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        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
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        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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Distribución Limitada 
LC/BUE/L.135 
Octubre 1993
C E P A  L 
C om isión Económ ica para A m érica  Latina y el Caribe 
O fic ina en Buenos A ires
LA INDUSTRIA ARGENTINA.
UN PROCESO DE REESTRUCTURACION 
DESARTICULADA
Documento de Trabajo N° 53
Bernardo K o sa co ff
Este documento, forma parte del Proyecto La transformación del sistema económico en la Argentina: 
Industria y comercio internacional, financiado por la Fundación Volkswagen en la Oficina de la CEPAL en 
Buenos Aires, y coordinado por Bernardo Kosacoff.
Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden coincidir o no con las de la 
Organización.
IN D IC E
IN T R O D U C C IO N ......................................................................................................  1
1. Las P rim eras Fases del D esarro llo  Industrial A rgen tino ....................... 2
2. El quiebre del m odelo de sustituc ión  de im p o rta c io n e s ............................6
3. El período posterio r a la c ris is  del endeudam iento (1 9 8 2 -1 9 9 0 )........... 9
4. Las transfo rm aciones que se están gestando a partir de la 
convertib ilidad
................................................................................................................................... 23
INTRODUCCION
El proceso de industrialización en la Argentina tiene su punto de partida a fines del siglo pasado 
acompañando al dinámico modelo agroexportador que estuvo vigente hasta la década de los años 30. A 
partir de esta fecha la industria pasa a ocupar un lugar de privilegio en la economía argentina bajo la 
modalidad del denominado proceso de sustitución de importaciones. En particular, en su segunda fase que 
comenzó en 1958, las actividades industriales fueron el motor de crecimiento de la economía, creadoras de 
empleos y la base de la acumulación del capital. Asimismo, se fue generando una capacidad tecnológica 
sumamente destacada en el ámbito latinoamericano.
Sin embargo, a mediados de los años 70, este modelo de industrialización tenía implícito un 
conjunto de dificultades. Estas incluían aspectos relacionados con la propia organización industrial -escala 
de plantas muy reducidas, falta de subcontratación y proveedores especializados, escasa competitividad 
internacional, etc.- y con el funcionamiento macroeconómico de la economía -fuertes transferencias de 
ingresos, saldos comerciales externos deficitarios, etc.-
Simultáneamente, el dinamismo de las sociedades de mayor industrialización estaba generando el 
pasaje a un nuevo esquema tecno-productivo, con modelos de organización de la producción industrial que 
incorporaban una lógica muy distinta de la de los modelos de producción masiva fordista prevalecientes. 
Uno de los elementos claves que viabilizaron estos cambios fue el extraordinario desarrollo de la 
microelectrónica, que permitió operar el pasaje del mundo de lo electromecánico al mundo de lo 
electrónico. En contraposición, ante las dificultades de recrear el dinamismo industrial en la sociedad 
argentina, la respuesta local no fue la de avanzar en el sentido de aprovechar los acervos tecnológicos 
acumulados en la etapa anterior, para superar sus dificultades, sino la de un intento de reforma estructural 
asociado a la apertura de la economía. Sin embargo, el fracaso de su instrumentación en el período 1976­
1981 concluyó con un proceso de desarticulación productiva.
Durante la década de los años ochenta se fue generando un modelo de organización de la 
producción de bienes industriales muy distinto del anterior modelo sustitutivo. Articulado por los cambios en 
la frontera técnica internacional y el marco de inestabilidad e incertidumbre macroeconómica, se fueron 
gestando modificaciones muy sustantivas a nivel institucional, sectorial, microeconómico y de inserción 
externa de la industria.
El objetivo del presente trabajo es analizar las principales características del sector industrial 
argentino, con especial énfasis en sus rasgos estructurales de la década del 80, y las modificaciones que se 
están gestando a partir del Plan de Convertibilidad. Se describen brevemente las principales fases del
1
desarrollo industrial argentino, para encuadrar los elementos centrales de la industrialización reciente del 
país, en el sustento de su largo proceso evolutivo de más de un siglo. Asimismo se analizan los cambios en 
la década del ochenta en la composición sectorial del producto, el empleo, el proceso de inversiones y la 
inserción externa de la industria, destacando los elementos centrales de su balance comercial, de la 
estructura arancelaria y de los cambios en las importaciones y exportaciones.
1. Las Primeras Fases del Desarrollo Industrial Argentino.
La estructura industrial de la Argentina está sustentada en un largo sendero evolutivo de más de un 
siglo. A medida que la industria producía bienes, fue generando simultáneamente: procesos de aprendizaje 
e incorporación de tecnología, la calificación permanente de los agentes económicos, un marco institucional 
y regulatorio, la inserción en la división internacional del trabajo, la organización económica de sus 
mercados, la articulación con las otras actividades económicas, etc. Los cambios significativos a través del 
tiempo, en cada uno de los aspectos señalados, fue articulando la organización social para la producción de 
bienes manufacturados. En su evolución, la economía argentina se fue destacando por su grado de 
industrialización en el ámbito latinoamericano, pero si el punto de comparación es el de los países más 
avanzados, sus rasgos centrales son los característicos de una economía semiindustrializada.
Considerando la participación de las Industrias Manufactureras en el Producto Bruto Interno en el 
período 1900-1990, se pueden observar los cambios más importantes en el grado de industrialización del 
país.
Cuadro 1. Participación de la Industria Manufacturera en el P.B.I. a costo de factores
(porcentajes)
Período Participación
1900-1909 15.35
1910-1919 16.54
1920-1929 18.65
1930-1939 21.06
1940-1949 24.22
1950-1959 24.80
1960-1969 28.18
1970-1979 27.23
1980-1990 23.60
Fuente: Elaborado sobre la base de datos del Banco Central de la República Argentina
disponibles en 1991.
2
La participación creciente e ininterrumpida de la industria en la economía argentina se extiende 
hasta mediados de la década del 70, punto en el cual se inicia un retroceso permanente de su importancia. 
Esta caída es de tal magnitud que el grado de industrialización de inicios de los noventa es similar a los 
valores de la década del 40.
A grandes rasgos se pueden individualizar tres grandes períodos en la industrialización argentina. El 
primero de ellos comienza alrededor de 1880 cuando el país modifica radicalmente su inserción 
internacional bajo el modelo agroexportador1 y finaliza en la crisis de 1930. El segundo período se extiende 
hasta fines de 1970 en un marco de una economía semicerrada en el denominado modelo de 
industrialización sustitutivo de importaciones (ISI), que en sus cinco décadas abarca a su vez subperíodos 
diferenciados. El tercero de ellos se inicia en el fracaso de la política de apertura (1979-81) y en la larga 
desarticulación macroeconómica del país desde mediados de los setenta, que se extiende hasta 1990. (ver 
Esquema simplificado de las fases del desarrollo industrial argentino).
El modelo agroexportador argentino estaba basado en la especialización argentina en la producción 
de granos y carnes a partir de la explotación de sus abundantes y competitivos recursos naturales. A partir 
de su consolidación institucional, el país generó una vigorosa inserción internacional en función de sus 
dinámicas exportaciones de bienes primarios y la importación de capitales y manufacturas, en una 
economía abierta y con regulación automática del patrón oro. Sus fluctuaciones económicas estaban 
asociadas a las condiciones climáticas -que afectaban el nivel de las cosechas- y al ciclo económico de 
Gran Bretaña, que era su principal articulador con el escenario internacional.
Simultáneamente comienzan a darse las condiciones para la incipiente industrialización del país, 
que responden en gran medida a los impulsos que A. Hirschman describió para América Latina /
/. Entre ellos podemos mencionar: * La existencia de bienes competitivos del sector primario que requieren 
de algún tipo de transformación industrial final para exportarse (frigoríficos, tanino, cuero, lana, harinas, etc.). 
* La corriente inmigratoria europea con calificaciones previas en el área industrial; * El temprano desarrollo 
generalizado de la educación y la especialización técnica y profesional. * Las dificultades de abastecimiento 
externo en la primera guerra mundial. * Las demandas derivadas de las producciones primarias y de 
infraestructura (los grandes talleres de mantenimiento ferroviario, maquinaria agrícola, cemento, etc.). * Los 
costos de transporte y las protecciones naturales. * El progresivo y acelerado aumento del tamaño del 
mercado interno. Estos factores determinaron que la Argentina fuese desarrollando la estructura industrial 
más destacada de la región, que antes de la crisis del modelo ya representaba el 20% del PBI, con más de 
50.000 establecimientos.
El agotamiento de la expansión de la frontera agropecuaria, acompañado con la crisis internacional 
de 1929 y las conflictivas relaciones triangulares entre Argentina-Gran Bretaña-EE.UU., pusieron fin al 
funcionamiento del modelo agroexportador. El control de cambios de 1931, la vigencia de los permisos
1/  V e r H irschm an, A., La  e conom ía  po lítica  de la industria lizac ión  a travé s  de la sustituc ión  de im portac iones, en El 
T rim estre  E co n ó m ico , Vol. X X X V , N° 140, M éxico, 1968.
3
ESQUEMA SIMPLIFICADO DE LAS FASES DE DESARROLLO INDUSTRIAL ARGENTINO
LA FIRMA Y EL 
ENTORNO
ESCENARIO
INTERNACIONAL
Agroexportador con 
Industrialización 
(1880 - 1929)
Consolidación industrial 
Hegemonía Británica en la pro­
ducción y  las finanzas
Sustitutivo 
Mercado Interno 
(1930 - 1978)
Aperturista con Reestructuración 
y  Globalización 
(1979 - 1990)
Producción fordista Organización flexible
Hegemonía americana y apari Crecimiento de Alemania, Japon
ción de los NICs 
Mercados protegidos
Sudeste asiático 
Bloques económicos 
Globalización y concentración de 
producción
Internacionalización financiera
Inversión Directa Extranjera, Inversión Directa Extranjera,
asociada a infraestructura, fi- asociada a la captación del
nanciamiento y captación mate- mercado interno y los precios 
rias primas y recursos primariosde los factores
ESCENARIO LOCAL
Marco
Global
Industrial
1. Sectores 
dinámicos:
2. Destino:
Modelo Agroexportador integrac Industrialización sustitutiva 
al mundo con incipiente induc - de importaciones 
ción a la industrialización Fuerte participación estatal
Consolidación institucional Regulación estatal
Ciclo autorregulado
Alimentos
Textiles
Otros para consumo interno
Exportación agroindustrial 
Mercado Interno
Automotores
Otros metalmecánicos
Químicos
Mercado interno
Inversión Directa Extranjera. 
Fuerte dinamismo asociado a la 
globalización, concentración y 
privatización.
Programas permanentes de bus 
estabilización
Apertura comercial y financiera 
Privatización y desregulación 
Transformación productiva con h 
geneidad creciente
Acero y aluminio 
Petroquímica 
Pulpa y Papel 
Aceites vegetales
Exportación y mercado interno
3. Origen 
tecnología:
4. Organización 
tecno-produc- 
tiva
EMPRESAS
Importación Adaptación y desarrollo local 
de tecnologías alejadas de la 
best practice
Importación y adaptación a cond 
locales. Menor gap tecnológico 
algunos sectores
Dual: Sectores c/tecnologías de Series cortas con rezagos tec- Heterogeneidad: Sectores con te
punta (para exportación) y otros nológicos gías y organización fordista
semi-artesanales (para mercadt Fordismo idiosincrásico Intentos de flexibilidad y nuevas
local) formas organizacionales
Líderes G.E. vinculados a la exportaciór Empresas públicas 
PYMES Filiales de E.T.
PYMES
G.E. de capital nacional 
Algunas PYMES 
Filiales de ET
Formas de 
Organización
Grupos familiares
Comercialización y Producción 
bienes primarios
Empresas públicas Multifirmas
Empresas familiares 
ET: Líderes en mercado local 
y marginales en merc. internac. 
Producción Produc./Comer./Financ. de biene 
servicios industriales
Fuente: R. Bisang, M. Fuchs y B. Kosacoff, Internacionalización de empresas industriales argentinas, Proyecto 
Volkswagen-Stiftung Ref. II/67/066 The transformation of the Argentine economic system; Industry and 
international trade, Oficina de la CEPAL en Buenos Aires, 1992.
4
previos de importación en 1933, el desdoblamiento del mercado cambiario con el exterior y la elevación de 
los aranceles de importación -inducido fundamentalmente por motivos fiscales- son ilustrativos del nuevo 
funcionamiento de la economía, que en su cierre con el exterior fue paulatinamente reduciendo la 
importancia del comercio internacional en el PBI. Estas fueron las condiciones en las cuales se desarrolló el 
primer subperíodo de la sustitución de importaciones. Tenía su punto de apoyo en la incipiente 
industrialización anterior y avanzó muy rápidamente en los tramos fáciles de la producción manufacturera. 
Las industrias productoras de bienes de consumo (alimentos, textiles, confecciones), los electrodomésticos, 
las maquinarias y metalurgia sencillas y la industria asociada a la construcción fueron las actividades más 
dinámicas durante este subperíodo, que continúa hasta la asunción del primer gobierno de Perón en 1945.
En esta nueva subetapa que se extiende por una década, la industrialización se profundiza en forma 
acelerada. Se articula fundamentalmente por una expansión de las actividades existentes, mediante la 
utilización intensiva de la mano de obra, y un ensanchamiento del mercado interno, incorporando al mismo 
al conjunto de la población. El Estado pasa a tener un papel muy activo en la producción de insumos básicos 
y en la aplicación de una variada gama de instrumentos de política: administración de cuotas de importación, 
financiamiento -vía el Banco de Crédito Industrial y las líneas de redescuento del Banco Central-, promoción 
sectorial, mecanismos extra-arancelarios, etc.- Con una clara especialización en la producción de bienes de 
consumo orientada exclusivamente hacia el mercado interno, el desarrollo industrial encontró obstáculos 
para mantener su dinamismo, a medida que creció su obsolescencia tecnológica, y no tenía posibilidades - 
empresariales y tecnológicas- de avanzar hacia procesos productivos más complejos, en un contexto de 
permanentes restricciones en su balance de pagos.
A partir de 1958 se inicia el último subperíodo de la ISI que se extiende hasta mediados de los 
setenta. Articulado en los complejos petroquímico y metalmecánico (dentro de este último la industria 
automotriz fue el sector más representativo) la industria tuvo su desempeño más destacado convirtiéndose 
en el motor de crecimiento, generador de empleo y base de la acumulación del capital. Con la masiva 
participación de filiales de empresas transnacionales se ocuparon progresivamente los casilleros vacíos de 
la matriz de insumo-producto, en el marco de una economía altamente protegida con el objetivo de lograr un 
mayor nivel de autoabastecimiento.
Estos cambios generaron un acelerado proceso de desarrollo tecnológico basado en la 
incorporación de tecnologías de los países desarrollados, con significativas adaptaciones al medio local, que 
determinaron la réplica de las producciones fordistas con un fuerte contenido localista. La producción de 
series cortas en plantas orientadas al mercado interno (con escalas de producción en promedio diez veces 
menor que una similar ubicada en la frontera técnica), el elevado nivel de integración de la producción (por el 
escaso desarrollo de proveedores y subcontratistas especializados) y el alto grado de apertura del mix de
6
producción, eran algunos de los problemas de competitividad internacional que se observaban en la 
estructura industrial argentina. Asimismo, las restricciones macroeconómicas de la Argentina se constituían 
en un obstáculo para financiar las transferencias de ingresos hacia las actividades industriales. 
Simultáneamente la particular posición deficitaria de la industria en el comercio internacional, restringía las 
posibilidades del crecimiento sostenido de las actividades industriales sin generar las crisis de balance de 
pagos.
La percepción de estos problemas condujo a buscar mecanismos dentro de la propia ISI. Por un 
lado, la política de incentivos a la exportación de manufacturas, buscaba simultáneamente generar las 
escasas divisas, expandir un mercado interno con signos de agotamiento e impulsar la competitividad global 
de la industria. Sus resultados no fueron menores mientras que en 1960 las manufacturas no tradicionales 
prácticamente no se exportaban, en 1975 representaban una cuarta parte de las exportaciones del país. Por 
otro lado, se buscaba la profundización de la ISI, en la cual la oferta de algunos insumos básicos (acero, 
aluminio, papel, petroquímica, etc.) era fuertemente dependiente de la importación. Esto motivó la 
promoción de estas actividades en función de su ahorro de divisas y en la posibilidad de ensanchar la base 
del mercado interno, a partir de los encadenamientos posteriores de estas industrias con actividades de alto 
valor agregado y generación de empleo. / Asimismo, la continuidad de los sistemas de promoción, el papel 
de las empresas del Estado y la utilización del poder de compra y el programa de inversiones del sector 
público eran algunos de los instrumentos privilegiados.
2. El quiebre del modelo de sustitución de importaciones
La política económica iniciada en abril de 1976 cambió profundamente las orientaciones con las que 
se desenvolvían hasta ese momento las actividades industriales. Basado en una filosofía de total confianza 
en los mecanismos asignadores de recursos del mercado y en el papel subsidiario del Estado, se estableció 
un programa de liberalización de los mercados y posterior apertura externa, que proponía la eliminación del 
conjunto de regulaciones, subsidios y privilegios. Se procuraba así modernizar e incrementar la eficiencia de 
la economía.3/
2/  Su puesta  en m archa  en la década  del ochenta , en el p roceso  de desa rticu lac ión  de la ISI, generó  cam b ios  
es truc tu ra les  s ign ifica tivos, pero  con resu ltados d is tin tos  a los p laneados.
/  Ver, C an itro t, A ., La po lítica  de apertu ra  económ ica  (1976 -81 ) y  sus e fectos  sobre  el em p leo  y  los sa la rios. Un 
estud io  m ac ro e co n óm ico . P royecto  P N U D /O IT , 1983; S chvarzer, J., M artínez de Hoz: La lóg ica po lítica  de la po lítica  
e co n ó m ica . C ISE A, B uenos A ires, 1983; S ourrou ille , J.V ., K osacoff, B. y  Lucangeli, J. T ra n snac iona lizac ión  y  po lítica  
e conóm ica  en la A rg e n tin a , C en tro  E d ito r de A m é rica  Latina. B uenos A ires, 1985; Dam ill, M., Fanelli, J .M ., Frenkel, R y 
R ozenw urce l, G., Las re lac iones financ ie ras  en la econom ía  a rg e n tin a , E d ic iones del IDES N° 15, B uenos A ires, 1988;
7
En relación a la política industrial, se pueden señalar dos subperíodos que tienen su corte hacia 
fines de 1978. El primero de ellos, se caracteriza por la recuperación de la producción de bienes de 
consumo durable y de capital, asociada a la creciente inversión y a la redistribución regresiva de los 
ingresos. En este período de sinceramiento de la economía, se comienza con la reducción de los 
aranceles de importación.4/ A pesar de su fuerte baja -en promedio descienden 40 puntos, del 90 al 50%- 
en estos tres primeros años no aumentan significativamente las importaciones. Este fenómeno tiene su 
explicación en los incrementos de competitividad durante la última década, que determinaron la existencia 
de una fuerte redundancia en las tarifas y por otra parte en el mantenimiento de un tipo de cambio elevado. 
Por otro lado, la sanción, en 1977, de la reforma financiera, libera la tasa de interés y crea un mecanismo 
totalmente distinto para la asignación de los créditos. /
El segundo subperíodo se inicia hacia fines de 1978 al instrumentarse la versión de economía 
abierta de la escuela monetarista (enfoque monetario del balance de pagos). La aplicación de esta política 
tenía como objetivo igualar la tasa inflacionaria interna con la externa, ajustándose esta última a la tasa de 
devaluación del tipo de cambio. Este se determinaba con un cronograma que fijaba un ritmo de devaluación 
continuamente decreciente en el tiempo, en un contexto de creciente apertura de la economía al exterior 
(tanto en el mercado de capital como en el de bienes); ello suponía la convergencia de las tasas de interés y 
de inflación internas con las correspondientes internacionales. En este esquema de política monetaria 
pasiva, se suponía un período de transición determinado por la distinta velocidad de ajuste en los precios de 
los productos según se comercien o no en el mercado internacional. Una vez que se lograra la 
convergencia quedaría establecido un nuevo esquema de precios relativos de la economía. A su vez, en 
combinación con la política arancelaria, la asignación de recursos favorecería el incremento de la 
productividad global, desaparecerían los sectores menos eficientes y se desarrollarían las actividades con 
ventajas comparativas a escala internacional.
R odríguez, C., E l p lan a rgen tino  de es tab ilizac ión  del 20  de d ic iem bre, C EM A, D ocum en to  de traba jo  N° 5 , B uenos 
A ires, 1979.
4/  V e r Berlinsky, J., P ro tecc ión  a rance la ria  de ac tiv idades  se lecc ionadas  de la industria  m anu fac tu re ra  a rg e n tin a , 
M in is te rio  de Econom ía , B uenos A ires, 1977; N ogués, J., P ro tecc ión  nom ina l y  e fectiva : im pacto  de las re fo rm as 
a rance la rias  du ran te  1976-77, E nsayos E conóm icos  N° 8 , B .C .R .A ., B uenos A ires, 1978.
5/  D esde la cris is  de 1930 hasta  esta fecha  el s is tem a financ ie ro  a rgen tino  se ca rac te rizó  po r la regu lac ión  del B anco 
C en tra l de  líneas de redescuen to  para el o to rgam ien to  de créd itos, con tasas  de in terés a ltam en te  negativas, ten ie nd o  
las e m presas  industria les  una posic ión  p riv ileg iada  en su as ignación.
8
Sin embargo, la convergencia no se logró. En los bienes transables con el exterior el ajuste fue 
lento e imperfecto, en los bienes no transables los mecanismos previstos no tuvieron los efectos esperados. 
La evolución de la tasa de interés interna fue altamente afectada por una sobretasa creciente motivada por 
la incertidumbre y los elevados costos de la intermediación financiera. Por su parte, el tipo de cambio, que 
estaba prefijado con una previsión inflacionaria menor a la real, se caracterizaba por una permanente 
subvaluación de las divisas.
Esta sobrevaloración del peso en conjunción con las rebajas arancelarias afectó fuertemente la 
balanza comercial y permitió la entrada masiva de productos importados. A su vez, la entrada de capitales 
externos, -sin restricciones, atento a la apertura financiera externa- en su casi totalidad de corto plazo y 
provenientes de un mercado financiero de alta liquidez y elevadas tasas de interés, compensaba el déficit de 
la cuenta corriente, con un incremento significativo del endeudamiento con el exterior. Estos movimientos - 
que afectaban seriamente el balance de pagos- preanunciaban una devaluación del tipo de cambio, en un 
mercado de capitales de alta liquidez, atento al muy corto plazo de colocación de los depósitos. En adición, 
la política fiscal no fue lo suficientemente prolija y continuaron importantes transferencias de ingresos de 
difícil justificación y ausentes de evaluación. A ello se sumaba un clima de cambio de autoridades políticas y 
económicas. En consecuencia las primas de riesgo por la colocación de capitales externos se elevaron 
considerablemente, con el consiguiente aumento de las tasas de interés.
En este contexto, el sector industrial sufrió la crisis más profunda de su historia por la conjunción de 
varios factores negativos. Entre ellos sobresale la contracción de los mercados, por los bajos niveles de 
demanda de productos industriales locales, tanto interna por la competencia de productos importados, como 
externa por el fuerte atraso del tipo de cambio. A su vez, las altas tasas de interés que superaban 
largamente toda posibilidad de rentabilidad productiva y su constante crecimiento llevó a las empresas a 
niveles de endeudamiento que en muchos casos solían superar el valor de sus activos.6/
Con el cambio de autoridades dentro del régimen militar en marzo de 1981 se inicia un proceso 
caracterizado por la adopción de medidas de corto plazo tendientes a solucionar los problemas más 
urgentes de los sectores productivos. No obstante, también en este período continúa el estancamiento del 
sector industrial, en un contexto de permanentes devaluaciones de la moneda y persistencia de tasas de 
interés positivas. Los empresarios centraron sus reclamos en la necesidad de solucionar sus críticos 
problemas de endeudamiento. Hacia mediados de 1982 se establece un sistema de financiamiento de 
mediano plazo de las firmas basado en tasas de interés reguladas, que asociadas al creciente ritmo
6/  Los fue rtes  cam b ios de p rec ios  re la tivos  de la época, que favo rec ían  a las ac tiv idades  de se rv ic ios  y  de 
p roducc ión  de b ienes no tran sa b le s  con el ex te rio r m otivó  el pago de fue rtes  tasas  de in te rés rea les  a los secto res 
industria les  de b ienes tran sa b le s  -que  su frie ron  p ro fundos a trasos re la tivos de sus precios-.
9
inflacionario, provocó una verdadera licuación de los pasivos de las firmas y un fuerte alivio a las 
instituciones financieras. Asimismo, con la implantación de seguros de cambio el Estado se hizo cargo de la 
mayor parte de la deuda externa del sector privado. A través de estos dos mecanismos se socializaron las 
pérdidas del sector empresarial. La revalorización del tipo de cambio y las restricciones a las importaciones 
resultantes del abultado endeudamiento externo -cuyos pagos de intereses superaban toda previsión 
optimista del saldo de la balanza comercial-, generaron nuevamente condiciones de protección al sector 
industrial. El coeficiente de importaciones de la economía argentina volvió a niveles próximos a los 
anteriores a la política de apertura.
3. El período posterior a la crisis del endeudamiento. (1982-1990)
El plano macroeconómico local ha sido el eje articulador de gran parte de las transformaciones 
ocurridas en el período 1982-1990 7/. La aplicación del enfoque monetario del balance de pagos en 
diciembre de 1978 ha sido el punto de quiebre del modelo de industrialización anterior. El fracaso de esta 
política y la crisis de endeudamiento externo resultante, generaron en la década del 80 condiciones de 
inestabilidad e incertidumbre del marco macroeconómico que abarcaron los desequilibrios de las cuentas 
fiscales y externas, la fragilidad del sistema financiero, etc. La necesaria estabilización de la economía no 
sólo fue un objetivo permanente, sino que se convirtió en un camino ineludible a partir del conjunto de 
perturbaciones del funcionamiento de la economía, que tuvieron en los episodios hiperinflacionarios 
generados a partir de 1989 sus manifestaciones más crudas. Los condicionantes externos, la necesidad de 
la consistencia y persistencia de las políticas estabilizadoras y el contenido de las mismas ocuparon la 
atención de la sociedad argentina.
La crisis de la deuda externa en 1982 revirtió el signo de las transferencias netas de recursos del 
exterior, producto de la interrupción de los flujos de capital y el aumento de las tasas de interés internacional. 
Los efectos inmediatos fueron el renacimiento y agudización del desequilibrio estructural externo de la 
economía, pero ahora acompañado por la crisis de financiamiento del sector público. Estos dos 
desequilibrios básicos se complementaban con la dinámica de funcionamiento de la economía en el corto 
plazo, en la cual el régimen de alta inflación y la fragilidad financiera amplificaban y agudizaban los efectos
7/  Para un aná lis is  m ás de ta llado  de las cond ic iones  m acroeconóm icas , ver, en tre  otros, Bonvecch i, C., El com erc io  
in te rnac iona l de m anu fac tu ras  de la A rg e n tina  197 4-8 0 , cap ítu los  1 y  2, C E P A L-A LA D I, 1992; H eym ann, D. T res 
ensayos  sob re  in flac ión  y  po líticas de e s ta b iliza c ió n , E stud ios  e In fo rm es de la C E P A L  N° 63; M ach inea, J.L., 
S tab iliza tion  under A lfo n s in s  gove rn m e n t a frus tra ted  a ttem pt, Doc. C E D E S  N° 42, B uenos A ires, 1990; C arciofi, R. La 
desa rticu lac ión  del pacto  f is c a l, D ocum en to  N° 36, C E P A L, B uenos A ires, 1990; Dam ill, M, et al. D é fic it fisca l, deuda 
exte rna  y  desequ ilib rio  financ ie ro , Edit. Tesis , B uenos A ires, 1989.
10
de las medidas adoptadas para corregir los desajustes. El desafío de la politica económica estaba en la 
eficiencia para alcanzar los objetivos de equilibrar los desajustes estructurales y, al mismo tiempo, reducir la 
inflación sin incurrir en costos excesivos en términos de producción, empleo y salarios reales.
El desequilibrio externo puede ser caracterizado por el desbalance entre la corriente de ingresos 
que el país estaba en condiciones de generar y la magnitud de los compromisos de pagos externos que el 
stock de la deuda existente imponía. La búsqueda de fuertes excedentes de comercio exterior, a partir de 
devaluaciones de la moneda local y contracción del gasto interno, determinaron el incremento de las 
exportaciones, la violenta reducción de las importaciones y de la inversión. Sin embargo, la naturaleza 
financiera de la restricción externa se evidenciaba en el déficit de la cuenta corriente del Balance de Pagos, 
con la particular posición desfavorable del Sector público, producto del proceso de estatización de la deuda 
externa privada. A su vez, el deterioro de los términos de intercambio erosionaron fuertemente el esfuerzo 
exportador.
Las cuentas fiscales estaban caracterizadas por el creciente nivel del gasto público y su falta de 
correlato en los descendentes ingresos tributarios. Su habitual forma de financiamiento en el pasado 
(endeudamiento externo e interno y el impuesto inflacionario) con la crisis y estatización de la deuda externa 
se desarticula en un contexto de agudización de los desequilibrios fiscales.
El régimen de alta inflación persistente generó una elevada elasticidad en sus mecanismos de 
propagación con tasas altas y volátiles. A su vez, la fragilidad financiera determinada por el proceso de 
desmonetización y la ausencia de financiamiento externo, fue uno de los principales obstáculos para el 
manejo de la política económica. La atención de la deuda externa, a cargo del Sector Público, y la existencia 
de superávits comerciales generados por el sector privado, plantearon muy agudamente las dificultades 
fiscales para la compra de los excedentes de divisas. Para obtener esos fondos el Sector Público debió 
aumentar su superávit, o financiarse vía emisión o colocación de deuda pública interna, o incurrir en atrasos 
en los compromisos externos. Cada una de estas alternativas tenía dificultades y efectos no deseados. 
Estos desequilibrios macroeconómicos generaron una permanente incertidumbre, que deterioró los 
procesos de inversión e impulsó una marcada exportación de capitales.
En el período se destacaron tres programas económicos: el Austral, el Primavera y el Bunge y Born. 
Todos ellos compartieron el objetivo de incorporar medidas que implicaran -junto con la obtención de 
resultados superavitarios en la balanza comercial- un mayor control de la demanda agregada nominal, una 
corrección de los precios relativos e intentos de orientar el proceso de formación de las expectativas. En 
todos los casos, se puede señalar la presencia de dificultades para sostener resultados fiscales compatibles 
con las posibilidades de financiamiento interno, externo y monetario, y como consecuencia, la creciente
11
Entre 1980 y 1990 se observó una performance poco alentadora de los principales indicadores 
económicos con un alto costo social en el proceso de ajuste. Sólo las exportaciones tienen un signo positivo 
con un crecimiento del 78% entre 1980 y 1990. El resto de los indicadores evidencian el profundo deterioro 
de la economía. El PBI disminuyó un 9.4%; el PBI industrial el 24%; el consumo el 15.8%; las importaciones 
un 58.9%; la inversión el 70.1%; el ingreso por habitante un 25%. A su vez, la tasa de desocupación abierta 
se duplicó, el nivel de empleo manufacturero disminuyó entorno del 30% y el salario medio real industrial en 
1990 fue un 24% más bajo que a inicios de la década. En forma complementaria se observa un proceso de 
concentración del ingreso asociado a una mayor regresividad en su distribución y la agudización de las 
condiciones de pobreza extrema.
Estas nuevas condiciones generan cambios significativos a nivel sectorial y microeconómico. Como 
resultado, a diferencia de las etapas anteriores, en las cuales el sector industrial era el motor de desarrollo 
de la economía, el período 1975-1990 se caracteriza: 1) por el estancamiento de las actividades 
manufactureras -perdiendo más de 5% de su participación en el PBI-, 2) no generación de nuevos empleos - 
en un contexto de serias dificultades estructurales en el mercado de trabajo- y 3) los niveles de inversión son 
menores a la amortización del capital -produciéndose la descapitalización del sector-. Sin embargo, sería 
incorrecto considerar que a inicios de los años 90 nos encontramos con un sector manufacturero estancado 
y deteriorado que produce bienes bajo la misma forma de organización social vigente durante el modelo 
sustitutivo de importaciones. Las actividades industriales han sufrido un conjunto de profundas 
transformaciones estructurales que a modo de síntesis se lo puede caracterizar como un proceso de 
reestructuración regresiva y de creciente heterogeneidad estructural.
El carácter regresivo está dado básicamente por dos elementos: el primero de ellos, se refiere a la 
incapacidad de la economía de haber basado su reestructuración industrial en los aspectos positivos que se 
desarrollaron en las cuatro décadas de la sustitución de importaciones, durante las cuales se acumularon 
conocimientos, habilidades, capacidades ingenieriles, equipamientos, recursos humanos, bases 
empresariales, etc.. Estos elementos estuvieron a su vez asociados a serios problemas de funcionamiento 
que determinaron el agotamiento de dicho modelo. Una asignación eficiente de los recursos hubiese sido 
aquélla que induzca la superación de estas dificultades, pero rescatando los acervos positivos. A nivel 
empresarial, sectorial, tecnológico y de los recursos humanos se encuentran innumerables ejemplos en los 
cuales no se ha seguido este criterio.
El segundo de los elementos se refiere a las transferencias de ingresos asociadas al proceso de
toma de conciencia de la necesidad de reformas estructurales.
12
reestructuración. Por una parte, la nueva especialización e inserción externa resultante de la industria 
argentina no se adecuó a la dotación de factores y a la generación de ventajas competitivas dinámicas. Por 
otra parte, el deterioro de las políticas públicas sociales (educación, salud, vivienda, infraestructura, etc.), 
que acompañó a la desarticulación fiscal del país, ha afectado a la equidad de la sociedad, y a su vez a la 
competitividad sistémica de la economía.
En cuando al carácter de creciente heterogeneidad éste está determinado por el desempeño muy 
diferenciado a nivel sectorial y en particular a nivel empresarial. El estancamiento agregado se descompone 
en el desmantelamiento, atraso y reducción de muchas firmas y en forma complementaria en el desarrollo 
de otras empresas que crecen y modernizan sus estructuras productivas. Las evidencias empíricas de 
desempeños microeconómicos existosos son abundantes, sin embargo la sumatoria de las mismas no han 
tenido la fuerza macroeconómica para definir un nuevo sendero de crecimiento de la economía.
3.1. Composición sectorial del producto industrial.
En un contexto caracterizado por el estancamiento de la producción, en los últimos quince años la 
industria no sólo disminuyó notablemente su participación en el PBI sino que simultáneamente, se generó 
una profunda transformación en el tejido industrial caracterizada por el incremento de la concentración y la 
heterogeneidad estructural, con cambios significativos en su especialización intraindustrial.8/
En la década anterior (1964-1974) la industria, a partir del aumento de su tasa de inversión, creció al 
7% anual e incrementó su participación en el PBI del 25% al 28%, con un fuerte proceso de absorción de 
empleo, crecimiento de la productividad, mejora de los salarios reales y caída de sus precios relativos. Los 
complejos metalmecánicos y petroquímicos fueron los que dinamizaron esta excelente performance 
industrial a través de la ocupación de franjas con demanda atrasada en el mercado doméstico y 
complementada con incipientes exportaciones en los años setenta. Estas actividades, junto con la industria 
alimenticia representaban más del 60% del Producto Industrial.
8/  A lg u n a s  de las con tribuc iones  g loba les que  pueden consu lta rse  son: K osacoff, B. y  A zp iazu , D., La industria  
a rgentina : desa rro llo  y  cam b ios e s tru c tu ra les , C E A L, B uenos A ires, 1989; Katz, J. y  Kosacoff, B., El p roceso  de 
industria lizac ión  en la A rgen tina : evo luc ión , retroceso  y  p ro sp e c tiva , C EA L, B uenos A ires, 1989; C hudnovsky, D. La 
rees truc tu rac ión  industria l a rgen tina  en el con tex to  m acroeconóm ico  e in te rn a c io n a l, C EN IT , B uenos A ires  (1991); 
N ochte ff, N., R e e s truc tu rac ión  industria l en la A rgen tina : regres ión  es truc tu ra l e insu fic ienc ia  de los en foques 
p redom inantes, en R ev is ta  D esarro llo  E conóm ico  N° 120, B uenos A ires, 1991.
13
A mediados de los años setenta la estructura industrial argentina estaba caracterizada por una alta 
diversificación de sus actividades, coincidente con el objetivo de la sustitución de importaciones de 
maximizar el aprovisionamiento local de bienes manufacturados. Sin embargo, en comparación con las 
sociedades más industrializadas se observaban claramente, dos rasgos de la industrialización argentina: el 
escaso desarrollo de la industria de bienes de capital y de las industrias productoras de bienes intermedios 
de uso difundido (aluminio, papel, acero, petroquímica, etc.)
En relación con el escaso desarrollo de la industria de bienes de capital, no es casual que este 
rasgo sea compartido con la mayoría de los países de industrialización intermedia. Los requerimientos de 
innovaciones mayores, las economías de escala tecnológica, la articulación con el Sistema Innovativo 
Nacional y la necesidad de una clara política nacional, han sido insalvables barreras para su desarrollo. En 
cambio, la profundización de la sustitución de importaciones en las industrias de insumos estuvo priorizada 
en todos los planes de desarrollo elaborados durante el período sustitutivo y paradojalmente su impulso 
mayor fue dado durante la apertura de la economía en 1976-1981, evidenciando la desarticulación de las 
políticas y generando el cambio más importante de la estructura industrial en la década del 80.
En el período 1975/1990 la actividad industrial disminuyó en un 25%, en un proceso de 
terciarización con baja productividad en la economía, que determinó que la industria disminuyera su 
participación en el PBI del 28.3% al 20.7%. En este contexto los comportamientos microeconómicos y 
sectoriales fueron muy diferenciados. Existió un conjunto de reestructuraciones e incrementos de 
competitividad en muchos casos, complementados con desmantelamientos de firmas, equipos de ingeniería 
y recursos humanos calificados en muchos otros. La resultante fue el estancamiento, ya que la sumatoria de 
los casos exitosos no fue suficiente para generar un modelo de desarrollo sostenible en el mediano plazo.
En forma estilizada los cambios sectoriales más significativos estuvieron asociados a:
1. Industrias que incrementaron simultáneamente su producción y su participación en el 
producto industrial: Los casos más destacados están asociados a las industrias de insumos 
intermedios. La industria metálica básica creció entre 1970 y 1990 al 2.3% anual y la industria 
química al 1.4% anual. Ambos sectores representaban menos del 20% del producto industrial en la 
década del 70, incrementando su participación a casi el 30% en 1990.
2. Industrias estancadas con aumento de participación en el producto industrial: El sector de 
alimentos y bebidas mantiene su nivel de actividad, pero frente a la pobre performance global de la 
industria, incrementó su participación en el producto industrial del 21.7% al 26.5% entre 1970 y 
1990.
14
3. Industrias con caídas en su nivel de actividad y en su participación en el producto industrial:
En primer lugar se destaca el sector de maquinarias y equipos que entre 1970 y 1990 disminuye su 
actividad a una tasa anual del -1.6%. Esta caída es de tal magnitud que en 1990 produce menos 
que la mitad de bienes que en mediados de los años setenta. De esta forma no sorprende que su 
participación actual en el producto industrial sea menor al 20%, mientras en su pico de 1977 había 
sido del 31.6%. Con igual comportamiento se observa a un conjunto de industrias asociadas al 
consumo y a la construcción, como son los textiles y confecciones, maderas y muebles, y minerales 
no metálicos.
Estos cambios a nivel agregado aparecen claramente ejemplificados en los volúmenes físicos entre 
1970 y 1990 de algunos productos altamente representativos de la actividad industrial. En relación con los 
insumos se nota el crecimiento de los productos petroquímicos, papel y celulosa, aluminio, acero y 
laminados. En contraposición, la producción de máquinas herramientas y tractores, del trienio 1988-90 en 
comparación al 1973-75 es una cuarta parte y la de automotores menos de la mitad. Asimismo, se observa 
un crecimiento significativo de los recursos energéticos en particular del gas. Por último, en los productos 
alimenticios es notable el crecimiento de los aceites vegetables, mientras la producción de los frigoríficos y 
de azúcar, decaen.
Estos cambios en la especialización sectorial de la industria argentina se generaron en el marco de 
un estancamiento de la demanda doméstica, en el proceso de desustitución de 1979/81 y en el 
sorprendente dinamismo exportador de la década del 80. Las actividades que más han crecido han estado 
asociadas a la expansión de la dotación de recursos naturales y al desarrollo de grandes plantas de 
insumos, de procesos continuos intensivos en capital, que no avanzaron en los encadenamientos hacia 
bienes diferenciados con mayor valor agregado. En contraposición se ha desmantelado un conjunto de 
actividades más asociadas al uso intensivo de recursos humanos calificados y de fuertes requerimientos de 
esfuerzos tecnológicos. En particular, el complejo metalmecánico y electrónico, que en el escenario 
internacional pasa a ocupar un lugar destacado en su transición de la electromecánica a la electrónica, en el 
escenario doméstico, a pesar de su excelente punto de partida, pierde posiciones relativas en forma 
significativa.
3.2. El empleo industrial
Las características centrales del mercado de trabajo durante el período sustitutivo se han 
modificado radicalmente durante los últimos quince años. En aquella etapa de la industrialización, la 
Argentina se destacaba en América Latina por los altos niveles de calificación de la mano de obra, derivado
15
de sus corrientes inmigratorias, los aprendizajes en el desarrollo tecnológico local y la expansión de la 
educación formal, en todos sus niveles y abarcando casi el conjunto de la sociedad.
En general, no se observaban serios problemas de empleo, estando evidenciado este rasgo en los 
bajos niveles de desocupación abierta y una reducida importancia del trabajo informal. En particular este 
segmento del mercado de trabajo, en comparación con otros países de la región, no tenía las características 
típicas de refugio y estaba asociado a remuneraciones no muy bajas y con una relativa estabilidad. Un 
factor determinante de esta estructura ocupacional estaba dado por la propia dinámica del lento crecimiento 
de la Población Económicamente Activa, que por este comportamiento no se constituía en un factor de 
presión sobre el mercado formal de trabajo. La recepción de inmigrantes vecinos, en general en fuentes de 
trabajo de baja calificación, era un complemento del mercado de trabajo en los períodos de expansión del 
nivel de actividad.
Por otra parte, el sindicalismo jugaba un papel central en el mercado de trabajo, en particular en la 
determinación de los salarios. De esta forma, el nivel de remuneraciones reales se caracterizaba por ser 
más elevado y menos disperso que en otros países latinoamericanos, con sus consecuencias en una 
relativa mejor distribución de los ingresos y menores signos de pobreza y marginalidad. En este contexto el 
sector industrial era el factor clave para la absorción de nuevos puestos de trabajo y para la movilidad 
social ascendente de la población, viabilizando la posibilidad de trabajo posterior a una adecuada educación 
formal. Asimismo se verificaba una asociación positiva entre incrementos de productividad y mejora de 
salario real.
A partir de 1975 comienza una tendencia que se extiende hasta la actualidad en la cual se estanca 
la ocupación industrial, con una creciente heterogeneidad, una desarticulación en la formación de recursos 
humanos y una pronunciada caída en el nivel de calidad de vida de la población. Algunos de los aspectos 
más destacados de este período son los siguientes: 9/
. Los niveles de ocupación industrial de 1990 son similares a los de 1973 y más bajos que los de 
1974/75. Esta pérdida de generación de empleos manufactureros se da en un contexto de creciente 
heterogeneidad. Las pequeñas y medianas empresas generaron un aumento de la ocupación del 25%, 
asociado a un estancamiento de su producción y por lo tanto a una caída de productividad. En 
contraposición las grandes empresas expulsaron fuertemente personal con una importante incidencia en el 
aumento de la productividad.
9/  Para  un aná lis is  m ás de ta llado  v e r B eccaria , L., R ees truc tu rac ión , E m pleo  y  S a la rios  en la A rgen tina . P royecto  
Fundac ión  V o lksw agen /C E P A L , B uenos A ires, 1992.
16
. Un conjunto de factores incide en el incremento de la productividad de las grandes empresas. En
particular el período 1973/75 estuvo caracterizado por la existencia de sobreempleo en las plantas 
industriales producto de las condiciones de protección y sindicalización. A partir de 1976, se inicia un lustro 
de permanente eliminación de este sobreempleo y de pérdida de poder sindical. A su vez la incorporación de 
maquinarias y equipos, en particular entre 1978/80, y los fuertes cambios organizacionales, asociados a 
tecnologías desincorporadas determinaron los cambios señalados.
. En forma estilizada el cambio de especialización productiva en la estructura industrial se caracterizó
por el crecimiento de actividades de escala intensiva en capital y/o recursos naturales, frente a una pérdida 
relativa de las industrias metalmecánicas y de bienes intensivos en el uso de mano de obra, en particular en 
los tramos de mayor calificación. Estos cambios determinaron una menor elasticidad del empleo frente a la 
producción y a la inversión, y a su vez una menor demanda en las calificaciones para los nuevos puestos de 
trabajo.
. El incremento del grado de subutilización de mano de obra fue primero suavizado por el efecto del
trabajador desalentado por la baja de salarios y el incremento de la informalidad. A medida que la 
tendencia se profundizaba se verificó un notable crecimiento de la tasa de desocupación (del 4.2% en 1974 
al 7.4% en 1990) y de la tasa de subocupación (del 5% en 1974 al 9% en 1990). De esta forma el mercado 
de trabajo no estructurado se convierte en refugio con una fuerte disminución relativa del trabajo formal. 
Dentro de este último, se produce a su vez una pérdida de importancia del empleo industrial, con un 
incremento de la terciarización de baja productividad en los sectores de servicios. El conjunto de estos 
cambios tienden hacia una des-salarización, con el incremento del autoempleo y el cuentapropismo.
. Este proceso estuvo articulado con una baja casi permanente del salario real, que en 1990 era un 
tercio menor que en 1974, en el cual la caída de la demanda de trabajo, los cambios de composición 
sectorial y el deterioro de las estructuras sindicales fueron determinantes. Asociado al fuerte proceso de 
concentración económica, la participación de las remuneraciones en el ingreso nacional, cae 
permanentemente (del 45% en 1974 al 32% en 1990), con el incremento notable del porcentaje de hogares 
pobres (del 8% en 1980 al 27% en 1990). Esta regresividad en la distribución del ingreso se vio 
profundamente complementada por la caída per cápita y mala asignación de los gastos sociales que 
condujeron al deterioro global de los servicios públicos, afectando sobremanera a los sectores de menos 
ingresos. Estos están imposibilitados de acceder al costoso sector privado, que se potencializó como 
alternativa a los prestadores públicos.
17
En relación con el proceso de inversiones se observa un conjunto de fuerzas contrapuestas, cuya 
resultante es el incremento de la heterogeneidad estructural al interior de las actividades industriales con un 
aumento de la edad media del equipamiento, asociado recientemente con un menor ritmo de reposición que 
su amortización. Existen por una parte un conjunto de indicadores que evidencian una ruptura y un deterioro 
en el flujo de incorporaciones de maquinarias y equipos en el sector industrial. En este sentido, la relación
entre las inversiones y el PBI que en la década del 70 estaba en valores cercanos al 23% disminuyó a
10menos de la mitad /. Asimismo, la vigencia de altas tasas de interés reales positivas en contraposición a su 
signo negativo del pasado desvió recursos hacia colocaciones fuera de la industria. El fuerte incremento de 
la transnacionalización del ahorro; la inexistencia de un mercado de capitales de largo plazo; la persistencia 
de la inestabilidad, la incertidumbre y la inflación, entre otros factores, crearon adicionalmente condiciones 
sumamente adversas para el proceso de inversiones. En suma, la descapitalización y la pérdida del 
dinamismo en la acumulación del capital en el sector industrial ha sido en forma global, uno de los hechos 
más negativos de la industrialización durante este período.
Sin embargo, en sentido opuesto pueden citarse un conjunto de factores que indujeron a la 
formación de capital en diversas firmas y sectores. Como veremos más adelante el conjunto de sistemas 
promocionales a la inversión industrial fue una fuente de subsidios muy fuerte, a la que se adicionaron otros 
mecanismos como la capitalización de la deuda externa 11/. Asimismo, la sobrevaloración de la moneda 
durante el período 1978-81 determinó una importante incorporación de máquinas y equipo de origen 
importado. Las líneas crediticias del Banco Nacional de Desarrollo para la compra de bienes de capital y los 
créditos preferenciales de organismos internacionales y de los gobiernos de España e Italia también 
favorecieron la introducción de nuevo equipamiento. En igual sentido y a pesar de los efectos negativos de 
la tasa de interés positiva antes mencionados, la vigencia de la misma -asociada su vez a otros factores - 
tuvo un impacto muy importante sobre la organización del trabajo industrial. El fuerte peso financiero del 
manejo ineficiente de stocks excesivos, de procesos discontínuos asociados a tiempos muertos, de falta de 
organización en los sistemas de compras, etc., determinaron la gradual incorporación al lay out de 
producción de tecnologías de automatización que abarcan el control de procesos, el manejo de inventarios, 
la mejora de los sistemas de control de calidad, etc.
10/  La ca ída  del coe fic ien te  de invers ión  se d io  tan to  en la invers ión  del sec to r p rivado  com o en la del se c to r público. 
En esta  ú ltim a se ve rifica  una a lta  corre lac ión  en tre  su nivel y  su im pacto  induc to r sob re  la invers ión  en el sec to r 
industria l.
11/  V e r Fuchs, M., Los p rog ram as de cap ita lizac ión  de la deuda  exte rna  a rg e n tin a , M im eo, C E P A L  B uenos A ires, 
1990.
3.3. El proceso de inversiones
18
La incipiente difusión de nuevas tecnologías está teniendo impactos muy fuertes sobre la organiza­
ción de la producción y en conjunción con la racionalización del empleo se verifican fuertes incrementos de 
la productividad así como cambios significativos en las relaciones obrero-empresariales. Complementaria­
mente, también han madurado algunos proyectos de uso intensivo de ingeniería atentos al bajo costo 
relativo de la misma en el medio local. Todo este conjunto de equipamientos e incorporaciones tecnológicas 
han pasado por una evaluación mucho más rigurosa y esta asignación de recursos está asociada a una 
mayor productividad del capital. Sin embargo, para continuar con avances significativos en esta dirección 
para el aumento de la competitividad, se requiere en muchos de los casos la renovación de los equipos, que 
actualmente tienen varias décadas de antigüedad.
La continuidad de los sistemas de Promoción Industrial, tanto a nivel nacional, como en el Territorio 
Nacional de Tierra del Fuego y los regímenes provinciales de San Luis, La Rioja, Catamarca y San Juan han 
tenido un impacto importante en la localización de las actividades industriales. Sus objetivos y su 
instrumentación han sido una fuente de polémicas, que incluyó al ámbito parlamentario.
En el régimen a nivel nacional, sus efectos económicos se concentraron fundamentalmente en el 
subsidio para la puesta en marcha de alrededor de 50 proyectos de grandes plantas productoras de bienes 
intermedios, intensivas en el uso de capital, que tuvieran su justificación hacia principios de los años 70, en 
la profundización del modelo sustitutivo. El régimen de Tierra del Fuego, se potencializó hacia fines de los 70 
y su principal motivación para los inversores está dada por la libre importación de insumos asociada a una 
alta protección al producto final. Ello incentivó la instalación de un conjunto de empresas -entre las que se 
destacan las productoras de artículos electrónicos de consumo- que realizan tareas de escasa integración 
local e ínfima participación de la ingeniería local. Por último, los regímenes provinciales generaron la 
instalación de empresas dedicadas en la mayoría de los casos a la fase final de procesos productivos 
fragmentados de forma de maximizar las desgravaciones impositivas.
Las principales críticas que se realizan a estos sistemas promocionales apuntan a la escasa 
selección de las actividades dentro de un modelo de industrialización coherente; los elevados costos 
fiscales; la ausencia de una evaluación ex post de los mecanismos; el carácter discriminatorio de los 
otorgamientos; la falta de competitividad en la organización de los mercados y la inexistente fiscalización de 
las actividades que tienen incentivos no sólo asociados a la formación de capital sino que también abarcan a 
la operatoria de las firmas. En forma contrapuesta, estos mecanismos generaron una incipiente descentra­
lización de la localización de las actividades hacia espacios de menor desarrollo relativo y permitieron la
19
instalación y reestructuración de muchas firmas que de otra manera no se hubiese efectuado /. Asimismo, 
desde el punto de vista tecnológico las plantas de insumos están muy cercanas a las mejores prácticas
13internacionales /.
En una investigación que abarca a 591 empresas industriales se constatan varios de los aspectos
14señalados /. En el periodo 1983-88 estas empresas invirtieron 9.500 millones de dólares, que representa 
alrededor de las tres cuartas partes de la inversión total de la industria. Los recursos canalizados hacia la 
formación de capital sólo representaron el 5% de sus ventas. La alta incidencia en el agregado de un 
número muy reducido de empresas se destacó al verificar que las 44 firmas de mayor monto de inversión 
concentran más de la mitad de la formación de capital global relevada, con una inversión promedio de 109 
millones de dólares por empresa. A nivel sectorial se destaca la mayor especialización en el área química- 
petroquímica y las industrias metálicas básicas que abarcan el 60% de las inversiones, en contraposición 
con la baja representatividad del complejo metalmecánico (12%) y el sector textil (4%), señalando la 
preponderancia de actividades capital intensivas, en contraposición a aquéllas más relacionadas con empleo 
y valor agregado. Asimismo, se verifican la importante incidencia de los regímenes promocionales y el papel 
definitorio de los Grandes Grupos Económicos y las subsidiarias de Empresas Transnacionales que han 
sido las responsables del 75% de las inversiones del universo estudiado. Por último, es sumamente 
ilustrativa la escasa incidencia de la instalación de nuevas plantas industriales (30 proyectos sobre un total 
de 2.238, que representan el 12% de la inversión), mientras que la mayor parte de los proyectos están 
referidos a ampliación, renovación de equipos y mejoras tecnológicas (70% de la inversión), indicándonos la 
especial incidencia de los procesos de reestructuración frente a una escasa importancia de nuevas 
actividades.
3.4. El comercio internacional de manufacturas
De manera muy estilizada, puede señalarse que el balance comercial de bienes industriales se 
presenta hasta el año 1981 como estructuralmente deficitario. Sin embargo, durante la década del ochenta
12
12/  Ver, en tre  otros, A zp iazu , D., La p rom oción  a la invers ión  industria l en la A rg e n tin a . D ocum en to  de trab a jo  N° 27. 
C E P A L, B uenos A ires, 1988; G atto, F., G utm an, G. y  Yogue l, G., R ees truc tu rac ión  industria l en la A rg e n tina  y  sus 
e fectos  reg iona les. 197 3 -1 9 8 4 . P R ID R E -C F I/C E P A L , D ocum en to  N° 14, B uenos A ires, 1988; Roitter, M., La 
industria lizac ión  rec ien te  de T ie rra  del F u e g o , P R ID R E -C F I/C E P A L , D ocum en to  de traba jo  N° 13, B uenos A ires, 1987.
13/  V e r B isang, R., F acto res de com pe titiv idad  de la s ide ru rg ia  a rg e n tin a , C E P A L, B uenos A ires, 1989.
14/  V e r La  inve rs ión  en la industria  argen tina . El com p o rta m ie n to  de las p rinc ipa les  e m presas  en una e tapa  de 
^ c e rt id u m b re  económ ica, C E P A L, D ocum en to  de T raba jo  N° 49, B uenos A ires, 1993.
20
va revirtiendo su situación hasta llegar al trienio 1988/90 con un superávit superior a los 4.200 millones de 
dólares. En términos generales, este comportamiento en las actividades industriales indica, en primer lugar, 
una situación de escasa orientación exportadora de las industrias no basadas en recursos naturales durante 
la última fase de la sustitución de importaciones que, a su vez, eran las principales demandantes de 
importaciones. Dicha tendencia se acentúa fuertemente en el momento de la apertura de la economía en el 
período 1979/81, durante el cual el fuerte aumento en las importaciones no tuvo su correlato en los cambios 
estructurales que permitieran ganancias de competitividad que necesariamente se requieren para un 
dinamismo de la corriente exportadora. En este sentido, los resultados fueron una apertura unilateral de las 
importaciones, reflejada en el deterioro de los saldos comerciales. Así, los déficits comerciales que se 
registraron en los años 1980 y 1981 alcanzaron los 5.000 millones de dólares y 3.700 respectivamente. El 
posterior cierre de la economía del año 1982 va generando un fuerte cambio en el comportamiento del 
comercio exterior donde el proceso de sustitución de la producción de bienes intermedios de uso difundido y 
los bajos niveles de actividad interna se conjugan en la generación de crecientes saldos superavitarios. Este 
cambio en la tendencia va generando lentamente un conjunto de impulsos hacia una mayor actividad 
exportadora, que, asociado al reducido nivel de actividad del mercado interno -con sus efectos de requerir 
menos importaciones y generar mayores saldos exportables- concluye en los sorprendentes saldos
15superavitarios del trienio 1988/90. /
La identificación de las distintas actividades en relación a sus saldos comerciales permite la 
agrupación de estas en tres tipologías. En primer lugar, se encuentran aquellas actividades industriales que 
se caracterizan, a mediados de los años setenta, por su significativa contribución positiva al saldo comercial 
y que se mantienen a lo largo de la serie. El ejemplo más representativo es la industria alimenticia en su 
conjunto, con la existencia de dinámicas muy diferentes en las distintas ramas que la componen. En 
segundo lugar, pueden señalarse las actividades que registran un cambio de signo en los saldos de sus 
balances comerciales y que pasan de tener una relevante incidencia negativa a mediados de la década del 
setenta, a contribuir positivamente al final del período. Los ejemplos más claros se verifican en varias 
producciones de bienes intermedios. Por último, se identifica un tercer grupo de actividades que mantiene, a 
lo largo del período, saldos negativos estructurales que no se revierten. En esta categoría se destacan la 
mayoría de las producciones del complejo metalmecánico.
Uno de los rasgos más significativos en el comercio de manufacturas, es la mayor importancia 
relativa que revela el comercio intraindustrial. En este sentido se observa una participación continuamente
15/  V e r Fuchs, M. y  Kosacoff, B., B a lance  del com erc io  in te rnac iona l de m anu fac tu ras  de A rg e n tin a , D ocum en to  de 
T raba jo  N° 47, C E P A L, B uenos A ires, 1992.
21
creciente en la serie 1974/90 de este tipo de comercio en el total, a tal punto que mientras en el período 
1974/76 era del 6,3% crece al 14,5% en el trienio 1979/81, y alcanza al 29,2% durante el período 1988/90. 
Mientras que en la década del 70 participan alrededor de 26 ramas, a fines de la década del ochenta son 
casi 40 las ramas industriales caracterizadas por su comecio intrasectorial. El complejo petroquímico en 
particular y en menor medida el metalmecánico y la industria papelera son las actividades que impulsaron el 
crecimiento del comercio intraindustrial durante el último trienio.
Las evidencias presentadas sobre la evolución del balance del comercio internacional de bienes 
están señalando varios rasgos determinantes de la inserción internacional del sector industrial argentino. En 
el período 1974/90 se han individualizado tres etapas diferenciadas del funcionamiento de la economía y de 
su consiguiente inserción internacional: 1) El período 1974-1978, anterior a la apertura de la economía, 
corresponde a la etapa final de la sustitución de importaciones, en la cual en una economía semicerrada 
comienza a dinamizarse la corriente de exportaciones industriales y de recursos naturales, con la 
persistencia de estrangulamientos externos que determinaban la escasez de divisas para incorporar los 
requerimientos de abastecimientos externos de insumos intermedios y de bienes de capital. 2) La 
experiencia aperturista de 1979/81 con el deterioro de la balanza comercial, producto del freno de la 
corriente exportadora y el notable incremento de las importaciones, que en su fracaso devino en un nuevo 
cierre de la economía pero ahora acompañado de un contexto macroeconómico fuertemente 
desequilibrado. 3) Finalmente, el período 1982/90 en el cual, nuevamente en una economía semicerrada se 
generan profundas transformaciones derivadas de la acción simultánea de la sustitución de importaciones, 
el estancamiento del mercado interno y el sorprendente dinamismo de las exportaciones industriales, 
factores asociados que generaron los importantes superávits comerciales del trienio 1988/90.
3.5. La Política Arancelaria
La fijación de aranceles de importación estuvo asociada tradicionalmente en la Argentina a los 
criterios de la política fiscal e industrial. A estas dos áreas, a partir de 1978 se le agregan los objetivos de 
estabilización de la economía. La utilización de los aranceles como instrumento de la política industrial 
presentó serias fallas. Estas comprendían: la escasa evaluación de los efectos reales y distributivos; su falta 
de articulación con los otros instrumentos de política industrial; la incertidumbre a partir de las permanentes 
y aleatorias modificaciones; etc. En el período analizado, con posterioridad a la etapa sustitutiva se pueden 
individualizar las siguientes fases:
La fase de apertura 1976-1981. La política de importaciones tuvo, en este período, dos etapas. En 
la primera (hasta fines de 1978) se redujeron las tasas arancelarias y se fueron eliminando un conjunto de
22
restricciones cuantitativas. Las reducciones iniciales de aranceles, si bien amplias, tendieron a absorber el 
agua existente en la tarifa. A fines de 1976 el promedio nominal legal había descendido de 94 a 53%, 
mientras que algunas estimaciones de la tarifa implícita la situaban en el 37% para el conjunto del sector 
manufacturero. En la segunda etapa se implementó una nueva reforma arancelaria que incluyó una baja 
generalizada en las tasas y en la dispersión y una secuencia de pautas trimestrales de sucesivas 
reducciones. El promedio nominal llegó a 26% a principios de 1979 y, según la reforma anunciada, debería 
haberse situado en 15% en 1984. La persistencia de altos niveles de inflación o, en otros términos, el 
fracaso de las sucesivas estrategias estabilizadoras, justificó un adelantamiento casi inmediato del 
cronograma de reducciones arancelarias. De este modo, se le asignó explícitamente a la apertura comercial 
un rol disciplinador de los precios internos. El impacto de la apertura comercial fue de hecho multiplicado por 
la política cambiaria. La combinación de la sobrevaluación cambiaria y las rebajas arancelarias redundaron 
en un elevado déficit comercial en 1980, después de cuatro años sucesivos de superávit.
La fase de ajuste externo 1982-88. Se inaugura un período de fuerte restricción externa y termina 
la fase de apertura comercial. Las principales medidas implicaron el restablecimiento de aranceles altos y 
restricciones a la importación, de retenciones a las exportaciones tradicionales e incentivos fiscales a las 
manufactureras y de un tipo de cambio relativamente subvaluado con control del mercado de divisas. Las 
barreras no tarifarias fueron el principal instrumento de la política de importaciones. En abril de 1982 fue 
establecido un sistema de licencias y autorizaciones previas que regulaba el ingreso de todos los bienes. 
Los aranceles también se incrementaron, fundamentalmente por propósitos fiscales. En una economía 
prácticamente cerrada, sin embargo tanto la estructura arancelaria como las barreras no tarifarias eran 
perforadas por un sistema igualmente amplio de excepciones de diversa naturaleza. Aquéllas de mayor 
impacto eran las contempladas en los regímenes promocionales tanto regionales como sectoriales. Otras 
excepciones provenían de regímenes que amparaban selectivamente a determinadas empresas u 
organismos.
La nueva fase de apertura 1989-91. A fines de 1988, en el contexto de las reformas estructurales 
negociadas con los organismos financieros internacionales, se acelera el proceso de rebajas arancelarias y 
eliminación de los regímenes de consulta previa. La apertura comercial se profundizó aún más a partir del 
cambio de gobierno en julio de 1989, en particular, con las modificaciones al régimen de comercio y con la 
suspensión, por razones de emergencia fiscal, de los regímenes de promoción sectoriales. Así, en enero de 
1991 desapareció el sistema de permisos de importación y a mediados de año se eliminaron los derechos 
específicos que lo habían reemplazado en los sectores de textiles y electrónicos. Paralelamente a estos 
cambios en el ámbito de las paraarancelarias, se modificaron fuertemente los niveles y la estructura de los 
aranceles nominales. Entre octubre de 1989 y abril de 1991, los aranceles máximos y mínimos fueron
23
El promedio nominal bajó de 26% en octubre de 1989 a 18% a fines de 1990. Luego de un 
brevísimo período en el que rigió un arancel único de 22%. La reforma anunciada en abril de 1991 
restableció aranceles diferenciados en tres niveles: 0, 11 y 22%. En noviembre de 1991, por razones fiscales 
y de compensación del retraso cambiario, aquellos bienes libres de arancel pasaron a tributar 5% (con la 
excepción de los bienes de capital no producidos, que permanecen en 0) y los incluídos en la franja 
intermedia pasaron a 13%. El promedio es apenas inferior a 10%. La inexistencia de barreras no 
arancelarias y el bajo nivel y dispersión de las tarifas definen una apertura general inédita históricamente. La 
excepción mayor a esta regla se encuentra en el sector de automóviles terminados, cuyas importaciones 
aparecen reguladas por un sistema ad hoc. A esta reforma comercial generalizada se suma la integración 
de Argentina en el MERCOSUR, para la cual se ha establecido una secuencia gradual y automática de 
reducción de aranceles para el comercio subregional hasta su total eliminación a fines de 1994.
3.6. Las importaciones industriales.
Hasta mediados de la década del 70, las importaciones argentinas reflejaban el proceso de 
crecimiento de la economía en el marco de un modelo de sustitución de importaciones, cuyo núcleo
dinámico era la producción de bienes de consumo durable y de algunos insumos industriales.
Aproximadamente dos terceras partes correspondían a bienes intermedios, una cuarta parte a bienes de 
capital, y el resto se dividía en partes iguales entre combustibles y bienes de consumo.
A partir de entonces, se registró un cambio en el comportamiento de las compras externas, 
vinculado al grado de apertura de la economía, la evolución de los precios internos respecto de los 
internacionales, y los cambios en la estructura productiva. Durante el período de apertura de la segunda 
mitad de la década del 70, en el marco de un extraordinario crecimiento de las importaciones, las compras 
externas de insumos intermedios disminuyeron notablemente su participación en el total, mientras que por el 
contrario, las de bienes de capital, y sobre todo las de bienes de consumo, sufrieron notables incrementos.
Con el fin de la política de apertura, y en el contexto de un severo ajuste del sector externo, las
importaciones totales se redujeron drásticamente.
A continuación, se describen los cinco fenómenos que resultan centrales para explicar la evolución y 
el cambio en la composición de las importaciones.
a. Sustitución de importaciones de insumos intermedios. Desde comienzos de la década del 70 hasta 
entrada la década del 80 se llevaron adelante en el país distintos grandes proyectos de inversión,
modificados once veces.
24
impulsados y en la mayoría de los casos subsidiados por el Estado, destinados a desarrollar la producción 
de algunos insumos intermedios como acero, aluminio, papel, cemento, algunos productos químicos 
básicos, etc. El efecto de la puesta en marcha de estas plantas sobre las importaciones fue su disminución 
drástica entre mediados de la década del 70 y fines de los 80.
b. Cambios en la industria automotriz. El sector automotriz sufrió intensas transformaciones en los 
últimos quince años, que se reflejan en su grado de apertura a las importaciones. Hasta 1978 esta industria 
tenía un bajísimo grado de apertura, dado que el régimen sectorial imponía un muy alto porcentaje de 
integración nacional, y prácticamente eliminaba las importaciones de productos terminados. En la segunda 
mitad de los 70 este sector pasó de tener un mercado protegido a operar con un alto grado de apertura, 
tanto en autopartes como en bienes terminados. En esos años, las importaciones de automóviles crecieron 
en forma espectacular. Terminada la experiencia aperturista en 1981, la industria terminal volvió a gozar de 
un mercado protegido, pero quedó abierta la importación de partes. A partir de mediados de los 80, la 
industria automotriz está adquiriendo un perfil muy distinto al que tenía en el pasado, con muy altos niveles 
de contenido importado en los productos finales, y con empresas crecientemente volcadas a la 
complementación en el Mercosur y a la integración en la estrategia global de sus casas matrices a través de 
la exportación de autopartes.
c. Transformación de la industria electrónica. A comienzos de la década del 70, la industria electrónica 
había logrado un importante desarrollo en el medio local, con un interesante nivel tecnológico y de 
integración local de partes y componentes. A partir de 1976, una serie de factores incidieron en la 
transformación completa de la estructura de esta industria. Por un lado, el abandono de las políticas 
específicas de promoción, y por otro, la política de apertura implementada, determinaron la discontinuación 
de los proyectos mas interesantes que se habían generado en el sector. Adicionalmente, la existencia del 
régimen de promoción de Tierra del Fuego viabilizó la completa desintegración de la industria electrónica y la 
instalación en esa zona de una industria armadora de bienes de consumo electrónicos a partir de la 
importación de partes y componentes.
d. Cambios en la producción local y en las importaciones de bienes de capital. La evolución de las 
importaciones de bienes de capital en el período estuvo fuertemente influida por la conjunción de dos 
fenómenos: la caída en la inversión que caracterizó a toda la década del 80 desde la crisis de la deuda en 
adelante, y la desarticulación productiva de la industria local de bienes de capital luego de la experiencia de 
apertura. Como resultado de estos dos fenómenos, se produjo una sustitución de inversión en equipos 
nacionales por inversión en equipos importados, y un incremento en las importaciones de los bienes de 
mayor dinamismo tecnológico paralelo a la disminución de la importancia de las compras de material de 
transporte y de equipos para generación de energía.
25
e. Expansión de los recursos energéticos. El incremento en la producción local de petróleo incidió en una 
importante disminución de las importaciones, que a su vez disminuyeron por la caída del nivel de actividad 
económica doméstica. A su vez, hubo un cambio en la composición de las mismas, que tradicionalmente 
eran de aceites de petróleo, y actualmente son en sus dos terceras partes de gas, producto del acuerdo 
bilateral con Bolivia.
3.7. Las exportaciones industriales
A mediados de los setenta y como fruto de la maduración tecno-productiva de una serie de 
producciones, el sector industrial argentino exhibía un creciente flujo de exportaciones. Contradiciendo la 
original tendencia mercado-internista que había sustentado su consolidación y desarrollo, una serie de 
producciones intensivas en uso de mano de obra calificada, alto valor agregado y ubicadas al final de la 
cadena productiva (como la producciones de automotores, maquinaria agrícola, bienes de capital, textiles y 
confecciones) volcaban crecientes porcentajes de su produción en los mercados de países de similar o 
menor desarrollo relativo.
Quince años más tarde el escenario inicial varió notablemente. Sorprendentemente y en el marco 
de serias turbulencias económicas, en 1990, las exportaciones argentinas superaron los 12 mil millones de 
dólares anuales merced al notable dinamismo de las colocaciones externas de manufacturas. Resulta 
notable que en el marco de un claro estancamiento de la producción las ventas externas crezcan a razón de 
un 7% anual acumulado y que tal crecimiento se haya basado especialmente en la dinámica que caracterizó 
al sector manufacturero (a punto tal que el crecimiento de éste fue de casi el 9% anual acumulativo). 16/
El incremento en las exportaciones no fue neutro en términos de su composición, sino que -como 
reflejo de lo ocurrido en la estructura productiva interna-, se caracterizó por notables cambios. Así, en el 
caso de las manufactuas asociadas a los sectores primarios, rápidamente ganaron preponderancia las 
colocaciones externas de aceites vegetales, pesca, pulpa de papel y, en menor medida, la frutihorticultura y 
los lácteos. En contraposición a ello, tanto los frigoríficos -que habían explicado durante décadas la inserción 
externa de un país agroganadero como la Argentina- como el azúcar y los productos de molinería pierden 
importancia en las exportaciones.
16/  V e r B isang, R. y  Kosacoff, B., E xpo rtac iones  industria les  en una econom ía  en trans fo rm ac ión . Las so rp resas  del 
caso  argentino . 197 4 -1 9 9 0 , C E P A L, D ocum en to  de T raba jo  N° 48, B uenos A ires, 1993.
26
A su vez, en el terreno de las producciones estrictamente industriales el notable dinamismo 
-crecieron hasta alcanzar casi 4 mil millones de dólares anuales- fue también acompañado de profundos 
cambios. La mayor repercusión de las producciones de insumos industriales de uso difundido -acero, 
aluminio, petroquímica, etc.-, los derivados de la refinación del petróleo y las autopartes rápidamente 
desplazaron a las industrias finales asociadas a la producción metalmecánica, papelera y textil que 
dominaban la escena en los años setenta.
En un proceso de re-especialización productiva, donde la preeminencia exportadora recae
crecientemente en actividades intensivas en recursos naturales -gas, recursos pesqueros y forestales, etc.- 
y con reducido valor agregado y/o asociado a los procesos de globalización de las empresas
transnacionales, los flujos comerciales se redireccionaron hacia los mercados centrales restando 
importancia a las colocaciones en los países limítrofes de igual o menor desarrollo relativo. De la mano del 
surgimiento de grandes empresas exportadoras -de capital local y/o transnacional- las nuevas corrientes 
exportadoras encuentran su sustento en una amplia gama de factores que van desde la acumulación tecno- 
productiva previa proveniente del modelo sustitutivo, hasta la ampliación de las fronteras económicas debido 
a la incorporación de nuevos recursos naturales (gas, forestación, pesca, etc.), sin dejar de lado los 
crecientes procesos de globalización y redefinición de las empresas trasnacionales, los cambios en el marco 
regulatorio local y el comportamiento anticíclico de las exportaciones industriales ante el deterioro del 
mercado interno.
4. Las transformaciones que se están gestando a partir de la convertibilidad.
A fines de marzo de 1991 el Congreso Nacional sancionó la Ley de Convertibilidad que es el punto
de partida de un programa de política económica cuyos objetivos principales son la estabilización y un
proceso de reforma estructural. El programa se fundamenta en la fijación del tipo de cambio nominal por ley 
y que sólo puede ser modificado por igual procedimiento, mientras que el Banco Central está obligado a 
garantizar la base monetaria con reservas suficientes, en un contexto de total eliminación de restricciones a 
los movimientos de divisas. Al mismo tiempo, renuncia al impuesto inflacionario, dado que limita la creación 
de dinero a los resultados positivos del balance de pagos. La política de ingresos se orienta a eliminar la 
inercia del proceso inflacionario mediante la prohibición legal de indexar contratos y permitir aumentos
17salariales sólo fundamentados en incrementos de productividad. /
17/  Para un aná lis is  m ás de ta llado , v e r C an itro t, A. La  m acroeconom ía  de la inestab ilidad . A rg e n tina  en los años 
80, Bole tín  T e ch in t, 1993 y  C anavese, A., H ype rin fla tion  and conve rtib ility  - based stab iliza tion  in A rg en tina  en The 
m arke t and th e  s ta te . A. Z in i Jr. (Ed.). E lsevier, 1992, N orth H olland; Bouzas, R., ¿ M á s  a llá  de la es tab ilizac ión  y  la 
re fo rm a?  Un ensayo  sobre  la econom ía  a rgen tina  a com ienzos  de los 90, en R ev is ta  de D esarro llo  E conóm ico  N° 129,
27
Asimismo, la política fiscal está severamente obligada a generar superávits operativos teniendo en 
el Plan Bonex un antecedente importante para el manejo de la deuda pública interna. El proceso de 
privatizaciones genera adicionalmente una nueva fuente de financiamiento y las reformas en el sistema 
tributario, en particular en su administración, acompañada del incremento en el nivel de actividad, son uno 
de los éxitos más notables. A diferencia de las condiciones de los ochenta, la refinanciación de la deuda 
externa en el marco del Plan Brady, la baja de la tasa de interés internacional y el nuevo clima 
macroeconómico son determinantes de un cambio sustancial en el financiamiento externo, complementado 
con la repatriación de capitales y en el incremento de los depósitos en dólares en el mercado local.
A agosto de 1993 algunos de los resultados más notables del Plan son:
- un considerable aumento del nivel de actividad. El PBI se incrementó el 8.9% en 1991 y el 8.7% en 
1992, superando los niveles máximos desde 1980;
- una notable desaceleración del proceso inflacionario, en particular en los precios mayoristas que
crecieron sólo el 0.9% en el último año, frente a un incremento del 10.7% de los precios minoristas, 
eliminando la volatilidad de los precios en el corto plazo;
- una duplicación en los ingresos tributarios, principalmente motorizada por el incremento de la
recaudación del IVA (que crece su participación en los impuestos totales del 19% al 42%) y los 
aportes por seguridad social;
- una notable expansión del financiamiento internacional (en 1991 la entrada de capitales fue de 5 mil
millones de dólares, y en 1992 superaron los 12 mil millones de dólares) y del financiamiento 
doméstico, en particular la recomposición del crédito comercial.
Asimismo, el avance en algunas reformas estructurales está determinando un punto de quiebre 
irreversible en el funcionamiento de la economía. Entre ellas se destacan: la acelerada privatización de las 
empresas públicas, el proceso de apertura de la economía, la progresiva integración comercial en el 
Mercosur, el equilibrio de las cuentas públicas a partir del cumplimiento del presupuesto, la notable mejora 
en la administración del sistema impositivo nacional, la consolidación y reestructuración de la deuda pública 
interna y externa y el avance en la desregulación de algunos mercados.
El conjunto de estos comportamientos fue acompañado por el liderazgo en el dinamismo por el 
gasto interno, y un aumento de la inversión en relación al período hiperinflacionario, pero con una
Vol. 33, Buenos Aires, abril-junio 1993.
28
disminución del ahorro interno, que fue a su vez compensado con recursos externos para el financiamiento. 
Asimismo, a pesar del crecimiento del nivel de actividad interna y la caída de los precios internacionales, las 
exportaciones se mantuvieron en iguales valores y las importaciones más que triplicaron su valor, 
determinando una variación del signo del balance comercial (de 3.700 millones de dólares superavitario en 
1991 a 2.600 millones de dólares de déficit en 1992, que se prevé mantener en 1993). A su vez la cuenta 
corriente del balance de pagos fue negativo en 8.500 millones de dólares, siendo compensada por el notable 
ingreso de capitales anteriormente comentado.
4.1. Las actividades industriales
En el sector industrial se están produciendo cambios significativos a partir del Plan de 
Convertibilidad. La recuperación del nivel de actividad es uno de los elementos globales que sobresale. En 
1991 se incrementó en un 11.9%, en 1992 el 7.3% y se prevé un crecimiento menor en 1993. Este 
crecimiento fue generado por comportamientos muy disímiles a nivel sectorial. La industria automotriz, que 
ha triplicado su producción en relación a los valores de 1990, y los productos electrodomésticos, que más 
que duplicaron su actividad en igual período, son los sectores más dinámicos y que explican gran parte del 
crecimiento industrial.
En contrapartida, varias producciones de insumos intermedios, en particular de las industrias 
siderúrgicas y petroquímicas -a diferencia de su crecimiento en la década del ochenta- se enfrentan con 
serias restricciones por la competencia de productos importados y de los mercados de exportación con 
precios internacionales muy deprimidos. Asimismo, muchas de las industrias asociadas a bienes de mayor 
transabilidad internacional, en un contexto de apertura económica en el cual las importaciones crecieron de 
4 mil millones de dólares en 1990 a 15 mil millones en 1992, están transitando por un severo período de 
replanteo de su inserción productiva. Segmentos de la industria textil y de bienes de capital han reducido 
considerablemente sus volúmenes de producción.
La industria automotriz cuenta con un régimen particular cuyos elementos principales son: 1) el 
aumento al 40% de autorización legal en los contenidos importados promedio por línea de cilindrada, 2) el 
acuerdo con las empresas terminales para importar vehículos y autopartes con un arancel muy reducido, 
que las empresas deben compensar con exportaciones y 3) cupos para la importación de modelos no 
producidos localmente. Los resultados han sido un espectacular incremento de la producción (a partir de un 
mercado con fuertes demandas atrasadas en la década del ochenta) y un incremento considerable del 
comercio intraindustrial, que se caracteriza por su saldo deficitario -superior a los mil millones de dólares en 
1992-, en gran parte por el sostenido nivel de la demanda doméstica, con el compromiso empresarial de
29
Los acuerdos preferenciales con el MERCOSUR son determinantes en la nueva especialización 
industrial automotriz, que está articulada esencialmente en la producción de un reducido número de 
autopartes con un nivel de eficiencia similar a la frontera técnica internacional, que les permite ser colocados 
en los mercados externos. Los proveedores autopartistas son hoy menos que la mitad de los existentes en 
la década del setenta, verificándose que sólo una reducida parte de los existentes ha tenido actualización 
tecnológica y continúa siendo proveedor de las empresas terminales y del mercado exportador, mientras 
que el resto de las firmas atiende exclusivamente el mercado de reposición. La producción de vehículos se 
destaca por sus mayores contenidos importados, por la incorporación de modelos actualizados y por los 
menores requerimientos de esfuerzos de tecnología adaptativa que caracterizaba al período sustitutivo.
Por su parte, la demanda sostenida de productos electrodomésticos se explica por la superposición 
de la baja considerable de los precios relativos de estos bienes, la escasa demanda de estos productos en 
la década pasada y la difusión de los sistemas de crédito en forma generalizada a los sectores de menores 
ingresos, que ha sido esencial para facilitar su adquisición.
Al analizar en forma conjunta el sector industrial en 1993, se puede observar en forma estilizada que 
en las últimas dos décadas se fueron gestando un conjunto de transformaciones estructurales que 
resultaron en un tejido industrial del mismo tamaño en producción y empleo, pero resultado de 
comportamientos sectoriales y empresariales contrapuestos. En un marco general de incremento de la 
productividad, cambios organizativos y una importante concentración al interior de cada mercado industrial 
se pueden observar de manera simplificada dos tipos de transformaciones. La primera de ellas se la puede 
caracterizar de reestructuraciones ofensivas de los sectores, mientras que en las restantes la modalidad ha 
sido básicamente defensiva.
Los sectores y/o las firmas con reestructuración ofensiva se destacan por cambios radicales en la 
organización de la producción, con la incorporación de nuevos equipamientos y con aumentos relevantes en 
sus indicadores de productividad y competitividad. En muchas actividades manufactureras se verifican la 
existencia de plantas con estas características, pero en términos sectoriales los casos más importantes son: 
i) las plantas productoras de insumos intermedios intensivos en escala y capital, cuyos indicadores 
productivos están en los mejores estándares internacionales: siderurgia, petroquímica, aluminio, cemento y 
refinerías de petróleo; ii) el desarrollo del complejo aceitero exportador, que no sólo abarca a alrededor de 
40 plantas fabriles sino que comprende a los sistemas de almacenamiento y transporte y iii) la 
transformación del complejo automotriz, en particular con el desarrollo de la especialización de autopartes 
con una nueva lógica industrial destinada al mercado exportador.
equilibrarlo en el corto plazo.
30
Las reestructuraciones señaladas se corresponden con una nueva microeconomía de la industria 
argentina. Sin embargo su impacto agregado no ha sido lo suficientemente importante para dar un sendero 
macroeconómico consolidado a la industria argentina. En términos estilizados, las empresas sobrevivientes 
en condiciones defensivas también han tenido cambios significativos, que se evidencian por ejemplo en 
sus importantes crecimientos de la productividad, pero sin embargo no han superado totalmente los 
problemas básicos de su funcionamiento en la medida que aún se fundamentan en radicaciones de la época 
sustitutiva con escalas reducidas de producción, escaso desarrollo de proveedores especializados y 
subcontratistas, elevada integración horizontal y un mix muy amplio de productos.
Estas firmas han tenido tres impulsos desde 1976, que determinaron importantes cambios con 
incrementos de productividad. El primero de ellos está asociado a la racionalización y el disciplinamiento de 
la mano de obra, que tuvo particular intensidad durante el último gobierno militar. El segundo de ellos, estuvo 
articulado con el pasaje de la tasa de interés real negativa -vigente en la ISI- en términos positivos que se 
inició con la Reforma Financiera de 1977 y se consolida en el manejo financiero de las empresas posterior al 
refinanciamiento de los pasivos en 1982. La lógica de la producción industrial cambió radicalmente con la 
necesidad de autofinanciamiento ante la inexistencia del sistema crediticio y las mejoras en el manejo de 
inventarios, tiempos muertos, desarticulación del lay-out de producción, etc., que impone como racionalidad 
productiva la existencia de elevados intereses reales. El tercero de ellos, fue producto de la difusión lenta 
pero progresiva de nuevas prácticas organizacionales asociadas a tecnologías desincorporadas, que 
muchas firmas están adoptando para reducir sus costos operativos, frente a las nuevas condiciones 
competitivas vigentes en particular durante el Plan de Convertibilidad.
Los efectos de estos tres impulsos fueron complementados a su vez con inversiones específicas y 
selectivas que la mayoría de las firmas con estrategias defensivas efectuaran en este período, en particular 
en tres momentos: el proceso de apertura 1978-80, el Plan Austral y el Plan de Convertibilidad. Sin 
embargo, estos nuevos equipamientos no han reestructurado los establecimientos. Las inversiones 
selectivas efectuadas y los tres impulsos se han traducido en mejoras de productividad significativas, pero 
que tienden a agotarse en la medida que no se efectúan inversiones radicales y además, son insuficientes, 
en el nuevo clima competitivo de una economía abierta. En definitiva, es muy difícil alcanzar la 
competitividad necesaria para mantener los mercados domésticos ante las importaciones y dinamizar las 
exportaciones sin programas de inversión que modifiquen la estructura productiva de las firmas.
Las firmas industriales sobrevivientes poseen un buen nivel de actividad, determinado 
simultáneamente por la recuperación de las ventas, y por la ganancia de participación en los mercados, ante
31
la desaparición de oferentes locales. Sin embargo, las empresas se ven enfrentadas a un difícil desafío de 
competitividad que se acrecienta en igual proporción que la transabilidad internacional de los bienes que 
producen. La competencia con los productos importados actúa simultáneamente como factor de reducción 
de mercado y como techo a la fijación de precios. Las condiciones de una economía abierta fueron 
determinantes en los esfuerzos de ganancia de productividad antes señalados, pero al mismo tiempo sus 
avances sólo pueden acelerarse con reestructuraciones ofensivas acompañadas de vigorosos procesos de 
inversión 18/. El actual punto de equilibrio de las firmas tiene márgenes estrechos, determinados, 
simultáneamente por la limitación de seguir ganando participación en los mercados, la dificultad de reducir 
más sus costos operativos y las condiciones de competencia con los productos importados (en precios y 
reducción de mercado). La preocupación empresarial se acrecienta ante la reducción de sus márgenes de 
beneficio y el aumento excesivo de su endeudamiento.
A pesar de la reducción de costos operativos resultante como efecto del proceso de algunas
19desregulaciones / y de la apertura de la economía, las empresas se enfrentan actualmente con costos 
crecientes producto de la variación relativa muy dispar entre sus precios acotados por las importaciones 
(que son para el sector industrial, en términos relativos, los más bajos desde 1980) y los precios de las
actividades no transables -que se han incrementado considerablemente- y pesan crecientemente en su
20función de producción. / Asimismo, las mejoras en la administración tributaria y de seguridad social y la 
mayor transparencia legal de las contrataciones laborales inciden adicionalmente en los costos industriales.
En estas condiciones las empresas centran sus esfuerzos en la reducción de sus costos medios, 
siendo vital el mantenimiento del nivel de actividad, la mayor penetración en segmentos de los mercados y el 
replanteo de sus proveedores. Una estrategia que se observa crecientemente es la incorporación de una 
mayor parte de componentes y piezas importadas en la función de producción de las plantas y el 
complemento de la comercialización de bienes finales importados por las propias empresas industriales. La 
larga trayectoria en los mercados, el desarrollo de las redes de comercialización y distribución y las
18/  En nov iem bre  de 1992, se e fectuó  una nueva  R e fo rm a A rance la ria , que inc luye bás icam en te  una suba  trans ito ria  
de la tasa  de es tad ís tica  al 10%  y  un s is tem a e s p e jo  de m ejoras en los reem bo lsos a las exportac iones. En va lo res  
p rom ed ios, la p ro tecc ión  e fec tiva  resu ltan te  es del 18.9% . Para un aná lis is  de ta llado  a nivel secto ria l y  b loques de 
activ idad  ver: L ifschitz, E., C respo, E., P érez C onstanzó , G. y  R om ero, C., E stim ac ión  de los n ive les de p ro tección  
nom ina l y  e fec tiva  leg a l, M in is terio  de E conom ía , S ecre ta ría  de Econom ía , M arzo  1993, B uenos A ires.
19/  V e r al respecto , In fo rm e E conóm ico , A ñ o  1992, A ñ o  1 N° 4, M in is terio  de E conom ía , S ecre ta ría  de P rog ram ación  
E conóm ica , feb re ro  de 1993, B uenos A ires.
20/  D esde  abril de  1991 a ju lio  de 1993 los p rec ios  al co n su m id o r se increm en ta ron  el 50 .2% , m ien tras  los prec ios 
m ayo ris tas  só lo  el 8.2% . Los p rec ios  industria les  en re lac ión  a los de los se rv ic ios  con ten idos  en el IPC con base  1983 
= 100, d ism inuye ron  del 37 .4  de abril de  1991 al 24 .9  en ju n io  de 1993. V e r Ind icadores M acro e co n óm ico s  de la 
A rg e n tin a . C E P A L, B uenos A ires, 1993.
32
posibilidades de asistencia técnica, reparación y mantenimiento son aspectos esenciales diferenciales que 
poseen los industriales para el desarrollo de estas actividades de importación. En consecuencia, a diferencia 
del modelo sustitutivo, en el cual la empresa industrial típica producía con un grado de integración nacional 
cercano al 100%, el comportamiento empresarial característico actualmente está dado por la creciente 
incorporación de insumos y partes importadas y por la inclusión simultánea de comercialización de 
productos no elaborados en sus establecimientos en la gestión empresaria. En algunos casos, esta
conducta está asociada a la búsqueda de especialización productiva, que les permite superar los problemas
21de escala y de división del trabajo con ganancias de eficiencia e incremento de comercio intraindustrial /. 
Sin embargo, en la mayoría de los casos no existen las inversiones suficientes para estas transformaciones 
y este comportamiento se fundamenta en la reducción de costos para permanecer en los mercados.
A su vez, la valorización de los activos e inventarios en términos de dólares y el aumento (que 
genera el nuevo clima macroeconómico) del valor presente de los ingresos futuros de las empresas, 
determina la existencia de un efecto riqueza, que acompañado del buen nivel de actividad es una de las 
realidades empresariales. Pero, esta situación complementada con la recomposición del crédito comercial 
(que durante los ochenta no superaba una semana de plazos sin indexación y actualmente es normal en 
promedio los 60-90 días) genera un incremento sustancial del capital de trabajo y giro de las firmas que 
ubica al problema del financiamiento en la escena central.
A partir de estas condiciones se puede decir que muchas firmas de actividades de mayor 
transabilidad internacional se encuentran en un delicado punto de equilibrio condicionado por el 
sostenimiento del nivel de demanda, sin el cual tienen un alto grado de riesgo frente a costos elevados, 
márgenes de beneficios positivos pero decrecientes y menores que los de otras oportunidades y un nivel de 
endeudamiento excesivo y crecientemente dolarizado. En este sentido el nivel de actividad no sólo es 
requisito para el mantenimiento de la recaudación fiscal, sino también para el funcionamiento
microeconómico, en el cual señales contrarias en su evolución inciden inmediatamente en la cadena de
22pagos del extendido crédito comercial y generan el efecto dominó de atrasos e insolvencia, /.
21/  El R ég im en  de E spec ia lizac ión  Industria l im p lem en tado  rec ien tem en te  po r el gob ie rno , con reba jas  a rance la rias  a 
las im portac iones  com pen sa d a s  con nuevas exportac iones, apunta  en esta  d irecc ión . V e r D iario  El E conom is ta  del 13 
de agos to  de 1993, en el que  se ana lizan  los 64 casos, co rre sp o n d ien te s  a 54 em presas  que han so lic itado  ing resa r a 
este  program a.
22/  En el ú ltim o tr im e s tre  de 1992 se ve rificó  un c lim a  de am e se ta m ie n to  de la ac tiv idad  y  de tu rb u le n c ia s  financ ie ras  
en m uchas firm as. A s im ism o , un aná lis is  de la evo luc ión  de la deuda  de em presas  de la B o lsa  m uestra  la m ayor 
expos ic ión  finan c ie ra  ex te rna  y  un inc rem en to  en tre  la re lac ión  del e n d eudam ien to  to ta l y  el pa trim on io  neto de las 
em presas. V e r Dam ill, M., Fanelli, J. Los cap ita les  e x tran je ros  en las econom ías  la tinoam ericanas: A rg e n tin a , C ED ES, 
1993, B uenos A ires.
33
No caben dudas de que las condiciones del sistema financiero han cambiado muy positivamente
23desde la convertibilidad /, pero el acceso al crédito es muy diferenciado según el tamaño de las firmas. Las 
empresas de mayor envergadura privilegian su acceso al financiamiento internacional, con tasas reales muy 
inferiores, destacándose la emisión de títulos del sector privado en los mercados internacionales 24/. La 
colocación de acciones en la Bolsa había comenzado a ser una opción interesante de búsqueda de 
financiamiento, pero sólo un muy limitado número de empresas logró viabilizarlo antes de las dificultades de 
este mercado en 1992, truncándose la alternativa de socializar parte minoritaria de las firmas (realizando 
una fracción del efecto riqueza) y obtener los fondos para los crecientes requerimientos de capital de giro.
25Las Pymes sólo han tenido alternativas de autofinanciamiento y crédito comercial /, dadas las elevadas 
tasas reales a las que pueden acceder (en un mercado crediticio con fondos suficientes pero escasa 
capacidad de evaluación del riesgo) que sólo pueden ser utilizados para estrangulamientos financieros de 
muy corto plazo dado que no se corresponden con sus niveles de rentabilidad.
La evaluación del futuro de las empresas es uno de los fenómenos más difundidos en el tramado 
manufacturero. Los desafíos simultáneos que tienen los industriales se dan en un contexto irreversible a las 
condiciones vigentes anteriormente en el modelo sustitutivo. En este marco la dinámica de fusiones de 
firmas, concentración de mercados, acuerdos asociativos en el marco del Mercosur, ventas de paquetes 
accionarios, negociaciones permanentes con consultoras y empresas del exterior, desarrollo de franquicias, 
etc., no tiene precedentes en la historia industrial del país. Se verifica en particular el renovado interés de las 
empresas transnacionales por invertir en la industria 26/, pero el nivel de concreciones es aún reducido y 
concentrado en adquisición de empresas. Las negociaciones se demoran por la distinta valuación de las 
firmas, en las cuales los vendedores desean realizar el efecto riqueza y los compradores desean tomar 
posiciones en los mercados, pero consideran que el valor real de las firmas es menor y que requieren de 
importantes procesos de inversión para reestructurarse. El mayor interés de las ET en comparación con las
23/  La capac idad  prestab le  del S is tem a  F inanc ie ro  se acrecen tó  no tab lem en te  en tre  m arzo  de 1991 a d ic iem bre  de 
1992. En esta  ú ltim a fecha  al 71%  de la m ism a era  en dó lares. V e r A B R A  Express, A ñ o  3, N° 33, agosto  1993, B uenos 
A ires.
24/  S o lam en te  en el pe ríodo  com prend ido  en tre  feb re ro  y  ju lio  de 1993 el se c to r p rivado  em itió  títu los  en los 
m ercados  in te rnac iona les  po r 2 .200  m illones de dó lares. V e r d ia rio  A m b ito  F inancie ro , del 3 de agos to  de 1993.
25/  La e x -S ecre ta ría  de Industria  y  C om erc io  E x te rio r es tab lec ió  en 1993 líneas de financ iam ien to  para  b ienes de 
cap ita l y  cap ita l de trab a jo  con una reba ja  en la tasa  de in te rés pero  só lo  rep resen tan  una m ín im a fran ja  del m ercado.
26/  V e r al respecto , Kosacoff, B. y  B ezch insky, G. De la sustituc ión  de im portac iones  a la g loba lizac ión . Las 
E m presas  T ran sn a c io na le s  en la industria  a rg e n tin a , M im eo, C E P A L  B uenos A ires, p royecto  Fundac ión  V o lksw agen , 
m ayo 1993.
34
firmas nacionales está relacionado, entre otros motivos, por su estrategia de más largo plazo, su menor 
restricción financiera y su posibilidad de integrar las actividades domésticas a sus estrategias de 
globalización.
4.2. El debate acerca de la política industrial
En el último año se ha abierto nuevamente con mayor intensidad el debate sobre la política 
industrial existente en el país. En particular, tres interrogantes han sido sus principales catalizadores. El 
primero de ellos, se refiere al efecto diferencial del dinámico comportamiento de la industria automotriz que 
cuenta con un régimen especial, que ha generado una polémica que abarca desde su justificación hasta la 
posibilidad de ampliarlo a otras actividades. El segundo de ellos, se relaciona con el déficit de la balanza 
comercial, que en el corto plazo es consistente con el notable ingreso de capitales, pero hay diferentes 
opiniones acerca de si se están generando los procesos de inversión suficientes para dinamizar las futuras 
exportaciones industriales. El tercero de ellos está centrado en los efectos sobre la ocupación que están 
evidenciando que los incrementos de la actividad industrial están asociados a mejoras de la productividad
27sin demandas adicionales de empleo en un marco de creciente desocupación estructural /.
Ante los reclamos sectoriales, que se articulan en función de condiciones desfavorables en el 
escenario internacional (caracterizado en muchas actividades por coyunturas críticas y prácticas desleales) y 
por falta de tiempo en los procesos de reestructuración, recientemente se ha tomado un conjunto de 
medidas antidumping en el caso de la industria siderúrgica y de mayor protección comercial que favorecen a 
la industria del papel y segmentos de la industria textil. En la implementación de estas decisiones, no ha sido 
sencillo para las autoridades determinar un punto de equilibrio. Por una parte los reclamos empresariales 
tienen fundamentos. Por otra parte, las críticas se centran en tres elementos: 1) la existencia de situaciones 
similares en muchas otras actividades no beneficiadas, 2) el grado de influencia de estas medidas sobre la 
disciplina macroeconómica, 3) la falta de compromisos empresariales que permitan acelerar el logro de la 
competitividad.
En el debate actual existe un gran consenso de la importancia del nuevo clima macroeconómico y 
asimismo de la necesidad de articular un nuevo modelo de industrialización sustentable y creciente en el 
largo plazo. La reducción de los elevados impuestos al salario; la modificación del sistema laboral; la
27/  El aum en to  no tab le  de la desocupac ión  ab ie rta  y  el subem p leo  que se ve rificó  en los da tos  del IN D E C  de m ayo 
de 1993 han generado  una p reocupac ión  genera lizada . A  pesa r del aum ento  de las pe rsonas ocupadas, que  ev idenc ia  
opo rtu n id a d es  de trab a jo  nuevas, el núm ero  de pe rsonas desocupadas  seña la  p rob lem as de em p leo  estruc tu ra les , en 
p a rticu la r po r el in c rem en to  de la desocupac ión  en tre  los je fe s  del hogar y  la m en o r p roporc ión  de a sa la riados  en la 
ocupac ión  total.
35
reforma del sistema previsional -en particular por sus efectos de recomposicion del ahorro doméstico-; la 
creación de una red de seguridad social -que mejore los servicios de seguridad, educación, salud y justicia- 
y la promoción de exportaciones en sectores potencialmente competitivos, son algunas de las medidas 
recomendadas apuntando a la reducción del costo argentino y la recomposición del ahorro doméstico para 
que financie crecientemente los fundamentales procesos de inversión asociados a reestructuraciones 
ofensivas 28/. Por otra parte, coincidiendo con estos problemas existen planteos más explícitos de articular 
una política pública industrial que orienten a las conductas privadas a ganar competitividad, incluyendo
29contratos explícitos e implícitos entre el Estado y las empresas /.
Las orientaciones que emanen de las políticas públicas resultarán decisivas en cuanto a la 
posibilidad de inducir el comportamiento de los distintos agentes económicos de forma de garantizar una 
asignación de recursos que resulte compatible con los intereses de la sociedad en su conjunto, sobre la 
base de una paulatina convergencia entre los intereses privados y los sociales. Uno de los objetivos deberá 
ser potenciar el funcionamiento de los mecanismos de mercado permitiendo a los agentes económicos 
desenvolverse en un marco en el cual se privilegien una mayor competencia. La acción regulatoria debería 
centrarse en aquellos aspectos en los cuales la acción del mercado presenta distorsiones y/o donde
30aparecen difusas las señales que permitan percibir la presencia de ventajas adquiribles /.
Toda nueva propuesta industrial debe contener, necesariamente, una adecuada evaluación de los 
aspectos positivos de aprendizaje que se generaron en el pasado como asimismo de los problemas 
asociados a los errores cometidos en dichas trayectorias. Uno de los primeros grandes desafíos es el de 
generar condiciones para aprovechar las experiencias positivas que involucran considerables acervos 
tecnológicos, económicos y de calificación de los recursos humanos. Pero, simultáneamente, debe 
plantearse la necesidad insoslayable de superar sus limitaciones e insuficiencias, de forma de acceder a 
senderos conducentes a la adquisición de ventajas comparativas dinámicas. El marco en el cual deben ser 
articuladas las acciones del Estado depende de la definición de las variables macroeconómicas. La
28/  V e r Broda, M .A., E l P lan en su hora decis iva : qué  debe  hacerse  y  qué no. D iario  El E co n o m is ta , B uenos A ires, 
13 de agosto  de 1993.
29/  V e r G erchunoff, P. V o lvé  po lítica  industria l, D iario  P ág ina  12 , B uenos A ires, 11 de ju lio  de 1993.
30/  E l deba te  ace rca  de la  po lítica  in d u s tria l se ha am p lificado  rec ien tem en te , en pa rticu la r en e l escenario  de los  
pa íses desarro llados, en los cua les  se ve rifica  una ace le rada  in tens ificac ión  de la com pe tenc ia  en un m arco  de 
c rec ien te  g loba lizac ión . V e r en tre  otros, Esser, K. y  otros, A m é rica  La tina  - H acia  una es tra teg ia  c o m p e titiva , Institu to  
A le m á n  de D esarro llo , Berlín, 1992; Pérez, W ., ¿ D ónde  es tam os en po lítica  in d u s tria l? , m im eo, S an tiago  de Chile, 1993 
R eich, R., T he  w o rk  o f n a tio ns , V in tage  Books, N ew  York, 1991; W o rld  Bank, F undam en ta l Issues and P o licy  
A p p ro ach e s  en Industria l R e s tru c tu rin g , W ash ing ton , 1992; C hudnovsky, D., La po lítica  industria l y  tecn o lóg ica  en 
trans ic ión . Los casos de los E stados U n idos y  el J a p ó n , P royecto  Fundac ión  V o lksw agen /C E P A L , 1993; B ianchi, P., 
T e ch n o lo g y  and hum an resources in E urope  a fte r M aa s trich t, U n ive rs ity  o f B o logna, Italia, 1993.
36
compatibilización del programa monetario y fiscal consistente con la estabilidad económica, constituye la 
columna vertebral dentro de la cual se pueden discutir los contenidos de la transformación productiva. En 
este sentido, teniendo como punto de partida un marco de estabilidad macroeconómica, la economía en su 
conjunto avanzará en el logro de competitividad en la medida que aumente o mantenga su participación en 
los mercados internacionales a partir de la utilización de recursos con una calidad cada vez más cercana a 
los patrones internacionales y que tienda, simultáneamente, a lograr una elevación del nivel de vida de la 
población. En este proceso, la generación y/o incorporación de progreso técnico se convierte en un aspecto 
clave del dinamismo productivo.
La posibilidad de acceder a niveles crecientes de competitividad y mantenerlos en el largo plazo no 
puede circunscribirse a la acción de un agente económico individual. La experiencia internacional señala que 
los casos exitosos son explicados a partir de un conjunto de variables que muestran con claridad que el 
funcionamiento global del sistema es el que permite lograr una base sólida para el desarrollo de la 
competitividad. De esta forma la noción sistémica de competitividad reemplaza a los esfuerzos individuales 
que, si bien son condición necesaria para lograr este objetivo, deben estar acompañados, necesariamente, 
por innumerables aspectos que conforman el entorno de las firmas (desde la infraestructura física, el 
aparato científico tecnológico, la red de proveedores y subcontratistas, los sistemas de distribución y 
comercialización hasta los valores culturales, las instituciones, el marco jurídico, etc.). El logro de una 
competitividad genuina y sostenible en el largo plazo requiere de esfuerzos sistemáticos en el objetivo de 
adquirir ventajas comparativas y consolidar un proceso endógeno continuo que comprenda al conjunto, 
definiendo simultáneamente las responsabilidades del empresario al interior de su planta industrial y todas 
las condiciones que conforman su entorno que incluye tanto a otros agentes privados como al sector 
público.
Esta noción sistémica de la competitividad es relevante para cada uno de los mercados en que es 
considerada. Por lo tanto debe ser obtenida tanto en los mercados de exportación como con respecto a las 
potenciales importaciones. La experiencia de muchas actividades industriales en países latinoamericanos ha 
demostrado que son varias las producciones que han podido expandirse en algunas de estas situaciones, 
pero la base que las sustentaba resultaba claramente endeble. Estas formas de competitividad han sido
31calificadas, por varios autores /, como espúrias en la medida que no avanzaban en la adquisición de 
ventajas comparativas y estaban sustentadas en uno o varios de los siguientes factores: bajos salarios; 
procesamiento de recursos naturales sin preservar el medio ambiente; tipos de cambio elevados; recesión
31/  V e r Fajnzy lber, F., Industria lizac ión  en A m é rica  Latina: de la ca ja  negra al cas ille ro  v a c ío , C u ade rnos  de la 
C E P A L  N° 60, S an tiago  de Chile, 1989.
37
en el mercado local; sobreprotección respecto a las importaciones a sectores con ineficiencias; elevados 
subsidios a las exportaciones, etc.. Estas formas viciosas de competencia derivaban en frágiles éxitos 
individuales de las firmas pero incompatibles con beneficios de carácter social. Estos avances no eran 
sostenibles en el largo plazo y entraban en crisis, tanto a nivel del desempeño de la empresa como por los 
elevados costos sociales involucrados.
El sendero del desarrollo industrial y la consecución de los objetivos estratégicos perseguidos 
dependerán de la capacidad y creatividad gubernamental para diseñar e implementar las acciones que 
mejor se adecuen -en tiempo, intensidad y cobertura- a los patrones de comportamiento de los distintos 
agentes económicos. El diseño, formulación y despliegue de políticas gubernamentales activas, explícitas y 
transparentes así como su necesaria inscripción en una concepción estratégica de largo plazo demanda la 
necesaria armonía y coordinación entre los organismos públicos, así como de su articulación con las 
políticas de corto plazo. Por otra parte, surge como condición ineludible, la redefinición de la ingenieria 
institucional necesaria. La debilidad e incluso, fragilidad técnica de las estructuras estatales obliga a 
focalizar los esfuerzos en acciones en las que la neutralidad y la transparencia faciliten, incluso, la necesaria 
evaluación ex-post de sus resultados. En tal sentido, las posibilidades de desarrollar políticas selectivas se 
ven acotadas y condicionadas por esa misma fragilidad del sector público.
La implementación de la política industrial deberá tener en claro algunos criterios básicos. En 
particular debe destacarse la necesidad de que estas políticas sean: explícitas, activas, y de la mayor 
generalidad y neutralidad posibles. Asimismo se deben privilegiar todas aquellas acciones que tengan 
mayores efectos propulsores y difusores de externalidades positivas sobre la economía en su conjunto. 
En este último punto, la consolidación de la infraestructura y el mejoramiento del capital humano son dos de
32los aspectos más relevantes /.
El planteamiento de una política explícita está asociado, necesariamente, a una evaluación social 
ex-ante y ex-post, a la cuantificación de las transferencias en el marco presupuestario que pudieran estar 
involucradas (especificando quién las recibe y quién las financia), debe tener una total transparencia, estar 
nítidamente explicitados y cuantificados los objetivos así como tener una secuencia temporal claramente 
especificada y con promociones preferentemente decrecientes en el tiempo. Esto significa contar con un 
sistema de premios, pero también con la existencia de un sistema de castigos en la medida que no se 
alcancen los objetivos comprometidos.
32/  V e r F french  Davis, R., V en ta jas  com para tivas  d inám icas: un p lan team ien to  neoestruc tu ra lis ta ; T euba l, M., 
L in ea m ie n tos  para  una po lítica  de desa rro llo  industria l y  tecno lóg ica . La ap licab ilidad  del concep to  de las d is to rs iones  
del m ercado, a m bos en E lem en tos para el d iseño  de po lítica  industria les  y  te cn o lóg ica s  en A m é rica  L a tin a , C uade rnos  
de la C E P A L  N° 63, 1990.
38
La consideración de estos aspectos es de vital importancia para el logro de los objetivos 
perseguidos. Son innumerables las experiencias nacionales de apoyo al proceso de maduración de las 
denominadas industrias infantiles, pero los resultados alcanzados han sido poco exitosos. Sin duda, los 
problemas que plantea la selección de los sectores y de las técnicas adecuadas no son menores. Sin 
embargo, la evaluación de dichas experiencias ha demostrado que uno de los aspectos cruciales está 
asociado al hecho que los procesos de aprendizaje no surgen automáticamente por el transcurso del 
tiempo. Son justamente el resultado positivo de los esfuerzos deliberados y explícitos orientados a la 
generación de acervos tecnológicos y capacitación de los recursos humanos. Esto significa desarrollar una 
estrategia tecnológica y productiva asociada a inversiones orientadas a la generación/adopción de cambios 
técnicos permanentes, que induzcan una maduración que no es automática ni instantánea y que requiere de 
esfuerzos permanentes y conscientes.
A partir de estos criterios de evaluación de la política industrial y de comercio exterior, la Argentina 
tiene el desafío de avanzar en la competitividad. Los campos de acción son múltiples e interrelacionados, y 
sólo mencionaremos cuatro de ellos de fundamental importancia: 1) el avance hacia procesos de 
industrialización a productos diferenciados con mayor valor agregado; 2) la articulación de networks 
productivos que den masa crítica a la industrialización; 3) evaluación desde la lógica industrial de algunos 
de los aspectos del proceso de privatizaciones y 4) la profundización de políticas horizontales, en particular 
en la calificación de los recursos humanos y la articulación del sistema innovativo nacional.
La Argentina ha incrementado notablemente en las últimas dos décadas su dotación de recursos
33naturales /, en particular: 1) a través de las mejoras agrícolas (representadas en el incremento de la 
producción de soja), 2) el desarrollo energético (con los descubrimientos de las reservas de gas como el 
hecho más destacado), 3) la explotación de los recursos pesqueros, 4) el desarrollo de las actividades 
forestales a través de los créditos fiscales vigentes anteriormente y 5) algunas perspectivas en los recursos 
mineros. Asimismo, el cambio más significativo de la estructura industrial en los ochenta es el desarrollo en 
escala internacional de las varias plantas de insumos intermedios de las industrias siderúrgicas, 
petroquímicas, aluminio, etc. La sumatoria de ambos cambios estructurales aumenta considerablemente la 
dotación de factores y de un nuevo punto de partida muy alentador en la economía. Sin embargo, las 
nuevas condiciones internacionales nos indican claramente la pérdida de importancia de los productos 
homogéneos, no diferenciados y de escaso valor agregado, que se expresa con toda su crudeza en la baja
33/  Este  c rec im ien to  de la do tac ión  de recu rsos na tu ra les  se d ife renc ia  de su v irtua l es tancam ien to  en el período  
1930-1970. Este  d inam ism o  rep lan teó  en los ochenta  la nueva v iab ilidad  de un m ode lo  ag roexportado r, ahora  con la 
ad ic ión  de los recursos energé ticos, que las nuevas cond ic iones  del escenario  in te rnac iona l lo inviab iliza ron .
39
de sus precios. Pero a partir de estos productos es factible avanzar en la cadena productiva e incorporar 
progreso técnico, mano de obra calificada y valor agregado, desarrollando numerosas franjas 
manufactureras de especialidades y productos diferenciados. El desarrollo de producciones basadas en la 
disponibilidad de recursos y en el uso intensivo de capacidades tecnológicas y recursos humanos, pueden 
ser elementos fundamentales que dinamicen las exportaciones y generen nuevas oportunidades de empleo.
El avance en el camino hacia la diferenciación plantea el segundo de los campos de acción 
señalados. El desarrollo sostenido de una industria competitiva requiere de acciones sistémicas que den 
masa crítica necesaria para una inserción activa en la división internacional del trabajo, involucrando: 1) a las 
distintas actividades productivas y 2) a los diferentes agentes económicos. Los sistemas competitivos se 
basan en complejos con fronteras cada vez más difusas entre las actividades primarias, industriales y de 
servicios. Para que un bien pueda competir, debe ser el resultado de un proceso de elaboración de una 
cadena productiva articulada y eficiente. Asimismo, la participación de los distintos tipos de empresas es 
vital. Es muy difícil avanzar en franjas de especialización y tener impacto macroeconómico sin la 
participación de las empresas de mayor envergadura (las Empresas Transnacionales y los Grandes Grupos 
Económicos). Pero al mismo tiempo, no hay experiencia industrial exitosa que no haya desarrollado una 
trama de empresas Pymes eficientes -en las cuales deben estar concentrados los esfuerzos-, que en 
muchos casos son los proveedores especializados y subcontratistas, que permiten la potencialización de las 
nuevas organizaciones competitivas, basadas simultáneamente en el desarrollo de economías de escala y 
de especialización flexible 34/.
El proceso de privatizaciones está siendo uno de los cambios estructurales más sustanciales de la 
estructura económica del país con efectos macroeconómicos en las cuentas fiscales y en la distribución del
35ingreso /. A la vez, sus efectos sobre la competitividad industrial son numerosos y su debate aún no ha 
tenido la profundidad adecuada. El aspecto central a considerar en su evaluación es la generación de 
spillovers (derrames) positivos en la economía que induzcan al incremento de la competitividad sistémica. 
La eficiencia, la calidad y los precios de sus servicios forman parte esencial de los costos industriales y 
condicionan las posibilidades competitivas requiriéndose el diseño y funcionamiento de los marcos 
regulatorios que garanticen el cumplimiento de estos objetivos y además protejan a los consumidores 
individuales. Asimismo, el aspecto menos considerado y no de menor importancia, es la posibilidad de las 
empresas privatizadas de conformar redes de proveedores y subcontratistas especializados en el nuevo
34/  V e r G atto, F. y  Yogue l, G. Las P ym es a rgen tinas  en una e tapa  de trans ic ión  p roductiva  y  te c n o ló g ic a . P royecto  
Fundac ión  V o lksw agen /C E P A L , B uenos A ires, 1993.
35/  V e r G erchunoff, P. y  C ánovas, G. P riva tizac iones: la expe rienc ia  a rg e n tin a , m im eo, Institu to  Di Tella, B uenos 
A ires, 1992.
40
clima de mayor eficiencia y competencia en el que efectúan sus contrataciones, que permitan a estas firmas 
generar ventajas competitivas viabilizándolas no sólo como abastecedores domésticos, sino también como 
posibles proveedores internacionales.
El cuarto camino planteado abarca al conjunto de políticas horizontales, caracterizadas por generar 
externalidades positivas hacia todo el tejido industrial y por lo tanto por su carácter menos discriminatorio. La 
calificación de los recursos humanos -con el fortalecimiento del frágil sistema educativo, su articulación al 
sistema productivo y la profundización de los esfuerzos de calificación en las empresas- y el desarrollo de 
un sistema nacional de innovación 36/ que se adecue institucionalmente a las demandas tecnológicas de 
una economía enfrentada al desafío de la competitividad, son dos pilares ineludibles. Asimismo, existen 
numerosos problemas comunes a las empresas, en particular a las Pymes, que requieren de políticas 
sistemáticas, que necesitan más esfuerzos gerenciales que presupuestarios. Entre ellos se destacan: la 
difusión de criterios de gestión de calidad, el desarrollo de redes de subcontratación, programas de 
formación de empresarios en gestión empresarial, la difusión de tecnología de automación, evaluación de 
normas ambientales y adecuación de normas técnicas. El difícil desafío de la competitividad se concentra 
especialmente en la nueva especialización industrial de la Argentina, que tienda a una mayor incorporación 
de progreso técnico y recursos humanos calificados para fortalecer un proceso de transformación basado en 
el crecimiento y la mayor equidad.
36/  V e r B isang, R., Industria lizac ión  e inco rpo rac ión  del p rog reso  técn ico . H acia  la a rticu lac ión  de un s is tem a 
nac iona l de in n o va c ió n . P royecto  Fundac ión  V o lksw agen /C E P A L , B uenos A ires, 1993.
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