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        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
        <dc:language>es</dc:language>
        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/2983</bibo:handle>
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Una revisión de conceptos, marcos
de referencia e indicadores 
© Naciones Unidas
Alicia Bárcena
Secretaria Ejecutiva
Antonio Prado
Secretario Ejecutivo Adjunto
Luis Beccaria
Director de la División de Estadística
y Proyecciones Económicas
Susana Malchik
Oficial a cargo
División de Documentos y Publicaciones
Este documento fue elaborado en el marco del proyecto 
Medir la cohesión social en América Latina, para cuya 
realización se contó con recursos del presupuesto 
ordinario de la Comisión Económica para América 
Latina y el Caribe (CEPAL) y con el financiamiento de la 
Comisión Europea. La CEPAL agradece la cooperación 
financiera que hizo posible la realización del proyecto y 
la publicación del presente libro.
La coordinación estuvo a cargo de Juan Carlos Feres, 
Jefe de la Unidad de Estadísticas Sociales de la División 
de Estadística y Proyecciones Económicas de la CEPAL, 
y de Pablo Villatoro, funcionario de dicha División.
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  LC/G.2420 • Junio de 2010
5Índice
Prólogo 11
Introducción 13
Capítulo I
Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL
y desafíos para su operacionalización 17
Rodrigo Márquez
A. Una revisión del debate latinoamericano sobre cohesión social 18
1. La incorporación del debate de cohesión social 
en América Latina 18
2. Posiciones en el debate de cohesión social en América Latina: 
distintas formas de superar la concepción europea inicial 19
3. Algunas características del debate latinoamericano sobre 
cohesión 22
B. Un modelo analítico para operacionalizar la cohesión social desde 
el concepto de la CEPAL 27
1. Pilares 27
2. Arenas 28
Bibliografía 37
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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Índice
6
Capítulo II
La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina 39
Rubén Kaztman
A. Introducción 39
1. Ciudad y cohesión social 40
2. Propósito del trabajo 41
3. Esquema de trabajo 44
B. Segmentaciones en el mundo del trabajo 44
1. Posibles indicadores de la segmentación laboral 46
2. Posibles indicadores de determinantes de la 
segmentación laboral 47
3. Consecuencias de la segmentación laboral urbana sobre 
dimensiones de la cohesión social en las ciudades 48
C. Segmentaciones en los servicios 53
1. La naturaleza de las segmentaciones en los servicios 53
2. Algunos determinantes de la segmentación de los servicios 53
3. Consecuencias de la segmentación en los servicios sobre 
la cohesión social 57
D. Segregación residencial 61
1. La naturaleza del fenómeno 61
2. La naturaleza de los aglomerados poblacionales 
a los que se aplica la noción de “segregación residencial” 61
3. Naturaleza de los aspectos perversos de la segregación residencial 63
4. Diferencias entre la vieja y la nueva segregación residencial 63
5. Indicadores de segregación residencial 68
6. La escala geográfica 71
7. Principales determinantes de la segregación residencial 
socioeconómica y posibles indicadores 73
8. Consecuencias de la segregación residencial sobre la cohesión 
social en las ciudades. Posibles indicadores 73
E. Comentarios finales 78
1. La deserción de los estratos medios del ámbito de los 
servicios públicos 80
2. La debilidad de los vínculos de los estratos bajos con el mercado 
de trabajo y su concentración en determinados barrios  80
3. El crecimiento de las expectativas de los sectores populares 
urbanos con respecto al pleno ejercicio de sus derechos 
de ciudadanía 81
Bibliografía 81
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
7
Capítulo III
Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores 
para caracterizar su funcionalidad 85
Rodrigo Arim, Andrea Vigorito
A. Introducción 85
B. Instituciones y bienestar social 87
C. Regímenes de bienestar y cohesión social 91
D. Hogares, mercados y Estado: dificultades metodológicas para 
caracterizar su interacción 95
E. Indicadores de funcionamiento de las instituciones 97
1. Indicadores del pilar institucional 100
2. Acceso a los recursos: Estado, mercados y familias 100
3. Educación, salud y vivienda 102
4. Integración institucional 104
5. Indicadores de capacidad institucional para reducir las brechas 104
6. Capacidad de reducción de la brecha digital 106
F. Conclusiones 107
Bibliografía 107
Capítulo IV 
Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible 
y la cohesión social  109
Francisco Canal Alban, Rayén Quiroga Martínez, Yosu Rodríguez Aldabe, 
Pauline Stockins, María Nájera
A. Introducción 109
B. Relaciones entre cohesión social y sostenibilidad ambiental 110
1. Sostenibilidad ambiental y cohesión social 111
2. Medio ambiente y cohesión social: una aproximación integrativa 112
Bibliografía 140
Capítulo V
La viabilidad de la construcción de un índice sintético 
de cohesión social para América Latina 143
Roxana Maurizio
A. Introducción 143
B. Enfoques alternativos para el análisis conjunto de 
múltiples dimensiones 147
000Cohesión social.indd   7 28/05/2010   03:19:07 p.m.
Índice
8
1. Análisis independiente de cada atributo 147
2. Reducción de dimensiones y dominancia estocástica 148
3. Indicador sintético multidimensional 151
C. Aspectos metodológicos asociados con la construcción de indicadores 
sintéticos en el campo del desarrollo social y humano  152
1. Función de transformación 152
2. Grado de sustitución entre los atributos 154
3. Estructura de ponderación 155
D. A modo exploratorio: construcción de un índice sintético de cohesión 
social en América Latina, a partir del sistema de indicadores de la CEPAL 160
1. Análisis descriptivo 161
2. Análisis multivariado: grupos por países 162
3. Construcción de un índice sintético de cohesión social 164
E. Resultados 165
1. Cambios en la función de transformación 165
2. Cambios en el valor del parámetro de sustitución 167
3. Cambios en la estructura de ponderación 168
F. Ventajas y limitaciones de un índice de cohesión social 
en América Latina y el Caribe 170
1. Definición del marco teórico 171
2. Selección de indicadores y disponibilidad de información 171
3. Análisis descriptivo y multivariado exploratorio 171
4. Normalización de los indicadores, estructura de ponderación 
y parámetro de sustitución  172
5. Análisis de sensibilidad y fortaleza de los resultados 172
6. Difusión, transparencia y consenso 172
G. Reflexiones finales  175
Bibliografía 176
Anexo  180
Capítulo VI
Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: 
un paso atrás, dos adelante 185
Juan Carlos Feres, Pablo Villatoro 
A. Introducción 185
B. El concepto y los pilares de la cohesión social 186
C. Reespecificar el marco de referencia 191
D. Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social 194
1. Los criterios de selección de indicadores 194
2. Indicadores clave de brechas sociales 196
000Cohesión social.indd   8 28/05/2010   03:19:07 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
9
Cuadros, diagramas y gráficos
Cuadro I.1 Arenas y dimensiones de la cohesión social 33
Cuadro II.1  Dimensiones e indicadores de la naturaleza, determinantes 
y consecuencias de la segmentación laboral 52
Cuadro II.2 Sugerencias para la medición de la segmentación de los 
servicios urbanos en clave de cohesión social 60
Cuadro II.3 Sugerencias de indicadores de segregación residencial 
en clave de cohesión social urbana 79
Cuadro III.1 Alcance del sistema de protección social: indicadores primarios 101
Cuadro III.2 Alcance del sistema de protección social: indicadores secundarios 102
Cuadro III.3 Importancia relativa del Estado, el mercado y la familia 
como mecanismos de provisión de ingresos 103
Cuadro III.4 Indicadores institucionales vinculados al acceso a la educación, 
salud y vivienda 103
Cuadro III.5 Indicadores de integración institucional 104
Cuadro III.6 Indicadores de capacidad del Estado para reducir las brechas 105
Cuadro III.7 Indicadores de capacidad del Estado para proveer cuidados 106
Cuadro III.8 Indicadores de capacidad del Estado para reducir la brecha digital 106
Cuadro IV.1 Organización de las distancias socioambientales 120
Cuadro V.1 América Latina (18 países): agrupamientos de países 163
Cuadro V.A-1 Sistema de indicadores de cohesión social de la CEPAL 180
Cuadro V.A-2 Matriz de correlaciones de Pearson 181
Cuadro V.A-3 Cambios en función de transformación 183
Cuadro V.A-4 Ordenamiento por componentes 183
Cuadro V.A-5 Cambios en el parámetro de sustitución (beta) 184
Cuadro V.A-6 Cambios en la estructura de ponderación 184
Cuadro VI.1  Indicadores de brechas: lista larga 198
Cuadro VI.2 Indicadores clave de brechas sociales 198
Cuadro VI.3 Indicadores clave de capacidad institucional 208
3. Indicadores clave de capacidad institucional  201
4. Indicadores clave de apoyo ciudadano (componente subjetivo) 209
E. Síntesis y principales desafíos 216
Bibliografía 219
000Cohesión social.indd   9 28/05/2010   03:19:07 p.m.
10
Índice
Cuadro VI.4 Indicadores clave de apoyo ciudadano 210
Cuadro VI.5 América Latina (18 países): unidimensionalidad 
de las preguntas sobre confianza en las instituciones del Estado 
y los partidos políticos, 2002-2008 212
Cuadro VI.6 América Latina (18 países): consistencia interna de las preguntas 
sobre confianza en las instituciones políticas, 2002-2008 213
Cuadro VI.7 Listado de indicadores clave de cohesión social 215
Diagrama V.1 Estrategias metodológicas para el análisis multidimensional 147
Diagrama VI.1 Pilares y ámbitos de observación 193
Diagrama VI.2 Criterios de selección de indicadores clave de cohesión social 195
Gráfico II.1 Marco conceptual 42
Gráfico II.2 Factores que inciden en la disposición de las clases medias 
urbanas a desertar de los espacios públicos 56
Gráfico III.1 La arquitectura del sistema de indicadores de la cohesión 
social propuesto por la CEPAL 99
Gráfico IV.1 Base ecosistémica o de patrimonio natural que sostiene 
la cohesión social 114
Gráfico IV.2 Esquema para analizar los temas ambientales en clave 
de cohesión social 116
Gráfico V.1 América Latina (18 países): dendograma por países 163
Gráfico V.2 Índice de cohesión social: sensibilidad a la función 
de transformación 165
Gráfico V.3 Índice de cohesión social por componente (estandarizado 
por rango) 167
Gráfico V.4 Índice de cohesión social: sensibilidad al valor de beta 168
Gráfico V.5 Índice de cohesión social: sensibilidad a los ponderadores 169
Gráfico VI.1 América Latina (17 países): votación en las elecciones 
parlamentarias y desconfianza en las instituciones políticas, 
2000-2005 205
Gráfico VI.2 América Latina y otras regiones del mundo: índice 
de corrupción, 2006 206
Gráfico VI.3 América Latina (18 países): apoyo a la democracia por países 
clasificados según la extensión de las brechas sociales, 
1996-2008 211
Gráfico VI.4 América Latina (18 países): población que cree que la carga 
tributaria es muy alta, según la confianza en el gasto de 
los impuestos, por brechas sociales en los países, 2003 y 2005 215
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11
Prólogo
Este libro, La cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos 
de referencia e indicadores, fue preparado por la Comisión Económica para 
América Latina y el Caribe (CEPAL), con la valiosa colaboración de la 
Comisión Europea.
La CEPAL promueve una agenda integral de desarrollo en la cual se 
ponen de relieve los vínculos entre el crecimiento económico, la equidad 
social, la consolidación de la democracia y el logro de un desarrollo 
sostenible, en un escenario caracterizado por los desafíos de integración de 
los países de la región al mundo global.
A estos elementos se ha agregado una creciente preocupación por la 
cohesión social de los países de América Latina. La CEPAL ha planteado en 
reiteradas ocasiones la necesidad de que las instituciones realicen esfuerzos 
sistemáticos para reducir las profundas brechas sociales, garantizar derechos 
para toda la población, respetar la diversidad, y generar sentido de pertenencia 
a un proyecto social colectivo. En este marco se sitúan las propuestas de 
la CEPAL sobre cómo avanzar en la constitución de pactos ciudadanos de 
protección e inclusión social. 
La CEPAL ha desarrollado varias iniciativas para instalar la cohesión 
social en un lugar prioritario en las agendas de políticas públicas de los países 
de la región. En el libro, Cohesión social, inclusión y sentido de pertenencia en América 
Latina y el Caribe, elaborado con el apoyo del Proyecto EUROSOCIAL, de 
la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y de la Agencia Española de 
Cooperación Internacional (AECID), la CEPAL construyó un concepto de 
la cohesión social y desarrolló un marco de referencia para medirla. Luego, 
mediante el proyecto “Sistema de Indicadores de Cohesión Social”, iniciativa 
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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apoyada por la Comisión Europea, la CEPAL creó un sistema de indicadores 
para el monitoreo y la evaluación de la cohesión social en América Latina. 
Más recientemente, la CEPAL, con la colaboración de la Comisión Europea, 
implementó el proyecto “Medir la cohesión social en América Latina”, con 
el que se desarrollaron actividades para mejorar los marcos conceptuales en 
campos específicos de la cohesión social, así como para analizar la factibilidad 
de producir un índice sintético de cohesión social, entre otros propósitos. 
En este libro se exponen los principales resultados de ese proyecto.
Esta publicación constituye un aporte en el proceso de construcción de 
una perspectiva más integral del desarrollo, y en ella se procura de manera 
simultánea fortalecer el marco conceptual elaborado por la CEPAL para 
comprender y medir la cohesión social y seguir contribuyendo a la instalación 
de las agendas nacionales de los países. 
Somos conscientes de que este libro es el producto de una etapa en 
la cual los esfuerzos se han puesto en la producción y la validación de 
herramientas conceptuales y metodológicas básicas para comprender y 
analizar la cohesión desde un punto de vista agregado, a escala regional. En 
este campo persisten todavía muchos desafíos para enfrentar. 
En todo caso, en el futuro inmediato deberían tener un espacio 
protagónico todas las acciones que permitan avanzar significativamente en la 
instalación de la cohesión social, como un objetivo prioritario en las agendas 
de los países de la región. Nos asiste la convicción de que el aprendizaje 
acumulado por la CEPAL en estos años de trabajo debe ser traspasado a los 
países, con el fin de alcanzar una mayor apropiación del enfoque de cohesión 
por parte de los actores implicados en las políticas públicas.
Alicia Bárcena
                     Secretaria Ejecutiva
              Comisión Económica 
           para América Latina 
      y el Caribe (CEPAL)
Prólogo
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
13
Introducción
Distintas razones explican la actualidad de las políticas de cohesión social 
en la agenda de desarrollo de América Latina. Entre los fenómenos que 
están amenazando a la cohesión social se pueden mencionar especialmente 
la profundización de las brechas sociales y culturales, la corrosión de la 
gobernabilidad, la erosión de las fuentes tradicionales de pertenencia y la 
desconfianza ciudadana en las instituciones. Así, en distintos documentos 
institucionales, la CEPAL ha señalado la importancia de avanzar en la 
constitución de pactos de protección y cohesión social, que permitan 
cerrar las brechas sociales y garantizar derechos económicos y sociales 
básicos para toda la población, profundizando el sentido de pertenencia 
y respetando la diversidad. 
La cohesión social es un tema nuevo en el debate académico y de 
políticas públicas en América Latina. En esta etapa de instalación en 
el debate público, la construcción de un concepto de cohesión social 
pertinente a la realidad de la región adquiere mucha relevancia. En este 
escenario, la CEPAL (2007) elaboró un enfoque sobre la cohesión social 
en el que se subrayan las relaciones existentes entre los mecanismos de inclusión 
y exclusión y las percepciones de los ciudadanos con respecto a la operación de dichos 
mecanismos, y también desarrolló un marco de referencia y un sistema de indicadores 
para la medición de la cohesión social en los diferentes países de la región, los 
cuales constituyen la expresión operativa del concepto de cohesión social 
elaborado por la CEPAL.
000Cohesión social.indd   13 28/05/2010   03:19:07 p.m.
14
Introducción
La concepción de cohesión social utilizada por la CEPAL expande 
las fronteras de las brechas económicas y sociales hacia los ámbitos del 
sentido de pertenencia y la solidez de las instituciones, lo cual hace parte 
de una visión más integral del desarrollo. A su vez, el enfoque elaborado 
por la CEPAL para la medición de la cohesión social tiene como principal 
propósito, y desafío hacer de esta perspectiva una herramienta aplicable en 
el diseño y el seguimiento de las políticas públicas que se implementan en 
los países de la región.
La “conceptualización” y la “operacionalización” de la cohesión social 
constituyen un campo abierto al debate. La necesidad de mejoramiento de 
los marcos conceptuales y de los indicadores se da en un contexto donde 
coexisten diferentes visiones con respecto a las estrategias más apropiadas, 
para seguir avanzando en la medición de la cohesión social y en la instalación 
del tema en las agendas. En las actividades desarrolladas por la CEPAL 
para alcanzar convergencias se han escuchado voces que plantean que la 
prioridad debería estar en la rigurosidad metodológica, mientras que para 
otros el énfasis tendría que hacerse en la simplicidad y la comunicabilidad. 
De igual modo, algunos requieren la inclusión de temas emergentes en el 
campo del desarrollo social, y otros demandan reducir las dimensiones y 
los indicadores de la cohesión social. 
En este libro se procura hacer un aporte significativo y relevante a este 
debate conceptual y metodológico sobre la cohesión social. Por un lado, se 
analiza la viabilidad de incorporar nuevos temas y, por tanto, ampliar el campo 
conceptual, mientras que, por otro lado, se dan pasos hacia la reducción de 
variables e indicadores para medir la cohesión social. En esta publicación se 
exponen los resultados de consultorías que proponen ampliaciones del marco 
conceptual y operacional elaborado por la CEPAL, por medio de la integración 
de nuevos temas, como el medio ambiente y la segregación residencial urbana. 
También se presentan trabajos orientados a reducir el espacio de observación 
de la cohesión social, como el análisis de la viabilidad de un índice sintético de 
cohesión o la propuesta de una lista corta de indicadores. Asimismo, se dan 
a conocer investigaciones orientadas a detectar deficiencias y a fortalecer la 
arquitectura del sistema de indicadores de cohesión social. 
En el capítulo I se compara el enfoque de la cohesión social construido 
por la CEPAL con otras perspectivas elaboradas en América Latina. 
Sobre la base de esa revisión, se plantea que los tres pilares de la cohesión 
social (brechas, instituciones y subjetividad), aun cuando constituyen una 
modalidad para observar la dinámica de la cohesión (el cómo), no expresan 
el contenido (el qué) de la cohesión, lo cual se expresa en la dificultad de 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
15
acotar la lista de indicadores. En el texto se propone agregar a los pilares de 
la cohesión social la noción de arena (el campo donde se juega la cohesión). 
La idea es que el cruce de pilares y arena permitiría una selección más 
acotada de indicadores. 
La discusión de indicadores para captar las relaciones entre las 
segmentaciones en el mercado de trabajo, en los servicios esenciales y en 
los lugares de residencia, en clave de cohesión social, constituye el foco del 
capítulo II. En el texto se indica que cuando estas esferas de la segmentación 
urbana se conectan entre sí, aumentan los riesgos de fractura en el tejido 
social y crecen los obstáculos para construir patrones de convivencia entre 
los residentes de las ciudades, situación que se acentuaría por los procesos de 
mediano y largo plazo que están ampliando la conciencia popular acerca de 
la extensión de sus derechos ciudadanos. Así, las tensiones más importantes 
para la cohesión social, en las grandes ciudades de la región, se encontrarían 
en la confluencia de la fractura del tejido social urbano y el crecimiento de 
las expectativas ciudadanas. 
En el capítulo III se discuten y proponen indicadores clave para el 
seguimiento de la articulación entre las distintas esferas institucionales 
(Estado, mercado, familia) de provisión del bienestar social. La selección 
de estos indicadores se fundamenta a partir de la discusión sobre los 
mecanismos de provisión de bienestar, y el concepto de cohesión propuesto 
por la CEPAL, y en función del grado en que estas medidas permiten capturar 
la importancia relativa de estas esferas institucionales. El énfasis se hace 
en la necesidad de desarrollar indicadores que permitan captar el impacto 
conjunto de distintas configuraciones o regímenes de bienestar, porque la 
reducción de las brechas sociales siempre será atribuible a efectos conjuntos 
de distintas instituciones. 
Por su parte, en el capítulo IV se exponen de manera resumida los 
resultados de una investigación en la cual se presentan, discuten y ponen 
en relación los enfoques de desarrollo sostenible y cohesión social, a fin de 
encontrar intersecciones. En este trabajo se adapta el marco de referencia de 
la CEPAL (distancias, instituciones y participación-sentido de pertenencia) al 
análisis de los temas de desarrollo sostenible, agregándose un componente 
transversal que cumple la función de dinamizar el sistema, los conflictos 
medioambientales. A partir de ese esquema analítico, se evalúan y proponen 
algunas medidas de desarrollo sostenible que podrían ser incorporadas al 
sistema general de indicadores de cohesión social.
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Introducción
16
En el capítulo V, como objetivo principal, se examina la viabilidad 
de la construcción de un índice sintético de cohesión social para América 
Latina y el Caribe. Para esto, el estudio analiza, por un lado, las estrategias 
metodológicas disponibles para construir un indicador de esta clase. Por otro, 
evalúa en qué medida el concepto mismo de cohesión social es reductible 
a una sola dimensión. Por último, incorpora un análisis de sensibilidad y 
fortaleza de los resultados frente a diferentes elecciones de los valores de 
los parámetros requeridos para la construcción de un indicador de estas 
características. A partir de lo anterior, se concluye que un índice sintético 
no parece ser suficiente para caracterizar una noción tan compleja y 
multidimensional, como lo es la cohesión social y que, por tanto, sea de 
gran utilidad al momento de definir la situación de los países de la región y 
tampoco para la toma de decisiones de política adecuadas. 
Por último, en el capítulo VI se intenta fortalecer y delimitar el enfoque 
conceptual para medir la cohesión social de la CEPAL, y se propone una 
selección de indicadores clave de cohesión para América Latina. Esta 
propuesta, que recoge algunos elementos planteados en los capítulos 
anteriores y que se alimenta de los insumos recogidos en las actividades 
orientadas a la búsqueda de convergencia en la medición de la cohesión 
social, mantiene los elementos centrales del enfoque inicial de la CEPAL, 
pero tratando de ganar en simplicidad, mensurabilidad y aplicabilidad. Así, 
este texto plantea primero una definición revisada de la cohesión social, 
continúa con una re-especificación de los pilares de cohesión, prosigue 
con una lista corta de indicadores y termina identificando algunos de los 
principales desafíos a enfrentar en la medición de la cohesión social.
Este libro constituye un hito en la etapa de trabajo sobre cohesión 
social, por parte de la CEPAL, la cual se orientó a la producción, la validación 
y el fortalecimiento de una mirada agregada. Para acelerar el proceso de 
instalación de la cohesión social en las agendas de los países, se requieren 
mecanismos para que los actores implicados en las políticas nacionales 
pasen a desempeñar un papel más protagónico. Una estrategia posible es 
implementar un programa de trabajo orientado a instalar las competencias 
básicas para el monitoreo de la cohesión social dentro de los países, y para 
que estos elaboren sus informes nacionales de cohesión social.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
17
Capítulo I
Revisión crítica del enfoque de cohesión 
  social de la CEPAL y desafíos para 
su operacionalización
Rodrigo Márquez
El concepto de cohesión social se ha incorporado con fuerza en el debate 
en América Latina en los últimos años, estableciendo su pertinencia y 
legitimidad. El desafío actual del debate se orienta entonces a desarrollar 
la capacidad de traducir el concepto a formulaciones con sentido para las 
políticas públicas.
En este capítulo se plantea que la definición y el modelo desarrollados por 
la CEPAL tienen un fuerte potencial para producir una medición del concepto 
de cohesión. Sin embargo, también se plantea que para sacar partido de ese 
potencial resulta necesario avanzar en la operacionalización de ese concepto 
de modo de alcanzar un modelo analítico integrado y sistemático. 
Primero, se sintetizan las principales características del debate en 
América Latina, y se alcanza una serie de conclusiones sobre sus aportes y 
debilidades. Se observa que el concepto de la CEPAL de hecho sintetiza y 
da cuenta de esos aportes.
Luego se aborda la construcción de un modelo analítico. Las tres 
dimensiones o pilares de cohesión social desarrolladas por la CEPAL 
(resultados, instituciones y subjetividad) son una perspectiva que permite un 
análisis relevante, pero no ordena ni sintetiza el contenido de la cohesión. 
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Capítulo I Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL y desafíos
18
Más bien constituyen una forma de observar la dinámica de dicho fenómeno. 
Así, un análisis de las arenas de la cohesión social (los espacios que en una 
sociedad son cruciales para construir cohesión) resulta indispensable para 
complementar los pilares y así construir un sistema integrado.
A continuación, se proponen cuatro arenas para entender la cohesión 
social en la región: lazos sociales, ciudadanía, mercado y protección social. 
Estos serían los espacios en donde, de diversas formas y con diversa 
intensidad, se construye cohesión social en América Latina. Estas arenas, 
en conjunto con los pilares, constituyen una matriz que permitiría avanzar 
hacia la operacionalización del concepto.
En síntesis, el eje de la propuesta de este texto consiste en que una 
medición sistemática de la cohesión social se puede lograr si se realizan dos 
movimientos: Primero, en los pilares propuestos por la CEPAL se reconoce 
un momento dinámico de la construcción de cohesión social (el cómo). 
Segundo, si los pilares se combinan con una noción de “arenas” en donde 
la cohesión social se construye (el qué).
A. Una revisión del debate latinoamericano 
sobre cohesión social
1. La incorporación del debate de cohesión social 
en América Latina
La reciente importancia del tema de cohesión social en América Latina 
proviene de la incorporación de un debate originalmente planteado en la 
Unión Europea. Esta confirmación del contexto original no es menor: 
incorporar un concepto desarrollado para otra realidad social implica 
incorporar los supuestos de esa realidad (y proyecto social). Pero no resulta 
mayor novedad plantear que otras realidades requieren otros supuestos 
conceptuales. En ese sentido, el debate de cohesión social se ha desarrollado 
en América Latina a partir de esa confirmación: que no se puede usar el 
concepto europeo sin modificaciones.
En Europa el concepto nace como una forma de dar una cierta 
unidad a una serie de preocupaciones de las políticas públicas de la Unión 
Europea. Como menciona la CEPAL (2007a:33): “… la evolución de la idea 
de cohesión social en Europa está estrechamente asociada con un sentido 
supranacional que busca evitar que se produzcan desigualdades y brechas 
sociales insalvables, además de superar la pobreza, tanto dentro de cada país 
como entre los Estados miembros”. Esto tiene dos consecuencias relevantes:
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
19
La primera es conceptual: Dado su origen, una estricta coherencia 
conceptual no ha sido la prioridad. En ese sentido, podemos citar a 
Meller y otros (2008: 234) que nos plantean que la cohesión social es 
más bien un “concepto marco, que permite incluir las distintas dimensiones de la 
problemática social: inclusión/exclusión, inequidad/igualdad (de oportunidades), 
movilidad social, desigualdad de la distribución de ingresos”. En ese mismo sentido, 
Meller y otros citan a Bernard, quien plantea que: “… El concepto de la 
cohesión social presenta los signos característicos de un cuasiconcepto, 
es decir, una de esas construcciones mentales híbridas que, cada vez 
más a menudo, se proponen en política”. Parte de la naturaleza de estos 
conceptos que orientan políticas públicas es ser más o menos difusos: 
más que la precisión conceptual, lo que interesa es sensibilizar un área 
de preocupaciones. 
Pero el hecho es que si efectivamente se necesita pensar la cohesión social 
de manera diferente en América Latina, se requiere un concepto coherente en 
relación con lo anterior; uno que no trate la cohesión social como un simple 
agregado de diversas dimensiones, sino como un todo integral.
La segunda consecuencia es sobre la medición. Si la cohesión social en 
América Latina es diferente, requiere un conjunto diferente de indicadores. Y 
se necesitaría un conjunto de indicadores sistemático que pudiera derivarse 
de un concepto sistemático: Un conjunto en donde quedara claro por qué 
se integran ciertos indicadores, y por qué otros indicadores no se usan para 
medir cohesión social.
Por tanto, se puede observar el debate latinoamericano a la luz de cómo 
avanza en la doble tarea de generar un concepto sistemático de cohesión 
social que genere un conjunto sistemático e integral de indicadores. Esa es 
la observación que hacemos en esta primera sección.
2. Posiciones en el debate de cohesión social en América Latina: 
distintas formas de superar la concepción europea inicial
Podemos ordenar las diferentes posiciones en el debate latinoamericano, si 
ordenamos las diversas variantes que adquiere la crítica al concepto europeo, 
en su aplicación en la región1.
1 En esta revisión nos interesa plantear y exponer las diversas posiciones en el debate. No entraremos en 
críticas a las posiciones en este momento. Pero, por otro lado, la exposición no ha de confundirse con 
el apoyo a lo planteado en esos textos. Por ahora, simplemente no ejercitamos juicio.
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Capítulo I Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL y desafíos
20
Una primera posición es la desarrollada en el proyecto de la Fundación 
Fernando Enrique Cardoso y CIEPLAN, que ha sostenido en general que 
el concepto europeo de cohesión social resulta insuficiente porque trabaja 
bajo el supuesto de que la cohesión social se construye sola (o centralmente), 
mediante la disminución de brechas vía la provisión de servicios que le 
garantizan a la población las capacidades para participar de la sociedad. 
Bajo eso supuesto, entonces, en América Latina, una de las regiones con 
mayor desigualdad en el mundo, debiera haber importantes problemas de 
cohesión. Pero los estudios y los textos de este proyecto plantean que no 
habría tales problemas críticos de cohesión social. Que en América Latina 
se daría, según esos autores, cohesión con desigualdad.
¿De dónde provendría esta cohesión social en América Latina que 
permite la unión de las sociedades en condiciones de alta desigualdad?
Por un lado, las esperanzas de movilidad social (que se seguirían de 
un modelo estadounidense de cohesión) permitirían que la desigualdad 
no produjera necesariamente quiebres en la cohesión social: “Pero esto 
(los altos niveles de desigualdad) no sugiere, automáticamente, una crisis ad portas 
de su cohesión social si hay en marcha, al mismo tiempo, procesos 
significativos de movilidad social o, al menos, altas expectativas de 
alcanzarla” (Tironi, 2008:28).
Por otro lado, según esta posición, y de manera más crucial, la cohesión 
social en América Latina se basaría en la familia y en otras relaciones 
primarias (eso sería el cimiento de la sociedad latinoamericana que evitaría 
los problemas más graves de cohesión social). Por tanto, los temas de 
política pública que aparecen como más cruciales serían aquellos que 
afectarían las posibilidades de estos lazos para crear cohesión, y aquellos 
que se convertirían más bien en amenazas frente a ella. La delincuencia, la 
desconfianza y las políticas sobre la familia, por ejemplo, serían también 
temas clave (Tironi, 2008:101). La familia sería un elemento central en la 
constitución del nivel microsocial de la cohesión social (por ejemplo, Tironi, 
2008:31; Tironi y Pérez Bannen, 2008; véase una aplicación empírica, en 
Tironi y Tironi, 2008).
A partir de estas consideraciones, usan la definición de cohesión 
siguiente: “… La capacidad dinámica de una sociedad democrática para 
absorber el cambio y el conflicto social mediante una estructura legítima 
de distribución de sus recursos materiales y simbólicos, tanto a nivel 
socioeconómico (bienestar), sociopolítico (derechos) y sociocultural 
(reconocimiento), a través de la acción combinada de mecanismos de 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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asignación, como el Estado, el mercado, la familia, la sociedad civil y las redes 
comunitarias” (Tironi, 2008:19; Tironi y Sorj, 2007). En esta definición, lo 
central es que la cohesión tiene que ver con la estructura de legitimidad de 
la distribución de recursos, no con la desigualdad per se.
Una segunda crítica, que aparece con mayor claridad en Sorj y 
Martuccelli (2008), es que el concepto europeo de cohesión social se basa 
en algunos supuestos que no son cubiertos en América Latina: La Unión 
Europea trabajaría el concepto bajo el supuesto de que la democracia es 
una adquisición sólida, y por ello no resultaría necesario incluirla en el 
concepto (Sorj y Martuccelli, 2008:260). Pero en el caso de América Latina, 
las dimensiones institucionales para asegurar una cohesión social democrática 
no son tan sólidas, y sus problemas y debilidades pueden afectar entonces 
la cohesión social.
El argumento de Sorj y Martuccelli se basa, en buena parte, en que el 
concepto de cohesión social por sí solo resultaría insuficiente como una base 
de política pública. No cualquier cohesión social es adecuada o positiva y, 
por esto, se requiere adjetivar la cohesión social. Además, Sorj y Martuccelli 
plantean que esta adjetivación es necesaria en forma conceptual, porque 
la cohesión es un problema que siempre estaría resuelto: ‘Como enseña la 
teoría social, todas las sociedades generan alguna forma de cohesión. Caso 
contrario ellas no existirían’ (Sorj y Martuccelli, 2008:260). Si siempre hay 
al menos un cierto nivel de cohesión, el problema estaría en qué tipo de 
cohesión se genera. Esto lleva a estos autores a una preocupación por las 
dimensiones institucionales: ¿Cómo el funcionamiento y la legitimidad de 
las instituciones afectan las posibilidades de construir una cohesión social en 
democracia? ¿Cómo se construye cohesión social democrática, por ejemplo, 
en sociedades cuyos sistemas judiciales muchas veces están en crisis, cuyo 
funcionamiento no cumple con sus requisitos básicos y cuya legitimidad se 
encuentra en duda? (por ejemplo, véanse Sorj y Martuccelli, 2008:156,166).
Una tercera posición, desarrollada fundamentalmente por la CEPAL 
(2007a), se centra más bien en indicar que para entender lo que sucede 
con la cohesión es necesario analizar más dimensiones que simplemente 
las brechas existentes en una sociedad. Se hace énfasis particular en la idea 
de que no se puede hablar de cohesión sin subjetividad: Sin la opinión de 
las personas, sin conocer su cultura, cualquier análisis de la legitimidad 
queda trunco. El incorporar la subjetividad es necesario para evitar sesgos 
funcionalistas: que aquello que se requiere de la población es que se ajuste al 
sistema (CEPAL, 2007a:19). En particular, la subjetividad representa uno de 
los lugares centrales de la cohesión, porque, en última instancia, el sentido 
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Capítulo I Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL y desafíos
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de pertenencia es uno de los elementos básicos de ella. En América Latina 
no puede asumirse simplemente que el sentido de pertenencia esté asociado 
ni menos alineado con la realidad que muestran las brechas (recuérdese el 
diagnóstico del malestar suscitado por el Informe de desarrollo humano: “Las 
paradojas de la modernización”, PNUD Chile en 1998)2. Del mismo modo, 
la dinámica del concepto hace necesario analizar la institucionalidad mediante 
la cual una sociedad actúa sobre las brechas y desigualdades. 
De ese modo, la cohesión, según la CEPAL, se define como “la 
dialéctica entre mecanismos instituidos de inclusión y exclusión sociales 
y las respuestas, percepciones y disposiciones de la ciudadanía frente al 
modo en que estos operan” (CEPAL, 2007a:13). Esto implica entonces que 
el concepto de cohesión social se construye sobre la base de tres pilares: 
brechas, instituciones y pertenencia; y de manera más crucial, sobre la base 
de su interacción (CEPAL, 2007a:39-40).
3. Algunas características del debate latinoamericano 
sobre cohesión
a) Cohesión como concepto paraguas
Una de las características de los diversos conceptos de cohesión 
social es la diversidad de los temas e indicadores que aparecen en ellos. La 
propuesta de indicadores de la CEPAL (2007b), o los temas que analizan 
Sorj y Martuccelli, o los variopintos análisis de los textos del proyecto de 
CIEPLAN unen bajo la idea de cohesión social elementos muy diversos, 
de los cuales no siempre queda claro cuál es el elemento común que los 
aglutina. Los indicadores de la CEPAL (2007b) incluyen desde la tasa de 
desempleo abierta, tasa neta de matrícula preescolar, índice de percepción de 
corrupción, composición de la carga tributaria, gasto privado en educación 
como porcentaje del PIB, índice de activación política, entre otros. 
Esta diversidad es peligrosa, porque un concepto del cual nunca 
queda claro qué excluye no es un concepto que pueda tener una definición 
clara. En última instancia, incluso cuando no se incorpora un determinado 
indicador (digamos, PGB per cápita) tampoco queda muy claro por qué 
2 De hecho, entre las evidencias recogidas dentro del proyecto CIEPLAN-Fundación Fernando Henrique 
Cardoso, nos encontramos con que, por un lado, se muestra que en América Latina hay altos niveles 
de polarización que producen mayor conflictividad social (Gasparini y otros, 2008), mientras, por otro 
lado, se plantea que existen más bien bajos niveles de polarización y de conflictividad (Valenzuela y otros, 
2008). Gasparini usa datos ‘objetivos’ de polarización y de conflicto, mientras que Valenzuela usa los 
datos de la encuesta de Cohesión Social 2007.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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no fue incorporado (si la productividad de los trabajadores es parte de la 
cohesión por qué no la producción total). De hecho, pensemos que esta 
diversidad de temas es bastante diferente entre diversos proyectos: Cox 
(2008), en uno de los textos del proyecto CIEPLAN, nos habla de los 
currículos educacionales y la cohesión social, aspecto que no es abordado 
por ningún otro proyecto. Sorj y Martuccelli (2008) analizan la relación de 
los militantes de movimientos y partidos en la constitución de la cohesión 
social, aspecto en el cual no profundizan otros proyectos.
Más aún, como prácticamente de cualquier elemento de la sociedad 
uno puede preguntarse si aporta o no a la unidad de la sociedad (¿Funciona 
como fundamento de la cohesión?), entonces es fácil llegar a un concepto 
cuyos límites no son claros.
b) La confusa proximidad de la cohesión social con el problema 
del orden
Muchas veces en la discusión, el tratamiento del problema de cohesión 
resulta equivalente al de orden social. 
Así, cuando Sorj y Martuccelli (2008) plantean que, de alguna forma, 
el problema de la cohesión social se encuentra siempre resuelto, en realidad 
nos están hablando de orden: Algún nivel de orden social –de reproducción 
de estructuras y prácticas– se da en toda sociedad. Pero no parece claro 
que de ello se derive necesariamente que siempre exista cohesión y unidad: 
Resulta perfectamente posible pensar en reproducción de prácticas sociales 
de baja cohesión, si pensamos, como de hecho lo aceptan estos autores, que 
las brechas implican falta de cohesión, las sociedades latinoamericanas, que 
reproducen prácticas de desigualdad, reproducen un orden sin cohesión.
En la propuesta de la CIEPLAN, la relación entre cohesión social y 
orden social es, si se quiere, incluso más marcada. La discusión conceptual de 
Peña (2007) se entiende mejor como discusión sobre diversas tradiciones de 
explicación del orden social. La definición de cohesión social (Tironi y Sorj, 
2007; Tironi, 2008) es, de hecho, una explicación de construcción de orden: 
La temática de la legitimidad de los arreglos sociales es un lugar central en 
buena parte de la discusión sociológica del orden social. La preocupación 
de los textos de Tironi (2008) es claramente la de orden: Los ejemplos que 
se dan sobre cohesión latinoamericana, indicando que América Latina no ha 
sufrido los quiebres de cohesión que ha experimentado Europa (guerras de 
religión, guerras mundiales), en realidad nos mueven a una discusión sobre 
el orden social. En otras palabras, ¿cómo las sociedades resuelven, si es que 
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Capítulo I Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL y desafíos
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resuelven, el problema hobbesiano del orden y evitan la guerra de todos 
contra todos? La cohesión social se ve, en ese sentido, como paz social. 
Pero, en realidad, ese es un tema de orden social. 
c) La importancia de las dimensiones subjetiva e institucional
Al revisar la discusión sobre el concepto de cohesión social, nos 
daremos cuenta de que es común la importancia del elemento subjetivo 
(algo que diferencia la discusión latinoamericana de la europea, en la que el 
elemento subjetivo está prácticamente ausente en los indicadores). Ya sea 
en las declaraciones programáticas iniciales, o en el desarrollo empírico del 
concepto, en todos los textos se le da gran importancia a las percepciones y 
a la opinión de las personas. El proyecto de CIEPLAN desarrolla, como uno 
de sus elementos centrales, la encuesta de Cohesión Social; prácticamente 
todos los textos mencionan la encuesta Latinobarómetro. 
Del mismo modo, el elemento institucional se recoge en diversos 
textos de la discusión: Pensemos que Sorj y Martuccelli (2008) dedican 
parte importante de su texto a discutir elementos institucionales –la 
justicia para dar el ejemplo más claro–, o que en el proyecto de CIEPLAN 
hay diversos estudios que se centran en el comportamiento institucional 
(Marcel y Rivera 2008, para regímenes de bienestar; Cox, 2008, para la 
escuela). Y, en el caso de la CEPAL, lo institucional es uno de los tres 
pilares básicos.
d) La preocupación por la unidad social en el debate 
latinoamericano: importancia del reconocimiento del otro
Detrás de las diversas discusiones está la idea de que la cohesión social 
tiene que ver con la unidad (como se observa de manera explícita en Meller 
y otros, 2008 y Tironi y Tironi, 2008:323). Ahora, ¿qué es una sociedad 
unida? Si una sociedad ordenada es aquella en donde las instituciones son 
legítimas, podemos decir, de manera análoga, que una sociedad cohesionada 
es aquella en donde las personas se reconocen legitimidad entre sí y en 
donde las instituciones en sus objetivos y prioridades expresan también ese 
reconocimiento. Para ser más precisos, la cohesión social se construye en el 
reconocimiento del otro como un otro legítimo en la convivencia: Acepto a 
los otros como parte cabal de la sociedad. Nos aceptamos mutuamente en 
nuestro carácter de miembros de la sociedad. Es decir, la cohesión social es 
un tema de legitimidad, pero no de legitimidad del orden, sino de legitimidad 
de los participantes.
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Si bien el tema del reconocimiento del otro ha quedado algo oculto 
en discusiones posteriores, también es parte del modo como se piensa 
el concepto desde la CEPAL. Hopenhayn (2007:42), al referirse a “los 
problemas candentes de la cohesión social en América latina”, señala como 
uno de ellos a “la negación del otro como marca secular de ciudadanía 
incompleta”. Y agrega: “En América Latina el tema de la exclusión y de 
la falta de ciudadanía efectiva hunde sus raíces en un patrón histórico 
dominante (…) mientras se impuso –o se impone– una racionalidad 
cultural basada en la negación del otro, se impuso o se impone también 
la negación del vínculo social y ciudadano de reciprocidad. No es solo 
que los grupos discriminados tienen acceso más precario a la educación, 
el empleo, y los recursos monetarios. También padecen la exclusión por 
falta de reconocimiento político y cultural de sus valores, sus aspiraciones 
y sus modos de vida”. 
El tema del reconocimiento nos permite asimismo integrar con claridad el 
tema de democracia que en Sorj y Martuccelli queda agregado, pero no inserto en 
la cohesión. La democracia sería un régimen construido sobre el reconocimiento 
legítimo del otro, y por eso constituye parte de la cohesión social3.
e) Una ausencia relevante. El papel de las elites
En general, las elites están, de forma relativa, ausentes en el debate 
sobre cohesión en América Latina. Solo algunas referencias de parte de 
Tironi, para hacer notar que los conflictos sociales en América Latina no han 
afectado la cohesión social, porque únicamente han sido conflictos a nivel 
de elite: “América Latina ha padecido de tensiones políticas que en varias ocasiones han 
devenido en violencia, la cual ha sido fruto principalmente de la renovación y circulación 
de las elites antes que de movilizaciones sociales” (Tironi, 2008:37). Pero esta 
forma de pensar el papel de las elites es bastante limitada. 
Si las elites funcionan efectivamente como grupo dirigente en una 
sociedad, afectan de manera importante las dinámicas de cohesión social. 
En sociedades muy desiguales, con elites que muestran altos niveles de 
endogamia y rasgos crecientes de “cierres oligárquicos” en su sociabilidad 
(PNUD, 2004); en otras palabras, con elites bastante separadas del resto 
3 Se podría plantear que no todo reconocimiento del otro en tanto legítimo implica inclusión: te reconozco 
como miembro legítimo de la comunidad, pero no como miembro pleno con derecho a participar en 
las decisiones (de hecho, este es un modo común de reconocimiento en sociedades tradicionales). 
Sin embargo, en el contexto actual, el reconocimiento del otro como legítimo requiere participación e 
inclusión plena. La democratización social que mencionan Sorj y Martuccelli (2008:4,5) implica que el 
reconocimiento sin inclusión adquiere una legitimidad al menos dudosa”.
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Capítulo I Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL y desafíos
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de la sociedad, esas características pueden ser decisivas para entender los 
fenómenos de cohesión social. Para entender la cohesión social no se puede 
pensar como si las elites no existieran.
f) El concepto de cohesión social de la CEPAL 
Al finalizar la descripción de las características generales del debate 
latinoamericano sobre cohesión social, recordemos nuestro punto de partida: 
Se requiere un concepto sistemático de cohesión social para producir una 
medición sistemática. Al observar las definiciones formales bajo este prisma, 
encontramos algunas debilidades. En particular, el concepto de CIEPLAN, 
como hemos visto, desarrolla más bien un concepto de orden social más 
que de cohesión. El concepto de Sorj y Martuccelli –que finalmente es el 
de una cohesión social adjetivada– también presenta problemas similares. 
De hecho, también en parte es un concepto de orden social (o al menos, 
desde ese punto entiende la cohesión). Y por otro, el tema de la democracia 
queda adherido a la cohesión social, pero no incorporado. No hay relación 
intrínseca entre ambos elementos. Y de esta forma, resulta difícil generar 
una forma de medición sistemática.
Nos parece que, en ese sentido, el concepto usado por la CEPAL 
permite superar en buena medida esos problemas. Efectivamente, el 
concepto de la CEPAL –esta dialéctica de mecanismos de inclusión y 
exclusión, y la subjetividad sobre ellos– representa un buen punto de partida. 
Por un lado, marca con claridad un espacio específico para pensar la cohesión 
social. Por otro, genera un esquema que nos permite empezar a acercarnos en 
forma sistemática a la medición del concepto. En consecuencia, el concepto 
de la CEPAL implicaría una forma sistemática de medir y acercarse a la 
cohesión social. 
No obstante, al ser esa una característica potencialmente muy relevante 
al momento de avanzar hacia la operacionalización, ese potencial todavía 
pareciera no haber sido plenamente desarrollado.
En efecto, el diagnóstico es que el concepto de cohesión social 
propuesto por la CEPAL, al ser el más integrador y potente de los propuestos 
hoy en el debate, para ser operacionalizado, requiere mayor organicidad y 
sistematicidad. La falta de ellas tiene claras consecuencias en los indicadores: 
no resulta claro si están todos los indicadores o faltan elementos; no siempre 
resulta clara la pertinencia de los indicadores usados. No queda clara la 
definición por la cual un elemento queda dentro o queda fuera. Es decir, se 
puede decir que los indicadores y las dimensiones están definidos a la manera 
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de una enumeración, pero no queda clara la regla que las unifica y las establece 
como un conjunto que integra todos los elementos de esa dimensión. Por 
eso, creemos que desarrollar un sistema integrado de indicadores requiere 
expandir la operacionalización actual. Con ese objetivo, el eje de la propuesta 
consiste en que una medición sistemática de la cohesión social se puede 
lograr si se realizan dos movimientos:
Primero, en los pilares propuestos por la CEPAL se reconoce un 
momento dinámico de la construcción de cohesión social (el cómo). 
Segundo, si los pilares se combinan con una noción de “arenas” donde la 
cohesión social se construye (el qué). A continuación se especifican cuáles 
deberían ser ambos movimientos.
B. Un modelo analítico para operacionalizar la cohesión 
social desde el concepto de la CEPAL
1. Pilares
El camino que ha seguido la CEPAL, en relación con la operacionalización 
de la cohesión social (véase CEPAL, 2007b) establece primero una serie de 
pilares de cohesión social, para luego señalar dimensiones, dentro de estos. 
Los tres pilares básicos de medición se derivan de la definición usada 
por la CEPAL: “La dialéctica entre mecanismos instituidos [instituciones] 
de inclusión y exclusión sociales [brechas, resultados] y las respuestas, 
percepciones y disposiciones de la ciudadanía [subjetividad] frente al modo 
en que estos operan” (CEPAL, 2007a:13)4.
Para estudiar la cohesión social, entonces la tarea siguiente es establecer 
los indicadores de esos pilares, con lo cual se obtendría un sistema de 
indicadores de cohesión social. Sin embargo, creemos que ese camino olvida 
un tema que resulta crucial: Los pilares no son aspectos diferentes de la 
cohesión social, sino formas de aproximarse (perspectivas si se quiere) a 
determinados objetos. En otras palabras, no es tanto que exista un elemento 
que represente resultados, como que todo elemento que tenga relación con 
la cohesión social tiene un aspecto de resultados, un aspecto institucional 
4 Si bien cuando habla de pilares, la CEPAL habla de pertenencia, podemos ver que desde la definición 
conceptual es mejor hablar en términos de subjetividad. Del mismo modo, aunque se habla de brechas, 
creemos que es más adecuado referirse en general a resultados. Las brechas son una forma del tema 
de inclusión o exclusión, pero la inclusión es más amplia que el tema de brechas: si nadie accede a 
una justicia adecuada, hay un tema de exclusión pero no necesariamente de brechas. En ese sentido, 
referirse en general a los resultados objetivos nos parece que recupera de mejor manera la definición 
original de la CEPAL.
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Capítulo I Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL y desafíos
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y un aspecto subjetivo o de pertenencia. Cada aspecto observable de la 
cohesión social tiene que tener un aspecto medible en cada uno de los 
pilares mencionados.
Por esto los pilares del modelo de la CEPAL generan, efectivamente, 
un sistema de indicadores: Son una manera metódica de mirar cualquier 
dimensión de cohesión social. La propuesta de la CEPAL tiene un grado 
importante de sistematicidad que debe ser asumida y profundizada: Para 
cada proceso nos podemos preocupar de cómo se realiza socialmente 
(instituciones), cuáles son sus resultados objetivos (brechas, distancia) y cuán 
integrados a ellos se sienten las personas (subjetividad).
En ese sentido, es efectivamente importante trabajar con el concepto 
de dialéctica que propone la CEPAL: Estamos ante una dinámica de 
relación, no ante elementos separados. Si planteamos, por ejemplo, 
que la construcción democrática del Estado es crucial para la cohesión 
social, habría que buscar indicadores de esa construcción del Estado en 
instituciones, en brechas y en subjetividad. Así, los pilares de la CEPAL 
se transforman en caras que todo proceso de construcción de cohesión 
social tiene. No es que haya formas (separadas e independientes) de 
construcción de cohesión en cada pilar; sino que los pilares son modos 
de observar todos los procesos. El carácter sistemático de la propuesta 
de la CEPAL emerge, en consecuencia, del hecho de que la mirada de la 
CEPAL constituye en efecto una mirada integral. No es tan solo que los 
tres pilares definidos son de aplicabilidad general, sino que los tres pilares 
generan un sistema. De toda acción puedo preguntarme por sus efectos en 
la realidad, por sus resultados (¿se logró lo deseado?), por las intenciones 
y valores que subyacen a ella (¿expresan efectivamente lo que deseamos 
lograr?), y por la valoración subjetiva de esas intenciones y resultados 
(¿redundan en mayor pertenencia e inclusión?). Intención, resultados y 
valoración son un esquema general para analizar la acción social que cubre 
todas las dimensiones de interés. 
2. Arenas
Sin embargo, ni de los pilares ni de su dinámica se siguen de inmediato 
indicadores, sino que estos quedan más bien abiertos. Todavía falta resolver 
el “qué” de la cohesión social. Para resolver lo anterior es preciso analizar 
los procesos que una sociedad determinada constituyen cohesión social: 
Cuáles son los espacios, las dimensiones y los procesos clave para construir 
cohesión social en ella.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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A un espacio coherente de procesos de construcción de cohesión social 
denominaremos arena de cohesión social. Una arena es un espacio específico 
que, en una sociedad determinada, aparece como relevante [para] construir 
cohesión social. Estas arenas difieren entre sociedades: difieren en tanto que 
pueden o no ser parte de la cohesión social en una sociedad dada, o pueden 
serlo con diferentes pesos y relevancias. En ese sentido, si bien los pilares 
son un esquema de aplicación general y sistemática, las arenas dependen 
siempre de un diagnóstico de una sociedad determinada.
¿Cuáles son esas arenas en América Latina?
Podemos distinguir las cuatro arenas siguientes:
• Arena lazo social: Relación entre personas a nivel micro. Me 
relaciono como persona individual en un mundo compartido por 
otras personas individuales. 
• Arena ciudadanía: Relación entre personas a nivel macro. 
Me relaciono con el colectivo en la construcción de un mundo 
compartido común5. La construcción de la dirección de la sociedad 
es aquí el tema central.
• Arenamercado: Relación individualizada a nivel micro. Me 
relaciono con otros individuos sin generar un mundo compartido, 
sino solamente generando intercambios. La relación no es entre 
personas (en su concreción y especificidad), sino al final entre 
individuos (que, en última instancia, son intercambiables).
• Arenasdeprotecciónsocial: Relación individualizada con el 
colectivo. El beneficiario no se relaciona colectivamente con 
la sociedad, sino que de manera individual recibe y demanda 
beneficios específicos. La sociedad protege a sus miembros, pero 
sin generar un mundo compartido y común6. 
El modelo latinoamericano, tendría una alta complejidad al construir 
cohesión a partir de la interacción de estas diversas “arenas” (esto lo 
distinguiría de otros modelos de cohesión en los cuales se puede argumentar 
5 Aquí uno puede hacer notar que la socialdemocracia en Suecia defendió durante un tiempo importante la 
idea de una casa común. La colectividad no es una familia, pero también genera una relación de hogar.
6 Las arenas tienen cierta relación con el esquema Familia, Comunidad, Mercado y Estado (véanse Filgueira, 
2007; Pérez y Tironi, 2006), pero no es idéntico. De partida, creemos que el Estado no se puede analizar 
unívocamente, que la esfera pública y el mundo de las políticas públicas, el ciudadano y el beneficiario 
no son equivalentes ni únicos en relación con la cohesión. La construcción de un espacio común de la 
colectividad que es la ciudadanía reemplaza a la comunidad (lo público es lo que se requiere analizar de 
manera separada). Por otra parte, el lazo social no es solamente familia. Las personas no se relacionan 
como personas solamente en sus familias.
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Capítulo I Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL y desafíos
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el predomino de una de esas arenas por sobre las otras: Mercado en el caso 
norteamericano; Estado de Bienestar en el caso europeo). En América 
Latina, en cambio, ninguna dinámica particular podría construir por sí sola 
cohesión social. Si bien podemos diferenciar los distintos países en torno 
a cuán fuertes son en cada una de esas dimensiones, podemos defender la 
idea de que, en todos, esas cuatro arenas son elementos relevantes.
a) Los criterios de cohesión de cada arena: ¿Qué deseamos lograr?
¿Que implica concretamente lograr cohesión en cada una de las arenas 
propuestas? Responder esta pregunta nos permitiría poder establecer con 
claridad que un determinado indicador puede efectivamente ser ubicado en 
alguna de las casillas del esquema (en otras palabras, que el indicador “indica” 
lo que deseamos lograr en cada caso). Requerimos entonces definir por la vía 
de una declaración cuál es el criterio específico de cohesión que deseamos 
medir. Estos criterios, definidos al modo de un desiderátum, expresan por 
cierto una determinada aspiración social u horizonte normativo hacia el cual 
deseamos que la sociedad oriente sus recursos e intencionalidades. Veamos 
cómo pueden formularse para cada arena: 
• Elcriteriodecohesiónsocialenlaarenadelazosocial es lograr 
relaciones sociales (y la posibilidad de ellas) que den seguridad a 
las personas de ser acogidas y reconocidas. O sea, hablamos de un 
reconocimiento y una inclusión que ocurren a nivel personal, en 
el encuentro social de las personas. Los problemas de cohesión en 
esta esfera se refieren, por tanto, a todas aquellas situaciones que 
atentan contra ese reconocimiento de la legitimidad de la inclusión 
de las personas (por ejemplo, en las instituciones distinguir entre 
hijos legítimos o ilegítimos; o encontrar que un número importante 
de personas no se siente efectivamente acogido en sus familias; 
o altos niveles de violencia familiar, que es una señal clara de no 
reconocer al otro). 
• Elcriteriodecohesiónsocialenlaarenadeciudadanía tiene que 
ver con la existencia en el Estado de autoridades legítimas que son 
producto de elecciones, en las que se da una participación activa de 
la ciudadanía y en las que opera el imperio de la ley. Estos requisitos 
están relacionados entre sí: La elección de autoridades vía elecciones 
efectivamente implica una cohesión en esta esfera pública, si se da 
una participación activa de la ciudadanía, o sea tener una esfera 
pública activa. El funcionamiento del imperio de la ley y del Estado 
de Derecho, o sea que en efecto las leyes se cumplan, es central para 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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establecer que los procesos anteriores son relevantes. La ciudadanía 
solo puede cumplir con la idea política de dirigir la sociedad si las 
leyes establecidas por el proceso político se cumplen en realidad. Al 
cumplirse todos estos requisitos podemos sostener que se dan un 
reconocimiento y una inclusión política (en la esfera pública).
• Elcriteriodecohesiónsocialen laarenademercadoes la 
participación de las personas en el mercado y en el trabajo, que 
permita una amplia movilidad social (de este modo, se garantiza el 
reconocimiento-inclusión económica del otro). En la medida en que 
las personas puedan ascender en la escala social y acceder a los 
bienes y servicios que, en una sociedad son considerados básicos, es 
como podemos sostener que esta arena aporta a la cohesión social. 
• El criteriodecohesión social en laarenade laprotección
social es que se asegure el bienestar de todos los miembros de la 
sociedad, evitando la polarización. Aquí el reconocimiento opera 
en torno a la noción de inclusión en términos de derechos sociales. 
Se plantea que las personas, por solo el hecho de ser miembros de 
una sociedad, tienen determinados derechos mínimos, de los que 
no debieran ser excluidas.
b) Las dimensiones específicas de las arenas de cohesión social
Para avanzar en la medición del concepto, resulta útil especificar las 
arenas en un conjunto de dimensiones. Esta es la tarea que desarrollaremos 
a continuación.
En la arena de lazo social distinguiremos tres dimensiones específicas: 
Familia, Sociabilidad y Confianza en el Otro generalizado. En otras palabras, 
distinguiremos dimensiones en el lazo social, usando como criterio la cercanía 
del tipo de relación social. Partiremos con las relaciones sociales básicas –la 
familia–, seguiremos con un segundo círculo de relaciones primarias –la 
sociabilidad, los amigos, el vecindario, entre otros–, y finalizaremos con el 
círculo más amplio de las relaciones sociales posibles –la confianza general 
en los ‘otros’ que constituyen la comunidad. Aquí conviene señalar, para 
evitar posibles confusiones, que estas dimensiones han de entenderse en 
torno a los criterios de cohesión antes señalados para esta arena. En otras 
palabras, los indicadores de cohesión social en torno a la familia no se refieren 
a la extensión de ‘familias bien constituidas’ con un criterio tradicional: Se 
refieren a los niveles en que, independiente de la forma particular como se 
constituyan las familias, todas las personas participen de relaciones dentro 
de sus familias en que sean acogidos y respetados.
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Capítulo I Revisión crítica del enfoque de cohesión social de la CEPAL y desafíos
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En la arena ciudadanía distinguiremos de nuevo tres dimensiones 
específicas: Representación, Democracia y Estado de Derecho. La 
representación se refiere a todos aquellos procesos en los que se relaciona la 
ciudadanía con el Estado: Las formas como se construyen actores sociales 
legítimos que actúan y son reconocidos en la esfera pública. Aquí los problemas 
centrales son problemas de constitución de actores que la sociedad estime 
que efectivamente la representen. La democracia se refiere a la operación de 
mecanismos democráticos legítimos de elección de autoridades. Finalmente, 
el Estado de Derecho se refiere a la ejecución efectiva de la ley. Por ejemplo, 
altos niveles de corrupción implican que la ley no se aplica, y sobre todo no 
se aplica de manera igualitaria. En este sentido, la corrupción es además una 
falta contra la cohesión social.
En la arena mercado distinguimos tres dimensiones: Movilidad social, 
Acceso al consumo y Trabajo. La dimensión movilidad social, una de las 
centrales en esta arena, se refiere a que las posiciones sociales no sean 
heredadas, sino que se pueda acceder a ellas desde cualquier otra posición. 
En esta medida es como se puede plantear que hay cohesión, en la medida en 
que no hay distinciones a la hora de acceder a diversas posiciones sociales. La 
dimensión acceso al consumo se refiere a la inclusión efectiva y real en esta 
arena. Es decir, estar incluido y participar del mercado implica, de hecho, y 
no solo formalmente, operar como consumidor. Al final, la dimensión trabajo 
es parte de esta esfera porque es por medio del trabajo, de los ingresos del 
trabajo, como las personas participan del mercado (acceden al consumo o 
pueden tener procesos de movilidad social). En este sentido, es importante 
señalar que en América Latina la mayor parte de las familias y personas 
obtiene sus ingresos en forma prácticamente exclusiva a partir de su trabajo.
Por último, en la arena de protección social distinguimos dos 
dimensiones clave: Salud y Previsión. Parece que los elementos básicos 
de esta arena es tener una seguridad básica, en torno a los riesgos y 
eventualidades en estos dos ámbitos: Que las personas sientan que frente 
a un problema de salud y frente a su vejez tienen seguridad implica que en 
efecto se está logrando cohesión social en este ámbito. En este sentido, 
lo que nos interesa acá no son todas las formas de política pública que se 
pueden desarrollar para aumentar los beneficios de la población. De hecho, 
algunas de ellas (como políticas contra la pobreza) parecen ser más bien 
parte de otras arenas (como el mercado en nuestro ejemplo). La protección 
social se refiere a la consecución de seguridad básica en torno a estos riesgos 
universales (contra la enfermedad, contra la vejez) que podrían atentar contra 
la autonomía y la autovalencia de las personas.
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c) La matriz de cohesión social
En síntesis, las arenas, sus dimensiones y su cruce con los pilares de la 
cohesión social constituyen la matriz básica de análisis de la cohesión social.
Esta matriz que nos obliga a determinar la función que cumple en el 
sistema cada indicador específico de cohesión social (ej., tiene que aparecer 
‘naturalmente’ en una de las casillas del esquema). A medida que los pilares 
agotan las posibilidades de formas de mirar, y las arenas cubren efectivamente 
los diversos procesos que crean cohesión social, se puede delimitar un 
conjunto de indicadores para medir este concepto.
 Q Cuadro I.1  
Arenas y dimensiones de la cohesión social
Arena Dimensión Resultados Instituciones Subjetividad
Lazo Social Familia
Sociabilidad
Confianza otro generalizado
Ciudadanía Representación
Democracia
Estado de Derecho
Mercado Movilidad social
Acceso al mercado
Trabajo
Protección social Salud
Previsión social
Fuente: Elaboración propia.
Esta estrategia nos permite a la vez tener un concepto amplio e 
inclusivo a la vez que un concepto específico de cohesión social, que 
no incluya cualquier tipo de elemento. En otras palabras, nos permite 
establecer con claridad si un determinado indicador efectivamente puede 
ser un indicador de cohesión social: para ello debe poder ser ubicado en 
alguna de las casillas. 
Además, dada la organicidad que representa la matriz, la sola 
determinación de uno de los indicadores en uno de sus casilleros ya acota los 
indicadores que pueden y deben ser incluidos en los restantes casilleros de 
cada fila para mantener su coherencia. Se obtiene así la “regla” de inclusión/
exclusión requerida para dar coherencia al sistema.
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d) Pasos a seguir 
El propósito y la extensión de este texto impiden ir más allá en la 
operacionalización de la estrategia analítica aquí propuesta. Por ahora solo 
es posible puntualizar cuáles debiesen ser los próximos pasos y sus desafíos:
Primer desafío: Llenar la matriz propuesta de modo coherente
Esto implica necesariamente hacer una discusión ad hoc de indicadores 
que tengan también en cuenta el hecho de que ya existen otros listados 
de indicadores propuestos, pero que han sido generados para otros 
esquemas analíticos.
El debate sobre cómo llenar la matriz nos obliga a poner en práctica 
los criterios por los cuales validamos la inclusión o la exclusión de un 
determinado indicador, estableciendo así los límites operativos del concepto. 
Nos obliga a justificar nuestras decisiones que, obviamente, representan 
opciones entre diversas posibilidades y por ello del todo debatibles.
Al identificar los indicadores se ofrece ya una primera herramienta 
para estimar la utilidad y la factibilidad de avanzar, desde ellos, hacia 
futuras cuantificaciones o descripciones exhaustivas de la cohesión social, 
ya sea sobre la base de índices sintéticos o bien de análisis tipológicos que 
representan el segundo desafío. 
Segundo desafío: Sintetizar la información 
El desarrollo de un sistema de indicadores de cohesión social nos 
lleva, entonces, a preguntarnos por las posibilidades de un análisis que 
integre las diversas dimensiones. Frente a esto nos encontramos con, al 
menos, dos alternativas:
• Unaposibilidadescentrarseen la factibilidaddecrearun
índicedecohesiónsocial. Teniendo una serie de indicadores de 
cohesión social, todos aquellos con dirección clara (i.e., que todos 
estén ordenados de menor a mayor cohesión), es posible entonces 
crear un índice conjunto: habría que definir operacionalmente 
todos los indicadores, asignar puntajes a aquellos que son más 
cualitativos (como aquellos basados en checklists referidos a la 
existencia o no de ciertas legislaciones o instituciones formales), 
darles ponderaciones, generar subíndices por dimensiones y definir 
un método de agregación adecuado. Uno de los mayores desafíos 
en este punto dice relación a las ponderaciones que se le asignen 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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a cada arena en el conjunto de la información recopilada. Al 
momento de sintetizar la información: ¿Pesa lo mismo la arena de 
ciudadanía que la de mercado? ¿O el pilar de brechas sobre el de 
subjetividad? ¿O el cruce de cualquiera de ellos por sobre los otros? 
Este es un dilema mayor, sobre todo a la luz de las consideraciones 
técnicas y metodológicas que están en la base de la construcción de 
índices sintéticos; decisiones que, por lo general, buscan anclarse o 
justificarse, a partir de alguna regla o algún resultado proveniente 
de los propios datos. Sin poder resolver aquí el punto, cabe señalar 
que no sería de extrañar (y sería igualmente válido) que la solución 
a esas dudas deba provenir finalmente de una decisión teórica y 
políticamente fundada. Ello representaría, a nuestro juicio, una 
legítima búsqueda de coherencia con las finalidades que se persiguen 
al momento de poner en el debate el tema de la cohesión social en 
América Latina.
• Otraposibilidadesconstruirtipologíasdecohesiónsocial.
Basados en las diversas formas como se combinan las distintas arenas 
y pilares, se caracterizarían las diversas modalidades específicas 
que adopta la cohesión social. Estos tipos no necesariamente se 
ordenarían en una lógica de más o menos cohesión (pueden darse 
tipos que sean equivalentes a este respecto), pero sí ostentarían 
posiciones diferentes en el espacio general de propiedades que 
generarían los diversos indicadores de cohesión social.
Ambas modalidades son posibles, y cada una de ellas presenta ventajas 
y desventajas. En particular, creemos que el desarrollo de un índice de 
cohesión social representa una tarea de interés y técnicamente viable. Sin 
embargo, dada la naturaleza y las características del concepto de cohesión 
social, nos parece que una estrategia de análisis tipológico pudiese ser de 
mayor potencia analítica.
Esto se debe principalmente a que una consecuencia del hecho de 
que la cohesión social posea una alta complejidad, expresándose en varios 
pilares y diversas dimensiones, es que reducirla a un solo número y en 
general a una distinción entre “alta y baja” o “mayor y menor” cohesión, 
podría implicar una importante pérdida de información. Los países 
que pueden tener niveles de cohesión semejantes, pueden llegar a esos 
niveles mediante una combinación de indicadores muy diferente. Y esto 
implicaría, por tanto, que sus desafíos de construcción de cohesión social 
sean claramente diferentes.
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En unos casos, la construcción de cohesión podrá depender más del 
marco institucional y, en otros, de la subjetividad y las relaciones sociales. 
En otros casos, las brechas serán las que expliquen la falta de cohesión; 
mientras, en otros, la mayor igualdad en los resultados objetivos puede 
ocultar diferencias notables en la percepción de la gente en términos de 
sentirse parte de esos logros. Del mismo modo, cada una de las arenas 
propuestas puede mostrar sus propios logros y desafíos en cada caso, y 
constituirse también en fuente de una mejor comprensión de la situación 
general de cohesión de cada país. En unos casos, el éxito en la dimensión 
mercado será el sostén de la cohesión social, mientras, en otros casos, un 
lazo social fuerte será el que desempeñe ese papel. En otros casos, una 
arena de ciudadanía más empoderada puede constituirse en la fortaleza de 
un país para asumir sus desafíos, mientras que para otros puede ser ese, 
precisamente, su mayor obstáculo.
Un análisis tipológico permitiría además incorporar de manera central 
al análisis los aspectos propios de la dinámica del fenómeno; tanto de 
la historia como de su trayectoria reciente de los países. Este aspecto es 
crucial para comprender cómo se llega a unos resultados específicos en la 
interrelación entre brechas, instituciones y subjetividad, y permite igualmente 
calibrar mejor cuáles son las posibilidades efectivas de transformación de 
esos resultados. Evidentemente no es lo mismo en términos de desafíos que 
un país provenga de una trayectoria de descenso sostenido de la pobreza 
y de incremento de los sectores medios, a otro que describe la trayectoria 
contraria; ambos podrían hipotéticamente tener el mismo nivel actual de 
pobreza y sectores medios, pero en un caso ese resultado se vivirá como un 
progreso, mientras en otros se vivirá como un retroceso. 
En síntesis, nuestra hipótesis es que la integración de los diferentes 
pilares, arenas y dimensiones genera importantes “variaciones” dentro del 
modelo latinoamericano de cohesión social, con características y dinámicas 
propias reconocibles entre países, y que vale la pena resaltar.
Esa es la “densidad” que el esquema integrado de cohesión social 
permite y que debería también ser aprovechada en su potencia. En este 
sentido, un índice de cohesión social, si bien complementario, por sí solo 
resultaría insuficiente.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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Capítulo II
La dimensión espacial de la cohesión social 
en América Latina
Rubén Kaztman
A. Introducción
En este capítulo se discuten fenómenos urbanos potencialmente fértiles para 
explicar variaciones en los niveles de cohesión social en las ciudades. Los 
fenómenos se refieren a la segmentación en distintas áreas de la vida urbana, 
en el mercado de trabajo, en los servicios esenciales y en la distribución de 
la población en el territorio de la ciudad. 
Pese a que el propósito inicial fue concentrarse en los efectos de 
la segregación residencial sobre la cohesión social, la lógica que preside 
esta propuesta se apoya en el supuesto de que las segmentaciones antes 
mencionadas están estrechamente vinculadas entre sí, y que no es conducente 
intentar dar cuenta de los efectos de cada una de ellas sobre la salud del tejido 
social urbano, con independencia de las otras. De modo que el resultado 
final es más bien una propuesta de dimensiones e indicadores útiles para 
una investigación que compare ciudades, explorando la vinculación entre 
rasgos esenciales de sus estructuras y niveles de cohesión social. 
En la actualidad, la validez y la confiabilidad de muchos de los pilares 
empíricos que podrían sustentar las hipótesis que vinculan los tipos de 
segmentaciones entre sí, y con cada una de las variables de cohesión social, 
son frágiles, y con seguridad se requerirá un largo tiempo de maduración 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
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antes que las inversiones académicas en este campo comiencen a dar frutos 
sólidos y confiables. Mientras tanto, a juicio del autor, conviene tratar de 
compensar las insuficiencias empíricas con una red densa de vínculos 
analíticos entre todas las variables involucradas, de modo que la arquitectura 
final del sistema de hipótesis tenga como soportes tanto los escasos pilares 
empíricos como lo apretado de la trama conceptual. 
1. Ciudad y cohesión social
Los procesos de transformación de las sociedades tradicionales a las 
sociedades modernas estuvieron marcados por el pasaje de la solidaridad 
mecánica a la solidaridad orgánica. En ese proceso, los patrones de cohesión 
social enraizados en lazos primarios fueron sustituidos por la progresiva 
universalización de los derechos de ciudadanía. 
Las ciudades desempeñaron un papel central en este pasaje. Max Weber 
argumentaba que la noción de derechos ciudadanos comenzó a madurar en 
las pequeñas ciudadelas fortificadas de la Edad Media, que se caracterizaban 
por una alta densidad de población, total interdependencia material entre 
los habitantes y uso común de espacios y servicios. Weber decía que en 
esos centros emergieron fenómenos importantes para el desarrollo de la 
ciudadanía, como ser: 
• Una fuerte demanda de los residentes por un tratamiento igualitario 
ante las leyes asociada a una igualmente fuerte resistencia a los 
privilegios aristocráticos; 
• La institucionalización de la idea de bien público, esto es, la idea 
que liga el bienestar de cada uno al bienestar de los demás, y 
• La activación de una dinámica de cooperación en la resolución 
de conflictos que fue sentando las bases para el montaje de 
instituciones especializadas en esos temas. 
La mirada de largo plazo permite afirmar que, tras luchas y pugnas que 
se extendieron por varios siglos, las dinámicas sociales activadas por esos 
fenómenos fueron convergiendo hacia una ampliación progresiva de espacios 
de consenso con respecto a la universalización de los derechos ciudadanos. 
El establecimiento de los Estados de Bienestar apuntaló esos espacios, 
particularmente durante el respiro a los conflictos de clase en los años 
posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los “30 gloriosos” de Hirschman.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
41
Pero a fines del siglo XX y comienzos del XXI, comienza a tomar fuerza 
la idea de un deterioro importante en el papel de las ciudades en la promoción 
de la cohesión social y la democracia. El deterioro aparece vinculado a 
rasgos nodales de las nuevas modalidades de acumulación en economías 
globalizadas, como la aceleración del progreso tecnológico, la consecuente 
centralidad del conocimiento en la producción, la rápida elevación de los 
niveles de calificación requeridos para empleos estables y protegidos, y la 
concentración de los buenos empleos en los circuitos globalizados. Los 
impactos de estas transformaciones sobre los mercados de trabajo urbano 
y sobre la morfología social de las ciudades se tradujeron en segmentaciones 
tanto en el mundo laboral, en servicios urbanos fundamentales, como en 
los espacios del territorio que ocupan los hogares. 
2. Propósito del trabajo
Sin desconocer la multiplicidad de factores económicos, culturales, 
demográficos y sociales que conforman la cohesión social en las ciudades1, y 
en el marco de las tendencias históricas reseñadas gruesamente, el propósito 
de este documento es plantear orientaciones para la medición de un conjunto 
acotado de procesos de segmentación y segregación urbana, cuyos efectos 
sobre la salud de los tejidos sociales urbanos han sido destacados en la 
literatura especializada. 
Cada una de las áreas que se segmentan (zonas residenciales, lugares 
de trabajo y espacios donde se prestan servicios fundamentales) será tratada 
aquí desde una doble óptica: Como una fuente de activos en capital físico, 
humano o social, y como un ámbito de interacción apto para el aprendizaje 
y el ejercicio de la convivencia en la desigualdad. De este modo, las 
segmentaciones urbanas se consideran como procesos que inciden tanto 
en la desigualdad entre las configuraciones de activos de las distintas clases, 
como en las oportunidades de encuentro entre ellas en ámbitos que operan 
bajo normas universales. 
Existe un consenso razonable acerca de que la cohesión de las ciudades 
se refleja en el carácter poco más o menos fuerte de sus tejidos sociales, y 
1 La posibilidad de incluir todos estos factores en un único modelo de explicación plantea problemas 
metodológicos de alta complejidad. Señalemos dos de ellos solo con fines de ilustración: por un lado, 
los efectos de cada uno de esos factores se manifiestan con mayor nitidez en distintos niveles de 
agregación poblacional, lo que plantea dificultades para aislar los efectos de cada uno de ellos sobre 
el fenómeno que se busca explicar. Por otro lado, el sentido de las interacciones entre las clases varía 
según el tipo de espacios físicos (escuelas, hospitales, lugares de esparcimiento, lugares de trabajo, 
medios de transporte colectivo, entre otros) donde estas tienen lugar. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
42
que esa fortaleza tiene que ver con la eficiencia de las normas que regulan 
la vida de sus habitantes y con el carácter más cordial o más conflictivo 
del tono general de la convivencia. Esos logros se apoyan a la vez en las 
disposiciones de los residentes de la ciudad hacia la cooperación, hacia la 
construcción de patrones negociados de resolución de conflictos, y hacia la 
participación en el tipo de alianzas interclases que sustentan esos patrones. 
Este documento pretende proveer instrumentos para investigar cómo son 
afectadas esas disposiciones por los niveles de segmentación en los mercados 
de trabajo, en los servicios fundamentales y en la distribución territorial de 
las viviendas de las distintas clases. 
El esquema del gráfico II.1 resume el marco conceptual que orienta 
el trabajo.
 Q Gráfico II.1  
Marco conceptual
Fuente: Elaboración propia.
 Nivel de segmentaciónen el mercado laboral
urbano
Nivel de segmentación
en servicios urbanos
fundamentales
Niveles de segregación
residencial urbana
Grado de cohesión
social urbana
Advertencia metodológica
El reciente giro de las ciencias sociales internacionales hacia el cuestionamiento 
de las bases de la convivencia urbana ha desnudado la ambigüedad de la 
noción de cohesión social. Dicha ambigüedad se revela cuando se comparan 
sus contenidos en variadas aplicaciones del término. Por ejemplo, cuando 
se contrastan los resultados de su uso para caracterizar la estructura social 
de agregados de población en escalas que abarcan desde pequeños grupos 
y comunidades hasta sociedades completas. En tales casos, se observa que 
algunas de las múltiples dimensiones y matices que corrientemente se ligan 
a la idea de cohesión social resultan más útiles en unos niveles que en otros, 
y que esa utilidad se vincula también al tipo de variable (competitividad, 
crecimiento, estabilidad política, sentimientos de bienestar de los miembros 
de un grupo, entre otros), a cuya comprensión se espera contribuir 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
43
controlando las variaciones en los niveles de cohesión social. Obviamente, 
la ambigüedad será menor cuando más acotados y específicos son los límites 
de las unidades cuya estructura social se pretende calificar. 
La CEPAL ha definido la cohesión social como “la dialéctica entre 
los mecanismos instituidos de inclusión/exclusión sociales y las respuestas, 
percepciones y disposiciones frente al modo que ellos operan” (CEPAL, 
2007:16). Desde un punto de vista instrumental, esto implica identificar 
los mecanismos de inclusión/exclusión así como los contenidos mentales 
y comportamientos con que las personas reaccionan a la presencia y 
funcionamiento de esos mecanismos. Los procesos de segmentación 
y segregación en las grandes ciudades apuntan justamente a las dos 
dimensiones centrales que están en juego en esa definición: una dimensión 
vertical que tiene que ver con la amplitud de las brechas en el acceso a la 
estructura de oportunidades de bienestar y una dimensión horizontal que 
tiene que ver con los contenidos mentales y las disposiciones a la acción 
que emergen en la interacción social. 
Tanto la producción de indicadores de procesos de segmentación 
en el mundo del trabajo, en los servicios y en los lugares de residencia, 
como la investigación de sus vínculos con niveles de cohesión social en las 
ciudades, constituyen áreas de poco desarrollo en las ciencias sociales. Esa 
insuficiencia puede atribuirse, por un lado, a la envergadura de los problemas 
metodológicos y operacionales que enfrentan los avances en este campo 
y, por otro lado, al actual sesgo analítico de la investigación social hacia la 
coyuntura (si baja o sube la pobreza, la desigualdad o la cobertura educativa), 
y a la consiguiente desatención a los mecanismos que, como en el caso de las 
segmentaciones y segregaciones, se despliegan en el mediano y largo plazo. 
Las carencias disciplinarias resultantes dan cuenta del carácter tentativo 
de las dimensiones y los indicadores que se propondrán más adelante, para 
la mayoría de los cuales no se dispone aún de pruebas sólidas de validez y 
confiabilidad. Esa debilidad se extiende al soporte empírico de las hipótesis 
que vinculan los indicadores de segmentación y segregación con los niveles 
de cohesión social en las ciudades. 
En el documento se buscará contrarrestar parcialmente esas debilidades, 
usando mucho especulaciones informadas y conjeturas razonables acerca de 
la relación lógica entre las segmentaciones y segregaciones urbanas y entre 
éstas y la calidad del tejido social. Con eso se busca que la sustentabilidad 
del sistema de indicadores propuesto se recueste tanto sobre la densidad de 
la trama conceptual como sobre los pilares empíricos. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
44
Una segunda advertencia metodológica tiene que ver con las nociones 
de diferenciación, segmentación y segregación que se utilizarán en este 
documento. Como su nombre indica, el primer término simplemente designa 
diferencias en los atributos de dos o más categorías sociales. El segundo 
(segmentación) agrega al anterior una referencia a la existencia de barreras 
para el pasaje de una a otra categoría y, por consiguiente, a la interacción 
entre miembros de esas categorías en los espacios donde se desarrolla la 
actividad segmentada (trabajo, educación, salud, transporte, esparcimiento, 
entre otros). El tercero (segregación), que en la literatura se aplica con 
preferencia a los lugares de residencia, añade a los anteriores la voluntad de 
los miembros de una u otra categoría de mantener o fortalecer las barreras 
que segmentan los espacios. 
3. Esquema de trabajo
La elaboración de este capítulo se apoya en el supuesto de que para 
avanzar en la explicación de las variaciones en los niveles de cohesión 
social (sentimientos de pertenencia, identidad, confianza, solidaridad, 
responsabilidad moral hacia otros, aversión a la desigualdad, entre otros) 
entre ciudades, se debe contar con información tanto sobre las diferencias 
en las condiciones de vida de las clases urbanas, como sobre el nivel y tipo 
de interacción entre ellas. 
Desde esa perspectiva se examinarán procesos de segmentación que 
ocurren en ámbitos de trabajo, en los espacios donde se prestan servicios 
fundamentales y en los territorios donde residen los hogares, aludiendo 
siempre a las dos dimensiones mencionadas: las diferencias en la calidad 
de lo que se obtiene mediante la participación en cada uno de los ámbitos 
segmentados (buenos o malos empleos, buena o mala educación, buena o 
mala salud, entre otros), y la amplitud de las oportunidades de interacción 
entre desiguales que ofrece cada uno de ellos. Para cada uno de esos 
procesos se propondrán indicadores tentativos acerca de su naturaleza, 
de sus principales determinantes y de sus principales consecuencias sobre 
distintas dimensiones de la cohesión social urbana.
B. Segmentaciones en el mundo del trabajo
La información sobre la segmentación en los mercados laborales es clave 
para entender la actual polarización social en las ciudades. La población 
urbana ha hecho suya la idea de que una ciudadanía plena solo se alcanza 
mediante el trabajo, y que sus aspiraciones de participación material en 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
45
los frutos del crecimiento se satisfacen con empleos bien remunerados, 
estables y protegidos. Bajo estas circunstancias, las personas que padecen 
desempleo prolongado, o la desprotección y la incertidumbre laborales de la 
informalidad, sin duda, encuentran grandes barreras para sentirse partícipes 
plenos de la sociedad de su tiempo. 
En el marco de la actual reestructuración económica y de la ampliación 
de las fronteras de competitividad, la mayoría de los sectores de la producción 
urbana de bienes y servicios experimenta un ritmo acelerado de absorción de 
innovaciones tecnológicas y organizativas. Las consecuentes transformaciones 
en las formas de producción se traducen a su vez en una elevación general 
de los requerimientos de calificación para los buenos empleos2.
Al mismo tiempo, algunas de las grandes ciudades sufrieron procesos de 
desindustrialización, de achicamiento de la capacidad empleadora del Estado 
y de expansión de la contratación no regulada de mano de obra, todo lo cual 
implicó una reducción de la proporción de empleos estables y protegidos 
y una transferencia de asalariados a los servicios privados. Dado que estos 
servicios suelen presentar una distribución del ingreso y de las calificaciones 
más polarizada que la industria y el Estado, el cambio en la composición 
sectorial de la fuerza de trabajo tuvo rápidos efectos en la estructura social de 
las ciudades3. Parte de esos efectos se debe a que muchas de las actividades 
de servicios personales, y de las que giran alrededor del consumo cotidiano 
de los hogares, pueden ser sustituidos por mano de obra familiar, lo que 
acota el margen de los aumentos de productividad en esos servicios, y los 
exponen a una “enfermedad de costos” que las hace inherentemente precarias 
e inestables (Baumol, 1967). Por el contrario, la mayor parte de aquellos que 
se encuentran en el otro extremo de la jerarquía de las actividades de servicios, 
como aquellos que sacan patentes por innovaciones científicas, aseguradores, 
agentes financieros, de viajes e inmobiliarios, consultores, aquellos que hacen 
investigación tecnológica y programas de computación, entre otros, presentan 
los niveles más altos de calificaciones e ingresos.
2 Esto no significa que las innovaciones tecnológicas y organizativas no puedan actuar en el sentido 
contrario, esto es, desplazando calificaciones de los trabajadores, y reduciendo sus posibilidades de 
controlar y tomar decisiones sobre los contenidos y la organización de sus tareas.
3 Existe una amplísima discusión acerca de los efectos de la desindustrialización sobre la desigualdad 
(entre otros, Sassen, 1996; Mollenkopf y Castells, 1991; Hamnett, 1998; Musterd y Ostendorf, 1998). 
Uno de los ejes del debate es la falta de consideración de procesos que pueden estar incidiendo en el 
aumento de la desigualdad de ingresos, y que tienen que ver, entre otros, con cambios en los sistemas 
impositivos, en los beneficios sociales, en el desempleo, en la composición de los hogares o en la 
estructura de edad de la población. En el centro de estos cuestionamientos se encuentra el análisis de 
la acción del Estado.
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
46
La asociación entre la calidad de los empleos y los años de educación de 
los trabajadores ha existido siempre. Pero los procesos antes mencionados la 
reforzaron al mismo tiempo que favorecían una devaluación drástica de los 
créditos asociados a las habilidades y competencias adquiridas en los lugares 
de trabajo. Como resultado, se ampliaron las brechas entre aquellos que 
participaban en distintos sectores de los mercados segmentados, en cuanto 
a las remuneraciones, la estabilidad del empleo, las protecciones sociales y 
las posibilidades de promociones y carreras profesionales. 
Como los niveles de calificación alcanzados son determinados y 
determinan la posición de las personas en la estructura social, la segmentación 
laboral también implica un estrechamiento de las oportunidades de 
interacción entre individuos de estratos bajos y altos en los lugares de trabajo. 
1. Posibles indicadores de la segmentación laboral
Los niveles altos de segmentación en los mercados de trabajo son propios de 
economías duales. En estas coexisten, por un lado, sectores mayoritariamente 
integrados a los mercados globales cuya mano de obra se distingue por sus 
altos niveles de calificación, conocimientos y capacidades de innovación. Por 
otro, los sectores mayoritariamente integrados a los mercados locales que 
absorben mano de obra de baja calificación, con alternativas ocupacionales 
limitadas a bajos salarios y con una composición social que en algunos casos 
presenta una alta proporción de migrantes nacionales y/o internacionales. 
Los niveles de segmentación laboral urbana pueden medirse mediante 
numerosos indicadores. Como el acceso a las partes más o menos favorables 
de los mercados segmentados depende en forma creciente de la educación, 
conviene que los indicadores reflejen los cambios en los niveles de asociación 
entre los logros educacionales relativos y las diferentes formas como se 
traduce la calidad de los puestos de trabajo4.
Aunque con diferencias en la cobertura analítica, la gran mayoría de las 
encuestas de hogares de la región brinda información abundante y detallada 
sobre la calidad de las condiciones de trabajo. Dicha información permite 
caracterizar las formas de inserción en el mercado laboral por medio de 
4 Cuando se trabaja con procesos de mediano y largo plazo, es conveniente tomar en cuenta indicadores 
de educación que contemplen los cambios en la posición relativa, no absoluta, de las personas en la 
estratificación educativa. Ello se debe a dos factores: por un lado, al fuerte nivel de expansión que 
experimentaron los logros educativos urbanos en todas las ciudades de la región al menos en las dos 
últimas décadas y, por otro, al rápido ajuste de los criterios de reclutamiento a puestos de trabajo en 
términos de acomodamiento a los nuevos niveles de calificación de la oferta.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
47
datos de la ocupación principal y secundaria, tales como el ingreso total, la 
cantidad de horas trabajadas (lo que posibilita el cálculo del ingreso horario 
y la identificación de subempleados), la existencia o no de contratos, la 
cobertura de prestaciones, el lugar de trabajo (el domicilio, la calle o un 
establecimiento) y la categoría ocupacional. También investigan el sector de 
actividad en donde las personas realizan sus tareas, distinguiendo las empresas 
y organismos públicos de las privadas y el tamaño de los establecimientos. 
Algunas encuestas indagan directamente, y otras en módulos especiales, la 
existencia o no de sindicatos en los lugares de trabajo, si el entrevistado está 
afiliado o no, el tiempo de transporte al trabajo y las fuentes de información 
y contacto sobre oportunidades de empleo que utilizan. 
En la elaboración de medidas que permitan comparar ciudades en 
términos de grados de segmentación de sus mercados de trabajo, el foco 
debería ubicarse en el nivel y el tipo de asociación entre logros educativos y 
los distintos indicadores de la calidad de los puestos de trabajo alcanzados 
por los residentes urbanos. 
2. Posibles indicadores de determinantes 
de la segmentación laboral
El tipo de estructura de oportunidades laborales es altamente dependiente 
de las rutas de competitividad, a través de las cuales las ciudades se insertan 
en el mundo globalizado y definen su papel en el escenario nacional, regional 
y mundial. La adopción de una u otra ruta de competitividad suele resultar 
de la confluencia de decisiones de sus elites económicas y políticas. Si bien 
esas decisiones pueden estar más o menos articuladas entre sí, todas ellas 
toman en cuenta el potencial competitivo que encierra la configuración de 
activos de la ciudad5.
La proporción de los recursos humanos de calidad en el total de la PEA 
urbana es uno de los indicadores más potentes para definir los márgenes 
de elección que tienen distintas ciudades entre rutas de competitividad, 
caracterizadas por altas o bajas densidades de capital. Los volúmenes 
importantes de población calificada favorecen la elección de rutas de 
competitividad basadas en el conocimiento, la técnica y la innovación, 
mientras que la disponibilidad de abundante mano de obra no calificada 
5 La configuración de activos puede incluir elementos de capital físico (infraestructura tecnológica, financiera, 
industrial), de capital humano, de capital social (ej., la solidez institucional y el nivel de gobernabilidad), 
de capital cultural (ej., museos, edificios, monumentos, entre otros), y también aspectos geográficos 
relacionados con su ubicación y bellezas naturales. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
48
suele inclinar las elecciones hacia formas de producción trabajo-intensivas. La 
mayoría de las grandes ciudades latinoamericanas no se caracteriza por haber 
optado claramente por una ruta en perjuicio de la otra. Lo que se presenta 
es más bien un panorama dualista, en donde las unidades productivas que 
incorporan altos niveles tecnológicos coexisten con las del tipo “maquilas” 
con alta explotación de mano de obra. 
Los indicadores apropiados para identificar las situaciones descritas 
antes son, por un lado, el porcentaje de la PEA ocupada con algún nivel 
universitario o que completó estudios técnicos de nivel secundario y, por otro, 
el porcentaje de la PEA ocupada que no completó la enseñanza primaria. 
Otro aspecto de la configuración urbana de activos son la institucio-
nalidad laboral y el papel del Estado en el control de la negociación colectiva 
y de las prestaciones sociales del trabajo. Los posibles indicadores en 
este campo son: i) el porcentaje de la PEA cubierta por mecanismos de 
negociación colectiva; ii) el porcentaje de la PEA afiliada a sindicatos, y 
iii) el porcentaje de la PEA cubierta con contratos formales y prestaciones 
de seguridad social. 
En las rutas de competitividad que adoptan las ciudades intervienen 
otros factores cuya medición es más compleja, como la localización 
relativa de la ciudad con respecto a centros económicos importantes, la 
topografía y las bellezas naturales (que hacen más o menos factibles, por 
ejemplo, las explotaciones turísticas), la infraestructura tecnológica, fruto 
de la sedimentación de inversiones previas, el grado de autonomía de las 
autoridades de la ciudad con respecto al gobierno nacional o a gobiernos 
regionales, entre otros. 
3. Consecuencias de la segmentación laboral urbana 
sobre dimensiones de la cohesión social en las ciudades
Cuando se trata de apreciar la relevancia que pueden tener los procesos de 
segmentación laboral sobre la cohesión social en las ciudades hay, al menos, 
dos antecedentes que resulta importante considerar. Ambos se refieren a la 
centralidad del trabajo, en un caso en la formación de la identidad moderna y, 
en el otro, en la forma como se han constituido históricamente los regímenes 
de bienestar en la región. 
La actual tendencia a la precarización del empleo de las personas con 
bajas calificaciones relativas se plantea en sociedades que han dejado atrás 
las “solidaridades mecánicas”, y que han ingresado a espacios dominados 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
49
por las “solidaridades orgánicas” (Durkheim, 1964). Esto quiere decir que, 
con la evolución de la división social del trabajo, y bajo el impulso de la 
necesidad de interdependencia que generan los procesos de diferenciación 
y especialización de actividades, el eje de la integración de las sociedades se 
fue trasladando desde las instituciones primordiales (familia, comunidad, 
religión) al mundo laboral. El progresivo reconocimiento de la naturaleza 
de esta transición permitió abrigar la esperanza de que, al igual que en 
las naciones de industrialización temprana, también en las ciudades 
latinoamericanas el mundo del trabajo se constituiría en la vía privilegiada 
para la integración a la sociedad, para la formación de identidades y de 
sentimientos de autoestima. 
Sin embargo, en la medida en que las nuevas modalidades de crecimiento 
no permiten a algunos segmentos de la población abrigar la esperanza de 
establecer un vínculo laboral continuo y protegido, esa promesa pierde 
credibilidad. La experiencia en el mundo de trabajo deja de ser la fuente 
principal para mejorar los niveles de bienestar en forma autónoma y 
sustentable, para adquirir las rutinas y disciplinas que ayudan a organizar la 
vida cotidiana, para articular una identidad individual congruente con una 
identidad colectiva y para ganar un lugar en la sociedad. Se puede afirmar que 
los segmentos excluidos de las oportunidades de acceso a “trabajos decentes” 
se enfrentan a un vacío en cuanto a posibilidades de participar en mecanismos 
de integración social y de construcción de ciudadanía.
Tal amenaza se relaciona con el segundo antecedente a considerar, el 
tipo de régimen de bienestar predominante en la región6. Aun cuando los 
países de América Latina no han alcanzado un nivel de cobertura, calidad 
y articulación de las prestaciones sociales que amerite incorporarlos a la 
categoría de “Estados de Bienestar” (en el sentido de Esping Andersen, 
1990, 1999), los embrionarios regímenes que se establecieron en la región 
adoptaron moldes que se acercan más al “conservador” de la Europa 
continental, con énfasis en la asignación de derechos a través del trabajo, 
que al “social democrático” de los países nórdicos, que apunta a derechos 
universales de ciudadanía, o al liberal de los países anglosajones con su foco 
en la provisión de redes de seguridad a los pobres y marginales. En este 
sentido, la institucionalidad regional que tiene que ver con la socialización 
6 Por régimen de bienestar se entiende el conjunto más o menos articulado de protección ante riesgos 
sociales que brindan las instituciones del Estado, del mercado, de las familias y de la comunidad (Esping 
Andersen, 1999). 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
50
de los riesgos está poco preparada para cubrir aquellos que enfrenta una 
población con vínculos precarios e inestables en el mercado de trabajo7.
Las falencias del mercado de trabajo y de la arquitectura de bienestar 
inciden en la profundidad de las brechas entre los residentes urbanos, que 
participan en uno u otro sector de los mercados laborales segmentados. 
Por lo anterior, la pregunta que emerge es: ¿Cuáles son los elementos de 
las configuraciones de activos de las personas que resultan más afectadas 
por esas brechas? 
Uno de ellos es el capital social individual. Para personas con bajas 
calificaciones, la interacción cotidiana con pares más calificados es una 
fuente potencial de exposición a modelos de rol, y también de oportunidades 
de acceso a información y contactos útiles para sus trayectorias laborales 
futuras. Cuando esto no ocurre, esto es, cuando las relaciones de trabajo 
se limitan a colegas con niveles de calificación uniformemente bajos, se 
reduce la posibilidad de acumular capital social instrumental a la movilidad 
ascendente. El caso extremo está constituido por aquellos cuyos lazos con 
el mercado de trabajo son tan frágiles que deben enfrentar situaciones 
periódicas de desempleo, inestabilidad ocupacional y falta de protecciones, y 
que, por tanto, carecen de oportunidades y de recursos para la construcción 
de redes sociales duraderas con compañeros de tareas. Ellos son los más 
vulnerables a que el trabajo deje de operar como el vínculo central de su 
pertenencia a la sociedad.
Otra dimensión de la cohesión social, afectada por la segmentación 
de los mercados de trabajo, es la amplitud de las diferencias en cuanto a 
oportunidades de construir capital social colectivo o ciudadano. En efecto, 
7 Ciertamente el Estado tiene un papel medular en la determinación de los efectos de la reestructuración 
económica sobre la segmentación laboral. Un salario social garantizado reduce la compulsión de 
los individuos a aceptar trabajos poco atractivos, como los de baja calificación en los servicios. Los 
programas públicos de empleo permiten la absorción temporal de trabajadores desplazados por la 
tecnología en labores relacionadas con el funcionamiento de distintos servicios. Los cambios en el 
sistema impositivo pueden activar potenciales fuentes de trabajo. En general, el Estado puede dosificar 
e ir balanceando la cobertura y el volumen de los recursos que transfiere a las categorías sociales 
más afectadas por las reformas económicas, dándole un tono más o menos progresivo a su acción 
y reflejando una mayor o menor voluntad de amortiguar los efectos concentradores de las mismas. 
La consideración de estos factores ayuda a comprender las diferencias en cuanto a los cambios en 
la distribución del ingreso, y en el peso de las actividades informales que se observan entre países 
desarrollados con distintos regímenes de bienestar. Se debe señalar, sin embargo, que aun en los estudios 
donde se subrayan las diferencias entre los regímenes se reconoce que, bajo las presiones derivadas 
de la ampliación de las fronteras de competitividad y de cambios en las estructuras demográficas, se 
observan indicios de repliegue de la cobertura de seguridad social aún en los países que se distinguieron 
por sus avances en este campo (véanse los estudios detallados de: White, 1998, en el caso de Francia; 
de Friedrichs, 1998, en el de Alemania; de Kestellot, 1998, en el de Bélgica; y de Borgegard, Anderson 
y Hjort, 1998, en el caso de Suecia). 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
51
dado que la calificación se asocia positivamente con la “voz”, esto es, con la 
capacidad para reclamar y para articular demandas colectivas, el compartir 
lugares de trabajo con pares más calificados aumenta las oportunidades de 
los no calificados de participar en organizaciones laborales y, a través de ellas, 
de contar con apoyos colectivos en la defensa de sus intereses y sus derechos. 
La misma condición de afiliado sindical posibilita ejercicios de ciudadanía 
como miembro de una agencia colectiva que negocia reivindicaciones con 
otras agencias colectivas. Por el contrario, la falta de aquellos que tienen “voz” 
en los lugares de trabajo reduce la posibilidad de los menos calificados de 
contar con respaldos organizacionales para ejercitar sus derechos ciudadanos. 
Como se plantea en el gráfico II.1, la segmentación laboral también 
incide sobre la cohesión social mediante sus efectos sobre la segregación 
residencial. Esto es así por cuanto resulta razonable anticipar que, tarde o 
temprano, las diferencias en los ingresos y en la calidad de los puestos de 
trabajo entre quienes ganan y quienes pierden con las nuevas modalidades 
de crecimiento se reflejarán en sus logros habitacionales. Las personas con 
bajas calificaciones encontrarán más problemas que en el pasado para pagar 
alquileres, o para conseguir avales para contratos de arriendo, o para créditos 
de vivienda ubicadas en las zonas centrales de la ciudad, y muchos de ellos 
se verán forzados a desplazarse hacia terrenos más baratos, usualmente 
en la periferia. En cambio, los más calificados tendrán oportunidades de 
movilidad ascendente, desplazándose, como parte de ese proceso, a barrios 
más selectos de la ciudad, localizados en áreas centrales como en los procesos 
de “gentrificación”, o en áreas periféricas como en los nuevos suburbios de 
las clases medias, incluyendo los barrios cerrados. 
Pero aun en el caso de que las tendencias de la segmentación laboral no 
llegaran a afectar mayormente las tasas de migración intraurbana, sería dable 
esperar que el impacto de las mutaciones laborales sobre las condiciones de 
vida de aquellos que residen en distintos barrios altere la morfología social de 
la ciudad. Eso parece haber ocurrido con los residentes de los barrios obreros 
en los países de la región que experimentaron procesos de industrialización 
relativamente temprana. La sociabilidad y la institucionalidad que se 
generaban en el mundo de la fábrica y en el del vecindario habrían alcanzado, 
en esos barrios, un ensamble armonioso cuyos resultados fortalecieron la 
solidaridad que surgía en uno y otro ámbito. Con la desindustrialización 
esos barrios quedaron menos integrados al resto de la sociedad urbana que 
en el pasado, cuando sus vínculos con el mercado laboral eran más fuertes, 
más estables y más protegidos, y cuando formaban parte de un escenario 
más cercano a lo que Robert Castell (1997) llamó “la sociedad asalariada”. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
52
En el cuadro II.1 se presenta una serie amplia de dimensiones e 
indicadores de la segmentación laboral. Sin embargo, para incorporar esta 
problemática a modelos multidimensionales de explicación de la cohesión 
social, es necesario disponer de una “lista corta”, para lo cual se sugieren los 
siguientes tres indicadores, controlados por sexo y grupos de edad:
• Nivel de asociación entre logros educativos y grado de fortaleza 
de los vínculos con el mercado de trabajo. Esta última variable 
medida por un índice que contempla el desempleo, el subempleo 
y la tenencia o no de un contrato de trabajo.
• Nivel de asociación entre logros educativos y acceso al bienestar 
vía el trabajo remunerado. Esta última variable se mide tomando en 
cuenta los ingresos horarios en la ocupación principal y la cobertura 
o no por prestaciones sociales.
• Nivel de asociación entre logros educativos y oportunidades para 
acciones colectivas en el ámbito laboral. Esta última variable se 
mide por la afiliación a sindicatos.
 Q Cuadro II.1   
Dimensiones e indicadores de la naturaleza, determinantes 
y consecuencias de la segmentación laboral
Naturaleza Determinantes Consecuencias
• Nivel de asociación entre deciles de logros 
educativos: i) ingresos horarios en la 
ocupación principal; ii) tasas de desempleo 
de jefes de hogar; iii) proporción de 
cuenta propia sin local; iv) proporción de 
trabajadores en servicios personales.
• Los siguientes son solo para asalariados: 
v) proporción de aportantes a previsión 
social; vi) proporción con sindicato en el 
lugar de trabajo; vii) tasas de afiliación 
sindical; viii) proporción en empresas 
medianas o grandes (límite de tamaño 
definido según dimensión de la ciudad); 
ix) proporción en sector público; 
x) proporción con contrato indefinido.
• Controlar las asociaciones anteriores por 
sexo y grupos de edad y por etnia (en las 
ciudades donde estas tengan un peso 
relativo alto en su composición social). 
• Se trata de medir variables que puedan 
incidir en la elección de diferentes rutas de 
competitividad.
• Estructura de la PEA urbana por nivel 
educativo.
• Proporción de la PEA asalariada cubierta 
por mecanismos de negociación colectiva.
• Proporción de la PEA asalariada afiliada a 
organizaciones gremiales. 
• Proporción de la PEA asalariada con 
contratos indefinidos y prestaciones de 
seguridad social.
• Porcentaje del gasto público en ciencia y 
tecnología. 
• Grado de regulación del Estado en las 
negociaciones colectivas.
• Grado de control del Estado de las 
obligaciones empresariales en la cobertura 
de la previsión social.
• Nivel de asociación entre características 
de la inserción en el mercado laboral 
(principalmente tamaño del establecimiento, 
carácter público o privado de la empresa 
y sector de actividad) y i) experiencia de 
haber obtenido empleo estable y protegido 
a través de información o contactos 
provistos por amistades; ii) afiliación 
sindical; iii) participación en partidos 
políticos; iv) participación en acciones que 
reflejen movilización social o política; 
v) niveles de confianza institucional; 
vi) niveles de confianza interpersonal; 
vii) sentimientos de pertenencia a 
la sociedad; viii) expectativas de 
mejoramiento de las condiciones de vida; 
ix) disposición a la colaboración con otras 
clases; x) expectativas de colaboración y 
responsabilidad colectiva de otras clases; 
xi) posibilidad de alianzas con otras clases 
para la preservación y desarrollo de bienes 
públicos. 
Fuente: Elaboración propia. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
53
C. Segmentaciones en los servicios
1. La naturaleza de las segmentaciones en los servicios
Las segmentaciones en los servicios tienen que ver con diferenciales 
en la calidad de las prestaciones. Pero también con la mayor o menor 
homogeneidad en la composición social de los usuarios de cada uno de 
los lugares en donde esos servicios se prestan, lo que implica diferentes 
oportunidades de interacción entre las clases sociales en esos ámbitos. 
En general, las barreras para la entrada a determinados servicios se 
vinculan a la capacidad adquisitiva de las personas y los hogares. Pero no 
en todos los casos. Por ejemplo, se sabe que determinadas escuelas privadas 
colocan filtros para la entrada de nuevos alumnos según sus características 
religiosas, nacionales, antecedentes familiares o pertenencia a redes sociales. 
Que en los lugares de esparcimiento para jóvenes se bloquea el acceso a 
algunos de ellos que mediante su forma de vestir, su color de piel, o la 
exposición de otras marcas simbólicas, evidencian su pertenencia de clase o 
a grupos de bajo estatus social. O que las distancias físicas y las dificultades 
de locomoción contribuyen a impedir en otros casos que personas de bajos 
recursos puedan aprovechar servicios gratuitos ofrecidos en barrios de 
hogares pudientes, cuya localización los hace prácticamente inaccesibles a 
los estratos populares.
La creciente importancia de servicios que se brindan en espacios 
virtuales plantea el interrogante sobre su capacidad para generar puentes 
entre las clases a través de los cuales se puedan volver a enhebrar tejidos 
sociales dañados por las segmentaciones en otros servicios. 
2. Algunos determinantes de la segmentación de los servicios
a) La deserción de las clases medias de los servicios públicos
Si ahora se vuelve la mirada hacia los servicios básicos, se puede 
observar que, en paralelo con la ampliación de las desigualdades vinculadas 
al mundo del trabajo, la globalización también trajo consigo la creación 
de nuevos tipos de servicios, un aumento en el rango de variación en las 
calidades de las prestaciones, y una mayor difusión de información sobre 
ellas. El nuevo escenario atrajo en particular a los sectores de las clases medias 
que, al haber ganado con la globalización, disponían de recursos como para 
comenzar a adquirir educación, salud, seguridad pública y previsión social 
en el sector privado. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
54
En el abandono de los servicios públicos incidieron múltiples factores, 
la mayoría de los cuales se plantearon como oportunidades, como recursos 
y como motivaciones. Naturalmente, las oportunidades se presentan 
cuando comienzan a ofertarse servicios que compiten con los públicos. 
Entre las ciudades puede haber marcadas variaciones en el pool de servicios 
privados, cuyo peso relativo con respecto a los públicos es directamente 
proporcional al tamaño de los centros urbanos. Esto es así, porque, a medida 
que crece la población en esos centros, y que se constituye en ellos una 
masa crítica de potenciales usuarios, las prestaciones privadas comienzan 
a resultar un negocio lucrativo para agentes económicos particulares8. En 
tales circunstancias, una parte de las clases medias –por lo general, la más 
afluente– migra del sector público al privado. A corto o largo plazos, ese 
traslado reducirá su compromiso con la permanencia y con el mejoramiento 
del conjunto de bienes públicos que sus familias ya no utilizan. 
La formación de una masa crítica de potenciales usuarios de servicios 
privados depende no solo del tamaño de la ciudad, sino también de la 
proporción de sus residentes que dispone de recursos para adquirirlos en el 
mercado, lo que suelen ser los sectores de las clases medias mejor articulados 
con las estructuras globalizadas de la producción (Sémbler, 2006). Por ende, 
no es de extrañar que las tendencias a la deserción de las clases medias de 
los espacios públicos y a la consecuente segmentación de los servicios se 
fortalezcan en contextos de alta desigualdad de los ingresos. 
Además de los cambios en las oportunidades y en los recursos 
disponibles es necesario tomar en cuenta las motivaciones de las clases 
medias urbanas para compartir o no compartir espacios de interacción con 
las clases bajas. Aquí cabe considerar varios factores: i) la ampliación de la 
libertad de decisión de las clases medias; ii) la intensidad de su inclinación a 
marcar las diferencias entre su posición presente y la de origen; iii) el deseo 
de participar en redes que constituyen fuentes de capital social valioso; iv) el 
deseo de evitar el contacto con grupos estigmatizados. Examinemos estos 
cuatro factores con algún detalle:
Primero, el clima de cercanías y la frecuencia de contactos personales 
que caracterizan a las ciudades pequeñas favorecen la formación de redes 
de sociabilidad que se interconectan entre sí, y en las que participa la gran 
mayoría de sus habitantes. Con mecanismos informales esas redes suelen 
8 El punto de inflexión a partir del cual el tamaño de las ciudades permite la formación de masas críticas 
de sectores medios con capacidad de adquirir servicios privados en el mercado, ciertamente varía con 
la formas de las pirámides de estratificación urbanas. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
55
mostrar una alta eficiencia para controlar desviaciones con respecto a los 
hábitos y estilos de vida de las mayorías, lo que tiende a frenar los impulsos de 
las clases medias y altas a separarse de los principales espacios de sociabilidad 
y convivencia. A medida que aumenta el tamaño de las ciudades se debilita 
la presión comunitaria hacia la uniformidad de comportamientos, lo que 
expande los márgenes de elección de aquellos que desean y son capaces de 
aprovechar las nuevas oportunidades de adquisición de bienes y servicios 
fuera de los ámbitos públicos.
La participación en servicios privados tiene también una dimensión de 
búsqueda de diferenciación social. Esta disposición se manifiesta sobre todo 
en aquellos sectores de la sociedad que experimentan procesos de movilidad 
ascendente, lo que se explica por el contenido simbólico que adquiere la 
utilización de servicios privados como señal de que, por un lado, refrenda la 
legitimidad del ascenso social y, por otro, establece marcas claras de cuánto 
se ha avanzado desde la posición socioeconómica de origen.
Más allá de la calidad de las prestaciones ofrecidas y de las gratificaciones 
simbólicas que se obtienen con la participación en instituciones de estatus 
social reconocido, el atractivo de los servicios privados también puede estar 
enraizado en cálculos muy precisos acerca de su utilidad práctica como 
fuentes de capital social. Sean instituciones educativas o lugares exclusivos de 
esparcimiento, por ejemplo, la interacción en los ámbitos donde se brindan 
estos servicios también se valora por su capacidad de generar información 
y contactos útiles para el desempeño de actividades fuera de las fronteras 
de esos espacios educativos o de esparcimiento.
Una cuarta dimensión que subyace a la decisión de abandonar los 
servicios públicos es el rechazo al contacto con los grupos sociales que 
comienzan a beneficiarse con la expansión de la cobertura de esos servicios. 
Un parte de ese rechazo posiblemente se asocie a las diferencias entre las 
características socioculturales de los antiguos y nuevos residentes urbanos. 
Cuanto mayores las diferencias, mayor es la probabilidad de que las viejas 
clases urbanas construyan imágenes estigmatizadas de los nuevos sectores 
populares, las que, a su vez, alimentarán en las primeras sentimientos de 
temor y de amenaza ante la proximidad física de los nuevos pobres urbanos. 
Estas situaciones son frecuentes en ciudades que reciben contingentes 
importantes de migrantes de áreas rurales o pueblos pequeños, y reflejan 
las desigualdades y diversidades regionales dentro del país. Cuanto más 
amplias esas desigualdades y diversidades, mayores serán las diferencias 
en los hábitos y orientaciones a la acción de los migrantes con respecto a 
los nativos de la ciudad. La presencia de extraños con comportamientos 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
56
“exóticos” en los lugares donde se prestan servicios públicos puede inducir 
a segmentos de las clases medias a apartarse de esos lugares tan pronto 
encuentran espacios alternativos y accesibles en donde puedan adquirir 
esos servicios. 
 Q Gráfico II.2   
Factores que inciden en la disposición de las clases medias urbanas 
a desertar de los espacios públicos
Fuente: Elaboración propia. 
Disposición
de las clases
medias a desertar
de los servicios
y bienes
públicos.
Tamaño de las ciudades y emergencias de ofertas
de servicios privados que compiten con
los públicos (oportunidades)
Diversidad en la composición social de la población
de la ciudad. Temor al contacto con otras clases
(motivaciones)
Modalidades de acumulación y desigualdades
en la distribución de ingresos (recursos)
El reconocimiento de estos problemas amplía la comprensión de los 
desafíos que plantea la construcción colectiva de patrones de convivencia 
en la desigualdad, la profundidad de los problemas de asimilación de los 
migrantes, así como las resistencias de las clases medias a reconocer a los 
nuevos pobres urbanos la plenitud de sus derechos ciudadanos. 
b) El ritmo de urbanización
Cuando se evalúan los posibles efectos de estos procesos sobre la 
cohesión social, también importa considerar el ritmo de urbanización. 
La velocidad con la que crecen las ciudades incide en por lo menos dos 
fenómenos que afectan la salud de sus tejidos sociales. Por un lado, cuanto 
más rápido el crecimiento más estrecho es el margen de maniobra de que 
disponen sus actores principales para ajustar los sistemas de bienestar a las 
nuevas configuraciones de riesgo que aportan los migrantes. En el marco 
de la discusión del acápite anterior, conviene subrayar que una expansión 
muy rápida de la demanda de servicios puede desbordar las capacidades 
institucionales del gobierno de las ciudades para mantener la calidad de 
los servicios públicos. Por otro lado, la rapidez del ritmo de urbanización 
también impide que puedan sedimentar de manera ordenada y pacífica las 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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transformaciones en los patrones convencionales de convivencia urbana que 
se requieren para integrar en ellos a los nuevos residentes urbanos. 
3. Consecuencias de la segmentación en los servicios 
sobre la cohesión social
a) El compromiso de las clases medias con los bienes públicos
De lo anterior se desprende que cuando la oferta de prestaciones 
privadas confluye en las ciudades con las motivaciones y con los recursos 
para adquirirlas, una proporción de las clases medias desertará de los 
servicios públicos. De ese modo, dejarán de estar expuestas al tipo de 
problemas comunes que surgen cuando se comparten espacios que 
funcionan como puntos de interacción con otras clases, y se reducirá su 
interés con el mantenimiento y el desarrollo de servicios que ya no utilizan. 
Un padre que envía sus hijos a escuelas o colegios privados estará poco 
incentivado a invertir tiempo y esfuerzos en el incremento de la calidad de 
la enseñanza pública. Algo similar pasará con el estado de hospitales o del 
sistema de transporte colectivo. Y probablemente lo mismo suceda con la 
seguridad pública en la medida en que sus hogares y familias comiencen a 
estar protegidos por agencias privadas. En términos generales, es razonable 
argumentar que el abandono de los servicios públicos no puede dejar de 
afectar de manera negativa el compromiso de las clases medias urbanas con 
el mantenimiento o el fortalecimiento de los bienes públicos, lo que tiene 
obvias consecuencias para la cohesión social en las ciudades. 
b) Las diferencias en la calidad de los servicios y la disminución 
de oportunidades de interacción entre desiguales
La falta de apoyo a los bienes públicos de aquellos que tienen “voz” 
contribuye a las diferencias en la calidad entre servicios públicos y privados. 
Dichas diferencias han sido particularmente estudiadas en el caso de la 
educación. En efecto, los resultados de pruebas de evaluación de aprendizaje 
muestran de forma consistente que, controlados otros factores, los alumnos 
de escuelas y colegios privados reportan puntajes medios más altos que sus 
pares en escuelas y colegios públicos9.
9 Véanse, entre otros estudios, en el caso de Chile, el de Contreras, Corbalán y Redondo (2007), Mizala 
y Romaguera (1998); en el de Argentina, el de Cervini (2002), Gertel, Giuliodori, Herrero y Fresoli (2007); 
en el caso del Estado Plurinacional de Bolivia, el de Mizala, Romaguera y Reinaga (1999); en el de Perú, 
el de Miranda (2008) y Benavides (2008).
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
58
En la dimensión referida a las oportunidades de interacción entre 
miembros de clases urbanas distintas, los estudios también confirman que 
aquellos que asisten a establecimientos privados provienen más de hogares 
de estratos medios y altos, mientras que la gran mayoría de aquellos que 
asisten a establecimientos públicos pertenecen a hogares de estratos bajos. 
Aun más, algunos resultados sugieren que la asistencia de hijos de familias de 
clases medias y altas a la educación pública aumenta a medida que se reduce 
la asistencia de hijos de familias de clases bajas, es mínima en la escuela 
primaria y máxima en la educación universitaria, lo que resulta fácilmente 
observable en países de la región donde se mantiene un sistema público y 
gratuito de educación de tercer nivel. 
Las consecuencias de la segmentación en las oportunidades de 
interacción con desiguales y en las diferencias en la calidad de las prestaciones 
son replicadas en otros servicios urbanos fundamentales, como los de la 
salud, el transporte, la seguridad y el esparcimiento. 
c) Actitudes y orientaciones a la acción
En cuanto a las consecuencias de la segmentación en los servicios 
sobre la cohesión social urbana, el aislamiento resultante tiende a producir 
diferentes orientaciones a la acción entre las clases medias y las bajas10. 
En las clases medias son relevantes los impactos sobre la fortaleza de los 
sentimientos de empatía y de responsabilidad moral hacia las clases populares, 
la disposición a valorar las virtudes intrínsecas de sus miembros y a tratar 
de entender sus códigos de interacción, evitando etiquetarlos con categorías 
sociales estereotipadas y muchas veces estigmatizadas, como los “rotos” 
en Chile, los “planchas” en Montevideo o los “villeros” en Buenos Aires. 
También son importantes las actitudes relacionadas con la intolerancia a 
la desigualdad, con la mayor o menor disposición a pagar impuestos para 
apuntalar medidas redistributivas, con la mayor o menor inclinación a apoyar 
políticos comprometidos con avances en la equidad, con la protección de 
10 Cuando se plantean las posibilidades de revertir procesos de segmentación en los servicios resulta 
importante conocer la composición de los usuarios. Es razonable esperar que cuando los usuarios 
son miembros de la población civil, las consecuencias de la segmentación en los servicios sean menos 
relevantes que cuando los usuarios son miembros de la comunidad política. La pregunta clave es: 
¿En qué medida los responsables políticos pueden ocuparse de apuntalar la calidad de servicios 
públicos que ni ellos ni sus hijos y familiares utilizan? En una comunicación, a través de una red de 
correo electrónico, Martín Caparrós, periodista e historiador argentino, se pregunta si eso no sería 
algo similar a postular como presidente de Coca-Cola a una persona que toda su vida tomó solo 
Pepsi-Cola.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
59
los más débiles y con el mantenimiento de la calidad de los servicios de 
cobertura universal11.
Todos estos contenidos mentales se vigorizan con el aumento de la 
intensidad y la frecuencia de contactos informales entre personas de distinta 
condición socioeconómica y, por el contrario, languidecen cuando no se 
activan de manera regular a través de esos contactos. 
Entre los de abajo, la falta de ámbitos de interacción pluriclasista 
favorece otros contenidos mentales, como el resentimiento, la desconfianza 
y el rechazo a las clases medias como modelos. Pero también contribuye 
a generar sentimientos de desaliento con respecto a las posibilidades de 
movilidad social y de ocupar un lugar en la sociedad incorporándose a los 
circuitos económicos y culturales modales de la ciudad. 
Resumiendo, en todas las ciudades y en todos los tiempos ha habido 
elites económicas que han recurrido a alternativas privadas de provisión 
de servicios. Mientras esa preferencia se mantiene limitada a pequeños 
sectores, la correspondiente falta de los ámbitos públicos posiblemente no 
haga mella en la salud del tejido urbano. Pero cuando una parte sustancial 
de las clases medias se constituye como protagonista de la deserción, las 
fisuras en ese tejido se vuelven rápidamente visibles. Por su peso relativo, 
y por la significación de su “voz” en el mantenimiento y el desarrollo de 
los bienes colectivos, la falta de compromiso de las clases medias con los 
servicios públicos debilita los mecanismos que los sostienen y que, en última 
instancia, apuntalan la trama social de la ciudad.
En el cuadro II.2 se presenta una amplia gama de dimensiones e 
indicadores de la segmentación en los servicios. Al igual que en el caso de 
la segmentación laboral, si se desea incorporar esta problemática a modelos 
multidimensionales de explicación de la cohesión social, es necesario 
disponer de una “lista corta”. Para esto se sugieren los dos indicadores 
siguientes referidos solo a la segmentación educativa: 
11 Ciertamente las actitudes positivas hacia la equidad urbana no descansan solamente en el 
nivel de aversión de las clases medias a la desigualdad. También pueden intervenir el temor a 
las externalidades que provoca el deterioro de la calidad de vida y de los servicios a los que 
acuden las grandes mayorías, y que se pueden manifestar como inestabilidad política, como 
reducción de la legitimidad de las instituciones, como dificultad de las elites para movilizar la 
voluntad colectiva en apoyo a sus proyectos y, cada vez más, como amenazas a la seguridad 
pública. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
60
• Distancia entre los logros educativos medios de población joven 
perteneciente a hogares del primer quintil de ingresos (o de climas 
educativos), y los de los jóvenes pertenecientes a hogares de los 
dos quintiles inferiores de la distribución de ingresos (o climas 
educativos). Este indicador dirige la atención hacia las brechas o 
las diferencias asociadas a la segmentación educativa.
• Diferencia entre las proporciones de la población en edad escolar 
de los dos quintiles inferiores de ingreso (o de clima educativo) que 
asiste a establecimientos públicos de educación, y la correspondiente 
proporción en el quintil superior de ingresos (o de clima educativo). 
Se propone como un proxy de las oportunidades de interacción entre 
los niños pertenecientes a hogares de distintos estratos sociales 
dentro de establecimientos educativos.
 Q Cuadro II.2   
Sugerencias para la medición de la segmentación de los servicios 
urbanos en clave de cohesión social
Naturaleza Determinantes Consecuencias
• Asociación entre nivel de ingresos 
(o clima educativo) de los hogares, 
y i) asistencia a establecimientos 
de enseñanza públicos o privados; 
ii) asistencia a centros de salud 
públicos o privados; iii) incidencia 
relativa en la utilización de transporte 
colectivo comparado con el transporte 
individual o familiar; iv) contratación 
de seguridad privada; v) asistencia 
a estadios de fútbol; vi) asistencia a 
grandes recitales; vii) Nivel de acceso 
a servicios que se ofrecen en los 
espacios virtuales. 
• Peso relativo de los espacios públicos 
en las ciudades (calles peatonales, 
amplitud de las aceras, ramblas, 
playas de acceso al público general, 
parques y plazas, número y extensión 
de espacios de esparcimiento 
colectivo. Calidad y extensión del 
transporte colectivo)
• Tamaño de las ciudades.
• Ritmo de urbanización (tasas 
de urbanización en diferentes 
períodos).
• Nivel de desigualdad del ingreso 
de los hogares. 
• Composición sociocultural de 
la población de la ciudad con 
particular referencia a variables 
étnicas y de antigüedad urbana.
• Gasto social en educación, salud, 
transporte colectivo y policía, como 
proporción del PIB de la ciudad. 
En las clases medias y altas con respecto a las 
clases bajas:
• Nivel de tolerancia a la desigualdad.
• Sentimientos de obligación y responsabilidad 
moral. 
• Percepción de riesgos a la integridad física o 
patrimonial vinculados a la proximidad con las 
clases populares.
• Niveles de estigmatización. Percepción de grado 
de adhesión a éticas de trabajo. Atribución de 
“moral sospechosa” (se aprovecharían de mí si 
tuvieran la oportunidad).
• Actitudes y conductas con respecto a acciones 
solidarias con la situación de los más necesitados. 
• Percepción de viabilidad de partidos políticos 
basados en alianzas interclases. 
En las clases populares urbanas con respecto a las 
clases medias y altas:
• Sentimientos de desconfianza y nivel de 
resentimiento.
• Estimación de viabilidad de partidos políticos 
basados en alianzas interclases. 
• Fortaleza de las barreras percibidas para el 
acceso a educación, salud y seguridad social de 
calidad. 
Fuente: Elaboración propia.
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D. Segregación residencial
1. La naturaleza del fenómeno
El nivel de segregación residencial es un atributo de las ciudades. Su 
aplicación analítica permite identificar categorías étnicas, raciales, religiosas, 
socioeconómicas o nacionales (como en el caso de migrantes externos), 
espacialmente segregadas, tomando en cuenta la extensión de la distancia 
física que separa los lugares de residencia de los miembros de esas categorías, 
grupos o clases, de los lugares de residencia del resto de la población urbana. 
La variable también puede utilizarse para caracterizar la estructura social de 
las ciudades, lo que permite hacer juicios sobre la naturaleza más o menos 
segregada de una de ellas en comparación con otras en un mismo punto del 
tiempo, o con respecto a sí misma en distintos momentos del tiempo. En una 
u otra aplicación, se necesita hacer explícitos la categoría, el grupo o la clase 
social que constituye la unidad de observación de la segregación residencial. 
En general, la sensibilidad de académicos y responsables de políticas 
públicas hacia el estado de la segregación residencial en sus ciudades 
responde a la significación que otorgan a sus consecuencias sobre las 
oportunidades de vida de los grupos vulnerables a la pobreza, o a la exclusión, 
o sobre la salud del tejido social urbano. En el primer caso, la sensibilidad 
está concentrada en los efectos de la concentración espacial de los pobres 
sobre sus posibilidades de salir de esa situación, de evitar el agravamiento 
de su situación y su reproducción entre generaciones. En el caso del tejido 
social de la ciudad, en cambio, lo que prevalece es el interés sobre los efectos 
de la segregación residencial sobre la cristalización de las desigualdades 
urbanas, sobre el tono general de la sociabilidad y sobre la disposición de 
sus habitantes a la cooperación y a la resolución pacífica de conflictos.
2. La naturaleza de los aglomerados poblacionales 
a los que se aplica la noción de “segregación residencial”
Las categorías poblacionales que pueden utilizarse como unidades de 
observación para identificar procesos de segregación residencial son 
múltiples. Es un hecho que la mayoría de las grandes ciudades muestran 
barrios con sobrerrepresentaciones de migrantes de otros países, o de 
regiones del mismo país, de grupos étnicos o raciales, de grupos religiosos, 
o de clases sociales. Todos estos aglomerados poblacionales suelen tener en 
común la sobrerrepresentación en algún lugar del territorio urbano y, asociado 
a ella, algún grado de aislamiento social con respecto a otros aglomerados 
poblacionales. Sin embargo, el término “segregación residencial” parece 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
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inadecuado para describir la realidad de todas estas situaciones. ¿Por qué? 
Las razones son variadas.
Primero, la mayoría de los hogares prefiere habitar cerca de las 
comunidades con las que se identifican, y en las que se sienten con libertad 
para desplegar sus formas particulares de sociabilidad, ya sea por compartir 
un lenguaje, estilos de vida, creencias políticas, hábitos religiosos o culturales. 
Segundo, no es corriente que los barrios que exhiben sobrerrepresentaciones 
de ciertos grupos establezcan barreras formales o informales para que residan 
hogares, o para que circulen personas, que no pertenecen a los grupos que 
son mayoría entre sus habitantes. Tercero, si bien la concentración territorial 
de un sector poblacional con características uniformes puede provocar un 
cierto aislamiento en cuanto a oportunidades de contactos primarios con 
otros sectores de población, en la mayoría de los casos ese aislamiento es 
compensado por varias vías, por ejemplo, mediante la participación en el 
mundo laboral, en instituciones sociales, culturales, políticas, recreacionales, 
deportivas, entre otros. Pero también puede ser compensado por la 
percepción de tener pleno acceso al ejercicio de la ciudadanía, y/o por la 
convicción de estar bien representados en la sociedad por los líderes de su 
sector poblacional (religiosos, étnicos, nacionales, entre otros). 
A diferencia de los ejemplos mencionados, la noción de segregación 
residencial tiene una carga negativa, ya sea porque la decisión del lugar en 
donde se habita responde a constreñimientos antes que a preferencias, 
porque el aislamiento se traduce en la presencia de barreras formales o 
informales que impiden la localización física de ciertos hogares y/o la 
libre circulación de ciertas personas, o porque el aislamiento físico de los 
residentes no es compensado por formas de participación en otras esferas 
de la sociedad que provean elementos de identidad y pertenencia. 
El creciente interés de los estudiosos de las transformaciones de las 
estructuras sociales latinoamericanas por los problemas de segregación 
residencial en las ciudades está anclado justamente en esos rasgos negativos 
del fenómeno, y sobre todo en la asociación de esos rasgos con la naturaleza 
de la nueva pobreza urbana. Es decir, en los barrios es donde se concentran 
las personas con los vínculos más débiles con el mercado de trabajo, donde se 
revelan los aspectos perversos de la segregación residencial en las ciudades12. 
12 Rodríguez y Arriagada señalan que uno de los principales efectos perversos de la segregación es el 
debilitamiento de los activos de las familias en situación de pobreza. Es decir “restringiría las redes de los 
pobres exclusivamente a otras personas de igual condición debilitando vínculos y puentes interclases y 
conformando barrios escépticos sobre la posibilidad de movilidad social vía trabajo, lo que aumentaría la 
probabilidad de conductas que bloquean la acumulación de capital humano y disminuyen la capacidad 
de generar ingresos laborales por los jóvenes” (Rodríguez y Arriagada, 2004:18).
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
63
3. Naturaleza de los aspectos perversos 
de la segregación residencial
Sobre la naturaleza de esos aspectos perversos circulan por lo menos 
tres conjeturas. La primera es que, una vez establecida, la segregación 
residencial gatilla segmentaciones en servicios esenciales cuyos usuarios, 
como en el caso de la educación y la salud, suelen residir en el entorno 
territorial de los establecimientos en donde se brindan las prestaciones. 
De modo que, aun cuando no se produjeran segmentaciones de los 
servicios según su tipo de administración (pública o privada), las ciudades 
espacialmente segregadas podrían exhibir altos niveles de segmentación en 
los servicios solo debido a la forma que adopta la distribución territorial 
de las clases. 
La segunda conjetura es que los efectos de la segregación espacial y la 
segmentación en los servicios convergen en el endurecimiento de la pobreza, 
el fortalecimiento de los mecanismos de su reproducción entre generaciones, 
el debilitamiento de los patrones de convivencia y, en general, en una mayor 
inequidad en las ciudades. 
Y la tercera conjetura apunta a la posibilidad de que los determinantes 
de estos procesos sean inherentes a la lógica de funcionamiento de las nuevas 
modalidades de acumulación y crecimiento. En ese caso, y a menos que se 
promuevan políticas firmes y de largo aliento dirigidas a desactivar dicha 
lógica, se plantea un escenario preocupante de consolidación de la tendencia 
ascendente en los valores de los índices de segregación espacial y de sus 
consecuencias socialmente indeseables13.
4. Diferencias entre la vieja y la nueva segregación residencial
A medida que resultados de investigaciones y reflexiones informadas sobre 
el tema fueron fundamentando y precisando los alcances de estas conjeturas, 
en algunos grupos académicos de la región fue ganando cuerpo la idea de 
que, para mejorar la comprensión de las principales cuestiones sociales 
de las ciudades, era necesario prestar más atención que en el pasado a las 
transformaciones en los entornos sociales de los lugares en donde residen los 
13 El incremento de las desigualdades de ingreso que acompaña los procesos de globalización no se 
traduce automáticamente en un aumento de las segregaciones espaciales, porque el Estado, otros 
actores sociales relevantes (sindicatos, partidos políticos, ONG, cooperativas, agentes inmobiliarios, 
entre otros), además de factores culturales y topográficos, también desempeñan papeles importantes 
en la distribución de la población en el territorio urbano. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
64
pobres14. Sin embargo, no se podía ignorar que, en América Latina, más que 
una novedad, la segregación espacial de la pobreza es un fenómeno medular 
a la historia de muchas ciudades. Tal reconocimiento invita a hacer explícito 
qué es lo que justifica que este fenómeno deba recibir hoy una observación 
más detenida y detallada que aquella que demandó en el pasado. 
A este respecto pueden distinguirse por lo menos tres diferencias 
importantes en la situación de los viejos y los nuevos pobres urbanos: i) un 
incremento en la homogeneidad de la composición social de sus lugares 
de residencia; ii) la ocurrencia de cambios significativos en los marcos 
de referencia desde los cuales los pobres evalúan su propia situación; 
iii) alteraciones en el comportamiento de los sectores medios y altos que 
se manifestaron en la deserción antes comentada de los espacios públicos, 
pero también en un cambio en los patrones de segregación residencial. 
Examinemos por separado cada una de estas tendencias15.
a) Incremento en la homogeneidad de la composición social del lugar 
de residencia de los pobres urbanos 
Esta tendencia es difícil de visualizar cuando los observadores no 
ajustan sus lentes a la cambiante escala geográfica de la fragmentación 
urbana16. Una vez realizado ese ajuste, lo que se observa es una ampliación 
de las brechas entre las configuraciones medias de activos de los hogares 
residentes en los barrios de la ciudad. Eso se debe a dos tendencias 
principales. Por un lado, la composición socioeconómica de los barrios 
populares gana homogeneidad con la devaluación generalizada de las 
credenciales de sus residentes en el mundo laboral. Pero también gana 
homogeneidad con la recepción de expulsados de los barrios centrales y con 
la “salida” de las familias que tienen oportunidad de movilidad ascendente17. 
Por otro lado, de modo paralelo al aumento de la concentración territorial 
14 En América Latina se publicaron en la última década numerosos estudios acerca de las tendencias 
de la segregación residencial en grandes ciudades y sobre los efectos de la composición social de los 
barrios, secciones censales, municipios o comunas, de las ciudades, en las oportunidades de acceso 
al bienestar y en distintos tipos de comportamientos de riesgo de sus residentes.
15 Véase un trabajo detallado de la revisión de investigaciones sobre el carácter de esta nueva pobreza 
urbana, en Tironi (2003), Kessler y Di Virgilio (2008), Wormald, Cereceda y Ugalde (2002), entre 
otros autores.
16 La necesidad de ajustar los lentes de observación se debe a que la acción de agentes inmobiliarios, 
y las mismas estrategias habitacionales de pobres y no pobres, modifican de manera permanente las 
escalas de agregación geográfica de poblaciones socialmente homogéneas.
17 El fenómeno de “descreme” de los barrios pobres posiblemente se active a medida que el crecimiento 
de la densidad territorial de hogares con necesidades básicas no satisfechas estimule el surgimiento de 
comportamientos disruptivos, lo que a su vez retroalimente la tendencia a la deserción a otros barrios 
de las familias que pueden hacerlo.
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de los pobres se producen movimientos de las clases medias y altas a barrios 
exclusivos, los que en algunos casos se conforman como condominios 
cerrados. Todos estos movimientos incrementan la homogeneidad en la 
composición socioeconómica de cada vecindario y, al hacerlo, contribuyen 
a la fragmentación de la trama social de la ciudad. 
b) La ocurrencia de cambios significativos en los marcos 
de referencia desde los cuales los pobres evalúan 
su propia situación
La segunda característica novedosa de la actual segregación residencial 
alude a las perspectivas de integración social de los pobres urbanos. A 
mediados del siglo pasado, una proporción significativa de la pobreza urbana 
estaba compuesta por migrantes del interior del país, buena parte de los 
cuales se estableció en áreas marginales de la ciudad (favelas, callampas, 
cantegriles, villas miseria, entre otros). El escenario económico en donde 
se presentaron esas migraciones estuvo dominado entonces por procesos 
de sustitución de importaciones que motorizaban la industrialización y 
el crecimiento de los servicios del Estado. Para los recién llegados a las 
ciudades, tanto las posibilidades de trabajo y de consumo que se asociaron 
a la consecuente expansión del mercado interno, como las posibilidades de 
acceso a servicios sociales y de infraestructura de vivienda por intermedio 
del Estado, superaron en mucho las oportunidades de acceso al bienestar 
que podrían haber alcanzado los migrantes en sus lugares de origen. Estas 
circunstancias favorecieron la germinación de un clima de esperanza de 
futuro, donde al ritmo de una conquista progresiva de la ciudadanía urbana 
las expectativas de movilidad ascendente resultaban creíbles18.
Distinto es el panorama que arroja la información a partir de los años 
ochenta. Las mutaciones económicas deterioraron las posibilidades de los 
menos calificados de mantener lazos estables y protegidos con el mercado 
laboral, lo que erosionó las esperanzas de mejoramiento de sus condiciones 
de vida mediante el propio esfuerzo. Esas condiciones contribuyeron al 
desplazamiento de sus hogares desde las zonas centrales y formalizadas 
de la ciudad a sus zonas periféricas, lo que en algunos casos implicó 
aumentos significativos de la proporción de la población en asentamientos 
18 En algunas ciudades de América Latina, el ritmo del crecimiento urbano, a mediados del siglo 
pasado, no tuvo precedentes. Los movimientos migratorios incidieron en una alta proporción en ese 
crecimiento. Entre 1947 y 1960, la contribución de los migrantes al crecimiento de la urbanización 
fue del 51% en Argentina; del 50% en Brasil, entre 1950 y 1960; del 42% en Perú entre 1961 y 
1972; del 37% en Colombia, entre 1951 y 1964, y del 32% en México, entre 1960 y 1970 (Naciones 
Unidas, 1980:48). 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
66
irregulares. Estos fenómenos se inscribieron en una coyuntura marcada por el 
estrechamiento de las vías de movilidad social ascendente y la amenaza de la 
exclusión social, situaciones claramente distintas de las que habían enfrentado 
los pobres que migraron a las ciudades a mediados del siglo pasado. 
Por otra parte, el crecimiento de la incertidumbre laboral entre los 
trabajadores de baja calificación no fue acompañado de la desactivación de 
los mecanismos que alimentaban sus expectativas de una mayor participación 
material y simbólica en la sociedad, lo que elevó su nivel de frustración. 
Los siguientes son solo algunos de los procesos específicos que nutrieron 
y siguen nutriendo esa frustración: 
• A medida que los migrantes del interior del país se asimilaban a 
la ciudad, los escenarios de origen fueron perdiendo significación 
como marcos de referencia para evaluar la situación presente. Su 
lugar fue progresivamente ocupado por los modelos predominantes 
en el nuevo escenario urbano, lo que contribuyó a elevar sus 
sentimientos de deprivación relativa.
• Los niveles educativos de los pobres urbanos siguieron expandiéndose, 
pero a un ritmo que no alcanzó a compensar la rapidez de la 
devaluación de los créditos educativos en los mercados globalizados. 
Como resultado, crecieron las aspiraciones sin un correlato de 
mejoras en el bienestar.
• Los medios masivos de comunicación se multiplicaron y penetraron 
por igual en hogares con muy diferentes disponibilidades de 
recursos, difundiendo pautas de consumo fuera del alcance de los 
grupos menos aventajados. 
• La consolidación de la democracia electoral y el creciente espacio 
que ocuparon los derechos sociales en los discursos políticos 
también aportaron al desarrollo de expectativas no satisfechas de
participación ciudadana.
• Durante el período de sustitución de importaciones, las expectativas 
de las clases populares en algunas ciudades se nutrieron de 
experiencias gremiales que ampliaron la conciencia de los beneficios 
de la acción colectiva para mejorar posiciones en la distribución de 
ingresos y de poder. El aumento de la informalidad y la tercerización 
entre los trabajadores de baja calificación relativa implicaron, entre 
otros factores, una reducción de sus tasas de agremiación con la 
consecuente disminución de las oportunidades de articulación de 
sus demandas por medio de la acción colectiva. 
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Para los pobres urbanos de hoy, todo lo anterior configura un cuadro 
sustancialmente diferente del de mediados del siglo pasado, marcado por una 
mayor distancia entre logros y metas y crecientes dificultades para concebir 
proyectos creíbles de mejoramiento autónomo de las condiciones de vida. 
La concentración espacial de personas con esas características es la que 
otorga rasgos perversos a los actuales procesos de segregación residencial 
en las ciudades. 
c) Emergencia de barrios cerrados de clase media 
en las proximidades de barrios pobres
Bajo el impulso de un capital inmobiliario más maduro y concentrado 
que removió “los factores que mantenían los proyectos privados para las 
elites recluidas en los conos de alta renta”, en algunas ciudades de la región se 
está produciendo una transformación del patrón tradicional de segregación 
urbana consistente en la emergencia de barrios cerrados, en áreas de la ciudad 
tradicionalmente ocupadas por sectores populares (Sabatini y Cáceres, 2004). 
El reconocimiento de la existencia de este fenómeno plantea 
interrogantes importantes a las hipótesis que afirman que las tendencias 
en la distribución del ingreso de los hogares se reflejan finalmente en las 
distancias territoriales entre los lugares de residencia. También lleva a reabrir 
el tema de las ventajas y desventajas para las pobres de la cercanía física con 
poblaciones no pobres cuando la circulación entre ambos está interrumpida, 
unilateralmente, por barreras materiales (muros, rejas) y/o cuerpos de 
vigilancia que controlan la entrada a los condominios19.
Algunos analistas sostienen que el fenómeno de los condominios 
amurallados, en áreas populares de la ciudad, solo introduce un cambio en 
la escala de la segregación residencial que no modifica su carácter negativo. 
Otros piensan que sí lo modifica, pero agravándolo, mientras que aún otros 
piensan que las nuevas tendencias tienen más ventajas que desventajas, 
tanto para los pobres que reciben en sus vecindarios a los no pobres como 
para el tejido social de la ciudad, que se beneficia con el mejoramiento de 
los patrones de convivencia entre sus clases. Pese a las divergencias, las 
distintas posturas frente al fenómeno tienen en común la virtud de iluminar 
las consecuencias sociales de un aspecto no previsto del despliegue de las 
lógicas del mercado inmobiliario. 
19 Se podría argumentar que esta situación no difiere mucho del caso de los edificios de departamentos, la 
mayoría de los cuales tienen sus puertas vigiladas por un portero o por sistemas de visores que permiten 
controlar quién entra. Sin embargo, también es cierto que las personas perciben las calles como espacios 
públicos en donde todos tienen el derecho de libre tránsito, lo que no ocurre con los espacios interiores 
de los edificios de departamentos.
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
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Los siguientes son algunos de los interrogantes que surgen en la 
confrontación de ideas acerca de los efectos para “los de abajo” de 
una mayor cercanía física con clases medias amuralladas. Por ejemplo: 
¿Se produce un incremento o una reducción en las oportunidades de 
interacción entre desiguales?, ¿Aumenta o disminuye la extensión de las 
diferencias sociales percibidas?, ¿Qué contenidos mentales se imponen: 
resentimiento, envidia, agresividad, e impotencia, o más bien satisfacción 
por el aumento de oportunidades ocupacionales, por una elevación del 
estatus vecinal que incide de manera positiva en su imagen propia, por 
el mejoramiento de la infraestructura vecinal (luz, pavimentación, entre 
otros), y por las mayores oportunidades de acceso a servicios públicos 
y privados atraídos por la presencia de clases medias? En general, ¿la 
presencia de condominios cerrados, en zonas populares de la ciudad, 
contribuye o no a la integración social de los pobres urbanos?, ¿Aporta o 
no a la salud del tejido social de la ciudad? 
Ciertamente el peso relativo de las novedades de la segregación espacial 
(su agudización, la mutación de su significado para los pobres y la reciente 
emergencia de nuevas escalas de la segregación espacial) varían según las 
ciudades, lo que probablemente refleje diferencias en sus vías de crecimiento, 
en sus historias de segregación espacial por clase y por grupos étnicos, y 
también en los contenidos de las matrices socioculturales que ordenan la 
convivencia entre aquellos que tienen más y aquellos que tienen menos. 
5. Indicadores de segregación residencial
En la literatura especializada se pueden encontrar múltiples índices para 
medir la segregación residencial, cada uno de los cuales destaca aspectos 
distintos del fenómeno20. A continuación se describen las características de 
los más utilizados:
• ÍndicededisimilituddeDuncan. Este índice mide la uniformidad 
con la que los grupos se distribuyen en el territorio. Sus valores 
próximos a 0 indican que la distribución de la población con 
determinado atributo en las subunidades es similar a la media 
de ese atributo en el aglomerado superior. Los valores próximos 
20 En la discusión metodológica sobre las virtudes y limitaciones que muestran los índices más conocidos 
de segregación residencial en su aplicación a las ciudades de América Latina, se distinguen los trabajos 
de Francisco Sabatini (1999, 2004) y Jorge Rodríguez (2001). Ambos autores hacen una revisión crítica 
detallada de los índices cuando se analizan estos estudios desde la perspectiva de las ciudades de 
América Latina, y brindan abundantes argumentos para sus preferencias por determinados índices. 
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a 100 señalan situaciones de máxima segregación, donde en las 
subunidades no hay mezcla de poblaciones con distintos valores en 
el atributo que se examina. El valor del índice indica el porcentaje 
de la población que debería ser reubicado, si se quisiera alcanzar una 
distribución igualitaria entre las unidades geográficas de la ciudad. 
Este es un indicador sintético de la relación entre la composición 
de las subunidades territoriales (sea de composición social, laboral, 
racial, entre otros), y la composición social de la unidad territorial 
superior (ciudad o aglomerado urbano). Si esta composición 
difiere, estaremos en presencia de segregación residencial, pues la 
distribución de los grupos sociales entre las subunidades territoriales 
estaría desalineada respecto a la representación del grupo en toda 
la ciudad o aglomerado superior. El recorrido de la medida es 
0 (segregación nula) a 100 (segregación total en donde ninguna 
subunidad registra composición mixta)21.
• Análisisdevariancia. Es otra medida de la uniformidad de la 
distribución de distintas categorías de población en el territorio. 
La variancia total de la variable estudiada se descompone en dos 
componentes: entre barrios y dentro de los barrios. Cuando la 
variancia entre subunidades tiende a explicar una porción mayor de 
la variancia total, se está en presencia de una mayor homogeneidad 
dentro de las unidades y una mayor heterogeneidad entre unidades22.
• El índicedeinteracciónoaislamiento mide el grado en que 
los miembros de un grupo X están expuestos al grupo Y en las 
diferentes subunidades territoriales. Su interpretación indica, por 
ejemplo, que si su valor es 0,2, en promedio en una unidad donde 
reside un miembro del grupo X, dos individuos de cada diez son 
del grupo Y. En consecuencia, en las situaciones más segregativas 
tomará valores pequeños (Martori y Hoberg, 2004). Mientras el 
21 El índice responde a la ecuación siguiente:
 
D =      – 1
2
N1i
N1
N2i
N2  
 Donde, N1i = población del grupo 1 en la subdivisión territorial iésima; N2i = población del grupo 2 
en la subdivisión territorial iésima; N1 = población total del grupo 1 en la unidad territorial superior;
N2 = población total del grupo 2 en la unidad territorial superior.
22 El índice de segregación residencial indica la proporción de la variancia total que se explica por la 
variancia entre subunidades territoriales. 
ISR =  * 100s
2
n
s2
 Donde, s2n  = Variancia entre n subunidades territoriales y s2   = Variancia total. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
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índice de disimilitud es relativamente independiente del tamaño 
del grupo que se considera, no ocurre lo mismo con el índice de 
exposición, porque cuanto mayor el tamaño relativo de ese grupo 
en una ciudad, menores serán sus oportunidades de interacción 
con desiguales y de compartir con ellos un vecindario. En el 
extremo opuesto, si el grupo es muy pequeño, las probabilidades 
de interacción con personas de grupos diferentes serán mayores, 
lo que no afecta necesariamente el índice de disimilitud.
• ÍndicedeMoran. Mide el nivel de proximidad entre unidades 
territoriales en donde residen categorías de población con 
características similares; esto es, indica si la distribución de los 
datos en el espacio se autocorrelacionan entre sí, presentando un 
patrón no aleatorio. En suma, permite saber si los valores de la 
variable que se quiere estudiar en una unidad territorial determinada 
son similares o no a los valores de la misma variable en unidades 
adyacentes. Una correlación positiva revela la existencia de unidades 
espacialmente contiguas con valores similares. Una correlación 
negativa indica que los valores altos (bajos) en una subunidad son 
vecinos de valores bajos (altos) en otras. Cuando el índice tiende a 
0 no existe correlación espacial y, por tanto, la distribución de los 
valores de la variable en las unidades es aleatoria. Es importante 
tener presente que el índice de Moran caracteriza globalmente una 
ciudad y, por ende, permite comparaciones con otras ciudades o 
con una misma ciudad en diferentes períodos.
• ÍndiceLISA23. Este índice permite descomponer indicadores 
globales como el Moran, es útil sobre todo cuando no se cumple el 
supuesto de la homogeneidad interna en cada una de las unidades 
espaciales que intervienen en el cálculo del Moran. En rigor, el 
coeficiente LISA es equivalente al cálculo del Moran para cada una 
de las subunidades espaciales, y permite evaluar la significación 
estadística de las correlaciones entre las subunidades vecinas en 
los patrones locales de agrupamiento. Ambos índices incorporan 
la noción de “vecindad” mediante las pruebas de autocorrelación 
(Anselin, L., 1995).
Sin entrar en los detalles de esas medidas, se puede afirmar que la aptitud 
de cada una debe evaluarse esencialmente en función de dos criterios: su 
adecuación a las características de las categorías sociales cuya segregación 
23 Local Indicator of Spatial Association.
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en el espacio se quiere captar y, estrechamente ligado a esto, su adecuación 
a los propósitos analíticos que orientan la indagación. Por ejemplo, si se 
desea probar la hipótesis de que ciertas minorías étnicas muestran más o 
menos propensión que otras a la aglomeración territorial, interesará hacer 
un análisis de variancia, o comparar sus comportamientos en el índice de 
disimilitud cuando este se aplica a la distribución de cada una de las minorías 
en el territorio urbano. En cambio, si el propósito es conocer si los pobres 
se aíslan de los no pobres más o menos que antes, interesará comparar en 
el tiempo índices de exposición que revelen las oportunidades potenciales 
de interacción entre los dos grupos o categorías. Según la significación 
que otorgue el investigador a la escala geográfica en donde se detecta el 
aislamiento, puede también utilizar índices de clustering o contigüidad espacial, 
que informen sobre los cambios en el tamaño de la mancha geográfica que 
presenta composiciones socioeconómicas o étnicas similares. 
Más allá de estos índices, de la discusión en acápites anteriores surge la 
conveniencia de contar con indicadores más simples directamente referidos 
a la situación de aislamiento territorial en los polos de la pirámide de la 
estratificación social urbana. Uno de ellos, por ejemplo, es el peso relativo 
de la población en asentamientos precarios con respecto al total de pobres y 
al total de la población de la ciudad. Otro es el peso relativo de la población 
residente en barrios cerrados en el total de las clases medias y de la población 
total de la ciudad, distinguiendo además los casos donde esos barrios se 
establecen en áreas contiguas a vecindarios pobres. 
6. La escala geográfica
Uno de los problemas que corrientemente plantean las investigaciones 
sobre segregación residencial es el de decidir la escala territorial que resulta 
más adecuada para el tipo de comportamiento cuyas variaciones se desea 
explicar. Jorge Rodríguez (2001:15) destaca que “… es necesario hacer 
explícito el atributo que diferenciará a los grupos distanciados físicamente 
y que la segregación debe definirse en conexión con una determinada 
escala de análisis”.
De nuevo, no resulta útil debatir sobre la adecuación relativa de 
distintos niveles cuando no se tiene claridad sobre los propósitos del estudio. 
Para entender el sentido de esta limitación, basta con reflexionar cómo se 
modifican la naturaleza y los límites de los espacios en donde ocurren hechos 
significativos a medida que las personas pasan de una etapa a otra, en sus 
ciclos de vida y/o cambian sus esferas de participación.
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
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En general, es razonable aceptar que el grado de susceptibilidad a lo que 
sucede en el entorno residencial se vincule a la importancia que atribuyan las 
personas a ese entorno como fuente de activos, en particular a activos en capital 
social. Desde esta óptica, cabría esperar que las personas que tienen inserciones 
estables en el mercado de trabajo y/o alta participación en sindicatos, iglesias, 
partidos políticos, asociaciones deportivas, entre otros, respondan más a las 
expectativas sobre su comportamiento que surgen en esas instituciones, que 
a las que surgen en su vecindario. Y que, en el otro extremo, aquellos con 
trayectorias laborales inestables y con escasa o nula participación institucional 
estén más abiertos a las influencias que actúan en el entorno de sus viviendas. 
En algunos casos, sin embargo, el nivel de dramatismo de problemas 
locales que afectan a todo el vecindario hace que la susceptibilidad colectiva 
al medio circundante sea prácticamente inevitable. Una zona inundable, 
por ejemplo, define límites geográficos donde ocurren desastres que 
afectan a todos sus residentes y que favorecen el surgimiento de lazos en 
torno a problemas compartidos. Lo mismo puede decirse de fronteras que 
circunscriben carencia en la infraestructura barrial, en las oportunidades 
locales de empleo, en los niveles de inseguridad, o en la insuficiencia del 
transporte y de los servicios generales. La conciencia de compartir fronteras 
territoriales con los vecinos también puede imponerse desde fuera de las 
zonas de residencia, como cuando los empleadores evitan contratar personas 
que habitan en barrios estigmatizados. 
Nótese finalmente que todos los índices mencionados en el acápite 5 
probablemente asuman valores diferentes, según la escala geográfica que se 
utilice para definir el entorno geográfico significativo para los residentes24. En 
síntesis, como regla general, el investigador deberá formular una definición 
operacional de la escala geográfica, tomando en cuenta las ventajas y 
desventajas de distintos límites para los propósitos analíticos de su estudio 
y las características de los datos disponibles25.
24 El barrio amurallado de clase media que se establece en las cercanías de barrios pobres es uno de los 
fenómenos sociales que plantea con mayor nitidez la importancia de tomar en cuenta la escala geográfica 
para el estudio de los procesos de segregación residencial.
25 Las fuentes principales de información disponible son los censos y las encuestas oficiales de hogares. 
El reconocimiento de las limitaciones de los datos disponibles muchas veces cuestiona el nivel de 
profundidad al que es conveniente llevar la discusión teórica y metodológica sobre las ventajas y 
desventajas de distintas escalas de agregación geográfica, sin poner en riesgo los “enganches mínimos” 
con los referentes empíricos que proveen esas fuentes. En general, la información de los censos tiene la 
ventaja de permitir la comparación de características de unidades poblacionales de muy baja agregación 
territorial, y la desventaja de una cobertura temática insuficiente para probar buena parte de las hipótesis 
sobre la segregación residencial que ya circulan en la literatura. Para estos mismos propósitos, algunas 
de las encuestas de hogares de los países de la región presentan la ventaja, por un lado, de la mayor 
frecuencia de su levantamiento y la consiguiente disponibilidad de información oportuna. Por otro, la 
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7. Principales determinantes de la segregación residencial 
socioeconómica y posibles indicadores
Los niveles de segregación residencial socioeconómica responden a una 
configuración de determinantes, y cada uno de ellos asume valores y pesos 
relativos diferentes en las distintas ciudades. 
Son factores históricos (ej., la inercia de patrones tradicionales de 
asentamiento territorial de las clases en las ciudades); culturales (ej., la 
naturaleza más jerárquica o más igualitaria de las relaciones entre “los de 
arriba” y “los de abajo”; la importancia que asignan las clases medias y altas 
al espacio como símbolo de figuración social; el celo con el que preservan las 
fronteras de su sociabilidad); topográficos (ej., el carácter más plano o más 
cerril de la geografía urbana); sociales (ej., la significación de los procesos 
de movilidad ascendente o descendente en cada ciudad); demográficos 
(ej., la fecundidad diferencial de las clases; el ritmo de las migraciones y 
el nivel de calificación de los migrantes hacia la ciudad e intraurbanas); 
económicos (ej., evolución de los precios medios del suelo urbano y de su 
dispersión; cambios en la estructura productiva de la ciudad y en su mercado 
laboral; nivel de desigualdad en la distribución de los ingresos de los hogares); 
políticos (ej., existencia de subsidios de alquileres y de avales públicos para 
compra y/o arriendo de viviendas; peso relativo de la vivienda social en 
las soluciones habitacionales para las clases populares urbanas; nivel de 
tolerancia política y administrativa a la ocupación de tierras y a la presencia 
de formas precarias de tenencia).
Las formas y los niveles de la segregación residencial están fuertemente 
determinados por la inercia de las características que han asumido esos 
mismos procesos en el pasado de la ciudad, lo que se ajusta al tipo de 
trayectorias que de modo convencional se denominan de alta path dependency.
8. Consecuencias de la segregación residencial sobre la cohesión 
social en las ciudades. Posibles indicadores
En una relación dialéctica donde las piezas del sistema funcionan 
alternativamente como causas y como efectos, la segregación espacial y el 
aislamiento físico entre las clases traban la creación y el funcionamiento 
de los mecanismos que sirven de base a la cohesión social en las ciudades. 
 de su mayor cobertura temática y potencial analítico. Su mayor desventaja radica en las dificultades 
para identificar, con adecuada representatividad estadística, características de la población al nivel de 
desagregación territorial que requiere esta clase de estudios. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
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De hecho, la frecuencia y la calidad de los contactos entre miembros 
de distintas clases son directamente proporcionales a la disposición a 
colaborar entre sí, y a la exposición a oportunidades para la construcción 
de patrones de negociación de conflictos. Por el contrario, el aislamiento 
físico incrementa las probabilidades de que cada clase elabore perfiles 
imaginarios de las otras con independencia de las virtudes intrínsecas 
de sus miembros. Cuanto mayor el nivel de aislamiento entre las clases 
y su extensión temporal, más rígidos serán los estereotipos mutuos y las 
dificultades para su modificación. 
Las actitudes y motivaciones que subyacen a esas disposiciones son 
distintas en las clases, lo que hace conveniente discutirlas por separado. 
a) Segregación residencial y comportamientos de las clases medias 
que afectan la cohesión social
El aislamiento físico favorece el desarrollo de contenidos mentales 
que inciden en la contribución que pueden hacer las clases medias a la salud 
del tejido social de la ciudad. Nos referimos en particular a los umbrales de 
tolerancia a la desigualdad y a la pobreza, a los sentimientos de obligación 
moral hacia otros, y al temor a la proximidad de los sectores populares. 
La noción de tolerancia a la desigualdad ayuda a comprender la 
estabilidad de algunos indicadores de inequidad social26. Se trata de 
estructuras mentales profundas que disponen a las personas a contribuir a 
la activación de mecanismos homeostáticos, toda vez que los indicadores 
de desigualdad y/o pobreza sobrepasan cierto nivel27. Tales disposiciones 
pueden traducirse en comportamientos distintos, desde apoyos electorales 
a iniciativas dirigidas a proteger a los más débiles y mantener la calidad 
de los servicios de cobertura universal, hasta la aceptación de mayores 
impuestos como forma de apuntalar medidas redistributivas28, 29. La aversión 
26 En un estudio que compara datos entre países y en el tiempo de distribución del ingreso, se señala que 
la desigualdad del ingreso es relativamente estable en los países y en el tiempo, en marcado contraste 
con el comportamiento de las tasas de crecimiento del PIB, que sí cambian con rapidez y se caracterizan 
por una persistencia muy escasa (Liu, Squire y Zou, 1995).
27 Por mecanismos homeostáticos se entiende un conjunto de fenómenos de autorregulación conducentes 
al mantenimiento de una relativa constancia en las propiedades y composición del medio interno de 
un organismo.
28 Como argumenta Barry, la conformidad con altos impuestos, al tiempo que permite elevar la calidad de 
las prestaciones colectivas, reduce los recursos disponibles de los grupos de mayores ingresos para 
invertir en la adquisición privada de los servicios, todo lo cual desalienta la deserción de los espacios 
públicos (Barry, 1998:23).
29 Ciertamente la contribución de las clases medias y altas al mantenimiento de los espacios públicos 
que posibilitan la interacción interclases no descansa solamente en su aversión a la desigualdad. 
También interviene el temor a las externalidades que suelen acompañar el deterioro del bienestar de
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a la desigualdad también puede activar mecanismos de autocontrol en el 
consumo de las clases medias, sobre todo en productos o servicios cuyo uso 
establece diferenciales irritantes y fácilmente visibles con las otras clases30.
La aversión a la desigualdad y los sentimientos de obligación moral de 
los sectores medios hacia “los que tienen menos” se apoyan básicamente en 
la capacidad de colocarse en su situación (empatía). La segregación residencial 
dificulta la generación y la renovación de esas capacidades, dado que la base 
estructural de las mismas es la frecuencia de contactos informales entre 
personas de distinta condición socioeconómica. 
Otro sentimiento importante, que es causa y consecuencia del 
distanciamiento de las clases medias con los estratos populares, es el temor 
al contacto. El aislamiento físico parece operar en la génesis de ese temor 
por dos vías distintas: como condición que favorece el desconocimiento 
mutuo y como condición que favorece el surgimiento en las clases bajas 
de comportamientos disruptivos del orden social y que las clases medias 
consideran amenazantes. 
En el primer caso, el fenómeno central es la dificultad para comprender 
los códigos de comunicación que los sectores populares desarrollan en el 
aislamiento de sus fronteras territoriales. Las limitaciones en la comunicación 
producen inseguridad y desconfianza, las que, a su vez, acentúan las 
características amenazantes del otro y generan temores. 
En el segundo caso, lo principal es el retraimiento de las clases medias 
ante la expansión de comportamientos anómicos (drogadicción, violencia, 
delincuencia y marginalidad) que suelen emerger como correlatos disruptivos 
de la pobreza concentrada y segregada. 
En suma, el aislamiento alimenta el temor y el temor alimenta el 
aislamiento, en un movimiento de espiral que sin duda contribuye a la 
tendencia actual de las clases medias a alejarse de los barrios populares, 
a residir en vecindarios de composición social homogénea, y/o a tomar 
medidas de protección en sus lugares de residencia. 
 las mayorías, tales como la inestabilidad política, al descenso de la legitimidad de las instituciones 
(y la consecuente dificultad de las elites para movilizar la voluntad colectiva en apoyo a proyectos 
de cambio) y, cada vez más, a las consecuencias de la inseguridad pública sobre la calidad de sus 
propias condiciones de vida. 
30 Los países de poco tamaño y de alta homogeneidad cultural crean ámbitos de cercanías que tienden a 
inhibir el despegue de las elites, a medida que la comunidad tiene una mayor capacidad para sancionar 
a aquellos que se apartan demasiado de los hábitos y estilos de vida de las mayorías. 
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b) Segregación residencial y comportamientos de los sectores 
populares urbanos que afectan la cohesión social
En cuanto a los sectores populares urbanos, el aislamiento geográfico 
reduce por varias vías la disposición general a la cooperación y a la 
negociación ordenada de conflictos con las otras clases. Entre esas vías, se 
pueden mencionar la escasez de oportunidades de aprendizaje de los códigos 
de comunicación de otras clases, los resentimientos asociados a la frustración 
de expectativas de participación material y simbólica en la sociedad y sus 
dificultades para constituirse como actores colectivos eficientes. 
Los dos primeros factores se han discutido en acápites anteriores. 
El tercer factor (las dificultades para constituirse como actores colectivos 
eficientes) es una variable central para comprender la contribución que 
pueden hacer las clases populares segregadas a la construcción de patrones 
de convivencia en la desigualdad y de reglas para la solución ordenada de 
conflictos. Por esto, vale la pena dedicar algunas reflexiones a la posibilidad 
de que el vecindario se constituya en una fuente importante de identidades 
y lazos de integración social. 
c) El territorio como fuente de identidad y lazos 
de integración social
Gran parte de las experiencias exitosas de construcción urbana 
de patrones de convivencia en la desigualdad ha tenido que ver con la 
constitución de actores colectivos, que representan y articulan los intereses 
de porciones importantes de las clases populares, cuyos exponentes 
principales son los sindicatos obreros. En la actualidad, la experiencia 
cotidiana de muchos de los trabajadores de baja calificación les indica que el 
mundo del trabajo ha dejado de operar para ellos como el canal privilegiado 
de integración social, lo que los fuerza a buscar espacios alternativos 
para construir su identidad, para integrarse a su comunidad y para tener 
experiencias concretas de ejercicio de sus derechos ciudadanos. 
Si bien para aquellos que perdieron (o nunca tuvieron) espacios 
regulares de sociabilidad e interacción en el mundo del trabajo, el lugar de 
residencia podría constituir uno de los pocos ámbitos alternativos desde 
donde construir identidades y sentidos de pertenencia comunitaria, parece 
ser que para que eso ocurra se tienen que dar algunas de las condiciones 
que exponemos a continuación.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
77
La primera tiene que ver con el carácter voluntario o involuntario 
de la residencia en determinado barrio. Hay varias consideraciones que 
prestan razonabilidad a la idea de que los pobres procuran voluntariamente 
vivir entre pobres. Una de ellas afirma que, en ciudades marcadas por las 
diferencias de clase, es comprensible que la población de menores recursos 
prefiera vivir en espacios donde el despliegue de sus hábitos y costumbres 
no los exponga a la estigmatización o a miradas despectivas de otras clases, 
donde sientan libertad para manifestarse con espontaneidad y mostrarse ante 
sus iguales como ingeniosos, atractivos y divertidos (Charlesworth, 2000). 
Otro argumento se refiere específicamente a los pobres que comparten 
orígenes étnicos, raciales o de origen regional o nacional, y afirma que estos 
prefieren habitar en los lugares donde están radicados sus pares atraídos 
por la facilidad de los contactos, por la comunidad de tradiciones culturales 
y estilos de vida y, en muchos casos, por la posibilidad de integrarse a redes 
que funcionan como fuentes de capital social relevante para su inserción en 
el mercado laboral. Un tercer argumento a favor de esta preferencia tiene 
que ver con la proximidad a los lugares de trabajo, y el deseo de estar cerca 
de los compañeros de tareas, factores que parecen haber tenido mucho que 
ver con la experiencia fabril y la constitución de barrios obreros. 
La segunda condición, para que los barrios pobres puedan constituirse 
en fuentes de identidad y pertenencia, es que aquellos que comparten un 
área habitacional tengan el deseo de construir capital social con sus vecinos 
y dispongan de los recursos para hacerlo. El capital social suele localizarse 
en redes de reciprocidades cuyos miembros regulan su comportamiento 
por normas que definen el modo como se respetan derechos y se cumplen 
obligaciones. En barrios con una alta homogeneidad en la pobreza se 
encuentran numerosos ejemplos de organizaciones locales que, habiendo 
surgido para resolver problemas específicos que aquejan a una mayoría de 
vecinos, una vez constituidas como redes sociales facilitan el planteamiento 
de nuevas metas colectivas y la movilización hacia su logro. 
Un problema común que enfrentan estos argumentos es que los 
recursos que necesita una persona para elegir su lugar de residencia, o 
para contribuir al mantenimiento de redes de reciprocidad, son justamente 
aquellos que se obtienen a través de vínculos estables con el mundo del 
trabajo. Aquellos que sufren problemas recurrentes de desempleo, o solo 
acceden a empleos informales, dispondrán de márgenes estrechos para 
optar entre alternativas residenciales, o para construir y mantener redes 
de reciprocidad. 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
78
En síntesis, los mismos rasgos de la nueva pobreza urbana hacen 
difícil que en los vecindarios donde se concentra emerjan algunas de las 
características virtuosas para el desarrollo de sentimientos de identidad y 
pertenencia. Porque, paradójicamente, una de las condiciones que hace 
viable a la comunidad local como plataforma para esa función es el tipo 
de vínculos que establecen sus vecinos con el mundo del trabajo31. Por eso 
los procesos de desindustrialización no provocan una revitalización de las 
instituciones comunales en los barrios populares urbanos, sino más bien 
su decaimiento. 
En el cuadro II.3 se presenta una amplia gama de dimensiones y de 
indicadores de segregación residencial. Al igual que en los casos anteriores, 
la incorporación de esta problemática a modelos multidimensionales de 
explicación de la cohesión social requiere disponer de una “lista corta”. Para 
eso se sugieren los dos indicadores siguientes: 
• Análisisdevariancia. Permite comparar las diferencias entre las 
variaciones en la composición social dentro y entre las unidades de 
agregación territorial en la ciudad. El nivel de segregación residencial 
es directamente proporcional a la homogeneidad en la composición 
social de los barrios (comunas, segmentos censales, entre otros), y a 
la heterogeneidad entre los barrios (comunas, segmentos censales, 
entre otros).
• Índicede clustering (LISAoMoran). Este índice añade al 
anterior información sobre la amplitud geográfica de la segregación 
residencial. 
E. Comentarios finales
Poner a prueba las relaciones entre niveles y tipos de segmentaciones en 
las ciudades y la disposición de sus habitantes a participar activamente en 
la construcción de patrones de colaboración y negociación pacífica de 
conflictos es una tarea altamente compleja. Por un lado, porque tanto los 
tipos de segmentación como la cohesión social son todavía nociones que no 
alcanzan la madurez de los conceptos, esto es, de fenómenos con causas y 
consecuencias únicas. Por otro, porque no resulta fácil identificar y probar los 
hipotéticos mecanismos microsociales que conectan estos dos fenómenos.
31 Un ejemplo excelente de la dinámica que se activa en este género de procesos se encuentra en la película 
argentina, Luna de Avellaneda. Avellaneda es un barrio del Gran Buenos Aires en donde se experimentó 
un fuerte proceso de industrialización. La película relata la relación entre la desindustrialización de la zona 
y el colapso de un club de barrio. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
79
 Q Cuadro II.3   
Sugerencias de indicadores de segregación residencial 
en clave de cohesión social urbana
Naturaleza Determinantes Consecuencias sobre la cohesión social
Dimensiones de la distribución 
territorial de una categoría de 
población. Índices de:
• Disimilitud (Duncan)
• Exposición
• Análisis de Variancia.
• Concentración
• Clustering (Moran y LISA)
• Porcentaje de población en 
asentamientos precarios en el total 
de pobres y en el total de población.
• Aplicación de índices de 
segregación a la distribución 
territorial de asentamientos 
precarios.
• Porcentaje de estratos 
socioeconómicos medios en 
condominios cerrados, con respecto 
al total de NES medios y al total de 
población de la ciudad.
• Aplicación de índices de 
segregación a la distribución 
territorial de barrios cerrados. 
• Indicadores históricos referidos a la 
antigüedad de la segregación residencial en la 
ciudad.
• Indicadores cualitativos de la importancia 
relativa de las jerarquías o las igualdades en la 
interacción entre desiguales.
• Indicadores sobre la significación que tienen 
para las clases medias y altas los lugares de 
residencia como símbolo de figuración social. 
• Indicadores sobre el celo con que las clases 
medias y altas preservan las fronteras de su 
sociabilidad (requerimientos para el ingreso a 
determinados clubes).
• Indicadores topográficos sobre la geografía de 
la ciudad.
• Índices de movilidad social. Tendencias 
generales.
• Tasas diferenciales de fecundidad entre las 
clases.
• Ritmo de crecimiento urbano.
• Contribución de las migraciones al crecimiento 
urbano.
• Nivel de calificación media de los inmigrantes.
• Evolución de los precios del suelo. Media y 
dispersiones.
• Composición sectorial de la fuerza de trabajo.
• Nivel de desigualdad en los ingresos de los 
hogares.
• Indicadores de calidad de los subsidios y 
avales para arriendos y compras de viviendas. 
• Indicadores del peso relativo de la vivienda 
social en las soluciones habitacionales para 
los pobres.
• Indicadores del nivel de tolerancia política y 
administrativa a la ocupación de tierra y la 
tenencia precaria.
• Asociación entre niveles de segregación 
residencial y niveles de segmentación laboral 
entre ciudades. 
• Asociación entre niveles de segregación 
residencial y niveles de segmentación 
educativa entre ciudades.
• Opiniones sobre nivel de comprensión de los 
códigos de comunicación de otras clases.
• Niveles de confianza con respecto a los 
miembros de otras clases.
• Niveles de tolerancia a la desigualdad y a la 
pobreza en sectores medios y altos.
• Sentimientos de los sectores medios y altos 
con respecto a la responsabilidad moral hacia 
“los de abajo”.
• Sentimientos de temor entre clases y dentro 
de las clases.
• Rigidez de las imágenes de una clase sobre 
la otra (todos, la mayoría, algunos, pocos). 
Estigmas.
• Peso relativo de los comportamientos 
disruptivos del orden social en las clases 
(drogadicción, delincuencia, marginalidad). 
• Indicadores de niveles de eficacia normativa 
en barrios populares (graffiti, basurales en 
las calles, artefactos públicos y/o privados, 
deteriorados o rotos, relaciones entre adultos y 
jóvenes, control de las calles).
• Nivel de malestar entre las clases populares. 
Indicadores de anomia. 
Fuente: Elaboración propia.
La ambigüedad conceptual se refleja en las dificultades para elaborar 
instrumentos idóneos de medición, mientras que los resultados de la 
aplicación de instrumentos que no son idóneos aporta a la confusión en 
el nivel conceptual. En rigor, las ciencias sociales parecen enredadas en 
las complejidades que supone el análisis de las transformaciones en las 
distintas dimensiones que conforman la estructura social de las ciudades. 
La mejor estrategia en estos casos parece ser tratar de dibujar el perfil del 
rompecabezas, utilizando para ello hipotesis de trabajo sobre las direcciones 
causales entre los elementos. En un artículo reciente, De Hoyos y Lustig 
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Capítulo II La dimensión espacial de la cohesión social en América Latina
80
(2009) enfrentan problemas similares con la construcción de un modelo que 
incorpore variables en distintos niveles y esferas de acción, y que dé una 
explicación eficiente a los cambios en las desigualdades en la distribución 
del ingreso y en la pobreza. Los autores dicen: “En la práctica ese tipo de 
modelo no existe y posiblemente nunca existirá. Por eso, el conocimiento 
integral de un tema –en contraste con el que se centra en contestar preguntas 
cada vez más específicas– se va construyendo como un rompecabezas, 
con el agravante de ausencia de piezas y que las piezas existentes no todas 
provienen de la misma fuente y encajan de manera perfecta. Si continuamos 
con la metáfora del rompezabezas, nos tenemos que preguntar con qué 
piezas contamos y cuáles están menos cubiertas por la investigación vigente”. 
Aun a riesgo de simplificar gruesamente estos procesos, mi impresión es 
que el hecho históricamente inédito para las oportunidades de construcción 
de convivencia en la desigualdad, en las ciudades, resulta de la combinación 
de tres tendencias. Cada uno de ellas pudo estar presente en algún momento 
de la historia de las ciudades, pero su convergencia es lo que plantea un 
escenario significativamente diferente para las posibilidades de construcción 
de patrones estables de convivencia urbana. 
1. La deserción de los estratos medios del ámbito de 
los servicios públicos
La salud del tejido social de las ciudades y el funcionamiento de los 
mecanismos de solidaridad social suelen resistir el aislamiento de la elite de la 
sociedad, la que, por otra parte, siempre ha recurrido a alternativas privadas 
de provisión de servicios. En cambio, las rupturas en el tejido social se hacen 
rápidamente visibles allí en donde una masa importante de las clases medias 
deserta de los servicios públicos.
2. La debilidad de los vínculos de los estratos bajos con el 
mercado de trabajo y su concentración en 
determinados barrios 
La concentración espacial de hogares con graves privaciones materiales 
y escasas esperanzas de alcanzar logros significativos mediante el trabajo 
favorece la germinación de los elementos más disruptivos de la pobreza. 
Aquellos que cuentan con recursos para alejarse de esos vecindarios lo harán, 
por lo que la interacción estará crecientemente limitada a vecinos cuyas 
habilidades, hábitos y estilos de vida están más asociados al fracaso que al 
éxito, y cuyas redes se mostrarán ineficaces para proporcionar contactos 
o información relevante sobre empleos y oportunidades de capacitación. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
81
La misma inestabilidad laboral y de ingresos dificulta la creación y el 
mantenimiento de instituciones locales que puedan ejercer ciertos controles 
informales básicos. Los niños y jóvenes carecen de exposición y de contactos 
con modelos de rol, esto es, con personas que se mueven bien en los círculos 
sociales y económicos principales de la ciudad. 
3. El crecimiento de las expectativas de los sectores populares 
urbanos con respecto al pleno ejercicio de sus derechos 
de ciudadanía
Un rasgo explosivo de esta situación es que en paralelo con el avance de 
los procesos de debilitamiento de los vínculos con el mercado de trabajo, 
de las segmentaciones en los servicios y segregaciones en el espacio, las 
fuentes de producción y reproducción de aspiraciones no han dejado de 
funcionar. La cobertura de la educación y de los medios de comunicación 
crece, mientras la globalización y la consolidación de la democracia electoral 
amplía día a día el volumen de población expuesta a discursos que generan 
expectativas de acceso pleno a derechos sociales, cuyo ejercicio efectivo 
la experiencia cotidiana se encarga de negar. Todo ello transforma los 
barrios de la nueva pobreza urbana en focos arquetípicos de anomia, cuya 
presencia contribuye fuertemente a la erosión de la calidad de las relaciones 
sociales en las ciudades. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
85
Capítulo III
Instituciones, bienestar y cohesión social: 
indicadores para caracterizar 
su funcionalidad
Rodrigo Arim, Andrea Vigorito
A. Introducción
Una preocupación permanente de la Comisión Económica para América 
Latina y el Caribe (CEPAL) ha sido la construcción de una visión del 
desarrollo que trascienda el crecimiento económico y siente sus bases sobre 
principios rectores de equidad e integración social. Pese a los esfuerzos 
y progresos recientes, la región no ha logrado ubicarse en una senda de 
crecimiento sostenido con equidad. Esta dificultad, que Fajnzylber (1992) 
caracterizó como el problema del “casillero vacío” en América Latina, 
constituye un desafío medular que obliga a incorporar en forma sistemática 
al problema de la desigualdad y su vinculación con las características de las 
estructuras sociales y productivas, como uno de los ejes articuladores de las 
estrategias de desarrollo. 
Más allá de la discusión normativa derivada de lo anterior, desde 
comienzos de la década de los noventa, la literatura económica comenzó 
a destacar la desigualdad y, más ampliamente, la cohesión social como 
condicionantes de los procesos de crecimiento. Las sociedades más 
desiguales se encuentran propensas a la presencia de conflictos crónicos, 
y limitan las posibilidades de inversión en el capital humano de amplios 
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
86
contingentes sociales. El alto nivel de desigualdad constituye en sí una 
barrera para el desarrollo. 
Desde una perspectiva más amplia, la CEPAL viene desarrollando un 
programa de investigación con el objetivo de incorporar la cohesión social 
como un componente de la agenda para el desarrollo. En este se reconoce 
que la cohesión social requiere principios de cooperación y de comunicación, 
necesarios para la generación de espacios sociales de interacción funcionales 
para los procesos de desarrollo. Los altos niveles de desigualdad socavan las 
bases materiales de la interacción social, pero también el funcionamiento de 
las instituciones constituye un aspecto medular para la vida social. 
No obstante, el concepto de cohesión social dista de encontrarse 
consensuado en los medios académicos y políticos. La CEPAL (2007) se 
aproxima a la noción de cohesión social como la interacción dialéctica 
entre los mecanismos de inclusión y exclusión social, y las respuestas y 
percepciones de la ciudadanía sobre el modo como estos mecanismos operan. 
Este enfoque permite establecer puentes analíticos entre aspectos que suelen 
abordarse aisladamente, como la equidad (entendida en un sentido amplio), 
la legitimidad política, los valores de solidaridad y cooperación, las políticas 
sociales, los ámbitos institucionales, entre otros. La perspectiva establece que 
la vinculación entre estos aspectos es esencialmente dialéctica y sistémica: 
no hay relaciones de causalidad unidireccionales, sino que su configuración 
debe comprenderse desde una mirada articulada e integral. 
Para incorporar la cohesión social como parte de una concepción 
sistémica del desarrollo se requiere construir sistemas de indicadores 
que permitan monitorear el avance comparado en esta dimensión. En 
principio, el sistema debe establecer estándares mínimos, anclados en 
esferas seleccionadas que aseguren funcionamientos sociales básicos. A su 
vez, en tanto que la cohesión social presupone normativamente el logro de 
desempeños básicos, se necesario que el sistema de indicadores identifique la 
presencia de patrones de discriminación y exclusión. Por último, un sistema 
de esta naturaleza debe identificar el papel de las políticas públicas como 
sostén del bienestar y la cohesión social. 
En el espíritu de los indicadores de Laeken, construidos por la Unión 
Europea, la CEPAL ha propuesto un primer juego de indicadores articulados 
para monitorear la cohesión social en la región, como parte de un proceso 
tendiente a definir un sistema de indicadores coherente y capaz de funcionar 
como soporte para la evaluación comparada de la cohesión en la región 
(CEPAL, 2007). Este artículo se enmarca en este programa. Su objetivo 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
87
es realizar una propuesta que sustente el diseño de un subconjunto de 
indicadores para capturar el componente institucional de la cohesión social. 
En un sentido amplio, el acceso al bienestar descansa en el vínculo 
entre las distintas instituciones sociales en donde las personas acceden 
a los diversos componentes de la calidad de vida. En particular, en la 
literatura se reconocen los hogares, los mercados y el Estado como espacios 
institucionales medulares en el acceso al bienestar. La articulación y la 
complementación de estas instancias constituyen un determinante central 
del bienestar y la cohesión social. Desde una mirada centrada en las políticas 
públicas, los indicadores deben capturar la forma como el Estado es capaz 
de incidir en esta configuración institucional, adquiriendo relevancia la 
caracterización de los regímenes de bienestar en función de su incidencia 
sobre la cohesión social. 
En este artículo se hace una propuesta inicial de un conjunto de 
indicadores que permita el seguimiento del grado de articulación entre las 
distintas esferas institucionales implicadas en la provisión del bienestar social. 
Para ello, primero se realiza una breve discusión sobre los mecanismos 
institucionales de provisión y su articulación (sección B). En la sección 
C se discuten las vinculaciones entre los regímenes de bienestar y la 
cohesión social, entendida en el marco analítico propuesto por la CEPAL. 
Posteriormente se discuten las dificultades para aislar el papel específico de 
cada ámbito institucional y su interacción en la provisión del bienestar social, 
y como soporte de la cohesión social (sección D). Por último, se presentan 
los indicadores propuestos (sección E). 
B. Instituciones y bienestar social
Barr (1998) reconoce cinco formas posibles de provisión de bienestar: 
i) el mercado; ii); el bienestar ocupacional; iii) provisión voluntaria a través 
de redes y formas no mercantiles de intercambio; iv) provisión privada a 
través de acciones que suavizan el ingreso en el ciclo de vida y posibles 
contingencias, y v) políticas públicas de transferencias monetarias o en 
especie (bienes y servicios).
La principal fuente de bienestar en las economías modernas proviene 
de los recursos que los ciudadanos obtienen en los mercados, sobre todo 
laborales. El funcionamiento de los mercados determina la capacidad de las 
personas de integrarse a la vida laboral y obtener un ingreso que pueda 
transformar en fines valorables para ella y su entorno. Algunos hogares 
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
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obtienen, además, recursos provenientes de otros mercados a partir de 
su dotación privada de activos físicos y financieros. A su vez, el proceso 
de formación de precios condiciona la capacidad de acceso a bienes y 
servicios privados. Difícilmente pueda sobredimensionarse la importancia 
de esta fuente en las economías modernas. El funcionamiento global de la 
economía y las características de la dinámica de los mercados constituyen 
un determinante de primer orden de la calidad de vida. 
Sin embargo, la importancia del ámbito laboral no se reduce 
exclusivamente a su condición de proveedor de ingresos. Muchas empresas, 
ya sea voluntaria o compulsivamente como consecuencia de marcos 
normativos que así lo exigen, brindan a sus empleados servicios que inciden 
en su bienestar presente o futuro (sistemas de cuidado infantil, programas de 
salud, programas de pensiones complementarias, entre otros). La relevancia 
de estas formas de bienestar ocupacional varía fuertemente según las sociedades, 
aunque es claro que en los países desarrollados es donde se observa un 
mayor desarrollo relativo. 
En tercer lugar, buena parte del bienestar que alcanzan las personas 
descansa en relaciones comunitarias o solidarias (provisión voluntaria). 
Típicamente, las familias actúan como un mecanismo de provisión de 
bienestar, distribuyendo recursos de distinta naturaleza y asignando roles 
que inciden en el bienestar relativo de sus miembros. En particular, las 
transferencias intergeneracionales dentro de las familias inciden en la calidad 
de vida en distintas etapas vitales. Sin embargo, la provisión voluntaria no 
se agota en las relaciones familiares y abarca otras relaciones solidarias o 
de cooperación.
En cuarto lugar, el bienestar es el resultante de las decisiones que toman 
las personas para distribuir el riesgo que enfrentan ellas y/o sus familias, a 
lo largo de su ciclo de vida, por medio de diversos mecanismos de mercado, 
como son las decisiones de ahorro y acumulación de activos, la contratación 
de seguros de vida o de retiro, entre otros (provisión privada). 
Por último, las políticas públicas proveen directamente a los ciudadanos 
de bienes y servicios básicos (educación, salud, vivienda, alimentos) 
y mecanismos de sostenimiento de los ingresos mediante sistemas de 
protección contributivos y no contributivos. En este marco, también se 
suelen incorporar otros servicios sociales menos abarcadores, como las 
políticas activas de empleo o los dispositivos de atención a poblaciones en 
situación de vulnerabilidad extrema (personas en situación de calle, niños 
huérfanos, políticas de atención asociadas a catástrofes naturales, entre otros). 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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Se observa que no se puede definir una relación unívoca entre estas 
fuentes del bienestar y el accionar de los distintos ámbitos institucionales 
(familias, mercados y Estado). De hecho, las características de la provisión 
privada, tanto dentro del hogar como a través de mecanismos mercantiles, 
dependen crucialmente del accionar del Estado. Los mercados no operan 
en el vacío institucional, sino que se encuentran influenciados por marcos 
reguladores que inciden en la asignación de recursos, la determinación de 
los precios relativos de bienes y servicios, el nivel de empleo y la estructura 
salarial, entre otros. La distribución de recursos en el hogar y la asignación del 
tiempo de sus integrantes a distintas tareas dependen de las reglamentaciones 
vigentes sobre licencias pagas por maternidad y paternidad, la cobertura del 
sistema de pensiones, las características de los sistemas educativos centrados 
en la infancia, entre otros. En muchos países, a nivel individual o de rama, 
las empresas se encuentran legalmente obligadas a solventar servicios de 
distinta naturaleza a sus trabajadores, y estos están conscientes de participar 
en esquemas de aseguramiento para el momento de su retiro de la vida 
laboral o su atención sanitaria. 
Tampoco se puede asumir que el Estado sea como el determinante 
último de la provisión privada. La institucionalidad pública se configura a 
partir de procesos políticos que se apoyan en las características de la sociedad. 
Las sociedades menos integradas pueden desarrollar políticas públicas menos 
abarcadoras, y ciertos grupos se encuentran en mejores condiciones para 
“capturar” el accionar del Estado. En la región existen diversos ejemplos de 
países en donde las políticas públicas muestran sesgos regresivos y no logran 
alcanzar a los sectores con más carencias. En ese sentido, la economía política 
alerta sobre el riesgo de pensar el Estado como un agente independiente, capaz 
de diseñar las políticas exclusivamente sobre criterios de equidad y eficiencia. 
El efecto final de las políticas públicas sobre el nivel y la distribución 
del bienestar dependerá de la configuración emergente del accionar del 
Estado sobre cada uno de estos ámbitos. Una valoración sobre el papel del 
Estado como mecanismo de promoción de fines deseables (reducción de 
la pobreza, justicia distributiva, cohesión social, crecimiento económico) 
presupone analizar la interacción del Estado con cada uno de estos ámbitos, 
caracterizando la configuración emergente en términos de la provisión 
privada (familias y mercados) y pública. Así, la discusión precedente señala 
que los tres ámbitos institucionales no actúan en forma independiente.
En distintos trabajos académicos se ha intentado caracterizar las 
sociedades modernas en función de las características que asume la 
articulación entre las instituciones mercado, familias y Estado, en la provisión 
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
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de bienestar. La clasificación más influyente en la literatura de los Estados 
de Bienestar ha sido desarrollada por Esping-Andersen (1990, 1996), quien 
utiliza las diferencias en la serie de dispositivos institucionales políticos, 
económicos y sociales como criterio demarcatorio de diferentes regímenes de 
bienestar. Las instituciones públicas que integran los Estados de Bienestar se 
caracterizan en función de tres dimensiones: i) relaciones Estado-mercado; 
ii) grado de estratificación o de universalismo en el acceso a derechos; 
iii) grado de mercantilización en el acceso a las dimensiones constituyentes 
de la calidad de vida o de bienestar. 
Los regímenes distintos inciden en la distribución del bienestar y en 
el grado de cohesión social. Las sociedades más cohesionadas se apoyan 
en arreglos institucionales en donde el Estado logra reducir las brechas de 
logros provenientes del sector privado. 
En la posguerra, las sociedades capitalistas más avanzadas consolidaron 
los denominados “Estados de Bienestar”, concepto que hace referencia a 
la articulación de una amplia y abarcadora gama de políticas de protección 
social, tendientes a reducir la exposición de los ciudadanos a la vulnerabilidad 
social, asegurar la cobertura ante diversos riesgos contingentes, o el acceso 
a bienes y servicios básicos. En términos más generales, en la génesis de 
las políticas que conforman los Estados de Bienestar (sobre todo en los 
países cuya configuración se afianzó sobre criterios de universalismo y 
amplia cobertura) subyace la preocupación por fomentar la equidad y la 
cohesión social.
Sin embargo, la noción de Estado de Bienestar es difusa. No existe 
una definición consensuada sobre qué implica y cuáles son sus funciones 
específicas. De hecho, suele referenciar el conjunto de políticas tendientes a 
asegurar a los ciudadanos funcionamientos básicos1, tales como el acceso a recursos 
mediante transferencias monetarias (contributivas y no contributivas) o en 
especie; el acceso al conocimiento por medio de la educación, el derecho a la 
atención de su salud o a una vivienda digna, entre otros. En otros términos, su 
papel es asegurar a los individuos alcanzar un estándar de vida básico acorde 
al estadio de desarrollo específico de su sociedad de la que forma parte.
A su vez, los Estados de Bienestar, en tanto que son construcción social, 
constituyen configuraciones emergentes de procesos históricos diversos, 
que moldearon arreglos institucionales y diseños de política (conjuntos 
1 En este texto se utiliza la expresión funcionamientos en el sentido que le ha dado Amartya Sen en su 
enfoque evaluativo sobre el bienestar. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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de beneficios prestados, canales de acceso a los mismos, mecanismos 
de financiamiento) relativamente heterogéneos. Por supuesto, sobre el 
trasfondo de dicha diversidad se pueden detectar algunos rasgos centrales 
que caracterizan la presencia de un Estado de Bienestar, y que ameritan su 
tratamiento como una categoría específica. 
En las sociedades de Occidente existe cierto acuerdo básico 
sobre los fines específicos que debe perseguir el Estado de Bienestar, 
independientemente de las políticas utilizadas para alcanzarlos. En primer 
lugar, su finalidad central es evitar situaciones de pobreza extrema, 
asegurando que el estándar de vida de los ciudadanos no caiga por debajo 
de cierto umbral considerado socialmente inaceptable. En segundo lugar, 
las políticas bienestaristas deben apoyar a las personas para protegerse contra 
riesgos contingentes que enfrentan a lo largo de su vida, típicamente 
desempleo, enfermedad o la dificultad creciente para generar su propio flujo 
de ingresos a edad avanzada. En tercer lugar, y en un plano más general, una 
finalidad medular es alcanzar una distribución del ingreso y la riqueza más 
equitativa que la que emergería en el contexto de una economía de mercado 
que opere sin intervenciones estatales, constituyéndose en el principal canal a 
través del cual la acción del Estado fomenta la integración y la cohesión social. 
El propósito específico de este subconjunto de políticas estatales 
(asegurar un bienestar básico independiente de las circunstancias que 
enfrentan los individuos) pone de relieve que su diseño debe basarse en 
criterios de justicia distributiva y de equidad. En esencia, en una economía 
de mercado el Estado actúa como un dispositivo que redistribuye recursos 
generados hacia los grupos identificados a priori como más vulnerables2.
C. Regímenes de bienestar y cohesión social
La preocupación por la cohesión social en el diseño de las políticas públicas 
orientadas al bienestar es patente en el proceso de integración de Europa. 
En 1997, el Consejo Europeo identificó la cohesión social como un objetivo 
central, y en 2000 el mismo órgano, reunido en Niza, acordó diseñar 
un sistema de indicadores para monitorear la inclusión social, el cual se 
implementó oficialmente en la reunión de Laeken, de 2001.
2 No obstante, las políticas que engloba la noción de Estado de Bienestar no se justifican exclusivamente 
en argumentos de corte normativo. Existen también sólidas razones fundadas en la eficiencia económica 
que justifican el diseño y la implementación de instituciones públicas sólidas, que corrijan ineficiencias de 
los mercados, sobre todo en áreas como las de educación, salud, vivienda o pensiones (Snower, 1993).
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
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El diseño de las políticas públicas debería basarse en una apreciación 
del desempeño de los distintos espacios institucionales y de la capacidad de 
los individuos de acceder a funcionamientos básicos, a través de la esfera 
privada (familia y mercados). Si se pretende reducir las brechas en aspectos 
centrales de la vida social, las políticas públicas adquieren una relevancia 
central en países, como los de América Latina, en donde la distribución 
privada de los recursos y el propio acceso a las instituciones públicas es 
profundamente inequitativa. El monitoreo de la capacidad de los Estados 
de actuar en esta dirección requiere la construcción de un sistema adecuado 
de indicadores, capaz de integrarse a una matriz más amplia que capte la 
dinámica de la cohesión en la región. 
Se pueden construir indicadores que cuantifiquen el papel específico de 
estos ámbitos, pero su evaluación requiere marcos normativos en los que se especifique 
un patrón deseable de provisión. Así, los enfoques que parten de la premisa de que 
los individuos o las familias son responsables primordiales de proveerse de 
bienestar, aceptarán que las políticas públicas cubran la necesidad de aquellas 
que no logran hacerse de los recursos a través de sus propios miembros o a 
partir de las relaciones de solidaridad intergeneracionales dentro del hogar. 
Si los hogares son capaces de proveer recursos a los adultos mayores, no es 
deseable la intervención del Estado que debería cubrir los requerimientos 
mínimos de aquellos que no cuentan con otros mecanismos de provisión. 
Esta visión residual del Estado contrasta con otras aproximaciones 
normativas que consideran, por ejemplo, que el sostén de los adultos 
mayores es un problema de la sociedad en su conjunto, y que dejar librada 
la protección a las familias constituye un mecanismo de reproducción de la 
pobreza, puesto que el peso de dicha responsabilidad depende crucialmente 
de la dotación de activos en los adultos jóvenes3.
Obsérvese que la vinculación entre Estado de Bienestar y cohesión 
social depende del marco normativo subyacente en las políticas públicas. 
Cuanto más cercano resulta el diseño del régimen de bienestar al paradigma 
residual, menos funcionará como un mecanismo para promover la cohesión 
social, en tanto se asume que la distribución de los recursos sociales se 
determina en la esfera privada. En contraste, las políticas universalistas se 
fundamentan en la necesidad de construir una base de bienestar común 
a todos los ciudadanos como fundamento de una sociedad integrada que 
3 Por cierto, además de justificaciones normativas, existen razones de eficiencia que justifican el diseño de 
sistemas de seguridad social (p. ej., véanse los trabajos de Feldstein y Liebman, 2002 o de Modigliani 
y Muralidhar, 2005).
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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asegure estándares vitales mínimos. Además, de conformidad con los 
procesos, los esquemas universales requieren que el Estado implemente 
mecanismos fuertes de redistribución, lo que implica institucionalizar la 
solidaridad como valor social, solidaridad que exige de transferencias desde 
los estratos más beneficiados hacia los menos favorecidos.
Importa tener presente que parte de la justificación normativa que 
apoyó el diseño de los Estados de Bienestar más generosos en Europa, 
luego de la Posguerra, se vincula en la necesidad de reconstruir los lazos 
de solidaridad y cimentar la ciudadanía como concepto político y social. 
Por tanto, la cohesión social, en sus dos vertientes de equidad material 
y sentido de pertenencia político y societario, se encuentra fuertemente 
entroncada en las justificaciones de los Estados de Bienestar. Como expresó 
T.H. Marshall, en 1950, los derechos civiles y políticos tienen un sentido 
plenamente democrático, solo si son complementados con el ejercicio de 
derechos sociales básicos. El sentido de pertenencia y equidad que sustentan 
las sociedades integradas requiere la consolidación y la articulación de la 
democracia y de un Estado de Bienestar que aseguren el cumplimiento de 
esos derechos básicos (Esping-Andersen, 2003).
Sin embargo, la definición de un criterio normativo para valorar la 
incidencia de las instituciones del bienestar sobre la cohesión social debe 
complementarse con una evaluación del grado de pertinencia e idoneidad. 
Una matriz de políticas públicas consolidada en ciertos contextos históricos 
pudo constituir una pieza clave en la promoción del bienestar y la cohesión 
social, en esa realidad específica, pero podría dejar de resultar funcional a 
tal objetivo ante fuertes cambios en el contexto social y económico donde 
opera. En otros términos, aun cuando el régimen se diseñara bajo criterios 
universalistas de promoción del bienestar, el devenir histórico puede socavar 
la capacidad de sostén de la cohesión social de las instituciones públicas. 
En efecto, el debate contemporáneo en los países desarrollados señala 
de manera sistemática la pérdida de funcionalidad de las políticas públicas en 
este plano. Los Estados del Bienestar se sustentaron en los supuestos de una 
familia nuclear relativamente estable y capaz de proveer de bienestar a sus 
miembros a lo largo del ciclo vital, y de una economía que funcionaba bajo el 
paradigma del pleno empleo. Los cambios demográficos (envejecimiento de 
la población, inestabilidad de los arreglos familiares), culturales (cambios en 
los roles de género) y económicos (competencia global, desindustrialización, 
cambios tecnológicos, entre otros) no solamente resquebrajaron el soporte 
que aseguraba la viabilidad económica de las políticas bienestaristas de 
posguerra, sino también su capacidad para promover la cohesión social. Así, 
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
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instituciones estatales cada vez más onerosas no aseguran niveles estables 
de cohesión (Hemerijck, 2002).
Tanto en el plano institucional (grado de consolidación de los Estados 
de Bienestar) como en el plano demográfico y económico, la realidad de 
América Latina difiere de la de los países desarrollados. Los Estados de 
Bienestar en la región suelen caracterizarse como incompletos, en tanto no 
han logrado consolidar esquemas de prestaciones universales e importantes 
contingentes no participan, o lo hacen marginalmente, de sus beneficios. 
Si bien la falta de institucionalidad constituye una limitante para avanzar 
en la construcción de políticas que promuevan la cohesión, también puede 
constituir una ventaja relativa. Las estructuras institucionales son difíciles de 
transformar y los problemas de economía política plantean serios desafíos 
a los procesos de reforma. La región, que tiene una asignatura pendiente 
en términos de protección social como sustento de la cohesión, tiene la 
oportunidad de plantearse su diseño a partir de la distribución del riesgo 
social que emerge de las nuevas condiciones económicas que caracterizan su 
inserción en el mundo. A su vez, la estructura demográfica continúa siendo 
joven, aunque se observan cambios significativos en los arreglos familiares, 
por lo que también debería aprovechar este bono demográfico para diseñar 
instituciones que fomenten la cohesión y resulten sustentables durante la 
trayectoria demográfica venidera. 
Si los componentes centrales de la cohesión social son el sentido de 
pertenencia y la equidad, la articulación entre las tres esferas prioritarias 
de provisión (Estado, mercados y familias) resultará funcional a dicho 
objetivo, siempre y cuando promuevan la equidad y las instituciones logren 
asegurar una amplia participación en su seno. Las sociedades en donde 
el Estado cumple un papel residual tienden a fragmentar la capacidad de 
acceso a bienes y servicios básicos (los hogares con mayores recursos los 
adquieren en los mercados y los más pobres, en instituciones diseñadas para 
su atención exclusiva) y, por ende, resquebrajan el sentido de pertenencia, 
porque la propia pertenencia institucional se encuentra fragmentada. Por 
cierto, esto no significa que las políticas focalizadas sean disfuncionales a 
la cohesión social. Si su objetivo es promover la equidad, asegurando el 
acceso de los sectores pobres a servicios básicos, su instrumentación puede 
resultar funcional al logro de mayor cohesión. El problema parece surgir en 
la medida en que su implementación implique una fuerte segmentación y 
especialización en la provisión, lo cual puede acarrear consecuencias nocivas 
sobre la cohesión social. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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Si bien el objetivo de este trabajo no se encuentra en discutir las reformas 
necesarias para que las políticas públicas actúen como motor de la cohesión, 
la discusión precedente pone de manifiesto que un sistema de indicadores 
requiere explicitar marcos normativos para evaluar la funcionalidad de 
las políticas públicas en el contexto social y político, desde una óptica de 
cohesión social, sustancialmente más amplia que las perspectivas centradas 
solo en la reducción de la pobreza. 
D. Hogares, mercados y Estado: dificultades metodológicas 
para caracterizar su interacción
Caracterizar el papel y el grado de articulación de los distintos ámbitos 
institucionales en la provisión del bienestar social no constituye una tarea 
sencilla. Parte de las dificultades proviene de las verificaciones realizadas 
antes, en el sentido de que el papel de la esfera privada (familias y mercados) 
y el Estado no son eventos independientes, y que se requiere un marco 
normativo para establecer patrones deseables de generación del bienestar 
en los tres ámbitos institucionales. 
Una segunda dificultad para demarcar el papel específico de los 
distintos ámbitos proviene de la diversidad de modalidades de provisión 
y financiamiento público. En algunos casos, el sector público actúa como 
oferente directo de servicios, sin exigir contrapartida monetaria específica, 
como es el caso de la mayoría de los sistemas educativos públicos para la 
infancia y la adolescencia (provisión pública con fondos del Tesoro). Otros 
servicios son financiados por el Estado, pero prestados por el sector privado 
(ej., los esquemas de subsidio para acceso a la salud) o alternativamente 
los beneficiarios reciben recursos públicos para que ellos seleccionen un 
proveedor. Asimismo, existen arreglos institucionales donde el Estado obliga 
a la contratación entre privados para asegurar cobertura en algunas áreas 
(ej., los sistemas de pensiones de capitalización individual obligatorios), sin 
que medie financiamiento público4.
A su vez, los instrumentos de política pública utilizados para asegurar 
fines de bienestar social también son diversos. Siguiendo a Barr (1992), se 
pueden clasificar en cuatro grandes grupos: i) Regulación pública; ii) Subsidio 
a los precios; iii) Transferencias de ingresos, y iv) Producción pública. 
4 En estos casos extremos, las erogaciones asociadas con la implementación de la política no entran en 
la contabilidad del gasto público. 
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
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La regulación actúa sobre el funcionamiento de los mercados, ya sea 
controlando precios (ej., políticas de salarios mínimos), cantidades (grupos 
poblacionales y empresas obligados a cotizar en esquemas de aseguramiento) 
o calidad (ej., marcos regulatorios de sanidad alimenticia). Los subsidios 
a los precios a ciertos bienes pueden ser universales o condicionados a la 
pertenencia a ciertos grupos sociales. Las transferencias de recursos pueden 
estar asociadas nominalmente a cierto tipo de gastos (ej., instrumentos 
diseñados para la adquisición exclusiva de alimentos), o ser de libre uso por 
parte del beneficiario (ej., transferencias monetarias). Obsérvese que estos 
tres instrumentos actúan sobre la restricción presupuestaria de las personas 
y sobre los precios relativos, pero no eliminan el mercado como mecanismo 
de provisión. En contraste, los instrumentos de provisión pública implican 
que el Estado asume la función de oferente, en algunos casos monopólico, 
de ciertos servicios. La dificultad estriba en cómo asignar roles específicos 
a la esfera privada (familias y mercados) y pública, dado que la provisión 
puede materializarse a través de relaciones entre privados pero condicionadas 
por marcos legales. Dimensionar la importancia del Estado de Bienestar y 
sus efectos requiere criterios de inclusión o exclusión de todas o algunas de 
estas modalidades de provisión, e instrumentos de intervención en el núcleo 
de políticas bienestaristas5.
Una tercera dificultad radica en la presencia de fuertes limitaciones de 
información para caracterizar estos procesos. En particular, una correcta 
aproximación al papel de las familias como proveedoras de bienestar requiere 
información sobre la asignación, dentro de los hogares, de los recursos y 
activos que los mismos obtienen. Esta dificultad es sobre todo relevante en 
algunas dimensiones de la calidad de vida. Por ejemplo, al evaluar el acceso 
a los recursos, la variable observada generalmente es el monto de ingresos 
que perciben los hogares a través de diversos canales. En la mayoría de 
los estudios sobre desigualdad se asume que los recursos que perciben los 
hogares se distribuyen en forma equitativa entre sus integrantes, en tanto que 
la variable focal suele ser el ingreso por persona o el ingreso ajustado por 
escalas de equivalencia. Esto implica suponer que cada persona participa en la 
distribución de los recursos dentro del hogar en forma homogénea, cuando 
el ingreso se define en términos per cápita, o en función de las necesidades 
de los miembros del hogar (si se opera con escalas de equivalencia). 
5 En realidad, la ambigüedad en la definición de los límites del Estado como proveedor de bienestar es 
más profunda. Prácticamente toda la serie de políticas públicas afectan en el nivel y distribución del 
bienestar. Es indiscutible que las políticas ambientales, urbanísticas o de seguridad pública constituyen 
un determinante relevante del bienestar, por lo que los criterios para clasificar las diversas áreas de 
accionar del Estado distan de ser obvios. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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No obstante, por razones vinculadas a la reproducción de ciertas 
normas y costumbres sociales o a la presencia de diferenciales de poder en 
el uso de los recursos entre los integrantes de un hogar, este supuesto dista 
de ser un punto de partida natural para el análisis. Así, en la literatura se 
coincide en que el supuesto de distribución equitativa dentro de los hogares 
no tiene sustento empírico. Los miembros de un hogar no disfrutan en la 
misma proporción ni de los recursos ni de los funcionamientos obtenidos a 
partir de los mismos (Burton y otros, 2007)6. En todo caso, también se debe 
considerar que la información sobre el proceso de asignación intrahogar 
es escasa, puesto que las encuestas de hogares no suelen relevar en forma 
sistemática esta dimensión, y aun cuando se diseñen instrumentos estadísticos 
específicos en esta área, la capacidad de captación de desigualdades de esta 
naturaleza es limitada. 
Además, a veces las limitaciones de información imposibilitan aislar 
la provisión familiar y la provisión a través de mecanismos de mercado. Se 
puede calibrar la cuantía relativa de los recursos que los hogares se apropian 
en el mercado y de los que obtienen a través de transferencias públicas, pero 
no es posible incorporar la forma como esos recursos se asignan en el hogar. 
De modo que se identificarán indicadores en dos ámbitos de generación de 
bienestar: el Estado y la esfera privada, pero no se realizarán desagregaciones 
dentro de la esfera privada, entre familias y mercados. 
E. Indicadores de funcionamiento de las instituciones7
El programa de investigación iniciado por la CEPAL implica construir un 
sistema de indicadores, capaz de caracterizar el grado de cohesión social 
en el continente, de manera que se constituya en un punto de apoyo para 
la discusión y el diseño de las políticas públicas. El objetivo de este artículo 
es proponer una primera aproximación a un conjunto de indicadores que 
permita el seguimiento del grado de articulación entre las distintas esferas 
institucionales (Estado, mercado, familia) de provisión del bienestar social que 
6 El argumento es válido también para otras dimensiones del bienestar. Por ejemplo, los cuidados dentro 
del hogar implican que ciertos miembros destinen recursos, como el tiempo a esta actividad. Identificar 
los miembros receptores y oferentes es clave para comprender cómo opera la provisión de bienestar 
en el hogar. Las encuestas de uso de tiempo brindan elementos para analizar esta situación, pero no se 
encuentran generalizadas como relevamientos periódicos en la región que permitan seguir la evolución 
de indicadores construidos a partir de ellas. 
7 En una versión previa de este trabajo, el conjunto de indicadores propuesto era sustancialmente más 
amplio. Los comentarios recibidos con ocasión del seminario regional “Alcanzando convergencias en la 
medición de la cohesión social”, organizado por la CEPAL (2009) en Santiago de Chile (31 de agosto-1 
de septiembre) nos llevaron a reducir sustancialmente el número de indicadores, en aras de la parsimonia 
del sistema, y asumiendo que su objetivo central es el monitoreo de la cohesión social en la región. 
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
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fueron someramente caracterizadas en la sección anterior. Sobre la base de la 
discusión acerca de los mecanismos de provisión de bienestar y el concepto 
de cohesión propuesto por la CEPAL se intenta construir un conjunto de 
indicadores que capturen de manera simultánea la importancia relativa de 
estas esferas, su grado de articulación, segmentación o especialización en la 
atención de diversos grupos sociodemográficos. 
Un sistema de indicadores debe cumplir un conjunto de propiedades 
básicas que faciliten su interpretación y seguimiento. Atkinson y otros (2002) 
señalan que un sistema de indicadores debe respetar ciertos principios 
básicos. Algunos de estos principios corresponden a características de los 
indicadores individuales, mientras que otros hacen referencia al “portafolio” 
de indicadores. En cuanto a los indicadores individuales, se señalan las 
propiedades siguientes:
• Identificacióndelaesenciadelproblema. Esto implica tener 
una interpretación normativa clara y aceptada. Su metodología debe 
ser comprensible por la sociedad en general.
• Robustezyvalidez. Variaciones marginales en su forma de cálculo 
no deberían modificar sustancialmente la evolución del indicador y 
debe apoyarse en información estadísticamente confiable.
• Sensibilidadalasintervencionesdepolítica. Los indicadores 
deben captar el impacto de las políticas públicas, pero a la vez no 
pueden ser manipulables fácilmente, evitando que el objetivo de 
la política se desvíe desde la atención de la sustancia del problema 
hacia la acción sobre el indicador.
• Comparabilidad. El indicador debe poder medirse en forma 
comparable entre los países integrantes del sistema de información 
y, en la medida de lo posible, debe ser comparable con estándares 
internacionales. Este principio implica que los países deberían hacer 
esfuerzos para recolectar información estadística construida sobre 
la base de marcos conceptuales comunes.
• Revisiónperiódica. Los indicadores no son estándares absolutos, 
sino que responden a ciertos estadios de desarrollo relativo. Por 
tanto, se requieren procesos de revisión periódica que adecuen los 
indicadores a los objetivos centrales en cada dimensión.
Al mismo tiempo, se señala que el sistema de indicadores en su conjunto 
debe encontrarse balanceado en términos de sus dimensiones, y que estas 
deben ser mutuamente consistentes. El sistema también debe ser transparente 
y accesible para todos los ciudadanos de la región interesados en la temática. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
99
El conjunto de indicadores propuesto más adelante intenta cumplir 
con estas propiedades. A veces, esto implica administrar una tensión entre la 
precisión y la compleción del sistema y su parsimonia. A su vez, es necesario 
tener en cuenta la disponibilidad de estadísticas en la región, asegurando un 
sistema de información en el que la mayoría de los países se encuentre en 
condiciones de participar. 
El enfoque metodológico para construir este sistema parte del sistema 
inicialmente propuesto por la CEPAL, integrado por tres componentes 
(brechas o distancias, instituciones y pertenencia) y un conjunto de factores 
que caracterizan la cohesión social en cada una de estas dimensiones (véase 
de indicadores centrado en el componente de instituciones, la discusión 
las brechas son el resultante de la interacción entre las distintas esferas de 
provisión del bienestar, resulta trascendental que el sistema de indicadores 
del funcionamiento institucional, se propone una serie de indicadores 
complementarios para el componente de brechas, centrada en los ámbitos 
de desigualdad y pobreza, educación y brecha digital. 
 ✱  
La arquitectura del sistema de indicadores de la cohesión 
social propuesto por la CEPAL
Fuente: CEPAL, Cohesión social: inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe (LC/G.2335/Rev.1) 
 
Distancia Instituciones
Indicadores:
Objetivos y subjetivos
Cuantitativos y cualitativos
Pertenencia
• Pobreza e ingresos
• Empleo
• Protección social
• Educación
• Brecha digital
• Salud
• Consumo y acceso
 a servicios
• Sist. democrático
• Estado de Derecho
• Reducción de la
 corrupción
• Justicia y seguridad
 humana
• Políticas públicas
• Instituciones del
 mercadio
• Multiculturalismo
• Capital social
• Expectativas de
 futuro
• Integración y
 afiliación social
• Valores
 prosociales
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Santiago, 2007.
Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
100
Por tanto, en esta propuesta se procede en dos etapas: i) se plantea 
un primer conjunto de indicadores que captura el papel de las instituciones 
en distintas áreas de la vida social. El énfasis se encuentra en lograr una 
caracterización del funcionamiento de las políticas públicas en cada pilar 
o componente de la cohesión social, según su cobertura y los mecanismos 
de estratificación para el acceso a sus beneficios. Estos indicadores, que 
miden el esfuerzo relativo de cada esfera institucional en la provisión del 
bienestar, se integran al componente instituciones propuesto por la CEPAL, 
y ii) se proponen indicadores complementarios, que identifican el origen 
institucional de los logros alcanzados en cada dimensión y las brechas o las 
distancias resultantes (o mejor dicho, la capacidad de las instituciones, y en 
particular de los Estados, para reducir las brechas). 
1. Indicadores del pilar institucional
Como ya se señaló, a través de los indicadores institucionales se busca captar 
el esfuerzo relativo de las esferas pública y privada (familias y mercados) en la 
provisión de bienestar y en la reducción de las brechas sociales, como soporte 
para la cohesión social. Esto implica contar con medidas que permitan: 
i) analizar el papel del sistema de protección social como mecanismo de 
acceso a recursos, en conjunto a los ingresos y otros recursos que los hogares 
obtienen como resultado de su participación en el mercado de trabajo,
ii) realizar un seguimiento del rol de las instituciones como proveedoras 
de servicios de salud, vivienda y educación (el énfasis en estas áreas no se 
encuentra en la presencia de brechas sino en la caracterización básica del 
andamiaje institucional que permite el acceso), y iii) capturar el grado de 
integración de distintos grupos demográficos en las instituciones públicas. 
2. Acceso a los recursos: Estado, mercados y familias
En el cuadro III.1 se presentan los indicadores para medir el papel del Estado 
como proveedor de ingresos. La apertura por quintil permite identificar el 
grado de estratificación y fragmentación del sistema de seguridad social, a 
lo largo de la distribución del ingreso. A su vez, se desagrega la información 
por tramos etarios (menores de 18 años, entre 19 y 64 años, mayores de 65 
años) para caracterizar la cobertura de las transferencias a lo largo del ciclo 
de vida. En la literatura se reconoce cierta dislocación en los sistemas de 
protección, originalmente centrados en la atención de las situaciones de retiro 
de la fuerza de trabajo de los adultos mayores. Sin embargo, los cambios 
en la distribución de la vulnerabilidad han llevado a que la estructura del 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
101
riesgo social se concentre más en las edades jóvenes, lo que impone nuevas 
demandas a las políticas. Así, los indicadores que señalan la presencia de 
instrumentos específicos de atención por tramos de edad y su grado de 
cobertura permiten analizar el grado de adaptación de los sistemas de 
protección a las nuevas realidades emergentes. 
En suma, los indicadores primarios propuestos pretenden reflejar 
en qué medida existe un sistema de protección social orientado a los 
sectores que presentan mayores niveles de privación, y que no acceden al 
sistema contributivo. Así, el análisis de la cobertura del sistema permite 
vislumbrar la capacidad del sistema para promover políticas que garanticen 
una mayor equidad.
Al mismo tiempo, se proponen indicadores secundarios que reflejan 
el estatus jurídico de las prestaciones contributivas y no contributivas. El 
análisis de la arquitectura legal busca descubrir en qué medida la misma 
reproduce la segregación observada en la sociedad, o procura una mayor 
integración a través de una institucionalidad única y coordinada. Conviene 
notar que la determinación de los beneficios no contributivos a partir de 
marcos regulatorios de fácil reversión ha provocado la desarticulación de 
algunas de las experiencias de transferencias no contributivas en la región, 
 Q Cuadro III.1   
Alcance del sistema de protección social: indicadores primarios
Estado
Instituciones públicas de protección social. Indicadores primarios
Total Existencia de sistema de 
prestaciones no contributivas
(SÍ, NO)
Porcentaje de hogares cubiertos 
por sistema de transferencias 
públicas no contributivas
Existencia de sistemas de 
prestaciones contributivos
(SÍ, NO)
Porcentaje de hogares cubiertos 
por sistema de transferencias 
contributivas
Apertura para quintiles 
1 y 5
Existencia de sistemas de 
prestaciones contributivas
(SÍ, NO)
Porcentaje de hogares cubiertos 
por sistema de transferencias 
contributivas
Menores de 18 Existencia de sistema de 
prestaciones no contributivas
Cobertura de cada programa en 
relación población-objetivo
Porcentaje de beneficiarios de este tipo de 
programas
Edades activas Existencia de sistema de 
prestaciones no contributivas
Cobertura de cada programa en 
relación población-objetivo
Porcentaje de beneficiarios de este tipo de 
programas
Mayores de 65 Existencia de sistema de 
prestaciones no contributivas
Cobertura de cada programa en 
relación población-objetivo
Porcentaje de beneficiarios de este tipo de 
programas
Fuente: Elaboración propia.
Nota: El indicador de cobertura coincidirá con el indicador de % de beneficiarios solo en caso de prestaciones universales para 
cada grupo etario.
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
102
por lo que el nivel jurídico en el que se asegura el derecho constituye un 
indicador de estabilidad de la política.
 Q Cuadro III.2   
Alcance del sistema de protección social: indicadores secundarios
Estado
Instituciones públicas de protección social. Indicadores secundarios
Total Estatus jurídico de los sistemas 
contributivos (Constitución, leyes, 
decisiones del Poder Ejecutivo)
Mecanismos de selección de 
beneficiarios (requisitos de aportes, 
universales, prueba de verificación de 
medios, discriminación positiva)
Gestión de los beneficios 
(Instituciones de la seguridad social, 
Ministerios, agencias públicas 
especializadas en la prestación)
Menores de 18 Estatus jurídico de los sistemas no 
contributivos (Constitución, leyes, 
decisiones del Poder Ejecutivo)
Mecanismos de selección de 
beneficiarios (requisitos de aportes, 
universales, prueba de verificación de 
medios, discriminación positiva)
Gestión de los beneficios 
(Instituciones de la seguridad social, 
Ministerios, agencias públicas 
especializadas en la prestación)
Edades activas Estatus jurídico de los sistemas no 
contributivos (Constitución, leyes, 
decisiones del Poder Ejecutivo)
Mecanismos de selección de 
beneficiarios (requisitos de aportes, 
universales, prueba de verificación de 
medios, discriminación positiva)
Gestión de los beneficios 
(Instituciones de la seguridad social, 
Ministerios, agencias públicas 
especializadas en la prestación)
Mayores de 65 Estatus jurídico de los sistemas no 
contributivos (Constitución, leyes, 
decisiones del Poder Ejecutivo)
Mecanismos de selección de 
beneficiarios (requisitos de aportes, 
universales, prueba de verificación de 
medios, discriminación positiva)
Gestión de los beneficios 
(Instituciones de la seguridad social, 
Ministerios, agencias públicas 
especializadas en la prestación)
Fuente: Elaboración propia.
Por último, se proponen indicadores tendientes a captar la importancia 
relativa de las transferencias estatales y de los recursos que los miembros 
activos del hogar obtienen en el mercado de trabajo (formal e informal). 
A su vez, se incorpora a la tasa de dependencia como una aproximación al 
grado de esfuerzo relativo que recae sobre las familias para proveer bienestar 
a sus miembros inactivos, sobre todo a niños y adultos mayores que no han 
adquirido derechos en el sistema de seguridad social (cuadro III.3). 
3. Educación, salud y vivienda
En el cuadro III.4 se presentan los indicadores propuestos para las 
dimensiones educación, salud y vivienda. Obsérvese que se pretende 
caracterizar la articulación institucional del Estado, y la esfera privada en la 
provisión y no su impacto en términos de desigualdades en los logros. Los 
indicadores complementarios que capturan las brechas y las inequidades en 
cada dimensión se especifican, siguiendo el esquema de la CEPAL (2007), 
bajo el componente distancias. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
103
 Q Cuadro III.3   
Importancia relativa del Estado, el mercado y la familia 
como mecanismos de provisión de ingresos
Estado Mercado
Familias
Primarios Secundarios
General a) Porcentaje del ingreso 
per cápita proveniente 
de transferencias 
públicas
a) Porcentaje de hogares con 
perceptores de ingresos 
provenientes del sector formal
b) Porcentaje de hogares que 
exclusivamente perciben 
ingresos provenientes del sector 
informal
Tasa de 
dependencia (*)
a) (Menores de 18 años/número de 
perceptores)
b) (Mayores de 65 años que no 
perciben pensiones/número de 
perceptores)
c) Porcentaje de adultos mayores 
de 65 años que no reciben 
pensiones
Primer quintil a) Porcentaje del ingreso 
per cápita proveniente 
de transferencias 
públicas
a) Porcentaje de hogares con 
perceptores de ingresos 
provenientes del sector formal
b) Porcentaje de hogares que 
exclusivamente perciben 
ingresos provenientes del sector 
informal
Tasa de 
dependencia (*)
a) (Menores de 18 años/número de 
perceptores)
b) (Mayores de 65 años que no 
perciben pensiones/número de 
perceptores)
c) Porcentaje de adultos mayores 
de 65 años que no reciben 
pensiones
Quinto quintil a) Porcentaje del ingreso 
per cápita proveniente 
de transferencias 
públicas
a) Porcentaje de hogares con 
perceptores de ingresos 
provenientes del sector formal
b) Porcentaje de hogares que 
exclusivamente perciben 
ingresos provenientes del sector 
informal
Tasa de 
dependencia (*)
a) (Menores de 18 años/número de 
perceptores)
b) (Mayores de 65 años que no 
perciben pensiones/número de 
perceptores)
c) Porcentaje de adultos mayores 
de 65 años que no reciben 
pensiones
Fuente: Elaboración propia.
 Q Cuadro III.4   
Indicadores institucionales vinculados al acceso a la educación, salud y vivienda
Estado Esfera privada
Educación a) Porcentaje menores entre 6 y 15 años que concurren al 
sistema educativo público
b) Porcentaje de personas entre 16 y 18 que concurren al 
sistema educativo público
c) Porcentaje de personas entre 19 y 24 años que 
concurren al sistema educativo público
a) (Gasto privado en educación primaria por alumno) / 
(gasto público en educación primaria por alumno)
b) (Gasto privado en educación primaria por alumno) / 
(gasto público en educación primaria por alumno)
Salud a) Porcentaje de personas con cobertura pública de salud
b) Porcentaje de personas con cobertura privada 
subsidiada
c) Gasto promedio per cápita en el sector público
d) Gasto promedio per cápita en el sector subsidiado
a) Porcentaje de personas con cobertura privada
b) Gasto promedio per cápita en el sector privado
Vivienda Porcentaje de crédito para vivienda otorgado por el sector 
público
Porcentaje de crédito para vivienda otorgado por el sector 
privado
Fuente: Elaboración propia.
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
104
 Q Cuadro III.5   
Indicadores de integración institucional
Primarios Secundarios
Grupos étnicos o 
raciales
(Porcentaje de grupo étnico i en el Parlamento)/
(Porcentaje de personas pertenecientes al grupo 
étnico i en la población)
a) (Porcentaje de grupo étnico i en los titulares 
del poder ejecutivo a) / (Porcentaje de personas 
pertenecientes al grupo étnico i en la población)
b) (Porcentaje de grupo étnico i en la Suprema Corte 
de Justicia)/(Porcentaje de personas pertenecientes 
al grupo étnico i en la población)
Género (Porcentaje de mujeres en el Parlamento)/(Porcentaje 
de mujeres en la población)
a) (Porcentaje de mujeres i en los titulares del Poder 
Ejecutivo)/(Porcentaje de mujeres i en la población)
b) (Porcentaje mujeres i en la Suprema Corte de 
Justicia)/(Porcentaje de mujeres i en la población)
Fuente: Elaboración propia.
a  El concepto de titulares del Poder Ejecutivo remite a la cantidad de ministros.
4. Integración institucional
Por último, mediante dos cortes sociales habitualmente utilizados, el 
género y la adscripción étnica o racial, se busca analizar en qué medida 
las instituciones públicas contemplan a estos grupos, de manera habitual 
postergados, en sus diseños, así como dar cuenta de su gravitación en las 
esferas de decisión. Recuérdese que la CEPAL propone tres componentes 
operativos del concepto de cohesión social (Distancias, Instituciones, 
Pertenencia). Los indicadores propuestos en el cuadro III.5, si bien se 
incorporan en el componente institucional en tanto hacen referencia a la 
adscripción de diferentes grupos a las instituciones públicas, se vinculan 
también con el componente de pertenencia, puesto que captan el grado de 
acceso de diferentes grupos a dichas instituciones.
Como indicador primario, se utiliza la relación entre la proporción de 
integrantes de una etnia o grupo racial en el Parlamento y la proporción de 
este grupo en la población total. Parece razonable asumir que instituciones 
que habilitan el acceso igualitario de la población presentarían índices 
cercanos a uno. A su vez, se proponen como indicadores secundarios la 
relación entre la participación en cargos ministeriales y en las cortes supremas 
de justicia, y la participación en la población total. 
5. Indicadores de capacidad institucional para reducir las brechas
Un sistema de indicadores que pretende monitorear la evolución del acceso a 
los recursos en clave de cohesión social debe contar con un énfasis claro en la 
desigualdad y la capacidad del Estado para reducirla. Se propone complementar 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
105
los indicadores base propuestos por la CEPAL con medidas que capturen 
el papel del Estado en la reducción de las brechas. Por ejemplo, se plantea 
calcular la pobreza, la brecha de pobreza, la indigencia y los indicadores de 
desigualdad, antes y después de las políticas de transferencias no contributivas 
e impuestos. Esta mirada permite captar el papel de las políticas públicas en 
la reducción de la desigualdad y la privación social (véase el cuadro III.6). 
 Q Cuadro III.6   
Indicadores de capacidad del Estado para reducir las brechas
Estado Esfera privada
Incidencia de la pobreza Pobreza después de transferencias no contributivas 
e impuestos directos
Pobreza antes de transferencias no contributivas e 
impuestos directos
Brecha de pobreza Brecha de pobreza después de transferencias no 
contributivas e impuestos directos
Brecha de pobreza antes de transferencias no 
contributivas e impuestos directos
Incidencia de la indigencia Indigencia después de transferencias no 
contributivas e impuestos directos
Indigencia antes de transferencias no contributivas 
e impuestos directos
Relación ingresos promedio 
quintil más rico/quintil más pobre
Después de transferencias no contributivas e 
impuestos directos
Antes de transferencias contributivas e impuestos 
directos
Gini Gini después de transferencias no contributivas e 
impuestos directos
Gini antes de transferencias no contributivas e 
impuestos directos
Fuente: Elaboración propia.
La atención de los miembros del hogar con requerimientos de cuidados 
es un componente importante del bienestar, tanto para los miembros 
demandantes como los posibles oferentes de cuidados en las familias. 
Una problemática en esta área es que si faltan mecanismos institucionales 
públicos de cuidado, las familias tienden a asumir casi exclusivamente dicha 
responsabilidad. En los estratos altos, el problema se resuelve generalmente 
a través de transacciones en los mercados (guarderías, casas de salud, 
contratación de servicio doméstico), mientras que en los sectores menos 
favorecidos la responsabilidad suele caer en algunos miembros en edad 
activa, en general mujeres, que dejan de desarrollar otras actividades para 
especializarse en la provisión de cuidados (véase el cuadro III.7). 
La forma de operatividad propuesta se concentra en la provisión de 
cuidados infantiles (porcentaje de niños de 5 años y menos que reciben 
cuidados en los distintos ámbitos institucionales en promedio y para los 
quintiles 1 y 5). A su vez, los problemas de cuidados asociados a los adultos 
mayores pueden captarse a través de los indicadores específicos sobre el 
alcance y la magnitud de los sistemas de pensiones planteados en el sistema 
de indicadores sobre cohesión social de la CEPAL, y también en las medidas 
de acceso a protección social planteadas en secciones previas de este trabajo.
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
106
6. Capacidad de reducción de la brecha digital
La incorporación de la brecha digital como una dimensión relevante para 
caracterizar las brechas sociales en la región es un aporte innovador de la 
CEPAL. Como indicadores complementarios al propuesto por la CEPAL 
(acceso de niños y jóvenes a un computador e Internet, en el hogar y en la escuela) se 
proponen indicadores orientados a mostrar en qué medida el Estado es 
un actor importante en la reducción de la brecha digital y el alcance de sus 
acciones en relación con el sector privado.
 Q Cuadro III.8   
Indicadores de capacidad del Estado para reducir la brecha digital
Estado Mercado Familias
General • Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras a 
través de programas públicos 
• Porcentaje de menores de 18 años 
que accede a Internet a través de 
programas públicos
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras en el 
sistema educativo privado
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a Internet en el sistema 
educativo privado
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras en el 
hogar
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a Internet en el hogar
Primer quintil • Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras a 
través de programas públicos 
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a Internet a través de 
programas públicos
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras en el 
sistema educativo privado
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a Internet en el sistema 
educativo privado
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras en el 
hogar
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a Internet en el hogar
Quinto quintil • Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras a 
través de programas públicos 
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a Internet a través de 
programas públicos
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras en el 
sistema educativo privado
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a Internet en el sistema 
educativo privado
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a computadoras en el 
hogar
• Porcentaje de menores de 18 años 
que acceden a Internet en el hogar
Fuente: Elaboración propia.
 Q Cuadro III.7   
Indicadores de capacidad del Estado para proveer cuidados
Estado Mercado Familias
General  Porcentaje de niños menores de 5 
años que concurren a instituciones 
públicas de cuidado
 Porcentaje de niños menores de 5 
años que concurren a instituciones 
privadas de cuidado
 Porcentaje de niños menores de 5 
años que no concurren a instituciones 
de cuidado
Primer quintil  Porcentaje de niños menores de 5 
años que concurren a instituciones 
públicas de cuidado en el quintil
 Porcentaje de niños menores de 5 
años que concurren a instituciones 
privadas de cuidado en el quintil
 Porcentaje de niños menores de 5 
años que no concurren a instituciones 
de cuidado en el quintil
Quinto quintil  Porcentaje de niños menores de 5 
años que concurren a instituciones 
públicas de cuidado en el quintil
 Porcentaje de niños menores de 5 
años que concurren a instituciones 
privadas de cuidado en el quintil
 Porcentaje de niños menores de 5 
años que no concurren a instituciones 
de cuidado en el quintil
Fuente: Elaboración propia.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
107
F. Conclusiones
La CEPAL se encuentra desarrollando un programa de investigación con 
el propósito de incorporar la cohesión social como componente de una 
concepción más amplia del desarrollo. En este marco, la CEPAL ha propuesto 
un primer conjunto de indicadores para monitorear la cohesión social en 
la región, como parte de un proceso que tiende a definir un sistema de 
indicadores coherente y capaz de funcionar como soporte para la evaluación 
comparada de la cohesión en la región. En este capítulo, enmarcado en este 
programa, se realiza una primera propuesta de un conjunto de indicadores 
que captura el componente institucional de la cohesión social. 
Uno de los elementos conceptuales básicos que debe ser tenido en 
cuenta al momento de analizar esta propuesta es que en ella se reconoce a los 
hogares, los mercados y el Estado como espacios institucionales medulares 
en el acceso al bienestar. Así, la articulación y la complementación de estas 
instancias constituyen un determinante central del bienestar y la cohesión 
social. Desde una mirada centrada en las políticas públicas, los indicadores 
deben capturar la forma como el Estado es capaz de incidir en esta 
configuración institucional, adquiriendo relevancia la caracterización de los 
regímenes de bienestar, en función de su incidencia sobre la cohesión social. 
De este modo, en este artículo se realizó una propuesta inicial de un 
conjunto de indicadores para el seguimiento de la articulación entre las 
distintas esferas institucionales de provisión del bienestar. La propuesta 
abarca indicadores que complementan los propuestos por la CEPAL, y que 
se orientan a caracterizar las capacidades estatales para reducir las brechas 
sociales, y otro conjunto centrado en la caracterización del funcionamiento 
de las instituciones básicas (Estado, mercados, familias) como mecanismos 
de provisión de bienestar.
Como toda propuesta primaria requiere mayor profundización, tanto en 
el plano conceptual (qué categorías adicionales habría que incorporar, cuáles 
pueden ser redundantes) como en el operativo, vinculado a la disponibilidad 
de información proveniente de los sistemas estadísticos nacionales. 
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Capítulo III Instituciones, bienestar y cohesión social: indicadores para caracterizar su funcionalidad
108
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000Cohesión social.indd   108 28/05/2010   03:19:12 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
109
Capítulo IV
Tendiendo puentes entre el desarrollo 
sostenible y la cohesión social 
Francisco Canal Albán, Rayén Quiroga Martínez 
Yosu Rodríguez Aldabe, Pauline Stockins, María Nájera
A. Introducción
Esta propuesta busca tender puentes conceptuales y empíricos entre 
cohesión social y medio ambiente en el contexto de América Latina y 
el Caribe. Constituye apenas un primer trabajo y, por tanto, es necesario 
someterlo a discusión para enriquecer las miradas tanto conceptuales como 
los posibles indicadores que se han derivado en este artículo.
Planteándose un horizonte amplio, centrado en visibilizar y avanzar en 
la comprensión de la sostenibilidad ambiental de los procesos de desarrollo 
social en la región, en este artículo se amplía y complementa el esquema 
conceptual de componentes y dimensiones del sistema de indicadores de la 
cohesión social de la CEPAL (2007).
Se resaltan algunas premisas centrales en la interrelación de lo ambiental 
con lo social, que permiten sustentar la necesidad de reconocer al patrimonio 
natural como un determinante vital de la sostenibilidad del desarrollo 
económico y social. Esto justifica explorar algunos elementos relacionados 
con lo ambiental que complementen las dimensiones y los indicadores 
utilizados en el enfoque de cohesión social de la CEPAL. 
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
110
Asimismo, se propone enfatizar la importancia de los conflictos 
socioambientales como un componente transversal que dinamiza los 
procesos y resultados de inclusión o exclusión social, incide y modifica los 
mecanismos institucionales y las formas de pertenencia que son críticas para 
la cohesión social de los países de la región.
El análisis de los diferentes componentes de la dimensión ambiental 
de la cohesión social permite, finalmente, proponer una serie de indicadores 
ambientales que intervienen directamente en la cohesión social.
B. Relaciones entre cohesión social 
y sostenibilidad ambiental
En la concepción revisada de la cohesión social de la Unión Europea se 
enfatiza el examen de los enlaces sociales e institucionales, necesarios para 
asegurar el bienestar de la sociedad en su conjunto, y se expresa el modelo 
social europeo, en cuyo marco se busca compatibilizar el crecimiento 
económico con la justicia social. Se plantea que la cohesión social consiste 
en la capacidad de una sociedad para asegurar el bienestar de todos sus 
miembros, minimizando las disparidades y evitando la polarización (Comité 
Europeo para la Cohesión Social, 2004).
Desde una mirada regional, y siguiendo lo planteado por la CEPAL 
(2007), se puede entender la cohesión social como la dialéctica entre 
los mecanismos institucionales de inclusión-exclusión y las respuestas y 
percepciones de los actores. La cohesión social, definida así, permite la 
identificación de tres componentes que se interrelacionan para generar 
procesos y resultados específicos de cohesión. Estos componentes son: 
i) las distancias o brechas; ii) los mecanismos institucionales de inclusión/ 
exclusión, y iii) el sentido de pertenencia. Las relaciones entre estos tres 
componentes pueden establecerse en múltiples direcciones y variar a lo 
largo del tiempo y en diferentes contextos.
En América Latina y el Caribe cobran relevancia las políticas de cohesión 
social en las agendas gubernamentales, dinamizando la construcción de 
significados conceptuales y mecanismos de medición de la cohesión social, 
según la especificidad y la particularidad regional, fase en donde la discusión 
sobre las bases ecológicas y ecosistémicas del proceso de desarrollo social 
adquiere una importancia vital.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
111
Situándose en esta perspectiva, no solo es posible sino también 
necesario ampliar el horizonte conceptual de la cohesión social, integrando 
la dimensión de sostenibilidad ambiental. Lo anterior también queda 
fundamentado a la hora de mirar la propuesta del Consejo de Europa, “que 
incorpora elementos teóricos de los enfoques de derechos, capital social, 
inclusión social y protección” (CEPAL, 2007:17).
1. Sostenibilidad ambiental y cohesión social
El debate sobre lo que se entiende por sostenibilidad del desarrollo es 
amplio y rico en América Latina y el Caribe. Por las propias características 
y la diversidad ecosistémica, y debido a las dinámicas productivas, sociales 
y culturales que se verifican dentro de los territorios latinoamericanos, el 
significado de la sostenibilidad ambiental de los procesos de desarrollo 
difiere según el país, el contexto y el ámbito en donde se lleva a cabo la 
discusión; a saber: académico, gubernamental, organismos internacionales, 
organizaciones de la sociedad civil, entre otros.
En su versión más integral y compleja, el concepto de sostenibilidad del 
desarrollo es netamente relacional; es decir, implica vincular las dinámicas 
económicas (extracción de recursos, transformación, distribución, consumo, 
disposición de desechos y asentamientos humanos) con las dinámicas 
ecosistémicas (resiliencia ecológica) en las cuales se desarrollan estos procesos. 
Así, la sostenibilidad del desarrollo implica, como condición, que los 
procesos económicos insuman y desechen desde y hacia los ecosistemas, de 
una forma que: i) se conserve una determinada dotación de recursos naturales 
y calidad ambiental; ii) las intensidades y permanencias de la actividad 
permitan la restitución de los ecosistemas para garantizar su potencial actual 
y en el tiempo, y iii) se garantice el mantenimiento del patrimonio natural, 
la biodiversidad y la producción de los servicios ambientales a lo largo del 
tiempo. 
La sostenibilidad de las dinámicas sociales y económicas que resultan 
en determinados grados de cohesión social, se vincula a la capacidad del 
medio ambiente para sostener las condiciones necesarias para el desarrollo 
en el mediano y largo plazo. Así, subyace a las nociones analíticamente 
distinguibles de desarrollo sostenible y sostenibilidad del desarrollo la 
idea de que un proceso de desarrollo pueda mantenerse a lo largo del 
tiempo, preservando la integridad de los ecosistemas y la existencia de 
las otras especies.
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
112
La comparación entre extracción/reposición y producción de desechos/ 
absorción entraña desafíos analíticos y epistemológicos considerables, toda 
vez que su adecuada descripción y su aplicación, en el campo de las políticas 
sistémicas, multidisciplinarias y dinámicas, capaces de abarcar la creciente 
complejidad de varios sistemas (el económico, el social, el ecológico), que 
además discurren en permanente interacción y cambio.
Asumiendo esta complejidad, cabe decir que la sostenibilidad del 
proceso de desarrollo en cualquier localidad o territorio estaría determinada 
por una serie de condiciones de sostenibilidad (relación entre magnitudes o 
intensidades, entre extracción/resiliencia y emisión de residuos/absorción-
descomposición, dilución, entre otros). 
Si aplicamos esta conceptuación a la sostenibilidad del desarrollo a 
escala regional, los diagnósticos coinciden en que los principales problemas 
o las tensiones del desarrollo, en relación con las dinámicas ecosistémicas 
en la región, incluyen la sobreexplotación y el agotamiento de los recursos 
naturales (incluyendo suelos, borde costero y mares, bosques, agua dulce), 
crecientes de degradación y contaminación del aire, aguas y suelos, asociados 
a procesos industriales intensivos, junto a procesos de urbanización y 
permanencia de asentamientos humanos precarios. 
Recapitulando, la sostenibilidad, como noción, implica sostener o 
mantener a lo largo del tiempo una determinada dinámica. De ahí que 
la sostenibilidad del desarrollo (entendida como la simple expansión de 
la producción, o bien, en tanto una mejor distribución del esfuerzo y los 
frutos del proceso entre la población) implica que este sea realizado de tal 
manera que su permanencia en el tiempo pueda ser garantizada, dadas la 
disponibilidad y renovabilidad del patrimonio natural y las capacidades de 
resiliencia de los ecosistemas.
2. Medio ambiente y cohesión social: 
una aproximación integrativa
a) Premisas centrales en la interrelación de lo ambiental y lo social
Como en cualquier aproximación conceptual, es necesario explicitar  
las premisas centrales sobre las cuales se fundan las relaciones que se proponen 
entre nociones, sistemas y procesos tan amplios como son los de cohesión 
social y la sostenibilidad ambiental del desarrollo. Estas premisas son: 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
113
• Desde un enfoque sistémico, es posible plantear dos subsistemas 
que interactúan en forma permanente, modificándose mutuamente. 
En esta interacción recurrente se tiene el sistema de la naturaleza y, 
por otro, el subsistema sociedad humana, sin perjuicio de que cada 
uno fluye y se dinamiza según determinantes propios. 
• La humanidad, su organización social y su economía, constituyen 
un subsistema abierto, nutrido y limpiado por los ecosistemas que 
la sostienen, lo cual se verifica en todas las escalas, desde lo local, 
pasando por las comunas y los municipios, por las provincias, los 
países, las regiones supranacionales y el planeta como un todo. 
• El análisis distributivo de costos y beneficios derivados del uso y la 
apropiación del territorio, del espacio ambiental, y de los recursos 
tanto naturales como económicos, describe unmundo inequitativo 
que no es aceptable desde una perspectiva ética, en donde los 
que tienen más poder y mayores recursos económicos también 
dejan una huella ecológica más grande en detrimento de la calidad 
ambiental y del acceso a recursos por parte de los grupos que son 
más vulnerables.
• De ahí que abordar lo social, y en particular sus procesos 
distributivos intertemporales de los ingresos, la pobreza y el empleo, 
implica también abordar la base ecológica de sustentación de la 
producción de bienes y servicios económicos, y de su relación con 
el tejido social y los procesos humanos. 
• La cohesión social desempeña un papel central en la capacidad de 
la sociedad de intervenir y modificar los elementos necesarios para 
asegurar sostenibilidad: cuanto mayor es la cohesión social, mayores 
serán las posibilidades de socializar la información y consensuar 
políticas y acciones orientadas a preservar el patrimonio natural 
y, a su vez, se contará con mejores condiciones para enfrentar los 
fenómenos naturales o las consecuencias de las perturbaciones a 
la naturaleza provocadas por acciones antrópicas.
• Al mismo tiempo, la cohesión social requiere la preservación del 
patrimonio natural, su diversidad y el sostenimiento de la calidad 
ambiental, para garantizarse en los territorios y a través del tiempo. 
• La equidad es un elemento central de la sostenibilidad de los 
procesos humanos en el tiempo y a través de los territorios, 
esto incluye la igualdad de oportunidades y la equidad en la 
distribución de recursos y derechos a través de los territorios, 
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
114
entre los grupos humanos y sociales, entre los países, y entre las 
actuales y futuras generaciones.
• Es evidente que abordar estos elementos cobra importancia central, 
cuando se trata de la cohesión social en América Latina y el Caribe. 
En la región, sus ejes económicos y motores de desarrollo se 
basan en la explotación creciente de los recursos naturales y los 
este patrimonio. 
 ✱  
Base ecosistémica o de patrimonio natural que sostiene la cohesión social
Fuente: Elaboración propia.
b) Propuesta de modelo: relación de sostenibilidad ambiental 
y cohesión social
       En este punto se presenta una propuesta de aproximación conceptual  
que intenta relacionar los procesos de cohesión social con las dinámicas del 
medio ambiente, guardando consistencia con la propuesta de la CEPAL 
(2007) sobre cohesión social.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
115
En este modelo se vinculan la cohesión social y la sustentabilidad 
ambiental, ampliando el horizonte del desarrollo social hacia el mejoramiento 
de la calidad de vida de la población de forma sostenible, considerando que 
ambos procesos se retroalimentan de continuo. En este sentido, se puede 
considerar que si las dinámicas de los tres componentes de la cohesión social 
apuntan a incrementar esta última, los beneficios que se despliegan también 
inciden en la calidad ambiental. A su vez, una mayor sostenibilidad ambiental 
favorece la cohesión social, tal como se ha elaborado en las premisas.
En este sentido, y también en línea con las premisas del documento, 
es posible distinguir: 
• Una base ecosistémica o de patrimonio natural que sostiene las 
dinámicas, organización y procesos humanos, incluyendo la mirada 
de la cohesión social. Además, como dimensiones principales 
que es conveniente distinguir, se proponen tres componentes 
centrales para el análisis de las relaciones entre cohesión social y 
sostenibilidad ambiental. 
• Un componente de distancias o brechas en el acceso y dispo nibilidad 
a patrimonio y servicios ambientales entre los grupos sociales. 
• Un componente que reúne los aspectos institucionales y los 
mecanismos para la sostenibilidad ambiental de la cohesión social.
• Un componente de pertenencia y participación, que agrupa 
elementos respecto de la vida en los diversos territorios, los procesos 
de participación, la información ambiental y aspectos como los 
valores, las actitudes y los comportamientos proambientales.
• Finalmente, como dinámica transversal a los tres componentes, 
estrechamente relacionado con cada uno de estos y con la 
base patrimonial, se realiza una reflexión sobre los conflictos 
socioambientales como procesos y oportunidades para garantizar 
la sostenibilidad ambiental y la cohesión social. 
En el gráfico IV.2 se presenta un esquema que sintetiza la propuesta, 
donde cada componente se analiza bajo la óptica de la relación de la 
sostenibilidad ambiental con la cohesión social.
Cada uno de estos componentes y sus múltiples manifestaciones afectan 
los procesos sociales y los grados de cohesión social, tal y como se intentará 
describir en las secciones siguientes. 
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
116
c) Componentes de la sostenibilidad ambiental 
de la cohesión social
i) El patrimonio natural: soporte y envolvente de lo humano
Dentro de los componentes que facilitan la aproximación simultánea 
a lo ambiental y la cohesión social, primero se tiene la base patrimonial de 
sustentación de las sociedades humanas en su territorio; bases ecológicas 
y ecosistémicas del proceso de desarrollo social, que inciden directa e 
indirectamente en la capacidad de una sociedad de progresar con creciente 
cohesión social. Los ecosistemas contienen y soportan todo lo que ocurre 
en la capa viva del planeta, incluyendo la sociedad humana. No es posible la 
producción económica y, por tanto, no es posible la distribución del ingreso 
y de las oportunidades sin utilizar el patrimonio ambiental en cada uno de 
los territorios. Tampoco es posible pensar en mayor cohesión social si no 
se incorpora en el análisis la mirada o la dimensión del patrimonio natural y 
de los servicios ambientales que se dan por garantizados y estables, aunque 
esto último depende de los ritmos, la magnitud y la persistencia de la huella 
humana en los ecosistemas. 
 Q Gráfico IV.2   
Esquema para analizar los temas ambientales en clave de cohesión social
Fuente: Elaboración propia.
%QPHNKEVQUUQEKQCODKGPVCNGU
2CTVKEKRCEKÎP[UGPVKFQFGRGTVGPGPEKC
+PUVKVWEKQPCNKFCFCODKGPVCN[FGTGEJQUCODKGPVCNGU
2CVTKOQPKQPCVWTCN
$TGEJCUFGCEEGUQ[FKUVTKDWVKXCU
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
117
En el ámbito de la sostenibilidad del desarrollo, el actual deterioro de los 
ecosistemas y, por tanto, de los sistemas de soporte vital y de las sociedades 
constituye una pérdida de patrimonio natural y, en consecuencia, una 
disminución del potencial de gestar bienestar humano de forma responsable 
y duradera a lo largo del tiempo. El patrimonio natural es la base sine qua 
non de cualquier proceso de bienestar y cohesión social, siempre que 
consideremos el proceso de forma integral e intergeneracional.
Por lo consiguiente, la economía y su extracción, cosecha y devolución 
permanente a los ecosistemas, y sus impactos correspondientes, no pueden 
seguir creciendo infinitamente en un planeta que es finito y que está sujeto 
a determinados ritmos de reposición de los recursos naturales, de materias 
y energía que se cosechan y a determinadas capacidades de dilución, 
absorción y reciclaje de los desechos que devuelven las sociedades a su 
medio ambiente. 
• Límites al crecimiento económico y necesidad redistributiva
a escala global y nacional
La discusión sobre los límites al crecimiento económico se ha 
prolongado por décadas con distintos énfasis, en particular el argumento 
del Club de Roma sobre el agotamiento de los recursos naturales a escala 
mundial. No obstante, aunque los combustibles fósiles y otros activos del 
subsuelo son evidentemente no renovables, aún no se han agotado, si bien 
su combustión genera el calentamiento global y los costos asociados de 
esta contaminación han impulsado a los Estados desarrollados a formalizar 
un compromiso internacional para reducir las emisiones (Kioto), y los ha 
impulsado a gravar y limitar su uso, al mismo tiempo que incentivan su 
sustitución por fuentes limpias y renovables. 
Siempre han existido estos límites normativos, e incluso morales, a 
determinadas industrias y actividades, pero también existen límites a la 
pretensión (implícita o explícita) del crecimiento económico ilimitado, que 
están dados por leyes físicas de las que ninguna tecnología o ingenio humano 
pueden escapar. Tal como en el planeta impera la ley de la gravedad, por 
la termodinámica se sabe que tanto la materia como la energía en nuestro 
planeta son constantes, y de eso se dispone, junto a las demás especies, para 
resolver las necesidades y vivir vidas dignas. 
Si el quehacer humano, en cualquier arreglo societario o enfoque 
económico que organiza la producción y la distribución de la riqueza, por 
cualquier motivo excede en forma prolongada estos límites físicos y bióticos, 
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
118
se tendrá deterioro ecosistémico y mermará consecuentemente la capacidad 
de sostener dichas dinámicas económicas y sociales.
En este punto es crucial considerar que aunque la humanidad ya ha 
sobrepasado la resiliencia de algunos ecosistemas, y que en conjunto ha 
generado un agotamiento y un deterioro ambientales considerables, la 
distribución del “uso” de este espacio ambiental ha sido inequitativa entre 
los países e individuos. La huella ecológica, que mide el uso del espacio 
ambiental para viabilizar los niveles de vida, muestra que un estadounidense 
promedio tiene una de (9,4 has p/c) 3 veces mayor que la de un mexicano 
(3,4 has p/c) y más de 10 veces mayor que la de un ciudadano de India 
(0,9 has p/c).
A su vez, los países que sobreusan su propio espacio ambiental 
territorial lo están haciendo a costa de la importación de espacio ambiental 
de otros países en forma de productos y servicios ambientales, mermando 
el patrimonio ambiental de otros e hipotecando sus capacidades futuras de 
desarrollo. En un estimado grueso, si la superficie terrestre utilizable en el 
planeta se distribuyera equitativamente entre los 6.500 millones de seres 
humanos, se tendrían unas 2 has p/c para sostener la vida humana. 
• El tamaño y la intensidad sí importan
Cuando analizamos la sostenibilidad, el tamaño y la intensidad sí 
importan. El patrimonio natural y sus servicios derivados se reciclan, sus 
componentes fluyen, se reponen y evolucionan con un ritmo “natural” 
determinado, en la mayoría de los casos demasiado lento para los patrones 
de explotación de recursos prevalecientes en las sociedades. Así, el tamaño, 
la intensidad y la persistencia de las intervenciones humanas sobre 
determinados territorios y, por tanto, respecto de ciertos ecosistemas, 
y que afectan la cultura y los tejidos sociales de determinados grupos 
humanos, pueden ejercer sobre estos últimos distintos efectos y de 
diferente calibre. 
Para una comunidad local, o para la tradición cultural y cohesión social 
de una etnia o de un pueblo originario, no da lo mismo que se construya junto 
a ellos una actividad de etnoturismo social y ambientalmente responsable 
que ser invadidos todos los meses por turistas que ensucian, depredan y 
explotan todo a su paso, dejando las ganancias en operadores turísticos en 
las metrópolis. Por otro lado, un megaproyecto extractivo, en un determinado 
territorio, podría generar efectos contrapuestos sobre el tejido social y la 
calidad de los ecosistemas. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
119
ii) Componente 1: brechas socioambientales
Es necesario analizar las inequidades que existen entre los distintos 
grupos de población en relación con el patrimonio natural y los servicios 
ambientales, y la relación de estas inequidades con respecto al proceso de 
cohesión social.
El nivel de bienestar de la población está íntimamente relacionado con 
las condiciones ambientales de su lugar de residencia, y con la disponibilidad 
y el acceso a recursos naturales y servicios ambientales. Así, las inequidades 
socioambientales se presentan al existir desequilibrios en la distribución 
territorial de la población y una distribución dispar de los recursos y servicios 
ambientales entre distintos territorios y grupos de población. Por otro lado, 
la inequidad socioambiental se relaciona también con el impacto diferencial 
de la degradación ambiental sobre grupos sociales definidos por clase, edad, 
etnia y género, todo lo cual se relaciona con la persistencia de inequidades 
entre grupos sociales que por su nivel económico sobreconsumen y 
generan contaminación en forma desproporcionada, y otros grupos que 
son mayormente impactados por estas acciones.
Las brechas socioambientales se pueden identificar y analizar atendiendo 
a distintas categorías, por ejemplo, entre las generaciones actuales y futuras, 
entre distintas zonas geopolíticas, entre diferentes continentes, países, 
municipios, cuencas o ecosistemas, y se producen también entre las zonas 
urbanas y rurales, entre diferentes urbes, y dentro de cada uno de los 
asentamientos humanos. Como es evidente, estas formas de mirar la inequidad 
se interconectan e interpelan mutuamente con gran complejidad.
Como se observa en el cuadro IV.1, es posible organizar la mirada sobre 
las distancias socioambientales en su relación con los elementos constitutivos 
de la cohesión social, atendiendo al menos a cuatro grandes ejes.
Como se evidencia, pensar en cualquier combinación de ejes y 
categorías analíticas implica necesariamente el concurso de varias otras que 
hacen más completo, pero también más complejo, describir la existencia de 
distancias socioambientales. 
Un primer enfoque territorial implicaría considerar las inequidades 
desde el punto de vista espacial, lo que los habitantes de un territorio tienen o 
sufren, respecto del acceso que corresponde a las personas de otro territorio. 
Se podrían considerar así los países desarrollados respecto de los que están 
en vía de desarrollo, lo urbano respecto de lo rural, o los municipios más 
ricos respecto de los más pobres dentro de un mismo país.
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
120
Un segundo enfoque requiere concentrarse más bien en términos del 
objeto analítico, o respecto de las categorías centrales en las que se verifica 
el acceso, analizando, por tanto, los problemas de inequidad de acceso a 
elementos del patrimonio natural, tales como los recursos naturales, el 
territorio seguro, los servicios ambientales, entre otros.
Otra posible mirada implica analizar las brechas de uso y disfrute 
de lo ambiental por parte de las generaciones pasadas, actuales y futuras, 
construyendo una mirada intertemporal que alude a grupos humanos 
ya no solamente mirados con la perspectiva de inequidad social, sino 
incorporando en forma simultánea la inequidad intergeneracional derivada 
de las consideraciones de las necesidades presentes, por encima de lo que 
requerirán los ciudadanos que vendrán en diez o veinte años más. 
Finalmente, el análisis podría también abordarse desde los diferentes 
grupos sociales afectados por las inequidades o por las brechas socio-
ambientales.
• Discusión de algunas brechas socioambientales 
Dado que las distancias y las inequidades se verifican superponiendo de 
forma simultánea los ejes, las categorías y sus correspondientes temáticas u 
objetos centrales, así como las variables de tiempo y espacio, a continuación 
se esboza una panorámica breve sobre las principales inequidades o las 
 Q Cuadro IV.1   
Organización de las distancias socioambientales
Ejes Categorías Ejemplos de contrastes para establecer distancias socioambientales entre:
Eje escalar Escalas de análisis:
Global
Regional
Subnacional
Países desarrollados – países en desarrollo
Subregiones y países
Urbano-rural
Interurbano (por ejemplo, entre barrios)
Municipios
Eje temporal Intergeneracional Generaciones presentes – generaciones futuras
Eje objeto Acceso, uso y disfrute que realizan 
distintas categorías analíticas 
respecto de: 
Elementos constitutivos de la relación entre la sociedad y el patrimonio y servicios 
ambientales: 
Patrimonio natural
Servicios ambientales
Contaminación
Infraestructura y servicios básicos (agua, saneamiento, electrificación, salud, 
entre otros)
Eje grupo social Género
Etnia
Grupos socioeconómicos
Hombres – mujeres
Indígenas y afrodescendientes – resto de la población
Mayores ingresos – menores ingresos (más vulnerables)
Fuente: Elaboración propia.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
121
distancias en el acceso de las personas al disfrute del patrimonio natural y 
los servicios ambientales, en función de los posibles núcleos de problemas 
que son relevantes para los países de América Latina y el Caribe (ALC). 
– Las brechas respecto de los recursos y los servicios ambientales
Las brechas respecto de los recursos y los servicios ambientales 
persistenya que, por un lado, las personas con más recursos económicos 
hacen un uso desproporcionado e insostenible de los recursos del patrimonio 
ambiental, con la generación de los consecuentes pasivos ambientales. Por 
otro lado, la pérdida de la capacidad de los ecosistemas para generar servicios 
ambientales contribuye a profundizar la brecha entre los grupos sociales, 
estimulando la conflictividad de las comunidades y comprometiendo la 
cohesión social. La pérdida en cantidad y calidad de servicios ambientales, 
tales como mantenimiento de los ciclos hídricos, regulación del clima, 
dilución de contaminantes, entre otros, afecta de manera diferenciada a 
los grupos de la población, lo que se traduce en la profundización de la 
exclusión de los estratos más vulnerables al derecho a un medio ambiente 
productivo y seguro.
Las manifestaciones de la inequidad, tanto en las fuentes como en los 
recipientes del impacto ambiental en todos los territorios, se acumulan y ya 
son evidentes. Lo mismo se ha manifestado en los diagnósticos de medio 
ambiente y sostenibilidad en la región, y cada vez se destaca con más fuerza 
en América Latina y el Caribe la pérdida de hábitat y biodiversidad, así como 
el sobreuso y la degradación de recursos naturales vitales para la economía 
actual y futura, como son los bosques, los suelos, el agua, los recursos del 
borde costero y la biomasa pesquera. 
Las disparidades en el acceso y el consumo de recursos naturales se 
presentan también dentro de la región, como sucede, por ejemplo, con la 
distribución inequitativa del agua entre países y dentro de los territorios de 
estos últimos. América Latina y el Caribe, una región rica en agua, representan 
el 15% de la superficie de tierras del planeta, tienen alrededor del 10% de 
la población mundial y cerca del 40% de reserva de agua dulce del mundo 
(FAO, 2009). Sin embargo, existen marcadas diferencias en la dotación de 
agua y en su disponibilidad.
– Las brechas en la exposición a riesgos ambientales
El concepto de riesgo lleva consigo implícita la noción de inequidad. 
Esto se debe a que el riesgo involucra tanto la amenaza como la vulnerabilidad 
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
122
frente a dicha amenaza. Mientras que la amenaza es un factor producido 
por fenómenos ambientales tanto naturales (lluvias, terremotos, entre otros) 
como antropogénicos (derrames químicos, rompimiento de diques, entre 
otros), o por una concatenación de diversos amenazas (Lavell, Allan y 
otros, 2007), la vulnerabilidad se refiere a las condiciones en las que 
vive una población determinada, y es el resultado de decisiones sociales, 
vinculadas a su vez con la desigualdad, y con las condiciones de un territorio 
y sus instituciones1.
En este sentido, si bien todos los grupos socioeconómicos en los 
distintos países están expuestos a amenazas naturales, los países más 
ricos y los grupos de mayores ingresos logran tomar medidas e invertir 
en mecanismos que les permitan reducir su vulnerabilidad y, por tanto, 
están menos expuestos a los riesgos. Los riesgos naturales afectan también 
a terrenos frágiles de las zonas urbanas, lugares que habitualmente son 
habitados por poblaciones de bajos recursos. 
Por otro lado, al incorporar la noción de vulnerabilidad como 
componente del riesgo, se confiere responsabilidad a la sociedad frente a 
la ocurrencia de desastres; por tanto, se habla de desastres socionaturales o 
autoproducidos por la sociedad. 
– Las brechas en el acceso a un medio ambiente sano
La existencia de brechas de acceso y disponibilidad de un medio 
ambiente sano, libre de contaminación, se refiere a la inequitativa 
distribución territorial y social del impacto, o a la afección producida por 
los contaminantes y residuos en función de las características sociales y 
económicas de las poblaciones en sus asentamientos humanos. Se pueden 
hacer análisis según los diferentes tipos de contaminación del aire, del agua 
y por desechos sólidos.
– Las brechas relacionadas con el cambio climático
En el último siglo, el ritmo de las variaciones climáticas se ha acelerado 
de manera radical, a tal grado que ya afecta la vida planetaria, pero no solo 
de las generaciones actuales, sino también de las futuras. La principal causa 
de esta agudización es el aumento de las emisiones de gases de efecto 
1 Wilches-Chaux (1993) habla de una “vulnerabilidad global” que es la conjunción de la vulnerabilidad 
social, institucional, cultural, física, localizacional, política, física y económica, entre otros aspectos; sin 
embargo, desde la perspectiva que se vea, la vulnerabilidad siempre es producto de las condiciones de 
una sociedad y, por lo tanto, de la intervención humana.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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invernadero provocado sobre todo por las sociedades industrializadas y su 
intensa y prolongada huella de carbono.
Los países desarrollados aportan alrededor del 70% de las emisiones 
por la quema de combustibles fósiles. Por su parte, América Latina y el 
Caribe continúan aumentando sus emisiones de carbono per cápita, con 
altibajos ligados fundamentalmente a las variaciones del crecimiento de 
países en desarrollo. De todas formas, cabe destacar que en 2000, las 
emisiones fueron todavía muy inferiores a las de los países desarrollados 
(CEPAL, 2005).
No obstante ser responsable por una mínima parte de la emisiones 
de carbono, el cambio climático ya está afectando a muchos países, 
con enormes repercusiones socioeconómicas y afectaciones a la salud 
y el bienestar de los seres humanos. La productividad de la tierra está 
disminuyendo y la degradación y la desertización aumentan, las biomasas 
pesqueras cambian sus ciclos habituales, los ecosistemas marinos están 
siendo modificados por el aumento de las temperaturas, y el nivel medio 
del mar aumenta y afecta el turismo y el borde costero de los pequeños 
estados insulares en la región. 
– Las distancias socioambientales urbano-rurales e interurbanas
Las disparidades ambientales urbano-rurales se manifiestan sobre 
todo en el acceso desigual a servicios ambientales, como el aire limpio, o de 
saneamiento ambiental, como son el acceso a agua potable y alcantarillado. 
Por otro lado, el crecimiento acelerado e incontrolado de las ciudades de 
América Latina y el Caribe ha exacerbado las disparidades urbano-rurales, 
por la consecuente desaparición, reducción y deterioro de las cubiertas 
vegetales (sobre todo bosques), incluyendo terrenos de cultivo, áreas 
naturales y humedales.
Por su parte, en las ciudades, las disparidades o las brechas ambientales 
se relacionan directamente con el patrón de segregación residencial a gran 
escala, propio de varias ciudades latinoamericanas, y que se caracteriza por 
la clara separación entre ricos y pobres en territorios urbanos, diferenciados 
en cuanto a sus problemas ambientales y amenidades urbanas (Sabatini, 
2001). Dentro de este patrón urbano, los grupos más pobres se localizan 
en territorios carentes de equipamiento y comercio, normalmente cercanos 
a fuentes contaminantes, y muchas veces sujetos a riesgos naturales, lo que 
implica una disminución generalizada de su calidad de vida (Sabatini, F.; 
Cáceres, G. y Cerda, J., 2001). 
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
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Como se observa, el análisis de las distancias o las brechas, en un 
intento de correlación de la sostenibilidad ambiental y de la cohesión social, 
es infinito; por consiguiente, requiere un diseño metodológico para concretar 
los puentes conceptuales y empíricos de esa relación.
iii)  Componente 2: institucionalidad ambiental 
  y derechos ambientales
En este segundo componente se aborda el análisis de las oportunidades 
y dificultades que ofrecen el desarrollo de la institucionalidad ambiental y 
los derechos ambientales, para contribuir a mejorar la cohesión social en 
América Latina y el Caribe. 
Al argumento cada vez más evidente de que el mercado desregulado 
no es capaz de generar ni estabilidad económica ni desarrollo social ni 
sostenible, considerando la base patrimonial natural del desarrollo, se suma 
que la expansión de la economía en forma infinita es una imposibilidad, y 
por estas razones se requieren políticas públicas e instrumentos de regulación 
para poder distribuir mejor y hacer sustentables los procesos económicos, 
generando equidad y cohesión social. 
Se precisa intencionar, conducir y regular los estilos de desarrollo, los 
tipos y localizaciones de los esfuerzos productivos para que los frutos del 
crecimiento sean mejor repartidos, y los costos actuales y futuros de ese 
bienestar y su distribución sean aceptables para cada sociedad en cuestión. 
En su mínima expresión regulativa, se deberá al menos garantizar 
el cumplimiento de las legislaciones laborales, de previsión y ambientales 
vigentes en los países, contando con el financiamiento y los recursos 
humanos necesarios para incentivar y fiscalizar que se alcancen estos 
estándares mínimos. En su máxima expresión, el Estado y sus gobernantes 
podrán direccionar activamente el desarrollo de un país hacia objetivos de 
bienestar, equidad y calidad ambiental que son decididos en las instancias 
políticas de acuerdo con los correlatos valorativos decididos por la ciudadanía 
electora de sus representantes.
En este contexto la cohesión social se materializa en la capacidad 
de la sociedad para construir una estructura legítima de distribución 
de sus recursos a niveles socioeconómico, sociopolítico, sociocultural 
y socioambiental, entendido este último como el acceso de todos, a los 
recursos, derechos y servicios ambientales básicos para mejorar de manera 
sustentable su calidad de vida (Ballón, J., 2008). 
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• Elementosconstitutivosdelainstitucionalidadambiental 
y derechos ambientales
– Derechos, institucionalidad y políticas ambientales
A partir de la Conferencia de Río, de 1992, los países de la región han 
orientado sus metas y objetivos hacia un desarrollo basado en criterios 
de “sustentabilidad ambiental”, y los gobiernos han dedicado recursos 
financieros, técnicos y económicos a la creación de instituciones, legislación 
e instrumentos que promueven la conservación de recursos naturales y la 
calidad ambiental. Casi sin excepción, a estas alturas todos los países de la 
región ya cuentan con legislación ambiental fundante, que regula la política 
y comúnmente la gestión ambiental y, por lo general, crea la autoridad 
ambiental y los principales mecanismos de gestión, como el licenciamiento 
(evaluación de impacto), la forma y materias sujetas de normativa ambiental 
y otros instrumentos. 
En la mayoría de las Constituciones Políticas se consagran además 
normas sobre los deberes ambientales del Estado, y se consolida la mirada 
que incorpora el enfoque de derechos humanos de tercera generación 
(Londoño, B., 1998), donde se contempla el derecho a un ambiente sano y 
ecológicamente equilibrado, el derecho al desarrollo y el derecho a la paz.
Los países de la región han conformado estructuras institucionales, 
asociadas a la formulación de políticas y a la aplicación de mecanismos 
de gestión ambiental, a partir del principio emanado de la Conferencia 
de Estocolmo, donde se estipuló el confiar a las instituciones nacionales 
competentes la tarea de planificar administrar y controlar la utilización de 
recursos ambientales de los Estados (ONU, 1972). 
Muchos países han creado o reforzado ministerios ambientales, y 
además otros han establecido unidades ambientales en agencias públicas 
sectoriales, mecanismo que permite incorporar la protección de los recursos 
naturales y los servicios ambientales en instituciones específicas, para 
supervisar y ayudar a cumplir las políticas ambientales2.
Si bien esto pareciera dibujar un escenario auspicioso para la región, 
en la institucionalidad ambiental se muestra una alta vulnerabilidad 
2 Varios países de la región, como Colombia (Ministerio de Transporte, Ministerio de Energía, Ministerio 
de Agricultura), Chile (Ministerio de Obras Públicas, Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Ministerio 
de Agricultura), Perú (Ministerio de Energía y Minas, Ministerio de Industria, Ministerio de Salud), han 
conformado Unidades Ambientales Sectoriales, propendiendo por el desarrollo de políticas, planes y 
programas integrales con el medio ambiente.
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
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dentro de los países, ya que ha dependido de la importancia que el jefe 
de Estado de turno le otorga al tema ambiental y pierde legitimidad por 
las muchas competencias y funciones que desbordan sus capacidades y 
crean dificultades para los procesos de planificación y determinación de 
prioridades y metas e incapacidad en el monitoreo, el seguimiento y la 
evaluación de la gestión ambiental.
De hecho, los Ministerios de Ambiente carecen en general de la 
autonomía necesaria para el ejercicio de la autoridad ambiental, ya que se 
encuentran adscritos al Poder Ejecutivo, a quien le corresponde impulsar el 
desarrollo económico y social, situación que les aminora su capacidad para 
promover de forma efectiva la sostenibilidad ambiental. 
En lo referente a la formulación de políticas nacionales de medio 
ambiente, la experiencia latinoamericana y caribeña se ha concentrado en 
la formulación de políticas ambientales explícitas (Giglo, 1997) originadas 
en los organismos centrales ambientales, y caracterizadas por ser reactivas 
ya que se proponen disminuir los efectos negativos como la deforestación, 
la erosión de suelos, la contaminación por actividad minera, entre otros, 
generados en los procesos de producción y consumo. Con estas políticas se 
ha tenido poco éxito porque no se ha podido permear con ellas los sectores 
de la economía ligados a las actividades de explotación de recursos naturales 
y producción de bienes y servicios.
En la formulación de políticas ambientales más integradas todavía 
se tiene un desarrollo incipiente en la región. Nos hallamos frente a la 
poca incidencia que tiene la institucionalidad ambiental ante las políticas 
ambientales implícitas, entendidas como las decisiones tomadas en 
otros ámbitos de la política pública o en los sectores productivos, y que 
influyen en la transformación de los recursos naturales y los servicios 
ambientales. Los avances para fomentar alianzas estratégicas entre los 
sectores productivos y las entidades del Estado alrededor de objetivos de 
la política ambiental son escasos, así como los esfuerzos para articular la 
gestión ambiental con otros componentes de la política pública altamente 
compatibles (agua potable, saneamiento básico, entre otros) (Rodríguez-
Becerra y Espinosa, 2002).
Otro problema observado en la región es el bajo cumplimiento de la 
legislación ambiental, así como insuficientes mecanismos para el control y 
el seguimiento de su aplicación. Las leyes ambientales y sus reglamentos 
deben ser consecuentes con la capacidad institucional de las autoridades que 
tienen la función de hacerlas cumplir, para garantizar la credibilidad de los 
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sujetos pasivos de la norma en esa legislación. La baja capacidad operativa, 
técnica, financiera e institucional para aplicar las disposiciones ambientales, 
para hacer seguimiento a sus obligaciones y para ejercer las funciones de 
control y vigilancia, así como la falta de una verdadera voluntad política 
que respalda estas normas, ha dificultado la aplicación efectiva del derecho 
ambiental latinoamericano (Ibíd.), (al afectar las percepciones y valoraciones 
de la ciudadanía para avanzar en una mayor cohesión social).
– Mecanismos e instrumentos de gestión ambiental 
Gasto público ambiental. Los Ministerios son de reciente creación y sus 
dotaciones, capacidad instalada y financiamiento son relativamente insuficientes.
A pesar de que algunas instituciones, como el Banco Mundial, 
recomiendan invertir entre el 1,4% y 3% del PIB para promover una gestión 
ambiental adecuada en los países en vías de desarrollo, en los países de 
la región el gasto ambiental total no supera el 0,70% del PIB (CEPAL, 
2008). Las políticas de financiamiento interno ambiental evolucionan con 
mucha lentitud en el financiamiento general, hasta 2003, se aprecia una 
tendencia decreciente en la mayor parte de los países de la región (Ibíd.), 
dada la débil posición de las instituciones ambientales dentro del aparato 
estatal, y se confirman bajas relaciones de cooperación con el resto de 
ministerios, sobre todo los Ministerios de Hacienda en lo relacionado 
con la asignación de recursos y el desmonte de mecanismos fiscales, que 
permitan reducir los subsidios que tienen efectos negativos para el medio 
ambiente y las poblaciones ubicadas en los territorios donde se desarrollan 
las actividades productivas.
– Instrumentos de mercado para la gestión ambiental
Los países de la región han aplicado instrumentos económicos, 
que representan una iniciativa útil en la gestión ambiental. Han sido 
complementarios a los instrumentos de comando y control, y han sido 
beneficiosos para recaudar fondos necesarios frente a las restricciones 
presupuestadas enfrentadas por la institucionalidad ambiental.
La experiencia de los países ha estado dirigida a ofrecer crédito 
subsidiado y exoneraciones tributarias para inversiones ambientales, 
dirigidas a potenciar las inversiones especialmente de los sectores de 
turismo, industrial, minería artesanal y eliminación de fluorocarbonados. 
Las principales iniciativas han estado dirigidas a la disminución de la 
contaminación o a la incorporación de tecnologías limpias como en el caso 
de Brasil, México y Colombia; el turismo en Barbados; la reforestación 
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en Chile y Colombia, y el control de la emisión de mercurio en la minería 
artesanal de Ecuador (Banco Mundial, 1998).
Se han desarrollado también iniciativas de cargos por la explotación de 
los recursos naturales sobre la producción de minerales e hidroeléctricas, que 
compensan a las autoridades ambientales regionales y a los entes municipales, 
donde se realizan las explotaciones. En México, Colombia, Brasil y Ecuador, 
se ha avanzado en la aplicación de instrumentos económicos como las tasas 
por uso del agua y las tasas retributivas por contaminación, instrumentos que 
han estado bajo la presión de los actores sectoriales, obligando a desmontar 
o rebajar las tarifas.
Otras experiencias de instrumentos económicos están referidas a la 
tributación convencional que, para el caso colombiano, consiste en un 
porcentaje al impuesto a la propiedad para las Corporaciones Autónomas 
Regionales (Canal y Rodríguez, 2008), y el impuesto verde al valor agregado 
en Brasil.
Finalmente, los países de la región han exhortado también a las 
empresas privadas a la implantación de sistemas de gestión ambiental (EMS), 
a fin de promover la autorregulación y armonizar las normas de manejo 
ambiental ISO 14.000.
iv)  Componente 3: participación y sentido de pertenencia 
La pertenencia es fundamental para que se desarrollen procesos de 
cooperación social, para que las sociedades puedan resistir las tendencias 
de fragmentación, y para afianzar la inclusión y cohesiones sociales. La 
pertenencia está estrechamente ligada al desarrollo de la identidad individual 
y colectiva de un grupo que comparte una cultura, unos valores y principios 
prosociales, pero que también es reconocido por sus particularidades y 
diferencias (Sabatini, 2008). Esta identidad colectiva reconocida es esencial 
para el bienestar de las personas, la cohesión social y la protección del 
medio ambiente.
En términos de sostenibilidad ambiental, la pertenencia se entiende 
como todas aquellas expresiones que dan cuenta de los grados de vinculación 
e identidad con el espacio geográfico y con unas dinámicas culturales diversas 
que otorgan en cada caso un valor a lo ambiental y su preservación, no en 
términos económicos, sino sociales, en función de una relación de respeto a 
la naturaleza de la cual forman parte los grupos humanos en sus territorios. 
Esto es, la sostenibilidad ambiental está determinada por la capacidad de los 
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agentes para otorgarle un valor importante a su entorno3. Se debe aclarar 
que dichos valores cambian de un lugar a otro y a través del tiempo. 
Las identidades colectivas pueden ser territoriales o transversales, varían 
a través del tiempo e implican una trayectoria común vivida, y en gran medida 
imaginada por el colectivo. Esta trayectoria está compuesta por un pasado 
interpretado y recreado por la memoria, donde un mito de origen o acto 
fundacional está en la base de la diferenciación, y una visión compartida de 
futuro. La trayectoria común de un colectivo, en un espacio físico, deriva en 
la construcción de relaciones sociales de significados compartidos (cultura) y 
la delimitación de un territorio o medio ambiente específico (Sabatini, 2008).
• Elementos constitutivos de la participación y el sentido
de pertenencia ambiental
– Identidad territorial
El ser humano construye su identidad apelando a una matriz de 
relaciones (familia, etnia, religión), entre las cuales destacan las construidas 
a partir de su vinculación con el territorio4. En el caso de comunidades 
cuya base económica y cuya cosmovisión están íntimamente ligadas al 
territorio, este es una base fundamental de los procesos sociales ligados a la 
reproducción de las culturas, identidades y modos de vida locales5. A su vez, 
el territorio funciona como un espacio en donde distintos actores pueden 
organizarse para influir en la toma de decisiones6 que pueden vincularse, 
por ejemplo, con la protección del medio ambiente y la promoción del 
desarrollo sostenible.
Las identidades y sentimientos de arraigo pueden ser de distinto tipo 
y variar de intensidad, según la clase de intereses que están en la base de la 
comunidad, y el grado de aislamiento o de integración a la sociedad mayor. 
Sabatini (2000) da una definición de comunidad territorial construida en 
torno a esos dos elementos: “Grupo humano que comparte un territorio 
en el que interactúa permanentemente, dando origen a un sistema de vida 
formado por relaciones sociales, económicas y culturales que, por una parte, 
tienden a generar tradiciones, intereses comunitarios y sentimientos de 
3 Unión Europea: Agriculture: Rural Development. Iniciativa Leader, Plus.
4 Boisier, Sergio (2005). “Crónica de una muerte anunciada. Globalización, estrategias globales y estrategias 
locales”, en revista Polítika, Revista de Ciencia Política, Nº 1, diciembre.
5 Arocena, J. (2001). El desarrollo local: un desafío contemporáneo. Montevideo: Taurus.
6 Klein, J.L. (1997). “L’espace local à l’heure de la globalisation: la part de la mobilisation sociale”, en 
Cahiers de géographie du Québec, 41, 114: 367-377.
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
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arraigo; y, por otra, significan grados variables de integración o aislamiento 
respecto de la sociedad mayor”. Existen dos niveles en los cuales se pueden 
clasificar los intereses que están en la base de la comunidad territorial: el 
interés en el hábitat, como sustento de la calidad de vida, y el interés por el 
mantenimiento de los sistemas de vida y costumbres locales. La identidad 
territorial, los sentimientos de arraigo y el sentido de pertenencia que se 
dan en una comunidad son básicos en la generación de valores y actitudes 
proambientales, en el desarrollo de procesos de cooperación social y en 
la capacidad de las comunidades de defender sus derechos ambientales y 
solucionar los conflictos ambientales. 
– Actitudes y valores proambientales
Las personas pueden tener distintas actitudes respecto de diferentes 
problemas o temas medioambientales. Los individuos pueden presentar 
predisposiciones positivas hacia el medio ambiente y apoyar iniciativas 
específicas para protegerlo, como las acciones de conservación de la 
biodiversidad, o de reciclaje de residuos.
El conocimiento de las actitudes y los valores proambientales es 
relevante al momento de diseñar y evaluar tanto políticas a nivel general 
como intervenciones orientadas a cambiar patrones de gestión de recursos 
naturales en comunidades específicas. En ocasiones, la modificación de las 
actitudes y los valores relacionados con el medio ambiente puede ser el foco 
de una política o un programa de intervención medioambiental.
En América Latina es necesario avanzar en la medición de las actitudes 
y comportamientos vinculados con el medio ambiente, puesto que en la 
actualidad casi no existe una base de información que pueda emplearse con 
fines comparados.
– Participación ciudadana y gobernabilidad ambiental 
Promover la cohesión social implica fortalecer los instrumentos 
institucionales de integración social e impulsar la acción colectiva. En tal 
sentido, impulsar procesos de participación ciudadana que permitan exaltar 
los derechos individuales y colectivos resulta fundamental en el camino 
hacia la cohesión social, para solucionar conflictos ambientales y obtener 
un desarrollo sustentable. 
La participación ciudadana se puede dar en distintos ámbitos, de 
los cuales interesa subrayar dos. En el primer caso, la participación se 
relaciona con la afiliación de las personas a organizaciones ambientalistas 
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y redes sociales que disputan la defensa de los intereses ambientales; 
diversos actores se articulan en marcos organizativos comunes desde 
donde intercambian recursos, negocian prioridades, y toman decisiones 
que entrañen el cumplimiento de objetivos comunes. En América Latina 
han proliferado innumerables organizaciones ambientalistas, productores, 
profesionales que disputan la defensa de los intereses públicos a unas 
administraciones que hasta hace poco parecía que tenían el monopolio 
de ese tema. Así se abre una ventana de oportunidad para la sociedad, y 
aparece el concepto de redes sociales, entendidas como la coordinación 
horizontal entre diferentes actores interesados en un mismo asunto con 
el fin de negociar y acordar una solución (Messner, 1995). Esto supone 
la existencia de una identidad colectiva anclada en la presencia de valores, 
intereses y motivaciones compartidos.
En el segundo caso, la participación se puede dar como una movilización 
colectiva en respuesta a cierto conflicto ambiental determinado que afecta a 
una comunidad no necesariamente organizada. Sabatini (2004), refiriéndose 
a las movilizaciones populares producto de conflictos ambientales, alude 
al carácter transitorio e instrumental de la participación ciudadana. En 
términos generales, tales movimientos actúan en el campo de lo político y, 
en representación de intereses populares o de sectores afectados, utilizan las 
movilizaciones, la denuncia y la generación de conflictos como estrategias 
de acción (Santana Cova, 2005). 
La participación activa de los actores públicos y privados, para 
garantizar el patrimonio ambiental, es condición fundamental para consolidar 
los procesos de cohesión social.
v) Componente transversal: conflictos socioambientales 
 y cohesión social
En esta sección se trata la relación entre los conflictos socioambientales 
y la cohesión social. Como supuesto central, se considera que el manejo de 
conflictos influye sobre la cohesión social, en tanto que los conflictos son 
la base de la transformación de las sociedades, generando cambios de las 
personas, sus formas de organización e instituciones. 
En el caso de los conflictos socioambientales, estos se generan como 
resultado de las relaciones entre los seres humanos y de estos con la 
naturaleza, colocando en riesgo no solo la cohesión social por efecto del 
manejo de los recursos naturales y el medio ambiente, sino la existencia 
misma de la vida sobre el planeta. 
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Hasta hace unas décadas, con la intervención sobre los conflictos 
ambientales se hacia énfasis en el desarrollo de normas y entidades públicas. 
Sin embargo, como consecuencia de su aumento, evidenciado en choques 
por escasez de recursos naturales, desigual distribución y deterioro de la 
base natural, la sociedad ha desarrollado otros mecanismos de resolución 
de conflictos sobre la base de una nueva gobernanza ambiental. 
El establecimiento de formas participativas de resolución de conflictos 
ambientales constituye un avance significativo. En tanto las personas tienen 
acceso a información y son consideradas en la toma de decisiones, aumenta 
el sentido de pertenencia social y pueden disminuir las brechas sociales. Por 
el contrario, cuando los mecanismos de participación son esencialmente 
formales e instrumentales7, se pueden generar efectos negativos, como la 
separación de las comunidades de los gobiernos. 
– La relación entre cohesión social y conflicto
Promover la cohesión social implica disminuir brechas económicas, 
sociales, políticas, entre grupos sociales, mediante el fortalecimiento de los 
mecanismos institucionales de inclusión social, idealmente con pertenencia. 
Esto significa que la cohesión social llevaría a disminuir los niveles de 
conflictividad de una sociedad8.
En este punto, se presenta una diferencia entre concepciones positivas 
y negativas del conflicto. Frente a la idea de que el conflicto es una 
disfuncionalidad que hay que eliminar, o que la gestión de conflictos lleva a 
su desaparición, está la concepción del conflicto como motor del desarrollo 
social y personal postulada en distintas teorías psicológicas, sociales y 
políticas9. Desde la concepción positiva, sin conflicto las sociedades no 
tendrían desarrollo, no se generarían nuevas instituciones, los grupos y 
las personas serían incapaces de responder a las nuevas demandas del 
contexto social. 
7 Según señala Espinoza (2004), una de las principales debilidades de los Sistemas de Evaluación de 
Impacto Ambiental en los países de América Latina y el Caribe es la falta de adecuadas instancias de 
involucramiento de la comunidad y de herramientas de efectiva participación ciudadana.
8 El debate en torno al tema de integración y conflicto fue un punto importante de debate en la sociología. 
En el caso de la teoría del conflicto, uno de los textos que fue clave en tratar de superar este debate 
fue el de Coser Lewis (1956), The Functions of Social Conflict, Free Press, en donde el autor plantea 
la existencia de conflictos como un aspecto positivo de la sociedad, ya que genera beneficios como el 
acercamiento de contendores.
9 Una síntesis de los distintos enfoques y tipos de conflictos vistos desde una óptica multidisciplinaria 
se encuentra en el texto de Redorta, Joseph (2003), Cómo analizar los conflictos, Buenos Aires: 
Editorial Paidós.
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En esta concepción, la cooperación y el conflicto entre grupos con 
intereses diversos son procesos esenciales para comprender las dinámicas 
de transformación social. Justamente, la existencia de esos intereses y su 
contraposición son lo que lleva a configurar el mundo social. Ninguna 
solución a un conflicto social resuelve totalmente el conflicto, ni permite 
satisfacer plenamente a los actores sociales. Por la dinámica social, las 
soluciones cumplen sus ciclos, los conflictos evolucionan y surgen 
nuevos conflictos.
– Dimensiones de los conflictos socioambientales
En una época de globalización y de reconocimiento de la diversidad es 
necesario, como punto de partida, reconocer que los conflictos ambientales 
están interrelacionados con las siguientes dimensiones que los condicionan 
y los convierten en complejos: Histórica, cultural, económica, social, gestión 
del conocimiento, dinámica institucional y dinámica política.
Desde la dimensiónhistórica, los conflictos ambientales se originan 
en la forma como cada sociedad configura su territorio, determinando 
unas tendencias al deterioro o a la conservación, a partir de determinadas 
relaciones sociales. Desde esta perspectiva, las sociedades latinoamericanas 
muestran diferentes tendencias, desde la convivencia con prácticas 
culturales con pueblos originarios, a países de temprana industrialización 
con mínima presencia indígena y de pueblos afrodescendientes, y países de 
convivencia conflictiva de estilos de vida eurocéntricos frente a indígenas y 
negritudes, propendiendo hacia la destrucción y el deterioro de sus formas 
de organización y vida social.
Desde la dimensióncultural, persisten la convivencia y el conflicto 
entre distintas cosmovisiones de la naturaleza, desde aquellas ligadas al 
crecimiento económico, hasta las formas de protesta de grupos étnicos. 
Frente a esta realidad, cada grupo y cada país han adoptado unas políticas 
educativas y culturales particulares, en interjuego con sus realidades y niveles 
de crecimiento. En este campo, se va del conflicto por las costumbres y 
cosmovisiones a los conflictos por el territorio y el reconocimiento de los 
distintos tipos de derechos. Se pasa del tema de los derechos indígenas, al 
campo más amplio de los derechos comunitarios. 
En la dimensión económica hay unos estilos de producción, 
consumo e intercambio enmarcados en normas nacionales y condicionantes 
internacionales a nivel de comercio y financiación. Estos estilos afectan y 
condicionan la forma como se mantiene la base natural. En esta dimensión 
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
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el proceso de globalización económica y financiera ha aumentado el conflicto 
ambiental. En América Latina se evidencia el aumento de los conflictos por 
cuenta del desarrollo de megaproyectos forestales agropecuarios, mineros 
y de construcción de infraestructura. 
Desde la gestióndel conocimiento cada grupo, institución, país 
y región han desarrollado unos conocimientos, una información, han 
establecido unos nodos de producción y distribución del conocimiento 
que facilita o dificulta la toma adecuada de decisiones para el manejo de 
los conflictos socioambientales. La producción y el acceso a la información 
para el manejo adecuado de conflictos son esenciales no solo para su 
transformación, sino para establecer mecanismos participativos permanentes 
que generen pertenencia. Eso exige desarrollar instituciones y mecanismos 
adecuados, que en América Latina no tienen igual avance en todos los casos.
Mediante la dinámica ambiental, cada país ha establecido unas 
institucionesambientales y unos condicionantes para los sectores públicos 
y privados, nacionales e internacionales relacionados con el medio ambiente. 
Esta dinámica es la que permite una capacidad de reacción, anticipación, 
prevención y manejo de los conflictos socioambientales. 
Finalmente, las decisiones ambientales se toman en el interjuego
político. Los grupos de presión y los actores sociales ejercen sus derechos 
y buscan el logro de sus intereses en una lucha por los recursos dentro 
de métodos democráticos, pseudemocráticos, participativos, o incluso la 
presión social.
Es claro que para el desarrollo conceptual sobre la relación de los 
conflictos socioambientales y la cohesión social se debe ahondar en 
sus diferentes dimensiones, sin desconocer la confluencia en territorios 
determinados de dos o más de las dimensiones expuestas. 
d) Propuesta de indicadores sobre sostenibilidad ambiental 
del desarrollo y cohesión social
Es importante considerar tanto los avances realizados, como los 
principales problemas y desafíos de sostenibilidad de América Latina y el 
Caribe para establecer el terreno en donde deberían generarse indicadores 
adecuados que logren capturar las especificidades y generalidades de la 
sostenibilidad ambiental en relación con la cohesión social.
En la práctica, los derivados operativos para medir el avance o el 
retroceso en el tema de la sostenibilidad del desarrollo no se han producido 
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a partir de un acuerdo académico o filosófico, ni siquiera a partir de las 
recomendaciones de los expertos en indicadores. Más bien han surgido como 
una especie de bottom line, de dato de realidad, en función de la disponibilidad 
de estadísticas más o menos confiables que se van produciendo en los países, 
primero en forma esporádica e inorgánica, para luego progresar en un 
tiempo más o menos largo, hacia el desarrollo de un sistema de estadística 
ambiental en los países de América Latina y el Caribe, integrado normalmente 
al sistema estadístico nacional.
En las Estadísticas Ambientales se presenta un desarrollo incipiente en 
la región, con algunas excepciones. Se caracterizan porque en ellas solo se 
cubre una parte del amplio espectro de fenómenos ambientales, dinámicos, 
complejos, cambiantes y esparcidos en los territorios10. De ahí que a 2009, 
las estadísticas básicas y algunos indicadores que efectivamente pueden ser 
calculados en forma sistemática por un número significativo de países de la 
región, son bastante simples y, en general, están referidos a las condiciones 
y tendencias del medio ambiente, y no siempre son capaces de capturar ni 
parcialmente la sostenibilidad ambiental del desarrollo.
Siempre que la región pueda contar con procesos sostenidos de 
construcción de capacidad, con el tiempo estas estadísticas ambientales 
básicas e indicadores ambientales, ya disponibles, podrán irse combinando 
con estadísticas económicas, sociales y demográficas, para ir avanzando 
hacia una mayor complejidad, que permita dar cuenta de la sostenibilidad 
del proceso de desarrollo en nuestra región.
De ahí que la reflexión sobre indicadores ambientales relativos a 
cohesión social constituya un desafío desde la pertinencia, la relevancia e 
incluso la urgencia de los fenómenos de sostenibilidad que son relevantes 
en América Latina y el Caribe.
A continuación se presenta una consideración altamente sintética 
sobre un número limitado de indicadores que pueden acompañar la mirada 
de cohesión social, integrando en este las consideraciones mínimas sobre 
sostenibilidad ambiental.
Los indicadores propuestos han sido sometidos a una revisión 
exhaustiva de viabilidad estadística, generándose un listado primario, que 
cuenta con viabilidad inmediata en un número apreciable de países de la 
región, reservándose para trabajos posteriores un listado secundario que 
10 Se utiliza el concepto de Estadísticas Ambientales en su sentido más amplio, es decir, abarcando las 
series estadísticas básicas, los indicadores y las cuentas ambientales económicas integradas.
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requiere tiempo y trabajos para poder ser llevado a la práctica en forma 
sistemática y oficial11.
Los indicadores propuestos a continuación cuentan con metadatos en 
otras publicaciones tanto de la CEPAL, como de la División de Estadística de 
la Organización de las Naciones Unidas, y cuando así no fuere se especifica 
su fórmula de cálculo.
i) Patrimonio ambiental y cohesión social: dimensionando 
la pérdida de recursos naturales y biodiversidad y los niveles 
de residuos y contaminación
En ALC son importantes muchas problemáticas de sostenibilidad 
que inciden en los procesos sociales, y que podrían ser clasificadas en dos 
grandes ramas: las interrelaciones verificadas en el momento en que la 
economía y la sociedad humana insumen recursos naturales y servicios 
ambientales, intentando capturar la dinámica de variación de acervos, y 
las interrelaciones realizadas cuando la economía y la sociedad humana 
devuelven al medio ambiente los desechos sólidos, líquidos y gaseosos 
derivados del proceso productivo. 
Desde luego que los principales problemas, y los posibles indicadores 
que se pueden proponer para monitorearlos, deben estar relacionados 
con una cierta direccionalidad en congruencia con la sostenibilidad del 
patrimonio y el ambiente favorable para la cohesión social. Debido a la 
necesidad de escoger un número muy limitado de indicadores, se proponen 
tres, que en su conjunto pueden dar cuenta de los principales desafíos de 
la sostenibilidad del patrimonio natural para los procesos humanos y la 
cohesión social.
11 La viabilidad estadística se desprende del trabajo realizado durante años por la División de Estadística de 
la CEPAL, apoyando técnicamente y construyendo capacidades junto a los países de la región, desde 
diversas iniciativas, como: REDESA, BADEIMA, propuesta indicadores ODM7 regionales complementarios, 
asistencia estadística a los indicadores ILAC del Foro de Ministros de Medio Ambiente y desarrollo 
estadístico del informe interagencial de ODM7 de ALC que actualmente coordina la CEPAL.
Indicadores propuestos
1. Proporción de la superficie cubierta por bosques (indicador ODM7 7.1)
2. Intensidad energética del PIB
3. Renovabilidad de la oferta energética
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
137
ii) Brechas de acceso y distributivas
Dentro de este componente se plantean indicadores de muy distinta 
naturaleza, que intentan medir las diferentes inequidades que se producen 
en términos de acceso y goce de recursos naturales, inequidad en el acceso 
a servicios ambientales, inequidad en la concentración de contaminantes 
e inequidades en la calidad ambiental. Cada uno de los indicadores 
planteados contrasta territorios diferenciados como pueden ser distintas 
regiones del mundo, distintos países, diferentes regiones dentro de los 
países, áreas urbanas o rurales, o distintos municipios dentro de los 
centros urbanos. Idealmente, algunos indicadores debiesen incorporar 
también la distribución de la pobreza, contrastados con el quintil más 
pobre y más rico. 
Se propone además incorporar, en la medición de las brechas, la huella 
ecológica, indicador que permite observar la inequidad que existe entre países 
desarrollados y en desarrollo, en cuanto al consumo de recursos naturales y 
su impacto sobre el medio ambiente planetario12.
Indicadores propuestos
1. Huella Ecológica por país y subnacional Intensidad energética del PIB.
2. Áreas verdes per cápita en principales centros urbanos (mapa que muestra 
los contrastes, índice: cociente Municipio con menos/Municipio con más 
área verde).
Nota: Se propone además investigar la posibilidad de que los indicadores de cobertura de agua potable y 
saneamiento, presentes en la propuesta de cohesión social, puedan ser procesados para generar el cociente 
entre los quintiles extremos (Q1/Q5).
12 Mathis Wackernagel y William Rees definieron, en 1996, la metodología de cálculo “La huella ecológica”.
iii)  Institucionalidad ambiental y derechos ambientales
Con los indicadores relativos a este componente se intenta medir las 
oportunidades y dificultades que ofrecen los desarrollos de la institucionalidad, 
y los derechos ambientales para contribuir a mejorar la cohesión social en 
los países de América Latina y el Caribe. Se considera para eso el nivel 
de desarrollo de los distintos montajes institucionales ambientales de los 
países de la región, que permita garantizar el cumplimiento de los derechos 
ambientales, la capacidad de los estados de diseñar políticas, planes normas 
y regulaciones para la preservación del medioambiente, el cumplimiento 
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
138
y fiscalización de las legislaciones ambientales vigentes en los países, y la 
capacidad de monitoreo del estado del medio ambiente.
Por otro lado, interesa también conocer los recursos (por ejemplo, 
niveles de gasto público) y los mecanismos institucionales existentes en 
los países para consolidar los procesos de desarrollo sostenible, fomentar 
la aplicación de instrumentos de gestión ambiental y promover la 
responsabilidad empresarial con el medio ambiente.
Por la necesidad de reducir al mínimo la propuesta de indicadores, se 
tiene como propuesta un indicador similar al de Gasto Público Social, solo 
que se refiere al gasto del sector público en protección y gestión del medio 
ambiente a escala nacional; si bien el indicador propuesto es de reciente factura 
en algunos países de la región, su cálculo se está extendiendo y se espera que 
cubra un número cada vez mayor de países como estadística oficial.
Indicador propuesto 
1. Gasto público ambiental en relación con el PIB nacional.
iv) Participación y sentido de pertenencia: instrumentos 
de medición de conocimientos, actitudes 
y comportamientos proambientales
En las últimas tres décadas, se han construido y probado diversos 
instrumentos para la medición de actitudes y conductas relacionadas con 
el medio ambiente. Casi todos estos instrumentos fueron elaborados por 
investigadores y probados en muestras de países desarrollados.
De la revisión realizada, no fue posible identificar instrumentos 
diseñados especialmente para medir actitudes ambientales en países 
latinoamericanos o caribeños. Dentro de los instrumentos, se observa 
una serie de ítems que debiesen ser adaptados para ser útiles en una escala 
regional. Aun así, si los contenidos de estas escalas fuesen aceptables para 
medir conocimientos, valores, actitudes y conductas ambientales de grupos 
latinoamericanos, bastaría con adaptar la sintaxis y el vocabulario propio de 
nuestra región o país, además de probar el instrumento. Pero la limitación 
principal que muestran los instrumentos anteriores son la inadecuada 
cobertura y el énfasis temático contenido en ellos. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
139
Los problemas ambientales de América Latina son distintos en 
intensidad y naturaleza; presumiblemente, también serían diferentes la 
percepción, la conciencia y la actitud y los comportamientos ambientales, 
sobre todo si atendemos a la relación probable entre nivel de información 
y variables sociodemográficas, junto con los valores y culturas en las que 
viven los individuos en nuestros países. Así, surge la necesidad de construir 
un instrumento latinoamericano original o ecómetro, que es evidentemente 
sujeto de un programa de investigación orientado a construir, validar y 
pilotear dicho instrumento a escala regional.
En el caso de América Latina y el Caribe, los principales temas en la 
agenda ambiental tienen que ver con la sobreexplotación y la consecuente 
degradación o el agotamiento de diversos recursos naturales, y de la 
biodiversidad, en conjunto con algunos elementos de contaminación urbana, 
y la vulnerabilidad de la población en asentamientos precarios frente a 
desastres naturales. Además, los estilos de vida y de desarrollo, marcadamente 
distintos en el Norte y en el Sur, implican que los ítems tienen que recoger 
aquellos elementos que tengan sentido cotidiano para los encuestados. Por 
ejemplo, preguntar por el tipo de combustible que se usa para el invierno 
en nuestros países que a duras penas logra calentar (parafina, leña, gas u 
otros), en vez de la intensidad de la calefacción (habitualmente central) que 
usan en los países desarrollados. 
Igualmente, las respuestas de los entrevistados en los elementos que 
tienen que ver con intención o reporte de conducta, así como aquellos 
que muestran el conocimiento, las creencias y los valores, junto con el 
conocimiento y la información que manejan y necesitan las personas, 
estarán completamente atravesados por las situaciones de pobreza material 
e inequidad de acceso a la información y a las oportunidades en los países de 
la región. Eso impone grandes desafíos metodológicos cuando construimos 
los ítems pensando en qué personas en nuestros países latinoamericanos, con 
distinto grado de acceso a bienes materiales y al conocimiento, contestarán 
una pregunta sobre el tipo de combustible que usan, pues su respuesta, más 
que estar dada por su actitud hacia el medio ambiente (y hacia su propia 
salud), posiblemente esté muy influenciada por su presupuesto mensual.
De ahí que, luego de analizar las posibilidades y dificultades que se 
desprenden de los instrumentos descritos, y aun a sabiendas de la dificultad 
que encierra diseñar y validar un instrumento original, más apropiado 
que los existentes para caracterizar y medir las actitudes ambientales en 
países latinoamericanos, se hace la recomendación de avanzar en este 
diseño e implementación.
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Capítulo IV Tendiendo puentes entre el desarrollo sostenible y la cohesión social
140
Indicadores propuestos
A la fecha no se dispone aún, ni en los países ni en la región, de mediciones 
permanentes de los niveles de proambientalidad, o al menos de participación 
ambiental, de manera que por el momento no es posible proponer un listado 
de indicadores con viabilidad estadística en esta materia.
Por otra parte, a escala global se ha desarrollado recientemente un 
indicador que podría servir al propósito de colocar en relación los niveles 
subjetivos de bienestar con la protección al medio ambiente y la calidad de 
vida. Este corresponde al Índice de Planeta Feliz (IPF) o Happy Planet Index, 
desarrollado por The New Economics Fundation. 
El IPF combina el bienestar humano con el impacto medioambiental 
para medir cuál es la eficiencia del medio ambiente requerida, para vivir 
más años de forma feliz. El índice no mide, por tanto, el nivel de felicidad 
de los países, sino la eficiencia relativa bajo la cual las naciones convierten 
los recursos naturales planetarios en una vida larga y feliz. Las naciones que 
obtienen puntajes altos demuestran entonces que se puede vivir una vida 
larga y feliz sin sobreestresar los recursos naturales. 
Como medida de eficiencia, el IPF relaciona el nivel de satisfacción por 
unidad de impacto ambiental. Para su cálculo se combinan tres indicadores: 
la esperanza de vida, la satisfacción vital que expresan los ciudadanos de 
cada país y la huella ecológica.
 Bienestar * Esperanza de vida
Índice de Planeta Feliz: 
 Impacto ecológico
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latinoamericanos, y en su conjunto contrastarlo con los países de la Unión 
Europea.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
143
Capítulo V
La viabilidad de la construcción 
de un índice sintético de cohesión social 
para América Latina
Roxana Maurizio
A. Introducción1
Los índices sintéticos de desigualdad, pobreza y bienestar multidimensional 
han ido haciéndose cada vez más populares, en los ámbitos académicos 
y entre los encargados de formular las políticas. Estos desarrollos han 
estado acompañados por un amplio debate sobre la “operacionalización” 
de los enfoques multidimensionales, con el objetivo de describir lo más 
adecuadamente posible, en un índice sintético, las múltiples dimensiones que 
afectan y determinan el nivel de privación, pobreza y bienestar de la población. 
Kolm (1977) planteó formalmente el análisis de la desigualdad 
multidimensional, a partir del desarrollo de un conjunto de generalizaciones 
del principio de transferencia de Pigou-Dalton al contexto multivariado. 
Siguiendo esta línea, posteriormente Atkinson y Bourguignon (1982) 
desarrollaron los criterios de dominancia para identificar las condiciones 
1 En la elaboración de este capítulo se contó con la colaboración de Ana Paula Monsalvo. Se agradecen 
los valiosos comentarios de Luis Beccaria, Juan Carlos Feres, Pablo Villatoro y Arturo León, y también 
de los participantes en el Taller de Expertos “¿Hacia un índice sintético de la cohesión social en América 
Latina?”, realizado el 2 de septiembre de 2009 en la CEPAL, Santiago de Chile. 
000Cohesión social.indd   143 28/05/2010   03:19:14 p.m.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
144
a partir de las cuales una determinada distribución multivariada es más 
(menos) igualitaria que otra. 
Sin embargo, los resultados empíricos señalan que el criterio de 
dominancia no siempre se cumple en el contexto multidimensional, lo 
que deriva en un ordenamiento incompleto de las distribuciones. En estas 
circunstancias es donde los índices sintéticos se vuelven más relevantes 
al asegurar un ordenamiento completo, a partir de la reducción a un 
número real de toda la información contenida en cada distribución de 
los atributos considerados. 
La construcción de un índice de estas características requiere un 
conjunto importante de decisiones metodológicas que pueden tener 
consecuencias significativas sobre los resultados obtenidos. Por ello en la 
literatura especializada en esta temática se acuerda que tal construcción 
deber respetar rigurosos criterios técnicos, a la vez que tener una base teórica 
sólida y explícita.
En la actualidad existen diversas estrategias para el análisis conjunto 
de múltiples dimensiones que difieren entre sí en la forma de agregación, 
transformación y ponderación de los atributos considerados. Basándose en 
una u otra perspectiva, se han construido varios indicadores que intentan 
evaluar el grado de desigualdad, pobreza y exclusión social desde un punto de 
vista multidimensional. Estos desarrollos han estado basados, generalmente, 
en el enfoque de capacidades de Sen (1985, 1987). 
En esta línea, algunos organismos internacionales o regionales, como 
el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Banco 
Interamericano de Desarrollo (BID) o la Comisión Europea, entre otros, 
han promovido el uso de algún indicador compuesto en el campo del 
desarrollo humano y social. En el plano regional, en los últimos años ha 
habido iniciativas relacionadas con la conceptuación y la medición de la 
cohesión social existente en la región. En particular, la CEPAL ha elaborado 
un concepto de cohesión social en el que se toma en cuenta la complejidad 
que caracteriza a esta dimensión. En concreto, cohesión social se define 
como la dialéctica entre mecanismos de inclusión y exclusión sociales y las 
respuestas y percepciones ciudadanas frente al modo como estos operan 
(CEPAL, 2007).
Como allí también se menciona, el proceso de globalización y otros 
factores, como el cambio tecnológico y los requerimientos de competitividad, 
producen fuertes impactos económicos, sociales y culturales a nivel nacional 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
145
que pueden erosionar las bases de la cohesión social, profundizando las 
desigualdades y las brechas sociales preexistentes, como también desdibujar 
el concepto mismo de pertenencia y afiliación social. En este contexto, las 
políticas tendientes a incrementar el grado de cohesión social no solo se 
vuelven más relevantes sino, también, más complejas. 
Un punto de partida para la formulación de tales medidas es la 
existencia de información pertinente, actualizada y basada en rigurosos 
criterios metodológicos que contribuya a la correcta toma de decisiones. 
Atendiendo a esta realidad, la CEPAL, con el apoyo del programa 
EUROSOCIAL de la Comisión Europea, ha construido un Sistema 
de Indicadores para el seguimiento de la Cohesión Social en América 
Latina. El núcleo de este sistema está conformado por tres dimensiones: 
i) distancias o brechas; ii) mecanismos institucionales de inclusión-
exclusión, y iii) el sentido de pertenencia. Estos pilares se basan en un 
esquema conceptual que incorpora los procesos objetivos de desigualdad 
y exclusión y las percepciones y respuestas de los actores en relación 
con estos mecanismos.
El componente “distancias” intenta brindar información acerca de las 
brechas objetivas que aparecen como síntomas de la exclusión social en la 
región. En particular, esta dimensión refleja las condiciones materiales en 
las que viven los grupos excluidos del acceso a los recursos y oportunidades, 
a las actividades sociales básicas y al ejercicio de los derechos elementales. 
Representan, por tanto, las distancias respecto a otros grupos no excluidos 
o a umbrales establecidos desde un punto de vista normativo. Como se 
verá luego, algunas de las dimensiones que la componen son el empleo, la 
pobreza, los ingresos, la protección social, la educación y la salud.
Por su parte, en el componente “mecanismos institucionales” se 
incluyen las acciones realizadas por actores institucionales que pueden tener 
un impacto, buscado o no, en los procesos de inclusión y exclusión social. 
Aquí aparece el funcionamiento del sistema democrático y del Estado de 
Derecho, las políticas públicas y el funcionamiento del mercado.
Por último, el componente pertenencia incorpora las diferentes 
expresiones que dan cuenta de los grados de vinculación e identificación 
ciudadana con respecto a la sociedad mayor y a los grupos que la integran 
(CEPAL, 2007). Aquí se incluyen el multiculturalismo, la no discriminación, 
el capital social, las expectativas hacia el futuro, el sentido de integración, 
entre otros indicadores.
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
146
Las relaciones entre los diferentes componentes y variables que forman 
parte de este sistema pueden ser variadas, establecerse en diferentes sentidos y 
cambiar en el tiempo. La selección de los indicadores, por su parte, ha estado 
basada en la pertinencia, la calidad, la disponibilidad y la comparabilidad 
entre países. 
Teniendo como marco la existencia de este sistema de indicadores 
para los países de la región, el objetivo principal de este documento 
es evaluar las posibilidades prácticas y la relevancia y la pertinencia de 
construir un indicador sintético de cohesión social para América Latina 
y el Caribe. Para eso se tiene en cuenta que en la construcción de índices 
multidimensionales aparecen cuestiones conceptuales y empíricas para 
resolver. Entre ellas se encuentran la elección de las dimensiones, la 
construcción de los indicadores y su métrica, el método de agregación 
y el sistema de ponderadores que se van a utilizar. Mientras que los dos 
primeros ya están presenten en los índices unidimensionales, los dos que 
le siguen son específicos del análisis multidimensional y sobre ellos se 
enfocará este capítulo. 
Asimismo, en la evaluación se tendrán en consideración la com-
plejidad misma del concepto de cohesión y las posibilidades de resumir un 
conjunto importante de información en un solo indicador compuesto, sin 
perder información valiosa. También se discuten la validez y la relevancia de 
este índice para el mejor diseño de las políticas públicas en el campo social. 
En la sección siguiente se presentan los diversos enfoques metodo-
lógicos para el estudio de múltiples dimensiones. En la sección B se abordan 
los aspectos conceptuales asociados a la construcción de los índices 
sintéticos en el campo del desarrollo social y humano. En la sección C se 
analiza la construcción de un índice sintético de cohesión, tomando como 
base los indicadores de la CEPAL, y a partir de este se evalúan diferentes 
estrategias metodológicas y la robustez de los resultados que de allí se 
derivan. A partir de todos estos elementos, en la sección D se discute sobre 
cuáles serían las posibilidades, las ventajas y las limitaciones de reducir las 
múltiples dimensiones que componen la cohesión social a un índice sintético 
representativo y comparable de la situación de los países de la región. Por 
último, en la sección E se presentan las conclusiones del estudio.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
147
B. Enfoques alternativos para el análisis conjunto 
de múltiples dimensiones
En la literatura internacional existen diferentes estrategias meto dológicas 
para el análisis multidimensional de la desigualdad, la pobreza y el bienestar. 
De acuerdo con Brandolini (2007), estas se pueden clasificar según el “grado 
de agregación” de las múltiples dimensiones bajo estudio, desde aquellas 
en las que se analiza cada atributo de manera separada, hasta aquellas en 
las que se resume toda esta información en un único índice sintético. Estos 
diferentes enfoques se muestran en el diagrama V.1.
 Q Diagrama V.1   
Estrategias metodológicas para el análisis multidimensional
Fuente: Elaboración propia sobre la base de Brandolini (2007).
#P¶NKUKUKPFGRGPFKGPVGFGECFCCVTKDWVQ QOKPCPEKCFGXGEVQTGU
%TKVGTKQFGFQOKPCPEKC
#P¶NKUKUOWNVKXCTKCFQ
UVTCVGIKCUőGPWPCGVCRCŒ
UVTCVGIKCUőGPFQUGVCRCUŒ
4GFWEEKÎPFGFKOGPUKQPGU[FQOKPCPEKCGUVQE¶UVKEC
 PFKEGUUKPVÃVKEQU
En particular, se pueden identificar tres estrategias asociadas a “niveles” 
de agregación” diferentes: i) estrategia basada en el análisis independiente 
de cada uno de los indicadores univariados; ii) estrategias intermedias de 
reducción de dimensiones o de análisis de dominancia, y iii) estrategias 
completas de agregación. Enseguida se detalla cada uno de ellos.
1. Análisis independiente de cada atributo
El análisis se realiza de manera independiente sobre cada una de las 
características consideradas constitutivas de la dimensión bajo análisis 
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
148
(ej., desigualdad o pobreza), por lo que en este caso no hay un intento de 
reducción del número de variables. Aquí, un aspecto importante es que se 
puede hacer un análisis de los patrones de correlación positiva o negativa 
existentes entre cada uno de atributos considerados, y entre estos y otras 
variables que si bien no forman parte de aquella dimensión están asociadas 
a la misma (ej., el nivel de desarrollo económico de un país)2.
Como señala Brandolini (2007), la ventaja de este abordaje es su 
simplicidad metodológica que no requiere supuestos a priori sobre 
comportamientos o patrones, y que no implica pérdida de información. 
Las desventajas, por su parte, son la falta de síntesis que se agudiza con 
el número de dimensiones consideradas, la posibilidad de duplicaciones / 
redundancia en la información contenida en los indicadores y la dificultad 
para arribar a conclusiones claras cuando se trabaja con un número elevado 
de indicadores y/o cuando se intenta comparar la situación de un conjunto 
considerable de países.
Este tipo de análisis, junto con, por ejemplo, el análisis de funciones 
de distribución o de densidad conjunta pueden ser un primer paso en 
la elaboración de un índice sintético, debido a la valiosa información 
que de aquí se obtiene respecto del comportamiento de los diferentes 
atributos considerados. 
2. Reducción de dimensiones y dominancia estocástica
Esta serie de estrategias pueden entenderse como “un nivel intermedio” de 
agregación, cuyo propósito no es la reducción completa de las dimensiones 
bajo análisis en un indicador compuesto. En este grupo se incluyen desde 
la comparación uno a uno de los elementos de los vectores y la extensión 
de los criterios de dominancia para el contexto multidimensional, hasta 
diferentes técnicas estadísticas de análisis multivariado. 
a) Dominancia de vectores
Esta estrategia se basa en la comparación elemento por elemento de 
los vectores correspondientes a las diferentes dimensiones consideradas. 
En este contexto, si se comparan los logros alcanzados, por ejemplo, por 
dos individuos, se dice que el vector A dominará al vector B si se verifica 
para cada uno de sus elementos que aj ≥ bj , con j : 1, 2,…k, siendo k los 
atributos considerados. 
2 Ejemplos de esta estrategia son los trabajos de Sen (1985 y 1998), Fahey y otros (2005).
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
149
Entre las ventajas de este método se puede mencionar que este no 
implica pérdida de información, impone escasas restricciones sobre los datos 
y es un método sencillo de aplicar. La desventaja principal es que, como todo 
indicador ordinal, no siempre asegura ordenaciones completas, sobre todo 
cuando el conjunto de atributos es grande. Gaertner (1993), por ejemplo, 
señala que en su estudio multidimensional, para 130 países, la dominancia 
de vectores se mantiene como máximo en un 25% de las comparaciones 
entre pares de países que habían sido previamente agrupados según las 
características políticas o económicas de las naciones.
b) Criterios de dominancia
extendiendo el criterio de dominancia de Lorenz al contexto multidimen-
sional en la línea de Kolm (1977), Atkinson y Bourguignon (1982, 1987), 
Atkinson (1992), Jenkins y Lambert (1993), entre otros. Más recientemente 
ha habido avances importantes en la construcción de test de dominancia 
estocástica para el análisis de pobreza multidimensional (Bourguignon y 
Chakravarty, 2003; Atkinson, 2003; Duclos y otros, 2006) como extensiones 
de las técnicas desarrolladas por Atkinson (1987) y Foster y Shorrocks (1988a 
y 1988b) al contexto unidimensional3.
La ventaja de este tipo de abordaje es que toma en consideración la 
estructura de correlaciones entre las distintas dimensiones, diferenciándose 
explícitamente de las técnicas univariadas. Sin embargo, el costo de un 
bajo requerimiento de información, al igual que en el caso anterior, es la 
posibilidad de un ordenamiento incompleto. 
c) Análisis estadístico multivariado
Estas técnicas se utilizan en este contexto con el objetivo principal de  
contribuir a la interpretación de múltiples atributos, mediante el uso de   
herramientas estadísticas de reducción de dimensiones o mediante la   
conformación de grupos relativamente homogéneos en la dimensión de interés. 
En las técnicas multivariadas se considera en su metodología la estructura de  
lcorrelaciones de los distintos atributos, por lo que aun utilizándolas en una  
fase exploratoria permiten avanzar con mayor robustez hacia la construcción  
de un índice sintético. Las más utilizadas con este propósito han sido las técnicas de 
clusters, componentes principales, análisis de correspondencia y análisis  
3 Asimismo, se han desarrollado test de inferencia estadística asociados a los de dominancia estocástica. 
En algunos de estos test se parte de la teoría asintótica clásica, mientras que en otros se usa la técnica 
no paramétrica de boostrap.
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de factores.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
150
El análisis de conglomerados o clusters es una técnica que generalmente 
se utiliza para asociar observaciones en grupos homogéneos, pero también 
se aplica para asociar variables con el objetivo de reducir dimensiones. El uso 
de esta técnica requiere tomar tres decisiones importantes. En primer lugar, 
establecer una medida de distancia o similitud entre los sujetos o las variables 
(que conforman la matriz de correlación si son variables cuantitativas o la 
matriz de distancias chi-cuadrado, si se trata de variables categóricas). En 
segundo lugar, seleccionar el método para realizar el clustering: por ejemplo, si 
el procedimiento parte de un número determinado de clusters, y luego agrupa 
de manera óptima en algún sentido, o si, inversamente, se parte de un único 
cluster y secuencialmente se va dividiendo el conglomerado hasta alcanzar el 
número final óptimo. Por último, definir el grado de “tolerancia” a la distancia 
que permita determinar el número final de agrupamientos considerados.
La técnica de componentes principales (CP) permite evaluar la 
posibilidad de representar adecuadamente la información contendida en 
las k dimensiones en un número menor de componentes. Ello representa 
el primer paso para identificar variables latentes, y permite transformar las 
variables originales correlacionadas en un número menor de variables no 
correlacionadas entre sí. Asimismo, el análisis de correspondencia (versión 
para datos cualitativos de la técnica anterior) resume la información contenida 
en una tabla de contingencia. Es decir, representa las variables en un 
espacio de dimensión menor, de forma análoga a componentes principales, 
pero definiendo la distancia entre los puntos de manera coherente con la 
interpretación de los datos4.
Por último, además de estas técnicas, otro enfoque utiliza el análisis 
factorial (AF) que identifica variables latentes o no observadas (denominadas 
factores), a partir del conjunto de dimensiones observadas. Si bien 
comparte algunas características con el método de CP, presenta algunas 
diferencias importantes con aquel. La más significativa es que mientras la 
CP se circunscribe al conjunto de técnicas estadísticas descriptivas, el AF 
asume un modelo estadístico formal. La principal ventaja de esta estrategia 
es la reducción de dimensiones que facilita la comprensión del objeto de 
estudio, a partir de nuevas y pocas variables deducidas mediante técnicas 
estadísticas de estructura de correlación. Sin embargo, quizás el principal 
problema del análisis de factores es que la interpretación económica no 
siempre es clara y directa. 
4 En particular, en lugar de utilizar la distancia euclídea, se utiliza la distancia chi-cuadrado.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
151
3. Indicador sintético multidimensional
Por último, dentro de las estrategias que asocian un número real a una 
distribución multivariada es posible diferenciar dos métodos. En el primero 
de ellos (“en una etapa”) se obtiene directamente el nivel de bienestar, 
de desigualdad o de pobreza para toda la población en su conjunto, sin 
previamente estimarlo a nivel individual. Como menciona Brandolini (2007), 
en este campo de investigación se ha experimentado un rápido crecimiento 
en los últimos tiempos. Ejemplos de esta estrategia son los estudios de Tsui 
(1995, 1999), Bourguignon y Chakravarty (2003), Atkinson (2003), Maasoumi 
(1999), entre otros.
Por el contrario, la característica distintiva del segundo enfoque es la 
construcción en “dos etapas” del índice. En una primera etapa se obtiene el 
indicador compuesto para cada individuo, y luego, a partir de la aplicación de 
técnicas univariadas tradicionales, se obtiene el indicador de desigualdad o de 
pobreza multidimensional para toda la población. Un ejemplo de su aplicación 
se halla en Maasoumi (1986), el cual se basa en la teoría de la información para 
definir la forma funcional del indicador de bienestar. Bourguignon (1999), con 
una formulación alternativa, presenta otro ejemplo de esta estrategia. 
La ventaja clara de estos métodos es que permiten un ordenamiento 
completo. La diferencia entre cada una de estas estrategias es que en el 
segundo caso es necesario primero especificar a nivel individual el indicador 
de bienestar, para luego aplicar alguna técnica univariada sobre la distribución 
de esta variable. Por el contrario, en la primera estrategia, los indicadores 
multidimensionales no implican la agregación de atributos a nivel individual 
y, por tanto, evitan especificar la forma funcional del indicador. 
Resulta importante, por lo tanto, entender la diferencia entre construir 
directamente un índice multidimensional de desigualdad o de pobreza (primer 
método), o aplicar un índice de desigualdad o de pobreza unidimensional sobre 
una medida multidimensional construida a nivel individual (segundo método).
En conclusión, la tarea inicial en el estudio de múltiples dimensiones 
es definir si se “colapsa” toda la información en un único valor, o si se 
mantienen por separado las dimensiones que lo componen. Se recuerda 
que cada una de estas estrategias tiene ventajas y desventajas. Por un lado, 
los mecanismos de agregación pueden implicar una pérdida de información 
y están afectados por cierta arbitrariedad en la elección del tal mecanismo. 
Por otro lado, contar con un indicador sintético puede ser muy efectivo a la 
hora de resumir un elevado número de dimensiones y de procesos complejos 
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
152
que, a su vez, genera una “ventaja comunicacional” y facilita la toma de 
decisiones por parte de quienes formulan las políticas. 
Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, la sección siguiente 
se focaliza exclusivamente en los aspectos conceptuales y metodológicos 
relacionados con la construcción de índices sintéticos, en contextos 
multidimensionales.
C. Aspectos metodológicos asociados con la construcción 
de indicadores sintéticos en el campo del desarrollo social 
y humano 
Supongamos que el objetivo es analizar las múltiples dimensiones asociadas 
a la desigualdad, la pobreza, el bienestar o el desarrollo humano alcanzados 
por cierto individuo. De acuerdo con Decancq y Lugo (2007), en términos 
formales, es posible definir un indicador multidimensional como:
 
 [w1I1 (x1)b + . . . . . .  + wK IK (xK )b]1/b
Si (Xb) = 
 w1 + . . . . . .  + wK  
[1]
donde xk  representa el valor que adopta el atributo j, con k = 1,….., K para 
el individuo i , wk son los ponderadores asignados a cada dimensión (que 
son no negativos y, en general, se asume que suman la unidad con lo cual el 
denominador toma valor 1), y b es el parámetro que gobierna el grado de 
sustitución entre los atributos. 
El indicador multidimensional Si (Xb) queda definido, por tanto, 
como la suma ponderada de orden b de determinadas transformaciones 
Ij (xj ) sobre los atributos considerados. 
Como es evidente, para la construcción de tal indicador es necesario 
definir: i) la función de transformación, ii) el grado de sustitución entre cada 
par de dimensiones, y iii) la estructura de ponderaciones. A continuación se 
analizan en detalle cada uno de estos componentes. 
1. Función de transformación
Como se menciona en Decancq y Lugo (2008), una apropiada función de 
transformación en el contexto multidimensional debería satisfacer como 
mínimo dos requisitos. Por un lado, dado que los atributos son medidos 
en diferentes unidades, ellos necesitan ser estandarizados para ser llevados 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
153
a una escala común antes de ser agregados. Por otro lado, estas funciones 
deberían evitar asignar una alta importancia relativa a los valores extremos 
en el caso de que la distribución original los tenga. 
La expresión [1] puede usarse para construir un indicador multidimen -
sio nal de bienestar, o uno de pobreza. En el primer caso, la función de 
transformación Ij (xj ) representa los logros alcanzados en la dimensión j, mientras que en el segundo caso representa los déficit. En este último 
caso, será necesario, además, establecer una línea de pobreza específica 
para cada dimensión.
Entre los métodos de transformación más utilizados se encuentra la 
estandarización basada en el rango, en la función de distribución normal 
(p-score), en la distancia respecto a la media del atributo, en la distancia 
respecto del mejor valor alcanzado por el atributo, en la transformación 
logarítmica, entre los más importantes. El Índice de Desarrollo Humano 
(IDH) del PNUD utiliza el primero de los métodos mencionados. 
Ello asegura que el IDH varía entre 0 y 1, lo que contribuye a su fácil 
interpretación y a la comparación en tiempo y espacio5. A continuación se 
detallan algunos de estos métodos:
5 En particular, con el IDH se mide para cada país el nivel promedio de desarrollo humano alcanzado en 
cada país, a partir del promedio simple de tres dimensiones: el logaritmo del PIB per cápita, la esperanza 
de vida al nacer y el nivel de educación alcanzado. Este último, a su vez, surge como un promedio 
ponderado entre la tasa de alfabetización de adultos (2/3) y la tasa combinada bruta de matriculación en 
primaria, secundaria y terciaria (1/3). El ingreso se toma en logaritmos para que refleje los rendimientos 
marginales decrecientes cuando se transforma el ingreso en capacidades humanas (Anand y Sen, 1994).
Método Fórmula
Por z-score
 xi j – x
– j
Iij = 
 DS (xj )
A partir del rango
 xi j – min (xj )
Iij = 
 max (xj ) – min (xj )
En relación con la mejor performance
 xi j
Iij = 
 max (xj )
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
154
Aquí lo importante para tener en cuenta es que, por un lado, no existe una 
guía normativa que ayude a decidir con exactitud el método de transformación 
más apropiado y, por otro, que esta selección puede afectar los resultados, 
sobre todo si el objetivo es el ordenamiento de países o de individuos.
2. Grado de sustitución entre los atributos
El parámetro b en [1] captura el grado de sustitución entre las dimensiones 
consideradas. A partir de allí la elasticidad de sustitución viene dada por:
 1
s = 
 1 – b
Como se deduce, cuanto menor sea el valor de b, menor será la 
elasticidad de sustitución. En particular, si:
• b →  – ∞ , entonces s →  0, es decir, no existe sustitución entre los 
pares de atributos y la función es de tipo Leontief, con un contorno 
de forma de L que indica la perfecta complementariedad entre los 
mismos. Por tanto, en este caso, el único atributo que importa en 
Si es el de peor actuación. 
• b = 0, entonces s →  1, la elasticidad de sustitución es unitaria 
entre todos los pares de dimensiones y, por tanto, Si  resulta ser una 
función de tipo Cobb-Douglas. En particular, [1] se transforma en 
la media geométrica. Aquí se supone que una reducción de 1% en 
una de las características puede ser compensada con un incremento 
en igual porcentaje en cualquier otro atributo.
• b = 1, entonces s →  ∞ , Si es una función lineal de todos los 
atributos (es un promedio aritmético de ellos), indicando que ellos 
son sustitutos perfectos. Esto implica suponer que un bajo nivel de 
un atributo puede ser completamente compensado por un elevado 
valor en otro atributo. 
En términos generales, en el caso del indicador de bienestar, si b ≤ 1, el 
índice es representado por una función convexa reflejando cierta preferencia 
por “canastas de atributos” más igualmente distribuidas. Con la misma 
lógica, el equivalente para el caso de un indicador de pobreza sería b ≥ 1. 
En los análisis empíricos, sobre todo en aquellos en los que se busca 
establecer un “ranking” de países o de otras unidades de análisis, en general 
se especifica b = 1, debido a su simplicidad. Un ejemplo de ello es el IDH. 
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Sin embargo, se recuerda, esta restricción se basa en el supuesto “fuerte” de 
que los atributos que conforman el nivel de desarrollo o de bienestar son 
“intercambiables”, haciendo que, por ejemplo, un bajo logro educativo pueda 
ser “compensado” con un mayor nivel de ingresos. Como es evidente, este 
supuesto se vuelve aún más cuestionable cuando, por ejemplo, se incorporan 
al análisis variables con las que se pretende medir el funcionamiento de las 
instituciones u otras relacionadas con las percepciones de las personas, como 
sería el caso del índice de cohesión social. 
3. Estructura de ponderación
Además de los dos parámetros recién analizados, otro aspecto de gran 
relevancia en los índices multidimensionales es la estructura de ponderadores 
de los diferentes atributos que lo componen. Es importante tener en cuenta 
que cualquier esquema de ponderación implica un determinado trade-off 
entre las dimensiones consideradas y, por tanto, implícitamente un juicio de 
valor respecto de los elementos que determinan (y en qué medida) el nivel 
alcanzando en el indicador sintético que está siendo analizado.
Como menciona Brandolini (2007), la relevancia práctica de los 
ponderadores depende del grado de correlación positiva o negativa 
que tengan los componentes: si los mismos se correlacionan fuerte y 
positivamente, la relevancia de aquellos disminuye. En la literatura existen 
diferentes estrategias de ponderación que se detallan a continuación6.
a) Igual ponderación para todos los atributos
La forma más simple es ponderar por igual a todos los atributos. 
Ello puede estar justificado en una visión “agnóstica” que pretende 
reducir al mínimo la interferencia del investigador, en su simplicidad, en el 
reconocimiento de que todos los atributos son igualmente importantes, o 
directamente en la falta de información o de ciertos consensos que permitan 
asignar una importancia relativa diferencial a cada uno de ellos. 
A pesar de su popularidad, esta alternativa ha sido muy cuestionada. 
La pretensión “imparcial” que se le asigna olvida que cualquier esquema 
de ponderación refleja una determinada posición respecto de los trade-offs 
entre los atributos considerados. Asimismo, la desventaja evidente de este 
esquema es que no permite diferenciar el rol efectivo de cada dimensión a 
6 Aquí se sigue la clasificación propuesta por Brandolini (2007) y Decancq y Lugo (2008).
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
156
la vez que puede generar una “doble contabilización” en los casos en que 
la información de dos o más atributos se superponga. Por tanto, como 
mencionan Decancq y Lugo (2008), debería tenerse en cuenta que establecer 
igual ponderación para cada atributo es un esquema de ponderación como 
cualquier otro, pero con la desventaja que tiene poco atractivo desde el 
punto de vista normativo.
Sin embargo, en un estudio de Chowdhury y Squire (2006) se 
muestra que este esquema parece contar con un alto grado de aceptación. 
Los autores hacen una encuesta entre expertos a nivel internacional en 
temas de desigualdad y pobreza respecto de la estructura de ponderación 
que asignarían al IDH. Los resultados son muy interesantes porque las 
ponderaciones asignadas por ellos fueron muy similares a la situación de 
igual peso a las tres dimensiones consideradas por este indicador. Como 
mencionan los autores, ello indica que más allá de las críticas que ha recibido 
este índice en relación con su estructura de ponderación, esta parece tener 
un elevado consenso. De todas maneras, aquí no se indaga respecto de 
si el consenso está basado en una real aceptación de esta estructura de 
ponderación, o en la falta de mayor información que permita tomar una 
decisión alternativa. 
b) Ponderación obtenida a partir de los datos
Una segunda forma de ponderar es “dejando a los datos que hablen 
por sí mismos”. Aquí aparecen estrategias basadas en las frecuencias relativas 
de los atributos, o en mecanismos más sofisticados a partir de técnicas 
multivariadas o de análisis de regresión:
• En el primer caso, los ponderadores son computados como una 
función de las frecuencias relativas de los atributos. En algunos 
casos, se establece que cuanto menor es el porcentaje de personas 
con ciertas privaciones, mayor es el peso asignado a esta dimensión. 
Aquí la justificación es que la falta de un atributo se vuelve más 
importante cuando menos extendida esté entre la población (Desai 
y Shah, 1988; Cerioli y Zani, 1990). Este criterio ha recibido críticas 
(por ejemplo, en Brandolini y D’Alessio, 1998), argumentando que 
la estructura resultante puede ser muy desbalanceada cuando las 
insuficiencias en la población son muy dispares entre los diferentes 
atributos. Por el contrario, Osberg y Sharpe (2002) asignan 
una menor ponderación a las dimensiones en donde un menor 
porcentaje de individuos tiene déficit. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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• Otra alternativa es presentada por Jacobs y otros (2004), quienes 
sugieren asignar un menor peso a aquellas dimensiones en donde 
la calidad de la información es baja, o en donde existe un elevado 
porcentaje de no respuesta. Este enfoque tiene la ventaja de que el 
indicador quedará construido sobre la base de una información de 
mejor calidad. Sin embargo, en ambas estrategias surge la pregunta 
respecto de qué justifica el uso de algún esquema de frecuencia 
relativa de los atributos, para asignar el grado de importancia de 
cada uno de ellos en el índice compuesto. 
• Algunos autores proponen, en cambio, asignar a cada individuo 
la estructura de ponderación más favorable. En este esquema, los 
ponderadores son específicos para cada individuo, y se determinan 
endógenamente de manera que se maximiza el bienestar de cada 
persona. En particular, el peso más elevado se asigna al atributo 
para el cual el individuo obtiene un mejor resultado. Sin embargo, 
para evitar que toda la ponderación se asigne al mejor atributo se 
acostumbra establecer algunas restricciones adicionales.
 Las desventajas de este enfoque son, por un lado, la complicación 
en la comparación entre individuos que genera un sistema de 
ponderación múltiple; por otro lado, los resultados dependen de 
las restricciones adicionales que se establezcan y, por último, al 
igual que antes, este mecanismo no asegura que se alcancen trade-
offs razonables, dado que a priori nada justifica que una dimensión 
en donde el individuo obtiene mejores resultados deba contribuir 
más a su nivel de bienestar global. 
• Un procedimiento diferente de todos los anteriores es el uso de 
técnicas multivariadas, como clusters (Hirschbertg y otros, 1991), 
o componentes principales (Klasen, 2000; Noorbaksh, 1998). La 
motivación en el uso de estas técnicas se basa en que las mismas 
evitan la “doble contabilización” al tener en cuenta la correlación 
entre los diferentes atributos al momento de determinar las 
ponderaciones. Eso se hace considerando las dimensiones que no 
están correlacionadas, u otorgándoles menor ponderación a las que 
sí lo están (Nardo y otros, 2005). 
Por otro lado, un método alternativo está basado en los modelos 
de variables latentes en donde se asume que las variables observadas (los 
atributos considerados) resultan ser una construcción a partir de cierto 
número de variables latentes no observadas. Se reitera que el caso más usual 
es el análisis factorial en donde las dimensiones consideradas se interpretan 
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
158
como diferentes manifestaciones del índice latente compuesto. Esta técnica 
se ha utilizado mucho en el contexto del análisis del bienestar (entre otros, 
Maasoumi y Nickelsburg, 1988; Nolan y Whelam, 1996). En otros modelos 
más complejos de variables latentes se incorporan además otras variables 
exógenas que pueden influenciar sobre la variable latente, y no están incluidas 
entre los atributos considerados7.
Sin embargo, al igual que en los casos anteriores, las técnicas 
multivariadas presentan algunas desventajas en este contexto. En particular, 
pueden conducir a resultados inapropiados desde un punto de vista 
normativo (ej., en el análisis de componentes principales algunos estudios 
encuentran ponderaciones negativas). Como mencionan Decancq y Lugo 
(2008), el propósito de las técnicas multivariadas es reducir las dimensiones 
de análisis en una forma estadística adecuada, pero de allí no siempre se 
deriva que sea posible obtener una estructura adecuada de ponderadores.
Asimismo, como mencionan Schokkaert y Van Ootegem (1990), 
el análisis de factores es una técnica de reducción de datos, y los pesos 
relativos que ellos obtienen en el estudio representan solo la importancia 
que estos tienen en la variabilidad de la dimensión de interés y no en la 
dimensión misma.
c) Ponderación a partir de los precios de mercado
Otra alternativa se basa en los precios de mercado. El problema obvio 
de este enfoque es que no siempre existen precios de mercado para todos los 
atributos. Además, aun si ello no fuera así, no siempre los precios resultan 
apropiados para hacer comparaciones de bienestar, tal como han sugerido 
Foster y Sen (1997).
d) Ponderación a partir de un enfoque normativo
Por último, otro esquema de ponderación parte de un enfoque 
normativo. Aquí el problema es que no existen criterios “éticos” que indiquen 
cómo ponderar las diferentes dimensiones. Una de las estrategias ha sido 
consultar a la población (o a un subgrupo de ella, sobre todo a expertos o 
encargados de formular políticas) sobre la ponderación que darían a cada 
una de las dimensiones consideradas, tal como se ha mencionado. Otra 
7 El modelo MIMIC (Multiple Indicator Multiple Causes Model) o el SEM (Structural Equation Model) son 
ejemplos de eso.
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estrategia se basa en análisis jerárquicos en donde se solicita a los individuos 
que realicen comparaciones de a pares de dimensiones. A partir de allí se 
construye una matriz en donde los ponderadores se calculan a partir de la 
técnica de escalamiento métrico multidimensional (Nardo y otros, 2005). 
Concluyendo esta sección, es importante remarcar de nuevo que la 
estructura de ponderación de cada atributo, el grado de sustitución y la 
función de transformación de cada uno de ellos reflejan juicios de valor 
alternativos respecto de la propia noción de pobreza, bienestar, o del 
indicador compuesto de que se trate, pero que, además, pueden tener 
impactos apreciables sobre los resultados obtenidos. El panorama es más 
complejo aún porque no existe un procedimiento que indique cómo ponderar 
las diferentes dimensiones como tampoco un único criterio para establecer 
el valor de los otros dos parámetros en el ámbito multidimensional. A todo 
esto se le suman otras decisiones que también están presentes en el contexto 
unidimensional, como son la elección de los indicadores (el “espacio” de 
evaluación), su medición y, en el caso de desigualdad, el grado de aversión 
a la misma. 
Frente a la dificultad de encontrar una justificación para una única 
y determinada estructura de ponderación, algunos autores, como Foster 
y Sen (1997), sugieren establecer “rangos” de ponderadores razonables. 
El problema de esta especificación es que probablemente conduzca a un 
ordenamiento incompleto de las distribuciones. Por supuesto, la relevancia 
práctica de esta restricción depende positivamente de la amplitud del rango 
y negativamente del grado de correlación entre los atributos.
Por último, una reflexión sobre la interpretación conjunta del parámetro 
b y los ponderadores. Como ya se mencionó, el primero establece si los 
atributos son “intercambiables” entre sí, y en qué medida se puede realizar 
dicho “intercambio”; los segundos definen la importancia relativa de 
cada uno de ellos en el índice global. Aquí el aspecto importante es que 
finalmente ambos factores son fundamentales para determinar la magnitud 
del impacto que un pequeño cambio en el valor de un atributo tiene sobre 
el indicador compuesto. En particular, como demuestran Decancq y Lugo 
(2008), este dependerá: i) del peso relativo del atributo (cuanto mayor sea 
el ponderador asignado a una dimensión, mayor será el impacto que un 
cambio en esta produzca sobre el índice global); ii) de la derivada de la curva 
de transformación con respecto al atributo (cuanto mayor es esta, mayor 
impacto tendrá el cambio en el atributo), y iii) del valor de [Ij (xj)/S(X)]b–1, 
o sea, el cociente entre el valor de la transformación del atributo y el valor 
del índice global. 
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
160
Este último factor sugiere que para b  1, si el individuo (o región, 
país) tiene un valor más reducido en la dimensión considerada que en el 
indicador global, un incremento en aquella tendrá un impacto importante 
sobre el valor de este. Por tanto, este parámetro (al igual que el ponderador) 
permite incrementar el impacto relativo que un atributo tiene sobre el índice 
global. En particular, cuanto menor es el valor de b más sensible se vuelve 
el índice a las dimensiones que registran peores resultados. La lógica es que 
los atributos se vuelven “más valiosos” cuanto más escasos son. En el caso 
de b = 1, el valor del cociente es igual a 1 y el efecto de un cambio en un 
atributo depende solo de 1) y 2) (Decancq y Lugo, 2008).
Recordemos que este es el caso del IDH, en donde b = 1 sugiere 
perfecta sustitución entre los tres atributos considerados. Eso, sumado a la 
transformación logarítmica del ingreso, hace que no siempre se alcancen 
resultados para los cuales hay pleno consenso. En particular, de allí surge 
que, por ejemplo, para un determinado valor del índice de educación y del 
IDH, una reducción de la esperanza de vida deberá ir acompañada por un 
determinado incremento porcentual en el ingreso. Ello deriva claramente 
que en los países más ricos el valor implícito asignado a la extensión de la 
esperanza de vida sea mayor que en los países de menores ingresos. O sea, 
debido a los rendimientos decrecientes, a mayor PIB será necesario un mayor 
ingreso para adquirir otros componentes del bienestar. 
D. A modo exploratorio: construcción de un índice sintético 
de cohesión social en América Latina, a partir del sistema 
de indicadores de la CEPAL
En las secciones anteriores ha quedado de manifiesto el número significativo 
de decisiones metodológicas que es necesario tomar a la hora de construir 
un índice sintético, el elevado rango de posibilidades existentes en cada una 
de ellas y los impactos no neutrales que las mismas pueden tener sobre los 
resultados obtenidos. Pero podría argumentarse que la importancia empírica 
de estas cuestiones es finalmente reducida, que el rango de resultados 
obtenidos modificando estas elecciones, en la práctica, es muy bajo.
Para evaluar la validez de este argumento, en esta sección se presentan 
diferentes ejercicios de estimación del grado de cohesión social en América 
Latina donde se incluye un análisis de sensibilidad y robustez de los resultados 
frente al amplio conjunto de alternativas disponibles. Aquí el objetivo no es 
hacer un análisis exhaustivo del grado de cohesión social alcanzado por los 
países (ni sus diferencias), sino solo evaluar el rango de resultados obtenidos 
y el ordenamiento de los países resultante en cada caso.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
161
Para ello se consideró el conjunto de variables que conforman el sistema 
de indicadores de cohesión social de la CEPAL, para las cuales se contaba 
con información completa para todos los países. O sea, se excluyeron aquellas 
variables en las que algún país no tenía información. Asimismo, luego de 
estandarizar las variables, aquellas en donde el índice crecía en sentido 
contrario a la cohesión este fue transformado (en el caso del rango se restó 
la unidad al valor obtenido, mientras que en el caso del z-score se multiplicó 
por -1). En el Anexo V.1 se presenta el listado completo de variables que 
componen el sistema.
1. Análisis descriptivo
A fin de contar con un primer conjunto de información descriptiva de las 
variables que componen el sistema de cohesión social, se presenta el cuadro 
V.A-2 (en los anexos) con la matriz de correlaciones de Pearson que miden 
la asociación lineal entre cada par de atributos. 
En primer lugar, en cuanto a las variables de “distancias” puede 
apreciarse que existe una alta correlación positiva entre las variables con las 
que se miden pobreza y desigualdad (variables a11 a a16). En todos estos 
casos las correlaciones superan el 50%, e incluso en muchos casos alcanzan 
valores cercanos al 90%. A su vez, también se verifica una alta correlación 
entre el bloque de pobreza y los indicadores de salud y educación, sugiriendo 
la presencia de vínculos estrechos entre las condiciones más estructurales 
de los países. Sin embargo, no se evidencia una correlación significativa 
entre la tasa de desempleo y el resto de las variables de este panel (incluso, 
en algunos casos la correlación es negativa).
En cuanto a las variables asociadas con las instituciones, se observa 
una escasa correlación entre el índice de democracia (índice construido por 
Freedom House, variable b11), y la percepción de la ciudadanía respecto 
del nivel de democracia (b12), y el grado de satisfacción con la democracia 
(b13). Sí se verifica una correlación significativa entre las dos últimas y 
también entre estas y el nivel de pobreza. O sea, los países con menores 
niveles de pobreza parecen ser también los que registran mayores índices 
de democracia y de percepción ciudadana sobre ella.
Por último, con respecto a las variables vinculadas al sentido de 
pertenencia, solo en un caso la correlación es significativa (pero negativa), 
y tiene que ver con las variables asociadas con las expectativas de futuro y 
de movilidad social (c31 y c32).
000Cohesión social.indd   161 28/05/2010   03:19:15 p.m.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
162
Por tanto, se pueden observar, por un lado, variables altamente 
correlacionadas y otras linealmente independientes, o también relacionadas 
inversamente. Toda esta información resulta muy relevante, no solo para 
entender los patrones de comportamiento y correlaciones entre variables, 
sino para avanzar en alguna estrategia de reducción de variables.
2. Análisis multivariado: grupos por países
Para contar con algunos resultados adicionales previos a la construcción 
del índice sintético se hizo el análisis de clusters sobre el total de las 
variables que componen el sistema. Se recuerda que esta técnica es 
multivariada y su objetivo es agrupar variables, tratando de lograr la 
máxima homogeneidad en cada grupo y las mayores diferencias entre 
esos grupos8.
El “dendograma” es una representación gráfica que permite 
interpretar el resultado de este análisis, dado que muestra la formación de 
los aglomerados y las distancias entre cada uno de ellos. A continuación 
se presenta el dendograma correspondiente al análisis para el total de las 
variables. En el eje horizontal se muestran los países, mientras que en el 
vertical se presenta una medida de distancia, a partir de la cual queda definida 
la cantidad de aglomerados. O sea, según la “tolerancia” a las diferencias 
dentro de los grupos se obtendrá una cantidad diferente de agrupamientos. 
A modo de ejemplo, por encima del gráfico V.1, se trazó una línea horizontal 
que indica un nivel dado de distancia entre los países a partir del cual quedan 
definidos 4 agrupamientos.
Como puede comprobarse, la observación más distante es la 
correspondiente a la República Bolivariana de Venezuela, porque es el último 
país en incorporarse al agrupamiento final. Por el contrario, las observaciones 
más cercanas entre sí (las que conforman el primer grupo) son Ecuador y 
México. En el gráfico V.1 también se observa cómo quedan compuestos 
los clusters para cada nivel de distancia. 
El test de Duda y Hart (1973) indica que la cantidad de agrupamientos 
óptima es de 4 o 5. En cada caso, los agrupamientos quedarían conformados 
por los países siguientes (cuadro V.1): 
8 Aquí se utilizó el algoritmo jerárquico acumulativo y como medida de distancia entre grupos se aplicó el 
promedio de las distancias entre cada elemento de un grupo y otro.
000Cohesión social.indd   162 28/05/2010   03:19:15 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
163
 Q Gráfico V.1   
América Latina (18 países): dendograma por países
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL, 2007).
 Q Cuadro V.1   
América Latina (18 países): agrupamiento de países
País 4 clusters 5 clusters
Argentina 1 1
Chile 1 1
Costa Rica 1 1
Uruguay 1 1
Bolivia (Estado Plurinacional de) 2 2
Guatemala 2 2
Honduras 2 2
Nicaragua 2 2
Brasil 3 3
Colombia 3 4
Ecuador 3 4
México 3 4
Panamá 3 4
Perú 3 4
Paraguay 3 4
El Salvador 3 4
República Dominicana 3 4
Venezuela (República Bolivariana de) 4 5
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL/SEGIB, 2007).
CH
L
AR
G CR
I
UR
Y
BO
L
GT
M
HN
D NIC BR
A
CO
L
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M
EC
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PR
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Países
L2
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isi
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0
1
2
3
000Cohesión social.indd   163 28/05/2010   03:19:15 p.m.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
164
Allí se observa que la República Bolivariana de Venezuela queda sola en 
ambos casos. Asimismo, en el agrupamiento de 4 grupos, Argentina, Chile, 
Costa Rica y Uruguay conforman un agrupamiento; el Estado Plurinacional 
de Bolivia, Guatemala, Honduras y Nicaragua conforman otro y el resto 
de los países constituyen el cuarto agrupamiento. En el caso de 5 grupos, 
Brasil se separa del resto de los países. 
Por tanto, este método puede resultar muy útil para conocer cómo se 
distribuyen los países en términos de logros alcanzados en las diferentes 
dimensiones analizadas, sin necesidad de establecer fuertes restricciones o 
supuestos a priori. 
3. Construcción de un índice sintético de cohesión social
Por último, se procedió a construir un índice sintético a partir de la 
metodología del IDH, pero, a diferencia de este, aquí se permiten diferentes 
grados de sustitución entre los atributos considerados y diferentes sistemas 
de ponderación. En particular, se hicieron diversos ejercicios para analizar 
el ordenamiento de países ante cambios en:
• La  función de transformación.  En particular, se utilizó la 
estandarización: i) por el rango (igual que el IDH), ii) por z-score y 
iii) a partir del máximo valor que adopta la variable en la muestra. 
• El parámetro de sustitución.  Se probaron los siguientes valores: 
-3, -2, -1, 1/3, 1/2 y 1 (como fue mencionado, este último caso es 
el que corresponde al IDH).
• La  estructura  de ponderación.  Se utilizaron tres esquemas 
diferentes: i) ponderación constante (igual que en el IDH),  
ii) estructura obtenida a partir del análisis de componentes principales 
y iii) estructura a partir del análisis de clusters de variables.
Antes de analizar los resultados, es necesario mencionar que para 
cada dimensión se cuenta con información a nivel de país y que cada uno 
constituye, por tanto, la unidad de análisis. A su vez, como aquí no se 
pretende obtener ningún resultado a nivel regional, la estrategia será “en 
una sola etapa” donde  Si (Xβ) representará el nivel de cohesión social de 
cada nación obtenido como un promedio de los valores de los atributos 
considerados.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
165
E. Resultados
1. Cambios en la función de transformación
En el gráfico V.2 se presenta el ordenamiento de países resultante de los 
tres métodos de estandarización utilizados, suponiendo que b = 1 e igual 
ponderación para todas las variables. El ordenamiento de países se realizó 
de modo tal que el grado de cohesión aumente siguiendo el movimiento 
de las agujas del reloj. Así es como se observa que Uruguay es el país con 
mayor grado de cohesión en la región, seguido por Costa Rica, Chile y 
Argentina. En el otro extremo se ubicarían Guatemala, Honduras, el Estado 
Plurinacional de Bolivia, Paraguay y Nicaragua. 
 Q Gráfico V.2   
Índice de cohesión social: sensibilidad a la función de transformación
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL/SEGIB, 2007).
Este resultado parece ser consistente con el obtenido en el análisis 
de clusters donde aquellos primeros cuatro países constituían un grupo y 
Guatemala, Honduras, el Estado Plurinacional de Bolivia y Nicaragua, otro. 
Solo en el caso de Paraguay ambos resultados no coinciden exactamente, 
porque en el ordenamiento general este país queda ubicado entre los de 
menor cohesión, inmediatamente anterior a Nicaragua y posterior al Estado 
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18 GTM
HND
BOL 
PRY
NIC
PER
SLV
DOM
ECUCOL
BRA
MÉX
PAN
VEN
ARG
CHL
CRI
URY
Z-scores
Rangos
Máximo
000Cohesión social.indd   165 28/05/2010   03:19:15 p.m.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
166
Plurinacional de Bolivia, mientras que en los agrupamientos quedaba incluido 
en el grupo de países con un mayor grado de cohesión. En el resto de los 
casos ambos ordenamientos coinciden con exactitud, sugiriendo la relevancia 
y la validez de los análisis multivariados como paso previo a la construcción 
de un índice sintético. 
Asimismo, en el caso de una reducida sensibilidad de los resultados ante 
esquemas alternativos de estandarización debería reflejarse en el gráfico V.2, 
a través de la superposición de los puntos que indican la posición relativa 
de cada país. Como allí se observa, eso parece verificarse en un conjunto 
significativo de países.
Esta misma información se presenta en el cuadro V.A-3 (en los anexos). 
Con gris se identifican los países que experimentan cambios de posición 
relativa frente a la utilización de funciones de transformación alternativas. 
Como se comprueba, los cambios no parecen ser numerosos dado que eso 
se verifica solo en 4 de los 18 países considerados, y cuando eso sucede las 
variaciones son de una o dos posiciones relativas. 
Hasta aquí el análisis se realizó para el total de las variables que 
componen el sistema. Sin embargo, dada la naturaleza heterogénea de 
estas, en el gráfico V.2 y el cuadro V.A-4 (en los anexos) se presenta el 
mismo análisis pero de manera separada por cada uno de los tres grandes 
componentes del mismo: Distancias, Instituciones y Pertenencia. Como se 
puede visualizar, en el gráfico V.3 se presenta un mayor grado de “desorden” 
que el anterior, indicando fuertes alteraciones en las posiciones relativas de 
los países según la dimensión analizada.
Asimismo, en las últimas columnas del cuadro V.A-4 (en los anexos) 
se detallan los cambios de posición de los países. La heterogeneidad en 
los logros de cada uno de ellos en cada una de estas dimensiones hace que 
casi todos se ubiquen en posiciones diferentes según el componente. Es 
más, algunos países cambian de manera drástica como, por ejemplo, Perú 
(que en el ordenamiento general se ubica 6º, según distancias 7º, según 
instituciones 3º y según pertenencia 15º), México, Ecuador, el Estado 
Plurinacional de Bolivia y Colombia. Los países mejor posicionados según 
el índice general experimentan cambios más pequeños como evidencian 
Uruguay y Costa Rica. 
Por tanto, esto sugiere que el ordenamiento general promedia 
situaciones, en general, muy heterogéneas en lo correspondiente a los logros 
de los países en las diferentes dimensiones consideradas y, por consiguiente, 
000Cohesión social.indd   166 28/05/2010   03:19:16 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
167
cuestiona la validez y la relevancia del promedio general para evaluar el grado 
de cohesión social en la región.
2. Cambios en el valor del parámetro de sustitución
En el gráfico V.4 y en el cuadro V.A-5 (en los anexos) se presentan los 
resultados del índice global obtenidos frente a los cambios en el valor del 
parámetro de sustitución (b), suponiendo igual ponderación para todas las 
variables y utilizando el rango como método de estandarización. Como allí 
se observa, si este parámetro adopta valores positivos o negativos, deriva 
en cambios sustanciales en el ordenamiento de países. 
Como ya se señaló, la diferencia en los resultados frente a los cambios en 
el valor de b evidencia claramente el papel que puede cumplir este parámetro 
en el incremento o la reducción del impacto relativo de una dimensión en el 
índice compuesto. En particular, cuanto menor es este valor, más sensible se 
vuelve el índice a las dimensiones con peores resultados, por lo que países 
con muy bajo nivel en alguna variable son fuertemente penalizados. Este es 
 Q Gráfico V.3   
Índice de cohesión social por componente (estandarizado por rango)
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL, 2007).
BOL 
VEN
(
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18 HND
NIC
GTM
DOM
PRY
PER
SLV
COL
BRA
PAN
ECU
MEX
ARG
CHL
CRI
URY
Distancias (A)
Instituciones (B)
Pertenencia (C) 
000Cohesión social.indd   167 28/05/2010   03:19:16 p.m.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
168
el caso, por ejemplo, de Argentina que pasa de ubicarse en el lugar 15° (con 
b = 1) al lugar 5°, cuando el parámetro adopta el valor –3. En una situación 
contraria se ubica, por ejemplo, Honduras. Nuevamente, Uruguay mantiene 
prácticamente inalterado su lugar, al igual que Chile. 
La gran variabilidad que surge al modificar el valor del parámetro 
de sustitución resulta sobre todo relevante porque la práctica habitual de 
asignarle un valor unitario no parece apropiada en el contexto de cohesión 
social. En particular, la posibilidad de “intercambiar” dimensiones y de 
compensar bajos niveles de un atributo con altos valores de otro parece 
ser contradictoria con la idea misma de cohesión, donde no solo se 
incorporan las brechas objetivas sino también las percepciones de los 
actores sobre las mismas. 
3. Cambios en la estructura de ponderación
Por último, en el gráfico V.5 y en el cuadro V.A-6 (en los anexos) se 
muestran los resultados del índice global frente a cambios en la estructura 
de ponderación, suponiendo b = 1 y estandarización por rango.
 Q Gráfico V.4   
Índice de cohesión social: sensibilidad al valor de beta
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL, 2007).
BOL 
VEN
(
1
3
5
7
9
11
13
15
17
19
GTM
HND
PRY
NIC
PER
SLV
DOM
ECU
COL
BRA
MÉX
PAN
ARG
CHL
CRI
URY
Beta = –3
Beta = –2
Beta = –1
Beta = 1/3
Beta = 1/2
Beta = 1
000Cohesión social.indd   168 28/05/2010   03:19:16 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
169
Como ya se mencionó, allí se compara el ordenamiento con 
ponderación constante (como en los casos anteriores) con la estructura que 
surge aplicando el método de componentes principales (CP), y la que se 
deriva del uso de clusters por variables. En el caso de CP, como es habitual en 
estos casos, se utilizaron como ponderadores los elementos del autovector 
asociado al máximo autovalor (componente principal). En el caso de los 
clusters, siguiendo a Hirschberg (1991), las variables fueron ponderadas a 
partir del siguiente cálculo:
 1
 wj =  [2] mc nj
donde mc  indica el número de clusters y nj  la cantidad de variables en el mismo cluster que la variable j. El análisis arrojó una cantidad de 5 clusters. 
Los resultados indican que los cambios de posición más fuertes 
relacionados con el esquema de ponderación constante se observan en la 
ponderación por clusters, porque en el otro caso las variaciones son menores. 
 Q Gráfico V.5   
Índice de cohesión social: sensibilidad a los ponderadores
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL, 2007).
BOL 
VEN
(
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
GTM
HND
PRY
NIC
PER
SLV
DOM
ECU
COL
BRA
MÉX
PAN
ARG
CHL
CRI
URY
Constante
Por CP
Por clusters
000Cohesión social.indd   169 28/05/2010   03:19:17 p.m.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
170
A partir de los resultados obtenidos en cada caso se pueden hacer 
algunas reflexiones. Por una parte, que efectivamente los resultados son 
altamente sensibles a las decisiones metodológicas adoptadas y que los 
países cambian en forma drástica su ordenamiento a partir de ellas. En 
particular, la elección del valor del parámetro de sustitución parece ser 
la más crítica porque genera una gran dispersión en los resultados. Por el 
contrario, estos no parecen ser altamente sensibles a esquemas alternativos 
de estandarización de las variables.
Por otra parte, todo eso es más relevante aún si se tiene en cuenta 
que no existe una guía normativa que ayude a seleccionar una dentro de 
las varias alternativas disponibles. Como mencionan Decancq y Lugo 
(2008: 21) respecto a la elección del sistema de ponderadores: Ultimately, 
the definite test for any weighting scheme should be in terms of  its reasonability in 
terms of  implied trade-offs between the dimensions. As long as there is no widely 
accepted theoretical framework how to set these trade-offs, the researcher has no 
choice than to rely on her common sense and to be very cautious in interpreting the 
obtained orderings of  the well-being bundles. In all cases, robustness tests to determine 
whether results are driven solely by the specific value of  weights selected, should be 
called upon. La aceptación de esta afirmación implica aceptar también la 
dificultad que implicaría para la CEPAL construir un indicador sintético 
de cohesión social.
Por último, los resultados empíricos mostrados sugieren que, como 
mínimo, deberían analizarse por separado los tres pilares incluidos en el 
índice, porque los logros en cada uno de ellos son tan divergentes en cada 
país, que el ordenamiento se modifica sustancialmente, reduciendo de manera 
apreciable la utilidad del índice agregado. 
F. Ventajas y limitaciones de un índice de cohesión social 
en América Latina y el Caribe
A partir de todo el análisis previo, en esta sección se intenta hacer una 
evaluación global de las ventajas y limitaciones que tendría un índice de 
cohesión social para América Latina y el Caribe construido por la CEPAL. 
En las secciones anteriores se brindan elementos valiosos en este 
sentido. Pero existen al menos tres consideraciones adicionales importantes 
que se deben incluir en el análisis: i) la región presenta niveles de desigualdad 
y polarización muy elevados, tanto dentro de los países como entre países; 
ii) la naturaleza compleja del concepto de cohesión social y la elevada 
000Cohesión social.indd   170 28/05/2010   03:19:17 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
171
multiplicidad de factores que la determinan, y iii) la responsabilidad de la 
CEPAL como organismo internacional en la región frente a la construcción 
y la publicación de un indicador de estas características. 
Antes de establecer las ventajas y limitaciones de un índice compuesto, 
conviene recordar aquí el “listado de tareas” que deben realizarse para construir 
un indicador de esta clase que resulte relevante y técnicamente riguroso. 
1. Definición del marco teórico
Para construir un indicador compuesto el primer paso son la definición y 
la especificación del objeto de estudio y el reconocimiento del esfuerzo de 
reducir a una sola dimensión los múltiples factores que lo determinan. Como 
se mencionó, la CEPAL ha logrado avances significativos en la definición 
del concepto de cohesión social.
2. Selección de indicadores y disponibilidad de información
La selección de los indicadores deberá estar basada en la estrecha vinculación 
con la dimensión sometida a estudio, la disponibilidad de información, la 
calidad de la misma, la facilidad de su interpretación y la interrelación con el 
resto de los indicadores. La CEPAL ya cuenta con un sistema de indicadores 
para el seguimiento de la cohesión social en la región.
3. Análisis descriptivo y multivariado exploratorio
El análisis de correlaciones, de funciones de densidad bivariadas, y el análisis 
multivariado de “reducción de dimensiones” pueden ser pasos previos a 
la construcción del índice sintético de gran utilidad. En particular, estos 
ejercicios permiten conocer mejor el comportamiento de las dimensiones 
consideradas y sus interrelaciones, de modo que se mejore la especificación 
del índice compuesto. Asimismo, el análisis de clusters sobre variables permite 
identificar las similitudes y comportamientos existentes entre cada una de 
ellas, lo que podría contribuir a reducir cierta “redundancia” de información. 
Este mismo tipo de análisis pero aplicado a los países puede contribuir a 
construir grupos de estos que sean relativamente homogéneos, insumo 
importante a la hora de analizar los resultados en lo relacionado con el 
ordenamiento de países que surge del índice sintético. También podrían 
considerarse estos ejercicios como un fin en sí mismos si se decide no avanzar 
en la construcción de un índice sintético debido a la riqueza informativa 
000Cohesión social.indd   171 28/05/2010   03:19:17 p.m.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
172
respecto de la cantidad y la composición de grupos de países similares, en 
términos de una multiplicidad de dimensiones. 
4. Normalización de los indicadores, estructura de ponderación 
y parámetro de sustitución 
Estos aspectos se han analizado en detalle a lo largo del artículo en donde 
se especificó el amplio conjunto de opciones existentes en cada caso y, quizá 
más importante, las posibles consecuencias no neutrales que estas pueden 
tener sobre los resultados alcanzados. 
5. Análisis de sensibilidad y fortaleza de los resultados
Por tanto, dada la multiplicidad de juicios de valor y decisiones arbitrarias 
inherentes a la construcción del indicador sintético, es indispensable hacer 
diferentes ejercicios de sensibilidad para evaluar el rango de variabilidad de 
los resultados obtenidos. 
6. Difusión, transparencia y consenso
Uno de los requisitos principales para la aceptación y la difusión del índice 
es que este sea transparente en sus procedimientos, y de fácil comunicación 
y entendimiento, no solo en el mundo académico, sino también entre 
los responsables de tomar las decisiones de política. En este sentido, los 
consensos alcanzados respecto a todos los pasos previos y a los resultados 
alcanzados resultan un aspecto clave para la aceptación y la continuidad 
del índice. Ello se vuelve más importante aún si el objetivo del mismo es el 
ordenamiento de países según su grado de cohesión social.
A partir de aquí, y repasando algunas cuestiones mencionadas previa-
mente, las ventajas y desventajas de cualquier índice sintético podrían 
resumirse como sigue:
Ventajas
• Reducción de la multiplicidad de información, facilitando la interpretación 
de la dimensión que se estudia.
• Reducción o eliminación de duplicación de información.
• Facilidad para la comparación entre países, regiones, entre otros, y para la 
identificación de tendencias en el tiempo.
000Cohesión social.indd   172 28/05/2010   03:19:17 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
173
Desventajas 
• Posible pérdida de información valiosa.
• Posible arbitrariedad en la elección de los parámetros con impactos 
importantes en los resultados obtenidos. No siempre existen marcos 
normativos que permitan “avalar” estas decisiones. Dificultad para 
alcanzar consensos.
• Posible trade-off entre rigurosidad en la construcción del índice y dificultad 
para su transmisión posterior. 
• Dilema de los promedios, aspecto relacionado con cualquier índice 
sintético y que se refiere a que cuando los elementos que lo 
componen registran similares comportamientos, el aporte 
del indicador agregado parece ser bajo (si bien, obviamente, 
facilita su comprensión); sin embargo, cuando dichos elementos 
experimentan evoluciones divergentes la utilidad del promedio 
parece ser aún menor.
Sobre estas consideraciones generales pueden sumarse otras dos 
adicionales (una conceptual y otra empírica), que parecen ser particularmente 
relevantes en el caso del indicador de cohesión social para la región: 
i) La primera, de orden conceptual, refiere a la complejidad misma del 
concepto de cohesión social, lo que implica necesariamente incluir un 
conjunto elevado de indicadores para poder representarlo de manera 
adecuada. En este sentido, aparecen los interrogantes siguientes: ¿En 
qué medida el indicador de cohesión, tal como está definido por la 
CEPAL, puede ser reductible a una sola dimensión? ¿Cómo se expresa 
la dialéctica entre mecanismos de inclusión / exclusión y las respuestas 
de la ciudadanía a través de un promedio? ¿No son parte esencial 
del indicador las contradicciones mismas existentes entre los logros 
obtenidos en cada pilar y entre ellos?
 ¿En qué medida el déficit de un atributo puede ser compensado, total 
o parcialmente, por los mayores logros en otro atributo, de modo tal 
que el promedio refleje “algún grado de cohesión”? 
 Teniendo en cuenta la naturaleza del concepto, y luego del análisis 
realizado a lo largo del artículo, no parece posible que un índice sintético 
que promedie logros en variadas y heterogéneas dimensiones refleje 
fielmente la noción de cohesión social y, por tanto, que sea de gran 
utilidad al momento de definir la situación de los países de la región y 
tampoco para la toma de decisiones de política adecuadas. En particular, 
000Cohesión social.indd   173 28/05/2010   03:19:17 p.m.
Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
174
un solo indicador sintético no parece ser suficiente para caracterizar 
una dimensión tan compleja y multidimensional como lo es la cohesión 
social. Ello obliga a que para entender acabadamente qué factores 
determinan la posición relativa de cada uno de los países se deba “volver 
hacia atrás” en la construcción del índice, de modo que se identifique 
el comportamiento individual de cada variable en cada país. 
ii) Todo eso se vuelve más complejo aun cuando en la evaluación se 
incorporan cuestiones empíricas. Por un lado, la dificultad para 
reducir todas estas dimensiones y para interpretar el resultado del 
indicador sintético frente a comportamientos altamente divergentes 
en sus componentes. Por otro, la sensibilidad de los resultados frente 
a construcciones alternativas del índice, lo que deriva en diferentes 
ordenamientos de países. Eso es más relevante aun si se tiene en 
cuenta la elevada cantidad de decisiones que se van a tomar en la 
construcción del indicador y la variedad de opciones disponibles en 
cada uno de los casos. 
Por tanto, todos estos elementos resultan esenciales a la hora de evaluar 
la relevancia, la pertinencia y la utilidad de construir un índice sintético de 
cohesión social para la región que intente comparar la situación relativa 
de los países. Estos indicadores no solo deben estar basados en un marco 
teórico sólido y en criterios de construcción rigurosos, sino que deben 
reflejar con exactitud la naturaleza del fenómeno y brindar resultados 
sólidos. En definitiva, se reitera, el uso amplio de esta clase de índices por 
parte de los países depende del consenso que estos generen, el cual estará 
basado, entre otros factores, en el cumplimiento de estos cuatro requisitos. 
Si bien parece que los dos primeros se cumplen, toda vez que la CEPAL ha 
construido una aproximación teórica rigurosa de la que se deriva todo el 
sistema de indicadores propuestos, esa no parece ser la situación de los dos 
segundos, lo que desestimaría la construcción de un indicador compuesto 
de estas características. 
En este sentido, vale mencionar que una de las razones que explican 
la popularidad del IDH se refiere al consenso existente en torno a que 
la evolución del ingreso no se asocia unívocamente al desarrollo social y 
humano, lo que lleva a la necesidad de hacer un análisis más complejo donde 
interviene un mayor número de dimensiones (Sen, 1999). Por otro lado, su 
popularidad reside en la simplicidad en su construcción e interpretación. 
Por último, la disponibilidad de información a nivel nacional asegura su 
continuidad en el tiempo. Sin embargo, aun en este marco, este índice no 
ha estado exento de críticas de diferente índole. 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
175
Como menciona Brandolini (2007), el IDH es un ejemplo sencillo de 
los problemas que pueden aparecer en la construcción de un índice donde se 
apela a la completa agregación. Como allí se muestra, a partir de las curvas 
iso-IDH bidimensionales de PIB per cápita y esperanza de vida (con un valor 
fijo de la educación), se encuentra que para 2002-2003 un mismo valor del 
IDH es consistente con valores muy diferentes en sus componentes. Por 
ejemplo, Argentina y Hungría obtienen el mismo valor de desarrollo humano 
(0,863 y 0,862, respectivamente), pero el primero tiene 1,8 años adicionales 
de esperanza de vida y un PIB per cápita 17% menor que el segundo. Si la 
estructura de ponderadores dejara de ser la misma para todos los atributos 
y, por ejemplo, la esperanza de vida pasara a ponderar 3 veces más que el 
ingreso, Argentina superaría a Hungría y los nuevos valores serían de 0,867 
y 0,856, respectivamente. Como allí se concluye, estos resultados no solo 
muestran la importancia de la estructura de ponderación, sino también la 
pérdida de información valiosa dado que el indicador resumen puede esconder 
diferencias muy significativas en su interior. Todo ello se vuelve más relevante 
aun cuando se están comparando y ordenando países. 
Para finalizar, el análisis hecho hasta aquí sugiere que la decisión de 
avanzar hacia la construcción de un indicador sintético de cohesión social 
debe estar basada en un análisis teórico y empírico de los pros y contras 
de tal emprendimiento. En este sentido, la dificultad para comprender 
cabalmente la situación de los países de la región, a partir de un solo 
indicador, la arbitrariedad de las decisiones que deben tomarse, la falta de 
una guía normativa completa y la alta volatilidad de resultados que deriva en 
ordenamientos de países muy diversos no parecen ser compensados por la 
“ventaja comunicacional” de un indicador sintético de estas características.
G. Reflexiones finales 
Los enfoques multidimensionales en el campo del desarrollo humano y 
social vienen recibiendo creciente atención, tanto en el ámbito académico 
como en el de las políticas públicas. Esos esfuerzos han sido plasmados en 
diferentes indicadores de desigualdad, privación, exclusión y cohesión social 
a partir de la consideración de la naturaleza multifacética que los caracteriza.
Sin embargo, estos desarrollos no han estado exentos de debates, 
controversias y falta de consensos. De manera empírica se verifica que los 
supuestos realizados sobre los diferentes parámetros (sobre todo la estructura 
de ponderación y la elasticidad de sustitución entre los atributos) no tienen 
un impacto neutro sobre los resultados, a la vez que la falta de una base 
normativa completa no permite reducir el espacio de opciones. 
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
176
A partir de todas estas consideraciones, las preguntas que surgen son: 
¿Cuál sería la utilidad de un índice de cohesión social para la región? ¿Cuál 
es el objetivo final de tal construcción? ¿Se pretende influir en la toma de 
decisiones? ¿Cómo obtener recomendaciones de política válidas a partir 
solo de un indicador sintético?
Otro aspecto relevante para tener en cuenta si se decidiera construir 
un indicador compuesto son las etapas de elaboración y difusión del mismo. 
En particular, no parece adecuado avanzar en tal emprendimiento hasta 
tanto no se logre un gran consenso entre los países de la región respecto del 
concepto mismo de cohesión social, de su relevancia y de las dimensiones 
que lo componen. 
Por tanto, de manera alternativa al índice compuesto, parecería más 
adecuado que la CEPAL, atendiendo a las necesidades de los países de la 
región, avance hacia la elaboración de estudios nacionales de cohesión 
social no solo con el objetivo de ofrecer un análisis exhaustivo de todos 
los factores asociados a esta dimensión, sino, también, de colocar el tema 
en la agenda pública, de modo que se contribuya a la correcta toma de 
decisiones que redunde finalmente en mayores niveles de bienestar de la 
población en su conjunto.
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
180
 Q Cuadro V.A-1   
Sistema de indicadores de cohesión social de la CEPAL
Códigos Indicadores
Distancias
a11 Pobreza
a12 Coeficiente brecha de pobreza
a13 Indigencia
a14 Coeficiente brecha de indigencia
a15 Razón de Ingresos quintiles (Q5/Q1)
a16 Coeficiente de Gini
a21 Tasa de desempleo abierto en zonas urbanas
a22 Ocupados en sectores de baja productividad
a23 Relación de salarios urbanos entre los sexos
a24 Tasa de subempleo
a31 Participación de las mujeres en el empleo asalariado no agrícola
a32 Ocupados que realizan aportes a sistemas de seguridad social
a33 Población en edad de trabajar que realiza aportes a sistemas de seguridad social
a41 Conclusión de la educación secundaria
a42 Tasa neta de matrícula en la educación preescolar (preprimaria)
a43 Tasa de analfabetismo de la población de 15 años y más
a44 Relación de acceso a la preescolar según quintiles de ingreso (Q1/Q5)
a45 Tasa de conclusión de la primaria en la población de 25 años y más 
a51 Tasa de mortalidad infantil
a52 Esperanza de vida al nacer
a53 Porcentaje de niños de 1 año vacunados contra el sarampión
a54 Partos asistidos por personal sanitario especializado
a55 Tasa de mortalidad por VIH/SIDA (casos cada 100 mil habitantes)
a61 Porcentaje de la población por debajo del nivel mínimo de consumo de energía alimentaria
a62 Población con acceso a servicios de saneamiento mejorados
a53 Población con acceso sostenible a mejores fuentes de abastecimiento de agua potable
Instituciones
b11 Índice de democracia (Freedom House) 
b12 Percepción ciudadana del nivel de democracia existente en el país 
b13 Satisfacción con la democracia
b14 Ciudadanos con actitudes positivas hacia la democracia
b21 Índice de percepción de la corrupción (Transparencia Internacional)
b22 Percepción de Avance en la Lucha contra la Corrupción
b23 Evaluación ciudadana del desempeño del Poder Judicial 
b24 Personas que afirman haber sido víctimas de algún delito en el último año 
b31 Carga tributaria como porcentajes del PIB.
b32 Confianza en que dinero de los impuestos serán bien gastados por el Estado
b33 Gasto público en educación como porcentaje del PIB
b34 Gasto público en salud como porcentaje del PIB.
b35 Gasto público social como porcentaje del PIB
b41 Índice de productividad del trabajo (1980=100)
b42 Remuneraciones medias reales
b43 Ocupados preocupados de perder el empleo
b44 Gasto privado en educación como porcentaje del PIB
b45 Gasto directo de los hogares como porcentaje del gasto total en salud (out-of-pocket expenditure)
Pertenencia
c11 Población que adscribe a una etnia
c12 Población que se siente maltratada por el color de la piel o la raza
c13 Proporción de puestos ocupados por mujeres en el Parlamento nacional
c21 Confianza en las instituciones del Estado y los partidos políticos
c22 Porcentaje de votos en elecciones parlamentarias respecto al total de población en edad de votar
c23 índice de activación política
c31 Porcentaje de ciudadanos que creen que sus hijos vivirán mejor que ellos
c32 Porcentaje de ciudadanos que creen que la estructura social es abierta e igualitaria
c41 Tasa de mortalidad por suicidios y lesiones autoinfligidas
c42 Tasa de homicidios
Fuente: Elaboración propia.
Anexo
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
183
 Q Cuadro V.A-3   
Cambios en función de transformación
País Función de transformación
Rangos z-scores Máximo
Guatemala 1 1 1
Honduras 2 2 2
Bolivia (Estado Plurinacional de) 3 4 4
Paraguay 4 3 3
Nicaragua 5 5 5
Perú 6 6 7
El Salvador 7 7 8
República Dominicana 8 8 6
Ecuador 9 9 9
Colombia 10 10 10
Brasil 11 11 11
México 12 12 12
Panamá 13 13 13
Venezuela (República Bolivariana de) 14 14 14
Argentina 15 15 15
Chile 16 16 16
Costa Rica 17 17 17
Uruguay 18 18 18
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL/SEGIB, 2007).
 Q Cuadro V.A-4   
Ordenamiento por componentes
País
Distancias (A) Instituciones (B) Pertenencia (C) Cambio de orden
Rangos z-score Máximo Rangos z-score Máximo Rangos z-score Máximo
Inst.- 
Dist.
Pert.-  
Dist.
Pert.-  
Inst.
Bolivia (Estado  
 Plurinacional de) 1 1 2 8 8 8 4 5 3 7 3 -4
Honduras 2 2 1 5 5 5 7 7 9 3 5 2
Nicaragua 3 3 3 9 9 9 9 8 13 6 6 0
Guatemala 4 4 4 2 3 3 1 1 1 -2 -3 -1
República Dominicana 5 5 5 11 11 11 8 9 8 6 3 -3
Paraguay 6 6 6 1 1 1 3 3 4 -5 -3 2
Perú 7 7 9 3 2 2 15 15 15 -4 8 12
El Salvador 8 9 7 7 7 7 2 2 2 -1 -6 -5
Colombia 9 8 8 13 13 15 6 6 5 4 -3 -7
Brasil 10 10 10 12 12 12 12 14 7 2 2 0
Panamá 11 11 11 14 15 14 10 11 10 3 -1 -4
Ecuador 12 13 12 4 4 4 5 4 6 -8 -7 1
Venezuela (República 
 Bolivariana de) 13 12 13 10 10 10 17 18 14 -3 4 7
México 14 14 14 6 6 6 16 16 17 -8 2 10
Argentina 15 15 15 16 16 13 14 12 16 1 -1 -2
Chile 16 16 18 15 14 16 11 10 12 -1 -5 -4
Costa Rica 17 18 16 17 17 17 18 17 18 0 1 1
Uruguay 18 17 17 18 18 18 13 13 11 0 -5 -5
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL/SEGIB, 2007).
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Capítulo V La viabilidad de la construcción de un índice sintético de cohesión social
184
 Q Cuadro V.A-6   
Cambios en la estructura de ponderación
País
Ponderación
Constante Por CP Por clusters
Guatemala 1 2 3
Honduras 2 1 11
Bolivia (Estado Plurinacional de) 3 4 1
Paraguay 4 5 9
Nicaragua 5 3 5
Perú 6 7 4
El Salvador 7 6 13
República Dominicana 8 8 2
Ecuador 9 9 7
Colombia 10 10 10
Brasil 11 12 12
México 12 11 17
Panamá 13 13 8
Venezuela (República Bolivariana de) 14 14 6
Argentina 15 15 14
Chile 16 16 15
Costa Rica 17 17 18
Uruguay 18 18 16
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL/SEGIB, 2007).
 Q Cuadro V.A-5   
Cambios en el parámetro de sustitución (beta)
País
Valor del parámetro beta
–3 –2 –1  1/3 1/2 1
Guatemala 6 4 2 1 1 1
Honduras 11 10 10 2 2 2
Bolivia (Estado Plurinacional de) 7 7 6 3 3 3
Paraguay 8 8 5 4 4 4
Nicaragua 12 9 8 5 5 5
Perú 13 13 12 7 7 6
El Salvador 4 5 7 6 6 7
República Dominicana 10 11 11 8 8 8
Ecuador 3 3 3 9 9 9
Colombia 1 1 1 12 11 10
Brasil 2 2 4 11 10 11
México 15 15 13 13 13 12
Panamá 14 14 14 14 14 13
Venezuela (República Bolivariana de) 18 17 17 10 12 14
Argentina 5 6 9 15 15 15
Chile 17 16 15 16 16 16
Costa Rica 9 12 16 17 17 17
Uruguay 16 18 18 18 18 18
Fuente: Elaboración propia sobre la base del Sistema de Indicadores de Cohesión Social (CEPAL/SEGIB, 2007).
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
185
Capítulo VI
Hacia un núcleo de indicadores clave 
de cohesión social: un paso atrás, 
dos adelante1
Juan Carlos Feres, Pablo Villatoro 
A. Introducción
Uno de los principales desafíos en el campo de la cohesión social es avanzar en 
la instalación del tema en un lugar central en las agendas de los países de América Latina. 
Esta empresa no está exenta de complejidades, en un contexto regional 
caracterizado por una amplia heterogeneidad de realidades y de capacidades 
institucionales. A su vez, los países de la región no están vinculados por 
consensos y compromisos supranacionales que los “obliguen” a monitorear 
un conjunto de metas de desarrollo social comunes, y que hacen parte de 
un proyecto de integración regional, como es el caso de Europa.
Existen varios síntomas de las complejidades enunciadas. En las 
diferentes actividades de consulta sobre indicadores de cohesión social 
desarrolladas por la CEPAL2, se han puesto en evidencia distintas 
1 Este artículo fue elaborado considerando como material de apoyo los valiosos insumos producidos 
por Andrés Palma, referidos a la sistematización de las actividades de consulta a expertos de distintas 
agencias de cooperación internacional, y a la evaluación de los indicadores de cohesión contenidos en 
la primera propuesta desarrollada por la CEPAL. 
2 Véase un estudio detallado en el sitio Web del proyecto “Medir la cohesión social”, en: http://www.eclac.
org/deype/.
000Cohesión social.indd   185 28/05/2010   03:19:18 p.m.
Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
186
interpretaciones del enfoque de cohesión social y falta de claridad, con 
respecto a las fronteras entre los componentes y a lo que se mide con los 
indicadores, entre otros problemas. Todos estos elementos dificultan utilizar 
el enfoque de cohesión social en el seguimiento de las políticas públicas 
implementadas por los países3.
En este artículo se intenta acotar, en clave de políticas públicas, el 
enfoque conceptual para medir la cohesión social de la CEPAL, y se propone 
una selección de indicadores clave de cohesión para América Latina. En este 
intento se mantienen los elementos centrales del enfoque construido por 
la CEPAL, pero se trata de ganar en simplicidad y en las posibilidades de 
uso del enfoque. Así, este capítulo se inicia con algunas reflexiones sobre el 
concepto de cohesión social, continúa con una reespecificación de sus pilares 
o componentes, prosigue con una lista de indicadores clave de cohesión 
social, y finaliza con consideraciones sobre los desafíos que se van a enfrentar 
para avanzar en la medición de la cohesión social en los países de la región. 
B. El concepto y los pilares de la cohesión social
La CEPAL (2007a) definió inicialmente la cohesión social como la dialéctica 
entre los mecanismos instituidos de inclusión y exclusión social y las percepciones y reacciones 
de los ciudadanos con respecto a la operación de dichos mecanismos (pertenencia). Esta 
definición sintetiza y pone en relación distintos elementos que hacen parte 
del desarrollo de las sociedades latinoamericanas, como las dinámicas de 
inclusión y exclusión y las percepciones y reacciones de los actores sociales. 
Esto constituye un punto de partida para dar una mirada más integral 
a las dinámicas de desarrollo de los países, cuya novedad estaría en la 
incorporación de información subjetiva que se usaría junto con los datos 
tradicionalmente empleados por la CEPAL.
En general, la definición de la CEPAL es una descripción de los 
mecanismos implicados en las dinámicas de transformación social. El 
concepto de la CEPAL contiene un enfoque donde se identifican los 
pilares que serían más relevantes para el desarrollo en el contexto regional 
(inclusión y pertenencia), y se enfatizan las relaciones entre estos, como 
el aspecto clave. Algunos ejemplos de preguntas que se desprenden de 
3 En todo caso, hay algunas señales muy alentadoras provenientes de algunos países. Por ejemplo, la 
Contraloría General de la República de Colombia y, en particular, la Dirección de Estudios Sectoriales de 
dicha entidad, empleó el enfoque desarrollado por la CEPAL para medir la cohesión social en su informe 
social 2008 titulado: “Inclusión y exclusión social en Colombia (salud, educación y asistencia social): 
mercado y política social”. 
000Cohesión social.indd   186 28/05/2010   03:19:18 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
187
esta perspectiva analítica son: ¿Cuáles serán las percepciones y reacciones 
ciudadanas ante mecanismos de exclusión que profundicen las brechas 
sociales?, ¿Cómo percibirá la ciudadanía la instrumentación de reformas 
institucionales –como el incremento de la carga tributaria– orientadas a 
cerrar las brechas sociales? 
En este punto, cabe preguntarse si, para promover un mayor uso del 
enfoque de cohesión en el campo de las políticas públicas, es necesario o 
no explicitar un horizonte de desarrollo. En principio, la respuesta es afirmativa, 
porque un umbral normativo cumple funciones esenciales para la política 
pública: orienta la acción (y, por tanto, fundamenta el diseño de políticas), 
y permite el seguimiento y la evaluación de sus resultados. Esto va más allá 
de la función exclusivamente analítica. 
En términos de horizonte, los países de la región deberían avanzar 
hacia la reducción de la exclusión social, y las instituciones –sobre todo 
aquellas implicadas directamente en el diseño e implementación de 
políticas públicas y sociales– tendrían que contar con las capacidades 
necesarias para alcanzar ese propósito. Aquí se debe considerar que no 
todas las exclusiones serán objeto de la política pública; un ciudadano 
común podría molestarse si no es aceptado en The Sphere4, la red social del 
lujo extremo, pero esa es una exclusión que no constituiría una materia 
de interés para las políticas.
Una forma de operacionalizar el concepto de exclusión es a partir 
de la noción de brechas sociales, que refiere a las distancias y carencias 
socioeconómicas existentes en los países, y que se expresan en que 
determinados grupos de la población no cuenten con acceso a derechos 
básicos y no tengan las oportunidades para desarrollar sus potencialidades. 
Estas brechas, cuya reducción debe ser un objetivo de la política pública, 
pueden ser: i) absolutas o fundadas en estándares, donde el criterio es una 
definición normativa, y ii) relativas, o definidas a partir de las diferencias 
entre grupos, donde el criterio de contraste es la distribución (CEPAL, 
2007b). Así, el concepto de brechas sociales utilizado aquí va más allá de la 
noción empleada en muchos países desarrollados (sobre todo los europeos), 
en donde se aplica una noción de privación relativa. Dado que en América 
Latina coexisten y se superponen las privaciones relativa y absoluta, esto 
otorga sentido a la consideración de ambos tipos de brechas. 
4 Para ingresar a esta red, se debe pasar “por un cuidadoso proceso de selección realizado por un estricto 
comité”. Una vez preseleccionados, los interesados deberán pagar una cuota de inscripción de 3 mil 
euros. La dirección de la red es: https://www.the-sphere.com/user_session/new.
000Cohesión social.indd   187 28/05/2010   03:19:18 p.m.
Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
188
Un argumento que podría emplearse para simplificar los pilares de 
la cohesión social es el que sostiene que el monitoreo de las brechas sería 
suficiente, porque estas serían aproximaciones a la capacidad institucional 
para reducirlas. Sin embargo, este planteamiento no da cuenta de que 
desempeños similares podrían generar diferentes resultados en materia 
de brechas sociales y, además, podrían ser percibidos de distintos modos 
por la opinión pública. Así, el mantenimiento del pilar de capacidad 
institucional tiene el beneficio de que permite una mayor riqueza analítica, 
porque proporciona oportunidades para identificar factores asociados a la 
disminución o el aumento de las brechas, y diseñar respuestas de política. 
Además, hay distintos indicadores de funcionamiento institucional que 
son relevantes por sí mismos para los interesados en el seguimiento de las 
políticas, como los que refieren al comportamiento del gasto público social, 
o los que informan sobre la evolución de la situación en materia tributaria.
A diferencia de lo planteado para los pilares de brechas e instituciones, 
la situación del componente pertenencia es más compleja por una serie de 
razones conceptuales, metodológicas y prácticas, porque bajo ese paraguas 
cohabitan aspectos de la realidad que se sitúan a distinto nivel, y su medición 
requiere operaciones metodológicas diferentes. En particular, por medio de 
este pilar se procuran captar aspectos de la subjetividad que hacen referencia 
a las percepciones directamente relacionadas con las instituciones y con 
la extensión de las brechas sociales (algo así como la “superficie” de la 
subjetividad), lo mismo que a factores de fondo, tales como los vínculos y 
los valores solidarios que influirían en las disposiciones de los actores ante 
la cosa pública5.
Sin embargo, hay varios problemas para la conceptualización y 
la medición de estos aspectos más “profundos”. El primero es que la 
pertenencia incluye a membresías grupales de distinto nivel que podrían estar 
relacionadas o no con las opiniones sobre las instituciones6. De hecho, niveles 
muy altos de pertenencia grupal podrían asociarse con actitudes negativas 
hacia los otros grupos y ante las instituciones. Algo semejante ocurre con los 
5 Por ejemplo, la CEPAL (2007a) plantea que “los cambios culturales fomentan un mayor individualismo. 
El que la autonomía personal se imponga a la solidaridad colectiva se ve precipitado por la economía 
y por la cultura mediática y el papel más relevante del consumo… esto coincide con el debilitamiento 
de los proyectos colectivos, así como del sentido de pertenencia a la comunidad. Estas tendencias 
despiertan interrogantes sobre cómo recrear el vínculo social, desde el ámbito familiar hasta la sociedad 
en su conjunto. Trabajar por la cohesión significa recrear el vínculo social”.
6 En los últimos años la ciudadanía latinoamericana ha presentado altos niveles de desconfianza en las 
instituciones del Estado, pero al mismo tiempo ha evidenciado altos niveles de identidad o pertenencia 
con el Estado nación. 
000Cohesión social.indd   188 28/05/2010   03:19:18 p.m.
Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
189
vínculos. Cuáles vínculos fortalecer y en qué grado son preguntas para las 
que no hay respuestas unívocas, lo que se hace más complejo si no se sabe 
cuál es el resultado que se va a alcanzar (una cosa es fortalecer vínculos para 
superar pobreza, y otra, aumentar el apoyo ciudadano a pactos de inclusión). 
Tampoco es claro si la pertenencia y los vínculos constituyen una dimensión 
“subjetiva”: Hay una tradición de investigación en esta línea que se ocupa 
de la estructura y la densidad material de las redes sociales7.
La incorporación de la pertenencia, los vínculos e incluso los 
valores, expande el universo de dimensiones observables en un escenario 
caracterizado, en este ámbito, por problemas de datos. Como advierte la 
CEPAL (2007a), refiriéndose a Latinobarómetro, la principal fuente de datos 
“subjetivos” para el sistema de indicadores de cohesión, este instrumento 
no se concibió para investigar dimensiones complejas de la subjetividad, 
como la solidaridad o el sentido de pertenencia, y agrega que se requiere 
“una discusión sobre el contenido de esos valores o predisposiciones y 
el despliegue de procedimientos metodológicos que aseguren la validez y 
confiabilidad de las mediciones”. A estos problemas de calidad se suman las 
limitaciones en la disponibilidad de información, lo cual llevó, en la primera 
propuesta de indicadores de cohesión desarrollada por la CEPAL (2007b), 
al empleo de medidas “objetivas” como aproximaciones a la subjetividad, 
lo que produce confusión, porque la misma CEPAL (2007a) definió la 
pertenencia como un componente subjetivo integrado por actitudes, percepciones 
y valoraciones.
Con esto no se quiere decir que la calidad de los vínculos y el sentido 
de pertenencia no tengan que ver con las predisposiciones de los ciudadanos 
hacia la “cosa pública”. Ciertamente, la cohesión social, entendida en un 
sentido amplio, no se agota en las relaciones entre “opinión pública” (o los 
agregados de respuestas individuales que la conforman) e instituciones, lo que 
manifiesta la necesidad de continuar impulsando una agenda de investigación 
que permita comprender, por ejemplo, las relaciones entre pertenencias y 
conflictos intergrupales a distintos niveles y la cohesión social agregada, o 
las articulaciones entre determinadas estructuras y calidades de los vínculos 
sociales, y los valores que sustentan las personas. 
En esta etapa de la discusión cabe retornar a los planteamientos 
originales de la CEPAL (2007a), en donde el interés en contar con datos 
demoscópicos refiere primordialmente a captar las percepciones que 
7 Véase, por ejemplo, el estudio de Stone (2001).
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
190
reflejen el grado de confianza, adhesión y respaldo ciudadano a un sistema político 
y un ordenamiento socioeconómico. En rigor, se plantea que “las políticas para 
reducir brechas requieren un contrato social, que supone el apoyo de 
una amplia gama de actores, dispuestos a consensuar amplios acuerdos”
(p. 12). Hasta aquí, la CEPAL no está hablando más que de las reacciones 
y percepciones ciudadanas ante la operación de las instituciones, y de 
las condiciones de apoyo ciudadano para legitimar los pactos orientados a 
reducir brechas sociales. 
De modo que la información que interesa, en primera instancia, tiene 
que ver con la subjetividad que expresa las “condiciones de apoyo ciudadano” 
para la acción institucional, y para pactos sociales tendientes a la reducción 
de brechas. Aquí se ha empleado la noción de condiciones de apoyo, debido 
a que no es evidente por sí mismo que los acuerdos sociales requieran, para 
funcionar, consensos ciudadanos masivos; en rigor, es plausible que estos 
contratos sean “suscritos” por determinados grupos de interés (sobre todo 
los que hacen parte de las elites). Pero aunque así fuera, el insumo constituido 
por los climas de opinión pública no deja de ser relevante, sobre todo en 
el marco de democracias no demasiado sólidas, como las que existen en 
varios países de la región. Además, las condiciones de apoyo ciudadano son 
fácilmente mensurables a partir de los estudios de opinión. 
En síntesis, esta revisión del enfoque de la cohesión social elaborado por 
la CEPAL permite plantear una serie de propuestas con respecto al concepto 
de cohesión. Entre estas destacan la explicitación de un horizonte normativo, 
el mantenimiento de los componentes de brechas y de instituciones, y el 
acotamiento del pilar de pertenencia. De este modo, la cohesión social puede 
ser entendida como la capacidad de las instituciones para reducir de modo sustentable 8
las brechas sociales con apoyo ciudadano (pertenencia). Así, esta definición se sitúa en 
la tradición del enfoque de cohesión social de la CEPAL, pero delineando 
las fronteras entre los pilares y conjugándolos en clave de políticas públicas.
Esta resignificación del concepto de cohesión en clave de políticas 
públicas permite colocarlo en sintonía explícita con la discusión en curso 
en la región, que tiene que ver con las configuraciones institucionales más 
adecuadas para avanzar en la protección social, y en la reducción de las 
brechas sociales, y con la necesidad de alcanzar pactos ciudadanos que 
propendan hacia esos objetivos. Igualmente facilita las tareas de medición, 
interpretación y difusión, porque es más sencillo atribuir valores numéricos 
8 Véase un estudio detallado sobre la noción de sustentabilidad, en Canal y otros, en este mismo libro.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
191
a los diferentes pilares de la cohesión y diseminar los resultados de esta 
operación: así, más apoyo ciudadano, más capacidad institucional y menos 
brechas indicarán, en conjunto, más cohesión social. Asimismo, con esta 
los distintos pilares de la cohesión, lo cual constituye el principal valor 
agregado del enfoque. 
C. Reespecificar el marco de referencia
El concepto de cohesión social revisado en clave de políticas públicas 
(la capacidad de las instituciones para reducir brechas sociales con apoyo 
ciudadano) puede ser descompuesto en tres pilares que se interrelacionan 
para generar procesos y resultados de cohesión en los países de la región. 
Estos pilares son: a) las brechas sociales, b) la capacidad institucional, y  
c) el apoyo ciudadano. Los dos primeros son los componentes “objetivos” o 
materiales de la cohesión social, mientras que el último incluye los aspectos de 
la subjetividad vinculados directamente al funcionamiento de las instituciones 
y a la extensión de las brechas sociales.
En el pilar de brechas sociales se incluyen las condiciones materiales de 
vida que experimentan los grupos y comunidades privados del acceso a sus 
derechos básicos, y de las oportunidades para desarrollar sus potencialidades. 
la situación de otros grupos sociales o absolutas, considerando umbrales 
normativos de acceso a recursos. Los ámbitos en donde se observan las 
brechas sociales son el empleo, los ingresos y la pobreza, la protección social, 
la educación, la salud, el consumo y el acceso a servicios básicos.
Se debe notar que para la selección de los umbrales normativos de 
acceso a recursos se operó en una lógica que recoge varias de las metas 
planteadas en la Cumbre del Milenio, pero adaptadas al contexto regional, 
de ello, que se verá más adelante en la selección de indicadores, es que se 
ocupó como criterio de brecha absoluta, en el ámbito de los ingresos, a la 
pobreza y no a la indigencia. También se debe tener presente que las brechas 
relativas por sexo, etnicidad y zona de residencia son tratadas como elementos 
transversales a los distintos ámbitos para observar. En términos prácticos, 
de indicadores se ocuparon las posibilidades de realizar desagregaciones por 
sexo, adscripción étnica y/o zona de residencia.
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
192
De cualquier modo, una normativización más rigurosa del enfoque de 
cohesión social de la CEPAL, que implicaría la especificación de metas de 
reducción de brechas basadas idealmente en compromisos regionales, es 
una tarea pendiente. A su vez, está en proceso de discusión la integración 
de otros ámbitos en los cuales observar las brechas sociales, como la 
segregación residencial, el medio ambiente9 y las nuevas tecnologías de 
información. En general, las razones de no inclusión, por ahora, de estos 
temas dentro de los ámbitos para observar son conceptuales, metodológicas 
y de disponibilidad de datos (véase un examen más detallado en la sección 
E, “Síntesis y principales desafíos” al final de este capítulo). 
Por su parte, en el pilar institucional se consideran las acciones 
desarrolladas por los distintos actores institucionales y que pueden tener 
repercusiones en la estructura de oportunidades y en los procesos y 
resultados de inclusión-exclusión. Aquí se otorga prioridad a las iniciativas 
explícitamente orientadas a la reducción de las brechas sociales, aun cuando 
también tienen cabida procesos no intencionados, que pueden tener 
resultados específicos de inclusión-exclusión. Los ámbitos que se abordan 
a través de este pilar son el funcionamiento del sistema democrático, la 
operación del Estado de Derecho, las políticas públicas y las dinámicas 
estrictamente económicas y de mercado. Se agrega un ámbito de observación 
no considerado en la propuesta inicial: la familia.
Ciertamente, la identificación de los ámbitos que se van a observar 
en el pilar institucional, como en los otros pilares, no es completa. Por 
ejemplo, no se consideran las instituciones de la sociedad civil, como las 
organizaciones no gubernamentales, que pueden desempeñar un papel crucial 
en la reducción de las brechas sociales, prestando directamente servicios a 
las poblaciones más vulnerables, realizando acciones de sensibilización 
orientadas a promover una mayor solidaridad, o simplemente monitoreando 
a los programas públicos. Aquí de nuevo las razones de exclusión tienen 
que ver con la falta de información estadística. De cualquier modo, esta es 
una situación transitoria, y en la medida en que el desarrollo de los sistemas 
estadísticos de los países de América Latina lo permita, serán incorporadas 
al sistema.
A su vez, en el pilar de apoyo ciudadano tienen cabida las percepciones 
que reflejan la adhesión al sistema político y al ordenamiento socioeconómico, y que 
a su vez dan cuenta de la confianza y la predisposición de los actores sociales ante las 
9 Véase un examen detallado en los artículos de Kaztman y Canal y otros, en este mismo libro.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
193
iniciativas institucionales orientadas a la reducción de las brechas sociales. A partir de 
esta definición, en la lista corta deberían estar indicadores que proporcionen 
información sobre: i) el apoyo ciudadano al sistema democrático, ii) las 
percepciones sobre la desigualdad existente en los países, iii) las evaluaciones 
y expectativas económicas, iv) la confianza en las instituciones del Estado, y 
v) la propensión de los ciudadanos a financiar y apoyar acciones orientadas 
a la reducción de brechas sociales.
La redefinición del pilar subjetivo del sistema de indicadores de 
cohesión social implica dejar fuera factores como el capital social, los 
valores solidarios y el sentido de integración y afiliación social. Esto 
no impacta mayormente en la pérdida de información, ya sea porque 
una parte de los indicadores incluidos originalmente en el pilar medían 
percepciones y opiniones ciudadanas hacia las instituciones y, por tanto, 
fueron mantenidos en el sistema, como también debido a que las medidas 
inicialmente incluidas en el sistema para captar directamente vínculos, 
pertenencia y valores solidarios eran muy pocas, tenían problemas de 
disponibilidad y, además, en su mayor parte no han sido sometidas a 
pruebas de validez y confiabilidad.
 Q Diagrama VI.1   
Pilares y ámbitos de observación
Fuente: Elaboración propia, sobre la base de la CEPAL (2007b). 
Brechas Instituciones
Indicadores:
Objetivos y subjetivos
Cuantitativos y cualitativos
Apoyo ciudadano
• Pobreza e ingresos
• Empleo
• Protección social
• Educación
• Brecha digital
• Salud
• Consumo y acceso
 a servicios
• Sistema democrático
• Estado de derecho
• Políticas públicas
• Economía
 y mercado
• Familia
• Apoyo al sistema
 democrático
• Confianza en las
 instituciones
• Evaluaciones y
 expectativas
 económicas
• Percepciones de
 desigualdad y
 conflicto
• Apoyo a iniciativas
 de reducción de
 brechas
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
194
D. Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social
La construcción de una lista de indicadores clave de cohesión social obliga 
a un mayor rigor en el análisis de las medidas consideradas en la propuesta 
inicial de la CEPAL (2007b), lo cual permite tener una visión más acabada 
de la pertinencia de los diferentes pilares y ámbitos de observación que 
componen la arquitectura del sistema. De modo que este ejercicio no se 
efectúa teniendo en perspectiva la focalización de la asistencia técnica, dado 
que la selección de los “mejores” indicadores produce un sesgo hacia las 
medidas para las cuales los sistemas estadísticos nacionales presentan menos 
necesidades de asistencia (lo cual no quiere decir que estas no se verifiquen). 
A modo de advertencia, se debe mencionar que en la lista final se incluyen 
algunos indicadores no considerados en la propuesta inicial de la CEPAL 
(2007b). Esto último obedece sobre todo a que se ha tenido acceso a series 
de datos de los estudios de opinión (en 2007 eso no ocurría), lo cual ha 
posibilitado hacer análisis de datos algo más robustos.
1. Los criterios de selección de indicadores
La selección de los indicadores se hizo sobre la base de distintos criterios, 
que no siempre se aplicaron de la misma manera, lo cual se explica porque 
los estados de situación varían sustancialmente entre los distintos pilares, 
ámbitos de observación y las fuentes de datos correspondientes (por lo 
general, encuestas de hogares y estudios de opinión). Así, el peso de cada uno 
de los criterios identificados más abajo, al momento de tomar la decisión de 
selección de un indicador, dependió del contexto específico en donde se hizo 
la elección. Así, por ejemplo, ante dos indicadores con disponibilidad similar 
y diferente poder explicativo, el segundo criterio fue más importante y, ante 
la situación inversa, el primero fue el más relevante. Los criterios empleados 
para la selección de la lista corta de indicadores fueron los siguientes:
• Balanceentrelosdistintosámbitosdeobservaciónincluidos
en el sistema: Para mantener el equilibrio entre los diferentes 
ámbitos de observación, se optó por seleccionar en la lista corta al 
menos un indicador por dimensión dentro de los pilares y no más 
de tres por dimensión. 
• Pertinencia: Refiere al grado en que los indicadores dan cuenta 
del ámbito de observación y del componente o el pilar respectivo. 
Este criterio es cercano a la noción de validez de contenido, que 
indica la capacidad de una medida de reflejar conceptualmente lo 
que se quiere medir.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
195
• Poderdiscriminatorio:Alude a la capacidad explicativa o a la 
sensibilidad del indicador en el contexto regional. Esta propiedad 
se expresa en el grado en que un indicador logra captar diferencias 
entre los países y dentro de estos (sobre todo en lo referido a las 
brechas sociales).
• Informacióndesagregada: La medida en que está publicada 
información relevante para la detección de brechas relativas. 
En este caso, se consideraron las desagregaciones por situación 
socioeconómica (ej., quintiles o deciles de ingresos), sexo, zona de 
residencia y adscripción étnica10. 
• Disponibilidad: Cobertura geográfica y temporal de la información 
publicada sobre el indicador.
Ciertamente, la lista de criterios utilizados para la selección de los 
indicadores dista del óptimo, porque hay al menos dos elementos que deberían 
considerarse en algún ejercicio posterior y que no fueron empleados de modo 
sistemático en esta evaluación. Estas propiedades son la armonización-
comparabilidad y la fiabilidad. A su vez, en este ejercicio se empleó, aunque 
no en todos los casos, un criterio adicional, que procura dar cuenta del grado 
de legitimidad político-institucional de los indicadores. 
La armonización-comparabilidad es la medida en que los conceptos e 
instrumentos de recolección de la información empleados para producir 
 Q Diagrama VI.2   
Criterios de selección de indicadores clave de cohesión social
Fuente: Elaboración propia, sobre la base de la CEPAL (2007b). 
Pertenencia
Poder
discriminatorio Desagregaciones
Disponibilidad
Balance
10 Aquí no se está juzgando la “desagregabilidad” del indicador en sí misma.
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
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la información estadística son equivalentes entre los distintos países. Este 
criterio no se incluyó en todos los casos, simplemente porque no se contaba 
con estudios o antecedentes que cubrieran una buena parte de los distintos 
ámbitos de observación que subsume el sistema de indicadores.
La fiabilidad es el grado en que un indicador mide lo que pretende 
medir y se capta a través de su consistencia interna, equivalencia y 
estabilidad. La consistencia interna refiere al grado en que los distintas 
preguntas contenidas en algún instrumento de medición apuntan en la 
misma dirección; la equivalencia es la medida en que distintas partes de 
un instrumento pueden usarse como sustitutas de la otra, y la estabilidad 
es el grado en que un instrumento produce iguales resultados con una 
misma población en distintas condiciones y tiempos de aplicación.
El criterio de aceptabilidad política fue utilizado, no de manera 
sistemática, en los pilares “instituciones” y “apoyo ciudadano”. Como 
uno de los propósitos del sistema de indicadores es que los actores 
implicados en las políticas públicas usen la información que proporciona, 
se trató de evitar la inclusión de medidas que generan controversias 
debido a su carácter marcadamente normativo, o que podrían provocar 
polémicas que no aportan a instalar la cohesión social en las agendas 
de los países.
2. Indicadores clave de brechas sociales
Una cuestión no suficientemente explícita en la propuesta inicial de 
la CEPAL (2007b) es la perspectiva normativa general empleada para 
la selección de indicadores de brechas, porque estas, más allá de las 
posibilidades de diagnóstico y monitoreo que proporcionan, deberían 
reflejar metas de desarrollo social pertinentes, e idealmente exigibles, 
en la mayoría de los países de la región. Dado que en América Latina la 
cohesión social no forma parte de una estrategia de integración regional 
fundada en compromisos vinculantes para los países, existe un riesgo de 
subutilización de la información puesta a disposición mediante el sistema 
de indicadores de cohesión.
El punto de partida empleado para seleccionar los indicadores de 
brechas se encuentra en los planteamientos de la Cumbre del Milenio de las 
Naciones Unidas (2000), la cual constituye una expresión del compromiso 
de los Estados firmantes para avanzar en el mejoramiento de las condiciones 
de vida de la población. El enfoque de derechos humanos proporciona 
un sistema de principios para el desarrollo, y posibilita la constitución 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
197
de mecanismos de rendición de cuentas y responsabilidades nacionales e 
internacionales (Abramovich, 2006). En este caso se ha optado por una 
versión adaptada de Milenio al contexto regional, porque la CEPAL (2002) 
planteó la necesidad de alcanzar denominadores comunes que sinteticen los 
principales desafíos que enfrentan los países de América Latina y el Caribe, y 
que permitan incorporar a los ODM metas más ambiciosas en áreas críticas 
para el desarrollo de la región.
La discusión con respecto a cuáles son los denominadores comunes 
que sintetizan los principales desafíos, en este caso, las brechas sociales cuya 
reducción implica la mayor urgencia, para las políticas públicas y sociales 
de los países de la región debe verse como un proceso en desarrollo. En 
todo caso, la CEPAL, en conjunto con otras agencias de cooperación 
internacional, tiene camino recorrido en la realización de propuestas de 
ampliaciones o adaptaciones del Milenio al contexto regional, y este trabajo 
se alimenta de esas elaboraciones. Las ventajas de esta aproximación son: 
se logran sinergias entre trabajos efectuados en distintas áreas temáticas y 
reparticiones institucionales, se evitan duplicaciones y sobre cargas para los 
sistemas estadísticos nacionales, se gana en la pertinencia de los indicadores 
y también se avanza en exigibilidad, tanto en la reducción de las brechas 
como en la puesta a disposición de la información para monitorearlas.
Las preguntas básicas que se pueden responder a través de los 
indicadores de brechas refieren a los resultados de la acción institucional en 
las condiciones de vida materiales de la población. Se recuerda que estas 
condiciones de vida aluden tanto a brechas absolutas (ej., la insatisfacción de 
necesidades básicas) como relativas (distancias de bienestar material entre los 
distintos grupos sociales). Por lo general, las brechas incluidas aquí refieren 
al acceso a determinados bienes y servicios, pero también pueden referir a 
logros (ej., la conclusión de determinados niveles educativos). Por su parte, 
aun cuando las brechas en la adquisición de capacidades o destrezas son un 
ámbito sumamente relevante para observar, no se incluyen indicadores 
que las midan directamente, por la falta de información comparable y con 
cobertura para un número suficiente de países y años. Como quiera que 
sea, algunos indicadores de logros pueden utilizarse como aproximaciones 
a las capacidades.
Los argumentos para la selección de una lista de indicadores clave 
en el pilar de brechas se desarrollan con muchos detalles en el documento 
previamente elaborado por la CEPAL (2007b), texto en donde ya se 
distinguió entre indicadores primarios y secundarios. De esta clasificación se 
desprende que la selección de indicadores clave de brechas es un subconjunto 
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
198
de la lista larga elaborada inicialmente por la CEPAL. Así, en los cuadros 
VI.1 y VI.2 se identifican la lista larga y la selección de indicadores clave de 
brechas sociales, y se exponen brevemente las razones y los criterios que 
primaron al momento de tomar las decisiones de selección de cada una de 
las medidas que hacen parte del núcleo de indicadores clave.
En el ámbito de pobreza e ingresos, se optó por el porcentaje de la población 
bajo la línea de pobreza, porque esta medida es más pertinente que la tasa de 
 Q Cuadro VI.1   
Indicadores de brechas: lista larga
Ámbito para observar Indicadores primarios Indicadores secundarios
Pobreza e ingresos 1. Porcentaje de personas bajo la línea de 
pobreza.
2. Brecha de pobreza.
3. Razón entre quintiles de ingreso.
15. Porcentaje de personas bajo la línea de 
indigencia.
16. Brecha de indigencia.
17. Coeficiente Gini.
Empleo 4. Tasa de desempleo abierto.
5. Ocupados urbanos en sectores de baja 
productividad.
6. Tasa de desempleo de larga duración.
7. Relación de salarios entre los sexos.
18. Tasa de desempleo abierto modificada.
19. Tasa de subempleo.
20. Participación de las mujeres en empleo asalariado 
no agrícola.
Acceso a protección 
social
8. Ocupados que hacen aportes previsionales. 21. Población en edad de trabajar que realiza aportes 
previsionales.
Educación 9. Porcentaje de conclusión de la educación 
secundaria.
10. Tasa neta de matrícula en la educación 
preescolar.
11. Población analfabeta de 15 años o más.
22. Relación de acceso a la preescolar según 
quintiles de ingreso.
23. Tasa de conclusión de la primaria en la población 
de 25 años y más.
Salud 12. Tasa de mortalidad infantil.
13. Esperanza de vida.
24. Niños de 1 año vacunados contra el sarampión
25.  Partos asistidos por personal sanitario 
especializado. 
26. Tasa de mortalidad por VIH-SIDA.
Consumo y acceso a 
servicios básicos
14. Población en estado de subnutrición. 27. Población con acceso adecuado a sistemas 
mejorados de saneamiento. 
28. Población con acceso al suministro mejorado de 
agua potable saludable.
Fuente: La CEPAL (2007b).
 Q Cuadro VI.2   
Indicadores clave de brechas sociales
Ámbito para observar Indicadores
Pobreza e ingresos 1. Porcentaje de personas bajo la línea de pobreza.
2. Razón entre quintiles de ingreso.
Empleo 3. Tasa de desempleo abierto.
4. Ocupados urbanos en sectores de baja productividad. 
5. Relación de salarios entre los sexos y por niveles educativos.
Acceso a protección social 6. Ocupados que hacen aportes previsionales.
Educación 7. Porcentaje de conclusión de la educación secundaria.
8. Tasa neta de matrícula en la educación preescolar.
Salud 9. Tasa de mortalidad infantil.
10. Esperanza de vida.
Consumo y acceso a servicios básicos 11. Población en estado de subnutrición.
12. Población con acceso al suministro mejorado de agua potable saludable.
Fuente: Elaboración propia.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
199
indigencia para seguir las políticas desarrolladas en la mayoría de los países 
de la región, las cuales, por lo general, se orientan a reducir toda la pobreza y 
no solo la indigencia (esto equivale a tener como marco conceptual implícito 
una suerte de Cumbre del Milenio ampliada, o adecuada a la situación 
regional, como se sugirió antes). De manera correlativa, la tasa de pobreza 
tiene mayor poder explicativo en el contexto regional que el porcentaje de 
población indigente, porque, en varios países, la indigencia es un problema 
que afecta a un sector muy pequeño de la población.
Con respecto a la detección de brechas relativas en el ámbito “pobreza 
e ingresos”, se seleccionó la razón entre quintiles de ingresos por sobre el 
coeficiente Gini. Como se indica en la CEPAL (2007b), este último 
indicador es más sensible a los cambios en el medio de la distribución 
y menos a las transformaciones en los grupos extremos, lo cual le quita 
valor desde una perspectiva de exclusión, mientras que la razón entre 
quintiles es más relevante para una aproximación que se orienta a establecer 
las brechas o distancias intergrupales, porque responde solamente a las 
variaciones en los extremos.
En la dimensión laboral, se prefirieron tres indicadores que permitieran 
aproximarse a la cantidad y calidad de los empleos disponibles y a las brechas 
relativas en los mercados de trabajo según el sexo. Para el primer propósito 
se privilegió a la tasa de desempleo abierto, cuya gran ventaja es la disponibilidad 
(amplia cobertura de países/años). En cuanto al segundo, se optó por el 
porcentaje de ocupados en sectores de baja productividad, medida que entrega una 
aproximación a la incidencia de los empleos en el sector informal11. Y para 
cumplir con el tercer objetivo se prefirió a la relación de salarios entre los sexos 
y por niveles educativos. Este último indicador facilita la detección de brechas 
salariales por sexo, “despejando” la variabilidad relacionada con la escolaridad.
El acceso a la protección social refiere al grado en que la población 
cuenta con recursos para prevenir y enfrentar los distintos tipos de riesgos 
que ocurren a lo largo del ciclo de vida. Aquí las opciones de indicadores 
existentes son muy pocas, si se tienen en cuenta criterios como la 
disponibilidad temporal y la cobertura geográfica de la información oficial 
publicada. Así, se seleccionó el porcentaje de ocupados que hacen aportes previsionales, 
indicador que está desagregado y está disponible para una buena cantidad 
de países de la región. 
11 Algunos indicadores, como la tasa de subempleo y el desempleo de larga duración, a pesar de ser 
pertinentes desde una perspectiva de cohesión, no se incluyeron en la lista corta, porque adolecen de 
problemas de armonización y de disponibilidad. 
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
200
La consideración de un indicador que solo permite una aproximación 
a la protección ante los riesgos asociados al envejecimiento deja sin 
información los aspectos vinculados a la exposición a riesgos que enfrentan 
los restantes grupos etarios. Al respecto, Arim y Vigorito señalan que los 
cambios en la distribución de la vulnerabilidad que hubo en el último tiempo 
en los países de la región han conducido a que la estructura del riesgo 
social se concentre más en las edades jóvenes, lo que no solamente impone 
nuevas demandas a las políticas, sino que al mismo tiempo manifiesta la 
necesidad de contar con indicadores que permitan captar la situación de 
estos grupos de edad.
En lo que atañe al ámbito educativo, se optó por incluir en la lista corta 
la tasa de conclusión de la educación secundaria, porque posee mayor pertinencia 
y poder explicativo en el contexto regional que el indicador de finalización 
de la primaria. Cómo se ha documentado en diferentes informes y estudios 
internacionales, América Latina se encuentra muy próxima a la conclusión 
universal de la primaria y, por tanto, existe espacio para plantear metas más 
ambiciosas. Los criterios de pertinencia y poder explicativo también fueron 
decisivos al momento de incluir en la lista corta la tasa neta de matrícula en 
la preprimaria, ya sea porque el acceso a este nivel educativo se vincula con 
beneficios sustanciales a lo largo de la vida, como también debido a que los 
niveles de asistencia a la preescolar son todavía bajos en muchos países de 
América Latina. 
Ciertamente, el acceso y la finalización de los distintos niveles 
educacionales no serán suficientes si los servicios educativos no son de 
calidad, porque los niños no lograrán los aprendizajes y las competencias para 
participar de manera adecuada en la vida social. Sin embargo, no se incluyeron 
indicadores de aprendizajes en la lista corta por la baja disponibilidad de 
datos (ya sea en cobertura de países como en series de tiempo), y por los 
problemas de comparabilidad de los estudios internacionales. En todo 
caso, no se descarta incluir en el futuro algún indicador proveniente del 
proyecto SERCE12 (Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo), 
implementado por OREALC-LLECE durante el período 2003-2006, en una 
buena cantidad de países de la región13.
12 Véase un examen detallado en: http://llece.unesco.cl/proyectos/2.act?estado=En%20Curso.
13 En esta investigación se establecieron los logros en aprendizaje en las áreas de lenguaje, matemáticas, 
ciencias naturales y habilidades para la vida entre los alumnos de tercero y sexto grados de educación 
básica. De cualquier modo, no se tiene claridad por el momento en lo que refiere a la comparabilidad 
de esta investigación con el estudio realizado por OREALC-LLECE en 1996.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
201
En el campo de la salud, a pesar de que en las zonas urbanas de América 
Latina la tasa de mortalidad infantil se ha reducido y han disminuido las brechas 
socioeconómicas de mortalidad, en las zonas rurales la situación es diferente, 
y las poblaciones indígenas son las más rezagadas en el proceso de descenso 
de la mortalidad. Otro argumento que justifica la selección de este indicador 
es que las medidas alternativas, como los niños de 1 año vacunados contra el 
sarampión y los partos asistidos por personal sanitario especializado, miden 
más bien el desempeño institucional que las brechas en resultados de salud. 
A su vez, en la región persisten disparidades en la esperanza de vida de acuerdo 
con el nivel de desarrollo de los países, lo cual evidencia que este indicador 
continúa siendo pertinente y tiene poder explicativo en el contexto regional. 
Además, la mortalidad infantil y la esperanza de vida presentan una situación 
adecuada en lo que respecta a su disponibilidad, tanto en cobertura como 
en series de tiempo. 
Por último, en el ámbito de acceso a bienes y servicios básicos, el 
consumo de alimentos constituye una variable importante para monitorear, 
tanto por la tendencia al alza en el precio de los alimentos apreciada en los 
últimos años, como porque las poblaciones más vulnerables de acuerdo con 
la seguridad alimentaria tienden a ser miembros de los pueblos originarios 
y a habitar en las áreas rurales. El indicador seleccionado es el porcentaje de 
población en estado de subnutrición, que incluye a la población cuyo consumo de 
energía alimentaria es permanentemente inferior a las necesidades mínimas 
de energía para desarrollar una vida sana y una actividad física liviana14. En 
todo caso, se debe considerar que este indicador se calcula sobre la base de 
los alimentos disponibles y no da cuenta de las inequidades en la distribución 
de los alimentos dentro de las familias. Por su parte, la medida que indica 
la población que cuenta con agua potable saludable tiene las ventajas de permitir la 
detección de brechas de acceso en zonas rurales y en asentamientos urbanos 
precarios y, además, presenta una disponibilidad adecuada.
3. Indicadores clave de capacidad institucional 
Hay varios dilemas conceptuales, metodológicos y prácticos que se deben 
tomar en cuenta antes de seleccionar un grupo de indicadores institucionales 
clave. El primero es el problema de la normatividad, porque esta podría 
ser necesaria al momento de interpretar los valores de los indicadores 
institucionales, sin tener como referencia un resultado de brecha, o bien 
14 Véase un examen detallado en: http://www.fao.org/faostat/foodsecurity/index_es.htm.
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
202
en contextos donde las correlaciones entre instituciones y brechas no sean 
claras. La especificación de la normatividad es más compleja en el campo 
institucional que en el de brechas; por ejemplo, la ciencia puede proporcionar 
evidencia acerca de la cantidad de kilocalorías que una persona necesita 
para funcionar en la vida diaria, pero el asunto se complica al momento de 
pronunciarse sobre la configuración institucional que se requiere para lograr 
que millones de personas puedan acceder a dichos requerimientos calóricos, 
con sustentabilidad a lo largo del tiempo.
La cuestión de la normatividad no solo complejiza la medición de la 
capacidad de los dispositivos institucionales directamente abocados a la 
reducción de las brechas (como las políticas sociales), sino también la dificulta 
en el ámbito de la operación de las instituciones vinculadas indirectamente 
con dicho resultado, como las instituciones democráticas y del Estado de 
Derecho. Por ejemplo, el equivalente a la discusión entre configuraciones 
universalistas o residuales de bienestar se encuentra, en el campo de la 
democracia, en la tensión entre las posturas centradas en el procedimiento 
y las que enfatizan en la democracia participativa o directa. Esta última 
demarcación es incluso más complicada en lo que refiere a los indicadores, 
sobre todo cuando estos se basan en una perspectiva normativa sesgada 
hacia una de las representaciones en tensión.
Una estrategia posible para enfrentar este problema es partir de un 
mínimo deseable de garantización y levantar la vara hasta alcanzar un 
umbral de tolerancia (o de viabilidad) político-institucional. Así se obtendría 
un patrón de provisión de derechos necesarios para la inclusión y la 
cohesión sociales que no debería exceder las condiciones institucionales y 
de aceptabilidad política existentes en los países. Por ejemplo, en el campo 
de la democracia el mínimo básico es la afirmación que esta será siempre 
preferible a un sistema autoritario; luego, la construcción de indicadores 
que capturen configuraciones específicas de las democracias no será una 
materia para considerar, porque este campo se situaría por sobre el umbral 
de tolerancia político-institucional.
A los problemas de normatividad se agregan varias restricciones 
metodológicas. Una dificultad estriba en que los resultados en la reducción 
de brechas serán efectos de las acciones de distintas instituciones (Estados, 
mercados, sociedad civil, familia), los cuales son muy complejos de aislar 
o estudiar en sus interacciones15. Otro problema es la falta de claridad 
15 Véase un examen detallado en Arim y Vigorito, en este mismo libro.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
203
sobre lo que miden algunos indicadores que pueden ser empleados en 
el pilar institucional, lo cual pone en cuestión los límites entre brechas e 
instituciones; por ejemplo, algunos indicadores pueden interpretarse como 
medidas de alcance institucional, pero también pueden ser considerados 
como aproximaciones al acceso de la población a determinadas prestaciones 
institucionales. Un caso típico es la matrícula escolar, que se ha utilizado 
como medida de acceso a la educación, pero al mismo tiempo ha sido 
considerada como un indicador de cobertura del sistema escolar16.
De la definición revisada de la cohesión social se desprende que la 
pregunta básica refiere a la capacidad de las instituciones para reducir las 
brechas sociales. En consecuencia, se trata de seleccionar indicadores que 
informen sobre las acciones y mecanismos institucionales que pueden 
repercutir, indirecta o directamente, en la estructura de oportunidades y en 
los resultados de inclusión-exclusión. Así, los indicadores de impacto, que 
miden directamente la capacidad institucional para disminuir las brechas (ej., 
la diferencia en la desigualdad antes y después de transferencias públicas e 
impuestos) serán preferibles a las aproximaciones, pero en la realidad hay 
muy pocas medidas directas, y por eso se deben emplear indicadores de 
compromiso institucional con la reducción de brechas, así como de la suficiencia y calidad 
del funcionamiento institucional (la capacidad institucional en tanto potencia 
y no como acto).
En la primera propuesta de indicadores de capacidad institucional 
realizada por la CEPAL (2007b) coexistían medidas objetivas, que 
principalmente daban cuenta del compromiso de la acción institucional (ej., 
indicadores de gasto público como porcentaje del PIB, o de carga tributaria), 
e indicadores subjetivos, que medían la evaluación ciudadana del quehacer 
institucional. Dadas las modificaciones efectuadas en el concepto de cohesión 
social y en el marco de referencia, la lista de indicadores institucionales 
que aquí se propone no es un subconjunto de la lista inicialmente elaborada por la 
CEPAL. Así, quedan excluidas de manera automática las medidas de opinión 
pública, porque el pilar institucional es uno de los componentes “objetivos” 
del sistema de indicadores. 
En el ámbito del funcionamiento de la democracia, una de las medidas 
más utilizadas en estudios internacionales comparados es el Índice 
Freedom House, pero este, a pesar de contar con ventajas como su 
amplia disponibilidad y armonización, tiene el problema de que traspasa 
16 Véase, por ejemplo, a Guadalupe (2002).
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
204
los umbrales de tolerancia político-institucional a causa de su enfoque 
fuertemente normativo basado en un concepto de democracia minimalista, 
centrado en la garantía de derechos civiles y políticos básicos. Las mismas 
dificultades relacionadas con una “normatividad fuerte” se verifican para 
otros indicadores alternativos, como el Índice de Democracia de la Unidad 
de Inteligencia Económica (véase más detalles, en la CEPAL 2007b), y la 
escala de democracia-autocracia elaborada por el Centro para la Paz Sistémica 
y la Red para la Investigación del Conflicto Social17.
Un indicador sin problemas evidentes de normatividad es el que 
expresa la cantidad de votos válidos en las elecciones parlamentarias 
como porcentaje de la población en edad de votar. Esta medida había 
sido considerada en la propuesta inicial de la CEPAL (2007b) en el pilar 
de pertenencia, siguiendo la lógica de que la votación en las elecciones 
parlamentarias indicaba el grado de participación e interés ciudadano por 
los asuntos públicos. Sin embargo, al comparar los promedios simples 
de la votación en elecciones parlamentarias entre 1950-1970 y 1985-2005 
en América Latina, se observa un incremento desde 47% a 63%, lo cual 
indicaría que la participación ciudadana y, por ende, las democracias 
latinoamericanas disfrutarían de una salud sustancialmente mejor a lo 
señalado en una amplia cantidad de literatura. 
Por su parte, en el gráfico VI.1 se presenta la asociación entre la votación 
en las elecciones parlamentarias y la desconfianza en las instituciones 
políticas, tomando como referencia los promedios para ambas variables 
en el período 2000-2005. La correlación para todos los países alcanza a 
–0,34, lo cual no es mucho estadísticamente hablando, pero tiene alguna 
plausibilidad conceptual, porque en tanto aumenta la desconfianza en las 
instituciones políticas disminuye la votación en las elecciones parlamentarias. 
Esto implicaría que el indicador de voto en las parlamentarias sería algo más 
que una expresión de la capacidad de “acarreo” de votantes, o del alcance de 
las elecciones. Sin embargo, al sacar a Uruguay la correlación se desploma 
a –0,05, lo cual sugiere que este indicador, al menos para 16 países, no dice 
mucho sobre la calidad de la democracia18.
Así, la mejor opción es emplear como indicador el porcentaje de mujeres 
en el Parlamento, porque es una aproximación a la capacidad del sistema 
democrático para incluir y representar los intereses de grupos que hace 
17 Véase: http://www.systemicpeace.org/polity/polity4.htm.
18 Existiría una especie de paradoja entre el mayor alcance o penetración cuantitativa de la democracia y 
el desapego ciudadano con sus instituciones.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
205
poco tiempo estaban excluidos de la vida política19. De hecho, Inglehart y 
otros (2002) encontraron correlaciones entre la participación de las mujeres 
en el Parlamento y medidas normativas de democracia, y sostienen que 
la modernización conduce a una mayor democratización y al aumento 
de la participación de las mujeres en la vida pública. Y más allá de que 
la covariación de democracia y participación femenina indique o no un 
síndrome de valores posmaterialistas asociados a la modernización20, aquí lo 
que importa es que el indicador de la proporción de escaños parlamentarios 
ocupados por las mujeres puede ser empleado como proxy de la calidad del 
funcionamiento de la democracia, sin los problemas asociados al uso de 
índices normativos de la calidad de las instituciones democráticas.
En cuanto a la operación del Estado de Derecho, se ha preferido el índice 
de corrupción elaborado por Transparencia Internacional. Esta medida, aun 
cuando se basa en las percepciones, no es un indicador de opinión pública, 
porque se elabora a partir de los juicios de expertos y está orientado a 
 Q Gráfico VI.1   
América Latina (17 países): votación en las elecciones parlamentarias 
y desconfianza en las instituciones políticas, 2000-2005
(Valores en promedios simples)
Fuente: Elaboración propia, sobre la base de tabulaciones especiales de las Rondas Latinobarómetro 2000-2005 e IDEA, 
International Institute for Democracy and Electoral Assistance, Voter Turnout Database:http://www.idea.int/vt/index.cfm.
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19 Lamentablemente, los indicadores que dan cuenta de la representación en el Parlamento de otros 
grupos tradicionalmente excluidos en la región, como los indígenas y los afroedescendientes, presentan 
problemas de disponibilidad, y por esa razón no se consideraron en esta propuesta.
20 La expansión de la democracia y de la participación femenina serían el resultado de un cambio cultural de 
largo alcance (caracterizado por la emergencia de valores posmaterialistas como la libertad de expresión, 
la tolerancia y el bienestar subjetivo), y que se relaciona con el desarrollo económico, configurando un 
nuevo tipo de dinámica modernizadora (Inglehart y otros, 2002).
000Cohesión social.indd   205 28/05/2010   03:19:19 p.m.
Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
206
proveer de una aproximación a la corrupción “objetivamente existente” 
en los países, por la imposibilidad de contar con medidas directas de este 
fenómeno. América Latina presenta niveles de transparencia institucional 
que se alejan de lo deseable (véase el gráfico VI.2), lo cual se agrava por la 
extensión de las brechas sociales en la región. Yong Sung y Kaghram (2005), 
en un estudio sobre 129 países de distintas regiones del mundo, observaron 
que la desigualdad se vincula con la corrupción a través de distintos canales 
materiales y normativos y diferentes relaciones de causa-efecto. Así, por 
ejemplo, en un marco institucional caracterizado por una fuerte opacidad, los 
más pobres serán más vulnerables a la extorsión y tendrán pocas posibilidades 
para exigir transparencia a las instituciones. 
 Q Gráfico VI.2   
América Latina y otras regiones del mundo: índice de corrupción, 2006
(Valores en promedios simples, 1 a 10, donde 1= altamente opaco 
y 10 = altamente transparente)
Fuente: Elaboración propia, sobre la base de Transparencia Internacional, http://www.transparency.org/.


 
 

















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Con respecto a la operación de las instituciones que implementan las 
políticas públicas y sociales, como señalan Arim y Vigorito en este libro, es 
deseable disponer de indicadores que permitan establecer directamente el 
impacto de las transferencias públicas, lo cual implica comparar los ingresos 
de los hogares antes y después de las transferencias y descontando los 
impuestos. Pero tal como indica la CEPAL (2007b), estos datos todavía no 
están disponibles para una buena cantidad de países y con series temporales 
que permitan su comparación a lo largo del tiempo. De modo que por ahora 
se ha optado por incluir el gasto público social per cápita, que permite una 
aproximación gruesa a la suficiencia del gasto social (incluyendo seguridad 
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
207
y asistencia social, educación, salud, vivienda, entre otros). Este indicador 
reemplaza al gasto público social expresado como porcentaje del PIB, porque 
este último solamente proporciona información sobre el compromiso de 
las instituciones con las políticas públicas y sociales.
Tal como ha planteado la CEPAL (2007a), el financiamiento de la acción 
estatal requiere mecanismos solidarios, que implican realizar transferencias 
de quienes más tienen hacia los que se encuentran en una peor situación, 
con propósitos de redistribución. En este marco, adquiere relevancia la carga 
impositiva, por cuanto los tributos constituyen la principal fuente de recursos 
para los Estados. Un indicador de la capacidad de los países para financiar 
políticas de inclusión y absorber las brechas de protección es el porcentaje que 
representa la carga tributaria con respecto al PIB, que en la actualidad es bajo si se 
compara con la situación observada en regiones y países más desarrollados 
y provee de un piso de financiamiento limitado para la implementación 
de políticas públicas y sociales. A su vez, la estructura tributaria aproxima 
el impacto distributivo de los tributos, dado el carácter regresivo de los 
impuestos indirectos y el progresivo de los directos. En esta lista corta se 
ha incluido la medida de carga tributaria, simplemente por una cuestión de 
prioridades de política.
En cuanto al funcionamiento de las instituciones económicas, el PIB 
y la tasa de inflación son determinantes en las brechas sociales, ya sea en un 
momento del tiempo como en su evolución. Como ha sido documentado 
en distintas ediciones del Panorama Social21, el crecimiento del PIB se asocia 
con la reducción de la pobreza y la indigencia, mientras que el aumento en 
las tasas de inflación se vincula con un alza en los niveles de deprivación. 
Estos indicadores también son relevantes al momento de considerar la 
sustentabilidad de las acciones orientadas a reducir las brechas, porque 
políticas fiscales y monetarias muy expansivas, aun cuando podrían reducir la 
pobreza y la desigualdad en el corto plazo, en el mediano plazo provocarán 
inflación y disminuirán el poder de consumo de la población, aumentando 
las brechas sociales.
El ámbito institucional de la familia constituye una novedad con 
respecto a la propuesta de la CEPAL en 2007, y su problematización está 
fuertemente vinculada a las brechas de género y a los derechos de la mujer. La 
CEPAL (2006) ha identificado una serie de cambios en la configuración de las 
familias y en los roles de género, entre los que destacan: 1) el crecimiento de 
21 Véase el sitio Web: http://www.eclac.org/dds/.
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
208
las familias monoparentales (especialmente de las encabezadas por mujeres) 
y de las uniones libres; 2) la difusión de los métodos anticonceptivos y la 
baja en las tasas de fecundidad, y 3) la transición en los roles de género, 
donde el hombre ha dejado paulatinamente de ser el sostenedor económico 
exclusivo del hogar y la mujer ha pasado a ser una proveedora importante 
de los recursos familiares.
No obstante los avances, los países de América Latina aún enfrentan 
importantes desafíos para lograr una mayor emancipación de las mujeres 
de las actividades domésticas de reproducción y cuidado y una más alta 
participación de éstas en el mercado de trabajo. Al respecto, un indicador 
que proporciona una aproximación a la persistencia de los roles de género 
tradicionales en las familias es el porcentaje de mujeres con dedicación 
exclusiva a las labores del hogar. Este indicador considera como universo 
a las mujeres de 15 y más años, y está disponible para 16 países, con series 
de datos que abarcan el período 1994-2007. En todo caso, se debe notar 
que esta medida solamente se computa para las zonas urbanas y no está 
desagregada por quintiles de ingreso o de pobreza. Por estas últimas razones, 
se considera en la lista corta de modo preliminar.
En síntesis, en el cuadro VI.3 se presentan los indicadores clave 
de capacidad institucional, desagregados por ámbito de observación. 
Naturalmente, esta lista puede y debe ser ampliada mediante la incorporación 
de indicadores complementarios. Esto porque, como se recordará, no 
existe ya una lista larga de indicadores institucionales, por el rediseño de la 
arquitectura del sistema de indicadores de cohesión social.
 Q Cuadro VI.3   
Indicadores clave de capacidad institucional
Ámbito para observar Indicadores
Funcionamiento de la democracia 1. Porcentaje de mujeres en el Parlamento
Funcionamiento del Estado de Derecho 2. Índice de corrupción 
Políticas públicas 3. Gasto público social por habitante
4. Porcentaje que representa la carga tributaria en el PIB 
Economía y mercado 5. PIB per cápita
6. Tasa de inflación (variación anual)
Familia 7. Porcentaje de mujeres de 15 años y más con dedicación exclusiva a las labores del hogar
Fuente: Elaboración propia.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
209
4. Indicadores clave de apoyo ciudadano (componente subjetivo)
La revisión de la definición de la cohesión social en clave de políticas 
públicas, en la cual se identifica como el pilar subjetivo de esta al apoyo 
ciudadano, tiene como consecuencias prácticas la inclusión, en la lista corta, 
de indicadores que proporcionen aproximaciones a la confianza y adhesión 
ciudadana al sistema político y al ordenamiento socioeconómico, y a la 
predisposición de los actores sociales ante las iniciativas institucionales 
orientadas a reducir las brechas sociales. Al mismo tiempo, la revisión 
del pilar excluye por definición los indicadores de capital social, valores 
solidarios y sentidos de integración social, que estaban originalmente 
concebidos como aproximaciones a la pertenencia.
Antes de presentar los indicadores de apoyo ciudadano que conforman 
la lista corta, es necesario realizar algunas precisiones sobre sus peculiaridades 
metodológicas, derivadas de su proveniencia de los estudios de opinión 
pública. Primero, la opinión pública es un fenómeno muy ligado a la 
comunicación masiva y en buena medida es moldeada por la información 
que los ciudadanos consumen diariamente. Segundo, estos datos no 
son normativos, no refieren a una misma unidad y, por tanto, deben ser 
puestos en su contexto para comprenderlos, lo cual implica problemas de 
comparabilidad22. Tercero, en los estudios de opinión pública se miden 
muchas variables con pocas preguntas, lo cual dificulta la medición de 
variables complejas como las actitudes23. Cuarto, existen pocos antecedentes 
basados en muestras latinoamericanas sobre la validez y la confiabilidad de 
la información obtenida a través de este tipo de fuentes-preguntas.
En el cuadro VI.4 se expone la lista corta de indicadores de apoyo 
ciudadano, que tienen como fuente exclusiva a la encuesta Latinobarómetro. 
En este caso no se presenta el listado original propuesto por la CEPAL 
(2007b), porque en el componente de pertenencia se incluían medidas de 
capital social, del sentido de integración social y de no discriminación, las 
cuales quedaron automáticamente fuera por la revisión del concepto y los 
pilares de la cohesión. A su vez, algunos de los indicadores que se consideran 
en este listado fueron clasificados en la propuesta original en el componente 
22 Esto es un problema para los datos de opinión pública, porque estos se basan en la teoría clásica de 
la medición, donde la relación entre el valor esperado (Y) y el rasgo (R) es lineal, o Y = V + e, siendo
e = error. De hecho, e se controla a partir de dos procedimientos: aleatorización (A), lo cual se hace en 
algunos estudios de opinión, y estandarización (S), lo cual no se hace (con estandarización no se hace 
referencia al uso de las mismas preguntas). Si A y S no ocurren, puede haber valores de Y que se deban 
a las condiciones externas o internas del entrevistado.
23 Véase un examen detallado en CEPAL (2009).
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
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institucional. En adelante se procede a la exposición breve de los argumentos 
que primaron en la selección de los indicadores del pilar de apoyo ciudadano, 
los cuales, al igual que para el pilar institucional, no constituyen un subconjunto 
de la lista inicial.
El indicador de apoyo a la democracia está disponible de manera 
armonizada (una pregunta igual para todos los países) entre 1996 y 2008 para 
18 países de América Latina. Esta medida es menos sensible al desempeño 
económico que el indicador de satisfacción con la democracia, lo cual 
evidencia que tiene más que ver con la adhesión de la población hacia el 
sistema democrático que con la evolución de la situación económica en los 
países. Esta pregunta también posee poder explicativo en el marco de las 
propuestas de la CEPAL en torno a la construcción de pactos de protección 
social que permitan alcanzar apoyo ciudadano para cerrar las brechas 
sociales; como se aprecia en el gráfico VI.3, entre 1996 y 2008, el apoyo a 
la democracia fue sistemáticamente mayor en los países con las menores 
tasas de pobreza y desigualdad.
Por su parte, el índice de la confianza en las instituciones del Estado (incluye los 
tres poderes) y los partidos políticos se construyó sobre la base de las preguntas 
en las cuales se consulta a la ciudadanía sobre su confianza en el gobierno, 
el Congreso, el Poder Judicial y los partidos políticos. Estas preguntas están 
disponibles para todos los años incluidos en el período 2002-2008, con 
cobertura para 18 países a partir de 2004. En general, el índice parece cumplir 
 Q Cuadro VI.4   
Indicadores clave de apoyo ciudadano
Ámbito para observar Indicadores
Apoyo al sistema democrático 1. Porcentaje de apoyo a la democracia
Confianza en las instituciones 2. Confianza en las instituciones del Estado y los partidos políticos a
Expectativas económicas 3. Porcentaje de población que cree que sus hijos vivirán mejor
Percepciones de desigualdad 4. Porcentaje de la población que cree que la distribución del ingreso es muy injusta.
Apoyo a iniciativas de reducción de brechas 5. Percepción de carga tributaria
6. Confianza en la calidad del gasto de los impuestos
Fuente: Elaboración propia.
a Índice compuesto que se construyó de la siguiente manera: 1) suma de los puntajes individuales derivados de las respuesta 
a las preguntas sobre confianza en el gobierno, Congreso, Poder Judicial y partidos políticos, 2) división de los puntajes 
totales por 4, para homologarlos a la escala de respuesta originalmente usada para las preguntas individuales (1 = mucho, 
2 = algo, 3 = poco, 4 = nada) y, 3) recodificación: quienes obtuvieron puntajes promedio entre 3 y 4 fueron categorizados 
como población que confía poco o nada en las instituciones políticas, mientras que quienes obtuvieron promedio entre 1 y 
2 fueron clasificados como población que confía mucho o algo.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
211
con la propiedad de unidimensionalidad24 y evidencia una consistencia 
interna adecuada. Por ejemplo, en el cuadro VI.5 se aprecia que las preguntas 
sobre confianza en las instituciones que conforman los tres poderes del 
Estado y los partidos políticos apuntan a una misma dimensión subyacente, 
situación que se replica a lo largo de los años y con distintos tamaños de 
muestra25. A su vez, los coeficientes alfa de las preguntas de confianza (véase 
 Q Gráfico VI.3   
América Latina (18 países): apoyo a la democraciaa por países clasificados
según la extensión de las brechas socialesb, 1996-2008
(Valores en porcentajes de población de acuerdo con la frase: La democracia 
podrá tener problemas, pero es la mejor forma de gobierno)
Fuente: Elaboración propia, sobre la base de tabulaciones especiales de las Rondas Latinobarómetro comprendidas entre 
1996 y 2008 y la CEPALSTAT, http://websie.eclac.cl/sisgen/ConsultaIntegrada.asp?idAplicacion=1
a La pregunta empleada por el estudio Latinobarómetro es: ¿Con cuál de las siguientes frases está usted más de acuerdo: 
1) la democracia podrá tener problemas, pero es la mejor forma de gobierno, 2) en algunas circunstancias, un gobierno 
autoritario puede ser preferible, o 3) nos da lo mismo un régimen autoritario que uno democrático? 
b Los países fueron clasificados a partir de un análisis cluster no jerárquico, sobre la base de los valores 2007 en las siguientes 
variables: 1) porcentaje de población bajo la línea de pobreza, y 2) razón de ingresos entre el quintil más rico y el más pobre 
de la distribución de ingresos. Este ejercicio generó la siguiente clasificación: países de brechas bajas = Uruguay, Costa Rica, 
Argentina, Chile y la República Bolivariana de Venezuela; países de brechas medias = Brasil, México, Colombia, Panamá, 
Perú, República Dominicana, El Salvador y Ecuador; países de brechas altas = el Estado Plurinacional de Bolivia, Guatemala, 
Honduras, Paraguay y Nicaragua.


 

  
 
 
  




     
 


  
 










           
$TGEJCUDCLCU $TGEJCUOGFKCU $TGEJCUCNVCU
24 De cualquier modo, se deben notar los análisis de componentes principales, no son las pruebas más 
sólidas para determinar la unidimensionalidad de un instrumento de medición, sobre todo por el problema 
de la variancia común. 
25 Hay varias hipótesis que podrían ser probadas sobre los mecanismos cognitivos implicados en la 
covariación de las confianzas en instituciones diferentes; una es que operaría un efecto de halo, o 
sesgo que consiste en que las personas evalúan objetos poco familiares a partir de categorizaciones 
de objetos que les son más cercanos. Otra es que existiría un constructo resumen de confianza en las 
instituciones, que implicaría que los sujetos procesarían y almacenarían fragmentos de información sobre 
las instituciones en una cognición de segundo orden, la cual explicaría sus respuestas ante estímulos
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
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el cuadro VI.6) indican una consistencia interna entre aceptable y buena, 
con diferentes tamaños de muestra y en distintos años26.
A su vez, la obtención de información sobre las expectativas de 
la población es relevante porque estas podrían erosionar la cohesión 
social, ya sea por déficit como por exceso. Por ejemplo, en sociedades 
muy excluyentes los individuos podrían dejar de creer en la movilidad 
social, lo cual incrementaría la brecha entre expectativas y aspiraciones 
y podría generar respuestas de frustración-agresión. Al mismo tiempo, 
 relacionados con estas. Véanse más detalles sobre estas hipótesis aplicadas al estudio del 
efecto de la imagen país en las conductas de los consumidores, en Min Han (1989). Esto bajo el 
supuesto de que no se está ante errores de medición, generados por la secuencia y la sintaxis 
de las preguntas.
26 Los valores del coeficiente alfa son sensibles a los tamaños de muestra, a la cantidad y a la forma 
de presentación de los ítems en el cuestionario y a los ámbitos específicos en donde se realizan las 
indagaciones, entre otros factores. Véase un examen detallado en Vos y otros (2000) y en Iacobucci y 
Duhachek (2003).
 Q Cuadro VI.5   
América Latina (18 países): unidimensionalidad de las preguntas sobre confianza 
en las instituciones del Estado y los partidos políticos, 2002-2008
(Varianzas explicadas de los factores y coeficientes de correlación 
de las preguntas con los factoresa)
2002-2006 2007 2008 2008 b
Factores I II I II I II I II
Porcentaje VAR. EXP. 41,3% 12,8% 40% 14% 43,9% 13,1% 43% 13%
Congreso 0,789 0,117 0,797 0,131 0,845 0,116 0,840 0,118
Poder Judicial 0,737 0,199 0,747 0,190 0,807 0,183 0,766 0,222
Partidos políticos 0,730 0,050 0,675 0,226 0,766 0,111 0,724 0,157
Gobierno 0,728 0,109 0,753 0,098 0,640 0,257 0,715 0,166
Fuerzas Armadas 0,493 0,451 0,301 0,680 0,505 0,482 0,444 0,520
Policía 0,585 0,349 0,448 0,524 0,421 0,538 0,449 0,466
Televisión 0,225 0,612 0,306 0,407 0,151 0,740 0,245 0,666
Iglesia -0,021 0,839 -0,119 0,819 0,047 0,746 -0,031 0,823
Tamaño muestra 80 530 16 339 16 442 836
Fuente: Elaboración propia, tabulaciones especiales de las Rondas Latinobarómetro comprendidas entre 2002-2008.
a Modelo componentes principales con rotación de variación máxima. Son aceptables las cargas (o correlaciones con el 
factor) de al menos 0,4. Véanse más detalles, en Straub y otros (2004). 
b Estimación sobre la base de una muestra al azar simple del 5% de la muestra total obtenida en 2008.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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expectativas de movilidad social muy altas (fenómeno que podría 
vincularse al consumo cultural asociado a la creciente difusión de las 
nuevas tecnologías de información) podrían exceder ampliamente las 
posibilidades de realización sistémica para poder satisfacerlas. Así, en 
este caso se ha optado por un indicador de las expectativas de movilidad 
intergeneracional prevalecientes en la ciudadanía, el porcentaje de población 
que cree que sus hijos vivirán mejor que ellos.
Un campo no considerado en la propuesta inicial de la CEPAL 
(2007b) es el de las percepciones de desigualdad. Este es un ámbito en 
donde el desarrollo de teoría y la elaboración de instrumentos de medición 
se encuentran en una fase muy preliminar. De cualquier modo, el disponer 
de información sobre este tema es importante, porque tiene relación 
con la legitimidad de un determinado orden socioeconómico, cultural y 
simbólico. Al respecto, se ha preferido un indicador que da cuenta de las 
percepciones ciudadanas en relación con la justicia existente en la distribución del ingreso 
en el país, debido a que en algunas investigaciones previas se han observado 
fuertes variaciones entre los países en los 3 años para los cuales se tiene 
información, las cuales parecen vincularse con factores que van mucho 
más allá de lo estrictamente económico, y que al final de cuentas remiten a 
cuestiones relativas a la distribución de bienes simbólicos como la dignidad, 
el reconocimiento y las posibilidades de una mayor influencia (CEPAL, 2009).
 Q Cuadro VI.6   
América Latina (18 países): consistencia interna de las preguntas 
sobre confianza en las instituciones políticas, 2002-2008
(Valores en coeficientes alfa de Cronbach a)
Países 2002-2006 2007 2008 2008 b
Coeficiente alfa total 0,775 0,773 0,801 0,795
Coeficiente alfa si se elimina la pregunta sobre:
Confianza en el Congreso 0,695 0,681 0,703 0,696
Confianza en el Poder Judicial 0,719 0,712 0,731 0,734
Confianza en los partidos políticos 0,734 0,750 0,759 0,762
Confianza en el gobierno 0,737 0,725 0,809 0,780
Tamaño de muestra 89 517 18 885 18 823 952
Fuente: Elaboración propia, tabulaciones especiales de las Rondas Latinobarómetro 2002-2008.
a El coeficiente alfa oscila entre 0 y 1. Mientras más cerca de 1 esté el valor del alfa, mayor la consistencia interna de la 
medición. George y Mallery (2003) plantean los siguientes criterios para interpretar los valores de alfa:  0,8 = bueno;  0,7 
= aceptable;  0,6 = cuestionable;  0,5 pobre y  0,5 = inaceptable. 
b Estimación sobre la base de una muestra al azar simple del 5% de la muestra total obtenida en 2008.
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
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Como se señaló antes, el campo de las percepciones de desigualdad 
es un ámbito en pleno desarrollo, y ciertamente en esta dimensión tienen 
cabida las medidas de percepciones de discriminación relacionadas con la 
adscripción étnica y el género (por mencionar algunos factores), las cuales 
no han sido incluidas en esta lista corta principalmente por problemas de 
disponibilidad de datos. Asimismo, la CEPAL (2007a) ha planteado como 
uno de los problemas para la cohesión social la existencia de una brecha entre 
la igualdad formal ante la ley y las fuertes asimetrías reales en el acceso a la 
justicia. Sin embargo, aun cuando en Latinobarómetro hay varias preguntas 
en las cuales se consulta a la población sobre la igualdad ante la ley, los 
cambios en la formulación de la preguntas y en las alternativas de respuestas 
dificultan la selección de un indicador27. De modo que se ha optado por 
dejar pendiente la inclusión de alguna medida que dé cuenta de la equidad 
percibida en el acceso a la justicia. 
Por último, la necesidad de financiar las políticas públicas mediante el 
incremento de la carga tributaria refuerza la importancia del apoyo ciudadano, 
lo cual requiere reducir la hostilidad ante la tributación, que es todavía muy 
alta en la región, para lo cual también se necesita que la ciudadanía confíe en 
que el Estado hará un buen uso de los recursos captados vía impuestos (véase 
el gráfico VI.4). Sobre este particular, los indicadores de Latinobarómetro 
que consultan sobre estos temas y para los cuales se cuenta con series de 
datos son: la proporción de personas que confía en que los dineros obtenidos vía impuestos 
serán bien gastados por el Estado y el porcentaje de individuos que piensa que la carga 
tributaria es muy alta o alta. 
27 Por ejemplo, en las rondas que cubren el período 1996-2000 se ocupa la pregunta: ¿Hay igualdad ante 
la ley o no hay?, con las alternativas de respuesta: Sí, todos son iguales ante la ley y no, no hay igualdad 
ante la ley. Por su parte, en 2000 y en 2007 se consulta sobre la igualdad de oportunidades en el acceso 
a la justicia, nuevamente con dos alternativas de respuesta: Todos tienen iguales oportunidades y no 
todos las tienen. A su vez, en las encuestas 2003, 2004 y 2005 se emplea una escala ordinal (mucho, 
bastante, poco o nada), donde la pregunta es: ¿Cuánta igualdad ante la ley existe, mientras que en 
el 2008 se vuelve a utilizar la distinción ordinal (mucho, bastante, poco o nada), pero en este caso la 
pregunta es: ¿Diría Usted que (los connacionales) son iguales ante la ley? Se debe notar que, al menos 
en términos agregados, los resultados son bastante comparables, porque con una u otra pregunta 
se obtienen porcentajes de población que cree que no hay igualdad ante la ley, o que no hay acceso 
igualitario a la justicia, o que opina que hay poca o ninguna igualdad ante la ley que fluctúan entre el 
68% y el 78%.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
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 Q Cuadro VI.7   
Listado de indicadores clave de cohesión social
Brechas Capacidad institucional Apoyo ciudadano
1. Porcentaje de personas bajo la línea de 
pobreza
2. Razón entre quintiles de ingreso
3. Tasa de desempleo abierto.
4. Ocupados urbanos en sectores de baja 
productividad. 
5. Relación de salarios entre los sexos y por 
niveles educativos 
6. Ocupados que realizan aportes 
previsionales
7. Porcentaje de conclusión de la educación 
secundaria.
8. Tasa neta de matrícula en la educación 
preescolar.
9. Tasa de mortalidad infantil.
10. Esperanza de vida. 
11. Población en estado de subnutrición.
12. Población con acceso al suministro 
mejorado de agua potable saludable.
1. Porcentaje de mujeres en el Parlamento
2. Índice de corrupción
3. Gasto público social por habitante
4. Porcentaje que representa la carga 
tributaria con respecto al PIB
5. PIB per cápita
6. Tasa de inflación 
7. Porcentaje de mujeres de 15 años y más 
con dedicación exclusiva a las labores del 
hogar
1. Apoyo a la democracia.
2. Confianza en las instituciones del Estado y 
los partidos políticos
3. Percepción de la justicia en la distribución 
del ingreso
4. Percepción de la carga tributaria
5. Confianza en la calidad del gasto público 
6. Porcentaje de población que cree que sus 
hijos vivirán mejor
Fuente: Elaboración propia. 
 Q Gráfico VI.4   
América Latina (18 países): población que cree que la carga tributaria es muy alta, 
según la confianza en el gasto de los impuestos, por brechas 
sociales en los países a, 2003 y 2005
Fuente: La CEPAL (2009).
a Las preguntas empleadas en Latinobarómetro son: Considerando todo, ¿cree Usted que los niveles de impuestos que se 
pagan en (país) son muy altos, altos, bajos o muy bajos, o están bien como están? Y: ¿Usted confía en que el dinero de los 
impuestos será bien gastado por el Estado?
 
   
 
   







     
$TGEJCUDCLCU $TGEJCUOGFKCU $TGEJCUCNVCU
%QPHÈC 0QEQPHÈC
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
216
E. Síntesis y principales desafíos
En el cuadro VI.7 se presenta la lista de indicadores clave de cohesión 
social. Más allá de que este listado representa una reducción sustancial en la 
cantidad de medidas consideradas en la propuesta de la CEPAL en 200728, 
este ejercicio posibilitó analizar con mayor profundidad el concepto y el 
marco de referencia elaborados por la CEPAL, que fueron el punto de partida 
para la selección de indicadores de cohesión social en América Latina. Así, 
los principales productos de esta revisión fueron el concepto revisado de 
la cohesión y la reespecificación de los componentes de ésta (rebautizados 
bajo la metáfora de los pilares propuesta por Rodrigo Márquez en este libro), 
lo cual significó la delimitación de las fronteras entre los pilares, la puesta 
“entre paréntesis” de la noción de pertenencia y la identificación del apoyo 
ciudadano como el pilar subjetivo de la cohesión en el campo específico de 
las políticas públicas. 
Ciertamente, los desafíos conceptuales, metodológicos y prácticos que 
se deben enfrentar para avanzar en la doble dirección de medir la cohesión 
social de manera más o menos confiable, e instalar el tema en las agendas 
de los países de la región son todavía múltiples. A continuación se trazan 
algunas pinceladas para retratar estos desafíos, a partir de las cuestiones 
conceptuales y metodológicas y cerrando con la estrategia que se requeriría 
para lograr que la cohesión social pase a ocupar un lugar importante en las 
agendas de políticas públicas de los pases de América Latina. De cualquier 
modo, se debe considerar que más que respuestas, lo que se desarrollará 
en estos puntos de síntesis son preguntas que deberían ser abordadas en 
etapas posteriores.
¿La cohesión social es “una característica compleja de las sociedades” 
(León, 2009), que puede ser reducida a una dimensión? (véase al respecto 
el artículo de Roxana Maurizio en este libro). ¿La cohesión social puede ser 
concebida como un factor latente que explica la variabilidad en las brechas, 
instituciones y en el componente de apoyo ciudadano? Naturalmente, puede 
ser pensada y modelada de esa manera, como cualquier otro constructo 
multidimensional del desarrollo. El tema es si existen bases conceptuales 
suficientemente sólidas para hacerlo, más allá de los puntos de rating que 
se podrían ganar a partir de la “destrucción creativa” de la calidad por un 
valor numérico.
28 La lista planteada inicialmente por la CEPAL contenía 59 indicadores.
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
217
Lo primero que se debe reiterar es que la cohesión social, al modo 
como se define en este artículo, es tanto un enunciado normativo como 
una metáfora29, que ilustra el esfuerzo colectivo requerido para alcanzar 
ciertos estándares de desarrollo (disminución de brechas). Es deseable que 
las instituciones reduzcan las brechas con apoyo ciudadano, e incluso con 
pertenencia (esto dejando a un lado los problemas conceptuales y de datos), 
pero entre esta expresión de buenas intenciones y la afirmación de que la 
cohesión social es una característica/propiedad de las sociedades/sistemas 
sociales hay bastante distancia.
No es que el carácter normativo del concepto de cohesión social excluya 
a priori la posibilidad de sintetizarlo numéricamente. La ciencia construye 
teorías que modelan relaciones entre datos, que son representaciones de 
distintas expresiones de la realidad. Pero para hacer esto se requiere, como 
condición necesaria, alguna teoría plausible sobre las relaciones entre los 
pilares de la cohesión que sea susceptible de modelaje conceptual y de 
comprobación empírica. Dado esto, lo más adecuado parece ser continuar en 
la ruta de fortalecer y validar los pilares, antes de plantear cualquier esquema 
conceptual sobre sus relaciones a nivel agregado.
¿Es sostenible una noción de cohesión que sea algo así como la 
sumatoria simple (o ponderada) de los valores de sus componentes/
pilares? Este supuesto de linealidad, que podría ser adecuado en el caso de 
las relaciones entre instituciones y brechas, no necesariamente funcionará 
al meter en la juguera el campo subjetivo, incluso si es que consideran los 
aspectos más simples de observar. ¿Qué dice la poca evidencia disponible 
en América Latina? Dice, por ejemplo, que las percepciones de justicia 
distributiva no se correlacionan con el coeficiente Gini, y que la hostilidad 
tributaria no se asocia con la carga tributaria real. Es más, sugiere que algunas 
relaciones entre los factores subjetivos y objetivos podrían ser no lineales 
(véanse más detalles, en CEPAL, 2009).
En esta línea, se deben continuar realizando esfuerzos para validar los 
indicadores subjetivos y avanzar en la comprensión de sus relaciones con las medidas 
objetivas. Hasta ahora, casi no hay estudios de validación sólidos de los 
indicadores del pilar subjetivo, y hay pocas condiciones para que el “mercado 
provea”. Este es un problema serio, porque existe un gran riesgo para un 
tomador de decisiones de considerar una pregunta como indicador de “a” 
cuando en realidad mide “a*b*c”. A su vez, la especificación a priori de un 
29 De alguna manera, es una analogía sociedad/cuerpo humano, porque refiere a la contribución de las 
partes al todo. Aquí cabe “recitar” la respuesta de Edipo al enigma de la esfinge: ¡Es un hombre!
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Capítulo VI Hacia un núcleo de indicadores clave de cohesión social: Un paso atrás, dos adelante
218
conjunto de dimensiones para evaluar supone el riesgo de crear artificialmente 
un dominio o campo actitudinal que no existe en la realidad. La validación 
de los indicadores subjetivos es una condición necesaria para construir teoría 
que permita comprender las relaciones entre lo subjetivo y lo objetivo. Si 
no se sabe claramente qué es “algo”, difícilmente se podrá saber cómo se 
relaciona ese algo con otra cosa. 
Otro desafío que se debe afrontar son la conceptualización y la 
medición de la pertenencia. No obstante la pertinencia y el atractivo del tema 
están fuera de discusión, los marcos conceptuales disponibles hasta ahora no 
proveen de respuestas claras a las preguntas sobre las pertenencias a distintos 
niveles y sus relaciones con la cohesión. Además, pertenencia no es sinónimo 
de subjetividad porque los vínculos sociales también tienen una expresión 
material. Esto significa que se deberán desarrollar esfuerzos adicionales para 
mejorar los marcos conceptuales y los indicadores de pertenencia.
A las demandas de reducción se agregan los requerimientos de 
incorporación de nuevos ámbitos temáticos al sistema de indicadores, como el medio 
ambiente y el desarrollo sostenible, la segregación residencial urbana y las 
segmentaciones asociadas a esta y las nuevas tecnologías de información 
y comunicación. La decisión de integrar estos nuevos ingredientes se ha 
postergado, porque existen varias dificultades que se deben encarar. En el 
caso del medio ambiente, los problemas son conceptuales: no obstante, en 
el artículo de Canal y otros, en este libro, se afirma que cohesión social y 
medio ambiente son dos “subsistemas que interactúan y se modifican”; el 
diagrama del gráfico V.1 indica que la cohesión social está englobada por el 
fenómeno más general de la base ecosistémica. Naturalmente, la perspectiva 
que subraya las interrelaciones entre ambos sistemas genera un espacio para la 
apertura de un casillero en el sistema de indicadores de cohesión social, pero 
también es plausible que el tema medioambiental en sí mismo sea un terreno 
fértil para desarrollar un sistema de indicadores propio30. En lo que respecta 
a los ámbitos de segregación residencial urbana y de nuevas tecnologías de 
información y comunicación, los problemas son básicamente de datos.
Como se señaló antes, el principal desafío se encuentra en diseñar e 
implementar una estrategia que permita avanzar significativamente en posicionar a la 
cohesión social en un lugar central en las agendas de los países. La estrategia seguida 
30 En rigor, lo que se hace en el trabajo de Canal y otros es producir la obra gruesa para construir un 
sistema de indicadores propio, que se sitúa en un campo que podría denominarse como cohesión 
medioambiental. De hecho, el camino de diferenciar entre distintos dominios de cohesión ha sido 
seguido en distintos trabajos recientemente efectuados en Europa. Véanse, por ejemplo, Gallina y 
Ferrugia (2007) y Maier (2008).
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Cohesión social en América Latina. Una revisión de conceptos, marcos de referencia e indicadores
219
hasta la fecha ha priorizado la generación de condiciones para la producción 
de una mirada regional agregada, lo cual ha implicado actividades para validar 
marcos conceptuales y operativos con la participación de distintos actores. 
Pese a que esta aproximación se justificaba en la primera fase de instalación 
del tema en América Latina, en la actualidad se requiere generar los 
mecanismos para que los actores implicados en las políticas nacionales pasen 
de ser espectadores a asumir un rol mucho más protagónico y autónomo.
Para lograr una mayor apropiación del enfoque de la cohesión social elaborado por 
la CEPAL entre los actores implicados en las políticas sociales nacionales, una estrategia 
posible es el desarrollo de actividades sistemáticas de sensibilización y 
asistencia técnica, que permitan la instalación de las competencias básicas 
para el monitoreo de la cohesión social dentro de los países, y para que 
estos elaboren, con márgenes suficientes de autonomía, sus propios informes 
nacionales de cohesión social. Una estrategia de este tipo permitiría convertir 
en acto la principal potencia del enfoque de cohesión social elaborado 
por la CEPAL, el cual provee una caja de herramientas conceptuales y 
metodológicas para explorar y relacionar distintas dimensiones del desarrollo 
(la dialéctica), de una manera adecuada a las realidades de los países. 
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