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        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
        <dc:language>es</dc:language>
        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/2563</bibo:handle>
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La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

La República Dominicana
en 2030: hacia una
nación cohesionada

Víctor Godínez y Jorge Máttar
Coordinadores

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
México , D. F., septiembre de 2009

Libros de la CEPAL

104
Alicia Bárcena
Secretaria Ejecutiva
Laura López
Secretaria de la Comisión
Hugo Beteta
Director
Sede Subregional en México
Susana Malchik
Oficial a cargo
División de Documentos y Publicaciones
El presente volumen fue elaborado como parte del proyecto “Desarrollo económico y social de
la República Dominicana: la última década y perspectivas a largo plazo” (DOM-05-002) suscrito
entre la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Secretaría de
Estado de Economía, Planificación y Desarrollo de la República Dominicana.
El trabajo fue coordinado por Víctor Godínez y Jorge Máttar. Contribuyeron
elaborando diversos documentos de base: Miguel Ángel Mendoza (convergencia
económica y pronósticos de largo plazo), Igor Paunovic (política económica), Benjamín
Temkin (instituciones y gobernabilidad democrática), Rolando Cordera (pobreza), Víctor
Godínez (cohesión social y panorama internacional), León Bendesky (cohesión territorial),
Alejandro Villagómez (mercado de trabajo), Braulio Serna (sector agropecuario), Ramón
Padilla (sector externo), Carlos Quenan (competitividad), Víctor Rodríguez (energía) y
Enrique Dussel Peters (sector externo). El compendio estadístico que acompaña esta obra
fue preparado bajo la coordinación de Horacio Santamaría y Randolph Gilbert.
Las autoridades dominicanas brindaron en todo momento su colaboración a este
esfuerzo, sin cuyo concurso no habría sido posible. El apoyo del secretario de Estado
de Economía, Planificación y Desarrollo, Juan Temístocles Montás, del subsecretario de
Estado de Planificación, Guarocuya Félix, y de la economista Magdalena Lizardo, fue en
todo momento decisivo. Muchas gracias a todos ellos.
Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de
los autores y pueden no coincidir con las de la Organización.
Diseño de portada: Galera / Alonso García • Ilustración: Luis Orlando Luna Matiz
Publicación de las Naciones Unidas
ISBN: 978-92-1-323238-5
LC/G.2407-P; LC/MEX/G.13
N° de venta: S.09.II.G.40
Copyright © Naciones Unidas, septiembre de 2009. Todos los derechos reservados
Impreso en México, D. F., Naciones Unidas
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse al Secretario
de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York, N.Y. 10017, Estados
Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones gubernamentales pueden reproducir esta
obra sin autorización previa. Sólo se les solicita que mencionen la fuente e informen a las
Naciones Unidas de tal reproducción.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

5

Índice

Prólogo 
Resumen 
Abstract 

................................................................................................... 19
................................................................................................... 21
................................................................................................... 23

Capítulo I
Panorama general............................................................................................. 25

A.  El marco internacional hacia 2030............................................... 27

B.  El marco internacional en el corto plazo.................................... 32

C.
Posibilidades de convergencia internacional
de la República Dominicana........................................................ 35

D.
Desarrollo, acción pública y gobernabilidad democrática...... 39

E. Cohesión social y territorial......................................................... 42

F. empleo como eje articulador de la estrategia
El
de desarrollo hacia 2030. .............................................................. 46
.

G. Revaloración del sector agropecuario......................................... 51

H. Integración industrial y competitividad.................................... 56
.

I.
Enfrentando cuellos de botella:
energía y desarrollo a largo plazo............................................... 60

J.  busca de una especialización internacional reciente.......... 64
En

K. República Dominicana en 2030:
La
la imagen de una nación más cohesionada,
competitiva y desarrollada........................................................... 69

Bibliografía ............................................................................................ 73

6

CEPAL

Capítulo II
Convergencia económica ................................................................................ 77

A.
Crecimiento económico y proceso de convergencia
en el último medio siglo............................................................... 78

1. La experiencia internacional................................................. 79
.

B.
Escenarios económicos y posibles senderos de
convergencia de la República Dominicana hacia 2030............. 90

1.  Escenario base: la trayectoria inercial.................................. 94

2. Escenario optimista: el camino deseable............................. 95

3.  Escenario pesimista: el camino del riesgo........................... 98

4. Resultado de los escenarios................................................... 98

C.
República Dominicana: el sendero ascendente
del desarrollo, el crecimiento sostenido
y sus condiciones estratégicas. .................................................. 103
.

Bibliografía........................................................................................... 112
Capítulo III
Gobernabilidad democrática y desarrollo................................................... 117

A.
Institucionalidad democrática y desarrollo:
un marco conceptual................................................................... 118

1. Calidad de la democracia y bienestar................................ 118

2.
Recorrido de las políticas públicas. Diseño
institucional y gobernabilidad democrática..................... 124

B.
Diagnóstico de la gobernabilidad democrática
en la República Dominicana...................................................... 126
.

1. Los derechos políticos.......................................................... 126

2. Los derechos civiles.............................................................. 130

3. El poder judicial.................................................................... 131

4. Eficiencia en la impartición de justicia.............................. 137
.

5. Clientelismo y corrupción................................................... 145

6. Sistemas electorales y accountability vertical..................... 156

7. La división de poderes......................................................... 158

8. Burocracia.............................................................................. 161
.

9. Comportamiento electoral................................................... 165

10. Actores colectivos................................................................. 171
.

11. Sociedad civil......................................................................... 172

12. Sumario.................................................................................. 179

C. Recomendaciones........................................................................ 182

1. Introducción.......................................................................... 182
.

2. Recomendaciones................................................................. 182
.

3. Viabilidad............................................................................... 190

4. Prospectiva............................................................................. 193

Bibliografía........................................................................................... 196

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

7


Anexo: Determinantes del voto por el partido en el gobierno.
República Dominicana-2004. Regresión logística binomial......... PPP
Capítulo IV
Desarrollo y cohesión social.......................................................................... 205

A. ¿Por qué la cohesión social y qué es?........................................ 206

B.
Resultados sociales de la transición dominicana
e imperativos de cohesión para el desarrollo.......................... 214

1. Crecimiento y equidad: una relación compleja................ 214

2. Pobreza y desigualdad......................................................... 218

3.  puente intermedio en el desarrollo
Un
social hacia 2030: el cumplimiento de los ODM............... 223

4.  crecimiento económico es necesario, pero no
El
suficiente para propiciar desarrollo y cohesión social.... 231
.

C.
Dispositivos institucionales de la política social
dominicana: un análisis en la perspectiva
de su mejoramiento hacia 2030.................................................. 241

1. 
Tendencias y recursos de la política social
dominicana en el último decenio. ...................................... 242
.

2.  gasto público social y la necesidad
El
de un nuevo contrato social. ............................................... 248
.

3.
Condiciones y posibilidades de una estrategia
de largo plazo para la cohesión social............................... 255

4. 
Articulación de las políticas públicas en torno
a objetivos explícitos de reducción de la pobreza,
inclusión y cohesión social.................................................. 258

5. 
Ejes estratégicos de la política social y definición
de metas de corto, mediano y largo plazo........................ 263
.

Bibliografía........................................................................................... 270
Capítulo V
Consideraciones sobre la cohesión territorial............................................. 273

A. Acerca de la economía y la cohesión territoriales................... 273

1. Sobre el enfoque de este estudio......................................... 273

2. Sobre el ámbito territorial.................................................... 276

3. La geografía del crecimiento............................................... 281

4. La política territorial............................................................. 286

5. Hacia la cohesión territorial................................................ 288

B.
Consideraciones sobre la cohesión territorial
en la República Dominicana...................................................... 295
.

1. La estructura territorial........................................................ 297

2. Algunos elementos de la dinámica territorial.................. 308

3. Territorio y cohesión: observaciones iniciales. ................. 313
.

8

CEPAL



4. nuevo orden institucional para la gestión del
El
territorio................................................................................. 317

5.
Breves consideraciones prospectivas
en torno a la gestión territorial. .......................................... 321
.

Bibliografía........................................................................................... 324
Capítulo VI
Mercado de trabajo......................................................................................... 327

A. Evolución macroeconómica: 1991-2006.................................... 328

1.  Cambio estructural y crecimiento...................................... 329

B. El mercado laboral dominicano................................................. 332

1.  Estructura y composición del mercado laboral................ 333

2.  La evolución del desempleo................................................ 340

3.  La informalidad y el mercado laboral............................... 344
.

4.  La migración y el mercado laboral..................................... 348

5.
Rasgos característicos del mercado laboral
dominicano: a manera de recapitulación.......................... 350

C. Prospectiva hacia el año 2030..................................................... 352

D. Recomendaciones de política..................................................... 356

1.  Recomendaciones generales................................................ 356

2. Recomendaciones específicas.............................................. 357

Bibliografía........................................................................................... 361
Capítulo VII
Sector agropecuario........................................................................................ 363

A.  Tendencias generales y situación actual del sector................. 364

B. Desafíos del sector agropecuario hacia 2030........................... 371

1. 
Rentabilidad agropecuaria, crecimiento
sostenido y aumento de la productividad........................ 372
.

2. 
Cohesión social y aumento de ingresos
de los pobres rurales. ........................................................... 382
.

3.
Competitividad y aprovechamiento del DR-CAFTA...... 383

C.
Escenarios y tendencias del crecimiento
agropecuario hacia 2030............................................................. 389
.

1.
Proyecciones agrícolas internacionales
y posibles efectos en la República Dominicana................ 391

2.
Efectos del cambio climático en la agricultura:
inundaciones y sequías en los próximos lustros.............. 394

3. Escenarios agropecuarios hacia 2030................................. 397

D.
Temas estratégicos para
la transformación agropecuaria, 2030....................................... 410

1. administración de recursos hídricos, una prioridad.. 410
La

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

9




2.
Administración del riesgo: los seguros agropecuarios... 413
3.
Formación de capital humano: educación y alimentación
para la cohesión social y la competitividad...................... 414

4.  potencial de tendencias actuales: alimentos para el
El
sector turístico y biotecnología y competitividad ........... 416

Bibliografía........................................................................................... 418
Capítulo VIII
Industria y competitividad............................................................................ 423

A.
Antecedentes históricos: de la sustitución de
importaciones a la apertura comercial..................................... 424
.

B. Evolución reciente de la actividad industrial.......................... 425

1. Producción y empleo............................................................ 425

2. Comercio exterior e inversión extranjera directa............. 432

C.
Competitividad de la industria
manufacturera dominicana........................................................ 436

1.
Competitividad internacional
de las exportaciones manufactureras................................. 436

2. Cambio tecnológico.............................................................. 441

D.
Retos ante la apertura comercial y de la dualidad
entre industria nacional y zonas francas.................................. 445

E.
Análisis de la política industrial
y sus principales componentes.................................................. 447

F. industria manufacturera dominicana en 2030:
La
escenarios posibles de evolución............................................... 450

1.  Escenario pesimista............................................................. 451

2.  Escenario tendencial............................................................. 452

3.  Escenario optimista.............................................................. 453
.

G.
Hacia una agenda nacional para el cambio productivo,
la innovación y el fortalecimiento de la competitividad
de la industria manufacturera................................................... 453

Bibliografía........................................................................................... 458
Capítulo IX
Sector energético............................................................................................. 461

A.  Situación del sector energético.................................................. 462
.

1.  Sistema de suministro ......................................................... 462

2. Marco institucional y regulatorio....................................... 469

3. Matriz energética.................................................................. 474

4. Sendero energía y desarrollo. ............................................. 476
.

5. Potencial energético.............................................................. 477

B.
Estrangulamientos en el corto plazo

10

CEPAL

y políticas para remover obstáculos. ........................................ 479
.

1. Subsector hidrocarburos...................................................... 479

2. Subsector eléctrico................................................................ 483

C.
Hacia 2030: tendencias y opciones
de política energética.................................................................. 498
.

1. El sistema energético deseado en 2030.............................. 498

2.  Las tendencias de fondo...................................................... 501
.

3. Estrategias para acelerar el desarrollo............................... 503

Bibliografía........................................................................................... 512
Capítulo X
Cambio productivo e inserción internacional. ........................................... 515
.

A. Condiciones externas a partir de los años noventa................ 516
.

1. 
Condiciones económicas generales
y de política económica........................................................ 516

2.  Política comercial.................................................................. 524

3.  El DR-CAFTA........................................................................ 528

4. 
Evolución y principales factores de la balanza
de pagos y de la cuenta corriente...................................... 532

5. Gestión de los acuerdos comerciales. ................................ 543
.

B.
Conclusiones y propuestas hacia una integración externa
competitiva y sustentable de largo plazo................................. 545

1.  nivel macroeconómico: instrumentos
El
para una integración externa competitiva......................... 546

2. nivel mesoeconómico: fortalecimiento
El
.
institucional en los sectores público y privado................ 553

3. 
Hacia un proceso de escalamiento
en el comercio exterior: zonas francas y turismo............. 555

Bibliografía................................................................................... 571
.
Compendio estadístico y modelo econométrico de la
República Dominicana (REDO) ........................................... CD Rom adjunto
Publicaciones de la CEPAL/ECLAC publications......................................... 575

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

11

Cuadros, gráficos, mapas y recuadros
Cuadros
I.1
República Dominicana: tres escenarios económicos a 2030............ 37
I.2
Ingresos y empleo en el sector turismo
de la República Dominicana,1980-2007............................................. 67
II.1
República Dominicana: crecimiento del PIB
y de los factores productivos, 1950-2006........................................... 88
.
II.2
Determinantes de los procesos de convergencia
en España y la República de Corea. Indicadores claves.................. 91
II.3
República Dominicana: supuestos de escenarios al 2030.
Indicadores claves................................................................................. 99
II.4  República Dominicana: escenarios económicos al 2030................ 101
III.1  El síndrome democrático................................................................... 121
III.2 
Correlación de índices institucionales
con percepción de falta de libertad.................................................. 121
.
III.3
Correlación de índices institucionales
e IDH y bienestar subjetivo............................................................... 122
.
III.4
República Dominicana: comparación de los desembolsos del
gobierno central en instituciones seleccionadas, 1998-2007. ........ 136
.
III.5
República Dominicana: evaluación de jueces, según departamento.. 142
III.6
República Dominicana: casos ingresados y resueltos
en primera y segunda instancia, según jurisdicción, 2005............ 144
III.7
República Dominicana: transferencias corrientes
a organizaciones no gubernamentales (ONG)
correspondientes a los presupuestos de 2006 y 2007..................... 152
III.8
República Dominicana: medidas de dispersión del voto.
Elecciones para cámara de diputados.............................................. 166
III.9  Determinantes del voto por el partido en el gobierno. ................. 170
.
IV.1
Países de América Latina con las relaciones más altas
entre el ingreso medio por habitante de los hogares
más ricos y de los más pobres, circa 2005........................................ 220
IV.2
República Dominicana: indicadores
de pobreza e indigencia, 2000-2006.................................................. 222
IV.3
República Dominicana: ingreso por habitante y desagregación
de su variación por cambiosc en el ingreso por ocupado
y en la tasa global de ocupación por decil de la distribución
del ingreso, 1997 y 2005...................................................................... 233
IV.4
República Dominicana: variación porcentual del ingreso
por ocupado (en múltiplos de la línea de pobreza) y de la tasa
de ocupación global por deciles de la distribución del ingreso
.
por habitante, 1997-2005.................................................................... 234

12

CEPAL

IV.5
República Dominicana: gasto público funcional
como porcentaje del gasto público total, 1980-2007....................... 243
IV.6 
República Dominicana y América Latina y el Caribe:
composición sectorial del gasto público social
como porcentaje del PIB, 1990-2005........................................................251
IV.7
Presión fiscal en los países latinoamericanos de tributación
“intermedia” y en los países industrializados, 1980-2005............. 255
V.1 República Dominicana: regionalización según el Decreto 710..... 299
VI.1
República Dominicana: indicadores macroeconómicos,
1991-2006.............................................................................................. 330
VII.1 República Dominicana: principales indicadores, 1990-2006. ....... 366
.
VII. 2
República Dominicana: gasto del gobierno central total
y en el sector agropecuario, 1990-2006............................................. 373
VII.3 
República Dominicana: rentabilidad promedio
de los principales cultivos agrícolas, 1990-2005............................. 375
.
VII.4
República Dominicana: relación del gasto agropecuario del
gobierno central con el PIB y el producto interno bruto
agropecuario (PIBA), 1990-2006........................................................ 379
VII.5 
República Dominicana: precios reales pagados
al productor de los principales
productos agropecuarios, 1990-2006................................................ 380
VII.6 
Istmo Centroamericano y República Dominicana:
competitividad de las exportaciones agroalimentarias
a los estados Unidos de América, 2000-2006................................... 385
VII.7
República Dominicana: programa de desgravación
de productos agropecuarios.............................................................. 387
VII.8
República Dominicana: escenario I: crecimiento bajo
de los principales indicadores de gasto y financiamiento
del sector agroalimentario, 1990-2030.............................................. 400
VII.9 
República Dominicana: escenario I: proyecciones de la
población total y en actividades agropecuarias, 1991-2030.......... 401
VII.10  epública Dominicana: escenario II : crecimiento alto
R
de los principales indicadores de gasto y financiamiento
del sector agroalimentario, 1990-2030.............................................. 406
VII.11  epública Dominicana: escenario II: proyecciones de la
R
población total y en actividades agropecuarias, 1991-2030.......... 408
VII.12 epública Dominicana: participación de la agricultura
R
bajo riego en el PIB, 1990-2006.......................................................... 410
VII.13  epública Dominicana: evolución de las tierras irrigadas
R
y número de usuarios, 1930-2004..................................................... 411
.
VII.14 República Dominicana: eficiencia del riego, 2001-2004................. 412
VIII.1  epública Dominicana: estructura sectorial de la industria
R
manufacturera nacional, 1991-2003.................................................. 429
VIII.2  articipación de las exportaciones dominicanas en las
P

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

13

importaciones globales de los Estados Unidos, 1990 2006............ 439
VIII.3  aíses seleccionados: inversión en formación
P
de capital humano, 2005. ................................................................... 442
.
VIII.4  aíses seleccionados: indicadores
P
de resultados de cambio tecnológico............................................... 444
IX.1
República Dominicana: indicadores del sector eléctrico,
2000-2006.............................................................................................. 466
IX.2
República Dominicana: desempeño del
sistema eléctrico, 2006........................................................................ 467
.
IX.3
República Dominicana: desempeño
del subsidio energético, 2004-2006................................................... 473
X.1 Países seleccionados: PIB per cápita, 1980-2005............................. 517
.
X.2 
Países seleccionados: exportaciones de bienes
y servicios con respecto al PIB, 1980-2005....................................... 518
X.3 
República Dominicana: crecimiento del PIB y contribución
al crecimiento del PIB por sectores, 1991-2006............................... 519
X.4
República Dominicana: productividad laboral
por sectores, 1991-2000 y 2001-2006................................................. 520
X.5
República Dominicana: balanza de pagos.
Factores seleccionados, 1991-2006.................................................... 534
X.6
Países seleccionados: tiempo para iniciar una empresa
y para implementar un contrato....................................................... 552
X.7
Estados Unidos: importaciones de la cadena hilo-textil
confección, 1990-2006. Primeros 15 países según su
participación en 2006.......................................................................... 557
X.8
Estados Unidos: tasa arancelaria efectiva pagada
en la cadena HTC, 1990-2006............................................................. 560
X.9
Estados Unidos: importaciones de la cadena
HTC por segmentos, 1990-2006. ....................................................... 562
.
X.10
República Dominicana: comercio exterior
con principales socios comerciales, 2001-2006................................ 569
Gráficos
I.1
República Dominicana: tasa de desempleo
y crecimiento del producto, 1992-2007.............................................. 47
.
II.1
Europa: crecimiento en PIB
por habitante promedio, 1950-2004.................................................... 80
II.2
Europa: dispersión en PIB por habitante, 1950-2004....................... 81
II.3
Convergencia en PIB por habitante de España con
las economías líderes de Europa y el mundo, 1950-2004................ 82
II.4 Asia: crecimiento en PIB por habitante promedio, 1960-2004........ 83
II.5 Asia: dispersión en PIB por habitante, 1960-2004............................ 84
.

14

CEPAL

II.6 
Convergencia en PIB por habitante de la República
de Corea con las economías líderes de Asia y el mundo................ 84
.
II.7
América Latina: crecimiento en PIB
por habitante promedio, 1950-2004.................................................... 85
II.8  América Latina: dispersión en PIB por habitante, 1950-2004......... 86
II.9 
Convergencia de la República Dominicana con
economías líderes.................................................................................. 89
II.10  República Dominicana: escenarios económicos al 2030................ 102
III.1  Derechos políticos .............................................................................. 127
III.2  Libertades civiles . .............................................................................. 131
III.3 
República Dominicana: carga de trabajo primera instancia, 2005. 43
1
III.4 
República Dominicana: carga de trabajo segunda
instancia, 2005...................................................................................... 144
III.5 
República Dominicana: probabilidad de voto por partido en el
gobierno, según criterios de evaluación del desempeño, 2004.... 170
.
III.6  Confianza en los partidos.................................................................. 176
III.7  Confianza en el congreso................................................................... 177
III.8  Confianza en los sindicatos............................................................... 177
III.9  ¿Ha tomado parte en una demostración pública?. ........................ 179
.
IV.1
República Dominicana: evolución comparada
de los índices de desarrollo humano (IDH) y del PIB
por habitante (PIBH), 1975-2006....................................................... 207
IV.2
República Dominicana: coeficiente de Gini de la
distribución del ingreso, 1992-2006.................................................. 221
IV.3
República Dominicana: promedio de años de asistencia
a la escuela (PAAE) y de años de escolaridad (PAE), 2004........... 236
IV.4
América Latina, Brasil, Cuba, El Salvador y República
Dominicana: gasto público social como porcentaje
del PIB, 1990-2005............................................................................... 249
.
IV.5 
República Dominicana y América Latina y el Caribe:
gasto público social por habitante en 1990-2005............................ 250
.
VI.1
República Dominicana: evolución del producto
por sector económico, 1991-2006...................................................... 331
.
VI.2
República Dominicana: tasa de crecimiento del PIB
real y tasa de desocupación, 1992-2006............................................ 333
VI.3
República Dominicana: tasa de participación
laboral urbana por edad, 1997-2004................................................. 334
VI.4
República Dominicana: participación de hombres y mujeres
en la actividad económica, 1992-2005.............................................. 335
VI.5
República Dominicana: estructura del empleo, 1992. ................... 335
.
VI. 6
República Dominicana: participación de hombres y
mujeres en la actividad económica por edad, 1992-2005.............. 336
VI.7
República Dominicana: participación de hombres y mujeres
en la actividad económica por años de instrucción, 1992-2005.... 337

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

15

VI.8
República Dominicana: salarios urbanos por sexo, 1997-2005..... 338
VI.9
República Dominicana: salarios urbanos por sexo
y sector y por sexo y productividad del sector, 1997-2005............ 339
VI.10
República Dominicana: tasas de desempleo abierto
por sexo, 1990-2005............................................................................. 341
VI.11
República Dominicana: tasa de desempleo abierto
de hombres y mujeres por edad, 1990-2005.................................... 342
VI.12
República Dominicana: tasa de desempleo abierto
de hombres y mujeres por años de instrucción, 1990-2005........... 343
VI.13
República Dominicana: tasas de desempleo
por ingreso familiar, 2004 ................................................................. 344
VI.14
República Dominicana: incidencia de la información
en el mercado laboral según criterios alternativos......................... 345
VI.15
República Dominicana: incidencia de la información
por sexo según criterios alternativos................................................ 346
VI.16
República Dominicana: ingreso promedio mensual de
trabajadores formales e informales por categorías laborales....... 347
.
VI.17
Población haitiana residente en República Dominicana.
Encuestas seleccionadas..................................................................... 348
VI.18
Distribución de los inmigrantes haitianos
en el mercado laboral dominicano por sexo................................... 349
VII.1
República Dominicana: tipología de productos
agroalimentarios por capítulo, 2000-2006. ...................................... 383
.
VII.2
República Dominicana: PIB agropecuario y productividad
agropecuaria, 1991-2030..................................................................... 391
VII.3
Precios internacionales de los principales cultivos
de exportación, 1990-2007.................................................................. 392
VII.4
República Dominicana: precios internacionales
de los granos básicos, 1990-2007....................................................... 395
VII.5
República Dominicana: PIB y PIBA por habitante, 1991-2030 . ... 398
VII.6
República Dominicana: escenario I: crecimiento bajo
de los principales indicadores de gasto y financiamiento
del sector agroalimentario, 1990-2030.............................................. 402
VII.7
República Dominicana: escenario II: crecimiento alto
de los principales indicadores de gasto y financiamiento
del sector agroalimentario, 1990-2030.............................................. 404
VIII.1
República Dominicana: evolución del producto interno
bruto por enfoque de la producción, 1991 2005. ............................ 426
.
VIII.2
República Dominicana: estructura sectorial
de la industria manufacturera nacional, 2003................................. 429
VIII.3
República Dominicana: empleo en zonas francas
y en la industria nacional, 2000 2006................................................ 431
VIII.4  epública Dominicana: exportaciones totales de bienes,
R
1991-2006.............................................................................................. 432

16

CEPAL

VIII.5  epública Dominicana: importaciones totales de bienes,
R
1991-2006.............................................................................................. 435
VIII.6
Exportaciones de la República Dominicana
a los Estados Unidos, 1990 2006........................................................ 437
VIII.7
Centroamérica y República Dominicana: participación
de mercado de los países firmantes del DR-CAFTA en
las importaciones globales de los Estados Unidos, 1990 2006...... 438
VIII.8
Matriz de competitividad: exportaciones de
la República Dominicana a los Estados Unidos............................. 440
IX.1
República Dominicana: intensidad energética, 1973-2003............ 476
X.1
República Dominicana: crédito doméstico
al sector privado, 1960-2005............................................................... 549
X.2  República Dominicana: tipo de cambio real, 1990-2005................ 550
X.3  Estados Unidos: importaciones totales, 1990-2006......................... 556

Mapas
V.1 
República Dominicana: mapa de las regiones
y provincias según el decreto 710-04................................................ 298
V.2  Regionalización del Instituto Agrario Dominicano....................... 305
V.3 
Regionalización del Instituto Nacional
de Recursos Hidráulicos.................................................................... 305
V.4 Regionalización de la Secretaría de Estado de Agricultura.......... 306
V.5  Regionalización de la Secretaría de Estado de Educación............ 306
V.6 
Regionalización de la Secretaría de Estado
de Medio Ambiente y Recursos Naturales...................................... 307
V.7 
Regionalización de la Secretaría de Estado
de Salud Pública y Asistencia social................................................. 307
V.8 Mercados territoriales de empleo y trabajo..................................... 308

Recuadros
I.1  economía política internacional en 2030, según diversos
La
ejercicios prospectivos ......................................................................... 28
I.2
Tres condicionantes estructurales del crecimiento en la
República Dominicana: educación, empleo y energía..................... 38
I.3  Principales recomendaciones para mejorar la gobernabilidad...... 41
III.1 recorrido de las políticas públicas:
El
situación óptima hipotética............................................................... 123
III.2
Importancia de los derechos civiles y políticos
en el ciclo de las políticas públicas................................................... 126
III.3
Importancia de un poder judicial autónomo

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

17

y eficiente en el ciclo de las políticas públicas................................ 132
III.4
Incentivos y sanciones según la calificación obtenida
en la evaluación de desempeño de jueces.
Resolución N° 649-2004...................................................................... 141
III.5
Importancia en la implementación de medidas que reduzcan
los incentivos para la corrupción y el clientelismo en el ciclo
de las políticas públicas. .................................................................... 146
.
III.6
Importancia del tipo de sistema de representación
en el ciclo de las políticas públicas................................................... 157
III.7
Importancia de la división de poderes en el ciclo
de las políticas públicas . ................................................................... 159
III.8 
Importancia de la profesionalización de la burocracia
en el ciclo de las políticas públicas................................................... 162
III.9 Importancia de los criterios de votación del electorado

en el ciclo de políticas públicas......................................................... 166
III.10 
Importancia de la organización de la sociedad civil
en el ciclo de las políticas públicas................................................... 173
IV.1 
Una tipología de las interacciones entre desarrollo
humano y crecimiento económico.................................................... 209
IV.2 
Elementos de exploración de tres brechas no materiales
de la desigualdad y la pobreza con referencia
a la República Dominicana................................................................ 240
IV.3 
Ocho consensos recomendados por la CEPAL
para un contrato social a favor de la cohesión................................ 254
VIII.1 Tecnologías de información y comunicaciones (TIC).................... 428
VIII.2 Producción de azúcar y sus derivados............................................ 430
.
VIII.3  epública Dominicana: condiciones del sector energético
R
y su impacto en la industria manufacturera................................... 444
IX.1 
República Dominicana: cultura del no pago
del servicio de energía eléctrica........................................................ 494
IX.2 
República Dominicana: avances en la recuperación
del sector eléctrico............................................................................... 497
IX.3 
República Dominicana: electrificación rural,
hacia 2030, cobertura completa......................................................... 509

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

19

Prólogo

Este libro contiene la versión definitiva del documento presentado en mayo
de 2008 con ocasión de celebrarse en la República Dominicana el XXXII
Período de Sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL).
Desde entonces, diversos acontecimientos han modificado el escenario
nacional e internacional. Del fuerte optimismo generado por seis años de
crecimiento sostenido en la región con importantes avances en disminución de
la pobreza, se transitó por la crisis del precio internacional de los alimentos,
hasta llegar al actual panorama marcado por la incertidumbre a causa de los
efectos negativos de la crisis financiera y económica global. Estos cambios
repentinos se han sentido con mucha fuerza en la República Dominicana,
al tiempo que son severas sus consecuencias sobre la inversión, el empleo,
las exportaciones y el turismo.
De hecho, el estallido de esta crisis –la más extendida y profunda de
los últimos 70 años- nos exige reflexionar a fondo sobre las bases en que se
ha estado cimentando el camino al desarrollo.
Ahora bien, en este proceso de reflexión es esencial que se enfoque
la mirada en un horizonte definido, y que se procure aliviar y solucionar
los problemas actuales sin dejar de preocuparse por el desarrollo de
largo plazo.

20

CEPAL

En eso consiste la tarea de hoy para intelectuales y políticos, que
deben asumirla de cara a nuestro presente y al de las futuras generaciones.
La experiencia muestra que los países exitosos en cuanto a los logros en los
terrenos económico y social son los que han invertido la energía necesaria
en el diseño de una visión de esta naturaleza.
En este libro se analizan los principales desafíos que enfrenta la
República Dominicana para hacer viable su tránsito hacia un estilo de
desarrollo sostenible en el tiempo, en el que el dinamismo económico sea
compatible con la equidad, la gobernabilidad democrática y la sustentabilidad
ambiental, además de caracterizarse por altos grados de cohesión social
y territorial.
Para ello se necesita instrumentar una acción decidida de la política
pública. La República Dominicana requiere intervenciones fundamentales en
esa materia para alcanzar los objetivos aquí delineados. Es necesario encontrar
respuestas para elevar la competitividad del país, para superar los obstáculos
presentes en el sector energético, para disminuir las desigualdades que se
aprecian en los diversos territorios del país, para hacer que las instituciones
cumplan con las metas que se le han fijado; en fin, para articular un estadio
de mayor cohesión social.
Éstas son algunas de las cuestiones que se abordan en el trabajo La
República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada. En sus páginas se
ofrece una visión, con perspectiva de largo plazo, de la evolución económica y
social reciente, así como de posibles escenarios futuros; su principal esfuerzo
se centra en aportar elementos a la discusión para construir una estrategia
de desarrollo en la República Dominicana, como parte de un proceso de
concertación nacional, que involucre a actores políticos clave: gobierno,
sector privado, sociedad civil y academia.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la Secretaría
de Economía, Planificación y Desarrollo de la República Dominicana esperan
que esta obra contribuya a un debate nacional en busca de consensos para
acordar una agenda de desarrollo de largo plazo orientada a consolidar una
nación más rica, más justa, más equitativa, más productiva, más competitiva,
más cohesionada y más democrática.
Alicia Bárcena
Secretaria Ejecutiva
Comisión Económica para
América Latina y el
Caribe (CEPAL)

Juan Temístocles Montás
Secretario de Economía,
Planificación y Desarrollo
República Dominicana

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

21

Resumen

Esta publicación sostiene que República Dominicana podría situarse en el
grupo de las naciones de desarrollo medio alto en un cuarto de siglo, y para
ello plantea una meta viable: alcanzar hacia 2030 un ingreso por habitante
tres veces mayor que en 2006. El documento considera que, de aplicarse un
programa integral y sistémico de reformas y acciones de política pública, es
posible concebir que el país transite hacia un estadio de mayor desarrollo,
justicia y democracia, y supere los grandes obstáculos que enfrenta en la
actualidad para convertir el crecimiento económico en bienestar para la
mayoría de la población.
Transcurrida buena parte de la primera década del siglo, la República
Dominicana enfrenta desafíos que requieren acciones fundamentales
para avanzar en la trayectoria hacia el desarrollo. Algunos retos son de
larga data, otros son más recientes y a ambos se agregan los desafíos
provocados por la crisis internacional más grave desde la gran depresión
de los años treinta: ¿Cómo elevar la competitividad del país de manera
sostenida? ¿Cómo liberar cuellos de botella que obstaculizan el desarrollo,
como el sector energético? ¿Cómo mejorar la calidad de las instituciones,
haciéndolas funcionales a los objetivos del desarrollo? ¿Cómo incorporar
las regiones del país al proceso de modernización y competitividad?
¿Cómo el país puede encaminarse a un estadio de mayor cohesión
social? ¿Cómo acercarse una senda de convergencia hacia economías y
sociedades exitosas?

22

CEPAL

Este libro explora estas interrogantes y analiza los desafíos que enfrenta
la República Dominicana. Partiendo de un diagnóstico de la situación presente,
explora en cada capítulo la perspectiva del próximo cuarto de siglo. Los
temas y sectores abordados son los siguientes: convergencia internacional;
desarrollo, acción pública y gobernabilidad democrática; cohesión social
y desarrollo territorial; el empleo como eje articulador de la estrategia de
desarrollo; el sector agropecuario; integración industrial y competitividad;
energía y desarrollo, e inserción internacional.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

23

Abstract

This publication maintains that in a quarter of a century, the Dominican
Republic could figure among the group of nations with mid to high levels
of development, and proposes a viable goal to that end: to have tripled
the per capita income by around 2030 with respect to 2006. The document
asserts that, if the country implements a comprehensive and systemic
program of reforms and public policies, it could conceivably be headed
into a stage of greater development, justice and democracy, overcoming
the major obstacles it currently faces, and translating economic growth into
welfare for the majority of the population.
Now well into the first decade of the century, the Dominican Republic
faces challenges that require fundamental actions in order to advance along
the path of development. Whereas some challenges are long-standing,
others are more recent, such as the challenges resulting from the most
serious international crisis since the Great Depression of the thirties: how
to sustainably increase the country’s competitiveness; free up bottlenecks
that are obstructing development, such as the energy sector; improve the
quality of institutions, bringing them functionally in line with development
objectives; incorporate the country’s regions into the process of modernization
and competitiveness; direct the country toward greater levels of social
cohesion; and approach a path of convergence towards successful economies
and societies.

24

CEPAL

This book explores these questions and analyzes the challenges that
the Dominican Republic now confronts. Starting from an assessment of
the present situation, the outlook for the next quarter century is examined
in each chapter. The topics and sectors addressed include: international
convergence; development, public action, and democratic governability;
social cohesion and territorial development; employment as the linchpin
of the development strategy; the agricultural and livestock sector;
industrial integration and competitiveness; energy and development; and
international insertion.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

25

Capítulo I

Panorama general

En una conocida metáfora sobre la capacidad de los países para avanzar hacia
estadios superiores de desarrollo, el economista Arthur Lewis equiparaba
este proceso al de un elevador que los transporta a niveles de producción
y de ingreso cada vez más altos. “Los países que en él viajan —como los
individuos ocupantes de un elevador— pueden avanzar más de prisa o con
mayor lentitud, subiendo el ascensor o bajando de él. También es posible caerse
del ascensor; crecer durante algún tiempo y estancarse luego; permanecer
en el ascensor equivale a haber alcanzado las condiciones necesarias para
el crecimiento sostenido” (Lewis, 1973).
El tema central de este libro se relaciona directamente con la cuestión
de cómo la República Dominicana puede transportarse en el “elevador del
desarrollo” y permanecer en él. En sus diversos capítulos se profundiza el
análisis de las condiciones institucionales, sociales, territoriales y económicas
actuales y se identifican las transformaciones necesarias para que el país
permanezca en el ascensor de manera ininterrumpida durante los próximos
25 años. Cada análisis sectorial y temático de esta obra se justifica por sí
mismo, pero todos inciden en una visión estratégica comprometida con la
instauración de un ciclo de desarrollo económico a largo plazo que genere
un incremento sostenido del bienestar de todos los dominicanos.
El análisis comparativo de los casos de desarrollo al nivel mundial
muestra que los países que han alcanzado con éxito el desarrollo económico
y social son los que han invertido la energía necesaria en el diseño de una

26

CEPAL

visión a largo plazo.1 (CEPAL/IDEA/Banco Mundial, 2005). Estos países
casi siempre son los que también han creado las instituciones idóneas para
apuntalar esta visión a largo plazo y adoptar las políticas coherentes con
ella. Es frecuente además la participación y compromiso del sector privado,
como encargado de producir bienes y servicios, dar empleo, exportar,
invertir y como actor en la formulación de las políticas. En estas naciones
los formuladores de la política pública tienen una dirección clara para la
fijación de metas y objetivos de desarrollo y para la movilización de los
instrumentos más adecuados para la consecución de dichos objetivos.
Cuando los países carecen de una visión estratégica a largo plazo en
materia de desarrollo, las políticas públicas suelen tener éxitos efímeros y
a veces pueden ser incoherentes y contradictorias. Con esa visión es más
fácil ordenar las prioridades de política y el accionar del Estado, así como
verificar el avance hacia las metas establecidas. La adopción de una visión
nacional es un primer paso positivo de los países que quieren movilizar las
energías de sus ciudadanos hacia un mejor futuro.
La visión estratégica nacional debe tener un componente que movilice
e inspire a los ciudadanos, propiciando su participación. En el caso de la
República Dominicana esta visión estratégica puede definirse en el horizonte
de 2030: un período de un cuarto de siglo en el que, si se adoptan las medidas
necesarias en el orden institucional, económico y social, se sentarían las
bases para ubicar sólidamente al país en el sendero de las naciones con
desarrollo medio alto. Se trata de una meta concreta y viable que consiste
en alcanzar hacia 2030 un ingreso por habitante de 21.200 dólares (paridad
de poder adquisitivo PPA), es decir, tres veces más que en 2006. Con tal fin
será necesario que la economía mantenga un crecimiento anual medio del
7,2% en el período 2008-2030. Esta ambiciosa meta ayudaría a organizar la
sociedad en torno a objetivos específicos de desarrollo económico y social,
e insuflar una erupción de energía y participación de la ciudadanía. El
logro de tal meta supone un conjunto de medidas paralelas para reducir
perdurablemente la desigualdad y la inequidad y, por tanto, encaminadas
a poner en marcha dinámicas sostenibles de cohesión social y territorial
que, por definición, son inseparables de la extensión e interiorización de
procesos de gobernabilidad democrática.
En este primer capítulo se ofrece una visión global del planteamiento
estratégico que se desprende del conjunto de los estudios sectoriales y
temáticos que integran el presente volumen. Con la finalidad de contextualizar
dicho planteamiento, se hace previamente una referencia somera, en primer
lugar, a los rasgos generales del marco internacional actual y sus tendencias
probables hacia 2030 y después, a los principales resultados de los escenarios


1

Véase Banco Mundial, CEPAL e IDEA (2005).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

27

elaborados en el estudio sobre las trayectorias posibles de la economía
dominicana hacia 2030. Posteriormente, se resumen los principales hallazgos y
recomendaciones de política en cada uno de los temas y sectores abordados a
lo largo del trabajo: escenarios de convergencia internacional de la República
Dominicana; desarrollo, acción pública y gobernabilidad democrática;
cohesión social y desarrollo territorial; el empleo como eje articulador de
la estrategia de desarrollo; el sector agropecuario; integración industrial y
competitividad; energía y desarrollo, e inserción internacional.
Acaso sea necesario aclarar que, pese a ser relativamente amplio el
abanico temático del libro, hay varios temas que no se abordan de forma
directa. Esto no supone en absoluto que se desconozca su importancia en la
agenda del desarrollo y las políticas públicas de la República Dominicana.2
Tal es el caso, en particular, de los temas fiscales, cuasifiscales y financieros,
cuyas consecuencias a corto y mediano plazo son decisivas. Como se explica
un tanto más detalladamente en el capítulo II del libro, las propuestas de la
estrategia de desarrollo a largo plazo que se sugieren en el presente estudio
presuponen una atención particular de los problemas relacionados con
estos temas, en un sentido que sea congruente con el mantenimiento de la
estabilidad macroeconómica y por tanto con el mejoramiento perceptible
del clima de inversión. Tales propuestas deben considerarse como una
contribución de la CEPAL a la reflexión sobre las estrategias nacionales de
desarrollo, cuya definición corresponde a los actores dominicanos.

A.

El marco internacional hacia 2030

La República Dominicana es hoy una economía abierta y por ello su
desempeño económico es cada vez más sensible a los cambios del entorno
internacional. Por razones evidentes ninguna economía abierta puede
ignorar el contexto mundial y mucho menos una economía pequeña como la
República Dominicana. Es por ello que resulta pertinente preguntarse acerca
de las grandes tendencias que parecen prefigurar los rasgos fundamentales
de ese contexto hacia 2030.
En varios estudios prospectivos sobre la configuración de la economía
política internacional en el próximo cuarto de siglo se comparte la premisa de
que un grupo reducido de países en desarrollo adquirirá un peso considerable
en la producción, el consumo y el comercio globales (Banco Mundial, 2007)
(véase el recuadro I.1). Aunque el número de dichos países varía de un
estudio a otro, su núcleo está invariablemente constituido por naciones
que, como China e India, observaron un notable fortalecimiento económico
y comercial en las últimas dos décadas. En todos los casos se considera


2

El contenido temático del presente volumen es producto de un diseño realizado conjuntamente
con las autoridades dominicanas.

28

CEPAL

altamente probable que el poder de mercado y la importancia política de
dicho grupo se consolidarán hacia 2030. En el proceso, se estima que habrá
de producirse una reestructuración de la economía política internacional
que en términos generales se traducirá en un balance de poder más plural y
menos concentrado geográficamente que el actual (véase el recuadro I.1).
Recuadro I.1
LA ECONOMÍA POLÍTICA INTERNACIONAL EN 2030,
SEGÚN DIVERSOS EJERCICIOS PROSPECTIVOS
Reducción de las grandes brechas económicas
De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial (2007), hacia 2030 el PIB
mundial será 2,1 veces más grande en términos reales que en 2005, lo que
supone un crecimiento global similar al del cuarto de siglo precedente (19802005). Mientras que el crecimiento agregado de los países industrializados
disminuirá ligeramente, el de los países en desarrollo observará una aceleración
significativa. Se proyecta que el conjunto de estos últimos países triplique
el valor de su producto, lo que permitirá que su contribución al PIB mundial
ascienda de un 23% a un 33%.
En términos del PIB por habitante (calculado sobre la base de la
paridad de poder adquisitivo en dólares de 2001), se estima que el ingreso
anual medio de un residente del mundo en desarrollo sea de 12.200 dólares
en 2030 (2,5 veces más que en 2005, cuando fue de 4.800 dólares) y que
el de un residente de los países industrializados alcance los 54.000 dólares
(1,8 veces más que en 2005, cuando fue de 29.700 dólares). Por tanto, la
relación del ingreso personal medio en el mundo en desarrollo con respecto
al del mundo desarrollado pasaría de un 16% a un 23%.

Los nuevos actores dinámicos de la economía mundial
Estos cambios provendrán principalmente de un grupo de “economías
emergentes” que se proyecta como la fuente dinámica del crecimiento
mundial del próximo cuarto de siglo. La composición de este grupo varía de
una fuente a otra, pero su núcleo está constituido invariablemente por Brasil,
Federación de Rusia, India y China, el denominado grupo BRIC (Wilson y
Purushothaman, 2003, Hawksworth, 2006).
Se considera que si en los próximos cinco lustros estos países
mantienen políticas económicas y desarrollan instituciones propicias al
crecimiento, su PIB conjunto se multiplicará por un factor de 7,3 veces. En
cambio, se estima que el PIB del Grupo de los Seis (G6) (Alemania, Estados
Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón y Estados Unidos, el núcleo
de los países más industrializados) solo se multiplicará por un factor de 1,4
veces. En consecuencia, la brecha entre el peso económico relativo de ambos
grupos tenderá a cerrarse de manera significativa: mientras que en 2005 el
valor del PIB del BRIC (en dólares de 2003) habría equivalido a un 14,8% del
PIB del G6, en 2030 ya representaría un 67,9%.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

29

Recuadro I.1 (Continuación)
Solo en lo que respecta a China, conviene señalar que en 2006 su
contribución al crecimiento mundial fue de un 30% y ese mismo año alcanzó
un peso relativo del 15% en el PIB mundial sobre la base de la paridad de
poder adquisitivo (CEPAL 2007b).
Cambios de las relaciones de poder
en la economía política internacional
Las grandes transformaciones de la economía política internacional
sugieren, en el horizonte de 2030, un aumento progresivo del poder relativo
de las “economías emergentes”, en particular de China (Humphrey y Messmer,
2006) e India (Srinivasan, 2006). Una de las consecuencias más plausibles
de este hecho sería la configuración de una estructura de poder multipolar
en la que la estabilidad sería garantizada por las instituciones internacionales
y la interdependencia entre las mayores potencias (Phillips, 2008). Las
consecuencias de este nuevo entorno para el resto de las economías en
desarrollo son inciertas: mientras que los países más pequeños pueden
sacar ventajas de una mayor diversidad de paradigmas de desarrollo y de las
probables reformas de la institucionalidad internacional, también es factible
que se vean afectadas en sus territorios por los conflictos de poder e influencia
que libren entre sí las antiguas y nuevas potencias.
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Las consecuencias del ascenso de este grupo de países 3 sobre la estructura
y la dinámica de la economía política internacional no serán uniformes. El efecto
y la capacidad transformadora de China e India en el contexto internacional
se dan por descontados prácticamente en todos los contextos a mediano y
largo plazo y en todo caso parecen desproporcionadamente mayores que
los de las otras economías emergentes (Maddison, 2007; Winters y Yusuf,
2007). Esto obedece a las dimensiones económicas y demográficas de estas
dos naciones asiáticas y a la importancia que hoy tienen sus respectivas
economías con relación a en la economía mundial. Además, en el caso
particular de China se añade el hecho de que este país posee, a diferencia
del resto de las naciones emergentes, algunas características propias de las
grandes potencias (como el poder de veto en el Consejo de Seguridad de
las Naciones Unidas y capacidad nuclear y militar).
Las tendencias subyacentes en las grandes transformaciones que se
avizoran en el horizonte económico y político internacional del próximo
cuarto de siglo tienen varias consecuencias para el conjunto de los países


3

Además de los integrantes del llamado grupo BRIC (Brasil, Federación de Rusia, India y
China), algunos estudios prospectivos también consideran entre las naciones emergentes
con posibilidades de incrementar su peso en la economía política internacional en las
próximas décadas a países como Indonesia, México, Sudáfrica, Indonesia y Turquía.

30

CEPAL

en desarrollo. De hecho, el ascenso productivo y comercial de China e
India ya ha comenzado a producir efectos importantes en la dinámica de
crecimiento y en las estrategias de desarrollo de un número significativo de
países. Tanto en el ámbito de las manufacturas como en el de los servicios,
China e India están ejerciendo fuertes presiones competitivas en el mercado
internacional, acosando y en algunos casos desplazando la presencia de
terceros países en una amplia gama de rubros de exportación. En la región,
las economías de México, Centroamérica y el Caribe, que exportan productos
textiles y otros bienes manufacturados de bajo contenido tecnológico, han
resentido en la presente década esa competencia, mientras que, para las
economías sudamericanas, el apetito de la economía China ha significado
una oportunidad para elevar sus exportaciones a ese país, coadyuvando a
mantener el dinamismo exportador y su efecto en el crecimiento. 4
Pero a estos efectos inmediatos deben añadirse otros, de más largo plazo,
tanto en términos de oportunidades como de desafíos, que provendrán del
surgimiento de nuevos polos de poder en la economía política internacional.
Sobre la base de los valores de 2005, se estima que el nivel de las exportaciones
mundiales se triplicará hacia 2030 (al pasar de 9 a 27 billones de dólares);
suponiendo que las políticas comerciales mantengan en términos generales
su orientación actual, se proyecta que la relación entre exportaciones y
producto se incremente de un 25% a un 34% a escala global. Dado su mayor
dinamismo económico, se proyecta que las exportaciones del conjunto de
los países en desarrollo se cuadrupliquen durante este período (de 3 a 12
billones de dólares). Esto significa que la mitad del incremento efectivo que
se proyecta registre el comercio mundial hacia 2030 provendrá del mundo
en desarrollo (Banco Mundial, 2007). Si bien es cierto que las naciones más
grandes concentrarán un alto porcentaje de este incremento del comercio,
el escenario anterior abre una ventana de oportunidades económicas a los
países de menor desarrollo relativo para incursionar en la producción de
bienes exportables en una gama relativamente amplia de bienes y servicios,
así como su participación en las cadenas globales de valor.
Pero este escenario también plantea desafíos en cuanto a la construcción
de ventajas comparativas dinámicas que permitan definir perfiles de
especialización apropiados para participar competitivamente en la expansión
del mercado internacional. Dicha definición depende en gran medida de
la capacidad de los países para mejorar sus niveles de productividad por
medio de la adaptación de tecnologías pertinentes, la capacitación de
su mano de obra, la dotación de infraestructura y, de manera general, la


4

En la coyuntura económica de 2008, el persistente dinamismo de China e India (si bien a tasas de
crecimiento menores) sería un fuerte paliativo para evitar una caída pronunciada de la actividad
económica mundial, debido al peso que ya tienen hoy aquellas economías en el mundo.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

31

existencia de un clima adecuado para la inversión.5 Mientras que los países
en desarrollo con economías grandes y diversificadas —encabezados por
China, India y Brasil, entre otros— cuentan con dispositivos institucionales
e infraestructuras relativamente considerables de investigación y desarrollo
a partir de los cuales pueden enfrentar estos retos, la situación del resto de
las naciones de ingreso medio y bajo es muy distinta. La mayoría de ellas
deberán realizar significativos esfuerzos de organización y asignación de
recursos a fin de aglutinar la masa crítica necesaria para intentar participar
de manera activa en la nueva configuración del comercio y la producción
mundiales. En la mayoría de los casos estos esfuerzos supondrán amplias
reformas institucionales y del régimen de política económica que mejoren
la eficiencia por medio de políticas fiscales, monetarias, cambiarias,
comerciales y sectoriales solventes.
Hay un consenso acerca de la importancia creciente que ejercerán
los temas energéticos y del medio ambiente (especialmente los ligados al
cambio climático) en el contexto mundial a 2030. Por su naturaleza, los
asuntos relacionados con estos temas tienen, a un tiempo, manifestaciones
globales y nacionales. En ambos planos se proyecta una serie de restricciones
potenciales sobre el crecimiento económico a largo plazo, la seguridad y la
dinámica social. Estas restricciones potenciales plantean a todos los países
exigencias de innovación para garantizar fuentes de energía más seguras
y menos dañinas para el medio ambiente y los recursos naturales. El no
atender dichas exigencias puede socavar de diversas formas en los años por
venir la trayectoria de crecimiento de las economías en desarrollo.
El ascenso de las economías emergentes está transformando
aceleradamente la estructura global de producción y comercio, tanto como
la naturaleza y dirección de las corrientes financieras internacionales y de
los patrones de consumo de los recursos naturales estratégicos en el mundo.
No son solo las antiguas potencias industriales las que están marcando los
grandes cambios económicos globales, sino también los nuevos actores
que adquirirán tal importancia como para alterar el equilibrio de poder
económico y político. Ahora bien, ni la República Dominicana ni el resto
de los países latinoamericanos pueden ignorar las tendencias de dichos
países, especialmente las de Estados Unidos, dados los lazos históricos y la
cercanía geográfica y los altos volúmenes de comercio e inversión que existen


5

Incluso para participar en la producción y exportación de bienes ubicados al final de la
cadena de valor, que por regla general requieren un bajo contenido tecnológico y de trabajo
especializado local, se plantean exigencias económicas e institucionales, cuyo cumplimiento
no es evidente en el caso de los países más pobres y de menor desarrollo relativo. Así lo
muestra la experiencia internacional de las últimas décadas, cuando la vía a la exportación
de este tipo de bienes ha estado abierta, pero muchos de estos países no han dado el paso
para incursionar en ella.

32

CEPAL

entre ellos. Pero el hecho fundamental es el surgimiento de nuevos actores
que están trastocando íntegramente a la economía mundial por su poderío
de mercado en una serie de sectores particulares (desde la producción de
recursos naturales y energéticos hasta el mercado de valores denominados
en dólares, pasando por un variado arco de bienes manufacturados) en los
que cuentan con escalas de operación suficientemente grandes para influir
en la dinámica y la estructura de los precios.6
La manera en que la República Dominicana responda a las nuevas
realidades de la competencia económica internacional va a determinar en
una medida muy importante el nivel del bienestar interno de su población en
el horizonte del próximo cuarto de siglo. Una respuesta efectiva requiere el
diseño y la aplicación de una estrategia activa y sostenida que no se circunscriba
únicamente al campo comercial y productivo, sino que incluya, en el marco
de una concepción integral del desarrollo, medidas decididas y decisivas en
pro de la gobernabilidad democrática y la cohesión social y territorial.

B.

El marco internacional en el corto plazo

El diseño y ejecución de una estrategia de largo plazo como la que se presenta
en este libro de este tipo son tanto más pertinentes y perentorios frente a los
desafíos que plantea la actual crisis económica internacional, que —como
también ocurre a los otros países latinoamericanos— impone en el corto
plazo un conjunto de restricciones a la economía dominicana.
En efecto, el proceso que se desencadenó a mediados de 2007 en
Estados Unidos como un problema de hipotecas de alto riesgo se transformó,
en el correr de los meses subsiguientes, en una crisis sistémica que desde
últimos meses de 2008 está afectando gravemente el mercado crediticio de
los países más desarrollados y produciendo fuertes impactos en la economía
real (CEPAL, 2008a).
El marcado deterioro de las condiciones económicas globales que se
observa desde entonces abrió una fase de incertidumbre no sólo con respecto
a la magnitud de esta crisis, sino de su duración probable. Los indicadores
de las mayores economías del mundo señalan desde finales de 2008 un
severo ajuste a la baja del nivel general de actividad. Los pronósticos para
2009 y 2010 se han revisado continuamente en sentido negativo y la sequía
de los mercados financieros tiende a mantenerse a pesar del descenso sin
precedentes de las tasas de interés interbancarias en numerosos países. No


6

El nuevo peso económico internacional de estos países no puede hacer pasar por alto ni la
magnitud ni la complejidad de los problemas que cada uno de ellos enfrenta por separado
en cuanto a la gestión de sus respectivas evoluciones en el plano múltiple de la estabilidad
política interna, la cohesión social y su acomodo en el contexto internacional y regional.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

33

obstante el acentuado giro expansivo de la política macroeconómica en
prácticamente todas las naciones desarrolladas, las expectativas inmediatas
del crecimiento global son muy pesimistas. 7
La irrupción de esta crisis no invalida las tendencias de largo plazo ni
el sentido general de los cambios de estructura de la economía internacional
que se avizoraron en el apartado precedente en el horizonte de 2030. Algunos
especialistas han planteado la hipótesis de que una vez que aquélla sea
superada China, India, Brasil y otras economías emergentes podrían estar
aun en mejores posibilidades de ejercer una mayor influencia en la economía
política mundial (Rodrik, 2008). En lo inmediato, sin embargo, la crisis supone
para los países latinoamericanos, y por tanto para República Dominicana,
la virtual desaparición de los factores que impulsaron el crecimiento de la
región en los últimos años (CEPAL, 2008a). En este marco general pueden
identificarse los principales canales a través de los que se están transmitiendo
a los países de la región, con intensidades que varían de un caso a otro, los
efectos de la crisis internacional en curso. Por conducto de estos canales, la
economía dominicana también ha empezado ha resentir desde finales de
2008 las efectos de la recesión global.
El primero de estos canales de transmisión es el comercial. La recesión
de las economías desarrolladas y la desaceleración de economías emergentes
de la importancia de China e India significan una baja significativa de la
demanda de exportaciones de bienes y servicios de la región. De acuerdo
con el análisis inicial de la CEPAL (2008a) sobre los efectos de este hecho,
tanto los países exportadores de manufacturas hacia los mercados del
mundo industrializado como los grandes proveedores de servicios de
turismo internacional registrarán repercusiones negativas debido a que,
en el primer caso, la oferta exportable es difícilmente reubicable en otros
mercados y, en el segundo, la demanda es muy elástica con respecto al
ingreso. La caída de la demanda de exportación tiene un carácter global,
y aquí reside uno de los rasgos que diferencian a la crisis en curso de las
que le precedieron desde el decenio de los años noventa: en estas últimas
la demanda estadounidense fue capaz de insuflar el dinamismo necesario


7

La mayoría de los pronósticos estiman que en 2009 la economía mundial tendrá una contracción
de 0.5 a 1%, lo que significaría la mayor caída del crecimiento global desde la segunda guerra
mundial. En algunos escenarios se considera que el crecimiento mundial podría volver a ser
positivo en 2010, anticipando una tasa de 1.5%, que de verificarse sería una salida de recesión
más débil que en 1991 y 2001 (EIU 2009) . Por otra parte, un exhaustivo análisis comparativo
de las secuelas de las crisis bancarias de la posguerra en el mundo desarrollado muestra
que todas ellas han sido crisis de larga duración que entrañan bajas de la producción que en
promedio se han extiendido durante dos años , drásticos desplomes del precio de los activos
inmobiliarios y de las acciones a lo largo de seis y tres años respectivamente, aumento del
desempleo durante cuatro años, caídas de la producción e incrementos del valor real de la
deuda pública (Reinhart y Rogoff, 2008 y 2008a).

34

CEPAL

para mantener el crecimiento del mercado mundial. Son escasas las
probabilidades de que esta fuerza de locomoción internacional pueda
seguir ejerciéndose en lo inmediato y con la misma fuerza que en el pasado.
8
No es necesario subrayar el grave significado de este último factor para
un amplio número de países latinoamericanos que —como los del Caribe,
Centroamérica y México— concentran en Estados Unidos la proporción
mayoritaria de sus relaciones comerciales externas.
Otra banda de transmisión de los efectos de la recesión internacional
hacia la región se configura en torno las remesas de los trabajadores emigrantes,
cuya absorción en los mercados laborales del mundo desarrollado no solo
dejará de crecer sino que incluso podría sufrir contracciones significativas.
En el curso de los últimos dos o tres lustros las remesas han sido una fuente
de importancia creciente en la afluencia de recursos externos en América
Latina y el Caribe, representando, en los casos donde este fenómeno es más
acentuado (Haití y Centroamérica), montos que van del 15% al 40% del PIB.
Como se sabe, en la República Dominicana el monto de estas transferencias
fluctúa alrededor del 8% y el 9% del PIB.
Un tercer canal de transmisión es el de los mercados financieros.
En los últimos meses de 2008 se hicieron patentes los efectos de la crisis
internacional en el ámbito monetario y financiero de la región. De manera
general, dichos efectos se han manifestado primero en una desaceleración
y posteriormente en una franca disminución de los flujos de cartera, en una
constante volatilidad acompañada de significativas caídas de los mercados
de valores y, en algunos países, en depreciaciones del tipo de cambio.
Adicionalmente —y como resultado directo de la aversión al riesgo que
se asocia al clima de incertidumbre global—, los costos del financiamiento
internacional tienden claramente a incrementarse, tanto para las empresas
como para los gobiernos. Desde la perspectiva de América Latina y el Caribe,
el clima internacional de incertidumbre se traduce, en este ámbito, en el riesgo
real de una fuerte restricción de crédito en el corto plazo, lo que se traducirá
en fuertes dificultades para cubrir necesidades de financiamiento.
El deterioro de la situación financiera internacional también amenaza
la afluencia de inversión extranjera directa hacia América Latina y el Caribe,
que constituye una fuente de recursos de primera importancia en la mayoría
de los países. En el caso de la República Dominicana, estos flujos ascienden,
en promedio anual, a cerca de 7% del PIB, y son decisivos en el desarrollo
de sectores económicamente estratégicos, como el turístico.


8

Esta improbabilidad no deriva solamente del ajuste del ingreso y el consumo del sector
privado estadounidense, sino de los desequilibrios financieros de Estados Unidos considerado
en su conjunto. Véase Wolf, 2009.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

35

El grado en que este conjunto de impactos de la crisis internacional
afectará el crecimiento económico y el empleo de la región y cada uno de
los países dependerá directamente de la profundidad y la duración que
alcancen la recesión productiva y la restricción crediticia en curso en el mundo
desarrollado. A mayor profundidad y duración, las economías de América
Latina y el Caribe resentirán con mayor fuerza los estragos de la crisis.
Es previsible un deterioro del mercado de trabajo y de las remesas
familiares producirá un retroceso en el plano distributivo. En este cuadro,
las políticas públicas tienen en el corto plazo un doble reto: estabilizar el
crecimiento económico con medidas que contrarresten el embate de las
fuerzas recesivas internacionales y poner en acción estrategias que protejan
a los grupos sociales más vulnerables. Aunque los márgenes de acción
para financiar tales medidas son muy diversos en cada país de la región,
las circunstancias ejercerán fuertes presiones sobre las finanzas públicas
al menos durante 2009 y 2010. Dada la caída esperada en los ingresos
tributarios, dichas presiones tenderán a agudizarse en los países con mayor
fragilidad fiscal.
Ahora bien, de acuerdo con el análisis de la CEPAL (2008a), en
los años inmediatamente precedentes a la crisis actual, las políticas
macroeconómicas y financieras de los países de América Latina y el Caribe
observaron mejorías manifiestas. Gracias a ello, la mayoría de ellos no sólo
desprendieron significativos beneficios del crecimiento internacional, sino
que ahora están en mejores condiciones que en el pasado para encarar la
crisis externa. No obstante, es evidente que la degradación de la economía
internacional mengua la fortaleza de aquellas mejorías y, ante el escenario de
una probable profundización o prolongación de la crisis, los fundamentos
macroeconómicos construidos en los años precedentes terminarán por
debilitarse. De ahí la importancia de articular estratégicamente las acciones
de contención de la crisis con la perspectiva de cambio estructural que,
como las que sugieren en este libro para la República Dominicana,
apuntan a fortalecer en el largo plazo y de manera durable la capacidad de
crecimiento económico en combinación con incrementos sostenidos de la
cohesión social.

C.
Posibilidades de convergencia
internacional de la República Dominicana
Para que la República Dominicana acerque su nivel de desarrollo al de
las economías líderes a escala internacional, y en especial con respecto a
América del Norte, que constituye su ámbito regional inmediato y de mayor
vinculación, debe producirse un proceso de convergencia a largo plazo que
se sustente en un crecimiento sostenido de la economía. La experiencia

36

CEPAL

internacional muestra que la posibilidad de suscitar dicho proceso depende
en un grado muy elevado de la construcción de la capacidad social y los
entornos institucionales que hacen posible desencadenar el potencial
económico y productivo, condición necesaria para disminuir las brechas
de ingreso con los países de mayor desarrollo.
Ahora bien, en este estudio, la convergencia económica se
considera como algo más que una disminución de las brechas de ingreso
entre países. Se la considera como un proceso que además incluye la
disminución de las diferencias de ingreso de los individuos, que por tanto
puede evaluarse por su capacidad de erradicar la pobreza absoluta y
relativa. 9 En este sentido, también supone una convergencia institucional,
tecnológica y de niveles de productividad con respecto a los estándares del
mundo industrializado.
El análisis de los principales procesos de convergencia observados en
la economía internacional 10 permite identificar algunos hechos estilizados
que sirven como parámetros generales de cómo se puede reorientar
el rumbo de desarrollo de un país como la República Dominicana si se
adoptan reformas y estrategias adecuadas.
En términos generales, dicha experiencia muestra que la convergencia
supone satisfacer algunos requisitos básicos, en las condiciones propias
de cada país, al menos en tres ámbitos: el del cambio institucional, el de la
acumulación de capital físico y el de formación de capital humano. Atender
con una perspectiva estratégica estos tres aspectos básicos es indispensable
para propiciar una transformación productiva basada en la incorporación
continua de innovaciones tecnológicas, como ha señalado la CEPAL en
diversas oportunidades (CEPAL, 2008). Sobre esa base se elaboraron para
este estudio tres contextos de su posible trayectoria de crecimiento hacia
2030 y de sus respectivos resultados en términos de convergencia frente a
otras economías y sociedades de la región y fuera de ella. 11 En el cuadro
I.1 aparece un resumen de los principales resultados.
El primer escenario (escenario base) tiene como supuesto primordial
que la economía dominicana conserva su tendencia inercial a largo plazo,
lo que supone el establecimiento de cierto equilibrio entre la mejoría de


La convergencia se entiende generalmente en términos de naciones, pero también puede
serlo, simultáneamente, en función de las personas. Así, convergencia sería ante todo que
las unidades familiares más pobres vean crecer su ingreso más rápido que el del resto de
la población mundial. Véase al respecto Bourguignon (1997).
10
 Véanse los trabajos seminales de Abramovitz (1986) y Baumol (1986), así como los análisis
comparativos de Dorwick y Nguyen (1989), Pritchett (1997) y Doewick y DeLong (2001).
11
 Este ejercicio se desarrolla en el Capítulo II del presente volumen.
9

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

37

Cuadro I.1
REPÚBLICA DOMINICANA: TRES ESCENARIOS ECONÓMICOS A 2030
Año/período PIB

2006
Escenarios
2007-2030a
Base
Optimista
Pesimista

PIB
Dólares Dólares
potencial
PPA

Estados México Costa Portugal
Unidos
Rica

 0,7
1

4,7

3 339

7 780

18,4

80,4

80,3

38,0

 5,2
 7,2
 1,1

4,0
6,0
1,5

6 763
10 986
2 656

11 444
13 754
9 398

18,3
21,8
15,4

75,5
89,1
63,9

71,2
84,3
60,3

35,7
42,3
30,1

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Modelo REDO.
Nota: Para el período 2007-2030 se supuso que Estados Unidos, México, Costa Rica y Portugal crecen a
una tasa media anual promedio de del un 3%, un 3,5%, un 4% y un 3,4%, respectivamente.
a
Promedio anual.

algunas condiciones y el deterioro de otras en el transcurso del período 20072030. Se considera que a lo largo de este período disminuiría ligeramente
el gasto corriente y de inversión del gobierno. La inversión fija bruta del
sector privado y el promedio de años de estudios de la población de 15 años
y más, por su parte, se mantendrían en torno a los niveles actuales.
El segundo escenario (el optimista) se traduce en una aceleración de la
tasa de crecimiento sustentado en un incremento progresivo del coeficiente
de inversión hacia promedios cercanos a los registrados en la segunda mitad
de los años noventa. En el período 1996-2000, en efecto, la inversión fija
bruta representó, en promedio anual, el 25% del PIB. En ese mismo lapso, el
crecimiento medio anual de la economía fue de 6,9% (una tasa muy similar
a la supuesta en el marco del presente escenario). Este supuesto supone por
tanto un importante esfuerzo de ahorro interno, una mayor y más eficiente
profundización financiera y, desde luego, un fortalecimiento fiscal del
Estado dominicano (incluida la firme reducción del déficit cuasifiscal). En
la construcción de este segundo escenario también se da por descontada la
optimización del gasto público y la superación de los grandes problemas
estructurales en materia energética, laboral y educativa, cuya no resolución
supone una fuerte restricción para la trayectoria a largo plazo de la economía
(véase el recuadro I.2).
Por último, el tercer escenario (el pesimista o de riesgo) tiene como
“límite máximo” un mantenimiento precario de las tendencias económicas a
largo plazo, con una posible inclinación progresiva al deterioro, y se edifica
suponiendo un freno (que hoy parece poco probable) a la profundización
de las reformas estructurales en curso, que degradaría el clima de inversión
y frenaría los avances en el plano de la formación de capital humano.

38

CEPAL

Recuadro I.2
TRES CONDICIONANTES ESTRUCTURALES DEL CRECIMIENTO EN LA
REPÚBLICA DOMINICANA: EDUCACIÓN, EMPLEO Y ENERGÍA
1) En los últimos años, la educación básica ha registrado importantes mejorías.
Sin embargo, el conjunto del sistema educativo y de formación sigue
siendo insuficiente para garantizar a la fuerza de trabajo dominicana una
elevación sustancial de sus niveles medios de instrucción y capacitación.
Esta elevación es indispensable para encaminar sostenidamente al país
por una trayectoria de crecimiento a largo plazo. La complementariedad
entre el desarrollo educativo y el crecimiento económico es una de las
grandes asignaturas pendientes en el camino de la modernización de la
República Dominicana, tema que se analiza desde la perspectiva de la
productividad en el Capitulo VIII.
2) En lo laboral, el actual esquema de desarrollo de la República Dominicana
presenta una relación insuficiente entre crecimiento económico y generación
de empleo remunerativo. Esta característica estructural de la economía
está en la base de los problemas de inclusión que impiden la extensión y
la consolidación de un proceso virtuoso de cohesión social en la República
Dominicana. Las dimensiones social y económica de estos problemas se
analizan respectivamente en los capítulos IV y VI. El problema de la baja
generación de empleo se agrava por el hecho de que la demanda de
empleo sigue concentrada en habilidades inferiores. Sin una modificación
estructural del sistema educativo, el crecimiento económico futuro encontrará
una fuerte restricción en el mercado laboral por la no disponibilidad de
una mano de obra con mayores calificaciones.
3) La condición energética consiste en contar con un sistema de abastecimiento
eficiente (infraestructura), promover el ahorro y el uso racional de la
energía, generar fuentes alternativas de energía y planear la demanda
de energía por uso y sector en el mediano y largo plazo. En el Capítulo
IX de este libro se hace un análisis a profundidad de la situación actual y
las perspectivas del sector energético.
Fuente: Elaboración propia, con base en información de la CEPAL, Latinobarómetro y CNE.

Sobre la base de estos supuestos, los resultados más relevantes
del ejercicio prospectivo se resumen como sigue en la perspectiva de las
posibilidades de convergencia de la economía dominicana. 12 El crecimiento
del escenario base, cuya tasa expresa una continuidad de la trayectoria
seguida en los últimos años, mantendría inalterada la brecha de ingreso
con Estados Unidos y produciría una clara divergencia con México y
Costa Rica. El proceso de divergencia se acentúa en todos los casos en el
escenario pesimista.
En el escenario optimista la economía dominicana entraría en una ruta
de crecimiento sostenido, con tasas hipotéticas de crecimiento económico y
potencial a largo plazo de un 7,2% y un 6,0%, respectivamente. Es evidente
 La metodología, los supuestos y el modelo de proyecciones se presentan en el capítulo II
del libro.

12

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

39

que después de haber mantenido en las dos décadas precedentes una
elevada tasa media de crecimiento, la trayectoria a largo plazo que sugiere
este escenario parece ser muy ambiciosa. En todo caso, sus resultados en
términos de convergencia son interesantes: 24 años, la brecha del ingreso
por habitante se reduciría con respecto a Estados Unidos en 3,4 puntos
porcentuales con respecto a Estados Unidos, en tanto que con relación a
México y Costa Rica verificaría un mayor acortamiento de distancias (véase
el cuadro I.1).
Es importante considerar que los escenarios anteriores son un ejercicio
que amalgama el análisis cuantitativo con el cualitativo (que se basa de manera
razonable en la información y la capacidad interpretativa). Tienen por objeto
identificar aspectos económicos clave que —en un conjunto determinado
de circunstancias— son susceptibles de dar lugar a determinados cursos
de la economía. De ninguna manera sugieren la existencia de un sendero
lineal del desarrollo. Pretenden mostrar horizontes posibles de desempeño
que suponen, en cada caso, una serie de exigencias estratégicas y de política
pública similares a las que se plantean y recomiendan en cada uno de los
análisis sectoriales del presente estudio, con el fin de contribuir, en cada
caso, a responder a la cuestión de cómo la República Dominicana podría
transportarse en el “elevador del desarrollo” y permanecer en él en el próximo
cuarto de siglo en un contexto internacional dominado por el cambio y la
aparición de nuevos actores con un peso relativo mucho mayor.

D.
Desarrollo, acción pública y
gobernabilidad democrática
La ruta del desarrollo de la República Dominicana —como la de cualquier
otro país— en el próximo cuarto de siglo está en efecto cargada de
incertidumbres que pueden modificar significativamente las posibles
trayectorias de convergencia internacional identificadas. En virtud de
esas incertidumbres, en un plazo de 25 años los países pueden caerse del
“elevador del desarrollo”, pero también pueden acelerar su ascenso, por lo
cual el crecimiento anticipado también puede ser más robusto de lo supuesto.
Un factor fundamental para reducir los márgenes de incertidumbre
es la identificación de metas plausibles de desarrollo, para cuyo logro es
necesario, a la vez, establecer nuevos pactos sociales. La falta de acuerdos
sociales básicos sobre las metas que el país quiere alcanzar aumenta el riesgo
de volatilidad de las políticas, les resta coherencia y reduce el horizonte de
planeación de los agentes económicos y sociales.
Uno de los elementos principales para el diseño de una concepción
nacional de desarrollo es la modernización del Estado. Para poder lograr las

40

CEPAL

metas acordadas, es imprescindible contar con un Estado capaz de llevar a
cabo tareas complejas y responder de manera eficiente a las reivindicaciones
de la sociedad. Las reformas que se han hecho en los últimos 20 años apuntan
en esta dirección, pero todavía son insuficientes.
Las democracias reposan en la capacidad de los ciudadanos de
valorar sus instituciones más allá de los resultados a corto plazo, pero
una democracia incapaz de mostrar a largo plazo niveles aceptables de
desempeño y distribución equitativa de los beneficios se hace vulnerable
a los efectos del descontento social y los liderazgos políticos dispuestos a
aprovechar la situación para concentrar el poder. La democracia dominicana
ha tenido un desempeño exitoso en la creación sostenida de riqueza,
pero —a semejanza de otras economías regionales que han registrado
procesos similares de crecimiento económico— presenta un gran déficit
en cuanto a convertir la nueva riqueza en bienestar para la mayoría
de la población.
Los escasos efectos del dinámico crecimiento económico sobre la
equidad durante los dos últimos decenios han generado una frustración
de la ciudadanía dominicana que ha ido dando paso a una concepción
alternativa sobre el desarrollo. Como en muchos otros países de la
región, el sentido general de esta nueva concepción podría resumirse
conceptualmente como una transición hacia un estado de cosas en el que,
al tiempo que se profundicen las reformas en pro de una mayor eficiencia
de los mercados, también se revalorice la necesidad de un mejor gobierno,
es decir, de un gobierno que realice mejores intervenciones en términos
cualitativos.
Sobre la base del diagnóstico que se presenta en el capítulo III de
este estudio, se propone un conjunto de reformas (que se resumen en el
recuadro I.3) cuyo sentido es vincular las actividades de los representantes
políticos con las reivindicaciones e intereses de sus electores y ampliar y
mejorar los mecanismos institucionales de transparencia y equilibrio de
poderes. Como puede observarse, estas recomendaciones complementan
y profundizan las reformas ya introducidas los últimos años en la
arquitectura legal e institucional dominicana en pro de la gobernabilidad
democrática.
Uno de los grandes objetivos que persigue este conjunto de propuestas es
modernizar las relaciones de los partidos políticos con sus electores. Fortalecen
su carácter programático y crean incentivos para que modifiquen su oferta
con el fin de mantener por lo menos el mismo nivel de apoyo electoral. De
acuerdo con las propuestas de reforma planteadas el presente documento,
hacia 2030 los partidos dominicanos debieran propender a especializar su

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

41

Recuadro I.3
PRINCIPALES RECOMENDACIONES PARA MEJORAR LA GOBERNABILIDAD
1) Preservar los aspectos institucionales que han demostrado ser funcionales
para la gobernabilidad democrática o introducir cambios que no afecten
su operación fundamental. En este sentido, destacan las condiciones que
garantizan la independencia externa del poder judicial y los relativos a la
relación entre los poderes ejecutivo y legislativo y a la reelección de los
titulares de puestos de elección popular.
2) Institucionalizar en una ley la reciente introducción de prácticas de evaluación
y asignación universal en la política social para protegerla contra los vaivenes
de la política electoral.
3) Garantizar una participación de intereses más plural en la designación de
los integrantes del pleno de la Junta Central Electoral (JCE) e introducir
reformas conducentes a que los juicios sobre la validez jurídica de las
distintas fases del proceso electoral sean transferidos a una instancia
distinta de la JCE.
4) Reforzar la autonomía del Procurador General. El Consejo Nacional de
la Magistratura, al estar integrado por los tres poderes, parece un órgano
más adecuado para el nombramiento de este funcionario, por un período
no coincidente con el presidencial.
5) Reforzar la autonomía y la capacidad de actuación y vigilancia de la
Cámara de Cuentas de la República.
6) Reforzar la capacidad de supervisión, auditoría y sanción a la Junta Central
Electoral en materia de financiamiento público de los partidos.
7) Instaurar la ley de servicio civil y carrera administrativa y profesionalizar los
servicios del Estado.
8) Reforzar el papel del Estado como contratista y sus procedimientos de
adjudicación.
Fuente: Elaboración propia, con información de la Junta Central Electoral.

oferta en bienes públicos bajo la forma de políticas de carácter indivisible,
cuyos beneficios no pueden ser asignados a los electores leales sin al mismo
tiempo ser proporcionados a los electores de oposición. En segundo lugar, los
bienes otorgados por los partidos vendrían dados en la forma de propuestas
programáticas claras y diferentes de las de sus competidores. Esto significa
que los partidos invertirían en el programa político como estrategia de
adaptación a los cambios en el entorno institucional.
Estas propiedades del sistema político tendrían mayor relieve en el
caso de una perturbación económica que redujera temporalmente el nivel

42

CEPAL

de bienestar del ciudadano medio. Existen choques exógenos imprevisibles
e independientes del control o de la voluntad de los representantes
elegidos. Ante un accidente de esta naturaleza, la reacción de la población
depende de la evaluación que esta haga del comportamiento de su clase
gobernante. Cuando el diseño institucional incentiva a los representantes
elegidos a anteponer el bienestar de sus electores y dicho sistema lleva
algunos años en funcionamiento, las explicaciones que los primeros dan
sobre los eventuales problemas económicos tienen una mayor credibilidad,
toda vez que los electores han podido observar que, en general, los
gobernantes tienden a comportarse maximizando el bienestar público. En
este sentido, un diseño institucional adecuado protege a la institucionalidad
y normatividad democráticas contra factores imprevisibles que golpean
a la población.
La República Dominicana ha implementado en los últimos años
cambios institucionales y normativos que han mejorado la calidad de su
democracia. Las recomendaciones que se delinean en este libro pretenden
ilustrar los “déficit” democráticos que aún persisten. Si se consigue reducir
tales insuficiencias, el importante potencial de crecimiento económico y
de bienestar social de la República Dominicana podría materializarse en
resultados concretos y positivos en un plazo más cercano que 2030.

E.

Cohesión social y territorial

En la perspectiva hacia 2030 del desarrollo y la gobernabilidad democrática,
es imprescindible crear un nuevo equilibrio entre las iniciativas privadas
y de interés público que incorporen la igualdad de oportunidades y la
cohesión social y territorial en el centro de los arreglos y compromisos que
se establezcan. No son pocos los ciudadanos y grupos sociales dominicanos
que han ido perdiendo su sentido de pertenencia y la capacidad de asumir
como propios los objetivos comunes. Retomando una formulación de la
CEPAL, la superación de estas tendencias centrífugas exige una labor
orientada a “crear sociedad”, lo mismo que una participación más activa en
las instituciones políticas de la democracia, una tolerancia de las diferencias
y una mayor disposición al compromiso.
Especialistas e informantes calificados dominicanos que fueron
entrevistados coincidieron en que, a la hora de explicar la persistencia
de la pobreza y la desigualdad en el país, un factor central es la falta de
compromiso de las elites a favor de un pacto que incorpore preocupaciones
efectivas de inclusión social al proceso de modernización económica y política
de la República Dominicana. Esta visión es ampliamente avalada por la
evidencia empírica. Baste señalar que, de acuerdo con las estimaciones de

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

43

la CEPAL, 13 el ingreso medio de los hogares dominicanos colocados en el
decil superior supera por casi en 23 veces el ingreso medio conjunto de los
hogares ubicados en los cuatro deciles más bajos de la escala, y el ingreso
medio de los integrantes del quintil más rico de las familias multiplica por
28 veces el de los integrantes del quintil más pobre.
En la perspectiva de 2030 hace falta definir una estrategia económica
y social a largo plazo que permita una sinergia entre las políticas
económicas y las sociales. En particular, es importante revisar no sólo las
políticas de gasto, sino las fuentes de financiamiento de los programas
sociales, ya que las restricciones fiscales pueden comprometer el éxito de
un planteamiento ambicioso de reforma social como el que requiere la
República Dominicana para superar los rezagos históricos y propiciar un
crecimiento sostenible.
Hay una fuerte interrelación entre la cohesión social y territorial y las
finanzas públicas, que constituye un referente indispensable en todo esfuerzo
de construcción de un contrato a favor de la cohesión. De particular importancia
en este contrato es el tema del régimen tributario. Se sabe que el financiamiento
del gasto social depende básicamente de dos aspectos: la estructura del
mercado de trabajo y la carga impositiva. En la República Dominicana entre
la mitad y dos terceras partes de los ocupados tienen empleos no protegidos,
es decir, carecen de servicios sociales en tanto que contribuyentes. Para cubrir
las brechas de protección que supone este hecho anterior —más el resto de
las consecuencias en términos de exclusión social derivadas de esta precaria
integración laboral de masas— la única fuente sostenible de financiamiento
a la que puede acudir el Estado es la tributación.
En el último quinquenio la carga tributaria de la República
Dominicana alcanzó un promedio de un 16,6% del PIB. Este nivel es inferior
al 21% del promedio de América Latina y más aún de la media de un 29%
de países latinoamericanos de tributación alta. En el último cuarto de siglo,
los ingresos por tributación solo se incrementaron cinco puntos del PIB.
Este bajo nivel denota claramente algunos de los principales problemas del
sistema impositivo: onerosas cargas indirectas, beneficios y exoneraciones
a favor de sectores de ingreso alto. Se trata en términos generales de una
organización tributaria carente de dispositivos y propósitos encaminados
a lograr la equidad distributiva. De acuerdo con su nivel de ingreso por
habitante, la República Dominicana debería tener una carga tributaria de
cuatro puntos adicionales del PIB. En la perspectiva de los objetivos de
cohesión social hacia 2030, esta meta mínima debería actualizarse conforme
se incremente el PIB por habitante, a fin de que genere al Estado una masa
 Dado el empleo de diferentes metodologías de análisis, estos datos no son coincidentes
con las estimadas en algunas fuentes de la República Dominicana.

13

44

CEPAL

de recursos frescos que financien la reestructuración de los programas
sociales y el desarrollo de sistemas de protección no contributivos. En esta
línea de acción estratégica, es imprescindible aumentar las contribuciones
provenientes del impuesto sobre la renta, convirtiéndolo paulatinamente
en un gravamen más progresivo de lo que ha sido históricamente. Es difícil
pensar en la viabilidad de una reforma fiscal de este tipo sin la concertación
de un sólido acuerdo entre los principales interlocutores sociales.
La pregunta es cómo sellar un compromiso en torno a este conjunto
de objetivos. Un compromiso de este tipo es factible en la medida en que
se comprenda cuál es el papel y cuáles los deberes del Estado y de los
distintos grupos constitutivos de la sociedad cuando esta se decide por su
propia conveniencia a perseguir objetivos de cohesión social. Sobre esta
base es posible establecer los términos de un nuevo contrato social, noción
fundada en principios de cooperación y que, en el sentido metafórico que
aquí se utiliza, carece de sentido jurídico.
Para hacer frente al doble desafío de superar los rezagos acumulados
y contribuir a un nuevo estilo de desarrollo, más incluyente y que fortalezca
la cohesión social en un entorno internacional más competitivo y en muchos
aspectos también más adverso, la política social deberá apoyarse en tres ejes
que garanticen su continuidad y su contribución efectiva al cumplimiento
de metas a mediano y largo plazo en materia de superación de la pobreza,
reducción de la desigualdad y fortalecimiento de la cohesión social. A largo
plazo la estrategia deberá generar un círculo virtuoso entre el eje político, el
eje económico y el eje social para poder garantizar un desarrollo sostenible
sobre bases más competitivas de cara a las transformaciones que están
teniendo lugar en la economía mundial.
El compromiso político en torno al gasto social debe traducirse
en una política de Estado, que lleve a blindar hasta donde lo permitan
el marco jurídico y las restricciones fiscales los montos destinados a los
principales programas sociales. Es evidente que, cuanto mayores sean los
ingresos fiscales del Estado, mayor será también su capacidad de sostener
el crecimiento del gasto social y de aislarlo de las turbulencias externas que
afecten el desempeño económico general del país. El objetivo mínimo debe
ser alcanzar el promedio latinoamericano de gasto social, que actualmente
oscila en torno a los 15 puntos porcentuales del PIB. No es una meta fácil
de alcanzar a corto plazo, pero es viable en el horizonte hacia 2030 si se
combina una reforma fiscal que aumente los ingresos del Estado, un buen
desempeño de la economía dominicana durante el próximo cuarto de siglo
y una reducción del peso de la deuda pública y otros pasivos contingentes
que permitan reasignar recursos hacia el gasto social.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

45

El eje económico de la estrategia debe tener por principal objeto
impulsar un estilo de crecimiento que sea compatible con la generación de
empleo bien remunerado, de acuerdo con los planteamientos que se hacen en
el siguiente apartado. Para poder generar este tipo de empleos, la inversión
en capital humano deberá incrementarse, pero deberá estar acompañada
de proyectos de desarrollo de actividades que puedan ocupar esa fuerza de
trabajo más calificada, pues de lo contrario se estarán generando incentivos
adicionales para la emigración.
La mala distribución de la riqueza solo se corregirá generando mejores
oportunidades de acceso a los mercados laborales, que es el mecanismo
más elemental pero a la vez más sólido de inclusión social. En ese sentido,
las políticas encaminadas a incrementar la inversión en capital humano,
principalmente en materia de educación, salud y alimentación deben ser
componentes fundamentales de una estrategia más amplia, que privilegie
la creación de empleos mejor remunerados, lo que a su vez solamente se
logrará mediante incrementos sostenidos de la productividad.
En el eje social, las metas a mediano plazo deben ser coherentes con
los objetivos de desarrollo del Milenio, de tal forma que se pueda alcanzar
en 2015 la reducción de la pobreza extrema a la mitad no solo de acuerdo
con el criterio de la población que percibe ingresos inferiores al dólar de
paridad de poder adquisitivo, sino de acuerdo con la línea de pobreza
definida por la República Dominicana. Cabe destacar al respecto que en la
República Dominicana no existe una línea oficial de pobreza, por lo cual
distintas instituciones han adoptado sus propias definiciones en la materia.
Con una nueva institucionalidad de la política social debería solucionarse
este asunto, que es estratégicamente importante en la fijación de los criterios
y metas a alcanzar en la materia. Con una nueva institucionalidad de la
política social debería solucionarse este asunto, estratégicamente importante
en la fijación de los criterios y metas pertinentes.
La política social debe dejar de ser un tema especializado y convertirse
en un tema debatible por la opinión pública, que involucre a los beneficiarios
y que constantemente sea motivo de reflexión en diversos ámbitos y no
solamente en el político o el académico. Solo mediante una cultura política
que entienda la prestación de determinados bienes y servicios sociales como
un derecho exigible podrá la ciudadanía involucrarse y demandar una
rendición de cuentas acorde con la consolidación de una cultura democrática.
Se trata de un desafío que trasciende la esfera asistencial e involucra una
nueva manera de concebir la globalización e insertarse en ella, así como de
relacionarse con el Estado. En esta perspectiva los propósitos de desarrollo
con cohesión y equidad sociales suponen un vasto y sostenido esfuerzo
cultural, tanto en la dimensión político-democrática y del servicio público

46

CEPAL

como en la que se determina cada día más intensamente en las relaciones
multidimensionales que produce y reproduce la globalización de la economía
y la sociedad dominicanas. Dicho esfuerzo debería traducirse, en la práctica,
en la instauración de dispositivos legales e institucionales que permitan
“blindar” las políticas sociales frente a las variaciones coyunturales.
La educación y la salud deben ser garantizadas mediante programas
de cobertura universal, combinados con programas focalizados de reducción
de la pobreza extrema y con programas de desarrollo regional centrados el
fomento del empleo remunerativo que permitan superar los rezagos de las
regiones más pobres del país e impulsen una inserción más dinámica de
estas en los mercados nacionales e internacionales. La dimensión territorial
de las políticas sociales es, en efecto, crucial en el marco de las políticas
nacionales de cohesión.
La cohesión territorial es una condición necesaria para lograr la
cohesión social en la medida en que contribuye a reducir la discriminación
y la segregación social por razones de localización espacial y geográfica,
permite una movilidad fácil y sostenible sin discriminaciones y favorece
la redistribución de ingresos y oportunidades entre núcleos de población
situados en territorios diferentes. Los objetivos de cohesión social de la
República Dominicana son en gran medida inconcebibles sin el desarrollo
de su territorio. Y este, a su vez, es inviable sin el diseño y la aplicación de
una política activa de fomento del empleo remunerativo.

F. empleo como eje articulador de la
El
estrategia de desarrollo hacia 2030
El empleo es el principal factor de cohesión. Como tal, también debe ser el foco
de convergencia de todos los componentes de la nueva estrategia dominicana
de desarrollo. El empleo debe convertirse en un parámetro para establecer el
orden de prelación de las grandes decisiones de la política económica y social
del próximo cuarto de siglo en la República Dominicana.
Uno de los mayores desajustes del estilo de desarrollo que ha prevalecido
en las últimas dos décadas en la República Dominicana concierne a la
situación laboral y a la evolución del desempleo. A pesar de que la economía
ha observado períodos de alto dinamismo, sobre todo en la segunda parte
de la década de 1990 y tras la crisis de 2003-2004, la insatisfactoria evolución
del empleo permanece, al mantenerse la tasa de desempleo amplio en cifras
de dos dígitos, rondando en algunos momentos cerca de un 20% (véase
el gráfico I.1). Entre 1991 y 2006 la tasa de crecimiento medio anual del
producto real fue de un 5,8%, la tasa de desempleo medio fue de un 16,7%
y la del producto potencial de un 5,9% anual. Los cálculos efectuados con

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

47

Gráfico I.1
REPÚBLICA DOMINICANA: TASA DE DESEMPLEO Y CRECIMIENTO
DEL PRODUCTO, 1992-2007
(En porcentajes, tasas anuales)
19
14
9
4
-1
1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007
PIB

Desempleo

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de cifras oficiales.

la evidencia de este período señalan una tasa natural de desempleo (TND)
muy alta, en torno a un 16,5%.14
Es evidente que la economía ha sido incapaz de generar una adecuada
oferta de puestos remunerativos de trabajo ante una fuerza laboral con altas
tasas de crecimiento como consecuencia del cambio de la población, proceso
que deriva en una creciente población en edad de trabajar. Paralelamente
se han producido cambios en la estructura del mercado laboral debido al
propio proceso de cambio estructural de la economía, tanto interno como
externo. Del análisis realizado al respecto en este estudio se desprenden
ocho rasgos principales del mercado laboral dominicano después de casi
cinco lustros de intenso crecimiento del producto. Son los siguientes:

 El marco analítico de estas estimaciones es la llamada ley de Okun, que constituye una
respuesta cuantitativa a la observación empírica de que existe una relación inversa
entre producción y desempleo. Cuando el producto se encuentra en su nivel óptimo o
de pleno empleo, la tasa de desempleo observada es la tasa natural (TND), por lo que
las desviaciones respecto de este nivel corresponden a un desempleo cíclico. La TND
refleja fundamentalmente el desempleo friccional y asume que los principales problemas
estructurales del mercado laboral se encuentran en el empleo informal y el subempleo.
Como queda de manifiesto en este estudio, la informalidad ha crecido intensamente en
la economía dominicana. La metodología utilizada en las estimaciones que se realizan
en esta sección siguen los planteamientos propuestos por Ramos Francia y Chiquiart
(1999). A partir de la ley de Okun (expresión (1)) y los datos observados del desempleo
y del crecimiento en el producto, puede estimarse el crecimiento del producto de pleno
empleo, el cual permite generar una serie de producto potencial y posteriormente estimar
la TND.

14

48

CEPAL

1)  a presión generada por el acelerado crecimiento de la fuerza laboral
L
—como consecuencia del cambio de la pirámide demográfica—
exige que el esfuerzo de creación de empleo sea considerablemente
mayor en los próximos años, en los que deberá convertirse en un
objetivo prioritario de la política pública.
2)  os grupos de población favorecidos laboralmente por el patrón de
L
crecimiento de las últimas dos décadas han sido en particular el de las
mujeres de edad media y con niveles de educación media y superior,
así como el de los hombres con mayores niveles educativos.
3)  or su parte, los jóvenes y los trabajadores con muy baja calificación,
P
en particular las mujeres, enfrentan las mayores desventajas en
términos de oportunidades laborales.
4)  as remuneraciones muestran alta flexibilidad con el ciclo económico
L
y están sumamente determinadas por los niveles educativos, como
se demuestra en los análisis de rentabilidad de la educación. Se
mantiene una brecha salarial por género en detrimento del trabajo
femenino, si bien en los años reciente tiende a disminuir.
5)  l sector informal se ha expandido ampliamente en la economía
E
dominicana. Aunque predomina en los servicios y la construcción,
la informalidad tiende a extenderse a otras ramas. Como es de
esperar, se caracteriza en forma masiva por el predominio de trabajo
de poca calidad y precario, pero existe un segmento de trabajadores
por cuenta propia, por regla general profesionales, que obtienen
remuneraciones medias incluso superiores al sector formal.
6)  a migración hacia la República Dominicana ha aumentado de manera
L
considerable en los últimos años debido a la creciente movilidad
de la población haitiana. El carácter no documentado de estos
movimientos dificulta su medición. En todo caso, la composición
de estas corrientes de fuerza de trabajo, que en su mayoría están
constituidas por hombres jóvenes con baja calificación que se
ocupan en la construcción o en labores agrícolas, genera importantes
presiones en la parte inferior del mercado laboral dominicano al
disminuir el salario de reserva en dicho segmento del mercado.
7)  n cuanto a la emigración de dominicanos al exterior, los principales
E
efectos en el mercado laboral son la pérdida de fuerza de trabajo
calificado y su incidencia en los hogares receptores de remesas, en
los que se observa un aumento tanto del salario de reserva como
de la probabilidad de caer en el desempleo, en particular en las

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

49

zonas urbanas. Es necesario reducir la emigración de la fuerza de
trabajo calificada.
8)  ndependientemente de la medición utilizada para el desempleo, este
I
se mantiene alto y muestra poca sensibilidad al ciclo productivo.
Para los fines del presente estudio se realizó un análisis exploratorio
de las sendas del desempleo, en particular la TND, que se presentarían
en los tres escenarios de desempeño económico hacia 2030. Para realizar
dicho ejercicio se utilizaron los supuestos de crecimiento del PIB potencial
calculados para cada uno de estos escenarios. Los resultados son
los siguientes:
1)  scenario optimista: se considera un crecimiento del PIB
E
potencial del 6%, tasa marginalmente superior a la observada en
el período histórico de análisis, pero que asume un incremento
del capital físico y el humano, factor que tendría un quiebre en la
tendencia del empleo. En consecuencia, la TND estimada es de un
15,8% anual.
2)  scenario base: considera un crecimiento del producto potencial
E
del 4,0% anual, menor que el observado históricamente en los
últimos 15 años, con escasa variación de la acumulación de capital
físico y humano, lo que resulta en una TND estimada de un
16,8% anual.
3)  scenario pesimista: considera un crecimiento del producto potencial
E
de solo un 1,5% anual y un deterioro en la acumulación de capital
físico y humano. En este escenario la TND estimada sería de un
18,8% anual.
Los valores arrojados por las estimaciones para la TND resultan muy
altos, incluso en la hipótesis de crecimiento acelerado como el supuesto
en el escenario optimista. 15 En todo caso, estos resultados indican un
problema importante en términos de desempleo friccional en la economía dominicana.

 Esto obedece en parte al tipo de definición utilizada, que en República Dominicana incluye
a grupos desalentados que ya no están buscando trabajo activamente, por lo que se estaría
sobreestimando el desempleo. Si se define la tasa de desempleo abierta de acuerdo con los
criterios internacionales, existiría una diferencia media de aproximadamente 10 puntos
porcentuales menos. En consecuencia, si se utiliza este valor como una aproximación de la
diferencia entre la TND con desempleo abierto, las cifras estimadas para los tres escenarios
podrían rondar en los siguientes valores: 5,2%, 6,8% y 8,8%, respectivamente.

15

50

CEPAL

El análisis anterior fue complementado con una revisión preliminar
de la posible creación de nuevos empleos, para lo cual se realizó un ejercicio
de estimación de la creación de empleo a partir del cálculo de la elasticidad
empleo-producto. El valor obtenido para este parámetro es de 0,63, que se
encuentra en el rango de otras estimaciones para la economía dominicana y
para diversos paneles de países de la región. Este valor indica que ante un
aumento de un 1% del producto, la población con empleo deberá aumentar
un 0,63%, que en el escenario optimista equivaldría a la creación de alrededor
de 129.000 nuevos empleos en promedio al año. En otras palabras, con un
crecimiento anual medio del PIB potencial de un 6% se proyecta un crecimiento
del empleo de un 3,8%, ligeramente menor a la tasa de incremento estimado
de la fuerza de trabajo. Este ejercicio pone de relieve la necesidad de una
política explícita y activa de empleo para los próximos 25 años, a falta de
la cual no pueden esperarse modificaciones sustanciales de la estructura
y evolución del mercado de trabajo en las próximas décadas, creando un
riesgo creciente de deterioro de las condiciones laborales de la población y
por extensión de la cohesión social.
Ahora bien, la calidad de estos empleos y el nivel de las remuneraciones
no solo son producto del crecimiento, sino de las características que adquiera
dicho proceso. No es deseable aislarse del proceso de integración mundial
y apertura comercial y financiera —proceso que requiere impulsar a los
sectores exportadores así como a los receptores importantes de divisas—
pero la estrategia de desarrollo debe también promover la modernización
del aparato productivo orientado al mercado interno, buscando mantener
encadenamientos importantes con el sector exportador. En los siguientes
apartados se retoma este aspecto.
Además de garantizar condiciones macroeconómicas propicias para
la creación de empleo, la estrategia debe incluir medidas específicamente
dirigidas a incidir en el funcionamiento del mercado laboral. Dado que
una de las características del mercado laboral dominicano es un elevado
desempleo friccional, es imprescindible instaurar mecanismos eficientes que
permitan una más rápida y adecuada reincorporación de los desempleados
al mercado laboral. Esto requiere una mayor sincronización entre oferentes
y demandantes, para lo cual la información es esencial.
La estrategia más efectiva a largo plazo para reducir la segmentación
del mercado laboral dominicano es garantizar una mejor calidad del capital
humano. El factor educación es fundamental en este objetivo particular y,
de manera más amplia, en toda la estrategia hacia la instauración de un
estilo de desarrollo sostenido e incluyente. Es indispensable emprender
un esfuerzo nacional no solo para aumentar los años de instrucción de
la población, sino para aumentar la calidad de la oferta educativa. La

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

51

República Dominicana es uno de los países de la región con los índices
más altos de reprobación, por lo que es necesario implementar esquemas
que permitan abatirlos.
Hace falta realizar estudios detallados para detectar el perfil educacional
actual y futuro que demandará el aparato productivo y analizar la estructura
de la oferta educativa a nivel universitario y técnico para compaginarla
con la demanda futura. Esto debería reducir, a mediano y largo plazos, el
problema del desempleo en la población de más estudios que se ha venido
observando en la economía dominicana en los últimos años.
Las políticas de desarrollo productivo, que se consideran en los
siguientes apartados, aumentan la demanda de empleo de manera indirecta,
al mejorar el funcionamiento del aparato productivo. En este sentido son
relevantes las políticas orientadas a mejorar la situación de las pequeñas
y medianas empresas, la implantación regional y el desarrollo de ciertos
complejos productivos y los incentivos destinados a promover actividades
con uso intensivo de mano de obra, como el turismo y la construcción de
viviendas económicas. Los programas de capacitación laboral, crédito y
actualización tecnológica han probado su eficacia en otros países en el
segmento de las pequeñas empresas que se desempeñan básicamente en
mercados regionales o locales.
Con la nueva estrategia de desarrollo se deben diseñar políticas
específicas hacia el sector informal del mercado de trabajo. El fomento del
crecimiento económico es un recurso general para incorporar trabajadores
en los sectores modernos, pero la experiencia muestra que su efecto en la
generación de empleo formal es lento, sobre todo si se toma en cuenta la
abultada dimensión alcanzada por la informalidad económica en la República
Dominicana. Por ello, se requiere incrementar la capacidad productiva de
los trabajadores informales, a fin de incorporarlos plenamente al ejercicio de
la actividad económica, disminuir la heterogeneidad, mejorar la equidad y
disminuir la pobreza. Esta estrategia incluye el empleo rural agropecuario y no
agropecuario, aspecto en el que se profundizará en el siguiente apartado.

G.

Revaloración del sector agropecuario

En los últimos 15 años el crecimiento agropecuario sustentable sostenible
de la República Dominicana ha sido modesto y volátil. 16 Diversas
tendencias caracterizaron este período: la productividad media tendió a
estancarse o a disminuir en varios cultivos y fue menor que la de muchos
países competidores; factores climáticos como las sequías, inundaciones
 Es decir, el crecimiento sostenido en el tiempo, con rentabilidad para los productores y
preservando el medio ambiente.

16

52

CEPAL

y huracanes —Georges y Jeanne— afectaron su desempeño. En el mismo
lapso, la productividad media del sector fue declinante o se estancó en
la mayor parte de los principales cultivos, que utilizan un 75% del área
cosechada. La superficie cosechada total de los principales cultivos se
estancó en promedio anual 0,6% y su estructura se modificó.17
El Estado dominicano tradicionalmente ha apoyado al agro por medio
de diversos instrumentos fiscales y comerciales. El gasto público en riego,
investigación y extensión, el crédito agropecuario, las exenciones fiscales,
la protección arancelaria, las cuotas de importación y otros instrumentos
comerciales han tendido a favorecer a los productores. Sin embargo, los
apoyos han sido insuficientes ante los obstáculos y las tendencias adversas
que afectan al sector agropecuario y al medio rural.
Los precios reales al productor se redujeron en la mayoría de los
cultivos. La inversión sectorial ha sido baja, excepto en riego. Factores
internacionales como la baja de los precios en 1995-2000 y la reducción
de la demanda de Estados Unidos en 2001-2002, así como la crisis
bancaria dominicana en 2003 y 2004, tuvieron efectos adversos en los
precios al productor y de los insumos importados, además de contraer
el crédito. La devaluación del peso favoreció a los productos exportables,
pero en el pasado reciente la tendencia ha sido un peso apreciado en
términos reales.
La rentabilidad agropecuaria ha sido muy baja —menor que en otros
sectores— desde el segundo lustro de los años ochenta. Una estimación
de la rentabilidad media de la mayor parte de los productos agrícolas
muestra que en términos reales ha sido negativa en el lapso 1990-2006
para más de la mitad de los productos y muy baja para el 20%. Es más,
la rentabilidad media ha tendido a decrecer considerablemente entre los
períodos 1990-1995 y 2000-2006. Con ello, la capacidad de consumo y
ahorro de los productores agropecuarios se redujo, lo que explica en parte
la baja inversión, la pobreza y la emigración rurales.
La diversificación de productos y de mercados fue un logro
considerable después de 1990. Las proyecciones globales de mayor y más
calificada demanda de productos agrícolas son una oportunidad de expandir
la producción dominicana de exportación y proyectan mayores costos
para las importaciones de maíz y otros granos. El déficit agroalimentario
del comercio exterior ha sido volátil y se acentuó considerablemente
por el crecimiento acelerado de las importaciones de cereales y semillas
 Se expandió el área cultivada de arroz, cacao, café, ajíes, berenjenas, ñame, naranja, melón
y piña y se redujo la superficie de caña de azúcar, sorgo, habichuelas, tabaco, tomates,
yautía y yuca.

17

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

53

oleaginosas durante los 10 primeros años y el estancamiento de las
exportaciones agroalimentarias.
En el medio rural dominicano, en 2005, un 51% de la población rural
era pobre y un 29% se encontraba en condiciones de extrema pobreza. La
pobreza rural continúa siendo un gran desafío para las políticas de desarrollo,
pese al crecimiento de la economía de los últimos 15 años y tras la aplicación
de diversas políticas rurales y sociales. La desigualdad en la distribución del
ingreso creció los últimos años. La heterogeneidad entre los productores es
elevada. Los pobres tienen los más bajos índices de escolaridad y elevados
indicadores de desnutrición. Esta desigualdad es un freno al crecimiento
rural de la República Dominicana y conspira en contra de la cohesión social
en el medio rural.
Pese a estas tendencias, suele darse por sentado que el sector
agropecuario podrá seguir cumpliendo su papel de abastecedor de
alimentos, proveedor de diversos servicios ambientales, generador de
ingresos y empleos y productor de bioenergía, además de continuar
brindando los escasos medios de vida a la población pobre rural para que
no emigre. Pero, debido a la transferencia de sus excedentes por medio de
los precios, a la salida del capital humano más calificado, al bajo nivel de
la inversión rural, el financiamiento y los apoyos, no es realista considerar
que el sector podrá cumplir este papel. Para que enfrente el desafío de
crecer a tasas más elevadas y sostenibles hacia 2030 será necesario elevar
la prioridad política del sector y del medio rural y canalizar más recursos
y con mayor eficiencia.
De hecho, el análisis que se desarrolla en el capítulo VII de este
volumen muestra que la República Dominicana tiene un significativo
potencial para desarrollar hacia 2030 cadenas productivas agroforestales
que sean generadoras de más valor agregado, portadoras de competitividad
y capaces de participar competitivamente en el mercado global, el interno
y el turístico. Esta posibilidad es mayor en un contexto internacional de
precios agropecuarios al alza, como el que prevalece en 2008 y se avizora
en el futuro (aunque para el país significaría también enfrentar precios
elevados de las importaciones de algunos alimentos y fertilizantes). Algunas
de estas cadenas se encuentran ya en desarrollo y han ganado participación
en el mercado.
De la construcción de distintos escenarios de la trayectoria del producto
agropecuario (PIBA) hacia 2030, se evocan a continuación los resultados del
escenario optimista, aunque ciertamente difícil de cumplir, pues significaría
un giro radical en el estado de cosas que ha prevalecido por décadas; vale la
pena, pues, plantearse ese ambicioso objetivo, sus características y el esfuerzo

54

CEPAL

que implicaría para el país. El escenario supone un crecimiento sostenido
del PIB agropecuario (PIBA) a una tasa anual de un 5,5% 18 impulsado por
un incremento en la productividad. El PIBA por persona se eleva a un 5,9%
anual. En este escenario, el aumento del PIBA aprovecha el creciente valor
de la demanda internacional de alimentos (por efecto precio principalmente)
y la derivada de las zonas turísticas del país y es impulsado por una acción
concertada pública y privada para el desarrollo sostenible de cadenas
productivas agroindustriales. Existe un mejor manejo de suelos y el uso
más eficiente del agua y se recalca la prevención de los efectos de sequías
e inundaciones. Se presta especial atención a la cohesión social mediante el
aumento del capital humano —educación, capacitación y nutrición— y la
reducción de la desigualdad por medio de cambios en la política rural.
Este escenario supone un cambio fundamental en la política agropecuaria,
en cuanto a mayor asignación del gasto, en particular inversiones rurales,
y en su orientación, concentrándose, a la vez, en cadenas seleccionadas y
en los agricultores pobres. La cohesión social —reducción de la pobreza,
desnutrición y equidad rural— se convertiría en un parámetro importante
de la nueva política agrícola y rural. Los apoyos a los productores pecuarios
y agrícolas se elevarían inicialmente, para luego otorgarse de manera
decreciente, estimulando la eficiencia productiva. El período de transición del
Tratado de Libre Comercio entre la República Dominicana, Centroamérica y
Estados Unidos (DR-CAFTA, por sus siglas en inglés) se usa para fortalecer
la competitividad y mejorar la cohesión social.
Los supuestos básicos de este escenario de aprovechamiento del
potencial económico del sector agropecuario se resumen en lo siguiente: en
2008-2030 el gasto público agropecuario crece un 7% anual; los efectos del
cambio climático son mitigados por medio de nuevas prácticas de cultivo y
de prevención de desastres; el comercio agroalimentario global es dinámico,
los productos de exportación dominicanos tenderían al alza, con excepción
del tabaco y de los camarones; los requisitos de financiamiento, inversión
y gasto suponen que en 2030 el valor total alcanzado por estas variables
sería cinco veces mayor que en 2005; el crédito agropecuario se elevaría un
7,7% anual real; los nuevos criterios de cohesión social implícitos en esas
políticas facilitarían el acceso al financiamiento por parte de los pequeños
productores y de los agricultores pobres; la inversión extrajera directa se
elevaría casi un 4% anual en respuesta a la demanda global.
En este escenario la alianza público-privada concentra sus esfuerzos
en la consolidación de líneas productivas estratégicas y en el desarrollo
de nuevos cultivos y productos pecuarios. Se sustituyen importaciones de
 Esta tasa equivale a un 1% por encima del alto promedio alcanzado alrededor del año 2000.

18

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

55

alimentos y se consolidan y diversifican las ventas al exterior de alimentos
frescos y procesados. La República Dominicana gana mercados con productos
de mayor valor agregado al expandirse las industrias agroalimentarias.
El crecimiento del PIBA se expresa en un firme desarrollo de las
exportaciones no tradicionales de frutas. En los primeros años se recuperan
las exportaciones de azúcar, enfrentando favorablemente la competencia
de Centroamérica y México, y hay un desarrollo de la producción de
etanol. La producción intensiva de hortalizas de invernaderos se amplia
considerablemente y las cooperativas de agricultores pobres empiezan
a beneficiarse con esta tecnología. Gracias a esta estrategia, la República
Dominicana elevaría su competitividad y aprovecharía los mercados globales
y del DR-CAFTA. De manera creciente la oferta de frutas, vegetales, carnes
y productos pecuarios de calidad certificada también permitiría satisfacer
la demanda de los hoteles de las zonas turísticas.
Las cadenas pecuarias de carne bovina, de cerdo, aves y lácteos,
consolidarían su alto crecimiento de los últimos años. Aprovecharían la
demanda creciente y se verían fortalecidas por el mayor acceso al crédito, la
regulación de mercados y de la competencia externa desleal y las inversiones
en frigoríficos. La política de sanidad animal con alta prioridad en estos
años fortalecería la competitividad.
Los agricultores y productores pecuarios tendrían capacidad de
respuesta a la demanda internacional e interna ampliando la oferta de
bienes e integrando las cadenas a las agroindustrias y a los mercados de
Estados Estados Unidos, Japón y Asia. A largo plazo, la intensificación de
la competencia internacional entre países productores que podría afectar
a las exportaciones de la República Dominicana se ve superada por la
inversión en capital humano y el cambio a una elevada productividad de
cadenas seleccionadas. Las universidades y centros tecnológicos generarían
innovaciones y realizarían extensión y transferencia técnica entre productores,
en especial los pequeños y pobres.
La cohesión social aumentará en el medio rural y en el agro. Los salarios
reales agropecuarios podrían elevarse por la mayor productividad de la
mano de obra. También podría ampliarse la demanda interna de alimentos.
Esto, junto con la política agropecuaria de apoyo a los productores pequeños
y pobres, a la vez que aumentaría la producción, elevaría sus ingresos y la
pobreza rural se reduciría sensiblemente.
La población ocupada en actividades agropecuarias sumará unos
180.000 puestos de trabajo, aunque en términos relativos su participación
en el total declinará de un 20% a un 12%. Si bien el mayor dinamismo

56

CEPAL

productivo supondrá cierto aumento de la ocupación, la mayor
productividad laboral, el cambio técnico intensificando cultivos —que
demanda más mano de obra calificada y menos empleo no calificado— y
la mecanización de algunas actividades redundarán en un lento aumento
del empleo agropecuario.

H.

Integración industrial y competitividad

El modelo de inserción externa seguido por la República Dominicana en el
último cuarto de siglo ha generado enclaves dinámicos que tienen pocos
eslabonamientos con el resto del aparato productivo. Las exportaciones han
crecido a tasas de dos dígitos, mientras que el resto de la economía registraba tasas
sustancialmente menores, asimetría que se ha puesto gravemente en evidencia
ante la irrupción competitiva de China y otros productores asiáticos dinámicos.
Las zonas francas han sido y son un componente central del sector
industrial dominicano. De particular importancia para la economía es la
generación de divisas y la creación de empleos. Sin embargo, desde fines
de los años noventa enfrenta una serie de desafíos que lejos de resolverse
tiende a acrecentarse. En general, las empresas de estas zonas continúan
concentradas en actividades de bajo valor agregado y bajo contenido
tecnológico. Ante la pérdida de competitividad de la confección de prendas
de vestir, la diversificación hacia otros sectores ha resultado provechosa
en términos de empleo y divisas. Aun así, incluso la diversificación hacia
industrias consideradas de alta tecnología, como la electrónica, no ha llevado
a que en la República Dominicana se realicen procesos con uso intensivo de
tecnología y menos aún procesos de aprendizaje tecnológico en los eslabones
con más uso intensivo de conocimiento de la cadena de valor. En el caso
particular de la industria electrónica, como muestra la experiencia de México
y Costa Rica, un país puede exportar grandes cantidades de bienes finales
y aun así participar solo en los eslabones de la cadena de valor con uso
intensivo de mano de obra y en escala de producción, como es el ensamble
y la manufactura de altos volúmenes.
La diversificación de las zonas francas hacia actividades de servicios
(como los centros de llamadas) tampoco garantiza el tránsito hacia actividades
de mayor valor agregado o contenido tecnológico, además de que no ofrece
la posibilidad de crear tantos puestos de trabajo como alguna vez lo hizo la
confección de prendas de vestir. Si bien los salarios en este tipo de empresas son
mayores que en las actividades tradicionales de zonas francas, no involucran
procesos de aprendizaje en tareas con uso intensivo de conocimiento. La
notable expansión internacional de la industria de servicios de países asiáticos
como India ha estado fundamentada en servicios de mayor valor agregado,
como centros de diseño y de apoyo administrativo.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

57

La IED en las zonas francas dominicanas no ha sido explotada como
una fuente de conocimientos tecnológicos para la industria nacional. La
experiencia de Irlanda o Singapur muestra los enormes beneficios que
puede generar la presencia de empresas multinacionales que operan con
tecnología de punta. En el caso dominicano la mayor parte de la tecnología
transferida en zonas francas es en el área de tecnologías de organización
de la producción y, dada la falta de vinculación entre zonas francas y la
industria nacional, estos conocimientos no son diseminados fácilmente al
resto de la economía nacional.
Las exportaciones industriales dominicanas enfrentan una creciente
competencia tanto de países asiáticos como de la subregión. El análisis del
desempeño exportador muestra que seis de los 10 principales productos a
10 dígitos del sistema armonizado, exportados a Estados Estados Unidos,
fueron desplazados entre 2000 y 2006 por exportaciones de China, India,
México, Honduras y Nicaragua.
El sector exportador dominicano se encuentra en una encrucijada,
ya que sus mayores salarios relativos le dificultan competir con países de
la subregión, como Honduras y Nicaragua, y con países asiáticos también
con menores costos. Por otra parte, en industrias como la electrónica y
equipo médico enfrenta la competencia de México, país con una mayor
base industrial, mayor capital humano y aprendizaje acumulado en dichas
industrias. El gran reto es fortalecer la competitividad a través de cambio
tecnológico (innovación de producto y proceso) que permita incrementar
la eficiencia productiva y la calidad y ofrecer productos con mayor valor
agregado nacional.
La industria nacional, por su parte, enfrenta el imperativo de
modernizarse e incrementar su eficiencia. La dualidad entre zonas francas
y la industria nacional no solo radica en la marcada orientación exportadora
de las primeras y la reducida integración entre ambas; también en la calidad
y eficiencia productiva que caracteriza a las zonas francas, producto de
su inmersión en la competencia de los mercados internacionales y de las
cuales carecen un gran número de empresas de la industria nacional. La
firma del DR-CAFTA presenta enormes retos para la industria nacional.
Por una parte, la exportación, directa o indirecta, exige altos estándares
de calidad, capacidad de abastecer grandes volúmenes y cumplimiento
puntual de los tiempos de entrega. Por otra parte, la competencia en el
mercado interno, sobre todo en bienes estandarizados y con bajo valor
agregado, se intensificará.
Este conjunto de problemas revela la existencia de una serie de
dilemas estratégicos, cuya atención es por una parte inminente a corto plazo

58

CEPAL

y, por otra, estratégicamente necesaria ante la configuración de las nuevas
realidades productivas y comerciales generadas con la irrupción de los
nuevos actores de la economía internacional. Son varias las preguntas que
surgen al respecto sin que por ahora existan definiciones claras para la nueva
estrategia de desarrollo. ¿Conviene a la República Dominicana abandonar
la maquila de confección? Si la respuesta es positiva, ¿cómo hacerlo y cómo
sustituir su aporte al empleo, por ahora aún fundamental? ¿Cómo operar
una transición estratégicamente ordenada hacia otros segmentos de las
cadenas de valor, habida cuenta de la escasez de mano de obra calificada
y especializada?
El análisis de diversos indicadores de cambio tecnológico señala que,
en toda circunstancia, es necesario incrementar esfuerzos en la formación
de capital humano. También muestra que los recursos invertidos por la
República Dominicana en actividades de investigación y desarrollo son
extremadamente reducidos. En consecuencia, se obtiene un moderado
incremento de la productividad (y un incremento de la brecha con el principal
socio comercial, Estados Estados Unidos) y una baja tasa de innovación.
En la misma línea de las políticas implementadas en la segunda mitad
de los años noventa, en la presente década se han puesto en marcha o se le ha
dado continuidad a iniciativas encaminadas a fortalecer la competitividad de
la industria manufacturera dominicana (apoyo a la innovación; fomento a la
competitividad; fomento de las exportaciones; atracción de IED; promoción
de la calidad, y apoyo a pequeñas y medianas empresas.). Pero aún hay
grandes esfuerzos por hacer: los indicadores de cambio tecnológico no
muestran avances significativos; la competitividad de las exportaciones
dominicanas erosiona y no ha habido cambios estructurales importantes
hacia actividades de mayor valor agregado. Estas políticas presentan
debilidades que reducen su efecto esperado. Se identificaron al respecto
tres problemas principales:
Hay dispersión y poca coordinación entre las políticas de fomento
industrial y a la innovación. Existen iniciativas implementadas por más de
una oficina pública que persiguen fines similares, como el fortalecimiento
de la capacidad exportadora de las pymes y la incubación de empresas
en sectores de alta tecnología, cada una con fondos y estructura gubernamental propios.
Hay varias iniciativas que el gobierno ha puesto en marcha para el
fomento industrial y la innovación. Sin embargo, los recursos financieros
destinados han sido sumamente magros. Los fondos comprometidos por el
gobierno central son insuficientes para que las iniciativas tengan el efecto
esperado y se les pueda dar continuidad. Se tiene cierta dependencia de

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

59

la ayuda y préstamos de organismos internacionales y gobiernos de otros
países para la continuidad de dichas iniciativas.
El tercer problema es que las zonas francas, desde su concepción, han
sido entendidas como sustitutos y no complementos de la industria local.
Desde sus inicios, las zonas francas operaron como enclaves productivos con
escasa interacción con la industria nacional. Con las políticas de apertura
comercial, la inversión en zonas francas ha sido también considerada un
sustituto de la inversión local, en el sentido de que su atracción ha sido
considerada suficiente para que se generen todos los beneficios esperados
(transferencia de tecnología, encadenamientos productivos, transición hacia
actividades de mayor contenido tecnológico, entre otros). Además de crear
las condiciones para la llegada de IED y facilitar su instalación, no se han
hecho esfuerzos adicionales sistémicos para vincularla con el resto de la
industria nacional y promover el fortalecimiento de la capacidad nacional
(capital humano, inversión en ciencia y tecnología, empresas locales más
competitivas, entre otros) que haga más atractivo para las empresas extranjeras
el integrarse con la economía local en actividades de alto valor agregado.
En consecuencia, incluso las iniciativas más recientes persisten en tratar
por separado a las zonas francas de la industria nacional, contribuyendo a la
dualidad entre estos dos sectores de la industria manufacturera dominicana.
En la estrategia de desarrollo hacia 2030 será imperativo diseñar políticas
industriales que fomenten la complementariedad e integración entre estos
dos sectores.
La nueva estrategia de desarrollo industrial dominicana debería
caracterizarse por mayores y sostenidos esfuerzos en la formación de recursos
humanos y capacidades tecnológicas y por el fortalecimiento sostenido
del sistema nacional de innovación. En ella el gobierno deberá tomar un
papel estratégico, a través de políticas activas y recursos considerables
para las iniciativas, pero además se precisaría del concurso del sector
privado para crear o fortalecer alianzas con objetivos comunes. Además,
se debería guardar un alto grado de coordinación y coherencia con el resto
de las políticas públicas. La fuerte competencia de China y otros países
se enfrentaría orientando la producción a sectores o nichos de mayor
valor agregado y para los cuales se desarrollan ventajas comparativas. 19
 En 2007 fue publicado el “Plan Nacional de Competitividad Sistémica de la República
Dominicana”, el cual plantea una visión estratégica de desarrollo para el país basada
en la competitividad y la innovación. Su objetivo central es crear ventajas comparativas
sustentables y transitar hacia la consolidación del crecimiento económico sustentable con
desarrollo humano integral. El Plan se elaboró bajo la coordinación del Consejo Nacional
de Competitividad y estuvo a cargo del Instituto de Competitividad Sistémica y Desarrollo
(ICSI). Parte de la realización de un diagnóstico sistémico del posicionamiento competitivo

19

60

CEPAL

El objetivo declarado de esta estrategia es que hacia 2030 la industria
manufacturera dominicana haya transitado hacia actividades de mayor valor
agregado y contenido tecnológico, en industrias tradicionales y en nuevas
industrias. De igual manera, la dualidad entre empresas de zonas francas
e industria nacional tendería a desaparecer debido a la mayor integración
entre ambos sectores y al mayor desarrollo de capacidades exportadoras de
la segunda. Parafraseando de nuevo Arthur Lewis, las zonas francas podrían
escalar paulatinamente en el “elevador” del esquema maquilador, tanto dentro
del tradicional sector textil y de confección, buscando nichos dinámicos, de mayor
especialización, valor agregado y progreso técnico y, por tanto, mejores precios,
en los que el salario no es el factor determinante de la competitividad, como
también sobre la base de productos con mayor valor agregado en otros sectores
emergentes, como la electrónica o servicios diversos, que en el comercio mundial
están siendo muy dinámicos (similar al esquema de México y Costa Rica).
La industria nacional, a raíz de la apertura, pasaría en los próximos 25
años por un proceso de concentración, donde las empresas sobrevivientes
serían altamente competitivas en el mercado interno y en el exterior. Esta mayor
integración de las zonas francas y la industria nacional y la participación en
actividades que generan mayor valor agregado es un elemento central para
que la economía en su conjunto alcance altas tasas de crecimiento y genere
un número sustancialmente mayor de empleos remunerativos. La política
industrial deberá además garantizar que la IED sea un complemento para el
desarrollo de la industria local a través de encadenamientos y transferencia
de tecnología. La entrada en vigor en 2015 de los compromisos adquiridos
en la OMC no tendría así un efecto negativo en la República Dominicana
debido a que la IED buscaría las ventajas comparativas dinámicas que el
país habría desarrollado para entonces.

I.
Enfrentando cuellos de botella:
energía y desarrollo a largo plazo
La República Dominicana no cuenta con reservas probadas de petróleo para
garantizar una producción comercial, por lo que depende completamente de las
importaciones de petróleo crudo y sus derivados. También importa gas natural
y carbón. Las principales fuentes locales de energía son hidroelectricidad, leña,
residuos agrícolas, radiación solar, viento y el océano; con la notable excepción
de las dos primeras, las demás han sido escasamente aprovechadas.
de República Dominicana, y diseña una estrategia y plan de acción que, a su vez, se
concretan en una cartera de programas operativos y políticas públicas. Se abordan diversas
áreas, entre las que destacan: la industria de zonas francas; el fomento competitivo de las
exportaciones; la competitividad de las micro, pequeñas y medianas empresas, turismo,
agronegocios y el desarrollo del sistema nacional de innovación, entre otros.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

61

La dependencia externa en combustibles, aunada a una serie de
políticas públicas coyunturales y poco adaptadas a las características de las
industrias de la energía, han derivado en crisis recurrentes desde los años
setenta, que han hecho del sector un obstáculo para el desarrollo.
En los últimos años las autoridades pusieron en práctica reformas
que combinan la introducción de la competencia, el ingreso del sector
privado al sector y el retiro del Estado de las actividades empresariales para
concentrarse en la regulación, la fiscalización y la definición de políticas
públicas. Aunque esos cambios permitieron algunos avances notables en
la generación de electricidad, no se ha conseguido resolver problemas
sustanciales que impiden al país encauzar su desarrollo por una senda de
mayor sostenibilidad.
La ley general de electricidad de 2001 estableció el marco legal e
institucional para todo el sector energético, incluyendo petróleo, gas natural,
carbón y fuentes renovables de energía.
Con la finalidad de brindar al gobierno recursos para atender el
servicio de la deuda externa, se aplica un impuesto especial al consumo de
combustibles fósiles y derivados del petróleo.
En el caso de los combustibles para la generación de electricidad,
el gobierno interviene para matizar el efecto del aumento del precio del
petróleo, lo cual da origen a un subsidio. También se subsidia el gas licuado
de petróleo (GLP) para consumo residencial, lo cual crea un incentivo
económico para desviar una parte del producto hacia el transporte. 20 El
gas natural y el carbón están libres de impuestos. A las empresas (cerca de
60) que generan capacidad de hasta 15 MW se les permite la importación
directa de combustible, asimismo se les despacha fuel oil y gas oil exentos
de impuestos.
El precio en el mercado eléctrico mayorista se establece en función
de la oferta y la demanda. Para el consumidor final la Superintendencia
de Electricidad (SIE) fija las tarifas en función de los precios en el mercado
mayorista y la política de subsidios definidas por el poder ejecutivo.

 El 89,2% del consumo de GLP en el país corresponde a producto subsidiado absorbido
por hogares y vehículos. El restante 10,8% va a los sectores comercial e industrial que no
gozan de ese beneficio. Ese subsidio constituye una carga insostenible para el fisco. El
presupuesto de 2006 preveía 2.636 millones por ese concepto pero en la práctica llegó a
5.759 millones, principalmente por el aumento de los precios en el mercado internacional
y el alto consumo en el transporte.

20

62

CEPAL

Para proteger a los usuarios de la tendencia alcista del precio del
petróleo y sus derivados, en abril de 2000 el gobierno, a través de la SIE,
estableció una tarifa límite del 9% por encima de las tarifas básicas en el
momento de privatización; la diferencia entre la tarifa índice y la tarifa límite
fue asumida por el gobierno como un subsidio a los consumidores, lo que
originó una transferencia de recursos públicos a las empresas distribuidoras
y una deuda cada vez más abultada por los retrasos en dichas entregas. En
2003 el gobierno incrementó el subsidio para paliar los efectos negativos
de la crisis financiera.
El subsidio al consumo llegó a 22.441 millones de pesos en 2006, más
del doble que en 2004. El subsector eléctrico acaparó el 84% y el petrolero
el restante 16%. Esas subvenciones son una pesada carga para las finanzas
públicas. En conjunto representan un 2,2% del PIB y casi un 12% de los
ingresos corrientes del gobierno.
El sector energético adolece de una serie de problemas de importancia,
complejidad y urgencia variables, en diversos planos y según la cadena
productiva. Algunos son funcionales pero otros son estructurales Si se toman
las medidas adecuadas los primeros podrían solucionarse a corto plazo
aunque otros requieren un horizonte más lejano, lo cual significa entre 5 y 10
años, vistas las inercias típicas de las industrias de la energía. Pero también
se observan problemas estructurales que solo podrán encontrar solución
aceptable en un horizonte lejano que se extiende hasta 2030 y aún más.
En el subsector hidrocarburos el principal estrangulamiento a corto
plazo es el encarecimiento de la factura por importación de combustibles, en
razón del aumento del precio del petróleo en el mercado internacional. En el
subsector eléctrico el principal estrangulamiento a corto plazo es la insuficiencia
de ingresos para cubrir los altos costos del suministro de electricidad. Esa
deficiencia, que deriva en precios altos y escasa confiabilidad del servicio,
tiene su raíz en el robo de energía, fraude e incumplimiento en el pago de
facturas por parte de los usuarios formales o informales; el retardo en el pago
de los subsidios que el gobierno otorga a los consumidores; la disminución
del número de usuarios que emigran hacia el autoabastecimiento, y también
en las ineficiencias técnicas y los excesivos costos y márgenes aplicados por
generadores y distribuidores.
La política energética dominicana emplea la mayor parte de sus
capacidades y recursos institucionales y administrativos actividades orientadas
al mejoramiento funcional de la organización de los mercados, la regulación
y la administración de las empresas, actividades que corresponden a la
gestión del corto plazo. Las actividades orientadas a alcanzar los objetivos
permanentes del sector como la seguridad energética, la equidad social, el

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

63

cuidado del entorno natural y el equilibrio de poder entres los diferentes
actores, relacionados con el largo plazo, requieren en cambio inscribirse en una
concepción estratégica que defina objetivos más amplios de desarrollo.
De cara a 2030 el reto de la política energética consiste en establecer una
serie de medidas tendientes a corregir los desequilibrios a corto y mediano
plazo que aquejan al propio sector y, al mismo tiempo, sentar las bases de
una modernización para que las industrias de la energía sean capaces de
soportar e impulsar con bases sólidas el proceso de movilización y proyección
del potencial de desarrollo nacional en un sendero de crecimiento duradero
con equidad. Esas medidas también deberán inducir comportamientos
sostenibles del consumo y la oferta de energía, de manera que aceleren
algunas tendencias (como la sustitución de la leña en los hogares y el
aprovechamiento de las fuentes renovables) y la desaceleración de otras
(como el avance de los fósiles y las importaciones). También deberán mitigar
efectos negativos de tipo ambiental o social.
Atendiendo a los objetivos generales a largo plazo, la estrategia
propuesta en este estudio se enfoca a cumplir cinco objetivos específicos: 1)
disminuir la dependencia petrolera; 2) reducir los costos de abastecimiento;
3) elevar la confiabilidad y calidad del suministro; 4) ampliar a los hogares
el acceso a energéticos modernos y la posibilidad de consumirlos, y 5) elevar
la capacidad del Estado para garantizar que el sector energético cumpla
su cometido.
Se proponen siete estrategias para lograr todo lo anterior: 1)
sustitución de petrolíferos por otros energéticos nacionales o importados;
2) aprovechamiento de las fuentes locales de energía, fósiles y renovables;
3) programas de ahorro y uso eficiente de la energía; 4) ampliación y
mejoramiento de la infraestructura; 5) fortalecimiento de las autoridades
tutelares y regulatorias; 6) mejoramiento del marco institucional, legal y
regulatorio, y 7) cooperación internacional.
La política energética a largo plazo es el conjunto de ideales, objetivos,
prioridades, enfoques, medidas y criterios establecidos por el Estado para
orientar el funcionamiento del sector energético en un sentido que favorezca el
desarrollo económico, social, ambiental e institucional de acuerdo con la política
general de desarrollo y el proyecto de país. En el plano económico persigue la
eficiencia productiva, es decir, el menor costo posible a corto y largo plazos.
En esa dirección, la eficiencia técnica, organizativa y regulatoria es clave.
En el plano social se aspira a que las necesidades energéticas básicas
de la población sean cubiertas en su totalidad con una oferta suficiente,
flexible, diversificada y en condiciones de utilización razonables, lo cual sería

64

CEPAL

inútil sin solvencia económica y financiera de las familias para consumir
energéticos modernos. También se persigue que las rentas económicas ligadas
a la energía se distribuyan equitativamente y no agudicen la concentración de
la riqueza o la exportación de capitales. La energía puede y debe contribuir
a la reducción de las desigualdades sociales.
En el plano institucional se espera de las autoridades tutelares,
entes reguladores, directivos y trabajadores del sector, solvencia técnica
y administrativa, honestidad, transparencia y credibilidad, elementos
fundamentales para generar confianza y seguridad de que actúan en aras
del bien común y no de intereses particulares, de grupo, partido o de
otro país. La estrategia apunta a la consolidación de un sector energético
con reglas y operación transparentes, con prácticas honestas y de alta
productividad, que viabilice —y no sea cuello de botella— del desarrollo nacional.

J. busca de una especialización
En
internacional creciente
La República Dominicana se encuentra en un momento clave de transición
de sus vinculaciones económicas externas. Siendo una economía pequeña
y altamente dependiente del exterior, desde mediados de los años ochenta
y con más fuerza en los años noventa logró con relativo éxito un proceso
de integración a los mercados estadounidenses de bienes por medio de
importaciones temporales para su exportación. El turismo, los ingresos
por inversión extranjera directa, las remesas, los costos de los energéticos
importados y el desempeño de las manufacturas nacionales son las principales
variables que han afectado en forma significativa su balanza de pagos. En
torno a cada uno de estos factores se han registrado cambios en los últimos
años, que han producido efectos significativos en las pautas de inserción de
la República Dominicana en el mercado mundial: cambios en la organización
industrial y el comercio suscitados por la dinámica irrupción de China,
India y otros productores asiáticos; un desempeño incierto en las corrientes
de turismo como resultado de los atentados del 11 de septiembre de 2001
en Estados Unidos, costos crecientes de la energía que suponen que los
importadores netos —como es el caso de la República Dominicana— realicen
significativos desembolsos de divisas.
Las nuevas realidades de la economía política internacional han
puesto de manifiesto la fragilidad externa de la República Dominicana y
cuestionado dos de sus tres principales fuentes de divisas (exceptuando
las remesas), es decir, las zonas francas y el turismo. Asimismo, se ha
profundizado la falta de competitividad de los proveedores de las zonas
francas y del sector manufacturero local en su conjunto, manifestándose en

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

65

una baja del valor agregado interno añadido a las actividades en las zonas
francas y en un creciente déficit comercial del sector manufacturero local
desde los años noventa.
El análisis del sector externo de la República Dominicana desde los
años noventa y particularmente desde 2000 revela que es indispensable
vincular explícitamente el proceso de integración externa con procesos
competitivos y de cambio productivo que sean sostenibles a largo plazo.
A diferencia de décadas anteriores, en las cuales la simple integración al
mercado mundial por medio de exportaciones —sin medidas tendientes
a actuar sobre procesos, productos, sectores, tecnologías empleadas y
procesos de aprendizaje— era considerada condición suficiente para el
éxito, el comercio exterior de la República Dominicana debe abordarse
en la actualidad desde una perspectiva de competitividad sistémica,
incluidos los niveles de análisis micro, meso y macro. En este sentido —y
desde una perspectiva a largo plazo— en el presente estudio se identificó
una serie de propuestas de política encaminadas a garantizar hacia 2030
el cumplimiento de objetivos específicos de integración competitiva en la
economía mundial.
Algunas de las propuestas conciernen a los instrumentos, como
la elaboración de un programa de inserción externa 2030 que establezca
pautas, prioridades y métodos de evaluación anuales del sector externo y de
las principales variables micro, meso y macro. La perspectiva del programa
es transversal, incluyendo a secretarías de Estado y entes gubernamentales
vinculados con la competitividad del sector externo. También se sugiere
la inserción del tema de la competitividad del sector externo en los
principales ámbitos de la política pública: fiscal, monetaria, financiera,
energética, cambiaria, fomento de la IED, laboral, salarial, educativa. De
igual forma se propone la creación de un consejo de promoción de los
servicios de la República Dominicana que se convierta en el eje de una
nueva estrategia fundamentada y coordinada a largo plazo. El sector de
servicios, encabezado por el turismo, es actualmente el de mayor peso y
dinamismo externo en la República Dominicana y los diversos escenarios
planteados indican que continuará con este desempeño. El objetivo es dar
prioridad, desde una perspectiva macroeconómica y estratégica, al sector
de servicios y particularmente al turístico y sus actividades vinculadas.
Desde mediados de los años setenta el turismo cuenta con una ley y una
Secretaría de Estado que ha sido la encargada de fomentar el desarrollo de
la actividad en el país, lo que constituye ya una plataforma institucional
que puede ser sustancialmente potenciada.
En el ámbito del fortalecimiento institucional se sugiere reforzar el
Centro de Exportación e Inversión (CEI-RD), imprimiéndole el carácter

66

CEPAL

de organismo de inteligencia y fomento comercial que coordine, analice
y proponga los temas comerciales y de inversión extranjera, tanto de los
sectores nacionales como de las zonas francas y otros. El tema ya se ha
planteado en varias ocasiones y es de la mayor urgencia ante los diversos
retos que surgen en el comercio de bienes y servicios.
Con respecto a las zonas francas y el turismo las propuestas se
encaminan a tomar la medidas necesarias para fomenta su “escalamiento”
en el mercado internacional, es decir, a integrarse a segmentos de mayor
valor agregado con efectos positivos en los productos, procesos y en otras
variables como calidad de empleo, curvas de aprendizaje y competencia de
las actividades que actualmente se realizan.
Como ya se señaló en el apartado sobre la industria, la estructura
de las zonas francas dominicanas con certeza continuará modificándose a
corto y mediano plazo. El peso de la cadena hilo, textil, confección (HTC)
continuará descendiendo, mientras que otros sectores como calzado,
electrónica, dispositivos médicos y tabacos continuarán incrementando
su participación en el empleo y las exportaciones, aunque es probable que
no alcancen a sustituir la baja de las actividades de HTC. La República
Dominicana continuará enfrentando una creciente competencia en
productos básicos y productos sin mayor valor agregado, tal y como se
ha especializado la mayor parte de la HTC desde los años ochenta. Se
requiere un estudio detallado a nivel de empresas y por regiones en cuanto
a los procesos específicos y las condiciones, estrategias y el potencial de
cada uno de los segmentos y alternativas de las empresas para fomentar
su competitividad.
Un aspecto fundamental en el análisis y las propuestas concretas por
segmento de cadena de valor consiste en crear mecanismos e instrumentos
específicos para incrementar la integración de insumos y procesos locales
a los procesos y productos de las zonas francas. El DR-CAFTA no tendrá
efectos significativos en la cadena HTC —considerando los de por sí ya bajos
aranceles— y no existen estimaciones puntuales para estimar los efectos en
otras cadenas de valor.
Deben generarse proyectos y propuestas concretas de política para
fomentar activamente procesos e inversiones del sector de servicios en
las zonas francas, lo que ya de por sí justificaría la creación del consejo de
promoción de los servicios de la República Dominicana. Hace ya algunos
años que se inició en el mundo un proceso de transferencia de segmentos
de cadenas de valor en diversos servicios y se espera que se profundice
a mediano plazo. La República Dominicana debiera realizar un esfuerzo
para evaluar su experiencia con estos nuevos procesos y empresas y revisar

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

67

sus condiciones para participar activamente en dicho proceso, que por su
naturaleza podría tener efectos aún mayores que los manufactureros que
actualmente prevalecen en sus zonas francas.
En los años setenta el turismo recibió el apoyo oficial bajo el amparo de
la ley de 1973. En los años ochenta, al igual que las zonas francas, recibió un
trato privilegiado en materia cambiaria. Si bien a inicios de los años noventa
la reforma tributaria eliminó todas las exenciones tributarias del sector,
estas fueron nuevamente introducidas a partir del de 2001. Por su parte, en
la década actual el turismo se ha constituido como la principal fuente de
divisas netas en la balanza de pagos del país. Igualmente, el turismo es el
sector que parece mejor posicionado para generar mecanismos de arrastre
con otros sectores de la economía dominicana, tales como la agricultura, la
producción de bienes tradicionales y artesanales, la creación de infraestructura
y comunicaciones y, por tanto, para impulsar la creación de empleos. Esta
actividad también posee grandes posibilidades de coordinación con las
políticas de cohesión territorial.
El ingreso de divisas tanto como el número de empleos directos
e indirectos generados por el turismo han crecido interrumpidamente
en las últimas tres décadas en la República Dominicana (véase el cuadro
I.2). Solo entre 1990 y 2007 el valor global de sus ingresos en dólares se
multiplicó por un factor de casi cinco veces y el empleo total casi se duplicó.
La información disponible indica, además, que el efecto multiplicador de
esta actividad se incrementó, pues mientras que, entre 1980 y 1995, por
cada empleo directo se creaban dos indirectos, en los años subsiguientes
esa relación escaló a 2,5.
Cuadro I.2
INGRESOS Y EMPLEO EN EL SECTOR TURISMO
DE LA REPÚBLICA DOMINICANA, 1980-2007
Empleo generado
(personas)

Año

Ingresos turismo
( millones de dólares)

Total

Directo

Indirecto

1980

172,6

20 388

6 796

13 592

1985

451,0

32 364

10 788

21 576

1990

817,6

88 549

28 564

59 985

1995

1 570,8

126 458

36 131

90 327

2000

2 860,2

167 170

47 763

119 407

2005

3 518,3

172 116

49 176

122 940

2007

4 025,5

190 259

54 359

135 900

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de datos
oficiales.

68

CEPAL

Si se considera que el turismo se ha convertido desde finales de los
años noventa —y ante la baja de la dinámica de las zonas francas— en el
principal sector con superávit de la balanza de pagos, el sector requiere
instituciones de apoyo, financiamiento y una mayor presencia estratégica en
los sectores público y privado de la República Dominicana. Su aporte actual
a la economía y la sociedad en términos de inserción externa competitiva y
de empleo ya es fundamental. Los escenarios sectoriales y del sector externo
elaborados hacia 2030 para este estudio confirman la enorme capacidad real
y potencial de integración del sector agropecuario a la demanda del sector
turismo: la economía nacional actualmente llega a proveer el 28,6% de las
frutas, el 13,4% de los abarrotes y un 16,1% de las carnes consumidas por el
sector hotelero. Se asume —aunque no existe mayor información al respecto—
que el sector manufacturero nacional tiene diversos encadenamientos y un
importante potencial en rubros como muebles, infraestructura, reparación
de equipo y diversos servicios. Es por tanto apremiante crear un programa
específico para mejorar y profundizar los vínculos y el suministro del sector
agropecuario al hotelero. Aquí, de nuevo, podrían desencadenarse efectos
positivos para la producción y el empleo del agro.
El desarrollo del turismo en la República Dominicana consolidó en
los últimos 10 años un patrón de negocios altamente concentrado por un
número reducido de operadores de viajes, aerolíneas y canales de distribución,
que ejercen un fuerte control sobre las perspectivas de la actividad y con
frecuencia da lugar a prácticas anticompetitivas. La integración vertical de
los negocios turísticos es otro factor que afecta el desarrollo del sector en la
República Dominicana, que como destino es parte de una cadena de valor
de las empresas que persigue reducir sus utilidades limitando las “fugas”
hacia terceros. Las corporaciones turísticas que tienen sus propias agencias de
viajes, líneas aéreas, hoteles captan un porcentaje elevado del gasto erogado
por cada turista, que no ingresa al país. 21 En el horizonte de la nueva etapa
de desarrollo de la República Dominicana, resulta indispensable pensar
estratégicamente una nueva organización de la actividad turística, de manera
que compatibilice los intereses de todos los operadores internacionales con
un mayor derrame interno y un incremento del valor agregado interno.
Aunque se considera que en los próximos años aún habrá demanda del
tipo servicios turísticos que hoy son dominantes en la República Dominicana,
también se estima que una porción significativa de turistas está buscando
otros tipos de productos, como el turismo sostenible y ecológico, el cultural,
de salud, de cruceros o el deportivo, entre otros. Es indispensable establecer
 Algunos especialistas estiman que ese porcentaje puede alcanzar hasta el 80% del gasto total
realizado por los turistas extranjeros que viajan por cuenta de un operador internacional.
Véase R. Cosrten, “Multilateralism at the Crossroads” ponencia en el Simposio de la
Organización Mundial de Turismo, Ginebra, mayo de 2004 (www.world-tourism.org).

21

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

69

estrategias y programas activos destinados a captar estos segmentos de la
demanda internacional. El diseño de dichas estrategias tendrá que incorporar,
por necesidad, las correspondientes previsiones en materia de infraestructura
física, humana e institucional.
A corto y mediano plazos, la industria turística dominicana debe
continuar extrayendo valor y beneficios de la organización turística del
modelo “todo incluido”, sobre cuya base sigue descansando en una alta
proporción. Como país, la República Dominicana debe desarrollar una
estrategia integral a largo plazo que propicie un escalamiento de su actual
modelo de organización sectorial, incluida la prevención de turbulencias
inesperadas y la creación de dispositivos de respuesta rápida a la creciente
competencia de otros destinos turísticos.
Por último, pero no por ello menos importante, la estrategia para hacer
más eficiente y competitiva la inserción de la República Dominicana en el
mercado mundial propone emprender actividades encaminadas a ampliar
la diversificación de su comercio exterior. Las tendencias de sus corrientes
de exportación e importación revelan que en la presente década China y
Haití —dos economías tan distantes y tan distintas— están cobrando una
importancia creciente como socios comerciales. En consecuencia, se sugiere
asumir estas realidades comerciales e incorporarlas en la estrategia comercial
a mediano y largo plazo de la República Dominicana.

K. República Dominicana en 2030:
La
la imagen de una nación más cohesionada,
competitiva y desarrollada
La posibilidad de mantener en los años por venir un ritmo de crecimiento
económico que garantice la convergencia internacional de la economía
dominicana y se materialice en un incremento sostenido del bienestar
interno y la cohesión social supone el diseño y la ejecución de una estrategia
a largo plazo que incorpore objetivos explícitos y coherentes en materia
institucional, social y productiva. Como se muestra en los capítulos de este
libro consagrados a cada uno de estos temas, el primer objetivo hacia 2030
es sentar las bases de un proceso sostenible, comprometido con el progreso
y la cohesión social de la nación dominicana. El conjunto de propuestas
contenidas en este estudio configuran una agenda para el cambio cuya posible
adopción contribuiría a sentar las bases de un nuevo ciclo de reformas para
el progreso y la modernización integrales del país.
De aplicarse un programa integral y sistémico de reformas como
las sugeridas en este estudio, en efecto, es posible concebir, en el horizonte
de 2030, que la República Dominicana transite hacia un estadio de mayor

70

CEPAL

desarrollo, justicia y democracia, al haber superado parte de los grandes
obstáculos que enfrenta en la actualidad para convertir el crecimiento
económico en bienestar para la mayoría de la población. Esto podría ser
posible si se construyen la capacidad social y los entornos institucionales
necesarios para desencadenar el potencial económico y productivo de la
nación. En este sentido, fueron identificadas siete líneas de acción prioritarias
que la CEPAL propone para el futuro del país.
1)  ejoramiento de la calidad y la eficacia de las instituciones. Las
M
propuestas de reforma formuladas, en la lógica de la modernización
del Estado, persiguen ampliar los espacios de gobernabilidad
democrática e instaurar mecanismos más eficaces a favor de la
transparencia, la probidad y rendición de cuentas. Sobre esa base,
hacia 2030 el funcionamiento y los resultados de la democracia
dominicana deberían ser en términos generales más satisfactorios
para la población y en consecuencia el panorama político debería
caracterizarse por una estabilidad más consolidada. Por efecto
de las reformas institucionales, el contenido de la oferta política
para procesar las diferencias de intereses propias de un sistema
democrático deberá ser más congruente con la búsqueda efectiva
de bienestar para la mayoría de la población.
2)  ncremento sostenido de los niveles de cohesión social y territorial.
I
El fortalecimiento de la institucionalidad democrática deberá incidir
en el proceso de construcción de la ciudadanía, garantizando a
la población el pleno ejercicio de sus derechos sociales. Sobre la
base de las propuestas que se avanzan al respecto en el estudio,
la sociedad dominicana debería tornarse en el próximo cuarto de
siglo más igualitaria de lo que hoy es. Pero esto solo será cierto
si la gran inequidad en la distribución de la riqueza empieza a
corregirse sólidamente. Hacia 2030 debería estar en plena operación
un contrato social a favor de la cohesión social y territorial, que
garantice un umbral de protección social a todos los dominicanos y
que sea compatible con el nivel de desarrollo y los márgenes reales
de redistribución y transferencia entre sectores; que instrumente
formas concretas de solidaridad en función de criterios de edad,
género, condición laboral, ingreso y grado de vulnerabilidad;
que garantice el despliegue de una institucionalidad social con
suficiente autoridad y legitimidad; que haga valer principios de
solidaridad en la regulación fiscal y tributaria; que sobre la base de
estos principios vele por la optimización social de los aportes a los
sistemas de protección contributivos; que avance en la progresividad
del gasto social y las cargas tributarias, y que fije estándares
sobre los efectos en materia de cohesión social que produzcan los

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

71

incrementos de recursos, que el Estado deberá asumir como una
obligación derivada del pacto.
3)  romoción activa del empleo pleno y productivo y el trabajo
P
decente. Las oportunidades de acceso a los mercados laborales deben
ampliarse de manera efectiva y en forma significativa, erigiéndose
en un mecanismo directo de inclusión social. Las propuestas
persiguen integrar este objetivo como una meta indispensable
y prioritaria de toda la política pública. Las políticas de cambio
productivo que se proponen, incluida la definición de un perfil de
inserción internacional más eficiente, deberán propiciar aumentos
sostenibles de la productividad media de la economía y ampliar
su capacidad de absorción laboral, con trabajos de mejor calidad
y mayores remuneraciones. Las políticas de fomento del empleo
deberán sustentarse en un proceso más eficiente de formación de
capital humano, para lo cual es indispensable una reasignación de
los recursos públicos y privados que hoy se consagran a estos fines.
Hacia 2030, el promedio de años de estudio de la población deberá
elevarse al menos a 13, con un aumento de la inversión social tanto
en la formación de infraestructura como en capacidad institucional
en materia educativa y capacitación para el trabajo.
4)  ecuperar y modernizar al sector agropecuario. La meta de
R
las propuestas sugeridas en este sector se orientan a mejorar en
forma integral y sostenible su productividad, de manera que esté
en condiciones de aprovechar las favorables condiciones de la
demanda mundial de alimentos y la mayor demanda interna. La
concertación de la acción pública y privada se considera decisiva para
el desarrollo sostenible de cadenas productivas agroindustriales. En
los próximos 25 años, deberá instaurarse un modelo de desarrollo
agropecuario caracterizado por un mejor manejo de suelos y un
uso más eficiente del agua, dotado de mecanismos eficientes de
prevención y adaptación de los efectos del cambio climático y los
desastres naturales. Por su parte, la política rural deberá tener un
énfasis particular en el mejoramiento de la cohesión social mediante
el aumento de las inversiones en capital humano y físico (educación,
capacitación, salud, nutrición, infraestructuras, servicios básicos).
En la perspectiva de desarrollo adoptada en este estudio, el sector
agropecuario está llamado a ser uno de los pilares básicos del
mejor desempeño económico y social de la República Dominicana
hacia 2030.
5)  ortalecer estratégicamente el tejido industrial y su capacidad
F
competitiva. La propuesta general de dar prioridad a las políticas

72

CEPAL

públicas en la construcción de capacidad social durante el próximo
cuarto de siglo tiene una de sus expresiones programáticas más
concretas en la formación de capacidad tecnológica y de un verdadero
sistema nacional de innovación. En un entorno internacional
sumamente competitivo y sujeto a un permanente proceso de cambio,
la industria dominicana está obligada a definir una orientación
estratégica hacia sectores o nichos de mayor valor agregado en torno
a los cuales deberá desarrollar en el próximo cuarto de siglo ventajas
comparativas. La propuesta sectorial persigue que hacia 2030 se
haya configurado un nuevo sector manufacturero dominicano, que
haya escalado posiciones en distintas cadenas de valor, acrecentando
su contenido tecnológico, tanto en el segmento de las industrias
tradicionales como en el de las nuevas industrias. La dualidad
entre empresas de zonas francas e industria nacional tendrá que
haberse diluido para entonces, debido a su mayor integración y
al mayor desarrollo de capacidades exportadoras del conjunto.
Dicha integración y la participación en actividades que generan
mayor valor agregado será un elemento central para sostener el
crecimiento general de la economía y la absorción productiva del
crecimiento de la fuerza de trabajo.
6)  eestructurar las bases institucionales y operativas del sector
R
energético. El éxito de la nueva estrategia de desarrollo dominicana
supone la corrección definitiva de los principales desequilibrios del
sector energético. La modernización y reorganización que se propone
de las industrias de energía se conciben como una base estratégica e
indispensable del proceso de desarrollo. Hacia 2030 la oferta de energía
deberá estar garantizada de acuerdo con estándares internacionales
de calidad. De acuerdo con las líneas de acción sugeridas en este
estudio, la política energética debe acelerar la sustitución de la leña
en los hogares y el mayor aprovechamiento de las fuentes renovables
e incidir en una menor utilización de otras fuentes de energía, como
las fósiles y de manera general las importadas. Un componente
activo y explícito de dicha política debe ser la mitigación de los
efectos negativos del sector en el medio ambiente.
7)  iseñar una estrategia a largo plazo y dispositivos institucionales
D
para una inserción eficiente en la economía internacional. En este
ámbito se pretende garantizar que en 2030 la República Dominicana
tenga una inserción económica internacional competitiva y flexible.
Se propone para ello la creación de una serie de dispositivos
institucionales al servicio de una estrategia de integración externa
eficiente y sostenible, basada en una perspectiva sistémica con pautas,
prioridades, objetivos y métodos de evaluación del desempeño

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

73

del sector externo y las principales variables que lo afectan a nivel
territorial. Como en el caso de las políticas de cohesión social,
en lo referente a la estrategia del sector externo la perspectiva
de operación también es transversal e incluye por lo tanto a las
diversas secretarías de Estado y organismos gubernamentales
vinculados directa e indirectamente con el sector externo. En este
sentido, es indispensable desarrollar altos grados de coordinación
y de congruencia a favor de la competitividad internacional de
la economía en cinco ámbitos principales: el macroeconómico; el
mesoeconómico e institucional; el microeconómico, con especial
énfasis en el fomento de procesos de escalamiento productivo de
las zonas francas y el sector turismo; el desarrollo tecnológico y
la capacitación, y la diversificación efectiva del comercio exterior,
tanto en productos como en mercados. Este conjunto de dispositivos
estratégicos deberá propiciar que la inserción económica de la
República Dominica sea gestionada en 2030 de manera proactiva y
por consiguiente con capacidad de anticipación ante las condiciones
cambiantes del mercado mundial.
Cada una de estas siete líneas de acción se funda y justifica por
sí misma. Su conjunto constituye un programa estratégico de desarrollo
que atiende por igual el corto, mediano y largo plazos. Hacerlo operativo
requiere un alto nivel de coordinación que evite traslapes administrativos
y garantice la eficiencia en la utilización de los recursos y la capacidad.
El sentido fundamental de esta estrategia tiene una faceta doble. Por una
parte, preservar sobre bases renovadas y sostenibles una de las principales
fortalezas de la experiencia dominicana de desarrollo en las últimas dos
décadas, que es el dinamismo sostenido por la economía, y por la otra parte,
corregir una de sus principales debilidades estructurales, que consistió en
que dicho dinamismo no se acompañó de un incremento proporcional del
bienestar interno, la equidad y la cohesión social.

74

CEPAL

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La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

77

Capítulo II

Convergencia económica

Introducción
El propósito de este capítulo consiste en analizar los escenarios económicos
probables de la República Dominicana en el mediano y largo plazo. En la
exposición se hace una somera referencia a algunos antecedentes teóricoanalíticos y se identifican ciertos hechos estilizados de las experiencias y
de los procesos de crecimiento acelerado y convergencia internacional,
así como la dinámica de crecimiento de la República Dominicana y las
condiciones para su acercamiento a las economías más importantes a escala
internacional y regional. Con base en el modelo econométrico construido
para este ejercicio, se examinan tres posibles escenarios hacia 2030. Dadas
las tasas vigentes y las previstas de expansión demográfica, se definen metas
cuantitativas de las variables económicas y financieras clave (componentes de
oferta y demanda, precios, tipo de cambio, tasas de interés, requerimientos
financieros, entre otras), dando lugar a: i) un escenario base, o “tendencial”,
cuya trayectoria proyecta la continuación de la inercia de largo plazo de la
economía, de acuerdo con el desempeño del último cuarto de siglo, ii) un
escenario optimista, o “deseable”, que supone la posibilidad de acelerar la
tasa histórica de crecimiento, y iii) un escenario pesimista, o de “riesgo”,
construido sobre la hipótesis de un eventual deterioro de los fundamentos
macroeconómicos.
En la definición del modelo econométrico estructural para la República
Dominicana (REDO), se tomaron en cuenta las relaciones económicas clave

78

CEPAL

con el fin de identificar la trayectoria probable de las variables objetivo
necesarias para la construcción de los escenarios, de las variables exógenas
y de los instrumentos de política (internas y externas no controlables
directamente o no determinadas por el modelo); también se consideraron
otras, como la evolución de la economía de Estados Unidos (crecimiento
económico y tasas de interés), los precios internacionales del petróleo y el
flujo de transferencias desde el exterior.1

A.
Crecimiento económico y proceso
de convergencia en el último medio siglo
En los años recientes se ha desarrollado un debate sobre las condiciones
iniciales y las fuentes del crecimiento económico de largo plazo de la
economía mundial, de los países y de las regiones. El debate es un resultado
de los planteamientos teóricos de los modelos de crecimiento exógeno y
endógeno, que han derivado en la discusión empírica sobre la existencia o
no de convergencia. En general, la hipótesis de convergencia se ha utilizado
para explicar la tendencia de las brechas en el ingreso por habitante entre las
naciones (Barro, 1991 y Barro y Sala-i-Martin, 1990 y 1995) y, en otros casos,
para entender el diferencial productivo y los mecanismos de transmisión de
la tecnología entre países, industrias y empresas (Baumol, 1986; De Long,
1988; Bernard y Durlof, 1990, y Bernard y Jones, 1996).
En términos teóricos, la hipótesis de convergencia deriva del modelo de
crecimiento neoclásico con rendimientos de capital decrecientes (Ramsey, 1928;
Cass, 1965; Koopmans, 1972, y Solow, 1956), que predice que las economías
(países, sectores, regiones, empresas, y otras unidades) menos productivas
(pobres) crecen más rápido que las de un nivel productivo mayor (ricas), y
por tanto en el largo plazo tienden al mismo nivel de ingreso (productivo,
tecnológico, y demás). En contraste, los modelos de crecimiento endógeno
suponen que cuando una economía presenta rendimientos de escala creciente,
se provoca crecimiento de largo plazo sostenido, cuya consecuencia podría
ser un proceso de divergencia respecto de las economías caracterizadas por
crecimiento exógeno.
La investigación empírica utiliza una amplia variedad de métodos para
probar la hipótesis de convergencia, pero los más usuales se relacionan con
los conceptos de convergencia sigma, beta y estocástica. La convergencia sigma
consiste en calcular la desviación estándar del logaritmo del producto interno
bruto (PIB) por habitante o su coeficiente de variación con el fin de identificar
si la convergencia disminuye (aumenta) con el tiempo. Cuando la evidencia
genera una respuesta afirmativa (negativa) se confirma la existencia de un


1

En el CD ROM que acompaña a este libro se presenta la estructura del modelo REDO.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

79

proceso de convergencia (divergencia). El concepto de convergencia beta
indica que el parámetro de la función que relaciona el crecimiento del PIB
por habitante con el logaritmo PIB por habitante inicial debe ser negativo
para que se observe un proceso de acercamiento a la media (Barro, 1991
y Barro y Sala-i-Martin, 1990 y 1995). A este parámetro se le conoce en el
modelo neoclásico de crecimiento exógeno (Swaine, 1998) como la velocidad
de ajuste al estado estacionario. Y finalmente, la convergencia estocástica
mide la asociación de los movimientos permanentes entre dos economías,
que se determina por elementos aleatorios (Bernard y Durlauf, 1990). Si la
asociación entre las economías disminuye con el tiempo, entonces existe un
proceso de convergencia. En cambio, si la diferencia se mantiene o aumenta
aceleradamente, entonces no existe convergencia.2
1.

La experiencia internacional

La dinámica económica mundial, el proceso de la Unión Europea y el
surgimiento como potencias económicas de los países del sudeste asiático,
son los marcos histórico-analíticos necesarios para identificar por lo menos
dos casos de la experiencia internacional sobre el proceso de acercamiento
a una economía líder. El primero es el proceso de convergencia de España
con el líder económico de la Unión Europea, Alemania; el segundo está
representado por la República de Corea respecto de Japón, el líder económico
asiático.3 El estudio de estos dos casos permite identificar algunos hechos
estilizados que sirven como parámetros generales —y nada más— de cómo
se puede reorientar el rumbo de desarrollo de un país como la República
Dominicana si se adoptan reformas y estrategias adecuadas. De ninguna
manera se sugiere que sean experiencias replicables en el contexto dominicano
del primer cuarto del siglo XXI.4


2



3



4

Así, la convergencia estocástica difiere de la convergencia b tradicional porque no evalúa
si las economías menos desarrolladas se acercan a las más ricas (Cellini y Scorcu, 1998).
La convergencia estocástica se ha utilizado para analizar los procesos de convergencia
con las economías líderes y el indicador de análisis que se usa es la razón del logaritmo
del PIB por habitante . Esto es, una economía i converge con una economía líder l, Ryi,t=yi,t
/ Ryl,t, si la relación de los PIB por habitante siguen los siguientes patrones: a) si Ryi,t es
igual o tiende a uno, entonces la economía i es igual o converge con la economía líder; b)
si Ryi,t es mayor que o se aleja de uno, entonces la economía i diverge de la economía de
la economía líder, y en términos teóricos se puede considerar una economía líder; y, c) si
Ryi,t es menor que o se aleja de uno, entonces la economía i diverge de la economía líder. La
relación Ryi,t también suele analizarse como el logaritmo, por lo que el valor de referencia
ahora es el cero y las tendencias son básicamente las mismas.
Para el análisis económico comparativo internacional se utilizan la variable del PIB por
habitante en paridad de poder de compra (PPP) a precios constantes de 2000, con el
método de Laspeyres, que se identifica con la variable rgdpl en el Penn World Tables
6.2 de Heston, Summers y Aten.
Apenas es necesario mencionar la importancia de estas diferencias de contexto. El proceso
de convergencia español tuvo un impulso decisivo con la adhesión de este país a la entonces

80

CEPAL

a) La Unión Europea, España y Alemania

Los estudios empíricos sobre el crecimiento y los procesos de convergencia
muestran cómo la diferenciación de los ritmos nacionales de crecimiento
amplió las brechas de desarrollo entre países. En el curso del último medio
siglo este fenómeno propició la aparición de algunos casos exitosos, que
alcanzaron “el milagro” de lograr tasas de crecimiento muy superiores a la
media mundial, en tanto que otros países, localizados en África principalmente,
enfrentaron un “desastre económico” al experimentar un acelerado descenso
relativo de su PIB por habitante. Las consecuencias de estos desempeños
dispares se reflejaron en una mayor dispersión del PIB por habitante
(divergencia) en el mundo, en un proceso de convergencia en los países de
la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)
hasta 1975 y luego en una tendencia al estancamiento de la desigualdad,
que se mantiene en términos generales hasta la fecha (De la Fuente, 1996)
(véase el gráfico II.1).
Gráfico II.1
EUROPA: CRECIMIENTO EN PIB POR HABITANTE PROMEDIO, 1950-2004
7
6
5
4
3
2
1
0
2004

2001

1998

1995

1992

1989

1986

1983

1980

1977

1974

1971

1968

1965

1962

1959

1956

1950

-2

1953

-1

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.
Nota: Por la falta de información sobre Alemania, el promedio del PIB por habitante de 1950-1969 es con
15 países y de 1970-2004 abarca a16 países.

La tendencia del crecimiento económico en Europa, con una muestra
de 16 países,5 ha sido muy similar al comportamiento mundial, con ciclos
que terminaron en crisis económicas en 1958 y en 1975. Pero aun con estas



5

Comunidad Económica Europea, que entre otros hechos implicó el beneficio económico y
financiero que suponen los fondos de cohesión comunitarios. El proceso de convergencia
de la República de Corea, por su parte, es inseparable de las condiciones geoestratégicas
propias de las últimas fases de la Guerra Fría y su conjunción con una estrategia de desarrollo
cuyas características y rasgos fundamentales tienen un gran contenido idiosincrásico.
Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Irlanda, Países Bajos,
Portugal, Reino Unido, Suecia, Finlandia, Italia, Noruega y Suiza.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

81

crisis, el crecimiento promedio europeo fue muy intenso de 1950 a 1970. A
raíz de la crisis de 1974-1975 la dinámica económica de Europa se revierte
hacia ciclos de crecimiento económico más cortos en las décadas de 1980 y
1990. Desde fines de esta última, la economía europea se encuentra en un
ciclo de crecimiento estabilizado en torno a una tasa anual promedio de 2,4%.
En el período 1950-1979 el crecimiento económico europeo se acompañó
de un proceso de convergencia (véase el gráfico II.2), tendencia que desaparece
en la década de 1980. La divergencia alcanza su nivel más alto en 1986; después
se retoma la ruta de convergencia, aunque con una menor velocidad.
Gráfico II.2
EUROPA: DISPERSIÓN EN PIB POR HABITANTE, 1950-2004
45
40
35
30
25
20
15
10
5
2004

2001

1998

1995

1992

1989

1986

1983

1980

1977

1974

1971

1968

1965

1962

1959

1956

1953

1950

0

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.
Nota: La disparidad se mide con el coeficiente de variación, que se define como la desviación estándar
entre la media del grupo de países.

El crecimiento económico de España desde las década de 1990 ha sido
moderado en comparación con el de los treinta años de posguerra. El ritmo
acelerado de los años cincuenta, sesenta y setenta condicionó el proceso de
convergencia de España con las economías líderes de Europa (Alemania) y
del mundo (Estados Unidos). En el gráfico II.3 se presentan las relaciones
entre el PIB por habitante de España con Alemania y Estados Unidos. Se
observa que el crecimiento económico acelerado (6% promedio anual) de
1950-1970 llevó a la economía española a un nivel de PIB por habitante muy
cercano al de estas dos economías líderes. En 1950 la economía española
representaba 26,4% del PIB por habitante de Estados Unidos, en 1975 esta
proporción subió a 58,8%. Con respecto a Alemania no existe el indicador
del PIB por habitante hasta 1970 en la base de datos de PWT 6,2, pero de
acuerdo con el estudio de Cuñado (1997) de 1950 a 1960 existe un proceso de
convergencia y entre 1960-1970 de divergencia. El PIB por habitante español
representaba 75,5% del alemán en 1975. El proceso de convergencia con
Alemania se detuvo en los siguientes 15 años, pero la evolución posterior
a 2000 indica claramente su reanudación.

82

CEPAL

Gráfico II.3
CONVERGENCIA EN PIB POR HABITANTE DE ESPAÑA
CON LAS ECONOMÍAS LÍDERES DE EUROPA Y EL MUNDO, 1950-2004
0,9
0,8
0,7
0,6
0,5
0,4
0,3
0,2
0,1

España--Alemania

2004

2001

1998

1995

1992

1989

1986

1983

1980

1977

1974

1971

1968

1965

1962

1959

1956

1953

1950

0

España--Estados Unidos

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.

b) Asia, la República de Corea y Japón

Las economías del Este y el Sudeste de Asia crecieron aceleradamente
y por encima del promedio mundial desde el inicio de la década de 1960
hasta mediados de los años noventa (Radelet, Sachs y Lee, 2001). Las ocho
economías más dinámicas fueron la provincia china de Hong Kong, Singapur,
la provincia china de Taiwán, la República de Corea, China, Malasia, Tailandia
e Indonesia. La tasa de crecimiento anual promedio de este grupo de países
fue de 5,5% entre 1965 y 1995. Este destacado desempeño económico suele
atribuirse, en términos generales, a la acumulación del capital físico, que
se manifiesta en una productividad total de los factores muy superior a la
de los países desarrollados (Hee y Kim, 2000). También se menciona que la
calidad de las políticas y de las instituciones fue muy importante para lograr
que ciertas reformas estructurales, como la apertura comercial, provocaran
un rápido desarrollo económico.
Las disparidades entre los países asiáticos son estructurales y
tendencialmente diferentes a las que presentan los países europeos (véase el
gráfico II.4). El coeficiente de variación de los países asiáticos es prácticamente el
doble con respecto al de los países europeos, lo que indica que las disparidades
son más pronunciadas en Asia. Se observa que en el período de crecimiento
sostenido de los años sesenta se incrementaron las disparidades entre los
nueve países asiáticos incluidos en el gráfico; también se observa que con
el ajuste económico de 1974 éstas tendieron a disminuir consistentemente.
La tendencia de las disparidades es diferente si en la muestra de países se

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

83

Gráfico II.4
ASIA: CRECIMIENTO EN PIB POR HABITANTE PROMEDIO, 1960-2004

12
10
8
6
4
2
0
-2

Asia con nueve países

2003

2000

1997

1994

1991

1988

1985

1982

1979

1976

1973

1970

1967

-8

1964

-6

1961

-4

Asia sin Japón

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.
Nota: Los países de Asia son la provincia china de Hong Kong, Singapur, la provincia china de Taiwán, la
República de Corea, China, Malasia, Tailandia, Indonesia y Japón.

elimina a Japón. En este caso, el proceso de divergencia se extiende hasta
1983, para luego revertirse hacia el proceso de convergencia que continúa
hasta 2003. Algunos estudios han mostrado que la convergencia existente
entre los países asiáticos es del tipo condicional, lo que significa que hay un
acercamiento de las economías al tiempo que cada una de ellas encuentra su
propia ruta al equilibrio de largo plazo (Kim, 2001). Esta evidencia implica que
las predicciones del modelo de crecimiento exógeno se cumplen en los países
asiáticos, en contraposición con las del modelo de crecimiento endógeno.
Otro resultado sobre el desempeño de los países asiáticos presentadas
en el gráfico II.5 es que en el período de divergencia las disparidades son
mayores si se considera a Japón y lo contrario sucede en el período de
convergencia. Ello indica que la dinámica de los ocho países asiáticos trajo
como consecuencia un acercamiento económico hacia Japón, considerado
la economía líder de la región.
El crecimiento económico de la República de Corea y su proceso
de convergencia hacia las economías líderes de Asia y del mundo
tiene particularidades y semejanzas con el proceso de España. En la
comparación del PIB por habitante de la República de Corea con Japón
aparecen las peculiaridades del proceso de acercamiento en el período
1950-1970. A diferencia de lo ocurrido en el caso español, en esta fase
inicial no se registra un proceso de acercamiento sino de divergencia: en
1953 la economía coreana representaba 47,3% de la economía japonesa,
proporción que en 1970 había caído a 21,2%. La tendencia divergente

84

CEPAL

Gráfico II.5
ASIA: DISPERSIÓN EN PIB POR HABITANTE, 1960-2004
90
80
70
60
50
40
30
20

Asia con nueve países

2002

1999

1996

1993

1990

1987

1984

1981

1978

1975

1972

1969

1966

1963

0

1960

10

Asia sin Japón

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.
Nota: Los países de Asia son la provincia china de Hong Kong, Singapur, la provincia china de Taiwán, la
República de Corea, China, Malasia, Tailandia, Indonesia y Japón.

Gráfico II.6
CONVERGENCIA EN PIB POR HABITANTE DE LA REPÚBLICA DE COREA
CON LAS ECONOMÍAS LÍDERES DE ASIA Y EL MUNDO
0,8
0,7
0,6
0,5
0,4
0,3
0,2

República de Corea--Japón

2004

2001

1998

1995

1992

1989

1986

1983

1980

1977

1974

1971

1968

1965

1962

1959

1956

1953

0

1950

0,1

República de Corea--Estados Unidos

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.

ocurrió a pesar de ser la República de Corea una economía en expansión,
ya que paralelamente en Japón se observaba un crecimiento acelerado. A
partir de 1970 comienza la convergencia de la economía coreana con la
japonesa. La característica principal de este proceso es que la República de
Corea sostuvo un ciclo económico de más de cuarenta años, intensificado
a fines de la década de 1970, antes de la crisis de 1998. Como resultado, la
relación de la economía coreana con respecto a la japonesa pasó de 21,2%
en 1970 a 72,6% en 2004.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

85

En cuanto al proceso de convergencia de la economía coreana con la
de Estados Unidos, se observan algunas similitudes con el caso de España.
Ambos procesos fueron de larga duración; de hecho, se extendió 40 años
en la República de Corea antes de alcanzar su nivel más alto (1996). En tal
período, la República de Corea redujo 40 puntos porcentuales de diferencia
en el PIB por habitante con respecto a Estados Unidos.
c)Crecimiento y convergencia en América
Latina y la República Dominicana

La historia del crecimiento económico a largo plazo de América
Latina muestra a esta región como una de las más dinámicas en los años
cincuenta, característica que se fue perdiendo en las décadas posteriores.
Esta trayectoria queda de manifiesto en la evolución del PIB por habitante
de 20 países latinoamericanos.6 En el gráfico II.7 se aprecia la evolución del
crecimiento económico a lo largo de este período, en tanto que el gráfico
9 da cuenta de la dispersión del PIB por habitante. Se advierte un proceso
débil de convergencia entre 1957 y 1973. En el grupo de países del Cono
Sur, el proceso de convergencia se extiende hasta 1990, año en el que se
registra el valor mínimo del coeficiente de variación. Lo contrario sucede
con el grupo de Centroamérica y el Caribe, donde prevalece hasta 1982 un
proceso de divergencia.
Las crisis de 1981-1982 precipitaron la llamada “década perdida”, que
se sintetiza en el desplome de la tasa histórica de crecimiento de la región.
En los años noventa se inicia la recuperación del crecimiento, pero en un
contexto general de mayor volatilidad. En especial resalta la relación entre
mayor crecimiento y volatilidad en Centroamérica y el Caribe (Solimano
y Soto, 2003; gráficos II.7 y II.8). Cabe destacar que en 2003 se alcanzó el
coeficiente de variación más alto para Centroamérica y el Caribe.
Como lo consignan diversos trabajos de la CEPAL, durante este
mismo período en la región se fue consolidando de manera progresiva un
ambiente de estabilidad macroeconómica en el que la inflación tendió a la
baja y los indicadores de pobreza y desempleo mostraron ciertas mejorías
en algunos países. Sin embargo, la alta pobreza relativa y la inequidad
continúan persistentes en la región (CEPAL, 2006).
Por su parte, el análisis de la dinámica económica de la República
Dominicana desde 1950 se puede dividir en siete períodos:7


6



7

Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y
Trinidad y Tabago en Centroamérica y el Caribe; Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia,
Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela en el Sudamérica.
Esta periodización se basa en la propuesta de Lizardo y Guzmán (2003).

86

CEPAL

Gráfico II.7
AMÉRICA LATINA: CRECIMIENTO EN PIB POR HABITANTE PROMEDIO, 1950-2004

10
8
6
4
2
0
-2

América Latina

2003

2000

1997

1994

1991

1988

1985

1982

1979

1976

1973

1970

1967

1964

1961

1958

1952

-6

1955

-4

América del Sur

Centroamérica y el Caribe

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.
Nota: Los países de América Latina considerados son 18, a América del Sur pertenecen 10 y los otros 8
son de Centroamérica y el Caribe.

Gráfico II.8
AMÉRICA LATINA: DISPERSIÓN EN PIB POR HABITANTE, 1950-2004
80
70
60
50
40
30
20

América Latina

Centroamérica y el Caribe

2003

2000

1997

1994

1991

1988

1985

1982

1979

1976

1973

1970

1967

1964

1961

1958

1955

0

1952

10

América del Sur

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.
Nota: Los países de América Latina considerados son 18, a América del Sur pertenecen 10 y los otros 8
son de Centroamérica y el Caribe.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

87

i) período 1950-1958 se caracteriza por crecimiento económico en
El
el marco de un gobierno dictatorial centralizado. El aumento de
la inversión amplía la base de capital del país, lo que se traduce
en un significativo incremento de la relación capital/trabajo; al
mismo tiempo se elevan los años de escolaridad promedio de la
población mayor a 10 años de edad.
ii) período 1959-1968 está marcado por la decadencia de la dictadura
El
y la inestabilidad política y económica. La producción decrece con
mayor variabilidad, desciende la inversión pública y la inversión
privada es muy inestable. Con todo, la escolaridad vuelve a
registrar incrementos importantes.
iii) período 1969-1973 es de alto dinamismo. La economía se
El
expande a un ritmo anual de 11,3%. El PIB industrial aumenta
su participación en la producción agregada bajo la influencia
de una política explícita en un contexto de expansión de las
exportaciones de azúcar y minerales, que se benefician de los
altos precios externos y la ampliación de los mercados.
iv) el período 1974-1978, aunque la economía empieza a mostrar
En
síntomas de debilitamiento, el PIB por habitante avanza a un
ritmo anual de 5,01%, la inversión privada y pública mantienen
cierto dinamismo y la escolaridad promedio se eleva 2,9%.
v) quinto período, 1979-1991, se caracteriza por una franca caída del
El
ritmo de crecimiento y la aparición de crisis fiscales y cambiarias.
La inversión privada y la pública se reducen y la inflación se acelera
por la presencia de distorsiones en el mercado de divisas.
vi)
Entre 1991 y 2000 la economía se expande a un ritmo anual
de 6,5%, uno de los más altos de la región latinoamericana. La
inversión privada aumenta de forma acelerada y se regustra
una entrada masiva de inversiones extranjeras directas. En esta
fase el crecimiento se apoya principalmente en nuevos sectores
clave: zonas francas, turismo y telecomunicaciones. Además,
se observa un marcado descenso en el crecimiento de la escolaridad promedio.
vii) n el período que abarca 2001-2006, el crecimiento promedio
E
de la economía es menor debido al efecto de la crisis de 2003,
la más pronunciada de la historia económica reciente de la
República Dominicana. En comparación con la fase precedente,
en ésta se registra una notable caída de la inversión pública

88

CEPAL

Cuadro II.1
REPÚBLICA DOMINICANA: CRECIMIENTO DEL PIB
Y DE LOS FACTORES PRODUCTIVOS, 1950-2006
(Porcentajes)
PIB real

PIB real por
habitante

Total

Capital total
privado

Público

Años
promedio de
escolaridad

1950-1958

6,43

6,43

6,89

6,85

6,97

5,44

1959-1968

3,24

0,24

3,42

5,27

1,66

2,82

1969-1973

11,29

5,84

9,85

12,11

6,94

2,61

1974-1978

5,01

5,01

10,12

11,60

7,78

2,90

1979-1991

2,92

0,59

5,27

6,05

3,75

3,67

1992-2000

6,49

2,27

7,37

6,88

8,55

1,21

2001-2006

4,69

2,79

1,29

0,88

4,79

1,00

Fuente: Lizardo y Guzmán (2003) y cálculos propios para el período 2001-2006.

y privada. La tasa de crecimiento promedio en los años de
estudio experimenta otro descenso. Debe señalarse que las tasas
promedio de este período no reflejan la dinámica recuperación
observada en 2005 y 2006, bienio en el que se obtuvo el más alto
crecimiento de los últimos 19 años en un contexto caracterizado
por un pronto restablecimiento de la confianza y la estabilidad macroeconómica.
d) El proceso de convergencia de la República Dominicana

¿Qué ocurrió en la República Dominicana durante los últimos 50
años en materia de convergencia-divergencia económica? Para responder
esta cuestión se utilizarán como países de referencia a España y la República
de Corea, por su importancia internacional en este tema, además de tres
países de América: Estados Unidos (el mayor poder económico mundial),
México (la mayor economía de la subregión mesoamericana) y Costa Rica
(la economía con los más altos índices de desarrollo de Centroamérica).
Con las tres economías del continente americano, la República Dominicana
mantiene relaciones muy extensas.
En el largo plazo (1950-2004) la República Dominicana presentó
procesos de divergencia con respecto a España y la República de Corea,
de convergencia con México y de convergencia débil con Estados Unidos.
Con respecto a Costa Rica también se observa un proceso de convergencia
consistente en todo el período.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

89

Gráfico II.9
CONVERGENCIA DE LA REPÚBLICA DOMINICANA CON ECONOMÍAS LÍDERES
2,0
1,8
1,6
1,4
1,2
1,0
0,8
0,6
0,4

2004

2001

1998

1995

1992

1989

1986

1983

1980

1977

1974

1971

1968

1965

1962

1959

1956

1953

0,0

1950

0,2

R.D.--Costa Rica
Línea de convergencia/divergencia
R.D.--México
R.D.--República de Corea
R.D.--España
R.D.--Estados Unidos

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de Penn World Table versión 6.2.

En 1953 el PIB por habitante de la República Dominicana era 33,3%
mayor al de la República de Corea y representaba 61,7% del mexicano,
52,3% del español, 16,2% del estadounidense y 66,4% del costarricense.
Poco más de medio siglo después, este indicador se había acercado al
costarricense (llegando a 83%), al mexicano (85,5%) y, en una medida mucho
menor, al estadounidense (19,4%). En cambio, se alejó drásticamente del
coreano, respecto del cual el PIB por habitante dominicano, la invertirse al
relación, pasó a representar 39,9% , y también cayó la proporción con el de
España (32,2%).
Ahora bien, cada proceso tiene aspectos particulares. Con España hay
una convergencia acelerada de 1950 a 1970; luego la relación entre los PIB
por habitante ha sido muy inestable y cíclica: así, la proporción del PIB por
habitante de la República Dominicana con respecto al de España ha fluctuado
entre 30% y 40%. Con la República de Corea el resultado es interesante
porque el PIB por habitante de la República Dominicana fue mucho mayor
por alrededor de 20 años, de 1953 a 1975, con un pico alcanzado en 1962,
cuando llegó a superarlo en 80%. En contraste, a partir de 1975, la proporción
se contrajo de forma continua, y se revirtió al punto de que en 2003 el PIB
por habitante dominicano ya sólo representaba 39% del coreano.

90

CEPAL

Con México el proceso de convergencia también es singular. Entre
1950 y 1990, y en un marco de constantes fluctuaciones, el PIB por habitante
dominicano equivalió en promedio a 60% del mexicano. En realidad, el
proceso de convergencia del PIB por habitante de la República Dominicana
hacia el de México ocurre después de 1990, cuando el primer país entra en
un período de expansión económica significativa y el segundo experimenta
la mayor crisis económica de su historia reciente (1995).
La comparación entre los PIB por habitante de la República Dominicana y
Estados Unidos muestra una convergencia débil durante todo el período, debido
a que la relación pasó de 17,7% a 19,4%. De hecho, la relación se ha mantenido
con muchas fluctuaciones y no existe una tendencia claramente definida.
En cambio, la República Dominicana y Costa Rica han seguido un
proceso de convergencia económica de casi medio siglo. No obstante,
hacia principios de los años ochenta la economía dominicana dio un salto
importante hacia un nivel superior de convergencia económica con este país
centroamericano. A partir de entonces la economía dominicana ha mostrado
una mayor capacidad de generación de riqueza, lo que le permitió a fines
de aquella década acercar sustancialmente su nivel de ingreso con el de
Costa Rica. En los años noventa cambió la dinámica de las dos economías
y el proceso de convergencia se debilitó relativamente, aunque cobró un
nuevo impulso en lo que va del presente siglo.

B.
Escenarios económicos y posibles
senderos de convergencia de la
República Dominicana hacia 2030
La experiencia de los procesos de convergencia de España y la República
de Corea con las economías líderes revela que para alcanzar ese objetivo
es indispensable satisfacer ciertos requisitos, en las condiciones propias de
cada país, al menos en tres ámbitos: el del cambio institucional,8 el de la
acumulación de capital físico9 y el de formación de capital humano. Antes
de describir los resultados del escenario deseable de convergencia de la
República Dominicana, conviene referir brevemente los hechos estilizados
y las diferencias de estas dos experiencias de la economía internacional.


8



9

En el ejercicio prospectivo que se presenta en este apartado, el cambio institucional se
identifica, por necesidades metodológicas (véase el anexo 1), en términos del “tamaño
del gobierno”. La variable utilizada en este caso es el consumo del gobierno. Como se
muestra de manera extensa en el capítulo III de este libro, el cambio institucional que se
requiere está lejos de limitarse a esta dimensión, y en el caso de la República Dominicana
incluye toda una variedad de reformas de la arquitectura jurídico-institucional y de la
gobernabilidad democrática.
La variable utilizada es la inversión total.

Cuadro II.2

 
22,32
1,10

17,14
16,17
1,06

España

Alemania
 

1,07

Comparación

1,31

17,86

23,43

 

1,01

31,53

31,97

 

1,23

0,54

9,04

4,85

 

1,03

8,78

9,09

 

0,46

9,20

4,24

 

0,70

10,12

7,06

 

-1,91

-0,19

-2,10

 

-2,33

0,77

-1,57

 

-1,40

0,55

-0,85

 

-0,05

-0,14

-0,19

 

4,77

0,28

5,04

 

2,31

-0,46

1,85

 

0,97

-0,02

0,95

 

3,69

-1,27

2,42

 

Fuente: Elaboración propia con base en datos de Penn World Table versión 6.2 y las estimaciones de Barro y Lee (2000).
Nota:  ara el indicador de años de estudio se utiliza el período 1990-2000 para el análisis de España-Alemania y 1960-1975 para España-Estados
P
Unidos. Para el caso de la República de Corea-Japón es 1975-2000 y de la República de Corea-Estados Unidos 1960-1995.

16,45

Estados Unidos

 
17,57

República de Corea

Rep. de Corea-Estados Unidos: 1950-1995

0,98

13,66

Japón

Comparación

13,37

 

0,70

República de Corea

Rep. de Corea-Japón: 1970-2003

Comparación

12,94
18,54

España

Estados Unidos

17,25

21,21

 

España-Estados Unidos: 1950-1974

Comparación

24,47

 

España-Alemania: 1994-2003

2,57

1,14

3,71

 

3,12

0,90

4,03

 

1,00

0,94

1,94

 

0,97

0,33

1,30

 

Consumo
Inversión total
Años de estudios Consumo
Inversión total Años de estudio
del gobierno Proporción del PIB 15 años y más del Gobierno Proporción del PIB 15 años y más

Tasas de crecimiento media anual

DETERMINANTES DE LOS PROCESOS DE CONVERGENCIA EN ESPAÑA Y LA REPÚBLICA DE COREA. INDICADORES CLAVE

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
91

92

CEPAL

En el cuadro II.2 se aprecian las estructuras y las tendencias de aquellas
tres variables clave de los procesos de convergencia de España y la República
de Corea.10 En todos los casos se exponen los valores medios de los períodos
de análisis. También se presentan las tasas de crecimiento media anual de
estos indicadores, con el fin de mostrar sus tendencias.
Los períodos de convergencia identificados para España van de 1994 a
2003 con respecto a Alemania y de 1950 a 1974 con respecto a Estados Unidos.
En el caso de la República de Corea se extienden de 1970 a 2003 con Japón
y de 1950 a 1995 con Estados Unidos. Cabe resaltar de esta periodización
que la convergencia de ambos países con Estados Unidos fue un proceso
de largo plazo: 24 años para España, 45 años para la República de Corea.
En la actualidad, el proceso de convergencia de estos dos países con la
mayor potencia mundial parece haber detenido su progresión de largo
plazo, además de estar sujeto a fluctuaciones. En cambio, los procesos de
convergencia de España y la República de Corea con sus respectivos líderes
regionales continúan con tendencias crecientes.
De la experiencia de convergencia de España y la República de
Corea con respecto a Estados Unidos después de 1950, destacan las
siguientes características:
a) promedio para todo el período, España muestra un tamaño
En
de gobierno más pequeño y la República de Corea uno más
grande que el de Estados Unidos. Sin embargo, se observa que
tanto España como la República de Corea tendieron a disminuir
su tamaño de gobierno en comparación con Estados Unidos:
España redujo la porción del PIB representada por el gobierno a
un ritmo anual promedio de 0,85%, en tanto que la República de
Corea hizo lo propio a un ritmo anual de 2,1%. Esta evolución
sugiere que la trasformación institucional del gobierno asumió
un papel relevante en el proceso de convergencia de ambos
países.
b) inversión física y la acumulación de capital son aspectos
La
relevantes en el proceso de convergencia de estos dos países con
Estados Unidos. Como proporción del PIB, las inversiones de
España y de la República de Corea fueron, en promedio, 23%
y 31% más altas que las de Estados Unidos. En particular, la
acumulación de capital físico en proporción del PIB alcanzó en
la República de Corea: la proporción del PIB un notable aumento
 Las variables de gobierno e inversión como proporción del PIB provienen del Penn World
Table (versión 6.2) y los años de estudio promedio de la población mayor de 15 años, de
la base de datos de Barro y Lee (2000).

10

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

93

anual promedio de 5,04%, con lo que el coeficiente respectivo
pasó de 10,9% en 1950 a 42,9% en 1995.
c) las primeras tres décadas de la posguerra la apertura externa
En
no fue un factor tan significativo como pasaría a serlo desde los
años ochenta. En España y la República de Corea, la proporción
del PIB representada por este sector fue 25% y 113% más alto
que en Estados Unidos. En ambos países, la apertura externa
como tal se profundizó sustancialmente desde el inicio de la
década de 1980.
d) información sobre los años de estudio promedio de la población
La
mayor de 15 años evidencia que tanto España como la República
de Corea se encuentran por debajo del nivel de escolaridad de
Estados Unidos. No obstante, las tasas de crecimiento de los
años de estudio de la República de Corea indican un proceso
de mayor acercamiento a los niveles de Estados Unidos. En el
conjunto del período al que se está haciendo referencia, la tasa
del crecimiento anual promedio de esta variable de la República
de Corea fue de 3,71% y la de España de 1,94%.
En cuanto a los procesos de convergencia de España y la República
de Corea con respecto a los respectivos líderes económicos regionales,
deben señalarse las diferencias contextuales de cada uno de ellos: mientras
que el proceso español comenzó en los años noventa, el coreano arrancó
dos décadas antes. Tomando en cuenta este dato, las características más
importantes de ambos procesos son las siguientes.
i) tamaño de gobierno de España y de la República de Corea
El
con respecto a Alemania y Japón, respectivamente, es muy
parecido. Aun así, se observa que las tendencias de España y de
la República de Corea son muy diferentes.Mientras que España
tendió a ampliar el tamaño relativo de su gobierno desde la
década de 1970 para converger alrededor del 18%, la República
de Corea lo disminuyó hasta una proporción del 11% en 2003.
Estas trayectorias revelan que la trasformación institucional
del gobierno desempeñó un papel relevante en el proceso de
convergencia de ambos países, pero lo que es más importante,
muestra también que no hay una regla sobre el tamaño óptimo
de gobierno.
ii) España y la República de Corea las inversiones alcanzaron un
En
promedio de 24,5% y 31,9% del PIB, respectivamente, porcentajes
que, en cada caso, resultan muy cercanos a los de Alemania y

94

CEPAL

Japón. En este rubro también sobresale la acumulación de capital
físico lograda por la República de Corea: con aumentos anuales
promedio de 5,6% en la relación inversión-PIB, el coeficiente pasó
de 18,7% en 1970 a 33,1% en 2004, que es el período considerado
en este caso.
iii) sus respectivos procesos de convergencia regional, la apertura
En
externa representó un factor de suma importancia tanto para
España como para la República de Corea. En proporción del PIB,
el sector externo de España arrojó un promedio de 54,37%, que
fue menor al de Alemania; en la República de Corea se ubicó en
43,4%, mucho mayor que el Japón, que se caracteriza por ser una
de las economías menos abiertas.
iv) formación de capital humano en España y la República de
La
Corea muestran tendencias diferentes cuando se comparan con
el respectivo líder económico regional. España ha incrementado
los años de estudio promedio de la población mayor a 15 años,
pero no hay un proceso claro de convergencia con los índices
de Alemania. Lo contrario sucede en la República de Corea,
que después de situarse a la zaga con 4 años menos de estudios
promedio respecto de Japón en 1960, hacia 1985 alcanzó el nivel
de este último y en 2000 lo rebasó por 1,4 años.
Sobre la base de la experiencia de convergencia de España y la República
de Corea con las economías líderes a escala mundial y regional, y habida
cuenta de diferencias histórico-estructurales de la República Dominicana, se
presentan a continuación los resultados del ejercicio de prospectiva económica
en el que se exploran probables escenarios de trayectoria de la economía y
la sociedad dominicanas en el horizonte de 2030, incluyendo los senderos
de convergencia que cada uno de ellos podría implicar.11
 En los ejercicios de prospectiva económica basados en la modelación econométrica
suelen involucrarse dos conceptos relacionados, pronóstico y escenario, que es necesario
definir. El pronóstico es una exploración futura que deriva de una acción o una dinámica
económica; puede ser valorado con cierto grado de confianza (probabilidad) por medio
de la combinación del comportamiento histórico y ciertos supuestos. En los escenarios de
pronósticos se consideran todas las acciones probables de comportamiento económico y
de política económica que pueden incluirse en el diseño. Por ende, el análisis prospectivo
es una evaluación de posibles escenarios de pronósticos en lo que se consideran todos los
futuros posibles, incluyendo la mera prolongación del pasado. No hay precedentes de
ejercicios prospectivos de largo plazo para la economía dominicana. Se han elaborado
simulaciones econométricas con el fin de resaltar las cualidades de algunos modelos, o para
generar pronósticos de corto plazo, a uno o dos años. El modelo econométrico elaborado
por Díaz (1999) es un claro ejemplo de un sistema de ecuaciones completo, con un amplio
nivel de desagregación, a partir del cual se generó un ejercicio prospectivo de dos años,
1999-2000. Este modelo no ha tenido actualizaciones.

11

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

1.

95

Escenario base: la trayectoria inercial12

El supuesto primordial de este escenario es que la economía dominicana
conservaría su tendencia inercial de largo plazo, lo que a su vez implicaría,
en el transcurso del periodo de análisis, el establecimiento de cierto equilibrio
entre la mejoría de algunas condiciones y el deterioro relativo de otras
(particularmente en campos sensibles como el energético, el educativo y el
laboral, entre otros).
a) Tamaño del gobierno

En la República Dominicana el tamaño del gobierno se ha mantenido
relativamente estable en la primera década de 2000 (entre 5.8% y 5.5% del PIB).
En el marco del presente escenario se supone una disminución progresiva de su
nivel actual, hasta registrar al final de periodo de la simulación 3.9% del PIB (lo
que equivaldría a un descenso acumulado de 1.6 puntos porcentuales del PIB
en 24 años). Esto significaría una moderación del nivel del gasto gubernamental
y un tamaño de gobierno muy por debajo del observado tanto en España como
en la República de Corea en sus respectivos procesos de convergencia.
b) Inversión total

La proporción del PIB representada por la inversión total alcanzó
sus niveles máximos en el quinquenio 1998-2002, con un coeficiente anual
promedio de 27%. A consecuencia de la crisis de 2002-2003, esta proporción
cayó en el trienio siguiente a un promedio anual de 18%. En el bienio
subsiguiente, y en el marco de una vigorosa recuperación general de la
actividad económica, la relación inversión total a producto se estabilizó en
torno a 20.5%. Sobre esta base, el presente escenario supone un incremento
modesto en el nivel relativo de la inversión total hacia 2030, con un coeficiente
de 22.1% al final del periodo.
c) Capital humano

Como consecuencia de la menor dimensión del tamaño relativo del
gobierno, la expansión de los programas de infraestructura y fomento del
sistema educativo tiende a reducirse, y entonces se frena la posibilidad
de incrementar los años de estudio de la población de 15 años y más. Con
tal esquema, el supuesto consistente es que el número de años de estudio
hacia el 2030 apenas serían ligeramente mayor a los estimados para 2006,
promediando 10 años.
 Por ser el punto de referencia y comparación de todos los escenarios posibles, este escenario
base, o tendencial, suele ser el primero que se construye.

12

96

2.

CEPAL

Escenario optimista: el camino deseable

A diferencia del anterior, este escenario supone la adopción de un
programa de reformas dirigidas a eliminar algunas de las más
importantes restricciones estructurales de la economía. Con base en los
resultados de la investigación empírica disponible y de entrevistas
aplicadas a especialistas del sector público y privado de la República
Dominicana 13, se identificaron al respecto tres condiciones básicas
—necesarias, aunque no únicas— del crecimiento económico
sostenido de largo plazo: la energética, la laboral y la educativa.
i)
Satisfacer la condición energética consistiría en tener un sistema de
abastecimiento eficiente (infraestructura), promover el ahorro y uso
racional de la energía, generar fuentes alternativas de energía y planear
la demanda de energía por uso y sector en el mediano y largo plazo.14
ii) lo laboral, el actual esquema de desarrollo de la República
En
Dominicana presenta una relación insuficiente entre crecimiento
económico y generación de empleo remunerativo y de productividad
igual o mayor a la promedio.15 El impacto relativamente insuficiente
del crecimiento económico en el empleo tiende a agudizarse entre
los grupos sociales más vulnerables, como el de las mujeres. El
problema de la baja generación de empleo se agrava por el hecho
de que su demanda sigue concentrada en habilidades inferiores
(Banco Mundial, 2005). Sin una modificación estructural del
sistema educativo, el crecimiento económico futuro encontrará una
marcada restricción en el mercado laboral por la no disponibilidad
de una mano de obra con mayores calificaciones.
iii) los últimos años, la educación básica ha registrado apreciables
En
mejorías. Aun así, el conjunto del sistema educativo y de formación
sigue siendo insuficiente para asegurar a la fuerza de trabajo
dominicana una elevación sustancial de sus niveles promedio de
instrucción y capacitación; elevación indispensable para encaminar
sostenidamente al país a una senda de crecimiento a largo plazo. La
complementariedad entre el desarrollo educativo y el crecimiento
 En el mes de septiembre de 2006 se llevó a cabo una misión en República Dominicana
con el objetivo de analizar con especialistas del sector público y privado las condiciones
y problemas del crecimiento sostenido a largo plazo de la economía.
14
 En el capítulo IX de este libro se hace un análisis a profundidad de la situación actual y
las perspectivas del sector energético.
15
 Esta característica estructural de la economía está en la base de los problemas de inclusión
que impiden la extensión y la consolidación de un proceso virtuoso de cohesión social en la
República Dominicana. Estos problemas y sus implicaciones actuales y futuras se analizan
en la perspectiva social el capítulo IV y en la del mercado de trabajo en el capítulo VI.
13

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

97

económico es una de las grandes asignaturas pendientes en el
camino de la modernización de la República Dominicana.16
a) Tamaño del gobierno

Un supuesto del escenario deseable es que el tamaño del gobierno crezca
progresivamente, sobre todo por medio de la inversión en infraestructura
física requerida para asegurar el cambio estructural del sector eléctrico y
otros servicios básicos, para detonar y fomentar la cohesión del territorio17 y
para impulsar el sector educativo.18 Para el conjunto del período considerado
en este ejercicio, se estima que el tamaño promedio de gobierno se mantenga
en proporciones muy parecidas a las actuales—que resultan menores
a las observadas en los periodos de convergencia de España y República
de Corea—, pero con un cambio sustantivo en el peso relativo de sus dos
grandes componentes de esta variable. En efecto, mientras que la porción
promedio del PIB que representa el gasto de consumo disminuye un poco
más de medio punto porcentual, la de la inversión se incrementa en una
proporción parecida. Este cambio parece necesario para una reconversión
acelerada del crecimiento, sin la cual este escenario pierde consistencia, pero
considerando una mejoría sustantiva en el modo de gestión de la política
presupuestaria, con una mejoría significativa de la eficiencia en la utilización
de los recursos fiscales y una orientación que conserve la estabilidad de las
finanzas públicas.
b) Inversión total

En el análisis de las experiencias internacionales de convergencia
y de la propia experiencia del crecimiento económico dominicano en
los últimos cincuenta años, queda de manifiesto que la acumulación
de la inversión total ha sido uno de los motores más importantes del
cambio productivo. La proporción de la inversión total con respecto al
PIB registrada en España y República de Corea durante sus respectivos
procesos de convergencia fue de entre el 20% y 30%. Para la construcción
de este escenario se supuso que esta variable debería aumentar paulatina
pero firmemente hasta alcanzar en 2030 un promedio cercano a 29%. El
peso fundamental de este incremento recaería en la inversión privada,
cuyo esfuerzo de inversión se elevaría unos 8 puntos porcentuales del PIB
en el transcurso de los próximos 24 años.

 La dimensión económico-social de de este tema es analizada desde la perspectiva de la
productividad en el capítulo VIII.
17
 La importancia estratégica de la cohesión territorial es analizada en el capítulo V.
18
 Este tema es analizado en la perspectiva de la cohesión social en el capítulo IV.
16

98

CEPAL

c) Capital humano

Los años de estudio de la población de 15 años y más estimados
para la República Dominicana a fines del siglo XX eran de 7,3. Proyectando
esta tendencia se calcula que los años de estudio en 2006 serían de 7,9. La
experiencia de la República de Corea muestra que un aumento de cuatro
años de estudio supone, aparte del esfuerzo inicial de inversión, un plazo
de aproximadamente 25 años. En tal sentido, en este escenario se establece
que se pueda llegar a 13 años de estudio en 2030, con una inversión
social que incluye tanto una parte del gasto corriente como la formación
de infraestructura y capacidades institucionales en materia educativa.
3. 

Escenario pesimista: el camino del riesgo

El techo de este tercer escenario es un mantenimiento precario de las
tendencias económicas de largo plazo, con una posible inclinación progresiva
al deterioro.
a) Tamaño del gobierno

Se supone cierto ajuste al alza en el tamaño actual del gobierno. La
proporción promedio con respecto al PIB que se considera para esta variable
al final del período de análisis es de 5.9%, con una acentuación del peso
relativo del gasto corriente en detrimento de la inversión.
b) Inversión total

En el caso de que el gobierno no mantenga una señal clara sobre el
cambio estructural en infraestructura material y servicios básicos, en especial
en el sector energético, las expectativas de la inversión privada se deterioran,
y su dinámica declina. En este escenario se estima un coeficiente de inversión
privada de 13.2% al final del período, que es un nivel inferior al registrado
en las décadas precedentes y sin lugar a dudas, muy insuficiente.
c) Capital humano

El supuesto más consistente con este escenario es que en el próximo
cuarto de siglo los años de estudio registrarían una variación realmente
marginal, pasando de 7,9 años en 2006 a un promedio de 8.9 hacia 2030.

4,1

Pesimista

15,0

22,1

28,9

Final del
período

20,0

18,2

22,7

13,2

20,6

26,4

18,0

16,3

15,5

16,2

20,7

20,7

21,9

Privada

1,8

1,5

2,5

 

2,0

1,9

2,1

1,9

2,0

2,1

2,3

Gobierno

Inversiones

Fuente: Elaboración propia sobre la base del modelo REDO.

2,4

Tendencial

3,5

2006

2,8

3,5

Deseable

3,4

2004

2005

 

17,6

3,3

2003

Escenarios
2007-2030

18,1

3,8

2002

22,8

3,7

2001

24,2

3,5

Proporciones
del PIB

Total

2000

Consumo
del gobierno

Cuadro II.3

8,9

10,0

13,0

Final del período

7,9

7,9

7,8

7,6

7,5

7,3

7,3

Años de
estudios 15
años y más

1,6

3,1

5,9

 

11,0

10,2

3,8

-12,6

8,0

9,2

3,7

Consumo
gobierno
Privada

Inversiones

22,2

15,3

-3,4

-21,9

5,6

-3,7

12,2

0,2

5,7

8,8

0,1

5,8

8,9

Promedio del período

21,3

13,3

-1,8

-20,2

5,0

-4,0

13,5

Tasas de
crecimiento anual

Total

REPÚBLICA DOMINICANA: SUPUESTOS DE ESCENARIOS AL 2030
INDICADORES CLAVE

1,0

4,1

8,2

 

13,9

-1,2

11,1

-2,4

-0,3

-6,9

26,8

Gobierno

0,5

1,0

2,1

 

0,0

1,3

2,6

1,3

2,7

0,0

4,3

Años de
estudios 15
años y más

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
99

100

4. 

CEPAL

Resultados de los escenarios

Con base en los supuestos de estos escenarios (véase cuadro II.3), los
resultados más relevantes del ejercicio prospectivo en materia de crecimiento
económico y convergencia son los siguientes:
a) En el escenario deseable, la economía dominicana entraría en una
ruta de crecimiento sostenido, con tasas de crecimiento económico
y potencial de largo plazo de 7,2% y 6%, respectivamente. Estas
tasas hipotéticas de crecimiento significarían, respectivamente,
tres y seis puntos porcentuales más que las estimadas en los
escenarios tendencial y pesimista.
b)
Con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de la
República Dominicana con Centroamérica y Estados Unidos
(DR-CAFTA, por sus siglas en inglés) es muy probable que el ciclo
económico de la República Dominicana establezca una mayor
sincronización con el de Estados Unidos. Por tanto, es de esperarse,
en el marco de los tres escenarios considerados, un incremento del
grado se sensibilidad de la tasa de crecimiento dominicana frente
a los vaivenes del ciclo económico estadounidense. En el marco
del escenario optimista hay razones para esperar que este hecho
se tradujera en meras disminuciones coyunturales del crecimiento,
en tanto que en el escenario base podría dar lugar a variaciones
más acentuadas y en el pesimista a oscilaciones más recurrentes
en corto plazo.
c) PIB por habitante de 2006 se estima en 3.339 dólares. En el
El
escenario optimista las tasas de crecimiento sostenidas estimadas
podrían lograr que el PIB por habitante alcanzara un promedio de
10.986 dólares en 2007-2030, con un nivel de 15.150 dólares al final
del período.
Esto significa que, de acuerdo con esta trayectoria hipotética, en
los próximos 25 años el PIB por habitante de los dominicanos podría
multiplicarse por un factor de 4,5 veces. Este resultado es más del doble
y del triple, respectivamente, del PIB por habitante que hipotéticamente
podría esperarse como resultado de los escenarios tendencial y pesimista
(véase cuadro II.3 y gráfica II.10).
d) PIB por habitante de la República Dominicana fue de 7.780
El
dólares PPP en 2006; este nivel equivalió a 80,4% del mismo
indicador de México, 18,4% del de Estados Unidos, 80,3% del
costarricense y 38% del portugués. Si el desempeño económico

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

101

Cuadro II.4
REPÚBLICA DOMINICANA: ESCENARIOS ECONÓMICOS AL 2030
Crecimiento
económico
PIB
2000

8,1

PIB
por habitante

PIB
Dólares
potencial
4,9

2 563

Convergencia/divergencia

Dólares
PPP

México

Estados
Unidos

Costa
Rica

6 473

80,1

18,8

77,6

Portugal
37,4

2001

3,6

4,2

2 727

6 851

83,7

19,5

83,1

37,8

2002

4,4

4,4

2 779

7 084

85,2

19,7

84,5

37,8

2003

-1,9

2,9

1 955

6 581

77,6

17,6

74,0

34,8

2004

2,0

3,6

2 034

6 897

77,6

17,4

76,3

35,8

2005

9,3

1,7

3 427

7 480

81,0

18,2

79,9

37,7

2006

10,7

4,7

3 339

7 780

80,4

18,4

80,3

38,0

10 986

13 754

89,8

21,8

84,3

42,3

Escenarios promedio 2007-2030
Deseable

7,2

6,0

Tendencial

5,2

4,0

6 763

11 444

75,7

18,3

71,2

35,7

Pesimista

1,1

1,5

2 656

9 398

63,9

15,4

60,3

30,1

Fuente: Elaboración propia sobre la base del modelo REDO.

dominicano durante el próximo cuarto de siglo se ajustara en
términos generales al supuesto en el escenario optimista, su PIB
por habitante podría alcanzar un promedio de 13.754 dólares
PPP en 2007-2030, con un nivel de 21.223 dólares PPP al final
del período. Esto equivaldría a 1,7 y 2,4 veces el nivel que se
alcanzaría respectivamente en los escenarios base y pesimista. Lo
más importante de tales comportamientos hipotéticos es que la
economía dominicana podría tener a) un proceso de convergencia
con México, si éste mantiene una tasa de crecimiento promedio
anual de 3,5%, alcanzando un valor máximo de 87,5% en 2022,
para después estabilizarse en torno a 84,2% al final del período;
b) una convergencia ligera con Estados Unidos, si se supone que
este país crece a su tasa potencial de 3% promedio anual, con
una proporción promedio de 21,9% y de 24% en el año 2030;
c) convergencia con Costa Rica, cuyo crecimiento económico
promedio se supone en 4% anual, alcanzando su ingreso por
habitante un valor relativo de 84,3%.; d) convergencia, también,
con Portugal, país cuya economía se estima crecerá a un promedio
anual de 3,4%, y frente al cual el PIB por habitante dominicano
pasaría de 38% en 2006 a un promedio de 42,3%. En el marco del

102

CEPAL

Gráfico II.10
REPÚBLICA DOMINICANA: ESCENARIOS ECONÓMICOS AL 2030
Crecimiento potencial

Crecimiento económico
12,0

11,0

10,0

9,0

8,0
7,0

6,0

5,0

4,0
2,0

3,0

0,0
-2,0

2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020 2022 2024 2026 2028 2030

1,0
-1,0 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020 2022 2024 2026 2028 2030

-4,0

PIB por habitante en dólares

PIB por habitante en dólares PPP

20 000

20 000

15 000

15 000

10 000

10 000

5 000

5 000

0

0

2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 20182020 2022 2024 2026 2028 2030

2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020 2022 2024 2026 2028 2030

100,0

Escenarios de convergencia/divergencia con México

Escenarios de convergencia/divergencia con Estados Unidos
30,0

90,0
25,0

80,0

20,0

70,0
60,0

15,0

50,0
10,0

40,0

5,0

30,0
20,0
2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020 2022 2024 2026 2028 2030

100,0

0,0
2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020 2022 2024 2026 2028 2030

Escenarios de convergencia/divergencia con Costa Rica Años de estudio de población de 15 años y más
10,0

90,0

9,0

80,0

8,0

70,0
60,0

7,0

50,0

6,0

40,0

5,0

30,0

4,0

20,0
2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020 2022 2024 2026 2028 2030

Escenario deseable

3,0
2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020 2022 2024 2026 2028 2030

Escenario pesimista

Fuente: Elaboración propia con base en datos de Penn World Table versión 6.2.

Escenar io tendencial

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

103

escenario base, la economía dominicana presentaría procesos
de divergencia con Estados Unidos y Portugal, y un virtual
estancamiento con respecto a México y Costa Rica.
Es importante considerar que los escenarios anteriores constituyen
un ejercicio que amalgama el análisis cuantitativo con el cualitativo (que se
basa de manera razonable en la información y la capacidad interpretativa).
Su objetivo es identificar aspectos económicos clave que —bajo un
conjunto determinado de circunstancias— son susceptibles de dar lugar
a determinados cursos de la economía. De ninguna manera sugieren la
existencia de un sendereo lineal del desarrollo. Su objetivo es mostrar
horizontes posibles de desempeño que implican, en cada caso, una serie de
exigencias estratégicas y de política pública similares a las que se plantean
y recomiendan en cada uno de los análisis sectoriales del presente estudio
con el objetivo de contribuir, en cada caso, a responder a la cuestión de
cómo la República Dominicana podría transportarse en el “elevador del
desarrollo” y permanecer en él en el próximo cuarto de siglo en un contexto
internacional dominado por el cambio y la aparición de nuevos actores con
un peso relativo mucho mayor.
Por otra parte, el proceso de convergencia económica se considera
en este estudio como algo más que una disminución de las brechas de
ingreso entre países. Se lo concibe como un proceso que además incluye
la disminución de las diferencias de ingreso de los individuos, pudiendo
por tanto ser evaluado por su capacidad de erradicar la pobreza absoluta y
relativa. En este sentido, también significa una convergencia institucional,
tecnológica y de niveles de productividad con respecto a los estándares del
mundo industrializado. Tal es precisamente la finalidad estratégica que
subyace en las propuestas de reforma y políticas públicas que se formulan en
los estudios sectoriales que se desarrollan en el resto de los capítulos de este
volumen. En todo caso, y como se explica a continuación, hay un conjunto
de condiciones generales cuya satisfacción es necesaria para asegurar una
instrumentación eficiente de cualquier programa de reformas que busque
reorientar el proceso de desarrollo dominicano por el camino del cambio
productivo con equidad social.

C.
República Dominicana: el sendero ascendente
del desarrollo, el crecimiento sostenido
y sus condiciones estratégicas
El análisis comparativo de los resultados de desarrollo al nivel mundial
muestra que los países exitosos en el terreno económico y social son aquellos
que han invertido mucha energía en el desarrollo de una visión de largo

104

CEPAL

plazo.19 Estos países casi siempre son los mismos que también han creado las
instituciones necesarias para dar soporte a esta visión de largo plazo y para
adoptar las políticas coherentes con esa visión. En ellos, los diseñadores
de la política pública tienen una dirección clara para la fijación de metas
y objetivos de desarrollo, y para la movilización de los instrumentos más
adecuados con miras a conseguir dichos objetivos. Cuando los países carecen
de una visión estratégica en materia de desarrollo, las políticas públicas son
a menudo incoherentes y contradictorias. Si se cuenta con esa visión es más
fácil ordenar las prioridades de política y las acciones del Estado, así como
verificar el avance hacia las metas establecidas. La adopción de una visión
nacional es un primer paso positivo de los países que quieren movilizar las
energías de sus ciudadanos hacia un mejor futuro.
La visión estratégica nacional debe tener un componente que movilice
e inspire a los ciudadanos, al tiempo que propicia su participación. En el
caso de la República Dominicana, esta visión estratégica podría definirse
en el horizonte de 2030: un período en el que, si se adoptan las medidas
necesarias en el orden institucional, económico y social se sentarían las
bases para ubicar sólidamente al país en el sendero de las naciones con
desarrollo medio alto. Se trata de una meta concreta y viable que consistiría
en alcanzar hacia 2030 un ingreso por habitante en torno al supuesto en
el escenario optimista (21.200 dólares PPP, tres veces más que el actual).
Una meta razonablemente ambiciosa como ésta ayudaría a organizar a la
sociedad en torno a objetivos específicos de desarrollo económico y social,
y a insuflar una erupción de energía y participación de la ciudadanía.
Perseguir esa meta supone un conjunto de acciones encaminadas a reducir
la desigualdad y la inequidad, y por tanto encaminadas también a poner
en marcha dinámicas sostenibles de cohesión social y territorial que, por
definición, son inseparables de la extensión e interiorización de procesos
de gobernabilidad democrática.
El logro de dichas metas de desarrollo requiere construir consensos
básicos en la sociedad, que permitan asegurar la continuidad de las políticas
públicas necesarias para ampliar las expectativas de los agentes sociales y
alargar el horizonte de inversión de los agentes económicos. Por el contrario,
a falta de consensos básicos sobre las metas que el país quiere alcanzar, la
volatilidad de las políticas aumenta, con la consiguiente pérdida de consistencia
y reducción del horizonte de planeación de los agentes económicos y sociales.
La discontinuidad de las políticas públicas es dañina para el desarrollo ya
que acorta el plazo de inversiones de los agentes, tanto en capital humano
como en capital físico.

 Véase Banco Mundial, CEPAL e IDEA (2005).

19

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

105

En la República Dominicana, muchas acciones puntuales del Estado y
de otros actores económicos y sociales se caracterizan por ser inconexas y no
integradas. Esto se debe a la ausencia de una visión nacional de desarrollo
clara y articulada. En otras palabras, el modelo de desarrollo económico
deseable requiere de una definición estratégica susceptible de anudarse en
torno a consensos sociales básicos. Los esfuerzos existentes en varias áreas
no están articulados entre sí. Es imposible implantar una visión estratégica
de largo plazo sin una integración de la política de desarrollo productivo
con el resto de las políticas públicas.
Uno de los elementos principales para el diseño de una visión nacional
de desarrollo es la modernización del Estado. Es imprescindible contar con
un Estado capaz de llevar a cabo tareas complejas y responder de manera
eficiente a las demandas de la sociedad para orientarse hacia esas metas. Las
reformas realizadas en los últimos 20 años apuntan en esta dirección, pero
todavía son insuficientes. Precisamente, la idea es abandonar la concepción
del Estado como una plataforma capturada por los grupos de poder y de
presión, y transitar hacia un Estado facilitador, en el sentido de crear y
asegurar las condiciones necesarias para el despliegue de las iniciativas
del sector privado y la sociedad civil en las tareas del desarrollo. Superar
el paternalismo y el clientelismo exige cambios profundos en la cultura
política y en la arquitectura institucional.
La “economía del dulce” (azúcar, cacao, café, tabaco) fue la base
de un crecimiento alto y sostenido hasta los años setenta. Cuando este
modelo de desarrollo llegó a su punto de saturación empezó el cambio
hacia el que predomina en la actualidad, que se basa en la maquila, el
turismo y las remesas de los trabajadores dominicanos radicados en Estados
Unidos. El visado preferente a dominicanos desde 1978, las zonas francas
impulsadas mayoritariamente por empresas estadounidenses y los incentivos
al turismo son factores que impulsaron una nueva etapa de crecimiento
relativamente alto. Las remesas familiares llegaron a estabilizarse en el nivel
de entre 8% y 10% del PIB, dando impulso a la economía de servicios y a la
construcción. Igualmente, el turismo y la maquila crecieron a tasas de dos
dígitos, convirtiéndose en los motores de la economía dominicana. Estos
sectores crecieron rápidamente, pero ahora muestran señales de crisis. El
ejemplo más dramático es la maquila textil, con una pérdida neta en 2005
de 35.000 empleos. En suma, se puede afirmar que el modelo actual se ha
agotado y que es importante buscar otras fuentes de dinamismo económico
en un entorno institucional democrático y con mayores índices de cohesión
social y territorial.
En otras palabras, el desarrollo económico no puede seguir basándose en
bajos costos. El fin del Acuerdo Multifibras y la llegada de otros competidores

106

CEPAL

con mano de obra más barata han cambiado de manera decisiva el entorno
en el que se desenvuelve la industria maquiladora de textiles. De aquí en
adelante habrá que cumplir con dos condiciones para seguir exportando
este tipo de productos: mejorar la tecnología y aumentar el nivel gerencial.
El llamado “paquete completo” es otra manera de enfrentar los desafíos
futuros en la producción de textiles, pero como se muestra en los capítulos
VIII y X de este libro, la República Dominicana tiene que iniciar un proceso
sostenido de “escalamiento” en materia productiva que plantea múltiples
requerimientos en materia de recursos materiales, de capacidades y de
recursos humanos.
Otro gran problema del modelo actual es la desigualdad. El crecimiento
en los años ochenta y noventa fue alto, pero no mitigó la desigualdad. La
parte sustancial de los frutos de este crecimiento se fue a los estratos ricos de
la sociedad. Si en el futuro se busca un crecimiento incluyente y compartido,
el modelo de desarrollo debería tener características que difieren del modelo
actual, y privilegiar de manera explícita políticas transversales de cohesión
social y territorial como las que se recomiendan en los capítulos IV y V.
Una investigación reciente de CEPAL (Escaith 2006) llega a la
conclusión de que el sector de servicios en los países de América Latina y el
Caribe desempeña un papel de sustituto para una industrialización fallida,
en contraste con el papel complementario que se le asigna en los países
asiáticos. La explosión de los servicios en los años noventa no es, desde
esta perspectiva, un desarrollo natural e inevitable, sino la consecuencia
de una política de desarrollo inadecuada. La bajísima participación del
empleo formal en el empleo total en algunos países como Guatemala (26%)
contrasta con la experiencia de los países más exitosos como Costa Rica
(57%), y es resultado de este modelo de desarrollo caracterizado por la
desindustrialización. Con todo, los servicios, y de manera particular el
turismo, tienen un gran potencial en el proceso de “escalamiento productivo”
que se propone en este estudio, a condición de que su impulso y su fomento
se inscriban en el marco de una estrategia coherente, sostenida y dotada de
los recursos y los instrumentos necesarios.
La política fiscal en el Istmo Centroamericano y en la República
Dominicana en los últimos 15 años se definió en función de la estrategia
de desarrollo adoptada, que se orientó de manera creciente a asegurar una
inserción más activa en la economía mundial. Esto produjo dos grandes
tendencias en cuanto a la política fiscal, ambas con efectos agravantes, ya
que se pueden visualizar en la forma de una “tijera abierta”. La primera es
la reducción de los ingresos fiscales a causa de los procesos de desgravación
y el continuar agregando exenciones y exoneraciones. La segunda es el
aumento de las demandas sobre los recursos públicos de diferente índole,

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

107

que se resumen en tres órdenes: garantizar la estabilidad económica,
favorecer el desarrollo de una mayor competitividad sistémica y enfrentar
los costos sociales del modelo de desarrollo actual.
Una fuente de erosión de ingresos adicional a la apertura comercial,
o más bien de reducción implícita, ya que se trata de gastos tributarios, son
las extremadamente generosas exenciones (intereses, dividendos, seguros,
y otras) y exoneraciones sectoriales (exportaciones no tradicionales, las
zonas francas, turismo, minería, dependiendo del país). En la mayoría
de los países de América Latina y el Caribe son casi inexistentes las
estimaciones de gastos tributarios, pero un análisis de la Superintendencia
de Administración Tributaria de Guatemala muestra algunos órdenes de
magnitud. Se estima que en 2006 el gasto tributario equivalió a 12,5% del
PIB y a 118,2% de la recaudación fiscal total. El hecho de que los gastos
tributarios sobrepasen la recaudación total del Estado en Guatemala
revela la generosidad de las exenciones y exoneraciones. Según un estudio
reciente, los gastos tributarios estimados para el año 2008 representarían
en la República Dominicana 6.6% del PIB.20 Para atraer IED, la mayoría de
los países exonera el pago de varios impuestos -aranceles, sobre la renta,
municipales, sobre activos, entre otros-, lo que deriva en una “guerra de
incentivos” entre los países centroamericanos y la República Dominicana
con efectos adversos para los ingresos fiscales. Es evidente que este hecho
los aparta de un escenario —como el propuesto en este estudio para la
República Dominicana— de inserción eficiente en la economía internacional.
La competencia para atraer inversión extranjera directa (IED) entre los
países de una región se puede desarrollar de dos modos. Uno se asemeja al
modelo de competencia perfecta: los países compiten con un “producto” muy
parecido o idéntico. En este caso, el “producto” puede ser una combinación
de la mano de obra barata y de incentivos fiscales (República Dominicana
y Centroamérica). Así, el resultado es una carrera hacia el fondo (race to
the bottom) en la cual, para atraer más IED, se necesita ofrecer cada vez
más incentivos. Además, la entrada es relativamente fácil, por lo que
constantemente aparecen nuevos competidores (China, India, Vietnam,
por ejemplo). Los competidores de la República Dominicana se basaron,
en la mayoría de los casos, en ofrecer crecientes incentivos en detrimento
del fisco. Luego, el efecto fue contraproducente ya que para mantenerse en
carrera cada vez los incentivos son más generosos.
 El gasto tributario generado por el ITBIS es el principal, y representa 73% de total (4.8%
del PIB), seguido por el ISC de hidrocarburos e importaciones (12.8% del total estimado o
0.8% del PIB), el generado por los impuestos sobre los ingresos de las personas jurídicas
y los impuestos arancelarios (cada uno 7.1% del total estimado o 0.5% del PIB). Las zonas
francas es el sector que más genera gastos tributarios (10% del total estimado). Secretaría
de Estado de Hacienda (2007).

20

108

CEPAL

El otro modo de competir para atraer IED es más parecido a la
competencia monopolística: hay muchos competidores, pero tratan de
diferenciar sus productos, y si logran hacerlo, gozan de un nicho del
mercado donde tienen una posición especial. Siguiendo esta estrategia,
el país quiere tomar una posición como destino especial para la IED.
Entonces los competidores enfrentan mayores dificultades de acceso. En
la región hay dos países con nichos de este tipo —Costa Rica y Panamá—
que los diferencian de sus vecinos. La lección es que se puede atraer IED
sin entrar en una guerra de incentivos. La clave es ofrecer algo diferente y
tratar de desarrollar un tipo diferenciado de industria. En consecuencia, la
República Dominicana tiene como competidores regionales fuertes a países
que desarrollaron un nicho de mercado (Costa Rica, Panamá), o que gozan
de recursos humanos, físicos y financieros más desarrollados (México).
Otra característica del modelo actual es la paradoja de que los sectores
más dinámicos contribuyen menos al fisco. La pregunta al respecto, y poco
explorada, es: ¿estos sectores habrían sido realmente dinámicos si no hubieran
tenido una posición privilegiada desde el punto de vista fiscal? En épocas
anteriores los sectores más dinámicos (el café, el banano, el azúcar) pagaban
impuestos. Una política tributaria más neutral ¿habría hecho que otros
sectores se erigieran como motores del crecimiento en los últimos quince
años? Tampoco está claro si los incentivos fiscales fueron el componente
crucial para atraer la IED, o lo fue, por ejemplo, la mano de obra barata.
El modelo vigente ha creado una economía dual en la que a los sectores
dinámicos se los exime de pagar impuestos y los sectores menos dinámicos
contribuyen al fisco. Por eso es imperativo igualar las condiciones en que
compiten diferentes sectores, sin el favoritismo extremo que ha prevalecido
en los últimos veinte años. Éste es un primer paso para empezar a diluir la
dualidad económica existente en la República Dominicana. Una auténtica
“nivelación del terreno” de los incentivos podría conducir a un renacimiento,
sobre nuevas bases productivas y competitivas, de sectores tradicionales que,
como el agropecuario, han sido relativamente postergados en las prioridades
de la política pública en el marco del modelo de desarrollo actual a pesar de
la importancia que siguen teniendo en términos de ingreso y empleo.21
Otra característica del modelo es la debilidad de las instituciones
estatales. Si bien en los años más recientes se han registrado algunos
avances en la administración tributaria, el fortalecimiento institucional
todavía es precario y reversible, lo que se refleja en altos índices de
ineficiencia e incluso de corrupción. En consecuencia, la debilidad de la
administración tributaria impide mejorar la recaudación, y la recaudación
 El capítulo VII aborda desde este punto de vista las
perspectivas del sector agropecuario.

21

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

109

inadecuada es uno de los obstáculos principales para la modernización
del Estado. Este círculo vicioso parece dejar al país en un “equilibrio
inferior” con el bajo nivel de ingresos y gastos fiscales, privando a la
sociedad de un Estado más moderno y mejor equipado para enfrentar
las obligaciones y los desafíos que supone transitar a un sendero de
crecimiento a largo plazo. Una pregunta importante es: ¿cómo se podría
romper este círculo vicioso? Desde el punto de vista de la arquitectura
institucional, la respuesta parece estar en la ampliación de los espacios
de la gobernabilidad democrática, según los términos cuyo análisis se
profundiza en el capítulo III de este libro.
Finalmente, el modelo actual ha generado enclaves dinámicos que
desarrollan pocos eslabonamientos con el resto del aparato productivo.
En consecuencia, las exportaciones han crecido a tasas de dos dígitos,
mientras que en el resto de la economía se registraban tasas sustancialmente
menores. Esto muestra una incapacidad del sector exportador para generar
crecimiento económico en el resto de la economía. Las experiencias
internacionales exitosas sugieren adoptar opciones de política que
combinen la integración externa con la integración interna, ya que no existen
mecanismos automáticos que potencien las derramas de las empresas
líderes de exportación hacia el resto de los sectores productivos. Tal enfoque
exige políticas públicas activas para afianzar la dinámica exportadora con
el fortalecimiento del tejido productivo orientado a la demanda interna. En
los capítulos VII al X del libro se profundiza el análisis de estos problemas y
se plantean opciones de política para instrumentar respuestas estratégicas
y sostenibles.
En los próximos años se presentará una oportunidad única para
fortalecer los ingresos de Estado. Las reglas de la Organización Mundial
del Comercio (OMC) estipulan que los programas de subvenciones a la
exportación en forma de exenciones totales o parciales de derechos de
importación (aranceles) e impuesto internos deberían empezar a disolverse
a fines de 2007 y desaparecer por completo (con contadas excepciones) a
partir de 2010. En términos de ingresos fiscales, eso significa que todas las
zonas francas, zonas económicas especiales, y demás, deberían desaparecer
al final de la década presente. El consiguiente aumento de los ingresos
fiscales surgido de esta disposición sería útil para consolidar y fortalecer la
posición financiera del Estado de forma permanente, lo que se manifestaría
en dos propósitos más concretos. Primero, recuperar el papel contracíclico
de la política fiscal. Segundo, ir más allá de este primer propósito y tratar de
aprovechar la holgura fiscal para mejorar las condiciones económicas y de
esta manera estimular la actividad económica del sector privado. Este papel
activo del Estado podría concretarse de manera preferente en el fomento de
la formación de capital humano y de obras de infraestructura física.

110

CEPAL

Este cambio de reglas de juego a escala mundial podría tener
consecuencias beneficiosas para el fisco dominicano. En efecto, se podría
aumentar la presión tributaria (del nivel actual en torno a 17% del PIB) y
se dotaría al Estado de recursos suficientes para llevar a cabo sus tareas. Al
mismo tiempo podrían descender de las tasas impositivas, ya que el número
de contribuyentes aumentaría de manera sustancial. Esto también ayudaría
a nivelar las condiciones de competencia de diferentes sectores. De igual
importancia es el potencial de todo ello para evitar la prociclicidad de la
política fiscal en la República Dominicana.22 Con un mayor nivel de ingresos
sería posible tener ahorro positivo del sector público en las fases expansivas del
ciclo económico, para usar este ahorro en las fases contractivas. De esta manera
se podría mitigar el pronunciado ciclo económico de la economía dominicana.
Por último se halla el tema de los pactos fiscales, que serían
duraderos y supondrían un cambio en la correlación interna de las fuerzas
políticas y sociales a favor de la cohesión social y territorial. El pacto fiscal
existente (implícito) no resuelve el problema de las “tijeras.” En las élites
parece no existir un incentivo para una negociación entre el Estado y la
sociedad en torno a objetivos de desarrollo amplios y acordados para
todos, que requerirían de mayores recursos tributarios para ser alcanzados.
Sin embargo, se podría avanzar una hipótesis acerca de dos elementos,
adicionales al ya mencionado fin de los incentivos fiscales, que tienen el
potencial de traer cambios al respecto. Primero, una democracia cada vez
más fuerte, que podría robustecerse con las reformas constitucionales
propuestas y en curso de ser aplicadas, genera un reclamo ciudadano
cada vez mayor. Si este reclamo no se recoge por parte de las élites, los
ciudadanos “votan con sus pies”, es decir, emigran. Segundo, el cada vez
menor rendimiento del modelo de desarrollo basado en la maquila podría
obligar a buscar otros sectores que sirvan de motores del crecimiento, y
de paso, habría que repensar el conjunto de los incentivos otorgados a los
sectores privilegiados. Estos dos elementos podrían traer un cambio de los
incentivos y determinar que las élites negociaran un nuevo pacto fiscal con
el resto de la sociedad. Esto facilitaría la convergencia del país en temas
fiscales con los niveles de presión tributaria más altos de la región, y sobre
todo de Estados Unidos, el benchmark que se debería utilizar en este ámbito
crucial si se quiere lograr un desarrollo económico y social más rápido.
En materia monetaria, el país se encaminó de manera cada vez más
eficiente hacia un régimen monetario de metas de inflación. Es de esperarse,
después de un período de transición, un entorno económico más transparente
y más predecible, y una menor inflación que en los últimos cuatro años.
 Martínez, Paunovic y Rivas (2006) sostienen que entre 1996 y 2003 la política fiscal
dominicana solamente fue contracíclica en los primeros dos años, y en el resto de período
fue procíclica.

22

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

111

Asimismo, la meta de la política cambiaria es bajar la volatilidad del tipo de
cambio y no determinar su nivel. Si bien el objetivo de bajar la volatilidad
del tipo de cambio es loable y ayudaría a la economía, descuidar el nivel del
tipo de cambio real no es aconsejable. En la situación de grandes entradas
de capitales (las remesas por sí solas aportan divisas equivalentes a 10%
del PIB), hay una tendencia marcada a la apreciación del tipo de cambio.
Esto estimula las importaciones y desestimula las exportaciones, y ejerce
presión sobre la competitividad de la economía dominicana. Finalmente,
para dedicarse a consolidar el saneamiento de las consecuencias de la crisis
financiera de 2003, sería necesaria una recapitalización del Banco Central
(el déficit cuasifiscal en 2006 fue equivalente a 2,5% del PIB). En el corto
plazo, esto representa una restricción fuerte para las políticas de desarrollo
productivo, ya que desvía los recursos hacia otros usos.
También en el corto plazo, las autoridades tienen que aceptar las
restricciones existentes como algo dado y trabajar activamente para
removerlas en el mediano plazo. Una restricción obvia es la insistencia
del Banco Central en la estabilidad de precios y la necesidad de ganar
credibilidad después de la traumática experiencia de la crisis de 20032004. Otra restricción es el tipo de cambio sobrevaluado. Con las cuantiosas
entradas por remesas y IED, no es posible corregir rápidamente el
rezago cambiario.
El énfasis en las tareas de estabilización macroeconómica por parte de
las autoridades nacionales es producto de la etapa actual de los procesos de
globalización. En contraste con décadas anteriores, especialmente durante
el sistema de Bretton Woods, hoy no existe el bien público internacional
llamado “estabilidad macroeconómica y financiera”. La arquitectura
financiera internacional obliga a los países a asumir de manera individual
el costo de obtener dicha estabilidad. Por eso en la actualidad todos
los gobiernos, más allá de su signo político-ideológico, consideran un
imperativo controlar los equilibrios macroeconómicos. Es el área donde
el pragmatismo reciente de los gobiernos en América Latina quizá sea
más evidente.
En una perspectiva de mediano plazo, la preocupación de las
autoridades económicas con la estabilización, producto de la crisis de
2003, deberá tender a suavizarse, lo que abriría espacios para una política
macroeconómica más congruente con los objetivos de alcanzar un crecimiento
alto y sostenido. Una condición indispensable, sin embargo, sería avanzar
hacia el grado de inversión en el mediano plazo.23 Esto traería menores
 El Grado de Inversión es una calificación crediticia que alcanzan los países con probada
estabilidad económica y política. Los principales elementos que por lo general suelen
considerar las Agencias Calificadoras de Riesgo para otorgarlo (categoría que tiene diversas

23

112

CEPAL

costos de financiación de la actividad productiva, y ayudaría a dinamizar
el crecimiento económico. También se debería promover el desarrollo del
mercado interno de capitales para incrementar la tasa de ahorro nacional
y reducir los costos financieros de las inversiones. Por último, los fondos
de pensiones podrían desempeñar un papel crucial en este sentido, con
un reforzamiento de la supervisión y la regulación. Todo esto abarataría
los costos de financiamiento y aumentaría el uso del crédito interno.
También es indispensable avanzar hacia una mayor coherencia de
la política macroeconómica, para evitar mandar señales contradictorias
a los agentes económicos. A esto se añade la necesidad de mejorar la
coherencia de las políticas macro y microeconómicas. Ante la falta de una
adecuada coordinación, como con frecuencia ocurre en la actualidad, los
efectos esperados de una política microeconómica activa pueden resultar
contrarrestados por la política macroeconómica, por ejemplo, con un tipo
de cambio sobrevaluado. La falta de coordinación deriva entre otros hechos
de la falta de una institución rectora que tendría una visión más global y
que podría asegurar la coherencia de las políticas públicas. Es deseable
avanzar en el mediano plazo en esta dirección, a fin de aprovechar mejor
las sinergias potenciales entre los diferentes niveles de la política pública.
En el ámbito regional, los tratados de libre comercio, como el DRCAFTA, y los procesos de integración obligan a hacer una coordinación,
aunque sea mínima, de las políticas económicas. Un ejemplo es coordinar
las políticas de atracción de la IED para evitar la ya mencionada “carrera
hacia el fondo”. Otro campo de coordinación es el de las políticas
tributarias, especialmente en lo referido a los impuestos sobre la renta y
sobre el valor agregado, para evitar el arbitraje impositivo y reglamentario
dentro de la región.
Si bien el contexto macroeconómico y las resultantes restricciones en
el corto plazo condicionan de una manera decisiva las políticas de desarrollo
productivo, es preciso tratar de superarlas en el mediano plazo. Las reformas
fiscales recientes están bien encaminadas y representan elementos clave
para fortalecer al Estado en sus tareas y deberes en materia de desarrollo
económico y social.

calificaciones cualitativas) son: crecimiento actual y proyectado; situación fiscal; sostenibilidad
de la deuda externa; desempeño del sector externo; sostenibilidad de la cuenta corriente
de la balanza de pagos; nivel de las reservas internacionales; tendencias y perspectivas de
la inflación; estructura y estabilidad social: estructura y estabilidad política.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

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______(2000b), “Empleo y mercados de trabajo en la República Dominicana: una
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Williams, O. y O. Adedeji1 (2004), “Inflation dynamics in the Dominican Republic”,
Working Paper, IMF.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

117

Capítulo III

Gobernabilidad democrática y desarrollo

Introducción
En este capítulo se describe el estado de la gobernabilidad en la República
Dominicana, con el objetivo de indagar sobre los mecanismos que podrían
ayudar a convertir el crecimiento económico en niveles de bienestar más
elevados para la mayoría de la población. Se parte del supuesto de que una
democracia, para preservar su estabilidad, tiene que presentar resultados que
satisfagan a la población, que está llamada a tomar parte en la constitución
de la autoridad política. Aunque las democracias reposan en la capacidad
de sus ciudadanos para valorar sus instituciones más allá de sus resultados
de corto plazo, no es menos cierto que una democracia incapaz de mostrar
en el largo plazo niveles aceptables de desempeño y de distribución de los
beneficios, se hace vulnerable ante los efectos del descontento social y los
liderazgos políticos dispuestos a aprovechar la situación para concentrar el
poder. Hasta el momento, es válido afirmar que la democracia dominicana
ha tenido un desempeño exitoso en la creación sostenida de riqueza, pero
presenta serios déficit para convertirla en bienestar para la mayoría.
Tal situación puede mejorar, al menos en parte, mediante el rediseño
de las instituciones. El diagnóstico aquí plasmado pretende evaluar hasta
qué punto los actores políticos y sociales se desempeñan dentro de un
marco de reglas e incentivos que promuevan —en el diseño, aprobación e
implementación de las políticas— una orientación sistemática encaminada a
elevar el bienestar social. Por otra parte, los arreglos institucionales pertinentes

CEPAL

118

en esta relación no se limitan a uno u otro aspecto particular de las “reglas
del juego”. Por el contrario, el análisis es integral y evalúa tanto el conjunto
de reglas que influyen en la orientación de las políticas públicas como los
efectos de la interacción entre distintos tipos de reglas individuales.
La exposición se divide en tres secciones. En la primera se presentan
argumentos y evidencias acerca de la asociación positiva entre distintos
indicadores de la calidad de la democracia, por una parte, y los niveles de
bienestar en sus dimensiones objetiva y subjetiva, por otra. Luego se sintetiza
el marco conceptual utilizado para analizar los vínculos entre democracia
y bienestar, cuyo referente general se encuentra en los resultados de una
diversidad de investigaciones teóricas y empíricas recientes.
A partir de estos elementos, en la segunda sección se reseñan tanto las
características como el desempeño institucional de la República Dominicana,
tarea en la que se recurre a una diversidad de fuentes documentales, estudios
de caso, encuestas y entrevistas realizadas con diversos funcionarios, políticos
y actores de la sociedad civil. Así se pretende indagar hasta qué punto
las instituciones dominicanas están diseñadas para responder de manera
sistemática y satisfactoria a la demanda ciudadana en general. Tomando
en cuenta los resultados de este análisis, en la tercera sección se hace un
planteamiento de carácter prescriptivo. Se sugiere una serie de reformas
orientadas a elevar la capacidad institucional de respuesta. Al mismo tiempo
se formulan algunas consideraciones sobre las formas de construir un entorno
de viabilidad de las medidas recomendadas. Sobre esta base se efectúa un
ejercicio prospectivo acerca del desempeño institucional a largo plazo.

A.
Institucionalidad democrática
y desarrollo: un marco conceptual
1.

Calidad de la democracia y bienestar

Durante las últimas décadas una ola democratizadora se ha desencadenado en el
mundo, cubriendo una multitud de países con características socioeconómicas
y culturales diversas. Este fenómeno de orden relativamente universal
obliga a reflexionar no sólo acerca de los factores explicativos de su origen y
permanencia, ya sean endógenos o exógenos, sino también sobre los efectos
producidos por la nueva institucionalidad democrática en el bienestar de
las poblaciones.
En particular, cobra importancia evaluar el impacto que la “calidad” de
las instituciones y de las normas democráticas tiene sobre el bienestar social
e individual. El supuesto crucial de esta evaluación en diferentes países es
que la existencia de un “déficit democrático” conlleva efectos negativos sobre

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

119

la legitimidad, la gobernabilidad, la estabilidad, el desempeño económico
y, a final de cuentas, sobre el bienestar social e individual. Lo opuesto es
igualmente esperable: una mejor calidad institucional y normativa en un
régimen democrático generará un mejor desempeño en todos los rubros
mencionados.
¿Cuáles son los componentes fundamentales que determinan la calidad
de la institucionalidad y la gobernabilidad democrática? En este estudio se
hace referencia a un número de factores institucionales, normativos y de
cultura política-ciudadana que conforman lo que puede caracterizarse como
un “síndrome democrático”. La coexistencia (o no) de todos estos factores y
el nivel de cada uno de ellos por separado, constituyen los criterios a partir
de los cuales se evalúan la calidad democrática de los países y, por tanto,
de la República Dominicana.
Los factores considerados aquí como componentes del “síndrome
democrático” son: la competitividad electoral, los derechos civiles y políticos, la
transparencia, la rendición de cuentas, el estado de derecho, la gobernabilidad,
y la estabilidad. Cada uno de estos factores ha sido operacionalizado y medido
por diferentes organizaciones internacionales o instituciones académicas.
Como resultado de estas mediciones se han generado diversos índices
numéricos que permiten comparaciones entre países, o intertemporales
para países específicos.1


1

Dichas variables son: Transpar: es el índice de transparencia o anticorrupción medido por
Transparencia Internacional (2003). Va de 1 (máxima transparencia) a 0 (máxima opacidad).
Iliberalismo: es una medida del grado de carencia de institucionalización democrática y de
libertades civiles y políticas, compuesta por dos índices altamente correlacionados como
son el Índice de Libertad de Freedom House (2000) y el Índice de Institucionalización o
“Polity” del Polity Project (2003). Variable ponderada entre 1 (máxima carencia de libertades
y polity) a -1 (mínima carencia). Por ello debe leerse al revés; es decir, una correlación con
índice negativo (por ejemplo, la existente con el IDH) está expresando que la relación
entre desarrollo humano y falta de libertades es negativa o viceversa. Voice: Medida de
rendición de cuentas de los gobiernos a la ciudadanía. Elaborada por el Banco Mundial.
Va de -2.5 (mínima rendición de cuentas) a 2.5 (máximo nivel de rendición de cuentas o
accountability). Estab_pol: Mide el grado de orden y ausencia de violencia existente en el
país. También elaborada por el Banco Mundial, su rango es de -2.5 (mínima estabilidad) a
2.5 (máxima estabilidad política). R_law: Es la medida de extensión de la ley pública en el
territorio. Elaborada asimismo por el Banco Mundial, comparte el rango de -2.5 (máximo
grado de extensión) a 2.5 (imperio de la ley mínimo). Gobernab: Es una variable que mide
cuestiones relativas a la eficiencia y eficacia del gobierno (la calidad de su burocracia, la
orientación ciudadana de su servicio, entre otras). Es construida por el Banco Mundial (al
igual que las tres anteriores) y comparte el rango de -2.5 (gobernabilidad mínima) a 2.5
(máxima gobernabilidad). Para una mayor detalle, véase el Informe sobre desarrollo humano,
2002 de PNUD. IDH: Es el índice de desarrollo humano (2003) de las Naciones Unidas
y está conceptualizado como medida objetiva de bienestar. Va de 0 (mínimo desarrollo
humano) a 1 (máximo desarrollo humano). Bien_subj: Es una medida de bienestar subjetivo
compuesta por la sensación de felicidad más satisfacción con la vida de las personas por

120

CEPAL

Para el presente estudio fueron utilizados los siguientes índices:
a) Transparencia: Es el Índice de Transparencia o Anticorrupción
medido por Transparency International (2003).
b) Voice: Medida de rendición de cuentas de los gobiernos a la
ciudadanía. Elaborada por el Banco Mundial.
c) Estabilidad política: Mide el grado de orden y la ausencia de
violencia existente en el país. Elaborado por el Banco Mundial.
d) Imperio de la ley: Es la medida de extensión de la ley pública en
el territorio. Elaborada asimismo por el Banco Mundial.
e) Gobernabilidad: Es una variable que mide la eficiencia y la eficacia
del gobierno (la calidad de su burocracia, la orientación ciudadana
de su servicio, y otras dimensiones). Variable construida por el
Banco Mundial.
f) Institucionalidad democrática: Indicador integral de institucionalidad
democrática, diseñado y medido por los expertos internacionales
agrupados en el Polity Project.
g) Liberalismo: combinación en sentido negativo de los 2 índices
anteriores construido por José del Tronco y Benjamín Temkin de la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) México.
Como se aprecia en el cuadro III.1, basado en el estudio de Temkin
y Del Tronco (2006), los factores representados por los índices enumerados
constituyen un síndrome “virtuoso”. Los índices en cuestión correlacionan
fuerte y significativamente entre sí. En general, los países con altos niveles de
transparencia son más liberales, muestran mayor rendición de cuentas, y así
sucesivamente. El síndrome opuesto, desde luego, también se manifiesta.
El estudio de Temkin y Del Tronco (2006) confirma la validez e
importancia para los habitantes de los diferentes países de la institucionalidad
democrática medida por los índices citados. Haciendo uso de la Encuesta
Mundial de Valores del año 2000, la cual indaga las opiniones, actitudes y
valores de los habitantes de cerca de 80 países, se encontró que el nivel
de institucionalidad democrática y libertades civiles y políticas medida
país. Variable ponderada entre 1 (máximo bienestar subjetivo; sólo se da cuando el 100%
de los individuos del país afirman tener el máximo nivel de satisfacción con su vida y de
felicidad) y 0 (mínimo bienestar subjetivo; si todos afirman no estar en absoluto felices ni
satisfechos con su vida). Encuesta Mundial de Valores (2000).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

121

por los índices “objetivos” se refleja potentemente en la subjetividad de
los individuos en los diferentes países. En el cuadro III.2 se muestra cómo
la intensidad de la percepción de falta de libertad manifestada por los
encuestados a nivel global está alta y significativamente correlacionada con
los índices institucionales. La percepción de carencia de libertad aumenta
concomitantemente con la existencia de un déficit democrático.
Cuadro III.1
EL SÍNDROME DEMOCRÁTICO
Índices institucionales
Transpar
Iliberalismo
Voz
Estabil
R_Law
Gober

Transpar Iliberalismo
1
-0,578a
0,764a
0,846a
0,914a
0,909a

-0,578
1
-0,904a
-0,602a
-0,637a
-0,589a
a

Voz

Estabil

0,764
-0,904a
1
0,790a
0,832a
0,786a
a

R. Law

Gobern

0,846
-0,602a
0,790a
1
0,871a
0,853a

0,914
-0,637a
0,832a
0,871a
1
0,953a

0,909a
-0,589a
0,786a
0,853a
0,953a
1

a

a

Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).
a
Señala correlación significativa al nivel 0,01.

Cuadro III.2
CORRELACIÓN DE ÍNDICES INSTITUCIONALES`
CON PERCEPCIÓN DE FALTA DE LIBERTAD
Transpar
Voz
Estabil
R_Law
Gober
Iliberalismo

-0,562a
-0,554a
-0,544a
-0,493a
-0,586a
0,507a

Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).
a
señala correlación significativa al nivel 0,01

La calidad de la democracia no sólo está relacionada con la percepción
de los sujetos respecto del grado de libertad que disfrutan (o adolecen), sino
también con su sensación de bienestar subjetivo. El bienestar subjetivo se
refiere a lo que las personas piensan y sienten sobre sus vidas, a las conclusiones
cognitivas y afectivas a las que llegan cuando las evalúan. Este concepto
ha adquirido una creciente importancia para los científicos sociales y los
tomadores de decisión, y muchos estudios consideran los incrementos en
la felicidad y la satisfacción de las personas como el verdadero objetivo del
desarrollo y de las instituciones políticas. Hay una estrecha relación entre
los índices de calidad de la democracia y el índice de bienestar subjetivo
obtenido a partir de la Encuesta Mundial de Valores para los distintos países.
Esta información se elabora por país sobre la base de una medida de bienestar
subjetivo compuesta por la sensación de felicidad más la satisfacción con

CEPAL

122

la vida de las personas. El cuadro III.3 contiene datos de correlación que
muestran la potencia y significación de esa relación.
Cuadro III.3
CORRELACIÓN DE ÍNDICES INSTITUCIONALES E IDH Y BIENESTAR SUBJETIVO
Índices institucionales
Transpar
Voz
Estabil
R_Law
Gober
Iliberalismo

IDH

Bienestar subjetivo
a

0,759
0,756a
0,764a
0,754a
0,747a

0,644a
0,557a
0,605a
0,572a
0,680a

-0,685a

-0,491a

Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).
a
Señala correlación significativa al nivel 0,01.

En el mismo cuadro III.3 se presentan también correlaciones altamente
significativas entre las variables componentes del síndrome democrático,
y el índice de desarrollo humano estimado por las Naciones Unidas. Este
índice (IDH) es una medida objetiva de bienestar que evalúa el proceso de
ampliación de oportunidades que permiten a la gente: disfrutar una vida
larga y saludable (salud), alcanzar altos niveles de aprendizaje (educación)
y contar con recursos monetarios para tener un estándar de vida decente
(ingreso). Un supuesto básico de la conceptualización del IDH es que cuanto
más alto sea su nivel, existe una mayor probabilidad de que los individuos
en un país puedan participar en la formación y administración de las
instituciones que los gobiernan.
En el caso de la República Dominicana llama la atención el hecho de
que exista una brecha muy significativa entre la capacidad económica del
país en términos de su ingreso por habitante y el bienestar social tal y como
éste es medido por el índice de desarrollo humano. Así, a pesar de que la
correlación entre ambos índices a nivel global es casi perfecta (.915*), el ranking
de la República Dominicana a nivel mundial es muy diferente para los dos
índices. El país ocupa el lugar 73 en el mundo (entre casi 180 considerados
por las Naciones Unidas), en el caso del ingreso, pero se desplaza al 94 en
lo que toca al desarrollo humano. 2
La incapacidad para transformar exitosamente el crecimiento
económico en bienestar social en la República Dominicana está muy
relacionado con el claro déficit democrático de su ensamblaje institucionalnormativo. Los indicadores en este sentido son contundentes. De acuerdo


2

Las implicaciones sociales de esta brecha son analizadas en el siguiente capítulo de este
mismo volumen.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

123

con las evaluaciones anuales del Banco Mundial, la República Dominicana
ocupa el lugar 129 en el mundo en calidad regulativa, el 142 en lo que se refiere
al imperio de la ley, el 113 con respecto a la rendición de cuentas, el 119 en lo
que toca a la estabilidad y la no violencia, y el 99 en cuanto a la transparencia.
Recuadro III.1
EL RECORRIDO DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS: SITUACIÓN ÓPTIMA HIPOTÉTICA
A) Formulación
de demandas
Libre expresión de demandas ciudadanas
Detección de demandas no expresadas

•

B) Recepción
de demandas

•
•

Medidas que benefician a la totalidad de la
población sin crear conflictos no expresados
Medidas que benefician a la mayoría de la población
De ser necesario, aplicar un sistema de compensaciones

C) Decisión

•
•

D) Ejecución

•
•

Puesta en práctica de forma eficiente
No se presentan distorciones

E) Evaluación
de resultados

•

Participa la sociedad civil

Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

Aun cuando no existe un claro consenso con respecto al impacto de
la baja calidad de la democracia en el nivel de crecimiento económico de un
país, sí lo hay, en cambio, sobre la menor sustentabilidad y escasa capacidad
redistributiva de ese crecimiento en los países cuyas instituciones y normas
adolecen de un déficit democrático.
La mejora de la calidad del funcionamiento institucional y normativo
de la democracia en la República Dominicana podría alentar su crecimiento
económico, al mismo tiempo que promovería el bienestar social y subjetivo,
la legitimidad institucional y la gobernabilidad democrática. Se trata de
condiciones imprescindibles si el país desea enfrentar con éxito los retos y las
oportunidades que genera su inevitable inserción en un mundo crecientemente
globalizado, en una perspectiva que permita sentar sólidas bases que lo
encaminen hacia una situación de mayor desarrollo, justicia y democracia
incluso antes de 2030.

124

CEPAL

2.
Recorrido de las políticas públicas.
Diseño institucional y gobernabilidad democrática
La gobernabilidad democrática se define como la capacidad de una comunidad
política para articular las diversas demandas e intereses de la sociedad, al
tiempo que se identifican sus necesidades y después, sobre esa base, se toman
decisiones eficaces de política pública que cuenten con un grado suficiente
de aceptación popular, de modo que obtengan un mínimo de acatamiento
voluntario de la ciudadanía a las reglas de convivencia.
En tal sentido, la gobernabilidad democrática es una función de los
arreglos institucionales que regulan las distintas fases del proceso que va
de la demanda social a la aprobación y ejecución de la política pública.
Estos arreglos determinan la estructura de incentivos o restricciones a la
acción de los gobernantes, condicionando el éxito o el fracaso de las políticas
públicas. Los regímenes democráticos varían entre sí en cuanto al grado
en que sus respectivas instituciones presentan incentivos para que quienes
toman decisiones incorporen en sus preferencias las diversas demandas
sociales y orienten sus acciones a la provisión de beneficios para la mayor
parte de la población.
Existen entramados institucionales más apropiados que otros para
orientar el comportamiento y las acciones de los funcionarios electos hacia
los deseos e intereses de la población en general. En la medida en que los
actores sociales más relevantes perciban que sus demandas son tomadas en
cuenta y que generan una respuesta positiva de parte del Estado, estarán más
propensos a percibir en el sistema de reglas vigente un marco aceptable para
el procesamiento de sus propios intereses, incluso en los casos en los que éstos
no se conviertan en resoluciones efectivas. Esta percepción es el fundamento
de la legitimidad de las instituciones y contribuye a su estabilidad sostenida.
Si bien las democracias no producen necesariamente mayores niveles de
crecimiento que los regímenes autoritarios, diversas investigaciones muestran
que las primeras entregan mejores resultados distributivos (Przeworski y
otros 2000; Rodrik, 2000), ya que otorgan recursos a sus ciudadanos para
participar equitativamente en el debate sobre la distribución del excedente.
Ahora bien, cuando dicha deliberación no conduce a niveles crecientes de
bienestar para la población en general, se deben suponer deficiencias en los
mecanismos que relacionan a los ciudadanos con los centros de decisión,
atribuibles al entramado institucional vigente.
Aunque los determinantes del crecimiento y de su distribución son
múltiples, la investigación reciente sobre el desarrollo evidencia que las
mejoras en el diseño institucional pueden superar cualquier desventaja

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

125

asociada con la historia pasada o las condiciones naturales de una nación
determinada (Rodrik, 2000; Kaufmann y Kraay, 2002; Adserà, Boix y Payne,
2003; Jacob y Osang, 2005; Lederman, Loaysa y Soares, 2005).
El diagnóstico del entorno institucional atiende en primer término a las
reglas y actores que intervienen en cada fase del proceso de toma de decisiones.
Desde una perspectiva normativa, cada fase tiene resultados deseables cuya
realización depende de las propiedades del marco institucional. El recorrido
de las políticas públicas se conforma por las siguientes etapas:
a) formulación de demandas,
b) recepción de demandas y procesamiento,
c) decisión,
d) ejecución y
e) evaluación de resultados.
En una situación óptima hipotética, la ciudadanía expresa libremente
sus demandas a la clase política, o bien esta última detecta las demandas
no expresadas. El cúmulo de demandas es transmitido a las instancias de
decisión pública, donde se opta por medidas que benefician a la totalidad
de la población o bien a una mayoría. Las decisiones se ponen en práctica
de forma eficiente y sin distorsiones, y producen resultados que evalúa la
ciudadanía objeto de las medidas; y si el entramado institucional corresponde
a esta descripción, dicha evaluación será predominantemente positiva.
Un ciclo virtuoso con estas características es casi imposible en el
mundo real. Sin embargo, el grado en que una determinada comunidad
política se acerque o se aleje de este modelo es, al menos parcialmente, una
función de las características de sus instituciones, dado el comportamiento
de sus actores relevantes.
La concepción de la trayectoria de las políticas públicas presentada
aquí está vinculada con la idea “rendición de cuentas” (accountability), pero
al mismo tiempo tiene mayor amplitud. En consonancia con su acepción
primigenia, se estima que la sanción electoral es el canal privilegiado por
el que los gobernantes se relacionan con sus electores. Pero dando esta
sanción por supuesta, el grado en que los gobernantes pueden evitar la
sanción por mal desempeño depende de las particularidades de cada una
de las cinco fases señaladas del proceso de las políticas públicas. Cuando
el diseño institucional en una de estas fases impide la adecuada respuesta a
la demanda, las potencialidades del resto se ven seriamente limitadas. Por
lo tanto, la medida en que la rendición de cuentas sea una característica
sistémica y rutinaria de una comunidad política depende del entramado
institucional de todo el proceso, y no de una de sus fases en particular.

CEPAL

126

B.
Diagnóstico de la gobernabilidad
democrática en la República Dominicana
A continuación se expone un diagnóstico de la situación actual de la
gobernabilidad democrática en la República Dominicana. Se presentan las
características del diseño institucional y los resultados del comportamiento de
los actores relevantes a partir de los elementos sustanciales supuestos en el ya
referido enfoque del “recorrido de las políticas públicas”. El diagnóstico de cada
uno de estos elementos permitirá identificar medidas de reforma necesarias
para transformar el crecimiento en bienestar por mecanismos democráticos.
1.

Los derechos políticos

En la República Dominicana se presentan varias de las características que
conforman una democracia representativa; en particular, el derecho al
voto universal, igual, libre y secreto está consagrado en la constitución y
los dominicanos disponen de alternativas diversas y viables de gobierno.
De hecho, en su sistema multipartidista destacan el Partido Revolucionario
Dominicano (PRD), el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y el Partido
de la Liberación Dominicana (PLD); los tres institutos políticos han ocupado
la presidencia y cuentan con poder efectivo cuando se encuentran en la
Recuadro III.2
IMPORTANCIA DE LOS DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS
EN EL CICLO DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS
A) Formulación
de demandas

B)
Recepción y
procesamiento
de demandas

C) Decisión

D) Ejecución

F) Evaluación
de resultados

Quienes son sujetos de derechos civiles y políticos pueden
demandar la atención de sus demandas
Medidas para asegurar los derechos políticos:
* Derecho a voto universal libre y secreto
* Sistema multipartidista
Medidas para asegurar los derechos civiles:
* División estructural interna del poder político
* Poder judicial autónomo
Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

127

oposición. Desde la transición a la democracia en 1978, el carácter periódico
de las elecciones nunca se ha interrumpido.
Entre 1978 y hasta el inicio de la década de 1990, los dominicanos disfrutaron
de niveles de libertades políticas superiores a los que en promedio privaron
en la región, hecho verificable en el gráfico III.1, donde se presenta,
para el período 1972-2005, el índice de derechos políticos elaborado por
Freedom House.3
Gráfico III.1
DERECHOS POLÍTICOS
4,5
4
3,5
3
2,5
2
1,5

República Dominicana

2004

2002

2000

1998

1996

1994

1992

1990

1988

1986

1984

1981-1982

1979

1977

1975

1
0,5

Media AL

Fuente: Calculado con base en datos de Freedom House.

En esa trayectoria se advierte que entre 1993 y 1997 ocurre un deterioro
considerable en las condiciones de las libertades políticas, fenómeno que
coloca al país en una posición más autoritaria que la media regional. La
situación anterior se restablece a partir de 1998, con una breve interrupción
en el año 2003.
La evolución del índice de libertades políticas refleja las debilidades
de la democracia dominicana. En principio, la interrupción de la regla
democrática no habría sido un episodio que pueda considerarse excepcional.
Por el contrario, las condiciones institucionales y la actitud de la clase política
sugieren que queda abierta una posibilidad de que el gobierno en turno ceda
a las tentaciones autoritarias y pretenda concentrar el poder.


3

El índice muestra el grado en que los diversos países se acercan al ideal de elecciones
libres y justas con base en indicadores sobre el proceso electoral, pluralismo político y
funcionamiento del gobierno. Se entiende que los valores 1 y 2 corresponden a comunidades
en las que priva la libertad política; a medida que el valor del índice aumenta, la libertad
se va debilitando hasta llegar a la total restricción, con un valor de 7.

128

CEPAL

El ejercicio pleno de los derechos políticos (al igual que el de los
civiles) no sólo exige su reconocimiento explícito en la carta constitucional.
Es necesario, además, que existan agentes e instituciones de reforzamiento
de los derechos, cuya función consista en garantizar que las diversas etapas
del proceso electoral se celebren en condiciones de equidad e imparcialidad.
En la República Dominicana, la organización encargada de esta tarea es
la Junta Central Electoral (JCE), en la que recae la dirección del proceso
electoral. La JCE posee autonomía presupuestaria y administrativa, así
como facultad de iniciativa en lo que se refiere a la legislación atinente a
asuntos electorales.
Uno de los grandes problemas en el diseño de esta instancia radica
en el mecanismo de designación de sus funcionarios. La JCE está compuesta
por nueve jueces, que son elegidos por el Senado. Las funciones de la JCE se
dividen en administrativas y jurisdiccionales, para lo cual sus integrantes se
distribuyen en dos Cámaras, la Administrativa (tres jueces) y la Contenciosa
Electoral (cinco jueces). La primera de estas Cámaras concentra sus funciones
en la organización del proceso electoral, mientras que la segunda es la
instancia que garantiza el apego de este proceso a la legalidad, lo que incluye
la capacidad para corregir los resultados al resolver sobre las impugnaciones
presentadas. De esta forma, el pleno de la JCE se compone por los miembros
de ambas Cámaras y el Presidente.
El diseño de la JCE adolece de dos grandes debilidades. La primera
consiste en el procedimiento de selección de los jueces que integran el
pleno, que es facultad del Senado, cuya integración se realiza con base en
la fórmula de mayoría relativa en circunscripciones uninominales, lo que
favorece el control de la cámara alta por un solo partido. El partido con la
capacidad de nombrar a los integrantes del pleno de la JCE tiene al menos
la posibilidad de reflejar en este órgano sus intereses políticos partidistas
evitando contrapesos internos y beneficiándose en las decisiones relativas a
la organización y validez del proceso electoral. El mecanismo de integración
del pleno posibilita que sus integrantes ejerzan sus funciones a partir no de
la normativa electoral, sino de las preferencias políticas de sus integrantes.
Por otra parte, los requisitos para ser miembro de la JCE son de carácter
profesional (ser licenciado o doctor en derecho con un mínimo de 12 años
de experiencia profesional), pero no se imponen limitaciones al vínculo
partidista de los jueces. Finalmente, los miembros del pleno son electos para
un período de cuatro años, en adecuación al período presidencial (Arias
Núñez, 2005: 42-46).
La posibilidad de que el partido mayoritario favorezca sus intereses
políticos en la conformación del órgano electoral no necesariamente ha sido
confirmada en la práctica, puesto que en determinadas ocasiones un contexto

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

129

político complicado o incluso la capacidad de automoderación de los actores
han propiciado que la selección corresponda al profesionalismo e imparcialidad
de los jueces.4 Sin embargo, la vulnerabilidad del procedimiento también
ha sido utilizada por los partidos que controlaban el Senado y llegaron a
seleccionar órganos electorales partidistas, como los designados para los
procesos electorales de 1994, 1998 y 2002. Aun prevaleciendo las mejores
condiciones, la posibilidad de designación unilateral del pleno de la JCE otorga
a los partidos perdedores un argumento para desconocer los resultados, que
en principio podría resultar verosímil, por lo menos para sus seguidores.
Así, por ejemplo, el proceso electoral de 2004 fue acompañado de
fuertes especulaciones sobre la posibilidad de un fraude electoral por parte
del presidente en turno, que se presentaba a reelección, y utilizaba un
discurso de campaña triunfalista. A esto se sumó la tardanza de la JCE para
dar resultados la noche de la jornada electoral (Espinal, 2005: 33-35). Estas
tensiones son innecesarias para la democracia pero predecibles cuando el
diseño institucional induce a una baja credibilidad sobre la independencia
del órgano electoral.5
Otro ángulo de vulnerabilidad proviene de que un mismo órgano
se encargue de las funciones administrativas y de resolver litigios, lo que
afecta principalmente a la confiabilidad de las resoluciones de la Cámara
Contenciosa Electoral. Aunque existe la separación funcional en dos cámaras
de las actividades de la JCE, las resoluciones relativas a la validez jurídica de
las decisiones administrativas son susceptibles de parcialidad en la medida
en que los actos impugnados son juzgados por el mismo organismo que los
comete. Esta posible incompatibilidad entre la garantía jurídica del proceso
y los intereses de la organización es magnificada por la forma en que la
integración del órgano puede responder a intereses partidistas.
En ciertas ocasiones, la JCE ha tomado medidas muy positivas con
la idea de contrarrestar las sospechas de parcialidad. Así, en las elecciones
presidenciales de 2004, con el fin de disipar la tensión debida a la entonces
reciente crisis económica y social, la JCE decidió abrir el registro de electores


4



5

Por ejemplo, la crisis postelectoral de 1994 influyó para que, de manera informal, se decidiera
que los integrantes de la JCE para el período 1994-1998 fuesen personas independientes
de los partidos políticos (Arias Núñez, 2005: 43).
Sin embargo, mientras el diseño permanezca en sus términos actuales, el único límite a
la tentación de aprovecharlo en beneficio propio viene dado por la moderación de los
actores con poder de decisión y la capacidad de aprender de las experiencias anteriores.
Tomando en cuenta la situación de 2004, un alto funcionario del Poder Ejecutivo expresa
en entrevista: “yo creo que ha habido mucha conciencia en la sociedad y en el Senado
ahora, [donde] el partido de Gobierno [el PLD] tiene mayoría, yo creo que el Presidente
y los Senadores y la dirigencia del partido de gobierno han tomado la debida nota para
evitar no repetir lo de la actual Junta Central Electoral”.

CEPAL

130

a la inspección de todos los partidos y a observadores de la Organización
de Estados Americanos (OEA). Alrededor de 6.000 ciudadanos voluntarios
y cientos de observadores de la OEA examinaron el proceso. Este tipo de
medidas deberían constituir un aspecto permanente de cualquier proceso
electoral equitativo, porque agregan transparencia y confiabilidad a la
totalidad del proceso. Quizá se logre un acuerdo entre los partidos para
mantenerlas en el futuro. En forma paralela, el presidente de la JCE se
esforzó por seleccionar en las designaciones de la estructura a personas que
elevaran la credibilidad del órgano electoral. Sin embargo, es poco probable
que estas decisiones por sí mismas sean capaces de liberar al órgano electoral
de cuestionamientos relacionados con su desempeño.
Ahora bien, desde 1994 a la fecha los avances en cuanto a la limpieza
electoral dificultan que ocurra un fraude generalizado, al menos sin detección.
Estos avances incluyen la publicidad y tecnificación del padrón electoral. El
mecanismo de selección de los jueces integrantes del pleno de la JCE tornan
a este órgano especialmente vulnerable a acusaciones de parcialidad, sobre
todo si el partido del presidente en turno tiene una mayoría en el Senado
y además triunfa en las siguientes elecciones con una diferencia de votos
relativamente estrecha. Este problema sería aun mayor en caso de que el
presidente busque la reelección. Como no se trata de escenarios improbables,
es necesario preguntarse hasta qué punto no sería mejor evitar el otorgamiento
de ventajas a los partidos para conformar órganos electorales, situación que
permite esgrimir argumentos para deslegitimar los resultados.
2.

Los derechos civiles

Al igual que respecto de los derechos políticos, las libertades de expresión,
de reunión, de asociación, a la educación y de creencias son explícitamente
reconocidas en la constitución de la República Dominicana. En cuanto a su
respeto efectivo, estos derechos se hayan expuestos a prácticas violatorias
del proceso debido a la discriminación contra las minorías y a la existencia
de atentados puntuales contra la libertad de manifestación. Gracias a niveles
aceptables de desconcentración del poder, cierto pluralismo de ideas y la
fortaleza de la sociedad civil, la mayoría de los dominicanos cuentan con
una esfera de autonomía en la que el Estado no interviene, pero la forma
en que éste enfrenta sus funciones de seguridad pública y las situaciones
sociales críticas no está exenta de arbitrariedad, lo que debilita algunos de
los principios cruciales sobre los que se sustenta una sociedad libre.
En el gráfico III.2 se expone la evolución histórica del índice de
libertades civiles de Freedom House.6 Se aprecia que el patrón observado por


6

El índice de libertades civiles tiene valores de 1 a 7, que corresponden respectivamente a la

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

131

la República Dominicana sigue muy de cerca a la tendencia correspondiente
a la media de América Latina. El tránsito democrático ocurrido en este
país no produjo un mejoramiento significativo y sostenido de los derechos
civiles, que recién en el año 2000 ostentan niveles correspondientes a las
sociedades libres.
Gráfico III.2
LIBERTADES CIVILES

República Dominicana

2005

2004

2002

2000

1998

1996

1994

1992

1990

1988

1986

1984

1981-1982

1979

1977

1975

4,5
4
3,5
3
2,5
2
1,5
1
0,5

Media AL

Fuente: Calculado con base en datos de Freedom House.

En el nivel constitucional, se considera que el reconocimiento de
los derechos civiles debe ir acompañado de una organización del poder
público que evite su concentración en una sola persona o entidad. En la
República Dominicana este prerrequisito se cumple de manera satisfactoria
no sólo porque existe la tradicional separación entre los poderes ejecutivo,
legislativo y judicial, sino también porque las reformas constitucionales de
1994 dispusieron de mecanismos adicionales que fortalecen la separación
de propósitos entre estos órganos.
3.

El poder judicial

En la protección de los derechos ciudadanos, las funciones del poder
judicial asumen dos dimensiones: la primera, como freno a los posibles
abusos por parte del poder político; la segunda, administrando justicia
en las relaciones entre particulares. El cumplimiento adecuado de ambas
funciones exige que el poder judicial sea independiente respecto de los
otros poderes (independencia externa), así como con relación a la influencia
indebida de actores privados, fundamentalmente a través del ejercicio del
poder económico (independencia interna).
libertad individual plena y a la restricción total de dicha libertad. El índice toma en cuenta la
situación de cada país en cuanto la vigencia de la libertad de expresión y creencias, derechos
organizativos y asociativos, Estado de derecho, autonomía personal y derechos individuales.

CEPAL

132

El sistema de justicia dominicano se compone de la Suprema Corte de
Justicia (SCJ), las Cortes de Apelación, los Tribunales de Primera Instancia
y los Juzgados de Paz.
Recuadro III.3
IMPORTANCIA DE UN PODER JUDICIAL AUTÓNOMO Y
EFICIENTE EN EL CICLO DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS
A)
Formulación
de demandas

B)
Recepción y
procesamiento
de demandas

C) Decisión

D) Ejecución

F) Evaluación
de resultados

El poder judicial debe proteger los derechos de la ciudadanía
* Actúa como freno a los posibles abusos del poder político
* Administra justicia en las relaciones entre particulares
Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

Desde 1994 el sistema de justicia dominicano ha sido escenario de
numerosas reformas, las cuales reflejan la tendencia general a mejorar
el desempeño de las instituciones del país en un contexto democrático.
Las modificaciones al sistema de justicia se han aplicado en dos fases. La
primera generación de reformas judiciales se inició en 1994, a partir de los
cambios políticos ocurridos entonces, y se extendió hasta 2001. El objetivo
central consistió en lograr un poder judicial externamente independiente y
de ese modo restablecer su credibilidad. La segunda generación de reformas
arrancó en 2001, y su mayor atención se ha concentrado en el diseño de
políticas para mejorar la eficiencia y eficacia de la impartición de justicia.
En la adopción y puesta en marcha de sus reformas, la República
Dominicana se ha nutrido de la experiencia respectiva en el ámbito
internacional. En este proceso se ha hecho presente la cooperación de
organismos internacionales y de países individuales. En particular, cabe señalar
los siguientes: Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional
(USAID), Agencia Española de Cooperación Internacional, Consejo General
del Poder Judicial de España, Escuela Nacional de la Magistratura de
Francia, Embajada de España, Embajada de Francia, Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), Programa de Apoyo a la Reforma y Modernización del
Estado (PARME), Tribunal Supremo de Justicia de Puerto Rico (Subero,
2006). A su vez, la SCJ es integrante del Centro de Estudios de Justicia
de las Américas (CEJA) y de E-justicia, y en 2006 se realizó en la República
Dominicana la Cumbre de Justicia.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

133

Entre las modificaciones a la constitución realizadas en 1994 se
contemplaron cambios que aseguraran la independencia de la justicia de
los otros poderes del Estado. Con ese propósito se estableció la autonomía
presupuestaria y administrativa del Poder Judicial, se consagró la inamovilidad
judicial, se estableció la carrera judicial, se creó el Consejo Nacional de la
Magistratura (CNM), cuya función es designar a los miembros de la SCJ, y
se instauró la facultad de esta última para designar a los demás jueces de
jurisdicciones inferiores.
El CNM se encuentra compuesto por el Presidente de la República; el
Presidente del Senado; un senador electo por el Senado, de un partido distinto
al del presidente del Senado; el Presidente de la Cámara de Diputados; un
diputado, electo por la cámara baja, de un partido distinto al del presidente
de ésta; el Presidente de la Suprema Corte de Justicia; otro miembro de la
Suprema Corte de Justicia, electo por sus miembros.
Un alto porcentaje de los jueces de la SCJ son vitalicios, ya que fueron
elegidos con antelación al establecimiento de la Ley de Carrera Judicial y
sus reglamentos, que estipularon una fecha límite para el retiro obligatorio.
La presencia de los jueces vitalicios ha creado controversia.7 Como lo ha
señalado el doctor Hugo Álvarez Valencia, Presidente de la Cámara Penal de
la SCJ, se han hecho algunos intentos por convocar al CNM con el propósito
de sustituir por razones de edad a los jueces mayores de 75 años.8
En cuanto a las funciones, la Suprema Corte de Justicia está habilitada
para designar a los jueces de los demás tribunales, y en virtud de la autonomía
administrativa concedida al Poder Judicial, la SCJ está facultada para decidir
sobre la constitucionalidad de las leyes.
Como se señaló, la tarea de elegir a los jueces de todo el país se inició
en 1997. Tanto los jueces como los nuevos aspirantes pasaron por un proceso
de capacitación y actualización jurídica con el fin de someterse al proceso
de selección.
Una condición importante para hacer realidad la independencia externa
del Poder Judicial consiste en que cuente con financiamiento suficiente de
sus actividades. En el cuadro III.4 se presenta la composición del gasto en
justicia entre 1998 y 2006-2007, en comparación con los recursos asignados


7



8

En el Informe Nacional de Desarrollo Humano de PNUD de 2005 se señala que esta realidad
“supone una gran limitación para el desarrollo funcional de la Suprema Corte” (PNUD,
2005: 224),
“Juez Suprema Corte considera ingrediente perturbador intentos sustitución actuales
jueces”, en www.informejudicial.com.

134

CEPAL

a otras instituciones seleccionadas. Como se observa, durante este período
el gasto en justicia se ha mantenido por debajo del 2% del total de los
desembolsos. Sin embargo, el Poder Judicial no ha sido el único organismo
que se ha desempeñado con presupuestos bajos; en una situación similar
se encuentran: el Congreso Nacional, la Secretaría de Estado de Trabajo, la
Procuraduría General de la República y la Cámara de Cuentas.9
Según un estudio reciente sobre el sistema de justicia (Fabra y otros,
2006), en 18 países de América Latina durante 2004 el gasto medio de los
presupuestos públicos destinado a dicho sector alcanzaba el 3,77%. Esta cifra
era ampliamente superada por Honduras, Costa Rica y Portugal, y en menor
medida por El Salvador, Chile, España y Guatemala. La República Dominicana
se ubica entre los países con menor valor en esta medida (menos del 2%),
lugar que comparte con Venezuela, Argentina, Colombia y Bolivia.
Otra forma de situar la posición de República Dominicana en el contexto
latinoamericano consiste en comparar el gasto del sector en dólares per
cápita. En 2004, en la región estudiada la media del gasto público absoluto
en justicia ascendía a 19,07 dólares por habitante, muy por debajo de los
registros respectivos en Puerto Rico, Costa Rica y Portugal, y en menor grado,
también inferior a España, Brasil, Argentina y El Salvador. La República
Dominicana se cuenta entre los ocho países con los valores más bajos (menos
de 10 dólares por habitante). Los otros siete países son Bolivia, Colombia,
Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Perú (Fabra y otros, 2006).
En el cuadro siguiente se presenta el desembolso que el gobierno central
de la República Dominicana destinó entre 1998 y 2004 al poder judicial, en
comparación con el contemplado para otras instituciones.
En 2004 se avanzó en materia de autonomía presupuestaria del
poder judicial cuando se sancionó la Ley Nº 194-04, que establece el monto
de dicho presupuesto. Según el artículo 3 de la citada ley, el presupuesto
del Poder Judicial y del Ministerio Publico será por lo menos de un 4,1%
de los ingresos internos, incluyendo los ingresos adicionales y los recargos
establecidos en el Presupuesto de Ingresos y la Ley de Gastos Públicos. Del
total asignado, 65% corresponderá a la Suprema Corte de Justicia y 35%
al Ministerio Público.10 La ley establece que cada tres años los porcentajes


Aunque la cantidad de recursos en un nivel suficiente es una condición importante, las
siguientes declaraciones del doctor Jorge Subero Isa, Presidente de la SCJ, ponen el acento
en la relevancia de la profesionalización para que los recursos asignados sean mejor
aprovechados: “El Poder Judicial nunca ha tenido los recursos económicos suficientes
para poder hacerle frente a todas las necesidades. Ahora la gran capacidad que tienen las
autoridades del Poder Judicial de administrar los recursos públicos, la eficiencia con que se
maneja y la optimización de esos recursos, nos permiten hacer maravillas”. “En el país la
modificación de la Constitución se ha convertido en un relajo”, en www.informejudicial.com.
10
 La ley estipula que a la fecha de su publicación quedan exceptuados de la aplicación de estos
9

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

135

de este presupuesto serán revisados, con el propósito de adecuarlos a las
necesidades del Poder Judicial. Se prohíbe al Poder Ejecutivo modificar
estos porcentajes, salvo que las estimaciones y la situación económica del
país determinen una merma de los ingresos, en cuyo caso la entrega de las
partidas presupuestarias correspondientes serían proporcionales a la de
los ingresos estimados.
El conjunto de estas propiedades relativas a la independencia externa
del Poder Judicial motivan que un alto funcionario de la SCJ lo califique en
entrevista como “posiblemente el Poder Judicial más independiente que hay
en toda Iberoamérica”, con relaciones igualitarias respecto de los poderes
ejecutivo y legislativo, lo que se manifiesta principalmente, continúa, en
las ocasiones en que han corregido las acciones de estos poderes, “cuantas
veces han contravenido los principios establecidos en la Constitución de
la República”.
Por lo que se refiere a la independencia interna, se dieron distintos
pasos dirigidos a combatir la corrupción en el sistema judicial. Por una
parte, se reforzaron los controles administrativos necesarios y en la Ley
de Carrera Judicial se establecen las sanciones correspondientes por mala
práctica de los jueces.
En forma paralela, se han atacado los posibles incentivos para la
corrupción enfatizando algunas medidas que contemplan las prestaciones
de trabajo de jueces y administrativos. Se autorizaron incrementos salariales;
mediante la Ley de Carrera Judicial se estableció la inamovilidad de los
jueces y los primeros criterios para la posibilidad de ascenso; se creó el
Régimen de Jubilaciones y Pensiones de los jueces, funcionarios y empleados
judiciales;11 se amplió el universo y la cobertura del seguro médico para
jueces y administrativos, y se implementaron facilidades de transportes,
entre otras. También se les dotó de la infraestructura adecuada, mejorando
así sus condiciones de trabajo (Subero, 2001).

porcentajes los ingresos fiscales que estén especializados en el presupuesto de Ingresos de
Ley de Gastos Públicos, y los ingresos por concepto de recursos externos correspondientes
a préstamos y donaciones. Art 5. Ley Nº 194-04.
11
 El Fondo de Retiro, Pensiones y Jubilaciones está dirigido por el Pleno de la Suprema Corte
de Justicia. Se alimenta de los aportes del Poder Judicial, un 6% del monto de la nómina
mensual y un 4% del sueldo básico de los jueces, funcionarios y empleados. Además se integra
con las multas impuestas como sanción a funcionarios y empleados y con los beneficios
que se deriven de la venta de Boletines Judiciales y otras publicaciones (Subero, 2001).

CEPAL

136

Cuadro III.4
REPÚBLICA DOMINICANA: COMPARACIÓN DE LOS DESEMBOLSOS DEL
GOBIERNO CENTRAL EN INSTITUCIONES SELECCIONADAS, 1998-2007
(Porcentaje)
Institución

1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007

Congreso Nacional 1,26 2,07 1,20 1,10 1,14 0,97 0,77 1,37 1,64 1,75
Presidencia de
la República
22,11 20,72 20,27 19,25 23,16 14,03 17,39 16,01 13,46 10,59
Secretaría de
Estado de
Educación
13,38 13,14 13,04 11,50 11,45 10,01 7,19 8,21 7,63 7,28
Sec. de Estado de
Salud Pública y
Asistencia Social 7,80 9,07 10,17 8,86 9,32 7,39 5,38 9,80 9,52 7,92
Secretaría de
Estado de
Trabajo
0,66 0,64 0,68 0,70 0,79 0,96 0,32 0,37 0,26 0,26
Secretaría de
Estado de
Agricultura
7,49 6,60 5,13 4,83 4,37 4,11 1,91 2,91 2,59 1,92
Procuraduría
General de la
República
0,35 0,30 0,51 0,56 0,58 0,58 0,41 0,57 0,64 0,88
Cámara de
Cuentas
0,05 0,05 0,57 0,06 0,07 0,22 0,72 0,33 0,15 0,17
Secretaría de
Estado de
Finanzas
24,61 24,35 24,22 26,14 22,37 35,72 48,10 15,10 21,62 27,79
Poder Judicial
1,34 1,31 1,33 1,37 1,22 1,17 0,72 1,21 1,38 1,40
Sec. de Estado de
Obras Públicas y
Comunicaciones
4,85 7,96 6,60 5,29 3,21 3,76 1,93 3,39 4,00 8,57
Fuente: Banco Central de la República Dominicana.

El Art. 66 de la Ley de Carrera Judicial de 1998 representa un gran
avance en cuanto a la independencia interna del poder judicial al codificar
con precisión los actos constitutivos de faltas graves. El incurrir en conductas
que comprometan la imparcialidad en el resultado del trabajo de los jueces,
puede ser castigado con la destitución del funcionario involucrado, según
lo juzgue la Suprema Corte de Justicia.12
 Las conductas a las que hace referencia el mencionado artículo son: 1) Solicitar, aceptar
o recibir, directamente o por intermedio de otras personas, comisiones en dinero o en
especie; o solicitar, aceptar o recibir, directamente o interposita persona, dádivas, obsequios
o recompensas, como pago por la prestación de los servicios inherentes al cargo que se
desempeña. Con relación a esta falta se presumen como gratificaciones, dádivas, comisiones,
obsequios, recompensas y beneficios ilícitos similares, las sumas de dinero o bienes en
especie que por tales conceptos reciban los parientes del funcionario, hasta el tercer

12

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

137

De manera complementaria, por medio de circulares la SCJ ha reforzado
su decisión de combatir la corrupción. Así, por ejemplo, el Presidente de la
SCJ emitió la Circular de 2006 que prohíbe a todos los jueces ofrecer fallos o
trámites de expedientes en los tribunales de la República. Con este tipo de
medidas se procura que los jueces no acepten presión y no den consultas o
indiquen a otros magistrados cómo deben fallar. 13
4.

Eficiencia en la impartición de justicia

Diversos diagnósticos sobre el desempeño del sistema de justicia dominicano
han coincidido en mostrar la falta de eficiencia en la impartición de justicia
(CEJA, 2006; BM, 2001; Obando Prestol, 2001).
Durante el primer período de reformas se tomaron algunas medidas
para mejorar su desempeño. En 1998 se creó el Centro de Informática, con
la finalidad de implementar y desarrollar la política de informatización del
Poder Judicial. Se pusieron en funcionamiento una serie de nuevos tribunales
de diferentes categorías. Se realizó un inventario de todos los expedientes
pendientes de fallo que se encontraban en la Secretaría General de la SCJ,
y posteriormente se publicó un aviso en los periódicos, invitando a los
grado de consanguinidad y segundo grado de afinidad; inclusive, si se obtienen pruebas,
evidencias o testimonios ciertos e inequívocos de los hechos o actuaciones objeto de sanción.
2) Dejar de cumplir los deberes, ejercer indebidamente los derechos o no respetar las
prohibiciones e incompatibilidades constitucionales o legales, cuando el hecho o la omisión
tengan grave consecuencia de daños o perjuicio para los ciudadanos o el Estado. 3) Tener
participación, por sí o interposita persona, en firmas o sociedades que tengan relaciones
económicas, cuando estas relaciones estén vinculadas directamente con algún asunto cuyo
conocimiento esté a cargo de dicho juez. 4) Obtener préstamos y contraer obligaciones con
personas naturales o jurídicas estando el juez apoderado en conocimiento de un asunto
relacionado con esas personas. 5) Realizar o permitir actos de fraude en relación con el
reconocimiento y pago de sueldo, indemnizaciones, auxilios, incentivos, bonificaciones o
prestaciones sociales. 6) Cobrar viáticos, sueldos, o bonificaciones por servicio no realizado
o no sujeto a pago, por un lapso mayor al realmente empleado en la realización del servicio.
7) Incurrir en vías de hecho, injuria, difamación, insubordinación o conducta inmoral en
el trabajo; o en algún acto lesivo al buen nombre a los intereses del Poder Judicial. 8) Ser
condenado penalmente, por delito o crimen, a una pena privativa de libertad. 9) Aceptar
de un gobierno extranjero, cargo, función, honor o distinción de cualquier índole sin previo
permiso del gobierno nacional. 10) Realizar actividades incompatibles con el decoro, la
moral social, el desempeño en el cargo y el respeto y lealtad debidos a la administración
de justicia y a la colectividad. 11) Dejar de asistir injustificadamente al trabajo durante tres
días consecutivos, con lo que se incurriría en el abandono del cargo. 12) Reincidir en faltas
que hayan sido causa de suspensión de hasta treinta (30) días. 13) Presentarse al trabajo
en estado de embriaguez o bajo el influjo de sustancias narcóticas o estupefacientes. 14)
Cometer cualesquiera otras faltas similares a las anteriores por su naturaleza y gravedad,
a juicio de la autoridad sancionadora.
13
 “Presidente SCJ recibe respaldo por medida”, El Judicial. Publicación del Poder Judicial,
número 10, junio/julio de 2006, p. 10.

138

CEPAL

interesados a comunicar por escrito la relación de los casos en los que tenían
interés, a fin de poder agilizar el conocimiento de éstos. Se acometió la mejora
del archivo de expedientes, comenzando por el área penal, para seguir luego
con otras áreas judiciales. Con el propósito de elevar la formación de los
jueces y del personal de apoyo, se creó la Escuela Nacional de la Judicatura
y el Departamento de Capacitación.14
Como se señaló, fue a partir de 2001 cuando la SCJ se empezó a
concentrar más en el tema de la eficiencia, al introducir mejoras en la
distribución y la oferta de los servicios judiciales ante el crecimiento acelerado
de cargas y trabajos en los tribunales (Subero, 2001).15 La modernización de
la justicia ha avanzado principalmente en el área penal, y en segundo lugar
en la jurisdicción de tierras.16
En el terreno penal, con la puesta en vigencia del nuevo Código
Procesal Penal se determina que la SCJ proceda a la implementación de una
serie de cambios e innovaciones. Se debió ocupar de la pronta liquidación de
expedientes iniciados al amparo del anterior código, y para inicios de 2006 se
había desahogado aproximadamente el 52% de los asuntos contabilizados.
Las innovaciones son numerosas, entre las que cabe destacar: la creación de
los reglamentos para la aplicación de este código, la implementación de los
jueces de la ejecución de la pena cuya función principal es la protección de
los derechos fundamentales de los condenados, y la puesta en práctica de
tribunales colegiados de primera instancia en materia penal, cuyo objeto es
conocer de aquellas infracciones que conlleven una sanción penal de más de
dos años. Se ha aplicado la profesionalización de los jueces penales. Con el
propósito de facilitar el acceso a la justicia de la ciudadanía, están funcionando
 Otras medidas en el área penal que vale la pena mencionar son: la creación en 2001 del
Departamento de Seguimiento y Medidas Completivas de Expedientes de la Cámara
Penal del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, el cual se encarga de dar
seguimiento a las medidas y/o solicitudes ordenadas en sentencias por los jueces de las
diferentes salas, y cinco paralegales que elaboran los informes enviados a la fiscalía sobre
las necesidades de cada expediente. La creación de formularios especiales mediante los
cuales se comunica al Ministerio Público qué necesitan los expedientes criminales para
estar completos el día de la audiencia. Además, mediante la tarjeta roja colocada en los
expedientes con más de cinco aplazamientos se da aviso a los jueces y al Ministerio Público
de la prioridad de éstos (Subero, 2001).
15
 Según el doctor Subero, el Plan Quinquenal del Poder Judicial 2002-2006 se sostenía sobre
cuatro bases: la eficientización del sistema de administración de justicia, la capacitación,
la institucionalización y la concepción del servicio.
16
 El doctor Jorge A. Subero Isa ha expresado en diversas oportunidades que aún falta mucho por
hacer en otras jurisdicciones. Es el caso de la laboral, que requiere de una reforma procesal. En
primer lugar, se necesita fortalecer los mecanismos de resolución alternativa de los conflictos
de trabajo, empezando por la mediación administrativa y siguiendo con el preliminar de
la conciliación judicial. En segundo término, se debe eliminar la rigidez e inflexibilidad del
procedimiento en lo referente a la presentación y administración de las pruebas (Suárez, 2006).
14

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

139

centros de asistencia y servicios gratuitos. Parte de la modernización en el
área penal se ha dirigido a tomar en cuenta a niños y adolescentes con la
entrada en vigor del Sistema de Protección de los Derechos Fundamentales
de los Niños, Niñas y Adolescentes (ley 136-03). La vigencia del Código
Procesal Penal ha permitido dinamizar los procesos penales, lo que ha traído
una disminución de los presos preventivos.
En el área inmobiliaria, se sancionó la Ley N° 108-05 de Registro
Inmobiliario y los Reglamentos Generales para los Tribunales, los Registros
de Títulos y para la Dirección Nacional de Mensuras Catastrales. Asimismo,
se dotó de nuevos edificios para la jurisdicción inmobiliaria.
En este segundo período de reformas se comienzan a apreciar los frutos
de la creación de la Escuela Nacional de la Magistratura: para inicios de 2006
esta institución de estudios había producido cinco promociones de jueces
desde que inició sus actividades, graduándose un total de 62 jueces de paz, 76
defensores públicos ordinarios, 7 defensores públicos especializados en niños,
niñas y adolescentes, 7 trabajadores sociales y 12 investigadores judiciales.
Otra área fundamental es la relacionada con la evaluación del
desempeño de los jueces. Como ya se dijo, entre los cambios introducidos
en la Constitución en 1994 se cuenta su estatus de inamovibles. Obando
advierte que esta disposición tiene aspectos positivos y negativos. Con esta
medida se eliminaría la influencia política en el nombramiento y destitución
de jueces, pero a la vez podría convertirse en una institución en donde un
mejor desempeño tendría poca importancia. Por tanto, “la existencia de
un régimen de inamovilidad judicial en ausencia de los mecanismos de
evaluación deviene en un sistema irresponsable, carente de accountability,
pues no habría incentivos para que los jueces cumplan eficientemente sus
funciones” (Obando Prestol, 2001: 65)
Se ha demorado la aplicación efectiva del sistema de evaluación del
desempeño establecido en la Ley de Carrera Judicial de 1998. La SCJ ha sido
bastante cauta en este tema, y los reglamentos que se han dictado hasta la
fecha, 2000 y 2004, han sido producto de un proceso de aprendizaje desde
la misma práctica de la evaluación.17 Hasta mediados de 2006 se habían
ejecutado sólo cuatro procesos de evaluación.18
 Como se estipula en el texto del Reglamento de 2004, se hacía necesario este nuevo
instrumento en virtud de que la experiencia de los anteriores procesos, llevados a cabo en
los años 2001 y 2002, evidenciaron algunos aspectos que debían ser corregidos, con objeto
de lograr un sistema de evaluación del desempeño de jueces mas objetivo. SCJ, Resolución
No. 649-2004.
18
 “Continúa proceso evaluación desempeño de jueces”, El Judicial. Publicación del Poder
Judicial, Nº 2, enero/febrero de 2006, p. 12.
17

140

CEPAL

El proceso de evaluación del desempeño se fundamenta en la valoración
del nivel de eficiencia de los jueces, mediante la gradación de factores definidos
de acuerdo con la jurisdicción a que pertenezcan. Las evaluaciones son
ejecutadas bajo dos tipos de competencias: las judiciales y las no judiciales.
Las judiciales comprenden sentencias pronunciadas, audiencias celebradas,
incidentes fallados, autos dictados, despachos de asuntos administrativos
y casos de referimientos. Las no judiciales abarcan factor de estructuración
de la sentencia, organización y control de las actividades, capacitación
de dirección, tomas de decisiones, relaciones interpersonales y trato con
el usuario.19
Según establece el reglamento de 2004, se trata de una evaluación que
debe practicarse de manera anual a todos los jueces integrantes del poder
judicial. Los resultados obtenidos pueden condicionar la permanencia o
retiro de la carrera judicial; los movimientos en el escalafón de la carrera
judicial; la participación en concursos de ascensos; la obtención de becas
y participación en cursos especiales de capacitación; la participación en
programas de bienestar social; la concesión de estímulos de carácter moral
y económico; y la formulación de programas de capacitación específicos o
particulares. En la escala de las calificaciones se considera aprobado entre
64 y 100 puntos. En el recuadro III.4 se presentan los incentivos y sanciones
involucradas según la calificación obtenida.
Como se observa, la mayor sanción que establece el reglamento de
2004 por bajo desempeño es la suspensión por un período de hasta 30 días,
lo que se aplica para aquellos funcionarios con menos del 65% del total de
puntos de la escala de calificación. No se contempla la destitución del cargo
como sanción por el mal desempeño de los jueces.
En la página web de la SCJ de la República Dominicana se encuentran
disponibles los resultados de las evaluaciones practicadas en los años
2002, 2004 y 2005. Con el propósito de conocer los resultados finales de la
evaluación, que se presentan a continuación, se sintetizó la información
correspondiente a 2004 y 2005, desagregada según departamento.
Se aprecia que en general los resultados son muy positivos, ya que
en 2004 el 87% del total de jueces evaluados obtuvo calificaciones entre
buena y excelente (superiores a 74 puntos en una escala de 0 a 100). Este
porcentaje se incrementó a 96% en la evaluación de 2005. Casi un 10% de los
jueces evaluados en 2004 recibió la calificación suficiente, y sólo alrededor
del 3% fueron calificados de manera deficiente. En 2005 estas cifras
también muestran mejorías sustanciales: el porcentaje de jueces calificados
 SCJ, Resolución No. 649-2004.

19

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

141

Recuadro III.4
INCENTIVOS Y SANCIONES SEGÚN LA CALIFICACIÓN OBTENIDA EN LA
EVALUACIÓN DE DESEMPEÑO DE JUECES. RESOLUCIÓN N° 649-2004
95-100 Excelente: Estará en condiciones de ser ascendido a un cargo superior
vacante o promovido a cargos de carrera.
85-94 Muy bueno: Para permanecer en el cargo, ser promovido y reconocido.
75-84 Bueno: Para permanecer en el cargo, traslado en forma transitoria o
permanente, o ser incluido en un programa de capacitación.
65-74 Suficiente: Cumple con las expectativas del cargo pero necesita mejorar
para alcanzar mayores niveles de desempeño, por lo que debe ser incluido
en un programa de capacitación.
0-64 Deficiente: Está por debajo de las expectativas y estándares establecidos,
por lo que le serán aplicadas las disposiciones contenidas en la Ley y el
Reglamento de Carrera Judicial para esos casos. Las disposiciones principales
al respecto señalan que el juez evaluado con calificación deficiente será objeto
de la aplicación de la sanción disciplinaria que consiste en suspensión por
un período de hasta 30 días. En interés de retener en el servicio judicial al
juez evaluado con calificación deficiente, éste tiene pleno derecho de cursar
los programas de capacitación que al efecto prepare la Escuela Nacional de
la Judicatura.
Fuente: Página web de la Suprema Corte de Justicia de la República Dominicana [www.suprema.gov.do].

con “suficiente” baja a 3,7% y aquellos que obtienen nota “deficiente”
apenas representan 0,1% del total. Cuando se observan estos resultados de
manera desagregada por departamento, se advierten algunos contrastes
en el desempeño. En 2004 únicamente 4 de los 10 departamentos no
tuvieron jueces con calificaciones deficientes. El departamento con el peor
desempeño de sus jueces fue Santo Domingo, ya que sólo el 71,9% de ellos
obtuvo calificaciones buena y excelente, el 21,9% logró suficiente y 6,3%
deficiente. Sin duda que uno de los desafíos que debe resolver la justicia
dominicana se encuentra en los contrastes en la calidad de sus servicios
según zonas geográficas. Los resultados de la evaluación de 2005 revelan,
en este sentido, un progreso muy satisfactorio que debiera consolidarse en
los años por venir.
El tema de la calidad de la justicia también implica el derecho de
todo ciudadano a tener una representación legal de calidad. La SCJ se
ha preocupado por mejorar el Servicio Nacional de Defensa Pública, que
se regula mediante la Ley Nº 277-04, sancionada en 2004. También se ha
incrementado el número de defensores públicos. Mientras que a mediados
del 2004 sólo se contaba con 14 defensores de carrera, para inicios de 2006
la cifra ascendía a 79 defensores. La meta final de la SCJ es contar con un
mínimo de 226 defensores de carrera (Subero, 2006).

4,3

11,8
4,0
8,9
4,3

18,4

10,2

11,0

21,9

9,9

93,6

83,8
96,0
91,1
95,7

81,6

86,4

82,2

71,9

87,0

3,1

6,3

6,8

3,4

0,0

4,4
0,0
0,0
0,0

2,1

5,4

516

32

73

59

49

68
25
56
23

94

37

Total de
jueces
evaluados
(N°)

96,0

92,1

96,5

100,0

97,9

94,3
96,0
94,7
100,0

99,0

89,5

Evaluaciones
buenas a
excelentes
(100-75
puntos)

3,7

7,9

1,8

0,0

2,1

4,3
4,0
5,3
0,0

1,0

10,5

0,1

0,0

0,0

0,0

0,0

1,4
0,0
0,0
0,0

0,0

0,0

Evaluaciones
deficientes
(0-64 puntos)

2005
Evaluaciones
suficientes
(65-74 puntos)

Fuente: Página web de la Suprema Corte de Justicia de la República Dominicana [www.suprema.gov.do].

5,4

89,2

Barahona
Distrito
Nacional
La Vega
Montecristi
San Cristóbal
San Juan
San Francisco
de Marcolis
San Pedro
de Marcolis
Santiago
Santo
Domingo
Totales

Evaluaciones
deficientes
(0-64 puntos)

2004

Evaluaciones
suficientes
(65-74 puntos)

Evaluaciones
buenas a
excelentes
(100-75
puntos)

Departamento

Cuadro III.5
REPÚBLICA DOMINICANA: EVALUACIÓN DE JUECES, SEGÚN DEPARTAMENTO
(Porcentajes)

507

38

57

54

48

70
25
57
23

97

38

Total de
jueces
evaluados
(N°)

142
CEPAL

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

143

Una de las materias pendientes es la calidad de los servicios que
prestan los abogados. Aun cuando desde 1983, con la Ley Nº 91, se
instituyó el Colegio de Abogados de la República Dominicana, la SCJ ha
dado muestras de inconformidad con la práctica de la abogacía de algunos
profesionales. En particular, el Magistrado Rafael Luciano Pinchardo
expresó en entrevista que se había quejado de la poca calidad que presentan
algunos escritos de colegas profesionales, atribuida al exceso de abogados
que se juramentan. La SCJ introdujo en el senado un proyecto de reforma
que procura la modificación de la ley sobre procedimiento de casación,
que limitaría los recursos, incluyendo como una de sus causas el monto de
dinero comprometido.20
A continuación se revisan algunos indicadores de desempeño de la
justicia. Primero, la carga de trabajo, entendida como el número de causas
que ingresan anualmente a cada jurisdicción. En los gráficos siguientes se
expone la concentración de la carga de trabajo según materia, que difiere
si se trata de la primera o la segunda instancia. En la primera Instancia, las
materias civil y comercial (58%) y niños, niñas y adolescentes (27%) presentan
el mayor porcentaje de casos ingresados. En cambio, en la segunda instancia
la materia laboral es la principal (35%), seguida por la penal (27%), la de
tierras (19%) y la civil y comercial (18%).
Gráfico III.3
REPÚBLICA DOMINICANA: CARGA DE TRABAJO PRIMERA INSTANCIA, 2005

Tierras 1%
9% Penal

Laboral 5%
27%

Niños, niñas y
adolescentes

Civil y comercial 58%
Fuente: SCJ, Boletín estadístico judicial (trimestral) ww.suprema.gov.do/Boletines.

 Entrevista al primer sustituto del Juez Presidente de la SCJ, Magistrado Doctor Rafael Luciano
Pichardo, publicada en www.informejudicial.com. La SCJ también se ha interesado en que
se regule el trabajo que realizan los notarios. Desde 1967 existe el Colegio Dominicano
de Notarios; sin embargo, es a partir de la Ley Nº 89-05 de 2005 cuando se establecen las
pautas de esta institución.

20

CEPAL

144

Gráfico III.4
REPÚBLICA DOMINICANA: CARGA DE TRABAJO SEGUNDA INSTANCIA, 2005

Niños, niñas y
adolescentes

19%

27% Penal

1% Tierras

Laboral

35%

18%
Civil y comercial

Fuente: SCJ, Boletín estadístico judicial (trimestral) ww.suprema.gov.do/Boletines.

Un indicador de eficiencia es la relación entre el número de casos que
ingresan anualmente y el número de casos resueltos en ese mismo año. En
el cuadro III.6, por ejemplo, se advierte que en 2005, en la primera instancia,
sólo la justicia laboral presentó una razón de casos resueltos baja, 0,81. En
contraste, en la segunda instancia, la justicia civil y comercial obtuvo con
0,85 puntos la razón más alta, en tanto que en el resto de las jurisdicciones
el número de causas resueltas fue mucho menor que el de las ingresadas.
Diversos organismos internacionales (AI, 2003, 2004 y 2005; FH,
2002-2005; HRW, 1998) han identificado en la República Dominicana una
Cuadro III.6
REPÚBLICA DOMINICANA: CASOS INGRESADOS Y RESUELTOS EN
PRIMERA Y SEGUNDA INSTANCIA, SEGÚN JURISDICCIÓN, 2005
Primera instancia

Segunda instancia

Causas
ingresadas
Penal
Niños, niñas y
adolescentes
Civil y comercial
Laboral
Tierras
Total

Causas
resueltas

Razón de casos
resueltos

Causas
ingresadas

Causas
resueltas

12 694

13 595

1,07

6 604

2 045

0,31

40 243

38 061

0,95

190

76

0,40

85 221
7 945
1 990
148 093

83 052
6 436
2 070
143 214

0,97
0,81
1,04
0,97

4 411
8 678
4 617
24 500

3 770
1 518
819
8 228

0,85
0,17
0,18
1,92

Fuente: SCJ, Boletín estadístico judicial (trimestral) www.suprema.gov.do/Boletines.

Razón
de casos
resueltos

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

145

tradicional propensión al uso excesivo de la fuerza y a la limitación de
derechos en su manejo del conflicto social y de la seguridad pública. Se
han dado casos en que las manifestaciones pacíficas en contra de medidas
gubernamentales y de deficiencias de los servicios públicos o en el contexto
de crisis económicas fueron disueltas con armas de fuego por las fuerzas de
seguridad, con resultado de muertos y heridos, a la vez que los organizadores
fueron sometidos a vigilancia, arrestos arbitrarios y redadas.
En el plano del proceso debido, los mismos organismos han denunciado
faltas de respeto a los derechos humanos. Los detenidos no reciben información
sobre sus derechos y deberes ni sobre las infracciones cometidas; mientras
que el derecho a ser asistido por un abogado sólo se les facilita tras mucha
insistencia. La policía también detiene a familiares de sospechosos como
rehenes para conseguir que éstos se entreguen. Alrededor del 80% de los
presos permanecen sin condena. Las prisiones están sobrepobladas, en
condiciones insalubres y en ellas la violencia es rutinaria. Las quejas por
tortura y el arresto arbitrario son las más frecuentemente dirigidas contra
las fuerzas de seguridad, que están militarizadas y tienden a operar fuera de
la cadena de mando civil. La ejecución extrajudicial de prisioneros comunes
también es frecuente.
A partir de 2003 el gobierno comenzó a remitir los casos de abuso
militar y policial a las cortes civiles, en vez de a tribunales militares o
policiales. En septiembre de 2004 entró en vigor un nuevo código penal que
otorga garantías adicionales a los sospechosos.
5.

Clientelismo y corrupción

Como se mencionó en la primera parte, en un sistema político democrático
los vínculos entre las demandas e intereses de los electores y las decisiones
de los funcionarios públicos pueden obstruirse de diversas formas. Cuando
la clase política incurre en comportamientos corruptos, sus decisiones
estarán orientadas a abusar de su puesto con el fin de satisfacer sus intereses
privados de carácter económico (o político electoral). La corrupción favorece
a determinados grupos a costa de quienes carecen de poder político y
económico. El clientelismo es otro tipo de vinculación no representativa con
los electores. En este caso, la distribución de beneficios a cambio de apoyo
político viene dada en forma tal que los funcionarios electos o de partido
premian a los electores leales, asignándoles beneficios en detrimento de los
no leales, a quienes se castiga privándolos de ellos.

CEPAL

146

Recuadro III.5
IMPORTANCIA DE LA IMPLEMENTACIÓN DE MEDIDAS QUE
REDUZCAN LOS INCENTIVOS PARA LA CORRUPCIÓN Y EL
CLIENTELISMO EN EL CICLO DE LAS POLITICAS PÚBLICAS
A) Formulación de
demandas

B)
Recepción y
procesamiento
de demandas

C) Decisión

D) Ejecución

F) Evaluación
de resultados

El clientelismo y la corrupción pueden presentarse en cualquiera de las etapas
del Ciclo de las Políticas Públicas
- En la formulación de demandas se presenta el clientelismo cuando los grupos
organizados de la sociedad civil no cuentan con autonomía del poder político.
- En la recepción y procesamiento de demandas y la toma de decisiones, se
puede presentar la corrupción cuando los políticos favorecen a determinados
grupos a costa de quienes carecen de poder político y económico; o
el clientelismo, cuando se distribuyen beneficios a cambio de apoyo
político.
- En la ejecución cuando la burocracia carece de profesionalismo.
- En la evaluación de resultados, cuando las políticas sociales implementadas
carecen de mecanismos rigurosos y transparentes de evaluación de su
eficiencia y eficacia.
Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

Las particularidades de la corrupción en la República Dominicana, así
como la agenda de propuestas y de reformas en curso, han sido abordadas
por numerosos estudios. Entre éstos sobresale el esfuerzo sistemático que ha
realizado al respecto una de las organizaciones de la sociedad civil, Participación
Ciudadana, que en una serie de trabajos ha mostrado las características y
consecuencias de la corrupción en el país (PC, 2003), así como el grado de
impunidad que prevaleció entre 1983 y 2003 en los casos de corrupción ante la
justicia dominicana (PC, 2004d), además de documentar el conocido colapso
del sistema bancario en 2003 (PC, 2005), y exponer la relación entre pobreza,
programas sociales y corrupción (PC, 2005b). Por otra parte, ha efectuado
análisis de la normativa legal dominicana sobre control de la corrupción,
y ha elaborado propuestas al respecto. (Aquino, 2002; PC, 2004a y 2004b).
En el presente diagnóstico, el tema de la corrupción resulta de interés
en su relación con la formulación de políticas públicas. Es importante
determinar de qué manera se ha abordado o no en la República Dominicana
los actos de corrupción que pueden entorpecer las distintas etapas de las
políticas públicas: distorsiones en selección de las demandas que se reciben
y se procesan, y en la toma de decisiones por los funcionarios públicos,
falta de transparencia en la ejecución de las políticas públicas y omisión de
evaluaciones serias de los resultados de dichas políticas.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

147

Se iniciará con algunas definiciones necesarias sobre la corrupción.
Participación Ciudadana (PC, 2003: 4-5) presenta una tipificación útil de sus
diferentes modalidades, de acuerdo con su naturaleza y el ámbito donde se
produzca: La corrupción política es la obtención de beneficios personales o de
grupo de manera ilícita, por el poder o vínculos con éste mediante el ejercicio
de la actividad política o de representación. La corrupción administrativa pública
es el uso de la función pública para la obtención de beneficios personales,
familiares o grupales en detrimento del patrimonio público. La corrupción
corporativa es el uso del soborno de parte de un sector económico o empresa
para obtener beneficios corporativos. Finalmente, la corrupción privada es aquella
que violenta las normas y valores para obtener ventajas frente a otros.
Los principales organismos encargados del combate de la corrupción
en la República Dominicana son la Cámara de Cuentas, la Contraloría
General de la República, y el Ministerio Público.
La actividad de la Cámara de Cuentas se enmarca en una nueva ley, la
Nº 10-04.21 La elección de sus miembros corresponde al Senado de la República,
a partir de una terna propuesta por el Poder Ejecutivo. Las funciones para
este organismo son el examen de las cuentas generales y particulares de la
República, la protección de los bienes y valores públicos, además de tener
funciones jurisdiccionales en materias tributarias y consultivas hacia el
Senado, la Cámara de Diputados y el Presidente de la República.
La Ley 821, que crea la Procuraduría General de la República, data de
1927. Entre las funciones de esta entidad se cuentan las de ejercer la dirección
y supervisión del Ministerio Público y representar al Estado ante la Suprema
Corte de Justicia. En 1997, con el Decreto Nº 322, se fundó el Departamento
de Prevención de la Corrupción Administrativa (DPCA), dependiente de la
Procuraduría General de la República, cuyas funciones principales consisten en
la investigación y prevención, y todo lo relativo al diseño, ejecución y manejo
del Programa Nacional de la Lucha Contra la Corrupción Administrativa.
En 2001, mediante el decreto Nº 783 se establece el Consejo Asesor
en Materia de Lucha Anticorrupción de la Presidencia de la República,
con el objetivo de recabar informaciones, formular propuestas y elaborar
proyectos de leyes, decretos o reglamentos que se presentarían al Presidente
 La Ley No. 10-04 de la Cámara de Cuentas de la República Dominicana establece las
atribuciones y competencias de la Cámara de Cuentas, instituye el Sistema Nacional de Control
y Auditoría, armoniza las normas legales relativas a dicho sistema, identifica las instituciones
responsables de aplicarlas y jerarquiza su autoridad, facilita la coordinación interinstitucional,
promueve la gestión ética, eficiente, eficaz y económica de los administradores de los
recursos públicos y apoya una transparente rendición de cuentas de quienes desempeñan
una función pública o reciben recursos públicos.

21

148

CEPAL

de la República para enfrentar la corrupción. Este Consejo está compuesto
por el Secretario de la Presidencia, el Consultor Jurídico del Poder
Ejecutivo, el Procurador General de la República, el Contralor General
de la República, el Director del DPCA, dos procuradores fiscales, dos
representantes de la iglesia, uno de la Católica y otro de la Evangélica, y
también contempla la participación de tres representantes de la sociedad civil.
Finalmente, el Ministerio Público es el órgano judicial encargado de
dirigir la investigación de los hechos de carácter penal en representación
de la sociedad. (El artículo 6 de la Ley Nº 78/03 instituye el Estatuto del
Ministerio Público).
Según las conclusiones de distintos diagnósticos, entre ellos el de
PNUD (2005), estos organismos no tienen las condiciones institucionales
suficientes para realizar un trabajo efectivo de investigación de fraudes
y corrupción, por lo que no han desempeñado un papel relevante para
evitar el uso indebido de los recursos públicos y perseguir los hechos
de corrupción.
Por otra parte, como ha puesto en evidencia Participación Ciudadana,
en los insuficientes resultados de estas instituciones también influye una
falta de voluntad política de los funcionarios públicos. Por ejemplo, entre
los resultados relevantes que arrojó el Informe de Monitoreo Legislativo
realizado por Participación Ciudadana (2006b) a la Primera Legislatura
Ordinaria del 2006, del 27 de febrero al 27 de mayo de ese año, se señala
falta de fiscalización al Poder Ejecutivo por parte del Congreso Nacional,
ya que ninguna de las cámaras legislativas había sometido a estudio las
memorias de gestión del Presidente de la República entregadas el 27 de
febrero de 2006. Asimismo, tampoco se habían referido a los informes de
desempeño suministrados por la Cámara de Cuentas, en relación con los
diferentes poderes del Estado.
Desde la transición a la democracia, ninguna gestión presidencial ha
transcurrido sin que existan acusaciones serias y escándalos de corrupción.
El asunto adquirió especial relevancia a partir de la crisis bancaria de 2003,
que costó a la nación entre el 60% y el 80% del presupuesto nacional y
estuvo vinculada a las prácticas fraudulentas de agentes de los sectores
público y privado. En virtud de esto, el ganador de las elecciones de 2004,
Leonel Fernández, hizo del combate a la corrupción el tema central de su
campaña, si bien durante su período anterior (1998-2002) no estuvo exento
de acusaciones en este sentido.
El sistema de justicia dominicano es poco apropiado para detectar y
castigar los actos de corrupción. Entre 1983 y 2003 fueron investigados 200

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

149

casos de corrupción: 40 fueron descargados, 166 estaban pendientes de fallo
en libertad provisional y sólo uno fue condenado, para luego ser indultado
por el Poder Ejecutivo. Para los casos graves, en virtud del alto cargo del
responsable, existe el recurso al juicio político. Sin embargo, en la República
Dominicana es, literalmente, más fácil reformar la constitución que enjuiciar
a un alto funcionario. Para acusar por mala conducta o faltas graves a un
funcionario electo, la Cámara de Diputados requiere el voto de tres cuartas
partes de la totalidad de sus miembros, y la denuncia es conocida por el
Senado, que se convierte en alto tribunal.22
En una entrevista realizada en el curso de elaboración de este estudio,
un diputado en funciones proporcionó una serie de ejemplos en los que
la corrupción, presuntamente, explica la mala calidad en el producto de
determinados servicios e industrias. Así, se resaltó la incapacidad del Estado
para obligar a que una transnacional refinadora de petróleo cumpliera los
términos contractuales en el sentido de ampliar la capacidad de refinamiento,
o bien que al menos se le impusieran condiciones de mayor competencia.
Algo similar ocurriría tanto con el precio elevado de los vuelos comerciales
a Estados Unidos, cuya calidad del servicio es muy deficiente, como con
el alto costo de la generación de energía eléctrica.23 Las consecuencias que
surgen de la transferencia al público de los costos por trato preferencial hacia
grupos privilegiados son claramente expuestas por el diputado:
“El esquema político nuestro se ha articulado de manera muy fuerte
con negocios rentistas, y entonces está generando unos costos muy
altos y esos costos muy altos los transfieren a la economía. Eso se
puede administrar en una etapa de aislamiento. Pero a medida que
nos vamos insertando en la economía internacional, esos costos nos
sacan de competencia… porque no hay manera de [que] nosotros
[seamos] exitosos en el proceso de apertura, [de] integración a la
economía internacional, con los costos generados por la ineficiencia
política y los negocios rentistas que normalmente vinculan y financian
las actividades clientelitas”.
 De acuerdo con los datos presentados en Payne y otros (2006: 111-114), la norma general
en América Latina es que se requieran mayorías legislativas simples o de dos tercios para
proceder con el juicio político. Los sistemas bicamerales (como el dominicano) son en general
más restrictivos que los unicamerales, pues es necesario reunir dos veces la mayoría para
inhabilitar al funcionario. Como la República Dominicana es el único país que requiere
una mayoría de tres cuartas partes para el juicio político, y ésta debe ser obtenida en cada
una de las cámaras, no es impreciso decir que los altos funcionarios dominicanos son los
más protegidos en América Latina para esta eventualidad.
23
 El costo de la tarifa eléctrica, sus efectos negativos sobre la competitividad y su asociación
con una falta del cumplimiento de la ley también fue destacado en entrevista por Francisco
José Castillo, vicepresidente del CONEP.
22

150

CEPAL

Desde la década de 1990 en República Dominicana se han realizado
numerosos cambios en las normativas encaminadas a prevenir los actos
de corrupción. Los temas y alcances de dichas medidas son muy variados:
presupuesto, adjudicación de obras y servicios, adquisición, enajenación y
uso de los bienes estatales, modificaciones a la Cámara de Cuentas, sobre la
interpelación e impugnación de los actos de la administración pública, sobre
prevención y sanción de la corrupción, entre otros (PC, 2002 y 2004b).
Una de las más recientes innovaciones se orienta a fortalecer a la
sociedad civil. Como es sabido, las organizaciones de la sociedad civil
elevan demandas dirigidas a los servidores públicos. Su falta de autonomía
se relaciona con las limitaciones a las que deben enfrentarse para obtener
los recursos que aseguren su existencia. Como una manera de atacar el
clientelismo de los partidos políticos hacia estas organizaciones se dictó la Ley
Nº 122-0524, cuyo objetivo es dotar a las organizaciones sin fines de lucro de
un sistema de reglas claras que permita su fomento. En dicho ordenamiento
se establece el Centro Nacional de Fomento y Promoción de las Asociaciones
sin Fines de Lucro, con la finalidad de impulsar la participación de dichas
instituciones en la gestión de los programas de desarrollo. Este Centro está
adscrito al Secretariado Técnico de la Presidencia, y es coordinado a través
de la Oficina Nacional de Planificación.
Como requisito para que una organización obtenga la personalidad
jurídica se estipula que debe obtener primero el registro ante la Procuraduría
General de la República.25 Asimismo, se fijan las condiciones para formar
parte del Registro Nacional de Habilitación de Asociaciones sin Fines de
Lucro, que es la referencia para la propuesta de asignación de fondos o
contratación de asociaciones por el sector público, así como para el aval del
Estado al establecimiento de convenios y/o la obtención de financiamiento
de organismos de cooperación.
Las organizaciones no gubernamentales (ONG) que se incorporaron
al registro en 2006 fueron 2915. 26 En el cuadro III.7 se presentan las
organizaciones beneficiadas con las transferencias y su monto para el año
 La Ley Nº 122-05 versa sobre regulación y fomento de las asociaciones sin fines de lucro
en la República Dominicana.
25
 Esta Ley también establece las causales que pueden provocar la disolución de una
organización: por la voluntad expresa de las tres cuartas partes de las personas socias,
por haber llegado al término previsto para su duración o, finalmente, en caso de que se
compruebe que se dedica a fines no lícitos, la Procuraduría General de la República podrá
solicitar al Poder Ejecutivo la disolución de dicha asociación.
26
 Oficina Nacional de Planificación, Total de ONG con datos completos. Como se advierte, el
número de ONG registradas que presentamos no coincide con el número de ONG beneficiadas
con transferencias; esta segunda cifra es mucho más elevada. Probablemente esto se deba
a que el informe de ONG registradas señala que se trata de aquellas con datos completos.
24

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

151

2006, desglosadas por entidad. Como se observa, para este primer año de
aplicación de la ley ha sido la Presidencia de la República la que financió
un mayor número de organizaciones (42,4% de total de éstas); asimismo,
esa entidad de gobierno destinó el mayor porcentaje del presupuesto
total para transferencias (42,4%). En el presupuesto de 2007 hay cambios
importantes. En primer lugar, el número de ONG financiadas así como el
monto de los recursos otorgados imputables a la Presidencia de la República
registran un descenso considerable. Otro cambio concierne al monto
global de los recursos presupuestados, que también es menor. Por último,
la estructura de estas transferencias sufrió también una modificación, ya
que ahora es la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social
el área que concentra el mayor porcentaje de recursos presupuestados
(42% del total).
Sin embargo, los criterios utilizados para estas asignaciones
son desconocidos. Las organizaciones consideran que son decisiones
discriminatorias, de tipo clientelar y político, y que se destinan mayores
partidas a las entidades vinculadas con el Congreso, incluyendo a aquellas que
son dirigidas por los propios legisladores, ante la ausencia de mecanismos
de fiscalización de los recursos otorgados. No obstante, las organizaciones
reconocen la existencia de facilidades para su reconocimiento como entidades
de interés público y legalización, en particular si se trata de los organismos
de promoción del desarrollo y de los filantrópicos.
En otra materia, con la promulgación de la Ley Nº 200-04 y del Decreto
Nº 130-05 se establece una normativa para el libre acceso a la información
pública y su correspondiente reglamento. Según el artículo 1 de dicha ley,
“Toda persona tiene derecho a solicitar y a recibir información completa,
veraz, adecuada y oportuna, de cualquier órgano del Estado Dominicano,
y de todas las sociedades anónimas, compañías anónimas o compañías por
acciones con participación estatal”. Cada uno de esos organismos debe asignar
un responsable de acceso a la información (RAI) y crear oficinas de acceso
a la información (OAI) a partir de los recursos humanos con los que ya se
cuenta en cada institución. Hasta el momento ha correspondido al CONARE
poner en vigor esta ley; sin embargo, al cierre de esta investigación aún se
encontraba en discusión las características que asumirá el ente responsable
de aplicarla, por ejemplo, si se tratará o no de un instituto autónomo.
Pese a la abundante legislación que obliga al gobierno a publicar sus
cuentas, la información disponible es escasa y poco transparente sobre el
presupuesto de las dependencias y su ejecución, así como sobre indicadores de
desempeño de las empresas prestadoras de servicios, con la excepción del sitio
electrónico de la Secretaría de Educación. La obtención de información es lenta,
burocrática y discriminatoria. Aunque la declaración de bienes patrimoniales

4,7
0,2
4,5
0,0
1,7
1,5
2,2
0,9
5,7

Vd.
10
98

1
122
104
270

78

31
100,0

23,8
2,2

310
387

3 649

%
42,9
9,6

Nº
1 546
692

ONG financiadas

Fuente: Elaboración propia sobre la base de información oficial.

Total general transferencias a ONG

Entidad que realizó la transferencia
Presidencia de la República
Secretaría de Estado de Educación
Secretaría de Estado de Salud
Pública y Asistencia Social
Subtotal Secretaría de Deportes
Subvención a Federaciones
Deportivas
Secretaría de Estado del Trabajo
Secretaría de Estado de Agricultura
Secretaría de Estado de
Agricultura y Comercio
Secretaría de Estado de la Mujer
Secretaría de Estado de Cultura
Secretaría de Estado de la Juventud
Secretaría de Estado de
Medioambiente y Recursos naturales
Secretaría de Estado de Educación
Superior, Ciencia y Tecnología
74 509 058
1 301
056 001

12 321 063

170 704
22 182 086
19 759 755
28 200 623

60 800 000
2 703 196
58 566 518

309 070 117
28 727 750

RDA
558 664 047
125 381 083

100,0

0,8

2,1

0,0
3,3
2,9
7,4

0,0
0,3
2,7

8,5
10,6

%
42,4
19,0

Presupuesto 2006

924

12

30

8
41
31
24

2
15
59

272
150

Nº
195
85

834 265 609

73 219 011

1,3
100,0

15 934 112

3 199 763
19 655 366
6 319 200
28 887 977

49 220 079
6 423 200
49 688 586

349 193 304
17 819 270-

RDA
98 137 500
116 568 241

100,0

8,8

1,9

0,4
2,4
0,8
3,5

5,9
0,8
6,0

41,9
2,1

%
11,8
14,0

Presupuesto 2007

3,2

0,9
4,4
3,4
2,6

0,2
1,6
6,4

29,4
16,2

%
21,1
9,2

ONG financiadas

Cuadro III.7
REPÚBLICA DOMINICANA: TRANSFERENCIAS CORRIENTES A ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES (ONG)
CORRESPONDIENTES A LOS PRESUPUESTOS DE 2006 Y 2007

152
CEPAL

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

153

de los funcionarios es pública, la Cámara de Diputados aprobó restringir
su acceso argumentando la inseguridad que produce en los funcionarios.
Otra área de innovaciones se relaciona con los programas sociales.
Galiano (2006) identifica una relación negativa entre la presencia de un
sistema de clientelismo y la frecuencia de la práctica de evaluación de
programas. Un sistema político con estas características tiende a elegir
programas especialmente poco efectivos en el fomento de la evaluación.
Por tanto, la elección de un programa social por encima de otro quizá esté
muy alejado del objetivo que declara tener. Para reducir la probabilidad
de que estos programas sean utilizados con fines clientelares, se requiere
de algún tipo de intervención externa. Es aquí en donde toma relevancia
el fomento de la práctica de evaluación y análisis costo-beneficio de los
programas sociales.
En el caso de la República Dominicana, existe evidencia clara de
esta asociación. Los tres partidos dominantes de la escena política han
desarrollado uno de los sistemas de partido más altamente institucionalizados
de América Latina, y en forma paralela el contenido programático que
ofrecen esas agrupaciones políticas se cuenta entre los más bajos de la región
(BID, 2006). Resulta comprensible que los partidos hayan ido perdiendo su
carácter programático en la medida en que fueron adquiriendo vocación
gubernamental, principalmente con el incremento de la competencia electoral.
Uno de estos partidos, el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), nació como
partido gubernamental autoritario y desde su origen se dedicó a beneficiar
a sus seguidores con cargos públicos. Por ello, los intentos por introducir
una ideología socialcristiana en su programa resultaron relativamente
infructuosos. En cambio, tanto el Partido Revolucionario Dominicano
(PRD) como el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) surgieron con
un alto componente programático en su oferta política, orientado a la
transformación social. Sin embargo, en la medida en que fueron adquiriendo
vocación de gobierno, ambos fueron desdibujando sus compromisos
normativos a favor de decisiones pragmáticas, como el establecimiento
de alianzas electorales y el recurso a los empleos y programas públicos
como una forma de obtener y mantener el poder (Jiménez Polanco, 1999).
De acuerdo con lo que expresó en entrevista un alto funcionario
gubernamental, el sistema de doble vuelta para las elecciones presidenciales
vino a diluir aun más la propuesta ideológica de los partidos, en la medida en
que sus candidatos evitan asumir posiciones extremas para no ahuyentar a
los electores moderados. Sea ésta o no la causa, es evidente que las propuestas
presentadas por los distintos partidos guardan una enorme similitud. Un
dirigente sindical entrevistado para este trabajo, por su parte, rechaza que
sea aplicable a la política dominicana la clasificación izquierda-derecha.

154

CEPAL

Los diagnósticos realizados revelan un gran atraso en los programas
puestos en práctica, que se caracterizan porque predominan los de corte
asistencialista, presentan una falta de continuidad, una gran dispersión y
duplicidad, y se instrumentalizan con fines políticos (Dotel, 2005).
Un elemento de crucial importancia es la alta vulnerabilidad del gasto
social. En el período más reciente, entre 2000 y 2004, el gasto social con
respecto al PIB bajó de 8,2% en el 2000 a 6,6% en el 2003. Además, existen
espacios para la asignación discrecional del gasto público por parte del
Poder Ejecutivo.27
Con todo, se debe admitir que, como lo reconoce el Informe del
BM-BID (2006), se han puesto en marcha cambios significativos en el
marco institucional de la política social, entre éstos cabe destacar los que a
continuación se detallan.
En el 2000 se creó el Gabinete Social, integrado por representantes de
todos los organismos sectoriales del área social, con la finalidad de articular
la definición, diseño y coordinación de la política social.
A partir de 2004 se viene consolidando el Sistema Único de Beneficiarios
(SIUBEN) como mecanismo principal para la focalización de la asistencia
y protección social. Este sistema es innovador ya que utiliza instrumentos
(encuestas a los hogares y fórmulas estadísticas) que permiten determinar
la elegibilidad de las familias e individuos a los subsidios y transferencias
sobre la base de un índice de condiciones de vida.
 La Ley Orgánica de Presupuesto para el Sector Público N° 531 de 1969 contemplaba que el
excedente de ingresos sobre el estimado mensual constituía un fondo especial a disposición
del Poder Ejecutivo (léase, del Presidente), destinado a satisfacer aquellas necesidades
que éste juzgara convenientes. Así, la utilización de este fondo abría las puertas a la
discrecionalidad en el gasto. Si bien la nueva Ley Orgánica de Presupuesto para el Sector
Público N° 423-06 de 2006 eliminó el mencionado fondo especial, el Presidente aún conserva
un amplio margen de libertad en el presupuesto público, por cuanto en el artículo 32 de
la nueva ley se establece que “en el Proyecto de Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos
Públicos se apropiará un monto de gastos equivalente al cinco por ciento (5%) de los
ingresos corrientes estimados del Gobierno Central para ser asignado durante el ejercicio
presupuestario por disposición del Presidente de la República”. Debe resaltarse, además,
que este monto es distinto al que se asigna a emergencias y calamidades (puesto que en
el artículo 33 se estipula que el 1 % de los ingresos del Gobierno Central irán a cubrir la
gestión de riesgos). Por consiguiente, el 5% de los ingresos del Gobierno Central que se
ponen a disposición del Presidente no está concebido para dar respuesta a situaciones
de imperiosa necesidad (aunque ciertamente no excluye esta posibilidad). No obstante,
debe mencionarse que la ley 423-06 intenta regular el gasto de estos montos al determinar
que “la instrumentación y ejecución de estos gastos se realizará aplicando las normas y
procedimientos vigentes”, y que “el Poder Ejecutivo presentará en el Estado Anual de
Recaudación e Inversión de las Rentas, un anexo con el informe detallado sobre el uso de
esta apropiación”.

27

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

155

A partir de haberse expedido el Decreto Nº 1554-04 se ha procedido a
reorganizar la asistencia social mediante la eliminación y la reestructuración
de algunos programas menores; se instituyó el Programa Solidaridad y en
2006 estuvo listo el manual operativo para su funcionamiento. Por ser de
reciente publicación, no es posible evaluar su funcionamiento.
Entre las modificaciones novedosas sobresale la inclusión de programas
de transferencias condicionadas de dinero: el Programa de Incentivos a la
Asistencia Escolar (ILAE) y el programa “Comer es primero”. Las transferencias
de estos programas son focalizadas con el SIUBEN, canalizadas a través
de una tarjeta de débito, y suponen condicionalidades a sus beneficiarios
que apuntan a la inversión en la salud y nutrición materno-infantil y la
educación básica.
Prácticas más rigurosas en la evaluación de los programas sociales
son de reciente institucionalización en la República Dominicana. Según se
determina en el Decreto 536-05, el Gabinete de Política Social debe realizar
una evaluación de los resultados alcanzados por el Programa Solidaridad
y sus componentes después de transcurridos los tres primeros años de
implementación, y es la Dirección General de dicho programa la instancia
responsable del desarrollo y puesta en marcha de los módulos y su seguimiento.
La evaluación contempla tres etapas: seguimiento interno, seguimiento
externo y evaluación de impacto. El manual incluye de diferentes maneras
la intervención de la sociedad civil en este proceso: el seguimiento externo a
los procesos operativos se encuentra a cargo del Gabinete de Coordinación
de la Política Social, con el apoyo del Consejo Consultivo de la Sociedad
Civil (CCSC), y la parte operativa se ejecuta mediante la conformación de
un equipo especial de investigación y/o mediante la coordinación de una
entidad o firma consultora, seleccionada mediante concurso público en el
cual pueden participar las universidades, las ONG, empresas consultoras o
profesionales independientes. Para llevar a cabo la evaluación de impacto se
necesita la contratación de una entidad seleccionada vía concurso público
(Morillo Pérez, 2006).
Por último, cabe exponer el tema del financiamiento a los partidos
políticos, vehículo por el que los intereses económicos pueden influir de manera
desproporcionada sobre las decisiones políticas. Hasta 1997 sólo se permitía
el financiamiento privado de los partidos políticos por parte de personas
naturales, y se prohibía la participación corporativa y del extranjero. También
estaban excluidas las deducciones de salarios a los empleados públicos y
privados, así como el uso de bienes del Estado para beneficio de partidos y
candidatos. No obstante, en la práctica es común que el gobierno otorgue
beneficios al partido oficial mediante exoneraciones o clientelismo. Desde
la reforma de 1997, se estableció el financiamiento público a los partidos,

CEPAL

156

con un monto equivalente al 0,5% de los ingresos nacionales en los años de
elecciones y 0,25% en años sin elecciones. Se mantuvieron las restricciones
antes mencionadas al financiamiento privado. A partir de 2005, modificaciones
a las disposiciones relativas al financiamiento público de los partidos políticos
establecieron una distribución igualitaria de los recursos para todos los
partidos que obtuvieran más del 5% de los votos en las últimas elecciones.
Aunque el sistema de financiamiento público a los partidos
políticos constituye una precondición importante para independizar
la representación con respecto al poder económico, esta disposición es
insuficiente si no va acompañada de un sistema riguroso de fiscalización
y sanciones. De hecho, los partidos dominicanos no rinden cuentas de
sus ingresos y gastos, pese a que la ley lo exige, ni existe un sistema de
contraloría efectivo que los obligue a hacerlo. Los intentos de fiscalización
son calificados como una violación a la libertad de asociación política o
como expresión de revanchismo (Espinal, 2005). Un ejemplo de la forma en
que las dirigencias partidistas hacen uso de los recursos fue proporcionado
por un dirigente de la sociedad civil:
Ahora mismo se quejaba alguien de que, [del] dinero que se le asignó al
PRD, [nada] de eso les llegó a los candidatos. ¿A dónde fue a parar? ¿Quién
ha hecho una auditoria? Y ¿quién ha dado una declaración que pueda
explicar qué se hizo con ese dinero que no sea una propaganda sumamente
onerosa por no decir estúpida, que no conduce a nada? Yo creo que eso hay
que programarlo.

6.

Sistemas electorales y accountability vertical

Como se ha dicho, una buena parte de los incentivos que orientan el
comportamiento de los representantes políticos provienen de la forma en que
son electos. En la República Dominicana existe la posibilidad de reelección
ilimitada para diputados, senadores y representantes municipales. En el caso
de la Presidencia, la reelección del titular se permite sólo para un período
inmediato. La reelección de un funcionario significa una condición importante
para estimular su esfuerzo por cumplir unos requisitos de desempeño
determinados, fijados externamente, aun cuando no es condición suficiente
para que su desempeño satisfaga las expectativas de sus electores.
En 1994, el continuismo practicado por el gobierno de Balaguer había
significado una mala experiencia para el país. Balaguer, electo en 1986 y
reelecto en 1990, había recurrido en 1994 a métodos dudosos para mantenerse
en el poder. En 2002 el presidente Mejía, valiéndose de una alianza entre su
partido (el PRD), y el PRSC, y con la expectativa de beneficiarse con la reforma,
restauró la reelección presidencial. Sin embargo, como comenta Espinal (2005),
el oportunismo de esta medida no debe confundirse con el análisis de sus

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

157

efectos. Con la posibilidad de reelección, los electores tienen la oportunidad
de juzgar las acciones de sus gobernantes, dando a éstos incentivos para tomar
decisiones que eviten juicios negativos y sanciones electorales. De hecho,
Mejía vio pronto cómo su popularidad se diluía con la crisis económica y
Recuadro III.6
IMPORTANCIA DEL TIPO DE SISTEMA DE REPRESENTACIÓN
EN EL CICLO DE POLÍTICAS PÚBLICAS
A)
Formulación
de demandas

B)
Recepción y
procesamiento
de demandas

C) Decisión

Voto por partidos o voto por candidatos.
Los funcionarios electos pueden responder
en mayor o menor grado a las exigencias
de la dirigencia de su partido o bien a las
formuladas por los electores.

D) Ejecución

F) Evaluación
de resultados

Toda decisión de política pública atraviesa
por un proceso de aprobación legislativa.
Cuando existe un alto número de actores
con derecho a veto, mayor será el
número de actores cuyo consentimiento
es necesario para la aprobación de una
medida determinada.

Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

los escándalos de corrupción, de tal forma que Leonel Fernández obtuvo en
las elecciones de 2004 el 57% de los votos, y ello le significó el triunfo sin la
necesidad de competir en una segunda vuelta. Fernández centró su campaña
en la comparación entre los malos resultados de Mejía y los entregados
por él cuando fuera presidente en el período 1996-2000 (Sagás, 2005).
Respecto de la elección de los integrantes de la Cámara de Diputados,
el sistema electoral registró un cambio considerable en la dimensión que
aquí nos interesa. Desde las elecciones de 2002, se pasó del régimen de
listas cerradas, mecanismo en el que los diputados dependen más de las
cuentas que rinden al liderazgo partidista que a las del electorado, a uno
de voto preferencial, en el que los electores tienen la opción de votar por
la lista partidista o bien por un (y sólo un) candidato. Esto estimuló que
los candidatos buscaran el apoyo de los electores abordando temas locales
más que nacionales e hicieran un esfuerzo por darse a conocer entre el
público; incluso llegaron a pedir a la JCE que en las boletas se incluyeran sus
apodos. Los partidos consideraron que el sistema era confuso y propenso
a la anulación de votos, por lo que instaron a votar por la lista (Sagás,
2003: 794-795). El resultado de las elecciones arrojó que la mayoría de los
ciudadanos no optaron el voto preferencial, aunque no se ha determinado
si esto fue por seguir la directiva del partido o por la complejidad del nuevo
sistema (Sagás, 2003: 798).

158

CEPAL

En una entrevista realizada a un grupo de diputados de distintos
partidos políticos, éstos coincidieron en expresar una opinión común: el
sistema de voto preferencial ha agravado la práctica del clientelismo y ha
creado divisiones internas al fomentar la competencia intrapartidista. Uno
de ellos comentó:
“¿Qué sucede con el sistema que tenemos ahora [de voto preferencial]?
Que casi todos terminamos igual. Si él y yo estamos en una circunscripción, él
y yo, [compitiendo por el] mismo partido, ¿qué trae como consecuencia? Que
tenemos una enemistad terrible y si él gasta 300.000 pesos, yo gasto 500 [mil]
para ganarle. Entonces pues, se hace un lío más para allá y busca 700 [mil]
para ganarme. Entonces aumenta el clientelismo y hay un parasitismo.”
En el transcurso de la entrevista se hizo referencia a diversos casos
de candidatos que obtuvieron éxito electoral tras seguir una estrategia de
otorgamiento de servicios divisibles entre los electores, al tiempo que otros
candidatos con discursos programáticos propositivos recibieron una votación
tan baja que terminó situándolos en los últimos lugares de la lista. Sin embargo,
también se destacó que el perfil y los criterios de los electores desempeñan
un papel importante en el tipo de estrategia de campaña que será coronada
con el éxito. Uno de estos diputados se expresó acerca de la circunscripción
en la que fue electo diciendo que en aquélla no predomina el clientelismo a
raíz de que los electores de la zona tienen una buena formación.
Por otra parte, desde agosto de 2004 la Ley de Primarias establece el voto
universal, directo y secreto para la selección de candidatos de los partidos a
la presidencia, el congreso y los municipios. Las primarias abiertas tienden a
fomentar las divisiones en la competencia para la selección de los candidatos,
aunque luego se da la reunificación alrededor de las candidaturas (Espinal,
2005: 30-31). Debe notarse que, en el caso de las elecciones para diputados,
la vigencia del voto preferencial en elecciones primarias abiertas resulta
redundante ofrece a los electores la posibilidad de elegir entre candidatos de
un solo partido, por lo que este sistema equivale a la realización simultánea
de elecciones primarias y generales.
En cambio, para las elecciones presidenciales y senatoriales la
celebración de primarias marca una diferencia. Los senadores, electos por
mayoría simple en circunscripciones uninominales, adquieren un mayor grado
de dependencia hacia los electores si éstos deciden sobre su candidatura y
no el liderazgo partidista; algo similar ocurre en cuanto a los candidatos
a la presidencia, más aún en el caso de la República Dominicana, donde
tradicionalmente es el líder del partido quien se postula a sí mismo o bien
designa a un allegado con la expectativa de ejercer control político sobre él
en caso de triunfar.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

7.

159

La división de poderes

En todo gobierno presidencial siempre existe el riesgo de divergencia
entre el poder ejecutivo y el legislativo respecto de las decisiones más
adecuadas y oportunas. Una división en el gobierno y el consiguiente
inmovilismo estatal encierran un obstáculo potencial, de modo que una
Recuadro III.7
IMPORTANCIA DE LA DIVISIÓN DE PODERES EN EL CICLO
DE POLÍTICAS PÚBLICAS
A) Formulación
de demandas

B)
Recepción y
procesamiento
de demandas

C) Decisión

D) Ejecución

F) Evaluación
de resultados

Las divergencias entre las decisiones preferidas por el poder
ejecutivo y las preferidas por el poder parlamentario pueden
tener dos efectos:
* Efecto negativo: una decisión puede no ser tomada aunque
responda de forma correcta a la demanda ciudadana.
* Efecto positivo: puede evitar que se lleven a cabo medidas
irresponsables y abusivas.
Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

decisión no se llegue a tomar aunque responda de forma correcta a la
demanda ciudadana, pero también ese conflicto puede evitar que se adopten
medidas irresponsables o abusivas (como previeron los autores del diseño
del gobierno presidencial).
La estructura institucional dominicano, respecto de la integración de
los órganos legislativos y de la elección del presidente, contiene al mismo
tiempo elementos proclives a la dispersión de las fuerzas con representación
y otros que tienden a concentrarlas, en forma tal que son estos últimos los
componentes dominantes.
Así, en el caso de la elección presidencial se utiliza el sistema de
doble ronda. Si en la primera votación ningún candidato obtiene más del
50% de los sufragios, se realiza una segunda elección 45 días después en la
que participan los dos candidatos más votados. En principio, este sistema
tiende a dispersar el voto en comparación con el de mayoría simple.
Efectivamente, desde que entró en vigor la votación por los candidatos en
la primera ronda se ha desconcentrado (Payne y otros, 2006: 28). En cambio,
resulta acertado la medida por la que se separan dos años la celebración

160

CEPAL

entre elecciones presidenciales y legislativas, con lo que se elimina el efecto
de “arrastre” que la primera tenía antes de 1996 sobre la segunda cuando
eran simultáneas, de tal forma que se atempera la influencia que la votación
por los candidatos presidenciales ejercía sobre la correspondiente a los
puestos legislativos.
Por otra parte, los componentes mayoritarios están muy presentes
en los métodos de integración de las dos cámaras del Congreso. Esto es
evidente en el caso del Senado, cuyos 32 miembros son electos por mayoría
simple en circunscripciones uninominales. Respecto de la Cámara de
Diputados, el sistema electoral limita fuertemente la proporcionalidad
en la distribución de escaños mediante el uso de una fórmula electoral
menos mayoritaria que otros mecanismos alternativos y, especialmente, la
asignación de un número reducido de escaños en cada circunscripción. La
fórmula utilizada para el reparto de escaños en el nivel de la circunscripción
es la D’Hondt, la cual es, entre todas las fórmulas de reparto proporcional, la
que tiende a subrepresentar en mayor medida a los partidos más pequeños.
Ahora bien, los efectos son más mayoritarios aún en virtud de que, desde
la redistritación de 2002, en 45 de las 47 circunscripciones electorales en las
que se divide el país se reparten entre los partidos cinco escaños o menos.
En promedio, se distribuyen 3,1 escaños en cada circunscripción (Payne y
otros, 2006: 46).
Tómese en cuenta que, para el valor promedio de los escaños distribuidos
(3,1), el mínimo de votación necesario para que un partido accedea al
menos a una diputación es de alrededor del 20%.28 El efecto global de estas
disposiciones se refleja en un sistema electoral con un fuerte componente
mayoritario (pese al uso de una fórmula proporcional) que posibilita la
formación de mayorías artificiales; esto es, que un partido determinado
obtenga una mayoría absoluta de escaños recibiendo una mayoría simple
de votos. Por ejemplo, en las pasadas elecciones parlamentarias de 2006, el
PLD alcanzó el 53,9% de las diputaciones con el 46,4% de los votos, y así
se constituyó en una mayoría artificial con una sobrerrepresentación de 7,5
puntos porcentuales, que es exclusivamente efecto del sistema electoral. Este
efecto es aun más pronunciado en el Senado, donde la sobrerrepresentación
es de más de 22 puntos, por lo que a dicho partido le correspondió el 68,8%
de las senadurías (Sagás, 2006).
Este ejemplo ilustra otra característica del sistema electoral dominicano.
Dadas las propiedades de ambos sistemas electorales, cuando el partido
mayoritario cuenta con una mayoría artificial en la cámara baja, es prácticamente
seguro que también la tenga en la cámara alta. De igual forma, en caso de
 Estimado a partir de la fórmula del llamado “umbral efectivo”. Véase Lijphart (1994: 25-30).

28

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

161

que el partido con más votos no alcanzara la mayoría absoluta en la cámara
baja, sigue siendo posible que sí la obtenga en el Senado. Esta tendencia
resulta reforzada por el hecho de que las boletas para ambas elecciones están
vinculadas (i.e., el mismo voto cuenta para ambas elecciones). Así, en las
elecciones de 2002, el gobernante PRD obtuvo el 41% de los votos, lo que le
significó una sobrerrepresentación importante, apenas por debajo de la mayoría
absoluta de las diputaciones (48%). En el Senado, la sobrerrepresentación
fue de casi 50 puntos, de manera que este partido accedió al 90,6% de los
puestos (Sagás, 2003).
Dadas las características del ciclo electoral, la posibilidad de que
al presidente le toque un congreso adverso es muy alta. Sin embargo, la
ocurrencia efectiva de dicha eventualidad no ha sido frecuente. En 19961998, la alianza entre el PLD y el PRSC arrojó un gobierno de mayoría. En
1998-2000, se dio un gobierno de minoría e inmovilismo al obtener el PRD
la mayoría legislativa. En 2000-2004 el PRD obtuvo gobierno de mayoría.
En 2004-2006, una vez más el PLD gobernó en minoría con el Congreso
controlado por el PRD, situación que se revirtió en 2006, con la obtención
de la mayoría legislativa para el PLD y sus aliados (Espinal, 2005; Sagás,
2006). Esto indica que, a partir de que se separó el ciclo electoral en 1996,
y hasta 2008, en que se realizarán las próximas elecciones presidenciales,
en 12 años de gestión presidencial únicamente cuatro han sido de
gobierno dividido.
Por otra parte, el poder ejecutivo dispone de una serie de instrumentos
que le permiten enfrentar con relativo éxito la contingencia de un gobierno
dividido. Así, la presidencia goza de la capacidad de veto sobre las decisiones
del poder legislativo, decisión que sólo puede anularse por el voto de dos
terceras partes de la totalidad de los miembros de cada una de las cámaras,
lo que para efectos prácticos otorga al veto un carácter prácticamente
irreversible; asimismo, el decreto presidencial es una figura muy socorrida
para gobernar por encima del poder legislativo.
8.

Burocracia

A lo largo del presente documento se ha sostenido que para asegurar la
pertinencia en el diseño y ejecución de las políticas públicas es esencial
un buen manejo de la gestión pública, lo que a su vez requiere tanto la
existencia de una burocracia profesionalizada que minimice las eventuales
distorsiones en las decisiones políticas asumidas en su formulación y en su
implementación, como la presencia de procedimientos pertinentes, públicos
y transparentes en el funcionamiento de la administración pública. Se espera
que ello posibilite alcanzar mayores niveles de eficiencia económica (mediante
la especialización que la estabilidad laboral permite), que se reduzcan los

CEPAL

162

Recuadro III.8
IMPORTANCIA DE LA PROFESIONALIZACIÓN DE LA BUROCRACIA
EN EL CICLO DE LAS POLíTICAS PÚBLICAS
A)
Formulación
de demandas

B)
Recepción y
procesamiento
de demandas

C) Decisión

D) Ejecución

F) Evaluación
de resultados

La presencia de una burocracia profesionalizada y de procedimientos pertinentes,
políticos y transparentes en el funcionamiento de la administración pública,
contribuyen a asegurar la pertinencia en el diseño y la ejecución de las
políticas públicas.
Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

incentivos de los funcionarios públicos a incurrir en actos de corrupción (puesto
que la profesionalización de los cargos implica su evaluación constante, lo
cual ciertamente aumenta las probabilidades de detección y sanción de la
corrupción) y que el conjunto de procesos administrativos sean conocidos
públicamente a fin de que exista equidad en la contratación de personal,
en las compras del Estado, en las licitaciones, y en todo lo relacionado con
provisión de bienes y servicios al sector público.
En muchos países de América Latina han existido pocos incentivos
para que los tomadores de decisiones resuelvan establecer un servicio de
carrera en la administración pública, debido a que el mantenimiento de los
privilegios del poder ejecutivo (o de autoridades de instituciones locales
y/o autónomas) en nombrar personal de la burocracia permitía conservar
las clientelas de los partidos, protegiendo así la estructura de pagos mutuos
de favores entre las cúpulas partidarias y sus bases y preservando un total
control sobre las acciones de los funcionarios públicos. De esta manera se
garantizaba al poder ejecutivo la realización de cualquier proyecto que se le
ocurriera, aun cuando ello rompiera con procesos de planificación previos.
Si recordamos las consideraciones hechas con respecto a que determinados
grupos de la sociedad civil contribuyen a conservar el patrón clientelar de
la política dominicana, no es de sorprender que la Ley de Servicio Civil y
Carrera Administrativa (Ley 14-91), sancionada en 1991, no haya podido
ser aplicada sino hasta 1994 (año en que se aprobó el reglamento para
la aplicación de esta ley), y que recién en 1995 se hayan incorporado los
primeros servidores públicos a la carrera administrativa.29
El proceso de profesionalización de la burocracia a través del ingreso
de funcionarios a la carrera administrativa fue tan gradual y lento, que
 El texto de la Ley 14-91 puede consultarse en http://www.onap.gov.do/ley%2014-91/ley.html.

29

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

163

algunos especialistas han llamado al período 1995-2005 como la década
perdida de la carrera administrativa.30 En realidad, se aprecia que sólo
a partir de 2001 se viene dando una incorporación más importante en
la cantidad de servidores públicos que acceden a estos cargos por las
vías que establece dicha ley; aun así, el número de personal de carrera
todavía no llega al 10% del total de quienes trabajan en la administración
pública. Asimismo, se observa que en la evaluación de los postulantes a los
distintos cargos públicos, se asigna un 20% de la puntuación al desempeño
y conducta del funcionario en el ejercicio de sus funciones.31 Ello sin duda
limita la posibilidad de que el proceso esté abierto a personas que no
hayan trabajado anteriormente en la administración pública, ocasionando
que la competencia no sea equitativa y que existan barreras al ingreso de
nuevo personal. De esta forma, aquellos que ingresen por primera vez a
la burocracia no podrán hacerlo siguiendo un proceso abierto de selección
y contratación de personal, y requerirán contar con vínculos políticos,
personales, familiares, o de otro tipo.
Además, se ha señalado como un factor limitante muy decisivo de la
Ley 14-91 el hecho de que su ámbito de aplicación se reduzca a las instancias
dependientes del poder ejecutivo, y no se extendie a las instituciones
autónomas, que son las que mayor interacción tienen con los ciudadanos
(como en el caso de los municipios), con lo que se tienden a perpetuar
las redes clientelares del poder ejecutivo con grupos de la sociedad civil.
Asimismo, otro elemento que impide profundizar o avanzar en el proceso
de implementación de la carrera administrativa es el que se relaciona con la
interpretación de las facultades presidenciales contenidas en la Constitución, en
particular, las que se detallan en el artículo 55, que establece que “corresponde
al Presidente de la República el nombrar los Secretarios y Subsecretarios de
Estado y los demás funcionarios y empleados públicos cuyo nombramiento
no se atribuya a ningún otro poder u organismo autónomo, aceptarles sus
renuncias y removerlos”.
Aunque el artículo referido ciertamente no plantea la imposibilidad
de que los nombramientos presidenciales a los cargos públicos se realicen
con base en los criterios de competencia profesional que imperan en la
carrera administrativa, se tiende a interpretar que el conjunto de estos cargos
debe responder al voto de confianza del presidente, lo que significa que
se concibe que todos los funcionarios de la burocracia que dependen del
poder ejecutivo son personal de confianza suyo. Es obvio que esto no tiene
ninguna razón de ser, como tampoco es necesario promover una reforma
constitucional para que la implementación de la carrera administrativa
 Collado (2005).
 Esto puede ser confirmado visitando el sitio electrónico de la Oficina Nacional de
Administración y Personal (ONAP): http://www.onap.gov.do/carrera/fases.html

30
31

164

CEPAL

alcance a los distintos niveles de la burocracia (aunque se debe reconocer
que indudablemente sí existen cargos que deben responder a la confianza
presidencial, y la definición de cuáles son éstos debe ser clara, conocida
públicamente y definida en conjunto por los principales actores políticos,
en particular, por los partidos con representación en el Congreso).
¿Cómo asegurar que los políticos tengan incentivos para llevar a cabo
de forma decidida la carrera administrativa? La falta de profesionalización
de la burocracia y la rotación de personal cada cuatro años no es solamente
costosa para el país en términos económicos (ningún costo para el país es
considerado por los políticos como un costo propio), sino para los propios
partidos en términos políticos (debido a la ineficacia que se asocia con el
partido gobernante). En la medida en que se perciba que la gestión de
un partido es ineficiente, y dado que en la República Dominicana existe
reelección presidencial y del congreso, los electores juzgarán el accionar del
gobierno y resolverán no reelegirlo. Si bien el mantenimiento de clientelas
en el interior del aparato público y su relación también clientelar con grupos
de la sociedad civil podrían reducir el riesgo de un revés electoral al partido
gobernante en caso de que éste tenga un pobre desempeño, consideramos
que los últimos procesos electorales nos han enseñado que una buena
gestión pública pesa más que la clientela al momento de asegurar el éxito
político de los partidos. Asimismo, la vigilancia y el control social de
distintos actores sociales y movimientos cívicos será de mucha importancia
para imponer costos políticos a los partidos que persistan en un accionar
predominantemente caudillista y clientelar.
En entrevistas realizadas a funcionarios del gobierno y a diferentes
miembros del Congreso, se aceptó que se debe consolidar la carrera
administrativa y que debe haber una burocracia especializada que permanezca
y sea inamovible. No obstante, hay razones para considerar estas posiciones
con cierto cuidado y no como muestras definitivas de que existe ya una
voluntad política para llevar adelante este proceso, puesto que dichas
expresiones pueden ser únicamente retóricas o, en caso de que realmente
quieran que esto ocurra, los partidos en función de gobierno aún enfrentarán
la tentación de llenar los cargos sometidos a carrera administrativa con
militantes propios, que persistan en funciones una vez que dicho partido ya
no se encuentre en el gobierno. Sin duda, un adecuado proceso de vigilancia
de los demás partidos y de distintas organizaciones sociales resulta vital
para que la profesionalización de la burocracia y la competencia por los
cargos públicos sea transparente.
Se ha afirmado que además de una burocracia profesionalizada
es imperiosa la existencia de procedimientos pertinentes, públicos y
trasparentes en el funcionamiento de la administración pública, en especial

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

165

respecto de los mecanismos de compras del Estado, licitaciones públicas
y, en general, en todo lo relacionado non procesos de adjudicación que
tengan una contraprestación económica. Debe resaltarse que todo proceso
de adjudicación para adquirir bienes y servicios debe responder a objetivos
definidos en una planificación previa y a una programación económica
reflejada tanto en el presupuesto de la institución pública en cuestión como
en el Presupuesto General de la Nación. De ello depende la coherencia y la
transparencia en la gestión pública. Lamentablemente, este supuesto de la
administración pública no se cumple en la República Dominicana debido
a que no existe un sistema de planificación pública integral que permita
una mínima planificación de las compras. Estos deficientes niveles de
planificación incluso se notan en la formulación del presupuesto público,
en el cual no existe coordinación interinstitucional ni complementariedad
del gasto.
Este diagnóstico es compartido por Participación Ciudadana (2006a), al
sostener que el presupuesto público se ha convertido en un documento de rutina
sin prioridades fundamentadas, cargado de motivaciones político-electorales,
y en el que al monto del año anterior sólo se añaden algunas sumas y restas
que no corresponden con las necesidades de la población. A la ausencia de
objetivos claros y de metas definidas en términos de resultados esperados
en la gestión pública, agréguese la escasez de personal técnico calificado,
entonces se identificará una de las causas de una situación que deriva en la
improvisación. Por ello, la continuidad laboral del personal burocrático ante
un cambio de gobierno es fundamental para establecer objetivos de mediano
y largo plazo que se mantengan en el tiempo. Además, con el fin de que los
planes y programas que contienen dichos objetivos no sufran alteraciones
en virtud de motivaciones políticas coyunturales, se debería dejar en manos
del poder legislativo la aprobación de las reformulaciones propuestas. Ello
permitiría también la formulación de compromisos presupuestarios con un
horizonte de más de un año.
Por otra parte, la calidad del proceso de compras gubernamentales no
sólo depende de los criterios de selección de los proveedores, sino también de
que no existan barreras informales de entrada y de que su universo se amplíe.
Sobre este punto, Participación Ciudadana (2006a) hace la observación de
que los proveedores del Estado pertenecen a un club muy exclusivo y que la
adjudicación en la provisión de bienes y servicios refuerza a estos oligopolios.
De nuevo, en general, la causa de esta anomalía es la existencia de redes
clientelares que impiden una competencia abierta y transparente. Es decir, la
clientela de los partidos no sólo es beneficiada mediante empleos públicos,
sino también vía la adjudicación de contratos; inclusive, los proveedores
suelen cambiar en caso de que el partido gobernante también cambie.

CEPAL

166

9.

Comportamiento electoral

La democracia es un régimen político que por esencia da voz a las
mayorías y abre la posibilidad de que esas mayorías influyan en el contenido
de las políticas públicas. En este análisis se ha sostenido la probabilidad
de que el diseño institucional sea más o menos propenso a propiciar este
vínculo. Aun así, el mecanismo de vinculación se neutralizaría si la mayoría
de los electores se entregan a un partido renunciando a la alternativa de
sanción por mal desem
Recuadro III.9
IMPORTANCIA DE LOS CRITERIOS DE VOTACIÓN DEL
ELECTORADO EN EL CICLO DE POLÍTICAS PÚBLICAS
A) Formulación
de demandas

B)
Recepción y
procesamiento
de demandas

C) Decisión

D) Ejecución

F) Evaluación
de resultados

Los electores pueden ser más o menos sensibles a
los resultados de las políticas y al comportamiento
de los políticos al decidir su voto.
Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

Cuadro III.8
REPÚBLICA DOMINICANA: MEDIDAS DE DISPERSIÓN DEL VOTO.
ELECCIONES PARA CÁMARA DE DIPUTADOS
Año

Número de listas

N

NP

1978

12

2,25

1,90

1982

13

2,76

2,10

1986

15

3,20

2,52

1990

16

3,66

3,21

1994

14

3,06

2,63

1998

14

2,74

1,94

2002

19

3,33

2,46

2006

20

3,07

2,04

Promedio

15,4

3,01

2,35

Fuente: Cálculos propios con base en datos de la JCE (www.suprema.gov.do)..

El análisis agregado e individual de los electores dominicanos revela
que éstos no desperdician el voto como recurso para asignar incentivos. En
el país existe una distribución de las preferencias electorales poco proclive
a la concentración del apoyo en una sola fuerza, de tal forma que los
ganadores de una contienda determinada no pueden dar por descontado

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

167

que contarán con el apoyo suficiente en el caso de que pretendieran eliminar
a sus competidores.
Una de ellas es el número efectivo de partidos (N) de Laakso y Tagepera,
indicador del grado de competencia electoral que priva en una nación, al
margen del número absoluto de competidores. Una mayor dispersión del
voto redunda en mayores valores de N.32 La otra es el índice de Juan Molinar
(NP), cuya base es el número de partidos efectivos pero también contempla
un sobrepeso mediante el partido que obtuvo el mayor número de votos.
Cuando NP oscila entre 1 y un valor inferior a 2, se considera que existe una
situación de hegemonía electoral por un solo partido. Para valores a partir
de 2, se está en presencia de multipartidismo.
Al observar la diferencia entre el número absoluto de listas partidistas
y el valor de N, es obvio que existe una marcada concentración del voto.
En cambio, a partir de 1986 los valores de N reflejan con nitidez que dicha
concentración se compone de tres partidos políticos. Asimismo, los valores de
NP indican situaciones hegemónicas únicamente en dos casos: la primera en
1978, que no resulta extraña, dado que en elecciones de transición se impone
el eje gobierno-oposición por encima de las consideraciones programáticas.
Este fenómeno generó una coordinación de los electores adversos a Balaguer
alrededor del partido de oposición que, en ese momento, despuntaba con
fuerza, esto es, el PRD. El PLD, en ese entonces, tenía sólo cinco años de
fundado y estaba apegado a una línea marxista-leninista. La segunda ocasión,
en las elecciones de 1998, la situación hegemónica no sólo viene atenuada
por el hecho de que el valor de NP se aproxima al valor correspondiente a
la competitividad, sino que, además, el partido favorecido de esta forma,
el PRD, era distinto al del presidente electo dos años antes, proveniente del
PLD. Más allá de las consideraciones referentes al gobierno dividido y a la
dificultad de las relaciones entre los poderes, el hecho es que las situaciones
de gobierno dividido dificultan el aprovechamiento de la fuerza electoral
para transformarla en hegemonía permanente.
En términos generales, los valores promedio presentados en el cuadro
permiten describir las condiciones materiales de la competencia en términos
de un formato (efectivo) de tres partidos sin hegemonía electoral. Asimismo,
cabe añadir que este formato esconde recomposiciones constantes en la
fuerza relativa de los partidos. Si entre 1978 y 1994 el principal patrón de
competencia era el binomio PRD-PRSC, en la actualidad los principales
competidores son el PLD y el PRD, con el PRSC como tercera fuerza en el
papel de partido pivote, ya que desde 1996 (año en que comienza su declive
 En términos estrictos, N equivale al número de partidos que, repartiéndose la votación a
partes iguales, habrían producido la misma fragmentación del voto que la verificada en
los resultados electorales.

32

168

CEPAL

electoral) ha establecido alianzas electorales y legislativas con uno u otro
de las dos fuerzas dominantes.33
A fin de evaluar el grado en que los electores dominicanos sancionan
el desempeño económico pasado de sus gobernantes, se utilizan datos de
la encuesta Latinobarómetro, realizada a una muestra representativa de
1000 personas entre el 21 y el 29 de junio de 2004. Los datos presentan el
inconveniente de que se recogieron dos meses después de las elecciones
presidenciales del 16 de mayo, por lo que las respuestas al cuestionario
sin duda están influidas por el conocimiento de los resultados electorales.
Sin embargo, por otra parte, todas las preguntas relativas a la evaluación
del desempeño aluden a la gestión del presidente aún en funciones,
Hipólito Mejía, por lo que las conclusiones del análisis son indicativas
de la relación entre la evaluación del desempeño gubernamental y
la intención de voto.
Como se indicó en su momento, el presidente Mejía buscó y consiguió
reformar la constitución para tener la posibilidad de competir por la reelección
inmediata. De igual forma, se mencionan los diversos problemas que enfrentó
su gobierno especialmente a partir del año 2003 y que desembocaron en la
derrota de las elecciones. En este sentido, es válido afirmar que el gobierno
de Mejía no resistió la prueba retrospectiva al presentarse a reelección.
Con todo, los resultados agregados de la elección no son susceptibles
de interpretarse como si se tratara de un juicio individual. Esto es, si los
traspiés en la gestión de Mejía fueron seguidos de su derrota electoral, esto
no necesariamente indica que los electores particulares que votaron en su
contra castigaran así, por ejemplo, la caída económica registrada en el año
2003 o los escándalos de corrupción que salieron a la luz con el colapso
financiero. Es necesario recurrir a datos de nivel individual para establecer
a qué tipo de motivaciones respondieron los electores y, entre ellas, qué
fuerza relativa se le adjudica a cada una.
Al respecto, se realizó un análisis de regresión logística en el que la
variable independiente consiste en la intención de voto por el partido en el
gobierno, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). A la pregunta “Si las
 Sin embargo, para algunos observadores las tendencias recientes dan motivos de preocupación.
En opinión de un actor político entrevistado: “en el momento presente, estamos viviendo
un sistema de un solo partido de facto y eso es muy peligroso; el PLD no tiene ahora
mismo oposición política porque el PRD y el PRSC están en un proceso de recomposición.
Entonces, eso en muy peligroso porque… llega en un momento en que acaban de ganar
unas elecciones, tienen el ejecutivo, tienen el congreso y tienen [tanto] poder absoluto
como una democracia lo puede dar, y todos sabemos lo que sucede con los que tienen el
poder absoluto que hay en un contexto de cierta debilidad institucional”.

33

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

169

elecciones fueran este domingo ¿por qué partido votaría?”, un 13,2% de los
encuestados respondió a favor del PRD. El resto se manifestó por cualquier
otra opción partidista, o bien rechazó que votaría o se declaró indeciso.
El modelo incluyó una serie de variables dirigidas a capturar las
predisposiciones favorables hacia el PRD determinadas por factores
socioeconómicos, como la escolaridad, la religión, el sexo, el ingreso,
la ocupación, el tamaño de la localidad y la edad. También se utilizó la
autoubicación en el eje ideológico izquierda-derecha, con la intención de
detectar preferencias por motivos programáticos. De todas estas variables,
únicamente las tres últimas mostraron tener un efecto sobre la intención
de voto por el PRD. Los electores de entre 41 y 60 años se mostraron más
propensos a votar por el partido en el gobierno que quienes tenían otras
edades en el momento de la encuesta, mientras que los residentes en
localidades de más de 100 000 habitantes se revelaron predispuestos a votar en
contra de dicho partido. En cuanto a la ideología, las categorías “izquierda”,
“derecha” y “centro” no se distinguieron entre sí por sus preferencias más o
menos favorables al partido en el gobierno, pero quienes se posicionaron en
el eje izquierda-derecha tenían una mayor predisposición hacia este partido
que quienes no eran capaces de ubicarse en esta dimensión.
Asimismo, se incorporaron en el modelo tres variables que evalúan
de manera retrospectiva el desempeño gubernamental, dos de ellas de
carácter específico y una de carácter general. Las dos variables específicas
están relacionadas con aspectos fundamentales del desempeño orientado
al bienestar: las percepciones sobre el manejo económico y sobre la
honestidad del comportamiento de los gobernantes. En el caso concreto
de la República Dominicana, se atribuye a la crisis y a los escándalos de
corrupción buena parte del fracaso electoral de Mejía. El manejo económico
es evaluado con la pregunta “¿Considera usted que la situación económica
actual del país está mucho mejor, un poco mejor, igual, un poco peor o
mucho peor, que hace doce meses?”. La otra variable específica consiste en
las respuestas “mucho”, “algo”, “poco” o “nada” a la pregunta “¿Cuánto
cree que se ha progresado en reducir la corrupción en las instituciones del
Estado en los últimos dos años?”.
La variable de evaluación general del desempeño viene dada por
la respuesta afirmativa a la pregunta “¿Usted aprueba o no aprueba la
gestión del gobierno que encabeza el presidente Hipólito Mejía?”. En este
punto es pertinente subrayar dos consideraciones. En primer lugar, es de
esperarse que la aprobación de la gestión presidencial esté influida por las
percepciones sobre la situación económica y el combate a la corrupción. Sin
embargo, la correlación de la aprobación de la gestión de Mejía con cada una
de estas variables dista mucho de ser perfecta. En segundo lugar, una de las

CEPAL

170

Gráfico III.5
REPÚBLICA DOMINICANA: PROBABILIDAD DE VOTO POR PARTIDO EN EL
GOBIERNO, SEGÚN CRITERIOS DE EVALUACIÓN DEL DESEMPEÑO, 2004
0,504

Incial + gestión + economía+corrupción
Incial + gestión + economía/corrupción

0,393
0,292

Inicial + gestión
Incial + corrupción

0,042
0,042

Incial + evaluación económica
Inicial

0,027
0,0

0,1

0,2

0,3

0,4

0,5

0,6

Fuente: Calculado con base en coeficientes del cuadro III.9.

propiedades del análisis multivariado, aplicado a este caso, consiste en que
el impacto que éste arroja de la evaluación de la gestión presidencial sobre
la propensión a votar por el PRD es independiente de la influencia que las
percepciones sobre la economía y la corrupción tienen en la evaluación de
la gestión y en la intención de voto. Esto quiere decir que la variable general
Cuadro III.9
DETERMINANTES DEL VOTO POR EL PARTIDO EN EL GOBIERNO.
REPÚBLICA DOMINICANA - 2004. REGRESIÓN LOGÍSTICA BINOMIAL
B
Constante
Situación económica del país comparada
con 12 meses antes: mucho peor
Progreso en combate a la corrupción: nada
Aprueba la gestión del gobierno de Mejía
No se sitúa en la escala ideológica
Residente en localidad de más de 100.000
habitantes
Entre 41 y 60 años
χ2 del modelo
-2 log de verosimilitud
Pseudo R2 de Nagelkerke
N incluidos en el análisis

Error est.

Exp (B)

c

0,254

0,077

-0,451 a

0,258

0,637

b

-0,451
2,702 c
-0,831 b

0,227
0,226
0,403

0,637
14,907
0,435

-0,385 a

0,223

0,680

0,236
217,225 c
563,118
0,360
1 000

2,252

-2,567

0,812

c

Fuente: Calculado con base en Latinobarómetro, República Dominicana, 2004.
a
b
c
p  .1.
p  .05.
p  .01.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

171

mide el efecto de dimensiones del desempeño distintas al efecto de las ideas
sobre el desempeño económico y el combate a la corrupción.
Los resultados del modelo de regresión son presentados en el anexo.
En el gráfico III.5 se muestra el estimado de las probabilidades de voto
por el partido en el gobierno en función de distintas combinaciones de
evaluación del desempeño. En la primera barra, de abajo hacia arriba, se
aprecia la probabilidad de votar por el PRD en función de las variables
ajenas al control del gobierno (residencia, edad y ubicación ideológica),
asumiendo que la evaluación del desempeño es negativa en las tres
dimensiones consideradas. Ésta se llamará la condición “inicial”. La
siguiente barra hacia arriba representa la probabilidad de voto por el PRD
cuando a la condición inicial se añade una evaluación económica distinta a
“mucho peor”, mientras que en la tercera lo que se añade es la percepción
de alguna mejoría en el combate a la corrupción.
Como se advierte, ninguna de las variables específicas por sí misma
incrementa de modo significativo la probabilidad de refrendar el mandato
del partido en el gobierno. En cambio, como se lee en la cuarta barra de abajo
hacia arriba, la aprobación general de la gestión presidencial representa un
aumento considerable con respecto a la condición inicial, muy superior al
proporcionado por la evaluación positiva de la economía o del combate a
la corrupción.
Ahora bien, aunque su contribución sea considerable, la sola aprobación
a la gestión no represente una base suficiente para que un gobernante dé por
descontado el triunfo. En cambio, si a esta aprobación se suma una evaluación
positiva en cualquiera de las dimensiones específicas (la económica o el
combate a la corrupción), la probabilidad de voto positivo pasa de 29,2% a
39,3%. Finalmente, si la aprobación general al gobierno es acompañada tanto
de una aprobación a la gestión económica como de una percepción de avance
en el combate a la corrupción, el partido en el gobierno prácticamente puede
dar por confirmado su triunfo.
Estos resultados permiten establecer las siguientes conclusiones con
respecto al uso del mecanismo de sanción electoral a la gestión gubernamental:
a)  n cuanto a las dimensiones específicas del desempeño, los electores
E
dominicanos parecen utilizar un umbral muy bajo al evaluar y
sancionar electoralmente a su gobierno: sólo lo castigan cuando
consideran que la situación económica es muy mala y que el combate
a la corrupción no presenta avance alguno. Por encima de este
umbral, todo nivel de avance percibido recibe el mismo premio.

CEPAL

172

b)  or otra parte, por sí mismas estas medidas de desempeño prácticamente
P
no mejoran en nada las perspectivas de triunfo del partido en el
gobierno. De hecho, un gobernante que se viera imposibilitado de
mejorar su desempeño específico aún podría contar con algún nivel
de expectativas si fuera capaz de conseguir la aprobación general de
su gobierno, por ejemplo, invirtiendo en una imagen de liderazgo
o de dinamismo que convenza al electorado.
c)  in embargo, los resultados también revelan que la aprobación
S
general es una condición necesaria para el triunfo, pero no suficiente.
Si a la aprobación general no se añade por lo menos una dimensión
de desempeño específico que supere el umbral de sanción, no es
muy probable que el gobernante reciba el refrendo por parte del
electorado.
Así, es posible decir que, más allá de que existen ciertas oportunidades
para que los gobernantes eludan la responsabilidad de otorgar bienestar a
sus electores, la reelección parece condicionada al logro de mejoramientos
económicos y a la honradez del gobierno (descontando que consigan
evaluaciones generales positivas). Por lo tanto, los ciudadanos dominicanos
utilizan el voto como mecanismo de control con un grado aceptable de eficacia.
10.

Actores colectivos34

Las organizaciones cuya motivación principal consiste en la promoción de
los intereses permanentes de sus agremiados, eventualmente de carácter
distributivo, constituyen un vehículo para acuerdos de largo alcance
y aceptables para sus agremiados, siempre que el liderazgo de dichas
organizaciones se ligue a sus representados por un vínculo relativamente
democrático y existan condiciones equitativas de negociación. En el caso
de las relaciones capital-trabajo, la República Dominicana ha enfrentado
serios obstáculos para cumplir estas condiciones, ya que las organizaciones
sindicales, como en diversas partes de América Latina, se han debilitado como
consecuencia de los cambios económicos y en la estructura ocupacional, y
el Estado ha contribuido a profundizar este debilitamiento al descartarlas
en los procesos de consulta en temas que en principio afectan el bienestar
del trabajo organizado.
Por una parte, el sector empresarial está organizado alrededor de un
organismo cúpula, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP),
que incorpora a organizaciones de distintos ramos, sectores e industrias.
Aunque algunos de los entrevistados pusieron en duda la representatividad
 Esta sección se basa en entrevistas realizadas con un dirigente de la cúpula empresarial
dominicana y un líder sindical.

34

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

173

de este organismo, es innegable que tiene un papel activo en temas de
relevancia económica como la celebración de tratados comerciales con otros
países y además sostiene relaciones institucionales con diversos órganos de
gobierno. En forma paralela, la Asociación de Industrias de la República
Dominicana ha concentrado sus actividades de cabildeo en los temas fiscal
y arancelario.
A su vez, el movimiento sindical está representado por tres centrales:
la Confederación de Unidad Sindical, la Confederación de Sindicatos Social
Cristianos y la Confederación Nacional de Trabajadores Dominicanos.
Estas organizaciones tienen dificultades financieras para subsistir con las
cuotas de sus agremiados, al tiempo que enfrentan en su interior divisiones
partidistas, así como problemas de coordinación para realizar acciones
unificadas. Son debilidades que en sí mismas limitan el poder de la acción
sindical, profundizadas por la negativa del Estado a convocarlas a los
procesos de consulta abiertos con motivo de la reforma económica o para
evaluar la situación de la Zona Franca y de la seguridad social, situaciones
en las que el sector privado ha concurrido representado. Si a esto se suman
las actitudes represivas frente a la protesta social, es posible concluir que el
sistema político dominicano está muy lejos de haber construido los espacios
de concertación necesarios para que las soluciones a los conflictos distributivos
encuentren aceptación entre los grupos menos privilegiados.
Recuadro III.10
IMPORTANCIA DE LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD
CIVIL EN EL CICLO DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

A)
Formulación
de demandas

B)
Recepción y
procesamiento
de demandas

C) Decisión

D) Ejecución

F) Evaluación
de resultados

Los ciudadanos organizados en grupos pueden
cumplir un papel de supervisión de las acciones del
gobierno y contribuir a que la información circule
más fácilmente hacia el resto de la población.
Fuente: Temkin y Del Troncoso (2006).

11.

Sociedad civil

La sociedad civil dominicana ha experimentado, a partir del inicio del
período democrático en 1978, un proceso de permanente tensión entre
los intentos de las organizaciones por ganar autonomía con respecto a los

174

CEPAL

poderes del Estado y de los partidos políticos, y la conservación de los lazos
clientelares con éstos como producto de las estrategias de los distintos actores
sociales por alcanzar sus objetivos. En otras palabras, los diversos grupos
de la sociedad civil han respondido de diferentes maneras a los incentivos
y restricciones que el contexto les impone. Así, los variados mecanismos
de relación de las organizaciones sociales con los partidos y los gobiernos
han tendido, en unos casos, a profundizar la democracia, y en otros, a
mantener y preservar las prácticas de otorgar prebendas y el clientelismo del
pasado autoritario.
Con el establecimiento de la democracia y la crisis económica de
los años ochenta se fueron diluyendo las expectativas de cambio global y
revolucionario del sistema político, económico y social que habían logrado
movilizar a diversos sectores sociales bajo una perspectiva de lucha de
clases, que se hallaban subordinados ideológica y políticamente a diversos
partidos (entre los que destaca el Partido Revolucionario Dominicano). Si
se considera además la centralidad que la figura presidencial asumía en
la política dominicana durante el período autoritario mediante el manejo
discrecional del poder y el otorgamiento de prebendas, se concluye que los
diferentes actores sociales se hallaban completamente subordinados a las
directrices del Estado o de los partidos, razón por la que las necesidades
y percepciones de la población eran escasamente tomadas en cuenta al
momento de plantear determinadas demandas.
A pesar de que el período democrático propició las condiciones para
que los actores de la sociedad civil adoptaran una actitud más pragmática
—con lo que se atenuó la identificación político-ideológica— el sistema de
lealtades políticas no desapareció debido a que los tradicionales mecanismos
políticos clientelares y de prebendas aún ofrecían grandes posibilidades para
que diversos sectores alcanzaran sus metas. La fragmentación del movimiento
sindical, su escasa autonomía con respecto a los poderes políticos, su bajo
nivel de representación social y su consecuente debilidad y capacidad de
presión, ocasionaron que la población empezara a organizarse en un ámbito
más local y territorial, del cual surgieron organizaciones que enarbolaban
demandas ligadas a las necesidades diarias de supervivencia. Así, los
sindicatos fueron perdiendo legitimidad al tiempo que organizaciones
populares barriales, juntas vecinales, y otras de extracción urbana, ganaron
protagonismo ante el deterioro de las condiciones de vida provocado por la
crisis económica de los años ochenta. Sin embargo, aun con la intensidad de
las manifestaciones y de la violencia callejera propia de mediados de los años
ochenta, debe destacarse que estos nuevos actores sociales tuvieron escaso
éxito en coordinar la lucha social y en crear una organización nacional que
articulara las diversas demandas sociales. La creación de la Coordinadora de
Luchas Populares, luego de la Confederación Nacional de Organizaciones

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

175

Populares, y después del Colectivo de Organizaciones Populares, son
hechos que evidencian tanto la búsqueda de una organización nacional
independiente de los partidos y del Estado, como del fracaso en aglutinar
al conjunto de los actores y movimientos sociales emergentes.
Junto al surgimiento de estos movimientos populares, el contexto de
crisis política de mediados del decenio de 1990 propició que organizaciones
sociales de carácter gremial (como los empresarios) y profesional (ligadas
sobre todo a las clases medias) presionaran por reformas al sistema político
y por la transparencia electoral con el objetivo de consolidar la democracia.
De esta forma, surgió un movimiento cívico (en el cual destaca Participación
Ciudadana) marcado por su autonomía frente a los partidos y que aboga
principalmente por la profundización de la institucionalidad democrática.
Las organizaciones ligadas al ámbito local y las de naturaleza cívica
exponen el carácter dual y contradictorio de la sociedad civil dominicana.
Precisamente, las primeras —debido a sus objetivos ligados sólo a la
satisfacción de necesidades inmediatas— no han logrado romper con
los vínculos clientelares heredados del pasado y contribuyen a impedir
la democratización de las distintas instancias de poder en el interior del
Estado y del sistema político; en tanto que las segundas luchan por lograr
autonomía frente al poder político y por profundizar la democracia. Así,
las organizaciones barriales, vecinales, y otras, tienen incentivos para pasar
por alto el sistema institucional, e incluso las competencias municipales, y
plantear sus demandas directamente al poder ejecutivo, con lo cual tienden a
perpetuarse las prácticas de clientelismo y de reparto de prebendas propias
de la política y de los partidos. Además, la falta de prácticas democráticas
en el interior de estas organizaciones impide que la relación entre éstas y los
partidos políticos (que tampoco se caracterizan por su carácter democrático
interno) genere dinámicas democratizadoras, con lo cual se produce un
círculo vicioso que refuerza el patrón político ya descrito. No obstante, ello
no significa que los esfuerzos de las organizaciones cívicas no hayan tenido
éxito en lograr una mayor apertura y transparencia democrática. Lo que
se pretende remarcar es que la sociedad civil dominicana enfrenta estas
tensiones en su interior.
Un aspecto digno de mención para tratar de explicar porqué, a
diferencia de los movimientos de tipo local, los movimientos cívicos tienen
incentivos para impulsar una agenda de profundización y transparencia
democrática, es el relativo a sus fuentes de ingreso. Por ejemplo, de acuerdo
con la declaración de ingresos del período septiembre 2005-agosto 2006 de
Participación Ciudadana, el 94,47% de sus recursos provienen de aportes
de agencias internacionales (USAID, BID, Banco Mundial, OXFAM). De
hecho, tan solo a USAID corresponde aportar el 85,86% del total de ingresos

176

CEPAL

en el período mencionado.35 Destaca también que esta organización recibe
financiamiento del Programa de Apoyo a la Reforma y Modernización del
Estado para implementar distintos proyectos.36 Así, el nivel de autonomía
económica de una organización como Participación Ciudadana con respecto
a los partidos y gobiernos explica en gran medida su independencia política,
aspecto que no ocurre con el grueso de organizaciones de la sociedad civil,
lo que provoca que, dado que la mayoría de ellas busca respuestas rápidas
a las apremiantes necesidades de sus miembros, tengan incentivos para
establecer relaciones clientelares con los poderes políticos.
Considerando lo anterior surge, en consecuencia, la pregunta de cómo
asegurar que las organizaciones de tipo local y territorial ganen autonomía
con respecto a los partidos y poderes públicos, y canalicen sus demandas a
través de los mecanismos institucionales regulares del sistema democrático.
Una respuesta apropiada deberá partir, en primera instancia, de identificar
los niveles de participación política de la población y, posteriormente, del
grado de confianza de ésta en las instituciones del sistema político y de la
sociedad civil. A fin de tener una visión más completa, este análisis se hará
en términos comparativos con otros países latinoamericanos, para lo cual
se utilizará el Latinobarómetro 2004.
La bibliografía especializada de los últimos años sobre movimientos
sociales en América Latina tiende a enfatizar la desconfianza de la población
con respecto a los partidos y la percepción de una falta de representación
política en las estructuras del poder del Estado, lo que sería la causa de serias
tensiones en los sistemas políticos de los países de la región. En este mismo
sentido, diversos análisis sobre la sociedad civil en la República Dominicana
coinciden en que los partidos sufren desde hace algunos años una constante
pérdida de credibilidad, situación a la que la sociedad responde buscando
promover sus propios intereses por medio de la presión y la movilización.37
Aun cuando los partidos políticos gozan de mala reputación en este país, un
análisis comparado arroja que la percepción de los ciudadanos dominicanos
respecto de éstos no es tan negativa como en el resto de los países.
El Poder Legislativo está conformado por miembros de los partidos;
luego, sería razonable esperar que la percepción acerca de éstos guarde
estrecha relación con la opinión sobre el Congreso (véase los gráficos III.6
 Se puede apreciar que estas agencias internacionales vienen impulsando diversos proyectos
no sólo al interior de movimientos cívicos como Participación Ciudadana, sino también
en instituciones académicas como la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra
(PUCMM).
36
 Estos datos se encuentran disponibles en la página web de Participación Ciudadana: www.
pciudadana.com/finanzas.html
37
 Bobea (1999), Tejada Holguín (2006) y PNUD (2005).
35

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

177

y III.7). Si bien la opinión negativa sobre el Congreso es mayoritaria en la
República Dominicana, su población es la que menos desconfía de este
poder del Estado si se la compara con el resto de países de América Latina,
lo que da cuenta de un sistema político con cierto desgaste y desprestigio,
pero bastante estable. Sin embargo, debe considerarse que la representación
política se ejerce no sólo en las instancias de los poderes del Estado, sino
también por conducto de organizaciones de la sociedad civil como los
sindicatos; por ende, vale la pena analizar la percepción que la población
tiene de éstos (véase el gráfico III.8).
Gráfico III.6
CONFIANZA EN LOS PARTIDOS
Uruguay
Rep. Dominicana
Panamá
El Salvador
Chile
Brasil
Venezuela
Honduras
Costa Rica
Colombia
Paraguay
México
Argentina
Perú
Guatemala
Nicaragua
Bolivia
Ecuador

0

10

20

30

40

No confía

50

a

60

70

80

90

100

b

Sí confía

Fuente: Latinobarómetro, 2004.
a
Incluye las categorías “poca” o “ninguna” confianza. b Incluye las categorías “mucho” y “algo” de confianza.

Gráfico III.7
CONFIANZA EN EL CONGRESO
Rep. Dominicana
Costa Rica
Brasil
Uruguay
Chile
Honduras
Venezuela
Colombia
Panamá
El Salvador
México
Paraguay
Argentina
Guatemala
Nicaragua
Bolivia
Perú
Ecuador
0

10

20

30

40

No confía

Fuente: Latinobarómetro, 2004.
a
Incluye las categorías “poca” o “ninguna” confianza.

b

a

50

60

70

80

90

100

Sí confíab

Incluye las categorías “mucho” y “algo” de confianza.

CEPAL

178

Gráfico III.8
CONFIANZA EN LOS SINDICATOS
Chile
Brasil
Uruguay
Rep. Dominicana
Panamá
Costa Rica
Colombia
Honduras
Perú
Venezuela
Bolivia
Nicaragua
El Salvador
Guatemala
México
Paraguay
Ecuador
Argentina
0

10

20

30
No confía

40
a

50

60
Sí confía

70

80

90

100

b

Fuente: Latinobarómetro, 2004.
a
Incluye las categorías “poca” o “ninguna” confianza.
b
Incluye las categorías “mucho” y “algo” de confianza.

Una vez más se observa que a pesar de que los sindicatos no gozan
de una credibilidad mayoritaria en la República Dominicana, de nuevo los
resultados indican que su población es una de las que menos desconfía de
estas organizaciones en América Latina. Con estos datos se podría inferir, en
consecuencia, que la sociedad dominicana debería estar menos movilizada
que la población de la mayoría de los países de América Latina, así como
debería tener un nivel de participación política en organizaciones de la
sociedad civil menor al observado en el resto de la región.
Los gráficos sobre participación y trabajo en organizaciones muestran
que la sociedad dominicana está, en efecto, menos movilizada que la
mayoría de las sociedades latinoamericanas, no obstante, se observa que
su participación política supera a la registrada en dichos países. El hecho
de que los dominicanos se organicen al margen de los partidos pero no
estén movilizados puede interpretarse de dos formas: i) que los canales
institucionales funcionan de forma aceptable y las demandas de la población
están siendo procesadas; ii) que los grupos de la sociedad civil encuentran
mecanismos alternos a los institucionales para lograr que sus requerimientos
sean atendidos.38 No cabe duda de que ambas opciones no son mutuamente
excluyentes y que, en efecto, coexisten en todos los países. Sin embargo,
 Cabe subrayar que si bien al menos en el corto plazo esta última situación ayuda a disminuir
la tensión y los frentes de conflicto para el gobierno, los mecanismos de asignación de
recursos y servicios públicos son arbitrarios y no democráticos, lo que en el largo plazo
puede generar mayores dificultades.

38

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

179

Gráfico III.9
¿HA TOMADO PARTE EN UNA DEMOSTRACIÓN PÚBLICA?
Uruguay
Venezuela
Perú
Argentina
México
Bolivia
Ecuador
Colombia
Honduras
Brasil
Chile
Rep. Dominicana
Panamá
Costa Rica
Nicaragua
Paraguay
Guatemala
El Salvador
0

10

20

30

No menciona

40

50

60

70

80

90

100

Menciona

Fuente: Latinobarómetro, 2004

el que predomine la segunda situación, como se ha visto, es un motivo de
preocupación ya que tiende a retardar la democratización de las distintas
instancias de poder.
Las organizaciones de la sociedad civil no tienen la posibilidad de
contar con recursos externos, como Participación Ciudadana. Por ende,
una forma de limitar el probable clientelismo con el gobierno o con los
partidos es introduciendo criterios previos y conocidos de asignación de los
recursos y servicios públicos, impulsando la coordinación entre las distintas
instituciones en el interior del Estado y respetando las competencias
institucionales, en especial, las de las instancias que descentralizan la toma
de decisiones. Por ejemplo, la Ley N° 188-04, que establece el Consejo
Nacional de Asuntos Urbanos (CONAU), no considera que los municipios
puedan jugar un papel importante en las labores de diseño y planificación
de las políticas de desarrollo urbano-regional, y su implementación significa
una extensión de la influencia del poder ejecutivo al ámbito local, ya que
todos los miembros de su Consejo Directivo son designados por este poder
del Estado. Además, su autonomía financiera y presupuestaria, unida a la
falta de participación de otros poderes públicos en su interior, provoca que
el manejo de recursos por parte del CONAU, aun cuando sus funcionarios
se guíen con rectitud moral, da origen a serios cuestionamientos. Así, el
establecimiento de una institución de este tipo ofrece claros incentivos
a los dirigentes de las organizaciones sociales para establecer relaciones
clientelares con el gobierno central.

CEPAL

180

Si bien la transparencia en el otorgamiento de recursos públicos
a las organizaciones de la sociedad civil es deseable para impulsar su
autonomía respecto del poder político, es válido indagar qué ocurre
con la autonomía de las organizaciones que reciben recursos privados y,
sobre todo, recursos externos. Si el clientelismo político genera efectos
perversos en las organizaciones de la sociedad civil, ¿por qué esperar
lo contrario de los vínculos con organizaciones privadas y/o externas?
Al respecto, es lógico pensar que los actores privados promoverán sus
intereses, y que este hecho en sí mismo no es negativo. En realidad, la
democracia da esto por supuesto, y el desafío de la gobernabilidad es
la coordinación y articulación de las múltiples demandas e intereses.
Claro está que quienes financian con recursos privados y/o externos
a las organizaciones sociales deben apegarse estrictamente al marco
constitucional y legal dominicano y transparentar los recursos que
destinan a dichas organizaciones.
12.

Sumario

El arreglo institucional de la República Dominicana presenta una mezcla
de incentivos favorables a la rendición sistemática de cuentas por parte de
las autoridades políticas hacia la ciudadanía con otros que, por el contrario,
favorecen el comportamiento oportunista, el despilfarro y la ineficiencia.
Estas últimas características constituyen una fuerte limitación a la calidad de
las instituciones democráticas, en el sentido de su capacidad para responder
en forma adecuada a las demandas y necesidades ciudadanas.
En la actualidad el país dispone de instituciones que posiblemente
sean susceptibles de críticas o que no han mostrado desempeño notable,
pero que serían funcionales en un contexto más proclive a la gobernabilidad
democrática. Entre estos aspectos potenciales se cuentan las condiciones para
la integración de los miembros de la Suprema Corte de Justicia, convertido
ya en un órgano autónomo que cumple de manera adecuada su función
de contrapeso.
Un juicio similar merecen los distintos arreglos que norman las relaciones
entre los poderes ejecutivo y legislativo. El componente acusadamente
mayoritario de los sistemas electorales para la integración de las dos cámaras
de la legislatura determina que las mayorías divididas sean un fenómeno
poco frecuente, además de que el presidente dispone de poderes legislativos
suficientes para enfrentar las raras ocasiones en que esto ocurre.
Finalmente, cabe resaltar que la gobernabilidad democrática en la
República Dominicana está respaldada por una ciudadanía que ejerce
sus derechos en la forma tanto de organizaciones autónomas y atentas al

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

181

desempeño gubernamental como de electores plurales en sus preferencias
y también atentos a los resultados del gobierno en el momento de asignar
el voto.
Por otra parte, en el terreno de las decisiones políticas se han
implantado medidas para enfrentar dos problemas fundamentales de
la sociedad dominicana. Un conjunto de estas medidas corresponde a
la extensión del Estado de derecho mediante la ampliación del acceso a
la justicia y la eficiencia en el desahogo de los casos. Los esfuerzos por
construir un cuerpo judicial profesionalizado van en el camino correcto y
se espera que pronto comiencen a rendir frutos en cuanto al reforzamiento
de los derechos de la ciudadanía. En otra esfera, aunque tal vez con menor
profundidad, se han dado pasos en la reducción de la discrecionalidad en
el ejercicio de la política social, lo que en principio estimula que su diseño
responda al objetivo de distribuir bienes públicos, y no a recompensas
particulares a la lealtad política.
Con relación a los aspectos menos funcionales de las instituciones
dominicanas, se detectaron problemas diversos prácticamente en todas las
fases en que se divide el recorrido de las políticas públicas. El mecanismo
de integración del órgano encargado de realizar las elecciones no parece el
más adecuado para garantizar su imparcialidad, lo que representa un riesgo
para la adecuada conversión de los votos en decisiones de gobierno.
Además, se advierte que existe un amplio margen para que las
autoridades electas se valgan de sus puestos para beneficiarse a sí mismas
o a sus grupos de seguidores, en vez de orientar su comportamiento a
trabajar por el bienestar de capas amplias de la población. La corrupción y el
clientelismo prevalecientes producen distorsiones en la demanda ciudadana
que obstruyen la acción política orientada a responder a las mayorías. De
hecho, los órganos formalmente encargados de detectar y sancionar la
corrupción, así como de vigilar el gasto público, no gozan de la autonomía
ni desempeñan las funciones necesarias para disuadir la práctica de estos
comportamientos. Asimismo, la legislación sobre transparencia no ha sido
lo suficientemente avanzada como para difundir ejercicio de la información
oportuna, actual y abierta al público.
La falta de factores para disuadir la corrupción y el clientelismo no sólo
posibilita que las políticas se dirijan a un grupo exclusivo de beneficiarios,
aun si es a costa de intereses más amplios, como se documentó en este
capítulo. Ello también desvirtúa o limita el potencial de otros dispositivos
institucionales. Así, por ejemplo, la introducción del voto preferencial,
medida cuyo objetivo era acrecentar la rendición de cuentas entre los
diputados y los electores, derivó, en cambio, en un traslado del uso de

CEPAL

182

recursos clientelares desde las dirigencias partidistas hacia los diputados
individuales. La estructura del gasto público y la discrecionalidad con la que
se ejerce manifiestan la forma en la que las élites gubernamentales toman
decisiones a partir de motivaciones de corto plazo y cuyos efectos sobre el
bienestar son apenas perceptibles.
Ligado a esto último, pero referido a la etapa de la implementación, se
halla el problema de la burocracia. Al ser utilizado más como botín político que
como vía de poner en funcionamiento eficiente las decisiones gubernamentales,
el servicio público dominicano carece de un perfil profesionalizado ad hoc para
que las políticas se plasmen sin interferencias ocasionadas por insuficientes
capacidades administrativas. Los escasos alcances de la legislación sobre el
servicio civil dan cuenta de la tensión que representa la reforma burocrática,
pues por lo general los funcionarios electos quieren que sus iniciativas sean
llevadas a cabo con eficiencia, pero al mismo tiempo quieren disponer de
los cargos para recompensar a sus bases de apoyo.
En la siguiente sección, se retoman estos elementos para sugerir
algunas reformas que incrementen la capacidad de respuesta del sistema
político a la demanda ciudadana.

C.

Recomendaciones

1.

Introducción

A partir de la evidencia presentada en la segunda parte, y a la luz de
las indicaciones normativas planteadas en la primera, en este apartado
se exponen recomendaciones dirigidas a potenciar la capacidad de las
instituciones democráticas para responder a las demandas y necesidades
de la población. En el supuesto de que la economía dominicana mantenga
en el futuro tasas de crecimiento económico como las planteadas en
el “escenario deseable” identificado en el capítulo I, las indicaciones
que se mencionan a continuación están elaboradas con el propósito
de incentivar a los representantes políticos para que sus decisiones se
orienten a invertir ese crecimiento en el bienestar de las ciudadanas y
los ciudadanos.
Estas recomendaciones se diseñaron siguiendo dos criterios. En
primer lugar, se privilegió el cambio incremental sobre el cambio integral.
Las instituciones, para ser eficientes, requieren de estabilidad en el tiempo,
a la vez que los cambios muy pronunciados obligan a invertir un mayor
lapso de aprendizaje. Por ello, en lo que sigue se supondrá la continuidad
del modelo presidencial de gobierno, a la vez que se recomendará la
preservación tanto de las estructuras que resultan funcionales como de las

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

183

que requieren conservarse por un tiempo antes de evaluar sus efectos. En
segundo lugar, las recomendaciones se refieren a un sistema de incentivos,
y no a estados sociales fijos. Esto significa que los procedimientos
democráticos son abiertos: intentan inducir comportamientos que
produzcan ciertos resultados deseables, pero no los pueden fijar de una
vez y para siempre. Cada resultado debe ser evaluado por la sociedad y
sancionado electoralmente. En caso contrario, lo que estaría operando no
es un régimen democrático.
Después de las recomendaciones se expresan algunos comentarios
sobre la viabilidad de las reformas en cuestión, y se concluye con un ejercicio
prospectivo en el que se comparan los beneficios a largo plazo de implantar
dichas reformas frente a los costos de mantener el statu quo.
2.

Recomendaciones
a)
Mantener en la medida de lo posible los aspectos institucionales
que han probado ser funcionales a la gobernabilidad democrática, o
introducir cambios que no afecten su operación fundamental. En este
sentido, destacan las condiciones que garantizan la independencia
externa del Poder Judicial.
Los resultados de las reformas de 1994 han sido positivos y adecuados
para los fines propuestos. La Suprema Corte de Justicia se ha
convertido en un órgano independiente con respecto a los otros dos
poderes y con capacidad efectiva de veto, lo que da credibilidad
a este aspecto de la justicia dominicana.
b)
Preservar los aspectos institucionales relativos a la relación entre
los poderes ejecutivo y legislativo.

La combinación del método de reparto de diputaciones entre las
fuerzas partidistas (representación proporcional en circunscripciones
pequeñas), el de reparto de senadurías (mayoría simple en circunscripciones
uninominales), el ciclo electoral (elecciones no simultáneas) y los poderes
presidenciales (veto y decreto) redundan en una dinámica de frecuencia de
gobierno unificado favorable a la eficacia, con una posibilidad razonable de
gobierno dividido, y ello incentiva a los actores políticos para que no den
por sentado su predominio. Los poderes presidenciales otorgan protección
frente a la eventualidad del gobierno dividido. En lugar de generar parálisis y
estancamiento al promover la formación de mayorías divididas, es preferible
modificar otras fuentes del abuso del poder presidencial. La unidad de
propósitos entre ambos poderes no tiene por qué ser limitada si se cuida
que ésta esté orientada hacia fines virtuosos.

184

CEPAL

c)
Mantener las disposiciones relativas a la reelección de los titulares
de puestos de elección popular.
Sin estas reglas, los representantes políticos no contemplan en su
horizonte temporal la sanción electoral futura de sus acciones actuales,
lo que se concreta en menores incentivos para orientar dichas acciones al
bienestar de la ciudadanía.
Otro tipo de disposiciones, de data más reciente, poseen
características tales que es posible esperar de ellas resultados positivos,
por lo que se impone garantizar que se sostengan en el tiempo. Así,
los esfuerzos emprendidos para mejorar la eficiencia y la eficacia del
sistema de impartición de justicia se cuentan entre los aspectos más
valiosos de los cambios recientes. No obstante, es imprescindible
encontrar mecanismos para estrechar las diferencias regionales en el
desempeño de los jueces y las diferencias de eficiencia entre jurisdicciones.
Por otra parte, la reciente introducción de prácticas de evaluación
y asignación universal en la política social es un paso crucial en su
institucionalización, punto sobre el que se vuelve más adelante. Al respecto,
el problema es que los avances registrados tienen su sustento normativo
en decretos, por lo que son susceptibles de revertirse en caso de cambio de
gobierno. Es necesario, por lo tanto,
d)
que el Congreso les otorgue carácter de ley para que estén
protegidos contra los vaivenes de la política electoral.
Entre los aspectos del diseño institucional que se requiere transformar,
destaca el relativo al organismo encargado de realizar los procesos electorales
en forma imparcial y creíble. No se considera que los derechos políticos de
los dominicanos estén debidamente protegidos bajo la configuración actual
de la Junta Central Electoral. Con el fin de corregir esta situación:
e) necesario garantizar una participación de intereses más plural
Es
en la designación de los integrantes del pleno de la JCE.
Este objetivo se alcanzaría si la selección quedase a cargo de la Cámara
de Diputados, con el voto de dos tercios de sus miembros.39 Además, tendría
que añadirse la indepencia partidista entre los requisitos para ser miembro
(tal como se practica para la integración de las Juntas Centrales Electorales
39

 Esta recomendación, igual que la correspondiente al nombramiento del titular de la Cámara
de Cuentas, se basa en que la integración de la Cámara de Diputados por representación
proporcional le da un carácter más plural que el Senado. La intervención de una diversidad
de actores es el mecanismo más apropiado para los cargos que requieren imparcialidad.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

185

y los Distritos Electorales). Finalmente, la división de funciones en cámaras
no es suficiente para evitar que la JCE sea juez de sus propios actos.
f) necesario que los juicios sobre la validez jurídica de las distintas
Es
fases del proceso electoral sean transferidos a una instancia distinta
a la JCE.
Esta instancia podría ser la Suprema Corte de Justicia, o bien un
tribunal ad hoc cuya integración quedase a cargo del Consejo Nacional de
la Magistratura.
El resto de las recomendaciones se refieren a incentivar el
comportamiento de los políticos electos hacia la adecuada satisfacción de
las demandas y necesidades de la ciudadanía. Como se ha mencionado en
diversas ocasiones, se espera de los representantes que utilicen la autoridad
y el poder del que disponen, en su ámbito de atribuciones, para atender
los intereses de la población. El mecanismo de la competencia electoral
es una precondición para ello, apoyado por la posibilidad de reelección.
Sin embargo, también se dijo, aun en estas condiciones el poder político
es susceptible de una utilización en provecho propio, para favorecer a
intereses fácticos poderosos o para anteponer los intereses partidistas a
los intereses concretos de los electores. Asimismo, el poder político puede
ser funcional al desarrollo del clientelismo, y la consiguiente asignación
de premios a los grupos de leales así como distribuciones subóptimas de
los recursos públicos. Estos comportamientos de apropiación privada de
los recursos públicos constituyen el principal obstáculo para transformar
los beneficios del crecimiento económico agregado en mejoras sostenidas
del bienestar de las mayorías.
Según se argumentó, uno de los problemas de la corrupción en la
República Dominicana consiste en la falta de amenaza creíble de sanción.
Desde la perspectiva de quien se tienta de incurrir en comportamientos
ilícitos, el riesgo de ser detectado y sancionado es tan bajo que únicamente
percibe los beneficios económicos de sus acciones. En consecuencia, no
parecen suficientes ulteriores reformas a la legislación ni el trabajo de
comisiones formadas por personas con prestigio pero carentes de poder.
Es necesario, en cambio:
g)
Reforzar el papel del órgano encargado de presentar cargos y dar
seguimiento a los procedimientos penales, siguiendo el criterio de
reforzar las motivaciones para detectar los casos de mal manejo
de los recursos. En este sentido, la autonomía del Procurador
General se erige como un medio del que cabría esperar buenos
rendimientos, no sólo en el combate a la corrupción, sino también

CEPAL

186

en la disuasión de los actos atentatorios a los derechos humanos.
Aunque por lo general se recurre al nombramiento o ratificación
por parte del Congreso, el Consejo Nacional de la Magistratura,
al estar integrado por los tres poderes, parece un órgano más
adecuado para el nombramiento de este funcionario, por un período
no coincidente con el presidencial. Este órgano, a su vez, debería
adquirir la facultad de destitución para el caso de abuso en el
ejercicio de funciones (abuso que puede fundarse en la búsqueda
de notoriedad pública).
Otra forma de uso indebido de recursos consiste en el ejercicio
presupuestario por medio del desvío del gasto con respecto a lo programado,
sea con fines de enriquecimiento o cualquier otro. Como se mencionó, la ley
de presupuesto en la República Dominicana tiene poco valor como marco
legal, y el Congreso no ha asumido funciones de vigilancia. Actualmente, el
Presidente con la confirmación del Senado nombra al titular de la Cámara
de Cuentas.
h)
Sería deseable que esta confirmación quedase en manos de la
Cámara de Diputados, y que además el funcionario se mantuviera
en el puesto por un período fijo con posibilidad de ratificación en
el cargo.
Es necesario reformar dos aspectos más de este órgano.
• n vez de reportar los resultados de sus investigaciones al propio
E
Poder Ejecutivo (el órgano auscultado), la Cámara de Cuentas
debe ser facultada para establecer responsabilidades legales y
administrativas por uso indebido de recursos, o al menos de iniciar
procedimientos ante el sistema judicial.
•
Este tipo de procedimientos debe comprender a los funcionarios
que se nieguen a entregar la información solicitada, problema que
constantemente enfrenta el órgano al que nos referimos.
Ahora bien, no es de esperarse que la actividad de estos órganos sea
necesariamente acompañada de una ola de enjuiciamientos por razones de
corrupción. Por una parte, siempre son posibles los comportamientos de
colusión o complicidad, en los que los integrantes de la clase política se protegen
contra persecuciones judiciales. Por otra, los vacíos y las ambigüedades legales
suelen ser el refugio contra la sanción penal o administrativa. Relacionado
con esto se halla el hecho de que no todo el mal manejo de los recursos
públicos puede tipificarse como ilegal. Por estos motivos:

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

187

i) necesario que mediante la transparencia se impongan costos
Es
de reputación a la acción pública indebida.
Al hacer públicos los datos relevantes sobre las características del
ejercicio de la función pública, los representantes tomarán en cuenta la
potencialidad de que sus acciones sean ventiladas en escándalos que pongan fin
a sus carreras. Suponiendo la acción de una prensa plural e independiente, y la
atención por parte de organismos de la sociedad civil, la expectativa de daños
en la reputación puede operar como poderosos disuasivo del mal desempeño.
Actualmente, en la República Dominicana se discute si el órgano
encargado de hacer valer la ley de transparencia debe ser un instituto
autónomo o dependiente del Estado. En la perspectiva de análisis desarrollada
en este estudio:
j) autonomía es una precondición para que dicho órgano rinda
La
los efectos deseados.
Asimismo, la ley tendrá que contemplar mecanismos que hagan
forzosa la entrega de información solicitada por parte de las instancias
gubernamentales. Un mecanismo eficiente sería interponer sanciones por
incumplimiento frente a las razones políticas que motivan la negativa a hacer
pública la información. Si un funcionario recibe, de manera informal, una
orden de no entregar la información que le requiere el órgano autónomo, sería
adecuado que al seguir esta orden contemplara la posibilidad de enfrentar
sanciones como multas, suspensión temporal o destitución definitiva,
dependiendo de la gravedad del caso.
Por otra parte, también debe ser limitada la capacidad por parte de
partidos y políticos individuales para adquirir compromisos ocultos con
personas o grupos dispuestos a financiar sus carreras políticas. En esta dimensión:
k) financiamiento público de los partidos y su obligación legal de
El
rendir cuentas sobre sus recursos deben ser reforzados otorgando
capacidades de supervisión y sanción a la Junta Central Electoral.
Los partidos deben dar a conocer de manera pormenorizada
toda la información relativa a sus ingresos (incluyendo la identidad de
sus donantes privados) y gastos, y tendrían que ser objeto de sanciones
económicas en caso de negativa a entregar la información, falseamiento
de los datos e irregularidades en el gasto (más allá de las consecuencias
jurídicas de otra índole a que dicho compartimiento pudiese dar lugar
de acuerdo con la ley). Siendo la JCE la instancia por cuyo conducto se
canalizan los recursos públicos, un mecanismo de sanción fácilmente

188

CEPAL

aplicable consistiría en otorgarle la capacidad de descontar, de la cantidad
de recursos correspondientes al partido encontrado en falta, el monto
equivalente a la sanción. Asimismo:
l) JCE debe tener la facultad de auditar los registros contables de
La
los partidos, y no requerir esta acción de la Contraloría General,
como ocurre actualmente.
Esta auditoría, además, debe asumir carácter periódico y de oficio.
Finalmente, a los partidos políticos se deben aplicar todas las disposiciones
relativas a la transparencia, en los mismos términos que a las oficinas públicas.
En opinión de varios agentes entrevistados, buena parte del
clientelismo del país se apoya en el ejercicio discrecional de la política
social y el asistencialismo. La respuesta debe consistir en una creciente
institucionalización de la política social, en el sentido de asignarle un carácter
sólido, profesional, estable y predecible en el tiempo. Como se mencionó,
la continuidad de las prácticas de evaluación y asignación universal es un
ingrediente central en la institucionalización. Agréguese a esto un nivel
mínimo de financiamiento para tal propósito (en los mismos términos en los
que se establece para los partidos políticos) y, de manera muy importante,
transparente.
m) establecimiento de objetivos claros de largo plazo daría solidez
El
al gasto social y limitaría la discrecionalidad en su ejercicio. Con
ese fin, podría recurrirse a la programación del gasto con carácter
legal en función del cumplimiento de las Metas del Milenio.
La forma en que son electos los representantes influye en la orientación
de su comportamiento. En diversas entrevistas se manifestó un consenso
alrededor de la mala experiencia con el sistema de voto preferencial, ya
que se lo asocia con el clientelismo. En la medida en que esta opinión esté
difundida, el sistema debe ser modificado. Sin embargo, antes de generar
demasiadas expectativas se debe tomar en cuenta que el retorno al sistema
de lista cerrada, sin ninguna otra medida adicional, llevará a la situación ex
ante de partidos clientelistas y sin ningún vínculo con los electores de sus
circunscripciones. Por ello, esta medida no arrojará utilidad alguna si no se
acompaña de limitaciones a las oportunidades de uso clientelar de los recursos
públicos. Además, si se vuelve a las listas cerradas es indispensable mantener
el sistema de elecciones primarias para determinar las candidaturas.
Ahora bien, una alternativa sugerida por uno de los diputados
entrevistados consiste en mantener el sistema electoral en los términos
actuales, con el voto preferencial, pero añadiendo una lista cerrada nacional

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

189

por representación proporcional. El número de escaños a distribuirse de
esta manera debe ser bajo, entre 15 y 20, con el fin de que la integración
partidista de la Cámara de Diputados no pierda su carácter mayoritario.
Esta lista representaría la posibilidad de incluir candidatos partidarios con
un perfil intelectual alto o con fuentes de prestigio que habitualmente no
son premiadas en elecciones, además de conseguir un mayor equilibro
entre los géneros.
Uno de los asuntos en los que se debe imprimir el mayor esfuerzo
consiste en la profesionalización de la burocracia. Una burocracia de este
tipo logra al menos tres objetivos: 1) elimina uno de los recursos más
socorridos por el clientelismo para premiar la lealtad política; 2) garantiza
que las buenas decisiones sean bien implementadas, y 3) pone un freno a
los vaivenes en las políticas públicas motivados por la irresponsabilidad y
el cálculo de corto plazo.
n) Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa debe reformarse
La
en términos tales que, a mediano plazo, el 60% del personal de
la burocracia sea de carrera, lo que debe incluir la supresión de
las ventajas otorgadas al personal que se encuentra en activo,
la extensión de sus términos a todos los niveles del Estado y la
corrección de las ambigüedades que permiten interpretar que el
titular del Poder Ejecutivo dispone a voluntad de todos los puestos
de la administración, pasando por una clara tipificación de los
puestos de confianza.
La profesionalización de la burocracia, además, comprende la
profesionalización de los servicios del Estado. Esto, al mismo tiempo,
exige un reforzamiento del papel del Estado como contratista. Si
bien las leyes y los procedimientos no son una garantía para que
los procesos de adjudicación se desarrollen totalmente con criterios
de competencia equitativa y transparencia (es bien conocido que la
mayoría de las adjudicaciones cumplen formalmente los requisitos
legales), una forma de limitar la discrecionalidad en la adjudicación
de compras es a través de:
o) conformación de comisiones mixtas en las que participen i)
La
miembros de distintas oficinas en el interior de una institución,
ii) funcionarios de otras instituciones públicas, e incluso iii) se
promueva la participación de representantes de organizaciones
de la sociedad civil.
En la medida en que los integrantes de las comisiones que definen
a quién se adjudica la compra o provisión de bienes y servicios para el

CEPAL

190

Estado provengan de distintas oficinas, instituciones y organizaciones,
será más difícil que sea favorecido un participante que no tenga la oferta
técnicamente más pertinente y económicamente más ventajosa. Habría
mayores probabilidades de que los miembros de estas comisiones, en caso
de tener vínculos políticos, respondieran a distintas facciones de un partido,
o a diferentes partidos, lo que minimizaría la posibilidad de que todos ellos
se pusieran de acuerdo en beneficiar al mismo proveedor.
Por último, se mencionan algunas medidas para potenciar el papel,
de por sí relevante, que tiene la sociedad civil dominicana. Pese a su
fortaleza e impulso para limitar los abusos del poder político y supervisar
las acciones de gobierno, las organizaciones de la sociedad civil presentan
un problema de amplia diferenciación interna en cuanto a sus capacidades
y recursos, además de que grupos con intereses políticos suelen penetrarlas
por medio del clientelismo y el patrocinio. Las facilidades para el registro y
reconocimiento de organizaciones no gubernamentales y el otorgamiento
de recursos públicos para el financiamiento de sus actividades es un buen
comienzo para minimizar los problemas de acción colectiva que enfrentan
los ciudadanos para organizarse, pero no han evitado su utilización por
parte de ciertos políticos en provecho propio. En particular, aún existen
problemas relacionados con los criterios de asignación.
p)
Esto puede ser superado si los recursos son asignados por concurso,
condicionándose la adjudicación a la presentación y evaluación ex
ante de los proyectos y estableciendo límites al monto total que
una sola organización puede recibir. Asimismo, una proporción
de estos fondos debe ser transferida a los gobiernos municipales,
con el fin de que sean usados exclusivamente para proyectos de
desarrollo local. Los criterios de asignación por concurso deben ser
los mismos. De igual forma, entre los criterios de asignación debe
estar comprendido un sistema de estímulos para la cooperación
entre las ONG más profesionalizadas y las surgidas en el nivel
barrial y local, con el fin de promover la profesionalización creciente
por parte de estas últimas.
3.

Viabilidad

La implementación de las sugerencias e indicaciones de reforma aquí
contenidas, como cualquier otra con la que se pretenda transformar el
statu quo, debe contemplar la posibilidad de encontrar serias resistencias al
cambio tanto entre los agentes investidos con la autoridad para llevarlas a
cabo como sectores de la sociedad a la que se considera beneficiaria última
de los cambios. Para cualquier diseño institucional dado, se debe considerar

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

191

que existen intereses beneficiarios del estado actual que resentirían pérdidas
ante los intentos de cambio.
Cuando el grupo interesado en la reforma goza coyunturalmente
de una ventaja de poder, siempre existe la tentación de hacer frente a las
resistencias recurriendo a “golpes de mano” y a la imposición unilateral de
las reformas. Este procedimiento, no obstante, únicamente garantiza que
las medidas se llevarán a cabo en el corto plazo, pero no su sostenimiento
perdurable. Los intereses excluidos aprovecharán cualquier modificación en
la correlación de fuerzas para retornar al estado anterior. De hecho, los actores
que deberían adecuar su comportamiento a las nuevas reglas podrían dar
por descontado que su duración será corta, por lo que preferirán aguardar
antes que ajustarse a las nuevas reglas del juego (pues se espera que éstas
no tengan una vida larga).
Por ello, es preferible invertir en la negociación con los actores
más relevantes a fin de garantizar que el nuevo diseño institucional les
proporcionará algunos beneficios, para disminuir su disposición a cambiar
los términos en el futuro. Por supuesto, así el grupo reformista se arriesga a
que su paquete preferido de reformas no sea obtenido en forma completa, ya
que negociar implica hacer concesiones y sacrificios. De ahí la importancia
en la claridad de objetivos y de parámetros en la negociación para distinguir
los medios que conducen a ellos de lo meramente accesorio.
Si el grupo reformista se dispone a emprender una negociación seria,
a fin de garantizar la estabilidad de las reformas aun a costa de sacrificar
algunos aspectos de su paquete óptimo, es necesario que busque apoyos
legítimos para brindar aceptabilidad social a su propuesta. Las propuestas de
reforma planteadas en este documento se dirigen a atacar problemas reales
cuyos efectos impactan negativamente a la sociedad, como el clientelismo y
la corrupción. En consecuencia, los grupos reformistas no deben dudar en
difundir públicamente el contenido de las propuestas, con especificaciones
sobre los efectos esperados de su aplicación. El beneficio percibido de las
reformas será mayor en la medida en que los reformadores presenten sus
iniciativas en conjunto con organizaciones reconocidamente independientes
de la sociedad civil. A los ojos del público, esta posición conjunta transmite
la idea de que el objetivo de las propuestas es elevar el bienestar social, y
no responde al puro interés de quienes las defienden. Si dicha percepción
penetra en la sociedad, los intereses partidistas tendrán mayores dificultades
para justificar su oposición a las reformas, y es más probable que se los
obligue a aceptarlas, acuciados por el temor de que la sociedad les imponga
un castigo electoral que les represente mayores pérdidas respecto de la
implantación de los cambios.

192

CEPAL

Una vez más, el hecho de que los actores gubernamentales con
proyectos de reforma necesiten de actores de la sociedad civil para elevar
la credibilidad de sus propuestas implica necesariamente que éstas deberán
ser revisadas por dichos actores y, con toda seguridad, modificadas para
que se ajusten a sus preferencias (pues no se puede esperar otra cosa del
acuerdo con actores genuinamente independientes). Por tanto, maximizar
la credibilidad y la viabilidad del proyecto acarrea la posibilidad de nuevas
alteraciones al planteamiento original.
Con respecto a los actores que se requiere incorporar en la agenda,
debe contemplarse la participación de los sindicatos en forma paritaria con
las organizaciones no gubernamentales y los organismos empresariales. El
gobierno, en particular, debe crear espacios tripartitas de concertación con
el fin de recuperar la confianza del sector sindical sumándolo a la toma de
decisiones y recogiendo sus demandas, no sólo de carácter laboral, sino
también las de carácter social en las que, de acuerdo con las entrevistas
realizadas, tienen más puntos en común con el sector patronal de lo que
parecería a primera vista (en particular lo relativo a los campos de la
educación y la salud).
Otra cuestión, actualmente muy debatida en la República Dominicana,
es la referida al mecanismo más adecuado para la aprobación de las reformas
sugeridas por el gobierno. El dilema que se plantea es si se debe recurrir a
los mecanismos ordinarios de reforma constitucional o bien convocar a una
asamblea constituyente. Uno de los sectores políticos entrevistados adujo
de forma adecuada que en cualquiera de las alternativas los actores serían
exactamente los mismos -los partidos políticos y sus dirigencias-, por lo que
en este sentido no deben esperarse resultados diferentes en cuanto al texto
constitucional que producirían uno u otro método. No obstante, un conjunto
ambicioso de reformas elevará su aceptabilidad si su aprobación proviene de
una asamblea constituyente, ratificada después por votación popular. Este
procedimiento no sólo incrementa el número de actores comprometidos
con el cambio (y aquí se hace referencia a una mayoría electoral), sino que
además el proceso de convocatoria, reunión y trabajo de una asamblea
constituyente genera un nivel de atención pública óptimo para discutir y
ventilar las reformas en los términos planteados en el párrafo anterior.
Finalmente, es necesario contemplar que los procesos de reforma
política, en muchas ocasiones, imponen la prelación entre objetivos deseables.
Eventualmente, los equipos reformadores se ven en la necesidad de concentrar
sus energías en un subconjunto del paquete total de reformas, dejando
el resto para una ocasión más propicia (que puede nunca llegar). Desde
esta perspectiva, el criterio prevaleciente debe orientarse a priorizar las
reformas cuyos efectos tiene un mayor beneficio esperado. En el caso de

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

193

la República Dominicana habría que ubicar en el centro de interés las
distorsiones a la demanda representadas por el clientelismo y la corrupción.
Por ello, es necesario implementar en primer lugar las medidas relativas
a la integración de comisiones mixtas para la adjudicación de compras
del Estado, a la institucionalización de la política social, la reforma a los
criterios de asignación de recursos a las ONG y a la imposición de costos
reputacionales incrementando la transparencia.
Estos cuatro conjuntos de medidas tienden a enfatizar los incentivos
positivos sobre los negativos y elevarían la rendición de cuentas mediante el
control social sin necesidad de recurrir a las sanciones. Asimismo, requieren
de un menor grado de negociación con otros actores (reduciendo el costo
de transacción), pues en lo esencial son susceptibles de instaurarse por
decreto o por mayoría simple en el órgano legislativo. Sus efectos sobre el
comportamiento de los tomadores de decisiones podrían redundar en una
mayor orientación hacia la demanda ciudadana, por lo que su puesta en
vigor no debe quedar condicionada a la realización de otras reformas.
En un momento posterior, debe procederse a la reforma de la JCE
y la profesionalización de la burocracia. La dificultad específica de estas
medidas consiste en que la conformación actual del órgano electoral y del
servicio civil representan, para los actores políticos, tanto la oportunidad
de garantizar el triunfo electoral como la posibilidad de repartir prebendas
entre los propios seguidores, respectivamente. De hecho, hay una fuerte
expectativa de ganancias por mantener el statu quo para el partido en el
poder o para quien espera obtenerlo. Por lo tanto, la transformación requiere
llegar a establecer compromisos estables y de largo plazo, cuyo primer
condicionante sería el de no poner en riesgo las medidas sugeridas en los
dos párrafos anteriores.
El combate a la corrupción y al uso indebido de recursos públicos
mediante el fortalecimiento de los órganos de vigilancia y sanción, cuya
importancia no es menospreciable, contiene un elemento punitivo que podría
levantar el temor de las partes negociadoras ante el eventual uso parcial de
dicho mecanismo. En otras palabras, la posibilidad que agencias poderosas
pero favorables a uno de los partidos practique una “cacería de brujas”, es
un hecho que dificulta el acuerdo sobre las funciones y facultades de los
órganos pertinentes. Por ello, es adecuado postergar esta discusión hasta
un momento en el que, al sentirse ya el efecto de las reformas anteriores,
disminuya el riesgo de la sanción unilateral. Si la reforma en este sentido
es planteada desde el gobierno, su propuesta adquiriría mayor firmeza y
credibilidad si fuese acompañada de medidas selectivas de castigo a casos
de corrupción por parte de sus partidarios, al tiempo que se abandona la
práctica de perseguir a los miembros de gobiernos anteriores.

CEPAL

194

Es necesario aclarar que tanto las propuestas como la secuencia
aquí sugerida obedecen a criterios de oportunidad y eficacia derivados del
análisis de las condiciones institucionales de la República Dominicana; es
decir, no representan una receta de reformas de validez universal. El análisis
de otra nación, con características institucionales distintas, necesariamente
mostraría la existencia de otros problemas con diversas formas y tiempos
de resolución.
4.

Prospectiva

El sistema político dominicano atraviesa un momento privilegiado para
su desarrollo democrático. Por una parte, hoy se cuenta con un gobierno
con capacidad para detectar los problemas que necesitan corrección y
existe claridad para percibir los objetivos adecuados. Por otra parte, la
ciudadanía dominicana en sí misma es un activo. No sólo ha evidenciado
en momentos críticos el grado en que valora y es capaz de defender las
instituciones democráticas, sino que de manera cotidiana se ha erigido en un
dique constante contra las tendencias al abuso por parte del poder político,
incluyendo al surgido de procedimientos democráticos.
Precisamente, esta ciudadanía constituye el elemento para desatar el
mecanismo por el cual el crecimiento económico se convierte en bienestar,
siempre que se modifique el diseño institucional de manera adecuada. Una
vez que se verifique el cambio institucional, con las precauciones necesarias
adoptadas para su aceptabilidad, se puede confiar en que la sociedad
dominicana se comportará acorde con las reglas democráticas.
Un ejercicio productivo, practicado dentro de ciertos límites, consiste en
el esfuerzo de representarse mentalmente el funcionamiento de las instituciones
después de que haya pasado un tiempo suficiente para mostrar con nitidez
sus efectos sobre el comportamiento de los actores y para que éstos a su vez
puedan dar por descontado que dichas instituciones se mantendrán en el futuro
previsible. Sin caer en los extremos de la futurología, es razonable avizorar
que esta situación de estabilidad podría darse alrededor del año 2030.
El objetivo de las reformas propuestas en este documento consiste
en vincular las acciones de los representantes con las demandas e intereses
de sus electores, a fin de que los primeros destinen los incrementos en el
excedente producidos por el buen desempeño a elevar los niveles de bienestar
de los segundos, en lugar de destinarlos ya sea a acrecentar su propio poder,
o a abultar su fortuna personal, o bien a favorecer intereses privilegiados.
Por lo tanto, en primera instancia, la República Dominicana en el 2030 sería
una sociedad más igualitaria de lo que es hoy, con niveles superiores de
bienestar para la gran mayoría de la población. Es necesario insistir en que

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

195

esto sería un efecto de la propia configuración y funcionamiento del sistema
político, más que de la orientación partidista de quienes ocupen el poder y
de los cambios tecnológicos y sociales que pudieran darse.
Este planteamiento, por supuesto, no significa que se esté concibiendo
una sociedad sin conflictos que deban resolverse en el terreno político
(aunque sí cabría esperarse una disminución de la intensidad del conflicto
político). Sin duda, persistirán las diferencias en cuanto a los valores que
determinan lo que se consideran objetivos deseables, así como el natural
deseo de cada grupo o categoría social por maximizar sus intereses aun a
costa de los intereses de otros grupos. Lo destacable es que por efecto de
las transformaciones institucionales, el contenido de la oferta política para
dar procesamiento a esos conflictos sería distinto del actual.
En el transcurso de este capítulo se postuló como un problema
fundamental de la política dominicana el clientelismo de los partidos con
sus electores. Asimismo, se afirmó que el clientelismo pertenece a una
dimensión cuyo extremo opuesto viene dado por partidos programáticos.
En vez de proponer, de manera trivial, reforzar el carácter programático
de los partidos, en este estudio se consideró más fértil limitar las fuentes
a partir de las cuales los partidos y los políticos acceden a recursos que
pueden distribuir como premios para la lealtad política. Acotado el acceso
a los recursos para alimentar clientelas, es de esperarse que los partidos
modifiquen su oferta a fin de mantener por lo menos el mismo nivel de
apoyo electoral. Hacia 2030 los partidos dominicanos se habrán especializado
en la oferta de bienes públicos, que vendrían dados en dos modalidades.
La primera, en la forma de políticas de carácter indivisible; esto es, en la
forma de beneficios que no podrían asignarse a los electores leales sin al
mismo tiempo proporcionarlos a los electores de oposición. En segundo
lugar, los bienes ofrecidos por los partidos asumirían la forma de propuestas
programáticas claras y diferentes de las de sus competidores. En suma, los
partidos tendrían que invertir en el programa político como estrategia de
adaptación a los cambios en el entorno institucional.
Estas propiedades del sistema político revelarían mayor relieve
en el caso de una perturbación económica que redujera temporalmente
el nivel de consumo del ciudadano medio. Por cierto, existen shocks
exógenos imprevisibles e independientes del control o de la voluntad de
los representantes electos. Frente a un accidente de este tipo, la reacción de
la población depende de su evaluación acerca del comportamiento de su
clase gobernante. Si el diseño institucional incentiva a los representantes
electos a anteponer el bienestar de sus electores, y dicho sistema lleva
funcionando algunos años, las explicaciones de los primeros sobre los
problemas económicos tienen una mayor credibilidad, ya que los electores

196

CEPAL

han observado que, en general, los gobernantes tienden a comportarse
maximizando el bienestar público. En este sentido, un diseño institucional
adecuado protege a la institucionalidad y la normativa democrática contra
la ocurrencia de factores imprevisibles que golpean a la población.
Ahora compárese este panorama con el que cabría esperarse si no se
toman las medidas propuestas. Aun en condiciones de crecimiento económico,
si los niveles medios de bienestar no se mejoran sustancialmente (e incluso sin
que necesariamente se deterioren), el paso del tiempo conspira en contra del
sistema democrático. La persistencia de condiciones en las que no se percibe
mejoría terminaría convenciendo a la población de que las instituciones
democráticas no operan en su beneficio, sino sólo a favor de una minoría
privilegiada, por lo que estas instituciones no bastan para confiar en que los
integrantes de la clase política sean agentes de su bienestar.40 Es de esperarse
que la percepción de que la corrupción permanece sin que haya voluntad
verdadera para ponerle freno enfatice este tipo de sensaciones.
Las manifestaciones de esta desconfianza pueden ser poco perceptibles
en un primer momento, y comenzarían por incrementos en la tasas de
abstencionismo electoral. Sin embargo, es precisamente en ese contexto en
el que adquiere mayor rendimiento electoral el discurso político de carácter
personalista y antiinstitucional. La falta de eficacia de las instituciones para
mejorar el desempeño favorece el surgimiento y éxito de los liderazgos
fuertes. Tómese en cuenta que, de acuerdo con este análisis, aunque el
electorado dominicano no es insensible al desempeño, también es cierto que
presta una enorme atención a las características personales y a los estilos.
Esta propensión puede ser explotada al máximo por políticos carismáticos
cuando se propaga la desconfianza hacia las instituciones.
Una vez en el poder, los líderes confrontadores tienden a intentar
concentrar el poder al mayor nivel posible, a costa de los órganos diseñados
para servir de contrapeso al poder ejecutivo. Según se ha visto, en las
actuales condiciones el diseño institucional dominicano pone a disposición
del presidente una enorme capacidad de decisión, así como de recursos que
pueden usarse en forma arbitraria. Por ello, el acceso al poder de un liderazgo
personalista y con amplio apoyo popular reforzaría las propiedades más
nocivas de las instituciones y de la tradición dominicana, lo que representaría
un retroceso hacia estilos políticos que, en el año 2030, tendrían que ser parte
de la historia lejana de este país.
Ante la mención explícita de la posibilidad de una crisis del sistema
de partidos dominicano, varios de los agentes entrevistados rechazaron que
 Espinal y otros (2006) presentan evidencia según la cual un fenómeno de este tipo ya viene
ocurriendo en la actualidad entre la población dominicana.

40

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

197

su sistema político esté amenazado por un riesgo similar al de otros países
que han recaído en el caudillismo populista. El argumento utilizado se
apoya principalmente en la solidez del sistema de partidos. Es importante
recordar que en aquellos países los sistemas de partidos gozaban de una
solidez indiscutible, “solidez” que, precisamente, los hacía impermeables
a la demanda ciudadana e incapaces de tomar las recaudos necesarios para
impedir su propia desintegración.
Sin duda, la República Dominicana ha introducido en los últimos
años cambios institucionales y normativos que han elevado la calidad de
su democracia. Las recomendaciones formuladas en este análisis pretenden
reducir los “déficit” democráticos que todavía persisten. Si esa meta se
consigue, el potencial de crecimiento económico y de bienestar social en la
República Dominicana se manifestará en resultados tangibles y positivos
en un plazo anterior al de 2030.

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La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

205

Capítulo IV

Desarrollo y cohesión social
Introducción
Se exponen a continuación los dispositivos institucionales de inclusión y
bienestar existentes en la República Dominicana, con algunas anotaciones
acerca de sus consecuencias generales en el desarrollo del sentido de
pertenencia de los individuos en la sociedad. En la perspectiva de 2030
se trata de manera específica la eficacia de algunos de esos dispositivos,
que incluyen, entre otros, la integración laboral, el sistema de educación
y formación, las políticas de combate y reducción de la pobreza,
de fomento de la equidad y de ampliación y fortalecimiento de las redes de
protección social.
El enfoque adoptado para el presente estudio se vincula directamente
con la propuesta de la CEPAL (2007a) sobre la cohesión social. Un componente
central de este enfoque es el sentido de pertenencia a la sociedad, que a su
vez encarna en una efectiva titularidad de derechos sociales. Esto significa
que todos los ciudadanos estén incluidos en el proceso del desarrollo y, en
consecuencia, también en el bienestar que de él resulte. En una sociedad
cohesionada, los derechos civiles y políticos —que fueron analizados en al
capítulo precedente en la perspectiva de la gobernabilidad democrática y la
construcción de ciudadanía— se complementan con los derechos sociales. La
cohesión social supone, en efecto, un compromiso profundo y sistémico en
pro de la justicia distributiva y la equidad, o para decirlo en las palabras de
Bobbio (1993), un compromiso sustantivo por la “igualación de los diferentes”.

CEPAL

206

Desde la óptica de las políticas públicas este planteamiento implica
la existencia de mecanismos institucionales de inclusión e igualación de
las oportunidades para todos los miembros de la sociedad. Para que estos
mecanismos operen de manera efectiva es indispensable un entramado
jurídico-institucional que incentive la disposición de los actores sociales a
ceder beneficios —materiales y simbólicos— a fin de reducir la exclusión
y la vulnerabilidad de los grupos más desfavorecidos. Las políticas activas
a favor de la igualdad de oportunidades deben además conjugarse con
políticas de reconocimiento y aceptación de la diversidad. La cohesión
social es inalcanzable en contextos en los que se ignoran las identidades
colectivas y en los que se mantienen prácticas formales e informales de
discriminación debido a diferencias sociales, territoriales, étnicas, de género,
edad o creencia.
Este capítulo se divide en tres secciones. En la primera se define el
concepto de cohesión social y se justifica su pertinencia desde el punto de
vista de las políticas públicas para el desarrollo de la República Dominicana.
En la segunda se examina el estado de la situación social dominicana en el
marco del proceso de transición económica por el que el país ha atravesado
en las últimas tres décadas, con énfasis en la naturaleza y la dimensión
de las brechas de desigualdad y exclusión que prevalecen a pesar del
dinamismo del producto. En la tercera parte se analizan los dispositivos
institucionales de la política social dominicana y se concluye con una serie
de propuestas para mejorarla en la perspectiva del año 2030.

A.

¿Por qué la cohesión social y qué es?

“Modernización política y modernización económica son el punto y el
contrapunto de la evolución de la República Dominicana en las últimas tres
décadas. Los avances en una esfera son alimentados y también resistidos por
los que se dan en la otra, hasta alcanzar armonizaciones sucesivas, no sin
trastornos transitorios que, a la postre, han podido construirse en acuerdos
pragmáticamente constructivos”. Esta observación fue formulada por la
CEPAL hace poco menos de 10 años y sigue siendo válida (CEPAL, 2001). La
retroalimentación entre el cambio económico y el cambio político continúa
siendo un poderoso factor de transformación. Esta dialéctica positiva de la
modernización, sin embargo, tiende a relegarse en el plano del progreso
social. A pesar del claro mejoramiento observado en una amplia gama de
indicadores, la desigualdad y la exclusión permanecen como signos distintivos
de la realidad social dominicana.1 Ahora también se impone avanzar en
la construcción de arreglos institucionales que promuevan una reforma


1

Este rezago del progreso social es un rasgo indeseable que caracteriza al proceso de
modernización dominicano, como ya fue consignado en el estudio precedente de la CEPAL
(2001), cap. VII.

207

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

social, que es sin duda el principal déficit del proceso de transición iniciado
a mediados de los años sesenta.
En la República Dominicana hay una disparidad creciente entre
la capacidad de expansión mostrada por la economía y la calidad de sus
resultados sociales. En el transcurso de las últimas tres décadas el valor
real del producto interno bruto (PIB)se multiplicó por cuatro y el ingreso
real por habitante se duplicó. Este crecimiento, sin embargo, no se volcó
con la misma intensidad a favor de una mejoría equivalente en el plano del
bienestar social promedio de los habitantes. La discrepancia tiende incluso
a ser cada vez mayor en el período reciente. La evolución comparada de
los índices de desarrollo humano (IDH) y del producto interno bruto por
habitante (PIBH) muestra un avance relativamente armónico entre 1975 y
1990, pero después de este año aparece una disociación que no ha dejado
de ampliarse y en virtud de la cual el primero de estos índices tiende a
rezagarse de manera muy marcada ante la aceleración del segundo (véase
el gráfico IV.1).
Gráfico IV.1
REPÚBLICA DOMINICANA: EVOLUCIÓN COMPARADA DE LOS ÍNDICES DE
DESARROLLO HUMANO (IDH) Y DEL PIB POR HABITANTE (PIBH), 1975-2006
(1975 = 100)
195
185
175
165
155
145
135
125
115
105
95
1975

1980

1985

1990
IDH

1995

2000

2004

2006

PIBH

Fuente: Elaboración propia sobre la base de PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano (ediciones 2006 y
2007-2008) y del Banco Central de la República Dominicana.

Contemplado desde el ámbito de las políticas públicas, el
ensanchamiento de esta brecha es un indicio de cómo la política
económica y la política social han discurrido por separado (y es probable
que, en algunos momentos, lo hayan hecho hasta de manera conflictiva
o contradictoria). También muestra que el proceso de modernización
de las últimas tres décadas en la República Dominicana no dio lugar al
desencadenamiento de un círculo virtuoso entre crecimiento y desarrollo

208

CEPAL

humano.2 De hecho, estudios empíricos que comparan las modalidades de
interrelación entre estas dos dimensiones básicas del desarrollo tipifican
el caso dominicano como uno de “desempeño asimétrico con sesgo pro
crecimiento” (véase el recuadro IV.1). De acuerdo con dichos estudios,
la experiencia internacional del último medio siglo revela que este tipo
de desempeño está lejos de asegurar el ascenso a un ciclo virtuoso de
desarrollo (crecimiento económico dinámico con altas tasas de desarrollo
humano), y a la larga más bien suele conducir a un “punto muerto”. Por
consiguiente, esta misma experiencia internacional también desmiente el
enfoque secuencial del desarrollo, según el cual primero hay que fomentar
el crecimiento y el desarrollo humano se dará por añadidura.
Es un hecho que el crecimiento económico experimentado por la
República Dominicana en las décadas recientes no ha reducido ni atenuado
las escisiones sociales, las cuales en algunos casos incluso se han profundizado
como consecuencia de la mutación de la estructura económico-productiva
y la diversificación de la sociedad. Los grupos sociales vulnerables —que
son quienes resienten el mayor costo de tales escisiones— lo son porque
sus miembros están expuestos al efecto corrosivo de diversos factores de
exclusión y se ubican al margen de las redes institucionales de protección y
solidaridad. La exclusión económica es la más visible y extendida de todas las
formas de exclusión, aunque casi siempre se acompaña de otras —sociales,
culturales, políticas— que por sí mismas también generan inequidad y
pueden ser poderosas fuentes de marginación de los individuos.
En efecto, la exclusión social tiene que ver tanto con carencias económicomateriales como con carencias simbólicas, entendidas éstas como una
participación parcial y hasta nula de los individuos en las instituciones sociales
básicas. La exclusión social es un concepto más amplio que el de pobreza
e indica un debilitamiento de los vínculos sociales y una fragmentación de
la sociedad en cuyo marco la condición de excluido conlleva una pesada
carga de no reconocimiento y aislamiento de los grupos e individuos
que la padecen. La exclusión social no es el resultado fallido de diversas
estrategias individuales, sino de un proceso estructural que genera esta
condición para diversos contingentes de la población. En este sentido, los
excluidos son la última fase de dicho proceso, por lo que es importante no
sólo fijar la atención en ellos sino también en los mecanismos subyacentes
que producen tales resultados.3


2



3

En este punto, el desarrollo humano se considera en el sentido de Sen (2000), es decir,
como un proceso de expansión de las capacidades y las libertades de los individuos en el
que se remueven los principales obstáculos para ello: la pobreza y la exclusión política, la
falta de oportunidades económicas y las asimetrías sociales, la escasez de infraestructuras
públicas y las intolerancias, entre otros.
“Exclusión social” es un término controvertido que suele utilizarse en referencia a un

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

209

Recuadro IV.1
UNA TIPOLOGÍA DE LAS INTERACCIONES ENTRE DESARROLLO HUMANO
Y CRECIMIENTO ECONÓMICO
El análisis empírico de la interacción desarrollo humano (DH)/crecimiento
económico (CE) en una muestra de 35 a 76 países en desarrollo (según
la disponibilidad de cada variable particular) para el período 1960-1992 y
de 22 países latinoamericanos para 1960-2000, sugiere que el desempeño
de las naciones se sitúa entre la generación de ciclos virtuosos de alto CE
con amplias ganancias de DH y la generación de ciclos viciosos de escaso
CE con bajas tasas de mejoramiento de DH. Tanto la configuración como la
persistencia de estos ciclos dependen de la naturaleza de los nexos entre
ambos indicadores, pero cuanto más fuertes sean éstos más pronunciado será
su sentido ascendente o descendente. Luego, un buen DH refuerza el CE, lo
que a su vez promueve el DH, y así sucesivamente; mientras que un deficiente
DH restringe el CE, y ello reduce los logros de DH, y así sucesivamente.
Entre estos dos extremos se identificaron dos categorías de
“desarrollo asimétrico”: una con un sesgo pro DH (es decir, fuerte DH y
escaso CE) y otra con sesgo pro CE (escaso DH y marcado CE). Ambas
categorías resultan de situaciones en las que los nexos entre DH y CE son
precarios (por ejemplo, debido a insuficientes tasas de inversión y ahorro
en el primer caso, o a bajos coeficientes de gasto social en el segundo). La
evidencia empírica muestra que los casos de desarrollo asimétrico tienen
pocas probabilidades de persistir. Con el tiempo, la parte débil de la relación
puede actuar como freno de la otra, precipitando un ciclo vicioso; pero
también puede ocurrir que, por efecto de una modificación de las políticas,
se fortalezcan los nexos entre aquellas variables y se generen condiciones
para un ciclo virtuoso.
La conclusión más interesante de estos estudios comparados realizados
por medio de análisis de regresión, es que ninguno de los países que comenzó
con un sesgo pro CE pudo generar un ciclo virtuoso. De hecho, todos los
casos identificados terminaron por caer en un ciclo vicioso. En cambio, se
identificaron algunos países que habiendo comenzado con un sesgo en pro
del DH pudieron avanzar hacia un ciclo virtuoso.
En estos estudios, el desempeño de la República Dominicana es
tipificado en la categoría de “círculo vicioso” en el decenio 1960-1970 y otro
de sesgo pro CE en los tres decenios subsiguientes.
Una de la principales enseñanzas derivadas de estas investigaciones
es que la evidencia empírica no avala consideraciones del tipo “primero crecer
para después asegurar el desarrollo humano” La experiencia internacional
del último medio siglo revela que el mejoramiento de los factores de DH debe
avanzar simultáneamente —y en algunos casos es incluso una precondición—
para un CE sostenible.
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210

CEPAL

El enfoque de la cohesión social ofrece una posibilidad fructífera de
analizar esos mecanismos para fines de política pública. Dicho enfoque se
sitúa en una esfera alternativa a la de los programas diseñados de manera
especial para los “excluidos”, y es por consiguiente un poderoso dispositivo
conceptual a favor de los programas universales, que por definición
descartan la estigmatización social. La adopción de este enfoque por parte de
quienes diseñan políticas públicas en diversos niveles de responsabilidad y
en diferentes escalas territoriales, ha permitido afrontar de manera activa y
en ocasiones hasta innovadora los desequilibrios generados por el proceso
global de reestructuración económica y cambio social registrado en el mundo
en las últimas dos o tres décadas.4 Para fines analíticos e instrumentales
suelen identificarse seis dimensiones básicas de la cohesión social:
Inclusión. La cohesión social está fuertemente relacionada con las
instituciones económicas, y de manera especial con el mercado; por ello, esta
dimensión puede describirse como un puente entre “lo social” y la política
económica. Las prácticas y situaciones de exclusión del mercado, en especial
del mercado laboral, constituyen una clara amenaza a la cohesión social.
Igualdad. La cohesión social supone un compromiso extendido y
sistémico con la justicia distributiva y la equidad. Una sociedad que no
garantiza igualdad de oportunidades a todos sus ciudadanos, genera
dinámicas de distanciamiento social y de capacidades diferenciadas que
erosionan e imposibilitan su cohesión.
Legitimidad. La cohesión social es una construcción colectiva; no se reduce
a una sumatoria de individuos yuxtapuestos. En esta dimensión se reconoce la
acción estratégica de las instituciones (tanto públicas como privadas) en tanto
mecanismos o espacios de intermediación que aseguran las “conexiones” entre
los individuos. La cohesión social depende en un alto grado de la legitimidad de
estas instituciones, y se ve amenazada cuando éstas no son representativas.
Participación. La cohesión social supone la implicación amplia de los
ciudadanos en las cuestiones públicas (que en este enfoque no sólo son las



4

amplio rango de fenómenos y procesos relacionados con la pobreza y la miseria. Pero de
acuerdo con Sylver (2006), cuya definición se adopta en este capítulo, “aunque la pobreza
puede conducir a la exclusión social, y viceversa (…) no se trata en rigor de una cuestión de
insuficiencia de recursos materiales. Como señala Touraine, la exclusión tiene mucho más
que ver con estar dentro o fuera que arriba o abajo”. Según la misma autora, la exclusión
social es una ruptura de los eslabones sociales, y es por ello que “siempre hay dos partes a
considerar: los que excluyen y los excluidos”, Enciclopedia of Sociology, Oxford, Blackwell
(en prensa).
Son muy ilustrativas las experiencias al respecto en países y regiones de la Unión Europea,
en Canadá y otras naciones del mundo industrializado. Los planteamientos de este párrafo
y los siguientes se basan ampliamente en Godínez (2007).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

211

gubernamentales). La falta de incentivos y de causas para la participación
ciudadana representa una amenaza a la cohesión social.
Reconocimiento. Esta dimensión atañe a la mediación positiva de
las diferencias de valores, de identidad, religiosas, culturales, políticas,
étnicas y de cualquier otro tipo, propias de la sociedad. Los ciudadanos que
perciben aceptación y reconocimiento de los otros, contribuyen a la cohesión
social; ésta se ve amenazada, por el contrario, por las diversas prácticas de
rechazo e intolerancia, así como por esfuerzos excesivos por la unanimidad
o la homogeneidad sociales.
Pertenencia. Esta dimensión se relaciona con el despliegue de un
sentido de “conectividad social” en cuyo marco los ciudadanos comparten
valores y compromisos básicos. Una amenaza a la cohesión social se asocia
con el sentimiento de aislamiento que bajo ciertas circunstancias puede
generarse entre algunos individuos y grupos sociales.5
Las relaciones entre estas dimensiones básicas de la cohesión
social son complejas. La presencia de una o más de ellas no asegura de
manera automática, en todas las circunstancias, la presencia de las otras.
Como se advierte, las dos primeras dimensiones hacen referencia a la
esfera económica, las dos siguientes a la política y las dos últimas a la
sociocultural. En la esfera económica —y muy especialmente en materia
laboral—, la cohesión social descarta de manera evidente la exclusión, pero
un compromiso sistémico, profundo y sostenido supone paralelamente
la prosecución de dinámicas de igualdad, es decir, de justicia social y de
equidad. En la perspectiva de la cohesión social, la igualdad debería implicar,
como mínimo, igualdad de oportunidades. Pero alcanzar la cohesión social
requiere de algo más que de medidas económicas. En la esfera política
supone por sí misma un reconocimiento amplio de la legitimidad de las
instituciones, pero también supone la existencia de condiciones para que
la mayor participación de los ciudadanos propicie su injerencia más activa
en los asuntos públicos. En la esfera sociocultural, en fin, la cohesión social
se edifica sobre la base del reconocimiento —y por tanto de la tolerancia—
de las diferencias; esto, a su vez, es condición indispensable para el
desarrollo de un sentido de pertenencia de los individuos, que equivale
a un compromiso con la construcción de la comunidad (local, regional o
nacional) y a compartir valores, no en aras de la unanimidad (que es un


5

Se ha advertido que en algunos contextos específicos (como el microlocal, por ejemplo) el
sentido de pertenencia puede generar dinámicas indeseables de exclusión social; por ello,
desde el enfoque de la cohesión social se propugna por un sentido de pertenencia “plural y
múltiple”. Véase, al respecto, Consejo de Europa, “A Report on The Brainstorming Session
Held in November 1999 on Education for Democratic Citizenship and Social Cohesion”
(http://culture.coe.fr/ postsummit /citizenship/concepts/erap99_60.htm).

212

CEPAL

rasgo propio de sociedades cerradas o autoritarias), sino del diálogo activo
y la interacción en torno a ellos.
Puede deducirse de lo anterior que la instauración de un clima
favorable a la cohesión social supone el establecimiento de arreglos y
compromisos explícitos que permitan movilizar y disponer de los recursos
económicos, políticos e institucionales que lo hagan viable. Para emplear los
términos de la CEPAL (2007), se dirá que es necesario concertar un “pacto
de cohesión social” por cuyo conducto se aglutinen políticas públicas que
incidan en las condiciones objetivas y subjetivas directamente relacionadas
con el bienestar y la calidad de vida de la población. Son numerosos los
nexos funcionales entre las dimensiones básicas de la cohesión social y
la calidad de vida de los ciudadanos. Estos nexos se manifiestan en la
dinámica colectiva y en la cotidianidad de los individuos por medio de
percepciones y constataciones sobre la equidad, la seguridad del empleo,
las oportunidades de educación, el acceso a servicios básicos, la igualdad
ante la ley, el ambiente social de la colectividad y otros factores que están
estrechamente vinculados entre sí.
La cohesión social siempre es el resultado de la interrelación de
procesos complejos. En este sentido, el papel de las instituciones tiene una
gran relevancia en una democracia porque éstas proporcionan el espacio
y definen las reglas para que los integrantes de la comunidad puedan
crear y recrear, en cada circunstancia específica, condiciones de cohesión
social. En este punto es pertinente recuperar una de las acepciones dadas
por la CEPAL (2007) a la cohesión social, cuando la considera fin y medio.
Es un fin cuando las políticas públicas generan condiciones para que los
integrantes de la sociedad se sientan parte activa de ella en dos sentidos
fundamentales: contribuyendo al progreso general y a la vez beneficiándose
de él; en este caso las políticas públicas reproducen y refuerzan los sentidos
de pertenencia y de inclusión de los individuos. Pero también es un medio
para la construcción de consensos durables en torno a políticas de largo
plazo diseñadas explícitamente para igualar las oportunidades y procurar
la equidad. Arreglos de este tipo suponen la predisposición de los actores
a la cooperación, al punto “de estar dispuestos a ceder en sus intereses
personales en aras del beneficio del conjunto”.
Por ende, la cohesión social es un objetivo fundamentalmente político
y su prosecución responde a algo más que a imperativos meramente
económicos.6 Como principio de la acción pública, queda clara su estrecha
vinculación con la búsqueda de equidad en todas sus dimensiones, lo que


6

Apenas es necesario señalar que tal ha sido y es el caso de las experiencias de cohesión
social más avanzadas a escala internacional, como las de Canadá y los países de la Unión
Europea. Véase, por ejemplo, Begg y Mayes (1991).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

213

entraña necesariamente adoptar decisiones de gran calado con respecto
a la distribución del ingreso, el empleo y el bienestar. Esto tiene varias
consecuencias prácticas en términos de los arreglos sociales e institucionales
vigentes. Así, los interlocutores económicos y sociales desearán hacer oír su voz
y tendrán evidente interés de intervenir en el diseño y ejecución (incluyendo
la transparencia y la rendición de cuentas) de tales decisiones. Al respecto hay
una evidente relación con mecanismos de control económico-político cuya
operación efectiva sólo pueden garantizar los regímenes democráticos.7 Lo
anterior también se vincula con el ejercicio de la ciudadanía y el desarrollo
del sentido de pertenencia: formar parte de la comunidad nacional comporta
tanto el derecho de participar en los beneficios que en ella se generan como
en las obligaciones que derivan de dicha pertenencia. La solidaridad es
otra condición política de la cohesión social. Sin ella es imposible crear las
estructuras requeridas para la igualación del ingreso y las oportunidades,
pues las diferencias y las escisiones sociales no se mitigan ni se reducen por
sí mismas, sino por medio de mecanismos redistributivos cuya instauración
sólo es factible sobre la base de fuertes compromisos políticos. De esta
manera, el despliegue de políticas públicas de cohesión social depende de
manera crítica del apoyo efectivo de los diversos interlocutores sociales. El
peso otorgado a la cohesión social en relación con otros objetivos políticos
se define en gran medida en función de la solidez de tales compromisos y
por tanto de su institucionalización.
Dado que el proceso de crecimiento económico es intrínsicamente
desequilibrado—y por consiguiente produce de manera permanente
“ganadores” y ”perdedores”— la demanda de cohesión es constante en
la sociedad. Esta demanda se incrementa, sin embargo, en situaciones de
cambio económico y político, como el ocurrido en la República Dominicana
en las últimas tres décadas. El reconocimiento de los efectos de estos
cambios y de los consiguientes resultados sociales hace indispensable
desplegar las acciones necesarias a su atenuación. La mejora sustantiva
de la situación social puede considerarse un objetivo político destinado a
reforzar el sentido de pertenencia de los dominicanos y en torno al cual
se construya un gran pacto en el que participen todos los actores. Será
difícil alcanzar la cohesión social si los individuos, sectores y regiones
menos favorecidos perciben que las distancias que los separan de los más
favorecidos es excesiva y no disminuye de manera fehaciente. Salvo que
se formule y ejecuten políticas públicas activas en relación con la cohesión
social, estas distancias permanecerán inalteradas. Para que sean viables, se
requiere claridad de que semejantes políticas no sólo deben tener objetivos
múltiples —lo que implica ya una exigencia de coordinación institucional
y administrativa— sino que su instrumentación se emprende en un marco


7

Véase, al respecto, Hirshman (1977).

CEPAL

214

de recursos limitados y de fuerzas políticas y económicas en competencia
(cuando no, incluso, en conflicto).

B.
Resultados sociales de la transición dominicana
e imperativos de cohesión para el desarrollo
1.

Crecimiento y equidad: una relación compleja

El “déficit social” del proceso de modernización dominicano refleja la
existencia de un estilo de desarrollo que no es sustentable por su falta de
mecanismos universales que compensen el efecto de los diversos factores
de exclusión y vulnerabilidad. Ello compromete el bienestar de las futuras
generaciones al marginarlas de los beneficios del desarrollo, al tiempo que
entraña un elemento de negligencia en cuanto a la construcción de arreglos
político-institucionales y a la ejecución de políticas activas tendientes a
crear condiciones sociales de equidad que sean propicias para expandir las
capacidades de todos los individuos, proyectándolas hacia el futuro. En un
contexto estructural de redes de protección precarias, la acción corrosiva de
los factores de exclusión magnifica el grado de vulnerabilidad económica
y social de los individuos.
La exclusión y la vulnerabilidad interactúan y pueden generar
círculos viciosos de mutuo reforzamiento, situación que se presenta sobre
todo en momentos críticos: episodios de desastre natural (frecuentes en
el Caribe) o de recesión económica (como la más reciente, en 2003), en los
que se destruyen, erosionan y agotan los activos humanos y materiales
de los grupos marginados, a la vez que se reducen sus capacidades. Los
cambios del régimen de política económica, cuando ocurren sin un cambio
equivalente de la política social, como ha sido en términos generales el
caso de la República Dominicana en los últimos 30 años, también pueden
acentuar la vulnerabilidad de los excluidos. Una amplia evidencia prueba
a escala internacional que los procesos de globalización y liberalización
de las economías, combinados con tendencias como las mutaciones
demográficas, movimientos de emigración internacional de la fuerza de
trabajo, modificación de las estructuras familiares y creciente urbanización,
no sólo ejercen fuertes presiones sobre los dispositivos tradicionales
de protección social (tanto los formales como los informales), sino que
también intensifican la vulnerabilidad de individuos, hogares, grupos y
comunidades que padecen algún grado importante de exclusión social
(Naciones Unidas, 2003).
En la República Dominicana —como en la mayoría de los países
latinoamericanos— la falta de recursos y capacidades impide a los excluidos
resistir con provecho los embates provenientes de eventos críticos. También

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

215

representan un obstáculo para cerrar las brechas de desigualdad que de por
sí produce el crecimiento y que el proceso de cambio económico tiende a
profundizar. Dado que la condición de los grupos vulnerables casi siempre
es asimilable a la de quienes sobreviven dentro de los umbrales de la
pobreza y la pobreza extrema, cada evento adverso acarrea por lo general
una merma de su ingreso que deteriora aun más sus circunstancias tanto
en el corto como en el largo plazos. El despliegue de respuestas inmediatas
a la caída del ingreso8 suele generar consecuencias negativas a futuro, en
especial cuando se traducen en reducciones del gasto en salud y educación
de niños y jóvenes, lo que tiende a perpetuar —según se analizará más
adelante— la condición de pobreza y exclusión.
El reto que enfrenta la política de desarrollo dominicana en la perspectiva
de 2030 es manifiesto: consiste en seguir manteniendo un dinámico ritmo
de expansión económica, con tasas promedio similares a las del “escenario
deseable” establecido en el primer capítulo de este libro, pero aprovechando
al mismo tiempo dicho crecimiento para asegurar un acceso equitativo y
sostenible de todos los ciudadanos al bienestar material en un marco de
“calidad social”.9 Esto supone, además de las condiciones políticas señaladas
en el apartado precedente, que en los ámbitos de formulación de la política
pública se asuma explícitamente que los frutos del crecimiento económico no
se derraman de manera automática en la sociedad y que el combate contra la
exclusión y la inequidad no se agota en acciones focalizadas de erradicación
de la pobreza. Precisamente en este punto el enfoque de la cohesión social
cobra pertinencia al ofrecer una alternativa a la vez conceptual y operativa
a los programas tradicionales de política pública diseñados exclusivamente
para los “pobres”, cuyo alcance es limitado. Ya se indicó que en el marco
de este enfoque los programas sociales cobran una vocación universal e
involucran al conjunto de la sociedad y no sólo a los “excluidos”.
El crecimiento del producto es imprescindible, pero no alcanza por sí
mismo para garantizar el progreso social. Luego de un período relativamente
largo de reformas económicas emprendidas en la República Dominicana bajo
la consideración general de que las fuerzas primarias del crecimiento y el
desarrollo son la globalización y la libre movilidad de los flujos comerciales
y financieros, el panorama social del país, como se ha dicho, no presenta
modificaciones equivalentes a las observadas en el plano económico general.
Baste tomar como ejemplo lo ocurrido en torno al empleo, el más elemental


8



9

Estas respuestas suelen consistir en sacar a los hijos de la escuela y ponerlos a trabajar,
reducir el consumo de bienes de primera necesidad (como alimentos y medicinas) o vender
activos productivos.
La “calidad social” se entiende como el grado en que las provisiones y requerimientos de
la sociedad se ajustan a las necesidades y capacidades de los ciudadanos. Estas necesidades
son a la vez económicas, materiales y simbólicas. Véase Godínez (2007).

216

CEPAL

pero también el más sólido mecanismo de inclusión social. De acuerdo con
el análisis a profundidad que se presenta en el capítulo VI de este libro, en
general el desempeño del mercado de trabajo dominicano se caracteriza por
su incapacidad estructural para absorber productivamente a la población.
La evidencia disponible muestra que durante los últimos 30 años no se
abatieron significativamente los niveles de desempleo ni el porcentaje de
la fuerza de trabajo ocupada en actividades de baja productividad. De
manera implícita o explícita, se esperaba que la modernización económica
induciría una distribución más eficiente de los recursos (y en especial de la
mano de obra menos calificada) hacia las nuevas actividades dinámicas y en
general hacia aquellas en que el país cuenta con ventajas comparativas.10 En
cambio, la reasignación efectiva del trabajo se encaminó a otras direcciones:
el autoempleo, los servicios informales del sector urbano y en algunos
casos la pequeña producción agropecuaria de baja productividad. A estas
opciones se añadió, como un recurso de última instancia, un flujo creciente
de emigración de mano de obra hacia Estados Unidos.11 De esta manera, al
menos en lo que hace al empleo, principal mecanismo de inclusión social,
las expectativas generadas por la modernización económica y política de la
República Dominicana no se han cumplido para todos los individuos.
Los efectos que produce el conjunto de la dinámica económica en el
bienestar absoluto de la sociedad y en los niveles específicos de pobreza,
inequidad y exclusión, se transmiten por diversos canales, entre los que
desempeña un papel central el mercado de trabajo. La fractura de los grados
de complementariedad intersectorial de la producción sumada a la ausencia
de políticas activas de fomento productivo son factores que amplificaron
en los últimos 30 años, en lugar de reducir, la heterogeneidad estructural.
En este marco, el crecimiento ha tendido a polarizarse en actividades y ramas
en las que la productividad media es equivalente a la que en igualdad de
circunstancias prevalece a escala internacional, frente a toda una miríada
de actividades retrasadas con niveles de productividad inferiores y, con
frecuencia, hasta nulos.
 La teoría económica subyacente en esta expectativa supone que la modernización económica,
acoplada con la liberalización del sector externo y la liberalización de mercados, producirá
en plazos perentorios un incremento progresivo de la utilización del factor más abundante.
Dado que en la República Dominicana, como en el resto de la región, este recurso es el trabajo
no calificado, la modernización económica, la apertura y la liberalización también habrían de
producir, en consecuencia, una mejora de la distribución del ingreso al inducir aumentos de las
remuneraciones del factor abundante con respecto a la de los factores escasos (es decir, trabajo
calificado y capital). Se reconocerán en este planteamiento los postulados básicos del teorema
Stolper-Samuelson. Véase una evaluación teórica y empírica de este teorema en Robbins (1996).
11
 Todos estos son rasgos que la República Dominicana comparte, de manera general, con los
países del norte de la región. Véase CEPAL (2002), documento del que se retoman algunas
de sus preguntas y conclusiones principales.
10

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

217

La agudización de la heterogeneidad estructural no sólo implica
la ocupación masiva en actividades de baja productividad —lo que en la
perspectiva de la modernización económica ya es un malogro—, sino que
además induce la extensión y persistencia de dinámicas de exclusión social.
Tres décadas después de iniciada la transición económica y política de la
República Dominicana, la pregunta central con respecto a la permanencia y
en algunos casos el incremento de las desigualdades económicas y sociales
consiste en saber si se trata de un fenómeno inherente al actual estilo de
desarrollo dominicano o, por lo contrario, de un rasgo inevitable de la
transición, pero reversible. En caso de que sea esto último, ¿en qué plazos y
bajo qué condiciones se verificará el proceso de reversibilidad? No son estas
cuestiones retóricas que remitan a una mera preocupación, sin duda válida,
acerca de la equidad per se. A diferencia de lo que se supone en formulaciones
del tipo “primero crecer, distribuir después”, el interés de tales cuestiones
está en las consecuencias negativas de la desigualdad sobre el desempeño
y el crecimiento (o desarrollo) económicos de largo plazo.
Las relaciones entre crecimiento económico y equidad son complejas.
De acuerdo con la célebre hipótesis de Kuznets, en economías con fuerte
heterogeneidad estructural el crecimiento en un principio genera un aumento
de la desigualdad debido a la movilidad intersectorial de la fuerza de trabajo;
más tarde, cuando la economía alcanza un punto en el que el movimiento
de los factores tiende a igualar su remuneración en los distintos sectores de
producción, la desigualdad disminuye. Tal proceso es descrito gráficamente
con la “U” invertida cuya autoría se asocia a este economista.12 Según este
planteamiento la inequidad no entorpece el crecimiento económico, sino
que incluso puede ser un estímulo. La experiencia dominicana no parece
avalar esta hipótesis. En éste, como en otros países de la región, el proceso de
asignación de los recursos está fuertemente condicionado por la estructura
de la distribución del ingreso y la riqueza (que a su vez se funda en un
sistema de poder igualmente concentrado), y no únicamente por el solo
automatismo económico. La persistencia de la desigualdad del ingreso
y la riqueza es un síntoma inequívoco de exclusión económica y social, y
significa que porciones importantes de la población no tienen las mismas
oportunidades que los grupos mejor situados en la escala de la distribución,
lo que les impide desplegar sus capacidades. Esta situación estructural no sólo
obstruye la cohesión social; de acuerdo con cierto número de investigaciones
que analizan y comparan las modalidades de desarrollo reciente de varias
naciones, también afecta el potencial económico, los niveles de inversión
y la intensidad y regularidad de las tasas de crecimiento a largo plazo.13
 Kuznets (1955). Una versión más desarrollada de este argumento es la tesis de una relación
conflictiva entre los objetivos de eficiencia económica y equidad social de las políticas
públicas, elaborada por Okun (1975).
13
 Véanse, entre otros, Alesina y Rodrik (1994), Alesina y Perotti (1996), Birdsall, Ross y Sabot
12

CEPAL

218

En consecuencia, hay elementos empíricos para plantear que el orden de
causalidad implícito en la lógica económica dominante en la transición
dominicana es diferente, es decir, que la distribución equitativa del ingreso,
la riqueza y el poder afecta la intensidad y la composición a largo plazo del
crecimiento económico, y no a la inversa.
El enfoque de la cohesión social abre nuevas perspectivas acerca
del estilo y las estrategias de desarrollo de la República Dominicana para
revertir los déficit de bienestar de la población. En este sentido, se analiza
a continuación el estado general que guardan los principales vectores de
cohesión social, entendidos en términos de brechas socioeconómicas, de
protección y vulnerabilidad. Este análisis es complementario de los factores
ya analizados en el primer capítulo de este libro sobre la participación,
la confianza, la adhesión y el respaldo de la ciudadanía dominicana al
sistema político.
2.

Pobreza y desigualdad

El desarrollo y el crecimiento económicos son procesos de manifestaciones y
resultados desiguales. Se distinguen por la disparidad y la diferencia entre
naciones, regiones, sectores de actividad y agentes económicos y sociales. Hay
una dinámica de la diferenciación que no sólo es persistente, sino que marca
de variadas maneras el desempeño económico considerado a escala mundial,
nacional o sectorial. La investigación teórica y empírica, así como la propia
experiencia histórica, muestran que la desigualdad es inherente al proceso
económico.14 No se trata de una condición provisional o transitoria de la
economía, sino de un estado que ésta tiende a reproducir de manera permanente
a la vuelta de cada uno de sus ciclos. La tendencia a la desigualdad es una de
las principales “fallas” atribuibles a la economía de mercado, frente a cuyos
mecanismos el orden institucional de las naciones capitalistas ha implantado
históricamente diversas medidas compensatorias destinadas a atemperar las
disparidades relativas y las disputas distributivas.15 El desarrollo reproduce
las desigualdades y las sociedades requieren de acciones exógenas al proceso
de mercado para atenuar la disparidad y nivelar de diversas maneras y en
distintos grados “el campo de juego” en el que participan los agentes, sectores
y territorios. Sin estas acciones—cuya sustentabilidad depende de acuerdos
políticamente sólidos—la cohesión social es inalcanzable.
(1995) y Solimano (2000).
 Para un balance de la discusión al respecto en la tradición neoclásica, véase Harris (1985).
Los términos de este mismo debate en el terreno de la economía política es resumido por
Smith (1990). En cuanto al enfoque estructuralista del desarrollo desigual, véanse el texto
pionero de Prebisch (1950) y Sunkel (1970). Desde el punto de vista histórico, véanse, entre
otros, los trabajos de Braudel (1985) y Maddison (2001).
15
 Sobre este tema, véanse las contribuciones de Coase (1994), capítulos 1 a 6, y North (1993).
14

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

219

Una de las manifestaciones más visibles de esta tendencia estructural
a la desigualdad concierne a la distribución del ingreso y la riqueza. Como
en la mayoría de los países latinoamericanos, los beneficios del crecimiento
económico se reparten de manera muy dispar en la República Dominicana,
con grados de concentración elevados que además se caracterizan —debido
a razones histórico-institucionales— por su fuerte rigidez. Esta rigidez
se manifiesta no sólo en la escasa flexibilidad a la baja mostrada por los
diversos índices de desigualdad a lo largo del tiempo, sino en los retrocesos
que éstos observan ante las variaciones coyunturales de la economía, como
ha sucedido de manera inequívoca durante los años que han corrido del
presente siglo. La desigualdad distributiva queda ilustrada por la relación
entre el ingreso medio por habitante del decil más rico de las unidades
familiares y el de 40% de los hogares más pobres, o entre el los quintiles de
mayor y menor ingreso.16 En este rubro, la República Dominicana es uno de
los seis países latinoamericanos donde este indicador alcanza sus mayores
cuotas (véase el cuadro IV.1). De acuerdo con esta sencilla forma de medir
el grado de concentración de los ingresos, el ingreso medio de los hogares
dominicanos colocados en el decil superior del ingreso supera por casi 23
veces al de los cuatro deciles más pobres considerados en su conjunto. En
el segundo caso se advierte una polarización mayor y más rígida, pues el
ingreso promedio de los integrantes del quintil más rico de las familias
multiplica por un factor de 28 veces el de los individuos pertenecientes al
quintil más pobre.
El análisis comparativo de los recursos captados por los integrantes de
los hogares situados en los extremos del ingreso se complementa mediante
la información relacionada con la distribución del ingreso de la población
considerada en su conjunto. De acuerdo con los resultados del índice de
Gini —el indicador más utilizado en las mediciones de la desigualdad—,
la República Dominicana es persistentemente un país con un nivel de
desigualdad alto.17 En cuanto a la evolución en el tiempo de este indicador,
la evidencia disponible muestra que en los años noventa, durante los que se
sostuvo un ciclo de crecimiento alto y relativamente prolongado, se observó
 Los datos de pobreza y desigualdad de ingresos utilizadas tienen como base las tabulaciones
realizadas por la CEPAL de datos provenientes de la Encuestas Nacionales de Ingreso y
Gasto de los Hogares y muestran ciertas divergencias de nivel (no de tendencia) con los
datos de algunas fuentes oficiales de la República Dominicana . Estas diferencias se originan
en la mayoría de los casos en las distintas metodologías empleadas. No obstante, conviene
acotar que la República Dominicana carece de una metodología oficial, lo que entre otras
cosas impide contar con una definición oficial de líneas de pobreza.
17
 Los países latinoamericanos pueden ser clasificados en cuatro categorías, según la concentración
del ingreso sea “baja” (índice de Gini de 0 a 0,469), “media” (0,470 a 0,519), “alta” (0,520 a
0,579) y “muy alta” (0,580 a 1). La información disponible muestra que desde la década de
1990 la República Dominicana permanece en el grupo de los países con un coeficiente alto
(CEPAL, 2007).
16

CEPAL

220

Cuadro IV.1
PAÍSES DE AMÉRICA LATINA CON LAS RELACIONES MÁS ALTAS
ENTRE EL INGRESO MEDIO POR HABITANTE DE LOS HOGARES
MÁS RICOS Y DE LOS MÁS POBRES, CIRCA 2005
País y
años
Bolivia
1989 (a)
1997
1999
2002
Brasil
2001
2002
2003
2004
Colombia
1999
2002
2004
2005

Relación 1a

Relación 2b

17,1
25,9
26,7
30,3

21,4
34,6
48,1
44,2

32,2
27,9
26,6
26,5

36,9
31,8
29,4
28,8

22,3
24,1
25,1
25,2

25,6
28,5
29,1
27,8

País y años

Relación 1a

Relación 2b

Honduras
1997
1999
2002
2003
Nicaragua
1993
1998
2001

21,1
22,3
23,6
24,4

23,7
26,5
26,3
28,2

26,1
25,3
23,6

37,7
33,1
27,2

Rep. Dominicana
2000
2002
2004
2005

21,1
19,3
26,1
22,7

26,9
24,9
28,0
28,1

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares.
a
Relación 1: 10% de los hogares de mayor ingresos/40% de los hogares de menor ingreso.
b
Relación 2: 20% de los hogares de mayor ingreso/20% de los hogares de menor ingreso.

una clara mejoría en la distribución del ingreso, con una disminución
apreciable del índice de Gini, de 12,5% entre 1992 y 1997 (véase el gráfico
IV.2). Esta tendencia se interrumpió, revirtiéndose, en el transcurso del
siguiente decenio. Dicho proceso se inició incluso antes de la crisis de 20032004, cuyo impacto negativo en el plano de la distribución fue manifiesto.18
Entre 1997 y 2006 el nivel del índice se incrementó 11,8%, regresando a un
valor ya muy cercano al de principios de la década de 1990.
Una hipótesis plausible para interpretar esta evolución del índice de Gini
es que un crecimiento elevado y sostenido constituye un factor esencial para
lograr mejoras relativas de la distribución; pero estas mejoras son insostenibles
a falta de cambios sustantivos en los factores estructurales que determinan
de manera directa la estructura distributiva (acceso al empleo remunerativo,
mayores rendimientos al trabajo, remuneración de los activos, transferencias,
educación y otros más). Los cambios de la coyuntura económica en 2000 han
mostrado con nitidez este ángulo de vulnerabilidad socioeconómica en la
República Dominicana.
 Se ha estimado que la crisis de 2003 redujo aproximadamente en un tercio el ingreso real
de todos los hogares dominicanos, significando para el 15% más pobre de la población una
caída del consumo de alimentos básicos por debajo de los niveles de subsistencia (Banco
Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo, 2006).

18

221

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Gráfico IV.2
REPÚBLICA DOMINICANA: COEFICIENTE DE GINI
DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, 1992-2006
0,6
0,59

0,591
0,578

0,586

0,58
0,57

0,569

0,56

0,554

0,55

0,544

0,54

0,541

0,53
0,52

0,517

0,51
0,5
1992

1997

2000

2001

2002

2004

2005

2006

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares.

El hecho es que la desigualdad económica y social persiste en la
República Dominicana a pesar del alto crecimiento registrado en los últimos
30 años, y éste es un factor que ha impedido hacer retroceder con mayor
amplitud y firmeza los márgenes de pobreza y exclusión, cuyos niveles siguen
siendo un problema importante en el país y en consecuencia constituyen
uno de los principales obstáculos de la cohesión social. Cierto, la pobreza
se ha reducido desde 1990, pero no de manera consistente, sino en medio
de avances y retrocesos que han estado ligados al desempeño económico
general y al impacto de la apertura externa. De hecho, mientras que la pobreza
total y su principal componente, la pobreza urbana, alcanzaron su máximo
en 1993, la pobreza rural ha presentado un descenso firme salvo un rebote
en 1996, atribuible a contingencias climáticas, al efecto de la apertura y a la
dinámica de los precios agrícolas.
Como quiera que sea, en el presente siglo la pobreza sigue siendo
una característica del panorama social dominicano (véase cuadro IV.2). La
interrupción del ciclo expansivo de los años noventa disparó nuevamente
los niveles de pobreza en una espiral ascendente que se prolongó hasta 2004
(cuando un máximo de 54% de personas se hallaban en esta situación, porción
equivalente a la mitad de los hogares); desde entonces, esta tasa tendió a
descender, aunque en 2006 todavía indicaba que más de dos quintas partes
de la población (44,5%) era pobre. En el medio rural, esta categoría afectaba a
más de la mitad de la población en el mismo año. La indigencia, por su parte,
también permanece como un grave problema social en el presente siglo. En
2000 esta situación abarcaba a 22% de los dominicanos, y hacia 2004 se elevó
a 29%. El dato de 2006 indica un descenso al mismo nivel de principios del
presente siglo, gracias, presumiblemente, a la dinámica recuperación del
ritmo de crecimiento económico de ese año y el anterior. El fenómeno de la
indigencia es notoriamente más agudo en el medio rural, donde comprende

CEPAL

222

Cuadro IV.2
REPÚBLICA DOMINICANA: INDICADORES
DE POBREZA E INDIGENCIA, 2000-2006
Hogares y población bajo la:
Año

Línea de pobreza (a)
Índice de recuento

Línea de indigencia
Índice de recuento

Hogares

Población

Brecha de
pobreza

Hogares

Población

Brecha de
pobreza

2000
2002

43,0
40,9

46,9
44,9

22,1
20,5

20,6
18,6

22,1
20,3

10,1
9,3

2004
2005
2006

50,4
43,7
41,1

54,4
47,7
44,5

27,0
23,0
21,1

26,1
22,4
20,2

29,0
24,6
22,0

12,2
10,4
9,1

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares.

a uno de cada cinco habitantes. Dado el crecimiento demográfico, el número
absoluto de personas pobres es prácticamente el mismo en 2006 que seis
años antes (4,2 millones), con un aumento de casi 9% en el de personas en
estado de indigencia (2,1 contra 1,9 millones).
Como resultado, la llamada brecha de pobreza muestra una rigidez
manifiesta, y ha mantenido valores relativamente uniformes en el transcurso
del presente siglo tanto en el grupo de personas en situación de pobreza como
en el de las que se encuentran en situación de indigencia. A diferencia del
denominado índice de recuento (que contabiliza la proporción de personas
o de hogares con ingresos inferiores a la línea de pobreza o indigencia),
el índice de brecha de pobreza mide “qué tan pobres son los pobres”: no
sólo toma en cuenta la proporción de pobres e indigentes sino también la
diferencia entre sus ingresos y la línea de pobreza o indigencia. En este
sentido, puede decirse que en la República Dominicana la “profundidad” de
la pobreza y de la indigencia no ha experimentado cambios sustanciales en
lo que va recorrido del siglo XXI. Es ésta una expresión nítida de exclusión
que debe combatirse. Un objetivo prioritario de la política de cohesión social
en la perspectiva de 2030 deberá consistir, por consiguiente, en reducir en
forma progresiva, pero a la vez de manera sostenida y sostenible, la brecha
de pobreza. Un paso intermedio en esta dirección es honrar los compromisos
asumidos hacia 2015 con respecto a los Objetivos del Milenio (ODM).
3.  puente intermedio en el desarrollo social
Un
hacia 2030: el cumplimiento de los ODM
República Dominicana es uno de los 191 países que firmó la Declaración
del Milenio, formulada por la Organización de las Naciones Unidas como

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

223

un compromiso con el valor y la dignidad de las personas, el respeto a los
derechos humanos y el medio ambiente, el combate a la exclusión social
y de género, y el fomento del progreso social de los pueblos. Sobre estas
bases se fijaron ocho objetivos y 18 metas cuantificables encaminadas a
garantizar el desarrollo humano sostenible. Estos objetivos y metas expresan
la voluntad de los países signatarios de la Declaración por encaminar sus
esfuerzos y articular sus políticas con miras a garantizar un nivel mínimo de
condiciones de vida a favor de todos los habitantes del planeta para el año
2015. El balance del grado de cumplimiento de las metas comprometidas al
respecto arroja una serie de indicios sobre algunas de las condiciones básicas
de desarrollo social que deben cumplirse en la República Dominicana en la
perspectiva de la cohesión social hacia 2030.19
a) Objetivo 1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre

Sin lugar a dudas, es el objetivo más sentido y al mismo tiempo el
más ambicioso, dado que exige un esfuerzo sin precedente de focalización
y asignación eficiente de recursos por medio de programas sociales, pero
también una estrategia de salida de la pobreza que evite que los avances
alcanzados se reviertan ante condiciones económicas adversas.
i) Meta 1. Reducir a la mitad entre 1990 y 2015 el porcentaje de las
personas cuyos ingresos son inferiores a un dólar por día. Como
se acaba de mostrar, y de acuerdo con el método utilizado por la
CEPAL para la medición de la pobreza, el avance en la reducción de
este indicador se estancó durante el período 2000-2006, hecho que
podría interpretarse como un indicio de que será difícil cumplir con
la meta establecida. Sin embargo, es preciso tener en cuenta tanto
problemas metodológicos para la estimación de la pobreza como el
impacto de la crisis iniciada en 2003, que significó la recesión más
profunda de la economía dominicana en el último medio siglo. En
consecuencia, el cumplimiento de la meta 1 se considera factible
en la parte relativa a la pobreza extrema o indigencia (22% de la
población dominicana en 2006), siempre y cuando se logre sostener
un ciclo de crecimiento económico similar al de los años noventa
y, sobre todo, que el crecimiento esté vinculado a mecanismos
redistributivos, pues de lo contrario resultaría insuficiente por sí
mismo para disminuir la pobreza extrema en la proporción deseada,
como ya ocurrió en el pasado. Estos mecanismos redistributivos
deben concretarse en acciones y programas en beneficio de los más
pobres para eliminar las tendencias inherentes a la concentración
 CEPAL (2005). Base de datos en línea de indicadores de los Objetivos del Milenio de las
Naciones Unidas (http://mdgs.un.org/unsd/mdg/Default.aspx) y de la CEPAL (http://
websie.eclac.cl/ sisgen/ConsultaIntegrada.asp).

19

CEPAL

224

del ingreso de la economía dominicana, ya que la experiencia
histórica enseña que el crecimiento económico es necesario pero
insuficiente para mejorar el bienestar de la población en situación
de pobreza y en particular, en pobreza extrema.
ii) Meta 2. Reducir a la mitad entre 1990 y 2015 el porcentaje de
personas que padezcan hambre. En relación con la meta de abatir
a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre, se
debe precisar el alcance del término hambre. En sentido estricto,
no se refiere tan sólo al hecho físico de no ingerir alimentos (que
evidentemente queda incluido en la definición del término) sino
a una alimentación insuficiente para satisfacer las necesidades
energéticas mínimas, que son de 1.900 kilocalorías diarias
por persona.
La desnutrición es la fase más aguda de la subnutrición y se manifiesta
de dos formas en menores de 5 años: la aguda, cuyo síntoma es bajo peso
en relación con la talla, y crónica, que se expresa en baja talla para la edad.
Los indicadores que se utilizan para medir el avance en el cumplimiento
de la meta son el porcentaje de menores de cinco años con insuficiencia
ponderal (baja talla para edad) y el porcentaje de la población por debajo
del consumo necesario para satisfacer las necesidades energéticas mínimas.
En el período 1990-1992 el porcentaje de personas subnutridas era de 27%,
descendió a 26% entre 1995-1997 y a 25% en 1999-2001, regresando a los
niveles de principios de los años noventa hacia 2003. Esto ha llevado a la
ONU a incluir a República Dominicana en el llamado grupo de prioridad
alta, integrado por 28 países que están en riesgo en el caso de mantenerse
las tendencias actuales de no cumplir con la meta 2.
b) Objetivo 2. Lograr la enseñanza primaria universal

Meta 3. Velar porque para el año 2015 las niñas y los niños de todo el
mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria.
Los indicadores para medir los avances en el cumplimiento de la
meta son: 1) la tasa neta de matriculación en la enseñanza primaria,
que entre 1990 y 2004 pasó de 58,2% a 86% (un incremento anual de
1,9%); 2) el porcentaje de estudiantes que comienzan el primer año
y llegan hasta el quinto, que entre 1992 y 2005 se elevó de 76,3% a
86% (a un ritmo anual de 0,75%), y 3) la tasa de alfabetización de las
personas entre 15 y 24 años, que entre 1990 y 2004 pasó de 87,5% a
91,7% (ritmo anual de 0,3%). Los progresos son innegables, pero es
improbable alcanzar la meta de 100% en 2015 a los ritmos actuales
de cumplimiento, además de la baja tasa de retención estudiantil
existnte. Se requiere acrecentar la inversión pública en educación

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

225

y mejorar la eficiencia interna en la gestión administrativa de los
servicios educativos. Es imprescindible disminuir la tasa de deserción
en las zonas rurales, ya que la escolaridad promedio de la población
urbana duplica a la de aquéllas.
c)
Objetivo 3. Promover la igualdad entre los
sexos y la autonomía de la mujer

Meta 4. Eliminar las desigualdades entre los géneros en la
enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para el año
2005, y en todos los niveles de enseñanza antes de que concluya
2015. Los indicadores considerados son: la relación entre niñas
y niños en la educación primaria, secundaria y superior; la
relación entre las tasas de alfabetización de hombres y mujeres
entre 15 y 24 años; la proporción de mujeres entre los empleados
asalariados no agrícolas y la proporción de puestos ocupados
por las mujeres en el Parlamento Nacional. Se considera factible
alcanzar la meta en el sector educativo, no en el laboral y tampoco
en los puestos de elección popular. La brecha de género en el nivel
alfabetización del país ha sido superada e incluso es favorable a
las mujeres. Sin embargo, a pesar del progresivo aumento en sus
niveles educativos, el desempleo de la población afecta a más
de la cuarta parte de las mujeres en edad productiva, indicador
de que la exclusión laboral por razones de género sigue siendo
relevante. Para alcanzar la meta y consolidar sus logros se requiere
revisar las leyes y programas orientados a garantizar la equidad
de género y disponer de indicadores confiables y oportunos de
educación y empleo por sexo.
d)
Objetivo 4. Reducir la mortalidad de los
niños y las niñas menores de 5 años



Meta 5. Reducir en dos terceras partes entre 1990 y 2015 la
mortalidad infantil de los menores de 5 años. Los principales
indicadores para monitorear el avance en el cumplimiento de
esta meta son la mortalidad infantil de menores de 5 años, la
mortalidad infantil y el porcentaje de niñas y niños menores de
un año con esquema completo de vacunación. Se han logrado
avances sustanciales en los últimos años, pero es necesario
redoblar el esfuerzo. La tasa de mortalidad infantil para menores
de cinco años nacidos con vida era de 70,7 por cada 1.000 en
1990 y descendió a 47,6 en 2003, por lo que se está 14 puntos por

CEPAL

226

encima de la media latinoamericana, que es de 33,2. En el mismo
período también se recortó en un tercio la mortalidad infantil
(de 50,4 34,1) Para alcanzar el objetivo en 2015 será necesario
ampliar la cobertura de vacunación, ya que en la mayor parte
de los casos es inferior a 80%.
e) Objetivo 5. Mejorar la salud materna

Meta 6. Reducir, entre 1990 y 2015, la mortalidad materna en
tres cuartas partes. Los indicadores a considerar son la tasa de
mortalidad materna (que en la actualidad es de 77 por cada 100.000
nacidos vivos) y el porcentaje de partos asistidos por personal
sanitario especializado. En caso de mantenerse la tendencia, será
difícil de cumplir esta meta. El porcentaje de asistencia de personal
especializado en partos es de 99%, por lo que el problema no es de
cobertura, sino de calidad de los servicios de salud. Será necesario
elevar la calidad de la atención obstétrica y vigilar y aumentar la
vigilancia legal y social sobre la atención materna.
f) 
Objetivo 6. Combatir el VIH/SIDA, el
paludismo y otras enfermedades

i) Meta 7. Haber detenido y comenzado a reducir, para el año
2015, la propagación del VIH/SIDA. Las tendencias señalan que
se alcanzará la meta. Los estudios afirman que la enfermedad no
está aumentando en términos porcentuales, si bien se está dando
un cambio en el perfil de los afectados, al haberse convertido en la
principal causa de muerte de las mujeres en edad fértil y haberse
incrementado significativamente las muertes infantiles debido a
la enfermedad. El aumento en el uso del condón, que se mantiene
en niveles bajos, es una de las medidas que más puede contribuir
a reducir la propagación de la enfermedad. La tasa de prevalencia
del VIH/SIDA en la población de 15 a 49 años bajó de 1,8 a 1,1
entre 2001 y 2005.
ii) Meta 8. Haber detenido y comenzado a reducir, para el año 2015,
la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves. La
República Dominicana tenía ya en 2000 una tasa de prevalencia
de paludismo de seis por cada 100.000 habitantes, que es una de
la más bajas de América Latina. La mortalidad por tuberculosis
es elevada, pero ha descendido en los últimos años, al pasar de 20
a 15 habitantes por cada 100.00 entre 1990 y 2004. La incidencia
del dengue también sigue siendo alta, pero en proceso de
disminución. Estos esfuerzos sólo podrán sostenerse en el largo

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

227

plazo con un incremento de los recursos humanos y materiales
asignados a la salud gestionados en el marco de una nueva
institucionalidad sanitaria.
g) Objetivo 7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

i)  Meta 9. Incorporar los principios del desarrollo sostenible en
las políticas y los programas nacionales y revertir la pérdida de
los recursos del medio ambiente. Los indicadores seleccionados
para evaluar el cumplimiento de esta meta son la proporción de la
superficie cubierta por bosques; la relación entre zonas protegidas
para mantener el equilibrio ambiental y superficie total; el uso
de energía (equivalente a kilogramos de petróleo) por un dólar
del producto interno bruto; emisiones de dióxido de carbono por
habitante y consumo de clorofluorocarburos que agotan la capa
de ozono (toneladas de PAO) y la proporción de la población que
utiliza combustibles sólidos.

Esta meta, una de las más ambiciosas de los ODM, está
considerada como la más probable de alcanzar de las tres
correspondientes al objetivo siete, a pesar de los muchos obstáculos
que enfrenta. La República Dominicana ha desarrollado una política
forestal encaminada a ordenar, conservar e impulsar el desarrollo
sostenible de los bosques privilegiando la producción de plantas
y semillas, la reforestación de las cuencas altas de los ríos y la
vigilancia y concertación de acuerdos con el sector privado y las
comunidades. Con todo, pese a estos esfuerzos se ha extendido
la pérdida de cobertura vegetal de 14,1 en 1980 a 27,5 en 1996.

El sistema de áreas protegidas se ha ampliado en forma
continua: en 1990 cubría 12% del territorio nacional, 19% en
2000 y 33% en 2005, pero requiere de más recursos humanos
para las labores de vigilancia, ya que solamente 35 de 70 áreas
protegidas cuentan con una vigilancia efectiva y en 30 no había
un solo vigilante permanente en 2004. Aunque el uso de leña
y carbón ha disminuido en forma constante, la generación de
dióxido de carbono se ha incrementado, pasando de 1 400 a 2
500 toneladas por cada 1 000 personas entre 1990 y 2003; también
creció el consumo de clorofluorocarbonos. A partir de 2002 se ha
desarrollado un conjunto de normas que pueden conducir a una
regulación ambiental más efectiva y acorde con la obtención de
las metas del milenio.

228

CEPAL

ii) Meta 10. Reducir a la mitad para el año 2015 el porcentaje de
personas que carezcan de acceso sostenible al agua potable y a
servicios básicos de saneamiento. Los indicadores a considerar
son la proporción de la población con acceso sostenible a mayores
fuentes de abastecimiento de agua, en zonas rurales y urbanas, y
la proporción de la población con acceso a mejores servicios de
saneamiento, en zonas rurales y urbanas.

El porcentaje de la población con acceso sostenible al
agua se elevó de 83% a 86% de 1990 a 2000, pero si se mantiene
esta tendencia sería imposible cumplir con la meta para 2015,
ya que la tasa anual está por debajo de la que se requeriría para
alcanzarla. En cambio, la cobertura de servicios de saneamiento
mejorado pasó de 60% a 90% en 10 años (1990-2000). Si persisten
las tendencias actuales, es posible alcanzar la cobertura de 100%
de inodoros en 2015.
iii)Meta 11. Mejorar considerablemente, para el año 2020, las vidas de
por lo menos 100 millones de habitantes de tugurios. El indicador
que se utiliza para medir el avance en esta meta es la proporción
de hogares con acceso a la tenencia segura. No existe suficiente
información para medir el progreso en esta meta; sin embargo, si
se toma el déficit habitacional total, éste alcanzó 800.000 unidades,
de las cuales 500.000 son nuevas viviendas que se demandan y
las 300.000 restantes viviendas ya existentes que requieren de
mantenimiento y reparaciones mayores. El hacinamiento afecta
a 56% de la población más pobre, por lo que se necesitan nuevas
viviendas o nuevas alternativas habitacionales.
h) Objetivo 8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

i) Meta 12. Desarrollar aun más un sistema comercial y financiero
abierto, basado en normas, previsible y no discriminatorio. Se
incluye el compromiso de lograr una buena gestión de los asuntos
públicos, el desarrollo y la reducción de la pobreza en cada país y en el
plano internacional. La República Dominicana ha llevado a cabo desde
los años ochenta una serie de reformas que han estado orientadas a
desarrollar un sistema comercial y financiero más abierto, y desde los
años noventa esta apertura apunta a la búsqueda de mecanismos que
garanticen un marco de entendimiento previsible y no discriminatorio
con sus principales socios comerciales. Aun así, la exportación de
servicios se caracterizó por generar poco valor agregado y basó su
competitividad en la mano de obra barata y en la depreciación real de la
moneda dominicana.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

229


Esta estrategia generó en el largo plazo un deterioro en la
calidad de las exportaciones, un impacto reducido en el resto de la
economía y un crecimiento lento, y a todas luces insatisfactorio, en
los indicadores del bienestar social. La negociación del Tratado de
Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República
Dominicana busca consolidar el acceso preferencial al mercado
estadounidense, que ya se da en el 97% de las exportaciones
dominicanas a ese país. En cambio, se perdió la oportunidad de
negociar disciplinas comerciales y salvaguardias que permitan al
país hacer frente a la competencia externa y elevar la competitividad
de los productos y las exportaciones dominicanas.
ii) Meta 13. Atender las necesidades especiales de los países menos
adelantados. No aplica para el caso de la República Dominicana,
aunque sí y de manera relevante a su vecino, Haití, de tal suerte que
la atención de estas necesidades puede contribuir significativamente
a reducir las presiones que la migración haitiana genera para
el país.
iii)Meta 14. Atender las necesidades especiales de los países sin
litoral y de los pequeños estados insulares en desarrollo. En 1994
se adoptó en Barbados el Programa de Acción para el Desarrollo
Sostenible de los pequeños estados insulares en desarrollo. Diez
años después se llevó a cabo una reunión en Mauricio para revisar
su aplicación. Las recomendaciones del programa sirvieron como
marco de referencia para el diseño de la política ambiental de la
República Dominicana.
iv)Meta 15. Encarar de manera general los problemas de la deuda de
los países en desarrollo con medidas nacionales e internacionales a
fin de hacer la deuda sostenible a largo plazo. El indicador utilizado
para medir el avance en esta materia es la proporción que existe entre
el servicio de la deuda y las exportaciones de bienes y servicios. La
deuda pública externa dominicana pasó de 3 700 millones de dólares
en el año 2000 a 5 500 millones en 2003. En este último año el servicio
de la deuda representaba 7% del PIB y 13% de las exportaciones de
bienes y servicios, y 40% del gasto público total. Es importante destacar
que el repunte de la deuda y el peso que representa para las finanzas
públicas se deben en gran medida a la crisis de 2003, por lo que es
previsible que si se consolida la recuperación disminuirá a niveles más
manejables. En todo caso, esta situación constituye una importante
restricción fiscal para el cumplimiento de todas las demás metas, que
solamente podrá enfrentarse en el corto plazo con un incremento de los
ingresos públicos.

230

CEPAL

v) Meta 16. En cooperación con los países en desarrollo, elaborar
y aplicar estrategias que proporcionen a las y los jóvenes un
trabajo digno y productivo. El indicador principal es la tasa de
desempleo para jóvenes de entre 15 y 24 años. Su cumplimiento
depende tanto de la evolución económica general del país, como
del tipo de desarrollo que en éste se dé durante la próxima década.
En 2001 esta tasa era de 23,1% en la República Dominicana.
vi)Meta 17. En cooperación con las empresas farmacéuticas,
proporcionar acceso a los medicamentos esenciales en los
países en desarrollo a un costo razonable. En los casos en los
que la producción nacional de medicamentos es insuficiente
para abastecer el mercado de un país, se contemplan
diversas opciones, entre las que sobresalen la adquisición de
medicamentos en terceros mercados por conducto de las llamadas
importaciones paralelas.
vii) Meta 18. En colaboración con el sector privado, velar
porque se puedan aprovechar los beneficios de las nuevas
tecnologías, en particular de las tecnologías de la información
y las comunicaciones. Se toman en cuenta diversos indicadores
para medir el grado de avance en esta meta, como el número de
líneas telefónicas y propietarios de teléfonos celulares por cada
100 habitantes, las computadoras personales en uso por cada 100
habitantes y los usuarios de Internet por cada 100 habitantes.
Todos estos indicadores muestran un crecimiento importante:
el número de líneas telefónicas y de teléfonos celulares pasó
de 13,4 por cada 100 habitantes a 49,4 de 1990 a 2004, y los
usuarios de Internet por cada 100 habitantes se elevaron de 0,02
en 1995 a 3,64 en 2002. El Informe sobre Desarrollo Humano
2002 presentó un índice de avance tecnológico calculado para
72 países, de los cuales la República Dominicana alcanzó el
lugar 55, en mejor posición que Honduras y Nicaragua, pero
por debajo de El Salvador, Jamaica, Panamá, Trinidad y Tabago
y Costa Rica.
Del balance del grado de cumplimiento de los ODM se concluye
que, para cimentar las bases de una sociedad cohesionada, es ineluctable
que la República Dominicana implante reformas sociales que rebasen el
horizonte convencional del combate a la pobreza. Es necesario que consolide
la modernización estructural del país enfrentando simultáneamente los
rezagos sociales acumulados (los más eminentes de los cuales son los
identificados en torno a los ODM), estimulando la competitividad sistémica
de la economía, mejorando la dotación de infraestructura y superando

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

231

la fragilidad institucional en diversos aspectos de la vida nacional. Las
políticas de apertura económica no han ido acompañadas hasta ahora de
las políticas sociales compensatorias necesarias para paliar los efectos
negativos más inmediatos de la globalización, cubrir las necesidades de
los sectores sociales más afectados y de los grupos más vulnerables, ni de
los arreglos institucionales adecuados para fundar un nuevo pacto político
orientado a un modelo de desarrollo en el que la eficiencia económica y
el desarrollo social equitativo se retroalimenten.
4.  crecimiento económico es necesario, pero no
El
suficiente para propiciar desarrollo y cohesión social
Los factores de exclusión social son inherentes a la pobreza extendida y
persistente. La naturaleza y el número de estos factores cubren un espectro
relativamente amplio, y la acción de cada uno de ellos incide en la reproducción
del ciclo de pobreza, exclusión y vulnerabilidad al que está expuesto una
porción muy elevada de la población dominicana: insuficiencia de ingresos
monetarios, bajos niveles de educación e instrucción de los padres de familia,
bajo rendimiento educativo, repetición y deserción escolar, inserción laboral
precaria e insuficiente, desprotección social, segregación espacial, carencia
de o acceso insuficiente a los servicios básicos fundamentales, deterioro
de la calidad de vida en aspectos básicos como la salud o la igualdad
de género, las relaciones sociales o las expectativas de movilidad social,
entre otras causas.
De acuerdo con diversos análisis, el nexo entre crecimiento económico
y disminución de la pobreza—en particular la pobreza extrema—es cada vez
más débil.20 Lograr reducciones de la pobreza similares a las de la década
de 1990 por medio del método de “derrame” del crecimiento -es decir, sin
introducir reformas sociales que aseguren equidad- exigiría tasas de aumento
del producto sumamente elevadas, cuyo mantenimiento, además, sería
insostenible. Sumado a un crecimiento estable y sostenido, lo que se requiere
es la instauración de mecanismos básicos de inclusión que contrarresten
y abatan a largo plazo por medio de mecanismos institucionalizados, la
exposición de los ciudadanos a las desventajas acumulativas que supone la
exclusión social en sus diversas dimensiones materiales y simbólicas.
Este enfoque supone, por tanto, emprender cambios mayores en la
política de desarrollo, y en primera instancia, en su componente social.
Medidas como los programas focalizados en los grupos vulnerables
eventualmente pueden prevenir que éstos caigan debajo de la línea de
pobreza, o en su caso ayudar a ubicarlos estadísticamente por encima de
 Véase CEPAL (2007a) y CEPAL, Panorama social de América Latina (2005, 2006 y 2007b).

20

232

CEPAL

ésta, pero raramente remueven los problemas estructurales que debilitan
las relaciones sociales y conducen progresivamente a la fragmentación de
la sociedad. La diferencia entre las políticas convencionales de combate a
la pobreza y las de cohesión social es que éstas tienden a crear y fortalecer
las capacidades de los individuos, y no sólo, como es el caso de aquéllas, a
asistir necesidades puntuales.
Un aspecto importante del debilitamiento de la relación crecimiento
económico-disminución de la pobreza tiene que ver, precisamente, con la
inclusión laboral de los individuos. En la perspectiva de 2030, la prioridad
de la política pública de desarrollo debiera consistir en la búsqueda de la
inclusión económico-social de los dominicanos por medio de una activa
promoción del empleo productivo y remunerativo. En una perspectiva
comprometida con la cohesión social, el desempleo no sólo hace referencia a
una situación de falta de ingresos para los que son excluidos del mercado de
trabajo, sino también a una que deniega su papel productivo en la sociedad,
lastima su dignidad humana, los despoja de sus derechos económicos y de
reconocimiento; los priva, en suma, de una serie de atributos necesarios
para el ejercicio pleno de la ciudadanía. Ser excluido del mercado de trabajo
representa en este sentido una condición socioeconómica de extrema fragilidad
a la vez que una privación de la ciudadanía, por cuanto que remite a la falta
de titularidad de derechos sociales fundamentales y de participación en
el desarrollo. Los costos del desempleo general, y de manera especial del
juvenil, son numerosos para la sociedad, y significan una restricción para
el desarrollo actual y futuro. La forma más elemental, pero también la más
sólida de integración para la cohesión social, es el empleo.
De acuerdo con el análisis del capítulo VI de este mismo libro, la
incapacidad del sector formal de la economía de absorber el crecimiento
de la oferta de fuerza de trabajo implica una acentuación del subempleo
de baja productividad y bajos ingresos, al igual que la persistencia de altos
niveles de desempleo. En un marco de insuficiente cobertura de los sistemas
de protección social, este rasgo estructural del modelo de desarrollo agrava
la situación de las unidades familiares que no disponen de patrimonio para
enfrentar la pérdida de ingresos. Así lo prueban las evidencias disponibles.
En efecto, la incidencia de la pobreza puede analizarse identificando la
importancia relativa que los cambios (por deciles de la distribución del
ingreso) en los ingresos por ocupado y la tasa de ocupación global han
tenido sobre el resultado total. En el cuadro IV.3 se presentan los valores
del ingreso por habitante (Y/N) en múltiplos de la línea de pobreza en 1997
(Y/N 1990) y 2005 (Y/N 2005), tanto para la población total, como para cada
decil de la distribución del ingreso. En el cuadro también se exponen las

233

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Cuadro IV.3
REPÚBLICA DOMINICANA: INGRESO POR HABITANTE Y DESAGREGACIÓN DE SU
VARIACIÓN POR CAMBIOS EN EL INGRESO POR OCUPADO Y EN LA TASA GLOBAL
DE OCUPACIÓN POR DECIL DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, 1997 Y 2005
(Múltiplos de la línea de pobreza)
Deciles

Y por habitante Total

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

Y/N 1997

2,1

0,3

0,5

0,7

0,9

1,1

1,4

1,8

2,3

3,2

8,6

Y/N 2005

2,0

0,2

0,4

0,5

0,7

0,9

1,2

1,6

2,2

3,3

8,6

Δ Y/N (Δ YT/O) -0,27 -0,08 -0,20 -0,26 -0,32 -0,34 -0,28 -0,28 -0,18

0,09 -0,64

Δ Y/N (Δ O/N)

0,06

0,15 -0,02

0,04

0,08

0,12

0,13

0,09

0,10

0,09

0,66

Fuente: A. Cecchini y A. Uthoff (2007), Reducción de la pobreza, tendencias demográficas, familias y mercado
de trabajo en América Latina, CEPAL, Serie Políticas Sociales Nº 136, Santiago de Chile.
Notas: Cuando el ingreso por habitante es menor a 1, significa que se encuentra por debajo de la línea de
pobreza, como es el caso de los valores destacados en gris en el cuadro.

Cuadro IV.4
REPÚBLICA DOMINICANA: VARIACIÓN PORCENTUAL DEL INGRESO POR OCUPADO
(EN MÚLTIPLOS DE LA LÍNEA DE POBREZA) Y DE LA TASA DE OCUPACIÓN GLOBAL
POR DECILES DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO POR HABITANTE, 1997-2005
(Porcentajes)
Deciles

Variable

Total

Ingreso por ocupado

-13,1 -30,6 -39,2 -36,9 -35,3 -29,7 -19,3 -16,1 -8,1

Tasa de ocupación global

8

I

-2

II

12

III

19

IV

24

V

28

VI

18

VII

11

VIII

9

IX

X

2,8 -7,5
2

1

Fuente: A. Cecchini y A. Uthoff (2007), Reducción de la pobreza, tenencias demográficas, familias y mercado
de trabajo en América Latina, CEPAL, Serie Políticas Sociales Nº 136, Santiago de Chile.
Notas: El color gris señala los deciles cuyos ingresos por habitante en el primer año se encontraban por
debajo de la línea de pobreza.

estimaciones de las variaciones de los dos componentes principales que
afectan los cambios en la incidencia de la pobreza. El primer componente
es la variación en el ingreso por habitante que resulta por las variaciones
en el ingreso por ocupado, ΔY/N (Δ YT/O), y el segundo es la variación del
ingreso por habitante que resulta por las variaciones en la tasa de ocupación
global, ΔY/N (ΔO/N). El cuadro IV.4, por su parte, da cuenta de la evolución

234

CEPAL

porcentual del ingreso por ocupado y de la tasa global de ocupación en cada
uno de los deciles del ingreso.
El período de referencia de estos datos (1997-2005) se caracteriza
en la República Dominicana por el agotamiento del ciclo expansivo de los
años noventa, la crisis de 2003 y el inicio de una dinámica recuperación
en cuyo marco se estabilizaron con rapidez las variables económicas
clave. En el frente social el período estuvo marcado por el aumento ya
mencionado de la pobreza a causa de amplias pérdidas en el ingreso por
persona ocupada que no fueron compensadas por mejoras en los factores
estructurales de la ocupación global. La evidencia disponible al respecto
es concluyente.21
En el caso de los deciles más pobres esta evidencia muestra, en
efecto, la necesidad de captar mayores ingresos, pero sobre todo revela las
dificultades de lograrlo frente a la acción limitante de varios factores que
restringen y desincentivan la inclusión laboral de los individuos integrantes
de estos estratos socioeconómicos. La acción de dichos factores se manifiesta
esencialmente en una baja dotación de capital humano, situación que
significa para quienes la padecen menores oportunidades laborales y, en
consecuencia, mayores probabilidades de desempleo o subempleo, con el
correlato inevitable de ingresos laborales insuficientes. En una perspectiva
estratégica a 2030 comprometida con objetivos de cohesión social, se impone
la necesidad de instrumentar políticas activas dirigidas a un mejoramiento
significativo del empleo y de los ingresos de las personas ocupadas.22
Como en la mayoría de los países latinoamericanos, en la República
Dominicana la participación productiva de los pobres en la actividad
económica no está garantizada. Los dos principales mecanismos de inclusión
social y económica —el empleo y la educación— recorren un camino
relativamente bifurcado y operan de manera inconsistente desde el punto
de vista de la reducción de los factores de riesgo y exclusión a los que está
expuesta la población.
Las dificultades estructurales en materia de empleo son manifiestas:
la tasa de desempleo ampliada se ha mantenido desde principios de los años
noventa en niveles superiores al 15% anual, al tiempo que entre la mitad y
dos terceras partes de la fuerza de trabajo urbana (según sea la definición
 El análisis conjunto realizado por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo
(2006) llega a una conclusión similar.
22
 Estas consideraciones cobran mayor relevancia estratégica si se considera que la situación
globalmente favorable al desarrollo y a la reducción de la pobreza que en principio significa
el bono demográfico empezará a entrar en su etapa final al término de la década de 2030 en
la República Dominicana, cuando se espera que el fin de la transición demográfica produzca
un envejecimiento de la población que incrementará el peso relativo de la llamada tercera
edad. Véase Cecchini y Uthoff (2007).
21

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

235

adoptada) sólo han encontrado ocupación en el sector informal de la
economía.23 Por el lado de la educación, la evidencia disponible muestra un
panorama igualmente complejo: por una parte, los niveles de matriculación
escolar de la República Dominicana son ya de los más altos de América Latina,
especialmente entre la población de 13 a 18 años de edad, y se ha hecho un
notable esfuerzo para extender casi por igual la cobertura a miembros de
familias ricas y pobres, urbanas y rurales, así como a mujeres y varones; en
cambio, persisten bajos niveles de escolaridad debido a fuertes problemas
de calidad, rendimiento y repetición que se reflejan en bajos estándares de
habilitación laboral de la fuerza de trabajo. Estos desajustes constituyen un
factor mayor detrás de la pobreza y la desigualdad económica y social que
privan en el país.
El sistema educativo dominicano es muy ineficiente al momento de
transformar los años de asistencia a la escuela en años efectivos de escolaridad
(o número de grados escolares completados). En el gráfico IV.3 se encuentran
los datos al respecto en cada tramo de edad de la población entre los 6 y
los 18 años. En promedio, cuando los niños dominicanos llegan a los 18
años de edad llevan 11,5 años asistiendo a la escuela, pero sólo 8,4 grados
escolares terminados.24 Esta discrepancia pone de manifiesto un problema
ostensible de repetición, y en general de deficiencias de la calidad del sistema
educativo, que conlleva una fuerte carga de desigualdad de los logros en
función de los grupos socioeconómicos de pertenencia. En efecto, cuando
se toman en cuenta los años de escolaridad completados las diferencias
se acentúan entre diversas categorías: los residentes de las zonas urbanas
obtienen mejores resultados que los de las rurales; las mujeres superan a los
varones, en especial después de los 16 años de edad; la brecha de escolaridad
entre los estudiantes de las familias más pobres y más ricas se amplía a más
de tres años a favor de estas últimas. Estas diferencias se extienden a otros
ámbitos, como los índices de deserción escolar.

 El capítulo VI de este libro presenta un examen a profundidad del funcionamiento y las
perspectivas del mercado de trabajo dominicano.
24
 A fin de interpretar mejor los datos del gráfico IV.3 conviene establecer el siguiente criterio:
considerando los grados 1 a 12 del sistema educativo (es decir, los ciclos primario y secundario
completos), un niño que hubiera iniciado su educación a los seis años y tenido un avance
normal, a los 17 años de edad debería haber completado 12 años de escolaridad (y no 7,83 años,
según el promedio nacional). En el contexto regional, la República Dominicana tiene, junto
con Guatemala y Ecuador, uno de los peores desempeños en cuanto a las tasas del progreso
escolar en el tiempo requerido. Desde el tercer grado de educación primaria más de 40% de
los niños dominicanos acumula un atraso para su edad de dos años o más, en tanto que en
la educación secundaria más del 50% tienen un atraso promedio de dos años y el 20% uno
de tres años o más. Véase Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (2006).
23

CEPAL

236

Gráfico IV.3
REPÚBLICA DOMINICANA: PROMEDIO DE AÑOS DE ASISTENCIA A LA
ESCUELA (PAAE) Y DE AÑOS DE ESCOLARIDAD (PAE), 2004
12
10
PAAE

9,38

8

8,49
7,55
6,59

6
5,62
4,67

4

3,71
2,75

2
0

10,2

1,79
1,45
0,86
0,16 0,72
6

7

8

2,17

9

2,9

10

4,49

5,25

3,66

11

5,92

6,66

7,42

11

11,5

7,83

8,41

PAE

12

13

14

15

16

17

18

Edad
Fuente: CEPAL sobre la base de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2004.

A lo anterior, que ya establece un claro patrón de inequidad, se añade
otro grave problema: la calidad de la educación. En este rubro hay una amplia
brecha con respecto a los estándares más altos de la región latinoamericana
y desde luego del mundo industrializado. Aun así, la deficiente calidad
educativa no afecta por igual a todos los segmentos de la sociedad, pues existen
marcadas diferencias al respecto dependiendo del estrato socioeconómico al
que pertenezcan los alumnos. Hay ciertas evidencias de que los rendimientos
generales de los alumnos de las llamadas escuelas privadas de élite —a
las que asiste una proporción muy reducida de la población escolar— son
muy superiores a los de los alumnos de las escuelas públicas.25 En todos los
aspectos clave de la educación este tipo de escuelas privadas superan a la
públicas: más horas de clase, profesorado con mejor formación y salarios
superiores, más y mejor infraestructura y equipamiento. El resultado de
todo ellos es la existencia de un sistema educativo muy segmentado en el
que los pobres reciben una educación inferior a la que reciben los ricos. Un
porcentaje considerablemente mayor de los alumnos que repiten y desertan
son pobres, pero incluso cuando éstos permanecen dentro del sistema
educativo, su aprendizaje promedio tiende a ser menor al de aquéllos.
En este marco, el sistema educativo dominicano no cumple con las
expectativas de igualación de oportunidades y de movilización social que de
 Véase el estudio pionero sobre Argentina, Colombia, Costa Rica y la República Dominicana
de Schiefelbein (1995).

25

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

237

él se espera. Es válido afirmar incluso que en varios sentidos fundamentales
es un reproductor de situaciones de inequidad del que van surgiendo niveles
de preparación altamente estratificados sobre los que ulteriormente se
establecerán diferencias aun más acentuadas en el plano laboral y, de manera
más amplia, en materia de inclusión social. Opera aquí un mecanismo de
perpetuación de los niveles de inequidad y las brechas de ingreso entre los
distintos grupos de la sociedad. Tras las diferencias educativas se amplían las
brechas sociales de conocimiento y de acceso al empleo de calidad, que a su vez
ahondan en distintas formas e intensidades el acceso diferenciado de los grupos
socioeconómicos a activos tales como la tierra, el capital y el financiamiento,
o a servicios básicos de sanidad, transporte, seguridad pública y otros más.
En el campo de la salud, por ejemplo, algunos informes detectan que
el servicio público de salud es de mala calidad principalmente a raíz de
vicios de organización. Es “un problema de gerencia e institucionalidad”,
que genera ineficiencia en el gasto y serios problemas éticos debido a la falta
de sanciones y al “régimen de complicidades de la sociedad dominicana”
(PNUD, 2006). Una reducida solidaridad entre la sociedad, que no sostiene
firmemente la actitud del buen servicio y el juego serio del papel entre
funcionarios y personal de salud, como tampoco la respuesta de los usuarios.
Los bajos salarios relajan la prestación de los servicios y desincentivan la
capacitación y formación de los funcionarios. Además, el servicio de salud
se ha vuelto costoso, y pagado básicamente por las familias. A pesar del
impulso generado por una reciente reforma al sistema de salud, ésta ha
enfrentado serios obstáculos para materializar su completa instrumentación.
Los retos de la República Dominicana en este rubro son enormes; tan sólo
habría que considerar que la mortalidad materna triplica lo que debería
tener según los estándares internacionales, y a ello se suma que 98% son
atendidos por personal especializado. La elevación de la calidad de los
servicios públicos, el aseguramiento de la población contra contingencias
catastróficas y la disminución del gasto destinado por las familias a este
rubro mediante un adecuado sistema de financiamiento de los servicios
públicos de salud, son objetivos prioritarios para mejorar los indicadores
sanitarios del país. La implementación de las reformas de seguridad social
y de salud ha sido muy lenta. Hasta ahora sólo ha sido efectiva en el área
de las pensiones.
Hay carencias importantes en el campo de los programas de salud
sexual y reproductiva, no obstante el crecimiento tan acelerado de la población
joven. Se estima que el embarazo adolescente llega a representar el 23%
del total, sin que se hayan dado pasos significativos para una apropiación
efectiva de los avances internacionales en la materia. Para superar estos
desafíos el gobierno dominicano emprendió un importante esfuerzo para
elaborar un Plan Decenal de Salud y creó una Comisión Ejecutiva para la

238

CEPAL

Reforma del Sector Salud. Estos esfuerzos pueden contribuir a la construcción
de un sistema nacional de salud, que aparece como una de las necesidades
más sentidas de la población dominicana. El bajo gasto público en salud
se traduce en un elevado gasto de bolsillo para las unidades familiares,
con las consecuencias negativas que tiene sobre la población más pobre.
La existencia de un sistema público con amplia cobertura y servicios de
calidad es un factor importante de cohesión social, de la misma manera que
la dispersión de los servicios públicos y privados de salud, las asimetrías
en su calidad y la exclusión en la cobertura no sólo erosionan la cohesión
social al ampliar las brechas sociales y económicas ya de por sí existentes,
sino que impiden el desarrollo de un sistema de salud preventiva eficaz,
que reduzca los costos de atención y coadyuve a la erradicación de las
enfermedades de fácil prevención.
En materia de infraestructura también existen grandes rezagos y
ampliación de desigualdades de acceso y disponibilidad. Es cierto que la
distribución del agua ha mejorado en los indicadores, pero sigue existiendo
una disparidad muy grande entre las zonas urbanas y rurales. Los resultados
de los servicios de saneamiento alcanzan con el tiempo pequeños progresos,
cuya insuficiencia se ahonda si se le compara con los niveles esperados de
avance de acuerdo con el ingreso por habitante del país. Es importante
destacar que el comportamiento de los diferentes componentes del índice de
desarrollo humano a nivel regional indica una impresionante desigualdad
entre las regiones más prósperas y las más atrasadas del país, sobre todo
en materia de educación y de ingreso. Como resultado de la polarización
económica propia de la economía dominicana, las diferencias territoriales
de ingreso son particularmente acentuadas, como se comprobará en el
siguiente capítulo de este libro.
La transmisión intergeneracional de la inequidad, y por tanto de
las diversas dimensiones de la exclusión, se lleva a cabo en torno a este
conjunto de encadenamientos que incluyen brechas laborales, de ingreso,
educativas, de salud y en general de acceso a los servicios básicos y a las
oportunidades. Esta dinámica social no sólo impide la cohesión social,
sino que también es un obstáculo para el crecimiento de la economía. De
acuerdo con la denominada nueva teoría del desarrollo, la transmisión
intergeneracional de capital humano tiene en efecto una importancia
decisiva en el crecimiento económico. Según este enfoque analítico, los
países con poblaciones más instruidas y con un acceso generalizado a
servicios de salud y sanidad cuentan con más posibilidades de impulsar
ciclos de crecimiento alto y sostenido. A causa de su elevado promedio
educativo y sus mejores estándares de bienestar —factores que traducen
una elevada tasa de inversión en capital humano—, estos países están
en posibilidades de legar a las futuras generaciones un mayor acervo de

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

239

conocimientos y capacidades que son necesarios para impulsar el proceso
productivo, lo que además crea entre la población condiciones generales
de equidad de ingreso y oportunidades. Estructuras de distribución más
equitativas permiten que un mayor número de familias mantengan un alto
gasto en la formación de capital humano (salud y buena educación para los
hijos), lo que a su vez contribuye a mantener el dinamismo del crecimiento
económico. El reverso de la moneda es más o menos evidente: a menor
inversión en capital humano, mayores posibilidades de una transmisión
intergeneracional de la pobreza, y a mayor porcentaje de población en
condiciones de pobreza, menor inversión en capital humano y menores
posibilidades de sostener ciclos de alto crecimiento.26
En contextos caracterizados por la existencia de barreras que limitan
las oportunidades de movilidad social y las expectativas de mejoramiento de
las condiciones de vida de los más pobres, como el que priva en la República
Dominicana y en otras naciones latinoamericanas, las condiciones básicas
de la cohesión social resultan seriamente amenazadas. Se ha planteado
(CEPAL, 2007) que las experiencias reiteradas de fracaso y la acumulación
de desventajas configuran percepciones negativas y de inseguridad entre
los grupos más expuestos a los diversos factores de exclusión social. Estas
visiones suelen ser reforzada por la segmentación social del espacio,
especialmente en el medio urbano, que amplía las brechas entre los
“integrados” y los “excluidos”, al tiempo que también refuerza la tendencia
a no considerarse como iguales (porque en efecto no los son en una serie de
rubros fundamentales) ni como miembros de una misma sociedad. Cuando
una parte de la sociedad percibe que la estructura de oportunidades es
cerrada y excluyente, decaen las expectativas de futuro o de movilidad
intergeneracional. Ello afecta severamente los sentidos de pertenencia y
de participación social de los individuos, al tiempo que se crean nuevas
modalidades de exclusión en el plano cultural y valorativo que también
erosionan la cohesión social. Aunque estas dimensiones “no materiales” de
la desigualdad y la pobreza tienden a cobrar una importancia creciente en
el diseño de las políticas sociales y en los dispositivos analíticos en los que
estas últimas se fundamentan, lo cierto es que no se cuenta con suficiente
evidencia empírica para dimensionarlas cuantitativa y cualitativamente,
como sería conveniente en el proceso de formación de estrategias públicas
de inclusión y cohesión que no se enfoquen solamente en los aspectos
materiales del desarrollo. Por lo demás, algunos indicios disponibles al
respecto sobre la República Dominicana (véase el recuadro IV.2) dan una
aproximación de cómo la pobreza y las marcadas diferencias de ingreso,
patrimonio, oportunidades y calidad de vida moldean en algunos segmentos
de la población sentimientos de frustración e inconformismo que llegan
 Para una revisión de las principales fuentes teóricas de la “nueva teoría del desarrollo”,
véase, entre otros, Osberg (1995).

26

CEPAL

240

incluso a penetrar las percepciones de quienes no están directamente
afectados por la exclusión social.27
Recuadro IV.2
ELEMENTOS DE EXPLORACIÓN DE TRES BRECHAS NO MATERIALES DE LA
DESIGUALDAD Y LA POBREZA CON REFERENCIA A LA REPÚBLICA DOMINICANA
Expectativas de movilidad social intergeneracional. Las escasas expectativas
de futuro son expresiones centrales de la exclusión social y la pobreza
extrema. En sociedades que limitan fuertemente el acceso a las oportunidades
y los recursos se incrementa fácilmente la brecha entre expectativas y
aspiraciones de los más pobres, lo que a veces ocasiona respuestas de
frustración–agresión en detrimento de la cohesión social. Una manera de
aproximarse a las brechas de expectativas de movilidad intergeneracional
está constituida por las evaluaciones que realizan las personas de distintos
grupos socioeconómicos sobre su bienestar actual y el que esperan para
sus hijos. En la República Dominicana, como en el resto de América Latina,
las expectativas sobre el bienestar de los hijos en 2006 son mayores entre
las personas de hogares más acomodados (5,8 en una escala de 1 a 10)
y menores entre quienes enfrentan mayor vulnerabilidad socioeconómica
(4,3). La dimensión de esta brecha (1,5 puntos) puede ponderarse si se
considera que en ese mismo año la menor “brecha de expectativas” de la
región se registró en Argentina (0,9 puntos) y la mayor en Ecuador (3 puntos).
Confianza en las instituciones y participación. Hay un renovado interés
por las “brechas de confianza”, que constituyen amenazas para la legitimidad
de las instituciones y la inclusión y cohesión sociales. Se considera que un
estado social eficiente y transparente debe generar confianza ciudadana y
crear espacios de movilidad y participación. La tendencia general es que la
confianza y los niveles de participación social y política de las persona de
hogares con bienestar insuficiente son más bajos que los de las personas con
mayor bienestar. En ambos casos los datos de la República Dominicana en 2006
revelan nuevamente una ubicación intermedia entre los extremos regionales.
Percepciones de discriminación. Los temas relacionados con la
discriminación suelen asociarse en América Latina a la adscripción étnica
y al género, ignorándose o subestimándose con frecuencia la negación de
oportunidades que padecen los “pobres”, que en la práctica es un poderoso
factor de traspaso de exclusión entre generaciones. Ser pobre puede llevar
a la estigmatización y la segregación de las instituciones, lo que redobla la
exclusión y la desigualdad. La escasa información disponible al respecto
 La Encuesta Latinbarómetro incluye la siguiente pregunta “¿usted y su familia han
pensado en la posibilidad de vivir en otro país?”. En 2004, 40,2% dominicanos de todas las
condiciones socioeconómicas respondieron positivamente contra una media de 23,1% en
el resto de América Latina; en 2006 el porcentaje dominicano subió a 53,6% mientras que
el latinoamericano descendió ligeramente a 22,9%. El significado analítico de estos datos
debe considerarse de manera cautelosa; una interpretación entre otras posibles es que
sugieren el desarrollo de cierto sentimiento de desapego de la comunidad, que entre los
dominicanos parece estar muy extendido. El desarrollo de este sentimiento de desapego no
parece ser compatible con la construcción del sentido de pertenencia que es consustancial
de las situaciones de cohesión social.

27

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

241

Recuadro IV. 2 (conclusión)
indica que en América Latina el porcentaje de sujetos que declaran sentirse
discriminados son notoriamente mayores entre quienes viven en hogares
con ingresos insuficientes que entre los que viven en hogares con ingresos
suficientes. En 2006, la Encuesta Latinbarómetro detectó que 22,1% de la
población clasificable en la primera categoría se sentía discriminado, contra
16,4% de población perteneciente a la segunda categoría. Un dato interesante
es que, cuando se analizan estos datos por factor de residencia, los valores
más altos de discriminación percibida se encuentran en sujetos en situación
de pobreza que viven en las áreas urbanas más pobladas. Casi dos terceras
partes de los factores causales de discriminación se relacionan con carencias
de capital humano (educación), de capital social (“contactos” o “influencias”)
y de capital simbólico (“no ser nadie”). a la estigmatización y la segregación
de las instituciones, lo que redobla la exclusión y la desigualdad. La escasa
información disponible al respecto indica que en América Latina el porcentaje
de sujetos que declaran sentirse discriminados son notoriamente mayores entre
quienes viven en hogares con ingresos insuficientes que entre los que viven
en hogares con ingresos suficientes. En 2006, la Encuesta Latinbarómetro
detectó que 22,1% de la población clasificable en la primera categoría se sentía
discriminado, contra 16,4% de población perteneciente a la segunda categoría.
Un dato interesante es que, cuando se analizan estos datos por factor de
residencia, los valores más altos de discriminación percibida se encuentran
en sujetos en situación de pobreza que viven en las áreas urbanas más
pobladas. Casi dos terceras partes de los factores causales de discriminación
se relacionan con carencias de capital humano (educación), de capital social
(“contactos” o “influencias”) y de capital simbólico (“no ser nadie”).
Fuente: CEPAL (2007), Panorama social de América Latina, Santiago de Chile, con base en tabulaciones
especiales de la Encuesta Latinobarómetro 2006.

C.
Dispositivos institucionales de la política
social dominicana: un análisis en la
perspectiva de su mejoramiento hacia 2030
Un amplio número de especialistas e informantes calificados dominicanos
que fueron entrevistados para la elaboración de este trabajo coinciden en
que un factor central a la hora de explicar la persistencia de la pobreza y
la desigualdad en el país, es la falta de compromiso de la élite política y
empresarial a favor de un pacto que incorpore preocupaciones efectivas
de inclusión social al proceso de modernización económica y política de
la República Dominicana. Según estas mismas opiniones, hay una fuerte
carencia de mecanismos de participación, solidaridad y empoderamiento de
los sectores mayoritarios de la población. Frente a esto, parece menos grave
el problema de financiamiento y recursos para el desarrollo y la reducción de
la pobreza, sin que por ello deje de tener una enorme relevancia. Mientras no
se logre una mayor efectividad de la política social y un compromiso político
amplio por construir un piso básico de satisfactores para toda la población,

242

CEPAL

el crecimiento económico, aun bajo el supuesto de que se mantenga estable
y en niveles altos como en el escenario deseable establecido en el capítulo I,
será claramente insuficiente para mejorar el progreso social del país y ampliar
sus espacios de cohesión.
La restricción fundamental que enfrenta el país para elevar su nivel de
desarrollo social, dado el desempeño económico globalmente satisfactorio de
las últimas décadas, es en gran parte de índole institucional y de organización.
Las políticas sociales se han revelado como ineficaces o en el mejor de los
casos insuficientes para lograr que los indicadores sociales mejoren como
consecuencia de y en consonancia con el dinamismo económico dominicano
de las últimas décadas. Esta situación adquiere mayor importancia ante un
posible agotamiento de la estrategia de desarrollo vigente, lo que podría
precipitar una situación en que las reformas no sólo sean deseables desde
la perspectiva del progreso social, sino necesarias para enfrentar una
eventual desaceleración económica combinada con un panorama social a
todas luces insatisfactorio y desafiante.La paradoja implícita en la fórmula
“crecimiento económico dinámico-escaso progreso social” se complica si
se toma en cuenta que en la República Dominicana se ha registrado una
ampliación notable de iniciativas de la sociedad civil y del propio Estado para
configurar acuerdos y pactos sociales dirigidos a enfrentar estas disonancias.
Los esfuerzos de concertación, sin embargo, no parecen haber sido exitosos
en sensibilizar al cuerpo político formal del congreso y el poder ejecutivo a
favor de la cohesión social. En lugar de una política de Estado al respecto
predominan programas y proyectos sociales que tienden a multiplicarse en
la dispersión, muchos de los cuales siguen siendo ejecutados en el marco
de prácticas clientelares.
1. 
Tendencias y recursos de la política social
dominicana en el último decenio
El gobierno dominicano inició un replanteamiento de la política social a partir
de los compromisos asumidos durante la Cumbre de Desarrollo Social de 1995,
celebrada en Copenhague. En 1996 se elaboró un Plan Nacional de Desarrollo
Social, que incluyó tres objetivos fundamentales: el combate a la pobreza,
la creación de empleos productivos y la integración social. Para alcanzar
el primer objetivo, se consideró necesario efectuar una revisión profunda
de los programas de gasto social, partiendo del reconocimiento de que los
niveles de gasto eran insuficientes y los mecanismos de asignación ineficientes
(Oficina Nacional de Planificación, 2005b). En parte como resultado de este
replanteamiento, el gasto social incrementó su importancia relativa en el
presupuesto público total durante los años noventa, aunque registró cierto
retroceso en términos relativos durante los primeros años del nuevo siglo
a consecuencia del ajuste económico instrumentado para enfrentar la crisis

243

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

económica de 2003 (véase el cuadro IV.5). Esta situación revela la vulnerabilidad
de la política social ante los vaivenes de la economía, que obligan a contraer
el gasto público, y de manera destacada el gasto social, que es uno de los que
históricamente ha absorbido el impacto de los ajustes macroeconómicos. En
otros términos, así se manifiesta la tendencia —muy extendida en América
Latina— a administrar el gasto público social en forma totalmente procíclica.
Cuadro IV.5
REPÚBLICA DOMINICANA: GASTO PÚBLICO FUNCIONAL COMO
PORCENTAJE DEL GASTO PÚBLICO TOTAL, 1980-2007
Tipo de gasto por año

1980-1989

1990-1999

2000-2007

Servicios sociales

39,6

45,3

42,3

Servicios generales

34,8

27,3

19,1

Servicios económicos

19,5

19,1

19,7

Deuda pública

6,2

8,3

17,8

Protección del medio ambiente

0,0

0,0

0,5

Fuente: Secretaría de Estado de Finanzas, ONAPRES y Banco Central de la República Dominicana.

Para lograr una identificación más precisa de la magnitud de la
pobreza y de su distribución espacial, también se desarrolló un conjunto
de instrumentos que pudieran apoyar una estrategia de focalización
del gasto. Esta política obligaba no sólo a medir mejor la pobreza, sino
a distinguir con claridad dentro del contingente de pobres a aquellos
cuya una situación era de pobreza extrema o indigencia, con objeto de
ubicarlos como sujetos prioritarios de la política social. Los compromisos
del milenio, entre los que destaca el relativo a reducir la pobreza a la
mitad para el año 2015, así como los efectos de la crisis económica de
2003, llevaron a realizar ajustes y a reforzar la necesidad de focalizar más
el gasto social, si bien la discusión acerca de la pertinencia de acompañar
estas medidas con nuevos esquemas de protección social universal deberá
retomarse a la luz de las necesarias reformas de los sistemas de salud y
seguridad social.
Los problemas que ha enfrentado históricamente la política social
dominicana han sido en parte el legado del clientelismo político, a lo que
debe sumarse una deficiente focalización y la persistencia de procedimientos
administrativos ineficientes y obsoletos, así como débiles monitoreos del
gasto y evaluaciones no rigurosas de los programas. La focalización del
gasto ha mejorado la asignación de los recursos en los años más recientes,
pero plantea otro tipo de dificultades, en particular la articulación de
la política de combate a la pobreza con otras políticas sociales y con la
política económica, a efecto de retomar efectivamente los otros dos objetivos

244

CEPAL

principales enunciados en 1996 en el Plan Nacional de Desarrollo Social, es
decir, las políticas activas de empleo e inclusión social.
En 2000 se creó el Gabinete Social, con la finalidad de articular la
definición, el diseño y la implementación de la política social, y su actividad
en sus inicios se enfocó principalmente a los programas de asistencia social.
Después de la crisis de 2003 —la más severa de la historia económica
dominicana del último medio siglo— se empezó a diseñar una nueva política
social que busca fundamentarse en cuatro principios básicos:
Integralidad. Se trata de un principio fundamental mediante el cual
se pretende articular la política social con la política económica, así como los
diversos programas sociales entre sí y las acciones de los diferentes sectores
de la sociedad con las del Estado. El objetivo es lograr una mayor efectividad
de los recursos destinados a los diversos programas sociales
Equidad. Se identifica como un déficit de las políticas económicas y
sociales anteriores su contribución a mantener y reforzar diferentes formas de
exclusión social. A fin de superar esta característica, la equidad se considera
un principio esencial, entendida como el esfuerzo para proveer condiciones
de acceso a oportunidades similares a las que posee el resto de la población
a los grupos más marginados y vulnerables. Con miras a alcanzar este
objetivo, se asume la necesidad de garantizar niveles mínimos de ingreso
para asegurar su subsistencia, pero también se reconoce la necesidad de
ofrecer oportunidades para elevar su capital humano y la calidad de sus
activos complementarios.
Eficiencia. La ineficiencia del gasto social en la República Dominicana es
un lastre histórico que ha afectado la calidad de los servicios sociales y se refleja
en los principales indicadores de bienestar social. Por lo tanto, se requiere
elevar la eficiencia del gasto mediante reformas legales y de procedimientos
que impliquen un reordenamiento institucional adecuado para mejorar
el diseño, la ejecución, la evaluación y el seguimiento de los programas.
Consistencia. El cumplimiento de las metas sociales del milenio es
consistente con los compromisos internacionales asumidos por el Gobierno
de la República Dominicana en la materia, pero también con una nueva
estrategia económica y social encaminada a superar rezagos y a lograr una
inserción en la globalización más incluyente y benéfica para el país.
La nueva política social procura hacer frente a la deuda social acumulada
y proteger a aquellos grupos vulnerables que están expuestos a caer en una
situación de pobreza ante choques estructurales, como el ocurrido a fines
de 2002. En consecuencia, se trata de una política orientada a combatir la

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

245

pobreza y en particular la pobreza extrema, que además está dirigida a crear
un sistema de protección social que prevenga situaciones de riesgo para los
grupos más vulnerables; Implica, por lo tanto, un cambio de enfoque, una
nueva articulación con la política económica y de manera relevante, una
reforma institucional y organizativa encaminada a elevar la eficiencia del
gasto público y de los programas sociales.
Los objetivos específicos de la nueva política social incluyen garantizar
derechos básicos del individuo, como el de una existencia civil que permita
el ejercicio de los derechos políticos y la igualdad ante la ley mediante la
expedición de documentos de identidad. Asimismo, se contemplan los
derechos sociales, como el acceso a la salud, a la educación y a la alimentación,
con especial énfasis en la protección de los grupos más vulnerables. Al
tiempo, la política será consistente con los objetivos de erradicar la pobreza
extrema y el hambre, garantizar la cobertura universal de la enseñanza
primaria, disminuir la mortalidad de niñas y niños menores de cinco
años, mejorar la salud materna, combatir enfermedades transmisibles y
eliminar la desigualdad de género en todos los niveles educativos y en el
mercado laboral.
Desde diciembre de 2004 se instrumenta una reorganización de los
programas sociales mediante la reestructuración y la eliminación de programas
de menor magnitud y de la construcción de un padrón único de beneficiarios,
el SIUBEN (Sistema Único de Beneficiarios), como mecanismo central de la
focalización. En su elaboración se utilizaron instrumentos que determinan
a quiénes deben dirigirse los subsidios y transferencias, basándose en un
Índice de Condiciones de Vida, similar al mapa oficial de la pobreza de 2002.
Las deficiencias de alcance de estos programas por falta de documentación
e identificación se buscan corregir con el programa “República Dominicana
con Nombre y Apellido.” De esta manera se avanza en la ampliación de
la cobertura de los programas sociales a la vez que se da certeza jurídica y
acceso al pleno ejercicio de los derechos políticos a la ciudadanía.
La nueva política social se basa en tres pilares vinculados entre sí:
la red de protección social, la oferta de servicios sociales y el sistema de
seguridad social. De esta manera se intenta combinar una política social
focalizada -dirigida a mejorar los ingresos, las condiciones de vida y la
inversión en capital humano de los grupos más pobres- con una política
social universal que prevenga y mitigue situaciones de vulnerabilidad para
la población en su conjunto.
La red de protección social está dirigida a apoyar a las personas en
situación de pobreza extrema o de elevada vulnerabilidad social, pero sin
descuidar a los demás grupos de la población. El principio rector de los

246

CEPAL

programas que integran la red es la equidad, ya que se concede prioridad
a la población más vulnerable. Se incluyen programas de transferencias
de recursos integrados con paquetes básicos de salud y una política de
seguimiento a la asistencia escolar, que están orientados al incremento del
capital humano y social de los pobres, al aumento en la calidad de sus activos
y el acceso a mercados de los que tradicionalmente han estado excluidos,
como el laboral y el crediticio. Los tres ejes que sustentan los programas
de la red de protección social son los correspondientes a transferencias de
recursos, a desarrollo humano y social y a inclusión económica.
Los programas de desarrollo humano y social fundamentados en
los hogares complementan y condicionan los programas de transferencias
que integran el primer eje. Los programas de desarrollo humano se
implementan para incrementar el capital humano de las familias e incluyen
programas de regularización de la identidad de los individuos, además de
programas de salud, educación y acceso a actividades culturales, deportivas,
recreativas, de entretenimiento y de convivencia comunitaria. En este
rubro se contemplan programas de salud dirigidos a grupos de atención
prioritarios focalizados por género y rango de edad, como las madres, la
población infantil y los adultos mayores. Se incluyen también programas
de educación que abarcan tanto a la población en edad escolar, como a los
adultos. Para atender a los jóvenes se han impulsado diversas actividades
que promueven el acceso a las actividades deportivas de aquellos que
cuentan con menores recursos.
Con los programas de desarrollo social se procura incrementar el
capital social de la población y en particular de los más pobres, mediante
el fortalecimiento de las organizaciones sociales y su capacitación en
actividades de desarrollo comunitario y mejoramiento del entorno. Estos
programas apuntan a fortalecer relaciones sociales por medio de una mayor
participación de la comunidad.
El tercer eje está constituido por los programas de inclusión económica,
los cuales están encaminados a la generación de empleo, la capacitación
para el trabajo, el acceso al crédito, el apoyo a la comercialización de bienes
y el financiamiento a las micro y pequeñas empresas. Entre los programas
destinados a capacitar a la fuerza de trabajo o a elevar la productividad de los
individuos dentro del empleo correspondiente, destacan el Programa Juventud
y Empleo, el Programa de Capacitación Laboral y el Community College.
En relación con la oferta de servicios sociales, el objetivo principal es
mejorar la eficiencia en la provisión de tales servicios. Para su consecución
es imprescindible revisar tanto el monto como la estructura de esta oferta.
En el año 2000, los programas dirigidos a la población de menos de 14 años

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

247

y los programas universales representaban 80% del gasto social. Por ello, la
principal recomendación es ampliar la cobertura y la calidad de los servicios
sociales con un enfoque de ciclo de vida, de tal forma que se alcancen las
metas en educación y salud al mismo tiempo que se avanza en la protección
de sectores de la población que actualmente reciben menor atención, como
los jóvenes y los adultos.
En el año 2001 entró en vigor una reforma del sistema de seguridad
social, que incluye protección contra riesgos de vejez, discapacidad, cesantía
en edad avanzada, supervivencia, enfermedad, maternidad, infancia y
riesgos laborales. El nuevo sistema está integrado por tres regímenes de
financiamiento: el contributivo, el subsidiado y el contributivo-subsidiado.
El primero incluye a los trabajadores asalariados de los sectores público
y privado, a los empleadores privados y al Estado como empleador. El
segundo protege a los trabajadores por cuenta propia y con ingresos
inestables o inferiores a un salario mínimo, así como a los desempleados,
los discapacitados y los indigentes con cargo al Estado. Y el tercero cubre a
los profesionales independientes, técnicos y trabajadores por cuenta propia
y con ingresos superiores a un salario mínimo, en cuyo caso los asegurados
aportan una cuota y el Estado paga la que correspondería al empleador.
Sin embargo, la seguridad social no ha logrado la cobertura universal,
por lo que será importante estudiar cómo se comportan los regímenes
subsidiado y contributivo-subsidiado, que fueron concebidos como opciones
de aseguramiento para alcanzar este objetivo. Como indican las estadísticas
del empleo en el país, llegar a una cobertura universal implica por una
parte modificar las pautas del empleo formal y de su dinámica y por otra,
un esfuerzo muy grande desde las finanzas públicas.
Como parte de la política social instrumentada para combatir la
pobreza, se han establecido programas de transferencias encaminadas
a garantizar niveles mínimos de ingresos pero condicionadas al
cumplimiento de corresponsabilidades para incrementar el capital
humano de los hogares beneficiados. Esta línea de acción se relaciona
directamente con el cumplimiento de las metas del milenio en materia
de erradicación de la pobreza extrema, asistencia a la escuela, nutrición
y acceso a los servicios de salud. Entre los programas que incluyen
transferencias condicionadas sobresale el Programa Solidaridad, que
incluye tres componentes: Comer es Primero, Dominicanos y Dominicanas
con Nombre y Apellido e Incentivos a la Asistencia Escolar. En Comer es
Primero se realizan transferencias para adquirir alimentos, en tanto que
Dominicanos y Dominicanas con Nombre y Apellido es un programa de
regularización de documentos oficiales (acta de nacimiento, cédula de
identidad y electoral) para garantizar el pleno ejercicio de los derechos
políticos, sociales y legales de la población.

248

CEPAL

La nueva política social contempla también transferencias no
condicionadas o indirectas, tanto focalizadas como universales. Mediante
estas transferencias se pretende garantizar niveles mínimos de subsistencia
para toda la población y están relacionados con la alimentación, la calidad
de los activos que posee la población y el acceso a los servicios de salud y
educación. Entre estos programas destaca el de Comedores Económicos,
que ofrece raciones alimenticias subsidiadas. Asimismo, son importantes
los programas de mercado de productores agrícolas y ventas populares
de alimentos que lleva a cabo el Instituto Nacional de Estabilización de
Precios y los programas de mejoramiento de viviendas. Estos programas
podrían ser objeto de revisión para establecer algún tipo de condicionalidad
en el futuro.
Los nuevos programas de transferencias focalizadas coexisten con
los programas tradicionales, que en algunos casos siguen presentando
problemas de evaluación, seguimiento y transparencia. Tal es el caso de los
programas tradicionales de venta subsidiada o entrega de alimentos por el
Instituto de Estabilización de Precios (INESPRE), los comedores económicos
y el Plan Presidencial de Lucha contra la Pobreza. La estructura operativa
y de organización de estos programas comporta amplios márgenes de
discrecionalidad en materia de asignación, lo que restringe su impacto social
y limita los propósitos para los que fueron diseñados.28
2. gasto público social y la necesidad
El
de un nuevo contrato social
En proporción del PIB, el gasto social de la República Dominicana sigue
siendo uno de los más bajos de América Latina y el Caribe, pese al esfuerzo
realizado por incrementarlo en los últimos tres lustros. En 1990-1991 el
gasto social representaba menos de 5% anual del PIB, participación que
ascendió progresivamente desde entonces hasta llegar a promediar 7,2 % en
el presente siglo. Aun con este aumento, la República Dominicana continúa
ubicándose entre los países de la región que en términos relativos destinan
menos recursos al gasto social (véase el gráfico IV.4). En la actualidad su
gasto social relativo sólo supera al de El Salvador (que ostenta la menor
proporción del PIB asignada a este rubro presupuestario), Guatemala y
Ecuador, y se ubica muy por debajo del de Cuba, donde el gasto social en
promedios anuales alcanza una cuarta parte del PIB, o Brasil, Argentina y
 En conjunto, los programas tradicionales superan en 1.000 millones de pesos dominicanos
a los programas de transferencias condicionadas, que cuentan con 1.500 millones. Por su
parte, los subsidios energéticos representan 2,5% del PIB, valor cercano al gasto combinado
de educación y salud. Los esfuerzos por focalizar estos subsidios no han avanzado a causa
de la resistencia de diversos sectores sociales.

28

249

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Uruguay, cuyos porcentajes oscilan alrededor de 20% del PIB. El promedio
simple del gasto social de América Latina y el Caribe ascendió en 2004-2005
a 12,6% del PIB regional, mientras que el promedio ponderado representó
15,9% (5,5 y 8,8 puntos más respectivamente que la República Dominicana).
Esta circunstancia ilustra la magnitud del esfuerzo que deberá realizar el país
en términos de gasto social para asignar, en el horizonte de 2030, los montos
necesarios para sustentar una política de Estado realmente comprometida
en aras de fortalecer la cohesión social.29
Gráfico IV.4
AMÉRICA LATINA, BRASIL, CUBA, EL SALVADOR Y REPÚBLICA DOMINICANA:
GASTO PÚBLICO SOCIAL COMO PORCENTAJE DEL PIB, 1990-2005
35
30
25
20
15
10
5

RD

BRA

ALC

ES

20042005

20022003

20002001

19981999

19961997

19941995

19921993

19901991

0

CUB

Fuente: CEPAL, sobre la base de información proveniente de su base de datos sobre gasto social.

El nivel del gasto público social dominicano es claramente insuficiente,
lo que incide en los lentos progresos constatados en la reducción de la
pobreza y la desigualdad. Además, como ya se mencionó, la gestión del
gasto público social continúa sujeta a un patrón de políticas contracíclicas,
lo que no permite instrumentar una estrategia compensatoria de riesgos
sociales ocasionales por las variaciones coyunturales de la economía, al
tiempo que ello también socava la capacidad institucional de protección
de los grupos más vulnerables.
En los tres lustros transcurridos desde principios de la década de 1990,
el gasto social por habitante de la República Dominicana se multiplicó por
un factor de 2,8 veces (en dólares constantes). Comparado con el promedio


29

En los últimos 15 años, la importancia relativa del gasto social acumuló un incremento
de tres puntos del PIB, a razón de 0,2 puntos anuales en promedio. Para que la República
Dominicana llegara a equiparar en 2030 el nivel del gasto social que actualmente tienen
países como Argentina y Brasil, sería necesario garantizar a partir de 2008 un aumento
anual promedio equivalente a medio punto porcentual del PIB.

CEPAL

250

simple del gasto social por habitante del conjunto de América Latina y el
Caribe (véase el gráfico IV.5), el indicador dominicano pasó de 26% en 19901991 a 45% en 2004 (y de 15% a 31% con respecto al promedio ponderado de la
región). Este progreso, sin embargo, no impidió que la República Dominicana
continuara estancada entre las ocho naciones con el gasto social por habitante
más reducido en el contexto regional, y una de las doce que en este rubro
gastan menos de 350 dólares anuales por habitante. Esta diferencia es otra
indicación nítida de la magnitud del esfuerzo requerido hacia 2030 a fin de
hacer converger la situación dominicana con los promedios regionales. En
este punto queda nuevamente de manifiesto que además de un problema de
recursos, que son escasos, dicho esfuerzo representa más que nada un reto
de reestructuración de la política social del Estado, incluyendo sus bases
institucionales y los pactos políticos en que se sustenta.
Gráfico IV.5
REPÚBLICA DOMINICANA Y AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE:
GASTO PÚBLICO SOCIAL POR HABITANTE EN 1990-2005
(Dólares de 2000)
700
600
500
400
300
200
100
0
1990-1991 1992-1993 1994-1995 1996-1997 1998-1999 2000-2001 2002-2003 2004-2005
RD

ALC 1

ALC 2

Fuente: CEPAL, sobre la base de información proveniente de su base de datos sobre gasto social.
Notas: ALC 1: Promedio simple de 21 países considerados.
ALC 2: promedio ponderado.

Con todo, es muy importante acotar que en los últimos 15 años se
verificó una tendencia firme a asignar mayores recursos públicos a las políticas
sociales. Más allá de las diferencias de grado existentes de un país a otro,
esta tendencia ha estado presente en el mismo período en la mayoría de los
países latinoamericanos. Sin duda, hay una correlación entre este hecho y el
proceso general de democratización que se constata —independientemente
de las diferencias nacionales— en el conjunto de la región. Ello refleja en
cierto modo la dinámica propia de sociedades más abiertas y con mayores
espacios de participación ciudadana. Como quiera que sea, la mayor
importancia presupuestaria de este capítulo del gasto público ha sido vista

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

251

como un síntoma de escalamiento en el orden de prelación prevaleciente en
la política pública, que ofrece, a su vez, ciertas garantías de financiamiento,
estabilidad y legitimidad institucional para las políticas sociales.30
Ahora bien, la ampliación de oportunidades en un sentido acorde
con la configuración de situaciones de cohesión social, y que por tanto
propicien de manera efectiva la participación de todos los ciudadanos en
el proceso de desarrollo y en el reparto de sus frutos, exige dispositivos
institucionales cuyo diseño, financiamiento y operatividad estén regidos
por principios de universalidad, solidaridad y eficiencia. Los sectores de
destino del gasto público social presentan condiciones muy heterogéneas
en la República Dominicana, con la presencia de actores civiles y políticos
igualmente diferentes, al igual que sus intereses. No hay diseños institucionales
predeterminados; toda nueva configuración, para ser sostenible, debe ser
producto de la construcción de pactos y consensos específicos a favor del
progreso social.
La aplicación de los principios de universalidad, solidaridad y eficiencia
es necesaria para asegurar una orientación crecientemente progresiva del gasto
social. Así, por ejemplo, la universalización de la educación se ha centrado y
ha sido más exitosa en el aumento de la cobertura de la educación primaria y
más recientemente en la secundaria (área en la que las insuficiencias exigen
mayores esfuerzos). Pero el gasto público en los niveles más altos de educación
tiende a ser regresivo, lo que favorece a quienes tienen más recursos. Cerrar
la “brecha educativa” implica —además de atender los problemas sistémicos
de calidad ya señalados y de crear nuevas configuraciones institucionales
para la gestión de los recurso públicos asignados al sector— extender el
impacto redistributivo del gasto hacia los niveles superiores de la educación.
Además de todo ello, está el dilema de los recursos, que es ineludible. La
envergadura de las decisiones a tomar en la perspectiva de 2030 respecto de
este último punto pueden resumirse en el siguiente dato: el gasto público
en educación de la República Dominicana se mantiene desde finales de los
años noventa en torno a 2,6% del PIB, uno de los más bajos índices de la
región; para equipararse con los promedios regionales, será necesario asignar
recursos adicionales por un monto equivalente a dos puntos porcentuales
del PIB (véase el cuadro IV.6).
En el ámbito de la salud, el monto relativo del gasto público dominicano
se mantiene desde la segunda mitad de los años noventa alrededor de 1,5% del
PIB, porción que equivale a menos de la mitad del promedio latinoamericano
ponderado (3,3%). Los retos hacia 2030 concernientes al impacto sobre la
equidad distributiva de este rubro del gasto social se vinculan principalmente


30

Véase el análisis al respecto en CEPAL (2007b).

CEPAL

252

con la atención hospitalaria, cuyos costos de inversión y operación son muy
elevados. Es éste un factor restrictivo en la cobertura de estos servicios, que
suelen concentrarse en las regiones de mayor densidad demográfica y con
mayor capacidad de copago, marginando a la población de zonas periféricas
y rurales (que además suelen contar con menores recursos monetarios). De
acuerdo con un planteamiento de la CEPAL (2008), el desafío en este ámbito
es similar al de otros países de la región: ampliar la cobertura de la atención
hospitalaria combinando regímenes de carácter contributivo (vinculados al
sector formal del mercado de trabajo) y no contributivo, a fin de evitar el
desplazamiento de los segundos por los primeros y reducir la operación de
mecanismos de exclusión social en esta materia.
Cuadro IV.6
REPÚBLICA DOMINICANA Y AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: COMPOSICIÓN
SECTORIAL DEL GASTO PÚBLICO SOCIAL COMO PORCENTAJE DEL PIB, 1990-2005
1990- 1992- 1994- 1996- 1998- 2000- 2002- 20041991 1993 1995 1997 1999 2001 2003 2005
Educación
República Dominicana
América Latina y el Caribea
América Latina y el Caribeb
Salud
República Dominicana
América Latina y el Caribea
América Latina y el Caribeb
Seguridad y asistencia social
República Dominicana
América Latina y el Caribea
América Latina y el Caribeb
Vivienda y otros
República Dominicana
América Latina y el Caribea
América Latina y el Caribeb

1,2
3,2
3,3

1,7
3,5
3,5

2,1
3,6
4,3

2,3
3,8
3,9

2,7
4,1
4,5

2,9
4,4
4,5

3,0
4,7
4,4

2,0
4,6
4,3

1,0
2,3
3,1

1,3
2,6
3,0

1,2
2,6
3,3

1,4
2,4
3,3

1,5
2,6
3,2

1,8
2,7
3,3

1,6
2,7
3,3

1,4
2,7
3,4

0,4
3,2
5,3

0,5
3,7
5,8

0,4
3,8
6,3

0,7
4,0
6,5

0,8
4,2
6,8

1,1
4,3
6,8

0,4
4,3
7,0

1,5
4,2
7,0

1,8
1,0
1,2

2,5
1,1
1,3

3,0
1,1
0,9

2,6
1,2
1,0

2,1
1,2
1,0

2,0
1,2
1,1

2,6
1,3
1,1

2,3
1,3
1,2

Fuente: CEPAL, sobre la base de información proveniente de su base de datos sobre gasto social.
a
ALC 1: Promedio simple de 21 países considerados.
b

ALC 2: promedio ponderado.

El gasto de seguridad social es un área crítica de la política social.
Este capítulo del gasto público es altamente regresivo debido a que el
diseño básico del sistema de seguridad social condiciona las prestaciones
a la capacidad contributiva de los afiliados, que en este caso son quienes
tienen una inserción laboral en el sector formal del mercado de trabajo.
Para compensar este sesgo abiertamente contrario a los principios de
universalidad y solidaridad, en la República Dominicana se han puesto
en marcha diversos mecanismos complementarios de afiliación al amparo
del “enfoque de derechos”. El principal problema a resolver se relaciona

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

253

con el financiamiento. Como se aprecia en el cuadro IV.6, la asignación
relativa de recursos públicos a este rubro es tradicionalmente la más baja
entre los cuatro grandes componentes considerados del gasto social, y es
aquí en donde las diferencias son mayores con respecto a los promedios de
gasto de América Latina. Igual que las otras áreas del gasto público social,
la reforma de la seguridad social tiene fuertes implicaciones en varios
órdenes de la vida pública: en términos de los efectos intertemporales e
intergeneracionales de sus costos y beneficios, y en términos de la configuración
institucional del régimen fiscal. Este último punto remite directamente a la
dimensión tributaria implícita en la necesidad de un nuevo pacto social en pro
de la cohesión.
Hay una fuerte interrelación entre la cohesión social, las finanzas
públicas y la protección social, y ella constituye un referente indispensable
en todo esfuerzo de construcción de un pacto a favor de la cohesión social.
De particular importancia en este pacto es lo referente al régimen tributario.
Se sabe que el financiamiento del gasto social depende básicamente de dos
aspectos: la estructura del mercado de trabajo y la carga impositiva. En la
República Dominicana, entre la mitad y dos terceras partes de los ocupados
se hallan en empleos no protegidos, es decir, carecen de servicios sociales
en tanto que contribuyentes. Para cubrir las brechas de protección que
implica el hecho anterior—más el resto de las implicaciones en términos de
exclusión social derivadas de esta precaria integración laboral de masas— la
única fuente sostenible de financiamiento a la que puede acudir el Estado
es la tributación.
En la República Dominicana la carga tributaria alcanza en el
último quinquenio un promedio de 16,6% del PIB. Es uno de los 11 países
latinoamericanos con una carga tributaria intermedia a un nivel muy por
debajo de 41% de la OCDE, de 36% de la Unión Europea y de 26% de Estados
Unidos y Japón. En el último cuarto de siglo, los ingresos por tributación sólo
se incrementaron en cinco puntos del PIB, desempeño que evidencia algunos
de los principales problemas del sistema impositivo: fuertes cargas indirectas,
beneficios y exoneraciones a favor de sectores de ingreso alto. Se trata en
términos generales de una organización tributaria carente de dispositivos y
propósitos encaminados a lograr la equidad distributiva. De acuerdo con su
nivel de ingreso por habitante, la República Dominicana debería tener una
carga tributaria mayor en cuatro puntos adicionales del PIB. En la perspectiva
de los objetivos de cohesión social hacia 2030, esta meta mínima debería
actualizarse conforme se incremente el PIB per cápita, a fin de que genere al
Estado recursos frescos que financien la reestructuración de los programas
sociales y el desarrollo de sistemas de protección no contributivos. En esta
línea de acción estratégica, es imprescindible aumentar las contribuciones
del impuesto sobre la renta, convirtiéndolo paulatinamente en un gravamen

254

CEPAL

más progresivo de lo que ha sido históricamente. Es difícil pensar en
la viabilidad de una reforma fiscal de este tipo sin la concertación de un
sólido acuerdo entre los principales interlocutores sociales. Tal acuerdo debe
cimentarse en una voluntad política expresa que incluya la reestructuración
del proceso presupuestario considerado en su conjunto: desde su diseño
a su evaluación y rendición de cuentas, pasando por la instauración de
mecanismos de control de calidad en su asignación y ejecución.
La cuestión radica en cómo sellar un compromiso en torno al conjunto
de objetivos identificados en este apartado. Según la CEPAL (2007), un
compromiso de este tipo es factible en la medida en que se comprenda cuál es
el papel y cuáles los deberes del Estado y de los distintos grupos constitutivos
de la sociedad cuando ésta se decide por su propia conveniencia a perseguir
objetivos de cohesión social. Sobre estas bases es posible establecer los términos
de un nuevo contrato social, noción fundada en principios de cooperación y
que, en el sentido metafórico que aquí se utiliza, carece de sentido jurídico.
El término “contrato social” propuesto por la CEPAL tiene gran
pertinencia en relación con los objetivos de cohesión social que se pretenden en
la República Dominicana hacia 2030, pues implica participación, cooperación,
reconocimiento y legitimidad de las acciones a emprender. Implica en
especial una dimensión de inclusión: un contrato de esta naturaleza carece
de sentido si en él no intervienen y hacen oír su voz y valer sus intereses los
sectores que tradicionalmente son objeto de exclusión social. Para decirlo en
los términos de la propia CEPAL: “la perspectiva del contrato de cohesión
social fortalece la concepción participativa o deliberativa de la democracia
ante los poderes públicos”.31 Esta misma perspectiva incluye garantías
político-institucionales de exigibilidad, como la instauración de partidas
presupuestarias adecuadas para garantizar la observancia de los derechos
económicos y sociales y la implementación de las obligaciones asumidas
por el Estado en estas materias.
A fin de asegurar las condiciones políticas necesarias para la
configuración de un clima propicio para la activa promoción de la cohesión
social, la CEPAL ha establecido un conjunto de recomendaciones que tienen
validez para la República Dominicana y que se fundan en los principios
de universalidad, solidaridad, eficacia y transparencia (véase el recuadro
IV.3). Pero más allá de la arquitectura específica que los actores políticos y
sociales dominicanos diseñen para este contrato social, deberán considerar
una serie de condiciones y elementos necesarios para reformar la política
social de su país y diseñar una estrategia sostenible hacia 2030.
 Se entiende que tal participación debe darse dentro de los cauces previstos por la democracia
representativa, y que debe beneficiarse de las articulaciones institucionales establecidas
para canalizar y hacer valer sus planteamientos ante los poderes públicos.

31

255

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Recuadro IV.3
OCHO CONSENSOS RECOMENDADOS POR LA CEPAL PARA
UN CONTRATO SOCIAL A FAVOR DE LA COHESIÓN
•

Garantizar un umbral de protección social a todo miembro de la sociedad.
Deberá ser realista con el nivel de desarrollo y compatible con el margen
viable de redistribución y transferencia entre diversos sectores.

•

Expandir los umbrales de protección, previsión e inversión social, bajo las
mismas condiciones que el punto anterior y resguardando la competitividad
económica y la sostenibilidad del crecimiento.

•

Implementar formas concretas de solidaridad en función de criterios de
edad, género, condición laboral, ingreso y grado de vulnerabilidad.

•

Forjar una institucionalidad social con suficiente autoridad y legitimidad.

•

Hacer valer la solidaridad en la regulación fiscal y tributaria.

•

Velar por la optimización social de los aportes a los sistemas contributivos
sobre principios de solidaridad, evitando deformaciones y abusos, y
salvaguardar los derechos de los contribuyentes.

•

Avanzar en la progresividad del gasto social y la carga tributaria a favor
de los grupos más desprotegidos.

•

Establecer estándares sobre los efectos en materia de cohesión social
que produzcan los incrementos de recursos, que el Estado deberá asumir
como una obligación derivada del pacto.

Fuente: CEPAL, Cohesión social: Inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe (2007) p. 159.

Cuadro IV.7
PRESIÓN FISCAL EN LOS PAÍSES LATINOAMERICANOS DE TRIBUTACIÓN
“INTERMEDIA” Y EN LOS PAÍSES INDUSTRIALIZADOS, 1980-2005
(Porcentajes del PIB. Incluye contribuciones a la seguridad social)
1980
Chile
Costa Rica
Honduras
Panamá
Nicaragua
República Dominicana
Perú
Colombia
Bolivia
México
El Salvador
Promedio simple
Promedio ponderado
OCDE (promedio simple)
UE 15
Estados Unidos
Japón

...
12,9
14,7
...
...
11,4
17,5
...
...
11,9
...
13,7
12,4
32,0
36,0
26,4
25,3

1990
16,3
16,3
15,3
14,7
9,0
11,0
11,6
8,7
8,2
12,6
8,9
12,1
12,3
34,8
39,4
27,3
30,2

2000
17,8
18,0
17,0
16,0
17,5
15,7
14,0
14,1
14,0
12,1
13,0
15,4
13,2
36,3
40,6
26,4
25,8

2005
18,8
13,6a
18,2
14,2
20,1
17,5
15,4
17,6
16,9a
11,0
14,2
16,1
13,4
s/d
s/d
s/d
s/d

Fuente: J. C. Gómez-Sabaini (2007), “Cohesión social, equidad y tributación. Análisis y perspectivas para
América Latina”, CEPAL, Serie Políticas Sociales Nº 127, Santiago de Chile.
a
La información se refiere a 2004.

256

CEPAL

3.
Condiciones y posibilidades de una estrategia
de largo plazo para la cohesión social
La República Dominicana estará en condiciones de lograr una importante
mejora de los niveles de bienestar e incrementar la cohesión social si se
instrumenta una estrategia de desarrollo más incluyente, capaz de aprovechar
el crecimiento económico para la superación de los rezagos sociales, el
fortalecimiento de la identidad cultural y la construcción de una amplia
red de protección social para la población en general.
La evidencia histórica indica que mientras no haya un esfuerzo
sostenido por incrementar el gasto social y mejorar sus mecanismos de
asignación, el crecimiento económico no bastará por sí solo para superar
la pobreza ni para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la
población. El Estado debe asumir una mayor responsabilidad en el
combate a la pobreza y a las diferentes formas de exclusión que afectan a
la sociedad dominicana, pero para que este esfuerzo pueda mantenerse y
dar fruto en el mediano y largo plazo, debe garantizar que contará con los
recursos suficientes para mantener el gasto social necesario para cumplir
con estas metas.
El diseño de una estrategia de desarrollo social de largo plazo deberá
considerar las restricciones económicas y fiscales, junto con las tendencias
demográficas de las próximas décadas. En la República Dominicana se ha
iniciado un proceso de envejecimiento de la población sin que se hayan
erradicado muchos de los problemas sociales y de salud que corresponden
a la etapa anterior, de rápido crecimiento poblacional. La población
comenzará a envejecer y todavía no existe una cobertura universal de
servicios de educación y salud. En virtud de las tendencias demográficas,
la oferta de servicios sociales deberá modificarse drásticamente en la
perspectiva de 2030.
En 2005 la población del país ascendía a poco más de 9 millones
de habitantes. De este total, el 36% tenía menos de 15 años, 60% entre
15 y 65 años, y sólo 4% más de 65 años. En 2030, 26% de la población
tendrá menos de 15 años, 66% estará entre los 15 y los 65 años y 8% más
de 65 años. Es el fenómeno denominado bono demográfico: una situación
en la que el coeficiente de dependencia disminuye como consecuencia del
descenso de las tasas de natalidad. En una economía capaz de generar
empleos suficientes para un numeroso contingente de habitantes en edad
productiva, este período brindaría una excelente oportunidad; en cambio,
en la República Dominicana se podrían acentuar las presiones sobre los
mercados laborales ante un desempeño económico insuficiente para
absorber esta fuerza de trabajo.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

257

En el caso de la República Dominicana, el bono demográfico durará
hasta fines de la década de 2030, cuando el coeficiente de dependencia
volverá a aumentar a causa de la ampliación del porcentaje de la población
mayor de 65 años. Se trata de un período que deberá aprovecharse para
lograr una mejora significativa en los niveles de vida de la población, que
fortalezca el mercado interno, reduzca la vulnerabilidad económica ante
choques externos y permita construir los mecanismos de protección social
adecuados para enfrentar el envejecimiento de la población durante la
segunda mitad del siglo XXI.
Es necesario entender el bono demográfico como una oportunidad
para que el país crezca y fortalezca su cohesión total, pero también como
un desafío, ya que en caso de no lograr ambos propósitos, el incremento
de la población mayor de 60 años y del coeficiente general de dependencia
planteará nuevos problemas a la cohesión social y a la capacidad del Estado
para desarrollar estrategias de inclusión y protección social que hagan
frente al agotamiento del bono. En lo inmediato, un crecimiento que no
genere empleo remunerativo a tasas aceptables, o bien la falta de políticas
públicas activas destinadas a compensar las fallas del sistema económico
-y del mercado en particular- para ofrecer empleos en número y calidad
mínimamente satisfactorios, son factores propicios para configurar un
escenario que derive en movimientos sociales orientados a cuestionar la
legitimidad del sistema político y del propio Estado.
En el mediano y largo plazos, el camino más sólido para construir
una red de protección social de calidad y cobertura universal que incida
favorablemente en la competitividad sistémica del país requiere fortalecer
el sistema de seguridad social. Esta estrategia debe de acompañarse de una
revisión de los programas de transferencias condicionadas y su articulación
con los programas de generación de empleo, de tal forma que el incremento
de la inversión en capital humano pueda aprovecharse en el propio país y
no genere incentivos adicionales a la emigración.
La reforma de la seguridad social de 2001 implantó un esquema
mixto de pensiones, de modo que en el régimen contributivo se abandonó
el sistema de reparto y se lo reemplazó por uno de capitalización individual,
en tanto que se instituyeron las pensiones solidarias para la población pobre,
en particular para adultos mayores, discapacitados y madres solteras. El
costo financiero de la reforma es alto, ya que el Estado dominicano absorbió
el pago de las pensiones del sistema anterior, las cuales fueron indexadas
a la inflación, y se estableció una pensión mínima equivalente a un salario
mínimo del sector público del país.

258

CEPAL

Un primer paso para consolidar la reforma del sistema de seguridad
social es la unificación de los distintos programas de asistencia social
-particularmente los que involucran transferencias a adultos mayores,
discapacitados y madres solteras- para crear un programa único de pensiones
solidarias, tal y como está contemplado en el planteamiento original de la
reforma de la seguridad social. El objetivo de mediano plazo debe apuntar
a poner en práctica un sistema de pensión ciudadana universal para adultos
mayores y discapacitados, complementado con pensiones temporales para
madres solteras y un servicio público unificado de salud con cobertura
universal, que constituyan la columna vertebral del sistema de protección
social del país.
4.
Articulación de las políticas públicas en torno a objetivos
explícitos de reducción de la pobreza, inclusión y cohesión social
En los últimos años, la sociedad dominicana ha tomado conciencia de la
necesidad de invertir en desarrollo social como mecanismo para superar
rezagos que no sólo se han mantenido pese a los años de alto crecimiento
económico experimentado por el país, sino que se han revelado irreductibles
en ausencia de políticas públicas consistentes y con los recursos suficientes
para lograr la erradicación de la pobreza y la disminución de la desigualdad.
Únicamente el Estado, basándose en un consenso político y social amplio
que permita trazar una estrategia de largo plazo, puede emprender un
esfuerzo de esta naturaleza.
De hecho, la nueva política social contiene elementos encaminados
a lograr una reducción de la pobreza, además de que atacan diferentes
formas de exclusión, pero es necesario evaluar su articulación y
llevar a cabo los ajustes institucionales y programáticos que permitan
inscribirlos como parte orgánica de una estrategia de desarrollo
económico y social. Es importante que la política social se inscriba en
una estrategia de largo plazo orientada a alcanzar una inserción más
incluyente y equitativa en la globalización al tiempo que refuerce un
proceso de construcción de ciudadanía para fortalecer la gobernabilidad
democrática del país y mejorar el funcionamiento de sus instituciones
políticas, económicas y sociales, con el beneficio de obtener de manera
sostenida una mayor calidad del gobierno y de las políticas públicas.
Asimismo, es preciso introducir mecanismos eficaces de monitoreo del
desarrollo social, tomando en cuenta la fuerte movilidad de la sociedad
dominicana, la marcada intensidad de sus flujos migratorios y su amplia
apertura externa.
Las Metas del Milenio proporcionan un marco de referencia
trascendente, por el carácter parcialmente complementario de su contenido,

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

259

pero resta definir una estrategia económica y social de largo plazo que
impulse una sinergia entre las políticas económicas y las sociales. En
particular, es necesario revisar no sólo las políticas de gasto, sino también
las fuentes de financiamiento de los programas sociales, ya que las
restricciones fiscales pueden comprometer el éxito de un planteamiento
muy ambicioso de reforma social como el requerido por la República
Dominicana para superar los rezagos históricos y propiciar un crecimiento
sostenible. Dotar a los órganos del Estado de flexibilidad para actuar en
la coyuntura, puede sentar las bases de una progresiva integración entre
la política macroeconómica y la estrategia de desarrollo, teniendo como
pivote de esta integración a la política social y sus compromisos explícitos
de equidad y cohesión social.
i)  Naturaleza transversal de la política social.
 La política social debe incluir como componentes transversales
la equidad social, la equidad de género y la participación
social. En otras palabras, se trata de que todos los programas
sociales consideren explícitamente su contribución a impulsar,
cada uno en su ámbito de acción, estos tres componentes tan
importantes para combatir el deterioro de la cohesión social en
República Dominicana.
Uno de los principales problemas que afecta a la cohesión social es
la brecha de género, situación que se ha ido corrigiendo gradualmente en
el sistema educativo; en cambio, sigue generando obstáculos en el mercado
laboral y su incidencia se amplió por la crisis que afectó al país entre 2002
y 2004. Aun cuando la tasa de participación laboral de las mujeres se ha
incrementado en forma sostenida, persisten barreras que se reflejan en mayores
tasas de desempleo para la población femenina, segregación laboral y menores
ingresos en situaciones similares con respecto a los varones (Montás, 2006).
Al mismo tiempo, se observa un déficit en la representación femenina en
los puestos de elección popular que aleja al país del cumplimiento de los
Objetivos del Milenio en la materia para 2015.
De acuerdo con lo argumentado en este capítulo, aun ante la falta
de crecimiento, las desigualdades y la exclusión social no son el resultado
de meros mecanismos de insuficiencia económica. Por el contrario, el
debilitamiento del impacto del crecimiento económico en el abatimiento de
la pobreza y la desigualdad revela que la principal causa de su persistencia
son las estructuras de sistemática exclusión, reflejadas en la pérdida de
cohesión social, en las percepciones de la población y en los problemas para
la construcción de consensos, debido a una injustificada magnitud de la
pobreza y a amplias desigualdades, que generan un sentimiento de injusticia
que no favorece a la cooperación, la solidaridad y la cohesión social.

260

CEPAL

Es primordial considerar que los distintos programas sociales asuman
de manera explícita un compromiso con el combate de la exclusión por
razones sociales, raciales, religiosas así como la que se practica en perjuicio
de los discapacitados. Para ello será necesario que periódicamente se efectúen
encuestas para evaluar el peso de estos tipos de discriminación, ya que de lo
contrario se estaría subestimando formas de exclusión y de discriminación
ya identificadas como muy relevantes en otros países de América Latina.
La solidaridad social permite asumir responsabilidades basadas en la
confianza, a cambio de reconocimiento y retribución moral. En este sentido,
el comportamiento solidario se fundamenta en la reciprocidad, es decir,
en la percepción de que los demás tamién son capaces de ser solidarios.
Este comportamiento incentiva la participación social, que al establecer
patrones de comprensión del interés general desarrolla una conciencia
cívica acompañada del reconocimiento de los derechos del total de los
ciudadanos. La participación es un mecanismo de reforzamiento de los
lazos de solidaridad, que pueden extender sus redes a las instituciones,
acotando la concentración de las decisiones y extendiéndolas al interés y
la participación social.
La participación social debe ser un vector permanente de los programas
de la política social, ya que contribuye a modificar las relaciones entre Estado y
sociedad de manera constructiva, superando viejas formas de paternalismo y
clientelismo, además de que puede contribuir a generar capital social cuando se
traduce en formas de organización social y comunitaria para la superación de
problemas comunes. Por consiguiente, es recomendable impulsar programas
que generen mecanismos de corresponsabilidad social y comunitaria, y
no únicamente individual o familiar. A este respecto, puede resultar muy
productivo involucrar explícitamente al Congreso y los partidos políticos desde
el principio de la cadena programática: en el diseño y la deliberación en torno
a los objetivos. Lo mismo debe buscarse con la empresa, cuya participación
en los planes de seguridad social y empleo y capacitación es decisiva.
Las evaluaciones de los programas focalizados deberán incluir como
un indicador relevante sus efectos sobre la cohesión social. La experiencia
de otros países latinoamericanos, como en el caso del programa Progresa
(actualmente Oportunidades) en México, revela que en comunidades
caracterizadas por bajos niveles de ingreso, una estrategia de focalización
que deja fuera a hogares que atraviesan una situación de desventaja muy
similar a la de los beneficiarios, puede generar fracturas en la comunidad
y perjudicar la cohesión social. Debe tenerse presente este tipo de efectos
no deseados de la focalización y acompañar los programas focalizados de
transferencias condicionadas con programas universales que contemplen
trabajo de equipo y decisiones comunitarias, con objeto de aprovechar

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

261

aquellas redes de solidaridad que han demostrado ser uno de los principales
activos con que cuentan los pobres.
ii) Coordinación de políticas y programas.
 El diseño institucional es clave para lograr un eficaz diseño e
instrumentación de políticas y programas, pero sobre todo para
permitir que su adecuada coordinación y articulación potencie
los resultados de la política social. El diseño institucional debe
favorecer la complementariedad de las distintas acciones de
política, la articulación de los programas, el monitoreo continuo y
la evaluación oportuna. Además de las instancias de coordinación
general (Gabinete de Coordinación de Políticas Sociales) es valioso
contar con instancias de coordinación regional, intersectorial
e intrasectorial.
La orientación sectorial y territorial del gasto conlleva también impactos
progresivos o regresivos. Así, la regulación clara y exigible “en el ámbito
de los pasivos contingentes explícitos”, cuando diversos agentes públicos
y privados participan en la provisión de estas prestaciones, constituye en
elemento relevante para la cohesión social.
La territorialización de la política social ofrece una opción de
focalización que no pone el énfasis en los individuos ni en las familias,
sino en las regiones. Las diferencias regionales también dan una pauta
para alcanzar la equidad y la universalidad de una política social que
genere cohesión. Puede presentarse un fuerte sentido de pertenencia en
el interior de las comunidades, pero con grandes fragmentaciones entre
grupos, por exclusión y discriminación étnica, socioeconómica, de género,
o geográfica. La territorialidad puede complementar los programas de
transferencias directas e indirectas mediante programas de infraestructura
rural y urbana, que contribuyan directamente a reforzar los logros de las
políticas de salud y educación. La República Dominicana cuenta ya con un
ejercicio de cálculo del índice de calidad de vida (ICV) a nivel de regiones,
provincias, municipios y en el ámbito de las áreas urbanas y secciones.
Dispone además de un atlas de pobreza (Oficina Nacional de Planificación,
2005a), que representa la base para una estrategia territorial orientada a
articular un conjunto de programas con el objetivo de hacer retroceder
las disparidades en el grado de desarrollo de las diferentes regiones y
provincias del país (Oficina Nacional de Planificación, 2005b).
Es necesario contar con sistemas de información adecuados para
monitorear el avance y los resultados de los diferentes programas, pero
también para evaluar su coordinación y grado de complementariedad.
Se debe evitar que los programas generen incentivos contrapuestos, pues

262

CEPAL

de lo contrario el saldo final de la política social en su conjunto puede
ser indeterminado. A título ilustrativo, debe cuidarse que aquellos
programas creados para beneficiar a la población no abarcada por los
programas de seguridad social para los trabajadores del sector formal,
como el régimen subsidiado de seguridad social, no generen incentivos
a favor de la informalidad laboral. Uno de los objetivos compartidos de
las políticas económicas y sociales consiste en revitalizar el crecimiento
del empleo en el sector formal de la economía, para estimular en el largo
plazo la ampliación de la base gravable y garantizar mayor estabilidad y
protección legal para los trabajadores. Al respecto, y también para fines
de evolución de las políticas sociales, es necesario construir un sistema
nacional de indicadores que dé cuenta periódica del estado que guarda
la cohesión social en el país. Tanto la CEPAL como la Unión Europea han
desarrollado metodologías apropiadas para la construcción de este sistema
estadístico y de información.
iii)Marco legislativo y normativo.
 La institucionalización de la política social debe ser producto de un
consenso amplio de las distintas fuerzas políticas y sociales de la
República Dominicana en torno a la necesidad de contar con una
política social de Estado que trascienda los cambios en el gobierno
y garantice la continuidad de los principales programas sociales,
sin que ello signifique no efectuar los ajustes y las modificaciones
que éstos requieran.
La ciudadanía moderna supone la plena universalidad de los
derechos civiles, políticos económicos, sociales y culturales, cuyo ejercicio
implica el reconocimiento de cada uno de los miembros aun cuando existan
diferencias geográficas, étnicas, de género o de estratificación social. Se
debe actuar propiciando corresponsabilidades dentro y entre los grupos. La
fundamentación de la política social reposa en la definición de los derechos
sociales centrales y en los mecanismos para garantizar su exigibilidad por
parte de los ciudadanos. Según se señaló, este paso, de enorme trascendencia
para el país, deberá estar condicionado a un esfuerzo fiscal adicional, que
necesariamente involucra una reforma al sistema tributario y a los principales
impuestos que actualmente constituyen la base de la recaudación de la
República Dominicana.
La posibilidad de disponer de los medios de inclusión socioeconómica
es una necesidad básica de los derechos sociales, que el Estado debe promover
mediante la integración laboral, el acceso al conocimiento y a la información,
así como a las redes de protección social. Al incrementar las capacidades
de los grupos excluidos, se induce una mayor presencia de éstos en las
decisiones que inciden en las políticas distributivas.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

263

Con todo, es conveniente aclarar que puede resultar tan negativa
la ausencia de legislación en materia de políticas y derechos sociales
como su exceso. La legislación debe ser clara en definir derechos sociales
y asignar responsabilidades a las diferentes dependencias públicas que
intervienen en el proceso de formulación, operación y evaluación de la
política social a través de sus diferentes programas sociales; en determinar
las competencias y las instancias de planeación y coordinación entre los
distintos ámbitos de gobierno; en definir mecanismos de rendición de
cuentas, de transparencia y acceso a la información, de contraloría y
participación social. Pero también el marco legal debe ser suficientemente
flexible, de tal forma que permita ajustar y reemplazar programas
sociales de acuerdo con las necesidades de la población. Idealmente,
debe distinguir entre programas temporales dirigidos a superar rezagos
acumulados, y programas permanentes, que formen parte de la red de
protección social, con cobertura universal y con una oferta de servicios
diseñada con base en un enfoque de ciclo de vida, para atender las
necesidades de los diferentes grupos de edad.
5. 
Ejes estratégicos de la política social y definición
de metas de corto, mediano y largo plazo
Para hacer frente al doble desafío de superar los rezagos acumulados y
contribuir a un nuevo estilo de desarrollo -más incluyente y orientado a
fortalecer la cohesión social en un entorno internacional más competitivo
y en muchos aspectos también más adverso-, la política social deberá
apoyarse en tres ejes que garanticen su continuidad y su contribución
efectiva al cumplimiento de metas de mediano y largo plazo en materia de
superación de la pobreza, reducción de la desigualdad y fortalecimiento
de la cohesión social.
La coordinación de los tres ejes deberá procurar su refuerzo mutuo
y contribuir a la consolidación de una estrategia integral, que mejore los
indicadores básicos de bienestar, pero también aporte a la gobernabilidad
democrática y a la competitividad económica. En el largo plazo, el éxito de
la estrategia depende de crear un círculo virtuoso entre el eje político, el eje
económico y el eje social, para así garantizar un desarrollo sostenible sobre
bases más competitivas de cara a las transformaciones que están teniendo
lugar en la economía mundial. Esto supone altos grados de coordinación
de las políticas públicas, en especial en cuanto a la compatibilidad y
armonización de sus metas y objetivos, que de acuerdo a este enfoque
deberán estar organizados en función de logros de cohesión social
específicos y mensurables.

CEPAL

264

a) Eje político

El objetivo principal apunta a contribuir al fortalecimiento de la
institucionalidad democrática, en el marco de un proceso de construcción
de ciudadanía que garantice el pleno ejercicio de los derechos sociales a
partir de una nueva relación entre el Estado y la sociedad basada en la
corresponsabilidad. Un objetivo específico consiste en reforzar vínculos
sociales y comunitarios -siguiendo un principio de equidad- y en robustecer
las redes de solidaridad.
Conviene no olvidar que el ejercicio efectivo de los derechos
civiles y políticos fundamentales es una condición sin la cual los avances
en materia de derechos sociales universales y exigibles, base de todo
Estado de Bienestar digno de tal nombre, no pueden considerarse sólidos
ni consolidados.
Existe consenso con relación al efecto de las redes sociales sobre el
progreso económico. Su elemento principal es la confianza, como la que
fundamenta la reputación en la teoría de juegos. Pese al efecto negativo
causado por su pérdida, esta situación también puede extenderse al
desempeño económico y al marco institucional. En este sentido, tanto “el buen
comportamiento, como el malo es influido por alguien dentro de la red [...]. Si
el buen comportamiento se difunde, también lo hará el malo” (Arrow, 1999).
Lo mismo sucede con la inequidad en la distribución del ingreso: “si
la pobreza estructural se perpetúa debido a la existencia de mecanismos
que [la] reproducen de una generación a otra, una parte de la población no
[...] encontrará caminos para salir de esa situación. [Las necesidades básicas
motivarán atajos para percibir ingresos y], se crean visiones negativas y
conductas desviadas y anómicas, que muchas veces se hacen normales o
aceptables para quienes las practican.”32
Las redes de solidaridad constituyen una de las principales formas de
capital social que deberán promoverse y consolidarse. Los programas sociales
de desarrollo regional y aquellos que están encaminados a mejorar indicadores
de educación y salud, deberán trascender el sesgo individualista de los
programas focalizados, para generar espacios de convivencia, contraloría
social y discusión de prioridades entre los beneficiarios de los programas.
Al mismo tiempo, son mecanismos aptos para prevenir la utilización con
fines políticos de los programas sociales, además de que fortalecen una
cultura de la transparencia y la rendición de cuentas.

 CEPAL (2007), p. 66.

32

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

265

Se ha reconocido que el capital social es, en muchas ocasiones, un
efectivo y “poderoso disuasivo” del comportamiento depredador por parte
de empresas, individuos o el Estado. Sin embargo, mal orientado puede ser
un instrumento para obtener beneficios privados y políticos abusando de
las fallas de acceso a la información, o bien puede distribuir desigualmente
el poder en el interior de las organizaciones (Díaz-Albertini, 2003).
Es conveniente insistir en que la República Dominicana necesita definir
mecanismos garantes de que el gasto social no resultará afectado, o lo será
lo menos posible, cuando se presenten choques externos.
Los derechos deben jerarquizarse en torno a prioridades, puesto que
los recursos públicos son escasos, será necesario focalizarlos estableciendo
mecanismos de selectividad y prioridad para asegurar la continuidad y
un gasto contracíclico.
El compromiso político en torno al gasto social debe traducirse en
una política de Estado que lleve a blindar hasta donde lo permitan el marco
jurídico y las restricciones fiscales los montos destinados a los principales
programas sociales. Es evidente que cuanto mayores sean los ingresos
fiscales, mayor será también su capacidad de sostener el crecimiento del gasto
social y de resguardarlo de los choques externos que afecten el desempeño
económico general del país.
Las desigualdades se han acentuado también por la contingencia
económica en toda la región latinoamericana, pero los sistemas tributarios
esconden consecuencias regresivas en varios de sus países. Por ello, es
pertinente destacar que una reforma fiscal será mucho más viable desde el
punto de vista político si se la plantea directamente vinculada a la obtención
de beneficios sociales definidos. El tipo impositivo medio del impuesto al
valor agregado (Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados
y Servicios en República Dominicana) es de 16%, un punto porcentual
por encima del promedio regional, mientras que tanto la tasa máxima del
impuesto sobre renta de las personas como del impuesto sobre la renta
de las corporaciones es de 25%, por debajo de la media latinoamericana
(Secretariado Técnico de la Presidencia, 2005).
La desgravación arancelaria acordada en el Tratado de Libre
Comercio entre la República Dominicana, Centroamérica y Estados
Unidos (DR-CAFTA, por sus siglas en inglés) y la eliminación de la
comisión cambiaria acarrea pérdidas tributarias por 2,9% del PIB,
situación que obliga a llevar a cabo una reforma fiscal incluso si el objetivo
a alcanzar es mantener los ingresos públicos en sus niveles actuales. Se
han analizado diferentes escenarios de ampliación de la base del ITBIS

CEPAL

266

que sugieren un gran potencial recaudador del tributo, pero a costa de
un empeoramiento en la equidad distributiva de la carga impositiva, ya
que los productos actualmente exentos de su aplicación son alimentos
que representan un alto porcentaje del gasto de los hogares más pobres.
Es necesario tomar en cuenta el eventual impacto de una reducción de
los aranceles de importación sobre los precios de los bienes finales y en
qué medida ello compensaría un incremento del ITBIS. Para alcanzar los
objetivos redistributivos congruentes con la estrategia económica y social,
se requeriría de medidas complementarias para gravar a los estratos de
más altos ingresos, por ejemplo mediante un impuesto a los hidrocarburos
(Isa-Contreras, Lizardo y Féliz, 2005).
Cabe señalar que en materia de seguridad social, la tendencia de los
últimos años apunta hacia destinarle un mayor financiamiento público para
poder extender sus beneficios a la población sin capacidad contributiva.
Aun así, esta circunstancia debe evaluarse a la luz de sus potenciales efectos
sobre la inhibición de la generación de empleos formales. En particular, la
existencia de un sistema de capitalización individual tiene que emplearse
como un pilar complementario de una pensión ciudadana a la que tengan
derecho todos los ciudadanos, lo que necesariamente debería ser un
beneficio condicionado a una reforma fiscal de amplio alcance.
En el eje político de la estrategia, el objetivo debe ser alcanzar el actual
promedio latinoamericano de gasto social, que oscila en torno a los 15 puntos
porcentuales del PIB. No es una meta fácil de lograr en el corto plazo, pero
sí es viable para el 2030 si se combinan una reforma fiscal que aumente
los ingresos del Estado, un buen desempeño de la economía dominicana
durante el próximo cuarto de siglo (o sea, un crecimiento del producto por
habitante como el establecido en el escenario posible del capítulo I) y una
merma del peso de la deuda pública y de otros pasivos contingentes que
permitan reasignar recursos hacia el gasto social.
En este sentido, una tarea política prioritaria del Estado, los partidos
y la sociedad civil es afianzar el papel central del presupuesto público como
la arena para la concertación política y social. El presupuesto representa un
mecanismo fundamental para acercar las prioridades de la sociedad a las
decisiones políticas, y a la asignación y distribución de los recursos.
b) Eje económico

Hasta ahora ha sido notable la insuficiencia del dinamismo económico
para reducir la pobreza. Su permanencia por largos períodos genera un núcleo
duro que reproduce las condiciones de exclusión social y cada vez exige un
mayor crecimiento para abatirla. La inestabilidad del crecimiento económico

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

267

merma el sentido de pertenencia al derivar en inestabilidad laboral; este
proceso conduce a una contracción de los ingresos percibidos y a dificultar
el acceso a la seguridad social, lo que genera mayores desigualdades sociales
y por ende un sentimiento de exclusión más profundo, junto con la pérdida
del sentido de pertenencia.
Se ha visto que si bien el crecimiento económico es una condición
necesaria, no es suficiente para poder combatir la pobreza y mitigar la
desigualdad. En el futuro, el desarrollo de los factores que incrementan la
productividad del trabajo debe ser la principal fuente de competitividad
del país. Al mismo tiempo, se requiere el aumento sostenible del empleo
remunerativo, una mayor calificación de la fuerza de trabajo y acceso a
servicios básicos que inciden positivamente en la productividad de la
fuerza laboral.
Es necesario tener en cuenta que si se desplaza el empleo hacia sectores
productivos más modernos, con mayor dotación de capital por hombre, su
crecimiento puede tornarse lento. El ejemplo extremo es la agricultura, donde
el incremento de la productividad pasa necesariamente por una modernización
de los sistemas de producción y la incorporación de la tecnología y de mejores
insumos, con los consiguientes menores requerimientos de mano de obra.
Para evitar que la modernización tecnológica y la mayor productividad
media del trabajo se traduzca en un nuevo tipo de desempleo, es necesario
impulsar el crecimiento del empleo rural no agropecuario, de tal forma que
se genere una red de servicios para la población rural que eleve a su vez la
productividad media del sector y brinde opciones de empleo a la población
que en otras circunstancias se vería obligada a migrar a las zonas urbanas
o fuera del país.33
El principal objetivo del eje económico de la estrategia es impulsar
un estilo de crecimiento económico compatible con la generación de empleo
bien remunerado. Para generar este tipo de empleos, la inversión en capital
humano deberá incrementarse, al tiempo que vaya acompañada de proyectos
de desarrollo de actividades para ocupar esa fuerza de trabajo más calificada,
pues de lo contrario se estarán generando incentivos adicionales para la
emigración. El desarrollo moderno entraña una sostenida diversificación
de la economía y de la estructura productiva, para lo que se debe dejar
atrás visiones elementales sobre una especialización lineal que sólo propicia
modernizaciones epidémicas de la estructura productiva y social
Las tendencias recientes en la República Dominicana indican que el
dinamismo de la economía se traduce en un crecimiento mucho más lento
 Véase el capítulo V de este mismo libro.

33

CEPAL

268

del empleo formal. Durante 2005 el PIB creció más de 9% anual; en cambio,
el empleo sólo avanzó 0,5%. En consecuencia, la población económicamente
activa sigue expandiéndose a una tasa muy superior (2,1) a la generación
de empleos. El gran desafío de la política económica es identificar aquellas
actividades económicas con mayor potencial en la generación de empleo
en el contexto de apertura comercial vigente, que se profundizará con la
operación del DR-CAFTA (Sánchez, 2006).
En el largo plazo, la competitividad de la economía dominicana
deberá descansar en el crecimiento de la inversión y de la productividad
del trabajo. La competitividad basada en las bajas remuneraciones al trabajo
muestra claros signos de agotamiento en toda la región latinoamericana
tras el ingreso en gran escala de China y otras economías emergentes en el
comercio internacional, según se analiza en el capítulo VIII de este libro.
c) Eje social

La mala distribución de la riqueza sólo se corregirá brindando mejores
oportunidades de acceso a los mercados laborales, que es una manera
directa de inclusión social y de incentivar la participación. En ese sentido,
las políticas encaminadas a incrementar la inversión en capital humano
-principalmente en materia de educación, salud y alimentación- deben
ser componentes esenciales de una estrategia que privilegie la creación
de empleos mejor remunerados, lo que a su vez sólo se logrará mediante
incrementos sostenidos en la productividad.
La estrategia de desarrollo debe tomar en cuenta las tendencias recientes
de los mercados laborales, que evidencian cada vez mayores dificultades
para la generación de empleos en el sector formal. En el largo plazo, deben
corregirse esos sesgos negativos, para lo cual será necesario revisar las normas
laborales y sociales, incluidos los sistemas de protección social ante la vejez,
la enfermedad y el desempleo, la negociación colectiva de los contratos, el
sistema impositivo. También se requiere combatir la desigualdad horizontal,
como la discriminación por razones de género y de raza.
La educación y la salud deben ser garantizadas mediante programas
de cobertura universal, combinados con programas focalizados de reducción
de la pobreza extrema y con programas de desarrollo regional que permitan
superar los rezagos de las regiones más pobres del país e impulsen su
inserción más dinámica en los mercados nacionales e internacionales.
La política de combate a la pobreza debe inscribirse en el marco de una
política social más amplia, que combine programas focalizados -dirigidos
a la población en situación de pobreza y a los grupos más vulnerables- con

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

269

programas universales que permitan construir un sistema de protección
social para todos los dominicanos. Al mismo tiempo, las políticas y los
programas sociales deben contribuir a fortalecer la cohesión social y a
superar los problemas derivados de las múltiples formas de exclusión que
afectan a la sociedad dominicana.
En esta necesidad de construir mecanismos institucionales y políticos
destinados a ampliar y profundizar la solidaridad social y nacional, coinciden
prácticamente todos los observadores, analistas y activistas de la sociedad
civil dominicana a los que se tuvo acceso. Darle al objetivo de fortalecer la
cohesión social una centralidad política clara, es también un propósito que
anima a importantes actores políticos y burocráticos.
En este aspecto también es ineludible prestar atención prioritaria a las
condiciones sanitarias básicas, cuya precariedad y escaso alcance, así como
su distribución asimétrica, son señalados con insistencia como los factores
principales para explicar estas disonancias entre grado de desarrollo humano,
crecimiento económico y condiciones básicas de la infraestructura social.
Las asimetrías en la dotación de infraestructura sanitaria entre el campo y
la ciudad tienen que atacarse mediante inversiones y modelos de atención
adecuados para la población rural. Ésta es la única forma de mejorar los
indicadores sanitarios y erradicar aquellas enfermedades transmisibles que, a
pesar de ser fáciles de prevenir, siguen afectando a la población del país.
En el eje social, las metas de mediano plazo deben ser consistentes con
los Objetivos del Milenio, de tal forma que se alcance en 2015 la reducción
de la pobreza extrema a la mitad, no sólo de acuerdo con el criterio de
la población que percibe ingresos por debajo del dólar de paridad de
poder adquisitivo, sino de acuerdo con la línea de pobreza definida por
la República Dominicana (Secretariado Técnico de la Presidencia y Oficina
Nacional de Planificación, 2005).
La superación de la desnutrición deberá enfrentarse a la superación
de problemas de diversa índole. Aunque el gobierno invierte ya importantes
recursos en los programas de asistencia alimentaria, no existen mecanismo
de coordinación e intercambio de información en los distintos programas de
asistencia alimentaria; en algunos programas no están claramente definidas
las prioridades geográficas y poblacionales; falta por establecer o precisar
claramente los criterios de selección y el registro de la población beneficiaria,
así como las metas específicas.
Es importante que los programas aporten la información relevante
para su evaluación y seguimiento, y que se pongan en operación sistemas
de monitoreo y evaluación tanto para tener estimaciones confiables del

270

CEPAL

impacto como para disponer de elementos que mejoren el funcionamiento
de los programas (Valdez, 2005). Así, la política social ya no sería un
tema especializado sino un asunto debatible por la opinión pública, que
involucre a los beneficiarios y que constantemente sea motivo de reflexión
en diversos ámbitos. Únicamente mediante una cultura política que entienda
la prestación de determinados bienes y servicios sociales como un derecho
exigible, podrá la ciudadanía involucrarse y demandar una rendición de
cuentas acorde con la consolidación de una cultura democrática. Se trata
de un desafío que trasciende la esfera asistencial e involucra una nueva
manera de concebir la globalización e insertarse en ella, así como de
relacionarse con el Estado. En esta perspectiva, los propósitos de desarrollo
con cohesión y equidad sociales exigen desplegar un vasto y sostenido
esfuerzo cultural, tanto en la dimensión político democrática y del servicio
público, como en la que se determina cada día más intensamente en las
relaciones multidimensionales que produce y reproduce la globalización
de la economía y la sociedad dominicanas.

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La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

273

Capítulo V

Consideraciones sobre la cohesión territorial

A.

Acerca de la economía y la cohesión territoriales

1.

Sobre el enfoque de este estudio

La perspectiva de estas consideraciones sobre el territorio es de naturaleza
económica. Este señalamiento es, sin duda, demasiado general, pero así se
quiere indicar que el concepto de territorio constituye un componente básico
del modo en que se establecen las actividades económicas y se estructuran
las relaciones sociales de producción y, por ello, forma parte del proceso
mediante el que se genera y se distribuye la riqueza y el ingreso. Por ende,
el territorio es un factor que incide en el incremento de la productividad y
en la capacidad para crear un mayor nivel de bienestar para la población.
En ese mismo sentido se entiende la cohesión territorial, es decir, como
aquella situación que en su conjunto favorece las condiciones para el crecimiento
de la actividad productiva y del empleo en un horizonte temporal y espacial
sostenible. Para ello se deben considerar, entre otros elementos, el modo de
comportamiento de los actores económicos, las medidas de la política pública,
las formas de funcionamiento de los mercados (laboral, de bienes y servicios
y financiero) y el entorno institucional que hagan factible dicho proceso.
Una gestión eficiente del territorio incluye muy distintos factores, entre
ellos, por lo menos: la población (su dinámica, ubicación y desplazamientos
en el espacio), la localización de los asentamientos urbanos y los centros de

274

CEPAL

producción, el acceso, apropiación y conservación de los recursos naturales,
el uso del suelo y la determinación de su oferta y demanda, así como la
segmentación de los mercados, las normas que regulan la localización de
las actividades económicas y el efecto de las relaciones con el exterior.
La gestión que se emprende desde el Estado, y que puede contribuir
a una mayor cohesión territorial, es un medio para provocar la convergencia
en las rutas de crecimiento y desarrollo a escala geográfica, es decir, entre
las regiones y las localidades que conforman un país (un proceso que puede
ocurrir aun entre países); o sea, se trata de acciones que inciden en los niveles
de la calidad de vida y las oportunidades de la gente. Este aspecto es de
especial relevancia en aquellas situaciones en las que una sociedad presenta
amplios grados de desigualdad social.
La cohesión territorial es, igualmente, un elemento clave para conseguir
un mayor empleo de la fuerza de trabajo y una mejor articulación de las
actividades productivas. Se ubica, pues, en el ámbito de la operación de
los mercados y se define en función de la eficiencia y la rentabilidad de las
inversiones. Estas características se consideran en el marco de un modo específico
del uso del territorio en el que dichas actividades se asientan. De tal manera,
la cohesión territorial puede plantearse como uno de los elementos clave de
la productividad y, por lo tanto, de la competitividad, en especial respecto de
las economías que funcionan con un alto grado de apertura hacia el exterior.
Esta propuesta para abordar el asunto de la cohesión territorial en la
República Dominicana desde un punto de vista económico tiene, igualmente,
un objetivo ordenador, pues es claro que el uso del territorio abarca un
amplio conjunto de componentes, muchos de los cuales caen fuera de la
atención de este trabajo.
La noción de cohesión territorial se refiere a un proceso complejo1
por el cual se disponen los elementos y actividades que la conforman en un
espacio geográfico determinado. Esa conformación expresa y proyecta en
términos espaciales la definición, el contenido y las formas de aplicación de
las políticas públicas y los objetivos de desarrollo sostenible en el conjunto
de las dimensiones que la integran (económicas, financieras y ambientales)
y en el seno de la sociedad en que se arraigan.


1

Se considera aquí la complejidad en el sentido que propone Edgar Morin, en cuanto a que
ésta no elimina la simplicidad, sino que aparece ahí donde el pensamiento simplificador
falla, pero integra todo lo que pone orden, claridad, distinción, precisión en el conocimiento.
Mientras que el pensamiento simplificador desintegra, el pensamiento complejo integra lo
más posible los modos simplificadores de pensar, al tiempo que rechaza las consecuencias
reduccionistas de una simplificación que se toma por reflejo de lo que hubiere de real en
la realidad. Véase, E. Morin (2003).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

275

El proceso de cohesión del territorio se articula, también, con las
decisiones que toman y las acciones que emprenden las familias y las
empresas y, de tal manera, se desenvuelve en el ámbito del mercado. Es
ahí que se vinculan con las distintas formas que adopta la estructura de los
mercados, con los patrones de consumo y de la distribución del ingreso y
con el entramado institucional prevaleciente.
En todo caso, las medidas que involucran a la cohesión territorial
pueden apreciarse como partes que constituyen una política de Estado y
como un instrumento de la planificación dirigido a conseguir una adecuada
organización político-administrativa a escala local, regional y nacional.
El ordenamiento del territorio a partir de sus unidades básicas –por
ejemplo, la municipal o distrital- comprende un conjunto de medidas de
gestión y de planeación concertadas y coherentes, emprendidas por las
autoridades para disponer de instrumentos eficaces de orientación del
desarrollo del ámbito geográfico bajo la jurisdicción de cada una de ellas,
lo que comprende: la regulación del uso, ocupación y transformación de
su espacio físico, considerando también las condiciones que enmarcan su
historia y su cultura.
El ordenamiento del territorio tiene por objeto dar a la actividad del
Estado en el campo de la planeación económica y social y de la promoción
del desarrollo una dimensión geográfica específica y, por lo tanto, debe ser
resultado de una efectiva participación de los diferentes actores sociales y
agentes económicos relacionados con la dinámica espacial.
Este trabajo se emprende apenas como un acercamiento a las condiciones
que enmarcan la cohesión territorial en la República Dominicana. Su contenido
presenta, a manera de referencias básicas, ciertas consideraciones de carácter
analítico con respecto a los elementos que definen esa cohesión, incluyendo
los que corresponden a la organización política del territorio. Se utilizan
algunas de las contribuciones hechas en el campo de la gestión territorial
y de asuntos afines y se considera el resultado de algunas las experiencias
emprendidas por diversas dependencias públicas en el país para abordar
este tema.2 Se plantean las necesidades para establecer un sistema de gestión
territorial con un carácter más integrado dentro del sector público. Esta cuestión
abarca aspectos tales como la generación de sistemas de información regional
y la configuración de un entorno institucional que facilite la aplicación de
políticas de naturaleza territorial que tiendan efectivamente a una mayor
cohesión. La intención es presentar una serie de argumentos que estimulen


2

Esta parte es resultado esencialmente de un amplio conjunto de entrevistas realizadas con
funcionarios públicos, académicos y representantes empresariales en Santo Domingo y
Santiago (19 a 23 de septiembre de 2006).

CEPAL

276

la discusión sobre el tema de la gestión territorial y la toma de decisiones
políticas y administrativas para su aplicación.
2.

Sobre el ámbito territorial

Ha dicho Michel Foucault (1992) que es necesario hacer una crítica de la
descalificación del espacio que se ha extendido por varias generaciones.
El espacio es lo que estaba muerto, fijado, no dialéctico, inmóvil. Por el
contrario, el tiempo era rico, fecundo, vivo, dialéctico. Es de esa forma, al
margen, como el análisis económico trató durante mucho tiempo de manera
convencional al espacio, como una dimensión fija y homogénea, mientras
que el tiempo era de una de naturaleza tal que entrañaba la capacidad de
cambio y era el entorno en el que ocurría el crecimiento. Pero, cada vez más,
el espacio, en su expresión geográfica y territorial, se constituye como un
elemento integral de las consideraciones acerca de los procesos sociales y
económicos y de la gestión estatal.
El geógrafo Yves Lacoste (1990) señaló expresamente que: “La
articulación de conocimientos referentes al espacio, a la geografía, es un
saber estratégico, un poder. Consideraba, así, a la geografía de los estados
mayores con la que se deciden las estrategias y las tácticas partiendo de los
mapas; o bien la que practican los políticos que estructuran el espacio en
provincias o distritos y así organizan al Estado y, finalmente, la que plantean
los directores de las grandes empresas productivas y financieras que deciden
sobre la localización de las inversiones y las corrientes de los capitales en
los planos local, regional, nacional e internacional.
A los planteamientos de la teoría económica usualmente les suele
faltar la consideración explícita de la naturaleza espacial de las actividades
productivas y los distintos elementos que la conforman. En consecuencia, se
piensa como si el asunto referido al lugar, es decir, ahí donde se realizan dichas
actividades y se genera la ocupación de la fuerza de trabajo, se resolviera
mediante los mecanismos automáticos con los cuales se supone que funcionan
los mercados.3 De tal forma, los mercados asignarían de manera eficiente los
recursos disponibles en una serie de usos alternativos, incluyendo lo relativo
a la misma localización territorial, considerando los mecanismos usuales
de optimización, pero sin ninguna determinación geográfica específica.
Luego, la cuestión territorial se convirtió por mucho tiempo en un
asunto tratado por los estudios regionales, o bien, en un tema concerniente


3

En este sentido ha habido poca relación entre los planteamientos derivados de la Economía
y los de la Geografía Económica, asunto que ha empezado a modificarse apenas en las
últimas dos décadas. Una referencia rápida sobre este tema es Edgard Moncayo J. (2001).
Para un análisis más específico, véase Ron Martin (1999).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

277

al campo de atención de otras disciplinas, como la geografía, más allá de
las prácticas y las doctrinas económicas.
La cuestión regional fue atendida en una etapa por la política económica,
incluyendo aspectos característicos de la planificación y de la gestión de
proyectos con un carácter territorial. Esa dimensión regional se contrajo
posteriormente hasta reducirse a una consideración muy limitada, con el
cuestionamiento que cada vez se fue formulando a la intervención estatal
en la economía y con la aplicación de medidas de reforma económica y
desregulación de los mercados, como ha ocurrido de modo generalizado
durante casi las cuatro últimas décadas.
Pero, para que una política estatal asuma carácter regional debe
formularse e instrumentarse con esa intención explícita y con los mecanismos
idóneos de intervención que consideren el modo de operación de los mercados.
Su efectividad debe apreciarse mediante criterios específicos derivados de
cómo se diseñan y ejecutan ese tipo de políticas públicas.
En la concepción de los espacios isotrópicos —aquellos en que todos los
lugares se consideran iguales para efectos de la ubicación de las actividades
productivas— se basaron durante mucho tiempo los modelos económicos
que trataban sobre los procesos del crecimiento y el desarrollo, y sobre la
determinación de los patrones de la especialización y de las corrientes del
comercio internacional.
No obstante, los diversos costos asociados con las divergencias
territoriales son reales y establecen diferencias efectivas en la utilización
económica del espacio. La localización de las actividades económicas ejerce
su influencia sobre los asentamientos de la población, la dinámica de la
producción, la rentabilidad de las inversiones, las oportunidades de empleo,
el uso de los recursos y la distribución de la riqueza.
Este efecto del territorio, derivado de las condiciones mismas en
que se realiza la actividad productiva (nos referimos de modo específico
a las distintas repercusiones provocadas por los patrones de la división
del trabajo y la especialización, la existencia de rendimientos crecientes de
escala, el efecto de las economías o deseconomías externas y su expresión en
la aglomeración espacial), cuestiona la presunción de una tendencia natural
al equilibrio en el funcionamiento del sistema económico, del que se derive
la posibilidad de alcanzar un mayor grado de equidad social. En cambio,
se advierte la tendencia a persistir las desigualdades, no sólo en cuanto al
desenvolvimiento a lo largo del tiempo de las actividades productivas, sino
también, en cuanto a su manifestación en el espacio, o sea, su despliegue
en el territorio.

278

CEPAL

La incorporación del efecto territorial contribuye a generar una
comprensión más completa de los fenómenos asociados con la demografía,
la producción, la distribución, el empleo, las inversiones y el comercio y, en
general, con el proceso de generación de las ganancias y de la reproducción
del capital.
Así, es posible integrar en el análisis la cuestión relativa a la genealogía
de los mercados, es decir, su historia y la serie de aquellos elementos que
configuran la manera en que se arraigan en la vida social, tal y como lo
planteó Karl Polanyi (2003). De igual manera, se da cabida a los procesos que
caracterizan el desarrollo desigual entre localidades, regiones y naciones.
Esto quiere decir que cabe también reparar de modo consciente en la acción
del Estado y de la política pública para promover el crecimiento a partir de
una mayor cohesión territorial.
El territorio (como manifestación del espacio) no es sólo el de los
procesos económicos, sino que es tanto el lugar donde éstos ocurren como
una creación de dichos procesos (el contenido) (Sánchez, 1991). El espacio
económico se crea en el marco de una organización que gira en torno de los
mercados y del funcionamiento del capital, a partir de la existencia de las
actividades productivas, lo que se aprecia en términos del funcionamiento
de un mercado específico que es el laboral. Desde esta perspectiva, adquieren
relevancia económica los territorios en que se realiza la producción en
condiciones de rentabilidad determinadas por la productividad y las
expresiones de la competencia en los mercados.
Dicha competencia ocurre hoy en el entorno definido por el proceso de
la denominada globalización económica, pero a esa dimensión se contrapone
otra que se expresa al modo de una intensa localización de las actividades
productivas y de las posibilidades de empleo. La producción se caracteriza,
entonces, por su fragmentación y su posterior reintegración, aspectos que
ocurren en términos espaciales y se establecen en determinados lugares.
Los lugares así identificados corresponden a una delimitación nacional,
lo que imprime un rasgo peculiar a las consideraciones de índole geográfica,
aun en entornos caracterizados por amplios grados de integración económica.
Ahí se ubica lo que podría describirse como una nueva determinación o
expresión geográfica de la producción a escala internacional. Esto permite
plantear el proceso económico y su expresión territorial a partir de las escalas
de análisis geográfico, a saber: internacional, nacional, regional y local.
El término geografía significa desde esta perspectiva una cierta
amplitud del espacio que se considera, que puede ser el mundo o la nación,
o bien, una región y hasta una ciudad o un municipio (aunque incluso

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

279

pueden hacerse consideraciones a escala de barrios o de áreas geoestadísticas
básicas, AGEB). Lo que debe mantenerse en el foco del análisis del territorio
y de los aspectos que definen su cohesión, en un sentido económico como
el que se trata en este texto, es que el cambio de dimensiones implica
también, necesariamente, un cambio de sentido en cuanto a su significado
y comprensión de los fenómenos que entraña.
El caso es que debe prestarse una atención particular a lo que
es propiamente geográfico (espacial, territorial) para integrarlo a las
consideraciones más usuales de lo económico o lo político en los procesos
que definen las relaciones sociales. Esta posición involucra un cambio de la
relación que se acostumbra establecer entre tiempo y espacio. Considérese
al respecto, por ejemplo, el hecho de que un mapa se interpreta fuera del
tiempo, su lectura es instantánea y, puede ser, al mismo tiempo, infinita.4
Las escalas de análisis geográfico constituyen un elemento relevante
del conocimiento sobre la localización de la producción y la distribución de
las corrientes de inversión y de los intercambios, y en aquéllas se observa la
desarticulación y recomposición de los elementos del espacio. Se generan
así formas desiguales de interdependencia entre sectores de actividad
económica, así como entre naciones y regiones, y también, estructuras
distintas de los mercados laborales; es decir, patrones de desarrollo que
suelen ser divergentes en el interior de un país, o bien, entre países. Las
escalas de referencia enmarcan, igualmente, los determinantes de las distintas
modalidades de cooperación y conflicto presentes en los mercados y en el
campo de las políticas públicas.
La actual etapa de la internacionalización de los capitales se expresa
preferentemente en la forma de un intenso comercio intraindustrial, entraña
una redefinición de la referencia nacional, regional y local de los espacios
económicos, que se vinculan de nuevas formas y que aparecen al mismo
tiempo como más delimitados y, también, más difusos. En ese entorno se
establecen diversas redes con novedosos significados de funcionalidad entre
sus partes, es decir, se crea una fragmentación funcional de las economías
nacionales y de sus regiones.
De tal manera, el asunto de la dimensión territorial de los procesos
económicos considera las cuestiones asociadas con la localización y la
geografía económica se vincula con la topografía de los mercados. Pero
hay más, ya que el territorio es también y, sobre todo, un elemento clave
de la conformación de las relaciones sociales, que se articulan de modo
específico con la reordenación espacial que surge de la actividad productiva.


4

Hay muchas maneras de pensar la geografía, véase, por ejemplo, Pierre Jourde (2005).

280

CEPAL

El geógrafo Edward Soja (1989) expresa este asunto de manera muy directa
y dice: “Debemos ser insistentemente conscientes de la manera en que
puede hacerse que el espacio esconda determinadas consecuencias, cómo las
relaciones de poder y disciplina se inscriben en la aparentemente inocente
especialidad de la vida social, cómo las geografías humanas están repletas
de política e ideología”.
La especialidad de los procesos económicos no tiene en efecto nada
de inocente. Desde el punto de vista de la distribución territorial de las
actividades productivas, el espacio se convierte en una expresión de procesos
que inciden en las condiciones que definen el crecimiento, o sea, que afectan
a la productividad, el empleo y la capacidad competitiva, tales como son:
las economías de escala, las externalidades y los encadenamientos hacia
atrás y hacia delante.
La situación provocada por estas condiciones, cuyos efectos tienden a
ser más visibles en el caso de las economías cerradas o altamente reguladas,
no se resuelve de modo automático con las reformas del tipo de la apertura
y la liberalización. Esto quiere decir que los elementos definitorios de la
eficiencia productiva y territorial se expresan en ambas situaciones y las
reformas no constituyen en sí mismas garantía total de una mayor cohesión
sectorial y espacial para el incremento del valor agregado.
En el entorno de la liberalización se generan nuevas fuerzas de
atracción y de desplazamiento que de manera conjunta afectan la existencia
y el funcionamiento de la actividad económica en términos de los distintos
sectores productivos y del territorio. La globalización pone de manifiesto,
precisamente, la confrontación de ambas fuerzas. Por un lado, las que atraen
y que, por lo tanto, generan mayor actividad económica y con más altos
niveles de productividad. Por otra parte, aquellas fuerzas que desplazan,
o sea, que interrumpen el funcionamiento de las cadenas de producción y
de valor con la consecuente repercusión en el desempleo de los recursos,
en particular de la fuerza de trabajo. De ahí que las políticas de naturaleza
territorial deban perseguir objetivos definidos de carácter geográfico, es
decir, que han de tener un contenido espacial explícito.
El proceso de la globalización, además, coexiste con otro de
regionalización (y aun, de localización). Han surgido bloques regionales
que conforman un escenario de potencial cooperación y conflicto en el marco
de la competencia. Las relaciones entre regiones se establecen de manera
discontinua y se advierten diferencias significativas en el desenvolvimiento
económico a escala intrarregional. Ésta es una forma en que se expresa la
dimensión espacial del problema regional que reviste una creciente relevancia
en la dinámica y las modalidades de la integración económica. Mientras

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

281

que se establecen esquemas de integración entre países (con modalidades
que van desde los acuerdos comerciales, la movilidad del capital, los
desplazamientos de la fuerza de trabajo, hasta la moneda única y la creación
de bloques económicos), no se generan necesariamente las fuerzas de una
mayor integración interna y de un proceso efectivo de convergencia en
términos del territorio. En todo caso hay una insuficiente determinación de
las mediaciones que indican las repercusiones locales de la globalización. No
obstante, el establecimiento de esas mediaciones es esencial para considerar
la ubicación de un país, de sus regiones y localidades en la geoeconomía
mundial.
Por ende, no debe perderse de vista el hecho de que existen incluso
numerosos espacios vacíos en el entorno global que abarcan territorios de
muy distinta configuración, en términos de sus dimensiones, de su vocación
productiva y de su naturaleza social, y que afectan el uso del espacio y la
cohesión del territorio. Luego, son quizá más relevantes las divergencias
constatables en el ámbito planetario que las similitudes impuestas por los
patrones de producción, de financiamiento, de empleo y de consumo. Estas
condiciones repercuten de manera aguda en el carácter de los procesos de
desarrollo -marcados por la desigualdad- y en las condiciones de la equidad.
3.

La geografía del crecimiento

La llamada “Nueva Geografía Económica” considera de manera explícita el
papel de las condiciones territoriales internas en el desempeño económico
de las naciones, especialmente por su repercusión en el crecimiento del
producto y del empleo y en la expansión del comercio internacional. Desde
otra perspectiva, se estudia también el efecto territorial en las pautas que
determinan la dinámica del desarrollo y las divergencias existentes entre
distintos países. De tal modo se considera que la comprensión de los vínculos
que se establecen en términos espaciales es una parte clave del conocimiento
de las relaciones en la economía mundial.
La geografía económica ha sido caracterizada, entonces, como el
estudio de las relaciones espaciales entre los agentes económicos (Venables,
2005). A partir de ahí se formulan dos distintas cuestiones. La primera tiene
que ver con el hecho que representa la localización de los principales centros
de actividad económica y cómo es que dicha actividad y los niveles de
ingreso que se generan dependen de la proximidad de dichos centros. La
segunda cuestión considera los factores que determinan la existencia y la
localización de los centros de actividad económica. Como se sabe, la teoría
económica convencional propone que la producción tenderá a diseminarse
de manera uniforme a lo largo del espacio. En cambio, la actividad económica
tiende a la aglomeración espacial (incluyendo al modo en que se reproduce

282

CEPAL

la población e, igualmente, los procesos asociados con la prosperidad y con
la pobreza). Hay, por ende, dos asuntos dignos de consideración: por una
parte, los costos derivados de la distancia, que actúa como una barrera a
la interacción de los agentes económicos, y por otra, los mecanismos que
provocan la aglomeración de las actividades productivas.
En un esbozo breve cabe apuntar que el efecto de la distancia se
advierte en la determinación de los ingresos y en la estructura de las
actividades económicas en una dimensión regional, generada por las
diversas condiciones de acceso a los mercados de las diferentes localidades
(de cierta forma constituyen las importaciones y exportaciones de
la región).
En cuanto a la dinámica de la aglomeración, es posible identificar
un conjunto de mecanismos que inciden en su configuración. Conforme a
la especificación teórica de tipo neoclásica se postula que las actividades
productivas se dispersan de modo continuo a lo largo de las localidades.
Esto se desprende del hecho de que dicha producción no está sujeta a los
rendimientos crecientes de escala y por ello se desagrega para satisfacer
la demanda local. De tal manera que sólo en presencia de rendimientos
crecientes habrá una alternativa entre producir en cualquier lugar (es
decir, con bajos costos comerciales y en pequeña escala), o bien, producir
en algunas localidades (con altos costos comerciales y bajos costos de
producción). La eficiencia (derivada de la división del trabajo y otras
circunstancias) está esencialmente limitada por la extensión del mercado,
y ésta se forma por la geografía. Esto es lo que hace posible, aunque no de
manera automática, que ocurra la aglomeración en términos espaciales.
(Venables, 2005).
Por supuesto, esto quiere decir que en condiciones de existencia de
rendimientos crecientes a escala, la decisión de las empresas en cuanto a su
ubicación no es aleatoria sino que está asociada con la facilidad de acceso a
los mercados, de lo cual depende también la rentabilidad de su inversión.
Así se puede explicar la dispersión desigual de la actividad económica en
el espacio y los procesos que adoptan el rasgo de círculos virtuosos y vicios
de crecimiento a escala regional y local.
El fenómeno de la aglomeración involucra movimientos de la
población, así como mecanismos que afectan la eficiencia de la producción.
Entre estos últimos destacan tres tipos: a) las articulaciones entre las
empresas (como las transacciones de oferta y demanda de productos
intermedios); b) la conformación de mercados laborales robustos basados
en el incremento de las habilidades y capacidades de los trabajadores, y
c) lo que se conoce como la concentración de las externalidades de tipo

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

283

tecnológico establecidas entre distintos sectores productivos y que se
desprenden, igualmente, de las condiciones de la proximidad y del acceso
a la información.
La geografía económica y los modelos de localización de la actividad
productiva intentan responder a la cuestión sobre dónde ésta ocurre y
qué es la esencia de la microeconomía, y no sólo a las tres preguntas
convencionales acerca de qué, cuanto y para quién se produce. El espacio
económico es heterogéneo y discontinuo. En el análisis del territorio se
identifican entornos de innovación, distritos industriales que favorecen la
creación de valor agregado en la producción y hasta polos de desarrollo.
Esto se vincula con la estructura del territorio y con los patrones de la
integración espacial, lo que en términos sectoriales lleva a la consideración
de las cadenas de producción, las cadenas de valor, la creación de clusters y,
de modo más agregado, al examen del mercado interno y de sus relaciones
con los mercados externos.
La noción de proximidad considera, en este sentido, los aspectos
asociados con la coordinación de los agentes económicos, el fenómeno de
la concentración y la dispersión espaciales, la localización de la empresas y
así puede plantearse en relación con distintas escalas de análisis geográfico
o de referencia territorial y espacial, a saber: local, regional, internacional
y global. La proximidad puede entenderse como la dimensión espacial
de los mecanismos de coordinación que influyen en la productividad y la
competitividad. Así, tiene su propia dinámica que puede manifestarse en
términos geográficos, definidos por la distancia y los costos de transporte
y de tiempo. También puede expresarse como una cualidad de carácter
organizado que resulta de la participación en una red de articulación social
en la que los participantes comparten similares reglas de acción y sistema
de valores. (Rallet, 2000).
Cabe advertir que la proximidad organizada no es necesariamente de
naturaleza geográfica, ya que las comunidades y grupos pueden organizar
sus relaciones aun con la distancia física. La necesidad de contigüidad
geográfica para la coordinación económica se ha vuelto relativa, hecho que se
aprecia con los procesos de segmentación de las actividades productivas en
el espacio, uno de los rasgos prominentes del proceso de la globalización del
comercio y de las inversiones, así como de las redefinición de los mercados
de trabajo y las relaciones laborales.
Las exigencias funcionales de la coordinación espacial no son la única
explicación de los procesos de concentración y aglomeración territoriales
de los agentes económicos y de los sistemas localizados de producción, de
innovación y de formación de mercados de trabajo. La aglomeración que

284

CEPAL

ocurre en un sentido espacial surge, sobre todo, de la incrustación de relaciones
económicas y de mercado en las redes sociales e institucionales.
La competitividad territorial puede asociarse con diversos aspectos
que se desprenden de las pautas de la proximidad, en particular desde
la perspectiva de que es esa una característica intrínseca del territorio.
Por consiguiente, se impone analizar las formas que puede adoptar la
coordinación de los agentes en cuanto a las restricciones derivadas de la
proximidad que se convierte en una dimensión posible de la relación entre los
agentes y las instituciones que norman su comportamiento y su desempeño.
Desde este punto de vista, lo que puede llamarse la cuestión territorial
surge de una noción histórica del territorio, pues aquella se desprende de
la existencia misma del territorio, del hecho de ser un complejo localizado,
históricamente constituido en el que se dan las relaciones antes señaladas
y con las que se vincula la capacidad de innovación y de transformación
(ésta es una relación de naturaleza espacio temporal). Igualmente, puede
tratarse el aspecto funcional de un territorio, como una construcción que
se funda en las relaciones de proximidad que la delimitan (el territorio
se ve, así, como un efecto y no como una causa). Finalmente, el concepto
institucional del territorio deviene de las acciones emprendidas por medio de
las políticas públicas.
La renovada atención en la geografía se asocia inicialmente con los
enfoques planteados en torno a la teoría del comercio internacional. Esto
se desprendió, sobre todo, a partir de las evidencias que contradicen los
postulados básicos de esa teoría tal y como se formularon siguiendo el
principio de las ventajas comparativas. La teoría se encaminó, de modo
alternativo, a la integración del comportamiento de los rendimientos
crecientes de escala y de los efectos de las externalidades asociadas con
distintos tamaños del mercado. Así se intentaba dar cuenta, por ejemplo,
de los patrones de la especialización productiva, del carácter intraindustrial
del intercambio y del hecho de que la mayoría del comercio se realiza entre
naciones desarrolladas.
Una parte significativa del comercio entre los países es, en efecto, de tipo
intraindustrial (a diferencia del interindustrial), lo que representa una forma
de especialización productiva en que se aprovechan las ventajas que provocan
sobre la productividad los rendimientos crecientes de escala. De tal manera,
se genera un escenario de competencia de tipo “imperfecto” con expresiones
en términos espaciales, o sea, ocurre en ubicaciones territoriales específicas.
Si la especialización de las actividades productivas y las corrientes del
comercio que se asocian con ellas, provienen esencialmente de los rendimientos
crecientes de escala más que de las ventajas comparativas derivadas de la

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

285

dotación de los factores, las ganancias en términos de producto e intercambio
surgen de la caída de los costos unitarios a medida que aumenta la escala de
producción y se reducen los costos medios al nivel de las plantas. Éste es un
criterio básico de las decisiones que determinan los flujos de las inversiones
a escala nacional e internacional y un factor relevante en la delimitación de
las características regionales y del territorio.
Entonces, es necesario distinguir entre el origen de las condiciones de
la especialización en un lugar determinado así como el patrón de ventajas
que se derivan de ellas en términos del aumento de la producción y del
comercio, lo que se vincula con un proceso de naturaleza acumulativa
en el que se sustenten las condiciones de un mayor crecimiento. En una
dimensión local esto permite identificar el conjunto de las ventajas de las
que se dispone en cuanto a su carácter absoluto, competitivo o adquirido,
como forma de considerar los aspectos relativos a la cohesión territorial y
su papel en las políticas de crecimiento y de desarrollo.
Esto tiene que ver con un aspecto del proceso de desarrollo que se
observa en distintas regiones o a escala local y que se denomina como la
trayectoria dependiente (path dependence). Esta cuestión puede referirse
al modo que adopta el desenvolvimiento histórico en términos territoriales
(regionales y locales), o bien a las repercusiones geográficas derivadas de
los procesos de apertura y liberalización, y también, de los patrones de la
integración que se emprenden en una etapa determinada.
Pero, una vez que se constituye esa dependencia de la trayectoria, la
situación de la demanda por los bienes y servicios y de las retribuciones de
los factores de la producción en términos territoriales, tendrán que ver con
las condiciones tecnológicas de la producción a la escala de las empresas.
En esta secuencia del desenvolvimiento de los procesos productivos,
incluida su naturaleza acumulativa, va perdiendo su carácter determinante
la política que promueve el librecambio. De la existencia de los rendimientos
crecientes de escala y de la estructura imperfecta de la competencia se deriva,
de modo alternativo, la posibilidad de instrumentar una política económica
(por ejemplo, asociada con la inversión en infraestructura, los estímulos
fiscales, la capacitación, la promoción industrial y empresarial) dirigida al
crecimiento de la producción y del comercio que con criterios estratégicos
provoque ventajas competitivas sostenibles en el mercado a lo largo del
tiempo. Esas ventajas se asocian con la promoción de aquellos sectores
donde las economías de escala y las externalidades positivas generen los
rendimientos requeridos. En suma, de lo que se trata es que las políticas
industrial y de comercio exterior permitan que se desplace el patrón de la
especialización a favor del crecimiento.

CEPAL

286

En esta perspectiva, las consideraciones acerca del crecimiento de
la producción y de la competitividad externa requieren vincularse con la
teoría de la localización, introduciendo la dimensión territorial al análisis
del desempeño de la economía y al diseño y la instrumentación de las
políticas públicas, en su aspecto sectorial y explícitamente territorial.
Debe tenerse en cuenta que el esquema de especialización territorial
que se va creando a partir de esta dinámica y que se expresa en la forma de
la aglomeración de las actividades productivas, permite atraer inversiones
e industrias a determinadas regiones o localidades, y generar un mayor
crecimiento del producto y del empleo; pero, igualmente, puede aumentar
la vulnerabilidad provocada por los choques externos y también las
desigualdades territoriales.
4.

La política territorial

A medida que la geografía se ha ido integrando de modo más amplio
al análisis económico, han ido creciendo las políticas territoriales. Estas
políticas abarcan el conjunto de las acciones que instrumentan los gobiernos
centrales para promover el crecimiento de las unidades territoriales de un
país, y para reducir las disparidades entre ellas, sobre todo en términos de
oportunidades de desarrollo. (OCDE, 2001).
La ubicación territorial de las inversiones se asocia con su rentabilidad
esperada, así que Éstas tienden a localizarse en donde las expectativas de
ganancia son más altas. Esta relación se asocia con diversos factores, pero cada
vez más se acepta que las unidades geográficas dentro de un país cuentan con
un determinado acervo que constituye su capital territorial, que está compuesto
por las características y capacidades de sus habitantes, su localización, tamaño,
dotación de factores, clima y recursos naturales, condiciones sociales, el orden
institucional y las economías de aglomeración con sus redes de negocios que
tienden a disminuir los costos de producción y los costos de transacción.
Así, se generan ventajas territoriales o de localización que incluso pueden
convertirse en ventajas absolutas (frente a aquellas de índole relativa) para
ciertas actividades y con ello se obtiene una mejor posición en el mercado.
En este sentido, pueden deducirse diversos efectos de la localización
de las inversiones en términos sectoriales y territoriales. Uno de esos efectos
es de tipo multiplicador y se advierte en las condiciones de la oferta y de la
demanda de productos. Otro efecto se advierte en la productividad que se
desprende de las economías de escala y de aglomeración, y un tercer efecto,
de competitividad, se registra por la mayor generación de valor agregado,
con la consiguiente menor necesidad de importaciones y la creciente
capacidad de exportación de los bienes y servicios producidos localmente.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

287

Por consiguiente, la especialización no se restringe sólo al carácter
de las condiciones de la producción en cuanto a la fuerza de trabajo, la
gestión o la innovación tecnológica, sino que también está asociada con la
localización. Esto permite a una región o localidad generar economías de
escala al nivel de las empresas (ventajas de tipo interno) y economías de
aglomeración a nivel general (ventajas de tipo externo); además, posibilita
desarrollar el capital territorial y aumentar la competitividad, y así atraer
más empresas (círculos virtuosos de crecimiento y desarrollo).
El fomento de este conjunto de ventajas territoriales se logra abatiendo
incluso los costos asociados con la creación de infraestructura para una
determinada masa de inversiones. La especialización puede incidir en las
pautas de la competencia con otras regiones (nacionales o extranjeras) para
atraer inversiones y repercutir de manera efectiva en las condiciones que
pueden asimilarse con las barreras a la entrada en el caso del funcionamiento
de las industrias.
Este proceso también puede provocar efectos adversos, como una
excesiva concentración de las actividades productivas en ciertas áreas,
contribuyendo a la desigualdad económica y social y a las disparidades
territoriales. Del mismo modo, una región puede hacerse más vulnerable si
depende excesivamente de sus fuentes de abastecimiento, o bien de los mercados
en los que se halla principalmente la demanda de sus productos.
La elección de una localización territorial específica por parte de las
empresas tiende a asociarse analíticamente con fuerzas que se definen como
centrífugas y centrípetas. En el primer grupo se cuentan las economías de
escala que llevan a concentrarse en una sola ubicación; en este rubro se
incluyen las externalidades positivas surgidas de los medios de diseminación
del conocimiento, de las técnicas y la tecnología y de la creación de un extenso
mercado laboral. Estas externalidades son las que permiten a las empresas
operar con rendimientos crecientes de escala; ahora bien, no todas ellas
pueden aprovechar esas ventajas del mismo modo, por lo que la estructura
de la competencia no es de tipo perfecto. En el segundo grupo, el de las
fuerzas de tipo centrípeto, están por ejemplo los costos de transporte, que
tienden a reducirse de modo proporcional a medida que se incrementan
los sitios en los que se produce. (Krugman, 1998).
La noción de territorio aplicada de modo expreso al análisis económico
y social permite, entre otras cuestiones, extender el horizonte más allá de las
consideraciones estrictamente sectoriales en términos agregados y de aquellas
que se suelen hacer a escala macroeconómica para considerar de modo
explícito el modo de funcionamiento de las empresas. La dimensión territorial
se puebla de esta manera de distintos actores y modos de comportamiento,

CEPAL

288

y adquiere una dinámica distinta en el marco del proceso de crecimiento y
de desarrollo de un país.
La perspectiva de tipo territorial implica la necesidad de atender
los niveles que pueden denominarse subnacionales y la dinámica de su
desenvolvimiento. Para ello se requiere delimitar las unidades territoriales
a fin de analizar su desempeño para la definición de las políticas públicas,
además de identificar las actividades que se realizan y los agentes sociales
que participan. Por otra parte, se necesitan acervos y flujos de información
útil para estos propósitos, y sistemas de gestión para la toma de decisiones
y el seguimiento de las acciones a emprender.
A partir de estos criterios de naturaleza territorial puede proponerse
la definición de “regiones funcionales” que se delimitan, por ejemplo, con
base en distintos criterios. La OCDE (2002) considera una región funcional
como una “unidad territorial resultante de la organización de las relaciones
sociales y económicas, de modo que sus fronteras no reflejan particularidades
geográficas o eventos históricos. Es, pues, una subdivisión funcional de los
territorios. El concepto típico usado para definir una región funcional es el
de los mercados de trabajo”.
Esto plantea, entre otras cuestiones, la opción de aplicar las políticas
territoriales para promover actividades productivas ahí donde se encuentre la
oferta de trabajo o, en cambio, alentar el desplazamiento de los trabajadores a
las zonas donde se ubican las actividades productivas. Todo ello repercute sobre
la estructura productiva, la organización de los mercados, los asentamientos
humanos y las pautas de la reproducción del sistema económico y social.
En la mayoría de los países, las unidades territoriales básicas son los
municipios (o sus equivalentes) y sirven para definir las regiones funcionales.
Los límites de dichas regiones se consideran en referencia a la movilidad
del factor trabajo. De ahí que se considere una región funcional como un
territorio integrado en el sentido de que la movilidad del trabajo hacia el
exterior es muy reducida. Existe un acoplamiento entre la demanda y la
oferta de trabajo que la hace en ese sentido autosuficiente. Pueden definirse
otros criterios de funcionalidad de las regiones, pero el laboral expresa una
condición esencial en un sentido social.
5.

Hacia la cohesión territorial

Un primer acercamiento al tema de la cohesión parte de la noción del
reordenamiento territorial. Este enfoque de la política pública se asoció,
precisamente, con la consideración acerca del funcionamiento del mercado
laboral. El asunto que se planteaba de modo explícito se expresó en términos

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

289

de la identificación de aquellos lugares en los que se promovían las actividades
económicas y en donde se creaban empleos. La disyuntiva propuesta tenía
que ver con la decisión de mantener a la población en sus lugares de origen,
o bien provocar el desplazamiento de los trabajadores a nuevas áreas en las
que dispondrían de fuentes de trabajo. La cuestión se propuso en Francia en
la década de 1960 de la siguiente manera: “Reordenar el territorio en lugar
de desplazar a los hombres”. (Lipietz, 2003).
El fenómeno asociado con el movimiento de la fuerza laboral se refiere
a los factores que vinculan a la gente con el espacio en el que habita y en el
que trabaja; es decir, su localidad o, de modo más amplio, su región. Así, se
considera que lo que mantiene ligada a la población con su región de origen
y que debería favorecer un desenvolvimiento más coherente del territorio
es lo que se denomina “la viscosidad patrimonial del espacio”.5
Empero, bajo los criterios convencionales de racionalidad y maximización
prevalecientes en el mercado esa condición se debilita, puesto que cuando
una persona abandona su lugar originario para hacerse de un empleo y un
ingreso deja, en efecto, un patrimonio, y se deshace la viscosidad social del
entramado territorial. El patrimonio al que se refiere esta noción consiste
de diversos activos de lo que conforma un “capital social”, concebido como
la red de solidaridad de la colectividad, que puede denominarse como una
serie de las “inversiones de forma”.
Sobre esta base se propone la posibilidad de construir una concepción
alternativa del reordenamiento territorial o, propiamente, del desarrollo
regional, con un criterio de carácter endógeno. La opción se basa en los
efectos favorables que provoca la aglomeración de las personas, y con
ella, su creciente capacidad no sólo para producir sino para reproducir la
cohesión social.6


5



6

Dice Lipietz respecto se la viscosidad patrimonial del espacio: “Cuando una persona deja
su lugar de origen para trasladarse hacia donde se encuentra el trabajo, dicha persona se
acerca a un empleo y a un ingreso, pero deja un patrimonio. No sólo pierde su alojamiento
probablemente gratuito, heredado de los padres o fruto de un ahorro y que ha perdido
gran parte de su valor debido a la crisis económica por la que atraviesa la región que
abandona. Esta persona deja, sobre todo, un “capital social”, en el sentido de Putman (“Le
declin du capital social aux Etats Unis” Lien Social et politique-RIAC, num.41, primavera
de 1999): toda red de solidaridades familiares y amistosas, el probable crédito otorgado
por pequeños comerciantes y vecinos, el reconocimiento social y profesional. Todas estas
“inversiones de forma”, que se pierden en el momento en el que se desplaza la persona,
constituyen la base de una concepción alternativa del reordenamiento del territorio: el
desarrollo “local”, “endógeno”. Ibídem, p. 10.
Estas nociones provienen de los planteamientos originales formulados en torno al principio
de la especialización y las ventajas de la aglomeración por Adam Smith en La riqueza de
las naciones y Alfred Marshall en los Principios de economía.

290

CEPAL

El desarrollo regional tiende a tratarse, desde esta perspectiva y con
un enfoque eminentemente económico, a partir de la identificación de lo que
constituye una base exportadora y lo que conforma el sector interno de una
unidad territorial específica. La base de exportación abarca el conjunto de
empleos vinculados con la producción exportable, es decir, los productos que
se destinan al mercado fuera de esa región o fuera del país; por lo tanto, la
contraparte monetaria proviene del exterior. El sector interno, a su vez, toma
en cuenta las actividades productivas de bienes y servicios para la propia
región, ya sea que se asocien con la base exportadora o que provengan de
la demanda de la comunidad; en todo caso, la contraparte monetaria es en
este caso de origen interno.
Asimismo, el funcionamiento del mercado de trabajo puede generar
efectos sobre el desplazamiento de la fuerza laboral que redundan en
situaciones por debajo del punto óptimo. Aunque lo mismo puede ocurrir
cuando se provoca la concentración de dicha fuerza de trabajo en ciertas áreas
predeterminadas, en las que a partir de un cierto nivel de aglomeración se
originan nuevos efectos negativos y situaciones de naturaleza subóptima (en
términos, por ejemplo, de la cantidad y calidad del empleo, las remuneraciones
del trabajo o las condiciones de vida de la gente, asociadas con la prestación
de servicios públicos o la disponibilidad de vivienda). Hay, entonces,
externalidades positivas y negativas de las aglomeraciones urbanas.
Parte del análisis de estas propuestas se relaciona con la característica
subóptima que ocasiona el desplazamiento de la fuerza de trabajo y que
provoca las solas señales automáticas, o sea, la oferta y la demanda del
mercado, lo que se asocia con la noción de “fallas del mercado”. Pero,
igualmente, el resultado podría atribuirse a la aplicación de las mismas
políticas públicas de tipo territorial, es decir, se asociaría con lo que se
denomina “fallas del gobierno”.
Además, esa situación subóptima puede provenir incluso de una
configuración de tipo aleatorio de los que pueden considerarse territorios
originales (asociados con la historia local y las condiciones externas que la
afectan, y también, la denominada dependencia de la trayectoria), o también
con los que resultan de la promoción de los polos de crecimiento. Luego,
se deben considerar tanto los aspectos propios del funcionamiento de los
mercados, como los relacionados con las políticas de gestión, e incluso, con
cuestiones de naturaleza socioeconómica.
Según la Comisión Europea, el “concepto de cohesión territorial va
más allá de la idea de cohesión económica y social tanto ampliándola como
reforzándola. Desde el punto de vista de la política, el objetivo es ayudar a
logar un desarrollo más equilibrado reduciendo los desequilibrios territoriales

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

291

y aumentando la coherencia tanto de las políticas sectoriales que tienen una
repercusión territorial como de la política regional”. (Faludi, 2005).
En la Estrategia Territorial Europea se conciben los desequilibrios
territoriales en el marco del proceso de la integración en curso en esa región,
que incluye, además, de libre movimiento de mercancías y capitales, el de
la fuerza de trabajo, y abarca la utilización de una moneda única. Dicha
Estrategia relaciona el tema de los desequilibrios del territorio con aspectos
relativos a la equidad y también con aquellos referidos a la competitividad
del espacio que conforma la Unión Europea. La propuesta consiste en
aumentar el potencial económico de las diversas regiones mediante la
consolidación de una estructura territorial cada vez más descentralizada
y, al mismo tiempo, mediante el mejoramiento de la competitividad de los
distintos sectores a escala global, reforzando las formas de integración de
los espacios económicos en la economía mundial.
Desde esa misma perspectiva, se considera que el éxito de las acciones
para elevar la competitividad depende del aprovechamiento de las iniciativas
surgidas desde la base, con lo que se establece un vínculo con las políticas
de desarrollo regional. Se sostiene la promoción de las inversiones para
provocar el crecimiento en los territorios definidos, pero éstas deben
complementarse con las fuerzas endógenas que se deben movilizar mediante
la generación del capital social requerido. Esto apunta a la creación de una
capacidad de organización a escala regional para coordinar las iniciativas
locales en un marco de institucionalización funcional al objetivo fijado de la
cohesión territorial (a partir de las localidades), configurando así las ventajas
competitivas propias de ese territorio.
Aun en aquellas extensiones espaciales en las que se advierte un
mayor grado de cohesión política, social y económica pueden observarse
diversas discontinuidades geográficas, que se manifiestan en la coexistencia
de regiones con niveles relativos de atraso en su desarrollo. De ahí que
la cohesión territorial conciba las oportunidades de desarrollo mediante
el estímulo de la cooperación y la formación de redes. Asimismo se
contempla la consideración de las condiciones propias de cada territorio y,
de modo explícito, el acomodo de las políticas y de los instrumentos con los
que se aplican.
La OCDE expone que la política enfocada al territorio no se reduce a una
combinación de la planeación espacial y las políticas regionales, o del desarrollo
rural y urbano, sino que cubre las acciones emprendidas por el gobierno
central para promover el crecimiento de todas las unidades territoriales
de un país a fin de reducir las disparidades entre éstas, especialmente en
términos de las oportunidades de desarrollo. (OCDE, 2001).

292

CEPAL

Para ello se toma en cuenta a las fuerzas que atraen a las inversiones
hacia áreas geográficas determinadas, en función de las mayores tasas de
retorno esperadas. Dicha atracción depende de un conjunto de circunstancias;
unas son de índole general, relativas a las condiciones de estabilidad social
y política del país, la calidad de su infraestructura y de la fuerza de trabajo,
y otras se refieren a las medidas de promoción e incentivos que ofrece
el gobierno.
Las características territoriales de las regiones o localidades constituyen
otras fuerzas de atracción de los flujos de inversión. Cada una de estas
unidades territoriales cuenta con una dotación de “capital territorial”, distinta
y específica. Entre los elementos que componen ese “capital territorial” figuran
los de naturaleza geográfica, como su localización, tamaño, la dotación de
factores productivos, el clima, las tradiciones, los recursos naturales, la
calidad de vida y las economías de aglomeración que generan las ciudades.
A ello se añaden ingredientes como el contar con redes de negocios que
disminuyen los costos de transacción, con incubadoras de empresas o con
una organización basada en distritos industriales.
Además, se incluyen aspectos como las “interdependencias no
comerciables”: las costumbres, las reglas informales de entendimiento que
conforman la organización y las relaciones de los agentes económicos en un
entorno de incertidumbre, el entramado de pequeñas y medianas empresas
que funcionan en la zona en el mismo sector, y otros sectores con los que
hay competencia o complementariedad. El análisis de la OCDE hace una
referencia a Marshall en el sentido de que existe, igualmente, un factor que
consiste en el “ambiente” que prevalece en una determinada zona y que
es el “resultado de la combinación de las instituciones, reglas, prácticas,
productores, investigadores y quienes conducen las políticas públicas que
posibilitan una cierta creatividad e innovación”. (OCDE, 2001: 15).7
Así como no todos los territorios tienen la misma capacidad de atracción
de las inversiones, éstas tampoco tendrán la misma repercusión en cualquier
territorio. El resultado territorial de las inversiones se ha caracterizado a
partir de tres efectos: a) el efecto multiplicador que se provoca sobre la
oferta (interna y externa) y la demanda (debido a las derramas derivadas
del mayor ingreso regional); b) el efecto en la productividad que se genera a
partir del surgimiento de economías de escala asociadas con las inversiones


7

Las regiones se diversifican y se especializan en función de su capital territorial y unas son
más propicias que otras para generar mayores rendimientos en determinadas actividades. Los
territorios cuentan con ventajas comparativas de tipo “ricardiano” debido a la competitividad
derivada del costo relativo de los factores de producción, pero también pueden tener ventajas
absolutas por los activos únicos con los que cuentan. Algunos consideran incluso al territorio
como un factor de producción a la par del trabajo y el capital.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

293

realizadas y con las economías de la aglomeración (aquí se distingue
entre las ventajas de localización debidas a la concentración de diversas
actividades, y las de urbanización, originadas por la concentración de la
población, de la infraestructura y de los servicios a las empresas), y c) efectos
de competitividad, que se desprenden de la sustitución de importaciones
por productos locales, y de las mayores exportaciones.
El concepto de capital territorial es inherente al proceso de cohesión
ya que se trata de una manera de evidenciar las disparidades entre regiones
y localidades en un país, al tiempo que se plantean los medios para incidir
en la convergencia de los patrones de desarrollo en términos espaciales.
Así, los asuntos sobre la localización pueden establecer un vínculo entre
los procesos relacionados con la equidad social y los correspondientes al
análisis de la eficiencia económica.
Desde el punto de vista de las políticas públicas asociadas con la
gestión territorial, la OCDE propone las siguientes líneas de acción desde
la perspectiva económica: a) promover la atracción de las inversiones en
áreas donde puedan obtenerse altos rendimientos y con ello incidir en una
mejor asignación de los recursos; b) aplicar políticas dirigidas al fomento
del desarrollo territorial y a limitar las disparidades espaciales para apoyar
la formación del capital territorial, y c) impulsar el desarrollo de largo plazo
asegurando que los estímulos fiscales y financieros ofrecidos a las inversiones
de las empresas, así como los proyectos de infraestructura que se realicen,
se asimilen a las condiciones y necesidades de las regiones.
Esta formulación básica de una política de desarrollo territorial se
sustenta en la idea de que algunas de las fuerzas más dinámicas del desarrollo
capitalista tienen una especificidad local y espacial. De ahí que a partir de
los criterios derivados de las ventajas de la especialización se proponga que
pueden generarse economías de aglomeración, crear un capital territorial y
acrecentar la competitividad y así, atraer más empresas. Al mismo tiempo
se puede prevenir la competencia perversa entre diversas áreas que intentan
atraer inversiones en los mismos sectores de actividad productiva. Aun así,
se advierte también que la especialización territorial puede generar una
excesiva concentración de las actividades en ciertas zonas y agravar las
disparidades regionales en lugar de contribuir a la convergencia. Y, por otra
parte, puede incrementar la fragilidad derivada de la dependencia asociada
con la concentración en un sector.
La cohesión territorial consiste, entonces, en un proceso complejo que
abarca, entre otros factores, una serie de instrumentos de planificación y que
tiene un carácter político, técnico y administrativo. Así, se busca configurar a
largo plazo una organización con respecto al uso y la ocupación del territorio

294

CEPAL

que sea conforme a la potencialidad y las limitaciones del crecimiento y
del desarrollo en sus dimensiones productivas y de empleo, así como de
participación de la población involucrada. La cohesión se manifiesta, por una
parte, en una serie de planes y medidas de gestión pública que parten de un
cierto modelo territorial deseable políticamente, y por otra, de estrategias
para actuar en esa dirección. (Massiris, 2002).
Aunque en las concepciones sobre la localización y la organización
espacial que se asocian preferentemente con la conformación de los mercados
globales tiende a marginarse el aspecto relativo a la accesibilidad, éste es
un factor de relevancia en la consecución de una mayor cohesión territorial.
Desde esta perspectiva, las condiciones de acceso propias del territorio y la
localización de los centros urbanos alrededor de los cuales se genera la dinámica
productiva son componentes útiles para el análisis referido a la cohesión.
La organización espacial de un territorio (por ejemplo, de un país)
puede irse alterando de forma progresiva; no hay en este sentido una
causalidad predefinida. De hecho, la configuración del espacio puede tender
a una mayor desintegración o a una mayor cohesión en términos de los
procesos que en éste se registran, ya que en la dinámica territorial confluyen
e interactúan los modos de funcionamiento de los mercados y la gestión de
las políticas públicas. También inciden en ese ámbito las determinaciones
asociadas con la historia, sean de carácter nacional, regional o local, así como
la dependencia de la trayectoria.
Respecto de la accesibilidad, esta condición puede repercutir en la
ampliación del grado de influencia de las ciudades. La flexibilidad del territorio
se entiende como la capacidad para adaptar las estructuras y los patrones de
funcionamiento productivo, del empleo de la fuerza de trabajo, la movilidad
de la población, de los bienes y servicios y de las inversiones. Este elemento
se ha convertido en un factor clave para el análisis del ordenamiento del
espacio. Así, se consideran las ventajas derivadas de crear estructuras de
tipo policéntrico a escala nacional y regional que se asocian con la creación
de infraestructuras físicas de diverso tipo. Se va transitando de una situación
en la que la centralidad y el tamaño de las ciudades constituían parte de
los componentes principales de la organización espacial, a otro estadio en
el que la flexibilidad y la existencia de nodos se convierten en un factor
privilegiado. (Amaro Alves, 2000).
Desde el punto de vista económico del tratamiento del territorio,
uno de los aspectos digno de consideración es el despliegue espacial de
la población y de las actividades productivas. Hay que tener en cuenta su
concentración, la disposición y funcionamiento de los centros urbanos y la
dotación de infraestructura y equipamiento que la soporta (caminos, puertos,

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

295

aeropuertos, instituciones educativas, hospitales y, en su caso, centros de
innovación tecnológica y de investigación científica).
Este despliegue territorial de los habitantes, de los asentamientos
humanos (en especial los centros urbanos) y de la actividad económica, puede
asociarse con los niveles de desarrollo y bienestar observables de un territorio.
La escala de análisis puede ser nacional o regional, y a partir de ahí hacer
comparaciones y un seguimiento de la evolución temporal para considerar,
así, las trayectorias de convergencia o divergencia en términos espaciales.
La accesibilidad, como uno de los componentes de la cohesión, se asienta
en el territorio pero tiene consecuencias económicas (las condiciones que definen
la generación de ingresos y la productividad) y sociales (los asentamientos de la
población, la calidad de vida, la conformación de los mercados de trabajo). Un
punto de partida puede ser considerar la red de ciudades existente y clasificarla de
acuerdo con diversos criterios, que pueden asociarse con los recursos con los que
cuentan y las funciones que desempeñan en la operación general de la economía
(el mercado interno y el mercado externo) y en la estructura social, política y
administrativa. Así, se puede abarcar desde los centros urbanos más grandes y
significativos hasta las unidades básicas como los municipios. La relación del acceso
entre esos centros se establece a partir del tiempo que lleva comunicarse físicamente
entre ellos, lo que crea un vínculo con la estructura del sistema de comunicaciones.
Una medida de la accesibilidad se refiere a la proporción de la población que
vive a determinadas distancias (medidas en horas) de los centros urbanos y
el porcentaje del territorio nacional o regional que significan esas distancias.
El territorio no se conforma de manera homogénea y las diferencias
están marcadas por fenómenos de articulación de los centros urbanos,
de conurbación y de polarización. La influencia de ciertas zonas tiende a
irse acrecentando y se establece una especie de competencia en términos
espaciales que involucran barreras de acceso y significan costos en términos
de inversiones y asignación de recursos. Las ventajas territoriales pueden
ser de naturaleza absoluta y relativa, y también de tipo competitivo y
adquirido; las políticas de planeación, fiscales y de inversión pueden alterar
el patrón de competencia territorial a favor de nuevas áreas para alentar la
convergencia y reducir la polarización.

B.
Consideraciones sobre la cohesión

territorial en la República Dominicana
El gobierno dominicano se ha replanteado las tareas que emprende en el
campo de la planificación económica y social, lo que ha llevado incluso a
formar una nueva organización institucional con la reciente creación de la

296

CEPAL

Secretaría de Estado de Economía Planificación y Desarrollo. La propuesta
innovadora consiste, de manera general, en articular más eficazmente el
conocimiento del modo en que funciona la economía, tanto en términos
de las actividades y los sectores productivos como en su dimensión
territorial (a escala urbana, rural y regional) y a partir de ahí definir las
políticas públicas y los instrumentos de gestión que acrecienten la eficacia,
especialmente en cuanto a los rendimientos de las inversiones estatales.
Uno de los aspectos en que se concentra la labor de planeación se
asocia directamente con su referente espacial, y lo hace en relación con
la estructura política en sus distintos niveles: el gobierno central, las
Regiones, las Provincias y los Municipios (con sus respectivos distritos).
Esta perspectiva se relaciona con los efectos de las políticas, de la
administración y de la asignación de los recursos. Asimismo, se asocia con
la necesidad de ir reduciendo, por medio de un proceso de convergencia, la
desigualdad en la productividad de las diversas actividades económicas y
de las empresas, en el acceso a los recursos y en la distribución del ingreso
entre la población y, de modo expreso, en el despliegue territorial de la
población y del producto.
De ahí se desprende que la perspectiva de un análisis, y también de
una forma de aplicación de la política pública, se trate a partir del concepto
de la cohesión territorial. Ésta sería una de las partes constitutivas de un
entorno social más dinámico y orientado a la generación de un mayor nivel
de bienestar colectivo junto con la cohesión política y social del país.
A continuación se proponen una serie de consideraciones iniciales
para el tratamiento de la cuestión territorial. En primer lugar se aborda la
estructura del territorio en cuanto a su delimitación política y las pautas
de regionalización establecidas por diversas entidades públicas. De dicha
estructura se desprende una diversidad de esquemas de regionalización
que tienden a dispersar los criterios comunes para establecer pautas de
una regionalización única que sirva de referencia para la planeación del
desarrollo. Esos ordenamientos inciden, y en muchos casos de modo adverso,
en la creación de estímulos al crecimiento productivo y en la localización de
las actividades productivas, así como en la ubicación y desenvolvimiento
de los asentamientos humanos y, en general, del ordenamiento territorial.
En segundo lugar, se tratan aspectos de la gestión de territorio
atendiendo a la configuración política en términos geográficos y a las
instancias administrativas en distintos niveles espaciales. Se presentan en
este caso las consideraciones derivadas de las propuestas de reforma del
Estado que están es discusión.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

297

Posteriormente, se exponen los elementos de la dinámica territorial
empezando con algunas referencias acerca de la evolución histórica de
su organización en cuanto a sus componentes políticos y económicos.
Enseguida se formulan algunos planteamientos de tipo primario sobre
la cuestión del territorio y su cohesión, en cuanto a las limitaciones que
actualmente se advierten para crear los criterios, plantear los instrumentos
y definir las políticas relacionadas con la gestión integral del espacio en la
República Dominicana.
A continuación se detallan los aspectos sobresalientes del nuevo orden
institucional que se está implantando para la administración del territorio
en el marco de la política pública. Finalmente, se plantean una serie de
recomendaciones para la propuesta de una organización estatal que tienda
a una más eficaz gestión territorial en torno a la nueva Secretaría de Estado
de Economía, Planificación y Desarrollo.8
1.

La estructura territorial
a)

La regionalización

La República Dominicana tiene una extensión geográfica de 48 442
kilómetros cuadrados. La división política del territorio comprende un Distrito
Nacional y 31 provincias, que a su vez se dividen en 148 municipios y 158
distritos municipales. En el Distrito Nacional se asienta la capital política,
Santo Domingo, y la sede del Gobierno Nacional. Las provincias se componen
de municipios, secciones y parajes que dependen del gobierno central y en
cada una hay un Gobernador Civil que representa al Poder Ejecutivo. Los
municipios y los distritos municipales se conforman por una zona urbana
y por zonas rurales, que son las secciones y los parajes.
Conforme al Decreto N° 2465 del 27 de mayo de 1981 se estableció una
división del territorio del país en tres regiones: 1) Región Cibao (Norte), 2)
Región Suroeste y 3) Región Sureste, según se aprecia en el mapa V.1.


8

En este texto no se hace una revisión de las diversas acciones de política pública que
se han aplicado y de las leyes y decretos que se han promulgado en torno a la cuestión
territorial, tanto en el caso de las zonas urbanas como de las regiones. El inventario de
esos elementos del análisis espacial existe y es muy extenso, así como puede consultarse
una amplia serie de estudios y consideraciones realizados por diversos expertos en el país
en los años recientes. Tampoco es la intención presentar un análisis y un planteamiento
empírico de corte espacial sobre las regiones y otras divisiones territoriales. En todo caso,
las debilidades y las fortalezas de la constitución de los espacios económicos y sociales
tales como se manifiestan es un asunto que está en permanente discusión y que, sin duda,
deberá considerarse de modo específico en cualquier propuesta de división regional a la
que se arribe de modo operativo en un escenario de mediano plazo.

CEPAL

298

Mapa V.1
REPÚBLICA DOMINICANA, REGIONES Y PROVINCIAS
SEGÚN EL DECRETO 710-04

María
Trinidad
Sánchez

Dajabon
Rodríguez

Elías Piña
Sánchez
Ramírez

Monseñor

San José

REGIÓN OZAMA

Cristóbal O METROPOLITANA San Pedro de Macorís

Santo Domingo

La Romana

Isla Catalina

Fuente: Oficina Nacional de Planificación División Regional, según decreto No 710, del 30 de julio del
2004.
Nota: Los límites y los nombres que figuran en este mapa no implican su apoyo o aceptación oficial por las
Naciones Unidas.

El 30 de julio de 2004 se emitió el Decreto N° 710, en el que se establece
como una prioridad del Gobierno Dominicano impulsar el desarrollo y la
democratización del país mediante la descentralización de la función pública.
Para ello se estimó que era necesaria la reorganización del ordenamiento
territorial y de la estructura político administrativa del Estado Dominicano. Se
tomó como base para este efecto el Decreto 685 del 1 de septiembre de 2000,
en el que se habían definido las Regiones de Planificación Económica y Social;
así, todas las subregiones que se consideraban en el anterior decreto (N° 2465)
se convirtieron en regiones, con una modificación mediante la cual la Región
Cibao Central se había transformado en dos regiones distintas y, además,
se había creado la Región de Santo Domingo junto con el Distrito Nacional.
El criterio del nuevo decreto para modificar la regionalización anterior
se expuso de la siguiente manera: “para que se tomen en cuenta los vínculos
históricos, socioeconómicos, comerciales y culturales entre las diferentes
poblaciones implicadas en la conformación de las distintas regiones de
desarrollo y la opinión pública al respecto”.9 Se estableció una nueva
regionalización del país compuesta por diez Regiones de Desarrollo con sus
respectivas provincias, que se listan a continuación (véase el cuadro V.1).


9

El Congreso Nacional, Decreto N° 710, 30 de julio de 2004.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

299

Cuadro V.1
REPÚBLICA DOMINICANA: REGIONALIZACIÓN
SEGÚN EL DECRETO 710
Regiones de desarrollo
Cibao Norte

Cibao Sur

Cibao Nordeste

Cibao Noroeste

Valdesía

Enriquillo

El Valle

Provincias
Santiago
Puerto Plata
Espaillat
La Vega
Monseñor Novel
Sánchez Ramírez
Duarte
Salcedo
María Trinidad Sánchez
Samaná
Valverde
Santiago Rodríguez
Montecristi
Dajabón
San Cristóbal
Peravia
San José de Ocoa
Azua
Barahona
Bahoruco
Independencia
Pedernales
San Juan
Elías Piña
La Romana

Yuma

Higuamo
Ozama o Metropolitana

La Altagracia
El Seybo
San Pedro de Macorís
Hato Mayor
Monte Plata
Distrito Nacional
Santo Domingo

Fuente: Oficina Nacional de Planificación División Regional, según decreto No 710, del 30
de julio del 2004.

El mismo Decreto 710 establece un conjunto de macrorregiones que
deben servir para definir “grandes políticas territoriales” y que se forman
con varias regiones de desarrollo y son:

300

CEPAL

i)
Macrorregión Norte: Cibao Norte, Cibao Sur, Cibao Nordeste,
Cibao Noroeste.
ii) Macrorregión Suroeste: Valdesía, El Valle, Enriquillo.
iii)Macrorregión Sureste: Yuma, Higuamo, Ozama.
Igualmente, se consideran tres ejes geográficos para la “definición de
grandes políticas de planificación estratégica del desarrollo territorial” con
su propia agrupación de regiones de desarrollo y son:
i) Eje Central: Cibao Norte, Cibao Sur, Valdesía, Ozama.
ii) Eje Occidental o Fronterizo: Cibao Noroeste, El Valle,
Enriquillo.
iii)Eje Oriental: Cibao Nordeste, Higuamo, Yuma.
Los objetivos que fija el decreto para las regiones de desarrollo consisten
en promover la desconcentración administrativa y política de la función
pública en los organismos centralizados autónomos y descentralizados
del gobierno central; alentar el desarrollo regional creando medidas de
articulación e integración de los agentes sociales en el territorio; garantizar
la participación de la comunidad y sus organizaciones para planificar el
uso y la conservación de los recursos naturales y productivos y garantizar
la gestión de los asuntos públicos mediante la concertación democrática
y participativa.
En cuanto a las funciones que se realizan en la regiones de desarrollo
el decreto señala que habrán de: planificar y coordinar las funciones públicas
en las entidades del Poder Ejecutivo y las demás instituciones afines del
Estado en su ámbito territorial; garantizar y promover el apoyo al desarrollo
regional, distrital, provincial, municipal y de las demás divisiones territoriales;
asegurar la prestación oportuna, integral y coherente de los servicios
responsabilidad del Estado y la asignación racional de los recursos económico,
técnicos y materiales a la región por parte del gobierno central; coordinar
con las autoridades políticas y administrativas representativas del territorio
las acciones de las entidades gubernamentales con énfasis en el desarrollo
institucional de los municipios y promover el desarrollo interinstitucional
de los organismos y organizaciones públicas y privadas que actúan en
los territorios.10
 Para seguir los debates y los diversos planteamientos sobre la organización territorial
conviene consultar el documento preparado por el Consejo Nacional de Reforma del Estado
(CONARE, 2004). En este texto puede advertirse la preocupación central que ocupa al tema
territorial y que tiene que ver con la organización política del país y la flexibilización del
modo sumamente centralizado que ha prevalecido en la gestión política. No obstante, este
tipo de aproximación no establece un vínculo explícito con el entorno económico y, así,
con los efectos de la dimensión espacial sobre las condiciones de la actividad productiva
y la promoción del crecimiento del producto y del empleo.

10

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

301

Se estipula que todas las secretarías de Estado y los organismos
descentralizados con presencia territorial deberán establecer una sede en
cada región, localizada en el municipio que sea más idóneo, además de otras
sedes que puedan mantener en otros lugares, según sean las conveniencias
del caso.
Las sedes de las Oficinas Regionales de Programación se fijan en los
siguientes municipios de cada una de las regiones:
- Cibao Norte: Santiago
- Cibao Sur: La Vega
- Cibao Nordeste: San Francisco de Macorís
- Cibao Noroeste: Mao
- Valdesia: San Cristóbal
- Enriquillo: Barahona
- El Valle: San Juan de la Maguana
- Yuma: La Romana
- Higuamo: San Pedro de Macorís
- Ozama o Metropolitana: Santo Domingo Este
Aquellos organismos y programas de carácter nacional que no
necesiten para su operación de establecerse en las Regiones de Desarrollo
podrán organizarse territorialmente con base en las macro regiones o en los
ejes norte-sur. Existen órganos institucionales encargados de la ejecución
del Sistema de Planificación Económica, Social y Administrativa en cada
Región de Desarrollo, así como Intendentes o Delegados Regionales como
representantes del Poder Ejecutivo en cada Región de Desarrollo. Estos
delegados deben cumplir con las atribuciones que les delegue el Poder
Ejecutivo y promover el diseño, ejecución y evaluación de las políticas, planes
y proyectos de desarrollo de la región conforme a lo que se fija en el Sistema
Nacional de Planificación; también deben colaborar con las autoridades
provinciales y municipales para vigilar y fiscalizar los servicios públicos.
Sirven como secretario ejecutivo de las Asambleas y del Consejo Regional
de desarrollo de su demarcación.
En los últimos 25 años se han establecido tres distintas regionalizaciones del país. En 1981 (Decreto 2465-81) se contaban tres regiones (Cibao,
Suroeste y Sureste) con siete subregiones y 30 provincias. En el año 2000
(Decreto 685-00) sólo se denominaron unidades regionales y se contaban 9
de ellas con 31 provincias y un Distrito Nacional. En 2004 (Decreto 710-04)
las regiones se aumentaron a 10 con la división de la antigua Región Este en
las regiones de Higuamo y Yuma y se recolocaron algunas provincias —las
mismas 31 más el Distrito Nacional— entre las Regiones de Desarrollo (Ésta
es la regionalización que se muestra en el listado presentado más arriba).

CEPAL

302

b)

La gestión del territorio

Hay un reconocimiento explícito por parte de los organismos oficiales
sobre la falta de atención que ha prevalecido para promover el potencial
de desarrollo del territorio nacional. Se advierte que en la política pública
de fomento ha habido una fuerte concentración de las inversiones en
infraestructura física en las dos principales ciudades: Santo Domingo y
Santiago. En general, se observa un desarrollo regional de naturaleza desigual
y una falta de aprovechamiento de los recursos de los que disponen las
distintas regiones y localidades.
El objetivo explícito de la regionalización que se ha establecido
en el país (conforme al Decreto 710-04 referido anteriormente) es el de
“delimitar las áreas geográficas que presentan homogeneidad tanto desde
el punto de vista de los recursos naturales como del desarrollo económico
y social, con la finalidad de identificar en ellas potencialidades y diseñar
e implementar políticas de desarrollo que promuevan el crecimiento
armónico y sostenido en un marco de participación y sostenibilidad social
y ambiental” (ONAPLAN, 2005).
Como se aprecia, estas consideraciones aún presentan un
planteamiento muy genérico y se requiere, primero, explicitar los criterios
que definen la homogeneidad de los territorios que se conforman en una
región, sobre todo en cuanto a su relación con el tipo de las actividades
económicas y la promoción de la productividad. En segundo término,
se tiene que contar con las bases de información de índole cuantitativa
(de tipo estadístico a partir de encuestas y censos) y cualitativa (por
ejemplo, la consideración de los elementos relevantes de la historia
local, los patrones de especialización, la estructura y organización de las
empresas, las características de la fuerza laboral, entre otras) que permitan
definir, diseñar e instrumentar diversas medidas de política asociada con
la promoción efectiva del crecimiento de la actividad productiva y del
desarrollo en un sentido más amplio. Estos componentes de una visión
territorial más acabada en su perspectiva económica pueden empezar a
conferir un sentido más práctico a la estrategia del gobierno central para
promover la cohesión territorial, así como a la capacidad de respuesta de
las regiones y localidades.
En la República Dominicana se han producido en las últimas cuatro
décadas diversos acercamientos a la cuestión territorial, que parten de
distintos enfoques y criterios, e incluso se apegan a varios aspectos de tipo
administrativo; pero se reconoce que tal variedad ha impedido una evaluación
justa de los efectos de las medidas de política y gestión que, a partir de esos
distintos objetivos, se han aplicado en términos territoriales.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

303

El Consejo Nacional de Reforma del Estado (CONARE) ha propuesto
un esquema de regionalización para fomentar la descentralización del
Estado. Éste es un objetivo explícito de la política pública y, en este caso, se
asocia con el arreglo jerárquico de tal organización por parte del gobierno
central. Este nivel de gobierno opera mediante las secretarías de Estado
y las instituciones descentralizadas. La propuesta plantea un segundo
nivel desconcentrado de coordinación socioeconómica constituido por las
Regiones, 10 de ellas según el decreto 710, que cuentan con direcciones
regionales. A este nivel le sigue el de las Provincias, que son 31 más un
Distrito Nacional, cuya función es la de instrumentar la gestión política
mediante las funciones que se desarrollan en las gobernaciones. En algunas
provincias existen Consejos de Desarrollo Provinciales, nombrados por el
Presidente y encargados de las funciones que les asigna (como puede ser la
relativa a la infraestructura).11 La escala geográfica desagregada que sigue
corresponde a los municipios, de los que hay 153, que son autónomos y
cuyos gobiernos se renuevan cada cuatro años; tienen un carácter autónomo
y operativo y funcionan en los ayuntamientos.12 No hay actualmente una
propuesta de ley para su conformación y modo de operación y se plantean
para el caso de las ciudades grandes. En la relación que se establece entre el
gobierno central y los distritos municipales, que suman un número de 172,
está la Liga Municipal Dominicana (LMD), una entidad cuya relevancia
debe ser reconsiderada.13
Desde la perspectiva de la reforma del Estado, la descentralización se
concibe como un proceso directamente vinculado con una forma de gestión
que se soporta en última instancia a escala municipal, lo que incluye el
fortalecimiento de las instituciones y de las capacidades de los gobiernos
locales. Dicho proceso está planteado para establecer una tendencia de
reducción del fuerte centralismo que ha definido el orden político del país
(CONARE, 2004). Además, involucra, según la visión gubernamental, las
acciones para acrecentar las capacidades de recaudación de los municipios y
para aplicar los recursos que financia en sus proyectos, y así tiene tanto una
dimensión administrativa como una base territorial. La cuestión que sigue
siendo de relevancia primordial es cómo hacer efectiva la descentralización
para efectos del incremento de la capacidad competitiva de las regiones y
del bienestar de la población.

 Al respecto existe un nuevo marco legal (Ley 498-06) que crea el Sistema Nacional de
Planificación e Inversión Publica.
12
 El CONARE ha propuesto que de los municipios se desprenda una estructura dual que
contenga a los distritos municipales, con sus secciones rurales y los distritos metropolitanos
con sus sectores urbanos. En esta propuesta los distritos cuentan con sus juntas municipales
y los sectores con las delegaciones barriales.
13
 La Ley 176-07 del Distrito Nacional y los Municipios modificó el papel de la LMD.
11

304

CEPAL

La Subsecretaría de Estado de Planificación cuenta con mapas de
regionalización propuestos por distintas dependencias gubernamentales
encargadas de la gestión de sectores específicos. Entre estos casos de división
regional del país están los siguientes ( véase los mapas V.2 a V.8):
Instituto Agrario Dominicano
Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos
Secretaría de Estado de Agricultura
Secretaría de Estado de Educación
Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales
Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social
M
 ercados Territoriales de Empleo y Trabajo; Secretaría de Estado
de Trabajo.
La Secretaría de Estado de Trabajo, en el marco de su Programa de
Capacitación y Modernización Laboral, ha elaborado, por ejemplo, una
regionalización en la que se destacan los territorios dedicados a la actividad
de sector turístico, en el marco de un estudio sobre las necesidades de
capacitación en el ámbito hotelero.14
Aun cuando estas propuestas de regionalización cumplen una
función en la aplicación de las políticas públicas de diversa naturaleza,
hay una necesidad de establecer las pautas políticas y administrativas para
hacer operativa la gestión del espacio y, desde, ahí, establecer las acciones
para acrecentar la cohesión del territorio. En todo caso, estas formas de
regionalización indican que hay un acercamiento geográfico que sirve
de base para alcanzar el objetivo de la cohesión, que en el marco de este
estudio se enfoca en los aspectos relacionados con la actividad económica
y los fenómenos productivos y sociales.



14

Secretaría de Estado de Trabajo, Programa de capacitación y modernización laboral. Necesidades
de capacitación en el subsector hotelero de la Región Este en la República Dominicana,
Douglas Hasbun, junio de 2006.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

305

Mapa V.2
REGIONALIZACIÓN DEL INSTITUTO AGRARIO DOMINICANO

María
Trinidad
Sánchez

Rodríguez

Elías Piña

Monseñor

Sánchez
Ramírez

San José

San Pedro de Macorís

Cristóbal

Isla Catalina

Kilómetros

Fuente: Oficina Nacional de Planificación Gerencias Regionales del Instituto Agrario Dominicano - IAD
Nota: Los límites y los nombres que figuran en este mapa no implican su apoyo o aceptación oficial por
las Naciones Unidas.

Mapa V.3
REGIONALIZACIÓN DEL INSTITUTO NACIONAL DE RECURSOS HIDRAÚLICOS

María
Trinidad
Sánchez

Rodríguez

Elías Piña

Sánchez
Ramírez
Monseñor

San José
Cristóbal

San Pedro de Macorís

Isla Catalina

Kilómetros

Fuente: Oficina Nacional de Planificación Distritos de Riego del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos
INDRHI.
Nota: Los límites y los nombres que figuran en este mapa no implican su apoyo o aceptación oficial por
las Naciones Unidas.

CEPAL

306

Mapa V.4
REGIONALIZACIÓN DE LA SECRETARÍA DE ESTADO DE AGRICULTURA

María
Trinidad
Sánchez

Rodríguez

Elías Piña

Sánchez
Ramírez

Monseñor

San José
Cristóbal

San Pedro de Macorís

Isla Catalina

Kilómetros

Fuente: Oficina Nacional de Planificación División Regional de la Secretaría de Estado de
Agricultura - SEA.
Nota: Los límites y los nombres que figuran en este mapa no implican su apoyo o aceptación oficial por las
Naciones Unidas.

Mapa V.5
REGIONALIZACIÓN DE LA SECRETARÍA DE ESTADO DE EDUCACIÓN

ñ

San Pedro de Macorís

Isla Catalina

Kilómetros

Fuente: Oficina Nacional de Planificación División Regional Secretaría de Estado de Educación - SEE.
Nota: Los límites y los nombres que figuran en este mapa no implican su apoyo o aceptación oficial por las
Naciones Unidas.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

307

Mapa V.6
REGIONALIZACIÓN DE LA SECRETARÍA DE ESTADO DE
MEDIO AMBIENTE Y RECURSOS NATURALES
Río
Chacuey

Río
Bajabónico

Monte Cristi

Puerto Plata
Espaillat

Valverde

Salcedo

Río Santiago Rodríguez
Maguaca
Río Santiago
Yaque del Norte

Río
Yaque del Sur

Lago
Enriquillo
Bahoruco
Laguna
Cabral
Barahona

Pedernales

Río
Nizaito

Samana

Sánchez Ramírez

Monseñor
Nouel

Azua
Independencia

Océano Atlántico

Río
Yuna

La Vega

San Juan

Río
Baquí
Río
Boba
Río
Nagua

Duarte

Elías Piña

Río
Artibonito

M.Trinidad Sánchez

Río Yásica

Dajabon

San José
de Ocoa

Río
Río Jura
Tábara

San
Cristóbal

Río
Río
Río Haina
Ocoa Nizao
Río
Nigua

Río
Yabón

Monte Plata

Río Ozama
Santo
Domingo

Río

Maimón
El Seybo
Hato Mayor Río Soco Río
Río Higuamo
San Pedro
de Macorís

Chavón

Río
Cumavasa

Río

La Altagracia

La Romana Yuma

Río Dulce

Peravia

Leyenda
Límite provincial
Cuencas hidrográficas

Mar Caribe

Yuna
Península oriental

Laguna Oviedo

Costa sur
Yaque del sur
Costa Atlántica
Kilómetros

Yaque del norte
Procurrente de Barahona

Fuente: Oficina Nacional de Planificación Regiones Hidrográficas de la Secretaría de Estado del Medio
Ambiente y Recursos Naturales - SEMARN.
Nota: Los límites y los nombres que figuran en este mapa no implican su apoyo o aceptación oficial por las
Naciones Unidas.

Mapa V.7
REGIONALIZACIÓN DE LA SECRETARÍA DE ESTADO
DE SALUD PÚBLICA Y ASISTENCIA SOCIAL

Elías Piña
6 San Juan

ñ

San Pedro de Macorís

Isla Catalina

Isla Saona

Isla Beata

Kilómetros

Fuente: Oficina Nacional de Planificación División Regional Secretaría de Estado de Salud Pública y
Asistencia Social - SESPAS. Estos mapas se publican exclusivamente con fines ilustrativos y no sanciona
fronteras nacionales ni internacionales.
Nota: Los límites y los nombres que figuran en este mapa no implican su apoyo o aceptación oficial por
las Naciones Unidas.

CEPAL

308

Mapa V.8
MERCADOS TERRITORIALES DE EMPLEO Y TRABAJO
Montecristi
041

Villa Vásquez
072
Guayubín
045

Pepillo
Las Matas de
Salcedo
Santa. Cruz
086
117
Presa de ChacueyPresa de Maguaca
Dajabón
044
Partido
115

San Ignacio de
Sabaneta
046

El Pino
151

Loma de
Cabrera
073

Luperón
040

Villa Isabela
121

Castañuelas
101

Villa
Los Almácigos
116

Imbert
038
Los Hidalgos
Río
102
Puerto Plata
Ba
Sosúa
jan
037
Guananico
097
bic
oo
120
Laguna Salada
Yásica
092
Río
Altamira
039
Esperanza
033
Jamao
Río
Yaq
Villa
al Norte
ue
Gaspar Hernández
del
Bisonó
133
orte
N
061
Villa
096
González
094
Río San Juan
Mao
Tenares
081
Tamboril
034
064
Moca
032
Santiago de Los Caballeros
054
031
Río Bob
a
Licey al Cayetano
Salcedo
Monción
Medio
055
Germosén
042
095
088
Presa de Bao

Restauración
043

San José de
Las Matas
036

Villa
Tapia
051

Presa de Taveras
Jánico
035

Pedro Santana
074

Presa de Sabaneta
Las Matas de
Farfán
011

Maimón

Constanza
053

San Juan de la Maguana
012

Hondo Valle
075

Presa de Sabana Yegua

Tamayo
076

Galván
113

Hato Mayor
027

Villa Altagracia Santo Domingo
068
Oeste
224

San
Cristobal
002

Baní
003

Yaguate
082

Las Salinas
137
Cabral
019

Santo Domingo Norte
225
Santo Domingo Este
a
zm
223
Oa
Río
Boca Chica
226

Distrito Nacional
001
Bajos de Haina
093

San José
de Los Llanos
024

ío
R

Consuelo
138
Quisqueya
146

So
oc

Ramón Santana
030

San Pedro de Macorís
023

Higüey
028

Guaymate
103

La Romana
026

a

Presa de jigüey
San José de
Ocoa
Estebanía
013
132
Presa de Aguacate
Cambita
Garabito
104
Las Charcas
Presa de Valdesia
135

El Peñón
130

El Seibo
025

um
íoY
R

Vicente Noble
079
Duvergé
020

Azua
010

Yamasá
005

Bayaguana
004

Rancho
Arriba
152

a
oc
íO
Ro

Sr
dl u
ee
qu
Ya
Río

Lago Enriquillo

Monte Plata
008

y
ue
D
Río

Isla Cabritos
Jimaní
077

Peralta
106

Río Ozama

o
H uer
Ríoig

Villa
Jaragua
078

Las Yayas de Viajama
125

Neiba
022

Sabana
Larga
150

ao
iz
íoN
R

Vallejuelo
108

Miches
029

El Valle
100

118

Piedra Blanca
123

Padre Las Casas
017

El Cercado
014

Postrer
Río
099 Los
Ríos
112

Samaná
065

Sabana de la Mar
067

Sabana Grande de Boyá
090

Presa de Hatillo

Bonao
048

Juan de
Herrera
129

Las Terrenas
134

Arenoso
Río 119
Yuna
Villa Riva
Sánchez
058
066

Cevicos
052

Cotuí
049

Bohechío
109

El Llano
110

La
Descubierta
070

El Factor
136
Castillo
059

Jima Abajo
122 Fantino
087 Villa La Mata una
155
Y
Río
Presa de Rincón

Jarabacoa
050

Bánica
015

Comendador
016

Océano Atlántico

Nagua
071

San Francisco de Macorìs
056

Pimentel
057
Las Guáranas
143

La Vega
047

Cabrera
060

San Rafael del Yuma
085

San Gregorio de Nigua
140

ISLA CATALINA

Sabana Grande de. Palenque
083
Nizao
084

Barahona
018
Polo
111

Pedernales
069

ISLA SAONA

Enriquillo
021

Paraíso
080

Mar Caribe

Mercado occidental
Mercado turístico

Oviedo
091

0

20

Mercado oriental

40
Kilómetros

Mercado central

ISLA BEATA

Fuente: Oficina Nacional de Planificación Regiones Hidrográficas de la Secretaría de Estado del Medio
Ambiente y Recursos Naturales - SEMARN.
Nota: Los límites y los nombres que figuran en este mapa no implican su apoyo o aceptación oficial por las
Naciones Unidas.

2.

Algunos elementos de la dinámica territorial

Las regiones, como entidades territoriales, se conciben como formas específicas
de representación de los procesos sociales que ocurren en un momento
determinado. Para analizarlas se parte de considerar la manera en que se
establecen las interrelaciones de los asentamientos humanos que conforman
un espacio homogéneo; para ello debe tenerse en cuenta cómo intervienen
en ese espacio los factores de índole física, histórica, social, cultural y
económica. En consecuencia, es necesario determinar los criterios que definen
esa homogeneidad, según advierten Yunén y María (2003-2004)
Los mismos autores señalan, entonces, que una región no constituye
un fenómeno estático definible a partir de un conjunto de indicadores, sino
que exige una determinación del modo en que ha evolucionado el proceso
de formación de las distintas regiones del país. Este método es, sin duda,
necesario para generar una visión integral del carácter regional y de la
manera en que las regiones interactúan en el proceso de desarrollo.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

309

No obstante, una base suficiente, pertinente y consistente de indicadores
demográficos, económicos, sociales, y de la infraestructura material, representa
una fuente de información útil para el análisis de los fenómenos que se
examinan en términos del territorio y para la formulación de las políticas
públicas que pueden incidir de modo favorable en una mayor cohesión.
Contar con este tipo de información, generada de modo periódico, uniforme
y ordenada, sirve para organizar el conocimiento de la dinámica regional en
la doble dimensión del espacio y el tiempo. Por ende, no debería relegarse
este componente del análisis regional. Para ello, por supuesto, debe contarse
con el sustento institucional que provea la información requerida conforme
a ciertos criterios previamente definidos en términos de los objetivos y las
estrategias de la planeación y de las políticas públicas y su relación con los
entes de carácter privado y social.
En la evolución histórica de los asentamientos humanos se destaca
el hecho de que a mediados del siglo XIX se habían definido ya en la
República Dominicana tres grandes grupos territoriales, aunque no integrados,
que eran: el cibaeño, el oriental y el sureño. Dichas agrupaciones del territorio,
según apuntan Yunén y María, se relacionaban con el Estado para obtener
beneficios y respondían a un esquema basado en la acción de caudillos de
arraigo local cuyo poder se ejercía en distintas regiones sin que existiera una
noción clara de la unidad nacional.15 Debido a la limitación de los medios
para las comunicaciones, las regiones mantenían una relativa libertad de
acción frente al gobierno central, lo que acrecentaba la pugna regionalista
en un entorno que había sido dominado por el Cibao.
Los factores internos y externos (principalmente originados en
Estados Unidos y desde Europa) generaron una organización territorial
que en ese período sirvió para definir una estructura en la que cada región
se sostenía económicamente por medio de la exportación de productos
agropecuarios. Al mismo tiempo, esa dinámica comercial determinó la
construcción de una infraestructura de transporte que repercutió en la
movilidad de la población y la consiguiente marginación de los poblados
más pequeños.

 Yunén había argumentado ya en su libro La isla como es que el Estado dominicano se había
constituido en función de proteger la propiedad privada y siguiendo los lineamientos del
liberalismo económico. Así, la nación permanecía abierta a las inversiones foráneas, las
cuales estimulaban la economía dentro del ámbito del comercio internacional. El Estado
tuvo que descansar en aquellas actividades productivas que aseguraban la captación de
fondos vía los impuestos aduaneros de exportación e importación. Por esta razón, tuvo
que proteger y respetar las actividades empresariales de cada una de las regiones, las
cuales muy raras veces se intercomunicaban entre sí debido principalmente a problemas
de acceso físico.

15

310

CEPAL

A principios del siglo XX el comercio exterior fue progresivamente
controlado por el capital estadounidense y provocó un crecimiento urbano
desordenado. Este proceso se fincó en la intervención de los años 1916 a 1924 y
luego en la dictadura de Trujillo, entre 1930 y 1961. Así, se concentró la población
en unas cuantas ciudades y el territorio adoptó en general una posición
cada vez más periférica, de modo que los beneficios de ese ordenamiento
se centraron primordialmente en Santo Domingo, y en segundo término,
en Santiago. La industrialización basada en la sustitución de importaciones
alentó la forma de desenvolvimiento desigual del territorio y de la estructura
urbana, con lo que se favoreció la centralización económica y política y la
concentración poblacional; esta tendencia se acentúo en la etapa postrujillista.
El proceso de urbanización en la República Dominicana ha seguido
el mismo patrón observable en la mayoría de los países latinoamericanos.
Este patrón se caracteriza por un crecimiento heterogéneo del territorio a
escala regional, con una concentración de los habitantes en ciudades que se
convierten en polos de atracción de la población con base en los ciclos de
crecimiento (en ocasiones sería admisible juzgarlas como polos de desarrollo
en un sentido más clásico del término); al mismo tiempo, se advierte el
rezago de los sectores rurales y así se provoca un entorno de creciente
desigualdad económica, social y espacial. Las principales ciudades crecen
de modo acelerado y esto se acompaña de la proliferación de poblados
pequeños y medianos en la periferia, los que suelen crecer de modo más
acelerado por el menor costo de la tierra y, en general, del sustento familiar
(Yunén y María, 2003-2004).
En 1920 se registraban siete centros urbanos con más de 5 000 habitantes,
siendo la ciudad más grande Santo Domingo con 31 000 y a la que se
sumaban: Santiago, San Pedro de Macorís, Puerto Plata, La Vega, La Romana
y San Francisco. Estas poblaciones se ubicaban en la costa y se vinculaban
con actividades comerciales con el exterior y en localidades del interior
en donde desempeñaban funciones de centros de comercialización de los
productos agrícolas de la zona el Cibao, tanto en el mercado local como
en el de exportación. Santo Domingo operaba como un puerto comercial y
como capital del país.
Entre 1935 y 1950 se advierte la expansión de la ciudad de Santo
Domingo que en el primero de esos años tenía una población del orden de
71 000 habitantes, poco más del doble que Santiago. En 1950 la diferencia
entre ambas ciudades era de 3,2 veces, mientras que las demás contaban
con menos de 20 000 habitantes. Para 1960 había 95 localidades urbanas que
concentraban la tercera parte de la población total; siete de ellas superaban
las 20 000 personas y significaban dos terceras partes de la población
urbana. Ellas eran: Santo Domingo con más de 350 000 habitantes, San

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

311

Pedro de Macorís y La Romana en la zona sureste, Santiago y San Francisco
de Macorís en el Cibao, y San Juan y Barahona en el suroeste. En 1970 las
localidades urbanas —que habían permanecido prácticamente en el mismo
número— concentraban 40% de la población total y Santiago era la segunda
ciudad en rebasar los 100 000 habitantes, en tanto que Santo Domingo
alcanzaba más de medio millón. Más de la mitad de los centros urbanos
estaban en la región del Cibao. En 1993 se contabilizaban un número de
8 335 asentamientos humanos; más de la mitad de ellos se ubicaban en el
Cibao, un tercio en la región del sureste y menos de una quinta parte en el
suroeste. En esta última zona, sin embargo, se encontraba casi la mitad de
la población total, otro 38% en el Cibao y 12% en el suroeste. La población
urbana representaba 56% del total y se distribuía en 154 localidades, de las
que 23 tenían más de 20.000 habitantes. La dinámica de la urbanización y los
cambios en los patrones productivos fueron elementos que contribuyeron
a redefinir la especialización espacial en al país.
Yunén y María consideran que desde hace prácticamente 50 años el
sistema urbano del país ha respondido al efecto de cuatro principales factores:
a) una urbanización muy dependiente de las repercusiones provenientes del
exterior; b) la desarticulación de la estructura agraria debida a la expulsión
de la población de las áreas rurales; c) la metropolización que conlleva la
concentración del control de la actividad económica y política en la capital
Santo Domingo, y d) un patrón de inversiones públicas y privadas que
alienta el crecimiento de algunas zonas y ciudades, con la formación de
tipos de enclave que provocan la desarticulación espacial.
Con base en el estudio realizado por el Consejo Nacional de
Asuntos Urbanos en 2000 se identificaron doce subsistemas urbanos. A
partir del papel de las principales ciudades en el conjunto de las redes
urbanas se puede establecer una perspectiva de tipo regional. Así,
los autores de referencia señalan que en la Región Sureste, el centro
lo constituye Santo Domingo, tanto por contar con la ciudad capital
nacional, como por su predominio sobre las ciudades centrales de los
otros dos subsistemas de esa región que son: San Pedro de Macorís y
La Romana que se relacionan con aquella y con muy poca articulación
entre ellas. El subsistema Santo Domingo tiene una red urbana que se
despliega hacia el norte (Sabana Grande de Boyá, Bayaguana, Monte
Plata, y Yamasá) y otra hacia el suroeste (San Cristóbal, Bajos de Haina,
Baní, San José de Ocoa y Cambita). El subsistema de San Pedro tiene como
ciudad central a San Pedro de Macorís y se conforma por cuatro ciudades
(Hato Mayor, Consuelo, Quisquilla y Sabana del Mar). El subsistema La
Romana tiene como centro a la ciudad del mismo nombre y se forma
de cuatro ciudades (Higuey, El Seibo, Miches y San Rafael del Yuma).

312

CEPAL

En la Región del Cibao se sitúa la ciudad de Santiago de los Caballeros,
que es el centro de un subsistema y también es la Ciudad Central Regional
(cuenta con las ciudades de Moca, Esperanza, Villa Bisonó, Tamboril, San
José de las Matas y Villa González). En esa región hay otros cinco subsistemas
urbanos: Mao (Sabaneta, Dajabón, Montecristi, Villa Vásquez, Las Matas de
Santa Cruz, Laguna Salada y Loma de Cabrera); Puerto Plata (Sosúa, Imbert y
Gaspar Hernández); La Vega (Bonao, Cotuí, Jarabacoa, Maimón, Fantino, Jima
Abajo y Piedra Blanca); San Francisco de Macorís (Cotuí, Salcedo, Pimentel,
Las Guáranas, Tenares y Castillo) y, Nagua (Sánchez, Samaná y Río San Juan).
En la Región Suroeste no se identifica un centro único por la situación
de incipiente desarrollo económico prevaleciente y la limitación de la red
de carreteras. Hay tres subsistemas urbanos que se relacionan de modo
débil entre ellos y son: Barahona, San Juan y Azua (las ciudades centrales
son dependientes de Santo Domingo). El subsistema Barahona tiene dos
redes urbanas con esa misma ciudad en posición central; la red ubicada al
noroeste (Neiba, Cabral, Tamayo, Vicente Noble, Duvergé, Villa Jaragua,
Galván y Jaminí) y la red hacia el suroeste (Pedernales, Enriquillo y Paraíso).
Los otros dos subsistemas son el de San Juan (San Juan de la Maguana, Las
Matas de Farfán, Comendador, Villajuelo y El Cercado) y el de Azua que se
estructura al interior de una sola provincia (Padre de las Casas).
Con la información estadística que consideran estos autores, y que
abarca hasta el año 1993, concluyen con respecto al desarrollo urbano que
aparte de algunos intentos de ordenamiento territorial en Santo Domingo
y Santiago, las ciudades del país han crecido sin planificación, proceso que
en general se ha dejado en manos de los ayuntamientos, sin que exista aún
una política nacional en este terreno.
Los datos censales de población del año 2000 indican la más reciente
distribución de los habitantes y permiten apreciar el crecimiento de los
asentamientos urbanos en el territorio nacional durante la última década.
Es necesario poner al día la información acerca de las redes de ciudades
y las características actuales de la localización de la población por tipo de
asentamiento y establecer las vinculaciones con el patrón de las actividades
económicas del país. Este panorama es un insumo básico para poner al día el
análisis del desenvolvimiento regional y trabajar en las cuestiones relativas
a la cohesión territorial y su repercusión en las condiciones del bienestar
social y de la productividad.
Como ocurrió de manera generalizada en América Latina, a la
conformación económica y del patrón de urbanización asociado con la
industrialización sustitutiva de importaciones, siguió en la década de
1970 un modelo que favoreció la apertura de la economía. Esto significó la

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

313

liberalización de los movimientos de mercancías y de los flujos de capitales,
acompañada de la privatización de diversos sectores y un consiguiente y
profundo achicamiento de las actividades de planeación del Estado. El
privilegio a la asignación de los recursos por medio del funcionamiento de
los mercados significó un reacomodo cuyo impacto en términos de eficiencia
y de las condiciones de bienestar es actualmente motivo de reconsideración
y ponderación, y ese mismo esquema incidió en la configuración urbana y
rural. En ese período se advierte un incremento de la actividad productiva
en el sector de los servicios, como es el caso, por ejemplo, del turismo y,
también un cambio en los movimientos de la población tanto al interior del
territorio como hacia el exterior, es decir, fenómenos de migración interna
y al exterior del país.
3.

Territorio y cohesión: observaciones iniciales16

Es posible afirmar, sin demasiado riesgo de exageración, que desde la
perspectiva del Estado no existe una concepción integral del territorio, que se
expresara en una organización funcional del gobierno y de las instituciones
encargadas de generar información de índole espacial, y de diseñar y aplicar
políticas públicas y medidas de planeación del crecimiento y el desarrollo en
esta materia. Esto se advierte de alguna manera en la perspectiva que ofrece el
desenvolvimiento de los subsistemas urbanos y la dinámica de asentamiento
de la población, así como en la estructura productiva predominante y su
expresión en el mercado de trabajo.
Existe en el país una forma de representación de las regiones, las
provincias y los municipios que está asociada estrechamente con un carácter
muy concentrado del Estado y que torna a las unidades territoriales muy
dependientes del gobierno central. No se observa un proceso de ordenamiento
explícito del territorio en su conjunto que, por una parte, se organiza a
partir de las actividades que generan empleo u ocupación asociado a los
circuitos del mercado interno y externo (con poca articulación entre ellos),
y por otra parte, vinculado con la persistencia del fenómeno de la pobreza
(como ocurre en los mercados fronterizos).
La cohesión se puede entender de modo general como un sistema de
gestión del territorio en el que están involucrados tanto el Estado como la
sociedad. Este sistema abarca la forma en que se establecen y, sobre todo,


16

Este trabajo se realizó en un período limitado de tiempo y se hicieron sólo dos cortas
visitas de trabajo al país. Las apreciaciones que aquí se hacen son, necesariamente, de tipo
preliminar y basadas en una información y conocimiento aún incompletos y fragmentarios.
Durante las visitas de referencia se entrevistó a un extenso número de especialistas y
funcionarios relacionados con el tema territorial que complementaron de modo significativo
la información documental y el acercamiento a una serie de instituciones públicas.

314

CEPAL

en que se reproducen las relaciones entre diversos grupos y comunidades.
Así, el concepto al que se hace referencia comprende también un modo de
administración consistente con una serie de objetivos que se definen, por
ejemplo, en el entorno que crea las condiciones del bienestar de la población
y el proceso de generación de ingreso y de riqueza. En este sentido, la noción
de reproducción de los factores que generan y fortalecen la cohesión territorial
debe concebirse de modo específico para el caso dominicano.
En todo caso, debe reiterarse que no existe aún una organización en
las áreas del gobierno que sea efectiva para instrumentar el ordenamiento
territorial y configurar las pautas de la cohesión espacial. Eso ocurre a pesar
del amplio conjunto de planes, programas y leyes que se han aplicado
en determinado momento. No hay, pues, un ámbito de coordinación de
planteamientos, estrategias y medidas de política que resuelva, incluso,
las contradicciones y posibles duplicaciones que se advierten en la gestión
del territorio.
Algo similar ocurre con los sistemas de información estadística que
no se adaptan, necesariamente, a las tareas específicas de la gestión espacial.
Hay, sin duda, información de distintos niveles y extensión en su cobertura
(demográfica, geográfica, económica, de empleo, y del medio ambiente y
los recursos naturales), pero no está diseñada todavía para los propósitos
de crear un entorno espacial más cohesionado. Esta cuestión se reconoce de
modo explícito, por ejemplo, en el caso de la planeación urbana, pero puede
aplicarse a otros ámbitos. El Consejo Nacional de Asuntos Urbanos señala
una serie de deficiencias que de alguna manera pueden hacerse extensivas
a los demás sectores:
a) ”Hay una cantidad considerable de datos dispersos y de informaciones
que están relacionados con nuestros asentamientos humanos, y que
pueden aportar valiosísimos insumos para la gestión de mejores
procesos de planeamiento urbano.”
b) “Encontrar la información adecuada en el momento preciso y en
la escala pertinente de agregación es una tarea que se torna cada
vez más difícil. La información no se ordena como corresponde
debido a la falta de recursos financieros y personal capacitado, a
un desconocimiento de su valor y de su disponibilidad y a otros
problemas inmediatos apremiantes.”
c) “Incluso en aquellos lugares en que existe la información es posible
que no sea fácil acceder a ella ya sea debido a la falta de tecnología
para un acceso efectivo o al costo que entraña.”
d) “Hay una deficiencia generalizada entre los diversos sectores de la
nación, en la capacidad para la reunión y la evaluación de datos,
su transformación en información útil y su divulgación.”

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

315

e) “Carencia total de coordinación entre los diversos actores que
inciden en las actividades de generación, análisis, uso y distribución
de información y en la adopción de decisiones en todos los niveles
y que contribuyan al desarrollo urbano de nuestros asentamientos
humanos y a una sostenibilidad autorregulada de los sistemas
integrados del medio ambiente.”
f) “Hay un alarmante aumento de las diferencias que existen entre
los sectores de la nación en cuanto a la disponibilidad de datos
y el acceso a ellos. Así como también existe un notable rezago
técnico de las instituciones del Estado dominicano en cuanto
al uso de herramientas tecnológicas que puedan hacer más
eficiente la gestión de los servicios que son dispensados a la
población.”
g) “Consecuentemente las instituciones del Estado generan costos
elevados e insostenibles en los procesos de gestión de los
servicios públicos, especialmente en lo concerniente a la gestión
del planeamiento urbano”.17
Ambas circunstancias, la de tipo institucional y la relativa al objetivo,
la disponibilidad, la calidad y la oportunidad de la información y su
sistematización, son aspectos esenciales para establecer políticas generales
de planeación con una perspectiva y una intención específica en términos
espaciales. Éste es un campo de trabajo en el que debe profundizarse mucho,
tanto en la definición de la información que se requiere, las fuentes para
generarla y los procedimientos para ordenarla y sistematizarla e igualmente
en la responsabilidad de los agentes involucrados en todo el proceso. Para
ello deberán hacerse explícitos los criterios y los objetivos de naturaleza
política para el uso de los sistemas de información regional que permitan
fortalecer las tareas de gestión pública para promover el crecimiento del
producto y el empleo, los patrones del desarrollo y su sustentabilidad.18
 CONAU, www.dataurbana.gov.do/Conau/objetivos.html, página consultada en enero de 2007.
 No es suficiente contar con información estadística de buena calidad y recabada de manera
oportuna. La planeación económica y social que tienda de manera efectiva hacia una mayor
cohesión requiere, igualmente, de un conocimiento de la manera en que evolucionan las
condiciones regionales y se estructuran las relaciones sociales a escala local y territorial. Éste
es un trabajo complementario y de tipo interdisciplinario que en algunos países ha llevado
al estudio de la historia local o la microhistoria, que sustenta muchas de las prácticas de
desarrollo que contribuyen a la cohesión territorial y social. Véase, por ejemplo, el libro de
León Bendesky y Raúl Conde, Parral: Comunidad y desarrollo, Universidad Autónoma de
Chihuahua, Chihuahua, México, 2001. Este texto contempla el caso de la ciudad de Parral
que se desarrolló durante 450 años asociada con la producción de la mina de oro y plata La
Prieta, cerrada en 1990, y que obligó a replantear el modo de reproducción de esa sociedad
en un entorno regional que abarcaba el territorio de 21 municipios, en dos entidades
federativas, en los que se extendía su influencia comercial y como proveedora de servicios.

17
18

316

CEPAL

Se pueden identificar en la República Dominicana ciertos elementos
que contribuyen a la creación de una estrategia y una política de cohesión
territorial a partir de las distintas aproximaciones realizadas en diversas
instituciones gubernamentales en los años recientes. No se trata aquí de un
recuento exhaustivo que, no obstante, tendrá que hacerse para contar con un
inventario que sirva de base para organizar el trabajo y establecer las líneas
de organización institucional y la planeación en este terreno.
Se señala aquí, sólo de manera ilustrativa, el caso del mercado laboral.19
Éste aparece como uno de los ejes de la gestión territorial, a partir de la
consideración de cómo se arraiga la población a su referente espacial, es
decir, en términos de su permanencia, desplazamiento y del uso de los
recursos.20 Como ocurre en otros países de la región latinoamericana, el
mercado laboral está segmentado y en él se resienten los efectos de un
conjunto de distorsiones asociadas con el patrón de crecimiento del producto,
la incapacidad de generar suficiente empleo de tipo formal y la consiguiente
expansión de la informalidad (se estima, por ejemplo, que casi la mitad del
comercio que se realiza en la frontera haitiana tiene este carácter), los efectos
provocados por la situación de pobreza que afecta a una parte significativa
de la población y la migración fuera del país, que opera como una válvula
de escape a las presiones en el mercado de trabajo.
En términos genéricos, la política estatal de empleo tiene un enfoque
territorial, a partir de lo local, que incluye cuestiones tales como los flujos y
los incentivos de la inversión pública y privada, los programas de educación
y capacitación, los insumos energéticos y un marco regulatorio para la
migración de Haití. Con todo, estos elementos tienen que ser puestos en
un marco integral con las demás disposiciones que afectan la absorción de
la mano de obra y el incremento de la productividad en términos de los
sectores productivos y su localización geográfica.
Es significativo, con respecto del tema laboral, que las estadísticas
sectoriales se levantan en el Banco Central pero con escasa -o incluso nulaarticulación con las necesidades de una política de empleo. Aun más, el
Banco parece cumplir en este caso con una función que tiene adscrita sin un
fin específico en términos de sus funciones, o bien de aquellos fines propios
de un sistema de estadísticas nacionales que se vinculara con una política de
 Otras áreas en donde se puede acopiar información de índole regional o territorial, son
las de la planeación urbana, el medio ambiente y los recursos naturales, la actividad
turística y algunos elementos de la actividad productiva en que se identifica su localización
geográfica.
20
 Véase, por ejemplo, Rosa Sánchez Betancourt, (2006). También puede consultarse Douglas
Hasbun (2006)..
19

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

317

empleo. Es necesario replantear este tema de la información laboral para que
adquiera un valor en las tareas de planificación y gestión del gobierno.
4.

El nuevo orden institucional para la gestión del territorio
a)

Creación de la Secretaría de Estado de
Economía, Planificación y Desarrollo

Las acciones del gobierno central para reorganizar de modo decisivo
las funciones asociadas con la planificación del proceso de desarrollo y la
gestión del territorio se han plasmado en la promulgación de la Ley N°
496-06 (publicada en la Gaceta Oficial, Santo Domingo, 29 de diciembre de
2006) y que entró en vigor el 1 de enero de 2007.
Esta ley crea la Secretaría de Estado de Economía, Planificación y
Desarrollo (SEEPYD) partiendo de una serie de consideraciones entre las
que destacan, para el propósito de este texto, las siguientes:
i) A efectos de contar con una administración que responda a los
requerimientos del desarrollo con cohesión económica, social,
territorial y administrativa es necesario integrar en una misma
Secretaría de Estado la conducción de los procesos de planificación
con los de modernización del funcionamiento de la administración
y de la gestión de los recursos humanos del sector público, a fin
de asegurar su debida coherencia y consistencia.
ii) El actual marco jurídico en materia de organización del Sistema
Nacional de Planificación Económica, Social, Territorial y
Administrativa tiene un alto grado de obsolescencia y carece de
operatividad, lo que origina que el actual Secretariado Técnico de
la Presidencia tenga escaso poder normativo.
iii)El proceso de modernización administrativa en el ámbito del Poder
Ejecutivo requiere la conducción por una autoridad política que
impulse y coordine reformas de las estructuras y procedimientos, la
mejora de la productividad de los recursos económicos y humanos
y la instrumentación de nuevas tecnologías de gestión pública que
aproxime la administración a los ciudadanos.
iv)Es necesario crear la SEEPYD para que reemplace al actual
Secretariado Técnico de la Presidencia.
El articulado de la ley señala como competencias de la nueva SEEPYD:

318

CEPAL

i) Ser el Órgano Rector del Sistema Nacional de Planificación e
Inversión Pública, para lo cual tiene la misión de conducir y coordinar
el proceso de formulación, gestión, seguimiento y evaluación de las
políticas macroeconómicas y de desarrollo sostenible para alcanzar
la cohesión económica, social, territorial e institucional de la nación.
ii) Ser el Órgano Rector de la ordenación, el ordenamiento y la
formulación de políticas públicas de desarrollo sostenible en el
territorio, como expresión espacial de la política económica, social,
ambiental y cultural.
iii)Podrá crear dependencias desconcentradas territorialmente para
el cumplimiento de sus objetivos.
La Ley confiere a la SEEPYD las siguientes atribuciones y funciones
en el ámbito de la gestión territorial:
i) Ser el Órgano Rector del Sistema Nacional de Planificación
e Inversión Pública y del Ordenamiento y la Ordenación del
Territorio.
ii) Formular la Estrategia de Desarrollo y el Plan Nacional Plurianual
del Sector Público, incluyendo la coordinación necesaria a nivel
municipal, provincial, regional, nacional y sectorial.
iii) Formular y proponer al Consejo de Gobierno una política de
desarrollo económico, social, territorial y administrativa sostenible
tomando en cuenta el uso racional y eficiente de los recursos
productivos e institucionales.
iv) Desarrollar y mantener el sistema estadístico nacional e indicadores
económicos complementarios del mismo.
v) Mantener un diagnóstico actualizado y prospectivo de la evolución
del desarrollo nacional que permita tomar decisiones oportunas
y evaluar el impacto de las políticas públicas y de los factores
ajenos a la acción pública sobre el desarrollo nacional.
vi) Evaluar los impactos logrados en el cumplimiento de las políticas
de desarrollo económico, social, territorial, administrativos y de
recursos humanos.
vii)Definir y proponer una regionalización del territorio nacional que
sirva de base para la formulación y desarrollo de las políticas en

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

319

todos los ámbitos del sector público. Se adscribe a la SEEPYD la
Oficina Nacional de Estadística.
Una de las tres subsecretarías de las que se compone la SEEPYD es
la de Planificación, que está conformada, a su vez, por tres Direcciones
Generales, una de ellas la Dirección General de Ordenamiento y Desarrollo
Territorial (las otras dos son: la Dirección General de Desarrollo Económico
y Social y la Dirección General de Inversión Pública).
La Dirección General de Ordenamiento y Desarrollo Territorial es
responsable de la coordinación intersectorial e interinstitucional, entre
los diferentes niveles de la administración pública y los entes privados a
nivel municipal, provincial, regional y sectorial que inciden en el diseño,
formulación, implementación, gestión y evaluación, de la ordenación y
ordenamiento urbano, rural y calificación del uso del suelo. La ley establece
que a partir del 31 de julio de 2008 se suprime el Consejo Nacional de Asuntos
Urbanos y sus funciones se transfieren a la Subsecretaría de Planificación
de la SEEPYD.
La Ley N° 496-06 establece un plazo de 180 días a partir de su entrada
en vigor para que la SEEPYD presente a consideración del Presidente
de la República una propuesta de reestructuración de las comisiones,
consejos e institutos de desarrollo regional y territorial existentes, de
manera tal que sus acciones se enmarquen en las políticas y prioridades del
desarrollo territorial.
Esta legislación expresa un mandato para la reorganización profunda
de los sistemas de gestión territorial que incluyen: la modernización de
los instrumentos analíticos y estadísticos, los criterios para la definición
y aplicación de las políticas gubernamentales, le reestructuración de las
instancias públicas y la fijación de las pautas de coordinación necesarias
entre ellas y la capacitación del personal técnico y administrativo encargado
de su funcionamiento.
b)

La Ley de Planificación e Inversión Pública

Al mismo tiempo que se modificó la estructura y organización del
gobierno con la creación de la SEEPYD, se promulgó la Ley de Planificación e
Inversión Pública (Ley N° 498-06, Santo Domingo, 28 de diciembre de 2006),
para ordenar las acciones de fomento del desarrollo económico.
Esta ley tiene un carácter regional expreso derivado del problema de
la localización territorial propio de las inversiones públicas y que se expresa
en la organización del sistema de planificación que establece. Las entidades

320

CEPAL

que conforman el sistema incluyen al gobierno central y los Consejos de
Desarrollo Regional, Provincial y Municipal.
Conforme al artículo 14 de la ley, los Consejos de Desarrollo son la
instancia “de participación de los agentes económicos y sociales a nivel del
territorio que tiene como función articular y canalizar demandas de los
ciudadanos ante el gobierno central y el gobiernos municipal”; además:
“participarán en la formulación de los Planes Estratégicos de Desarrollo
Territorial según corresponda”. En ese mismo artículo se indica cómo se
componen los Consejos con representantes de las distintas escalas territoriales
de carácter político administrativo (Gobernadores de las provincias y
síndicos municipales), e incluyen representantes del Congreso (senadores y
diputados); representantes de los empresarios, de los gremios profesionales
de las provincias y de las instituciones de educación superior de las provincias
que integran las regiones únicas de planificación; también contarán con
presencia de miembros de asociaciones productivas, organizaciones no
gubernamentales y juntas de vecinos. Los Consejos tienen asignadas funciones
específicas en la definición, la formulación y el seguimiento del proceso de
planificación y sus propuestas serán consideradas en la elaboración del Plan
Plurianual del Sector Público.
Entre los instrumentos de la planificación considerados en la ley
destacan por su incidencia territorial la elaboración de Planes Regionales
que expresarán las orientaciones del Plan Plurianual con la participación de
los Ayuntamientos de los Municipios y del Distrito Nacional. Igualmente se
plantea la formulación de los Planes Estratégicos Sectoriales e Institucionales
de mediano plazo cuya base son las políticas, objetivos y prioridades a nivel
sectorial e institucional. Esto abre la posibilidad de cruzar la planificación
sectorial y territorial del desarrollo.
La parte de la ley que corresponde a la inversión pública señala como
instrumentos al Plan Plurianual y al Sistema de Información y seguimiento
de la cartera de proyectos. Se fijan responsabilidades a los ayuntamientos
de los municipios y del Distrito Nacional en el proceso de planeación de
las inversiones. Los ayuntamientos deberán elaborar planes municipales de
inversión pública de mediano y corto plazos, con los proyectos correspondientes
y se encargarán de su ejecución. Deberán registrar en el Sistema Nacional
de Inversión Pública aquellos proyectos que hayan sido presupuestados en
cada ejercicio anual y tendrán que informar periódicamente al Secretariado
Técnico de la Presidencia sobre la ejecución. Para realizar estas labores, los
ayuntamientos podrán celebrar convenios de asistencia técnica con dicho
Secretariado para contar con la capacidad de generar y programar los
proyectos de inversión y tener sistemas de información para el seguimiento
de su cartera. Si el trabajo de los ayuntamientos es satisfactorio podrán

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

321

incorporarse a programas de cofinanciamiento con el Poder Ejecutivo para
realizar los proyectos de inversión municipales.
La Ley N° 498-06 es un instrumento que ofrece la posibilidad de crear
mejores condiciones para cumplir con dos objetivos básicos de las políticas
de desarrollo, a saber, una mayor creación de empleos bien remunerados
y la generación de un patrón de convergencia territorial que aminore las
grandes diferencias existentes entre las regiones del país. Aunque este
objetivo no se hace explicito en la ley, las inversiones públicas, como parte
inherente de la planificación son un elemento que puede favorecer la mayor
cohesión territorial y social.
Debe mencionarse, por último, pero con igual rango de importancia,
la promulgación de la Ley 176-07 sobre el Distrito Nacional y los municipios.
5.
Breves consideraciones prospectivas
en torno a la gestión territorial
a) La creación de la SEEPYD y la promulgación de la Ley de Planificación
e Inversión Pública constituyen un cambio relevante en un aspecto
clave del proceso de desarrollo económico relacionado con el
entorno institucional. Es en dicho entorno en el que se van creando
de manera progresiva los lineamientos legales, normativos y
reglamentarios que sirven de apoyo a las actividades que realiza el
gobierno. Conforman, también, el conjunto de los incentivos para
las acciones de los agentes económicos del sector social y privado
que tienen que ver con las decisiones del gasto en inversión y los
efectos multiplicadores que puede generar.
Por ende, mediante el marco institucional se pueden ir creando
el conjunto de las economías externas y los circuitos de causación
acumulativa que soportan el incremento de la productividad y la capacidad
competitiva de las actividades económicas, al tiempo que se promueven las
aglomeraciones productivas y urbanas de una configuración territorial más
eficiente y capaces de generar condiciones de mayor equidad en cuanto al
bienestar colectivo.
b) El ámbito institucional de las actividades de planeación emprendidas
por el gobierno requiere de los instrumentos para hacerlo operativo
en el campo del desarrollo. En el caso particular de la gestión del
territorio, una cuestión relevante consiste en afinar el marco de
referencia regional con el que actualmente se cuenta y que tiene
un carácter muy disperso.
La regionalización puede, en efecto, tener un objetivo particular

322

CEPAL

para la planeación de las actividades en determinados sectores cuyas
materias de atención requieren de criterios específicos para definir metas de
cumplimiento de sus programas y establecer procedimientos de ejecución,
seguimiento y evaluación. Esto se advierte, actualmente, en la experiencia de
la República Dominicana en la que se encuentran distintas aproximaciones
a la cuestión regional usadas por diversas entidades gubernamentales.
No obstante, en términos de la planificación gubernamental, en donde
la promoción del desarrollo tiene un criterio de naturaleza más amplia y
general se puede tender a reducir tal dispersión y avanzar hacia lo que
puede concebirse como una regionalización única. La finalidad, que es a
la vez de carácter técnico y político, es contar con una referencia común
para establecer una política coherente de desarrollo económico y hacer
explícita su vertiente territorial para fortalecer las condiciones de cohesión
en su dimensión espacial. Esta cuestión puede apreciarse, por ejemplo, en
el marco del funcionamiento de las estipulaciones contenidas en la Ley de
Planificación e Inversión Pública, o bien, en las funciones ejecutivas que
debe desempeñar la recién creada SEEPYD.
Así, sería consistente con los cambios ya emprendidos en el campo de
la planificación estatal contar con una ley de regiones que fije los criterios
técnicos y administrativos de la regionalización. Estos criterios deben ser
consistentes con los principios políticos de largo plazo que guían la actividad
planificadora del Estado —en este caso, en un entorno dado por la existencia
de un gobierno central—, en las diferentes escalas en las que se expresa:
nacional, provincial, regional, municipal, urbana y local.
c) La ley de regiones podría convertirse en una herramienta útil
para ordenar y aplicar las políticas públicas que persiguen el
fortalecimiento de la cohesión en materia de las actividades
productivas, las articulaciones sociales y del espacio. La existencia
de una regionalización única puede servir de base técnica y de
gestión pública y financiera para crear uno o varios fondos para la
cohesión con recursos provenientes de los ingresos presupuestarios
y de las fuentes de la cooperación internacional.
Los fondos de este tipo son un medio de las políticas públicas con
un carácter administrativo para asignar de manera eficaz, conforme a una
serie de criterios diversos, los recursos que apoyen los proyectos a escala
regional. También pueden ser un elemento para incidir en la generación de un
proceso de convergencia que vaya aminorando paulatinamente las grandes
diferencias que marcan a la configuración territorial del país. El patrón de
divergencias regionales que hoy se advierte, tanto en un sentido estático
como dinámico, incide de modo adverso en la capacidad de acrecentar las

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

323

condiciones de la productividad y la competitividad, en la generación de
empleos de calidad -bien remunerados y con prestaciones- y en el entorno
más extenso del bienestar social.
d) La planificación del desarrollo con un enfoque regional y territorial
explícito y sustentado en criterios homogéneos, se puede convertir
en el ámbito propicio para plantear un asunto de primer orden
en el campo de las políticas públicas y la gestión presupuestaria.
Éste tiene que ver con las transferencias a los ayuntamientos para
dotarlos de recursos que promuevan de manera efectiva la cohesión
económica, social y territorial.
Un marco de este tipo, a partir de una concepción uniforme de la
situación territorial y sus perspectivas de desarrollo, puede incluso servir
de referencia para considerar las particularidades a escala municipal. Se
trata, en realidad, de que las visiones generadas a una escala de análisis
más grande, como puede ser la regional, no provoque una pérdida de la
especificidad municipal o incluso a escala de las localidades. De tal manera
se contribuye a generar mayores elementos de gestión para configurar las
pautas del ordenamiento del territorio, la consideración de la dinámica
urbana, y las cuestiones del ámbito rural. Por otra parte, permite atender
con mayor eficacia las necesidades locales de planeación del desarrollo y
la ejecución de los proyectos como se establece en la Ley de Planificación e
Inversión Pública y, de modo más amplio, en cuanto a la inversión en bienes
públicos en general.
La planificación del desarrollo y la gestión territorial serán más
efectivas si se cuenta con una definición clara de las competencias políticas
y administrativas de naturaleza intermedia a escala regional. Y no se trata
únicamente de fijar dichas competencias, sino de proveer de los recursos y
capacidades de operación que les permitan cumplir con sus responsabilidades.
Ésta es una condición para hacer efectivas las transferencias de
funciones a escala regional y local, en particular para que ellas ocurran
de una forma que permita superar las restricciones que se reproducen
en el campo administrativo cuando prevalece la descentralización de
funciones y responsabilidades sin un avance más concreto en materia
de desconcentración.
e) Todo proceso de planificación económica tiene una dimensión
cuantitativa. En este caso en particular, que cuenta con una expresión
territorial, requiere de un soporte estadístico y contable que
permita fijar objetivos, determinar metas, establecer presupuestos
y comprobar las etapas de cumplimiento involucrando a distintos

CEPAL

324

niveles de gobierno. Tal sistema de información cuantitativa no se
desprende necesariamente de las fuentes y procedimientos que
actualmente están disponibles. Por lo tanto, será necesario diseñar
un sistema de información regional con bases de datos respecto de
variables de distinto tipo y a partir de las cuales se puedan generar
indicadores y proyecciones útiles para la planeación territorial. En
el marco de una regionalización única se podrán fijar los criterios
para construir este sistema aprovechando la infraestructura de la
actual Oficina Nacional de Estadísticas.

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La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

327

Capítulo VI

Mercado de trabajo

Introducción
Una de las principales preocupaciones actuales para las autoridades de
la República Dominicana se refiere, a la vez, a la situación laboral y a la
evolución del desempleo. Pese a que la economía ha mostrado períodos de
alto dinamismo, en particular durante la segunda parte de la década de 1990,
y después de la crisis de 2003-2004, la evolución del empleo ha sido poco
satisfactoria, ya que la tasa de desempleo amplio se ha mantenido en dos
dígitos, y en algunos momentos llegó a cerca de 20%. El problema, que por
cierto también se ha observado en otros países, incluso industrializados, es
que la economía ha sido incapaz de generar una adecuada oferta de puestos
laborales ante una fuerza laboral que muestra altas tasas de crecimiento
como consecuencia del cambio demográfico.
Al mismo tiempo se han producido importantes modificaciones en
la estructura del mercado laboral como resultado del cambio estructural
de la economía, tanto en el plano interno como en el externo. Al respecto
sobresalen algunos elementos centrales: a) la ampliación del sector informal;
b) una creciente participación de empleos temporales en el empleo total,
que en la mayoría de los casos resultan de menor calidad que los del sector
formal; c) un aumento en la tasa de participación laboral de las mujeres; d)
una mayor demanda por trabajadores con mayores niveles de educación;
f) problemas en la absorción de los jóvenes, y g) cambios en la estructura
económica que conducen a la coexistencia de sectores productivos altamente

CEPAL

328

dinámicos con sectores atrasados, lo que genera distintas dinámicas laborales
que no necesariamente se compensan entre sí.
Como se ha mencionado, estos aspectos no son privativos de la
economía dominicana, pero en este caso parece acentuarse la paradoja entre
crecimiento económico y creación insatisfactoria de empleos a causa de
que este país ha mantenido tasas de crecimiento por encima del promedio
de la región. En este marco, dos temas son relevantes para los diseñadores
de políticas públicas: por una parte, entender las razones que explican
este bajo dinamismo en la creación de empleos y, por la otra, vislumbrar
las posibles sendas futuras en la evolución de esta variable y las políticas
públicas que podrían afectarlas. En el presente capítulo se examinan estas
cuestiones en una perspectiva de análisis que incluye el período 1992‑2006
y las perspectivas que se abren hacia el 2030. En la siguiente sección se
realiza un breve recuento de la evolución macroeconómica del período
1991‑2006, enfatizando el proceso de cambio estructural observado en la
década de 1990. En una sección posterior se presenta una caracterización
del mercado laboral dominicano, que trata los cambios en su estructura y las
modificaciones en su composición, incluyendo un análisis de la evolución del
desempleo. También se discute el impacto en el mercado laboral del sector
informal y los procesos migratorios. En la siguiente sección se detalla un
panorama prospectivo de la evolución del mercado laboral hacia el 2030.
Por último se resumen las principales conclusiones y se exponen algunas
propuestas de política.

A.

Evolución macroeconómica: 1991-2006

El comportamiento económico de la República Dominicana en los últimos
15 años constituye un caso interesante en el contexto de América Latina y el
Caribe, en virtud del alto dinamismo observado en materia de crecimiento.
En el capítulo II de este libro se presentó una revisión de las principales
características de largo plazo de este comportamiento, lo que permite contar
con un marco general de referencia. En esta parte se enfatiza la evolución de
la economía dominicana de los últimos 20 años, detallando algunos cambios
en su estructura, así como algunas acciones de política pública que ayudan a
entender de mejor manera el comportamiento del mercado laboral dominicano.
Hacia finales de la década de 1980 la situación que presentaba la
economía dominicana era similar a la de la mayoría de los países de la región,
caracterizada por un bajo crecimiento, alta volatilidad en el comportamiento
de las principales variables, pérdida de control fiscal, choques negativos a
los términos de intercambio, altos niveles inflacionarios y una disminución
en los niveles de bienestar reflejados en una mayor incidencia de la pobreza
en la población. Entre 1979 y 1991 la tasa de crecimiento real promedio del

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

329

PIB fue de 2,9%. Aun así, cabe acotar que la tasa de crecimiento del ingreso
per cápita en este período fue superior al promedio registrado tanto en
Centroamérica como en América Latina y el Caribe en su conjunto.
1.

Cambio estructural y crecimiento

El importante crecimiento registrado por la República Dominicana en los
años noventa se produjo en el marco de un proceso de reformas estructurales
que contribuyeron a incrementar la tasa de crecimiento económico. Como
respuesta a los años críticos de la década anterior, el gobierno dominicano
instrumentó el Nuevo Programa Económico, que en su primera etapa se
propuso reducir el déficit fiscal mediante el alza de impuestos (el IVA
aumentó de 6% a 8%), disminuir las tasas de protección y simplificar la
estructura arancelaria. A ello respondieron la ley de reforma tributaria en
1992 y la reforma arancelaria en 1992-1993. También se liberalizó el sistema
financiero y se mejoró el esquema de supervisión prudencial, mientras que
en el mercado interno se procedió a una liberalización de precios. En el
ámbito de la política cambiaria se descontinuó el sistema dual de tasas de
cambio, en tanto que en el sector externo se introdujeron importantes cambios
en la política comercial y se inició un agresivo proceso de apertura a los
mercados externos, que significó el abandono de la política de sustitución de
importaciones. Este proceso está ampliamente documentado en un estudio
anterior de la CEPAL (2001) y aquí sólo se hace referencia a algunos de sus
aspectos centrales (la simplificación arancelaria en virtud de la cual desde
1996 sólo se aplican aranceles ad valorem, al tiempo que también se reducía el
arancel de Nación Más Favorecida (NMF). En este proceso se emprendieron
importantes modificaciones legales que afectaron al sector externo, como la
aprobación de una ley de zonas francas en 1990 que propone diversos incentivos
tributarios, elimina la obligación de los impuestos sobre la renta y obligaciones
arancelarias sobre importaciones de materias primas, equipos y maquinarias.
Como resultado del proceso descrito se produjo una importante
dinamización de la economía dominicana a partir de 1992-1993, que se reflejó
en un crecimiento promedio del PIB real superior al 6% anual entre 1991 y
el año 2000, cifra mayor a la registrada en el resto de los países de la región
en el mismo lapso (véase el cuadro VI.1). Incluso, se estima que entre 1996
y 2000 el crecimiento de la economía dominicana se mantuvo por arriba de
su producto potencial. En este marco, el producto por habitante también
observó una tasa elevada, de 4,3% anual, lo que de acuerdo con la CEPAL
(2006), el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (2006)
fue un factor que contribuyó a una reducción en los niveles de pobreza del
país durante ese período. La incidencia de la pobreza se habría reducido
de 33,9% a 28,6% hacia 1999, mientras que la pobreza extrema disminuyó
de 7% a 5%.

CEPAL

330

Cuadro VI.1
REPÚBLICA DOMINICANA: INDICADORES MACROECONÓMICOS, 1991-2006
Promedio
1991-2000

2001-2006

1991-2006

6,3

PIB reala (TC)

5,2

5,8

PIB real per cápita (TC)

4,3

2,1

3,4

Inflación anualb

7,1

17,0

11,1

16,6

16,9

16,7

4,3

2,2

3,5

Exportaciones (% PIB)

26,4

23,3

25,4

Importacionesd (TC anual)

21,2

2,5

14,2

a

Tasa de desocupación ampliadac
Exportacionesd (TC anual)
e

Importacionese (% PIB)
Inversión extranjera directae (md)
Inversión extranjera
directae (% PIB)
Deuda públicaf,e (% PIB)
Saldo cuenta corriente (md)
e

41,5

35,4

39,5

464,3

908,2

612,3

3,2

3,7

3,4

34,6

26,2

31,8

-403,4

8,9

-265,9

Fuente: CEPAL, Anuarios estadísticos de América Latina y el Caribe, 1999, 2004 y 2006 (www.cepal.org).
a
Dólares base 1995. Las cifras para 1991 no son reportadas.
b
El nivel de inflación no se conoce para 1991; la inflación de 1992 y 2006
es un cálculo a partir del cuadro 1.17 de la serie anterior.
c
Tasa de Desempleo Ampliado Urbano. Las cifras corresponden al cuadro 6.21 de la serie anterior.
d
Cambio en exportaciones e importaciones en millones de dólares corrientes hasta
2005, la tasa para las exportaciones en 1993 y para exportaciones e importaciones
para 2006 se estima de los datos del cuadro 1.2 de la serie anterior.
e
Se consideran las cifras hasta 2005 por falta de información.
f
La deuda pública total no es reportada, se toman los valores de la serie anterior
(cuadro 1.12) cuya fuente es el Banco Central y Secretaría de Estado de Hacienda.

En el contexto de este crecimiento dinámico y acelerado se verificó
un cambio en la estructura productiva de la economía dominicana, que
necesariamente afectó las características y composición del mercado
laboral. Un primer componente de este cambio fue la progresiva pérdida
de participación en la producción total de sectores como la agricultura, la
minería y las ramas manufactureras tradicionales. Este último punto está
documentado en el capítulo VIII del presente libro, en donde se destaca la
pérdida de peso de ramas como las productoras de alimentos, bebidas y
tabaco, textiles y prendas de vestir. Por su parte, un mayor dinamismo se
observó en ramas como la de productos no metálicos, metálicos básicos,
sustancias y productos químicos y maquinaria y equipo, en el caso del
sector industrial.
Un segundo componente se registra en el comportamiento del sector
externo. Se observa una importante expansión de la producción para

331

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

exportación, en particular en zonas francas, producto de la liberalización
comercial y la política de promoción a la inversión extranjera, que conducen
a una agresiva inserción de la economía dominicana en la economía mundial
(véase el capítulo X). Hacia 1990 la inversión extranjera directa (IED)
representaba 0,97% del PIB; en 1999 llegó a 6,24%. Éste es un fenómeno
que se presenta en otras economías de la región bajo el impulso del proceso
de apertura comercial y la recuperación del crecimiento de la economía
mundial, y en particular de la estadounidense. Como consecuencia de este
proceso, las exportaciones dominicanas crecieron a una tasa anual promedio
de 14,4% entre 1991 y 2000, mientras que las importaciones lo hicieron a
tasas superiores a 16% anual promedio.
Por fin, el tercer componente que contribuyó al dinamismo de la
economía dominicana durante la década de 1990 fue la expansión del
sector servicios, en particular comercio, turismo y servicios financieros,
como se observa en el gráfico VI.1. Cabe destacar al respecto el caso
particular del turismo, actividad que se convirtió en el principal
receptor de IED, promediando 22,5% del total durante el período 19932006. Como se ha mencionado, estos cambios en la estructura económica
son importantes en la medida en que definen las características del
comportamiento del mercado laboral durante los últimos años. En
especial, como se verá más adelante, la expansión de estos sectores
favorece al empleo femenino.
Gráfico VI.1
REPÚBLICA DOMINICANA: EVOLUCIÓN DEL PRODUCTO
POR SECTOR ECONÓMICO, 1991-2006
(Porcentajes del PIB)
25
20
15
10
5
0
1991

1999

2006

Agropecuario

Manufactura local

Manufactura zonas francas

Comercio

Hoteles, bares y restaurantes

Intermedicación financiera

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

CEPAL

332

En el inicio del nuevo siglo este proceso de crecimiento tendió a perder
dinamismo. En la medida en que el sector externo se convirtió en uno de los
principales motores del crecimiento, el comportamiento del ciclo económico
mundial tiende a ejercer un mayor impacto en el ciclo económico interno, y
a partir de 2001 se manifiesta una retracción en la demanda mundial como
consecuencia del cambio de ciclo de la economía estadounidense. Entre los
rubros que muestran una mayor contracción durante estos años destaca la
producción en las zonas francas, cuya tasa de crecimiento promedio anual
entre 2001 y 2006 es cercana a cero, lo que se reflejó ampliamente en el
comportamiento de las exportaciones, que crecieron alrededor de 2% anual
en este lapso, una cifra muy inferior a la registrada en la década de 1990.
Pese a esta pérdida de dinamismo, las tasas de crecimiento del PIB
real dominicano se mantienen por arriba de las registradas en la mayoría
de los países de la región, lo que no deja de resultar sorprendente. Entre
2001 y 2006, la tasa promedio de crecimiento fue de 4,6% anual, aunque
valga subrayar que esto obedece a la dinámica recuperación observada
a partir de 2005, luego de la crisis de 2003 y 2004. Además, la República
Dominicana continúa siendo una economía receptora de flujos de capital
externo, ya que a pesar de la pérdida de dinamismo durante los primeros
años de la actual década, la IED siguió fortaleciéndose de tal forma que su
participación como proporción del PIB aumentó a 3,7% en promedio entre
2001 y 2006. Un último punto digno de mención se refiere a la inflación
actual, situación relevante en el aspecto laboral, debido a su incidencia
negativa en los salarios e ingresos reales, los cuales habían mostrado una
recuperación hacia fines de la década de 1990.
B.

El mercado laboral dominicano

Como se desprende de la sección anterior, la economía dominicana ha
mostrado un sorprendente dinamismo en los últimos 15 años, con excepción
del período que comprende la crisis de 2003‑2004 (una excepción por demás
relativa a la vista de la vigorosa recuperación de 2005-2007). Este dinamismo
se ha reflejado en tasas de crecimiento real anual promedio muy por arriba
de las obtenidas por la mayoría de los países de la región. Estas tasas, por
cierto, se ubicaron durante varios años por encima de las correspondientes
al producto potencial de la economía dominicana. Por ello mismo, resulta
sorprendente el comportamiento del desempleo en estos años, cuyas tasas
se han mantenido en los dos dígitos, situación que genera una enorme
preocupación entre las autoridades responsables de las políticas públicas.
Como se aprecia en el gráfico VI.2, en la mayoría de los años comprendidos
entre 1992 y 2006, la tasa anual de desocupación ampliada ha sido superior
a 15%, incluso después de la sustancial recuperación económica a partir
de 2005. Para analizar este tema, se presenta una caracterización de la

333

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Gráfico VI.2
REPÚBLICA DOMINICANA: TASA DE CRECIMIENTO DEL PIB
REAL Y TASA DE DESOCUPACIÓN, 1992-2006
(Porcentajes)
25
20
15
10
5

Tasa de crecimiento PIB

2006

2005

2004

2003

2002

2001

2000

1999

1998

1997

1996

1995

1994

1993

1992

0

Tasa de desocupación ampliada

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

estructura y evolución del mercado laboral en la República Dominicana en
el período 1991–2006, al tiempo que se discute sobre las posibles causas del
comportamiento del desempleo.
1. Estructura y composición del mercado laboral
La estructura y el comportamiento del mercado laboral responden a la
interacción de diversos factores que afectan tanto la demanda como la
oferta, y entre otros destacan los siguientes: los cambios demográficos; las
modificaciones en la estructura productiva; la dinámica del crecimiento
económico; las políticas públicas que afectan las características de los factores
productivos, en particular la educación, y el marco institucional que incide
en su funcionamiento.
Un primer aspecto a comentar es el demográfico. La tasa de crecimiento
de la población ha venido disminuyendo de manera significativa en los
últimos años: en el quinquenio 2000-2005 fue de 1,6, mientras que hace 30
años era de 2,7. Las altas tasas mantenidas en el pasado han conducido a
que el cambio en la pirámide demográfica sea un acelerado crecimiento
de la población entre 15 y 64 años, que es el segmento relevante para el
mercado de trabajo, y que en 2005 se estimaba en 3,7 millones de individuos.
Este punto es más claro cuando se revisa el comportamiento de la tasa de
dependencia, o el cociente entre la población hasta 15 años y mayor a 65
años, por un lado, y la población de 15 a 64 años, por el otro. Esta relación

CEPAL

334

era de 101,8 en 1970 y de 84,1 en 1980, mientras que en 2005 descendió hasta
57,7. Tal cambio significa un acelerado crecimiento de la fuerza laboral. Se
estima que dicha tendencia continuará con la misma dinámica, de manera
que aproximadamente en dos décadas alcanzará su punto máximo. Este
hecho configura una situación descrita por los especialistas con el término
de “bono demográfico”, cuyos beneficios potenciales podrían hacerse
efectivos siempre y cuando la economía esté en posibilidades de ofrecer
suficientes oportunidades a la población. Del grupo de población de 15 a
64 años, se estima que la población económicamente activa (PEA) ascendía
a 2,54 millones de personas en 2005 (el 69%).
Estas tendencias demográficas ejercen presiones sobre el mercado
laboral y significan un reto importante para la economía y las autoridades.
De acuerdo con el Banco Mundial (2005), en 1996–2002, que fue un periodo de
acelerado crecimiento, la fuerza laboral y la generación de empleos aumentaron
a tasas similares, aproximadamente 4,6% en promedio anual; esto quiere decir
que si bien se crearon empleos no se produjo una reabsorción del desempleo
acumulado en años anteriores. De todos modos, este comportamiento se
refleja en un ligero incremento en la tasa de participación laboral entre 1997
y 2004, como se aprecia en el gráfico VI.3 para el caso del empleo urbano,
del cual se cuenta con mejor información proveniente de encuestas.
Los datos arrojan que el mayor aumento se registra entre las mujeres. De
hecho, entre 1996 y 2002 la fuerza de trabajo femenina creció a una tasa anual
promedio de 7%, más del doble del 3% registrado entre los hombres (BM,
Gráfico VI.3
REPÚBLICA DOMINICANA: TASA DE PARTICIPACIÓN
LABORAL URBANA POR EDAD, 1997-2004
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
10 a 19
años

20 a 29
años
1997

30 a 39
años

40 a 49
años
2002

50 a 64
años

65 años o
más

2004

Fuente: Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (2006), “Informe sobre la pobreza en
la República Dominicana: logrando un crecimiento económico que beneficie a los pobres”, agosto.

335

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

2005). En el gráfico VI.4 se muestra la evolución de la tasa de participación por
género entre 1992 y 2005, y en él se percibe una disminución en el caso de los
hombres y un ligero aumento en las mujeres, en particular a partir de 1997.
El intenso crecimiento de la economía, y en particular el cambio
estructural generado por el conjunto de reformas adoptado en la década
pasada, afectaron la composición sectorial del empleo entre 1992 y 2006
(gráfico VI.5). Como ya se mencionó, los sectores más dinámicos fueron los
Gráfico VI.4
REPÚBLICA DOMINICANA: PARTICIPACIÓN DE HOMBRES Y
MUJERES EN LA ACTIVIDAD ECONÓMICA, 1992-2005
(Porcentajes)
100
75
50
25
0
1992

1997

2002

Hombres

2005

Mujeres

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

Gráfico VI.5
REPÚBLICA DOMINICANA: ESTRUCTURA DEL EMPLEO, 1992
(Porcentaje de la PEA)
25
20
15
10
5
0
Agricultura y
Industrias
ganadería
manufactureras
1992

Comercio

2000

Otros servicios Zonas francas

2006

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

CEPAL

336

asociados a las manufacturas de exportación, y en particular la producción
las zonas francas, así como los servicios vinculados con el turismo y el
comercio, donde el empleo se expandió más aceleradamente que en el sector
agrícola y otros de corte tradicional.
Si se examina el comportamiento de la participación laboral de
acuerdo con la edad de los individuos también se advierten cambios dignos
de ser considerados, como se desprende del gráfico VI.6. Sobresale una
disminución en la participación de la población de 15 a 24 años de edad
entre 1992 y 2005. Tal comportamiento es independiente del género, aunque
acentuado entre la población masculina. Un fenómeno similar ocurre con
la población mayor a 50 años, si bien la disminución de su participación
es marginal entre la población femenina. Como contrapartida, se tiene una
creciente participación laboral de la población entre 25 y 49 años de edad,
incremento que fundamentalmente resulta de una mayor participación de la
mujeres, sobre todo entre los 35 y 49 años de edad. Como sostiene el Banco
Mundial (2005), entre 1996 y 2003 el empleo femenino aumentó alrededor
de 50%, mientras que el masculino lo hizo en 22%.
Gráfico VI.6
REPÚBLICA DOMINICANA: PARTICIPACIÓN DE HOMBRES Y MUJERES
EN LA ACTIVIDAD ECONÓMICA POR EDAD, 1992-2005
(Porcentajes)
Hombres
100
75
50
25
0
1992

1997

2002

2005

Mujeres

100
75
50
25
0
1992
15 a 24 años

1997
25 a 34 años

2002
35 a 49 años

2005
50 años y más

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

337

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

En cuanto a la participación laboral según el nivel de educación, la
información se presenta en el gráfico VI.7, donde se distingue la participación
por género y años de instrucción clasificada en cinco categorías durante el
período en análisis. De acuerdo con esta información, independientemente
del género, el grupo más castigado es el que cuenta con menores años de
instrucción, pero el impacto mayor se detecta entre los hombres. Se observa
que entre la población con más de tres años de estudio (pero con menos
de diez), el género es una condición relevante, ya que entre los hombres
disminuye la participación laboral y también lo hace entre las mujeres.
Finalmente, en los grupos de población con más de 10 años de instrucción no
se muestran cambios sustantivos en la participación laboral, con excepción
de las mujeres con el mayor nivel educativo, cuya participación decrece al
final del período. En conclusión, la mayor participación laboral se reporta
entre la población con mayor nivel educativo, pero entre 1992 y 2005 son
las mujeres con calificación media las que más han logrado aumentar su
participación en el mercado laboral.
Gráfico VI.7
REPÚBLICA DOMINICANA: PARTICIPACIÓN DE HOMBRES Y MUJERES EN
LA ACTIVIDAD ECONÓMICA POR AÑOS DE INSTRUCCIÓN, 1992-2005
(Porcentajes)
Hombres
100
75
50
25
0
1992

1997

2002

2005

Mujeres
100
75
50
25
0
1992
0 a 3 años

1997
4 a 6 años

2002
7 a 9 años

10 a 12 años

2005
13 años y más

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

CEPAL

338

Este panorama, en el que se observa un patrón dinámico de inserción
de la mujer en el mercado laboral y sus características en edad e instrucción, es
congruente con el hecho de que los sectores de mayor dinamismo son turismo,
comercio, servicios y zonas francas, en todos los cuales parece existir una preferencia
por contratar personal femenino con menores remuneraciones. De hecho, en el
mercado laboral dominicano se mantiene un diferencial relevante en los salarios
por género: en el gráfico VI.8 se aprecia cómo esta brecha se amplió hacia 2002, antes
del estallamiento de la última crisis económica, y pese a que vuelve a disminuir en
2005 aún se mantiene en niveles semejantes a los de 1997.
Gráfico VI.8
REPÚBLICA DOMINICANA: SALARIOS URBANOS POR SEXO, 1997-2005
(Dólares del 2000)
400
300
200
100
0
1997

2002
Hombres

2005
Mujeres

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

Este diferencial salarial se presenta tanto en el trabajo del sector
privado como en el público, aunque en este último la brecha es menor. Como
era de esperarse, esta brecha es mayor en el caso de los sectores de baja
productividad, según se observa en el gráfico VI.9. El patrón que se evidencia
en todos los casos es una ampliación en los diferenciales salariales entre
1997 y 2002, lo cual es producto tanto del sustancial crecimiento económico
registrado como de la composición de la demanda laboral. A partir de la
crisis de 2003-2004 estos diferenciales vuelven a disminuir en un marco de
contracción generalizada de salarios e ingresos laborales.
Se sabe que las remuneraciones laborales dependen de diversos
factores, como el nivel educativo, aspectos demográficos y características
de las ramas o actividades económicas particulares. Entre todos ellos, el
nivel educativo parece ser fundamental. El estudio del BM-BID (2006)
aporta amplia evidencia al respecto; con base en un estudio econométrico
muestra cómo los retornos a la educación de la fuerza laboral dominicana
son bastante bajos para individuos con educación primaria o secundaria, y
aumentan significativamente cuando se cuenta con educación terciaria, si bien

339

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Gráfico VI.9
REPÚBLICA DOMINICANA: SALARIOS URBANOS POR SEXO Y SECTOR,
Y POR SEXO Y PRODUCTIVIDAD DEL SECTOR, 1997-2005
(Dólares del 2000)
Sexo y sector
450

300

150

0

1997

2002

Hombre-sector privado
Hombre-sector público

2005
Mujer-sector privado
Mujer-sector público

Sexo y productividad del sector

450

300

150

0

1997

2002

Hombre-productividad media y alta
Hombre-productividad baja

2005
Mujer-productividad media y alta
Mujer-productividad baja

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

el ascenso es menor al observado en otras economías de la región. En todo
caso, la mayoría de los estudios existentes sobre la República Dominicana
con respecto a este tema resaltan que las mayores ganancias salariales en la
segunda parte de los años noventa correspondieron a la población con mayor
educación, y en particular las mujeres. Dichos segmentos poblacionales se
ubican por lo general en las zonas urbanas y están ocupados en los sectores
económicos que exhibieron mayor dinamismo durante esos años.
Un aspecto característico de la evolución de los salarios es su carácter
procíclico. Así, en 2005, inmediatamente después de la crisis económica,
disminuyeron los salarios en términos de dólares, lo que refleja cierto

CEPAL

340

grado de flexibilidad en el mercado laboral dominicano. Este aspecto ha
sido enfatizado en otros estudios (BM, 2005 y BM-BID, 2006). En general, se
aprecia cierto grado de flexibilidad de los salarios reales, que se ajustan al
ciclo económico, por lo que este factor no representaría una causa relevante
para explicar el desempleo registrado en la economía de este país. Sin
embargo, existe evidencia de problemas o rigideces generados por costos no
laborales asociados al marco legal y de regulación, que afectan la movilidad
de la fuerza de trabajo y los incentivos a la inversión. Al respecto cabe
mencionar, en particular, legislaciones que reducen la competitividad del
mercado dominicano mediante costos no laborales más altos, como los
cargos auxiliares que los empleadores del sector formal deben pagar en
cuanto a cesantía, el salario doble y la nómina de impuestos al Instituto de
Formación Técnica Profesional (Infotep), además de un conjunto de salarios
mínimos específicos de los sectores; sin que en todo esto se incluyan las
contribuciones futuras derivadas del nuevo programa de pensiones (BM,
2005). Este aspecto es uno de los varios factores que explican, por un lado,
cierta pérdida de competitividad de la República Dominicana, y por otro,
el agudo crecimiento del sector informal en este país.
2. 

La evolución del desempleo

En síntesis, queda en evidencia que la economía dominicana ha enfrentado
serios problemas en materia de desempleo. Debe acotarse, sin embargo, que
la aparente contradicción entre crecimiento económico y una débil generación
de empleos no es un fenómeno exclusivo de la República Dominicana, y
que en el transcurso de los últimos años se ha dado en muchos países, tanto
desarrollados como en desarrollo. El empleo es una variable que muestra una
“respuesta rezagada” a la evolución en la producción. Pero en la actualidad
también se observa un cambio en la relación entre producción y empleo
derivado de las transformaciones de la estructura económica, tanto a escala
nacional como global. Un ejemplo al respecto se encuentra en Estados Unidos
después de la recesión de 2001: durante los primeros meses de iniciada una
recuperación solía ocurrir en el pasado una mejoría promedio del empleo
de 6%, pero en la presente década se presentó, junto con la recuperación,
una caída de casi 1% del empleo. Algo similar, aunque de manera más débil,
se ha registrado en algunos mercados europeos. Este fenómeno estaría
reflejando cambios estructurales profundos en las economías nacionales y
en la economía global.
El problema del desempleo obedece desde luego al comportamiento y
estructura de la oferta y la demanda de fuerza de trabajo en el mercado, y a
desequilibrios en estas dos variables. Hay aquí un primer punto a considerar
y se refiere a la especial definición utilizada de esta variable en la República
Dominicana bajo el concepto “Tasa de Desocupación Ampliada”.1 La definición


1

Este punto también es discutido en Banco Mundial (2005) y Banco Mundial-BID (2006).

341

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

oficial dominicana incluye a grupos desalentados que ya no están buscando
trabajo activamente. En el marco de esta definición se estaría sobreestimando
el desempleo, razón por la cual se ha propuesto una estimación alternativa
que incorpore a las personas que actualmente están buscando un trabajo y a
empleados desalentados, pero que excluya de la fuerza de trabajo a algunos
grupos incluidos en la definición oficial (como los jubilados, los trabajadores
con algún tipo de discapacidad, las amas de casa y los estudiantes que no
están buscando activamente un trabajo). Con estos ajustes se tendría, por
ejemplo, que en octubre de 2004 la tasa oficial era de 19,69% y la alternativa de
17,45%. Por su parte, el valor correspondiente a la tasa de desempleo abierto,
considerando cuatro semanas (medición recomendada por la Organización
Internacional del Trabajo, OIT), sería de 6,5%. Aun cuando se considerara
esta última medición como la de mayor comparabilidad internacional,
lo cierto es que sigue siendo alta, además de que muestra poca variación
entre 1997 y 2004. Por ejemplo, en abril del 2007 esta tasa de desempleo
abierto era de 5,81%, cifra relativamente elevada si se toma en cuenta que la
economía dominicana tenía una importante inercia de alto crecimiento desde
mediados de los años noventa. El punto central es que, independientemente
de la variable de medición utilizada, el empleo ha mostrado relativamente
poca sensibilidad a los ritmos de crecimiento del producto en el país.
A continuación se resume la evolución del desempleo en el período
1990-2005 y se identifican cuáles son las principales características de este
fenómeno en la República Dominicana. Como ya se señaló, a pesar de los ritmos
de crecimiento, el desempleo se ha mantenido elevado, pero el contraste por
género es alto, ya que afecta en mayor medida a las mujeres (véase el gráfico
VI.10), cuya tasa de desempleo prácticamente duplica a la registrada por la
Gráfico VI.10
REPÚBLICA DOMINICANA: TASAS DE DESEMPLEO ABIERTO POR SEXO, 1990-2005
40
30
20
10
0
1990
Población total

1997

2003
Hombres

2005
Mujeres

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

CEPAL

342

población masculina. No obstante, esta brecha se ha venido cerrando como
consecuencia del mayor crecimiento en el empleo femenino acaecido en los
últimos 15 años, como ya se describió con detalle en la sección anterior.
Cuando se analiza la desocupación según el grupo de edad, resulta
particularmente acentuado el hecho de que son los jóvenes quienes mantienen
con amplitud las mayores tasas de desempleo, además de mostrar un progresivo
empeoramiento de su situación entre 1997 y 2005, lo que seguramente se
refuerza en parte por la creciente participación de este grupo de población
en la pirámide demográfica del país (véase el gráfico VI.11). Además, destaca
que son precisamente las mujeres jóvenes quienes ostentan el mayor índice
de desempleo. Finalmente, el único grupo de población que obtiene una
evolución favorable en términos de desempleo es el de 45 o más años de
edad, independientemente del género.
Gráfico VI.11
REPÚBLICA DOMINICANA: TASA DE DESEMPLEO ABIERTO
DE HOMBRES Y MUJERES POR EDAD, 1990-2005
(Porcentajes)
Hombres
30

20

10

0
1990
15 a 24 años

1997
25 a 34 años

2003
35 a 44 años

2005
45 años y más

Mujeres

50
40
30
20
10
0
1990
15 a 24 años

1997
25 a 34 años

2003
35 a 44 años

2005
45 años y más

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

343

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

El examen del desempleo por grupos con distintos niveles de educación
revela una mejoría generalizada para hombres y mujeres entre 1990 y
1997, con excepción de la población masculina con menos de 5 años de
instrucción académica. La mayor reducción en el desempleo en este lapso
se observa entre hombres y mujeres con una instrucción de 10 a 12 años. En
conjunto, esto refleja el dinamismo de la economía, y de manera particular
las características estructurales que permitieron dinamizar sectores como
comercio, hotelería y restaurantes, turismo y manufacturas de exportación,
cuya demanda se centra especialmente en fuerza laboral femenina joven
y con niveles educativos medios. Con el paso del nuevo siglo reaparece
cierto deterioro de las condiciones laborales, y se manifiesta un aumento del
desempleo (gráfico VI.12). Otro aspecto a destacar es que las mayores tasas
de desempleo se registran entre la población que cuenta con una instrucción
de 6 a 12 años, tasas que son particularmente altas en el caso de las mujeres.
Gráfico VI.12
REPÚBLICA DOMINICANA: TASA DE DESEMPLEO ABIERTO DE
HOMBRES Y MUJERES POR AÑOS DE INSTRUCCIÓN, 1990-2005
(Porcentajes)
Hombres

20
15
10
5
0
1990
0 a 5 años

1997
6 a 9 años

2003
10 a 12 años

2005
13 y más años

Mujeres

40
30
20
10
0
1990
0 a 5 años

1997
6 a 9 años

2003
10 a 12 años

2005
13 y más años

Fuente: CEPAL (2006), Panorama social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.

CEPAL

344

Finalmente, las menores tasas de desempleo entre los hombres se presentan
entre los trabajadores de menor calificación, mientras que entre las mujeres
ocurre exactamente lo opuesto, ya que las tasas de desempleo más bajas
afectan a la población femenina con 13 o más años de estudios.
De acuerdo con la información del gráfico VI.13, en los años posteriores
a la crisis de 2003-2004 se aprecia un aumento en el desempleo, fenómeno
que se concentra en los sectores que habían acusado mayor dinamismo
durante los años de alto crecimiento, en particular turismo, hotelería y
servicios financieros (BM-BID, 2006), actividades que a raíz de la apertura y
la globalización son relativamente más sensibles a la variación de los ciclos
económicos externos.
Como sucede en muchas otras economías, en la República Dominicana
el desempleo tiende a afectar en mayor medida a la población de bajos ingresos
y en posición vulnerable. Esto se constata en el gráfico VI.13, cuya información
fue obtenida mediante encuestas. Si se considera una estratificación por decil
de ingreso, las familias de los deciles inferiores muestran mayores tasas de
desempleo que las familias de mayores ingresos.
3. 

La informalidad y el mercado laboral

El sector informal tiene un gran peso en la economía dominicana y
ejerce una marcada influencia en la dinámica del mercado laboral. Éste es
Gráfico VI.13
REPÚBLICA DOMINICANA: TASAS DE DESEMPLEO POR INGRESO FAMILIAR, 2004
(Porcentajes)
25
20
15
10
5
0
1

2

3

4
5
6
7
Decil de ingreso familiar
Urbano

8

9

10

Rural

Fuente: Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (2006), “Informe sobre la pobreza en la
República Dominicana: logrando un crecimiento económico que beneficie a los pobres”, agosto.

345

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

un fenómeno que se extiende más allá de la República Dominicana y se
presenta con una fuerza similar, con pocas excepciones, en el resto de las
economías de la región. De acuerdo con algunas estimaciones, cerca de
tres quintas partes del empleo urbano en América Latina se encuentra en
el sector informal, en tanto que la OIT calcula que esta proporción abarca
alrededor de la mitad del empleo total. Se sabe que no existe una definición
única sobre la informalidad y que su medición tiende a ser muy compleja,
dependiendo del criterio utilizado. Según un estudio elaborado por la
Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo y el Banco Central
de la República Dominicana (SEEPyD-BCRD, 2007), cabe referirse a tres
definiciones: a) la primera, basada en un criterio legal, define la informalidad
como aquellas actividades al margen de la regulación gubernamental; b)
la segunda considera como criterio central la incorporación del trabajador
al sistema de seguridad social, en particular su afiliación a un sistema de
pensiones público, y c) la tercera, que sigue los criterios establecidos por la
Organización Internacional del Trabajo (OIT), identifica con la informalidad
a los asalariados que se desempeñan en establecimientos de menos de cinco
empleados, trabajadores por cuenta propia, trabajadores no remunerados
y el servicio doméstico. Utilizando estas tres definiciones, el estudio citado
realiza una cuantificación sobre el tamaño de la informalidad en la República
Dominicana, cuyos resultados se presentan en el gráfico VI.14.

Gráfico VI.14
REPÚBLICA DOMINICANA: INCIDENCIA DE LA INFORMACIÓN EN EL
MERCADO LABORAL SEGÚN CRITERIOS ALTERNATIVOS
(Porcentajes)
100
80
60

65,3
54,1
50

50

45,9
34,7

40
20
0
Legal

Seguridad social
Formal

OIT

Informal

Fuente: Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo y Banco Central de la República
Dominicana (2007), “La informalidad en el mercado laboral urbano de la República Dominicana”.

CEPAL

346

Lo primero que resalta con respecto a los resultados de dicha
cuantificación es que, independientemente de la definición utilizada, el
peso del sector informal en la República Dominicana es sustancial. Si estas
proporciones se traducen a números absolutos, se tiene que la población
urbana mayor a 14 años ascendía en 2006 a 2,26 millones de individuos.
De este total, 1,2 millones se ajustan a la primera definición de ilegalidad,
1,48 millones están fuera del sistema de previsión social para la vejez y 1,13
millones son trabajadores por cuenta propia o asalariados de unidades de
pequeño tamaño. El mismo estudio señala que este fenómeno involucra
en mayor medida a la población masculina (véase el gráfico VI.15), a las
personas con menor nivel educativo y en una mayor proporción a las
familias de menores ingresos. Estos grupos de población se ubican con
mayor frecuencia en actividades de servicios, como comercio y turismo, en
el sector de la construcción, e incluso en el sector agropecuario.
Ante la falta de información sistemática es difícil realizar una valoración
temporal sobre el comportamiento de la informalidad, aunque se cuenta con
alguna evidencia de que ésta ha crecido. Existe un extenso debate sobre las
causas que originan el surgimiento y la ampliación de este sector; entre los
argumentos al que más se apela está el que considera la informalidad como
producto del proceso particular de inserción de las economías al mercado
mundial, el cual favorece el desarrollo de los servicios por medio de un
esquema de enclave que impide los encadenamientos internos (PNUD, 2005).
Por esta razón, dicha modalidad laboral se habría ampliado a los sectores
Gráfico VI.15
REPÚBLICA DOMINICANA: INCIDENCIA DE LA INFORMACIÓN
POR SEXO SEGÚN CRITERIOS ALTERNATIVOS
(Porcentajes)
100
80
60

68,8
55

60

52,6

51,8
47,3

40
20
0
Legal

Seguridad social
Hombres

OIT

Mujeres

Fuente: Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo y Banco Central de la República
Dominicana (2007), “La informalidad en el mercado laboral urbano de la República Dominicana”.

347

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

de mayor expansión durante los últimos 15 años, como el comercio y el
turismo. En este mismo contexto, una de las principales preocupaciones con
respecto a la ampliación de la informalidad es que en ella las condiciones
laborales tienden a ser mayoritariamente precarias y están dominadas por
trabajos de baja calidad y mal remunerados, lo que evidentemente afecta el
bienestar de los trabajadores involucrados. Por más conocidos y evidentes
que resulten, estas dimensiones de la informalidad no pueden soslayarse
en el análisis ni en la formulación de políticas alternativas.
De acuerdo con el estudio de SEEPyD-BCRD (2007), el ingreso promedio
de los trabajadores ocupados en actividades informales es menor al observado
en los sectores formales, como se aprecia en el gráfico VI.16. No obstante,
esta afirmación no podría generalizarse. En el estudio del BM-BID (2006)
se concluye que, aunque la mitad del empleo está en el sector informal, la
mayoría de los trabajadores informales no se encuentra en desventaja en
términos de ingresos y otros beneficios frente a los empleados del sector
formal. Los trabajadores independientes gozan de ingresos por hora muy
similares a los asalariados formales; tienden a ganar un poco más en los
empleos de remuneración media y alta, y en general, sólo enfrentan una
ligera desventaja salarial al comparar los empleos remunerados. Aun así, se
acepta que los asalariados informales sí enfrentan desventajas significativas
en términos de ingresos.
Gráfico VI.16
REPÚBLICA DOMINICANA: INGRESO PROMEDIO MENSUAL DE TRABAJADORES
FORMALES E INFORMALES POR CATEGORÍAS LABORALES
(Criterio de Seguridad Social, miles de pesos)
50
40
30
20
10
0
Patrón formal

Patrón
informal

Trabajador
por cuenta
propia formal

Asalariado
formal

Trabajador
por cuenta
propia
informal

Asalariado
informal

Fuente: Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo y Banco Central de la República
Dominicana (2007), “La informalidad en el mercado laboral urbano de la República Dominicana”.

CEPAL

348

En todo caso debe enfatizarse la enorme disparidad existente en la
distribución del ingreso en este sector, pero en la mayoría de los estudios
se sugiere que los niveles de educación son un elemento que desempeña
un papel central para que se produzca esta disparidad. Un punto que se
destaca de manera reiterada en varios estudios es que existe una movilidad
significativa entre el sector informal y el formal, aunque también se da cuenta
de un alto grado de persistencia.
4. 

La migración y el mercado laboral

Es conocida la importancia de los movimientos migratorios en la economía
dominicana y su incidencia en el mercado laboral. En los años recientes
se incrementó el grado de intensidad de este fenómeno. De acuerdo con
el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (2005), la
tasa del movimiento poblacional internacional de la República Dominicana,
medida como el total de entradas y salidas de personas con relación a la
población total, se elevó de 1,9% en 1960 a 48,5% en el 2002. Con respecto a
la inmigración, el fenómeno está dominado por el flujo de haitianos hacia la
República Dominicana; si bien ya existía desde hace varias décadas dentro
de esquemas de programas específicos, en las últimas dos décadas se aceleró
bajo la forma de trabajadores indocumentados a consecuencia de la enorme
inestabilidad económica y política en Haití. No es fácil establecer una cifra
precisa de la población haitiana en la República Dominicana, pero se estima
que puede llegar al menos a un millón de personas, aunque los censos no
lo registren (véase el gráfico VI.17)

120

Gráfico VI.17
POBLACIÓN HAITIANA RESIDENTE EN REPÚBLICA
DOMINICANA. ENCUESTAS SELECCIONADAS
(Miles de personas)

90

60

30

0
ENDESA 1991

ENDESA 1996

ENGIH 1998

Fuente: Informe Nacional de Desarrollo Humano, PNUD, 2005.

ENFT 2003

349

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

En todo caso, su impacto relevante sobre el mercado laboral dominicano
estriba en que la inmigración haitiana está compuesta en su mayoría por
hombres jóvenes con escasa o nula educación. Esta característica genera
una intensa presión en el mercado laboral al ampliar la oferta en sectores
que requieren trabajadores poco calificados (se estima que casi 70% de este
grupo no cuenta con calificación alguna), pero sobre todo disminuye el
salario de reserva, lo que contribuye a deprimir los ingresos laborales de la
población dominicana. En el gráfico VI.18 se observa cómo se distribuyen los
trabajadores haitianos en la economía dominicana. Si bien en un principio
estas personas se empleaban en el sector agropecuario, su participación en
otros sectores tiende a aumentar de manera considerable, en particular en
la construcción y en el comercio, que como ya señaló son actividades que
han mostrado gran dinamismo en las últimas dos décadas. Es probable
que esta segunda situación presione a la baja la productividad de dichos
sectores que, al disponer de mano de obra muy barata, no tienen incentivos
suficientes para la introducción de innovaciones tecnológicas.
La emigración de dominicanos es un fenómeno distinto en términos de
las características de la población, ya que en general se trata de trabajadores
con calificación media y alta, de tal forma que en las últimas dos décadas
casi se ha duplicado el grupo de profesionistas y técnicos que viajan a
Estados Unidos, el principal país receptor de esta población. El impacto
Gráfico VI.18
DISTRIBUCIÓN DE LOS INMIGRANTES HAITIANOS
EN EL MERCADO LABORAL DOMINICANO POR SEXO
(Porcentajes)
60

45

30

15

0
Sector
azucarero

Comercio
Industria
Sector
Construcción
agropecuario
manufacturera
no cañero

Hombres

Mujeres

Fuente: Informe Nacional de Desarrollo Humano, PNUD, 2005.

Total

Servicios

Otros

350

CEPAL

directo en términos del mercado laboral local es la pérdida de fuerza de
trabajo calificada, pero un impacto indirecto relevante se refiere al efecto
derivado del creciente flujo de remesas. Se estima que en 1993 este flujo
de recursos representaba 7,4% del PIB, pero hacia 2003 esta participación
había aumentado a 12,2%, lo que significa que en términos per cápita casi
se había triplicado el ingreso (en dólares) durante ese lapso. En el último
quinquenio esta tendencia ha permanecido prácticamente inalterada. En
2002, alrededor de 10,2% de los hogares dominicanos recibían remesas, lo
cual significaba una población de aproximadamente 879.000 individuos con
una alta concentración urbana (PNUD, 2005). Es cierto que este fenómeno
permite atenuar condiciones desfavorables de ingresos entre los dominicanos,
pero también existe la posibilidad de que contribuya a incrementar el tiempo
durante el cual un individuo decide estar fuera del mercado laboral, es decir,
actúa como un seguro de desempleo. Es éste un factor que, en la práctica,
ayuda a explicar el mayor desempleo de las zonas urbanas en relación con
las rurales. Hay evidencia de que los trabajadores urbanos que viven en
hogares que reciben remesas familiares tienen 8% más de probabilidades
de estar desempleados que los individuos en condiciones similares pero
que no reciben ese tipo de ingresos (BM-BID, 2006). Es altamente probable
que estos ingresos incluso generen un aumento del salario de reserva de
los receptores.
5.
Rasgos característicos del mercado laboral dominicano: a
manera de recapitulación
Es claro que el proceso dominicano de cambio estructural ha impactado la
estructura y la dinámica del mercado laboral, provocando modificaciones
importantes cuyos resultados pueden ser considerados mixtos. En sus
aspectos generales, este proceso no ha sido muy distinto al ocurrido en
otros países que siguieron políticas similares (cambios estructurales con
orientación al mercado y una acelerada inserción al mercado mundial);
pero también existen elementos específicos del marco institucional (en
su sentido amplio) de la economía dominicana y de su propia historia
de desarrollo.
Un primer elemento a destacar al respecto es que la forma en
que se llevó a cabo el proceso de apertura y liberalización produjo una
recomposición en la estructura económica, que afectó negativamente a los
sectores orientados al mercado interno, produciendo una expulsión de
fuerza de trabajo que no fue absorbida inmediatamente por los sectores
más dinámicos debido a problemas de calificación y habilidades. El
resultado fue un aumento en el componente estructural del desempleo, lo
que a su vez generó condiciones para incrementar la población en situación
de subempleo e informalidad.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

351

Un segundo aspecto característico es que el acelerado proceso de
integración a la economía mundial derivó en un patrón de crecimiento
en el que los sectores dinámicos modificaron a su vez la estructura y los
patrones del empleo. Estos sectores, que han desplazado a actividades
tradicionales, se ubican fundamentalmente en los servicios (comercio, la
hotelería y restaurantes, el turismo y los servicios financieros) y en las
zonas francas, y su evolución está estrechamente ligada al ciclo económico
mundial. Esto provoca que la actividad económica, y en consecuencia los
niveles de empleo, estén sujetos a una variabilidad creciente determinada
por el comportamiento de la economía externa. A nivel sectorial, el impacto,
y por lo tanto la volatilidad, es mucho mayor, como se registra en particular
en el caso de la producción y el empleo en las zonas francas, que después
de un importante crecimiento en los años noventa, se ha reducido de forma
sensible en los últimos años. En conjunto, este fenómeno provocaría un
aumento en el desempleo cíclico, que además podría ser más recurrente y
de mayor magnitud.
Un tercer elemento se refiere al nivel educativo de la fuerza de trabajo y
su desajuste con los cambios en los patrones productivos. Las modificaciones
en la estructura productiva, que conducen al desplazamiento de ciertos
grupos de trabajadores, han afectado con mayor fuerza a los trabajadores que
cuentan con menores niveles de educación. Por otra parte, si bien en un primer
momento se observa un mayor empleo entre los grupos de más alto nivel
educativo, este patrón tiende a perder fuerza porque el aparato productivo
no ha sido capaz de mantener la expansión de líneas de producción que
requieren de este tipo de trabajador, de tal forma que en los años recientes
estos individuos no han podido ser absorbidos a los ritmos adecuados, con
el consiguiente aumento en su tasa de desempleo. Este problema puede ser
resultado de un desfase entre oferentes y demandantes por problemas de
información (como se discute mas abajo) o consecuencia de que no se han
promovido los procesos productivos demandantes de este tipo de mano de
obra porque las mismas empresas, sabiendo que es un factor escaso, deciden
no invertir. No obstante, el grupo que ha mantenido una mejor posición en
el empleo es el de trabajadores con educación media y media-alta. En este
caso, la prescripción de lograr mayores niveles educativos es inexorable,
como se discute en el último apartado de este capítulo.
Otro factor que ayuda también a explicar este desfase puede originarse
en las propias imperfecciones del mercado que impiden un adecuado
acercamiento entre la oferta y la demanda del grupo con mayor educación.
Ésta es una razón por lo que el desempleo friccional puede ser relativamente
alto en la economía dominicana. Cabe mencionar que este aspecto puede
verse reforzado como consecuencia de la mayor volatilidad de la producción
y el empleo, característica de una economía abierta. La falta de una adecuada

CEPAL

352

sincronización entre los ritmos de expulsión y reabsorción de fuerza de
trabajo conducirían a ampliar la duración de este desempleo friccional.
Este aspecto debe estudiarse con mayor profundidad en sí mismo y a
nivel microeconómico.
Con respecto a la recomposición de la fuerza de trabajo debe señalarse
que entre los grupos más afectados se encuentran los jóvenes y las mujeres
con menores niveles educativos. Ya se ha hecho mención del aspecto
educativo. Lo que es necesario enfatizar ahora es el impacto socioeconómico
del problema, producido en buena medida por el cambio gradual de la
pirámide demográfica. Los problemas que afectan a la población con bajo
nivel educativo se acentúan entre los jóvenes, cuya participación en la
población en edad de trabajar crece a mayores ritmos sin que encuentren
opciones suficientes de inserción laboral.
Por último, pero no por ello menos importante, está la migración
internacional de mano de obra hacia y desde la República Dominicana. En
el primer caso, su acelerado crecimiento contribuye a reforzar la situación
desfavorable de grupos de población vulnerables en términos de empleo,
como los jóvenes con bajo nivel educativo. Este segmento poblacional es el
que más ha crecido entre los inmigrantes, y su salario de reserva es muy
bajo, lo que constituye una fuerte competencia para la población dominicana
con similares características. En el segundo caso, la salida de mano de obra
plantea un dilema en términos de las necesidades y disponibilidad efectiva
de trabajadores calificados. Hay aquí un círculo vicioso: la fuerza laboral
calificada emigra al exterior por falta de oportunidades, pero este hecho,
a su vez, agudiza su escasez en el mercado laboral. La compleja relación
entre el desajuste entre la oferta y la demanda de mano de obra calificada
y la emigración internacional de los dominicanos constituye uno de los
grandes retos que la nueva política de desarrollo deberá resolver en el
próximo cuarto de siglo.

C.

Prospectiva hacia el año 2030

En esta sección se presenta un análisis prospectivo del mercado laboral y
el comportamiento del desempleo en la República Dominicana hacia 2030.
Con ese propósito, se retoma el planteamiento presentado en el capítulo II
de este libro en cuanto a los posibles escenarios y senderos de convergencias
de la economía dominicana. Sobre esta base, en este ejercicio se realiza una
valoración de las sendas hipotéticas que tomaría el desempleo hacia el
año 2030. El ejercicio se enmarca en el marco analítico de la Ley de Okun,
que constituye una respuesta cuantitativa a la observación empírica de
que existe una relación inversa entre producción y desempleo. Cuando
el producto se encuentra en su nivel óptimo o de pleno empleo, la tasa de

353

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

desempleo observada es la tasa natural (TND), por lo que las desviaciones
con respecto a este nivel corresponden a un desempleo cíclico. De hecho,
lo que refleja la TND es fundamentalmente el desempleo friccional, y se
asume que los principales problemas estructurales del mercado laboral se
encuentran en el empleo informal y el subempleo. En la exposición de este
capítulo se evidencia que la informalidad ha crecido de manera importante
en la economía dominicana.La metodología utilizada en las estimaciones
de esta sección sigue los planteamientos propuestos por Ramos Francia y
Chiquiart (1999). A partir de la Ley de Okun (expresión (1)) y los datos del
desempleo y del crecimiento en el producto puede estimarse el crecimiento
del producto de pleno empleo, el cual permite generar una serie de producto
potencial y posteriormente estimar la TND.2

Yt-YPE = b(u - TND)
t

YPE

(1)

en donde Y(pe) es el producto potencial, u es la tasa actual de desempleo
y TND es la tasa natural de desempleo. Si se manipula algebraicamente la
expresión (1), puede derivarse una ecuación para estimar una regresión
simple dada por:
∆%Yt = α + b∆ut + εt

(2)

en donde a es el crecimiento del producto de pleno empleo y b es
el parámetro definido por la Ley de Okun.3 Para estimar la tasa natural de
desempleo (TND) se utiliza la siguiente expresión:4
ut = TND + γ.Gt + εt
(3)
donde

Gt =

Yt - Yt ˆ

p

ˆ p
Yt

Realizando este ejercicio y considerando que, para el periodo en
análisis (1991-2006), la tasa de crecimiento promedio anual del producto real


2



3



4

Es importante enfatizar que el ejercicio propuesto es preliminar y exploratorio, ya que
una estimación más precisa requiere de una serie que cubra un período mayor y mejor
información sobre el desempleo.
El resultado obtenido es para a = 5.9973 (7.0918) y b = -0.8565 (-1.3391) con los valores t
entre paréntesis y con una R**2 = 0.21 y DW 1.55. Hay que destacar que aunque el valor de
la DW indica presencia de autocorrelación en los residuales, cualquier tipo de corrección
haría perder el significado original de la relación estimada. Este problema se ha encontrado
en estimaciones para otros países.
Los resultados obtenidos son TND = 16.5065 (36.0954), g = -6.7200 (-1.579) y R**2 = 0.2258
y DW 1.607. Es importante enfatizar que todas las estimaciones deben considerarse con
reserva en virtud de que el tamaño de muestra es pequeño.

354

CEPAL

fue de 5,8% anual y la tasa de desempleo (amplio) promedio fue de 16,7%,
se tiene que la tasa de crecimiento del producto potencial para este período
fue de 6% anual. Este valor no es muy distinto al de otras estimaciones del
producto potencial para la economía dominicana referidas a este período,
como las realizadas en este mismo libro y en otros estudios. Con esta
información, se estima que la TND sería de 16,5%. Es claro que el nivel de
esta TND resulta muy alto considerando comparaciones internacionales,
pero refleja la definición utilizada de desempleo, como ya se discutió antes
en este mismo capítulo, y se mantiene por consistencia con la información
utilizada en éste y otros análisis sobre la República Dominicana.
Con base en esta información se realiza un análisis exploratorio sobre
las sendas del desempleo, en particular la TND, que se presentarían en los
tres escenarios propuestos hacia el año 2030. Ya se mencionó que este ejercicio
utiliza los supuestos de crecimiento del producto potencial presentados en
los tres escenarios adelantados en el capítulo II de este libro. Los resultados
son los siguientes:5
1)Escenario base: se considera un crecimiento del producto potencial
de 4% anual, menor que el observado en los últimos 15 años, y
poca variación en la acumulación física y humana en capital, lo
que resultaría en una TND estimada de 16,83% anual.
2)Escenario optimista: se considera un crecimiento del producto
potencial de 6%, tasa ligeramente superior a la observada en el
período histórico de análisis, pero que asume un incremento en el
capital físico y el humano, lo que provocaría una ruptura positiva
en la tendencia del empleo. En consecuencia, la TND estimada es
de 15,8% anual.
3)Escenario pesimista: considera un crecimiento del producto potencial de
tan sólo 1,5% anual y un deterioro en la acumulación de capital físico
y humano. En este escenario la TND estimada sería de18,8% anual.
Es evidente que los valores arrojados por las estimaciones para
la TND resultan altos, pero como ya se señaló, esto obedece en parte al
tipo de definición utilizada.6 Si se define la tasa de desempleo abierta de
acuerdo con los criterios de la OIT, entre 2000 y 2004 existiría una diferencia


5



6

Para este ejercicio exploratorio se utilizó la expresión (3) conjuntamente con una modificación
94
dada por ut = TND + γ.Gt + δ.Dt + εt, en donde el producto potencial es el asumido en los
escenarios del capítulo I y para el escenario deseable se incluye una dummy para el período
1994-2000 que refleja el mayor crecimiento y creación de empleo compatible con una
estructura económica mucho más acorde con este escenario.
Véase la nota 19 del capítulo I.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

355

promedio de aproximadamente 10 puntos porcentuales.7 En consecuencia,
si se utiliza este valor como una aproximación de la diferencia entre la TND
con desempleo abierto, las cifras estimadas para los tres escenarios podrían
rondar en los siguientes valores: 5,2%, 6,8% y 8,8%, respectivamente. Estos
valores siguen siendo relativamente elevados, lo que sugiere la existencia
de un problema importante en términos de desempleo friccional en la
economía dominicana.
Este análisis puede ser complementado con una revisión preliminar de
la posible creación de nuevos empleos en los tres escenarios mencionados.
Para este fin, se puede recurrir a un ejercicio preliminar de estimación de la
creación de empleo a partir del concepto de elasticidad empleo-producto. El
enfoque metodológico más adecuado para este ejercicio consiste en partir
de una función producción que permita estimar funciones de demanda de
trabajo, lo cual rebasa los objetivos del presente estudio. Alternativamente se
puede realizar una estimación parsimoniosa, en la que se vincule al empleo
con la producción para obtener la elasticidad empleo-producto, procedimiento
que se adoptó para este capítulo.8 El valor obtenido para el parámetro
buscado es de 0,63, el cual se encuentra en el rango de otras estimaciones
sobre la economía dominicana y de diversos paneles de países de la región.
Básicamente, el valor sugiere que ante un aumento del producto en 1%, la
población con empleo deberá incrementarse en 0,63%.9 Si se consideran los
tres escenarios arriba descritos, se tendría que en el escenario base se crearían
casi 86.000 nuevos empleos anuales; en el escenario optimista, alrededor de
129.000 nuevos empleos en promedio anual; y en el escenario pesimista los
nuevos empleos apenas superarían los 32.000 anuales.10
Este ejercicio pone de relieve la necesidad de una política explícita y
activa de empleo para los próximos 25 años, en cuya ausencia no pueden
esperarse modificaciones sustanciales en la estructura y evolución del mercado
de trabajo en las próximas décadas, y se estaría creando un riesgo creciente
de deterioro en las condiciones laborales de la población y por extensión de
la cohesión social. En un enfoque de desarrollo como el adoptado en este
estudio, que postula como un objetivo estratégico central el crecimiento
económico con la generación de empleo de calidad, los resultados del
ejercicio precedente constituyen un poderoso llamado de atención acerca de


9


Para una referencia de estos valores, véase el cuadro 3.4 del estudio del BM y el BID (2006).
La estimación se realiza en mínimos cuadrados para el período 1991-2006.
Un estudio reciente (Bencosme Germán, 2008) estima que en el periodo 1992-2006 por
cada punto porcentual de crecimiento del producto, la economía dominicana generó un
crecimiento de 0.55%% del número de ocupados.
10
 A manera de comparación, es interesante observar que de acuerdo con las propias autoridades
dominicanas, entre octubre de 2004 y octubre de 2006 se crearon poco más de 286 empleos, lapso en
el que el producto real creció a tasas cercanas al 9% en promedio. Para abril de 2007, la TDA oficial
fue de 15,6% y la tasa de desempleo abierta acorde con el criterio de la OIT habría sido de 4,6%.
7
8

CEPAL

356

la urgencia de promover activamente el cambio productivo en la República
Dominicana. Aun en un escenario de alto crecimiento de la economía -como
el supuesto en el escenario optimista-, el nivel de desocupación proyectado
mantiene una fuerte rigidez a la baja.11 En términos de los grandes objetivos
de la política pública, la conclusión es acelerar el cambio productivo e
incrementar paralelamente los niveles promedio de productividad. Tal es
uno de los principales retos que deberá enfrentar y resolver la estrategia
dominicana de desarrollo en los años venideros.

D.

Recomendaciones de política

Con base en la caracterización de los apartados precedentes se plantea a
continuación un conjunto de acciones y medidas cuyo propósito es contribuir
a fortalecer las políticas públicas que inciden en el mercado laboral. Antes
debe subrayarse que si el actual patrón de desarrollo se mantiene inalterado
será difícil —si no es que imposible— esperar modificaciones significativas
en la estructura y evolución del mercado laboral en las próximas décadas. Sin
una reformulación explícita de la política de desarrollo a favor del empleo
decente y la cohesión social, se corre el riesgo de un mayor deterioro en las
condiciones laborales de la población dominicana en los años porvenir. Cabe
recordar que incluso en el marco del escenario optimista, que considera un
mayor esfuerzo en la acumulación de capital físico y humano, la disminución
en la tasa de desempleo ampliado no resulta drástica. Una conclusión evidente
del análisis realizado en este capítulo es la necesidad de un mayor esfuerzo
en términos de política pública para modificar las condiciones laborales de
la sociedad dominicana en las perspectiva de 2030.
1.

Recomendaciones generales

El análisis del mercado de trabajo dominicano sugiere un primer conjunto de
recomendaciones generales cuya observancia parece inevitable para encaminar
a la economía por un sendero de crecimiento sostenido e incluyente.
a)Es claro que el crecimiento determina la cantidad de los empleos
generados y las tendencias de las remuneraciones y los ingresos.
En consecuencia, es necesario continuar promoviendo las políticas
de cambio estructural que permitan tanto aumentar el producto
potencial como sustentar un crecimiento sostenido de la economía
en los próximos años. Las propuestas sectoriales contenidas en
otros capítulos de este libro se articulan en torno a este mismo
propósito estratégico.
 En este escenario hipotético, la tasa de desempleo (15.8%) resulta incluso ligeramente
mayor a la tasa registrada en 2007 (15.6%).

11

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

357

b)Sin embargo, también es evidente que la calidad de los empleos y el
nivel de las remuneraciones no sólo son producto del crecimiento,
sino de las características que adquiera dicho proceso. Si bien
no es deseable aislarse del proceso de integración mundial y
apertura comercial y financiera —proceso que requiere impulsar
a los sectores exportadores, así como a aquellos receptores
importantes de divisas—, también es crucial buscar la modernización
y dinamización del aparato productivo orientado al mercado
interno, procurando mantener encadenamientos importantes con el
sector exportador.
c) En particular, es deseable promover y apoyar al sector de las pequeñas
y medianas empresas, que es un alto generador de empleo. Para
este efecto es necesario continuar con la flexibilización del marco
de regulación que afecta a este tipo de productores, así como
incrementar los apoyos tecnológicos, de gestión y crediticios.
d)Otro aspecto esencial es la ampliación y profundización de medidas
que promuevan una mayor competitividad, tanto en las principales
ramas de producción con orientación al mercado externo, como
en las ramas de producción hacia el mercado interno.
e)Como se menciona en el capítulo II , el tamaño del Estado desempeña
un papel importante, siempre y cuando éste resulte de un esfuerzo
en términos de una mayor inversión pública en infraestructura y
capital humano.
f) Mantener la estabilidad macroeconómica es condición fundamental
y necesaria para la promoción del empleo, pero no es suficiente. La
inserción en el mercado mundial ha provocado un aumento en la
volatilidad del crecimiento y del empleo, por lo que sería deseable
explorar mecanismos contracíclicos que redujeran o mitigaran
los efectos negativos del ciclo económico y que afectan en mayor
medida a la población en posición vulnerable. En este sentido, el
papel de la política fiscal se torna central y estratégico.
2.

Recomendaciones específicas

El anterior conjunto de acciones y medidas tiene un alcance que rebasa
al mercado laboral. Busca generar condiciones macroeconómicas y de
entorno propicias para la creación sostenida de empleos remunerativos en
la economía. Sin embargo, es necesario incluir otro conjunto de propuestas
dirigido en particular a modificar el funcionamiento del mercado laboral,
con el fin de imprimirle un mayor dinamismo. El análisis realizado en este

358

CEPAL

capítulo muestra que uno de los rasgos más sobresalientes del mercado
laboral dominicano es la existencia de un enorme desempleo friccional,
por lo que se recomienda:
a)Programas de apoyo a la inserción laboral de los dominicanos. Será necesario
diseñar políticas activas orientadas a mejorar la vinculación entre
oferta y demanda de trabajo, propiciar la capacitación y apoyar
la búsqueda de empleo. En este sentido será necesario realizar un
esfuerzo con directriz gubernamental que conduzca a promover
las instituciones que puedan centralizar el acopio, procesamiento
y difusión de la información laboral, para lo cual deben utilizarse
al máximo los medios tecnológicos. Probablemente una agencia
gubernamental de empleos o bolsa de trabajo podría ser una solución,
aunque en este caso es necesario realizar un estudio más detallado
sobre la viabilidad de esta agencia, o la promoción de agencias o
centros privados con regulación gubernamental. De acuerdo con
lo planteado en el capítulo V, esta labor debiera coordinarse con
las políticas de cohesión territorial, cuyo núcleo estratégico, según
se vio, es precisamente el empleo.
b)Programas focalizado en grupos en desventaja. Además de las medidas
de corte general, que por definición están orientados a la población
abierta, se propone diseñar programas de promoción del empleo
dirigidos hacia grupos sociales específicos, concretamente aquellos
que enfrentan desventajas en materia ocupacional: jóvenes que
buscan una primera inserción en el mercado de trabajo, mujeres que
desean reincorporarse a la actividad productiva, grupos sociales
marginados. Por lo demás, esta línea de acción es claramente
concordante con los objetivos de inclusión y participación postulados
en este libro acerca de la cohesión social.
c) Programas de apoyo a la microempresa y de atención al autoempleo.
La naturaleza del mercado de trabajo, en el que las diversas
manifestaciones de la informalidad están muy extendidas, torna
evidente que la política laboral no podría tener como meta exclusiva
o prioritaria el empleo asalariado formal. Es por tanto necesario
diseñar, en un marco integral, líneas de acción orientadas a apoyar
al segmento, tan amplio como heterogéneo, de las microempresas,
que tiene un peso muy importante en términos de ocupación,
además de ser portador de un fuerte potencial de desarrollo. De
igual forma, es necesario poner en marcha acciones dirigidas a
apoyar a los trabajadores en actividades no asalariadas, agrupadas
bajo el rubro del autoempleo, que también es numeroso.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

359

d)Mecanismos que amplíen la participación y coordinación de los sectores
privado y oficial en materia laboral. La instauración de estrategias como
las que se están proponiendo supone ciertos cambios en el papel
del sector público y sus instituciones en materia laboral, al menos
en lo que hace a los procesos de diseño e instrumentación de las
políticas. Como parte de estos cambios será imprescindible impulsar
el surgimiento de nuevas modalidades de complementariedad
entre los servicios públicos, privados y sociales en toda la cadena
de intermediación laboral. Así, por ejemplo, acciones claves como
la capacitación podrán descansar más ampliamente en programas
concertados entre centros públicos y privados, incluyendo desde
luego a las propias empresas. En este sentido, programas de empleo
temporal desarrollados al amparo de obras públicas ejecutadas por
las dependencias gubernamentales, podrían incorporar de manera
más activa la participación de las comunidades.
e)Acciones sostenidas y sistemáticas de formación y mejoramiento del
capital humano. El factor educativo es crucial para sustentar y dar
contenido a esta línea de acción y, de manera más amplia, en la
óptica de toda la estrategia hacia la instauración de un estilo de
desarrollo sostenido e incluyente. Como se ha hecho evidente en
éste y otros capítulos del presente libro, es indispensable emprender
un esfuerzo nacional para aumentar los años de instrucción de la
población, pero sobre todo para elevar la calidad de la educación.
Ya se mencionó en el capítulo IV que la República Dominicana es
un país con altos índices relativos de reprobación, por lo que es
necesario implementar esquemas que permitan abatirlos. Cabe
insistir en que los retornos a la educación tienden a aumentar
de manera significativa con el nivel de educación. Aunque la
fracción de población con mayores calificaciones es relativamente
pequeña, se debe recordar que constituye un estrato de fuerte
propensión hacia la emigración al exterior. Se observa que existe
un círculo vicioso en la expansión de la producción que requiere
fuerza de trabajo de alta calificación, y las restricciones con los
que aquélla choca debido a la carencia relativa de este factor. Así,
es necesario aumentar los niveles de educación para promover
este tipo de inversión y romper el círculo vicioso que desvía el
crecimiento hacia proyectos y procesos productivos que demandan
poca calificación.
f) Desarrollar dispositivos institucionales que permitan profundizar el
conocimiento y la información oportuna sobre el mercado de trabajo. Además
del desarrollo de un sistema nacional de información laboral oportuna
(que entre otras cosas facilitaría conectar la oferta y la demanda

360

CEPAL

de trabajo), parece necesario promover acciones conducentes a
ampliar y actualizar el conocimiento empírico del mercado. Una
recomendación puntual en este sentido sería la de realizar estudios
detallados que permitan detectar el perfil educacional actual y
futuro que demandará el aparato productivo nacional, y analizar
la estructura de la oferta educativa a nivel universitario y técnico
existente para compaginarla con la demanda futura. Esto debería
reducir, en el mediano y largo plazos, el problema del desempleo
en la población con mayores estudios que se ha venido observando
en la economía dominicana en los últimos años.
g)Vinculación programática y operativa de la política laboral con los
objetivos generales de cohesión social. Sumada a las propuestas de
política formuladas, la posibilidad de alcanzar cambios positivos
significativos y profundos que incidan realmente sobre el bienestar
de largo plazo de la población sólo se logrará en un contexto
socialmente incluyente, para lo cual se requiere de un pacto social
que reconozca las carencias y elimine los comportamientos rentistas,
tratando de generar oportunidades en un contexto de equidad.
En este sentido, es necesario inscribir estas transformaciones en
el contexto de cohesión social en los términos discutidos en el
capítulo IV. Es necesario compatibilizar lo económico con lo social
por medio del empleo, el sistema educativo, la titularidad efectiva
de derechos económicos y sociales, y el fomento real de la equidad,
el bienestar y la protección social.
h)Reconstrucción de las redes institucionales de seguridad para el trabajador.
Finalmente, un elemento ineludible es el de la protección social,
que permite cubrir riesgos de los trabajadores como desempleo,
subempleo, enfermedad. Se impone mantener el elemento de
solidaridad en el financiamiento de los sistemas y redes de protección,
pero este esfuerzo debe ser compatible con un comportamiento
responsable en cuanto a las finanzas públicas, evitando que se
constituya en un factor de desajuste e inestabilidad, además de
que también se debe impedir que se torne en un factor de erosión
de la competitividad por aumentos insostenibles de los costos no
laborales. Es claro que el desarrollo de esta línea de acción de la
política laboral también es inseparable de la estrategia que adopte
el país en materia de cohesión social.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

361

Bibliografía
Banco Mundial (2005), “República Dominicana: Evaluación de la Competitividad
Comercial y Laboral”, Informe 30542 DO, 28 de marzo.
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economía dominicana”, Unidad Asesora de Análisis Económico y Social,
Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo, Texto de
Discusión N° 12.
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America and Caribbean Studies.
BM/BID (Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo) (2006), “Informe
sobre la pobreza en la República Dominicana: logrando un crecimiento
económico que beneficie a los pobres”, agosto.
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social de América Latina 2006 (LC.2326-P/E), Santiago de Chile, diciembre.
Publicación de las Naciones Unidas, No de venta S.06.II.G.133.
______ (2007), Cohesión social: inclusión y sentido de pertenencia en América Latina
y el Caribe, Santiago de Chile.
______ (2001), Desarrollo económico y social en la República Dominicana: Los
últimos 20 años y perspectivas para el siglo XXI, tomo I, Pontificia Universidad
Católica, Mediabyte, República Dominicana.
Guzmán, Rolando, Douglas Hasbún, Dayana Lora y Fabio Vio (2004), “Aprendizaje
a lo largo de la vida en la fuerza laboral dominicana”, (DIFID-BM).
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Nacional de Desarrollo Humano”, República Dominicana.
Ramos Francia, Manuel y Daniel Chiquiart (1999), “Desempleo y subempleo, en la
seguridad social en México”, Fernando Solís y Alejandro Villagómez (eds.),
Lecturas del Trimestre Económico No 88, Fondo de Cultura Económica.
Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo y Banco Central de la
República Dominicana (2007), “La informalidad en el mercado laboral urbano
de la República Dominicana”, Santo Domingo, Banco Mundial.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

363

Capítulo VII

Sector agropecuario

Introducción
En este capítulo se exploran algunas bases para el desarrollo del sector
agropecuario de la República Dominicana hacia 2030. Con esa finalidad,
se examinan tendencias seleccionadas del sector agropecuario y el
medio rural en el período 1990-2006; se revisan tres desafíos principales:
rentabilidad y crecimiento, cohesión social mediante el aumento del
bienestar de los pobres y competitividad; se presentan escenarios posibles
para 2030 y se mencionan algunas perspectivas y temas estratégicos del
sector; se concluye en la necesidad de dar prioridad al sector agropecuario
y al medio rural, reforzar cadenas productivas estratégicas, propiciar la
cohesión social y combatir la pobreza rural mediante la formación de capital
humano. Esto requiere el establecimiento de un acuerdo estratégico de
alto nivel entre los sectores público y privado que concentre los esfuerzos
de las instituciones de ambos sectores para aumentar la productividad y
la competitividad rurales.
En la primera sección se presenta un resumen del aporte ambiental y
económico del sector, así como de las tendencias generales de la producción,
la productividad y el comercio internacional agropecuario; se hace una
breve alusión a los grandes problemas que amenazan la cohesión social en
el medio rural y su incidencia en la formación de capital humano y en el
funcionamiento de los mercados laborales rurales. También se habla de la
descapitalización del sector agropecuario.

CEPAL

364

En la segunda sección se mencionan tres desafíos clave para un
crecimiento sostenido del medio rural dominicano hacia 2030: 1) la rentabilidad
agropecuaria, el crecimiento sostenido, la innovación y el aumento de la
productividad; 2) el incremento sostenible de los ingresos de los rurales
pobres, y 3) la competitividad y el aprovechamiento del Tratado de Libre
Comercio entre la República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos
(dr-cafta).
Por último, las secciones tercera y cuarta son de carácter prospectivo y
exploran tendencias hacia 2030 mediante un breve examen de los escenarios
mundiales agroalimentarios a futuro y su posible incidencia en la República
Dominicana durante el período considerado. También se hacen algunas
consideraciones sobre ciertos temas estratégicos: la administración de los
recursos hídricos y los efectos del cambio climático en la agricultura; la
formación de capital humano; educación y alimentación para la cohesión
social, la competitividad y la reducción de la pobreza; el potencial de algunas
tendencias actuales; abastecimiento de alimentos para el sector turístico;
biotecnología y competitividad, además de algunas consideraciones acerca
de la administración del riesgo y los seguros agropecuarios.

A.

Tendencias generales y situación actual del sector

La República Dominicana tiene un potencial significativo para desarrollar
hacia 2030, cadenas productivas agroforestales generadoras de más valor
agregado y competitividad, susceptibles de ser integradas de manera
eficiente tanto en el mercado global como en el interno, incluido el turístico.
Dicho potencial se acrecienta en un contexto internacional con precios
agropecuarios al alza.1 Algunas de estas cadenas ya se están desarrollando
y ganan participación en el mercado.
No obstante, varios sectores de la sociedad dominicana tienen escasa
conciencia de la importancia del sector agropecuario y el medio rural. Los
servicios y productos rurales se ven como un hecho dado. Sus costos y la
necesidad de reponer el capital natural, físico y humano rural casi no se toman
en cuenta y en la práctica no se canaliza el financiamiento y la inversión
suficientes para reponer y expandir la capacidad productiva agropecuaria.
En consecuencia, la rentabilidad agropecuaria es baja y declinante.
El medio rural dominicano, en particular su sector agropecuario,
presta valiosos servicios ambientales, entre ellos, la captura de carbono, la
regulación del ciclo hídrico, la oferta de agua y la generación de energía;


1

Como se comenta más adelante, también enfrentará precios elevados para algunas
importaciones de alimentos y fertilizantes.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

365

cuenta con un importante potencial de sustitución de hidrocarburos por
biocombustibles; produce alimentos para los dominicanos y obtiene divisas
a través de exportaciones; genera un porcentaje importante del pib y
proporciona empleo a la población; transfiere excedentes al resto de la
economía por medio del sistema de precios; ofrece servicios turísticos y sus
emigrados generan un significativo monto de remesas. Aun así, el sector
agropecuario recibe un apoyo reducido en términos de gasto gubernamental
y crédito bancario.
La producción de frutas, hortalizas y, en menor medida, de arroz ha
sido dinámica. Las cadenas productivas pecuarias (aves, porcinos, huevos
y leche) son muy activas y muestran un especial potencial de desarrollo,
favorecidas por la demanda doméstica y global.
Entre 1990 y 2006 se manifestaron tendencias de innovación tecnológica
en la producción de invernaderos, la capacitación en el uso eficiente de agua
para riego y la producción de orgánicos para exportación. En algunos casos
hubo mejoras significativas de la productividad gracias a innovaciones
impulsadas por el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias
y Forestales (idiaf) y la Secretaría de Estado de Agricultura (sea), que
incluyeron mejores prácticas e inversiones más eficientes. El dr-cafta
ha generado expectativas favorables de exportación.
El crecimiento del sector agropecuario fue volátil y pausado en el
conjunto del período, aunque en los últimos seis años aumentó su dinamismo al
registrar una tasa promedio de 5,3% anual. Diversas tendencias caracterizaron
este período: la productividad promedio se estancó o disminuyó en varios
cultivos, pero fue menor que la de muchos países competidores, además de
que factores climáticos como sequías, inundaciones y huracanes (Georges y
Jeanne) afectaron el desempeño agropecuario (véase el cuadro VII.1).
La productividad promedio de la agricultura declinó o se estancó
durante los últimos 15 años en la mayoría de los principales cultivos, que
utilizan 75% del área cosechada. La superficie cosechada total de dichos
cultivos se estancó (0,6% en promedio anual) entre 1990 y 2006, años en los
que también cambió su estructura: se expandió el área cultivada de arroz,
cacao, café, ajíes, berenjena, ñame, naranja, melón y piña, y se redujo la
superficie de caña de azúcar, sorgo, habichuelas, tabaco, tomates, yautía y
yuca, entre otros.
El Estado dominicano ha apoyado tradicionalmente al agro por
medio de diversos instrumentos fiscales y comerciales. El gasto público en
riego, investigación y extensión ha sido valioso; el crédito agropecuario, las
exenciones fiscales, la protección arancelaria, las cuotas de importación y otros

PIB agropecuario/PIB totalb
PIB agroindustrial/PIB totalb,c
PIB agroalimentario ampliado/
PIB totalb, d
Exportaciones agroalimentarias/
exportaciones totales de
bienes con maquila
Exportaciones agroalimentarias/
exportaciones totales de
bienes sin maquila
Importaciones agroalimentarias/
importaciones totales de
bienes con maquila
Importaciones agroalimentarias/
importaciones totales de
bienes sin maquila
Gasto agropecuario/Gasto
gobierno central totale
Crédito agropecuario/crédito totalf

Indicadores sectoriales
Producto interno bruto
Producto interno bruto
agropecuario (precios de 1991)b
Producto interno bruto agropecuario
por habitante (a precios de 1991)b
6,8
7,9
10,7
10,3
21,0

13,2

44,2

34,0

21,5
7,9
10,3

-8,6
-7,6
11,9
12,3
24,2

…

52,0

…

20,9
13,7
11,0

5,1
4,4

16,4

34,3

34,1

6,9

19,1

8,5
10,6

4,6

4,2

4,8
5,0

13,7

28,8

38,8

6,9

19,3

9,1
10,2

16,0

9,5

1,8

4,4
4,7

16,8

40,3

40,4

7,9

18,7

4,1
3,7

17,4

35,1

39,7

9,6

19,0

3,1
2,4
Porcentajes
8,8
9,0
9,9
10,0

2,5

Cuadro VII-1
REPÚBLICA DOMINICANA: PRINCIPALES INDICADORES, 1990-2006
1990
1995
2000
2001
2002
2003
Tasas de crecimiento
-5,5
5,5
5,7
1,8
5,8
-0,3

1,9
3,6

16,9

36,1

23,5

6,3

18,8

8,7
10,1

1,9

-2,5

1,3

2004

3,1
4,0

12,9

38,7

28,7

8,4

18,3

8,4
9,8

0,8

5,9

9,3

2005

2,3
3,4
(Continúa)

…

…

23,7

10,2

17,6

8,3
9,3

9,0

8,6

10,7

2006a

366
CEPAL

1990

Precios implícitos en el
65,4
sector agropecuariog
165,7
IPP agricultura/IPC generalh
Precios de las principales
exportaciones agropecuarias
75,9
Indicadores sociales
Población rural/población total
49,1
PEA rural/PEA total
46,3
PEA rural mujeres/PEA rural total
10,7
Población ocupada sector
agropecuario/población ocupada total
20,5
Tasa de desempleo abierta
…
a nivel nacionali
…
Tasa de desempleo abierta sector rurali
Tasa de desocupación
23,0
ampliada a nivel nacionalj
Tasa de desocupación ampliada
…
en el sector primarioj
Hogares rurales en situación de pobreza
…
Hogares rurales en situación
de pobreza extrema
…
Población rural en
situación de pobreza
…
Población rural en situación
de pobreza extrema
…
Concentración del ingreso en
zonas rurales (Índice de Gini)
…

Cuadro VII-1 (Continuación)

118,6
72,7

2000

91,0
38,3
35,8
11,0
15,9
5,8
2,2
13,9
84,1
50,5
25,9
55,2
28,7
0,501

100,0
100,0

1995

100,0
42,5
39,6
10,7
14,6
…
6,2
15,8
85,4
…
…
…
…
…

…

…

…

…

85,2
…

15,6

6,5
2,4

14,8

35,6
35,0
10,8

97,6

119,3
71,1

2001

0,473

26,3

50,7

23,4

84,1
45,6

16,1

5,9
2,7

15,9

121,0
Porcentajes
34,9
34,3
10,7

129,9
69,7

2002

…

…

…

…

86,3
…

17,0

6,5
2,7

13,7

34,1
33,6
10,5

120,6

151,7
54,7

2003

0,503

34,7

59,0

…

85,2
…

18,4

5,3
2,7

14,8

33,4
32,9
10,4

105,5

249,5
36,5

2004

0,542

28,8

51,4

…

85,4
…

17,9

5,6
2,7

14,6

34,5
32,2
10,2

121,4

278,7
35,1

…
(Continúa)

…

…

…

85,1
…

16,2

4,9
2,1

14,9

33,9
31,6
10,1

121,9

284,6
34,5

2005
2006a
Índices (1995 = 100)

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
367

100,0

...
...

97,4
113,3

Relación precios de intercambio
de bienes y servicios (fob/fob)
Tipo de cambio real ajustadom

Déficit fiscal/PIB
Cuenta corriente/PIB

...

1,1
-1,1

100,0
100,0

12,5
...

1995

98,8

3,2

...

1990

3,6

…

…

1,1
-5,1

102,0
103,5

7,7
...

2000

7,2

9,4
6,7

…
…

…
…

2000
16,3
16,3
16,3

1995
18,3
18,2
18,5

1990
20,6
20,2
21,0

Indicadores macroeconómicos
Índice de precios al consumidor
(promedio anual)
Rango de competividiadl

Población analfabeta total
Hombres
Mujeres
Años promedio de educación
a nivel nacional
Años promedio de educación zona rurales
Años promedio de educación
mujeres en zonas rurales
Salarios
Mínimo oficial del peón agrícola
(dólares por jornal)
Salario mínimo trabajadores del
campo (índice 1995 = 100)k
Cuadro 23 (Conclusión)

Cuadro VII-1 (Continuación)

101,7

3,7

7,9

9,5
7,1

2002
…
…
…

…

3,0

…

…
…

2003
…
…
…

0,3
-3,4

103,6
100,8

8,9
...

103,1
99,8
102,6
137,5
Porcentajes
0,05
1,1
-3,5
6,0

5,2
27,4
...
...
Índices (1995 = 100)

2001
2002
2003
Tasas de crecimiento

107,8

3,6

…

…
…

2001
…
…
…

-0,6
6,2

94,1
133,0

51,5
72

2004

…

…

…

…
…

2004
…
…
…

-0,2
-1,4

93,2
95,3

4,2
91

2005

…

…

8,6

9,7
8,1

2005
14,4
14,7
14,6

0,04
-2,2
(Continúa)

92,4
100,6

7,6
83

2006a

…

2.5

…

…
…

2006a
…
…
…

368
CEPAL

8,7

1990
...
12,9

1995
...
16,2

2000
17,5
16,7

2001
12,8
17,6

2002
18,3
29,4

2003
1,6
41,9

2004
-13,1
30,3

2005
17,9
33,4

2006a
18,3

Fuente: Sobre la base de cifras oficiales del Banco Central de la República Dominicana, CEPAL, CORECA, PNUD y World Economic Forum.
a
Cifras preliminares.
b
Para las tasas de crecimiento, los porcentajes y los índices de los años 1990 y 1991 se refiere a millones de pesos de 1970.
c
Porcentaje calculado en base a la Serie de Producción del Banco de 1991-1993.
d
Incluye el producto interno bruto agropecuario primario y las ramas de alimentos, bebidas y tabaco y madera e industria de la madera, con excepción de lo siguientes
productos: haria de trigo, otros productos de molinería, pan, otros productos de panadería, cerveza clara y oscura, macarrones, fideos y producos farináceos similares
y alimentos preparados para animales.
e
Promedio enero a septiembre.
f
A partir del año 1987 se incluyen los préstamos a la agroindustria.
g
Se calculó en base a dividir los valores a precios corrientes por los respectivos valores a precios contantes.
h
El índice de precios a la producción agropecuaria corresponde a la FAO.
i
Esta tasa mide el grado de aprovechamiento real de la fuerza de trabajo laboral (PEA) y se mide por la relación entre población desocupada abierta (PDAb) y la población
económicamente activa (PEA). TD = (PDAb PEA) x 100.
j
En tanto, la tasa de desocupación ampliada (PDAm) considera, además de los desocupados abiertos aquellas personas que aunque no buscaron trabajo en el período
de referencia están disponibles de inmediato para trabajar. La tasas de desocupación ampliada (TDAm) indica también el grado de aprovechamiento real de la fuerza
laboral y se mide por la relación entre la población desocupada ampliada y la PEA. TD = (PDAm PEA) x 100.
k
Cifras tomadas de Aspectos Socioeconómicos, Base de Datos del PNUD, Oficina de Desarrollo Humano.
l
Cifras obtenidas del Global Competitiveness Index, World Economic Forum.
m
Se calculó en base al índice del tipo de cambio (1995 = 100) entre el índice de precios relativos con el exterior.

Tipo de cambio nominal (pesos por dólar)

Tasas de interes activas a 90 días

Cuadro VII-1 (Conclusión)

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
369

370

CEPAL

instrumentos comerciales han favorecido a los productores. Sin embargo,
estos apoyos resultan insuficientes ante los obstáculos y las tendencias
adversas que afectan el sector agropecuario y el medio rural.
Los precios reales al productor se redujeron en la mayoría de los
cultivos. El descuido del sector se ha manifestado en baja inversión —excepto
en riego— y descenso de los apoyos, aunque también lo afectaron de manera
adversa ciertos factores internacionales, como la baja de los precios registrada
entre 1995 y 2000 y la reducción de la demanda de Estados Unidos en 2001.
La crisis bancaria de 2003-2004 tuvo efectos desfavorables en los precios
al productor, provocó alzas en insumos importados clave (fertilizantes y
pesticidas) y redujo el crédito. Por otro lado, la devaluación favoreció los
productos exportables.
Desde el segundo lustro de los años ochenta, la rentabilidad
agropecuaria ha sido muy baja, incluso menor que en otros sectores
(Secretariado Técnico de la Presidencia, 2000). Una estimación de la
rentabilidad promedio de la mayor parte de los productos agrícolas muestra
que, en términos reales, fue negativa en el lapso 1990-2006 para 54% de los
productos y muy baja para 20% de ellos. Es más, la rentabilidad promedio
ha tendido a decrecer de manera sustancial entre los períodos 1990-1995
y 2000-2006. Esto significa que la capacidad de consumo y ahorro de los
ingresos de los productores agropecuarios fue cada vez menor, lo que
explica en parte la escasa inversión, la pobreza y la emigración rurales.
Por otra parte, la diversificación de productos y mercados fue un
logro importante. Las proyecciones globales de una mayor y mejor calificada
demanda de productos agrícolas implican en términos generales una
oportunidad de expandir la producción dominicana de exportación, pero
también contemplan un incremento de los costos para las importaciones de
maíz y otros granos. En los últimos tres lustros el déficit agroalimentario
del comercio exterior fue volátil y se acentuó, tanto por el crecimiento
acelerado de las importaciones de cereales y semillas oleaginosas como por
el estancamiento de las exportaciones agroalimentarias.
En 2005, el 51% de la población rural dominicana era pobre y 29%
estaba en condiciones de extrema pobreza, situación que sigue representando
un gran desafío. A pesar del fuerte crecimiento de la economía en los últimos
15 años y de la aplicación de diversas políticas rurales y sociales a lo largo
de varias décadas, la desigualdad en la distribución del ingreso ha crecido
y la heterogeneidad entre los productores es elevada.
La República Dominicana muestra los indicadores más altos de
concentración del ingreso rural en Centroamérica y México: 70% de la

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

371

población rural obtiene 35% del ingreso total, mientras que el decil más rico
absorbe 34% de ese ingreso. Esta situación se acompaña de una concentración
de los activos físicos y educativos: 81% de los agricultores posee apenas 22%
de la tierra y los pobres registran los índices más bajos de escolaridad y los
indicadores más elevados de desnutrición. Esta desigualdad es un factor que
frena el crecimiento rural del país, además de que limita e incluso reduce
las posibilidades de cohesión social en el medio rural.

B.

Desafíos del sector agropecuario hacia 2030

Cuatro condiciones son necesarias para el desarrollo agropecuario (Wild,
2003): incentivos para el productor y ganancias como resultado de sus
inversiones por precios altos; necesidad de que los investigadores y
extensionistas proporcionen información sobre costos y mercados; inversión
en infraestructura y almacenamiento, e innovaciones técnicas para nuevos
productos y sistemas alternativos de producción. A continuación se describe
la situación de estos factores en el agro dominicano.
i)

Incentivos. Los precios al productor, con escasas excepciones
(tomate, aguacate, lechosa, coco), presentaron tasas negativas
de crecimiento entre 1990 y 2006. Junto con el alza del costo
de insumos y servicios a la agricultura, esto muestra que los
incentivos para el productor han sido bajos. En promedio, las
actividades agropecuarias no son rentables en la actualidad.

ii)Información. El sistema de investigación y extensión de apoyo a los
productores se debilitó con las políticas de ajuste macroeconómico.
La sea ofrece cierto apoyo a los productores. Las empresas privadas
(por ejemplo, las de agroquímicos) y algunas ong brindan
asesoría técnica, pero es evidente que no cubren a la mayoría de
los agricultores y ganaderos ni mucho menos a los productores
pobres de microfincas, que representan 33% del total. Así, buena
parte de los productores carecen de información técnica sobre
costos y mercados.
iii) Inversión. Se registran avances en infraestructura rural, pero hace
falta mejorar las carreteras, reducir los costos de transporte, resolver
el problema del suministro de electricidad a las áreas rurales y
aumentar la eficiencia operativa de los puertos (Montás, 2005).
También se requiere inversión para apoyar el cambio tecnológico
y ampliar los servicios de telefonía rural y el acceso a Internet,
lo cual facilitaría a los productores el acceso a información sobre
mercados, sanidad y técnicas apropiadas. Estudios de otros
socios comerciales del dr-cafta muestran que el ingreso y los

CEPAL

372

beneficios netos de los hogares se elevan cuando tienen acceso a
mercados, energía eléctrica, servicios de telefonía, agua potable
y saneamiento. Las horas trabajadas por los hogares aumentan
y el trabajo se desplaza hacia actividades que generan más valor
(cepal/ifpri, 2007).
iv)Innovación técnica. Entre 1985 y 2000 se dio poca importancia
a la investigación agropecuaria y forestal, parte de la cual fue
realizada por organizaciones privadas. El debilitamiento de la
investigación y la extensión explica en alguna medida los bajos
rendimientos registrados de 1990 a 2005. Hoy se reconoce la
necesidad de reorientar la investigación del idiaf (véase el
cuadro VII.2).
Así, en el caso dominicano, las condiciones para el desarrollo
agropecuario todavía no son suficientes para enfrentar los tres grandes
desafíos del sector rural: crecimiento y aumento de la productividad,
incremento sostenible de los ingresos de los rurales pobres, y competitividad
y aprovechamiento del dr-cafta.2
1.
Rentabilidad agropecuaria, crecimiento
sostenido y aumento de la productividad
La rentabilidad agropecuaria ha sido muy baja desde el segundo lustro de los
años ochenta (Secretariado Técnico de la Presidencia, 2000). Una estimación
muestra que, en términos reales, en el lapso 1990-2005 la rentabilidad
promedio de la mayor parte de los productos agrícolas fue negativa para
33% de los productos y muy baja para 50% de ellos. Es más, la rentabilidad
promedio decreció de forma importante en los períodos 1990-1995 y 20002005, es decir, la capacidad de consumo y acumulación de ingresos de los
productores agropecuarios fue cada vez menor, lo que explica en parte la
baja inversión, la pobreza y la emigración rurales. Estos bajos indicadores
de rentabilidad proyectan dudas sobre la posibilidad de un crecimiento
agropecuario sostenible y, por ende, sobre la capacidad del sector para seguir
abasteciendo de alimentos y generando servicios ambientales, exportaciones
y empleo (véase el cuadro VII.3).


2

Se podrían plantear otros desafíos del desarrollo rural y agropecuario, pero una de las
fallas de la política rural en países de la subregión ha sido dispersar los recursos en busca
de muchas metas, sin alcanzar lo propuesto. Convendría más bien, en una primera etapa,
concentrar recursos en pocos objetivos —relacionados con los cuatro factores o cuatro
“íes” mencionados: incentivos, información, inversión e innovación— y en pocas cadenas
productivas para tener un efecto sostenido sobre ellas. Hay un mínimo de apoyo necesario
para impulsar actividades de producción y comercio internacional, por debajo del cual las
metas no se logran y los apoyos resultan poco eficientes.

Gasto total
Gasto agropecuario
Gastos corrientes
Servicios personales
Bienes y servicios
Transferencias
corrientes
Gastos financieros

Gobierno central
Gasto agropecuario
Gastos corrientes
Servicios personales
Bienes y servicios
Transferencias
corrientes
Gastos financieros
Gastos de capital
Inversión fijab
Transferencia de capital
Otros gastos de capital

8,7

…

…

…

10,2
13,0
13,0
-

…
…
…
…
…

-5,1
-18,0
-3,0
-15,5
-20,1

8,9

…

-21,3
-0,1
…
…
…

7,9
100,0
28,0
8,4
0,4

1995

13,7
100,0
…
…
…

1990

…

-34,0

2,0
-20,7
-31,3
14,6
-72,8

0,5
35,0
10,0
23,9
0,7

38,5

5,1
100,0
65,0
23,4
2,6

2000

2003

2004

2005

0,4
31,3
11,2
20,0
0,1

39,6

4,4
100,0
68,7
24,8
3,9

32,5
12,5
19,2
0,7

41,3

4,1
100,0
67,5
20,8
5,4

11,0
2,0
9,0
-

51,1

1,9
100,0
89,0
28,3
9,6

35,5
6,3
29,2
-

39,7

3,1
100,0
64,5
18,3
6,5

Gasto agropecuario/gasto total

2002

17,9
14,5
3,5
-

48,6

2,6
100,0
82,1
22,7
10,8

2006a

…

4,6

15,2
8,6
1,5
-8,2
17,1

…

4,6

8,2
-2,2
10,5
22,1
32,7

…

-8,4

-6,7
-12,1
-13,6
-26,3
23,7

…

-30,5

21,3
-43,8
-25,9
-23,4
-1,3

16,7
…

…

13,4
-4,6
21,3
18,4
58,0
38,6

10,4
78,6
29,4
15,5
21,2

Tasas de crecimiento pesos reales c/

1,0
39,2
14,7
23,5
0,9

37,1

4,8
100,0
60,8
19,8
2,8

2001

…

…

10,1
-1,4
…
…
…

9,3
16,5
1,6
15,4
0,6

7,8

11,5
100,0
25,8
8,2
0,4

-44,6

36,8

11,4
2,2
20,9
25,6
45,9

5,3
21,7
3,4
18,1
1,2

27,8

6,7
100,0
54,2
18,0
3,1

…

2,0

9,9
-1,9
2,0
-2,4
24,0

0,6
28,9
10,2
18,3
0,6

42,3

3,7
100,0
71,1
22,6
5,9

…

…

10,4
-0,5
…
…
…

4,6
24,4
6,7
17,7
0,9

33,2

7,2
100,0
60,1
19,3
4,5

1990-1995 1995-2000 2000-2006 1990-2006

Promedios

Cuadro VII,2
REPÚBLICA DOMINICANA: GASTO DEL GOBIERNO CENTRAL TOTAL Y EN EL SECTOR AGROPECUARIO, 1990-2006

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
373

…
…
…

1990

…

…
-39,7
…

1995

-46,4

79,0
-2,1
-50,2

2000

11,5

60,7
6,9
45,6

2001

21,7

-25,7
-17,0
-85,4

2002

-21,8

-1,9
-15,5
367,9

2003

-9,0

-91,2
-73,7
…

2004

-81,0

F
 uente: CEPAL, sobre la base de cifras del Banco Central de República Dominicana,
a Cifras preliminares
b Incluye maquinaria y equipos y construcciones de obras y plantaciones agrícolas
c Deflatados por el IPC,

Inversión fija
Transferencia de capital
Otros gastos de capital

Cuadro VII,2 (Conclusión)

Gastos de capital

474,8
479,0
…

2005

478,3

118,2
-88,6
…

2006a

-51,8

Promedios

24,4

-12,2

…
(continúa)

…
…
…

…
15,3

4,4
-28,9
-57,4

…
…
…

1990-1995 1995-2000 2000-2006 1990-2006

…

374
CEPAL

Tomate ensalada
Tomate industrial
Ají

Hortalizas

Papa
Yuca
Yautía
Ñame
Batata

-1 051
301
-2 084

3 567
3 158
4 377

3 254
1 646
2 215
-8 010
783

-612
-6 265

-6 868
5 611

711
698
6 205
197
563

-7 998

-

Raíces y Tubérculos

-1 108

9 709

Habichuela negra
Habichuela
blanca
Guandul
Maní

-6 533

3 317
-1 335
-2 267

14 900

4 592
-348
-3 028

1995

Habichuela roja

Leguminosas

Arroz
Maíz
Sorgo

Cereales

1990

2 274
2 737
3 463

-325
1 280
4 711
1 138
613

-11
370
-2 848
-11
317
-3 384
5 984

3 207
-1 781
-1 100

2000

1 309
2 499
2 794

-238
1 999
6 140
1 450
839

-4 092
3 534

-8 893

-1 967

-8 169

2 577
-1 404
-1 074

2001

1 647
2 505
2 637

-1 764
1 276
4 054
1 229
845

-11
717
-998
-11
524
-2 634
2 884

1 334
-2 012
-1 036

2002

1 306
3 071
2 821

-1 703
630
2 927
-138
135

-4 436
236

-7 863

-16
028
-3 058

-2 968
-3 171
4 613

2003

3 635
3 530
3 731

257
2 882
8 151
1 716
-9

-2 223
6 346

-1 739

2 902

-3 916

3 326
-1 075
2 777

2004

2 219
3 370
3 159

2 162
3 140
4 113
-2
1 169

-2 626
-62

-7 235

-4 300

-10 620

1 837
-2 564
-1 811

2005b

2 005
1 105
-5 004

2 207
1 752
5 907
-1 296
1 376

-2 501
2 927

-7 998

2 203

4 701

3 441
-1 245
-2 160

19901995

1 694
2 563
4 375

1 734
2 043
3 141
-2 104
1 173

-3 422
4 315

-9 239

-256

-6 187

2 746
-1 373
-498

19952000

2 065
2 952
3 101

-268
1 868
5 016
899
599

-3 232
3 154

-8 095

-10
303
-1 711

1 552
-2 001
395

20002005

Cuadro VII.3
REPÚBLICA DOMINICANA: RENTABILIDAD PROMEDIO DE LOS PRINCIPALES CULTIVOS AGRÍCOLAS, 1990-2005
(Pesos reales por tonelada)a

1 797
2 114
437
(Continúa)

1 194
1 941
4 841
-508
1 093

-3 184
3 916

-8 426

335

-3 302

2 494
-1 538
-638

19902005

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
375

-573
113
932

3 447
-7 020
7 008
3 287

16 268

1995

-1 922
-221
-1 932

3 526
-4 599
5 305
1 509

19 090

2000

-1 336
-57
-2 023

2 600
-7 571
6 247
1 893

9 984

2001

-1 369
50
-984

2 645
-681
3 695
1 722

8 924

2002

2004

-4 369
561
-999

-12
683
578
-2 142
4 488
1 276
-6 120
-270
-4 297

-15
656
2 356
-1 111
6 866
1 970

2003

-5 903
206
-539

3 021
-2 244
5 170
2 693

-15 917

2005b

-410
295

3 673
-4 969
8 946
3 375

22 987

19901995

-518
119

3 413
-4 237
5 971
2 390

14 681

19952000

-3 503
45

2 454
-3 058
5 295
1 844

-1 043

20002005

-1 871
179

3 142
-3 873
6 810
2 553

11 525

19902005

Fuente: CEPAL, se calculó restando los costos de producción a los precios pagados al productor. Sobre la base de cifras de la Secretaría de Estado de Agricultura
(SEA).
a Deflactadas por el IPC.
b Cifras preliminares.
c Promedio entre mantenimiento y fomento.

Piña
Guineoc
Plátanoc

-63
3 441

2 428
-6 504
14 826
1 475

Auyama
Berenjena
Cebolla
Zanahoria

Frutas

23 280

Ajo

1990

Cuadro VII.3 (Conclusión)

376
CEPAL

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

377

Aunado a esto, durante los últimos 16 años el crecimiento del sector
agropecuario ha sido modesto y volátil, si bien los productos pecuarios
han tenido mejor desempeño. Con todo, se da por sentado que el sector
seguirá cumpliendo con su papel de abastecedor de alimentos, proveedor
de diversos servicios ambientales, generador de ingresos y empleos, y ahora,
como productor de bioenergía para exportación y uso doméstico. También se
estima que seguirá brindando escasos medios de vida a la población pobre
rural que no emigre. Sin embargo, resulta poco realista pensar que el sector
llevará a cabo esas tareas si persisten las tendencias a extraer excedentes del
campo por medio de los precios, la salida del capital humano más calificado,
la baja inversión rural y el reducido financiamiento, así como los declinantes
y poco eficientes apoyos reales.
Más aún, es probable que las demandas del sector se eleven y
diversifiquen en el futuro cercano. Durante los próximos 10 años es previsible
un crecimiento de la población dominicana, con el consecuente aumento
de su ingreso, la demanda externa de alimentos, el consumo del sector
turístico, la demanda de biocombustibles y, ante la demanda mundial de
alimentos con precios a la alza, la necesidad de sustituir importaciones de
granos, cárnicos y leche.
Por eso se presenta el desafío de crecer a tasas más elevadas y sostenibles
que en el pasado. Esto implica un esfuerzo nacional para establecer un acuerdo
de largo plazo entre los sectores público y privado3 que impulse cadenas
productivas, clusters seleccionados a partir de la demanda internacional,
el dr‑cafta y el consumo doméstico. Para elevar las tasas de crecimiento
agropecuario es necesario incrementar el rendimiento físico de la tierra y la
productividad laboral. Con esa finalidad, se deberá aumentar la inversión rural
en capital humano y físico, mejorar y ampliar los servicios de investigación
y extensión agropecuaria, e incrementar y hacer más eficiente el gasto
público agrícola.
a)

La investigación agropecuaria y forestal

En septiembre de 2000 se creó el idiaf, que cuenta con cuatro centros
regionales de investigación y realiza estudios sobre café, cacao, cereales,
frutales, hortalizas, musáceas, pastos y forrajes, sistemas de producción,
biotecnología y biodiversidad. Además, presta servicios de generación y
validación de tecnologías, formulación y evaluación de proyectos, capacitación,
información, laboratorio de suelos y producción de semillas.
3

 Es decir, un acuerdo entre gobierno, legisladores, productores, exportadores, sector
agroindustrial, sistema financiero y otros agentes participantes en las cadenas
productivas.

378

CEPAL

Aunado al hecho de que los recursos estatales dedicados a la generación
y validación de tecnologías son insuficientes, el idiaf muestra cierta dispersión
de esfuerzos en muchos proyectos y programas de investigación y difusión.
Por ejemplo, el Plan Operativo Anual 2006 incluye 74 fichas de proyectos y
18 programas. Todavía hay un camino por recorrer para hacer más eficiente
la investigación y lograr que los agricultores la aprovechen.
El idiaf ha propuesto una reorganización para sumar esfuerzos y
ser más eficiente. Se plantea concentrar la investigación en tres programas
estratégicos de seguridad alimentaria, mercados y competitividad, desarrollo
rural, recursos naturales y biodiversidad. Los conocimientos y tecnologías
desarrollados deberán responder a las demandas de las cadenas productivas
— que serán seleccionadas en función de las tendencias de los mercados,
con atención a los pequeños productores— y vincular más la generación
y validación con la transferencia técnica. También se establecerán alianzas
público-privadas para el desarrollo y la aplicación de innovaciones.4
Las universidades y el sector privado deberán asumir un papel protagónico
en los procesos de generación, validación y transferencia de tecnologías.
El CEDAF lleva a cabo actividades de desarrollo tecnológico —redes
de frutas, musáceas y apicultura—, información, capacitación y formación
agropecuarias. La formación incluye maestrías en el país y en el exterior,
capacitación de personal técnico de las instituciones del sistema nacional
de investigación, capacitación en servicio, eventos científicos, talleres y
entrenamiento a productores. Las limitaciones de su presupuesto, que proviene
de asignaciones públicas y contribuciones de fundaciones y organismos
internacionales (CEDAF, 2006), afectan el desarrollo de sus actividades.
La segunda contribución importante para elevar la productividad y el
crecimiento rural consiste en elevar el gasto público y hacerlo más eficiente.
El gasto del gobierno central o público agropecuario no es elevado, como
a veces se afirma, basándose en comparaciones internacionales de países
desarrollados que cuentan con un PIBA mucho menor. El gasto en el período
1990-2006 representó apenas el 0,7% del PIB y 9,5% del PIBA, mientras el valor
agregado agropecuario es 9% del pib total. En 2005, el gasto agropecuario como
proporción del gasto total del gobierno fue apenas de 3% (véase el cuadro VII.4).
La calidad del gasto agropecuario se podría elevar. La mayor parte
del gasto de la sea está destinada a salarios y otros gastos corrientes (63% en
2001) y por lo general esta secretaría ejerce menos de 90% del presupuesto
aprobado. En 2002, del total del gasto público sólo 5% se dedicó a la
4

 El idiaf cuenta con una propuesta de Reorganización valiosa (idiaf, 2006). Véase también,
idiaf, 2004.

379

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Cuadro VII.4
REPÚBLICA DOMINICANA: RELACIÓN DEL GASTO AGROPECUARIO
DEL GOBIERNO CENTRAL CON EL PIB Y EL PRODUCTO
INTERNO BRUTO AGROPECUARIO (PIBA), 1990-2006
(Millones de pesos corrientes y porcentajes)
Promedios

Gasto agropecuario

PIB

Gasto agropecuario/PIB

PIBA

PIBA

1990-1995
1995-2000
2000-2006
1990-2006

1 762
2 476
4 045
2 894

164 712
293 769
714 897
436 945

1,1
0,8
0,6
0,7

16 010
22 851
30 357
30 357

11,0
10,8
13,3
9,5

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.

provisión de servicios de investigación, extensión y atención sanitaria, que
tradicionalmente son considerados como públicos (Banco Mundial, 2005).
Los gastos en inversión fija de la sea se contrajeron casi 10% anual en los
últimos seis años (véase el cuadro VII.2).
La restricción fiscal del país requiere de un gasto agropecuario más
eficiente; demanda revisar su estructura al interior del sector y en el conjunto
del gobierno central con la finalidad de orientarlo a brindar apoyos que
tengan más incidencia en las cadenas productivas y, de ser posible, elevar
el gasto agropecuario para compensar las tendencias a la descapitalización.
Sería provechoso examinar diversas fuentes de ahorro para utilizarlas en el
sector, por ejemplo, fondos de capitales y de pensiones.
El desafío es aumentar la correlación entre gasto público agropecuario,
por un lado, e incremento de la productividad y del PIBA, por otro. Con
tal finalidad, se debe fortalecer la vinculación con los productores —en
especial con los pobres— asignando profesionales a sus organizaciones.
La necesidad de que las actividades agropecuarias sean más competitivas
exige elevar la inversión rural y mejorar la calidad del gasto en capital físico
y humano. Algunos estudios muestran que la relación entre crecimiento y
gasto agropecuario es más favorable cuando este último implica una baja
proporción de subsidios privados (fao, 2006).
Es necesario orientar en mayor medida el gasto corriente hacia servicios
de investigación, extensión y sanidad para responder a la demanda diversa
de los productores y descentralizar más el gasto público agropecuario.
Los mercados de productos e insumos agropecuarios son concentrados
y presentan distorsiones que perjudican la rentabilidad de agricultores y
ganaderos. En buena parte como resultado de esto, los precios reales a los
productores agrícolas y ganaderos dominicanos cayeron de forma general
los últimos 16 años (véase el cuadro VII.5). La sea puede desempeñar un

Cereales y legumbres
Arroz
12 006
Frijol
30 665
Maíz en grano
5 473
Sorgo
2 997
Raíces y tubérculos
Batata
3 445
Ñame
8 239
Papa
8 196
Yautía
10 734
Yuca
3 275
Oleaginosas
Coco seco
26 670
Maní
8 268
Hortalizas
Ajo
45 688
Berenjena
4 348
Cebolla
22 874
Guandules
11 386
Tomate
ensalada
5 752
Tomate
industrial
2 835
Zanahoria
6 927
Frutas
Aguacates
17 009
Guineos
500
Papaya o
lechosa
237 999
Limón agrio
-

1990

Cuadro VII.5

8 726
12 896
3 553
2 272

2000

2 843
6 756
6 590
8 635
3 200

30 889
10 988

37 335
3 192
8 387
6 962

5 711

3 927
4 050

34 385
408

88 266
6 101

10 093
18 292
3 936
2 814

1995

3 027
8 059
8 305
9 332
3 294

26 771
13 618

48 570
5 117
13 493
9 511

10 414

5 777
6 406

36 092
653

145 375
3 466

85 143
7 867

41 133
469

3 659
3 655

4 714

30 767
3 889
9 564
7 421

23 467
8 058

2 915
7 069
5 653
9 501
3 507

7 585
12 569
3 228
2 084

2001

63 163
9 907

41 639
463

3 549
3 549

4 499

28 708
3 664
7 586
7 586

21 881
8 022

2 833
6 420
5 503
7 261
3 035

6 362
13 159
3 208
3 701

2002

73 873
5 779

30 617
444

4 290
3 831

5 623

24 557
3 644
9 983
6 399

22 736
8 241

2 510
5 599
5 669
5 782
2 536

6 228
12 650
3 436
11 942

Agrícolas

2003

35 595
4 469

30 997
714

4 590
3 553

6 961

3 484
10 275
5 937

30 238
10 617

3 680
5 780
6 719
9 441
4 592

10 024
15 962
3 783
8 027

2004

52 753
6 540

50 492
567

4 480
4 198

5 506

3 550
9 026
7 342

38 375
6 985

3 308
5 764
6 646
8 153
5 247

9 122
13 775
3 384
4 664

2005

75 375
9 297

43 123
511

3 169
3 115

4 673

17 064
3 504
7 998
8 194

38 052
8 641

3 189
6 030
6 160
7 552
3 621

8 742
13 964
3 931
6 520

2006b

-9,4
-

16,2
5,5

15,3
-1,6

12,6

1,2
3,3
-10,0
-3,5

0,1
10,5

-2,6
-0,4
0,3
-2,8
0,1

-3,4
-9,8
-6,4
-1,3

-9,5
12,0

-1,0
-9,0

-7,4
-8,8

-11,3

-5,1
-9,0
-9,1
-6,0

2,9
-4,2

-1,2
-3,5
-4,5
-1,5
-0,6

-2,9
-6,8
-2,0
-4,2

-2,6
7,3

3,8
3,8

-3,5
-4,3

-3,3

-12,2
1,6
-0,8
2,8

3,5
-3,9

1,9
-1,9
-1,1
-2,2
2,1

0,0
1,3
1,7
19,2

-6,9
(Continúa)

6,0
0,1

0,7
-4,9

-1,3

-6,0
-1,3
-6,4
-2,0

2,2
0,3

-0,5
-1,9
-1,8
-2,2
0,6

-2,0
-4,8
-2,0
5,0

Tasas de crecimiento promedio anual
19901995200019901995
2000
2006
2006

REPÚBLICA DOMINICANA: PRECIOS REALES PAGADOS AL PRODUCTOR DE LOS
PRINCIPALES PRODUCTOS AGROPECUARIOS, 1990-2006
(Pesos reales por tonelada)a

380
CEPAL

11 613
87 121
30 368
251 451
91 226

10 410
29 651

384

25 040

19 879
124 725
31 216
-

16 304
24 706

383

56 810

1995

22 398

358

7 301
20 952

6 507
9 312
86 942
20 153
196 536
108 147

2000

13 509

350

7 640
11 139

4 703
7 123
98 416
20 121
180 500
99 323

2001

31 738

315

16 822
14 116

4 401
7 305
97 184
21 122
162 392
103 508

2002

17 821

247

15 235
16 572

4 848
6 602
97 564
19 041
170 788
89 136

2003

20 201

261

11 571
22 639

21 466
7 067
90 087
23 009
203 239
93 115

2004

19 643

298

12 255
21 386

6 017
8 588
89 731
22 923
208 540
122 978

2005

20 904

326

11 077
17 667

5 458
5 272
138 971
18 971
191 779
107 464

2006b

-15,1
19911995
-4,7

0,01

-8,6
3,7

-2,2
19952000
-3,3

-1,4

-6,9
-6,7

-6,1
19912003
-1,7
-3,8
-1,0
-5,7
-2,7
-3,4
-7,1

-1,7
1,8
-0,7
-7,6
6,7
17,8
-8,2

-1,0

-2,4
-2,1

-1,1
20002003
7,1

-1,5

7,2
-2,8

Tasas de crecimiento promedio anual
19901995200019901995
2000
2006
2006
-2,9
-10,2
-4,3
-9,0
-8,0
-6,9
-0,04
8,1
0,7
-0,5
-7,9
-1,0
-3,1
-4,8
-0,4
3,5
-0,11
-

Carne de cabra
…
23 812
20 159
17 673
25 578
24 750
…
…
…
Carne de
carnero y
cordero
…
23 812
20 159
18 515
20 617
19 125
…
…
…
-4,7
-3,3
Carne de cerdo
…
22 080
24 040
25 233
26 529
25 340
…
…
…
-5,0
1,7
Carne de pollo
…
15 526
25 541
22 026
24 222
25 012
…
…
…
-9,1
10,5
Carne de vaca
y ternera
…
35 093
32 484
31 355
24 866
25 610
…
…
…
-7,5
-1,5
Huevos
17,970
13 400
16 311
14 812
16 476
19 831
…
…
… -13,4
4,0
Leche de vaca
4,946
5 207
2 527
2 297
3 247
4 129
…
…
…
-3,5
-13,5
Miel
11,128
15 069
10 712
12 985
13 477
8 296
…
…
…
-5,7
-6,6
Fuente: Calculado sobre la base de cifras de la Secretaría de Estado de Agricultura (SEA) y FAO, Base de Datos, FAOSTAT.
a Deflactados por el IPC.
b Cifras preliminares.

Pecuarios

Naranja agria
Naranja dulce
Piña
Plátano
Sandia
Melón
Agroindustriales
Cacao en
grano
Café cerezo
Caña de
azúcar
Tabaco en
rama

1990

Cuadro VII.5 (Conclusión)

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
381

382

CEPAL

papel importante en el análisis de estos mercados, además de proponer
medidas regulatorias para ampliar la competencia, mejorar las ganancias y,
por esta vía, estimular el cambio técnico y el aumento de la productividad.
Los próximos años, en los que se registrarán precios elevados, representan
una oportunidad para aplicar estas medidas.
2.

Cohesión social y aumento de ingresos de los pobres rurales

El sector agropecuario es central para aumentar el ingreso de los pobres. La
agricultura y la ganadería cumplen un papel importante en la generación de
empleos e ingresos para los rurales pobres y en la provisión de alimentos.
Estas funciones pueden fortalecerse mediante diversas medidas para apoyar de
forma transitoria y elevar sostenidamente el ingreso de los pobres rurales.
El incremento de la productividad es condición necesaria, pero no
suficiente, para mejorar los salarios reales de los agricultores pobres; para
lograrlo, se requiere ofrecer educación y capacitación de calidad y relevancia
para la producción y la competitividad. La formación de capital humano debe ser
uno de los pilares para aumentar de manera sostenida los ingresos de los pobres.
Gran parte de los productores rurales no asalariados (81%) tiene fincas
equivalentes a seis hectáreas o menos. Los ingresos de muchos de ellos dependen
de los precios de sus productos. Como se aprecia en el cuadro VII.3, los precios
de casi todos los productos agrícolas y pecuarios han decrecido, en términos
reales, durante los 16 años examinados. Si a ello se agrega que los costos de
los insumos se han elevado, esto significa que los productores han perdido
ingresos reales a lo largo del período. Defender los precios agropecuarios es
importante para proteger los ingresos de los pequeños agricultores y ganaderos.
Esto tiene que complementarse con otros mecanismos, como las transferencias,
para apoyar a los asalariados pobres rurales. Se requieren instrumentos de
ayuda ante choques externos de precios y climáticos que destruyen ingresos,
ahorros y otros activos de los pobres. El seguro agropecuario puede tener un
papel en esto, como se explica más adelante.
Un programa de inversiones en las áreas rurales pobres —por ejemplo,
en caminos, electricidad, escuelas agroforestales y agroindustriales, acceso a
computadores y pequeñas obras de riego— reducirá costos de transacción y
ampliaría las habilidades de los pobres rurales elevando así sus ingresos. Los
Centros de Gestión de Agronegocios (Cegas) constituyen una modalidad muy
interesante de capacitación que podría ampliarse hacia las zonas más pobres y
reforzarse con contenidos acordes con la producción y demandas de cada región.
Para hacer un uso más óptimo de las asignaciones presupuestarias,
se requiere descentralizar en mayor medida el gasto público hacia las

383

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

áreas pobres, focalizar mejor el gasto en las poblaciones de bajos ingresos,
racionalizar el gasto identificando y suprimiendo duplicaciones, mejorar
los sistemas de información y monitoreo de gastos y actualizar los procesos
de compras. Todo lo anterior propiciaría que el gasto público impactara
de manera positiva para elevar los ingresos de los rurales pobres (Banco
Mundial y BID, 2006).
3.

Competitividad y aprovechamiento del Dr-cafta
a)

Competitividad de los productos agropecuarios

Al examinar el cambio de participación de las exportaciones
agroalimentarias de 25 grupos de productos en el mercado de Estados
Unidos en el período 2000-2006, se observa que 24% corresponde a grupos
de productos que amplían su participación en mercados dinámicos; otro
24% también está en mercados dinámicos, pero pierde participación; 32% se
ubica en mercados estancados, en los que gana participación; y por último,
20% de los productos de la muestra pierde participación en mercados
estancados (véase el gráfico VII.1).
Gráfico VII.1
REPÚBLICA DOMINICANA: TIPOLOGÍA DE PRODUCTOS
AGROALIMENTARIOS POR CAPÍTULO, 2000-2006
(Matriz de competitividad)
SECTORES ESTACIONARIOS

SECTORES DINÁMICOS

(+)

PARTICIPACIÓN EN EL MERCADO

RETIRADA

OPORTUNIDADES PERDIDAS

Animales vivos
Café, té, yerba mate y especias
Gomas y resinas
Madera y manufacturas de madera

Lácteos y miel
Productos de molinería
Grasas y aceites de
animales o vegetales
Preparaciones de carne
Cacao y sus preparaciones
Preparaciones a base de cereales
Legumbres y hortalizas
Frutos comestibles
Azúcares y artículos de confitería
Cacao y sus preparaciones
Preparación de legumbres,
hortalizas y frutas
Preparaciones alimenticias diversas
Bebidas y líquidos alcohólicos
Madera y manufacturas de madera

PARTICIPACIÓN PRODUCTO

SECTORES NO
COMPETITIVOS

(-)

ESTRELLAS NACIENTES

Peces vivos
Otros productos de origen animal
Plantas y flores
Semillas y frutos oleaginosos
Materiales trenzables y
demás productos
Tabaco y sucedáneos del tabaco

SECTORES
COMPETITIVOS

ESTRELLAS MENGUANTES

(+)

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de información
proporcionada por el Módulo para analizar el comercio internacional (MAGIC), www.cepal.org/magic.

384

CEPAL

Sólo seis grupos de productos son realmente competitivos: lácteos y
miel, productos de molinería, grasas y aceites, preparaciones de carnes, cacao
y sus preparaciones y productos elaborados a base de cereales. Esto muestra
las posibilidades de diversificación de las exportaciones dominicanas.
Al observar el desempeño de dichas exportaciones durante 1990-1995,
la situación fue más desfavorable, pues 14 de 25 grupos de productos —es
decir, 56%— están en mercados estancados, la mitad de ellos con participación
en ascenso y la otra mitad con participación decreciente.
Estas tendencias se confirman en otros estudios, que utilizan otras
medidas de competitividad. Por ejemplo, mediante el índice de ventajas
comparativas reveladas, un estudio (Banco Mundial, 2005) comparó el
desempeño exportador de la República Dominicana con el de otros socios
del dr-cafta y encontró que en 75% de las 447 partidas analizadas el país
tuvo un desempeño desfavorable, aunque esto podría incluir el efecto de
barreras al comercio (véase el cuadro VII.6).
Otra medición (costo doméstico de los recursos) compara el costo de
oportunidad de los recursos domésticos con el valor agregado que generan
los recursos transables, lo cual muestra que los productos con mayor
potencial competitivo corresponden a especies de cultivo perenne (cacao,
café, plátano, aguacate, mango, banana y caña de azúcar), a hortalizas con
alta densidad de valor y alta intensidad de uso de mano de obra (cebolla
roja y tomate de ensalada) y a productos pecuarios (leche). Es notable la
ventaja comparativa de los productos exportables no tradicionales, como
tomate, aguacate, mango y banana (Banco Mundial, 2005).
El recientemente aprobado Plan Nacional de Competitividad Sistémica
de República Dominicana se propone desarrollar la competitividad
agropecuaria, para lo cual incluye un capítulo titulado “El cluster de
agronegocios y la competitividad en la cadena global de valor”. En él se
detallan las políticas y los programas sobre inversión, información, innovación,
abastecimiento de insumos, producción, logística distributiva, comercialización
y sector orgánico. Estos programas se refieren a las actividades productivas
de banano, aguacate, piña, mango, tabaco y cigarros (Consejo Nacional de
Competitividad, Presidencia de la República Dominicana, 2007). 
b) dr-cafta: productos sensibles y posibles efectos del acuerdo
El

El acuerdo brinda desgravación gradual y salvaguardias a los bienes
sensibles agropecuarios. Así, los siguientes productos tendrán un período de
protección de 15 años: carne bovina y porcina, cebolla, ajo, maíz, habichuela
roja, yuca, batata, guandules y concentrado de tomate. La carne de aves, la

Productos

Carnes bovina
fresca y refrigerada

Peces vivos

Lacteos y miel

Demás productos
de origen animal

Plantas y flores

Legumbres y
hortalizas

Frutos comestibles

Café sin tostar,
té, yerba mate
y especias

Cereales

Semillas y frutos
oleaginosos

2

3

4

5

6

7

8

9

10

12

Productos de la
molineria

Gomas y resinas

Materias trenzables
y demás productos

11

13

14

Agroindustriales

Animales vivos

1

Agropecuarios

Código

Estrella Menguante

No Definido

Estrella Naciente

Estrella Menguante

No Definido

Retirada

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Estrella Menguante

Estrella Menguante

Estrella Naciente

Retirada

Retirada

Retirada

Costa Rica

Oportunidad Perdida

Retirada

Estrella Menguante

Retirada

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Estrella Menguante

Estrella Menguante

No Definido

Retirada

No Definido

Retirada

Guatemala

Retirada

Estrella Menguante

Retirada

Estrella Menguante

Estrella Naciente

Retirada

Estrella Menguante

Retirada

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Retirada

Retirada

Estrella Naciente

Retirada

Estrella Menguante

Estrella Menguante

El Salvador

Retirada

Retirada

Estrella Naciente

Retirada

Estrella Menguante

Retirada

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Estrella Menguante

Estrella Menguante

Oportunidad Perdida

Retirada

Retirada

Retirada

Honduras

No Definido

No Definido

Estrella Naciente

Retirada

Estrella Menguante

Estrella Menguante

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Retirada

Estrella Menguante

Estrella Naciente

Retirada

Estrella Menguante

Retirada

Nicaragua

No Definido

Estrella Menguante

No Definido

Estrella Menguante

No Definido

Retirada

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Retirada

Retirada

Oportunidad Perdida

Retirada

No Definido

Estrella Menguante

Panamá

Cuadro VII.6
ISTMO CENTROAMERICANO Y REPÚBLICA DOMINICANA: COMPETITIVIDAD DE LAS EXPORTACIONES
AGROALIMENTARIAS A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, 2000-2006
(Tipología de los productos)

(Continúa)

Estrella Menguante

Retirada

Estrella Naciente

Estrella Menguante

No Definido

Retirada

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Estrella Menguante

Estrella Menguante

Estrella Naciente

Estrella Menguante

No Definido

Retirada

República
Dominicana

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
385

Preparaciones
de carne

Azucares y artículos
de confitería

Cacao y sus
preparaciones

Preparaciones a
base de cereales

Preparación
legumbres,
hortalizas y frutas

Preparaciones
alimenticias diversas

Bebidas, liquidos
alcoholicos

Alimentos
balanceados
y residuos

Tabaco y sucedáneos Retirada
del tabaco

Madera y
manufacturas
de madera

16

17

18

19

20

21

22

23

24

44

Retirada

No Definido

Estrella Menguante

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

El Salvador

Estrella Menguante

Retirada

No Definido

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Guatemala

Retirada

Estrella Menguante

No Definido

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

No Definido

Honduras

Estrella Menguante

Estrella Menguante

No Definido

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Nicaragua

Estrella Menguante

Retirada

Estrella Menguante

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

No Definido

Panamá

Retirada

Estrella Menguante

Retirada

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Estrella Naciente

República
Dominicana

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Módulo para Analizar el Crecimiento del Comercio Internacional (MAGIC).
a/ Estrellas nacientes: mercados dinámicos y los productos ganan participación. Estrellas menguantes: mercados dinámicos y los productos pierden participación.
Oportunidades perdidas: mercados estancados y los productos ganan participación. Estrellas en retirada o retroceso: mercados estancados y los productos pierden participación. Los sectores dinámicos
son los que aumentan su importancia relativa en los flujos comerciales entre un año base y un año final. Los sectores competitivos son los que aumentan su participación en el mercado, contribución o
especialización entre un año base y un año final. Los sectores no competitivos son los que disminuyen su participación en el mercado, contribución o especialización entre un año base y un año final.
Los sectores estacionarios o estancados son los que disminuyen su importancia relativa en los flujos comerciales entre un año base y un año final.

Retirada

Estrella Menguante

Estrella Naciente

Oportunidad Perdida

Oportunidad Perdida

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Estrella Naciente

Grasas y aceites
animales o vegetales

15

Costa Rica

Productos

Código

Cuadro VII.6 (Conclusión)

386
CEPAL

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

387

leche y el arroz tendrán un período de desgravación de 20 años. Además,
productos como arroz, ajo, azúcar, cebolla, habichuelas, carne de pollo y
lácteos tendrán un arancel base de 99% (véase el cuadro VII.7).
Cuadro VII.7
REPÚBLICA DOMINICANA: PROGRAMA DE DESGRAVACIÓN
DE PRODUCTOS AGROPECUARIOS
Canasta

Descripción

A

Arancel cero, desde el
inicio del acuerdo

B

Se desgrava en cinco años,
en partes iguales

C

Se desgrava en 10 años,
en partes iguales

D

Se desgrava en 15 años,
en partes iguales

F

Mantiene arancel 10 años,
se desgrava en 10

G

Tenía arancel cero y se mantiene igual

N
O

V
W
Y

Se desgrava en 12 años,
en partes iguales
Mantiene arancel seis años,
desgrava 40% en cinco años
y 60% en cuatro años
Mantiene arancel 10 años,
desgrava 40% en cinco años
y 60% en cinco años
Se desgrava en cuatro
años, en partes iguales
Mantiene arancel un año y se
desgrava en cuatro años

Productos más importantes incluidos
Frutas, aceites comestibles, azúcar,
preparaciones de harina, insumos
para bebidas, bebidas alcohólicas
y alimentos para animales
Productos del mar, papas
y algunas bebidas
Harinas, azúcar, pastas
alimenticias, preparaciones
alimenticias (insumos), quesos
Productos de cacao, agua, refrescos,
jugos, cerveza de malta, tabaco rubio,
ajo, carne de res, frijoles, azúcares
Lácteos
Cereales, semillas, pescados y
mariscos, harinas, grasas y aceites,
animales vivos y mascotas
Productos del tomate, papas,
helados, carnes (trimming)
Carne de cerdo

Arroz y muslos de pollo
Carne pollo, fresca,
refrigerada y congelada
Carne pavo: fresca,
refrigerada y congelada

Fuente: Banco Mundial, Implicaciones del tratado de libre comercio con Estados Unidos de América
respecto al sector agropecuario, marzo, 2005.

Como otra forma de protección, se crearon cuotas para los pollos
de alrededor de 500 toneladas y cuotas mínimas de cerdo, queso y carne
bovina, entre otros. Además, se establecieron salvaguardias especiales y se
creó un consejo para adoptar medidas fitosanitarias.
De igual forma, desde el inicio se acordó una desgravación total
para los insumos, la mayoría de bienes intermedios y los productos finales
agropecuarios de poca competencia local.

388

CEPAL

El dr-cafta brinda reglas y previsibilidad a la economía dominicana y,
en particular, al sector agropecuario, pero planteará dos desafíos ya conocidos:
i) aprovechar el acceso ampliado al mercado de Estados Unidos y ii) proteger
a los productores de bienes sensibles. En el primer caso, de acuerdo con los
retos que plantea el dr-cafta para Centroamérica según Thomas Reardon
(Reardon y Flores, 2006), si se parte de tasas altas de pobreza, bajos índices
de educación y débil infraestructura rural, la ampliación de exportaciones no
tradicionales se enfrenta a mercados relativamente saturados y con nichos
de oportunidad muy competidos entre los países asiáticos, Chile, Brasil y
Perú. Por su parte, la demanda de Estados Unidos crece levemente. Por eso
Reardon afirma que se necesita cortar los costos logísticos, dar certidumbre
a la inversión y ampliar las posibilidades de acopiar productos para contar
con volúmenes acordes con la demanda global y adecuar su competitividad
y capacidad exportadora.
En el segundo caso, se trata de apoyar a los productores de bienes
sensibles —en especial a los pobres— para fortalecer sus procesos productivos
y facilitarles su acceso a los mercados, o en su defecto, alentar su reconversión
a actividades más rentables.5
La experiencia de México muestra que la apertura sola no es suficiente
para impulsar el desarrollo agropecuario. En el caso de ese país, factores
macroeconómicos y ambientales, la política agrícola y las inversiones
interactuaron para dar los resultados obtenidos en el sector (cepal, 2006b).
La experiencia mexicana también evidencia que, contra lo pronosticado, la
producción de granos no cayó drásticamente y, en algunos casos, aumentó.
La tendencia a la reducción de los precios reales al productor, que data de
1970, no se intensificó con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(tlcan). En todo caso, el ejemplo mexicano muestra que es de especial
importancia atender a los productores pobres para no acentuar las ya de
por sí grandes desigualdades en los ingresos.
Un estudio reciente del Banco Mundial afirma que, dado que 84% de
las exportaciones agropecuarias dominicanas hacia Estados Unidos ya recibe
tratamiento arancelario preferencial de acuerdo con la Iniciativa de la Cuenca
del Caribe (icc) y 14% ingresa a ese país en condiciones de libre acceso, en
el corto plazo las posibilidades de una expansión de las exportaciones no son
significativamente mayores que antes de la firma del dr-cafta. En cuanto
a las importaciones, el acuerdo prevé cuotas crecientes de importación en


5

Un autor dominicano lo sintetiza así: “El gobierno podría apoyar la intensificación/
diversificación productiva y la competitividad, a través del mejoramiento tecnológico (de
la producción, la comercialización y el procesamiento), el fortalecimiento del sistema de
sanidad agropecuaria, el desarrollo de capacidades empresariales, y el establecimiento de
sistemas de información e inteligencia de mercado” (Santos, s/f).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

389

un lapso de 10 a 20 años, por lo que el impacto inmediato en los cultivos
sensibles (arroz, azúcar y habichuelas) será muy limitado.
En el mediano y largo plazos, el dr-cafta podría tener importantes
impactos positivos. Los productos de exportación no tradicionales (como
tomate, aguacate, mango y banana) muestran sólidas ventajas comparativas.
La República Dominicana podría aprovechar más el tratado si: i) enfoca sus
nuevas políticas a proveer bienes públicos elevando la competitividad de
su sector agropecuario, en lugar de dar subsidios para bienes de naturaleza
privada, y ii) refuerza, en función de la demanda, la investigación y la
extensión, los servicios de sanidad animal y vegetal, el control de la calidad
de los productos y la capacitación de especialistas agrícolas y empresarios
(Banco Mundial, 2005).
Por último, se debe tener presente que los productos agrícolas como
el arroz son un elemento importante en el presupuesto de los pobres en la
República Dominicana, ya que representan 14% de su gasto. El estudio del
Banco Mundial muestra que, si se eliminara la protección comercial, el ingreso
disponible de los pobres aumentaría en 5% (Banco Mundial, 2005).
La agenda complementaria del dr-cafta también podría incluir
un programa de inversiones priorizadas en materia de infraestructura rural
básica para el desarrollo agrícola. A partir de un análisis de las necesidades
identificadas en diferentes áreas rurales de inversión pública, servicios de
electricidad, telefonía y caminos, se trataría de establecer la relación entre
beneficios y costos de dichas inversiones y de su complementariedad a
partir de modelos econométricos. Ya se han realizado estudios de este tipo
para los cinco países de Centroamérica gracias a un acuerdo entre la cepal,
el ifpri y el bid. Estos estudios reforzarían los análisis de las cadenas
productivas y fortalecerían la capacidad competitiva de los productores
dominicanos, además de que elevarían el ingreso de los rurales pobres
(cepal/ifpri, 2007).

C.
Escenarios y tendencias del
crecimiento agropecuario hacia 2030
No hay proyección lo suficientemente fundamentada ni modelo del sector
agropecuario adecuadamente calibrado que permitan estimar resultados
realistas para el sector agropecuario dominicano en el próximo cuarto de
siglo.6 El sector es impredecible y riesgoso, ya que las variables exógenas
que condicionan el desempeño agropecuario son importantes y múltiples.
Por ejemplo, algunas de las más complejas y difíciles de predecir son las


6

Las proyecciones globales de los principales mercados agropecuarios realizadas por la
oCDE-fao y usda incluyen estimaciones hasta el año 2016. Véase oecd-fao, 2007.

390

CEPAL

cantidades demandadas globalmente y los precios internacionales de
productos dominicanos exportables, dependientes del ritmo de crecimiento
de las economías desarrolladas y emergentes, en particular, los cambios en
la demanda de Estados Unidos.
También se deben mencionar las dificultades que implica pronosticar
las tendencias de los precios del petróleo y sus derivados, con obvios efectos
en los costos de producción (insumos agrícolas y transporte). Es necesario
destacar asimismo, por una parte, las tendencias de los precios de los cereales
y los insumos agroquímicos que importa el país y, por otra, los efectos
adversos del cambio climático —como inundaciones y sequías— que pueden
seguir afectando la producción agropecuaria de la República Dominicana y
de sus socios comerciales. Además, derivado en parte de dichos efectos, el
surgimiento de plagas y enfermedades merma la productividad de cultivos
y productos pecuarios.
A lo anterior se debe agregar que nada garantiza que las tendencias de
precios y cantidades demandadas globalmente en el pasado se mantengan,
así como otras condiciones del crecimiento agropecuario. Al contrario, lo
más probable es que dichas tendencias cambien (Taleb, 2007). Por eso, todo
ejercicio de proyección debe ser considerado sólo como una orientación
general sobre lo que convendría hacer en política rural.
Ante tal situación, en esta sección se pretende mostrar que el crecimiento
del agro dominicano requiere de una nueva política agropecuaria de largo
plazo, hacia 2030, que eleve la inversión en el medio rural y procure incrementar
el gasto en el sector, además de hacerlo más eficiente y concentrado. Tal política
debe dar un lugar especial a la rentabilidad agropecuaria y a la cohesión
social mediante una participación más amplia de los rurales pobres en el
ingreso y en los beneficios del gasto público y las inversiones rurales.
Así, de manera esquemática, se contemplan dos escenarios. En primer
lugar, se proyecta una tendencia de bajo crecimiento, con una tasa de 3%
promedio vigente en el período 1990-2006. En segundo lugar, se parte del
supuesto de que habrá un cambio significativo en la política agropecuaria
y ambiental que producirá un crecimiento alto, proyectado en 5,5% anual
para los próximos años (véase el gráfico VII.2).
Como ya se mencionó, los escenarios posibles de la agricultura
dominicana se agrupan en dos tendencias. En primer lugar, las tendencias
de demandas y precios de los bienes agropecuarios en los mercados globales;
en segundo lugar, las tendencias acentuadas del cambio climático, con sus
efectos adversos en la agricultura y la producción pecuaria. A continuación
se analizan estas tendencias hacia el año 2030 como horizonte.

391

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Millones de pesos constantes

Gráfico VII.2
REPÚBLICA DOMINICANA: PIB AGROPECUARIO
Y PRODUCTIVIDAD AGROPECUARIA, 1991-2030
PIB agropecuario
110 000
90 000
70 000
50 000
30 000
10 000

1991

1995

2000

2005

2010

2015

2020

2025

2030

Productividad agropecuaria
Pesos constantes

14 000
12 000
10 000
8 000
6 000
4 000
2 000

1991

1995

2000

2005

2010

Crecimiento alto

2015

2020

2025

2030

Crecimiento bajo

Fuente: CEPAL, con base en cifras oficiales.

1.
Proyecciones agrícolas internacionales y posibles
efectos en la República Dominicana7
El aumento del consumo de alimentos, la producción de biocombustibles y los
cambios en la estructura global de producción e importaciones brindarían en
el mediano plazo oportunidades de exportación a la República Dominicana,
pero también incrementos en el precio del arroz importado y en los costos
de los insumos para la producción pecuaria (véase el gráfico VII.3).
Se proyecta que en el período 2006-2016 la producción agropecuaria
mundial crezca de manera constante —aunque a una tasa menor que la de la
última década— en respuesta al aumento del consumo por habitante debido
a los crecientes ingresos y al comercio global.8 Los mercados desarrollados


7



8

Aquí se resumen las proyecciones realizadas por la oCDE-fao y el usda. Véase, oCDEfao, 2006 y 2007.
Es evidente que las proyecciones agropecuarias globales son sólo un elemento cambiante
que se debe tener en cuenta en las decisiones políticas.

CEPAL

392

Gráfico VII.3
PRECIOS INTERNACIONALES DE LOS PRINCIPALES
CULTIVOS DE EXPORTACIÓN, 1990-2007
Azúcar
25,0
Centavos de dólar por libra

22,5
20,0
17,5
15,0
12,5
10,0
7,5
2006Sep
2006Oct
2006Nov
2006Dic
2007Ene
2007Feb
2007Mar
2007Abr
2007May
2007Jun
2007Jul

5,0
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2006Jul
2006Ago

200
190
180
170
160
150
140
130
120
110
100
90
80
70
60

1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2006Jul
2006Ago
2006Sep
2006Oct
2006Nov
2006Dic
2007Ene
2007Feb
2007Mar
2007Abr
2007May
2007Jun
2007Jul

Centavos de dólar por libra

Café

Mercado USA, contrato 14
Mercado mundial, ISA

Tabaco

Cacao
2 100

3 600

2 000

3 500

1 900

3 400
3 300

1 700

Dólares por libra

1 600
1 500
1 400
1 300

3 200
3 100
3 000
2 900

1 200

2 800

1 100

2 700

1 000

2 600

900

2 500
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2006Jul
2006Ago
2006Sep
2006Oct
2006Nov
2006Dic
2007Ene
2007Feb
2007Mar
2007Abr
2007May
2007Jun
2007Jul

800

1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2006Jul
2006Ago
2006Sep
2006Oct
2006Nov
2006Dic
2007Ene
2007Feb
2007Mar
2007Abr
2007May
2007Jun
2007Jul

Dólares por tonelada

1 800

Fuente: Fondo Monetario Internacional (FMI), Estadísticas Financieras Internacionales, Conferencia de
las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (unctad), Boletín de Precios de Productos Básicos,
Organización Internacional del Café (OIC) y Organización Internacional del Cacao (ICCO).

que abastece la República Dominicana brindarán especial atención a los
atributos y a la calidad de los productos. Los cambios leves en los apoyos
a los agricultores desarrollados podrían provocar desplazamientos de la
producción que beneficiarían a los países en desarrollo.
En algunos países de menores ingresos, la baja productividad
agropecuaria obligaría a incrementar la importación de alimentos. Se prevé
una fuerte competencia entre exportadores de países en vías de desarrollo y
los de países que hasta hace poco estaban en transición. Pero el comercio de
productos agropecuarios será menor que el potencial debido a las barreras,
los controles regulatorios asociados a la seguridad de los alimentos y las
amenazas ambientales.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

393

El comercio de trigo, maíz y sorgo aumentará de forma moderada,
pero el de arroz crecerá aceleradamente. Las semillas y los productos
oleaginosos se incrementarán debido al aumento del consumo humano y
animal. Se espera que el precio del petróleo y sus derivados se mantenga
elevado, con lo que se ampliará la producción de biocombustibles. En
Estados Unidos, la producción de etanol a partir del maíz moderaría las
exportaciones del grano, lo que afectaría a países importadores, como la
República Dominicana. Los alimentos importados serán más caros en los
países en desarrollo, lo que implicará altos costos y bajos ingresos para los
productores pecuarios.
Los precios internacionales de la leche se mantendrían firmes debido
al aumento de la demanda de los países en desarrollo. El comercio de carne
crecería como consecuencia del incremento de los ingresos por habitante,
pero podría verse afectado por el surgimiento de zoo enfermedades.
La Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo
(oCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación
y la Agricultura (fao) sostienen que estas tendencias podrían cambiar a
causa de eventos climáticos, variaciones en los precios de los energéticos e
inversiones para aprovechar la capacidad de los biocombustibles, así como
por las perspectivas de crecimiento económico y el desarrollo futuro de
políticas agrícolas. La incertidumbre crece con los resultados de la Ronda de
Doha. Además, estas perspectivas dependen en gran medida de la evolución
económica de Brasil, China e India.
Otro análisis prospectivo hasta 2015 da más importancia a la demanda
de Estados Unidos, pero sus conclusiones coinciden con el estudio de la
OCDE/FAO. Sus supuestos son que no habrá choques climáticos, brotes de
enfermedades animales o vegetales u otros factores que afecten la demanda
o la oferta. Supone un crecimiento sostenido de la economía de Estados
Unidos y mundial, al igual que de la demanda humana de alimentos, y
una fuerte expansión de la producción de etanol derivada del maíz (usda,
2006a).El análisis concluye que la competencia comercial continuará siendo
muy fuerte, lo que implica que la República Dominicana tendrá que hacer
un esfuerzo creciente para elevar la competitividad de sus productos
agropecuarios, y el dr-cafta le brinda un mercado que debe aprovechar.
Estados Unidos se mantendrá muy competitivo y obtendrá ganancias al
ampliar su comercio agropecuario. Esto y el aumento del consumo doméstico
brindarán a los productores mayores ingresos, pero al mismo tiempo se
elevarán los gastos de producción y disminuirán los apoyos del gobierno,
lo que neutralizará las ganancias y mantendrá los ingresos netos sin mayor
variación (usda, 2006a).

394

CEPAL

Un examen preliminar del impacto de la producción de etanol a
partir del maíz sobre los granos, las semillas oleaginosas y las actividades
pecuarias muestra que, al precio de 4,05 dólares el bushel, se producirían 31,5
billones de galones de etanol por año, es decir, 20% del consumo proyectado
para Estados Unidos en 2015 (Elobeid y otros, 2006). Para lograr este nivel
de producción, se requeriría sembrar 95,6 millones de acres de maíz. La
producción total de este grano ascendería a 15,6 billones de bushels, la cual
(es de 11 billones en la actualidad. La mayor parte de la superficie adicional
provendrá de la reducción del cultivo de soya. Además, los mercados de
trigo se tendrán que ajustar para satisfacer la creciente demanda para
alimentar ganado. Las exportaciones de maíz y la producción de porcinos
y aves tendrá que reducirse ante el incremento de los precios del maíz y
de su utilización en las plantas de etanol.
De continuar la tendencia alcista en los precios del maíz y las semillas
oleaginosas, la República Dominicana se vería afectada como importador de
estos productos para alimentos de las cadenas avícola y porcina, a menos
que elevara la producción y la productividad de sucedáneos. Esto implica
que los agricultores tendrían que obtener precios reales más altos, además
de apoyo en investigación y extensión (véase el gráfico VII.4).
La República Dominicana, importador neto de combustibles, cuenta
con potencial para la producción de biocombustibles, en particular de los
derivados de la caña. Hay inversiones importantes para rehabilitar los ingenios
Boca Chica y Consuelo. La producción de bioetanol le daría dinamismo a
la industria que, como ya se comentó en este estudio, muestra debilidad en
términos de productividad y rentabilidad. El fortalecimiento del marco legal
y regulatorio contribuiría al desarrollo de los biocombustibles. También se
cuenta con experiencias en la producción de biodiesel a base de jatropha
(piñón) e higuereta.
Ante las perspectivas mencionadas, un sector agropecuario fortalecido
estaría en condiciones de contribuir, durante los próximos 25 años, a afianzar
la cuenta corriente de la balanza de pagos mediante el aumento de las
exportaciones y la reducción de las importaciones de alimentos.
2.
Efectos del cambio climático en la agricultura:
inundaciones y sequías en los próximos lustros
El número de huracanes de las categorías 4 y 5 va en aumento: han pasado
de 16 a 25 en los períodos 1975-1989 y 1990-2004, respectivamente. Esto
ha propiciado un acrecentamiento pronunciado de las inundaciones en el
continente durante las últimas décadas. Además, se registra un incremento
considerable de grandes incendios forestales. En la República Dominicana,

395

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Gráfico VII.4
REPÚBLICA DOMINICANA: PRECIOS INTERNACIONALES
DE LOS GRANOS BÁSICOS, 1990-2007
(Dólares por tonelada)
Maíz
190

Arroz
500

180
450

170
160

400

150
140

350

130
120

300

110
100

250

190

Sorgo

180

200

1990
1991
1992
1993
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2006Jul
2006Ago
2006Sep
2006Oct
2006Nov
2006Dic
2007Ene
2007Feb
2007Mar
2007Abr
2007May
2007Jun
2007Jul
2007Ago

80

1990
1991
1992
1993
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2006Jul
2006Ago
2006Sep
2006Oct
2006Nov
2006Dic
2007Ene
2007Feb
2007Mar
2007Abr
2007May
2007Jun
2007Jul
2007Ago

90

280

Trigo

260

170

240

160
220
150
200

140
130

180

120

160

110
140
100
120

90

1990
1991
1992
1993
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2006Jul
2006Ago
2006Sep
2006Oct
2006Nov
2006Dic
2007Ene
2007Feb
2007Mar
2007Abr
2007Ma
2007Jun
2007Jul
2007Ago

100
1990
1991
1992
1993
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2006Jul
2006Ago
2006Sep
2006Oct
2006Nov
2006Dic
2007Ene
2007Feb
2007Mar
2007Abr
2007May
2007Jun
2007Jul
2007Ago

80

Fuente: Fondo Monetario Internacional (fmi), Estadísticas Financieras Internacionales, Conferencia de
las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), Boletín de Precios de Productos Básicos y
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (fao), Precios Internacionales
de Productos Básicos (ciwpQueryServlet).

la incidencia de huracanes e inundaciones de tierras agrícolas y ganaderas,
así como las sequías, ha generado considerables bajas en la producción y la
productividad.

396

CEPAL

El cambio climático eleva los riesgos en el sector agropecuario, ya que
las plantas y el ganado se pueden ver perjudicados por la disminución de
lluvias, la erosión de los suelos agrícolas por inundaciones y la reducción de
las tierras cultivables. Los cultivos de temporal y los secanos, que dependen
del régimen de lluvias, serán los que sufrirán más riesgos.
Lomborg Bjorn examina las consecuencias del calentamiento global
en la agricultura con base en los trabajos del Grupo Intergubernamental de
Expertos sobre el Cambio Climático (ipcc), los cuales demuestran que, en el
peor escenario, se proyecta que en 2060 la producción de cereales de los países
en desarrollo disminuirá entre 14% y 16%. Sin embargo, esta proyección no
toma en cuenta el incremento importante por productividad que se habrá
alcanzado para ese año, ni la hipótesis del efecto fertilizante del aumento
de CO2 en la atmósfera y sus probables resultados en términos de elevar las
temperaturas.9 Además, si los productores cambiaran las fechas de siembra
y utilizaran otras variedades, las secuelas negativas en la productividad
disminuirían. Si a lo anterior se agrega un cambio hacia otros cultivos y
hacia áreas con bajo riego, la pérdida se reduce para ubicarse entre 6% y
7% en los países en desarrollo (Bjorn, 2001).
De cualquier forma, para países como la República Dominicana el
calentamiento global, en un caso extremo, podría tener efectos severos
en la productividad agropecuaria y en la modificación de las condiciones
climáticas que permiten el crecimiento de los bosques, con consecuencias
adversas en su productividad. Pero también se debe mencionar que esas
estimaciones no consideran la posibilidad de que se produzcan nuevas
variedades resistentes a altas temperaturas y concentraciones de CO2.
Un estudio específico para evaluar el impacto del calentamiento
en el cultivo de algunos productos dominicanos, como la papa, muestra
una baja en los rendimientos. Una parte de este impacto negativo
del cambio climático se debe a la disminución de la intensidad de la
fotosíntesis y al aumento de la respiración; otra parte es consecuencia del
incremento del tiempo requerido para que inicie la fase de formación de
los tubérculos (Rivero, s/f). En contraste, el cambio climático afecta de
manera favorable los rendimientos del cultivo de arroz debido al efecto
fertilizante del CO2.


9

Algunas implicaciones de esta hipótesis están sujetas a controversia. Es el caso del
planteamiento según el cual el efecto fertilizante del CO2 compensaría la pérdida de
producción generada por el aumento de las temperaturas. Es cierto que dicho efecto mejora
los rendimientos en cultivos como el arroz (tan importante en el agro dominicano), pero
también tiene varios efectos colaterales, como estimular el crecimiento de malas hierbas, lo que
significa un incremento de los costos. Por otro lado, las altas temperaturas afectan el ciclo de
reproducción de insectos perjudiciales, propician la incidencia de enfermedades y recrudecen
los efectos de la salinidad, lo cual reduce la vida útil de los suelos, entre otros efectos.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

397

Así, el efecto del calentamiento sobre los cultivos estaría en función
de dos factores contrapuestos: por una parte, la sensibilidad de las plantas
al ascenso de la temperatura, que disminuiría los rendimientos; por otra, el
aumento de CO2, que produciría el efecto de fertilización y podría elevar
los rendimientos (Rivero, s/f).
Los efectos negativos del calentamiento global sobre la producción
dominicana podrían magnificarse en caso de que disminuyan las precipitaciones
anuales. Además, en este escenario los impactos negativos en los rendimientos
agrícolas de regadío y la productividad primaria neta de los bosques no
serían compensados por el efecto de fertilización por CO2 (Rivero, s/f).
Aunque las medidas de carácter global son muy importantes para
atenuar los efectos del cambio climático, es conveniente que la República
Dominicana implemente estrategias locales de adaptación a dicho cambio.
Se pueden incluir cambios en los sistemas de cultivos, como impulsar la
producción en invernaderos y programas de eficiencia en el manejo del agua
de riego, en especial, ampliar la superficie de riego y dar más relevancia a la
reconversión de cultivos en áreas irrigadas y a los métodos de recuperación
de suelos.
La información climática será cada vez más importante para
construir escenarios y para que los productores agropecuarios tomen
decisiones. Aquí se abre un nuevo espacio de cooperación entre el gobierno y
los productores.
3.

Escenarios agropecuarios hacia 2030

Los escenarios que se describen a continuación son ejercicios que muestran
la necesidad de aplicar nuevas políticas e incrementar las inversiones en el
agro y el medio rural. Los indicadores cuantitativos son sólo parámetros que
ejemplifican de manera muy aproximada los desafíos y las oportunidades;
en sí mismos no tienen valor cuantitativo, dado el largo período que se
comenta y las grandes incertidumbres que condicionan las proyecciones
agropecuarias.
Se ha supuesto que las proyecciones globales de cantidades demandadas
y precios, tanto de alimentos como de insumos agrícolas (fertilizantes y
pesticidas), mencionadas en el apartado anterior, son válidas para los dos
escenarios que se plantean a continuación.

CEPAL

398

Gráfico VII.5
REPÚBLICA DOMINICANA: PIB Y PIBA POR HABITANTE, 1991-2030
(Pesos constantes)
PIB por habitante

120 000
100 000
80 000
60 000
40 000
20 000
0

1991

1995

2000

2005

2010

2015

2020

2025

2030

PIBA por habitante

30 000
25 000
20 000
15 000
10 000
5 000
0

1991

1995

2000

2005

Crecimiento bajo

2010

2015

2020

2025

2030

Crecimiento alto

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.

a)
Escenario I. Mantenimiento de tendencias: bajo crecimiento,
rendimientos estancados, pobreza e inequidad

Se supone que se mantiene la tendencia histórica de un crecimiento
anual promedio del producto agropecuario de 3% y un crecimiento de
la productividad de apenas 2% (véase el gráfico VII.2).10 Esto implica un
crecimiento del producto por habitante de 3,5% (véase el gráfico VII.5).
i) Supuestos. No hay cambios relevantes en la orientación de la política
agropecuaria, en el gasto ni en la inversión pública en los sectores rural y
agropecuario. En la práctica, la política ambiental no se reorienta hacia el
manejo óptimo de los efectos del cambio climático en la agricultura.
Los apoyos se mantienen en los niveles actuales, menores que los
registrados en los años noventa del siglo pasado. La protección
comercial tiende a decrecer.
Se parte de la proyección de que los precios de los principales
productos agroalimentarios de exportación tenderán a incrementarse. En
efecto, a partir del crecimiento registrado en los últimos 16 años, se presenta
 Los datos que soportan este ejercicio pueden consultarse en el Compendio Estadístico
anexo al presente volumen.

10

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

399

un escenario en el que los precios de la mayoría de los productos dominicanos
de exportación tenderán al alza —con excepción del algodón, el tabaco y los
camarones—, con lo cual los ingresos de los productores podrían elevarse.
Los precios de los productos de importación, en particular el maíz, el trigo y
las tortas de soya, también se incrementarían. Por su parte, se proyecta que
los precios de los fertilizantes —que crecieron considerablemente a partir del
año 2000— aumentarán a tasas anuales de alrededor de 4%, lo cual, aunado
al incremento de los precios de los alimentos para animales, afectará los
ingresos reales de los productores.
ii)Necesidades proyectadas de financiamiento. El gasto agropecuario
real del gobierno central se seguirá reduciendo en -0,5%, de acuerdo
con la tendencia registrada en el período 1990-2006. El crédito
agropecuario para los productores comerciales se elevaría ligeramente
(alrededor de 0,6%, sobre todo en los próximos cinco años) gracias
a las expectativas favorables de los mercados globales. Las remesas,
que han desempeñado un papel cada vez más relevante en el apoyo
a las actividades agropecuarias, reducirán su tasa de crecimiento a
casi 3% en el periodo 2010-2030 como consecuencia del decremento
de la migración y de los envíos de los emigrantes, lo que afectará en
cierta medida el financiamiento a la agricultura.
Con base en lo anterior, y a manera de ejemplo, se presenta un ejercicio
de los recursos financieros que serían consistentes con un crecimiento de 3% del
PIBA en las proyecciones de las principales fuentes de gasto y financiamiento
agropecuario, que se muestran en el cuadro VII.8. Se muestra que las remesas
son importantes para financiar actividades rurales, en particular agropecuarias.
La inversión extranjera directa ha desempeñado un papel importante en la
agroindustria alimentaria y se considera que continuará llegando a esas cadenas
productivas aprovechando el dr-cafta y el crecimiento de la demanda
interna dominicana. Se espera que su aumento anual sea de 2,5%.
El estímulo principal para los agricultores provendría de los precios
internacionales de bienes agropecuarios transables al alza que favorecen las
exportaciones y la producción para el mercado doméstico, al experimentar
precios de importación elevados. Habría cierto desarrollo de las exportaciones
no tradicionales y, en menor medida, de las tradicionales, pero se registraría
una falta de inversión en el campo.
iii)Resultados. El crecimiento del PIBA se concentrará en pocos
cultivos y productos pecuarios de agricultura comercial. El
crecimiento de las importaciones a mayor precio y el alza en los
precios de los alimentos en el mercado interno estimularán la
producción nacional.

CEPAL

400

Cuadro VII.8
REPÚBLICA DOMINICANA: ESCENARIO I. CRECIMIENTO BAJO DE
LOS PRINCIPALES INDICADORES DE GASTO Y FINANCIAMIENTO
DEL SECTOR AGROALIMENTARIO, 1990-2030
(Millones de pesos reales)a
TC
Porcen- 1990
tajes

1995

2000

2005

2010

2015

2020

2025

2030

Total
financiamiento

6 720

10
163

15
426

17
056

20
091

22
607

25
418

28
308

31
663

Gasto del
gobierno central
-0,5
agropecuariob

2 426

2 266

2 522

2 360

2 206

2 151

2 098

2 046

1 996

Crédito
agropecuarioc

0,6

2 361

3 282

3 263

2 828

2 809

3 101

3 341

3 258

3 177

Inversión
extranjera
directa sector
agroalimentariod

2,5

1 932

1 882

3 629

3 902

4 415

4 995

5 651

6 394

7 234

Remesas
sector rurale

3,0

…

2 732

6 012

7 966

10
661

12
360

14
328

16
610

19
256

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Banco Central de la República Dominicana, Secretaría de
Finanzas, Dirección General de Contabilidad Gubernamental.
El gasto del gobierno central y el crédito agropecuario se deflactaron con el IPC, la inversión extranjera
directa y las remesas rurales fueron multiplicadas por el tipo de cambio promedio real.
Para el gasto y se calculó en base a la tendencia de la tasa de crecimiento promedio anual del período
1990-2006.
c
Para el crédito agropecuario, se utilizaron diferentes tasas de crecimiento, partiendo de un 2,% en 20072015, pasando a un 1,5% del 2016 al 2020 y de -0,5% del 2021 al 2030.
d
Para la inversión extranjera directa en el sector agroalimentario se calculó una tasa de crecimiento a
partir del 2007 de 2,5%.
e
Para las remesas rurales las tasa fue de 3%. No se cuenta con una estimación de las remesas rurales dedicadas
a la actividad agropecuaria, pero parte significativa de las mismas financian al sector agropecuario.
a

b

En el largo plazo, la intensificación de la competencia internacional
entre países productores podría afectar las exportaciones de la República
Dominicana en caso de que no se haya invertido para elevar la competitividad
de muchos de sus productos agropecuarios. La falta de inversión rural en
energía, telefonía y capital humano podría retrasar su participación en los
mercados globales. Además, dado el efecto de la inversión en los ingresos
de los hogares rurales, la falta de acceso a los activos mencionados podría
contribuir a mantener la pobreza.
Otro resultado sería que la rentabilidad agropecuaria de varias
actividades siga a la baja. Se estima que el aumento de los ingresos por el
incremento de los precios será parcialmente compensado por el alza de los
costos de fertilizantes y combustibles. En efecto, se proyecta que el aumento

401

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

considerable en los precios de los fertilizantes y otros insumos, registrado
a partir del año 2000, continuará durante el período considerado. Además,
las presiones fiscales que podrían presentarse en algunos años provocarían
una reducción de algunos estímulos, como las exenciones, los subsidios y
los descuentos en el pago del agua de riego, lo cual incrementaría los costos
para los productores.
La población ocupada en actividades agropecuarias reducirá su
participación en el total de 20% a 9%. El estancamiento productivo dejará pocas
opciones a la población rural, por lo que continuará de manera acentuada la
salida de población rural joven, debido al desempleo y a las relativamente
bajas remuneraciones. El cambio de técnicas también contribuirá al aumento
del desempleo y la migración.
Según la tendencia de los últimos 16 años, las proyecciones del empleo
agropecuario hasta 2030, muestran un crecimiento de apenas 0,8% anual
(véase el cuadro VII.9).
Las consecuencias adversas del cambio climático se acentuarán.
Las inundaciones y las sequías provocarán pérdidas de cultivos y activos
Cuadro VII.9
REPÚBLICA DOMINICANA: ESCENARIO I: PROYECCIONES DE LA
POBLACIÓN TOTAL Y EN ACTIVIDADES AGROPECUARIAS, 1991-2030
TC
Escenario I
Población
económicamente
activa
Población
económicamente
activa en la
agricultura
Población ocupada
Población ocupada
en agricultura
y ganadería

1991 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030

19912006

Miles de habitantes

2,6 2 799 2 853 3 533 3 992 4 540 5 156 5 856 6 650 7 552

0,8 462 365 499 489 542 566 590 615 642
2,9 2 252 2 401 3 041 3 276 3 845 4 426 5 095 5 865 6 752

0,8

458

351

483

478

529

550

571

593

616

12,4

11,2

10,1

9,1

Porcentajes
Población ocupada
en agricultura y
ganadería/población
ocupada total

20,3

14,6

15,9

14,6

13,8

Fuente: Sobre la base de datos del Banco Central de la República Dominicana, Encuesta Nacional de
Fuerza de Trabajo, 1991-2006.

CEPAL

402

agropecuarios, entre ellos, suelos e instalaciones. El uso continuo de los
suelos, la falta de su manejo apropiado y el aumento de la salinidad de
algunas tierras generarán una baja de los rendimientos y presionarán la
frontera agrícola.11 Quienes resentirán más los efectos de esta situación
serán los rurales pobres.
En términos de cohesión social, muchos productores no serán capaces
de aprovechar el dinamismo de estos mercados debido a que carecen de
activos, capital humano, tierra y acceso a financiamiento. El alza en los
precios de los alimentos afectará a los asalariados rurales y urbanos, y podría
tener efectos adversos en la nutrición. De esta forma, la desigualdad rural
aumentaría y prevalecerían niveles importantes de pobreza en términos
absolutos. Adicionalmente, la falta de gasto público inhibiría la formación
de capital humano competitivo (véase el gráfico VII.6).
Gráfico VII.6
REPÚBLICA DOMINICANA: ESCENARIO I: CRECIMIENTO BAJO DE
LOS PRINCIPALES INDICADORES DE GASTO Y FINANCIAMIENTO
DEL SECTOR AGROALIMENTARIO, 1990-2030
(Millones de pesos reales)
20 000
18 000
16 000
14 000
12 000
10 000
8 000
6 000
4 000
2 000
0
1990

1995

2000

2005

2010

Gasto gobierno central agropecuario
Inversión extranjera directa agroalimentaria

2015

2020

2025

2030

Crédito agropecuario
Remesas sector rural

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Banco Central de la República Dominicana, Secretaría de
Finanzas, Dirección General de Contabilidad Gubernamental.

iv)Incertidumbre. En el ámbito internacional, se prevé que un
estancamiento de las negociaciones en la omc, aunado a las
prácticas proteccionistas de países desarrollados, son dos factores
 Destacan las pérdidas en la agricultura y la actividad pecuaria debido a desastres naturales
en los últimos años, en especial los originados por los huracanes Georges y Noel.

11

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

403

que podrían restar dinamismo al comercio agrícola global, afectar
adversamente las exportaciones dominicanas y aumentar aún más
los precios de los alimentos importados.
En el ámbito interno, las inundaciones y sequías —efectos del cambio
climático— podrían ser más severas y provocar daños de consideración
en cultivos y ganado, además de propiciar más plagas y enfermedades
vegetales y pecuarias.
Además, la aplicación de políticas macroeconómicas, monetarias y
fiscales restrictivas afectaría el financiamiento al sector. La existencia de tipos
de cambios sobrevaluados afectaría la competitividad de las exportaciones
agropecuarias y estimularía la importación de productos que compiten con
la producción nacional.
b)
Escenario II. Crecimiento sostenido, aumento de rendimientos
y competitividad con reducción de la pobreza y la inequidad

De acuerdo con este segundo escenario, se estima que habrá un
crecimiento sostenido del PIBA, a una tasa anual de 5,5%,12 gracias a un
incremento en la productividad, mientras el PIBA por persona se eleva a 5,9%
anual. Este aumento aprovecharía las favorables condiciones alimentarias
globales y la creciente demanda interna de las zonas turísticas, además de que
sería impulsado por una acción concertada entre los sectores público y privado
para el desarrollo sustentable de cadenas productivas agroindustriales. Se
hace un mejor manejo de suelos y un uso más eficiente del agua, además de dar
relevancia a la prevención de los efectos de sequías e inundaciones. A partir
de cambios en la política rural, se da especial importancia a la cohesión social
mediante el fortalecimiento del capital humano —educación, capacitación y
nutrición— y la reducción de la desigualdad (véase el gráfico VII.7).
i)Supuestos. Se parte del supuesto de que habrá un cambio
fundamental en la política agropecuaria que implicará un aumento del
gasto, en particular en inversiones rurales. Pero también habrá un cambio
en su orientación, de tal manera que se concentrará de manera eficiente en
cadenas seleccionadas y estará dirigida de manera notable a apoyar a los
agricultores pobres. La cohesión social —resultado de la reducción de la
pobreza, el hambre y la inequidad rural— será un parámetro importante
de la nueva política agrícola y rural. Al principio, se incrementarán los
apoyos a los productores pecuarios y agrícolas, pero después decrecerán y se
estimulará la eficiencia productiva. Se aprovechará el período de transición
del dr-cafta para fortalecer la competitividad y la cohesión social.
 Esta tasa se ubica 1% por arriba del promedio elevado alcanzado a partir del año 2000.

12

CEPAL

404

Gráfico VII.7
REPÚBLICA DOMINICANA: ESCENARIO II: CRECIMIENTO ALTO DE
LOS PRINCIPALES INDICADORES DE GASTO Y FINANCIAMIENTO
DEL SECTOR AGROAIMENTARIO, 1990-2030
(Millones de pesos reales)a
20 000
17 500
15 000
12 500
10 000
7 500
5 000
2 500
0

1990

1995

2000

2005

2010

Gasto gobierno central agropecuario
Inversión extranjera directa agroalimentaria

2015

2020

2025

2030

Crédito agropecuario
Remesas sector rural

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Banco Central de la República Dominicana, Secretaría de
Finanzas, Dirección General de Contabilidad Gubernamental.

En el período 2008-2030 el gasto agropecuario crecerá a un ritmo de 7%
anual y se concentrará en programas estratégicos de sanidad, investigación
y transferencia, entre otros. Las actividades públicas responderán a las
demandas de las cadenas productivas seleccionadas; esto se llevará a cabo
de manera conjunta con los agentes privados y con una mayor participación
de las universidades. La regulación estatal del mercado de productos e
insumos agropecuarios será cada vez mayor, lo cual contribuirá al buen
funcionamiento de esos mercados y a proteger los ingresos de los pobres.
Proyecciones de los precios de los principales productos agroalimentarios
de exportación e importación. En un escenario de crecimiento sostenido del
comercio agroalimentario global, los precios de la mayoría de los productos
dominicanos de exportación tenderían al alza, con excepción del tabaco y
los camarones. Así, gracias al aumento de la competencia en los mercados
dominicanos, los ingresos de los productores podrían elevarse. Los precios
de los productos de importación —en especial los de trigo, aceite, tortas de
soya y frijol secos—también se incrementarían. Se espera que los precios de
los fertilizantes crezcan a tasas anuales similares a las de los primeros años
de este siglo. Si a esto se agregan aumentos en los precios de los alimentos
para animales, los ingresos reales de los productores agropecuarios se
verán afectados.
ii)Necesidades proyectadas de financiamiento. Para hacer posible
un crecimiento sostenido de casi 6% del producto agropecuario,

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

405

será necesario que en 2030 el valor total del financiamiento, la
inversión y el gasto en el sector sea un poco más de cinco veces
el alcanzado en 2005. El gasto agropecuario real del gobierno
central se elevaría a un ritmo de 5,5% anual y se dirigiría de
manera importante a lograr más eficiencia en la producción y la
competitividad.
El crédito agropecuario se elevaría 7,7% anual, es decir, se multiplicará
5,5 veces. La nueva política pública agrícola y ambiental, la difusión del
seguro agropecuario y la demanda externa permitirán otorgar más créditos.
Además, los nuevos criterios de cohesión social implícitos en esas políticas
facilitarán a los pequeños productores y a los agricultores pobres acceder al
financiamiento. Se ampliarían los esquemas de micro finanzas asociados al
sistema bancario estatal y privado por medio de la difusión del crédito entre
este tipo de productores. Esto financiaría la producción y la comercialización
y estimularía el cambio técnico hacia una agricultura más intensiva y
sostenible. También permitiría llevar a cabo esquemas de inversión conjunta,
privada y pública, en activos fundamentales para aumentar los ingresos
de los hogares rurales y el desarrollo de las empresas agropecuarias. En
especial, se invertirá en el acceso a mercados, electricidad, telefonía, agua
potable y saneamiento.
La inversión extranjera directa (ied) se elevaría casi 4% anual en
respuesta a la demanda global, en particular la de Estados Unidos, generada por
el dr-cafta y las necesidades de abastecimiento del mercado doméstico y de
las zonas turísticas. Asimismo, la política rural de crecimiento, competitividad
y cohesión social generaría un ambiente propicio a la ied, lo que favorecería
la articulación de cadenas productivas.
Las remesas de dominicanos que viven en el extranjero han contribuido
a financiar actividades rurales y agropecuarias. En este último caso, benefician
directamente la producción y la comercialización agropecuarias o bien se
depositan en bancos y organismos de micro finanzas que, a su vez, prestan
dinero a productores agropecuarios. Las remesas también generan demanda
de alimentos, cuya producción es así estimulada. Se proyecta que las remesas
crezcan en 3% anual entre 2010 y 2030, con un ritmo más acelerado durante
los primeros cinco años. Posteriormente, al reducirse la migración —pues
ante el aumento del empleo agropecuario muchos habitantes del campo
decidirán permanecer en el país—, las remesas también disminuirían. A
pesar de esto, seguirán aportando recursos importantes al medio rural, los
cuales incluso se espera que se triplicarán.
A manera de ilustración, en el cuadro VII.10 y el gráfico VII.7 se
muestra una proyección esquemática de las tendencias del gasto agropecuario,

CEPAL

406

el crédito, la ied y las remesas con destino rural, en el supuesto de que
se registrará un crecimiento sostenido del PIBA de 5,5% en el período
2006-2030.
Cuadro VII.10
REPÚBLICA DOMINICANA: ESCENARIO II: CRECIMIENTO ALTO DE
LOS PRINCIPALES INDICADORES DE GASTO Y FINANCIAMIENTO
DEL SECTOR AGROALIMENTARIO, 1990-2030
(Millones de pesos reales)a
TC
1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025
Porcentajes
Total financiamiento
Gasto del gobierno
central agropecuariob
Crédito agropecuarioc
Inversión extranjera
directa sector
agroalimentariod
Remesas sector rurale

2030

6 720 10 163 15 426 17 056 25 329 30 192 35 322 41 709 49 714
5,5
5,5

2 426 2 266 2 522 2 360 4 155 5 430 7 096 9 275 12 122
2 361 3 282 3 263 2 828 5 193 6 787 8 871 11 594 15 152

1,5
3,0

1 932 1 882 3 629 3 902 4 196 4 511 4 850 5 215 5 607
… 2 732 6 012 7 966 11 786 13 464 14 504 15 625 16 833

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Banco Central de la República, Secretaría de Finanzas,
Dirección General de Contabilidad Gubernamental.
Para el gasto y el crédito los pesos reales se obtuvieron deflactándolos por el IPC, para la inversión
extranjera y las remesas multiplicándolos por el tipo de cambio real.
b
Para el cálculo de las proyecciones del gasto del gobierno central y el crédito agropecuario se utilizaron
los coeficitentes obtenidos de la relación de estas ariables con el PIB agropecuario en pesos reales, para
el promedio del período 1991-2006.
c
Para la inversión extranjera directa se calculó la proyección en base a la tasa de crecimiento promedio
del período 2000-2006.
d
Para las remesas rurales las tasa utilizada fue de 6,5% a 1,5% para obtener el promedio anual de
crecimiento de 3%. No se cuenta con una estimación de las remesas rurales dedicadas a la actividad
agropecuaria, pero parte significativa de las mismas financian al sector agropecuario.
a

iii)Resultados. La acción pública aprovechará de manera sostenida
los altos precios internacionales y la dinámica demanda interna y
turística. La alianza entre los sectores público y privado concentrará
sus esfuerzos en la consolidación de líneas productivas estratégicas
y en el desarrollo de nuevos cultivos y productos pecuarios.
Se sustituirán importaciones de alimentos y se consolidarán y
diversificarán las ventas al exterior de alimentos frescos y procesados.
La República Dominicana ganará mercados con productos de mayor
valor agregado al expandirse las industrias agroalimentarias.
El crecimiento del PIBA se expresará en un firme desarrollo de
las exportaciones no tradicionales de frutas. Durante los primeros años
del período, se recuperarán las exportaciones de azúcar y se enfrentará
favorablemente la competencia con Centroamérica y México, además
de que se desarrollará la producción de etanol. Por su parte, se amplía

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

407

considerablemente la producción intensiva de hortalizas de invernaderos
y las cooperativas de agricultores pobres comienzan a beneficiarse de
esta tecnología.
En los años considerados, la República Dominicana elevará su
competitividad y aprovechará los mercados globales, así como los
implicados en el dr-cafta. De manera creciente, la oferta de frutas,
vegetales, carnes y productos pecuarios de calidad certificada satisface la
demanda de las zonas turísticas.
Lo anterior se fortalece con la incorporación de nuevas áreas de
riego y con el uso de las que existen actualmente en productos de mayor
intensidad económica, lo que junto con una política de mayor competencia
beneficiaría a los productores.
Las cadenas productivas de carne bovina y de cerdo, aves y lácteos
mantendrían un alto crecimiento y aprovecharían la demanda creciente.
Además se fortalecerían gracias a la ampliación de su acceso al crédito, a
la regulación de los mercados y de la competencia externa desleal y a las
inversiones en frigoríficos. La prioridad otorgada a la política de sanidad
animal durante los años considerados alentaría la competitividad.
La cohesión social aumentará en el medio rural y en el agro. Los salarios
reales agropecuarios se elevarán gracias a la productividad de la mano de obra,
resultado del incremento de la inversión pública en nutrición y educación y de
una política de cohesión social que velará por una distribución del ingreso menos
desigual. De esta forma, también se ampliará la demanda interna de alimentos.
Si a lo anterior se agrega una política agropecuaria que apoye a los productores
pequeños y pobres, los ingresos de éstos se elevarán, al igual que la producción,
y se reducirá de manera notoria la desigualdad y la pobreza rurales.
La población ocupada en actividades agropecuarias se elevará en
alrededor de 180.000 puestos de trabajo, aunque en términos relativos su
participación en el total declinará entre 20% y 12%. A pesar de que el dinamismo
productivo implicará cierto aumento de la ocupación, el incremento de la
productividad laboral, el cambio técnico para intensificar cultivos —que
demandará más mano de obra calificada y menos empleo no calificado— y
la mecanización de algunas actividades provocarán que dicho aumento del
empleo se dé lentamente (véase el cuadro VII.11).
La rentabilidad agropecuaria es un elemento central de la política
aplicada en el sector. Se refuerzan los mecanismos para ampliar la competencia
en los mercados de insumos y productos agropecuarios. También se apoya
la capacidad de asociación de los pequeños agricultores y beneficiarios de

CEPAL

408

la reforma agraria para elevar su capacidad de negociación en los mercados,
lo cual se complementa con la capacitación y la información pública. El
aumento de los precios reales al productor alienta el cambio tecnológico,
la producción y la cohesión social. Sin embargo, el alza en los precios de
los combustibles y los fertilizantes —causada por el encarecimiento de las
materias primas necesarias para su producción y por el incremento de la
demanda internacional— afectará adversamente la tasa de rentabilidad.
Cuadro VII.11
REPÚBLICA DOMINICANA: ESCENARIO II: PROYECCIONES DE LA
POBLACIÓN TOTAL Y EN ACTIVIDADES AGROPECUARIAS, 1991-203
TC
Escenario II
Población
económicamente activa
Población
económicamente activa
en la agricultura
Población ocupada
Población ocupada en
agricultura y ganadería

1991

1995

2000

19912006

2005

2010

2015

2020

2025

2030

Miles de habitantes

2,5

2 799

2 853

3 533

3 992

4 529

5 128

5 806

6 574

7 444

0,8
2,1

462
2 252

365
2 401

499
3 041

489
3 276

542
3 726

565
4 124

588
4 564

613
5 052

639
5 592

1,0

458

351

483

478

535

562

592

623

655

13,6

13,0

12,3

11,7

Porcentajes
Población ocupada en
agricultura y ganadería/
población ocupada total

20,3

14,6

15,9

14,6

14,3

Fuente: Banco Central de la República Dominicana, Encuesta nacional de fuerza de trabajo, 1991-2006.

Los efectos del cambio climático serán mitigados mediante nuevas prácticas
de cultivo y prevención de desastres. Las consecuencias de las sequías se enfrentarán
con nuevas variedades resistentes, la implementación de varios proyectos de
riego y microrriego, la construcción de estanques y la agricultura intensiva en
invernaderos e inundaciones. La reforestación y el manejo de cuencas y micro
cuencas, además de la combinación de la agricultura con la ganadería, contribuirán
a amortiguar las inundaciones y las pérdidas de cultivos, ganado, instalaciones
y suelos. Estas actividades se integrarían en programas impulsados de manera
conjunta por los sectores público y privado. La difusión del seguro agropecuario
hará más manejables las pérdidas agropecuarias. La necesidad de incorporar más
tierras al cultivo se reduciría debido al uso intensivo en la agricultura y mejores
prácticas ganaderas.
Los agricultores y productores pecuarios responderán a la demanda
internacional y doméstica con la ampliación de la oferta de bienes y la

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

409

integración de las cadenas a las agroindustrias y a los mercados de Estados
Unidos, Japón y Asia. En el largo plazo, la intensificación de la competencia
internacional entre países productores, que podría afectar las exportaciones de
República Dominicana, será superada gracias a la inversión en capital humano
y a la elevada productividad de cadenas seleccionadas. Las universidades y
los centros tecnológicos aportarán innovaciones y desarrollarán actividades
de extensión y transferencia técnica entre los productores, en especial entre
los pequeños y pobres.
La inversión rural en energía, telefonía y capital humano facilitará
el cambio técnico, aumentará la productividad, elevará los ingresos de los
hogares rurales y facilitará la inserción internacional y en mercados que
exigen estándares de calidad e inocuidad. El auge del turismo ecológico
y agropecuario permitirá diversificar las fuentes de empleo y aprovechar
mejor el paisaje rural dominicano, además de contribuir a la reducción de
la pobreza rural.
El crecimiento sostenido de las actividades pecuaria y agrícola
permitirá incrementar la contribución al fisco hacia 2015, al igual que
reducir progresivamente los apoyos y percibir más pagos por concepto de
agua de riego.
iv)Incertidumbre. Algunos factores de incertidumbre provendrían
de la esfera internacional. El estancamiento de las negociaciones
con la omc, las prácticas proteccionistas y el mantenimiento
de elevados subsidios a productores de países desarrollados,
podrían restar dinamismo al comercio agrícola global, dañar las
exportaciones dominicanas y aumentar aún más los precios de
los alimentos que el país compra en el exterior. La competitividad
creciente de los bienes dominicanos compensaría en cierta
forma los factores mencionados. Se supone que en la mayor
parte del período prevalecerá un contexto macroeconómico de
políticas que contribuirán a la estabilidad y al crecimiento. Así,
las políticas monetarias y fiscales buscarán la estabilidad sin
afectar el financiamiento del sector. La política cambiaria también
contribuirá a la estabilidad, pero a la vez cuidará de mantener
la competitividad de las exportaciones agropecuarias.

D.
Temas estratégicos para la

transformación agropecuaria, 2030
Un escenario de crecimiento elevado y sostenido como el mencionado implica
la atención prioritaria a algunos temas estratégicos para enfrentar el cambio

CEPAL

410

climático, afianzar la cohesión social y aprovechar las actividades agrícolas
que muestran potencial de crecimiento en el período 2008-2030.
1.

La administración de recursos hídricos, una prioridad

Frente a los niveles de pobreza, desnutrición, necesidad de elevar la
competitividad agropecuaria y ante los riesgos de calentamiento global se
requiere usar más y de mejor manera el agua para riego.
La República Dominicana ha hecho una inversión importante en
construcción y rehabilitación de obras de irrigación. La agricultura bajo riego
ha crecido de forma sostenida hasta representar 67% de la producción de
cultivos —25% del área sembrada—13, lo que muestra un aumento importante
de los rendimientos, que fueron de 33% en el período 1990-2004. La superficie
que cuenta con riego creció ligeramente, aunque su estructura regional varió
de manera considerable, de tal forma que los distritos Bajo Yaque del Norte
y Yuna-Camú expandieron su área bajo riego (véase el cuadro VII.12).

1990a
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005b
2006b

Cuadro VII.12
REPÚBLICA DOMINICANA: PARTICIPACIÓN DE LA
AGRICULTURA BAJO RIEGO EN EL PIB, 1990-2006
(Porcentajes)
Riego/PIB
Riego/Agropecuario
Riego/Sector agricultura
3,1
25,5
45,0
2,7
21,8
46,4
2,1
16,8
35,9
1,9
16,5
34,9
1,9
17,7
38,5
2,1
19,1
40,2
1,8
17,4
35,8
1,9
20,0
42,3
2,0
22,1
46,0
2,1
24,7
55,0
2,1
25,7
58,1
2,1
24,3
54,6
2,5
27,0
61,4
2,8
29,0
61,1
2,6
28,5
66,9
2,5
27,1
67,0
2,5
28,1
67,2

Fuente: Calculado sobre la base de los porcentajes de las cifras del Instituto Nacional de Recursos
Hidraúlicos (INDRHI), Las Estadísticas del Agua en la República Dominicana y el Banco Central de la
República Dominicana.
a
Cifras preliminares.
b
Cifras estimadas.

 Por otra parte, 75% del área sembrada genera apenas 33% de la producción.

13

411

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

El número de usuarios creció casi 20% durante los últimos 10 años.
El cultivo predominante fue el arroz, con 80% del área irrigada, seguido de
las habichuelas, que se redujo 40% (véase el cuadro VII.13).
Cuadro VII.13
REPÚBLICA DOMINICANA: EVOLUCIÓN DE LAS TIERRAS IRRIGADAS Y
NÚMERO DE USUARIOS, 1930-2004
Áreas de riego
(hectáreas)
1930
1941
1946
1954
1980
1985
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
Promedio 1990-1995
Promedio 1995-2000
Promedio 2000-2004
Promedio 1990-2004

3 081
32 000
51 472
132 000
200 000
206 953
205 811
244 296
246 276
248 903
251 268
259 129
261 014
265 324
266 762
268 772
275 968
278 948
275 968
289 088
301 537
242 614
266 162
284 302
262 604

Número de
usuarios

Tasas de crecimiento
Áreas de riego
(hectáreas)

Número de
usuarios

23,7
10,0
12,5
1,6
0,7
-0,1
18,7
0,8
1,1
1,0
3,1
0,7
1,7
0,5
0,8
2,7
1,1
-1,1
4,8
4,3
4,7
1,3
2,2
2,8

5,4
1,5
0,7
1,4
0,5
9,7
4,3
0,0
0,5
6,1
-0,2
5,7
-5,4
8,1
-1,2
2,7
2,1
1,7
2,2

48 866
63 523
64 453
64 920
65 840
66 163
72 571
75 677
75 694
76 072
80 734
80 536
85 133
80 536
87 029
86 026
66 245
76 881
83 852
74 994

Fuente: Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI). 1/III/2007

A través del indrhi, el Estado dominicano implementa, desde 1988,
una política de descentralización de los sistemas de riego que incluye la
transferencia de la administración, la operación y el mantenimiento de dichos
sistemas a los usuarios organizados en juntas de regantes. El indrhi apoya
y supervisa este proceso. A la fecha, los traspasos de responsabilidades a
31 organizaciones de regantes representan 83% de la superficie con riego e
incluye a 81% del total de regantes del país (indrhi, 2006).

CEPAL

412

Además de consolidar la descentralización de los sistemas de riego,
la política en este rubro pretende fortalecer los vínculos de la agricultura
de irrigación con otros sectores productivos de la economía dominicana
y con el combate a la pobreza. Así, se desarrolla un programa de apoyo
agroempresarial y desarrollo sociocultural de los usuarios de los Centros
de Gestión de Agronegocios y Centros Audiovisuales y Bibliotecas (cegacabi) (indrhi, 2006).
Prevalecen desafíos que merecen atención especial. La eficiencia en
el uso del agua para riego es baja, de apenas 25%, por lo que un programa
específico con las juntas de regantes ampliaría la disponibilidad del recurso
—ya sea para riego o para otros propósitos— de manera significativa. Del
total del área de riego, 31% tiene problemas de drenaje y 16% agrega a ellos
problemas de salinidad, sobre todo en los distritos de riego Yuna-Camú,
Bajo Yuna y Bajo Yaque del Norte (indrhi, 2006). Los costos de operación
y mantenimiento no son cubiertos en su totalidad con el precio que se cobra
por el suministro de agua a los usuarios, quienes reciben un subsidio de casi
20% agregado (Banco Mundial, 2004). Esto explica, en parte, la concentración
tan elevada de la producción bajo riego de dichos costos. Si a esto se agrega
que la tasa de recuperación de costos es de sólo 40%, los agricultores no
se verían motivados a diversificar sus cultivos hacia productos con mayor
valor (véase el cuadro VII.14).
El potencial de la producción con riego es importante. Alrededor
de 271.000 hectáreas adicionales a las actualmente sembradas son aptas
para riego, dadas las características de los suelos así como la ubicación y
disponibilidad de las fuentes de agua. Las inversiones en pequeñas obras de
riego y microrriego serían un gran apoyo para elevar la productividad, los
ingresos de los campesinos pobres y la oferta alimentaria, además de que
contribuirían a atenuar los efectos del cambio climático.

Cuadro VII.14
REPÚBLICA DOMINICANA: EFICIENCIA DEL RIEGO, 2001-2004a
(Porcentajes)
Promedio
2001

21

2002

28

2003
2004

27
24

Fuente: Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), Las Estadísticas del Agua en la República
Dominicana.
a
Corresponde al promedio calculado para 25 sistemas del Programa de Administración de Sistemas de
Riego por los Usuarios (PROMASIR).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

413

Se ha iniciado la producción con riego de precisión, que podría
ampliarse hacia nuevas áreas. Este sistema tiene ventajas importantes: define
la cantidad de agua y la periodicidad con que se debe irrigar un cultivo para
que las plantas obtengan el mayor rendimiento a partir de conocer el nivel
de humedad del suelo; permite que los productores hagan uso más eficiente
del agua y, con esto, amplíen las áreas de siembra; economiza el combustible
que utilizan las bombas para extraer el agua y reduce las posibilidades de
plagas y enfermedades de las plantas.
2.

Administración del riesgo: los seguros agropecuarios

El riesgo agropecuario dominicano —derivado del cambio climático, las
plagas, las enfermedades y la volatilidad de los precios agropecuarios— es
un factor que tiene efectos importantes en la rentabilidad, los ingresos de
los productores y los niveles de pobreza. En especial, son los pobres quienes
sufren las pérdidas de su producción y de sus escasos activos. No obstante,
hay poca aplicación de instrumentos de administración del
riesgo agropecuario.14
Una encuesta refleja que casi 60% de los productores agropecuarios
dominicanos muestran interés en administrar el riesgo derivado del clima o
las enfermedades. Ellos afirman que las enfermedades de plantas y animales
son el principal factor de riesgo, seguido por las sequías y los huracanes.
Sin embargo, un número muy reducido de productores utilizan el seguro
agropecuario: apenas 13% de los encuestados (sea, 2004).
En países desarrollados, este seguro adquirió mucha importancia
como instrumento de política agropecuaria desde mediados de los años
noventa del siglo pasado (Shiva, s/f). Hay muchas formas de proteger a los
pequeños agricultores, como el apoyo estatal a los fondos de aseguramiento
y al seguro catastrófico para eventos climáticos, basado en un enfoque
paramétrico. Los fondos de aseguramiento operan con poco capital, de manera
autogestionaria y, con frecuencia, en una organización de agricultores a nivel
local o regional. El gobierno podría apoyar la difusión de estos mecanismos
mediante subsidios a las primas de seguro y programas de capacitación y
divulgación de las ventajas del seguro agropecuario.15

Un examen de temas relevantes del seguro agropecuario en República Dominicana se
puede encontrar en Tejada, 2007.
15
 Para una explicación amplia de los Fondos de Aseguramiento en la experiencia de México,
véase agroasemex, 2005.
14

414

CEPAL

3.Formación de capital humano: educación y alimentación16
para la cohesión social y la competitividad
Las principales corrientes actuales del pensamiento económico y social dan
una importancia central al capital humano —y en particular a la necesidad de
su formación por medio de la educación— en el crecimiento en general, y en
el rural y agropecuario en particular. Gran cantidad de estudios muestran la
evidencia empírica de esto (Huffman, 2001). W. Schultz sostiene que los factores
de producción decisivos para mejorar el bienestar de la gente pobre no son el
espacio, la energía y la tierra buena para cultivos, sino el mejoramiento de “la
calidad” de la población y los avances en el conocimiento.17. El capital humano
contribuye a la productividad laboral y a la habilidad empresarial. Este autor
afirma que los desequilibrios provocados por la modernización —una de
cuyas manifestaciones es la apertura comercial— son inevitables y se pueden
manejar mejor con más capital humano, conocimientos y habilidades.
La importancia de la formación de capital humano para incrementar
la productividad y reducir la pobreza también ha sido resaltada por Gary
S. Becker, quien ha constatado que se requiere de la participación conjunta
de trabajadores, administradores calificados y empresarios innovadores
para operar maquinaria complicada, producir con eficiencia, desarrollar
nuevos productos y procesos, y aprovechar las innovaciones provenientes
de otros países.
El capital humano es el principal activo de cualquier población, y se
estima que comprende cerca de 80% de la riqueza de Estados Unidos y otros
países desarrollados (lo cual implica salud, educación y capacitación en el
trabajo o de otro tipo). Así, la desigualdad en los ingresos de una nación se
corresponde con la desigualdad en su educación (Becker, 1995).
Ampliar la educación hacia las mujeres pobres se refleja en mejores
condiciones de salud de sus familias debido a que la escolaridad es determinante
para reducir la morbilidad y la mortalidad infantiles, al igual que las tasas
de fecundidad y para mejorar la nutrición (cepal, 2000).
Para el Banco Mundial, el contenido de la educación debe cambiar de
forma sustancial con el objetivo de que agricultores, empresarios agrícolas y
asalariados rurales estén preparados para enfrentar la demanda cambiante
de los mercados y no únicamente para elevar la producción. Esto requiere


El ministro de Finanzas de República Dominicana, junto con sus homólogos de Centroamérica
reunidos en Guatemala, ubicó “la nutrición infantil al más alto nivel de las estrategias de reducción
de la pobreza.” Reconoció asimismo el costo que conlleva la desnutrición para las economías.
17
 Este párrafo y los subsiguientes están basados en el capítulo “Educación y productividad
agrícola” de cepal, 2006b.
16

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

415

mejorar la coordinación entre los organismos involucrados en la educación
agropecuaria, incluir metas educativas en las estrategias de desarrollo del
sector y coordinar inversiones en tres áreas agrícolas fundamentales e
interrelacionadas: investigación, extensión y educación superior (Banco
Mundial, 2005b).
Así pues, la educación de los productores agropecuarios es
determinante para mejorar la productividad agrícola. F. Welch, citado por
Schultz, plantea que hay tres efectos potenciales de la educación sobre la
producción agrícola: a) el aumento de la productividad mediante la mejora
de la calidad del trabajo, que permite al agricultor producir más con los
mismos insumos; b) el “efecto de asignación”, que mejora la capacidad
del productor para procesar información técnica y asignar recursos para
usos competitivos, disminuyendo los costos del análisis de información,
y c) la educación facilita una rápida respuesta empresarial a los desafíos
planteados por el cambio tecnológico en términos de precios de insumos
y productos.18
Un estudio de la cepal sobre el dinamismo del empleo rural no
agropecuario (erna) en Centroamérica y México (2003) mostró que la
educación constituye el principal determinante para participar en el erna
asalariado y en el ingreso correspondiente.
Como ya se mencionó en el primer capítulo, cerca de 2,2 millones de
dominicanos, 25% de la población en el medio rural, padecen hambre. La
desnutrición limita las capacidades y potencialidades productivas de los
pobladores rurales dominicanos. La población rural tiene una escolaridad
promedio de apenas seis años y más de 40% de las escuelas rurales imparten
sólo hasta el cuarto grado de primaria.
Por otra parte, hay cinco escuelas de agronomía y tres escuelas técnicas
que deberían ser reforzadas para fortalecer la necesaria capacitación de
los funcionarios públicos. La declinación de la demanda de estudios de
agronomía debe ser examinada. La falta de capital humano afecta la absorción
y puesta en práctica de nuevas técnicas y dificulta la incorporación de nuevas
variedades o productos. El bajo nivel de instrucción de los productores es un
obstáculo para ello. Capacitar administradores de fincas ganaderas —que
gozan de grandes inversiones, pero tienen personal con baja escolaridad—
elevaría los rendimientos y la competitividad, facilitaría la transmisión de
técnicas y la aplicación de medidas sanitarias e incrementaría la eficiencia
de los hatos lecheros.
 Schultz (op. cit.) cita varios estudios que se realizaron en la década de 1970 y 1980, en
especial en el sudeste asiático y Estados Unidos..

18

CEPAL

416

Un estudio dominicano identifica severas deficiencias en la
capacidad para adoptar nuevos conocimientos y tecnologías, lo que podría
convertirse en un impedimento en el futuro para diversificar la economía y
generar ventajas competitivas y consistentes con mejores salarios y niveles
de vida en general. En especial, resultan preocupantes las deficiencias en
la cobertura y calidad del sistema educacional, que afectan la capacidad
competitiva de las actuales empresas dominicanas (Vial, 2002).
Así, un tema prioritario en cualquier agenda de desarrollo a mediano
plazo debe ser la reforma y modernización de las instituciones públicas.
Esto es necesario para desarrollar actividades económicas cada vez más
complejas y para construir las redes de protección social y nivelación mínima
de oportunidades que se requieren para un progreso económico y social
sostenido en el tiempo. Es muy probable que tengan que transferirse más
recursos al sector público, algo que sería difícil justificar en la actualidad,
dadas las deficiencias e ineficiencias que se aprecian en ese sector
(Vial, 2002).
4. potencial de tendencias actuales: alimentos para el
El
sector turístico y biotecnología y competitividad
a)

Provisión de alimentos para las zonas turísticas

Hay una demanda no satisfecha de frutas y hortalizas en el sector
turístico, particularmente en la región este de la República Dominicana.
Alrededor de 40% de los alimentos que consumen los turistas en esa región
son importados. La expansión de la oferta de frutas y vegetales hacia los
hoteles y restaurantes por medio de proyectos en esas regiones brindaría
productos en cantidad, calidad y precio adecuados. Los planes de expansión
hotelera implicarán una demanda creciente de alimentos. Una proyección
del crecimiento de las habitaciones ocupadas en los hoteles, calcula que será
de 71% entre 2005 y 2015 (indrhi, 2005a).
Se han hecho análisis y estudios de factibilidad para la producción
con riego de hortalizas, melones y lechosas, lo que representa una
contribución importante a la rentabilidad de los agricultores del este que
fortalece las cadenas productivas de alimentos y la actividad turística.
Con seguridad, esto elevará los estándares de calidad e inocuidad de
la producción de la zona, además de que expandirá el área de riego y
hará más eficiente el uso del agua. La evaluación de esta experiencia
permitiría examinar la factibilidad de reproducir esta cadena en otras zonas
(indrhi, 2005a).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

b)

417

Invernaderos

La producción en ambientes controlados implica un importante
cambio tecnológico en la agricultura dominicana. El control del clima, las
pestes y las enfermedades, así como el uso preciso de fertilizantes y agua
hacen que esta actividad sea muy eficiente y permiten obtener productos
de alta calidad. Los espacios pequeños que requieren la producción con esta
tecnología a lo largo de todo el año proporcionan rendimientos elevados.
La demanda del mercado de la costa este de Estados Unidos estimula la
producción de tomate, pepino y ajíes en invernaderos, con elevados niveles
de productividad, rentabilidad e inocuidad, en Constanza, San José de Ocoa,
Villa Trina y Jarabacoa.19 Sus posibilidades de expansión para la producción
de frutales y hortalizas son elevadas. El uso de invernaderos con tecnología
básica alentaría la producción agrícola con menos recursos.
El poco riesgo que implica la producción en invernaderos y su alta
rentabilidad con respecto al promedio de las actividades agropecuarias, son
dos elementos que hacen que esta forma de producción sea susceptible de
recibir financiamiento bancario.
c)

Biotecnología y competitividad20

Existen valiosos desarrollos en biotecnología vegetal que merecen ser
consolidados y ampliados dada la incidencia que tienen en la rentabilidad
y el crecimiento agropecuarios. El iibi de la República Dominicana realiza
investigaciones aplicadas en biotecnología vegetal para obtener variedades
con mayor productividad, calidad y resistencia a plagas, enfermedades
y factores ambientales. Esto permite contar con una base importante
para aumentar la rentabilidad y la competitividad agropecuarias. Las
cadenas productivas se pueden fortalecer con la incorporación de este tipo
de innovaciones.
El iibi tiene la capacidad de producir hasta 2 millones de plantas de
plátano al año, libres de enfermedades, como la Sigatoka Negra, que cuenta
con un banco de germoplasma con los clones de plátanos FHIA-20, FHIA-21
y M-Hembra, lo cual reduce el costo de producción de las plantas.
El instituto ha seleccionado y propagado siete clones de yuca para el
mercado nacional y para su exportación a Estados Unidos. Estos materiales
se han difundido entre grupos de mujeres campesinas. En colaboración con
 El Programa de Mercados, Frigoríficos e Invernadero (Promefrin), de la sea, apoya a
los productores en este cambio tecnológico y promueve la participación de instituciones
financieras.
20
 Este apartado se basa en iibi, Memorias 2005.
19

418

CEPAL

el idiaf, han suplido 50.000 vitroplantas de papa a productores de San
José de Ocoa y Constanza para producir semilla básica y reducir en 50%
las importaciones de semillas de papa. Con la sea se inició la multiplicación
de material genético de yautía coco con tolerancia a la phytophthora y al
manejo inadecuado del cultivo, entre 100.000 productores.
Se propagan materiales para la siembra de piña que será exportada
a Estados Unidos y Europa y se incursiona en la propagación de especies
forestales en peligro de extinción y de interés para la disminución de
la erosión.
Se han desarrollado parámetros que cumplen con las exigencias de
calidad de los mercados internacionales de aguacate (Persea americana
Mill) y mango banilejo (Mangifera indica L), con métodos no destructivos y
señalamientos de las fechas apropiadas de cosecha. Estas caracterizaciones
de ecotipos de mangos banilejos y aguacates refuerzan la competitividad
en el ámbito internacional.

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La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

423

Capítulo VIII

Industria y competitividad

Introducción
En este capítulo se analizan las características de la industria manufacturera
de la República Dominicana y se identifican los principales desafíos que
se enfrentarán en los próximos años ante la profundización de la apertura
comercial, incluyendo, en particular, los relacionados con la necesidad
de fortalecer los factores micro y macroeconómicos de la productividad
y la competitividad. A lo largo del estudio se distingue entre la industria
nacional y la de zonas francas, debido a que cada una presenta dinámicas
y características propias.
El conjunto de la industria manufacturera dominicana -es decir, la
industria nacional y las zonas francas- aportó el 27% del producto interno
bruto en el bienio 2005‑2006. Después de una caída en 2003, por efecto de
situaciones externas e internas, retomó la senda ascendente desde 2005.
No obstante, como se describe en los siguientes apartados, existe una clara
dualidad entre la industria nacional y las zonas francas en términos de la
dinámica de crecimiento, la orientación exportadora, los sectores industriales a
los que están dirigidas, entre otros. Aun así, ambos segmentos de la industria
dominicana enfrentan los retos de transitar hacia actividades de mayor valor
agregado y de fortalecer sus capacidades tecnológicas, de manera que puedan
participar exitosamente en los mercados local e internacional cada vez más
competidos. La República Dominicana está avanzando en este sentido, pero
se identifican líneas en las que se requiere intensificar los esfuerzos.

424

CEPAL

El análisis de la industria manufacturera se desglosa en siete secuencias.
En la primera se esboza una síntesis de los antecedentes históricos de la
industria manufacturera dominicana en los últimos 50 años, en particular la
transición de la industrialización sustitutiva de importaciones a la apertura
comercial. En la segunda se exponen las principales características de la
industria manufacturera dominicana en los últimos 15 años, distinguiendo
entre industria nacional y de zonas francas. En la tercera se estudia la
competitividad de la industria manufacturera en su conjunto, haciendo uso
de dos tipos de indicadores: desempeño comercial y cambio tecnológico. En
la cuarta se abordan los retos que enfrenta la industria en cuestión ante la
apertura comercial. En la quinta se examinan los principales componentes
de la política industrial dominicana actual. En la sexta se desarrolla un
ejercicio prospectivo de posibles escenarios hacia donde podría evolucionar la
industria manufacturera dominicana en las próximas décadas. En la séptima
se identifican los elementos principales que debería contener una agenda
nacional para el cambio productivo, la innovación y el fortalecimiento de
la competitividad.

A.
Antecedentes históricos: de la sustitución
de importaciones a la apertura comercial
La República Dominicana, al igual que otros países de América Latina,
transitó por varias décadas de industrialización sustitutiva de importaciones.
La inversión directa del gobierno, así como la puesta en marcha de diversos
incentivos, permitieron el gradual crecimiento de una industria local. A
principios de la década de 1960, después de varios años de protección
gubernamental, la República Dominicana había desarrollado una industria
local sustitutiva de importaciones, aunque aún era básica. En particular,
sobresalía la industria azucarera —empleaba tres veces más trabajadores y
su valor de producción casi igualaba al del resto de las manufactureras— con
la presencia de otras ramas (textil, calzado, cemento, alimentos y bebidas).
En 1968, durante el período de sustitución de importaciones, se
aprobó una nueva ley de incentivos industriales y protección,1 la cual
estableció una zona de aduanas nacional que servía a la industria nacional
sustitutiva de importaciones y un régimen de zonas francas que hospedaba
a una industria orientada a la exportación (Schrank, 2003). Con esta ley se
sentaron las bases legales para la dualidad industrial del país: las zonas
francas concentradas en la exportación y la industria nacional fuertemente
orientada al mercado interno.


1

Es importante acotar que en 1955 se hizo un primer intento por crear el régimen de Zonas
Francas en la República Dominicana con la promulgación de la ley para la creación y
desarrollo de zonas francas, pero no se puso en marcha en ese año.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

425

En la década de 1970, la producción industrial de la República Dominicana
avanzó a una tasa de crecimiento promedio anual (tcpa) de 7,4%. Aunque con una
participación todavía reducida en el PIB manufacturero, las zonas francas lograron
un crecimiento espectacular en esta década, con una tcpa superior al 60%.
En contraste, en la década de 1980 la economía de la República
Dominicana experimentó un crecimiento lento y fluctuante, tasas de inflación
altas, endeudamiento creciente y deterioro de las condiciones sociales
(Aristy Escuder, 2000). No obstante, es importante resaltar en este período el
distinto desempeño de la industria manufacturera nacional del de las zonas
francas: la primera creció a una tasa promedio anual de 0,7%, mientras que
la segunda lo hizo al 22%.
Como respuesta a este deterioro, en 1990 se imprimieron cambios
importantes al modelo económico con la puesta en marcha de un nuevo programa
que incluía un paquete de estabilización y otro de reformas estructurales
(Dauhajre y otros, 1994). El primero se enfocó en la reducción del déficit
fiscal, la contracción monetaria, y la eliminación de subsidios y controles de
precios públicos. Las reformas, encaminadas a lograr un crecimiento real anual
sostenible, se concentraron en los rubros arancelario y fiscal. En 1990 las tasas
arancelarias oscilaban entre 0% y 200%, con lo que se erigía una protección muy
elevada para la industria nacional, sumada a una gran cantidad de exenciones,
leyes de incentivos, regulaciones administrativas y decretos especiales (Aristy
Escuder, 2000). La reforma arancelaria simplificó el régimen comercial con
pisos de 5% y techos de 35%, aunque la protección efectiva continuó siendo
muy alta (Dauhajre y otros, 1994). La apertura comercial se profundizó
con la entrada de la República Dominicana a la Organización Mundial de
Comercio (OMC) en 1995. En cuanto a la reforma fiscal, se diseñó un sistema
impositivo más neutral, que eliminó casi todas las leyes de incentivos tributarios.
En este contexto, la industria manufacturera en su conjunto (la
nacional y la de las zonas francas) experimentó una sólida tasa de crecimiento
promedio anual en la década de 1990, con la ya mencionada dualidad entre
zonas francas e industria nacional, especialmente marcada en la orientación
exportadora. En la siguiente sección se analiza la evolución de la actividad
industrial dominicana en la década de los años noventa y la primera mitad
de la presente década.

B.

Evolución reciente de la actividad industrial

1.

Producción y empleo

Entre 1991 y 2005, la industria manufacturera dominicana transitó por dos
períodos distintos (véase el gráfico VIII.1). Entre 1991 y 2000, la industria en su

426

CEPAL

Gráfico VIII.1
REPÚBLICA DOMINICANA: EVOLUCIÓN DEL PRODUCTO INTERNO BRUTO
POR ENFOQUE DE LA PRODUCCIÓN, 1991‑2005
(Tasa de crecimiento anual)
20

15

10

5

0

-5

1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005

Manufactura local

Zonas francas

PIB total

Fuente: Banco Central de la República Dominicana.

conjunto creció a una tasa promedio anual de 7%, mientras que en el período
2000‑2005 lo hizo al 2,6%. En la primera fase, las zonas francas y la industria
nacional se expandieron a altas tasas (tcpa 8,6% y 6,7%, respectivamente),
mientras que el segundo lapso se caracterizó por significativas fluctuaciones
y una menor tcpa (2,5% y 2,6%, respectivamente).2
Las zonas francas presentaron entre 1991 y 2006 una variación
oscilante en el valor de la producción anual, desempeño ligado a la
evolución de la economía mundial, y en particular a la de Estados Unidos,
debido a su marcada orientación exportadora: una caída a principios de
los años noventa, fuerte crecimiento en la segunda mitad de esa década,
de nuevo decrecimiento en 2001 y 2002, y una ligera recuperación en 2004
y 2005. En promedio las zonas francas presentaron un menor dinamismo
en los primeros seis años del primer decnio del siglo XXI, en comparación
con el anterior, a causa tanto de la mayor competencia en los mercados


2

Debido a cambios en la metodología de cuentas nacionales mencionados anteriormente,
los cálculos de tasas de crecimiento para todo el período de análisis (1991 a la fecha) no
fueron actualizados a 2006.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

427

internacionales (creciente competitividad de los países asiáticos y de la
propia subregión, como Honduras y Nicaragua), como al término del
Acuerdo Multifibras que otorgaba cuotas de acceso preferencial al mercado
estadounidense y a la apreciación del tipo de cambio (CEPAL, 2006).
Por su parte, la industria nacional siguió un comportamiento más
estable y más ligado a fenómenos internos. En la década de 1990 presentó
un crecimiento sostenido, pero en los primeros cinco años del decenio del
2000 la tasa de crecimiento anual registró variaciones importantes, con una
tasa negativa de crecimiento en 2003 (‑0,9%), a raíz de la crisis del sistema
financiero local, y una significativa recuperación en 2005 (9,1%) y 2006 (7,4%).
La recuperación en estos dos últimos años estuvo vinculada principalmente
a la reactivación del mercado interno. El aumento del gasto de consumo
e inversión estimuló la producción de la mayoría de los bienes de la
industria nacional.
La participación del producto interno bruto manufacturero en el
PIB total disminuyó ligeramente, de 21,9% a 21,8% entre 1991 y 2006; la
participación de zonas francas también descendió en el mismo período:
de 4,5% a 4,2% del PIB total. Por el contrario, las actividades de servicios
incrementaron su participación en el PIB total al pasar de 48,3% en
1991 a 51,8% en 2006, con un crecimiento especialmente pronunciado
en comunicaciones (de 2,3% a 8,1%) y hoteles, bares y restaurantes (de
4,6% a 7,6%). En el área de telecomunicaciones la República Dominicana
ha obtenido recientemente importantes avances, como se expone en el
recuadro VIII.1.
En 2003,3 la rama de alimentos, bebidas y tabaco generaba 54,2% del
valor de la producción de la industria manufacturera nacional; sustancias
y productos químicos 19,3%; productos minerales no metálicos 6,7%; e
industrias metálicas básicas 6,7% (véase el gráfico VIII.2). En el cuadro VIII.1
se compara la composición sectorial de la industria nacional en 1991 y 2003.
Las ramas que perdieron peso en el total fueron: alimentos, bebidas y tabaco;
textiles, prendas de vestir e industria del cuero; y papel y productos de
papel. En contraste, en ese mismo período incrementaron su participación
en el valor total de la producción manufacturera: productos minerales no
metálicos; industrias metálicas básicas; industria de la madera; sustancias
y productos químicos; y productos metálicos, maquinaria y equipo. Por
producto, el mayor crecimiento (en términos de valor de la producción)
entre 1991 y 2003 se registró en: grasas vegetales y animales, barras y
varillas de acero, cemento, productos químicos básicos y gasolina.


3

Última cifra disponible.

428

CEPAL

Recuadro VIII.1
TECNOLOGÍAS DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIONES (TIC)
El Gobierno de la República Dominicana cuenta con una Estrategia Nacional
para la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Dicha iniciativa tiene
como principales objetivos expandir las fronteras de la conectividad en
materia de telecomunicaciones y promover la formación de recursos humanos
capacitados en el uso de TIC, a fin de estimular la inclusión social y la equidad,
y acortar la brecha digital.
El estado de la infraestructura de telecomunicaciones de la República
Dominicana ha avanzado en los últimos años, aunque tiene retos pendientes.
La teledensidad total se incrementó de 39,5% en 2004 a 45,7% en 2005,
gracias a un explosivo crecimiento de la telefonía celular. Esta cifra ubica
a la República Dominicana por arriba del promedio centroamericano, pero
por debajo del promedio de América del Sur. No obstante, hay una amplia
brecha en el acceso a telefonía entre la zona rural y la urbana. Los datos del
último censo, realizado en 2002, registran que el 44% de los hogares urbanos
disponían de un teléfono, ya sea celular o fijo, mientras que solamente en
18% de los hogares rurales existía uno.
Por otra parte, en 2005 había 10,3 usuarios de Internet por cada cien
habitantes, sólo 34% de ellos a través de servicios de banda ancha. Al igual
que en el indicador anterior, la República Dominicana se ubica por arriba del
promedio centroamericano, pero por debajo de Sudamérica, y se advierten
diferencias marcadas entre el acceso de la población urbana y de la rural.
La industria manufactura dominicana en su conjunto tiene grandes
oportunidades de desarrollo por medio de un mayor uso de TIC en temas
como la administración de la cadena de abastecimiento, eficiencia operativa,
oferta de productos en el mercado nacional e internacional, entre otros. En
el corto plazo, la República Dominicana enfrenta el desafío de desarrollar
plataformas de comercio electrónico para el fomento del comercio nacional e
internacional, y usar las TIC para mejorar la competitividad y productividad del
sector privado dominicano, en especial de las micro, pequeñas y medianas
empresas.
Fuente: INDOTEL (2005).

La producción de azúcar y sus derivados, actividad de gran tradición
en la economía dominicana, ha enfrentado y enfrenta una situación
compleja, como se describe en el recuadro VIII.2.4
Con excepción de los productos farmacéuticos, la industria nacional
ese halla concentrada en sectores catalogados de tecnología madura y de
baja intensidad tecnológica. En general, dichos sectores industriales se
caracterizan por el relativamente lento cambio tecnológico de sus productos


4

No hay información disponible sobre la estructura sectorial de producción de zonas francas. Por
ello, el análisis por sector se hace con información de exportaciones y se presenta más adelante.

429

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

y la elevada importancia de fuentes externas de tecnología (proveedores de
insumos y bienes de capital) para la generación de innovaciones.
Gráfico VIII.2
REPÚBLICA DOMINICANA: ESTRUCTURA SECTORIAL DE LA
INDUSTRIA MANUFACTURERA NACIONAL, 2003
(Porcentajes del valor de producción)
Otras
13,16%
Industrias metálicas
básicas
6,67%
Productos minerales
no metálicos
6,68%

Alimentos , bebidas
y tabaco
54,24%

Sustancias y productos
químicos
19,25%

Fuente: Banco Central de la República Dominicana.

Cuadro VIII.1
REPÚBLICA DOMINICANA: ESTRUCTURA SECTORIAL DE LA
INDUSTRIA MANUFACTURERA NACIONAL, 1991‑2003
(Porcentajes del valor de producción)
1991
Alimentos, bebidas y tabaco

2003

57,96

54,24

Textiles, prendas de vestir e industria del cuero

5,10

3,25

Industria de la madera

0,36

0,86

Papel y productos de papel

4,09

4,04

Sustancias y productos químicos

18,72

19,25

Productos minerales no metálicos

3,82

6,68

Industrias metálicas básicas

5,28

6,67

Productos metálicos, maquinaria y equipo
Otras manufacturas

2,38
2,28

2,82
2,20

Fuente: Banco Central de la República Dominicana.

430

CEPAL

Recuadro VIII.2
PRODUCCIÓN DE AZÚCAR Y SUS DERIVADOS
En el decenio de 1930 la producción de azúcar y sus derivados era la actividad
industrial principal. La reducción de los precios del azúcar, el surgimiento
de derivados y la política azucarera de Estados Unidos y la Unión Europea
basada en subsidios a sus productores, son algunos de los elementos que
han llevado al gradual cierre de ingenios y la consecuente declinación de la
producción.
La producción de azúcar y derivados presentó fluctuaciones significativas
entre 1991 y 2005. En 1991 se elaboraron 675.000 toneladas de azúcar
(cruda y refinada), en 1997 se alcanzó un nivel máximo (para el período
estudiado) de 803.000 toneladas, y luego descendió a 610.000 toneladas en
2005. En cuanto a productos derivados del azúcar, la producción de melaza
presentó una caída al pasar de 51.613 galones en 1991 a 35.265 en 2005,
mientras que la de furfural se mantuvo alrededor de las 30.000 toneladas en
el período estudiado.
De acuerdo con el Instituto Azucarero Dominicano, los ingenios están
muy deteriorados y hace falta invertir en las plantas, en la infraestructura vial,
incluyendo vías férreas, y en el equipo de transporte. Las tierras cañeras
también atraviesan por una situación complicada que ha derivado en un
desmantelamiento gradual de las plantaciones. Sin embargo, es importante
distinguir entre las empresas estatales y el sector privado, ya que este
último ha puesto en marcha un plan de tecnificación y modernización de su
infraestructura azucarera, así como un programa de modernización en las
áreas agrícolas (www.inazucar.gov.do).
El sector azucarero enfrenta el reto de reorientar su capacidad
productiva. Por una parte, existe la oportunidad de producir bienes de mayor
valor agregado, además de crear y fortalecer bienes con marca país como el
ron. Por otra, la producción de caña de azúcar puede ser usada para desarrollar
fuentes de energía alternativa, como etanol carburante.
Fuente: Elaboración propia basada en información del Instituto Azucarero Dominicano.

En 2006, la industria manufacturera de la República Dominicana
empleó 488.773 trabajadores, 148.411 de los cuales pertenecían a las zonas
francas de exportación y 340.362 a la industria nacional.5 El empleo en zonas
francas registró una caída considerable en 2005 y 2006, concentrada en el
sector textil (véase el gráfico VIII.3). La eliminación de cuotas de acceso
preferencial al mercado de Estados Unidos, por el ya mencionado fin del
Acuerdo Multifibras y la apreciación del tipo de cambio, llevaron a que
56 empresas del sector textil cerraran sus instalaciones en 2006 (CEPAL,
2006). El cierre de empresas de confección de prendas de vestir ha afectado


5

Se presentan las cifras de los últimos seis años debido a que a mediados del decenio de 1990 se
cambió la metodología y las cifras previas a 1996 no son comparables con las de años posteriores.

431

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Gráfico VIII.3
REPÚBLICA DOMINICANA: EMPLEO EN ZONAS FRANCAS
Y EN LA INDUSTRIA NACIONAL, 2000‑2006
(Número de empleados)
400 000
350 000
300 000
250 000
200 000
150 000
100 000
50 000
0

2000

2001

2002
Zonas francas

2003

2004

2005

2006

Industria nacional

Fuente: Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación y Banco Central (2007).

especialmente a la provincia de Santiago, donde el desempleo está teniendo
un fuerte impacto económico y social.
Por su parte, el empleo en la industria manufacturera nacional
se incrementó en el período 2002‑2006 después de la declinación muy
pronunciada a principios de la presente década. La participación del empleo
generado en zonas francas en el empleo total de la industria manufacturera
cayó a 30,4% en 2006, después de haberse mantenido alrededor de 38% en
los primeros cuatro años del primer decenio del 2000.
Las estadísticas de empleo en zonas francas distinguen por tipo de
trabajador (obreros, técnicos y personal administrativo) y por sexo. En 2006,
la participación de los obreros en el total del empleo fue de 77,9%, 13,3% la
de los técnicos y 6,8% la del personal administrativo. Estos números reflejan
la naturaleza de las actividades de zonas francas, en las que predominan
las intensivas en mano de obra. No obstante, en lo que va del presente
siglo la proporción de técnicos ha registrado un crecimiento significativo
(representaban 10,8% en el año 2000), a raíz del surgimiento de nuevas
actividades que requieren de personal más calificado que el tradicional
sector textil, como los rubros de dispositivos médicos y servicios.

432

CEPAL

Por otra parte, si bien las mujeres tienen una mayor participación que
los hombres en el empleo total de las zonas francas (51,4% en 2006), este
procentaje se contrajo a partir del año 2000, en que alcanzaba el 55,2%. Este
hecho está relacionado con dos fenómenos principales. En primer lugar, la
entrada de nuevos sectores industriales, distintos al sector textil‑confección,
en los cuales la participación de la mujer es menor. En segundo lugar, la
extensión de las actividades de la zona franca en el sector textil‑confección
hacia un paquete completo determinó que se contrataran hombres para el
desarrollo de funciones distintas al tradicional ensamble dominado por
empleo femenino. (Padilla Pérez y otros, 2007).
2.

Comercio exterior e inversión extranjera directa

Entre 1991 y 2006, las exportaciones totales de bienes de la República
Dominicana aumentaron a una tcpa de 9,2%. Al igual que respecto de las
cifras de producción, es posible distinguir dos períodos: entre 1991 y 2000
se incrementaron a una tcpa de 14,4%, mientras que entre 2000 y 2006 la
tcpa fue de 1,9% (véase el gráfico VIII.4). Las exportaciones de zonas francas
representaron 70% de las exportaciones totales en 2006, después de haber
alcanzado una participación máxima de 84,9% en 2001. Las exportaciones de
zonas francas y de la industria manufacturera nacional siguieron tendencias
distintas, como se describe a continuación.
Gráfico VIII.4
REPÚBLICA DOMINICANA: EXPORTACIONES TOTALES DE BIENES, 1991‑2006
(Millones de dólares)
7 000
6 000
5 000
4 000
3 000
2 000
1 000
0
1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006a
Exportaciones totales

Fuente: Banco Central de la República Dominicana.
a
Cifras preliminares.

Nacionales

Zonas francas

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

433

Las exportaciones de la industria nacional avanzaron a una tcpa de
7,4% entre 1991 y 2006, y en ese período duplicaron su valor. Entre 2000 y
2006 mostraron un mayor dinamismo (tcpa de 12,3%) que en la década de
1990 (tcpa de 4,4%). El crecimiento de los primeros seis años del presente
siglo estuvo liderado por exportaciones consideradas tradicionales, como
ferroníquel, cacao y melaza.
En 2005, el 64% de las exportaciones de la industria manufacturera
nacional (incluido ferroníquel) se concentraban en cinco partidas a dos
dígitos del sistema armonizado: fundición de hierro y acero (39,9%, incluido
ferroníquel); azúcares y artículos de confitería (7,9%); frutos comestibles (7,5%);
bebidas y líquidos alcohólicos (4,6%); y materias plásticas y manufacturas de
estas materias (4,2%). En cuanto al destino de las exportaciones nacionales, en
2006 la República Dominicana tenía una estructura diversificada, sobre todo si
se compara con otros países de la subregión muy concentrados en el mercado
de Estados Unidos: el 33% se dirigía a Estados Unidos, 11,5% a la República
de Corea, 9,6% a Haití, 7,7% a Puerto Rico y el resto a una gran cantidad
de países en otros continentes. Ahora bien, respecto de las exportaciones
de zonas francas cabe subrayar que tienen una fuerte concentración
en Estados Unidos, como se analiza más adelante en el documento.
Por su parte, entre 1991 y 2006 las exportaciones de zonas francas
aumentaron a una tcpa de 10,2%.6 No obstante, la dinámica de la década
de 1990 presenta un marcado contraste con la de los seis primeros años de
la década actual: entre 1991 y 2000 se expandieron a una impresionante
tcpa de 18,27%, en cambio registraron una tcpa negativa (‑0,77%) entre
2000 y 2006. Como ya se mencionó, las principales razones que explican
esta caída son la desaceleración de la economía mundial (y en particular
la de Estados Unidos), una mayor competencia externa (sobre todo de los
países asiáticos), la apreciación del tipo de cambio real en los últimos dos
años y la mencionada finalización del Acuerdo Multifibras.
Vale la pena recordar que el intenso crecimiento observado en la década
de 1990 en las zonas francas dominicanas es una tendencia también registrada
en otros países de la subregión con actividades industriales similares, como
la industria maquiladora de exportación mexicana y las zonas francas y otros
regímenes especiales de exportación en Centroamérica. De igual forma, la
desaceleración de la economía mundial a principios del decenio del 2000 y
la creciente competencia de los países asiáticos se resintieron como un efecto
negativo en las actividades de manufacturas orientadas a la exportación
entre 2001 y 2003 en la subregión.7


6



7

El capítulo VIII del presente libro analiza la contribución de las zonas francas al sector
externo de la República Dominicana.
Para mayor información véase CEPAL (2006b).

434

CEPAL

En 2006, el 35,4% de las exportaciones de zonas francas se concentraba
en confecciones textiles, pero este sector ha perdido participación en el
total: representaba 53,6% en 2000 y 66,9% en 1991. Por el contrario, otras
actividades han cobrado mayor importancia (artículos de joyería y productos
eléctricos y electrónicos), los cuales ampliaron su participación de 7,4% a
14% y de 11,9% a 14,8%, respectivamente, entre 2000 y 2006. Cabe resaltar
que como parte del proceso de diversificación, en los últimos años se han
instalado en zonas francas actividades de servicios, destacando los centros
de llamadas (call centres).
No existen cifras disponibles del valor exportado por las zonas francas
por país de destino, pero el Consejo de Zonas Francas publica el número de
empresas clasificadas por el destino de sus exportaciones. En 2006, 68,5% de las
empresas de zonas francas enviaron sus exportaciones a Estados Unidos. Este
dato hay que tomarlo con cierta reserva, ya que no implica que cada empresa
envíe el 100% de sus exportaciones a Estados Unidos, pero sí es un indicador
de la gran importancia que tiene el mercado estadounidense para las empresas
de zonas francas en la República Dominicana. Otros mercados importantes
de destino fueron Canadá, Puerto Rico, Alemania, España y México.
Si bien las exportaciones totales mostraron un gran dinamismo en
el período 1991‑2000 y un crecimiento moderado entre 2000 y 2006, las
importaciones crecieron a una mayor tasa: la tcpa entre 1991 y 2006 fue de
10,5%, con un aumento especialmente pronunciado entre 1991 y 2000 (tcpa
de 16,3%). Las importaciones nacionales –las que no realizan las zonas francas–
avanzaron a un ritmo mayor que las importaciones totales: se acrecentaron
a una tcpa de 11,4% entre 1991 y 2006, y con un incremento superior en
el período 1991‑2000 (tcpa de 15,7%). Por su parte, las importaciones de
zonas francas registraron a una tcpa de 8,6% entre 1991 y 2006, pero con
tendencias distintas en los dos períodos analizados: una tcpa de 17,65%
entre 1991‑2000 y ‑3,7% entre 2000 y 2006 (véase el gráfico VIII.5).
Los principales productos de importación de las zonas francas en 2006
fueron textiles, metales preciosos y productos de plástico. Por su parte, las
principales importaciones de la industria local en 2005 fueron petróleo crudo
y petróleo refinado, equipo de transporte (en su mayor parte automóviles),
productos químicos, y maquinaria y aparatos eléctricos y electrónicos.
De esta manera, las importaciones de las zonas francas están integradas
principalmente por insumos y bienes intermedios para la elaboración de
bienes finales de exportación, mientras que la industria local compra en el
extranjero sobre todo bienes de capital y energéticos.
La correlación entre el valor de las importaciones y el de las
exportaciones en el período analizado es muy alto (0,96), en particular

435

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Gráfico VIII.5
REPÚBLICA DOMINICANA: IMPORTACIONES TOTALES DE BIENES, 1991‑2006
(Millones de dólares)

10 000
9 000
8 000
7 000
6 000
5 000
4 000
3 000
2 000
1 000
0

1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006
Total

Nacionales

a

Zonas francas

Fuente: Banco Central de la República Dominicana.
a Cifras preliminares.

en zonas francas (0,95); es decir, los aumentos o disminuciones de las
exportaciones de zonas francas han estado acompañados de movimientos
similares de las importaciones. Asimismo, el valor agregado local en zonas
francas (salarios, compra de insumos locales, pago de servicios, y otros)
representó 31,6% del valor de las exportaciones en 2006, lo que también es
reflejo de un régimen con una alta dependencia de componentes e insumos
intermedios importados. Con todo, se debe reconocer que en los primeros
seis años de la presente década se ha dado un cambio gradual hacia
mayor valor agregado local en zonas francas (en el año 2000 el coeficiente
era 27,3%).
El balance comercial total presentó cifras negativas para todo
el período 1991‑2006, pero hay que distinguir entre zonas francas e
industria nacional. Las zonas francas obtuvieron un balance positivo
en el período estudiado, el cual fue creciendo gradualmente, de 343,9
millones de dólares en 1991 a 2.061,5 millones de dólares en 2006. En
sentido contrario, el balance comercial nacional (exportaciones nacionales
menos importaciones nacionales) incrementó su saldo negativo,
de ‑1.070,5 millones de dólares a ‑6.811,7 millones de dólares entre
1991 y 2006.

436

CEPAL

Por último, la inversión extranjera directa (IED) en zonas francas
representó entre el 4,5% y 11,5% de la IED total recibida en la República
Dominicana entre 2000 y 2006, con excepción de 2005, cuando representó
el 17,1% debido a los abundantes flujos en zonas francas en actividades de
tabaco y dispositivos médicos. En 2006, estos dos sectores, junto con textil
y confecciones, eran los que mayor flujo de inversión acumulada habían
recibido en los primeros seis años de la década del 2000. Por su parte, la IED
en la industria nacional, la cual es reportada junto con la inversión dirigida a
actividades de comercio, representó 13,4% del total de IED en 2006, aunque
con importantes fluctuaciones entre 2000 y 2006. Por último, los principales
países de origen de la IED total en 2006 fueron Estados Unidos (56,8%),
España (15%) y Canadá (7,7%).

C.
Competitividad de la industria
manufacturera dominicana
La competitividad —comúnmente asociada con la capacidad de participar
exitosamente en mercados internacionales, la generación de valor agregado
y la creación de empleo— ha tomado un papel central en la agenda de
desarrollo, debido a estar estrechamente ligada con un crecimiento
económico sostenible.
La competitividad se concibe a distintos niveles de agregación (empresa,
industria, región o país). La competitividad de una industria, que es el objetivo
de esta sección, comúnmente se la estima mediante la rentabilidad de sus
empresas, de su capacidad de competir en los mercados internacionales,
de su capacidad de innovar productos y procesos, entre otros factores
(McFetrdige, 1995). En consecuencia, en esta sección se presentan dos conjuntos
de indicadores de la industria dominicana: dinámica y posicionamiento de
las exportaciones manufactureras, y cambio tecnológico.
1.
Competitividad internacional de las
exportaciones manufactureras
La fuente del primer conjunto de indicadores es un sistema de información
desarrollado por CEPAL: el Módulo para Analizar el Crecimiento del
Comercio Internacional (MAGIC, por sus siglas en inglés)8, que permite
analizar la competitividad de las exportaciones dominicanas en el mercado de
Estados Unidos, su principal mercado de destino. Las cifras e indicadores obtenidos
por medio de este sistema incluyen datos de zonas francas e industria nacional.
Las exportaciones totales de bienes de la República Dominicana a
Estados Unidos sumaron 4.529 millones de dólares en 2006 y representaron


8

Para mayor información, véase www.cepal.org/magic.

437

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Gráfico VIII.6
EXPORTACIONES DE LA REPÚBLICA DOMINICANA A ESTADOS UNIDOS, 1990‑2006
(Valor y participación de mercado)

Valor

2006

2004

2005

2002

2003

2000

2001

1998

1999

0

1996

Participación de mercado

0,1

1997

1 000

1994

0,2

1995

2 000

1993

0,3

1992

3 000

1990

0,4

1991

0,5

4 000

Millones de dólares

5 000

0

Participación

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Módulo para Analizar el Crecimiento del Comercio
Internacional (MAGIC).

el 70,3% de sus ventas totales a todo el mundo. Entre 1990 y 2006, dichas
exportaciones aumentaron a una tcpa de 6,1% (véase el gráfico VIII.6). A
su vez, las importaciones globales de Estados Unidos en el mismo período
se incrementaron una tcpa de 8,6%. Por ende, la participación de las
exportaciones de la República Dominicana en el mercado de compras externas
de Estados Unidos se contrajo de 0,35% en 1990 a 0,24% en 2006, a pesar de
que a fines de los años noventa había alcanzado un pico de 0,49%.
Si bien los cinco países entroamericanos, también firmantes del
DR‑CAFTA,9 entre 2003 y 2006 perdieron participación de mercado en las
importaciones de Estados Unidos (con excepción de Nicaragua), entre 1990
y 2006 esas economías ampliaron su participación de mercado (véase el
gráfico VIII.7).10 Las exportaciones de Nicaragua presentaron la mayor tasa
de crecimiento entre 1990 y 2006 (tcpa 33,3%), aunque debe recordarse que
partió de valores muy bajos (15 millones de dólares en 1990). Costa Rica, tras
un espectacular salto a fines de los años noventa vinculado con la entrada
en operaciones de Intel, sufrió un declive en el monto total de exportaciones


En julio de 2007, Costa Rica era el único país centroamericano que aún no había ratificado
el DR-CAFTA, aprobación que se verificó después de un referéndum
10
 En Costa Rica y Guatemala el cambio en participación de mercado en las importaciones
de Estados Unidos en el período 1990-2006 fue muy pequeño, pero positivo.
9

438

CEPAL

Gráfico VIII.7
CENTROAMÉRICA Y REPÚBLICA DOMINICANA: PARTICIPACIÓN
DE MERCADO DE LOS PAÍSES FIRMANTES DEL DR‑CAFTA EN LAS
IMPORTACIONES GLOBALES DE ESTADOS UNIDOS, 1990‑2006
(Porcentajes)
0,5

0,4

0,3

0,2

0,1

0
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006
Costa Rica
Honduras

El Salvador
Nicaragaua

Guatemala
República Dominicana

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Módulo para Analizar el Crecimiento del Comercio
Internacional (MAGIC).

a Estados Unidos a principios de la presente década, aun cuando sus tasas
de crecimiento han sido positivas en 2005 y 2006. El Salvador y Honduras
mostraron un sólido crecimiento en la década de 1990, y aunque en los años
recientes han perdido dinamismo relativo, el balance del período analizado
en términos de participación de mercado aún es favorable. Por último, las
exportaciones de Guatemala incrementaron su participación gradualmente
en la década de 1990, pero también padecieron una gradual pérdida de
participación en la presente década.
En el cuadro VIII.2 se muestra la evolución de la participación de
los cinco capítulos principales (en términos de valor de exportación), a dos
dígitos del sistema armonizado, exportados por la República Dominicana
a Estados Unidos. Estos cinco rubros representaron en 2006 el 63,2% de
las exportaciones totales a Estados Unidos. La República Dominicana
incrementó su participación de mercado en los rubros de prendas de vestir
(61 y 62) hasta mediados de los años noventa, y a partir de entonces empezó
a perder participación, tendencia acentuada en los primeros seis años de
esta década. En el rubro de equipo médico y fotográfico (90) también
ascendió la participación de mercado hasta mediados de los años noventa,

439

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

y luego se advierte una gradual pérdida de peso relativo. Las exportaciones
dominicanas en equipo y maquinaria electrónica (85) incrementaron poco a
poco su participación entre 1990 y 2000, la cual se mantuvo constante entre
2000 y 2006. En joyería (71), se acrecentó su participación entre 2000 y 2006,
después de una contracción entre 1995 y 2000. Los tres últimos rubros son
representativos de la diversificación de zonas francas hacia otras actividades
productivas distintas de las prendas de vestir. No obstante, el crecimiento
de nuevos sectores no ha logrado compensar la caída en participación de
los sectores tradicionales de exportación de manufacturas.
Cuadro VIII.2
PARTICIPACIÓN DE LAS EXPORTACIONES DOMINICANAS EN LAS
IMPORTACIONES GLOBALES DE ESTADOS UNIDOS, 1990‑2006
(Porcentajes)
1990
Prendas de vestir, de tejido plano (62)
Prendas de vestir, de punto (61)
Equipo y maquinaria electrónica (85)
Equipo médico y fotográfico (90)
Joyería (71)

1995

2000

2006

3,53
2,07
0,17
0,60
1,32

5,55
3,35
0,19
1,26
1,23

4,68
3,23
0,20
0,99
0,60

2,11
2,08
0,20
0,86
0,98

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Módulo para Analizar el Crecimiento del Comercio
Internacional (MAGIC).

Los tres principales productos manufacturados de exportación a Estados
Unidos de la República Dominicana, a 10 dígitos del sistema armonizado,
en 2006 fueron: equipo médico (9018908000) con 337,8 millones de dólares,
joyería de oro o platino (7113195000) con 205,3 millones de dólares y cigarros
(2402108000) con 196,2 millones de dólares.
Los principales exportadores del rubro de equipo médico (9018908000)
a Estados Unidos en 2006 fueron México, con 1.310 millones de dólares,
seguido por Costa Rica con 447,7 millones de dólares, Alemania con 402,4
millones de dólares y en cuarto lugar la República Dominicana. En los
seis primeros años de esta década, México incrementó su participación de
mercado de 25,5% a 34,6% y Costa Rica de 11,8% a 11,9%. Por el contrario,
la República Dominicana contrajo su participación de 23,3% a 8,9%.
En el rubro 7113195000 de joyería —dominado por India, China y
Tailandia— la República Dominicana ocupa el séptimo lugar, una posición
atrás de México, y amplió ligeramente su participación entre 2000 y 2006
en las importaciones de Estados Unidos, de 3,53% a 3,59%. Por otra parte,
los principales exportadores de cigarros a Estados Unidos en 2006 fueron
la República Dominicana, Honduras y Nicaragua, en ese orden. Entre 2000
y 2006, la República Dominicana disminuyó su participación de 68,8%

440

CEPAL

a 64,5%, mientras que Honduras la elevó de 19% a 23,8% y Nicaragua
de 3,6% a 10,4%.
La República Dominicana retrocedió su participación de mercado en
cuatro de los siete productos manufacturados de exportación más importantes
que envía a Estados Unidos. Estos rubros corresponden a distintos tipos
de prendas de vestir (pantalones de hombre, sostenes y ropa interior de
hombre), además de que perdió participación ante países asiáticos como
China, India e Indonesia, y en algunos rubros también ante Honduras y
Nicaragua. En los rubros de interruptores automáticos, perteneciente a la
industria electrónica, y en dos rubros de prendas de vestir (calcetines de
algodón y sostenes),el país caribeño mostró una competitividad positiva.
Otro indicador de la competitividad de las exportaciones es la orientación
hacia mercados dinámicos o estancados, es decir, hacia mercados que crecen
más o menos que el promedio. Mediante la combinación de este indicador
con el analizado en los párrafos anteriores (participación de mercado), se
construye una matriz de competitividad. En el eje horizontal se distinguen
los productos dinámicos de los estancados, o sea, aquellos con un crecimiento
promedio mayor de aquellos con un crecimiento debajo de la media en
términos de valor importado. En el eje vertical se distinguen los productos
en los que el país pierde o gana participación de mercado en el período
analizado.11 En el gráfico VIII.8 se expone la matriz de competitividad para las
exportaciones de la República Dominicana a Estados Unidos, distinguiendo
entre dos períodos: 1990‑2000 y 2000‑2006.
Gráfico VIII.8
MATRIZ DE COMPETITIVIDAD: EXPORTACIONES DE LA REPÚBLICA
DOMINICANA A ESTADOS UNIDOS, 1990‑2000 vs. 2000‑2006

Participación de mercado

(+)

90-00

00-06

90-00

00-06

42,4%

19,8%

39,5%

12,8%

90-00

00-06

90-00

00-06

10,7%

60,4%

7,5%

7,0%

(-)
Participación producto

(+)

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Módulo para Analizar el Crecimiento del Comercio
Internacional (MAGIC).

 Véase CEPAL (2004) para mayor información sobre la matriz de competitividad.

11

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

441

En el período 1990‑2000, el 81,9% de las exportaciones de la República
Dominicana a Estados Unidos pertenecía a rubros que ganaron participación
de mercado, y en los que el país desplazó a otros rivales. Por otra parte, el
47% de las exportaciones correspondía a rubros dinámicos, que crecieron
más que el promedio.
En contraste, en el período 2000‑2006 sólo el 32,6% de las exportaciones
correspondía a rubros que ganaron participación de mercado y sólo el
19,9% a rubros dinámicos. La matriz resume con precisión el cambio de
la competitividad exportadora de la República Dominicana entre los dos
períodos analizados: importante pérdida de mercado y fuerte orientación
hacia rubros de bajo crecimiento relativo en el mercado de importaciones
de Estados Unidos. En efecto, los cinco principales rubros, a dos dígitos,
que se muestran en el cuadro VIII.2 corresponden a sectores estancados
(con un crecimiento debajo de la media).
2.

Cambio tecnológico

En esta sección se analiza un segundo conjunto de indicadores de
competitividad: los relacionados con cambio tecnológico. Los datos aquí
presentados distinguen indicadores de esfuerzo tecnológico de indicadores
de resultados. Los primeros corresponden a la inversión necesaria para
generar cambio tecnológico; por ejemplo, el gasto en investigación y
desarrollo (I+D) como porcentaje del PIB, personas dedicadas a I+D y diversos
indicadores de formación de capital humano. Los segundos corresponden
al desempeño innovador de una empresa, industria o país; por ejemplo,
crecimiento en la productividad total de factores (PTF), número de patentes
solicitadas y obtenidas, y tasa de innovación de productos y procesos,
entre otros. No todos están disponibles para la República Dominicana, en
especial los de dinámica innovadora, ya que no se ha llevado a cabo una
encuesta de innovación en el país y la información sobre actividades de
ciencia y tecnología es reducida. También es importante señalar que los
indicadores que a continuación se presentan corresponden, por razones de
disponibilidad de información, a la economía dominicana en su conjunto y
no exclusivamente a la industria manufacturera.
La inversión en formación de capital humano es central para el cambio
tecnológico. La educación formal y la capacitación en el trabajo incrementan
la productividad, y facilitan tanto el desarrollo como la absorción de
nuevas tecnologías. En 2005 la inversión en educación como porcentaje
del PIB en la República Dominicana era baja (1,83%) en comparación
con países del Istmo Centroamericano como Costa Rica (4,04%), Panamá
(4,42%) y Honduras (3,55%) y con otros países latinoamericanos (véase el
cuadro VIII.3)

442

CEPAL

La tasa de enrolamiento en educación secundaria en 2005 fue
de 71%, sólo inferior a la de Costa Rica (79%) -entre los países del Istmo
Centroamericano-, pero menor a la de Brasil (106%), Chile (91%)y México
(80%) (véase el cuadro VIII.3).
Cuadro VIII.3
PAÍSES SELECCIONADOS: INVERSIÓN EN FORMACIÓN DE CAPITAL HUMANO, 2005
Gasto en educación
como porcentaje del PIB

Tasa de enrolamiento
en educación
secundaria (bruta)

República Dominicana
Costa Rica
El Salvador
Guatemala
Honduras
Nicaragua
Panamá
Brasila
Chile
México

1,83
4,04
2,78
1,57
3,55
2,91
4,42
4,40
3,48
5,25

71
79
63
51
65
66
70
106
91
80

Fuente: Banco Mundial (2007).

a

Las cifras de Brasil corresponden a 2004.

Por otra parte, cerca del 50% de los recursos presupuestarios son
dedicados a educación primaria, entre 6% y 7% a educación secundaria y
entre 12% y 14% a educación universitaria (Banco Mundial, 2004). Si bien
es positiva la alta atención a la educación básica, los rezagos presentes en el
nivel de la secundaria y en la educación superior revisten son cruciales para
el desarrollo tecnológico. La educación universitaria es una condición sine
qua non y un basamento indispensable para crear capacidades nacionales
de innovación, adaptar la tecnología a las necesidades del país y hacer
frente a los retos del cambio tecnológico.
A la insuficiencia relativa en la magnitud del gasto se agrega la
ineficiencia en su uso. El sector educación en la República Dominicana padece
ineficiencias sistémicas, y ello significa que mayores gastos no conducen
necesariamente a mejores resultados. El Banco Mundial (2004) estima que
solamente 50% de los que ingresan al primer grado alcanzan a completar
cuatro años de estudios, 22% completa el ciclo de ocho años y sólo el 10%
termina la secundaria. Como resultado de este mal desempeño se requiere
de una cantidad excesiva de recursos públicos para producir un ciudadano
educado o un trabajador calificado en la República Dominicana. Según
determinó el Banco Mundial, para completar los ocho años de primaria se
necesitan en promedio casi 14 años de gastos por estudiante. El costo para
producir un egresado de educación secundaria es aun más alto: se requieren
28 años de gastos para producir un egresado que haya completado los 12

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

443

años de estudios preuniversitarios. En estas condiciones de ineficiencia es
muy difícil lograr resultados positivos aumentando el gasto.
En cuanto a los indicadores de esfuerzos en materia de I+D, la República
Dominicana no tiene datos disponibles sobre gasto en este rubro ni de
personas dedicadas a actividades de este tipo. Una tarea pendiente es el
fortalecimiento de indicadores que permitan un mejor diseño y evaluación
de políticas de ciencia, tecnología e innovación.
En cuanto a los indicadores de resultados, el último dato disponible
de solicitud de patentes de residentes en la República Dominicana es de
2000 (sólo ocho casos), lo que ubica a este país por debajo de Guatemala
(54 solicitudes), El Salvador (28 solicitudes) y Panamá (25 solicitudes). Se
observa una situación similar con la solicitud de patentes por no residentes:
la República Dominicana 159, Guatemala 250, El Salvador 217 y Panamá
189 (Lugones, 2006).12
La PTF en la República Dominicana aumentó a una tcpa de 0,78%
entre 1991 y 2003, variación superior a la observada en otros países de la
región como El Salvador, Guatemala y Honduras, que de hecho presentaron
decrementos en el período; pero inferior a la de Costa Rica (1,41%) y Panamá
(0,99%) (Lugones, 2006). La tasa de crecimiento de la PTF de la República
Dominicana entre 1990 y 2003 también fue inferior a la de Estados Unidos
(1,25%), por lo que la brecha de productividad entre estos dos países se
ensanchó en el período analizado.
La innovación y la adaptación de tecnologías se llevan a cabo
mediante la interacción de distintos agentes (empresas, institutos
públicos de investigación y tecnología, e instituciones educativas y
financieras), nacionales y extranjeros, proceso que exige un elevado grado
de coordinación entre ellos. El Reporte de la competitividad mundial de
2006 destaca dos áreas de acción que presentan potenciales márgenes de
progreso importantes en el mediano plazo para la República Dominicana.
Por una parte, el gasto del sector privado en I+D es comparativamente bajo
y, por otra, el nivel de colaboración entre industrias y universidades en I+D
es muy deficiente (World Economic Forum, 2006).
Un tema adicional de la competitividad de la industria manufacturera
dominicana es el alto costo y la dificultad de acceso a fuentes de energía.
El acceso confiable y de bajo costo es central para industrias intensivas en


12

Se reconoce que los indicadores aquí utilizados no son los óptimos y presentan debilidades
para analizar esfuerzos y resultados de innovación tecnológica en países como la República
Dominicana, pero son los indicadores disponibles. Para una discusión a detalle sobre estos
indicadores y su pertinencia para América Latina, véase Lugones (2006).

444

CEPAL

energía, como las de alta tecnología. En el recuadro VIII.3 se describe con
mayor detalle la situación energética del país.
Cuadro VIII.4
PAÍSES SELECCIONADOS: INDICADORES DE
RESULTADOS DE CAMBIO TECNOLÓGICO
Crecimiento de la
PTF (1991‑2003)
República Dominicana
Costa Rica
El Salvador
Guatemala
Honduras
Nicaragua
Panamá
Brasil
Chile
México

Solicitud de patentes
de residentes, 2000
(número de patentes)

0,78
1,41
‑0,35
‑0,22
‑1,24
‑1,04
0,99
0,32
1,41
‑0,55

8
n.d.
28
54
7
11
25
8 878
407
455

Fuente: Lugones (2006).

Recuadro VIII.3
REPÚBLICA DOMINICANA: CONDICIONES DEL SECTOR ENERGÉTICO
Y SU IMPACTO EN LA INDUSTRIA MANUFACTURERA
La República Dominicana produce muy poca energía con respecto a la que
necesita, por lo que importa grandes cantidades de energía primaria y secundaria:
sólo el 19% de la energía disponible en el país tiene origen nacional. Esta
carencia deriva en una importante vulnerabilidad frente a acontecimientos del
mercado mundial y de la geopolítica.
La industria dominicana es intensiva en electricidad y participa con
poco más del 40% del consumo total de energía del país. Las principales
fuentes de energía de la industria son: energía eléctrica (41%), bagazo de
caña (22%), petróleo (15%) y gas (11%). A raíz de la baja calidad del suministro
de energía ofrecido por el servicio público, los establecimientos industriales
se han dotado de medios de autoproducción. Las zonas francas son las que
poseen la mayor capacidad de autoproducción.
El país dispone de recursos naturales susceptibles de aprovecharse
con fines energéticos. Además de ofrecer fuentes alternativas de generación
para la industria manufacturera, también se presenta como un área potencial
hacia donde ésta puede dirigirse. El primero es el uso de etanol, proveniente
del jugo de la caña, para usarse como sustituto de la gasolina. El segundo es el
uso de desechos agropecuarios para la generación de biogás. El capítulo IX de
este documento está abocado al análisis de la situación actual y perspectivas
del sector energético en la República Dominicana.
Fuente: Rodríguez Padilla (2006).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

445

D.
Retos ante la apertura comercial y de la dualidad
entre industra nacional y zonas francas
Las zonas francas han sido y son un componente central de la industria
manufacturera dominicana. De particular importancia para la economía es
la generación de divisas y la creación de empleos. Sin embargo, los retos que
enfrentan las zonas francas identificados por CEPAL (2000) y otros autores
en la década de 1990 y en los últimos años no han sido resueltos (Kaplinsky,
1993; Schrank, 2003; Sánchez-Ancochea, 2006).
En primer lugar, las zonas francas tienen una alta dependencia de
insumos importados, sobre todo en los sectores no textiles, como el electrónico
y equipo médico. Como se describió en la tercera sección de este capítulo,
la contribución de las zonas francas a la generación de valor de producción
es relativamente reducida si se compara con su peso en las exportaciones.
Estrechamente ligado se encuentra la falta de encadenamientos productivos
entre las zonas francas y la industria nacional, elemento central de la dualidad
entre estas dos industrias, tema que se desarrolla en los siguientes párrafos.
En segundo lugar, en general las empresas de las zonas francas
dominicanas continúan concentradas en actividades de bajo valor agregado
y bajo contenido tecnológico. Ante la pérdida de competitividad de la
confección de prendas de vestir, la diversificación hacia otros sectores
ha resultado provechosa en términos de empleo y divisas. Sin embargo,
incluso la diversificación hacia industrias consideradas de alta tecnología,
como la electrónica, no ha conducido a que en la República Dominicana
se realicen procesos intensivos en tecnología y menos aun procesos de
aprendizaje tecnológico en los eslabones de la cadena de valor más intensivos
en conocimiento. En el caso particular de la industria electrónica, como lo
muestra la experiencia de México y Costa Rica, un país puede exportar
grandes cantidades de bienes finales y aun así participar sólo en los eslabones
de la cadena de valor intensivos en mano de obra y en escala de producción,
como es el ensamble y la manufactura de altos volúmenes.13
En el mismo sentido, la diversificación de las zonas francas hacia
actividades de servicios -como centros de llamadas- tampoco garantiza el
tránsito hacia actividades de mayor valor agregado o contenido tecnológico,
además de que no ofrece la posibilidad de crear tantos puestos de trabajo
como alguna vez lo hizo la confección de prendas de vestir. Si bien los salarios
en este tipo de empresas son mayores que en las actividades tradicionales
de zonas francas, no involucran procesos de aprendizaje en tareas intensivas
en conocimiento. Los requisitos para trabajar en centros de llamadas son


13

Véase Padilla Pérez (2006).

446

CEPAL

conocimiento del idioma inglés y manejo básico de computadoras, y la
capacitación que recibe el personal se concentra en servicio al cliente.
Al respecto cabe apuntar que la notable expansión internacional de la
industria de servicios de países asiáticos, como India, se ha fundamentado
en servicios de mayor valor agregado, como centros de diseño y de
soporte administrativo.
En tercer lugar, la IED en zonas francas no ha sido explotada como
una fuente de conocimientos tecnológicos para la industria nacional. La
experiencia de Irlanda o Singapur evidencia los enormes beneficios que se
pueden generar de la presencia de empresas multinacionales que operan
con tecnología de punta. En el caso dominicana, autores como Kaplinsky
(1993) y Buitelaar, Padilla y Urrutia (1999) argumentan que la mayor parte
de la tecnología transferida en zonas francas es en el área de tecnologías
de organización de la producción. No obstante, a causa de la falta de
vinculación entre zonas francas y la industria nacional, estos conocimientos
no son diseminados fácilmente al resto de la economía nacional.
Por otra parte, las exportaciones de la República Dominicana
enfrentan una creciente competencia tanto de países asiáticos, como de
la subregión. El análisis del desempeño exportador constata que el país
compite con economías asiáticas en el mercado de Estados Unidos, su
principal mercado, a las que se suman México y Centroamérica. Seis de los
10 principales productos a 10 dígitos del sistema armonizado exportados a
Estados Unidos fueron desplazados entre 2000 y 2006 por exportaciones de
China, India, México, Honduras y/o Nicaragua (dependiendo el producto),
como se analizó en la sección anterior.
El sector exportador dominicano se encuentra en una encrucijada, ya que
sus mayores salarios relativos y un tipo de cambio sobrevaluado le dificultan
competir con países con menores salarios en la subregión, como Honduras
y Nicaragua, y con países asiáticos que también presentan menores costos.
Por otra parte, en industrias como la electrónica y equipo médico enfrenta la
competencia de México, país con una mayor base industrial, mayor capital
humano y aprendizaje acumulado en dichas industrias. El gran reto es
fortalecer la competitividad por conducto del cambio tecnológico (innovación
de producto y proceso) que permita incrementar la eficiencia productiva y la
calidad, y ofrecer productos con mayor valor agregado nacional. Las acciones
necesarias para lograrlo se discuten en la última sección de este capítulo.
Un último tema relacionado con las zonas francas es su escaso
aporte a los ingresos fiscales, debido a su propia naturaleza. Las empresas
establecidas bajo este régimen fiscal están exentas del pago de aranceles
por la importación de materias primas, empaque, envases, maquinaria y

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

447

equipo. Asimismo, están exentas del pago del impuesto sobre la renta y el
capital. Los beneficios de las zonas francas se han dado principalmente en
términos de generación de empleo y divisas, y de atracción de IED, mientras
que han arrojado costos fiscales significativos en términos de inversión
en infraestructura, gastos por administración del esquema y los ingresos
impositivos que se han dejado de percibir.14 Es de suma importancia enfrentar
los retos mencionados, de manera que los costos fiscales sean compensados
por medio de mayores encadenamientos productivos, mayor valor agregado
y transferencia de tecnología.
La industria nacional, por su parte, afronta el imperativo de
modernizarse e incrementar su eficiencia. La dualidad entre zonas francas
y la industria nacional no sólo radica en la marcada orientación exportadora
y limitada integración entre estas industrias. La dualidad también se refleja
en la calidad y la eficiencia productiva de las zonas francas, producto de
su inmersión en la competencia de los mercados internacionales, fente a
un gran número de empresas de la industria nacional que carecen de esas
virtudes. La apertura comercial, la cual se profundiza mucho más con la
firma del DR‑CAFTA, presenta enormes retos para la industria nacional.
Por una parte, la exportación directa o indirecta (por medio de la venta
de bienes intermedios a empresas en zonas francas de exportación) exige
altos estándares de calidad, capacidad de abastecer grandes volúmenes
y cumplir puntualmente con cortos tiempos de entrega. Por otra parte, la
mayor apertura intensificará la competencia en el mercado interno, sobre
todo en bienes estandarizados y con bajo valor agregado.
Por último, el examen de los indicadores de cambio tecnológico
presentados en la sección anterior revela que es necesario incrementar
esfuerzos en la formación de capital humano. No es posible transitar hacia
actividades o procesos de mayor contenido tecnológico sin recursos humanos
altamente capacitados y especializados. Asimismo, de los indicadores se
deduce que los recursos invertidos en actividades de I+D son bajos. Los
resultados han sido un modesto incremento en la productividad (y se
acentuó la brecha con el principal socio comercial, Estados Unidos) y una
baja tasa de innovación.

E.

Análisis de la política industrial
y sus principales componentes

En la misma línea de las políticas iniciadas en la segunda mitad de la década
de 1990, con el nuevo siglo se han puesto en marcha, o se les ha dado


14

Un análisis costo-beneficio detallado de las zonas francas en la República Dominicana sería
una herramienta útil para la evaluación social de éstas como un instrumento de desarrollo
económico y social.

448

CEPAL

continuidad, a iniciativas encaminadas a fortalecer la competitividad de la
industria manufacturera dominicana. Estas iniciativas pueden agruparse
en las siguientes áreas: apoyo a la innovación; fomento a la competitividad;
fomento de las exportaciones; atracción de IED; promoción de la calidad;
y apoyo a pequeñas y medianas empresas(PYME). En este acápite no se
presentará un recuento exhaustivo de todas las iniciativas, sino sólo de algunas
que ejemplifican el tipo de acciones que el gobierno ha instrumentado.
El Parque Cibernético de Santo Domingo (PCSD), también conocido
como zona franca de alta tecnología, fue creado en el año 2000 como la
punta de lanza para que la industria dominicana entrara a sectores de alta
tecnología. El parque busca incrementar las exportaciones de productos
de alta tecnología, generar empleos de alto valor agregado, y permitir que
en el país se diseñen productos innovadores y de alta calidad. Basados en
el modelo de parques tecnológicos instalados en Asia, el PCSD junta en
un espacio geográfico empresas de alta tecnología, una universidad y una
incubadora de negocios. El gobierno dominicano ha colaborado para el
desarrollo de infraestructura y programas de apoyo empresarial. Además,
el parque cuenta con fondos de capital semilla del gobierno dominicano
(2,5 millones de dólares) y del gobierno de la provincia china de Taiwán
(20 millones de dólares), y se está buscando el soporte del Banco Mundial
para promover las iniciativas tecnológicas empresariales.
El Consejo Nacional de Competitividad (CNC) se fundó en 2001
con el objetivo de formular, implementar y desarrollar las estrategias
competitivas de los sectores productivos vitales de la economía del país. En
2003 se gestionó un préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID) para fortalecer sus actividades. El CNC surge a partir de las iniciativas
y trabajos realizados en el marco del Plan Nacional de Competitividad,
que data de 1998. Entre sus principales actividades se cuentan: realizar
estudios de sectores estratégicos en la República Dominicana e identificar
oportunidades de inversión; ofrecer asistencia técnica a aglomeraciones
industriales para fomentar la asociatividad; y financiar la implantación
de las actividades identificadas en los estudios, por conducto del Fondo
Nacional de Competitividad (FONDEC).
La Corporación de Fomento Industrial (CFI) se instaló en la década
de 1960 con el objetivo de fomentar el desarrollo industrial del país,
con especial atención a las PYME. Entre sus principales iniciativas se
hallan: incubación de empresas, capacitación e información de mercado
y parques industriales. A fin de apoyar a las PYME dominicanas para
enfrentar los retos que plantea la entrada en vigor del DR‑CAFTA, la CFI
ha puesto en marcha un programa de consultorías en temas de sistemas

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

449

de calidad y certificación, identificación de oportunidades de negocios y
capacitación empresarial.
El Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana
(CEI‑RD) promueve las exportaciones y la inversión extranjera en el sector
no tradicional. El Centro surge en 2003 de la fusión del Centro Dominicano
de Promoción de Exportaciones (CEDOPEX) y la Oficina para la Promoción
de Inversiones de la República Dominicana (OPI‑RD). Además de ofrecer
servicios a empresas exportadoras y a inversionistas extranjeros (como la
ventanilla única de exportación y una red de representantes en el exterior),
el CEI‑RD impulsa la oferta exportable del país; desarrolla programas de
apoyo y capacitación a potenciales exportadoras; atrae IED por medio de
la promoción de las ventajas comparativas del país y la asistencia directa a
potenciales inversionistas, entre otras acciones.
Las iniciativas de fomento industrial implementadas en la década de
1990 no tuvieron todos los efectos deseados. El objetivo de esta sección no
es evaluar el impacto concreto de iniciativas como “Dominicana Innova”
o “Manufactura 2005”,15 pero el análisis presentado en las secciones 3 y 4
de este capítulo ilustra que aún restan esfuerzos importantes por hacer: en
los primeros años de la presente década la industria manufacturera obtuvo
una tcpa baja (2,6%); los indicadores de cambio tecnológico no exhiben
avances significativos; la competitividad de las exportaciones dominicanas
se erosionó, y no se han registrado cambios estructurales importantes hacia
actividades de mayor valor agregado.
Al igual que las políticas puestas en práctica en la segunda parte
de la década de 1990, las políticas actuales presentan debilidades que
reducen su impacto esperado. Este estudio permitió identificar las siguientes
tres áreas:
1)Las políticas de fomento industrial y a la innovación están
dispersas y no existe una estrecha coordinación entre ellas. Se
da el caso de iniciativas implantadas por más de una oficina
pública que persiguen fines similares, como el fortalecimiento de
la capacidad exportadora de las PYME y la incubación de empresas
en sectores de alta tecnología, cada una con fondos y estructura
gubernamental propia.
2) Como se describió, el gobierno dominicano ha puesto en marcha
varias iniciativas de fomento industrial y a la innovación. Aun
así, en muchas ocasiones los fondos comprometidos por el


15

Véase CEPAL (2000) para mayor información sobre estas iniciativas.

450

CEPAL

gobierno central no han sido suficientes para que las iniciativas
tengan el impacto esperado y se les pueda dar continuidad. Se
tiene cierta dependencia de la ayuda y préstamos de organismos
internacionales y gobiernos de otros países para la continuidad de
dichas iniciativas.
3) Las zonas francas, desde su concepción, han sido entendidas como
sustitutos y no complementos de la industria local. Al igual que
en otros países de América Latina, el régimen de zonas francas
en la República Dominicana surgió en la época de sustitución de
importaciones como una excepción al modelo económico. Desde
sus inicios, las zonas francas dominicanas operaron como enclaves
productivos con escasa interacción con la industria nacional. Con
las políticas de apertura comercial, la inversión en zonas francas
también ha sido considerada un sustituto de la inversión local, en el
sentido de que su atracción se concibió como suficiente para que se
generarantodoslosbeneficiosesperados(transferenciadetecnología,
encadenamientos productivos, transición hacia actividades de
mayor contenido tecnológico, y otras). Es decir, además de crear
las condiciones para la llegada de IED y facilitar su instalación, no
se han hecho grandes esfuerzos adicionales para vincularla con
el resto de la industria nacional y promover el fortalecimiento de
las capacidades nacionales (capital humano, inversión en ciencia
y tecnología, empresas locales más competitivas, entre otras) que
haga más atractivo para las empresas extranjeras el integrarse con
la economía local en actividades de alto valor agregado.
En consecuencia, incluso las iniciativas más recientes distinguen su
orientación entre zonas francas o industria nacional, contribuyendo a la
dualidad de estos sectores de la industria manufacturera dominicana. Como
se discute a continuación, es necesario diseñar políticas que fomenten la
complementariedad e integración entre ambos sectores.

F. industria manufacturera dominicana
La
en 2030: escenarios posibles de evolución
En esta sección se presentan tres escenarios distintos de evolución de la
industria manufacturera dominicana hacia el 2030: pesimista, tendencial y
optimista. Cada escenario ofrece una perspectiva diferente de la industria,
pero sin que se pretenda pronosticar lo que va a ocurrir en el futuro de la
industria; más bien se trata de ilustrar lo que pasaría si se cumplieran o
no ciertas condiciones. El ejercicio permite reflexionar con respecto a las
decisiones que deben tomarse a fin de hacer más probable uno u otro de
los escenarios aquí perfilados.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

451

El escenario pesimista toma en cuenta eventos nacionales
e internacionales, así como el desempeño de variables que incidirían
negativamente en la industria manufacturera dominicana, haciendo retroceder
los logros alcanzados, postergando el desarrollo tecnológico y erosionando
la competitividad. El escenario tendencial se caracteriza por un desempeño
similar al observado en años recientes, sin la presencia de factores que
influyeran significativamente sobre el desempeño de la industria. El escenario
optimista se define por un comportamiento favorable de los distintos aspectos
internos y externos que repercuten en la industria manufacturera.
El primer paso para construir los escenarios es identificar los principales
factores nacionales e internacionales que influyen el desempeño de la industria
en el largo plazo. Del análisis presentado a lo largo de este capítulo se identifican
los siguientes factores: recursos humanos, capacidades tecnológicas, sistemas
de innovación, políticas del gobierno, financiamiento para el desarrollo
productivo, infraestructura, condiciones macroeconómicas y competencia
de otros países. Con la combinación de estos factores se construyen los tres
escenarios ya mencionados:
1. 

Escenario pesimista


Este escenario se caracteriza por una reducción en los esfuerzos de
formación de capital humano y de fortalecimiento de capacidades tecnológicas
del país. Se deteriora la relación entre los distintos componentes del sistema
de innovación, al tiempo que se reduce la interacción entre empresas,
universidades, centros de investigación, asociaciones empresariales y
gobierno. El gobierno recorta los programas enfocados al fomento industrial
y de la innovación, y se restringe aun más el acceso a financiamiento para
actividades productivas. Asimismo, se deteriora la infraestructura existente
por falta de inversión, continúa la apreciación del tipo de cambio real, se
incrementa la volatilidad macroeconómica, y se intensifica fuertemente la
competencia de otros países (de la subregión y de Asia) en los mercados en
los que la República Dominicana compite.
En caso de cumplirse estas condiciones, la industria manufacturera que
se vislumbra estaría determinada por la concentración en actividades de bajo
valor agregado, en industrias de baja intensidad tecnológica y en eslabones
de la cadena de valor poco intensivos en conocimientos. El deterioro de los
recursos humanos y las capacidades tecnológicas, así como la debilidad del
sistema de innovación, limitaría la incursión en industrias y actividades
de mayor complejidad tecnológica. La falta de apoyo gubernamental, el
deterioro de las condiciones macroeconómicas y de acceso al financiamiento
también actuarían en el mismo sentido. De igual manera, la dura competencia
internacional, aunada a las débiles capacidades tecnológicas, obligaría a la

452

CEPAL

República Dominicana a competir en los mercados internacionales con base
en bajos costos de factores. La entrada en vigor en 2015 de los compromisos
adquiridos en la OMC terminaría con el trato diferenciado a las zonas francas;
ante el poco desarrollo de ventajas comparativas dinámicas se observaría el
cierre de empresas que buscaban principalmente los incentivos fiscales.
2. 

Escenario tendencial

Los principales rasgos del escenario tendencial son los esfuerzos en la
formación de recursos humanos y de capacidades tecnológicas similares
a los observados en años recientes, que si bien se han traducido en un
desarrollo gradual, han sido insuficientes. Se observa interacción entre los
componentes del sistema de innovación, pero ésta se concentra en ciertas
aglomeraciones geográficas. Algunos componentes del sistema, como el
de investigación y desarrollo y financiamiento a la innovación, muestran
debilidades importantes. El gobierno diseña e implementa políticas de
fomento industrial y a la innovación, pero no están sólidamente articuladas
y no cuentan con los recursos financieros necesarios para su continuidad
en el mediano y largo plazo. Se mejora gradualmente la infraestructura en
servicio de la industria manufacturera. Existe estabilidad macroeconómica,
pero el tipo de cambio continúa apreciándose, y se observa una intensa
competencia de otros países de la subregión y de Asia.
Estas condiciones derivarían en una industria manufacturera
diversificada en industrias de alta y baja tecnología, en donde predominaría
la participación en los eslabones de la cadena de valor poco intensivos en
conocimiento. Persistiría la dualidad entre las zonas francas, claramente
orientadas a la exportación, y la industria nacional. Esta última se vería
crecientemente amenazada por la competencia exterior y pasaría por
un proceso de concentración en el cual sólo las empresas con mayores
capacidades serían capaces de competir, incluso en el mercado local. El
apoyo gubernamental sería central para el fortalecimiento de las empresas
de la industria nacional capaces de competir ante las condiciones de apertura
comercial. La fuerte competencia internacional obligaría a especializarse en
nichos o segmentos de la industria menos competidos y en donde la industria
dominicana tuviera ventajas comparativas como resultado de la disponibilidad
de recursos, la posición geográfica o los conocimientos adquiridos por
medio de la experiencia en la producción. La entrada en vigor en 2015 de
los compromisos adquiridos en la OMC tendría un efecto menor, debido
a que se han desarrollado ventajas comparativas que tornan atractiva a la
República Dominicana por otros factores, además de los incentivos fiscales.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

3. 

453

Escenario optimista

El escenario optimista se define por mayores y sostenidos esfuerzos en
la formación de recursos humanos y de capacidades tecnológicas, y el
fortalecimiento de los componentes del sistema nacional de innovación, así
como la interacción entre dichos componentes. El gobierno asume un papel
central en estas acciones, mediante políticas activas y recursos considerables
para las iniciativas. Se mejora considerablemente a infraestructura de
transporte y telecomunicaciones, fortaleciendo las ventajas comparativas
del país. La estabilidad macroeconómica va acompañada de un tipo de
cambio real más competitivo. A pesar de la férrea competencia de Asia
y otros países de la subregión, la República Dominicana se orienta a
sectores o nichos de mayor valor agregado, para los cuales ha desarrollado
ventajas comparativas.
Como resultado, la industria manufacturera dominicana en 2030
habría transitado hacia actividades de mayor valor agregado y contenido
tecnológico, en industrias tradicionales y en nuevas industrias. La dualidad
entre empresas de zonas francas e industria nacional tendería a desaparecer
gracias a la mayor integración entre ambos sectores y al mayor desarrollo
de capacidades exportadoras de la segunda. La industria nacional, a raíz de
la apertura, pasaría por un proceso de concentración, donde las empresas
sobrevivientes serían altamente competitivas en el mercado interno y en el
exterior. Esta mayor integración de las zonas francas y la industria nacional,
y la participación en actividades que generan mayor valor agregado, son un
elemento central para que la economía en su conjunto alcance altas tasas de
crecimiento. La IED sería un complemento para el desarrollo de la industria
local por conducto de encadenamientos y transferencia de tecnología. La
entrada en vigor en 2015 de los compromisos adquiridos en la OMC no
ejerecería un impacto negativo a causa de que la IED busca las ventajas
comparativas dinámicas que ha desarrollado el país.

G.
Hacia una agenda nacional para el cambio
productivo, la innovación y el fortalecimiento de
la competitividad de la industria manufacturera
En esta sección se discuten las líneas centrales de una agenda nacional para
el cambio productivo, la innovación y el fortalecimiento de la competitividad
de la industria manufacturera, enfatizando el papel de la política industrial y
la de ciencia, tecnología e innovación. Estas líneas dan la pauta del esfuerzo
que es necesario realizar para transitar hacia el escenario optimista descrito.
El eje central de la agenda nacional debe ser incrementar el valor agregado
de los productos manufacturados, tanto por la industria nacional como
por las zonas francas. El aumento del valor agregado y su apropiación va

454

CEPAL

asociado a la elevación del valor de producción, mayores salarios y mayor
competitividad de los productos en el mercado internacional. Existen diversos
caminos para acrecentar el valor agregado: transitar hacia actividades
dentro la cadena de valor con mayor contenido tecnológico; transformar los
productos primarios en bienes de alta calidad y diferenciados; desarrollar
elementos de diferenciación (por ejemplo, marca‑país); mayor integración
de la cadena de valor, entre otros.
El reto principal de la industria nacional es transformar los productos
primarios o manufacturados que actualmente elabora en productos que incluyan
un mayor valor agregado. En los productos manufacturados tradicionales, como
el ron y el tabaco, se afronta el reto de desarrollar una marca‑país, asociada a
características locales únicas, que permitan cobrar un mayor precio y adquirir
un mejor posicionamiento en los mercados internacionales. También existe un
gran potencial para incrementar la oferta exportadora de productos étnicos
y nostálgicos,16 explotando su demanda en el mercado de Estados Unidos
como resultado de la migración dominicana a ese país. Por otra parte, existe
el reto de una mayor integración con las zonas francas de exportación por
medio de la provisión de bienes y servicios. En esa dirección, se requiere
fortalecer la capacidad de las empresas locales para que puedan cumplir con
las altas exigencias en los insumos y/o servicios que necesitan las empresas
de zonas francas insertas en la dinámica de la competencia internacional.
Para las zonas francas, el reto principal no radica en la diversificación
hacia nuevos sectores, dado que por sí misma esa transformación no
garantiza que se transite hacia actividades de mayor valor agregado. El
establecimiento de empresas de componentes electrónicos, médico o joyería,
no es una condición suficiente para que se lleven a cabo procesos intensivos
en tecnología. Incluso la diversificación hacia actividades de servicios,
como los centros de contacto y de llamadas, pueden involucrar actividades
que demanden personal con bajas calificaciones y traducirse en limitadas
derramas tecnológicas a la economía local.
El verdadero reto de las zonas francas es moverse hacia los eslabones
de la cadena de valor que exigen mayores conocimientos tecnológicos y
especialización. A título ilustrativo, en los sectores de productos médicos
o de electrónica esto implica transitar de las actividades intensivas en
mano de obra, como el ensamble y las pruebas, a las actividades de diseño
e investigación y desarrollo. Por otra parte, a pesar de que el sector de
confección de prendas de vestir atraviesa una importante crisis, aún puede
aportar una contribución importante si se transforma hacia una mayor
integración vertical de la cadena de valor.


16

Para un análisis de las oportunidades que ofrecen los productos étnicos y de nostalgia,
véase Cruz, López Cerdán y Schatan (2004).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

455

El aumento del valor agregado en las zonas francas y la industria
nacional es un elemento central para alcanzar altas tasas de crecimiento
en la economía en su conjunto. Asimismo, un mayor valor agregado, junto
con una mayor oferta de capital humano especializado, llevará también a
mejorar la calidad del empleo en la industria manufacturera.
El tránsito hacia actividades de mayor valor agregado requiere un
esfuerzo conjunto del sector privado, academia y gobierno. A continuación
se discuten las acciones que se consideran más importantes.
La acción más determinante es el fortalecimiento de la formación de
capital humano. Los rezagos en este rubro identificados precedentemente
limitan la capacidad del país para aprovechar los beneficios potenciales de
su inserción internacional. La inversión debe hacerse en todos los niveles,
pero si se desea transitar hacia actividades intensivas en conocimiento, como
el diseño y la investigación y desarrollo, se debe acentuar el esfuerzo en la
educación universitaria y de posgrado, actividades que demandan personal
altamente calificado y especializado. El esfuerzo del sector educativo debe
complementarse con mayor capacitación en el trabajo, por las ventajas que
ésta ofrece en términos de rápida adecuación a las nuevas tecnologías y por
la oportunidad de capacitar al empleado en los conocimientos específicos
de cada empresa.
Ante la contracción del sector de confección de prendas de vestir,
es necesario incrementar los esfuerzos para brindar capacitación técnica
a los obreros que se desempeñaban en ese sector para que se trasladen
hacia otros de mayor crecimiento. La educación formal y la capacitación
laboral deben articularse más estrechamente con las prioridades del país
en el futuro próximo. Luego, el entrenamiento para reforzar habilidades
y competencias en las nuevas áreas de servicios, así como en los sectores
crecientes de manufactura, deben ser aspectos a fortalecer.
Otra acción central consiste en fortalecer los sistemas de innovación.
Cabe aclarar que no sólo se habla del sistema nacional de innovación,
sino de la posibilidad de identificar sistemas regionales o sectoriales, con
características y necesidades propias. En la República Dominicana uno
de los primeros pasos sería reforzar la estructura de las instituciones y las
organizaciones públicas encargadas de la formulación, implementación y
coordinación de la política de ciencia, tecnología e innovación. Asimismo,
habría que destinar recursos al fortalecimiento de los otros componentes del
sistema y de la interacción entre ellos. Es necesario incrementar la actividad
de I+D en universidades, centros de investigación y en el mismo sector
privado. Dado el estado actual de las capacidades tecnológicas del país, se
debería poner especial énfasis en investigación aplicada y relacionada con

456

CEPAL

demandas concretas de la industria manufacturera en su conjunto. Si bien
se reconoce la importancia de la investigación básica para el desarrollo de
capacidades tecnológicas, en las primeras etapas de desarrollo de estas
capacidades es central crear círculos virtuosos entre el sector productivo, las
universidades y los centros de investigación, mediante la puesta en marcha de
proyectos conjuntos. La innovación en el interior de las empresas es también
muy importante, y no debe entenderse sólo como innovaciones radicales
o I+D de punta. En los países de la subregión -en los cuales las empresas
normalmente operan con tecnologías lejos de la frontera tecnológica- las
innovaciones incrementales de producto y proceso son centrales para el
aumento de la competitividad.
El fomento de la colaboración entre las empresas y las universidades e
institutos de investigación es un área de potenciales resultados positivos en el
mediano plazo. En efecto, la colaboración es esencial para la modernización del
sistema productivo y para incrementar y diversificar las fuentes de ingresos
y conocimientos de las universidades. Hay un conjunto de medidas sencillas
que permiten facilitar las relaciones de las universidades con las empresas,17
entre las que destaca la creación de oficinas específicas en las universidades
que gestionan las relaciones con las firmas en la negociación y administración
de contratos. También se requiere un esfuerzo significativo para promover la
difusión de información en las universidades y en las empresas interesadas
acerca de las oportunidades y habilidades disponibles, así como sobre las
experiencias exitosas. En el ámbito institucional, es imprescindible definir un
marco de regulación acerca de las actividades de consultoría de los académicos,
la gestión de los fondos asignados a las universidades y el tratamiento de
los ingresos generados por los académicos. Además, este marco regulatorio
también debe abarcar la identificación, protección y gestión de los derechos
de propiedad intelectual y el tratamiento de los ingresos generados por éstos.
Ante la creciente apertura comercial, las PYME de la industria nacional
requieren de especial atención. Gran parte de estas empresas están fuertemente
orientadas al mercado nacional y no tienen la capacidad de competir
exitosamente en el ámbito internacional. Más aún, la creciente apertura permitirá
la entrada de empresas transnacionales con las que será difícil competir si
las PYME nacionales no desarrollan importantes esfuerzos. Éstas requieren
de asistencia técnica en temas de calidad, certificación, mejora continua y
escalamiento tecnológico que les permita fortalecer sus capacidades. Para
ello, la asociación entre las PYME para conseguir objetivos comunes es clave.18
El financiamiento para fortalecer capacidades productivas y la
innovación es muy importante en la República Dominicana. La industria
 Véase Mullin Consulting (2005).
 Véase, por ejemplo, Dini y Stumpo (2004) y Guaipatín (2004).

17
18

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

457

nacional requiere acceso a capital a tasas competitivas para expandir sus
operaciones, invertir en maquinaria, iniciar nuevos proyectos (incluidos de
I+D), entre otras. Aunque la asistencia técnica es necesaria, no es suficiente ya
que se requieren ingentes inversiones para el fortalecimiento de capacidades,
y las PYME no cuentan comúnmente con recursos financieros para hacerlo. Es
de particular importancia incrementar el acceso al financiamiento dirigido a
la innovación. Precisamente, el desarrollo tecnológico presenta características
específicas en cuanto a sus riesgos, en la medida en que el retorno de la inversión
es incierto y las necesidades de financiamiento son elevadas dados los altos
costos seminales y de arranque. Por lo tanto, adquiere importancia la inversión
directa del gobierno en financiamiento participativo para proyectos de I+D.
La atracción de IED puede resultar clave para el desarrollo de
capacidades tecnológicas locales, como ha sucedido en los casos de Irlanda
y Singapur. No obstante, la atracción de IED no es una condición suficiente.
El gobierno puede incentivar y facilitar los procesos de transferencia y
absorción de tecnología, ambos centrales para la creación de capacidades.
El fortalecimiento de sistemas de innovación y la formación de recursos
humanos, como se ha dicho, son muy importantes, como también lo es
el fomento de la vinculación entre las empresas transnacionales y el resto
de la economía local. Asimismo, el gobierno puede dar especial atención
a empresas que por el sector en el que operan o el tipo de actividades que
pretenden llevar a la República Dominicana ofrezcan un mayor potencial
de transferencia de tecnología.
Por último, cabe resaltar el papel de las condiciones macroeconómicas
para un mejoramiento de la productividad y la competitividad de la industria
manufacturera. Por una parte, la estabilidad macroeconómica y un tipo de
cambio competitivo (sin devaluaciones sistemáticas para mantener un tipo
de cambio artificialmente subvaluado), deben de ir acompañadas de acceso
a mercados, y un marco legal claro y estable. La República Dominicana
ha hecho recientemente esfuerzos importantes en materia de estabilidad
macroeconómica y negociación de tratados comerciales que faciliten el
acceso a otros mercados a las empresas del país. Por otra parte, se impone
incrementar la inversión para el desarrollo de infraestructura de transporte
y de telecomunicaciones.
La experiencia de México a raíz de la firma del Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (TLCAN) evidencia que garantizar mejores
condiciones de acceso al mercado más grande del mundo y atraer IED,
incluso en industrias de alta tecnología, no son condiciones suficientes para
el fortalecimiento de la industria local y de las capacidades tecnológicas
nacionales (Padilla Pérez, 2006). En cambio, la experiencia de los países del
Este Asiático e Irlanda revela, además, la necesidad de asumir una actitud

458

CEPAL

proactiva de los diversos agentes de la economía local, donde los gobiernos
nacionales y locales desempeñan un papel central.

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La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

461

Capítulo IX

Sector energético

Introducción
La República Dominicana no cuenta con reservas probadas de petróleo
que aseguren una producción comercial. Esta situación provoca que el
país dependa de las importaciones de petróleo crudo y sus derivados, que
se agregan a las de gas natural y carbón. Las principales fuentes locales de
energía son la hidroelectricidad, la leña, los residuos agrícolas, la radiación
solar, el viento y el océano. Con la notable excepción de las dos primeras,
las demás han sido poco aprovechadas.
La dependencia externa en combustibles, aunada a una serie de políticas
públicas coyunturales y poco adaptadas a las características de las industrias
de la energía, ha derivado en crisis recurrentes desde la década de 1970. El
sector se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo, especialmente el
subsector eléctrico y, en menor medida, el de hidrocarburos.
Desde el segundo lustro de la década de 1990, las autoridades han
impulsado reformas que combinan la introducción de la competencia en
la industria eléctrica, la intervención cada vez más importante del sector
privado y la reducción de las actividades empresariales del Estado para
concentrarse en la regulación, la fiscalización y la definición de políticas
públicas. Aunque esos cambios permitieron avances notables en la generación
de electricidad, no se han resuelto problemas sustanciales que impiden un
desarrollo con más sustentabilidad.

462

CEPAL

El objetivo de este capítulo es evidenciar los principales desafíos que
enfrenta el sector energético en su trayectoria hacia 2030. Para tal efecto, se
toman en cuenta los problemas históricos, así como los de corto y mediano
plazo asociados a la diversidad de medidas que se han ensayado para resolver
la crisis y que deben encontrar solución, pues de lo contrario socavarían la
viabilidad y efectividad de las estrategias de largo plazo.
En función de dicho objetivo, este capítulo se estructura sobre tres
grandes temas. En primer lugar, se presenta un panorama del sistema de
suministro de energía que incluye aspectos institucionales y regulatorios
con la finalidad de conocer la dinámica de un sector caracterizado por
grandes inercias. Se trata de información que ya conocen los especialistas,
pero que es necesaria para contextualizar y evaluar el problema energético
dominicano en una doble perspectiva: por una parte, el enfoque de la
política económica, que contempla una agenda de reformas institucionales,
y por otra, el enfoque prospectivo del desarrollo posible y deseable del país
hacia 2030. En segundo lugar, se abordan los obstáculos en el corto plazo y
las políticas que se han puesto en marcha para eliminarlos. Por último, se
mencionan las grandes tendencias del sector y se exponen algunas opciones
de política energética también hacia 2030.

A.

Situación del sector energético

Alcanzar niveles más altos de democracia, crecimiento económico, bienestar
social y cuidado del entorno natural representa un gran reto para cualquier
nación. En el caso de la República Dominicana, para conocer la magnitud de ese
reto, resulta fundamental hacer un recuento de los medios con los que cuenta
el país en términos de sistema de suministro, marco institucional y regulatorio,
así como en cuanto a matriz, sendero y potencial en energéticos.
1.

Sistema de suministro

El suministro de energía se lleva a cabo con la infraestructura construida por
empresas públicas y privadas a lo largo del tiempo. A los sistemas formales
se agregan los informales, especialmente numerosos en el caso de la leña.
a)

Petróleo

Todos los hidrocarburos llegan a la isla vía marítima, procedentes sobre
todo de Venezuela, Estados Unidos, México y Trinidad y Tabago. El suministro
se organiza de acuerdo con el esquema tradicional de la industria petrolera,
es decir, mediante un oligopolio de empresas integradas verticalmente que
coexisten con algunas empresas más pequeñas y especializadas. Los sistemas

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

463

tienden a concentrarse en Santo Domingo, al igual que la población y la
actividad industrial y comercial.
Dos empresas cuentan con capacidad de refinación: por una parte,
Falconbridge Dominicana, empresa minera que produce 16.000 barriles diarios
con los que cubre sus propias necesidades; por otra parte, la Refinería
Dominicana de Petróleo, empresa mixta que produce 35.000 barriles diarios
y opera con un enfoque comercial. Su baja complejidad tecnológica la aleja
de una demanda que se orienta cada vez más hacia los productos ligeros.
La capacidad de almacenamiento de petróleo crudo alcanza 3,5 millones
de barriles, y la capacidad de almacenamiento de productos derivados
representa 21 días de consumo, pero con fuertes diferencias por producto:
dos días de jet fuel, 12 días de gas licuado de petróleo (glp) y gasolina, 43
días de gas oil y 47 días de fuel oil. La capacidad realmente utilizada oscila
entre nueve y 15 días. El país está lejos del nivel alcanzado en naciones
vecinas con similar desarrollo económico. Por ejemplo, en 2004 el Istmo
Centroamericano disponía de una capacidad de almacenamiento que iba
de 40 días para el gas licuado hasta 62 días para el búnker. En particular,
los países que importaban crudo para sus respectivas refinerías (Costa Rica,
El Salvador y Nicaragua) tenían niveles de almacenamiento superiores a
50 días. En los países industrializados, se considera que una capacidad de
entre 50 y 55 días es un nivel óptimo (véase cepal, 2006).
La estrecha relación entre consumo y capacidad obliga a hacer
compras frecuentes, lo que significa más costos y riesgos (los embarques
frecuentes encarecen fletes, incrementan el riesgo de desabasto, elevan
los costos de adquisición de los hidrocarburos y multiplican los trámites
administrativos). El Estado interviene poco en materia de almacenamiento
e inventarios, razón por la cual la seguridad energética en materia de
productos petroleros reposa en las estrategias empresariales de los
operadores dominantes.
El transporte interno de hidrocarburos se realiza por gasoductos,
oleoductos, camiones cisterna y barcazas. Los destilados se distribuyen
mediante transporte automotor. En estas actividades participan uniones de
transportistas, compañías importadoras y algunas estaciones de servicio.
Con la notable excepción del transporte privado, el parque vehicular público
es antiguo y está en malas condiciones, lo que provoca el uso ineficiente de
combustibles, además de riesgos para la salud y el medio.
En la República Dominicana hay 628 expendios de combustible,
que pertenecen a distribuidoras y detallistas independientes. La venta es
acaparada por seis compañías, entre las que destacan Shell, Texaco Caribbean,

464

CEPAL

y Esso Standard Oil, las cuales dominan las ventas de gasolina regular (80%),
turbosina (100%), gasoil automotriz (87%) y fuel oil (98%).
Por tradición, el principal suministrador de petróleo crudo ha sido
Venezuela, en el marco del Acuerdo de San José. Los flujos provenientes de
México son modestos. El origen de los petrolíferos importados es diverso,
pero domina el flujo proveniente de Estados Unidos. El gas natural se
importa de Trinidad y Tabago.
El Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas, cuyas condiciones
son más beneficiosas que las del Acuerdo de San José, facilita a la República
Dominicana la adquisición anual de 1,5 millones de barriles de petróleo crudo,
lo que representa 50.000 barriles diarios. Dicho acuerdo otorga facilidades de
financiamiento en función del nivel de los precios del petróleo. También está
vigente el programa Petrocaribe, iniciativa que facilita al país importar hasta
35 mil barriles diarios en condiciones de financiamiento excepcionalmente
favorables para el país.
b)

Electricidad

El suministro de electricidad se organiza como un mercado abierto
a todos los agentes que tengan interés en participar, con generadores
públicos y privados que venden energía a compañías de distribución y
a los usuarios finales mediante contratos bilaterales, transacciones en un
mercado mayorista y ventas en un mercado spot. Los generadores privados
operan como productores independientes, pero también hay centrales de
mercado. Al finalizar 2004, había 15 generadores que participaban en el
mercado eléctrico mayorista, tres empresas de distribución y dos usuarios
no regulados. Una empresa pública (la eted, encargada de la transmisión)
asegura el despacho económico de carga de acuerdo con una programación
del Organismo Coordinador, que es el operador del mercado. La operación
y propiedad de la red de transmisión también está a cargo de la eted. El
país se divide en tres regiones para efectos de suministro: Norte, Sur y
Este, las cuales son abastecidas por compañías de distribución de capital
público y mixto. Se registra un nivel alto de autogeneración, que en algunos
casos utiliza el sistema interconectado para proporcionar la energía en los
centros de consumo. Las dimensiones del sistema eléctrico son relativamente
modestas, lo cual se explica por la extensión territorial, la estructura económica
orientada hacia los servicios y el nivel de desarrollo.
La capacidad instalada alcanzó 3.196 MW en abril de 2007, repartidos
en 14 empresas, de las cuales cinco concentran cerca de 70%: Haina,
EGE-Hidro, Itabo, AES Andrés y Compañía Eléctrica de San Pedro de
Macorís. El parque está compuesto por centrales de ciclo combinado (25%),

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

465

motores de combustión interna que utilizan fuel oil (22%); turbinas de vapor
que operan con fuel oil y carbón (19%); turbinas a gas (18%), hidroeléctricas
(15%) y motores que usan gas oil (1%). Debido a la baja confiabilidad del
servicio público se ha generalizado la autoproducción, que en 2001 representó
41% de la capacidad instalada en el país y 22% de la generación de energía
eléctrica, además de alcanzar 2.298 MW, cifra que equivale a 71% de la
potencia instalada del servicio público, lo cual resulta excesivo.
Como parte de la Estrategia de Recuperación Integral del Sector
Eléctrico, el gobierno, a través de la Corporación Dominicana de Empresas
Eléctricas Estatales, impulsa la construcción de dos centrales carboeléctricas
privadas, de alrededor de 600 MW cada una. Se proyecta que estas centrales
entren en operación en 2012 y que entregarán la mayor parte de su producción
a la cdeee, en un esquema similar al de productor independiente: en
virtud del contrato denominado Acuerdo de Transformación de Energía,
la compañía pública se compromete a entregar el combustible y a recibir
toda la producción de electricidad.
Hay algunos consumidores de energía que se autoabastecen por
medio de pequeñas centrales hidroeléctricas. El país cuenta con uno de
los mercados más activos en tecnologías solares desconectadas de la red
pública. Entre 12.000 y 15.000 familias se abastecen con esos dispositivos;
en la mayoría de los casos, son clientes de tres compañías privadas que
operan sin subsidios pero que concentran su atención en los hogares con más
recursos económicos. Hay organismos no gubernamentales muy activos que
aprovechan diversos mecanismos de cooperación internacional y concentran
su atención en escuelas y sistemas de distribución de agua potable.
La energía que se entregó al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado
en abril de 2007 asciende a 888 MWh. El 74% proviene de las centrales de
cinco empresas o conglomerados: Itabo, AES San Andrés, Haina, EGE-Hidro
y GPLV. La energía proviene de motores que operan con fuel oil (38,6%),
ciclos combinados con gas natural (23%), centrales con turbinas a vapor
(24,2%) e hidroeléctricas (13,4%). El resto lo proporcionan turbinas a gas en
ciclo abierto (0,8%) y motores que emplean fuel oil ligero.
El sistema de transmisión está formado por una red troncal de
138 kV, que conecta Santo Domingo con las tres zonas (Norte, Sur y Este)
y tiene una longitud aproximada de 1.799 km, y una red secundaria de 69
kV con una longitud de 1.461 km. En atención a diversas restricciones, el
sistema es operado de manera radial en zonas específicas, lo que reduce su
confiabilidad; sin embargo, esto se hace con la finalidad de evitar que las
perturbaciones ocurridas en dichas zonas produzcan salidas en cascada y
resulten en una salida total del sistema.

466

CEPAL

En abril de 2007 había 14 generadores que participaban en el mercado
eléctrico mayorista, una empresa de transmisión y tres de distribución, así
como dos consumidores no regulados. Del total de energía comercializada
en el mercado mayorista, 10% se realizó en ventas inmediatas (mercado spot)
y 90% por medio de contratos (Organismo Coordinador, 2007). Al respecto,
la Ley General de Electricidad establece que la energía comercializada
mediante contratos e intercambios inmediatos debe alcanzar una proporción
de 80/20.
La generación de electricidad fue de 10.892 GWh en 2006, apenas
4% adicional a lo alcanzado cuatro años atrás (véase el cuadro IX.1). En el
período 2000-2006 creció a una tasa anual de 1,9%. El principal consumidor
fue el sector residencial (48%), seguido por la industria (32%), el gobierno
(12%) y el comercio (9%). Las pérdidas de transmisión y distribución son
muy altas y crecientes: en 2001-2002 se situaron en 33%, pero alcanzaron
casi 46% en 2006. Debido a esa deficiencia, la energía disponible en 2006 fue
inferior en 21% a la que se consiguió en 2002. La venta facturada creció a
un ritmo anual de 20,7% debido fundamentalmente al aumento del precio
de los combustibles utilizados para la generación.
Cuadro IX.1
REPÚBLICA DOMINICANA: INDICADORES DEL SECTOR ELÉCTRICO, 2000-2006
(Millones de kilowatts-hora)
2006
Generación
Pérdidasa
Disponibilidad
Autoconsumo
Consumo final
Residencial
Industrial
Comercial
Gobierno
Venta facturada
(millones de pesos)
Pérdidas/generación
(porcentaje)

2005

2004

10 892
4 968
5 926
322
5 604
2 670
1 786
482
666

9 910
4 417
5 493
271
5 222
2 390
1 699
442
690

31 323

26 339

45,6

44,6

2003

2002

8 724
3 524
5 200
212
4 988
2 312
1 655
409
612

10 487
4 026
6 462
240
6 222
2 795
2 161
557
709

24 945

20 017

40,4

38,4

2001

2000

10 449
3 411
7 037
229
6 808
2 895
2 195
892
826

9 793
3 233
6 560
232
6 328
2 786
1 909
820
813

9 701
4 139
5 562
237
5 325
1 938
1 864
614
909

13 871

11 903

10 118

32,6

33,0

42,7

Fuente: Informe de la Economía Dominicana.
a
Pérdidas en transmisión y distribución.

Durante 2006, las distribuidoras retiraron más de 9.500 GWh, de
los cuales 87,6% fue distribuido al circuito comercial y 12,4% a las zonas
pobres cubiertas por el Programa de Reducción de Apagones (véase el
cuadro IX.2).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

467

Cuadro IX.2
REPÚBLICA DOMINICANA: DESEMPEÑO DEL SISTEMA ELÉCTRICO, 2006
A.Energía comprada por las distribuidoras (GWh)a

9 539

Distribuida a zonas no-PRA

8 357

Distribuida a zonas PRA

1 177

B.Energía facturada por las distribuidoras (en GWh)

6 268

Zonas no-PRA

5 109

Zonas-PRA

1 158

C.Déficit comercial (porcentaje)b

-35,0

Facturación (millones de pesos)

33 538

Cobros (millones de pesos)

29 778

D.Déficit de cobranza (porcentaje)c
E.Índice de recuperación de efectivo -CRI- (porcentaje)

-11,2
d

F. CRI acordado con el FMI (porcentaje)

54,3
63,8

Fuente: SEEPyD, UAAES, Monitor Energético, Nº 3, diciembre de 2006.
Notas: PRA, Programa de Reducción de Apagones.
Se asume equivalente a la energía generada.
Energía suministrada (GWh) no facturada.
c
Energía facturada no cobrada.
d
Í
ndice de recuperación de efectivo (no incluye las zonas PRA) = ((d/c)*(1-(b/a)); donde a = energía
comprada (GWh); b = energía facturada (GWh); c = facturación, en unidades monetarias, y d = cobros,
en unidades monetarias.
a
b

La proporción de energía comprada por las distribuidoras que no
alcanzó a ser facturada por fallas técnicas o por robo, denominada “pérdidas
comerciales”, fue en promedio de 35% en 2006, con valores extremos de
entre 46% y 34%. Con la activación del Programa Nacional de Apoyo a la
Eliminación del Fraude Eléctrico (paef), las pérdidas comerciales registraron
una reducción significativa, de hasta 34,1%, lo cual hizo que surgieran
expectativas sobre la efectividad de las medidas antirrobo aplicadas en el
marco del referido programa; sin embargo, esa disminución no se sostuvo y
más bien se revirtió. El déficit de cobranzas —es decir, la energía facturada
que no se cobró— fue de 11,2% en promedio, pero mejoró a lo largo del año,
pues pasó de 22% a 9,3% entre enero y diciembre. El índice de recuperación
de efectivo (cri) fue de 54,3% también en promedio, es decir, 9,5 puntos
porcentuales por debajo del promedio programado (63,8%) en las metas
del acuerdo con el fmi. El cri ha mejorado un poco en los últimos años,
al pasar de 48,4% en 2004 a 52,4% en 2005 y a 54% en 2006. Edenorte es la
empresa que tiene el mayor rezago en la gestión del efectivo (52%).
Es importante mencionar que, hasta 1997, el servicio público de
energía eléctrica estuvo a cargo de Corporación Dominicana de Electricidad
(cde), empresa pública integrada verticalmente que disponía de 71% de
la capacidad instalada y que se apoyaba en productores independientes.

468

CEPAL

Sin embargo, la calidad del servicio era deficiente. El país estaba en una
situación permanente de racionamiento como resultado de un círculo
vicioso: por una parte, la cultura del “no pago”, arraigada en los usuarios,
deterioraba las finanzas del operador del servicio; a su vez, la carencia
de recursos para la operación, el mantenimiento y la expansión agravaba
la calidad y confiabilidad del suministro, lo que justificaba y reforzaba,
según los usuarios, el no pago. La deficiente calidad y confiabilidad del
abastecimiento alentaba, a su vez, el crecimiento de la autoproducción y la
consiguiente disminución de clientes e ingresos del servicio público, todo
lo cual profundizaba la crisis financiera y de suministro.
En 1997, alentado por la ola de liberalización en el mundo y las
recomendaciones de los organismos financieros multilaterales, el gobierno
dominicano inició un proceso de reformas para resolver la crisis. Se adoptaron
los lineamientos del marco regulatorio chileno y el esquema de capitalización
boliviano para dejar al sector privado el papel determinante en la operación
y las inversiones, mientras que el Estado se limitó a la fiscalización y la
regulación. Así, de acuerdo con la Ley de Capitalización (Ley 141 de 1997), el
Estado cede a un socio privado la administración de los activos para aplicar
un programa de inversiones convenido por ambas partes, al término del
cual la participación de ambos será igualitaria, es decir, será de 50% para
cada uno.
La cde fue segmentada y se separaron la generación, la transmisión
y la distribución. Se crearon tres empresas de generación: una de generación
hidroeléctrica que permaneció en manos de la cde y dos de generación térmica
que fueron privatizadas bajo el esquema de capitalización. Paralelamente
se crearon cuatro empresas: una de transmisión de propiedad pública y
tres empresas regionales de distribución surgidas de la privatización
y capitalización de ese segmento.
Se excluyó la integración vertical, pero se permitió que las empresas
distribuidoras participaran con activos de generación hasta en 15% de la
demanda máxima del sistema, límite que desaparecería en caso de generar
con energía renovable. Al respecto, hay que mencionar que el principio de
separación de actividades no se cumplió estrictamente, pues Edenorte y
Edesur quedaron en manos de una sola empresa cuyo socio privado era
Unión Fenosa, firma española que también participaba en la generación. A
su vez, el socio privado de Edeeste resultó ser aes, firma estadounidense
que también participó en la capitalización de la generación.
De esta forma, se abrió la posibilidad de que los productores
independientes, que vendían energía y potencia a la cde mediante contratos,
se transformaran en centrales comerciales.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

469

No fue sino hasta cuatro años más tarde, con la Ley 125 de 2001,
cuando surgieron las instituciones tutelares, regulatorias y de coordinación
técnica, como la Comisión Nacional de Energía (cne), que formula la
política sectorial; la Superintendencia de Electricidad (sie), encargada de la
regulación económica, y el Organismo Coordinador (oc), cuya función es la
programación del despacho económico de carga y de la operación del mercado.
De acuerdo con la nueva ley, la participación del gobierno se llevaría
a cabo a través de cuatro empresas: Corporación Dominicana Empresas
Eléctricas Estatales (cdeee), que conservaría los contratos con los ipp;
Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (eted); Empresa de Generación
Hidroeléctrica Dominicana (egehid) y Corporación Dominicana de Empresas
Eléctricas Estatales (cdeee), holding que controla a eted y egehid.
En la actualidad, la cdeee funciona como líder y coordinador de las
empresas estatales en 100%, es decir, eted, egehid, Edenorte y Edesur. En
los dos últimos casos, el Estado compró la totalidad de las acciones en 2003.
A éstas se agrega el Programa Nacional de Reducción de Apagones (para)
y la Unidad de Electrificación Rural y Suburbana (uers). Adicionalmente, el
Estado dominicano participa como socio en las empresas Edeeste, Edehaina
y Egeitabo, pero administra dicha participación a través de una entidad
denominada Fondo Patrimonial (Fomper). Con este esquema se ha desenvuelto
la industria eléctrica en los últimos años.
2.

Marco institucional y regulatorio

La Ley General de Electricidad de 2001, marcada con el No 125-01 y modificada
por la Ley No. 186-07, establece el marco legal e institucional para todo el
sector eléctrico nacional. Además, hay un marco regulatorio para el incentivo
de las energías renovables proporcionado por la Ley 57-07, cuyo reglamento
de aplicación está en proceso de revisión final.
La Comisión Nacional de Energía (cne) es la autoridad tutelar del
sector que se encarga de diseñar y poner en marcha la política energética.
Creada el 26 de junio de 2001 mediante la Ley General de Electricidad
(125-01), esta institución comenzó a operar efectivamente en abril de 2002.
La ley le encomienda la misión de generar las condiciones propicias para
promover el desarrollo sustentable del sector energético en un ambiente de
competencia. Entre sus principales funciones se cuentan elaborar y coordinar
los proyectos de normativa legal y reglamentaria; proponer y adoptar políticas
y normas; elaborar planes indicativos para el funcionamiento y desarrollo
del sector, proponerlos al Poder Ejecutivo y velar por su cumplimiento;
promover decisiones de inversión acorde con los planes trazados y asesorar
al Poder Ejecutivo en todas aquellas materias relacionadas con el sector. Así,

470

CEPAL

la cne ha elaborado el Plan Energético Nacional 2004-2015, documento con
carácter integral e indicativo, que sirve como base principal para orientar las
políticas y acciones del gobierno, así como las decisiones sobre proyectos
de inversión y desarrollo del sector privado.
En el subsector eléctrico, la Superintendencia de Electricidad (sie)
se desempeña como instancia reguladora. Encabezada por un consejo de
tres miembros —uno de los cuales es el Superintendente, nombrado por el
Presidente y ratificado por el Congreso—, su misión consiste en cuidar que
consumidores, empresas eléctricas y Estado gocen de la protección prevista
en el marco regulatorio. Entre sus facultades están vigilar la evolución de los
precios de la electricidad e intervenir en caso necesario; fijar tarifas y peajes
sujetos a regulación; verificar el cumplimiento de la calidad y continuidad
del suministro, la preservación del medio ambiente, la seguridad de las
instalaciones y otras condiciones de eficiencia; expedir permisos para obras
de generación, transmisión y distribución; presidir y supervisar al organismo
encargado del despacho, además de contar con una Oficina de Protección al
Consumidor (Protecom), con una sucursal en cada municipio del país.
El Organismo Coordinador del Sistema Eléctrico Interconectado de
la República Dominicana (oc) se encarga de la programación del despacho
económico de carga y la operación del mercado eléctrico. Creado en 1998
por la Resolución 235 de la Secretaría de Estado de Industria y Comercio,
en él tienen representación todos los agentes del mercado y cuenta con un
Comité Organizador. Algunas de sus facultades son planificar y coordinar la
generación, transmisión, distribución y comercialización a fin de garantizar un
abastecimiento confiable y seguro a un mínimo costo económico; garantizar
la venta de potencia firme; calcular y valorizar las transferencias de energía
que se produzcan por esa coordinación; facilitar el ejercicio del derecho
de servidumbre sobre las líneas de transmisión y cooperar con la cne y
la sie en la promoción de una sana competencia, transparencia y equidad
en el mercado de la electricidad. Además tiene la función de contratar al
especialista encargado de hacer la planeación del despacho económico de
carga con base en la información que le proporcionan los agentes sobre
precios, costos y disponibilidad de las unidades de generación, entre
otros aspectos. Una vez completado el ejercicio, el oc ordena al Centro
de Control de Energía (cce) —operador del sistema que forma parte de
cdeee-Trasmisión— hacer efectivo el despacho. En otras palabras, el oc
planifica y ordena el despacho y el cce ejecuta las órdenes. La instancia
que decide quién entra y quién sale de la red no es un organismo público,
sino una entidad mixta.
La autoridad reguladora en materia ambiental es la Secretaría de
Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarena), creada

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

471

mediante la Ley Nº 64-00 promulgada el 18 de agosto de 2000. Su
propósito es aplicar, diseñar y ejecutar una política de Estado integral
para la conservación y protección del medio ambiente y los recursos
naturales, con la finalidad de alcanzar el desarrollo sostenible del país.
Esta secretaría otorga los permisos ambientales a los operadores del
sector energético.
En lo que se refiere al subsector hidrocarburos, un amplio conjunto
de instituciones tiene injerencia en la cadena de abastecimiento, en la que
ejercen funciones de control, fiscalización o supervisión en los planos
técnico, económico, ambiental y seguridad industrial. Dichas instituciones
son las siguientes: Secretaría de Industria y Comercio: Dirección General
de Minería, Departamento de Combustible, Dirección General de Normas;
Comisión Nacional de Energía: Dirección General de Normas; Secretaría
de Estado de Finanzas: Departamento de Fiscalización de Combustibles
y Aduanas; Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales:
Subsecretaría de Gestión Ambiental; Banco Central de República
Dominicana; Departamento Internacional; Corporación Dominicana de
Empresas Eléctricas Estatales y Superintendencia de Electricidad. La
definición de los límites entre las funciones de cada institución es compleja,
hay vacíos, traslapes y zonas grises. En septiembre de 2006 el gobierno
anunció la creación de una Superintendencia de Hidrocarburos, que se
encargaría de regular la distribución y almacenamiento de combustibles
fósiles.
La Secretaría de Estado de Industria y Comercio (seic) fija los precios
de los combustibles mediante resoluciones semanales. El sistema está
diseñado para traspasar automáticamente al consumidor las variaciones de
los precios internacionales y los cambios en las tasas de cambio.
Con la finalidad de proveer al gobierno de recursos para atender el
servicio de la deuda externa, se aplica un impuesto especial al consumo de
combustibles fósiles y derivados del petróleo. La recaudación por ese concepto
se conoce localmente como “renta fiscal petrolera del país”. También se
establece una indexación trimestral para preservar la capacidad recaudatoria
real. Los derivados con mayor carga tributaria son la gasolina premium,
el fuel oil EGP-T y la gasolina regular con 38%, 33% y 32% respectivamente
(tasas aplicadas en abril de 2005).
En el caso de los combustibles empleados para la generación de
electricidad, el gobierno interviene por medio de un subsidio para disminuir
el impacto del aumento del precio del petróleo. También se subsidia el
glp para consumo residencial, lo que genera un incentivo económico que
permite desviar una parte del producto hacia el transporte. Así, 89,2% del

472

CEPAL

consumo de glp en el país es subsidiado y absorbido por hogares (52%)
y vehículos (48%), mientras que el restante 10,8% es consumido por los
sectores comercial e industrial que no gozan de ese beneficio. El subsidio
mencionado constituye una carga insostenible para el fisco. El presupuesto
2006 preveía 2.636 millones por ese concepto, pero en la práctica llegó a
5.759 millones. Esa brecha se debe a que el gobierno pospuso la eliminación
definitiva del subsidio, pero también al incremento de los precios en el
mercado internacional y al crecimiento del consumo en el transporte. Por
su parte, el gas natural y el carbón están libres de impuestos. A las empresas
que generan con capacidad de hasta 15 MW se les permite la importación
directa de combustible y se les proporciona fuel oil y gas oil exentos de
impuestos. Hay alrededor de 60 empresas que generan electricidad para el
autoconsumo y que realizan importaciones directas.
El precio en el mercado eléctrico mayorista se establece en función
de la oferta y la demanda. Para el consumidor final, la sie fija las tarifas en
función de los precios en el mercado mayorista y la política de subsidios
definidas por el poder ejecutivo.
Para proteger a los usuarios de la tendencia alcista en el precio del
petróleo y sus derivados, en abril de 2000 el gobierno, a través del sie,
estableció una tarifa tope de 9% por encima de las tarifas básicas en el
momento de privatización. La diferencia entre la tarifa calculada y la tarifa
tope fue asumida por el gobierno como un subsidio a los consumidores,
lo que ha significado transferencias cada vez más abultadas de recursos
públicos a las empresas distribuidoras. En los últimos cuatro años (20042007), el promedio anual del subsidio del Estado al sector eléctrico es de
alrededor de 600 millones de dólares. En 2003, el gobierno incrementó el
subsidio para paliar los efectos negativos de la crisis financiera.1 Desde
entonces, y como parte del programa de ajuste económico convenido con
el fmi, los subsidios han estado disminuyendo y concentrándose en los
hogares de menor consumo. Así, por ejemplo, la brecha entre la tarifa
indexada y la tarifa aplicada se ha ido cerrando; de hecho, la segunda ha
llegado a ser superior a la primera. En 2004 la diferencia fue, en promedio,
de 0,97 pesos por kilowatt/hora, pues ese año la tarifa fue subsidiada.
En 2005 la diferencia promedio fue de -0,53 pesos, lo que significa que
el usuario pagó un monto mayor que la tarifa indexada. En 2006 la tarifa
también se subsidió, pero sólo en 0,26 pesos por kilowatt/hora (seepyduaaes, 2006).


1

Los subsidios y del fondo estabilizador creado para compensar a las distribuidoras han
sido objeto de un álgido debate alrededor de tres puntos: el precio de rendimiento que
cobran las distribuidoras, los beneficiarios de los subsidios y la forma como el gobierno
administra su deuda con las distribuidoras.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

473

Expresado en moneda nacional, el subsidio al consumo llegó a 22.441
millones de pesos en 2006, es decir, más del doble que en 2004 (véase el
cuadro IX.3). El subsector eléctrico acaparó 84%, y el subsector petrolero,
el restante 26%. Esas subvenciones son una pesada carga para las finanzas
públicas. En conjunto, representan 2,2% del pib y casi 12% de los ingresos
corrientes del gobierno.

Cuadro IX.3
REPÚBLICA DOMINICANA: DESEMPEÑO DEL SUBSIDIO ENERGÉTICO, 2004-2006

6 336
4 335
10 671
777
126

2 775
17 312
20 087
884
152

Subsidio GLP/PIB
Subsidio electricidad/PIB
Total subsidio/PIB
Subsidio GLP/ingresos
Subsidio eléctrico/ingresos
Total subsidio/ingresos

0,19
0,62
0,82
1,39
4,50
5,89

0,82
0,56
1,37
5,02
3,43
8,45

0,31
1,96
2,27
1,83
11,40
13,23

Ejecutado

1 500
4 852
6 352
777
108

Presupuestado

Subsidio al GLP
Subsidio a la electricidad
Total subsidio
PIB (miles de millones)
Ingresos (miles de millones)

2006
Ejecutado

Presupuestado

Ejecutado

2005

Presupuestado

2004

2 636
15 553
18 189
1 004
190

5 759
16 682
22 441
1 004
189

0,26
1,55
1,81
1,39
8,19
9,58

0,57
1,66
2,23
3,04
8,82
11,86

Millones de pesos
4 568
17 758
22 326
884
158

Porcentajes
0,52
2,01
2,52
2,88
11,20
14,09

Fuente: Elaborado con cifras de SEEPyD, UAAES, Monitor Energético, Nº 3, diciembre de 2006.

Debido a su importancia, el tema del subsidio es un componente
central de la agenda de diálogo y acuerdos entre el gobierno y los organismos
internacionales, en especial con el Banco Mundial y el fmi. De hecho, ha
sido —como se verá más adelante— uno de los puntos más álgidos de la
agenda por las divergencias de fondo y forma en la manera de abordar el
tema. Las medidas para reducir los subsidios a niveles compatibles con las
metas de estabilidad macroeconómica convenidas con dichos organismos
no han sido del todo eficaces, sobre todo en un contexto de fuertes aumentos
en el precio del petróleo. Esto se refleja en la brecha entre lo presupuestado
y lo realmente ejecutado, pues la diferencia ha llegado a ser de 4 a 1 en el
caso del glp.

474

3.

CEPAL

Matriz energética
a)

Oferta

El balance energético es desfavorable, pues el país produce mucho
menos energía que la que consume. La enorme brecha es cubierta con
importaciones de energía primaria y secundaria. La escasa capacidad de
respuesta económica a la dependencia externa de un bien fundamental,
como es la energía, propicia vulnerabilidad ante los acontecimientos del
mercado mundial y la geopolítica de la energía.
De acuerdo con las cifras más recientes, la producción y las importaciones
de energía sumaron lo equivalente a 7,2 millones toneladas de petróleo en
2004. Las importaciones contribuyeron con 81% de esa oferta total. Las
compras de petróleo crudo (36%) y derivados (52%) representan 89% de las
importaciones totales de energía. El resto está constituido por carbón mineral
(8%) y gas natural (3%). Sólo 19% de la energía disponible en el país es de
origen nacional. De ese monto, la leña representa 52%; el bagazo, los desechos
y la hidroelectricidad participan con 22%, 13% y 12% respectivamente.
Se demandan alrededor de 5 millones de toneladas anuales de
productos derivados del petróleo, pero la refinería local sólo alcanza a cubrir
40%. Así, 60% de la oferta es de origen externo, pero alcanza 94% y 72%
cuando se trata de glp y gas oil. La refinería aporta 63% de la oferta de fuel
oil. La participación de los derivados del petróleo en la oferta interna ha sido
muy estable a lo largo del tiempo, pero se prevé que disminuya a mediano
y largo plazos como consecuencia de una contribución más importante del
gas y el carbón en la generación de electricidad.
b)

Consumo

En el plano del consumo final de energía, la mayor parte (60%) de los
requerimientos son satisfechos con energía fósil, principalmente derivados del
petróleo. El 80% del consumo de petrolíferos se destina a mover mercancías
y personas y a generar electricidad. En efecto, el transporte, el servicio
público de energía eléctrica y la autogeneración de electricidad absorben
42%, 24% y 14%, respectivamente. Por su parte, el sector residencial acapara
8%. En cambio, la industria sólo participa con 6%, al igual que el resto de
los sectores. La electricidad participa con 27%, y la leña, con 13%. El aporte
de otros energéticos es inferior a 1 por ciento.
La estructura del consumo de energía final por sector refleja las
características propias de un país prestador de servicios, es decir, en el que las
actividades transformadoras de materias primas y productos intermedios tienen

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

475

poca importancia. El consumo final está dominado por el transporte (41%) y
el sector residencial (28%), seguidos por la industria manufacturera (20%).
En el sector residencial, el energético más utilizado fue la leña (47%),
seguida del glp (29%) y la electricidad (19%). El restante 5% corresponde al
carbón vegetal, el queroseno, la energía solar y los residuos de la biomasa.
La tasa de cobertura eléctrica alcanza 80%, pero la autoproducción ocupa un
lugar importante. En 2001, el 37% de los hogares urbanos de altos ingresos,
17% de los de medios ingresos y 3% de los de bajos ingresos disponían de
plantas eléctricas o de inversor. La eficiencia de estos dispositivos es baja
comparada con los sistemas centralizados de generación. La cne estima que
en el año 2001 había 47.381 hogares con plantas eléctricas de una potencia
media de 3,83 kW por hogar, que sumaban una potencia de 183,2 MW con
la que se obtenía una generación de 52,5 GWh a partir de 5,4 y 2,9 millones
de galones de gasolina y gas oil, respectivamente.
En el transporte, la gasolina es consumida principalmente por vehículos
particulares (64%), seguidos por los vehículos de carga (15%) y el transporte
comercial de pasajeros (14%). El gas oil es consumido por el transporte de
carga (52%), las jeepetas (15%) y los micro y mini buses (10%). El glp es
consumido principalmente por el transporte público. Destaca la presencia
extremadamente baja del transporte público de pasajeros, que en total no
supera 3% del parque vehicular
Cabe destacar que el parque vehicular es antiguo y, por tanto, está
lejos de alcanzar los nuevos estándares de eficiencia energética. De acuerdo
con los datos más recientes, se tienen registrados 1,9 millones de vehículos,
de los cuales 44% son motocicletas, 30% automóviles, 15% vehículos de
carga y 12% corresponde a otros tipos de vehículos, como jeeps, autobuses,
máquinas pesadas y camiones de volteo, entre otros (sef, 2005). Del total
de vehículos privados, sólo 1% son autos nuevos, 22% tienen de uno a ocho
años y 77% son de mayor antigüedad. De los vehículos de carga, 2,7% son
nuevos, 29% tienen entre uno y ocho años y 68% son más viejos.
Por su parte, en la industria predomina el uso de la energía eléctrica, con
41%, y el resto se compone de bagazo (22%), fuel oil (15%), gas oil (11%), residuos
(7%), glp (3%) y gasolina (0.1%). Los establecimientos industriales también se han
dotado de medios de autogeneración; la capacidad instalada alcanzó 1.657 MW en
2001, equivalentes a 70% de la capacidad nacional de autoproducción . Se utiliza
principalmente en zonas francas (576 MW), así como en alimentos y bebidas (445
MW). La rama del cemento y la cerámica utiliza más horas su potencia instalada.
En los sectores de comercio, servicios y gubernamental la electricidad
representa tres cuartas partes del consumo. Predominan los usos de

476

CEPAL

ventilación y acondicionamiento del ambiente, iluminación y conservación
de alimentos.
4. 

Sendero energía y desarrollo

En el período 1973-2001 se observó un avance significativo en el consumo
de energía y el producto interno bruto por habitante. De forma paralela,
disminuyó la intensidad energética.
El mayor avance en el consumo por habitante ocurrió entre 1993 y
1998. En ese período, la demanda de petrolíferos se incrementó en 80%, el de
glp lo hizo en 183% y el de gas oil en 123%. Este avance refleja el dinamismo
económico, la mejora en las condiciones de vida de la población, el rápido
incremento en el parque automotor y el crecimiento en la generación de
electricidad. Sin embargo, estos logros han sido insuficientes, pues el país
sigue formando parte del grupo de naciones con mayor atraso.
La intensidad energética, que mide la cantidad de energía necesaria
para producir una unidad de pib, se redujo a menos de la mitad entre 1973
y 2003 al pasar del equivalente de 7,6 a tres barriles de petróleo por cada
1.000 dólares del pib (véase el gráfico IX.1). Esa caída, que refleja un ritmo de
crecimiento del consumo de energía inferior al crecimiento del producto (es
Gráfico IX.1
REPÚBLICA DOMINICANA: INTENSIDAD ENERGÉTICA, 1973-2003
(Barriles equivalentes de petróleo/1.000 dólares de 1995)
8,00

7,64

7,00
6,62
6,00
5,00
4,00
3,00
2,00

5,71

5,84

5,6 5,3
5,07

5,07
4,73

4,57

3,93

4,07

3,83 3,95
3,54

3,64
3,6

3,14

3,71
3,28 3,23

3,02

3,13 3,01
2,87 2,82

2,9

2,7
2,37

2,99
2,3

1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003

Fuente: Monegro, Juan T. (2005), “Crecimiento de los precios del petróleo y sus repercusiones en la
economía dominicana”, Texto de Discusión 1, Unidad de Análisis Económico, julio.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

477

decir, una elasticidad de la demanda inferior a la unidad), se explica por una
expansión económica basada en áreas menos intensivas en el uso de la energía,
entre ellas el turismo, las zonas francas, las comunicaciones y las actividades
agropecuarias. La industria y la minería, grandes consumidoras de energía,
han progresado con menor velocidad. Lo anterior significa que el país está
siguiendo una senda de desarrollo poco intensiva en el uso de la energía, lo
cual tiene ventajas importantes en el plano económico, social y ambiental.
5.

Potencial energético

El país dispone de recursos naturales susceptibles de aprovecharse con
fines energéticos. Ese patrimonio representa un potencial, pero también una
restricción para la oferta de energía en el mediano y largo plazos.
Los trabajos de exploración han detectado hidrocarburos, pero sin
las características suficientes para clasificarlos como recursos y menos como
reservas. De los 100 pozos perforados desde 1904, el 60% se localiza en la
cuenca de Azua, donde se observa el mayor número de manifestaciones
superficiales y se han extraído muestras de crudo pesado y azufroso (este
último es el petróleo de entre 13 y 17 grados api). Las perforaciones en la
cuenca de Cibao han encontrado rastros de gas natural. Desde 2001, las
actividades se concentran en el suroeste y son realizadas por tres empresas:
Murfin Dominicana (Mobil), con una concesión que comprende las cuencas
de Azua, San Pedro y San Cristóbal-Baní (1995); la compañía Once Once,
que opera en la cuenca de Cibao, y la firma Maleno Oil Company, en la
cuenca de Enriquillo. La presente administración está revisando el marco
legal para introducir cambios que motiven a los inversionistas para que
extiendan y amplíen la búsqueda en las zonas tradicionales, así como en la
plataforma marina.
El país dispone de un potencial eólico considerable, es decir, lugares
donde la velocidad del viento a 30 metros de altura supera los seis metros
por segundo. Se desagrega en calidad “moderada”, “buena” y “excelente”
(Elliot, 2001). Las áreas con vocación comercial podrían albergar más de
10.000 MW de capacidad instalada y generar 68.300 GWh por año. Cabe
mencionar que en dicha estimación se adoptó un supuesto conservador de
7 MW por km2. Se cuenta con zonas de viento de calidad excelente, buena
y moderada, que representan 14%, 36% y 50%, respectivamente, de dicho
potencial. Se considera que la calidad del viento es “moderada” para el
mercado eléctrico, pero “buena” para las aplicaciones aisladas, cuando la
velocidad del viento alcanza entre 6,1 y 7 metros por segundo a 30 metros
de altura. La calidad “buena” para el mercado eléctrico y “excelente” para
las aplicaciones aisladas corresponde a vientos que alcanzan entre 7 y 7,7
metros por segundo. La calidad es excelente para cualquier aplicación

478

CEPAL

cuando supera esa velocidad. Los recursos se clasifican de marginales
a moderados cuando la velocidad del viento es inferior a 6 metros por
segundo. Diversas localidades cuentan con condiciones apropiadas para
construir parques eólicos en gran escala. Hay tres provincias en áreas de
recursos clasificados de buenos a excelentes, con un potencial de al menos
1.000 MW, así como 20 provincias con un potencial de al menos 100 MW cada
una. Aunque las áreas con recursos eólicos clasificados como “marginales”
a “moderados” no son económicamente apropiadas para la generación de
electricidad en gran escala o con fines comerciales, pueden aprovecharse
para proyectos de electrificación rural y autoconsumo.
En materia de cogeneración, la mayoría de los ingenios utilizan
calderas de baja presión (≈20 bars), por lo que sólo se pueden obtener 20
kWh por tonelada molida. Con calderas de alta presión (de 40 a 60 bars),
se podrían alcanzar entre 80 y 100 kWh por tonelada, cantidad suficiente
para satisfacer las necesidades del ingenio y vender volúmenes apreciables
de electricidad al sistema interconectado. Central Romana dispone de un
sistema con esas características, pero el resto de los ingenios carece de ese
tipo de dispositivos. Si se parte de zafras medias de 180 días de molienda
por año y 500.000 toneladas de caña procesada, el potencial de cogeneración
oscila entre 470 y 575 GWh por año, es decir, entre 5% y 7% de la energía
que se genera actualmente en el país.
En 1999, los ingenios contaban con capacidad instalada para
procesar un millón de toneladas de caña de azúcar, volumen que excedía
ampliamente las 600.000 toneladas que se podían colocar en el mercado
local y en el mercado preferencial de Estados Unidos. Durante la zafra
2002-2003, la industria ya privatizada operó con una capacidad de molienda
estimada en 519.000 toneladas. Esa diferencia de capacidades, superior a
80.000 toneladas, representa una oportunidad para cultivar y procesar caña
destinada a elaborar etanol para el transporte.
Es posible aprovechar otras fuentes de energía, pero su potencial aún
no ha sido suficientemente evaluado. Son los casos del biogás, las pequeñas
centrales hidroeléctricas, la energía solar y el biodiesel.
La cne ha identificado un potencial de 1,2 millones de metros
cúbicos anuales de biogás provenientes de estiércol de porcinos (5%) y
bovinos (95%). Aún no se ha evaluado el potencial proveniente de las granjas
avícolas ni el potencial de desechos agropecuarios húmedos, pero sin duda
son importantes. Cibao Central genera alrededor de 650.000 toneladas de
hojas de plátano, y de la superficie sembrada con arroz se obtienen 101.000
toneladas de follaje por año. En Santo Domingo se generan alrededor de
2.500 toneladas diarias de residuos de alimentos y basura de jardines, a

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

479

las que se agregan entre 479 y 603 toneladas generadas en Santiago de
los Caballeros.
Por su parte, egehid ha identificado y evaluado 18 proyectos
microhidroeléctricos con caídas prometedoras y libres de conflicto en el uso
del agua. De forma adicional, existen múltiples proyectos con capacidad
inferior a un kW que pueden aprovecharse para usos residenciales y
productivos en el plano regional.
La energía solar es una alternativa importante. Los estudios sobre el
potencial expresan la posibilidad de desarrollar aplicaciones en prácticamente
todo el país. A pesar de la gran cantidad de proyectos que se han realizado,
la prospección no ha sido exhaustiva.
A comienzos de 2006, la cne puso en circulación una primera flotilla
vehicular que funciona con biodiesel y que forma parte del Proyecto de
Promoción, Producción y Uso de Biodiesel, desarrollado en conjunto con
la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales y el Instituto
de Innovación en Biotecnología e Industria (véase http://www.cne.gov.
do/Page.asp?key=70). La evaluación de los resultados está en proceso y
dependerá fundamentalmente de la calidad del biocombustible que se
utiliza. El país cuenta con potencial para la producción de diversas especies
vegetales que pueden ser empleadas para producir ese combustible
alternativo, por ejemplo, maní, coco, palma africana, algodón, piñón
e higuerilla.

B.
Estrangulamientos en el corto plazo
y políticas para remover obstáculos
El sector energético presenta una serie de problemas de importancia,
complejidad y urgencia variables, en diversos planos y según la cadena
productiva. Algunos son funcionales, pero otros son estructurales Si se
toman las medidas adecuadas, los primeros se solucionarán en el corto plazo,
aunque otros requieren un horizonte más lejano, de entre cinco y 10 años,
dadas las inercias propias de las industrias de la energía. Por su parte, los
problemas estructurales sólo podrán solucionarse de manera aceptable en
un horizonte lejano, que se extiende hasta 2030 y aun más. En este capítulo
se plantean los problemas de corto plazo.
1.

Subsector hidrocarburos

La principal dificultad en el corto plazo es el encarecimiento de la factura
por importación de combustibles como consecuencia del aumento del precio
del petróleo en el mercado internacional. La estrategia para paliar los efectos

480

CEPAL

negativos de ese incremento de precios ha consistido en el uso racional
del petróleo y sus derivados, la sustitución entre energéticos y la firma de
acuerdos para el pago de la factura en condiciones preferenciales.
a)

Impactos macroeconómicos del alza del precio del petróleo

Como el suministro energético depende fundamentalmente de la
importación de petróleo y sus derivados, el aumento y la volatilidad de
los precios del hidrocarburo implican un alto riesgo de perturbación de la
estabilidad y el crecimiento de la economía. En gran medida, el impacto
en la economía ha sido atenuado con los niveles de crecimiento e inflación
registrados en los últimos dos años, de 9,5% y 7,1% en promedio anual,
respectivamente. Pero el impacto se refleja sobre todo en un alto costo de
la factura petrolera y una importancia creciente de variables fundamentales
como el pib, las importaciones y las exportaciones, los ingresos fiscales, el
servicio de la deuda, el desempeño de los sectores estratégicos generadores
de divisas y la inflación.
i) Impacto en las importaciones, las exportaciones y las fuentes
generadoras de divisas. En términos del pib, el peso de la factura
petrolera alcanzó 9% en 2004, casi el doble del promedio registrado en
la década de 1990, cuando fue de 5%. En términos de las importaciones
totales del país, el impacto ha sido más importante, pues la factura
alcanzó 31%, casi dos y media veces el mínimo histórico de 1984, que
fue de 13%. Como el precio siguió aumentando durante 2005 y 2006,
es probable que se haya alcanzado la marca histórica de 40 por ciento.
El problema es que la capacidad endógena del sistema para financiar
dicha factura se ha reducido sustancialmente (recuérdese que dicha factura
se paga con las divisas generadas por las exportaciones de bienes y servicios,
las remesas, las exportaciones de zonas francas, la inversión extranjera
directa y otras fuentes). En efecto, en los últimos 25 años la relación entre las
importaciones petroleras y las exportaciones generales pasó de representar 54%
durante el primer lustro de los ochenta, a 158% en 2001, y aunque ha tendido
a declinar (133% en 2003 y 126% en 2004), fue de 145% en promedio durante
el período 2000-2004. Además de las exportaciones agrícolas tradicionales,
dicha relación incluye el ferroníquel, la plata y productos menores, y excluye
zonas francas y bienes adquiridos en puertos. Esto significa que se ha reducido
la capacidad de las exportaciones para financiar la factura petrolera hasta
una tercera parte, con respecto a la relación que se tenía hace 25 años. Esto
se explica, en primer lugar, por la baja de los precios de la mayoría de las
exportaciones nacionales con relación al precio de las importaciones de
petróleo y sus derivados; y en segundo lugar, por la pérdida de mercado de

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

481

la mayoría de las exportaciones tradicionales, con las notables excepciones
del ferroníquel y algunas exportaciones agroindustriales.
Si el país ha solventado la factura petrolera ha sido gracias a otras
fuentes de divisas, como las remesas familiares, el turismo, las zonas francas
y la inversión extranjera directa. El crecimiento de esos sectores, que fue en
promedio de 10% anual durante el período 1994-2000, constituyó uno de los
principales fundamentos del equilibrio de la balanza de pagos, la estabilidad
y el crecimiento macroeconómico sobresaliente que tuvo la economía en
la década pasada. La proporción del valor de las importaciones petroleras
respecto del total de divisas que ingresaron a la economía representó 16,4%
en el período 2001-2004, cifra muy por debajo del 29,5% alcanzado durante el
primer lustro de la década de 1980. Esto significa que, aunque la coyuntura
es difícil, la economía en su conjunto tiene ahora un margen de maniobra
más amplio para solventar la factura petrolera. La interrogante es si dicha
capacidad se mantendrá hacia 2030.
ii) Impacto en los precios internos. El impacto del aumento del precio
del petróleo ha sido notable, porque el precio interno es ya de por
sí elevado. De hecho, se cuenta entre los más altos de la región. En
2002, el país ocupaba el séptimo lugar entre los 26 países miembros
de la olade en los que la gasolina es más cara Se ha dicho que
los altos costos se deben a la estructura oligopólica del mercado,
a lo que se agrega la rigidez de la cadena de suministro producto
de una infraestructura poco eficaz e ineficiente. La situación del
gas oil y los demás combustibles utilizados en el transporte era
similar. La estructura de costos y la importancia de los márgenes
e impuestos explican esa característica.
La actividad más afectada ha sido la producción de electricidad
porque el parque de generación funciona principalmente con los derivados
del petróleo. El aumento del precio de los destilados repercute en las tarifas
eléctricas, aunque no de la misma manera en todas las tarifas, pues el
gobierno dosifica los aumentos en función de criterios económicos, políticos
y sociales, en especial en el caso de las tarifas domésticas. Cuando el costo
es superior al precio, el gobierno cierra la brecha con el otorgamiento de un
subsidio. Así, el aumento del precio del petróleo afecta simultáneamente
a los consumidores de electricidad que pagan su factura y a las finanzas
públicas por el subsidio que otorga el gobierno. Desde 2002, la política en
materia de tarifas ha sido reducir el subsidio y focalizarlo en las familias
de menos ingresos.
El gobierno también subsidia el consumo de glp buscando el bienestar
de los consumidores domésticos; de hecho, son grandes beneficiarios directos

482

CEPAL

del subsidio los prestadores y usuarios del servicio público de transporte
(carros de concho y taxis), puesto que el 85% de estos vehículos han sido
adaptados para que funcionen con ese combustible. En abril de 2005, el
consumidor doméstico pagaba 25 pesos por galón, uno de los precios más
bajos en la región, mientras que los consumidores industriales y comerciales
lo pagaban al doble. Como resultado, el impacto sobre las finanzas públicas
es significativo. En 2004, el costo fiscal del subsidio ascendió a 5.608 millones
de pesos, equivalente a 10,9% del gasto social y a 4,4% de los ingresos fiscales;
en 2007 el subsidio fue de RD $6.160 millones, cantidad que equivale a 5,2%
del gasto social y 6,3% de los ingresos corrientes (uuaes/seepyd, Monitor
Energético, No. 4, p. 29.
iii)Impacto sobre las finanzas públicas. En el plano fiscal, el impacto
del aumento de los precios del petróleo es, al mismo tiempo,
positivo y negativo. Por una parte, amplía sustancialmente la
recaudación, ya que la demanda de combustibles es inelástica
y el gobierno aplica un impuesto a los combustibles que va de
5% a 35%. Dicho impuesto al consumo de combustibles fósiles
y derivados del petróleo tiene por objeto proveer al gobierno de
recursos para pagar el servicio de la deuda externa (Ley 112-00).
Dicho impuesto se actualiza trimestralmente de acuerdo con el
ipc calculado por el Banco Central.
Por otra parte, el aumento de precios tiene un efecto negativo en las
finanzas públicas, porque junto con él crece el subsidio que el gobierno
otorga a los consumidores de combustibles y electricidad. Con la finalidad de
sanear la situación, el gobierno tomó la decisión de eliminar paulatinamente
dicho subsidio a partir de junio de 2004, pero aún persiste el que se otorga
a los hogares consumidores de glp y electricidad.
Cabe destacar que, pese al aumento en el precio del petróleo y, por
consiguiente, del monto de la recaudación, el impuesto petrolero que sirve
para cubrir el pago del servicio de la deuda externa ha perdido su capacidad
de hacerlo: si en 2002 alcanzaba para cubrir 52,2% de dicha deuda, dos años
más tarde, en 2004, sólo alcanzaba para cubrir 29,6%. La causa de esto no es
la reducción de la tasa impositiva, sino el aumento sustancial de la deuda
pública a raíz de la crisis financiera de 2003.
b)
Estrategias para amortiguar los impactos
del aumento del precio del petróleo

Con la finalidad de mitigar los efectos inmediatos de la elevación
del precio del petróleo, en especial para disminuir la presión sobre las
finanzas públicas, las autoridades han tomado medidas específicas, entre

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

483

otras las siguientes: estimular el ahorro en el consumo de combustibles
y energía eléctrica; transferir en forma gradual, pero efectiva, el precio
real de los combustibles y la electricidad al consumidor final, es decir,
profundizar la política de precios reales para que los consumidores
respondan a las señales del mercado; eliminar el subsidio universal al glp
y a la electricidad y concentrar la ayuda en las familias más desfavorecidas
(véase Monegro, 2005).
Dichas medidas se complementan con acciones cuyos resultados se
verán en el mediano plazo, por ejemplo, sustituir el fuel oil y otros derivados
del petróleo que consume el sector eléctrico por otras fuentes, como el
carbón mineral y el gas natural; desmotivar el transporte individualizado
mediante el desarrollo de un sistema de transporte colectivo cómodo, eficaz
y eficiente; fortalecer el monitoreo y la evaluación de los impactos del
alza y las fluctuaciones del precio del petróleo; fortalecer la articulación y
coordinación de las instituciones para aumentar la capacidad de respuesta
de las autoridades ante situaciones de crisis; evaluar las oportunidades y
establecer estrategias; reducir la demanda de combustibles para el transporte;
disminuir los límites de velocidad en carreteras; prohibir el uso de los
vehículos en determinados días; reestructurar la semana laboral y mejorar
el sistema de transporte.
2.

Subsector eléctrico

El principal problema de corto plazo es la insuficiencia de ingresos para
cubrir los altos costos del suministro de electricidad. Esa deficiencia, que
se manifiesta en precios altos y escasa confiabilidad del servicio, tiene su
raíz en el robo, fraude e incumplimiento en el pago de facturas por parte
de los usuarios formales o informales; el retardo en el pago de los subsidios
que el gobierno otorga a los consumidores; la disminución del número de
usuarios que emigran hacia el autoabastecimiento; pero también en las
ineficiencias técnicas y en los excesivos costos y márgenes aplicados por
generadores y distribuidores.
a)

Crisis por la falta de ingresos y altos costos

El sector eléctrico dominicano está en crisis desde hace varias
décadas. Durante los ochenta y principios de los noventa, el servicio de
electricidad sufrió apagones frecuentes, grandes variaciones de voltaje,
pérdidas sustanciales de energía, bajos índices de cobranza, deficiencias
operativas y escaso mantenimiento. La baja calidad de la electricidad y la
oportunidad política con que se manejaba la empresa pública encargada del
servicio (elusión en el cobro a los usuarios), derivó en un ciclo vicioso en
el cual prosperó el incumplimiento en el pago de la factura de electricidad,

484

CEPAL

lo que dejó a la cde con fondos insuficientes para invertir, sobre todo en
centrales generadoras.
A mediados de 1990, el gobierno buscó resolver la falta de capacidad
de generación mediante productores independientes de energía, esquema
mediante el cual una firma privada se comprometía a construir y operar la
central, así como a entregar toda la electricidad a la cde a cambio de contratos
de compra garantizada de energía y potencia, denominados Acuerdos de
Compra de Energía (ace) y conocidos en la jerga internacional como Power
Purchase Agreement (ppa). Gracias a esa estrategia, que significó pasar del
modelo de servicio público verticalmente integrado y operado por el Estado
al esquema de comprador único, aumentó la capacidad y los apagones se
redujeron significativamente. Sin embargo, dicha solución dio origen a
nuevos problemas, por ejemplo, precios muy elevados por la electricidad
comprada a los ipp, términos contractuales desventajosos para la cde,
discrecionalidad y poca transparencia en la asignación de dichos acuerdos
y sospechas de corrupción.
A partir de que el Congreso aprobara la Ley de Reforma Empresarial
del Sector Público, en junio de 1998, el gobierno puso en marcha un proceso
de reestructuración del sector. La cde fue segmentada en dos compañías de
generación térmica y tres compañías de distribución. En 1999, el gobierno
vendió 50% de las acciones de las cinco entidades y retuvo el restante 50%;
de forma paralela, cedió a los nuevos socios el control gerencial de las
entidades. Como resultado de las nuevas disposiciones, la cde desapareció
y la cdeee asumió el papel de líder y coordinador de las empresas públicas,
es decir, eted y Egehid. El Estado dominicano conservó su participación
como socio (con 50% de las acciones) en las empresas generadoras Edehaina
y egeitabo y en las empresas distribuidoras Edenorte, Edesur y Edeeste.
En 2004, se transfirió a la cdeee el Programa Nacional de Reducción de
Apagones (pra). La Unidad de Electrificación Rural y Suburbana (uers)
también forma parte del consorcio.
Las hidroeléctricas y la red de transmisión quedaron al margen de la
privatización. La transmisión y producción hidroeléctricas permanecieron
en el ámbito público porque la primera es un monopolio natural y por la
necesidad de mantener una posición imparcial en el mercado y, en el caso
de las hidroeléctricas, por razones ambientales y por el uso del agua para
riego, electricidad, consumo humano, etcétera.
La Ley de Electricidad de julio de 2001 y las regulaciones de apoyo
crearon un nuevo marco legal y regulatorio basado en el principio general de
que las empresas deben ser responsables de la producción y el abastecimiento de
electricidad en un ambiente de competencia, además de que el gobierno debía

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

485

encargarse únicamente del diseño de políticas y de la regulación. Ese mismo año
se creó una Comisión Presidencial para la Estabilidad de la Reforma Eléctrica
para resolver los problemas del sector. En agosto de ese mismo año, se suscribió
el “Acuerdo de Madrid”, que redujo los precios de la electricidad comprada
a los ipp, pero amplió a 15 años el término de los contratos. Mediante dicho
acuerdo, que involucra a las empresas generadoras Haina, Itabo y Seaboard, se
contrataron más de 890 MW a un precio base de 5,5 centavos de dólar por kWh
y 6,98 dólares por kW/mes, además de incluir fórmulas de indexación por un
período de 15 años. Esa potencia equivalía a 50% de la demanda pico en 2001
y a 89%, aproximadamente, de la demanda base. Para una central con factor de
planta de 95%, esto equivalía a 6,5 centavos de dólar por kWh, que de cualquier
forma era un precio muy alto para la demanda base de un sistema eléctrico.
De forma adicional, el acuerdo aumentó el canon de administración
para las distribuidoras y concedió beneficios adicionales para generadores
y distribuidores. Así, se estipuló que las distribuidoras cobraran un cargo
por administración de 2,75% de las ventas brutas, lo que generaría ingresos
de entre 300 millones y 350 millones de dólares. Ese derecho tuvo vigencia
hasta 2004. También se concedió un incremento de 0,5 centavos de dólar en
el valor agregado de distribución del kilovatio/hora, lo que representaba
más de de 250 millones de dólares a favor de los socios privados de
las distribuidoras.
Meses más tarde, en respuesta a la movilización social, fue creado el
Programa de Reducción de Apagones (pra) con la finalidad de suministrar
electricidad a los barrios marginados (Decreto 1080-01 de noviembre de
2001). También se puso en marcha un Plan de Electrificación Nacional Rural
por parte de la cde, con la meta de alcanzar en 2015 una cobertura de 95%
en áreas rurales.
Para paliar los efectos negativos del incremento internacional de
los precios del petróleo, al inicio de 2002 el gobierno congeló las tarifas al
menudeo. La diferencia entre los precios autorizados y los costos de generación
resultó en un déficit financiero en aumento que fue asumido por el mismo
gobierno. Durante la renegociación de los Acuerdos de Compra de Energía
con miras a adaptarlos a la nueva estructura de mercado, el gobierno se
responsabilizó de la compensación que debía otorgarse a los generadores
a causa del aumento del combustible, la inflación y el tipo de cambio.
Como los precios del petróleo no cedieron, el costo fiscal alcanzó
alrededor de 20 millones de dólares mensuales. Además, el gobierno había
acumulado una deuda importante con los productores independientes a
causa del incumplimiento de las obligaciones de pago que había aceptado
el año previo. Dicha deuda ascendía a 179 millones de dólares en septiembre

486

CEPAL

de 2002. Para las compañías de distribución, la situación también se volvió
crítica. Aunque habían mejorado los indicadores que heredaron de la cde,
continuaron observando sustanciales pérdidas técnicas y no técnicas, así
como tasas bajas de recaudación. La situación empeoró con el aumento
del precio de los combustibles, pues sus precarios ingresos resultaron
insuficientes para mantener el servicio en funcionamiento. Además de
incumplir con el pago a los generadores, las distribuidoras empezaron a
racionar el suministro.
Como era de esperarse, estos problemas afectaron toda la cadena de
suministro. Al dejar de recibir dinero de los distribuidores y del gobierno,
los generadores suspendieron la producción por falta de liquidez para
comprar combustible. El resultado fue una crisis sin precedentes. Desde
mediados del año, los cortes alcanzaron más de 20 horas diarias en áreas
inmensas, sobre todo en los barrios pobres. Más de 50% de todos los circuitos
de Edesur estaban fuera de servicio el 13 de septiembre. Las revueltas
populares dejaron 15 muertos. El 17 de septiembre el gobierno anunció
medidas urgentes, entre otras, pagar los adeudos con los productores
independientes, eliminar los subsidios generalizados y combatir el robo de
electricidad mediante el Programa de Apoyo a la Eliminación del Fraude
Eléctrico (paef).
A principios de 2003 resurgieron con fuerza los problemas a causa
del tenaz aumento de los precios del petróleo, la devaluación del peso (la
tasa cambiaria pasó de 20 pesos por dólar en enero de 2003 a 26 pesos en
mayo y a 35 pesos en agosto de ese mismo año) y la resistencia política a
la transferencia de dichos aumentos a los usuarios del servicio público de
electricidad (recuérdese que las tarifas se cobran en pesos, mientras que
los combustibles y otras obligaciones se pagan en dólares). En marzo, el
gobierno congeló la tarifa residencial de bajo consumo y creó un Fondo
Estabilizador para compensar a las distribuidoras por el déficit resultante.
Se suponía que dicho fondo sería temporal, pero en lugar de disminuir
—como se había previsto—, aumentó sustancialmente, ya que se utilizó para
amortiguar el alza de las tarifas provocadas por la devaluación en razón
de las fórmulas de indexación. Sin embargo, como las compensaciones
se calcularon de manera deficiente, las finanzas de las distribuidoras
acabaron debilitándose, por lo que dejaron de pagar a las empresas de
generación. Éstas, a su vez, se declararon incapaces de financiar las compras
de combustible, tal como sucedió durante la crisis de 2002. Nuevamente,
la falta de ingresos derivó en racionamientos de varias horas por día. A
principios de agosto de 2003 se tenían instalados 3.000 MW, pero sólo
estaban disponibles 1.500 MW para suplir la demanda máxima cercana a
1.750 MW. Para octubre, la energía suplida estuvo 20% por debajo de la
demanda prevista. La situación llegó a tal punto que, en septiembre, Unión

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

487

Fenosa vendió al gobierno sus intereses en las compañías distribuidoras
Edenorte y Edesur. Un mes más tarde, se creó una Comisión Especial
de Energía con el propósito de elaborar una propuesta de reforma del
sector eléctrico. Dicha Comisión fue creada el 28 de octubre mediante el
Decreto 1036-03.
En febrero de 2004, el Banco Mundial aprobó un préstamo de 100
millones de dólares, cuya parte sustantiva estaba enfocada a respaldar
financieramente la importación urgente de combustible para la generación
de electricidad.2 También serviría para apoyar el esfuerzo gubernamental en
mejorar la asignación de los subsidios del sector eléctrico. En forma adicional,
se concedió un préstamo por 7,3 millones de dólares para asistencia técnica
en el diseño de la reforma del sector. En junio de ese año, se publicó la
Propuesta de Reforma del Sector Eléctrico Dominicano, elaborada por la
Comisión Nacional de Energía y la Comisión Especial de Energía. Esta
propuesta recogió las opiniones y recomendaciones vertidas durante tres
talleres de consulta organizados por la cne con fondos de la usaid, entre
diciembre de 2003 y abril de 2004. A esto se agregó un diagnóstico del sector
eléctrico elaborado por consultores de la usaid.
El 14 de enero de 2005, la nueva administración (que entró en funciones
el 16 de agosto de 2004), envió al fmi un memorando en el que solicitaba
un préstamo por un monto cercano a 670 millones de dólares para apoyar el
programa económico 2005-2006, que incluía un plan para mejorar la eficacia
y asegurar la viabilidad financiera del subsector eléctrico. Se argumentaba
que, a pesar del considerable incremento en la tarifa, las finanzas sectoriales
permanecían bajo presión debido a las altas pérdidas en la distribución, las bajas
tasas de cobro de facturas, los altos precios de importación de combustibles
y las dificultades financieras del gobierno para hacer transferencias al sector.
En ausencia de medidas correctivas, se preveía que para 2005 las pérdidas
serían del orden de 600 millones de dólares, además de que habría extensos
racionamientos. La implementación exitosa de ese plan reduciría el apoyo
necesario del sector público a 350 millones de dólares. En la práctica, el
déficit llegó 620 millones de dólares, en razón del pobre desempeño de los
índices de recuperación de efectivo, al aumento de la provisión de energía, y
al aumento de los precios del combustible (véase 3ª y 4ª revisión del acuerdo
con el fmi). Por su parte, el Banco Mundial (2006) estima que los costos totales
de la crisis eléctrica en 2005 superaron los 1.000 millones de dólares (5% del
pib), de los cuales, 550 millones correspondieron a subsidios y el resto por la
instalación y uso de dispositivos de autogeneración por parte de la industria
y el comercio (400 millones) y el sector residencial (entre 150 millones y 200
millones). Ese elevado costo económico desalienta la inversión y disminuye


2

(Véase http://web.worldbank.org/wbsite/external/bancomundial/newsspanish/0,content
MDK:20161500~pagePK:64257043~piPK:437376~theSitePK:1074568,00.html).

488

CEPAL

la competitividad de la economía nacional. De acuerdo con esa institución
una encuesta reciente, cuatro de cinco empresas mencionan la energía como
un gran obstáculo para el crecimiento y la competitividad.
Como parte del plan mencionado, meses más tarde se adjudicó la
administración de Edenorte y Edesur a compañías extranjeras especializadas
en la administración de servicios públicos. Además, en noviembre de ese
año el gobierno creó una comisión para renegociar el Acuerdo de Madrid3
y los contratos suscritos con los productores independientes.4 Se trata de
las empresas Smith-Enron Co-generation Limited Partnership y Cogentrix,
cuyos contratos datan de 1993 y 1998 respectivamente. De acuerdo con
Moreno San Juan (2006), el exceso de costo de generación sobre el valor
real es de 3,5 centavos de dólares, lo que es traspasado a las distribuidoras,
que a su vez traspasan gran parte al Estado por la incapacidad que tienen
de cobrar la energía excesivamente cara a los usuarios. En ese sentido,
se estima que el Estado, atado por los contratos de ventas del Acuerdo
de Madrid, se ve obligado a subsidiar a las generadoras con 26 millones
de dólares mensuales, monto que presenta como dirigido a los usuarios
a través de reducciones de las tarifas de consumos inferiores a 700
kilovatios al mes.
En octubre de 2005, la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas
Estatales lanzó una licitación para instalar y operar dos centrales termoeléctricas
de alrededor de 600 MW cada una: la primera sería instalada en la provincia
de Montecristi, y la segunda, en la provincia de Azua. Ambas se alimentarían
con carbón mineral suministrado por la empresa pública y recibirían a cambio
una parte de la electricidad producida, de acuerdo con lo convenido en el
contrato denominado Acuerdo de Transformación de Energía. La cdeee
también se encargaría de construir las líneas de transmisión que permitirían
evacuar toda la energía producida. Las centrales serían propiedad de las
firmas ganadoras de las licitaciones.
A comienzos de 2006, el gobierno firmó el Acuerdo General del
Sector Eléctrico por el cual las empresas distribuidoras se comprometieron
con las empresas generadoras a cubrir el pago total y puntual de las
facturas generadas mensualmente. A su vez, el gobierno se comprometió a
mantenerse al día en el pago de su factura y se reconciliaron las deudas y los
créditos entre los distintos actores. Sin embargo, las tarifas se congelaron
nuevamente, pues de haberse utilizado la fórmula de indexación, habrían
provocado un aumento de 5% en la tarifa para el mes de febrero. En
septiembre de ese año, el gobierno dio a conocer el Plan Integral del Sector



3
4

Decreto 621-05, http://www.presidencia.gov.do/frontend/amp_decretos.php?id=1391
Véase http://www.clavedigital.com/Economia/ Articulo.asp?Id_Articulo=5764 .

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

489

Eléctrico 2006‑2012 para logar la viabilidad financiera en un plazo de
tres a cuatro años, pero con progreso real e identificable para diciembre
de 2007.5 En términos generales, ese programa se proponía reducir las
pérdidas de energía y la dependencia de los combustibles fósiles, así
como sustituir el fuel oil por gas natural en las centrales eléctricas más
importantes.
En septiembre de 2006, la Corporación Dominicana de Empresas
Eléctricas Estatales, la Comisión Nacional de Energía y la Superintendencia
de Electricidad diseñaron el Plan Integral del Sector Eléctrico de la República
Dominicana; período 2006-2012, así como un Modelo de Desempeño, que
sería ejecutado por los organismos públicos con el objetivo de lograr la
auto sostenibilidad del sector en un plazo de tres a cuatro años.6 Además
de la viabilidad, se consideraron como objetivos estratégicos los siguientes:
reducir los precios de la energía al consumidor final; operar con las mejores
prácticas de la industria; promover el uso eficiente y racional de la energía;
aprovechar fuentes renovables de energía; preservar del medio ambiente y
mejorar las condiciones para atraer inversiones y fomentar la competitividad
en el mercado.
El plan inicia con aquellas fases y tareas que son más urgentes para
lograr un progreso identificable en diciembre de 2007. Consta de 29 fases
que incluyen 275 tareas. Las fechas límite para cada una de las tareas han
sido establecidas y jerarquizadas para fines de diciembre de 2012. En 2007, el
plan fue actualizado y se hizo distinción entre medias de corto y largo plazo.
Contempla 29 líneas de acción: estrategia contra el robo de electricidad;
desarrollo de una política a favor de los sectores pobres; remoción de las
barreras legales para la persecución del robo de electricidad; remoción de
las barreras regulatorias; política de comunicación; definición de esquema
de financiamiento de las inversiones en distribución; financiamiento de las
inversiones en distribución; programas antirrobo y mejora de las cobranzas;
revisión y mejoramiento de la estructura tarifaria; establecimiento de
estándares de calidad de servicio para las distribuidoras; diversificación
de la generación e instalación de plantas a carbón; expansión de la red de
transmisión. También se contempla renegociación de los contratos con los
generadores; definición política de largo plazo para prestación de servicio
a sectores pobres; expansión de la capacidad de generación hidroeléctrica;
aprovechamiento de fuentes renovables de energía; conversión y desarrollo
de la cdeee como empresa holding; fortalecimiento de la Superintendencia


5



6

Véase http://www.cde.gov.do/Seminario/Plan%20Integral%20del%20Sector%20Electrico.pd
y http://www.cde.gov.do/presentaciones/SIE-Plan%20Regulacion%20Sector%20Electrico%20
2004.pdf.
Véase: http://www.cdeee.gov.do/index.php?option=com_docmantask=cat_
viewItemid=gid=32 orderby=dmdatepublishedascdesc=DESC..

490

CEPAL

de Electricidad; revisión de las normas regulatorias en cuanto a los subsidios
cruzados; desarrollo del papel de la cdeee como principal comprador de
energía; definición de políticas para el desarrollo del sector hidroeléctrico,
energías renovables, eficiencia energética y administración de la demanda;
evaluación del desempeño económico futuro del sector eléctrico por parte
de la Superintendencia de Electricidad; diseño del mercado; estructura de
la industria; seguridad en el suministro; mejoramiento de la capacidad
de planificación y desarrollo de políticas orientadas a estimular la
competencia.
b)

Soluciones portadoras de problemas

Como se puede apreciar, algunas de las medidas tomadas al calor de
la crisis han generado un círculo vicioso. La deficiente calidad del servicio
y las tarifas elevadas han propiciado el incremento del robo de electricidad
a través de conexiones ilegales y fraude en los medidores, así como retraso
o falta de pago de las facturas. También ha alentado la proliferación del
autoabastecimiento, el cual es globalmente costoso, poco eficiente, disminuye
el mercado para el servicio público y representa un fuerte gasto para
los consumidores.
La renuencia al pago del servicio y la proliferación del autoabastecimiento
provocan que los ingresos sean insuficientes para asegurar la continuidad
del servicio, situación que el gobierno ha buscado resolver autorizando
aumentos de tarifas que han resultado insuficientes para mejorar de forma
sustancial la calidad del servicio y han acelerado la fuga de clientes, cerrando
ese círculo vicioso del que no ha podido sustraerse el subsector. La renuencia
a pagar el servicio se conoce coloquialmente como “la cultura del no pago”, y
consiste en considerar la electricidad como un bien público gratuito a cargo
del gobierno. Esa cultura no es nueva, data de algunas décadas, pero se ha
agudizado en los últimos años, especialmente en los momentos de crisis
económica y aumento de tarifas.
Colateralmente se han deteriorado las finanzas públicas, pues para
proteger a los consumidores de los altos precios de la electricidad, el
gobierno ha establecido subsidios directos e indirectos, que son una carga
pesada para el presupuesto. A lo anterior se agrega rigidez y deficiencias
de la infraestructura, como son la elevada dependencia de los combustibles
derivados del petróleo para la generación de electricidad, la insuficiente
capacidad de transporte o la generación en ciertas áreas, así como las elevadas
pérdidas técnicas en la red eléctrica.
Las soluciones propuestas para resolver los problemas de corto
plazo del subsector eléctrico han sido múltiples. Tocan todos los planos:

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

491

técnico, económico, organizativo, regulatorio, comercial, financiero, jurídico,
institucional, ideológico y político. Reflejan inercias del sector, herencias de
los distintos gobiernos, experiencias externas, objetivos contrapuestos, así
como restricciones y margen de maniobra de las autoridades sectoriales.
Revelan la complejidad y la dificultad inherente al proceso de formación y
puesta en marcha de la política energética.
c)

Políticas relevantes para resolver la crisis

Desde 2002 las autoridades han puesto en práctica diversas estrategias
para mitigar los impactos negativos de la carrera alcista de los precios
del petróleo sobre los consumidores de electricidad, pero también para
garantizar la viabilidad financiera del servicio público, socavada por ingresos
insuficientes debido al robo, el fraude y las facturas sin pagar. El conjunto
de soluciones adoptadas no siempre se ha caracterizado por su coherencia y
consistencia. La mayoría de las veces ha expresado la correlación de fuerzas
del momento y se ha perdido la visión de mediano y largo plazo.
i) ¿Hacia dónde se ha orientado el esfuerzo? Las medidas se han
enfocado a reducir déficit en el corto plazo y sentar las bases para
solucionar definitivamente el problema a mediano plazo. Destacan
tres líneas estratégicas:
• Ampliar la cobertura del servicio, mejorar su continuidad y
proteger a la economía de consumidores. Se han establecido
programas públicos de extensión de líneas de distribución
en zonas marginales, subsidios al consumo y garantía de
suministro. Además, el gobierno ha retomado nuevamente
las operaciones de distribución mediante la readquisición de
Edenorte y Edesur.
• Reducir el costo del suministro. Esto ha incluido; a) renegociar
el Acuerdo de Madrid y los contratos con los productores
independientes; b) alentar la competencia en el mercado de
generación; c) promover la construcción de grandes centrales
generadoras que operen con carbón —cuyo precio es más bajo,
más estable y menos volátil que del petróleo—, en las que el Estado
asume el riesgo comercial y de mercado para dar viabilidad a
los proyectos (riesgo de precio y disponibilidad del combustible,
así como riesgo sobre la venta de electricidad), y d) poner en
marcha programas de reducción de pérdidas en la red eléctrica
• Elevar y asegurar el flujo los ingresos. Se han puesto en marcha
programas de eliminación del robo de electricidad y combate

492

CEPAL

a la “cultura del no pago”. De forma simultánea, el gobierno
ha procurado cumplir puntualmente con las transferencias de
recursos públicos a las distribuidoras para cubrir los subsidios
a los consumidores, así como reducir la deuda contraída.
• Disminuir la presión sobre las finanzas públicas. Sin renunciar
al otorgamiento de subsidios, éstos se han replanteado y se
focalizan en los sectores más desprotegidos. De igual modo,
se han estado eliminando los retrasos en la indexación de las
tarifas con respecto al precio de los combustibles.
ii) ¿Por qué ha fallado?. Sin embargo, a pesar del esfuerzo de las
autoridades, los resultados han sido poco contundentes y el
proceso de solución ha estado marcado por avances y retrocesos.
Las causas están en:
• Programas mal diseñados, insuficientes o desfasados.
• Escasez de recursos fiscales para soportar un programa
ambiciosos de subsidios generalizados.
• Debilidad institucional, tanto de las autoridades políticas y
regulatorias del sector como del marco legal y reglamentario,
lo que resta efectividad a la acción gubernamental y da espacio
para que generadores, distribuidores y consumidores sólo
vean por sus propios intereses y actúen alejados del interés
colectivo.
• Búsqueda de objetivos contrapuestos y la tendencia de las
autoridades a dar más importancia a la dimensión social y
política del problema, que a los requerimientos económicos
del subsector. Al respecto se debe mencionar que las medidas
enérgicas que reclamaban los organismos financieros para un
rápido saneamiento financiero del sector —elevación de tarifas,
eliminación de los subsidios y establecimiento de penas severas
por el robo de electricidad— hubieran implicado altos costos
sociales difícilmente asumidos por el gobierno, especialmente
en un clima de pobreza generalizada, inestabilidad social y
presiones políticas derivadas de un corto período presidencial
con posibilidad de reelección.
Por su parte, las distribuidoras han desarrollado programas
para reducir pérdidas y elevar el índice de recuperación de efectivo.
Se ha puesto énfasis en racionar el suministro para ofrecer más
a los circuitos con menos pérdidas; instalar nuevos medidores y
reemplazar los más viejos; capturar como clientes a usuarios que

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

493

consumen de manera ilegal; inspeccionar los medidores y otros
dispositivos susceptibles de sufrir manipulaciones; eliminar el
fraude electrónico y corregir las anomalías técnicas de los equipos.
Sin embargo, los esfuerzos han sido débiles y el modesto avance
en el índice de recuperación de efectivo está lejos de las metas
establecidas. Resulta pertinente recordar que, cuando se privatizó la
industria en 1999, las nuevas compañías de distribución comenzaron
a funcionar con un índice de recuperación de efectivos (ire) de entre
40% y 50%. Meses más tarde, y con las prácticas empresariales
privadas, el ire se elevó hasta situarse entre 62% y 69% en el caso
de Edenorte y Edesur, respectivamente. Sin embargo, esos niveles
estaban lejanos de los estándares internacionales cercanos a 100%.
A raíz de la crisis financiera de 2003, el nivel promedio descendió
a 56 por ciento.
iii) ¿Cómo mejorar el esfuerzo? A lo largo de la crisis se han expuesto
diversos diagnósticos y propuestas que sin embargo no han sido
compartidos por todos los actores: autoridades, operadores,
consumidores, financistas, profesionales y analistas. Por ejemplo,
para algunos analistas, los factores responsables de la crisis son
la capacidad institucional y la supervisión deficientes, lo que
constituye otro ejemplo de los costos elevados de una gobernabilidad
débil. El complejo camino que va de los deficientes servicios
públicos provistos por el gobierno a la privatización, luego a los
subsidios implícitos y, finalmente, a la reestatización no resuelve
los problemas de la calidad deficiente del servicio, que sigue
siendo agravada por las conexiones ilegales y la falta de pago e
impone un costo exorbitante para el gobierno y los consumidores.
Concluyen que la reforma se ha visto retrasada o bloqueada por
la falta de transparencia, de rendición de cuentas públicas y de
un consenso político más amplio sobre el tema, además de una
insuficiente voluntad política para impulsar una solución (véase
Banco Mundial, 2006).
• Los consensos se ubican en redoblar esfuerzos y complementar
las medidas ya emprendidas con nuevas acciones. Entre las
acciones de carácter técnico y comercial que deben realizar las
distribuidoras, destacan las siguientes:
• Investigar y perseguir a los grandes consumidores que recurren
al fraude electrónico sofisticado para no pagar el servicio.
• Instalar medidores electrónicos online para los grandes clientes,
a fin de hacer un seguimiento continuo del consumo y detectar

494

CEPAL

las anomalías a la brevedad; en otros sectores, es necesario
remplazar los equipos obsoletos o defectuosos.
• Facilitar el pago de las facturas residenciales aumentado el
número de centros de pago y sus horarios de atención.
• Rediseñar las instalaciones de distribución de bajo voltaje con
el fin de dificultar las conexiones ilegales y la manipulación
de dispositivos.
• Reforzar los programas de mantenimiento y eliminación de
las pérdidas técnicas en las líneas de distribución.
Uno de los puntos de mayor relevancia y acuerdo entre los actores
concierne a las inversiones. La crisis ha dejado una lección importante:
mientras no se mejore sustancialmente la calidad del servicio, lo que
significa reducir los apagones hasta eliminarlos, los consumidores no estarán
dispuestos a pagar las tarifas actuales, y mucho menos si se incrementan.
En efecto, resulta ineficaz aumentar aun más las tarifas para sanear las
Recuadro IX.1
REPÚBLICA DOMINICANA: CULTURA DEL NO PAGO
DEL SERVICIO DE ENERGÍA ELÉCTRICA
El problema de una actitud renuente al pago del servicio de energía eléctrica
observada en una parte importante de la población se ha multiplicado por la
inhabilidad de las compañías de distribución, públicas o privadas, para cobrar
y, en su caso, desconectar al usuario que no pague, a lo que se agrega la
impunidad con la cual los infractores se reconectan ilegalmente a la red o
cometen fraude alterando los medidores. Pero también se ha agravado por
la desacertada intervención gubernamental, pues los subsidios llevan a las
distribuidoras a tomar una actitud hasta cierto punto pasiva. Cuando los
recursos públicos compensan la falta de ingresos y permiten alcanzar cierto
nivel de rentabilidad, se pierde el incentivo para modernizar las instalaciones
y enfrentar a los infractores.
La solución al problema de la cultura del no pago implica necesariamente
un conjunto de medidas simultáneas en los planos comercial, económico,
financiero, legal, regulatorio, policial, judicial, institucional, mediático y político.
También requiere inversiones sustanciales, así como estrecha coordinación
entre el gobierno y las compañías de distribución. Esto se está realizando a
través del Programa Nacional de Apoyo a la Eliminación del Fraude Eléctrico,
cuyo éxito dependerá en buena medida de la voluntad política para acabar con
ese problema, lo que incluye necesariamente autodisciplina gubernamental
en todos los niveles.
Fuente: Comisión Nacional de Energía de la República Dominicana, Informe sobre energía, 2004.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

495

finanzas de las distribuidoras mientras éstas no eleven el nivel del índice de
recuperación de efectivo. En las condiciones actuales, los aumentos de precios
tienden a elevar el fraude o el autoabastecimiento. Si las distribuidoras no
logran aumentar dicho índice, no podrán pagar por sus compras de energía,
los generadores detendrán la producción y volverán los grandes apagones.
Por eso surge la necesidad de que las distribuidoras hagan un gran esfuerzo
de inversión para elevar la calidad del servicio a un nivel razonable. Y como
el sistema en su estado actual no genera fondos suficientes, será necesario
recurrir al menos temporalmente a otras fuentes de financiamiento.
En ese sentido, se presentan al menos dos grandes opciones: por una
parte, inyectar recursos públicos, lo cual está limitado por las restricciones
presupuestales y los acuerdo con el fmi de no incrementar el endeudamiento
público; por otra parte, inversión de recursos privados, por ejemplo, mediante
contratos de servicio financiados, apertura del capital de las empresas y
venta al sector privado, lo cual exige un previo saneamiento financiero y
compromisos de inversión por parte de los nuevos dueños. A mediano plazo,
la sostenibilidad financiera del servicio exige un incremento sustancial en el
índice de pago de facturas con la finalidad de que las empresas de distribución
y generación perciban el ingreso necesario para hacer las reparaciones y
mejoras requeridas, al tiempo que ofrezcan a los consumidores un servicio
confiable y sin cortes.
Por otra parte, el consenso de los actores exige que las autoridades
establezcan un equilibrio entre objetivos económicos y sociales, así como
corregir las fallas del sistema de regulación y la estructura institucional. Lo
anterior implica:
• Rediseñar de los programas de subsidios para que sean
focalizados, temporales, transparentes, fondeados con recursos
fiscales y entregados directamente a los beneficiarios.
• Desarrollar más voluntad política para acabar con el robo y el
fraude, lo que significa trabajar en estrecha colaboración con
las distribuidoras, superar la debilidad o insuficiencia de la
legislación que regula la persecución y el castigo del robo de
electricidad, así como ampliar las campañas de comunicación
sobre los problemas derivados de ese flagelo.
• Fortalecer a la sie, por una parte, redefiniendo responsabilidades,
procedimientos, financiamiento, normas de servicio e interacción
con la CNE; por otra parte, acrecentando la solvencia técnica
del personal.
• Fortalecer a la Oficina de Protección al Consumidor mejorando
los procedimientos e introduciendo nuevos mecanismos
de apelación.

496

CEPAL

• Fortalecer a la cne incrementando recursos presupuestales,
técnicos y humanos.
• Promover y financiar procesos de consultas públicas.
Hay otras propuestas, pero sin el consenso de las expuestas. Por
ejemplo, algunas plantean que la transferencia de los derechos de propiedad
sería el factor clave para solucionar la crisis. En esa dirección, el abanico
de acciones concretas es muy amplio, y va desde la estatización completa
hasta la privatización total.
Dichas posiciones extremas adolecen de escasa probabilidad de
ocurrencia. Por una parte, la clase política dominicana muestra fuerte
proclividad a la participación empresarial del Estado en electricidad,
primero, por considerar que la electricidad es demasiado importante
para dejarla en manos de las fuerzas del mercado, en especial por la alta
sensibilidad de la población hacia el tema. Esa percepción ha dominado a
pesar de las recomendaciones de los organismos multilaterales de crédito en
el sentido que el Estado abandone, a mediano o largo plazo, toda actividad
empresarial en el sector para que se concentre en la regulación y el diseño de
políticas. Por otra parte, la alta dependencia del país a la ayuda económica
de dichos organismos y la aceptación tácita de sus condicionantes impiden
la estatización completa del sector y/o el regreso al modelo de monopolio
público verticalmente integrado.
Ese sistema de fuerzas contrapuestas explica el comportamiento
contradictorio de algunas decisiones. Por una parte, se decide incrementar
la participación empresarial del Estado, al comprar dos de las tres empresas
distribuidoras previamente privatizadas y participar en la construcción
de nuevos medios de generación de electricidad. Por otra parte, se decide
disminuir la intervención del Estado y se cede la administración de las
distribuidoras recién reestatizadas a empresas privadas extranjeras.
A partir de esa doble dirección de las políticas públicas en materia
de electricidad, algunas instituciones de crédito y asistencia plantean la
necesidad de rescatar el espíritu de la reforma de 1997-1999 y proceder a una
segunda generación de reformas. Estiman que la sostenibilidad financiera a
largo plazo exigiría el desarrollo de nuevas instituciones y el cambio radical
en el modo como el gobierno se ocupa de dicho sector, y dicho proceso
llevaría muchos años según la experiencia internacional.
Por eso dichas instituciones insisten, primero, en consolidar la primera
ola de reformas y preservar la desintegración vertical y horizontal, limitar
la actuación de la cne a la elaboración de normas y fortalecer el sistema de
regulación; segundo, alentar la competencia eliminando los contratos de largo

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

497

Recuadro IX.2
REPÚBLICA DOMINICANA: AVANCES EN LA
RECUPERACIÓN DEL SECTOR ELÉCTRICO
El conjunto de medidas puestas en marcha por las autoridades ha tenido
efectos positivos y la situación del sector ha empezado a mejorar. A pesar
del incremento del precio del petróleo, han aumentado los indicadores de
desempeño sin ensanchar el déficit financiero del sector.
En julio de 2005 había 145 circuitos con servicio eléctrico las 24 horas;
un año más tarde, había aumentado a 183 y, en julio de 2007, llegaban a 226,
cifra que representa aproximadamente 45% de todos los circuitos del país.a
La generación se ha incrementado de manera sostenida. Al cierre de
2006 se habían generado 10.709 GWh, mientras que en 2004 se produjeron
8.868 GWh.
Las distribuidoras han estado saldando puntualmente sus cuentas con
los generadores en atención a la proporción presupuestaria comprometida.
Es un gran paso en comparación con la situación prevaleciente a mediados
de 2004, cuando las distribuidoras registraban una deuda acumulada que
superaba los 450 millones de dólares.
En octubre de 2004, el país se comprometió ante el fmi a establecer 30%
de racionamiento para disminuir las pérdidas operativas de las distribuidoras.
Actualmente, y desde 2006, se está supliendo más de 85% de la demanda,
lo quew se refleja en una disminución de las interrupciones. En agosto 2004,
las interrupciones de suministro promediaban 9,5 horas por día, mientras que
en julio de 2007 alcanzaban sólo 3,2 horas.
Esos resultados se han realizado sin aumentos importantes de las
tarifas. El precio promedio de la electricidad se situó en 5,84 pesos por
kilovatio/hora en agosto de 2004 y en 6,55 pesos en julio de 2007, diferencia
que representa un aumento de 12%, menor que la inflación acumulada, que
fue de 14,6 por ciento.
El índice de recuperación de efectivo de las distribuidoras era de 48%
en 2004, pero de 59% durante el primer semestre de 2007. Durante este último
período, las pérdidas se redujeron 15% al pasar de 39,5% a 33,94%.
A estos resultados ha contribuido la renegociación de los contratos
del Acuerdo de Madrid, como es el caso de Palamara-La Vega y el de
Cogentrix, que representarán ahorros anuales superiores a los 110 millones
de dólares anuales. Los avances serán más notables cuando rindan sus
frutos las inversiones en generación hidroeléctrica y carboeléctrica —los
cuales reducirán sensiblemente los costos de generación—, así como las
leyes para el aprovechamiento de energía renovable y el endurecimiento de
las sanciones por hurto eléctrico.
Fuente: Méndez, F. A., Sector eléctrico, luz al final del túnel, sie, agosto de 2007.
a
En julio de 2007, el 30% de los circuitos observaron interrupciones de una a seis horas; 23% de seis a
10 horas y 4% más de 10 horas.

498

CEPAL

plazo, alentando la incorporación de nuevos generadores y fortaleciendo
la red de transmisión; tercero, profundizar la reforma mediante el manejo
de los intereses del Estado como accionista únicamente a través del Fondo
Patrimonial (Fomper) y la venta paulatina de las acciones hasta que se
desprenda completamente de las actividades empresariales.
Dicha solución —que destaca más por su naturaleza política que
económica, por su carácter teórico que práctico— domina el ambiente de las
reuniones oficiales de análisis de la problemática del sector. Sin embargo,
la práctica ha demostrado por las razones expuestas que, hacia 2030, será
más probable la consolidación de un modelo híbrido en el que el Estado
seguirá participando a través de sus empresas en todos lo segmentos de
la cadena de suministro, al lado o en asociación con empresas privadas.
Un mercado totalmente abierto, desregulado y únicamente con operadores
privados tiene escasas posibilidades de ocurrencia. Lo que sí es posible es
una mejoría de la crisis mediante ajustes funcionales, como muestran los
resultados positivos observados desde 2004 (véase el recuadro IX.2).

C.
Hacia 2030: tendencias
y opciones de política energética
Una vez establecidas las acciones orientadas al mejoramiento funcional en
la organización de los mercados, la regulación y la administración de las
empresas —acciones que corresponden al corto plazo—, es necesario definir
las acciones orientadas a alcanzar los objetivos permanentes del sector,
como la seguridad energética, la equidad social, el cuidado del entorno
natural y el equilibrio de poder entres los diferentes actores, los cuales están
relacionados con el largo plazo.
1.

El sistema energético deseado en 2030

La política energética es el conjunto de ideales, objetivos, prioridades,
enfoques, acciones y criterios establecidos por el Estado para orientar
el funcionamiento del sector energético en un sentido que favorezca el
desarrollo económico, social, ambiental e institucional de acuerdo con la
política general de desarrollo y el proyecto de país. Es claro que definir ideales
implica un alto grado de subjetividad e ideología, pero se puede afirmar
que la sociedad dominicana aspira a contar con un suministro de energía
accesible, diversificado, confiable, de alta calidad, barato y que evite daños
sociales o ambientales. Dichos ideales se desagregan en diversos niveles.
En el plano económico, se pide eficiencia productiva, es decir, el
menor costo posible en el corto y largo plazos. Esto significa que el costo
social de las operaciones e inversiones necesarias para garantizar el abasto

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

499

de energía debe ser reducido a su mínima expresión. En esa dirección, la
eficiencia técnica, organizativa y regulatoria es clave.
Evidentemente, se espera que la reducción de costos de producción,
transporte, distribución y comercialización se refleje en los precios al
consumidor final. Los industriales quieren energéticos a precios más bajos
o al menos similares a los que pagan sus competidores en otras regiones
o países. Los hogares quieren gas y electricidad sin que ello signifique un
pesado lastre en su economía familiar. Se trata de aspiraciones legítimas, pero
es claro que los precios deben cubrir los costos y permitir una rentabilidad
adecuada para dar sustentabilidad al suministro.
Es deseable que los energéticos sean producidos localmente, sin
embargo, la autosuficiencia puede resultar inviable por falta de recursos
o muy costosa. La situación óptima es una combinación de producción
interna e importaciones; en todo caso, la dependencia puede ser aceptable,
pero de ninguna manera la vulnerabilidad respecto de un producto, un
suministrador, un mercado o un país.
También se quiere que la producción y el consumo de energía tengan
un impacto favorable en el pib, la inflación, la balanza comercial, el empleo, la
formación bruta de capital fijo y las finanzas públicas. La energía no debe ser
un obstáculo ni un lastre, sino que debe facilitar el crecimiento económico, la
competitividad y la creación de empleos, así como propiciar una mayor recaudación
fiscal y acentuar su efecto multiplicador en el resto de la economía.
Otro anhelo fundamental es que las rentas económicas asociadas a los
recursos naturales sean recuperadas por el Estado y distribuidas a toda la
población por medio del gasto público. Se trata de un derecho de la nación,
que detenta la propiedad inalienable e imprescriptible sobre los recursos
naturales estratégicos.
En el plano social, el país aspira a que las necesidades energéticas
básicas de la población sean cubiertas en su totalidad con una oferta
cómoda, flexible, diversificada y en condiciones de utilización razonables,
lo cual sería inútil sin solvencia económica y financiera de las familias para
consumir energéticos modernos. También se quiere que las rentas económicas
asociadas a la energía se distribuyan de forma equitativa y no agudicen la
concentración de la riqueza o la exportación de capitales. La energía puede
y debe contribuir a la reducción de las desigualdades sociales.
El suministro de combustibles y los servicios públicos de electricidad
y gas natural —al que se aspira en el largo plazo— deben estar plenamente
orientados al aumento del bienestar colectivo. La ciudadanía exige que

500

CEPAL

se preste el servicio público de energía eléctrica a todo el que lo solicite
brindando las mismas oportunidades de acceso, lo cual implica que el
suministrador —público o privado— asuma la obligación de abastecer y
ampliar la cobertura. El servicio no puede negarse en razón de raza, religión,
sexo, edad, ideología, preferencia sexual, situación económica o estado
de salud. Los usuarios deben recibir el mismo trato, sin discriminación
ni favoritismos.
Se espera que los usuarios en circunstancias similares paguen la
misma tarifa, de ahí que los subsidios cruzados sean ilegítimos, excepto si
lo decide el legislador, que es la representación nacional. Se requiere que el
servicio incorpore innovaciones tecnológicas y evolucione continuamente
en cantidad, calidad y diversidad para que pueda adaptarse a las nuevas
situaciones y necesidades de los usuarios.
Si se considera que la electricidad es un bien de primera necesidad,
e incluso un derecho fundamental en el siglo xxi; que el acceso al servicio
público es un factor de identidad —pues contribuye al sentimiento de
pertenecer a una sociedad que trata a sus miembros con equidad—, al tiempo
que un componente importante de la política de desarrollo y equilibrio
regional, entonces se justifica la uniformidad nacional de precios, para que
los usuarios paguen igual por un mismo servicio cualquiera que sea la zona
en la que se encuentre. Lo anterior implica otorgar subsidios cruzados entre
zonas rentables y menos rentables.
Se requiere operar y expandir los sistemas de abastecimiento
manteniendo elevados estándares de seguridad industrial para minimizar
los riesgos de daño a personas y bienes. De igual manera, se requiere armonía
social, es decir, tomar en cuenta y respetar a las comunidades aledañas a
las infraestructuras en sus actividades productivas y sociales, idiosincrasia,
tradiciones y valores estéticos.
También se desea que la producción y el consumo de energía se
realice en forma compatible con el entorno natural. Se aspira a contar con
aire, agua y suelo libres de contaminantes; biodiversidad fuera de peligro
en su ambiente natural; ecosistemas escasamente perturbados, así como
racionalidad en la explotación de las cuencas hídricas y los hidrocarburos
que pudieran descubrirse en trabajos exploratorios.
La sociedad dominicana también anhela que el desarrollo del sector
energético contribuya en la construcción y consolidación de una nación más
prospera, soberana, igualitaria y justa. La política energética —necesariamente
de Estado— debe contribuir a fortalecer la seguridad nacional, ampliar el
espacio de maniobra para el diálogo y la concertación; equilibrar el poder

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

501

político y el poder económico, además de promover y facilitar la participación
ciudadana en la toma de decisiones.
En el plano institucional, se espera de las autoridades tutelares,
entes reguladores, directivos y trabajadores del sector, solvencia técnica
y administrativa, honestidad y compromiso con la nación, elementos
fundamentales para generar confianza y seguridad de que se actúa en aras
del bien común y no de intereses particulares, de grupo, de partido o de otro
país. Se anhela un sector libre de toda forma de corrupción, robo, fraude de
combustibles y electricidad.
Por último, la ciudadanía demanda participación en el diseño de la
política energética, así como transparencia y rendición de cuentas sobre el
comportamiento y desempeño de las empresas que abastecen de energía
al país. Y cuando se trata de recursos públicos, exige transparencia en las
decisiones de inversión, contratación de deuda, adquisición de bienes y
servicios y fijación de precios.
2.

Las tendencias de fondo

Grandes inercias caracterizan al sector energético, pues lo componen
industrias de infraestructura, pesadas, complejas, de fuertes inversiones y
con largo tiempo de recuperación del capital. De continuar las tendencias,
y sin cambios fundamentales en la política energética, el desempeño del
sector en el período 2007-2030 tendrá las características siguientes:
i) El consumo de energía seguirá aumentando pero a tasas
inferiores a las del pib. Se ha mencionado que, en los últimos 30
años, la intensidad energética se redujo en poco más de la mitad
en razón de un crecimiento en el consumo de energía inferior
al ritmo de progresión del pib, pues la expansión económica
se basó en áreas poco intensivas en el uso de la energía. La
disminución más importante ocurrió entre 1973 y 1981. A
partir de entonces, y hasta 1993, la declinación se interrumpió
y estuvo sujeta a una gran variabilidad, reanudándose con
mayor lentitud, pero de manera persistente, hasta el presente.
Esta tendencia continuará porque la expansión económica se
apoyará en los servicios y en una industria poco intensiva en
el uso de energía.
ii) El consumo por habitante seguirá progresando. El desarrollo inercial
del país implica un aumento paulatino del consumo de energía
por habitante. Esa progresión sólo podría frenarse en caso de crisis
económica severa y persistente. En otras palabras, el consumo de

502

CEPAL

energía tenderá a crecerá más rápido que la población, la cual ha
progresado a un ritmo de 1,5% anual en los últimos años.
iii) Los combustibles fósiles seguirán satisfaciendo la mayor parte de
las necesidades de energía. Conforme el país se ha desarrollado,
los combustibles fósiles han penetrando en el balance de energía,
complementando o sustituyendo a los combustibles tradicionales.
En la actualidad, 81% del consumo primario del país está constituido
por petróleo crudo, gas natural, carbón y productos petroleros.
Su participación absoluta y relativa en la oferta de energía al
mercado nacional seguirá aumentando en razón del aumento de
la demanda para el transporte y la generación de electricidad,
así como de la lenta incorporación de fuentes alternativas.
iv) Las importaciones aumentarán su participación absoluta y relativa
en el consumo primario de energía. Hasta el momento, los trabajos
de exploración no han permitido descubrir petróleo, gas natural
o carbón en cantidades comerciales. De continuar la tendencia, la
demanda de combustibles será satisfecha con importaciones. En
la actualidad, 81% de la energía que requiere el país proviene del
extranjero. El petróleo crudo y sus derivados representan 89%
de las importaciones.
v) El petróleo crudo y sus derivados seguirá siendo la energía más
consumida. La expansión de la oferta de energía durante las
últimas décadas ha reposado fundamentalmente en el petróleo y
sus derivados, al punto que en la actualidad participan con 72% y
60% en el consumo primario y final de energía, respectivamente.
Aunque se incorporen o fortalezcan los energéticos alternativos,
entre ellos otros combustibles fósiles, el petróleo seguirá siendo
la energía más consumida.
vi) El carbón y el gas natural continuarán remplazando a los derivados
del petróleo en la generación de electricidad. Desde finales de la
década de 1990, inició una tendencia hacia la diversificación del
parque de generación, empezando con la construcción de centrales
de ciclo combinado alimentadas con gnl. Actualmente están en
construcción dos centrales carboeléctricas de grandes dimensiones,
y se ha tomado la decisión de aumentar las importaciones de gnl
para sustituir fuel oil y diesel en las centrales generadoras. En
2030 se tendrá un parque de generación más diversificado y un
mejor equilibrio en la participación de los combustibles fósiles.
Esa tendencia implicará la declinación del peso relativo de la
hidroelectricidad en la generación de electricidad.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

503

vii) Las fuentes renovables de energía diminuirán su peso relativo en
la matriz energética. De mantenerse las tendencias, las fuentes
alternativas continuarán aprovechándose cada vez más, pero su
progreso será lento. En consecuencia, su peso relativo disminuirá
ante el importante avance de los combustibles fósiles.
viii)La electricidad seguirá ampliando su participación en el consumo
final de energía. La electricidad es el energético por excelencia de
la vida moderna. Su importancia ha venido creciendo desde hace
varias décadas y lo seguirá haciendo en el futuro. En la actualidad
representa 27% del consumo final. Dicho porcentaje se eleva hasta
41% en el caso de la industria, que es el área en la que muestra
su crecimiento más dinámico. En el sector residencial, la tasa de
cobertura alcanza 80 por ciento.
ix)La leña seguirá siendo la energía más utilizada en los hogares rurales.
Por tradición, los hogares han cubierto sus necesidades energéticas
con el uso de leña. Con la modernización paulatina del país, este
recurso se ha estado sustituyendo con gas lp y electricidad. Esa
tendencia continuará en el futuro. Por lo pronto, la leña satisface
47% del consumo final de energía del sector residencial, pero ese
porcentaje se eleva hasta 63% en los hogares del campo.
Pero el desempeño del sector hacia el año 2030 no sólo dependerá
de las tendencias del pasado y de las condiciones del presente, también
responderá a las medidas de política energética diseñadas y puestas en
marcha para orientar el desarrollo del sector en función de las políticas
generales de desarrollo. La formulación de la política energética —que no
se trata de un acto único, sino de un proceso continuo de aprendizaje y
adaptación—, se efectúa en un contexto caracterizado tanto por restricciones
e incertidumbres, como por la compleja dinámica de fuerzas nacionales e
internacionales. Difícilmente es la expresión de una racionalidad pura ex
ante o ex post; la mayoría de las veces refleja más bien un compromiso entre
las fuerzas presentes.
3.

Estrategias para acelerar el desarrollo

De cara al año 2030, el reto de la política energética consiste en establecer
una serie de acciones tendientes a corregir los desequilibrios de corto y
mediano plazo que aquejan al propio sector y, al mismo tiempo, sentar
las bases de una modernización para que las industrias de la energía sean
capaces de soportar e impulsar con bases sólidas el proceso de movilización
y proyección del potencial de desarrollo nacional con un crecimiento y
equidad duraderos y elevados. De igual modo, encauzar a los agentes

504

CEPAL

económicos hacia el desarrollo sostenible del consumo y la oferta de energía.
Por ejemplo, debería propiciar el aceleramiento de algunas tendencias,
como la sustitución de la leña en los hogares y el aprovechamiento de las
fuentes renovables, pero la desaceleración de otras fuentes, como el avance
de los fósiles y las importaciones. También se debería enfocar a mitigar los
impactos negativos, como los de tipo ambiental o social.
En atención a los objetivos generales de largo plazo, es recomendable que
la estrategia se enfoque a cumplir con los objetivos específicos siguientes:
i)
ii)
iii)
iv)

Disminuir la dependencia petrolera
Reducir los costos de abastecimiento
Elevar la confiabilidad y calidad del suministro
Ampliar para los hogares el acceso a energéticos modernos y a
la posibilidad de consumirlos
v) Elevar la capacidad del Estado para garantizar que el sector
energético cumpla su cometido
Las estrategias para lograrlo:
i) Sustitución de petrolíferos por otros energéticos nacionales o
importados
ii) Aprovechamiento de las fuentes locales de energía, fósiles y
renovables
iii) Ahorro y uso eficiente de la energía
iv) Ampliación y mejoramiento de la infraestructura
v) Fortalecimiento de las autoridades tutelares y regulatorias
vi) Mejoramiento del marco institucional, legal y regulatorio
vii) Cooperación internacional
a) Disminuir la dependencia petrolera

Uno de los problemas estructurales del sector energético es la elevada
dependencia del petróleo y sus derivados, así como la excesiva atadura a las
compras de energéticos en los mercados externos. Esa doble dependencia
pone en riesgo la seguridad energética e impacta negativamente la economía
y el ambiente. La estrategia para solucionar ese problema debe combinar
medidas tanto del lado de la oferta como de la demanda: por una parte,
diversificar fuentes de suministro para desplazar productos petrolíferos por
otros energéticos, con énfasis en los de origen nacional, así como sustituir
petróleo importado por petróleo nacional resultado de un importante esfuerzo
exploratorio; por otra parte, incrementar la eficiencia a lo largo de las cadenas
de suministro para desacelerar la demanda nacional de energía, así como
alentar las actividades productivas de baja intensidad energética.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

505

i) En primer lugar, se trata de sustituir petróleo por gas natural
y carbón en la generación de electricidad y en las actividades
industriales. Aunque en una primer etapa se trata de combustibles
fósiles e importados, presentan precios menos elevados, alto
contenido energético en el caso del carbón y disponibilidad de
tecnología altamente eficiente para su aprovechamiento, como son
las centrales de ciclo combinado y los hornos de lecho fluidizado.
Las posibilidades sustantivas de penetración del carbón en el
balance energético están limitadas a la generación de electricidad,
pero no así las del gas natural. En ese sentido, es conveniente
diseñar un plan detallado de introducción de ese hidrocarburo en
la matriz energética que incluya el desarrollo de infraestructura,
las inversiones requeridas, los mecanismos de promoción y
estímulo a los inversionistas, la definición de un marco jurídico y
regulatorio adecuado en transporte, almacenamiento, distribución
y comercialización. Por razones de seguridad energética, sería
conveniente que las autoridades sectoriales intervinieran en
la negociación de los precios de importación de gnl y en los
convenios de suministro del combustible. En una segunda etapa,
el gas y el carbón podrían ser producidos localmente, a condición
que el Estado cree las condiciones para que se realice un amplio
esfuerzo exploratorio y éste tenga éxito.
En segundo lugar, la estrategia consiste en sustituir petróleo
por energéticos generados a partir de fuentes renovables disponibles
localmente. Ese potencial endógeno ha sido poco aprovechado.
En términos de potencial y tecnología sólidamente establecida, los
recursos renovables que pueden tener un impacto importante en
le balance energético a mediano y largo plazo son los siguientes:
Energía eólica. Es la fuente con mayor potencial para
satisfacer las necesidades energéticas del país. Una de sus
limitaciones es la ausencia de líneas de transmisión cercanas
para integrar proyectos al mercado mayorista y de la
infraestructura de carreteras para acceder a lugares aislados.
Caña de azúcar. Esta fuente tiene la ventaja de un doble
aprovechamiento: producción de vapor y electricidad a partir
de la quema del bagazo (cogeneración) y producción de alcohol
carburante a partir de jugo de la caña. Ambas tienen la gran
virtud de ser tecnologías muy conocidas y probadas que pueden
aportar cantidades importantes de energía en poco tiempo. Es
conveniente establecer un plan de producción conjunto, por las
sinergias que se producen y para darle más flexibilidad frente a

506

CEPAL

la producción de azúcar. Como sustituto de la gasolina, el etanol
se cuenta entre los principales vectores energéticos del futuro.
La República Dominicana tiene ahí una gran oportunidad por
sus atributos geográficos, su mercado interno y su cercanía con
los grandes centros de consumo que se están desarrollando en el
continente (Estados Unidos, Canadá y México).
Hidroelectricidad a partir de micro y mini centrales. Su ámbito
de aplicación es regional, pues resulta una solución adecuada
para las poblaciones o unidades productivas aisladas del sistema
interconectado. Sin embargo, su gran limitación son los costos
relativamente elevados, por lo que sólo se desarrollarán si son
competitivos frente a otras opciones. Un sistema de subsidios
cruzados entre energías fósiles y renovables podría mejorar
sensiblemente su competitividad.
Energía solar. Esta fuente también presenta un potencial
interesante. Las modalidades fotovoltaicas ofrecen soluciones
adaptadas a las necesidades de pequeñas unidades productivas o
servicios públicos, como centros de salud y escuelas, aislados de la
red. Las modalidades fototérmicas son una buena solución para el
calentamiento de agua en hoteles. El aprovechamiento mediante
concentradores para generar electricidad tiene potencial atractivo
en el sur y el noroeste por ser las regiones de mayor radiación
solar directa.
Otras energías alternativas. La producción de biogás o
electricidad a partir de los desechos urbanos y agrícolas, ya son
tecnologías que pueden aprovecharse rápidamente, aunque sus
costos debilitan su competitivas frente a otras opciones. En un
horizonte más lejano, se sitúa la producción masiva de biodiesel,
que ya cuenta con proyectos demostrativos.
ii) Sustituir petróleo y petrolíferos importados por productos
nacionales. Es recomendable que los petrolíferos que no puedan ser
sustituidos por otros energéticos sean producidos internamente a
partir de petróleo extraído del subsuelo dominicano. Esa estrategia
implica dos conjuntos de acciones:
Hacer un gran esfuerzo exploratorio. Esto incluye la evaluación
del esfuerzo realizado hasta ahora; la revisión de los contratos
vigentes a fin de recuperar áreas; la identificación de nuevas zonas,
terrestres y marinas, para ofertarlas en un proceso de licitación

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

507

internacional; establecer un marco legal, contractual y fiscal que
sea atractivo para los inversionistas y maximice el esfuerzo.
Modernizar y ampliar el parque de refinación. Conviene
promover la inversión en una refinería adicional o en el aumento
y mejoramiento de la capacidad de refinación actual para depender
menos de la importación de productos refinados. Aunque esa
operación implicaría a su vez una mayor dependencia de las
compras foráneas de petróleo crudo, hay un margen de maniobra
más amplio para asegurar el abastecimiento a menores precios
(Pacto de San José, Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas,
acuerdos bilaterales…). En virtud de los problemas para aumentar
la capacidad de refinación en Estados Unidos —el mercado más
vasto del mundo—, conviene estudiar la posibilidad de convertir
al país en un centro refinador regional aprovechando las iniciativas
políticas de los países productores y las estrategias de las grandes
compañías petroleras internacionales.
iii)Reducir la demanda de petróleo mediante medidas de ahorro y
uso racional de la energía. Esta estrategia es la más noble entre las
posibilidades para contribuir simultáneamente a todos los objetivos del
desarrollo sustentable. Al reducir la demanda de energía en general, y
la demanda de petróleo en particular, se tendría un impacto favorable
en el ambiente, la economía y el presupuesto de los consumidores,
tanto de petrolíferos como de electricidad. Resulta fundamental
ampliar y reforzar la estrategia de ahorro y eficiencia energética
diseñada por el gobierno con la coordinación de la cne.
El programa de largo plazo debe estar definido como
un proceso integral, de orden cultural, político, económico y
tecnológico. En atención a esas características, debe englobar, entre
otras medidas, el ahorro energético, la transformación eficiente,
las sustituciones, la producción simultánea (cogeneración y
trigeneración), así como la promoción e introducción de las
innovaciones tecnológicas más eficientes y con más posibilidades
en el futuro, como las celdas de combustible, el transporte eléctrico,
el aire comprimido, las celdas solares, los sistemas híbridos y
los combustibles alternativos a los tradicionales (hidrógeno,
etanol, etcétera).
En virtud de la importancia del transporte en el consumo
de petrolíferos, resulta fundamental enfocar un esfuerzo singular
en este sector. Es necesario reordenar el sistema de trasporte

508

CEPAL

y mejorar el parque vehicular. Para elevar la eficiencia de
transformación energética, es preciso adoptar nuevas tecnologías
y sustituir combustibles. En paralelo, es importante mejorar la
infraestructura del sector, propiciar el transporte público masivo
y medios más eficientes (trenes, buses articulados…), mejorar la
administración del tráfico vehicular, obligar a revisiones técnicas
y restringir la importación de vehículos ineficientes.
En el sector comercial, servicios y gubernamental los
esfuerzos deben enfocarse en los sistemas de iluminación y
acondicionamiento térmico de los espacios; en cuanto a la oferta,
en la sustitución de glp por energía solar en el calentamiento
de agua. Estas mismas medidas se aplican en el caso del sector
residencial. En el caso de los hogares rurales, es fundamental
reducir el consumo de leña mediante el incremento en la eficiencia
de las estufas, la sustitución por glp, etanol y estufas solares. En
el sector industrial, las medidas deben concentrarse en elevar la
eficiencia de los procesos y la sustitución de equipos por otros
más eficientes. Por su importancia, la cogeneración debe ser
objeto de un programa específico.
b)

Reducir los costos de abastecimiento

Con la finalidad de mejorar la competitividad de los productos
dominicanos y disminuir el impacto en el presupuesto familiar, es prioritario
establecer un programa de reducción de costos a lo largo de las cadenas de
suministro que se traduzca en menores precios al consumidor final. En esa
dirección, resulta pertinente combinar las clásicas medidas de ahorro y uso
eficiente de la energía, con acciones tan diversas como las siguientes: sustituir
de insumos caros por otros más baratos; crear infraestructura adecuada,
optimizar su uso y darle mantenimiento apropiado; reducir al mínimo
indispensable el autoabastecimiento eléctrico; disminuir las pérdidas técnicas
y no técnicas en la red eléctrica de transmisión y distribución; renegociar
con generadores y distribuidores los contratos con excesivos márgenes de
ganancia, y eliminar las prácticas de poder de mercado. Uno de los puntos
delicados de este programa será transmitir al consumidor final las ganancias
de eficiencia y productividad logradas por lo operadores.
c)

Elevar la confiabilidad y calidad del suministro eléctrico

A mediano y largo plazo, la política energética deberá garantizar,
además del equilibrio financiero —ausente en la actualidad— tres objetivos
fundamentales: aumento de la infraestructura de generación, transmisión y
distribución; diversificación de fuentes de generación; reemplazo de fuentes

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

509

fósiles por fuentes renovables y fortalecimiento institucional (autoridades
tutelares y reguladoras, así como un marco normativo y regulatorio).
d)
Ampliar el acceso a energéticos modernos
y aumentar la posibilidad de consumirlos

Por razones de equidad y justicia social, resulta fundamental ampliar
el acceso de la población a energéticos modernos y distribuir el ingreso
para elevar el bienestar de las familias mediante la adquisición de hogares
dignos —con espacio suficiente, agua potable, drenaje, electricidad, techo,
piso y muros aislantes— y que estén equipados con aparatos domésticos
(eléctricos y térmicos), lo cual implica en ambos casos un mayor consumo
de energía.
También significa ampliar la cobertura y mejorar la calidad de
servicio en las comunidades rurales y urbanas marginales (véase el
recuadro IX.3), de tal manera que se incorpore a las propias comunidades
en la solución. Más que una electrificación, se debe plantear un amplio
proceso de energetización generosamente diseñado.

Recuadro IX.3
REPÚBLICA DOMINICANA: ELECTRIFICACIÓN RURAL.
HACIA 2030, COBERTURA COMPLETA
En 2001, se puso en marcha un Plan de Electrificación Nacional Rural por
parte de la cde. La meta del gobierno era aumentar la cobertura en áreas
rurales en 95% para 2015. El desafío es alcanzar 100% en 2030.
De acuerdo con el Banco Mundial (2004), la clave de la electrificación
rural es la necesidad de subsidiar la inversión entre 40% y 60%, pues la mayoría
de los proyectos son poco rentables dada la lejanía, la baja densidad de carga
y la raquítica capacidad de pago de las poblaciones rurales.
El tamaño relativamente pequeño del país y la amplitud de la red actual
ofrecen la posibilidad de conectar a la mayor parte de la población rural, pues
aproximadamente la mitad de las comunidades sin servicio se localizan a sólo
cinco kilómetros de la red. Para distancias mayores, resulta más conveniente
la instalación de sistemas aislados. En ambos casos, resulta fundamental la
coordinación de esfuerzos.
De ahí la pertinencia de revisar el Plan de Electrificación Nacional
Rural con la finalidad de racionalizar y equilibrar el subsidio entre las dos
alternativas: extensión de la red o instalación de sistemas aislados. Lo mejor

(Continúa)

510

CEPAL

Recuadro IX.3 (conclusión)
es que la ayuda —que debe otorgarse en forma competitiva y transparente—
se enfoque a permitir el acceso en lugar de subsidiar el consumo.
Subsidiar la inversión es indispensable, pues la economía familiar de los
hogares alejados de la red les impide comprar los sistemas. Por otra parte, los
pequeños empresarios de servicio de energía rural enfrentan obstáculos para
abastecer a esos hogares, entre otros, altos costos y escasez de capital.
Fuente: Comisión Nacional de Energía, Plan indicativo de la generación del sector eléctrico dominicano,
2006-2018.

Es importante recordar que, sin crecimiento económico, creación de
empleos y distribución del ingreso no habrá elevación de los niveles de
bienestar social. Garantizar el acceso a energéticos moderno no implica
necesariamente que la población los consuma, ya que puede carecer de
capital para adquirir equipos utilizadores, o si cuenta con ellos, no tener
los ingresos necesarios para pagar la factura de consumo.
e)
Elevar la capacidad del Estado para garantizar
que el sector energético cumpla su cometido

El quinto eje de la estrategia consiste en elevar la capacidad del
Estado para que esté en condiciones de conducir, participar, regular y
fiscalizar, todo ello de manera eficaz y eficiente, la operación y el desarrollo
de las cadenas de suministro. De otro modo, el sector energético no podrá
cumplir su papel de soporte del crecimiento económico y el bienestar
social, cuidando el ambiente y respetando las actividades productivas
y sociales de las comunidades aledañas a las obras de infraestructura.
Un Estado fuerte es fundamental para el desarrollo del sector
energético, lo cual no significa necesariamente la intervención directa en
actividades empresariales.
En primer lugar, significa capacidad para definir y poner en marcha
una política energética de Estado, independiente, veraz, integral, coherente y de
largo plazo. También significa capacidad para controlar que los operadores
públicos y privados actúen de conformidad con las políticas públicas en la
materia. Para lograrlo, se requiere fortalecer a la cne en los planos técnico,
económico, jurídico y político, para que pueda actuar como verdadera
autoridad de tutela, con recursos, instrumentos, margen de maniobra
y apoyo político.
En el ámbito de la regulación, significa capacidad para contar con
recursos económicos suficientes y cuadros con alta solvencia técnica y

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

511

honestidad a toda prueba. También implica un compromiso del Estado con
la regulación y el regulador. En esa dirección, se debe fortalecer el proceso
regulatorio mediante ajustes el marco jurídico y reglamentario; asimismo, se
requiere que el regulador cuente son sólido respaldo político: un regulador
aislado es un regulador anulado. En ese sentido, la eventual independencia
de la sie es un tema que merece profunda reflexión.
La creación de un ente regulador del subsector hidrocarburos
multiplicaría la dispersión institucional en materia de energía y tendería a
debilitar la unidad y fortaleza del Estado alrededor del poder ejecutivo. De
la experiencia internacional, se observa que el sistema de superintendencia
o comisiones reguladoras, a las que se otorga autonomía con la intención
de evitar la interferencia política, alejan efectivamente al regulador del
poder político, pero lo acercan a los problemas e intereses empresariales
privados, hecho que facilita la captura. Si se desea más capacidad de
control sobre actores con sustantivo peso económico y político, sería mejor
integrar autoridades políticas y regulatorias en una secretaría o ministerio
fuerte que podría construirse alrededor de la cne. Por esa razón, no es
aconsejable que la cne o la w se ocupe de la normatividad ambiental del
sector, pues duplicaría las funciones de la Semaren y el proceso regulatorio
en materia ambiental perdería integralidad y certeza. El ejercicio de ambas
regulaciones es practicada en algunos países desarrollados con larga
historia regulatoria e instituciones muy sólidas, que actúan en contextos
muy diferentes a los observados en los países en desarrollo.
f)
Proporcionar un apropiado marco
institucional, legal y regulatorio

Este eje de la estrategia consiste en el fortalecimiento del marco legal y
regulatorio para lograr un adecuado funcionamiento del sector, previniendo
prácticas anticompetitivas que resultan de la concentración de poder de
mercado en algunos actores. De forma simultánea, se trata de elaborar nuevas
legislaciones y regulaciones que aseguren el desarrollo sustentable del sector,
como la ley de eficiencia energética y la ley de aprovechamiento de fuentes
renovables. Es importante un esfuerzo adicional en materia de hidrocarburos,
pueslalegislaciónesobsoletaydispersa,sobretodoenelámbitodelaexploración
y producción de hidrocarburos. Por otra parte, como los aspectos ambientales
de los diferentes sistemas de suministro de combustibles no se han regulado
de manera adecuada, también en esta área se requiere un esfuerzo adicional.
g)

Integración energética

Finalmente, el séptimo eje de la estrategia consiste en fortalecer
—hasta donde lo permitan las condiciones de la República Dominicana y

512

CEPAL

la región— la cooperación internacional. En este punto, cabe explorar con
realismo opciones de integración energética con los países vecinos, pues se
trata de una de las líneas estratégicas con posibilidades de producir algunos
resultados que mejoren la seguridad y disminuyan los costos del suministro
externo de energía. El apoyo mutuo puede elevar la capacidad de respuesta de
los gobiernos para cumplir de manera más fácil y expedita con los objetivos
de la política energética que se han propuesto. La integración energética
se da en cuatro dimensiones: física, económica, política y empresarial. En
términos generales, su ritmo y alcance dependerán fundamentalmente de
tres factores: la dotación de recursos energéticos a bajo costo, las formas
de organización y regulación de las industrias de la energía y los factores
institucionales. Si hay disponibilidad de recursos naturales, las formas de
organización y regulación son compatibles, y si hay voluntad política, la
integración avanzará a grandes pasos; de lo contrario, la marcha será más
lenta. Resulta pertinente mencionar que el alcance de esta opción es hasta
cierto punto limitado, debido tanto al carácter insular del país como a las
restricciones que objetivamente representa la condición de desarrollo del
país vecino, Haití. Desde esta perspectiva, la integración energética ofrece
posibilidades limitadas en relación con los resultados que ya se observan de
esas políticas en el Istmo Centroamericano y en otros espacios geográficos
de la subregión y del mundo.
La República Dominicana ha desarrollado procesos de integración
energética bilateral y multilateral con los países vecinos, en especial con
Venezuela y México. El Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas,
que concede condiciones más benéficas que las del Acuerdo de San José,
ha dado un nuevo aliento a la integración. De ahí el interés en optimizar,
priorizar y multiplicar este tipo de instrumentos de cooperación solidaria,
para aliviar la carga fiscal y macroeconómica que representan los altos precios
del petróleo. En términos de seguridad energética, conviene fortalecer la
relación de amistad con los países origen de las importaciones, especialmente
Venezuela, Trinidad y Tabago y Colombia, países suministradores regionales
por excelencia en el corto y largo plazos.

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La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

515

Capítulo X

Cambio productivo e inserción internacional

Introducción
La República Dominicana, como en varias partes de América Latina,
atraviesa actualmente un importante proceso de transición en cuanto a
su vinculación con mercado mundial. Siendo una economía pequeña y
altamente dependiente del exterior, desde mediados del decenio de 1990
viene fortaleciendo su integración al mercado estadounidense de bienes
vía importaciones temporales para su exportación. El turismo, los ingresos
por inversión extranjera directa, las remesas, los costos de los energéticos
importados y el desempeño de las manufacturas nacionales comprenden
—a grandes rasgos— las principales variables que han afectado en forma
considerable la balanza de pagos de la nación. Cada uno de estos factores,
sin embargo, ha experimentado rotundas transformaciones desde entonces,
y con trascendentes efectos en la inserción de la República Dominicana a
la economía mundial: cambios en la organización industrial global de las
importaciones temporales para su exportación, sobre todo ante la creciente
presencia de países asiáticos, particularmente China; un desempeño incierto
en los flujos de turismo y cada vez mayores costos de la energía, que para
países sin mayores reservas energéticas —como es el caso de la República
Dominicana— deben realizar cuantiosos desembolsos de divisas.
En este capítulo se busca analizar la dinámica del sector externo
dominicano y los patrones de inserción en la economía internacional en el
largo plazo. Se tratan los hechos estilizados, las restricciones externas vigentes

516

CEPAL

y las perspectivas de largo plazo. Con base en la dinámica sectorial y de
segmentos de cadenas de valor, se destacan sugerencias de política para una
mejor integración global y con efectos positivos en el desarrollo nacional en
el largo plazo. Varios aspectos son relevantes en este contexto. En primera
instancia, el diagnóstico que se presenta a continuación es sintético y parte
de esfuerzos previos. En segundo lugar, se enfatiza el período iniciado en
la década de 1990 y particularmente desde el año 2000, considerando que
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2000) ya
había realizado, hasta ese momento, un análisis con diagnóstico y propuestas.
Tercero, en este análisis de la inserción externa de la República Dominicana
no se efectúa un detallado estudio cuantitativo —con base en funciones de
importación y exportación, por ejemplo—, sino que se examinan diversos
estudios existentes con objeto de presentar una visión estratégica de largo plazo
y se formulan propuestas de política económica en la perspectiva de 2030.
El capítulo se estructura en dos secciones. La primera se concentra
en el diagnóstico del sector externo de la República Dominicana y en ella
se abordan tres aspectos: un análisis de las condiciones generales y de
la política económica y comercial; un segundo acerca de los principales
factores que han afectado la balanza de pagos, y un tercer apartado sobre
la gestión de la política comercial. Sobre esta base, la segunda sección
aborda con mayor detalle propuestas puntuales en cinco dimensiones: la
macroeconómica; la mesoeconómica o institucional; la relacionada con el
potencial de escalamiento de las zonas francas y particularmente del turismo;
la relevancia del desarrollo tecnológico y la capacitación; y las políticas de
diversificación efectiva del comercio exterior de la República Dominicana,
con énfasis en Asia y particularmente la República Popular China.

A.

Condiciones externas a partir de los años noventa

Tras un prolongado período de estabilidad y auge económico durante la
segunda mitad de la década de 1990 la economía de la República Dominicana
enfrentó diversos y profundos problemas a partir de 2001. Respecto del
sector externo, desde 2001 —y por diversas causas que serán analizadas— se
percibe una creciente inestabilidad y amplias oscilaciones que repercuten
profundamente en la socioeconomía dominicana. Ésta es también una de las
razones por las que buena parte del período de análisis se divide en la fase
correspondiente a la década de los años noventa (1990-2000) y el posterior a 2001.
1.

Condiciones económicas generales y de política económica

Casi con nueve millones de habitantes —sin incluir un aproximado de 10%
adicional radicado en el exterior, sobre todo en Estados Unidos (PNUD,
2005)—, la República Dominicana ha sido desde la década de 1990 una

517

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

de las economías latinoamericanas más dinámica. Su PIB per cápita se
expandió durante 1990-2005 a una tasa de crecimiento promedio anual
(tcpa) del 3,2%, mientras en América Latina y el Caribe era del 1,4%; en el
cuadro X.1 se aprecia que el desempeño fue incluso superior en 1990-2000.
Pese a este sobresaliente ascenso, resalta la brecha con los países asiáticos
y particularmente con China: si en estos 15 años el PIB per cápita aumentó
67% en la República Dominicana, en China se multiplicó por casi 7 veces.
Además, la tcpa del PIB per cápita en República Dominicana descendió
a 0,7% en 2001-2005.
Cuadro X.1
PAÍSES SELECCIONADOS: PIB PER CÁPITA, 1980-2005
(Dólares de 2000) (Tasas de crecimiento promedio anual)
1980-2005
América Latina
y el Caribe
Argentina
Asia del Este y Pacífico
Brasil
China
México
República Dominicana

1990-2000

1990-2005

2001-2005

PIB per
cápita
en 2005
(1980=100)

0,5

1,7

1,4

1,5

113,14

0,3
6,6
0,4
8,5
0,8
2,1

3,3
7,1
1,1
9,2
1,8
4,4

2,5
7,1
1,0
9,1
1,5
3,2

2,7
7,7
1,0
9,1
1,3
0,7

107,22
495,24
110,47
776,88
120,69
167,27

Fuente: Elaboración propia con base en información del Banco Mundial (2007).

Esta dinámica en el PIB per cápita se explica en buena medida hasta
2000 —y tal como se analiza a detalle por la CEPAL (CEPAL, 2000)—
por su positiva integración a los mercados internacionales. La República
Dominicana es actualmente una de las economías más abiertas de América
Latina, e incluso a nivel mundial. Es notorio el crecimiento del coeficiente
de exportaciones a producto desde inicios de la década de 1990 hasta
2003 —cuando alcanzó su máximo con un 53%— muy por encima de los
niveles de otros países latinoamericanos como Argentina, Brasil y México,
pero también en comparación con otros asiáticos como China (véase el
cuadro X.2). Como resultado, en diversos años el coeficiente de las exportaciones
e importaciones de bienes y servicios con respecto al PIB fue superior al 100%.
Lo anterior no sólo implica un alto grado de apertura de la socioeconomía
dominicana desde los años ochenta y noventa, sino también un alto grado
de dependencia de los acontecimientos externos.
Un análisis más detallado sobre las fuentes del crecimiento económico
en la República Dominicana indica, sin embargo, profundas diferencias

518

CEPAL

Cuadro X.2
PAÍSES SELECCIONADOS: EXPORTACIONES DE BIENES
Y SERVICIOS CON RESPECTO AL PIB, 1980-2005
(Porcentajes)
1980

1990

1995

2000

2001

2002

2003

2004

2005

América Latina y Caribe
Argentina

13
5

17
10

19
10

21
11

20
12

24
28

24
25

26
25

26
25

Asia del Este y Pacífico

17

24

29

36

35

36

39

43

46

9

8

8

11

13

15

16

18

17

Brasil
China

11

19

23

23

23

25

30

34

37

México
República Dominicana

11
19

19
34

30
31

31
45

28
39

27
38

28
53

30
49

30
34

Fuente: Elaboración propia con base en información del Banco Mundial (2007).

sectoriales para los períodos 1990-2000 y 2001-2006.1 Los cuadros X.3 y X.4,
desde esta perspectiva, reflejan que:
a) En ambos períodos los tres grandes sectores agregados
—agropecuario, industria y servicios— crecen con tasas positivas.
No obstante, destaca que en el caso de las industrias se presentan
dinamismos significativamente diferentes durante ambos períodos.
Tanto en el rubro de la manufactura local como de las zonas francas
la tcpa cae a la mitad, de 6,7% a 4,6% para los períodos 19912000 y 2001-2005, mientras que fue de 8,8% y 0,3% para las zonas
francas. En términos de la tcpa sólo el sector agropecuario logra
recuperarse en el segundo período (2001-2006) como resultado de
la ganadería, la silvicultura y la pesca.
b) Sobresale en especial el caso de las zonas francas: el cuadro X.3 refleja
que la tcpa del sector cayó sustancialmente en el segundo período;
como resultado, la contribución al crecimiento del PIB por parte de
las zonas francas disminuyó del 8,8% al 0,46% entre ambos períodos.
En términos de la industria —la manufactura local, las zonas francas
y la explotación de minas y canteras— su contribución al crecimiento
del PIB se incrementó ligeramente, sobre todo ante la mayor
contribución al crecimiento del PIB por parte de la manufactura local.
c) Las tendencias anteriores reflejan que ha sido el sector servicios
—en especial las telecomunicaciones, hoteles, bares y restaurantes,
así como el transporte y el almacenamiento— el que ha contribuido


1

Un análisis más fino en el futuro debiera incluso dividir el reciente período 2001-2006
en dos: 2001-2004 y 2005-2006; sobre todo este último se ha caracterizado por una muy
espectacular recuperación económica.

519

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

Cuadro X,3
REPÚBLICA DOMINICANA: CRECIMIENTO DEL PIB Y CONTRIBUCIÓN
AL CRECIMIENTO DEL PIB POR SECTORES, 1991-2006
Tasa de crecimiento
promedio anual del PIB

Contribución al
crecimiento del PIB

19912000

20012006

19912006

Total

6,7

5,3

5,9

100,0

100,0

100,0

Agropecuario

2,3

3,2

3,0

3,5

5,3

5,2

Industria

7,3
1,0
6,7
1,1

3,5
6,6
4,2
-4,1

5,3
1,8
5,4
0,0

36,5
0,2
22,2
0,1

21,1
1,0
16,6
-0,5

28,4
0,3
19,3
0,0

8,0

4,0

5,4

3,8

2,3

2,7

8,8

0,6

4,9

6,6

0,6

3,5

8,8
8,9
9,4
6,4
11,1
6,6

-2,8
5,6
2,9
6,4
-2,8
2,4

3,8
6,4
6,3
6,4
6,5
4,7

4,1
2,5
7,5
45,3
2,5
10,1

-1,4
2,0
2,9
60,6
-0,9
4,4

1,6
2,0
5,2
54,1
1,5
7,5

11,5

6,6

9,0

9,9

8,7

1,5

8,6
15,3

1,3
20,8

5,7
18,9

7,8
7,5

1,5
34,9

5,3
20,8

8,7
1,5

5,9
3,3

8,1
2,3

3,0
1,7

3,2
3,8

3,5
2,8

2,1
1,3
4,7
5,7

4,1
4,2
0,5
3,2

3,4
2,6
3,2
4,4

0,5
0,3
1,40
5,80

1,0
0,9
0,2
3,7

0,8
0,6
0,9
4,8

Minería
Manufactura Local
Azúcar
Elaboración de
bebidas y productos
de tabaco
Zonas francas
Textiles y prendas
de vestir
Otras
Construcción
Servicios
Energía y agua
Comercio
Hoteles, bares y
restaurantes
Transporte y
almacenamiento
Comunicaciones
Intermediación
financiera, seguros y
actividades conexas
Alquiler de viviendas
Administración
pública y defensa,
seguridad social
Enseñanza
Salud
Otros

19912000

20012006

19912006

Fuente: Elaboración propia con base en CEPAL sobre las cifras del Banco Central de la República Dominicana,

mayoritariamente al crecimiento del PIB desde la década de 1990
y con el 60,6% durante 2001-2006.
d) En términos de la productividad laboral —el coeficiente del PIB con
respecto a la población ocupada— el cuadro X.4 refleja que ésta se

520

CEPAL

contrajo entre el período 1991-2000 y el de 2001-2006. Aun así, las
tendencias sectoriales son resultado de un diverso desempeño en
el empleo y el PIB. En el caso de las zonas francas, por ejemplo, el
aumento de la productividad laboral de 2001-2006 con respecto
a 1991-2000 —de 6,8% y 4,1%, respectivamente— deriva de una
ligera caída en el PIB durante el segundo período y una declinación
del 16,9% en el empleo.2 En el sector servicios, por el contrario,
el empleo se incrementó en un 15,6% durante 2001-2006 y el
PIB lo hizo en 22,4%. El desempeño es diametralmente opuesto:
mientras que la dinámica de la productividad de las zonas francas
es resultado de una reducción del PIB y otra mucho mayor de la
población ocupada, en el turismo ambos factores se elevan a tasas
de dos dígitos, siendo mayor el de la producción.
Cuadro X.4
REPÚBLICA DOMINICANA: PRODUCTIVIDAD LABORAL
POR SECTORES, 1991-2000 Y 2001-2006
1991-2000
Total
Agropecuaria
Explotación de minas y canteras
Manufactura local
Manufactura zonas francas
Construcción
Servicios
Energía y agua
Comercio
Hoteles, bares y restaurantes
Transporte y comunicaciones
Intermediación financiera, seguros y otras
Administración pública
Otros

2001-2006

3,6
1,5
2,2
4,4
6,8
0,8

0,6
0,8
8,5
0,9
4,1
-1,0

5,9

1,1

0,0
3,0
3,9
6,8
9,7
-18,8

-1,6
3,3
3,5
2,7
-0,7
2,2
-6,6

Fuente: Elaboración propia con base en CEPAL sobre las cifras del Banco Central de la República Dominicana.

El desempeño de la década de 1990, sin embargo, se interrumpió con
cambios profundos desde el año 2000. Ante la disminución de la dinámica
importadora estadounidense desde 2001, su menor crecimiento económico
en general, la creciente competencia con países asiáticos y particularmente
con China, así como la crisis bancaria de 2003, cuyo costo alcanzó 20,5% del
PIB, la economía dominicana atravesó por múltiples dificultades de las que
apenas se está recuperando desde 2004-2005 (CEPAL, 2005 y 2006).


2

Este desempeño reciente de las zonas francas es importante considerando su contribución al
crecimiento del PIB y las brechas positivas que había logrado hasta 1998 con respecto al resto
de la economía en términos de la productividad total de los factores y del laboral (Young, 2002).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

521

Dichas dificultades se concentraron inicialmente en el sector externo
y en las compras de energéticos, dado que el incremento de los precios del
petróleo ocasionó que para el año 2000, la República Dominicana tuviese que
desembolsar 1.505 millones de dólares por el pago de petróleo al exterior.
Esta cifra fue 857 millones de dólares más elevada que la desembolsada
apenas dos años antes; en 2005 las importaciones de petróleo y sus derivados
representaron casi 2.800 millones de dólares (Monegro, 2005).3 Un segundo
problema proveniente del exterior surgió con el período de recesión económica
de Estados Unidos. En la República Dominicana, el sector más afectado fueron
las exportaciones de las zonas francas, pues las importaciones realizadas
por Estados Unidos descendieron casi en 200 millones de dólares en 2001,
siendo el primer año de declinación en las exportaciones dominicanas desde
1990. Una tercera complicación de origen externo se suscitó con los eventos
del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Dichos eventos generaron
una profunda caída en la actividad turística mundial. En la República
Dominicana, la actividad del sector turismo se contrajo 1,5% en ese año y
apenas creció por debajo del 1% al año siguiente (véase el cuadro X-15 del
compendio estadístico).
En síntesis, estos tres eventos externos pusieron en evidencia la fragilidad
externa de la República Dominicana y cuestionaron a dos de sus tres principales
fuentes de divisas (exceptuando las remesas), es decir, las zonas francas y
el turismo. Además, se ha profundizado la falta de competitividad de los
proveedores a las zonas francas y del sector manufacturero local en su conjunto,
lo que se manifiesta en una caída del valor agregado doméstico añadido a las
actividades en las zonas francas (Fairbanks y otros, 2006) y en un persistente
déficit comercial del sector manufacturero local desde los años noventa.
Ante la disminución absoluta de las exportaciones y las importaciones de
bienes en 2001 y 2002 el sector público buscó mantener los niveles de actividad
económica vía la construcción y el endeudamiento externo (Despradel, 2006).
A pesar de las condiciones adversas, la economía dominicana logró crecer
a tasas reales de 1,8% en 2001, aunque se desplomó en 2003. La quiebra de
varias instituciones del sistema bancario dominicano en 2003 truncó estos
esfuerzos y ocasionó la peor caída del PIB desde 1990. En este año, el gobierno
de la República Dominicana acudió al Fondo Monetario Internacional (FMI)
para obtener los recursos que le permitieran saldar los problemas financieros,
y hasta 2007 se habían firmado seis Cartas de Intención ante ese organismo.
Así, desde 2001 y en especial desde 2003, la República Dominicana había


3

Las cifras del cuadro X-9 del compendio estadístico que está en el CD-Rom anexo a este
libro y del cuadro sobre importaciones nacionales (fob) de petróleo y sus derivados no
concuerdan debido a que el segundo incluye la totalidad de las importaciones bajo este
rubro. En ambos casos, no obstante, se visualiza el enorme incremento de las importaciones
petroleras durante 1998-2000 y el crecimiento de su costo desde entonces.

522

CEPAL

vuelto a un período de inestabilidad económica, en la que destacan la
contracción del PIB, el aumento de los precios relativos en un 42,7% en 2003,
un período de fuertes oscilaciones y profunda devaluación del peso, así como
marcadas pérdidas en el salario, disminución en la generación del empleo,
de la inversión bruta interna y del consumo. El incremento de la deuda
externa y la salida de capitales en 2003 alentaron una mayor incertidumbre.
Desde entonces el gobierno tomó una serie de medidas —entre las
que sobresalen el programa de estabilización con el FMI desde 2003 y hasta
hoy día (CEPAL, 2005 y 2006; FMI, 2004; 2006a, 2006b y 2006c; SEEPD,
2007)— además de las siguientes:
a) Reforma fiscal (2004 y 2006). Se modificó la tasa del impuesto a las
personas físicas, exceptuando los primeros ingresos anuales por
240.000 pesos; se elevó la tasa del impuesto a las ventas (ITBIS)
del 12% al 16%; se incrementó la tasa del impuesto al consumo
de bebidas alcohólicas, no alcohólicas y de cigarrillos, así como
un nuevo impuesto de 10% a los servicios de telecomunicaciones,
entre otros. Desde 2005, de igual forma, todos los tributos no
contemplados en el Código Tributario serán ajustados anualmente
por el índice de inflación.4
b) Aprobación del Tratado de Libre Comercio entre la República
Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA, por
sus siglas en inglés) en 2005.5 El acuerdo es significativo para
generar mejores expectativas de crecimiento del comercio y de
las inversiones con Estados Unidos y abrir nuevas condiciones
de competencia comercial con Centroamérica, México y Asia.
c) También como resultado del acuerdo con el FMI se tomaron
restrictivas medidas monetarias y crediticias para absorber el
exceso de liquidez. En mayo de 2004 las tasas de interés activas
alcanzaron su máximo —con un 35,7%— y descendieron desde
entonces hasta caer a niveles cercanos al 17% a fines de 2005.


4



5

A finales de 2006 se tomaron nuevas medidas para profundizar la reforma tributaria (la
tercera desde 2003), incluyendo el incremento de los impuestos al tabaco, combustible,
alcohol, seguros, las apuestas y el derecho de circulación de los vehículos, así como un
recorte de 25% al salario de los altos funcionarios.
La reforma fiscal dominicana también está estrechamente vinculada con el proceso de
apertura y el DR-CAFTA, considerando que el ITBIS sobre los productos importados ha
sido históricamente considerable: los ingresos fiscales relacionados con las importaciones
—incluyendo aranceles y el ITBIS— cayeron del 36,2% en 1995 al 29% en 2001 y reflejan
el importante costo fiscal del proceso de apertura y de la reducción arancelaria de las
importaciones (OMC, 2002).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

523

d) En el marco del régimen de libre flotación formalizado en 2004 se
presentaron dos marcadas tendencias. Desde la crisis bancaria y
hasta inicios de 2004, la cotización del dólar bajó de niveles de 37,50
pesos en diciembre de 2003 —después de una larga estabilidad
del tipo de cambio nominal a niveles cercanos a los 17 pesos por
dólar— a 54 pesos por dólar en 2004. Desde entonces, en cambio,
se registra una creciente apreciación para llegar a niveles inferiores
a los 33 pesos hacia fines de 2006. Si bien existe un debate al
respecto, la CEPAL (CEPAL, 2006a) estimó que en 2006 el tipo de
cambio real se encontraba ligeramente sobrevaluado, después de
una aguda subvaluación durante 2003 y 2004.
Así, después de casi una década de un sostenido y relativamente alto
crecimiento económico, el período 2001-2004 fue de alta inestabilidad y bajo
desempeño socioeconómico. Si bien durante 2004, y en especial durante 2005,
el PIB ha vuelto a expandirse en forma relevante —con niveles superiores
al 10,7% durante 2005-2006 (BCRD, 2006 y 2007)—; la recuperación desde
entonces se ha dado principalmente con base en el consumo —público y
privado— y la demanda interna, mientras que el crecimiento del comercio
exterior de bienes —importaciones y exportaciones— ha sido positivo
durante 2003-2005, pero ha estado muy por debajo del desempeño exhibido
durante los años noventa.
Si bien algunos sectores mostraron signos de recuperación a partir de
2004, otros siguieron sufriendo importantes deterioros o un crecimiento muy
por debajo del PIB nacional. El caso de la industria —con un pronunciado
decrecimiento durante 2001 y 2004 y un aumento del PIB sectorial por debajo
del nacional en 2005-2006— y la manufactura son relevantes. Además, los
niveles de desempleo se elevaron para el año 2004 y aún en 2006 se hallaban
por encima de los niveles observados en el período anterior a 2001, al tiempo
que se incrementó el número de empleados en el sector informal.6 Uno de los
principales factores que detonaron el incremento de la demanda interna fueron
los salarios en todos los estratos de las empresas desde 2005, revirtiendo las
tendencias negativas durante 2001-2004. No obstante, los salarios reales se
encuentran todavía por debajo de los niveles de finales de la década de 1990.7


6



7

Según la última información disponible (BCRD, 2007) en 2007 casi 2 millones de trabajadores
—o el 56% del total— se desempeñaban en el sector informal con un ingreso promedio
22% inferior al del sector formal.
Según reciente información de CEPAL, los salarios reales —tomando como base a 2000—
continuaban en 2006 muy por debajo de sus niveles de 2000 y representaban en las
empresas privadas grandes, pequeñas, en las zonas francas y en el sector público un 89,2%,
89,5%, 74,4% y 67,2%, respectivamente, los niveles del año base. Destaca que después de
la generalizada caída en 2003-2004 las grandes y pequeñas empresas privadas lograron
recuperarse, mientras que los salarios en las zonas francas y en el sector público todavía
se mueven muy por debajo de los niveles de 2000.

524

CEPAL

En los años recientes la integración económica de la República Dominicana
enfrentó un parteaguas: ¿puede el sector externo —y en particular las exportaciones
dominicanas— continuar siendo el motor de crecimiento de la economía como
lo hizo en los años noventa? o ¿será el mercado interno, como lo ha hecho
recientemente, el principal factor de crecimiento de la economía? Considerando
que ambos sectores —el interno y el externo— seguirán siendo significativos
para la socioeconomía dominicana, ¿cuáles serán los factores externos que
afectarán el crecimiento socioeconómico de la República Dominicana?
En lo que sigue se destacarán las principales características del sector
externo de la República Dominicana con énfasis en el período que arranca en
el año 2000.
2.

Política comercial

Se han analizado anteriormente los cambios macroeconómicos y de la
política comercial desde los años ochenta y hasta fines de la década de 1990
(CEPAL, 2000). Desde 2000 —y como se presentó en el capítulo anterior—,
la política macroeconómica ha estado estrechamente vinculada con la crisis
bancaria iniciada en 2003 y los subsecuentes programas de estabilización
adoptados con el FMI desde entonces.
La política comercial, por otra parte, puede dividirse en dos grandes
períodos hasta 2000 (CEPAL, 2000; OMC, 2002, 2003 y 2006):
a) En la década de 1980, la República Dominicana inicia el tránsito de la
sustitución de las importaciones a una cautelosa apertura comercial,
aunque todavía con múltiples mecanismos reguladores, como licencias,
aranceles, permisos, prohibiciones, exenciones al comercio exterior.
Diversos impuestos a las exportaciones e importaciones y muy
altos niveles de protección efectiva (BM, 1987) generaron grandes
limitaciones al comercio exterior en general, con la excepción de las
zonas francas.8 Se consolidaba así una “economía dual” entre las
zonas francas y el resto de la economía dominicana, en términos de
la balanza comercial, el acceso a divisas y el trato fiscal.



8

La Ley 8-90 otorga una serie de incentivos durante un período de 15 años a las empresas
que se acogen situadas en estas zonas geográficas, particularmente la exoneración del
pago de los impuestos sobre la renta y sobre las sociedades, el ITBIS sobre los productos
importados y los derechos de importación sobre todos los insumos y equipos utilizados
para el establecimiento y funcionamiento de la empresa, impuestos municipales, impuestos
de exportación, entre otros. Además, las empresas en las zonas francas localizadas en la
frontera con Haití disponen de otros beneficios, como una exoneración por 20 años de los
impuestos citados y subvenciones para el arrendamiento.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

525

b) Con el Nuevo Programa Económico (NPE) la política comercial
asumió un papel fundamental: la orientación exportadora de
la economía —o al menos de un segmento de ella— permitiría
abandonar la sustitución de las importaciones y que aquélla se
convirtiera en el motor de crecimiento de la economía. Se llevaron
a cabo significativos cambios en la normativa9 y sustanciales
reducciones y simplificaciones arancelarias; desde inicios de los
años noventa se inició la aplicación de aranceles ad valórem, se
eliminaron las crestas arancelarias y se redujo el arancel de Nación
Más Favorecida (NMF): el promedio efectivo se contrajo del 17,8% al
8,6% durante 1996-2000 y en 2000 el 66% de las partidas arancelarias
estaba gravado con un arancel de entre 0-8% y el 99% entre el
0-20%, a diferencia de un 44% y 62% en 1996, respectivamente. 10
En la presente década se implementaron nuevas modificaciones
arancelarias, destacando las relacionadas con el DR-CAFTA (ver
más adelante en este mismo capítulo).
Desde 2000 destacan cuatro nuevos aspectos en la política comercial,
que se vuelve más propiamente de inserción externa: a) la negociación de
los tratados de libre comercio con diversos países y grupos de países, el
más relevanta con Estados Unidos; b) una serie de medidas para fortalecer
las zonas francas; c) instrumentos para fortalecer la integración del aparato
productivo con las exportaciones dominicanas, y d) diversas medidas
dirigidas al sector turismo.
a) Bajo el primer acápite, y después de la Iniciativa de la Cuenca del
Caribe (ICC) que entró en vigor en 1984 y la Ley de Asociación
Comercial Estados Unidos-Cuenca del Caribe (CBTPA, por sus
siglas en inglés) desde los años ochenta y el TLC firmado con la
Comunidad del Caribe (CARICOM), la República Dominicana
ha realizado un esfuerzo importante para fortalecer sus
relaciones comerciales con al menos tres bloques comerciales:
i) Centroamérica, ii) la Unión Europea, y iii) Estados Unidos.
Este último, por los montos comerciales entre ambos países, sus
efectos fiscales y las potenciales repercusiones en general, es el
más significativo. Estos esfuerzos también reflejan la estructura
comercial de la República Dominicana con sus principales socios
comerciales.11


Por ejemplo, con la promulgación de la Ley de Inversión Extranjera en 1995 y diversos
reglamentos en 1996 y 1997.
10
 Desde entonces el promedio arancelario efectivo se ha mantenido constante; de un 8,5%
para todos los bienes, de un 13,2% para los bienes agrícolas y un 7,8% para los no agrícolas
(OMC, 2006).
11
 Como se verá más adelante, y sin incluir a las exportaciones de las zonas francas, Estados
9

526

CEPAL

En el marco de Acuerdo de Libre Comercio negociado en 1998 entre
la República Dominicana y Centroamérica, en el 2001 entraron en vigor
los correspondientes a El Salvador, Guatemala, y Honduras, mientras
que en marzo del 2002, tras la firma del Memorando de Entendimiento,
entró a regir el acuerdo con Costa Rica. Este esquema preferencial se
suma al establecido en el protocolo de implementación firmado por la
República Dominicana y la Comunidad del Caribe firmado en abril del
2000, que entró en vigor a fines de 2001. El acuerdo no incluyó a Haití
debido a que éste se adhirió a la CARICOM después de iniciadas las
negociaciones (OMC, 2002).
Considerando la importante participación y el incremento del
comercio exterior entre la República Dominica y la Unión Europea (UE)
y que más del 40% de los turistas que visitan el país provienen de la
UE, así como el marco de los Convenios de Lomé —con los países del
África subsahariana, el Caribe y el Pacífico (países ACP) en 1975 y que
expiró en 2000— y de Cotonou —que retomó los Convenios de Lomé y
entró en vigor en 2003—, desde septiembre de 2002 los Estados ACP y la
UE iniciaron negociaciones en el plano comercial para establecer nuevos
Acuerdos de Asociación Económica (EPA, por sus siglas en inglés) que
todavía no han concluido. Mediante estos EPA se busca eliminar las
excepciones de las exportaciones dominicanas —considerando que en
general éstas ingresan a la UE libres de arancel y de cuota— en sectores
como el agrícola y alimentario (UE, 2007), así como poner en práctica
programas de cooperación y asistencia por parte de la UE. Los EPA han
generado interés mutuo entre ambas partes y desde varias perspectivas,
considerando el elemento de la reciprocidad comercial, entre otros.
Así, el EPA es de interés para la UE en el contexto del DR-CAFTA y
los beneficios otorgados, mientras que un acuerdo comercial para la
República Dominicana podría incrementar la diversificación comercial
y exportadora. Hasta fines de 2006 se habían logrado cinco rondas de
negociaciones CARIFORO-UE, y la última se celebró en septiembre de
2006 en la República Dominicana. Las negociaciones culminaron en 2007
y se espera su implementación en 2008, ya que de otra forma vencen los
privilegios de acceso al mercado europeo consagrados en el Acuerdo de
Cotonou para los países ACP (BCRD, 2007).
Adicional a la consolidación de los acuerdos comerciales —y en
especial el DR-CAFTA—, destacan diversos instrumentos para compensar
sus posibles efectos fiscales: las reformas fiscales propuestas e implementadas
Unidos, la República de Corea y Haití fueron el principal destino de las exportaciones
dominicanas en 2006, con 32,22%, 11,8% y 9,58%, respectivamente; mientras que los Estados
Unidos, Venezuela y México lo fueron para las importaciones con el 35,28%, 8,72% y 5,62%,
respectivamente (DGA, 2007).

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

527

en 2006 esperan obtener un 2,5% del PIB adicional con objeto de compensar
los costos del DR-CAFTA en términos arancelarios (FMI, 2005, 2006c).
b) El segundo aspecto relevante de la política comercial desde 2000 se
asocia a una serie de medidas vinculadas al fomento de las zonas
francas. Dos aspectos resaltan: i) diversas prórrogas solicitadas
desde 2001 como parte del Acuerdo sobre Subvenciones y Medidas
Compensatorias de la OMC y en el marco de la Ley de Zonas
Francas (Ley 8-90); la última fue aprobada hasta 2010. En 2006 la
República Dominicana, con varios otros países, volvieron a solicitar
una prórroga ante la OMC hasta 2018 con objeto de no eliminar los
programas de subvención a las exportaciones, según lo establecido
en la Conferencia Ministerial de Doha, y ii) la “Norma general
sobre Facturación a Beneficiarios de Leyes Incentivos” (Norma
General N° 06-06) (DGII, 2006) que beneficia transitoriamente a
los sectores turístico y a las empresas de zonas francas y especiales
para que sus proveedores estén exentos del ITBIS.12
c) Un tercer aspecto de la política de inserción externa reciente se
vincula con un mayor énfasis en fortalecer, diversificar y vincular
al sector exportador dominicano –—tanto el nacional como el de
las zonas francas— con el resto del aparato productivo. Con ese
propósito se han creado y/o fortalecido diversas instituciones y se han
establecido fondos para el apoyo de empresas proveedores, pequeñas
empresas y la propia organización y gestión del comercio exterior.
Destaca la experiencia del Consejo Nacional de la Competitividad
(CNC), fundado en 2001 con el objetivo de formular e implementar
políticas y proyectos ante el proceso de globalización y apertura,
priorizando sectores como el turismo, agroindustria, manufactura y
zonas francas (CNC, 2007a y 2007b). Mediante el FONDEC (Fondo
Nacional de Competitividad) y el Programa para el Desarrollo de
Ventajas Competitivas, entre otros, en los últimos años el CNC
ha logrado instrumentar una estrategia de mediano plazo en los
sectores y agrupamientos prioritarios anteriormente señalados.
d) Turismo. En general los inversionistas extranjeros en el sector
reciben el trato nacional en el marco de la Ley de Inversión
Extranjera y no existen restricciones en cuanto a los agentes de
viajes y los organizadores de viajes en grupo. La Secretaría de
 La norma es muy significativa ya que desde finales de los años noventa la Ley de Reactivación
y Fomento de las Exportaciones (Ley 84-99) y su Reglamento establecían incentivos vía
el reintegro de los aranceles y derechos relacionados con la importación respecto de los
insumos utilizados destinados a la exportación pero, y a diferencia de la Ley de Zonas
Francas, excluía otros beneficios fiscales.

12

528

CEPAL

Estado de Turismo es la institución encargada de la promoción
nacional e internacional del turismo. En 2001 se sancionó la Ley
de Fomento al Desarrollo Turístico (Ley 158-01) y se aprobaron
varios reglamentos (2115, 2116, 2117 y 2122) que establecen
las normas de hoteles, restaurantes, negocios y alquiler de
automóviles y de las agencias de viajes. La Ley es importante
debido a que promueve el desarrollo del turismo en regiones
prioritarias definidas y ofrece exenciones del ISR y deducción del
ITBIS de hasta un 50%. Además se creó el Consejo de Fomento
Turístico (CONFOTUR) integrado por representantes del sector
público y la Asociación Nacional de Hoteles y Restaurantes
(ASONAHORES), así como un Fondo Oficial de Promoción
Turística. Los incentivos otorgados a proveedores del sector
turismo —señalados en el apartado b) anterior— son de igual
forma estratégicos para el turismo.
3.

El DR-CAFTA

Desde finales de 2001, los países miembros del Mercado Común Centroamericano
(Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) y Estados Unidos
iniciaron acercamientos para la eventual firma de un tratado de libre comercio.
Fue a inicios del 2003 cuando se anunció oficialmente el establecimiento
de conversaciones y negociaciones formales que concluyeron con la firma
del acuerdo en mayo de 2004. Desde el comienzo de las negociaciones la
República Dominicana manifestó interés por unirse al acuerdo. Sin embargo,
la incorporación no se dio sino hasta que aquéllas concluyeron entre los
países centroamericanos y Estados Unidos. A consecuencia de ello, el
gobierno dominicano aceptó las disposiciones establecidas por el acuerdo e
inició negociaciones específicas sobre las condiciones de acceso al mercado
estadounidense (Guzmán, 2005).
El DR-CAFTA debe comprenderse en el contexto de la ICC (Iniciativa
para la Cuenca del Caribe), que entró en vigor en 1984, la eliminación de las
cuotas del Acuerdo sobre Textiles y Vestidos (ATV) en 2005 13 y el Acuerdo de
Asociación Comercial de los Estados Unidos con los países de la Cuenca del
Caribe (CBTPA, por sus siglas en inglés), que en 2000 amplió los beneficios
de la ICC y estará vigente hasta 2008.

 El ATV surgió en 1995 al expirar el Acuerdo Multifibras y se estableció la eliminación de
todo tipo de cuotas en 10 años, es decir, desde 2005. La abolición de esta restricción permite
un ingreso mayor de competidores en los mercados importadores y, para el caso de los
países exportadores latinoamericanos, de Asia y particularmente China (CEPAL, 2004b;
Dussel Peters, 2005).

13

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

529

En términos generales, la ICC permitió la exoneración de aranceles de
importación a los países beneficiados, aunque con importantes excepciones.
La ICC —que requería de la aprobación anual del Presidente de Estados
Unidos— excluía a los textiles y a las prendas de vestir, algunos calzados,
el atún preparado en envases herméticos, el petróleo y sus derivados y
relojes, entre otros, y exigía la exportación directa a Estados Unidos y un
contenido nacional de por lo menos un 35%. Por conducto del programa de
Niveles de Acceso Garantizados o GAL (Guaranteed Access Levels) (CEPAL,
2004b, USITC, 1998) se permitió la exportación libre de cuota de la cadena
hilo-textil-confección (HTC), siempre y cuando sus insumos provinieran
de Estados Unidos y hubieran sido cortados en ese país.
La posterior CBTPA o ICC-ampliada incorporó los beneficios de la
ICC con vigencia por ocho años, y su principal novedad se registró en
torno al tratamiento de la cadena hilo-textil-confección —en el debate en
torno a la “paridad-TLCAN”— y el resto de los productos excluidos de
la ICC. El nuevo acuerdo establece diversos criterios en torno a la norma
de origen para 11 grupos preferenciales; para que los productos finales
sean considerados originarios de la región los hilos y las telas deben ser
totalmente formadas o manufacturadas en Estados Unidos, cortadas en
este país o en los países de la región y luego ensambladas o confeccionadas
obligatoriamente en los países de la ICC. Se permitía el uso de accesorios
no estadounidenses con hilo y tela de Estados Unidos, siempre y cuando
sus costos no excedieran el 25% de los costos de los demás componentes,
excluyendo los hilos de costura. Se permitía igualmente tejer telas en
la región, aunque exclusivamente con hilaza 100% estadounidense.
Existían además dos excepciones relevantes: a) el ingreso vía niveles
de preferencia arancelaria (tariff preference levels, TPLs) en caso de no
cumplir con la norma de origen antes planteada, y b) la autorización
presidencial estadounidense podía otorgar los beneficios de la CBTPA
siempre y cuando la hilaza no pudiera ser abastecida por la industria
estadounidense (CEPAL, 2004b). Por último, el tejido de punto estaba sujeto a
restricciones cuantitativas.
A diferencia de la CBTPA, el DR-CAFTA es un tratado comercial
de aplicación multilateral entre los países beneficiados. Además de temas
arancelarios, el acuerdo protege las inversiones y permite el acceso a los
sectores de servicios mutuos (CEPAL, 2006b). El texto del DR-CAFTA
está integrado por 22 capítulos acompañado de los correspondientes
anexos y notas aclaratorias. Destaca especialmente el capítulo 3, pues
establece las condiciones de acceso preferencial entre las partes y el
programa de eliminación de derechos arancelarios y no arancelarios
entre ellas. La sección A se refiere al trato nacional; la B a la desgravación
arancelaria; la C establece el tratamiento para los regímenes especiales de

530

CEPAL

importaciones y, finalmente, la sección D hace referencia a las medidas no
arancelarias. En el anexo 3.3 de ese capítulo tercero se indican los períodos
de desgravación.
En esencia, el DR-CAFTA contempla la eliminación de aranceles mediante
un esquema de transición de 10 años para los productos no agrícolas y de 20
años para algunos bienes agrícolas.14 Los bienes se clasifican en seis conjuntos
de categorías: A y G (acceso inmediato), B (desgravación en 5 años), C, M y N
(entre 10 y 12 años), D, S, R, T (en 15 años), F, U, y V (entre 17 y 20), y H (no
serán sujetas a desgravación y continuarán recibiendo arancel de Nación Más
Favorecida). Para algunos productos se preservaron esquemas temporales
de arancel y/o cuotas que permiten el ingreso de determinada cantidad en
condiciones de libre comercio, tras lo cual se impone una tasa prohibitiva.
En general, las partes se comprometieron además a no mantener,
ampliar o crear después de 2009 nuevas exenciones de aranceles aduaneros,
si estas exenciones se encuentren supeditadas a requisitos de desempeño.
Similarmente, en el ámbito no arancelario, se acordó no mantener o imponer
restricciones de esa naturaleza, excepto por lo previsto en el artículo XI del
GATT, 1994, o cualquier acuerdo sucesor del cual formen parte los países
signatarios. En el caso del sector industrial, Estados Unidos acordó desgravar
cerca del 99% del universo, incluyendo los productos textiles y vestidos. En
materia de reglas de origen, la mayoría de los productos son considerados
originarios con base en un cambio de clasificación arancelaria, lo que significa
que el procesamiento de las materias primas es lo que confiere el origen al
producto final, sin que sea relevante el origen de tales materias primas. En
algunos casos (como el cemento, preparaciones para lubricantes, laminados
de plástico, pinturas, barnices y algunos productos químicos, entre otros),
en adición al cambio de clasificación arancelaria se exige un requisito de
valor regional (Guzmán, 2005; Jaramillo y Lederman, 2006).
En el caso de la cadena hilo-textil-confección, las reglas de origen15 se
flexibilizan para varios productos, y se admite dentro de ciertos límites el uso
de insumos provenientes de Canadá, México y otros países.16 Por ejemplo,
 Isa-Contreras (2005) estima relativamente pequeños efectos fiscales del DR-CAFTA ante
la reducción arancelaria cambiaria —de alrededor de un 1,3% en el primer año y un 3,9%
en 15 años— debido a que la participación de los Estados Unidos en las importaciones no
petroleras es inferior al 50% y ya gravan aranceles relativamente bajos (véase el capítulo 3.3.1.)
15
 Se presentaron tres formas para calificar el origen: mercancías totalmente obtenidas en el
territorio, mercancías elaboradas con materiales no originarios y mercancías regionales y
un método del costo neto para el sector automotriz (CEPAL, 2006b). El documento de la
CEPAL (2006b: 11-14) realiza un análisis exhaustivo sobre las diferencias en las reglas de
origen entre la CBTPA y el DR-CAFTA.
16
 Hasta finales de 2006, sin embargo, existían todavía problemas de normatividad que no
permitían que México integrara sus productos a la cadena hilo-textil-confección a la región.
14

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

531

para que se las reconozca como originarias, las prendas de vestir de lana
deben elaborarse con tejidos fabricados en la región, pero no se requiere que
el hilado sea originario. En otros casos -como los sostenes, pijamas, valijas
de tela y tela para sombrillas- se adoptó la regla de simple transformación,
por la cual se requiere que la prenda sea confeccionada (cortada y cosida)
en la región, pero se permite importar la materia prima de cualquier país
del mundo. El artículo sobre de minimis permite utilizar fibras o hilado no
originarios en la confección de una mercancía, siempre y cuando el peso de
esos materiales no rebase el 10% del peso total de la mercancía.
En el caso agrícola se definieron categorías especiales en adición al
cronograma general y se estableció la aplicación de una salvaguardia especial
como medida automática para preservar la competitividad de productos
sensibles. Por otro lado, se acordó eliminar todo tipo de subsidio a la exportación
en el comercio recíproco, lo que favorece a los productores locales vis-à-vis
los estadounidenses en los casos de productos elaborados localmente.
Por otro lado, entre las disposiciones no comerciales establecidas por
el DR-CAFTA destaca el capítulo 6, que determina el establecimiento de un
foro para la resolución de problemas comerciales relacionados con el Acuerdo
de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la OMC. El capítulo 9 presenta las
regulaciones para contrataciones de servicios al sector público. El capítulo
10 establece los principios de trato nacional en los casos de contienda,
expropiaciones y transferencias, entre otros, así como los mecanismos de
arbitraje en los que estén involucrados inversionistas de alguna de las partes
firmantes del acuerdo. En el terreno de las inversiones, el capítulo 12 considera
la inversión productiva en el sector financiero nacional y transfronterizo.
Para el caso del comercio electrónico, se acordó el no aplicar aranceles u
otras cargas relacionadas con la importación o exportaciones de este tipo
de productos siempre y cuando éstos sean suministrados electrónicamente
o materializados en un soporte físico (Guzmán, 2005).
En cuanto a temas laborales, las naciones firmantes se comprometieron
a establecer garantías procesales y a respetar la legislación de cada país en
la materia y a acatar los derechos de asociación, organización y negociación
colectiva. En temas ambientales se reconoce la soberanía nacional de
cada país en el establecimiento, modificación o derogación de políticas
propias pero garantizando garantías procesales para los involucrados
(Guzmán, 2005).
Hasta inicios de 2007 el DR-CAFTA había sido aplazado por Estados
Unidos como consecuencia de la reforma fiscal aprobada por el congreso
dominicano a fines de 2006, argumentando que se establecían limitaciones a
la importación de vehículos usados que afectaban particularmente a Estados

532

CEPAL

Unidos.17 Costa Rica, por otro lado, había sido el único país centroamericano
que en esas fechas no había firmado el tratado.18
Para diversos sectores críticos del DR-CAFTA, el documento sólo se
concentra en los aspectos comerciales de la relación con Estados Unidos,
sin considerar temas de competitividad interna y no exige un tratamiento
diferenciado de acuerdo con los niveles de desarrollo y el tamaño de
las economías firmantes; los efectos de la apertura en el sector agrícola,
donde todavía radica una parte sustancial de la población dominicana,
tampoco han sido estimados con mayor detalle (PNUD, 2005).
4.
Evolución y principales factores de
la balanza de pagos y de la cuenta corriente
En el cuadro X.5 se identifican los principales factores que afectan la balanza
de pagos y la inserción externa reciente de la República Dominicana.19
Desde una perspectiva de la balanza de pagos y de la inserción externa
de la República Dominicana desde 2000, cinco factores resaltan (véase el
cuadro X.5):
a) Un errático, volátil e incierto proceso de aumento —y decremento—
de los principales factores de la balanza pagos.
b) Una alta asociación entre el aumento del PIB de la economía con
crecientes importaciones de bienes y también creciente déficit
en la balanza comercial de bienes. Es decir, en la medida en
que el balance de bienes y servicios permita importaciones de
diversa índole, la economía dominicana se va a expandir; shocks
externos en los ingresos —ya sea de bienes, servicios y/o inversión
extranjera directa— presentan una asociación positiva con el PIB y
 Durante 2006, de igual forma, se habían presentado diferencias entre los gobiernos
estadounidense y dominicana en los ámbitos de la propiedad intelectual y la Ley 173
—sobre servicios que prestan los agentes y distribuidores de la República Dominicana y
promulgada en 1966—, los cuales fueron resueltos y teniendo como resultado la Ley de
Implementación del DR-CAFTA (Ley 424-06) el 20 de noviembre de 2006. Hasta 2007, sin
embargo, continuaban diferencias importantes en torno a los contratos de distribución de
combustibles entre transportistas dominicanos y empresas mayoristas estadounidenses.
18
 Lo anterior también obedecía a que Costa Rica requería de importantes cambios legislativos,
particularmente en cuanto a políticas y regulaciones en las telecomunicaciones y seguros
(Jaramillo y Lederman, 2006). Después del referéndum, el país ratificó el tratado.
19
 La CEPAL (CEPAL 2000:VI-49ss.) ya había destacado hasta la década de 1990 cambios
importantes en la elasticidad del producto con respecto a las importaciones de bienes,
particularmente un aumento de esta elasticidad —de niveles de 1,17 durante 1950-1980 a
2,00 durante 1968-1998— y un crecimiento del PIB por encima de esta restricción externa
debido a otras fuentes de divisas (maquila, turismo y remesas, entre otras).
17

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

533

el consumo. El tema ya ha sido analizado en múltiples ocasiones
para la década de 1990 (CEPAL, 2000; Despradel, 2000 y 2006) y es
resultado probablemente de una de las principales características
de la economía dominicana: el consumo y el PIB dependen de los
factores de la cuenta corriente que permitan llevar a cabo (o no)
importaciones de bienes. Esta asociación entre balanza comercial
de bienes y PIB se apreció claramente durante 2001-2006 ante la
caída del PIB durante 2003 y la recuperación desde 2004. En 2005
y 2006 —con un crecimiento del PIB de 9,3% y 10,7%— el déficit
comercial de bienes alcanzó niveles cercanos a los 6.000 millones
de dólares, el máximo histórico registrado por estos montos.
c) Por la parte de los ingresos externos resaltan —y en este orden—
el creciente superávit externo del turismo, de las remesas, de la
industria de zonas francas y de la inversión extranjera directa.
d) Por parte de los egresos, sobresale el déficit comercial de bienes,
dentro del cual ocupa un lugar prominente la factura petrolera.
e) A lo largo del período 1991-2006 el saldo de la balanza en
cuenta corriente es negativo con la excepción del primer año
y del bienio 2003-2004 (véase el cuadro X.5, siendo este último
fenómeno de corto plazo ocasionado por la crisis bancaria, la
caída del PIB y la devaluación del peso dominicano, que encareció
las importaciones).
Cada uno de estos factores será analizado con mayor detalle, y con
base en las tendencias señaladas en el cuadro X.5.20
a)

Turismo

Entre los principales factores que han afectado la balanza de pagos
de la República Dominicana destaca el creciente peso neto que representa
el turismo: desde 1999 su superávit ha representado más del 10% del
PIB e incluso niveles superiores al 14% en 2003. Además, en términos
sectoriales el turismo es actualmente el principal receptor de inversión
extranjera directa desde 1993, promediando el 22,5% del total durante
1993-2006.

 Como resultado de la significativa revaluación de la moneda dominicana en 2004 y 2005,
el peso de todas las variables externas presentadas en el cuadro X.5 han visto caer su
ponderación con respecto al PIB. Como contraparte, y como se señaló anteriormente, el
mercado interno ha actuado como factor dinámico de la economía en este reciente período.

20

9,67
1,07
8,61
4,89

3,73
-1,13

9,96
1,01
8,95
5,27

3,64
-1,97

4,26
-1,18

4,23
-0,85

3,10
-1,62

4,06
-2,00

6,34
-4,32

5,01
-2,97

4,88
-3,00

6,74
4,93

7,54
4,74

7,24
-1,41

7,86
-2,22

9,87 10,91 10,30 11,58 12,04 11,20 10,28 14,89 14,26 10,39 10,69
1,10 1,15 1,22 1,23 1,30 1,16
1,11 1,29 1,40 1,04 0,94
8,78 9,76 9,09 10,34 10,74 10,04 9,17 13,60 12,86 9,35 9,75
5,07 5,66 6,34 7,08
7,11 7,24 7,38 9,81 10,09 7,18 7,74

18,93 17,91 17,23 18,68 19,62 20,19 20,08 17,94 16,26 20,98 21,20 14,03 12,70
13,32 12,36 11,90 12,55 12,92 13,21 12,89 11,32 9,79 12,05 11,40 7,39 6,89
5,61 5,55 5,33 6,13 6,70 6,98 7,19 6,63 6,46 8,93 9,80 6,63 5,81
1,44 2,55 0,54 2,18 3,35 6,24 4,01 4,32 3,45 2,92
4,11 3,02 3,33

-15,72 -14,12 -14,61 -16,49 -19,22 -20,52 -22,94 -20,65 -20,29 -19,20 -18,63 -17,64 -19,20

5,13 5,37 5,24 5,28 4,21 3,75 4,07 3,18 3,19 5,07 5,66 4,12 5,45
20,85 19,49 19,86 21,78 23,43 24,27 27,01 23,84 23,49 24,26 24,28 21,76 24,64

2004a 2005a 2006b

Fuente: Banco Central de la República Dominicana, Departamento Internacional, Subdirección de Balanza de Pagos. Los datos del PIB en millones de dólares fueron
obtenidos del Anuario Estadístico para América Latina y El Caribe 2007.
a
Los datos correspondientes a enero-diciembre del 2004 y 2005 fueron revisados en relación con los presentados en publicaciones anteriores realizadas por esta
institución. El año 2003 tiene incluida la revisión de la deuda externa realizada en el mes de marzo (2005).
b
Cifras preliminares

Bienes
Exportaciones
5,35 6,70 4,87 4,67
Importaciones
12,99 17,60 18,85 21,68
Balanza comercial
de bienes
-7,64 -10,90 -13,97 -17,01
Maquila
Exportaciones
6,19 10,72 10,36 20,24
Importaciones
4,17 7,22 6,98 14,42
Balanza comercial
2,02 3,50 3,38 5,82
0,97 1,48 1,56 1,47
IED
Turismo
Crédito
5,28 7,69 7,29 9,49
Débito
1,05 1,56 1,38 0,93
Balance turismo
4,24 6,13 5,91 8,57
Remesas
---- 5,59
Importaciones
de petróleo crudo
y derivados
3,76 4,45 4,23 3,51
Cuenta corriente -2,04 -1,60 -6,13 -4,13

Cuadro X.5
REPÚBLICA DOMINICANA: BALANZA DE PAGOS. FACTORES SELECCIONADOS, 1991-2006
(Porcentajes del PIB)
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003

534
CEPAL

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

535

El antecedente más importante en materia de promoción turística se
halla en el año 1971 con la promulgación de la ley sobre promoción e incentivo
al desarrollo turístico, en la que se contempla una exención fiscal del 100%
en el pago del impuesto sobre la renta en actividades de construcción, la
constitución de sociedades comerciales o de aumentos de capital en éstas.
También se considera la exención de impuestos nacionales y municipales
sobre patentes y espectáculos públicos, además de la exoneración de un
100% de todos los derechos e impuestos de importación y demás gravámenes
conexos a la actividad turística. El período de exención fiscal fue de 10 años,
con opción de ampliación hasta de 15 años, que podría ampliarse hasta en
cinco años más si la propiedad del capital pasaba a manos de inversionistas
dominicanos. Este generoso paquete de exenciones fiscales fue derogado en
1992 debido a la débil implementación y formas de operación de la ley. Esta
falta de un mejor marco institucional para operar las exenciones y regular
el funcionamiento del sector en buena parte es atribuible a la relativamente
tardía creación de una Secretaría de Turismo en 1979. Fue hacia fines de
la década de 1980 e inicios de la siguiente cuando el capital extranjero,
predominantemente español y estadounidense, comenzaron a invertir con
fuerza en el desarrollo turístico nacional. Esta expansión del sector turismo
se vio beneficiada por el cambio en la estrategia de desarrollo y crecimiento
de la isla, que de un modelo de crecimiento sustitutivo de exportaciones
y basado principalmente en la producción de la industria azucarera pasó
a un modelo mucho más abierto, de promoción a las zonas francas y los
servicios. Los procesos de devaluación de la moneda dominicana a lo largo
de la década de 1980 posibilitaron el incremento de la competitividad de
la República Dominicana como destino turístico a nivel mundial. Como
resultado, la cantidad de turistas diarios se incrementó en un 70% entre
1984 y 1990 (PNUD, 2005).
En términos generales (ASONAHORES 2006; ASONAHORES/JAD
2006; capítulo 2.1.1.), el turismo presenta las siguientes tendencias en los
años recientes:
i) Una sensible caída en su dinámica durante 2001-2003 por efecto de
los atentados de septiembre de 2001 en Estados Unidos; la llegada
de extranjeros se redujo de 2000 al 2003 en un 19,35% y la tasa
promedio de ocupación hotelera (según número de habitaciones)
descendió del 70,2% en 2000 al 62,8% en 2002. Desde 2004 el
sector ha logrado recuperarse en forma pronunciada en los rubros
anteriores (BCRD, 2006, 2007).
ii) En el cuadro X.5 se refleja la significativa y creciente presencia del
sector turismo —definido como hoteles, bares y restaurantes— en
la balanza de pagos de la República Dominicana. Destaca, por un

536

CEPAL

lado, que el balance neto representó niveles superiores al 12% del
PIB, o más de 2.800 millones de dólares, en 2003 y 2004, mientras
que en 2006 alcanzó casi 3.500 millones de dólares. Desde esta
perspectiva, la contribución del balance del turismo es la mayor
de los sectores considerados. Por este rubro, los ingresos del
exterior han presentado una tasa de crecimiento promedio anual
del 6,6%, incluso durante 2001-2006, y fueron del 15,9% durante
1990-2000.
iii)El turismo no sólo ha cobrado un peso prominente en la balanza
de pagos, sino que también se ha convertido en una creciente
fuente de empleos. La tasa de crecimiento promedio anual del
empleo en el turismo fue de 6,6% durante 1990-2000 y siguió
expandiéndose durante 2001-2006, con una variación de 4%. De
esta forma, el empleo total del sector —directo e indirecto— en
2006 representó el 6,1% de la población ocupada de la República
Dominicana y se ha convertido en una de las principales fuentes
generadoras de empleo formal en el país. Las diferencias en la
dinámica del empleo y del PIB con respecto a otros sectores – en
particular, las zonas francas- es contrastante.
b)

Remesas

Existen actualmente marcadas diferencias en la medición y en
los montos anuales de las remesas a nivel internacional, en América
Latina y el Caribe y en la República Dominicana (CEPAL, 2006a; Terry y
Wilson, 2005). No obstante, y específicamente para el caso dominicano, es
indiscutible su importante y creciente presencia en la balanza de pagos
—entre muchos otros aspectos—21 ya que representaban entre un 7% y
un 12% del PIB en 2005. Las remesas se han constituido en uno de los
factores más constantes de ingresos externos de la República Dominicana,
y registran un continuo aumento desde 1993 (véase el cuadro X-31 del
compendio estadístico). Las remesas enviadas por dominicanos residentes
en el exterior (principalmente en Estados Unidos) sumaron poco más de
2.700 millones de dólares en 2006, acumulando más de 22.000 millones
de dólares desde 1993, lo que duplica con creces el monto captado como
IED en el mismo período (véase los cuadros 13 y 14 del compendio).
Los cuadros X-31 y X-32 del compendio indican, con objeto de situar
a las remesas en el contexto de las cuentas externas con énfasis desde
2000, que, i:ndependientemente de acontecimientos internacionales —tal y
 El tema es analizado en varios de los capítulos del documento considerando su relevancia
social, territorial y con respecto a sus efectos empresariales en las empresas de menor
tamaño, entre otros.

21

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

537

como ha sucedido con la IED, el turismo o las zonas francas— los ingresos
vía remesas han continuado creciendo continuamente para alcanzar niveles
superiores a los 2.000 millones de dólares desde 2003 o mayores al 10% del PIB:
su tcpa fue de 12,9% durante 1993-2000 y de 8,7% durante 2001-2006.
Además, en su dimensión con el resto de la balanza de pagos, los
flujos de remesas en 2006 representaron el 40% del déficit comercial de
bienes, el 142% de las exportaciones nacionales, el 99% de las importaciones
de petróleo y sus derivados o el 232% de la IED.
De acuerdo con el PNUD (2005), la tasa de salida de nacionales
respecto de la población del país, ascendió de 2,8 por 1.000 a 105,7 por
1.000 de 1960 a 2002 en la República Dominicana. El proceso de migración
dominicana hacia Estados Unidos se acelera a partir de la década de 1980,
hecho que coincidió con el período de agotamiento del modelo sustitutivo
de importaciones y la adopción de un modelo mucho más orientado hacia
el exterior en el que sectores vinculados directamente con las exportaciones,
como las zonas francas, estuvieron en el centro de amplias políticas de
gobierno para su promoción.
La misma institución identifica tres elementos de impulso para el flujo
migratorio de las últimas dos décadas: i) el proceso de reestructuración de
la economía dominicana hacia el sector servicios por una parte y hacia la
manufactura de exportación por el otro, causando un proceso de desajuste en
sectores tradicionales como el agrícola; ii) el proceso de transición económica
que incluyó procesos de devaluación, la caída del salario y el deterioro de los
servicios públicos, lo cual impulsó las emigraciones, y iii) un ciclo de protestas
sociales y políticas entre 1985 y 1994 que generaron la que es quizá la ola
emigratoria de dominicanos más grande registrada en la historia (PNUD, 2005).
La temática migratoria en la República Dominicana no sólo está dominada
por los flujos hacia el exterior, sino también por la cuantiosa entrada de ciudadanos
haitianos a territorio dominicano (PNUD, 2005). Al igual que con el flujo
migratorio, la inmigración proveniente de Haití se ha incrementado en las
dos últimas décadas. En particular, son los grupos sociales de menor nivel de
ingreso en Haití los que eligen a la República Dominicana como destino (grupos
con mayor nivel de ingreso se marchan a Estados Unidos, Canadá y Europa).
Se calcula que alrededor de 500.000 ciudadanos haitianos han emigrado a la
República Dominicana en años recientes y que la porción de infantes y de
aquellos que lo hacen ilegalmente va en aumento.
A diferencia de otros países en desarrollo en los que los procesos
de emigración se nutren básicamente de la población en áreas rurales y
con menores calificaciones formales, la población dominicana emigrante

538

CEPAL

proviene fundamentalmente de áreas urbanas y posee algún grado de
calificación profesional. Así, se aprecia que entre las ocupaciones reportadas
por los emigrantes dominicanos en Estados Unidos en años recientes, los
profesionales y técnicos han aumentado relativamente, al tiempo que los
emigrantes en ocupaciones de otros servicios han disminuido.
c)

Zonas francas

La industria de zonas francas (ZF) ha estado en el centro del debate
reciente acerca de la inserción de la República Dominicana en la economía
mundial. Las zonas francas (junto con el turismo) se rigen bajo la Ley 8-90
y el Reglamento 366-97, y han sido los ejes de la reinserción de la economía
dominicana a la economía mundial en las dos últimas décadas. Con base
en el cuadro X.5 y otras fuentes (ADOZONA/CNZFE, 2006; CNZFE 2006),
la ZF puede caracterizarse de la siguiente forma con respecto a la balanza
de pagos y con énfasis desde 2000:
En términos cualitativos las expectativas en torno a la ZF han disminuido
en la República Dominicana —al igual que en Centroamérica y México—,
respecto del período 1990-2000. Independiente del debate actual en torno a su
potencial de escalamiento (upgrading) —tratado en el capítulo sobre industria
y competitividad— las expectativas actuales son mucho más mesuradas que
en la década de 1990 (CEPAL, 2000); es decir, en el mejor de los casos se espera
que las exportaciones continúen creciendo —aunque con tasas de un dígito— y
que el empleo en estas actividades se mantenga constante en su agregado. Las
causas del deterioro del dinamismo de la ZF desde 2001 no han sido esclarecidas
con detalle, aunque en general se presume que el sector ha disminuido su
competitividad con respecto a Asia y particularmente con respecto a la República
Popular China (PNUD, 2005), mientras que la dinámica global sectorial —en
algunos como la cadena hilo-textil-confección y la electrónica— tampoco han
beneficiado a la región en su conjunto.
Desde mediados de los años noventa y hasta 2006 el aporte de la ZF
al PIB de la República Dominicana ha mermado sensiblemente: de niveles
superiores al 5% en 1999 y 2000 al 4,15% en 2006. La TCPA del empleo
generado en la ZF fue de 4,1% durante 1992-2000 y de –3,5% para 20012006; es decir, en 2000-2006 se perdieron el 25,09% de los empleos de la ZF.
En 2006 el empleo en la ZF representó el 4,26% de la población ocupada
dominicana.
Pese a las recientes dificultades de la ZF, su peso en las exportaciones
totales continúa siendo preponderante. De hecho, en promedio el 78,05% de
las exportaciones durante la década de 1990 correspondieron a la ZF, promedio
que incluso durante 2001-2005 trepó al 80,86%. Si bien esta participación ha

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

539

caído —al 78,06% en 2005— la ZF sigue siendo con amplitud el principal
sector exportador del país.
En términos de la balanza de pagos, las exportaciones y la balanza con
el exterior obtenida por el sector asumen gran relevancia para la República
Dominicana: se destaca la profunda disminución en la dinámica exportadora
de la ZF, con una tcpa de 18,8% durante 1990-2000 y de 1,4% durante
2001-2005. Desde 2005 y en 2006 según información preliminar (BCRD 2007;
CNFZE 2006b) la ZF continúa con un proceso de reestructuración y crisis
en la cadena hilo-textil-confección.
Destaca en términos generales una mayor intensificación del capital
en la ZF, es decir, un mayor uso del capital y de las exportaciones por
trabajador y una debacle en la cadena hilo-textil-confección: tan sólo en 2006
las confecciones y textiles había perdido el 13% del empleo —considerando
que en 2006 todavía representaban el 55% del empleo de la ZF dominicana—,
y para el período 2000-2006 la pérdida de empleos había sido de 43,72%,
mientras que otros sectores como productos farmacéuticos y productos
eléctricos presentaron en 2006 incrementos a dos dígitos en el empleo (BCRD,
2007; CNZE, 2006a y 2006b).
No es de esperarse en el mediano plazo que se reproduzca la espectacular
dinámica de la ZF de la década de 1990 en términos de valor agregado y
particularmente en términos de las exportaciones y del empleo. Información
sobre 2006 refleja una caída en la actividad de la ZF de 8,3% del valor agregado,
en especial como resultado del descenso en los productos textiles y del 5,1%
de las exportaciones. No obstante, el superávit comercial generado continúa
incrementándose en términos absolutos, aspecto significativo para la cuenta
corriente y la balanza de pago dominicana en general.22
d)

Inversión extranjera directa

El marco jurídico vigente de la inversión extranjera en la República
Dominicana consta de la Ley 16-95 sobre este asunto, del 20 de noviembre
de 1995, y del correspondiente reglamento de aplicación contenido en el
Decreto Presidencial 380-96, que a su vez fue modificado por el Decreto
Presidencial 163-97. Este nuevo marco legal ofrece mayores ventajas y
seguridad a la inversión de origen extranjero. En este marco jurídico, las
únicas tres grandes actividades limitadas para el capital extranjero son:
1) disposiciones y desechos de basuras tóxicas, peligrosas o radiactivas
no producidas en el país; 2) actividades que afecten la salud pública y el
 En 2003 y 2004 el superávit comercial de la ZF representó más del 9% del PIB; se redujo a
un 6,7% en 2005, particularmente como resultado de la apreciación del peso.

22

540

CEPAL

equilibrio del medio ambiente del país, según las normas que rijan en tal
sentido; y 3) producción de materiales y equipos directamente vinculados
con la defensa y la seguridad nacionales, salvo autorización expresa del
Poder Ejecutivo.
Varias tendencias son relevantes en torno a la IED con respecto a la
balanza de pagos y con énfasis en el período reciente (véase el cuadro X.5
de este capítulo y los cuadros X-13 y X-14 del compendio estadístico).
En términos de atracción de flujos de inversión extranjera directa, en
la década de 1990 se verificó un continuo aumento. A excepción de 1996,
cuando los niveles de inversión cayeron dramáticamente, hacia fines de esa
década los flujos de IED alcanzaron un máximo histórico. De Estados Unidos
(un tercio del total del flujo), España y Canadá ha provenido poco más del
50% de la IED durante 1993-2006. España (segundo lugar por monto de IED)
ha incrementado significativamente sus inversiones (primordialmente en el
sector turístico). En total, y desde 1993 hasta 2006, la República Dominicana
ha captado cerca de 10.000 millones de dólares.
Por sectores, son particularmente cuatro —turismo, comercio e
industria, telecomunicaciones y electricidad— los que concentran alrededor
del 80% de la IED durante 1993-2006. En los últimos años el turismo se ha
convertido en el principal receptor de estos recursos, mientras que para el
período 1993-2006 la IED en las zonas francas representó el 6,5%.
La IED se ha convertido en una fuente estable de ingresos para
la República Dominicana, y promedió más de 950 millones de dólares
anuales durante 2000-2006 y una TCPA de 15,1% para el período 19902006. Si bien los flujos de IED han presentado importantes oscilaciones
—que es un resultado esperado ante transacciones particulares— con
muy pocas excepciones su peso en el PIB se ha ubicado entre el 3% y el
4% del (véase el cuadro X.5).
e)

Exportaciones e importaciones nacionales

Entre las principales tendencias recientes de las exportaciones e
importaciones nacionales dominicanas, cabe resaltar:
En términos cualitativos se han profundizado las dificultades de
inserción exterior del comercio nacional de la República Dominicana: los
crecientes saldos comerciales negativos —ante estancadas exportaciones e
importaciones en ascenso durante la década de 1990 (CEPAL, 2000)— se han
agudizado desde 2001 y sólo se limitaron ante la disminución del crecimiento
del PIB en 2001-2003; el déficit comercial en 2005 alcanzó el máximo histórico

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

541

de 5.809 millones de dólares, y ello acentuó la alta dependencia dominicana
de masivas importaciones de consumo y de bienes intermedios.
A lo largo del período 1994-2005, el principal destino de las exportaciones
de la industria nacional dominicana fue Estados Unidos. Durante este lapso
Estados Unidos significó el mercado de destino del 35% de las exportaciones
nacionales, con oscilaciones desde una participación máxima del 47% en
1997 hasta una mínima del 24% en 2005. Es fundamental destacar que Haití
es el tercer socio en importancia para la exportación de la industria nacional
dominicana, sólo después de Estados Unidos y Puerto Rico (véase el cuadro
X-5 del compendio). Haití representa el mercado con demanda por bienes
dominicanos más dinámico en los últimos años, con una tcpa del 27,7%
durante 1994-2005.
De acuerdo con los datos de exportaciones por código del Sistema
Armonizado (véase el cuadro X-3 del compendio estadístico) son las
exportaciones de fundición, hierro y acero (ferroníquel incluido) las que
ocupan el primer lugar de las exportaciones nacionales del país. En segundo
lugar se encuentran las exportaciones de azúcares y artículos de confitería.
Completando el grupo de los cinco primeros lugares en la exportación de
bienes tradicionales se hallan los frutos comestibles, las bebidas, líquidos
alcohólicos y vinagre, y las materias plásticas y manufacturas de estas
materias. Las exportaciones nacionales —es decir, las totales sin incluir a
la ZF— no han logrado imprimir una dinámica de crecimiento sustancial
desde la década de 1990, excepto el ferroníquel desde 2004 y la melaza en
2001-2005. 23
Para el período reciente, las importaciones nacionales —a diferencia
de las exportaciones nacionales— reflejaron su alta sensibilidad y asociación
con el PIB dominicano, al presentar una tasa de crecimiento de apenas 8%
durante 2001-2006 y de 13,6% durante 1990-2000. Considerando que un
alto porcentaje de las importaciones nacionales son bienes de consumo,
la recuperación del PIB desde 2005 trajo aparejado un aumento de las
importaciones nacionales del 37,2% en 2005, lideradas por el crecimiento de
las correspondientes a los bienes de consumo (51,2%), mientras que las de
materias primas y bienes de capital fueron de 20% y 34,4%, respectivamente
(véase el cuadro X-8 del compendio).24


Es importante señalar que las exportaciones nacionales en 2006 habían logrado crecer en
un 69,8%; destacan las exportaciones de ferroníquel con un aumento del 86,4%.
24
 Recientes tendencias en las importaciones hasta septiembre de 2006 —y considerando el
importante crecimiento del PIB estimado en un 10,7% para 2006— indican un crecimiento
de las importaciones nacionales de un 16%: de un 11,9% para los bienes de consumo, un
25% para materias primas y un 10,8% para los bienes de capital (BCRD 2006).
23

542

CEPAL

Las tendencias anteriores —reflejadas en el cuadro X.5— acentúan la
vulnerabilidad externa de la economía dominicana ante el alto y creciente
déficit del comercio exterior nacional de la República Dominicana, que había
llegado a niveles superiores del 25% del PIB durante 1999-2002, luego se
contrajo en 2003 y 2004, y volvió a incrementarse en 2005.
Estados Unidos es el principal socio comercial de la República
Dominicana en el curso de 1994-2006, tanto para las importaciones como
para las exportaciones. Sin embargo, desde el primero de estos años se
experimenta un descenso constante en la participación de este país, al pasar
del 56% hasta niveles inferiores al 40% en 2006.25 En cambio, han crecido
sustancialmente las importaciones de varios países latinoamericanos como
Venezuela, México, Colombia y Brasil y, sobre todo, de Asia. De hecho, Japón,
la provincia china de Taiwán y la República Popular China fueron en 2006
el quinto, décimo y decimoprimer importador de la República Dominicana.
La provincia china de Taiwán y China han sido los abastecedores más
dinámicos en exportaciones a la República Dominicana.
i) Petróleo y sus derivados. La factura petrolera, es decir, las
importaciones de las materias primas y bienes vinculados al petróleo
y sus derivados, se ha incrementado en forma significativa en los
últimos años. Las erogaciones anuales y crecientes bajo este rubro de
la balanza de pagos presentan al menos dos características principales:
Un significativo crecimiento con respecto al PIB desde
mediados de la década de 1990, enfatizado desde 2003: las
importaciones de petróleo y sus derivados representaron más
del 7% del PIB dominicano desde 2004. Desde esta perspectiva,
las importaciones de petróleo y sus derivados constituyen uno
de los rubros más deficitarios —después de las importaciones
nacionales y el déficit comercial de las actividades nacionales—
con una tendencia ascendente en los siguientes años.
La factura petrolera se incrementará en el mediano plazo en
la República Dominicana, a causa por lo menos de dos factores: i) el
alza de los precios internacionales y ii) el significativo aumento de la
demanda interna de hidrocarburos ante el crecimiento económico.
Hasta fines de 2006, por ejemplo, si bien los precios internacionales
habían descendido, se elevó sustancialmente la demanda interna
ante el desempeño del PIB: con un crecimiento del 10,7% del PIB
las importaciones de petróleo y sus derivados se expandieron 14%.


25

Según la información de la Dirección General de Aduanas, en 2006 la participación de
los Estados Unidos en las importaciones bajo el régimen de consumo fue de apenas un
35,28%, seguidos por Venezuela, México, Colombia, Japón, Brasil, Panamá y China.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

543

Existe un consenso internacional respecto de que continuará la
inestabilidad en cuanto a las cotizaciones del petróleo. En ese contexto,
es factible lograr cambios importantes para mejorar la eficiencia en el uso
de los energéticos: la información del Banco Mundial (BM 2007) refleja
que la República Dominicana todavía requiere de grandes esfuerzos tanto
para incorporar en mayor medida combustibles renovables —el 18,1% del
consumo total de energía en 2003— y sobre todo en cuanto al ineficiente
uso de la energía: el coeficiente del PIB por uso de unidad de energía no
ha cambiado significativamente desde finales de la década de 1980 hasta
2004. Es evidente entonces que se trata de un objetivo viable el llevar a cabo
ahorros considerables en el uso de energía y con efectos positivos en las
importaciones del petróleo y sus derivados.
5.

Gestión de los acuerdos comerciales

Existen en la actualidad múltiples instituciones públicas y privadas
vinculadas con la implementación y gestión de los acuerdos comerciales
y de la estrategia de negociación. En general, la formulación de la
política comercial es competencia del Poder Ejecutivo, cuyo organismo
central para este tipo de acciones es la Secretaría de Estado de Relaciones
Exteriores. Sin embargo, también pueden participar en la formulación
de la política comercial una serie de otras instituciones como el Banco
Central, el Consejo Nacional de Competitividad, las Secretarías de
Estado de Industria, y Comercio y de Agricultura y la Secretaría de
Estado de Economía, Planificación y Desarrollo (SEEPYD). La Comisión
Nacional de Negociaciones Comerciales (CNNC)26 creada en 1997 por
el Decreto 74-97 tiene a cargo las negociaciones comerciales bilaterales
y multilaterales, mientras que diversas instituciones, en especial el
Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación y la Asociación
Dominicana de Zonas Francas (ADOZONA) también desempeñan un
papel relevante.27
Además, hay dos instituciones —además del CNNC— que destacan en la
gestión y la propuesta de acuerdos comerciales en la República Dominicana: el
Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (CEI-RD) —hasta
 La CNNC está presidida por el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores y está conformada
por representantes del sector público y privado, incluyendo las Secretarías de Estado de
Agricultura, Relaciones Exteriores, Industria y Comercio, Finanzas, Turismo y Economía,
Planificación y Desarrollo, así como el Banco Central, CEI-RD y la Dirección General de
Aduanas. Por el sector privado también lo hacen la Asociación de Industrias de la República
Dominicana (AIRD) y la Asociación Dominicana de Exportadores (ADOEXPO).
27
 En enero de 2001 (Decreto 123-01) se creó el Consejo Nacional de Comercio Exterior para
formular recomendaciones al Poder Ejecutivo en materia de promoción de exportaciones,
zonas francas , inversión extranjera y negociaciones comerciales. Sin embargo, el Consejo
no parece haber sido operante.
26

544

CEPAL

2003 el Centro Dominicano de Promoción de Exportaciones (CEDOPEX) (Ley
98-03)— y el Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE).
El CEDOPEX fue fundado en 1971 y es una institución estatal
semiautónoma y responsable del fomento de las exportaciones dominicanas,
ya sea vía seminarios e información como por medio de los diversos
sistemas de reintegro de derechos y compensación establecidos por diversas
normas y leyes. Obtiene su financiamiento por medio del sector público e
ingresos privados derivados de los servicios que otorga, particularmente
la compensación de gravámenes aduaneros, el reintegro de derechos y la
admisión temporal para el perfeccionamiento de los activos.28 En 2003 surge
el CEI-RD, institución que retoma las funciones de CEDOPEX y se convierte
en la principal institución pública promotora de la inversión extranjera y
el comercio. Desempeña un papel crucial en el diálogo entre los sectores
público y privado para proponer políticas y mejorar la competitividad en
los ámbitos comerciales y de inversión extranjera.
La Ley de Zonas Francas de 1990 estableció la creación del Consejo
Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE) con objeto de evaluar
y promover las políticas orientadas hacia el sector, las solicitudes iniciales
de las empresas que buscan establecerse en una zona franca y las solicitudes
de prórroga. El CNZFE es la autoridad oficial que regula el cumplimiento
de la mencionada ley 8-90 y está integrado por miembros de los sectores
público y privado. Desde la segunda mitad de los años noventa el CNZFE,
así como el CEDOPEX, recibieron recursos para su fortalecimiento y
modernización (CEPAL 2000). 29 En la actualidad el CNZFE, conjuntamente
con la ADOZONA, realizan una labor altamente especializada que brinda
servicios puntuales y relevantes. Asimismo, el CNZFE es un activo
negociador y vocero de los intereses de la ZF en la República Dominicana
e internacionalmente, y participa directamente tanto en temas vinculados
con la política de las zonas francas como en la divulgación de información
estadística, capacitación, seminarios y actividades relacionadas con las
empresas de dichas zonas.
En diversas ocasiones (OMC, 2002) se ha planteado la necesidad de
establecer una institución única responsable de la política comercial de la
República Dominicana.

 Se han externado diversas críticas tanto a la gestión efectiva de estos sistemas como sobre
la capacidad de promover eficazmente las exportaciones (OMC 2002; Subsecretario de
Estado de Relaciones Exteriores en entrevista con “El Caribe” (http://www.drl.com), 29
de enero de 2002.
29
 Véase: http://www.cnzfe.gov.do/.
28

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

545

B.
Conclusiones y propuestas. Hacia una integración
externa competitiva y sustentable de largo plazo
El análisis del desarrollo del sector externo de la República Dominicana
revela que es indispensable vincular explícitamente la integración externa
con procesos competitivos y sustentables en el largo plazo. A diferencia de
décadas anteriores en las cuales la simple integración al mercado mundial
vía exportaciones —sin mayor énfasis o incluso sin análisis sobre procesos,
productos, sectores, tecnologías empleadas y procesos de aprendizaje en
general, entre otros temas— era considerada como condición suficiente
de éxito, en la actualidad el comercio exterior de la República Dominicana
puede plantearse desde una perspectiva de la competitividad sistémica
incluyendo los niveles de análisis micro, meso y macroeconómico. Desde
ese enfoque —y destacando una perspectiva de largo plazo— en esta sección
se presentan una serie de propuestas de política para el sector externo de la
República Dominicana.
Los aspectos anteriores no sólo tienen relevancia conceptual, sino
que implican, por un lado, una perspectiva territorial —que puede ser
tanto a nivel municipal y de ciudades como de países y grupos de países—
del desarrollo socioeconómico en el proceso actual de globalización. La
política industrial, empresarial y todas aquellas que afectan la integración
con el exterior requieren partir de una perspectiva global y territorial
—“glocal” y de endogeneidad territorial— que incluya: la integración de
actividades a segmentos de cadenas de valor específicas que determinan
las características socioeconómicas según los productos y procesos que
realizan, el tipo y tamaño de empresas que repercuten en la especificidad
comercial —por ejemplo, grado de comercio intra o interindustrial—,
industrial y empresarial, necesidades de financiamiento, de tecnología,
de capacitación, ID, orientación al mercado doméstico o externo,
de escalamiento (upgrading), entre otras. Las propuestas de política y
en especial sus instrumentos deberían partir de este ámbito “glocal”
de la socioeconomía.
Con base en los principales resultados del análisis expuesto en la
sección precedente, este acápite se concentrará en cinco temas: 1. el nivel
macroeconómico; 2. el nivel mesoeconómico e institucional; 3. el proceso de
escalamiento en las zonas francas y particularmente el caso del turismo; 4.
el desarrollo tecnológico y la capacitación, así como 5. una diversificación
efectiva del comercio exterior con énfasis en la República Popular China y
Haití. Estos cinco rubros de política son resultado de su dinámica reciente y su
potencial en la balanza de pagos de la República Dominicana. Otros aspectos,
como las remesas y las importaciones de petróleo y sus derivados, son de la
mayor relevancia para la balanza de pagos y han sido analizados con detalle

546

CEPAL

en fechas recientes (Francos Rodríguez, 2006; Monegro, 2005; Terry y Wilson,
2006) y en otros capítulos de este libro.30
1. nivel macroeconómico:
El
instrumentos para una integración externa competitiva
Desde la década de 1990 la República Dominicana ha presentado un
considerable crecimiento económico en términos del PIB y una relativa
estabilidad en la mayoría de sus variables macroeconómicas, bastante por
encima de la media latinoamericana. No obstante, y como se destacó, se
observan dos períodos: a) 1990-2000, con un proceso de alto crecimiento
y estabilidad, y b) 2001-2006, durante el cual contrasta un crecimiento
significativamente inferior y con importantes oscilaciones. Esta
periodización —que también será utilizada en lo que sigue— se justifica
desde la perspectiva del comercio exterior: en el segundo segmento
temporal se manifiestan oscilaciones mayores en las principales variables
de la balanza de pagos.
• Desde esta perspectiva se propone un sencillo esquema para
estimar el crecimiento del PIB a nivel sectorial con base en tres
escenarios hasta 2030:
• Escenario “base”, el cual se calcula con apoyo en tasas de crecimiento
promedio anual (tcpa) según su evolución durante 1991-2006.
• Escenario “positivo”, el cual se calcula siguiendo la evolución de
la TCPA en el período 1991-2000.
• Escenario “negativo”, el cual se calcula con fundamento en la
tcpa del período 2001-2006.
• Los resultados permiten vislumbrar diversas tendencias, pese a
serias dificultades metodológicas.31
 En ambos casos, además, se considera que se encuentran fuera del marco de acción y control
de la República Dominicana. El propio FMI (2006b) señala que en los siguientes años se
espera un período con importantes oscilaciones en el precio del petróleo, aunque con precios
superiores a 50 dólares por barril. La relativa inelasticidad de los combustibles ante cambios
en el precio también ha sido destacada por diversos estudios (Francos Rodríguez, 2006).
31
 Con objeto de estimar la participación de los respectivos sectores en el PIB se aplicó la
tcpa según el respectivo subsector de agricultura, manufactura y servicios, se sumaron
los respectivos totales sectoriales y la suma de éstos resultó en el PIB total para 2010, 2020
y 2030. Esta metodología busca estimar un rango de posibilidades hasta 2030 y presenta
dificultades en cuanto a que asume la condición de ceteris paribus y no incorpora un
sistema dinámico con respecto a otras variables.
30

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

547

Hasta 2030 los sectores manufactura local, agropecuario y minería
pierden participación en forma significativa en el PIB del total de la economía
según los escenarios “base” y “positivo”, aunque su desempeño es más
dinámico en el escenario “negativo” -dado que durante ese período la
economía dominicana se orienta cada vez más hacia el mercado domésticocon efectos positivos en ambos sectores. Desde esta perspectiva, los escenarios
presentan características particulares: mientras que el denominado “positivo”
se vincula con una rápida integración al mercado mundial vía exportaciones
—tal y como sucedió durante 1991-2000—, el escenario “negativo” se asocia
con un menor crecimiento y se orienta al mercado interno.
La industria es el sector que mayormente resulta afectado por los
respectivos escenarios y especialmente en su interior: dependiendo del
escenario particular —positivo o negativo— las zonas francas o la manufactura
local lograrían un mayor dinamismo y participación en el PIB total. Destaca el
caso de las zonas francas: en caso de continuar las tendencias durante 20012006 —el escenario “negativo”— su participación en el PIB de la economía
tendería a la baja en forma significativa y en 2030 se reduciría a menos de la
mitad de su actual peso. Sólo en el caso “positivo” —con base en la tcpa de 19902000— la participación de estas actividades se mantiene en el PIB dominicano
en el mediano plazo.
No obstante lo anterior, en todos los escenarios construidos el
sector servicios se fortalecerá como el más importante para la economía
dominicana hasta 2030. Sorprendentemente, en el escenario “negativo”
—con menor crecimiento del PIB y mayor orientación al mercado
doméstico— la participación del sector servicios podría llegar a ser
superior al 60% en 2030.
Dentro del sector servicios sobresale el elevado dinamismo del
subsector comunicaciones —de dos dígitos— en todos los escenarios.
En segunda instancia, y relevante para el frente externo, hoteles, bares y
restaurantes presenta un desempeño positivo en los tres escenarios y con
una tendencia a incrementar su peso en el PIB dominicano hasta 2030; en
los tres escenarios su participación en el 2030 se incrementaría a niveles
cercanos al 20% del PIB.
Con objeto de concentrarnos en los efectos y escenarios en el mediano
y largo plazo del comercio exterior y sus efectos en la economía dominicana,
se proponen tres escenarios para las principales variables del comercio
exterior hasta 2030, y con base en la tcpa sectorial:
• Escenario “base”, el cual se calcula con apoyo en tasas de crecimiento
promedio anual (tcpa) según su evolución durante 1990-2006.

548

CEPAL

• Escenario “positivo”, el cual se calcula siguiendo la evolución de
la tcpa en el período 1991-2000.
• Escenario “negativo”, el cual se calcula de acuerdo con la tcpa
del período 2001-2006.
Cuatro aspectos resaltan de estos escenarios:
En general, los tres escenarios indican que el grado de apertura de la
economía dominicana con respecto al PIB proseguirá ampliándose: en el
“escenario base”, por ejemplo, se estima que para 2030 la balanza comercial de
bienes nacionales se incrementará significativamente —con signo negativo—,
mientras que el turismo continuará siendo uno de los principales factores
superavitarios de la cuenta corriente. En este mismo escenario, la balanza
comercial de la ZF seguirá siendo un elemento relevante, al igual que la
IED, y particularmente las remesas. Sólo en el “escenario negativo” —con
una baja en la dinámica del PIB— el grado de integración con el exterior
caerá estrepitosamente.
En los escenarios base y positivo, la participación de las exportaciones
de bienes sobre el PIB disminuye, mientras que se eleva significativamente
el déficit comercial; sólo en el caso del escenario negativo aumentan las
exportaciones nacionales y desciende el déficit comercial. Estos resultados
no sólo evidencian la alta asociación positiva entre crecimiento económico y
déficit comercial de bienes nacionales (que una política activa podría romper
mediante una mayor articulación productiva), sino que en el largo plazo
refuerzan la identificación de una de las principales fuentes de inestabilidad
en la balanza de pagos de la República Dominicana.
La IED, por el contrario, es mucho más estable con respecto al PIB
en el largo plazo y con base en los respectivos escenarios; este rubro sólo
en el escenario positivo podría incrementarse sustancialmente con respecto
al PIB.
El turismo, al igual que las zonas francas, refleja también un amplio
rango de posibilidades de desempeño hasta 2030, y su superávit en términos
del PIB podría elevarse considerablemente desde el nivel actual de 10%.
Las otras dos variables -remesas e importaciones de petróleo crudo
y derivados- reflejan una relativa estabilidad para el período en términos
del PIB dominicano.
Las tendencias anteriores permiten vislumbrar —y justificar— el énfasis
en las propuestas temáticas formuladas en este capítulo. Las diferencias entre

549

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

el escenario positivo y negativo reflejan el marco de opciones en el largo
plazo: una dinámica cada vez más dependiente del mercado interno o bien
del externo. Resalta, sin embargo, que las importaciones de petróleo crudo
y sus derivados —independientemente del escenario— incrementarán su
peso en el PIB, por lo que se requiere dedicar ingentes esfuerzos en otros
rubros para su financiamiento.
Luego, dos tendencias macroeconómicas recientes adquieren
relevancia en el contexto de los acontecimientos desde 2000: la evolución
del financiamiento al sector privado y la del tipo de cambio real.
En el gráfico X.1 se muestra que el sistema bancario en la República
Dominicana no está canalizando suficientes recursos al sector privado: con
respecto al PIB el coeficiente ha caído de niveles superiores al 35% —con
un máximo en 2003 de 42%— a un 29% en 2005. Ahora bien, paralelo a este
desempeño es significativo poner atención a la enorme brecha con otros
países, por ejemplo, la República Popular China: en 2005 el coeficiente
dominicano representaba un 25% del financiamiento otorgado en dicho
país, cuyo crecimiento económico ha sido sobresaliente en los últimos 25
años. Lo anterior, y como se verá posteriormente, es fundamental desde una
perspectiva de la integración competitiva al exterior: la creciente exigencia
de “paquete completo” (full packaging) en todas las cadenas de valor —con
diferencias sectoriales— se ha impuesto y el contar con financiamiento es
un requisito indispensable para la integración al mercado mundial.
Gráfico X.1
REPÚBLICA DOMINICANA: CRÉDITO DOMÉSTICO AL SECTOR PRIVADO, 1960-2005
(Porcentajes del PIB)
300
250
200
150
100
50
0
1960

1965

OCDE

1970
China

1975

1980

1985

1990

América Latina y el Caribe

1995

2000

2005

República Dominicana

Fuente: Elaboración propia con base en información del Banco Mundial (2007).

550

CEPAL

Otro elemento digno de considerar para comprender la inserción
dominicana al exterior es el tipo de cambio. El gráfico X.2 refleja que durante
el período 1990-2006 el tipo de cambio real presentó una tendencia a la
valoración en el largo plazo, también como reflejo de políticas macroeconómicas
restrictivas, pero con efectos negativos en las exportaciones e incentivos para
las importaciones (véase también CNC, 2007b). El tema es relevante además
al considerar que varios países competidores de la República Dominicana
—sobre todo varios asiáticos, como China— han esterilizado grandes
superávit en cuenta corriente y han manejado una política de subvaluación
del tipo de cambio real.
Gráfico X.2
REPÚBLICA DOMINICANA: TIPO DE CAMBIO REAL, 1990-2005
(2000 = 100)
120
100
80
60
40
20
0
1990

1993

1996

1999

2002

República Dominicana

2005

China

Fuente: Elaboración propia con base en información del Banco Mundial (2007).

Entonces, la propuesta general para una nueva política económica
externa –hacia una integración externa competitiva y sustentable de largo
plazo- requiere, en primera instancia, de un esfuerzo significativo por
parte de los sectores público, privado y académico para incrementar la
competitividad de dicha inserción para que tenga como resultado un proceso
de integración entre territorios, empresas, sectores y segmentos de cadenas
de valor con efectiva generación de empleos formales de mayor calidad.
Para ello es indispensable basarse en una estrategia nacional y regional con
una perspectiva de largo plazo con presupuesto y mecanismos efectivos,
puntuales y justificados que sean evaluados permanentemente.
La relevancia de llevar a cabo un mayor esfuerzo para mejorar las
condiciones de la competitividad en el ámbito macroeconómico se hacen
evidentes con por lo menos dos fuentes adicionales:

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

551

El World Economic Forum (WEF) ha expresado recientemente (LópezClaros, 2006:116-119) que la República Dominicana presenta un muy limitado
desempeño en su competitividad global, principalmente por efecto del
mal desempeño de sus instituciones —en el lugar 111 de 117 países— y de
su macroeconomía (en el lugar 107 de 117 países). En cambio, mejoran las
condiciones en términos de infraestructura y en temas como salud, educación
primaria y la sofisticación empresarial.32
En el cuadro X.6 se advierte que actualmente en la República Dominicana
todavía pueden llevarse a cabo múltiples mejoras en la normativa y la eficiencia
para iniciar negocios así como en la celebración de contratos. Si bien las
comparaciones con América Latina y a nivel global son relativamente positivas,
no ocurre así con Estados Unidos y diversos países asiáticos como la República
de Corea. En el caso de la República Dominicana destaca que entre los factores
más problemáticos para realizar negocios se cuentan la corrupción, el acceso
a financiamiento y la ineficiencia de la burocracia gubernamental.
En este contexto se proponen las siguientes políticas:
Propuesta 1. Una política de integración externa competitiva y sustentable
de largo plazo requiere apoyarse en un enfoque sistémico de la competitividad.
Desde una perspectiva macroeconómica es fundamental un mayor grado
de flexibilidad y pragmatismo para lograr un efectivo proceso de mejoría
de la inserción externa del país. En este contexto se propone la elaboración
de un Programa de Inserción Externa 2030 en el que se establezcan pautas,
prioridades y métodos de evaluación anuales del sector externo y de las
principales variables micro, meso y macro a nivel territorial que las afectan.
Con base en la propuesta general anterior se sugiere que cinco fueran los
principales aspectos de la propuesta y respectivos instrumentos: 1. el nivel
macroeconómico; 2. el nivel mesoeconómico e institucional; 3. el proceso de
escalamiento en las zonas francas y con énfasis en el turismo; 4. el desarrollo
tecnológico y la capacitación, así como 5. una diversificación efectiva del
comercio exterior de bienes.
Propuesta 2. Los instrumentos deben incluir objetivos temporales —en
el corto, mediano y largo plazo— para tener claridad sobre las expectativas
de política y sus resultados.
Propuesta 3. En el ámbito macroeconómico la política del sector público
tendría que insertar efectivamente el tema de la competitividad del sector externo
en todos sus rubros: política fiscal, monetaria, de financiamiento, energética,33
32 Para el caso de la República Dominicana y su evaluación por parte del WEF, véase: CNC
(2007b).
33 El tema del costo del suministro de electricidad ha sido señalado insistentemente por el

43
17
73
27
73
24
32
152
27
35
22
77
47
5
11
35
18

9
6
10
8

10
9
15
17
9
13
12
11
10
5
5
11
6

Fuente: Elaboración propia con base en Banco Mundial (2006b).

Promedio total
(155 países)
OCDE
América Latina
México
República
Dominicana
Alemania
Argentina
Brazil
Chile
China
Corea
Costa Rica
España
Estados Unidos
Hong Kong, China
India
Reino Unido
30
5
12
10
10
9
15
24
16
1
3
74
1

58
5
48
14
1
46
6
0
0
213
300
0
15
0
0
0
0

154
36
18
13
29
30
33
42
33
31
29
34
23
17
16
56
19

33
22
39
37
460
394
520
616
480
292
230
615
515
300
211
1420
229

427
351
642
415

35
11
15
16
16
27
6
19
16
8
14
36
17

30
11
23
20

Cuadro X.6
PAÍSES SELECCIONADOS: TIEMPO PARA INICIAR UNA EMPRESA Y PARA IMPLEMENTAR UN CONTRATO
Iniciar un
negocio
Implementar un contrato
Costo (%
Capital mínimo
N° de
del ingreso
(% del ingreso
N° de
Costo (% de
procedimientos
Días
per cápita)
per cápital)
procedimientos
Días
la deuda)

552
CEPAL

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

553

del tipo de cambio, y atracción y fomento activo de IED, entre otros. Se necesitan
esfuerzos muy superiores para aumentar el financiamiento al sector privado
e impulsar un tipo de cambio real más acorde para incentivar un proceso de
integración entre el aparato productivo dominicano con las exportaciones de
bienes y servicios. Hoy por hoy, tanto el financiamiento como el desempeño
reciente del tipo de cambio real generan desincentivos para este proceso de
integración de largo plazo.34
Propuesta 4. En general, el sector exportador de bienes y servicios
—tanto el nacional como el de las zonas francas y el turismo— requiere
con urgencia de nuevos incentivos y procesos que vayan más allá de las
importaciones temporales. Si éstos fueron suficientes en la década de
1990 para lograr un ritmo de crecimiento y de integración relevantes en
su momento, existe ahora un creciente consenso respecto de cambiar
cualitativamente la orientación de la integración y con mucho mayor énfasis
en el sector servicios. El sector servicios es en la actualidad el de mayor peso
y dinamismo externo en la República Dominicana y los diversos escenarios
a futuro indican que continuará con este desempeño. Es decir, desde una
perspectiva macroeconómica y estratégica se propone priorizar al sector
servicios y en especial al turismo y sus actividades vinculadas.35
2. nivel mesoeconómico: fortalecimiento
El
institucional en los sectores público y privado
A lo largo de este capítulo se ha señalado la necesidad de revisar y plantear
una estrategia de largo plazo con el exterior. Desde 2000 se han reforzado y
creado diversas instituciones —entre las que destacan el Consejo Nacional de
Competitividad (CNC), el CEI-RD y el Consejo Nacional de Zonas Francas
de Exportación (CNZFE)— con efectos importantes en la gestión efectiva
en sus respectivos campos de acción.
La CNZFE, por ejemplo, se ha convertido en un activo y eficiente
vocero y promotor de las zonas francas y de los procesos de importación
temporal para su exportación en la República Dominicana y en el exterior.
Con financiamiento propio y de los servicios que ofrece en muy diversos
rubros —en aduanas, permiso de instalación y renovación de empresas
sector empresarial en la República Dominicana a raíz de su limitada calidad y alto costo
(CNC, 2007b; Fairbanks, Escobari y Morriss, 2006).
34
 En ambos casos —tipo de cambio real y financiamiento— existe un debate, tanto internacional
como en la República Dominicana. El evento organizado por ADOZONA/CNFZE en
septiembre de 2006 visualizó incluso las diferencias de apreciación sobre este asunto entre
expertos, funcionarios y empresarios.
35
 El argumento será presentado con mayor detalle en las siguientes secciones. Es importante
destacar esta priorización estratégica de largo plazo y que no necesariamente excluye el
continuar fomentando a otros sectores (CNC, 2007b).

554

CEPAL

en zonas francas, estadísticas y otros diversos servicios vinculados a la
implementación de la Ley 8-90— 36 la CNZFE ha logrado posicionar con
eficiencia el tema, las condiciones y los retos de las importaciones temporales
en los sectores público, privado y medios, entre otros. Su capacidad de gestión
y negociación con el poder ejecutivo y legislativo es relevante.37
El Consejo Nacional de Competitividad (CNC) también ha logrado
un interesante posicionamiento a nivel nacional y cuenta con el apoyo y la
participación de los sectores público y privado. En el caso del CNC, además,
se han desarrollado varios proyectos —también con apoyo de instituciones
multilaterales e internacionales— como el Fondo Nacional de Competitividad
(FONDEC) para el fomento de sectores y clusters particulares. Es muy loable
el esfuerzo institucional que realiza el CNC en aras de mejorar el diálogo
y la concertación entre los sectores afectados y la reciente propuesta de
competitividad sistémica (CNC, 2007b).38
Considerando entonces estos puntuales esfuerzos institucionales, y
en aras de permitir un proceso de integración competitivo y sustentable de
largo plazo, se propone:
Propuesta 5. En el marco mesoeconómico de la competitividad es
indispensable mejorar y fortalecer —y como resultado del análisis realizado
de las fortalezas y debilidades de la balanza de pagos de la República
Dominicana— las instituciones vinculadas con el turismo y la industria
nacional. A diferencia del CNC y en especial del CNZFE, las representaciones
de ambos sectores —en el caso del turismo la Asociación Nacional de
Hoteles y Restaurantes (ASONAHORES) y de la Asociación de Industrias
de la República Dominicana (AIRD) para la industria nacional— enfrentan
múltiples limitaciones en su relación con la política de financiamiento
y de análisis y propuestas.39 El papel de la Secretaría de Turismo y del
Banco Central, de igual forma, no resulta suficientemente comprensible
ni transparente (FGDD, 2004). En este sentido, el Poder Ejecutivo de la
República Dominicana debería establecer las mismas condiciones legales
y de financiamiento para ASONAHORES y AIRD que para el CNZFE y así
lograr una contraparte efectiva y propositiva.

 Véase: http://www.cnzfe.gov.do/acuerdo_servicios.htm.
 Tal es el caso, por ejemplo, en las actuales negociaciones en torno a la ya mencionada Norma
General N° 06-06 y la posibilidad de que otros sectores —como el calzado y la cadena
hilo-textil-confección— sean completamente exoneradas de impuestos y particularmente
del ITBIS.
38
 Para un análisis de los instrumentos y objetivos, véase: http://www.cnc.gov.do.
39
 El tema ya ha sido señalado en diversas ocasiones en forma pública y autocrítica, véase
Fairbanks, Escobari y Morriss (2006) para el caso de la AIRD y ASONAHORES/JAD (2005).
36
37

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

555

3.
Hacia un proceso de escalamiento en el comercio
exterior: zonas francas y turismo
Muy diversas publicaciones (ADOZONA-CNZFE, 2006; CEPAL, 2001; Bair y
Dussel Peters, 2006; CEPAL, 2006b; CNC, 2007b; FGDD, 2004; PNUD, 2005;
USAID-Chemonics International, 2000) han resaltado a nivel internacional
y para la República Dominicana el potencial de escalamiento —es decir, de
integrarse a segmentos de mayor valor agregado y con efectos positivos
en los productos, procesos y en otras variables como la calidad de empleo,
procesos de aprendizaje y competencia— de las actividades realizadas en la
actualidad. Si bien el potencial —y principalmente en las zonas francas— no
es despreciable y su efecto en el empleo y la cuenta corriente es significativa,
la mayoría de los análisis plantean que no ha sido aprovechado.
En lo que sigue se abordan propuestas para dos sectores clave desde
la perspectiva de la inserción externa: las zonas francas y el turismo.
a)

Zonas francas

Además de lo ya expresado en este capítulo y en el capítulo VIII,
estas actividades en la República Dominicana son relevantes por varios
aspectos adicionales:
Las zonas francas exportaron durante 1990-2006 el 78,42% de los
bienes y servicios —el 69,98% en 2006—, el 46% de las empresas tenían como
origen a Estados Unidos en 2005 y las exportaciones del sector se dirigían
mayoritariamente a Estados Unidos. Además, la cadena hilo-textil-confección
sigue siendo el principal sector de las zonas francas, aunque con una clara
tendencia a la baja: participó con más del 70% de las exportaciones a mediados
de los años noventa y lo hace con menos del 40% desde 2006 (CNZFE, 2006b).
El gráfico X.3 refleja que el principal destino de las exportaciones
dominicanas es Estados Unidos; destaca que hasta 1997 el crecimiento de
las exportaciones fue de dos dígitos y desde entonces las exportaciones a
Estados Unidos se han estancado, y en varios años han presentado una tasa
de crecimiento negativa. Como resultado, durante 1997-2006 las exportaciones
dominicanas a Estados Unidos apenas crecieron en un 0,6% —a diferencia
de un 9,8% durante 1990-2000— y su participación sobre el total importado
en Estados Unidos cayó del 0,5% en 1997 al 0,24% en 2006.
Las tendencias agregadas anteriores están estrictamente vinculadas
con los acontecimientos desde 2001 en la cadena hilo-textil-confección40 a
nivel global y en particular en Estados Unidos y Asia: si durante 1990-2000
 Para una presentación puntual de la cadena HTC y su elaboración estadística, véase Bair
y Dussel Peters (2006) y Dussel Peters (2005).

40

556

CEPAL

Gráfico X.3
ESTADOS UNIDOS: IMPORTACIONES TOTALES, 1990-2006
(Porcentajes)
25
20
15
10
5
0

1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006

Canadá

China

México

Japón

República Dominicana

Fuente: Elaboración propia con base en información de la United States International Trade
Commission (USITC).

la tcpa de las importaciones estadounidenses fue de 12,6%, en 2001-2006
disminuyó a un 5,2%. Sin embargo, en este segundo período, de los principales
exportadores de esta cadena prácticamente sólo China se benefició —con una
tcpa de 27,9% durante 2001-2006—; países como México presentaron una
tcpa de –5,3% y la República Dominicana de –6,4%; luego, la participación
dominicana en estas importaciones de Estados Unidos cayó del 3,86% en
1995 al 1,57% en 2006. No obstante, en el cuadro X.7 se aprecia también que
no sólo China —y que con la provincia china de Hong Kong participaron
en 2006 con casi el 34% de las importaciones totales de la cadena hilotextil-confección de Estados Unidos—, sino que otros países asiáticos como
Bangladesh, Pakistán, Viet Nam e Indonesia están ingresando rápidamente
al mercado estadounidense, mientras que la mayor parte de América Latina
—en especial Centroamérica, México y la República Dominicana— ha
perdido presencia sustancial desde 2001.
El cuadro X.7 es relevante en cuanto a las diferencias arancelarias
efectivamente cobradas por Estados Unidos en la cadena HTC. Por una parte,
se advierte que en dicha cadena el arancel sigue desempeñando un papel
importante: en 2006 la tasa arancelaria para el total de las importaciones
estadounidenses fue de apenas 1,36%, pero de un 10,3% para la cadena HTC.
Al respecto cabe subrayar dos temas: la tasa arancelaria durante 1990-2006
ha caído del 17,6% al 10,3% y principalmente los países asiáticos gravan
aranceles altos; en 2006, por ejemplo, China, Bangladesh y Pakistán pagaron
un arancel efectivo por sus exportaciones a Estados Unidos de 11,6%, 16% y
10,75%, respectivamente. Por el contrario, México y la República Dominicana
pagan un arancel muy por debajo del promedio, apenas de un 0,5% y 1,58%

10
20
18
34
24
3
4
5
6
7
8
9
11
12
13
14
15

1
2

China
11,44
México
2,98
Centroamérica
2,73
Honduras
0,44
El Salvador
0,27
Guatemala
0,81
Costa Rica
1,22
Nicaragua
0,00
India
3,17
Indonesia
2,64
Vietnam
0,00
Pakistan
1,35
Canadá
1,92
Bangladesh
1,85
Hong Kong
14,10
Italia
3,70
Tailandia
2,06
Cambodia
0,00
Filipinas
3,66
Corea
9,11
América Latina
y el Caribe
12,89
Subtotal
67,90
REPDOM
2,54
Resto del
Mundo
32,10
Total importado
por Estados
Unidos
100,00

22,71
77,29
2,85
22,71

100,00

15,35 16,28 17,45 18,48 21,53 23,49 25,82 26,58 27,79 27,37 26,62 25,63 23,74 22,40 20,12 17,77
69,22 71,17 72,09 72,51 74,15 75,06 76,48 76,60 77,28 76,77 76,55 77,55 77,93 78,70 82,35 83,80
3,34 3,66 3,82 3,74 3,86 3,60 3,86 3,65 3,44 3,13 2,95 2,70 2,47 2,15 1,76 1,57

30,78 28,83 27,91 27,49 25,85 24,94 23,52 23,40 22,72 23,23 23,45 22,45 22,07 21,30 17,65 16,20

100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00

(Continúa)

17,45
9,54
7,52
2,61
1,66
1,80
1,00
0,45
4,16
3,07
1,21
2,38
3,85
2,52
6,44
2,87
2,74
0,99
2,78
4,12

12,12 13,34 14,58 13,30 14,00 13,88 14,29 12,59 12,41 12,02 12,31 15,16 17,95 20,79 27,74 31,16
3,97 4,01 4,32 5,21 7,48 9,29 10,98 12,26 13,27 13,22 12,60 12,00 10,42 9,38 8,22 7,09
3,65 4,60 5,28 5,71 6,67 7,36 8,26 8,19 8,64 8,67 8,91 8,79 8,34 8,11 7,38 6,70
0,70 1,06 1,32 1,52 2,03 2,50 2,94 2,96 3,23 3,14 3,16 3,12 2,98 2,94 2,69 2,42
0,36 0,54 0,74 1,03 1,30 1,49 1,87 1,87 2,00 2,12 2,15 2,13 2,04 1,88 1,65 1,37
1,28 1,49 1,64 1,60 1,52 1,64 1,67 1,75 1,81 1,92 2,10 2,08 2,06 2,10 1,83 1,61
1,31 1,50 1,55 1,48 1,65 1,45 1,46 1,25 1,20 1,06 1,01 0,91 0,69 0,56 0,50 0,46
0,00 0,01 0,03 0,08 0,16 0,29 0,32 0,36 0,41 0,44 0,49 0,54 0,56 0,64 0,71 0,84
3,23 3,58 3,84 4,19 3,86 3,87 3,76 3,77 3,74 3,85 3,74 4,14 4,18 4,35 5,12 5,28
2,34 2,84 3,14 2,96 2,89 3,02 3,20 3,06 2,89 3,11 3,34 2,95 2,79 2,83 3,12 3,77
0,00 0,00 0,00 0,01 0,04 0,05 0,05 0,05 0,06 0,06 0,06 1,19 2,90 2,93 2,90 3,27
1,38 1,65 1,60 1,75 1,99 1,95 1,96 2,10 2,12 2,37 2,51 2,52 2,62 2,78 2,96 3,18
2,09 2,33 2,50 2,91 3,18 4,15 4,22 4,36 4,57 4,57 4,68 4,66 4,27 3,96 3,52 3,18
1,73 2,32 2,26 2,46 2,50 2,42 2,60 2,65 2,60 2,89 2,89 2,51 2,27 2,23 2,48 2,88
13,82 12,84 10,92 10,86 9,64 8,31 7,16 7,21 6,60 6,17 5,76 5,09 4,51 4,32 3,66 2,81
3,48 3,10 2,90 3,24 3,20 3,41 3,11 2,93 2,80 2,72 3,01 2,86 2,87 2,76 2,47 2,29
2,38 2,76 2,98 2,95 2,99 2,77 2,85 3,11 3,12 3,24 3,24 2,88 2,54 2,48 2,25 2,14
0,00 0,00 0,00 0,00 0,00 0,00 0,17 0,56 0,86 1,06 1,23 1,32 1,45 1,54 1,72 2,05
3,43 3,45 3,57 3,54 3,63 3,36 3,07 3,19 3,17 2,98 2,92 2,57 2,39 2,10 1,95 2,02
7,86 6,67 6,35 5,86 4,69 4,37 4,21 4,44 4,54 4,35 4,24 4,08 3,46 3,23 2,35 1,98

Cuadro X.7
ESTADOS UNIDOS: IMPORTACIONES DE LA CADENA HILO-TEXTIL CONFECCIÓN, 1990-2006
PRIMEROS 15 PAÍSES SEGÚN SU PARTICIPACIÓN EN 2006
(millones de dólares)
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 1990-2006
Participación (en porcentajes)

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
557

China
México
Centroamérica
Honduras
El Salvador
Guatemala
Costa Rica
Nicaragua
India
Indonesia
Vietnam
Pakistan
Canadá
Bangladesh
Hong Kong
Italia
Tailandia
Cambodia
Filipinas
Corea
América Latina
y el Caribe
Subtotal
REPDOM
Resto del
Mundo
Total importado
por Estados
Unidos

10,7

10,8

22,0

14,7

7,8

4,0

18,3

11,6

12,0

11,4

15,3
12,2
5,7

20,0

9,2

17,6
9,1
0,5

6,7

7,1

42,1
24,8
26,0

12,4

17,3
11,4
8,3

2,4

18,7
12,1
15,7

30,1
20,5
27,0

1997

5,8

2,7

10,6
6,7
-0,1

4,3
14,5
11,6
15,4
13,3
9,0
1,3
19,5
4,9
-0,1
29,6
7,2
11,0
3,9
-3,2
0,9
6,1
62,2
5,0
8,3

1998

13,0

15,5

11,3
12,3
2,9

9,5
12,6
13,5
9,8
19,9
20,1
-0,1
21,7
16,4
21,6
31,8
26,0
12,8
25,4
5,6
10,0
17,4
39,1
6,4
8,3

1999

2001

2002

0,4

1,4

-2,4
0,1
-5,4

3,8

-0,6

0,0
5,2
-5,0

2004

2005

2006

1990-2006

4,8

8,6

7,4

7,0

-11,3

2,4
-3,8
9,6 12,0
-5,2 -12,6

4,4

-4,1

-7,8
6,2
-6,9

9,8

5,2

12,0
11,2
6,5

12,6

9,0

21,4
14,0
7,0

6,2

-1,3

-2,0
8,2
-6,4

25,8 42,8 17,3 16,9 13,2 27,9
-2,2
-6,2
-9,9 15,9 30,7 -5,3
5,6
-2,7
-5,2 16,1 26,4
0,3
6,9
-1,9
-6,1 22,2 37,2
0,7
0,0
-6,3 -12,9 21,6 38,6 -2,9
10,4
-6,5
-8,3 14,6 22,8
0,7
-11,5
-5,9
-2,7
3,3 11,0 -9,1
23,0 20,3 22,7 87,2 147,8 18,2
13,0 25,8
7,9 13,3 14,8 13,9
10,1 18,0 26,3 12,2 14,4
8,9
9,8
5,9 17,9 153,0
-- 133,1
15,4 14,0 12,0 15,8 19,1 11,4
0,6
-4,9
-5,8 13,3 22,7 -1,7
6,7 18,8 21,5 12,9 17,7
6,2
4,0
-9,3 -19,8
-0,8
3,7 -8,0
4,4
-4,1
-3,3
6,5
9,2
0,5
6,2
-2,8
-0,7 10,0 17,8 -2,2
15,2 19,7 24,5 92,1 158,0 17,7
-4,7
-0,7
8,6
5,8 10,3 -1,3
1,3 -22,1 -12,0
-0,2
4,6 -8,8

2003

5,6

-0,5
7,9
-2,1

2,8 27,8 27,2
-4,3
-1,1
-6,8
3,1
2,4
1,9
1,0
2,7
2,6
2,0
2,7
2,8
9,8
3,1
6,1
-4,4
-5,8 -18,6
12,7 13,9 11,7
-2,7 15,1
8,4
7,7
-8,3
1,8
-0,7 1828,9 160,4
6,3
4,1 11,7
2,8
3,5
-1,5
0,4
-9,7
-2,7
-6,3
-8,2
-4,9
11,1
-1,5
7,5
0,6
-7,9
-5,4
16,7 11,4 17,9
-1,7
-8,8
0,1
-2,3
0,0
-8,9

2000

(Tasa de crecimiento anual)

1996

27,3
23,4
31,4

1995

27,2
8,8
40,6

1994
21,8
-1,3
39,8 25,0
32,6 11,1
39,3 12,7
48,4 11,6
20,5 17,9
19,4
-4,1
28,2 27,3
15,1 12,3
25,3
7,1
11,1 10,3
19,3 19,5
20,2 15,8
27,0 14,0
1,9 12,7
7,6
5,8
21,6 22,2
- 266,5
8,2 16,4
14,1 17,9

1993

13,1 32,2 21,0
1,0 28,5
6,8
42,6 21,2 19,2 33,7 75,0 34,0
42,9 51,2 27,1 19,8 42,4 19,1
70,9 83,0 37,7 27,5 62,6 32,7
44,1 79,5 52,9 54,8 53,9 23,4
69,9 39,0 22,3
8,1 15,9 16,0
14,3 38,1 13,8
5,8 36,1
-5,4
3055,0 180,3 231,0 150,4 160,2 92,5
8,8 33,1 18,6 21,1 12,5
7,9
-5,5 45,5 22,5
4,6 19,0 12,7
- -100,0
- 567,6 40,4
9,2 43,0
7,3 21,1 39,2
5,3
16,2 33,3 19,0 29,1 33,1 40,8
-0,3 61,4
8,0 20,6 23,5
4,6
4,6 11,5
-5,9 10,2
8,3
-7,0
0,5
7,0
3,4 23,7 20,6 15,0
23,0 39,5 19,4
9,8 23,6
-0,2
-100,0
- -95,4 2258,1 373,1
-0,3
0,0 20,9 14,4
9,9 25,3
-7,9
1,9
5,3
2,2
-2,3
0,4

1992

Fuente: Elaboración propia con base en el United States Imports of Merchandise (1991-2007).
a
A la izquierda del nombre del país aparece su posición ocupada en las importaciones de Estados Unidos en 2006.

10
20
18
34
24
3
4
5
6
7
8
9
11
12
13
14
15

1
2

1990 1991

Cuadro X.7 (Conclusión)

558
CEPAL

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

559

en 2006, respectivamente. El asunto es de la mayor relevancia considerando
que las reducciones arancelarias en el principal rubro de exportación
dominicana —la cadena HTC— ya eran sustancialmente menores mucho
antes de la implementación del DR-CAFTA.
En el cuadro IX.8, por último, se aprecia un proceso que ha sido analizado
internacionalmente: mientras que los países asiáticos y en especial China han
tenido la capacidad de “escalar” en los segmentos de la cadena HTC, los países
latinoamericanos, incluyendo la República Dominicana, se han estancado en sus
productos y procesos. Las diferencias entre China y la República Dominicana
son nítidas: China no sólo ha incrementado el volumen exportado, sino que ha
logrado, además, ampliar la participación de insumos requeridos para la cadena
HTC. La República Dominicana, al igual que la mayor parte de Centroamérica
y México, exporta exclusivamente productos confeccionados y no participa
en los demás segmentos de la cadena. El tema, sin lugar a dudas, no ha sido
analizado con la suficiente atención en la República Dominicana.41
Propuesta 6. Un aspecto fundamental en el análisis y las propuestas
concretas por segmento de cadena de valor consiste en crear mecanismos
e instrumentos para incrementar la integración de insumos y procesos
domésticos a los procesos y productos de las zonas francas.42 Como se planteó
ut supra, el DR-CAFTA no tendrá significativos efectos en la cadena HTC
—considerando los de por sí ya bajos aranceles— y no existen estimaciones
puntuales para analizar los efectos en otras cadenas de valor. Los esfuerzos
por un escalamiento en las cadenas tendrían efectos positivos tanto en la
balanza comercial de la ZF como de las mercancías nacionales. De hecho,
este último rubro ha representado uno de los factores de mayor déficit
en la cuenta corriente e incluso su peso podría aumentar fuertemente.
La coordinación entre las instituciones públicas y privadas señaladas
anteriormente, conjuntamente con mayores y más efectivos recursos y
personal, tendrían que ser el centro de atención de estos esfuerzos.
 El evento de ADOZONA/CNZFE (2006) refleja un buen conocimiento del nivel general
de las zonas francas y la cadena HTC. Sin embargo, no se han realizado estudios a nivel
de empresa, por productos y procesos y territorios con objeto de llevar a cabo proyectos
específicos de financiamiento, diseño, tecnología, escalamiento, entre otros. Para un estudio
puntual y detallado, véase CEPAL (2004).
42
 El documento de Fairbanks, Escobari y Morriss (2006) es una de las últimas contribuciones
puntuales para mejorar las condiciones de integración de las empresas nacionales con los
sectores más dinámicos y exportadores. El estudio señala que “la industria está enfrentando
una crisis” (Fairbanks y otros, 2006: 4): sólo el 6% de este estrato de empresas exporta más
del 50% de su producción y su proveeduría a las zonas francas ha disminuido. El estudio
propone —con una metodología preliminar y a profundizarse con estudios de segmentos
de cadenas de valor— una serie de industrias atractivas para integrarse a la exportación
a los Estados Unidos: cosméticos y perfumes, cerveza y malta, equipo médico, porcelana,
hierro y acero y semiconductores, entre otros.
41

10
20
18
34
24
3
4
5
6
7
8
9
11
12
13
14
15

1
2

15,51
14,31
19,65
19,12
19,11
18,29
19,62
18,86
17,49
14,17
21,38
14,20
7,88
17,81
18,13
14,44
18,99
18,00
19,45

1991

16,96

17,29

17,06

19 países
17,46
América Latina y el

17,61

Caribe
Resto

del Mundo
17,59
Total importado por Estados

Unidos

17,61

17,13

16,31
15,10
20,12
18,81
19,12
15,85
18,87
19,30
7,00
15,16
21,99
14,38
8,20
18,25
18,31
14,96
19,42
115,53
18,04
20,79

Chinaa
México
República Dominicana
Centroamérica
Honduras
El Salvador
Guatemala
Costa Rica
Nicaragua
India
Indonesia
Vietnam
Pakistan
Canadá
Bangladesh
Hong Kong
Italia
Tailandia
Cambodia
Filipinas
Corea
Total de los

1990

Cuadro X.8

15,59

16,73

15,12

11,81

14,24
9,17
12,16
13,31
13,85
13,42
14,61
11,60
13,15
13,80
20,63
28,21
15,23
7,44
17,67
17,64
14,03
17,79
60,94
17,66
18,33

1992

14,42

16,02

13,81

8,71

13,53
6,04
8,12
10,14
10,79
10,79
11,33
7,96
12,77
13,71
19,96
15,57
6,54
15,98
17,23
13,68
16,69
47,59
16,99
18,12

1993

14,07

15,48

13,54

8,35

13,90
4,91
8,55
10,14
9,71
11,12
11,83
7,79
15,53
13,81
19,75
38,66
15,92
5,04
15,28
17,32
13,18
16,40
74,70
16,73
18,30

1994

1996

1997

1998

1999

12,69

14,65

12,01

6,34

12,02

14,24

11,28

5,64

11,70

14,53

10,84

5,28

11,44

14,33

10,55

4,96

11,16

14,27

10,25

4,69

Tasa arancelaria pagada (en porcentajes)
12,46 12,29 12,05 11,95 11,75
1,91
1,22
1,07
0,84
0,38
7,65
7,61
7,50
7,45
7,26
9,19
9,01
8,86
9,00
9,08
8,66
7,73
7,41
7,13
6,95
9,98
9,62
8,90
9,00
8,56
11,20 11,69 12,70 13,55 14,83
6,61
6,04
5,88
5,41
5,04
16,84 16,60 15,51 14,70 14,75
13,13 13,05 12,80 12,70 12,24
18,86 18,21 18,08 17,87 17,80
34,66 38,36 39,56 40,61 41,46
14,89 14,18 13,60 13,03 12,90
4,01
2,52
1,52
0,24
0,51
14,87 14,97 14,92 14,67 14,94
16,96 16,95 17,40 17,15 16,86
13,21 13,79 13,80 13,47 13,28
16,08 16,20 16,00 15,48 15,34
31,50 28,31 18,75 18,35 18,24
16,09 16,67 17,08 17,15 17,11
17,28 16,61 16,97 17,57 17,91

1995

11,19

14,27

10,25

5,09

11,22
0,38
8,11
9,87
7,83
8,94
15,71
5,17
14,74
12,09
18,10
42,76
12,45
0,26
15,32
16,47
12,90
15,37
17,41
17,15
17,54

2000

10,64

13,56

9,74

3,68

11,23
0,41
3,43
6,83
4,20
5,50
12,95
2,34
12,71
12,24
17,57
41,94
11,97
0,25
14,81
16,66
13,73
15,21
15,98
16,68
17,36

2001

10,28

12,65

9,59

3,48

10,81
0,72
2,07
6,02
3,26
4,67
11,77
2,09
11,75
11,76
17,69
16,92
11,58
0,34
14,93
17,21
13,05
15,07
15,98
17,06
16,83

2002

2003

10,16

12,20

9,59

3,20

10,33
0,60
2,52
6,02
3,08
4,72
11,45
2,24
11,17
11,51
18,08
17,11
11,50
0,36
15,39
17,24
12,72
14,80
15,68
17,09
16,03

ESTADOS UNIDOS: TASA ARANCELARIA EFECTIVA PAGADA EN LA CADENA HTC, 1990-2006

9,82

11,26

9,43

3,08

9,86
0,53
2,47
6,01
2,91
4,85
10,82
2,34
11,15
11,05
18,24
16,29
11,05
0,38
15,71
17,07
12,24
14,68
15,71
16,73
15,65

2004

10,03

10,15

10,01

2,82

11,29
0,46
2,33
5,45
2,56
3,94
9,84
2,16
10,84
11,26
17,65
16,79
10,79
0,33
15,93
18,04
12,09
14,52
16,29
16,61
13,28

2005

10,30

9,44

10,47

2,83

11,64
0,52
1,58
5,69
2,28
4,53
9,81
2,41
11,38
11,08
17,89
16,54
10,75
0,30
16,08
17,73
12,05
14,89
17,03
17,04
12,21

2006

11,43
(Continúa)

13,48

10,83

4,84

11,58
1,15
6,36
7,77
5,27
6,75
12,28
5,76
12,41
12,11
18,29
17,13
12,21
1,20
15,47
17,27
13,12
15,54
16,53
16,98
17,04

2006

1990-

560
CEPAL

114,27 115,14

106,84 112,04

República Dominicana

Centroamérica

90,05 107,17

107,19 114,99

109,64 110,54

39,76 102,51

86,12

20 El Salvador

18 Guatemala

34 Costa Rica

24 Nicaragua

India

Indonesia

Vietnam

Pakistan

Canadá

Bangladesh

Hong Kong

3

4

5

6

7

8

9

88,56

84,35

74,41

93,76

86,12

88,86

85,39

78,03

58,85

91,35

1992

1995

1996

1997

1998

1999

55,40

84,10

79,04

69,04

72,10

60,77

34,90

98,76

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

52,09

88,23

78,62

68,20

72,41

60,30

15,09

76,06

63,31

75,67

64,11

9,17

78,71

62,33

78,69

65,16

7,37

76,73

62,26

81,30

65,06

3,38

79,90

70,02

88,24

72,54

3,37

51,67

39,45

64,24

32,21

3,88

45,47

31,69

58,53

20,10

7,05

46,42

30,27

59,24

24,76

5,88

49,42

29,60

61,16

25,16

5,37

50,29

50,25

47,26

45,14

46,22

22,01

20,31

22,02

23,83

97,28 108,50 118,45 132,87 140,44 121,70 114,44 112,62 110,12

80,02

64,29

74,98

63,35

10,16

21,54

98,05

39,26

25,54

54,30

23,26

4,61

23,43

95,18

43,95

22,09

55,25

15,32

5,04

98,16 102,31 102,94 104,49 105,24 100,28 105,53 105,10 101,64 100,34 112,57 112,98

Total importado por los Estados Unidos=100

1994

95,05

98,17 103,46 108,61 109,37

111,02 109,69 108,06 115,08 114,35 113,28 112,53 112,22 107,49

88,54 110,37 132,70 138,12 132,55 128,51 132,18 131,73 119,51 114,26 109,94 113,52 108,05 110,47

55,23

78,58

74,83

74,81

70,34

56,31

41,89

93,83

1993

46,19

83,22

47,71

45,35

35,84

31,59

20,97

13,02

2,13

4,56

2,34

2,33

3,30

3,54

3,83

3,32

2,91

111,27 112,47 112,62 113,19 112,51 107,57 104,30

- 274,75 273,07 319,24 337,96 355,02 371,40 382,23 394,26 164,55 168,32 165,85 167,36 160,47

97,69 107,97 113,14 117,31 118,02 116,16 113,93 115,53

- 180,96

102,47 105,47 113,32 117,80 118,90 126,79 138,68 145,91 149,94 153,31 153,34 156,78 165,94 168,16 170,31 165,55 165,34

118,08 113,98 117,61 125,65 130,09 136,13 138,23 144,97 153,63 160,47 156,77 163,15 163,69 157,69 159,35 132,38 118,53

14 Filipinas

15 Corea
93,85

92,58

45,15

92,27

43,40

91,80

42,04

91,67

45,51

91,58

34,59

93,33

33,89

94,31

31,51

96,03

31,34

27,43
99,75 101,62

28,10

94,74

42,36

149,04

Fuente: Elaboración propia con base en el United States Imports of Merchandise (1991-2007).
a
A la izquierda del nombre del país aparece su posición ocupada en las importaciones de Estados Unidos en 2006.

100,00

94,61

46,95

117,89

96,21

49,92

111,04 110,00 115,45 118,51 124,13 125,30 127,87 127,53 127,49 123,05 120,09 114,65 101,17

95,73

59,33

91,60

99,93 101,32 107,37

97,02

60,37

148,53

144,54

135,93

114,78

151,04

135,32

10,52

106,80

149,83

159,95

105,90

108,56

50,37

107,38

59,06

46,09

67,95

55,62

10,06

101,28

19902006

Total importado por
Estados Unidos
100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00

Resto del Mundo

99,41

75,77

- 390,97 329,98 530,91 248,14 235,55 160,24 160,43 163,41 155,61 150,19 155,46 154,33 159,91 162,36 165,25

99,19 100,38

América Latina y el Caribe 100,03

Total de los 19 países

656,19

13 Cambodia

93,68 104,08 114,76 117,91 117,74 118,93 115,35 129,07 126,94 125,16 124,64 120,54 116,89

111,28 114,14 115,73 116,59 126,69 134,81 136,67 135,36 137,44 137,44 142,97 146,56 145,66 149,43 144,74 144,47

94,85

110,32

90,00

12 Tailandia

84,60

84,99

11 Italia

103,97 106,23 113,20 119,48 123,11 133,65 141,05 148,69 149,96 151,00 147,23 156,61 167,37 169,62 173,78 179,85 172,03

103,65 104,35 113,34 110,80 108,62 117,18 124,61 127,45 128,24 133,87 136,95 139,23 145,19 151,48 159,96 158,81 156,08

46,55

81,69

-

124,88 125,28 132,33 138,38 140,38 148,59 151,54 154,46 156,24 159,46 161,77 165,12 172,09 177,86 185,69 175,93 173,57

83,04

108,60 112,00

10 Honduras

83,89

85,76

México

90,89

2

92,66

1991

China

1990

1

Cuadro X.8 (Conclusión)

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada
561

562

CEPAL

Cuadro X.9
ESTADOS UNIDOS: IMPORTACIONES DE LA CADENA HTC POR SEGMENTOS, 1990-2006
(Porcentajes sobre el total de las importaciones de HTC)
1990

1995

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

19902006

Importaciones totales de los Estados Unidos
Hilo
3,83
3,47
3,39
3,29
3,47
3,29
3,57
3,71
3,63
3,59
Textil
10,16
9,06
8,57
7,99
8,32
7,69
7,59
7,30
6,84
8,48
Confección
78,07 78,33 76,98 77,27 74,62 74,46 73,06 72,23 71,79 75,54
Otros
7,94
9,14 11,05 11,45 13,59 14,56 15,77 16,76 17,73 12,39
Total importado
por EE.UU.
100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00
Importaciones de República Dominicana
Hilo
0,01
0,00
0,02
0,02
0,01
0,02
0,09
0,10
0,05
0,02
Textil
0,10
0,34
0,87
0,94
0,98
0,43
0,17
0,21
0,17
0,56
Confección
97,92 97,69 99,72 99,71 100,07 100,16 102,18 104,95 94,39 98,95
Otros
2,85
3,20
1,24
1,98
2,50
3,28
3,91
5,12
5,39
3,09
Total exportado
a EE.UU.
100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00
Importaciones de República Popular China
0,63
6,94

Hilo
Textil
Confección
Otros
Total
exportado
a EE.UU.

0,29
3,92

0,51
4,78

0,51
4,03

0,59
4,38

0,64
4,05

0,99
5,37

1,44
4,96

1,20
3,71

0,80
4,57

74,99
17,43

75,48
20,32

70,15
24,56

70,97
24,48

62,19
32,85

60,25
35,05

80,57
49,04

81,07
39,12

64,59
30,51

71,16
29,82

100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00

Fuente: Elaboración propia con base en el United States Imports of Merchandise (1991-2007).

b)

Turismo

En comparación con las zonas francas, el sector turismo ha recibido
relativamente poca atención en términos de las instituciones existentes,
en relación con el diseño y la aplicación de políticas públicas y de
inversión para la promoción de sus actividades. En contraste, el turismo
se ha constituido en la principal fuente de divisas netas desde 2000 en la
balanza de pagos de la República Dominicana. Igualmente, es el turismo
el que parece mejor posicionado para generar mecanismos de arrastre
con otros sectores de la economía dominicana tales como la agricultura,
la producción de bienes tradicionales y artesanales, la creación de
infraestructura y comunicaciones; además de que ofrece la posibilidad
de descentralizar y potenciar la expansión de la actividad productiva a
distintas zonas geográficas del país.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

563

El cambio reciente en las preferencias turísticas hacia formas de
entretenimiento que respeten y colaboren con la atención al medio ambiente
y a las costumbres y tradiciones de la población local, representa una
oportunidad inmejorable para generar un sector más dinámico y social y
ecológicamente más responsable. Dicha problemática se refleja claramente
en el hecho de que la actividad turística en suelo dominicano está dominada
fuertemente por los grandes operadores turísticos (FGDD, 2004), que venden
paquetes “todo incluido”, lo que los dota de mayor poder y control sobre
los diversos procesos que componen la actividad turística (el transporte, el
alojamiento, la alimentación y actividades de entretenimiento relacionadas).
De manera por demás interesante, se establece que la competencia turística
en los años noventa, no se dio en la República Dominicana con otros destinos
turísticos del Caribe sino casi exclusivamente en el interior del país. Esta
situación suscitó a menudo guerras de precios entre los distintos destinos y
afectó gravemente la calidad en el servicio y la imagen de país como destino
turístico (PNUD, 2005).
Como aspecto positivo sobresale una bien diferenciada oferta de
capitales externos entre europeos (españoles casi todos) y estadounidenses.
Esta diversificación ha minimizado el componente estacional de la demanda
por servicios turísticos, pues el público proveniente de Estados Unidos prefiere
viajar en invierno a esa zona mientras que los europeos eligen con mayor
frecuencia el verano, y por ello disminuyen significativamente los períodos de
baja demanda para la industria hotelera local (FGDD, 2004; PNUD, 2005).
En el año 2001 se promulgó la Ley de Fomento al Desarrollo Turístico
para los Polos de Escaso Desarrollo y Nuevos Polos en Provincias y Localidades
de Gran Potencialidad y se creó el Fondo Oficial de Promoción Turística. La
nueva ley estableció de nueva cuenta un sistema de exenciones fiscales, entre
otros: la exención del 100% en el impuesto sobre la renta, en los impuestos
nacionales y municipales y en los impuestos de importación (ITBIS sobre los
equipos, materiales y muebles) por un período de 10 años (PNUD, 2005).
Pese a que el sector turismo sigue siendo una dinámica fuente de
divisas y empleo para la economía dominicana y se lo considera uno de los
factores de crecimiento con mayor potencial, vale la pena resaltar algunas de
las debilidades que amenazan con debilitar aun más su pujanza, en lugar de
transformarlo en una actividad sostenible y con fuertes efectos de arrastre
para el resto de la economía. En primer lugar, el sector está dominado por
grandes operadores turísticos que monopolizan la actividad y no permiten
una mejor distribución de los beneficios aportados por la derrama turística,
especialmente entre la población y los productores locales. En segundo
lugar, se advierte falta de creatividad en la promoción de otras variedades
turísticas para el país distintas de las proporcionadas por las playas. El país

564

CEPAL

cuenta con un importante acervo colonial y arquitectónico muy apto para
fines turísticos. En tercer lugar, la concentración de la actividad turística en
pocas manos y grandes empresas no permite que se elabore una actividad
turística de la que la población local, a través de la promoción y exposición
de la historia, tradiciones y cultura nacionales, se vea también beneficiada
y participe en el desarrollo de la industria y los servicios que la apoyan y
complementan. Este punto es de particular relevancia, pues el aislamiento
y marginación de la población local también se refleja en el deterioro
ambiental de los recursos que posibilitan el atractivo turístico de la zona.
Además, esta marginación se relaciona con el alto nivel de desempleo y falta
de oportunidades que, tarde o temprano, también inciden en el incremento
de los índices delictivos que impactan negativamente sobre el turismo.
Propuesta 7. Considerando que el sector turismo se ha convertido
desde finales de los años noventa —y ante la caída en la dinámica de las
zonas francas— en el principal factor superavitario de la balanza de pagos,
el sector requiere de instituciones, financiamiento y presencia estratégica en
los sectores público y privado de la República Dominicana. Su aporte actual
y futuro a la socioeconomía, y en términos de inserción externa, es crítico
y debiera priorizarse. Para la década de 1990 varias instituciones (CEPAL,
2000; FGDD, 2004; PNUD, 2005) ya habían identificado estos aspectos.
Nueva información vertida recientemente (ASONAHORES-JAD, 2006) y los
escenarios sectoriales y para el sector externo hasta 2030 confirman la enorme
capacidad —existente y potencial— de integración del sector agropecuario
a la demanda del sector turismo: la economía nacional actualmente provee
el 28,6% de las frutas, el 13,4% de los alimentos envasados y un 16,1% de
las carnes consumidas por el sector hotelero.43 Se asume —aunque no existe
mayor información al respecto— que el sector manufacturero nacional
tiene diversos encadenamientos y un importante potencial en rubros como
muebles, infraestructura, reparación de equipo, muy diversos servicios, y
otros. Es indispensable replicar el esfuerzo de análisis de ASONAHORES-JAD
(2006) para el resto de los sectores de la economía dominicana con el turismo.
Propuesta 8. Con base en el estudio de ASONAHORES-JAD (2006) es
apremiante crear un programa específico para mejorar y profundizar los
vínculos y el suministro del sector agropecuario al hotelero. Además de la
creación de centros de acopio en lugares cercanos a los centros hoteleros,
existe un enorme potencial para incrementar la proveeduría en rubros como
frutas, víveres, pescados y mariscos, vegetales, carnes, lácteos, abarrotes
y embutidos, entre otros. En todos estos sectores ya existen relaciones de
proveeduría de empresas establecidas en la República Dominicana y es
 La capacidad de proveeduría varía significativamente por región. Punta Cana Bávaro y
Puerto Plata parecieran tener la mayor capacidad de venta al sector hotelero, mientras que
es muy inferior en Santo Domingo y Boca Chica, entre otros (ASONAHORES-JAP, 2006).

43

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

565

importante considerar la modalidad de compra (en su mayoría a 30 días y vía
intermediarios) y los específicos controles de calidad de los hoteles. Mientras
no existan estudios adicionales y propuestas puntuales de otros sectores, el
sector agropecuario y su proveeduría para los hoteles debería constituir una
prioridad de la política económica y externa de la República Dominicana.
Propuesta 9. Diversos estudios (CEPAL, 2000; PNUD, 2005) han
señalado la fragilidad de la inserción de la República Dominicana en los
estratos del turismo de “todo incluido”, la “commodification” de los servicios
turísticos (FGDD, 2004) y con sus respectivas repercusiones en el medio
ambiente y en limitados vínculos socioeconómicos con el resto del país.
Resulta inexorable plantear una estrategia del sector turismo en el corto,
mediano y largo plazo que permita diversificar esta estrategia en forma
efectiva y que sea sustentable con el medio ambiente; el modelo actual y
el deterioro ambiental cuestionan seriamente la viabilidad en el mediano
plazo del modelo turístico seguido en las últimas décadas.
c)

Desarrollo tecnológico

Históricamente, el Instituto Dominicano de Tecnología Industrial
(INDOTEC) —creado en 1975 como un departamento del Banco Central— ha
sido la principal entidad pública encargada de las actividades de investigación
y desarrollo tecnológicos orientadas al sector industrial. Por efecto del
Decreto 58-05 del 10 de febrero de 2005, el INDOTEC fue separado del Banco
Central y se creó el Instituto de Innovación en Biotecnología e Industrial
(IIBI) como una entidad estatal descentralizada con el objetivo de encargarse
de las investigaciones científicas y tecnológicas, servicios de laboratorios
acreditados, consultoría, capacitación y asesoramiento técnico tanto al sector
público como a las empresas.44
Actualmente, el IIBI cuenta con al menos cinco proyectos —de
biotecnología industrial, biotecnología aplicada al medio ambiente,
biotecnología médica,biotecnología farmacéutica y biotecnología vegetal—,
así como una serie de servicios adicionales, incluyendo un laboratorio
textil para determinar la calidad de los tejidos en términos de normas de
calidad, teñido, resistencia y durabilidad, entre otras. Desde 2007 otorga la
certificación a las exportaciones, desarrolla tecnologías e investigaciones y
acredita y certifica la ISO 17025, entre otros.
Existen actualmente otras instituciones vinculadas con el desarrollo
tecnológico: la Secretaría de Educación Superior, Ciencia y Tecnología
(SEESCYT), el Consejo Nacional de Investigaciones Agropecuarias y Forestales
(CONIAF), creado en 2002 y responsable de las prioridades nacionales en
 Véase: http://www.indotec.gov.do/principal.html.

44

566

CEPAL

el sector agropecuario y forestal en cuanto a las investigaciones, así como
el Instituto de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF), que
realiza actividades de investigación y desarrollo en temas vinculados con
el sector agropecuario.
En las últimas décadas, la información por parte de las propias
instituciones —y de proyectos con instituciones multilaterales, con el Consejo
Nacional de Competitividad y otras nacionales— es limitada y aun más la
evaluación de estas actividades. De las pocas investigaciones al respecto
(FGDD, 2004) se extrae que bajo el rubro del desarrollo tecnológico y la
innovación existen significativas carencias y escasa coordinación y presupuesto
de las instituciones responsables.45 Fairbanks, Escobari y Morriss (2006) acotan
que la falta de capital humano y capacitación afecta en forma significativa
a más de la mitad de los negocios en la República Dominicana.
La información estadística internacional y en la propia República
Dominicana sobre el tema es muy limitada, incluso en instituciones como
la CEPAL, BID, OCDE, UNESCO y el Banco Mundial. Destaca al respecto
que en 2001 el 1% de las exportaciones dominicanas podrían considerarse
como de alta tecnología y que el 10% de la población económicamente activa
(PEA) contaba con una educación terciaria (BM, 2007). Ambas reflejan niveles
muy limitados en la ciencia y tecnología (CyT) y las posibilidades efectivas
de realizar procesos de innovación.46
Propuesta 10. La ciencia y tecnología, el desarrollo tecnológico y
la capacitación no sólo son un motor del crecimiento económico y de la
competitividad, sino que requieren concretizarse en segmentos de cadenas
de valor específicas, es decir, se necesita que vayan más allá de un “proceso
interpretativo” (Lester y Piore, 2004). De esta forma, se sugiere hacer un
mayor esfuerzo presupuestario y coordinar las acciones de CyT y capacitación
en el IIBI y en forma conjunta con el CEIRD, CNC y la SEESCyT, acciones
enfocadas en segmentos específicos de cadenas de valor que tengan potencial
en la República Dominicana. Con base en varias de las propuestas señaladas
anteriormente —particularmente el Comité de Integración Externa de la
República Dominicana y Consejo de Promoción de los Servicios de República
 Se aprecia la CyT “relativamente atrasada en la formación de recursos humanos de nivel
profesional y técnico, los indicadores de calidad educacional son bajos, está relativamente
atrasada en el proceso de adopción de tecnologías de información y los resultados en
términos de volumen de innovación con impacto comercial son exiguos y exhiben muy
poco progreso” (FGDD, 2004:36).
46
 La información ofrecida por López-Claros (2006:116-119) es interesante en cuanto a que
destaca los aspectos tecnológicos —capacidad de absorción de las empresas y la capacidad
tecnológica en general—, así como la mala calidad de las instituciones de investigación,
entre otras, como aspectos cruciales en los que la República Dominicana cuenta con notables
desventajas competitivas.
45

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

567

Dominicana— el IIBI debe desempeñar un papel importante en mejorar los
encadenamientos de las zonas francas y el sector turismo con las empresas
establecidas en la República Dominicana.
Propuesta 11. La experiencia de diversos países asiáticos —en particular
la provincia china de Taiwán, la República de Corea y China— y en Chile y
Costa Rica pueden ser significativos para el IIBI en el sentido de especializar
los esfuerzos de CyT en sectores escogidos: la cadena HTC y necesidades
específicas de ésta (diseño, capacitación, y otras), pero principalmente en
cuanto a mejorar y crear encadenamientos entre los sectores agropecuario
y manufacturero locales con el turismo.
d)

Diversificación efectiva del comercio exterior

En secciones anteriores se analizó con detenimiento las condiciones
institucionales y estadísticas del comercio exterior dominicano con énfasis
en el período que arranca en 2000. Se remarcó el estratégico esfuerzo que
se ha realizado al menos en dos frentes: a) buscando mejorar el acceso de
largo plazo al mercado estadounidense vía el CBTPA y particularmente
el DR-CAFTA, y b) en el Mercado Común Centroamericano y la Unión
Europea. Sin lugar a dudas, estos mercados son muy significativos en el
comercio exterior dominicano.
Aun así, en el cuadro X.10 se refleja la necesidad de hacer frente
institucionalmente a los cambios en el comercio exterior de la República
Dominicana. Destaca, por un lado, la creciente participación de los países
asiáticos y sobre todo de la República Popular China. En el caso de esta
última el intercambio se ha incrementado notablemente: del 0,04% de las
exportaciones dominicanas en 2001 al 2,57% en 2006 y del 0,74% de las
importaciones dominicanas en 2001 al 3,13% en 2006; así, China ocupaba
en 2006 el séptimo lugar como importador de la República Dominicana.
Como contraparte, las importaciones provenientes de Estados Unidos han
disminuido sustancialmente para llegar a un 35% en 2005. En segunda
instancia destaca la creciente importancia de Haití en las exportaciones
dominicanas: en 2005 Haití, desplazando a Puerto Rico, se convirtió en el
segundo destino de las exportaciones con un 11,29% del total.
Hasta 2007 las relaciones diplomáticas entre la República Dominicana
y la República Popular China permanecían limitadas al rango mínimo de
relaciones comerciales. Por lo tanto, no existe una embajada de China (y su
correspondiente dominicana en la nación asiática) que posibilite la creación
de canales de cooperación y entendimiento comercial, cultural y diplomático
entre ambas naciones. Esta carencia es muy trascendente en virtud de la
enorme importancia económica, comercial, política y diplomática que la
República Popular China ha adquirido en las últimas décadas y que crece

568

CEPAL

día con día. Más aún, los productos específicos desarrollados en las zonas
francas dominicanas (como los textiles) hacen a la nación asiática el referente
de competencia fundamental a nivel mundial en el sector.
Dicha carencia se explica, en parte, por un mayor grado de maduración
de las relaciones diplomáticas entre la República Dominicana y la provincia
china de Taiwán. En el marco de la cooperación comercial y de inversión
entre estas dos naciones se realizó una visita de negocios del Presidente
Fernández al país asiático (julio de 2006). Entre las expectativas generadas
por dicha visita se contaba el impulso a la instalación de una industria
para la producción de tejido plano en la nación del Caribe financiada por
la Federación Textil del país asiático. Esta industria representaría una fuerte
contribución a la producción textil dominicana, pues el 66% de los productos
textiles producidos en aquel país son de tejido plano (Rubens, 2006b).
El tema de las relaciones comerciales con Haití es igualmente complejo.
La relación con Haití va mucho más allá del comercio y abarca temas como la
cooperación, seguridad, sanidad, migración, narcotráfico, comercio ilegal y el
creciente comercio entre ambas naciones. No obstante, el tema prácticamente
no es tratado ni analizado por los sectores público, privado y académico. No
existía, hasta inicios de 2007, una estrategia integral entre ambas naciones.
Para lograr una diversificación del comercio exterior efectiva se
considera que la República Popular China y Haití deben convertirse en dos
nuevos pilares de esta política.
Propuesta 12. Por el momento la infraestructura portuaria y la posibilidad
de tomar ventaja de la cercanía con Estados Unidos ha sido limitada. Diversos
estudios (ADOZONA/CNZFE, 2006; CNC, 2007b; Fairbanks, Escobari
y Morriss, 2006) mencionan el alto costo de la infraestructura, así como
las limitaciones en la velocidad y flexibilidad en el transporte de Estados
Unidos y la República Dominicana. Si ésta quiere convertirse en un “centro
de logística” para el Caribe e incluso de Centroamérica, debe partirse de
una estrategia de largo plazo, iniciando con puntuales análisis sobre las
condiciones y el potencial efectivo de la República Dominicana.
Propuesta 13. La República Popular China se ha convertido crecientemente
en una potencia mundial por su capacidad productiva, su creciente comercio
y la estimación de que en alrededor de dos décadas se convierta en la
economía más grande el mundo. Como resultado, no resulta satisfactorio
que la República Dominicana no tenga una explícita y transparente relación
binacional. Se sugiere que las instituciones públicas y privadas se reúnan
inmediatamente para efectivamente decidir una estrategia dominicana de
corto, mediano y largo plazo con respecto a China. Una Comisión Binacional

569

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

China-República Dominicana sería de gran interés mutuo, y particularmente
considerando el creciente monto de intercambio comercial con las industrias
nacionales y las zonas francas.
Cuadro X.10
REPÚBLICA DOMINICANA: COMERCIO EXTERIOR CON
PRINCIPALES SOCIOS COMERCIALES 2001-2006
(Según su monto de 2005)
Exportaciones
2001

2002

2003

2004

2005 p

2006

(Dólares EE.UU.)
Total
Estados Unidos
Haití
Puerto Rico
Corea del sur
Holanda
(Países Bajos)
Reino Unido
Alemania
Bélgica
República
Popular China
Japón
Resto

686 468
775
246 256
160
72 107 907

908 854
204
335 547
358
111 784 125

906 586
923
299 870
278
64 449 773

349 197 169
122 088 480

78 935 833
29 869 673

855 076
428
355 829
784
88 083 857
102 295
440
2 794

1 081 600
826

115 196 037
0

78 166 366
84 216 764

105 506 180
71 434 066

29 250 068
17 813 745
5 556 810
67 038 937

19 083 013
27 984 213
15 843 163
43 419 659

34 161 130
23 321 454
13 370 138
26 898 574

88 681 875
16 912 582
25 588 691
10 355 830

67 513 233
49 691 005
35 404 012
32 914 732

298 500
9 520 789
129 820
353

368 651
19 389 936
182 775
917

275 928
13 085 225
235 214
234

7 251 395
35 240 867
195 852
502

27 848 396
26 730 618
193 272 935

(Porcentaje)
Total
Estados Unidos
Haití
Puerto Rico
Corea del sur
Holanda
(Países Bajos)
Reino Unido
Alemania
Bélgica
República
Popular China
Japón
Resto
Total
Estados Unidos
Haití
Puerto Rico
Corea del sur
Holanda
(Países Bajos)
Reino Unido
Alemania
Bélgica
República
Popular China
Japón
Resto

100,00
5,87
10,50
11,50
4,35

100,00
41,61
10,30
11,96
0,00

100,00
36,92
12,30
12,67
0,00

100,00
33,08
7,11
8,62
9,29

100,00
32,29
11,29
9,75
6,60

4,26
2,59
0,81
9,77

2,23
3,27
1,85
5,08

3,76
2,57
1,47
2,96

9,78
1,87
2,82
1,14

6,24
4,59
3,27
3,04

0,04
1,39
18,91

0,04
2,27
21,38

0,03
0,80
1,44
3,89
25,88
21,60
(Tasa de crecimiento)
6,3
-0,2
-5,7
-10,6
26,9
-42,3
12,6
-32,1
---

2,57
2,47
17,87

------

24,6
44,5
22,2
29,6
--

19,3
16,4
89,4
35,0
--

-----

-34,8
57,1
185,1
-35,2

79,0
-16,7
-15,6
-38,0

159,6
-27,5
91,4
-61,5

-23,9
193,8
38,4
217,8

----

-103,7
40,8

--32,5
28,7

-169,3
-16,7

--24,1
-1,3

(Continua)

570

CEPAL

(Cuadro X.10 conclusión)
Importaciones
2001

Total
Estados Unidos
Canadá
Japón
Brasil
Mexico
República
Popular China
Taiwán
España
Panamá
Colombia
Resto
Total
Estados Unidos
Canadá
Japón
Brasil
Mexico
República
Popular China
Taiwán
España
Panamá
Colombia
Resto

2002

5 457 453
4 828 552
065
261
3 186 748
2 174 921
647
323
51 275 600
64 744 311
320 047 632 359 534 031
84 338 034 159 001 139
171 840 407 180 385 349

2003

2004

40 636 888 99 690 451 76 593 288 84 514 417
89 028 454 125 031 345 82 456 216 119 272 966
253 416 873 247 415 553 174 136 298 178 994 987
157 670 931 111 516 414 98 929 458 97 536 663
88 969 763 136 961 005 122 696 618 143 740 834
1 013 479
1 169 351
836
340 999 969 882 963 941 683
(Porcentaje)
100,00
100,00
100,00
100,00
58,39
45,04
44,02
43,08
0,94
1,34
2,66
1,27
5,86
7,45
3,79
3,76
3,29
4,39
5,99
1,55
3,15
3,74
2,85
3,03
0,74
1,63
4,64
2,89
1,63
18,57

2,06
2,59
5,12
2,31
2,84
24,22

2005

2006

(Dólares EE.UU.)
3 676 701
3 703 256
154
723 4 055 703 016 6 989 223 635
1 618 586
1 595 297
135
492 1 420 475 341 2 507 895 710
97 909 620 47 055 090 421 730 042 86 698 353
139 419 373 139 153 948 336 412 167 265 694 616
161 355 657 221 715 002 194 162 478 248 164 077
104 648 610 112 033 641 152 846 726 399 372 759

2,08
2,28
2,24
3,22
4,74
4,83
2,69
2,63
3,34
3,88
27,20
26,03
(Tasa de crecimiento)
-23,9
0,7
-25,6
-1,4
51,2
-51,9
-61,2
-0,2
1,5
37,4
-42,0
7,1

137 897 915
135 180 268
135 024 376
134 797 481
85 409 074

218 802 269
205 988 889
213 763 615
237 904 417
302 466 367

901 767 148 2 302 472 565
100,00
35,02
10,40
8,29
4,79
3,77

100,00
35,88
1,24
3,80
3,55
5,71

3,40
3,33
3,33
3,32
2,11
22,23

3,13
2,95
3,06
3,40
4,33
32,94

Total
--11,5
9,5
72,3
Estados Unidos
--31,8
-11,0
76,6
Canadá
-26,3
796,2
-79,4
Japón
-12,3
141,8
-21,0
Brasil
-88,5
-12,4
27,8
Mexico
-5,0
36,4
161,3
República
Popular China
-145,3
-23,2
10,3
63,2
58,7
Taiwán
-40,4
-34,1
44,7
13,3
52,4
España
--2,4
-29,6
2,8
-24,6
58,3
Panamá
--29,3
-11,3
-1,4
38,2
76,5
Colombia
-53,9
-10,4
17,2
-40,6
254,1
Resto
-15,4
-14,5
-3,6
-6,5
155,3
Fuente: Elaboración propia con base en Oficina Nacional de Estadística. La información hasta mediados
de 2006 de las importaciones se obtuvo de la Dirección General de Aduanas.

La República Dominicana en 2030: hacia una nación cohesionada

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Publicaciones de la CEPAL
ECLAC publications
Comisión Económica para América Latina y el Caribe
Economic Commission for Latin America and the Caribbean
Casilla 179-D, Santiago de Chile. E-mail: publications@cepal.org

Véalas en: www.cepal.org/publicaciones
Publications may be accessed at: www.eclac.org

Revista CEPAL / CEPAL Review
La Revista se inició en 1976 como parte del Programa de Publicaciones de la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe, con el propósito de contribuir al examen de los problemas del
desarrollo socioeconómico de la región. Las opiniones expresadas en los artículos firmados, incluidas
las colaboraciones de los funcionarios de la Secretaría, son las de los autores y, por lo tanto, no
reflejan necesariamente los puntos de vista de la Organización.
La Revista CEPAL se publica en español e inglés tres veces por año.
Los precios de suscripción anual vigentes para 2009 son de US$ 30 para la versión en español y
de US$ 35 para la versión en inglés. El precio por ejemplar suelto es de US$ 15 para ambas
versiones. Los precios de suscripción por dos años (2008-2009) son de US$ 50 para la versión en
español y de US$ 60 para la versión en inglés.

CEPAL Review first appeared in 1976 as part of the Publications Programme of the Economic
Commission for Latin America and the Caribbean, its aim being to make a contribution to the study of
the economic and social development problems of the region. The views expressed in signed articles,
including those by Secretariat staff members, are those of the authors and therefore do not necessarily
reflect the point of view of the Organization.
CEPAL Review is published in Spanish and English versions three times a year.
Annual subscription costs for 2009 are US$ 30 for the Spanish version and US$ 35 for the English
version. The price of single issues is US$ 15 in both cases. The cost of a two-year subscription (20082009) is US$ 50 for Spanish-language version and US$ 60 for English.

Informes periódicos institucionales / Annual reports
Todos disponibles para años anteriores / Issues for previous years also available
•
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Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe, 2008, 184 p.
Preliminary Overview of the Economies of Latin America and the Caribbean, 2008, 176 p.
Estudio económico de América Latina y el Caribe 2007-2008, 152 p.
Economic Survey of Latin America and the Caribbean 2007-2008, 146 p.

•
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•

Panorama de la inserción internacional de América Latina y el Caribe, 2007. Tendencias 2008, 160 p.
Latin America and the Caribbean in the World Economy, 2007. 2008 Trends, 148 p.
Panorama social de América Latina, 2008, 262 p.
Social Panorama of Latin America, 2008, 256 p.
La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe, 2008, 160 p.
Foreign Direct Investment of Latin America and the Caribbean, 2008, 156 p.
Anuario estadístico de América Latina y el Caribe / Statistical Yearbook for Latin America
and the Caribbean (bilingüe/bilingual), 2008, 430 p.

Libros de la CEPAL
103 L’Amérique latine et les Caraïbes au seuil du troisième millénaire, 2009, 138 p.
102 Migración interna y desarrollo en América Latina entre 1980 y 2005, Jorge Rodríguez y
Gustavo Busso, 2009, 272 p.
101 Claves de la innovación social en América Latina y el Caribe, Adolfo Rodríguez Herrera y
Hernán Alvarado Ugarte, 2009, 236 p.
100 Envejecimiento, derechos humanos y políticas públicas, Sandra Huenchuan (ed.)
99 Economía y territorio en América Latina y el Caribe. Desigualdades y políticas, 2009, 212 p.
98 La sociedad de la información en América Latina y el Caribe: desarrollo de las tecnologías y
tecnologías para el desarrollo, Wilson Peres y Martin Hilbert (eds.), 2009, 388 p.
97 América Latina y el Caribe: migración internacional, derechos humanos y desarrollo, Jorge
Martínez Pizarro (ed.), 2008, 375 p.
96 Familias y políticas públicas en América Latina: una historia de desencuentros, Irma Arriagada
(coord.), 2007, 424 p.
95 Centroamérica y México: políticas de competencia a principios del siglo XXI, Eugenio Rivera y
Claudia Schatan (coords.), 2008, 304 p.
94 América Latina y el Caribe: La propiedad intelectual después de los tratados de libre comercio,
Álvaro Díaz, 2008, 248 p.
93 Tributación en América Latina. En busca de una nueva agenda de reformas, Oscar Cetrángolo
y Juan Carlos Gómez-Sabaini (comps.), 2007, 166 p.
92 Fernando Fajnzylber. Una visión renovadora del desarrollo en América Latina, Miguel Torres
Olivos (comp.), 2006, 422 p.
91 Cooperación financiera regional, José Antonio Ocampo (comp.), 2006, 274 p.
90 Financiamiento para el desarrollo. América Latina desde una perspectiva comparada, Barbara
Stallings con la colaboración de Rogério Studart, 2006, 396 p.
89 Políticas municipales de microcrédito. Un instrumento para la dinamización de los sistemas
productivos locales. Estudios de caso en América Latina, Paola Foschiatto y Giovanni Stumpo
(comps.), 2006, 244 p.
88 Aglomeraciones en torno a los recursos naturales en América Latina y el Caribe: Políticas de
articulación y articulación de políticas, 2006, 266 pp.
87 Pobreza, desertificación y degradación de los recursos naturales, César Morales y Soledad
Parada (eds.), 2006, 274 p.
86 Aprender de la experiencia. El capital social en la superación de la pobreza, Irma Arriagada
(ed.), 2005, 250 p.
85 Política fiscal y medio ambiente. Bases para una agenda común, Jean Acquatella y Alicia
Bárcena (eds.), 2005, 272 p.
84 Globalización y desarrollo: desafíos de Puerto Rico frente al siglo XXI, Jorge Mario Martínez,
Jorge Máttar y Pedro Rivera (coords.), 2005, 342 p.
83 El medio ambiente y la maquila en México: un problema ineludible, Jorge Carrillo y Claudia
Schatan (comps.), 2005, 304 p.

Copublicaciones recientes / Recent co-publications
EnREDos. Regulación y estrategias corporativas frente a la convergencia tecnológica, Marcio
Wohlers y Martha García-Murillo (eds.), CEPAL/Mayol, Colombia, 2009.
Desafíos y oportunidades de la industria del software en América Latina, Paulo Tigre y Felipe
Silveira Marques (eds.), CEPAL/Mayol, Colombia, 2009.
¿Quo vadis, tecnología de la información y de las comunicaciones?, Martin Hilbert y Osvaldo Cairó
(eds.), CEPAL/Mayol, Colombia, 2009.
O Estruturalismo latino-americano, Octavio Rodríguez, CEPAL/Civilização Brasileira, 2009.
L’avenir de la protection sociale en Amérique latine. Accessibilité, financement et solidarité,
CEPALC/Eska, France, 2009.
Fortalecer los sistemas de pensiones latinoamericanos. Cuentas individuales por reparto, Robert
Holzmann, Edward Palmer y Andras Uthoff (eds.), CEPAL/Mayol, Colombia, 2008.
Competition Policies in Emerging Economies. Lessons and Challenges from Central
America and Mexico, Claudia Schatan and Eugenio Rivera Urrutia (eds.), ECLAC/Springer,
USA, 2008.
Estratificación y movilidad social en América Latina. Transformaciones estructurales en un cuarto
de siglo, Rolando Franco, Arturo León y Raúl Atria (coords.), CEPAL/Lom, Chile, 2007.
Economic growth with equity. Challenges for Latin America, Ricardo Ffrench-Davis and José
Luis Machinea (eds.), ECLAC/Palgrave Macmillan, United Kingdom, 2007.
Mujer y empleo. La reforma de la salud y la salud de la reforma en Argentina, María Nieves Rico y
Flavia Marco (coords.), CEPAL/Siglo XXI, Argentina, 2006.
El estructuralismo latinoamericano, Octavio Rodríguez, CEPAL/Siglo XXI, México, 2006.
Gobernabilidad corporativa, responsabilidad social y estrategias empresariales en América Latina,
Germano M. de Paula, João Carlos Ferraz y Georgina Núñez (comps.), CEPAL/Mayol,
Colombia, 2006.
Desempeño económico y política social en América Latina y el Caribe. Los retos de la equidad, el
desarrollo y la ciudadanía, Ana Sojo y Andras Uthoff (comps.), CEPAL/Flacso-México/
Fontamara, México, 2006.
Política y políticas públicas en los procesos de reforma de América Latina, Rolando Franco y Jorge
Lanzaro (coords.), CEPAL/Flacso-México/Miño y Dávila, México, 2006.
Finance for Development. Latin America in Comparative Perspective, Barbara Stallings with
Rogério Studart, ECLAC/Brookings Institution Press, USA, 2006.
Los jóvenes y el empleo en América Latina. Desafíos y perspectivas ante el nuevo escenario
laboral, Jürgen Weller (ed.), CEPAL/Mayol Ediciones, Colombia, 2006.
Condiciones y políticas de competencia en economías pequeñas de Centroamérica y el Caribe,
Claudia Schatan y Marcos Ávalos (coords.), CEPAL/Fondo de Cultura Económica, México, 2006.
Aglomeraciones pesqueras en América Latina. Ventajas asociadas al enfoque de cluster, Massiel
Guerra (comp.), CEPAL/Alfaomega, Colombia, 2006.
Reformas para América Latina después del fundamentalismo neoliberal, Ricardo Ffrench-Davis,
CEPAL/Siglo XXI, Argentina, 2006.
Seeking growth under financial volatility, Ricardo Ffrench-Davis (ed.), ECLAC/Palgrave
Macmillan, United Kingdom, 2005.
Macroeconomía, comercio y finanzas para reformar las reformas en América Latina, Ricardo
Ffrench-Davis (ed.), CEPAL/Mayol Ediciones, Colombia, 2005.
Más allá de las reformas. Dinámica estructural y vulnerabilidad macroeconómica, José Antonio
Ocampo (ed.), CEPAL/Alfaomega, Colombia, 2005.
Gestión social. Cómo lograr eficiencia e impacto en las políticas sociales, Ernesto Cohen y
Rolando Franco, CEPAL/Siglo XXI, México, 2005.

Crecimiento esquivo y volatilidad financiera, Ricardo Ffrench-Davis (ed.), Mayol Ediciones,
Colombia, 2005.
Pequeñas y medianas empresas y eficiencia colectiva. Estudios de caso en América Latina, Marco
Dini y Giovanni Stumpo (coords.), CEPAL/Siglo XXI, México, 2005.

Coediciones recientes / Recent co-editions
El envejecimiento y las personas de edad. Indicadores sociodemográficos para América Latina y el
Caribe, CEPAL/UNFPA, 2009.
Espacio iberoamericanos: la economía del conocimiento, CEPAL/SEGIB, Chile, 2008.
Hacia la revisión de los paradigmas del desarrollo en América Latina, Oscar Altimir, Enrique V.
Iglesias, José Luis Machinea (eds.), CEPAL/SEGIB, Chile, 2008.
Por uma revisāo dos paradigmas do desenvolvimento na América Latina, Oscar Altimir,
Enrique V. Iglesias, José Luis Machinea (eds.), CEPAL/SEGIB, Chile, 2008.
Hacia un nuevo pacto social. Políticas económicas para un desarrollo integral en América Latina,
José Luis Machinea y Narcís Serra (eds.) CEPAL/CIDOB, España, 2008.
Espacios iberoamericanos: comercio e inversión, CEPAL/SEGIB, Chile, 2007.
Espaços Ibero-Americanos: comércio e investimento, CEPAL/SEGIB, Chile, 2007.
Visiones del desarrollo en América Latina, José Luis Machinea y Narcís Serra (eds.),
CEPAL/CIDOB, España, 2007.
Cohesión social: inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe, CEPAL/SEGIB,
Chile, 2007.
Social Cohesion. Inclusion and a sense of belonging in Latin America and the Caribbean,
ECLAC/SEGIB, Chile, 2007.
Espacios Iberoamericanos, CEPAL/SEGIB, Chile, 2006.
Espaços Ibero-Americanos, CEPAL/SEGIB, Chile, 2006.

Cuadernos de la CEPAL
93 Privilegiadas y discriminadas. Las trabajadoras del sector financiero, Flavia Marco Navarro y
María Nieves Rico Ibáñez (eds.), 2009, 300 p.
92 Estadísticas para la equidad de género: magnitudes y tendencias en América Latina, Vivian
Milosavljevic, 2007, 186 pp.
91 Elementos conceptuales para la prevención y reducción de daños originados por amenazas
naturales, Eduardo Chaparro y Matías Renard (eds.), 2005, 144 p.
90 Los sistemas de pensiones en América Latina: un análisis de género, Flavia Marco (coord.),
2004, 270 p.
89 Energía y desarrollo sustentable en América Latina y el Caribe. Guía para la formulación de
políticas energéticas, 2003, 240 p.
88 La ciudad inclusiva, Marcello Balbo, Ricardo Jordán y Daniela Simioni (comps.),
CEPAL/Cooperazione Italiana, 2003, 322 p.

Cuadernos estadísticos de la CEPAL
36 Clasificaciones estadísticas internacionales incorporadas en el Banco de Datos de Comercio
Exterior de América Latina y el Caribe de la CEPAL (Revisión 3). Solo disponible en CD, 2008.
35 Resultados del Programa de Comparación Internacional para América del Sur. Solo disponible
en CD, 2007.
34 Indicadores económicos del turismo. Solo disponible en CD, 2006.
33 América Latina y el Caribe. Balanza de pagos 1980-2005. Solo disponible en CD, 2006.

32 América Latina y el Caribe. Series regionales y oficiales de cuentas nacionales, 1950-2002.
Solo disponible en CD, 2005.
31 Comercio exterior. Exportaciones e importaciones según destino y origen por principales zonas
económicas. 1980, 1985, 1990, 1995-2002. Solo disponible en CD, 2005.

Observatorio demográfico ex Boletín demográfico /
Demographic Observatory formerly Demographic Bulletin
(bilingüe/bilingual)
Edición bilingüe (español e inglés) que proporciona información estadística actualizada, referente a
estimaciones y proyecciones de población de los países de América Latina y el Caribe. Incluye
también indicadores demográficos de interés, tales como tasas de natalidad, mortalidad, esperanza
de vida al nacer, distribución de la población, etc.
El Observatorio aparece dos veces al año, en los meses de enero y julio.
Suscripción anual: US$ 20.00. Valor por cada ejemplar: US$ 15.00.

Bilingual publication (Spanish and English) proving up-to-date estimates and projections of the
populations of the Latin American and Caribbean countries. Also includes various demographic
indicators of interest such as fertility and mortality rates, life expectancy, measures of population
distribution, etc.
The Observatory appears twice a year in January and July.
Annual subscription: US$ 20.00. Per issue: US$ 15.00.

Notas de población
Revista especializada que publica artículos e informes acerca de las investigaciones más recientes
sobre la dinámica demográfica en la región, en español, con resúmenes en español e inglés.
También incluye información sobre actividades científicas y profesionales en el campo de
población.
La revista se publica desde 1973 y aparece dos veces al año, en junio y diciembre.
Suscripción anual: US$ 20.00. Valor por cada ejemplar: US$ 12.00.

Specialized journal which publishes articles and reports on recent studies of demographic dynamics
in the region, in Spanish with abstracts in Spanish and English. Also includes information on
scientific and professional activities in the field of population.
Published since 1973, the journal appears twice a year in June and December.
Annual subscription: US$ 20.00. Per issue: US$ 12.00.

Series de la CEPAL
Comercio internacional / Desarrollo productivo / Desarrollo territorial / Estudios estadísticos y
prospectivos / Estudios y perspectivas (Bogotá, Brasilia, Buenos Aires, México, Montevideo) /
Studies and Perspectives (The Caribbean, Washington) / Financiamiento del desarrollo / Gestión
pública / Informes y estudios especiales / Macroeconomía del desarrollo / Manuales / Medio
ambiente y desarrollo / Mujer y desarrollo / Población y desarrollo / Políticas sociales / Recursos
naturales e infraestructura / Seminarios y conferencias.
Véase el listado completo en: www.cepal.org/publicaciones
A complete listing is available at: www.cepal.org/publicaciones

Las publicaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y las
del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES) se
pueden adquirir a los distribuidores locales o directamente a través de:
Publicaciones de las Naciones Unidas
2 United Nations Plaza, Room DC2-853
Nueva York, NY, 10017
Estados Unidos
Tel. (1 800)253-9646 Fax (1 212)963-3489
E-mail: publications@un.org

Publicaciones de las Naciones Unidas
Sección de Ventas
Palais des Nations
1211 Ginebra 10
Suiza
Tel. (41 22)917-2613 Fax (41 22)917-0027

Unidad de Distribución
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Av. Dag Hammarskjöld 3477, Vitacura
7630412 Santiago
Chile
Tel. (56 2)210-2056 Fax (56 2)210-2069
E-mail: publications@cepal.org

Publications of the Economic Commission for Latin America and the Caribbean (ECLAC) and
those of the Latin American and the Caribbean Institute for Economic and Social Planning
(ILPES) can be ordered from your local distributor or directly through:
United Nations Publications
2 United Nations Plaza, Room DC2-853
New York, NY, 10017
USA
Tel. (1 800)253-9646 Fax (1 212)963-3489
E-mail: publications@un.org

United Nations Publications
Sales Sections
Palais des Nations
1211 Geneva 10
Switzerland
Tel. (41 22)917-2613 Fax (41 22)917-0027

Distribution Unit
Economic Commission for Latin America and the Caribbean (ECLAC)
Av. Dag Hammarskjöld 3477, Vitacura
7630412 Santiago
Chile
Tel. (56 2)210-2056 Fax (56 2)210-2069
E-mail: publications@eclac.org


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