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        <dc:creator>Corden, W. Max</dc:creator>
        <dc:contributor>Corden, W. Max</dc:contributor>
        <dcterms:title>Una zona de libre comercio en el Hemisferio Occidental: posibles implicancias para América Latina</dcterms:title>
        <dcterms:isPartOf>En: La liberalización del comercio en el Hemisferio Occidental - Washington, DC : BID/CEPAL, 1995 - p. 13-40</dcterms:isPartOf>
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        <bibo:handle>hdl:11362/11959</bibo:handle>
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REVISTA
dela

CEPAL
I

J

NUMERO 54
DICIEMBRE 1994
SANTIAGO DE CHILE

ANIBAL PINTO

Director
EUGENIO LANERA

Secretario Técnico

NACIONES UNIDAS

REVISTA DE LA CEPAL 54

S

UMARIO

Mercados de salud: morfología, comportamiento y regulación
Jorge Katz y Ernesto Miranda
¿Liberalización o desarrollo financiero?
Gunther Held



7

27

Ajuste fiscal y gasto social

47

Rossella Cominetti

Logros y obstáculos en la educación formal de las mujeres 

61

Diane Alméras

¿Oué se entiende por flexibilidad del mercado de trabajo? 

81

Ricardo A. Lagos

Modernización de la supervisión bancaria 
Christian Larraín

97

Costos y beneficios de la integración centroamericana

111

Luis Cáceres

Algunas enseñanzas de las privatizaciones en Argentina
Daniel Azpiazu y Adolfo Vispo

129

Ventajas comparativas extraordinarias y crecimiento a largo plazo:

el caso de Ecuador
André A. Hofman y Rudolf Buitelaar

149

Industria cultural y nuevos códigos de modernidad 

167

Martín Hopenhayn

Orientaciones para los colaboradores de la Revista de la
Publicaciones recientes de la

CEPAL

DICIEMBRE 1994

CEPAL

179
181

7

REVISTA DE LA CEPAL 54

Mercados de salud:
morfología, comportamiento

y regulación
Jorge M. Katz
Ernesto Miranda R.
División de Desarrollo
Productivo y Empresarial de

Este artículo analiza los mercados de bienes y servicios vinculados a la atención de la salud, centrándose en tres de ellos: el

la CEPAL.

de servicios médicos, el de servicios de internación hospitalaFacultad de Economía de la
Universidad de Chile

ria públicos y privados y el de productos farmacéuticos, que
son los que absorben entre el 70% y 80% del total de los
gastos operacionales de salud. Estos mercados exhiben estructuras de competencia imperfecta, fuertes externalidades en el
consumo de atenciones de salud y una estrecha interdependencia. Las dos primeras características hacen que si se dejan
librados a sus propias fuerzas su funcionamiento no conduce a
soluciones óptimas en cuanto a la asignación de los recursos y
a la maximización del bienestar. A su vez, la interdependencia
se traduce en que las distorsiones presentes en cualesquiera de
ellos se transmiten y contribuyen a magnificar

—e n

la mayoría

de los casos— aquéllas presentes en los otros. Lo expuesto
tiene efectos cruciales en el diseño de la política pública, la
que naturalmente deberá enmarcarse también en las peculiaridades económicas, sociales y políticas de cada país. Aquí se
analizan algunas medidas de regulación que parecen aconsejables en cada uno de estos mercados, las que apoyadas por la
reingeniería institucional, legal y normativa que cada caso nacional haga aconsejable, permitirían si no eliminar al menos
moderar las incompatibilidades con las ideas desregulatorias y
de libre juego del mercado que hoy día parecen adecuadas en
otros campos de la vida económica.

DICIEMBRE 1994

8

REVISTA DE

LA

CEPAL 54 • DICIEMBRE 1994

I
Introducción
El cuidado, mantención y recuperación de la salud de
los miembros de una determinada sociedad se realiza
mediante el empleo de recursos humanos (médicos, otros
profesionales de la salud y otro personal), equipos e
instrumental, servicios de hospitalización públicos y privados, vacunas y fármacos, e insumos sanitarios y generales. Estos recursos son combinados en proporciones
variables, las que normalmente son decididas por los
profesionales médicos: en la mayoría de los casos son
ellos quienes definen los exámenes necesarios, asumen
la responsabilidad por el diagnóstico clínico de las
patologías identificadas y determinan las terapias. 1
Cada uno de los servicios e insumos mencionados identifica un mercado particular en el que operan
distintos proveedores —públicos y privados; nacionales y extranjeros— y usuarios, ya sea de bienes y
servicios finales o de bienes y servicios intermedios,
de consumo o de inversión. En dichos mercados prevalece un precio (o más bien, un espectro de precios)
alcanzado en virtud de ciertas reglas conductuales de
los agentes —proveedores y usuarios o pacientes—
que se desenvuelven enmarcados por estructuras de
mercado más o menos competitivas.
Se trata, por lo general, de mercados imperfectos
en los que la oferta tiene relativa capacidad para crear
su propia demanda. 2 La varianza de los precios de
q Este artículo contiene parte del material preparado por los autores para el estudio CEPAL/OPS titulado Salud, equidad y transformación productiva en América Latina y el Caribe, que con la
signatura LC/G.1813 (sES. 25/18) fue presentado en el 25° período
de sesiones de la CEPAL (Cartagena de Indias, abril de 1994). Las
opiniones aquí vertidas son de índole personal y en nada comprometen a los organismos mencionados. Las ideas contenidas en el
artículo fueron discutidas en diversas oportunidades con R. Franco, J. Ramos, F. León, y M. Boyer, a quienes se agradece sus
múltiples contribuciones y se exime de toda responsabilidad por lo
aquí expuesto.
En un estudio realizado hacia fines de los años setenta, Blumberg estima que cerca del 70% del gasto en servicios de salud que
efectúa una comunidad depende de decisiones tomadas por profesionales médicos.
2 La interdependencia de la oferta y la demanda derivada de la
capacidad que aquélla tiene para modelar a esta última, constituye
un rasgo central de los mercados de salud. Esto afecta el comportamiento de los proveedores de bienes y servicios y, como contrapartida, la naturaleza y funcionamiento del aparato regulatorio que es
necesario establecer a fin de inducir conductas microecónomicas
conducentes al óptimo social. La parte final de este artículo aborda
con mayor detalle los temas de política pública vinculados con la
regulación en el campo de la salud.

bienes y servicios que son sustitutos idénticos o similares suele ser significativa, ya que la noción de calidad y valor terapéutico es difusa incluso para los propios proveedores. En virtud del fenómeno conocido
como asimetría de información, el consumidor no logra una percepción precisa de cuáles son los medios
que permiten satisfacer sus necesidades ni de cuánto
mejor es una opción de gasto frente a otra, por lo que
la soberanía del consumidor sólo puede materializarse
muy imperfectamente. Lo aleatorio de las morbilidades, la variabilidad de los diagnósticos y terapias, y la
incertidumbre respecto del desarrollo tecnológico en
salud y su costo, interfieren con frecuencia en el manejo del riesgo, dando origen tanto a fenómenos de selección de riesgo como a los de selección adversa.
Tres de dichos mercados —el de servicios médicos, el de servicios de hospitalización y el de productos farmacéuticos— absorben en tre 70 y 80% del total
de los recursos que una determinada sociedad gasta en
el cuidado y recuperación de la salud de sus miembros.3 Cada uno de estos mercados nos enfrenta con
una problemática específica de organización y comportamiento que examinaremos individualmente primero, para pasar luego al estudio de su interdependencia.
El análisis del modelo de organización de los servicios de salud en una determinada sociedad debe hacerse prestando atención a dicha interdependencia, debido al impacto que ella tiene sobre la distribución de los
recursos en tre los distintos proveedores de bienes y servicios que interactúan en este campo. Argumentaremos
en lo que sigue que el funcionamiento del sistema de
salud está fuertemente condicionado por los cambios
que dicha distribucion va sufriendo a través del tiempo.
En la medida en que cada uno de los núcleos
prestadores de servicios puede hacer ajustes de cantidad o calidad cuando se produce una reducción de los
precios relativos de los servicios o bienes que ofrecen,
el comportamiento de cada uno de los mercados y la
interdependencia entre ellos adquieren un papel crucial
para comprender la evolución del sistema en su con3 A título de ejemplo, observamos que en Estados Unidos los
servicios médicos absorben 20% del total de los gastos en salud,
los costos de internación hospitalaria 40% y el pago por medicamentos cerca del 10% del gasto total (Feldstein, 1983, p. 33). En
Argentina, en cambio, los primeros absorben 28%, los segundos
22% y los terceros 30% del gasto total (Katz, y Muñoz, 1988).

MERCADOS DE SALUD: MORFOLOGIA, COMPORTAMIENTO Y REGULACION • JORGE M. KATZ Y ERNESTO MIRANDA R.

REVISTA DE LA CEPAL 54 • DICIEMBRE 1994

junto y sus rasgos centrales en términos de eficacia y
eficiencia microeconómicas y equidad distributiva.
La sección II está dedicada al análisis de los
rasgos morfológicos y la interdependencia de los

mercados de salud; la sección III explora brevemente
las connotaciones para la política pública del diagnóstico de organización sectorial que se hace aquí, y
la sección IV presenta nuestras reflexiones finales.

II
Morfología e interdependencia de los
mercados de salud
El dinamismo de los mercados de salud está determinado principalmente por el mercado de los servicios
médicos, puesto que los profesionales médicos son el
factor crucial del proceso de producción de servicios

de salud. Las prácticas médicas determinan las tecnologías empleadas, y de ellas dependen por tanto las
proporciones en que se utilizan los otros factores productivos. En un amplio rango, las demandas en los

CUADRO 1

América Latina y el Caribe (29 países): Recursos humanos para Ia atención de la salud,
alrededor de 1990
Países

Población (miles)

Argentina
Bahamas
Barbados
Bermuda
Bolivia
Brasil
Colombia
Costa Rica
Cuba
Chile
Dominica
Ecuador
El Salvador
Guatemala
Guyana
Haití
Honduras
Islas Vírgenes
Jamaica
México
Montserrat
Nicaragua
Panamá
Paraguay
Perú
Rep. Dominicana
Trinidad y Tabago
Uruguay
Venezuela

Médicos

Odontólogos

Enfermeras
profesionales

Auxiliares de
enfermería y
otro personal

32 700
259
258
61
7 300
151 400
32 800
3 100
10 740
13 400
72
10 800
5 300
9 500
800
6 600
5 300
99
2 400
83 300
14.4
3 800
2 500
4 400
21 900
7 200
1 300
3 100
19 800

88 800
373
294
71
3 392
208 966
36 551
4 027
46 860
15 015
38
15 737
4 525
7 601
138
564
3 803
21
338
149 432
5
1 723
4 131
2 924
23 771
11 130
911
11 530
32 616

21 900
58
33
27
333
118 609
19 498
1 200
8 057
7 000
6
4 847
1 182
251
11
81
622
1
54
...
1
183
957
1 160
6 259
1 898
109
3 512
7 945

18 000
682
836
27
1 869
57 047
15 251
3 021
5 474
5 653
233
5 045
2 655
3 120
708
728
1352
48
2 130
80 760
38
2 200
2 630
1 375
19 612
1 360
2 037
1 710
15 026

26 000
1 000
502
523
4 713
205 110
31 125
4 000
68 469
28 794
...
11 384
2 439
11 281
83
1 761
4 936
27
1 355
61 540
18
2 569
3 341
3 183
38 850
4 675
1 438
I 500
40 324

Fuente: Para las cifras de población, Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo mundial 1993, Washington, D.C., 1993. Para las demás
cifras, Organización Panamericana de la Salud (OPS)/Organización Mundial de la Salud (OMS), Las condiciones de salud en las Américas
1994. (en prensa).

MERCADOS DE SALUD: MORFOLOGIA, COMPORTAMIENTO Y REGULACION • JORGE M. KATZ Y ERNESTO MIRANDA R.

REVISTA DE LA CEPAL 54 • DICIEMBRE 1994

10

CUADRO 2

América Latina y el Caribe (29 países): Relación entre población y recursos humanos
para la atención de la salud, alrededor de 1990

N° de habitantes
por médico

Países

Argentina
Bahamas
Barbados
Bermuda
Bolivia
Brasil
Colombia
Costa Rica
Cuba
Chile
Dominica
Ecuador
El Salvador
Guatemala
Guyana
Haití
Honduras
Islas Vírgenes
Jamaica
México
Montserrat
Nicaragua
Panamá
Paraguay
Perú
Rep. Dominicana
Trinidad y Tabago
Uruguay
Venezuela

368
694
878
859
2 152
725
897
770
229
892
1 895
686
1 171
1 250
5 797
11 702
1 394
4 714
7 101
557
2 880
2 205
605
1 505
921
647
1 427
269
607

N° de habitantes
por odontólogo

1 493
4 466
7 818
2 259
21 922
1 276
1 682
2 583
1 333
1 914
12 000
2 228
4 484
37 849
72 727
81 481
8 521
99 000
44 444
1 031
14 400
20 765
2 612
3 793
3 499
3 793
11 927
883
2 492

N° de habitantes
por enfermera

1 817
380
309
2 259
3 906
2 654
2 151
1 026
1 962
2 370
309
2 141
1 996
3 045
1 130
9 066
3 920
2 063
1 127
1 354
379
1 727
951
3 200
1 117
5 294
638
1 813
1 318

N° de habitantes por
miembro del restante
personal de salud

1 258
259
514
117
1 549
738
1 054
775
157
465
949
2 173
842
9 639
3 748
1 074
3 667
1 771
800
1 479
748
1 382
564
1 540
904
2 067
491

Fuente: Para las cifras de población, Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo mundial 1993, Washington, D.C., 1993. Para las demás
cifras, Organización Panamericana de la Salud (OPS)/Organización Mundial de la Salud (OMS), Las condiciones de salud en las Américas
1994 (en prensa).

mercados de instrumental y equipamiento, insumos,
fármacos y servicios de hospitalización, son dem andas
derivadas. Aunque entre estos factores hay posibilidades de complementación y sustitución productiva, de
todos modos las proporciones en que ellos se emplean
están determinadas por los médicos, y en menor grado,
por el resto de los profesionales de la salud.

índice de habitantes por médico (cuadro 2): en algunos
países es similar al promedio europeo, en tanto que en
otros solamente alcanza a una fracción de aquél. Así, en
tanto que Argentina, Uruguay y Cuba muestran en promedio, un índice de cerca de un médico por cada 300
habit antes, en Chile, Colombia y Perú este es de uno por
cada 900, y en varios otros países sólo de uno por más
de 2 000 individuos.4 Esto sin duda repercute sobre la

1. El mercado de servicios médicos

La oferta de servicios médicos varía notablemente en tre
países latinoamericanos, así como también en tre regiones al interior de cada uno de ellos (cuadro 1). Esto se
refleja, por un lado, en las diferencias que muestra el
4 El índice promedio del conjunto de países de la Organización de
Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) es de 2,3 médicos
por cada 1 000 habitantes (Schieber y otros, 1991). Vemos así que

en países como Argentina, Uruguay o Cuba la saturación del
mercado de servicios médicos es hoy bastante mayor que la del
promedio de los países industrializados, con una fuerte concentración de dichos profesionales en los núcleos urbanos y las grandes
metrópolis. Montevideo, por ejemplo, tiene un médico cada 200
personas, y la ciudad de La Plata (capital de la Provincia de Buenos Aires, Argentina) exhibe la inusual tasa de un profesional cada
120 personas, lo cual es prácticamente inédito a escala mundial.
Respecto de los índices europeos, véanse Schieber y Poullier
(1989) y Greenwald (1991).

MERCADOS DE SALUD: MORFOLOGIA, COMPORTAMIENTO Y REGULACION • JORGE M. KATZ Y ERNESTO MIRANDA R.

REVISTA DE LA CEPAL 54 • DICIEMBRE 1994

tasa de consultas médicas por habitante, indicador que
también registra fuertes diferencias entre países y, al
interior de ellos, entre sus regiones.
Por otro lado, además de la densidad absoluta de
habitantes por médico, en el comportamiento del mercado de servicios médicos influyen también tres grandes conjuntos de variables. El primero se refiere al
ritmo de crecimiento, grados de especialización y composición por género de la oferta de nuevos graduados
—en medicina, odontología, enfermería y otras profesiones de la salud— y a su localización geográfica.
Dichas variables afectan tanto la forma como el desplazamiento en el tiempo de la curva de oferta de
servicios, incidiendo por lo tanto sobre el precio
—los aranceles de los servicios médicos—, la calidad
y la forma de organización del acto médico-asistencial. Influyen en esto, entre otros factores, las condiciones de acceso a la formación universitaria: el examen de ingreso u otras formas de selección que limitan la matrícula estudiantil; los requisitos de acreditación para el ejercicio profesional previstos en el marco institucional y regulatorio prevalente en cada sociedad; los mecanismos de especialización existentes
en la profesión médica y en las otras profesiones de
la salud, y la magnitud relativa de las graduaciones
femeninas, en la medida en que las médicas jóvenes
exhiben una propensión mayor a actuar en jornada
parcial y en relación de dependencia que los profesionales varones.
Respecto del sistema educativo, es preciso tomar
en cuenta sus características cuantitativas —condiciones de ingreso a la carrera de medicina, alumnos matriculados, tiempo y costo de la formación, naturaleza
de las residencias médicas, tasas de especialización,
índices de deserción, etc.—, y aquéllas cualitativas,
relacionadas con el mayor o menor contenido biologista o social de la formación profesional. Sobre el
sistema educativo de pregrado, Belmartino y otros
(1990), han dicho que: La situación actual puede caracterizarse de la siguiente manera: a.- Se otorga importancia particular al tipo de práctica que se realiza
en las instituciones hospitalarias dedicadas a la atención de enfermedades agudas con baja prevalencia;
b.- Se pone el énfasis en la función asistencial dirigida
sobre las fases más activas de la enfermedad, relegando a segundo plano aspectos tales como rehabilitación,
reinserción, seguimiento de crónicos, etc.; c.- Se privilegia la función curativa ignorando la importancia de
la promoción y prevención; d.- No se tienen en cuenta
los factores psicológicos, sociales y ambientales de la
salud/enfermedad, ni se integran eficazmente al curri-

11

culum los aportes de las ciencias sociales, las ciencias
humanas y la epidemiología; e.- Se acentúan los aspectos memorísticos del aprendizaje, descuidando la capacidad de raciocinio y el desarrollo del criterio clínico
para la evaluación de la condición del paciente. Y han
concluido que el sistema formador proporciona las
bases intelectuales de la reproducción del modelo médico hegemónico.
En otros términos, en el marco de una medicina
volcada hacia la alta complejidad, la sobremedicalización y la atención reparatoria ex post, la formación de los médicos —dado que se debe preparar
profesionales capaces de integrarse eficientemente al
sistema— termina por acentuar dichos rasgos, forzando a los nuevos graduados a una rápida especialización, al uso de tecnologías de alta complejidad y a
una fragmentación cada vez mayor del acto médico.
El segundo conjunto de variables que incide en
el comportamiento del mercado de servicios médicos
es la organización sectorial —de naturaleza estrictamente pública o privada— que adopta cada sociedad
para el financiamiento, la gestión y la provisión de
estos servicios. Así, en un modelo de prestación y
financiamiento públicos el médico actúa como funcionario del Estado y percibe un salari o, en tanto que
en un modelo mixto —en el que se combinan financiamiento y provisión del sector público, de las instituciones de la seguridad social (Iss) y del sector privado— surgen diversos comportamientos de mercado
y formas de transferencia que en el primer caso son
prácticamente irrelevantes.
En los modelos mixtos, los ingresos de la profesión médica —y de las otras profesiones de la salud,
aunque en menor medida— no provienen sola y exclusivamente de salarios por tareas efectuadas en relación de dependencia en el ámbito publico. En este
caso pasan a ser cada vez más significativos los
honorarios profesionales percibidos en la práctica privada y la rentabilidad de la propiedad del instrumental y equipamiento y de la infraestructura de hospitalización . Con estos bienes de capital, los profesionales médicos operan como subcontratistas de las ISS,
de las empresas privadas de prestación de servicios
de salud, y en ocasiones, de las entidades públicas.
La evolución de la combinación público-privada
hacia una creciente participación del sector privado
guarda una estrecha relación con el desarrollo y formalización de los mercados de salud. A medida que
éstos se desarrollan, las rentas provenientes de la propiedad de los bienes de capital e infraestructura pasan
a representar una proporción cada vez mayor del total

MERCADOS DE SALUD: MORFOLOGIA, COMPORTAMIENTO Y REGULACION • JORGE M. KATZ Y ERNESTO MIRANDA R.

12

REVISTA DE LA CEPAL 54 • DICIEMBRE 1994

de los ingresos de los profesionales de la salud. A su
vez, estas rentas de la propiedad son una función creciente de rentas asociadas a la introducción de equipos electromédicos de alta complejidad (tomógrafos,
ecógrafos, cámaras gamma, etc.).
En estas situaciones, los esfuerzos por capturar y
acrecentar la demanda de servicios de salud se alejan
de la competencia mediante precios y reducciones de
los costos de producción, para centrarse en cambio en
la diferenciación de productos mediante una creciente
sofisticación tecnológica. Esta conducta impulsa a los
profesionales a acrecentar sus grados de especialización —esto es, invirtiendo en capital humano—, a adquirir instrumental y equipamiento, y a emplear métodos de diagnóstico y procesos terapéuticos con la tecnología más avanzada. Así, sus ingresos globales derivan cada vez más de la inversión y la innovación tecnológica. Asociado a lo anterior, aumentan y cambian
sus características tanto las demandas sobre el sistema
de formación de profesionales de la salud —lo que se
combina con restricciones cada vez mayores para la
entrada al mercado mediante requisitos de especialización— como las demandas sobre los productores de
instrumental, equipamiento e infraestructura. El sector
de mayor dinamismo pasa a ser entonces aquél en que
se concentra la tecnología de vanguardia, cuya rentabilidad es mayor que en las áreas tradicionales.
Por último, el tercer conjunto de variables que
influyen en el funcionamiento del mercado de servicios médicos se vincula a las formas de pago que
prevalecen al interior de cada modelo organizacional:
por salario, por acción de salud, por capitación, por
tratamiento, por resultados, etc. En la práctica, se ha
podido observar que el pago por acción de salud en el
marco de un modelo mixto público/privado induce a
la sobreprestación y a la expansión de los costos.
También parece claro que al coexistir un aparato de
prestaciones privado con otro de naturaleza pública,
el rezago relativo de los salarios médicos en este último induce a la migración de profesionales hacia el
sector privado, produciéndose así incentivos para la
expansión de costos 5 (OMS, 1993; Miranda, 1993b).
La información disponible también indica que los
pagos por contrato capitado, nomencladores globalizados o grupos de diagnóstico —a diferencia
de los pagos por acción de salud— trasladan el riesgo
de la expansión de costos desde las entidades de financiamiento hacia las de provisión de servicios, for5 Estudios recientes del caso chileno ponen de relieve situaciones
de este tipo. Véase por ejemplo Oyarzo, (1992 y 1993).

zando a estas últimas a un manejo más cuidadoso de
los recursos. Se generan así incentivos para controlar
la sobreprestación y sobrefacturación mediante el establecimiento de normas técnicas para las tareas médico-asistenciales, y el empleo de sistemas de auditoría y otros de control ex post de resultados.
Los temas de la calidad y organización del acto
médico también parecen estar asociados a los tres
conjuntos de variables examinadas precedentemente.
Sin un adecuado esfuerzo por establecer tales normas
para las prestaciones y por fiscalizar ex post los resultados, los contratos capitados, por ejemplo, implantados sólo como mecanismos de contención de costos, corren el riesgo de inducir a la subprestación y al
deterioro de la calidad del acto médico.6
Basados en esta explicación, cada vez que en un
modelo estrictamente público de financiamiento y
prestación de servicios de salud se agudicen las restricciones presupuestarias, se deterioren los salarios y
aumenten los tiempos de espera, cabe esperar que
surjan mercados informales al interior de las entidades proveedoras públicas. En éstos, ciertos miembros
de la comunidad —ya sea gracias a su mayor capacidad económica o compelidos por la urgencia de su
necesidad— lograrían formas preferenciales de atención a cambio de pagos en especie, o retribuciones
fuera del circuito oficial.?
Los problemas de comportamiento microecónomico son de naturaleza diferente cuando pensamos en
modelos mixtos de organización sectorial, más abiertos y pluralistas que los estrictamente públicos. En
los modelos mixtos cabe esperar dentro de la comunidad médica conductas que afecten, entre otros aspectos, el costo de los servicios, el ritmo de introducción de nuevas tecnologías y la organización del acto
médico asistencial y su calidad, en un grado quizás
mayor y más difícil de regular que en el modelo estrictamente público.
Estos tres conjuntos de variables —el ritmo de
expansión de la oferta de nuevos graduados y su composición según el género, la localización, el grado de
especialización, etc.; la naturaleza del modelo organizacional del sector salud, y los mecanismos de pago
por los servicios— afectarán la participacion relativa

6 Esto podría ocurrir, por ejemplo, por la disminución de los minutos de consulta dedicados al paciente o del número de controles
de salud posquirúrgicos.
7 Ejemplos de surgimiento de mercados informales de este tipo
han sido identificados en estudios sobre el sector salud de los
países antes socialistas y, en fecha más reciente, de países como
Cuba y Costa Rica, entre muchos otros.

MERCADOS DE SALUD: MORFOLOGIA, COMPORTAMIENTO Y REGULACION • JORGE M. KATZ Y ERNESTO MIRANDA R.

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LA

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CEPAL 54 • DICIEMBRE 1994

de la comunidad médica en el total de los recursos
que la sociedad gasta en salud. Asimismo, favorecerán -u obstaculizarán- conductas reactivas por parte de dicha comunidad.
En resumen, las variables y comportamientos analizados interactúan para determinar la participación
de los profesionales de la salud en el ingreso. Dichos
comportamientos van a reflejar rasgos idiosincráticos
de cada sociedad, siendo necesario examinar cada caso
en particular a la hora de diseñar y llevar a cabo los
programas de política pública en esta materia. Así,
cada país deberá enfrentar esta compleja problemática a fin de proponer un marco institucional y regulatorio que compatibilice los legítimos derechos econó-

micos de los profesionales médicos y de los otros
profesionales de la salud, con los intereses generales
de la sociedad. La eficacia y eficiencia microeconómicas y la equidad de los sistemas de salud dependen
ampliamente de ello.
2. El mercado de servicios hospitalarios públicos y privados

La oferta de servicios de hospitalización públicos y
privados también exhibe enormes disparidades entre
los países de la región (cuadro 3). Vemos así que en
Argentina, Barbados, Cuba o Uruguay la dotación de
camas por cada mil habitantes oscila en torno a 6, en

CUADRO 3

América Latina y el Caribe: Camas de hospital por cada mil habitantes, 1964-1991

1964

1967

1974

1978

1984

1991

Area Andina
Bolivia (199l )a
Colombia (1989)
Ecuador (1991)
Perú (1992)b
Venezuela (1992)°

2.1
2.7
1.9
2.5
3.3

2.2
2.4
2.4
2.4
3.2

1.8
1.9
2.1
2
2.9

1.8
1.7
2
2.9
2.7

1.8
1.8
1.9
1.7
2.7

1.3
1.4
1.6
1.5
2.6

Cono Sur
Argentina (1992)d
Chile (1991)e
Paraguay (1991)f
Uruguay (1991)5

6
4.3
2.2
6.4

6.3
4.4
2
6.4

5.4
3.6
1.5
5.7

5.4
3.6
1.5
5.2

5.4
2.9
1.4
5

4.4
3.2
1.2
4.4

Brasil

3.4

3.8

3.8

3.8

3.6

3.5

Istmo Centroamericano
Belice (1989)
Costa Rica (1991)
El Salvador (1992)i
Guatemala (1989)k
Honduras (1992)
Nicaragua (1991)
Panamá (1991)
México (1991)1

4.9
4.5
2.3
2.6
2
2.3
3.2
2.2

4.9
3.8
2.2
2.5
1.7
2.3
3.3
2

4.6
3.8
1.8
2
1.7
2.2
3.2
1.2

3.2
3.1
1.8
1.6
1.3
1.6
3.9
0.9

2.5
2.9
1.3
1.6
9
1.6
3.6
0.8

2.2
2.2
1.6
1.6
1.1
1.2
2.7
0.8

Caribe Latino
Cuba (1991)
Haití (1992)
República Dominicana (1992)m

5.5
0.7
2.7

4.8
0.7
2.8

4.2
0.7
2.8

4
0.8
2

6.1

6
0.8
1.9

5.8

6.3

5.8

América Latina

Resto del Caribe
Anguila (1991)
Antigua y Barbuda
Antillas Holandesas y Aruba (1992)
Bahamas (1991)°
Barbados (1990)P
Dominica (1992)q
Granada (1991)r
Guadalupe
Guayana Francesa
Guyanas
Islas Caimán (1991)
Islas Turcos y Caicos (1992)
Islas Vírgenes (EE.UU.)
Islas Vírgenes (RU) (1991)t

1.2

2.7

7
7.2
5.5
5.8
4.9
6.9

4.9
10.4
4.5
6.9

3.9
8.7
4.3
7.5

4.3
8.7
3
8.6

4.1
8
3
9

5.4

4.6

4.3

4.5

7.6
4
8.1
3.3
6.6

1.5
2.6
2.9

4.3

4.3

3.6

3.5

4.7

3.5

(Continúa en la página siguiente)
MERCADOS DE SALUD: MORFOLOGIA, COMPORTAMIENTO Y REGULACION • JORGE M. KATZ Y ERNESTO MIRANDA R.

14

REVISTA

DE

LA

CEPAL

54

• DICIEMBRE

1994

Cuadro 3 (continuación)
América Latina
Jamaica (1991)
Martinica
Montserrat (1990)
San Cristóbal y Nevis (1992)
San Vicente y las Granadinas (1991)W
Santa Lucía (1992)X
Suriname (1989)Y
Trinidad y Tabago (1992)Z

1964

1967

1974

1978

1984

1991

4

3.7

3.8

2.4

2.6

2.2

5.3
3.4
4.4
4.7
5.2
5.3

4.9
4
4.4
4.8
5.3
5.1

4.7
4.3
5.4
5.2
5.4
4.5

5.1
5.6
5.1
4.4
5.8
4.1

5.7
5.8
4.9
3.8
5.4
4.8

4.8
6.6
4.4
3.7
3.2
3.3

Fuentes: Informes de país. Organización Panamericana de la Salud (OPS)/Organización Mundial de la Salud (OMS), Las condiciones de
salud en las Américas, 1969-1972, Publicación científica, N° 287, 1974; Las condiciones de salud en las Américas, 1973-1976, Publicación
científica, N° 364, 1978; Las condiciones de salud en las Américas, 1977-1980, Publicación científica, N° 427, 1982 y Las condiciones de
salud en las Américas, 1981-1984; vols. I y II, Publicación científica, N° 500, 1986, Washington, D.C.
a Camas de todas las dependencias. (Directorio Nacional de Hospitales de Bolivia). Egresos y utilización sólo para el Ministerio de Salud y
la Seguridad Social (5 096 y 2 591 camas, respectivamente).
b Datos sólo para el Ministerio de Salud y la Seguridad Social (26 012 y 6 929 camas, respectivamente).
Camas de todas las dependencias. Egresos y utilización sólo para el Ministerio de Salud (26 867 camas).
d Total de camas según catastro en 1980. Egresos y utilización sólo para el Subsector Oficial (75 822 camas disponibles en promedio)
(Boletín del Programa Nacional de Estadísticas de Salud N° 67, 1993).
e Camas de todas las dependencias (Anuario de Atenciones y Recursos, 1991; Anuario de Egresos Hospitalarios, 1991).
f Camas de todas las dependencias (Anuario Estadístico del Paraguay, 1991).
g Camas de todas las dependencias. Egresos y utilización sólo para camas de corta estancia del sector público.
h Camas de todas las dependencias públicas y privadas, 1989 (11 530 públicas y 403 365 privadas).
 No incluye datos para dos hospitales privados.
Camas de todas las dependencias. Utilización para el Servicio de Medicina.
k Camas de todas las dependencias, en el tercer nivel solamente.
I Datos para el Sistema Nacional de Salud solamente.
m Camas de todas las dependencias. Egresos y utilización sólo para el sector público (301 camas).
 Datos de camas generales solamente. Egresos y utilización sólo para Aruba (301 camas).
° Camas de todos los hospitales. Egresos y utilización sólo para hospitales de corta estancia del sector público (540 camas).
P Camas de todos las dependencias. Egresos y utilización sólo para Queen Elizabeth Hospital (539 camas).
q Camas de todos los hospitales. Egresos y utilización sólo paraPrincess Margaret Hospital (195 camas).
r Camas de todos los hospitales. Egresos y utilización sólo para tres hospitales generales (349 camas).
s Sólo informa tener 24 hospitales.
t Camas y egresos de los hospitales público y privado. Utilización sólo para hospital público (50 camas).
 Camas de todas las dependencias. Egresos y utilización y consultas sólo para hospitales del gobierno (5 078 camas).
 Camas de todos los hospitales. Egresos y utilización sólo para hospitales J. N. France y Pogson (174 y 38 camas, respectivamente).
W Camas de todos los hospitales. Egresos y utilización sólo para Kingston General Hospital (207 camas).
X Camas de todas las dependencias. Egresos y utilización sólo para hospitales Victoria y St. Jude (184 y 114 camas, respectivamente).
Y Camas de todas las dependencias. Egresos y utlización sólo para los cuatro hospitales generales de Paramaribo (1 213 camas).
Z Camas de todas las dependencias. Egresos y utilización sólo para hospitales públicos generales (1 936 camas). Datos provisionales.

tanto que en Brasil, Chile o Venezuela se halla en tre
3.5 y 4.3 y en Honduras, Paraguay, México y Colombia entre 2 y 3 cada mil habitantes.
Sin duda, el grueso de la infraestructura hospitalaria disponible en la región es de carácter público
(cuadro 4); sin embargo, en la mayoría de los países
es la privada la que está creciendo con más rapidez.
En no pocos casos, esta es la única que en realidad
está creciendo, dada la profunda crisis de financiamiento que han sufrido tanto los gobiernos cen trales
como las instituciones de la seguridad social en los
últimos diez años. 8 El peso relativo de la infraestructura hospitalaria privada varía notablemente de un país a
8 En el curso de los años setenta y ochenta, las camas públicas
disminuyeron de 100 mil a 93 mil en Argentina, y de 14 mil a algo
más de 8 mil en Uruguay (OPS, 1993).

otro, siendo insignificante, por ejemplo, en Costa Rica,
los países del Caribe angloparlante o Cuba, y llegando
en el otro extremo a casi 75% del total de camas disponibles, en Brasil. El promedio oscila en torno al 24% en
Chile, 32% en Argentina, 20% en Perú y 21% de las
camas totales en Venezuela. En Costa Rica, México y
en menor proporción en Colombia, es el sistema de
seguridad social el que controla una pa rte significativa
de la capacidad hospitalaria disponible.
Pese a ofrecer servicios en muchos sentidos sustitutivos, el hospital privado y el hospital público exhiben modelos muy distintos de organización del trabajo
médico-asistencial. En los modelos mixtos de organización sectorial tienden a consolidarse dos formas estructurales escasamente integradas en las que se proveen servicios de diferente calidad y complejidad tec-

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15

CUADRO 4

América Latina y el Caribe (18 países): Camas de hospital en el sector público y en el
privado, alrededor de 1990
(Porcentajes)
País

Sector público

Argentina
Bahamas
Barbados a
Bolivia
Brasil
Colombia a
Costa Rica a
Cuba a
Chile
Ecuador a
Guatemala
Honduras a
Jamaica a
Panamá a
Perú b
Rep. Dominicana
Uruguayo
Venezuela

68
89
98
84
25
80
98
100
76
70.4
82
76
94
87.2
80.4
63
72.3
79.48

Sector privado

32
11
2
16
75
20
2
24
29.6
18
24
6
12.8
19.6
37
27.7
20.52

Fuente: Organización Panamericana de la Salud (OPS)/ Organización Mundial de la Salud (OMS), Las condiciones de salud en las Américas
1985-1989, Washington D.C., y datos obtenidos de las tablas de los sistemas de salud en América Latina y el Caribe.
a Datos correspondientes al año 1991.
b Datos correspondientes al año 1992.
Datos correspondientes al año 1989.

nológica. El hospital público se encarga predominantemente de las patologías crónicas, de reducida rentabilidad, en tanto que las entidades privadas actúan de preferencia en la atención de patologías agudas y usan
equipos de alta complejidad tecnológica, como son los
tomógrafos computarizados, las cámaras gamma y las
unidades de resonancia magnética nuclear, entre otros.
Se va configurando así progresivamente un modelo dual de atención hospitalaria pública y privada,
en el que los mismos profesionales médicos actúan
en ambos ámbitos, pero conforme a dos lógicas de
comportamiento claramente diferenciadas. En tanto
que en el hospital público priman objetivos de investigación, aprendizaje y desarrollo curricular, en el ámbito privado los objetivos pecuniarios constituyen, sin
duda, la mayor motivación. Ambas esferas de acción
presentan también interrelaciones: no es infrecuente
que un médico atienda privadamente a un paciente en
el plano ambulatorio —cobrando de la seguridad social, de los seguros de prepago, o simplemente del
bolsillo del paciente— pero que la internación y atención hospitalaria del mismo se realice en el ámbito
público y de manera gratuita. En consecuencia, los

subsidios desde el ámbito público al privado son en
este respecto cuantiosos. Los ejemplos de Chile o
Argentina son claros en este sentido.
Otra manifestación de las interconexiones entre
estos modelos duales se expresa en la derivación de
pacientes desde el ámbito público al privado por parte de los profesionales médicos. Ello les permite a
estos últimos expandir la demanda por sus servicios
en el caso de aquellos pacientes que pueden pagar a
cambio de obtener una atención más oportuna, expedita y con mayores comodidades. Estas prácticas parecerían ser más frecuentes cuanto mayor sea la participación de los profesionales en la propiedad de la
infraestructura hospitalaria privada, o en otros arreglos de naturaleza comercial que les permitan participar en los ingresos así generados. Los conflictos de
intereses son obvios, además de que estas prácticas
interfieren con las medidas de recuperación de costos
y los mecanismos redistributivos que se pongan en
práctica en el ámbito público.
Los mecanismos de recuperación de costos están
siendo aplicados crecientemente en el ámbito público
en la región, para obtener financiamiento directamente

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16

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de los usuarios, y en algunos casos, con fines redistributivos. 9 La profesión médica no ha recibido siempre
con beneplácito estas iniciativas, puesto que ellas aumentan las exigencias administrativas y obligan a mejorar los sistemas de registro y control. Dado que éstos
no siempre redundan en beneficios —pecuniarios o no
pecuniarios— para el profesional médico, emergen
desincentivos para lograr su cooperación que resultan
difíciles de contrarrestar, y que en definitiva pueden
obstaculizar los intentos de aplicar políticas de recuperación de costos en el ámbito público.
Las formas de pago también inciden significativamente —al igual que en el de los servicios médicos— sobre la conducta de los agentes prestadores, y
asumen las modalidades ya examinadas. En el ámbito
público, todavía predominan en la mayoría de los países las formas de pago a través de transferencias presupuestarias con base retrospectiva. Sin embargo, existen experiencias de transferencia parcial de recursos
mediante pagos por acción en Chile (tanto en los
establecimientos públicos como en aquéllos traspasados a las municipalidades) y en Brasil, donde se han
empleado aranceles globalizados. Podría sostenerse
que la incidencia de las formas de pago en estos casos no difiere esencialmente de aquélla observada en
el ámbito privado, aunque los efectos son más moderados, ya que generalmente la eficiencia productiva
no es un objetivo perseguido en el ámbito público,
como tampoco lo es el generar excedentes.
Más complejo es el efecto de los acuerdos contractuales de pago entre entidades de financiamiento
y entidades proveedoras que se establecen en el campo de la atención hospitalaria privada. Obviamente,
las modalidades que se adopten tienen fuerte incidencia en el costo y la calidad de las prestaciones, el
ritmo de cambio tecnológico y la propensión de los
prestadores a adoptar prácticas de diferenciación de
producto y a introducir tecnologías médicas de alta
complejidad. Son estas últimas las que producen señales más claras de rentabilidad, lo que impulsa a
consolidar un modelo asistencial crecientemente medicalizado y fragmentado en especialidades y subespecialidades clínicas.

el lado de la oferta —producción mas importación de
medicamentos— como por el lado de la demanda.
Examinemos primero el tema de la demanda.
En un extremo podríamos ubicar el caso de Argentina, donde el consumo de medicamentos oscila
en torno a los 80 dólares per cápita por año, tomado
el consumo a precios de farmacia. Este valor se aproxima al que exhiben países como España o Portugal, y
contrasta marcadamente con el de 12 a 14 dólares en
Perú, México o Costa Rica y de sólo 7 dólares en
Guatemala.10
En términos teóricos, la demanda de medicamentos depende de los precios y del modelo de regulación de los mismos que usa una determinada sociedad; de la regulación del ingreso per cápita; del perfil
epidemiológico de la población; de los modelos de
financiamiento prevalentes en esa sociedad —cuánto
del gasto es cubierto por la seguridad social y cuánto
por gasto directo de bolsillo—; de factores culturales, como la actitud de la población frente a la automedicación, y otros.
Así, respecto de una de las variables señaladas,
estudios recientes llevados a cabo en el medio europeo
revelan que los mecanismos de financiamiento prevalecientes en la sociedad tienen un impacto significativo
en el nivel y composición de la demanda de fármacos.
En algunos países de la Comunidad Europea la seguridad social financia hasta el 100% del gasto en algunos
medicamentos y emplea para ello lo que se denomina
una lista positiva de productos sobre los que acepta
otorgar reembolso. En otros casos, en lugar de una
lista positiva se utiliza una lista negativa que indica
las exclusiones, ya sea por clases terapéuticas o por
productos específicos. En esta materia es dable observar en los escenarios de salud del viejo continente una
diversidad de situaciones (cuadro 5).
La existencia o no de precios regulados en materia de medicamentos también influye sobre la demanda. En el ámbito latinoamericano, hasta hace poco
tiempo hubo control de los precios de los fármacos
en gran parte de los países de la región, siendo reciente la experiencia desregulatoria en este plano de

3. El mercado de medicamentos

I ° Dichas cifras, sin embargo, deben ser manejadas con cierto cuidado, ya que ocultan precios muy distintos entre países, aún para
medicamentos similares. Una medición más realista podría alcanzarse por la vía del número de unidades físicas comercializadas
anualmente. En Argentina —c on un volumen físico comercializado por año cercano a los 400 millones de unidades— el consumidor promedio tiene acceso a unas 15 unidades anuales, aproximadamente. Siguiendo la misma metodología observaríamos que el
consumo físico es de 7 a 9 unidades físicas anuales en Chile,
Venezuela, Brasil y Colombia.

El mercado de medicamentos nos confronta con un
escenario regional de marcadas disparidades, tanto por
9 Los fines redistributivos se logran cuando el porcentaje de las
prestaciones que paga el usuario es más alto cuanto mayor sea su
ingreso.

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Argentina y México, entre otros países. En los últimos años los precios de los medicamentos se han
elevado significativamente en términos reales en los
diversos países que desregularon este mercado (cuadro 6), con lo cual la incidencia de este rubro en el

CUADRO 5

17

gasto de las familias y en los gastos globales de salud
ha aumentado considerablemente.
Las instituciones de la seguridad social han ido
reaccionando frente a este fenómeno, disminuyendo
los porcentajes de reembolso, reduciendo las cobertu-

Comunidad Europea: Mecanismos de financiamiento de medicamentos y porcentajes
de copago

Hay
lista
positiva de
medicamentosa
Alemania
Dinamarca
Francia
Bélgica
Grecia
Irlanda
Italia
Países Bajos
Portugal
España
Reino Unido

Hay
lista
negativa de
medicamentosb

Sistema de copago prevaleciente
en la sociedad
(% del precio de farmacia)

No
Sí
Sí
Sí
Sí
No
Sí
No
Sí
Sí
No

Sí
No
No
Sí
No
Sí
No
Sí
No
Sí
Sí

Monto fijo
25/50/100
0/30/60/100
0/25/50/60
20
Varía según el tipo de paciente
30 ó 40
Monto fijo
0/20/50
40
Monto fijo

Proporción
cubierta
por el paciente
(%)

Se promueve
o no el uso
de
medicamentos
genéricos

25
33
30
35

Fuertemente
Sí
Sía
Sía
Sí
Sí
Sic
Fuertemente
Sí
Sí
Fuertemente

32
20
25
25
10

Fuente: M.L.Burstall, Europe after 1992. Implications for pharmaceuticals, Health Affairs, Washington, D.C., otoño 1991, p. 157.
a Medicamentos sobre los cuales se acepta hacer reembolsos.
b Medicamentos sobre los cuales no se acepta hacer reembolsos.
Con reservas.

CUADRO 6

América Latina (algunos países): Precio promedio por unidad a de medicamento,
1988 a 1992.
(Dólares)

1988
Argentina
Rep. Dominicana
Centroamérica
Uruguay
Perú
Chile
México
Ecuador
Brasil
Colombia
Venezuela
Promedio
Aumento (%)

1989

1990

1991

1992

2.71
2.41
2.98
1.70
0.96
1.56
1.39
0.74
1.22
1.3
0.62
1.44
9.1

2.26
2.87
3.01
1.73
1.24
1.75
1.50
1.00
1.32
1.47
1.01
1.51
4.9

3.71
2.97
2.82
2.00
2.21
1.99
1.62
1.09
1.86
1.57
1.43
1.96
29.8

4.58
3.79
3.00
2.43
2.55
2.19
1.94
1.64
1.46
1.71
1.63
2.14
9.2

5.34
4.03
3.26
3.04
2.89
2.51
2.41
2.27
2.11
2.07
1.81
2.73
27.6

Fuente: IMS AG, PM Reports, Suiza, International Medical Statistics, 1993.

a Caja u otro envase equivalente.
En un reciente estudio sobre el mercado farmacéutico mexicano,
Brodosky indica que el precio promedio al consumidor era de 0.92
dólares en 1988 y de 2.60 dólares en 1993, lo que representaba un
aumento real de más del 200%; idéntico fenómeno puede obser-

varse en el caso argentino, donde la expansión ha sido desde 2.50
dólares en 1984 a casi 6 dólares por unidad en 1992 (Véanse Brodosky, 1994; Katz y Burachik, 1992).

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18

REVISTA DE LA CEPAL 54 • DICIEMBRE 1994

ras que otorgan a la compra de medicamentos o estableciendo formularios terapéuticos o listados básicos
de medicamentos genéricos susceptibles de reembolso,
en un intento por frenar la creciente incidencia del
rubro fármacos en la cuenta global de gastos en salud.
Pasando ahora al campo de la oferta de medicamentos, podemos identificar al menos tres escenarios
en la región (cuadro 7). Están primeramente aquellos
países como México, Argentina o Brasil, en los que
se fabrica localmente casi la totalidad de los fármacos
finales que se consumen y entre 10% y 40%, aproximadamente, de los principios activos o materias pri-

mas farmacéuticas que emplea la industria de fármacos. En segundo lugar ubicamos otro grupo de países
—Chile, Colombia— en los cuales se fabrica una
proporción impo rtante de las especialidades que se
venden en plaza, pero donde casi no existe aún una
industria farmoquímica local productora de materias
primas farmacéuticas, de modo que estas últimas se
importan casi en su totalidad. Finalmente, en tercer
lugar podemos ubicar a los países más chicos, o de
menor desarrollo relativo, en los que una proporción
muy significativa de los fármacos finales proviene
directamente de la importación y, por lo tanto, no

CUADRO 7

América Latina (12 países): Composición de Ia oferta de medicamentos,
alrededor de 1987
(Miles de dólares y porcentajes)

Participaciónb

(porcentajes)
Países

Mercado totals
(miles de dólares corrientes)

Argentina
Brasil
Colombia
Costa Rica
Chile
El Salvador
México
Panamá
Paraguay
Perú
Uruguay
Venezuela

Producción local como %
del mercado total

1 038 878
1 977 878
482 000
51 000
132 000
45 000
1 277 000
58 000
75 000
179 072
102 000
206 684

95.0
83.2
26.0
51.0
96.7
25.5
85.6

95.5

Participación relativa de
los laboratorios
nacionales

56.6
24.5
25.0
20.0
43.0
24.0
9.5
63.4
27.0
48.4
23.0

Fuente: Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), Informe de la Conferencia latinoamericana sobre aspectos económicos y
financieros de los medicamentos escenciales, Caracas, marzo de 1992.
a A precios de salida de fábrica a los mayoristas.
b Los porcentajes se calculan sobre valores.

existe producción local de materias p ri mas para esta
indust ri a. Estas tres situaciones obviamente plantean
interrogantes muy diversas a la política pública.
En el primero de los tres casos, a las cuestiones
relacionadas con la protección del consumidor —precios y calidad de los fármacos localmente comercializados— se añaden las de política industrial, ya que
se debe evaluar la conveniencia de desarrollar o no

una industria farmoquímica local y el apoyo que ella
debería recibir hasta alcanzar un status competitivo
en el ámbito internacional.
La viabilidad de desarrollar tal industria depende crucialmente tanto del marco para la propiedad
industrial que un dado país decida adoptar —leyes
que admitan o bloqueen la posiblidad de patentar productos farmacéuticos, que introduzcan o no un mecanismo de licencias obligatorias para las nuevas mo-

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LA

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léculas farmoquímicas, que admitan o no la importación del producto terminado o la materia prima activa
involucrada, que especifiquen qué es lo que constituye explotación suficiente de la patente, etc. —como
también de cuestiones inherentes a la formación de
recursos humanos calificados— biólogos, farmacólogos, virólogos, y otros— que sin duda son necesarios
para avanzar en el desarrollo de una industria local de
principios activos.12
Con relación a la industria de especialidades medicinales, observamos que, con excepción de países
como Argentina o Chile, donde las empresas de capital nacional han llegado a controlar una fracción importante del mercado farmacéutico local, son las firmas transnacionales las que dominan ampliamente la
industria de medicamentos, siendo su participación
cercana al 80% del total del mercado en Brasil, México, Perú o Venezuela.
La desregulación de los precios de los medicamentos más los cambios que en la actualidad están
ocurriendo en materia de reducción arancelaria, por un
lado, y la patentabilidad de productos farmacéuticos,
por otro, están transformando radicalmente la atmósfera del mercado de especialidades farmacéuticas en muchos de los países de la región. Esos países se han
convertido nuevamente en un escenario sumamente
atractivo para las firmas de capital extranjero que durante las dos últimas décadas habían perdido interés en
ellos (Brodosky, 1994; Katz y Burachik, 1992).
El nuevo marco institucional y regulatorio, por
el contrario, disminuye los incentivos para el desarrollo autónomo de las empresas farmacéuticas de capital nacional, las que encuentran ahora estímulo para
operar como licenciatarias locales de grandes grupos
transnacionales, aprovechando las ventajas de sus canales de distribución, fuertemente consolidados en los
mercados de la región, y su experiencia para operar
con la comunidad médica local. El modus operandi
de la industria está experimentando un fuerte proceso
de transformación y la vitalidad de los mayores laboratorios farmacéuticos de la región se está redefiniendo en el marco de un nuevo acuerdo de colaboración
con firmas transnacionales.
Algo distinto es lo que ocurre con la -producción
de materias primas farmacéuticas, campo en el que
12
Es útil recordar que países como Suiza, Japón o Italia no admitieron por largos años la patentabilidad de productos farmacéuticos
en defensa de su propia industria química. Sólo cuando ésta había
adquirido status competitivo internacional dichos países suscribieron el Tratado de la Convención de Paris de 1883, y comenzaron a
operar conforme a reglas del juego internacionales en materia de
propiedad industrial (Katz, 1972 y 1974).

19

empresarios locales de México, Brasil y Argentina
habían alcanzado hasta fechas recientes un progreso
de cierta significación basado en la copia temprana
de nuevas moléculas farmoquímicas. Esto se hacía al
amparo de una ley de patentes débil que no protegía
la patentabilidad de productos, de una protección arancelaria que permitía a esos empresarios fabricar principios activos en plantas de pequeña dimensión, y de
un mecanismo para otorgar certificados de comercialización de nuevos medicamentos, particularmente sesgado en su favor.
El núcleo de empresas de capital nacional que
consiguió establecerse en las últimas tres décadas merced al régimen regulatorio vigente parece enfrentar
hoy serias dificultades de sobrevivencia. Los programas económicos de apertura y liberalización de la
actividad económica y las nuevas ideas que en materia de propiedad industrial están ganando terreno en
la región ante la activa presión de los países desarrollados en el marco del GATT (Reichman, 1993), hacen
dudoso que los empresarios nacionales puedan continuar desarrollando esta industria a través de la copia
temprana de moléculas farmoquímicas de reciente descubrimiento en países avanzados, y de su fabricación
local en plantas químicas pequeñas, de tipo multipropósitos.
Los elevados costos de investigación y desarrollo involucrados en la búsqueda de nuevos principios
activos; la patentabilidad de productos; la reducción
de las barreras arancelarias que hasta fecha reciente
hacían rentable la producción local de materias primas farmacéuticas, y finalmente, la eliminación de
los privilegios que con frecuencia concedía la autoridad local de salud, otorgando a los fabricantes locales
acceso prioritario a los certificados de comercialización, permiten hoy dudar del futuro de las industrias
farmoquímicas locales. Así, el nuevo cuadro institucional y regulatorio prácticamente está eliminando
los pilares mismos sobre los que se apoyó el desarrollo de las empresas de capital nacional en décadas
pasadas y con ello modificando de manera profunda
el comportamiento sectorial de largo plazo.
Habiendo examinado hasta aquí algunos de los
rasgos microeconómicos que inciden en el comportamiento de los principales mercados de bienes y
servicios utilizados por el sector salud, nos parece
necesario pasar ahora al estudio de las interdependencias que median entre todos ellos y de la importancia que éstas tienen para el comportamiento global del sector; su eficiencia, su eficacia y el acceso
equitativo a él.

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4. Interdependencia de los mercados

Los mercados de los bienes y servicios requeridos
para el cuidado y recuperación de la salud de una
población dada exhiben múltiples y complejas formas de interdependencia. Así, por ejemplo, un parto
puede significar menos gastos de hospitalización si la
paciente ha recibido más cuidados prenatales, los que
son provistos en atención ambulatoria. O puede requerir más gastos de internación y de medicamentos
si el profesional médico opta por realizar el parto por
cesárea. Esto último puede ocurrir por razones terapéuticas; pero también puede deberse a que, por ejemplo, el profesional involucrado encuentra que este camino le permite optimizar el uso de sus horas de
trabajo profesional, evitando los tiempos de espera.
También puede deberse a que el arancel de prácticas
médicas establece un pago más alto para un parto por
cesárea que para uno vaginal de carácter convencional. Ejemplos de esta índole sin duda abundan y no
es necesario extendernos en su ennumeración.
Lo anterior muestra que muchos de los bienes y
servicios aquí transados son sustituibles entre sí en
diversos grados; por tanto, el sistema de precios relativos se comporta en los hechos como un poderoso
mecanismo de redistribución de los recursos globalmente disponibles entre los agentes prestadores. Así,
por ejemplo, la relación entre el arancel médico y el
arancel hospitalario, así como entre el arancel hospitalario y el precio de los medicamentos, deben verse
como verdaderos canales de transferencia de ingresos
entre los diversos mercados, y dentro de ellos, entre
los distintos proveedores. Por eso no resulta sorprendente que estos temas sean centrales en las negocia-

ciones entre los ministerios de salud pública, los sistemas de seguridad social, los colegios profesionales, las asociaciones empresariales representantes de
laboratorios farmacéuticos, las entidades de prepago
médico y otras.
El marco regulatorio de cada sociedad para los
servicios de salud tiene sin duda que enfrentar estos
aspectos de crucial importancia para el comportamiento del modelo prestador, puesto que de ello dependen
principalmente la eficiencia, eficacia y equidad del
sistema.
Existe otro plano en el que las interdependencias
de los mercados son también notorias. Estudios recientes parecen indicar que un consumidor dado de
servicios de salud no siempre se comporta exclusivamente como un paciente del sistema de seguridad
social o como un paciente del sector público, sino
que tiende a combinar sus distintas alternativas de
adscripción para maximizar el conjunto de bienes y
servicios que recibe del sistema de salud. (así lo señalaba Lastiri a J. Katz en carta personal sobre el
tema). Por ejemplo, un operario adscrito a una Isapre
chilena puede obtener atención ambulatoria financiado por esa vía, pero opta por la hospitalización en el
ámbito público —sin declarar su afiliación al sistema
de Isapres— a fin de lograr gratuidad en la provisión
de atenciones de mayor complejidad y costo y la entrega gratuita de medicamentos. 13 Esto nos muestra
que también hay interdependencias y subsidios cruzados entre el ámbito publico y el privado, y que para
comprender acabadamente el funcionamiento sectorial debemos integrar a ambos subsectores en una
sola visión de conjunto y no tratarlos como compartimentos estancos.

III
Estrategias futuras y políticas regulatorias
1. Políticas activas y pasivas en el campo de Ia
salud

tructuración pasiva del sector, resultantes de la ausencia de políticas explícitas por parte de la autoridad de

Es posible identificar en la escena contemporánea dos
modalidades claramente distintas de conducción de la
política pública en materia de salud. Encontramos,
por un lado, lo que podríamos calificar como políticas activas de modificación de la combinación público/privada de financiamiento y prestación de servicios. Y por otro, innumerables experiencias de rees-

13 Entrevistas en hospitales públicos chilenos y argentinos confirman que tanto como 20 a 25% de los pacientes atendidos en la
esfera pública, con un copago nominal ínfimo, corresponde a pacientes de Isapres —en el caso de Chile— o de la Seguridad Social
en Argentina; son los que simplemente optan por no declarar su
afiliación a fin de obtener gratuitamente insumos o servicios no
cubiertos en sus planes de salud en el ámbito privado o paraestatal,
lo que sin duda involucra un importante subsidio encubierto a
favor del sector privado.

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salud en lo que atañe a organización y comportamiento de los mercados proveedores de bienes y servicios en este sector.
En este último caso, la reestructuración y organización de dichos mercados está ocurriendo como
respuesta autónoma del mercado. 14 Estos fenómenos
están alterando profundamente el funcionamiento del
mercado de fármacos, los ritmos de migración de los
profesionales médicos y otros desde el ámbito público al privado, la tasa de crecimiento, el nivel de complejidad de la infraestructura sanatorial privada, etc.
Dado que dicha reestructuración del modelo de
organización sectorial ocurre en situaciones de mercados sumamente imperfectos, no debe asombrarnos que
esté dando origen a numerosos problemas nuevos de
eficiencia microeconómica y equidad distributiva del
tipo de aquellos examinados previamente. Estos problemas tienden a presentarse aún en los países que han
efectuado un proceso de reestructuración sectorial activa, como Chile (Miranda, 1993a y 1990), y con más
razón aún cabe esperar que surjan allí donde el Estado
adopta una conducta pasiva. Los aumentos de costos,
la inequidad de acceso, la consolidación de un modelo
médico excesivamente volcado a lo individual y reparatorio en lugar de lo comunitario y preventivo, la dualización del modelo de prestaciones, etc., constituyen
algunos de los peligros ciertos de la reorganización
sectorial pasiva, sin un adecuado programa de la autoridad de salud y de la autoridad responsable por el
funcionamiento global de la economía.
Para enfrentar estas tendencias naturales se precisa una política de salud activa y coherente de la
autoridad pública, que sea capaz de reflejar las particularidades de cada sociedad y los elementos condicionantes que emanan de su evolución histórica. La
política de salud activa necesariamente deberá abordar la problemática de los diversos mercados, tal como
ha sido expuesta en las páginas precedentes. A continuación se identifican algunos de los problemas centrales que en cada caso deberá enfrentar la política de
salud en años venideros.
2. La política de salud en el ámbito de los servicios médicos

Tal como vimos en la sección II, apartado 1, el funcionamiento del mercado de servicios médicos está
14 El desarrollo de los mercados ha dado origen a lo que se conoce
en la literatura reciente como nuevas formas organizacionales (véase
OPS-CEPAL, 1994, pp. 39 a 51).

21

fuertemente condicionado por variables provenientes
tanto del lado de la oferta como del de la demanda.
En relación a la oferta, interesa particularmente examinar el impacto que sobre el funcionamiento del
mercado tiene el ritmo de incorporación de nuevos
profesionales y el distinto grado de saturación relativa que dicho mercado exhibe en los diversos países
de la región. A su vez, el ingreso de nuevos profesionales al mercado aparece condicionado por el crecimiento de la matrícula universitaria, el grado de especialización, la localización y el sexo de los recursos
humanos, y por el sistema educativo en el que se
forman los profesionales de la salud.
En los hechos, el sistema educativo cumple un
rol fundamental, pues determina el número de estudiantes que ingresan año a año a la formación profesional, la calidad de la educación brindada y la actitud e ideología médico-asistencial con que dichos estudiantes emergen a la vida profesional.
Por el lado de la demanda, el mercado se caracteriza cada vez más por la multiplicidad de instituciones empleadoras —las que pueden pertenecer al ámbito publico, privado, o de la seguridad social. Esta
fragmentación, y la falta de coordinación de los servicios en torno a un sistema unificado de salud, consolida cada vez más un modelo dual de organización
del trabajo médico-asistencial, cargado de imperfecciones y con fuertes diferencias de calidad, de eficiencia microeconómica y de equidad entre los diversos ámbitos ocupacionales.
La fragmentación y falta de coordinación entre
el sector público, el privado y el ámbito de la seguridad social es uno de los temas centrales que debe
encarar la política de salud. Desde esta perspectiva se
reclama una clara acción programadora del sistema
en su conjunto por parte de la autoridad central.
Tanto por el lado de la oferta como por el de la
demanda de profesionales la política pública debería
plantearse cuestiones inherentes al ritmo de incorporación, la calificación y la localización geográfica de
los nuevos graduados como también a todo aquello
que hace a las condiciones de inserción de dichos
profesionales en los tres ámbitos laborales antes mencionados. Así, el examen de ingreso a la universidad,
la naturaleza y duración de las residencias médicas y
los requisitos de especialización y acreditación profesional deberían adaptarse a las necesidades previstas
de la infaestructura pública y privada de salud y de
seguridad social de cada escenario nacional.
La implantación de normas regulatorias de los
servicios de salud, y el establecimiento de estándares

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de calidad y de formas de pago por resultados antes
que por acciones de salud, deberían contrarrestar las
fuertes diferencias que se observan hoy en el modelo
de prestaciones en cada una de las tres esferas mencionadas.
El desarrollo de programas de medicina familiar, así como en general el aumento de la atención
primaria, podrían servir como mecanismos para racionalizar las puertas de acceso al sistema de servicios de salud, en un intento por mejorar el uso de los
recursos y modificar la clara tendencia actual hacia la
medicalizacion de los servicios y hacia la medicina
reparatoria.
3. La política de salud en el ámbito de los servicios hospitalarios públicos y privados

La necesidad de contrarrestar las tendencias observadas en este campo y sus efectos nocivos, así como
también la de moderar y orientar la creciente dualización de los servicios hospitalarios provistos en
los ámbitos público y privado, apunta a la conveniencia de establecer normas para la hospitalización en
servicios públicos y privados, y pautas claras para la
referencia cruzada de pacientes entre instituciones públicas y privadas, con el fin de evitar la duplicación
de equipos caros y el uso ineficiente de tecnologías
complejas que requieren fuertes inversiones. También
se hace necesario evaluar los actuales mecanismos
presupuestarios para transferir el financiamiento, y
las formas de pago por acción de salud frente a las de
pago por resultados, como son los mecanismos de
pago capitado y de aranceles globalizados o por grupos de diagnóstico.15
En síntesis, para crear una genuina red públicoprivada de servicios hospitalarios es necesario programar la infraestructura hospitalaria de ambos tipos,
aplicando criterios de referencia cruzada de pacientes, para evitar la duplicación innecesaria de instrumental y equipos complejos, camas, etc.
La descentralización administrativa de los servicios públicos debería ser parte importante del programa de articulación de la infraestructura hospitalaria
pública y privada hoy disponible. También parece necesaria la difusión de tecnologías de gestión adminis15 Los datos relativos a Estados Unidos muestran que el cambio en
las formas de pago ha tenido básicamente dos efectos: una disminución del tiempo medio de hospitalización por paciente y una
baja en las tasas de admisión. Esto último se debió a un aumento
en las tasas de atención ambulatoria, que Medicare continuaba
pagando por acto médico (Pauly, 1987).

trativa que permitan optimizar el uso de esa infraestructura.
El carácter anárquico que asumió en muchos países de la región la incorporación de equipos de alto
costo y gran complejidad tecnológica, sin duda reclama la implantación de mecanismos y normas a escala
nacional para regular el ritmo de incorporación de
tales equipos, su distribución equilibrada en los ámbitos público y privado, su adecuado mantenimiento
a través del tiempo y el establecimiento de normas
para su uso. Es interesante comparar el alto grado de
control que en esta materia ejerce la autoridad de
salud de muchos de los países desarrollados, 16 con lo
anárquico y costoso desde el punto de vista social
que es el proceso en gran parte de los países de la
región.
Están involucradas aquí cuestiones inherentes a
la verdadera capacidad regulatoria del Estado latinoamericano típico, y a la medida en que puede realmente abordar esta tarea. No se trata sólo de la capacidad de regulación en este ámbito, sino de una problemática global de reingeniería institucional, legal y
normativa en todo el sistema de salud. El tema afecta
casi por igual a todos y cada uno de los países de la
región.
4. Las políticas de salud y la política industrial
en el campo de los medicamentos

¿Cuál es el nivel adecuado de consumo de fármacos que una sociedad debe alcanzar? ¿Cuánto de
dicho consumo debe ser cubierto por productos de
marca y cuánto por productos genéricos? ¿Qué proporción sería razonable abastecer a partir de empresas de capital nacional, o a través de empresas transnacionales? ¿A qué precios? ¿Con qué financiamiento
de la seguridad social, del Estado o de los seguros
privados, en contraposición a los pagos directos (de
bolsillo)?
Sin duda, estas preguntas se plantean a la autoridad de salud y económica de cada uno de nuestros
países, y cada uno enfrenta la necesidad de diseñar y
aplicar una política nacional de medicamentos adecuada a las peculiaridades de su situación nacional.
Hasta ahora, el lanzamiento de nuevos fármacos
al mercado ha estado sujeto al requisito de que la
empresa titular del medicamento probara la seguridad
y eficiencia del principio activo involucrado, previa
obtención de un certificado de comercialización emi16

Respecto de siete países europeos, véase Miranda, (1993c).

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tido por la autoridad de salud. El actual debate en pro
de la contención de los costos está haciendo que diversos gobiernos agilicen los mecanismos de aprobación de productos genéricos, y añadan a los requisitos
pruebas de costo-efectividad de los nuevos principios
activos que se aprueben para comercialización. Por
ejemplo, Australia implantó hace poco un mecanismo
con estas características, lo que sugiere que se podría
explorar la conveniencia de implantar en el futuro un
esquema similar en la región .17
La expansión de la oferta de medicamentos genéricos constituye otro camino adecuado para contener costos. Con este fin se precisa una política de
información dirigida a médicos, farmacéuticos y consumidores, y un marco regulatorio que autorice a los
farmacéuticos a sustituir productos de marca por genéricos cuando las condiciones de precio y las características del paciente lo permitan. La legislación estadounidense de 1984 avanzó significativamente en
esta dirección.
En el ámbito de la seguridad social y de las entidades de financiamiento y seguros, también son necesarios protocolos de financiamiento que den prioridad y mayor reembolso al gasto en productos genéricos. La otorgación más rapida de certificados de comercialización para este tipo de productos también
constituye una acción de política pública que la autoridad de salud de diversos países desarrollados ha
puesto en práctica en años recientes con relativo exito, y que sin embargo aún ha sido poco utlizada en la
región18
El mercado de fármacos nos confronta, sin embargo, con varios otros temas que van más allá de
los precios y calidad de los productos comercializados. Entre ellos aparecen los complejos problemas
de propiedad industrial y patentes de invención, así
como los que se relacionan con las ventajas comparativas dinámicas que podrían estar asociadas al desarrollo de una industria farmoquímica local de cierta envergadura. En este campo están involucrados
complejos fenómenos de relaciones internacionales
derivados de la afiliación de muchos de los países
de la región al Tratado de la Convención de París de
1883, y lo que ésta prevé sobre igualdad de trato a

17 Desde enero de 1993 ...toda nueva droga presentada para aprobación debe ir acompañada no sólo de los resultados de farmacología clínica —para probar seguridad y eficacia— sino también de
un estudio de su impacto económico. Ese estudio debe estar basado en comparaciones con tratamientos alternativos y debe cubrir

23

nacionales y extranjeros y sobre la protección de las
patentes.
Los países enfrentan aquí diversos problemas
de índole política que no resulta fácil soslayar. Uno
de ellos es la innegable presión que el Departamento de Estado y la Secretaría de Comercio de los
Estados Unidos han ejercido a lo largo de la última
década en diversos países de la región (Argentina,
Brasil, Chile y México, entre otros) y en foros internacionales como la UNCTAD o el GATT para conseguir que se modificara la legislación sobre patentes
a fin de robustecerla. Ello, con el propósito de que
se cumplan las normas internacionales sobre patentes en el caso de los productos farmacéuticos —e
incluso en los propios procesos de innovación (innovative pipeline) que estén en marcha— y, de manera más general, de que se fortalezca la posición en
el mercado de los laboratorios transnacionales. Estos últimos han debido enfrentar en el pasado la
competencia de empresas nacionales, tanto en el mercado de productos finales como en el de materias
primas farmacéuticas.
Países hoy maduros en el campo farmacéutico y
farmoquímico —como Suiza, Japón o Italia— optaron en el pasado por no cumplir durante largas décadas con los reclamos sobre patentes de invención.
Sólo cuando consideraron que sus empresas nacionales habían alcanzado un nivel de desarrollo suficiente
para enfrentar la competencia internacional, decidieron incorporarse a los tratados internacionales en la
materia (Penrose, 1951). Pero el escenario internacional contemporáneo y la situación de condicionalidad
que enfrenta el financiamiento internacional de los
programas macroeconómicos de ajuste de muchos de
los países latinoamericanos están lejos de permitir
una conducta semejante.
Pareciera ser entonces que los privilegios obtenidos en el pasado en la región por la industria farmoquímica y farmacéutica local son insostenibles en
el futuro. De allí que la conveniencia de una política
industrial encaminada a generar ventajas comparativas dinámicas en estas áreas amerite al menos su
discusión explícita por los estamentos técnicos y políticos de cada sociedad.

no solo el precio de la droga en sí, sino también una comparación
de su efecto con el de otras vías para resolver el mismo cuadro
clínico, incluyendo tiempos de hospitalización y otros servicios
complementarios demandados por las terapias alternativas evaluadas (Financial Times, 1994).
18 Véase el caso de los Estados Unidos en Olson, (1991a).

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IV
Reflexiones finales
En el clima global de liberalización y privatización
de la actividad ecónomica vivido en la última década,
parece suponerse sin gran debate que la desregulación de los mercados de salud, la introducción de
patentes de producto en el campo farmacéutico y la
gradual privatización del financiamiento y la provisión de los servicios de salud constituyen el desideratum de la política económica en el sector salud. Se da
por sentado que el libre funcionamiento de los mercados y la libertad de elección de los consumidores
habrán de traer aparejados una mayor eficiencia microeconómica, más eficacia en las prestaciones y mejor acceso a los servicios de salud.
La información empírica, sin embargo, muestra
que en el campo farmacéutico la eliminación del control de los precios ha estado asociada en los ultimos
años a un alza significativa de ellos. La reducción de
la protección arancelaria y la introducción de nuevas
reglas del juego en materia de patentes de invención,
por su parte, han inducido a muchas empresas argentinas, brasileñas y mexicanas a suspender la producción local —incluso de productos previamente exportados— y a transformarse en licenciatarias de firmas
transnacionales. Esto ha llevado también a abandonar
esfuerzos internos tanto de investigación y desarrollo
como de adaptación y mejora de procesos.
En el ámbito de los servicios médicos y hospitalarios, la desregulación de los mercados y su progresiva formalización y desarrollo han alentado la migración profesional desde el sector público al privado, con la consiguiente explosión de costos que esto
trae aparejado. Asimismo, han hecho aflorar las imperfecciones que caracterizan a los mercados de salud, favoreciendo conductas que permiten a los proveedores aumentar la demanda de sus servicios, ge-

nerar sobreprestación e inducir al sobreconsumo. Por
otra parte, el dinamismo de la oferta ha tendido a
concentrarse en la innovación tecnológica y en las
áreas de mayor rentabilidad, con diferenciación de
productos y discriminación de precios. El juego de
estas tendencias está agudizando el dualismo del modelo de prestaciones de salud, y causando aumentos
de costos y mayor inequidad.
Todos estos efectos son, sin duda, algunas de las
consecuencias no deseadas y de los costos de las políticas de apertura y desregulación de la economía
que, hasta el presente, han recibido escasa consideración. Dada la gran interdependencia de los distintos
mercados del sector de la salud, resulta claro que
estos fenómenos han estado lejos de tener un efecto
neutro sobre el conjunto del sistema. Por el contrario,
las presiones en cada uno de esos mercados se han
difundido y han reforzado aquéllas presentes en los
otros, generando un progresivo deterioro del equilibrio financiero de las instituciones de seguridad social y del Estado.
Las ideas desregulatorias y de libre juego del
mercado, que parecen adecuadas en otros campos de
la vida económica, no son necesariamente lo más apropiado en este ámbito de la vida comunitaria, en especial cuando los principios se aplican en forma mecánica y sin debida consideración a las peculiaridades y
a los aspectos institucionales y culturales del sector
salud en cada país. En este sector cargado de rasgos
idiosincráticos no parece aconsejable utilizar recetas
universales y de carácter convencional. De allí la necesidad de diseñar y poner en práctica un adecuado
modelo regulatorio apoyado en la reingeniería institucional, legal y normativa que sea necesaria en cada
caso nacional.

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MERCADOS DE SALUD: MORFOLOGIA, COMPORTAMIENTO Y REGULACION • JORGE M. KATZ Y ERNESTO MIRANDA R.


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