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        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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L

a articulación entre el
sector público y la empresa
privada en la formación
profesional de América Latina

María Antonia Gallart

Santiago de Chile, 1998

Este documento fue preparado por María Antonia Gallart, consultora de la
Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico de la División de Desarrollo
Productivo y Empresarial, en el marco del proyecto “Formación Técnica y
Profesional en América Latina”, implementada por la CEPAL y la Sociedad
Alemana de Cooperación Técnica (GTZ), con el apoyo del Gobierno de la
República Federal de Alemania.
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a revisión
editorial, son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con
las de la Organización.

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

Índice

I.

Introducción ................................................................................. 4
1. El contexto de la formación profesional en el fin de siglo ..... 5
2. La respuesta a los cambios por parte de la formación
profesional .............................................................................. 8
3. Cuatro estudios de caso de los procesos de transformación
de la formación profesional ................................................. 10

II.

Brasil: los centros nacionales de tecnología del SENAI, una
nueva forma de articular servicios al sector productivo por
parte de una institución líder de la formación profesional ... 11

III.

Chile: un cambio radical hacia una nueva organización
de la formación profesional ..................................................... 15

IV.

México: la vocación sistémica de un modelo no institucional 19

V.

República Dominicana: una instituciones de formación
profesional joven que nació con el nuevo modelo de
formación ................................................................................... 23

VI. Conclusiones del estudio de casos ......................................... 27
VII. Los grandes temas ................................................................... 29

1.
2.
3.
4.

Las formas de financiación.................................................. 29
La articulación entre formación general y específica.......... 33
Gerenciación privada o pública de la formación................. 34
Provisión de los servicios de apoyo a la formación de
mediano y largo plazo ......................................................... 34
VIII. Reflexiones finales .................................................................... 37
Bibliografia ...................................................................................... 41

3

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

I.

Introducción

El objetivo de este trabajo es analizar las diversas formas de
articulación existentes entre el Estado y las organizaciones privadas
para dar respuesta a las demandas de formación profesional en
América Latina. El texto se limita a la capacitación no formal. La
oferta privada de capacitación y su articulación con el Estado
financiador, se considera sólo como dimensión secundaria de la
relación sector público/sector privado. Otras instituciones de la
sociedad civil tales como los sindicatos, de indudable relevancia en
cuanto actores de las políticas de formación, no está en el foco del
análisis1. La principal dimensión a analizar, por lo tanto, es la del
sector público como regulador, financiador y en algunos casos
proveedor de la formación profesional, y las empresas productivas
privadas como demandantes de capacitación.
Se plantea aquí un dilema básico: la formación debe dejarse
librada al juego del mercado entre una oferta de formación y una
demanda de capacitación privada de manera que esa relación fije el
precio y el tipo de formación a impartirse, o el Estado debe asumir la
responsabilidad para obtener una maximización de la productividad
social y la equidad en cada país.
El patrón latinoamericano tradicional de formación para el
trabajo entrega una gran responsabilidad al Estado. Este recauda
impuestos específicos para financiar instituciones autónomas de
formación profesional, de características cuasi monopólicas,
pertenecientes en la mayoría de los casos al sector público (salvo en
1

4

La articulación entre los actores de la formación profesional, entre los cuales se encuentran los sindicatos, es tema de otro de los
documentos de integración del Proyecto CEPAL-GTZ.

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

Brasil, donde son administradas por las federaciones patronales). Esta tradición ha entrado en crisis
en las últimas décadas, principalmente por la confluencia de dos factores: los cambios productivos
que exigen una mayor ductilidad en la formación y las restricciones presupuestarias que hacen
difícil continuar asignando abundantes fondos a dichas instituciones.

1.

El contexto de la formación profesional en el fin de siglo

La formación profesional en América Latina cuenta con medio siglo de historia. Su primer
antecedente es la fundación del Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial (SENAI) en Brasil a
comienzos de la década de los años cuarenta, seguido por la creación del Servicio Nacional de
Aprendizaje Comercial (SENAC), 1946. Este modelo se extiende luego a lo largo y a lo ancho de la
región, replicado en una multiplicidad de Instituciones de formación profesional nacionales que
adaptan el modelo original a la realidad de los distintos países: Servicio Nacional de Aprendizaje
(SENA), 1957 (Colombia); Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), 1959
(Venezuela); Servicio Nacional de Aprendizaje en Trabajo Industrial (SENATI), 1961 (Perú);
Instituto Nacional de Aprendizaje INA, 1963 (Costa Rica); Instituto Nacional de Capacitación
(INACAP), 1966 (Chile); Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (SECAP), 1966
(Ecuador). Durante los años setenta surgió la última generación de instituciones: Servicio Nacional
de Promoción Profesional (SNPP), 1971 (Paraguay); Instituto Nacional de Formación Profesional
(INFOP), 1972 (Honduras); Servicio Nacional de Formación de Mano de Obra FOMO, 1972
(Bolivia); Instituto Nacional de Capacitación y Productividad (INTECAP), 1972 (Guatemala); e
Instituto de la Formación y el aprovechamiento de los recursos humanos (IFARHU), 1973
(Panamá) Centro Interamericano de Investigación y Documentación Sobre Formación Profesional
(CINTERFOR, 1990). El Instituto Nacional de Formación Técnica y Profesional (INFOTEP) de la
República Dominicana, creado en 1980, es una de las más recientes. El Consejo Nacional de
Educación Técnica (CONET) de la Argentina y la Universidad del Trabajados del Uruguay (UTU)
del Uruguay fueron instituciones donde predominó netamente la educación técnica escolar; por ello
no forman parte de ese grupo. La cooperación internacional tuvo un rol decisivo en la difusión del
modelo organizacional y de metodología de las Instituciones de Formación Profesional, a través del
Centro Interamericano de Investigación y Documentación sobre formación profesional Centro
Interamericano de Investigación y Documentación Sobre Formación Profesional (CINTERFOR) –
OIT, organismo de asistencia técnica y cooperación dedicado a la formación profesional regional.
Dos rasgos son centrales en este modelo. El primero es que se trata de intervenciones
deliberadas de los Estados, comprometidos con el desarrollo de la industria de sustitución de
importaciones, para cubrir necesidades de capacitación de las nuevas poblaciones de trabajadores
industriales, muchos de ellos con escasa educación formal y sin las actitudes y habilidades
necesarias para el empleo en las fábricas. Paulatinamente se desarrolló la capacitación de mandos
medios, originalmente diseñada para personas en actividad, pero volcada luego a formas cuasiescolares de formación pre-ocupacional. La articulación con el sistema educativo formal es
mínima: en general las instituciones de formación profesional están insertas en los Ministerios de
Trabajo y no en los de Educación; además originalmente eran escasos los requisitos educativos
exigidos a los trabajadores que ingresaban en los cursos, de acuerdo con la real situación educativa
de esos nuevos trabajadores industriales.
El Estado, entonces, creó estas organizaciones instituciones de formación profesional (IFP)
como servicio al sector productivo (empresas privadas y grandes empresas estatales) y les aseguró
el financiamiento por medio de impuestos a la nómina salarial. Esta medida parte de un supuesto:
que la limitación de los recursos financieros, atados a los ingresos laborales sectoriales, implica una
adecuación del volumen de la oferta de formación al tamaño de la fuerza de trabajo de ese sector.
5

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

En la casi totalidad de las instituciones de formación profesional los empresarios, junto con
el Estado y los sindicatos, participan en la gestión de estas instituciones a través de organismos
tripartitos. Esta participación en las políticas de formación reviste características muy diferentes: en
algunos países es puramente formal, en otros se manifiesta activamente y en el caso del Brasil, las
confederaciones empresariales administran el organismo de formación, sin intervención de los
sindicatos, y con una presencia fundamentalmente reguladora del Estado. En la generalidad de los
países, el rol principal de las empresas privadas consiste en ser consumidoras de los servicios, pero
con poca capacidad de respuestas correctivas a los desarrollos institucionales de las instituciones de
formación profesional. Más aún, la presencia de las corporaciones empresarias impone un cierto
sesgo hacia las grandes empresas. La pequeña y mediana empresa tiene relativamente poca
participación en las políticas de formación.
Este proceso reviste manifestaciones distintas en cada país. Algunos con desarrollo industrial
considerable como México y Argentina nunca desarrollaron fuertes instituciones de formación
profesional. En México se organizaron importantes y prolongados programas de capacitación desde
la Secretaría del Trabajo, pero nunca tomaron la forma de una institución de formación profesional
l. En el caso argentino, las instituciones de formación profesional, el CONET, fue responsable
fundamentalmente de la creación y difusión de un modelo de educación técnica formal en el ámbito
del Ministerio de Educación, con un desarrollo tardío y relativamente poco extendido de la
formación profesional. Sólo recientemente, a partir de la descentralización hacia las provincias de
la educación formal y del crecimiento de los programas de capacitación en el Ministerio de Trabajo
nacional, la formación profesional está adquiriendo un rol importante en las políticas de formación.
Este proceso de crecimiento y desarrollo de las instituciones llamadas por Castro las S y
las I, debido a las iniciales de sus siglas, se prolongó a lo largo de varias décadas (Castro, 1998),
pero a partir de la década de los años ochenta se produjo un replanteo de las políticas de formación
para el trabajo. Esto obedeció a la confluencia de dos situaciones: la crisis de la década perdida
con su secuela de ajuste estructural del Estado, y la difusión de nuevos paradigmas productivos de
producción flexible, los cuales cuestionaban la formación profesional tradicional elaborada a partir
de las calificaciones acotadas y estrechas del modelo taylorista-fordista. La reestructuración
productiva y el cambio tecnológico se dieron en el marco de políticas económicas que buscaban
una mayor integración con el proceso de globalización, con sus exigencias de competitividad
empresaria y, por ende, de recalificación de los recursos humanos.
Dos temas aparecen frecuentemente en el nuevo planteo. El primero se relaciona con la
necesidad de una base sólida de educación general básica y media como fundamento para adquirir
las competencias requeridas por las modernas formas de producción. (CEPAL-UNESCO, 1992).
El segundo gran tema es el del cambio tecnológico y la reestructuración productiva
(CINTERFOR, 1990) que exige a los trabajadores mayores niveles de instrucción; al mismo tiempo
imponen la adecuación de la formación profesional a los procesos de trabajo muy difícil de seguir
desde instituciones relativamente rígidas y burocratizadas (Castro, 1995a). La sede del cambio
tecnológico y de las transformaciones estructurales de la producción es la empresa privada, la que
además, debido a los procesos de privatización, se extiende a sectores productivos y de servicios
anteriormente en manos del Estado.
La creación y desarrollo de las instituciones de formación profesional se hicieron sobre el
supuesto de la necesidad de una formación profesional subvencionada, supuesto válido en los
albores de la industrialización, ya que nunca se hubiera podido realizar la inversión necesaria en
capital humano sin el apoyo del Estado. En las primeras décadas, el sector productivo absorbió sin
problemas a los trabajadores capacitados por estos programas, pero a medida que se fue estancando
la demanda y variaron las necesidades, se advirtió que no existían mecanismos de ajuste de la
formación ofrecida. Las instituciones definieron desde la oferta la creación y mantenimiento de
6

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

cursos, los mecanismos de financiación no enviaban señales de alerta pues los presupuestos estaban
relativamente asegurados por los impuestos y la venta de servicios era mínima (Castro 1995a,
1998).
A partir del comienzo de la década de los años ochenta, el enfoque inicial entra en crisis. Las
empresas empiezan a satisfacer sus necesidades de formación por otros medios, el ajuste estructural
del Estado restringe los recursos destinados a las instituciones de formación profesional y se tiende
a cambiar las formas de financiamiento; este se ejecuta a través de partidas permanentes asignadas
en el presupuesto nacional, o bien por medio de formas nuevas que separan la administración de
fondos de la ejecución de los programas (Ducci, 1991; Martínez Espinoza, 1995).
Se plantea entonces que ha llegado el momento de pasar de un modelo de formación definida
desde la oferta, a un modelo de formación desde la demanda del sector productivo (Castro, 1998).
El nuevo paradigma, con apoyo de las instituciones multilaterales de crédito (BID y BM),
preconiza la reducción o desmantelamiento de las instituciones de formación profesional
monopólicas y la creación de un mercado de la formación en el que el Estado tenga el rol de
administrar subsidios a la demanda empresarial o a los usuarios pertenecientes a grupos objetivo
definidos, y en el que las instituciones de capacitación compitan con sus servicios.
Llevar a la práctica este enfoque no es fácil, pues la formación profesional incluye dos
aspectos: la capacitación general aplicable en más de una firma y en más de un puesto de trabajo, y
la capacitación específica para el manejo de máquinas determinadas, conocimientos y desempeños
propios de particulares organizaciones productivas. Las empresas, por su propia dinámica y por las
dificultades de apropiación de los resultados de la formación, tienden a invertir en esta última, es
decir en la capacitación específica, y descuidan la capacitación más general necesaria para una
fuerza de trabajo flexible y adaptable a los cambios (Agüero y Labarca, 1998).
Como consecuencia de las circunstancias señaladas, el panorama de la formación profesional
a final de siglo presenta una enorme variedad de formas institucionales. Por una parte se registra el
desarrollo de mercados de formación y la contratación de cursos de formación por instituciones
privadas o públicas, a través de concursos, con mecanismos que exigen adecuación a las demandas
del sector productivo (Chile y México). En otro extremo muchas instituciones de formación
profesional siguen siendo instituciones públicas autónomas con adecuaciones parciales a las nuevas
circunstancias. En una actitud intermedia se encuentran el SENAI, que ha concretado cambios
importantes en la relación con el Estado y con las empresas, siempre administrado por la federación
patronal.
La cantidad de trabajadores capacitados por las instituciones de formación profesional no es
desdeñable. Alrededor de 5 millones de personas pasaron por sus cursos en 1993, más de la mitad
de las cuales fueron capacitadas para el sector secundario de la economía y alrededor del 90% era
personal de ejecución. La suma de la matrícula de tres instituciones (SENA, SENAI y SENAC)
incluye alrededor del 85% de los usuarios de instituciones de formación profesional de la región
(CINTERFOR, 1995). Por otro lado, en la aplicación del nuevo modelo — el SENCE de Chile —
el Programa Empresa de subvención a la demanda cubre más del 90% de los capacitados por esa
institución; en 1995, se capacitaron 423 618 personas, es decir 8.03% de la fuerza de trabajo
chileno, lo que muestra la amplitud de su cobertura (Crespi, 1997, p.5).
La reestructuración productiva dio como resultado un cambio radical en la demanda de
calificaciones (Novick y Gallart, 1997). El ajuste estructural del Estado por otra parte, presente en
casi todos los países a partir de la década de los años ochenta produjo efectos directos en la
formación profesional en, al menos, tres aspectos. El reordenamiento impositivo tiende a desechar
los impuestos de asignación específica que solían financiar a las instituciones de formación
profesional. Se restringieron las funciones antes asignadas al Estado, delegando las no esenciales al
7

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

sector privado y al mercado. Y finalmente la búsqueda de mayor eficiencia en el gasto público
condujo a políticas de descentralización, subcontratación de la ejecución y focalización en grupos
objetivo específicos. Estas tendencias fueron fuertemente inducidas y apoyadas por los Bancos de
cooperación internacional y en todos los casos modificaron las formas tradicionales de articulación
entre el Estado y el sector privado en la formación profesional.

2.

La respuesta a los cambios por parte de la formación
profesional

Se han manifestado opiniones que dejan ver las imperfecciones del mercado de la formación,
la existencia de externalidades y en algunos casos hasta sus propias características que la acercan a
un bien público; haciendo aparecer entonces como necesaria la acción del Estado (Agüero y
Labarca, 1998; Martínez Espinoza, 1995).
El argumento usual que justifica la intervención del Estado es que el mercado de la
formación profesional es eficiente siempre y cuando los beneficios y costos sociales se reflejen en
los ingresos y costos de los productores. Pero la realidad muestra que los organismos capacitadores,
el público en general y las empresas (agentes privados) tienen conductas que suelen no reflejar el
óptimo social, tanto desde un enfoque macroeconómico como desde el punto de vista de la equidad
(Martínez Espinoza, 1995). Las empresas tienden a evitar las inversiones en capacitación general,
pues el incremento de capital humano pasa a ser patrimonio del trabajador que puede venderlo a la
competencia. Los trabajadores carecen del capital que les permitiría invertir en su propia
capacitación. Además, la falta de transparencia de los mercados de trabajo y de formación y el
largo plazo de los retornos hacen que se produzca una subinversión en capital humano, factor
considerado crucial en los actuales procesos de producción. Por otro lado, existe un desequilibrio
entre el poder adquisitivo de los trabajadores que buscan formaciones calificadas en la industria, y
los costos de las formaciones duras de fuerte contenido técnico y equipamiento oneroso necesarias
en los sectores de punta del sector manufacturero; en cambio las formaciones blandas para el sector
terciario de la economía resultan menos costosas y son requeridas por clientela de clase media con
mayor poder adquisitivo (Castro, 1995b). Finalmente, los grupos en riesgo de desocupación
prolongada —jóvenes con bajos niveles educativos y trabajadores adultos desplazados por los
procesos de privatización y el cambio tecnológico— difícilmente puedan costear en el mercado el
tipo de formación indispensable para una inserción laboral de aceptable productividad.
Otro argumento a favor de la intervención estatal pasa por las obvias externalidades de la
formación, tales como: la difusión del conocimiento a otros trabajadores, una mayor flexibilidad de
la fuerza de trabajo para adaptarse a los cambios estructurales, la atracción que representa para la
inversión de capitales, la disponibilidad de una fuerza de trabajo calificada, y finalmente, el
incremento de la responsabilidad social en términos de ciudadanía, salud pública y seguridad
(Castro, 1995b; Martínez Espinoza, 1995).
Una primera respuesta frente a la disyuntiva inicial de este apartado es que el Estado debe
hacerse cargo de la formación general, considerada como bien público, con sus componentes de
educación general formal y formación profesional no específica. Esa responsabilidad se concreta al
menos en su financiamiento, aunque pueda delegar su gestión en organismos privados. En cambio,
la formación específica correría por cuenta de los empleadores que tienen la posibilidad de
recuperarla en mayor productividad. Sin embargo, es muy difícil delimitar la frontera entre
formación general y específica ya que existe una importante interacción entre ambas. Además, la
búsqueda por los trabajadores de competencias de empleabilidad que les permitan insertarse en
diferentes empresas y ocupaciones tiene un efecto inverso al interés de las empresas en aumentar la
especificidad de la formación y fijar los salarios por debajo de la productividad marginal del
8

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

trabajador. El conjunto de estas presiones redunda en fallas de mercado, ya que no se generan
suficientes incentivos ni para los trabajadores ni para las empresas para invertir en educación
(Agüero y Labarca, 1998).
Los nuevos modelos productivos pasaron de una demanda de calificaciones a una de
competencias. La formulación, evaluación y acreditación de las competencias hacen necesarias
formas de alternancia entre el aprendizaje en el lugar de trabajo y la formación profesional teórica
en contextos educativos, de lo que es ejemplo el sistema dual alemán. En consecuencia, tanto las
imperfecciones del mercado que aconsejan mantener un rol importante para el Estado, como la
articulación entre las instituciones que formulan las políticas de formación y las organizaciones
productivas, plantean la necesidad de una colaboración entre el Estado y el sector privado (Castro,
1995a; Zarifian, 1998).
Las respuestas institucionales de la formación profesional a la situación señalada aquí
pueden sintetizarse en algunas tendencias generales que dan lugar a una serie de procesos:
descentralización, subcontratación de la ejecución de los programas, cambios en sus formas de
financiamiento y en la relación con las empresas y con poblaciones específicas de usuarios. La
importancia de estos componentes varía de país a país. La descentralización puede realizarse por
sectores de la economía y/o regionalmente. La subcontratación de la ejecución de los programas
permite una variedad de convenios con diferentes tipos de instituciones: ONG, escuelas,
instituciones de formación privadas, etcétera. La relación con las empresas en algunos casos
fomenta el contacto con las pequeñas y medianas organizaciones productivas como entidades
colectivas usuarias de la formación, y en otros promueve los servicios técnicos de las instituciones
de formación (laboratorios, apoyo en la gestión); ambas constituyen vías privilegiadas de una
interacción real entre las empresas productivas y las instituciones de formación profesional. La
variedad de la inserción de estas instituciones con respecto al sector público agrega un elemento
más a la complejidad de la articulación sector público-sector privado en la región.
Se puede trazar un panorama con dos posiciones polares. En una de ellas, las políticas de
formación profesional son definidas y ejecutadas por instituciones públicas financiadas por el
Estado. En estos casos, las transformaciones se han dado en la dirección de una descentralización
por sectores y ramas económicas, estableciendo un intercambio más específico con las cámaras
empresariales para descubrir las demandas del sector productivo. Se busca también regionalizar las
grandes instituciones ajustándolas a los requerimientos locales. Mediante estos mecanismos se
espera acercar la oferta institucional a la demanda de las empresas la cual se expresa a través de
comités de vinculación. Por otro lado, se intenta restringir las financiaciones no atadas a servicios
específicos, y promover la venta de actividades de formación y asesoramiento técnico al sector
privado como forma de disminuir costos y articular demandas.
En el polo opuesto, el Estado se reserva la regulación y la provisión de fondos a la
capacitación, pero deja al mercado de formación la asignación de los recursos por medio de la
interacción entre instituciones privadas y públicas de capacitación por un lado, y empresas y
particulares en demanda de capacitación por el otro.
En este último caso, caben dos preguntas. Una pretende averiguar qué actividades y tipos de
formación deben ser financiados por el Estado y cuáles por el sector privado, y la segunda plantea a
quién se subvenciona, si a las personas que desean capacitarse o a las empresas. La respuesta
fáctica a estos interrogantes puede observarse en los distintos programas instrumentados en la
región. Veremos a continuación algunos ejemplos de estas diferentes orientaciones con el objeto de
observar cuáles son las condiciones de partida de los procesos, cuáles las acciones desarrolladas, y
cómo se evalúan sus consecuencias.

9

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

3.

Cuatro estudios de caso de los procesos de transformación
de la formación profesional 2

Se comenzará con la presentación de los desarrollos recientes de la decana y líder de las
instituciones de formación profesional, el SENAI. Insertos en esta institución, los Centros
Nacionales de Tecnología plantean un modelo alternativo con dos méritos simultáneos: crear un
sistema de incentivos internos para actualizar una organización de larga trayectoria institucional y
gran tamaño, y buscar nuevas formas de adecuarse a las demandas cualitativas y cuantitativas de la
clientela industrial. Lo seguirá el planteo chileno de subvención a la demanda, en la que las
organizaciones empresariales y las instituciones de capacitación tienen un rol clave para la
asignación de los fondos públicos por medio del mercado de capacitación. El caso de México, que
nunca tuvo una institucion de formación profesional pero que ha implementado desde la Secretaría
de Trabajo políticas activas de empleo con un componente fundamental de capacitación, resulta de
singular importancia pues centra su respuesta en la posibilidad de instrumentar un sistema nacional
de competencias laborales que opere como guía de la formación. Finalmente, se analizará el caso
del INFOTEP en la República Dominicana, una de las instituciones de formación profesional más
jóvenes, la cual intenta evitar los peligros de la institucionalización rígida a través de una
participación activa de los empresarios, una focalización clara y la inclusión del sistema dual.

2

10

Se presentarán cuatro casos analizados en el proyecto CEPAL-GTZ.

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

II. Brasil: los centros nacionales de
tecnología del SENAI, una nueva
forma de articular servicios al
sector productivo por parte de
una institución líder de la
formación profesional

Las tendencias recientes del mercado de trabajo brasileño han
generado cambios en la demanda de los recursos humanos. Se
requieren otras actitudes, conocimientos y habilidades (Caruso, 1998)
y mayores niveles de calificación. A lo anterior se une la discusión
sobre las nociones de calificación y competencia, mayores habilidades
intelectuales y capacidad de solucionar problemas. Todo ello confluye
para obligar a las instituciones a repensar sus estrategias pedagógicas
y operacionales.
Dentro de este marco se desarrolla un plan de configuración de
la Red Nacional de Tecnología del SENAI. Esa Red Nacional, en fase
de implementación, está integrada por el Centro Internacional para la
Educación, el Trabajo y la Transferencia de Tecnología, (SENAICIET) por los Centros Nacionales de Tecnología (CENATEC) y por
los Centros Modelos de Educación Profesional (CEMEP). Se espera
pasar de la respuesta a la demanda actual de las empresas a una acción
proactiva que permita anticiparse a las alteraciones futuras de esa
misma demanda. Esto implica la apertura a nuevos perfiles de
formación, una amplia visión de los cambios en el contexto, la
activación de las empresas como agentes de su propio proceso de
11

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

formación y la alternancia como dimensión pedagógica del proceso de trabajo. Para ello se necesita
una visión más global del proceso de trabajo en las empresas.
El nuevo modelo de los Centros Nacionales de Tecnología se destaca por:
i. privilegiar la integración de la formación profesional y la prestación de servicios;
ii. basarse en la formación en competencias;
iii. orientarse al autoempleo; y
iv. contar con un soporte informático y computacional que le permite actuar como red y
acceder a recursos, datos, bancos de especialistas, etcétera.
La disminución de los fondos provenientes de los impuestos a la nómina, reforzó la
necesidad de encontrar fuentes alternativas de ingresos. El análisis ocupacional que había
fundamentado la estrategia pedagógica anterior se mostró insuficiente ante los rápidos cambios en
la tecnología y en el contenido del trabajo. La alternancia y la participación más directa de las
empresas se vislumbró como necesaria. Las estrategias de gerenciamiento, la descentralización y
generación de recursos, y las transformaciones pedagógicas contribuyeron entonces a configurar el
modelo de los CENATEC.
La noción subyacente en este proyecto fue que un centro de formación profesional no podía
dedicarse solamente a la capacitación, sino que debía incorporar las innovaciones tecnológicas en
su proceso de enseñanza. Luego se adoptó una visión más integrada de apoyo y servicios a las
empresas. Esta experiencia acumulada en la década de los años ochenta, fue la que dio origen, en
los noventa, a la nueva estructura conocida como CENATEC.
Los CENATEC buscan promover una educación de avanzada, para lo cual debe conocer al
cliente y al mercado; enriquecer y modulizar los currículos de manera que incorporen componentes
transversales (nociones básicas de metrología, medio ambiente, seguridad en el trabajo,
informática, inglés técnico); organizar enseñanza a distancia; e instituir la rotación de tareas,
buscando la polivalencia funcional.
Para que un centro de formación profesional del SENAI obtenga el título del CENATEC
debe someterse a un proceso de evaluación y certificación. Este fue estructurado según el modelo
del Premio Nacional de Calidad (PNQ), basado en gestión de la calidad total.
Los CENATEC que ejemplifican el resultado de estas políticas de promoción institucional
muestran que la transferencia de tecnología promueve interacciones entre las áreas de la
institución. Asimismo, cada CENATEC debe ser un centro de referencia autosustentado,
reconocido por las empresas y otras instituciones como un instrumento de información y
transferencia, para lo cual tiene que establecer asociaciones con una multiplicidad de distintas
organizaciones en diversos campos (universidades, institutos tecnológicos y otras). El
reconocimiento como centro de referencia permite mantenerse en el mercado de los servicios pagos
a las empresas, que a veces, debido a las limitaciones de recursos y personal, entra en conflicto con
las demandas de cursos.
La formación profesional continúa siendo el eje estructurante de las actividades de los
CENATEC. La interacción entre las diferentes áreas aporta nueva información que permite la
actualización constante de los currículos así como la posibilidad de prácticas para los estudiantes.
Sin embargo, la educación está permanentemente tensionada por la búsqueda de ingresos
alternativos, problema que podría superarse a través de la integración de las áreas mediante el
fortalecimiento de la transferencia de tecnología. En general se considera que la acción de los
CENATEC contribuye a una mejoría de la adecuación y calidad de la formación y al aumento de

12

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

productividad de las empresas, y agrega un nuevo elemento en la compleja red de subcontratación
de la reestructuración industrial.
La implementación de los Centros Nacionales de Tecnología es una forma de superar los
cuestionamientos y la crisis financiera de las instituciones de formación profesional. Implican una
continuidad con la original articulación entre Estado y sector privado del SENAI. La
descentralización de los CENATEC, así como la relación directa con las empresas locales y el
autosustentamiento financiero, se apoyaron en la tradición de eficiencia, interacción directa con los
empresarios y calidad de la formación que caracterizó al SENAI. Puede concluirse que para que
esta superación por arriba de la crisis sea posible, se necesita una institución con niveles altos de
actualización tecnológica, gerencia institucional y relación con la industria; dichos requisitos
estaban dados en el caso del SENAI, pero es muy difícil hallarlos en otras instituciones con un
desarrollo organizacional menos autónomo y que interactúan con un sector empresario menos
dinámico.

13

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

III. Chile: un cambio radical hacia
una nueva organización de la
formación profesional
En 1976 el gobierno de Chile decide retirar a su institución de
formación profesional del monopolio de la formación profesional
financiada por el Estado y la convierte en una institución más de
capacitación. Se crea entonces el Servicio Nacional de Capacitación y
Empleo (SENCE) que canaliza la financiación estatal a través de
programas que subcontratan la ejecución de la capacitación a
instituciones independientes de capacitación (OTE). El Estado se
reserva también el rol de supervisar las acciones de las diversas
iniciativas. Se crean programas dirigidos a poblaciones objetivo
específicas (Becas, Aprendices, Chile Joven, etcétera), entre los cuales
el más importante, que abarca a la inmensa mayoría de los
capacitados, es el Programa Empresa que promueve la capacitación al
nivel de las empresas, teniendo como beneficiarios a los trabajadores
dependientes de ellas. Se trata por lo tanto de un proyecto de subsidio
a la demanda, financiado a través de un incentivo tributario del 1% de
la remuneración de los trabajadores.
El estudio de Crespi (1997) analiza la vinculación entre el sector
público (SENCE) y el sector privado, focalizando la indagación en la
acción de los organismos intermediarios (OTIR) creados para activar
la relación entre la oferta y la demanda de capacitación. El objetivo de
dicho documento es constatar si el proceso de formación se ha dirigido
a los individuos y sectores que más lo necesitan, si responde a los
requerimientos de las empresas, y si se ha llevado a cabo en aquellas
áreas con mayores externalidades o que posean un alto potencial de
progreso tecnológico.
15

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

Se pueden indicar algunos rasgos estructurales del programa Empresa. El Estado lo financia,
los cursos deben ser autorizados por el SENCE y son ejecutados por instituciones reconocidas por
ese servicio. Las empresas pueden organizar las acciones de diversas maneras: realizar capacitación
directa contratando instituciones externas o con su propio personal; subcontratar cursos ofertados
por organismos de capacitación autorizados (OTEs), tales como universidades, institutos
profesionales, centros de formación técnica; o bien brindar capacitacián a través de los Organismos
Técnicos Intermediarios Reconocidos (OTIR).
La creación de los OTIR en 1989 se debió a la baja utilización de la franquicia tributaria por
parte de las empresas y a la detección de asimetrías entre las ofertas de capacitación y las demandas
de las firmas. Se buscaba facilitarles el acceso a la formación, creando una economía de escala para
las pequeñas y medianas empresas (PYME), y a la vez mejorar la información acerca de las
distintas alternativas de capacitación existentes en el mercado. Brindan un apoyo técnico a la
promoción, organización y supervisión de programas de capacitación, cumpliendo varias funciones,
que incluyen difusión, seguimiento y control de calidad y administración. Los resultados muestran
que los participantes de los OTIR representan la mayoría del incremento de la matrícula en cursos
de capacitación entre 1991 y 1995 (69%).
Algunas tendencias de las acciones mediadas por los OTIR plantean interrogantes. Los
capacitados tienden a concentrarse en sectores de empleados de mayores ingresos: 88% de éstos
ganan más de diez ingresos mínimos versus 72% del resto del sistema. Por otro lado no se creó un
mercado competitivo de OTIR ya que dentro de la industria manufacturera 2 OTIR concentran el
80% del mercado: el de la Cámara de la Construcción (50%) y el de la Sociedad de Fomento
Farbril (30%). Otro aspecto crítico es que la expansión de la matrícula ha reproducido las
características anteriores del sistema, esto es la concentración de la capacitación para los
trabajadores más calificados en sectores de tecnologías blandas y de gestión, y en el rango de
trabajadores con ingresos superiores. Del mismo modo, la preponderancia de entrenamiento en
niveles administrativos con respecto a la formación profesional de operarios de ejecución señala
tendencias que no se adecuan a los objetivos iniciales de la instalación del sistema SENCE.
Uno de los objetivos importantes de la creación de los OTIR fue facilitar el acceso a la
capacitación a las pequeñas y medianas empresas que tenían dificultad de articular sus demandas.
Una encuesta aplicada a una muestra aleatoria del universo de PYME que han sido objeto de
programas de apoyo estatal arrojó los siguientes resultados: el 50% de las PYME registra falencias
de capacitación a nivel de trabajadores calificados y un 45% lo hace también en el rango de
trabajadores no calificados; en relación a las áreas temáticas, mientras el 60% de las empresas
reveló necesidades insatisfechas en administración, casi la mitad presenta demandas de
capacitación a nivel de tecnologías y procesos industriales. Cabría por lo tanto preguntarse si esta
deficiencia se debe a los mayores costos de este último tipo de capacitación, o a la carencia de
oferta de calidad. Sólo un 38% de las PYME encuestadas ha recibido los beneficios del SENCE, lo
que implica grandes posibilidades de crecimiento futuro.
Las conclusiones del estudio de caso señalan que los OTIR han hecho un aporte importante
al crecimiento del sistema. Sin embargo, no han podido cubrir ciertas deficiencias, debido quizá a
fallas en la formación general básica de la fuerza de trabajo —provenientes de su paso por el
sistema educativo—, al sesgo hacia la capacitación administrativa y la escasa formación en
tecnologías y procesos industriales. Finalmente, se puede afirmar que la performance de la
capacitación llevada a cabo directamente por las empresas en relación con la implementada por los
OTIR no registra diferencias estadísticamente significativas.
El estudio de caso chileno muestra con claridad las ventajas e inconvenientes de la
articulación entre el Estado y el sector privado en la que el primerotiene la función de financiador y
regulador del mercado de capacitación, pero sin intervención en la elección de los cursos y en la
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

asignación de fondos a los mismos. La idea que la información incompleta y la carencia de escala
de las PYME podían ser solucionada mediante mecanismos privados de intermediación parece no
haber rendido los resultados esperados. Si bien los OTIR han contribuido con una mayor difusión
del sistema y el acceso de nuevos usuarios, se han mantenido algunos de los aspectos preocupantes
diagnosticados: la insuficiente demanda efectiva de las empresas, y la concentración de la
capacitación en las áreas administrativas y en niveles ocupacionales relativamente altos. No parece
afirmativa la respuesta a las preguntas iniciales sobre si la formación se ha focalizado en los
individuos y sectores que más la necesitan y si se ha realizado en aquellas áreas con fuertes
externalidades o que posean un mayor potencial de progreso tecnológico.
Queda pendiente entonces un interrogante: cómo mejorar la focalización, la calidad y la
cantidad de capacitación tecnológica que permita cambios significativos en la fuerza de trabajo.
Esto no parece darse solamente por la asignación del mercado, aún con el apoyo financiero del
Estado.

17

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

IV. México: la vocación sistémica de
un modelo no institucional

En la década de los años sesenta el Estado mexicano decide
asumir un rol protagónico en la formación profesional. Para ello, se
instaura el Adiestramiento Rápido de Mano de Obra (ARMO), que
financia y ejecuta programas de formación de supervisores con el fin
de que estos instruyan a los operarios.
Se desarrolla un servicio de consultoría para las empresas
ofreciéndoles asistencia técnica destinada a definir los programas de
adiestramiento de los trabajadores. El perfeccionamiento rápido de
mano de obra se imparte en la unidad central del ARMO en México
D.F. El financiamiento proviene del sector público con apoyo de
organismos internacionales; las empresas hacen un aporte parcial a
través del pago de cursos y asesoría. La matrícula suma entre 10 000 y
15 000 capacitados por año. Existen comités consultivos regionales
con participación formal de organismos empresariales, de los
sindicatos y del sector educativo; también hay participación informal a
través de las demandas de asistencia y de cursos. Coexisten con el
ARMO diversas instituciones de formación profesional sectoriales,
como el Instituto de Capacitación de la Industria de la Construcción
(ICIC) correspondiente a la construcción y el Instituto de Capacitación
de la Industria Azucarera (ICIA) a la industria del azúcar; asimismo se
conoce una oferta de educación técnica y formación profesional
escolar en varias instituciones en el ámbito del Ministerio de
Educación.
Durante la década de los años setenta, la Ley Federal de Trabajo
declaró de interés social promover y vigilar la capacitación,
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

considerándola un derecho de los trabajadores que debe ser provisto por sus patrones. Los planes
que las empresas presentan deben ser aprobados por la Secretaría Federal de Trabajo. Se crea así el
Sistema Nacional de Capacitación y Adiestramiento basado en comisiones mixtas constituidas en
las empresas; se conforman órganos bipartitos al nivel de empresa y rama de actividad, y tripartitos
en el ámbito regional y nacional. Paralelamente surge en el año 1978 el CONALEP, organismo
público descentralizado para la formación de técnicos, con participación del sector empresario en la
dirección. El propósito de esta iniciativa es vigilar y normar a través de un enfoque sistémico la
capacitación impartida por las propias empresas.
Más adelante, en la década de los años ochenta, una evaluación del Sistema Nacional de
Capacitación y Adiestramiento realizada por el Banco Mundial y el CONALEP señala sus
limitaciones más significativas: no llega a la mayoría de los trabajadores, ni alcanza a la pequeña y
mediana empresa; no ha logrado superar la etapa burocrática de registro de las comisiones mixtas
(sindicatos y empresas) y de los planes y programas de capacitación; sólo genera procesos
fragmentados de formación, sin anticiparse a futuras demandas.
Frente a estas fallas evidentes, el Estado opta por desempeñar el rol de facilitador de la
formación de dos grupos vulnerables: los desempleados y los trabajadores de las PYME. Desde la
Secretaría del Trabajo se busca atender a los desequilibrios del mercado, promoviendo políticas
activas orientadas al futuro mediante la inversión en acciones formativas. Esta visión se inscribe en
la perspectiva de una economía abierta en la que el empleo es una función de los aumentos de
productividad, y ésta a su vez, de la capacidad de innovación, producto de un proceso de
aprendizaje que incluye la inversión en equipo y en los recursos humanos. La política de empleo,
por lo tanto, tiene como objetivo el incremento de la productividad y la competitividad del sector
privado, especialmente las PYME, y el desarrollo de los mercados de trabajo.
Los dos programas innovadores que se crean en consecuencia, dirigidos a los grupos no
atendidos por el mercado, son el Programa de Becas de capacitación para trabajadores
desempleados (PROBECAT) y Calidad integral y modernización (CIMO). De la compleja trama de
comisiones mixtas sólo se conservan las de empresa y el organismo central de registro y
verificación del Estado.
En el caso del PROBECAT se partía del supuesto de la existencia de una demanda potencial
de mano de obra que podía ser cubierta capacitando a los desempleados. En cuanto al CIMO, se
esperaba incrementar el empleo en las PYME, a través de un aprendizaje organizacional. En los dos
proyectos se considera a la empresa como sujeto de capacitación y desarrollo autosostenido. Los
programas no son ejecutores de la formación sino instancias intermedias entre la oferta existente y
las necesidades detectadas. Ambos actúan de manera descentralizada, el PROBECAT operado por
el gobierno central utilizando los servicios estatales de empleo, y el CIMO a través de sus propios
consultores provinciales, quienes ejecutan el programa desde oficinas instaladas por lo general en
una cámara o asociación empresarial local. Se entrenan actualmente por año unos 500 000
trabajadores bajo el PROBECAT, y existen 54 unidades promotoras de la capacitación del
programa CIMO que atendieron a 157 000 empresas entre 1988 y 1994.
Estos programas, cumplieron ya más de 10 años de operación, han corregido errores y han
aprendido de su propia experiencia dependiendo de financiamiento externo. Sin embargo, resulta
difícil garantizar la calidad del servicio prestado, pues no se trata de un proceso estandarizado sino
a medida. Otro es el de la normatividad del sistema de la administración pública con sus
dificultades para adaptarse a los requerimientos de la demanda. El formato contable de los
presupuestos, la necesidad de establecer metas predeterminadas y evaluar resultados, con el
agravante de tener que renovar el programa cada dos o tres años, confluyen para que la empresa se
comporte como si fuera parte de la administración pública. Estas trabas han significado una tensión
extra y una cierta pérdida de tiempo útil para los promotores, lo que es expresado así por Mertens,
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

(1997): Si la descentralización de la operación y la participación del sector privado no son
acompañadas por una innovación en la administración pública, se tiende a provocar un desgaste
interno entre el personal de un programa grande que, a fin de cuentas, repercutirá en un impacto
menor en el objetivo principal del programa.
En este contexto, la extensión, diversificación y descentralización de la educación formal en
el sistema educativo, y los programas de formación presentados anteriormente constituyen una
oferta amplia generada por el Estado. Sin embargo, la reestructuración del sistema productivo y la
exigencia de competitividad señalan la necesidad de una innovación de fondo en la formación, que
permita adecuar cuantitativa y cualitativamente esa oferta a la demanda. El problema va más allá de
cambiar los procedimientos administrativos: desde el inicio, cuando se asignó a los actores sociales
—trabajadores y empresas— el rol de decidir la forma y el tipo de capacitación, el Estado asumió
un papel fiscalizador. Cambiar esta imagen de un Estado vigilante por la de un Estado activo, socio
en la tarea de formación, es uno de los desafíos de la década actual (Mertens, 1998).
Simultáneamente, los diagnósticos sobre los problemas de calidad mostraron la insuficiencia
de los programas dirigidos a grupos específicos y la necesidad de un replanteo integral de la
formación que incluyera una mejora en la educación básica y una mejor articulación entre
educación formal y formación profesional. Faltaban criterios de evaluación y acreditación de
conocimientos e incentivos estratégicos que motivaran a trabajadores y empleadores a participar en
la formación.
Ante las carencias del sistema de formación, incluyendo la educación tecnológica y la
formación profesional, se llegó, al comienzo de la década actual, a la reforma educativa titulada
Programa de Modernización Educativa. Hacia mediados de los años noventa se lanza el proyecto
de modernización de la educación técnica y la capacitación, con un financiamiento del Banco
Mundial. Los principales componentes del proyecto son los siguientes:
i. instalación de un sistema nacional de certificación de competencias;
ii. transformación de los programas de capacitación en cursos modulares basados en
estándares de competencia;
iii. estímulos a la demanda, incluyendo la promoción del sistema, pruebas piloto de
educación fundamentadas en competencias en empresas, incentivos para la capacitación
y certificación, adquisición de equipo y formación de formadores; y
iv. métodos de información, estudio y administración del proyecto.
Este esfuerzo de innovación conduce a la institucionalización del sistema de normalización y
certificación de competencia laboral. A tal fin se crea un fideicomiso para el financiamiento de las
actividades desarrolladas por el Consejo de Normalización y Certificación de Competencia Laboral
(CONOCER), integrado por consejeros del sector público, privado empresarial y social
(trabajadores y campesinado). El aspecto operacional es manejado por una secretaría ejecutiva, que
para 1997 contaba con alrededor de 70 consultores.
La estrategia de trabajo del CONOCER ha sido la de actuar simultáneamente en los
diferentes frentes involucrados en el modelo, no con un enfoque único sino utilizando un conjunto
de metodologías variadas provenientes de otros países. Las instituciones participantes —formativas
y empresariales— tuvieron que entrar en una dinámica de aprendizaje por experimentación, ensayo
y error. Toda esta actividad se basa en que en el modelo de competencia laboral, la normalización
de habilidades, destrezas, actitudes y conocimientos, expresada en términos de estándares o
referencias de desempeño, es la parte medular, porque de allí surge el fundamento para la
evaluación y la certificación, así como para desarrollar el currículum y la capacitación.

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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

Se está trabajando simultáneamente en los diferentes campos de operación del sistema,
coordinados por CONOCER. Para fines de 1997, se tenía como meta contar con trece Comités de
Normalización instalados y más de 100 normas técnicas nacionales definidas al nivel de unidad.
Los especialistas o técnicos vinculados a CONOCER actúan como agentes orientadores tanto hacia
el campo productivo como hacia el educativo.
El sector privado participa en grados diferentes según la capacidad de los especialistas para
motivarlos. Se trata de una participación voluntaria, que depende de descubrir el valor agregado
que puede tener la implementación del programa. Existen diversos obstáculos: uno es la
desconfianza de los empresarios hacia el Estado, cuando tienen la impresión de que se introduce en
actividades que incumben a la gestión empresarial. Pese a que CONOCER es tripartito, tiende a
verse como estatal. Otra limitación es la resistencia de grupos empresarios de punta de compartir y
divulgar información sobre las competencias laborales en sus respectivas plantas. Finalmente, las
normas técnicas al nivel de rama de actividad suelen quedarse en un plano demasiado general, lo
que desalienta que sean tomadas como referencia para la gestión de recursos humanos en
organizaciones productivas concretas.
Como problema más específico a nivel empresa se destaca una dificultad en varios campos:
para lograr la participación permanente de los empresarios y trabajadores en la construcción de la
experiencia piloto; para involucrar a los trabajadores en la participación de los beneficios que se
obtengan; para crear una nueva cultura empresarial que valore la competencia laboral como una
forma moderna de organización del trabajo y de replantear la formación; y por último para unificar
criterios al interior de las empresas con respecto a la capacitación.
La descentralización del sistema se logra por distintos medios: los comités sectoriales, la
estrategia de instrumentación de centros de formación profesional a partir de la oferta existente, y
las experiencias piloto a nivel empresa llevadas a cabo por el CIMO y CONOCER. Frente a ello, se
pretende alcanzar la coordinación centralizada mediante normas técnicas de carácter nacional, las
cuales sintetizan las normas de las empresas de las respectivas ramas y/o áreas de competencia.
Como conclusión puede decirse que este modelo, que tiene antecedentes en las políticas
instrumentadas en países anglosajones (Australia, Gran Bretaña, Canadá), parece sumamente
ambicioso y está fundamentado en el paso de las calificaciones tradicionales a las competencias
más amplias necesarias en un mercado de trabajo moderno. De ser exitoso permitirá una mayor
flexibilidad y transparencia del mercado de trabajo, una coordinación mejor entre la oferta
educativa y la demanda empresarial, y una reinserción más fluida de los trabajadores que cambien
de empleo. Las dificultades señaladas por Mertens muestran los problemas para instrumentar un
sistema de este tipo con un sector productivo muy heterogéneo, en un país con gran diversidad
regional, con una oferta educativa casi totalmente estatal y con un sector productivo privado que
muestra poca experiencia de interacción en la construcción de formas compartidas de normatividad.
Sin embargo, la iniciativa resulta muy importante para la región pues brinda un eje nuevo sobre el
cual construir la articulación entre Estado y sector privado, y entre oferta y demanda de formación.

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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

V. República Dominicana: una
instituciones de formación
profesional joven que nació con
el nuevo modelo de formación

La creación del INFOTEP en 1980 fue liderada por empresarios
dominicanos con el apoyo de la Organización internacional del
Trabajo (OIT). Se trata de una entidad autónoma de carácter no
lucrativo y patrimonio propio, con participación tripartita en la
conducción, encargada de regir el sistema de capacitación,
perfeccionamiento, especialización y reconversión de trabajadores
(Amargós, 1998).
El financiamiento de la formación profesional se produce por
varias vías: la que asigna el presupuesto nacional y la que proviene de
las contribuciones obligatorias (1% del monto de las planillas de
sueldos a cargo de las empresas y 0,5% del mismo a cargo de los
trabajadores). El INFOTEP capacita directamente en sus centros
propios y subcontrata a otras instituciones, en general privadas.
Desde el punto de vista del contexto económico, el turismo y las
zonas francas industriales, que habían tenido un crecimiento lento
hasta 1982, experimentaron luego un incremento muy importante,
generando empleo. En ese escenario aparecieron nuevos institutos y
academias comerciales que, junto a las instituciones oficiales,
configuran la oferta actual de formación. Se verificó, entonces, el
desarrollo incipiente de un mercado de capacitación, con el
surgimiento de instituciones que generan sus propios recursos de
apoyo financiero mediante la venta del servicio de formación y
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

capacitación. Sin embargo, es conveniente destacar que la mayoría de los centros clasificados como
de formación profesional son pequeñas unidades educativas dedicadas a proveer capacitación en el
área de comercio (academias e institutos comerciales), de belleza y de confección.
En 1995 comienza el desarrollo del plan INFOTEP 2000 que incluye las siguientes
estrategias fundamentales: mejorar la eficacia y eficiencia del Sistema Nacional de Formación
Ocupacional; cuando sea posible, pasar a los centros colaboradores la capacitación directa de mano
de obra y de empresarios; los centros del INFOTEP se ocuparán de la formación de formadores, la
transferencia de métodos de enseñanza y la difusión de nuevas tecnologías; además, mantendrá la
ejecución de los programas de formación ocupacional hasta que se haya demostrado su viabilidad y
luego los transferirá a los ejecutores directos o centros colaboradores.
Los centros colaboradores requieren un proceso de evaluación para adquirir la categoría de
tales; actualmente hay 75 instituciones reconocidas. Existe, sin embargo, una limitación: no se han
podido adjudicar todos los cursos licitados por escasez de institutos oferentes que cumplieran los
requisitos. En 1997 se restringieron las licitaciones al área de informática y en el momento de
conocer las propuestas todas habían consignado el mismo costo. A partir de esa experiencia, la
institución de formación profesional no ha convocado nuevas licitaciones.
Otra observación que se plantea en el estudio de caso es que no hay suficientes entidades
capacitadoras en las áreas de tecnologías duras, que son las más demandadas. Para crearlas se
deberían hacer fuertes inversiones en equipamientos de talleres y laboratorios didácticos. Desde el
punto de vista de la demanda, los clientes particulares con capacidad de pago no se interesan por
esta área de educación, pues tradicionalmente han considerado que es un tipo de formación para
los pobres. Al mismo tiempo, las empresas están poco motivadas a invertir en capacitación por
miedo a la rapiña de los trabajadores formados por parte de otras empresas.
Del total de estudiantes (146 964), el INFOTEP registró una matrícula del 55.8% (82 000
participantes). Esta institución tiene tres centros propios, a los que se suman los centros
colaboradores. Del total de los existentes, 78,6% son privados, con y sin fines de lucro, su
contribución a la matrícula es del 38.8%. Los centros públicos pertenecen a las Fuerzas Armadas
(escuelas vocacionales), al INFOTEP y a la Secretaría de Estado de Educación. Los cursos se
dictan en las propias empresas y en locales habilitados temporalmente (talleres móviles).
En el año 1992, se estableció un convenio entre la Asociación Dominicana de Zonas Francas
(ADOZONA) y el INFOTEP, dentro del marco del Proyecto INFOTEP-Zonas Francas. En ese
convenio se establecía que la institución de formación profesional se comprometía a invertir el 35%
del 1% que deben aportar las firmas, en actividades de capacitación para beneficio de las empresas
de las zonas francas. Se organizaron comités locales en los diferentes parques industriales, con
participación mayoritaria de los responsables de la producción. Estos comités deciden qué tipo de
capacitación se va a ejecutar, y si la institución de formación profesional no la puede llevar a la
práctica directamente, a qué organización se va a contratar. La supervisión nacional la ejerce un
Comité Nacional integrado por directivos del ADOZONA y del INFOTEP.
Parte de los recursos así obtenidos se invierten en la infraestructura que permite llevar
adelante la capacitación en el propio parque industrial. De este modo, existen ya cinco centros de
capacitación instalados en su correspondiente parque. Mediante esta alianza estratégica, entre 1992
y 1997, más de 74 mil trabajadores de zonas francas han recibido entrenamiento. También, fuera de
las zonas francas, el INFOTEP ha contribuido a que grandes empresas organicen sus propias
unidades de formación.
Asimismo, la implementación de la formación dual ha ayudado a acercar los servicios de
capacitación a las empresas. El proyecto se inició en 1988 en 35 empresas, cubriendo ocupaciones
de mecánica automotriz y mecánica industrial. En el transcurso de 10 años se han formado 1 671
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

jóvenes, y más de 900 están en proceso de preparación en más de 20 especialidades, con la
participación de varios centenares de empresas. En la actualidad funcionan 30 comisiones técnicas,
integradas por empresarios, trabajadores, especialistas y/o conocedores de un área ocupacional, con
las siguientes responsabilidades: identificar los perfiles profesionales del nivel ocupacional,
participar en la planeación, organización y diseño del currículum instruccional, transmitir
información sobre el desarrollo tecnológico de la familia ocupacional, servir de enlace con las
diferentes asociaciones profesionales y colaborar con la formación de instructores. Se han creado
también comisiones evaluadoras que verifican el proceso de certificación de la capacitación
ofertada.
El INFOTEP ha definido como una de sus funciones imprescindibles la preparación de
docentes para la formación profesional. Hasta 1997 cerca de 4 000 instructores en servicio y
aspirantes han recibido entrenamiento metodológico y 1 200 han participado en cursos de
actualización de tecnologías y han realizado pasantías en empresas.
En el caso del INFOTEP, la articulación entre el sector público financiador de la
capacitación y a cargo de las políticas y el sector productivo ocurre con cierta fluidez. El hecho de
ser una institución joven en un país pequeño, creada con apoyo del sector empresarial favorece esta
articulación. La subcontratación de cursos y la promoción de la oferta privada de capacitación evita
la rigidez observada en institución de formación profesional más grandes y más antiguas. La
existencia y continuidad del sistema dual es un indicador de la posibilidad de colaboración. No
obstante, la dificultad para promover una oferta suficiente de buena calidad por parte de las
instituciones privadas de capacitación, y la relativa carencia de servicios en las áreas duras de
tecnología industrial señalan un riesgo de los sistemas de subcontratación, ya observado en otros
contextos (Castro, 1998).
Como indicadores positivos de la acción del INFOTEP pueden contarse el incremento de los
cursos ejecutados por los centros colaboradores y el estímulo a la capacitación de las empresas en
las zonas francas (parques industriales). El INFOTEP también ha contribuido a que grandes
empresas organicen sus propios centros o esquemas de entrenamiento, en algunos casos con
introducción exitosa del sistema dual.

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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

VI. Conclusiones del estudio de
casos

En el conjunto de las políticas de formación profesional de la
región, se pueden reconocer dos vertientes. Una de ellas comprende
los programas activos de empleo, basados en los fondos de empleo
administrados por los Ministerios de Trabajo que licitan cursos
dirigidos a poblaciones objetivo particulares de usuarios y a sectores
de empresas, y son ejecutados por instituciones de formación
distribuidas en distintas regiones o Estados. La idea en este caso es
incrementar la empleabilidad de los trabajadores y mejorar la
productividad de las empresas, especialmente las pequeñas y medianas
que tienen dificultad para articular sus demandas y subinvierten en
formación (Brasil, PLANFOR, 1997 y 1998; México, Mertens, 1997).
Dentro de esta línea, el Estado define prioridades y tipo de cursos.
El modelo más radical en la vertiente opuesta es el chileno. Los
fondos estatales se dirigen a cubrir los costos de los programas
elegidos por las empresas y destinados a sus trabajadores. La
articulación privado - público, en esta vertiente, se concreta de
diferente manera. El Estado fija prioridades, establece las condiciones
para la subvención y la corresponsabilidad de las empresas en la
financiación de determinados programas, y les asigna los fondos. Pero
el tipo de cursos y su ejecución pasa por el sector privado, ya sea
directamente, ya sea a través de organismos intermediarios (OTIR).
En niveles intermedios entre estos tipos polares, aparecen
institución de formación profesional más dinámicas que las del
modelo tradicional. Se trata en particular del SENAI y el SENAC.
Éstas institución de formación profesional siempre respondieron de
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

cerca a las necesidades del sector privado, pero recibieron críticas debido a sus altos costos. De allí
la urgencia de buscar fuentes de ingresos alternativas y generar nuevos servicios que permitan una
articulación más cercana con el sector privado y otros ámbitos institucionales (universidades,
institutos tecnológicos). Esta búsqueda, además de sus objetivos inmediatos con respecto a la
financiación, tiene como objetivo mediato pero fundamental una transformación de la estructura de
estas instituciones.
Los resultados en términos de la articulación Estado sector privado y la organización
institucional son muy variados, como pudo verse en los ejemplos anteriores. Esa estructura, en cada
caso, está basada en la evolución de los modelos anteriores y en el peso de los actores sociales en el
proceso de transformación. Una manera de sistematizar el análisis será entonces enfocar los temas
centrales de la articulación Estado sector privado en la formación profesional, lo cual se hace en el
próximo capítulo.

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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

VII. Los grandes temas

1.

Las formas de financiación

El instrumento central que ha utilizado el Estado en la región
para intervenir en las políticas de formación profesional ha sido la
financiación pública de ella. En toda las formas expuestas de
articulación entre el Estado y las organizaciones privadas la provisión
por el Estado de una parte o la totalidad de los fondos es una
constante. Si existe acuerdo en que el rol del Estado es
fundamentalmente evitar la subinversión en formación es fundamental
que los mecanismos de obtención y asignación de fondos tengan
efectos positivos y no perversos. Por ello parece relevante examinar
las diversas maneras en que se consigue y se distribuye el
financiamiento destinado a la formación profesional.
Las modalidades de aplicación del financiamiento público a la
formación pueden tipificarse así:
i.

financiamiento a las instituciones oficiales de capacitación;

ii.

contratación de servicios de capacitación en un mercado
abierto a entidades públicas o privadas;

iii.

subsidios de capacitación a las empresas, mediante los
cuales se les reembolsa a éstas los gastos de capacitación a
través de subsidio directo o como crédito fiscal;

iv.

subsidios a los trabajadores bajo la forma de becas o fondos
que ellos mismos invierten en capacitación;

v.

subsidios a centros de capacitación corporativos.
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

Si se analizan a un nivel más empírico las formas de financiación existentes pueden
enumerarse las siguientes (Ducci, 1991): asignaciones del presupuesto estatal a las instituciones de
formación profesional; desgravación impositiva asignada a las empresas para financiar la
formación profesional; financiamiento de programas especiales de formación profesional a nivel
nacional, sectorial o local; financiamiento de los componentes de capacitación en proyectos de
inversión y desarrollo; becas para capacitación; financiamiento de organismos de supervisión y
monitoreo de la formación profesional implementada a través de fondos privados o públicos.
La tendencia actual es hacer desaparecer los impuestos de asignación específica, debido a
que encarecen el factor trabajo y provocan distorsiones en el mercado de empleo. Se tiende en
cambio a manejar los recursos del Estado desde la planificación del presupuesto, incluyendo el
total de los ingresos por impuestos. Sin embargo, al examinar los programas e instituciones de la
región se observa que en muchos países existe la asignación de fondos específicos provenientes del
impuesto a la nómina salarial. La defensa de esta práctica se basa en que representa una inversión
forzosa en la capacitación por parte de empleadores y empleados, que por otra parte son sus
destinatarios, y brinda a la formación profesional un monto de recursos que de otra manera no
existirían. En la literatura no aparecen como factor relevante los créditos de los organismos
multilaterales; sin embargo, en casos como los de México, Chile y la Argentina, esos créditos
fueron motores de innovaciones importantes, con el agregado de que los fondos públicos de cada
país debieron cubrir la contrapartida nacional de los programas así financiados. Se puede concluir
que la disponibilidad de fondos públicos para la capacitación depende del peso de ésta en los
presupuestos estatales, de la posibilidad de asignación de fondos propios provenientes de impuestos
específicos y de la disponibilidad de créditos de bancos de cooperación para financiar determinados
programas. Estas diversas fuentes permiten distintos grados de libertad a las políticas de
capacitación.
La realidad presentada en los capítulos anteriores muestra un retroceso de la financiación
global a las instituciones de formación profesional y un avance de las otras estrategias, a menudo
combinadas de manera pragmática, en las políticas de un determinado país. La subcontratación de
la formación profesional mediante licitaciones o concursos es practicada en México (casi
exclusivamente escuelas públicas), en Chile (con participación mayoritaria de organizaciones
privadas), y en República Dominicana. En Brasil, este tipo de subcontratación es ejercido por el
Plan de Formación Profesional del Ministerio de Trabajo (PLANFOR), pero en el caso del SENAI
sólo en muy pequeña escala y para cursos destinados al sector informal.
Esta modalidad de asignación de fondos tiene la ventaja de ser más dúctil, pues permite
reformular el tipo de formación en cada llamado a concurso y también establecer condiciones de
calidad y relevancia para el mercado de trabajo, lo cual no era corriente en la asignación tradicional
a instituciones de formación profesional nacionales. Presenta, en cambio, algunas limitaciones. Una
es que deben existir en el país suficientes instituciones de formación que permitan una oferta
variada y competitiva; las dificultades para cubrir las licitaciones de cursos en la República
Dominicana son un ejemplo de lo que ocurre cuando esa oferta aún no es suficiente. Otro problema
es que, en estas situaciones, la oferta institucional se concentra generalmente en el tipo de
formación que exige menos inversión y tiempo en la preparación de instructores, es decir en los
cursos relacionados con la administración y con el sector terciario; se descuidan en cambio los
cursos técnicos para ocupaciones calificadas en el sector manufacturero de tecnologías de punta. La
crítica en este caso se focaliza en la tendencia a financiar cursos para personal de niveles medios y
altos que podría costear su propia formación, y a descuidar sectores estratégicos donde se observan
carencias y a los que de hecho acceden trabajadores con poco poder adquisitivo. Finalmente, se
cuestiona la atomización y falta de continuidad de los programas que dependen totalmente de
sucesivos llamados a concurso para cursos no encadenados. Se piensa que estos proyectos no
permiten diseñar carreras que impliquen la adquisición progresiva de calificaciones, ni cumplir
30

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

ciertos requisitos importantes en el mediano y largo plazo, tales como búsqueda de nuevos
enfoques pedagógicos, indagación de las carreras profesionales y actualización tecnológica de los
formadores.
Los subsidios a las empresas, llamados comúnmente subsidios a la demanda presentan la
ventaja de situarse en el propio lugar en que se crean y destruyen los nichos ocupacionales en los
que se deben insertar los trabajadores; de este modo tienen garantizada su relevancia. Obviamente
deben responder a las competencias reales demandadas, tan difíciles de definir desde el ámbito
educativo. El problema radica en el escaso interés de las empresas por invertir en la formación
general que es la que asegura las externalidades, lo cual fundamenta la intervención del Estado. La
clave podría ser comprometer la financiación estatal para estos aspectos más generales,
favoreciendo una economía de escala que le permita a la empresa invertir para la formación
específica en un esquema de cofinanciación. Se podría exigir, por ejemplo, la inclusión en la
capacitación de componentes de recuperación de habilidades básicas de lectoescritura y matemática
aplicada (problema señalado en R.Dominicana), o la fundamentación tecnológica de la utilización
de máquinas específicas, o conceptos más generales de calidad total, u otro tema similar.
Los subsidios a centros de formación por ramas o regiones gerenciados por cámaras
empresarias, pueden ayudar a reforzar e implementar estos componentes de formación susceptibles
de ser utilizados en más de una unidad productiva. El problema en este caso es que difícilmente esa
formación llegue al conjunto de los trabajadores; es posible que tienda a restringirse a aquellos
puestos que muestran cuellos de botella en la oferta en el mercado de trabajo y que son críticos
para el desarrollo empresario, y a un número relativamente reducido de candidatos. La
participación de los trabajadores en la gerenciación de los programas puede moderar esta tendencia.
Respecto de los subsidios a los trabajadores, la forma restante de asignación de fondos, es
frecuentemente utilizada para dirigir la formación a los grupos críticos, en riesgo de desocupación
prolongada, tales como jóvenes, trabajadores adultos desplazados por la reestructuración
productiva y mujeres desocupadas. La manera más común es la adjudicación de becas que permiten
a cada uno elegir cursos en el mercado de la capacitación. Además de cubrir necesidades evidentes
de grupos específicos, esta estrategia lleva a un fortalecimiento del mercado de capacitación,
incorporando una demanda que de otro modo no podría satisfacerse a causa de la carencia de poder
adquisitivo de estos trabajadores.
Una innovación en la financiación de la formación de los trabajadores, planteada en el
Proyecto CEPAL-GTZ, podría ser el Fondo de Capacitación y Entrenamiento (Agüero y Labarca,
1998). Esta iniciativa está basada en la financiación a través de fondos individuales de
capacitación; establece sistemas de ahorro con cuentas personales para pagar los costos de
formación de trabajadores de todas las categorías. Las cuentas se engrosarían con aportes de los
trabajadores (1 al 2% de su salario), más aportes voluntarios y, eventualmente, contribución de los
empresarios. Se podría agregar un subsidio del Estado, igual para todos los trabajadores, durante
sus primeros años de empleo. Estos fondos individuales se administrarían de la misma manera que
los fondos de pensiones, por instituciones privadas con fines de lucro que compitan entre ellas
invirtiendo en el mercado de capitales. Sólo se podrían hacer retiros de las cuentas individuales
para invertir en formación para el trabajo.
El objetivo de este sistema es incentivar la demanda de capacitación por parte de los
trabajadores y captar recursos para ese fin. También ayudaría a asignar recursos más
eficientemente, aumentaría el ahorro, promovería la colaboración en la formación entre empresas y
empleados, y tendría un efecto directo en la motivación de los propios trabajadores para formarse.
Para implementar estos fondos, una condición necesaria es la constitución de las
instituciones administradoras de fondos. Además, es conveniente la inclusión de la capacitación en
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

las negociaciones colectivas, especificando el tipo de entrenamiento y el aporte correspondiente a
empresarios y trabajadores. Facilitan también esta propuesta la formación profesional por módulos,
la certificación de competencias, y el subsidio estatal durante los primeros años para permitir el
despegue de la capacitación. Parece muy importante para la mejor utilización del fondo la
orientación e información a los usuarios.
Parece relevante indagar sobre las posibilidades de implementar un sistema de este tipo en la
región pues ayudaría a integrar en las políticas de formación a los trabajadores, cuyo aporte y
capacidad de decisión sobre la formación a recibir suelen estar relativamente desdibujados en el
presente. Sería recomendable fomentar un mayor protagonismo de los trabajadores, tanto en
términos de su peso en el mercado de capacitación, como en la definición de las políticas y
programas de formación profesional, y, asimismo, en la negociación de los convenios colectivos
nacionales o por empresa.
Si recordamos las formas específicas de subsidiar a la formación profesional señaladas más
arriba (Ducci, 1991) y las referimos a los ejemplos nacionales analizados en el capítulo anterior, se
pueden observar combinaciones de ellas en los casos concretos. En el ejemplo de la República
Dominicana hay una asignación del presupuesto nacional y contribuciones de las empresas sobre
las planillas de sueldos, ambas complementadas por el pago privado de matrícula. En el caso de
Brasil, el PLANFOR financia programas especiales de formación profesional tanto en el ámbito de
los Estados como en el local. El SENAI en cambio recibe su financiación de un impuesto a la
nómina complementado por aportes específicos de las empresas y venta de servicios. El caso
mexicano es el que combina más variedad de financiación: recibe recursos del fondo de empleo
provenientes de impuestos a la nómina; aportes de los bancos multilaterales que se aplican al
financiamiento de programas especiales de formación profesional y a componentes de capacitación
en proyectos de inversión y desarrollo de PYME; se conceden becas de capacitación y se financian
organismos de supervisión y monitoreo de los programas implementados, algunos de los cuales
constituyen desarrollos importantes como la creación de un sistema de competencias laborales que
se espera orientará la capacitación en el futuro próximo.
Las grandes diferencias entre las tradiciones de los Estados nacionales y la institucionalidad
de la formación profesional en cada país hacen imposible la aplicación de un mismo sistema de
financiación pública en todos ellos. Inclusive resulta difícil la evaluación de las formas existentes,
por el hecho de la coexistencia en cada uno de los países de más de una forma de financiación, con
resultados diversos según los aportes de los actores y la tradición institucional. La posibilidad de
articular ingresos privados y públicos y aplicarlos a investigación y desarrollo y transferencia de
tecnología no es fácilmente transferible a otras . En el caso de los procesos de subcontratación a
instituciones de capacitación, no es lo mismo subsidiar a escuelas públicas que a una multiplicidad
de instituciones privadas, como en Chile o República Dominicana, con los peligros de atomización
y desfocalización que esto entraña. Finalmente, el financiamiento a organismos centrales de
supervisión y monitoreo adopta formas muy distintas según se trate de CONOCER o CIMO,
INFOTEP o el SENCE.
Se pueden en cambio establecer algunos criterios generales para una adecuada asignación y
evaluación de la financiación que servirán para analizar cada política o programa específico. El
primer criterio es que la financiación estatal refuerce aquellos aspectos en que se ha detectado que
la inversión privada es insuficiente; esto significa evitar la sobreinversión en programas no
relevantes (por ejemplo, la capacitación administrativa), y focalizar en aquellos que implican
transferencia de tecnologías, están dirigidos a sectores estratégicos de empresas (PYME y sectores
en crecimiento), o atienden a grupos objetivo que pueden quedar al margen del mercado. Por ende
se trata, de privilegiar el financiamiento de aquellos programas que tienden a corregir fallas de
mercado o generan externalidades. En este último caso se incluyen fundamentalmente los
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

programas que imparten competencias de empleabilidad y, en particular, formas de reconversión no
asequibles para los trabajadores que las necesitan.
Un segundo criterio debería ser seleccionar las modalidades de inversión que permitan una
realimentación desde los resultados y eviten la prolongación en el tiempo de tipos de formación
obsoletos. Los mecanismos de descentralización a escala local y por empresas, y el rol de los
propios trabajadores en la decisión de la implementación de los cursos es clave para este criterio.

2.

La articulación entre formación general y específica

En contextos de cambio tecnológico y flexibilización de los mercados de trabajo, la
formación específica debe estar basada en una sólida formación general. Es conocido que los
empresarios no la van a proveer (Becker, 1964). De allí que es necesario que el Estado se ocupe de
la formación general necesaria para la existencia de una fuerza de trabajo capacitada y
reconvertible; y es asimismo imprescindible su articulación con el sector privado, sede de la
producción y el cambio tecnológico, con el objeto de definir la formación específica y la
complementariedad de acciones entre ambos. Este tema resulta fundamental respecto de la
vinculación entre entidades formativas y productivas; es interesante analizar la variedad de formas
de integrarse, y el rol del Estado y de los sindicatos en esa integración.
El problema es, entonces, cómo subsidiar la demanda a las empresas logrando que ese
subsidio se aplique a la formación general, no solamente a la específica. Lo que complica aún más
la situación es que resulta difícil encontrar componentes únicamente generales o específicos. La
capacitación concreta es un mix que se encuentra entre dos extremos: el entrenamiento en el uso de
máquinas o tecnologías específicas de una empresa particular y la formación general. Muchos
trabajadores adultos carecen de los conocimientos y habilidades generados por esta.
La mayoría de los procesos de formación incluyen componentes generales tales como la
formación tecnológica transferible a nuevas tecnologías. La formación específica en el uso y
mantenimiento de determinadas máquinas tampoco es tan específica como puede parecer en un
primer momento. Si se observa la introducción de la microelectrónica en la producción fabril, se
constata que no se limita a un aprendizaje puramente mecánico de operaciones sino que se deben
conocer los fundamentos, que luego permitirán utilizar esos conocimientos para distintas
innovaciones. En términos generales, el paso de las calificaciones a las competencias implica la
integración de las habilidades y conocimientos específicos con un componente más general que
asegure la autonomía necesaria en los nuevos roles ocupacionales.
Se observa que los programas e instituciones presentadas adjudican una relevancia central a
esa integración entre ambos tipos de formación. El proyecto de los CENATEC señala la
importancia de la transferencia de tecnología y la relación con una variedad de empresas para
actualizar los currículos; los servicios son concebidos como una forma de generalizar e introducir
en la formación nuevos contenidos tecnológicos. En los demás casos también se plantea la
necesidad de establecer contenidos aplicables en una pluralidad de contextos.
Ante la pregunta de qué le corresponde al Estado y qué a las empresas en este continuo entre
educación general y específica, la respuesta que se puede aventurar es que el Estado debe
garantizar que la formación que subsidie tenga fuertes componentes de formación general,
independientemente de que cofinancie formación específica para promover el compromiso de las
empresas en la inversión en capacitación.

33

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

3.

Gerenciación privada o pública de la formación

En los procesos de descentralización y subcontratación, la ejecución de las acciones de
capacitación se suele asignar a terceros, públicos o privados. Las combinaciones entre diversas
formas de origen de los fondos, maneras de asignarlos, instituciones ejecutoras y marcos
regulatorios implican consecuencias distintas para las políticas de formación.
En el caso de México, los programas se subcontratan pero los ejecutores son en general
escuelas públicas, con lo cual la relación es público-público, lo que permite a la vez una
descentralización de la ejecución y un insumo renovador para las instituciones escolares ejecutoras.
En el caso de la República Dominicana, una proporción importante de los cursos financiados por
INFOTEP son ejecutados por centros colaboradores. Los concursos públicos no han podido cubrir
todos las acciones que se podían financiar por falta de oferentes de calidad. Esto señala la
necesidad de una cantidad suficiente de instituciones de capacitación, con infraestructura, recursos
humanos y organización adecuada para implementar las políticas de descentralización. Cuando
dichas instituciones no existan se las debe promover con créditos y apoyo técnico, como se ha
señalado para la formación técnica destinada al sector manufacturero en República Dominicana.
En términos generales, la tendencia actual es responsabilizar de la ejecución de los
programas a instituciones que puedan competir entre sí y sean lo suficientemente dúctiles para
transformarse, actualizando sus ofertas al cambio tecnológico y la reestructuración productiva, sin
arrastrar pesos institucionales y altos costos burocráticos. Para evitar los problemas de atomización
de la oferta y permitir la posibilidad de itinerarios de capacitación que den continuidad a la
formación individual, y una respuesta más estructural a la demanda de las empresas, es conveniente
que el Estado, en diálogo con las cámaras empresarias y la representación de los trabajadores,
estructure políticas de formación que encuadren la ejecución de programas a cargo de las
organizaciones individuales. Además, el Estado debe prever y promover las acciones de largo y
mediano plazo necesarias como fundamento de la capacitación. Estas incluyen la calidad y
cobertura de la educación básica sin la cual la formación en competencias laborales es imposible, y
todas las inversiones y servicios de apoyo a las instituciones individuales de formación que se
presentan en el próximo apartado.

4.

Provisión de los servicios de apoyo a la formación de
mediano y largo plazo

El desarrollo curricular, la elaboración de material didáctico, la formación de formadores son
algunas de las funciones necesarias para la implementación adecuada de la formación profesional;
hay que evitar que sean descuidadas en un proceso de descentralización y subcontratación
atomizada. Estos servicios no pueden ser provistos por una multiplicidad de pequeñas y medianas
instituciones pues se trata de acciones que exigen economías de escala. Tampoco pueden ser
provistas por un organismo estatal con escaso contacto con la evolución del sistema productivo.
La creación de sistemas de validación de las competencias impartidas por la formación
profesional, y en particular de sistemas de acreditación de las mismas, es también una función que
debe ser promovida por el Estado ya que supera las posibilidades de las instituciones individuales.
México y la República Dominicana están en este camino. La normalización y certificación de
competencias y la formación por competencias como método de construcción curricular exigen
descentralización, compromiso de las empresas y de las instituciones de formación, y un complejo
trabajo de elaboración consensuada. Los desafíos son enormes y las dificultades no escasean, pero
las versiones nacionales en este sentido están en vías de desarrollo.
34

La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

En cuanto a la provisión de servicios de apoyo a la formación profesional en el mediano y
largo plazo, es conveniente el fortalecimiento institucional al nivel nacional o regional en los
países. Puede tratarse de una institución específica creada a tal fin, o ser un componente dentro de
un programa de largo aliento. Lo importante es que articule la institución o programa nacional, las
instancias locales, las empresas y los ejecutores de la capacitación, y permita así la circulación de
los avances tecnológicos, la inversión en equipo y la administración en el mediano y largo plazo de
los fondos adjudicados a dichas políticas de apoyo a la formación profesional.

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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

VIII. Reflexiones finales

A lo largo de este documento se ha presentado el análisis de la
relación entre el Estado y el sector privado con respecto a la formación
profesional en la región, con especial énfasis en su desarrollo reciente
y en la situación actual. Aparecen tendencias que se observan
claramente y sobre las que hay un principio de acuerdo en la literatura.
El cambio tecnológico, la reestructuración productiva y las
modificaciones en el mercado de trabajo hacia una mayor flexibilidad
han llevado a un cambio en las demandas de calificaciones, el cual ha
puesto en crisis los sistemas tradicionales de formación. Frente a ello,
se hace necesaria una mayor articulación entre la formación básica y
de fundamento, normalmente provista por el sistema educativo, y la
formación profesional más especializada impartida en el sistema de
capacitación. El Estado interviene para asegurar la formación que
provee las externalidades, las cuales favorecen al total de la sociedad
en términos de productividad y equidad. En un contexto de escasez de
recursos, eso implica cubrir los gastos indispensables para una
formación de base destinada a toda la población, e invertir lo necesario
para impedir la asignación inadecuada de recursos en la formación
profesional.
La empresa privada tiene un rol irreemplazable: brindar la
formación en el trabajo on the job training y definir los nichos
ocupacionales y los perfiles de competencias requeridas para el
desempeño adecuado de dichas ocupaciones. Queda un espacio gris
entre lo que es claramente responsabilidad del Estado y lo que es tarea
indiscutible de las empresas. La formación profesional general y
específica está situada en ese espacio. La articulación de los esfuerzos
del sector público y el privado en responder a los desafíos de la
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

formación profesional es fundamental tanto en términos de la productividad y competitividad
económica, como de la equidad de la sociedad. En la perspectiva de un proceso de cambio
continuo, esta articulación debe tener mecanismos de actualización constante e institucionalización
adecuada.
Los ejemplos presentados muestran una variedad de respuestas en el contexto de los distintos
países. El rol asumido por los empresarios, la tradición institucional de las instituciones de
formación profesionales, la fuerza y amplitud de los procesos de reestructuración del Estado y de
las empresas, confluyen para generar modelos diferentes de adaptación a los cambios. Los casos
estudiados, que pueden ser considerados relativamente exitosos, tienen concreciones institucionales
muy diversas. Conviene más que propiciar uno u otro de los modelos presentados, observar
tendencias generales y problemas comunes, y dejar a la elaboración propia de los actores sociales
en cada país las soluciones concretas.
Las tendencias generales son: el énfasis en mantener el protagonismo del Estado en la
financiación y regulación de la formación profesional; la descentralización de la ejecución,
independizando a las autoridades centrales de la responsabilidad en la implementación de los
cursos y, en muchos casos, llevándolas a subcontratar con instituciones de capacitación privadas; la
definición de los destinatarios de la capacitación —empresas y trabajadores—, privilegiando el
apoyo a sectores estratégicos.
Se considera a la formación profesional como parte de un proceso más amplio que
incrementa la productividad y la competitividad de las empresas; en cuanto a los trabajadores, el
acento se pone en aumentar las competencias de empleabilidad de aquellos que se encuentran en
riesgo de desocupación prolongada y de los que no cuentan con los medios para adquirir en el
mercado las competencias tecnológicas clave.
Asimismo, la inversión en la pequeña y mediana empresa resulta estratégica dada su
capacidad de absorción de mano de obra; es necesario paliar las dificultades que enfrenta para
competir y aumentar su productividad. Si no se incrementan la capacidad de gestión, el acceso al
crédito de los pequeños empresarios y el capital humano de sus trabajadores, la única salida de las
PYME para sobrevivir es la precarización del trabajo y la evasión fiscal, con las consecuencias que
esto significa para el bienestar de la sociedad.
Hasta aquí las tendencias comunes en cuanto a la orientación de la formación profesional.
Hay otros problemas que aparecen recurrentemente, como es que los mecanismos de asignación de
recursos al mercado de capacitación, a través del sistema de subvención a la demanda, dan como
resultado un predominio de la capacitación administrativa en tecnologías blandas y atención
preferente a usuarios de niveles de ingresos relativamente altos. La capacitación en tecnologías de
producción, que exigen mayor inversión en equipos, en formación de instructores y en cursos más
prolongados, queda en cambio postergada. Por otro lado, el cobro de servicios a las empresas, si
bien abarata la formación costosa, crea una tensión entre la utilización de recursos humanos e
institucionales en dichos servicios y la formación propiamente dicha (CENATEC). La dificultad
para controlar la calidad y pertinencia de los cursos implementados es señalada como otro
problema. El control de la calidad, sea por mecanismos de seguimiento de egresados, sea por la
evaluación de la satisfacción de los usuarios se practica en muy pocos países e instituciones.
La desconfianza de los empresarios ante la intromisión del Estado dificulta también la
acción conjunta del sector público y el privado, sobre todo cuando la reforma de la formación
profesional no participa de la reforma general de la articulación Estado-sector privado. Se observa
una actitud positiva en las situaciones donde existe responsabilidad directa de los empresarios en la
formación profesional, como en el SENAI, o al menos un interés manifiesto de ellos, como en la
República Dominicana. En la situación mexicana, en cambio, la simplificación de los trámites y la
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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

búsqueda de mayor flexibilidad en el aparato estatal es señalada como una necesidad, tanto para el
apoyo a las PYME como para la implementación de la normalización y certificación de
competencias.
A partir de esta somera revisión de los principales contenidos de este documento se pueden
plantear ahora algunas pautas para el futuro:
i.

La articulación institucional se vincula con la historia de la formación profesional en
cada nación, por lo que el trasplante es siempre difícil. La propuesta entonces es seguir y
promover las iniciativas exitosas que aparecen en cada país, y reforzar las instancias
institucionales que puedan cubrir los déficits señalados más arriba.

Para responder a las demandas cambiantes de un mercado de trabajo moderno es importante
evaluar las ventajas y carencias de la actual articulación entre el Estado y el sector privado, desde
varios puntos de vista:
i.
ii.
iii.

la posibilidad de que las personas puedan estructurar carreras profesionales en una
sucesión de ocupaciones calificantes;
el apoyo a la competitividad de las empresas en general, y del país en particular, con
especial énfasis en las PYME;
la focalización en los grupos de trabajadores en riesgo de exclusión, así como en las
ocupaciones importantes para el desarrollo del sector productivo cuya capacitación no
sea cubierta por el mercado.

Los instrumentos con que cuenta el Estado para implementar estas políticas y activar su
relación con el sector privado son los siguientes:
i.
ii.

iii.

los incentivos, en particular franquicias tributarias y el acceso a la financiación;
la regulación de las actividades de formación y de la colaboración entre las empresas y
las entidades de formación, fijando las reglas de juego que aseguren el cumplimiento de
lo señalado en el párrafo anterior;
el fortalecimiento institucional de las organizaciones existentes, promoviendo el
cumplimiento de las funciones aún no cubiertas y manteniendo el apoyo a las que se
desempeñan adecuadamente.

En aquellos casos en que se concluya que la situación actual es negativa, se puede plantear el
cambio del sistema de capacitación. Sin embargo, se deben evaluar cuidadosamente los posibles
efectos negativos del cambio, tanto en cuanto a pérdida de la memoria institucional, como con
respecto al costo de la instalación de nuevas instituciones de capacitación. Es recomendable,
además, asegurarse de que esa transformación sea coherente con la evolución de la relación Estadosector privado en un contexto más amplio, y de que el peso político de los reformadores pueda
contrarrestar las fuerzas de resistencia al cambio.
Como síntesis final cabe reafirmar una de las conclusiones de este documento que el Estado
tiene una importante responsabilidad en la promoción y regulación de la formación profesional. La
otra es la necesidad de la participación activa de las empresas privadas en la implementación de las
políticas de formación, tanto en cuanto a la definición de las competencias laborales como en
cuanto a la alternacia entre la formación teórica y práctica, teniendo en cuenta la necesaria
contribución que ello implica para el bienestar general. Las formas concretas de implementar la
articulación entre Estado y sector privado son específicas de la historia e instituciones de cada país;
es de esperar que el análisis comparativo de los trabajos presentados en este documento pueda
brindar algunas pistas sobre su desarrollo futuro.

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La articulación entre el sector público y la empresa privada en la formación profesional de América Latina

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