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        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
        <dc:language>es</dc:language>
        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
        <dcterms:available rdf:datatype="http://www.w3.org/2001/XMLSchema#dateTime">2014-01-02T14:51:16Z</dcterms:available>
        <bibo:handle>hdl:11362/32902</bibo:handle>
        <foaf:homepage rdf:resource="http://repositorio.cepal.org"/>
<dcvalue rdf:element="bodyfulltext">
INT-0056
r

COMISIÓN ECONÓMICA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (CEPAL)
DEUTSCHE GESELLSCHAFT FÜR TECHNISCHE ZUSAMMENARBEIT (gtz)

EL NUEVO REGIMEN
AUTOMOTOR

PROYECTO CONJUNTO CEPAL/GTZ POLÍTICAS PARA MEJORAR LA CALIDAD,
EFICIENCIA Y LA RELEVANCIA DEL ENTRENAMIENTO PROFESIONAL EN
AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. FASE II (FRG/99/S126)
Santiago de Chile, 2001

Documento informativo
No. 40
5 de enero de 2001
ORIGINAL: ESPAÑOL
CEPAL
Comisión Económica para América Latina y el Caribe

EL NUEVO ;REGIMEN
AUTOMOTOR

±1 El presente documento fue preparado por la señora Marcia Leite de Paula, consultora de la
Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico de la División de Desarrollo Productivo y
Empresarial. Este documento ha sido desarrollado en el marco del Proyecto CEPAL/GTZ:
Políticas para mejorar la calidad, eficiencia y la relevancia del entrenamiento profesional en
América Latina y el Caribe. Fase 11 (FRG/99/S126). Las opiniones expresadas en este
documento, el cual no ha sido sometido a revisión editorial, son de la exclusiva responsabilidad
de la autora y pueden no coincidir con las de la Organización.

Ill

INDICE

RESUMEN

V

INTRODUCCIÓN

1

EL CONTEXTO MACEOECONOMICO DE LA REESTRUCTURACIÓN

1

1.
EL SECTOR AUTOMOTOR EN SL CONTEXTO DE LA MEEESTRUCTURACIÓN LOS
AÑOS NOVENTA....................
LL
1.2
1.3
1.4

La crisis de los años ochenta e inicio de los años noventa
La Cámara Sectorial Automotriz
31 nuevo régimen automotriz
La Cámara Regional áel Gran ABC

3
4
7
10

L. T;SANSFORMACIGNZS SN LA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO Y EN LA GESTION BE
MANO DE OBRA Y LAS IMPLICACIONES PASA LA CALIFICACIÓN DE LA FUERZA GE
2.1 nuevas formas de organización y gesíiózi de la mano de obra y califcación en las principales
empresas áe la cadena
13
2.2. Nuevas fonnas de organización y gestión de la mano de obra y calificación en los últimos niveles
de la cadena
15
m . .ESTRATEGIAS DE FOBMAaÓN PROFESIONAI

...

IV. ESTRATEGIAS EN RELACIÓN A LOS PROVEEDORES

16
— . 18

V. EVALUACIÓN DEL HOL DE LA FOSlMACIÓN PROFESIONAL SN LA PLANIFICACIÓN
ESTRATEGICA BE LAS EMPRESAS
—
20
VI. IMPACTO REGIONAL DE LAS ESTlílATEGIAS DE FORMACIÓN PROFESIONAL

21

VIL EFECTO DE LAS POLITICAS DE FORMACIÓN PROFESIONAL SOBRE LA EQUIDAD
DE GENERO Y OTROS GRUPOS VULNERABLES
21
VIH. CONCLUSIONES Y RECOMENDÁCIONIES ........................................................................... 23
BIBLIOGRAFIA............................................0.......0................................................................................... 25

RESUMEN
En este trabajo se examinan ios requisitos de calificación, capacitación y entrenaniienío
del sector automotor brasileño. De este análisis se concluye que la demanda de las
empresas ensambladoras es satisfecha en forma limitada. Las actividades de formación
afectan sólo a un grupo nuclear de trabajadores sin tocar aquellos que participando de la
cadena automotriz están más alejados de las plantas ensambladoras. Se concluye que la
sola intervención estatal no va a resolver ias deficiencias de este tipo de formación sino
que es necesario encontrar formulas institucionales que consideren el conjunto de los
agentes comprometidos. Estos problemas hacen parte de una situación más general,
perceptible no sólo sn si ámbito de la fcnnación, que consiste en la constitución de una
esfera pública en donde participen Ies actores sociales, lo que necesariamente in:.plica
estabiecer m.scanismcs reguladores ei:.cieníes. Se ilustra esta propuesta ccn referencias al
Proyecto Alquimia elaborado por si sector del plástico, que se mussíra muy
promisorio.

INTRODUCCIÓN
EL CONTEXTO MACEOECONOMICO 9 E LA REESTRUCTURACIÓN

A pesar de algunos cambios tecnológicos (equiparrieníos y tecnologías organizacionaies)
y de gestión de personal ocurridos desde finales de ios años setenta el real proceso de
reestructuración productiva en el Brasil, se inició a partir de los años noventa, cuando el
gobierno áe Colior de Mello adoptó un conjunto de medidas para insertar al país sn el
proceso ds glcbalizacion (licite, 1994). Dentro de ese nuevo contexto económico basado
en apertura comercial, desregulacicn y privatización, es que las empresas brasileñas
tuvieren qus snfrgntar k competencia externa con medidas que significaron una real
rsestructuracicn nroductiva, y as: llega:- a los padrones de co:nipeíiíividad del marcado
internacional.
3so no signinca que se naya iniciado a paííir de entonces, un proceso lineal y
continuo de apertura económica. Por el contrario, el camino lia sido sinuoso, con idas y
venidas, sn el cual el peso ds varios intereses na.n sido f;mdsment£les en la dennición de
las medidas adoptadas, h continuación se analiza cómo ss comnortó el sector ?:;tomctcr
en ese entorno, determinando su desempeño y comportamiento y la acción ds los agentes
implicados.

S L SECTOR AUTOMOTOR EN EL CONTESTO BE I-á.
SESESTtüCTÜMACiÓN SN LOS AÑGS NOVENTA

La industria automotriz nació en el A3C paulista, en la segunda mitad ds los años
cincuenta durante el gobierno de Xubitscñei, como resultado de la instalación de varias
filiales de grandes snsambladoras de automóviles, camiones y omnibuses. Como parte
central del ?la.n Mistas, —que proponía el desarrollo de
años en cinco, a través de la
implantación del sector de bienes de co:::sumo durables— la industria se instaló en la
regiói-, que ya era un espacio industrial desde la primera mitad dei siglo XX, a le krgo
del r e de la fenrovía Santos-Jundaí gracias a su privilegiada ubicación entre la capital y
si puerto de Santos. ?ue a partir de ese momento cus, aprovechándose de las ventajas
locales disponibles (proximidad del mercado consumidor, facilidad de acceso al puerto de
Santos, abundancia de tierra y mano de obra) e! parque industrial automotriz, constituido
por las ensamibladoras de vehículos (véase cuadro i) y sus proveedoras de repuestos para
automóviles se establecieron en is. region, transformando la region en el cinturon
industrial del Gran Sao Paulo y en el mayor polo industrial del país (Leite, 2000).

CUADRO 1
INSTALACION DE LAS PLANTAS DE MONTAJE DE AUTOMOVILES
EN EL ABC PAULISTA
EMPRESAS

AÑO DE INSTALACIÓN

General Motors
Mercedes Benz de Brasil
Volkswagen
Willys Overland de Brasil
Vemag de Brasil (incorporada por la Volkswagen en 1967)*
Simca de Brasil
Karman Ghia
Scania
Toyota
Ford (incorporación de la Willys Overland)*
Chrysler (incorporación de Simca)*
Fuente: DIEESE
*/ Obsérvese que a partir de mediados de los años sesenta se inició un
incorporación de empresas

1930
1956
1957
1957
1957
1959
1959
1962
1962
1967
1969
rápido proceso de

A finales de los años sesenta, después del desaliento que predominó al inicio de la
década, y el milagro económico entre 1968 y 1974, la producción de vehículos en el
ABC vivió sus años de gloria, llegando a representar 75% de la producción y del empleo
de la industria automotriz en 1975 (Bresciani, 1997). En cuanto a las auto partes, en los
años cincuenta el sector creció basado en empresas nacionales y sobre bajas barreras de
entrada, la crisis de los años sesenta ocasionaron diferencias entre las empresas,
sobreviviendo aquellas con estrategias competitivas más agresivas y mayor grado de
aprendizaje tecnológico. Los años setenta se caracterizaron por el ingreso de nuevas
empresas transnacionales y que, a lo largo de la década, fueron consolidando una
estratificación basada en el tamaño, composición del capital y grado de sofisticación del
producto (Gitahy y Bresciani, 1998:2).
A mediados de los años setenta, la industria automotriz de la región se vio frente a
un doble proceso (Pacheco et al, 1889); por un lado, se inicia una tendencia a la
descentralización de la producción, marcado por la instalación de la Fiat en Betim (MG),
de la Volvo en Curitiba (PR), así como la apertura de nuevas plantas de las
ensambladoras ya instaladas en otras regiones, especialmente en el Valle de Paraíba
(Volkswagen y Ford, en Taubaté y GM, en Sao José dos Campos). Por otro lado, la
inestabilidad económica y el estancamiento del crecimiento del país, a partir de los años
ochenta, condujeron a una pérdida del dinamismo de la industria automotriz y a un
desfase tecnológico y organizacional: los esfuerzos de modernización de productos y
procesos fueron limitados y selectivos, reflejando la /alta de inversionistas en un contexto
en que el papel de las filiales brasileñas en las estrategias de las matrices no era
considerado prioritario (Pacheco et.al., 1998: 37).

Ese es el contexto de la industria automotriz brasileña a inicio de los años
noventa, cuando se inició la apertura comercial promovida por Collor de Mello, la que se
basaba en la liberalización económica. En marzo de 1991, se liberaron las importaciones,
eliminando las restricciones no tarifarias sobre productos que no eran importados desde
hacía mucho tiempo y se suspendió la mayor parte de las tasas y subsidios de que gozaba
la industria nacional.
En el caso de las tasas de importación, éstas bajaron gradualmente del 85% en
1990 a 20% en septiembre de 1994. Para las piezas y accesorios, las tasas bajaron de
39% en 1991 para 18.6% en 1994 (Comin, 1998).
A inicios de 1995, se inició una reversión de esta tendencia debido al deterioro de las
cuentas externas del país y a la inestabilidad provocada por la crisis mexicana. El
gobierno elevó en febrero de ese año las tasas de 20 pera 32% y al mes siguiente a 70%
para los vehículos autoTiOtcres, aunque las relativas a las piezas y accesorios contir.uaron
bajas. A estas medidas siguió la impIemeníEción del Nuevo Régimen Automotriz, que
preseníé ciertas particulari.dades como son substituir una áe las experiencias de política
industrial niás innovadoras, avanzadas y exitosas que fue la de la Cámara Ssctori.aI
Auícmoíriz. Bsía reflejó una especiñcidad del sector auíomoíor en si contexto de la
política industrial brasileña en los años noventa (que) está justamente en el hecho de este
sector haber tenido una política propia, sn el monsT-ío en que si país estaba abandonando
su fuerís tradición de políticas sectoriales en pro de políticas de corte horizontal (Cornin,
1998). Finalmente, la adopción del Nueve Régimen Automotriz se dio dentro del
contexto de la implementaclón económica del Mercosur, que abría promi,sorias
posibilidades de mercado paia la industria nacional, dada la superioridad da la Industria
autonictri.z brasileño en ccmpa:ración con los demás países del cono sur.
Para comprender este comphjo cuadro ds continua transformación se analizan
separadamente los cuatros periodos de este: si ds la crisis de los años ochenta hasta el año
1991; el de la Cám.ara Sectorial, entre los años 1991 y 1995: el del Nuevo Régimen
Automotriz, a partir de 1995 y el ds la Cámara Regional del Gran ABC desde 1997 en
adelante.
LL

La crisis de los años ochenta e inicio de los años noventa

La década de 1980 afectó gravemente a la industria automotor, así como a toda la
economía brasileña. Después de 10 años de inflación y crisis la industria a inicios de los
años noventa enfrentaba desafíos que según Leite et.al (1996), se explicaban de la
siguiente manera:
a)

La producción brasileña, que hasta finales de los años setenta ubicaba a
Brasil en el 9° lugar en la producción mundial de vehículos, se encontraba
estancada en el mismo lugar de 10 años a t r á s (900 mil a u n millón de
unidades anuales). Debido a ello, el país cayó al 12 lugar mundial,

b)
c)
d)
e)

f)

1.2

habiendo sido superado a lo largo de la década de 1980 por España, Corea
y México,
La capacidad ociosa de las plantas ensambladoras era de aproximadamente
26%;
Las ventas del período 1987-1991 cayeron casi 20% con relación al
período anterior;
Las exportaciones presentaron una tendencia declinante: de las 346 mil
unidades exportadas en 1987 se llegó a 193 mil en 1991;
El cierre de la unidad de motores de la Ford en Sao Bernardo do Campo no
era un problema aislado, sino una tendencia general de lo que podría
suceder con varias otras plantas debido a la apertura de las importaciones;
La retracción de la producción y el proceso de reestructuración de las
empresas redujo puestos de trabajo en el sector.

La Cámara Sectorial Automotriz

En este contexto de crisis nació la Cámara Sectorial. Estas cámaras surgieron como
propuesta del gobierno de Collor de Mello (1990-1992), inicialmente como una forma de
regulación de los precios a lo largo de las cadenas productivas y, enseguida, como foros
tripartitos (gobierno, empresarios y sindicatos de trabajadores), para la discusión de
estrategias de reestructuración de sectores industriales. Debido a la situación en que se
encontraba el sector en aquel momento, el Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do
Campo decide participar en abril de 1991 de la instalación de la Cámara Sectorial
Automotriz, manifestando la necesidad de la reestructuración global del sector, orientada
hacia su reactivación.
Aunque la Cámara en los primeros meses haya funcionada centrada en la
discusión de los precios, a final de ese año el entonces Presidente del Sindicato de los
Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, Vicente Paulo da Silva, obtuvo del Ministro de
Economía, el compromiso del cambio de su rol. De las discusiones y seminarios
realizados por los grupos de trabajo que se constituyeron en la Cámara se produjo el
primer acuerdo en marzo de 1992.
El acuerdo negociado apuntaba a la apertura del mercado manteniendo un saldo
positivo en la balanza comercial, a la renovación tecnológica de la base productiva, a un
nuevo mix de producción, privilegiando los automóviles básicos y más económicos, al
aumento del empleo y de los salarios y a una nueva estructura tributaria sectorial
(Cardoso y Comin, 1993). Después de más de una década de conflictos el Acuerdo dio
origen a una nueva fase en las relaciones de trabajo en el país. Además de los resultados
económicos positivos que generó, el aspecto már importante fue iniciar relaciones
sociales más modernas, un nuevo contrato social. Ei resumen transformó las relaciones
de trabajo de una relación de conflicto para una relación, que sin dejar de tener intereses
 Transformado en Sindicato de los Metalúrgicos del ABC en 1993.

antagónicos, cambió la naturaleza de ese antagonismo, convirtiéndolo en uno
convergente (Oliveira, et.al., 1993).
Arbix y Zilbovicius (2000) señalan que la industria automotriz brasileña se
encontraba en ese momento muy atrasada en relación a los padrones internacionales, lo
que constituía un serio problema para todos los involucrados. Por un lado, la industria
mostraba indicadores muy pobres en términos de productividad, calidad, automatización,
design, mix de producción, escala, prácticas de manufactura y sistemas administrativos.
Por otro lado era deficiente en sus relaciones con los trabajadores, proveedores, clientes y
la sociedad. Décadas de proteccionismo con un prolongado período de conflictos parecía
haber creado un aura de desconfianza y de serias limitaciones para el diálogo entre ios
involucrados, al punto que la negociación misma acarreaba incertidumbre. Precisamente,
debido a ese clima, la Cámara buscó desarrollar el consenso desde el inicio. Las
decisiones sólo se tomaban cuando existía convergencia de intereses, por lo menos entre
sus miembros más ::2iportaníes. Los sindicatos y les representantes patronales tenían los
mismos derechos y contaban con el mismo peso en las discusiones, lo que condujo a
proposiciones sólidas (Arbix y Zilbovicius, 200G).
?ue esa ccnf.usnc:a de intereses y preocupaciones que desafiaban a todo el sector
lo que permitió que el Acuerdo fuera exitoso para enfrentar los principales problemas que
peijudicaban a la industria automotriz. Como menciona Leite et.al (1996) como
resultado de las medidas tomadas, la producción ds 1992 volvió al nivel ds 1988/1989,
superior al millón de vehículos. Bn las ensambladoras si empleo se estabilizó en tomo a
105 mil üusstos y los salarios reales subieren ds 65% a 75% entre
ds 1992 y
m.arzo de 1993.^ 
31 acuerde fue rsnevadc sn lebrero de 1993, preponiendo una nusva reducción ¿s
Ies precies ce los vehículos sn tomo de: 1C%, a través ds la reducción ds impuestos, ds
los márgenes de ganancia ds las ensambladoras, repuestos para vehículos y revendedoras
y la mejoría ds las rendiciones de accsse al crédito para los compradores; nuevas metas
de producción hasta dos millonss de vehículos; s Inversiones del orden de 10 billones de
dólares. 2n relación con las relaciones de trabajo, las propuestas más im.poríantes fueron
la creación de más ds 90 000 nuevos puestos de trabajo en el bienio 1993-1994; el
reinicio de las discusiones en relación a los contratos colectivos de trabajo; un acuerdo
colectivo válido por dos años y miedle; reajuste mensual de salarios de acuerdo con la
variación del índice de prscios al consumidor (INPC), para todos los trabajadores de la
cadena; aum.ento real del salario de 20% entre 1993 y 1995; comisión de seguimiento de
los niveles de em.pleo y producción; e integración de los trabajadores de la Betim (FIAT)
a los términos del acuerdo.
Los dos últimos puntos no se cumplieron: las relaciones entre la Fiat y el
Sindicato de los Metalúrgicos de Betim siguieron siendo conflictivas y la comisión de
seguimiento nunca llegó a formarse. Una evaluación más general, sin embargo, permite
afirmar que aunque la Cámbara no haya llegado a cumplir todos los puntes acordados, ni
^ Según el Departamento Intersindical de Estadísticas y Estudios socioeconómicos (DIEESE) (órgano de
asesoría a los sindicados brasileños). Esta información tenía como base abril de 1988.

6
llegar a firmar nuevos, sus resultados fueron positivos, en términos de producción, salario
y empleo, además, de la recaudación de impuestos: récords consecutivos se batieron a
partir de 1993 y las metas de producción fueron superadas. En 1994, se registró más de
1.2 millones de vehículos producidos en el Brasil (o procedentes de Argentina) vendidos
en el mercado brasileño. En términos anuales, se fabricaron más de 1.5 millones de
vehículos en 1994 anticipándose en un año al cumplimiento de esa meta. En términos
internacionales, el crecimiento de la industria automotriz brasileña recuperó puestos
anteriormente perdidos en el ranking de países productores. El nivel de empleo, aunque
no haya sido elevado, se ha mantenido en la faja de 107 mil puestos (Leite et al, 1996).
A partir de 1994, sin embargo, el gobierno licencia las negociaciones de la
Cámara volviendo a las prácticas anteriores de conversaciones aisladas con las empresas.
Estamos de acuerdo con Comin (1998) cuandp dice que la disolución de la Cámara no
puede ser atribuida exclusivamente a ningún actor en particular, aunque ...la iniciativa y
los pasos decisivos en ese sentido hayan sido tomados por el actor central, aquel que tiene
la mayor importancia para la legitimización y funcionamiento de cualquier arreglo, como
es el gobierno federal.
El primer hecho que incidió en el debilitamiento de la Cámara fue el Acuerdo del
Automóvil Popular entre el gobierno federal y las ensambladoras, celebrado sin contar
con el apoyo de la Cámara, a inicios de 1993, o sea, justo en el momento en se iniciaba la
implementación del segundo acuerdo sectorial. Además de retomar a las antiguas
negociaciones entre el gobierno federal y las ensambladoras, excluyendo a los
trabajadores y a las demás empresas de la cadena productiva, el protocolo significó un
retroceso en relación a los acuerdos llegados dentro del ámbito de la Cámara en la
medida en que si antes existía el cuidado de balancear la reducción de los impuestos por
la ampliación de la base de recaudación, esta vez se trató de una autentica concesión
fiscal, ya que, dada la magnitud de la exención, la producción tendría que crecer casi seis
veces para mantener el nivel de la recaudación (Comin, 1998). En realidad, aunque el
crecimiento de las ventas haya sido significativo, éste no llegó ni a la mitad de lo que
habría sido necesario para compensar la exención fiscal. Por otro lado, al contrario de la
experiencia de la Cámara (en que las exenciones tributarias se dieron a cambio de
concesiones por parte de los productores, especialmente la reducción negociada de los
márgenes de ganancia), en el protocolo no se exigía nada de las empresas aparte del
compromiso de mantener el precio debajo de los siete mil dólares, compromiso que
además terminó convirtiéndose en letra muerta debido al interés que las revendedoras
cobraron (Comin, 1998).
El segundo problema que comenzó a solapar la experiencia de la Cámara fue la
resistencia de los gobiernos estaduales en mantener una exención fiscal del 12% del
impuesto sobre circulación de mercaderías y servicios (ICMS) a partir del segundo
acuerdo. A pesar de los conflictos surgidos en tome a ese tema a inicios de 1994, ellos
dejaron en evidencia la imposibilidad de postergar la exención y el deterioro de las
negociaciones en el ámbito de la Cámara.

Finalmente, el tercer conflicto que surgió a partir de 1993, que dificultó las
relaciones entre los actores es en la relación capital/trabajo. Este se inició durante la
reestructuración de las empresas y se intensificó en 1994 con el plan real y las
reivindicaciones de aumento salarial que provocó. El problema de esos conflictos no fue
sólo su emergencia, sino que, al que al ser resueltos a nivel de empresas, también
colaboró al agotamiento de la Cámara Sectorial como un foco de discusión y búsqueda de
soluciónes para los problemas del sector; de cierto modo, los mismos trabajadores, que
habían sido beneficiados por los resultados de los acuerdos automotrices, fueron
responsables por el abandono de la Cámara Sectorial, como foro privilegiado, al seguir
una estrategia de negociaciones empresa por empresa. Comin (1998)

1.3

El nuevo régimen automotriz

En este contexto, la Cámara ya se encontraba bastante deteriorada en diciembre
¿e 1995, cuando el gobierno dictó si Nuevo Régimen Automotriz, basado en los
siguientes puntos:
a)
b)
c)
á)
e)
f)

g)
h)
i)

AuitiSeío de la tarifa ds Irr.poríacicn de vehículos para 70%, con reduccicr:
de 50% ds !a tasa para les importadores con plantas en Brasil;
Reducción de las tarifas de repuestos para automóviles para 2%, ccn
reducción gradual;
Reducción de la tarifa de importación de bisnes de capital en 90%;
Reducción de la tasa de iir.poñación ds insumes ijara 70% en 1996, 55%
en 1997,40% en 1998 y 40% sn 1999;
Definición de un índice de contenido local de 50% para las nuevas
snsacibladcras por 3 años, a partir del cual el índice se fijaría en 60%;
Equilibrio entre importación y exportación de vehículos, piezas, materiales
y sistemas: per cada dólar importadora corresponde un dólai de
exportación;
Bonos de exportación para vehículos CXD;
Exención de tarifas de importación para las operaciones realizadas dentro
del ámbito del Mercosur;
Exención de las reglas de importación de maquinarias y herramientas paia
los nuevos fabricantes.

El gobierno brasileño publicó eí Régimen Automotriz ignorando la legislación
negociada en la Cámara sobre comercio internacional entre los años 1992 a 1993
(Bresciani 1997). Los beneficios quedaron para las ensambladoras y las medidas que
garantizaban los intereses de las empresas de repuestos para automóviles y de ios
trabajadores fueron ignoradas. Los efectos de ese nuevo cuadro en la relación de poder
entre los distintos actores de la cadena son bastante preocupantes, lo que se refiere a, En
la industria de auto partes la información apunta hacia una crisis, marcada por el cierre de
empresas, ventas y fusiones que están conduciendo a un proceso de concentración del
capital y desnacionalización del sector. Como señala Humprey (1998), una de las
evidencias más impresionantes de ese cuadro es la venta de grandes compañías brasileñas

8
de auto partes a empresas multinacionales. A fines de 1997 esto se había producido en
cuatro de las nueve mayores empresas nacionales. Cuando la Metal Leve, una de las
empresas brasileñas de repuestos para automóviles más sofisticadas tecnológicamente fue
vendida en 1995, parecía que el camino de la sobrevivencia estaba en las joint-ventures.
Sin embargo, lo acontecido en 1997, señala que esa alternativa se tomó problemática para
las empresas locales. La atracción por el control directo, por parte de las compañías
multinacionales, creció con el dinamismo del mercado brasileño y la profundización del
proceso de globalización.
Para las ensambladoras el Nuevo Régimen Automotriz tuvo consecuencias muy
positivas: el aumento de las inversiones y la ampliación de la capacidad productiva, el
lanzamiento frecuente de nuevos modelos, la construcción de nuevas plantas montadoras
en nuevas regiones (desde Río Grande do Sul hasta Bahía), la mayor incorporación de
componentes importados (Gitahy y Bresciani, 31). Uno de los aspectos más importantes
de esta nueva realidad fue la facilidad que se dio para que las ensambladoras no sólo
invirtieron en la reconversión de las plantas ya instaladas, sino también en la construcción
de nuevas unidades que comenzaron a constituirse en greenfields, adoptando desde la
construcción los nuevos conceptos de producción como el consorcio modular
(Volkswagen en Resende y Mercedes Benz en Lorena).
Entre tanto ese movimiento generó una nueva fuente de conflictos, provocado por
la guerra fiscal que se instauró entre Estados de la Federación para atraer nuevas
inversiones. Como señala Comin (1998) la disputa cada vez más aguda entre Estados
de la Federación y incluso Municipios, por la atracción de inversiones por medio de
exenciones fiscales y un sinnúmero de otros incentivos se acumuló de forma
impresionante en los últimos tiempos.... casi todas, sino todas, las inversiones recientes
de la industria automotriz se han beneficiado, de diferentes formas, de una gran cantidad
de exenciones y beneficios que se financian con el patrimonio e ingresos actuales o
futuros de los Estados y Municipios donde se instalarán las nuevas plantas. Este proceso
ha permitido a las ensambladoras reducir los aportes directos de capital de sus
inversiones. En algunos casos, los beneficios parecen superar los gastos propios, lo que
sugiere que, fuara de cualquier consideración de mercado estos subsidios están
impulsando inversiones con una lógica financiera. Este cuadro muy favorable para las
montadores llevó a que las empresas realizaran significativos proyectos de inversión en
el país, en un movimiento que está indicando una apuesta de tomar a Brasil en un polo
significativo de producción.
Otro tema importante es que las nuevas inversiones se dirigen prioritariamente
para el Sur y Sudeste de Brasil, excluyendo el Estado de Sao Paulo y, por lo tanto,
también el ABC. Mas, no se puede dejar de considerar, que las empresas ubicadas en esa
región están integradas a las cadenas productivas locales y también a las plantas que se
están instalando en las nuevas regiones; Por ejemi^lo, partes del modelo clase A de la
Mercedes Benz se producen en Sao Bernardo do Campo y se envían a Juiz de Fora, en
Minas Gerais. Partes del Golf de la Volkswagen, armado en Curitiba, se producen en
Diadema. Las plantas que operan en el ABC proveen partes para todos les nuevos polos

automotriz: Resende, Sao José dos Pinhais, y Juiz de Fora. En el futuro, probablemente
también para Río Grande do Sul y Bahía (Arbix y Zilbovicius, 2000).
Por otra parte, conviene recordar que en los últimos años las empresas del ABC
han implementado importantes reestructuraciones de las plantas viejas, lo que demuestra
sus intenciones de no abandonar la región, sino que por el contrario, de continuar
invirtiendo en ellas. Ese es el caso de la Ford, que invirtió en un amplio proyecto de
modernización de su planta en Taboao, San Bernardo, en 1995 y 1996, colocando
aproximadamente 100 robots en la línea de montaje e iniciando un proyecto de
implantación de un condominio industrial al producir los modelos Fiesta y Kia (Leite,
1999). En los últimos meses, la compañía anunció el cierre de su fábrica de camiones en
el barrio de Ipiranga, en Sao Paulo y su intención de transferir la producción de esa
planta para la de Sao Bernardo.
En la misma época, la Mercedes Benz inició un profundo proceso de
reestructuración, pasando a organizarse de acuerdo con el concepto de nriini fábricas con
cada unidad controlando sus costos y ventas de manera separada. También se introdujo
el trabajo en grupo, a partir de un largo proceso de negociación con el sindicato (Arbix y
Zilbovicuos 2000).
También la Volkswagen, después de haber acelerado la introducción de
innovaciones tecnológicas y organizacionales entre 1995 y 1997, en la planta Anchieta
(Sao Bernardo do Campo), implemento, a partir de este último año, un nuevo proceso de
reestructuración de la planta. Esa segunda fase ha producido cambios esenciales en
proceso de organización de la producción y del trabajo. Aunque su ritmo haya
disminuido recientemente por la desaceleración de la economía brasileña, las inversiones
continúan realizándose en este último (Souza, 2000).
La reestructuración de la General Motors en Sao Caetano, up grading su línea de
productos y en la gestión llevó a introducir nuevas modalidades de producción basados
en trabajo de grupo y en métodos de trabajo japonés (Arbix y Zilbovicius, 2000).
Con todo la Cámara Sectorial dejó marcas importantes en la región. A pesar de su
disolución en 1995, ella tiene entre sus éxitos más importantes la recuperación del
sector, planes de instalación de nuevas empresas y de inversiones en las viejas fábricas
del ABC paulista, y una experiencia rica en negociaciones y relacionamiento
democrático entre los diversos actores sociales involucrados, lo que terminó sirviendo de
base para una experiencia aún mas amplia que es la de la Cámara Regional del Gran
ABC.
Tampoco se puede olvidar que esa experiencia fue impulsada por la nueva crisis
del sector, que a partir de 1997, vino a replantear problemas que parecían superados
desde los primeros años de la década, cuando los acuerdos de la Cámara Sectorial
comenzaron a firmarse.

10
CUADRO 2
PRODUCCIÓN DE VENTAS DE AUTOMOVILES
(EN MILLONES DE UNIDADES)
Vehículos de pasajeros

1999
1 343.6
1 073.7
268.6
178.7
94.1

1998

Producción
1 585.6
Ventas domésticas
1 187.0
Exportación
399.9
Importación^/
347.1
Puestos de trabajo
108.2
(ubicación el 31.12)
Producción/Empleo
14.34
14.65
Fuente: Arbix y Zilbovicius, 2000:13 y ANFAVEA, 1998, ANFAVEA, 2000.
t ! Incluye vehículos comerciales livianos, buses y camiones.

1.4

1997
2 069.7
1 640.2
416.9
311.7
114.6
18.06

La Cámara Regional del Gran ABC

La Cámara Regional surge como una profundización de la experiencia de la Cámara
Sectorial Automotriz en varios sentidos. En primer lugar porque ella contó con una
importante participación del Sindicato de los Metalúrgicos del ABC, de acuerdo a la
declaración de un sindicalista en 1997: el pensamiento que nos movilizó a crear la
Cámara fue el hecho que el Gobierno había agotado las Cámaras Sectoriales, por lo tanto
nosotros apostaríamos a las Cámaras Regionales, las cuales serían apoyadas por los
gobiernos locales a lo que se suma una importante toma de conciencia por parte de los
alcaldes de la región en cuanto a que los problemas de cada municipalidad sólo podrían
ser resueltos a partir de una perspectiva regional.
En segundo lugar, porque tuvo como inspiración a la Cámara Sectorial y responde
a la preocupación de los actores más significativos (principales sindicatos, empresarios
y, gobierno del Estado de Sao Paulo, gobiernos municipales y organismos representativos
de la sociedad civil) de hacer frente a la crisis que amenazaba, no sólo un complejo
productivo (por más importante que pudiese ser en términos de economía local e
inclusive nacional), sino en el conjunto de la región (Abramo y Leite, 1998).
Ello significó, por lo tanto, un importante salto de calidad en relación con la
experiencia de la Cámara Sectorial al apuntar hacia una propuesta mas amplia,
emergiendo de un recelo que se extendía entre los actores sociales más significativos de
la región de que ésta caminaba a pasos acelerados hacia una decadencia que la estaba
llevando a quedarse en una posición de periferia urbana y económica.
La dinámica de los grupos de trabajo, que se constituyeron desde sus inicios,
estuvo marcada por discusiones orientadas a la ident ficación, demarcación y análisis de
los problemas y sus es posibilidades de resolución, se elaboró un conjunto bastante
importante de diagnósticos que han permitido a los actores involucrados un conocimiento
más profundo de los problemas y potencialidades regionales. La Cámara fue
evolucionando hacia la elaboración de una propuesta más amplia y estratégica que se

11
configura como un proyecto sistémico de desarrollo local basado en tres ejes: i) la
comprensión de que el patrón de desarrollo seguido por la región hasta finales de los años
setenta, basado en la gran empresas multinacional actuando según los principios de la
Segunda Revolución Industrial, se agotó en los años ochenta: ii) la visión de que muchos
de los problemas vividos por la región en la actualidad se deben al patrón seguido hasta
entonces que tenía un carácter predatorio en términos ambientales (contaminación,
agotamiento de los recursos naturales, problemas de tráfico, inundaciones, etc.) sociales
(alta concentración de renta con aumento de la pobreza, poblaciones marginales,
analfabetismo, niños abandonados etc.); iü) en el entendido que el poder público local
conjuntamente con la sociedad civil movilizada son capaces de redireccionar la economía
regional, adecuándose al nuevo momento del desarrollo económico mundial y a enfrentar
los problemas derivados del ciclo productivo anterior (Leite, 2000).
La propuesta de desarrollo económico que la Cámara viene generando es que la
región debe prepararse para un amplio proceso de reconversión urbana y económica a
través del desarrollo de un polo tecnológico, que concentre actividades tecnológicamente
avanzadas, de la formación de una red estructurada de pequeñas y medianas empresas
para complementar la gran industria globalizada, la dinamización del sector terciario a
partir de la formación de un centro avanzando en la producción de servicios ligados al
sector productivo y al terciario destacándose actividades tales como turismo,
entretenimiento y cultura.
Se trata, entonces, de una propuesta de reconversión económica y social que parte
del principio expresado per uno de sus líderes e idealizadores, el Alcalde de Santo André,
Celso Daniel, la región para continuar siendo atractivas para las grandes empresas y
frente a las transformaciones que están ocurriendo actualmente, debería promover una
verdadera revolución tecnológica, con el objeto de fortalecer sus cadenas productivas de
bienes y servicios, desarrollando un centro tecnológico de investigación y desarrollo
basado en la producción y en el trabajo calificado, al mismo tiempo que tendría que
presentar buenas condiciones de la calidad de vida y medio ambiente (Leite, 2000).
A la Cámara Regional le significa la coronación de un largo proceso de
constitución y maduración de los actores sociales de la región, que tuvo en la experiencia
de la Cámara Sectorial Automotriz su principal base. Sin embargo uno de los mayores
problemas con los que se enfrenta en este momento es el débil compromiso del Sector
Automotriz. De acuerdo a Arbix y Zilbovicius (2000) la ausencia de las ensambladoras y
de las grandes empresas de auto piezas de las actividades de la Cámara han hecho difícil
que estas socialicen con los demás actores la experiencia de las transformaciones por las
que el sector viene atravesando. Con esa postura, las grandes empresas del sector parecen
haber retrocedido a sus prácticas anteriores a la Cámara Sectorial de tener relaciones
prefersntes con el gobierno federal y sus agencias específicas. Debido a su importancia
política y eccnómica, días se acostumbraron a discutir los destinos del sector con las
of ciñas miristeriales de Brasilia o con el gobierno estadual, descartando la participación
de Ies demás sectores involucrados, especialmente los sindicatos ár. trabajadores y el
res:c ds las sn-:;resas ds la cadena.

12
El GT del sector llegó a tener alguna eficacia al inicio del funcionamiento de la
Cámara, habiendo llegado inclusive a expresar la intención de firmar un conjunto de
acuerdos a finales de 1998. Sin embargo, la crisis que afectó la economía brasileña a
finales de ese año e inicios de 1999, golpeó duramente al sector, interrumpiendo las
discusiones.
Lias discusiones entre las empresas y el Sindicato, que se abrieron con la crisis, se
produjeron fuera del espacio de la Cámara y se vincularon con programas fuera de su
ámbito. Este fue el caso del acuerdo cerrado con la Volkswagen, en diciembre de 1998,
que evitó la dimisión de 7 000 trabajadores propuesta por la empresa,^, así como del
acuerdo firmado en febrero de 1999 con la Ford, considerando la dimisión de 2 800
trabajadores^ (Leite, 2000).
Este conjunto de discusiones permitió que el sindicato diese un salto cualitativo al
comprender que difícilmente la región atraería nuevas empresas, tomándose la
mantención del empleo en la región dependiente de inversiones en nuevos productos.
Este es el eje de la acción sindical actual que parece también ser el seguido por las
empresas, a pesar de algunos contratiempos relacionados con la demora de las
inversiones y con dudas de mantener determinadas líneas de producción en la región.
Esas discusiones y acuerdos también se produjeron fuera de los órganos de la Cámara
Regional, trayendo una vez más el tema la falta de compromiso del sector.
Estas dificultades para comprometerse son generadas por un conjunto de factores
que actuaban concomitantemente para apartar al sector de los demás actores sociales
presentes en la región. Este es liderado por las grandes ensambladoras multinacionales
que tienen mayores compromisos con las estrategias definidas por sus matrices a nivel
global que con las estrategias de desarrollo local; en segundo lugar, la cadena automotriz
posee una gran asimetría de poder entre las ensambladoras, sus proveedoras y las otras
empresas de la cadena, lo que lleva a apartar a estas últimas de los foros que no están
liderados por las propias ensambladoras. Las implicaciones para la formación
profesional, serán temas discutidos en los próximos tópicos.

^ El acuerdo estableció una reducción de la jomada de trabajo además de la reducción del salario para los
trabajadores que percibían sobre 2 416,00 reales, además de la apertura de un Programa de Retiro
Voluntario que involucraba principalmente a los trabajadores en edad de jubilarse o bien de personas que
ya se habían jubilado y que continuaban trabajando.
Dejando de lado la crisis iniciada en diciembre de 1998 cu\ndo la empresa propuso las dimisiones, el
acuerdo firmado en febrero de 1999 incluía un programa voluntario (que contó con la adhesión de 882
trabajadores); la suspensión del contrato de trabajo para 1 918 trabajadores hasta el 31 de mayo,
manteniendo el sueldo líquido del trabajador: y la garantía de un proceso de discusión referente a las
necesidades de ajuste de la fábrica a partir de cinco grupos de trabajo (acciones administrativas,
tercerización, plan médico, contenciosos trabalhistas y acción sindical).

13
TRANSFORMACIONES EN LA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO Y EN LA
GESTION DE MANO DE OBRA Y LAS IMPLICACIONES PARA LA
CALIFICACIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO

Teniendo en vista las transformaciones de la estructura industrial con la sustitución de
grandes empresas verticalizadas que caracterizaron el paradigma fordista, por empresas
flacas que se concentran en lo que ellas llaman core business y la tercerización de las
demás actividades del proceso de producción, el análisis de la producción automotriz no
puede pensarse sin que se considere la cadena de proveedores en tomo de las grandes
ensambladoras y la división del trabajo que se establece entre las diferentes empresas de
la cadena.
En vista de ello, si análisis se basará en las ensambladoras y en las empresas del
primer nivel áe abastecimiento, pasando después a los niveles finales de la cadena.

2J

Nuevas formas de orgsrázaciou y gestión de la mano de obra y calificaeión en

En la década ¿s 138C, las rsesírjcíuracr.cngs de salpresas habían sido tínridas y parciales
(j-^iíe, 1994). La expansión de! sector iniciado ccn los acuerdos de la Cámara Secíorial y
alinieníada con el Nuevo Régimen Automotriz y e! MERCOSUR, generó un fuerte
crscirrJ.eníc dsl mercado, favoreciendo el aumento de las inversiones, y k difusión de
innovaciones íscnologicas y organizacionales, cor, repercusiones en la propia ssíractura
industrial del sscíor. Ds acuerdo a Gitahy y Bresciani (1998) la aproximación entre
clientes y proveedores se transforma en un sje fundamental de estrategia competitiva de
!as empresas, al posibilitar la aplicación del just-cn-time y el aumento de la flexibilidad,
en un escenario dominado por la diversifícacicn y por algún grado de crecimiento
tam^bién basado en la explotación de nichos de mercado y mienores escalas de producción.
Ese proceso que se verifica en un contexto de aumiento de la velocidad de! cambio
tecnológico y de la intensificación de la competencia global, incorpora nuevas
tecnologías de producto y proceso, y reducción de costos acelerando el proceso de
generación y difusión de tecnologías a lo largo ds la cadena productiva (Gitahy y
Bresciani 1998).
Se han observado transformaciones que implican alteraciones de la base técnica,
la organización ds la producción, dsl trabajo y de la gestión de mano de obra en las
empresas. Zay una crscisnte introducción de nuevos equipos que han disminuido
progresivamente la brecha tecnológica.
La progrssiva introducción de programas de calidad, asentados en nuevas lógicas
ds. racionalización ss propagado rápidamsnts; entre las ensambladoras y las principales
de autopiezas. Sa detecta un conjunto de innovaciones con una significativa
:.-:;us:ón: introducción del Jusi-in-tíms interno y externo, muchas veces acompañado, en

14
el primer caso, por el uso del kam-bam; implementación de la polivalencia, especialmente
con la integración de las funciones de control de calidad, mantención del equipamiento,
try out de los programas e, inclusive su mejoría y perfeccionamiento; formación de
células de producción, introducción del trabajo en grupo; implantación de mini fábricas.
Esas transformaciones en la organización de la producción y del trabajo, que inician la
ensambladoras y repercuten hacia atrás en los diversos círculos de abastecimiento, tiene
efectos bastante importantes en términos de calificación de mano de obra en las
ensambladoras y en las grandes empresas de autopiezas, ubicadas en el primer círculo de
abastecimiento. Esa situación, sin embargo, no se repetie en las empresas que se
encuentran mas hacia el final de la cadena, considerando que la división del trabajo que
se establece entre las empresas de la cadena tiende a reservar a esas últimas la producción
de productos de bajo contenido tecnológico.
Conviene destacar que en el primer círculo de abastecimiento, se perciben algunas
diferencias importantes en relación con las ensambladoras, especialmente en el caso de
aquellas empresas que se dedican a procesos más simples como es el caso de las
autopiezas de plástico o electro-electrónicas. Entre esos proveedores aparece un número
razonable de trabajadores descalificados para los cuales el trabajo continua sin contenido,
aunque se les exija mayor grado de escolaridad o responsabilidad en el trabajo.
En una investigación que realizamos en 1997,^ esta situación se mostró
claramente al comparar los proveedores de primer nivel: en una productora de
amortiguadores (metalurgia) que contaba con procesos tecnológicamente sofisticados, la
elevación de la calificación de la mano de obra era evidente y alcanzaba un número
razonable de trabajadores (aproximadamente 70% de mano de obra), lo mismo no ocurría
en dos otras proveedoras. En esas había un gran número de mano de obra no calificada
(aproximadamente la mitad en la empresa de plástico y más del 60% en la electroelectrónica), en la cual los requisitos de calificación eran mucho menos sensibles, Esos
trabajadores (en su gran mayoría mujeres) continuaban desempeñando tareas manuales
muy simples, en líneas de montaje donde las posibilidades de desarrollar un trabajo más
autónomo son muy restringidas, el enriquecimiento del trabajo con integración de tareas
poco significativas (ya que las tareas integradas en general carecen de contenido, en la
mayoría de las veces es más una intensificación del trabajo que enriquecimiento) y la
producción por hora continua siendo la modalidad principal. Aunque esa mano de obra
también sea objeto de inversión de las empresas, a través de cursos de escolarización y de
comportamiento, ellos han correspondido muy poco a cambios realizados en los
contenidos de trabajo. La escolarización es una exigencia de las certificaciones de
calidad, necesaria para que los trabajadores puedan participar de programas de mejoría,
pero no significan que el trabajo haya adquirido una carga intelectual más significativa,
ya que las situaciones de trabajo que hacen parte de programas de mejoría son
restringidas ocupando un espacio muy pequeño del trabajo cotidiano. Los cursos de
comportamiento, orientados hacia el desarrollo de la responsabilidad del trabajador con
^ Cabe destacar que la investigación inclyó una ensambladora del ABC paulista, 3 proveedores de primer
nivel, 4 de segundo nivel y una tercerización que detectaba características muy semejantes a las de las
empresas de segundo nivel.

15

su trabajo, tampoco implican modificaciones importantes en el contenido del
trabajo; como el contenido no se altera, la responsabilidad termina reduciéndose a tareas
de control de calidad realizadas visualmente, o el llenado de formularios CEP que
tampoco son analizados por los trabajadores (Leite, 1999).
2.2.

Nuevas formas de organización y gestión de la mano de obra y calificación en
los últimos niveles de la cadena

El proceso de innovación tecnológica y organizacional debe continuar profundizándose
en las empresas que se encuentran al final de la cadena, pero la mayor simplicidad de sus
procesos y la presión por disminuir los costos emanada de la ensambladora difícilmente
conducirán a una mejona significativa en la calificación de la mano de obra de esas
empresas, de acuerdo al análisis que se hace a continuación.
En las proveedoras del segundo círculo, el deterioro de las condiciones de
trabajo es evidente, cualquiera sea el aspecto que se considere: salario, entrenamiento o
las condiciones de trabajo. Por lo tanto, se puede decir que la calificación de la mano de
obra es aún menor que para las empresas de primer círculo y la inversión en capacitación
es también menos significativa. Si para la proveedoras del subsector metalúrgico y una de
las del subsector del plástico aún hay un importante número de mano de obra calificada
(correspondiente a aproximadamente la mitad del total en los dos casos), en las otras dos
el predominio del trabajo no calificado es incuestionable (Leite, 1999).
También es importante destacar las precarias condiciones de trabajo, inclusive en
las dos empresas que poseen un porcentaje significativo de mano de obra calificada. Estas
se manifiestan en ios bajos salarios (muy próximos a ios pisos de las categorías), en la
precariedad de la contratación (trabajo temporario), en el trabajo de menores, en la
difusión del trabajo penoso e insalubre (mujeres trabajando de pie, ejerciendo actividades
extremadamente repetitivas y sin aliciente u hombres cargando bobinas de acero muy
pesadas y teniendo que levantarlas del suelo sin ningún auxilio mecánico) y en prácticas
discriminatorias e ilegales como exámenes de embarazo y contratos sin libreta de
seguridad. Obsérvese que aún en esas empresas la inversión en capacitación es muchas
veces inexistente o insignificante (como los 42 minutos anuales por trabajador en
empresas tercerizadas) y que la reducción de costos puede llegar hasta la interrupción de
la capacitación, inclusive cuando esa situación sea considerada desmotivadora para los
funcionarios.
Cabe notar además, que las nuevas técnicas responsables por el incremento de la
calificación, como CEP, células de producción, trabajo en equipo y mantención
preventiva, se encuentran mucho menos difundidas en este nivel, incluso en las empresas
certificadas por la ISO con abundantes líneas de montaje (Leite, 1999), llegando a
involucrar a casi la totalidad de la mano de obra en algunas empresas. Es interesante
comentar que los gerentes afínr.an que las iiorrrias de calidad exigidas por la ISO u otras
instancies ás calidad, son fáciles pera esas empresas debido a la simplicidad de sus
prccsscs. K. impacto cas ellas puedan tener sobre la capacitación de la mano de obra es

16
también menor que aquella que tienen sobre las empresas que trabajan con procesos más
complejos. Esa observación es de enorme importancia para la discusión sobre la
calificación porque pone en alerta sobre el engaño que significa considerar que el simple
hecho que las herramientas de calidad se están expandiendo a lo largo de la cadena sea
una tendencia a la homogeneización de las formas de organización del trabajo, de gestión
de mano de obra y de las exigencias de capacitación por el conjunto de la cadena.
Finalmente, una reflexión sobre la necesidad de tomar en cuenta la diferencia
entre la mayor escolaridad que las empresas exigen y la real difusión de un trabajo más
calificado. De hecho, si bien la exigencia de primero o hasta segundo grado completo
(bastante difundida por toda la cadena) significa que las empresas buscan mano de obra
culturalmente más preparada y no puede confundirse con mayores requisitos de
calificación profesional. El movimiento en dirección a la exclusión de la mano de obra
menos escolarizada tiene que ver con los altos niveles de desempleo existentes en el país
(que llegan a casi 20% en las regiones mas industrializadas como el gran ABC), los que
permiten a las empresas escoger en el mercado de trabajo aquellos que poseen un mayor
nivel de escolaridad, aunque eso no signifique que esos trabajadores irán a desempeñar
trabajos con mayor contenido intelectual.

IIL ESTRATEGIAS DE FORMACIÓN PROFESIONAL
Existen dos puntos fundamentales cuando se piensa en el tema de las estrategias de
formación profesional. El primero es el de quiénes son los responsables por las decisiones
sobre el formación y el segundo se refiere al tipo de entrenamiento que las empresas dan
a sus funcionarios y cuáles son las implicaciones para el trabajo y las posibilidades de
ascenso en la carrera en los diferentes segmentos de la fuerza de trabajo.
En cuanto al primer tema, actualmente en el Brasil existen varias fuentes de
financiamiento para la capacitación profesional. Además del Servicio Nacional de
Capacitación Profesional (SENAI) que es un órgano administrado por el patronato,
aunque sus ingresos (generados por descuentos sobre la plantilla salarial de todas las
empresas) son públicos, existe también el Fondo de Asistencia al Trabajador (FAT) que
trabaja con ingresos públicos del Ministerio del Trabajo, y administrado de manera
tripartita (sindicatos, patrones y gobierno). Los dineros del FAT se han destinado
prioritariamente a los desempleados o a programas de actualización de los trabajadores
que están en riesgo de perder sus empleos (Castro, Comin y Leite, 1999).
Las empresas tienden a utilizar para capacitación interna sus recursos propios o
los cursos del SEÑAL En las ensambladoras existe una precaria intervención sindical. En
el resto de las empresas de las cadena, esas deCiSiones tienden a ser de exclusiva
competencia de la gerencia de la empresa, sin ninguna posibilidad de participación del
resto de los actores. Esto tiene implicaciones: por un lado el impacto regional de las
estrategias de formación profesional tiende a ser muy inferior a lo que podria ser, de otro
lado, y se llega al segundo tema enunciado en el primer párrafo, los diferentes tipos de

17
entrenamiento que las empresas dan a sus funcionarios tienen consecuencias muy
diferentes para el trabajo y las posibilidades de ascenso en la carrera ocupacional. Los
entrenamientos que ofrecen las empresas son de tres tipos: de escolarización, de
comportamiento o actitudinales y de formación técnica.
Los primeros, dada la baja escolaridad de mano de obra brasileña, fueron bastante
difundidos en el período inicial de la introducción de las innovaciones tecnológicas,
especialmente en los años ochenta. Las investigaciones más recientes muestran a partir de
los años noventa debido al aumento del desempleo y a la posibilidad de elección que
tienen las empresas escojan trabajadores con mayor escolaridad. Por eso tales cursos
prácticamente dejaron de ofrecerse, siendo hoy en día un porcentaje poco significativo en
relación al total de las inversiones en capacitación.
Los cursos de comportanñento se refieren a las nuevas actitudes cada vez más
importantes para las empresas, donde lo que se valoriza son comportamientos tales como
responsabilidad, iniciativa, cooperación, disposición para continuar aprendiendo,
adaptación a nuevas situaciones y solución de problemas. Su efecto sobre los
trabajadores es muy diferenciado. Si para si personal calificado esos nuevos atributos
tienen correspondencia con su trabaje que se toma inas intelectual y complejo, !o mismo
no sucsds con Ies trab^ adores y írab^adoras que desempeñan funciones manuales
menores despejadas de contenido, la mayor parts ds silos sometidos a ritmos impuestos
por las líneas de montaje. ¿Qué implicaciones pueásn tener esos nuevos atributos para
trabajadores, que por ejemplo, ni siquiera pueden llenar una carta del CEP, porque no
pueden salirse de la línsa de producción? ¿Qué sugerencias de mejoría sn el proceso
productivo pueden dar obreras cuyo trabaje se limita a quitar sobrantes de piezas de
plástico, a juntar los hiles que componen les chicotes, a empaquetar pequeñas piezas de
plástico o metal, o a pegar y coser manualmente una pieza de cuero alrededor de un
volante? ¿Qué tipo de iniciativa se espera de ellas? Debido a que los cambios en la
organización del trabajo son muy poco significativos, nc se crean condiciones favorables
para que los contenidos de esos cursos puedan tener implicaciones importantes en la
naturaleza del trabajo, le que los propios trabajadores explicitan al afirmar que los cursos
prácticamente no tienen interferencia en su trabajo cotidiano(Leiíe, 1999:28).
Concluimos que en las ensambladoras y proveedoras del primer círculo que
cuentan con procesos tecnológicos más complejos, la capacitación ha significado
efectivamente la posibilidad de capacitar técnicamente a los trabajadores No ocurre lo
nii.smo en el resto de la cadena. Aun cuando la inversión en capacitación haya crecido
significativamente sn los últimos años, ésta ha sido pequeña en comparación a la
realizada en los países desarrollados, inclusive en las ensambladoras. En investigaciones
rsalizaáas en 1996 y 1997 (Leite, 1999; Abramo), la cifra muy pocas veces sobrepasaba
una m-edia áe 30 horas anuales en capacitación po.r trabajador; en una reciente
investigación realizada por Souza (2000) ss encontró una media de 72.6 horas de
entrenamiento por trabajador en 1998 en la Volkswagen, lo que señala un significativo
cxecimiento en términos de inversión (poco más de 9 días de capacitación por trabajador).

18
IV. ESTRATEGIAS EN RELACIÓN A LOS PROVEEDORES
Lo primero que llama la atención en el análisis de la cadena automotriz es la gran
diferencia entre las condiciones de trabajo de las distintas empresas que la componen. Tal
hecho emerge como una consecuencia de las relaciones que la ensambladora establece
con sus proveedores, las cuales parecen tener muy poco que ver con la imagen de
asociación. Por el contrario, lo que predomina son las relaciones poco formales basadas
en acuerdos o simplemente pedidos de venta y donde lo que prevalece es la presión por
reducir los costos. Esa realidad esta asociada con la precariedad del trabajo a la medida
en que se acerca el fin de la cadena. Lo que se explica por las condiciones de trabajo que
allí se dan, así como por las bajas inversiones en formación profesional que ahí
predominan.
Aquí cabría hacer una breve reflexión sobre la experiencia de los países centrales
y, especialmente, del Japón. Las relaciones inter empresas en esos países están basadas en
la cooperación, aunque la competencia no está eliminada del proceso. Coriat (1994)
señala que la competencia sólo aparece en el momento de la selección, cuando diversas
empresas compiten entre sí para convertirse en proveedoras de la empresa principal de la
cadena; a partir de allí, y una vez hecha la selección, la cooperación predomina en un
ambiente en que la empresa cliente ayuda a sus proveedores en asistencia técnica,
reducción de costos y capacidad de respuesta rápidas y eficaces para atender los cambios
de especificación del producto. La competitividad sólo se refleja en los momentos de
renovación de los contratos, cuando la empresa matriz realiza la selección entre las
diferentes empresas actuantes en el mercado.
En esos casos, la reducción de costos convive con la cooperación, siendo, por lo
tanto compatible con la asociación. La pregunta que se plantea es porque en el Brasil no
ocurre lo mismo, existiendo permanentemente relaciones tensas y conflictivas, como las
que se encontraron en la investigación realizada en Brasil (Leite, 1999; Abramo, 1999).
Aunque la respuesta a esa pregunta no sea fácil y apunte hacia la necesidad de mayores
investigaciones, es posible deducir que una de las explicaciones a ese punto se encuentra
en que la forma de inserción de los países en la economía globalizada es muy diferente,
lo que hace que las practicas empresariales sean también muy diferentes, de acuerdo al
país en que las empresas actúan.
Alrededor de 1990, en los Estados Unidos y Europa existe una tendencia hacia la
homogeneización. Por ejemplo, la Ford reestructuró sus operaciones en esos países de
manera de proyectar, en una sola localidad, modelos estandarizados y producidos por el
conjunto de sus fábricas. Esto es parte de un proceso general de estandarización de
modelos y reducción del número de plataformas de proyecto que pasaron a concentrarse
sólo en algunas fábricas de la empresa. Así se abandonó algo que era habitual hasta
finales de los años setenta, la producción de modelos específicamente desarrollados para
los mercados locales y se introdujeron cambios significativos en los modelos proyectados
en Europa y en los Estados Unidos (Humprey 1998).

19
El proceso tuvo impactos de gran importancia para la industria automotriz de los
países en desarrollo. En primer lugar las ensambladoras pasaron a utilizar localmente las
mismas proveedoras con las que trabajan en los países industrializados. Tal política ha
afectado a los proveedores en la cadena automotriz de los países en desarrollo. Las
ensambladoras pasaran a procurar proveedoras globales, ya que necesitan las mismas
piezas, con la misma tecnología, el mismo sistema de calidad, y la misma base
subyacente de comunicación interempresas, independientemente del lugar donde estén
actuando. Este proceso se ha concretado a través de dos formas: el global sourcing (que
consiste en la importación por parte de las ensambladoras de partes producidas por
empresas de repuestos que son sus proveedoras en los países de origen) y eí follow
sourcing (que consiste en la apertura en los países en desarrollo de filiales de las
empresas de auto partes que ya actúan como proveedoras de las ensambladoras en los
países de origen. Las implicaciones de ese proceso para el desarrollo tecnológico las
empresas instaladas en los países en desarrollo y para el empleo en el sector, son
perversas. En si caso del global sourcing, las consecuencias son mas que evidentes, no
contribuye a la creación de empleos y no se desarrolla la base tecnológica local; en el
caso del foilov; sourcing, aunque se cree ampleo, la difusión tecnológica local es
restringida porque el proyecto viene de :a casa matriz o porque esos proveedores
terminan sustituyenccí las empresas nacionales, que son relegadas a los últimos niveles de
la cadena productiva c simplemente desaparecen del mercado (Humprey 1998).
Estes prcYseccrss experimentan prssicn por rsducir ccstos, Ic qus es un aspecto
central de la relación qus diScilments pusde conducir a relaciones de cooperación,
sspecialments en sociedades csxentes án un ambiente cultural basado sn la conñanza.® Es
más probable que all: p:f;dc:;-rineri rslanicnes basadas en la presión, sn la inestabilidad y
hasta en la ¿eshonestiúad, ccmc ss si caso, sncontradc sn nuestra investigación, sn que
una empresa cliente pasó las herramientas ¿ssarrolladas conjuntamente ccr: una
proveedora para otra empresa que fíconomizaca en los costos ds mane de obra.
;hííentan¿c teorizar sobre el tíuns, Chartres resalía que si suigimientc espontáneo de
situaciones de cooperación entre las empresas depende de facieres que, solo en
determinadas realidades pueden encontrarse. 13n ese sentido, el autor advierte, las
tentativas de réplica de las formas de cooperación presentes en el modelo japonés en las
economías donde los confhctcs de intereses triunfan sobre los probiem.as de cooperación
no siempre han sido exitosas, en la medida en que la simple interacción entre
organizaciones productivas no es suficiente para hacer emerger una estrategia
cooperativa (Chartres, 19S6).
El efecto de este tipo de relaciones sobre la mano de obra no puede ser otro que la
precariedad del trabaje. Bste efecto de precarización ss menos sensible en las empresas
que trabajan con procesos mas complejos, para los cuales la precariedad tiene
inevitablemente serias repercusiones sobre la calidad del producto, lo rrúsmo no acontece
para las que trabajan con procesos más simples.
® Ese mismc tipo de consideración fue sugerida por Cacciamali (1997) en un artículo que discute la
difusión de las micro y pequeñas empresas en al país.

20
V. EVALUACIÓN DEL ROL DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL EN LA
PLANIFICACIÓN ESTRATEGICA DE LAS EMPRESAS
Aunque no se cuenta con muchas evidencias empíricas sobre este tema, parece válido
afirmar que la Formación Profesional sólo cumple un rol importante en la planificación
estratégica de las empresas que cuentan con procesos tecnológicos más sofisticados. Es
decir las nuevas ensambladoras que se han instalado en el país y las antiguas plantas en
proceso de reestructuración. Esto coincide con un aumento de las inversiones en
capacitación como es, por ejemplo, en la Volkswagen.
La profundización del proceso de globalización y la homogeneización de las
grandes ensambladoras llevó a las plantas instaladas en el país a disminuir sus sectores de
proyecto, investigación y desarrollado, causando una disminución de la demanda de
técnicos e ingeniería. Por otro lado el nuevo régimen automotriz ha tenido efectos
dañinos sobre el sector de auto partes, el que se está desnacionalizando y sufriendo un
proceso de concentración. Dentro de ese contexto, los proveedores más importante
tienden a insertarse en los programas úq followsourcing, lo que ha generado la instalación
de multinacionales del sector en el país. La tendencia a la uniformización de los
productos se repite con las mismas consecuencias observadas para las ensambladoras en
lo que se refiere a la mano de obra calificada. Aunque la inversión en calificación y
capacitación de mano de obra haya crecido ella ocupa un lugar menos central que en los
países más industrializados.
En los demás círculos de la cadena, la tendencia es que la formación profesional
se hace menos importante cuanto más se alejan de la ensambladora y el proceso
productivo se hace más simple.
En la investigación se ha encontrado que en las ensambladoras el proceso de
recalificación de la mano de obra parece real y extensivo a la gran mayoría de
trabajadores, no acontece lo mismo en las proveedoras. Ya las proveedoras de primera
línea mantienen trabajo taylorizado en importantes sectores de esas empresas. Por
ejemplo, en la líneas de montaje de la proveedora de amortiguadores, en la producción de
volantes de la empresa de plástico y en diversas líneas de montaje de la electrónica, lo
que apunta incluso a la inserción de procesos taylorizados en las nuevas lógicas de la
producción. En esas empresas es clara la separación entre un núcleo constituido por los
profesionales (básicamente aquellos que trabajan con maquinaria como tomos, fresas,
laminadoras, extrusoras, etc.), que efectúan un trabajo progresivamente mas mental que
aquellos que continúan en trabajos básicamente manuales. Para los primeros parece haber
un efectivo incremento de la calificación, considerando la integración de tareas de control
de calidad, mantención, preparación y optimización de las maquinarias, lo mismo no
sucede con los trabajadores que continúan desempeñando trabajos manuales repetitivos y
sin contenido, en los que existe una nítida concentración de mujeres y donde también se
encuentran menores. Para este conjunto de trabajadores las inversiones de las empresas se
restringe a la escolarización, una exigencia cada vez mayor de las normas de certificación
de la calidad que, como se vio no corresponde a un trabajo más intelectual, y a cursos de

21
comportamiento, cuyos contenidos poco tienen que ver con un efectivo incremento de su
calificación, aunque presupongan un trabajo más responsable(Leite, 1999).

VI. IMPACTO REGIONAL DE LAS ESTRATEGIAS DE FORMACIÓN
PROFESIONAL
Cuando existe una cierta concentración de empresas de un mismo sector en una
determinada región, como es el caso del sector automotor en el ABC, las estrategias de
formación profesional de las empresas pueden tener un importante impacto regional en el
sentido de crear un contingente de mano de obra calificada. Esto puede configurar,
incluso, uno de los motivos de atracción de nuevas inversiones en la región, ya sea para
empresas instaladas, c para nuevos proyectos. Esta situación no está ausente en la
realidad del ABC, constituyéndose en uno de los factores mencionados por la gerencia de
las empresas consultadas sobre los motivos que las hacen perm.anecer en la región.
No se puede ¿ssconocer que d débil compromiso del sector con la Cámara
Regional ss una üniíaciór: impelíante para profundizar el proceso de formación
profesional, así como de insertarlo sn -ana planificación global de reconversión de la
región, en la medida en qzs las iniciativas siempre ss íoinan a partir de las necesidades de
las e:nipresas individualmente consideradas. L comparación entre esa situación y la del
sector quínnicc es un importante ejemplo en ese sentido. Hn el grupo de trabajo del sector
químico en la Cámara fue discutido un proyecto áe interés para los íiab^adores y para
las empresas. Este estaba dirigido al subsectcr más necesitado del ramo, que es si del
plástico. En efecto, el proyecto A l q u i l a , creado con fondos ¿el FAT, prevé la formación
de 12.00C trapeadores del sector, para atender las necesidades del corijunto de las
empresas considerando las posibilidades del sector de colaborar en la reconversión de la
región, y de elevar las perspectivas de em.pleo para la mano de obra en ténninos
cuantitativos y cualitativos (Leite, 20CG).

VII. EFECTO DE LAS POLITICAS DE FORMACIÓN PROFESIONAL SOBRE
LA EQUIDAD DE GENERO Y OTROS GRUPOS VULNERABLES
Si las políticas de formación profesional tienen, como vimos, varias limitaciones en
cuanto a su extensión, calidad y capacidad de impactar de mianera importante el mercado
de trabajo de la región, en lo que se refiere a la equidad de los gnipos más vulnerables es
que presentan las fallas más importantes.
Nuevamente en relación a las investigaciones más recientes realizadas en la
cadena automotriz, se puede afirmar, que si la tendencia a la recalificación de la mano de
obra, es bastante evidente para un importante número de trabajadores, ella está lejos de
ser universal. Por el contrario, para una cantidad significativa de trabajadores, entre los
cuales se encuentra la casi totalidad de menores y mujeres, la elevación de la calificación
es deficiente. Cabe destacar una enorme diferencia en la integración de las tareas para los

22
hombres y las mujeres, en tanto que para ellos el proceso tiende a enriquecer el trabajo,
para ellas tan sólo significa una intensificación del mismo, considerando la naturaleza de
las tareas que se integran en general vacías de contenido. Inclusive cuando las mujeres
trabajan en maquinarias, donde la integración podría significar un efectivo proceso de
calificación, como sucede con los hombres, no es lo que se da, considerando que las
empresas optan por soluciones diferentes en un caso y otro. Por ejemplo, la integración
de las tareas para el trabajo masculino y femenino en las inyectoras de plástico —uno de
los pocos tipos de máquinas donde existe una cierta concentración de mujeres— es
ilustrativa; en tanto que a los hombres se les integra a trabajos más complejos de
preparación de maquinarias, a las mujeres se les tiende a integrar a trabajos más simples,
como los de rebarba, o de montaje, o sea las mujeres se dedican a quitar la rebarba de las
piezas de plástico producidas mientras la máquina trabaja (Leite, 1999).
Es importante registrar la gran concentración de mujeres en actividades para las
cuales la capacitación tiende a resumirse en cursos de comportamiento o de escolaridad,
tomándose aún más difíciles las posibilidades de ascenso en sus carreras, lo que se
desprende de su ubicación en las fábricas. Y de las declaraciones de los gerentes, entre
las cuales cabe destacar el contenido nítidamente discriminatoria de la última:
i)

para ellas es más difícil subir en la estructura, porque la promoción de un
nivel para otro no depende sólo de los cursos, sino también de la función
que la persona desempeña y las mujeres difícilmente pasan para las de
mayor calificación;

ii)

En general las mujeres no salen de aquí. Lo máximo es salir de una línea
para otra de acuerdo con las necesidades de la empresa,

iii)

Ellas se quedan más tiempo y aquí mismo. Las dejamos en el mismo
lugar, porque ellas son más complicadas. Son muy sensibles, se ofenden
con facilidad, no puede tratarse de la misma forma que a los hombres
(Leite, 1999).

Cabe resaltar, además, la poca interferencia de los programas de capacitación en
el trabajo cotidiano de las obreras y su fuerte imbricamiento con la división sexual del
trabajo. La lógica de ese proceso fue un dato importante descubierto en la investigación,
que podría resumirse de la siguiente forma: por un lado, como los puestos de trabajo
femeninos son básicamente sin contenido, las obreras en general se orientan sólo hacia
cursos de comportamiento, frecuentando poco las capacitaciones de contenido técnico;
por otro lado, como la falta de contenido de sus labores dificulta cambios más
significativos en la organización del trabajo, no se crean condiciones favorables para que
los contenidos de esos cursos pueden tener implicaciones importantes en la naturaleza de
su trabajo; finalmente, como no tienen formación, ni experiencia técnica, raramente
tienen posibilidad de ascender en la carrera. Por lo tanto, así se crea un circulo vicioso
que mantiene a las mujeres confinadas en los mismos puestos poco calificados y sin
mayor contenido, la lógica de los programas de capacitación no sólo es insuficiente para
romper este círculo, sino que termina colaborando para perpetuarlo.

23
VIII. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
Estas reflexiones sobre los requisitos de calificación y capacitación, así como sobre la
capacitación que ofrecen las empresas, apuntan hacia los límites de los programas
empresariales. Ellos son limitados no contemplan los desempleados y también
porqueestán lejos de atender las necesidades del conjunto de los trabajadores empleados,
además se muestran incapaces de hacer frente a las segmentaciones del mercado de
trabajo. Urge destacar que la crisis del estado de bienestar por el que se está atravesando
y la tendencia de dejar a cargo del mercado la regulación política y social, no se presenta
como una alternativa válida para la formación profesional.
En ese cuadro, la inversión estatal en formación profesional asume una enorme
importancia porque puede dirigirse específicamente a los sectores más excluyentes y
discriminados del mercado de trabajo, para los cuales la participación en programas de
formación profesional se hace cada vez más importante y urgente como son los
desempleados, mujeres, menores, trabajadores con bajo nivel de escolaridad, etc.
No se trata de considerar que la actuación del estado sería suficiente para llenar el
vacío dejado por la iniciativa privada. Mas que eso, urge encontrar formas institucionales
para los programas de formación que consideren las necesidades del conjunto de los
actores involucrados en el proceso, entre ellos los propios trabajadores/as que son, con
algunas excepciones, los grandes ausentes de las experiencias actuales de formación
profesional. Solamente con la participación de estos últimos en el montaje y gestión de
los cursos se puede avanzar en dirección a programas orientados hacia el conjunto de las
necesidades de la población trabajadora, que extrapolen, por lo tanto, el foco del sector
productivo centrado en la demanda.
La proposición que se hace es que los desafíos a la formación son parte de un
conjunto de problemas que se hacen cada vez más expresivos y que ya no pueden
solucionarse sólo por el mercado, ni por el Estado. Son problemas que exigen la
constitución de una esfera pública^ donde todos los actores comprometidos tengan
posibilidad de participar en la definición de prioridades y en las decisiones políticas. En
otras palabras, así como muchas otras actividades orientadas hacia el desarrollo
económico y a mejorar la calidad de vida de la población, la formación profesional se ve
confrontada con las nuevas tendencias de regulación, para las cuales la participación de
los actores sociales es crucial.

^ Se entiende por esfera pública, en el sentido habermasiano del término, o sea, de una instancia intermedia
entre los impulsos comunicacionales generados en la sociedad civil y las instituciones del sistema político:
de una arena de negociaciones entre las instituciones políticas y las demandas colectivas, interligando
funciones de gobierno y representación de conflictos; en otras palabras, de una esfera generadora de
decisiones colectivas que, requiriendo simultáneamente mecanismos de representación y participación, se
toma condición de democracia contemporánea (Habermas, 1984)

24
Se trata de adecuar la discusión sobre los programas de formación profesional al
más amplio debate relacionado con la forma de regulación de nuestra sociedad, para el
cual el ejemplo de la Cámara es de vital importancia.
Una de las características más promisorias de la Cámara es que ella se apoya en
una iniciativa que, diferentemente de las tendencias predominantes en el mundo actual en
que la regulación debe hacerla el mercado, se propone otra regulación basada en el
trabajo conjunto de los gobiernos locales y la sociedad civil organizada. Ella apunta, de
esa forma a desplazar un segmento dominante de actividades regulatorias directamente
para la sociedad civil, promoviendo también un importante cambio de eje en los
conceptos de ciudadanía y democracia. Al sustituir la noción de ciudadanía basada en el
ejercicio de los derechos y deberes políticos por una concepción de la ciudadanía activa,
asentada en una amplia participación de los ciudadanos en las decisiones políticas
(Benavides, 1991) y, al basar la democracia no sólo en la representación, sino también en
la participación organizada de los diferentes sectores sociales, ese nuevo tipo de
regulación apunta hacia la vialidad de un desarrollo socialmente equilibrado y
ambientalmente sustentable; apuntando, hacia la humanización de la sociedad (Leite,
2000).
En cuanto a la formación profesional, el Proyecto Alquimia, elaborado por el
sector del plástico dentro del ámbito de la Cámara, se presenta como una propuesta
bastante promisoria, que podría fácilmente adoptarse por otros sectores, entre ellos, el
automotriz.
Así, gana importancia la reflexión que se ha venido haciendo sobre las
dificultades del sector automotor en integrarse a las actividades de la Cámara. Mas, si el
débil desarrollo del sector es uno de los grandes problemas de la experiencia de la
Cámara Regional, así como para el futuro del sector en la región, existen algunos puntos
a considerar que pueden apuntar hacia un cambio de ese cuadro en el futuro cercano.
En primer lugar, como mencionan Arbix y Zibovivius (2000), la decisión de las
ensambladoras de reinvertir en sus plantas localizadas en la región, anunciando la
producción de nuevos modelos y la introducción de nuevos procesos de producción,
significa que ellas aún no tienen planes de abandonar la región, lo que terminará
afectando su desarrollo en los foros regionales. En segundo lugar, el propio desarrollo de
las actividades de la Cámara y los beneficios de la experiencia para los sectores con
mayor participación, como el químico y petroquímico, debería tener algún impacto sobre
el sector automotor, lo que podría llevarlo a revisar sus estrategias.
Sin embargo, no se puede negar, que aunque exista alguna perspectiva que con el
desarrollo de la Cámara, las ensambladoras se sientan motivadas a participar de sus
instituciones, ya sea por sus raíces en la región tema al que se refieren Arbix y
Zilbovicis) o por el efecto demostrado por los beneficios de esa participación en otros
sectores, ese proceso no será fácil, ni exento de conflictos y contradicciones.

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