humano. Estos
indicadores son solo una aproximación gruesa a la equidad de género en la actividad económica, por
cuanto no incluyen ninguna consideración acerca de las diferencias por sexo en la calidad del empleo,
su continuidad o su remuneración. A pesar de ello, se pueden utilizar como metas en los escenarios de
avance en materia de equidad de género de la región latinoamericana.

B. Evolución de la participación laboral femenina en el
contexto de la transición demográfica en América Latina
En las tres últimas décadas, todos los países de América Latina han ingresado a la transición
demográfica, y una buena parte de ellos está transitando la etapa plena o han arribado a la etapa
avanzada de dicho proceso4. Este cambio demográfico, que en la región ha sido mucho más acelerado
que en otras partes del mundo, ha implicado transformaciones sustanciales en la estructura por edad de
sus poblaciones, principalmente una rápida reducción del peso de los niños y jóvenes, una

3

4

La bibliografía que analiza las tendencias de la participación económica femenina y sus determinantes es muy
extensa. Una revisión actualizada puede encontrarse en C. Martínez (2012). Entre los trabajos que sostienen la tesis
del ―trabajador añadido‖ aplicada a la participación laboral de las mujeres pueden citarse Santamaría y Rojas
(2001) y López (2001), y entre los que la rebaten está Arriagada (2004).
Se denomina transición demográfica al proceso durante el cual la población de un país pasa de una situación de
altos niveles de mortalidad y fecundidad, pero bajo crecimiento poblacional, a otra de mortalidad y fecundidad
bajas y también bajo crecimiento poblacional. El cambio se inicia con la disminución de la mortalidad y es seguido
por la reducción de la fecundidad. En el transcurso pueden definirse varias etapas que se diferencian por los niveles
de mortalidad, fecundidad y crecimiento de la población y con impactos distintos sobre la estructura etaria. Se han
realizado diferentes ejercicios de clasificación de los países de la región, que permiten comparar su grado de avance
en el proceso (CEPAL, 2008).

10

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

concentración notable de la población en las edades potencialmente activas y el inicio de un proceso
de envejecimiento5 (CEPAL, 2009 y 2010).
Entre las múltiples implicaciones económicas, sociales y demográficas de esta transformación
de la población latinoamericana cabe destacar el período de máxima expansión del grupo de personas
en edad de trabajar en relación con los otros segmentos etarios. Esta situación constituye el período de
bono demográfico, durante el que se favorecen intensamente el ahorro, la inversión y la educación y,
en fin, el inicio de procesos sostenibles de desarrollo6.
Los cambios demográficos descritos generan circunstancias muy favorables para el
incremento de la participación de las mujeres en la actividad económica: en primer lugar, la población
femenina también se concentra en las edades activas, es decir que hay mayor número de mujeres
disponibles para participar en ella. En segundo lugar, quizás el principal cambio resultante de la
dinámica demográfica durante este período es que, como consecuencia del descenso sostenido de la
fecundidad, se reduce el número de niños que tienen que atenderse en los hogares, mientras la ―carga‖
de dependientes adultos mayores aún no crece de manera considerable por el envejecimiento. Esta
situación se traduce directamente en una reducción de la ―carga de crianza‖ que tienen que atender las
mujeres dentro de los hogares —dada la desigual distribución de las labores de reproducción entre los
géneros que prima todavía—, lo que en cierto modo ―libera‖ parte de su tiempo dedicado a estas
tareas, el que puede ser utilizado en la participación en el mercado de trabajo.
En efecto, diversos estudios han constatado la existencia de un claro impacto positivo de la
menor presencia de niños pequeños en los hogares sobre el incremento de la participación de las
mujeres en la actividad económica (Alvear, 2011; Martínez, 2012). Esta relación se produce porque la
menor carga de trabajo reproductivo les permite disponer de tiempo para desarrollar actividades
generadoras de ingresos (Arriagada, 2004).
Junto con las circunstancias demográficas, otra serie de factores han estado actuando para
determinar una tendencia al incremento de la participación de las mujeres en la actividad económica.
Entre ellas se destaca el gran incremento de su acceso a la educación —también interrelacionado con
la reducción de la fecundidad—, que ha llevado a equiparar las tasas de matriculación de hombres y
mujeres, por lo menos en los niveles primario y secundario. Por otra parte, las mujeres
latinoamericanas han logrado importantes avances hacia su empoderamiento y el logro de su
autonomía en los ámbitos físico, político y económico.
Por el conjunto de factores antes señalados, las tasas de participación de las mujeres han
crecido sustancialmente en la región en las últimas décadas. Esto se puede verificar en el cuadro II.1,
que muestra la evolución de las tasas de participación por sexo de los 20 países de América Latina en
el período 1990-2010, de acuerdo con las estimaciones de población económicamente activa
realizadas por el CELADE-CEPAL (2012)7. En primer lugar, se confirma el incremento importante y
5

6

7

En demografía, suele evaluarse el cambio de la estructura por edad mediante el peso relativo de tres grandes
grupos: el de los menores de 15 años, que constituye una aproximación a la población escolar; el de las personas de
entre 15 y 59 años, que representan un acercamiento a la población económicamente activa (o potencialmente
activa), y el grupo de 60 años y más, que compone la población adulta mayor.
Según la CEPAL (2009), el bono demográfico u oportunidad demográfica se refiere al período en que la proporción
de personas en edades potencialmente productivas crece de manera sostenida en relación con la de personas en
edades potencialmente inactivas (dependientes); las relaciones de dependencia descienden hasta alcanzar mínimos
históricos, mientras aún no ha aumentado sustancialmente la proporción de personas mayores. En este período se
produce una situación particularmente favorable para el desarrollo, ya que aumentan las posibilidades de ahorro e
inversión en el crecimiento económico.
Aunque se dispone de la información de las bases de datos de encuestas de hogares de los países de América
Latina, compilados por la División de Desarrollo Social de la CEPAL, existen discrepancias en su cobertura y
representatividad, así como cambios metodológicos que limitan la comparabilidad de las series. Las estimaciones
de población económicamente activa usadas tienen varias ventajas: están disponibles para todos los países, tienen
cobertura nacional e incluyen procesos de ajuste que hacen más comparables las series. Por otra parte, debido a que
los niveles de participación que arrojan las encuestas se toman en cuenta en los ajustes de las estimaciones, la
comparación de ambas fuentes muestra una relativa coincidencia en la mayoría de los países.

11

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

generalizado de la participación económica de las mujeres en los países observados; al mismo tiempo
se comprueba que este incremento fue sistemáticamente mayor durante la década de 1990, pero su
ritmo se ha reducido significativamente durante la de 2000. El aumento de la participación femenina
nacional durante los años noventa del siglo pasado fue muy acelerado en el Ecuador, Guatemala,
México y el Perú, donde superó el 4% anual, y también fue notable en la Argentina, Chile, Colombia,
El Salvador y la República Dominicana. En cambio, durante el período más reciente, los aumentos
fueron menores al 2% anual en todos los países, con la excepción de Nicaragua y Honduras. Por su
parte, las tasas de participación de los hombres se mantienen prácticamente constantes o disminuyen
en los dos períodos estudiados. Como resultado de las tendencias descritas, hay una clara
convergencia de la participación femenina hacia la masculina, aunque la distancia entre una y otra es
todavía importante, situación que plantea a todos los países el reto y la oportunidad de avanzar en el
cierre de esta brecha mediante políticas tendientes a estimular la participación femenina.
CUADRO II.1
AMÉRICA LATINA: TENDENCIAS DE LAS TASAS DE PARTICIPACIÓN ECONÓMICA
POR SEXO, 1990-2010
Tasas de participación
Países

Años

Hombres

Cambio total (%)

Mujeres

Hombres

Cambio anual (%)

Mujeres

Hombres

Mujeres

1990

51,06

1,04

15,14

0,10

1,51

82,69

50,33

2000

81,71

59,63

-1,19

18,46

-0,12

1,85

81,37

62,43

-0,42

4,70

-0,04

0,47

85,26

47,40

2000

82,80

55,84

-2,89

17,81

-0,29

1,78

82,07

58,69

-0,87

5,11

-0,09

0,51

75,35

29,86

2000

74,23

37,92

-1,49

27,00

-0,15

2,70

73,69

43,22

-0,73

13,96

-0,07

1,40

77,88

39,91

2000

82,16

54,66

5,50

36,97

0,55

3,70

2010

81,80

57,98

-0,44

6,06

-0,04

0,61

1990

82,80

32,13

2000

79,82

37,98

-3,60

18,19

-0,36

1,82

2010

79,70

44,25

-0,15

16,52

-0,01

1,65

1990

68,72

33,12

2000

66,66

34,70

-2,99

4,78

-0,30

0,48

2010

66,21

39,50

-0,67

13,84

-0,07

1,38

1990

82,12

28,11

2000

83,42

45,13

1,59

60,52

0,16

6,05

2010

83,26

50,76

-0,19

12,48

-0,02

1,25

1990
El Salvador

74,55

1990

Ecuador

2,38

2010

Cuba

-0,45

1990

Costa Rica

23,84

2010

Colombia

-4,54

1990

Chile

44,35

2010
Brasil

35,81

73,78

1990
Bolivia (Estado
Plurinacional de)

77,29

2000
2010

Argentina

83,13

33,27

2000

79,37

42,59

-4,52

28,03

-0,45

2,80

2010

77,90

48,00

-1,86

12,70

-0,19

1,27
(continúa)

12

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

Cuadro II.1 (conclusión)
Tasas de participación
Países

Años

Hombres

Cambio total (%)

Mujeres

Hombres

Cambio anual (%)

Mujeres

Hombres

Mujeres

1990
Guatemala

83,41

20,37

2000

83,92

36,50

0,62

79,21

0,06

7,92

-1,81

23,45

-0,18

2,35

2010
Haití

82,40

45,06

1990

77,38

56,77

2000

68,95

56,89

-10,89

0,22

-1,09

0,02

2,69

6,31

0,27

0,63

2010
Honduras

70,81

60,48

1990

88,40

27,08

2000

84,46

33,33

-4,46

23,10

-0,45

2,31

-0,62

24,07

-0,06

2,41

2010
México

83,94

41,36

1990

77,15

25,77

2000

79,80

37,71

3,44

46,31

0,34

4,63

0,12

17,29

0,01

1,73

2010
Nicaragua

79,90

44,23

1990

82,49

34,02

2000

86,00

42,36

4,25

24,51

0,42

2,45

-0,52

15,30

-0,05

1,53

2010
Panamá

85,55

48,84

1990

79,30

35,91

2000

80,40

42,20

1,40

17,52

0,14

1,75

-0,81

13,45

-0,08

1,35

2010
Paraguay

79,75

47,88

1990

88,83

39,34

2000

82,34

45,79

-7,31

16,38

-0,73

1,64

-0,21

13,65

-0,02

1,37

2010
Perú

82,17

52,04

1990

79,21

38,16

2000

80,26

57,63

1,33

51,00

0,13

5,10

0,33

5,46

0,03

0,55

2010
República
Dominicana

80,53

60,77

1990

85,22

36,91

2000

80,25

48,56

-5,84

31,55

-0,58

3,16

0,05

10,06

0,00

1,01

2010
Uruguay

80,28

53,45

1990

76,63

42,77

2000

75,81

50,68

-1,06

18,50

-0,11

1,85

-1,19

3,79

-0,12

0,38

2010
Venezuela
(República
Bolivariana de)

74,91

52,60

1990

78,35

34,26

2000

73,21

37,34

-6,56

8,99

-0,66

0,90

2010

73,78

43,81

0,78

17,35

0,08

1,73

Fuente: Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL,
“América Latina. Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo 1950-2100. Revisión 2012”, Santiago,
2012, [en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.

La observación de los avances en la participación económica femenina en el pasado reciente
permite corroborar la existencia de una cierta asociación entre el comportamiento de estas tasas y el
grado de avance en la transición demográfica: los países que experimentaron progresos más rápidos en
este proceso en las décadas de 1990 y 2000 presentaron simultáneamente mayores incrementos en la
tasa de participación de sus mujeres. Esto puede ilustrarse más claramente por medio del gráfico II.1,
en el que se muestra la evolución de las tasas de participación de países seleccionados de la región
desde la década de 1980, agrupados siguiendo aproximadamente su grado de avance en la transición
demográfica. En el panel A se presentan la Argentina, Chile y el Uruguay, representativos de las áreas
cuyo proceso de cambio demográfico se inició más tempranamente en la región y hoy están en la
13

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

etapa avanzada de la transición. En estos países, las tasas de participación de las mujeres habían
estado aumentando a un ritmo relativamente moderado hasta 2000 —pasaron de entre un 30% y
un 40% a un 40% y un 50% aproximadamente—, cuando se presentó un claro punto de inflexión
y el ritmo de crecimiento bajó sustancialmente. Como resultado, estas tasas se ubicaron
ligeramente por encima del 50% en 2010. Por su parte, la tasa de participación de los hombres en
estos países se ha mantenido prácticamente constante a niveles relativamente bajos —alrededor
del 75%— e incluso descendiendo levemente en el caso de la Argentina hacia el final del período.
Dentro de este grupo, llama la atención que las tasas de participación femenina en Chile
permanecen bajas en relación con los otros dos países y también respecto de lo esperado por su
nivel de avance en la transición demográfica.
GRAFICO II.1
AMÉRICA LATINA (PAÍSES SELECCIONADOS):
EVOLUCIÓN DE LAS TASAS DE PARTICIPACIÓN ECONÓMICA POR SEXO, 1980-2015
PANEL A
90

80
70
60
50
40
30
20
10
0
1975

1980

1985

1990

1995

2000

2005

2010

2015

Argentina hombres

Argentina mujeres

Chile mujeres

Urugay hombres

2020

Chile hombres
Uruguay mujeres

PANEL B
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
1975

1980

1985

1990

1995

2000

2005

2010

2015

Brasil hombres

Brasil mujeres

Colombia hombres

Colombia mujeres

Perú hombres

Perú mujeres

14

2020

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

PANEL C
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0

1975

1980

1985

1990

1995

2000

2005

2010

2015

2020

Nicaragua hombres

Nicaragua mujeres

Honduras hombres

Honduras mujeres

Guatemala hombres

Guatemala mujeres

El Salvador hombres

El Salvador mujeres

Rep. Dominicana hombres

Rep. Dominicana mujeres

Paraguay hombres

Paraguay mujeres

Fuente: Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la
CEPAL, ―América Latina. Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo 1950-2100.
Revisión 2012‖, Santiago, 2012,
[en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.

En el panel B se reúnen países con procesos de transición más recientes y acelerados, que
experimentaron fuertes cambios demográficos durante las décadas de 1980 y 1990, como
consecuencia de su paso por las etapas de transición moderada y plena, cambios que, como se ha
dicho, obedecen principalmente al descenso de la fecundidad, y que favorecen el aumento de la
participación femenina. Puede apreciarse claramente que en los países de este grupo las tasas de
participación femenina registraban niveles mucho más bajos en 1980 —entre un 30% y un 40%—,
pero que crecieron a un ritmo más marcado que en los países de transición más antigua, alcanzando al
final valores mayores —entre un 50% y más de un 60%. De manera similar que con el grupo anterior,
el ritmo de crecimiento de la participación femenina se redujo a partir de 2000, e incluso de modo más
marcado, mientras que las tasas de participación masculina permanecieron sistemáticamente más altas
que en los de transición más antigua, lo que implica una tendencia más lenta a la convergencia de los
niveles de participación de hombres y mujeres8.
En el panel C se presenta un conjunto de países de ingreso aún más reciente al proceso de
transición demográfica. Iniciaron la década de 1980 con tasas de participación femenina muy bajas
—entre un 10% y un 30%—, las que también presentaron un incremento sustancial, pero aún no
llegan a los niveles alcanzados por los otros países —que se aproximan al 50%. Además, el punto de
inflexión de la tendencia no se presenta o no es tan acentuado como en los grupos anteriores, con lo
que pueden esperarse aumentos considerables de las tasas de participación femenina en el mediano
plazo. Estos países ostentan las mayores tasas de participación masculina —sobre el 80%—, y eso
determina la existencia de una brecha muy alta entre la participación de los hombres y la de las
mujeres. Además del moderado avance de la transición demográfica, la baja participación femenina en
8

Usualmente se integran en este grupo otros países como Costa Rica, México, el Ecuador, Panamá y la República
Bolivariana de Venezuela, pero se excluyeron aquí porque presentan tasas de participación femenina muy bajas con
relación al resto, lo que amerita un análisis más detallado de su validez e interpretación.

15

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

estos países puede estar reflejando factores culturales relacionados con la distribución de roles dentro
de los hogares9, así como factores estructurales de los mercados de trabajo que constituyen obstáculos
para la participación femenina, elementos a tener en cuenta a la hora de diseñar políticas para avanzar
hacia la equidad en la participación.
Del análisis anterior puede concluirse la existencia de una asociación más o menos clara entre
el mayor avance en la transición demográfica, un mayor incremento de la participación de la mujer y
una más rápida convergencia de los niveles de participación de hombres y mujeres, lo que corrobora el
importante papel que juega el descenso de la fecundidad como propiciador de la mayor participación
femenina en la actividad económica10.

9

10

Cabe mencionar que son todos países centroamericanos, con la excepción del Paraguay. En apoyo a la tesis de la
incidencia de factores culturales, pueden observarse los casos de Costa Rica y México, que siendo países de
transición reciente y acelerada, por lo que usualmente se clasifican junto a Colombia y el Brasil, presentan tasas de
participación femenina muy bajas en relación con estos dos últimos.
Otros casos atípicos que no se corresponden con el grado de avance de la transición demográfica son los de Cuba,
con muy baja participación económica tanto de hombres como de mujeres, debido al carácter diferente de la
participación laboral en ese país, y los de Haití y el Estado Plurinacional de Bolivia, con una altísima participación
económica de las mujeres que probablemente tenga relación con formas diferentes de registrarla en las encuestas,
pero también puede obedecer a una situación real de alta participación femenina en actividades informales o
agropecuarias.

16

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

III. Medición de la equidad de género
en la participación económica

El incremento de la participación laboral femenina es parte de un escenario amplio de logros en
cuanto a la presencia de las mujeres en la vida económica, política y social de los países. Este proceso
se ha adoptado como una de las bases fundamentales para el avance hacia la equidad, condición
inherente al mejoramiento de la calidad de vida y al desarrollo sostenible. Por lo tanto, la promoción
de la autonomía de las mujeres no solo es fundamental como objetivo en sí mismo, para garantizar el
ejercicio de sus derechos humanos, sino que conlleva efectos positivos para la calidad de vida de toda
la sociedad, al igual que el estímulo a su liderazgo en los niveles de decisión (Guisán, 2010).
De acuerdo con la CEPAL, la autonomía de la mujer se sostiene en tres pilares
fundamentales: la capacidad para generar ingresos propios y controlar activos y recursos (autonomía
económica), el control sobre su propio cuerpo (autonomía física) y su plena participación en las
decisiones que afectan sus vidas y la de su colectividad, es decir, autonomía en la adopción de
decisiones (Batthyány y Montaño, 2012). Claramente se trata de tres pilares interrelacionados y, en
ese sentido, la mayor participación de la mujer en la actividad económica, su acceso al empleo de
calidad y a mejores ingresos, a la vez que constituyen elementos fundamentales de la autonomía
económica, también contribuyen al logro de su mayor participación en la adopción de decisiones en
sus hogares y sus comunidades, al tiempo que les permite una mayor autonomía física. De esa manera,
la participación económica de las mujeres se interrelaciona con el logro de un balance más adecuado
del trabajo remunerado y no remunerado entre hombres y mujeres en los hogares y las comunidades,
lo que constituye una de las dimensiones fundamentales para la promoción de una mayor igualdad.

A. El indicador de equidad de género basado en las
tasas de participación
En la actualidad es ampliamente reconocida la importancia de avanzar hacia la equidad de género
como parte integral de los objetivos del desarrollo. En consecuencia, se han elaborado varios
indicadores de equidad de género y se los ha integrado en los principales sistemas de medición y
monitoreo del desarrollo mundial. Por ejemplo, el tercer Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM),
referido a la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, incluye entre sus

17

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

indicadores la proporción de mujeres en el empleo asalariado no agrícola11; por su parte, el índice de
desarrollo humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) establece
tres dimensiones de la desigualdad de género: la salud reproductiva, el empoderamiento y el mercado
laboral, y el indicador de esta última es la participación de hombres y mujeres en la fuerza laboral
(PNUD, 2011)12; asimismo, el índice de equidad género (IGE) desarrollado por Social Watch (2012) y
el elaborado por el Instituto Europeo de Equidad de Género (EIGE)13 incorporan como componente
básico medidas de relación de la participación económica de hombres y mujeres.
En el cuadro III.1 se presentan los datos de las tasas globales de participación económica de
hombres y mujeres y el cociente entre ellas como un indicador de la equidad de género. La
información proviene del Informe de Desarrollo Humano (PNUD, 2011). Se muestran los países que
han alcanzado muy alto nivel en el IDH14 y, en comparación, los datos de los países de América
Latina en 2010, provenientes de las estimaciones de población económicamente activa realizadas por
el CELADE-CEPAL (2012).
Los avances logrados en los países más desarrollados del mundo en materia de equidad de
género respecto de la participación económica son notables, aunque cabe resaltar que en ninguno de
ellos se ha llegado a la total igualdad en este aspecto. Los países nórdicos (Noruega, Finlandia, Suecia,
Islandia y Dinamarca), más el Canadá, son los que han alcanzado una mayor equidad de género en sus
mercados de trabajo, con una participación de las mujeres cercana al 90% de la de los hombres. Este
resultado no es gratuito: los países nórdicos se han distinguido desde hace ya varias décadas por haber
introducido medidas específicas de igualación de oportunidades entre hombres y mujeres en el
mercado de trabajo, tales como la flexibilidad en las jornadas laborales para que ellos o ellas, a
elección, puedan asumir las labores relacionadas con la crianza de los hijos.
En cambio, sorprende que varios de los países incluidos en el cuadro debido a que tienen un
nivel muy alto de desarrollo humano muestren al mismo tiempo valores relativamente bajos de
equidad de género en la participación laboral (IEGP). Entre ellos se destacan algunos países europeos
del Mediterráneo (España, Grecia e Italia), otros de Asia (Singapur, Corea y Japón), con un IEGP que
oscila entre el 63% y el 72%, y algunos países árabes (Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein), con
proporciones del 54% o inferiores. Esto demuestra que, aunque se logren niveles muy altos en los
indicadores de desarrollo, pueden seguir existiendo barreras para la total integración de la mujer en la
actividad económica, entre las cuales probablemente tienen un papel preponderante las de orden
cultural, relacionadas con la distribución de los roles productivos y reproductivos en las sociedades15.

11

12

13

14

15

Véase Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), ―Estadísticas e indicadores para el
monitoreo de los ODM en los países de América Latina y el Caribe‖, [en línea],
http://www.eclac.cl/cgi-bin/getProd.asp?xml=/mdg/noticias/paginas/4/35574/P35574.xmlxsl=/mdg/tpl/p18fst.xslbase=/mdg/tpl/top-bottom.xsl#indicadoresODM3
El IDH también incluye un índice de potenciación de género, o indicador de empoderamiento de las mujeres, uno
de cuyos componentes es el wrinc, -cociente entre los ingresos laborales de mujeres y hombres-.
Véase [en línea], ‹http://europa.eu/legislation_summaries/employment_and_social_policy/equality_between_men_
and_women/c10938_es.htm›.
En el informe del PNUD se clasifican los países según el índice de desarrollo humano alcanzado: muy alto, alto,
medio, bajo y resto. En el cuadro se incluye solo el grupo 1, es decir, aquellos con IDH muy alto. Para el caso de
América Latina, solo dos países aparecen en esa categoría: la Argentina y Chile; la mayoría de los países de la
región figuran entre los de IDH alto; la República Dominicana, El Salvador, el Paraguay, Honduras y Guatemala
alcanzan un IDH medio, y solo Haití aparece con IDH bajo.
Al menos así se intuye por la coincidencia de los menores niveles de equidad en sociedades apegadas a tradiciones
patriarcales, junto con otras donde las prácticas religiosas restringen totalmente la participación de las mujeres.

18

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

CUADRO III.1
AMÉRICA LATINA Y EL MUNDO: PAÍSES CON ALTO ÍNDICE DE
DESARROLLO HUMANO (IDH), TASAS DE PARTICIPACIÓN ECONÓMICA
POR SEXO E ÍNDICES DE EQUIDAD DE GÉNERO, ALREDEDOR DE 2010
Tasa de participación (2009)

IDH
(2011)

Mujeres

Hombres

Noruega

0,94

63,0

71,0

Finlandia

0,88

57,0

64,9

Países

Tasa de participación (2009)

Países

IDH
(2011)

Mujeres

Hombres

Cociente
TPh/TPm

0,89

España

0,88

49,1

68,5

0,72

0,88

Singapur

0,87

53,7

75,6

0,71

0,90

50,1

72,0

0,70

Cociente
TPh/TPm

Suecia

0,90

60,6

69,2

0,88

República de
Corea

Islandia

0,91

71,7

83,1

0,86

Japón

0,90

47,9

71,8

0,67

Canadá

0,91

62,7

73,0

0,86

Grecia

0,86

42,9

65,0

0,66

Dinamarca

0,89

60,3

70,6

0,85

Italia

0,87

38,4

60,6

0,63

Barbados

0,79

65,8

78,0

0,84

Qatar

0,83

49,9

93,0

0,54

Israel

0,89

51,9

62,5

0,83

Malta

0,83

31,6

67,5

0,47

0,85

41,9

92,1

0,45

0,81

32,4

85,0

0,38

Suiza

0,90

60,6

73,7

0,82

Emiratos
Árabes Unidos

Nueva Zelandia

0,91

61,8

75,7

0,82

Bahrein

Países Bajos

0,91

59,5

72,9

0,82

Estados Unidos

0,91

58,4

71,9

0,81

Francia

0,88

50,5

62,2

0,81

Haití

0,45

60,5

70,8

0,85

0,66

62,4

81,4

0,77

América Latina (2010)

Portugal

0,81

56,2

69,4

0,81

Bolivia Estado
Plurinacional de)

Australia

0,93

58,4

72,2

0,81

Perú

0,72

60,8

80,5

0,75

Lituania

0,81

50,2

62,1

0,81

Brasil

0,72

58,7

82,1

0,72

Eslovenia

0,88

52,8

65,4

0,81

Colombia

0,71

58,0

81,8

0,71

Brunei
Darussalam

0,84

59,7

74,8

0,80

Uruguay

0,78

52,6

74,9

0,70

Reino Unido

0,86

55,3

69,5

0,80

Argentina

0,80

51,1

74,5

0,68

Alemania

0,91

53,1

66,8

0,79

República
Dominicana

0,69

53,4

80,3

0,67

Estonia

0,83

54,8

69,0

0,79

Paraguay

0,66

52,0

82,2

0,63

Austria

0,89

53,2

68,1

0,78

El Salvador

0,67

48,0

77,9

0,62

Letonia

0,81

54,3

70,2

0,77

Ecuador

0,72

50,8

83,3

0,61

Bélgica

0,89

46,7

60,8

0,77

Panamá

0,77

47,9

79,8

0,60

Croacia

0,80

46,3

60,3

0,77

Cuba

0,78

39,5

66,2

0,60

0,74

43,8

73,8

0,59

Chipre

0,84

54,3

70,8

0,77

Venezuela
(República
Bolivariana de)

Luxemburgo

0,87

48,0

63,3

0,76

Chile

0,80

43,2

73,7

0,59

Hong Kong
(China)

0,90

52,2

68,9

0,76

Nicaragua

0,59

48,8

85,5

0,57

Eslovaquia

0,83

51,2

68,5

0,75

Costa Rica

0,74

44,2

79,7

0,56

Polonia

0,81

46,2

61,9

0,75

México

0,77

44,2

79,9

0,55

Irlanda

0,91

54,4

73,0

0,75

Guatemala

0,57

45,1

82,4

0,55

Hungría

0,82

42,5

58,8

0,72

Honduras

0,62

41,4

83,9

0,49

República Checa

0,86

48,8

67,6

0,72

América Latina

52,5

79,7

0,66

Fuentes: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Informe sobre Desarrollo Humano 2011.
Sostenibilidad y equidad: Un mejor futuro para todos, Nueva York, 2011; Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía
(CELADE)-División de Población de la CEPAL, ―América Latina. Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo
1950-2100. Revisión 2012‖, Santiago, 2012, [en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.
Nota: TPh: Tasa de participación económica de los hombres; TPm: Tasa de participación económica de las mujeres.
Liechtenstein y Andorra, con IDH muy alto, carecen de información sobre la participación laboral por sexo.

19

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

La mayoría de los países de América Latina tienen niveles de desarrollo humano alto e
intermedio según esta clasificación, e incluso dos de ellos pertenecen al grupo de los países de muy
alto nivel del indicador (Argentina y Chile). A pesar de ello, en general muestran cierto retraso en la
equidad de género porque tienden a ubicarse en niveles intermedios y bajos en el indicador de
equidad en la participación económica. Aun los países con mayor IDH y más avanzados en la
transición demográfica, como la Argentina y el Uruguay, muestran indicadores de equidad apenas
discretos, del 68% y el 70% respectivamente, ligeramente superados por el Perú, el Brasil y
Colombia, todos con más del 70%. Chile, por su parte, registra un indicador de equidad muy bajo,
de solo 59%, totalmente incongruente con su nivel de desarrollo, e igual incongruencia puede
apreciarse para México y Costa Rica 16.

B. Un refinamiento necesario: los índices
sintéticos de equidad de género
En este punto es necesario hacer un avance metodológico importante. Las tasas brutas de participación
económica que se emplean en los indicadores de equidad hasta aquí utilizados presentan varias
limitaciones. En primer lugar, están afectadas por la estructura etaria de la población; por otra parte,
no todas las mujeres que conforman la población económicamente activa (PEA) están ocupadas, es
decir, usar la tasa de participación sobreestima la actividad real, y finalmente, como indicadores
transversales, no tienen en cuenta la discontinuidad de la participación y la ocupación que puede
afectar a las personas, pero principalmente a las mujeres, en distintos momentos de su ciclo de vida.
Un indicador más ajustado, que no está afectado por la estructura etaria y da cuenta, por lo menos
parcialmente, de las fluctuaciones de la participación económica a lo largo de la vida, son los índices
sintéticos de participación o años de vida activa17. Estos índices se calculan mediante la sumatoria de
las tasas específicas de participación a las diferentes edades. Expresan el tiempo que una cohorte
pasaría en actividad si durante el transcurso de su vida activa hubiera experimentado las tasas de
participación por edad observadas actualmente. Los índices sintéticos dan una idea más aproximada
sobre el tiempo efectivo que hombres y mujeres pasan participando en la actividad económica en el
transcurso de su ciclo vital.
Se propone por lo tanto utilizar el índice sintético de equidad de género (ISEG) en la
participación económica, que se calcula mediante el cociente entre el tiempo vivido en actividad por
las mujeres y el tiempo que permanecieron en actividad los hombres. Para el cálculo de este indicador
se contó con datos de participación por edad y sexo provenientes de las bases de las encuestas de
hogares de América Latina para el período 1990-2009, proporcionadas por la División de Desarrollo
Social de la CEPAL; con las estimaciones y proyecciones de población económicamente activa del
CELADE y, para los países de Europa, con información del Sistema de Consulta de Eurostat en el
período 1998-200918. En el cuadro III.2 se presentan los niveles y las tendencias de los índices
sintéticos de equidad de género aplicados a los países de América Latina y a los de mayor equidad de
género de Europa en el período 1990-2010.

16

17

18

Los casos de Haití y el Estado Plurinacional de Bolivia, que tienen los mayores índices de equidad de género en la
participación económica en la región, no se mencionan en este análisis, puesto que, como ya se afirmó en el análisis
del cuadro II.1, en ellos las tasas de participación por sexo muestran comportamientos atípicos (véase la nota al pie
10). En estos casos, un nivel alto en el IEGP podría no reflejar necesariamente logros en la equidad de género
referidos a la participación económica.
Es necesario tener en cuenta que este indicador sigue refiriéndose a la participación en la actividad económica, y por lo
tanto incluye tanto el tiempo que las personas pasan ocupadas efectivamente como aquel en que están desocupadas.
Véase [en línea], ‹http://epp.eurostat.ec.europa.eu/portal/page/portal/eurostat/home/›.

20

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

CUADRO III.2
EUROPA Y AMÉRICA LATINA: COMPARACIÓN DEL ÍNDICE
SINTÉTICO DE EQUIDAD DE GÉNERO (ISEG), 2000-2010
Países

2000

2005

2010

Finlandia

0,93

0,94

0,94

Letonia

0,84

0,84

0,94

Noruega

0,89

0,91

0,92

Suecia

0,93

0,92

0,91

Dinamarca

0,89

0,89

0,90

Islandia

0,88

0,90

0,89

Holanda

0,77

0,82

0,85

Alemania

0,80

0,82

0,85

Suiza

0,78

0,84

0,85

Reino Unido

0,81

0,82

0,84

Bélgica

0,76

0,79

0,83

Haití

0,75

0,77

0,79

Bolivia (Estado Plurinacional de)

0,70

0,72

0,74

Uruguay

0,69

0,71

0,73

Perú

0,68

0,70

0,72

Argentina

0,59

0,65

0,69

Brasil

0,62

0,65

0,68

Colombia

0,58

0,61

0,65

América Latina

0,55

0,59

0,62

Paraguay

0,51

0,55

0,59

República Dominicana

0,51

0,55

0,59

Cuba

0,50

0,54

0,59

El Salvador

0,50

0,54

0,58

Chile

0,48

0,53

0,57

Ecuador

0,49

0,53

0,56

Nicaragua

0,47

0,51

0,55

Panamá

0,46

0,50

0,55

Venezuela (República Bolivariana de)

0.45

0.50

0.54

Costa Rica

0.42

0.47

0.52

México

0.42

0.47

0.51

Guatemala

0.39

0.44

0.50

Honduras

0.35

0.40

0.45

Fuentes: Eurostat, Sistema de Consulta, [en línea], ‹http://epp.eurostat.ec.europa.eu/
portal/page/portal/eurostat/home/›, y Centro Latinoamericano y Caribeño de
Demografía (CELADE) - División de Población de la CEPAL, ―América Latina.
Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo 1950-2100. Revisión 2012‖,
Santiago, 2012, [en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.

Del cuadro se desprenden varias observaciones interesantes. En primer lugar, en los países de
mayor equidad de género en la participación económica se registra un aumento, aunque leve, de los
índices de equidad, lo que significa que el mercado de trabajo no impone restricciones particulares que
obliguen a las mujeres a acortar su participación —por ejemplo, no necesitan retirarse del trabajo para
atender el cuidado de los niños. También hay pequeños cambios en el ordenamiento: si bien los países
nórdicos continúan siendo los de mayor equidad, todos ellos con un ISEG por encima del 90%, al
parecer en Finlandia y Dinamarca las mujeres tienen menos interrupciones en su dedicación que en
Noruega e Islandia, respectivamente. Por otra parte, para algunos países la ganancia con el nuevo

21

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

indicador es más o menos significativa, como en los casos de Alemania, el Reino Unido, Bélgica y,
sobre todo, Letonia, cuyo indicador pasa de 0,77 a 0,94, lo que lo ubica segundo en el ordenamiento.
En cuanto a la tendencia, a pesar de los altos niveles de equidad logrados por estos países, en
la mayoría de ellos se observa una leve pendiente creciente y cierta convergencia hacia niveles más
altos de igualdad de género. Teniendo en cuenta que estos países poseen políticas específicas para
promover el balance entre las actividades productivas y reproductivas de hombres y mujeres, puede
pensarse que aún a esos niveles de desarrollo y de promoción de la equidad, persisten algunas
limitaciones estructurales19 que impiden llegar a la igualdad total en la participación económica de
ambos géneros.
Contrario a lo que sucede en Europa, en la mayoría de los países de América Latina el ISEG
es sistemáticamente menor que el IEGP; esto significa que el funcionamiento del mercado de trabajo
—y de la sociedad en general— imponen restricciones a la participación de las mujeres que hacen
que, aunque ellas estén disponibles para participar, su tiempo efectivo de vinculación a las actividades
sea menor que el de los hombres. Las dos únicas excepciones a esta regla son la Argentina y el
Uruguay, donde el panorama de la equidad mejora al aplicar el ISEG, y pasan a ubicarse en un lugar
que refleja de una manera más apropiada la relación entre su nivel de desarrollo y la equidad de
género alcanzada, ya sea porque el ISEG corrige el efecto de su estructura etaria (envejecida) o
porque hay mejores garantías para la participación efectiva de las mujeres, o por una combinación
de las dos causas.
Aunque el ISEG corrige un poco el ordenamiento de los países de América Latina según su
nivel de desarrollo, no es suficiente para elevar la equidad de género en los casos de Chile, México y
Costa Rica, que continúan en puestos muy bajos, no acordes con su nivel de desarrollo, y tampoco
ajusta la clasificación de Haití, el Estado Plurinacional de Bolivia y el Perú, que siguen apareciendo en
los primeros lugares del ranking de equidad de género en la región.
La tendencia del ISEG es claramente creciente para todos los países de América Latina, lo
que constituye una buena noticia. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que aún los países más
desarrollados de la región están distantes de los niveles de equidad alcanzados por los países europeos
y, por lo tanto, se requieren esfuerzos deliberados, significativos y sostenidos si se quiere llegar al
ISEG de Finlandia (94%), que puede ser considerado como una meta.

19

No se cuenta con un análisis del tipo de limitaciones estructurales que pueden estar actuando; puede tratarse, por
ejemplo, de la persistencia de una posición cultural a favor de la permanencia de las mujeres en el trabajo
doméstico al momento de decidir quién asume las tareas productivas y reproductivas en los hogares.

22

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

IV. Bono demográfico, participación laboral
femenina y bono de género

A. La relación de dependencia
Las intensas transformaciones demográficas actualmente en curso en América Latina y el Caribe han
provocado cambios significativos en la estructura etaria de la población. Estos cambios, a su vez,
repercuten con fuerza en el proceso de desarrollo, ya que tienden a alterar el equilibrio entre grupos de
la población en edades económicamente activas e inactivas.
Últimamente, diversos estudios se han enfocado en los impactos económicos de las
tendencias demográficas, en particular de las transformaciones etarias de la población sobre el
crecimiento económico (Pool y Wong, 2006; CEPAL, 2008; Adioetomo y otros, 2005; Naciones
Unidas, 2005). Con el fin de comparar la situación de los países y evaluar los posibles efectos de los
cambios demográficos en el desarrollo socioeconómico, muchos de estos estudios utilizan indicadores
calculados sobre la base de rangos etarios, como la relación de dependencia (RD), que se obtiene
mediante el cociente entre la población de menores de 15 años y la de 60 años y más —consideradas
edades potencialmente inactivas— y la de entre 15 y 59 años —asumida como potencialmente activa.
En este contexto, se ha puesto una atención especial en la identificación y cuantificación del
período del bono demográfico, en el que la proporción de la población en edades económicamente
activas en un determinado país aumenta de manera sostenida, o sea, el lapso en que la relación de
dependencia se mantiene decreciente. Durante este período se genera un contexto propicio para el
crecimiento económico, siempre que se tomen las medidas adecuadas en materia de salud,
planificación familiar, empleo, políticas financieras y capital humano (Bloom, Canning y Sevilla,
2003; Saad, Miller y Martínez, 2009; CEPAL, 2009). Actualmente, la mayoría de los países de la
región se encuentran atravesando un período favorable, como resultado de su rápido paso por las
diferentes etapas de la transición demográfica.
Aunque el período del bono demográfico suele durar varias décadas, tarde o temprano la
relación de dependencia volverá a aumentar en todos los países, a causa del incremento sostenido de la
proporción de personas mayores. A partir de las estimaciones y proyecciones de población más
recientes de la CEPAL se advierte una gran diversidad de situaciones respecto del remanente del bono
demográfico entre los países de la región. Mientras que en algunos este período recién ha terminado
(Cuba y Chile), en otros perdurará por unas cuatro décadas más (Estado Plurinacional de Bolivia y
Guatemala). De una manera general, sin embargo, el bono demográfico habrá terminado en el
23

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

transcurso de las próximas tres décadas en prácticamente todos los países de la región (véase el
grafico IV.1).
GRÁFICO IV.1
AMÉRICA LATINA: PERÍODO RESTANTE DEL BONO DEMOGRÁFICO
A PARTIR DE 2010, SEGÚN PAÍSES
Cuba
Chile
Colombia
Costa Rica
Brasil
Uruguay
Panamá
México
Ecuador
Perú
Argentina
República Dominicana
Venezuela (República Bolivariana de)
Nicaragua
Paraguay
Honduras
Haití
El Salvador
Bolivia (Estado Plurinacional de)
Guatemala
2010

2020

2030

2040

2050

2060

Fuente: Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la
CEPAL, ―América Latina. Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo 1950-2100.
Revisión 2012‖, Santiago, 2012,
[en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.
Nota: El bono demográfico se refiere al período en el que la relación de dependencia (RD) se
mantiene decreciente. La RD es el cociente entre la población en edades inactivas (0 a 14 años y 60
años y más) y la población en edad de trabajar (15 a 59 años).

B. El indicador de dependencia económica
Una manera alternativa de estimar el impacto económico de los cambios en la estructura etaria es
mediante el indicador de dependencia económica (IDE), definido como el cociente entre la población
que no participa en actividades económicas —económicamente inactiva (PEI)— y la que
efectivamente lo hace —población económicamente activa (PEA). En este caso, además de los
factores demográficos —la estructura por edades de la población—, la estimación del período
favorable para el desarrollo toma igualmente en cuenta factores no demográficos, como la inserción de
las personas en el mercado de trabajo (CEPAL, 2008).
Según lo que se explicó anteriormente, para que el bono demográfico se traduzca en ventajas
reales para la sociedad es necesaria la adopción de una serie de medidas que promuevan un ambiente
social y económico propicio para el logro de un desarrollo sostenido, en particular, que aumenten las
oportunidades de empleo. De hecho, si no se crean suficientes puestos de trabajo, si las familias no
ahorran lo suficiente o si no se mejora la educación para las nuevas generaciones, la evolución
demográfica no solo deja de ser una oportunidad, sino que también podría conllevar problemas
sociales como el aumento de las tasas de desempleo y de los niveles de violencia juvenil. Por el
contrario, si a lo largo del período del bono los países avanzan en materia de protección social,
invierten en educación y salud y promueven la creación de empleos productivos y bien remunerados,
24

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

los logros económicos que resulten de tales políticas pueden contribuir a reducir la ―carga‖ que va a
implicar el incremento proporcional de las personas mayores (Saad y otros, 2012; Hakkert, 2007).
Si se toman como base las estimaciones y proyecciones más recientes de la PEA en América
Latina realizadas por el CELADE se observa que en todos los países de la región el indicador de
dependencia económica (IDE), calculado a partir de la participación laboral, tiene un período
favorable (decreciente) que se extiende más allá del correspondiente al bono demográfico, calculado a
partir de la relación de dependencia (RD). El gráfico IV.2 ilustra esta situación para grupos de países
que se encuentran en distintas etapas del bono demográfico: con excepción de Cuba, en los demás el
IDE sigue reduciéndose por lo menos hasta 2050, hecho que respecto de la RD ocurre solamente en el
caso de Guatemala. Tal situación apunta notoriamente a la posibilidad generalizada de potenciar el
bono demográfico en la región mediante un incremento de la participación laboral.
GRÁFICO IV.2
AMÉRICA LATINA (PAÍSES SELECCIONADOS): RELACIÓN DE DEPENDENCIA
(RD) E ÍNDICE DE DEPENDENCIA ECONÓMICA (IDE), 1990-2050
Relación de Dependencia (RD)

Índice de Dependencia Económica (IDE)
A. CUBA Y CHILE
1,8

1,1

1,7

1,0

1,6
1,5

0,9

1,4

0,8

1,3
1,2

0,7

1,1
1,0

0,6

0,9

0,5

0,8

1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2045 2050
Cuba

1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2045 2050

Chile

Cuba

Chile

B. MÉXICO Y ECUADOR
0,9

2,1

0,8

1,8

0,8

1,5

0,7

1,2
0,7

0,9

0,6

0,6

0,6
0,5

0,3
1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2045 2050
México

1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2045 2050

Ecuador

México

Ecuador

C. GUATEMALA Y BOLIVIA (ESTADO PLURINACIONAL DE)
1,1

2,6
2,3

1,0

2,0

0,9

1,7

0,8

1,4

1,1

0,7
0,8

0,6

0,5
1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2045 2050

1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2045 2050

Guatemala

Guatemala

Bolivia (Estado Plurinacional de)

Bolivia (Estado Plurinacional de)

Fuente: Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL,
―América Latina. Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo 1950-2100. Revisión 2012‖, Santiago,
2012, [en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.
Nota: La RD es el cociente entre la población en edades inactivas (0 a 14 años y 60 años y más) y la población en
edad de trabajar (15 a 59 años); el IDE es el cociente entre la población económicamente inactiva y la población
económicamente activa.

25

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

Considerando que las tasas de participación laboral masculina en la región son generalmente
altas, y que se encuentran muy por encima de las femeninas, el incremento de la participación laboral
estaría fuertemente condicionado por una mayor inserción de la mujer en el mercado de trabajo. Por
ejemplo, el gráfico IV.3 muestra claramente el papel decisivo de la creciente participación femenina
en las actividades productivas en lo que respecta a la extensión del período de reducción de la
dependencia económica más allá del indicado por los cambios demográficos. En el gráfico se
presentan las tendencias recientes y futuras del indicador de dependencia económica (IDE),
desglosado conforme a la contribución de la inactividad femenina y la masculina, para países
seleccionados que se encuentran en distintas etapas del bono demográfico.
GRÁFICO IV.3
AMÉRICA LATINA (PAÍSES SELECCIONADOS):
INDICADOR DE DEPENDENCIA ECONÓMICA (IDE) SEGÚN LA CONTRIBUCIÓN
DE LA INACTIVIDAD FEMENINA Y MASCULINA, 1990-2050
CUBA

CHILE

180

180

160

160

140

140

120

120

100

100

80

80

60

60

40

40

20

20

0

Inactividad masculina
Inactividad femenina

0

1990

2000

2010

2020

2030

2040

2050

1990

2000

MÉXICO

2010

2020

2030

2040

2050

2030

2040

2050

2040

2050

ECUADOR
220
200
180
160
140
120
100
80
60
40
20
0

220
200
180
160
140
120
100
80
60
40
20
0
1990

2000

2010

2020

2030

2040

1990

2050

2000

BOLIVIA (ESTADO PLURINACIONAL DE)

2010

2020

GUATEMALA

180

270

160

240

140

210

120

180

100

150

80

120

60

90

40

60

20

30

0
1990

0
2000

2010

2020

2030

2040

2050

1990

Inactividad masculina

2000

2010

2020

2030

Inactividad femenina

Fuente: Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL,
―América Latina. Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo 1950-2100. Revisión 2012‖,
Santiago, 2012, [en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.
Notas: IDE = (PEI total / PEA total)*100
PEI = Población económicamente inactiva; PEA = población económicamente activa
Contribución de la inactividad femenina = (PEI femenina / PEA total)*100
Contribución de la inactividad masculina = (PEI masculina / PEA total)*100

26

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

En todos los casos se observa que la disminución de la inactividad femenina —vale decir, el
aumento de la proporción de mujeres que forman parte de la PEA— contribuye significativamente
más que la de los hombres a la reducción de la dependencia económica. Esto significa que, si bien la
reducción de esta dependencia se asocia al período en que la proporción de personas en edades activas
sigue aumentando como resultado de la transición demográfica, la magnitud de tal disminución puede
ser reforzada, y su extensión prolongada, por la participación creciente de las mujeres en la actividad
económica. Por lo tanto, en la medida en que la creciente participación laboral femenina puede
convertirse en una contribución directa de las mujeres al crecimiento económico de los países, es posible
referirse a este proceso como un bono de género, que complementa y fomenta el bono demográfico.

C. Una aproximación a la magnitud del bono de género
vis a vis el bono demográfico
Definido de manera amplia, el bono de género se refiere al aumento de la producción económica per
cápita que se genera conforme se avanza hacia la paridad entre mujeres y hombres en el mercado de
trabajo, lo que supone la superación de barreras discriminatorias en contra de ellas existentes tanto
dentro como fuera de este mercado. El período de vigencia de este bono termina, por lo tanto, en el
momento en que se logre la igualdad de género en los mercados laborales.
Una manera de estimar la magnitud del bono de género en un determinado país sería mediante
el aumento de la producción económica per cápita resultante de la paridad laboral entre hombres y
mujeres, calculado sobre la base de las cuentas nacionales del país. Se trata de una medida
aproximada, ya que no considera en sus cálculos la producción económica que no es captada en las
cuentas nacionales, tales como el cuidado de la familia y el trabajo en el hogar. Dado que las mujeres
desempeñan estas actividades con mayor frecuencia que los hombres, la estimación en este caso
tendería a exagerar la magnitud del verdadero bono de género. Es decir, esta medida trae implícito el
supuesto de que las mujeres no generan ningún aporte económico fuera del mercado de trabajo; pero
en realidad lo que sucede es que por lo general ellas producen servicios esenciales que, de acuerdo a
las prácticas metodológicas actuales, no se incluyen en las cuentas nacionales. De todas formas, si
bien esta medida exagera la verdadera magnitud del bono de género, refleja fielmente su impacto en el
crecimiento del producto interno bruto (PIB) per cápita medido por las cuentas nacionales.
Se podrá disponer de una imagen precisa de la magnitud del bono de género cuando el uso del
tiempo se tenga en cuenta de manera adecuada. Actualmente, Donehower (2013) está desarrollando
las Cuentas Nacionales de Transferencias del Tiempo (CNTT) como una cuenta satélite de las cuentas
nacionales de transferencias, con el fin de medir la inversión de tiempo por género y las respectivas
transferencias de tiempo entre las personas. De manera similar a lo que sucede con las CNT, las
CNTT se estiman para muchos países y para diferentes años. Las comparaciones internacionales de
estos datos producirán una rica fuente de información no solo acerca de la magnitud del bono de
género, sino también acerca de la especialización de género en las economías a lo largo del tiempo, la
igualdad de género y la medición de la ―economía del cuidado‖, especialmente la provisión de
transferencias de tiempo destinadas a los niños y las personas mayores.
A la espera de los resultados que serán posibles gracias a los esfuerzos de los próximos años,
este estudio intenta una estimación preliminar de la magnitud del bono de género con respecto al bono
demográfico. A falta de datos, se recurre a la utilización de un método muy simplificado para la
estimación de estos dos dividendos en dos períodos de 30 años, que representan el pasado reciente y el
futuro próximo: 1980-2010 y 2010-2040. El tamaño del bono demográfico está representado por la
tasa de crecimiento anual de la proporción de la población en edad de trabajar durante el intervalo. En
tanto, la tasa de crecimiento anual de la tasa de participación laboral durante el intervalo es el
indicador del tamaño del dividendo de género. Estas medidas pueden ser consideradas como
aproximaciones a la contribución de estos factores al crecimiento del PIB per cápita durante los
intervalos. De esta manera, se puede medir en una forma bruta el tamaño aproximado de las

27

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

contribuciones de los cambios demográficos y el aumento de la participación laboral de las mujeres al
crecimiento económico en el pasado reciente y el futuro cercano. También es posible evaluar la
magnitud relativa del bono de género con respecto al bono demográfico.
Estas medidas de los bonos son necesariamente una simplificación. Se supone que el
crecimiento del PIB per cápita es la suma de cuatro factores (s, t, u y -n), donde s es la tasa de
crecimiento del producto por trabajador, que refleja los cambios debidos al aumento de la
productividad de las inversiones en capital humano o físico; t es la tasa de crecimiento de la tasa de
participación laboral en las edades laborales; u es la tasa de crecimiento de la población en las edades
de trabajar, y n es la tasa de crecimiento de la población total20. El bono demográfico se mide como la
diferencia entre la tasa de crecimiento de la población en edad de trabajar y la población total, u – n.
El dividendo de género se mide por la tasa de crecimiento de la tasa de participación laboral en las
edades de trabajar, t. Como se mostró en la sección anterior, la mayor parte de la tasa de crecimiento
de la tasa de participación laboral en el pasado reciente y en las previsiones para el futuro próximo se
debe a cambios en la tasa de actividad femenina. Por esta razón, se puede aproximar fácilmente esta
contribución mediante los cambios en la participación total en la fuerza laboral. Esta medida exagera
la contribución económica real de la creciente participación laboral de las mujeres, puesto que sus
ingresos son diferentes de los de los hombres, por lo tanto, debe ser considerado como un potencial
bono de género. Estos cálculos son indudablemente crudos, pero servirán para estimar el tamaño
general y la tendencia del bono de género.
El gráfico IV.4 muestra las contribuciones anuales de los dos bonos combinados
(demográfico y de género) al crecimiento económico anual de 20 países de América Latina en el
pasado reciente (1980-2010). El impacto estimado sobre el crecimiento del PIB per cápita es
considerable: casi todos los países muestran una contribución de más de un punto porcentual por año
al crecimiento —con la excepción de Cuba, el Uruguay y Haití. El país con el mayor bono combinado
durante el pasado reciente fue Colombia, donde el impacto sobre el crecimiento del PIB per cápita fue
de 1,8 puntos porcentuales. Las contribuciones del bono de género y del bono demográfico fueron más
o menos iguales allí. Observando todos los países se encuentra que, en promedio, el bono de género
fue casi tan grande como el bono demográfico durante este período. En promedio, el bono de género
contribuyó aproximadamente 0,6 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB per cápita, igual
que el dividendo demográfico. Esa es precisamente una de las principales conclusiones de este
estudio: que el bono de género es casi tan grande como el bono demográfico.
Sin embargo, se observa una variación sustancial entre los países. El Estado Plurinacional de
Bolivia, Colombia, Guatemala, la Argentina y el Ecuador tuvieron bonos de género por encima de la
media regional —que contribuyeron en más de 0,8 puntos porcentuales por año al crecimiento del PIB
per cápita. Mientras, otros países como Cuba y Haití mostraron bonos de género inferiores a esa
medida —con contribuciones inferiores a 0,2 puntos porcentuales). Respecto del bono demográfico se
evidenció una variación similar durante el pasado reciente: en México, el Brasil, Costa Rica, Colombia y
Cuba fue superior a la media en el período —contribuciones de más de 0,8 puntos porcentuales anuales
al crecimiento del PIB per cápita—, en tanto que otros países, tales como el Uruguay, la Argentina y
Guatemala, registraron bonos inferiores a ese parámetro, con un dividendo demográfico que contribuyó
menos de 0,2 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB per cápita.
Si se mira hacia el futuro próximo, las estimaciones del impacto combinado de los bonos
demográfico y de género para el período 2010-2040 evidencian cambios entre los países (véase el
gráfico IV.5). Se proyecta que Colombia, que tuvo el bono combinado más alto de los últimos tiempos
(1,8 puntos porcentuales) pasaría a tener uno de los dividendos más bajos en un futuro próximo (0,4
puntos porcentuales). Haití, que al contrario registró el bono combinado más bajo en el pasado
reciente (0,4 puntos porcentuales) pasaría a tener un bono combinado de 0,9 puntos porcentuales en el
futuro cercano. Además, se prevé que varios países tendrán bonos que excedan un punto porcentual
por año: Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua.
20

No se intenta medir ni pronosticar la tasa de crecimiento del producto por trabajador, s.

28

CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

GRÁFICO IV.4
AMÉRICA LATINA: CONTRIBUCIÓN ANUAL DEL BONO DE GÉNERO Y DEL BONO
DEMOGRÁFICO AL CRECIMIENTO DEL PIB PER CÁPITA, 1980-2010
(En puntos porcentuales)
2,0

1,8
1,6
1,4

1,2
1,0
0,8
0,6

0,4
0,2

Bono demográfico

Haití

Uruguay

Cuba

Guatemala

Argentina

República Dominicana

Nicaragua

Venezuela (República
Bolivariana de)

Panamá

El Salvador

Perú

Honduras

México

Paraguay

Bolivia (Estado
Plurinacional de)

Chile

Brasil

Costa Rica

Ecuador

Colombia

0,0

Bono de género

Fuente: Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL,
―América Latina. Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo 1950-2100. Revisión 2012‖, Santiago,
2012, [en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.

GRÁFICO IV.5
AMÉRICA LATINA: CONTRIBUCIÓN ANUAL DEL BONO DE GÉNERO Y DEL BONO
DEMOGRÁFICO AL CRECIMIENTO DEL PIB PER CÁPITA, 2010-2040
(En puntos porcentuales)
2,0
1,5
1,0
0,5

Bono demográfico

Cuba

Uruguay

Chile

Colombia

Brasil

Argentina

Panamá

Costa Rica

Perú

República Dominicana

Ecuador

México

Venezuela (República
Bolivariana de)

Haití

Paraguay

Nicaragua

El Salvador

Bolivia (Estado
Plurinacional de)

-1,0

Honduras

-0,5

Guatemala

0,0

Bono de género

Fuente: Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL,
―América Latina. Estimaciones y proyecciones de población a largo plazo 1950-2100. Revisión 2012‖,
Santiago, 2012, [en línea], ‹http://www.eclac.cl/celade/proyecciones/basedatos_bd.htm›.

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CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

En comparación con el pasado reciente, se observa una disminución del tamaño del bono
demográfico en la mayoría de los países de la región (16 de 20). En promedio, la contribución de este
bono al crecimiento del PIB per cápita caería de 0,6 a 0,3 puntos porcentuales. La contribución del
bono de género al crecimiento económico, en tanto, también se reduciría desde 0,6 a 0,4 puntos
porcentuales. Por lo tanto, en promedio, el dividendo de género será más importante que el bono
demográfico en América Latina en el período considerado. Se proyecta que en 12 de los 20 países el
dividendo de género excederá el bono demográfico. Este hallazgo tiene implicaciones importantes
para la dirección de las futuras investigaciones y políticas públicas en la región.

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Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

V. Reflexiones finales

En América Latina, como en gran parte del mundo en desarrollo, se está experimentando un
incremento sustancial y sostenido de las tasas de participación económica de las mujeres. De hecho,
este estudio muestra una clara tendencia convergente de la participación femenina hacia la magnitud
de la participación masculina, aunque la distancia entre una y otra es todavía significativa.
Entre los principales factores relacionados con la creciente participación femenina sobresale
el descenso de la fecundidad, asociado al proceso de transición demográfica, así como una serie de
transformaciones interrelacionadas con él, como la reducción del tamaño y el cambio de la estructura
de los hogares, el aumento del nivel educativo de las mujeres y sus indudables avances en el logro de
una mayor autonomía.
A pesar de ello, los países de la región muestran un importante retraso en cuanto a la equidad
de género en las actividades económicas, ya que persisten condiciones culturales en general y factores
estructurales en el mercado laboral que no solo dificultan el acceso y la permanencia de las mujeres en
el empleo, sino que implican además que reciban menores remuneraciones que los hombres. Según se
muestra en este estudio, aun en los países de la región con mayores niveles de equidad en la
participación laboral y de vinculación de las mujeres a las actividades productivas, estos valores están
todavía distantes de los alcanzados por los europeos.
De ahí la existencia de un amplio margen para el aprovechamiento del bono de género en la
región, capaz de generar un aumento importante de la producción económica per cápita, en la medida
que se avance hacia la paridad entre mujeres y hombres en el mercado de trabajo. Además, según se
indica en el estudio, el bono de género complementaría y fomentaría el bono demográfico. Tal
contexto plantea a todos los países el reto y la oportunidad de avanzar en la implementación de
políticas tendientes a estimular la participación femenina en igualdad de condiciones que la masculina.
El estudio de la magnitud relativa del bono de género y del bono demográfico arrojó varios
hallazgos notables. En primer lugar, la magnitud del bono combinado (el de género más el
demográfico) fue importante en el pasado reciente, cuando contribuyó más de un punto porcentual por
año al crecimiento del PIB per cápita. En segundo lugar, este impacto sería menor pero todavía
importante en el futuro cercano en la mayoría de los países de la región (en promedio, una
contribución de 0,7 puntos porcentuales al crecimiento del PIB per cápita). En tercer lugar, y lo más
importante, el bono de género fue tan grande como el bono demográfico en la región durante los
últimos años, y es probable que sea mayor que el bono demográfico en el futuro cercano. El aporte

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Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

que puedan realizar las mujeres a las economías hacia el futuro y, por lo tanto, la magnitud y la
duración del bono de género, dependen de una serie de factores que se relacionan principalmente con
el tamaño y la estructura de los hogares, con la distribución de los roles productivo y reproductivo
dentro de ellos y con el funcionamiento del mercado de trabajo21.
Por lo general, se plantea la importancia fundamental del nivel educativo en la participación
laboral femenina22, pero en América Latina esta relación aparece reducida, lo que hace pensar que el
salario al que pueden aspirar las mujeres en el mercado de trabajo no constituye un retorno suficiente
al nivel educativo alcanzado23. Por lo tanto, además de la elevación de su nivel de educación formal,
un primer conjunto de medidas de política consistiría en acciones tendientes a igualar el monto y las
condiciones salariales de las mujeres con calificaciones equivalentes a las de los hombres.
Un aspecto que requiere especial atención en relación con el acceso de las mujeres a la
educación es el de la fecundidad temprana. Se ha demostrado que la maternidad adolescente actúa
como una impronta a lo largo del ciclo de vida de las mujeres, al reducir sus oportunidades educativas
y por lo tanto las de empleo productivo (Martínez, 2012). En consecuencia, las políticas de salud
sexual y reproductiva, sobre todo orientadas a las y los adolescentes, continúan siendo prioritarias para
estimular la participación económica de las mujeres.
En los mercados de trabajo persisten condiciones discriminatorias para el acceso de las
mujeres al empleo bien remunerado. La legislación no las protege suficientemente y esta situación
tiende a agudizarse con la tendencia generalizada a la desregulación. Es necesario tomar los recaudos
para que las mujeres no sean las primeras y más fuertemente afectadas en virtud de sus necesidades de
tiempo y protección durante los períodos de embarazo y crianza. La liberalización de los mercados de
trabajo no puede constituir un estímulo más a la precarización del empleo femenino. Por el contrario,
urgen reformas institucionales en los sistemas de seguridad social para garantizarles una cobertura total.
Otro conjunto de determinantes cuyo fuerte impacto se ha verificado en diferentes estudios en
América Latina tiene que ver con el tamaño y la estructura de los hogares, fundamentalmente la
presencia de niños menores de 5 años (Alvear, 2011; Tienda y Glass, 1985; Blau y Robins, 1989;
Wong y Levine, 1992). Se ha encontrado que la presencia de niños de este grupo etario tiene un alto
impacto negativo para la participación de las mujeres en la actividad económica, pero que esa
incidencia actúa sobre todo en los estratos socioeconómicos bajos y en contextos en los que la mujer
no puede acudir a vecinos o amigos para confiarles la tutela de los niños mientras ella acude al trabajo.
Las tendencias demográficas también pueden tener una influencia restrictiva en la participación
económica de las mujeres cuando, por el proceso de envejecimiento, crezca la ―carga‖ de
dependientes adultos mayores en los hogares y, en ausencia de respuestas institucionales, su cuidado
recaiga sobre las familias, especialmente sobre las mujeres. Por lo tanto, se requiere la
implementación de sistemas públicos de cuidado para los niños y para las personas mayores
dependientes.
Se ha demostrado que la autonomía de la mujer tiene un alto impacto positivo en sus
posibilidades de participación económica. Por lo tanto, debe favorecerse su empoderamiento mediante
su presencia en todas las esferas de la vida social, desde el hogar, pasando por el espacio comunitario,
hasta la participación política en las altas esferas del poder, todo ello en el marco de acciones
tendientes a la transformación de los factores culturales relacionados con la distribución tradicional de
los roles productivos y reproductivos entre mujeres y hombres.
21

22
23

Una revisión completa de los factores que intervienen en la participación de la mujer en la actividad económica
puede encontrarse en C. Martínez (2012).
Véase por ejemplo Heckman (1974) y diversos autores de la denominada Nueva Economía de la Familia.
En un estudio realizado sobre Colombia (C. Martínez, 2012) se encontró que tanto con el análisis bivariado como
con los modelos tipo logit ―el estímulo a la ocupación femenina proveniente de la educación medida en años
simples, es relativamente reducido para lo que podría esperarse‖. Según el autor, la relación opera a través de saltos
en determinados niveles educativos, y es muy diferencial por estrato socioeconómico.

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CEPAL – Colección Documentos de proyectos

Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

En este estudio se calculó la magnitud del bono de género tomándose en cuenta solamente las
tasas de participación laboral. Aunque indique claramente el potencial económico de la paridad de
género en el mercado de trabajo, como se dijo, esta medida es solo una aproximación al bono de
género, que no considera las diferencias notables en la remuneración según este criterio, y los cambios
en la productividad de los trabajadores por inversiones en capital humano (como la educación) y en
capital físico.
Una manera más refinada de estimar el bono de género, y que constituye el paso siguiente a
este estudio, es mediante el aumento de la producción económica per cápita resultante de la paridad
laboral entre hombres y mujeres, calculado sobre la base de las cuentas nacionales de transferencias
(CNT) del país. De este modo, se podrá distinguir claramente el proceso de equiparación de los roles
económicos de hombres y mujeres en términos de participación en la fuerza laboral, los salarios y el
nivel de educación. Esta estimación más refinada permitirá trazar las diferentes tasas de progreso en
estos dominios a lo largo del tiempo y entre los países, lo que hará posible profundizar la comprensión
de la evolución del bono de género. Los datos de este estudio han demostrado que la magnitud de este
bono de género probablemente sea mayor que la del bono demográfico en la región, y que merece más
investigación y atención política.
Cabe señalar que, si bien esta medida exagera la verdadera magnitud del bono de género, al
no considerar en sus cálculos el resultado económico de actividades no remuneradas desempeñadas
por las mujeres —como el cuidado de la familia y el trabajo en el hogar—, sí refleja fielmente su
impacto en el crecimiento del PIB per cápita medido por las cuentas nacionales.

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Participación laboral femenina y bono de género en América Latina

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