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        <dcterms:issued>1995</dcterms:issued>
        <dc:language>es</dc:language>
        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/1597</bibo:handle>
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S e c c ió n  d e  O b r a s  d e  E c o n o m ía  C o n t e m p o r á n e a
ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA 
SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
LO S C A SO S DE ESTADOS U N ID O S - CA N A D Á  
ARG EN TIN A  - C H ILE - CO LO M BIA
VOLUMEN I
Prim era ed ición , C hile , 2000
Título original:
Ensayos sobre el financiamiento de la seguridad social en salud.
Los casos de Estados Unidos - Canadá - Argentina - Chile - Colombia
©  Comisión Económica para América Latina y el Caribre (cepal) Naciones Unidas
©  Fondo de Cultura Económica
Av. Picacho Ajusco 227; Colonia Bosques del Pedregal; 14200 México, D.F.
©  Fondo de Cultura Económica Chile S.A.
Paseo Bulnes 152, Santiago, Chile
Registro de propiedad intelectual N 114.526
1.5.B.N.: 956-289-017-1 (Volumen I)
1.5.B.N.: 956-289-016-3 (Obra completa)
Ilustración de la portada: Juan Cristian Peña Camarda 
Composición y diagramación: Gloria Barrios
Impreso en Salesianos S.A.
Impreso en Chile
D a n ie l  T i t l lm a n  / A n d r a s  U th o e f  
C o m p il a d o r e s
ENSAYOS SOBRE EL 
FINANCIAMIENTO DE LA 
SEGURIDAD SOCIAL 
EN SALUD
LOS CASOS DE 
ESTADOS UNIDOS - CANADÁ
ARGENTINA - CHILE - COLOMBIA
V o l u m e n  I
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
MÉXICO - ARGENTINA - BRASIL - COLOMBIA - CHILE - ESPAÑA 
ESTADOS UNIDOS DF. AMÉRICA - GUATEMALA - PERÚ - VENEZUELA
C E P fl L
COMISIÓN ECONÓMICA PARA 
AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (CEPAL)

PROBLEMAS Y REFORMA DEL SECTOR SALUD 
EN LA ARGENTINA
Roberto Ta fan i
1. INTRODUCCIÓN
La República Argentina ha transformado su economía con un doble 
efecto. Por un lado, ha generado una fuerte dinámica de crecimiento 
macroeconômico con estabilidad de precios (Tafani, 1996, cap. 1). Por el 
otro, ha agravado las condiciones distributivas del ingreso. Los datos 
para el Gran Buenos Aires muestran que mientras en 1980 el 10% más 
rico de la población obtenía el 28.7% del total de ingresos, en 1987 esa 
cifra crecía al 32.2%, en 1991 al 34.2%, y en 1996 al 35.5%. En el otro 
extremo de la escala, el 30% más pobre de la población pasó de obtener 
el 11.3% del total de ingresos en 1980, a cifras de 10.4% en 1987, 8.8% en 
1991, y 8.5% en 1996. El 60% restante de la población vio caer su parti­
cipación del 60% en el primer año citado, al 57% en 1991 y al 56% en 
1996. (Ámbito financiero, 1997). Considerando que la crisis económica fue 
resuelta a partir de 1991 (lev de convertibilidad de la moneda), y que el 
crecimiento económico se manifiesta sostenido desde aquel año (salvo en 
1995 por el efecto tequila), resulta que la mayor concentración del 
ingreso no se verifica durante la estabilidad y el crecimiento sino durante 
la crisis que culmina en la hiperinflación. La fase de recuperación, sin 
embargo, no solo no consigue revertir el proceso sino que lo sostiene, lo 
cual parece confirmar en el caso argentino aquello de que la fase ascen­
dente del ciclo económico va acompañada de una distribución regresiva 
del ingreso.
Esta dinámica macroeconômica tiene un impacto directo sobre la 
estructura del financiamiento de los servicios de salud (y en las condi­
ciones de acceso y cobertura para la población) tanto por la participación
3 1 3
3 1 4  ENSAYOS SOBRE El. PINa NCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
relativa del gasto privado de bolsillo en el total del financiamiento como 
por su elasticidad-ingreso positiva. En la medida que la distribución del 
ingreso se haga más regresiva y el gasto privado financie crecientemente 
las prestaciones de salud (por el estancamiento de la financiación de los 
seguros y del sector público, y el aumento del pago privado de salud en 
los estratos superiores debido a la concentración del ingreso y la elasti­
cidad-ingreso positiva), así también debe aumentar la desigualdad en el 
acceso y en la cobertura de atención de las personas.
Para el gasto privado de bolsillo las cifras sugieren que este es 
efectivamente elástico al ingreso, y que en consecuencia los efectos de la 
distribución deben haber ampliado la diferencia en las posibilidades de 
acceso a la salud. En 25 años, dicho gasto privado incrementó fuertemen­
te su participación como porcentaje de la canasta de consumo. El cuadro 
siguiente sugiere una soc ied ad  q u e  reduce la proporción del gasto en 
alimentos y vestidos para aumentar el cuidado de su salud, la cohesión 
social (comunicaciones y transporte), el esparcimiento y la educación.
CANASTA DE CONSUMO PROMEDIO 
(En porcentaje)
1960 1970 1985
Alimentos y bebidas 59.2 46.3 38.2
Indumentaria 18.7 10.9 9.4
Vivienda 7.0 11.3 9.0
Equipos y funcionamiento del hogar 3.0 5.2 7.9
C a sto s  p ara  la  sa lu d 1.5 4.5 7.9
Transporte y comunicaciones 2.5 8.7 11.5
Esparcimiento y educación 3.5 6.4 10.1
Bienes y  servicios varios 4.6 6.7 5.9
Fuente: Fundación de Investigaciones Económ icas Latinoam ericanas ( piel) ,  indicadores de coyuntura.
Como el gasto varía según el nivel de ingresos se presentan a con­
tinuación las canastas de consumo para cinco tramos de la población. El 
número í representa el 20% de la población con menores ingresos, el V 
al 20% de la población con mayor nivel de ingresos.
CANASTA DE CONSUMO SEGÚN TRAMOS DE INGRESOS.
AÑO 1985
LA RKFOKMA AL 11\.W tTAM IFNTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 1 5
1 II III IV V
Alimentos y bebidas M .r 47.6 41.3 36.3 25.4
Indumentaria 7 9.0 9.1 9.1 10.2
Vivienda 8.5 9.0 9.1 8.1 9.7
Equipos v funcionamiento 
del hogar o.l 6.1 6.6 7.7 9.9
Gastos para la salud 4.8 6.9 7.4 8.9 8.8
Transporte y comunicaciones - 8.9 10.7 12.8 13.6
Esparcimiento - ■ 5.4 6.4 8.5 13.8
Educación 2.1 2.3 2.4 5.2 2.5
Bienes y servicios varios •,/ 5.4 6.9 5.4 6.0
Fuente: Fundación do Investigaciones I com unica* Latinoam ericanas ( ri i ), indicadores de coyuntura.
El cuadro muestra que los rubros con mayor elasticidad-ingreso son 
esparcimiento, transporte v comunicaciones, y gastos para la salud. En 
este último caso, los sectores de mayores ingresos no solamente gastan 
más en términos absolutos en salud, sino que también lo hacen como 
proporción del total de la canasta de consumo. Esto sugiere que en la 
medida que el ingreso se ha ido concentrando en la Argentina, así tam­
bién se han creado condiciones para el aumento del gasto en los sectores 
más acomodados de la población. El sistema de salud tiende hacia un 
esquema de múltiples fajas consumidoras de servicios de salud, en tanto 
que una política de reducción del gasto en el sector público (en los se­
guros semipúblicos hay copagos, y el gasto privado solo puede intentar 
modificarse mediante estructuras de incentivos adecuadas), conduciría a 
aumentar el abismo que separa a los sectores de mayores y menores 
ingresos en materia de atención y acceso a la salud.
3 1 6  ENSAYOS SOBRE El. FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
D e s ig u a l d a d  y  s u b c o b e r t u r a
En todo caso, la Argentina tiene una franja de subcobertura donde un 
40% de la población no tiene seguro de salud. Es un grupo de bajos 
ingresos, joven y que se concentra en dos provincias del país. En ese 
sentido, un trabajo reciente (Vargas de Flood, 1996), con datos del censo 
de 1991 afirma que la población sin cobertura llega al 38.9% de la pobla­
ción, es decir unas 12 millones de personas. Esa población se concentra 
en los primeros quintiles de ingresos. Así, en 1992 dentro del 20% más 
pobre de la población (26.6% d el total), s o lo  el 19% tenía afiliación  a un 
seguro de salud, mientras que un 43.6% no contaba con ninguna cober­
tura, y un 36.4% no sabe o no responde. Esto muestra el espectro de la 
subcobertura y la falta de información existente para determinar la ver­
dadera magnitud del problema. La autora del trabajo afirma que el 33% 
del segundo quintil (19% de la población) no tiene cobertura de ningún 
tipo, mientras que solo el 8% del quinto no la posee pero se supone que 
tiene recursos para atenderse privadamente.
Para una población de 33 millones de personas, esto implica que 
hay 5.9 millones de personas situadas en la franja del 40% más pobre que 
no tienen cobertura de salud. Del total de personas sin cobertura, 4.5 
millones (40%) corresponden a la provincia de Buenos Aires. Si se agrega 
un millón más en la provincia de Córdoba, se llega a la mitad del pro­
blema en las dos provincias mencionadas. Siguen luego las provincias de 
Santa Fe, Mendoza y Chaco con 802, 593 y 430 mil personas — respec­
tivamente—  sin cobertura. El resto de las provincias se encuentran bajo 
la cifra de 400 mil personas sin seguro, cada una. Finalmente, las perso­
nas sin cobertura son jóvenes. Entre el 41% y el 45% de la población de 
0 a 29 años, no tiene seguro.
Ante esta situación de subcobertura y el posible agravamiento de la 
inequidad, se ha discutido en la Argentina el nivel y composición del 
gasto. El mismo representaba en 1995 un 7.2% del PIB, unos 20 mil 
millones de dólares.
1. Véase más arriba el texto de M. Cristina V. de Flood, Gasto en financiamiento de 
ía salud en Argentina.
Lo que se destaca, es el cambio en la composición de su estructura. 
Con la universalización en los años 70 de la obligatoriedad del aporte 
para los trabajadores dependientes en seguros semipúblicos (fondos de 
enfermedad no comerciales conocidos como obras sociales), hubo una 
caída del gasto directo de bolsillo. Desde 1980, sin embargo, el gasto 
público pierde importancia, las obras sociales se encuentran virtualmente 
estancadas en su participación, y el gasto privado continúa creciendo en 
forma sostenida. Esto sugiere que la seguridad social y el subsector público 
no cumplieron el rol esperado de cobertura de salud y las familias tuvieron que 
aumentar sus erogaciones para compensar las carencias en las prestaciones. 
Asimismo, indica que  los aumentos de los gastos son solventados por las 
fam ilias en un contexto en el que disminuyen las coberturas de las Obras so­
ciales y el subsector público fiscal, no sólo reduce sus gastos sino también su 
actividad de entidad reguladora y fiscalizadora  (Vargas de Flood, 1996). 
Desde la óptica señalada al inicio el cuadro es claro, la mayor parte del 
financiamiento de la salud en la Argentina proviene del gasto privado de 
bolsillo, lo que mantiene la desigualdad del sistema. Como además el 
desequilibrio en la distribución del ingreso está aumentando, entonces 
resulta que pese al aumento de los recursos el sistema es crecientemente 
inequitativo.
El criterio de medir el nivel del gasto en salud como porcentaje del 
r’lB, ha sido colocado en tela de juicio por los analistas. Para algunos 
(Fuchs, 1994), ello no dice mucho porque en el nivel del gasto subyace 
una cuestión de valores. Existen también problemas cuando el nivel del 
gasto se trata en términos comparativos, lo que involucra precios relati­
vos y variación cambiaria debido a flujos del comercio (White, 1995). La 
solución mediante el método de paridad del poder adquisitivo ( p p a ) ,  
requiere un mayor desarrollo metodológico en los sistemas de informa­
ción.2
De cualquier manera, no se pueden desconocer los argumentos que 
evalúan críticamente la cuestión de la eficiencia médica y señalan que 
gastar mucho en una atención que produce marginalmente una pequeña 
contribución reduce el ahorro, la inversión y la prosperidad, impactando 
negativamente en la salud. Desde ese punto de vista, disminuir el gasto
2. Esta solución implica medir la capacidad de compra de una canasta de mercade­
rías del gasto en cuestión. Luego esas mercaderías se traducen en dólares. Se determina 
primero qué se compra y luego se hace la valuación a una moneda común.
LA REFORMA AL IINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 1 7
3 1 8  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
en atención médica es el camino para mejorar la salud. Dicho de otra 
forma, la presencia de una curva plana de atención médica con rendi­
mientos decrecientes en el contexto de una práctica médica que hace una 
contribución modesta a la salud, implica reconocer el impacto favorable 
de la asignación de recursos a la salud cuando estos van a generar pro­
cesos llamados de efecto poblacional, o sea referidos al sistema social 
y político en general y ajenos a la interacción entre pacientes y 
prestadores de servicios. Por ejemplo, educación, vivienda, parques 
públicos, integración social (Lu Ann y otros, 1993; Sagan, 1987).
SOBREOFERTA Y FALTA DE EFICIENCIA MÉDICA
La cuestión referida en el párrafo anterior no es menor y puede estar 
detrás del problema de los indicadores sanitarios comparados. La Argen­
tina con un ingreso per cápita que supera ai de Chiie y Uruguay tiene 
comparativamente peores indicadores epidemiológicos. El Banco Mun­
dial concluye de las cifras que serias ineficieneias e inequidaties en el uso 
de los recursos para los servicios de salud —con la mayoría de los recursos 
circulando a través del sistema de seguros de salud del país—  son un factor  
principiai que contribuye a esos desilusionantes resultados en salud (Banco 
Mundial, 1995).
El punto es que el contraste de las cifras no necesariamente implica 
que el problema se resuelve mediante una reforma del sistema de seguros. 
Esa es una simple conjetura posible. Otra alternativa es pensar en asignar 
más recursos a procesos de efecto poblacional y no puramente clínico, lo 
que implica centrar la respuesta en el entorno social antes que en el 
sistema de salud o en los seguros. No se trataría así de una cuestión de 
eficiencia institucional de las obras sociales sino de eficacia del sistema 
de atención médica. El punto es primordial porque en un país que cuenta 
con una importante sobreoferta de servicios, la reforma no debería cen­
trarse tanto en el mecanismo de financiamiento de la demanda de los 
seguros semipúblicos que históricamente han servido en la Argentina para 
convalidar financieramente la expansión de prácticas de alta complejidad 
y de dudosa eficacia clínica, sino entrar de lleno en la cuestión de la oferta 
del sistema y su ineficiencia en materia de asignación de recursos.
La sobreoferta en la Argentina es conocida. Hace ya una década, 
Katz y Muñoz (1988) señalaban que la cantidad de médicos crecía a una
I A Kl I OKMA Al. M\ \\t ¡AM IEM O DF LA SAI.LD EN ARGENTINA 3 1 9
tasa muy superior a la de la población incrementando su número abso­
luto en 5 mil profesionales al año. Argumentaban asimismo que la do­
tación de camas crecía al 4.. y que aparecían unos 350 nuevos fármacos 
al año. Por su parte, un ex secretario de salud, el Dr. Canitrot, hacía notar 
el ingreso de aparatos médicos al país en los años 80 en tal proporción 
que solo para tomografías había una capacidad instalada suficiente para 
unos 300 millones de personas, o sea diez veces la población del país.
Esa tendencia a la sobreoferta en el sector, no parece haber dismi­
nuido. Con la convertibilidad del peso y la apertura de la economía, el 
anclaje de la paridad cambiaria y la inflación inercial (desde abril de 1991 
hasta el logro de cifras de crecimiento del índice general de precios a 
tasas internacionales), generaron un problema de poder de paridad de la 
divisa, lo que indujo al aumento de las importaciones de bienes de ca­
pital en salud. Esta situación recuerda la época de la tabla cambiaria 
durante el período del Ministro Martínez de Hoz, donde junto con la 
sobrevaluación del peso v la apertura económica se llevó adelante un 
proceso de reequipamiento acelerado. Las cifras sobre importación de 
bienes de capital en salud dan testimonio del incremento de aparatos en 
un 300% durante los cinco años previos y posteriores a la convertibilidad 
monetaria argentina. Así, entre 1986 y 1990 se importaron unos 175 
millones de dólares de bienes de capital en salud. Esa cifra pasó entre 
1991 y 1995 a más de 71ñ millones y, salvo la retracción observada en 
1995, no ha parado de crecer en 1996 y 1997 (Ministerio de E.conomía y 
obras y Servicios Públicos, 1995, 1996, 1997).
Estos son los hechos que han llevado a Jorge Katz recientemente (en 
el seminario internacional de reformas en salud, Santiago de Chile, 1996) 
a plantear que en la Argentina el sector salud se modifica apartir de los 
mercados, con debilidad regulatoria, y no a partir de un conjunto armó­
nico de políticas con la discusión de la sociedad. Desde esa óptica resulta 
poco convincente que la sim ple reform a de los m ecanism os de 
financiamiento, y la introducción de mayor competencia entre los pro­
veedores de servicios tendrá como efecto un funcionamiento más razo­
nable del sistema. En realidad, sin políticas que se centren en el problema 
de la sobreoferta y busquen la eficacia del sistema, lo más probable es 
que el costo siga creciendo exponencialmente y que sea imposible gene­
ralizar la cobertura.
La salud, al decir del economista de la CEPai mencionado, está sien­
do bombardeada por nuevos bienes de capital, y el sector paga una renta
3 2 0  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SECURIDAD SOCIAL EN SALUD
por innovación permanente. Esas innovaciones derivan de una fuente 
externa, particularmente del sector de la microelectrónica, que descubre 
formas de procesar imágenes y luego busca su aplicación en mercados 
con tercer pagador. Algo similar ocurre con el dislocamiento de la fron­
tera biom édica, la innovación m olecular, la nueva generación de 
fármacos, y la elevación de costos. La industria farmacéutica que en los 
Estados Unidos capta del 8% al 10% de los recursos sectoriales, llega en 
la Argentina casi al 30%. Más aún, con la apertura de la economía y el 
cumplimiento de la ley de un solo precio — dado que el precio local de 
los fármacos era más bajo que en los países desarrollados— , ha habido 
un aumento creciente del gasto en medicamentos. Como se ve, no es 
tanto un problema de financiamiento como de oferta.
Esta forma de plantear las cosas trae implícito el reduccionismo 
epistemológico de centrar las diferencias de indicadores sectoriales casi 
exclusivamente en una cuestión de financiamiento de la demanda. Desde 
otro ángulo, esta manera de plantear el problema conduce a otro que le 
subyace, que es el entorno social. Son las prácticas alimentarias, la dis­
ponibilidad de viviendas aptas, los hábitos individuales (fumar, beber), 
el crimen, el tráfico peligroso, lo que genera los problemas del sector 
salud. Estos problemas pueden enfrentarse mediante el sistema de ser­
vicios de atención sanitaria u otras políticas que si bien contribuyen a la 
salud no necesariamente son de competencia de este sector. Comparar 
indicadores para deducir de allí una conclusión sobre la eficiencia del 
gasto referida principalmente a la institución de los seguros, es una forma 
de convalidar la irracionalidad en la asignación de recursos en un país 
que cuenta con exceso de médicos, camas y aparatos de alta complejidad, 
y que gasta en medicamentos tres veces la proporción de los Estados 
Unidos. Solo en caso de tener dos sociedades con idénticos parámetros 
sociales y similares esquemas globales de asignación de recursos, se 
podrían atribuir las diferencias de los indicadores sanitarios al impacto 
del comportamiento diferencial de los sistemas de atención de la salud, 
y dentro de este al mecanismo de financiamiento subyacente. Pero esta 
comparación es improbable. En sociedades como la argentina, con un 
índice elevado y en ascenso de muertes y accidentes graves de tránsito, 
con alto y desigual comportamiento de la mortalidad infantil por causas 
evitables, y otros problemas del entorno, un programa de salud podría 
orientarse hacia pautas de nutrición, límites de velocidad, impuestos al 
tabaco, planes de obras públicas y  d e  com u n icación  socia l, o sea  hacia
LA REFORMA AL FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 2 1
cuestiones de efecto poblacional. El punto de partida debe ser el recono­
cimiento de los niveles decrecientes de la oferta en salud y la ineficiencia 
en la asignación global, que implica seguir colocando recursos en el 
sector en detrimento de otras inversiones sociales.
I n e f ic ie n c ia  d is t r ib u t iv a  y  p r o d u c t iv a  d e  l o s  s c c u r o s
Establecido el problema de la desigualdad y del déficit de cobertura 
poblacional, por un lado, y la cuestión de la ineficacia del sistema de 
atención y la mala asignación global de recursos, por el otro (simbolizada 
en la sobreoferta de servicios), puede abordarse el problema de la 
ineficiencia distributiva y productiva de los seguros así como la cuestión 
de la discontinuidad de la cobertura y el problema de la subcobertura. 
La ineficiencia de ios seguros se manifiesta en el desvío de los fondos 
destinados a salud. Una señal de este desperdicio se encuentra tanto en 
la hipertrofia de la intermediación como en el excesivo costo del loading 
fe e  (porción de los recursos que se asignan en los seguros a la adminis­
tración y al excedente) (Jacobs, 1991). En el sistema de seguro de salud 
argentino, hay ejemplos de ambos fenómenos.
Esto es así por la aparición de entidades que reciben de las obras 
sociales las asignaciones de la capitación y que proceden luego a admi­
nistrar el riesgo. Estas administradoras de fondos han nacido en un 
contexto de estabilidad macroeconômica, y son una manifestación de las 
nuevas formas organizacionales que se gestan en el sistema, ante la in­
capacidad de continuar con la vieja gestión institucional basada en la 
licuación de la deuda. Desde la óptica de la obra social, ello tiene signi­
ficados múltiples. F.n primer lugar, patentiza la desnaturalización de su 
papel negando su función de administrar el riesgo y transformándola en 
una mera intermediaria en la canalización de recursos lo que le resta 
medios a la finalidad de salud. En segundo lugar, desdibuja el concepto 
de financiamiento solidario puesto que, tanto en el caso de las adminis­
tradoras de proveedores como de las empresas de medicina prepaga — que 
son también buscadas por las obras sociales como socias para adminis­
trar el riesgo— , se incorporan prácticas de períodos de carencias y de 
preexistencias. En tercer lugar, las nuevas formas asociativas que aumen­
tan la intermediación evidencian que pese a la naturaleza semipública de 
las obras sociales y al escaso desarrollo de los seguros privados en el
3 2 2  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
país, en última instancia ¡a rea lid ad  va im p o n ien d o  m ecan ism os  d e  
mercado por la vía de la integración vertical de estas entidades con las 
obras sociales, dada la barrera a su entrada que representa el no otorga­
miento de inscripción por sí misma en el registro de la Administración 
Nacional del Seguro de Salud, (a n s s a l ). La norma actual genera la apari­
ción de entidades privadas de carácter accesorio al sistema de las obras 
sociales con un doble efecto negativo; por un lado, no permite la com­
petencia entre obras sociales y entidades prepagas, y, por el otro, aumen­
ta el costo de administración.
Finalmente, cabe recalcar un efecto adicional que puede tener la 
nueva forma organizacional sobre la capacidad instalada. En el pasado, 
las obras sociales intentaron poner límites a la rentabilidad de ios pro­
veedores mediante la instalación de su propia capacidad de internación 
y medios de diagnóstico. En algún momento, incluso, hubo obras socia­
les cuyos dirigentes pensaban que una carrera sanitaria para la forma­
ción de médicos residentes adaptados a su lógica institucional, termi­
naría por volcar a su fav or  el poder negociador en la puja  distributiva. 
Esta situación ha cambiado. En la actualidad, el problema para las obras 
sociales dejó de ser el control de la utilización de los servicios y los 
precios de los prestadores, por dos razones: primero, porque el problema 
de las tasas de uso va pasando a manos de las entidades administrado­
ras, y segundo, porque la sobreoferta presiona hacia abajo los precios con 
la desaparición de los valores del nomenclador nacional.
Esto implica que el conflicto sobre el excedente se da en términos 
lógicos, en primer lugar entre la obra social y la administradora o enti­
dad prepaga que recibe sus asignaciones per cápita, y posteriormente 
entre estas últimas y los proveedores de servicios. Desde el punto de 
vista de las obras sociales, no parece ya útil mantener capacidad insta­
lada. Los precios testigo que generaban la posibilidad de atención dentro 
de los propios servicios de las obras sociales, están siendo reemplazados 
por las prácticas de control de la utilización de servicios por parte de los 
nuevos administradores del riesgo. Las computadoras reemplazan a la 
capacidad instalada. Esta puede ser una de las razones que expliquen la 
reducción a la mitad de las camas propias de las obras sociales entre 1980 
y 1995. Como se verá luego, la dotación de camas de las obras sociales 
ha caído a una tasa anual promedio acumulativa del 4%, lo que explica 
que después de 15 años la dotación total haya pasado de unas 8 mil 
camas a poco más de 4 mil. Esto sugiere que el cambio de papel de la
I.A REFORMA Al FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 2 3
obra social y su conversión en un intermediario financiero, se vincula 
con la desactivación de su capacidad instalada de camas.
La hipertrofia de la intermediación implica que los recursos desti­
nados a remunerar la provisión de servicios crecen menos de lo que 
potencialmente sería posible en un sistema basado en una organización 
donde cotizante y proveedor estuvieran menos separados institucional­
mente. Existen, además, problemas de ineficiencia por falta de competen­
cia y por la no observancia del marco regulatorio existente. Ello aumenta 
la prima adicional (loading fee)  lo que se manifiesta en el desnivel crecien­
te entre el aporte per cápita a la obra social y la asignación correspon­
diente en salud que se pacta en los convenios con los proveedores.
En la medida que la lógica del seguro sea evitar la pérdida de 
utilidad que genera la enfermedad por su efecto sobre la riqueza (alte­
ración de los ingresos v recursos poseídos), la compra del seguro debe 
medirse no por la parte del precio que se paga acorde con los gastos 
esperados en función de la expectativa de riesgo, sino por la proporción 
correspondiente a los gastos de administración y al excedente que va a 
cubrir la ganancia. En el caso de las obras sociales, la salvaguarda contra 
la subida en espiral de esta parte del precio, estaba en el 8% de los 
ingresos establecido en las leyes regulatorias del sistema de seguro.
Sin embargo, la no aplicación de la ley y sus sanciones por la au­
toridad conduce a invertir la lógica del sistema. Esto muestra hasta 
dónde la falta de competencia que debe operar básicamente sobre dicha 
prima adicional, ha permitido la ineficiencia en el sistema y el derroche 
institucional de recursos. La situación expuesta se consolida con la caída 
de precios cuando el hospital autogestionado cierra convenios por cuotas 
per cápita aun inferiores a las ya deprimidas del sector privado. Como 
la caída en la asignación de salud per cápita no se traduce en una menor 
imposición al salario, entonces la diferencia pasa a aumentar la cantidad 
asignada por concepto de prima adicional. Este es el mecanismo que 
hace regresiva la imposición sobre el salario.
Al margen de la ineficiencia en la asignación de recursos (hipertro­
fia de la intermediación) y operativa (prima adicional excesiva) de los 
seguros semipúblicos, hay que mencionar la cuestión de la discontinui­
dad de la cobertura y de los subasegurados. La falta de continuidad en 
la cobertura se presenta en la Argentina — que organiza sus obras socia­
les en base al sector de actividad económica—  en rubros con alta rotación 
de la mano de obra, como la construcción. En la actualidad, el marco
3 2 4  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
legal que permite la cobertura por los tres meses posteriores al término 
del contrato, tiene tres problemas principales: a) no garantiza la continui­
dad de la cobertura más allá de ese período, b) genera desequilibrios 
financieros a los seguros que deben afrontar egresos sin el concomitante 
ingreso de recursos, y c) favorece abusos de los empresarios que, para 
evitar el aporte, exageran la rotación en el empleo al elevar la informa­
ción respectiva.
La otra situación que da lugar a la falta de continuidad en la cober­
tura, se genera en el régimen de trabajadores de tiempo parcial. Según 
la normativa vigente, las personas que tienen un ingreso inferior a tres 
am pos (unidad de medida correspondiente al sistema de previsión 
social y que ronda aproximadamente los 70 pesos) y que no aportan de 
su bolsillo la proporción que le correspondería al empleador, quedan sin 
cobertura y sin acceso al fondo de distribución automático de subsidios 
establecido por el decreto 292 de 1995. Esta situación legal permite el 
reemplazo de trabajadores de tiempo completo por otros de tiempo 
parcial, con la consiguiente caída de la cobertura. Como la condición de 
estos nuevos empleados no obliga a la parte empresarial en lo relativo 
a sus aportes, si el trabajador no lo hace enteramente por sí mismo, 
pierde la cobertura.
La situación de los subasegurados, o sea de aquellos casos en los que 
su seguro no cubre los costos de enfermedades graves, repone el problema 
de la necesidad de reasegurar las intervenciones de alta morbilidad 
(variable centrada en el paciente) y de alta complejidad (variable centrada 
en el tratamiento). En la actualidad, el fondo de alta complejidad del país 
no opera como un reaseguro propiamente dicho, sino que es un meca­
nismo distribuidor de subsidios. Ese fondo no cuenta con recursos ade­
cuados a su finalidad, a la vez que presenta problemas con las categorías 
que ameritan la entrega de los subsidios. En la práctica, se utilizó el 
mecanismo de la excepción para los efectos de autorizar coberturas que 
no se encontraban en la normativa vigente. Esos precedentes han sido la 
base para la reciente ampliación de las coberturas a casos tales como 
trasplantes de médula ósea, renal, cardíaco, cardiopulmonar, hepático, de 
páncreas, y masivo de huesos. Actualmente, con la entrada de asegura­
doras internacionales que operan en gran escala, se están redefiniendo 
las posibilidades de cobertura de enfermedades graves o tratamientos 
costosos.
LA REFORMA AI FI\ANICIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 2 5
DF.BIIIDAIi r ic u l a t o r i a  y  r e f o r m a  sf.c t o r ia i .
Finalmente, el sector salud aparece como un problema por la debilidad 
regulatoria que lo caracteriza. No por falta de leyes o decretos, los cuales 
abundan, sino por falta de su aplicación universal. El tema es importante 
por la desprotección que implica para las personas. Mientras los proble­
mas de imperfección de los mercados y la cuestión de la información 
asimétrica eran abordados con un modelo de matrícula profesional cer­
tificada por grupos de pares médicos y con instituciones proveedoras 
que operaban mayoritariamente como entidades sin fines de lucro, la 
cuestión de la regulación pública no tuvo la urgencia actual. Con el 
control oligopólico de los mercados, la privatización creciente de la ofer­
ta, la mercantilización de la medicina, la pérdida de funciones de las 
entidades intermedias, la sobreoferta y la puja distributiva, la pérdida de 
contención ética, y la globalización creciente de las redes de servicios, se 
hace necesario que la protección de las personas provenga de un marco 
regulatorio que se haga cargo de la acreditación, que ponga reglas de 
juego a la competencia, y que permita un cuadro previsible de compor­
tamiento mediante la aplicación universal de las normas.
En ese sentido, todas las propuestas de reforma plantean la necesi­
dad de un marco regulatorio adecuado. Lo que ocurre, sin embargo, es 
que la debilidad institucional subyacente vuelve inoperante las normas 
(en muchos casos, adecuadas) que existen, lo que hace que el problema 
sea no tanto de necesidad de una legislación nueva como de aplicación 
estricta de la que existe. La experiencia en la Argentina indica que las 
medidas que se toman, a veces no tienen el efecto deseado. En el caso 
de los hospitales, cuando se ha intentado aumentar el gasto en salud 
para mejorar el acceso, se ha procedido a aumentar las horas de dedica­
ción de los profesionales sin bloqueo de título. Aumentar el nivel de una 
recta de ingresos que es constante cualquiera sea el número de pacientes 
que se atiendan, no neutraliza la lógica de la curva de oferta de atención 
de ser lo más reducida posible en número de pacientes atendidos. El 
pago por tiempo, en un contexto en el que los profesionales buscan 
reducir la dedicación al sector público para maximizar sus ingresos en 
la práctica privada, ha sido una medida que ha tenido efecto sobre los 
ingresos profesionales pero que no cambia la situación del acceso.
3 2 6  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
Simultáneamente, la política no interfiere sobre la oferta. En un país 
donde hay un médico cada 300 habitantes — o sea, con un nivel de sa­
turación similar al de los países desarrollados—  se siguen creando facul­
tades de medicina, y las señales de precios no parecen desalentar el 
ingreso a la carrera. Es como si se le diera al mercado un papel más 
exigente del que puede cumplir. No obstante, esta impresión no es del 
todo exacta. El m ercado ha com enzado a generar m ecanism os de 
racionalización. Han aparecido los agentes de intermediación que habrán 
de practicar la contratación selectiva, el control de las tasas de utilización 
y, en definitiva, la creación de un ejército de reserva profesional. Si bien 
ese es el rumbo, la falta de una política de oferta y el dejar todo en manos 
del mercado termina embarcando al país en un despilfarro de recursos, 
donde se forman médicos para que no ejerzan y donde se instalan camas 
para ser clausuradas al poco tiempo.
Lo expuesto en esta introducción sugiere en definitiva que el sector 
salud requiere que se lo estudie y reforme, porque hay problemas de 
desigualdad creciente, de sobreoferta y mala asignación de recursos; por 
la ineficiencia operativa de los seguros; porque a los problemas de acceso 
se suman la discontinuidad de la cobertura y el subaseguramiento; y, en 
definitiva, porque ante la falta de políticas y reformas apropiadas en un 
contexto de debilidad regulatoria, todo indica que se potenciará la puja 
distributiva, la desprotección de los usuarios y la desocupación profesio­
nal unida a las quiebras institucionales.
2. LA OFERTA Y LA ACELERACIÓN DEL CAMBIO
En esta sección, se profundiza sobre los cambios en el mercado para 
mostrar que existe un proceso de privatización creciente de la oferta 
institucional — tanto ambulatoria como de internación—  que acelerará el 
ritmo del cambio sectorial. Como eso ocurre en un contexto de estanca­
miento del financiamiento de los seguros, también se agudizará la puja 
distributiva y se retroalimentarán los cambios institucionales privados.
En la Argentina, el sector público alcanzó hacia mediados de siglo 
el máximo protagonismo en salud, cuando contaba con 120 mil camas. 
En la actualidad, cuenta con menos de la mitad de las instituciones y 
poco más de la mitad de las camas. A este proceso privatizador de la 
oferta se agrega la descentralización de las responsabilidades públicas.
I A REFORMA Al IINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 2 7
En 1991, se gastaron 13 mil millones de dólares en salud. De ese total, 
un 20% fue gasto público, siendo tres cuartas partes del mismo respon­
sabilidad de las provincias, un 15% de los municipios, y el resto estuvo 
a cargo de la nación. El gasto público aumentó entre 1991 y 1993 un 54%. 
Este incremento se debió al mayor gasto provincial que creció en un 63%, 
y de los municipios que lo hicieron en un 53%. El gasto nacional, en 
cambio, se mantuvo sin variaciones con un incremento de solo un 1.9%. 
Estas cifras reflejan el proceso de descentralización en marcha.
Si el sector público alcanzó en 1991 el 19.3% del gasto, las obras 
sociales con sus 4 278 millones de dólares llegaron al 32.7% del total del 
gasto. De ese financiamiento, el 89% fue para la oferta privada de ser­
vicios. Dos años más tarde, en 1993, el financiamiento de las obras so­
ciales creció en un 37.5%, manteniendo el referido porcentaje de gasto en 
el sector privado. Los datos arrojan dudas sobre la posibilidad del sector 
público de financiarse mediante la fijación de aranceles a las obras so­
ciales y el convertir los hospitales en establecimientos autogestionados. 
Según estas cifras, los hospitales solo captan una pequeña parte de los 
recursos de las obras sociales, las que siguen prefiriendo la atención del 
sector privado. Si a este panorama se le agregan los elevados costos fijos 
de los hospitales dada la concentración de camas existentes en el sector 
público, entonces el contexto para la política actual de introducir com­
petencia entre el sector público y el privado parece desfavorable. Cuando 
se observa el sector público, él mismo ha utilizado sus mecanismos de 
contratación para facilitar la privatización de la oferta en el país en una 
situación similar a la que ocurre con los gastos de las familias, que finan­
cian casi la mitad del gasto en salud y no registran desembolsos en el 
sector público. Por todo ello, resulta evidente que los flujos financieros 
en el país se canalizan crecientemente hacia el sector privado, lo cual 
explica la privatización de los servicios y refuerza la hipótesis de la 
improbabilidad del financiamiento público fuera del presupuesto.
La o f e r t a  p r i v a d a
La oferta privada está compuesta por los profesionales, las clínicas y 
sanatorios, y los hospitales sin fines de lucro de las mutualidades, crea­
das generalmente por colectividades extranjeras. Los profesionales inde­
pendientes (más de 90 mil) constituyen una importante boca de entrada
3 2 8  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
del modelo prestador de servicios. Las clínicas y sanatorios enfrentan 
una crisis, por su expansión pasada y los bajos aranceles de internación 
de las obras sociales. Operan sin regulación ni control de calidad. En los 
últimos años, la oferta privada ha disminuido la antigüedad promedio 
de sus bienes de capital importando equipos que acortaron la distancia 
tecnológica con el mundo. Con la globalización económica esta moder­
nización es un imperativo de sobrevivencia, que genera sin embargo 
problemas por el exceso de capacidad instalada.
Los profesionales se agremian en instituciones que desarrollaron 
una fuerte capacidad de defensa de sus intereses. Lo mismo ocurre con 
las clínicas y sanatorios. En el pasado, estas entidades constituyeron 
poderosas corporaciones que hacían contratos con las obras sociales en 
representación de sus miembros para prestar servicios, dentro de un 
sistema de libre elección y pago por prestación. Al facturar unificada- 
mente las prestaciones, se transformaban en el único interlocutor válido 
para las obras sociales. Pero, en los últimos años, dada la puja distribu­
tiva estas corporaciones profesionales abandonaron la política de recono­
cer a las obras sociales como su principal fuente de financiación en un 
sistema solidario, e impulsaron políticas de cargo directo a los usuarios 
a través de un plus y de nomencladores propios del cobro adicional por 
las prestaciones, a fin de compensar la caída de sus niveles habituales de 
ingresos. Tal estrategia provocó fragmentación, pérdida de poder de 
negociación, la quiebra ética del sistema solidario, y el deterioro social 
de los profesionales frente a la población (Jouval, 1993).
C r e c im ie n t o  in s t it u c io n a l , d iv is ió n  d el. t r a b a jo
Y MEZCLA PÚBLICO/PRIVADO
Recientemente, y con información oficial, se ha podido observar el pro­
ceso privatizador y reorganizador de la oferta de servicios en salud 
(Ministerio de Salud y Acción Social, 1995). Del mismo se desprenden 
varias características de la oferta:
a) Entre 1980 y 1995, hubo un aumento tanto de los establecimientos 
con capacidad de internación (10%) como de los de atención ambulatoria 
(más del 100%). Este crecimiento a una tasa anual acumulativa del 3.9% 
elevó la oferta total de 9 051 establecimientos a 16 085, o sea un aumento 
del 78% en quince años. Si bien hubo un crecimiento público (de 4 648
LA REFORMA Al FI\ANiCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 2 9
a 6 971) y una contracción en los establecimientos de las obras sociales 
(de 364 a 222), el mayor cambio ocurrió en el sector privado el cual más 
que duplicó su cantidad (de 4 039 a 8 873). Así, entre el sector público y 
el sector privado llegan al 98.5% de todos los establecimientos, corres­
pondiendo el 55.2% al sector privado. Esto implica que la oferta de ins­
tituciones hospitalarias es mayoritariamente privada, dentro de un con­
texto de creciente m ercantilización de la práctica profesional. La 
consecuencia será una mayor flexibilidad en la estructura asistencial y 
expectativas de adaptación, lo cual acelerará el ritmo de cambio en el 
sector. El sector privado prevalece con más de la mitad de los estable­
cimientos del sector, entre ambulatorios y con internación.
Mientras en 1980 la relación total entre establecimientos con y sin 
internación era del doble a favor de estos últimos, quince años después 
esa diferencia se amplía a cuatro veces. Esto se destaca en el sector 
público que de 3 a 1 pasa a otra razón de 5 a 1, lo que indica el paulatino 
retiro del sector público del mercado hospitalario y el fomento de los 
centros primarios de atención. La participación relativa del sector públi­
co cae del 57% al 45% del total en establecimientos ambulatorios, y del 
39% al 37% en los con internación. El sector privado muestra un com­
portamiento inverso, crece del 38% al 54% en los ambulatorios y del 57% 
al 61% en aquellos con internación. El cuadro evidencia la consolidación 
del proceso de privatización de la oferta. No solo porque el sector pri­
vado ha ampliado las diferencias numéricas de establecimientos con 
internación en relación con el sector público, creciendo a tasas más gran­
des, sino que también lo ha desplazado en el liderazgo cuantitativo de 
instituciones ambulatorias. Esto confirma que el llamado proceso de 
provincialización y municipalización del sector público, va acompaña­
do de una pérdida relativa de participación global en el sector.
Existe adicionalmente otra característica en que difieren el sector 
público y el privado: ser establecimientos de atención general o especia­
lizada. Si bien los primeros son el 80% del total, se observa una asimetría 
en su distribución. Mientras en el sector público ambulatorio solo 212 de 
5 713 (el 3.7%) son especializados, en el sector privado se detectaron 
1 252 sobre 1 953 (64%). El mismo dominio privado en la especialización 
ocurre con los de internación, donde los establecimientos públicos alcan­
zan el 18% mientras los privados llegan al 23% del total. Para el sector 
de las obras sociales la especialización de los establecimientos es margi­
nal: 3.6% en los de internación y 7% en los ambulatorios.
3 3 0  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
b) Entre 1980 y 1995, el número absoluto de camas creció en 10 mil 
unidades pasando de 145 690 a 155 749. R eferido al crecim iento 
poblacional, este movimiento significa una caída de la razón de 5.2 ca­
mas por cada mil habitantes en 1980, a 4.6 en 1995. El crecimiento de 
camas se dio solamente en el sector privado, puesto que las camas pú­
blicas y las de las obras sociales decrecieron en forma sostenida. Este 
comportamiento se debe a factores múltiples. En el sector público, por­
que se concentra en la atención primaria. En las obras sociales, porque 
estas no tienen incentivos para tener camas dado que los agentes inter­
mediarios las han liberado de la puja con los proveedores. Al transferir 
las cuotas de capacitación la capacidad propia deja de ser funcional a la 
defensa de su excedente y se convierte en un costo fijo indeseable. En 
esas condiciones, el sector privado pasa a ocupar espacios en el mercado 
hospitalario.
Desde el punto de vista del tamaño (número de camas), los estable­
cimientos públicos y los de las obras sociales duplican al sector privado. 
En 1980, había un promedio de 77 camas públicas por establecimiento. 
Esa cifra bajó a 68 camas quince años después. El sector privado a su vez 
aumentó su tamaño de 27 a 33 camas promedio por entidad. Es este un 
elemento adicional que arroja dudas sobre la posibilidad de trabar com­
petencia entre los sectores público y privado. Todo indica que los hos­
pitales se diseñaron con otra lógica, que tienen excesivos costos fijos y 
que, sin redimensionarlos, hablar de introducir eficiencia en estructuras 
sobreexpandidas mediante la competencia con el sector privado, tiene 
poco sentido. Finalmente, hay otras diferencias intersectoriales según se 
trate de establecimientos para tratamientos generales o especializados. El 
sector privado concentra los establecimientos especializados, pero no 
ocurre lo mismo con las camas. En este caso, es el sector público el que 
concentra la mayoría de las mismas. Sobre 155 749 camas del país, el 74% 
son de atención general. De las 40 841 camas en establecimientos espe­
cializados, el 62% son públicas. Para ambos sectores, el 60% de las camas 
especializadas corresponden a salud mental. Luego vienen el resto de las 
especialidades (pediatría, materno-infantil, oftalmología, etc.), que absor­
ben menos del 6% de las camas privadas y del 10% de las públicas.
Se da una segmentación del mercado donde se privatiza la especia- 
lización ambulatoria pero no la de internación. Lo expuesto se manifiesta 
en una curva de mayor concentración de camas públicas: el 9% de los 
establecimientos concentra el 50% de las camas. En el sector privado, la
LA REFORMA Al I-1N A \C Ï AM 11: ÎSITO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 3 1
cifra es de 17% de establecimientos para la mitad de las camas. Esta con­
centración pública se debe a que la organización hospitalaria tiene fun­
ciones de asistencia social, así como prácticas de tratar como agudos 
pacientes que son crónicos. Esto sugiere que la autogestión en competen­
cia solo podría existir para algunos hospitales, pero parece inviable como 
política para todo el sector público.
c) La tercera característica es la aparición de nuevas modalidades de 
atención y de prestación que van desde los servicios de traslado y de 
emergencia, pasando por el hospital de día, a la internación breve, los 
servicios vacunatorios, y la atención domiciliaria. Estas son nuevas for­
mas de organización del trabajo médico a partir del cambio tecnológico 
y el surgimiento de procesos de intervención que reducen la internación. 
En forma creciente se combina la atención ambulatoria con los procedi­
mientos de diagnóstico y tratamiento. Regionalmente, fuera del caso de 
los servicios de traslado que se registran en todas las ciudades grandes 
del país, las otras modalidades se concentran en el área metropolitana y 
en muy pocas ciudades del interior. Dentro de los establecimientos sin 
internación, la mayoría se centra en el diagnóstico exclusivamente. Se 
caracterizan por aglutinar varios procedimientos de diagnóstico y se 
encuentran mayoritariamente en la Capital Federal, y escasamente en el 
Gran Buenos Aires y en Córdoba y Rosario. En el resto del país es común 
la presencia de establecimientos profesionales unipersonales dedicados a 
una sola práctica diagnóstica, preponderantemente laboratorios de aná­
lisis clínicos.
En la periferia de las grandes urbes se han detectado unidades 
móviles o centros primarios de atención que funcionan sobre transportes 
rodantes, o flotantes. Entre Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, el estudio 
estadístico registró 35 de ellos. Con respecto a las modalidades de aten­
ción breve y de internación de día, las mismas representan una nueva 
forma organizacional de servicios que reduce costos. La característica 
que los distingue es que los cuidados permanentes del paciente (enfer­
mería, lavandería, mantenimiento, etc.) son organizados sin mantenerlos 
en actividad las 24 horas del día todos los días de la semana. El hospital 
de día se utiliza frecuentemente en salud mental, mientras que la inter­
nación breve aparece en la microcirugía ocular, la cirugía plástica y en 
algunos procedimientos diagnósticos. En relación con el sector público, 
el aumento de los establecimientos que brindan exclusivamente consulta 
externa se debe al crecimiento de los centros primarios de atención, por
3 3 2  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
lo que la modalidad debe interpretarse como una política de aumento de 
la cobertura a través de la estrategia de desarrollo del primer nivel de 
atención.
d) Por último, otro aspecto relevante de la oferta es la existencia de 
nuevas características en los establecimientos; por un lado aparece una 
acentuada fragmentación del recurso físico, y por otro surgen nuevas 
formas de compíementariedad entre eí sector público y el privado. La 
fragmentación, ocurre por la presencia de distintas empresas en un 
mismo establecimiento. Por ejemplo, la instalación de la terapia intensiva 
pediátrica en una clínica. Los propietarios de esta subunidad hacen la 
inversión en tecnología, llevan la administración con contabilidad separa­
da, y comparten costos con la clínica mayor en la que se encuentran 
insertos. Situaciones similares se registran con unidades de diálisis, de 
terapia intensiva y servicios especializados neonatológicos. Estos esque­
mas, sin embargo, no tienden a la atomización. Si bien existe dicha frag­
mentación de los servicios al interior de las instituciones, hacia afuera y 
a los fines de negociar con las obras sociales las clínicas están recurriendo 
cada vez más a este tipo de servicios con los que se asocian sin perder 
cada cual su identidad. Son formas organizativas que no llegan todavía 
a la fusión, pero que intentan fortalecer una oferta oligopólica. La duda 
es si esas instituciones que no renuncian a su capacidad instalada para 
ganar sinergias operativas, pueden mantenerse en el tiempo simplemen­
te mediante la unión para obtener convenios.
En la Capital Federal la fragmentación se extendió al sector público, 
lo que genera compíementariedad con el sector privado. Esto ocurre en 
establecimientos con pocas camas, y asimismo en pequeñas localidades 
del interior del país (entidades de dependencia administrativa mixta). 
También se da la situación inversa, el sector público opera dentro del 
ámbito privado. Se trata de centros primarios de salud, provinciales o 
municipales, cuyos edificios pertenecen a sociedades vecinales y entida­
des sin fines de lucro. Así como en ocasiones los privados atienden 
dentro del sector público y reducen costos fijos, otras veces es el sector 
público el que opera con infraestructura privada.
Como resumen final de este cuadro de aumento de establecimientos 
y de camas, privatización de la oferta, división del trabajo, nuevas for­
mas de organización, fragmentación institucional, y compíementariedad 
entre los sectores público y privado, puede decirse que ello ocurre a 
medida que avanza el progreso tecnológico y cambia la división del
LA REFORMA AL FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 3 3
trabajo. Como el sector privado incorpora las innovaciones más rápido 
que el sector público y dado que representa más de la mitad de los 
establecimientos, todo indica que en el futuro el ritmo de cambio se 
habrá de acelerar, con lo cual la propia privatización de la oferta será aún 
mayor. Desde el punto de vista de la distribución regional de la moder­
nización de las modalidades de atención de los servicios, el cuadro que 
surge es el de un corredor que atraviesa el país desde la ciudad de 
Mendoza, pasando por Córdoba, Rosario y la Capital Federal. Probable­
mente, el interior del país empiece a operar a través de corredores afluen­
tes hacia esos centros, y la estructura de servicios tienda a una concen­
tración espacial.
CAPITALIZACIÓN Sí c t o r ia l ,  s a t u r a c ió n  d e l  m e r c a d o  
y  RI NTA DE LA INNOVACIÓN
La innovación tecnológica modifica la división del trabajo, la estructura 
y el comportamiento de la oferta. Sin embargo, como sostiene Jorge Katz, 
lo que interesa entender es la lógica microeconómica sectorial basada en 
la introducción de rentas ligadas a la innovación. Cada vez que se incor­
pora un proceso nuevo se hace a un precio que garantiza ganancias 
extraordinarias. Luego, la difusión y la caída del precio reducen la renta 
del ente innovador y se incorporan nuevos procesos para recuperar la 
rentabilidad de la empresa. Esto implica una renovación permanente del 
equipamiento y se puede observar el fenómeno en la importación de 
bienes de capital de salud. Adicionalmente, hay tres razones que justi­
fican detenerse en el tema; primero, porque puede arrojar luz sobre el 
futuro comportamiento de la oferta mas allá de la evolución del perfil 
epidemiológico de la población. Segundo, por la aparente contradicción 
que existe entre un mercado de alta tecnología que habría entrado en una 
fase de saturación (Katz, 1995) y que muestra, sin embargo, un compor­
tamiento correspondiente a una curva exponencial en la importación de 
bienes de capital. Y tercero, porque si este crecimiento se da sobre una 
base sobredimensionada de la oferta, entonces el sector está en la ante­
sala de la agudización de la puja distributiva y de cambios aún mayores 
a los actuales.
El gráfico siguiente da una idea del crecimiento de la provisión de 
bienes de capital importados, y de sus proporciones relativas.
334 ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD 
STOCK DE BIENES DE CAPITAL
G Maquinaria filtrado líquidos y gases
■  Instrumentos odontología
■  Aparatos c  inliumcntos opica
■  Aparatos mecancferapia y masajes, 
rospiración artificial y  o*ono«crap«a
o  Mobiliario de uso medico qurúrgco
o  Equipos de oleína y cálculo
□  Aparatos eleclromedicos excepto radiológicos
□  Cam ones o furgones para usos espacíales 
Q Apáralos rayos X
■ Instr y aparat. mee! eos. cirugía y veterinaria
1986-1990 19911995
Período
Este crecimiento es un indicador incompleto de los procesos en 
marcha. I labría que entender cómo se están realineando los actores y qué 
lazos de referencia y contrarreferencia se establecen, para tener una mejor 
idea de la estructura del capital y la futura producción del mismo 
(Hayek, 1946). En la actualidad, con la aparición de la ley de accidentes 
del trabajo y la necesidad de constituir redes provinciales para la aten­
ción, el proceso de articulación social se está acelerando. Por otra parte, 
hay quienes argumentan la necesidad de distinguir entre alta y baja 
tecnología, fijando la barrera entre una y otra en el orden de los 150 mil 
a 200 mil dólares, por equipo. Sugieren que pese a la importación cre­
ciente aún no se ha instalado en el país la alta tecnología (aparatos 
resucitadores, de hemodinamia, de resonancia magnética de última ge­
neración, y otros) y que los equipos incorporados corresponden a baja 
tecnología (equipos de ecografía, de rayos, etc.). En parte, esta restricción 
se da por los propios límites económicos del mercado. Adicionalmente, 
y debido a las dificultades de cobro de las empresas proveedoras de 
equipos, se estaría fomentando el arrendamiento de equipos (leasing). 
Pero, superada la barrera financiera, la perspectiva parece ser la de una 
permanente innovación tecnológica.
I A REFORMA Al FIN WCIAMIENTO DF LA SALUD EN ARGENTINA 3 3 5
El ritmo al cual se han incorporado los bienes de capital en la salud 
ha sido acelerado. El siguiente gráfico muestra la importación en valores 
absolutos en los últimos diez años.
IMPORTACION BIENES DE CAPITAL EN SALUD
□  Maqianana liltrada líquidos y  gases
□  Instrumentos odontología
a  Aparatos e instrumentos óptica
□  Aparatos mocanotorapia y  masaios. 
respiración artificial y  ozcnoteraco
□  Mobiliario ce  uso modico quirúrgico
□  Eq uipos de ofic ma y  calculo
□  Aparatos eiectromédicos excepto radiológicos
□  Camiones o  furgones paro usos especiales
□  Aparatos rayos X
■  Instr y  apa-o: médicos, cirugía y veterinaria
La presencia de esta curva exponencial en un contexto de mercados 
saturados y con bajas tasas de retorno de la inversión, no es contradic­
toria. Como a cada fase de saturación le corresponde un patrón de con­
ducta defensiva de los proveedores (Katz, 1995), lo que ocurre es un 
doble fenómeno. Por un lado, existe un proceso de puesta al día, como 
lo ha señalado Daniel Titelman, ante la apertura de la economía que 
permite un acercamiento a la frontera tecnológica. Por el otro, la inver­
sión en tecnología de alta complejidad viene a representar el nuevo ajuste 
defensivo del proveedor ante la saturación. De esta forma, este proceso de 
corto plazo no debe ser confundido con la tendencia hacia la saturación 
y la puja distributiva, que no desaparece sino que se posterga tem­
porariamente. En realidad, el comportamiento defensivo de los proveedores
3 3 6  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
tom a la form a de p ro fu n d izació n  del cap ita l, au m entan d o el 
equipamiento por proveedor. Así, saturación, ajuste defensivo e inver­
sión acelerada, son todas caras de un mismo fenómeno. La saturación no 
impide la aceleración del progreso tecnológico sino que en sí misma lo 
potencia. Esta estrategia —puesta de relieve por Katz— de una diferen­
ciación del producto que recompone la rentabilidad, toma la forma de 
una nueva inversión en equipos médicos. Hay así un estímulo perma­
nente a salir de la curva de saturación con su comportamiento inverso 
respecto a la tasa de retorno, y a reiniciar la actividad desde un nivel de 
menor competencia y mayor diferenciación del producto. Hay una bús­
queda permanente de una posición oligopólica.
Lo expuesto sugiere que es esperable que la puja distributiva se 
agudice en un contexto de menor crecim iento del financiam iento 
institucional de la demanda, salvo que se ajuste por un mayor gasto pri­
vado, o por la organización de seguros masivos con primas razonables. 
Esto implicaría una desregulación mayor que la actual, y una injerencia de 
las compañías de seguros que aún no se visualiza. Si ello no ocurre, habrá 
de reponerse la saturación a un mayor nivel de complejidad. Habrá 
formalización de acuerdos de cartera cerrada, los que se darán entre or­
ganizaciones cada vez más grandes.
Esta situación fue generada también por dos decretos emanados del 
poder ejecutivo en 1991 y en 1993, por los cuales se introdujo competen­
cia dentro del sector proveedor haciendo inviable simultáneamente la 
posibilidad de contratación a través de las entidades profesionales. Pri­
mero, el decreto de desregulación del 31 de octubre de 1991 alteró las 
condiciones de contratación al prohibir a las entidades profesionales 
negociar el pago y los precios colectivamente. De esta forma se quebró 
el frente oligopólico de la oferta, pero terminó por diferenciar socialmen­
te a los prestadores de servicios entre aquellos que por su capacidad de 
internación pudieron constituir uniones transitorias de empresas y los 
que quedaron como simples proveedores de servicios independientes, 
con menor poder de mercado que el resto. Posteriormente, el decreto 9 
de 1993, prohibió la celebración de contratos de prestación de servicios 
con entidades fiscalizadoras de la matrícula profesional, y estableció la 
contratación directa no regulada por nomenclador de aranceles o tarifas 
prefijadas de prestación.
Las normas impactaron al sector. Por un lado se estableció una 
situación de competencia de precios entre los prestadores de servicios,
LA REFORMA AL FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 3 7
los que al realinearse en nuevas formas de organización erosionaron su 
capacidad de operar en un frente único a través de sus entidades pro­
fesionales. Por el otro, se creó en relación con las obras sociales una 
situación de desrcgulación asimétrica, puesto que estas últimas no fue­
ron inducidas también a competir. Un ejemplo es la Federación Médica 
de Buenos Aires ( f e m h b a ) ,  que se transformó en una entidad buscadora 
de trabajo para sus asociados, celebrando convenios de adhesión volun­
taria y con mayor flexibilidad de precios que en el pasado. Esto sugiere 
que la desregulación operó para los prestadores. Mas, recientemente esta 
organización se asoció con su contraparte en clínicas y sanatorios, la obra 
social de los jubilados de la provincia de Buenos Aires (e q u is a l ) ,  a los 
fines de administrar el convenio del programa de atención médica inte­
gral (pam i). El cambio de modelo de prestación de servicios, con médico 
de cabecera, contratación modulada, y selectividad de sus propios inte­
grantes, sugiere que la entidad empezó a funcionar como una adminis­
tradora de fondos por capitación. Así, la oferta privada se ha desregu­
lado. Esto implica menos protagonismo de las entidades gremiales, y el 
surgimiento a la vez de asociaciones comerciales menos solidarias y más 
preocupadas por adaptarse al juego del mercado.
3. EL FINANCIAMIENTO Y LA DEMANDA
Se vio al inicio de este trabajo que la demanda de salud tiene elasticidad- 
ingreso positiva. Esto implica que a medida que aumentan los recursos 
disponibles de las personas, éstas gastan en salud en forma más que 
proporcional al aumento de sus ingresos. Hay también otros condicio­
nantes de la demanda, como el sexo. Las mujeres gastan más que los 
hombres, aunque esto varía en el tiempo. Hasta los 40 años, por la edad 
fecunda de las mujeres, su gasto es superior; luego, debido a la inciden­
cia de las afecciones cardiovasculares y de próstata, los hombres consu­
men mas atención que las mujeres. El gasto en salud también varía con 
la edad; bajo al inicio, se acelera exponencialmente en las últimas dos 
décadas de vida. Asimismo, la demanda tiene una relación directa con 
la educación, la gravedad de las afecciones, y la urbanización; y una 
relación inversa con la mayor distancia de los centros de atención, el 
tiempo de espera, el costo global, y el precio.
3 3 8  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
Hay otras particularidades específicas en la demanda de salud. En 
casos de urgencia (infarto, accidente grave), los sustitutos tienen poca 
importancia y la demanda se vuelve vertical, pues se paga cualquier 
precio posible. Sin embargo, estos casos son una minoría y frecuentemen­
te hay tiempo para reaccionar, y cursos alternativos de acción. La regla 
es que, mientras menor sea la emergencia y mayores los sustitutos, menor 
inclinación tendrá la curva de demanda. La suma de las demandas pro­
pias (que constituyen la demanda interna o privada), por otra parte, 
puede no ser equivalente a la demanda total de atención. En materia de 
salud, hay in d iv idu os q u e  están  d isp u estos  a pag ar para q u e  otros  con­
suman (demanda externa), como en el caso de un traslado ante un ataque 
cardíaco, o de las sociedades de caridad para la atención médica. La 
inmunización gratuita es un ejemplo de financiamiento público que 
promueve la demanda externa. El efecto que tiene la demanda externa 
es el de aumentar la cantidad de atención demandada a un precio dado. 
En ese sentido el programa médico obligatorio implementado en la 
Argentina que garantiza un mínimo de atención para todos los pacientes 
de los agentes del seguro de salud, es un ejemplo de demanda externa.
La demanda en la salud también varía positivamente con la calidad. 
Dos atributos de ella son determinantes: primero, el nivel de la excelen­
cia médica que se vincula con la precisión del diagnóstico y la eficacia 
del tratamiento para restaurar la salud, y segundo, el confort y el lujo 
manifestados en los modales del médico, la amenidad del lugar, etc. Un 
mayor nivel de calidad aumenta la importancia del cuidado médico 
respecto de otros servicios en todo nivel de consumo. Más calidad mueve 
la curva de la demanda hacia arriba. La excepción a esta regla es que si la 
baja calidad resulta en más enfermedad también habrá más demanda, pero 
por deterioro de la calidad de vida.
Cuando existe oferta pública gratuita de servicios, las variaciones 
en la cantidad demandada se determinan por las variaciones en los costos 
de tiempo y monetarios. Los que pagan los menores costos de tiempo, 
demandan mayores cantidades. Los que pagan menores costos de tiem­
po, sin embargo, pueden no ser los mismos que tienen su condición de 
salud afectada. La atención se raciona entonces para aquellos que pue­
den esperar, y no para los que están enfermos. Finalmente, la atención 
se ve afectada por la ignorancia del consumidor. El médico actúa como 
consejero y ejecutor del tratamiento. Puede cambiar la demanda si él 
provee información generadora de demanda. El esquema supone que el
t.A RKFORMA AL FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 3 9
médico conoce el estado de salud y el impacto que la unidad adicional 
de cuidado médico tendrá sobre la salud. La forma de motivar la deman­
da es falsear la condición de salud original, agravándola artificialmente 
con retórica. Esa exageración de la gravedad de su estado, aumenta luego 
en la percepción del paciente la utilidad de la atención sugerida. Empero, 
hay límites a la inducción a la demanda, a medida que los pacientes 
ganan información. Por otro lado, en el diagnóstico y en el tratamiento 
hay incertidumbre, lo que en muchos casos impide distinguir una induc­
ción artificiosa de un ensavo honesto.
Los SEGUROS OI s a l u d :  i m p a c t o  s o b r e  l a  d e m a n d a
En la Argentina, los trabajadores dependientes privados y piiblicos apor­
tan obligadamente para un seguro de salud. La lógica del seguro implica 
la existencia del pago de una prima seguida por reducidas erogaciones 
en caso de enfermedad. Por definición, un seguro implica una cobertura 
parcial. En la Argentina, esta cuestión no ha sido considerada ni en las 
obras sociales ni en los seguros públicos provinciales, ni de jubilados 
(p am i). Debido al desconocimiento de la restricción presupuestaria, hay 
una historia de déficit crónicos recurrentes. Esta situación llegó al límite 
en el PAMl, con un déficit diario superior al millón de dólares y patrimo­
nio neto negativo lo que llevó a su refundación por decreto al hacerse 
cargo el poder ejecutivo de sus deudas. Los seguros públicos argentinos 
realizan la solidaridad grupal cerrada con recursos de terceros.
Según la teoría, la decisión de asegurarse depende de factores va­
rios como los gustos, la riqueza, el precio, la probabilidad de ocurrencia 
de una enfermedad, y la pérdida resultante de la misma. Los gastos de 
atención médica son una pérdida de riqueza para el individuo, lo que 
implica caracterizar el bienestar por niveles alternativos de riqueza. Es 
el concepto de utilidad. A cada nivel de riqueza corresponde un nivel de 
utilidad. Un cambio en la riqueza debido a una enfermedad, genera un 
cambio negativo en la utilidad. Se supone que hay rendimientos decre­
cientes en ella puesto que cada aumento de riqueza resulta en menor 
utilidad marginal. Si la riqueza tiene utilidad marginal decreciente para 
un individuo, entonces esa persona tiene aversión al riesgo. La conclu­
sión lógica es que, a cierto nivel de riqueza, la pérdida de un monto dado 
es de mayor importancia subjetiva que el ganar un monto igual. Desde
3 4 0  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DF. LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
este ángulo, la utilidad es el índice subjetivo de la relativa importancia 
de la riqueza. El individuo quiere maximizar su nivel de utilidad.
Si hay seguros de salud disponibles, entonces el individuo los com­
prará para reducir la variabilidad de su ingreso (riesgo financiero) y 
aumentar su utilidad. Al aumentar la pérdida esperada debido a crecien­
tes costos médicos, el monto que se está dispuesto a pagar para evitar 
la pérdida es mayor. Este factor — llamado de vulnerabilidad finan­
ciera—  que describe el tamaño de la pérdida en relación con la riqueza, 
unido a la percepción del riesgo del evento catastrófico (con costos 
aplastantes) fomentan la demanda de seguros. Si tanto los costos crecien­
tes como la mayor probabilidad de enfermar aumentan la voluntad de 
pago de una prima mayor, con la transición epidemiológica hacia una 
mayor incidencia de las enfermedades crónico-degenerativas y el progre­
so tecnológico actual, el escenario de la demanda de seguros es de po­
sitivo crecimiento.
Por otra parte, factores como la global ización económica, la necesi­
dad de reducir costos, y el ajuste fiscal sugieren que en el futuro se habrá 
de p en sar  n o  tanto en  un seguro nacion a ! de salud sino en algo que 
asegure contra accidentes, enfermedades graves y hospitalización pro­
longada (el seguro catastrófico). En la Argentina existe la parcelación de 
esta idea, mediante la cobertura de distintos regímenes que operan si­
multáneamente. Así, la ley de accidentes del trabajo contempla una de 
las dimensiones del seguro catastrófico referido únicamente al criterio 
económico de pertenencia, esto es la cobertura por ser trabajador y en el 
ámbito de su labor diaria o en el trayecto de ida y vuelta a ella. En el 
caso de enfermedades graves, han habido modificaciones recientes en el 
fondo de alta complejidad de la Administración Nacional del Seguro de 
Salud ( a n ssa l ), pero nada que contemple un régimen de reaseguro en 
casos de alta morbilidad, para todas las personas. Esta parcelación del 
riesgo cubierto sugiere que el mercado de seguros está subdesarrollado 
en la Argentina, en parte debido a la regulación existente que ha blo­
queado el mayor crecimiento de la iniciativa privada, y en parte debido 
al cierre de la economía que no permitió una adecuada transnacionali­
zación del sistema de reaseguro para cuadros de alta morbilidad y com­
plejidad. La imagen de una estructura más simple de beneficios cubier­
tos, donde los gastos médicos más allá de cierto umbral deberían pagarse 
totalmente en todas las enfermedades y situaciones, parecería ser un 
escen ario  probable en el país.
LA REFORMA Al FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN AKGENTINA 3 4 1
Lo que si no existe en la Argentina, como en otros países, es eviden­
cia sistemática sobre las enfermedades de alto costo. F.n los Estados 
Unidos, por ejemplo, se sabe que los costos del tratamiento de una 
enfermedad de costos aplastantes representan una parte mucho mayor 
de lo que suele creerse de los costos totales de la atención médica; que 
las características de la enfermedad e implicaciones financieras varían 
mucho entre los grupos de pacientes; que a menudo la enfermedad de 
alto costo es de largo plazo y repetitiva (lineal y consumidora de muchos 
recursos habituales antes que repentina e intensiva en el consumo de alta 
tecnologia); que algunos costos de la atención médica parecen ser en 
parte controlables con incentivos apropiados (respecto a los hábitos 
dañinos para la salud), y que las complicaciones inesperadas son un 
factor importante en el aumento de los costos de la enfermedad catas­
trófica. En otras palabras, la evidencia estadounidense sugiere que existe 
una alta concentración de los costos médicos, que la enfermedad de alto 
costo rara vez es un episodio singular, que la tecnologia no es la fuente 
principal del aumento de los costos, y que son igualmente importantes 
las complicaciones inesperadas y los hábitos nocivos (Zook, Moore y 
Seckhauser, 1992).
Para los seguros las consecuencias son múltiples. Si las enfermeda­
des de alto costo difieren en cuanto a opciones clínicas y capacidad de 
control en la utilización de los recursos, y se concentran en un pequeño 
número de pacientes de largo plazo, entonces los planes de los seguros 
debieran reflejar esas diferencias. Se debe prestar atención a la potencial 
identificación de los enfermos reincidentes crónicos. Para la utilización 
de ambientes de intensidad menor (hospitalización domiciliaria para 
alcohólicos y enfermos mentales), para las intervenciones tempranas que 
permiten reducir la probabilidad de hospitalizaciones posteriores, para la 
regionalización de cirugías mayores, para la educación y la sustitución 
adecuada de los servicios ambulatorios, para incentivar la prevención de 
hábitos perniciosos, entre otros fines.
La teoría sobre los seguros hasta aquí expuesta tiene limitaciones. 
F.1 modelo se centra en los beneficios de la reducción del riesgo y no en 
la salud o la atención médica, de las cuales también depende el bienestar. 
La reducción del riesgo es un bien económico distinto de la salud y la 
atención médica. Lo que en todo caso hay que destacar es que el sistema 
de seguros, al bajar el precio directo (el que paga el paciente), incrementó 
la demanda por atención médica y con ella el incentivo al desarrollo de
3 4 2  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
la oferta privada de servicios. Esto fue potenciado en la Argentina al no 
pagar el individuo la prima entera, por los aportes del empleador. Como 
adicionalmente la afiliación al seguro es por actividad, se evita la afilia­
ción oportunista lo que permite que el fondo común, cuya función es 
convertir el riesgo individual en riesgo promedio, opere sin el sesgo de 
una sobrerrepresentación de individuos con una alta concentración de 
costos. En otras palabras, el sistema de afiliación por actividad genera 
mayor certidumbre, y asigna un riesgo a cada beneficiario evaluando su 
pérdida esperada en función del grupo, el cual a su vez no se ha con­
formado en razón de la situación clínica sino de la línea de actividad 
económica, lo que garantiza la representación aleatoria de los riesgos 
médicos altos.
En la medida que se lleva adelante actualmente un proceso de 
fusión de obras sociales, se refuerza la lógica del fondo común y de la 
conversión de los riesgos individuales en promedio, y se gana en certi­
dumbre. En esas condiciones de seguros cada vez mayores, dadas las 
tasas de uso y los precios de las prestaciones — los cuales caen d e b id o  
a la competencia entre los proveedores desregulados, impulsada por los 
propios seguros a través de la licitación de descuentos sobre los precios 
de referencia—, el fondo común más grande permitirá obtener ventajas 
de escala y reducir el costo final del seguro. Esto no implica directamente 
que el beneficiario de estas transformaciones será el aportante. En rea­
lidad, el precio del seguro es el cargo adicional y no la prima, pues el 
producto que se compra es la protección contra el riesgo y no la provi­
sión de atención médica (Jacobs, 1991). C u an to m ay or  sea el nivel del 
cargo adicional, menor será la compra de seguros. En el caso argentino 
esta es la mayor distorsión que existe, puesto que no hay ni libertad de 
elegir seguros ni la posibilidad de cambiar de obra social en caso de 
disconformidad del atibado . D e esa form a, las obras sociales han volcado 
en el cargo o suma adicional una porción de sus ingresos que sería in­
sostenible en condiciones de libertad y competencia.
Los actores del sistema distorsionan los argumentos, pues en nom­
bre de una selección no oportunista (que es un mérito del sistema) lo 
cierran, con lo cual se bloquea la posibilidad de una gestión eficiente, la 
reducción de! costo de! seguro, y la transferencia de los beneficios de la 
competencia a los propios aportantes y beneficiarios. La actual reforma 
de) sistema de obras sociales debe pasar por la fijación de un topo a la 
prima adicional. La ley que fija un porcentaje de los ingresos (8%), ha
LA REFORMA Al ÎIVVMCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 4 3
fracasado en su objetivo por la debilidad de los órganos encargados de 
ejecutar la normativa. Si bien el sistema cerrado con regulación no ha 
permitido la transferencia del excedente al consumidor, esto no implica 
que la introducción de competencia deba realizarse en un vacío norma­
tivo. La experiencia indica que sin regulación se genera la selección de 
riesgo y la desprotección de los beneficiarios.
Lo que no parece dejar dudas es que el sistema de seguros debe 
profundizarse en el país. El seguro afecta el precio directo de la presta­
ción. Sin seguro, el precio cargado es igual al precio directo. Con seguro, 
el precio directo cae. En ese contexto un copago, o proporción del precio 
cargado que paga el paciente, es solo una fracción del precio total el cual 
se completa con el pago que hace la aseguradora. En la Argentina, sin 
embargo, esta cuestión ha sido invertida. El pago de una prima de co­
bertura parcial se pensó como suficiente para obtener como resultado la 
cobertura total de la prestación en todas partes. Como la prima era un 
porcentaje de los ingresos, en la medida que los ingresos y los costos 
médicos no crecieran en la misma proporción nada podía garantizar que 
aun lo que empezó siendo una prima de cobertura completa pudiera 
mantenerse como tal en el tiempo. Esta situación se potencia si hay re­
ducción salarial (en la Argentina hay salarios congelados desde la im­
plantación de la convertibilidad del peso, pero la inflación inercial de los 
primeros años del régimen de cambio fijo alcanzó al 60%, lo que implicó 
una reducción de ingresos reales y de aportes a las obras sociales).
Sintetizando, los seguros impactan sobre la demanda y el precio. El 
sistema de seguros argentino, si bien elimina la posibilidad de la selec­
ción sesgada, es ineficiente debido al problema de la prima adicional y 
al fracaso en hacer cumplir las normas respectivas. A medida que se 
consolida la restricción presupuestaria y las coberturas se adaptan a la 
misma, la tendencia será —si las tasas de uso son estables—  a operar 
sobre los costos mediante la ampliación del espectro de riesgo vía fusio­
nes de entidades. Ambos mecanismos están en funcionamiento. En todo 
caso, la reforma debe dar una mayor libertad en la elección de la entidad 
aseguradora para permitir que las ventajas de la competencia puedan 
transferirse a los consumidores en forma de menores aportes o más 
servicios. Para ello se requiere una estricta regulación que evite prácticas 
de selección de riesgo, y que los individuos sanos al elegir el autoseguro 
o un seguro determinado terminen dejando a los más enfermos en aque­
llos que subirán su precio.
3 4 4  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
E s t r u c t u r a  d e l  f in a n c ia m ie n t o  d e  l o s  s e g u r o s
En la Argentina se pensaba que la población asegurada (algo más de la 
mitad del total) era superior a la real. Había varias razones para este mito 
de la solidaridad total, pero la principal era la falta de un sistema de 
in form ación  a d ecu a d o  junto al interés de las obras sociales p or  mostrar 
cuotas de capitación bajas para obtener subsidios. A esto se agrega una 
segunda característica de los seguro s  argentinos, cual e s  su estructura, 
que resulta ser una mezcla público-privada carente de coordinación y 
con regías fiscales distintas, que impide generalizar la competencia. Un 
tercer carácter distintivo es que la cobertura de seguros públicos y 
semipúblícos representa más de cuatro quintas partes del total de los 
seguros (en los Estados Unidos los seguros públicos solo llegan al 19%, 
y los seguros privados bordean el 68% de la población cubierta). Ei 
cuadro siguiente describe la situación.
COBERTURA DE SALUD. AÑO 1994
O rgan ism os Beneficiarios
Obras sociales nacionales 8 490 810
Obras sociales provinciales 5 179 262
INSSJP -1 3 943 373
EMPP b 2 300 000
Total de beneficiarios 19 913 445
Población del país 34 101 025
Beneficiarios/población (en porcentaje) 58.4
3 Instituto N acional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensio­
nados.
b Em presas de medicina prepaga.
Lí\ REFORMA Al. FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 4 5
L a s  o  m í a s  s o c i a l e s  d e  l a  ANSSAL
Los seguros grupales solidarios basados en la ocupación (obras sociales 
nacionales) dan cobertura a 8.5 millones de personas (trabajadores de­
pendientes y familiares directos), o sea al 25% de la población y al 42% 
del total de asegurados. En 1995 hubo una caída de titulares, de 3.7 
millones en noviembre de 1994 a 3.3 millones un año después. Como los 
beneficiarios pasaron de 8.4 a 7.8 millones en el mismo período, la rela­
ción beneficiarios/titular cambió de 2.26 beneficiarios por titular a 2.38. 
Esto sugiere un proceso de desfinanciamiento relativo. La evolución 
descrita se debe en parte al impacto sobre la cobertura de la recesión de 
1995, y muestra que el aseguramiento por rama de actividad genera 
discontinuidad en el acceso.
Estas entidades (obras sociales regidas por la Administración Nacio­
nal del Seguro de Salud) son personas de derecho público no estatal. Su 
financiamiento proviene de una imposición sobre el salario, por el cual 
el trabajador aporta el 3% de su ingreso y el empleador otro porcentaje 
que creció hasta alcanzar el 6%. Desde marzo de 1994 el aporte patronal 
se redujo al 5%, con lo cual el financiamiento total resulta ser el 8% de 
la planilla salarial. De ese total un 0.9% se canaliza hacia un fondo so­
lidario de redistribución cuyo objeto debería ser la reducción de la 
inequidad entre las entidades. Para un grupo de obras sociales corres­
pondientes a los niveles salariales más altos (personal de dirección), el 
porcentaje que se destina al fondo de distribución es algo mayor (1.5%). 
Las cifras desde 1991 muestran que ha habido crecimiento de la recau­
dación junto con la recuperación de la economía, y que pese a la recesión 
de 1995 la recaudación promedio mensual fue superior a la de 1994. 
Como el número de titulares cayó en ese período, esto indica que el ciclo 
económico tuvo más impacto sobre la cobertura que sobre el financia­
miento. Ello podría indicar que si bien hubo expulsión de mano de obra, 
hubo también sectores de capital en expansión y cuyo desarrollo afectó 
positivamente los ingresos agregados del sistema, lo que podría agudizar 
la concentración de los ingresos de las obras sociales.
3 4 6  ENSAYOS s o b r e  e l  f i n a n c i a m i e n t o  d e  l a  s e g u r i d a d  s o c i a l  e n  s a l u d
RECAUDACIÓN DE LAS OBRAS SOCIALES 
(En millones de pesos)
Las tasas de variación del crecimiento de la recaudación indican que 
si bien existía una tendencia decreciente en 1993, el efecto que tuvieron 
los d ecreto s  d e  reducción de aportes patronales fue el de aplanar el 
crecimiento y profundizar la desaceleración. Con la recaudación virtual­
mente estancada hacia fines de 1995 y el equipamiento en aumento, el 
panorama apunta a una agudización de la puja distributiva.
La estructura actual del sistema de obras sociales incluye más de 
300 instituciones. Presentan una gran dispersión en sus ingresos y se 
caracterizan por la percepción de subsidios y la concentración de la 
recaudación y de las poblaciones beneficiarías en un pequeño número de 
ellas. Treinta obras registran 5.7 millones de beneficiarios, o sea el 73% 
del total, y 150 millones de pesos de recaudación (75% del total). Sola­
mente diez obtienen más de la mitad de la recaudación total y un nú­
mero similar recibe el 6 6 %  de los subsidios de la a n s s a l . Por otro lado, 
el comportamiento d e  la recaudación entre 1993 y 1995 es desigual. Com­
parando el mes de septiembre en ambos años, solo el 32% de las obras 
sociales con el 38% de los beneficiarios tuvieron aumentos en sus ingresos, 
mientras que el 68% restante con el 62% de los beneficiarios sufrieron una
LA REFORMA AL FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 4 7
reducción. Cuando se observan las diez obras sociales que más aumen­
taron su recaudación, se advierte que concentran el 75% del aumento 
total, mientras que las diez obras con mayor caída suman el 55% de la 
merma del grupo que presenta un retroceso recaudatorio.
Estas cifras muestran la heterogeneidad del comportamiento. Al 
margen de lo que ocurra con el ingreso agregado, hay un grupo cada vez 
más pobre y otro cada vez más poderoso. La reforma económica no 
genera una mayor igualdad en el sistema de obras sociales, sino que 
incrementa su polarización. El fenómeno referido, el realineamiento con­
tractual selectivo de estas entidades que aumentan la escala de contra­
tación a menores precios, junto a la hipertrofia de la intermediación 
explican por qué el aumento de los ingresos no llega a los proveedores. 
Como se impide al afiliado elegir su obra social y los ingresos de las 
obras sociales son independientes de la conformidad del beneficiario con 
la atención recibida, la reforma actual puede bajar costos y aumentar el 
excedente para las obras sociales, bajar los ingresos de los proveedores, 
y sin embargo dejar a los beneficiarios en la misma situación anterior.
A pesar del alto gasto global, los servicios de salud brindados por 
las obras sociales distan de ser satisfactorios. Las coberturas asistenciales 
se han centrado en medicina curativa, acciones especializadas, tecnología 
de alta complejidad, y demás, o sea lo que la oferta fue capaz de poner 
en el mercado. Ello por la falta de apoyo técnico, la laxitud ante las 
presiones de la oferta, y hasta por el papel del nomenclador nacional de 
prestaciones médicas y hospitalarias, que fue elaborado y modificado 
más como respuesta a las presiones de los prestadores de servicios que 
a las necesidades de la población. Por esas razones y por la puja 
distributiva generada por la sobreoferta, las obras sociales terminaron 
por financiar acciones poco eficaces (sobreprestaciones). En alguna me­
dida se armó un programa de prestaciones implícito en y determinado 
por la propia oferta de los servicios, antes que por las autoridades en 
base a los perfiles epidemiológicos de la población.
Adicionalmente al problema de la asignación del gasto, existe una gran 
dispersión entre los recursos per cápita de las obras sociales. Hay obras 
sociales con ingresos inferiores a 5 pesos por beneficiario, mientras otras 
disponen de diez veces más recursos. Además, la mayor parte del gasto se 
realiza en las grandes regiones urbanas en desmedro de los habitantes del 
interior y de las poblaciones rurales. El fondo solidario de redistribu­
ción no ayudó en el pasado reciente a subsanar estas desigualdades,
3 4 8  ENSAYOS SOBRE El. FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
dado que sus modalidades de reparto tendieron a dirigir sus recursos, 
paradójicamente, hacia las obras sociales de mayores ingresos. En este 
marco, parte de los beneficiarios terminan en los hospitales públicos, 
generando un problema de subsidios implícitos. Por otra parte, como la 
atención en los hospitales tiene tiempos de espera, la integración entre 
las obras sociales y el sector público prestador de servicios opera como 
una forma encubierta de racionamiento del sistema en su conjunto.
Las obras sociales son cada vez más heterogéneas. Hay casos donde 
han dejado la administración de contratos de riesgo, para controlar el 
cumplimiento de los aportes de la capitación y transferir las cuotas a 
otras entidades que pasan a administrar los contratos. Esas obras  socia les  
aparecen como meros intermediarios financieros, cuya función es agru­
par individuos con un fondo común atractivo para administrar. Se pro­
duce así una disociación entre la recaudación y el gasto per cápita en 
salud. Otras obras sociales operan no solo como recaudadores sino que 
también celebran contratos con los prestadores de los servicios. En este 
caso, la función se acerca más a la de un seguro que a la de un simple 
proveedor de una clientela. Finalmente están aquellas con capacidad 
propia de prestación instalada, que constituyen el tercer tipo de organi­
zación operativa y que tenderían a desaparecer según se vio. Como las 
condiciones de operación son distintas en los tres casos por la forma en 
que se trata el riesgo, el marco regulatorio deberá contemplar esas dis­
tinciones. Con la creación reciente de la Superintendencia de Salud que 
ha fusionado la Dirección Nacional de Obras Sociales ( d i n o s )  y la 
ANSSAL, la situación habrá de ser tratada en el futuro.
L a  d i s t r i b u c i ó n  d f .  i o s  s u b s i d i o s  d e s d e  l a  ANSSAL
La anssal tiene un presupuesto que el Ministerio de Economía y Obras 
y Servicios Públicos solo autoriza a gastar parcialmente. Durante los go­
biernos militares, la distribución desde el Instituto Nacional de Obras 
Sociales apenas llegaba al 20% de los fondos, y el Ministerio de Economía 
y Obras y Servicios Públicos financiaba, mediante una cuenta especial, 
al Ministerio de Salud y Acción Social. Así, la autoridad rectora de la 
salud era financiada desde las obras sociales. Después de 1983, con la 
democracia, aumentó la redistribución de subsidios hasta alcanzar el 90% 
de los recursos, aproximadamente.
LA REFORMA Al FINANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 4 9
I.a información sistemática en los primeros años de la década del 
90, muestra una cuotificación de los subsidios. Por ejemplo: en 1994, 
las obras sociales del personal de la industria aceitera, del personal de 
farmacia, del personal hortícola y la de técnicos de fútbol, para citar 
algunas, recibían 20 mil pesos por mes. Las de actores, maquinistas 
navales y pasteleros 25 mil. Luego había otro grupo que casi duplicaba 
a las anteriores en subsidios. Las del personal aeronáutico, de lanas y 
cueros, y del espectáculo público recibían 45 mil pesos de subsidios 
mensuales. La del personal de aguas gaseosas y afines bordeaba junto a 
otras los 100 mil pesos. Sin embargo, la participación realmente grande 
en los subsidios se daba en obras sociales como la del personal de la 
construcción, con cuotas de un millón 600 mil pesos por mes, la de la 
industria metalúrgica con dos millones, del personal gastronómico con 
750 mil y de luz y fuerza con un millón (Ministerio de Economía y Obras 
y Servicios Públicos, 1994). Lo que se quiere destacar es la regularidad 
del flujo, los niveles diferenciados de los recursos, y la cuasi automatici- 
dad en el reparto dentro de la discrecionalidad con que se manejaron los 
subsidios.
A partir de 1995, el escenario cambia con la reforma impuesta por 
los decretos 292 y 492, que introdujeron el concepto de subsidios 
focalizados y ajustados por ingreso. En la actualidad, a medida que el 
organismo recaudador obtiene los aportes su sistema informático detecta 
aquellos individuos con cotización inferior a la cantidad establecida en 
los decretos (30 pesos, y luego 40) y adiciona subsidios a sus aportes 
hasta alcanzar esa suma. Se garantizan así los recursos para cambiar de 
obra social y evitar la selección adversa financiera, ya que todos tienen 
asegurado el piso mínimo de aportes. El volumen de recursos distribui­
dos automáticamente desde la Dirección General Impositiva (dci) actual­
mente bordea los 14 millones de pesos mensuales. Este cuadro sin em­
bargo no es completo. La a n s s a l  distribuye los recursos destinados a 
prestaciones de alta complejidad, que son unos 4 millones de dólares. 
Con relación a este tipo de recursos, recientemente se han reconocido por 
resolución de la autoridad otros rubros que en el pasado se concedían 
por la vía de la excepción. Finalmente, todo indica que la a n s s a l  sigue 
manteniendo un grado de discrecionalidad sobre el resto de los subsi­
dios, que son del orden de los 7 millones de pesos por mes, y que si bien 
menos que antes continúa todavía operando como un mecanismo de 
influencia política.
3 5 0  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
L a s  o b r a s  s o c ia l e s  p r o v in c ia l e s
Los seguros públicos son de dos tipos: las obras sociales provinciales y 
la obra social para jubilados ( p a m i). Entre ambos reúnen en muchos mer­
cados provinciales más de la mitad del financiamiento, lo cual modela 
el comportamiento sectorial. Datos de 1993 señalan que las 23 obras 
sociales provinciales cubren 1.2 millones de familias, unos 5.1 millones 
de beneficiarios, entre los afiliados naturales (empleados públicos) y los 
afiliados por convenio. Esto supone aproximadamente el 16% de la 
población provincial. De ese total, una tercera parte corresponde a dos 
obras sociales provinciales: i o m a , de la provincia de Buenos Aires, que 
cubre casi una cuarta parte de los beneficiarios (1 millón), e ip a m , en 
Córdoba (casi 0.5 millones). Si a ellas se les agrega las de Mendoza, Santa 
Fe y Tucumán se llega a 2.5 millones de beneficiarios; o sea que cinco 
entidades concentran la mitad de los beneficiarios. Si se incluye Entre 
Ríos, Jujuy y Salta, estos ocho seguros públicos cubren dos terceras partes 
del total, unos 3.2 millones de personas. En cobertura, salvo Buenos Aires 
con un 8%, la mayoría de los seguros provinciales cubren entre el 11% 
y el 30% de la población provincial. En el extremo, como es el caso de 
Catamarca y Jujuy, se llega al 40%.
Existe también en los seguros públicos provinciales volatilidad en 
la cantidad de beneficiarios cubiertos, lo que confirma el problema de la 
discontinuidad de la cobertura. Entre 1988 y 1993, las cifras pasaron de 
5 271 000 a 4 734 000 beneficiarios (un 9% menos). Ello se debió al éxodo 
de afiliados no empleados públicos con acceso al sistema mediante con­
venios. Este hecho se dio en un contexto donde 14 obras sociales provin­
ciales — del total de 23—  manifestaron su voluntad de trazar políticas 
conducentes a captar grupos poblacionales sin cobertura social. Los datos 
a septiembre de 1994 sugieren un proceso de recuperación de la cantidad 
de beneficiarios, situándose estos en el orden de los 5.1 millones ( c o s s p r a ,  
1993).
El financiamiento de los seguros públicos provinciales, también se 
origina en imposiciones al salario. A diferencia de las obras sociales 
nacionales, el porcentaje de cotización varía entre un 7% y un 12.5%. 
Cuatro entidades cotizan entre un 7% y un 8.5%, doce seguros provin­
ciales reciben entre el 9% y el 10.5%, y las siete restantes obtienen entre
I. A REFORMA AL H\-\\C I AM 11 \TO DE l.A SALUD EN ARGENTINA 3 5 1
el 11% y el 12.5% en aportes y contribuciones. En el período citado, 
cuatro obras sociales aumentaron el aporte de cargo del Estado, una el 
aporte del trabajador, y otra ambos aportes. La confederación de las obras 
sociales provinciales de la Argentina estima que la cuota per cápita 
bordea los 17 pesos, lo que equivale a una recaudación aproximada de 
unos 80 millones de pesos mensuales, o sea un 40% del promedio de las 
obras sociales nacionales. Como las entidades dependen de las autoriza­
ciones de gasto de la Secretaría de Hacienda de la provincia respectiva 
y los órganos estatales son agentes de retención de los aportes, al depen­
der estos de las programaciones presupuestarias de Hacienda, los flujos 
de ingresos de las obras sociales corren la misma suerte que las dispo­
nibilidades financieras del gobierno de la provincia. En momentos en 
que el tesoro provincial se encuentra en desequilibrio, la obra social no 
administra sus recursos sino que se limita a pagar en función de las 
autorizaciones de la Secretaría de Hacienda.
Una de las características sobresalientes de las obras sociales pro­
vinciales ha sido la política de libre elección del proveedor (vigente en 
18 de las 23). Ello, sumado a que en algunos casos el tesoro responde por 
ley de los déficit que se originan en la entidad, ha llevado a que el 
sistema no opere competitivamente e incentive a los propios prestadores 
de servicios a ganar influencia de una u otra forma en las obras sociales 
provinciales. Se citan, como ejemplo de esa influencia, casos donde los 
prestadores fijan el módulo de atención estableciendo un día de terapia 
intensiva para tratamientos de várices o cesáreas. El fenómeno mencio­
nado de la captura privada de los seguros públicos se potencia con la alta 
rotación directiva de las obras sociales. Desde el punto de vista de la 
conducción, las obras sociales son vulnerables al clima político y a la 
falta de coherencia y continuidad de las líneas de política que se adoptan. 
Los prestadores de servicios conocen las carencias y debilidades de estas 
instituciones, y en su cálculo estratégico tienen catalogados de acuerdo 
a una tipología de personalidades a los presidentes de las obras sociales 
como duros, blandos, permeables, etc. En otros casos, la estrategia pasa 
por la incorporación de los prestadores mismos a los cuerpos técnicos de 
la entidad.
La sobreprestación también está presente en estos seguros públicos. 
Se ha comprobado en distintos puntos del país que entre el 90% y el 95% 
de los diagnósticos de alta complejidad han sido hechos sin cuadro sin­
tomático. Esto es en parte resultado del sobreequipamiento, discutido
3 5 2  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
anteriormente. En una provincia del litoral, por ejemplo, con 17 aparatos 
de tomografía axial computarizada ( t a c )  para 1 020 000 habitantes la 
práctica de las derivaciones con las comisiones involucradas, se ha des­
crito como equivalente al 25% del gasto. Como curiosidad: se han reci­
bido noticias de un nomenclador informal de comisiones por derivación 
a una t a c  donde se pagaban seis pesos por viaje a la ambulancia, un 25% 
de la prestación al que la prescribe, y un 5% al sanatorio derivante. Todo 
ello en un contexto donde hay deficiente in form ación , n o  ex iste  auditoría  
que se respete, y cuando ésta existe el auditor no confronta al controlado.
Si bien en forma lenta, la lógica fiscal va imponiendo correcciones 
a las formas de pago basadas en el desconocimiento de la restricción 
presupuestaria, aunque no se observa todavía una generalización de la 
aplicación del sistema de pago por capitación, el cual alcanzaba a inicios 
de 1994 a menos de una tercera parte de las entidades. Lo que la eviden­
cia sugiere es que antes que la capitación, lo que ha predominado en el 
pasado inmediato ha sido la contratación de aranceles diferenciados, lo 
que ocurrió en 13 de las 23 obras sociales. En la actualidad, se perciben 
cambios en algunas jurisdicciones. En ciertos casos se piensa cotizar por 
capitación los servicios de análisis ambulatorios, y trasladar a terceros 
algunos servicios en los hospitales públicos. Por otra parte, las obras 
sociales provinciales tienen problemas con el gasto  adm in istra iivo y el 
sobreempleo. La obra social de Entre Ríos, por ejemplo, llegó a tener un 
administrativo cada 290 beneficiarios, o sea algo así como 860 empleados 
para unas 250 000 personas. Esta razón contrasta con la relación apropia­
da de un administrativo cada 1 600 beneficiarios.
El resultado de esta estructura de financiamiento donde hay ines­
tabilidad en los flujos, falta de aportes estatales, autorización restringida 
de los gastos, falta de transferencia del riesgo a los proveedores, y cap­
tura privada del seguro, ha sido el ajuste mediante ingresos adicionales, 
o sea la aplicación de copagos en la obra social o de un plus por parte 
de los prestadores, en el 50% de las jurisdicciones, sin que las acciones 
aplicadas para la eliminación del mismo hayan obtenido resultado satis­
factorio. Por las consultas médicas, estudios y prácticas ambulatorias, 
honorarios sobre internaciones, y  estudios y prácticas en internación , 
más de la mitad de las obras sociales provinciales cobran pagos adicio­
nales que oscilan entre el 20% y el 30% del valor reconocido por la 
entidad. En el caso de los medicamentos ambulatorios, los pagos priva­
dos crecen en porcentajes que superan el 40%, llegando en dos casos al
I A KI-HORMA AL 11\W CIAM II \TO DH LA SAI LD LN ARGENTINA 3 5 3
70% del valor. Porcentajes algo menores sc dan en los medicamentos en 
condiciones de internación. El ajuste por precio ocurre también porque 
las obras sociales no tienen poder de negociación, dada su deuda y el 
riesgo de corte de servicios. No discuten tampoco tasas de uso o están­
dares razonables. La obra social reacciona poniendo trámites burocráti­
cos de autorización a fin de desalentar el uso de los servicios. Ese ha sido 
el caso de Salta donde el promedio de dos consultas al año señala un 
subconsumo de la población, en un proceso que termina haciendo el 
ajuste con menor cobertura.
En el caso de la obra social de Río Negro, se reporta (Villosio, 1996) 
la experiencia de un sistema de pago por acto médico con un tope global, 
llamado de presupuesto prestacional consensuado. De la masa total de 
recursos asignada se propuso destinar un 43% al primer nivel, y un 56% 
al segundo. Para cada jurisdicción colectora se establecía una asignación 
per cápita de 14.8 pesos, resultante de dividir el monto total por la can­
tidad de beneficiarios. Una especie de cuota individual de los recursos de 
la obra social. El esquema propone un sistema de riesgo autorregulado, o 
sea la visualización de los desvíos producidos en las prestaciones. En caso 
de que la sumatoria del total facturado excediera el techo presupuestario 
global, se liquidarían los pagos según un índice. Como contrapartida, la 
facturación por debajo de la disponibilidad financiera importa la acredi­
tación de tales excedentes para períodos posteriores (compensación de 
posibles excesos futuros). Tales medidas fueron llevadas adelante junto 
con restricciones al padrón de proveedores y a la incorporación de tec­
nología, avanzando de hecho hacia la limitación de la oferta.
Dada la lógica descrita, donde el sector de los prestadores de ser­
vicios tiene una virtual codirección de las entidades, no sorprende que 
las obras sociales provinciales no hayan desarrollado vínculos con el 
sector proveedor público, salvo muy selectivamente y con un impacto 
marginal sobre los montos de ingresos para las obras sociales, alcanzan­
do donde se cuenta con información detallada escasamente al 1% del 
total. En otros casos, el hospital público no está en condiciones de ofrecer 
servicios, y muestra problemas severos de eficiencia. Es el caso de Entre 
Ríos donde, mientras las clínicas privadas mantenían un promedio de 
2.52 días de internación, el sector público más que duplicaba esa cifra. 
El resultado es que la gente va al sector privado, dejando el hospital para 
las personas sin seguro. La excepción aparece en los casos de urgencia, 
donde el hospital mantiene su crédito.
3 5 4  ENSAYOS SOBRE El. FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SAI UD
La alternativa a lidiar con los proveedores parece haber sido la 
instalación de servicios propios. En once casos, las obras sociales dicen 
tenerlos. Sin embargo, cuarenta y  cin co  d e  ellos resultan ser  farm acias, 
seis laboratorios bioquímicos, cuatro laboratorios de prótesis dental, tres 
laboratorios ópticos, uno de enfermería, uno de kinesiología, y treinta de 
ambulancias, lo que muestra que los servicios propios, en realidad, no 
han podido concentrarse sobre la médula del gasto. En efecto, los datos 
disponibles de la obra social de Río Negro, en 1993, muestran que odon­
tología absorbe el 5% del gasto, bioquímica el 6%, farmacia otro 5%, 
mientras que el gasto medico y hospitalario se lleva entre un 55% y un 
60% de los recursos. En otros casos, se considera que es positivo no 
contar con proveedores propios de servicios dado el marco legal vigente 
para los organismos públicos en lo administrativo contable y lo laboral, 
que afecta fuertemente en forma negativa las condiciones de eficiencia de 
los mismos (Villosio, 1996).
Las obras sociales provinciales, en definitiva, no conforman un sis­
tema. La atomización en su control se manifiesta en el deficiente funcio­
namiento del C on sejo  Federal d e  Salud ( c o f e s a ) ,  d o n d e  s e  podrían  arti­
cular norm ativas homogéneas para todo el país sobre prácticas de 
cobertura, estrategias de negociación de precios, o simplemente normas 
de auditoría. La localización jurisdiccional diversa, junto a la falta de un 
control centralizado, hace que en el presente las obras sociales operen 
como un mosaico aislado de entidades, aunque se observan esfuerzos 
para lograr una base de información centralizada en la confederación de 
las obras sociales provinciales que permita una mejor negociación con los 
proveedores, l’ese a ello, dada la falta de desarrollo operacional que 
tienen esas instituciones, donde en muchos casos la recolección de infor­
mación se hace en forma manual, no es dable esperar grandes cambios 
en el futuro inmediato.
A modo de síntesis puede decirse que en comparación con el sis­
tema de la a n s s a l ,  las obras sociales provinciales recaudan menos recur­
sos, tienen más inestabilidad en el flujo de los aportes patronales (solo 
10 d e  las 23 reciben  aportes al d ía), su fren  la d iscon tin u idad  d e  la cober­
tura, no han introducido formas de pago que transfieran el riesgo a los 
proveedores, han sufrido la sobrefacturación y la sobreprestación, tienen 
excesivos gastos administrativos, sus servicios propios parecen situarse 
en áreas que no reciben el grueso de las erogaciones, han hecho su ajuste 
a través del gasto privado de bolsillo mediante coseguros y colocando
LA RLIORMA At ! t\  \\l 1AMU.NTO DF l.A SAI LD FN ARC.FNTIN’A 3 5 5
barreras al acceso, y —como en el caso de las nacionales—  han acumulado 
una deuda originada en sus déficit operativos que se traduce en atrasos 
recurrentes de sus pagos. Las opciones para los seguros de disminuir la 
inestabilidad de sus ingresos, tener estabilidad directiva, aumentar la efi­
ciencia administrativa contable, racionalizar personal, aumentar la capaci­
dad de gestión, acotar la oferta de servicios con capacidad reguladora, 
profundizar la capacidad de fiscalización y control, adoptar modelos de 
prestaciones que hagan previsible el gasto, modificar los servicios ofre­
cidos para asegurar coberturas básicas y acciones focalizadas en grupos 
de riesgo, son una posibilidad teórica que parece improbable en la prác­
tica. Las mismas propuestas de modelos consensuados de prestaciones 
con los que se busca dar previsibilidad al gasto de la obra social y al 
ingreso de proveedores, convencen menos que un sistema donde la 
competencia la ejecuten los seguros mediante contratación selectiva de 
proveedores y técnicas de control de la utilización.
Las obras sociales provinciales deberían funcionar com o verdaderos 
seguros. De lo contrarío, tienen dos opciones. Una, que agrava el proble­
ma de la intermediación, sería contratar una empresa aseguradora de 
servicios de salud con suficientes reservas técnicas y respaldo patrimo­
nial a la que se entregue, para administrar, la cotización per cápita de 
atención integral. En otras palabras, hacer lo que están haciende) las obras 
sociales de la a .n s s a i . La otra alternativa es que el Estado derive a ter­
ceros el aseguramiento de su personal, y licite mediante la asignación de 
una cuota individual la cobertura para los indigentes con las compañías 
de seguro privadas. Todo bajo regulación. En todo caso, lo que debe pro­
barse es la ventaja de continuar con estos seguros públicos, que no han 
operado como administradores del riesgo ni se han constituido en las 
bases para organizar el sistema de seguro nacional de salud. Tampoco 
parece válido el argumento de que la atención ha sido buena, cuando ello 
se ha llevado adelante con subsidios implícitos de todo tipo desde las 
tesorerías provinciales. Finalmente, si la función de las obras sociales 
públicas (especialmente en el caso de los jubilados) debe ser la del rease­
guro para los pacientes crónicos y que concentran costos aplastantes, 
entonces habría que ajustar las cuotas de capitación por riesgo y transferir 
el subsidio explícito a la aseguradora que sea, pero no crear organizaciones 
como las formadas que han requerido excesivas dotaciones de personal y 
que han contribuido desde lo público a aumentar la ineficiencia en la 
asignación de recursos en un contexto de subcobertura en salud.
3 5 6  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
E l  SEGURO PÚBLICO PARA ¡UBICADOS
El otro seguro público importante es el Instituto Nacional de Servicios 
Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP), cuyo principal programa 
es el de asistencia médica integral, o p a m i . Fue creado en 1971 para 
prestar a los jubilados y pensionados del régimen nacional de previsión 
y a su grupo familiar primario, los servicios de atención de la salud. Sus 
prestaciones y cobertura se ampliaron con el tiempo. A la población 
objetivo originaria se le agregaron beneficiarios de pensiones graciables, 
veteranos de guerra, madres con más de siete hijos, personas discapaci­
tadas, con enfermedades crónicas, o mayores de 70 años, etc. El resultado 
fue el cambio de la estructura etaria de los beneficiarios. De 4 044 688 
beneficiarios en 1995, solo 2 848 652 tenían más de 60 años (70% del 
total), y 643 127 (16%) eran menores de 40 años. Después de la edad, la 
segunda característica de la población del instituto es su dispersión terri­
torial. Córdoba tiene el 9.3% de los beneficiarios, una proporción seme­
jante a la de la Capital Federal que bordea el 10.3%. En la provincia de 
Santa Fe, entre la ciudad homónima y Rosario alcanzan otro 9.3%, mien­
tras que Entre Ríos, Tucumán y Mendoza, tienen aproximadamente entre 
un 4% y un 5% de los beneficiarios, cada una. La cobertura del p a m i se 
extiende desde Jujuy a Tierra del Fuego, lo que generó la existencia de 
delegaciones regionales y problemas en la distribución de los insumos en 
las compras al por mayor.
Esta diversidad de edades de ¡a población y su desigual distribu­
ción regional, imponen la necesidad de considerar diferentes índices de 
utilización, costos per cápita diferenciales, y el ajuste de las cuotas de 
capitación por riesgo. Adicionalmente, hay que destacar que 325 860 
beneficiarios (7.5%) no están cubiertos directamente por el in ssjp , por 
haber decidido permanecer en su obra social de origen. Las cuotas per 
cápita que se pagan varían entre 13 y 29 pesos, sin que haya razones 
claras para los distintos niveles de esas primas. El cuadro entonces es el 
de un organismo que utiliza la diversidad de cuotas per cápita entre 
organizaciones sin distinguir entre el riesgo de los beneficiarios, y donde 
sería necesario incorporar un ajuste de tales cuotas para que correspon­
dan a los diferentes costos regionales.
I A KLI ORMA Al HNW CIAM II NTO DE LA SALUD LN ARGENTINA 3 5 7
El inssjp  administra un presupuesto de alrededor de tres mil millo­
nes de pesos anuales. Su peso económico, su población y su dispersion 
territorial, sumados a la importancia de sus flujos financieros en los in­
gresos de los proveedores — que en algunos casos lo convierten en el 
mayor comprador individual de servicios médico-asistenciales—-, hacen 
del p a m i una pieza estratégica dentro del sistema de salud de la seguri­
dad social. Su permanencia casi exclusiva como seguro público para los 
jubilados, no obstante, ha terminado por generar un programa estatal sin 
competencia, con ineficiencias en la administración y control del gasto. 
El financiamiento del p a m i proviene de fuentes varias. Por un lado, están 
los aportes y contribuciones de los trabajadores en actividad, equivalen­
tes al 5% del salario (3°i. de aporte personal y 2% de contribución patro­
nal). Por el otro, el financiamiento proviene de los jubilados y varía entre 
el 6% y el 3% de sus ingresos, según superen o no el haber mínimo. Se 
estima que el promedio ponderado de esta retención llegaba en 1994 al 
4.6% del monto total de órdenes de pago previsionales.
En 1995 el PAMI fue incorporado al presupuesto y en virtud del 
artículo 35 del mismo se autorizó a la Administración Nacional de la 
Seguridad Social ( a n s e s ) a administrar los recursos del p a m i. El efecto 
parece haber sido el de generar una fuente transitoria de fondos para 
paliar los déficit coyunturales, ya que en varios meses de 1995 la a n s e s  
giró de sus fondos propios adelantos al p a m i que fluctuaron entre 8 y 70 
millones de pesos mensuales. Estos déficit operativos se deben a que los 
gastos crecen más que los recursos. Entre 1992 y 1994 los recursos cre­
cieron un 37%, mientras que los servicios y bienes para la atención de 
la salud lo hicieron en un 64‘’, las prestaciones sociales en 362%, y a su 
vez los costos de las prestaciones médicas y sociales aumentaron un 65%. 
Si bien en los años 1992 y 1993 los ingresos cubrieron los gastos, en 1994 
se produjo un déficit de 454 millones de pesos.
F.1 p a m i tiene además problemas de desarrollo institucional. Cuenta, 
por ejemplo, con una planta de personal excesiva de 12 mil personas. No 
tiene un sistema de información suficientemente integrado. En las com­
pras, no se utiliza el volumen para negociar precios. Hay fallas en el sis­
tema de auditoría y se carece de información fidedigna sobre la operación 
de las delegaciones provinciales las que al no disponer de tasas de uso y 
de una carta de prestaciones circunscriben sus prácticas a solicitar las 
autorizaciones de gastos por sobre los límites de compras impuestos. F.1 
p a m i, en síntesis, constituye un seguro crucial para los proveedores por la
3 5 8  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
masa de recursos que mueve. Sus problemas organizacionales y finan­
cieros sugieren, con todo, que sin su fortalecimiento institucional y sin 
colocarlo en una situación de competencia, difícilmente su comporta­
miento será congruente con la restricción fiscal y con una política más 
eficiente de asignación de recursos.
E m p re s a s  d c  m e d ic in a  p r iíp a c a
Los seguros privados no solidarios (prepagos), estratifican los servicios 
en base a la capacidad de pago. La cobertura depende del aporte. En la 
Argentina cubren 2.3 millones de personas, o sea el 6% de la población 
total. Son organizaciones con fines de lucro, cuya afiliación es voluntaria 
y sin barreras de salida. Se centran en la clase media y alta, y algunas 
de ellas reciben recursos de las obras sociales para administrar el riesgo. 
La cobertura que ofrecen es limitada, y se caracterizan por contratos que 
establecen períodos de carencias así como enfermedades preexistentes, 
que establecen el no financiamiento de la atención médica en las circuns­
tancias allí definidas. La atención de alta complejidad se pacta expresa­
mente y el sistema tiene un ámbito de cobertura que puede exceder el 
territorio nacional, según los términos del contrato. Además, incluyen 
diversas coberturas no médicas. Recientemente, por ley, se las obliga a 
brindar el programa médico obligatorio.
Su regulación ha sido mínima. La resolución 2.181 de 1980 de la 
autoridad económica de la época, establece pautas para las cartillas que 
deben acompañar a los convenios. Son las condiciones mínimas del 
contrato para determinar: a) las características de los convenios (indivi­
dua! o colectivo) y los porcentajes de descuento sobre fárm acos y  los  
requisitos para obtenerlos; b) la forma de recibir las prestaciones (creden­
cial identificatoria, detalle de los coseguros, documentación administra­
tiva para acceder a los servicios, y normas para solicitar atención de 
urgencia, ambulancia o incubadora), y c) la forma de pago y los reinte­
gros (cuotas de afiliación, pérdida de la misma por falta de pago, montos 
y topes de los reintegros). Esta resolución es solo indicativa de los temas 
para incluir en la cartilla, no conteniendo normas sobre preexistencias y 
exclusiones que disminuyan la selección de riesgo. Tampoco incluye 
requisitos de capital mínimo, reservas o reaseguro, o referencias a un 
ente contralor que proteja a la población. Los proyectos existentes para
LA REFORMA A L  I l\ A \ l IAMIFVIO DF LA  SALUD UN ARCtLNTlNA. 3 5 9
avanzar en esa dirección, buscan crear una entidad propia de regulación 
que segmente el mercado con una institucionalidad aparte del resto de 
los seguros, por un lado, y de las obras sociales, por el otro. Con la 
creación de la anunciada Superintendencia de Salud, tal vez eso no sea 
necesario.
La síntesis de esta sección señala que la Argentina tiene una gran 
parte de su población sin seguros, y que estos son casi todos públicos o 
semipúblicos. Los seguros grupales solidarios por rama de actividad 
económica, no mantienen la cobertura en todo el ciclo económico lo que 
produce discontinuidad de la misma. Sin libertad para elegir seguros, se 
impide la compra espontánea del consumidor y se pierde eficiencia. Tero, 
al mismo tiempo, dado el origen ocupacional común de los aportantes, 
se evita la afiliación oportunista. En última instancia, el desequilibrio 
financiero recurrente y el endeudamiento al límite generan un nuevo 
factor de discontinuidad en el acceso a través de los cortes de servicios 
de los proveedores. Adicionalmente, el sistema atenta contra los costos 
por la prima de riesgo que se carga al precio del servicio ante la irregu­
laridad del pago-
El problema de la reforma es la subcobertura de las personas y la 
necesidad de continuidad de la misma independientemente de las fluc­
tuaciones dinámicas de la economía. Como las necesidades epidemioló­
gicas son continuas el sistema es inequitativo, pues deja sin seguro a 
quien pierde su empleo. Eso se debe a que las obras sociales están ba­
sadas en un criterio de pertenencia económica activa, para acceder a la 
atención de la salud. Se tiene seguro mientras se trabaja, cuando ello no 
ocurre el sistema deja de funcionar. Por otra parte, hay inequidad porque 
la solidaridad perfecta de cada organización contrasta con las diferencias 
financieras de las obras sociales entre sí. Si a ello se suma la desigual 
distribución interna de cada obra social y entre regiones del país, y el 
hecho de que han sido subsidiadas desde siempre por las rentas gene­
rales de la nación, entonces todo sugiere que se deben fomentar seguros 
más eficientes, menos dependientes del mercado de trabajo, y con menos 
resquicios para la desigualdad institucional. En el caso de los seguros 
provinciales, la situación se agrava porque sus ministerios de economía 
las hacen operar como cajas compensadoras de sus déficit financieros 
corrientes. Se necesitan allí seguros que respeten las restricciones fiscales, 
que compitan, que eliminen la ineficiencia, y que amplíen la privatización 
del financiamiento. En el caso de los seguros no solidarios, hay que
3 6 0  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
resolver la subcobertura (por carencias y exclusiones) y la falta de requi­
sitos financieros suficientes y de un marco regulatorio adecuado.
En la Argentina, entonces, hay unos 20 millones de personas ase­
guradas, algo así como el 60% de la población. El resto se atiende con 
proveedores públicos de servicios, o privados financiados con el gasto de 
bolsillo. La limitada cobertura, y la mezcla público/privado — con sesgo 
público—  en el mercado de los seguros, abre oportunidades para la 
actividad privada a través de la eliminación de la cautividad actual de 
los afiliados a seguros públicos y semipúblicos. No obstante, como el 
Ministerio de Salud y Acción Social no impone ni crea condiciones para 
la libre elección del sistema de obras sociales, ni permite que nuevos 
agentes se incorporen al sistema del seguro por la desregulación cerrada 
que lleva adelante, este se ajusta con la aparición junto a los seguros 
públicos y semipúblicos de entidades que administran las cuota de capi­
tación y el factor de riesgo, y aumentan en definitiva la intermediación 
entre aportantes y prestadores de servicios. Este surgimiento de entida­
des de administración de las cuotas per cápita, conduce a nuevas formas 
de contratación, donde la utilización de módulos, el control de (as tasas 
de utilización, la auditoría, la segunda opinión médica externa, ponen 
límites a la capacidad del sector prestador de servicios de ajustar sus 
ingresos en base a la cantidad, ante la caída de sus precios. En esas 
circunstancias, el propio sector de prestadores se reorganiza para adap­
tarse, dejando la solidaridad gremial a un lado y convirtiéndose en 
entidades comerciales que se ajustan a las leyes del mercado.
4. NUEVAS FORMAS DE ORGANIZACIÓN:
LAS ADMINISTRADORAS DE PRESTACIONES
La aparición de empresas administradoras de las cuotas de capitación es 
un signo del nuevo comportamiento del mercado con estabilidad econó­
mica. El fin de la inflación impidió a las obras sociales licuar deudas con 
los prestadores de servicios y algunas reconocieron su incapacidad de 
gestionar contratos de riesgo. Se instaló así la práctica de transferir las 
cuotas de capitación a otras entidades, las que se hicieron cargo de or­
ganizar las prestaciones médicas a los afiliados. Esto ocurrió tanto en el 
caso del p a m i con la transferencia de sus recursos a e q u is a l  en la provin­
cia de Buenos Aires, como en el caso de las obras sociales de la a n s s a l
LA REFORMA AL i IN WLIAMU.NTO DE LA SALUD EN! ARGENTINA 3 6 1
que celebraron convenios con empresas como Full Medicine en Santa Fe, 
G y S en Córdoba, Diagnos, y otras. Inicialmente, la práctica de la ad­
ministración del riesgo estuvo en manos de las propias organizaciones 
profesionales (como en el caso de los colegios médicos). Con posteriori­
dad al decreto de desregulación de octubre de 1991, y del decreto 9 de 
1993 que impidió la negociación colectiva de la cantidad y precio de las 
prestaciones, los profesionales se organizaron en otras entidades aunque 
operando en realidad conforme a prácticas establecidas por las viejas 
organizaciones profesionales. Actualmente, hay varias provincias con 
asociaciones de clínicas y de colegios médicos que operan como admi­
nistradoras de prestaciones para recibir las cuotas de capitación de las 
obras sociales.
F.n otros casos, los colegios médicos, sin visión comercial, no su­
pieron operar en un mercado estable reflejando costos. La inefíciencia de 
estas entidades, con una estructura de gastos administrativos sobredi- 
mensionada, generó problemas con el pago a los prestadores de servicios 
y eventualmente condujo al corte de ellos. El descontento de las obras 
sociales grandes y la diferenciación social creciente al interior de los 
grupos médicos entre aquellos con y sin capacidad de internación, crea­
ron condiciones para la ruptura de la solidaridad entre los profesionales 
y la aparición de administradoras de prestaciones. Desde el punto de 
vista jurídico no hay un régimen especial para ellas, y la simple consti­
tución en sociedades anónimas no las saca de la zona gris en la que se 
han ubicado considerando la regulación existente (ley de seguro nacional 
de salud), que no parece contemplarlas. Más aún, dado que estas empre­
sas operan cobrando y dando prestaciones por mes, resulta que las exi­
gencias de reservas técnicas v la necesidad de solvencia inmediata son 
tal vez mayores que en las primeras.
F.mpero, esta asociación de las obras sociales con otras entidades las 
descalifica ante el afiliado, por varias razones. Primero, porque ante el 
vacío regulatorio, existe la posibilidad de fraudes generados por la recep­
ción de cuotas, el no pago a los proveedores de los servicios y la desapa­
rición repentina. Segundo, porque las obras sociales una vez que traspa­
san las cuotas se despreocupan de las prestaciones, con lo cual no hay 
garantía respecto al control de calidad. Tercero, porque las administrado­
ras motivadas por la necesidad de ampliar sus márgenes de utilidad, 
ponen en marcha prácticas de exclusión y carencias que desnaturalizan 
el sentido solidario de las obras sociales.
3 6 2  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
El otro aspecto que hay que destacar aquí en relación con la proba­
ble evolución de estas administradoras de prestaciones, es que han 
empezado a sentir el impacto de la dinámica financiera de las obras 
sociales. Como se vio, sus ingresos tienden a estabilizarse y a concentrar­
se el au m en to  de la recau dación  en  el tercio d e  las obras  con  una m inoría  
de afiliados. La mayor parte de ellas, sin embargo, ven empeorar su 
situación relativa. Eso crea para las administradoras de prestaciones una 
dependencia de pocas obras sociales buenas pagadoras, mientras que 
acumulan con las restantes un atraso en sus ingresos. Ello provocará 
eventualmente una reestructuración al interior de las propias administra­
doras de prestaciones, hoy en una etapa incipiente y de rápida proli­
feración. Esta creciente amenaza de crisis financiera ha llevado a las ad­
ministradoras a diversificar con las aseguradoras de riesgo del trabajo 
( a r t ) .  Como cuentan con una red de proveedores de servicios instalada 
(propios o contratados), esperan obtener su margen de utilidad a partir 
de la diferencia entre las tasas de uso promedio del mercado y las de los 
proveedores propios. En todo caso, debido a la desregulación cerrada 
estas organizaciones permanecerán en el futuro inmediato, y se hará 
intensivo el uso de los controles de utilización, auditorías y control sobre 
los proveedores.
L a  r e a c c ió n  d e  l o s  p r e s t a d o r e s  d e  s e r v ic io s : b io q u ím ic o s  y
MEGAI ABORATORIOS
Con el decreto 9 de 1993, se intentó poner fin a la celebración de los 
convenios con las organizaciones profesionales. La consecuencia fue la 
aparición de entidades de carácter comercial con la finalidad de captar 
los convenios de las obras sociales. En el caso de los bioquímicos de 
Buenos Aires el impacto de esta dualidad organizativa fue el debilita­
miento de la federación bioquímica, que existe para centralizar informa­
ción, acopiar opiniones y mantener contactos estratégicos. En mercados 
locales como los de Mendoza, Salta y sur de Córdoba, los bioquímicos 
han incorporado tecnología (autoanalizadores) creando megalaboratorios 
en nuevas entidades comerciales que se han organizado a partir de las 
viejas asociaciones de bioquímicos. Estos proyectos requieren volumen 
(unos 2 000 a 2 500 análisis diarios). En la Argentina se procesan 10 
millones de análisis por año (40 000 diarios). Con los autoanalizadores,
LA RFLORMA Al. í l \  W UIAM II \T O  DL I A SALUD CN ARGENTINA 3 6 3
y la derivación de servicios a terceros habrá pérdida de participación 
para algunos de los 14 mil bioquímicos que no se incorporen a las nuevas 
organizaciones. Si esta situación se inserta en el panorama de concentra­
ción de ingresos del mercado bioquímico donde un 20o» de los profesio­
nales obtiene el 60° de los honorarios, el cuadro final es de cada vez 
menos profesionales con mavor ingreso y poder al interior del mercado. 
Ello pese al ingreso irrestricto a la universidad, lo que revela la inefi­
ciencia de la política pública educativa en la asignación de recursos.
Estas nuevas formas de organización cumplen además otras funcio­
nes. En Mendoza, la creación de Analizar S.A. ha servido para seleccio­
nar y diferenciar a los profesionales. Ante el fracaso de los tribunales de 
ética para vencer el poder corporativo, la entidad comercial realiza una 
asignación de acciones en forma selectiva. Esto se suma a la proveeduría 
que realiza la asociación bioquímica, que compra insumos al por mayor 
a laboratorios multinacionales y los vende al Estado operando como 
distribuidor local con respaldo profesional. Esta modalidad comercial y 
la nueva entidad que agrupa selectivamente a los profesionales ejem­
plifican la transición por la que atraviesan las entidades intermedias. De 
lo gremial y solidario se pasa a un esquema competitivo y comercial. En 
Salta, esta transición avanzó aún más. Allí, la asociación bioquímica 
correspondiente estableció un servicio propago y una sociedad comercial 
con un megalaboratorio. Procesa gran parte de los análisis para los la­
boratorios de la ciudad. Cada accionista (recientemente se ha concen­
trado el control mediante una nueva emisión de acciones) envía sus 
muestras, luego recibe los resultados y, mensualmente, el cargo en su 
facturación que le hace la asociación bioquímica por los costos respecti­
vos. Se alcanza así el volumen para cubrir los gastos fijos, se controla la 
calidad de los insumos, se reducen los costos por análisis, y se libera 
tiempo para el bioquímico. El potencial de servicios al sector público por 
derivación a terceros, también ha sido aprovechado. La atención a 15 
centros periféricos ha permitido desde la detección de sífilis en madres 
embarazadas, la identificación de parásitos en los individuos, y proble­
mas de anemia, hasta la confección de estadísticas sistemáticas.
3. Datos obtenidos en la C ontedoración Unificada Bioquímica de la República Argen­
tina, de Rueños Aires, en la Asociación Bioquímica de M endoza, en la Asociación  
Bioquímica de Salta, y en la Asociación Bioquímica de Santiago del Estero, en reuniones 
personales con sus autoridades.
3 6 4  ENSAYOS SOBRH EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
En todo caso, lo que se quiere señalar aquí es que mientras las obras 
sociales se asocian a entidades de administración del riesgo aumentando 
la intermediación y presionando sobre los prestadores de servicios, estos 
no parecen atomizarse sino que realizan una nueva reagrupación más 
selectiva, buscando facilitar el acceso a la tecnología, abaratar costos, 
ganar ventajas de escala, y  abrir finalmente cursos de acción de carácter 
comercial. Como los prestadores asociados entran así en negociaciones 
con unos pocos seguros sindicales y  apenas dos seguros públicos (el pa m i 
y  la obra social provincial), el mercado parece cam inar hacia un 
oligopolio bilateral.
L a  t r a n s n a c i o n a l i z a c i ó n  d e  l o s  s e g u r o s  y  d e  l o s  p r o v e e d o r e s
La tercera modificación comercial de los servicios de salud en condicio­
nes de estabilidad y apertura económica ha sido la transnacionalización, 
tanto de los seguros como de los proveedores. El país asiste a la confi­
guración de redes y de nexos y corredores de atención con el exterior. 
Esto presiona al capital local a lograr una estrategia de desarrollo aso­
ciado. En esta etapa, el sector salud es parte de una línea adiciona) de 
valorización indiferenciada del capital que opera a través de grandes 
conglomerados. Bancos multinacionales como el Santander intentan in­
gresar al campo de la salud. El Banco Roberts, asocia su seguro de salud 
prepago a una obra social y opera dentro del sistema de la ANSSAL. El 
Exxel Group (capital de Rockefeller y Getti) ha comprado las empresas 
de medicina prepaga Galeno, Life, el Sanatorio Trinidad, el total de las 
acciones del Sanatorio Jockey Club, la empresa Tim, y tiene perspectivas 
de adquirir Salud, el Sanatorio Lomas de San Isidro y el Sanatorio 
Anchorena, que incluirá además su Medicina Omega. El mercado de las 
empresas de medicina prepaga de 2.3 millones de personas, tiene ahora 
un protagonista que domina el 5% del total y que fusiona en su interior 
las entidades que compra. Pero, lo interesante no es tanto el hecho de que 
la concentración de! negocio ha entrado en una fase de rápida aceleración 
e internacionalización, sino más bien la cuestión de que la financiación y 
prestación de servicios restauradores de la salud surgen en el contexto de 
un consorcio empresarial que se dedica a producir desde alimentos (Pizza 
Hut), detergentes (Ciabasa), Electricidad (Edesal), papel Tissue, y tarjetas 
de crédito (Argencard). Todo indica que en su desempeño este bloque de
LA Kl-HORMA Al. IIX .W C  lAMILNTO DE LA SAI UD EN ARO ENTINA 3 6 5
capital subsidia con cargo a otras actividades las líneas estratégicas que 
quiere consolidar. Así, cuando Esminsa (el área de medicina laboral del 
grupo Exxel) se presenta a concurso de precios para prestar el servicio 
en alguna firma, muchas empresas de medicina prepaga se retiran por­
que no pueden competir con los valores que fija este consorcio de 
inversores (Ámbito financiero, 1996).
En hemodiálisis, la presencia de una firma transnacional dio origen 
al proyecto de asociación de los prestadores de servicios nacionales para 
reducir costos en los insmnos. Luego de cerrarse un convenio entre esa 
firma y una obra social importante, hubo un conflicto que terminó con 
la apertura del m ercado nuevam ente a los pequeños y m edianos 
oferentes de servicios, aunque a menores precios. La aparición de una 
sola firma nueva cambió la estructura del mercado e instale) la compe­
tencia oligopólica. En realidad, Beneficios Médicos Internacionales S.A. 
(hmi Argentina) es un proyecto que convoca a tres empresas: a SM/ Risk 
Management Inc., con experiencia en el campo de seguros de salud y vida 
y de gestión la atención médica; a Miami Medical Center, USA, Inc., una 
red de prestadores de servicios de salud con sede en Miami y cobertura 
mundial, con 4 mil clínicas y sanatorios y alrededor de 300 mil profesio­
nales médicos adheridos a su red internacional; y a la firma Ríidny Team, 
consultora de origen nacional que se asocia al proyecto para abrir el 
mercado. Para prestaciones de alta complejidad médica, están disponi­
bles el Cedars M edical Center, el jackson M emorial H ospital, el M.D. 
Anderson, o el Texas Children s Hospital (Ámbito financiero, 1996).
En relación con la presencia de empresas extranjeras, las estrategias 
varían desde la transferencia de la marca hasta los acuerdos de mercado. 
Basta mencionar la instalación de Silver Cross America, Inc. y el convenio 
celebrado entre el grupo asegurador Omega y la empresa de salud 
americana Blue Cross-Blue Shield (Ámbito financiero, 1995). En el caso de 
Blue Cross, la firma comenzará a operar en el campo de la medicina 
prepaga con experimentadas técnicas aseguradoras. Cuenta en los Esta­
dos Unidos con millones de beneficiarios y ofrecerá su red mundial a los 
asociados locales con coberturas variadas, que incluyen tratamientos de 
sida e intervenciones de alta complejidad. Silver Cross es otra marca que 
se ha instalado en el país, cediendo su representación a una administra­
dora de prestaciones con sede en la ciudad de Córdoba. En el área far­
macéutica, la concentración y centralización tampoco está ausente. Bayer, 
Boehringer Ingelheim, Casaco, Ciba y Gador se han unido en farmanet,
366 ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
o sea una red para la distribución farmacéutica (Ámbito financiero, 1996). 
Esta alianza estratégica se realiza a los fines de obtener ventajas de escala 
y anticipa el país de redes que surge.
Este panorama parece confirm arse con el caso del Brasil, que 
desreguló la entrada de compañías de seguros de salud internacionales 
y, vía Mercosur, establecerá su presencia en la Argentina. Finalmente, 
están las aseguradoras de riesgos del trabajo. La ley exige en esta materia 
redes provinciales y la ocurrencia del accidente laboral requiere una 
organ ización  e fica z  para traslados  de urgencia y las derivaciones a 
policlínicas de especialidades. La experiencia comparada indica que las 
administradoras de riesgos del trabajo podrán, una vez que hayan mon­
tado sus redes, administrar los riesgos de la salud. En esta nueva etapa 
de concentración de carácter transnacional, el sector salud presenta ras­
gos definidos entre los que se destacan el ingreso de capitales extrasec- 
toriales, la concentración de capitales en el modelo prestador de servi­
cios, el aumento de las inversiones en bienes de capital, el deterioro del 
sistema de atención médica de la seguridad social, los desequilibrios de 
los seguros públicos y semipúblicos, el crecimiento de los sistemas de 
medicina prepaga y de administradoras de riesgo, la implantación de 
sistemas cerrados de atención médica, los cambios en las modalidades de 
contratación y pago, los contratos de riesgo y las tablas arancelarias 
globalizadas y simplificadas, la disminución en cantidad y calidad del 
aparato de prestaciones estatal, la pérdida de poder de las corporaciones 
sectoriales, el establecimiento de un cordón urbano de servicios de salud 
en las grandes ciudades, la aparición de redes, y el aumento de las di­
ferencias institucionales de cobertura. Considerando esos cambios obser­
vados en el mercado, el gobierno nacional ha implementado una serie de 
normas para mejorar el funcionamiento del sector salud. La sección final 
de este trabajo se concentra en las medidas tomadas y los proyectos de 
reforma en discusión.
5. POLÍTICA Y DECRETOS
Antes de abordar las normas específicas del sector salud (Paiz, 1995), hay 
que referirse al decreto 2.284 de 1991 que desreguló varios aspectos de 
la economía y normativas de la salud alterando la correlación de fuerzas 
en favor de algunos actores. En efecto, los artículos 8 y 9 eliminaron los
LA lUIOKM  \ Al 1 1 \  W CIAVIII \  IO DR LA SAl-LD FN A ROI ..\TIK A 3 6 7
bloqueos a la libertad particular para convenir honorarios, pero nada se 
dice de las obras sociales. Esto fomentó los convenios con algunos pro­
fesionales (con establecimientos de internación) en deterioro de la libre 
elección del prestador de servicios por los afiliados, que continuaron 
cautivos en las obras sociales. Como el usuario no tiene libertad para 
cambiar de obra social, la medida olvidó al consumidor al que pretendía 
proteger. Al interior del grupo médico, los propietarios de sanatorios y 
clínicas quedaron en una situación privilegiada en relación con quienes 
solo cuentan con su fuerza de trabajo, lo que condujo a la aparición de 
uniones transitorias de empresas y a la fractura de algunas entidades 
intermedias profesionales. HI problema del decreto entonces al no elimi­
nar el factor cautividad de las obras sociales, es que en la práctica se 
desreguló a las entidades profesionales, se dejó intacto el poder sindical, 
y se olvidó al usuario.
Las políticas sustantivas del sector se enuncian en el decreto 1.269 
de 1992, que fija como objetivo un sistema basado en criterios de equi­
dad, solidaridad, eficiencia, eficacia y calidad. Enfatiza la integración del 
área estatal de salud con los demás sectores y el mejoramiento del acceso 
a los servicios mediante la optimización del uso de los recursos, teniendo 
como ejes la descentralización y la conformación de redes locales de 
complejidad creciente. El decreto 432 de 1992 (programa de garantía de 
calidad) promete habilitar y categorizar establecimientos, controlar el 
ejercicio profesional, evaluar servicios de atención, fiscalizar y hacer el 
control sanitario, etc. Este planteo confronta una realidad donde el sector 
aparece como inequitativo (gasto privado creciente y estancamiento de 
las formas alternativas de financiamiento), poco eficaz (sobreoferta y 
rendimientos decrecientes), ineficiente (hipertrofia de la intermediación, 
prima adicional excesiva v cautividad), y con problemas de acceso 
(subcobertura y discontinuidad de la misma). Además, el argumento de 
la integración parte de la falsa premisa de que existe una desarticulación 
entre el financiamiento (de los seguros), el sector publico y el privado, 
y entre estos dos últimos entre sí. En realidad, el sector salud está inte­
grado solo que con una división del trabajo implícita que deja al sector 
público la atención no rentable, la función de reaseguro para los enfer­
mos concentradores de costos y los asegurados durante los cortes de 
servicios, y la generación de subsidios subyacentes a la medicina comer­
cial. Finalmente, en el sector privado la situación se ve de un descontrol 
generalizado, con lo cual la política enunciada y la ejecución de los
3 6 8  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
decretos parecen tener problemas de eficacia en sí mismas. Ello, pese a 
que la resolución 143 de 1993 establece las responsabilidades funcionales, 
las fechas para ejecutar las metas, y  hasta la obligación de informes 
mensuales de avance.
D e c r e t o s  9 v 578 d l  1993.
L ib e r t a d  d e  c o n t r a t a c i ó n  y h o s p it a l e s  d e  a u t o g e s t i ó n
El decreto 9 de 1993 introdujo modificaciones referidas tanto a las obras 
sociales como a la relación entre los prestadores de servicios. Se establece 
el criterio de libre elección de los afiliados de las obras sociales (pero no 
se reglamenta luego la forma de depósito de los aportes a la nueva obra 
social elegida, lo que desnaturaliza la reforma). Se enuncia que habrá 
prestaciones básicas — programa médico obligatorio ( p m o )—  y el meca­
nismo de compensación entre los aportes y el costo de la misma (enun­
ciado que luego se desnaturaliza al diseñarse el p m o  sin vincularlo a la 
restricción presupuestaría). Se liberan las contrataciones y los aran celes  
entre obras sociales y prestadores y se establece que las obras sociales 
podrán fusionarse, federarse o unificarse (es decir, se atomiza la oferta 
y se concentra el pagador). Se menciona que los contratos deben tener 
criterios de categorización y acreditación (con lo que, se privatiza de 
hecho lo que es responsabilidad pública) y, a los fines de eliminar el 
subsidio implícito de los hospitales a las obras sociales, se determina la 
obligatoriedad del pago por parte de estas últimas al establecimiento 
público. En suma, el decreto enuncia cosas que no cumple y autoriza la 
contratación directa no regulada por el nomenclador, introduciendo la 
competencia en precios entre los prestadores de servicios mientras au­
menta el poder de las obras sociales mediante las fusiones. Completa así 
el decreto de 1991, que eliminó la participación de entidades intermedias 
en los convenios.
El decreto 578 por su lado plantea un nuevo marco para los hospi­
tales públicos, haciendo obligatorio el pago de sus servicios para aquellas 
personas que tengan cobertura de obras sociales, m utuales, planes 
prepagos, seguros u otros similares. Se establece asimismo la descentrali­
zación de los hospitales y la integración de redes de servicios. A los efectos 
de mejorar la administración interna, se autoriza la utilización de los 
recursos percibidos por la venta de servicios para recrear una estructura
I A REFORMA Al I l\ WCIAMIENTO DE LA SAI UD EN AKC¡ENTINA 3 6 9
de incentivos que permita cl reconocimiento de la productividad y la 
eficiencia de! personal. Si bien el decreto prevé que los hospitales sigan 
recibiendo los aportes presupuestarios, sugiere ir reem plazando el 
financiamiento de la oferta por un subsidio a la demanda, dejando abier­
ta de ese modo la posibilidad de la creación de seguros públicos de 
salud.
El proyecto de los hospitales de autogestión ha sido observado 
críticamente. Se hace notar que enfatiza el lado de los ingresos descui­
dando la lógica del gasto, modelada en parte por esquemas donde el 
sector privado busca sinergias operativas con el sector público. La 
interacción público/privado se da en el desempeño asincrónico de fun­
cionarios públicos que trabajan sin bloqueo de título por la mañana y 
como prestadores privados de servicios por la tarde. Desde esta óptica, 
no se puede concebir el funcionamiento hospitalario en un marco de 
equilibrio microinstitucional con problemas de incongruencia de metas 
o de capacidad de gestión, sino que es preciso repensarlo a la luz de la 
forma de operar del propio sector privado. Así, cuando la forma de pago 
predominante es por acto médico, el hospital público permite la trans­
ferencia de pacientes con cobertura de seguro, la utilización de insumos 
y equipos en forma privada, y él mismo se convierte en una desorga­
nización organizada. Es un ámbito donde predomina el convenio ver­
ba!, donde el horario posible es el que deja libre la actividad privada, y 
donde el pago por tiempo trabajado y no por paciente atendido termina 
por generar una cultura de cumplimiento parcial. Cuando la forma de 
ingreso en el subsector privado es determinada por la capitación, enton­
ces el hospital público pasa a ser un medio para la reducción de costos. 
Se requiere la organización de la institución, más turnos de cirugía, 
guardia permanente de enfermería, y la expansión del papel del médico 
residente. De esta manera, la forma cíe obtener una sinergia operativa 
pasa del incremento de los ingresos a la transferencia de los costos desde 
el sector privado al público. Los problemas aparentes del hospital son en 
realidad la manifestación de una racionalidad instituida por la lógica de 
la articulación público/privado.
Súmese a la lógica sistêmica planteada, que parece difícil hacer 
competir al hospital con el sector privado por la facturación a las cabras 
sociales cuando los hospitales tienen prácticas administrativas centrali­
zadas, relaciones laborales rígidas, ausencia de incentivos adecuados, 
déficit de información, y un régimen jurídico que vuelve inoperante a la
3 7 0  ENSAYOS SOfîKE EL FINANCIAMIENTO DF LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
organización por su sistema de gestion adaptada a un esquema presu­
puestario que se utiliza para introducir ajustes de carácter fiscal. En 
última instancia, la experiencia indica que el comportamiento de los 
hospitales no ha sido homogéneo. Hay casos donde se ha conseguido 
mejorar el flujo informativo mediante la articulación con los padrones de 
la Dirección General Impositiva. En otros, la facturación ha permitido 
una contribución a los ingresos. En muchos casos, sin embargo, la rea­
lidad del hospital de autogestión no parece avanzar. Finalmente, el 
mecanismo de facturación generó un negocio para consultoras privadas, 
que buscan la documentación, la procesan en sus instalaciones y hacen 
el trámite ante los pagadores, obteniendo un porcentaje del monto total. 
Este resultado no debe asombrar. En los programas europeos de compe­
tencia pública (Saltman y von Otter, 1994), la idea de transformar enti­
dades asistenciales en empresas públicas, de permitir la elección libre de 
prestadores públicos y de trabajar con presupuestos flex ib les  para pre­
miar aquellos establecimientos públicos que operan eficientemente y 
desfinanciar (y cerrar) los inoperantes, ha tenido una regular implemen- 
tación, ha requerido más tiempo que el pensado y una tecnología de 
gestión que en la Argentina resulta inexistente.
El convertir un establecimiento asistencial en una empresa pública 
(hospital de autogestión) requiere pautas de integración vertical y hori­
zontal con distintos niveles de atención, lo que es difícil de alcanzar en 
la práctica. Asimismo, como la mayoría de los hospitales son provinciales 
y los centros primarios tienden a ser municipales, los problemas de in­
tegración política no pueden ser minimizados. For Liltimo, para una tra­
dición que desvirtuó el presupuesto hospitalario transformándolo en 
muchos casos en recipiente de cajas chicas con envíos de partidas de 
refuerzo en  form a  irregular, pensar en un sistema de presupuestación 
flexible con transferencia de partidas entre establecimientos suena irreal. 
Si a ello se le suman los argumentos adelantados an teriorm en te  sobre 
concentración de camas, tamaño relativo de los hospitales, división del 
trabajo entre el sector público y privado en materia de especialización, 
entonces deberían repensarse las tácticas apropiadas dentro de una es­
trategia de autogestión.
Lo que el sector público parece necesitar no es tanto introducirle la 
lógica comercial, que hace que hoy ciertos establecimientos se ocupen de 
atender pacientes que pertenecen a una obra social ajustando por cola y 
tiempo de espera al no asegurado, sino precisamente lo contrario. El
LA REFORMA Al 11\ W C IA M II.M O  DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 7 1
sector público está privatizado de hecho. Hay una captura de prestacio­
nes que debería ser neutralizada por una política que estatice lo público 
y haga estrictamente privado el sector privado. Solamente es posible 
pensar en mayor eficiencia en la medida en que las reglas de juego que 
subyacen tras los métodos de gestión no respondan al establecimiento de 
mecanismos sinérgicos que favorecen al sector privado. Parece una in­
consecuencia que la autogestión deba servir para que los prestadores 
privados de servicios bajen sus costos fijos atendiendo con lógica comer­
cial dentro de los establecimientos públicos, mientras la gente que más 
precisa atención empieza a ser desplazada por la falta de seguro. El sector 
público debe cambiar. Debe ajustarse a la restricción presupuestaria, 
cerrar áreas que no tienen razón de ser, explicitar los subsidios asignados 
y, en definitiva actuar con una lógica que no es la comercial. Una vez que 
se haya superado la desorganización organizada que lo caracteriza, se 
debe entonces encarar la gestión en forma eficiente. Pensar qrie sus pro­
blemas actuales son apenas una cuestión de gestión es una simplificación 
excesiva. Una vez que el sector público sea reestatizado, se podrá orga­
nizar como corresponde.
Rl MICCIÓN DL APORTFS:
DhCKinxK 2.609 di 1993 Y 372 oh 1995
En marzo de 1994, el decreto 2.609 redujo los aportes patronales por 
actividad económica y por zona geográfica. El impacto sobre la recauda­
ción de las obras sociales fue variado. I-a comparación mensual con la 
realizada el mismo mes del año anterior mostró cuatro efectos diferentes-, 
hubo obras sociales afectadas por el decreto que tuvieron aumento en la 
recaudación, y otras en las cuales hubo una caída en sus ingresos. Por 
otro lado, hubo entidades con incrementos y con disminución de los 
recursos pese a no estar alcanzadas por la norma legal. Esto sugiere que 
la recaudación se ve afectada por el posicionamiento relativo de los 
diferentes sectores de actividad en la reconversión de la economía, ade­
más de la reducción de los montos de los aportes. En todo caso, lo 
importante parece haber sido la disminución de la tasa de crecimiento de 
la recaudación manteniéndola oscilante entre valores de crecimiento 
positivo y negativo alternadamente en el tiempo. Ocurrida la crisis 
mexicana, el pais renegoció metas con el Fondo Monetario Internacional
3 7 2  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
incrementando el su peráv it fiscal esperado para 1995. En ese contexto se 
dictó el decreto 372, que aumentó los aportes modificando las cotizacio­
nes del decreto 2.609 y extendió el beneficio a la totalidad de las activi­
dades económicas.
D e c r e t o  292: S u b s id i o  a u t o m á t ic o ,  e l im in a c ió n  d e  m ú l t ip l e s
COBERTURAS Y LIBRE ELECCIÓN PARA AFILIADOS DEL PAMl
El tercer cambio en los aportes patronales ocu rrió  en  agosto de 1995 con 
el decreto 292, que los redujo en base a un cronograma preestablecido y 
los extendió a todas las actividades económicas — salvo las del subsector 
público—  a las tasas establecidas en el decreto 2.609. La norma introdujo 
también cambios en las obras sociales, en el fondo de redistribución 
automática, y  en el p a m i. Se estableció un mecanismo automático de asig­
nación de subsidios, y en los casos en  que el aporte de! titular fuera 
inferior a 30 pesos el fondo solidario completaría los recursos hasta la 
suma mencionada. Esto significó ajustar los aportes por ingreso y limitar 
la entrega discrecional de subsidios en la ANSSAL. La idea fue fijar la 
asignación per cápita para la cobertura básica y facilitar la libre elección 
sin caos. La evidencia muestra que el cambio ha sido eficaz, aunque al 
no existir libre elección se concentraron m ás recu rsos en  obras sociales 
grandes, con dispersión salarial, y  aumentó la cuota per cápita promedio 
de las mismas.
El decreto 292, vuelve sobre el artículo 8 d el decreto 576 de 1993 
(reglamentario de las leyes 23.660 y 23.661) que se refiere a la eliminación 
de múltiples coberturas y beneficiarios del p a m i. En caso de silencio del 
titular, presume que los aportes deben unificarse en  la obra social que 
obtiene la suma mayor, y dispone la unificación de aportes en un solo 
agente del seguro en casos de beneficiarios con pluriempleo. En lo refe­
rente al pa m i, reafirma la libertad de elección del decreto 576 para los 
jubilados y  fija su ejercicio en una vez por año. Adicionalmente, se crea 
un registro especial para las entidades que quieran recibir jubilados, ha­
ciendo obligatorio para los agentes inscritos  recibir a los beneficiarios 
que opten por ellos. La otra modificación importante en relación con el 
PAMi es que discrimina las cuotas per cápita entre individuos de distintos 
niveles de riesgo (según edad). Las personas de más de 60 años reciben 
una cuota de 36 pesos, las que estén entre 40 y  60 años 19 pesos, y para
IA  REFORMA A t FIN WCIAMIENTO ME I. A SAt.UD EM ARGENTINA 3 7 3
los menores de 40 años la asignación por beneficiario (no por titular) será 
de 12 pesos. Estos valores se modifican por resolución ministerial y las 
cuotas se transferirán directamente a los agentes del seguro elegido por 
la Administración Nacional de la Seguridad Social (este aspecto ha sido 
eliminado, recientemente). Finalmente, el decreto redefine al p a m i como 
un seguro de salud, pasando a la Secretaría de Turismo los servicios de 
turismo y recreación, y a la Secretaría de Desarrollo Social las pensiones 
no contributivas.
Dm. r u t o  492 d e  1995:
P r o g r a m a  m é d ic o  o r í ic. \t o r io  y  íu s io n e s  d e  o b r a s  s o c ia i .e s
El decreto 492, de septiembre de 1995, fue el resultado de la reacción 
política sindical al decreto 292, y tuvo dos consecuencias: disminuir la 
reducción de los aportes patronales, y montar un esquema de fusiones 
de las obras sociales basado en el poder sindical y no en la competencia 
y el mercado. La norma tiene seis capítulos: programa médico obligato­
rio, fusión de obras sociales, reducción de la rebaja del aporte patronal, 
trabajadores de tiempo parcial, transformación y disolución de los ins­
titutos de servicios sociales, y disposiciones finales.
En relación con el programa médico obligatorio ( p m o )  crea una co­
misión técnica para su formulación, cuyos integrantes serán designados 
por el Ministerio de Salud y Acción Social y la Confederación General 
de Trabajo (c g t ). El p m o  fue dictado mediante resolución ministerial 247, 
y en él se describen las intervenciones médicas incluidas, así como los 
copagos y coseguros autorizados. Prima facie, el p m o  es todo lo que hoy 
existe y lo que en el futuro aparezca y se defina o considere por la 
autoridad de aplicación fundamental por la práctica médica. Este prin­
cipio se confirma al decir la resolución hacia el final, que todas aquellas 
prácticas no contempladas en este PMO podrán ser brindadas por las 
obras sociales a través del mecanismo de la vía de excepción. En dos 
palabras, se separó al p m o  de la restricción presupuestaria. El PMO establece 
qué se debe dar. Las tasas de uso indicarán la frecuencia, y las nego­
ciaciones con los prestadores, los precios. Lo probable es que las obras 
sociales con recursos suficientes para cubrir el PMO traspasen cuotas de 
capitación a otras entidades, y estas al establecer tasas de uso y las cuotas 
a los prestadores de los servicios, dislocarán la cuestión del punto de
3 7 4  ENSAYOS SOBRE El. FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN  SALUD
equilibrio de las empresas de salud. En este caso, la escala de producción 
y la reducción de los costos medios será de capital importancia.
Con respecto a los recursos, el decreto 492 eleva la cotización mí­
nima obligatoria a 4ü pesos (un tercio más que lo propuesto en el decreto 
292) destinada a los fondos distribuidos automáticamente. Este cambio 
no se debe a un cálculo técnico que relacione el nuevo porcentaje de 
aportes patronales con la cuota de 40 pesos, sino que tal suma fue fijada 
arbitrariamente. Como consecuencia, han reaparecido fondos distribui­
dos discrecíonaimente por a n s s a l . Además, como el p m o  excede la coti­
zación mínima subsidiada automáticamente, la libre elección requeriría 
aumento de los fondos para su implementación. El decreto se ocupa 
luego de la fusión de obras sociales, fijándose 60 días para que cada 
agente del seguro de salud que no pueda brindar el programa médico 
obligatorio proponga a la a n ssa l  su  fusión con otra organ ización . En el 
caso de que dicha propuesta no se concrete, la a n ssa l  dispondrá la fusión 
obligatoria con otro u otros agentes del seguro de saíud. El proyecto del 
Banco Mundial en marcha deberá entonces respetar la norma, con lo cual 
las fusiones por competencia del mercado desaparecen y lo que se hará 
es financiar en realidad el realineamiento del poder sindical.
El capítulo tercero del decreto 492 incrementa los recursos de las 
obras sociales al reducir ia rebaja del aporte patronal del 6% al 5% para 
todas las actividades y en todas las regiones, y el capítulo cuarto modi­
fica el régimen de cobertura de salud de los trabajadores de tiempo 
parcial. Mantiene el límite de las remuneraciones en tres ampos (unidad 
de medida del sistema previsional) para obtener las prestaciones de la 
seguridad social, y para participar en la distribución automática de los 
subsidios. Esta disposición avanza hacia la generalización del subsidio 
individual ajustado por ingreso, sin discriminar por ia dedicación de 
tiempo al trabajo. Para los casos de remuneraciones inferiores a los tres 
ampos, las prestaciones de la seguridad social serán proporcionales al 
tiempo trabajado y a los ap ortes  y  contribuciones efectuados. Para la 
cobertura de salud, sin embargo, el decreto establece que para optar a los 
beneficios de ia obra social y a ios subsidios automáticos, los trabajadores 
deben integrar el aporte de su cargo y la contribución del empleador 
correspondientes a un salario de tres ampos. En caso de no ejercer la 
opción antes indicada, tanto el trabajador como el empleador quedarán 
eximidos de sus aportes y contribuciones para este régimen. El trata­
miento para la cobertura de salud d e  los trabajadores de tiempo parcial
I.A KKFORMA a i ! I\ WC1AMII \ IO  UF LA SALUD EN ARGENTINA 3 7 5
que ganan menos de tres ampos, pone en manos de los trabajadores que 
menos ganan el peso de pagar por sí mismos la contribución patronal, 
lo cual es un criterio regresivo. Más aún, esto torna precario el empleo 
al fomentar el reemplazo de trabajadores de mayor remuneración por 
otros de menor ingreso para bajar a cero el aporte patronal. Todo lo cual 
confirma los problemas del sistema de cobertura vinculado al empleo, el 
cual desestabiliza el financiamiento y genera la exclusión por razones de 
ingresos.
En suma, este decreto sugiere que la institucionalidad del sector 
salud deriva de la correlación de fuerzas sociales que modelan sus reglas 
de juego. En dos meses, se cambiaron los aportes patronales, el nivel de 
la cuota per cápita, y la normativa del trabajador de tiempo parcial, cuyo 
origen era reciente. Con relación al programa médico obligatorio y el 
sistema de fusiones diseñado, el procedimiento deja claro dos cosas: por 
un lado, que la Confederación General de Trabajo al codesignar los 
miembros de la comisión técnica desnaturaliza un proceso que debería 
ser de injerencia ministerial; por otro, la falta de vinculación entre el 
cambio de los aportes y la nueva cuota per cápita, muestra que los 
objetivos eran aumentar los recursos de las obras sociales gremiales y 
reponer la discrecionalidad de la a n s s a i..
Lo expuesto genera tres reflexiones. Primero, dada la sobreoferta y 
el desfinanciamienlo relativo, se puede recaracterizar el pm o  el que de­
bería basarse en las necesidades de las personas (perfiles epidemiológi­
cos) y no en la oferta disponible en el mercado, para hacer luego un 
catálogo de prestaciones que se deben incorporar. Aquí se corre el riesgo 
de seguir con la práctica de los prestadores de los servicios de introducir 
un paquete sesgado por prácticas caras, innecesarias y de alta tecnología. 
Segundo, si eso ocurre se habrá de perforar la restricción presupuestaria 
al elevarse los costos del programa médico obligatorio y  ello originará 
presión política por más recursos sindicales, en nombre de la salud para 
todos y  del p m o . Tercero, se crea un mecanismo, que se convierte en la 
forma institucional de determinar quién se queda en el mercado y quién 
se va, puesto que, ante la obligatoriedad del programa para todos los 
agentes del seguro, la inclusión en él de prestaciones de elevado costo 
significará que habrá organizaciones que no alcanzarán a cubrir la cuota 
mínima. En esa situación, el poder de la comisión revisora encargada de 
establecer las prácticas fundamentales se magnifica, pues podrá deter­
minar el proceso de concentración y de fusión de las obras sociales. La
3 7 6  ENSAYOS SOBRE F.L FINANCIAMIENTO DE LA SECUUIDAD SOCIAL EN SALUD
conclusión inevitable es que los sindicalistas están decidiendo las obras 
sociales que sobrevivirán, con el ropaje técnico y los fondos del Banco 
Mundial.
Es este sometimiento del sector a una correlación de fuerzas polí­
ticas que no genera consenso sobre sus proyectos, lo que explica por qué 
la retórica y la realidad han marchado por carriles opuestos. El objetivo 
de cobertura universal ha sido reemplazado por la falta de acceso y la 
discontinuidad en la cobertura. La retórica de la regulación terminó en 
la anomia del sistema. La idea del fortalecimiento de los hospitales de 
cabecera ha sido reemplazada por el debilitamiento de lo público. La 
idea de mejorar la asignación de los recursos ha generado el aumento 
constante del gasto privado de bolsillo. El fomento de la promoción y la 
prevención ha cedido ante la incorporación irrefrenable de tecnología. La 
integración intrasectorial ha dado paso a la duplicación de la capacidad 
instalada. En ese contexto es preciso revisar las propuestas de reforma 
para el futuro.
6. PROPUESTAS DE REFORMA
En esta sección se discute la reforma oficial, elaborada en colaboración 
con el Banco Mundial; luego, el proyecto de decreto de julio de 1995 en 
cuyo origen se reconoce la influencia central de la Confederación General 
de Trabajo, y en seguida se aborda el informe de la Fundación de Inves­
tigaciones Económicas Latinoamericanas (f ie l ) y  el anteproyecto de las 
compañías de seguros.
L a  p r o p u e s t a  o f ic ia i , y  e l  B a n c o  M u n d ia l
El gobierno nacional, tenía proyectadas hacia 1994 una serie de iniciati­
vas destinadas a reformar a través de decretos sucesivos varios aspectos 
del sector salud. Simultáneamente, solicitó al Banco Mundial un estudio 
sectorial con énfasis en los seguros y el sistema de obras sociales. A 
principios de 1995 comienza un análisis conjunto de las propuestas na­
cionales, que se convierten en el núcleo de un proyecto más elaborado 
cuyos objetivos se centran en mejorar la eficiencia y la equidad en el 
sistema de seguros de salud, y la contención del nivel del gasto sectorial
L A  RLLO KM  A Al l \ WCIAMIEVTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 7 7
en el pais. Los objetivos específicos dei proyecto buscan introducir com­
petencia en el mercado asegurador evitando la selección de riesgo, 
reasignar los recursos del fondo solidario de redistribución sobre la base 
del ingreso y los riesgos de los beneficiarios, desarrollar un marco 
regulatorio eficiente e impulsar instituciones de seguro en competencia, 
transparentes, y con rendición de cuentas. Por último, se propone pro­
veer a las obras sociales y al i’a m i  de asistencia técnica y financiera para 
fortalecer su desarrollo institucional.
La propuesta tiene tres componentes: un módulo de reformas de 
políticas y regulaciones, y dos más para la reestructuración de las obras 
sociales y del p a m i, respectivamente. Con relación al módulo de políticas, 
las reformas se centran en tres aspectos principales: primero, la liberali- 
zación progresiva del mercado asegurador de la salud, permitiendo al 
consumidor una creciente libertad de optar por la organización que 
prefiera; segundo, la redefinición del uso y operación del fondo solidario 
de redistribución, para que este compense a las obras sociales con familias 
de bajos ingresos (aportes) y altos riesgos de salud; y tercero, la regulación 
de las obras sociales, el p a m i y  las empresas de medicina prepaga, a los 
fines de proteger a los consumidores y promover una mayor eficiencia y 
equidad en esos mercados. Adicionalmente, el proyecto incluye elaborar 
un padrón de beneficiarios de las obras sociales y del p a m i, a partir de la 
base de datos existente en la Dirección General Impositiva. Asimismo, el 
componente de políticas contempla la definición de un programa médico 
obligatorio que debería anunciarse en las fases tempranas del proyecto 
—cuya duración se estima en unos 30 meses, aproximadamente. Este pro­
grama se vincula a la restricción presupuestaria fijada por los recursos del 
fondo solidario de redistribución. Finalmente, el proyecto considera asig­
nar parte de los recursos del crédito que otorgará el Banco Mundial (unos 
250 millones de dólares) al diseño, montaje y fortalecimiento institucional 
del o los entes regulatorios.
Para las obras sociales, el proyecto contempla la creación de un 
fondo de reconversión de las obras sociales ( i r o s )  que les permita alcan­
zar el equilibrio financiero, reestructurando deudas, racionalizando la 
planta de personal y fortaleciendo su capacidad informativa y de ges­
tión. Las entidades seleccionadas recibirían apoyo financiero para esos 
propósitos. En relación con el p a m i, se darían facilidades similares. El 
proyecto sufrió demoras en su ejecución que causaron efecto sobre su 
alcance. El p a m i acumuló deudas por 40 millones de pesos mensuales.
3 7 8  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
Cuando comenzó ia ejecución, había nuevas deudas debido al pago de 
los prestadores de servicios con documentos descontados por el Banco 
de la Nación Argentina. F1 proyecto definitivo dispuso que el primer 
aporte del gobierno argentino consistiera en la condonación de la deuda 
que el p a m i tenía con el banco en referencia por una suma superior a los 
200 millones de dólares. Esto implicó que la envergadura del PAMI en la 
totalidad del proyecto creciera, y que él mismo se desperfilara pues la 
asignación de recursos para el pago de deuda creció respecto a lo pen­
sado originalmente. Daría la impresión de que el objetivo inicial del 
proyecto — de preparar a este seguro público y a las obras sociales para 
la competencia y la administración del riesgo en un contexto de incer- 
tidumbre— ha cambiado, en el sentido de tratar ahora de bajar la tasa 
de riesgo que los prestadores de servicios cargan sobre las obras sociales 
y el PAMI dado el endeudamiento y la posibilidad cierta de cortes de 
servicios. Esto es inevitable, cuando se trata de hacer eficiente un orga­
nismo quebrado (patrimonio neto negativo) que llegó a esa situación 
debido a la falta de competencia.
Si a la cuestión referida se le agrega el hecho de que en la matriz 
de propósitos del proyecto se incluyeron como metas en la mira una serie 
de promesas vagamente definidas, más medidas que ya habían sido 
tomadas en forma previa al proyecto por los decretos 292 y 492 (elimi­
nación de la doble cobertura, subsidio automático para el fondo de 
redistribución, uso oficial para la distribución de los subsidios del pa­
drón de la Dirección General Impositiva, libre elección de los beneficia­
rios del p a m i, ajuste de la cuota per cápita por riesgo determinada inicial­
mente por edad, y el p m o ),  entonces el programa parece haber sido poco 
más que la mera entrega de dinero a las obras sociales, en un nuevo 
ejemplo (esta vez mediante créditos externos) de transferencia de recur­
sos a los sindicatos y a un sistema que recurrentemente necesita unos 400 
millones de dólares para reacomodar sus déficit cada tres o cuatro años. 
La nueva forma de hacerlo, con deuda, es la única compatible con la res­
tricción de emitir bajo el régimen de convertibilidad con tipo de cambio 
fijo que esteriliza la política monetaria (dinero pasivo). A ello se suma el 
hecho de que la aparente reforma del gobierno es en realidad el proyecto 
de la CG T, con las implicaciones ya vistas.
I-A RFFORM A AL 1IN W CIAM II \TO DF LA SALUD HN AKCFNTINA 3 7 9
Ei I ’K O Y icro  01 i i CoNri-or-r a c i ó n  G f n f r a l  o r  T ra b a io
Este proyecto, en forma de decreto (con membrete y formato oficial según 
las normas del ejecutivo), aparece a mediados de 1995. Propone crear un 
programa médico obligatorio ( p m o ), cuyas pautas se esbozan en el ar­
tículo segundo, para lo cual se crea una comisión técnica del PMO con 
integrantes designados por el Ministro de Salud. Definido el p m o , las 
obras sociales elevan a la w sS A L  el cuadro de prestaciones en conformi­
dad con el mismo, las cuales serán aprobadas, modificadas o rechazadas 
por esta entidad. En caso de insuficiencia de financiamiento del PMO, el 
proyecto contempla la solicitud de apoyo a la anssai., la que deberá 
compensar la diferencia entre el costo del PMO y la cuota de capitación 
promedio de la obra social, mensualmente. Esto refleja la idea de volver 
a repartir los subsidios por cuotas, con lo cual el proyecto presionaría al 
gobierno para aumentar los recursos de las obras sociales so pretexto de 
que no alcanzan a cubrir el ruó. En este enfoque, el proceso de fusiones 
aparece como la consecuencia de la negativa del gobierno a aumentar los 
recursos y no como una estrategia gremial de delimitar y concentrar el 
poder dentro del ámbito de las obras sociales sindicales.
En el artículo 6 del proyecto, se establece que a partir de la dictación 
del decreto, y por seis meses, las obras sociales no podrán ampliar su 
capacidad instalada de servicios médicos, abrir nuevos servicios o efec­
tuar contrataciones con prestadores, si de la valoración y criterio de la 
ANSSAI. ellos resultan inconducentes para los objetivos políticos y finali­
dades establecidas en el p\u . F.n el caso de que una obra social no brinde 
las prestaciones d ispuestas por el PMO, los beneficiarios podrán 
requerirlas de otra obra social sustituía, la que estará obligada a dar la 
prestación y podrá facturarla con cargo a la obra social de afiliación del 
beneficiario requirente para su pago en 30 días corridos. Si el pago no 
se efectuara, la obra social sustituía podrá requerir la compensación 
directa y automática a la anssai , la cual notificará al ente recaudador del 
sistema único de la seguridad social (SL’SS) a fin de hacer efectiva la trans­
ferencia y su acreditación. En los casos en que la necesidad de finan­
ciamiento demuestre que el cumplimiento del pmo se encuentra afectado 
por una incorrecta asignación de recursos, excesivos gastos administrati­
vos, ineficiencia de las prestaciones, incumplimiento de las normas de
3 8 0  ENSAYOS SOBRE F.L FINANCIAMIENTO DF. LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
calidad de atención médica, irregularidad en las prestaciones o cualquier 
otra causal que resienta la finalidad del sistema solidario, la ANSSAL pro­
piciará la fusión de la obra social en cuestión. A tai fin y para evaluar 
las obras sociales y su capacidad de financiamiento, dicha entidad se 
atendrá al padrón único de aportes y contribuciones del SUSS, y a la 
Dirección General Impositiva como ente recaudador y fiscalizador de los 
mismos.
En seguida, el proyecto redefine las funcion es  del fondo solidario 
de redistribución, el cual deberá financiar no solo la compensación 
mencionada anteriormente sino también el proceso de adecuación del 
PMO, las fusiones entre los agentes del seguro de salud, los principales 
programas de alta complejidad, y  los casos de trasplantes, hemofilia, 
tratamientos prolongados por afecciones de baja ocurrencia, enfermeda­
des crónicas que estén excluidas del PMO, y  la capacitación de recursos 
humanos especializados. Con respecto al proceso de adecuación de las 
obras sociales al p m o  y  las fusiones entre obras sociales, el proyecto ex­
plícita que el fondo solidario otorgará préstamos destinados a raciona­
lizar la planta de personal, renegociar contratos de prestaciones, adecuar 
los equipamientos e instalaciones, y  al pago de pasivos corrientes. Estos 
préstamos son reintegrables en 48 meses con 18 meses de gracia. El 
proyecto contempla además el caso de las personas despedidas y que 
perciben seguro de desempleo, quienes seguirán recibiendo los benefi­
cios de su obra social de origen, debiendo aportar el valor del PMO el 
fondo nacional de desempleo.
Se observa, entonces, que en esta propuesta de reforma se encuentra 
gran parte de los contenidos del decreto 492 y de la resolución 247 del 
p m o . En prim er lugar, d e  allí surge la idea de la creación de la comisión 
técnica encargada de definir el p m o . El decreto 492 va más lejos, e incluye 
a la CGT en ia selección de los miembros. Esto revela el origen sindical 
de la norma. El decreto 292, dictado apenas unas semanas antes, se 
origina a su vefc en un conflicto que tiene el ex ministro Domingo Cavallo 
con la CGT, a raíz del cual este decide implementar la aplicación del 
subsidio automático en un decreto misceláneo junto con la reducción de 
los aportes patronales. En segundo lugar, aparece también en el proyecto 
el capítulo de fusiones de obras sociales y el papel protagónico de la 
a n s s a l  en el mismo. La diferencia entre el proyecto que se comenta y el 
decreto 492 radica en el fondo solidario de distribución de subsidios, 
puesto aquí no en función de los aportes individuales de las personas
I A REFORMA Al. FIN WCIAMIENTO DE LA SAI.UD EN ARGENTINA 381
sino en base a la cuota per cápita promedio de la organización, lo que 
impide la posibilidad de asegurar en el futuro el financiamiento para 
facilitar la libre elección del seguro.
Como al final del proyecto de la c g t  se busca derogar los artículos 
referidos a la libre elección de los decretos 576 y 9, de 1993, el objetivo 
es obvio y consiste en eliminar la libre elección de los beneficiarios, y por 
ende la competencia. Por último, el decreto al convertir el fondo solidario 
en el mecanismo financiador de la reconversión de las obras sociales que 
no puedan dar el pm o ,  repone la discrecionalidad política en el proceso 
concentrador. Todo sugiere, en definitiva, un proceso de redefinicíón de 
la relación política intragremial que busca concentrar el poder de compra 
de servicios en un grupo reducido de obras sociales, seleccionadas no 
por el mercado y la competencia sino por la discrecionalidad política y 
la voluntad de la administración de turno en la a n s s a l . La parte intere­
sante del proyecto reside en que es el único que propone solucionar la 
discontinuidad de la cobertura por razones de desempleo, y que — aun­
que en forma insuficiente— incluye algunas disposiciones sobre control 
de la oferta y  la capacidad instalada.
P r o p u e s t a  d i FIEL/CEA
La propuesta de la Fundación de investigaciones Económicas Latino­
americanas (FIEI.) y  del Consejo Empresario Argentino (ch a ) tiene dos 
partes, una dedicada a las obras sociales y  otra al pa m i. El proyecto encara 
los aspectos sectoriales como un problema de carácter tributario relevan­
te para una economía abierta y que presenta desequilibrios en el merca­
do laboral. Tiene como uno de sus puntos de partida el hecho de que el 
gasto de la seguridad social financiado por las imposiciones salariales, 
incide en el precio relativo del factor, distorsiona su uso y  su nivel de 
empleo de equilibrio. La reforma propone la competencia, a través de la 
libre elección de los beneficiarios y  de la libre fijación de las primas de 
los distintos planes y  categorías de riesgo ofrecidas por las empresas 
aseguradoras. Reduce la imposición salarial y ajusta el porcentaje del 
aporte a las particularidades de los beneficiarios, focalizando los subsi­
dios en los beneficiarios y no en las obras sociales.
En relación con las obras sociales, el proyecto propone como prime­
ra cuestión un p m o  definido oficialmente, obligatorio por grupo familiar,
3 8 2  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DF LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
financiado por gasto de bolsillo, y con libre elección de la empresa ase­
guradora. Estas últimas quedan obligadas a ofrecer un plan de cobertura 
estándar (rC E ), modificable en el tiempo, cuyos beneficios los define la 
agencia reguladora. Las entidades pueden ofrecer planes más amplios 
que el PCE. Esto significa eliminar la imposición al salario y modificar de 
raíz el esquema del seguro nacional de salud y la ley de obras sociales. 
El mérito de la propuesta es que elimina la relación entre seguro y sa­
lario, y cambia así el criterio de pertenencia para acceder a la salud. 
Además, muestra que para un cambio mas equitativo no es posible partir 
del actual sistema de obras sociales. La propuesta, sin embargo, pierde 
la oportunidad de introducir un debate en el país al plantear el PMO (que 
termina siéndolo todo, como se vio anteriormente), sin mencionar que 
por razones de competitividad mundial, restricción fiscal, e imposibili­
dad de un seguro nacional de salud, lo que parece necesario es un seguro 
de salud catastrófico (o sea para accidentes, hospitalizaciones prolonga­
das y situaciones médicas que representan costos aplastantes por causas 
de alta morbilidad y complejidad tecnológica). La propuesta en este 
sentido no solo no cuestiona el concepto de p m o , sino que lo incorpora 
acríticamente apenas rebautizado.
En segundo lugar, se plantea la necesidad de un marco regulatorio. 
Las entidades tendrán plena libertad para sum inistrar los servicios 
asistenciales en forma directa o por medio de terceros, previa categoriza- 
ción y acreditación de los prestadores de servicios. La entidad regulatoria 
controlará  el cumplimiento de contratos y otras cuestiones técnicas, como 
la solvencia, liquidez y reaseguros. En tercer lugar, el proyecto plantea 
la obligatoriedad para las em p resas  aseg u rad oras  de aceptar a todos los 
beneficiarios que las elijan, a menos que hayan alcanzado el cupo máxi­
mo (definido previamente) que están dispuestas a absorber por región. 
Esta norma elimina la selección adversa de afiliados y se une también a 
la prohibición de períodos de carencia. En cuarto lugar, el proyecto es­
tablece que la libre elección de la empresa aseguradora se hará de acuer­
do a la redefinición periódica de esta opción del beneficiario en base a 
la información anual de esas entidades sobre costos, beneficios y limita­
ciones de cada plan. Asimismo, habrá libre fijación de primas, las que 
deben ser iguales para todos los individuos que pertenezcan a la misma 
categoría de riesgo (por edad, sexo, y otros), tengan los mismos benefi­
cios, y residan en la misma área. En este contexto, se admitirán reduc­
ciones programadas de primas en virtud de acuerdos logrados por las
I A RNORM A Al 11\ W CIA M IIA TO  DF LA SALUD FN AKCjLNTlNA 3 8 3
empresas en beneficio cie sus trabajadores. Esta propuesta, entonces, 
plantea la competencia vía precios.
En quinto lugar, la propuesta se refiere a la solidaridad del sistema. 
Si bien el financiamiento se hace por pagos de bolsillo, por razones de 
equidad se crea un fondo de seguro redistributivo para pagar primas por 
las familias de más bajos ingresos, a fin de proveerles de un plan míni­
mo. Este fondo se constituye con una contribución obligatoria sobre las 
remuneraciones. Además, se recomienda generalizar el sistema a toda la 
población de bajos recursos (no solo a los trabajadores dependientes) en 
sustitución del actual gasto público para hospitales (con recursos de 
rentas generales). La agencia reguladora licita periódicamente el PC F para 
la población elegible que solicite el subsidio. Las entidades participantes 
licitan una cuota per cápita por categoría de riesgo (o descuento en re­
lación con precios de referencia establecidos) indicando la cantidad 
máxima de individuos que absorberán.
Un último rasgo de la propuesta en esta parte es que no contempla 
ayuda financiera a las obras sociales a fin de prepararlas para el escena­
rio de competencia propuesto. Tampoco se les da una reserva de merca­
do. En este sentido, resulta ser una crítica explícita al proyecto oficial y 
del Banco Mundial que destina la mayor parte de los recursos del crédito 
a la reconversión de las obras sociales. Con todo, lo que no se dice es 
cómo puede mantenerse el concepto de obra social una vez que se ha 
eliminado el sistema de aportes vigente. El proceso de fusiones, por su 
parte, que resulta ser también un concepto compartido con las propues­
tas discutidas anteriormente, se basa en un parámetro objetivo como es 
el número de beneficiarios. Las entidades de menos de 5 mil beneficia­
rios (60% del total) tendrán dos meses para fusionarse, o deberán cerrar. 
La redistribución de los afiliados se hará voluntariamente entre las en­
tidades de similar recaudación per cápita. Mientras se cierran las entida­
des, los recursos los recibe la autoridad que paga directamente a los 
prestadores de servicios. Anunciada la reforma, las obras sociales deben 
ratificar su intención de participar en el nuevo esquema. Las que no lo 
hagan, recibirán el mismo tratamiento de las entidades con problemas.
A diferencia del provecto de la C C T no hay relación aquí entre el 
proceso de fusiones con la capacidad de financiar un PMO, ni surge tam­
poco la necesidad de la concentración de las entidades de viabilidad 
operativa en el mercado como proponía el proyecto oficial. Se establece 
simplemente un consorcio mínimo (sin explicitar la metodología para
3 8 4  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
llegar al mismo) el que se considera suficiente para enfrentar el riesgo 
epidemiológico y  financiero. C om o  las primas son libres, esto implica 
que el punto de equilibrio para las entidades pasará a depender de sus 
costos, en los que inciden las tasas de uso de la población beneficiaría. 
En la medida que esas tasas no se encuentren disponibles (sin ser ajus­
tadas por los prestadores de servicios a sus prácticas de sobreprestación) 
y que los costos actuariales de las prestaciones no estén explicitados para 
las distintas regiones, entonces la cifra mínima de 5 mil beneficiarios 
parece haber sido orig in ada ex tern am en te an tes  que constituir una varia­
ble determinada endógenamente.
La propuesta para el i’AMr, presupone que hay que tomar en cuenta 
el desfinanciamiento de transferencias intergeneracionales por el enveje­
cimiento poblacional, la necesidad de aumentar la competencia e incluir­
la en los precios, de permitir que los beneficiarios completen sus cuotas 
per cápita para obtener seguros más amplios, y la necesidad de eliminar 
los su bsid ios  cru zados q u e  s e  p rodu cen  cuando una entidad obtiene 
financiamiento de sujetos activos y pasivos, siendo los primeros pobla­
ción cautiva. La reforma propone pasar del sistema de reparto a uno de 
capitalización, mediante el ahorro de las personas en su etapa activa para 
contratar un seguro en la pasividad. Cada persona será responsable por 
el financiamiento de su propio seguro. Las cuentas de capitalización 
quedarían en el sistema de las administradoras de fondos de jubilaciones 
y pensiones, y la exigencia del seguro se limita a la contratación de un 
plan de cobertura tipo ( p c t )  similar al que brinda el Pa m i  en la actualidad. 
Se admiten aportes adicionales, y el titular elige libremente con quién 
contratar su seguro de salud.
La reforma plantea la creación de un fondo compensador que 
subsidie en base a una imposición sobre los salarios, los aportes de los 
trabajadores de más bajos ingresos. La regla, en principio, sería que el 
ap orte  obligatorio n o su p ere  el 3% del salario, en caso contrario el tra­
bajador recibe un subsidio por la diferencia. De manera similar a la 
propuesta de reforma para las obras sociales, ¡a imposición sobre los 
salarios se mantiene únicamente a los fines de conformar el fondo soli­
dario compensador. Se elimina así el principio solidario de que los jóve­
nes financian a los más viejos, para pasar a ser sustituido por una trans­
ferencia de los segmentos activos de mayor nivel de ingresos a los de 
menor nivel salaria). El proyecto concluye con un esquema transicional. 
Todos los trabajadores a los que les resten dos o más años para el retiro,
LA REFORMA Al Fl\AXCIA.MILNTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 8 5
deberán aportar a su cuenta de capitalización. F.l estado nacional reco­
nocerá los aportes a l p a m i  suplementando la cuota per cápita requerida 
para acceder al P C T de rentas generales. El gasto público llega a cero en 
55 años. Los beneficiarios actuales del pami o  que les resten menos de dos 
años continuarán en el sistema de reparto, que hasta su desaparición se 
financiará con impuestos generales. El pam i dejará su papel de asegura­
dor para convertirse en una agencia encargada de licitar seguros de salud 
per cápita (o descuento sobre una cuota de referencia) en base a un p c t  
regional.
Las p r o p u e s t a s  c o m p a r a d a s
Todas las propuestas de reforma fusionan las obras sociales, aunque el 
método para hacerlo es diferente. El segundo tema común es el progra­
ma médico obligatorio. También, la necesidad de automatizar la distri­
bución de subsidios del fondo solidario y, finalmente, la necesidad de un 
marco regulatorio. Se reconoce así que los problemas que se deben so­
lucionar son: disminuir la dispersión de los indicadores de las empresas 
aseguradoras, establecer un estándar mínimo explícito de solidaridad, 
proporcionar apoyo automático a las personas pobres, y estructurar una 
institucionalidad pública que controle los problemas operativos del 
mercado de la salud para proteger al consumidor.
Cuando el énfasis se coloca en las diferencias, la mayor distancia 
existe entre el proyecto del Banco Mundial y el de f i e l / c e a  por un lado, 
sosteniendo la necesidad de mayor libertad y competencia, y el proyecto 
de la C G T , por el otro, que propone el esquema de la obra social sustituta 
y derogar todas las disposiciones existentes sobre libre elección dentro de 
las obras sociales del sistema de la a n s s a l . Tanto la propuesta del Banco 
Mundial como la de ITFI / c í a  son propuestas de reformas orientadas 
hacia el mercado y la competencia. Estos enfoques competitivos de re­
forma tienen dos características centrales: por una parte, no eliminan la 
regulación de la atención de la salud y, por otra, exigen la reestructuración 
del papel del gobierno para establecer incentivos competitivos. En el caso 
del proyecto de la C G T  el objetivo es diferente; pretende utilizar la regu­
lación para eliminar las normas que propugnan la libre elección de obra 
social. Como el gobierno se ha basado en el proyecto de la C G T  como 
antecedente para sus últimas resoluciones (decreto 492 y resolución del
3 8 6  ENSAYOS s o b r e  e l  f in a n c ia m ie n t o  d e  l a  s e g u r id a d  s o c ia l  e n  s a l u d
p m o ) ,  y  utiliza el financiamiento del Banco Mundial, esto parece sugerir 
que en algún momento el conflicto de objetivos será inevitable.
Por ahora, como se trata de repartir dinero para la reconversión de 
las obras sociales, todo parece fluir normalmente. El problema para el 
banco será que una vez transferidos la mayor parte de los recursos, será 
difícil hacer cumplir las exigencias manifestadas en las con d ic ion es  d e  
una libre elección y una mayor competencia. A los efectos de evitar ese 
problema, las mayores exigencias debieron haberse establecido antes de 
los desembolsos, y no ahora cuando se ha comenzado condonando deu­
da y dando plata para pagar la reconversión de las obras a cambio de 
una promesa de mayor libertad futura. La matriz de condiciones fue 
débilmente estructurada, si los objetivos eran realmente una reforma de 
carácter competitivo. Adicionalmente y como fue sugerido antes, dado 
que el p m o  dictado por el gobierno superó la restricción presupuestaria, 
entonces la libre elección requerirá una mayor cantidad de recursos que 
aquellos de que dispone el sistema en la actualidad. Esa situación con­
tradice la idea de mantener a rajatabla el equilibrio financiero del siste­
ma. En ese sentido, la única propuesta que parece ser factible es la de 
f i e l / c e a ,  pero ella requiere de una autonomía respecto de los sindicatos 
que el gobierno parece no tener. En dos palabras, un sistema de seguros 
en competencia y en general un enfoque competitivo de la reforma, co­
mienza con la privatización de los propios aseguradores.
En seguida, existe una diferencia entre los tres proyectos sobre la 
forma de financiamiento del sistema. El Banco Mundial no dice nada 
explícitamente. Los decretos de aportes patronales revelan que la posi­
ción del gobierno es reducir su imposición al salario, pero que retrocede 
por presión sindical. Mantiene sin embargo la imposición al salario de 
carácter regresivo, donde el aporte resulta mayor que la cuota per cápita 
de salud que se paga al oferente de servicios. El proyecto de f i e l / c e a  
propone la eliminación de las imposiciones al salario y privatizar el gasto, 
salvo para el financiamiento del fondo de redistribución solidario. En el 
caso del p a m i ,  el actual sistema desaparece y  es reemplazado por un 
seguro particular para la capitalización, y por rentas generales para el 
p am i residual. De esta forma, la competencia surge no solo por la libre 
actuación de los seguros  privados, sino p or la libertad de las personas para 
canalizar sus recursos sin la imposición compulsiva de un tributo. En el 
caso del proyecto de la CGr, la determinación del program a m éd ico  obli­
gatorio sin contemplar la restricción presupuestaria junto a la propuesta
LA REFORMA AI. 11\ WCIAMIFNTO DF LA SALUD EN ARGENTINA 3 8 7
de compensación financiera por la reducción de los aportes patronales, 
sugieren que la postura es la inversa. No solo mantener el nivel de 
financiamiento anterior, sino preparar el esquema institucional para se­
guir aumentándolo en el futuro. En dos palabras, el Banco Mundial nada 
dice de la imposición sobre el salario, f i e l / c e a  lo elimina dejando un 
tributo para el fondo solidario, y  la C G T  pretende aumentarlo.
Finalmente, existen diferencias con respecto a la apertura del siste­
ma. El Banco Mundial propone una apertura gradual a las entidades de 
medicina prepaga y otras organizaciones que operan en el mercado. Esta 
apertura gradual favorece a las obras sociales mediante la existencia de 
financiamiento para su reconversión, y por la garantía de una reserva de 
mercado. El proyecto de la C G T  cierra todo el sistema a las obras sociales 
operando dentro de la a n s s a l . f i f i ./ c h a  propone una libertad absoluta 
desde el inicio, criticando la posición de seguir dando recursos a las 
obras sociales, esta vez en el nombre de su reconversión mientras se les 
sigue otorgando la reserva de mercado. En definitiva, la comparación de 
las tres propuestas de reforma señala que solo dos de ellas tienen un 
enfoque competitivo (Arnould, Rich y White, 1993). En un contexto de 
globalización económica, la única salida coherente es la de f i e l / c l a . La 
propuesta del Banco Mundial promete competencia, pero no monta 
mecanismos consecuentes con ello. Parece improbable llegar a una refor­
ma com petitiva intentando hacer eficiente los seguros públicos y 
semipúblicos, para luego abrir el mercado. En el país, la experiencia de 
hacer eficientes las empresas públicas chocó en el pasado contra las 
lógicas particularistas que se instalan en ellas. No tiene por qué ser dis­
tinto con los seguros de salud, reconocidos como núcleos centrales de la 
corrupción en la Argentina. Si en cambio los objetivos latentes en este 
proyecto son los de endeudar al país para demostrar que no es posible 
hacer eficientes los seguros públicos y garantizar así la posterior legiti­
midad de la privatización de los mismos, entonces el propio proyecto es 
un despilfarro institucional, puesto que la inviabilidad se demuestra por 
sí en el solo patrimonio neto negativo v las deudas institucionales acu­
muladas.
3 8 8  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
7. CONCLUSIONES
El objetivo general de este trabajo ha sido analizar las transformaciones 
que están ocurriendo en ei sector salud, las medidas recientes y las 
propuestas de reforma. Se quiso observar hasta qué punto las reformas 
son coherentes con la evolución morfológica del sector y las caracterís­
ticas salientes de la actual etapa institucional en que se encuentra. De las 
tres propuestas de reforma, dos tienen un enfoque competitivo y una 
tiende a ser incongruente con una economía abierta y con la necesidad 
de eliminar las distorsiones que existen en el factor trabajo dada la alta 
tributación sobre el salario. El gobierno ha optado por la más tibia de las 
reformas competitivas pero incorporándole medidas de la propuesta 
gremial, lo cual introduce contradicciones y dudas sobre su éxito en 
lograr mayor libertad y eficiencia en el sistema.
Se analizaron ciertos rasgón  de la oferta para entender cómo se 
manifiesta la acumulación de capital, la composición público-privada de 
las inversiones, la división del trabajo, el aumento del capital fijo por 
trabajador, la incorporación del progreso técnico, y el proceso de transna­
cionalización en marcha. Se hizo notar cómo, en un contexto de sobre- 
oferta privada y desorganización pública por la captura privada del 
sector estatal, la política ha sido desregular la oferta y concentrar los 
compradores de servicios, los que se agrupan en oligopsonios cad a  vez  
de mayor magnitud. En ese contexto, la oferta ha asumido nuevas for­
mas de organización que aumentan la escala, como es el caso de los 
megalaboratorios y la conformación de redes de servicios, que van desde 
las empresas de traslado de urgencia hasta las dispuestas por la ley de 
accidentes de trabajo.
Lo que la evidencia parece sugerir es que la reforma de la economía 
con su componente de apertura ha permitido el aumento de la renova­
ción tecnológica y la parcial neutralización de los rendimientos decre­
cientes producidos por ía saturación de los mercados mediante la incor­
poración de procesos de diagnóstico de mejor calidad, lo que convierte 
los servicios ofrecidos en productos nuevos. Este efecto, sin embargo, 
parece corresponder al ciclo de actualización de la frontera tecnológica 
después de décadas de encierro económico. En ese sentido, el fenómeno 
actual medido por las tasas de aumento decreciente de bienes de capital
LA REFORMA Al FIN ANCIAMIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 8 9
importados en el sector salud/ sugiere más bien un proceso de nivela­
ción con el mundo externo antes que una tendencia a revertir el proceso 
de saturación y su correspondiente ajuste defensivo por parte de los 
agentes a cargo de la oferta de servicios. Esto implica que la saturación 
se habrá de reponer en un nivel mayor de inversiones, con lo cual la 
agudización de la puja distributiva es un fenómeno que puede vislum­
brarse en el horizonte actual del sector.
En cuanto a la demanda, se prestó atención a los problemas del 
sistema de seguro y la dinámica del gasto, a partir de la recaudación de 
las obras sociales y la elasticidad-ingreso del gasto privado, a fin de 
demostrar que la recaudación de los seguros semipúblicos y públicos ha 
alcanzado una meseta. Esto indica que no habrá por el lado de esas 
fuentes en el futuro la posibilidad de aumentar los recursos para permitir 
a toda nueva inversión un financiamiento adecuado. De esa forma apa­
rece sobre el margen de rentabilidad un efecto triturador. Por un lado, 
la amortización de los equipos (bienes de capital) y la caída en la rotación 
media de las camas, y por el otro, el estancamiento de la demanda. Estos 
dos hechos preanuncian la potenciación de la puja distributiva y la con­
tratación selectiva. Con el crecimiento de la oferta y la restricción presu­
puestaria del sector público —que impedirá cubrir con partidas fiscales 
las necesidades— , el sistema tenderá a ajustarse por el gasto de bolsillo, 
lo cual, dada su elasticidad-ingreso positiva y la distribución regresiva 
del ingreso que caracteriza a la fase de recuperación del ciclo económico, 
traerá también el aumento de la diferenciación social en el acceso. Habrá 
cirugía laparoscópica para pocos, y escasez de atención para muchos.
Dentro de los problemas se hizo notar específicamente que existen 
dificultades con la cobertura, la eficacia y la eficiencia. Esos problemas 
se deben entre otras razones al gran porcentaje de la población sin se­
guro, al poco desarrollo de la actividad privada de los seguros, al carác­
ter cíclico del financiamiento basado en un criterio económico de perte­
nencia, a la ineficiência institucional de las obras sociales del p a m i  y  de 
los seguros provinciales, a la falta de libertad para elegir y  abandonar
4. Las tasas decrecientes de importación de bienes de capital en el sector salud pa­
recen confirmarse en 1996. Los datos de los primeros dos meses del año indican que 
mientras el agro creció un 33o... la industria manufacturera un 1.8%, comunicaciones un 
20.7% , y el resto sin clasificar un 15.2%, salud tuvo junto a minería, transporte y construc­
ción una caída superior al 20% (Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, 1996).
3 9 0  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
seguros, a la falta de mecanismos que impidan la discontinuidad de la 
cobertura en actividades con mucha rotación de personal o durante 
períodos de rápida reconversión de la economía, a las malas medidas 
tomadas por el gobierno que discriminan contra ciertos grupos de la 
población y hacen precario el empleo, a la debilidad regulatoria, y a la 
carencia de políticas sobre la oferta que conduce a una sobreinversión que 
atenta contra su efecto poblacional por los rendimientos decrecientes.
Por otra parte, así como la estabilidad ha generado en el lado de la 
oferta la necesidad de adaptar su escala de producción y de competir 
incorporando tecnología, en el lado de la demanda le impidió a los se­
guros la licuación de deuda y puso de manifiesto su incapacidad de 
administrar el riesgo epidemiológico. El resultado ha sido la aparición de 
entidades que administran las cuotas de capitación y que convierten a las 
obras sociales en meras intermediarias financieras. En consecuencia, se 
ha desmantelado gran parte de la capacidad de internación hospitalaria 
propia de las obras sociales, y se han incorporado prácticas discrimina­
torias como los períodos de carencias y la preexistencia de enfermedades 
que son contrarias a la solidaridad. Así las cosas, todo indica que la 
intermediación crecerá en el futuro con su impacto negativo sobre los 
recursos que llegan a los prestadores de servicios. Habrá, en lo inmedia­
to, una mayor canalización de personas hacia prestadores seleccionados 
y control de la utilización.
Desde el punto de vista de los prestadores de servicios la salida al 
dilema de vincular los aspectos financieros con los clínicos mediante 
nuevas formas de organización como las health maintenance organizations 
( h m o ) ,  no se puede concretar en el sistema de la a n s s a l  por la legislación 
vigente. Por otro lado, las prácticas de revisión de la utilización junto a 
estructuras de incentivos que premian a los profesionales del sector 
médico con participación en los ahorros, si bien pueden reducir costos 
afectan negativamente a los consumidores. Existen en la literatura actual 
pruebas claras de que el mercado y la competencia no alcanzan por sí 
mismos mayores grados de equidad en salud (Fuchs, 1994; Arnould, Rich 
y White, 1993). En realidad, dada la concentración de los costos en un 
número relativamente pequeño de individuos, la práctica privada ha sido 
la de seleccionar riesgos, descremar el mercado y dejar sin cobertura 
precisamente a quienes más la necesitan, como las personas ancianas y 
enfermas. Esta es una de las razones por las que el fortalecimiento 
institucional del Estado y la existencia de un marco regulatorio, son
LA REIORMA AI LIN WCIAMIKNTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 391
considerados en la actualidad prerrequisitos para el buen funcionamien­
to del mercado.
Si bien los juicios por mala praxis constituyen el m ecanism o 
regulatorio que genera el propio mercado (Schwartz y Komesar, 1992), 
para el buen funcionam iento del m ismo se requieren condiciones 
inexistentes en la Argentina, como niveles adecuados de retribución a los 
médicos y naturalmente la inexistencia de sobreoferta de abogados, junto 
a una justicia que responda inflexiblemente con la aplicación de sancio­
nes cuando se tipifica la figura legal delictiva. Hoy, la Argentina es la 
negación de esas premisas. La profund¡/.ación del proceso de acumula­
ción de capital y la entrada de la lógica mercantil al sector salud, cambió 
todo. La respuesta de las políticas de salud a las fallas del mercado fue, 
durante décadas, centrada en un modelo profesional. La acreditación de 
las universidades o la certificación de la matrícula por los colegios 
médicos, aliviaron a las personas de tener que evaluar la capacidad de 
los médicos o su formación científica. Los códigos de ética de las asocia­
ciones junto a las entidades sin fines de lucro fueron otra respuesta, que 
reemplazó los mecanismos de mercado por una autorregulación y una 
práctica destinada a resolver problemas de pérdida de salud antes que 
a la búsqueda de la maximización de la ganancia. Ese mundo desapare­
ció. Si bien continúan los problemas derivados de las fallas del mercado, 
la sobreoferta en un contexto de mercantilización del sector ha minadc 
aquellos mecanismos de control. Mientras la oferta de servicios de salvo 
continúa privatizándose y el sector público disminuye su capacidad 
instalada, todo sugiere que no habrá soluciones al problema de toe 
mercados mediante un sistema de pago único, como hace algunas déca­
das se quiso instalar en el país. No hay vuelta atrás. No hay en el futuro 
argentino algo así como un servicio de salud nacional, donde el Estado 
se haga cargo de la universalización de la cobertura. Ello pese a que los 
países desarrollados financian más de la mitad del gasto en salud desde 
el sector público (salvo los Estados Unidos). La Argentina por su parte 
continúa haciendo perder participación relativa al mismo. No solo debi­
lita al Estado sino que también impide la creatividad de los seguros 
privados para aumentar la cobertura, mientras mantiene un sistema 
corrupto de seguros semipúblicos y públicos ineficiente y sin libertad. Si 
bien el futuro está llamado a tener un sector privado con mayor protago­
nismo que en el pasado, y donde la cuestión de la mezcla de los sectores 
púbiieo y privado será un problema central junto a la estructura de
3 9 2  ENSAYOS SOBRE EL FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
incentivos competitiva al in terior d e  1 p rop io  sector pú blico , to d o  indica 
que el camino elegido de privatizar el Estado y de institucionalizar la 
captura regulatoria (elaboración privada del marco regulatorio) no pue­
de ser adecuado para evitar el posicionamiento de intereses particularis­
tas dentro de lo público.
El cuadro de un contexto de mercados imperfectos, sobreoferta y 
saturación, junto a un deficiente sistema de seguros que genera desper­
dicio institucional de recursos, indica que la reforma requiere tanto cam­
bios del lado de la oferta como de la demanda. Ello en un marco orien­
tado hacia el mercado y la competencia. Estos enfoques competitivos 
para la reforma tienen la característica de requerir regulación, y por lo 
tanto la reestructuración del papel del gobierno para establecer incenti­
vos a la competencia. El establecimiento de una estructura de incentivos 
significa, en algunos casos, la remoción de obstáculos legales para que 
los compradores de servicios o seguros de salud puedan ejercer su op­
ción más agresivamente. En otros, hay que permitir nuevas formas de 
organización como agentes del seguro, lo que conlleva la modificación de 
algunos artículos de la normativa vigente. No menos importante será la 
puesta de límites a la acción anticompetencia de los proveedores.
La experiencia comparada sobre la evaluación del impacto de las 
reformas competitivas, es multifacética. Las estrategias para mejorar la 
eficiencia han demostrado el efecto recíproco que existe entre costo y 
acceso. La reducción de la sobreutiíización resulta en menores gastos en 
atención y puede potencialmente incrementar el acceso a los servicios. El 
eliminar desperdicio, sin embargo, no redunda automáticamente en ser­
vicios para una mayor cantidad de personas sino que puede conducir a 
una mayor rentabilidad, en cuyo caso se impone regular para que las 
ventajas de las nuevas formas de oganización o de consumo racional de 
servicios sean transferidas a la p o b la c ió n . En general, la evidencia p arece  
indicar que a un nivel microeconómico, puede hacerse que los mercados 
de salud se comporten en forma parecida a otros mercados. Y que la 
reestructuración de los incentivos parece ser una herramienta poderosa 
para mejorar la eficiencia, aunque no resuelva los problemas de equidad. 
Por otro lado, si bien en los mercados donde existen múltiples provee­
dores de servicios las reformas resultaron en más competencia, en aque­
llos casos de estructura monopolista de mercado, las reformas no impi­
dieron el comportamiento monopólico de estos. La conclusión final 
parece ser que si bien las reformas competitivas pueden funcionar y se
LA REFORMA Al FINANCIA MIENTO DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 9 3
puede avanzar en la resolución de las fallas del mercado, no existe sin 
embargo una única estrategia competitiva. Empero, la principal conse­
cuencia de las reformas ha sido la reestructuración de la acción regu­
ladora del gobierno en los mercados, y no su eliminación. En ciertos 
casos, las reformas com petitivas pueden incrementar las demandas 
regulatorias sobre el gobierno al tiempo que iluminan problemas sobre 
cuestiones de distribución y de equidad.
Las lecciones para la Argentina de estas experiencias son valiosas, por 
varias razones. Primero, porque sugieren que el problema central consiste 
en reestructurar el mercado de los seguros para ampliar el acceso sin 
discontinuidad de la cobertura, y ello implica modificar la estructura de 
incentivos para el aumento de los seguros privados. El objetivo debe ser 
aumentar las opciones disponibles para los consumidores y permitir la 
selección de oportunidades de bajo costo, dentro de un marco regulatorio 
que impida la selección de riesgo. En algunos casos, el problema es de 
tipo impositivo y no específicamente referido a los mercados de salud. 
Entonces, resulta necesario dictar reglas fiscales comunes para todos los 
actores, eliminando por ejemplo el impuesto al valor agregado respecto 
a las compañías de seguro que en este sentido operan en desventaja 
frente a los seguros prepagos y las obras sociales, o al revés, imponer el 
tributo a todos los agentes del mercado, inclusive las obras sociales. 
Segundo, es preciso cambiar radicalmente la forma de funcionamiento 
de los seguros públicos v semipúblicos. No basta con apoyarlos para su 
desarrollo institucional y normalizar los desequilibrios del pasado me­
diante el pago de deuda o la racionalización del personal. Las empresas 
de salud que no consigan operar equilibradamente, deben quebrar como 
cualquier otra. La reforma debe establecer un sistema de reservas técnicas 
y legales además de otros indicadores preventivos (early xvarning tests), y 
la autoridad de aplicación debe ejecutar el mecanismo para que produ­
cido el caso de insuficiencia operativa desaparezca la organización, los 
beneficiarios puedan ser transferidos a otras entidades, y permanezcan 
los recursos respectivos.
Tercero, los seguros deben competir entre sí para atraer cotizantes, 
y estos no deben financiar su seguro con una imposición al salario, sino 
que deben financiarlo de su gasto de bolsillo. Provengan de imposiciones 
al salario o del pago privado, los aportes deben ir a un fondo único el 
que redistribuirá las cuotas per cápita ajustadas por riesgo a las entida­
des elegidas por los consumidores. Esto impedirá la competencia basada
3 9 4  ENSAYOS SOBRE E l  FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
en las condiciones de salud de las personas, y la selección de riesgo. Por 
su parte los seguros deben competir para comprar los servicios de los 
prestadores, y estos deben estar en condiciones de competir para atraer 
a los seguros. Para que ese mecanismo sea eficaz es preciso establecer 
libertad a fin de evitar los problemas del tercer pagador, y en consecuen­
cia poder vincular las cuestiones médicas a las financieras. Esto supone 
mayor libertad para la organización de la oferta que la existente ahora. 
Con este enfoque, la ley de seguro debería ser modificada para recrear 
una estructura de incentivos en el marco regulatorio que sea más ade­
cuada a la competencia. Cuarto, parece conveniente montar mecanismos 
para afrontar los incentivos que mueven la conducta del consumidor. La 
compra de servicios de atención de la salud importa una curva de de­
manda con pendiente negativa, y la atención de la salud no puede ser 
considerada enteramente como un bien público. Es, en todo caso, un bien 
ambivalente que debe ser pagado por quien recibe la atención. En ese 
sentido, el i’MO reciente que establece topes para la participación del 
consumidor en afrontar los costos ha sido una muy imperfecta forma de 
reconocer este hecho.
Quinto, la reforma en la Argentina se ha concentrado exclusivamen­
te en aspectos de financiamiento de la demanda. Esto es insuficiente y 
hasta puede ser inoperante. Es preciso pensar la reforma desde el punto 
de vista de la oferta, ya que no hay por ahora ninguna reforma que esté 
proponiendo una efectiva acción contra el monopolio o el oligopsonio. 
Sexto, en la Argentina parece estar ocurriendo una reforma de parches 
(piecemeal) centrada en experiencias parciales, y que involucra cambios 
en las modalidades de pago con lo cual se pretende introducir eficiencia 
en forma indirecta. La fijación de cuotas per cápita diferenciadas por 
eciad, es un ejemplo. Una reforma orientada a generar y divulgar infor­
mación, es algo que debe ser implementado inmediatamente. No sola­
mente hay que saber cuántos accidentes de tránsito producen la muerte 
de personas, sino también las probabilidades diferenciales de morir o 
sufrir complicaciones en base a la atención en ciertos lugares, o bajo el 
financiamiento de ciertos seguros que son los que empiezan a ejercer la 
competencia. Séptimo, es necesario generar reglas que permitan transfe­
rir a los consumidores los beneficios de la competencia, el progreso téc­
nico y la reducción de costos. Octavo, un sistema más eficiente debe 
permitir reducir los problemas de cobertura y acceso. Las rentas genera­
les deben financiar a los pobres, o se debe implementar un mecanismo
LA REFORMA Ai l l\A N CIA M ILM O  DE LA SALUD EN ARGENTINA 3 9 5
c o m o  el p ro p u e s to  p o r  m i  /CEA de  dejar ú n ica m e n te  la im p o s ic ió n  al 
sa lario  pa ra  fin a n cia r a los q u e  n o  p u e d e n  p a g a r el seguro.
En el Congreso Internacional de Financiamiento de la Salud en Chile 
(CLI’ai , 1996), Daniel Titelman llamó la atención sobre los lugares comu­
nes de las reformas en salud. Sobre la necesidad de reformar los sistemas 
para enfrentar la transición epidemiológica, la cobertura de riesgos y la 
ampliación de la cobertura con cambio tecnológico y recursos escasos. 
Urgió a pensar la especificidad del mercado y del Estado en salud. A 
definir si la salud es un bien transable en el mercado, o si requiere un 
tratamiento ad hoc puesto que en uno y otro caso requieren diferentes 
políticas públicas. Recordó las especificidades que hacen de la salud un 
área particularmente complicada de administrar: la incertidumbre de la 
enfermedad y la selección adversa, el sobreuso del sistema dado el tercer 
pagador (riesgo moral), el estímulo a la exclusión y la inflación de costos, 
la asimetría de la información, el poder cuasi monopólico de la oferta y 
la correspondiente generación de ineficiencias, los bienes públicos y la 
necesidad de que el Estado se haga cargo con intervenciones de costo 
eficaz en la protección de los sectores más vulnerables. Señaló asimismo 
el economista de la CLI’AI que, a diferencia de los años 70 y 80, no se 
discute hoy la privatización sino cómo se combina lo público y lo pri­
vado: cómo conseguir mezclas eficientes. Finalmente, recordó la necesi­
dad de reconocer que los mercados sor\ complejos y sofisticados y requie­
ren también una regulación acorde con ello.
En la Argentina no se ha tomado debida nota de esas pautas. Los 
hechos no caminan en la dirección de bajar el nivel de las fallas del 
mercado. La retórica de eliminar la cautividad en la afiliación generó un 
proceso de asociación de obras sociales que refuerza su poder oligopsó- 
nico, con lo cual las imperfecciones del mercado crecen en vez de des­
aparecer. Por otro lado, si bien se ha desregulado a los prestadores de 
servicios induciéndolos a su estratificación entre los que tienen y no 
tienen capital, no se ha impedido la conformación de frentes oligopólicos. 
La reforma en ese sentido ha iniciado un proceso de declinación del 
artesano independiente para establecer papeles económicos en la práctica 
sanitaria de empresarios médicos y médicos asalariados, que tiene su 
correlato en la declinación de las asociaciones médicas y el crecimiento en 
importancia de las asociaciones de clínicas y sanatorios. En ese contexto, 
el papel del Estado debería orientarse hacia la redefinición de la estruc­
tura de incentivos competitiva dando mayor libertad de organización,
3 9 6  ENSAYOS SOBRE EL. FINANCIAMIENTO DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD
eliminando el gravamen al salario, controlando a las entidades, difun­
diendo información sobre sus procesos y resultados, eliminando la dis­
torsión que existe en el mercado de seguros, generando las mismas 
posibilidades de desarrollo para el sector privado que para las obras 
sociales, aplicando la legislación antimonopolios, y dando juridicidad a 
las administradoras de prestaciones, entre otras iniciativas.
En la actualidad, no solamente los ejes de la reforma no están de­
finidos con la profundidad necesaria, sino que desde la óptica del poder 
regulatorio el país se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad, 
dada la debilidad de las instituciones que deben aplicar las normas exis­
tentes. Esto puede llevar al agravamiento de las distorsiones de los mer­
cados sin la contrapartida de un ente contralor capaz de evitar prácticas 
colusivas. El gobierno debería recordar que las reformas competitivas 
—donde los mercados tienen menores imperfecciones—  fomentan la efi­
ciencia a través de una mayor competencia. Cuando las formas del mer­
cado se vuelven oligopólicas, en cambio, la reforma no consigue cambiar 
la situación. Así las cosas, los cambios que están ocurriendo en la Argen­
tina podrían llevar al surgimiento de imperfecciones del m ercado  de tal 
magnitud que en un contexto de debilidad regulatoria los resultados sean 
opuestos a los buscados. En suma, lo que se precisa en la actualidad son 
tres cosas: primero, mayor competencia; segundo, un marco regulatorio 
concordante con el juego colusivo del oiigopolío; y tercero, el fortaleci­
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